Biblia
Comentada.
Texto de la Nácar-Colunga.
III.
Libros Proféticos.
Por Maximiliano García Cordero, O. P.
— P a r a U s o s I n t e r n o s y D i d á c t i c o s S o l a m e n t e —
Adaptación pedagógica: Dr. Carlos Etchevarne, Bach. Teol.
Contenido:
I n t r o d u c c i ó n a l o s L i b r o s P r o f é t i c o s .
1. Nombres de los Profetas. 2. Historia del Profetismo. 3. Ambiente Histórico y Orden
Cronológico de los Profetas. 4. Origen del Profetismo Israelita Según las Teorías
Racionalistas. 5. Vocación y Misión de los Profetas. 6. Elevación de las Facultades en el
Profeta. 7. La Revelación Profética. 8. Comunicaciones “Visionarias” y “Sueños”
Proféticos. 9. Limitaciones en el Conocimiento Profético. 10. Éxtasis y Conciencia
Profética. 11. Perspectivas Generales Teológicas en la Predicación Profética. 12.
Hipérbole, Paradoja y Realidad en las Profecías Mesiánicas. Intentos de Solución. 13.
Particularidades de los Escritos Proféticos. 14. Asociaciones Proféticas.
I s a i a .
Introducción.
I s a í a s .
1. La Infidelidad de Israel. 2. Síon, Centro del Reino Universal de Yahvé. 3. Castigo de
Juda. Capítulo 4. 5. La Solicitud de Yahvé. 6. Teofania en el Templo. 7. Isaías y Acaz.
Sentido Mesiánico de la Profecía. 8. La Justicia Punitiva de Dios. 9. Los Tiempos
Mesianicos. 10. Amenazas Contra Asiría. 11. El Reino Pacifico del Mesías. 12.
Manifestación Gloriosa de Yahve. 13. Oráculo Contra Babilonia. 14. Encumbramiento
de Israel. 15. Oráculo Contra Moab. 16. Los Moabitas se Refugian en Juda. 17.
Oráculo Contra Damasco. 18. Oráculo Sobre Etiopia. 19. Oráculo Sobre Egipto. 20.
Oráculo sobre Egipto y Etiopia. 21. Oráculos sobre Babilonia, Edom y Arabia. 22.
Oráculo Sobre Jerusalén. 23. Oráculo Sobre Tiro. 24. El Día del Juicio y sus Signos
Precursores. 25. Cántico de Acción de Gracias. Banquete Mesianico. 26. Canto
Triunfal Plegaria. 27. La Providencia de Yahvé. 28. Ruina de Samaría. 29.
Humillación de Jerusalén. Incredulidad del Pueblo. 30. La Alianza con Egipto. Los
1631
Tiempos Mesiánicos. 31. La Justicia de Yahvé. 32. Reinado Ideal de Justicia. Oráculo
Contra las Mujeres. 33. Contraste entre la situación triste de Jerusalen y su futuro
glorioso. 34. Juicio Sobre Edom. 35. Felicidad de los Tiempos Mesianicos. 36. La
Invasión de Senaquerib Sobre Juda. 37. Retirada de los Asirios. 38. Curación
Milagrosa del Rey. Cántico de Acción de Gracias de Ezequías (9-20). 39. Predicción
del Cautiverio. 40. La Gloria de Yahvé en la liberación de Israel. 41. Yahvé suscita un
Libertador de su pueblo. Promesa de Liberación de Israel (8-20). 42. El Siervo de
Yahvé. Liberación de Israel. 43. Yahvé, Salvador de Israel. 44. Restauración de Israel.
Contra la Idolatría. 45. Ciro, Libertador de Israel. Conversión de las Gentes. 46.
Caída de los ídolos de Babilonia. Yahvé, Gloria de Israel. 47. Caída de Babilonia. 48.
La Liberación de Israel, Obra de Yahve. 49. El Siervo de Yahvé. Gloria de Israel.
Consolación de Sion. 50. Consolación de Sión. El Siervo de Yahvé. 51. Consolación de
Sion. 52. Próximo retorno de la Cautividad. El Siervo de Yahvé. 53. Poema del siervo
de Yahvé. Los Cánticos del Slervo De Yahvé. Interpretaciones de los cánticos sobre el
“Siervo de Yahvé.” Interpretaciones Racionalistas. 54. Gloria de la Nueva Sion. 55.
Invitación a volver a Yahvé. Capítulos 56-66. La Nueva Etapa Gloriosa. Capítulo 56.
57. Idolatrías de Israel. 58. Invectiva contra el Formalismo Religioso. 59. Invectiva
Contra Israel Pecador. 60. Gloria de la futura Jerusalén. 61. La proclamación de la
buena nueva a Sion. 62. Inminencia de la Salvación. 63. El día de la venganza de
Yahvé. Plegaria por la liberación. 64. Ansias de la manifestación de Yahve. 65.
Amenazas a los pecadores y promesas a los Justos. 66. Felicidad de los Fieles Israelitas.
Castigo de los impíos.
J e r e m í a s .
Introducción. 1. Vocación del Profeta. 2. La apostasía de Israel, Causa del estado
desgraciado Actual. 3. Posible reconciliación de Israel con Yahvé. 4. Invitación a la
conversión y amenaza de castigo. 5. Corrupción de Jerusalén y Venganza de Yahvé. 6.
Anuncio de la Invasión. Injusticias Sociales. 7. La simple presencia del templo no es
garantía de Seguridad. 8. La suerte de los muertos. Contumacia y falsa confianza en la
ley. 9. Deslealtad y Apostasia general. 10. Inanidad de los Ídolos. El Exilio. 11.
Exhortación a la guarda de la alianza. Conjuración contra el Profeta. 12. Prosperidad
de los Impíos. Juda es devastada. Los enemigos de Judá. 13. La faja podrida. Contra
los orgullosos. Mensaje al rey. Exilio. 14. La gran sequía. Castigo del pueblo. Oración.
15. La Mortandad y el hambre. Quejas de Jeremías y respuesta de Yahve. 16.
Jeremías, símbolo de las calamidades de su pueblo. 17. Idolatría de Judá. Coloquio del
profeta y Yahvé. Observancia Sabática. 18. La Orza Rota. Insidias contra Jeremías.
Imprecaciones. 19. El Cántaro roto, símbolo de la destrucción de Jerusalén. 20.
Jeremías, encarcelado, se queja a Yahvé. 21. Embajada de Sedecias a Jeremías. La
justicia social. 22. Profecías sobre los Reyes de Judá. 23. Profecías Mesianicas. Contra
los falsos Profetas. 24. Vision de los higos simbólicos. 25. Castigo de Judá. El Cáliz de
la Ira Divina. Juicio sobre las naciones. 26. Conspiración contra Jeremías. 27.
Invitación a la sumisión a Babilonia. 28. Incidente personal entre Jeremías y el falso
profeta Ananias. 29. Epístola de Jeremías a los Exilados. 30. La Salvación de Israel.
Juda castigada por sus pecados. 31. Restauración de las tribus. Retorno de la diáspora.
32. La compra del campo por Jeremías. 33. Promesas de Restauración. 34. El Destino
del Rey Sedecías. Deslealtad de los Amos. 35. Fidelidad de los Recabitas y
Desobediencia de los Judíos. 36. Lectura publica de las Profecías de Jeremías. 37.
1632
Consulta de Sedecías y respuesta de Jeremías. 38. Jeremías es encarcelado de Nuevo.
39. Toma de Jerusalen. Liberación de Jeremías. 40. Liberación de Jeremías. Godolías,
gobernador del País. 41. Asesinato de Godolias y de tros ciudadanos Judíos. 42.
Consulta a Jeremías sobre la huida a Egipto. 43. Los Jefes fugitivos se llevan a
Jeremías. 44. Jeremías denuncia la idolatría de sus compatriotas en Egipto. 45.
Palabras de consolación a Baruc. 46. Oráculo contra Egipto. 47. Oráculo contra los
Filisteos. 48. Oráculo Contra Moab. 49. Oráculos contra Amon, Edom, Damasco,
Arabia y Elam. 50. Oráculo Contra Babilonia. 51. Oráculo contra Babilonia. 52.
Apéndice histórico: la destrucción de Jerusalén.
L a m e n t a c i o n e s .
Introducción. 1. Primera Lamentación: Jerusalen, Desolada. 2. Segunda Lamentación:
Jerusalen, destruida. 3. Tercera Lamentación: Jerusalen, Asolada. 4. Cuarta
Lamentación: Jerusalen, Asediada. 5. Quinta Lamentación: Oración del Profeta.
Β a r u c .
Introducción. 1. Colecta por el Templo de Jerusalen. Confesión. 2. Enumeración de las
Calamidades Sufridas (1-10). 3. Nueva Oración y Confesión de los Pecados (1-8). 4.
Elogio de la Ley. Rehabilitación de Israel. 5. Invitación a Jerusalén a Alegrarse por la
llegada de Sus Hijos (1-9). 6. Epístola de Jeremías Sobre los Ídolos.
Eze q u i e l .
Introducción. 1. Visión de la Gloria de Yahve. 2. Intimación de Dios al Profeta. 3. El
Profeta, enviado de Dios. 4. Acciones simbólicas sobre el Asedio de Jerusalén. 5.
Dispersión de los Habitantes de Juda. 6. Profecías contra los centros idolátricos de
Israel. 7. Castjgo de las Idolatrías. 8. Los cultos idolátricos, practicados en el templo de
Jerusalén. 9. Los Mensajeros de la Destrucción. 10. Nueva descripción de la Gloria de
Dios. 11. Profecías contra algunos jefes de Jerusalen. Promesa de Repatriación. 12. La
fuga del rey. Las angustias del asedio. 13. Contra los falsos Profetas. 14. Exhortación a
la conversión. Inutilidad de la Intercesión. 15. Israel, Sarmiento Inútil. 16. Infidelidad
de Jerusalén. 17. Deslealtad y trágica suerte del Rey Sedecías. Promesa Mesianica. 18.
La Retribución equitativa individual. 19. Canto fúnebre sobre los Príncipes de Israel.
20. Infidelidad de Israel y fidelidad de Dios. Purificación Futura. 21. La Espada
Vengadora De Yahvé. 22. Los pecados de Jerusalén. 23. Los pecados de Samaría y de
Jerusalén. 24. Anuncio del asedio de Jerusalén. 25. Oráculos contra las naciones
vecinas de Juda. 26. Oráculo contra Tiro. 27. Elegía Sobre La Ruina De Tiro. 28.
Oráculos contra el rey de Tiro y contra Sidon. 29. El Orgullo de Egipto. 30. Nuevos
oráculos contra Egipto. 31. Nuevo anuncio de la ruina de Egipto. 32. Elegías sobre
Egipto. 33. El Profeta, Atalaya del pueblo. 34. Los malos Pastores y el buen Pastor. 35.
Oráculo Contra Edom. 36. La Restauración completa de Israel. 37. Resurrección de la
Nación Israelita. 38. Invasión de Gog. Destrucción de su Ejercito. 39. Fin Desastroso
de Gog. 40. El nuevo Templo de Jerusalén. 41. El Nuevo Templo de Jerusalen en su
parte Santísima. 42. Descripción de las Dependencias del Templo. 43. La Gloria de
Yahvé vuelve al Templo. Medidas del Altar. 44. Las nuevas leyes del Culto. 45. Nueva
distribución de la Tierra Santa. 46. Ofrendas del Principe. Inalienabilidad de su
territorio. 47. La Fuente del Templo. Las fronteras del Nuevo Israel. 48. Repartición
del País. Las doce puertas de Jerusalen.
D a n i e l .
Introducción. 1. Daniel en el palacio del Rey de Babilonia. 2. El Sueño de
1633
Nabucodonosor. 3. La Estatua de Nabucodonosor. Los tres jóvenes en el horno. 4.
Nueva vision de Nabucodonosor interpretada por Daniel. 5. El Festín de Baltasar. La
misteriosa escritura en la pared. 6. Daniel, arrojado al foso de los leones. 7. Vision de
las cuatro Bestias. 8. Vision del Carnero y del Macho Cabrio. 9. Profecía de las Setenta
Semanas. 10. Luchas del pueblo de Dios y liberación. 11. Las luchas entre Siria y
Egipto. Persecución de los Judíos. 12. Triunfo del Pueblo Elegido. 13. Historia de la
Casta Susana. 14. Bel y el Dragón.
Ose a s .
Introducción. 1. El Matrimonio de Oseas. 2. Providencia de Yahvé sobre Su Pueblo. 3.
Retorno de Israel a Su Dios. 4. Reproches por los Pecados. 5. Contra los Sacerdotes y
los Príncipes. 6. Falsa conversión de los Israelitas. 7. Anarquía social y petición de
ayuda al extranjero. 8. La invasión Asiría, castigo por los pecados de Israel. 9. El
castigo de Efraím. 10. Inminencia del Castigo. 11. Ingratitud de Israel. 12. Acusaciones
Contra Israel. 13. Condenación Definitiva. 14. La Rehabilitación de Israel.
J o e l .
Introducción. 1. La Justicia de Yahve. 2. Exhortación a la Penitencia. 3 (4). Juicio
punitivo sobre las naciones gentiles.
Amο s .
Ιntroduccion. 1. Conminaciones contra las naciones paganas circunvecinas. 2. Nuevos
Vaticinios Conminatorios. 3. Crímenes de Israel. 4. La Corrupción de la alta sociedad
de Samaría. 5. Las Prevaricaciones de Israel. 6. Anuncio de la invasión Asiría. 7.
Visiones Profeticas. 8. Nuevos anuncios de Castigo. 9. Intervención justiciera de
Yahvé.
A b d í a s .
Introducción. Capítulo único. La Justicia de Yahve.
J o n a s .
Introducción. 1. Orden Divina de predicar a los Ninivitas. 2. Salvación Milagrosa del
Profeta. Capitulo 3. Joñas en Ninive.
Mique a s .
Introducción. 1. Vaticinios contra Israel y Juda. 2. Anuncios de Castigo. 3. Los Falsos
Profetas. 4. Promesa de restauración y de Paz. 5. El Rey Vencedor. 6. Reprensión de
Israel por sus Transgresiones. 7. La Depravación Social.
Ν a h u m .
Introduccion. 1. Yahvé, Señor de los pueblos. 2. Caída y ruina de Nínive. 3. La Hora
del castigo Divino.
Η α b a c u c .
Introduccion. 1. El Invasor Caldeo. 2. Respuesta de Dios. 3. Plegaria y canto triunfal
del Profeta.
S u p o n í a s .
Introducción. 1. El Día de Yahvé. 2. Devastación de las naciones paganas. 3. El Juicio
punitivo de Dios.
A g e o .
Introducción. 1. Υahve se Queja contra Su Pueblo. 2. Futuro Glorioso de la
Comunidad Teocrática.
Zac a r í a s .
Introducción. 1. Visiones Simbólicas. 2. La Restauración de Jerusalén. 3. Cuarta
1634
Vision. 4. Vision del candelabro con los dos olivos. 5. Nuevas Visiones. 6. El Castigo de
los enemigos de Israel. 7. Invitación a la Vida Religiosa Interior. 8. Amor de Yahvé por
Su Pueblo. 9. La Salvación de los Tiempos Mesiánicos. 10. El Ejercito de Yahvé. 11.
Anuncios de Castigo. 12. La Rehabilitación del pueblo de Yahvé. 13. El Resto de
Yahvé. 14. La Nueva Gloria de Jerusalen.
Mal a q u i a s .
Introducción. 1. El Amor de Dios a Su Pueblo . 2. Las Prevaricaciones de Juda. 3. El
Ángel Precursor. 4. El Castigo de los Pecadores.
Introducción a los Libros Proféticos.
El Profetismo Israelita.
La idea central de la teología del Antiguo Testamento es, sin duda, la esperanza mesiánica.
Todo el Antiguo Testamento gira en torno al mesianismo, de forma que, si prescindimos de
esta noción, nos es incomprensible la historia bíblica. Desde los primeros capítulos del Génesis
hasta los últimos libros profeticos encontramos una luz que va engrosando y se va perfilando a
medida que se acerca la “plenitud de los tiempos,” el advenimiento del Mesías, síntesis y clave
de toda teología bíblica. La primera promesa de rehabilitación de la humanidad después de
su caída se va concretando a través de la historia en una estirpe y en un pueblo que fue escogido
precisamente para transmitir la promesa mesiánica a los demás pueblos del mundo.La vocación
de Israel como intermediario entre Dios y la humanidad — un pueblo sacerdotal y una nación
santa — en orden a la rehabilitación espiritual de ésta es algo que desborda a toda explicación
natural.
No podemos aplicar el módulo de la mera “filosofía de la historia” para comprender los
fenómenos religioso-sociales del pueblo hebreo, sino que tenemos que acudir a la “teología de la
historia,” en su sentido más estricto, para dar explicación a hechos y manifestaciones que tienen
su verdadera base en una revelación histórica divina. Se ha pretendido explicar la elevación
religiosa de Israel respecto de los pueblos circunvecinos del Antiguo Oriente suponiendo en el
pueblo hebreo una sensibilidad y aptitud especial para lo religioso, como el pueblo helénico la
tuvo para la especulación filosófica. Y así, se ha hablado de un “genio” religioso israelita que
instintivamente en un proceso lento evolutivo hubiera ido depurando las primitivas formas religiosas
— fetichismo, polidemonismo, animismo, henoteísmo — hasta llegar a la culminación del
monoteísmo estricto, expresión de la más alta sensibilidad religiosa. En realidad, esta bella teoría
se halla en contradicción con los datos concretos que tenemos en la historia bíblica sobre la
génesis y desarrollo del pueblo hebreo. Los autores sagrados repetidamente acusan al pueblo elegido
de ser tosudo, y de ser reacio a toda elevación espiritualista.
El pueblo hebreo, como todos los semitas, es sensual y materialista por temperamento y
propenso a la idolatría como forma de expresión religiosa. No hay más que hojear las páginas
bíblicas para convencerse de la realidad de nuestro aserto. No se puede hablar de temperamento
“espiritualista” del pueblo hebreo al estilo del pueblo hindú, el cual instintivamente se refugia en
las alturas de un espiritualismo morboso, pero supramaterialista.
Dios escogió al pueblo israelita no porque era mejor que los otros pueblos, sino por pura
gracia. Es una ley en la Providencia divina escoger muchas veces lo más inepto para hacer bri1635
llar su omnipotencia y sabiduría divinas. Es el caso de Israel. El pueblo egipcio era por temperamento
más espiritualista que el hebreo, y, sin embargo, Dios escogió al pequeño clan de Abraham
como instrumento de su providencia especial sobre la humanidad en orden a su salvación
espiritual. La vocación de este minúsculo pueblo es excepcional: “Sed santos como yo soy santo.”
l Estas tremendas palabras puestas en boca de Yahvé incluyen una exigencia vocacional en
la comunidad israelita que desborda a la de todos los demás pueblos del orbe. El pueblo israelita,
por vocación, debía ser un “reino sacerdotal y una nación santa.” 2 Es la mejor definición del
cometido histórico de la comunidad israelita. Como pueblo escogido por Dios, debía santificarse,
es decir, elevarse sobre el común de los pueblos, para acercarse a Dios tanto en el orden ritual
como en el moral. Las cláusulas de la alianza del Sinaí son extremadamente exigentes y claras.
Dios condicionaba su protección al cumplimiento de leyes morales y rituales que debían crear
como un valladar protector en torno al pueblo elegido. El ideal propuesto era muy alto, y de
hecho sabemos que la historia de Israel es la historia de las prevaricaciones e infidelidades de
todo género. De esta apostasía general se salvó siempre una porción selecta, que fue la que de
hecho transmitió el fuego sagrado a través de las generaciones.
De este grupo reducido de yahvistas intransigentes y fieles a las promesas del Sinaí surgió
desde el siglo XI al siglo V antes de Jesucristo una serie de personajes excepcionales llamados
profetas, que fueron realmente los mejores representantes de los verdaderos y puros intereses
religiosos del pueblo hebreo. La clase sacerdotal, encargada oficialmente de enseñar la Ley y velar
por los intereses espirituales del pueblo elegido, fue infiel a su misión, y sólo se interesó por
el elemento externo cultual, por lo que esto representaba de lucro personal. Fue precisa la irrupción
en la sociedad israelita de estos colosos de la espiritualidad llamados profetas — procedentes
en su mayoría del elemento seglar cíe la nación — para sanear religiosamente a Israel. La Ley
había sido reducida a una caricatura impropia de su finalidad esencialmente ético-religiosa. Los
profetas urgirán las exigencias éticas de la misrna como medio de regeneración de la sociedad de
Israel. Los valores espiritualistas de la Ley adquieren entonces su verdadero relieve, y fue tal la
altura moral de la predicación profética, que sólo fue superada por el ideal evangélico. Los sabios,
que sucederán a los profetas en Israel, no lograrán llegar a estas alturas espiritualistas, al
menos en su formulación viva y programática.
A través de las páginas de este volumen tendremos ocasión de resaltar oí espiritualismo
de los mensajes proféticos. Autos de abordar el estudio exegético detallado de los escritos proféticos,
debemos hacer una amplia introducción sobre la historia y vocación de los profetas como
institución religiosa.
1. Nombres de los Profetas.
El nombre hebreo con que habitualmente se designa al profeta en la Biblia es el de nabí. Diversas
son las opiniones de los filólogos sobre el sentido etimológico de esta palabra hebrea. La
opinión que creemos más probable es la que relaciona el vocablo hebreo con el babilónico nabü,
que significa “clamar,” “anunciar.” En este supuesto, el significado de nabí es el de “nuncio,” el
que comunica un mensaje de parte de otro3. Esta noción etimológica coincide con el sentido que
se da en Ex 7:1: “Mira, te he puesto corno dios para el faraón, y Aarón, tu hermano, será tu profeta
(nabí). Tú le dirás lo que yo te diga a ti, y Aarón, tu hermano, se lo dirá al faraón.” En este
texto queda bien concretado el sentido de “mensajero,” “nuncio,” transmisor de un mensaje, en
la palabra nabí. Moisés hará las veces de Dios, que comunica un mensaje a Aarón, el cual a su
1636
vez será el profeta o transmisor del mismo.
Este sentido de sustitución (o de hablar por otro) aparece en el vocablo griego προφήτης
en los autores griegos, sobre todo de la última época 4. Así, a los poetas se les llama “profetas de
las musas,”5 y el mismo nombre de profeta se daba a los que interpretaban los oráculos de la pitonisa
de Delfos 6. Los traductores griegos, pues, de la Biblia, al trasladar la palabra hebrea nabí”
por profeta, lograron ciarle su matiz propio.
En la acepción popular, profeta es el que predice el futuro; pero ésta es una noción muy
restringida, que está en poca consonancia con el sentido que se daba en Israel al profeta. Este era,
ante todo, el transmisor de un oráculo divino, que podía versar sobre el pasado, el presente o el
futuro. Eran los “portavoces” de Dios, que comunicaban sus mensajes y su voluntad en orden al
gobierno religioso del pueblo israelita 7. Entre esos mensajes divinos había algunos relativos al
futuro, como son los vaticinios mesianicos; pero no debemos limitar el sentido de profeta al que
transmitía estos oráculos, ya que de hecho hay muchos profetas que no hablaron del porvenir.
Otros nombres hebreos aplicados a los profetas son ro'eh y jozeh, que significan “vidente.”
En 1 Sam se dice expresamente: “el que ahora es llamado profeta, antes era llamado vidente”
(ro´eh). Conforme a esto, en i Par 29:29 se habla de “Samuel el vidente” y de “Batán el profeta.”
8 El nombre, pues, de vidente respondía antiguamente a lo que era específico del profeta: la
“visión” oracular.
Al lado de estos nombres encontramos ciertas circunlocuciones para designar a los profetas:
“varón de Dios” 9, “siervo de Yahvé,” 10 “nuncio de Yahvé” n y “hombre de espíritu.”12 Finalmente,
hay otras denominaciones que indican la misión del profeta respecto de los hombres:
“guardián,”13 “vigía” o centinela.14 Todos estos nombres definen parcialmente al profeta como
representante de los intereses de Dios en Israel y como custodio celoso de su Ley.
2. Historia del Profetismo.
El profetismo como institución social-religiosa surge en las estepas del Sinaí. El propio Moisés
es llamado profeta y el mayor de todos: “Ya no surgió más en Israel ningún profeta semejante a
Moisés, que conociera a Yahvé cara a cara.”15 En Dt 18:18 se dice: “Yo suscitaré de entre tus
hermanos un profeta como tú, y pondré en su boca mis palabras, y él les comunicará todo cuanto
yo le mande.” La palabra profeta hay que tomarla aquí en sentido colectivo (por profetas), ya
que se trata de establecer una institución social permanente que sustituya a los adivinos y hechiceros
de los paganos. Es lo que dice el contexto inmediato anterior: “Cuando hayas entrado en la
tierra que Yahvé, tu Dios, te da, no imites las abominaciones de esas naciones, y no haya en medio
de ti quien haga pasar por el fuego a su hijo o a su hija, ni quien se dé a la adivinación, ni a la
magia, ni a las hechicerías y encantamientos, ni quien consulte a encantadores, ni a espíritus, ni a
adivinos, ni pregunte a los muertos. Esas gentes que vas a desposeer consultan a hechiceros y
adivinos, pero a ti nada de eso te permite Yahvé, tu Dios. Yahvé, tu Dios, te suscitara de en medio
de ti, de entre tus hermanos, un profeta como tú, y a él le oirás, precisamente como a Yahvé,
tu Dios, pediste en el Horeb el día de la congregación, diciendo: Que no oiga yo la voz de Yahvé,
mi Dios, y no vea este gran fuego para no morir.”16
El profeta, pues, es concebido aquí como un intermediario entre Dios y el pueblo israelita,
y el gran modelo de los profetas sería Moisés, único que pudo hablar con Dios “cara a cara.”
Mientras vivió éste, Israel vivía bajo la tutela del gran caudillo libertador; pero después de su
muerte era preciso que hubiera también “amigos” especiales de Dios a quienes comunicara sus
1637
designios y su voluntad sobre el pueblo. De este modo, el profeta es concebido como una institución
social-religiosa, como los sacerdotes, los levitas, los jueces y la monarquía. 17
Después de Moisés aparece Josué como continuador de la dignidad profética18. En tiempo
de los jueces aparece Débora como profetisa. 19 En Jue 6:8-10 se menciona a otro profeta
anónimo que corregía al pueblo por sus prácticas idolátricas. Poco antes de Samuel (s.XI a.C.) se
hace mención de un “hombre de Dios” que vaticinó la suerte fatídica que esperaba a la familia de
Helí por su condescendencia con sus malvados hijos. 20 Es interesante la anotación del hagiógrafo
al iniciar la historia de Samuel: “La palabra de Yahvé (oráculos divinos) era rara en aquellos
días, pues no era frecuente la tensión.” 21
Con Samuel se inicia una serie de profetas relevantes que tuvieron gran influjo en la vida
religiosa de Israel. Aparecen las “sociedades de profetas,” 22 si bien éstos no eran propiamente
profetas en el sentido de personas escogidas expresamente por Dios para una misión concreta
espiritual, sino que eran más bien individuos que voluntariamente se asociaban para promover la
vida religiosa a la sombra de algún verdadero profeta carismático, y muchas veces con ánimo de
lucro. De ahí el descrédito en que cayeron estas “asociaciones de profetas.” Entre ellos, la palabra
profetizar muchas veces significaba alabar a Dios haciéndose acompañar de instrumentos
músicos, lo que les hacía entregarse a transportes extáticos al estilo de los “derviches” orientales
actuales. 23 Samuel era el personaje que animaba un movimiento yahvísta, y sabemos que en torno
a él había una “sociedad de profetas” en Nayot. 24 Más tarde, en tiempos de Elias y Elíseo
(s.IX), aparecen los “hijos de los profetas” o discípulos de aquellos hombres extraordinarios
animadores del mejor espíritu religioso. Parece que existían sólo en el reino septentrional, en Betel
25, en Jericó 26, en Guilgal 27 y en el Jordán 28. Sabemos que estaban organizados en cierta vida
de comunidad 29, sin que ello implicara vida de celibato 30. Elíseo los empleaba como auxiliares
para determinadas misiones religiosas 31. Con la desaparición de los grandes profetas organizadores
de este movimiento yahvísta, las “asociaciones proféticas” fueron decayendo, y quedaron
muy desprestigiadas ante la opinión, pues parece que, en tiempos de Amos 32, ser “hijo de
profeta” equivalía al “vividor” que explotaba la credulidad del pueblo para ganarse la vida sin
trabajar.
Los grandes profetas de esta época fueron Samuel, Elías y Elíseo. La Biblia menciona
otros de menos talla (Natán, Gad, Ajías y Miqucas). Como “hombres de Dios,” eran tenidos en
gran veneración y eran consultados en los negocios particulares de la vida diaria por los ciudadanos.
33 En 1Sam 9:9 se dice: “En aquel tiempo, en Israel los que iban a consultar a Dios se
decían unos a otros: “Venid, vamos a consultar al vidente.”” Esta práctica responde a la finalidad
de la institución profética, según se indica en Dt 18:10-16.
También en los negocios de la nación eran consultados los profetas: Natán predijo a David
la sucesión en el trono. 34 Samuel antes había rechazado a Saúl en nombre de Dios. 35 Teniendo
en cuenta la concepción teocrática de la sociedad israelita, nada tiene de particular la intervención
de los “hombres de Dios,” que como “mensajeros” suyos transmitían su voluntad.
En su calidad de “centinelas” y defensores de los intereses religiosos en Israel, los profetas
procuraban fomentar sobre todo el cumplimiento de la Ley en su dimensión ético-social. Son
intransigentes contra la hipocresía religiosa, desenmascarando a los que querían cubrirse con
prácticas religiosas externas. 36 Sobre todo se enfrentaron con la inveterada tendencia del pueblo
a frecuentar los cultos idolátricos, o al menos a mezclar prácticas idolátricas con sus deberes religiosos
yahvistas. 37
Algunos de estos profetas dejaron huella literaria en la nación, pues sabemos que Samuel,
Natán y Gad escribieron anales e historias religiosas de su tiempo para edificación de sus
1638
contemporáneos. 38 No obstante, 110 nos han dejado sus “oráculos” por escrito, como lo harán
otra serie de profetas, que llamaremos por ello escritores, los cuales desde el siglo VIII hasta el
V antes de Jesucristo nos van dejando una serie de obras literario-religiosas de valor insuperable,
sobre las que va a versar nuestro comentario. Una de las características de esta literatura profética
posterior es la obsesión de la idea mesiánica. Entre los profetas anteriores sólo sabemos que
Natán, consejero espiritual de David, hizo un vaticinio mesiánico relativo a la perennidad de la
dinastía davídica. 39 En cambio, en la mayor parte de los escritos proféticos posteriores hay intercalados
oráculos relativos a la era mesiánica, culminación de la historia de Israel. Más adelante
estudiaremos el enfoque teológico-mesiánico de los oráculos proféticos listos profetas posteriores
siguieron la línea pragmático-moral respecto a la dirección espiritual del pueblo. Fustigaron
con energía los pecados de todo género, sobre todo los contrarios a la justicia social, y se alzaron
contra las prácticas idolátricas: “Clama a voz en cuello sin cesar, alza tu voz como trompeta, y
declara a mi pueblo su transgresión, y sus pecados a la casa de Jacob.”40 En su predicación solían
compaginar en un contrabalanceo continuo las amenazas y las promesas. Cuando todo era euforia,
anunciaban el juicio purificador de la ira divina, y, al contrario, cuando todo era depresión
moral, anunciaban promesas de restauración nacional. La justicia y la misericordia de Dios,
prudentemente entreveradas, eran los dos ingredientes teológicos principales en sus oráculos.
En los oráculos conminatorios, los profetas siempre dejan la puerta abierta a la esperanza
y declaran que en los juicios punitivos de Dios sobre su pueblo se salvará siempre un “resto” de
fieles yahvistas. Dios había hecho una “alianza” con su pueblo,41 y nunca se consideró totalmente
desvinculado de ella. De un lado, las exigencias de la justicia divina pedían la intervención
punitiva; pero, de otro, sus promesas mesiánicas demandaban la salvación de un “resto” que
transmitiera la antorcha de la esperanza hasta los tiempos mesiánicos y que, por otra parte, fuera
el núcleo sustancial de restauración de la nueva teocracia. Isaías compara la nación a un árbol
que ha sido podado totalmente y al que le queda sólo un “tronco,” pero éste será como “una semilla
santa.” 42 Israel volverá a reconstruirse como nación y de forma insospechada para sus contemporáneos.
Respecto de la vida cultual en el templo, los profetas anteriores a la cautividad apenas urgen
su cumplimiento. De esto se encargaban los sacerdotes, que por su propio interés fomentaban
la vida litúrgica como manifestación externa en la casa de Dios. Los profetas, frente al ritualismo,
levantan la bandera de los valores ético-religiosos en su verdadera esencia. Los sacrificios
y ofrendas presentados a Dios en el templo de nada sirven si no van acompañados de sentimientos
de entrega interna a la Ley de Dios con sus consecuencias de amor al prójimo. Ya Samuel
había dicho a Saúl: “¿No quiere mejor Yahvé la obediencia a sus mandatos que no los holocaustos
y las víctimas?”43 Isaías se sitúa en esta línea de conducta y clama contra sus compatriotas,
que creen cubrirse ante Dios con manifestaciones meramente externas de culto. 44 Ante todo
quieren sinceridad de conducta, amor a Dios y al prójimo. Con este ideal entroncará la predicación
evangélica, pasando por encima de la interpretación farisaica de la Ley, que sólo mira las
minucias externas, sin considerar la medula religiosa y ética de la misma. Sin embargo, no podemos
deducir de estas prédicas de los profetas su oposición a las manifestaciones externas de
culto. Sus acusaciones van sólo contra la caricatura de una religión meramente ritualista, sin
medula religiosa verdadera.
A pesar de que los profetas eran mensajeros de Dios para sus compatriotas en orden a su
formación religiosa, no obstante, en sus oráculos consideran muchas veces la posibilidad de una
integración de los demás pueblos paganos en la nueva teocracia hebrea que ellos anuncian para
la era mesiánica. Este universalismo, o vocación de todos los pueblos a formar parte del pueblo
1639
de Dios en su plena manifestación, es un gran avance en la teología del Antiguo Testamento. En
la legislación mosaica se preveía una cierta asimilación de personas no israelitas a la comunidad
hebrea. Son los “prosélitos,” que adquirían una ciudadanía de segundo orden en el pueblo de
Dios. Es el caso de Rut la moabita, que iba a tener el honor de ser ascendiente del propio David45.
En la literatura profética posterior al siglo VIII no es rara la invitación a todos los pueblos
a asociarse al culto verdadero del Dios de Israel. Isaías contempla gozoso el espectáculo de todos
los pueblos que se encaminan a la colina de Sión para adoctrinarse en la Ley de Yahvé. 46 Esta
doctrina universalista culmina en la profecía de Malaquías, que anuncia un sacrificio “desde el
oriente hasta el occidente.” En la época sapiencial, este universalismo se va abriendo paso. El
libro de Jonas parece un libro didáctico en el que se dramatizan las dos posiciones, la exclusivista
judía (simbolizada en el propio Jonas) y la universalista, defendida por Yahvé al perdonar a
los ninivitas. En el salmo 86 se afirma el derecho a la ciudadanía en la teocracia mesiánica de
todos los pueblos.47
Los profetas consideraban a los israelitas como ciudadanos de una colectividad con un
destino glorioso. Todas sus prédicas se ordenan a preparar el camino y a suscitar la esperanza de
la era mesiánica. No obstante, no podemos negar que en los escritos profetices no haya preocupación
por los problemas individuales como tales. Constantemente hacen llamada a la justicia y a
la equidad como norma de vida social y exigen que se ampare al pobre, a la viuda y al huérfano.
Pero el individualismo se agudizó después de la catástrofe nacional del 586 antes de Cristo, y el
sentimiento de responsabilidad personal se hizo cada día mayor. Yahvé había hecho solidarias
en el castigo a muchas generaciones. Los contemporáneos de Jeremías protestan, porque a ellos
les toca pagar por las culpas de sus antepasados: “Los padres comieron las agraces y nosotros
sufrimos la dentera.” 48 Ezequiel repetirá que en adelante cada uno será castigado por sus pecados.
49 Es un avance más en el proceso de la retribución individual, cuya solución aparece clara
sólo en el siglo II antes de Jesucristo.
En efecto, respecto de la retribución en ultratumba no encontramos en los escritos proféticos
ninguna luz especial. Cuando hablan de premios y castigos, es en el orden meramente temporal.
Cuando aluden a la vida del más allá, parecen conformarse con las ideas populares de la
vida lánguida del “Seol,”50 donde los seres humanos después de la muerte llevan una vida mortecina
de “sombras.” Sólo en el libro de Daniel se habla de una “resurrección” de los justos israelitas,
51 sin determinar más.
Los oráculos proféticos eran generalmente proferidos de viva voz, pero algunas veces se
les ponen por escrito para que queden como testimonio de autenticidad para las futuras generaciones.
52 Las profecías mesiánicas y los oráculos contra Israel y las naciones paganas serán el día
de su cumplimiento el mejor testimonio de autenticidad de los verdaderos profetas y, por otra
parte, un documento permanente que invite a la esperanza de un futuro mejor. Las crisis históricas
no tenían para los profetas sino un sentido teológico. Dios permitía las derrotas y humillaciones
de Israel para purificarlo de sus pecados, y los enemigos vencedores no eran sino “instrumentos
de su justicia,” la “medida de la cólera de Dios.”53
3. Ambiente Histórico
y Orden Cronológico de los Profetas.
En los escritos proféticos encontramos reflejada no sólo la vida político-religiosa de Israel y de
1640
Judá, sino también, incidentalmente, la de los pueblos circunvecinos en la medida en que la historia
de ellos se interfería en la del pueblo escogido. Los profetas escritores se escalonan cronológicamente
desde el siglo VIII al V. Podemos distinguir tres series de profetas conforme a la
época en que vivieron: a) época asiría; b) época babilónica; c) época persa.
a) Época asiría. — A mediados del siglo VIII antes de Cristo se rehace el imperio asirio
para emprender la era de su máxima expansión imperialista. Teglatfalasar III (745-727) (llamado
Pul en la Biblia, conforme a su nombre babilónico según los recientes datos arqueológicos)
irrumpe impetuoso en la zona costera siro-fenicio-palestina, recibiendo homenaje de sumisión
del rey de Israel, Menajem (743). Poco antes predicaban en el reino del Norte Amos y Oseas, los
cuales anunciaron la invasión asiría como castigo de los abusos contra la justicia cometidos por
los plutócratas de Samaría. Jeroboam II (784-744) representó la máxima expansión territorial de
Israel. Hacia el 740 comenzó la predicación del mayor de los profetas, Isaías, perteneciente a la
aristocracia de Jerusalén. Su ministerio se prolongó durante cuarenta años, que resultaron sumamente
accidentados, pues Judá se vio reiteradamente invadida por enemigos exteriores: en 734,
por la coalición siro-efraimita en tiempos de Acaz; en 721 tuvo lugar la toma de Samaría por
Sargón II (722-705). La catástrofe del reino hermano del Norte produjo gran impresión en el reino
de Judá. Este se sentía amenazado por los terribles soldados asirios. Gracias a la intervención
de Isaías, el rey Ezequías no entró en coaliciones antiasirias durante el reinado de Sargón. Más
tarde, en 701, Judá se unió a los reyezuelos de la costa siro-fenicia-palestina y se levantó contra
el coloso asirio. Senaquerib (705-681) puso sitio a Jerusalén, que tuvo que abandonar apresuradamente
para responder al ataque frontal del faraón de Egipto, Tirhaka. Isaías ejerció gran influencia
religiosa en Judi y fue el inspirador de la reforma emprendida por Ezequías contra los
lugares de culto semi-idolátricos que pululaban en su reino. Contemporáneo suyo es Miqueas,
que puede ser considerado como perteneciente al grupo fiel yahvista dirigido por Isaías. Al menos,
su profecía sobre la que “va a dar a luz” es muy similar al vaticinio del “Emmanuel.”
b) Época babilónica. — El imperio asirio terminó virtualmente al morir Asurbanipal
(669-625). Los ejércitos coligados de Media y de Babilonia, a las órdenes de Ciaxares y de Nabopolasar
respectivamente, tomaron Nínive en 612 antes de Cristo y la suplantaron por Babilonia,
que será la capital del nuevo gran imperio. El coloso babilónico es Nabucodonosor, quien
dirigió como generalísimo de las tropas las campañas contra Egipto y después en 605 sucedió en
el trono a su padre Nabopolasar. En 609 muere Josías en la batalla de Meggiddo contra Necao II
de Egipto. Este hecho tuvo una trascendencia excepcional en el reino cíe Judá, ya que Josías
(641-609) fue el gran reformador religioso, continuador de la obra de Ezequías. Durante su reinado,
la figura profética estelar es Jeremías, el cual predicó siempre la sumisión al nuevo imperio
babilónico. Por ello fue vilipendiado y considerado como traidor. Después de la toma de Jerusalén
fue llevado a Egipto por sus compatriotas, nacionalistas exaltados, y allí parece que murió.
Contemporáneos suyos en el ministerio profetice son Nahúm, Habacuc y Sofonias.
Entre los desterrados de Babilonia ejerce su ministerio Ezequiel, quien es el modelador
del alma religiosa israelita en el exilio. En el marco del exilio es colocado también el protagonista
del libro de Daniel, redactado en el siglo II a.C.
c) Período persa. — La cautividad duró desde el 586 al 538, en que Babilonia fue tomada
por las tropas de Ciro el Grande (559-529). El conquistador dio la más generosa libertad a los
exilados judíos y los ayudó a reconstruir su nación. La repatriación trajo como consecuencia
grandes problemas de índole económica, religiosa y social. Los profetas de esta época de la restauración
son Ageo (520-18) y Zacarías (518), los cuales exhortaron a sus compatriotas a trabajar
en la reconstrucción del templo y a ser fieles a la Ley de Dios. En el siglo V surge el último
1641
de los profetas, Maluquios, el cual reprochó a los sacerdotes sus puntos de vista mezquinos y
anunció un nuevo orden de cosas en los tiempos mesiánicos, de forma que “desde el oriente hasta
el occidente” se ofrecería una ofrenda pura a Dios por todos los pueblos.
De época incierta son Joel y Abdías. El libro de Jonas es considerado por muchos autores
modernos como un libro didáctico de la época sapiencial. Los sabios serán los teólogos que sustituirán
a los profetas con sus lucubraciones, sacando de la meditación de la Ley y de la tradición
israelita las enseñanzas para las nuevas generaciones. El profeta era el hombre del oráculo, el
transmisor de un mensaje recibido directamente de Dios; los sabios, en cambio, darán el “consejo,”
fruto de la meditación cíe la historia y de la literatura religiosa israelita anterior.
4. Origen del Profetismo Israelita Según las Teorías Racionalistas.
Todo el que imparcialmente lea la Biblia queda impresionado por la personalidad poderosa de
estos “hombres de Dios” llamados profetas y por su influencia en la vida religiosa israelita.
¿Cómo explicar este fenómeno social-religioso? El que prescinda del hecho de que la religión de
Israel es ante todo una religión sobrenatural que parte de revelaciones históricas, tendrá que
buscar un origen humano a estos hombres “suscitados” por Dios, según la reiterada afirmación
de la misma Biblia. El profetismo israelita, ¿es un fenómeno aislado y característico del pueblo
hebreo o tiene su paralelo en los pueblos orientales circunvecinos, de forma que pudiera pensarse
en un “plagio” o adaptación por parte del pueblo hebreo.
Varias son las opiniones para dar explicación al origen del profetismo israelita. Wellhausen
y Kuenen suponen que el profetismo israelita tiene su origen en un movimiento “nabiista”
que existía entre los cananeos. Al entrar los israelitas en la tierra prometida, fueron absorbidos en
parte por los cananeos, y de ellos tomaron varias instituciones, entre ellas la del nabismo, o movimiento
dervichista extático, del que provendrían los primeros “nabís” o profetas. Samuel sería
el que purificó y orientó este movimiento en un sentido yahvista. De ahí que el carácter extático,
orgiástico, del primitivo nabismo fue adaptándose a la simplicidad y seriedad de la religión del
desierto adoptada por los israelitas después de su estancia en la estepa del Sinaí54.
A esta argumentación tenemos que decir en primer lugar que no se puede probar la existencia
de este movimiento nabista cananeo antes de la entrada de los israelitas en Canaán. Cierto
que en tiempo del rey Acab (s.IX) aparecen “profetas de Baal,” de importación fenicia, entregados
a estos actos orgiásticos55; pero no se puede probar que existiera en Canaán una institución
del tipo del profetismo “hebreo.” Para los israelitas, el primero y gran
(722-705). La catástrofe del reino hermano del Norte profeta es Moisés, que es llamado
así por haber sido el confidente de Yahvé. El “extatismo” es una cosa totalmente accidental que
no afecta al profetismo. No se puede probar que alguno de los verdaderos profetas hebreos se
haya entregado a transportes orgiásticos al modo de los cananeos. Por otra parte, esas manifestaciones
orgiásticas de los profetas cananeos son similares a las prácticas de los actuales derviches
orientales. Son manifestaciones morbosas del sentimiento religioso, que han tenido ejemplares
en todos los pueblos y latitudes. El movimiento profético ortodoxo en Israel está libre de estas
excentricidades. No obstante, quizá el nombre de nabí o profeta haya sido anterior a la entrada
de los israelitas en Canaán y éstos lo hayan tomado del ambiente cananeo. Pero lo específico del
profeta hebreo, que es el ser el “amigo” de Dios, que transmite un mensaje en orden al bien espiritual
de la comunidad mostrándose intransigente con el vicio y el pecado, es totalmente desco1642
nocido en el ambiente cananeo. El profeta hebreo es el hombre recio, ejemplar, adusto y piadoso
que se enfrenta con el sensualismo y la idolatría de sus compatriotas, incluso con sus reyes. En la
Biblia se distinguen cuidadosamente los verdaderos y los falsos profetas, y la piedra de toque
para reconocerlos es la fidelidad a la Ley de Dios en su contenido ético-social.
Una segunda opinión pretende que el profetismo israelita proviene de Arabia.56 Pero no
encontramos entre los árabes ninguna institución paralela al profetismo israelita, y menos que
lleve un nombre similar al hebreo nabí'. De ahí que otros autores prefieran ver antecedentes del
nabismo israelita en Siria y Asia Menor, 57 basándose en las manifestaciones extáticas y orgiásticas
que son comunes a ciertas asociaciones proféticas del tiempo de Samuel. En realidad, esto
del extatismo es totalmente accidental en la comunicación profética, y más bien hay que atribuirlo
a reacciones psicológicas morbosas que se dan en relación con lo religioso en todos los pueblos
antiguos y modernos. Ya hemos indicado que lo específico del nabismo israelita — como
movimiento de depuración religiosa en un proceso constante espiritualizante — no aparece en
esos movimientos llamados proféticos de otros pueblos.
5. Vocación y Misión de los Profetas.
Hemos distinguido antes entre profetas que voluntariamente se enrolaban en las “sociedades
proféticas” para fomentar la vida religiosa en Israel y profetas propiamente tales, que por especial
vocación e instinto divino se consideraban los transmisores de especiales mensajes de parte
de Dios a sus compatriotas. De estos últimos vamos a tratar en los apartados que siguen. Una de
las características de los verdaderos profetas, en contraposición a los falsos profetas, era su “vocación”
expresa de parte de Yahvé. Aquéllos se consideraban “enviados” por Yahvé, mientras
que los últimos se constituían voluntariamente como profetas con fines bastardos.58 Los verdaderos
profetas se consideran obligados a transmitir a sus contemporáneos o a las generaciones futuras
el oráculo o juicio sobrenatural recibido, de tal forma que, si uno recibe una comunicación
sobrenatural para su uso exclusivo, sin destino a la comunidad, no es verdaderamente “profeta,”
59 ya que éste por definición (“enviado,” legado, nuncio) dice relación al bien espiritual de la
comunidad. Diremos después que el “don” de profecía es una gracia “gratis data,” un carisma
que está ordenado esencialmente al bien espiritual de la comunidad israelita o cristiana.
a) La misión profética supone necesariamente una vocación especial y personal, ya que
incluye una gracia carismática que sólo se confiere personalmente cuando Dios quiere comunicarla.
Nadie puede arrogarse esta comunicación carismática si Dios no se la confiere expresamente
y en cada ocasión concreta. Ahora bien, esto supuesto, la vocación, como llamada explícita
y concreta de Dios, puede ser mediata o inmediata. De hecho conocemos las circunstancias
históricas del llamamiento de algunos profetas, y sabemos que no faltan entre ellos quienes han
sido llamados por Dios a la misión profética por intermedio de otro profeta que recibía directamente
la comunicación divina. Es el caso de Josué 60 y de Elíseo, 61 llamados al profetismo por
intermedio de Moisés y Elias respectivamente. De vocación inmediata tenemos casos claros en
Amos, Isaías, Jeremías y Ezequiel.62 Los profetas tenían conciencia de su misión y carácter de
“enviados” de Dios. Por declararse tales tuvieron que hacer frente a muchas contradicciones, 63
negando tal carácter a los falsos profetas.64 Su misión era acusar a sus contemporáneos por sus
transgresiones de la Ley, y, en consecuencia, tenían que hacer frente al sensualismo, a la idolatría,
a las injusticias sociales. Por eso, siempre se hallan frente a las clases dirigentes de la sociedad,
principales responsables de la apostasía general del pueblo. Nadie, pues, si no fuera llamado
1643
por Dios, se habría arrogado una misión tan ingrata. Sentían dentro de sí como una fuerza superior
que les empujaba a hablar en nombre de Dios a sus compatriotas: “El Señor me tomó cuando
iba tras del rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel.”65 Jeremías, en un momento de
sinceridad, confiesa lo ingrato de su misión: “Tú me sedujiste, ¡oh Yahvé! y yo me dejé seducir.
Tú eras él más fuerte, y fui vencido. Ahora soy yo todo el día la irrisión, la burla de todo el mundo.
Siempre que les hablo tengo que gritar, tengo que clamar:Ruina, devastación! Y todo el día la
palabra de Yahvé es oprobio y vergüenza para mí. Y aunque me dije: No pensaré más en ello, no
volveré a hablar en su nombre, es dentro de mí como fuego abrasador, que siento dentro de mis
huesos, que no puedo contener y no puedo sostener.” 66 Ninguna descripción más elocuente para
reflejar la tragedia íntima psicológica del profeta. A pesar de ser por temperamento tímido y
afectuoso, siente un impulso incoercible de Dios para arrostrar todas las contrariedades anunciando
el desastre contra su pueblo, en contra de sus íntimos deseos de que su nación querida se
salve. Se siente como hipnotizado por una fuerza superior: “Me sedujiste, y me dejé seducir.” Es
el pensamiento enérgicamente expresado por Amos: “Rugiendo el león, ¿quién no temerá?
Hablando el Señor Yahvé, ¿quién no profetizará?”67
La vocación profética auténtica depende únicamente de la voluntad de Dios, que elige a
quien quiere, de cualquier clase social, edad o sexo. 68 Joel considera como una característica de
los tiempos mesiánicos la efusión universal del don de profecía.69
b) Por otra parte, supuesto el carácter carismático gratuito del don profético, no se exige
ninguna preparación especial para recibirlo, ni siquiera se requiere la santidad de vida, aunque
esto sea en extremo conveniente. Los escritores judaicos Filón de Alejandría y El Josefa, por influencia
del platonismo, creían que para ejercer la profecía se necesitaba cierta predisposición
natural o instinto profético semejante a la άγχίνοιαν, ο “vivacidad de espíritu,” que Platón suponía
en los buenos, los cuales gozaban de cierto instinto de adivinación del futuro.70 Algunos autores
cristianos también dan a entender la necesidad de que el sujeto que recibe el don profético
tenga un grado mínimo de santidad de vida71. En el Talmud se señalan como condiciones convenientes
que el sujeto sea sabio, rico, de elevada estatura y bello.72 Maimónides exige en el que ha
de ser profeta potencia imaginativa natural, con gran capacidad de imaginación. Esto es reducir
el “don profético” a una categoría meramente natural.
Pero los verdaderos profetas del A.T. no presentan como suyos sus mensajes, sino que se
consideran meros instrumentos de transmisión de los mismos de parte de Dios. Y, teológicamente
considerado, el don profético es una gracia “gratis data” que se comunica libérrimamente por
Dios a una persona sin preparación alguna por parte de ella. De hecho sabemos de varios personajes
que fueron profetas y no tenían preparación especial. Así, Samuel niño recibió una comunicación
divina relativa a la suerte de la familia de Helí.73 Amos era un pastor de Tecoa.74 Jeremías
recibe la investidura de profeta en edad adolescente, 75 e incluso Balam, no israelita y mago,
transmitió un mensaje profético de parte de Yahvé.76 Luego el profeta en absoluto puede ser
pecador, ya que el carisma profético no supone gracia santificante77. Por otra parte, la profecía es
un “conocimiento” que, como tal, reside en el entendimiento; luego puede existir sin la gracia
habitual, como puede existir la fe sin la caridad. Además, el don profético, como gracia carismática
“gratis data,” se ordena al bien espiritual de la comunidad y no a la santificación del sujeto
como tal.78 La honestidad de costumbres es sumamente conveniente para que el mensaje transmitido
por el profeta surta su efecto.
c) Supuesto este carácter gratuito del “don profético,” ¿podemos considerarlo como algo
permanente o habitual en el sujeto que lo recibe? A priori podemos responder que, por el hecho
de ser una gracia “gratis data” o comunicación carismática, tiene que tener un carácter transeún1644
te, ya que depende únicamente de la comunicación actual divina. El “don profético” es un conocimiento
sobrenatural superior al habitual de la fe, que depende exclusivamente de la comunicación
sobrenatural divina, fuera del orden normal. Se puede considerar al lumen propheticum como
algo intermedio entre el lumen fidei viatoris y el lumen gloriae de los bienaventurados.80 Esta
noción es confirmada a posteriori por las narraciones bíblicas. Así se dice que Elíseo, en un momento
dado, confiesa que no conoce la causa de la enfermedad de la Sunamitis, porque no recibió
comunicación especial de Dios.81 Natán dice primero a David que puede iniciar la construcción
del templo, pero después recibe una comunicación divina en la que se le transmite que David
no debe emprender la construcción del templo, sino su hijo.82 Samuel, con ocasión de la unción
de David, cree personalmente que el elegido de Dios es el primero de los hijos de Isaí, y entonces
recibe una revelación divina comunicándole que el elegido será el más pequeño, David. 83
No obstante, parece que muchos profetas tuvieron este carácter de modo vitalicio. La Biblia
llama profetas a los que comunicaron mensajes salvadores al pueblo israelita de parte de
Yahvé. Así Samuel y Elíseo (continuador del ministerio de Elias). De Isaías conocemos la visión
“inaugural” de su oficio profético. Lo mismo podemos decir de Jeremías y Ezequiel. Pero debemos
notar que estos mismos profetas, cuando van a comunicar un mensaje expreso de Yahvé (es
sólo entonces cuando son propiamente “profetas”), dicen: “visión de,” “la mano de Yahvé fue
sobre mí.,” “así dice Yahvé.” Estas fórmulas son bien explícitas para aclarar el problema sobre el
carácter transeúnte del “don profético.” Ellos tienen conciencia de que sólo en determinados
momentos son instrumentos directos de la comunicación divina. En otras ocasiones podrán dar
consejos, sacar consecuencias de comunicaciones anteriores, pero no transmitir mensajes “profetices,”
excepto cuando Dios en concreto les transmite una comunicación expresa. Los profetas,
pues, no podían hacer comunicaciones “proféticas” en nombre de Dios cuando ellos querían, sino
cuando Dios se las comunicaba.84 En consecuencia, el carácter permanente vitalicio de profeta
se atribuye a algunos personajes por abuso del lenguaje, en cuanto que por el hecho de haber
transmitido una comunicación “profética” en nombre de Dios se les puede llamar “profetas.”
85
6. Elevación de las Facultades en el Profeta.
a) El “conocimiento profético” es una luz sobrenatural. 86 Por tanto, para captarla no bastan las
luces naturales de la razón. Pero, además, es un conocimiento sobrenatural especia,! diferente y
superior al de la fe sobrenatural. El hombre como tal tiene una potencia “obediencial” para recibir
este lumen propheticum o inspiratio y íuzgar sobrenaturalmente — bajo esta iluminación especial
— sobre algo que ha conocido sobrenaturalmente o por medios naturales. Es decir, que lo
esencial en la inspiratio profética es el juicio sobrenatural emitido, aunque los elementos del juicio
(res acceptae: simplex apprehensio) los haya recibido por conducto natural. 89 No se exige,
pues, una revelación nueva en cuanto a la captación del material del juicio, sino que el lumen
propheticum recae sobre el acto de juzgar sobre cosas recibidas natural o sobrenaturalmente. San
Agustín presenta el caso clásico de los sueños del faraón. Este recibió materialmente los elementos
de juicio, pero no tuvo especial iluminación para dar un juicio sobre el sentido de esos elementos
captados en su sueño. Al contrario, José recibió por conducto natural (información del
faraón) el contenido de la visión (elementos del juicio), pero sobrenaturalmente juzgó, bajo el
lumen propheticum, sobre el sentido del sueño. Por eso José es el verdadero profeta en este caso
y 110 el faraón. 90
1645
b) Como el carisma “profético” se ordena esencialmente al bien de la comunidad (el
profeta es un “mensajero” de Dios), se exige que ese juicio sobrenatural dado por el profeta bajo
el lumen propheticum sea transmitido a los demás, para lo que se requiere la intervención de la
voluntad; lo que exige que haya también una elevación en la voluntad para que transmita debidamente
el mensaje o juicio sobrenatural según las exigencias de la voluntad divina 91. El influjo
carismático en el acto de la transmisión debe afectar no sólo a la sustancia del mensaje, sino
también a las circunstancias del mismo, de modo que aparezca inmune de todo error. Es un caso
similar al de la inspiración escrituraria: “omne quod asserit, enuntiat, insinuat, debet retineri assertum,
ennuntia-tum, insinuatum a Spiritu Sancto, qui supernaturali sua virtute, ita eos excitavit
et movit isque loquentibus adstitit, ut ea omnia eaque sola quae ipse iuberet, et recte mente conciperent,
et fideliter proponere vellent, et apte infallibili veritate exprimerent.” 92 Por otra parte,
la labor del profeta era sumamente espinosa e ingrata, y necesitaba una gracia especial para fortalecer
su voluntad. 93
c) Como el entendimiento humano necesita siempre de la facultad imaginativa (“intelligit
convertendo se ad phantasmata”) 94 para entender, se requiere de algún modo una elevación de
la fantasía en el acto de juzgar del profeta. Para los casos de una comunicación intelectual sobrenatural,
se puede admitir una cierta derivación a las facultades imaginativas, de modo que se
formen imágenes adaptables a la intelección.95 Y esto aparece claro en las comunicaciones propiamente
imaginarias, ya que ninguna imagen natural de la fantasía puede servir para expresar
verdades sobrenaturales que no están al alcance del entendimiento natural del hombre.96 Luego
también se requiere la elevación de la facultad imaginativa, ya sea para recibir nuevas especies
imaginarias sobrenaturalmente infusas, ya para juzgar sobre naturalmente de imágenes recibidas
naturalmente. En este caso se requiere una especial combinación de imágenes bajo el influjo particular
de Dios en orden a la expresión de una verdad sobrenatural superior.97
7. La Revelación Profética.
Hemos visto que la “revelación,” o comunicación de una verdad totalmente nueva, no es necesaria
para que un sujeto pueda ser considerado como profeta, pues le basta recibir la “iluminación”
en el acto de juzgar, aunque se trate de elementos de juicio conocidos por medios naturales.
98 Pero puede darse el caso de que el profeta, además de recibir la “iluminación” en el acto de
juzgar (“iudicium de acceptis”), reciba también sobrenaturalmente los elementos de juicio (“acceptio
cognitorum”), es decir, reciba una “revelación” o comunicación de verdades totalmente
sobrenaturales. En este caso, el profeta adquiere su máxima participación en. el carisma profetice.
Esta comunicación sobrenatural, o “revelación,” puede recibirse de tres modos, según los
tres estadios del conocimiento humano: a) por los sentidos externos; b) por la imaginación; c)
directamente por el entendimiento. Sin embargo, en la práctica no es fácil muchas veces saber
cómo los profetas recibieron la revelación divina, ya que emplean frases que son susceptibles de
ser interpretadas de diverso modo. Así, hablan de “visiones,” “audiciones,” que muchas veces
tienen el sentido general de “comunicaciones,” ya sean intelectuales, imaginarias o corporales.
El modo más ordinario de comunicación divina es por la “imaginación,” en cuanto que
Dios infunde nuevas imágenes desconocidas por medios naturales o combina sobrenaturalmente
las imágenes recibidas por conducto natural.100 Y de hecho sabemos que Dios se acomodaba a
la mentalidad de cada profeta para transmitir sus verdades sobrenaturales. Como los suje1646
tos receptores de la comunicación divina eran orientales de viva imaginación, de ahí que muchas
veces las verdades que Dios comunicaba sean expresadas con una riqueza de detalles imaginativos
que a nosotros, de mentalidad occidental, resultan extravagantes. Para hacer accesible la
nueva verdad revelada, Dios “condescendía” con la psicología imaginativa de aquellos orientales
elegidos como instrumento de su providencia extraordinaria en la historia.
Aparte de esta comunicación “imaginaria” de verdades sobrenaturales, se puede admitir
una comunicación o revelación pura intelectual, en cuanto que Dios transmite al sujeto receptor
determinadas “species intelligibiles” sin concurso de la imaginación 101. No obstante, repetidas
veces dice que este género de comunicación pura intelectual es muy rara en el A.T. 102
Naturalmente, esta “revelación” intelectual es la más perfecta,103 pues se eleva más sobre
los sentidos y se acerca más a la visión de los bienaventurados. Pero tan elevada, que apenas se
da, y por la comunicación más ordinaria en el A.T. es la imaginaria: “(huiusmodi) prophetiam
habuerunt omnes illi qui numerantur in ordine prophetarum,”104 “omnis propheta vel habet tantum
iudicium supernaturale. vel habet acceptionem simul cum indicio secundum imaginariam
visionem.”105 Sin embargo, hay que suponer siempre, para que sea verdadera “profecía,” que esta
comunicación imaginaria sobrenatural la juzgue intelectualmente según la “iluminación profética”
que recibe en el acto de juzgar (distinto del acto de recibir la especie imaginativa).
8. Comunicaciones
“Visionarias” y “Sueños” Proféticos.
Por los relatos bíblicos sabemos que Dios se solía comunicar a los profetas por “visiones” y
“sueños”; “Si hubiere entre vosotros algún profeta, me apareceré a él en visión y le hablaré por
sueño” 106. Los autores gentiles de la antigüedad nos dicen que los “sueños” son los medios de
comunicarse los dioses a los hombres.107 En la Sagrada Escritura no son raras las comunicaciones
divinas durante los “sueños.” 108 a las que se da categoría de comunicación “profética,” distinguiéndolos
bien de los meros “ensueños” naturales, a los que no se les concede realidad alguna:
“Porque de la muchedumbre de las ocupaciones nacen los sueños, y de la muchedumbre de
las palabras los despropósitos.” 109 Los profetas, cuando recibían un “sueño profético,” tenían
conciencia expresa de ello, y sabían por conocimiento o “inspiración profética” que venía de
Dios y el sentido del “sueño.” 110
Aparte de las comunicaciones divinas en “sueños,” los profetas aluden a sus “visiones” y
“audiciones” en estado de vigilia, que son más frecuentes. Pero debemos tener en cuenta que estas
palabras “visión” o “audición” tienen un sentido amplio de “comunicación” divina, y, por
tanto, no han de tomarse en sentido estricto de “visión” corporal, ya que puede ser puramente
imaginativa.111 De hecho, la mayor parte de las “visiones” proféticas son “imaginarias” al estilo
de las de Ezequiel112. Lo mismo hay que decir del fenómeno de la “audición,” de forma que la
expresión “dice Yahvé” en boca de los profetas no significa necesariamente manifestación vocal
externa del oráculo, sino simplemente comunicación del mismo, que puede ser intelectual o imaginaria.
1647
9. Limitaciones en el Conocimiento Profético.
La “profecía” es una comunicación intelectual especial sobrenatural para juzgar de hechos o
cosas conocidas natural o sobrenaturalmente (quoad acceptionem rerum). Este conocimiento
profetice, pues, depende y está limitado por el grado de comunicación sobrenatural, proveniente
exclusivamente de Dios.113 De ahí se sigue que los profetas no sólo no conocen todo lo que puede
ser materia de profecía (prophetabilia), pues no tienen la visión de la divina esencia, sino que
ni aun tienen un conocimiento pleno sobre la materia de que hablan.114 De hecho sabemos que
los profetas recibían gradualmente la iluminación. Así, a Samuel le fue primeramente revelado el
hecho de la elección por parte de Yahvé de un nuevo rey; después, que sería de la familia de Isaí,
y, por fin, después de desfilar todos los hijos de éste, conoció por revelación divina que el rey
elegido era el hijo menor, David.115 Pero, además, hay que tener en cuenta que el profeta, como
transmisor o “intérprete” de un mensaje divino, es “instrumentum deficiens,” y, por tanto, no tiene
un conocimiento pleno de lo que se le comunica.116 Hay siempre una zona de oscuridad en la
mente del profeta respecto al cumplimiento e inteligencia del oráculo que comunica, sobre todo
cuando se trata del anuncio del futuro; pues la “profecía” es una gracia “gratis data” que no se da
para utilidad del recipiente, sino de la comunidad religiosa, y de ahí que la intelección de la comunicación
profética no ha de medirse sólo por la utilidad que ha de reportar al “profeta” transmisor
del oráculo, sino por el bien que ha de reportar a la comunidad como tal: “ea quae sunt
denuntianda, prophetae revelantur secundum quod exigit eorum dispositio propter quos prophetia
datar.”118 Y en este supuesto debemos tener en cuenta que los oráculos profetices unas veces
eran comunicados para utilidad exclusiva de los contemporáneos del profeta, y otras principalmente
para utilidad de las generaciones venideras, y sobre todo para la Iglesia de Cristo, hacia
la que se ordenaba el mensaje religioso como estadio definitivo de la revelación, inaugurado
con la encarnación del Verbo.
Las comunicaciones proféticas se fueron completando entre sí en el decurso del tiempo,
conforme se iban realizando en la historia y a medida que nuevas revelaciones iban dando luz
sobre determinados esbozos profetices de profecías anteriores.119 Es la ley del progreso en la revelación
profética. Supuesta la rudeza mental del pueblo israelítico en el A.T., Dios fue comunicando
gradualmente las revelaciones. En concreto, respecto de las profecías mesiánicas, éstas
aparecen más claras y explícitas a medida que se acercan a la “plenitud de los tiempos,” en que
se cumplen literalmente. Así, desde el primer anuncio de la victoria de la descendencia de la mujer
en el Protoevangelio hasta el triunfo del Mesías por el dolor y la muerte en los oráculos llamados
del “Siervo de Yahvé,” hay una gran gradación ascendente, pues la idea del Mesías Conquistador
y Rey se va espiritualizando, acercándose cada vez a la realidad histórica de un Mesías
modesto, paciente y Redentor por el sufrimiento. La revelación se va concretando y explicitando
en contenido teológico a medida que se acercan los tiempos del Mesías, y, a medida que los destinatarios
estaban preparados para recibir las grandes verdades, Dios las fue enriqueciendo conforme
a su capacidad y utilidad 12°. Esta observación es extensiva también a los mismos profetas
que transmitían el oráculo. Puesto que la comunicación divina era para utilidad de la comunidad,
no siempre entendían plenamente el contenido doctrinal de la misma, ya que no se trataba de satisfacer
su curiosidad mental, sino instruir y lanzar testimonios de la intervención divina en la
historia, que muchas veces iban a ser comprendidos sólo plenamente siglos más tarde. Por eso,
las futuras generaciones comprenderán más profundamente su mensaje que los mismos que los
transmitieron. Y los profetas podían por su cuenta meditar y reflexionar al modo humano sobre
el contenido de su comunicado, haciendo cálculos humanos al tratar de encuadrar en la historia el
1648
mensaje sobrenatural recibido. Hemos visto antes que el conocimiento “profetice” no es un hábito,
sino una comunicación carismática transeúnte, y sólo el profeta, cuando se halla bajo esta
comunicación, juzga sobrenaturalmente sobre la misma. Pero después, en diversos momentos de
su vida, podían reflexionar humanamente sobre el contenido de su mensaje, sin tener luces especiales
para su encuadramiento histórico o para comprender las circunstancias de un hecho que
por revelación divina sabían había de cumplirse.
De esta consideración se deduce el hecho de que los profetas no solían tener perspectiva
del tiempo, pues al no conocer muchas circunstancias del hecho a realizar, confundían y superponían
con frecuencia los planos históricos. Tenemos el caso clásico de la profecía del “Emmanuel”
de Isaías. El profeta presenta al Niño-Mesías liberador como solución a la gran crisis política
nacional planteada por la invasión asiría. En aquellos momentos de peligro nacional, Isaías
dirige su atención hacia la figura ideal de Israel, al gran Libertador de las promesas mesiánicas,
garantía de la salvación del pueblo elegido. Ante su mente no hay, pues, más que dos momentos:
el actual de crisis nacional ante la invasión extranjera (con peligro de desaparición de la nación
como colectividad política) y la época del Mesías. Judá, en la mente del profeta, está lanzado,
por designio divino, hacia los tiempos mesiánicos, en tal forma que la figura del Mesías es la
razón de ser histórica del pueblo elegido. Por otra parte, las promesas de Yahvé son inconmovibles,
y, en consecuencia, Judá no puede desaparecer como nación. Todas las crisis nacionales no
pueden ser definitivas, ya que el pueblo de Dios ha de llegar a la plenitud de los tiempos mesiánicos.
Por eso presenta al Mesías como solucionando personalmente la crisis nacional presente.
El profeta está obsesionado con la persona del Mesías, que en una revelación especial le
ha sido presentada bajo la figura de un Niño-Príncipe excepcional que ha de inaugurar la era de
paz mesiánica. Como desea animar a los contemporáneos con la esperanza mesiánica, hace un
esfuerzo imaginativo y presenta con realismo al Mesías como próximo a aparecer. En realidad,
para él — obsesionado por la realización de los tiempos mesiánicos — no existen más que dos
momentos en la historia de Judá, el actual de la crisis nacional y el de los tiempos del Mesías, y
así junta ambas perspectivas, prescindiendo del tiempo que pueda haber intermedio. No sabe
cuándo aparecerá el Mesías, pero sabe que ciertamente habrá de aparecer y resolver todas las dificultades
de Judá, y así lo presenta como inminente a sus contemporáneos. No debemos perder
de vista que las revelaciones proféticas son vislumbres luminosos fugaces en un fondo general de
oscuridad, y de ahí la limitación del conocimiento en los mismos profetas, que anuncian cosas
sin contornos históricos las más de las veces.121 Su perspectiva es similar a la del que desde lejos
contempla una cordillera de montañas, en las que los contornos son nebulosos, y los planos del
horizonte se superponen en tal forma, que picachos que están separados por una gran distancia
aparecen difuminados y unidos en el trasfondo del lejano horizonte.
10. Éxtasis y Conciencia Profética.
El “éxtasis” se suele definir como un estado psíquico anormal que es efecto de la concentración
de ciertas potencias anímicas intelectuales o afectivas, lo que lleva como consecuencia una distensión
en determinadas potencias orgánicas sensibles, de forma que el sujeto sometido a esta
situación se halla como “fuera de sí” (έκστασις), sin control de los sentidos.122 Esta “alienación”
de los sentidos puede tener causas naturales o mórbidas y sobrenaturales. Aun en sujetos perfectamente
equilibrados, la concentración exagerada sobre un objeto de la inteligencia o de la vo1649
luntad puede llevar a la pérdida del uso corporal de los sentidos. Así, puede darse el éxtasis “filosófico”
en un sujeto de temperamento cerebral y abstractivo, que, por concentrar demasiado la
atención sobre un objeto, puede quedar como alienado. Pero, además, existen temperamentos
psíquicamente desequilibrados por causa de trastornos psicológicos, que son propensos a perder
el control de los sentidos, y así una emoción fuerte de orden sobrenatural o natural puede inducirlos
al éxtasis.
En la hagiografía es fácil encontrar casos de esta índole, y aun en la misma Biblia. De
hecho sabemos que algunos profetas tuvieron “éxtasis” en el mejor de los sentidos. Los profetas,
hombres profundamente religiosos, y muchos de temperamento místico, al sentir de cerca la “vivencia”
de la divinidad, que se les manifestaba de un modo particularísimo, quedaron “fuera de
sí,” en estado extático. Algunos de ellos, como Ezequiel, quizá tuviera propensión psicofisiológica
para caer en esta situación anormal. Aunque rechacemos de plano la acusación de “epiléptico”
conque se le ha pretendido caracterizar, sin embargo, es un hecho la frecuencia de los éxtasis en
su vida. Esto no arguye nada en contra de la integridad profética del mismo, ya que cada profeta
tenía su personalidad psíquica humana, y Dios los utilizó como instrumentos de su mensaje, sin
anular las propensiones particulares psíquico-fisiológicas de cada uno.
Los pueblos primitivos solían atribuir a causas superiores sobrenaturales los “éxtasis” de
todo género. Entre los mismos griegos, el “éxtasis” era designado como “enfermedad divina”
(ιερά νοΰσος) 123. ya que el que lo padecía se consideraba como poseído de un dios o genio superior.
Se suponía que, durante el estado extático, el alma humana dejaba al cuerpo y vagaba conversando
con el mundo de los espíritus, y el vacío por ella dejado era ocupado por un “genio” o
“numen” divino que hacía las veces del alma (ενθουσιασμός). Por ello, el sujeto en estado extático,
“entusiasmado” o “endiosado” (pues eso viene a significar el griego ενθουσιασμός), entraba
en relación con un mundo superior divino, y en ese “trance” comunicaba cosas insólitas e inauditas
que causaban la admiración de sus oyentes.124
Ahora bien: ¿podemos trasladar estos fenómenos a la psicología profética? O en otros
términos: el “éxtasis,” ¿era el medio normal y aun necesario para comunicar con Yahvé? En los
primeros tiempos del “profetismo” israelita, algunos de sus representantes, como Elíseo, parecen
entregados a ciertos transportes extáticos incluso provocados por la música.126 En esto tenemos
que ver una concesión a la mentalidad expresiva oriental y a formas primitivas de manifestación
religiosa. Pero de hecho no encontramos nada indigno, desde el punto de vista moral y religioso,
en ninguno de los verdaderos profetas aprobados como tales por los autores bíblicos. Cierto que
existían gentes que se arrogaban el título de “profetas” ante el pueblo sencillo, los cuales imitaban
los desvaríos de los cultos orgiásticos cananeos, y entre ellos las manifestaciones extáticas
espectaculares al estilo de los derviches orientales, procurándose con “incisiones” rituales y con
bebidas embriagadoras un estado psíquico anormal.127 Pero esos tales son considerados por los
autores sagrados como “falsos” profetas.
De hecho sabemos que los profetas canónicos del A.T. tenían conciencia de su personalidad
y de sus relaciones inmediatas con la divinidad, y que jamás pretendieron presentarse con
una personalidad superpuesta, como si la propia fuera anulada y absorbida por la divina. Los profetas
tienen conciencia de su “personalidad” humana a pesar de sentirse profundamente movidos
por una fuerza superior divina. Jeremías, en un momento de ruda sinceridad, refleja su situación
psicológica como profeta, ya que, a pesar de sentir repugnancia para cumplir su ingrata misión,
reconoce que Dios le empuja a transmitir su mensaje al pueblo: “Tú me sedujiste, ¡oh Yahvé!
y me dejé seducir. Tú eras él más fuerte, y fui vencido. Y aunque me dije: No pensaré más en
ello, es dentro de mí como fuego abrasador que siento dentro de mis huesos, que no puedo con1650
tener ni puedo soportar.”128 Los profetas se sentían poseídos por una fuerza superior, que no destruía
su personalidad (jamás ellos se presentan como dioses) y los empujaba irresistiblemente a
transmitir el mensaje divino. En su cometido, muchas veces hay colisión de intereses. Jeremías,
de temperamento afectivo y enamorado de su pueblo, sentía desgarrarse sus entrañas al comunicar
los mensajes conminatorios a sus conciudadanos, y, a pesar de que tenía que pasar como
enemigo de los intereses nacionales de su nación, transmitía enérgicamente el mensaje divino
que los invitaba a aceptar el yugo babilónico como mal menor. La conciencia de ser los representantes
de su Dios les obliga a estampar la frase vigorosa que aparece en todas sus predicaciones:
“Así habla Yahvé.” Son los portadores de un mensaje divino a su pueblo y los genuinos representantes
del yahvismo tradicional, y como tales se presentan al público con una fuerza y entereza
irresistibles.
11. Perspectivas Generales Teológicas en la Predicación Profética.
Ya hemos indicado antes que los profetas se presentaban a sí mismos como los “centinelas” que
velaban por los intereses religiosos de su pueblo. Por ello fueron saludados como “hombres de
Dios.”129 Este carácter religioso es la clave para interpretar su predicación, su actividad y sus escritos
exclusivamente religiosos. Se consideraban los transmisores y alentadores de las esencias
tradicionales religiosas de Israel en su mayor pureza, frente al ritualismo externo de los sacerdotes.
Todas las manifestaciones políticas y culturales profanas no tenían sentido para ellos sino en
su dimensión religiosa. En su mentalidad espiritualista era preferible el ambiente sencillo del desierto
en que se formó la teocracia hebrea, al calor de la providencia particularísima de Yahvé,
que el sedentario de la población cananea, inficionado con cultos idolátricos. El tipo del “profeta”
intransigente religioso es Elias el Tesbita, que con su vida austera y manto de pelo era una
acusación viviente a la molicie ambiental en que se desarrollaba la vida política y social de Israel
en los tiempos de la monarquía. En torno a este héroe religioso fue surgiendo una minoría selecta
religiosa, cuya dirección caería en manos de los “profetas,” aquellos hombres extraordinarios
que, con un esquema teológico de verdades extremadamente simple, propugnaba la vuelta sincera
de los corazones a Dios. Las mismas ideas religiosas tradicionales fueron tamizadas y purificadas
por estos “hombres de Dios” en una medida que desbordaba toda la tradición religiosa
anterior. La religión para ellos era más que un cúmulo de ritos externos, pues proponían como
medula de la misma las relaciones con un Dios que ante todo es fiel a sus atributos de justicia
y misericordia y que, por otra parte, exige un trato de equidad para el prójimo, particularmente
para los desvalidos y olvidados en los últimos estratos sociales.
Sin arrogancia alguna se presentan como los únicos representantes genuinos de los intereses
divinos, considerándose la “boca de Dios,” ya que lo esencial del mensaje profetice es la
transmisión de un “oráculo,” es decir, de una comunicación directa de Dios destinada a su
pueblo. Tienen conciencia de que Yahvé les ha hablado directamente, de modo indefinible, con
ese “susurro” difícil de catalogar, que parece ser la mejor traducción de la palabra hebrea ne'um,
que aparece repetidas veces al principio de los mensajes profetices. El “oráculo” es algo más que
el “consejo” de la literatura sapiencial, pues, lejos de ser un fruto de reflexión teológica sobre
determinadas doctrinas religiosas aceptadas, al estilo de nuestros teólogos, es una irrupción directa
de Dios en el alma del profeta, ya sea comunicándole verdades totalmente desconocidas y
nuevas, ya combinándole de un modo especial preternatural ciertas verdades que ya conoce el
1651
profeta por vía natural o por reflexión teológica, pero que, con la intervención directa de Dios,
dan una luz inesperada que el profeta por pura reflexión natural no habría aceptado. En realidad,
el lumen propheticum ejerce una influencia especial en orden a la formulación de un juicio infalible
en beneficio de la comunidad religiosa a la que va destinado el mensaje del profeta. Sin embargo,
éste, al recibir la comunicación divina, no pierde la conciencia de su personalidad; no hay
absorción de su conciencia por parte de Dios, sino que el profeta conserva el sentimiento reflejo
de que aun, como transmisor del mensaje tan íntimamente comunicado por la divinidad, se distingue
claramente de esa energía divina que le posee e invade. No hay superposición de personalidad,
ni mucho menos sustitución de las mismas, sino simplemente íntima comunicación de dos
personas realmente distintas. Así hay que entender la famosa frase que repetidamente escriben:
“El espíritu de Yahvé se apoderó de mí.”
Por otra parte, debemos tener en cuenta que el profeta es un hombre de su tiempo, que
habla a gentes de su época, y sólo por excepción de cosas lejanas, si bien vinculándolas a los anhelos
y necesidades de su época. Por consiguiente, habla de cosas que afectan a los intereses de
sus contemporáneos, si bien siempre vistas desde el ángulo puramente espiritual. Por eso, más
que ver en el profeta al hombre que por definición se proyecta hacia épocas futuras, hay que considerarle
como el reformador religioso de la sociedad de su tiempo, el guía espiritual de sus conciudadanos.
Aparte de esto está su aspecto de vaticinador de determinadas cosas futuras, si bien
coloreadas según las exigencias ambientales de su tiempo. Naturalmente, como persona esencialmente
idealista que es y que sueña y aspira a una mejor sociedad en el orden ético-espiritual,
siempre enfoca sus enseñanzas en función de los futuros y definitivos intereses de su pueblo, ya
que para él, en los designios de Dios, Israel ha sido lanzado hacia un futuro glorioso, pero a través
de un período de prueba y purificación. De ahí que las catástrofes nacionales no sean para el
profeta sino avisos de Dios para un enderezamiento de costumbres en orden a la preparación de
una era mejor en cuanto a religiosidad y justicia. Por eso, los problemas mismos de su época son
considerados también a la luz de horizontes lejanos, en los que se presiente la etapa definitiva de
su pueblo. Estas dos perspectivas diferentes del profeta — la ambiental y la mesiánica — deben
tenerse en cuenta cuando se trate de aquilatar su pensamiento, ya que muchas veces ambos horizontes
o estratos históricos se superponen y entrelazan en un mismo mensaje, de tal forma que
muchas veces no es fácil deslindar las fronteras de ambos.
Supuestos estos principios, básicos para entender el complejo psicológico de los profetas,
vamos a resaltar algunas ideas teológicas que nos dan la clave para comprender su mensaje religioso
y esencialmente idealista.
A) Dios e Israel.
Una de las ideas clave del armazón teológico de los profetas es la de la vinculación de Israel
a Yahvé, soberano del universo y único organizador de Israel como pueblo. Para ellos, Dios
es el absoluto soberano de la historia, que dirige ocultamente los hilos de las vidas de los hombres
y de las naciones. Todos los acontecimientos — en su visión teológica de la historia — conducen
a un fin concreto y hacia una época determinada. Por otra parte, el segundo postulado de
esta teología de la historia es que la humanidad — en su historia individual y colectiva — se
halla sometida a lo:; imperativos y exigencias de la justicia y misericordia divinas.
En estos divinos designios, Israel ocupa un lugar de preferencia, ya que ha sido elegido
entre todos los pueblos como porción escogida. Pero esta situación de privilegio se debe única y
exclusivamente a un acto totalmente gratuito de Dios, y el fin de esta elección es la glorificación
del mismo Dios.130 Jeremías nos dice que Israel fue escogido para ser “un pueblo, un nombre y
1652
una gloria,” l31 de modo que fuera un reflejo viviente de los intereses de Dios entre los pueblos,
mostrando la naturaleza santa de Dios al hacerse también “santo” el pueblo elegido.132 Esta situación
de privilegio por parte de Israel condiciona toda su vida social, ya que es una exigencia
de Dios la “santificación” de su pueblo en sus costumbres y en su vida religiosa: “Sed santos
como yo soy santo.”133 Isaías es entre los profetas quien sintió más íntimamente esta necesidad
de “santificación,” de “purificación” e “incontaminación” aplicada al pueblo de Israel. Yahvé es
para él, ante todo, el “Santo,” mientras que el pueblo y el mismo profeta son seres contaminados,
impuros.l34 Por ello, las relaciones de Israel y su Dios están condicionadas por la naturaleza divina,
que en Isaías aparece caracterizada por el concepto de “santidad” o “trascendencia.” Dios es
el “Santo de Israel” l35; por tanto, Israel debe ser la comunidad ideal en la que se ponga de manifiesto
el concepto de esta “santidad” de Dios, reflejada en sus costumbres sociales. Por eso, la
misión esencial de Israel es “santificar al Señor de los ejércitos,” 136 es decir, reconocerle como
“santo” y algo aparte entre los demás seres creados, fuera de la contaminación de ellos, y, en
consecuencia, reconocerle y adorarle con íntimos sentimientos de reverencia y temor, que fluyen
espontáneamente de este concepto de “santidad” divina que debe penetrar toda la vida social
del pueblo escogido. Isaías se daba cuenta de que habitaba “en un pueblo de labios impuros”137 y
cuyas obras eran una constante provocación y profanación del “Santo de Israel.” Por eso era necesario
un fuego purificador — el castigo — que limpiase moralmente al pueblo, como lo hizo
materialmente el serafín en los labios del profeta el día de su vocación. De ahí que podríamos
resumir el contenido del mensaje isaiano en la frase famosa: “Sion in iudicio redimetur.”138 De
ahí también el concepto de un “resto” que se salvará de la gran catástrofe nacional, como núcleo
de restauración en el futuro, concepto que aparece ya en Amos, y parece ser el fruto de una reflexión
teológica, al querer conciliar, de una parte, las exigencias de la justicia divina — intransigente
con el pecado — , y de otra, la fe en la realización de las promesas mesiánicas sobre Israel.
Precisamente el hecho de que Israel ocupara un lugar aparte en los designios providenciales
divinos le hacía más responsable en sus infidelidades.139 Jeremías y Ezequiel protestan contra la
actitud de ciega confianza de los habitantes de Jerusalén en su condición de ciudadanos de la
ciudad en que habita Yahvé. Esto, en realidad, no los librará del castigo inminente, que debe ser
considerado más bien como un signo de solicitud paternal — como correctivo — , ya que el mayor
castigo sería abandonarlos a su suerte en sus pecados, sin acordarse de ellos, pues para los
profetas el castigo es ante todo la llamada al arrepentimiento, al retorno al Señor. Israel en su historia
es el eterno hijo pródigo, que sólo se acuerda de Dios cuando se halla en una situación de
angustia y de tragedia, y precisamente el verdadero drama de Israel está en esa constante apostasía
de su Dios: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende,
mi pueblo no tiene conocimiento.” 140 Esta conducta es una provocación constante a la
intervención airada de Dios; por eso el “día de Yahvé,” lejos de ser día de manifestación gloriosa,
como el pueblo esperaba — día de revancha sobre los enemigos de Israel — , será el día de la
manifestación vengadora de Yahvé, que viene a purificar a su pueblo.
B) Dios y la Historia Universal.
Para los profetas, Israel es el centro de los destinos históricos del mundo, y las otras naciones
se subordinan en su proceso histórico a las exigencias nacionales de este pueblo privilegiado.
Por eso, cuando hablan de los otros pueblos, es siempre en función de la misión que representan
en torno a Israel. Dios es el Señor de todos los pueblos sin distinción, y guía secretamente
los hilos de la historia privada de los hombres y la pública de las naciones, pero tiene
asignados destinos especiales providenciales a ese minúsculo pueblo que ha sido sacado de Egip1653
to para ser el ejecutor de sus planes salvíficos sobre las mismas naciones. En definitiva, Israel —
hijo predilecto de Yahvé — tiene que triunfar en sus destinos sobre todos los otros pueblos. Dios
lo eligió gratuitamente — Amos nos dice que es Yahvé el que ha sacado a Israel de Egipto, pero
también a los filisteos de Cajtor y a los árameos de Quir, y que, si no fuera por esa gracia de
Dios, los israelitas serían como los despreciados etíopes141 — ; pero esta elección particular impone
grandes obligaciones para con el mismo Dios, y, como históricamente no ha sido fiel a su
misión, Dios le ha querido castigar, poniendo en movimiento contra él a las otras naciones. En
realidad, estos pueblos paganos, al invadir la “tierra de Yahvé,” su “heredad,” no son sino instrumentos
de la ira divina en orden a la purificación del pueblo escogido y amado. Sus triunfos
sobre Israel no se deben a su fuerza exclusiva, sino a la permisión de Yahvé, que los utilizó como
“vara de su furor,” y de hecho, si se exceden en su misión de instrumentos punitivos de Dios,
serán a su vez castigados sin piedad. Así Isaías nos pinta el orgullo del invasor asirio, que se cree
omnipotente y vencedor por su propia fuerza: “Mi mano ha cogido la riqueza de los pueblos como
se agarra un nido; como quien se apodera de huevos abandonados, me he apoderado yo de la
tierra toda. Y nadie sacudió sus alas, ni abrió el pico, ni dio un chillido. Mas, por eso, el “Señor
herirá de flaqueza ese cuerpo.” En los capítulos 13 y 14 de Isaías se alude a la destrucción de
Babilonia como castigo de su arrogancia y por haberse extralimitado en su papel de instrumento
punitivo de Yahvé. Es que las naciones, sin saberlo, no hacen sino servir a los designios inmutables
de Dios, y, aunque se crean autónomas en sus movimientos, Dios las gobierna secretamente.
Por otra parte, también a ellas les cabrá participación en el triunfo mesiánico de Israel, pues una
de las notas de los vaticinios profetices es la de los vislumbres universalistas, que se van multiplicando
a medida que se acerca la plenitud de los tiempos.
C) Los profetas y el mesianismo.
La idea mesiánica constituye como la espina dorsal de la teología del Antiguo Testamento.
Arranca ya de los primeros capítulos del Génesis, y va adquiriendo más cuerpo, concretándose
a través de los tiempos, hasta llegar, en la época profética, a constituir la medula de su predicación.
Porque el profeta — esencialmente idealista y profundamente religioso — ve en todas las
cosas y acontecimientos una dimensión espiritual y aun mesianista, es decir, instintivamente, en
los graves momentos de crisis nacional y en las angustias y estrecheces de la vida de sus contemporáneos,
se dirige a los tiempos mesiánicos, a aquella época ideal y definitiva que cierra el
ciclo histórico de Israel, en que todas las cosas se situarán en su centro debido y adquirirán su
verdadero relieve al servicio de los ciudadanos de la nueva teocracia, que será presidida por el
sentido de la justicia y la equidad en su más pura acepción. Como consecuencia habrá un reinado
de paz — fruto de la quietud de las conciencias y corazones — , encontrando el justo su galardón
a la virtud, mientras que el pecador desaparecerá de la haz de la tierra como planta exótica que
no puede arraigar en el nuevo orden de cosas.
Los profetas — hombres de temperamento poético y de imaginación viva — idealizan
ese futuro estado de cosas que presienten a lo lejos. Por eso es necesario distinguir en su mensaje
lo que es elemento esencial — doctrinal — y lo que es mero ropaje externo literario. Por otra
parte, debemos tener en cuenta que los profetas — ”instrumentum deficiens,” en la expresión del
Aquiatense — no comprenden el total alcance de sus palabras, y tampoco suelen saber las circunstancias
concretas — en la historia — del hecho por ellos anunciado; por eso se permiten —
para excitar más la imaginación popular y para darles esperanzas más asequibles a su mentalidad
ingenua y simplista — colorear con toda suerte de detalles de tipo temporal aquella felicidad sustancial
de la paz en los corazones de los futuros ciudadanos, como consecuencia de vivir centra1654
dos en torno a Yahvé, su Dios. Además, como los profetas suelen carecer de perspectiva histórica
en el tiempo, superponen los planos y juntan horizontes de diversas épocas. De ahí que, cuando
no saben las circunstancias concretas en que se realizará el hecho que anuncian, hacen un esfuerzo
imaginativo para situarlo en la historia, y, llevados de los íntimos anhelos de su corazón y
para resucitar más vivamente las esperanzas mesiánicas en las épocas de crisis, muchas veces
presentan como próxima y aun inmediata la realización de las promesas mesiánicas. Ellos tienen
la seguridad — basada en la palabra de Dios — de que llegará un momento en que habrá una
liberación definitiva para su pueblo oprimido, y como viven obsesionados por la idea de un reinado
de justicia, su espíritu, instintivamente, se traslada por asociación de ideas a la época anhelada.
En efecto, el profeta es un hombre de su tiempo, pero, por otra parte, vive únicamente de
la esperanza mesiánica, porque sólo en los tiempos mesiánicos se dará el pleno “conocimiento”
de Yahvé, con todo lo que esto implica en la vida práctica; por eso tiene siempre ante sus
ojos el horizonte mesiánico como solución a las angustias de su tiempo. Todo el lapso de tiempo
que hay entre su época y la mesiánica es un vacío para él, y de ahí que psicológicamente se junten
en su espíritu ambas perspectivas, la de su época y la de los tiempos mesiánicos, en cuanto
que ésta es el remedio a los problemas de aquélla. El profeta no distingue los contornos de los
hechos futuros que se agolpan en su mente, siempre sobreexcitada con la esperanza mesiánica.
Los detalles se pierden en la lejanía como en una cordillera divisada desde lejos, en la que todos
los montes aparecen en el mismo plano, y sólo, a medida que el espectador se acerca, la perspectiva
va adquiriendo contornos, y se aprecian las distancias de los montes en su profundidad y
medida. Es el caso de Isaías, que ante la invasión asiría (s.VIII) presenta la figura del “Emmanuel”
como solución a la gran crisis planteada. Ante la perspectiva de ruina y muerte sembrada
por el invasor, el profeta instintivamente se dirige al gran Libertador de la nación israelita, el
Mesías, sobre cuya persona había tenido unas particulares revelaciones en aquellos días, como lo
demuestran sus capítulos relativos al “Emmanuel.” Para resucitar esperanzas de salvación, presenta
su aparición como inminente. En realidad, él no sabe cuándo hará su aparición, pero sabe
que, en definitiva, Judá no sucumbirá totalmente ante el invasor, porque hay una promesa divina
indefectible relativa a la aparición de un Salvador del pueblo elegido, el cual establecerá la gloriosa
y definitiva teocracia después que hayan sido vencidos todos los enemigos de Judá e Israel.
Los profetas tienen una visión netamente teológica de la historia de Israel, pues piensan
en una lucha de poderes que se oponen al establecimiento del reino de Yahvé, a sus designios
salvadores sobre Israel. Daniel presentará a los imperios babilónico, persa y seléucida como
enemigos del establecimiento del “reino de los santos,” la teocracia mesiánica. Frente a esa
oposición de los imperios enemigos del pueblo elegido, Yahvé mantiene sus designios salvadores
sobre éste, y al fin triunfará definitivamente. Para Isaías, el imperio asirio es el gran enemigo
que amenaza con anegar al pequeño reino de Judá, depositario de las promesas mesiánicas. En
definitiva, el vencedor de los asirios será el Mesías, porque por él se salvará Judá como pueblo
en los designios divinos. Por eso, en cada momento histórico en que parecían comprometerse los
destinos históricos de Judá como nación, aparece en la mente del profeta la figura del Mesías-
Emmanuel, que en última instancia será la garantía de que la situación se resolverá favorablemente
para los intereses del pueblo elegido en ese gigantesco match de fuerzas. Esta es la razón
de que presente al Mesías como garantía de la realización de los planes salvíficos de Dios
sobre su pueblo, precisamente cuando el poder siniestro, obstaculizado de la obra de Dios —
realización mesiánica — , parece llegar a su paroxismo. En esos momentos críticos, la figura del
Mesías es el espléndido y único antídoto contra todo sentimiento descorazonado y desesperado.
1655
En la visión profética, el tiempo no existe, y los planos y estratos históricos se superponen
y confunden; de ahí que se pase instintivamente de la descripción de la situación angustiosa
de su época a la dichosa de la era mesiánica. Para el profeta existe una lucha entre el bien y el
mal desde los albores de la historia humana, e Israel es el gran instrumento de Dios, y el Mesías
el gran protagonista del drama. Así, todas las vicisitudes históricas son consideradas por los profetas
— los hombres de la esperanza mesiánica, los predicadores del Israel ideal — como eco de
esa lucha sorda que Yahvé sostiene con las potencias del mal. Pero todo cambiará un día: los
enemigos de Israel desaparecerán, se inaugurará la era venturosa del mesianismo, en la que triunfará
definitivamente el bien; desaparecerá la guerra,142 y en aquella paz edénica 143 habrá como
una inundación del “conocimiento de Dios,”144 que llenará todos los corazones. Hasta la naturaleza
inanimada se transformará para contribuir a la mayor felicidad de los ciudadanos de la nueva
teocracia; es la “tierra nueva” y los “nuevos cielos,” que se transformarán para reflejar el
triunfo moral de la justicia en todos los corazones angustias e inquietudes de la época en que vivían
los profetas hacían surgir, por contraste, estas idealizaciones de los tiempos futuros en torno
a la figura excepcional del Mesías.
D) Los profetas y el individualismo.
Los profetas, como “centinelas” de los intereses espirituales de Israel como pueblo, se dirigen
en su predicación al pueblo como colectividad nacional, en cuanto que es una unidad social
transmisora de un mensaje salvífico — el mesianismo — de Dios a través de los tiempos, hasta
culminar en la era definitiva. No obstante, esto no quiere decir que estos “hombres de Dios” se
hayan desinteresado totalmente de los problemas individuales; pero debemos reconocer que, antes
del exilio babilónico, estos temas individualistas tuvieron poco relieve en su predicación, y
sin duda aquí encontramos una de las claves para interpretar el enigmático silencio en la época
profética sobre los destinos personales de ultratumba. En general, los profetas más bien se dirigían
al ciudadano israelita como tal, es decir, en cuanto vinculado a los destinos de una colectividad,
pues consideran al israelita como objeto de predilección por parte de Dios en cuanto era
miembro de un cuerpo social con una misión histórica colectiva.
Los profetas vivían como absortos por el pensamiento del futuro reino de Dios plasmado
en una nueva teocracia israelita, y todos los demás problemas — los personales y aun los de la
historia universal — son juzgados a la luz de la idea clave de la vocación mesiánica de un pueblo
como colectividad nacional. Por eso la historia de Israel no es para ellos sino la sucesión de estadios
o situaciones provisionales que preparan la etapa definitiva, en la que Israel sería el centro
político-religioso del mundo. Mientras llegue este momento, todas las manifestaciones de su vida
social son “momentos” históricos que para ellos no tienen sentido en sí mismos, sino en función
de esta última y definitiva etapa mesiánica. De ahí que consideren la historia de Israel exclusivamente
desde el punto de vista teológico, en cuanto que es la realización de los designios
previstos por Dios.
Daniel presenta la sucesión de los imperios como una dramatización histórica en función
de la manifestación mesiánica de Israel, pues todos los imperios históricos — babilónico, persa,
medo y seléucida — no son sino instrumentos en la preparación del advenimiento de la era mesiánica.
Así, en el capítulo 11 de su libro nos presenta a Miguel — valedor de los derechos del
“reino de los santos” (el pueblo judío) — en lucha con el “príncipe del reino de Persia” y con el
“príncipe de Grecia,” que parecen simbolizar los obstáculos históricos que se oponen a la implantación
del “reino de los santos.”
Después de la destrucción de Jerusalén, que trajo como consecuencia el colapso de las
1656
aspiraciones nacionalistas de los judíos, los problemas personales empezaron a tener más relieve,
sobre todo en el libro de Ezequiel, que es el modelador de la nueva personalidad de los exilados
hebreos. La responsabilidad individual será el centro de la nueva moral frente al exceso “solidarismo”
del pasado — fruto del alma tribal beduina surgida en las estepas del Sinaí — , que había
terminado en un hermetismo y exclusivismo nacionalista, opuesto a las vías del universalismo,
implícitas en las promesas mesiánicas, concebidas como esperanza de salvación para toda la
humanidad. En la nueva etapa que se abre con la catástrofe del exilio, cada individuo será responsable
de sus actos ante Dios, de forma que ya no pagarán por las faltas de sus antepasados:
“Ya no se dirá más: los padres comieron las agraces y nosotros sufrimos la dentera.” Y la religión
ya no será un problema entre Dios e Israel como nación, sino entre Dios y el individuo, con
todas sus consecuencias. Pero esto no quiere decir que desaparezca después del exilio el sentimiento
de solidaridad nacional, sino que la “solidaridad” es mucho más atenuada y los intereses
privados se superponen a los colectivos. De hecho, en la literatura sapiencial del siglo ni encontramos
la crítica de ideas tradicionales, como la de la ecuación entre el dolor físico y el pecado.
En el siglo II, esta obsesión de los problemas “personales” hallará la solución al principal problema
del hombre como individuo, que es su destino eterno.
12. Hipérbole, Paradoja y Realidad en las Profecías Mesiánicas.
La esperanza mesiánica es la idea clave para comprender la teología del Antiguo Testamento.
El pueblo israelita — escogido como porción selecta, “raza santa y pueblo sacerdotal” — estaba
históricamente abocado en los planes de Dios a preparar el advenimiento de la era mesiánica,
culminación de la revelación con la aparición del Mesías Redentor. Ya en la primera promesa a
Abraham se dice que en su descendencia serían bendecidos todos los pueblos 146. Esta idea de
pueblo elegido -instrumento de una providencia especialísima de Dios respecto de la humanidad
-aparece muy arraigada en el alma israelita. Sobre todo en la época de la monarquía, los horizontes
se ensanchan, y se concibe para Israel la posibilidad de constituirse en centro de todas las naciones.
La omnipotencia divina era un atributo reconocido por todos los israelitas a través de la
azarosa historia del pueblo elegido. Las intervenciones sobrenaturales en favor de Israel al sacarlo
de Egipto eran una señal de que el pueblo escogido estaba destinado a grandes cosas en la historia.
Como en otro tiempo Yahvé le había sacado de la esclavitud de los faraones, llegará un
día en que la omnipotencia divina se manifestará de nuevo para establecer a Israel como la
nación más poderosa en el concierto de los pueblos, ya que ninguna nación podía gloriarse de ser
aliada del Omnipotente, como era la israelita. Esta conciencia de elección fue adquiriendo cada
vez más relieve a través de la historia. Los triunfos de David y las promesas solemnes divinas
relativas a la perennidad de su dinastía reforzaron esta conciencia de elección mesianista. Israel,
a la sombra de Yahvé omnipotente, terminaría por ser el arbitro de las naciones.
Las descripciones de los tiempos mesiánicos en los escritos proféticos son un derroche de
imaginación y optimismo. En estas descripciones idealistas podemos distinguir dos elementos: a)
relativo a los valores puramente espirituales: la era mesiánica será el triunfo de la justicia, la
equidad, como fruto de una más profunda vinculación a Dios; b) relativo a los bienes materiales
que se ofrecerán como premio a la virtud de los justos, ciudadanos de una nueva teocracia.
A). Reinado de Justicia y Santidad.
Los textos referentes a una nueva sociedad en la que desaparecerán las injusticias y hasta
1657
el mismo pecado son muy numerosos.
Isaías saluda en estos términos a la nueva Jerusalén:
Y tenderé mi mano sobre ti, y purificaré en la hornaza tus escorias..., y te llamarán
entonces ciudad de justicia, ciudad fiel.147
Y Jeremías, hablando de la nueva alianza, no es menos explícito:
Esta será la alianza que haré con la casa de Israel: Pondré mi ley en ellos y la escribiré
en su corazón, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. No tendrán ya que enseñarse
unos a otros..., diciendo: Conoced a Yahvé, sino que todos me conocerán, desde
los pequeños a los grandes... 148
Tal será la atmósfera de religiosidad y santidad en que se vivirá en el nuevo orden de cosas, que
al “vástago de justicia” — nuevo “David — que impondrá “el derecho y la justicia en la tierra,”
se le llamará Yahvé Zidquenu (“Yahvé, nuestra justicia”).
En el capítulo 60 de Isaías, donde se canta la gloria futura de Jerusalén, se dice: “Tu pueblo
será un pueblo de justos...”
En el fragmento dedicado al Mesías-Emmanuel se dice de él que “la justicia será el cinturón
de sus lomos, y la fidelidad el ceñidor de su cintura,” y “no habrá ya más daño ni destrucción
en todo mi monte santo, porque estará llena la tierra del conocimiento de Yahvé, como llenan las
aguas el mar149; es el “príncipe de la paz,” que se comportará como “Padre sempiterno” y “Dios
fuerte.” 150
El pecado es incompatible con la nueva era mesiánica. En la profecía de las “Setenta
Semanas” se dice que después de este tiempo desaparecerá “la transgresión y se dará fin al pecado,”
expiando la iniquidad para traer la justicia sempiterna 151.
En los vaticinios del libro de Daniel se habla del “reino de los santos” como etapa definitiva
histórica que reemplazará a los diferentes imperios 152.
Los profetas, pues, consideran como elemento esencial de los tiempos mesiánicos la “justicia”
y la “santidad,” en tal forma que desaparecerá todo pecado e impiedad. Sólo los “justos”
podrán formar parte de la nueva teocracia.
B) Promesas de Bienes Temporales.
En la Ley mosaica se prometían bienes temporales en abundancia para los que fueran fieles
a los mandamientos de Dios. La moral pues, del Antiguo Testamento estaba basada en una
ecuación pragmatista: fidelidad a Dios, abundancia de bendiciones de índole temporal, y, en primer
término, una vida prolongada. Desobediencia a Dios, castigos y vida breve. Contra esta
creencia se levanta el autor del libro de Job y aun el Eclesiastés. La ausencia de la idea de ultratumba
impedía a los israelitas del Antiguo Testamento levantarse a una moralidad basada en
ideas trascendentes. Los premios y castigos tenían lugar — según la tesis tradicional — en esta
vida. La supervivencia en el seol (juntos buenos y malos) no merecía el nombre de vida, ni incluía
discriminación entre justos y pecadores. Es en esta vida donde se daba la justicia de
Dios, que premiará al justo y castigará al impío.
En esta línea ideológica tenemos que enmarcar a los mismos profetas, representantes del
yahvismo más espiritualista en el Antiguo Testamento. En ninguno de sus escritos encontramos
la más mínima alusión a la retribución en el más allá. Esta visión no trascendente de los proble1658
mas de la vida se refleja en las mismas profecías mesiánicas. Antes del destierro, los profetas
consideran generalmente al individuo en su dimensión ciudadana, en función de la vinculación a
la colectividad israelita, que en los planes divinos está abocada a una nueva etapa en la que se
transformará totalmente. Al desaparecer el pecado y al instaurarse el reinado integral de la justicia
y de la santidad en sus ciudadanos, Yahvé los colmará de bendiciones sin cuento. La imaginación
de los profetas — que en su mayoría eran grandes poetas -se desborda al describir las
bendiciones temporales de los tiempos mesiánicos. La misma tierra se transformará para servir
de marco geográfico en consonancia al estado de rectitud y justicia en que vivirán los ciudadanos
de la nueva teocracia que se desarrollará bajo la providencia inmediata de Yahvé.
Ante las privaciones y angustias de todo género de los contemporáneos de los profetas,
nada más sugestivo y alentador que presentarles un cuadro a la inversa en el que desaparecería
todo lo que supusiera privación, inquietud y temor. Las descripciones son deslumbrantes y no
encuentran paralelo en la literatura universal.
El pastorcillo de Tecoa, Amos, abre la marcha históricamente en estas descripciones:
Aquel día levantaré el tugurio caído de David, repararé sus brechas, alzaré sus ruinas
y le reedificaré como en los días antiguos... Vienen días, e Yahvé, en que sin interrupción
seguirá al que ara el que siega, al que vendimia el que siembra. Los montes
destilarán mosto, y correrá de todos los collados... 153
Este anuncio venturoso, después de haber anunciado el castigo y la ruina en el “día de Yahvé” a
los habitantes de Samaría, tenía por objeto levantar los ánimos de sus compatriotas para que no
se dejasen deprimir demasiado ante la perspectiva del castigo purificador de Yahvé. Se salvaría
un “resto” que habría de constituir el núcleo de restauración en los tiempos mesiánicos.
Su contemporáneo Oseas se hace eco de lo mismo al vaticinar una fertilidad edénica como
fruto de la bendición divina:
En aquel día yo seré propicio, dice Yahvé, a los cielos, y los cielos serán propicios a
la tierra; la tierra, propicia al trigo, al mosto y al aceite, y éstos propicios a Jezrael,
154 Yo seré como rocío para Israel, que florecerá como lirio y extenderá sus raíces
como álamo. Crecerán sus ramas, y será su copa como la del olivo, y su aroma
como el del incienso. Volverán a habitar a su sombra, creciendo como el trigo, pujando
como la vid, y su fama será como la del vino del Líbano.155
¿Qué pensar de esas idealizaciones poéticas? ¿Pertenecen al fondo del mensaje profético en la
mente del autor o son simples hipérboles para expresar realidades superiores? Indudablemente,
como veremos, en todo esto hay mucho de exageración poética, que no debe entenderse a la letra,
como la frase del Pentateuco donde se habla de Palestina como la tierra que “mana leche y
miel.”156 Estamos en el campo de la metáfora y de la hipérbole desbordada, que expresan una
realidad más atenuada. Pero, en todo caso, siempre queda el problema: Los profetas, ¿consideraban
como algo esencial a la era mesiánica la abundancia de bienes materiales, como lo era el
reinado de justicia y de santidad?
C) Mesianismo Nacionalista.
En los vaticinios mesiánicos, Israel aparece como el centro político y religioso de todo el
mundo. Dios habitará en medio de su pueblo, y todos los pueblos se apresurarán camino de
1659
Sión para ser adoctrinados en la Ley de Yahvé. La colina de Sión sobresaldrá sobre todos los
montes como un faro luminoso orientador en el orden moral y religioso 157. Pero al lado de estos
textos en los que aparece la primacía espiritual de Israel hay otros en los que se destaca rabiosamente
la concepción nacionalista política israelita. El salmo 2 habla de un Mesías que dominará
sobre los pueblos, tratando a sus enemigos como el alfarero a sus orzas. Es el Rey absoluto, que
pondrá a sus enemigos por escabel de sus pies.
En Is 11:105 se habla de la revancha de las doce tribus de Israel sobre los pueblos enemigos:
En aquel día el renuevo de la raíz de Jesé se alzará como estandarte para los pueblos,
y le buscarán las gentes... Yahvé alzará su estandarte en las naciones, y reunirá
a los dispersos de Israel... y serán destruidos los enemigos de Judá, y no envidiará ya
más Efraím a Judá..., y se lanzarán contra la costa de los filisteos de occidente, y
juntos saquearán a los hijos de oriente...
Este encumbramiento político y material de Israel sobre los demás pueblos arranca ya desde la
bendición a Jacob: “Te servirán los pueblos, y las naciones se prosternarán ante ti.” 158 En Is
49:23 aparece plásticamente reflejada:
Yo, Yahvé, tenderé mi mano a las gentes y alzaré mi bandera a las naciones, y traerán
en brazos a tus hijos y en hombros a tus hijas. Reyes serán tus ayos, y reinas tus
nodrizas; postrados ante ti, rostro a tierra, lamerán el polvo de tus pies.
No cabe concepción más cerrada nacionalista. Cierto que hay vaticinios relativos a la participación
de las gentes en el nuevo orden de cosas. Ya en la bendición a Abraham se decía que en él
serán bendecidas todas las gentes. Isaías anuncia que los egipcios y asirios reconocerán la supremacía
de Yahvé, asociados a Israel, siendo con éste objeto de bendición 159. Sofonías anuncia
que todos los de las islas se convertirán a Yahvé y le servirán, y Jeremías se hace eco de lo mismo.
En el salmo 86 se dice que los nacidos en Egipto y Babilonia serán reconocidos como ciudadanos
de Sión, empadronados en ella. Pero siempre aparece Jerusalén como centro religioso y
político de todas las naciones.
D) Juicio Sobre las Naciones.
Los profetas hablan a menudo del “día de Yahvé” como día de la manifestación definitiva
de la justicia divina sobre las naciones paganas y los pecadores. Así Abdías anuncia a los
edomitas su ruina definitiva: “Porque se acerca el día de Yahvé para todos los pueblos. Como
hiciste, así te harán a ti; tu merecido caerá sobre tu cabeza. Como bebisteis (de la copa de la ira
divina) vosotros los de mi monte santo, así beberán sin remedio todas las gentes. Beberán, sorberán,
y serán como si no hubieran sido.” 160
En la literatura apocalíptica apócrifa posterior se pormenorizan las circunstancias de este
juicio, que es puesto por algunos apócrifos al fin del mundo. Sin embargo, en Joel claramente se
trata de un juicio antes de la restauración de Jerusalén, antes de la inauguración mesiánica.
1660
Intentos de Solución.
Como antes apuntábamos, en todas estas diversas concepciones hay un tanto por ciento muy
elevado de exageración imaginativa. Los profetas, como orientales, tienen una imaginación muy
sobreexcitada y un sentido poético de la vida incomparable. No podemos, pues, calibrar sus
afirmaciones según el módulo de precisión que caracteriza al genio greco-latino. Nosotros en las
ideas buscamos ante todo claridad, orden y precisión. El oriental reviste las ideas en un ropaje
imaginario encantador, pero que oscurece los contornos ideológicos. De ahí la dificultad de saber
hasta dónde llega la afirmación conceptual pura y el juego imaginativo en el profeta. O en otros
términos, no es fácil en los escritores orientales — y sobre todo los antiguos, como los profetas
— delimitar hasta dónde llega el juicio formal y el material; hasta dónde llega la idea y dónde el
mero prurito imaginativo, la alusión, la condescendencia con ideas del ambiente no totalmente
aceptadas por los mismos. En el lenguaje oratorio profetice se busca, sí, enseñar, pero también
deleitar, atraer la atención, despertar inquietudes en el auditorio rudo. Nuestro Señor mismo utiliza
este método expositivo envuelto en imágenes. De ahí que muchas veces en algunas parábolas
no podemos captar con claridad la idea principal del Maestro, y sobre todo a veces en una
misma parábola hace cabalgar varias enseñanzas diversas, que se interfieren unas veces y otras
se completan. La imaginación no es el mejor vehículo para expresar ideas, ya que carece de la
exactitud de contornos que tiene el entendimiento. A nuestra mentalidad occidental cerebral quizá
nos hubiera gustado más que Jesús hubiera expuesto su doctrina por tesis y corolarios al estilo
aristotélico. Pero el Maestro no predicaba en Atenas, sino en Galilea, a gentes de ardiente imaginación,
y a ellos se adaptó para atraer su atención y plastificarles sus divinos mensajes. Otro tanto
hicieron los profetas en su predicación. Orientales, de imaginación ardiente, fueron el vehículo
de transmisión de grandes verdades de salvación a un pueblo de viva imaginación y sin mayor
capacidad para la abstracción intelectual.
Y una de las características del estilo imaginativo oriental es la exageración sistemática,
la hipérbole descontrolada para recalcar más las ideas. Cuando oímos hablar a alguno, lo
primero que tenemos que hacer es observar su temperamento, y, conforme a él, valorar lo que él
dice, pues no tiene el mismo valor absoluto una afirmación hecha por un hombre cerebral, frío,
sin dotes imaginativas, que la de otro que es por temperamento nervioso, exagerado e imaginativo.
Sus exageraciones no son mentiras. Es un género literario que es preciso respetar en el lenguaje
coloquial.
Ahora bien, al ponernos en contacto con los libros proféticos, vemos que abundan estos
caracteres de imaginación desbordada en personajes que, por otra parte, están poseídos de un entusiasmo
sin límites, y aun fanático, por una idea que los obsesiona, que es la idea mesiánica. De
ahí que tenemos que ponernos en guardia contra interpretaciones demasiado literalistas de sus
afirmaciones.
Esto nos fuerza a desconfiar de muchos detalles en los vaticinios, pues en su formulación
tiene mucha parte la imaginación. Lo esencial en el mensaje profético es el elemento sustancial
religioso, en cuanto que expresa algo en orden a la formación religiosa de sus conciudadanos.
En cambio, la forma en que se transmite ese mensaje es algo accidental en la mayor parte de
los vaticinios, pues es fruto de la imaginación del profeta. Ellos tienden a impresionar al auditorio,
y así, al describir los tiempos mesiánicos, hablan de una transformación maravillosa de la
naturaleza. Las angustias y necesidades en que se desarrollaba la vida de sus contemporáneos en
todos los órdenes hacían surgir, por contraste, la idealización de los tiempos mesiánicos esperados
en torno a la figura excepcional del Mesías. Ahora bien, ¿hasta dónde llega — en la aprecia1661
ción del profeta — la realidad esperada y hasta dónde llegan los elementos folklóricos imaginativos,
que en su juicio tenían un valor meramente de ropaje literario? San Pablo habla de la naturaleza
en dolores de parto en espera de la regeneración de los hijos de Dios.161 En su deseo de recapitular
todas las cosas en Cristo, le parecía que las criaturas utilizadas para el pecado estaban
en una situación violenta, esperando que el hombre se volviera a Dios para que ellas sirvieran
sólo al Creador. Naturalmente, la frase atrevida de San Pablo es una metáfora. Algo parecido
tendremos que ver en las desbordadas descripciones de los tiempos mesiánicos de los profetas.
Estos, como orientales, además de tener propensión a exagerar, suelen generalizar las
situaciones, describiéndolas con expresiones radicales y aun paradójicas para excitar más la
imaginación. Sabían que sus oyentes habrían de quitar por sistema la mitad de la mitad de todo
lo que afirmaban, y por eso cargan la exposición.. De ahí que busquen los contrastes violentos de
ideas, el radicalismo en las expresiones, y aun la frase paradójica. En su afán de recalcar la idea
principal, presentan como blanco o negro lo que nosotros presentaríamos como gris. Es decir,
que sacrifican la matización del pensamiento a la impresión general para recalcar más la idea
principal. Nuestro Señor mismo utilizó este modo de predicación. Hay frases en el Evangelio
que, si se toman a la letra, son escalofriantes y resultan inmorales: “El que no odia a su padre, a
su madre o a su esposa no puede ser mi discípulo.” ¿Es que nos manda odiar a nuestros seres
más queridos? Es un modo hiperbólico y radical de hablar. Nosotros, ante un auditorio más preparado,
de mentalidad occidental, diríamos matizando el pensamiento del Señor: El que antepone
el amor de su padre y de su madre al mío no puede ser mi discípulo. Esto es lo que se desprende
del contexto. Lo mismo habría que decir de las frases evangélicas: “Si te hieren en una mejilla,
vuélveles la otra... Si te piden el manto, dales la túnica. Si tu ojo te escandaliza, arráncalo... Si te
piden que vayas una legua con uno, vete dos con él.” En todas estas frases hay que ver el encarecimiento
del espíritu de paz y caridad, que exige que en determinadas situaciones haya que sacrificar
lo propio en beneficio de ellas. Pero esto no quiere decir que en todas las situaciones se
haya uno de comportar así. Al menos, cuando a Jesús le dieron una bofetada, no devolvió la otra,
sino que dignamente protestó por la afrenta.
Los profetas también cargan la idea para resaltar su contenido fundamental, y, al describir
los tiempos mesiánicos, procuran destacar la felicidad de que disfrutarán entonces los nuevos
ciudadanos del futuro, en contraposición a las estrechases de sus contemporáneos. Es un procedimiento
psicológico muy normal para hacer que las mentes de sus ciudadanos, excitadas por
el brillo externo literario, dirijan sus esperanzas hacia la etapa definitiva de la historia de Israel.
Incluso los profetas en sus prédicas utilizan el contraste vivo y la paradoja para resaltar
sus ideas. Así acentúan el contraste vivo de ideas que a primera vista son contradictorias, pero
que en el fondo tienen una coincidencia formal. Un ejemplo de ello lo tenemos en el capítulo
sexto de Isaías, donde con frases aparentemente desconcertantes puestas en boca de Dios, e ininteligibles
en El, se invita al profeta a que procure con su palabra el endurecimiento del corazón
de su pueblo:
Ve y di a ese pueblo: Oíd y no entendáis, ved y no conozcáis. Endurece el corazón
del pueblo, tapa sus oídos, cierra sus ojos. Que no vea con sus ojos, ni oiga con sus
oídos, ni entienda su corazón, no sea curado de nuevo.
¿Es que podemos concebir en Dios el deseo de condenar a su pueblo espiritualmente? Esto contraría
a la misma noción de profeta, que, por definición, es un hombre encargado de llevar los
hombres a Dios. Las expresiones, pues, son paradójicas. Se trata de resaltar la conducta inexcu1662
sable de los judíos al rechazar el mensaje del profeta. Yahvé se halla como cansado de que prediquen
en vano sus mandamientos, pero va a hacer una última tentativa; por eso manda al profeta
que proclame: “Oíd y no entendáis... Endurece su corazón... Que no vea con sus ojos... para que
no sea curado.” Dios sabe de antemano la acogida que van a dar a la nueva predicación de Isaías,
y habla así supuesto el fruto negativo; por eso son inexcusables, y de ahí que Dios les tenga destinado
el castigo fijado de antemano, presentándose como nervioso y preocupado, como temiendo
de que sus planes de castigo no se cumplan. Si se convierten, no podría castigarlos y se frustrarían
sus designios punitivos. Es un modo de hablar paradójico para hacer ver que al fin tendrá
que enviar el castigo, después que ha agotado los medios de conciliación. En el fondo, lo que el
profeta quiere expresar en esas frases es el deseo de Yahvé de salvar al pueblo, aunque aparentemente
las palabras digan lo contrario.
Por último, un principio que hay que tener en cuenta para valorar el significado de muchos
detalles de las profecías mesiánicas es que el profeta es un instrumento deficiente, y, de un
lado, no entiende plenamente el contenido de su mensaje, y de otro sólo suele conocer en los vaticinios
el hecho sustancial del mismo, no sus circunstancias accidentales. De ahí que el profeta,
que recibe una luz particular sobre el futuro, al anunciarla al pueblo, la expresa a su modo, según
sus categorías mentales y conforme a las inquietudes y ansias de su temperamento. Ellos,
como representantes de las inquietudes de sus contemporáneos, procuran amoldarse a ellas, y de
ahí que al presentar un vaticinio mesiánico coloreen su contenido sustancial conforme a las exigencias
de la mentalidad de su tiempo. La synkatabasis del Espíritu Santo llega a amoldarse a la
psicología del instrumento vivo elegido para transmitir su mensaje. En nuestra mentalidad grecolatina,
exigente con todo lo que sea claridad y precisión de ideas, nos resulta difícil comprender
por qué Dios eligió algunas veces como vehículos de su revelación a instrumentos tan imperfectos
y tan inapropiados para expresar las grandes verdades. Quisiéramos afirmaciones más claras
y discursos racionales más tajantes para calibrar el grado de revelación en cada estadio histórico.
Pero tenemos que aceptar el hecho de que la revelación fue hecha a través de personajes orientales,
con todo lo que esto implica en cuanto a la intervención de la imaginación.
Nosotros presentamos primero una tesis y procuramos desnudar la idea lo más posible, y
después la justificamos sacando sus consecuencias. Es decir, primero exponemos la idea principal
y después deducimos con lógica rigurosa el contenido de la misma. Los escritores orientales,
en cambio, dan las ideas por entregas, atendiendo al ritmo lógico e intercalando la idea principal
en un follaje imaginativo que muchas veces la oscurece más bien que la esclarece. De ahí la dificultad
de captar muchas veces la idea central sobre la que recae el juicio formal del escritor. Es
el caso de los profetas, que, deslumbrados con una comunicación divina sobre el futuro mesiánico,
viven como obsesionados con la misma, y al describirla la colorean imaginativamente conforme
a las inquietudes temperamentales propias y de sus oyentes. El profeta que conoce un
hecho futuro sólo en cuanto a la sustancia del hecho, hace un esfuerzo imaginativo por situarlo
en la historia, y de ahí que presente el futuro conforme a la mentalidad de su época. Es el caso de
los pintores del “Quatrociento,” que presentan los misterios de la vida de Cristo con indumentaria
y construcciones del siglo XIV. La falta de sentido ambiental les ha hecho cometer un error
de enfoque histórico.
Esta es la razón de que los profetas carezcan de perspectiva histórica. En su mente hay
una superposición de planos, debida a la falta de luz sobre los contornos. Por otra parte, no sabían
cuándo tendrá lugar el hecho vaticinado; de ahí que, llevados de los íntimos anhelos de su corazón,
y para resucitar más vivamente las esperanzas mesiánicas en las épocas de crisis, muchas
veces presentan como próxima y aun inmediata la realización de las promesas. Para cada profeta,
1663
la catástrofe de su tiempo es la última antes de la aparición de la era mesiánica. Isaías ve en la
victoria sobre el imperio asirio la aurora del mesianismo. Los profetas del exilio ven en el colapso
babilónico la señal del retorno a la patria y la inauguración mesiánica. El autor del libro de
Daniel ve en la desaparición de los seléucidas el último obstáculo que se opone a la implantación
del “reino de los santos.” Los profetas tienen una fe ciega en los tiempos mesiánicos; de ahí que,
obsesionados con la idea mesiánica, consideran la figura del Mesías como solución definitiva
a las grandes crisis nacionales de su tiempo. El profeta es ante todo un hombre de su tiempo,
pero vive de la esperanza del gran futuro mesiánico, y todo el tiempo que hay entre los dos momentos
— su época y la de la manifestación mesiánica — es un vacío para él; de ahí que psicológicamente
se junten en su espíritu ambas perspectivas, al considerar la era mesiánica como el
verdadero remedio a las necesidades de su tiempo. Es el caso del que ve desde lejos una cordillera.
A primera vista, todos los montes están en el mismo plano; pero, a medida que se acerca, la
perspectiva va adquiriendo contornos, y se aprecian las distancias debidamente. Así, el profeta
no distingue los contornos y particularidades de los hechos excepcionales que se agolpan en su
mente, siempre sobreexcitada con la esperanza mesiánica. Así, Isaías presenta al Emmanuel
como solución al problema planteado por la invasión asiría. Los profetas tienen una visión teológica
de la historia de Israel y conciben como una lucha de poderes que se oponen al establecimiento
del reino de Dios que anhelan, llámense éstos imperio asirio, babilónico, persa o seléucida.
Frente a ellos están los designios inmutables de Dios, que habrán de cumplirse en la historia,
y la garantía de ese cumplimiento es la promesa del Mesías. Por eso, en cada momento histórico
en que parecían comprometerse los destinos de Israel como pueblo de Dios, aparece en la mente
del profeta, frente al avance de los poderes que se oponen al establecimiento del reino de Dios, la
figura del Mesías, que en última instancia será la garantía de que la situación se resolverá favorablemente
para los intereses del pueblo elegido en ese gigantesco match de fuerzas opuestas. El
Mesías será símbolo de la liberación en cada momento crítico, ya que, en virtud de la promesa
del advenimiento del Mesías, se salvará Israel como colectividad nacional. Por eso, cuando el
poder siniestro de los imperios que quieren ahogar la vida nacional de Israel parece llegar al paroxismo,
los profetas presentan la edad mesiánica como espléndido antídoto contra toda depresión
moral posible en el pueblo. La era mesiánica será la solución al gran drama, el triunfo
definitivo del bien en la historia. De ahí que los profetas sueñen con esos tiempos dichosos y
anhelen acelerar el curso de la historia para ver a su pueblo enmarcado en esa nueva teocracia,
libre ya de todo temor y angustia temporal.
Ahora bien, supuestas estas consideraciones de principio, ¿cómo entender esas generalizaciones
que los profetas nos dan en sus vaticinios mesiánicos relativas al triunfo total de la justicia
y santidad en la nueva sociedad teocrática? Como hemos visto, no faltan textos en los que se
dice que en aquellos tiempos desaparecerá totalmente el pecado y la iniquidad y sólo habrá entrega
total y cordial a la ley de Dios. Pero de hecho sabemos que, con la inauguración de los
tiempos mesiánicos por Cristo en el nuevo orden de cosas, el pecado sigue dominando la sociedad,
mientras que la virtud está reservada a una minoría. Es más, Cristo mismo nos dijo que no
nos forjáramos ilusiones sobre el advenimiento espectacular del “reino de Dios,” ya que éste
vendría inadvertido, como un fermento que actúa secretamente en la masa de la sociedad, y que
en el nuevo orden de cosas habría pecadores y justos, trigo y cizaña, peces buenos y malos. Sólo
al fin del mundo vendrá la total discriminación, de forma que sólo los justos entrarán en la etapa
definitiva del reino de los cielos. ¿Cómo compaginar la perspectiva mesiánica de los profetas y la
también mesiánica de Cristo?
Para resolver esta aparente antinomia debemos tener en cuenta lo que antes hemos indi1664
cado sobre la propensión de los profetas a generalizar y a exagerar y lanzar expresiones radicales.
Por consiguiente, esas generalizaciones sobre el reinado total de la justicia y santidad en los
tiempos mesiánicos pueden ser consideradas como idealizaciones poéticas debidas al arranque
entusiasta del profeta, deslumbrado ante el horizonte maravilloso de los tiempos mesiánicos.
Hasta ahora, los justos en la sociedad israelita llevaban la peor parte, y triunfaban los impíos y
prevaricadores; en el futuro, los justos ocuparán el lugar de preferencia, pues una atmósfera de
virtud presidirá la nueva teocracia.
Por otra parte, no debemos olvidar que los profetas no tenían aún luces sobre la retribución
en ultratumba. Como tenían una altísima idea de la justicia de Dios, pensaban que al menos
habría de llegar una época en que se haría justicia a la virtud triunfante. Nosotros en nuestra
perspectiva evangélica trascendente distinguimos como tres etapas en el proceso de la economía
divina respecto de la salvación de la humanidad:
a) Prehistórica: todo el tiempo de preparación del A.T. En medio de grandes tinieblas, la
revelación va abriéndose paso con fulgores intermitentes, pero la zona oscura es mucho mayor
que la clara. Se vislumbra la redención de la humanidad, pero no se ve con claridad.
b) Histórica: inaugurada con la encarnación del Verbo. Es la etapa central de la historia.
La revelación se manifiesta con esplendores cegadores, y a la humanidad se le propone un camino
claro de rehabilitación espiritual.
c) Metahistórica: la definitiva después de la muerte. La Iglesia triunfante sustituye a la
militante, que ha tenido que abrirse paso con dolores y desgarrones en la sociedad. Es la etapa
descrita en el Apocalipsis. Es el triunfo total de la virtud, la santidad en el cielo. Nosotros distinguimos
perfectamente — a la luz del Evangelio -estas tres etapas, pero los profetas no conocían
la tercera; por eso, al reflejar las comunicaciones divinas, confunden y superponen los planos de
las tres etapas, atribuyendo a la segunda modalidades que sólo se darán en la tercera. Para ellos
sólo existe una etapa en la era mesiánica, mientras que nosotros distinguimos dos: la militante y
la triunfante. En ese supuesto, el ideal total de perfección para nosotros sólo se da en la triunfante,
mientras que para ellos se da en la única que deslumbran, la terrenal.
Respecto al problema de los bienes temporales en los tiempos mesiánicos y el mesianismo
nacionalista triunfante, la solución parece ser más compleja y delicada.
Se han ensayado diversos modos de enfocar el problema en orden a una solución aceptable.
La más sencilla es suponer que las afirmaciones de los profetas relativas a la abundancia de
bienes temporales en los tiempos mesiánicos no han de tomarse como suenan a la letra, sino como
metáforas figurativas de bienes exclusivamente espirituales. La abundancia de cosechas figuraría,
según esta hipótesis, la abundancia de la gracia en los sacramentos de la nueva Ley. Es
la solución de los alegoristas desde los tiempos de Orígenes 162 hasta Knabenbauer 163, pasando
por Pascal164. Recientemente ha sido resucitada por Dürr y Peters 165. No cabe duda que en los
escritos proféticos tienen gran parte las metáforas y las figuras retóricas en orden a expresar realidades,
pero estas metáforas aparecen claras en el contexto, mientras que el contexto de las descripciones
mesiánicas parece indicar que los profetas las toman en sentido obvio, si bien exagerando
sistemáticamente lo que intentan expresar. Aun restando lo que puede haber de hipérbole
en esas descripciones sobre la abundancia de bienes materiales, siempre el contexto parece favorecer
la tesis de que, en efecto, el profeta concibe la era mesiánica como una era de justicia y
santidad y, en consecuencia, de bendiciones materiales. En la moral del A.T., basada, como antes
indicábamos, en una ecuación de virtud-premio material, vicio y castigo en esta vida, las afirmaciones
de los profetas sobre los tiempos mesiánicos están en perfecta lógica con esta concepción.
Sabían que Dios era justo y había prometido premios materiales a los virtuosos en la Ley mosai1665
ca; al no tener luces sobre la retribución en ultratumba, era lógico que la justicia retributiva de
Dios respecto de la virtud se manifestara enviando abundancia de bienes materiales. Y esto
es lo que a cada paso encontramos en las descripciones de los tiempos mesiánicos. Creemos,
pues, que la opinión que supone que se trata de meras metáforas, no es científica, y es excluida
por exigencias del contexto. La segunda solución es la de los que consideran estos bienes temporales
de la era mesiánica como verdadero objeto de las promesas divinas en los vaticinios proféticos;
pero estos bienes temporales estaban condicionados a la fidelidad de los israelitas. Es decir,
que, si hubieran sido fieles a Dios y hubieran reconocido al Mesías verdadero, entonces
Dios les habría dado esa abundancia de bienes materiales. Nos encontraríamos aquí con una
profecía condicionada. Es una solución cómoda, pero, a nuestro modo de entender, antiteológica,
porque, en este supuesto, el mesianismo de Jesucristo no hubiera sido exclusivamente espiritualista
y universalista, sino que estaría condicionado a un estado político. Jesucristo no podría decir:
“Mi reino no es de este mundo.” Sería el Caudillo de una nación avasalladora, organizador
de una economía exuberante y Rey del universo, pero principalmente de Israel. La Iglesia por él
fundada estaría sometida al estado nacionalista de Israel, y el premio a la virtud no estaría reservado
a la otra vida, sino que se cumpliría aquí en la tierra. Total, que tendríamos el cielo en la
tierra, la vuelta total al paraíso terrenal en su sentido de lugar de felicidad terrena. El pecado original
no tendría efecto, y no tendría sentido la gran invitación de Cristo: “El que quiera ser mi
discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” Toda la grandeza del espiritualismo ascético
cristiano no tendría razón de ser.
La grandeza del mensaje evangélico quedaría así empequeñecida, y la concepción grandiosa
de una Iglesia exclusivamente espiritualista y eminentemente universalista quedaría ahogada
por los privilegios de una raza y una nación superior a todos los pueblos. Ciertamente que,
si los judíos hubiesen aceptado a Cristo como Mesías y le hubieran seguido a Jerusalén, la nación
judía sería el centro moral y religioso de la Iglesia **como lo es hoy Roma; pero todo atisbo de
centralización política en el orden temporal es inconcebible dentro del mensaje espiritualista y
universalista de Cristo. En todo orden de cosas — hubieran los judíos aceptado o no el mensaje
de Cristo -, éste se resumiría en la solemne declaración ante Pilatos: “Mi reino no es de este
mundo.” Esto supuesto, es inconcebible un Mesías político poniendo a los pueblos como escabel
de sus pies, y una Iglesia universalista que es un estado político-nacional. Es preciso, pues, buscar
otra solución a las afirmaciones de los profetas relativas al mesianismo nacionalista y a la
abundancia de bienes materiales en los tiempos mesiánicos. De nuevo tenemos que acudir a los
géneros literarios, a la psicología del profeta y al principio de que es un instrumento deficiente
para explicar satisfactoriamente sus afirmaciones mesianistas.
Suponemos que los profetas, al hablar de los bienes temporales en los tiempos mesiánicos
y del mesianismo nacionalista, lo entienden en sentido propio y no figurado. Es decir, que asociaban
a la era mesiánica bendiciones exuberantes de orden temporal, y esperaban un mesianismo
triunfante nacionalista, con un universalismo mitigado, en cuanto que algunos admiten la posibilidad
para los gentiles de ser incorporados a la nueva teocracia, aunque como ciudadanos de
segundo orden. Todo ello como consecuencia de un estado de perfección moral entre los componentes
del nuevo reino. Dios enviará bienes temporales como premio a la virtud en la nueva era
mesiánica, y lo principal en los vaticinios proféticos es el elemento espiritual y moral, pues el
nuevo orden de cosas se basaría sobre todo en la fidelidad a la Ley de Dios, con todas sus consecuencias.
Pero, con todo, los profetas no pueden menos de asociar las bendiciones temporales
como ingrediente necesario a la felicidad de los tiempos mesiánicos. En su perspectiva de una
moral no trascendente — al no tener luces sobre la retribución en ultratumba — es normal esta
1666
concepción para salvar la justicia divina y su fidelidad a las promesas hechas en la Ley de que
colmaría de bienes temporales a los que se amoldaran a sus preceptos.
Aquí nos encontramos ante el problema de la imperfección de la revelación en el A.T. La
revelación se ha dado gradualmente, y, en concreto, por designios misteriosos de la Providencia
divina, la solución al primordial problema del hombre — la retribución en ultratumba — sólo
aparece por primera vez claramente en el siglo II antes de Cristo en la Biblia. Los israelitas anteriores
a ese tiempo — incluso los mejores entre ellos, los profetas — se movían en una zona oscura,
y, por tanto, para ellos resultaría incomprensible la afirmación de Jesús: “Mi reino no es de
este mundo.” Para ellos el horizonte definitivo se cerraba con los tiempos mesiánicos, pero siempre
dentro de esta vida.
Por otra parte, Israel había sido escogido por Dios como porción selecta entre los pueblos,
y a él se referían una serie de promesas de bendición que habrían de cumplirse algún día.
Para ellos, el “Israel de Dios,” tal como lo presenta San Pablo a los romanos — desvinculado de
todo privilegio étnico y político -, les era incomprensible. No debemos perder de vista el salto
abismal que hay del Antiguo al Nuevo Testamento. El mismo Bautista, en el dintel del Nuevo
Testamento, estaba desconcertado ante las manifestaciones apostólicas de Jesús. En el Evangelio
es saludado como el mayor de los nacidos de mujer, pero al mismo tiempo inferior al último de
la nueva era evangélica. Pertenecía al A.T. Pues trasladémonos a la época de los profetas escritores,
y veremos que la diferencia entre la perspectiva del A.T. y del Ν. Τ. es mayor aún. El reino
mesiánico está para ellos íntimamente relacionado con los destinos de Israel como entidad política.
Aunque instrumentos de la revelación, seguían siendo hombres de su tiempo, con las inquietudes
de sus contemporáneos y con las aspiraciones nacionales, que consideraban normales en
los planes de Dios. Al presentar, pues, a sus conciudadanos los vaticinios relativos a la era mesiánica,
los coloreaban de perspectivas nacionalistas y temporales. La luz recibida sobrenatural
no era tan clara como para prescindir de cosas que ellos consideraban íntimamente ligadas al mesianismo;
por eso, sus descripciones no han de entenderse — el contexto lo excluye — como meras
fórmulas retóricas o metáforas. Como dice el P. Lagrange, “los profetas hablaban con tan entera
sinceridad, se asociaban tan estrechamente a las aspiraciones nacionales y eran tan enteramente
— con toda su alma — hijos de Israel al mismo tiempo que intérpretes de Dios, que no se
puede insinuar, sin rebajarlos mucho, que sus esperanzas temporales no eran más que retórica. Y
¿por qué habrían escogido deliberadamente y a sangre fría imágenes que debían sobreexcitar la
expectación, para dar después un tan cruel mentís? Todo esto sería, en efecto, artificial y en tal
manera fuera de los sentimientos ordinarios, que se diría casi inhumano.” 170 Y más adelante
continúa el mismo P. Lagrange: “Porque la promesa era anunciada por hombres, y estos hombres
pertenecían a una raza determinada y vivían en un país concreto, debía reflejar sus preocupaciones,
sus angustias, su expectación y casi hasta sus pasiones, al igual que la Ley se conformaba a
las debilidades del pueblo de Israel y a la dureza de su corazón” 171.
Los profetas eran hijos de su época y reflejaban sus preocupaciones nacionalistas y temporales.
Eran “instrumentum deficiens” y no comprendían plenamente el espiritualismo puro del
nuevo reino hacia el cual convergían las revelaciones proféticas. Por otra parte, dado el estadio
imperfecto de la revelación de la época, puesto que “el mesianismo — como dice Dennefeld —
no consideraba el más allá, sino una felicidad otorgada en esta tierra en condiciones mejores,
aunque análogas a las de entonces; ¿qué cosa más natural que los judíos hubiesen esperado un
bienestar para el alma y para el cuerpo, un prestigio para la nación y para el individuo?”172
El anuncio de bienes temporales inherentes a los espirituales y morales en la era mesiánica
es una permisión de la Providencia divina, que, como en otros casos, “condescendió” con la
1667
mentalidad ruda y bastante materialista del A.T. Como dice el P. Lagrange, “para que esta esperanza
fuese siempre viviente y activa, era preciso que entrase, por decirlo así, en la trama de su
historia, que abrazase o consagrase todos sus deseos legítimos, que estuviese siempre en el horizonte
de Palestina y de Jerusalén. No es un elemento ficticio introducido por Dios con designio
de engañarlos, sino que es el curso natural de las cosas, que él no ha querido turbar, ordenándolo
a un fin superior.”173 Es una aplicación del conocido aforismo teológico de que la gracia no destruye
la naturaleza, sino que la eleva. Es un procedimiento pedagógico. Dios se amoldó, como en
tantas otras cosas, a la rudeza de las mentalidades del A.T. para revelarles, a través de concepciones
menos elevadas, grandes verdades que habrían de tener su plena eclosión en el Ν. Τ. Quizá
un anuncio meramente espiritualista de las condiciones del mesianismo, tal como históricamente
se realizó con la encarnación y predicación de Cristo, no habría excitado la expectación
del pueblo judío, de mentalidad muy carnal. Era preciso, pues, mezclar lo espiritual y lo temporal
para que no desmayaran en su deseo de ser el pueblo verdadero de Dios. El anuncio, pues, de
bienes temporales en las promesas mesiánicas tiene un fin pedagógico en los planes de la Providencia
divina, y por eso pierde su razón de ser cuando se ha llegado a la plenitud de la revelación,
a la era evangélica. Han servido para sostener la esperanza mesiánica y resultan caducos
cuando la plena realización ha tenido lugar en la historia. Lo mismo se ha de decir del contenido
nacionalista de algunos vaticinios. Ha sido un cebo para sostener los ánimos en el A.T., pero es
inservible en la nueva era, puramente universalista.
Una solución análoga tenemos que dar al problema del juicio de Dios sobre las naciones
paganas. En primer lugar tenemos que decir que las secciones en que aparece son apocalípticas,
lo que equivale a decir derroche de imaginación y de teatralidad. Desde los tiempos de Amos, los
profetas hablan del “día de Yahvé” como manifestación de la justicia punitiva de Yahvé sobre
las naciones enemigas de Israel y sobre los pecadores. Esta idea es recogida por la literatura
apocalíptica y es plastificada con intervención de las fuerzas cósmicas. Eran tantos los agravios
que las naciones paganas hicieron al pueblo elegido, que había un ansia de revancha en el alma
israelita. Y este estado de ánimo es reflejado en estos arranques oratorios de algunos profetas.
Como antes hemos indicado, los profetas, con su visión teológica de la historia, se consideran
espectadores de una lucha sorda entre el bien y el mal, los poderes siniestros paganos y el
pueblo elegido. La victoria definitiva será de Israel. En el libro de Daniel se habla de reinos que
se suceden para dejar paso al “reino de los santos.” En el capítulo II se dice que hay una lucha
entre Miguel, representante de los intereses del pueblo judío, y el “príncipe de Grecia y de Persia.”
Es una dramatización ideal de la pugna entre el pueblo de Dios y sus enemigos.
Ahora bien, en los fragmentos apocalípticos de Joel, esta pugna es dramatizada con colores
cósmicos. Así se desafía a los enemigos de Dios a que se reúnan en el valle de Josafat. Los
ángeles servidores de Dios bajan a hacer la gran matanza. Es el triunfo del pueblo hebreo, es el
prólogo a la inauguración mesiánica. Este juicio espectacular sobre las naciones paganas equivale
en el libro de Daniel al derrumbamiento de la estatua gigantesca a impulsos de una piedrecita
que cae del monte para convertirse en una montaña, el “reino de los santos,” el reino mesiánico.
No es preciso, pues, buscar cuándo tuvo lugar el juicio solemne sobre las naciones como
lo presenta el apocalíptico Joel. Ese juicio tiene lugar en la historia al entrar el reino de Dios y
vencer a los poderes paganos, de cualquier época que sean. El “reino de Dios” inaugurado por
Cristo obra con un fermento oculto, y poco a poco va venciendo a los poderes que se le opongan.
La lucha continuará hasta el fin de los tiempos, y, cuando se vaya a entrar en la etapa definitiva y
triunfante del mesianismo — etapa metahistórica — , desaparecerán totalmente los poderes del
1668
mal.
San Juan Bautista anunciaba un juicio purificador antes de manifestarse el Mesías.
¿Cuándo tuvo lugar ese juicio discriminador de buenos y malos? Jesucristo nos da la respuesta
en una de sus discusiones con los judíos en los atrios del templo: el que no le reciba ya se ha
“juzgado” a sí mismo. El no “juzga” a nadie. La actitud que cada uno tome ante Cristo es el “juicio”
que cada uno se da ante la historia y ante Dios.
13. Particularidades de los Escritos Proféticos.
Los escritos proféticos, tal como han llegado a nosotros, han sufrido, en general, muchas modificaciones
en la forma externa respecto al mensaje sustancial proclamado por el profeta. Podemos
decir, en general, que los libros proféticos, en su forma actual, conservan el núcleo sustancial
de la predicación profética, porque no nos consta, como norma general, que los profetas pusieran
por escrito ellos mismos sus oráculos. La forma rimada y poética en que llegan a nosotros
la mayor parte de las comunicaciones proféticas puede ser obra de un redactor posterior, que ha
querido adaptar y embellecer un mensaje doctrinal de determinado profeta. Desde el punto de
vista inspirado literario, sólo interesa que este redactor haya estado inspirado en el momento de
redactar los mensajes de un profeta. Por otra parte, muchas veces se ponen bajo el nombre de un
profeta oráculos que pertenecen a otro. Los libros proféticos, tal como han llegado hasta nosotros,
muchas veces tienen un valor antológico, pues se reúnen en un libro fragmentos de diversos
profetas, como ocurre en los libros de Isaías, Miqueas, Zacarías y Joel. En algunos casos, sin
embargo, los mismos profetas mandaron poner por escrito sus oráculos174; entonces la formulación
literaria externa cae dentro del control del propio autor del oráculo.
Este carácter antológico de los libros proféticos es la causa de que apenas exista orden
cronológico en la sucesión de las comunicaciones oraculares. Este desplazamiento de las “profecías”
dentro de un mismo libro, atribuido a un determinado profeta, puede tener un origen casual
de transmisión desordenada de los fragmentos proféticos o una distribución deliberadamente
desordenada por razones de agrupaciones más o menos lógicas, según la mentalidad y gusto del
recopilador. En el libro de Jeremías, los oráculos contra las naciones paganas ocupan distinto lugar
en el texto hebreo y en el griego 175. La disposición anárquica, desde el punto de vista cronológico,
de los oráculos está patente, por ejemplo, en el relato de la visión inaugural del ministerio
profético de Isaías, que está en el capítulo 6 del libro que lleva su nombre, y en el contenido histórico
de los capítulos 35-36 de Jeremías, de la época del rey Joaquim, mientras que los capítulos
32-34 se refieren al reinado de Sedecías, que es posterior.
Otra de las características desconcertantes de los escritos proféticos es el cambio de locutor
sin anunciarlo expresamente. Este estilo mixto en el que se cambia de interlocutor inesperadamente,
no es raro en la literatura sapiencial. Sólo un atento examen del texto nos descubre al
sujeto que habla. Quizá este trueque se deba a imperfecciones en la transmisión del texto; pero
muchas veces es deliberado para reflejar el nerviosismo y viveza del relato oracular. Así, en Is
21:2 las palabras de Dios y las reflexiones del profeta están entrecruzadas. En Is 63:1 se interponen
preguntas del profeta y respuestas del Mesías. El estilo oracular se presta mucho a estas
anomalías, ya que el profeta se considera como el eco de la palabra divina, y a veces la voz divina
y la suya parecen confundirse, al menos en la redacción entrecortada del texto.
Partiendo del hecho de que los profetas no entendían plenamente los oráculos que transmitían
— “instrumentum deficiens” —, encontramos en algunos de sus vaticinios ciertos esque1669
mas convencionales en cuanto a la formulación de los hechos futuros que anuncian. Al no conocer
las circunstancias del hecho anunciado futuro en todas sus particularidades, presentan su realización
conforme a lo que era normal en la historia corriente de la época. Así, en Is 13:19-22 se
anuncia enfáticamente la destrucción total de Babilonia por las tropas de Ciro. De hecho sabemos
que el gran conquistador persa no destruyó la gran metrópoli mesopotámica. El profeta, en
realidad, en lo que quiere insistir es en el colapso del imperio babilónico, cuya capital era Babilonia.
Sin embargo, anuncia la destrucción de la misma (“como Sodoma y Gomorra”) conforme a
lo que era habitual en las conquistas de la época, es decir, el arrasamiento total de las ciudades
vencidas. Es, pues, un clisé recibido este del arrasamiento al estilo de Sodoma y Gomorra, que se
repite en toda la literatura profética.176
En algunos profetas abundan las acciones simbólicas para expresar plásticamente sus
mensajes punitivos o redentivos de parte de Dios. Teniendo en cuenta el estadio de mentalidad
infantil en que se desarrollaba la vida de los profetas, y teniendo en cuenta que los orientales
buscan dramatizar y sensibilizar sus ideas, no tiene nada de particular que Dios se haya servido
de parábolas en acción para transmitir sus mensajes a Israel. Son muchos los casos en la Biblia
en los que se utilizaban estos “métodos conversivos.” El profeta Ajías dividió su manto en diez
porciones para significar el cisma de las diez tribus del norte177; Jeremías escondió por orden de
Dios su cinturón en el río para expresar las relaciones de Dios e Israel178; en otra ocasión recorrió
las calles de Jerusalén con yugo al cuello para vaticinar la sujeción a Babilonia.179 La compra del
campo de Anatot debía también significar la futura resurrección de Judá,180 y el acto de romper
la orza ante el alfarero debía simbolizar la omnímoda libertad de Dios frente a los pueblos.181 En
Ezequiel, las acciones simbólicas son muy numerosas: el plano de Jerusalén,182 el alimento impuro,
183 la huida furtiva de noche,184 el pan tasado,185 la barba cortada, la prohibición de hacer
duelo por la muerte de su esposa,186 son símbolo de las angustias del cerco de Jerusalén y de su
caída en manos de los babilonios.
No faltan tampoco en los escritos profetices los nombres simbólicos en relación con sus
mensajes conminatorios o de salvación. Así, los nombres de los hijos de Oseas debían simbolizar
el castigo y salvación de Israel187; los nombres de los dos hijos de Isaías significaban la invasión
asiría y la liberación de Judá.188 Al Mesías se le llama “Emmanuel,” que significa “Dios con nosotros,”
como prenda de la protección divina.189
Tampoco debemos perder de vista que las profecías muchas veces son conminatorias o
condicionadas, es decir, que se cumplirán en el supuesto de que los israelitas no hagan penitencia.
Jeremías cita expresamente una profecía de Miqueas (“Sión será arada como un campo”) 190
para declarar que Yahvé obrará conforme se reafirmen en el mal o vuelvan por el camino del
bien: “Si este pueblo se convierte arrepentido de las maldades por las que yo le amenazaba, también
yo me arrepiento del mal que había determinado hacerle... pero, si este pueblo obra mal ante
mis ojos y no escucha mi voz, me arrepiento del bien que había determinado hacerle.” 191 Algunas
veces los oráculos, aunque están formulados en sentido absoluto afirmativo, tienen un sentido
condicional, es decir, su cumplimiento depende de la conducta de los destinatarios. Es clásico
el texto de Jonas: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.”192 Sin embargo, el relato bíblico
nos habla de la conversión de la gran metrópoli y de que Dios cambió por ello sus planes
punitivos.
Finalmente, debemos tener en cuenta que en la formulación de los vaticinios se usa con
frecuencia el perfecto profetice, es decir, que se presenta como realizado el hecho que se anuncia
para el futuro: “Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado.” 193 Es tan cierto psicológicamente
para el profeta la realización del hecho que anuncia, que lo da por ya realizado. Sin em1670
bargo, en cuanto a la determinación del tiempo de su realización, las profecías suelen ser vagas e
indeterminadas. Por eso es frecuente encontrar las fórmulas estereotipadas proféticas: “en aquel
día,” “en aquel tiempo,” “en los últimos días,” 194 expresiones todas indicadoras de los tiempos
mesiánicos en los que tendrán lugar los hechos vaticinados con tanto énfasis. Por eso debemos
desconfiar sistemáticamente de indicaciones cronológicas. Generalmente, los números que aparecen
en algunos vaticinios (“tres,” “setenta,” etc.) han de tomarse como simbólicos o como cifras
aproximadas.
14. Asociaciones Proféticas.
En los libros históricos del A.T. frecuentemente se hace alusión a ciertas “asociaciones proféticas”
que en principio tenían por misión colaborar con los grandes profetas, Elias y Elíseo, en la
causa del yahvismo tradicional, predicando una religión espiritualista, libre de las infiltraciones
de los cultos paganos cananeos.195 Se les llama “hijos de los profetas,”196 no porque sean de la
casta profética, como hijos carnales de los profetas verdaderos, sino en cuanto que estaban asociados
de algún modo a los mismos. En el lenguaje bíblico, la palabra hijo a veces tiene el sentido
amplio de relación familiar íntima con alguno que es como padre espiritual. Estos “hijos de
profetas” constituían como una corporación social, incluso llevando vida en común, 197 y quizá
un modo peculiar de vestir 198. Parece que esta institución profética pronto degeneró, pues sus
miembros ingresaban voluntariamente en la organización sin que fueran llamados de un modo
especial por Dios, como los “profetas” propiamente tales. Y al faltar las grandes figuras fundadoras
de este movimiento religioso, los miembros de las “asociaciones proféticas,” lejos de ser fieles
al fin religioso de las mismas, se sirvieron de ellas para explotar la credulidad del pueblo sencillo
con fines pecuniarios. Por eso Amos rechaza para sí el título de “hijo de profeta.”199
Al lado de los verdaderos profetas de Yahvé, la Biblia menciona otros que se arrogaban
el título de “profetas,” pretendiendo transmitir oráculos de parte de los ídolos 200 o del mismo
Yahvé. 201 Estos últimos eran mucho más peligrosos para los israelitas, ya que en nombre de su
Dios comunicaban oráculos en contra de las exigencias ético-religiosas del yahvísmo tradicional.
Fueron los grandes enemigos de los verdaderos profetas, ya que procuraban halagar al pueblo en
sus aspiraciones sensuales y nacionalistas 202. El pueblo israelita tenía propensión a los cultos
cananeos, y por eso daban buena acogida a los supuestos “profetas,” que condescendían con sus
debilidades en el orden moral-religioso y con sus ilusiones nacionalistas en el orden político. En
este sentido son los principales causantes de la ruina religiosa y política de Israel, ya que provocaron
la ira de Dios e incitaron al pueblo a aventuras nacionales que iban a terminar en la gran
catástrofe del 586 a.C.
Sucesion cronologica de los profetas en el marco de la historia de Israel y de Judá y en la general de antiguo Oriente.
Profetas Reyes de Juda Reyes de Israel Reyes de Asiría y Babilonia
Reyes de
Egipto
Elias.(s.IX)
Elíseo.(s.IX)
Amos.(760-750)
Osesa.(750-740)
Josafat.(873-849)
Abarías.(Ozías).(768-740)
Acab (874-52) Jeroboam
II (784-753)
Zacarías.(753-752)
Sellum.(752-751)
Menajem.(752-742)
Salmanasar.III.(859-825)
Salmanasar.IV.(773-755)
Teglatfalasar.III.(745-727)
Salmanasar V (727-722)
Sesac II
Takeloti III
Isaías.(740-693)
Moqueas.(735-690)
Joatam.(740-736)
Acaz.(736-727)
Pecaya.(742-740
Pecaj.(740-730)
Sargón(721-705) Senaquerib.(705-681)
Asaradón.(680-669) Asurbanipal.(668-
Bocoris
Pianki
1671
Jeremías.(627-586)
Soponías.(630)
Nahum.(620-612)
Habacuc.(605-600)
Ezequiel.(605-570)
Daniel.(605-538)
Ageo.(520-518)
Zacarías.(520-518)
Malaquías.(450-30)
Exequias.(727-698)
Josías.(640-609) Joacaz
(609)
Joaquim.(609-598) Joaquín.(
Jeconías) (598)
Sedecías.
(Matanías) (598-587)
Oseas.(730-721)) 625) Nabopolasar.(625-605) Nabucodonosor.(
605-561)
Reyes de Persia:
Darío.I.(521-485) Artajerjes I (465-424)
Sabaka
Necao I
Psamético I
(615-609)
Necao.II
(609-594)
Psamético.
II.(593-
589)
1 Cf. Lev 11:44; 19.2; 20,26; 21:8. — 2 Ex 19:6. — 3 El P. A. Van Oudenrijn propone este sentido, encontrando analogías en otras
lenguas semíticas, como el árabe naba (“anunciar··), el etiópico nababa (“hablar”) y en forma causativa “recitar.” Véanse las diversas
opiniones en su libro De prophetiae charismate in populo israelítico p.11ss (Roma 1926). — 4 Los antiguos tomaban, en la
palabra profeta, el pro en el sentido de antelación temporal o de “procul.” Así, Tomás explica nuestro vocablo: “Propheta dicitur
quasi procul fans vel procul videns” (ST III 7:8). San Isidoro en sus Etimologías (PL 82:283) dice: “Quos genti-litas vates appellat,
hos nostri prophetas vocant quasi praefatores, quia porro fantur et de fu-turis vera praedicunt.” Es la noción popular de “profeta.”
Cf. Tomás, II-II 171:1; De Ver. XII 1. En nuestra acepción, profeta tiene el sentido de sustitución, como procónsul. — 5 Cf.
Platón, Fed. 262d. — 6 Cf. Herod., VIII 135:365; platón, Timeo 723. Más testimonios en van oudenrijn, o.c., p.95. El profeta era
distinto del μάντΐ$. — 7 Los profetas se consideran, al transmitir sus oráculos, la “boca” de Dios. Cf. Is 1.2.10; 9,8; Am 7:1·4·7; 8.
ι et passim. — 8 En 1 Re 16:7, Jananí es llamado indiferentemente vidente y profeta, lo que prueba que eran términos sinónimos.
Los LXX unas veces traducen el término ro' eh por βλέπων y otras por προφήτης. — 9 Cf. Jos 14:6 (aplicado a Moisés); 1 Par
23:14; 1 Re 9:6-10 (Samuel); 1 Re 17:18 (Elias); 2 Re 4:5 (Elíseo), etc. — 10 Cf. 2 Re 9,7; 17:3; 21:10; 24:2; Jer 7:25; Ez 28:17;
Dan 9:6; Is 20:3; 2 Re 9,36. — 11 Cf. 2 Sam 10:2; Is 42:19; 44:26; Ag 1:13. — 12 Cf. Os 9:7. — 13 Cf. Is 21:11-12. — 14 Cf. Is
56:10; Jer 6:17; Miq 7:4; Ez 3:17-21; 23:2-9. — 15 Dt 34:10. — 16 Dt 18:9 16. — 17 Cf. Dt 16:18-17:13 (sobre los “jueces”);
17:14-20 (sobre la institución monárquica); 18,i-8 (sobre los sacerdotes y levitas), y a continuación sobre el “profeta” (18:9-22).
— 18 Eclo 46:1 según la lección de los LXX y Vg. Según el texto heb. se lee “el ministro de Moisés” en el oficio profético. — 19
Jue 4:4; 6:14. — 20 1 Sam 2:27-36. — 21 1 Sam 3:1. — 22 1 Sam 10:5.10,20. — 23 Cf. 1 Sam 10:10.20.23. — 24 Cf. 1 Sam
10,20. — 25 2 Re 2:3. — 26 2 Re 2:5. — 27 2 Re 4:43. — 28 2 Re 6:1. — 29 2 Re 4:38-44 — 30 2 Re 4:1. — 31 2 Re q.15. — 32
Am 7:14. — 33 Saúl consultó a Samuel sobre las asnas perdidas (1 Sam 9:6s); Benhadad consultó a Eliseo sobre su enfermedad (2
Re 8:95). — 34 2 Sam 7:12. — 35 1 Sam 15:26. — 36 Cf. Jue 6:8-10; 1 Sam 2:27-30; 15:225; 7:36; 2 Sam 12:1-15. — 37 1 Re
13:1-5; 14:7-16. — 38 Cf. 1 Par 29:20; 12:1 9; 1.32. — 39 2 Saín 7:12-l6. — 40 Is 58:1. — 41 Cf. Lev 26:44. — 42 Is6:13. — 43
1 Sam 15:22. — 44 Is 1:13-18. — 45 Cf. Rut 1:16; 2 Re 5:15: Naarnán siró. — 46 Cf. Is 2:2-4; Miq 4:1-3. — 47 Sal 86 (87 h.)
4:7- — 48 Jer 31:293. — 49 Ez 18:1s. Sobre esto véase F. Spadafora, Collettivismo e individualismo nel Vecchio estamento (Rovigo
1953). — 50 Cf. Is I4.95. — 51 Dan 12:2s. — 52 Cf. Is 8:1; 30:8; Jer 30:2-4; Ez 43:11. — 53 Is 10:5; Jer 1:143. — 54 Sobre
esta opinión y las siguientes véase Van Oudenrijn, o.c., p.95ss. — 55 Cf. 2 Re 3:13; 10:19. En la novela egipcia del príncipe egipcio
Wen-Amon (s.XI) se habla de un oráculo extático proferido por un esclavo del rey Zekarbaal de Biblos. — 56 Así Cornill y en
parte Stade. Se ha querido relacionar al “vidente” hebreo, o ro'eh, con el rayyin (vidente) árabe y con el jazin (jozeh heb.), que
significa también “vidente.” E incluso se ha relacionado el kohen (sacerdote) hebreo con el kahin árabe, que es propiamente el
“adivino” que por suertes conoce la voluntad de Dios. Entre los hebreos, el “sacerdote” se servía de las suertes por el urim y el
tummim en los primeros tiempos. — 57 Entre otros, Holscher y Kittel. — 58 Cf. Jer 23:21; 14:14; 27:15; 29:9.31. — 59 ST II-II
174:3 ad 3. — 60 Cf. Núm 17:15-23. — 61 Cf. 1 Re 19:16; 2 Re 9:1-10. — 62 Cf. Am 2:11; Is 6:1; Jer 1:4-10; Ez 1:1-3. — 63
Amos tuvo que enfrentarse con la clase plutócrata de Samaría. Jeremías tuvo que pasar por traidor a su pueblo ante la opinión pública
por predicar en nombre de Dios la sumisión a Babilonia. Ezequiel fue mucho tiempo incomprendido por sus compañeros de
destierro. — 64 Cf. 1 Re 22:14:24-25; Jer 28; 29:8-9. — 65 Am 7:15. — 66 Jer 20,7-9. — 67 Am 3:8. — 68 Débora fue mujer;
Amos, pastor; Elíseo, labrador; Isaías, aristócrata; Jeremías, sacerdote. — 69 J13.I- — 70 Cf. FL. Jos., Bel iud. 3:8,0; 4:10,7. — 71
Teof. Ant.: PG 6:1064; Tert. : PL r.434- — 72 Nedarim fol.38a. En el barn babilónico, o adivino, se exigía la belleza de cyerpo.
Cf. Lagrange, Reí. Sern. p.210. — 73 Cf. 1 Sam 3:18. — 74 Am 1:1. — 75 Jer i,6. — 76 Cf. Núm c.24. — 77 Tomás, ST II-II
172:3; De ver. XII 4. — 78 Cf. i Cor 13:2; Tomás, ST 1Ϊ-ΙΙ 172:4: De ver. XII 5. De hecho sabemos que algunos profetas (fuera
del caso de Baiaam, al que nunca se le da el título de “profeta” a pesar de su vaticinio) no fueron fieles a Dios: Moisés cometió
una falta misteriosa, por la que fue privado cíe entrar en Canaán. En 1 Re 13 se habla de dos profetas verdaderos que no cumplieron
lo que Dios les mandó. — 79 Tomás, De Ver. XTI 5. — 80 Tomás, De Ver. Xlí I; II-II 171 acl i. — 81 Cf. 2 Re 4:27. — 82 2
Sam 0.7. — 83 1 Sam c.16. — 84 Cf. Tomás, ST II-II 174:3 ad 2; De ver. XI 3. — 85 Tomás distingue admirablemente entre
habitus y habilitas para resolver esta cuestión; según él, el proteta, después de haber recibido una comunicación “profética,” “remanet
habilior ad iterato recipiendum, sicut post devotam orationem remanet mens de-votior. Mens prophetae postquam fuerit
semel divinitus inspirata, etiam actuali inspiratione cessante, remanet habilior ut iterum inspiretur, et haec habilitas potest dici
habitus prophe-tiae... Sed tamen non proprie potest dici habitus sed magis habilitas vel dispositio quaedam a qua aliquis
denominatur propheta etiam quando actu non inspiratur” (De ver. XII i; II-II 171:2 ad 2). — 86 De ver. XII 7. — 87 II-II 174:5.
— 88 ST II-II 171:1 ad- — 89 II-II 171:1; 173:2; De ver. XII i ad 7. — 90 SAN AGUSTÍN: PL 34:461.292. — 91 II-II 174:4. — 92
Enchir. Bibl n.433- — 93 Cf. Jer 20,7-12; 23:29; Am 3:8; Miq 3:8; Ez 3:8-9- — 94 Cf. II-II 174:2 ad 4. — 95 II-II 173:2 ad 2; De
ver. XI 12. — 96 ΙΙ-ΙΙ 173:2 ad 3. — 97 De ver. XII 7 ad 5. — 98 “Prophetia est quaedam supernaturalis cognitio. Ad
cognitionem autem dúo requi-runtur: scilicet acceptio cugniturum et iudicium de acceptis... Quandoque igitur cognitio est
supernaturalis quantum ad acceptionem tantum, quandoque secundum iudicium tantum, quandoque secundum utrumque.” Es el
grado superior en la comunicación profética (De ver. XII 7). — 99 Cf. II-II 173:2; De ver. XII 7. San Agustín distingue bien las
tres categorías (De Gen. cd litt. 0.6.7.11: PL 34:458-460.462-464). — 100 De ver. XII 7 ad 3: “Illarum rerum, quas propheta vidit,
non oportet ut ei denuo species infundatur, sed ex speciebus reservatis in thesauro virtutis imaginativae fíat quaedam aggregatio
ordinata, conveniens designationi reí prophetandae.” Véase también II-II 173:2. — 101 ΙΙ-Π 173:2; 174:4 ad 3; De ver. XII 7. —
102 II-II 174:4; De ver. XII 13. — 103 Así lo dice San Agustín, De Gen. ad litt. XII 24: PL 34:474-75. Cf. II-II 174:2:
1672
“Manifestado divinae veritatis quae fit per nudam contemplationem ipsius veritatis potior est quam illa quae fit sub similitudine
corporalium rerum, magis enim appropinquat ad visio-nem patriae, secundum quam in essentia Dei verilas conspicitur.” — 104
II-II 174:2 ad 3. — 105 De ver. XII 7. — 106 Cf. Núm 12:6. — 107 Cf. Cíe:., De div. 1:49.50.51. — 108 Cf. 1 Re 3:5 et passim.
— 109 Ecl 5:2. — 110 Cf. jér 23:28; 31:26; yl 2.28. — 111 San Jer. : “Propheticam visionem et eloquium Dei no extrínsecas ad
prophetas fieri sed intrinsecus, et interiori homini responderé” (PL 25:1289; Com. in Hab. 2:1; Com. inAm. 3:8: PL 25:1075)· —
112 Cf. Ezc.8-9; 9:24. — 113 Cf. Tomás, ST II-II 171:1; De ver. XII i. — 114 “Ex parte prophetamus” (i Cor 13:9). “Prophetia
est sicut quiddam imperfectum in genere divinae revelationis” (II-II 171:4). — 115 Cf. 1 Sam 16:1. — 116 Cf. Suárez, Defide
VIII 4. — 117 II-II 173:4- — 118 De ver. XII 13. — 119 II-II 1:7; San Crisóstomo, Hom. 2 de proph. obsc.: PG 56:177;
Teodoreto, In Ez.: PG 86:809. — 120 Cf. San Crisóstomo: PG 56:27-28. — 121 “Ton enini (in huiusmodi prophetiis) curae fuit
Spiritui prophetali hisíoriae ordinem seguí, sed praeclara quaeque perstringere” (San Jerónimo, Com. In Dan. 11:2: PL 25:558;
24:68: 767; 25:1244). Véase Sobre Esto También A San Crisóstümo, In Is.: PG 56:27-28. — 122 Tomás, De Ver. XIII 3: “quando
una potentia in suo actu intenditur, alia debilitatur in suo actu.'vel ex tota abstrahitur....” F.n latín tenemos la expresión “mentís
excessus” y “raptus,” que reflejan descriptivamente el efecto del éxtasis. — 123 Cf. herod.. VI 4s. — 124 Era famoso el dicho
griego: μαντική κατά το ενθεον, es decir, la adivinación como consecuencia de un transporte divino. — 125 Cf. II-II 174:1 ad 3.
— 126 Cf. 2 Re 3:15. — 127 Cf. 1 Re 18:26; 19:185. — 128 Cf. Jer 20.7:9; Am 3:3-8, — 129 Cf. Os 5:1:9; ls 52:8; Jer 6:17; Ez
3:17; 33:6-7. — 130 Cf. Is 2:11. — 131 Jer 9:24. — 132 Cf. Is 43:21; 44:23. 133 Lev 11:44; 19:2; 20,26. — 134 Cf. 150-155 —
135 Jer 51:5; Is 43,: — 136 Is 8:13 — 137 Is 6s. — 138 184.4. — 139 Am3:2. — 140 Is 1:3; cf. Jer 2:32. — 141 Cf. Amo,? —
142 Is 2:4; 9:4- — 143 Is 65:17-25. — 144 Is 11:9; Jer 31:14· — 145. Las lis Is 65:17. — 146 Gen 12:3. — 147 Is 1:26. — 148 Jer
31:33-34- — 149 Is 9:5. — 150 Jer 31:34; cf. Ez 11:20; 36:25; Zac 13:1. — 151 Dan 9:24. — 152 Dan?· — 154 Os 2:21-22. — 155 Os 14:6-
7; cf. Jl 3:18; Is 43:10; 30,23; 65:17; 55:12. — 156 Cf. Ex 3:8.17; 13:5; 33:3; Lev 20,24. — 157 Is 2:4. — 158 Gen 27:29; cf. Miq 4:13; 5:6-
8; Sof 2:1; Jer 16:19. — 159 Is 19:22. — 160 Abdisjcf. Is34; J13. — 161 Rom 8:22. — 162 Oríg., De princip. II c.11 n.2. — 163
Comment. Os. 14:5-7; Am. 9:135. — 164 Pascal, Pensées. Citado por Lagrange en RB (1906) 533-560. — 165 L. Dürr, Ursprung
und Ausbau der israelitisch-jüdischen Heilandserwartung (Berlín 1925) p.74s; N. Peters, Sache und Bild in den messianischen Weissagungen:
“Theol. Quart. Schr.” (1931) p.451-489. — 166 Comment. in Psalmos 88:4; 131:125. — 167 Exercitationes historicae, criticae, polemicae, de
Chrlsto Eiusque Virgine Matre (Ve-netiis 1719)· Citado por A. Meli, I beni temporali nelle profecie messianche: Bib., 16 (1936) P-319- — 168
Inst. Bib. vol.2:3 (1929) 11.107. — 169 Le conflit entre le Messianisme de Jesús et le Messianisme des Juifs de son tenips: Bi., 14 (i933) I33-
I49- — 170 M, J. Lagrange, Pascal et les propheties messianiques: RB (1906) 556. — 171 Cf. M. J. Lagrange, a.c., p.55? — 172
Cf. Dennefeld, art. Messianisme: “Dict. de Théol. Cath..” — 173 Cf. Lagrange, a.c., p.557. — 174 Cf. Is 8:1; Jer 36:1-432. — 175
En el TM ocupan los 0.46-51, mientras que en el griego los 0.25:14-31:44. — 176 Esta falta de conformidad en el cumplimiento
de los detalles del vaticinio es un dato favorable a la autenticidad del vaticinio, ya que, si éste hubiera sido compuesto “post eventum,”
el autor habría tenido cuidado de conformarlo a la realidad de los hechos pasados. — 177 1 Re 11:29-33. — 178 Jer 13:1-
21. 181 Ter 18:1-10; 19:1-13. — 179 Jer 17:2-13. 182 Ez 4:1-3. — 180 jer 32:6-44. 183 £24:9-17. — 184 Ez 12:6. — 185 Ez4:9s.
— 186 Ez 24:15-24. — 187 Os 1:4.6.9. — 188 Is 7:3; 8:1. — 189 137:14. — 190 Miq 3:12; Jer 26:185. — 191 Jer 18:8.10. —
192 Jon 3:4. — 193 Is 9:6. — 194 is 544; 18:7; Jer 3:16; Is 2:2. — 195 1 Sarn 28,6; 2 Sam 21:10; 23:10; 23:2; 1 Sam 10:5-13;
19:18-24; 2 Sam 23:2; Is 18,7; Am 7:14, etc. — 196 1 Re 20:35; 2 Re 3:5-7; 4:1; 5:22; 9:1. — 197 2 Re 2:5; 2 Re 38:41. Tenían
sus superiores: 2 Re 2:1-7; 4:38. — 198 1 Sam 28:14; 1 Re 19:19; 1 Re 11:29; 2 Re 2:8. — 199 Am7:12. — 200 1 Re 18:19-40; 1
Re 19:1. — 201 1 Re 22; Jer 18; Jer 14:13-16; 23:9-40; Os 4:5; 1 Re 19:21. — 202 Jer 14:12-16; 23:17; 27:14; 27:18; Ez 13:10-
16; Miq 2:2.
Isaías, Introducción.
1. Vida del profeta.
El nombre de Isaías (en heb. Yesa'yahu) significa etimológicamente “Dios salva,” y parece
reflejar simbólicamente la misión de “salvación” del gran profeta escritor. En la nota introductoria
al libro que lleva su nombre se dice que es hijo de Amos, que no es el profeta conocido con
este nombre (las grafías de ambos nombres en heb. no coinciden). Aunque no sabemos cuándo
nació Isaías, sin embargo, podemos suponer que fue hacia el 770 antes de Cristo, pues hacia el
740 aparece ya predicando en Jerusalén, lugar de su nacimiento. El estilo selecto de su lenguaje
nos hace suponer también que era de la clase alta de la sociedad jerosolimitana. Su vocación al
ministerio profético tuvo lugar — según la indicación del libro que lleva su nombre — en el año
en que murió el rey de Judá Azarías, llamado también Ozías; es decir, hacia el 740 antes de Cristo.
La idea central de la predicación isaiana es — como luego veremos — la de la “santidad”
de Dios, que exige también una atmósfera de “santidad” en el pueblo elegido. Por eso, el título
que enfáticamente da el profeta a Yahvé es el de el “Santo de Israel.” Toda su vida fue consagrada
a esta misión de preparar al pueblo espiritual-mente para que fuera “santo,” en consonancia
1673
con las exigencias de la “santidad” divina. Y su labor no sólo se limitó a la predicación en el
pueblo, sino que tuvo intervenciones solemnes, como consejero, en los momentos críticos de la
vida política de Judá. Así, en 734 procuró reanimar al rey Acaz ante la invasión del ejército siroefraimita.
En 701 intentó reavivar las esperanzas de salvación en ocasión en que Jerusalén estaba
cercada por las tropas de Senaquerib. Y, por otra parte, en varias ocasiones se opuso a que Judá
entrara en coaliciones antiasirias, por el peligro que esto suponía para la vida religiosa y aun política
de la pequeña nación. Con ocasión de la embajada de Merodac Baladán ante el rey Ezequías,
Isaías puso en guardia a éste contra las posibles intenciones políticas del cabecilla rebelde babilonio,
que ante todo buscaba ayuda para insurreccionarse contra el rey de Asiría. Sobre todo, el
profeta tuvo una influencia decisiva en la reforma religiosa impuesta por el piadoso rey Ezequías.
En su misión profética tuvo primero que hacer frente a la política antirreligiosa del impío rey
Acaz (736-727); con su sucesor Ezequías (727-698), las relaciones del profeta fueron cordiales,
ya que el rey era profundamente religioso, y procuraba seguir sus consejos. Al morir el piadoso
rey, Isaías tuvo que sufrir la persecución del impío y sectario rey Manasés (698-643), hijo de
Ezequías. Según la tradición judaica1, el gran profeta fue aserrado por orden del impío rey, perseguidor
del yahvismo tradicional.
2. Ambiente histórico.
Cuando Isaías inicia su labor profética, Judá se halla en un gran momento de prosperidad
nacional, pues el rey Azarías (768-740) había vencido a los edomitas, moabitas y filisteos, con lo
que se aseguró el comercio exterior en el Mediterráneo, y el oriental de Arabia, como consecuencia
de haber conquistado el puerto de Elán, en el actual golfo de Akaba.2 Pero esta prosperidad
es efímera, ya que por el norte se barrunta ya la llegada del rey asirio Teglatfalasar III (745-
727), que ha de caer como un ciclón sobre los pequeños estados de la costa siro-feniciopalestina.
El profeta es el primero en dar la voz de alarma. Acaz pretende adelantarse a los acontecimientos
buscando la alianza del coloso asirio, e incluso influye para que los cultos idolátricos
asirios tengan acceso al templo de Jerusalén. 3 En 734 antes de Cristo, una coalición militar siroefraimita
pone sitio a Jerusalén con la pretensión de sustituir a Acaz por otro (llamado en Is 7:6
“hijo de Tabeel”) que se plegara a sus exigencias de entrar en una liga antiasiria. Con ocasión en
que Acaz inspeccionaba los servicios del abastecimiento del agua, Isaías le salió al paso, prometiéndole
la ayuda de Dios y un signo portentoso en prueba de la promesa. El rey, hipócritamente,
rechaza la oferta, porque secretamente había solicitado ayuda del rey asirio, 4 y es entonces
cuando Isaías profirió su famoso vaticinio del Emmanuel. 5 El profeta, airado, anunció la invasión
de los asirios, que Acaz secretamente había llamado como aliados, despreciando el auxilio
de Yahvé. En efecto, las tropas de Teglatfalasar III conquistaron Damasco en el 731 antes de
Cristo y se anexionaron la parte septentrional del reino de Israel. En 721 cayó Samaría en manos
de Sargón (721-705), sucesor de Salmanasar V (727-721). Al subir al trono Ezequías, hijo de
Acaz, en 727, las perspectivas religiosas de Judá cambiaron totalmente, ya que el joven rey emprendió
una profunda reforma religiosa,6 en la que tuvo mucha influencia el propio Isaías. Del
piadoso rey hace el texto sagrado el mejor elogio: “Obró la rectitud a los ojos de Yahvé, como lo
había obrado David..., y después de él no hubo igual entre los reyes de Judá, ni entre los anteriores
a él.”7 Purificó el templo de las huellas idolátricas que había dejado su padre y después arrasó
los otros lugares de culto: “Destruyó los bamoth (lugares altos), y destruyó los masseboth (estelas
erigidas en honor de las divinidades cananeas), y cortó el aserah (bosque sagrado, dedicado a
Astarté, diosa de la fecundidad), e hizo pedazos la serpiente de cobre que había hecho Moisés,
porque hasta aquel día los israelitas le quemaban incienso y le habían impuesto el nombre de ne1674
justan.” 8 En esta reforma religiosa se procuró llevar al extremo la centralización del culto en el
templo único de Jerusalén. Sin duda que en toda esta empresa tuvo mucha importancia la predicación
de Isaías, la cual, como veremos, se centra en gran parte en torno a la abolición del sincretismo
religioso. En lo político, Ezequías procuró atraerse el resto de israelitas del desaparecido
reino del norte, invitándolos a ir a participar del culto jerosolimitano 9. Sin duda que en esta labor
las insinuaciones del gran profeta consejero tuvieron gran influencia, ya que él invitaba en su
predicación a la unión de todos los descendientes de Jacob. También en lo relativo a alta política
exterior Isaías trabajó para que Ezequías se mantuviera como vasallo del rey asirio, sin entrar en
las aventuras políticas antiasirias de los reyezuelos de la costa siro-fenicio-palestina. Sin embargo,
en 711 tuvo alguna veleidad de aliarse con ellos; pero una invasión asiría que llegó hasta Asdod
le disuadió. Al morir Sargón en 705, resucitaron las esperanzas de insurrección. En 704, Merodacbaladán
(otros suponen que esto tuvo lugar en 712) le envió una embajada de congratulación
por su curación, y sin duda le incitó a la insurrección.10 Precisamente cuando Senaquerib
(705-681), sucesor de Sargón, se hallaba entretenido en la pacificación de la baja Mesopotamia,
donde se había insurreccionado Merodacbaladán, los reyezuelos de la costa palestina se levantaron
contra el coloso asirio, y en esa coalición desgraciada entró Ezequías, a pesar de las admoniciones
de Isaías. Pero apenas Senaquerib se vio con las manos libres en oriente, se dirigió a sofocar
el levantamiento de Palestina, venciendo sucesivamente a Sidón y ocupando la zona filistea,
hasta chocar con un ejército egipcio en Elteqeh, reportando una sonada victoria. Después se dedicó
a someter a algunos focos de resistencia, entre ellos Jerusalén, donde Ezequías esperaba el
auxilio del faraón. El mismo Senaquerib nos describe irónica y enfáticamente el sitio de Jerusalén:
“... En cuanto a Ezequías, rey de Judá, que no se había sometido a mi yugo, asedié 46 de sus
ciudades fortificadas... A él mismo yo le encerré, como a un pájaro en su jaula, en Jerusalén, su
morada; levanté bastiones contra él... Al precedente tributo de sus impuestos anuales añadí yo
impuestos como oferta a mi majestad, y se los asigné. En cuanto a él, el fulgor de mi majestad lo
postró, y los Urbi (¿árabes?) y sus soldados elegidos — que para defender su morada de Jerusalén
había introducido — junto con 50 talentos de oro, 800 talentos de plata, piedras preciosas,
afeites..., lechos de marfil, pieles de elefante..., cuanto es posible hallar en un gran tesoro, como
también sus hijas, sus damas de honor, cantores y cantoras, a Nínive, ciudad de mi morada, hizo
que trajeran en mi séquito, y para entregarme su tributo y rendirme homenaje envió a sus mensajeros”
H. Este es el relato oficial del analista del rey aisrio. En él se dice que Ezequías le entregó
un tributo, pero no dice nada de la conquista de la ciudad. En la Biblia se dice, en efecto, que
Ezequías entregó un tributo a Senaquerib 12 cuando éste tenía su cuartel general en Laquis, esperando
calmar su animosidad; pero el rey asirio envió un fuerte ejército para sitiar a Jerusalén. El
representante de Senaquerib invitó a los asediados a rendirse, pero no lo consiguió, teniendo que
retirarse inesperadamente después de ver diezmado su ejército por una especial intervención divina
13. En realidad, ante la presión del faraón Tirhaqah, tuvo que levantar el cerco y replegarse
hacia el norte, marchando Senaquerib a Nínive. Esto tuvo lugar en el 701 antes de Cristo. Isaías,
ante momentos tan críticos, predicaba la confianza en Yahvé, único medio de salvación. Sus
promesas de liberación se cumplieron, aunque Judá quedó arruinada, y su capital, “como una cabaña
en una viña.”14 Sin embargo, se había salvado como nación, y con ello se había robustecido
la religiosidad yahvista del pueblo. Poco después murió Ezequías (698), y con su hijo Manases
(698-43) volvieron a soplar malos tiempos para el yahvismo tradicional.
3. Carácter personal de Isaías.
Dotado de excepcionales condiciones humanas por su genio y su educación literaria es1675
merada, Isaías figura a la cabeza de todos los profetas del Antiguo Testamento. En primer lugar
se ve en su persona una gran firmeza de carácter, que le hace no titubear en los grandes momentos
de su vida profética. Enfrentado con situaciones críticas para su nación, siempre se mantuvo a
una altura de independencia de carácter que le liberaba de todo compromiso político humano. En
los primeros años de su carrera profética hace frente a las marrullerías del impío Acaz, y cuando
ya está en el trono un rey profundamente religioso como Ezequías, el profeta se mantiene dignamente
alejado de todo lo que pueda empañar su libertad de acción religiosa. Fustiga los vicios
inveterados de propensión a la idolatría y hace frente a la frivolidad de los cortesanos, los cuales
derrochan en lujos, mientras que los pobres y desheredados no tienen lo necesario para la vida.
Fustiga la falsa religiosidad de los que pretenden cubrirse ante Dios con sacrificios y ofrendas en
el templo. Todo ello no tiene valor para el profeta mientras no haya contrición de corazón y
comprensión de las necesidades del prójimo. En su primera visión inaugural15 nos da un avance
de lo que ha de ser su misión como profeta. Ante la majestad del Dios “santo” se siente impuro,
habitando en un pueblo de “labios impuros.” Todo su libro puede resumirse en la frase “Sión será
redimida por la rectitud.”16 Sólo una conversión de los corazones a Dios puede cambiar la
perspectiva de castigo que se cierne sobre el pueblo de Judá. Esta es la “tesis” de su predicación,
mantenida con entereza. Es el alma de la reforma de Ezequías. Entregado profundamente a su
misión de profeta, mantiene siempre un equilibrio de carácter varonil, que se refleja en su estilo a
la vez ponderado y brillante. Su carácter “visionario” parece atemperado por el razonamiento
lógico. Pero, no obstante, su estilo es arrebatador y enérgico, sin ser afectivo como Jeremías.
4. Estructura del libro.
Como ocurre en. otros escritos proféticos, el libro que en la lista canónica bíblica ha llegado
a nosotros con el nombre de Isaías es una “colección” de oráculos tenidos en diversas épocas,
agrupados sin orden cronológico en su mayor parte. Sin prejuzgar el problema de la unidad
de autor, podemos distinguir tres grupos de oráculos de diversa época y contenido, según los destinatarios:
1) Los c.1-39, destinados a los contemporáneos del profeta (s.VIII a.C.); 2) los c.40-
55, dirigidos a los judíos deportados en Babilonia en los últimos años de su exilio (s.VI); 3) los
c.56-66, dirigidos a los judíos repatriados de Palestina en la época persa (s.V). He aquí el esquema
detallado del libro.
Primera parte (c.1-39):
a) Oráculos relativos a Judá y Jerusalén (c.1-12).
b) Oráculos relativos a las naciones extranjeras: Babilonia, Asiría, Filistea, Moab, Siria,
Etiopía, Egipto, Edom, Cedar, Tiro (c.13-23). El c.22 está dedicado a Jerusalén.
c) Sección apocalíptica (c.24-27).
d) Oráculos sobre Judá (c.28-33).
e) Oráculos escatológicos (c.34-35).
f) Sección histórica (c.36-39), tornada de 2 Re.
segunda parte (c.40-55):
a) Próxima liberación de Israel (c.40-48).
b) Consolación de Israel, el “Siervo de Yahvé.” (c.48-55)
tercera parte (c.56-66):
a) Oráculos relativos a la vida social y religiosa (c.56-59).
b) Gloria y felicidad de la nueva Sión (c.60-62).
c) El juicio divino y confesión (c.63-64).
1676
d) Promesa y amenazas (c.65-66).
A la vista de este esquema, del contenido podemos deducir que nos hallamos ante una recopilación
de oráculos, hecha a base de pequeñas colecciones diversas de los mismos, que tuvieron
unidad aparente antes de ser ensambladas por el redactor o compilador posterior en este conjunto
de oráculos atribuidos a Isaías. El gran profeta ejerció su ministerio durante cuarenta años, y por
eso los oráculos se atemperan a las circunstancias históricas de cada momento según las necesidades
y angustias de sus contemporáneos. De ahí que el contenido de sus oráculos es múltiple, y
en el conjunto se mezclan secciones históricas en prosa y secciones poéticas.
Los fragmentos históricos suelen estar en relación con los oráculos profetices como introducciones
17 o en cuanto narran hechos que han dado lugar a una profecía particular 18. El
compilador de las “obras completas” de Isaías no ha tenido un plan rígido, ya que unas veces las
profecías están ordenadas cronológicamente, mientras que otras sólo lógicamente, según la materia
tratada.
El plan general parece — según hemos visto — presentar primero los oráculos relativos a
hechos contemporáneos en Judá; después los oráculos contra las naciones paganas, para centrar
de nuevo la atención en el futuro glorioso de Jerusalén. Concebido así el plan general, coincide
con el del libro de Ezequiel. El recopilador general de los diversos oráculos — que corrían en
colecciones menores — parece ser posterior al exilio babilónico. De hecho, en 2 Par 36:22-55 y
Esd 1:1-3 parece atribuirse la profecía de Is 44:28 (relativa a la restauración del templo de Jerusalén
por Ciro) a Jeremías, lo que probaría que en el tiempo en que fueron escritos 2 Par y Esd
no existía una colección de los escritos de Isaías con los capítulos 44-66. Por otra parte, en Eclo
48:27-28 se dice de Isaías que “consoló a los afligidos de Sión,” lo que parece aludir a las profecías
de “consolación” de los capítulos 40-66. Todo esto parece llevarnos hacia el siglo IV como
época de compilación del actual libro de Isaías. En tiempo de Cristo ciertamente se conocían
como isaianos los oráculos de esta parte del actual libro de Isaías 19.
5. Autenticidad.
Hasta el siglo XVIII, la tradición judaico-cristiana — con excepción de Aben Esra, del
siglo XII — mantuvo como tesis recibida la autenticidad isaiana de todos los capítulos del libro
que en el canon se adscriben a Isaías. Doderlein, en 1775, defendió que los capítulos 40-66 del
libro de Isaías no pertenecían a éste como autor, sino que se debían a un autor anónimo de la
época final del exilio babilónico 20. Después de él, Eichhorn y la generalidad de los críticos sostienen
que esos capítulos se deben a la pluma de un homónimo de Isaías al que llaman Deutero-
Isaías.21 A fines del siglo XIX, B. Duhm distinguió en estos últimos capítulos del libro isaiano
dos autores: el Deutero-Isaías, al que se le adjudica la paternidad de los capítulos 40-55, y el Trito-
Isaías, al que se le atribuyen los capítulos 56-66.22 Más recientemente, otros autores hacen
una nueva subdivisión dentro de estas secciones.23 Aun entre los autores católicos no faltan quienes
hayan admitido la pluralidad de autores en el libro de Isaías, y el número de sostenedores de
esta tesis aumenta cada día.24 Los argumentos que favorecen esta tesis son de diversa índole: histórica,
literaria y doctrinal.
a) Argumento histórico. — Mientras que en la primera parte del libro de Isaías el horizonte
histórico reflejado es el de la época asiría (excepto el c.15), en los capítulos 40-66 la situación
histórica reflejada es netamente post-exiliana: Palestina está devastada, sometida a los extranjeros;
la población israelita está en el cautiverio, y el pueblo opresor es el babilonio.25 Incluso se
anuncia la caída de Babilonia en manos de Giro después que éste ha ocupado ya la Media.26 El
1677
gran liberador de los cautivos hebreos será el propio Ciro.27 Todo esto es insólito en las profecías,
ya que los profetas suelen reflejar en sus oráculos las inquietudes de su tiempo, y por eso no
es fácilmente concebible que un autor del siglo VIII antes de Cristo anunciara tan al detalle cosas
que habían de tener lugar dos siglos más tarde. Por otra parte, la mención de Ciro como libertador
es totalmente insólita en los oráculos profetices, pues en ellos nunca se citan nombres propios.
b) Estilo literario. — Se suele urgir en este sentido que el estilo de la primera parte de
Isaías (c.1-39) se distingue “por su fuerza y comprensión, mientras que el de los últimos capítulos
(c.40-66) es difuso, con tendencia a la amplificación y repetición.” 28 Sus descripciones son
líricas e idealizadoras en esta segunda parte, y mientras que en la primera parte el autor apenas se
repite, en la segunda constantemente vuelve al mismo tema. El estilo de la primera parte es conciso
e incisivo, mientras que en la segunda parte es más barroco, apasionado y cálido, con frases
largas y envolventes. La “grandeza” característica de la primera parte es sustituida por el “lirismo”
desbordado e incontrolado. Incluso se ha notado que muchas frases estereotipadas de la
primera parte no se repiten en la segunda y tercera.29
c) Contenido doctrinal. — Las ideas doctrinales de la segunda parte son expuestas con
amplificaciones teológicas que parecen reflejar un estadio teológico posterior. Así, la doctrina
relativa a la naturaleza de Dios y sus atributos es expuesta más al detalle. Por otra parte, una de
las ideas teológicas características de la primera parte de Isaías es la del “resto” de israelitas que
se salvará en las catástrofes para constituir el núcleo de restauración. En la segunda parte apenas
se alude a esta doctrina 30. Además, en la segunda parte de Isaías es frecuente la expresión
“Siervo de Yahvé” aplicada al pueblo israelita, mientras que no aparece en la primera parte 31.
Sobre todo la noción de un Mesías (“Siervo de Yahvé”) humilde y sufriendo contrasta
con la concepción “regia” de un Mesías Príncipe libertador, que vence a los ejércitos asirios.
Estos son los principales argumentos contra la autenticidad isaiana de la segunda parte
del libro que lleva su nombre. Ciertamente, el más convincente es el histórico, pues los otros estilísticos
y doctrinales pueden fácilmente prestarse al subjetivismo. Entre los autores católicos
son numerosos los que sostienen la autenticidad isaiana de todo el libro de Isaías,32 y creen que
los argumentos aducidos no tienen validez, pues en primer lugar no es imposible a Dios comunicar
al profeta hechos concretos que han de tener lugar dos siglos más tarde. La mención de Ciro
puede explicarse por esta ciencia profética infusa. Respecto del estilo, responden estos autores
que hay muchas expresiones e imágenes comunes a la primera y segunda parte del libro.33 Y en
cuanto al contenido doctrinal, las ideas teológicas de la segunda parte pueden considerarse como
un desarrollo lógico y normal de las de la primera. Por otra parte, insisten en el hecho de que la
tradición judía siempre consideró a todo el libro de Isaías como obra del gran profeta del siglo
VIII. 34
6. Doctrina teológica.
Las ideas teológicas que aparecen en el libro de Isaías son sustancialmente las mismas
que encontramos en sus contemporáneos Amos, Oseas y Miqueas. Todos están poseídos de la
grandeza y trascendencia de Dios y de sus exigencias respecto del pueblo elegido, Israel. Isaías
se distingue en su predicación por su esquema orgánico teológico, desarrollado a base de pocos
principios fundamentales, que pueden reducirse a tres: a) concepción trascendente de Dios como
“santo”; b) sus relaciones históricas con Israel; c) concepciones escatológicas.36
a) Concepción Trascendente de Dios. — Isaías, en toda su predicación, da por supuesta la
1678
idea monoteísta de Dios. Sólo existe Yahvé, y los ídolos de los otros pueblos son “vanidades”
('elilim); no son más que “obras de los hombres” 37. Por eso, en su predicación arremete con frecuencia
contra toda índole de cultos idolátricos. Para él sólo existe un Ser divino, al que enfáticamente
llama el “Santo de Israel.” Esta nota de “santidad,” como la mejor definición de la divinidad,
aparece ya en la visión inaugural.38 Para él Yahvé es un Ser “trascendente” en su “gloria”;
por eso los serafines se cubren su rostro ante la majestad de aquel que está sentado en su trono
como “rey” de Israel y del universo. Él canto de éstos se reduce a la repetición de una palabra:
“santo, santo, santo.” Es que para el hebreo la “santidad” es como la esencia de la divinidad,
lo numénico, lo trascendente, que le caracteriza como tal. 39
Dios está como rodeado de una atmósfera aislante, la “santidad”; por eso, al entrar en
contacto con las criaturas, exige la “purificación,” de forma que éstas se eleven — ritual y moralmente
— a una atmósfera superior que pueda aproximarse de algún modo a la divina. La
“gloria” es como la manifestación de la grandeza de Dios en el mundo, mientras que la “santidad”
es como la zona inaccesible de la divinidad, lo que la caracteriza como tal. Por eso la “santidad”
para el hebreo no es un atributo más de Dios, sino su definición como Dios, en cuanto distinto
y trascendente a todo lo creado. En Isaías, la idea de “santidad” incluye, además, la idea de
incontaminación moral; por eso, ante la vista del Dios “santo,” exclama aturdido y tembloroso:
“¡Ay de mí, porque soy un hombre de labios impuros!” Su conciencia de pecado le parece que le
impide entrar en relaciones con el Dios puro y santo. De esto se deduce que, para el profeta, la
idea de “santidad” aplicada a Dios incluye, de un lado, su carácter superior, inaccesible a las
criaturas, y también un aspecto ético, en cuanto que concibe a Dios como “perfecto” en el orden
moral.
b) Dios de Israel. — Una de las frases que más reiteradamente se encuentra en los escritos
isaianos es la de el “Santo de Israel.”40 Para el profeta, aunque Yahvé es el Ser inaccesible
por antonomasia, sin embargo, tiene un plan salvífico en la historia humana, sobre todo respecto
de Israel. Yahvé tiene una “obra” que realizar en su pueblo; por eso en la visión inaugural aparece
deliberando con su corte de honor celeste, los serafines, sobre el sujeto a enviar como colaborador
de su “obra” en el pueblo escogido: “¿A quién enviaremos?”41 Dios tiene un designio providencialista
sobre el mundo, pues la historia humana — y sobre todo la de Israel — está lanzada
en los planes de Dios hacia una etapa definitiva de salvación, hacia el establecimiento del reinado
de justicia en la tierra. Por eso Yahvé “obra” en la historia, y en esta “obra” Yahvé le pide
al profeta sea su colaborador. Por eso Isaías acusa a los jefes paganos de no percibir esta “obra”
de Dios en la historia.42 Como la “gloria” de Dios llena la tierra, aunque los seres humanos no la
vean así, su “obra” penetra y dirige la historia de la humanidad. Los impíos son ciegos y no la
perciben; por eso irónicamente dicen al profeta: “Que veamos la obra de sus manos; que venga,
pues, y de una vez acabe su plan el Santo, y lo veamos nosotros.”43
Para Isaías, la historia es “un drama que se acerca a su desenlace, y en las convulsiones
de los fundamentos del mundo político escucha los pasos del Omnipotente, que avanza hacia el
día de la crisis judicial y la esperanza final de la humanidad.”44 De este modo Yahvé “reina soberanamente
sobre el reino de la naturaleza y en la esfera de la historia, y el colapso de los reinos,
la disolución total del viejo orden del mundo hebreo, que seguía al avance de Asiría, es para el
profeta no otra cosa que la prueba cumbre del dominio absoluto de Yahvé, afirmándose y humillando
a todo lo que disputa su supremacía.”45 Su carácter de trascendente e inaccesible le hace
intransigente ante las transgresiones de los pecadores: “El Santo se santifica (se muestra “santo”)
en la justicia”46; de ahí la necesidad de un juicio purificador sobre el mundo y sobre el mismo
Israel. Yahvé es el Soberano al que todo le está sometido; pero al mismo tiempo es paciente y
1679
misericordioso: “Yahvé os está esperando para haceros gracia.”
Esto tiene especial aplicación a las relaciones de Dios con Israel, porque éste es el pueblo
de Yahvé en exclusiva. Por eso Yahvé es de modo especial de Israel, lo que daba una conciencia
religiosa especial a los componentes de este pueblo privilegiado, al menos en la mentalidad ortodoxa
de los profetas, que eran los grandes maestros del espíritu, representantes del yahvismo tradicional.
De esta concepción teocrática se sigue que la religión no es sólo una cuestión de relación
entre Yahvé y los individuos, sino entre Yahvé y la nación como tal en sus destinos colectivos
históricos. Los israelitas son considerados por el profeta como esencialmente vinculados a
la colectividad nacional, y, como tales, objeto de las complacencias divinas en cuanto forman
parte de esta comunidad. De ahí el principio de solidaridad en el bien y el mal. Dios premia y
castiga a unas generaciones por los pecados de las anteriores.
Isaías considera la soberanía de Yahvé en el universo en relación con su señorío sobre el
propio Israel. “Israel es la inmediata esfera de las funciones reales de Yahvé, y por eso Isaías
exige oír su voz autorizada en la dirección de los negocios del Estado. Se presenta a sus compatriotas
como el ciudadano privilegiado que “ha visto” al “Rey” y que ha sido oficialmente comisionado
por El para declarar su voluntad como la suprema ley de la nación.”47 Yahvé es para él,
ante todo, “el Santo de Israel”48, es decir, el Ser soberano puro, inaccesible y trascendente, pero
que está vinculado de modo particular a Israel, lo que exige por parte de este pueblo privilegiado
una “santificación” o elevación moral especial frente a las demás naciones, que sólo pertenecen a
Yahvé por los vínculos generales de la creación. Los israelitas deben ante todo reconocer su situación
de privilegiados y “santificar al Señor de los ejércitos,”49 es decir, reconocerle como
“santo,” con lo que esto implica de obediencia y entrega a su ley.
Pero el profeta se da cuenta, desde el momento en que es llamado al ministerio profético,
que existe una ruptura entre Yahvé y su pueblo pecador; por eso exclama con amargor: “He aquí
que habito en un pueblo de labios impuros”50. Era preciso, pues, un juicio purificador, y como
sus labios habían sido purificados por el fuego, así el fuego de la ira divina debía consumir hasta
los cimientos a la sociedad actual israelita, salvándose sólo un “resto,” la “semilla santa,” que
habría de ser el germen de restauración en el futuro.51 En su predicación, el profeta anuncia este
juicio purificador sobre una sociedad corrompida, que está inficionada de cultos idolátricos, despreciando
a Yahvé, y cree cubrirse en sus deberes religiosos con unas prácticas meramente ritualistas
en el templo52. Por otra parte, la clase directora no reconoce más derechos que los de su
codicia insaciable, conculcando al pobre, a la viuda y al huérfano: “Cuando esperaba (Yahvé)
juicio, he aquí derramamiento de sangre, y cuando esperaba justicia, he aquí gritería.”53 La sociedad
estaba totalmente paganizada y escéptica respecto de sus deberes religiosos, confiando
sólo en sus carros y caballos y en los juegos diplomáticos para salvar a la nación, viviendo prácticamente
en plan de apostasía general.54 Como consecuencia, Yahvé ha rechazado a su pueblo.
55 Es preciso que Israel vuelva a su Dios y tenga una “fe” en el cómo único Señor de sus designios.
El profeta destaca la importancia de la “fe” como medio de retorno a las buenas relaciones
íntimas que debe haber entre Yahvé y su pueblo.
c) Expectación Mesiánica. — Los profetas viven de la esperanza del futuro, como reinado
de Dios, con todo lo que implica de triunfo de la justicia y equidad. Por eso, su extraordinaria
sensibilidad religiosa les hace chocar con las imperfecciones y deficiencias religiosas de su tiempo;
de ahí que en sus predicaciones clamen por un cambio radical de cosas, incluso por una conmoción
cósmica que transforme la sociedad en sus cimientos, dando paso a un nuevo orden de
cosas en el que se dé el pleno reinado de la justicia como consecuencia de un mayor “conocimiento”
de Yahvé. Las angustias y abusos morales de su tiempo les hacen forjar por contraste
1680
la idealización de la etapa definitiva del futuro.
1) El “día de Yahvé.” — Ya Amos había hablado del “día de Yahvé” como día de “tinieblas
y no de luz.”56 Isaías recoge la misma idea, y, con todo detalle, en sus primeros capítulos
nos habla de un cambio sustancial de la sociedad, que en sus pecados ha llegado a la saturación.
Por eso se acerca un juicio purificador: “Porque llegará el día de Yahvé sobre todos los altivos y
soberbios, sobre cuantos se ensalzan para humillarlos..., y sólo Yahvé se exaltará aquel día, y
desaparecerán todos los ídolos.”57 Quizá en su juventud había sido testigo del tremendo terremoto
del que se hace mención en Am 1:1, y todavía se estremece ante el recuerdo de aquella conmoción
desorbitada. Sin embargo, los contemporáneos han olvidado lo que era — en la mentalidad
profética — un castigo divino, y ahora Isaías parece entrever otra conmoción colosal en la
que se tambalearán todos los cimientos de la sociedad. Sin duda que el profeta alude a la próxima
invasión de los asirios, a los que considera como instrumentos de la justicia divina para castigar
al Israel pecador. Pero, detrás de esta inmediata perspectiva de castigo en su concepción teológica
de la historia, Isaías piensa en otra conmoción social más honda, que será el preámbulo de la
inauguración mesiánica.
2) El “resto” salvado. — En la catástrofe que se avecina se salvará “un resto,” que ha de
ser el núcleo de restauración nacional, la semilla santa de la que saldrá la ansiada nueva teocracia
mesiánica. Ya Amos en sus oráculos había hablado de un “resto” salvado del juicio purificador
de Yahvé. 58 Precisamente para dar esperanzas de salvación a los temerosos de Yahvé, el
profeta había impuesto a uno de sus hijos un nombre simbólico, Sear-Yasub (“un resto volverá”).
59 Los judíos contemporáneos del profeta no veían el peligro que se venía sobre ellos y confiaban
ciegamente en sus destinos históricos; pero Yahvé va a someter a la sociedad a una dura prueba
de la que se salvarán muy pocos: “Si quedare un décimo, será también para el fuego, como la
encina o el terebinto cuyo tronco se abate”60. Pero de ese tronco saldrá un “retoño,” que será la
“semilla santa” de los “rescatados de Sión,”61 núcleo de restauración de la futura sociedad teocrática.
3) El “Mesías.” — Aunque en los oráculos isaianos nunca se use la palabra Mesías
(“ungido”) para designar al Príncipe ideal,62 Salvador de Judá, sin embargo, sus concepciones
“mesiánicas” se centran en torno a un personaje ideal, al que se describe con los epítetos más
cautivadores: “Admirable Consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz.”63 Es el
“retoño” de Jesé, sobre el que descansará el “espíritu” carismático de Yahvé en su múltiple manifestación:
“espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de entendimiento
y de temor de Yahvé.”64 Es el “Niño” misterioso “Emmanuel” que nace de una
“doncella,” que es prenda de salvación ante la inminente invasión asiría.65
En la segunda parte del libro de Isaías, la perspectiva es muy distinta, y el “Siervo de
Yahvé,” lejos de ser encarnado en un “Príncipe” poderoso, es un sujeto dolorido que sufre calladamente
por los pecados de su pueblo, triunfando con su muerte.66 En este sentido, las
profecías mesiánicas del libro de Isaías son la culminación del “mesianismo” concebido como
esperanza de rehabilitación de la humanidad, anunciada germinalmente en los albores mismos de
la historia humana. El autor de esta segunda parte de Isaías se ha acercado hasta el máximo al
misterio de los misterios, a la muerte de Cristo-Redentor. Por eso el libro de Isaías es quizá el
libro de más contenido teológico de todos los del Antiguo Testamento, ya que sus concepciones
netamente espiritualistas rozan la manifestación plena evangélica.
8. Texto y versiones.
Para el texto de Isaías, nuestra base actual es el texto masotérico, tradicionalmente recibi1681
do del ambiente rabínico, y que ha sido confirmado sustancialmente (con ligeras variantes) por el
texto descubierto en el desierto de Judá en 1947, y que ciertamente es anterior a la redacción masorética.
Pero no es de gran utilidad para facilitar la lectura de algunos textos, ciertamente corrompidos
e ininteligibles. Por eso, al comentar el libro de Isaías, es necesario algunas veces
acudir a las posibles reconstrucciones del texto, ya que las versiones tampoco son de mayor utilidad.
En concreto, la versión llamada de los LXX suele ser libre con amplias paráfrasis, y en los
pasajes difíciles se lanza a conjeturas. Lo mismo hay que decir de las versiones sirias y vulgata,
que adolecen de excesiva libertad. Por eso, en los pasajes difíciles, es necesario basarse en las
exigencias del contexto y en las leyes del paralelismo de la poesía hebraica.
1 Ascensío Isaiae 5:15; cf. E. Kautzsch, Pseudoepigraphen (n.166) II (Tubínga 1900) 119-127; E. Tisserant, Ascensión dlsaie (París
1909) 62-71.128; véase también S. Just. : PG 6:156; San Agust., De civ. Dei 18:24: PL 41:582. — 2 2 Re 14:22. — 3 2 Re 16:10-
14. — 4 Is 7:12; 2 Re 16:17. — 5 Is 7:14. — 6 2 Re 18:45. — 7 2 Re 18:3.5. — 8 2 Re 18:4 — 9 2 Par 30 — 10 Is 39:18. — 11
Prisma hexagonal, llamado de “Taylor.” Véase H. Gressmann, Altorientalische Texte zum A.T. 2.a ed. p.353-354. — 12 2 Re
18:13-16. — 13 2 Re 18:17-37. — 14 Is 1:7. — 15 Is 6. — 16 Is 1:27. — 17 Así los c.6.7.8.20. — 18 Así los 0.36-37: invasión de
Senaquerib; c.38: enfermedad de Ezequías; c.39, embajada de Merodacbaladán. — 19 Cf. Lc 4:17. — 20 J. G. Doderlein, Esaias
(Altorfi 1795) p.165. — 21 J. G. Eichhorn, Einleitung n.43 IV (1824) 82-137. — 22 B. Duhm, Das Buch Jesaia (Gotinga 1892).
Así también E. Kpnig, S. R. Driver, J. Meinhold, O. Eissfeldt, A. Weiser, H. Gressmann, K. Budde, S. Mowinckel. — 23 Entre
ellos, J. Marty, P. Volz, A. Weiser. — 24 Así A. Condamin, Le livre d'Isa'ie: EB (París 1905); P. Vetter: Th 987 (1905) 611 ; F.
G. Gigot, The authorshíp of Isaías XL-LXVI: N. Y. Review (1905) 277-296; F. Feld-Mann, Der Knecht Gottes in Isaías p.40-45
(Friburgo 1907); ID., Das Buch Isaías (Münster 1926) 14-16. — 25 Is 44:26; 51:3; 52:9; 42:22.24-25; 52:2.3.5; 43:14; 47:1-6;
48:14.20. — 26 Is 41:25. — 27 Is 52:2; 43:14; 48:14; 44:28; 45:1. — 28 J. Skinner, Isaiah: “Cambridge Bible” (Cambridge 1951)
XXII. • — 29 Véase una lista de ellas en J. Skinner, o.c., XXIV. — 30 Aparece en Is 59:20; 65:8.9. — 31 Véase el excursus sobre
el “Siervo de Yahvé” al comentar los “cánticos del Siervo de Yahvé.” Cf. c.42:49:50:52-53. — 32 Entre los acatólicos sostienen
la unicidad de autor: W. H. Gobb, J. Lias, A. Kaminka, J. Schelhaus, W. Moller. — 33 Así “Santo de Israel,” “la boca de Yahvé
ha hablado,” Egipto es llamado “Rahab” (30:7; 51:9). — 34 En Eclo 48:24 se dice que Isaías “consoló a los que lloraban en Sión,”
aludiendo a Is 40:1. En el N.T. se citan textos de la segunda parte como de Isaías: Mt 3:3: Is 40:3; Lc 4, 17: Is 61:1s; Mt 8:17: Is
53:4; Mt 12:17: Is 42:1-4. — 35 Enqum'dí'on bíblico 287-290. — 36 Sobre las ideas teológicas de Isaías véase la excelente exposición
de J. Skinner, o.c., XLVIIIs. — 37 Is 2:8.20; 17:8; 31:7. — 38 Is 6. — 39 Cf. P. Van Imschoot, Théologie de VAnclen Testament:
I. Dieu (París 1954) p.42-5i. — 40 Véase nuestro art. El Santo de Israel; “Mélanges Bibliques André Robert” (París
1956) p.105-173. — 41 Is 6:8. — 42 Is 5:12; 22:11, — 43 Is 5:19. — 44 J. Skinner, c., p.LIII, — 45 R. Smith, Prophets p.226. —
46 Is 5:16. — 47 J. Skinner, o.c., p.IV. — 48 Esta expresión enfática aparece por primera vez en Isaías, y después en la literatura
sapiencial: Sal 71:22; 78:41; 89:18; también en Jer 50:29; 51:5, y en Ez 39:7, si bien en forma diferente. — 49 Is 8:13; 29:23. —
50 Is6:5. — 51 Is 6:13; 4:45. — 52 Is 10:17. — 53 Is5:7. — 54 Is 1:4. — 55 Is 2:6. — 56 Am 5:18s. — 57 IS2.12. — 58 Véase
nuestro art. La reprobación de Israel en los profetas: EstBib 10 (1951) ρ.136-188; S. Garófalo, La nozione profética del “resto”
d'Israele” (Roma 1942). — 59 Is7:3. 61 Is 41:45. — 60 Is 6:13. — 62 Esta designación de “Mesías” (“Ungido”) aplicada al Rey
ideal de los tiempos mesiánicos aparece por primera vez en el salmo 2. — 63 Is 9:6. Sobre el sentido de estos epítetos véase el
comentario. — 64 Is 11:2. — 65 Is 7:14. — 66 Véase el comentario a los “cánticos del Siervo de Yahvé” (42:1; 53,1).
Isaías.
1. La Infidelidad de Israel.
El libro de Isaías se abre con un capítulo en el que encontramos los lugares comunes de la predicación
profética: amargura de Yahvé por la ruptura de relaciones normales entre El y su pueblo
escogido, que sustituyó el sentido verdadero ético-religioso de estas relaciones por una religión
meramente ritualista y sin contenido espiritual; e invitación amorosa a que cambie de conducta,
entregándose de nuevo a su Señor por una penitencia sincera y definitiva, a menos que quiera
someterse a los rigores de un juicio divino devastador, que la purifique como el oro en el crisol
en contra de su misma voluntad. Por eso ha sido considerado este capítulo como la introducción
general a las variadas predicaciones proféticas que han llegado a nosotros, sin mayor orden lógico
y cronológico, en el libro canónico de Isaías.
A pesar de la diversidad de contenido del capítulo, se ha reconocido cierta unidad funda1682
mental en lo literario. No es fácil determinar la época en que hayan sido pronunciados estos oráculos.
Algunos han querido ver en los v.7-9 una alusión a la invasión de Senaquerib en el año
701; pero en realidad pudiera aplicarse a la invasión siro-efraimita del año 734, cuando Isaías
hacía sus primicias como escritor y profeta. Al menos para los v.21-31, parece excluirse esta
época tardía de la invasión asiría, y las alusiones a la generalización de las prácticas idolátricas
se explicaría mejor en tiempos del impío Acaz que después de la reforma religiosa del piadoso
Ezequías. En realidad, este punto de la cronología del capítulo es totalmente secundario y no
afecta a la interpretación del mismo.
Como en todos los libros profetices, el compilador nos hace la presentación personal del
profeta, enmarcándolo en un período cronológico concreto que abarca toda su actividad profetice-
literaria.
Introducción histórica (1).
1 Visión que Isaías, hijo de Amos, tuvo acerca de Judá y de Jerusalén en tiempos de
Ozías, Joatam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.
Este versículo es considerado generalmente como encabezamiento de la primera gran colección
de profecías (c.1-12), sobre todo por la expresión general redundante “acerca de Judá y Jerusalén.”
Quizá el título haya sido retocado y ampliado en su perspectiva por el compilador respecto
de la primitiva redacción isaiana, que miraba sólo al oráculo que inmediatamente se inserta en el
texto. La palabra visión la usa el profeta en sentido amplio, es decir, de un mensaje divino recibido
de modo visual, intelectivo o imaginativo, y aquí pudiera incluso tener el sentido colectivo de
conjunto de oráculos del profeta relativos a Jerusalén y Judá, refiriéndose a la primera serie los
que aparecen en el actual libro de Isaías, alargándose la perspectiva histórica hasta el final de su
actividad profética, en tiempos del reinado de Ezequías, en el siglo VII antes de Cristo.
Este capítulo I suele dividirse por su contenido en dos partes: a) v.2-20: recriminación
por parte de Yahvé de la infidelidad de Judá; b) v.21-31: necesidad de un juicio purificador.
La infidelidad e ingratitud del pueblo elegido (2-3).
2 ¡Oíd, cielos! Apresta el oído, tierra! Que habla Yahvé: Yo he criado hijos y los he
engrandecido, pero ellos se han rebelado contra mí. 3 Conoce el buey a su dueño, y el
asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento.
El profeta abre su oráculo con un apostrofe solemne, tomando como testigos los seres inanimados
y buscando como la aprobación de lo que va a decir de la misma naturaleza muda para que
se asocie al profundo dolor de Yahvé ante la lamentable conducta de su pueblo predilecto. Ya
Moisés, al dar la Ley, había invocado al cielo y a la tierra, poniéndolos por testigos de que había
dado la Ley a Israel y, al mismo tiempo, de las penas que irían anejas al incumplimiento de los
preceptos del Señor.1 La enormidad del pecado de Israel está, sobre todo, en que Israel estaba
vinculado como pueblo desde su origen a Yahvé por un pacto bilateral con condiciones y obligaciones
mutuas: Yahvé, que le había escogido como pueblo entre todos los de la tierra, se había
comprometido a tratarle como Padre, considerándole como “reino sacerdotal y nación santa,” 2
surgiendo de ello unas relaciones de paternidad y filiación que deberían respetarse a través de los
siglos. 3 Yahvé era en realidad su verdadero Padre, ya que a El le debía su existencia como pueblo.
Por eso, con toda propiedad puede decirse que los “ha criado” (v.2) como hijos y los ha protegido
durante la época de crecimiento. Los adoptó como hijos en el desierto, después de haber1683
los sacado milagrosamente de la tierra de opresión de Egipto; les dio una constitución teocrática
excepcional, por la que se convertían en algo aparte de todos los pueblos, y los fue llevando como
de la mano a través del desierto, cuidando paternalmente de su formación como pueblo, y,
por fin, los estableció en la tierra de Canaán, según había prometido al gran antepasado Abraham.
Pero la historia de Israel es una constante decepción y alejamiento del Dios verdadero, entregándose
el pueblo elegido a los cultos idolátricos.
Y esta actitud incomprensible resalta comparándola con la fidelidad y gratitud de los seres
irracionales, que se muestran agradecidos con los que les procuran el sustento, a pesar de
que también los someten a duro yugo y a fuertes trabajos; sin embargo, si se les separa de su
dueño, instintivamente buscan el lugar donde saben encuentran su alimento.
El castigo de Israel (4-9).
4¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de iniquidad, raza malvada, hijos desnaturalizados!
Se han apartado de Yahvé, han renegado del Santo de Israel, le han vuelto la
espalda. 5¿A qué castigaros todavía, si aún os vais a rebelar? Toda la cabeza está enferma;
el corazón todo, lánguido. 6 Desde la planta de los pies hasta la cabeza no hay
en él nada sano. Heridas, hinchazones, llagas pútridas, ni curadas, ni vendadas, ni
suavizadas con aceite. 7Vuestra tierra está devastada; vuestras ciudades, pasto de las
llamas. A vuestros ojos los extranjeros devoran vuestra tierra, asolada como en la
destrucción de Sodoma. 8Ha quedado Sión como cabaña en un viñedo, como choza
en un melonar, como ciudad sitiada. 9Si Yahvé no nos hubiera dejado un resto, seríamos
como Sodoma, nos asemejaríamos a Gomorra.
Yahvé, ante la conducta reiterada de Israel, se siente como cansado de castigarle para hacerle ir
por el buen camino. Está tan corrompido, que es inútil hacer nuevos correctivos. Ha sido castigado
con invasiones, desolaciones, en tal forma que ha quedado destruido, solitario en medio de
sus ruinas, como cabaña de guardia en un viñedo (v.8). Es una situación desesperada, pues no
han sido aplicadas medidas de curación a tiempo (v.6). Dios lo ha castigado reiteradamente en tal
forma, que se halla llagado de pies a cabeza (v.6): la tierra de Judá había sido hollada por los
ejércitos siro-efraimitas, las incursiones de los edomitas y filisteos,4 y, por fin, por la inmensa
oleada del ejército de Senaquerib, si el oráculo pertenece a los últimos tiempos del ministerio
profético de Isaías.
La desolación y la ruina eran la secuela de esta tragedia nacional, y sólo quedaba en medio
de las ruinas Jerusalén, la hija de Sión (v.8), como torre de guardia en un viñedo y testigo
mudo de tanta tragedia. La devastación ha sido tan general, que sólo puede compararse a ella la
destrucción de las ciudades malditas de la Pentápolis, Sodoma y Gomorra (v.7); no obstante, el
designio de Dios de salvar el resto (v.8) que fuera con el tiempo el núcleo de restauración nacional
no ha permitido que la destrucción fuera exhaustiva, como en aquellas ciudades anegadas
para siempre a orillas del mar Muerto, sin posibilidad de resurgimiento.
Por encima de todos los pueblos, y dirigiendo el curso de la historia, se halla siempre en
la mente de los profetas el Dios de los ejércitos (V.9), es decir, el que guía como general las
constelaciones de los “ejércitos” de los cielos, y al mismo tiempo sale fiador por los intereses de
su pueblo en las “batallas” contra sus enemigos, que tratan de obstaculizar el curso normal de la
historia de Israel5, portador del designio salvador de Dios a través de los tiempos hasta la gran
manifestación del Mesías, la culminación de la hora de Dios en la historia.
Estas son ideas comunes a los grandes profetas y constituyen el nervio y la espina dorsal
1684
de la teología del Antiguo Testamento. Siempre y en todo momento la luz de la era mesiánica es
la razón de la salvación del pueblo elegido en las vicisitudes de su historia, y a través de esta
luz futura, los profetas interpretan la historia de Israel. Por eso, siempre se salva un resto de las
grandes catástrofes nacionales. La doctrina sobre un resto, núcleo de salvación en el pueblo,
aparece ya clara en el profeta Amos un cuarto de siglo antes de que Isaías iniciara su predicación,
y se convirtió en lugar común en la literatura profética.
Inutilidad del culto puramente externo (10-17).
10 Oíd la palabra de Yahvé, príncipes de Sodoma; aprestad el oído a la ley de nuestro
Dios, pueblo de Gomorra. 11¿A mí qué, dice Yahvé, toda la muchedumbre de
vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, del sebo de vuestros
bueyes cebados. No quiero sangre de toros, ni de ovejas, ni de machos cabríos.
12¿Quién pide eso a vosotros, cuando venís a presentaros ante mí, hollando mis
atrios? 13No me traigáis más esas vanas ofrendas. El incienso me es abominable;
neomenias, sábados, convocaciones festivas, las fiestas con crimen me son insoportables.
14Detesto vuestros novilunios, y vuestras convocatorias me son pesadas; estoy
cansado de soportarlas. 15Cuando alzáis vuestras manos, yo aparto mis ojos de vosotros;
cuando multiplicáis las plegarias, no escucho. Vuestras manos están llenas de
sangre. 16Lavaos, limpiaos, quitad de ante mis ojos la iniquidad de vuestras acciones.
Dejad de hacer el mal, 17 aprended a hacer el bien, buscad lo justo, restituid al
agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.
La mención anterior de Sodoma y Gomorra del V.9 le sirve de introducción al profeta para calificar
a los dirigentes del pueblo elegido, sin que esto quiera decir que entre ellos privara el vicio
específico de tales ciudades malditas, la sodomía, sino más bien para resaltar el grado de corrupción
a que los dirigentes de Judá habían llegado, de los que era un tradicional símbolo la conducta
de las dos ciudades malditas. Y se invita a los dirigentes y pueblo de Israel a escuchar el verdadero
mensaje espiritual de Dios.
La expresión ley de nuestro Dios no indica necesariamente la Ley mosaica, pues puede
tener el sentido amplio de instrucción divina al pueblo; en ese caso podría ser paralela a la palabra
del Señor del v.3. Se trata, pues, del oráculo profético que va a proferir Isaías 6. Lo esencial
de la religión no está en los ritos meramente externos, como los sacrificios y las ofrendas. Los
primeros se distinguían en “holocaustos,” en los que se quemaba toda la víctima; “sacrificio pacífico,”
en los que sólo se quemaba en el altar las partes grasas de la víctima; y, por fin, las
“oblaciones” incruentas, de las que parte se reservaba, como en los anteriores, a los oferentes,
parte se quemaba ante el Señor, y parte quedaba para los sacerdotes y levitas.7 Nada de esto le
interesa a Dios si los oferentes se acercan sin las disposiciones internas necesarias de compunción
y arrepentimiento de sus pecados, sobre todo los cometidos contra el prójimo. En realidad,
el acercarse al templo en malas disposiciones a hacer sacrificios es un insulto a Dios, y por eso
no quiere verlos presentarse ante El hollando sus atrios (v.12). Todo lo que le ofrezcan en esas
condiciones le resulta repugnante y lo rechaza, porque no responde a las disposiciones de sus corazones.
Los sacrificios no son necesarios a Yahvé, como lo eran para los ídolos para su sustentación.
En la Ley mosaica los sacrificios no tienen el valor de un “do ut des,” como en las otras
religiones, sino un mero signo de dependencia y sumisión al Señor de todo lo creado, un tributo
de piedad y acatamiento 8.
Los profetas, pues, rechazan constantemente esos sacrificios que no representan el espíri1685
tu de piedad y acatamiento.9 No es que sean opuestos por sistema a los ritos cultuales, predicando
una religión carismática revolucionaria en contra de la tradición sacerdotal. Es falsa la opinión
de Renán de que los profetas predicaban “una religión sin culto, sin templo y sin sacerdotes.”
10 No, lo que rechazaban era una religión que considerara como esencial de ella las ceremonias
externas, dando de lado a todos los valores ético-religiosos. Son más bien los restauradores
del primitivo yahvismo espiritualista tal como lo estableció Moisés en el desierto.
Las fiestas, si no llevan el sello de la entrega interior del alma, carecen de sentido ante
Dios. El profeta enumera las distintas solemnidades religiosas entonces vigentes: los novilunios
al principio de cada mes; los sábados cada siete días, y las convocatorias solemnes tres veces al
año: Pascua, Pentecostés y Tabernáculos.11
El novilunio eran las fiestas de principio de mes, cuando la luna se hacía visible, en la que
parece se ofrecían sobre todo sacrificios en las tribus y familias 12; las convocatorias religiosas
eran las del sábado,13 y las tres grandes del año, Pascua, Pentecostés y Tabernáculos.14
Dios no soporta que le eleven en la oración sus manos, como era usual, cuando las tienen
manchadas en sangre, quizá aludiendo a los sacrificios de niños inocentes a Moloc, como ocurrirá
en tiempos no lejanos bajo Manases. Dios no puede soportar esta hipocresía, y por eso aparta
sus ojos de ellos, es decir, les retira su gracia y benevolencia. Sólo podrán reconciliarse con él en
el supuesto de que emprendan una reforma en su conducta, en la moral privada y en sus relaciones
sociales, como exigía el espíritu de la Ley mosaica, que tiene un profundo respeto a la
personalidad humana. Naturalmente, el profeta se dirige sobre todo a las clases directoras de la
sociedad, principales responsables de la declinación ético-religiosa del pueblo.
Invitación a la reconciliación (18-20).
18 Venid y entendámonos, dice Yahvé. Aunque vuestros pecados fueran como la grana,
quedarán blancos como la nieve. Aunque fuesen rojos como la púrpura, vendrían
a ser como la lana. 19Si vosotros queréis, si sois dóciles, comeréis los bienes de la
tierra. 20 Si no queréis y os rebeláis, seréis devorados por la espada. Lo dice la boca
de Yahvé.
Dios en este litigio con su pueblo le invita a un proceso legal, en el que cada parte pueda exponer
sus diferencias: Venid y entendámonos, aunque por su parte está dispuesto a retirar sus alegatos,
supuesto que ellos reconozcan sus faltas para con El, y a concederles el perdón total, por grandes
que hayan sido sus faltas: aunque vuestros pecados fueran como la grana, quedarían blancos
como la nieve (v.18). La reconciliación obraría el milagro de borrarles todas sus manchas y dejarlos
limpios ante la faz del Señor.
Algunos autores entienden la frase anterior como una ironía, haciendo resaltar la imposibilidad
de que ellos por sus propias fuerzas pudieran librarse de las consecuencias de sus pecados,
como si dijera: “Si vuestros pecados son como la escarlata, ¿podréis hacerlos blancos como
la lana?..” No obstante, parece que en el contexto predomina el sentido de perdón; por eso parece
más aceptable la primera interpretación. No sabemos por qué el color escarlata era símbolo del
pecado, quizá porque el rojo oscuro, como la tarde, la noche, podía ser símbolo del mal, como el
color blanco es símbolo de la luz, del día, de lo bueno, la inocencia, la gloria.15
Al lado de esta oferta de perdón les pone también la alternativa contraria: si no quieren
emprender el buen camino, no les queda otra cosa que perecer en la vorágine de la guerra: seréis
devorados por la espada, según la expresión aún corriente entre los árabes. Al contrario, si son
dóciles a los mandatos de Yahvé, disfrutarán tranquilamente de los bienes de la tierra (v. 19-20).
1686
Elegía sobre la corrupción moral de Sión (21-23).
21 ¿Cómo te has prostituido, Sión, ciudad fiel, llena de justicia? Antes moraba en ella
la equidad, y ahora los asesinos. 22 Tu plata se ha tornado escoria, tu vino generoso
se ha aguado, 23tus príncipes son prevaricadores y compañeros de bandidos* Todos
aman el soborno y van tras los presentes. No hacen justicia al huérfano, y la causa
de la viuda no tiene acceso a ellos.
El profeta lanza una elegía en estilo rimado, como era usual entre ellos, para hacer más impresión
en la psicología del pueblo sencillo, como hacían los rapsodas para divulgar sus ideas. La
idea central es también un lugar común en la literatura profética: Jerusalén, personificación de
Israel, es infiel en su matrimonio con Yahvé, contraído en la alianza del Sinaí, aunque no es Isaías
precisamente el que más destaca este símil; pero era ya corriente desde Oseas 16, del que pueda
incluso depender en algunas expresiones de la elegía. Sión es como una doncella que ha
abandonado a su marido, Yahvé, entregándose a los cultos idolátricos, perdiendo así lo atractivos
que le hacían amable a los ojos de Dios, ella que era antes el asiento de la justicia en los tiempos
de David y fiel sólo a su Dios nacional. Ahora, en cambio, es juguete de gentes sin conciencia,
los asesinos (v.21).
Antes era como un metal de buena ley por la pureza de buenas costumbres, y agradable
como el vino generoso pero ahora se ha convertido en metal despreciable y en licor mistificado,
que repugna al paladar de Dios (v.22).
Anuncio de un juicio purificador (24-27).
24 Por eso proclama el Señor, Yahvé de los ejércitos, el Fuerte de Israel: ¡Ay! voy a
vengarme de mis adversarios y a tomar revancha de mis enemigos. 25Y volverá mi
mano contra ti, y purificaré en la hornaza tus escorias, y separaré todas tus partículas
de plomo. 26 Y te restituiré tus jueces como eran antes, y tus consejeros como al
principio, y después serás llamada ciudad de justicia, ciudad fiel. 27Sión será redimida
por la rectitud, y sus convertidos en justicia.
Dios, ante la impenitencia de Judá, va a reaccionar violentamente y someter a los principales
responsables de la situación, sus adversarios, a un juicio purificador. Antes había dicho que Sión
era como plata envilecida y vino mistificado, que había perdido su fuerza; ahora juega con la
primera imagen, diciendo que va a acrisolar el metal para extraer lo bueno que aún pueda quedar
(v.25); y para dar más fuerza a la amenaza, presenta a Dios como el Fuerte de Israel, expresión
rara en la Escritura, que encontramos ya en el Génesis,17 y parece similar a la de “Dios de los
ejércitos” que inmediatamente aparece antes en el texto, para significar el poder de Dios, capaz
de hacer todo lo que anuncia.
El resultado de este juicio purificador será el restablecimiento de una administración con
todas las garantías morales como antes, en la edad de oro de la época davídica. El efecto del castigo
de Dios será muy saludable, y hará florecer las virtudes tradicionales, en tal forma que se la
volverá a llamar ciudad de justicia, ciudad fiel, como en los tiempos antiguos. Se discute sobre el
sentido de las palabras rectitud y justicia (v.27), pues lo mismo pueden significar las virtudes del
pueblo, que cambiarán la vida nacional, que los atributos de Dios, “juicio y justicia,” que se manifestarán
en la redención del pueblo, como si dijera: “Sión será redimida con el juicio (purificador)
de Dios, y sus cautivos volverán después de la manifestación de la justicia divina sobre
1687
ella.”
Destrucción de los pecadores e idólatras (29-31).
29 Los impíos, los pecadores, todos a una serán quebrantad dos; los desertores de
Yahvé serán aniquilados. 30Entonces os avergonzaréis de los árboles que tanto estimabais
y seréis llenos de confusión ante los jardines que os elegisteis, pues seréis
como terebinto despojado de su follaje, y como jardín que carece de agua. 31Y el robusto
será como estopa, y su obra como chispa, y arderán ambos juntamente, y no
habrá quien lo apague.
La idea de juicio purificador de la perícopa anterior se continúa aquí, detallando la causa principal
del castigo: la idolatría reinante en el país. El castigo de Dios servirá para poner en evidencia
el fundamento de aquellas locas idolatrías. Habían ido a adorar a sus dioses bajo los arboles
frondosos y en los jardines llenos de vegetación exuberante, como adorando la fuerza de la naturaleza,
que allí se manifestaba en toda su pujanza (v.30). Es la religión animista, que había sido
importada de Siria. Aún los beduinos de las estepas siró-arábigas ven en los árboles genios protectores,
a los que procuran aplacar con dádivas y exvotos. En todos estos bultos se practicaban
ritos afrodisíacos y obscenos en honor de la madre de la fertilidad, Astarté. Pero llegará un momento
en que los israelitas idólatras se avergonzarán de haber tenido estos cultos, pues se verán
defraudados en sus esperanzas en la hora de la prueba, y los arboles bajo los cuales practicaban
estos cultos, contrarios a los intereses del yahvismo, y los jardines (v.29-50), es decir, los recintos
sagrados, poblados de árboles, con sus fuentes para procurar la exuberancia de la vegetación,
desaparecerán y serán abandonados.18
Entonces el fuerte y su obra serán, como estopa, pasto de las llamas (ν.31). Es difícil determinar
el sentido de esta frase, pero el contexto parece ser que el idólatra, que se consideraba
fuerte y seguro con sus prácticas, su obra, al dar culto a los múltiples dioses de la naturaleza, será
en realidad víctima de su obra; es decir, ésta será ocasión de su ruina, como la chispa cebándose
en la estopa. Desaparecerán el adorador y los ídolos en que confiaban cuando llegue el
huracán del juicio de Dios, que se manifestará por las invasiones de los pueblos extranjeros, y
nadie se atreverá a ayudarles a apagar el fuego devastador provocado por la ira divina.
1 Dt 4:26.31. — 2 Ex 19:6. — 3 Dt 32:10-18; Ex 4:22s; Dt 14:1; Os 11:1. — 4 2 Grón 28:17. — 5 1 Re 17:45; cf. Ex 7:4. — 6 Cf. Is
8:16; 30:9; Jer 2:8; 8:8; 18:18; Ez 7:26; Jer 31:33; Is 42:4, etc. — 7 Cf. Leve.1-3. — 8 Véase com. a Lev c.1-3. — 9 Os 6:6; Miq
6:6-8. — 10 Renán, Histoire du peuple d'Israel t.4:21? — 11 Véase com. a Lev 23. — 12 1 Sam 20:5.24; 2 Re 4:23; Am 8:5; Os
2:11; Núm 18:11; Ex 20:8. — 13 Cf. Lev 23. — 14 1s 1.I4; 2:I5. — 15 Sal 51:7. — 16 Os c.1-3. — 17 Gen 49:24. — 18 Is 1:17;
65:3; 66:17
2. Sión, Centro del Reino Universal de Yahvé.
Los capítulos 2-4 parecen formar una pequeña colección de oráculos isaianos, que pudieron
existir antes en una compilación separada. Encontramos al principio la frase introductoria lo que
vio Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y Jerusalén, como en el título del capítulo 1, sin determinar
la fecha de la composición, lo que parece indicar que esta sección es independiente históricamente
de los oráculos del capítulo.1
1688
Sión, centro del reino universal de Yahvé (1-5).
1 Lo que vio Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y Jerusalén: 2Y sucederá a lo postrero
de los tiempos que el monte de la casa de Yahvé será consolidado por cabeza
de los montes, y será ensalzado sobre los collados, y se apresurarán a él todas las
gentes, 3y vendrán muchedumbres de pueblos, diciendo: Venid y subamos al monte
de Yahvé, a la casa del Dios de Jacob, y El nos enseñará sus caminos, e iremos por
sus sendas, porque de Sión ha salido la Ley, y de Jerusalén la Palabra de Yahvé. 4El
juzgará a las gentes, y dictará sus amonestaciones a numerosos pueblos, que de sus
espadas harán rejas de arado, y de sus lanzas, hoces. No alzarán la espada gente contra
gente, ni se ejercitarán para la guerra. 5Venid, ¡oh casa de Jacob! y caminemos
a la luz de Yahvé.
El profeta, en contraste con el juicio purificador del capítulo I, nos presenta un horizonte luminoso
mesiánico, desbordando totalmente el contexto anterior y el siguiente. Como en otras ocasiones,
los anuncios de tragedia y de gloria se entreverán alternativamente para mantener las esperanzas
del pueblo en medio de las tragedias nacionales pasajeras. A sus ojos surge, deslumbradora,
la ciudad de Jerusalén, centro de la soberanía de Yahvé, ocupando un puesto de preeminencia
entre todos los pueblos; y aun físicamente el monte en el que se asienta la Ciudad Santa
aparece elevado sobre las cimas de las demás montañas del resto del mundo. Es una idealización
de los tiempos mesiánicos para hacer resaltar mejor la ascendencia religiosa y moral que sobre
los otros pueblos ha de tener la nueva teocracia, con Sión como capital religiosa y espiritual de
todos los pueblos.
Esta preeminencia sobre todas las gentes hará despertar las conciencias de todos los pueblos
para acercarse a la Ciudad Santa y comprobar con sus propios ojos lo que la constituye en la
primera ciudad del universo, de forma que todos podrán constatar que allí efectivamente está el
asiento de la justicia y de la equidad; por eso se la escogerá como arbitro de todas las diferencias
entre los pueblos, de modo que estarán de más los instrumentos de guerra, que en esta nueva
edad de paz se convertirán en medios de trabajos pacíficos, como la labranza y la recolección de
las cosechas.
El profeta se proyecta mentalmente a lo postrero de los tiempos, frase consagrada para
designar la época mesiánica,1 y ve el monte de la casa de Yahvé, es decir, el monte sobre el cual
se asentaba el templo de Jerusalén,2 que aparece exaltado sobre todos los otros montes; es un
modo metafórico de decir que Jerusalén va a destacar por su importancia religiosa y política sobre
los otros pueblos y ciudades del mundo 3, de modo que todas las gentes serán arrastradas
hacia ella.
El profeta indudablemente que nos presenta el universalismo religioso en toda su amplitud,
como es general en las profecías mesiánicas. Todos quieren instruirse en los caminos (v.3)
de Dios, es decir, los principios ético-religiosos, base de la teocracia israelita, que resplandecerán
con nuevo brillo en la gran era mesiánica. Todos se exhortan mutuamente para acercarse
a la Ciudad Santa; la expresión porque de Sión puede ser, o bien de las gentes que se encaminan
hacia Sión, o del profeta que da la razón de la afluencia de los pueblos, aunque quizá resulte
más sencillo entenderlo en el primer sentido: Jerusalén será la admiración de todos los pueblos
por sus instituciones religiosas y políticas, que traerán como consecuencia un gobierno de equidad
y prosperidad general.
No se habla de que los otros pueblos que afluyen a Jerusalén hayan de quedar política1689
mente sometidos a la teocracia israelita, sino que querrán imitar sus instituciones y seguir sus enseñanzas
para poder conseguir un estado de bienestar parecido al de la Ciudad Santa. En todo
caso, la superioridad de Sión se mantendrá siempre, ya que de ella irradiarán la ley y la palabra
de Yahvé, porque allí se manifestará de modo especial la voluntad divina por sus instituciones y
sus profetas, en constante comunicación con Dios (v.3). En ella Yahvé tendrá su trono para dictaminar
en los litigios judiciales (dictará sus amonestaciones) entre los pueblos, en cuanto que
será el arbitro de todos los conflictos, y sus decisiones, llenas de equidad, serán aceptadas espontáneamente
por todos los pueblos, lo que traerá como consecuencia el establecimiento de una paz
total, quedando sin objeto los instrumentos de guerra (v.4.), que serán convertidos en instrumentos
de paz.4 La paz universal es una idea esencialmente mesiánica.5 Miqueas, en el pasaje paralelo,
completará este cuadro bucólico: “Sentaráse cada uno bajo su parra y bajo su higuera, y nadie
les infundirá miedo, porque lo dice la boca de Yahvé.”6
Históricamente esta profecía se cumple, en sus líneas esenciales, en la Iglesia católica, “el
Israel de Dios,” heredero de las promesas del Israel histórico. Naturalmente, la descripción de
Isaías está envuelta en un ropaje poético en cuanto a sus circunstancias accidentales. Esa paz total
es un desborde de imaginación oriental, como lo hará en el capítulo II, cuando nos presente al
león comiendo paja como el manso buey, y al niño metiendo la mano en la madriguera del basilisco.
Son imágenes para expresar la paz total, suprema ansia de todos los corazones en todos los
tiempos.
Esta profecía la encontramos repetida en términos casi idénticos en Miqueas7. Esto plantea
la cuestión de su origen literario, ya que no es fácilmente comprensible en el modo corriente
del mecanismo de la inspiración escrituraria que Dios revelara una misma cosa en los mismos
términos, ya que el Autor principal en el proceso inspirativo respeta las individualidades psicológicas
del autor humano. Los críticos creen que aquí hay una fuente primera de la que depende la
otra. ¿Quién depende de quién? ¿Isaías de Miqueas o viceversa? Ambos autores son contemporáneos.
Cable la hipótesis de que ambos la hubieran recogido de un tercer autor más antiguo o de
que un redactor posterior a ambos lo tomara de uno de ellos y lo insertara en el otro. Como las
ideas de esta perícopa son muy semejantes a las que Isaías expresa en 11:1-8 y 32:1-8, parece
más probable que el autor sea Isaías y que sus palabras fueran después reflejadas por Miqueas
como un eco de las suyas, como también parece la profecía de Miqueas sobre el nacimiento de
un Niño misterioso en Belén8 un eco de la profecía del Emmanuel de Isaías.9
Defección religiosa de Jada (6-8).
6 Ciertamente has rechazado a tu pueblo, a la casa de Jacob, por estar llena de adivinos
y hechiceros, como los filisteos, y haber pactado con los extranjeros. 7Su tierra
está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin, llena de caballos y carros sin fin.
8Está su tierra llena de ídolos; se prosternan ante la obra de sus manos, ante lo que
sus dedos fabricaron.
De nuevo el profeta proclama la apostasía general en su pueblo. Algunos creen que se ha perdido
la introducción a este oráculo que aparece ex abrupto. Con amargura constata cómo los israelitas
en sus problemas van a buscar la solución a los “adivinos y hechiceros” (v.6), en contra de lo
prescrito en la Ley,10 poniéndose en el mismo plano que los filisteos e incircuncisos,11 cuando en
realidad sólo Yahvé podría ayudarlos; sin embargo, prescindiendo de El, han buscado alianzas
con los extranjeros (v.6). Y lo que más les ha engreído, creyéndose con aires de suficiencia para
abordar sus problemas sin contar con la tradicional ayuda de Yahvé, su Dios y protector, es que
1690
la nación se halla pletórica de riquezas. Su tierra está llena de plata y oro... Efectivamente, en
los reinados de Ozías y Joatán, debido al amplio desarrollo comercial, como consecuencia de
haber conquistado el puerto de Elat (el actual Aqaba) en el mar Rojo,12 la nación había entrado
en un período de prosperidad y opulencia, y, por otra parte, la victoria de Ozías sobre los árabes,
filisteos y demás pueblos circunvecinos, había logrado que le reconocieran su soberanía, ofreciéndole
sus respectivos tributos 13. Con todos esos recursos sólo se preocuparon, como Salomón,
de hacerse fuertes militarmente, al estilo de los pueblos idólatras, procurándose carros y
caballos (v.7), con lo que en realidad no se conseguía sino desmoralizar al pueblo, haciéndole
perder la confianza en Yahvé, el único que podría ayudarles en las situaciones críticas, al confiar
sólo en los medios humanos. Los profetas siempre se habían opuesto a esta acumulación de
medios materiales, porque veían en ellos el peligro de la deserción religiosa del pueblo, alejándose
de las cláusulas de la alianza del Sinaí.14 Los cultos orgiásticos y afrodisíacos extranjeros, por
su sensualismo acentuado, habían sido un peligro constante para el pueblo israelita, que encontraba
demasiado adusto al Dios del Sinaí. El contacto comercial con el extranjero y la opulencia
reinante bajo Ozías hicieron que la conciencia religiosa se fuera embotando, entregándose el
pueblo a los cultos del extranjero. Además, en esta época de buenas relaciones con el extranjero,
se habían establecido colonias comerciales en la tierra de Israel,15 y con ellas también, indudablemente,
los cultos exóticos. Esto era para el profeta una profanación de la Tierra Santa, la tierra
de Yahvé; por eso se queja de esta inundación de cultos extraños en el corazón del mismo pueblo
elegido: Está su tierra llena de ídolos, se prosternan ante la obra de sus manos (v.8).
El “día” del Señor (9-22).
9 Todo hombre será derribado, todo mortal humillado, no los perdonarás. 10Meteos
en los escondrijos de las peñas, escondeos en el polvo, ante la presencia aterradora
de Yahvé, ante el fulgor de su majestad (cuando venga a castigar la tierra)16. 11Las
altivas frentes de los hombres serán abatidas y será humillada la soberbia humana,
y sólo Yahvé será exaltado aquel día. 12 Porque llegará el día de Yahvé de los ejércitos
sobre todos los altivos y engreídos, sobre todo lo que se yergue, para humillarlo;
13sobre todos los altos y erguidos cedros del Líbano, sobre las robustas encinas de
Basan, 14 sobre todos los montes altos y sobre todos los altos collados, 15sobre las altas
torres y sobre toda muralla fortificada, 16sobre todas las naves de Tarsis y sobre
todos los monumentos preciosos, 17y será abatida la altivez del hombre, y la soberbia
humana humillada, 18y sólo Yahvé será exaltado aquel día, y desaparecerán todos
los ídolos. 19Meteos en los escondrijos de las rocas, escondeos en el polvo, ante la
presencia aterradora de Yahvé, ante el fulgor de su majestad, cuando venga a castigar
la tierra. 20Aquel día arrojará el hombre, entre topos y murciélagos, sus ídolos
de plata y sus ídolos de oro, que se hizo para adorarlos, 21para meterse en las hendiduras
de las rocas y en las anfractuosidades de las peñas, ante la presencia aterradora
de Yahvé y el fulgor de su majestad, cuando surja a castigar la tierra.
22Retiraos del hombre, cuya vida es un soplo17. ¿Qué estima podéis hacer de él?
Después de la defección general del pueblo a causa de su opulencia material, Dios va a intervenir
con un castigo que los haga entrar en razón, y el profeta presenta en tonos patéticos la manifestación
de la cólera divina, la cual es ya tan inminente que les urge a que busquen un refugio improvisado
(v.10). La altivez va a ser probada y humillada, y es comparada a los cedros del Líbano
por su altura y a las encinas de Basan por su robustez. Basan es la región de Galad al nordeste
1691
del Jordán, que pasaba por ser la región más frondosa. Sus encinas aparecen constantemente en
parangón con los cedros del Líbano para destacar la altivez y la robustez.18
También serán abatidas las naves de Tarsis (v.16), las de mayor tonelaje de la época,
porque hacían sus recorridos hasta el extremo occidental, España, donde generalmente se coloca,
relacionándola con la Tartesos griega, en la desembocadura de Huelva, adonde iban a recoger los
ricos minerales de estaño, plata y cobre, muy celebrados en la literatura clásica.19 Más tarde, la
expresión naves de Tarsis llegó a designar a los barcos de gran tonelaje en general, aunque hicieran
sus rutas hacia oriente, como las de Salomón, que iban hacia el mar Indico a recoger marfil y
perlas. Equivalía, pues, a nuestra denominación de “trasatlánticos,” o buques de gran tonelaje,
aunque sus viajes se desarrollen por otros océanos.20
El profeta enumera todo lo que entonces era símbolo de grandeza: cedros del Líbano, encinas
de Basan, naves de Tarsis, montes elevados, fuertes amurallados, para hacer ver que todo
esto desaparecerá como un soplo ante la manifestación de la cólera de Dios en el día de Yahvé,
es decir, el día de la intervención del juicio purificador de Dios. La expresión día de Yahvé aparece
ya en Amos21, quien le da el sentido de manifestación de un castigo general divino en contra
de la opinión corriente, que esperaba en el día de Yahvé la manifestación gloriosa de Dios consumando
el triunfo total sobre los enemigos de Israel. También en este pasaje de Isaías tiene este
sentido conminatorio de manifestación de la justicia divina, que busca la reparación y la purificación
de su pueblo por el dolor y el sufrimiento.
Consecuencia de la tragedia que se avecina será que todos abandonarán sus ídolos y lo
que más querían, dejándolo a las alimañas (v. 20) como estorbo, buscando su salvación personal
en los lugares más inaccesibles (v.21). Y el profeta termina con una amonestación paternal, llamándoles
al buen sentido para que no confíen en lo que no tiene nada de garantía ni solidez, es
decir, en el hombre, cuya vida es un soplo (v.22), y, como tal, despreciable y sin valor.
3. Castigo de Juda.
En el capítulo anterior, el profeta destacaba la defección religiosa del pueblo escogido; aquí
más bien se considera la situación desde el punto de vista social y político. Las costumbres disolutas
han dado al traste con la misma vida nacional en sus fundamentos. Faltan todas las clases
dirigentes que con su honestidad puedan dar estabilidad y base a la vida social. No sabemos si
esta situación fue a causa de una guerra o más bien de una revolución social. En 9:8ss, hablando
al Israel del Norte, se describe una anarquía social antes del desastre originado por la invasión
asiría. Quizá aquí estemos ante una situación similar. Algunos creen que este oráculo reflejaría la
época en que Acaz (c.735) era aún menor de edad y el poder estaba en manos débiles y desaprensivas.
La anarquía social en Jerusalén (1-7).
1 Porque he aquí que el Señor Yahvé de los ejércitos quitará a Jerusalén y a Judá
todo apoyo y sostén, el sostén de pan y el sostén de agua, 2el guerrero, el hombre de
armas, el juez, el profeta, el adivino y el anciano, 3el jefe de cincuenta, el grande y el
consejero, el mago y el hechicero. 4Y les dará mozos por príncipes, y reinará sobre
ellos el capricho, 5y las gentes se revolverán los unos contra los otros, cada uno contra
su compañero, y el mozo se alzará contra el anciano, y el villano contra el noble.
6Y se echarán unos sobre otros, diciendo en la casa de su padre: “Tú tienes un
1692
manto, ven y sé nuestro jefe, y toma en tus manos esta ruina.” 7Y el otro en aquel
día les responderá: “No quiero ser médico, y en mi casa no hay ni pan ni vestido; no
quiero ser jefe del pueblo.”
La situación va a ser trágica, ya que Dios va a quitar todos los medios de subsistencia (el sostén
de pan y el sostén de vino), juntamente con la desaparición de las clases representativas que puedan
salvar la situación (el guerrero, el hombre de armas, el profeta) “y todos los que tenían algún
relieve en la dirección del pueblo” (v.2-3), y en vez de ellos hará que se encarguen de los
resortes de la vida pública gentes sin solvencia (dará a los mozos por príncipes), cuya inexperiencia
e ineptitud harán crear un malestar social general, de tal forma que surgirá una revolución
fratricida, en la que las clases bajas se alzarán contra las personas más honorables de la sociedad
(v.5), y la anarquía será de tales proporciones que no faltarán quienes busquen desesperadamente
remediar tal situación en algún hombre que aún represente algo en la sociedad por su posición
social, para que se encargue de su dirección; pero las cosas llegarán a tal extremo, que las rehusará,
porque cree que ya no hay remedio; no podrá hacer de médico (v.6) para curar las llagas
sociales.
Es una idea muy arraigada en los orientales que el gobierno de los pueblos pertenece a las
clases de mejor posición económica y social. Y esto es lo que se refleja en el v.6: los que nada
tienen dirán al que todavía tiene algo de herencia: Tienes un manto, sé nuestro jefe; es decir, nosotros
no tenemos nada, lo hemos perdido todo en la catástrofe general y estamos totalmente
amiseriados. Tú aún tienes algo de herencia y un manto para vestirte, nosotros no tenemos más
que harapos. El manto, pues, es aquí signo de ascendencia social, de honorabilidad, que hará que
le respeten al que lo lleve, y así el interpelado aparece como un patricio en medio de la miseria
general de los heredados, pues figura todavía como propietario, ya que en la catástrofe ha conservado
la casa de su padre. Ese manto sería, pues, como la toga patricia, símbolo de la calidad
social de la persona, que la hacía apta y elegible para cargos públicos.22 Pero el interpelado se
niega a ello: No puedo ser médico, es decir, no puedo encargarme de salvar la situación, porque
estoy como vosotros, totalmente arruinado; no tengo medios para ello: en mi casa no hay pan ni
vestido (v.7), y, en consecuencia, es inútil que se me ponga como jefe del pueblo.
Conducta impía de la nación y de sus magistrados. (8-12)
8 Sí, Jerusalén está al borde de la ruina, porque sus palabras y sus obras todas son
contra Yahvé, para irritar los ojos de su majestad. 9 Sus frentes dan testimonio contra
ellos 23, pues llevan, como Sodoma, sus pecados a la vista, no los disimulan. Ay
de ellos, que se acarrean su propia ruina! 10 Bienaventurado el justo, porque habrá
bien, comerá el fruto de sus obras 11 Ay del impío, porque habrá mal, recibirá el pago
de las obras de sus manos 12 Mi pueblo está oprimido por caprichosos, y se han
apoderado de él exactores. Pueblo mío, los que te guían te descarrían, han torcido el
camino por el que ibas.
Continuando la idea de disolución general, quiere acusar el profeta a los verdaderos culpables,
precisamente los que estaban encargados de orientar al pueblo. La ruina es tan inminente, que el
profeta la ve como ya cumplida, pues la conducta de Jerusalén está desafiando e irritando los
ojos de Dios, que lo ven (v.8).24 La insolencia es tan general, que no se avergüenzan de sus prevaricaciones,
y están degenerados como en otro tiempo los de Sodoma. En realidad, el mal que
hacen caerá sobre ellos, porque Dios los va a castigar (V.9). A continuación encontramos dos
1693
versículos (10-11) que parecen estar fuera de contexto, ya que interrumpen la diatriba contra los
abusos de las clases dirigentes. Quizá sean dos versículos de otro capítulo, desplazados aquí por
algún escriba. El estilo de ellos recuerda algo la literatura sapiencial.25
Y la razón de tanta anarquía, como había dicho en el v.4, es que la nación será juguete de
gente inexperta,26 y el profeta, ante esta situación de anomalía, no puede menos de lanzar un grito
de angustia: ¡Pueblo mío! porque le ve desorientado, fuera de las rutas tradicionales religiosas,
inducido por la conducta pagana de sus magistrados.
Yahvé, acusador y juez (13-15).
13 Yahvé está en pie para acusar, se alza para juzgar a los pueblos.27 14Yahvé vendrá
a juicio contra los ancianos y los jefes de su pueblo, porque habéis devorado la viña,
y los despojos del pobre llenan vuestras casas, 15 porque habéis aplastado a mi pueblo
y habéis machacado el rostro de los pobres, dice el Señor, Yahvé de los ejércitos.
Ante este estado de prevaricación general, la manifestación del “día de Yahvé” es inminente, y,
en efecto, Dios va a surgir de un momento a otro para poner las cosas en su punto, para juzgar a
su pueblo, como lee la versión de los LXX. No hay ningún indicio cierto de que aquí se trate de
un juicio universal sobre todos los pueblos en el plan escatológico en que se ponen otros oráculos
profetices.
Si conservamos la lectura del texto hebreo, a los pueblos, podría ella explicarse sencillamente
de un juicio de Dios sobre los distintos pueblos, y en primer término sobre el pueblo israelita,
queriendo dar a entender cómo Dios vela por los derechos de su justicia en todos los pueblos
(v.13). Y los principales responsables, los ancianos y jefes del pueblo (v.14), serán los primeros
en comparecer ante el tribunal divino, ya que, encargados de guardar su viña, su pueblo elegido,
contra las incursiones de las fieras salvajes, los enemigos religiosos, no han hecho sino aprovecharse
de su posición social para devorar sus frutos. En el c.5, el profeta volverá con más detención
sobre este símil de la viña del Señor.28
Oráculo contra las mujeres de Jerusalén (16-24).
16 Dice Yahvé: Ya que tan engreídas son las hijas de Sión, y caminan con la cabeza
erguida, mirando con desvergüenza, pisando como si bailaran y haciendo sonar las
ajorcas de sus pies, 17 el Señor afeitará la cabeza de las hijas de Sión y decalvará
Yahvé sus frentes 29. 18 Aquel día quitará el Señor sus atavíos, ajorcas, redecillas y
lunetas, 19 collares, pendientes, brazaletes, 20 cofias, cadenillas, cinturones, pomos de
olor y amuletos, 21 anillos, arillos, 22 vestidos preciosos, túnicas, mantos, bolsitos, 23
espejos y velos, tiaras y mantillas. 24 Y en vez de perfumes, habrá hediondez, y en
vez de cintura, un cordel, y en vez de trenzas, calvicie, y en vez de vestido suntuoso,
saco, y en vez de hermosura, vergüenza.
El profeta se encara con la altivez y vanidad desmesurada de las mujeres de Jerusalén, quienes
también con su vida provocativa han contribuido a la desmoralización del pueblo, y se fija precisamente
en las de alta posición social, que centran su vida en torno a sus adornos y joyas. Es admirable,
desde el punto de vista psicológico, la descripción que nos hace Isaías; las presenta caminando,
con la cabeza, altiva, mirando de reojo a los transeúntes para captar la impresión que
les causa su paso gracioso e insinuante a pasitos ligeros y menudos, para hacer sonar las cadenillas
y joyas que llevan enlazadas a sus tobillos, como aún se ve entre las mujeres beduinas. En
1694
castigo de su insolencia y desvergüenza, Dios las va a castigar, privándolas de lo que más estiman,
su cabellera. Según el Código de Hammurabi, se rasuraba los rizos que caían sobre la frente
al que había violado a una sacerdotisa.30 Aquí se trataría de algo que se consideraba como ignominioso,
sobre todo para las mujeres; y, por otra parte, Dios las va a privar de todas sus joyas
y objetos de tocador, cuyo inventario se describe con todo detalle precisamente para ridiculizar el
lujo desmesurado de estas doncellas desvergonzadas. Quizá muchos de estos objetos tenían,
además del valor ornamental, un significado de amuleto religioso (v. 18-24).31
Duelo de Jerusalén por la muerte de sus hijos (25-26).
25 Y tus hombres caerán a la espada, y tus héroes en la batalla. 26 Sus puertas gemirán
y se lamentarán.
1 Os 3:5; Ez 38:16; Jer 48:47; 49,391 23:20; 30,24. — 2 Miq 3:12: “monte de la casa”; 1 Mac. 16:20: “monte del templo.” — 3 Ez
40,2; Zac 14:10. — 4 Joel 3:10. Marcial: “falx ex ense” (Ep. XIV 34), y Ovidio: “sarcula cessabunt, versique in pila ligones”
(Fast. I 699). — 5 Os 2:18; Zac 9:10; Is 9:5. — 6 Miq 4:4. — 7 Miq 4:1. — 8 Miq 5:1-6. — 9 Is 7:14-16. — 10 Dt 18:11. — 11 1
Sam 6:2; 2 Re 1:2. — 12 2 Re 14:22. — 13 Cf. 2 Crón 26:7. — 14 Dt 17:16; 20:1; Is 31:3; Miq 5:10; Zac 9:10. — 15 1 Re 20:34.
— 16 El último hemistiquio falta en el hebreo, pero lo trae el griego, y hay que suponerlo por el ritmo y por el paralelismo con los
v.1Q y 21, donde aparece ya en el hebreo. — 17 Literalmente: “en cuya nariz no hay más que un soplo de vida,” que puede faltar
en cualquier momento. El profeta quiere destacar la fragilidad del hombre, y, por tanto, la insensatez de confiar en él. — 18 Ez
27:5-6; Zac 11:2. — 19 Cf. Estrabón, Geog. III 2:3; 2:8; 2:9; 3:5; 4:2; IV 6:12; XI 2:19. — 20 Is 23:1. — 21 Am 5:18. — 22
Skinner, o.c., p.26; Condamin, Le livre d'Isaie (1905) 0.24; Pirot Klamer, hale (iQ47) p.32. — 23 “Sus frentes dan testimonio...”
es frase dudosa. Otros leen: “su parcialidad testifica contra ellos” (Skinner, o.c., 28). — 24 Hab M3. — 25 Skinner, o.c., 27. — 26
Ed 10:16. — 27 Los LXX y Peshitta leen “a su pueblo” (en vez de “a los pueblos,” lo que está mejor en el contexto). — 28 Miq
3:2; Am 2:7; Is 3:25. — 29 La palabra hebrea que traducimos por sus fuentes es de significado incierto. Así la traducen Gondamin,
Dillman y Stade. Otros, como Skinner, leen “sus vergüenzas.” Pero, por paralelismo con “las cabezas de las hijas de Sión”
del primer hemistiquio, creemos preferible la primera interpretación, que, por otra parte, es perfectamente inteligible en el contexto.
— 30 Código de Hammurabi art.127- — 31 Es difícil precisar bien el sentido de cada objeto. Muchos de ellos aparecen en
otras partes del Antiguo Testamento, mientras que otros sólo se registran en este lugar de Isaías. Cf. Prov 7:22; Jue8:26; Ex 39:28;
Ez 24:17; Is 41:34-10; Jer 2:32; Gen 41:42; Est 3:12; Gen 24:47; Zac 3:4; Rut 3:15; Prov 31:24; Zac 3:5; Job 29:14; Cant 5:7. —
32 En una moneda de plata de la época de Vespasiano, Judea aparece con un vestí do de mujer enlutada, sentada a los pies de una
palmera, con esta inscripción: “ludaea capta.” Cf. Knabenbauer, In Isaiam 4:1. — 33 Jer 14:2; Lam 1:4; 2:10; Job 2:13; Ts 47:1;
13:2,
Capítulo 4.
1 En aquel día, siete mujeres echarán mano a un hombre, diciendo: “Comeremos de
nuestro pan, nos vestiremos con nuestras ropas, pero que podamos llevar tu nombre,
quita nuestro oprobio.”
En el actual contexto, el profeta se refiere a Jerusalén, puesto que hasta ahora hablaba de las
“hijas de Sión,” pero no cabe duda de que el contexto cambia bruscamente respecto del anterior.
Seguramente, esta pequeña perícopa pertenecía a un fragmento errático, desplazado de otro oráculo
del mismo profeta Isaías. En todo caso, el sentido es claro. El profeta nos describe la desolación
de Jerusalén, personificada en una madre que ha perdido sus hijos y que llora desconsoladamente
por ellos, por sus defensores. Y las puertas, que en épocas de paz constituían el lugar
más bullicioso y animado en las ciudades de Oriente, porque allí se hacían las transacciones comerciales
y se recogían las noticias que llegaban con la entrada de las caravanas que venían de
diferentes sitios (la misma administración pública, los consejos de la ciudad, se tenían allí, como
hacían los griegos en el “agora”), llorarán al verse solitarias y desiertas, y la ciudad, simbolizada
en una matrona, se sentará a llorar su triste suerte.32 En las Lamentaciones de Jeremías encontramos
la misma expresión aplicada a la desolación de Jerusalén, saqueada por los invasores ba1695
bilonios.33
Y también a las mujeres les tocará su parte; ellas, que antes, en épocas de paz, se paseaban
insolentes por la ciudad vendiendo caros sus atractivos, ahora, ante la escasez de varones, se
disputarán los pocos que han quedado después de la catástrofe: siete mujeres echarán mano a un
hombre (el número siete indica aquí, como en otras partes, multitud); y para que no se resista a
aceptarlas por esposas, ellas se comprometen a proveerse de lo necesario en el vestir y comer:
comeremos de nuestro pan y nos vestiremos con nuestras ropas (v.1), obviando así las dificultades
económicas que pudiera presentar el ansiado marido.
En la Ley 1 se prescribía que el marido debía encargarse de alimentar y vestir a su mujer.
Las mujeres de Jerusalén, en cambio, en la desesperada situación en que se encuentran, renunciarán
a estos derechos elementales, y se comprometerán a proveer ellas solas a sus necesidades; a
ellas lo que les interesa es tomar marido para no soportar ante la sociedad el oprobio de no haber
encontrado marido y no poder dejar descendencia, que era lo más anhelado en una mujer hebrea
2. Así, pues, le dicen que sólo aspiran a llevar su nombre (v.1), es decir, a poder figurar en la sociedad
como esposas honorables suyas y poder encontrar algún amparo, ya que en la catástrofe
han perdido a sus familiares y se encuentran solas en la sociedad.
Gloria del resto salvado (2-6).
2 En aquel día será el renuevo de Yahvé gloria y ornato, y el fruto de la tierra, grandeza
y honra de los que de Israel quedaren. 3 Y los restos de Sión, los supervivientes
de Jerusalén, serán llamados santos, y todos los hombres inscritos entre los vivos de
Jerusalén, 4 cuando lave el Señor la inmundicia de las hijas de Sión limpie en Jerusalén
las manchas de sangre, al viento, al viento de la devastación. 5 Y Yahvé creará
sobre todo el lugar del monte de Sión, y sobre sus asambleas, una nube humeante de
día y un resplandor de fuego y llama durante la noche, pues sobre toda gloria habrá
un dosel. 6 Y una tienda como sombra de día, contra el calor, y como refugio y abrigo
contra el turbión y el aguacero.
Esta sección, cuya estructura poética es oscura, se presenta también como una pieza errática, que
sustancialmente parece llevar el sello isaiano, pero que probablemente en su principio pertenecía
a otro contexto. Es un cuadro luminoso en que se presenta la situación gloriosa de Jerusalén después
del juicio devastador de Dios, del “día del Señor.” Aunque parece tener algún viso de pasaje
apocalíptico, no obstante, las ideas fundamentales (salvación de un “resto,” purificación por el
juicio y regeneración de la naturaleza) caen dentro de la ideología de Isaías. 3
En la nueva era mesiánica, la naturaleza se asociará con una vegetación exuberante a la
felicidad de los “rescatados de Sión,” que han sido salvados de la purificación general del juicio
de Dios. Este es un lugar común en la literatura profética.4
La expresión renuevo o germen de Yahvé ha sido interpretada por algunos como sinónima
del Mesías, y así lo entendía la versión caldea. En Zac, la expresión germen se refiere a Zorobabel,
tipo del Mesías,5 y en Jeremías se llama al Mesías “retoño o germen de la casa de David.”
6 En el contexto de Is 4:2, en cambio, por paralelismo con la expresión fruto de la tierra,
parece que hay que excluir esta interpretación, pues se trata de la extraordinaria fertilidad o
“germinación” que hará surgir Dios en la tierra, sin que intervenga el trabajo del hombre: Dios
hará brotar milagrosamente toda suerte de frutos terrenales al servicio de los “rescatados de
Sión,” en contraposición al fruto de la tierra que brota normalmente por el cuidado del agricultor.
Y todo esto será para grandeza y honra de los rescatados de Israel (v.2), es decir, de los que
1696
han sido salvados de la catástrofe general; y serán llamados santos (v.3),7 es decir, separados,
consagrados a Dios, y, en consecuencia, puros en sus costumbres y vida (v.4), pues éste es el
sentido genuino de la palabra santidad en el A.T. El pueblo israelita, cuando la alianza, fue llamado
“santo,” es decir, segregado de todos los pueblos para ser ante Yahvé como “un pueblo
santo y sacerdotal,”8 es decir, vinculado de modo especial a Dios. Así, en el texto de Isaías, los
rescatados de Sión constituirán una nueva teocracia con un nuevo derecho de soberanía, y por
eso serán oficialmente inscritos entre los vivos, en el registro de la nueva Jerusalén, como ciudadanos
de la nueva teocracia. El libro de la vida era el registro en el que constaban todos los nombres
del pueblo fiel a Dios.9 Aquí, pues, estar inscrito entre los vivos equivale a estar destinado a
sobrevivir en el nuevo reino de Dios, con Jerusalén como capital.
Pero antes se impone una purificación de todos los pecados de las hijas de Sión (v.4),
quizá alusión a los pecados de frivolidad excesiva descritos en el capítulo anterior (algunos leen
“hija de Sión,” como sinónimo de Jerusalén en cuanto colectividad, como aparece en otros lugares
profetices),10 y de los crímenes cruentos (las manchas de sangre) n por medio del castigo de
Dios, al viento del juicio y de la devastación, o, como traducen otros, “con el espíritu de exterminio
y de juicio,” considerando al “espíritu” aquí como sinónimo de la energía divina, que interviene
enviando el castigo purificador.
Una vez terminada esta primera fase de purificación, se abre esplendoroso el horizonte
mesiánico, en el que los rescatados de Sión vivirán bajo la protección directa de Yahvé, repitiéndose
sobre la montaña de Sión el portento milagroso de la presencia visible de Dios en medio de
su pueblo santo bajo la forma de nube y fuego, que los cubrirá y protegerá como en otro tiempo
durante la travesía del desierto.12 Esa nube, símbolo de la presencia sensible de Yahvé sobre su
pueblo, formará como una especie de dosel (que los cubrirá y protegerá contra las inclemencias
del clima) sobre toda gloria. Aquí Israel es el “reino sacerdotal” por excelencia, digno de ser
cubierto con todos los honores, como las personas reales; por eso, toda gloria designaría aquí al
pueblo escogido, los “rescatados de Sión,”13 o al glorioso estado de cosas inaugurado en la nueva
era. Cuando la dedicación del templo por Salomón, la nube y el humo llenaban el recinto sagrado,
como símbolo de la presencia de Yahvé en medio de su pueblo 14; y durante la peregrinación
en el desierto, la “nube” ocultaba el tabernáculo de la alianza 15 sobre las alas de los querubines
que escoltaban el arca. En las futuras concentraciones religiosas (sobre los lugares de sus asambleas,
ν.6), la multitud de los que participen en ellas estarán al abrigo de los rayos solares y de
las tormentas (en contraposición al estado actual, en que se apiñaban en los atrios a la intemperie)
bajo la protección de una sombra misteriosa, símbolo de la presencia sensible de Dios en
su pueblo (v.5).
1 Ex 21:10. — 2 Gen 30,23; Judit 11:37. Grocio cita a Lucano: “da tantum nomen inane Connubii: li-ceat túmulo scripsisse, Catonis
Marcia” (Phar. 2:342). Cit. por Skinner, o.c., 31. — 3 Cf. Skinner, o.c., p.31. — 4 Cf. Am 9:13; Os 2:21s; Is 30:23; Jer 31:12; Ez
34:26-30; 36:345; Zac 9:16s; Mal 3:12; Jl 3:10; Lev 26:3-5; Dt 28:3-5:10-12. — 5 Zac 3:8; 6:12. — 6 Jer 23:5; 33:15. — 7 Cf. Is
40,14; 41:6; 42:12; Jer 2:3. — 8 Cf. Lev 11:44; 19:2; 20,26; 21:8; Dt 7:6; 14:2. — 9 Neh 7:64; Ex 32:325; Sal 59:28; Dan 12:1;
Lc 10:20; Fil 4:3; Act 13:48; Apoc 3:5; 13:8; 20:12-15; 23:19; 1 Sam 25:29; Ez 13:9. — 10 Cf. Jer 2:34; Ez 22:2ss. — 11 Cf. Is
32:15; 6:13; 1 Re 22:46. — 12 Ex 13:21; 40:34-38. — 13 Algunos autores creen que la expresión sobre toda gloria es adición
posterior al texto. Así Skinner, o.c., 33, y Condamin, o.c., 0.28. — 14 1 Re 8:10. — 15 Núm 9:15.
5. La Solicitud de Yahvé.
La parábola de la viña (1-4).
1 Voy a cantar a mi amado el canto de mi amigo a su viña: Tenía mi amado una viña
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en un fértil recuesto. 2 La cavó, la descantó y la plantó de vides selectas. Edificó en
medio de ella una torre, e hizo en ella un lagar, esperando que le daría uvas, pero le
dio agrazones, 3 Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad entre
mí y mi viña. 4 “¿Qué más podía yo hacer por mi viña que no lo hiciera? ¿Cómo, esperando
que diese uvas, dio agrazones?”
El profeta, para captar la imaginación popular, se presenta ante el pueblo como un rapsoda que
va a cantar en forma rimada y parabólica las relaciones amorosas entre Dios e Israel; y quizá la
ocasión del cántico fuese la celebración de las fiestas de la vendimia en otoño, cuando cundía el
bullicio popular en la fiesta de los Tabernáculos, que cerraba la época de recolección de frutos,
con la acción de gracias a Dios por ello por las lluvias otoñales para iniciar la sementera. Al
mismo tiempo, estas fiestas, durante las cuales vivían en el campo, en tiendas rústicas a base de
ramaje, simbolizaban la estancia de los israelitas en el desierto en tiendas de campaña. Quizá,
pues, el profeta, con motivo de esta afluencia de público y de los regocijos populares, expuso
esta alegoría de la viña, cuyo contenido serviría, más que ningún discurso, para expresar sus
ideas sobre las relaciones entre Yahvé e Israel.
Este trozo es, desde el punto de vista literario, una de las mejores piezas del libro de Isaías.
La imagen de la viña es un tópico en la literatura del A.Τ.1 El mismo profeta la explica, y quizá
en este fragmento se inspiró nuestro Señor para la parábola de los viñadores, si bien dándole
otro alcance doctrinal.2
El profeta comienza reclamando la atención del auditorio, prometiéndole una canción rimada
(v.1); así, con toda delicadeza se presenta como haciéndose eco de la situación decepcionante
de su amigo, con lo que excitaba más la imaginación del auditorio. El no es más que un
rapsoda que se encarga de hacer conocer la tragedia de su Amigo 3 despreciado; y presenta de tal
forma el asunto, que los oyentes mismos pronuncien espontáneamente el veredicto sobre la suerte
de la viña. Su Amigo ha plantado una viña en un terreno feraz y de la mejor calidad, y la plantó
de cepas escogidas, sin que faltara la labor previa de limpiarla de piedras y construir en ella
una torre de vigilancia contra las incursiones de las fieras y ladrones, como aún se ve en Palestina.
Puso todas las providencias para que diera frutos sazonados, y el resultado fue todo lo contrario.
Por ello, el profeta, en nombre del amigo, se dirige a sus oyentes (vecinos de Jerusalén y varones
de Judá, congregados allí quizá a propósito de la fiesta) y los invita a que den el veredicto
sobre la conducta a seguir sobre esta viña desagradecida y estéril, que no merece se invierta trabajo
y dinero en ella, pues nada de ello se ha ahorrado por parte del dueño.
Explicación de la parábola de la viña (5-7).
5 Voy, pues, a deciros ahora lo que haré de mi viña: Destruiré su albarrada, y será
ramoneada. Derribaré su cerca y será hollada. 6 Quedará desierta, no será podada
ni cavada; crecerán en ella los cardos y las zarzas, y aún mandaré a las nubes que no
lluevan sobre ella. 7 Pues bien, la viña de Yahvé de los ejércitos es la casa de Israel, y
los hombres de Judá son su amado plantío. Esperaba de ellos juicio, pero sólo hubo
sangre vertida; justicia, y hete aquí gritería.
El dueño de la viña, Yahvé, dejándose ya de lamentaciones, va a obrar como Juez justo. Puesto
que no le ha dado el fruto esperado, la va a derribar totalmente, porque no merece la pena que
nadie se preocupe de ella, ni se la preserve de las incursiones de los animales. Y como Dios (ahora
adelanta el profeta la explicación de la parábola, como hará en el v.7), incluso le negará las
1698
nubes propicias. La viña es Israel y Judá (particularmente esta última: los varones de Judá son su
amado plantío), y el dueño, Yahvé, que la protegió desde que comenzó a ser como nación en el
desierto. Nada le faltó para que cumpliera fielmente su misión de pueblo privilegiado entre todos,
dando ejemplo de su alta moral religiosa; pero, en vez de dar frutos de justicia y equidad,
lo que ha hecho es producir malestar social con opresiones injustas, sin excluir los homicidios,
y, en consecuencia, en vez de reinar la justicia, hubo gritería general por el dolor de los
oprimidos,4 sometidos a la crueldad de las clases directoras de la sociedad.
Amenazas contra los avaros (8-10).
Empieza una serie de invectivas, precedidas de un “¡ay!” contra los abusos de las clases
altas de la sociedad. Nada seguro se puede decir sobre la época de su composición. No pocos autores
suponen que este fragmento sería de la época inicial del profeta, hacia el 736, cuando, gracias
a la opulencia material, las conciencias se hallaban totalmente encallecidas y olvidadas de
sus deberes sociales.
8 Ay de los que añaden casas a casas, de los que juntan campos y campos, hasta acabar
el término, siendo los únicos propietarios en medio de la tierra! 9 A mis oídos ha
llegado, de parte de Yahvé de los ejércitos, que las muchas casas serán asoladas, las
grandes y magníficas quedarán sin moradores, 10 y diez yugadas de viña producirán
un “bath,” y un “jómer” de simiente sólo dará un “efah.”
La voracidad de las clases pudientes era insaciable. Poco a poco, con sus préstamos, iban apropiándose
todas las tierras cultivables, sin dejar nada de valor a las clases débiles (v.8).
Según la legislación tradicional mosaica, cada familia tenía su parcela que cultivar, y el
único propietario era Yahvé, señor de la Tierra prometida; y para evitar el acaparamiento
había ciertas disposiciones, de modo que cada familia conservara siempre su herencia 5, como
aparece en el caso de Nabot, que no quiso abdicar de sus derechos sagrados patrimoniales ante
las exigencias del mismo rey Acab 6. Dios no puede tolerar más estos abusos, y por eso el castigo
no se hará esperar; las casas serán asoladas, y la escasez va a adquirir proporciones desorbitadas
7.
Amenazas contra los disolutos (11-17).
11 Ay de los que se levantan con el alba para seguir la embriaguez, y se quedan por
la noche hasta que el vino los caldea 12 En cuyos banquetes hay arpas, cítaras, panderos,
flautas, vino, y no reparan en las obras de Yahvé ni ven las obras de sus manos.
13 Por eso mi pueblo será llevado cautivo, sin que se dé cuenta, y sus grandes serán
consumidos por el hambre, y su vulgo se secará de sed. 14 Por eso el “seol” ensanchará
su seno y abrirá su boca sin medida, y allá bajará su nobleza y su plebe, su
bullicio y alegría; 15 y el hombre será humillado, y abatidos los varones, y bajados
los ojos altivos, 16 y Yahvé de los ejércitos exaltado en el juicio, y el Dios santo santificado
en la justicia. 17 Corderos pacerán allí como en su pastizal y cabritos devorarán
las destruidas posesiones de los ricos.
Continúa la diatriba contra los que abusan de sus bienes entregándose a una vida disoluta y desenfrenada.
La consecuencia de todo será la cautividad y la destrucción total de las fuerzas vivas
de la sociedad. La muerte se relacionará en el pueblo escogido; por eso el seol, o la región subte1699
rránea adonde iban los muertos, en la que imperaba la tristeza y la nostalgia de la vida,8 aparece
personificado abriendo sus fauces insaciables (v.14). A su tiempo no han querido ver las obras
de Yahvé (v.12), es decir, la acción de Dios en la historia que va preparando el castigo, y que
culminará en la devastación y el destierro del pueblo.9
A causa de la deserción de las clases dirigentes, las clases bajas están en la mayor ignorancia
religiosa, y no comprenden el fin que les espera. Y cuando llegue la hora del castigo, Dios
será ensalzado en el juicio y santificado en la justicia (v.16), es decir, Dios, al ejercer la justicia,
hará que se reconozca su santidad y pureza, revelándose como “el Santo de Israel.”
Amenazas Contra Los Insolentes (18-19).
18¡Ay de los que se arrastran el pecado con cuerdas de falsedad y corno (con) coyundas
de carro! 19 Ay de los que dicen: Que venga pronto, que se dé prisa su obra, para
que la veamos; que venga, que llegue, acabe su plan el Santo de Israel, y sepámoslo
nosotros!
El tercer “¡ay!” es contra los frivolos y escépticos, que se burlan de la predicación de los profetas,
pues al no haber llegado el juicio contra ellos tantas veces anunciado, no creían en el día del
castigo, y no sabían que con su conducta estaban acelerando la llegada de tan fatídico día. Están
tan ciegos, que se han vinculado a un destino fatal y tiran por él, arrastrándole como si lo hicieran
con las cuerdas de un carro (v.18),10 y desafían impúdicamente a Dios para que descargue de
una vez su ira, acabe su plan y así sean testigos del “día del castigo,” tantas veces anunciado por
los profetas. Dios, en su misericordia, iba dando prórrogas al castigo, y esto era interpretado como
impotencia de Dios y alucinación de los profetas.
Amenazas contra los autosuficientes (20-24).
20 Ay de los que al mal llaman bien, y al bien mal; que de la luz hacen tinieblas, y de
las tinieblas luz; y dan lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo 21 Ay de los que
son sabios a sus ojos y son prudentes delante de sí mismos 22 Ay de los que son valientes
para beber vino, y fuertes para mezclar licores; 23 de los que por cohecho dan
por justo lo impío, y quitan al justo su justicia 24 Por eso, como la lengua de fuego
devora el rastrojo y como se consume en la llama la hierba seca, su raíz se tornará
podredumbre, y su flor será arrebatada como el polvo. Porque han rechazado la
Ley de Yahvé de los ejércitos y han despreciado la palabra del Santo de Israel.
La última conminación se dirige a ciertos sofistas de su época que se permitían jugar con los
conceptos morales, sin hacer mayor distinción entre sus principios. Eran los esprits forts de la
época, que sembraban con su escepticismo la confusión intelectual entre el pueblo. En realidad, a
ellos sólo les movía su utilidad y egoísmo. Quizá el profeta se refiera a los magistrados civiles y
a los falsos profetas y sacerdotes, que no daban beligerancia a Isaías para que los orientara en su
conducta.
Quizá estos mismos son los que en los v.22-23 son recriminados por su gula exorbitada,
pues se muestran muy habilidosos y valientes en mezclar licores (v.22), y, en cambio, abdican de
sus deberes fundamentales al administrar la justicia, dejándose llevar por la avaricia y la parcialidad
(v.23). La glotonería y la embriaguez no sirven sino para embotar sus facultades y sus conciencias.
12 Se acerca el día en que recibirán su merecido y serán exterminados totalmente, como
la lengua de fuego devora el rastrojo, y quedarán sin descendencia.13
1700
Anuncio de la Invasión del Reino del Norte, Israel (25-30).
Con el v.25 se inicia un nuevo fragmento, según la generalidad de los críticos, en el que
se predice de modo dramático la inminencia de la invasión asiría del reino del norte, Israel, aunque
no se nombre expresamente al invasor.14
25 Por eso se ha encendido la cólera de Yahvé contra su pueblo, y ha tendido contra
él su mano, y le ha herido, y tiemblan los montes, y yacen los cadáveres en medio de
los caminos como estiércol. Mas con todo esto no se ha aplacado su cólera, y su mano
queda tendida. 26 Alzará pendón a gente lejana y llamará silbando a los del cabo
de la tierra, que vendrán pronto y velozmente. 27 No hay entre ellos cansado ni vacilante,
ni dormido ni somnoliento. 28 No se quitan de sus lomos el cinturón, ni se desatan
la correa de sus zapatos. Sus flechas son agudas, y tensos sus arcos. Los cascos
de sus caballos son de pedernal, y las ruedas de sus carros un torbellino. 29 Su bramido
es de león; ruge como cachorro de león, gruñe y arrebata la presa y se la lleva,
sin que nadie pueda quitársela. 30 Habrá aquel día un bramar contra ellos, como
bramido del mar; mirarán a la tierra, y no habrá sino tiniebla y tribulación; se oscurecerá
la luz en los cielos.
El profeta describe vigorosamente el avance fulminante de un ejército invasor que no nombra, y
presenta a las montañas temblando y sembradas todas de cadáveres (v.25), quizá aludiendo a un
terremoto que haya precedido a la invasión; pero la cólera de Dios no se da por satisfecha, y por
eso su mano queda aún tendida, dispuesta a descargar de nuevo. Y en efecto, como el apicultor
con el silbido hace salir las abejas de sus colmenas, así El llamará silbando a los del cabo de la
tierra (v.26),15 levantando a su vez una bandera como punto de concentración para llamar a las
armas al ejército invasor,16 que vendrá desde el extremo de la tierra (Asiría y Babilonia),17 respondiendo
como una máquina de guerra perfecta; sus soldados, llenos de vigor y embriagados de
triunfo, ni siquiera se tomarán el necesario reposo (v.27-28), y, siempre con los arcos tensos,
avanzarán sin detenerse, mientras que la caballería con sus carros volará sobre las rocas calcáreas,
sacando chispas con sus cascos (v.28) y arrollándolo todo como un torbellino.
La descripción es ideal, pero refleja la impresión que a aquellas pequeñas naciones daba
el ejército imperial asirio en sus avances fulminantes 18. Precisamente los asirios habían puesto
de moda el uso combinado de la caballería y de los carros acorazados en las batallas, como se ve
en los bajo relieves asirios. El ν.30 es considerado por algunos como adición posterior, y tendría
por sujeto a Yahvé, que se encargaría de castigar a los mismos invasores asirios para que no exterminaran
totalmente al pueblo elegido,19 como parece indicarse en el verso anterior: sin que
nadie pueda quitársela.
1 Cant 8:1 iss; 4:16; 5:1; 6:2.11, etc. — 2 Cf. Mt 21:41. — 3 Difieren los autores al traducir el versículo. Así, unos leen: “mi cántico
de amor” (Skinner), “el canto de su amor” (Condamin), “mi cántico amistoso” (Cersoy). — 4 En el texto hebreo hay un juego de
palabras: “esperaba juicio (mishpat), pero sólo hubo sangre vertida (mishpaj), justicia (tsedaqah), y hubo sólo gritería” (tsa'qah).
— 5 Lev 25:8ss; Núm 28:11.36; Dt 27:17. — 6 1 Re 21; cf. Miq 2:2.9; Am 2:6s. — 7 Es difícil determinar el valor de las medidas
que da el texto, pues la metrología bíblica varía mucho según los tiempos. El bath era una medida de líquidos, y equivalía a la décima
parte del jómer o kor (Ez 45:11.14); efah, medida de sólidos equivalente al bath. Se suele calcular el bath de 36:44 litros
(Denzinger) a 39,348 (Barrois). CF. RB (1931) 212. — 8 La morada del seol de los hebreos es similar al arallu asiro-babilónico y
al hades de los griegos, en cuanto que es una región oscura donde los muertos llevan una vida lánguida de^sombras (los rephaim),
dependiendo de los vivos en su alimentación; dentro de esa región hay jerarquía (Is 14:95), según la clase social a la que hayan
pertenecido en vida (Os 13:14 ; Jon 2:2; Cant 8,6; Prov 1:12; 30:16). — 9 Cf. Am 6:5-6; Is 10:12; 28:21; Sal 28:5; Os 4:6. Los
v.15-16 son considerados por algunos como interpolados por razones rítmicas. — 10 El texto griego lee “con cuerdas largas” en
vez de “con cuerdas de falsedad” del texto hebreo (v.18), y quizá está mejor en el contexto. Las palabras hebreas son muy pareci1701
das. — 11 Cf. Is 28:95; 29:145; 30:1.ios; 37,is. — 12 Prov 31,4s. — 13 En la inscripción de Eshmunezar, rey de Tiro, se dice a los
que violen su tumba: “Que no tenga (el que entre) raíz abajo ni fruto arriba” (cf. Skinner, o.c., p.41). — 14 Muchos creen que este
fragmento formaba parte de 9:7-10:4, donde encaja perfectamente en el contexto. Así Gondamin, o.c., p.38; Skinner, o.c., p.42. —
15 Cf. Is 7:18; Zac 10,8. — 16 Cf. Is 13:2; 18:3; 30:17; 11.10.12. — 17 Cf. Is 41:9 — 18 Cf. Is 21:15; 22:6s; 36:8; 37:33. — 19
Condamin pone 5:26-30 después de 7:20; y cree que se trata de la venganza de Yahvé — contra los invasores asirios.
6. Teofania en el Templo.
En este capítulo, según común opinión, se narra la visión inaugural en la que Isaías fue solemnemente
investido como profeta de Yahvé, al estilo de las vocaciones de Jeremías y Ezequiel 1.
Así, pues, cronológicamente este capítulo debiera estar al principio del libro canónico de las profecías
de Isaías. Pero quizá esta teofanía fue hecha pública por el profeta después de transcurridos
varios años de su ministerio. Algunos creen que ocupa el lugar actual como introducción a la
colección de oráculos, comprendidos en el llamado “Libro del Emmanuel” (c.7-9). En todo caso,
sabemos que la disposición actual de los oráculos es irregular y no responde siempre a su sucesión
cronológica, ni aun lógica muchas veces.
La Aparición de Yahvé (1-7).
1 El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre su trono alto y sublime,
y sus haldas henchían el templo. 2 Había ante El serafines, que cada uno tenía
seis alas: con dos se cubrían el rostro y con dos se cubrían los pies, 3 y con las otras
dos volaban, y los unos y los otros se gritaban y se respondían: Santo, Santo, Santo,
Yahvé de los ejércitos! Está la tierra llena de su gloria. 4 A estas voces temblaron las
puertas en sus quicios, 5 y la casa se llenó de humo. Yo me dije: “¡Ay de mí, perdido
soy, porque, siendo un hombre de impuros labios, que habita en medio de un pueblo
de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Yahvé de los ejércitos!” 6 Pero uno
de los serafines voló hacia mí, teniendo en sus manos un carbón encendido, que con
las tenazas tomó del altar, 7 y, tocando con él mi boca, dijo: “Mira, esto ha tocado
tus labios; tu culpa ha sido quitada, y borrado tu pecado.”
Yahvé se aparece al profeta en su trono deslumbrante de gloria, rodeado de su escolta de honor,
los ángeles; tan memorable teofanía tuvo lugar en el año de la muerte del rey Ozías, es decir,
hacia el 740.2 Como un rey oriental, Yahvé viene envuelto en un manto con gran vuelo, signo de
majestad, con el que llena la superficie del templo de Jerusalén en un momento en que quizá estaba
Isaías en oración.3 El templo era símbolo de la presencia real de Yahvé en su pueblo, como
antes lo había sido el tabernáculo del desierto 4. En su escolta de honor figuraban unos seres misteriosos,
que el profeta llama serafines5, de forma humana, considerados como seres celestiales.
En la Biblia no vuelven a mencionarse estos seres angélicos con dicho nombre de serafines. En
la aparición están volando, como formando un cortejo de honor al trono del Señor,6 y con dos de
sus alas se cubren la faz en señal de respeto y veneración, pues nadie podía mirar cara a cara a
Dios,7 y con otras dos se cubren sus pies, probablemente eufemismo para indicar la desnudez de
su cuerpo, y, por fin, con las otras dos se sostienen en el aire, formando como un halo de gloria y
majestad. Y a coro responden: Santo, Santo, Santo, lo que es un semitismo para indicar una cosa
santísima. 8 No hay, pues, razón para ver aquí, con algunos teólogos antiguos, la revelación de
las tres personas de la Santísima Trinidad. Dios es el Santo, el puro, el incontaminado por excelencia,
trascendente sobre toda común criatura, y este carácter de deslumbrante pureza es lo que
1702
hace temblar a Isaías, lleno de imperfecciones, y que habita además en un pueblo sumamente
materialista e imperfecto (v.4). Está la tierra llena de su gloria, es decir, toda la tierra se halla
penetrada del sello de la santidad de Dios, ya que la gloria no es sino la manifestación de la
misma santidad íntima de Dios, que en la literatura del A.T. es lo característico de la divinidad.
Ante este grito de alabanza temblaron las puertas en sus quicios (v.4), y la casa se llenó
de humo, “el humo de la gloria de Dios.” 9 Dios se había manifestado a los padres en el desierto
durante el día en forma de nube, y en la noche en forma de fuego para guiarlos. Aquí más bien se
destaca la trascendencia de Dios, quien para no dejarse ver totalmente se rodea de una nebulosa
humeante, precisamente para que el profeta recobre confianza y no desmaye ante la presencia del
Señor. Cuando la dedicación del templo, también la “gloria de Dios” se manifestó en forma de
una nube de humo que llenó todo el recinto.10
El profeta quedó aterrado ante la majestad de Dios, y su primera reflexión fue que estaba
condenado a muerte, porque había visto al Rey, Yahvé de los ejércitos. Era corriente entre los
israelitas creer que nadie podía ver a Dios sin morir al instante n. Esta creencia general impresionó
particularmente al profeta, porque se reconocía de labios impuros, es decir, impuro, pecador,
y por otra parte se hallaba particularmente solidarizado con un pueblo también de labios impuros.
Isaías hubiera querido alternar con los serafines en la proclamación de la santidad de Dios,
pero sus labios se hallaban contaminados con mil impurezas, como su pueblo.
Ante esta confesión de su propia impureza, uno de los serafines tomó un carbón encendido
y le purificó los labios, limpiándole simbólicamente de todo lo profano que pudiera separarle
de la santidad de Dios. Y, sobre todo, lo simbólico de esta acción está en función de la misión de
predicar el mensaje de Dios a su pueblo, que se indicará a continuación (v.8). El fuego era símbolo
de purificación y de santidad 12, por aquello de que purifica los metales preciosos en el
crisol, separando las escorias. Isaías, purificado, era apto para la misión que Dios le iba a confiar,
sirviendo de transmisor del mensaje de Yahvé a su pueblo (v.7).
Misión del Profeta (8-10).
8 Y oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré y quién irá de nuestra parte? Y
yo le dije: Heme aquí, envíame a mí. 9 Y El me dijo: Ve y di a ese pueblo: Oíd, y no
entendáis; 10 ved, y no conozcáis. Endurece el corazón de ese pueblo, tapa sus oídos,
cierra sus ojos. Que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni entienda su corazón,
y no sea curado de nuevo.
El profeta hasta entonces no había oído la voz de Dios, aunque había sentido sensiblemente su
presencia. Una vez que sus labios han sido purificados, se ha hecho digno de entablar diálogo
con la misma divinidad, lo que antes no era concebible. Dios aparece en toda su majestad rodeado
de su corte celestial con los serafines y ángeles como guardia de corps, y entabla un diálogo
en alta voz con ellos: “¿A quién enviaremos de nuestra parte?” No es una locución mayestática,
sino coloquial y confidencial, como un rey que trata los asuntos de su reino en un consejo de ministros.
Hay una necesidad urgente de predicar un mensaje divino al pueblo escogido, pero es
necesario encontrar antes la persona apta que vaya como embajador extraordinario a ganar para
Dios a aquel pueblo descarriado. En realidad, la razón última de esta embajada es procurar la
gloria de Dios en esa tierra de Israel, y sus servidores los ángeles están muy interesados en la
manifestación plena de esta “gloria de Dios,” no sólo en el templo, sino en la vida cotidiana y
real de Israel; por eso Dios les habla en términos confidenciales: ¿A quién enviaremos de nues1703
tra parte? 13 Algunos Padres han visto en este plural coloquial de nuestra parte (“nobis” de la
Vg) una alusión al misterio de la Trinidad. Pero el contexto se explica perfectamente atribuyendo
ese plural a los diversos personajes que intervienen en la visión, sin acudir a nociones que
parecen extrañas al autor sagrado en el tiempo de la composición de su libro. Aunque en la locución
anterior Dios no se dirigía directamente al profeta, sin embargo, el coloquio con sus ministros
lo tiene en alta voz, para que oiga el mismo Isaías y se ofrezca espontáneamente al cumplimiento
de esta misión de reavivar la sensibilidad religiosa del pueblo escogido. Por eso el profeta,
atónito ante este espectáculo y movido de su profundo espíritu religioso, que le impulsaba a
misiones espiritualistas, se ofrece al punto al Señor: Heme aquí, envíame. En realidad no sabía
qué misión concreta se le iba a confiar, aunque intuía que se trataba de una acción de apostolado
entre su pueblo.
La respuesta está llena de la generosidad y del incondicional abandono en las manos de
Dios que caracteriza al gran profeta, el cual nunca protestará de la pesada carga de su misión,
como lo hará el afectivo Jeremías, si bien las circunstancias históricas en que se desenvolvió la
vida del profeta de Anatot fueron mucho más trágicas y amargas, e incluso su misión más ingrata,
ya que ante el pueblo aparecerá siempre como traidor a los intereses nacionales de su patria.
Es interesante notar cómo Dios habla de este pueblo, sin decir, como otras veces, “mi pueblo,” lo
que parece insinuar un dejo de irritación y de desengaño respecto de la conducta de aquel pueblo
que en realidad había escogido como suyo entre todos los pueblos, como instrumento de sus designios
providenciales históricos. Así, pues, la expresión este pueblo tiene un matiz de desprecio,
como una especie de queja amarga de un amor que no ha sido correspondido. La expresión puede
aplicarse a los habitantes de Jerusalén, pero probablemente se refiere a los habitantes del reino
de Judá, quizá sin excluir a los del reino del norte 14. Se refiere a la nación en su estado religioso
actual. La misión encomendada al profeta es desconcertante: su predicación va a ser la ocasión
del endurecimiento de corazón de su pueblo.
Las frases son de lo más duro: di a ese pueblo: endurece el corazón de ese pueblo. para
que no vea y sea curado (v.10). A primera vista, estas expresiones parecen indicar que la misión
de Isaías era precisamente insensibilizar espiritualmente al pueblo escogido, lo que no es concebible
dentro de los designios misericordiosos de la economía divina. Es aquí cuando es necesario
acudir a los géneros literarios de los escritores orientales, que no entienden los medios tonos; para
dar más vigor a la frase y causar más impresión en los lectores, presentan las cosas con vivos
contrastes violentos, buscando las frases absolutas, la paradoja, para resaltar más la idea principal.
Es el procedimiento literario que también empleará el Salvador al predicar a las muchedumbres
para grabarles más sus ideas: “el que no odiare a su padre y a su madre. no puede ser mi
discípulo” (nosotros matizaríamos más el pensamiento: el que antepone los intereses familiares y
de sangre a los intereses espirituales no es apto para el reino de los cielos); “si alguno te hiere en
la mejilla, vuélvele la otra”; “si te piden tu manto, dales la túnica” (naturalmente, estas frases no
podemos entenderlas al pie de la letra, sino que lo que quiere Jesús inculcar es el espíritu de
mansedumbre y de desprendimiento en aras de los superiores intereses espirituales, que siempre
deben privar entre los ciudadanos del nuevo reino).
Indudablemente que, en el caso de Isaías, Dios quiere ante todo la conversión de Israel, y
precisamente la misión histórica de Isaías será una llamada constante al arrepentimiento y al retorno
a Dios. Dios no puede desear de un modo directo la perdición del pueblo escogido, pues
esto es contrario a su santidad. El autor sagrado, al describir los hechos, suele prescindir de las
causas segundas, y por ello asigna como causa inmediata de todos los acontecimientos la intervención
directa de Dios. Es la concepción teocrática de la vida. En esas frases absolutas de tipo
1704
oriental no podemos exigir la precisión de conceptos de la teología escolástica, que distingue entre
decretos permisivos y, decretos impulsivos positivos. Así, Dios en su providencia ordena cosas
que accidentalmente pueden tener malas consecuencias por diversas circunstancias, al margen
del fin principal buscado. La mentalidad semita no gradúa la diversa causalidad divina, y,
puesto que El es omnipotente e inmensamente sabio, esas cosas son queridas e intentadas por
Dios, cuando en realidad son sólo permitidas por razones que se escapan a nuestra inteligencia
limitada. Así, el hagiógrafo dice que Dios endureció el corazón del faraón, cuando en realidad lo
que hizo fue que le dio una ocasión para que el faraón mostrara su obcecación y endurecimiento
del corazón. En el Pater noster leemos: “ne nos inducas in. tentationem,” que solemos traducir
muy bien por no “nos dejes caer en la tentación.” Así Isaías prevé los males, en concreto el endurecimiento
espiritual que se va a seguir en el pueblo israelita con ocasión de su predicación.
Al predicar al pueblo, el profeta busca en realidad su bien espiritual, pero Israel será libre
de seguir sus predicaciones. Dios prevé ya la acogida desfavorable que los israelitas van a hacer
de esta predicación ordenada por Dios, y por eso, en la amargura de su corazón, como despechado
por tanta ingratitud, dice al profeta que predique para que aquéllos no tengan disculpa y pueda
descargar ya el peso de su justicia. Así, pues, en frases exageradas y violentas se expresa el resultado
de su predicación, que ha sido ocasión de la apostasía del pueblo. Israel será en realidad el
responsable del castigo que la justicia divina está dispuesta a enviar por tanta ingratitud 15. “Como
los alimentos buenos en sí pueden resultar perjudiciales a un estómago enfermo, indispuesto,
así las cosas espirituales más buenas y santas suelen tener efectos contraproducentes para las almas
mal dispuestas. Así, el rechazar las gracias no sólo los hace indignos de gracias ulteriores,
sino que suele confirmar la voluntad en el mal” 16. En el caso de Isaías, si el pueblo se pierde, es
por su causa. Dios prevé la mala acogida que éste dará a las palabras de Isaías, desdeñando al
Santo de Israel, y ve como resultado de la predicación de aquél la mayor obcecación de los israelitas,
que se confirmará con ocasión de la intervención del profeta. Israel se condenará, pues, a sí
mismo, justificando así totalmente la intervención justiciera de Dios. En ese sentido, el endurecimiento
de Israel entra dentro de las intenciones de Dios: ve. para que no entienda y sea curado,
o, según otros, “no sea que entienda y sea curado”; como si dijera: no sea que me estropee mis
planes de castigarle como se merece. La expresión tiene un aire antropomórfico, y se hace hablar
a Dios como un juez que tiene decidida la sentencia y tiene miedo de que ésta tenga que ser revocada;
y por eso quiere dar una ocasión para que la medida de la culpabilidad del reo se colme
totalmente y pueda descargar con mano dura e inflexible. En realidad, en el fondo del contexto se
trata de una explosión de un corazón amargado y desengañado por tanta ingratitud; pero lo que
desea es ante todo mostrar su benevolencia y misericordia para el Israel descarriado, aunque éste
por su conducta se hace más bien digno de la intervención de la justicia divina. Y, en realidad, la
abundancia de gracias de Dios concedidas al pueblo elegido será precisamente la causa de que el
juicio de Dios vaya a ser más severo que con los otros pueblos, y en este sentido Dios envía a
Isaías con una última llamada al arrepentimiento, una gracia más, que, al ser despreciada, será
causa de un mayor castigo divino: vete. para que no entiendan. Nosotros diríamos “predica, aunque
no te harán caso; pero así no tienen excusa, y yo descargaré mi justicia implacablemente sobre
ellos.” Los autores del Ν. Τ. recalcarán mucho esta doctrina de que la Ley y el trato favorable
dado por Dios a Israel fue la causa — en cuanto que fue la ocasión de mostrar su mayor desagradecimiento
— de su reprobación.17
Desolación de Judá (11-13).
11 Y yo le dije: ¿Hasta cuándo, Señor? y respondió: Hasta que las ciudades queden
1705
asoladas, sin habitantes, y las casas sin moradores, y la tierra de labor hecha un desierto.
12 Hasta que Yahvé arroje lejos a los hombres y sea grande la desolación en la
tierra. 13 Si quedare un décimo, será también para el fuego, como la encina o el terebinto,
cuyo tronco se abate.
El profeta está atemorizado ante el anuncio de ese endurecimiento del pueblo, y lanza un grito de
angustia: ¿No habrá esperanza de conversión algún día? ¿Hasta cuando durará esta situación y
esta sentencia divina? ¿No hay esperanza de conversión del pueblo? La respuesta del Señor es
desoladora: no se volverán a Dios hasta que sientan plenamente el peso de la justicia divina, trayendo
la desolación y la muerte en el país (v.1:1).18 La nación va a quedar, después de la intervención
de la justicia de Dios, como queda el tronco de un árbol después de la poda. Los autores
no están concordes al interpretar este verso, pues unos ven aquí una destrucción total, como un
árbol cortado; pero otros, en cambio, fijándose en la última frase del TM (que falta en los LXX,
y por eso muchos suprimen como glosa), traducida por la Vg: “Semen sanctum quod steterit in
ea,” creen que aquí se alude a la idea de un “resto” salvado que aparece ya en Amos y después se
convirtió en lugar común de la literatura profética. En ese caso, el profeta, en medio de aquella
devastación general, ve un rayo de esperanza, ya que, aunque Israel sea tratado duramente, como
el árbol sometido a despiadada poda, al fin volverá a retoñar y a dar una “simiente santa.”19 En el
capítulo siguiente encontraremos el nombre de un hijo de Isaías, Sear-Yasub (“un resto volverá”),
como símbolo de esperanza de resurrección para el pueblo, y así esta idea se adaptaría bien
a la esperanza del retoño de la “simiente santa.”
1 Cf. Ez 3:1s; Jer 1:4ss. — 2 A Ozías se le llama también Azarías (2 Re 15). Las inscripciones cuneiformes hablan de un “Azrijah
Jaudaa,” pero parece que es un rey de Jadí (cf. Siria: Κατ 218, 2.a ed.). — 3 1 Re 22.I9SS. — 4 Lev 26:11. — 5 Se discute la etimología
de serafín. La mayor parte de los autores la relacionan con la raíz hebrea saraf (“quemar, purificar con fuego”), porque
purifican con un carbón ardiente los labios de Isaías (cf. el asirio Sarrapu, “el que quema,” nombre aplicado al dios Nergal, dios
del fuego). Otros acuden a la raíz árabe sarufa (ser noble, elevado; de ahí serif); no faltan quienes lo relacionen con el egipcio seréf
o Sefr, grifo guardián de las tumbas. Las serpientes que con sus mordeduras producían ardores de fiebre a los israelitas son
llamadas serafim (Núm 21:6-9; Dt 8:15). En Is 14:29 y 30:6 se habla del “Saraf volador,” quizá alusión a algún mito. La saraf de
bronce aparece en el templo en tiempos de Isaías (2 Re 18:4). Cf. Skinner, o.c., p.46. — 6 Algunos códices leen Yahvé en vez de
Adonay. — 7 Ex 3:6; 1 Re 19:13. — 8 Jer 7:4; 22:29; Ez 21:32 (Vg 27). — 9 Ap 15:8. — 10 2 Re 8:10-11. — 11 Cf. Ex 33:20;
Jdt 13:22. — 12 Cf. Núm 31:23; Mal 3:2. — 13 1 Re 22:19; Sal 89:7; 51:13-15. — 14 No es rara esta designación despectiva del
pueblo por parte de Dios en el libro de Isaías: cf. 8:6-12; 9:16; 28:11-14; 29:135; véase Driver, o.c., 49. — 15 En este sentido hay
que entender la famosa frase del evangelista: “ut videntes non videant et audientes non intelligant,” al hablar del uso de las parábolas
por parte de Jesús. — 16 Auge, o.c., 113. — 17 Mt 13:145; Act 16:26; Rom 11:8; Jn 3:19. — 18 Algunos creen que los
v.12-i3 son glosas o ampliaciones del profeta, porque en el v.12 está el verbo en tercera persona con el nombre de Yahvé. En ese
caso, las palabras del Señor terminarían con el v. 11. Y lo demás sería amplificación del profeta para explicar el pensamiento. —
19 El texto hebreo dice: “una simiente santa (saldrá) de su tronco”; pero falta en los LXX, y por eso quizá sea glosa. Manteniendo
esta lección, el sentido podrá ser: la nación israelita retoñará como una encina que se ha dejado abatida y cortada, pero que de su
tronco surgen aún retoños que pueden convertirse en árboles; cf. Ez 5:1-4; Zac 13:8.
7. Isaías y Acaz.
Con este capítulo se abre una serie de profecías habidas en los años del reinado del impío Acaz,
rey político que sólo tiene puntos de mira humanos. La sección 7:1-8:15 refleja la actividad de
Isaías durante la invasión siro-efraimita, momento de gran crisis para la nación judía. La actitud
de Acaz es un índice de esa obcecación y endurecimiento, opuesto a la predicación del profeta,
predicha en el capítulo anterior. La invasión del reino de Judá por parte de los árameos y los del
reino del norte tenía por fin deponer a Acaz, que se resistía a formar parte de la liga contra los
asirios tramada por aquéllos. Los edomitas y filisteos colaboraron con los invasores por su odio
1706
ancestral contra Judá 1.
Isaías ofrece incondicionalmente a Acaz la ayuda de Dios, pero esto en el supuesto de
que abandone sus secretas negociaciones diplomáticas con Asiría, por los graves peligros de tipo
religioso que traería la intervención de este inmenso imperio. Todo pacto con pueblos paganos
era considerado por el profeta como una deslealtad y una desconfianza para con Yahvé, el Dios
nacional. Después de muchas discusiones y tentativas, Isaías abordó al rey inesperadamente y le
ofreció, como prueba que Dios estaba a su lado y garantizaba los puntos de vista por él expresados,
un signo portentoso, un verdadero milagro. La respuesta de Acaz fue escéptica y ladina: No
quiero tentar a Dios. Entonces el profeta lanzó una profecía conminatoria enigmática, esperando
hacer impresión en el ánimo del rey; es la profecía del “Emmanuel,” llena de inmediatos presagios
sombríos, pero que al mismo tiempo abre un horizonte de esperanza para los fieles yahvistas,
el “resto fiel” que se salvará de la catástrofe, y transmitirá la antorcha de las esperanzas mesiánicas
a las futuras generaciones.
La invasión (1-2).
1 Y sucedió en tiempo de Acaz, hijo de Joram, hijo de Ozías, rey de Judá, que Rasín,
rey de Siria, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para
combatirla, pero no pudieron tomarla. 2 Y tuvo noticia la casa de David de que Siria
y Efraím se habían confederado, y tembló su corazón y el corazón del pueblo, como
tiemblan los árboles del bosque a impulsos del viento.
Es una introducción cronológica para enmarcar históricamente la profecía. Los datos en su última
parte parecen depender de 2 Re 16:5, y por eso pueden ser obra de algún redactor posterior
que los habría tomado de aquel libro para esclarecer más la situación histórica a sus lectores. 2 El
redactor da un resumen de la campaña de los expedicionarios, haciendo sólo resaltar que no pudieron
expugnar la capital de Judá. La noticia de la invasión llegó al palacio real, la casa de David
(v.2): “(el ejército de) Aram ha acampado en Efraím”; 3 como una plaga de langostas se halla
descansando en territorio de Efraím, llenando de consternación los ánimos de la familia real y del
pueblo.
Intervención de Isaías: mensaje divino confortador (3-9).
3 Entonces dijo Yahvé a Isaías: Sal luego al encuentro de Acaz, tú y tu hijo Sear-
Yasub, al cabo del acueducto de la piscina Superior, camino del campo del Batanero,
y dile: 4 Mira bien no te inquietes, no ternas nada y ten firme corazón ante esos
dos tizones humeantes, ante el furor de Rasín el sirio y del hijo de Romelía. 5 Ya que
Siria ha resuelto tu ruina con Efraím y el hijo de Romelía, diciendo: 6 Subamos contra
Judá, apoderémonos de él, enseñoreémonos de él y démosle por rey al hijo de
Tablee. 7 He aquí lo que dice el Señor Yahvé: Eso no se logrará, no será así, 8 porque
la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rasín, 9 y la cabeza de Efraím
es Samaría, y la cabeza de Samaría el hijo de Romelía. Vosotros, si no tenéis fe,
no permaneceréis.
Ante esta situación extrema de crisis, Dios intentó una última advertencia, y por eso mandó al
profeta que fuera con su hijo Sear-Yasub (“un resto volverá”), quizá porque su mismo nombre
era un presagio triste y de esperanza a la vez, en cuanto que simbolizaba primero la catástrofe
inmediata, pero al mismo tiempo la esperanza de resurrección del pueblo.
1707
Quizá Isaías había comunicado a Acaz alguna profecía sobre el particular relacionada con
el nombre de su hijo, y así la presencia de éste podría tener alguna relación con aquélla, en cuanto
que la recordara el rey en este momento de peligro. La escena tiene lugar en la piscina Superior,
a la salida de la fuente de Gihón (hoy Umm ed-Dardj, la Fuente de la Virgen de los cristianos),
construida para recoger las aguas que eran conducidas por un canal excavado en la roca a la
piscina Inferior, al sur de la ciudad (actualmente Birket el Hamra); es el canal llamado segundo,
que será sustituido por Ezequías por el tercero, que desembocará en la piscina de Siloé. No se
puede localizar exactamente el campo del Batanero.
Acaz, pues, fue a inspeccionar el aprovisionamiento de aguas a la ciudad con vistas al
inminente asedio. Además, por ese lado la ciudad solía ser ordinariamente atacada, y quería cerciorarse
personalmente del estado de las defensas4. Isaías, ante todo, le dio seguridades de parte
de Dios para que no se inquietase por la situación, inspirándole confianza en Dios, pues los invasores
no son en realidad más que dos tizones humeantes (v.4), y, como tales, lo más que pueden
hacer es echar humo para asustar, pero en realidad están a punto de extinguirse. Efectivamente,
los asirios no tardaron en acabar con la independencia de Siria y de Samaría; sus días están contados.
El rey de Samaría, Pecaj, es llamado despectivamente hijo de Romelía, porque era un
usurpador y no tenía sangre real; por eso ni le nombra por su nombre, sino por el de su oscura
ascendencia.5 Tampoco el profeta quiere dar el nombre del candidato que los invasores quieren
poner en el trono de Jerusalén, y así le designa despectivamente como hijo de Tabeel, nombre
que parece ser arameo; así puede ser un judío arameizante que compartía las ideas de los aliados.
El profeta da la razón de por qué no debe temerlos demasiado: la cabeza de Siria es Damasco;
la de Damasco, Rasín. Por mucho poder que pretendan tener, y aunque parezca que son
superiores a Judá, sus fuerzas están basadas en medios meramente humanos, mientras que Judá
tiene como defensor y sostén de la nación al mismo Dios. Así, pues, la terminación lógica de la
frase podría ser: “pero la cabeza de Judá es Jerusalén, y la cabeza de Jerusalén es Yahvé de los
ejércitos,”6 y contra Dios no pueden prevalecer los planes de los hombres.7 El profeta sólo pone
una condición al escéptico rey para que esté seguro, y es que crea en la palabra de Dios, manifestada
por Isaías mismo.
La frase “si non creditis non permanebitis” ha sido abusivamente utilizada por Lutero
para establecer como base esencial religiosa y casi única la fe, la confianza en Dios. Aquí el
profeta exige esa disposición de ánimo de plena confianza y entrega a los designios y revelaciones
de Dios como base de toda protección y auxilio de parte de Dios. 8
Vaticinio del Emmanuel (10-16).
10 Y dijo Isaías a Acaz9: u Pide a Yahvé, tu Dios, una señal en las profundidades del
“seol” o arriba en lo alto. 12 Y contestó Acaz: No le pediré, no quiero tentar a Yahvé.
13 Entonces dijo Isaías: Oye, pues, casa de David: ¿Os es poco todavía molestar a los
hombres, que molestáis también a mi Dios? 14 El Señor mismo os dará por eso la señal:
He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emmanuel. 15 Y se alimentará
de leche y miel, hasta que sepa desechar lo malo y elegir lo bueno. 16 Pues antes que
el niño sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, la tierra por la cual ternes de esos
dos reyes, será devastada. 17 Y hará venir Yahvé sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la
casa de tu padre días cuales nunca vinieron desde que Efraím se separó de Judá.
El profeta ve la inquietud del rey y aun su incredulidad en las promesas de seguridad que se le da
de parte de Dios, y al punto, movido por divino instinto, le ofrece un portento extraordinario a
1708
elección para confirmar la actitud benevolente de Dios para con Judá y su pueblo.10 La señal que
se le ofrece debe ser como un certificado ante Acaz de la ayuda divina, sea que esa señal sea un
portento del orden natural o un hecho ordinario, pero que adquiere una nueva significación en
cuanto ha sido predicho de antemano. “Del hecho que Isaías estaba dispuesto a realizar un portento,
una intervención sobrenatural, no se sigue que la señal dada realmente después en el v.14
sea del mismo orden portentoso.” El profeta, enfáticamente, le dice que tiene a disposición todo
el ámbito de la creación, desde lo profundo del seol hasta la cúspide de los cielos, para solicitar
un portento, pues Yahvé es el Señor de la creación, y lo mismo puede hacer venir las sombras del
seol que enviar una legión de ángeles en su socorro.
El rey, escéptico en materia religiosa, no cree en la realidad de tales promesas, y con un
celo hipócrita, como queriendo dar una lección de religiosidad al mismo profeta, le dice irónicamente
que no pedirá esa señal para no tentar a Dios (v.12). Es el colmo de la hipocresía y del
cinismo en un rey que por sus tendencias extranjerizantes despreciaba la religión yahvista y aspiraba
a introducir los cultos idólatras de los vencedores asirios. Por otra parte, él no quiere obligarse
a seguir una política de aislamiento, preconizada por Isaías, y así, bajo pretensión de reverencia
a Dios, declina la oferta. Probablemente había ya secretamente solicitado la ayuda de Asiría
12 contra los invasores siro-efraimitas. Isaías debía ya conocer esta trama, y ante la respuesta
del rey prorrumpe en una explosión de ira, ya que, si bien no era lícito pedir a Dios milagros innecesariamente,
tentar a Yahvé, 13 el rechazar la oferta del portento hecha por Dios era en realidad
un desprecio y un insulto que ponía a prueba la misma paciencia divina. La reacción de Isaías,
irritado y enardecido por el celo de Dios, es fulminante: ¿Os es poco molestar a los hombres
(al profeta, despreciándole), que molestáis también a mi Dios? Y después se dirige con énfasis a
la casa de David, es decir, a la corte real, que quizá ya le había mostrado más veces su desprecio,
rechazando sus consejos.
En este ambiente de irritación es necesario comprender el anuncio de la señal especial
que el profeta le hace, como dándole en cara y en castigo de su infidelidad, puesto que no ha
querido aceptar una señal de la benevolencia divina después que Dios le había ofrecido los recursos
de su omnipotencia para hacer ver la protección de que quería hacerle objeto; Dios, por su
parte, escogerá la señal, pero con un significado muy distinto, el de demostrar el rigor de su
justicia (v.14).
La señal es de lo más desconcertante: una virgen va a concebir y dar a luz un niño con un
nombre simbólico misterioso. La palabra hebrea empleada para designar lo que traducimos por
virgen, en realidad no tiene el sentido específico fisiológico y moral, ya que ‘almah significa de
suyo doncella, mujer en estado nubil, incluyendo sobre todo la idea de juventud. La palabra
equivalente a virgen en hebreo sería betülah. No obstante, la versión de los LXX lee παρθένος,
que responde al sentido más bien de betülah, lo que supone ya la interpretación que los traductores
alejandrinos daban al vocablo, en el que veían alusiones mesiánicas. Otras versiones griegas
leen νεανί$, “doncella.” Y si bien la palabra 'almah no tiene el sentido específico de virgen desde
el punto de vista lexicográfico, no obstante, examinando los diversos lugares de la Biblia en que
se encuentra, parece insinuar cierta relación con la idea de virginidad, pues nunca se emplea
aplicada a una mujer casada, y, por otra parte, en algunos casos 14 designa ciertamente una mujer
virgen, al menos en la estimación pública, es decir, una doncella que se supone virgen mientras
no se demuestre lo contrario.
La palabra hebrea en el texto de Isaías va acompañada del artículo, lo que supone cierto
énfasis de parte del profeta al presentar a esta misteriosa doncella, incluso sobre su condición de
tal; y como la presenta ya encinta, parece que el profeta piensa en la concepción excepcional del
1709
niño que dará a luz 15; y si se admite que el profeta insinúa la idea de la concepción fuera de las
leyes naturales al suponer que esa doncella está ya en estado, es necesario admitir que también el
parto es algo fuera de lo normal, ya que los dos verbos grávida y dando a luz están en el mismo
tiempo gramatical 16.
Esta misma doncella le impondrá personalmente el nombre (el profeta no tiene en cuenta
para nada la presencia de un posible padre), lo que no es anormal, ya que, aunque muchas veces
solía ser el padre el que daba el nombre a los hijos 17, sin embargo, en otras ocasiones era la madre
la que imponía el nombre al recién nacido 18. El nombre es simbólico: “Dios con nosotros,”
Emmanuel. Por sí solo no indica carácter mesiánico, ya que nombres de esa índole para expresar
determinadas circunstancias históricas en las que Dios hubiera dado su protección se encuentran
en otras partes. El uso de los nombres teóforos, haciendo a Dios intervenir en los pequeños incidentes
de la vida — individuales o colectivos — , era muy corriente entre los semitas y encajaba
perfectamente en su concepción teocrática de la vida. El carácter mesiánico del nombre Emmanuel
habrá que deducirlo del contexto y de las circunstancias históricas del vaticinio. En
realidad, el carácter mesiánico de este niño misterioso sólo podremos deducirlo de las notas que
el mismo Isaías le aplica en capítulos sucesivos.
El texto actual por sí solo no basta para ver las cualidades mesiánicas de dicho niño misterioso,
que aquí aparece simplemente alimentándose, por un período determinado, de leche
(cuajada o mantequilla, en hebreo) y miel. Los autores no están concordes al querer explicar esta
extraña frase. Unos ven en ella la predicción de un tiempo de abundancia, porque esta alimentación
de leche y miel (mezcla que los beduinos llaman lahus) 19 es altamente estimada por los árabes
de la estepa. Pero la generalidad de los autores ven en ello un anuncio de devastación, en
cuanto que ese régimen de comida puede considerarse como un régimen de privaciones para personas
que llevan vida sedentaria socialmente avanzada en las poblaciones, para los cuales la comida
sencilla de los beduinos es considerada como una privación de cosas mejores20.
La devastación va a ser tan general, que se interrumpirán las faenas agrícolas y faltarán
los productos clásicos del campo, de modo que el Niño se verá obligado a vivir de los productos
exclusivos propios de la vida social — considerada como inferior — nómada. Entre tantas ruinas
acumuladas por la guerra y los invasores asirios, los campos se convertirán en pastizales, y en
ellos podrá subsistir sólo la ganadería, de modo que abundarán los productos lácteos y la miel
silvestre, pues “en aquel día tendrá uno una vaca y dos ovejas, y por la gran cantidad de leche
que darán, comerán mantequilla, pues de mantequilla y miel se alimentarán todos los que quedaren
en la tierra. En aquel día, el lugar donde había mil vides por valor de mil ciclos de plata, se
cubrirá de cardos y de zarzas” (v.21-24). Estos versículos del mismo capítulo de Isaías nos dan la
clave, pues, para interpretar la misteriosa frase del profeta sobre la alimentación del Emmanuel,
que en absoluto puede entenderse en sentido de abundancia, 21 ya que en ellos se habla claramente
de la devastación del país por los asirios, trayendo como consecuencia la cesación de labores
agrícolas, y de ahí la miseria y la ruina para todos, en tal forma que los habitantes se verán obligados
a llevar un régimen de privaciones, y entre ellos, naturalmente, el Emmanuel, justamente
en los años primeros de su infancia, cuando más necesaria era una alimentación sana y abundante.
22
La inminencia de la devastación se expresa al decir que ese niño al que el profeta ve ya
en el seno de una virgen como hecho presente, sufrirá estas privaciones antes de que sepa desechar
lo malo y elegir lo bueno (v.16), 23 es decir, antes que llegue a la edad de la discreción, la
del uso de la razón; o bien en sentido físico de discernir entre lo nocivo y lo bueno físicamente, 24
o distinguir mora/mente entre el bien y el mal en el mismo orden; es decir, tenga conciencia mo1710
ral de las cosas. 25 Judá, pues, se verá entregada a la devastación muy pronto, y, en este sentido,
el signo anunciado tiene un carácter sombrío y de negras perspectivas para Acaz, que ha despreciado
la señal de benevolencia que se le había prometido en nombre de Dios: Hará venir Yahvé
sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre días cuales nunca vinieron desde que Efraím
se separó de Judá (v.17); lo que confirma el carácter amenazador del signo del Emmanuel. En
la gran calamidad inminente en que se verá envuelto el pueblo de Judá se comprometerá la dinastía
real, desastre sólo comparable a la rebelión de las tribus del norte, de las que es símbolo Efraím,
contra el poder central de Roboam en Jerusalén, que trajo como consecuencia la división del
reino fundado por David, consolidado por Salomón. 26
Sentido Mesiánico de la Profecía.
1. Naturaleza del “Signo.”
¿De qué índole es esta señal que el profeta promete como contraposición a la negativa de
Acaz a pedir una señal a Dios? ¿Tiene el nuevo signo ofrecido el mismo carácter de benevolencia
que el del ν. 11? Muchos autores así lo afirman, y en ese caso se trataría de una nueva manifestación
de la benevolencia divina hacia la dinastía davídica. A pesar de la repulsa de Acaz, que
implicaba un desprecio para con Dios, el profeta le propondría un signo de la benevolencia y
protección divinas, en cuanto simbolizaría la liberación de la tierra invadida de Judá por sola la
intervención divina/ a pesar de la actitud del rey. La aparición del Emmanuel sería en ese caso la
prenda de la liberación, 27 y aun podría significar la idea de castigo hacia Acaz, en cuanto que
Dios hará suscitar al Salvador de Judá, el Emmanuel, sin intervención ninguna de parte de la casa
de David, al hacerlo nacer de una virgen. 28
Pero el contexto parece pedir más bien un signo, no de benevolencia, sino punitivo, pues
Acaz, rechazando el anteriormente ofrecido de benevolencia, se hizo indigno de él, y por eso en
la reacción psicológica airada parece que la nueva señal que ofrece es de índole diferente. Dios
va a castigar a Acaz y a su nación por su escepticismo religioso, y la señal parece estar relacionada
con ese castigo inminente, que sería la devastación de Judá a manos de los asirios, precisamente
aquellos a los que el rey había pedido auxilio militar. 29 Por otra parte, el signo de benevolencia,
en cuanto significaba la liberación de Judá de los invasores actuales siro-efraimitas, es
para Isaías su hijo Maher-salal-jas-baz 30; por consiguiente, es difícil que para el profeta el nombre
del Emmanuel tuviera también la misma significación que la de su hijo segundo, el cual, como
el Sear-Yasub del v.4, simbolizaría un horizonte de esperanza para el atribulado pueblo de
Judá.
2. Carácter Mesiánico del Vaticinio.
Los racionalistas niegan todo carácter mesiánico a la frase de Isaías, y así, siguiendo interpretaciones
antiguas rabínicas, suponen que el niño misterioso es el hijo de Acaz, Ezequías, 31
en cuanto que efectivamente iba a ser rey de Judá, y estaría próximo a nacer, mereciendo el
nombre simbólico de Emmanuel, porque gozaría de particular protección de Yahvé en su reinado
32. Pero en este caso difícilmente se concibe que el profeta, hablando al rey, llamara a la reina
doncella, cuando ya era esposa legítima. Además, cuando Isaías profirió la profecía (hacia el año
734 a.C., con ocasión de la invasión siro-efraimita), Ezequías ya había nacido y tenía al menos
nueve años, o dieciocho, según otro cómputo cronológico. 33 Pero, sobra todo, lo que hace impo1711
sible la identificación del Emmanuel con el Ezequías histórico es que las cualidades que en 9:5 se
aplican al misterioso niño Emmanuel desbordan totalmente la personalidad histórica del piadoso
Ezequías: ¿Cómo llamar “Admirable consejero, Dios fuerte.,” a un rey como Ezequías, que se
mostró tan imprudente con ocasión de la embajada de Merodacbaladán y que lloró como un niño
cuando Isaías le anunció la próxima muerte? 34 Objeciones similares se pueden oponer a la hipótesis
de que el Emmanuel era un hijo de Isaías 35: ¿Cómo llamar 'almah, doncella, a su propia
esposa (a la que en 8:3 denomina profetisa), la cual, cuando Isaías profirió el vaticinio, ya tenía
por lo menos a su hijo Sear-Yasub? 36 Y mucho menos se podrían aplicar a un futuro hijo de
Isaías las cualidades de príncipe que se asignan al Emmanuel en 9:5.
Por las mismas razones hay que rechazar la opinión de que el Emmanuel es un hijo cualquiera
de una de tantas madres jóvenes que iban a dar a luz en aquellos días, en cuanto que, por
la liberación que Dios iba a obrar, podían llamar, en signo de agradecimiento, a su hijo Emmanuel
(“Dios con nosotros”) 37. Ya hemos dicho que el nombre simbólico de la “liberación” del
peligro siro-efraimita era el del segundo hijo de Isaías, Maher-salal-jas-baz 38. Además, el profeta
habla de “Ια doncella”: “ha'almah,” señalándola con énfasis como un ser excepcional, y esto
no podría aplicarse a cualquier mujer joven de su época. Indudablemente que el profeta piensa en
una persona que centra psicológicamente su atención, considerándola como algo fuera de lo
normal.
Los autores católicos comúnmente admiten un sentido mesiánico del vaticinio, aunque difieren
al explicar el modo de este contenido mesiánico, pues algunos admiten un sentido típico
mesiánico; es decir, el profeta se referiría directamente a una persona histórica de su tiempo que
sería tipo del Mesías futuro, ya fuera Ezequías, un hijo de Isaías u otro el Emmanuel del texto 39.
La razón de esta opinión es la dificultad de poder acoplar la presencia del Mesías — que iba a
nacer siete siglos más tarde — al horizonte histórico del profeta, ya que lo presenta como a punto
de aparecer. Pero contra esta opinión encontramos las mismas dificultades antes expuestas contra
la hipótesis de personajes históricos contemporáneos del profeta.
Por eso hoy día entre los católicos es muy común la opinión de que la profecía es mesiánica
en el sentido literal inmediato; es decir, la mente del profeta se proyectaría directamente sobre
la persona del futuro Mesías, al que presenta como próximo a aparecer; y, en consecuencia,
se cree que la “doncella” (ha-'almah) en cuestión no es otra sino la Santísima Virgen María, Madre
del Mesías. Para llegar a esta última conclusión se ha procurado determinar el sentido del
texto del c.7:14 según las cualidades que en los c.8 y 9 se asignan a ese misterioso niño, que en
el c.7 aparece sólo anunciado, sin concretar más. Efectivamente, en 8:8, en la frase “cubrirán toda
tu tierra, ¡oh Emmanuel!” se supone que la tierra de Juda, que es invadida por los ejércitos
asirios, es “la tierra del Emmanueh. Como en el Antiguo Testamento la tierra de Judá se llama
“tierra de Yahvé” y nunca tierra de algún rey particular 40, se sigue que el profeta parece dar al
Emmanuel un rango divino. Ese mismo niño misterioso, Emmanuel, es presentado en 8:8-10
como el Salvador del futuro pueblo elegido, siendo así prenda de la salvación del mismo pueblo
en la época de Isaías ante la avalancha del ejército asirio, al que terminará por aniquilar totalmente.
Y ésta es la gran misión del Mesías en las esperanzas de todos los israelitas de todos los
tiempos.
Por otra parte, ese mismo Emmanuel es descrito con cualidades excepcionales, que desbordan
toda posible aplicación a un personaje histórico de los contemporáneos del profeta: “porque
nos ha nacido un niño, nos ha sido dado un hijo que tiene sobre sus hombros la soberanía, y
que se llamará Maravilloso consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz., sobre el
trono de David” 41, y será luz para las regiones de Zabulón y Neftalí42, y en su ascendencia en1712
tronca con la familia real de David, siendo adornado de las cualidades excepcionales de gobierno
propias del príncipe ideal: “sobre el que reposará el espíritu de Yahvé, espíritu de sabiduría y de
inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Dios. No
juzgará por vista de ojos, sino que juzgará en justicia al pobre, y en equidad a los humildes de la
tierra.; la justicia será el cinturón de sus lomos, y la fidelidad el ceñidor de su cintura”43. Todas
estas descripciones nos llevan a un claro horizonte mesiánico, y sólo pueden aplicarse a la persona
del Mesías.
Además, en Miqueas44 encontramos un vaticinio paralelo que sirve de comentario e ilustración
a este de Isaías, máxime teniendo en cuenta que son contemporáneos, y probablemente
formaban una escuela profética. En Miqueas parece que hay una clara alusión a la profecía del
“Libro del Emmanuel” de Isaías45, pues se anuncia el nacimiento de un “Dominador en Israel,”
salvador de su pueblo contra las temidas incursiones asirías, provenientes de la ciudad de Belén,
precisamente de donde era oriundo el padre de David, José, y del que había de nacer el Mesías
según Isaías 46. Podemos, pues, ver una clara analogía entre la “doncella” de Isaías 47 y la “que
tiene que dar a luz” de Miqueas48, y también una estrecha semejanza entre la misión de salvación
ante la invasión asiría del “retoño de Jesé”49, de Isaías, y del que nace en Belén, ciudad de José,
de Miqueas.
Si, pues, el profeta habla en sentido literal directo de la persona histórica del Mesías, la
“doncella” será la Madre histórica del Mesías, la Virgen María. La concepción y el nacimiento
virginal del Mesías parece insinuarse en la palabra ha-'almah, y así lo entendían los traductores
de la versión de los LXX, que tradujeron por παρ-θέυο$. Más tarde, por la tendencia rabínica a
suponer ascendencia carnal davídica, no hay huellas de partenogénesis en la literatura judía posterior.
Además fue cundiendo la opinión — extendida por los escritores apocalípticos — de que
el Mesías preexistía con Dios y se manifestaría gloriosamente50.
La tradición cristiana — siguiendo a los evangelistas San Mateo y San Lucas — comúnmente
ha visto en la profecía de Isaías el anuncio de la concepción virginal de Jesús en el seno de
la Santísima Virgen51.
3. El Vaticinio y su perspectiva Histórica.
Pero en esta interpretación mesiánica literal del vaticinio hay una gran dificultad: Si el
profeta se refería directamente a la persona del Mesías, ¿cómo podía presentarlo como a punto
de aparecer para remediar aquella calamidad concreta por la invasión asiría? El profeta se
habría, pues, equivocado en siete siglos sobre el momento de la aparición del Mesías, lo que
parece comprometer la veracidad de los oráculos proféticos. Para entender esto es necesario tener
en cuenta que en todo mensaje profético hay algo sustancial, que es la verdad religiosa que intenta
predicar, y el ropaje externo o los modos de expresión de esa misma verdad histórica. Los profetas
son hombres profundamente religiosos que viven pendientes de la idea mesiánica, que es
como la espina dorsal del Antiguo Testamento. Su misión es la de ser “centinelas” de los intereses
de Yahvé ante su pueblo, y como parte de esta misión estaba la de consolar a sus conciudadanos.
En las épocas de crisis de la conciencia nacional con motivo de catástrofes políticas, ellos
instintivamente miran a la época futura del mesianismo como horizonte luminoso de esperanza.
El pueblo escogido no puede desaparecer totalmente, por grandes que sean las calamidades que
tenga que atravesar, y a través de ellas siempre se salvará un “resto” que transmitirá la antorcha
de la fe mesiánica hasta la culminación de la época anhelada. Dios ha empeñado su palabra y no
puede faltar a ella. Estas ideas teológicas son la base de toda enseñanza profética. En este ambiente
ideológico, pues, tenemos que enmarcar la actividad profética de Isaías. La situación de su
1713
época es sumamente crítica, y parece que están comprometidos los intereses nacionales de su
pueblo; pero todo pasará, porque hay un personaje que obsesiona su mente: el futuro Mesías
glorioso. En realidad, él no sabe cuándo aparecerá; pero, como todos los profetas, cree que no
tardará, pues ellos ven las cosas a la luz de las promesas divinas, y para ellos no cuenta el espacio
que pueda mediar entre ellos y la época de la aparición del Mesías; ese tiempo intermedio
para ellos es como un espacio vacío, sin interés, y de cuya duración no se preocupan 52; pero tienen
como prisa en acelerar los planes de Dios en la historia, para que se abra la era de salud.
Ahora bien, el profeta conoce el hecho de la venida del Mesías, pero no el modo y las circunstancias
históricas del mismo. En realidad, la victoria sobre los invasores asirios será el tipo de la
victoria final del Mesías contra sus enemigos para establecer la paz mesiánica. Asiría será vencida,
en cuanto que, a pesar de su invasión, el pueblo elegido se salvará, y los planes de Dios seguirán
su curso hacia la culminación de la época mesiánica.
El profeta presenta la victoria sobre los asirios como el hecho que inaugura la era mesiánica,
pues ve la invasión del ejército asirio como inminente. Ante esta situación de tragedia, instintivamente,
por sus convicciones religiosas, y sin duda también por una luz especial sobrenatural
acerca de la persona del Mesías, se vuelve al Emmanuel, a ese niño misterioso sobre el
que había tenido una revelación particular en aquellos días, por lo que vivía como obsesionado
con su presencia, y así ve al Emmanuel como vencedor del ejército invasor y trayendo, como
consecuencia, la liberación y la paz a su pueblo. Como todos los profetas, se dirige en un momento
crítico de la historia del pueblo israelita al horizonte luminoso de la era mesiánica.
En realidad, esta victoria próxima sobre los asirios no será sino una escena en el gran
drama que, a través de la historia de Israel, el Emmanuel sostiene para salvar la misión mesiánica
del pueblo elegido. Por eso, ante el momento crítico presente, a Isaías le viene a la mente la figura
del gran Libertador definitivo de Judá, que es presentado ya como participando de las calamidades
de la invasión para reanimar las esperanzas de los yahvistas pusilánimes, que pudieran
creer que ahora todo se venía abajo. En realidad, éstos no deben temer, ya que es inminente la
aparición del Libertador, y el Emmanuel será la causa de la derrota asiría, en cuanto que, en los
planes de Dios, el pueblo elegido sustancialmente debía subsistir a la catástrofe, ya que el desarrollo
histórico del mismo se ordenaba como culminación a la época de la manifestación plena
del Mesías, razón y fin de toda la elección de Israel.
Así, pues, en virtud de estas promesas mesiánicas, el Mesías sería en realidad el que
habría de vencer a los enemigos de Israel que se opongan a través de su historia al cumplimiento
de los designios mesiánicos de Dios sobre el mismo pueblo. Por eso asocia el profeta idealmente
el gran personaje del Mesías a los hechos de la historia de su época. En esto habrá que ver una
especial asociación psicológica de ideas, y quizá el estado psicológico del profeta nos dé la razón
de esa vinculación del Emmanuel a las circunstancias históricas de su tiempo. Indudablemente
que Isaías había recibido por aquel tiempo de la invasión siro-efraimita una revelación especialísima
sobre la personalidad y misión del Mesías, que nos ha dejado descrita en el “Libro del Emmanuel”
53, y vivía como absorto y obsesionado con lo que se le había comunicado por Dios
acerca de un misterioso niño príncipe de la paz y de una “doncella” también excepcional; por eso
todas las cosas las ve bajo esta nueva luz, y así, ante la incredulidad del rey y su desafío a la misericordia
divina, que iba a traer consigo tantas desgracias para el pueblo de Judá, le comunica de
parte de Dios la invasión de su territorio, pero por aquellos a quienes consideraba como sus amigos,
los asirios; y asocia a esta situación histórica la persona de ese misterioso niño Emmanuel,
que le obsesiona como único remedio de todos los males; y, por otra parte, ve en la misión salvadora
de El ante los asirios una señal de castigo para Acaz, en cuanto esa misma liberación supo1714
ne también una previa invasión y devastación de parte de los asirios; el profeta lo ve ya como
presente, pues en su estado psicológico tiene ya más realidad (subjetiva) que las mismas cosas
que le rodean, y por eso, como hipnotizado por una idea fija, dice a Acaz: “He aquí que una
doncella.,” señalándola con el dedo como presente 54.
Es necesario tener en cuenta que los profetas carecen de perspectiva histórica en el tiempo
y “consideran la salvación como próxima, y con ésta termina para ellos el horizonte temporal,
y así, entre su tiempo y el futuro no hay más que un espacio vacío” 55. Isaías presenta a los enemigos,
que el Emmanuel había de vencer, bajo el tipo de los ejércitos asirios que van a invadir el
país. El triunfo sobre las naciones debe inaugurarse por la victoria final sobre los conquistadores
asirios. Y como el mal de parte de Asiría está a punto de ser suscitado por Yahvé, Isaías presenta
al Immanu-El como preparándose por su parte”56. “Si se toma el conjunto de la profecía del
Emmanuel, se reconocerá que la perspectiva es extremadamente vaga. La descripción de las calamidades
esperadas se prolonga en términos oscuros. Isaías tiene prisa en que Dios inaugure la
salud, movido por su celo de la justicia y el amor a su pueblo” 57.
La invasión asiría y egipcia (18-25).
18 Y en esos días silbará Yahvé a los mosquitos que están en los cabos de los ríos de
Egipto y a la abeja que está en la tierra de Asiría, 19 y vendrán y se abatirán en masa
sobre valles y torrentes, y sobre los huecos de las rocas, y sobre los zarzales, y sobre
los matorrales todos. 20 En esos días afeitará el Señor con navaja alquilada del lado
de allá del río, y rasurará las cabezas, los pelos del cuerpo, y raerá la barba. 21 En
aquel día tendrá uno una vaca y dos ovejas, comerá mantequilla, 22 por la gran cantidad
de leche que darán, pues de mantequilla y miel se alimentarán todos los que
quedaren en la tierra. 23 En aquel día, el lugar donde había mil vides por valor de
mil ciclos de plata 24 se cubrirá de cardos y de zarzas. Y se entrará allá con arco y
saetas, pues toda la tierra será espinas y cardos. 25 Y a los montes que se cavaban y
escardaban no se irá ya, por temor de las espinas y los cardos. Quedarán para pasto
de bueyes ! y para ser pisoteados por el ganado.
Judá tendrá que sufrir del duelo entre las dos grandes potencias militares y políticas de la época:
Egipto, simbolizado por los mosquitos del río de Egipto (el Nilo era famoso en la antigüedad por
sus plagas de mosquitos); los cabos del río de Egipto son los brazos del delta del Nilo 58; y Asiría
(la abeja que esta en la tierra de Asina, pues Mesopotamia era famosa por sus riquezas apícolas).
Los ejércitos de esos dos pueblos serán los instrumentos de la justicia divina para castigar a
Judá, y sobre todo Asiría será como una navaja alquilada del lado del río (Eufrates) (v.20) para
reducir a la humillación y a la miseria al reino de Judá. La cabellera y el vello del cuerpo — signo
de virilidad y máximo orgullo de un semita — , que aquí simbolizan el orgullo de Judá como
nación, desaparecerán bajo el paso de las tropas asirías, que han sido alquiladas por el mismo
Acaz en propia ayuda59. La devastación será tan general, que desaparecerá la floreciente agricultura,
quedando convertido todo en pastizales abandonados por los agricultores, y los habitantes
que sobrevivirán a la catástrofe se verán obligados a llevar vida campestre de nómadas, teniendo
que contentarse con los productos lácteos de la ganadería, pero sin los refinamientos de la abundancia
de una vida socialmente organizada. Así, parece que hay que entender los v.21-22 como
una descripción irónica dirigida a los refinados ciudadanos de Jerusalén: se verán reducidos a un
régimen de alimentación totalmente rudimentario, como el de los pobres nómadas, que no tienen
más que una vaquita y dos ovejas. Las viñas de más valor60 se cubrirán de hierbas y arbustos sil1715
vestres, de tal modo que sólo servirán para que ande por ellas el cazador (se entrará en ellas con
arco y flecha, v.24) y sean pasto de los animales.
1 2 Par 28:16ss. — 2 Cf. Skinner, o.c., 53; Condamin, o.c., 48. — 3 Los LXX leen: “se habían confederado.” — 4 Cf. H. Vincent, Jérusalem
antiquc fasc.1 p. 14653. — 5 La frase “ante el furor de Rasín, sirio, y del hijo de Romelía” falta en los LXX, que leen de
otro modo; quizá sea glosa. — 6 Así Ewald, cit. por Skinner, o.c., 56. Otros han querido ver un sentido bastante diferente: se trataría
más bien de hacer resaltar que, a pesar de que los dos reinos invasores se han coligado, permanecerán en su distinción de nacionalidades,
y, en consecuencia, debilitadas, “la cabeza de Siria, Damasco., y la de Efraím, Samaría.” Y Judá no pertenece a ninguno
de esos reinos: “Damasco es la capital de Siria, y nada más.” — 7 En el v.8 hay una frase que parece glosa y fuera del contexto:
“Aún sesenta y cinco años, y Efraím desaparecerá del concierto de los pueblos.” Aunque aparece en el TM y los LXX, no
obstante, como interrumpe el paralelismo de miembros, y porque no parece venir a cuento, para consolar a Acaz, una destrucción
de Samaría dentro de sesenta y cinco años, los autores modernos creen que se trata de una glosa del copista, que aludiría a la colonización
de Samaría por Asaradón (c.670) a base de gentes extranjeras, lo que daría el golpe de gracia a todo conato de resurrección
nacional al reino del norte (Esdr 4:2.10). En realidad, Samaría perdió la independencia, dejando de ser “un pueblo” en 721 al
ser tomada por Sar-gón II. — 8 Cf. Is 27:16; 30:15; véase Gen 15:6; Hab 2:4. — 9 El TM y los LXX leen: “y añadió Yahvé a
Acaz.” Como en el ν. 13 es Asafas el interlocutor que habla de Yahvé en tercera persona, parece que aquí hay que leer también
Isaías, -ondamin supone que el nombre estaba en abreviatura, que es la misma para los dos nombres, “Y” como inicial. Quizás sea
también un modo de hablar, ya que Isaías no era sino el -ransmisor del oráculo de Yahvé, y el hagiógrafo prescindiría de las causas
segundas (cf. Con-Damin, o.c., 50). — 10 La palabra oth (“señal”) puede tener un sentido de hecho prodigioso en sí (Ex 7:8;
Jue 6:17-38; Is 38,7; 1 Re 13:1) o un hecho natural y ordinario; pero es un signo en cuanto ha sido predicho (Gen 24:13; Ex 3:12;
1 Sam 10,2; 2 Re 19:29; Jer 34:29; Le 2:12). — 11 Skinner, o.c., p.s8. — 12 2 Re 16:7. — 13 Ex 17:7; Dt 6:16. — 14 Gen 24:43;
Ex 2:8. — 15 La versión siríaca, sin duda influida por los LXX, traduce virgen: betülah. He aquí los textos de la Biblia en que
aparece 'almah: a) Gen 24:43, aplicado a Rebeca antes del matrimonio con Isaac; b) Ex 2:2: María, hermana de Moisés, la cual
nunca contrajo matrimonio; c) Cant 1:2; 6:7: se aplica a doncellas — contrapuestas a las esposas y concubinas del rey — que
acompañan a la reina; d) Sal 68:26: aplicada a doncellas que acompañan con la música una procesión; e) Prov 30:18-20: texto oscuro
de difícil interpretación. Cf. Ceup-Pens, De prophetiis messianicis p.193 (1935). — 16 Así Ceuppens, o.c., 197, y Feldmann,
Das Buch Isaías t.i p.go. — 17 Is 8:3; Os 1:4. — 18 Gen 4:1.25; 19:273; 29:32, etc.; 1 Sam 4:19-22. — 19 Jaussen, Coutumes des
árabes (1908) p.17 nota 1. — 20 E. Power, siguiendo a H. Larnmens y a J. Calés, cree que las palabras del profeta “aludirían al
tahnik, lit. el acto de conferir un juicio. Con este fin, el jefe de la tribu o algunas personas distinguidas frotaban sobre el tierno paladar
del recién nacido dátiles masticados o, como en Taif (y en Palestina, donde no son corrientes los dátiles), una mezcla de
manteca y miel. Esta costumbre podía ser conocida de los oyentes del profeta, como otras muchas costumbres hebreas, para nosotros
desconocidas. Así, el niño que recibía de Dios al nacer el don del sano juicio, por el que se hacía apto para gobernar con justicia,
sería evidentemente el Mesías. Juicio y justicia son los fundamentos del reino de Dios (Sal 89:15; Is 9,7; 16:5)” (Verbum Dei
II Barcelona 1956 n.486d; véase H. Lammens: ER 151 1917 2; J. Calés: RSR 12 1922 174). — 21 Textos en los que la expresión
“leche y miel” es sinónimo de abundancia: Gen 18:8; Dt 32:135; Jue 5:25; 2 Sam 17:27; Job 20:17; 29:6. En asiro-babilónico, la
frase equivalente dispu himetu tiene un sentido parecido, y significa la plenitud de la bendición divina. Incluso algunos racionalistas
han visto aquí una alusión a la comida “leche y miel” privativa de los dioses Zeus y Dionysos. Y en este sentido ven el carácter
divino del Emmanuel. Véase GressMann, Ursprung des isr. jud. Eschatologie Cp.211; y Jeremías, Das Alte Testament im Lichte
des Alten Orients (1930) p.674. — 22 Cf. Feldmann, o.c., t.i p.go; Lagrange, La Vierge et Emmanuel: RB 1 (1892) 486; Van
Hoonacker, La prophétie relative a la naissance d'Immanu-El: RB 13 (1904) 221; Geuppens, o.c., 197; Condamin, o.c., p.67-68;
Tobac, Les prophétes d'Israel t.2 p.53; Den-Nefeld, Messianisme: DTC 10 (1929) 1435; Skinner, o.c., 6o; Guidi, Une ierre coulant
du lait avec du miel: RB 12 (1903) 241. — 23 La Vg lee: “ut sciat reprobare malum..” En realidad, la part. heb. I puede tener,
además de este sentido corriente de finalidad, el temporal de “cuando,” “antes de,” como traducen los LXX y Targum. Cf. Gen
3:8; 24:63; 2 Sam 18:29. Véase Gessenius-Bühl, Hand-wórterbuch p.309; Marti, Das Buch Jesajas p.77; Condamin, o.c., p.50;
Geuppens, o.c., 199; Skinner, o.c., p.60. — 24 2 Sam 19,36. — 25 La segunda parte del v.16 es oscura y embrolla el texto. Según
la Vg, la tierra devastada sería la de los reyes invasores, Efraím y Samaría, expresión rara aplicada a los dos países. Además, el
contexto parece pedir que la tierra castigada es Judá. Se han hecho diversas conjeturas. Unos toman i6b como glosa; otros, como
Gondamin, traducen con el giro que damos en la versión arriba expuesta. Cf. Ceuppens, o.c., 199; Gondamin, o.c., c.50. — 26 Vg,
siguiendo a los LXX y TM, lee al final del v.17: “cum rege Assyriorum,” que muchos autores consideran como glosa tomada del
v.20. Cf. Skinner, o.c., 61; Condamin, o.c., 50. — 27 Dennefeld, art. cit.: DTC 10 (1929) 1434-1435. — 28 Feldmann, o.c., t.1
p.92. — 29 Ceuppens, o.c., p.220; Davidson, Immanuel: Biblical Dictionnary Hasting's D. Β. Η. (1899) 455- 30 Is 8:3-4- — 31 Cf.
San Jerónimo, In Isaiam 9: PL 24:111. La razón principal de esta interpretación era la traducción καλέσεις de los LXX del v.14,
que supondría que el rey Acaz impondría el nombre (“llamarás.”) al niño. Pero ésta es una versión errónea, debido a que en la palabra
del texto hebreo w^qara't puede traducirse por ella llamará, como nosotros hemos puesto en el texto, o tú (masculino) llamarás,
dada la ambigüedad de la vocalización hebrea. Esta interpretación la siguen Maspero, Lagarde, etc. 32 Is 8:10. — 33 San
Jerónimo, In Isaiam: PL 24:112; San Justino, D. cum Tryphonen.66.68: PG 6:627. 631.642.655. Ezequías subió probablemente al
trono en el 727, cuando tenía veinticinco años (2 Re 18:2). Luego en el año en que fue hecha la profecía (735-734) tenía ya dieciocho
años. — 34 2 Re 18:21;Is 38:1-8. — 35 Así Ibn Ezra, Gessenius. — 36 Is 7:3. — 37 Así Schmith, Cheyne, Duhm, Marti,
etc. Para ello, los autores suprimen los v. 15 y 17 como interpolados, y traducen 8:8 “llenando toda la tierra, porque con nosotros
Dios,” en vez de “llenando toda la tierra, ¡oh Emmanuel!” Además, esta interpretación parte del falso supuesto de que se trata de
un signo de benevolencia. Cf. Ceuppens, o.c., 209. — 38 Is.8:3-4. — 39 Richard Simón, Bossuet, Calmet. Pío VI condenó la opinión
de Isenbiehl que negaba todo sentido mesiánico a la profecía (Enchiridion Biblicon n.5g). Y el argumento principal que •cita
el Pontífice es el uso que de la profecía hacen San Mateo (1:18-25) Y San Lucas (1:32-33). — 40 Is 14:2.25; 47:6; Os 9,3; Jer 2:7;
12:14; 1 Sam 26:19; 2 Sam 14:19. — 41 Is 9:5. — 42 Is 9:1. — 43 Is 11:1-5. — 44 Miq 5:1-5. — 45 Isc.7-11. — 46 Is 11:1. —
47 Is 7:14. — 48 Miq 51-5· — 49 Is11:1. — 50 San Justino, Diaí. cum Tryph. 67: PG 6:628; Lagrange, Le Messianisme chez les
Juifs p.222-223; H. Strack-Billerbeck, Commentar zum Ν. T. aus Talmud und Midrasch (Munich 1924) II p.48853; Lagrange,
Evan%ile selon S. Matthieu p.7; cf. Ceuppens, o.c., 215-216. — 51 San Justino, Apol I 33: PG 6:381; Dial cum Tryph. 66.71.77:
PG 6:628.633.644.673; San Ireneo, Adv. haer. 3:21:4: PG 7:950; Tertul., Adv. lud. 0.9: PL 2:617; De carne Christi 17: PL 2:781;
Orígenes, Conf. Celsum 34: PG 11:728; Lactancio, Divin. Inst. 4:12: PL 6, 479; San Epifan., Adv. haer. 54:3: PG 41:965. — 52
1716
Cf. J. M. Lagrange: RB (1905) 280. — 53 Isc.7-11. — 54 A. Colunga: “Ciencia Tomista” II (1925) 359. — 55 J. M. Lagrange: RB
(1905) p.280. — 56 Van Hoonacker, art. cit., 226. — 5 7 Lagrange, art. cit. En la interpretación basada en considerar al Hinneh del
v.14 como condicional, equivalente a “si.” (que no es extraña a la lengua hebrea: Ex 3:13; i Sam9,7; Lev 13; Os 9:6; Is 54:15; Jer
3:1; Ag 2:12), no hay dificultad para enmarcar la perspectiva del profeta, pues la traducción sería: “Si la doncella concibiera y diera
a luz. antes de que — 57 Emmanuel supiera rechazar el mal y elegir el bien, la tierra sería devastada.” En ese caso se indicaría
con énfasis la inminente devastación. Así Huyghe, Delattre. No obstante, la mayor parte de los autores le dan al Hinneh el valor
de “he aquí.” Para la bibliografía sobre el vaticinio véase Introducción al libro. — 58 La palabra hebrea que designa Nilo es ye'or,
que deriva de otra egipcia que significa “camino de Horus,” según la leyenda de que Horus persiguió a Set, asesino de su padre,
camino del oriente. — 59 Cf. 2 Re 16:75. Quizá la expresión “alquilada” sea una alusión irónica a esta política de Acaz de buscar
auxilio en los asirios, que iban a ser sus verdugos. — 60 El sido equivalía, más o menos, a tres pesetas oro.
8. La Justicia Punitiva de Dios.
Ruina de Siria y Efraím (1-4).
1 Díjome Yahvé: Torna una tabla grande y escribe en ella con estilo de hombre: A
Maher-salal-jas-baz. 2 Y tómame dos testigos fieles, Urías el sacerdote y Zacarías,
hijo de Jaberequías. 3 Acerquéme a la profetisa, que concibió y parió un hijo, y
Yahvé me dijo: Llámale Maher-salal-jas-baz, 4 porque antes que el niño sepa decir
“padre mío, madre mía,” las riquezas de Damasco y el botín de Samaría serán llevados
ante el rey de Asiría.
En el capítulo anterior, el profeta había comunicado de parte de Yahvé a Acaz la señal de la
próxima devastación asiría; ahora también se le manda proponer públicamente un nombre simbólico
que significara la ruina de los dos pueblos invasores de Judá, Siria y Efraím. Para ello se le
ordena escribir en lugar público, en una tableta grande, una frase misteriosa que había de suscitar
la curiosidad popular, dándole la ocasión de explicar la ruina de los invasores. Para dar más solemnidad
al acto, se le obliga a hacerlo en forma legal, llamando por testigos oficiales a dos personajes
importantes conocidos que dieran fe de lo escrito y anunciado de antemano. Esa inscripción
ha de redactarse con estilo de hombre, es decir, con caracteres usuales ordinarios, para que
pudiera ser leída por el público en general; sería, pues, una inscripción del estilo de la del canal
de Siloé, obra seguramente de los mismos obreros u oficiales de la excavación ! La inscripción
va dedicada a Maher-salal-jas-baz, que podemos traducir por “pronto saqueo, rápido botín.”
Isaías no declara quién es ese personaje misterioso para excitar la curiosidad pública, pero lo
quiere explicar plásticamente imponiéndole el nombre a su próximo hijo. A su esposa llama profetisa
(v.3), sin que esto implique que tuviera ella el don de profecía, sino que estaba asociada en
vida a un profeta de oficio, y quizá entre el pueblo se la denominaba así. El niño nacido lleva el
nombre enigmático que el profeta había escrito públicamente en la tableta, y el mismo profeta da
la explicación de dicho nombre (v.4). Efectivamente, Damasco dejó de existir como reino en el
732, un año o dos después de la profecía (antes que el niño sepa decir “padre mío y madre
mía”), bajo Teglatfalasar III, y Samaría caerá en el 721 bajo Sargón; pero, en realidad, cuando
cayó Siria, las tropas de Teglatfalasar III saquearon la parte superior del reino de Efraírn. Así,
pues, la profecía se cumplió al pie de la letra, aunque con la frase del profeta no se pretende explicar
una cronología matemática, sino simplemente la inminencia de la desaparición de ambos
reinos invasores para dar ánimos a la población aterrada.
Invasión de Jada por los asirlos (5-8).
5 Y me habló de nuevo Yahvé y me dijo: 6 Por haber despreciado este pueblo las
aguas de Siloé, que corren mansamente, y haber temblado ante Rasín y el hijo de
1717
Romelía, 7 va a traer contra él el Señor aguas de un río caudaloso e impetuoso, al
rey de Asiría y toda su magnificencia, y subirá sobre todos sus diques, y se desbordará
por todas sus riberas, 8 y, llegando hasta Judá, la inundará y cubrirá, llegándole
hasta el cuello. Y, desplegadas sus alas, cubrirá la plenitud de tu tierra, ¡oh Emmanuel!
Si bien el pueblo se verá libre de la calamidad presente, no obstante, se acerca una catástrofe
mayor debida precisamente a la conducta despectiva de la nación para con Yahvé. La invasión
asiría es comparada a una imponente inundación de un caudaloso río que se desborda y sale de
madre. Y precisamente jugando con esta imagen de inundación de aguas, el profeta expresa esa
idea del abandono de Dios hacia su pueblo.
Dios gobernaba suavemente, como mansamente discurrían las aguas de Siloé 2, que
arrancaban precisamente de la fuente que está a los pies del templo, donde moraba Dios — símbolo
de la providencia especial para Judá — ; pero su pueblo, Judá, le ha despreciado y ha buscado
auxilio en pueblos extraños y en la política meramente humana, y en el momento de peligro
se ha aterrorizado ante la invasión de Rasín de Damasco y del rey de Samaría (v.6); por ello van
a experimentar la dureza de la mano de Dios, airado justamente, pues va a traer aguas de un río
(Eufrates, símbolo de Asiría) cuyas aguas son impetuosas, y nadie las podrá encauzar 3. Y tendidas
sus alas (v.8): el profeta, por asociación de ideas, cambia de imagen, y concibe al ejército
invasor como una enorme ave de rapiña4 que extiende sus alas sobre toda la tierra de Judá, sembrando
la consternación y la ruina; siendo su situación tan angustiosa como la del que está a punto
de ahogarse, llegando el agua hasta el cuello. Y el profeta, ante aquel horizonte trágico y desesperado,
al ver al pueblo escogido sumergido por la ola de la invasión asiría y entregado a las
garras despiadadas del vencedor, lanza un grito de auxilio: cubrirá toda tu tierra, ¡oh Emmanuel!
Como ya hemos indicado, la expresión tierra de Yahvé, aplicada al territorio de Judá, era un título
exclusivo de Dios; por eso parece que, al decir Isaías tu tierra, le da un carácter suprahumano
a ese personaje misterioso a quien invoca como único posible auxiliador. El profeta vivía absorto
con la figura excepcional del Emmanuel — probablemente debido a alguna revelación particular
sobre él — , y por eso otra vez, como en el v.14, lo asocia a la situación trágica que se cierne sobre
Judá, la tierra del Emmanuel 5.
Amenaza a las naciones (9-10).
9 Aprended, pueblos, que seréis quebrantados6; apresta del oído todos vosotros, los
de lejanas tierras. Armaos, que vais a ser quebrantados; apercibios, que seréis quebrantados.
10 Trazad planes, que serán deshechos; haced proyectos, que no se lograrán,
porque está Dios con nosotros7.
El profeta, al ver la invasión del ejército enemigo, hace una verdadera profesión de fe en Yahvé,
al afirmar que, a pesar de sus fuerzas y sus planes, no podrán salir, en definitiva, victoriosos. Los
invita irónicamente a armarse y disponerse a ejecutar sus planes. Todo será en vano, pues es
Yahvé el que dirige el curso de la historia. Sobre todo, la presencia y el nombre de Emmanuel le
hace reaccionar gozoso contra toda pusilanimidad y derrotismo, y piensa en el significado de ese
nombre, Dios con nosotros, que es prenda segura de salvación, y, por consiguiente, nada hay que
temer. El profeta, pues, está como hipnotizado por el pensamiento de ese Emmanuel misterioso
que absorbe todas sus potencias intelectivas, imaginativas y de expresión.
1718
Yahvé, piedra de escándalo (11-15).
11 Así me ha hablado Yahvé mientras se apoderaba de mí su mano y me advertía
que no siguiese el camino de este pueblo. Me dijo: 12 No llaméis conjuración a lo que
este pueblo llama conjuración. No tengáis miedo ni temor de lo que él teme. 13 A
Yahvé de los ejércitos habéis de santificar, de El habéis de temer, de El tened miedo.
14 El será piedra de escándalo y piedra de tropiezo para las dos casas de Israel, lazo
y red para los habitantes de Jerusalén. 15 Y muchos de ellos tropezarán, caerán y serán
quebrantados, y se enredarán en el lazo y serán tomados.
El profeta refiere cómo Dios le aleccionó en aquellos momentos de peligro y de pánico general
en el pueblo, mostrándole que debía atemperar su conducta a la idea de que Dios está presente a
su pueblo, habitando en Sión, y que, por tanto, ha de ser la roca contra la que se estrellará la parte
infiel del pueblo. El pánico se había apoderado de todos ante la invasión siro-efraimita, y el profeta
fue objeto de una especial revelación de tipo extático (se apoderaba de mí su mano) 8, en la
que se le indicaba la conducta que debía seguir, es decir, reaccionar muy de otro modo que el
pueblo, que cree que todo está perdido (me advertía que no siguiese la conducta de este pueblo).
Parece que el pueblo había perdido toda la serenidad en aquellos momentos de peligro, y veía
cómplices con el enemigo por todas partes, pues había corrido el grito de ¡conjuración! o ¡traición!
por la ciudad 9. Isaías parece aquí hablar a un grupo de discípulos para que contrarresten
esta moral de pánico. En realidad, la solución estará en santificar a Yahvé, es decir, reconocerle
prácticamente, con la conducta, como santo, ateniéndose a sus prescripciones santísimas 10, pues
el verdadero peligro para Judá no está en la coalición de enemigos exteriores o interiores, sino en
las reacciones de la justicia divina airada. El peligro radica en menospreciar los planes de Dios;
por consiguiente, a El solo hay que temer cuando se vive a espaldas de sus mandamientos y con
una política totalmente profana, sin tener en cuenta que Judá es el pueblo santo y escogido de
Dios en sus designios (v.12). Dios, pues, puede ser ocasión de perdición y un gran peligro para
muchos, como piedra de escándalo que les haga caer en la ruina tanto en el reino del norte (Israel)
como en el reino de Judá (Jerusalén), que sustancialmente pertenecían al mismo pueblo de
Dios. El hecho de pertenecer al pueblo elegido sería para muchos ocasión de mayor castigo: muchos
se enredarán y caerán en el lazo (v.14-15).
Isaías y sus hijos, presagio para Israel (16-18).
16 Guardaré el testimonio, sellaré esta enseñanza para mis discípulos. 17 Y esperaré
en Yahvé, que oculta su rostro a la casa de Jacob; en El esperaré. 18 Henos aquí a mí
y a mis dos hijos, que me dio Yahvé como señales y presagios en Israel, de parte de
Yahvé de los ejércitos, que mora en el monte de Sión.
El profeta parece que está desalentado ante el escaso fruto de su predicación, y de momento parece
quiere retirarse de la vida pública. En realidad está cumpliendo la misión que Dios le había
encargado H, de predicar al pueblo aunque éste no escuchare. Pero ahora quiere limitarse a la
formación espiritual de un pequeño núcleo de discípulos que le siguen y son sus portavoces en el
pueblo. Así, la frase sellaré esta enseñanza para (o en) mis discípulos significa que la encomienda
a ellos, procurando que éstos con su conducta sean “el sello” viviente de su doctrina. O
quizá el sentido sea que quiere poner por escrito la predicación oral por él hasta ahora desarrollada,
y depositarlo como documento “sellado” a la custodia de sus discípulos. “Por este acto so1719
lemne forma un círculo íntimo de discípulos espirituales, que es el núcleo del nuevo pueblo de
Dios” 12. Y por otra parte se inhibe de toda actividad pública, con el corazón amargado y triste
por la suerte trágica que espera a su pueblo, esperando que Yahvé, que ocultó su rostro a la casa
de Jacob, es decir, la abandonó 13, ponga en práctica sus juicios. Pero al mismo tiempo no desespera,
y cree que al fin Dios hará brillar de nuevo su faz a la casa de Jacob, y por eso dice resignado
y esperanzado: en El esperaré (v.17).
Pero, aunque Isaías calle, su mismo nombre (Yeshayahu: “Yahvé es salvador”) y los de
sus hijos (Sear-Yasub: “un resto volverá” de la cautividad, y Maher-salal-jas-baz: “pronto pillaje,
rápido botín”) son una señal y un presagio para su pueblo 14 de parte de Yahvé, que mora en
el monte de Sión.
Prevención contra las prácticas supersticiosas (19.-23)
19 Y todavía os dirán sin embargo: Consultad a los evocadores y a los adivinos, que
murmuran y susurran: ¿No debe un pueblo consultar a sus dioses y a sus muertos
sobre la suerte de los vivos? 20 Por la ley y el testimonio. Si no hablan según esta palabra,
no hay aurora para ellos. 21 Tribulación y hambre invadirán la tierra, y, enfurecidos
por el hambre, maldecirán a su rey y a su Dios. 22 Alzarán sus ojos arriba,
luego mirarán a la tierra, pero sólo habrá angustia y tinieblas, oscuridad y tribulación;
mas se pasará la noche, 23 y ya no habrá tinieblas para el pueblo que andaba
en angustia.
El sentido de todo esto no es seguro, porque el texto está muy mal conservado 15; pero, no obstante,
parece que el profeta quiere prevenir a sus discípulos contra las tendencias de sus conciudadanos
a los usos mágicos y adivinatorios, sobre todo la nigromancia. El profeta parece establecer
un diálogo en el que intervienen unos supuestos interlocutores que invitan a los discípulos de
Isaías a participar en las prácticas de nigromancia y de consulta a los seres de ultratumba, a los
que da el nombre de dioses: ¿No debe un pueblo consultar a sus dioses? 16. Ante esta insinuación,
los discípulos deben reaccionar acudiendo a la enseñanza y al testimonio, es decir, a la profecía
sellada, recibida por revelación y entregada por el profeta a los discípulos como garantía de
su misión y como antídoto contra toda tentación de desfallecimiento; y esa profecía sellada es
llamada en el v.16 testimonio y enseñanza. Por el contrario, al que no quiera hacer caso de esa
enseñanza y testimonio le sucederá como al viajero que anda de noche, para el que nunca llega la
aurora (v.20). Serán anegados en una noche tenebrosa como consecuencia de la devastación y de
la ruina y, al ver caídos sus planes humanos, surgirá por doquier la desesperación, maldiciendo al
rey y a su Dios como supuestos causantes de tal situación. Pero parece que se abre de nuevo el
rayo de esperanza para no sumir a sus oyentes en un cerrado pesimismo: No habrá ya tinieblas
para el pueblo que andaba en angustias 17. Es una especie de sursum corda como epílogo a todo
lo anterior, muy en consonancia con las reacciones de esperanza en los profetas ante un horizonte
cerrado de tinieblas.
1 Cf. Dt 3:11: “codo de hombre: codo común.” Esta inscripción de Siloé se halla actualmente en el museo de Estambul, y recuerda la
inauguración del canal de Siloé bajo Ezequías, en el siglo vni a. G. Quizá esta escritura de hombre (ordinaria) se contraponía a la
cuneiforme o a otra forma de escribir esotérica reservada a los sabios, como la jeroglífica egipcia ea contraposición a la demótica.
— 2 La piscina de Siloé (Neh 3:15; Jn 9,7), ahora At'n Silwan, al sudoeste del templo, comunicaba con la fuente de Gihón por un
canal. — 3 En el verano, el Eufrates se desborda, sembrando muchas veces la desolación y la ruina. En esto parece fijarse el profeta.
La frase “al rey de Asiría y toda su magnificencia,” a pesar de estar en TM y LXX, es considerada por muchos críticos como
glosa explicativa por razones métricas. — 4 Quizá las alas puedan ser sinónimas de brazos del río. — 5 Algunos han querido desvirtuar
el texto, traduciendo: “llenando la plenitud de la tierra, porque con nosotros Dios,” en vez de Emmanuel, lo que daría un
sentido trivial, pues en la frase del profeta se ve un claro grito de auxilio. — 6 Aprended, así según LXX. TM dice exterminad. —
7 El texto hebreo dice Immanu-El, como en 7:14 y 8:8. — 8 EZ 3:22. — 9 Quizá la palabra conjuración se refiera sencillamente a
1720
la coalición de los dos pueblos invasores, Damasco y Samaría, en cuanto aliados. — 10 Algunos autores, en vez de a Yahvé santificad
(taqshidu), leen “a Yahvé considerad como conspirador” (taqshiru. Por la semejanza gráfica ¿el daleth y el resch es muy posible
la confusión), lo que daría un sentido muy afín al contexto: lo que hay que temer no son las conjuras de los hombres, sino las
de Dios. — 11 Is 6:9ss. — 12 Skinner, o.c., 76. — 13 Cf. Dt 31:175; Miq 3:4; Jer 33:5; Sal 13:1; 44:24; Job 13:24. — 14 Is 20:3;
7:11. — 15 De ahí que las traducciones varíen con cada autor. La que damos es una de tantas posibles, pero no es segura, pues el
texto es obscurísimo por su incorrección. — 16 1 Sam 28:8, donde a los difuntos se les llama dioses. — 17 Muchos autores consideran
este v.23 como glosa, pues creen que tiene un sentido enigmático fuera de contexto. Los LXX traducen: “Habrá tinieblas sin
brillo, porque es noche para el que está en la angustia.”
9. Los Tiempos Mesiánicos.
La alegría de la liberación (1-7).
1 Como al principio cubrió de oprobio a la tierra de Zabulón y de Neftalí, a lo último
llenará de gloria el camino del mar y la otra ribera del Jordán, la Galilea de los gentiles.
2 El pueblo que andaba en tinieblas, vio una luz grande. Sobre los que habitan
en la tierra de sombras de muerte resplandeció una brillante luz. 3 Multiplicaste la
alegría, has hecho grande el júbilo, y se gozan ante ti, como se gozan los que recogen
la mies, como se alegran los que reparten la presa. 4 Rompiste el yugo que pesaba
sobre ellos, el dogal que oprimía su cuello, la vara del exactor como en el día de Madián,
5 y han sido echados al fuego y devorados por las llamas las botas jactanciosas
del guerrero y el manto manchado en sangre. 6 Porque nos ha nacido un niño, nos
ha sido dado un hijo que tiene sobre los hombros la soberanía, y que se llamará maravilloso
consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz, 7 para dilatar
el imperio y para una paz ilimitada sobre el trono de David y de su reino, para afirmarlo
y consolidarlo en el derecho y en la justicia desde ahora para siempre jamás.
El celo de Yahvé de los ejércitos hará esto.
En medio de un horizonte cerrado de tragedia, el profeta, inesperadamente, divisa un rayo esplendoroso
de luz y de redención para los oprimidos, que le hace prorrumpir en un canto lleno de
exultación al ver vencido al opresor del pueblo elegido, y todo como consecuencia de la intervención
de un misterioso niño adornado de dotes excepcionales que inaugurará una venturosa era
de paz. Podemos considerar esta profecía como lógica continuación de la revelación sobre el
Emmanuel; por tanto, de la época de la guerra siro-efraimita l. El profeta comienza ex abrupto un
canto de alegría, contraponiendo dos situaciones muy diferentes: la primera, en que Dios cubrió
de oprobio a la parte septentrional de Palestina (Zabulón y Neftalí, las dos al oeste del lago de
Generaste), probablemente una alusión a la deportación llevada a cabo por Teglatfalasar III en
aquellos días del 734 2, y la de un tiempo nuevo que parece inaugurarse (a lo último), en la que
se llenara de gloria el camino del mar, es decir, esta misma región que bordea el lago de Generaste.
Se la llama vía mares porque por ahí pasaba la ruta caravanera principal que subía de Egipto
bordeando la costa palestina, para adentrarse por la derecha del Carmelo hacia Nazaret, y se
volvía hacia Damasco por encima del lago de Genesaret. El profeta, pues, por un juego poético
de paralelismo contrapone dos situaciones: una de oprobio y humillación, y otra de engrandecimiento
y de glorificación en la misma región del norte de Palestina, juntamente con la otra ribera
del Jordán (Galaad), todo lo cual constituía la Galilea de los gentiles, término despectivo dado
por los del reino de Judá, que practicaban un yahvismo más puro, a aquellos desafortunados
israelitas que les había caído en suerte el vivir alejados de la capital de la teocracia y del templo,
y en contacto inmediato con los gentiles, lo que, naturalmente, traía como consecuencia que su
1721
religiosidad y moralidad era semi-israelita y semipagana 3. El profeta ve, pues, iniciarse la primera
etapa de la redención del pueblo israelita por aquella despreciada región del norte que ahora
estaba tan castigada. El mejor comentario de esto nos lo da San Mateo al presentarnos al Redentor
inaugurando su misión apostólica a orillas del lago de Tiberíades, anunciando “la buena nueva
del reino de los cielos”4. Era la luz misma que había visto el profeta y que le había hecho saltar
de gozo siete siglos antes. En el capítulo anterior 5 había dicho que Dios había escondido su
faz a la casa de Jacob; ahora anuncia con júbilo un horizonte luminoso de salvación. Ese pueblo
estaba en sombras de muerte, es decir, como un país en el que el espectro de la muerte ha dejado
su huella después de la devastación y la guerra. Habitar en la tierra de sombras es sinónimo de
vivir en un estado de miseria y de desventura. Los habitantes de aquellas regiones, pues, del norte
de Palestina, habituados ya a este ambiente de tristeza, resignados con su suerte, inesperadamente
han visto un fulgor de esperanza y de salvación6. Y el profeta se complace en describir la
alegría nacida en aquellos corazones que se creían abocados a un estado de miseria sin esperanzas
de redención 7; y la compara al júbilo campestre y espontáneo que preside la época de la recolección
de las mieses, cuando se han colmado las esperanzas y han pasado las incertidumbres
de la marcha de la cosecha. Y ese júbilo se exterioriza con actos de acción de gracias (ante t1) a
Dios, que les bendijo los frutos del campo (v.12) en las fiestas anuales agrícolas ante el santuario
8.
Otra imagen para reflejar la gozosa situación es la del ejército vencedor que se reparte la
presa. Y es que de pronto esas gentes humilladas de los confines de Galilea de los gentiles se
han visto libres de un peso que los asfixiaba como un dogal. La victoria de Gedeón sobre los
madianitas había quedado como proverbial en el folklore del pueblo israelita, y por eso viene instintivamente
a la memoria del profeta para expresar la alegría de la liberación 9. Y en la nueva
situación desaparecen todos los vestigios de atuendo bélico (ν.6). Es la inauguración de una nueva
edad venturosa cuya característica esencial será la paz. El profeta salta de júbilo al dar la razón
de tal situación: inesperadamente ha surgido un Príncipe libertador, que describe bajo la
forma de un niño, sin duda relacionado con el misterioso Emmanuel del c.7, adornado de dotes
excepcionales de realeza 10: estará dotado de una perspicacia única como gobernante (admirable
consejero) para conducirse en las situaciones diversas de su reinado con sabiduría y prudencia.
Pero, además, llevará un título excepcional: Dios fuerte. Esta denominación es desconcertante
para los racionalistas, pues en el A.T. dicha expresión se aplica sólo a Yahvé n. Por eso la explican
en sentido metafórico, como sinónimo de “héroe divino,” es decir, dotado de especial fuerza
y vigor precisamente por gozar de una protección especial de Dios12. Los autores católicos unánimemente
dan a la expresión su alcance de algo divino. Así, pues, al niño en cuestión se le daría
en la mente del profeta una categoría de Dios, precisamente por el uso de dicha expresión en la
literatura del A.T. Si aceptamos esta conclusión, tenemos revelado aquí el misterio de la Santísima
Trinidad en cuanto a la segunda Persona. Por otra parte, como en el 0.7 este mismo niño es
presentado como naciendo de una virgen, se sigue que implícitamente se enseña en estos dos capítulos
la naturaleza humana y divina del Mesías 13, con todas las consecuencias teológicas que
se sigan, es decir, un hombre verdadero, con su cuerpo y alma racional, v al mismo tiempo Dios.
No obstante, aunque esto pueda estar implícito en el texto, es difícil saber el alcance que Isaías
daba a la expresión, y cómo podía concebir ese carácter divino del niño. Parece, pues, un vislumbre
momentáneo, efecto de una particular revelación divina, que no vuelve a aparecer en los
capítulos siguientes al hablar de ese misterioso Niño-Emmanuel.
Otra cualidad es la de Padre sempiterno, que, juntamente con la de Príncipe de la paz,
expresa el efecto de su excepcional perspicacia como gobernante y maravilloso consejero. No
1722
gobernará tiránicamente a su pueblo, sino paternalmente, y esto para siempre, y, como tal, buscará
el establecimiento de un ambiente de paz y comprensión, de modo que podrá llamarse Príncipe
de la paz. En el c.11 dirá que esta paz se basará en un profundo sentido de justicia, ya que la
justicia será el ceñidor de sus lomos 14. Un paralelo a esta concepción lo encontramos también
en la profecía antes citada de Miqueas, su contemporáneo 15. Esta paz es idealizada por el mismo
profeta poco después; pero debajo de las imágenes vivas que nos presenta debemos entender lo
que era sustancial en su profecía, es decir, el principio de un reinado espiritual basado en la
paz de las conciencias.
Mesianismo del Vaticinio.
Se ha pretendido retrotraer la composición de este fragmento a la época posterior al exilio
16, porque aquí encontramos la idea de un Mesías personal y libertador, lo que se supone extraño
a la teología anterior al destierro, pues en esa época la liberación se creía habría de venir única y
directamente por una intervención de Dios en medio de la comunidad religiosa israelita. Pero ese
Emmanuel que late en todas estas páginas aparece siempre con carácter personal, como rey de
Judá, salvador de su pueblo 17. Por otra parte, todos los detalles se adaptan perfectamente a la
descripción de ese Niño-Emmanuel, punto de convergencia de la atención de Isaías, pues se alude
a la invasión de Teglatfalasar III sobre Zabulón y Neftalí18, y el yugo que pesa sobre los moradores
de la región de sombras de muerte es la mano dura de los conquistadores asirios, que se
apoderaron del norte de Palestina.
Los que niegan el carácter mesiánico del fragmento se ven embarazados con la expresión
Dios fuerte y recurren a un sentido metafórico. Los judíos, como antes indicamos, dividen arbitrariamente
el texto, aplicando las primeras cualidades a Dios, y sólo la de Príncipe de la paz al
Mesías. Para valorar bien el sentido de Dios fuerte (“El Gibbor”), debemos hacer notar que, aunque
es verdad que en el A.T. a veces la palabra Dios (“El”) tiene un sentido amplio y se aplica a
seres angélicos y aun a hombres (como a los jueces) 19, no obstante, la expresión completa Dios
fuerte se aplica en el A.T. sólo a Dios. Los racionalistas, reconociendo que este título en el A.T.
se reserva sólo a Yahvé, creen ver un mero sentido hiperbólico. Indudablemente que esta expresión
de Isaías constituye un verdadera isla en la literatura del A.T., y no volvemos a encontrar
expresado ese carácter divino del Emmanuel; pero ese carácter insólito de la expresión se puede
explicar, admitiendo lo sobrenatural en la Biblia, por una ráfaga de luz fugaz que de momento
deslumbre la mente del profeta, sin comprender éste quizá el alcance pleno de esa revelación, y
lo expresó como lo vio, y en su contenido pleno parece indicar realmente la divinidad del Mesías.
El carácter mesiánico del vaticinio aparece claro examinando la misión de ese Niño misterioso:
liberación de los oprimidos, que impone un reinado pacífico y con medios pacíficos, y
por otra parte se halla ese misterioso Niño adornado de cualidades excepcionales, que históricamente
no se pueden aplicar a un rey histórico; además, se adaptan perfectamente a la concepción
de la persona del Mesías liberador y glorioso que desde la época de la monarquía se
había generalizado en el pueblo en general, pero singularmente entre los representantes auténticos
del yahvismo tradicional e íntegro, los profetas. El mejor comentario de este fragmento lo
encontramos en los Evangelios, donde se describe la actividad espiritual del gran Rabí de Nazaret
por aquellas regiones de la alta Galilea 20, liberando las almas del poder del príncipe de las
tinieblas. Más tarde, ante Pilatos oficialmente proclamará que había venido a establecer un reino
espiritual y universal 21.
Por ello, los autores cristianos, siguiendo a San Mateo 22, han dado una interpretación
1723
mesiánica a este vaticinio, viendo en la predicación de Cristo el cumplimiento literal del mismo.
Los Santos Padres unánimemente suponen esto 23, y tradicionalmente ésta ha sido la interpretación
en la Iglesia, y es hoy comúnmente aceptada entre los actuales expositores católicos. Ciertamente,
en este vaticinio se concreta que el Mesías será rey, pero con un carácter espiritualista,
ya que precisamente por sus cualidades de gobierno impondrá un remado de paz donde estará
desterrada la violencia. Además, parece insinuarse, juntamente con su origen humano (el nacimiento
de una virgen), su naturaleza divina (Dios fuerte), lo que será precisamente la razón de
las cualidades excepcionales de ese niño Mesías y liberador.
La devastación del pueblo escogido (8-12).
8 Una palabra ha enviado el Señor contra Jacob, y ha caído en Israel. 9 Y llegará a
conocimiento de todo el pueblo, de Efraím y de los habitantes de Samaría. Los que
en la soberbia y orgullo de su corazón se decían: 10 Han caído los ladrillos, pero edificaremos
con sillares; han sido cortados los sicómoros, pero en su lugar pondremos
cedros. 11 Yahvé fortalecerá contra ellos a sus adversarios24 e incitará a sus enemigos,
12 la Siria al este y los filisteos al oeste, que a boca llena devorarán a Israel. Ni
con todo esto se aplacará su ira, antes seguirá todavía su mano extendida.
Se cree que este fragmento y el que sigue son anteriores a la guerra siro-efraimita del 735-34, ya
que presentan a Efraím y a Siria como enemigos. El oráculo empieza solemnemente personificando
la decisión de castigo de parte de Dios sobre su pueblo; así la palabra (e.d., el mensaje
punitivo de su justicia) es representada como un ser viviente, que transmite en misión especial la
voluntad vengadora de Dios, la amenaza de exterminio, que a su vez es retransmitida por su profeta,
el cual la ve venir por los aires como una antorcha incendiaria que cae sobre los campos
maduros para el castigo de Israel, el reino del Norte (Israel y Jacob, expresiones sinónimas por
paralelismo) (v.8). Y todos los habitantes de Samaría y Efraím conocerán experimentalmente el
peso del juicio divino (conocerán en sentido complexivo de “experimentarán”), y la razón de
ello será precisamente su desmedido orgullo; en su ciega altanería no han sabido ver en los castigos
sufridos hasta ahora, en la devastación y ruina de su nación, la mano punitiva de Dios, y
creen que podrán reparar las ruinas y crear un estado de cosas más próspero y brillante; Isaías se
complace en reflejar esta situación de autosuficiencia con un proverbio popular que debía de estar
de moda entre aquellas gentes arrogantes del reino del Norte 25: Han caído los ladrillos y edificaremos
con sillares. Han sido cortados los sicómoros, pero en su lugar pondremos cedros (v.
10). No sabemos a qué calamidad concreta alude Isaías, quizá al tributo que tuvo que entregar el
rey de Samaría a Teglatfalasar III en el 738 o a las pérdidas ocasionadas en la guerra con Siria.
Pero estos proyectos llenos de megalomanía van a caer por tierra, ya que Dios va a excitar
las rencillas (v.11) de sus enemigos tradicionales, los sirios y los filisteos. Después de la
muerte de Jeroboam II, que había conquistado Damasco26, con lo que el esplendor y fuerza del
reino de Samaría habían llegado a su apogeo, Siria se atreverá a atacar al reino cismático, ya en
franca decadencia. No sabemos en realidad que en esta época hubiera habido una guerra de Samaría
contra Damasco y Filistea; pero la animosidad ciertamente existía, y no tiene nada de particular
que haya habido choques entre los tres reinos vecinos. Pero no acabará en esto la intervención
de la justicia divina; la mano de Yahvé seguirá todavía tendida con ademán amenazador,
dispuesta a descargar sobre el reino cismático infiel de Efraím. Es un modo de decir que el lector
debe esperar una segunda etapa en los castigos enviados por Dios. Mayor desgracia que la incursión
de ejércitos enemigos sobre el país será la anarquía social que se aproxima.
1724
Situación caótica social (13-17).
13 Pero el pueblo no se ha vuelto al que le hería, no ha buscado a Yahvé de los ejércitos.
14 Y Yahvé cortará de Israel la cabeza y la cola, la palma y el junco en un mismo
día. 15 Los ancianos, los magnates: he ahí a la cabeza; el profeta, doctor de mentiras:
he ahí la cola. 16 Porque los que guían al pueblo se descarrían, y los guiados van
perdidos. 17 Por eso el Señor no se complace en sus mancebos, ni tiene piedad de sus
huérfanos y sus viudas. Porque todos son impíos y malvados, y toda boca dice despropósitos.
Ni con esto se aplaca su ira, antes seguirá tendida su mano.
La obstinación de Israel, que no ha reconocido en el castigo a Dios, que le enviaba un correctivo
para atraerle a mejor camino (v.15), sufrirá el peso de la mano airada del Señor. En un solo día
desaparecerán los dirigentes y el pueblo. Quizá aluda a una de las revoluciones sangrientas internas
que siguieron a la muerte de Jeroboam II 27, o quizá aluda al asesinato del rey Peqayah por
Peqaj hacia el 735. El profeta expresa esta matanza con una locución proverbial: Yahvé cortará
de Israel la cabeza y la cola, la palma y el junco; es decir, los magnates y las clases humildes
serán envueltos en la gran matanza 28. Al falso profeta, por menosprecio, se le considera incluido
entre aquellos que constituían los últimos estratos de la sociedad, en cuanto que, en vez de ser los
guías del pueblo, por adular a los dirigentes de la sociedad, se convierten en meros seguidores
(cola) de éstos 29. Y así, en realidad, los que debían guiar al pueblo son los que le descarrían
(v.16).
Este estado de cosas ha irritado tanto a Dios que, a pesar de ser siempre el amparador de
los derechos de los humildes, el vengador de las viudas y huérfanos 30, no tendrá en esta ocasión
compasión aun de ellos, porque la corrupción es general (v.17). Y el profeta, como antes, se
complace en destacar que aún no ha terminado la intervención de la justicia divina: seguirá tendida
su mano (v.17).
La guerra civil (18-21).
18 Porque la iniquidad se ha encendido como fuego, que devora cardos y zarzas y
consume la maleza del bosque, subiendo el humo en remolinos. 19 Por el furor de
Yahvé de los ejércitos se abrasará la tierra y el pueblo será presa del fuego. 20 Despedazan
a derecha, y se quedan con hambre; devoran a izquierda, y no se sacian.
Cada cual devora la carne de su prójimo 31 y nadie se apiada de su hermano. Manases
contra Efraím, Efraím contra Manases, y ambos a dos contra Judá. 21Ni con todo
esto se aplaca su ira, antes seguirá todavía tendida su mano.
Como culminación de todo el estado caótico antes descrito, vendrá la guerra civil con toda su
crueldad, lo que contribuirá a precipitar la ruina de Israel. La situación de desvarío e injusticia es
comparada a un fuego devorador, que se ceba primero en las materias más inflamables, como los
cardos y zarzas (las clases más humildes); pero después alcanza los altos estratos de la sociedad.
Esta imagen le trae a la mente, por asociación, la de la cólera divina, que se enciende como fuego,
y hace perecer en él al país y a sus moradores 32, creando una situación tan desesperada que
unos mismos ciudadanos se declaran la guerra entre sí, de modo que las antiguas rivalidades entre
las tribus de Manases y Efraím saldrán a la superficie, dando origen a la anarquía y a la guerra
civil. Manases y Efraím representan los territorios de las dos riberas del Jordán. Efectivamente,
sabemos que el usurpador Peqaj asesinó, al frente de una banda de cincuenta hombres de Galaad
1725
(tribu de Manases), al rey Peqayah33. Y ambos a dos contra Judá (v.20). No pocos críticos consideran
esta frase como adición de un glosista después de la alianza siro-efraimita contra Judá.
1 Algunos autores, como Duhm, ponen esta profecía en tiempo de la invasión de Sena-querib, hacia el 701. Otros, como Martí y
Cheyne, creen que es posterior al destierro babilónico. La opinión más probable es la de Skinner, que la pone en los años 734-733
con ocasión de la invasión siro-efraimita. — 2 2 Re 15:29. — 3 Este desprecio por los galileas es el mismo que en la época evangélica
mostrarán los sacerdotes por los discípulos de Jesús, de origen galileo en su mayor parte (Galilea viene de Salü = distrito;
cf. 1 Re 9:11; 2 Re 15:29). — 4 Mt 4,13ss. — 5 15 8:17. — 6 Para el concepto luz como sinónimo de salvación cf. Is 58:8; 59:9;
Miq 7:8; Sal 18:28. — 7 La lectura del TM y Vg, “multiplicasti gentem et non maguí ficasti laetitiam,” no se adapta al contexto,
pues se habla precisamente de una alegría general. La mejor solución es la adoptada generalmente por los autores de juntar las palabras
goy y lo, dando una palabra que significa “exultación” (agilah). — 8 Cf. Dt 12:7; 14:26, etc. — 9 Jue c.y; cf. Is 10,26. —
10 El códice vaticano de los LXX difiere mucho del TM, y lee: “Y se llamará su nombre ángel del gran consejo. Traeré la paz sobre
los príncipes y para él la salud.” El códice alejandrino de los LXX difiere de esta lección, y por eso comúnmente se abandona
aquélla como corrompida. — 11 Cf. Is 10:21; Dt 10:17; Jer 32:18; Neh 9:32. — 12 Los judíos, que no podían admitir ningún ser
que pudiera equipararse a Dios, embarazados ante este texto, le aplicaban al Mesías sólo el último título de Príncipe de la paz, y
lo anterior lo referían a Dios. Pero en el texto no hay lugar a esta vivisección, pues uno mismo es el sujeto gramatical, el niño. —
13 Cf. Feldmann, o.c., t.1:120; Condamin, o.c., p.55; Ceuppens, o.c., 237; Tobac, o.c., t.2:34; Dennefeld, art. cit.: DTC 10 (1929)
1437. — 14 Is 11:5. — 15 Miq5. — 16 Marti, Stade, Cheyne. — 17 Is 7:1-8; 22:9. — 18 Is 8:23 (Vg 9:1); 2 Re 15:29. — 19 Sal 82:6. — 20
Mt 4.I3SS. — 21 Lc 23:3; Jn 18:36. — 22 Mt 4:13-16. — 23 San Ireneo, Contra Inaer. 3:16:3: PG 7:922; Tertuliano, Adv. lud. c.10:
PL 2:668; De carne Christi c.14: PL 2:823; Ad Marcionem c.ig: PL 2:376; Eusebio, Dem. Evans. 2:1:10: PG 22:103; San Grisóstomo,
Adv. lud. et Gent.: PG 48:816; San Jerónimo, In Isaiam 9:6: PL 24:126; véase Geuppens, o.c., 245. — 24 TM lee “Yahvé
fortalecerá los enemigos de Rasín (rey de Samaría) contra él” (Efraím). tn ese caso serían los asirlos; lo que no parece adaptarse al
contexto. Como, por otra parte, 'S LXX suprimen Rasín y leen de otro modo, autores como Skinner, Dillmann, Condamin, suprimen
Rasín). — 25 Cf. Os 7:9:10; Am 5:11. 26 2 Re 14:28. — 27 Cf. 2 Re 15:10; 14:25; Os 7:3-7.' — 28 Cf. Is 3:2.3; 19:15;
Dt28:13.44. — 29 La generalidad de los críticos suele considerar los v.15-iy como glosas explicativas posteriores. Pero, por razones
métricas, el P. Condamin cree que debe mantenerse su autenticidad (o.c., 80). — 30 Cf. Is 1:17; Dt 10:18, etc. — 31 En vez de
“prójimo,” el TM y los LXX leen, con la Vg., “cada cual devora la carne de su brazo.” La imagen indicaría la situación del hombre
famélico que se come un miembro de su cuerpo. Pero, por una sencilla corrección de una letra hebrea, muchos críticos leen
“hermano” en vez de brazo, que parece mejor encuadrar en el contexto. — 32 Algunos leen, por una sencilla transposición de letras,
“como comedores de hombres” en vez de “el pueblo será presa del fuego.” En ese caso, el V.19 podía ser una buena introducción
a la idea del v.20, donde aparece la lucha fratricida entre los conciudadanos. — 33 2 Re 15:25.
10. Amenazas Contra Asiría.
Invectivas contra los magistrados injustos (1-4).
1 Ay de los que dan leyes inicuas y de los escribas que escriben prescripciones tiránicas
2 para apartar del tribunal a los pobres y conculcar el derecho de los desvalidos
de mi pueblo, para despojar a las viudas y robar a los huérfanos 3 ¿Qué haréis el día
de la visitación, del huracán que viene de lejos? ¿A quién os acogeréis para que os
proteja? ¿Qué será de vuestros tesoros? 4De no ir curvados entre los cautivos,
habrán caído entre los muertos. Ni con todo esto se aplacará la ira de Yahvé, antes
seguirá todavía tendida su mano.
Esta invectiva contra los malos magistrados de la nación puede ser una continuación del oráculo
anterior, según el estribillo del v-4: antes seguirá todavía tendida la mano; y en ese caso el profeta
se referiría a los magistrados del reino del Norte (Samaría). Algunos críticos creen que se
refiere más bien a los magnates de Judá, empalmando con el c.5 1.
El profeta se enfrenta con los magistrados y escribas, que complican cada día la legislación
con vistas a nuevas exacciones, haciendo más difícil la administración de la justicia, con lo
que cada día se obstaculiza el acceso a los de clase modesta (v.1-2) 2. Pero Dios vela por los intereses
de los humildes, y por eso se aproxima la hora del castigo que viene de lejos como un
huracán, probable alusión a la invasión del ejército asirio, que iba a ser el instrumento de la justicia
divina. Dios es omnipotente y se halla sobre el horizonte histórico de todos los pueblos, y
puede tomar a las naciones más alejadas como medio de castigar al pueblo escogido infiel. Y en
1726
esa hora de castigo en que no habrá esperanza de salvación, no les quedará otra alternativa que ir
curvados entre los cautivos (al destierro) o caer entre los muertos 3.
Oráculo contra la insolencia de Asiría (5-14).
5 ¡Ay de ti, Asur, vara de mi cólera! el bastón de mi furor está en sus manos. 6 Yo le
mandé contra una gente impía, le envié contra el pueblo objeto de mi furor, para
que saquease e hiciera de él su botín y le pisase como se pisa el polvo de las calles. 7
Pero él no tuvo los mismos designios, no eran éstos los pensamientos de su corazón.
Su deseo era desarraigar, exterminar pueblos en gran número. 8 Porque él dice: Reyes
son todos mis príncipes. 9 ¿No ha sido ésta la suerte de Calno, la de Carquemis;
la de Jamat no ha sido la de Arpad; y la de Samaría la misma de Damasco? 10 Así se
apoderó mi mano de reinos de ídolos, más en número que los de Jerusalén y Samaría.
11 ¿No podré hacer con Jerusalén y sus ídolos lo que hice con Samaría y los suyos?
12 Pero sucederá que, cuando el Señor haya realizado toda su obra sobre el
monte de Sión y de Jerusalén, castigará el Señor al rey de Asiría por el orgullo de su
corazón y la altivez de sus ojos 4. 13 El se dice: Con la fuerza de mi brazo he hecho
esto, con mi sabiduría y mi prudencia, y borré las fronteras de los pueblos, y saqueé
sus tesoros, y, todopoderoso, derribé a los que se sentaban en sus tronos. 14 Mi mano
ha tomado la riqueza de los pueblos como se toma un nido; como quien se apodera
de huevos abandonados, me he apoderado yo de la tierra toda. Y nadie sacudió las
alas, ni abrió el pico, ni dio un chillido.
La época de composición de este fragmento no es anterior a la toma de Carquemis (717) ni posterior
a la invasión de Judá por Senaquerib en el 701, pues se supone en el v.9 conquistada aquélla,
y por otra parte se anuncia como futura la invasión de Senaquerib. por razones métricas, algunos
autores niegan la autenticidad isaiana de los v.10-12.
La idea que prevalece en toda esta sección y en la siguiente es que Yahvé domina el curso
de la historia y que aun los imperios más poderosos no son sino instrumentos de la Providencia
divina; por eso, todo lo que sea sobrepasarse en esta misión de instrumentos de Dios, es
hacerse reos de lesa majestad divina. Encontramos, pues, aquí esquematizada una verdadera teología
de la historia. Quizá la caída de Samaría en manos de Asiría había sembrado el pánico entre
los de Judá al ver a la mayor parte del pueblo escogido devastado, y, por otra parte, llegarían a
oídos de todos los excesos de las tropas conquistadoras de Sargón, y quizá fue ésta la ocasión
para el profeta de predecir también la destrucción de Asiría por haberse excedido en su cometido
de mero instrumento de Dios para castigar al pueblo israelita, infiel a Yahvé.
La invectiva contra Asiría está llena de vigor: ¡Ay de ti, Asur! Dios la había escogido
como instrumento de su justicia (vara de mi cólera) para castigar las infidelidades de un pueblo
de conducta depravada, pisándolo como se pisa el polvo en las calles (v.6); pero en su arrogancia
no se ha contentado con esto, sino que ha querido destruirlo totalmente, cebándose en sus víctimas,
buscando el exterminio por el gusto de destruir y aun desarraigar, es decir, deportar las poblaciones
en masa, sacándolas de sus hogares. El conquistador se gloría de que sus oficiales tuvieran
más categoría que los mismos reyes de los países ocupados (v.8), y por eso puede llamarse
con propiedad rey de reyes5. Los otros reyes apenas pueden llevar el título de principes. Así se
complace en enumerar los reinos conquistados6.
La arrogancia de Asiría llega al colmo al creer que Yahvé no es de más categoría que los
dioses de esos reinos conquistados, y que, por tanto, es incapaz, como aquéllos, de salvar a sus
1727
adoradores contra sus ataques. En la mentalidad del antiguo Oriente era común la creencia de
que las divinidades de los vencedores eran superiores a las de los vencidos. Y el profeta pone en
boca del rey asirio la expresión despectiva de “reinos de ídolos,” es decir, cosas vanas, que era la
denominación corriente entre los israelitas aplicada a los dioses falsos de otras naciones. Para los
semitas, el poder de un dios dependía del poder y grandeza del pueblo que le adoraba, y la categoría
religiosa de un pueblo se medía por el número de “imágenes” que había en sus templos
(v.10)7. La arrogancia del asirio al despreciar a Yahvé como a una vulgar deidad al estilo de los
otros pueblos, excita la indignación del profeta, y por eso al punto dice que, una vez se haya
cumplido la intervención justiciera de Dios sobre su pueblo (cuando el Señor haya realizado toda
su obra sobre el monte de Sión y Jerusalén), le llegará también a Asiría su castigo de manos
de este Dios al que aquélla despreciaba como débil e impotente (v.12). Este anuncio de castigo
hacia Asiría es como un paréntesis del profeta a las arrogancias de la nación vencedora; después
vuelve de nuevo a las expresiones insolentes de ésta: ha incorporado reinos a su imperio, haciendo
tabla rasa de fronteras, señalando a voluntad los límites de sus provincias (v.15), y trasplantando
las poblaciones a lejanas tierras para desarraigar todo sentimiento de independencia. Y todo
esto ha sido debido exclusivamente a su prudencia y sabiduría, sin pensar que era un simple
instrumento del Dios del mundo, Yahvé. Nadie se oponía a sus incursiones y rapiñas, tomando
con la mayor facilidad los tesoros de los pueblos vencidos, sin que éstos, poseídos de pánico, se
atreviesen a elevar un grito de protesta cuando tomaba las riquezas de los pueblos como se toma
un nido, como quien se apodera de huevos abandonados., y nadie sacudió sus alas, ni abrió el
pico, ni dio un chillido (v.14). Ningún símil más expresivo para describir la omnímoda arrogancia
del conquistador sobre los vencidos.
Reivindicación de los derechos divinos contra. Asiría (15-19)
15 ¿Se ensoberbece el hacha contra el que la maneja, la sierra contra el que la mueve?
Como si la vara dirigiera al que la levanta, corno si el bastón levantara al que no
es madera. 16 Mas, por eso, el Señor Yahvé de los ejércitos herirá de flaqueza a ese
cuerpo tan robusto. Y debajo de su gloria encenderá un fuego, como fuego de incendio.
17 Y la luz de Israel se convertirá en fuego, y su Santo en llama, para quemar y
devorar en un solo día sus cardos y sus espinas, 18 Y la hermosura de su bosque y de
su vergel quedará del todo destruida, y será como el consumirse de un enfermo 8. 19
Y los árboles que de su selva queden serán tan pocos, que un niño podrá contarlos.
La presunción de Asiría ha sido la causa de esta intervención justiciera de Yahvé contra ella,
pues ésta, en realidad, no era más que mero instrumento de la justicia divina para castigar al pueblo
israelita. Se ha creído autónomo en sus decisiones, como si el hacha ν la sierra se apropiaran
totalmente el resultado de su acción y desconocieran que eran movidos por la mano de algo que
no es madera, es decir, el brazo viviente del hombre 9. La destrucción del ejército asirio es descrita
por el profeta como una enfermedad enviada al cuerpo robusto (potencia militar) de aquella
nación, que va agotando su poderío militar, y, al mismo tiempo, el profeta presenta el símil de un
fuego devorador encendido disimuladamente por la luz de Israel, es decir, Yahvé, al que al principio
no se le da importancia, pero que terminará por inflamarse, adquiriendo proporciones alarmantes
hasta acabar totalmente con la gloria (la potencia militar) de Asiría. Así, Yahvé, que para
Israel es una luz que ilumina, para los invasores se convertirá en fuego devastador, y no para purificar,
como en Israel, sino para devorar totalmente la víctima 10, de tal forma que la magnificencia
de su bosque y vergel será convertido en un mísero matojo, cuyos árboles un niño podrá
1728
contar (v. 19).
Liberación del “resto” de Israel (20-27).
20 En aquel día, el resto de Israel y los sobrevivientes de la casa de Jacob no se apoyarán
ya sobre el que los hirió, sino que se apoyarán con fidelidad en Yahvé, el Santo
de Israel. 21 Volverá un resto, un resto de Jacob, al Dios fuerte. 22 Porque, aunque
fuera tu pueblo Israel corno las arenas del mar, sólo un resto volverá. Decretada está
la destrucción, que acarreará la justicia. 23 Y este decreto de destrucción lo ejecutará
Yahvé de los ejércitos en toda la tierra. Por eso dice el Señor Yahvé de los ejércitos:
24 Pueblo mío, que habitas en Sión, no ternas que Asur te hiera con la vara y
alce contra ti su bastón como Egipto. 25 Dentro de poco tiempo, dentro de muy poco,
mi cólera llegará al fin, y mi furor los destruirá. 26 Yahvé de los ejércitos levantará
contra ellos el azote, como cuando hirió a Madián en la roca de Joreb, y el mar con
su báculo, como lo levantó un día en Egipto, 27 y en ese día quitará su peso de sobre
tus espaldas, y su yugo de sobre tu cuello.
Este fragmento es un mensaje de consuelo para los atribulados habitantes de Sión, desalentados
ante las conquistas devastadoras de Asiría. No todo desaparecerá en la catástrofe, sino que se
salvará un núcleo selecto del pueblo, un resto ll. La falsa confianza en los poderes terrenos desaparecerá,
para buscar sólo el apoyo de Dios, como el profeta predicaba a Acaz con ocasión de la
guerra siro-efraimita 12; no se apoyarán ya sobre el que los hirió, es decir, sobre Asiría, cuyo
auxilio habían solicitado contra la confederación siro-efraimita 13. Nada de alianzas políticas
humanas, sino confianza absoluta en Yahvé; éste es el principio de política internacional de Isaías.
Los errores cometidos han traído los invasores asirios y la catástrofe nacional. Pero la situación
no será irremediable, porque se salvará un resto, y ese núcleo de rescatados será el que
transmitirá el fuego sagrado en el futuro a las generaciones venideras. Esta idea de un resto
salvado es algo esencial en la teología de la historia que nos presenta Isaías, recibido de profetas
anteriores 14, y que ha surgido como solución — fruto de reflexión teológica o por revelación
expresa — de la aparente antinomia entre las exigencias de la justicia y la misericordia divinas.
De un lado, Dios había prometido proteger a su pueblo y hacerle partícipe de las esperanzas
mesiánicas, y de otro, la conducta infiel de este pueblo para con Yahvé exigía la intervención
justiciera de Dios. Como solución no quedaba sino que un resto fiel sobreviviera a las catástrofes
históricas del pueblo israelita, del que habría de surgir la nueva generación que sería testigo y
participante de la gran manifestación de los tiempos mesiánicos como culminación de la obra de
Dios en la elección de Israel.
El profeta, pues, piensa en ese resto muy reducido que sobrevivirá a la catástrofe, que
fielmente se confiará a su Dios, desconfiando de toda política humana de alianzas con pueblos
extranjeros. Sin duda que con las palabras no se apoyarán sobre el que los hirió, Isaías alude a la
petición de auxilio que Acaz había solicitado de Asiría contra la coalición siro-efraimita, pues en
realidad los asirios habían de ser los verdugos de Judá15. Volverá un resto: sin duda es alusión al
nombre de su hijo Sear-Yasub 16, símbolo de la futura resurrección del pueblo israelita. Y el término
de la conversión del pueblo será al Dios fuerte, denominación que en 9,3 se aplicaba al
Mesías, al Niño misterioso, Salvador de su pueblo contra la incursión de los asirios. Quizá la expresión
designe simplemente a Dios, al Santo de Israel del v.20. La expresión Dios fuerte es
siempre aplicada a Yahvé, menos en el caso antes citado; designa a Yahvé, Dios de Israel, en
cuanto dotado de fuerza y poder excepcional y sobrehumano, y, en este caso, la frase tendría el
1729
sentido de invitar a esperar confiadamente en ese Señor al que se volverán los corazones como
único refugio después de la catástrofe. Sería equivalente al Dios de los ejércitos del v.23, que era
la locución común para expresar el poder omnipotente del Dios protector de Israel a través de su
historia. El profeta no quiere que sus contemporáneos se hagan ilusiones sobre la numerosa población
de su tiempo, como las arenas del mar 17, pues sólo se escapará al exterminio un reducido
resto como consecuencia de la intervención justiciera de Dios, que acarreará la destrucción
(v.22).
El espectro de este horizonte tenebroso de destrucción y de muerte como consecuencia de
la acción vengadora de Yahvé podía producir en los oyentes una impresión de desesperación y
de decepción general; por eso el profeta presenta por contraste — como es ley general en la literatura
profética — un oráculo, un mensaje de consolación, lanzado — lleno de ternura — a los
habitantes de Sión 18: Pueblo mío. como Egipto. El mensaje parece destinado a los actuales habitantes
de Jerusalén o a los ciudadanos de la nación ideal en la mente del profeta. Aunque el yugo
asirio es muy duro, comparable al de los tiempos de la opresión en Egipto, no obstante, esta situación
no será la definitiva, ya que Dios se dispone también a castigar al opresor, renovando los
antiguos prodigios en favor del pueblo elegido, como en otro tiempo a favor de Gedeón y sus
seguidores contra las hordas de Madián 19, y cuando anegó en el mar Rojo al ejército egipcio con
sólo levantar Moisés su bastón 20, dos gestas que habían quedado como tradicionales en la épica
popular de la historia de Israel 21,
Inminencia de la invasión asiría (28-32).
28 Ya avanza del lado de Rimón 22, ha llegado a Ayot, pasa por Magrón y deja en
Micmas su impedimento. 29 Han pasado el desfiladero, y durante la noche han
acampado en Guebá; Rama está temblando, Gabaá de Saúl está en fuga; 30 lanza
gritos la hija de Galim, escucha Lais, respóndele Anatot, 31 Madmena huye, los habitantes
de Gabim han escapado. 32 Hoy todavía hace alto en Nob, y alza su mano contra
el monte de la hija de Sión, contra el monte de Jerusalén.
El profeta nos pinta con colores vividos la inminencia del ataque de un ejército enemigo a la
Ciudad Santa. Aunque no nombra al invasor, parece éste ser el ejército asirio. Es una descripción
ideal en la que aparecen las poblaciones que se hallan en las cercanías de Jerusalén, y el profeta
se complace en dramatizar la marcha con sus movimientos y altos en el camino. La descripción
es un poco teórica, pues presenta a los invasores viniendo del norte de Samaría, bajando por el
camino más corto, pasando por Gabaá según el trazado de la calzada romana, que aún se puede
ver, la cual sustancialmente sirve de orientación a la actual carretera que sube hacia Naplusa.
Quizá éste había sido el itinerario de los aliados siro-efraimitas, y le servía al profeta para trazar
la futura marcha del ejército asirio. En realidad, éste, con ocasión de la invasión de Senaquerib
en el 701, vino más bien hacia Jerusalén por la costa, después de haber vencido la resistencia filistea
23. O bien Isaías escoge dicho itinerario para dar mayor impresión de celeridad del ejército
invasor, que se presenta en Jerusalén por sorpresa para atacar a la ciudad por el norte, la única
parte vulnerable por la que entraron todos los ejércitos invasores desde Nabucodonosor a los cruzados.
Quizá pensando en dar esta impresión de sorpresa, el profeta hace pasar a los invasores
por el desfiladero de Miomas, sitio difícil de franquear, y que, por tanto, no era de esperar vinieran
por allí los invasores 24. El profeta se complace en presentar al ejército invasor alborozado
ante la facilidad del avance: durante la noche acamparemos en Gueba (v.26), donde se les abría
definitivamente el camino hacia Jerusalén, y no esperaban mayores dificultades después de haber
1730
pasado el desfiladero de Miañas, Por fin divisa en Nob a la ciudad, que va a ser fácil presa.
Derrota del invasor (33-34).
33 He aquí que Yahvé de los ejércitos desgajará con fuerza las ramas; i las cimeras
serán cortadas, y las altas abatidas. 34 La madera del bosque será cortada a hierro, y
echados a tierra los cedros del Líbano.
Cuando el invasor tenía ya en su mano la presa codiciada, pues se había asomado — alzando su
mano contra el monte de la hija de Sión — en la cima del monte Scopus, dominando la Ciudad
Santa, inesperadamente surge la intervención salvadora de Dios, que inflige una sangrienta derrota
al. ejército invasor. El profeta — siempre jugando con luces y sombras para describir las
relaciones de Dios con su pueblo infiel — nos presenta la acción de Dios como la de un fornido
leñador que abate los árboles más corpulentos del bosque de modo implacable, siguiendo la imagen
que ya poco antes había presentado en los v.17-18. El gran imperio asirio, comparable a la
majestad y grandeza de un bosque de cedros del Líbano — tradicionales en la literatura bíblica y
oriental por su corpulencia — , caerá irremediablemente cuando se halle en el cénit de su gloria,
y precisamente será herido mortalmente cuando se apreste a echar sus manos sobre la Ciudad
Santa 25.
1 Skinner cree que es un oráculo aislado de Isaías puesto por un compilador como introducción, a título de peroración, a 9,8-21 (o.c.,
90). — 2 Cf. Sal 94:20. — 3 El TM, puntuado de otro modo, podría leerse: “Beltis (Isis) ha sido roto, Osiris ha sido abatido.” En
ese caso aludiría el profeta a lo inútil que era esperar en estos ídolos para salvarse de la catástrofe. Pero, como dice Skinner, no
consta que estas divinidades egipcias fueran adoradas por los habitantes de Judá. — 4 Este v.12 parece glosa posterior; al menos
rompe con el contexto. Algunos consideran los v.10-12 como adiciones posteriores de un glosista. en Ez 26:7. — 5 Εz 26:7. — 6
Carquemis, capital hitita al oeste del Eufrates. Es la actual Dejerablus, sometida por iría en el 717 a.C. en tiempos de Sargón;
Calno, probablemente el Kallani délos asirios, Conquistada por Teglatfalasar III en 740; Jamat, la actual Hamat, sobre el Orontes,
conquistada por Sargon en el 720; Damasco, conquistada por Teglatfalasar III en 732; Samaría, conquistada por Sargón en 721.
— 7 La contraposición de Samaría y Jerusalén a los otros pueblos en el v.10, de un lado, y la contraposición, por otro, de Samaría
y Jerusalén entre sí oscurecen el pensamiento, lo que, juntamente con el cambio de ritmo métrico, ha hecho pensar a muchos críticos
que esto es una glosa. — 8 El TM dice literalmente: “y la hermosura de su bosque y de su vergel será aniquilada desde el olma
hasta la carne”; es decir, totalmente. La última parte del versículo es oscura en extremo. Los LXX leen: “y será el que huya como
el que huya de una llama que se enciende.” — 9 En Is 31:8 encontramos la expresión “no hombre,” que es paralela a esta de “no
madera.” — 10 Cf. Is 9:18. — 11 Algunos autores creen que este fragmento no es continuación de lo anterior; Skinner Cree que
empalma mejor con el v.12 (o.c., 98). — 12 Is 7:13. — 13 Cf. 2 Re 16:7. — 14 Cf. Am3:12. — 15 Cf. 2 Re 16:7. — 16 Is 7:3; el
nombre significa justamente “un resto volverá.” — 17 Cf. Gen 22:17. — 18 Algunos autores creen que este canto (v.24-26) habría
que ponerlo inmediatamente después de los v. 16-19. — 19 Cf. Jue7:25; Sal 83:9; Is 9:4 — 20 Ex c.14. — 21 El texto hebreo dice
literalmente: “y hasta será quitado el yugo a fuerza de aceite degrasa”, que es como traduce la Vg. En este supuesto, A Lapide, Fillion
y Dillmann lo explican así: el yugo y las cuerdas con que se ata a Judá se pudrirán a causa de la grosura de Judá, que con el
auxilio de Dios se hará fuerte. Los LXX traducen: “se corromperá el yugo “Junto a sus nombros,” que viene a ser el sentido general
que hemos adoptado, siguiendo Jondamin (o.c., 88). — 22 El primer estico, ya avanza del lado de Rimen, es una lección hipotética
de una su-lesta reconstrucción del texto hebreo, que está oscuro e ininteligible, propuesta por Duhm y seguida por Condamin.
— 23 Cf. 2 Re 18:17; Is 36:2. — 24 Ayot parece ser la antigua Ai (Jos 8); Magrón, seguramente la homónima de 1 Sam 14;
desfiladero, el paso estrecho que va de Micmas a Gabaá, llamado hoy Suweinit; Miomas es la misma de 1 Sam 14, en el actual
wady Suweinit; Gueba, la actual Gibeah; Rama, actual Er-Ram, al oeste de Gueba; Gaba de Saúl, la actual Tell-Full, al norte de
Jerusalén; Gallim, quizá la actual Kh. Kakul, al oeste de Anatot; Laisa, la actual El-Isauye, entre Jerusalén y Anatot; Anatot, la actual
Anata, a cinco kilómetros de Jerusalén, al nordeste; Madmena y Gabim no se han podido identificar, pero estarían en esta zona.
Nob, en la colina nordeste que domina a Jerusalén, en el monte Scopus. — 25 El texto hebreo lee: “y el Líbano caerá por mano
de un poderoso.” Por paralelismo con Zac 11:2, hemos preferido corregir el texto. La Vg, siguiendo a los LXX, lee: “cum excelsis,”
que sería sinónimo de cedros “altos.” Bib. de Jer.: “El Líbano y sus esplendores se desploman.”
11. El Reino Pacifico del Mesías.
Cualidades excepcionales del Mesías (1-5).
1 Y brotará un retoño del tronco de José y retoñará de sus raíces un vástago. 2Sobre
1731
el que reposará el espíritu de Yahvé, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu
de consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Yahvé. 3 Y su respirar
será en el temor de Yahvé 1. No juzgará por vista de ojos ni argüirá por oídas
de oídos, 4sino que juzgará en justicia al pobre y en equidad a los humildes de la tierra.
Y herirá al tirano con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al
impío. 5La justicia será el cinturón de sus lomos, y la fidelidad el ceñidor de su cintura.
Este fragmento, puesto inmediatamente después de anunciar la derrota de los enemigos de Judá,
que estaban a las puertas de la Ciudad Santa, y que refleja la inauguración de la era mesiánica, es
muy similar a la profecía que hemos estudiado en el c.9. De ahí que, según muchos críticos, hay
que suponer la misma fecha de composición para ambos fragmentos. Aquí, como en c.9, nos encontramos
con la descripción de un Mesías personal, lo que ha hecho a muchos racionalistas retardar
la época de composición del fragmento hasta después del destierro; pero no hay ningún
fundamento sólido objetivo para esta suposición2. El que se suponga la decadencia de la casa de
David entra de lleno dentro del punto de vista del vaticinio que el profeta expresó a Acaz por su
falta de fe e hipocresía religiosa.
Y brotará una vara del tronco de José: el pensamiento del profeta se dirige ex abrupto a
la persona de un Príncipe misterioso que hace proceder del tronco de José. Parece insinuarse en
estas palabras que la dinastía davídica (Jesé: padre de David) 3, por efecto del castigo divino,
había llegado a un estado de postración comparable al del árbol que ha sido podado y del que
sólo queda el tronco desnudo4; pero no ha perdido totalmente la fuerza de la savia, y por eso brotará
con nueva fuerza de sus raíces. También, pues, la familia real será reducida a un resto, según
idea muy corriente en la teología isaiana. Pero ese retoño será excepcionalmente vigoroso,
sobre todo, porque se hallará bajo una particularísima protección de Dios, que derramará sus
bendiciones, adornándole con las cualidades ideales de un Príncipe excepcional. Y la virtud divina
se asentará en él de un modo permanente, como en otro tiempo el “espíritu de Moisés” se
había posado sobre los setenta ancianos 5, y el de Elías sobre Elíseo 6. Ese espíritu de Yahvé es el
mismo Dios en cuanto se manifiesta por su virtualidad y actividad, y que en determinadas ocasiones
ha dado origen a gracias carismáticas fuera del orden normal. Así se dice que el espíritu
de Yahvé se posesionó de Beselel, el arquitecto-joyero del tabernáculo del desierto, dándole espíritu
de sabiduría, de inteligencia y de ciencia para poder llevar a cabo con toda perfección y
habilidad las obras de orfebrería en orden al culto divino en el desierto 7. En este texto, pues, del
Éxodo, la expresión recibir el espíritu de sabiduría, de inteligencia y de ciencia equivale a ser
habilísimo en la ejecución de los objetos para el culto. En otras ocasiones, la intervención del
espíritu de Yahvé tiene un efecto extraordinario del género más diverso; así, por ejemplo, al reposar
sobre Gedeón, le capacitó para liberar a su pueblo contra los madianitas 8, y, en cambio,
respecto de Saúl se dice que descansó sobre él el espíritu de Yahvé y empezó a profetizar mezclándose
con la turba de profetas 9. Por otra parte, en Jeremías tuvo el efecto de darle fuerzas y
energía en su misión de profeta 10. De estos ejemplos se desprende que la expresión espíritu de
Yahvé se aplica a la acción dinámica de Dios, que en determinadas circunstancias se apodera de
un sujeto para hacerlo apto para una misión concreta y en consonancia con las necesidades religiosas
del sujeto receptor o del pueblo al que va enviado. En el caso actual de Isaías, la expresión
espíritu de Yahvé indicaría la particular influencia que Dios, como fuente de dinamismo espiritual,
ejercería sobre el retoño de Jesé. Esa virtud divina que se apoderará de él tendrá la más variada
manifestación, de tal forma que el sujeto receptor se verá adornado con las cualidades óptimas
de un gobernante ideal, digno de los tiempos mesiánicos. Es necesario hacer resaltar que
1732
estas cualidades o “dones” se refieren al Mesías como jefe de una colectividad, y se hallan en
relación con sus funciones de tal. La manifestación de esa rica virtualidad divina que se llama
espíritu de Dios (que no debe considerarse en el contexto como una cualidad más, sino como
fuente de las seis cualidades que se enumeran) tiene una séxtuple proyección, que se enumera
paralelamente de dos en dos: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza,
espíritu de entendimiento y de temor de Yahvé n. Es difícil querer precisar el sentido de
cada uno de los términos inteligencia, sabiduría y ciencia como contradistintos entre sí. Como
en el Ex 31:3 encontramos la expresión espíritu de inteligencia, de sabiduría y de ciencia para
designar la extrema habilidad de que se le dotaba a Beseleel para la ejecución de su oficio de orfebre,
lo más sencillo es suponer que en el texto de Isaías nos encontramos con tres términos redundantes
— al estilo oriental — para designar la misma idea, es decir, la gran perspicacia de
que será adornado el retoño de Jesé en su oficio de gobernante, de Príncipe de la era mesiánica;
la serie se completará con las cualidades de consejo y fortaleza en las vicisitudes prácticas de su
gobierno, no cediendo ante la injusticia y sabiendo siempre escoger el camino justo, como consecuencia
de una ponderada elección de medios en orden al fin; y presidiendo toda su conducta
estará el espíritu de temor de Dios, es decir, del reconocimiento de los derechos divinos, y de
la conducta práctica de entrega a Dios, que es el “principio de toda sabiduría”12, entendiendo
por “temor” la entrega filial y reverencial a Dios y a sus preceptos. Esta será la gran base del
gobierno prudencial del “Príncipe de la paz”: Pronunciará sus decretos en el temor de Yahvé;
toda la vida pública del retoño de Jesé se verá presidida por este profundo espíritu de reconocimiento
de los derechos divinos, en oposición a la política oportunista de la mayor parte de los
reyes históricos del pueblo escogido.
Número de los Dones o Cualidades.
En el TM tenemos claramente sólo seis cualidades, ya que la expresión espíritu de Yahvé
no es una cualidad más, sino la fuente de todas, y designa más bien la energía divina, que se
apodera de un modo habitual del retoño de Jesé, la cual se desdoblará en seis cualidades de gobierno,
que adornarán al mismo como hombre público. Los Padres griegos, siguiendo a los LXX,
tomaron el número septenario de cualidades aquí presentadas según la versión griega y elaboraron
la teoría de los siete dones del Espíritu Santo. Así, San Justino ve cumplida la plenitud de
estos siete dones en el bautismo de Cristo, que fue el único que tuvo todos los siete, si bien determinados
personajes del A.T., como Moisés, Elías, Isaías, poseían algunos de ellos 13. San Ireneo,
siguiendo la versión griega, admite los dones que adjudica a Cristo, aunque lo aplica también
a las almas de los justos 14, pero no hace hincapié en el número septenario. Tertuliano aplica
el texto de Isaías a Jesucristo, al que sólo le compete la plenitud de estos dones 15. San Hilario
considera como base de todos estos dones el “temor” de Dios 16. San Jerónimo lo aplica a Jesús
17. Orígenes supone en Cristo diez dones, añadiendo a los tradicionales el de “energía,” de
“amor” y de “prudencia”18. San Ambrosio y San Agustín insisten en que el número siete tiene
aquí un valor de plenitud; es decir, el cúmulo de dones deseables moraban en el Mesías 19.
Como consecuencia de todo lo expuesto, hacemos nuestras las conclusiones de Ceuppens:
a) La doctrina del número septenario de los dones no tiene base en el texto de Isaías; b)
dicha doctrina ha sido incorporada a la teología a través de la versión de los LXX. Esta versión
no pretendía dar el número siete como determinación exacta del número de dones, sino traducir
por dos sinónimos una palabra hebrea que aparece dos veces; c) los Santos Padres hablan del
número septenario de los dones siguiendo a los LXX y Vg., sin querer decir que estos siete solos
constituyeran los dones del Espíritu Santo, sino más bien para ellos el número septenario indica
1733
plenitud de dones20.
Mesianismo del vaticinio.
Muchos racionalistas, siguiendo a antiguos judíos, han creído que aquí Isaías se refería al
rey Ezequías. Pero en esta época ya había nacido, y no fue precisamente el suyo un reinado de
paz edénica, y, además, se mostró sumamente imprudente con ocasión de la embajada de Merodac-
Baladán 21 y en la liga con Egipto 22. Más o menos, lo mismo se puede decir de Zorobabel, al
que algunos identifican con el retoño de Jesé. Muchos acatólicos creen que aquí se trata expresamente
de la persona del Mesías, cuyo reinado se describe en términos ideales.
En la tradición judía era bastante común esta opinión 23. San Pablo aduce el texto para
probar la conversión de los gentiles en tiempo del Mesías 24. Los Santos Padres unánimemente
ven aquí un sentido mesiánico y aplican todas estas cualidades excepcionales a Jesucristo 25.
Por otra parte, las cualidades que se enumeran están en perfecta consonancia con la concepción
idealista del Mesías en la época profética: Dios suscitará un Príncipe que gozará de una protección
particular de Dios, e impondrá un reinado de paz y de justicia. Y en el contexto de Isaías,
todo esto no parece sino la continuación del c.9:6-7, cuando habla del misterioso Niño que salvará
a Judá de la incursión asiría, instaurando un reinado de paz y prosperidad, paralelo también
al dominador de Israel de Miqueas 5:4, que surge para proteger a su pueblo contra las incursiones
asirías. Ambos, el retoño de Jesé y el dominador en Israel, son oriundos de la dinastía davídica.
La característica del reinado inaugurado por este gran Príncipe será la paz y la justicia (la
justicia será el cinturón de sus lomos), reconociendo sobre todo los derechos de los pobres y
desheredados (juzgará con justicia al pobre), guiándose siempre por imperativos de la equidad
más objetiva (no juzgará por vistas de ojos), y con este espíritu de justicia herirá al tirano con
los decretos de sus labios. El Mesías, pues, se hallará siempre dispuesto, con el ceñidor de la justicia
(como el caminante, que se recoge la ropa con el cinturón para estar siempre más expedito
en su marcha y dispuesto a afrontar las fatigas y peligros del camino) 26, a salir en favor de los
desvalidos, siendo “fiel” (la fidelidad ceñidor de su cintura) a sus compromisos con las exigencias
del derecho y de la equidad.
Cuadro idílico de la paz mesiánica (6-9).
6 Habitará el lobo con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán
juntos el becerro y el león, y un niño pequeño los pastoreará. 7 La vaca pacerá con la
osa, y las crías de ambas se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. 8 El
niño de teta jugará junto a la hura del áspid, y el recién destetado meterá la mano
en la caverna del basilisco. 9 No habrá ya más daño ni destrucción en todo mi monte
santo, porque estará llena la tierra del conocimiento de Yahvé, como Herían las
aguas el mar.
Como consecuencia de ese estado de equidad y de paz surgirá una verdadera paz edénica, no sólo
en el orden moral de las conciencias, sino que hasta la naturaleza se asociará a esta transformación
moral de los futuros ciudadanos de la nueva teocracia, de tal forma que los animales fieros
perderán sus instintos agresivos, restaurándose así la primitiva armonía de la creación 27.
Después del pecado de los primeros padres, la creación parece estar en un estado violento y como
fuera de sitio. El autor del primer capítulo del Génesis 28 se hace eco de esta idea de paz idílica
primitiva al proponer un régimen vegetariano de alimentación para el hombre y los animales.
No le parecía bien al autor sagrado en el primitivo plan de Dios se diera la terrible lucha por la
1734
existencia, que es la ley de vida en todos los órdenes. Con el pecado del primer hombre no se
cambió la naturaleza de los animales, y así los que eran carnívoros tendrían que vivir de los otros
animales 29. El mismo San Pablo, en su deseo de recapitular todas las cosas en Cristo y en un
arranque oratorio, aspira a transformar la misma naturaleza, que está en “dolores de parto” hasta
que se ponga al servicio de Cristo y de sus regenerados 30. En este capítulo de Isaíanos hallarnos
ante una descripción poética y simbólica para expresar la paz de las conciencias en la era mesiánica,
que en realidad no tiene plena realización sino en el cielo, culminación de la etapa terrestre
31. Y la razón y base de todo este estado de cosas es que en todo el monte santo (la sede de la
nueva sociedad teocrática, Jerusalén, el monte de Sión) y toda la tierra estará llena del conocimiento
de Yahvé, como las aguas llenan el mar. En Amos se dice que después del “día de Yahvé,”
en que serán castigados los habitantes de Israel, la juventud andará macilenta por los montes
buscando “la palabra de Dios” 32, pues experimentarán la ausencia de Dios y querrán llenar el
gran vacío en su corazón. Aquí en Isaías también la base de la paz será precisamente la aceptación
del conocimiento de Dios, de sus preceptos y de su soberanía como rey único de las conciencias.
El retorno del exilio (10-16).
10 En aquel día, el renuevo de la raíz de Jesé se alzará como estandarte para los pueblos,
y le buscarán las gentes, y será gloriosa su morada. 11 En aquel día de nuevo la
mano del Señor redimirá al resto del pueblo, a lo que reste de Asur y de Egipto, de
Patros, de Cus, de Elam, de Senaar, de Jamat y de las islas del mar. 12Alzará su estandarte
en las naciones, y reunirá a los dispersos de Israel, y juntará a los dispersos
de Judá de los cuatro confines de la tierra. 13 Y cesará la envidia de Efraím, y serán
destruidos los enemigos de Judá, y Judá no será más enemigo de Efraím. 14 Y se alzarán
contra la costa de los filisteos a occidente, y juntos saquearán a los hijos de
oriente; Edom y Moab les servirán, y los hijos de Ammón les estarán sujetos. 15 Y
secará Yahvé la lengua del mar de Egipto, y levantará su mano sobre el río con el
terror de su soplo, y herirá sus siete brazos, que podrán pasarse a seco. 16 Y abrirá
camino a los restos de su pueblo, a los que quedarán de Asur, como los abrió para
Israel el día de su salida de Egipto.
En el fragmento anterior, la profecía se centraba en torno a la persona del Mesías y su reinado
de paz. En esta sección, en cambio, la idea central es la del retorno de los dispersos de Judá e
Israel entre las naciones para reconstituir la nueva sociedad teocrática en la Tierra Santa. La
autenticidad isaiana de esta sección es negada por gran parte de los críticos, porque aquí se supone
el pueblo ya disperso no sólo en Mesopotamia, sino en las islas del Mediterráneo y en Egipto.
Por otra parte, la idea de resto rescatado tiene aquí un sentido diferente al de otros textos de Isaías,
ya que aquí ese resto lo forman un núcleo de desterrados, mientras que en otras partes del libro
de Isaías el resto se refiere más bien a los que quedaren en Palestina después del castigo de
Dios. Además, la guerra contra los pueblos vecinos parece en contradicción con la paz idílica
que acaba de presentarnos en los versículos anteriores (6-9). Por eso, muchos creen que este
fragmento es paralelo a la segunda parte del libro de Isaías (c.40-66), y que debe asignarse a un
autor posterior al destierro 33.
Aquí encontramos una idea similar a los c.2-4, en cuanto que el autor se complace en destacar
el atractivo que ejercerá la religión del pueblo escogido sobre las otras naciones. El
profeta ve levantarse un estandarte para los pueblos — que no es otro que el renuevo de la raíz
1735
de Jesé — como invitación a las naciones para que se congreguen en torno a él para ser aleccionados
34, pues será el gran maestro del mundo, y por eso sera gloriosa su morada; es decir, el
lugar en que habite recibirá el gran honor de ver concentrarse a todas las gentes como capital de
la nueva teocracia, centro de la vida religiosa 35 de las naciones.
Pero dentro de este marco general de atracción del renuevo de Jesé sobre las “gentes” hay
una misión particularísima del mismo, y es que será el liberador que redimirá de nuevo el resto
de su pueblo, como en otro tiempo Dios había liberado al pueblo israelita de la opresión de Egipto
36. En tiempos de Isaías, ya Teglatfalasar III había deportado a los habitantes del norte de Galilea
37, y lo mismo les pasó a los habitantes de Samaría después que fue tomada por Sargón en el
721. Por otra parte, con ocasión de la destrucción del reino del Norte de Israel es muy verosímil
que muchos buscaran refugio en Egipto, tradicionalmente enemigo de los asirios y amparados de
las aspiraciones de independencia de los reyezuelos de Canaán. Yahvé, pues, en aquel día hará
una señal (alzará su estandarte en las naciones), invitándolas a concentrarse en el país de Yahvé,
y, sobre todo, llamará a los dispersos de Israel (reino cismático del Norte) y de Judá para formar
un solo hogar patrio. A través de todas las vicisitudes históricas existía cierta nostalgia del pasado
en la conciencia de los buenos israelitas, que añoraban los tiempos en que las doce tribus estaban
unidas, formando un solo reino 38. Esta máxima aspiración se realizará en los tiempos mesiánicos
como inauguración solemne de la nueva teocracia, y con ello, Efraím (reino cismático
del Norte) y Judá depondrán sus rencores tradicionales para lanzarse, unidos en una empresa
común, contra los tradicionales enemigos del pueblo escogido: de un lado, los filisteos, y del
otro, los hijos de Oriente, e.d., los árabes del desierto, y con ellos los moabitas y amonitas, también
seculares adversarios de Israel. Por otra parte, Dios se encargará de vencer a los grandes
imperios con los que Israel no podía medir sus fuerzas: a Egipto, cuya lengua de mar (el mar Rojo)
secará como en otro tiempo, y del otro lado a Asiría; levantara con fortaleza su mano sobre
el río (Eufrates) y herirá sus siete brazos (sus múltiples canales de irrigación), abriendo así una
avenida triunfal a los repatriados de su pueblo, procedentes de Asiría, como en otro tiempo con
ocasión del paso del mar Rojo al salir de Egipto.
1 literalmente según el TM. Así la Bib. de Jer. Por una confusión de letras muy pa-en el hebreo, los LXX traducen: “lo llenará el espíritu
de temor de Dios,” que lee Vg.; cf. Condamin, o.c., 90. — 2 Así Skinner contra Cheyne y Marti (o.c., 103); Condamin (o.c., 90). — 3 1
Sam 16:5. — 4 Cf. Is 6:13. — 5 Núm 10,25.140 — 6 2 Re 2:15. — 7 Ex 31:3- — 9 1 Sam 10,6. — 8 Jue6:34. — 10 Jer 1:18. —
11 Como es sabido, la versión griega enumera siete cualidades, traduciendo la palabra hebrea yira't (“temor”) primero por “piedad”:
ευσέβειας” y después en el v.3 por “temor”: φόβου. Parece ser una simple elegancia literaria — dada la riqueza de la lengua
griega — para no repetir la misma palabra hebrea, como en Prov 1:7. San Jerónimo sigue a los LXX y Padres griegos: San Iren.
Adv. haer. 1.3 C.9: PG 7:871 y 930; Clem. Alej., Strommata V c.6: PG 9:61. Las versiones Peshitta y Targum nos dan “seis” cualidades,
aunque con siete términos. Por tanto, no difieren sustancialmente del TM. — 12 Prov 1:7. — 13 San Justino, Dial Cum
Triph. 87: Pg 6:683. — 14 San Ireneo, Contra Haer. 3:9:17: Pg 7:871.929.930. — 15 Tertuliano, Adv. Mardonem 3:17: Pl 2:373.
— 16 San Hilario, Tract. In Ps. 118:38: Pl 9:541. — 17 San Jerónimo, In Haiam 4:11: Pl 24:149. — 18 Orígenes, In Haiam 10:13:
Pg 13:549· — 19 San Ambrosio, De Spiritu Sancto 1:159: Pl 16:7711 San Agustín, De Civ. Dei L.N C.31: Pl 41:344-345. — 20
Cf. Ceuppens, O.C., 264; J. Touzard, Isaie Xi 2-30. Et Les Sept Dons Du's. Esprit: Rb 8 (1899) P.259; A. Gardeil, Dons: “Dict. T.
C.,” 4 (1911) 1761; Vacant, Esprit Saint: Dict. Bibl. Vig. 2 (1899) 1968-1969; Feldmann, O.C., T.I,I54; J. Knabenbauer, In Isaiam
P.2?O; Tomás, Summa Theol I-11 9:68 A.3 C, Et III 9.7 A.5 C; 11-11 c.45 a.1. — 21 Cf. Is39:2. — 22 Is 37:8-9. — 23 El Targum
de Jonatán dice: “saldrá un rey del hijo de Isaías, y el Mesías (Ungido) será ungido por un hijo de sus hijos.” Cf. Ceuppens, o.c.,
271. — 24 Rom 15:12; 2 Tes 2:8. — 25 San Justino, Dial cum Triph. 86.87: PG 6:682.683; San Ireneo, Adv. haer. '3:17:1 y 3: PG
7:929.930; 7:1214; Tertuliano, Contra ludaeos c.g: PL 2:663; Adv. Marc. 3:17: PL 2:373; San Cipriano, Testirn. 2:11: PL 4:41;
4:734; Eusebio, Demonst. Evang. 2:2:19: PG 22:107.143.559; San Crisóstomo, Contra ludaeos 2: PG 48:815; San Jerónimo, In
Isaiam 1.4: PL 24:147; cf. Ceuppens, o.c., 272. — 26 Cf. “el cinturón de la verdad” en Ef 6:14. — 27 Los milenaristas entendían estos
versículos al pie de la letra, y con ellos San Ireneo y Lactancio, y aún hoy día algunos, como Schegg, creen que llegará un momento en que esto se
realizará, volviéndose las cosas a su cauce primitivo. Cf. San Ireneo, Adv. haer. 33: PG 7:1214; Lactancio, Institutiones 7:24: PL 6:809. San Jerónimo
los critica (In /s.' 11:6 : PL 24:150). — 28 Gen 1:29. — 29 Tomás, I q.6g a.2 ad 3; q.gó a.i ad 2. — 30 Rom 8:19-22. — 31 En todas estas
descripciones poéticas es necesario tener en cuenta que los profetas, aunque conozcan el hecho “quoad substantiam,” no lo conocen
en sus realidades accidentales, y por eso presentan el futuro conforme al gusto de su tiempo y las circunstancias históricas
en que viven. En aquella época de zozobra, lo ideal sería la paz total. Además, el recuerdo de la paz primitiva del Génesis había
dejado huella en su mentalidad eminentemente pacífica y religiosa. — 32 Am 8,ns. — 33 Niegan la autenticidad isaiana de este
fragmento Stade, Duhm, Cheyne, Marti y otros. El P. Condamin hace notar, respecto al argumento de que los exiliados están dispersos
2:1 el Mediterráneo, que probablemente este v.11 es glosa. Skinner se muestra reservado, aunque se inclina más bien por la
1736
no autenticidad isaiana. — 34 Cf. Is2:4. — 35 La Vg. traduce “et erit sepulchrum eius gloriosum,” y ve en ello una alusión a la
muerte de Cristo (cf. Jn 12:32). — 36 Algunos han querido ver en este retorno de los exiliados el primer contingente de repatriados
que volvieron después del decreto de Ciro. — 37 Cf. 2 Re 15:29; 17:6. La enumeración de pueblos de la segunda parte del
v.11 es considerada por muchos como glosa, pues rompe el ritmo: Pairos es el Alto Egipto, con Cebas como capital. Cus: Etiopía.
Elam, cuya capital es Susa. Senaar: Babilonia. Jamat: junto al Orontes, en Siria — 38 Cf. Os 1:11; Εz 37:15.
12. Manifestación Gloriosa de Yahve.
Cántico de liberación (1-6).
1 Y aquel día dirás: Yo te alabo, Yahvé, porque te irritaste contra mí, pero se aplacó
tu cólera, y me has consolado. 2 Este es el Dios de mi salvación, en él confío y nada
temo, porque mi fuerza y mi canto es Yahvé. El ha sido para mí la salud. 3 Sacaréis
con alegría el agua de las fuentes de la salud, y diréis aquel día: 4 Alabad a Yahvé,
cantad a su nombre, pregonad sus obras en medio de los pueblos, proclamad que su
nombre es sublime. 5 Cantad a Yahvé, que hace cosas grandes; que lo sepa la tierra
toda. 6 Exulta, jubila, moradora de Sión, porque grande es en medio de vosotros el
Santo de Israel.
Este himno “forma el epílogo lírico de la primera gran sección del libro de Isaías”1 (c.1-12). En
realidad son dos himnos unidos (1-2 y 3-6), puestos en boca del pueblo rescatado. Como en otro
tiempo el pueblo israelita, bajo el caudillaje de Moisés, entonó un himno de acción de gracias
después del paso del mar Rojo 2, así los nuevos repatriados prorrumirán en un clamoroso cántico
de acción de gracias y de alegría. El género literario del fragmento es similar al de los himnos de
algunos salmos y del cántico de Moisés. Como es extraño en Isaías que se cierre un oráculo por
un himno de este tipo, muchos críticos creen que este capítulo es una adición posterior; no obstante,
debe notarse que la expresión el Santo de Israel (v.6) es muy isaiana 3.
En la primera parte (v. 1-3), el autor sagrado pone en boca de la comunidad de Sión un
cántico de acción de gracias por la salvación conseguida de Yahvé. Como en muchos salmos,
aparece la comunidad israelita personificada, reconociendo la justicia de la intervención divina al
enviarle el castigo, pero al mismo tiempo per donándola, y en realidad Yahvé es la fuerza, porque
es el Dios de su salvación, e.d., su salvador 4
El segundo cántico (v.3-6) es una invitación mutua a alabar a Yahvé y hacer conocer a las
naciones sus grandes obras. Sacaréis con alegría el agua de las fuentes de la salvación: algunos
han visto aquí una alusión al rito de sacar agua de la fuente de Siloé el día de los Tabernáculos
para derramarla sobre el altar, como acción simbólica de que Dios enviará sobre la próxima sementera
(la fiesta tenía lugar de mediados de septiembre a octubre) la lluvia necesaria. En todo
caso, aquí la idea de la frase es: como se saca agua de una fuente inagotable, así los fieles israelitas
son invitados a participar de las gracias, efecto de la bendición divina, que se concibe como
fuente inagotable de bien, y a entonar un himno de acción de gracias por las gestas de Yahvé en
favor del pueblo escogido: pregonad sus obras en medio de los pueblos. Y termina invitando a
Jerusalén, la moradora de Sión, personificada en una dama 5, a dar signos de exultación en honor
del Santo de Israel, título que Isaías suele dar a Yahvé para destacar su carácter de puro, incontaminado
y trascendente sobre todas las cosas de este mundo, pero al mismo tiempo vinculado de
un modo especialísimo al pueblo elegido, Israel 6.
1737
1 Skinner, o.c., 110. — 2 Ex 15. — 3 Condamin, siguiendo a Dillman y Skinner, cree “que las razones prevalecen a favor de una adición
posterior” a Isaías (o.c., 98). — 4 Cf. Ex 15 y Sal 118:14; 25:9; 26:1; 27:2. — 5 Cf. la misma imagen en Jer 51:35; 46:19;
Miq 1:11-15. — 6 Esta expresión aparece también en algunos salmos, como 71:22; 78:41 Y 79:19
13. Oráculo Contra Babilonia.
Inminencia del ataque contra Babilonia (1-5).
1 Oráculo sobre Babilonia, que vio Isaías, hijo de Amos: 2 Alzad bandera sobre lo alto
de un monte desnudo, gritadles, hacedles señas con las manos para que entren
por las puertas de los príncipes. 3 Yo mando a mi ejército consagrado para la guerra,
y llamo a mis valientes para ejecutar mi ira, a los que triunfan para mi gloria. 4
Murmullo de muchedumbres en los montes, ruido de muchas gentes, de reinos, de
gentes reunidas. Yahvé de los ejércitos revista al ejército que va a combatir. 5 Viene
de tierra lejana, de los confines de los cielos, Yahvé con los instrumentos de su furor
para asolar la tierra toda.
Con este capítulo se abre una nueva sección en el libro de Isaías, dedicada a oráculos contra las
naciones paganas. Hasta ahora la preocupación del profeta giraba en torno a Israel; ahora la atención
se centra más sobre el castigo que han de sufrir los enemigos de Israel. Y dentro de esta serie
de vaticinios conminatorios, el primero es éste contra Babilonia.
Por razón de dificultades de estilo y lenguaje y, sobre todo, porque el horizonte histórico
parece desbordar al de la época de Isaías — el cual escribe bajo la obsesión del peligro de Asiría
(s.VIII) y concibe la inauguración de la era mesiánica inmediatamente después de la derrota del
invasor asirio — , la mayor parte de los críticos modernos piensa que esta sección ha sido redactada
a fines del exilio babilónico, no mucho antes de la caída de Babilonia en el 538 ante el empuje
de los ejércitos de Ciro. El profeta supone al pueblo israelita en cautividad bajo el imperio
babilónico, el cual parece hallarse en la cumbre de su apogeo. Aunque todo esto podría explicarse
por una revelación especial de Dios al profeta, no obstante, el vaticinio sería totalmente ininteligible
para los contemporáneos de Isaías, ya que les habla de una situación y de un enemigo
opresor que hasta entonces no había tenido ocasión de tener fricciones con el pueblo escogido.
Por otra parte, no está dentro del género literario habitual de la profecía el dar nombres concretos
como el de Ciro. Por estas razones, quizá sea más prudente suponer que este fragmento ha sido
escrito en tiempos de la cautividad.
La palabra hebrea que traducimos por oráculo suele emplearse en la literatura profética
como introducción a un vaticinio conminatorio, y así lo entendieron las versiones, como la Vg.,
que traduce por onus l. La expresión hijo de Amos 2 parece indicar que este versículo es introducción
de un glosista, y por otra parte indica que este c.13 primitivamente no estaba unido a los
c.1-12 anteriores.
Ex abrupto, como suele ser ley general en los oráculos de esta índole, el profeta invita a
sus oyentes a que levanten un estandarte, una señal sobre un monte desnudo, para que, libre de
árboles, se destaque más y sea más visible, y hagan señales con las manos al ejército invasor,
invitándole a entrar en la ciudad por las puertas de los príncipes, e.d., de los magnates babilónicos,
que tenían categoría de príncipes 3, como aristócratas nativos ante los reyezuelos de las naciones
sometidas. Y Yahvé habla en tono enfático: Mando a mi ejército consagrado, e.d., mis
cruzados, consagrados, dedicados al cumplimiento de un designio de Dios. El ejército, pues, de
1738
Ciro es considerado por Yahvé como instrumento para cumplir sus órdenes, y, en ese sentido, sus
soldados son sus “consagrados” a El, sus “cruzados.” Para ejecutar mi ira: cumplir sus designios
de castigo sobre Babilonia, que también, como Asiría, se excedió en su papel de instrumento para
castigar a la nación israelita; los que triunfan para mi gloria, o, como traducen otros, mis
(guerreros) altivamente exultantes, que se alegran ante la seguridad de la victoria4.
Después de esta invitación directa de Yahvé a que entren en lid los ejércitos para tomar
Babilonia, el profeta parece sentir el murmullo de muchedumbres en los montes.: es el eco de los
guerreros que se concentran en las montañas próximas al este de Babilonia, cuando Yahvé pasa
revista como generalísimo supremo. Es el ejército que viene de Media, compuesto de un conglomerado
de gentes bárbaras de muchas gentes y reinos. que vienen de lejanas tierras (v.5), reunidas
por Yahvé para caer sobre la maldita ciudad, que va a sufrir el peso de la ira divina; para
asolar toda la tierra, expresión hiperbólica para designar el imperio babilónico, que se extendía
por todo el mundo civilizado entonces conocido. Algunos han querido ver en esta frase una alusión
escatológica, en cuanto que la caída de Babilonia podía considerarse como el preludio de un
juicio universal de Yahvé sobre la tierra al estilo de las profecías apocalípticas de Joel 5.
Consternación general en el ((día de Yahvé)) (6-13).
6 Lamentaos, que se acerca el “día de Yahvé,” que vendrá corno azote del Todopoderoso,
7 y desfallecerán todos los brazos y se helarán todos los corazones de los
hombres; 8 se llenarán de terror y de angustia, y de dolor se retorcerán como parturienta.
Se mirarán con estupor unos a otros y se encenderán en llama sus rostros. 9
Ved que se acerca el día de Yahvé, y cruel, con cólera y furor ardiente, para hacer
de la tierra un desierto y exterminar a los pecadores. 10 Las estrellas del cielo y sus
luceros no darán su luz; el sol se esconderá en naciendo, y la luna no hará brillar su
luz. 11 Yo castigaré al mundo por sus crímenes, y a los malvados por sus iniquidades.
Yo haré cesar la insolencia de los soberbios y abatiré la altivez de los opresores. 12
Yo haré que sean los hombres más escasos que el oro fino, más que el oro de Ofir. 13
Yo haré estremecer a los cielos, y temblará la tierra en su lugar ante la indignación
de Yahvé de los ejércitos, el día del furor de su ira.
Ante esta concentración de ejércitos bajo la égida suprema de Yahvé cunde el pánico general. El
v.6 se halla casi literalmente en Joel6 y parece una introducción a este fragmento de colores apocalípticos
y escatológicos. En este estado de consternación hará que desfallezcan todos los brazos,
en signo de desesperación7, y se encenderán en llama sus rostros, como poseídos de ardiente
fiebre y nerviosismo. Es que ha llegado el día de Yahvé, que ya Amos había definido como un
día de tinieblas y no de luz 8, es decir, de castigo y no de regocijo, como esperaban los habitantes
de Israel. La naturaleza toda sideral se asociará a este ambiente de terror, pues los astros negarán
su luz. Es la imagen clásica de la literatura apocalíptica desde Joel 9. Nuestro Señor aludirá también
a estas turbaciones de la naturaleza para expresar la tragedia del último juicio 10.
En realidad son hipérboles orientales que no deben tomarse a letra. En el capítulo II, la
naturaleza se asociaba a la era de ventura inaugurada en los tiempos mesiánicos para hacer más
dichosa la vida de los ciudadanos de la nueva teocracia israelita; aquí, en cambio, la naturaleza es
un instrumento de Dios airado para hacer más terrible la intervención justiciera de su mano 11.
Y en el ν. 11 toma la palabra Yahvé de nuevo para dar la razón de esta manifestación de
su justicia, y es que la perversidad está tan extendida, que se ve precisado a exterminar casi totalmente
a la generación pecadora, de tal forma que los hombres serán mas escasos que el oro de
1739
Ofir, famoso en la antigüedad por su óptima calidad 12.
La matanza sin piedad. Caída de Babilonia (14-22).
14 Entonces, como cierva asustadiza, como ovejas sin pastor, se irá cada uno a su
pueblo, huirá cada uno a su tierra. 15 Cuantos fueren habidos serán degollados,
cuantos fueren tomados caerán a la espada. 16 Sus hijos serán estrellados a sus ojos,
sus casas incendiadas, sus mujeres violadas. 17 Yo despertaré contra ellos a los medos,
que no se cuidan de la plata, que no codician el oro. 18 Y los arcos aplastarán a
los mancebos, y no harán gracia al fruto del vientre ni tendrán sus ojos piedad de los
niños. 19 Entonces Babilonia, la flor de los reinos, ornamento de la soberbia de los
caldeos, será como Sodoma y Gomorra, que Dios destruyó. 20 No volverá jamás a ser
habitada, ni poblada en los siglos venideros. No alzará allí el árabe su tienda, ni se
apacentarán allí los ganados. 21 Morarán allí las fieras, y los buhos llenarán sus casas.
Habitarán allí los avestruces, y harán allí los sátiros sus danzas. 22 En sus palacios
aullarán los chacales, y los lobos en sus casas de recreo. Está para llegar su
tiempo, no se alargarán mucho sus días.
La escena se centra ahora sobre Babilonia, objeto del vaticinio conminatorio. Ante la llegada y
concentración de los ejércitos enemigos en los montes vecinos, cundirá el pánico general, y los
extranjeros que se hallen en aquella ciudad, centro de convergencia comercial de todos los pueblos
y razas, huirán precipitadamente — como cierva asustadiza, como ovejas sin pastor — a sus
países respectivos de procedencia (v.14). Los que no logren salir y caigan en manos de los invasores
serán degollados, y se darán las clásicas atrocidades de la soldadesca desmandada: sus
hijos, estrellados a sus ojos; sus casas, incendiadas; sus mujeres, violadas. Es la secuela normal
de toda ocupación militar violenta 13. En realidad sabemos por la historia que las tropas de Ciro
entraron en Babilonia sin gran violencia, pues la ciudad se rindió sin resistencia, y, por otra parte,
Ciro ha pasado por ser uno de los conquistadores más benignos y deferentes con los pueblos
vencidos, en gran contraste con la conducta de los samarios y violentos reyes asirios y babilónicos.
A continuación se describe el carácter desprendido de los medos conquistadores, que hacen
su primera aparición en la historia del próximo Oriente en tiempos de Salmanasar III (859-825
a.C.). El verdadero fundador del imperio medo fue Ciaxares (633-593), en cual, aliado a los babilonios,
atacó Asiría, tomando Nínive en el 612 a.C. Más tarde, Giro, rey de una región al norte de
Media, se levantó contra el rey Astiages, creando el imperio persa con la anexión de toda la Media,
en el 549, y tomando Babilonia en el 538. Jenofonte destaca también el desinterés de los soldados
medo-persas respecto del dinero 14. El profeta hace resaltar esto para dar a entender que no
será posible comprarlos por dinero (v.17). Aquí se les llama en general medos, aunque propiamente
el jefe era persa, porque era el nombre tradicional que se les daba entonces; los griegos
llamarán a las guerras con los persas las guerras “médicas.”
Estos soldados, pues, 110 tendrán consideración a nadie, ni con el fruto del vientre. Babilonia
era entonces la flor de los reinos, como cabeza de un imperio que comprendía reinos enteros,
y ornamento y gloria de los caldeos, o habitantes de los bordes del golfo Pérsico, que lograron
bajo Nabopolasar, padre de Nabucodonosor, en el 625 antes de Cristo, crear un imperio que
sustituyó al asirio; Babilonia era la capital y el centro de la vida del imperio, pero caerá estrepitosamente
para nunca más levantarse, quedando relegada al olvido como Sodoma y Gomorra,
siendo tan completa su desolación, que hasta el nómada, hombre de la estepa, el árabe 15, no se
dignará acampar en su solar abandonado, que será sólo refugio de los animales y bestias del de1740
sierto y de la estepa. Desaparecerá la ciudad populosa, afeminada por la civilización, y se convertirá
en pastizales, siendo las ruinas de sus casas morada de las fieras salvajes, entre los que
estarán los sátiros de la leyenda popular. Eran una especie de seres demoníacos en forma de machos
cabríos, a los que los israelitas habían sacrificado en el desierto 16. El profeta aquí se acomoda
a la mentalidad popular, sin que ello comprometa su juicio formal sobre la real existencia
de los mismos. En otros textos bíblicos se habla del leviatán, serpiente tortuosa del mar, del folklore
popular oriental. Estas descripciones literarias, a base de ambiente popular, no comprometen
la veracidad de la inscripción profética, pues el autor no hace sino revestir sus ideas con un
ropaje literario ambiental, y aun a veces legendario, para hacerse entender del pueblo sencillo.
Entre los israelitas era conocido el ser demoníaco Assael, al que se arrojaba el macho cabrío emisario
en el desierto 17. En Tobías 8:3 se habla también de otro ser diabólico llamado Asmodeo,
encadenado en la parte superior del desierto de Egipto.
1 Los LXX traducen visión. Literalmente, la palabra hebrea parece significar levantar (la voz). Jeremías quiere evitar esta palabra, que
sus oyentes tomaban a burla, porque todo lo que anunciaba era de mal agüero (23:33-40). — 2 Este Amos no es el profeta conocido,
anterior a Isaías, pues en hebreo la grafía es distinta. — 3 Algunos han creído ver en la expresión puertas de los príncipes una
alusión al significado etimológico de Babilonia: Bab-ilu: “puerta de dios.” — 4 En Israel las campañas militares eran consagradas
con ceremonias religiosas, y así los guerreros eran “consagrados” a Dios (cf. 1 Sam 13:9. Jer 22:7; 51:28; Jl 3:9; 1 Sam 21:5· — 5
Así Skinner, o.c., 115. — 6 Jli.is. — 7 Cf. Is 19:1; Ez 21:7; Job 4:3- — 8 Am 5:18 — 9 Jl I. — 10 Mt 24. — 11 Este carácter apocalíptico
del fragmento es un indicio más de su composición tardía. No obstante, la expresión “día de Yahvé” ya la encontramos
en Is 2:12 con los caracteres sombríos, aunque allí no aparece la turbación de la naturaleza sideral. — 12 Cf. Ophir: “Dict. de la
Bible V..” — 13 Cf. Sal 137:9; Nah 3:10; Os 13:16. — 14 Cf.'Cvrop. V 1:20. — 15 La palabra árabe primero era simplemente un
nombre apelativo: el hombre del araban (el desierto, la estepa). Después de Jeremías aparece ya como nombre propio aplicado *
los nómadas que se dedicaban al comercio en las rutas caravaneras con sus camellos entre ibilonia y los países del Mediterráneo
(cf. Jer 3:2; 25:24; 2 Par 9:14). — 16 Lev 17:7. — 17 Lev 16:17.
14. Encumbramiento de Israel.
Liberación de Israel (l-4a).
1 Porque Yahvé se apiadará de Jacob, todavía escogerá a Israel, y los hará descansar
en su tierra; a ellos se unirán los extranjeros, se unirán a la casa de Jacob. 2 Los tomarán
los pueblos y los llevarán a su lugar,y la casa de Israel los tendrá en heredad,
como siervos y siervas, en la tierra de Yahvé, Cautivarán a los que los habían cautivado
y dominarán a sus opresores. 3 Y sucederá que el día en que Yahvé te dará el
reposo de tus fatigas, de tus penas y de la dura servidumbre a que estuviste sometido,
4 entonarás esta sátira contra el rey de Babilonia, y dirás.
El profeta nos presenta en estos versos la introducción a la oda elegiaca y satírica dedicada a la
ruina de Babilonia, la nación opresora. Generalmente, los autores modernos creen que el fragmento
correspondiente a los capítulos 13 y 14:4-21 es obra de un autor del tiempo del exilio, poco
antes del 538, en que tuvo lugar la toma de Babilonia por Ciro. La principal razón de esta opinión
es el horizonte histórico, dominado por la obsesión del imperio babilónico, a punto de sucumbir
ante el empuje de los ejércitos de Ciro. Además, se señalan diferencias de estilo, aunque
este argumento siempre se presta al subjetivismo literario. El problema, pues, crítico está en el
mismo plano que el de la autenticidad de los capítulos 40-66 del libro de Isaías 1.
En estos versos introductorios (1-4), que sirven de ligazón entre el cántico satírico que sigue
y el capítulo precedente, se hace resaltar que la destrucción de Babilonia no tiene otra finalidad
que facilitar el restablecimiento de Israel en su tierra como nación protegida de Yahvé. En la
concepción teológica de la historia, los profetas articulan toda la historia mundial en función de
1741
la historia teocrática del pueblo elegido. El castigo infligido a Israel en el exilio no tiene otra
finalidad que purificarle de sus pecados tradicionales e inveterados; pero Dios no por eso abandona
a su pueblo totalmente, sino que, en su amor infinito, le hace volver a la Tierra Santa, objeto
de las bendiciones de Dios. De nuevo Israel será objeto de la elección por parte de Dios, y
volverá a participar de sus bendiciones y promesas. Por otra parte, el pueblo elegido se verá incrementado
con los extranjeros (v.1), es decir, los prosélitos, gentes no israelitas vinculadas a los
destinos religiosos e históricos del pueblo escogido por excelencia. En realidad adquirirán una
ciudadanía de segundo orden en el nuevo estado teocrático israelita. Ya en los tiempos mosaicos
hubo algunas tribus no israelitas que se juntaron a éstos, y participaron en cierto modo de sus
promesas y privilegios como el pueblo escogido 2. Los pueblos (v.2), e.d., los gentiles entre los
que vivían dispersos los israelitas, tomarán la iniciativa para hacer que vuelvan los israelitas α su
lugar, la tierra santa de Canaán. Los israelitas, instalados pacíficamente en su tierra, adquirirán
un derecho sobre la prestación personal de los mismos extranjeros que los trajeron a su tierra, y
los convertirán en siervos, de forma que los antiguos cautivadores se convertirán en cautivos
(v.2). Para nuestra mentalidad cristiana no deja de extrañarnos esta concepción demasiado terrenal
de los israelitas; pero debemos tener en cuenta la imperfección del estadio de revelación en
que aún estamos, todavía muy lejos de las claridades evangélicas sobre la caridad universal cristiana.
Dios, en sus secretos designios, toleraba esta mentalidad materialista “propter duritiam
cordis”; pero ello no quiere decir que aprobara este concepto materialista de la vida en muchos
aspectos.
Israel, ya restablecido en su tierra, se tomará la libertad de dirigir un canto irónico y satírico
a sus antiguos opresores, y, en concreto, contra el símbolo de éstos, el rey de Babilonia
(v.4a), que aquí debía de ser Nabónides, último representante de la dinastía babilónica antes de
caer, ya que su hijo Baltasar no llegó a reinar con plenitud de poderes reales, sino como príncipe
heredero. El rey aquí simboliza toda la dinastía opresora babilónica, y por eso se le atribuyen
tropelías y excesos que no cometió personalmente, sino sus antecesores.
Cántico satírico contra el rey de Babilonia (4b-8).
4b Cómo se acabó el opresor y pasó la vejación.3 5 Rompió Yahvé la vara de los impíos,
el cetro de los tiranos. 6 El que castigaba los pueblos con furor, sin cansarse de
fustigar; el que en su cólera subyugaba las naciones bajo un yugo sin piedad4. 7 Toda
la tierra está en paz, toda en reposo, exulta de alegría. 8 Hasta los cipreses se alegraron
de ti, los cedros del Líbano. Desde que yaces, no sube contra nosotros el leñador.
La sátira comienza en tono métrico de elegía bien característico, con estrofas regulares. Esta oda
es considerada como una de las obras maestras poéticas de la Biblia y aun de la literatura universal.
Las imágenes son bellísimas y originales y expresan el júbilo general de toda la tierra al desaparecer
el opresor general. Los mismos cedros del Líbano se asocian a este júbilo general, porque
con la desaparición de la nación imperial opresora ya no subirán los leñadores a abatirlos,
como hacían regularmente los reyes asirios y babilónicos. Sabemos por las inscripciones de Teglatfalasar
III que periódicamente se enviaban leñadores a cortar madera al Líbano para sus
grandes construcciones palaciegas. En el mismo Líbano existe aún hoy día una inscripción de
Nabucodonosor, rey de Babilonia, en la que se gloría de haber construido una calzada para el
transporte de los cedros del Líbano 5.
1742
Júbilo general en el “seol” (9-11).
9 El “seol” se conmueve en sus profundidades a causa tuya, para ir al encuentro de
tu llegada, y por ti despiertan las sombras, todos los grandes de la tierra; haces levantar
de sus tronos a todos los reyes de las naciones. 10 Y todos a voces te dicen:
¿También tú te debilitaste como nosotros y has venido a ser semejante a nosotros? 11
Ha bajado al “seol” tu gloria al son de tus arpas; bajo ti se extienden los gusanos, y
gusanos son tu cobertura.
La noticia de la muerte del opresor llega hasta las profundidades del seol. El pasmo es general, y
de todas las gargantas de los antiguos oprimidos sale un grito común satírico. También el famoso
rey opresor, que se consideraba inviolable y prácticamente inmortal, ha tenido que franquear las
puertas de la muerte y entrar en la humilde mansión de las sombras en el seol. En la estrofa anterior
se destacaba la alegría en la tierra por la desaparición del opresor, y la misma naturaleza inanimada
se asociaba al júbilo general; ahora toca su vez a la región de las sombras, considerada
por los hebreos antiguos como lugar de tristeza y de tedio general. Es el paralelo del hades de los
griegos y del arallu de los asiro-babilónicos. No había dolores físicos, pero sí un debilitamiento
general, y por eso sus habitantes se llamaban refaím, palabra que probablemente alude a ese abatimiento
general de los moradores del seol, en un estado de “sombras,” de “débiles” 6. Todos los
grandes de la tierra 7, es decir, los que han ejercido funciones de mando, se levantan de sus tronos.
Según la opinión popular, la vida de ultratumba en el seol era un eco, una copia sombría de
la que se había tenido sobre la tierra de los vivos; por eso se describe a los que anteriormente gozaron
de realezas o principados sentados en sus tronos y levantándose irónicamente en señal de
fingido respeto al que anteriormente había sido señor déspota de todos. La belleza de la descripción
es incomparable) y la ironía, muy aguda y satírica. En Ez 32:21 se dice que los reyes aparecen
mezclados con sus antiguos subditos. Y la ironía parece aquí recordar el género de muerte
que sufrió el rey de Babilonia al son de tus arpas (v.11), quizá alusión a su muerte violenta
cuando estaba ruidosamente banqueteando entre músicas con sus cortesanos despreocupados 8, o
quizá aluda al acompañamiento músico de sus honras fúnebres como rey. Sin embargo, en Is
21:5 se presenta a los caldeos sorprendidos en medio de un festín, como lo dirá más claramente
el libro de Daniel (c.5) al narrar la cena de Baltasar. Y siguen las alusiones irónicas: antes el rey
se acostaba en lechos blandos y sibaríticamente aderezados; pero ahora no tendrá otro lecho que
los gusanos: bajo ti se extienden los gusanos, y gusanos son tu cobertura (v.11). Quizá en estas
frases haya una alusión al hecho de que el rey se vería privado de honrosa sepultura, convertido
en pasto de los gusanos a la intemperie. Según la mentalidad asiro-babilónica, el que no había
logrado honrosa sepultura recibía particular castigo, y tenía que andar vagando periódicamente
en torno a los poblados mendigando alimento. El mayor castigo que se podía infligir a uno en la
antigüedad era remover sus huesos del sepulcro propio. En una inscripción de Esmunezar de Sidón
se pide la maldición de Dios para quien se atreva a violar su sepultura y remover sus restos
mortales 9.
Humillación del rey de Babilonia (12-15).
12 ¿Cómo caíste del cielo, lucero brillante, hijo de la aurora, echado por tierra el
dominador de las naciones? 13 Y tú decías en tu corazón: Subiré a los cielos; en lo alto,
sobre las estrellas del cielo, elevaré mi trono, y me asentaré en el monte de la
asamblea, en las profundidades del aquilón. 14 Subiré sobre las cumbres de las nubes
1743
y seré igual al Altísimo. 15 Pues bien, al “seol” has bajado, a las profundidades del
abismo.
Los moradores del seol ponen en contraste la encumbrada situación del rey de Babilonia en vida
y su misérrimo estado de humillación actual. Se le llama lucero, hijo de la aurora, es decir, el
astro brillante de Venus, que, según la leyenda popular, era hijo de la aurora, porque precede a la
aparición del mismo sol, en el crepúsculo del alba. Algunos críticos ven aquí una alusión a algún
mito astral babilónico, pero la comparación de un rey a un astro luminoso era un tópico literario
10. La Vg. traduce Lucifer siguiendo al texto griego. Como algunos Padres han aplicado el texto a
la caída del ángel rebelde, se aplicó al jefe de los demonios el nombre de Lucifer, relacionándolo
con el texto de San Lucas 10:18, donde el Señor dice que vio a Satanás caer del cielo como un
rayo. En la epístola de San Pedro se aplica en la versión latina “Lucifer” a Cristo . En realidad,
en el contexto de Isaías no hay nada que nos pueda hacer pensar en el diablo, el ángel caído, pues
se trata únicamente de la estrepitosa caída del rey de Babilonia. Ese título de Lucifer está justificado
por su arrogancia pretenciosa de ser superior a todos, igualándose con las divinidades superiores:
subiré a los cielos. y seré igual al Altísimo. Es la suprema arrogancia de los monarcas babilónicos
12. En la época sasánida, los reyes persas se dieron en las inscripciones el título de dioses.
La expresión que traducimos por Altísimo aparece en el Gen 14:18 y se aplica al dios de
Melquisedec. En realidad, el sentido del vocablo hebreo es oscuro, pero es clara la idea del profeta,
pues ciertamente quiere decir que el rey babilónico se equipara en su insolencia con los dioses,
moradores sobre las cumbres de las nubes (ν. 14) según la mentalidad semítica occidental.
Según los hebreos, Elohim habitaba en los “cielos de los cielos,” encumbrado sobre la bóveda
celeste. El profeta, pues, pone aquí en boca del rey de Babilonia esta frase llena de presunción,
que para los oídos israelitas sonaba a blasfemia e insensatez. Me instalaré en el monte de la
asamblea, en las profundidades del aquilón (ν.13): es un eco de la concepción mítica babilónica
sobre la morada de los dioses. Según los asiro-babilonios, los dioses habitaban en una región
montañosa al septentrión. Aquí, pues, el monte de la asamblea es una montaña al estilo del
Olimpo griego, donde tenían su morada y asamblea ordinaria los dioses del panteón mesopotámico.
La expresión arrogante del rey babilónico de instalarse en este monte de la asamblea equivale
a apropiarse el título de dios, como a continuación lo dice en la otra expresión: seré igual al
Altísimo. La Vg. ha traducido “monte testamenti,” sin duda pensando en Sión, conforme a Sal
48:2. Ezequiel habla también del “monte de Dios,” aludiendo irónicamente a las pretensiones del
rey de Tiro13. De nuevo vemos que el profeta no tiene inconveniente en utilizar una concepción
mitológica para expresar sus ideas, si bien aquí esas ideas mitológicas las pone en boca de idólatras,
como el rey babilónico. Esta orgullosa pretensión del rey de Babilonia contrasta con la trágica
realidad: pues bien, al seol has bajado, a las profundidades del abismo (v.15). Aquí seol y
abismo, que la Vg. traduce, respectivamente, por “infernum” y “lacum,” son sinónimos. Según la
mentalidad popular hebrea, el seol se hallaba en una oquedad subterránea en forma de descomunal
fosa o pozo 14.
El rey de Babilonia, sin sepultura (16-20).
16 Los que te ven te contemplan, sobre ti piensan: ¿Es éste el que hacía temblar la
tierra, el que trastornaba los reinos, 17 el que hacía del mundo un desierto, devastaba
las ciudades y no liberaba a sus cautivos? 18 Todos los reyes de las naciones reposan
con honor, cada uno en su morada; 19 pero tú has sido arrojado de tu sepulcro
como rama abominable 15; revestido de asesinados, los muertos por la espada, con
1744
lo que descienden a sepulcros de piedra 16; como cadáver pisoteado, 20 no tendrás
con ellos sepultura, porque arruinaste tu tierra, asesinaste a tu pueblo. No se hablará
jamás de la raza de los impíos.
La escena cambia un tanto, pues el profeta traslada mentalmente a los habitantes del seol al campo
de batalla para contemplar el cadáver del rey de Babilonia, muerto sin honor y sin derecho a
sepultura. El estupor los sobrecoge: ¿Es éste el que hacia temblar la tierra.,.? (v.16). Después de
tanto poder omnímodo y despótico no le ha cabido el honor de ser enterrado, como los demás
reyes, en un sepulcro suntuoso (reposan con honor. en su morada, v.18), pues él ha sido arrojado
de tu sepulcro (v.18); no que haya sido profanado su sepulcro, sino que ha sido privado de él,
a pesar de haberlo preparado cuidadosamente de antemano, y fue lanzado como una rama abominable,
un tronco despreciado 17, revestido de asesinados, es decir, rodeado de muertos violentamente
por la espada en el campo de batalla, sin poder tener sepulcro de piedra, (lit. “piedras de
la fosa”) 18, lo que era el máximo baldón para un rey oriental de la antigüedad. La muerte de Sargón
II de Asiría en el campo de batalla, quedando sin enterrar, pudo sugerir la aplicación al rey
de Babilonia. Y la causa de este castigo es haber obrado como un tirano, con desprecio de todos
los derechos del país (v.20); por ello la maldición se cebará no sólo en él, sino en su descendencia.
Morirán todos sus descendientes con él: No se hablará ya jamás de la raza de los impíos.
Era el máximo castigo ser privado de descendencia y de nombre en su pueblo.
La maldición de Yahvé (21-23).
21 Preparad un matadero para los hijos por la iniquidad de sus padres, no se levanten
para conquistar la tierra y llenar el mundo de ruinas 19. 22 Yo me alzaré contra
ellos, dice Yahvé de los ejércitos. Yo aniquilaré de Babilonia su nombre y sus restos,
su raza y su germen, dice Yahvé de los ejércitos. 23 Yo la haré hura de erizos, fangosa
charca, y la barreré con la escoba de la destrucción, dice Yahvé de los ejércitos.
El profeta toma la palabra directamente para proclamar el oráculo de destrucción sobre la dinastía
de Babilonia. Preparad un matadero para los hijos: invitación a preparar el lugar de inmolación
de la descendencia del rey, de modo que, conforme al verso anterior, no se hablará ya jamás
de la raza de los impíos. Indudablemente que la proclama del profeta se dirige a los enemigos
de Babilonia, ejecutores de los designios divinos de castigo sobre ella. En realidad es el
mismo Yahvé quien trae la destrucción por medio de esos ejércitos invasores: Yo me alzaré contra
ellos., aniquilaré su raza y su germen. 20, convirtiéndola en lugar deshabitado propio para
las alimañas (v.23). Este refrán se convertirá en lugar común en la literatura profética. En realidad
no se quiere sino describir la desolación y el olvido sobre una tierra maldecida por Yahvé.
Oráculo contra Asiría (24-27).
24 Yahvé de los ejércitos lo ha jurado, diciendo: Sí, lo que yo he decidido llegará, lo
que yo he resuelto se cumplirá: 25 destruiré al asirio en mi tierra, y le hollaré en mis
montes, f y les quitaré de encima su yugo, y arrojarán su carga de sobre sus espaldas.
26 He ahí la resolución tomada contra toda la tierra, he ahí la mano tendida contra
todos los pueblos, 27 Porque Yahvé de los ejércitos lo ha decidido, ¿quién se le
opondrá? Tendida está su mano, ¿quién la apartará?
Por el modo de empezar este versículo se ve que nos hallamos ante otro fragmento distinto del
1745
anterior. Cambia el horizonte histórico, y la frase dice Yahvé de los ejércitos del v.23 indica claramente
que se cierra el oráculo contra el rey de Babilonia. Los críticos comúnmente ven un estilo
netamente isaiano en este oráculo nuevo contra Asiría (24-27) 21. Se suele poner la composición
de este fragmento en tiempos del reinado de Senaquerib 22.
Yahvé personalmente se encargará de echar de su tierra al invasor asirio, hollándole. Toda
la vida de Isaías se desenvolvió bajo la amenaza de Asiría, que, en su deseo de conquistar
Egipto, había sometido brutalmente los reinos de la costa siro-fenicio-palestina. Los oyentes del
profeta, por tanto, no tienen otra preocupación que la liberación de estos ejércitos invasores. Asiría
se caracterizó en la antigüedad por la falta de diplomacia con los vencidos, buscando siempre
la sujeción por la fuerza bruta y la represión violenta. La expresión Yahvé de los ejércitos lo ha
jurado era una fórmula estereotipada heredada de Amos 23, que se repite en los escritos profetices,
e indica que el profeta transmite un oráculo recibido directamente de Dios. El objeto de ese
juramento es desbaratar al invasor asirio en la propia tierra de Yahvé, la tierra santa, es decir, el
antiguo país de Canaán. Con ello conseguirán sus habitantes la liberación: y se les quitará de encima
su yugo (v.25). Pero esto traerá como consecuencia la liberación de los otros pueblos
(v.26). La expresión contra toda la tierra, contra todos los pueblos, puede traducirse “sobre toda
la tierra, sobre todos los pueblos,” y, en este sentido, las palabras del profeta son un oráculo de
liberación para todos los pueblos oprimidos. Si se traduce “contra toda la tierra.,” como hemos
hecho, entonces sería a la vez una amenaza contra los pueblos que se oponen a los planes de
Yahvé. Porque la mano de Dios está tendida (v.27), expresión que ya hemos encontrado 24, y
significa que Dios tiene la mano levantada para castigar a los pueblos.
Oráculo contra Filistea (28-32).
28 El año de la muerte del rey Acaz se dio este oráculo: 29 No te alegres tú, Filistea
toda, por haberse roto la vara que te hería, porque de la raza de la serpiente nacerá
un basilisco, y su fruto será un dragón volador. 30 Los pobres se apacentarán en mis
pastos 25 y los indigentes reposarán seguros. Yo haré morir de hambre a tu posteridad
y destruiré lo que de ti queda. 31 Gime, ¡oh puerta! grita, ¡oh ciudad! cae desfallecida,
Filistea toda, porque viene del aquilón una humareda y ninguno se separa de
sus batallones; 32 y ¿qué responderá a los mensajeros del gentil? Yahvé fundó a
Sión, y a ella se acogerán los desvalidos del pueblo.
La profecía está fechada en el año de la muerte del rey Acaz, pero en realidad no sabemos a
ciencia cierta la fecha de su muerte. Unos la ponen en el 727, mientras que otros la retrasan al
721, y no pocos autores creen que este encabezamiento no es de la mano de Isaías 26.
Según se refleja en la profecía, Filistea se entregaba a transportes de alegría extrema con
motivo de la muerte de un opresor, la vara que te hería (v.29). El profeta la amonesta a que no se
alegre demasiado, pues va a venir otro peor: de la raza de la serpiente nacerá un basilisco., un
dragón volador (v.29), ser mitológico popular, peor que las serpientes. De nuevo aquí el profeta
echa mano del folklore mitológico popular para expresar sus ideas, sin que ello comprometa su
juicio profético infalible. En el ν.31 se dice que la invasión viene del aquilón, lo que nos indica
quién es ese nuevo opresor, sin duda un nuevo rey de Asiría, que caía sobre Palestina por la ruta
septentrional después de haber remontado el Eufrates hacia el norte hasta las cercanías de Damasco.
En 727 murió Teglatfalasar III, y en el 721 Salmanasar V. Si Acaz murió en 727, entonces
el basilisco sería Salmanasar V, que había de poner sitio a Samaría después de haber invadido
a Filistea. Si, en cambio, Acaz murió en 721, entonces el basilisco sería Sargón II, que por sus
1746
conquistas rápidas y profundas bien merecía el nombre de dragón volador, y más aún su hijo Senaquerib.
El profeta contrapone la suerte del pueblo escogido que vivirá pacíficamente en los pastos
de Yahvé (v.50); y se les llama pobres por haber sido oprimidos y despreciados de los pueblos
más fuertes. En cambio, Dios castigará severamente a Filistea, haciendo morir a su posteridad.
Por el aquilón viene el invasor, instrumento de Dios para castigar a Filistea, insolente para
con el pueblo escogido, levantando humareda con sus incendios de ciudades; por ello el profeta
invita a Filistea a entonar un canto lúgubre ante la trágica perspectiva: gime, ¡oh puerta! (la puerta
aquí simboliza a la ciudad), Filistea toda, es decir, en todos los cantones de tu confederación,
porque el castigo llegará a todos. Ninguno se verá libre del invasor. Y el enemigo viene tan disciplinado
y decidido, que ninguno se separara de sus batallones.
Y el profeta, con un profundo sentido de la teología de la historia del pueblo elegido, se
vuelve a su pueblo y se pregunta: ¿Qué responderá a los mensajeros del gentil? (v.32). Parece
que alude a una embajada de Filistea enviada a Jerusalén para pedir su ayuda, invitándola a entrar
en una liga contra el invasor asirio. El profeta parece esperar la decisión de la corte de Jerusalén
a esta embajada, y se adelanta a dar un consejo práctico: Yahvé fundó a Sión, y a ella se
acogerán los desvalidos del pueblo (v.32); e.d., el fundamento de la seguridad nacional es Yahvé
y no los manejos de la política exterior humana. Es la misma tesis sostenida ante Acaz cuando
invadía Jerusalén el ejército siro-efraimita en 734. Judá, pues, debe confiarse ciegamente en las
manos de Yahvé, su único protector, y prescindir de cálculos diplomáticos humanos. Toda alianza
con el extranjero no traerá sino pésimas consecuencias religiosas para el pueblo de Yahvé.
1 Cf. Condamin, I.C., p.103. — 2 Cf. Is 56:3-7; Zac 2:11; 8:21-23. — 3 Así leyendo con los LXX. Condamin lee tormenta; Vg., tributum;
Bíb. de Jer., su arrogancia. — 4 El TM lee persecución, pero los LXX y el Targum más bien reflejan la idea de sujeción o
yugo. — 5 Véase Meissner, Babilonien und Assyrien I p.352.390.323. — 6 La raíz hebra rafa' indica “debilidad,” y de ahí el nombre
de refaím aplicado a los muertos entre los hebreos y fenicios. Los refaím eran también una raza de gigantes en el folklore popular
hebreo (Dt 2:20), quizá relacionados con los dólmenes o construcciones ciclópeas, bajo las que reposaban las sombras de los
muertos. — 7 Literalmente, “los machos cabríos” (Jer 50,8; Zac 10:3), en cuanto que los reyes dirigen a los pueblos, como los
machos cabríos van delante del rebaño. — 8 Cf. Is 21:5; Danc.5. — 9 Cf. Lagrange, Eludes sur les religions sémitiques p.113. —
10 Núm 24:17; Ez 32:7. — 11 2 Pe 1:19. — 12 Cf. Sof 2:15; Dan 3:15. — 13 Ez 24:14. — 14 Muchos ven en esta idea de “hueco,
vacío, cóncavo,” el sentido primordial etimológico de seol, del sa' al, que significa el “hueco” de la mano. Otros más bien lo
derivan de sa' al: “pedir,” porque el seol es insaciable en su demanda de vidas humanas. — 15 Así según el TM; los LXX, en
cambio, leen “inmundicia.” — 16 Literalmente se lee “piedras de la fosa” en hebreo. — 17 La versión de Símaco y el Targum
leen “un odioso aborto,” lo que supone un ligero cambio en la palabra original hebrea. — 18 Si se lee “piedras de la fosa,” como
literalmente dice el original, aludiría a un cadáver en el campo cubierto sólo con piedras. — 19 El texto hebreo lee “de ciudades,”
pero por razones de paralelismo se ha cambiado ligeramente la palabra hebrea por otra que significa “ruinas.” — 20 Cf. Gen
21:23; Job 18:19. — 21 Cf. Is 10:5; 17:12.18. — 22 Cf. Skinner, l.c., 126. — 23 Cf. Am 4:2; 6:8; 8,7; Is 45:23-54; 62:8. La frase
falta en el texto griego, y, por otra parte, no es usada en la primera parte del libro de Isaías fuera de aquí (cf. Skinner, l.c., 127). —
24 Cf. 5:25; 9:12. — 25 El texto hebreo dice literalmente “los primogénitos de los pobres,” e.d., los humildes por excelencia. Pero,
con un ligero cambio en la vocalización, en vez de “primogénito,” muchos leen “mis pastos.” — 26 Cf. Skinner, o.c., 128.
15. Oráculo Contra Moab.
Este capítulo forma un todo con el que sigue. La profecía se refiere a la devastación de Moab,
decretada por Yahvé. El profeta describe con vividos colores el pánico general del país, que, al
ver tomadas sus fortalezas, se refugia en los santuarios, huyendo hacia el sur, hacia las montañas
de Edom (1-8). Desde allí los fugitivos envían un mensaje con un tributo, pidiendo auxilio. El
profeta, con sentido teológico de los hechos históricos, presenta esta tragedia como un castigo
por el orgullo de Moab. Y termina con una lamentación elegiaca sobre las ruinas de Moab (16:7-
11).
Los autores discuten sobre el carácter del fragmento, pues el lenguaje puede interpretarse
1747
como una profecía o como un canto elegiaco sobre una situación presente conocida del profeta.
Por razones de estilo se ha pretendido negar la paternidad isaiana del fragmento. Respecto de la
fecha de composición del oráculo no existe unanimidad entre los autores. Unos lo ponen en
tiempo de Ozías de Judá (s.VIII), bajo el cual Edom estaba sometido a Judá, pero otros rebajan la
fecha de composición hasta el siglo II, en tiempos de Juan Hircano, que extendió sus conquistas
por esta región. Tampoco existe unanimidad sobre la identificación de los invasores de Moab,
pues mientras unos dicen que son los israelitas del reino del Norte en tiempo de Jeroboam II
(s.VIII), que extendió sus fronteras a costa del territorio de Moab (2 Re 14:25) hasta el mar
Muerto, otros, en cambio, creen que los invasores son tribus árabes que venían del desierto oriental,
y aun algunos concretan diciendo que eran los nabateos, que venían del sudeste; lo que no es
probable, pues entonces no se comprende que los moabitas se refugiaran hacia el sur.
Desolación de los moabitas (1-4).
1 Oráculo sobre Moab: Ved, asolada de noche, Ar-Moab está en ruinas; I asolada de
noche, está en ruinas Quir-Moab. 2 La hija de Dibón ha subido l a los altos para llorar,
y Moab se lamenta por Nebo y por Madaba. Todas las cabezas están rasuradas;
todas las barbas, afeitadas, 3 Salen por las calles vestidos de saco, por los terrados,
por las plazas. Todos dan alaridos, se deshacen en llanto. 4 Hesebón y Eleale lanzan
gritos, cuyos ecos se oyen hasta Jahas. Por eso Moab siente desfallecer sus ríñones, y
su alma desmaya.
El profeta, con vivos colores, describe las escenas de pánico en la población moabita, y personifica
el llanto de las principales ciudades: Quir-Moab, Dibón, Nebo, Madaba, Hesebón y Eleale,
todas perfectamente identificadas hoy en una reducida zona territorial al norte del antiguo Moab.
Ar-Moab, capital del reino, a orillas del Arnón; más tarde el nombre pasó a Rabbat-Moab, llamada
en griego Areópolis, un poco más al sur. Quir-Moab suele identificarse con Qir-Hareset
(16:7), el Kerak actual, hacia el sur, dominando la lengua de terreno llamada Lisan. Algunos
creen que es la misma que Ar-Moab anterior, ya que Qir y Ar significan “ciudad.” Dibón, el actual
Dibán, al norte del Arnón. Nebo, al este del Jordán, sobre el monte del mismo nombre. Madaba,
un poco más al sur, famosa por el mosaico bizantino del siglo ν que representa un mapa de
Palestina de la época. Hesebón, la actual Hesbán, no lejos de Madaba. Eleale, al norte de Hesebón.
Jahas no ha sido identificada; se supone que estaba cerca de Madaba 2.
Huida hacia el sur (5-9).
5 Salen gritos del corazón de Moab 3, sus huidos llegan a Segor y a Eglat-Selisiya;
ciertamente suben llorando la cuesta de Luhit, en verdad por el camino de Joronaím
van dando gritos de angustia; 6 se han secado las aguas de Timrim, pues se ha secado
el heno, se ha marchitado la hierba, no hay verdor. 7 Por eso llevan sus ahorros y
sus provisiones al otro lado del torrente de los Sauces. 8 Pues el clamor rodea las
fronteras de Moab, los lamentos llegan hasta Eglaím, y hasta Beer-Elim llegan sus
alaridos, 9 porque las aguas de Dimón están llenas de sangre, y todavía mandaré sobre
Dimón nuevos (males), leones para los escapados de Moab y para los sobrevivientes
de la tierra.
Sigue la descripción del duelo general, y se da el itinerario de los fugitivos: Segor o Zoar (Gen
19:22), al sudeste del mar Muerto. Eglat-Selisiya, que se supone nombre propio, es considerado
1748
por algunos como glosa tomada de Jer 48:34. Luhit se ha identificado con Rabat-Moab. Joronaím
no ha sido identificado, pero aparece en Jer 48:5. Nimrim: conocemos otro Bet-Nimra (Núm
32:36). Existe hoy un Bordj Nemera, que puede ser el bíblico Nimrim, hacia el sur del mar
Muerto4. Los fugitivos llevan sus enseres (v.7) hacia el valle de los Sauces, que estaba en la frontera
de Edom. Se le identifica con el wady Qurahe. Eglaím no está identificado, pero se le supone,
siguiendo a Eusebio, en el centro de Moab. Beer Elim: se le suele identificar con el campamento
de los israelitas al norte de Moab (Núm 21:16-18). La mención de los dos nombres parece
indicar que el llanto era general en todo el país. Dimón quizá es el mismo Dibón anterior, y el
profeta cambió una consonante para jugar con la palabra dam, que significa “sangre,” que aparece
en el contexto. Dios enviará nuevos castigos, leones (lit. “un león”), que puede significar un
perseguidor en general, o, en concreto, el asirio, como antes contra Filistea se le llamaba “basilisco.”
5
1 El texto hebreo dice literalmente: “Ha subido a Bayit ya Dibón,” tomando la primera palabra como nombre de localidad. Un ligero
cambio da “hija.” — 2 Cf. Núm 22:36; Dt 2:9.18; 2 Re 3:25. — 3 El texto hebreo dice literalmente “mi corazón clama por Moab,”
y entonces se reflejaría aquí la reacción del corazón piadoso del profeta ante la tragedia de Moab. La traducción que hemos seguido
está conforme al texto griego, que supone un ligero cambio de vocalización en el hebreo. — 4 Cf. Skinner, o.c., 135. — 5 El
texto griego lee en vez de león “Ariel.”
16. Los Moabitas se Refugian en Juda.
Embajada de Moab a Jada (1-5).
1 Enviad la hija del señor de la tierra1 desde la Roca del desierto al monte de la hija
de Sión, 2 y sucederá que como ave fugitiva, como nidada dispersa, serán las hijas de
Moab por los vados del Arnón. 3 Resuelve, decide, haz a tu sombra como de noche
en pleno mediodía, oculta a los desterrados, no descubras al fugitivo. 4 Hospédense
en ti los desterrados de Moab, sé para ellos cobijo ante el devastador, hasta que acabe
el opresor, cese el devastador y sea consumado fuera del país el pisoteador. 5 Y el
trono se afirmará por la clemencia, y se sentará sobre él en fidelidad, en la tienda de
David, un juez que buscará el derecho y será pronto a la justicia.
Los fugitivos, al entrar en Edom, caían bajo la jurisdicción de Judá, que, al parecer, dominaba
entonces esta región. De ahí la necesidad de captar la benevolencia del señor de la tierra (v.1)
enviándole un tributo. Ya en otro tiempo los moabitas, hasta los tiempos de Mesa, tuvieron que
pagar un tributo al reino del Norte, Israel (2 Re 3:4). La embajada parte de la Roca o Sela, que
suele identificarse con la actual Petra, ciudad excavada materialmente en la roca, y de ahí su
nombre de Sela o Roca. Otros toman Sela como denominativo del país rocoso de Edom.
Si leemos el versículo como está en hebreo: “enviad un cordero del (o al) soberano de la
tierra” (o tomándolo colectivamente: “enviad corderos.”), se alude a un donativo en especie, como
lo habían hecho antes a los israelitas del reino del Norte 2; el sentido es claro: se trataría de
una embajada enviada a Jerusalén para captar la benevolencia del rey de Judá, señor de la tierra.
En cambio, si traducimos enviad la hija del señor de la tierra, entonces aquí la hija sería en calidad
de rehén a la corte de Jerusalén, enviada desde Sela, adonde llegaba el señor de la tierra, o
príncipe moabita. Algunos comentaristas más bien creen que aquí se reflejaría el deseo de preservar
a la hija del príncipe del país, sometido a Judá, para que no cayera en manos de los invasores.
La Vg., al traducir “emitte agnum Domine, dominatorem terrae,” le da un sentido mesiá1749
nico que está fuera de contexto. La mayor parte de los autores hoy día prefieren leer con el texto
hebreo y entenderlo de un tributo en especie enviado al rey de Jerusalén para ganarle a su causa,
recibiéndolos como fugitivos y desamparados.
El profeta describe después la triste situación de los fugitivos e invita a Judá a recibirlos
humanitariamente, sin entregarlos al invasor. Las hijas de Moab aquí son las ciudades o los habitantes
de Moab en general, no sólo las mujeres. Los mensajeros urgen al rey de Judá (v.3) a tomar
una resolución rápida protectora: Resuelve, decide, haz a tu sombra como de noche en pleno
día, oculta a los desterrados. Quieren que su persona sea como una sombra, o garantía contra la
persecución, que aprieta como calor en el mediodía. Su protección será tan benéfica como la
sombra en pleno día.
Hasta que acabe el opresor, cese el devastador. y el trono se afirmará para siempre por la
clemencia, y se sentara sobre él en fidelidad, en la tienda de David, un juez que busque el derecho
y esté pronto a la justicia: estas palabras parecen tener un marcado sello mesiánico, y por eso
son extrañas en boca de los enviados moabitas. Muchos autores creen que son expresiones adulatorias
orientales para ganar la voluntad del rey de Jerusalén. Otros, en cambio, creen que estas
palabras son una adición del propio profeta, que en la devastación de Moab veía también las devastaciones
que sufriría Judá y el remedio de ellas, el Mesías. Por asociación de ideas, el profeta
tomaría pie de las palabras de los moabitas para proyectarse sobre la época mesiánica, en que
cesaría la opresión y la devastación, instaurándose un reinado de paz, basado en la búsqueda
de la justicia por parte de los gobernantes (v.5). Desde luego podemos decir que los profetas
padecen verdadera obsesión mesiánica como solución a todos los males de su tiempo; por ello,
instintivamente miran hacia aquel venturoso horizonte mesiánico futuro, razón histórica de ser
del pueblo elegido, siempre que se avecina una crisis nacional. En ese caso, la palabra país
(v.4b) tendría un sentido general, sin referirse sólo a Moab o a Judá, sino a todo país injustamente
invadido.
Invectiva contra Moab (6-12).
6 Hemos oído del orgullo de Moab, orgulloso en extremo; su arrogancia, su orgullo,
su insolencia, su vana palabrería, 7 Por eso laméntese Moab por Moab, sean todos
lamentos, suspiren profundamente conmovidos por las tortas de uvas pasas de Quir-
Jareset, 8 porque las viñas de Hesebón están marchitas. Los señores de las naciones
han pisoteado la viña de Sibma. Sus ramas se extendían hasta Jazer, sus sarmientos
iban a perderse en el desierto, se expandían y pasaban el mar. 9 Por eso uno mis
llantos a los llantos de Jazer por la viña de Sibma, y os riego con mis lágrimas,
Hesebón y Eleale, sobre cuyos frutos y cosechas caía el grito del lagarero. 10 Ha desaparecido
el gozo y la alegría del vergel, ya no hay cantos ni gritos de júbilo en las
viñas, ya no se pisa el vino en los lagares, ya cesó el canto del lagarero. 11 Por eso mis
entrañas vibran como un arpa por Moab, y mi corazón por Quir-Jareset. 12 Y sucederá
que, cuando Moab se presente y se esfuerce sobre los lugares altos y entre en su
santuario para orar, no podrá.
El pecado característico de Moab era el orgullo4, y ahora la devastación es un castigo por esa
vana jactancia. No está claro quién es el que está hablando: unos creen que es la negativa de la
corte de Jerusalén a la respuesta de la supuesta embajada de Moab pidiendo protección; otros, en
cambio, ven aquí unas reflexiones del profeta para dar razón de su tragedia nacional, siempre
enfocando los problemas históricos desde el punto de vista religioso. En este último caso, las pa1750
labras pueden considerarse como expresión de la compasión del profeta por Moab ante tanta tragedia,
o, según otros, como una elegía irónica5. Suspiren. por las tortas de uvas pasas de Quir-
Jareset: probablemente es una alusión a las comidas rituales religiosas idolátricas en dicha localidad
a base de tortas hechas de pasas, parecidas a las de dátiles que se ven en los mercados de
Oriente. Sabemos que se distribuían en las festividades religiosas 6. Las finas de Hesebón y de
Sibma (v.8) eran famosas en los pueblos circunvecinos por su excelente calidad, y sus cepas celebradas
por su tamaño extraordinario, e iban a perderse en el desierto (v.6) por el oriente. Sibma
estaba cerca de Hesebón. Quizá la actual Sumiye Jaser, hoy Kh. Sar, al oeste de Aman. El poeta
se suma al llanto general en términos subidos y emotivos (V.9-11). Ha desaparecido toda señal de
alegría: ya cesó el canto del lagarero, ya no se pisa el vino en los lagares (v.10); y de nada le
valdrá subir a los altos lugares (v.12) a implorar auxilio del dios nacional, Gamos, pues no podrá,
e.d., no conseguirá ayudarles.
Epílogo (13-14)
Muchos autores creen que este epílogo pertenece a otro autor por razones de estilo, pues desaparece
el tono afectivo y elegiaco anterior. Pero es difícil, por meros motivos de crítica interna,
querer juzgar de la paternidad literaria de un fragmento bíblico.
13 Esta es la palabra que sobre Moab pronunció Yahvé en otro tiempo: 14 Y ahora habló
Yahvé diciendo: Dentro de tres años, como años de jornalero, será abatida la gloria de
Moab con toda su turba, y quedará de ella bien poco, sin importancia.
Nada sabemos sobre el punto de partida que toma el profeta para calcular esos tres años. de jornalero,
e.d., justos, pues el jornalero o mercenario no trabaja más de lo ajustado. Lo que quiere
expresar es la destrucción a plazo fijo. Caerá toda la población, la gloria y la turba, es decir, la
clase noble y el pueblo bajo.
1 Esta traducción está basada en una reconstrucción del texto. En realidad, el texto hebreo dice: “enviad un cordero del soberano de la
tierra.” Un ligero cambio de letras da hija en vez de cordero. El texto griego dice “enviaré como reptil sobre la tierra.” La Peshitta
lee “enviaré al hijo del soberano del país.” La Vg.: “Emitte agnum, Domine, dominatorem ter-rae,” con sentido mesiánico (cf.
Condamin, o.c., 115). — 2 Cf. 2 Re 3:4. — 4 Cf. Is 25:11; Dt 23:4-7; Jer 6 — 5 Cf. Skinner, o.c., 135. — 6 Cf. Is 3:1; 2 Sam 6:19.
17. Oráculo Contra Damasco.
Se suele datar esta profecía hacia el 735, poco después de firmarse la alianza entre Rasín de
Damasco y Peqah de Samaría (9.7), antes de iniciarse las hostilidades contra Judá. Es un tópico
en la literatura profética el fustigar las alianzas políticas del pueblo de Dios con los pueblos circunvecinos,
por las consecuencias pésimas que ello acarreaba a los intereses religiosos de aquél.
Samaría se había coligado con los arameos, formando una alianza contra el posible invasor asirio.
Aquí el profeta anuncia que ambos pueblos sentirán el peso de hierro de la invasión extranjera:
Damasco será destruida y Efraím arruinada. Esta profecía estaría mejor antes del c.7 por su
contexto histórico.
Destrucción de Damasco (1-3).
1 Oráculo sobre Damasco: Ved a Damasco borrada del número de las ciudades, no
es más que un montón de ruinas. 2Sus ciudades, abandonadas para siempre1, serán
para los ganados; se tumbarán y no habrá quien los despierte. 3 Cesará de Efraím la
fortaleza, y de Damasco el reino, y del resto de Aram será lo que de la gloria de los
hijos de Israel 2, dice Yahvé de los ejércitos.
1751
Damasco será borrada del número de las ciudades, y se convertirá en majada de bestias, que
camparán por sus respetos, sin que nadie los despierte o moleste. Es el mayor castigo para una
ciudad orgullosa. De nuevo nos encontramos aquí con expresiones estereotipadas en la literatura
profética para expresar la desolación de una ciudad. Históricamente sabemos que Damasco fue
devastada, pero no reducida a ruinas, como para quedar sólo como majada de bestias. Los profetas
tienen ya un cliché hecho para expresar la desolación ideal, la máxima destrucción, al anunciar
la conversión de las ciudades en pastizales de bestias, y así lo aplican a todas las invasiones.
Como Damasco era la aliada de Efraím, o Samaría, de ahí que ésta corra la suerte de
aquélla: Cesará de Efraím la fortaleza (v.3). Efraím era la tribu principal del reino del norte de
Israel, formado por las diez tribus que se separaron de Judá después de la muerte de Salomón; de
ahí que frecuentemente aparezca en la literatura bíblica como sinónimo del reino del Norte, cuya
capital era Samaría. La fortaleza de Efraím es Siria, como avanzadilla contra Asiría. Una vez
caída aquélla, Israel quedó sin defensa y expuesto al ataque directo.
Humillación de Israel (4-6).
4 Será en aquel tiempo atenuada la gloria de Jacob, y enflaquecerá la grasa de su
carne, 5 y será corno cuando el segador recoge la mies y su brazo siega las espigas, y
será como cuando se espiga en el valle de Refaím. 6 Queda un rebusco como después
de cosechada la aceituna, dos o tres olivas en la punta de la copa, cuatro o cinco en
las ramas del árbol, dice Yahvé, Dios de Israel.
La caída de Aram trae como consecuencia la invasión de Israel, que será diezmado en. su gloria,
e.d., en su prestigio nacional, y enflaquecido en la grasa de su carne, es decir, en su parte selecta
social. Su situación se asemejará a la del olivo al que sólo quedan algunas bayas en la copa y en
las ramas, por efecto del invasor, que hará el papel del segador que recoge la mies. en el valle de
Refaím, la depresión al sudeste de Jerusalén. El profeta da por conocido este valle, y por eso parece
que habla a los habitantes de Jerusalén 3. Y como garantía de la profecía está el Dios de Israel
(v.6). El profeta busca esta denominación para hacer resaltar que el castigo viene del mismo
Dios nacional, que ama su pueblo, y por ello le envía el castigo purificador por medio de la invasión.
Conversión de Israel (7-8).
Generalmente se cree que estos versos interrumpen la ilación del oráculo, y de ahí que
sean considerados por muchos como intercalados. No obstante, la lógica profética no siempre
coincide con la nuestra; por eso hay muchos exabruptos e interrupciones inesperadas en sus discursos,
que reflejan la preocupación de su alma. Es del estilo profético intercalar amenazas y
promesas esperanzadoras para no causar una depresión exagerada moral en sus lectores. Quizá
nos hallemos ante una de dichas interrupciones inesperadas y luminosas.
7 Aquel día se volverá el hombre hacia su Hacedor, sus ojos mirarán al Santo de Israel.
8 Y no se volverá a los altares, obras de sus manos; no mirarán a lo que hicieron
sus dedos, a las “asneras” ni a los cipos del sol.
Israel, conmovido por el castigo divino, se volverá a su Hacedor (v.7), al Santo de Israel, expresión
característica de Isaías, que considera como una de las bases de su teología la noción de san1752
tidad en Dios, conforme a la visión inaugural de su ministerio, en la que los serafines aclamaban
al Dios de Israel como santo (Is c.6). Yahvé es el Santo de Israel, el incontaminado trascendente,
superior a todos, pero al mismo tiempo vinculado a Israel por un pacto solemnemente suscrito en
el Sinaí. Israel, por su parte, según las palabras del profeta, se volverá a su Dios, abandonando
sus cultos idolátricos, sus asheras, o troncos de árbol erigidos junto un altar, símbolo del bosque
sagrado dedicado a la diosa de la fertilidad, Astarté. Los cipos del sol (o jammanim en hebreo)
eran los massebas o pilares en honor del dios solar Baal-Jammán 4. En tiempo de Acaz se había
extendido mucho el culto idolátrico a causa de sus alianzas extranjeras (2 Re 16:10-13).
Ruina de Israel (9-11).
9 Aquel día serán tus ciudades fuertes abandonadas como las ciudades de los amorreos
y jeveos 5 que dejaron ante los hijos de Israel, y habrá desolación. 10 Porque te
olvidaste del Dios de tu salud y no te acordaste de la roca de tu fuerza. Por esto
plantaste los jardines de Adonis 6 y los sembraste de pámpanos extranjeros; u el día
mismo que los plantaste, lo cercaste, y en la mañana hiciste florecer a tu semilla; se
desvaneció la cosecha en el día de la angustia, y el dolor es irremediable.
Las ciudades de Israel quedarán como las de los exterminados amorreos y jeveos al llegar las
tropas de Josué a Canaán. Todo quedará desolado (V.9). Y la razón de ello será el olvido de Dios
y el culto idolátrico a las divinidades cananeas y fenicias, como Adonis, que gozaba de especial
devoción entre las mujeres. En Biblos se celebraba en la primavera todos los años el rito de la
muerte y resurrección de Adonis, símbolo de la resurrección de la naturaleza 7. Los hebreos le
llamaban Tammuz. Los jardines frondosos eran símbolo de la feracidad de la naturaleza, resucitada
por tal divinidad; de ahí los jardines de Adonis (v.10) de que habla el profeta, que estarían
en boga entonces, bajo el impío Acaz, en Jerusalén por influencia siró-fenicia. Por muy floreciente
y feraz que sea el jardín o lugar de culto de Adonis, de nada le servirá ese dios en el día de
la prueba: se desvaneció la cosecha en el día de la angustia (v.11).
Derrota de los invasores (12-14).
Parece un fragmento profético diferente; el invasor puede ser el ejército de Senaquerib,
que en el 701 se acercaba a Jerusalén. En ese caso, el oráculo tiene por fin sembrar la confianza
en el pueblo asediado, ya que Yahvé es el que rige los destinos de la historia. Muchos autores
consideran estos versos como introducción al c.18. Pero el v.14 parece cerrar bien el oráculo sobre
una supuesta invasión no concretada, pero famosa y conocida de los oyentes.
12 ¡Ay! estruendo de muchos pueblos; braman como el bramido del mar; estrépito
de naciones, como el estrépito de aguas copiosísimas; 13 y le increpa, y huye lejos,
aventado como el tamo de las montañas ante el viento, como el remolino de polvo
por el huracán. 14 A la hora de la tarde será el espanto y antes de la mañana habrá
desaparecido. Esta será la suerte de los que nos despojan, la suerte de los que nos
saquean.
La descripción altisonante del profeta sobre una invasión en masa se adapta bien a la situación de
la invasión del ejército de Senaquerib, que avanzaba como mar impetuoso, como bramido del
mar, estrépito de naciones (v.12). Pero Dios sale al encuentro, le increpa, y huye lejos (ν.13),
como el tamo de las eras que están en las colinas, donde sopla el viento con más fuerza (v.15) 8.
1753
Y la destrucción del invasor será súbita, de la noche a la mañana (v.14). Sabemos que el ejército
de Senaquerib tuvo que levantar el cerco de Jerusalén en una noche (Is 37:36).
1 El texto hebreo dice literalmente “abandonadas las ciudades de Aroer.” Como no conocemos localidad en Siria de este nombre, preferimos
la traducción del texto griego. — 2 El texto griego dice: “y el resto de Aram perecerá,” lo que hace quizá mejor sentido,
V que se obtiene por un ligero cambio en la palabra hebrea que significa “gloria.” — 3 Valle de Refaím significa “valle de los gigantes,”
y es conocido por otros pasajes bíblicos: Jos 15:8; 18:16; Rut 2:2.15; 2 Sam 5:18.22; 23:13. Vincent dice que el valle de
Refaím está más al norte, en el lugar llamado Mamila, pero no distante del Cedrón (Vincent, Jérusa-lemantique 1912 p.119-124).
— 4 Cf. Ex 34:13; Jue 6:253; Dt 16:21; 2 Re 18:4; 2 Par 14:5; Ez 6:4. El dios Baal-Jammán pasó al panteón fenicio (véase SKINNER, o.c., 144). — 5
El texto hebreo dice: “como abandono de la selva y de la cima,” que no da sentido aceptable. En la traducción hemos preferido el texto griego, que
habla de los “amorreos y heveos,” poblaciones anteriores a los hebreos en Canaán. — 6 El texto hebreo dice: “plantaste huertos encantadores”; pero
la palabra hebrea naha-man se ha relacionado con un supuesto título de Adonis, que significaría agradable, y de ahí la flor anémona, dedicada a
Adonis, según el nombre que aún lleva en árabe. De ahí que muchos autores vean una alusión a los jardines de Adonis, donde se realizaban los cultos
idolátricos (cf. CONDAMIN, O.C., 123). — 7 Cf. Platón, Fedón 276. — 8 El texto griego dice “como el tamo de aventadores.”
18. Oráculo Sobre Etiopía.
También este oráculo parece debe colocarse entre el 705 y el 701, en que era inminente la amenaza
de la invasión asiría. El motivo es una embajada etiópica de parte de su rey, probablemente
Sabaka (711-700 a.C.), que pretendía conseguir la ayuda de Judá en una liga contra Asiría. El
profeta amablemente les invita a volver a su país, diciendo que Dios se encargará de destruir a
Asiría sin el concurso humano. Sólo hacía falta confianza ciega en Yahvé, Dios nacional.
1 Ay de la tierra del zumbido de alas detrás de los ríos de Cus, la que envía mensajeros
por el mar en naves de juncos sobre las aguas 2 Id, veloces mensajeros, al pueblo
de elevada talla y piel brillante, a la nación temible y lejana, 3 a la nación fuerte y pisoteadura,
cuya tierra está surcada de ríos. Todos vosotros, los moradores del mundo,
los habitantes de la tierra, cuando sobre el monte se alce la bandera, mirad;
cuando oigáis sonar la trompeta, escuchad. 4Porque he aquí lo que ha dicho Yahvé:
Yo miro tranquilo desde mi morada, como calienta sereno un sol brillante, como
nube de rocío en el calor de la siega. 5Porque antes de la vendimia, cuando se ha
terminado la floración y la flor se convierte en maduros racimos, cortará los sarmientos
con la podadera, y aun quitará y arrancará las cepas; 6serán abandonados
todos a los buitres de los montes y a las bestias del país; allí pasarán los buitres el
verano, y las bestias del país el invierno. 7 En aquel tiempo traerán ofrendas a Yahvé
de los ejércitos, del pueblo de alta talla y piel brillante, del pueblo temible lejano,
de la nación fuerte y pisoteadora, cuya tierra está surcada de ríos, a la morada del
nombre de Yahvé, al monte de Sión.
La exclamación inicial es traducida también por ¡ayl como expresión de saludo o simpatía. Tierra
del zumbido de alas: de mosquitos, pues Etiopía era famosa por la infección de sus mosquitos,
que pululaban en torno a los ríos. Algunos ven en la palabra hebrea empleada aquí, silsal,
una alusión a la mosca tsetse 2. Detrás de los ríos (Sof 3:10): el Nilo con sus afluentes: Nilo
Blanco, Nilo Azul y el Atbara. La expresión detrás debe entenderse de modo general. Según la
Biblia, Cus estaba al sur de Asuán, en la primera catarata del Nilo, el actual Sudán. Mensajeros
por el mar en naves de juncos: eran los tradicionales barcos de papiro que surcaban el Nilo 3. Por
eso el mar puede referirse al Nilo. De todos modos, el profeta sólo quiere decir que vienen de
lejos, por vía marítima o fluvial. El profeta invita a volver a los embajadores: id, veloces mensajeros,
al pueblo de elevada talla y de piel brillante (v.1); la caracterización es perfecta al tratarse
1754
de una raza africana negroide, como los actuales sudaneses, con un color negro bruñido tirando a
bronce 4. Isaías les comunica el mensaje que han de llevar a su pueblo, pero este mensaje interesa
a todos los pueblos (los moradores del mundo, ν.3). Cuando se levante la bandera y suene la
trompeta, deben estar atentos para contemplar la gesta de Yahvé, que es lo que ha revelado al
profeta (v.4): Dios contempla sereno desde su morada celeste esperando que maduren los acontecimientos
de la historia, como el sol, que con sus rayos va madurando las cosechas, o como
nube de rocío, que acelera el proceso de maduración. Pero cuando llega el momento oportuno y
los frutos están ya madurando (cuando ha terminado la floración.), interviene en la historia,
dando un sesgo nuevo a los acontecimientos. Dios espera pacientemente que Asiría vaya colmando
su misión y que vaya realizando el plan previsto, y cuando ésta cree llegar el momento de
conseguir el fruto pleno de sus conquistas, la intervención inesperada de Yahvé frustrará totalmente
sus planes (quitará y arrancará las cepas, ν.6), es decir, le infligirá una total derrota, y los
cadáveres de sus guerreros quedarán en el campo expuestos a las aves de rapiña (v.6); y será tal
la abundancia de cadáveres, que las aves de rapiña y alimañas tendrán comida para el verano y el
invierno 5.
En el v.7 se dice que los etíopes, agradecidos, traerán presentes a Yahvé por haber destruido
el ejército asirio, el enemigo común. Por razones de metrología, muchos críticos creen que
este verso es una glosa posterior.
19. Oráculo Sobre Egipto.
Esta profecía suele dividirse en dos partes: a) parte poética, castigo de Egipto por Yahvé (v.1-
15); b) en prosa: conversión de Egipto (ν. 16-25). Generalmente se suele admitir la autenticidad
isaiana de la primera parte, poética (1-15). La segunda parte, por razones de estilo y por las alusiones
históricas, es considerada por muchos críticos como posterior a Isaías, y algunos llegan
hasta suponer que fue compuesta en el sigloVIII 6. La composición de la primera parte suele ponerse
entre el 720 (toma de Rafia por Sargón) y el 701 (invasión de Palestina por Senaquerib
hasta Egipto). Egipto fue tomado por Asaradón en el 670 antes de Cristo, con lo que se cumplió
plenamente la profecía de Isaías.
Guerra civil en Egipto (1-4).
1Oráculo sobre Egipto: Ved cómo Yahvé, montado sobre ligera nube, llega a Egipto;
ante El tiemblan todos los ídolos de Egipto, y el corazón de Egipto se derrite en su
interior. 2“Armaré a Egipto contra Egipto, y lucharán hermanos contra hermanos,
amigos contra amigos, ciudad contra ciudad, reino contra reino. 3 Y el espíritu de
Egipto será vaciado en su interior, y desbarataré sus consejos, y preguntarán a los
ídolos y a los hechiceros, a los evocadores y adivinos. 4 Y entregaré a Egipto en manos
de duro dueño, y un rey fuerte se adueñará de ellos, dice el Señor, Yahvé de los
ejércitos.”
El profeta presenta a Yahvé viniendo sobre las nubes 7 camino de Egipto, sembrando el pánico
entre los ídolos de dicho reino, porque ven su próxima ruina. El corazón de Egipto se derrite en
su interior (v.1), e.d., pierde Egipto su coraje y presencia de ánimo y desfallece. Yahvé pronuncia
su sentencia: vendrá la guerra civil (armaré a Egipto contra Egipto, reino contra reino);
Egipto estaba dividido en nomos o provincias con cierta autonomía; pero ahora lucharán entre sí
1755
en vez de ayudarse. Sabemos que en el 720 algunos príncipes de estos nomos habían tomado el
título de rey. Con la instauración de la dinastía etiópica por Pianki (715) cundió la división. En la
situación caótica creada, el espíritu de Egipto será vaciado en su interior, es decir, perderá el
control, y sus gobernantes acudirán, insensatos, a los ídolos en busca de auxilio, siendo entregados
en manos de un duro dueño, rey fuerte, probablemente Asaradón, conquistador de Egipto en
el 670 antes de Cristo. Otros proponen a Senaquerib, Cambises, Jerjes o al rey etiópico Tirhaqa
como futuro dueño.
Ruina material e industrial de Egipto (5-10).
5 Las aguas del mar se agotarán, y el río se consumirá, se secará, 6 y apestarán los
canales, bajarán y se secarán los ríos de Egipto8; juncos y cañas se mustiarán. 7 Las
praderas sobre el Nilo, a las riberas del Nilo, cuanto el Nilo hace brotar, se secará, se
disipará y dejará de ser. 8Y gemirán los pescadores, y se lamentarán cuantos echan
en el Nilo el anzuelo, y cuantos extienden la red en las aguas languidecerán. 9Y se
avergonzarán los que trabajan en lino; peinadoras y tejedores palidecerán. 10 Sus tejedores
serán oprimidos,9 y todos los obreros apesadumbrados.
A este desorden social siguen las calamidades materiales. El sistema antiguo de irrigación egipcio
era muy complicado y dependía de la armonía de las diversas provincias. Aguas del mar
(v.5): aquí significa el Nilo, que en tiempos de inundación parecía un mar: “Nili aqua man similis
est” (Plinio). Aun hoy día es llamado por los árabes “el mar” (El-bahar). Ríos de Egipto: los
canales y afluentes. Al secarse el río, desaparecerá la vegetación. Con ello vendrá también el
duelo general de los pescadores (v.8). Las industrias textiles serán también afectadas por la sequía
(V.9-10), y con ello todos los que viven de un salario.
Estulticia de los consejeros del faraón (11-15).
11 Los príncipes de Zoán son del todo locos; los sabios consejeros del faraón son de
necio consejo. ¿Corno decís al faraón: Somos hijos de sabios, hijos de antiguos reyes?
12¿Dónde están, pues, tus sabios? Infórmente y dente a saber lo que Yahvé de
los ejércitos ha determinado sobre Egipto. 13 Los príncipes de Zoán son del todo locos,
los príncipes de Menfis van errados, los jefes de sus tribus engañan a Egipto.
14Yahvé ha derramado en su interior un espíritu de vértigo, y descarrían a Egipto en
cuanto hacen, como se tambalea un borracho al vomitar. 15Y no habrá para Egipto
obra alguna, háganlo cabeza y cola, palmera y junco.
Zoán es la actual San y el antiguo Tanis de los griegos, al nordeste del Delta. Fue capital de los
hicsos y de las dinastías XXI y XXIII. Aquí la expresión príncipes de Zoán equivale a “príncipes
de Egipto.” Los sabios consejeros: la sabiduría era hereditaria, y sus conocimientos esotéricos se
comunicaban de padres a hijos, sobre todo en la clase sacerdotal. El faraón les solía consultar en
las decisiones importantes (Ex 7:11; Gen 41:8). Hijos de antiguos reyes: pertenecientes a la clase
sacerdotal en relación con la real. El profeta se encara con el faraón (v.12) ante la nulidad de sus
sabios y consejeros, invitándole a que explore los planes de Yahvé. Menfis: capital del Bajo
Egipto10. Jefes de sus tribus (v. 13): los gobernadores de los nomos o provincias. Yahvé se encargará
de sembrar en ellos la confusión para que anden vacilantes como el que está ebrio, con
espíritu de vértigo (v.14). La situación confusa será tan general en todos los estratos sociales, que
de nada servirá lo que quieran hacer por remediar la situación, háganlo cabeza y cola, palmera y
1756
junco, e.d., pertenezcan al grado alto de la sociedad o al bajo fondo, idea plásticamente expresada
con el símil de la cabeza y la cola, la majestuosa palmera erguida y el humilde junco, que se
encorva.
Terror general en Egipto (16-17).
16 Aquel día serán los egipcios como mujeres, se aterrarán y temblarán ante la mano
agitada de Yahvé de los ejércitos, que hace blandir sobre ellos. 17 Y será la tierra de
Judá motivo de espanto para Egipto; quienquiera que la oiga nombrar, temblará
ante los designios de Yahvé de los ejércitos que decidió sobre él.
Todos los egipcios temblarán al oír el nombre de Judá (v.17), porque les traerá a la memoria la
obra terrible puesta en obra por su dios Yahvé de los ejércitos.
Conversión de Egipto a Yahvé (18-22).
18 En aquel día habrá en tierra de Egipto cinco ciudades que hablarán la lengua de
Canaán y jurarán por Yahvé de los ejércitos, y de ellas una se llamará la Ciudad del
Sol11. 19 Aquel día habrá en medio de la tierra de Egipto altar para Yahvé,y en sus
fronteras estelas de Yahvé 12. 20 Esto será para Yahvé de los ejércitos señal y testimonio
en la tierra de Egipto, y cuando llamen a Yahvé en sus tribulaciones, Yahvé
les mandará un salvador, que luchará y los salvará. 21Yahvé hará que los egipcios le
conozcan, y Egipto conocerá aquel día a Yahvé, y le ofrecerán sacrificios y oblaciones,
y harán votos a Yahvé, y los cumplirán. 22 Y Yahvé castigará a Egipto hiriendo
y sanando, y se convertirán a Yahvé, que se dejará mover a compasión y lo curará.
El v.18 plantea una cuestión difícil, a saber, cómo entender ese número de cinco ciudades Si tiene
un sentido indeterminado, indicaría que algunas ciudades se convertirían a Yahvé 13. Otros
ven un número concreto, es decir, cinco ciudades que reconocerían a Yahvé de hecho, y, según
Hitzig, serían Leontópolis, Heliópolis, Migdol, Dafne y Menfis. Serían lugares donde habría colonias
judías. Lengua de Canaán es la hebrea, que era la que se empleaba en el culto de Yahvé,
Dios verdadero. El número de cinco ciudades convertidas a Yahvé era reducido, pero era una
semilla de bendición en Egipto, suficiente para atraer las miradas y benevolencia de Yahvé. Ciudad
del Sol (v.18): si está correctamente leído, siguiendo a la Vg. y a Símaco, sería Heliópolis,
que en la Biblia es llamada On (Gen 41:50), célebre por su templo al sol, que Jeremías llama
(43:3) “casa del sol” (Beth-Shemesh). En la época persa hubo ahí una fuerte colonia judía, y aun
hoy día se ve cerca un montículo llamado “colina de los judíos” (Tell-Yehudie)14. Se establecerá
un altar para Yahvé, para los sacrificios cruentos e incruentos u ofrendas. Según Flavio Josefo, el
pontífice Onías IV se fundaba en este versículo para argumentar a los de Jerusalén sobre su derecho
a erigir un altar a Yahvé en Egipto, en Leontópolis (llamado así por la diosa Bast, que se
adoraba allí con cabeza de “león”). En la mente del profeta no parece que se trata de una colonia
judia que dé culto a Yahvé, sino de una población egipcia que se convertiría a Yahvé, y que estaría
en medio de Egipto, lo que indica la toma de posesión de Yahvé de este reino. Además, en la
frontera habrá “una estela” (o massebah), es decir, un monolito indicador conmemorativo, que
hará recordar a todo el que entre en Egipto que esta región pertenecía a Yahvé y que le había
protegido. No sabemos a qué frontera se refiere el profeta: la de Asia, Libia o la meridional con
Etiopía. Al mismo tiempo, esa estela y altar recordarán a Yahvé que tiene adoradores también en
Egipto y es su protector. Por eso enviará un salvador que los salvará (v.20) en tiempos de angus1757
tia, como lo había hecho con los israelitas en los tiempos de los jueces 15. Los egipcios, en cambio,
reconocerán a Yahvé como verdadero Dios (v.21), y si Yahvé los vuelve a castigar, es para
curarlos (v.22), no para exterminarlos como a otros pueblos gentiles.
Egipto y Asiría reconocen a Yahvé (23-25).
23 Aquel día habrá un camino de Egipto a Asiría, y Asiría irá a Egipto, y Egipto a
Asiría, y Egipto juntamente con Asiría servirán a Yahvé. 24 Aquel día Israel será
tercero con Egipto y Asiría, como bendición en medio de la tierra. 25 Bendición de
Yahvé de los ejércitos, que dice: Bendito mi pueblo de Egipto, y Asiría, obra de mis
manos, e Israel, mi heredad.
La enemistad tradicional entre Egipto y Asiría desaparecerá y se establecerá una vía de comunicación,
un camino (v.23), a través de Palestina, entre ambas para el tránsito pacífico del comercio,
y sobre todo para los nuevos prosélitos del culto de Yahvé, ya que tanto Egipto como Asiría
se rendirán al culto de Yahvé. Israel será el tercer miembro de la alianza (v.24), y por medio de
él se comunicará la bendición (v.24) a los otros pueblos. Indudablemente que aquí hay una alusión
a la promesa hecha por Dios a Abraham de que en él serán benditos todos los pueblos (Gen
12:1-3). Nos encontramos en esta profecía con la plena idea de universalismo mesiánico, y es de
notar la magnanimidad del oráculo teniendo en cuenta que Israel había sido saqueado y oprimido
repetidas veces por ambas grandes potencias imperiales. Al ser incorporados Egipto y Asiría al
reino de Yahvé, estos pueblos participarán del título y privilegio de Israel de ser llamado mi pueblo
y obra de mis manos (v.25) por el mismo Yahvé. Egipto será el pueblo de Yahvé, como adorador
suyo; Asiría será la obra de sus manos, en cuanto que la ayudó, e Israel será la herencia de
Yahvé, pueblo escogido y mediador entre Yahvé y las demás naciones. Estas frases son del todo
desacostumbradas y rompen con todo particularismo local. Es el horizonte universalista mesiánico
en su plena manifestación. Muchos autores coligen de ello que la profecía es posterior
al destierro; no obstante, ya antes del exilio tenemos vestigios de afirmaciones universalistas. En
Israel, la corriente ideológica universalista se va desarrollando paulatinamente; pero ya desde la
promesa hecha a Abraham por Dios de ser objeto de bendición para todos los pueblos encontramos
proclamada esta idea universalista. La incorporación de los prosélitos en la primera época
del desierto es un indicio de este universalismo incipiente.
l Algunos entienden la frase hebrea en sentido temporal : “a partir de entonces y más “aquella, e.d., desde el principio. — 2 Cf. Skinner,
o.c., 149. — 3 Cf. Plinio, XIII u10 — 4 Cf. Herodoto, 3:20:114: “Se dice que los etíopes son los más grandes y bellos de todos
los hombres.” — 5 Cf. Ez 39:115; Jer 7:33; 1 Sam 17:46; 2 Sam 21:10. — 6 Condamin (o.c., 133) no considera suficientes las
razones aducidas para negar la autenticidad isaiana de 16-25 (cf. Skinner, o.c., 152). — 7 Cf. Sal 18:10; 68:33; Dt 33:26. — 8 El
texto hebreo lee “ríos de Masor,” que parece ser una variante del nombre hebraico de Egipto (Misrayim) según el nombre asirio
Mu.sur; cf. Is 38:25; 2 Re 19:24; Miq 7:12. — 9 El texto hebreo dice literalmente “sus columnas,” pero el texto griego y el Targum
leen “sus tejedores,” con un ligero cambio en la vocalización de la palabra hebrea. — 10 El texto hebreo dice No/(Os 9:6,
Mof) para designar Menfis, pronunciaciones dialectales del jeroglífico egipcio Men-nufr o Mennofer, Estaba cerca de El Cairo actual.
— 11 El texto hebreo lee “ciudad de destrucción,” que no parece encajar en el contexto de bendiciones de Dios. La Vg. y
Símaco traducen “Ciudad del Sol” o Heliópolis, lo que se obtiene cambiando ligeramente una vocal hebrea. El texto griego lee
“Ciudad de Justicia.” También otros leen “Ciudad del León” (Leontópolis, donde Onías IV levantó un templo a Yahvé en 16o
a.C.) según una etimología árabe. — 12 En hebreo massebah: pilar o monolito dedicado en el culto cananeo a las divinidades. —
13 Herodoto (11:177) dice que había en Egipto 20.000 ciudades. — 14 Se suele explicar el texto hebreo “ciudad de la destrucción”
como una adulteración irónica (por cambio de letras) hecha por los judíos de Palestina sobre el nombre “Ciudad del Sol,” ya
que no estab UEconformes con el templo levantado por Onías IV en Leontópolis €n 16o a.C. El nombre “Ciudad de Justicia” del
texto griego refleja un epíteto que expresaría la idea general de bendición del capítulo. — 15 Algunos ven en la palabra salvador
una alusión al nombre Soter de algunos Ptolomeos. Cf. Jue 3:9.15; 2 Re 13:5. — 16 El texto griego lee “la vergüenza de Egipto,”
es decir, la humillación bochornosa. Muchos consideran la frase “desnudez de Egipto” como una glosa.” El texto griego omite
también la palabra nalgas como indecorosa. — 17 Cf. Gressman, Altorientalische Texte und Bilder zum A.T. 2.a ed. p.35os.
1758
20. Oráculo sobre Egipto y Etiopía.
Esta profecía está redactada en una época bien concreta, durante la incursión del Tartán, o generalísimo
asirio, sobre Filistea en el 711 antes de Cristo. Asdod se había puesto a la cabeza de una
coalición antiasiria. Sargón, rey de Asiría, primero depuso al rey y después la invadió e incorporó
a Asiría como provincia del imperio. Esta campaña duró unos tres años. En Jerusalén sentían
simpatía por la liga antiasiria, y el profeta Isaías les previene. Para hacer más impresión, anda
por las calles de Jerusalén descalzo y semidesnudo, prefigurando así la futura desnudez de los
cautivos egipcios y filisteos camino de Asiría. Por tanto, Judá no debía sumarse a la política de
resistencia preconizada por Egipto, Etiopía y Filistea.
1 El año en que el Tartán vino a Azoto mandado por Sargón, rey de Asiría, y combatió
Azoto y la tomó, 2 en aquel tiempo habló Yahvé por Isaías, hijo de Amos, diciendo:
Ve, quítate de tus lomos el saco y descálzate los pies, Hízolo así Isaías, andando
desnudo y descalzo, 3 y dijo Yahvé: Como anduvo Isaías, mi siervo, desnudo y descalzo
tres años, señal y pronóstico sobre Egipto y Etiopía, 4 así llevará el rey de Asiría
a los cautivos de Egipto y a los desterrados de Etiopía, mozos y viejos, desnudos
y descalzos, al aire las nalgas, la desnudez de Egipto16. 5 Y los que contaban con
Etiopía y se enorgullecían de Egipto, quedarán consternados y confusos, 6 y los moradores
de esta tierra dirán: Mirad a los que eran nuestra esperanza, a los que pensábamos
acogernos para que nos sirvieran de refugio y protección contra el rey de
Asiría. ¿Cómo escaparemos nosotros ?
La introducción histórica es muy precisa. El profeta cumplió esta acción simbólica que va a describir
en ocasión en que el Tartán vino a Azoto mandado por Sargón. La palabra tartán lleva un
marcado sello de autenticidad, pues era, efectivamente, el título oficial del “generalísimo” asirio
en las campañas cuando no iba personalmente el rey. Es la pronunciación dialectal hebrea del
tartanu de los textos cuneiformes. Sargón es el sucesor de Salmanasar V, conquistador de Samaría
en el 721. Conocemos al detalle esta expedición sobre Filistea de que habla Isaías 17 por dos
de las inscripciones del mismo Sargón. Por ellas sabemos que el rey Azur I de Asdod se rebeló
contra Asiría y que fue después sustituido por su hermano Aquimeti, quien a su vez fue expulsado
por los habitantes de Asdod, que eligieron rey a uno de los insurrectos, Yamani. Sargón envió
una expedición, y conquistó Asdod, incorporando su territorio al imperio asirio. Yamani tuvo
que refugiarse en Etiopía, donde reinaba Meluja, quien le entregó a Asiría. Judá se libró por esta
vez de las severidades de los conquistadores asirios. Es en este ambiente de invasión en el que se
desarrolla la acción simbólica profética de Isaías. Por orden de Yahvé tiene que andar descalzo y
semidesnudo, sin el manto superior o saco, que era el vestido característico de los profetas (2 Re
1:8; Zac 13:4). El andar sólo con su túnica era algo que llamaba la atención, pues Isaías era de
alta posición social. Con ello simbolizaba la desnudez de los cautivos egipcios y etíopes llevados
al exilio (v.4).
21. Oráculos sobre Babilonia, Edom y Arabia.
Estos tres oráculos se caracterizan por su expresión oscura, sus elementos visionarios y la simpatía
por las naciones extranjeras, a las que se refieren las profecías. Muchos autores creen que
1759
éstas no son características literarias de Isaías; no obstante, reconocen que hay muchas expresiones
isaianas en la primera parte (1-10).
Oráculo sobre Babilonia (1-10).
El horizonte histórico es similar al de los c.40-66 del libro de Isaías. De ahí que la solución
al problema de su autenticidad tiene que ser también semejante. Esa caída de Babilonia debe
de ser la conquista de Babilonia por Ciro en el 538 antes de Cristo, ayudado de medos y elamitas.
Anuncio de la invasión (1-4).
1 Oráculo sobre el desierto del mar. Como huracán del Negeb desencadenado, viene
del desierto, de la tierra espantosa. 2 Me ha sido mostrada una dura visión: saqueadores
saqueando, aseladores asolando, Sube Elam, asedia Media. Yo hago cesar todo
gemido. 3 Por eso mis ríñones se han llenado de espasmo; soy presa de dolores
como de parturienta; y aturdido, ya no oigo; espantado, ya no veo. 4 Pasmóse mi corazón,
el terror me invadió; la hora del crepúsculo, por mí deseada, se trocó para mí
en espanto.
La profecía versa acerca del desierto del mar, expresión que suele considerarse como paralela a
la de país del mar de los documentos cuneiformes2, que comprendía la Arabia desde el golfo
Pérsico hasta el mar Rojo. Pero las palabras del mar faltan en el texto griego, y por eso muchos
creen que se titula profecía sobre el desierto, porque de esa región proviene la invasión. Otros
creen que es una designación enigmática de Babilonia, que, según Herodoto, había sido un tiempo
mar 3. No olvidemos que el estilo de este fragmento profético es enigmático y lacónico en extremo,
y se buscan intencionadamente las frases oscuras. El profeta presenta la invasión como un
huracán procedente del Negeb, o del sur de Palestina (v.1); viene del desierto, e.d., la zona inmensa
esteparia que separa Babilonia de Palestina. El profeta confiesa que su visión es dura
(v.2), por las cosas terribles que presencia, y que conmueven las entrañas del mismo. Ve a los
elamitas y medos haciendo presa en la gran ciudad de Babilonia (v.2), y en su visión le parece
percibir una voz que empuja a los invasores: Sube Elam, asedia Media. El profeta se figura a
Babilonia, como a Jerusalén, sobre una montaña, y así a los invasores “subiendo” hacia su objetivo
militar. Elam tenía por capital Susa, estaba al norte del golfo Pérsico y al este del Tigris.
Media estaba al norte de Elam. Ciro, príncipe de Anzán, provincia elamita, logró ponerse al frente
de ambos reinos en el 549 antes de Cristo, y en el 539-38 cayó sobre Babilonia. La expresión
yo hago cesar el gemido (v.2) parece debe aplicarse a las poblaciones que se ven libres de la
opresión babilónica. El profeta se siente conmovido ante tanta tragedia: la hora del crepúsculo
deseada se trocó para mí en espanto, e.d., la hora del frescor de la tarde, tan deseada después de
un día de fatiga y de calor, en lugar de darle el reposo esperado, le ha fatigado más al contemplar
tan trágica visión, que le conmueve y excita.
La invasión, en marcha (5-10).
5 Han puesto la mesa, han tendido el mantel, se come, se bebe. ¡Arriba, príncipes, a
engrasar el escudo! 6 Porque así me ha dicho el Señor: Ve, pon un atalaya que comunique
lo que vea, 7 y si ve un tropel de caballos, de dos en dos, tiros de asnos, tiros
de camellos, 8 que mire atentamente, muy atentamente, y que grite: “Ya veo.”4 Así
estoy yo, Señor, en atalaya, sin cesar todo el día, y me quedo en mi puesto toda la
1760
noche. 9 Y he aquí que llegan tropeles de gente, tiros de caballos, y comenzaron a
hablar, diciendo: ¡Cayó, Babilonia ha caído, y todas las estatuas de sus dioses yacen
por tierra destrozadas! 10 ¡Oh mi (pueblo) trillado e hijo mío de la era! lo que he oído
de parte de Yahvé de los ejércitos, del Dios de Israel, yo te lo he hecho saber.
El profeta describe gráficamente la llegada de los invasores cuando más descuidados estaban
preparando el banquete los babilonios. El nerviosismo y preocupación del profeta contrasta con
la despreocupación de los grandes de Babilonia, que se entregan a las orgías sin sospechar el peligro:
Han puesto la mesa. (v.5), y de pronto se oye la voz de alarma: ¡Arriba, príncipes, a engrasar
el escudo! El enemigo está a las puertas y es preciso prepararse a la defensa, y para ello
deben entesar el escudo de cuero, dándole de grasa, para que los cuerpos resbalen 5. De repente
la descripción cambia, y aparece el profeta invitado por Dios a poner un centinela para comunicar
lo que pasa: Ve, pon un atalaya (v.6). Cuando éste vea tropeles de caballos con carros de
guerra, comprenderá la visión. Los ejércitos entonces utilizaban el caballo como animal de tiro
para los carros de combate, no como soporte del jinete, del caballero, que pondrían de moda los
escitas. Los elamitas se dedicaban a la cría de asnos, y los medopersas empleaban los camellos.
Con ellos iban los asnos y camellos para el abastecimiento general. Los persas los empleaban
también como cabalgaduras para la batalla 6. El profeta mismo se ofrece de centinela: Aquí estoy
en atalaya (v.8), y es testigo de la invasión: tropeles de gente, tiros de caballos (V.9). Y por fin
se oye la aclaración del enigma: ¡Cayó, Babilonia ha caído! es el grito de una voz que resuena
en el espacio. Con ello desapareció el culto de los ídolos. El profeta se vuelve, por fin, a su pueblo
para consolarle por tantas aflicciones, y le compara al grano (hijo de la era) batido en la era.
Como el trigo es purificado en la era, así lo será Israel después de las aflicciones causadas por la
opresión babilónica. Lo que ha oído lo comunica para consolarles.
Oráculo sobre Edom (11-12).
11 Oráculo sobre Edom. Danrne voces desde Seir: Centinela, ¿qué hora es de la noche?
Centinela, ¿qué hora es de la noche? 12 El centinela dice: Viene la mañana y
también la noche. Preguntad si queréis, volved a venir.
El oráculo es sumamente misterioso y enigmático. El autor juega con nociones oscuras, dando
frases concisas, cuyo sentido es ambiguo. El texto hebreo no dice Edom, sino Duma, que era
probablemente la actual Dumat ed-Djendel, al norte de Tema, al sudeste de Seir, en Edom. El
texto griego lee expresamente Edom. Indudablemente que se refiere a esta región. Quizá haya
escogido el nombre de Duma jugando con el nombre de Edom, aludiendo al carácter misterioso
del oráculo (duma en hebreo significa “silencio”); así aquí sería el “oráculo del silencio,” conforme
a lo que sigue 7. Seir es la zona montañosa al sudeste del mar Muerto, que fue poblada
primero por los joritas y después por los edomitas (Gen 14:6). Aquí aparecen los edomitas, o
habitantes de Seir, inquietos, preguntando al profeta cuándo pasa la noche de la tribulación: Centinela,
¿qué hora es de la noche? Aquí noche parece tener el mismo sentido que en Is 8:22; 9:1,
e.d., un tiempo de desventura. La respuesta del profeta o centinela es enigmática. Parece decir
que la presente noche está para terminar, y que vendrá pronto la claridad del día, pero que no tardará
en volver otra noche de desventura: Viene la mañana y también la noche (v.12), invitándoles
a que vuelvan a preguntarle para poder precisarles más esto. Quizá quiera decir el profeta que
aún no sabe detalles sobre la próxima noche, pero que espera nuevas luces de Dios, que más tarde
les podrá comunicar. Si se une esta profecía con la anterior sobre Babilonia, podemos consi1761
derar a los edomitas preocupados por la suerte de su aliada Babilonia, pues se comprometerá su
comercio y bienestar.
Oráculo sobre Arabia (13-17).
Si esta profecía forma parte de las otras dos anteriores, podemos ver aquí las consecuencias
de la invasión persa en el desierto, comprometiendo las caravanas comerciales de Arabia, ya
que éstas se verían obligadas a salir de las rutas caravaneras ordinarias para vivir en lugares apartados.
Arabia era famosa por su tráfico comercial en especias, y el ataque a sus rutas comerciales
formaba parte de la estrategia de los antiguos conquistadores orientales.
13 Oráculo sobre Arabia 8. Pasad la noche en el bosque, en la estepa, caravanas de
Dedán. 14 Al encuentro de los sedientes traed agua; habitantes de la tierra de Tema,
con su pan id al encuentro de los fugitivos. 15 Porque van huyendo de la espada, de
la espada desenvainada, ante los tensos arcos y ante la violencia de la batalla. 16
Porque así me ha dicho Yahvé: Dentro de un año, como año de jornalero, se acabará
toda la gloria de Cedar, 17 y el resto del número de arcos de los valientes hijos de
Cedar será reducido, porque Yahvé, Dios de Israel, ha hablado.
El profeta invita a la tribu árabe de Dedán a refugiarse en los lugares inaccesibles de la estepa 9,
y llama después a los habitantes de Tema para que vayan en su socorro con agua y pan. Las caravanas
de Dedán han tenido que abandonar la ruta caravanera regular, escalonada con puestos
comerciales de auxilio, y se ven obligadas a vivir en la estepa para no caer en manos de los asaltantes
que controlan los caminos regulares (v.15). El profeta siente compasión por esas caravanas
en situación crítica, y llama a los de Tema, que está cerca, para que las auxilie 10. Con su pan,
e.d., el que necesitan los fugitivos. No se especifica quiénes son los invasores de espada desenvainada.
Los que creen que esta profecía es de Isaías suponen que los de Dedán huyen de alguna
incursión asiría; en cambio, los que mantienen que el autor de la profecía vivía en la época del
exilio, dicen que el invasor es el ejército persa, que se habría infiltrado en una razzia por el desierto
después de caer Babilonia.
En el ν. 16 se da la interpretación de la profecía, y es considerado generalmente por los autores
como un apéndice posterior, similar al de 16:14 Que hemos visto. Cedar es una famosa tribu del
desierto siró-arábigo (Is 60:7; Ez 27:21), y su nombre era sinónimo del desierto arábigo del norte.
La principal arma de los árabes era el arco (v.17; cf. Gen 16:13).
1 Así el texto hebreo. — 2 Cf. RB (1922) p.403ss. — 3 Herod., 1:184. — 4 El texto hebreo dice “gritó el león,” que algunos entienden
“gritó como león.” Con un ligero cambio de vocalización, tenemos “yo veo.” — 5 2 Sam 1:21. — 6 Cf. Herod., 1:80; Skinner,
o.c., 171. — 7 Cf. Skinner, o.c., 172. — 8 En el texto griego falta “Oráculo sobre Arabia,” y en vez de “estepa” se lee “en la tarde,”
que hace también sentido. Depende de un cambio de vocales. — 9 Cf. Gen 10,7; 25:3; Ez 27:20; 38:13; Jer 49,8; Ez 25:13.
Se supone que estaba al norte del golfo del Akaba actual. — 10 Tema es la actual Teima, al norte del Hedjaz, entre Akaba y el golfo
Pérsico.
22. Oráculo Sobre Jerusalén.
El profeta, testigo del placer inconsciente y la actitud exultante del pueblo de Jerusalén, levanta
su voz de alerta para anunciar un castigo de parte de Dios. La forma en que está relatado puede
entenderse como una profecía o como un hecho histórico, si bien en el contexto se explica mejor
en la primera hipótesis. Por otra parte, no sabemos si la profecía (1-14) formaba primitivamente
1762
una unidad o si hay dos fragmentos diferentes de diversas época (1-8a y 8b-14). Para la segunda
parte (8b-14), en razón de los preparativos de defensa, muchos autores asignan la fecha en que
era inminente el sitio de Jerusalén por Senaquerib (701 a.C.); otros, en cambio, prefieren ver
aquí un oráculo del tiempo de la guerra siro-efraimita (734 a.C.).
Derrota del ejército de Judá (1-3).
1 Oráculo sobre el valle de la Visión. ¿Qué tienes para subirte así, toda, a los terrados,
2 ciudad turbulenta, llena de tumulto, ciudad alegre? Tus heridos no son heridos
a la espada y no han muerto en el combate. 3Tus caudillos huyeron todos a la
vez 1, han sido apresados sin arco; y todos tus valientes han sido tomados en masa,
huían lejos.
El título Oráculo sobre el (o del) valle de la Visión está tomado del v.5. Es una frase enigmática.
Algunos creen que es un nombre propio (valle de Jizzayón) o un nombre simbólico equivalente a
Jerusalén. No faltan autores que suponen que era el valle en que habitaba el propio Isaías, donde
tenía sus visiones, y lo quieren identificar con el valle del Tiropeón (entre las dos colinas sobre
las que se asentaba la antigua Jerusalén), o el “valle de Hinnón,” que rodeaba por el sudoeste a la
ciudad, el actual er-Rababy o gehenna de los tiempos rabínicos. En todo caso, Isaías piensa en
un lugar a las afueras de Jerusalén. El profeta se encara con la población, que inconsciente se entrega
a transportes de alegría, subiéndose a los terrados (v.1) para presenciar algún desfile militar
o la entrada de un embajador o del rey Padi de Ekrón, entregado a Ezequías como custodia en
Jerusalén, o sencillamente celebrando fiestas familiares en las terrazas, como era costumbre 2.
Isaías contempla con su mirada profética el triste espectáculo de los caudillos de Judá muriendo,
no honrosamente en la batalla, sino en vergonzosa huida.
Invasión de Judá (4-7).
4 Por eso os digo: Apartad la mirada de mí; lloraré amargamente; no os esforcéis en
consolarmepor la devastación de la hija de mi pueblo. 5Porque es día de alboroto, de
conculcación y de consternación de parte del Señor, Yahvé de los ejércitos. En el valle
de la Visión, derrumbamiento de murallas, e1 griterío en la montaña3. 6Y Elam
ha tomado la aljaba, Aram ha montado a caballo 4, Quir ha desenfundado el escudo.
7Tus valles mejores están llenos de carros, 1o acampan los jinetes junto a la puerta.
El profeta no puede contener el dolor y rechaza todo consuelo ante la tragedia de su pueblo, la
hija de mi pueblo (v.4), es decir, los habitantes de Jerusalén, sus compatriotas. Es una frase que
sólo aparece aquí en Isaías, pero que es frecuente en Jeremías. El profeta no quiere frivolas frases
de consuelo, sino obras de arrepentimiento y penitencia, único medio de apartar la catástrofe
enviada por Dios, pues proféticamente ve entrar a los ejércitos invasores por el valle de la
Visión, e.d., por la parte inferior de la ciudad, derrocando sus muros, mientras el pueblo corre
hacia la parte alta de la ciudad con gritos despavoridos (v.5). Y a continuación enumera por naciones
el abigarrado ejército asirio que asalta la ciudad: Elam ha tomado la aljaba., e.d., los
mercenarios arqueros elamitas enrolados en el ejército de Senaquerib. Quir, patria de los árameos,
que entonces era un país vasallo de Asiría (2 Re 16:9; Am 1:5; 9:7), en el desierto siróarábigo,
hacia el Tigris medio. El espectáculo es impresionante, pues ve a los mejores valles
(e.d., la parte sur de Jerusalén, donde estaban los jardines del rey y las huertas más feraces) inundados
de carros de guerra, acampando junto a la puerta para cerrar toda posibilidad de escapar a
1763
los habitantes.
Preparaciones para la defensa (8-11).
8 Y descubrirá el velo de Judá, y miraréis aquel día al arsenal de la casa del bosque,
9 y veréis que las brechas de la ciudad de David son numerosas, y recogeréis las
aguas del estanque inferior. 10 Contaréis las casas de Jerusalén, y derribaréis las casas
para fortalecer las murallas. 11Υ haréis depósito entre los dos muros para las
aguas de la piscina vieja, pero no miraréis al que ha hecho esto, no veréis al que de
mucho ha las preparó.
La primera frase es oscura, y puede unirse al verso anterior y ser sujeto del verbo el enemigo que
ataca o Yahvé, y aun indefinido. Así, unos suponen que el velo es una fortificación que cubría a
Judá, puesta al descubierto con los ataques enemigos. Según otros, sería el velo que cubría los
ojos de los habitantes de Jerusalén, que no querían ver la realidad que ahora se les echa encima.
La prueba abriría los ojos de los habitantes de Jerusalén, y, ante el ataque inminente, lo primero
que harían sería ir a la armería real, instalada en la casa del bosque del Líbano (v.8), o salón de
columnas de madera de cedro (1 Re 7:2; 10:17), construido por Salomón. Después se dirigirían a
las murallas para ver en qué estado se hallaban las brechas de la ciudad de David (V.9), que así
se llamaba la ciudadela de Sión (2 Sam 5:7), sobre el sudoeste del Ofel, el ed-Dehura actual. Se
preocuparían de aprovisionarse de aguas entre los dos muros.. para las aguas de la piscina vieja
(ν. 11), la actual birket-el-Hamra, al sur del Ofel, que recogía el agua de la piscina superior por
el segundo canal (cf. 7:3). Contaréis las casas para adaptarlas a las necesidades de la fortificación.
El depósito (v.11) parece ser la piscina de Siloé, distinta de la piscina vieja, que es la misma
llamada antes inferior (v.8). Se la llama vieja en relación con la de Siloé, que era posterior, e
inferior en relación con el depósito que está a la salida de la fuente de Gihón. Ezequías hizo un
nuevo canal, llamado de Siloé (de 550 metros de largo), para llevar dentro de las murallas el agua
desde Gihón a la piscina superior. Entre dos muros, sin duda el de la ciudad y otro que servía de
terraplén y de pared del canal antiguo. Por fin, el profeta les echa en cara el haberse preocupado
demasiado de los medios materiales de defensa, sin dirigirse a Dios, que es quien ha enviado toda
esta prueba (v.11), como Señor de la historia y único defensor eficaz, que ha hecho esto.
Inconsciencia de los habitantes de Jerusalén (12-14)
12 El Señor, Yahvé de los ejércitos, os invita en ese día a llorar, a gemir, a rasurar la
cabeza, a ceñir el saco. 13 Mas he aquí que hay júbilo y alegría, matanza de bueyes y
de ovejas, comida de carne y bebida de vino. “¡Comamos y bebamos, que mañana
moriremos!” 14 Pero se ha revelado Yahvé de los ejércitos a mis oídos: Ciertamente
no será perdonado este pecado hasta que muráis.
Dios los invita a la penitencia, pero el pueblo de Jerusalén se entrega a una desaforada alegría
para aturdirse y no pensar sino en satisfacer su sensualidad. Tal pecado exige un castigo máximo
hasta la muerte.
Invectiva contra el cortesano Sobna (15-18).
Aquí tenemos la única invectiva personal de Isaías en todo su libro. Parece que Sobna era
un alto funcionario partidario de la alianza con Egipto, es decir, de la política contraria a la pro1764
pugnada por Isaías, que no era otra sino confiar ciegamente en Yahvé y dejarse de alianzas extranjeras,
que no hacían sino perjudicar a los intereses religiosos de Judá.
15 Así dice el Señor, Yahvé de los ejércitos: Anda y ve a ese cortesano, a Sobna, el
superintendente de palacio: ¿Qué tienes tú aquí o a quién tienes tú aquí para labrarte
aquí un sepulcro? Se está labrando su sepulcro en la altura, se talla una morada
en la roca. 17 He aquí que Yahvé te lanzará con ímpetu varonil, te echará a rodar,
¡oh gran señor! como una bola; con ímpetu te lanzará como una bola sobre la vasta
tierra. Allí morirás y allí serán tus carros gloriosos, ¡oh vergüenza de la casa de tu
señor! 18 Te depondré de tu cargo y te arrancaré de tu lugar.
El profeta es enviado por Dios para comunicarle su destino trágico. Parece que Sobna, alto funcionario
5, se estaba preparando su sepulcro en la zona rocosa en que, según la costumbre, se excavaban
los sepulcros los ciudadanos de alta posición. El profeta parece sorprenderle en ese lugar,
y se encara con él, llamándole extranjero e intruso: ¿Qué tienes aquí. para labrarte un sepulcro?
Al profeta le irrita la pretensión de ese extranjero de labrarse un sepulcro en la parte más
saliente (en la altura, v.16) para que se destacase entre todos los otros sepulcros de los nobles de
Jerusalén. Como extranjero, no tiene derecho a establecer un mausoleo en esta zona sepulcral de
la nobleza judía, porque no estaba emparentado con ninguno de la nobleza local (¿ya quién tienes?
v.16). No tiene derecho a tener una sepultura noble, sino que debe conformarse con la común
de la gente (Jer 26:23). Dios no le permitirá disfrutar de ese mausoleo familiar que se está
tallando, porque va a ser lanzado como una bola a un país vasto, a Asiría. Allí irá él, gran señor
(frase irónica), con sus carros y atuendos de acompañamiento, tomados como botín por los asirios
6.
Exaltación de Eliaquim (19-24).
19 Y aquel día llamaré yo a mi siervo Eliaquim, hijo de Helicías, 20 y le revestiré de tu
túnica y le ceñiré de tu cinturón, y pondré en sus manos tu poder. Y él será un padre
para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. 21 Y pondré sobre su hombro
la llave de la casa de David; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá. 22
Y le hincaré como clavo en lugar seguro, y será trono glorioso de la casa de su padre.
23 Y le colgarán toda la gloria de la casa de su padre, los vástagos y descendientes,
todos los utensilios pequeños, desde las copas hasta los odres, 24 Aquel día, dice
Yahvé de los ejércitos, el clavo que estuvo hincado en lugar seguro será arrancado y
caerá, y se romperá el peso que de él pendía, pues así lo dice Yahvé.
En sustitución de Sobna será elegido por Dios Eliaquim, a quien Dios le llama mi siervo en razón
de su fidelidad (cf. Is 20:3; 36:3). Dios le revestirá con las insignias de su cargo, túnica y
cinturón, y por su conducta merecerá el título de padre para con los habitantes de Jerusalén y
Judá (v.22). Dios le dará la llave de la casa de David, símbolo de su poder como mayordomo de
palacio y primer ministro o visir. Su poder será extremadamente amplio: abrirá, y nadie cerrará,
e.d., nadie le podrá disputar el poder. Parece que el encargado de tal oficio debía llevar ritualmente
la gran llave de madera sobre su hombro (v.22) 7. Yahvé lo fijará como un clavo o estaca
de tienda, que es el sostén de las cuerdas de la misma (v.23), y será como un trono glorioso de la
casa de su padre, e.d., su familia será honrada en él y en su posición social, que es para él como
un trono glorioso. Y todos sus parientes, aun los más lejanos, con todos los utensilios pequeños,
1765
desde las copas hasta los odres, querrán apoyarse en él para obtener empleos y dignidades y satisfacer
su ambición. Naturalmente, esta predicción tiene un sentido irónico. En el v.25 se predice
la caída de la casa de Eliaquim con todos los suyos (el clavo. será arrancado. y se romperá el
peso). Muchos consideran esto como una adición posterior, pues no parece adaptarse al tono benevolente
en que se anunciaba el futuro glorioso de Eliaquim. Pero debemos tener en cuenta que
en los profetas abundan los cambios bruscos de pensamientos y situaciones, y bien podía Isaías
anunciar la caída del bueno de Eliaquim, castigado por su excesivo nepotismo. O bien estos versos
son una adición posterior del mismo Isaías, cuando los abusos del nepotismo de la casa de
Eliaquim causaron la ruina de su casa.
23. Oráculo Sobre Tiro.
En tonos dramáticos se describe la destrucción de la metrópoli fenicia, Tiro, y con ella Sidón.
Tiene dos partes la profecía: 1) ruina de Tiro (v.1-14); 2) restauración después de setenta años,
con la recuperación de la vida próspera comercial antigua, pero al servicio del pueblo de Yahvé,
Israel (v. 15-18). La primera parte es poética; la otra está en prosa. Cuanto a la autenticidad, se
suele considerar la segunda parte como una adición posterior. Muchos niegan también la autenticidad
isaiana de la primera parte, y rebajan la fecha hasta la época de Alejandro Magno. Algunos
comentaristas han creído que en este fragmento primero hay dos profecías, una relativa a Tiro y
otra a Sidón; pero es posible que el profeta las considere per modum unius;e.d., que se refiera al
emporio comercial fenicio, representado por las dos grandes metrópolis. Se ha objetado, contra la
autenticidad isaiana, que Tiro no fue tomada hasta el 333 por Alejandro Magno. Pero a esto podemos
responder que los profetas hablan del futuro en forma hiperbólica; por tanto, muchas de
sus frases no han de ser tomadas al pie de la letra. En realidad sabemos que, en tiempo de Isaías,
Tiro sufrió dos asedios, uno en tiempo de Salmanasar (727-722) y otro bajo Senaquerib, en el
701, y entonces el rey de Sidón, Lulli, tuvo que huir a Chipre, lo que se adapta bien a lo expresado
en el v.12.
Anuncio de la caída de Tiro y Sidón (1-5).
1 Oráculo sobre Tiro. Gemid, naves de Tarsis; vuestro puerto está destruido; a la
vuelta de la tierra de Quittim les dieron la noticia; 2 los habitantes de la costa del
mar han enmudecido; el mercader de Sidón que atraviesa los mares, 3 cuyas mensajeros
van sobre la muchedumbre de las aguas, cuya ganancia eran la simiente de Sijor,
la cosecha del Nilo, y se convirtió en el emporio de los pueblos, 4 Avergüénzate,
Sidón, pues el mar habla, la fortaleza del mar, el baluarte del mar, dice: No he concebido
y no he parido, no he criado muchachos ni he educado doncellas. 5 Cuando
Egipto sepa la noticia, temblarán al conocer la nueva de Tiro.
La profecía se abre con un apostrofe a las naves de Tarsis, es decir, las naves de gran tonelaje,
que llamaríamos hoy transatlánticos, aunque no naveguen por el Atlántico. Tarsis suele identificarse
con la Tartesos de Huelva, donde estaban las minas de plata y cobre, por lo que tenía amplias
relaciones comerciales con los fenicios 8 ya antes de los cartagineses.
El profeta presenta a las naves de Tarsis volviendo de Quittim, ciudad de Chipre (Kittion),
fundada por los fenicios, cuando se les comunica que el puerto de Tiro 9 está cerrado. Quizá
se cruzaron con otras naves fugitivas en el viaje y por ellas se enteraron del desastre. Los
1766
habitantes de la costa son los fenicios. El mercader de Sidón: esta ciudad aquí parece ser sinónima
de Fenicia en general, porque fue la primera colonia fenicia que echó las bases de la prosperidad
comercial de esta región. La muchedumbre de las aguas (v.2): el Mediterráneo. Los fenicios
se caracterizaban por ser intrépidos navegantes con fines comerciales. La simiente de Sijor,
la cosecha del Nilo 10, simbolizan aquí el emporio comercial de Fenicia. Sijor y Nilo son sinónimos.
Son el símbolo de la feracidad de Egipto, cuyas riquezas se convertían en ganancia de
los mercaderes fenicios, que hicieron de su patria el emporio de los pueblos (v.3). A continuación
el profeta se representa al mar proclamando su esterilidad. El mar, que vivía en íntimas relaciones
con los fenicios, al recibirlos como huéspedes en sus prolongados viajes, siente como
propia la desgracia de sus ciudades costeras: No he concebido y no he parido., e.d., me quedo sin
juventud, desaparecida en la guerra. Egipto mismo considerará como una desgracia propia la
caída de Tiro, porque le beneficiaba su comercio y, sobre todo, porque ve acercarse al invasor
asirio.
Invitación irónica a la huida (6-9).
6 Pasad a Tarsis, lamentaos, moradores de la costa. 7¿Es ésta vuestra ciudad alegre,
la de antiguo origen, que iba por sus pies a lejanas regiones para morar en ellas?
8¿Quién decretó tal cosa contra Tiro la coronada, cuyos mercaderes eran príncipes,
cuyos negociantes eran grandes de la tierra? 9 Yahvé de los ejércitos lo decretó para
profanar el orgullo de toda gloria, para humillar a todos los grandes de la tierra.
Es una invitación irónica a los habitantes fenicios a buscar refugio en Tarsis, e.d., en lejanas tierras
(v.6), en las colonias fenicias de la lejana España. Cuando Tiro fue atacada por Alejandro
Magno, fueron enviados todos los que no eran aptos para las armas a Cartago, colonia fenicia.
Tiro y Sidón eran consideradas como las dos ciudades más antiguas de Fenicia. Los sacerdotes
fenicios dijeron a Herodoto que la ciudad de Tiro tenía entonces 2.300 años de existencia 12, e.d.,
fundada hacia 2.750 a.C. Según Flavio Josefo, Tiro fue fundada 240 años antes que el templo de
Salomón en Jerusalén, e.d., hacia el 1217 a.C.13 Tiro es llamada la coronada (v.8) (o la “otorgadora
de coronas,” según la traducción de algunos), porque tenía colonias gobernadas por reyes.
Pero Dios ha determinado humillarla y profanar el orgullo de toda gloria, es decir, permitir la
profanación de los templos, especialmente el de Melkart, que era el orgullo de Tiro, y de todos
los grandes de la tierra.
Emancipación de las colonias fenicias (10-14).
10 Pasa a tu tierra, como el Nilo, hija de Tarsis; ya no hay ceñidor 14. 11 Yahvé tendió
su mano sobre el mar e hizo temblar a los reinos; Yahvé ordenó la destrucción de las
fortalezas de Canaán. 12 Y dijo: No te volverás a regocijar, violada doncella, hija de
Sidón. Levántate y vete a la tierra de Quittim, que ni aún allí habrá reposo para ti.
13 He aquí la tierra de los caldeos; tal pueblo no existía; Asur lo fundó para los animales
del desierto; alzaron sus torres, arrasaron sus palacios, han reducido a ruinas.
14 Gemid, naves de Tarsis, que vuestro puerto ha dejado de existir.
Este fragmento es sumamente oscuro e incoherente a causa de la inseguridad del texto. Hemos
procurado conservar lo más posible el texto hebreo en la traducción. En la hipótesis de que sea
verdadera la traducción que hemos dado del v.10, se suele interpretar en el sentido de que Tarsis
ha quedado libre como el Nilo (al regar Egipto en las inundaciones a su antojo) con la desapari1767
ción de la metrópoli fenicia, que era su tutela y su ceñidor. Dios tendió su mano sobre el mar e
hizo temblar a los reinos, e.d., Yahvé ha decidido castigar a Tiro, señora del mar, y sus colonias
o reinos. Canaán es el nombre que daban a su tierra los fenicios 15. El autor presenta a Sidón —
sinónimo de Fenicia aquí — como violada (v.12), porque nunca había sido conquistada 16. Se la
invita a huir a Quittim o Chipre. El ν.13 es ininteligible en el contexto. Para armonizarlo con éste,
Duhm ha cambiado caldeos en quíteos, y entonces sería una continuación del versículo anterior:
“Mira el país de los quíteos (de Quittim): los ha convertido en montón de ruinas.” Y en este
caso sería una explicación del “allí en Quittim no habrá reposo para ti” del v.12. Pero la traducción
textual es firme en el TM respecto a la palabra caldeos. La frase tal pueblo no existia, Asur,
es considerada como glosa posterior, del tiempo quizá de Esdras, en que el nombre Asur servía
para designar a las grandes potencias como a los caldeos (Lam 5:5), los persas (Esd 6:22). Manteniendo
la traducción del texto hebreo como está, el ν.13 aludiría a la destrucción de Caldea por
los asirios, y entonces la ruina de Babilonia sería presentada por el profeta como modelo a Tiro.
De hecho sabemos que Senaquerib conquistó y castigó a Babilonia, capital de los caldeos 17.
Tiro, al servicio del pueblo de Dios (15-18).
15 Y sucederá aquel día que Tiro será olvidada setenta años, los años de la vida de
un rey, y al cabo de setenta años le ocurrirá a Tiro como dice el canto de la ramera:
16“Toma la cítara, y recorre la ciudad, ramera olvidada; toca lo mejor que puedas,
multiplica las canciones, a ver si se acuerdan de ti.” 17 Y sucederá que al cabo de setenta
años visitará Yahvé a Tiro, y volverá a su salario, y se prostituirá a todos los
reinos del mundo sobre la faz de la tierra, 18 pero su ganancia y su salario serán consagrados
a Yahvé; no serán guardados ni atesorados, sino que serán para los que
habitan ante Yahvé, para nutrirlos hasta la saciedad y vestirlos con esplendor.
Después de la destrucción de Tiro vendrá una época de resurgimiento material, pero pasados setenta
años, que es la misma cifra que pone Jeremías para la cautividad babilónica (Jer 25:11-12)
18. Los años de la vida de un rey, frase enigmática que probablemente indica en números redondos
la duración de una dinastía o la vida de un rey. Después de un estado de postración política,
Tiro volverá a recuperarse y a buscar la prosperidad comercial por todos los medios, como la
cortesana, que con sus cantos atrae la atención de sus clientes por las calles (v.16), y el profeta
pone en sus labios una canción popular conocida de sus lectores. Tiro, después de setenta años,
se prostituirá a todos los reinos, e.d., se dedicará de nuevo al comercio para conseguir ganancias
fabulosas, exhibiendo sus géneros de mercancía, como la prostituta sus encantos, para atraerlos a
sus mercados; pero esta vez todas sus ganancias y salarios serán en beneficio de Yahvé, y en vez
de ser atesorados (v.18) en los templos fenicios, estarán a disposición de los adoradores de Yahvé
para que éstos vivan espléndidamente.
Apocalipsis de Isaías (c.24-27).
Con el nombre de Apocalipsis de Isaías se designa el contenido de los capítulos 24-27,
que constituyen una sección muy característica. El género literario apocalíptico se caracteriza
por la escenificación dramática de los hechos en un mundo metahistórico: trata del fin de las cosas,
del último juicio sobre las naciones, de la resurrección de los muertos, del establecimiento
del reino mesiánico, etc. Todos estos rasgos los encontramos en Ezequiel, Zacarías, Joel, Daniel,
en el Antiguo Testamento, y en el Nuevo Testamento, en el Apocalipsis de San Juan. Los Apocalipsis
apócrifos exageran aún estos rasgos mencionados. Y también característica de este <vgéne1768
ro apocalíptico es el lenguaje oscuro y enigmático, en el que el horizonte histórico se esfuma en
frases vagas y vaporosas, que buscan ante todo el misterio. Estos capítulos 24-27 de Isaías no se
refieren, como los anteriores, a una nación determinada, sino al mundo pagano en general: toda
la tierra será juzgada a causa de la corrupción general, y sólo serán salvados los justos después de
una dura opresión. Dios inaugurará un nuevo reino en Sión con caracteres netamente universalistas,
destruirá la muerte para siempre. Los difuntos resucitarán para asociarse a los ciudadanos de
la nueva Sión. Todo esto nos pone ante perspectivas escatológicas.
Precisamente por este carácter escatológico no es posible muchas veces buscar orden lógico
en las ideas; de ahí que su agrupación ideológica no sea cosa fácil. Muchos autores opinan
que no hay unidad literaria en estos capítulos, sino más bien una yuxtaposición de fragmentos
diversos que tienen de común su género apocalíptico. En realidad provendrían de diversos autores,
y desde luego la crítica independiente niega la autenticidad isaiana de esta sección. Se apoyan
para ello en que la situación que se refleja en ella es post-exílica: Yahvé reúne a los israelitas
dispersos de las riberas del Eufrates y del Nilo (27:12-13); Palestina está dominada por extranjeros
(26:8-18), y, sobre todo, la idea de resurrección que aquí encontramos es de origen tardío.
Por su semejanza con Ez 38-39; Jl 4:9-21; Zac 14, y Daniel (toda la segunda parte), se supone
que estos capítulos del Apocalipsis de Isaías han sido compuestos en la época persa, griega o
macabea 1.
Los autores conservadores, sobre todo los católicos, hacen notar que existen en estos capítulos
indicios ciertos de autenticidad isaiana, como, por ejemplo, la amenaza contra Moab
(25:10), la mención de Asiría y Egipto, la veneración de los Asherim y de las estelas solares
(27:9) y ciertos giros literarios que consideran propios de Isaías.
1 El texto hebreo lee “tus encontrados,” pero creemos preferible la lección, griega fus caudillos, que se obtiene con un cambio de letras.
— 2 Cf. Jue 16:27; NehS.16. — 3 El texto es ambiguo y oscuro. Otros traducen: “Quir socava el muro, y Soa lánzase contra
la montaña” (Cantera-Bover). — 4 El texto hebreo dice literalmente: “en carros de hombres y caballos.” Con un ligero cambio tenemos
la traducción dada arriba. — 5 La palabra hebrea soken tiene su paralelo asirlo en saknu, que significaba administra- — dor
(cf. i Ke 1:2.4). — 6 La costumbre de usar carros para protección y ornato personal era privativo de los reyes en Israel, pero con el
tiempo se extendió a los altos cortesanos (Jer 17:25). Condamin, en vez de carros del texto hebreo, lee sepulcro, traduciendo “y
allí tendrás tu glorioso sepulcro,” — 7 Cf. Cheyne, Polychrome Bible p.ióo, citada por Skinner, o.c., 183. — 8 Otros identifican
Tarsis con Cartago, Tarso, Tarsis (Etruria), el Tursa de los egipcios o el Tiras de Gen 10,2, que se supone en el sur de Italia. Recientemente,
Schulten parece haber probado la identidad de la Tarsis bíblica y la Tartesos de los griegos, situada en la desembocadura
del Guadalquivir, destruida por los cartagineses. — 9 La traducción “vuestro puerto” es según una corrección del texto,
pues el texto hebreo dice “sin casa,” que falta en el griego. — 10 En el griego falta Ntío. Sijor es el río de Egipto. — 11 Condamin
pone la frase en segunda persona, como una ironía del mar dirigida contra Sidón: “no has concebido, no has parido.” — 12 Cf.
Herodoto, II 44. — 13 Flavio Josefo, Ant. VIII III. — 14 Condamin, suprimiendo “como el Nilo,” que el texto griego lee de otro
modo, y haciendo alguna reconstrucción, traduce: “Pasa, vete hacia tu tierra, hija de Tarsis. Tu puerto no existe más.” Cf. Condamin,
o.c., 157. — 15 Algunos prefieren traducir Canaán por mercader, según el conocido juego de palabras, y en ese caso tendríamos
“las fortalezas del mercader,” e.d., de los fenicios. — 16 La palabra virgen falta en el texto griego, y rítmicamente es superflua.
— 17 Cf. Condamin, o.c., 1:59, y Skinner, o.c., 190. — 18 Cf. Jer 29:10; Zac 1:12; 7:5; Dan 9:2; 2 Crón 36:21.
24. El Día del Juicio y sus Signos Precursores.
En una descripción dramática, el autor combina las escenas de los últimos días con la situación
de depravación moral de sus contemporáneos. Tiene en cuenta una situación histórica presente,
pero al mismo tiempo se deja llevar por la impresión del día del juicio sobre las naciones, lo que
da un carácter escatológico a sus aseveraciones históricas.
Desolación general (1-3).
1 He aquí que Yahvé devasta la tierra, la asola y trastorna su faz, dispersando a sus
1769
habitantes. 2 Y será del pueblo como del sacerdote, del siervo como de su amo, de la
criada como de su señora, del que compra como del que vende, del que presta como
del que toma prestado, del acreedor como del deudor. 3 La tierra será totalmente
devastada y entregada al pillaje, porque Yahvé ha pronunciado esta palabra.
La perspectiva del profeta es la tierra en general, saliendo del marco de la tierra de Israel. Todas
las clases sociales serán afectadas por el juicio universal punitivo de Dios (v.2). Todos serán tratados
en plan de igualdad, sin que la categoría social o el dinero sirva para librar de la catástrofe:
del siervo como del amo. Una de las características del género literario apocalíptico es la hipérbole
para destacar la idea principal que el autor persigue, que aquí es la idea de castigo y de juicio.
Maldición de Dios sobre la tierra (4-6).
4 La tierra está en duelo, marchita; el orbe languidece y se marchita, la clase alta del
pueblo se debilita. 5 La tierra está profanada bajo sus moradores, que traspasaron
la ley, falsearon el derecho, rompieron la alianza eterna. 6 Por eso la maldición devora
la tierra, y son culpables sus moradores. Por eso arderán los moradores de la
tierra y quedarán pocos hombres.
Como consecuencia de la devastación general sobre la tierra ordenada por Dios, ésta está como
en duelo y marchita (v.4), y la clase alta del pueblo sufre la primera las consecuencias, por ser la
más responsable del desorden moral existente, causa del castigo de Dios. Por su conducta, la tierra
está profanada (ν.6) bajo sus pies y sujeta a la maldición de Dios. Es una concepción muy
generalizada en el Antiguo Testamento. Así como la tierra participaba de las bendiciones de Dios
si sus habitantes eran fieles a la ley, así, cuando éstos son transgresores de la ley, la tierra sufre
las consecuencias de la ira divina desencadenada. Esta asociación cósmica a los hechos humanos
está basada en un concepto religioso de la vida muy enraizado en la mente de los semitas 2. En el
diluvio perecieron también los animales por los pecados de los hombres. Los hombres se han
corrompido en todos los órdenes, rompiendo la alianza eterna. Probablemente esta frase está
tomada de Gen 9:16, donde se habla de la alianza de Dios con Noé después del diluvio, especialmente
en lo relativo al derramamiento de sangre humana. En todo caso, esta noción de alianza
eterna puede extenderse aquí al conjunto de leyes y preceptos impuesto por Dios a la humanidad.
Los transgresores han violado los postulados fundamentales de la moral humana.
Ha cesado la alegría (7-9).
1 Está en duelo el mosto, y la vid languidece, y suspiran todos los alegres de corazón.
8 Ha cesado la alegría de los tambores, se acabó el regocijo de los exultantes, ha cesado
el júbilo de la cítara. 9 Ya no beben el vino entre cantares, y las bebidas son
amargas al que las bebe.
La descripción es sumamente poética. Han desaparecido todas las alegrías con la ruina del campo
que daba el vino, lugar de todos los jolgorios populares. Sin él tampoco hay ánimos para pulsar
instrumentos músicos alegres, como la cítara y los tambores 3.
Soledad en las ciudades (10-13).
10 Ha sido quebrantada la ciudad de la confusión4, cerradas todas las casas, sin que
1770
nadie entre en ellas. 11Gritería por el vino en las calles, se oscureció toda alegría,
desterróse de la tierra el júbilo. 12La desolación ha quedado en la ciudad, y la puerta,
abatida, en ruinas. 13Porque así será en la tierra, en medio de los pueblos, como
cuando se sacude el olivo, como cuando se hace el rebusco una vez concluida la recolección.
Sigue la descripción de la desolación del país. La ciudad de la confusión (v.10), según la traducción
nuestra, puede significar sencillamente “la ciudad confusa, caótica, desierta.” Algunos autores
ven aquí una alusión a la idolatría. Es posible. Parece que el profeta piensa en una ciudad determinada
aunque no la nombra. Unos creen que es Jerusalén destruida por los babilonios, y
otros piensan en Babilonia arruinada. La asolación ha alcanzado también al campo, y a una de las
riquezas tradicionales de Palestina, el vino; por eso hay gritería por el vino, e.d., duelo por la
asolación de las viñas.
El profeta se proyecta ahora sobre toda la tierra, en medio de los pueblos. Lo sucedido a
esa ciudad innominada acaecerá a todos los pueblos, y la asolación será tal, que quedarán pocos,
como cuando después de la recolección quedan algunas aceitunas en los olivos.
Júbilo prematuro (14-16).
14 Aquéllos alzan sus voces, lanzan gritos de alegría, desde el mar cantan la majestad
de Yahvé. 15 Por eso en el oriente glorifican a Yahvé en las costas del mar, el nombre
de Yahvé, Dios de Israel. 16 Desde los confines de la tierra oímos cantar: ¡Gloria al
justo! Pero yo digo: ¡Desgraciado de mí, desgraciado de mí, ay de mí! 5 Los pérfidos
han obrado pérfidamente, los pérfidos han obrado pérfidamente.
El profeta describe un contraste gozoso con lo anterior, pero que lo es sólo aparentemente. Aquéllos,
en oposición al o del v.12, son los que adoran a Yahvé en el occidente, desde el mar; en las
costas (v.15), e.d., del Mediterráneo. Los adoradores de Yahvé exultan por el castigo de Dios
sobre los impíos, con lo que se ha manifestado su majestad (v.14). En ello han visto la señal de la
liberación próxima. Pero el profeta, que conoce los planes de Dios, no participa de esta alegría
prematura de los dispersos de Israel (v.16), no puede exultar al oír el clamor general de gloria al
justo, sino que se siente sobrecogido por la perfidia de los impíos.
Catástrofe cósmica (17-20).
17 Terror, hoya, red sobre ti, habitante de la tierra. 18 Y sucederá que el que huya de
la voz de pánico caerá en la hoya, y el que salga del medio de la hoya se enredará en
la red, porque ábrense las cataratas en lo alto y tiemblan los fundamentos de la tierra.
19 La tierra se rompe con estrépito, la tierra retiembla, se conmueve. 20 La tierra
vacila como un ebrio, es sacudida como una choza. Pesan sobre ella sus pecados, y
caerá para no volver a levantarse.
Las frases con que se describe la conmoción cósmica son muy parecidas a las de Am 5:19 y Jer
48:4355, quedando como estereotipadas en la literatura apocalíptica. Habrá una ola de terror, en
tal forma que el que no caiga en un peligro caerá en otro (hoya, red.), y los mismos elementos
cósmicos se asociarán a la conturbación general. Sus cataratas, e.d., las compuertas (Gen 7:11;
8:2) de los cielos, que Dios abre a voluntad cuando quiere enviar una inundación con las aguas
de arriba (Gen 1:4), que estaban sobre el firmamento, concebido como una masa sólida. Y los
1771
fundamentos de la tierra son los pilares en los que se asienta la tierra sobre el abismo. Los
hebreos concebían la tierra asentada sobre cuatro columnas que a su vez se sumergían en el
abismo de aguas, el tiamat de la literatura asiro-babilónica. El profeta describe aquí un tremendo
terremoto, en virtud del cual la tierra vacila como un ebrio y es sacudida como una choza (v.20).
El símil está tomado de las chozas en forma de hamaca que se ponían en las viñas para guardarlas,
que solían ponerse a veces en la copa de un árbol. Por eso aquí, al temblar la tierra, es
hamada por el viento. Y todo esto no tiene otra causa que los pecados (v.20) que la cubren y pesan
sobre ella como un vestido de maldición.
Juicio sobre los poderes del mal (21-23).
21 Y será en aquel día que visitará Yahvé la milicia de los cielos en la altura, y abajo
a los reyes de la tierra, 22 Y serán encerrados presos en la mazmorra, encarcelados
en la prisión, y después de muchos días serán visitados. 23 Y la luna se sonrojará, y
avergonzaráse el sol, porque Yahvé de los ejércitos reinará en el monte de Sión y en
Jerusalén y (resplandecerá) su gloria ante sus ancianos.
Dios castigará (visitar tiene este sentido punitivo en el lenguaje bíblico) a la milicia de los cielos
(lit. “la milicia de lo alto”), e.d., o bien los astros, considerados por los paganos como divinidades,
o bien los espíritus que, según las creencias de la época, presidían las diversas regiones celestes
con sus esferas. Los castigará juntamente con los reyes de la tierra como instigadores del
mal 7. Y Dios los encerrará en la mazmorra o abismo por algún tiempo, hasta que los visite de
nuevo para darles el castigo definitivo. En la Epístola de San Judas (v.6) encontramos una concepción
parecida: “Los ángeles que no guardaron su dignidad y abandonaron su propio domicilio,
los tiene reservados en perpetua prisión, en las tinieblas, para el juicio del gran día.” Y en 2
Pe 2:4: “Porque Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, precipitados en el tártaro,
los entregó a las prisiones tenebrosas, reservándolos para el juicio.” Estos dos textos del Nuevo
Testamento parecen depender del libro apócrifo de Henoc8. Nos hallamos, pues, ante concepciones
escatológicas en las que la imaginación y el ambiente folklórico tienen gran importancia. Y
el profeta cierra el cuadro con un horizonte esperanzador, pleno de luz: En Sión será Yahvé entronizado,
y ante su gloria sentirán sonrojo y vergüenza el sol y la luna. Yahvé será como una luz
que brilla manifestando su gloria ante los ancianos. Indudablemente que el profeta alude a la
teofanía del Sinaí, presenciada por los setenta ancianos (Ex 24:9.10). Es notable este cortejo de
ancianos formando la escolta de Yahvé en la nueva teocracia redimida, sin decir nada de los
reyes, como lo hace en 32:1, o de los sacerdotes, como lo hace Ezequiel en la visión del templo.
Los profetas juegan en sus imágenes con diferentes planos históricos, sin ligarse demasiado a
uno de ellos. La escena de la teofanía del Sinaí era muy apropiada para ilustrar la futura gloria
de Yahvé. El autor del Apocalipsis también hablará de veinticuatro ancianos que forman la corte
de Dios y del Cordero (Ap 4:4). En la nueva Jerusalén, Yahvé será la luz de la ciudad (Is
60:19).
1 Cf. L. Dennefeld, Les granas prophétes 95. — 1 Literalmente el texto hebreo dice: “la altura del pueblo.” Otros prefieren leer cambiando
la vocalización: “el cielo con la tierra,” lo que sería una asociación cósmica a lo anterior. Así, Gondamin, O.C., 165. — 2 Cf.
Jer 3:9; Núm 35:33; Dt 21:1-9. — 3 Cf. Is 5:11-12. — 4 El texto griego dice “toda ciudad” en vez de “ciudad de confusión.” — 5
El texto griego dice “¡ay de los impíos!” en vez de “¡desgraciado de mí!” del texto hebreo. — 7 Cf. Jer 33:22; 1 Re 22:19; Neh
9:6; Dan 10:13; 20,21; 12:1; Eclo 17:17.
1772
25. Cántico de Acción de Gracias.
Banquete Mesiánico.
Tres secciones comprende este capítulo: a) acción de gracias por la caída de una ciudad pagana
(1-5); b) banquete mesiánico (6-8); c) himno de alabanza por la humillación de Moab (9-
12). Se discute si el capítulo constituye una unidad literaria o si más bien está formado de fragmentos
yuxtapuestos por un redactor posterior.
Cántico de acción de gracias (1-5).
1 Yahvé, tú eres mi Dios; yo te ensalzaré y alabaré tu nombre, porque has cumplido
maravillas, designios de mucho ha en fidelidad y verdad. 2Porque hiciste de la ciudad
un montón de piedras, de la ciudad fuerte una ruina. Ya la ciudadela de los extranjeros
no es ciudad, y no será jamás reedificada. 3Por eso te glorificará un pueblo
fuerte y te temerá la ciudad de las naciones poderosas. 4Porque fuiste tú un refugio
para el humilde, refugio para el pobre en su angustia, cobijo contra la tempestad,
sombra contra el calor, pues el aliento de los tiranos es como una borrasca de invierno
1. 5Cómo calor sobre tierra seca, apaciguarás el tumulto de los extranjeros2;
como el calor a la sombra de una nube, el cántico de los tiranos se extingue.
Podemos considerar este fragmento como un verdadero salmo o cántico de acción de gracias, en
el que el autor habla en nombre de la comunidad fiel y alaba a Dios por la providencia manifestada
en la humillación de los enemigos del pueblo escogido.
Yahvé ha hecho maravillas, designios de mucho, e.d., la manifestación poderosa de Dios
sobre sus enemigos, que había sido concebida desde antiguo 3. Dios lo ha cumplido en fidelidad
y verdad, e.d., ha sido fiel a sus designios eternos, plasmados en la ruina de una ciudad histórica
que no nombra, y es símbolo de las fuerzas contrarias al pueblo de Dios, quizá Babilonia. Se la
llama cindadela de extranjeros, sin especificar más (v.2). La ciudad de las naciones parece debe
entenderse en sentido colectivo, e.d., las ciudades paganas en general. Los que suponen que este
fragmento es del s.11, creen que aquí la ciudad de las naciones era Roma (en el Ap 17:15 se la
llama “la ciudad de las naciones”), aliada de Judas Macabeo. En ese caso, la cindadela de los
extranjeros sería Samaría, destruida por Juan Hircano. Pero todas éstas son hipótesis muy aventuradas
en contra de la exégesis tradicionalmente recibida. El v.5 y el estilo inmediato anterior
suelen considerarse como una glosa explicativa posterior.
Banquete mesiánico (6-8).
6 Y preparará Yahvé de los ejércitos a todos los pueblos sobre este monte un festín
de suculentos manjares; un festín de vinos generosos, de manjares grasos y tiernos,
de vinos generosos clarificados, 7 y sobre este monte hará desaparecer el velo que
oculta a todos los pueblos, la cortina que cubre a todas las naciones. 8 Y destruirá la
muerte para siempre, y enjugará el Señor las lágrimas de todos los rostros, y alejará
el oprobio de su pueblo, lejos de toda la tierra, porque Yahvé ha hablado.
El profeta presenta inesperadamente un cuadro fascinador y bellísimo, en el que resplandece en
toda su amplitud el universalismo mesiánico. Yahvé es concebido como un gran señor que da
un banquete a todas las naciones en su mansión real, en este monte, Sión, sede de la nueva teo1773
cracia. Los profetas presentaban las realidades espirituales de la era mesiánica con imágenes vivas
materiales para captar la atención de sus oyentes. En realidad, el banquete mesiánico que
Dios dará en la era mesiánica sobrepasará a todas las descripciones proféticas, ya que éstos nunca
pudieron llegar a vislumbrar la realidad del banquete eucarístico en toda su realidad espiritual
y universal. Todas las imágenes materiales que ellos proporcionan quedan en la realidad sublimadas
y elevadas a una categoría superior para ellos insospechada 4. Dios inaugurará con este
banquete mesiánico una era de alegría sin fin, quitando el velo o signo de duelo que cubría el rostro
de los pueblos, representados aquí como apesadumbrados y tristes por la desgracia que sobre
ellos pesa (14:7-12). El velo era. signo de duelo en la antigüedad5. Dios enjugará las lágrimas de
todos los rostros (v.8). Una vez quitado el velo de duelo, Dios limpiará las lágrimas del rostro.
La frase destruirá la muerte para siempre (v.8) es considerada por algunos críticos como glosa.
San Pablo la trae para probar la resurrección de los muertos, aunque un tanto cambiada con respecto
al original, pues lee: ha sido absorbida la muerte en la victoria (1 Cor 15:54) 6· Alejará el
oprobio de su pueblo (v.8): en Dt 28:37 se anuncia a Israel que, sirviendo a dioses extraños, sufrirá
la afrenta y la mofa de parte de todos los pueblos, como consecuencia de haberse salido del
camino trazado por Yahvé. Ahora Dios les promete redimirlos de este oprobio entre los pueblos,
pues todas las gentes reconocerán la superioridad del pueblo escogido.
Humillación de Moab (9-12).
9 Y se dirá en aquel día: He aquí a nuestro Dios, hemos esperado en El que nos salvará.
Ahí está Yahvé, a quien esperábamos; gócemenos y alegrémonos en su salvación.
10 Porque la mano de Yahvé descansará sobre este monte, pero Moab será pisoteado
debajo de El, como se pisotea la paja en el muladar. 11 Υ tenderá sus manos
en su interior, como las tiende el nadador para nadar; pero Yahvé abatirá su soberbia
y los esfuerzos de sus manos. 12 Y la fortaleza elevada de tus murallas ha abatido,
ha hecho caer y derribado hasta el polvo.
Parece que aquí nos encontramos con otra sección, como indica el encabezamiento del v.8: Y se
dirá en aquel día. El hecho de nombrar a Moab expresamente, arguye que no pertenece al fragmento
apocalíptico anterior, ya que en este género literario no suelen darse nombres concretos, a
no ser como símbolos, y en este caso Moab sería símbolo de los enemigos de Dios. No sabemos
la circunstancia histórica que provocó esta indignación en el profeta contra Moab. La salvación
del V.9 son los auxilios prestados por Yahvé en los momentos de prueba para su pueblo, que serán
prenda del socorro que les proporcionará contra Moab. En contraste con esta situación,
Moab, eterno enemigo de Judá, será pisoteado, y por más esfuerzos que haga por salir de su situación
(como el nadador), no lo conseguirá, porque Dios debilitará sus esfuerzos, humillando
con ello su soberbia. El v.12 es idéntico a 26:5; algunos autores lo consideran desplazado aplicado
a Moab.
1 Cf. L. Dennefeld, Les granas prophétes 95. — 1 Literalmente el texto hebreo dice: “la altura del pueblo.” Otros prefieren leer cambiando
la vocalización: “el cielo con la tierra,” lo que sería una asociación cósmica a lo anterior. Así, Gondamin, O.C., 165. — 2 Cf.
Jer 3:9; Núm 35:33; Dt 21:1-9. — 3 Cf. Is 5:11-12. — 4 El texto griego dice “toda ciudad” en vez de “ciudad de confusión.” — 5
El texto griego dice “¡ay de los impíos!” en vez de “¡desgraciado de mí!” del texto hebreo. — 7 Cf. Jer 33:22; 1 Re 22:19; Neh
9:6; Dan 10:13; 20,21; 12:1; Eclo 17:17. — 1 El texto hebreo dice literalmente: “una tempestad en pared,” lo que no da sentido
aceptable. Con un ligero cambio de vocalización en hebreo tenemos “invierno,” como hemos traducido. — 2 El texto griego dice
“presuntuosos” en vez de “extranjeros” del hebreo. — 3 El tono del cántico es muy similar al de los salmos (cf. Sal 63:1; 145:1;
138:2) — 4 Esta imagen del festín para designar la era mesiánica y el cielo es muy corriente en la Biblia (cf. Is 55:2; Sal 23:5;
Mt8:11; 22:2ss; Sal 36:8; 63:5). — 5 Cf. 2 Sam 15:30; 19:41 Jer 14:3. — 6 Confunde la palabra hebrea que traducimos por
“siempre” (lenesaj) con otra parecida aramea que significa “victoria”' (nasaj).
1774
26. Canto Triunfal Plegaria.
Este capítulo es una mezcla de himno triunfal y súplica deprecatoria, a la vez que una acción de
gracias. La nación es presentada saliendo de una época de humillación y opresión. También se ha
pretendido fragmentar este poema, pero parece que hay unidad fundamental con transiciones
muy apropiadas.
Canto triunfal (1-6).
1 En aquel día cantarán este cántico en la tierra de Judá: Tenemos una ciudad fuerte;
por muro y antemuro nos da El la salvación, 2 Abrid las puertas, que entre un
pueblo justo, que se mantiene fiel. 3 Su firme ánimo conservará la paz, porque en ti
pone su confianza. 4 Confiad siempre en Yahvé, pues Yahvé es la roca eterna. 5 El
destruyó a los que habitan en las alturas, derribó la ciudad soberbia. 6 La derribó
hasta la tierra, la arrojó al polvo, y es hollada por pies, por los pies de los pobres y
los pasos de los humildes.
El profeta se traslada a la época venturosa en que tendrán cumplimiento los hechos vaticinados
en 25:6-8. Entonces la ciudad no necesitará de fortificaciones, porque la salvación, es decir, la
protección de Yahvé, será la verdadera muralla y fortaleza de dicha ciudad 1; sus ciudadanos serán
un pueblo justo 2, es decir, no reinará en ella la iniquidad. Ese pueblo se mantendrá fiel y con
animo firme, es decir, no vacilará en seguir la ley de Yahvé, y por eso éste conservara la paz 3
en sus corazones, base de la felicidad mesiánica. En cambio, Yahvé destruyó a los que habitan
en las alturas, derribó la ciudad soberbia, que es la misma de 24:10, cuya identificación no es
fácil (¿Babilonia, Samaría?), pero que parece simbolizar las fuerzas que se oponen al establecimiento
del reino mesiánico. De este modo Dios se ha mostrado como roca segura de salvación
contra toda inundación o invasión. Los pies de los pobres: son los de 25:4, los judíos oprimidos,
que al fin se sobrepondrán a sus opresores.
Ansias de justicia (7-10).
7 La senda de los justos es recta, i derecho el camino que tú abres al justo. 8 Nosotros
ciertamente te esperamos en la senda de tus juicios, ¡oh Yahvé! Tu nombre, tu memoria
es el anhelo del alma. 9 Deséate mi alma por la noche, y mi espíritu te busca
dentro de mí, pues cuando (aparezcan) sobre la tierra tus juicios, aprenderán justicia
los habitantes del orbe. 10 Si al impío se le hace gracia, no aprende la justicia, y
en la tierra de lo recto hace el mal y no ve la majestad de Dios.
El tono de esta sección es muy similar al de los salmos clásicos. Dios allana, facilita la senda de
los justos (v.7) para que no haya obstáculos que los hagan caer. Por eso la nación espera también
la manifestación de la justicia divina en la senda de tus juicios. La justicia de Dios se manifiesta
de un modo inquebrantable y fijo como una senda o programa de acción. Dios camina siempre
por la senda de su justicia, y, por tanto, la nación santa espera ver manifestarse su justicia y verle
caminar por esta vía. El justo no piensa sino en el nombre o manifestación gloriosa de Yahvé (Ex
20:24) y en sus gestas o memoria (v.8). Los justos no tenían otro anhelo sino cantar las glorias y
gestas de Yahvé, y de noche y de día le buscan en su espíritu. Es el centro de sus meditaciones y
reflexiones, suspirando por la manifestación de los juicios de Dios (V.9), dando una lección de
1775
justicia a los habitantes de la tierra.. Ya es hora de que se manifieste la justicia de Dios, pues los
impíos no aprenden cuando se les hace gracia, y continúan obrando inicuamente en la tierra de
lo justo, e.d., Palestina, la tierra de Yahvé, porque en ella vivía una población que estaba vinculada
por un juramento a Yahvé, y porque en ella habían vivido los patriarcas, modelo de “rectitud”
moral.
Oración por la paz de Israel (11-14).
11Alzada está tu mano, ¡oh Yahvé! no la ven; verán, confundidos, tu celo por el pueblo,
y el fuego de tus enemigos los devorará. 12 Depáranos la paz, ¡oh Yahvé! pues
cuanto hacemos eres tú quien para nosotros lo hace. 13 Yahvé, Dios nuestro, otros
señores, que no tú, se enseñorearon de nosotros; sólo por ti celebramos tu nombre, 14
Los muertos no revivirán, no se levantarán las sombras, porque los visitaste y destruíste
y borraste todo recuerdo de ellos.
Los impíos están tan ciegos que no ven la mano de Yahvé alzada, dispuesta a descargar el castigo
sobre ellos. Tantas veces ha manifestado su justicia en la historia, y, sin embargo, ellos no
ven; pero llega el momento en que tendrán que ver la mano de Dios, su celo por el pueblo, e.d.,
el amor celoso que Yahvé siente por su pueblo elegido, y entonces sufrirán el fuego de los enemigos;
es decir, la cólera divina descargará como un fuego sobre los enemigos 4. El profeta suplica
a Dios que les conceda la paz, símbolo de todos los bienes y expresión de su benevolencia
para con ellos. Toda la historia de Israel es la historia de las gestas de Yahvé: cuanto hacemos,
eres tú quien lo hace (ν.13). Pero, a pesar de ser Yahvé el único y verdadero rey de Israel, no
obstante, temporalmente han estado sometidos a otros amos, tiranos usurpadores. Pero ahora que
ya no los dominan, sólo quieren que Yahvé los gobierne personalmente, y sólo a El acatarán
(v.13). Y los antiguos tiranos no se levantarán del sepulcro para dominarlos de nuevo: los muertos
no revivirán, no se levantarán las sombras (v.14.). No se trata en esta afirmación de la negación
de la resurrección de los muertos en general 5.
Ansiedad de los habitantes (15-18).
15 Multiplicaste al pueblo, ¡oh Yahvé! multiplicaste a tu nación, te has glorificado,
ensanchaste todos los confines de la tierra. 16 En la angustia, ¡oh Yahvé! te han visitado,
han derramado plegarias cuando tú los castigabas 6. 17 Como la mujer encinta,
cuando llega el parto, se retuerce y grita en sus dolores, así estábamos nosotros ante
ti, Yahvé. 18 Concebimos, nos retorcimos como si pariésemos viento, no dimos salvación
a la tierra ni nacieron habitantes del orbe.
El profeta confiesa que la multiplicación del pueblo elegido ha redundado en gloria de Yahvé
(v.16). La nación ha aumentado mucho, extendiendo sus fronteras. Dios ha escogido el castigo
como medio más apropiado para que el pueblo escogido se acercase a Dios (16). El pueblo estuvo
como en dolores de parto, sufriendo; pero de nada le valdrían sus sufrimientos si Yahvé no se
encargara de configurar el futuro de su pueblo (concebimos. como si pariésemos viento, v.18). Si
el pueblo ha aumentado, no es tanto por los esfuerzos propios cuanto por la intervención de Yahvé
(no dimos salvación a la tierra ni nacieron habitantes del cosmos). Los esfuerzos del pueblo
han dado por resultado un aborto: no han nacido hombres.
1776
Resurrección de los muertos.
19 Revivirán tus muertos, mis cadáveres se levantarán; despertad y cantad los que
yacéis en el polvo, porque rocío de luces es tu rocío 7, y la tierra parirá sombras.
Este versículo constituye el punto culminante en esta sección apocalíptica de Isaías, ya que aquí
se habla de la resurrección de los muertos de Israel. Tus muertos son los muertos en Israel con la
fe y esperanza en Yahvé. Mis cadáveres (lit. “mi cadáver”), es decir, los del pueblo elegido, suponiendo
que habla Dios. El profeta acababa de mostrar los vanos esfuerzos del pueblo por hacer
revivir la nación (v.18), y en contraste con ello está la acción omnipotente de Dios, que va a multiplicar
los habitantes de su pueblo resucitando a los muertos. El tono es patético y sumamente
conciso; por eso se cambia de persona constantemente: despertad y cantad (V.19), y las palabras
de Yahvé tienen el efecto de un rocío nocturno, pues los muertos resucitarán como reviven las
plantas secadas con el calor al recibir el frescor del rocío nocturno, que es el riego providencial
de la árida Palestina. Y la tierra lanzará fuera a sus muertos (parirá sombras, V.19). La frase rocío
de luces, si está bien traducida, jugaría con el paralelismo de luz y vida frecuente en la literatura
sapiencial8, y entonces sería “un rocío de vida,” vivificador, que cae sobre los muertos para
resucitarlos.
Nos encontramos aquí con la idea de resurrección, si bien limitada a los israelitas. En
Dan 12:2 tenemos un punto de vista similar: “Las muchedumbres de los que duermen en el pueblo
de la tierra se despertarán, unos para eterna vida, otros para eterna vergüenza y confusión.”
Invitación al pueblo a esconderse (20-21).
20 Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos y cierra tus puertas tras de ti, ocúltate
por un poco, mientras pasa la cólera. 21 Porque he aquí que Yahvé va a salir de su
lugar para castigar la iniquidad de los moradores de la tierra, y la tierra descubrirá
su sangre, no encubrirá más sus asesinados.
El profeta ve en el horizonte al juicio de Dios, que se va a manifestar, y en su amor tierno por el
pueblo le invita a recogerse en su casa hasta que pase la cólera, que será de corta duración
(v.20). Dios va a salir de su lugar, e.d., va a descender del cielo (cf. Miq 1:3; Gen 9), para castigar
sobre todo los pecados de homicidio, y la tierra descubre todos los cuerpos asesinados que
tiene en su seno para que se manifieste la justicia del juicio divino y no quede ningún homidicio
sin castigo. Según Gen 4:11, la sangre del inocente clama venganza al cielo (cf. Ez 24:7-8). La
tierra no quiere ser cómplice de estos crímenes, y por eso pone al descubierto los cadáveres de
los asesinados. No hay indicación aquí de resurrección corporal, como en el v.16.
1 Cf. Zac 2:4-5; Sal 125:2. El texto griego más bien toma salvación como complemento directo; es decir, la “salvación” de Jerusalén
está en las fortificaciones. — 2 Cf. Sal 118:19-20; Ap 22:145. — 3 La traducción de este versículo es difícil, por la extremada
concisión del original hebreo. Skinner traduce: “Tú guardas en constante paz una firme disposición, porque es fiel a ti.” En el texto
hebreo se repite dos veces “paz,” pero el griego suprime uno de ellos como ditografía. — 4 El texto original es oscuro. La expresión
“celo del pueblo” puede significar: celo por el pueblo o ardor del pueblo contra los enemigos, etc. — 5 El texto original
dice Refaim, que nosotros traducimos por sombras. Era el nombre que se daba a los gigantes y a los habitantes de ultratumba. Cf.
14:95. — 6 Esta segunda parte del versículo es sumamente oscura. Las traducciones son muy diversas. Hemos aceptado la que nos
parecía mejor con el contexto. — 7 La frase rocío de luces es problemática en cuanto a la segunda palabra. En 2 Re 4:39 se traduce
por hortalizas. Los LXX traducen “rocío de salvación,” lo que indica que leían otra palabra hebrea. — 8 Cf. Sal 36:9; 56:13;
Job 3:20; 33:30; Jn 1:4. En el Talmud se habla de un “rocío” guardado en el séptimo cielo que desciende sobre los huesos de los
muertos, resucitándolos (cf. Skinner, o.c., 210).
1777
27. La Providencia de Yahvé.
Juicio sobre los poderes del mal.
1 Aquel día castigará Yahvé 1 con su espada pesada, grande y poderosa, al leviatán
serpiente huidiza; al leviatán serpiente tortuosa, y matará al monstruo que está en el
mar.
De nuevo el profeta acude a la mitología popular para expresar sus revelaciones e ideas. La imaginación
popular había creado ciertos monstruos marinos. En Job 40,25 se dice que Dios juega
con el “leviatán” como un niño con un juguete. En este pasaje parece se refiere al cocodrilo; sin
embargo, en 3:8 se alude a un monstruo mítico, que sólo pueden manejar los magos y encantadores.
En el fragmento que comentamos parece que el profeta quiere designar a tres potencias políticas
o imperios. Se suele convenir que el monstruo que está en el mar es Egipto, cuyo río Nilo
es a veces llamado “mar.” l El leviatán serpiente huidiza sería Asiría, asentada junto al Tigris, de
curso muy rápido; y el leviatán serpiente tortuosa sería Babilonia, junto al Eufrates, río muy sinuoso
e irregular. Los que suponen que la profecía es de época posterior identifican esos monstruos
con Persia, Siria, los partos, etc. En los kudurrus, o mojones de límite asiro-babilónicos, se
suele representar la divinidad bajo la forma de una serpiente enroscada. Quizá también esto haya
dado lugar a los símiles del profeta.
Cántico a la viña (2-6).
2 En aquel día se dirá: Cantad a la viña deliciosa 2; yo, Yahvé, la guardo, 3 yo la riego
a cada momento para que no falte su follaje 3, yo la guardo día y noche 4 sin enojo.
¡Quién me diera espinas y abrojos en batalla! Marcharía contra ellos y los quemaría
juntamente, 5 a no ser que se pongan bajo mi protección y hagan la paz conmigo,
hagan conmigo la paz. 6 Días vendrán en que Jacob echará raíces, e Israel
echará flores y retoños y llenará la faz del mundo con su fruto.
En el c.5 hemos visto la parábola de la viña aplicada a Israel infructuoso; aquí será lo contrario,
pues Israel dará frutos ubérrimos. Yahvé aquí se siente satisfecho y orgulloso de su viña, Israel, y
dispuesto a defenderla contra los que la quieran perjudicar. El profeta se traslada mentalmente a
la época mesiánica de triunfo del pueblo elegido (en aquel día), e invita a cantar las glorias de la
viña deliciosa, objeto de las complacencias de Yahvé, de tal forma que se constituye en su guardián
permanente, y la cuida con solicitud amorosa, sin enojo; e.d., Yahvé tiene los mejores sentimientos
para ella, porque está contento de su buen estado, al contrario de lo que dijo en 5:5s.
Está tan decidido a guardarla en este buen estado, que está deseando que le vengan enemigos para
probar su solicitud: ¡quién me diera espinas y abrojos en batalla! e.d., para luchar con ellos y
mostrar mi cariño a la viña deliciosa. Naturalmente, todo esto tiene un sentido figurado, pues las
espinas y abrojos simbolizan a los enemigos de Israel, que intentan entrar como ladrones en su
recinto para dañarla en su herencia religiosa. De este modo se comprende el v.$: a no ser que se
pongan bajo mi protección y hagan conmigo la paz. A los impíos y enemigos de Israel no les
queda sino acogerse a Yahvé como a un asilo, reconciliándose con El. Por fin se identifica la viña
con Jacob o Israel, que dará copiosos frutos como consecuencia de la solicitud de Yahvé, que
la limpia en el interior y la defiende contra el exterior; y por ello será tan feraz, que llenará con
1778
sus frutos la faz del mundo. De nuevo encontramos aquí un vislumbre mesiánico, al anunciar el
universalismo de Israel, pues hace partícipes de sus bienes o frutos a los demás pueblos.
Expiación de los pecados de Israel (7-11).
7 ¿Le hirió (Yahvé) como hirió a los que le herían?4 ¿Le mató como mató a los que le
mataban? 8Expulsándole le ha combatido 5, echándole con su soplo impetuoso en día
de viento solano. 9 Por eso, con esto se expió el crimen de Jacob, y éste es todo el fruto
del alejamiento de su pecado: que ponga todas las piedras del altar como piedras
calizas dispersadas, de modo que no se levanten “asneras” y estelas solares. 10 Pues
la ciudad fuerte quedó solitaria, morada desamparada y abandonada como el desierto.
Allí se apacienta el becerro, allí se echa y allí ramonea. 11Cuando sus ramas
están secas, se rompen, vienen las mujeres y les prenden fuego, pues es un pueblo sin
conocimiento; por eso el que lo hizo no tuvo piedad de él, el que lo formó no se compadeció
de él.
El profeta se complace en afirmar que, aunque Yahvé castigó a su pueblo, no usó con él el rigor
que aplicó a otros pueblos que le afligieron (v.7). Dios con Israel tiene otra medida en el castigo,
porque le ha hecho unas promesas, y de ahí que no le castigue hasta el exterminio total, como lo
hace con otros pueblos. Por eso Israel debe tener aún esperanza en Yahvé, que tiene especiales
consideraciones con él. Pero Yahvé pone una condición para otorgarle completamente el perdón,
a saber, que se desentienda de todo vestigio de idolatría, derribando los altares, de modo que no
se levanten “asneras” (troncos sagrados) y estelas solares (v.8) 6. El v.10 presenta una gran dificultad
respecto a la identificación de la ciudad fuerte abandonada. Por lo que se dice en el v.11
(el que la hizo, el que la formó.,.), parece que es Jerusalén castigada por Dios y desolada. Sin
embargo, algunos autores quieren identificarla con la ciudad de 25:2 y 26:5, es decir, con una
gran ciudad capital de un imperio enemigo del pueblo de Dios. La descripción de su ruina es
muy gráfica, pues la ciudad es comparada a un árbol seco del que las mujeres toman las ramas
para encender fuego, y los animales dormitan a su sombra, alimentándose de sus ramas (v.11). Y
toda esta ruina viene como consecuencia de la falta de inteligencia de sus habitantes, que no han
querido ver la mano de Dios en el castigo, orientando sus pasos de nuevo hacia el que la formó
(e.d., su Hacedor).
Retorno del exilio (12-13).
12 Y sucederá aquel día: sacudirá Yahvé espigas desde el río hasta el torrente de
Egipto, y vosotros seréis recogidos uno a uno, hijos de Israel. 13 Y acontecerá aquel
día: se tocará la gran trompeta, y vendrán los perdidos en la tierra de Asur y los
dispersos en la tierra de Egipto, y se prosternarán ante Yahvé en el monte santo de
Jerusalén.
De nuevo una profecía de consuelo sobre el retorno de los exiliados. Es ley en la literatura profética
alternar los oráculos de castigo y las profecías de consuelo y esperanza. Aquí se nos presenta
a los judíos de la diáspora, dispersos en Asiría y Egipto, retornando a su tierra al oír la trompeta
que solemnemente los convoca. Desde el rio: es el Eufrates (cf. 7:20) según la terminología
isaiana. El torrente de Egipto es el wady el-Arish, en los confines de Palestina y Egipto. La frase
desde el río hasta el torrente de Egipto representaba las fronteras ideales de Tierra Santa según
las promesas divinas (Gen 15:18). Dios, antes de inaugurar la era me-siánica, someterá a su
1779
pueblo en toda su amplitud a una prueba para separar el buen grano de la paja (v.12), e irá pacientemente
recogiendo uno a uno a los buenos; pero además llamará a los que están fuera de las
fronteras de su pueblo (v.13) para que se junten en Jerusalén a darle culto 7.
1 Cf. Is 51:9; Hez 29:3; 32:2; Sal 74:13. — 2 El original hebreo dice “viña de vino,” pero el griego lee “de delicias,” lo que se obtiene
por un ligero cambio de consonante final. — 3 El t. hebreo: “para que no se la dañe.” — 4 Otros traducen: “¿Acaso le ha herido
con la herida de quien le hiere, o le ha asesinado como querían asesinarlo?” (Cantera). — 5 El hebreo dice literalmente: “le has
combatido,” en segunda persona; pero el griego traduce “le ha combatido,” lo que se adapta mejor al contexto. — 6 Cf. Is 17:8. —
7 Cf. Is 18:3; Zac 9:14; Mt 24:31; 1 Cor 15:52; 1 Tes 4:16.
28. Ruina de Samaría.
Los capítulos 28-35 suelen considerarse como un grupo especial de profecías caracterizadas por
empezar todas por la palabra conminatoria ¡Ay! Los capítulos 28-33 están constituidos por oráculos
del tiempo de Ezequías, mientras que los capítulos 34-35 son de tipo escatológico.
La autenticidad del c.28 es generalmente admitida, si bien algunos exceptúan los v.5-6,
por razones métricas y de estilo. La parte relativa a Samaría (1-4) se supone que es anterior a la
caída de ésta en el 721 antes de Cristo, si bien no es posible precisar si es del tiempo de la guerra
siro-efraimita (733) o posterior, cuando estaban ya cerca las tropas de Salmanasar V, dispuestas a
atacar a Samaría. Como no se menciona a Damasco, aliada de Samaría contra Jerusalén, se supone
que la profecía es más bien de los tiempos inmediatos a la caída de aquélla.
Amenaza contra Samaría (1-4).
1 Ay de la corona soberbia, de los ebrios de Efraím y de la flor marchita de su esplendoroso
ornato, que (se alza) sobre la cima del fértil valle, de los que se atracan
de vino. 2 He aquí que el Señor dispone de un fuerte y poderoso, como turbonada de
granizo, como huracán devastador, como chaparrón impetuoso de aguas torrenciales,
que derriba a tierra con violencia. 3 Será hollada con los pies en la corona soberbia
de los ebrios de Efraím, 4y la flor marchita de su esplendoroso ornato, que (se
alza) sobre la cima del fértil valle, será como breva tempranera que se adelanta a la
cosecha, que, en viéndola, apenas se la tiene en la mano, se la traga.
El oráculo se abre con un apostrofe contra Samaría: corona soberbia. sobre la cima de un fértil
valle, que es la mejor definición de su posición geográfica, sobre una colina redonda, con sus
calles escalonadas, rodeada por otras colinas, formando como una corona o guirnalda, colocada
sobre la cabeza de los ebrios, entregados a todos los excesos sensuales (cf. Sab 2:7ss: “coronémonos
de rosas.”). La corrupción sensual de los nobles de Efraím (tribu principal del reino del
norte, que aparece como sinónima de éste y de su capital, Samaría) había sido desenmascarada
unos años antes por Amos (6:1ss). Por eso, la frase ebrios de Efraím adquiere todo su realismo
en esta descripción. Samaría es como una corona adornada con flores marchitas de los entregados
a la orgía. Es una flor marchita (v.1) porque está próxima a la ruina y a perder su orgulloso
esplendor. Los palacios de Samaría eran famosos por sus labores de marfil y por su fastuosidad.
La corrupción moral consiguiente al período de prosperidad debido a Jeroboam II llegó a su
colmo pocos años antes de su ruina. Las dinastías se sucedieron con rapidez increíble, porque no
había más ley que la fuerza y la espada. El castigo sobre la ciudad corrompida vendrá enviado
por Dios, que tiene reservado un instrumento punitivo (un fuerte y poderoso, como turbonada de
granizo., v.a), que es el ejército asirio, que ya entonces había tomado Siria y se disponía a em1780
prender sus incursiones por Palestina. Teglatfalasar III había sido el iniciador de las grandes
conquistas en la costa del Mediterráneo. Su sucesor, Salmanasar V (727-722), las continuaría, y
pondría sitio a Samaría (722); pero el conquistador real de ésta sería Sargón II (721-705). Y Samaría
será para los conquistadores asirios •como una breva tempranera (v.4), que se come con
toda ilusión por ser las primicias de los frutos, y aparecer unos dos meses antes de los otros normales
(en junio, mientras que el fruto normal de la higuera madura en agosto en Palestina). Samaría,
pues, sería las primicias de las conquistas de los asirios en Palestina, y por eso su conquista
constituía una verdadera ilusión para los asirios l.
La gloria de los tiempos mesiánicos (5-6).
5 En aquel día Yahvé de los ejércitos será corona de gloria y diadema de hermosura
para las reliquias de su pueblo, 6 espíritu de juicio para el que se sienta en juicio, y
de valentía para los que rechazan la batalla hasta la puerta.
La idea de la corona le trae, por asociación de ideas y por contraste, la verdadera corona de gloria,
que es Yahvé para su pueblo. De nuevo el profeta, después de anunciar un castigo inminente
para su pueblo, se vuelve a los tiempos mesiánicos para sembrar esperanza y confianza en
Dios. Todas las crisis nacionales son limitadas, porque hay una promesa de gloria para el pueblo
elegido. Para que el auditorio no se dejara llevar demasiado por el horizonte negro de castigo que
acababa de presentar, les pone ante los ojos esta nueva perspectiva gloriosa. En toda catástrofe
nacional se salvará un “resto” (las reliquias de su pueblo), que será heredero de las promesas de
rehabilitación y núcleo de resurrección nacional en los tiempos mesiánicos. Y en la época mesiánica
habrá un ambiente de equidad, porque Yahvé infundirá un espíritu de juicio (cf. Is
11:2) en los gobernantes (v.6), de modo que juzguen conforme a justicia y no se dejen llevar del
cohecho o de la acepción de personas. Además, Yahvé infundirá espíritu de valentía a los guerreros
que se vean obligados a rechazar al enemigo hasta la puerta fuera de la ciudad (los que rechazan
la batalla hasta la puerta, v.6) 2.
Corrupción de los sacerdotes y profetas (7-8).
7 Y también ellos se tambalean por el vino y vacilan por los licores. Sacerdotes y
profetas se tambalean por los licores, se ahogan en vino, titubean por los licores, vacilan
por las bebidas fuertes, se tambalean en la visión, tropiezan en los juicios. 8
Porque todas las mesas están llenas de vómitos e inmundicias, no hay lugar para
más.
El profeta había expuesto la situación de orgía entre los jefes de Samaría, pero también en Jerusalén
se respira el mismo ambiente (v.7). Sobre todo, los que tenían más obligación de dar ejemplo
y dirigir al pueblo son los más degenerados. Eran los enemigos de la predicación de los verdaderos
profetas, que preconizaban una política de abandono en Dios y no alianza con potencias
extranjeras. La descripción es sumamente plástica. Por efecto del vino, los profetas no aciertan a
dar el sentido de sus visiones, e.d., no pueden comunicar el oráculo divino, que era privativo de
los profetas, ni los sacerdotes pueden dar rectos juicios (v.8). Según Dt 17:8; 19:17, los sacerdotes
eran los encargados de las cuestiones judiciales.
1781
Diálogo entre Isaías y sus adversarios (9-13).
9 ¿A quién va a enseñar ciencia y a quién hará entender los oráculos? 3 ¿A los recién
destetados, a los arrancados de los pechos? 10 Porque: “Tsaw latsaw,” “tsaw latsaw,”
“qaw laqaw,” “qaw laqaw,” “zer sham,” “zer sham”4 11Pues por balbucientes
de labios y con lengua extranjera hablará a este pueblo. 12Aquel que les dijo: Este es
el reposo, dad reposo al fatigado, y éste es el descanso; pero no quisieron escuchar, 13
y será para ellos palabra de Yahvé: “Tsaw latsaw,” “tsaw latsaw,” “qaw laqaw,”
“qaw laqaw,” “zer sham,” “zer sham,” para que anden y caigan de espaldas y sean
quebrantados, tomados en el lazo y aprisionados.
Los sacerdotes y profetas se sienten heridos en su amor propio ante la acusación de Isaías contra
su depravada conducta, y por eso dicen: ¿A quién va a enseñar ciencia? Este oficio era privativo
de ellos, y por eso consideran a Isaías como un ingenuo intruso en sus oficios. Y los profetas, por
su parte, le dicen: ¿A quién hará entender los oráculos? lo que era privativo de los profetas, públicamente
reconocidos por el Estado como ellos. El profeta Isaías transcribe con ironía materialmente
los balbuceos de esos sacerdotes y profetas en estado de embriaguez y atolondramiento:
tsaw, latsaw. No obstante, las traducciones de estas palabras han sido variadísimas entre los
comentaristas5. Sin embargo, parece que Isaías recoge las palabras burlonas de sus adversarios y
les anuncia un castigo terrible; pues si ellos ahora balbucean irónicamente con palabras entre
dientes e ininteligibles, esto será un anticipo del balbuceo de unos invasores que hablan lenguas
extrañas, los asirios. Dios les hablará, pero por balbucientes de labios y con lengua extranjera,
e.d., traerá un ejército como instrumento de su justicia, que los castigará, profiriendo palabras
para ellos ininteligibles (v.11). Y a continuación enuncia sus principios de política internacional:
En vez de fatigarse yendo de aquí para allá en busca de alianzas extranjeras, lo mejor es que estén
tranquilos confiando en Yahvé (éste es el reposo., v.12), dejando tranquilo al pobre pueblo,
fatigado de tantos tributos para preparativos bélicos. Pero, puesto que no han querido entender
este lenguaje sencillo de reposo del Señor, éste les hablará en un lenguaje que remedará ese lenguaje
burlón que han empleado con el profeta (tsaw, latsaw., ν.13), es decir, les enviará a un
ejército que habla una lengua extraña, que los hará caer de espaldas, y serán tomados prisioneros.
Falsa presunción de los jefes israelitas (14-22).
14 Oíd, pues, burlones, la palabra de Yahvé; dominadores de este pueblo que está en
Jerusalén. 15 Porque dijisteis: Hemos hecho pacto con la muerte, nos hemos concertado
con el “seol”; el azote desencadenado pasará sin llegar a nosotros, porque nos
hemos hecho de la mentira abrigo, de la perfidia refugio. 16 Por eso dice el Señor
Yahvé: He aquí que he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra probada,
piedra angular, de precio, sólidamente asentada; el que en ella se apoye no titubeará.
17 Y del derecho haré regla, y de la justicia haré nivel. Y la granizada echará
abajo el abrigo de la mentira, y las aguas torrenciales inundarán el refugio. 18 Vuestro
pacto con la muerte será roto 7, y vuestra convención con el “seol” no subsistirá;
cuando el azote desencadenado pase, os aplastará; 19 siempre que pase, os tomará y
pasará todas las mañanas, de día y de noche, y su espantoso terror os servirá de lección
8. 20 Porque la cama será corta para estirarse, y la manta demasiado estrecha
para envolverse. 21 Porque se alzará Yahvé como en el monte de Perasim, y rugirá la
1782
cólera como en el valle de Gabaón, para realizar su obra, obra extraordinaria; para
hacer su obra, obra inaudita. 22 Y ahora no os burléis, no sea que se aprieten vuestras
ataduras, pues decretada está la ruina sobre toda la tierra. Yo se lo he oído al
Señor, Yahvé de los ejércitos.
El profeta se encara con sus adversarios, que hacen mofa de su ministerio profético. Se consideran
superiores a él y como dominando la situación. Su loca autosuficiencia les hace creer que se
hallan a salvo de todo peligro, y consideran a Isaías como a profeta de mal agüero. No: creen que
les alcanzará el azote, porque han hecho pacto con la muerte,., con el seol, para que les respete
sus vidas. El seol, como morada de la muerte, era insaciable en su exigencia de vidas humanas;
por eso se le llama el “insaciable”9. Pero los jefes de Jerusalén creen que no les afectará el peligro
de muerte. En todo esto hay un fuerte dejo de ironía 10. Además han acudido a todos los medios
diplomáticos de falsedad para librarse del peligro, sin excluir la traición: Hemos hecho de la
mentira abrigo, de la perfidia refugio (ν. 15). Dios va a poner una piedra angular probada
(v.16) como fundamento de un nuevo edificio, que es la nueva teocracia establecida en Sión; y
esa piedra simboliza el resto de bendición o núcleo de restauración sobre el que se asentará el
reino de Dios en su nueva fase definitiva. Esa piedra llevará una inscripción: El que en ella se
apoye no titubeará. Esa piedra es probada quién acepta a Dios. Ha pasado por la prueba de la
tribulación y aceptada con complacencia por parte de Dios, y será la base del nuevo edificio que
Yahvé va a edificar n. Pero ese edificio estará asentado sobre la equidad y la justicia, ya que Dios
utilizará como regla y plomada en su edificación el derecho y la justicia (v.17). Y ese edificio
permanecerá en medio de las tormentas, mientras que el abrigo de la mentira que se han construido
los adversarios del profeta desaparecerá cuando llegue el turbión. Los que se libren de uno
serán presa de otro. Y de nada les servirán entonces los medios escogidos para librarse del peligro:
la cama será corta para estirarse, y la manta demasiado estrecha para envolverse (v.20),
frase proverbial para indicar la escasez de medios de liberación que tendrán a mano. Tendrán que
aguantar el turbión a la intemperie y como encogidos por la estrechez material en que se verán.
Dios mismo intervendrá en este castigo, como lo hizo en el monte de Perasim y en Gabaón ayudando
a David en la batalla contra los filisteos (2 Sam 5:12-20) 12. Pero ahora Dios hace una obra
extraordinaria e inaudita, e.d., se pondrá al frente de los enemigos de Israel, los asirios invasores,
para caer sobre su pueblo. Y el profeta termina con una reconvención por bien de ellos: que
no sigan pecando, burlándose de él, no sea que se aprieten más sus ataduras (v.22), el yugo asirio.
Mientras más prosigan en su política de buscar auxilio en Egipto, olvidándose de Dios, más
dura será la represión por parte de los futuros vencedores asirios, que el profeta ve venir ya sobre
Palestina. Dios ha decidido ya la invasión asiría, y no resta sino someterse pacíficamente, sin tomar
parte en aventuras políticas.
Parábola agrícola (23-29).
23 Atended y oíd mi voz, prestad atención y oíd mi palabra: 24 ¿Acaso está el labrador
arando todo el día para sembrar, abriendo y rastrillando su tierra? 25 Después
de allanar la superficie, ¿no siembra la neguilla o esparce el comino, o echa el trigo
en líneas o la cebada en su sitio y la avena en sus lindes? 26 Su Dios le instruye y le
enseña cómo ha de hacer. 27 Pues no se trilla la neguilla con el trillo ni se hace pasar
sobre el comino la rueda de la carreta, sino que la neguilla se bate con el palo, y el
comino se bate con la vara. 28 Y el trigo, ¿se muele acaso? No, es pisado sin cesar, se
hace pasar sobre él la rueda de su carro, pero no se muele. 29 También esto proviene
1783
de Yahvé de los ejércitos, cuyo consejo es admirable y cuya sabiduría es grande.
En esta hermosa parábola, tomada de la agricultura, el profeta da una gran lección teológica sobre
la marcha de la Providencia divina sobre su pueblo. Dios no obra ciegamente, sólo con el fin
de castigar y aniquilar a su pueblo, sino que hace las cosas según las circunstancias exigidas por
cada momento. Como el labrador no está siempre cavando o trillando, sino que alterna sus labores
según las necesidades, y como no trata igual el trigo que la avena o la neguilla, así Dios en su
proceder con el pueblo israelita le trata según merezca en cada momento. El labrador sabe lo que
conviene en cada caso, y esta enseñanza la recibió del mismo Dios (v.26). Según los antiguos, la
agricultura había sido enseñada por la misma divinidad. Era un oficio tan importante y complicado,
que no podía tener el hombre otro instructor que Dios (Eclo 7:15ss) 13. Así, Yahvé dirige el
curso de la historia y sabe lo que conviene al pueblo de Israel, y si le castiga no es por capricho,
sino por exigencias de su justicia y sabiduría, para hacerlos volver al buen camino. Como el labrador
no rotura la tierra por capricho, sino con vistas a la cosecha, así Dios castiga para bien de
su pueblo, para prepararlos a la era de justicia y paz mesiánicas, que es la meta del pueblo escogido.
Tal es la gran lección de esta bellísima parábola.
1 La imagen con este sentido es corriente en los Profetas (cf. Os 9:10; Miq 7:1; Nah 3:12; Jer 24:2. — 2 Algunos autores, por razones
métricas, creen que estos dos versículos son adición posterior, pero la psicología profética es muy especial, y no siempre sigue
nuestras categorías lógicas occidentales. — 3 Literalmente en hebreo, “lo que se oye,” e.d., el comunicado divino u oráculo. — 4
Muchos autores prefieren traducir estas palabras de un supuesto balbuciente; así Skin-ner traslada: “porque precepto sobre precepto,
regla sobre regla, un poco aquí, un poco allá” (223). También lo entiende así Dennefeld (o.c., 108). En ese caso, el sentido sería
que los adversarios del profeta, cansados de sus oráculos y preceptos, le contestarían en un tono balbuciente, en conformidad
con su estado de embriaguez: “ya estamos cansados de que nos trates como niños destetados, dándonos preceptos y reglas sin
fin..” — 5 El texto griego traduce: “tribulación sobre tribulación, esperanza sobre esperanza, aún un poco, aún un poco.” La Peshitta:
“excremento sobre excremento, excremento sobre excremento, deyección sobre deyección, un poco aquí, un poco allá.” La
Vulgata: “Manda remanda, manda remanda, expecta, reexpecta, modicum ibi, modicum ibi.” Y San Jerónimo comenta: “Praecipe,
impera. exspecta paulisper. venient quae futura praediximus” (cf. Condamin, o.c., 182). — 7 Literalmente en hebreo, “será cubierto”.
Con un ligero cambio de letras tenemos “será roto,” que se adapta bien al contexto. — 8 Otros traducen: “y el entender el oráculo
infundirá terror.” — 9 Cf. Prov 27:20; 30:15.' — 10 No parece probable la interpretación que supone que ese pacto con “la
muerte y el seol” se refiera a ritos religiosos por los qué se pusieran bajo la protección dé Ósiris é Isi.s, divinidades egipcias de la
muerte. Esto repugna a la más elemental sensibilidad religiosa hebrea. — 11 La tradición ha considerado esa “piedra angular”
como tipo del Mesías, en cuanto que es la culminación del pueblo israelita, el instaurador del nuevo Israel de Dios, que empalmaba
con el resto fiel del A.T. — 12 Cf. 1 Par 14:11ss (Baal Perasim). Se suele identificar Perasim con Ras-en Nadir, entre Jerusalén
y Jaffa, cerca de Aim Karim. Y Gabaón con el actual ed-Gib (véase Vincent, Jerusalem I P.119). — 13 Cf. Virg., Geor.” 1.147.
29. Humillación de Jerusalén.
Incredulidad del Pueblo.
Tres oráculos hay en este capítulo que comienzan por ¡αν! y que primitivamente parece eran
independientes: a) inminente asedio de Jerusalén y su liberación (1-8); b) ceguera espiritual del
pueblo escogido (9-12); c) confusión de los sabios (13-14). No obstante ser tres oráculos distintos,
parecen tener cierta ilación lógica. Se supone que son proferidos antes de la invasión de Senaquerib
(701), cuando había aún demasiado optimismo en el pueblo, lo que se refleja en estos
fragmentos.
Asedio y liberación de Jerusalén (1-8).
1 ¡Ay de Ariel, Ariel, ciudad donde acampó David! Añadid a un año otro año, sigan
las fiestas su giro. 2 Yo oprimiré a Ariel, y habrá llantos y gemidos, y será para mí
como un Ariel. 3 Y acamparé en círculo contra ti, te cercaré de trincheras y alzaré
1784
baluartes contra ti, 4 y, humillada, desde la tierra hablarás, y desde el polvo surgirá
tu palabra. Y sucederá que de la tierra saldrá tu voz como la de un fantasma, y del
polvo tu palabra como un murmullo. 5 Y será la muchedumbre de tus enemigos como
fino polvo; la turba de tus tiranos, como paja que vuela, y vendrá esto de repente,
en un momento. 6 Serás visitada de parte de Yahvé de los ejércitos con truenos,
estruendo y gran ruido, con huracán, tempestad y llama de fuego devorador. 7Y será
como un sueño, como visión nocturna, la muchedumbre de naciones que combaten a
Ariel, que le atacan y embisten su fortaleza y la estrechan de cerca. 8 como el hambriento
sueña que come, y despierta y está vacía su alma; como sueña que bebe el
sediento, y se despierta desfallecido, y su alma sedienta, lo mismo sucederá a la muchedumbre
de todas las naciones que pelean contra el monte de Sión.
El oráculo tiene un aire conminatorio contra Ariel, nombre simbólico de Jerusalén, como exige el
contexto explicativo inmediato: donde acampó David (v.1). Se ha explicado este extraño nombre
de diverso modo. Para unos, Ariel significaría “león de Dios,” y entonces encarecería la categoría
de la ciudad, considerada como “león invencible” 2. Pero este título en un oráculo de conminación,
que tiene en cuenta sobre todo las infidelidades de Jerusalén, no parece adaptarse al contexto.
El Targum da otra opinión, que se suele considerar como más aceptable; a saber, Ariel significaría
“horno del altar” u “hogar de Dios,” aludiendo al altar de los sacrificios. Algunos consideran
Uriel como una pronunciación dialectal y defectuosa de Urusalem, que fue el nombre antiguo
de Jerusalén, y que se conserva en el Urusalimmu de las inscripciones asirías. Pero todos
convienen en que el nombre designa a Jerusalén, donde acampó David, e.d., estableció su residencia
de modo permanente. Añadid un año a otro: parece ser una indicación de la fecha en que
Jerusalén será cercada: esperad aún un año. Vendrá el cerco (v.2), y la carnicería y hoguera serán
tales que tendrá Jerusalén el aspecto de un Ariel o altar de los holocaustos. Suponiendo que Isaías
hablaba en el atrio del templo, podemos figurarle indicando a los fieles el altar humeante de
llamas en que eran quemadas las víctimas como símbolo de la catástrofe inminente. Si Ariel se
traduce por “león de Dios,” entonces la frase tendría un sentido favorable: Jerusalén resistiría
como un león el ataque; pero en el contexto parece que encaja mejor el primer sentido desfavorable,
pues a continuación anuncia el asedio con todo detalle: acamparé en círculo contra ti.
(ν.3). Durante este asedio, Jerusalén perderá el actual jolgorio, y, abatida, hablará sollozante con
palabra entrecortada, como un fantasma (v.4) desde el profundo de la tierra.
La mente del profeta después de este cuadro sombrío se traslada — según el conocido
contraste psicológico de los oráculos proféticos — mentalmente a un horizonte de liberación y de
alivio. Los enemigos serán numerosos (v.5), pero Ariel (Jerusalén) será visitada (v.6) en sentido
favorable, e.d., auxiliada. Yahvé aparecerá en toda su majestad omnipotente para acabar con los
enemigos, según la escena tradicional del Sinaí, con truenos y relámpagos. No es necesario tomar
esto al pie de la letra, pues esta descripción es un clisé estereotipado para presentar a Yahvé
en la literatura bíblica del Antiguo Testamento. Los enemigos se desvanecerán como un sueño
(ν.7), y quedarán defraudados, corno queda el sediento y el hambriento al despertar después de
soñar con manjares suculentos y bebidas refrescantes (v.8).
Ceguera espiritual del pueblo (9-12).
9 Espantaos, asombraos, ofuscaos y cegaos 3; embriagaos, pero no de vino; bamboleaos,
pero no por los licores. 10 Porque derramó Yahvé sobre vosotros un espíritu
de letargo, y cierran vuestros ojos los profetas y velan vuestras cabezas los videntes.
1785
n Y toda revelación es para vosotros como palabras de libro sellado que se da a leer
a quien sabe leer, diciéndole: “Lee, por favor, esto,” y responde: “No puedo, el libro
está sellado.” 12 O se da el libro a quien no sabe leer, diciéndole: “Lee, por favor,” y
responde: “No sé leer.”
El profeta anuncia un castigo a la obstinación y voluntaria ceguera de los jefes del pueblo, que no
querían aceptar las profecías que se les anunciaba (V.9). Van a quedar como ebrios, sin discernimiento;
el Señor les va a enviar un espíritu de letargo (ν.10) ο de sopor espiritual 4 que los deje
insensibles para todo lo espiritual, cerrándoles los ojos y velándoles las cabezas para que no puedan
entender nada, y estén como ciegos y memos. Las palabras profetas y videntes (v.10) son
generalmente consideradas como glosas añadidas por un escriba que no entendía el sentido del
versículo. Caso de que pertenezcan al original, el sentido sería que Dios infunde un sopor a los
jefes espirituales del pueblo, sus cabezas y ojos (profetas y videntes), para que no entiendan sus
visiones, y así permanezca el pueblo obcecado. Las profecías les serán tan incomprensibles como
lo es para uno que sabe leer saber el contenido de un libro que está cerrado y sellado, o para el
analfabeto el sentido de las letras de un libro.
Culto superficial a Yahvé (13-14).
13 Y el Señor dice: Pues este pueblo se me acerca sólo de palabra y me honra sólo
con los labios, mientras que su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es sino
un mandamiento humano aprendido. 14 Por eso he aquí que voy a hacer nuevamente
con este pueblo extraordinarios prodigios, y la sabiduría de sus sabios perecerá, y la
sagacidad de sus prudentes se eclipsará.
Dios no aprueba el culto formalista insincero del pueblo israelita, porque su corazón esta lejos de
El (ν.13). La religión era así considerada como una exigencia social, sobre todo después de la
reforma de Ezequías, por la protección que el Estado deparaba. De ahí que la religión sea considerada
por el profeta como un mandamiento humano aprendido (v. 14), una imposición social
recibida del ambiente o del Estado teocrático de la época. Nuestro Señor compara la situación de
los fariseos a la de los contemporáneos del profeta: “Este pueblo me honra con los labios, pero su
corazón está lejos de mí” (Mt 15:8-9). Esta insinceridad del pueblo israelita obliga a Dios a mandarles
un castigo, pues va a hacer extraordinarios prodigios, una obra extraña (cf. 28:29), a saber,
en vez de ayudar a los israelitas, como ellos esperaban, traerá a los invasores, instrumento de
su cólera. Y de este modo quedará en evidencia la falsa sabiduría de los sabios (v.14), e.d., la política
calculada y humana. Dios hará que sus cálculos diplomáticos, basados en la ayuda de Egipto,
no sirvan de nada ante el invasor asirio, instrumento de su justicia.
Insensatez de los dirigentes de Israel (15-16).
15 ¡Ay de los que buscan lo profundo para encubrir sus designios! ¡Ay de los que se
esconden de Yahvé, queriendo encubrir sus pensamientos y para sus obras buscan
las tinieblas! y dicen: ¿Quién nos ve? ¿Quién nos conoce? 16 ¡Qué perversidad la
vuestra! ¿Es que ha de considerarse como arcilla el alfarero, de suerte que diga la
obra a su hacedor: No me has hecho tú, y la vasija al alfarero: No entiende?
Parece que el profeta alude a los planes de alianza con Egipto, llevados en secreto como medio
de liberación de la invasión asiría. Creen que obran en secreto (v.15) y que no lo sabe Isaías, re1786
presentante de Dios. Le indigna que hagan planes sin contar con Yahvé, que es el único que puede
salvarles. Esto supone un insulto a su omnisciencia y omnipotencia; es como si Dios fuera la
arcilla y ellos los alfareros para dirigir y modelar los acontecimientos humanos. Qué perversidad
querer suplantar los planes de Dios, como si Dios no fuese inteligente para modelar el curso de la
historia de su pueblo; como si la vasija (los jefes políticos de Israel) dijera a su Hacedor (Dios):
No estás capacitado para dirigir estos asuntos. Israel es un pueblo esencialmente teocrático, y
Yahvé es el centro de su historia; por eso sólo a El le pertenece dirigir el curso de la política
israelita. Lo contrario es una transgresión del pacto, una rebelión.
Transformación física y moral en los tiempos. mesiánicos (17-24)
17 ¿Es que en breve tiempo el Líbano no se convertirá en vergel, y el vergel será tenido
por bosque? 18 Y los sordos oirán aquel día las palabras del libro, y los ciegos
verán sin oscuridad y sin tinieblas. 19 Y los humildes volverán a tener alegría en
Yahvé, y los pobres entre los hombres se gozarán en el Santo de Israel. 20 Porque se
acabaron los tiranos, se terminaron los mofadores y fueron aniquilados los que se
iban tras la iniquidad, 21 los que por una palabra culpaban a un hombre ponían
asechanzas al que juzga en la puerta y daban de lado al justo por nada. 22 por eso el
que redimió a Abraham, Yahvé, dice a la casa de Jacob: Ahora no será confundido
Jacob, ya no palidecerá su rostro. 23 Pues cuando vea a sus hijos, la obra de mis manos,
en medio de él, santificarán mi nombre, y pregonarán santo al Santo de Jacob,
y temerán al Dios de Israel. 24 Y los de alma descarriada aprenderán la sabiduría, y
los murmuradores aprenderán la doctrina.
La era mesiánica será realzada con la transformación de la naturaleza física para aumentar la felicidad
de los ciudadanos de la teocracia nueva: El Líbano se convertirá en vergel; e.d., su tradicional
frondosidad se aumentará en un grado insospechado, hasta convertirse en un espléndido
vergel de delicias5, y lo que ahora es vergel será tenido por bosque (v.17), e.d., lo que ahora se
considera como máxima manifestación de la fertilidad de una tierra será entonces considerado
como un simple bosque en comparación con la feracidad edénica de los tiempos mesiánicos6. En
32:15 encontramos descripciones parecidas para ensalzar las maravillas de los tiempos mesiánicos.
Sobre todo los ciegos y sordos (ν. 18) espiritualmente (probable alusión a los v. 11-12) verán
y oirán, por fin, las palabras del libro, que antes parecían selladas y no querían leerlas. Aquí
se refiere a las profecías de Isaías, a las que eran refractarios sus contemporáneos; la realidad espléndida
de los tiempos mesiánicos les hará abrir los ojos espiritualmente para reconocer a
Yahvé como supremo auxilio de su pueblo. Otros autores prefieren entender sordos 3; ciegos en
sentido material, como continuación de la descripción imaginaria ideal de los tiempos proféticos;
todo se transformará, la naturaleza física y los mismos hombres, entre los cuales no habrá defectuosos
corporalmente. En otro oráculo (Is 35:6s) dirá que en los tiempos mesiánicos los cojos
darán saltos como el ciervo; aquí nos encontraríamos, pues, con una idealización hiperbólica de
los tiempos mesiánicos, muy al gusto de los orientales. En ese cuadro deslumbrador ocupan el
primer término los humildes y pobres o mansos (V.19), para quienes todo cambiará. Su suerte
será gozarse en el Santo de Israel, participar de su amistad, gozándose en el triunfo de su Dios
sobre sus enemigos. Ha pasado ya la hora de los tiranos y mofadores (v.20), que hacían escarnio
de la religión y de los piadosos, imponiendo su arbitraria voluntad y atrepellando los derechos de
los justos, procurando ganarse con artilugios y regalos al que juzga en la puerta (v.21), e.d., o
bien el juez oficial o el hombre escogido espontáneamente por las partes litigantes para dirimir
1787
una cuestión.
A Israel le está reservado un futuro de gloria, de acercamiento a Dios. Y prenda de ello
es Yahvé, el mismo que redimió a Abraham, e.d., le sacó de su parentela idolátrica en Mesopotamia
para asignarle una misión gloriosa7; a sus hijos (v.23) es generalmente considerada como
glosa, como aposición a la obra de sus manos, que en 28:21 es el castigo de Yahvé sobre su pueblo.
Santificaran mi nombre, e.d., reconocerán la gloria de Dios, antes olvidada, y en su conducta
observarán un temor reverencial hacia el Dios de Israel, el Santo de Jacob.
30. La Alianza con Egipto.
Los Tiempos Mesiánicos.
El profeta era opuesto a toda política extranjera que pudiera comprometer los intereses del pueblo
de Dios; por eso aquí se opone a la alianza con Egipto, que no les habría de reportar sino desastres,
pues ni con ella podrán hacer frente a la inminente invasión asiría.
Inutilidad de la alianza con Egipto (1-5).
1 ¡Ay de los hijos rebeldes, dice Yahvé, que toman consejo, pero no de mí; que derraman
libaciones, pero no según mi espíritu, añadiendo pecados a pecados!
2Toman el camino para bajar a Egipto sin haber consultado a mi boca, para refugiarse
al amparo del faraón, para abrigarse a la sombra de Egipto. 3Pero el amparo
del faraón será vuestra vergüenza, y el abrigo a la sombra de Egipto será vuestra
confusión, 4 pues cuando estén sus príncipes en Zoán y lleguen sus embajadores a
Janes, 5 todos quedarán burlados por el pueblo, que de nada les servirá, ni podrá
socorrerlos ni ayudarlos, mas será su vergüenza y su ignominia.
El apostrofe empieza con un calificativo que es familiar a Isaías en los primeros capítulos del
libro (1.2.4), rebeldes, aplicado a los israelitas, en cuanto desprecian sus leyes, despreciando la
protección paternal de Yahvé, buscando ayuda en una nación extranjera, Egipto; derraman libaciones8,
e.d., hacen pactos con acompañamiento de libaciones rituales, y no según mi espíritu, a
saber, no conforme a las instrucciones dadas a los profetas, sus representantes en lo tocante a la
política de Dios, que no es otra sino confiar en El. Esta conducta del pueblo suponía añadir pecados
a pecados sobre los ya habituales en Judá. Ya han partido los embajadores a buscar la protección
de Egipto sin consultar la boca de Dios (v.2), e.d., a sus profetas y sus representantes.
Los profetas eran la boca de Yahvé, en cuanto transmitían sus mensajes al pueblo. Pero de nada
servirá esta embajada a Egipto, pues sólo les traerá confusión y vergüenza (ν·3); ya que nada podrá
Egipto contra la invasión asiría. Los faraones de la 25 dinastía egipcia, que eran los que reinaban
en este tiempo, fueron extremadamente desafortunados en sus luchas con Asiría. Isaías
sabía su debilidad, y por eso pone en guardia a su pueblo cuando tratan de buscar amparo. y
abrigo a la sombra de Egipto (v.3); cuando sus príncipes estén en Zona y. sus embajadores en
Janes (v.4), serán defraudados ante la impotencia de un pueblo que de nada les servirá (v.5), y
por eso les será ocasión de vergüenza e ignominia. Zona es Tainas (19:11), al sudeste del Delta,
en su parte extrema. Janes, generalmente identificada con la localidad llamada en egipcio Hines,
y ahora Aúnas, que a su vez en tiempos helenísticos era llamada Heracleópolis Magna, al sur de
Menfis, cerca de El Cairo actual. Ambas ciudades podían considerarse como los extremos del
1788
Bajo Egipto 9. Los embajadores, pues, de Judá recorren todo el Bajo Egipto buscando ayuda, pero
todo en vano, porque el pueblo egipcio no podrá socorrerlos ni ayudarlos 10.
Impotencia de Egipto (6-7).
Suele considerarse este oráculo, que empieza con la frase enigmática Oráculo de las bestias
del Negueb, como distinto del anterior, si bien es paralelo en el contenido, e.d., alusión a una
embajada judía a Egipto. El estilo es enigmático, parecido al de los c.21-22. No son pocos los
autores que consideran el título Oráculo de las bestias del Negueb como adición de algún escriba
posterior, como introducción al fragmento isaiano, que se presentaría como un bloque errático
sin introducción especial.
6 Oráculo de las bestias del Negueb a través de una tierra de angustia y de tribulación,
de donde salen el león y la leona, la víbora y el dragón volador. Llevan a lomo
de asnos sus riquezas, y sobre la giba de los camellos sus tesoros, para un pueblo que
de nada sirve. 7 Porque el socorro de Egipto no es más que vanidad y nada; por eso
le llamo: Rahab que está tranquilo.
El profeta presenta a los embajadores de Judá en marcha hacia Egipto a través del Negueb, parte
sur de Palestina, desde Bersabé hasta la frontera egipcia. Era una región desértica, donde habitaban
bestias salvajes, entre ellas leones, y el dragón volador de la imaginación popular. Asaradón
dice que durante su expedición a Egipto (670) encontró en ese desierto serpientes de dos cabezas,
y Herodoto habla de serpientes aladas vistas por él en Egipto, y que procedían de esta región desértica
de los alrededores de Suez ll. Isaías destaca la importancia que dan los judíos a esta embajada,
que no se arredra ante peligros tan grandes a través del Negueb, y con todo detalle los presenta
llevando sus riquezas (v.6) a lomo de asnos y de camellos para ganar a la corte egipcia. En
todo esto hay un trasfondo de ironía, que refleja el alto costo que supone para Judá el mantener
su política exterior meramente humana, cuando todo se arreglaría simplemente con confiar en
Yahvé y serle obedientes. Los judíos, en cambio, llevan todo esto para un pueblo que de nada
sirve (v.6). Egipto es tan inútil (vanidad y nada, ν.7), que el profeta se atreve a darle el nombre
de Rahab esta tranquilo. Rahab es el nombre de un monstruo marino 12, que en hebreo significa
“arrogante, impetuoso,” y tradicionalmente se aplicaba a Egipto como manifestación políticomilitar,
llena de arrogancia y de desafío frente al otro coloso asirio. Aquí el profeta parece jugar
con el significado de Rahab (“arrogante e impetuoso”) aplicado a Egipto, y la realidad de la debilidad
y somnolencia política de esta nación, en trance de desaparecer ante Asiría 13.
Obstinación del pueblo (8-14).
8 Ve, pues, y escribe en una tableta ante ellos, y consígnalo en un libro, para que sea
en los tiempos venideros perpetuo y eterno testimonio14. 9Porque éste es un pueblo
rebelde, hijos fementidos que no quieren escuchar la ley de Yahvé. 10Que dicen a los
videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis cosas rectas; decidnos cosas
halagüeñas, profetizadnos mentiras, 11apartaos del camino, quitaos del sendero, dejad
de poner a nuestra vista el Santo de Israel. 12 Por eso así dice el Santo de Israel:
Ya que rechazáis esta palabra y confiáis en iniquidades y falsedades y en ellas os
apoyáis, 13por eso será para vosotros esta iniquidad como grieta que va a caerse, joroba
en alto muro, cuyo derrumbamiento llega de repente, en un instante, 14y se
rompe como sin piedad se rompe una vasija de alfarero, hasta no quedar siquiera
1789
un tejón para sacar fuego del hogar o para sacar agua de la cisterna.
Fracasado su intento de querer ganar a sus compatriotas a la cordura, recibe la orden expresa de
poner por escrito, como testimonio eterno, un oráculo relativo al futuro de sus compatriotas, al
menos para que sirva de prueba cíe su profecía para las generaciones futuras (cf. 8:16). El pueblo
no quiere oír las predicaciones desagradables del profeta (v.10), y desea que tome un tono más
contemporizador: Apartaos del camino, e.d., de la conducta hasta ahora seguida por Isaías; pues
no quieren nada con el Santo de Israel. El profeta les recuerda esta denominación solemne que
resume la realidad tremenda de Yahvé, santo, incontaminado, pero vinculado a los intereses históricos
de su pueblo. Puesto que prefieren confiar en iniquidades y falsedades (v.12), en alianzas
políticas llenas de doblez y peligro para la religión de Judá, les anuncia la ruina inminente: el estado
de cosas en Judá es tan ruinoso, que todo está a punto de crujir y caer, como muro resquebrajado
(v.13), y la ruina será tan general, que no se podrá aprovechar nada de la actual situación,
comparada a una vasija rota de la que no queda ni un tejón (v.14.) para los usos más rudimentarios
domésticos.
Verdadera y falsa política (15-17).
15 Porque así dice el Señor, Yahvé, el Santo de Israel: En la conversión y la quietud
está vuestra salvación, y la quietud y la confianza serán vuestra fuerza; 16 pero no
habéis querido, y habéis dicho: No, huiremos en caballos (por eso huiréis), y sobre
ligeros (corceles) cabalgaremos. Por eso correrán veloces vuestros perseguidores.
17(Huirán) mil ante la amenaza de uno solo 15. Huiréis amenazados por cinco, hasta
quedar como un mástil sobre la cumbre de un monte y como una bandera sobre una
colina.
La política de Dios, expresada reiteradamente por el profeta, no es otra que la conversión a Yahvé
sincera y la quietud (v.15) o abstención de toda trama política humana respecto a posibles
alianzas con pueblos extraños 16. Los compatriotas de Isaías se sienten arrogantes, y no quieren
seguir la política del profeta, diciendo con autosuficiencia: Huiremos en caballos (v.16), se sobrentiende
contra el enemigo, y el profeta irónicamente les dice: Efectivamente huiréis, pero perseguidos
por otros caballos más veloces que los que os prestarán los egipcios. Huirán despavoridos
en desbandada: mil ante la amenaza de uno solo (ν.17). La frase recuerda la del cántico de
Moisés: ¿Cómo puede uno solo perseguir a mil, y dos poner en fuga a diez mil? 17. Sólo quedará
un resto en la huida, como un mástil sobre el monte abandonado.
Rehabilitación de Jerusalén (18-26).
Aquí parece cambiar la perspectiva profética. Muchos autores creen que es un oráculo
posterior al mismo Isaías, si bien los argumentos meramente internos no son convincentes. En
realidad, la complejidad psicológica de los profetas puede explicar cambios abruptos en las
ideas.
18 Por eso os está esperando Yahvé para haceros gracia, y se levanta para tener misericordia
de vosotros, porque es Yahvé Dios justo, y bienaventurados cuantos en El
esperan. 19 Porque, pueblo de Sión, habitantes de Jerusalén, ya no llorarás más. Te
hará gracia a la voz de tu clamor; al oírte te responderá. 20 Y el Señor os dará a comer
el pan de la angustia y el agua de congoja. Ya no se ocultarán tus maestros, sino
1790
que con tus ojos los verás, 21 y oirás con tus oídos una palabra detrás de ti diciendo:
Ese es el camino; anda por él cuando vayáis por la derecha o por la izquierda. 22
Tendréis entonces como inmundicia la plata que cubre vuestros ídolos y el oro que
decora vuestras imágenes, y las tiraréis como cosa inmunda, diciendo: ¡Fuera! 23 Entonces
te dará El la lluvia para la simiente que siembras en la tierra, y el pan que la
tierra produzca será suculento y nutritivo. Entonces pacerán tus ganados en pastos
pingües, 24 y los bueyes y los asnos que labran la tierra comerán forraje salado,
aventado y bieldado. 25 Entonces, en todo monte alto y en todo collado elevado,
habrá arroyos y corrientes de aguas al tiempo de la gran matanza, de la caída de las
torres. 26 Y será entonces la luz de la luna como la luz del sol, y la luz del sol siete veces
(mayor), como la luz de siete días, el día en que Yahvé vendará la herida de su
pueblo y sanará la llaga de sus azotes.
El profeta anuncia una época de perdón y de felicidad para su pueblo después del castigo, como
es normal en la literatura profética. La misma miseria a que había sido reducido Sión será razón
para que Yahvé se apiade de su pueblo (v.18). Yahvé es ante todo un Dios justo (lit. “Dios de
juicio”). Aquí se trata del juicio purificador sobre el pueblo elegido para liberarlo de sus opresores;
pero sólo sacarán provecho de él los que confían en Dios (v.18). Dios estaba esperando ansiosamente
el momento de intervenir a favor de Sión después del castigo; y ahora los va a liberar;
pero antes quiere que pasen por un período de penuria extrema, en que tendrán que comer el
pan de la angustia y el agua de la congoja (v.20), expresión bíblica corriente para designar los
tiempos calamitosos en que la comida y bebida están tasadas 18. Después vendrá una época en
que no se ocultarán tus maestros (v.20); e.d., los profetas, encargados de dirigir al pueblo espiritualmente,
podrán hablar públicamente sin necesidad de ocultarse, como hasta ahora; ellos serán
como una voz amonestada que indica el camino recto que deben seguir cuando se desvíen a derecha
o a izquierda (v.21). La expresión detrás de ti parece aludir a la costumbre de los pastores,
que van detrás del rebaño, indicando el camino con sus gritos. Así harán los profetas con su pueblo
para que no se descarríe 19. Por su parte, Israel abandonará sus ídolos, considerándolos como
inmundicia (v.22), y echándolos fuera como cosa indigna. Dios, en cambio, corresponderá a este
gesto colmándoles de bendiciones materiales en el campo (v.23), enviando la lluvia benéfica para
que el pan sea suculento y nutritivo. Los pastos serán tan abundantes, que hasta los bueyes y
asnos que labran la tierra (aún hoy día se ven en Palestina uncidos un buey y un asno) se nutrirán
de los mejores piensos imaginables: forraje salado, aventado y bieldado (lit. “aventado con
pala y horca,” para indicar el sumo cuidado con que ha sido escogido). El símbolo de la fertilidad
edénica de la tierra será la abundancia de agua en las colinas y montañas (v.25), la ilusión máxima
de un pobre fellah palestiniano. Y todo ello tendrá lugar al tiempo de la gran matanza, e.d.,
después del juicio de Dios (27:1-7; 2:12-15) sobre los pueblos e impíos, que para los justos significa
la hora de la liberación y de la salud. Y hasta en el firmamento los astros redoblarán su brillo
en beneficio de los justos (v.26). De nuevo encontramos aquí a la naturaleza asociada a la transformación
moral de los tiempos mesiánicos para hacer más venturosa la condición de los ciudadanos
de la nueva teocracia.
Aparición gloriosa de Yahvé (27-33).
Se supone que este fragmento está destinado a un grupo de discípulos de Isaías (los creyentes),
y parece que es del tiempo de la invasión de Senaquerib. Algunos autores, por razones
de crítica interna, sostienen que el oráculo es de un discípulo de Isaías.
1791
El día de Yahvé sobre las naciones (27-29).
27 He aquí el nombre de Yahvé, que viene de lejos, Arde su cólera y es pesado el
humo que sube; sus labios están llenos de furor, su lengua es como luego devorador.
28Su aliento es como torrente desbordado, que sube hasta el cuello para cribar a las
naciones en la criba de la destrucción y poner bozal de engaño a las mandíbulas de
los pueblos. 29Entonces vosotros cantaréis como en noche en que se santifica una
fiesta, tendréis alegre el corazón, como quien marcha al son de la flauta, para ir al
monte de Yahvé, a la Roca de Israel.
La descripción gira en torno a una teofanía solemne de Yahvé. La expresión nombre de Yahvé
equivale en la literatura bíblica a manifestación gloriosa de Dios. Es sinónimo de “gloria de
Yahvé” (cf. 59:19; Sal 102:16). Se describe una tempestad que viene de lejos 20, como una nube
cargada de humo, y dentro de ella un ser lleno de furor (v.27), resoplando amenazador con su
aliento como torrente desbordado (v.28), como inundación que llega hasta el cuello, amenazando
anegarlo todo. Yahvé hará entonces las veces de una criba para purificar y discriminar a los
pueblos, y será como un domador que pone a las mandíbulas de los pueblos un bozal de engaño
(v.29), e.d., que permite en su providencia se descarríen para después manifestar su justicia 21.
Esta manifestación justiciera será causa de la alegría general de los justos israelitas, como en la
víspera de la fiesta de la Pascua, en que se celebraba también la destrucción de los egipcios por
el ángel exterminador. Y el profeta presenta otra imagen típica de alegría, alusiva a la procesión
de peregrinos que avanzaba al son de la flauta camino del templo (Sal 42:4; 1 Re 1:40), al monte
de Yahvé, a la Roca de Israel, e. d., a la colina de Sión, donde habitualmente residía Yahvé, la
Roca (o fortaleza) de Israel.
Castigo de Asiría (30-33).
30 Y hará oír Yahvé su voz majestuosa, y mostrará el descenso de su brazo, en el ardor
de su ira, en medio de un fuego devorador, en tempestad, en aguacero y en granizo.
31 A la voz de Yahvé temblará Asur y será herido con el palo. 32 Y sucederá que
cada golpe de palo correctivo que Yahvé descargue sobre él, se (dará) al son de tambores
y arpas, y en luchas agitadas les combatirá. 33 Está desde hace mucho tiempo
preparado un “tofet,” está también destinado al rey 22. Honda y ancha es la hoguera,
fuego y leña hay en abundancia, que el soplo de Yahvé va a encender como torrente
de azufre.
Yahvé viene en medio de una tempestad y hace oír su voz majestuosa, o trueno, al mismo tiempo
que muestra el descenso de su brazo, a saber, se dispone a descargar su brazo vengador sobre
Asiría. Es la imagen de un guerrero airado que descarga su brazo sobre el enemigo en medio de
un fuego devorador, e.d., entre relámpagos y rayos. Es la descripción tradicional de las teofanías
de Yahvé por influencia del recuerdo de la famosa del Sinaí. Después viene el aguacero y el
granizo, como en la batalla de Gabaón (Jos 10:11). Ante esta manifestación de majestad tempestuosa
temblará Asiría. Por otra parte, este castigo de Asiría será motivo de alegría para Israel
(cada golpe. se dará al son de tambores, v.32). Yahvé luchará con el asirio (en luchas agitadas)
hasta vencerle. La carnicería será de tales proporciones, que el campo de batalla dará la impresión
de un tofet, que era el famoso lugar en la convergencia del Cedrón y del valle de Hinnom
(Ge-Hinnom: Gehenna, actualmente er-Rabab1)> donde se había dado culto a Moloc o Melec
1792
(cf. 2 Re 23:10).
1 El texto griego lee “como David,” en vez de “en círculo” del texto hebreo. Siguen aquella lectura Gondamin, Cheyne, etc. — 2 Cf.
Skinner, o.c., 231; Ez 43:15; Gen 46:16; Núm 26:17; 2 Sam 23:20. — 3 La primera palabra en hebreo parece que significa “deteneos”;
pero con un ligero cambio de letras se obtiene “asombraos,” que suele ser preferido de muchos autores. — 4 Cf. Gen 2:21;
15:12; 1 Sam 26:12. — 5 Otros traducen, en vez de vergel, “huerto frutal,” y entonces se aludiría no a la frondosidad del Líbano,
sino a su fertilidad. — 6 Algunos prefieren ver aquí una contraposición: el Líbano quedaría reducido a un vergel por gloriarse demasiado,
mientras que el vergel modesto se convertiría en bosque altivo y soberbio: Dios abajaría al orgulloso y elevaría al
humilde. — 7 Según una leyenda tardía judía, Abraham fue liberado por Dios de una muerte violenta Preparada por los idólatras
(cf. Libro de los jubileos c.12, citado por Skinner, o.c., 238). — 8 “Derramar libaciones” era una frase equivalente a “hacer un
pacto,” como en el griego sponde (libación) y sponsai (alianza, esponsales); cf. Skinner, o.c., 239. — 9 Muchos autores creen que
“sus príncipes y sus embajadores” se refiere a los príncipes del faraón. — 10 Suele traerse a colación la frase de Sargón II a propósito
de los egipcios: “Piru, rey de Egipto, príncipe que no puede salvar.” — 11 Herod., III 75; cf. Skínner, o.c., 242. — 12 Cf. Is
51:9; Job 9:13; 26:12. Como símbolo de Egipto, cf. Sal 87:4; 89:10. — 13 Muchas son las traducciones: “Rahab el silencioso”
(Hensler), “Rahab el adormilado” (Condamin). — 14 El texto hebreo dice literalmente: “para los días venideros (o postreros) y
para siempre.” Un ligero cambio de vocalización nos da “para testimonio.” — 15 Algunos creen que el texto está corrompido; pero,
con todo, se ve la idea general y su dependencia de Dt 32:30. — 16 Cf. Is 7:4; 28:16. — 17 Dt 32:30; Lev 26:28; Jos 23:10. —
18 Cf. 1 Re 22:27; 2 Par 18:20. — 19 No pocos autores suponen que aquí la voz que les habla detrás es el mismo Yahvé en persona,
y leen, en vez de “maestros,” en singular: “Maestro.” — 20 En Dt 33:2 se presenta al Señor desde el Sinaí. — 21 El texto está
incompleto, y, por tanto, su sentido es oscuro. — 22 Otros traducen: “Está también destinado a Melec o Moloc,” dios extranjero,
al que se habían sacrificado niños y era objeto de repugnancia para los israelitas (melec significa también rey),
31. La Justicia de Yahvé.
Inutilidad de la ayuda de Egipto (1-3).
1 Ay de los que bajan a Egipto en busca de socorro, y confían en los caballos, y en la multitud
de carros ponen su esperanza, y en la fuerza de los jinetes! Pero no miran al Santo de
Israel y no buscan a Yahvé. 2 Pero también El es diestro en traer males y no retira su palabra.
Y se levantará contra la casa de los malvados, contra el socorro de los que obran la
iniquidad. 3 El egipcio es un hombre, no es un dios, y sus caballos son carne, no son espíritu.
Y en tendiendo Yahvé su mano, caerá el protector y caerá el protegido, ambos juntamente
perecerán.
Egipto era famoso por sus caballos 1 y era la única potencia que podía disponer de carros de
combate frente a Asiría. Las pequeñas naciones de la costa siró-fenicio-palestina confiaban desmesuradamente
en el poder militar egipcio, y ahora el profeta lo declara abiertamente. Los políticos
de Jerusalén se preocupan de todo menos de Yahvé, el Santo de Israel. Pero Dios sabe esperar
su hora, y a su tiempo enviará el castigo (es diestro en traer males, v.1) y mantendrá su palabra
relativa a los castigos futuros, cuya realización se retarda solamente por pura misericordia.
En realidad, el que dirige el curso de la historia es Dios, y, por tanto, de nada servirán poderes
que, como el egipcio, son sólo hombres, ayudados de medios materiales, que son sólo carne
(v.3). Por tanto, cuando Yahvé levante su mano para castigar, caerá el protector (Egipto) y el
protegido (Judá).
Yahvé, único salvador de Judá (4-9).
4 Porque así me ha dicho Yahvé: Como león que ruge o como cachorro de león sobre
su presa, contra el cual se reúne toda la turba de pastores, pero no se acobarda de
sus gritos ni se turba ante el ruido de ellos, así Yahvé de los ejércitos descenderá a la
lucha en el monte de Sión, en su collado. 5Como aves que levantan el vuelo protegerá
Yahvé de los ejércitos a Jerusalén; protegiendo salvará, perdonando dejará escapar.
1793
6Volveos, hijos de Israel, a aquel de quien tan profundamente os habéis separado.
7Porque, en aquel día, cada cual tirará sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que
vosotros os hicisteis con vuestras manos pecadoras. 8Asur caerá a la espada, que no
es espada de hombre, y espada de uno que no es hombre le devorará. Huirá ante la
espada, y sus jóvenes (guerreros) serán cautivados, 9y de terror desaparecerá su roca,
y sus príncipes, espantados, abandonarán la bandera. Así dice Yahvé, que tiene
su fuego en Sión, y su horno en Jerusalén.
Parece que este fragmento tiene un carácter de liberación, en contraposición al anterior, de castigo
por la mala política de los jefes israelitas. De nuevo nos encontramos aquí con la alternancia
de amenazas y promesas, tan usual en la literatura profética. Dios sale a defender a Jerusalén como
un león su presa, sin hacer caso de los que se opongan a ello (los pastores). Es una imagen
gráfica que expresa la decisión de Dios en la defensa de Jerusalén 2. Yahvé, pues, desciende a la
lucha. en Sión (v.4) para defenderla contra sus enemigos. Esta protección de Dios sobre Jerusalén
queda más esclarecida con el otro símil de las aves que levantan el vuelo (ν.6) ο revolotean
sobre sus nidos protegiendo a sus pollitos 3. El profeta invita a los israelitas a corresponder a esta
gracia de la liberación de los enemigos, entregándose de lleno a Yahvé y abandonando sus antiguos
cultos idolátricos (v.6-7). Las manos de ellos eran pecadoras, porque habían contribuido a
multiplicar los ídolos por ellas fabricados. De nuevo la mente del profeta se refiere al hecho de la
liberación de Asiría, que no es obra de política humana, sino de Dios: Asur caerá a la espada,
que no es espada de hombre (v.8). Si sucumbe en la guerra, no es por efecto de los ejércitos contrarios,
sino por la intervención de Dios, que así dirige el curso de la historia. Los asirios huirán
despavoridos, y desaparecerá la roca, e.d., su sostén material, el jefe del ejército o rey, y vendrá
la deserción general. Y todo este pánico es efecto de la intervención de Yahvé, que para los enemigos
de Judá tiene el efecto de un fuego devorador: Yahvé, que tiene su fuego en Sión y su horno
en Jerusalén. Quizá aquí traiga esta imagen por asociación de ideas con el Ariel de 29:1ss, o
sencillamente juegue con la imagen bíblica de la ira divina, manifestada como un horno ardiendo
que devora a sus enemigos (Sal 21:9).
1 Cf. DIODOR., 1:45; HOM., Ilíad. 9,383. — 2 Algunos autores prefieren entender la imagen en sentido contrario: Yahvé, por medio de
Asiría, despedazaría a Sión como el león la presa, sin hacer caso de los pastores (políticos de Judá y egipcios) que a ello se oponían.
Pero en el v.5 se habla de una protección de Yahvé sobre Jerusalén. — 3 Condamin supone que falta algo en el versículo, en el
que se indicaría la huida de los enemigos “como aves que levantan el vuelo.”
32. Reinado Ideal de Justicia.
Oráculo Contra las Mujeres.
Tres partes: 1) la equidad en los tiempos mesiánicos (1-8); 2) oráculo contra las mujeres (9-14);
3) renovación de la naturaleza y de la sociedad (15-20).
Parece que es un fragmento independiente del anterior. Suele ponerse la composición de
estos oráculos a fines del ministerio profético de Isaías, cuando su mente se recreaba y consolaba
con la contemplación del futuro mesiánico ideal.
Reinado de justicia en la sociedad futura (1-5).
1 He aquí que reinará un rey en justicia y gobernarán príncipes en juicio. 2 Cada
1794
uno será como abrigo contra el viento, corno refugio contra la tempestad, como corriente
de agua en tierra sedienta, como sombra de una gran roca en tierra desértica.
3 No se ofuscarán los ojos de los que ven, y estarán atentos los oídos de los que
oyen. 4 Y el corazón de los precipitados entenderá sabiamente, y la lengua de los tartamudos
hablará claro y expedito. 5 No se llamará ya noble al loco, ni magnánimo al
bellaco.
La futura sociedad israelita estará en manos de gentes equitativas y justas, empezando por el rey
y sus príncipes. En tiempo de Isaías, el rey Ezequías fue un rey justo y religioso, pero sus colaboradores
llevaron a la nación a la ruina material y aun religiosa, a pesar de la reforma emprendida
por aquél. En la nueva perspectiva mesiánica, todo cambiará, y las clases directoras estarán poseídas
de un profundo sentimiento de justicia y equidad social. Los príncipes y el rey serán (cada
uno.) como abrigo contra el viento. (v.2), e.d., garantía para el pobre y desvalido y auxilio en los
momentos de necesidad (como corriente de agua en tierra sedienta, v.3), cubriéndolos con su
beneficencia como sombra de roca en tierra desértica, que es más refrescante que la de los mismos
árboles, y que en una tierra desértica es el único refugio para el caminante *. Y también se
transformará el pueblo, de modo que pueda adquirir un sentido de perspicacia espiritual para
captar las cosas religiosas, (v.3). El mismo pueblo adquirirá un fino instinto para distinguir a los
verdaderos nobles de los falsos: No se llamará ya noble al loco, ni magnánimo al bellaco (ν.5).
Conducta del bueno y del malo (6-8).
6 Porque el insensato dice insensateces, y su corazón maquina la maldad: comete
iniquidades, hablando erróneamente de Yahvé; deja vacía el alma del hambriento y
quita al sediento la bebida. 7 Las armas del malvado son perniciosas: traza planes
malignos para perder al desvalido con palabras mentirosas, aunque sea justa la causa
del pobre, 8 mientras que el noble tiene nobles designios, y en sus nobles designios
persevera.
El profeta recrimina la conducta del insensato (v.6), aquí en el sentido de hombre irreligioso e
inmoral, que no se preocupa de sus deberes elementales sociales, como dar de comer al hambriento
y de beber al sediento, sino que más bien trama cómo aprovecharse de la situación débil
del desvalido para obtener propias ganancias, engañándole (v.7) y pisoteando sus derechos. La
conducta del noble moralmente es todo lo contrario, ya que en su mente sólo se preocupa de cosas
dignas y nobles 2.
Oráculo contra las mujeres (9-14).
9 Mujeres descuidadas, levantaos, oíd mi voz; mujeres confiadas, prestad oído a mi
palabra. 10 Dentro de un año habréis de temblar, ¡oh confiadas! porque se habrá
acabado la vendimia, la cosecha no vendrá. ll Temblad, descuidadas; estremeceos,
confiadas; despojaos, desnudaos, ceñios los lomos. 12 Se dan golpes de pecho, (llorando)
por los hermosos campos y las fértiles viñas. 13En la tierra de mi pueblo crecen
los cardos y las espinas, y aun en las casas de placer de la ciudad alegre. 14 Porque
los palacios están desiertos, abandonada la ciudad ruidosa; el Ofel y la torre de
guardia 3 para siempre convertidas en cuevas, lugar de delicia para los asnos salvajes
y de pasto para los ganados.
1795
Ante una manifestación popular de júbilo, quizá con motivo de la fiesta de los Tabernáculos
(pues en el v.10 se habla de la vendimia y la cosecha), tradicionalmente bulliciosa, el profeta
lanza a las mujeres un presagio tremendo que las ha de afectar en extremo. Les echa en cara su
despreocupación (v.1) y les anuncia una devastación próxima (v.2), con lo que cesará la vendimia
y la cosecha, y, por tanto, será ocasión de un duelo general entre ellas. Por ello las invita a
organizarse en duelo (ceñios los lomos, desnudaos.,., v.11). La desolación será tan general, que
no sólo en las fértiles viñas (v.12), sino hasta en las casas de placer de la ciudad alegre crecerán
los cardos y las espinas. Esta imagen es corriente en la literatura profética para indicar el estado
de desolación y abandono en que quedarán los campos fértiles y las mismas ciudades, las cuales
sólo servirán para que retocen los asnos salvajes, u onagros, y pasten los ganados (v.14). Dentro
de la ciudad se destaca la colina llamada Ofel, donde estaban las dependencias del palacio y donde
estaría la torre de guardia.
La nueva sociedad mesiánica (15-20).
15 Hasta que sea derramado sobre nosotros espíritu de lo alto, y el desierto se trueque
en vergel, y el vergel sea tenido por selva, 16 y el derecho more en el desierto, y la
justicia en el vergel. 17 La paz será obra de la justicia; y el fruto de la justicia, el reposo
y la seguridad para siempre. 18 Mi pueblo habitará en mansión de paz, en moradas
seguras, en asilo de reposo, 19 y la selva caerá a los golpes del granizo 4, y la
ciudad será del todo abatida. 20 Venturosos los que sembráis a orillas de todas las
aguas y soltáis el pie del buey y del asno.
De nuevo nos encontramos con la contraposición de dos horizontes distintos: después de la desolación,
la época de ventura y de seguridad. Es el constante balanceo de la mente profética, amenazando
y ofreciendo esperanza para atraer las mentes al verdadero camino. Después de la desolación,
Yahvé enviará un espíritu de lo alto que vivificará toda la naturaleza (v.15). Esta sufrirá
una transformación, asociándose al reinado de justicia y de paz que reinarán en el país. La amenaza,
pues, anterior es temporal, ya que se anuncia una rehabilitación de la sociedad en medio de
una naturaleza transformada: el desierto, o tierra esteparia, se convertirá en vergel, y éste será tan
exuberante que parecerá una selva (v.15). El sentido de justicia dará como fruto una sensación de
paz y de tranquilidad social (v.17). El v.19 parece ser una glosa interpuesta. El texto hebreo dice
literalmente: “y granizará cuando caiga la ciudad.” Aquí, si el texto es correcto, el granizo sería
símbolo del juicio divino 5. Siguiendo la traducción que hemos puesto en el texto, la selva sería
Asiría, y la ciudad quizá Nínive, su capital. De todos modos, parece que el v.13 rompe la conexión
lógica del contexto, y probablemente es una glosa posterior, con un sentido escatológico.
El profeta termina su oráculo salvador con un epifonema que resume la felicidad de los
ciudadanos futuros de la nueva teocracia:
Venturosos los que sembráis a orillas de todas las aguas y soltáis el pie del buey y del
asno (v.20). Entonces Judá será como un paraíso, en el que abundará el agua por doquier, y por
eso todos los sembrados serán de regadío. Y habrá tal seguridad en el campo, que se podrá soltar
al buey y al asno libremente, sin temor a las fieras ni a que los roben. Isaías tiene preferencia
por destacar el lado pacífico de la vida agrícola en los tiempos mesiánicos, en contraposición
al espíritu belicista militar, que debe desaparecer como signo de desconfianza entre los ciudadanos
6. En Oriente se suelen atar los pies de los animales para que no salgan de un área limitada.
En los tiempos mesiánicos será tal la abundancia de todo, que podrán pastar por doquier sin restricción
alguna.
1796
1 Cf. Virgil., Georg. III 145: “sáxea umbra.” — 2 No pocos autores suponen que los v.6-8 son adición posterior, obra de un escriba de
la época sapiencial. Al menos su contenido es muy similar al género sentencioso sapiencial. — 3 Otros traducen, en vez de
“Ofel,” nombre propio, “colina,” donde estaba la ciudad y sus defensas. Así Condamin. La palabra que traducimos por “torre de
guardia” es en hebreo rara; algunos la relacionan con el egipcio bhn-t, “torre,” o bhn, “villa.” — 4 El texto es oscuro. La traducción
adoptada es la de Condamin. Otros traducen: “el bosque se derrumbará” (Dennefeld). — 5 Cf. Is 28:2.17; 30:30. — 6 Cf. Is
9:5.
33. Contraste entre la situación triste de Jerusalén y su futuro
glorioso.
Se anuncia primero la destrucción de un enemigo, al que no se nombra, que ha asolado a Judá, y
después la intervención de Yahvé salvando a su pueblo. El estilo es un poco heterogéneo, alternando
partes líricas con partes didácticas. La crítica independiente mantiene que este fragmento
es posterior a Isaías. Los católicos en general sostienen la autenticidad isaiana, si bien reconocen
que el texto está retocado, y de ahí su oscuridad actual. Y como posible época de composición se
suele poner la inmediata anterior a la invasión de Senaquerib (701), con ocasión de una supuesta
embajada de Ezequías al rey asirio, que estaba en Laquis, ofreciéndole tributo a condición de que
no asediara Jerusalén; condición que Senaquerib no habría de cumplir después. En este ambiente,
pues, Isaías habría proferido esta profecía contra el invasor.
Opresión del invasor.
1 ¡Ay de ti, devastador que no has sido devastado, saqueador que no has sido saqueado!
Cuando acabes de devastar, serás tú devastado; cuando acabes de saquear,
serás tú saqueado.
El profeta se encara con el insolente invasor, que cree puede imponer libremente su voluntad a
los vencidos, saqueando y sembrando la desolación por doquier. En realidad, él aún no ha sentido
dentro de sus fronteras la devastación, pero llegará un momento en que también al tirano invasor
le espera el mismo castigo impuesto por él a los pueblos sometidos, porque es Yahvé quien
dirige la historia, y él es simplemente instrumento de su justicia vengadora; pero, cuando
haya cumplido su misión, será también saqueado (v.1).
Plegaria y confianza en Yahvé (2-6).
2 Ten, ¡oh Yahvé! piedad de nosotros; en ti esperarnos. Sé tú nuestro brazo cada
mañana, nuestra salvación en tiempo de angustia. 3 A la voz del estruendo huyen los
pueblos; cuando te alzas tú, las naciones se dispersan. 4 Se recoge el botín (como)
cuando se recogen las langostas, y se precipitan sobre él como se precipita la langosta.
5 Excelso es Yahvé, porque mora en la altura y llena a Sión de derecho y de justicia.
6 La seguridad de tus tiempos será tesoro de salvación, de sabiduría y de ciencia;
el temor de Yahvé será su tesoro 2.
Yahvé es el brazo o fuerza de los que confían en El. Al manifestarse en el fragor y el estruendo
(v.3) que acompañan a su intervención, huyen los pueblos. Cuando Yahvé se dispone a castigar
(te alzas), se dispersan las naciones, dejando un rico botín (v.4), sobre el que caen como langostas
los escogidos de su pueblo, en favor de los cuales Yahvé ha intervenido. El profeta reconoce
1797
la majestad de Yahvé, que habita en la altura (v.5), en un lugar inaccesible a sus enemigos; pero
al mismo tiempo desde allí infunde a la capital de la teocracia, Sión, un sentimiento de seguridad
y de justicia, que serán las virtudes personales de todos los ciudadanos de la nueva era venturosa.
Y, sobre todo, la gran adquisición (su tesoro, v.6) de los tiempos mesiánicos será un profundo
sentimiento de temor de Yahvé, base de la vida social e individual. Todos estos conceptos tienen
un aire y ritmo de literatura sapiencial. Quizá sean consideraciones piadosas de un escriba posterior
intercaladas en el contexto de Isaías sobre la desolación producida por un invasor.
Pánico general y duelo de la naturaleza (7-9).
7 Ved: los de Ariel lanzan gritos fuera3, los mensajeros de paz lloran amargamente. 8
Los caminos están desiertos, dejaron de pasar los caminantes. Ha roto la alianza, ha
aborrecido las ciudades 4, no hace cuenta de nadie. 9 La tierra está en luto, mustia;
el Líbano, confuso, desfallecido. Sarón es un desierto 5, el Basan y el Carmelo han
perdido su follaje.
Ante una invasión inminente, los habitantes de Jerusalén (los de Ariel, ν.7) prorrumpen en gritos
de consternación. Algunos autores, siguiendo otra traducción, creen que los que así gritan son los
héroes o defensores de la ciudad. A ellos se juntan los mensajeros de la paz, quizá los enviados
ante Senaquerib en Laquis para pedir la paz, que fueron después traicionados por el rey asirio
según una interpretación bastante generalizada del pasaje. En el v.8 se habla de la ruptura de un
tratado, y quizá se aluda a este hecho. La inminencia de la invasión ha hecho que los caminos
estén desiertos y la vida de la nación se paralice. La naturaleza participa de esta desolación general
(la tierra esta en luto., V.9), asociada al estado general de sus habitantes, como es corriente en
la literatura profética. Y los lugares famosos por su frondosa vegetación, como el Líbano, toman
parte en este duelo general (V.9). Está como confuso por su estado marchito 6. Sarón es la llanura
que se extiende a orilla del mar desde Jafa al Carmelo, famosa por sus lirios y belleza natural.
Basan era celebrada por sus bosques tupidos, al este del Jordán (cf. Is 2:13).
Respuesta de Yahvé (10-14).
10 Ahora voy a levantarme, dice Yahvé; ahora surgiré y me alzaré. Concebiréis heno y pariréis
paja, y vuestro soplo será fuego, que os devorará. 12 Los pueblos serán reducidos a
ceniza, como zarzas cortadas y consumidas por el fuego. 13 Vosotros, los que habitáis lejos,
oíd lo que he hecho, y los que estáis cerca conoced mi poder. 14 Los pecadores en Sión se
espantan, el temblor ha sobrecogido a los impíos. ¿Quién de nosotros podrá morar en el
fuego devorador? ¿Quién habitará en los eternos ardores?
Yahvé ha oído la plegaria hecha por el profeta en nombre del pueblo, y está dispuesto a intervenir
enérgicamente. Los enemigos han concebido vanos proyectos, como de heno. El resultado
será tan vano como la paja. Es más, el furor de ellos (vuestro soplo, v.11) se volverá contra ellos
como fuego devorador, porque Yahvé les castigará por haber atropellado a su pueblo. Quedarán
reducidos a cenizas (pueblos: son los enemigos de Israel, asirios y aliados), pasto de las llamas.
Esta obra justiciera será objeto de admiración por parte de todos los que están lejos y los que están
cerca (v. 13). Los pecadores que habitan en la ciudad santa se espantarán al ver la manifestación
de la justicia divina sobre los enemigos de Israel, la cual alcanzará también a los israelitas,
que han sido infieles a Yahvé, y confiesan que no pueden continuar habitando en medio de un
fuego devorador (v.14), e.d., rodeados de la santidad de Dios, que habita en Sión, y que es como
1798
un horno devorador para sus enemigos. De nuevo encontramos aquí la idea de Ariel como hogar
u horno de Yahvé, fuente de irradiación de su santidad, que actúa como un ardor eterno para
quienes le rodean. Los impíos no pueden soportar este ambiente de santidad que los recrimina y
condena.
Respuesta a los pecadores (15-16).
15 El que camina en justicia y habla rectitud, el que rechaza ganancias, frutos de violencias;
el que sacude sus manos para no tomar soborno, el que cierra sus oídos para
no oír (proposiciones) sanguinarias y se tapa sus ojos para no ver el mal, 16 ése
habitará en las alturas y tendrá su refugio en firmes rocas; se le dará pan, y tendrá
el agua asegurada.
Este fragmento tiene muchas analogías con la literatura de los Salmos (cf. Sal 15 y 23:45). En él
se enumeran las condiciones para pertenecer con derecho de ciudadanía a la nueva teocracia inaugurada
con la victoria de Yahvé. Es un programa moral práctico: ser recto en palabras y obras,
sin dejarse llevar de soborno ni dar oído a lo que pueda llevar a homicidios. Quien en su conducta
privada se sujeta a este programa, habitara en las alturas; es decir, Dios le protegerá y le hará
sentirse seguro como quien se refugia en fortalezas y lugares altos rocosos e inaccesibles a los
enemigos. Por otra parte, Dios le bendecirá en sus bienes y no le faltará nada de lo necesario para
la vida, como son el pan y el agua, símbolo de los bienes materiales sustanciales.
Los tiempos mesiánicos (17-21).
17 Tus ojos verán al rey en su belleza, y verán la tierra que se extiende hasta muy lejos.
18 Tu corazón meditará sobre (los días) de terror: ¿Dónde está el que contaba?
¿Dónde el que pesaba? ¿Dónde el que contaba las torres? 19 A esa gente insolente no
verás más, a ese pueblo de lengua oscura que no se entiende, de lengua tartamudeante,
que no se comprende. 20 Mira a Sión, la ciudad de nuestras festividades; verán
tus ojos a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no emigra, cuyas estacas no
serán arrancadas i ni rota cuerda alguna, 21 sino que allí está Yahvé, magnífico para
nosotros, lugar de ríos y Nilos anchurosos, por donde no irán barcas de remos ni pasará
ningún majestuoso navio.
La perspectiva de los nuevos ciudadanos es deslumbradora: ante sus ojos surge radiante la soñada
figura del rey en su belleza (v.17), e.d., el Mesías en toda su manifestación regia, rutilante de
belleza. Algunos autores creen que aquí el rey es simplemente Ezequías después de la victoria
sobre los asirios7. Sin embargo, la perspectiva es mucho más amplia, y parece desbordar en el
contexto la persona y la época de Ezequías, contemporáneo del profeta. En los versos anteriores
parece que éste tiene ante sus ojos la nueva Jerusalén de los tiempos mesiánicos. Es un fenómeno
corriente en la literatura profética la superposición de perspectivas y planos históricos, es decir,
la contemplación del presente con rasgos del futuro mesiánico, y la descripción de los tiempos
mesiánicos con tópicos de la época histórica del profeta. No cabe duda que aquí Isaías pensaba
en Jerusalén liberada de los asirios, que eran la pesadilla de la época; pero al mismo tiempo presenta
a sus oyentes otro horizonte más amplio, centro de todas las esperanzas judías: la nueva
era mesiánica. Con el nuevo rey, el país de Judá adquirirá sus antiguas fronteras, se dilatarán sus
confines (ν.17). Entonces los israelitas, reflexionarán sobre los tiempos calamitosos pasados, sobre
la opresión de su pueblo por parte de los paganos, y a su memoria vendrá el que contaba, el
1799
que pesaba, e.d., los oficiales encargados de recoger los tributos de guerra. Como no existía la
moneda acuñada, se pesaban los metales para su evaluación (Gen 13:16). El que contaba las torres:
frase oscura. Quizá aluda a la inspección de las torres y fortificaciones por parte de los oficiales
asirios para cerciorarse de que estaban desmanteladas y no se realizaban nuevas obras de
defensa 8.
La mente del profeta se complace en presentar a sus oyentes el espectáculo esperanzador
de Jerusalén, lugar de las asambleas religiosas (v.20), como una tienda sólida (que no emigra),
sin estar sujeta a cambios y veleidades de los tiempos, como lo está la tienda móvil del beduino,
que tiene que emigrar según las circunstancias de las estaciones del año. Jerusalén será una morada
de quietud, como tienda fija con estacas que no han de ser arrancadas. Parece aludirse con
esta imagen a que el pueblo no será llevado de nuevo al destierro después de la inauguración de
los tiempos mesiánicos. Y la razón de esta estabilidad de Jerusalén es que Yahvé la rodea, como
rodean el Eufrates y el Nilo a Nínive, a Babilonia o a Tebas, siendo con ello puestas al abrigo de
los ataques de los enemigos (v.21). Yahvé será para Jerusalén como un río caudaloso que la aisla.
Y no habrá necesidad de que circulen grandes navios de guerra para defenderla, como ocurre
en las grandes metrópolis paganas. En la literatura profética es muy corriente la imagen de Dios
como río fertilizador de la Tierra Santa 9.
Yahvé, rey de Jerusalén (22-25).
22 Porque Yahvé es nuestro Juez, Yahvé es nuestro Jefe, Yahvé es nuestro Rey, El
nos salva. 23 Tus cuerdas se aflojaron, ya no sostienen el mástil, ya 110 despliegan la
bandera. 24 Entonces la presa que se repartirá será muy grande; hasta los cojos tomarán
parte en el saqueo. 25Y ningún habitante dirá: Estoy enfermo, el pueblo que
mora en ella obtendrá el perdón de los pecados.
Yahvé es reconocido como centro de la vida nacional y jefe supremo de las conciencias: Juez,
Jefe y Rey. Como liberador de su pueblo, merece estos títulos sin regateo alguno. Israel había
quedado reducido a la condición de un navio desmantelado en el que se habían aflojado las
cuerdas, que ya no sostienen el mástil. (v.23), por efecto de la invasión asiría 10; pero todo va a
cambiar súbitamente, y el invasor asirio será una presa tan fácil que hasta los rengos tomarán
parte en el saqueo (v.23). Por otra parte, los nuevos ciudadanos no estarán sujetos a enfermedades,
porque se les han perdonado todos sus pecados. Es la antigua creencia de que las enfermedades
corporales eran un castigo de Dios por pecados anteriores personales o de los antepasados
11. También aquí el profeta se acomoda a la mentalidad de sus contemporáneos, sin pretender
emitir un juicio formal sobre el problema. Lo que aquí quiere únicamente expresar es la felicidad
plena de que gozarán los nuevos ciudadanos en la nueva teocracia mesiánica. Como en
otros lugares, también aquí las expresiones son hiperbólicas y orientales, y por eso no es necesario
tomarlas a la letra en lo material. La realidad espiritual mesiánica sobrepasará a todos estos
sueños de los profetas, y las maravillas de la gracia sobrenatural harán palidecer todas estas descripciones
del Antiguo Testamento.
1 Así siguiendo a la Peshita, Targ. y Vg., en contra del texto hebreo, que lee “brazo de el ios,” lo que no se adapta al contexto. — 2
Este versículo es extremadamente oscuro en su original. — 3 Ariel es problemático. La palabra hebrea es oscura, quizá corrompida.
Algunos traducen por “héroes” (Cantera) o “leones de Dios” (Cheyne). — 4 No pocos autores cambian la palabra hebrea que
traducimos por “ciudades” en otra parecida que significa “testimonios” (Cantera). — 5 En vez de “desierto,” quizá haya que traducir
“Arabah,” como nombre geográfico, al sur del mar Muerto, que quedó como sinónimo de “estepa.” — 6 Cf. Is 35; Zac 11:2;
Cant 7:4s. — 7 Así Dennefeld (o.c., 126). — 8 Procksch, con un ligero cambio de letras (megadim en vez de migdolim), traduce:
“el que contaba las joyas.” Cf. Dennefeld, o.c., 127. — 9 Cf. Ez 47:5; Jl 4(3),18; Zac 14:8; Sal 46:4; 36:8. — 10 Muchos autores,
1800
como Skinner y Condamin, suponen que este v.23 es una glosa intercalada posteriormente, que interrumpe el contexto. — 11 Cf.
Sal 103:3; Job 9:2; Mt 9:2ss.
34. Juicio Sobre Edom.
Este capítulo forma con el siguiente una unidad literaria. En el c.34 se trata del juicio sobre
Edom, mientras que en el c.35 del retorno de Israel del exilio. La autenticidad isaiana de ambos
fragmentos es negada por muchos autores. La animosidad rabiosa contra los edomitas parece explicarse
mejor después de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor en el 586. Por otra parte,
hay muchas semejanzas literarias con los c.40-66, atribuidos al Deutero-Isaías, y con fragmentos
de Sofonías y Jeremías.
Juicio sobre las naciones (1-4).
1 Acercaos, pueblos, y oíd; prestad atención, naciones; oiga la tierra y cuantos la llenan,
el mundo y cuanto en él se produce. 2 Porque está irritado Yahvé contra todas
las naciones, airado contra todo el ejército de ellas. 3 Los destina al exterminio, los
entrega a la matanza, y sus muertos quedarán abandonados, exhalarán sus cadáveres
un olor fétido, y se derretirán los montes por la sangre de ellos. 4 La milicia de
los cielos se disuelve, se enrollan los cielos como se enrolla un libro, y todo su ejército
caerácomo caen las hojas de la vid, como caen las hojas de la higuera.
El tono de esta sección es netamente apocalíptico y escatológico. Se apostrofa a los pueblos y
naciones en general para asistir al juicio de Dios sobre las naciones todas de la tierra: el mundo y
todo cuanto en él se produce. El estilo es grandilocuente y sobre-cogedor. Dios va a descargar su
furor sobre el ejército de las naciones (v.2), e.d., toda la humanidad, concebida como una pupulación
de seres. Dios los ha destinado al exterminio; literalmente los ha condenado al jerem o
anatema, que en la literatura bíblica equivale a la total destrucción. Cuando se tomaba una ciudad
y sobre ella se declaraba el jerem, todo debía ser destruido, como consagrado a Dios, y nadie podía
aprovecharse del botín1. La carnicería será tan descomunal, que hasta los montes se derretirán
por la sangre de ellos (ν.3); e.d., los montes se convertirán en una masa húmeda al ser penetrados
de la sangre de los muertos. La hipérbole es desorbitada y oriental, para resaltar la magnitud
de la catástrofe. El mismo mundo sideral es asociado a la gran catástrofe: la milicia de los
cielos (v.4), e.d., el ejército de los astros, se descompone y se enrollan los cielos como un libro 2.
Los cielos eran concebidos como una masa compacta extendida y abierta sobre la tierra. Dios
ahora la enrolla como un libro, haciéndolos desaparecer, y las estrellas (su ejército), al no encontrar
sostén, se caerán una a una como las hojas de la vid y de la higuera en el otoño.
La matanza de los edomitas (5-8).
5 Porque mi espada se empapó en los cielos, he aquí que va a descender sobre Edom,
sobre el pueblo que he destinado al exterminio, al juicio. 6 La espada de Yahvé está
llena de sangre, está encebada en grasa, en sangre de corderos y machos cabríos, en
grasa de los ríñones de los carneros, porque hace Yahvé un sacrificio en Bosra y una
gran matanza en la tierra de Edom. 7 Y caerán con ellos los búfalos, y los novillos
con los toros. Su tierra está borracha de sangre, y su polvo engordado con grasa. 8
Porque es para Yahvé un día de venganza, un año de desquite para la causa de Sión.
1801
El profeta presenta a Dios empapando su espada vengadora en los cielos, e.d., templada en la cólera
de Dios, que habita en los cielos, y dispuesta a descargar sobre Edom, el tradicional enemigo
de Israel desde los tiempos de su peregrinación por el desierto 3. La negativa de los edomitas a
dejar paso a los israelitas cuando avanzaban hacia Canaán quedó en la memoria del pueblo escogido.
Después, en la historia de Israel, repetidamente sometió a Edom, pero éste, al fin, se desquitó
de sus humillaciones después de la conquista de Jerusalén por Nabucodonosor en el 586.
Los profetas posteriores al exilio hacen alusión repetidas veces a esta conducta innoble de los
edomitas para con el pueblo judío vencido 4. En el oráculo aterrador de Isaías, Dios va a empezar
la matanza cebando la espada en sangre de corderos y machos cabríos, e.d., los habitantes de
Edom, llamados así despectivamente, porque Yahvé va a realizar un sacrificio cruento en Bosra,
capital de Edom5, hoy día el-Buseireh, al sudeste del mar Muerto, cerca de Petra. Los búfalos son
quizá los representantes de la clase alta de la sociedad edomita. La expresión los novillos con los
toros (ν.7) podría designar a las diferentes clases sociales, las bajas y las altas. La idea es la de un
exterminio general de la población de Edom. Será un día de venganza por parte de Yahvé (v.8),
y, además, un año de desquite para la causa de Sión. Tanto había sufrido Judá de los edomitas,
que era necesaria esta intervención de la justicia divina para vengar los ultrajes recibidos.
Nuestra sensibilidad cristiana se rebela contra estas fuertes imágenes vengativas en manos
de un autor inspirado, pero no debemos perder de vista que son hipérboles orientales que
nunca se han de tomar a la letra, y, por otra parte, que aún estaban los profetas muy lejos del
ideal de la perfección cristiana del Nuevo Testamento. Ellos, con estas imágenes feroces, no
quieren sino hacer resaltar la intervención de la mano justiciera de Dios sobre los enemigos de su
pueblo, porque se oponían a su proceso histórico, que debía desembocar en el mesianismo.
Abandono de Edom (9-15).
9 Y sus torrentes se convertirán en pez, y su polvo en azufre, y será su tierra como
pez que arde día y noche; 10nunca se extinguirá, subirá su humo perpetuamente. Será
asolada de generación en generación, y nadie pasará más por ella. 11 Se adueñarán
de ella el pelícano y el mochuelo, la habitarán la lechuza y el cuervo, y echará
Yahvé sobre ella las cuerdas de la confusión y la plomada de la desolación; 12 y habitarán
en ella los sátiros, y todos sus nobles dejarán de existir6. Allí ya no habrá reino,
y desaparecerán todos sus príncipes. 13 Y en sus palacios crecerán las zarzas, en
sus fortalezas las ortigas y los cardos, y serán morada de chacales y refugio de avestruces.
14Perros y gatos salvajes se reunirán allí, y se juntarán allí los sátiros. También
allí Lilit descansará y hallará su lugar de reposo. 15Allí hará su nido la serpiente
y pondrá, incubará y sacará sus huevos; allí se reunirán también los buitres y se
encontrarán unos con otros.
Impresionante descripción del efecto de la maldición divina, que lo convertirá todo en desolación
y ruinas. Como Sodoma y Gomorra será devastada la tierra de Edom. Las imágenes de pez y azufre
como elementos de desolación eran tradicionales en la literatura bíblica7, y, naturalmente, no
se han de tomar a la letra, sino como símbolo de máxima desolación. Después de la intervención
divina, Edom quedará como una gran hoguera inextinguible (ν. 10). También la frase de que
Edom no ha de ser habitada de generación en generación pertenece al ámbito de la hipérbole a la
que nos tiene habituados el autor sagrado. Al ser abandonada de los habitantes quedarán como
moradores de aquellas regiones los animales y bestias salvajes. La descripción es muy variada y
1802
mucho más completa que en otros pasajes bíblicos paralelos 8. Los sátiros eran los faunos de la
mitología griega, o animales de forma caprina y humana. Dios ha echado sobre Edom la cuerda
de la confusión y la plomada de la desolación (v.11). La imagen parece aludir al arquitecto que
después de examinar un edificio lo considera como ruinoso irreparable y decide demolerlo totalmente
9. Las palabras empleadas en hebreo para indicar este estado son el tohu y bohu del
primer capítulo del Génesis, que designan un estado caótico total. Entre los seres que andarán
vagando por las ruinas de Edom figura Lilit, genio demoníaco femenino asiro-babilónico que,
según la opinión popular, andaba de noche molestando a los vivientes, atacando especialmente a
los niños. Era una especie de fantasma nocturno que no dejaba en paz a los hombres, pero que
tenía preferencia por los lugares desiertos y abandonados; por eso en las ruinas de Edom hallará
su lugar de reposo (v.14) 10.
Confirmación de la profecía (16-17).
16 Buscad en el libro de Yahvé y leed: No faltará ninguno de ellos, porque lo ha
mandado la boca de Yahvé, y su soplo los ha reunido. 17 El mismo ha echado a suertes
entre ellos, y su mano la ha repartido con la cuerda de medir; la poseerán por
siempre y la habitarán de generación en generación.
El profeta invita a sus oyentes a ver la confirmación de sus oráculos en un libro de Yahvé, que
parece ser reconocido oficialmente por todos; quizá sea la primera alusión a una colección canónica
de Escrituras. El hecho de haber sido recogidas sus profecías en ese libro es una garantía
para el profeta de que se cumplirán al pie de la letra. No faltará ninguno de ellos: los animales
antes mencionados que se establecerán en Edom. Yahvé mismo ha echado en suertes la distribución
de la parte que pertenezca a cada animal en esa región (ν.17), los cuales la habitarán por
siempre 11.
1 Cf. Jos 7:1s. — 2 La imagen está basada en la forma de los libros antiguos, que se cerraban como un rollo y se abrían desplegándolos.
— 3 Cf. Núm 20:10. — 4 Cf. Ez 35:1. — 5 Cf. Am 1:12; Jer 49:13.22; Is 63:1; Gen 36:33. — 6 La frase “y habitarán en ella
los sátiros, y todos sus nobles dejarán de existir” no está en el hebreo, pero sí en el griego. — 7 Cf. Gen 19:24. — 8 Cf. Is 14:23;
Jer 50:39; Sof 2:14. — 9 Cf. 2 Re 21:13; Lam 2:8. — 10 Cf. Mt 12:43 ;Tob 8:3. — 11 Algunos autores suponen que estos dos últimos
versículos constituyen un fragmento aparte y que se refieren a la distribución de la Tierra Santa entre los israelitas rescatados.
35. Felicidad de los Tiempos Mesiánicos.
Este capítulo constituye un deslumbrante contraste con el anterior, con el que, sin embargo,
forma unidad literaria. Frente a la desolación de Edom, efecto de la maldición divina por haber
oprimido a Judá, el profeta presenta el cuadro deslumbrador de los tiempos mesiánicos en la tierra
de Israel, transformada en el más bello de los vergeles. La imaginación poética no tiene límites
en esta descripción, y la hipérbole es llevada hasta el extremo. En realidad, todo este cuadro
deslumbrador no es sino un pálido reflejo de la realidad sobrenatural del mundo de la gracia en
los tiempos mesiánicos, y si la naturaleza material no se transformó con el advenimiento del Mesías,
el alma de los ciudadanos de la nueva teocracia mesiánica recibió un germen divino que va
transformando como un fermento la humanidad. De ahí que podemos decir que las descripciones
arrebatadoras de los profetas se quedaron cortas respecto de la grandeza y belleza de los tiempos
mesiánicos.
Desde el punto de vista literario, este fragmento tiene mucho parecido con los c.40-66.
1803
Por ello, no pocos autores suponen que es del mismo autor, posterior a Isaías. No obstante, debe
notarse que aquí no hay alusiones explícitas al exilio babilónico.
Transformación de la naturaleza (1-2).
1 Exultará el desierto y la tierra árida, se regocijará la estepa como un narciso, 2
Florecerá y exultará y dará cantos de triunfo; le será dada la gloria del Líbano, la
magnificencia del Carmelo y del Sarón; ellos verán la gloria de Yahvé y la magnificencia
de nuestro Dios.
Palestina, tierra tradicionalmente árida como el desierto y la estepa (v.1), se revestirá de exuberante
vegetación, tachonada de narcisos y de flores de toda clase (Cant 2:1), pudiendo competir
en feracidad con la gloria del Líbano, la magnificencia del Carmelo y del Sarán (v.2), regiones
famosas por su pujante vegetación de todas clases: el Líbano con sus cedros, el Carmelo con sus
feraces pastos y Sarón con su policromía de flores a lo largo de la costa desde Jafa al Carmelo.
Los futuros ciudadanos (ellos, v.2) serán testigos de esta manifestación gloriosa de Yahvé, nuestro
Dios: el profeta se pone en la perspectiva de los futuros israelitas, ciudadanos de la nueva
teocracia.
Exhortación a los pusilánimes y liberación (3-10).
3 Fortaleced las manos desfallecidas y afianzad las rodillas vacilantes. 4 Decid a los
apocados de corazón: ¡Valor! No temáis, he ahí nuestro Dios. Viene la venganza,
viene la retribución de Dios, viene El mismo, y os salvará, 5Entonces se abrirán los
ojos de los ciegos, se abrirán los oídos de los sordos. 6Entonces saltará el rengocomo
un ciervo, y la lengua de los mudos cantará gozosa. Porque brotarán aguas en el desierto,
y torrentes en la estepa. 7Y la tierra abrasada se convertirá en estanque, y el
suelo árido en fuentes. Lo que fue morada y cubil de chacales, se cubrirá de cañas y
juncos. 8 Y habrá allí una calzada y camino, que se llamará la vía santa; nada impuro
pasará por ella. El mismo guiará al caminante, y los simples no se descarriarán. 9
No habrá allí leones, ni fiera alguna subirá. Por ella marcharán los redimidos 10 y
volverán los rescatados de Yahvé. Vendrán a Sión con gritos de júbilo, y alegría
eterna será sobre sus cabezas. Gozo y alegría alcanzarán, y huirán la tristeza y los
llantos.
Los contemporáneos del profeta estaban apesadumbrados y pesimistas, sumidos en la mayor pusilanimidad
por efecto de tantas calamidades. Esta profecía, pues, no tiene otro fin que fortalecer
a los pusilánimes (v.1) con la esperanza de la pronta manifestación de Yahvé. La venida de Dios
traerá la salvación y la liberación definitiva. Su aparición será el principio de una transformación
de los hombres y de la misma naturaleza. Nada defectuoso formará parte del nuevo estado
de cosas, pues todo el que esté tratado será automáticamente corregido en su defecto: verán los
ciegos, oirán los sordos, hablarán los mudos, saltarán los rengos con la ligereza del ciervo. Todo
esto se cumplió materialmente en las curaciones realizadas por nuestro Señor, el Mesías ansiado
de los profetas. Con todo, la imaginación profética no siempre se atiene a la realidad escueta, sino
que va sembrando esperanzas y, en ansias del futuro, se desborda en imágenes que muchas
veces no tendrán realidad histórica; pero el mensaje sustancial de los oráculos permanece, es decir,
su contenido espiritual.
En esa naturaleza transformada del desierto (tierra abrasada) habrá una vía santa o cal1804
zada sagrada para los peregrinos que retornen a Sión. Se llama santa porque nada pecaminoso o
impuro podrá transitar por ella. Por otra parte, será una avenida sagrada tan clara y sin obstáculos,
que ni los más simples se extraviarán (v.8); y para facilitarles el viaje y hacerles agradable el
itinerario brotarán estanques y fuentes (v.7) a lo largo de ese desierto transformado. Las fieras y
chacales, moradores del desierto, no les harán daño alguno, ni se acercarán a esa vía sacra por
donde han de pasar los redimidos (v.8), o repatriados, camino de Jerusalén. Los rescatados darán
gritos de júbilo y adornarán sus cabezas, como era usual, para manifestar la alegría cuando divisen
la ciudad santa de Sión. Con esta descripción deslumbradora y poética del retorno de los exilados
termina la primera parte del libro de Isaías.
Apéndice histórico (c.36-39).
Estos c.36-39 constituyen un apéndice histórico a la primera parte del libro de Isaías. Se
leen literalmente en 2 Re 18:13-20:10 con ligeras divergencias. Parece que el texto de Isaías depende
del relato del libro de los Reyes. Al menos hay algunos indicios que insinúan esto, como
la mención de la muerte de Senaquerib (681 a.C.), ocurrida probablemente cuando ya no existía
Isaías. Generalmente se admite también que el relato del libro de los Reyes depende de un documento
anterior común a ambosl.
1 El texto hebreo dice literalmente: “Y él por ellos, viajando.” Con una ligera corrección letras, tenemos el sentido arriba expuesto,
que se adapta bien al contexto.
36. La Invasión de Senaquerib Sobre Juda.
Introducción histórica (1-2).
1 Y sucedió que el año catorce del rey Ezequías, Senaquerib, rey de Asiría, subió contra
todas las ciudades fuertes de Judá y se apoderó de ellas. 2 Y envió el rey de Asiría
a Rabsaces, con imponentes fuerzas, de Laquis a Jerusalén, al rey Ezequías. Tomó
aquél posición cerca del acueducto de la piscina Superior, en el camino del campo
del Batanero.
Sabemos que la invasión de Judá por Senaquerib tuvo lugar en el 701 a.C.; por consiguiente, esta
fecha del año catorce del rey Ezequías no se adapta a la otra fecha de la invasión, pues Ezequías
subió al poder hacia el 727 a.C. Algunos creen que hay aquí un error del copista, o que ese año
catorce ha de computarse a partir de la enfermedad de Ezequías de que habla el c.38; habría
habido en este caso una transposición. 'Senaquerib (705-681) sucedió a Sargón II, su padre, y fue
uno de los más grandes reyes asirios; fue asesinado por sus dos hijos. Invadió Judá en el 701
a.C., y según el relato que nos da el mismo en el prisma hexagonal, llamado de Taylor, se apoderó
de 46 ciudades fuertes de Judá y otras más pequeñas, haciendo 200.150 prisioneros varones, lo
que ciertamente es una cifra errónea por lo exagerado. Quizá haya que quitar un cero a la misma
para hacerla verosímil. Puede ser un error del escriba. Según el libro de los Reyes, Ezequías se
sometió al monarca asirio por consejo de Isaías (2 Re 18:1). La expedición contra Jerusalén la
dirigió un alto dignatario militar, Rabsaces, que es nombre de oficio (“jefe de los oficiales” o “jefe
de los coperos,” según las diversas interpretaciones del término). Según 2 Re 26:1, iba acompañado
del tartán, o generalísimo, y el rabsaris (“jefe de eunucos”). El cuartel general del ejército
asirio estaba en Laquis (Tel Hesi o Tell-Duweir, al sur de Palestina. Hoy día hay una localidad
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llamada Umm Lakis no lejos de estos lugares). El generalísimo asirio o tartán envió un delegado
a parlamentar con Ezequías de Judá, invitándole a que entregase la ciudad. El lugar del encuentro
fue cerca del acueducto de la piscina Superior, cerca del campo del Batanero, al nordeste de la
ciudad (cf. 7:3), en el valle del Cedrón.
Diálogo del delegado asirio y los enviados de. Ezequías (3-10)
3 Entonces Eliaquim, hijo de Helcías, prefecto de palacio, fue con Sobna, secretario,
y Joás, hijo de Asaf, canciller, a Rabeases. 4 Y les dijo Rabsaces: Decid, pues, a Ezequías:
Así habla el rey grande, el rey de Asiría: 5 ¿De dónde te viene esa tu confianza?
¿Crees que una palabra de los labios sirve de consejo y de fuerza para la guerra?
Ahora bien, ¿en quién pones tu confianza para rebelarte contra mí? 6 He aquí
que confías en el apoyo de esa caña quebrada, en Egipto, que penetra y horada la
mano de todo el que se apoya en él; tal es el faraón, rey de Egipto, para todos cuantos
en él confían. 7 Pero si me decís: Es en Yahvé, nuestro Dios, en quien ponemos
nuestra confianza, ¿no ha sido el mismo Ezequías quien ha hecho desaparecer los altos
lugares y los altares, diciendo a Judá y a Jerusalén: Sólo en este altar adoraréis?
8 Haz, pues, una apuesta con mi señor, rey de Asiría; yo te daré dos mil caballos si tú
eres capaz de aportar otros tantos jinetes sobre ellos. 9 Y ¿cómo vas a hacer volver
la cara a uno solo de los menores servidores de mi señor? Pero tú confías en Egipto
a causa de los carros y jinetes. 10 Y ahora, ¿acaso he subido yo sin intervención de
Yahvé contra esta tierra para devastarla? Yahvé me ha dicho: Sube contra esta tierra
y devástala.
La escena es descrita con todo detalle, sin amaneramiento alguno, reflejando toda la brutalidad
de la diplomacia asiría. De los interlocutores judíos, Eliaquim ya nos es conocido por 22:15-20,
donde Isaías le anuncia su elevación a prefecto de palacio, que entonces ocupaba el otro acompañante,
Sobna, que ahora aparece como secretario de aquél.
La argumentación del delegado asirio es, de un lado, brutal y amenazadora, y de otro, ladina,
pues se presenta como enviado por el mismo Yahvé, Dios nacional de los judíos. Ni siquiera
le da a Ezequías el título de rey (v.4). El rey grande es la conocida expresión asiría sharrúrabü,
aplicada en las inscripciones a los monarcas asirios. Es un indicio más de autenticidad histórica
del relato. Ezequías cree poder resistir, pero hasta ahora no cuenta más que con una palabra
salida de los labios, denominación despectiva, alusiva quizá a promesas egipcias. Para la
guerra hacen falta algo más que “palabras.” Por otra parte, Egipto, en quien confía, es una ayuda
muy frágil y traicionera, pues es como caña quebrada, que se rompe a la menor presión y termina
por horadar la mano del que en ella se apoya (v.6). Egipto, pues, cuando llegue el momento
crítico, los dejará solos si le conviene, y entonces sólo Judá sufrirá las consecuencias. Es más,
Rabsaces argumenta también en el campo religioso: no sólo no tienen ayuda humana segura, pero
ni tampoco divina, pues Yahvé no puede ayudar, según él, a un rey como Ezequías, que hizo
desaparecer los lugares altos (ν.7), que estaban por todo el país como lugares de culto a Yahvé,
obligando a sus súbditos a limitar su culto al templo de Jerusalén. Esto, en la mentalidad del asirio,
iba contra los intereses del Dios nacional, pues coartaba la libertad a sus adoradores. La argumentación
del delegado asirio es lógica en su mentalidad pagana, que veía en la multiplicidad
de santuarios una mayor manifestación de fe religiosa y no comprendía la centralización realizada
por Ezequías. De nuevo vuelve a considerar la escasez de fuerzas con que cuenta Ezequías
para defenderse, y les propone una apuesta humillante para sus interlocutores judíos: les ofrece
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dos mil caballos si ellos, por su parte, se comprometen a presentar otros tantos jinetes adiestrados.
Era decirles que no tenían caballería suficiente para oponerse a la asiría (v.8). Pero es más:
Rabsaces quiere pulsar de nuevo la fibra: él se presenta nada menos que como enviado por el
mismo Yahvé, Dios nacional de los judíos. En la mentalidad pagana del invasor, el hecho de que
Yahvé permitiese sus victorias en territorio de Judá es que aprobaba sus planes invasores para
castigar a su pueblo. Ciro se presentará también como enviado por los dioses de Babilonia para
conquistar esta ciudad.
Respuesta de los delegados de Ezequías (11-12).
11 Entonces Eliaquim, Sobna y Joás dijeron a Rabsaces: Habla, por favor, a tus siervos
en arameo, pues lo entendemos; no nos hables en judío a oídos del pueblo que
hay en las murallas. 12 Rabsaces respondió: ¿Acaso a tu señor y a ti me ha mandado
mi señor dirigir estas palabras? ¿No son más bien para la gente sentada en las murallas,
que con vosotros habrán de comerse sus excrementos y beberse sus orines?
Los enviados de Ezequías están preocupados con este modo de argumentar del delegado asirio,
sobre todo en lo referente a su supuesta misión de parte de Dios, por la impresión que pueda
hacer sobre el pueblo sencillo, y ruegan al emisario que no les hable en judío, o lengua vernácula
de los habitantes de Jerusalén (es ésta la primera vez que aparece en la Biblia el vocablo judío,
que se había de generalizar después del exilio), sino en arameo, que era la lengua diplomática y
comercial internacional de la época.
Proclama del delegado asirio (13-20).
13 Avanzó Rabsaces y gritó fuertemente en lengua judía: Oíd las palabras del rey
grande, del rey de Asiría. 14 Así dice el rey: Que no os engañe Ezequías, porque no
os puede salvar, 15 y que no os haga Ezequías confiar en Yahvé, diciendo: Yahvé
nos librará, no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiría. 16 No escuchéis
a Ezequías, porque así habla el rey de Asiría: Haced paces conmigo1 y salid a
mí, y cada cual comerá el fruto de su viña y de su higuera y beberá el agua de su cisterna,
17 hasta que venga yo a llevaros a una tierra como la vuestra, tierra de trigo y
de vino, tierra de pan y de viñas. 18 Que no os embauque Ezequías, diciendo: Yahvé
nos librará. ¿Acaso los dioses de los pueblos libraron cada uno a su tierra de las
manos del rey de Asiría? 19 ¿Dónde están los dioses de Jamat y de Arpad? ¿Dónde
los dioses de Sefarvaim? ¿Dónde los dioses de Samaría? ¿Libraron a Samaría de
mis manos? 20 ¿Cuál de los dioses de todas estas tierras es el que salvó a sus países
de mi mano, para que Yahvé pueda librar de mis manos a Jerusalén?
La respuesta de los delegados de Ezequías no hizo sino confesar su propia debilidad, y fue ocasión
de que el emisario asirio redoblara su invitación, esta vez de modo que lo pudieran oír todos
los soldados que defendían los muros. Los invita a rendirse y a hacer las paces con el invasor
(v.16), insinuándoles lo que más podía afectarles a ellos, que en su mayoría eran población agrícola:
cada cual comerá el fruto de su viña y de su higuera (v.16), e.d., podrá pacíficamente dedicarse
a su vida privada sin que se le moleste. Sentarse bajo su higuera o bajo su vid era el máximo
de felicidad para un israelita, y significaba una edad de felicidad y prosperidad 2. No hay mayor
tentación para un pueblo agrícola en guerra que la nostalgia de su vida doméstica tranquila.
Por eso, la invitación de Rabsaces estaba bien calculada. Por otra parte, les anuncia que han de
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ser deportados (ν.17), conforme a la política usual de los conquistadores asirios, para desarraigar
el sentimiento nacional de las poblaciones conquistadas.
Y, por fin, aborda la otra cuestión de la confianza en Yahvé. Para el emisario asirio, Yahvé
es uno de tantos dioses nacionales que tendrán que plegarse ante la potencia del imperio asirio,
como lo han hecho los dioses de otras ciudades ya conquistadas: Jamat, la actual Hamah,
junto al Orontes, en la Alta Siria, sometida por Sargón II en el 720 a.C.; Arpad, al nordeste del
Alepo, en la Siria septentrional, tomada por Teglatfalasar en el 740 a.C.; Sefarvaim: probablemente
la actual Shabarain, entre Damasco y Jamat, conquistada por Salmanasar V en el 727
a.C.3 La frase ¿Dónde los dioses de Samaría? (v.19) falta en el hebreo, pero está en el texto griego,
y parece necesaria aquí en el contexto. El enviado asirio considera a los dioses de Samaría de
la misma talla que los de las ciudades anteriormente citadas. Samaría fue conquistada por Sargón
II en el 721, y era la capital del reino del Norte, que tenía por Dios nacional al mismo Yahvé;
pero, en su mentalidad pagana, el asirio no sabía que era el mismo que el Dios de los habitantes
de Judá. Efectivamente, Yahvé había permitido la destrucción de Samaría y bien podía permitir
la de Jerusalén; pero los moradores de Judá creían que lo sucedido a Samaría era un castigo justo
por haberse separado de sus hermanos del sur. La argumentación de Rabsaces es clara: si los dioses
nacionales de esas naciones no pudieron salvar a sus respectivas capitales, tampoco Yahvé
podrá salvar a Jerusalén. La esperanza, pues, en poderes divinos superiores era vana y tan engañosa
como la que ponían en el ejército egipcio.
Actitud de los enviados de Ezequías (21-22).
21 Y ellos se callaron y no respondieron palabra, porque el rey había dado esta orden:
No les respondáis. 22 Eliqauim, hijo de Helcías, prefecto de palacio; Sobna, secretario,
y Joás, hijo de Asaf, canciller, fueron, rasgadas sus vestiduras, a Ezequías y
le refirieron las palabras de Rabsaces.
Los delegados de Ezequías prefieren callar y no responder ante el pueblo de un modo violento,
como merecía el asirio, pues tenían orden del rey de callar para no romper las negociaciones, que
consideraba necesarias para evitar un choque violento con el fuerte ejército de Senaquerib. Se
contentaron, pues, con rasgar sus vestiduras (v.21), que era signo de protesta ante las blasfemias
que el asirio había proferido contra Yahvé al rebajarle a la categoría de los dioses de los otros
pueblos conquistados.
1 Cf. Dennefeld, O.C., 134; Y Skinner, O.C., 277. — 1 Literalmente el hebreo dice: “haz conmigo una bendición,” aludiendo quizá a
las frases de saludo corrientes entre orientales, en las que se piden mutuamente la “bendición” de Dios. Aquí, pues, significa: “venid
a saludarme” con vistas a una alianza. — 2 Cf. Am 9:14. — 3 Algunos autores la identifican con Sippar, junto a Babilonia; pero
el contexto exige que se identifique con una localidad próxima a las dos mencionadas.
37. Retirada de los Asirios.
Ezequías consulta a Yahvé por medio de Isaías (1-4).
1 Y aconteció que, al oír el rey Ezequías esto, rasgó sus vestiduras, vistióse de saco y
entró en el templo de Yahvé, 2 y envió a Eliaquim, prefecto de palacio; a Sobna, secretario,
y a los más ancianos de los sacerdotes, vestidos de saco, a Isaías, hijo de
Amos, profeta, 3 y le dijeron: Así dice Ezequías: El día de hoy es día de angustia, de
castigo y de oprobio, porque los hijos han llegado al cuello del útero, pero no hay
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fuerza para dar a luz. 4 Quizá Yahvé, tu Dios, oiga las palabras de Rabsaces, mandado
por el rey de Asiría, su señor, para insultar al Dios vivo, y castigue por las palabras
que oyó Yahvé, tu Dios. Elévale una súplica por este resto que aún subsiste.
Ezequías reaccionó religiosamente, según su reconocido carácter, y después de ir al templo a suplicar
ayuda a Dios, envió una embajada a Isaías, formada por los dos parlamentarios y los ancianos
entre los sacerdotes, que constituían una escala social especial y eran consultados en los
asuntos de cierta importancia. El rey quiso saber la voluntad de Dios por medio de Isaías, que en
los momentos de crisis es el centro de todas las esperanzas. Los delegados expusieron la situación
extrema de la ciudad e ilustraron su pensamiento con un proverbio popular: Los hijos han
llegado al cuello del útero, pero no hay fuerza para dar a luz; e.d., la situación de la nación es
como la de mujer que está a punto de dar a luz, pero no lo hace por falta de fuerza expulsiva, necesitando
de una ayuda. La nación está en peligro y es necesario afrontar la crisis, pero no hay
fuerza suficiente para tomar una decisión por las propias fuerzas, siendo preciso la intervención
de Dios, que ayude a salir de este paso difícil.
El rey suplica una manifestación justiciera de Dios para salir por sus fueros divinos. Yahvé
ha sido despreciado y blasfemado como si fuera uno de tantos ídolos, cuando en realidad es el
Dios viviente (v.4), en contraposición a los ídolos de los otros pueblos, que no son nada. Y se
dirigió a Isaías como profeta, o ministro de Yahvé (“tu Dios”), pues sólo él podrá captar la benevolencia
divina2 y salvar a este resto que aún subsiste, e.d., la población diezmada de Judá. Aquí
resto no tiene el sentido de porción escogida en lo espiritual, sino de lo que queda aún entre la
población judía después de tantas devastaciones.
Respuesta de Isaías (5-7).
5 Los servidores del rey Ezequías fueron a Isaías, 6 y les dijo Isaías: Así hablaréis a
vuestro señor: Así habla Yahvé: No te asusten las palabras que acabas de oír, con
las cuales los lacayos del rey de Asiría me han ultrajado. 7 He aquí que yo le voy a
infundir un espíritu tal, que, en recibiendo cierta noticia, se volverá a su tierra, y le
haré caer al filo de la espada en su propia tierra.
La respuesta de Isaías es terminante: Senaquerib tendrá que abandonar sus planes de tornar Jerusalén,
porque Dios hará que se apodere de él un pánico general (un espíritu, ν.7) al oír cierta noticia,
que, por lo que se dice en el v.9, es la llegada del faraón Tirhaqa con un fuerte ejército al
sur de Palestina. Quizá también esa noticia se refiera a las nuevas inquietantes que llegaban de
las conmociones internas que pasaban en Nínive, que le obligaron a volver a la capital personalmente,
para morir allí asesinado por dos de sus hijos en el 681 a.C., cuando se hallaba en el templo
de su dios Nisroc (ν.38).
Nueva intimación a la rendición (8-13).
8 Volvióse Rabsaces y halló al rey asediando a Libna, pues supo que se había retirado
de Laquis, 9 Y oyó una noticia acerca de Tirhaqa, rey de Etiopía, en la que decían:
Ha salido a luchar contra ti, y al oírla envió mensajeros a Ezequías, diciendo: 10
Así habréis de hablar a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien
confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiría. 11 He aquí
que tú has oído lo que hicieron los reyes de Asiría a todos los países, exterminándolos,
y ¿ahora vas a salvarte tú? 12 ¿Acaso les salvaron los dioses de las naciones que
1809
exterminaron mis padres, a Gosán y a Jarran, a Resef y a los hijos de Edén, que están
en Telasar? 13 ¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arpad y el rey de la ciudad
de Sefarvaim, de Hena y de Hiwah?
El texto no nos dice nada sobre la respuesta definitiva que diera Ezequías a Rabsaces después de
haber consultado al profeta, pero se colige que fuera negativa. El emisario asirio se volvió a Libna,
pues Senaquerib había abandonado su cuartel general de Laquis para asediar aquella ciudad.
Libna no estaba lejos de Laquis, y era la ciudad fronteriza entre Judá y Filistea 3. Se suele identificar
con el lugar actual llamado Tell es Safi, al sudoeste de Judá. Allí Senaquerib recibió la noticia
de la inminente incursión de Tirhaqa, rey de Etiopía, es decir, rey de Egipto, procedente de la
dinastía nubia-etiópica que se había apoderado del trono de Egipto. En realidad, Tirhaqa no era
rey de Egipto entonces (reinó entre el 688-633), Pero tenía suma influencia durante los dos reinados
anteriores de Shabaca y Shabataca, también de la dinastía nubia. En esa invasión de Palestina,
Tirhaqa podría ser el generalísimo de las tropas egipcias 4 y, de seguro, el primer ministro,
conductor de toda la alta política egipcia.
Ante la inesperada invasión de los egipcios, Senaquerib se apresuró a enviar otra embajada
para convencer a Ezequías y guardarse así la espalda en una batalla contra Egipto. La argumentación
de los mensajeros se ciñó al elemento religioso: Ezequías es iluso si piensa que Yahvé
le ha de liberar, cuando los dioses de otros pueblos no pudieron defender a sus naciones (ν. 11).
La enumeración es más larga que la empleada por Rabsaces (36:19). Además de Arpad y Jamat
(v.13), se cita a Gosán, la Guzana de los documentos asirios; es el lugar de destino de los israelitas
transportados del reino de Samaría (2 Re 17:6; 18:11), a la orilla del Jabur, afluente al norte
del Eufrates (actualmente hay en esa región una localidad llamada Kausán). Jarran o Harán,
donde habitó la familia de Abraham (Gen 11:32-32), al sudeste de Edesa, junto al afluente del
Eufrates llamado Belih. Resef (as. Resapa), la actual Rusafe, entre Palmira y el Eufrates. Hijos de
Edén es la traducción del Bit-Adini de los documentos asirios, y era un pequeño reino arameo, en
el Eufrates superior, al nordeste de Damasco, conquistado por Salmanasar III en 836 a.C. Tejasar,
identificada por unos con Til Assuri de los documentos cuneiformes, y por otros con Til Basen
de los mismos textos asirios. No se han podido identificar Hena e Hiwah.
Plegaria de Exequias (14-20).
14 Ezequías recibió la carta de manos de los mensajeros, y, luego de leerla, subió al
templo de Yahvé, 15 y, desplegándola ante Yahvé, le dirigió esta plegaria: 16 ¡Oh
Yahvé, Dios de Israel, que te sientas entre los querubines! Tú eres el solo Dios de todos
los reinos de la tierra. Tú has hecho los cielos y la tierra. 17 Inclina tus oídos, ¡oh
Yahvé! y oye. Abre, ¡oh Yahvé! tus ojos y mira. Oye todas las palabras que me dirige
Senaquerib para escarnecer al Dios vivo. 18 Es verdad que los reyes de Asiría han
devastado todos los pueblos y sus tierras; 19 que arrojaron al fuego a sus dioses, que
no eran dioses, sino obra de la mano de los hombres, leños y piedra, y los destruyeron.
20 Ahora, Yahvé, Dios nuestro, líbranos de sus manos, y aprendan todos los reinos
de la tierra que tú eres el Dios único.
Ezequías, por toda respuesta, fue al templo a pedir ayuda a Dios, y desplegó la carta recibida (de
pergamino o papiro), para con ella hacer más fuerza a Yahvé a intervenir contra los mofadores
de su poder. Era la presentación de los documentos ante Dios, Juez supremo, para que resolviera
este litigio. Sobre los querubines (v.16): alude, sin duda, a los dos querubes que había puesto Sa1810
lomón sobre el arca (i Re 6:235). Con énfasis presenta el pergamino extendido: Ve., abre tus
ojos (ν.17), para hacerle más fuerza. Si Senaquerib venció a los otros pueblos, es porque los dioses
de éstos no eran realmente tales (v.18), sino obra de la mano del hombre 5. Es una confesión
explícita de la divinidad y señorío de Yahvé sobre todos los pueblos y naciones.
Locas pretensiones del rey de Asiría (21-24).
21 Entonces Isaías, hijo de Amos, mandó a decir a Ezequías: Así dice Yahvé, Dios de
Israel: Por la plegaria que tú me has dirigido a causa de Senaquerib, rey de Asiría,
22 he aquí la sentencia que Yahvé pronuncia contra él Te desprecia, se burla de ti,
virgen, hija de Sión; tras de ti menea la cabeza, hija de Jerusalén. 23 ¿A quién has
ultrajado y escarnecido? ¿Contra quién has alzado la voz y alzado en alto tus ojos?
¡Contra el Santo de Israel! 24 Por medio de tus esclavos le has ultrajado, y has dicho:
Con mis numerosos carros he subido a la cresta de las montañas, a las cumbres del
Líbano, y he cortado los sublimes cedros, sus escogidos cipreses. He llegado a sus
más extremadas cimas, al bosque de su vergel. 25 He alumbrado y bebido aguas extranjeras
y he secado con la planta de mis pies todos los canales de Egipto.
El texto no dice nada respecto de la relación entre la oración de Ezequías y este nuevo oráculo de
Isaías. Quizá éste conociera por. medios humanos o por revelación el contenido de la oración del
rey, y contestó transmitiendo de parte de Yahvé un oráculo satírico contra el rey de Asiría. Métricamente,
el fragmento está escrito en forma de quinah o elegía.
Jerusalén es presentada como una virgen porque no ha sido nunca violada. El v.22 puede
tener dos sentidos: a) el asirio desprecia y se burla de la hija de Sión (Jerusalén); o b) la hija de
Sión se burla, como doncella coquetona, de los asirios al verlos retirarse después que la han cortejado
infructuosamente. Ella los ha rechazado despectivamente y no quiere tener amores con los
invasores6. El profeta echa en cara la arrogancia de Senaquerib, que se ha atrevido a levantarse
sobre el Santo de Israel (v.23), ultrajándole por medio de sus subordinados. La arrogancia del
monarca asirio está descrita con frases muy similares a las que dejaron los reyes asirios en sus
inscripciones: fue subido. a las cumbres del Líbano (v.24). Sabemos, por las inscripciones asirías,
que los monarcas de Nínive mandaban periódicamente expediciones al Líbano para cortar
maderas para sus palacios (cf. 10:135). Por otra parte, nada se ha opuesto como obstáculo invencible
a su paso: si se le cegaban los pozos a su paso al atravesar regiones de poca agua (como se
solía hacer para evitar las invasiones), él se encargaba de abrir otros pozos de aguas: he alumbrado
aguas. (v.25), y, al contrario, si había ríos que se le oponían, con la sola punta de los pies
los apartaba de su curso, aunque fueran los mismos canales de Egipto. En realidad, Senaquerib
nunca entró en Egipto, sino su sucesor Asaradón, que llegó hasta Menfis en el 671 a.C., venciendo
a Tirhaqa; y después Asurbanipal invadió dos veces Egipto, llegando hasta Tebas (668-665).
Pero Isaías hace hablar de este modo a Senaquerib como representante del imperio asirio, que
había de traspasar los canales del Nilo en Egipto.
Humillación de Asiría (26-29).
26 ¿No has oído? Mucho tiempo ha que yo lo he realizado, desde tiempos antiguos lo
he trazado, y ahora lo he hecho venir. Tú habrás de convertir en montones de ruinas
las ciudades fuertes, 27 cuyos habitantes estarán sin fuerza. 7, espantados y confusos.
Serían como la hierba de los campos, verdura tierna; serían como el musgo de los tejados
y como grano marchitos 8. 2” Yo sé cuándo te levantas y cuándo te sientas,
1811
cuándo entras y cuándo sales; tu furor contra mí, 29 por cuanto tu enfurecimiento
contra mí y tu insolencia han llegado a mis oídos; pondré mi aro en tu nariz y mi
freno en tus labios, y haré que te vuelvas por el camino por donde viniste.
El asirio se muestra arrogante, y no sabe que es un mero instrumento de Dios para realizar
sus planes de justicia sobre los pueblos. Todo lo que los invasores asirios han hecho ha entrado
dentro de los planes divinos desde tiempos antiguos (v.26). Por otra parte, si el asirio ha convertido
en montones de ruinas a ciudades fortificadas, fue porque sus habitantes estaban extremadamente
debilitados, sin fuerza (v.27); eran como el musgo de los tejados, que al menor viento
solano se agosta. No debe, por tanto, el asirio envanecerse de haber sometido pueblos débiles.
Pero Yahvé conoce también las andanzas y tramas de los asirios (sé cuándo te levantas y cuándo
te sientas, cuándo entras y cuándo sales, v.28), y porque se ha permitido enfurecerse contra
Yahvé, como una bestia feroz, la va a tratar como tal, e. d., ponerle un anillo en su nariz para sujetarla
y domarla (cf. Ez 19:4; 29:4; 38:4). Además, ésta era la práctica de los reyes asirios con
los príncipes vencidos, a los que conducían con una especie de freno. Asiría, pues, quedará como
embridada y sometida a Yahvé, sin libertad de movimientos, obligada a volver a su punto de partida
(v.29), dejando libres a los países sojuzgados.
Rehabilitación de Judá (30-32).
30 He aquí la señal para ti: este año se comerá el producto de los granos caídos; al
segundo año, lo que brote sin sembrar, y en el tercer año sembraréis y cosecharéis,
plantaréis viñas y comeréis su fruto. 31 Lo que quedare a salvo de la casa de Judá,
echará raíces por debajo y producirá fruto en lo alto. 32 Porque saldrá de Jerusalén
un resto, y sobrevivientes del monte de Sión; el celo de Yahvé de los ejércitos hará
esto.
Este fragmento profético no tiene necesaria conexión con lo que precede, y parece proferido independientemente
de lo anterior. La mente del profeta se proyecta hacia la era venturosa en que
Judá adquirirá su plena rehabilitación. No obstante, dada la desconcertante psicología de los profetas,
bien pudiera ser como un paréntesis después de anunciar que el asirio volverá a su tierra.
Los profetas estaban tan poseídos de la idea mesiánica, que constantemente en los momentos de
crisis recurren a ella como pensamiento consolador y garantía de que todas las crisis serán pasajeras,
ya que Yahvé tiene empeñada una promesa respecto de un futuro venturoso para su pueblo.
El profeta anuncia de momento que el tiempo de penuria durará aún dos años, pero al tercero
todo volverá a su cauce: pasarán dos años en los que no se podrá sembrar (v.30) y tendrán
que alimentarse de lo que espontáneamente produzca la tierra; pero al tercero se podrán cumplir
tranquilamente las faenas agrícolas: sembrar, cosechar, etc. Quizá no hayan de tomarse esos tres
años a la letra, sino como un proverbio popular para indicar un cierto período de angustia y escasez.
Todo esto es una señal (v.30) para Judá, es decir, su realización será prenda de que la promesa
profética también tendrá pleno cumplimiento. Judá es comparado a un árbol que ha quedado
en puro tronco por efecto de las tormentas, pero que terminará por retoñar y echar raíces de
nuevo y frutos (ν.31). De la catástrofe se salvará un resto (v.32), que será núcleo de salvación
para su pueblo en el futuro. Y como garantía de la profecía está el celo de Yahvé de los ejércitos;
e.d., Dios empeña su palabra en ello y está celoso de su cumplimiento.
1812
Derrota del rey de Asiría (33-38).
33 Por eso así dice Yahvé sobre el rey de Asiría: No entrará él a esta ciudad, ni arrojará
allí flecha, ni se adelantará hacia ella con escudo, ni la rodeará de trincheras. 34
Por el camino que vino hacia ella se tornará; no entrará en esta ciudad, dice Yahvé.
35 Y yo protegeré a esta ciudad para salvarla por amor de mí y de mi siervo David.
36Y salió el ángel de Yahvé e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y
cinco mil hombres, y a la mañana, al despertar, he aquí que todos eran cadáveres.
37Y Senaquerib, rey de Asiría, levantó el campo y se tornó, quedándose en Nínive;
38y sucedió que, mientras oraba en el templo de Nesroc, su dios, sus hijos Adramelec
y Sareser le mataron a espada y huyeron a tierra de Ararat. Y le sucedió en el reino
su hijo Asaradón.
El profeta promete la ayuda y auxilio total de Yahvé en gracia a la piedad y súplica de Ezequías
y de Isaías (v.33). Senaquerib no entrará en Jerusalén, teniendo que retornar a su país sin tomar
la codiciada presa. En sus inscripciones se gloría de haber encerrado a Ezequías en Jerusalén como
pájaro en una jaula 9; pero no dice que haya entrado en ella. El amor que Yahvé tenía a David
le forzaba a salir en favor de su descendiente en el trono 10.
Y el analista se apresura a poner el cumplimiento de la profecía de Isaías, relatando la
destrucción del ejército de Senaquerib. El instrumento de Yahvé fue el ángel de Yahvé, que en
una noche mató a ciento ochenta y cinco mil asirios. En 2 Sam 24 se dice que el “ángel de Yahvé”
desencadenó una peste. Por eso, no pocos autores suponen que aquí se trata de una peste declarada
súbitamente en el ejército asirio. Dios pudo haber utilizado causas segundas en este castigo
de los invasores. Según Herodoto, entre los egipcios corría la leyenda de que, cuando Senaquerib
se acercaba a Egipto, en una noche una peste de ratones acabó con los escudos y arcos de
los soldados asirios, imposibilitándoles así el ataque U. Flavio Josefo dice que la retirada de los
asirios se debió a una peste declarada en el campamento asirio I2. De todos modos, las cifras de
muertos son exorbitantes, ya que no es verosímil que Senaquerib hubiera distraído cerca de doscientos
mil hombres contra una operación de flanco, cuando tenía al enemigo egipcio de frente al
sur de Palestina. Podemos suponer que las cifras están alteradas, exageradas por los copistas para
hacer resaltar más la magnitud de la catástrofe. De todos modos tenemos que ver en la liberación
de Jerusalén un hecho providencial y milagroso, aunque quizá sólo “quoad modum,” e. d., en
cuanto que Dios utilizó medios naturales, pero de modo fuera del orden normal. Después de esta
derrota (que no menciona en sus anales), Senaquerib se retiró a la capital del imperio, Nínive
(v.37), quedándose allí, e.d., sin aventurarse a nuevas expediciones militares. Sabemos que el
estado interno de su imperio era muy delicado, y tuvo que dedicarse a consolidarlo, hasta que fue
asesinado por dos de sus hijos. Conocemos a cinco de los hijos de Senaquerib, y ninguno de ellos
coincide con estos dos nombres, Adramelec y Sareser, que pueden ser pronunciaciones dialectales
deformadas de los nombres asirios 13. Tampoco conocemos ninguna divinidad asiría que se
llame Nesroc 14, nombre que parece está corrompido en su trasposición al hebreo. Respecto de la
muerte de Senaquerib, tenemos la confirmación del relato bíblico en la “crónica de Babilonia.”
Según ésta, Senaquerib fue asesinado por uno de sus hijos (lo que no excluye que tuviera a otro
hermano como cómplice) el 20 del mes Tebet, en el invierno del 681, entre los dos colosos de la
entrada del templo. Alejandro Polihistor dice que el motivo del asesinato fue que uno de sus
hijos estaba disgustado porque su padre había asociado a su hijo Asaradón al trono mientras vivía
Senaquerib. Después los asesinos huyeron a Ararat, e.d., Armenia 15.
1813
1 Cf. Is 66:7ss; Os 1:13. — 2 Sobre la intercesión de los hombres justos cf. Gen 18:2355; Ex 32:31; i Saín 12:19; Am 7:2-5; Jer 14:11;
15:1, etc. — 3 Cf. 2 Re 8:22; Jos 10,29. — 4 Algunos autores creen que este episodio se refiere a una expedición posterior de Senaquerib
contra Judá, hacia el 690-681; pero no hay documentos probativos de la misma (cf. RB 1910 912). — 5 Cf. 2:18-20;
17:8; 44:935; Dt 4:28; 28:36; 29:17; Ez 20:32. — 6 El sentido de la frase depende de tomar “hija de Sión” como sujeto o como
vocativo. — 7 Lit. “cortos de manos.” — 8 El texto está al final algo oscuro. Hemos traducido “grano marchito” siguiendo al lugar
paralelo de 2 Re 19:26, lo que hace perfecto sentido. — 9 Cf. Cilindro Taylor, o prisma hexagonal de Senaquerib. — 10 Cf. 1
Re 11:13-34; 15:4- — 11 Herod., II 141. — 12 Flavio Josef., Antiq. Lud. X 1-5. — 13 “Adramelec” quizá sea una deformación del
hijo de Senaquerib, llamado Arad-Ninlil. — 14 El nombre de Nesroc aparece en los códices griegos transcrito de muchas maneras:
“Nasaraj” (B), “Asaraj” , etc., lo que prueba que está corrompido el original. — 15 Asaradón cuenta que persiguió a los rebeldes
hasta más allá del Tauro. Cf. CON-DAMIN, o.c., 225; SKINNER, o.c., 291.
38. Curación Milagrosa del Rey.
Enfermedad de Exequias (1-8)
1 En aquellos días enfermó Ezequías de enfermedad mortal, y el profeta Isaías, hijo
de Amos, fue a verle, y le dijo: Así dice Yahvé: Dispon de tu casa, porque vas a morir,
no curarás. 2 Ezequías volvió su rostro cara a la pared, dirigiendo a Yahvé esta
plegaria: 3 ¡Ay Yahvé! acuérdate, te suplico, de que he andado delante de ti con fidelidad
e íntegro corazón y que he hecho lo que era bueno a tus ojos. Y se puso a sollozar
Ezequías con gran llanto. 4 Y fue palabra de Yahvé a Isaías, diciéndole: 5 Vete y
di a Ezequías: Así habla Yahvé, el Dios de tu padre David: He oído tu oración y he
visto tus lágrimas. He aquí que voy a añadir a tus días quince años más. 6 Y de la
mano del rey de Asiría yo te libraré a ti y a esta ciudad, y yo protegeré a esta ciudad.
7 Y ésta será la señal para ti de parte de Yahvé de que cumplirá Yahvé esta palabra
que he dicho: 8 He aquí que haré retroceder la sombra diez grados, los grados que el
sol ha descendido en el cuadrante de Acaz. Y retrocedió el sol diez grados que había
descendido.
La expresión en aquellos días tiene un sentido general de introducción histórica, sin que quiera
decir que fuera con motivo de la invasión de Senaquerib (701 a.C.), como se narra en el capítulo
anterior. Por el c.39 sabemos que el babilonio Merodacbaladan vino a Jerusalén a felicitar a Ezequías
por haber curado de una grave enfermedad; quizá sea ésta. Por otra parte, la embajada del
babilonio fue mucho antes de la invasión de Senaquerib. Isaías quiere que se prepare a morir,
haciendo testamento (dispon de tu casa, v.1), porque le llega la hora de la muerte. Algunos teólogos
plantean un gran problema respecto de la presciencia divina, pues la opinión de Isaías es
corregida por Dios, añadiendo quince años más. No es necesario apelar a la presciencia divina,
en cuanto se refiere, no a los futuros contingentes en sí mismos, sino al orden de las causas a los
efectos. Lo más sencillo es suponer que Isaías profirió un vaticinio condicionado 2. Su cumplimiento
dependía de la aceptación de la plegaria de Ezequías. Con este relato, el hagiógrafo no
quiere sino hacer resaltar la eficacia de la oración humilde y confiada. Ezequías se consternó
ante el anuncio de la muerte, porque la muerte prematura era considerada entonces como un castigo
de Dios por pecados cometidos, una pérdida de la amistad de Dios. El rey, por otra parte,
tenía la conciencia tranquila. Sin embargo, acató la voluntad de Dios, suplicándole se acordase
de sus buenas obras. Dios oyó su súplica, y al punto comunicó a Isaías la prolongación de la vida
del rey en quince años. En 2 Re 20:4 se dice que el profeta recibió esta comunicación cuando aún
no había salido del patio central.
El v.6 interrumpe la narración y es una repetición de 37:35; por tanto, debe considerarse
como glosa de un escriba posterior.
1814
En 2 Re 20 se dice que se aplicó a Ezequías una cataplasma de higos, y después preguntó
cuál era la señal de que dentro de tres días subiría al templo. Todo esto está narrado en los v.21-
22 de este c.38 del libro de Isaías, y desde luego que están desplazados, siendo su lugar propio
entre el v.6 y el v.7 de este capítulo. Además, según la narración de 2 Re 20, Isaías dejó al rey
elegir que la sombra del reloj avanzara o retrocediera; Ezequías escogió lo último, pues era un
signo más extraordinario, ya que lo normal es que avance. La señal, pues, era el retroceso de la
sombra de diez grados en el reloj o cuadrante de Acaz, llamado así porque habría sido este rey,
padre de Ezequías, quien lo había puesto, y probablemente lo había traído de Damasco (cf. 2 Re
16:10), tomándolo de los babilonios, los cuales, según Herodoto, fueron los inventores del reloj
solar. No sabemos cuál era la forma de ese reloj de Acaz, pero podemos relacionarlo por otro que
conocemos de Fenicia, región próxima a Judá, y que había tenido mucha influencia cultural desde
los tiempos de Salomón en Jerusalén.
Este reloj solar está formado por un cuadrante con diversos radios, que sin duda señalan
los grados u horas del día a medida que la sombra iba avanzando o descendiendo por ellos. El
milagro, pues, consistía en que, en vez de avanzar, con el movimiento del sol retrocediera. Esto
sería una señal de que Ezequías recuperaría la salud.
Cántico de Acción de Gracias de Ezequías (9-20).
Peligro de muerte (9-14).
9 Cántico de Ezequías, rey de Judá, cuando enfermó y curó de su enfermedad: 10 Yo
dije: En la tranquilidad de mis días, voy a caminar hacia las puertas del “seol,” privado
del resto de mis años. Y dije: Ya no veré más a Yahvé en la tierra de los vivientes
ni contemplaré más al hombre entre los moradores del mundo3; 12 mi morada es
arrancada, arrebatada de mí, como tienda de pastores. Como un tejedor ha enrollado
mi vida 4 y la separa de su trama. 13 Día y noche me consumes, grito hasta la mañana,
pues como león quebranta todos mis huesos. 14 Día y noche me consumes 5,
chillo como golondrina, gimo como paloma. Mis ojos se consumen mirando a lo alto.
¡Oh Yahvé! estoy angustiado; sal fiador por mí.
El título (v.9) atribuye a Ezequías este cántico, llamado miktam, palabra misteriosa cuyo significado
desconocemos, y que algunos han querido traducir por cántico didáctico6. Falta en el relato
de 2 Re, y no pocos creen que es de un autor posterior a Ezequías, puesto en labios de éste por
seudonimia (cf. Jon 2:3). La composición es bellísima, y comúnmente se divide en dos partes: a)
angustia ante la próxima muerte (10-15); b) acción de gracias por la curación (16-19), con un
apéndice litúrgico (V.19).
El rey se siente acongojado, porque en el apogeo de sus días tiene que dejarlo todo y
acercarse a la región de los muertos o seol (v.10). Según la concepción popular hebrea, eco de la
babilónica, la morada de los muertos estaba cerrada por varias puertas (siete según los babilonios).
Lo que más le apesadumbra era tener que romper las relaciones de trato litúrgico con Yahvé
(ya no veré a Yahvé, v.11), pues aunque el seol estaba bajo el dominio de Yahvé, señor de todo,
no obstante, no tenía trato íntimo con sus moradores, que estaban en un estado de sombras o
semiconsciencia y aletargados, sin poder alabar y reconocer los beneficios de Dios7. Faltaba mucho
aún para llegar a la noción de retribución de ultratumba tal como aparece en el libro de la
Sabiduría 8. Con la muerte desaparecen las alegrías de la vida, y ya no podrá el hombre conversar
1815
con los hombres (v.11). La vida es concebida como una tienda movediza que es arrancada por
los pastores en busca de nuevos pastos (v.12). Una segunda imagen ilustra el carácter breve y
limitado de la existencia humana: la vida no es sino el hilo que un tejedor va recogiendo poco a
poco, y lo corta de su trama cuando le parece. Dios es quien señala los días de cada uno. Para
Ezequías, en la situación de enfermo condenado a muerte, sus días son una angustia continuada,
pues se consume día y noche (ν. 13) por efecto de la voluntad de Dios, que le tritura y quebranta
como un león, mientras que él se lamenta como una golondrina y gime como una paloma (v.14)
9. Por ello, Ezequías se dirige hacia lo alto, buscando como fiador a Yahvé mismo. Es como un
deudor que necesita uno que salga por él. Está condenado a muerte, y sólo Yahvé puede salvarle
de este tributo mortal (cf. Job 17:3).
Acción de gracias (15-20).
15 ¿Qué voy a decir yo? Ya me ha dicho El, y ha hecho; caminaré lentamente todos
mis años en la amargura de mi alma. 16 Señor, sobre ellos viven, y a todos, entre
ellos, la vida de mi espíritu 10. Tú me curas y me haces vivir. 17 He aquí que en paz se
me ha tornado la amargura 11 y has preservado mi alma del hoyo de la corrupción
12, porque has echado a tu espalda todos mis pecados. 18 Pues no te alaba el “seol,” ni
te celebra la muerte, ni los que descienden a la fosa esperan en tu fidelidad. 19 Los
vivos, los vivos te alaban como yo hoy; el padre da a conocer a los hijos tu fidelidad.
20 Yahvé, (apresúrate) a salvarme, y pulsaremos nuestras arpas todos los días de
nuestra vida en la casa de Yahvé.
No hay unanimidad sobre el sentido del v.15, pues mientras unos lo consideran, como los anteriores,
expresión de las lamentaciones por la enfermedad y peligro de la muerte, otros creen que
se alude aquí al beneficio de la curación ya realizada. En el primer sentido, el enfermo se resignaría
a soportar la suerte que le ha otorgado Yahvé, continuando en el lecho del dolor el resto de
su vida: caminaré. en la amargura de mi alma. En la segunda interpretación, Ezequías celebraría
ya su curación, que Dios ha hecho; pero al mismo tiempo recordará el resto de sus días en la
amargura de su alma, su trágica enfermedad, que estuvo a punto de llevarle al sepulcro.
El v.16 es ininteligible tal como está en el texto hebreo actual, que sin duda está incompleto.
Hemos dado la traducción literal del texto hebreo actual como suena. Únicamente el tercer
estilo hace sentido: me curas y me haces vivir: Dios es la causa de su salvación. Creía Ezequías
que la enfermedad era consecuencia de pecados anteriores ocultos; por eso, antes de curarle tuvo
que perdonarle (v.17), salvándole de la muerte (hoyo de la corrupción) o sepulcro. Y añade un
motivo más por el que Yahvé le ha salvado: porque en la región tenebrosa del seol, morada de
los muertos, éstos no podían tener vida consciente y alabar a Yahvé (v.18). Allí no hay más “esperanza.
en la fidelidad” de Yahvé, puesto que las promesas hechas por Dios eran terrenas, y para
el muerto todo se había acabado. Sólo los vivientes podían experimentar la fidelidad de Dios a
sus promesas en el futuro.
El v.20 es considerado generalmente como una glosa litúrgica para adaptar el cántico al
servicio del templo.
Curación de Ezequías (21-22).
Estos dos versículos están desplazados, y deben colocarse entre los v.6 y 7. Quizá hayan
sido introducidos por un redactor posterior para concordar el c.38 del libro de Isaías y el relato
del libro de los Reyes.
1816
21 Y dijo Isaías: Tomen una torta de higos y friccionen sobre la úlcera, y curará. 22 Y
dijo Ezequías: ¿Cuál es la señal de que subiré al templo de Yahvé?
Sabemos por Plinio que se utilizaban cataplasmas de higos para acelerar la maduración de una
pústula ulcerosa 13. Parece que aún se emplean entre los beduinos. Se suele hacer notar que, por
las imágenes que emplea, Isaías tenía sus conocimientos de medicina 14. Pero el rey no se contentaba
con este remedio natural para creer en la promesa de Isaías de que curaría, y por eso le pide
una señal (v.22), y la señal fue el milagro del retroceso de la sombra del reloj de Acaz (v.8).
1 Lit. en hebreo “grados.” — 2 Cf. SANTO TOMÁS, S. Th. II-II q.i?2 a.3. — 3 El hebreo dice “moradores de la cesación*, e.d., cuya vida
cesa. Pero algunos mss. hebreos leen “mundo”) (una palabra hebrea parecida: tebel, en vez de jeled), que hace paralelismo con
“tierra de los vivientes” del primer estico. — 4 El texto hebreo dice “he arrollado,” en primera persona; pero el griego pone en tercera
persona, como hemos puesto en el texto. — 5 Este estico parece repetición indebida del v.13, por ditografía. — 6 Aparece este
título en algunos salmos, como Sal 16:56.60. — 7 Cf. Sal 87:12. 8 Cf. Sabs.i? — 9 Cf. Jer 8,7; Is 59:11; Ez 7:16; Nah 2:7. — 10 El
estico no hace sentido en el original hebreo. La Vg.: “Domine si sic vivitur, et in talibus vita spiritus mei.” SKINNER: “Por estas
cosas viven los hombres, y completamente dentro está la vida de mi espíritu.” Condamin renuncia a traducirlo, y sencillamente
prescinde del versículo. — 11 Este estico falta en el texto griego. — 12 El texto hebreo lee: “has deseado mi alma.” Pero el griego
pone: “has preservado mi alma,” que se obtiene con un ligero cambio de letras, y hace mejor sentido en el contexto. — 13 Cf.
PUNIÓ, Hist. Nat. XIX 34. — 14 Cf. Is i,4ss; 3:7; 6:10. Nada se puede concretar sobre la naturaleza de la enfermedad de Ezequías.
Sólo sabemos que tenía manifestaciones ulcerosas.
39. Predicción del Cautiverio.
Embajada de Merodacbaladán (1-4).
1 En aquel tiempo envió Merodacbaladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, un
mensaje y un presente a Ezequías, pues había tenido noticias de su enfermedad y su
restablecimiento. 2 Y Ezequías se alegró de ello, y les enseñó su casa del tesorot la
plata, el oro, los perfumes y ungüentos preciosos, su arsenal y todo cuanto había en
sus almacenes. No hubo nada, ni en el palacio ni en sus dependencias, que no les
mostrara Ezequías. 3 Y el profeta Isaías fue a ver a Ezequías y le preguntó: ¿Qué
han dicho esos hombres y de dónde vienen a ti? Respondió Ezequías: Han venido de
lejos a verme, de Babilonia. 4 ¿Y qué es lo que de tu casa han visto? preguntó. Y
Ezequías respondió: Han visto cuanto en mi palacio hay; no ha quedado nada de
cuanto hay en mis almacenes que no les haya enseñado.
Esta narración acerca de una embajada diplomática enviada desde Babilonia está en perfecta
consonancia con el ambiente histórico. Sabemos por las inscripciones de Sargón que Merodacbaladán,
rey de Babilonia, despachaba muchas embajadas hacia el año 713 antes de Cristo para
captarse amigos contra el coloso asirio. Merodacbaladán l era príncipe del pequeño estado al sur
de Babilonia, llamado Bit-Yaquin, cerca del golfo Pérsico, y fue la pesadilla de los monarcas asirios
de la época. En el 722 antes de Cristo tomó Babilonia, aprovechándose de que Sargón se
hallaba en campañas al occidente, sitiando a Samaría. Creó un estado independiente, que duró
hasta el 711 antes de Cristo, en que Sargón, libre de sus preocupaciones militares al occidente, le
aplastó, tomando Babilonia. Más tarde, aprovechándose de las turbulencias ocurridas en Nínive
con motivo de la subida al trono de Senaquerib (705), volvió a ocupar Babilonia, aunque por poco
tiempo. La embajada a Ezequías pudo ser en cualquiera de estos dos períodos, si bien es más
probable el primero. Suponiendo que Ezequías muriese en el 693 (lo que no es seguro), la enfermedad
habría sido quince años antes (cf. 38,5), y la embajada entonces habría tenido lugar hacia
1817
el 707. En ese tiempo, Merodacbaladán no reinaba en Babilonia, pero estaba intrigando desde las
cercanías de esta ciudad, en busca de amigos para rechazar al asirio más al norte.
Sabemos por las cartas de Tel-Amarna que eran frecuentes esos mensajes de congratulación
entre los reyes después de haber salido de una enfermedad (cf. 2 Sam 10:1). Según 2 Par
30:31, los enviados de Babilonia tenían además el propósito de examinar el prodigio del cuadrante
solar. En realidad, seguramente la embajada tenía motivos políticos, es decir, atraerse a
Ezequías en una proyectada liga antiasiria. No obstante, el texto hebreo no dice nada de esto. El
rey de Judá les enseñó ingenuamente todos sus tesoros secretos creyendo en la sinceridad de sus
visitantes. Isaías, como centinela de Dios que se preocupa de los intereses religiosos, sintió preocupación
por la visita de estos emisarios paganos. Siempre se había opuesto a todo pacto diplomático
que supusiera compromisos militares. Por ello se acercó a palacio para saber lo que la
embajada babilónica buscaba, e interrogó a Ezequías sobre lo que han dicho esos hombres (v.3)
y sobre su procedencia. Además se sentía preocupado por la inspección que hubieran realizado
en el palacio, pues les podía servir de información preciosa para sus futuros planes (v.4). La respuesta
del rey no pudo ser más desalentadora. Con toda ingenuidad les había abierto las puertas
de todos los secretos de su palacio y armería real. El profeta, divinamente inspirado, se indignó y
profirió un oráculo tocante al futuro de aquel palacio y sus tesoros.
Predicción de Isaías (5-8).
5 Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye la palabra de Yahvé de los ejércitos: 6 He
aquí que vendrán días en que todo cuanto hay en este palacio y cuanto atesoraron
tus padres hasta el día de hoy será llevado a Babilonia. 7 Y tus hijos, engendrados
por ti, serán llevados y tomados como eunucos para el palacio del rey de Babilonia. 8
Y Ezequías dijo a Isaías: Buena es la palabra de Yahvé que me anuncias, porque,
manifestó él, habrá paz y seguridad en mis días.
El vaticinio tiene un carácter amenazador. Lo que acaba de hacer el rey es una imprudencia,
aparte de un acto de vanidad y ostentación, que de ningún modo podía ser grato a Yahvé. Isaías
está cierto de que al fin llegará un día la deportación de Judá a Babilonia y que todo lo del palacio
de Ezequías será llevado allá. Indudablemente, el profeta alude a la cautividad de Babilonia,
que iba a tener lugar poco más de un siglo más tarde (586 a.C.), cuando Nabucodonosor, descendiente
de la dinastía de Merodacbaladán, ocuparía y destruiría la Ciudad Santa. El rey, ante predicción
tan amenazadora, piensa que es buena, porque no se va a cumplir durante su reinado. El
sólo aspira a que haya paz y seguridad en su reinado (v.8). En el Antiguo Testamento, el hecho
de que Dios retardara el cumplimiento de su justicia para otra generación es considerado como
un acto de la misericordia divina 2. La predicción del ν.7 referente a los propios hijos de Ezequías,
no ha de entenderse necesariamente en el sentido inmediato de hijo, sino de descendiente en
general. De todos modos, sabemos que el hijo de Ezequías Manases fue llevado cautivo a Babilonia
por Asurbanipal (2 Par 33:11). La expresión rey de Babilonia puede tener el sentido amplio
y referirse incluso a Nínive. A pesar de que la capital del imperio asirio era esta ciudad, no obstante,
Babilonia era considerada como el centro metropolitano para los pequeños estados del occidente.
Los descendientes de Ezequías, según la predicción, serán transportados al palacio de
Babilonia en calidad de eunucos (ν.7), en el sentido amplio de servidores del rey. Efectivamente,
el rey Joaquín o Jeconías fue llevado en cautividad, y, después de habérsele arrancado los ojos,
vivió triste en el palacio de Nabucodonosor. Recientemente se han descubierto tabletas cuneiformes
administrativas en las que se habla de la ración asignada al rey de Judá prisionero.
1818
Con esta narración histórica se cierra la primera parte del libro de Isaías. Un horizonte
nuevo se abre a partir del capítulo 40, y una nueva situación histórica rebasa el medio ambiental
de la vida del profeta Isaías.
1 En asirio: Marduk-apla-iddin: “Marduc ha dado un heredero.” Su padre Baladán pudiera provenir de un nombre asirio: Bel-iddin:
“Bel ha dado.” — 2 Cf. 1 Re 21:28; 2 Re 22,18s.
40. La Gloria de Yahvé en la liberación de Israel.
Suele considerarse este capítulo como una recapitulación introductoria a toda la segunda parte
del libro de Isaías. La razón de ello es porque encontramos en este capítulo las principales ideas
desarrolladas en los restantes capítulos. El profeta se dirige en segunda persona plural, sin determinar
más, y el fin del destierro es considerado como la reconciliación de Yahvé con su pueblo,
al que castigó sumergiéndole en la noche oscura de la cautividad. La liberación aparece por eso
como la manifestación de la luz plena y alegre. La vuelta de los exilados es idealizada y confundida
en la perspectiva con los albores de la era mesiánica.
Comúnmente se suele dividir el capítulo en dos partes: a) preludio (in); b) himno sobre la
grandeza de Yahvé (12-31).
Promesa de liberación (1-2).
1 Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; 2 hablad al corazón de Jerusalén
y gritadle que se cumplió su servidumbre, que está pagada su culpa, que ha recibido
de manos de Yahvé el doble por todos sus pecados.
Estas primeras palabras, consolad, consolad (v.1), han hecho que se llame a estos capítulos “libro
de consolación” para Israel, pues la idea de consuelo domina y penetra estas maravillosas
profecías de restauración. La repetición enfática de consolad indica la certeza de la liberación en
la mente del profeta, que intenta levantar los ánimos de los pusilánimes, apesadumbrados por la
sucesión de tantas calamidades. ¿A quién se dirige el profeta? La traducción de los LXX supone
que eran los sacerdotes los destinatarios; pero esto parece una glosa. Algunos comentarios suponen
que el autor habla a los profetas, representantes de los intereses espirituales del pueblo ante
Dios, y los grupos de selectos que vivían en torno a personajes proféticos. Deben hablar a mi
pueblo, e.d., Israel, con el que Dios vuelve a reanudar sus relaciones íntimas y a considerarle
como pueblo suyo.
Se trata de un mensaje de perdón al pueblo. Por ello debe hablar al corazón de Jerusalén
(v.2), e.d., hablarle amorosamente l, confortarle. Jerusalén aquí representa a Israel en general,
como metrópoli santa elegida por Dios 2. La gran nueva comunicada a ella es que ha terminado
su servidumbre, lit. su “servicio militar,” que quedó como sinónimo de trabajo duro. La alusión
es a la época de servidumbre en Egipto, donde el pueblo estuvo condenado a trabajos forzados.
Esta servidumbre quedó como tipo del exilio babilónico, al que se refiere el hagiógrafo. Jerusalén
había pecado y tenía que sufrir una época de expiación, como un condenado a trabajos forzosos.
Con ello ha quedado pagada (lit. “satisfecha”) su culpa (cf. Lev 26:34; cf. 51:1). Jerusalén
ha recibido de Yahvé el doble (castigo) por todos sus pecados (v.2). La idea parece extraña en
labios de un autor que tiene una idea muy alta de la justicia divina. Es una frase que no debe tomarse
al pie de la letra, pues indica, en general, que el castigo sufrido por Israel ha sido de proporciones
aparentemente desorbitadas. Por otra parte, no debemos perder de vista que el hagió1819
grafo pensaba, al afirmar esto, en el Siervo de Yahvé, incluido dentro del pueblo de Israel, verdadera
víctima inocente de propiciación por todos sus compatriotas.
La gloria de Yahvé viniendo por el desierto (3-5).
3 Una voz grita: Abrid camino a Yahvé en el desierto, enderezad en la estepa una
calzada a vuestro Dios. 4 Que se alcen todos los valles y se rebajen todos los montes y
collados; que se allanen las cuestas y se nivelen los declives. 5 Porque va a mostrarse
la gloria de Yahvé, y a una la verá toda carne, porque ha hablado la boca de Yahvé.
La mente del profeta se proyecta sobre el retorno glorioso idealizado de su pueblo, precedido de
la gloria de Yahvé (ν.3). Delante va un heraldo del cortejo glorioso de Yahvé (Una voz grita,
v.3). Es el Precursor, encargado de preparar lo necesario para que la visita resulte grandiosa, en
conformidad con el Rey que se aproxima. Ante todo es necesario preparar una calzada amplia,
digna de El, para que pase el cortejo real sin obstáculo ni tropiezo. Por eso se invita a la naturaleza
a que contribuya a la manifestación gloriosa de Yahvé. Todos los declives montañosos y los
valles deben transformarse para construir una gran avenida llana por la que pase el cortejo de la
gloria de Yahvé. Todos (toda carne, v.5) serán testigos de esta gran epifanía gloriosa del Dios de
Israel, y ese gran camino real será trazado en el desierto, en la estepa. La imagen está construida
sobre el relato del Éxodo en el que Israel aparece atravesando el desierto del Sinaí camino de la
tierra de promisión. Aunque el sentido inmediato aluda al retorno del exilio, no obstante, los Padres
comúnmente han visto aquí una invitación a las almas a prepararse moralmente, con el ejercicio
de las virtudes, para recibir a Dios con el cortejo de sus gracias sobrenaturales. Los evangelistas
aplican el pasaje a San Juan Bautista, como precursor de Jesús el Mesías, al preparar las
conciencias de los judíos para recibirle debidamente, con espíritu de penitencia y de humildad
(cf. Mt 3:2; Lc 3:4-6).
La gloria de Yahvé va a mostrarse a todos. El profeta concibe la manifestación de Dios
al modo de la nube que aparecía durante la peregrinación de los israelitas en el desierto. La gloria
de Dios, e.d., su manifestación gloriosa, con sus hazañas y milagros en favor de su pueblo. A
una la vera toda carne: en el texto griego, en vez de a una se lee “la salvación de Dios” (cf.
52:10), y así lo transcribe Lc 3:6.
Inmutabilidad de la palabra de Dios (6-8).
6 Una voz dice: Grita. Y yo respondo: ¿Qué he de gritar? Toda carne es hierba, y
toda su gloria como flor del campo, 7 Sécase la hierba, marchítase la flor cuando pasa
sobre ellos el soplo de Yahvé. Ciertamente hierba es el pueblo3. 8 Sécase la hierba,
marchítase la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.
El profeta oye un nuevo anuncio (v.6) alusivo a la caducidad de lo humano frente a la inmutabilidad
de la palabra y decisiones de Dios. Los planes de los hombres (toda carne, v.6) son como
hierba o flor del campo, que se agosta al soplo solano que viene del desierto. Toda su lozanía y
apariencia de vigor y consistencia se deshace en unas horas de calor. Así es el hombre frente a
las decisiones de Dios. Una sola palabra de Dios basta para cambiar los destinos de la historia.
El profeta quiere dar esperanza a los oprimidos: todo el poder de los opresores desaparecerá
como el verdor del campo en una ola de calor 4. El soplo de Yahvé es el viento solano (cf. Sal
103:6).
En contraste con los planes humanos, que se deshacen con la misma facilidad que se
1820
marchita la hierba, la palabra de Dios permanece para siempre (v.8), e.d., sus planes de restauración
de Israel y sus promesas prevalecerán sobre los humanos designios.
Vuelta de Yahvé a Sión (9-11).
9 Sube a un alto monte, mensajera de buenas nuevas de Sión; alza con fuerza, tu voz,
mensajera de buenas nuevas de Jerusalén. Álzala, no temas; di a las ciudades de Judá:
He aquí a vuestro Dios. 10He aquí al Señor, Yahvé de los ejércitos, que viene con
fortaleza, y su brazo dominará a favor suyo; he aquí que El viene con su salario y va
delante de El su paga. 11El apacentará su rebaño como pastor, El le reunirá con su
brazo, El llevará en su seno a los corderos y cuidará a las paridas.
El profeta invita a unos supuestos mensajeros de buenas nuevas a que anuncien la proximidad de
la llegada de Yahvé, que retorna a su pueblo después de haberse separado de él por sus pecados.
La palabra hebrea que traducimos por mensajera es un colectivo femenino, y aquí puede referirse
a un grupo ideal de anunciadores o profetas fieles a Yahvé, quizá los mismos a quienes poco
antes se les encargaba que consolaran al pueblo. Son portadores de albricias para Sión-Jerusalén
y las ciudades de Judá, e.d., la familia israelita en general. Y el objeto de su anuncio es el retorno
victorioso de Yahvé, que viene con fortaleza, y su brazo dominara (brazo aquí es sinónimo de
poder dominador), y trae, como los conquistadores, su salario., su paga, e.d., el botín de los
enemigos, llevado, al estilo oriental, delante de él como trofeo. Yahvé ha vencido a los enemigos
de Israel y ahora vuelve con los trofeos de la victoria a su pueblo. Por otra parte, ese salario de
Yahvé es también la salvación y liberación del pueblo escogido una vez vencidos los enemigos.
Y, en contraste con esta actitud de vencedor bélico, Yahvé será para su pueblo redimido un pastor
que la apaciente, prodigando los cuidados máximos a los componentes más débiles y necesitados
de la comunidad israelita.
Grandeza del poder y sabiduría de Dios (12-17).
12 ¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano, y apalpó los cielos, y determinó
en un tercio todo el polvo de la tierra, pesó en la romana las montañas, o en la balanza
los collados? 13 ¿Quién ha determinado el espíritu de Yahvé, quién fue su consejero
y le instruyó? 14¿Con quién deliberó para recibir instrucciones, que le enseñase
el camino de la justicia, le adoctrinara en la ciencia 5 y le diera a conocer el camino
del entendimiento? 15 He aquí que las naciones son como gotas de agua en el caldero
y son reputadas como polvillo en la balanza, y levantan las islas como el polvillo
el viento. 16 El Líbano no basta para combustible, 17 ni sus animales para el holocausto.
Todos los pueblos son delante de El como nada, son reputados por El como
nada y vanidad.
Nadie debe desesperar respecto de las promesas divinas si se tiene en cuenta la omnipotencia de
Dios y superioridad sobre todas las criaturas. El conserva todas las cosas en su peso y medida:
mide los cielos, los recoge en su mano y calcula en un tercio (probablemente de efah, medida de
áridos bastante reducida) 6. Su sabiduría es proporcionada a su poder, y no necesita de consejero
alguno (v.13). Nadie podrá oponerse a sus designios, pues los pueblos y colectividades sociales
(las naciones, v. 15) son como gotas de agua en un recipiente o polvillo en una balanza en comparación
con el poder e inteligencia de Dios. Las mismas islas son insignificantes y las conmueve
como polvillo. Es más, Yahvé es tan inmenso que no habría bastante combustible en el Líba1821
no ni animales suficientes para preparar un holocausto digno de El (v. 16).
Vanidad de los ídolos (18-24).
18 ¿A quién, pues, compararéis a Dios y a qué imagen haréis que se le asemeje? 19 El
ídolo es fundido por el artífice, el orfebre la reviste de oro y le adorna con cadenillas
de plata7. 20 El que es pobre para la ofrenda8, escoge madera incorruptible y busca
un buen artífice para erigir un ídolo que no se tambalea.21 ¿No lo sabéis? ¿No lo
habéis oído? ¿No os lo han revelado desde el principio? ¿No lo habéis entendido
desde la fundación de la tierra?9 22Está El sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos
habitantes son como langostas. El tiene los cielos como un toldo y los despliega como
una tienda de morada. 23 El torna en nada a los príncipes, y en vanidad a los jueces
de la tierra.24 Apenas plantados, apenas sembrados, apenas ha echado su tronco raíces
en la tierra, sopla sobre ellos y se secan, y como pajuela los arrastra el huracán.
El autor pone en contraste con la omnipotencia de Yahvé la inanidad de los ídolos, ridiculizando
su procedencia. Mientras Yahvé es omnipotente y trascendente, los ídolos son obra de sus devotos,
y con toda ironía describe el proceso de su fabricación: la labor del artífice, los elementos de
que se compone, etc. (v. 19-20). Después el hagiógrafo se encara con los hombres en general,
diciendo que esta diferencia entre Yahvé y los ídolos la han podido comprender estudiando la
naturaleza desde el principio (v.21) de la historia de la humanidad. Se admira que la humanidad
no haya aún entendido una cosa tan elemental. A continuación vuelve a hacer la apología de la
trascendencia de Dios en contraposición a la procedencia humana de los ídolos. Dios habita en lo
más alto del circulo de la tierra y tan alejado está, que, vistos desde allí, los hombres son como
langostas (v.22), expresión proverbial para indicar la pequeñez de los hombres (cf. Núm 13:33;
Sal 113:5). La tierra es concebida como un disco plano rodeada del abismo, sobre la que se pone
un toldo arqueado compacto, que son los cielos. Sobre esa bóveda de los cielos habita Yahvé,
inaccesible a todo lo creado. Nada se escapa a la acción destructora de Dios, ni los más altos
príncipes (v.23), los cuales son arrancados como troncos sin raíces. Basta el soplo de Yahvé para
dar al traste con los que parece que están más firmes: apenas ha echado raíces su tronco, e.d., las
dinastías desaparecen apenas se establecen. Las revoluciones son los medios que tiene Dios para
hacer justicia sobre las dinastías reales más pode-
Inmutabilidad de Yahvé (25-31).
25 ¿A quién me asemejaréis, de forma que se me iguale, dice el Santo? 26 Alzada en lo
alto vuestros ojos y mirada: ¿Quién los creó? El que saca numerado su ejército, y
todos los llama por su nombre, y por la gran fuerza y enorme potencia ninguno falta.
27 ¿Por qué dices tú, Jacob; hablas tú, Israel: Mi camino está oculto a Yahvé, y mi
derecho se escapa a mi Dios?28 ¿No sabes tú, no has oído, que Yahvé es Dios eterno,
creador de los confines de la tierra? No se fatiga ni se cansa, insondable es su inteligencia.
29 El da vigor al fatigado y multiplica las fuerzas del débil. 30 Y se cansan los
jóvenes y se fatigan, y los jóvenes llegan a flaquear;31 pero los que confían en Yahvé
renuevan las fuerzas, echan alas como de águila, corren sin cansarse y caminan sin
fatigarse.
Yahvé es rey de la naturaleza (v.22) y rey de reyes (23-24); por tanto, está fuera de toda comparación
(v.25). Los mismos astros, objeto de máxima admiración, son obra de Yahvé. Dios está
1822
fuera de toda comparación, es el Santo (v.25), e.d., el inaccesible, el trascendente, quien, por otra
parte, tiene contadas las estrellas, que hace desfilar designándolas por su nombre (v.26), obedeciendo
ellas como ejército disciplinado, sin que ninguna falte a la cita.
El profeta, después de presentar el carácter trascendente de Yahvé como Señor de toda la
naturaleza, se dirige a su pueblo para infundirle esperanza. Parece que entre sus oyentes se oían
con bastante escepticismo sus promesas de rehabilitación, y se permitían dudar de su veracidad:
¿Por qué dices tú, Jacob; hablas tú, Israel? (v.27). El pueblo israelita se consideraba perdido,
como si Dios no se preocupase de su “suerte” (mi camino está oculto a Yahvé) ni de sus derechos
(v.27). La respuesta del profeta se refiere al carácter eterno y omnipotente de Dios, que
ayuda y fortalece al desfallecido y cansado. Sólo es necesaria una fe ciega en El, pues entonces
el que espera en El será más fuerte y vigoroso que los que están en plena juventud (v.28-30).
Dios comunica un vigor y un optimismo que sirven de alas para volar impetuosamente, como el
águila, en la senda de la vida, sin miedo al desfallecimiento (v.31).
1 Cf. Gen 34:3; Je 19,3; 2 Sam 19,7; Os 2:14. — 2 Cf. Is 49:1435; 51:165; 52,is. — 3 El estico “ciertamente hierba es el pueblo,” por
razones rítmicas, es considerado por muchos autores como glosa. Cf. Comdamin, o.c., 242. — 4 Cf. Is 37:23; Job 8:12; 14:2; Sal
37:2; 103:15; 90:55. Véase Skinner, o.c. ,11 5. — 5 Este estico: “le adoctrinara en la ciencia,” falta en el texto griego. Como, por
otra parte, resulta arrítmico y contra el paralelismo, se cree que es una glosa. — 6 El valor del efah es de unos 39 litros. — 7 Falta
en el texto griego, y métricamente es superfluo; por eso no pocos consideran este estico: “adorna con cadenillas de plata,” como
glosa. — 8 Así lee literalmente el texto hebreo. El sentido sería que los pobres, en vez de revestir la imagen de oro, se contentan
con otra de madera. Pero parece que el texto está incompleto. Duhm hace una reconstrucción y traduce: “El que erige un simulacro,”
que se obtiene con una aliteración de consonantes. — 9 El hebreo dice literalmente: “habéis comprendido los fundamentos
de la tierra.” Un ligero cambio nos da la otra lección que hemos escogido siguiendo a Condamin.
41. Yahvé suscita un Libertador de su pueblo.
Yahvé no sólo es el Señor de la naturaleza, sino también dirige la trama histórica de los pueblos.
Dios invita a los pueblos a entrar en juicio con El para demostrar su divinidad y la inanidad
de los ídolos. Dos escenas: a) litigio entre Yahvé y las naciones (1-5); b) entre Yahvé y los dioses
falsos (21-29). Entre ambas escenas se intercalan unas palabras de consuelo a Israel (8-20), el
cual, como pueblo escogido, no tiene nada que temer de la intervención de Yahvé, su amigo, al
suscitar a un impetuoso conquistador, Ciro, que avanza como un vendaval sobre los pueblos.
Generalmente se supone que alude a los avances de Ciro después de derrotar a Creso en 546 antes
de Cristo y antes de la conquista de Babilonia (538 a. C), que aparece como futura. El estilo
literario de este fragmento es dramático.
Desafío de Yahvé a las naciones (1-4).
1 Enmudeced, islas, ante mí, y renueven los pueblos su fuerza, acérquense y hablen,
entremos en juicio. 2 ¿Quién ha suscitado desde el levante a aquel a quien la justicia
le sale al encuentro a su paso?¿(Quién) entrega ante él las naciones y abate los reyes?
Su espada los reduce a polvo, y sus arcos los dispersa como brizna de paja. 3Los
persigue, pasa en pazpor senda en que sus pies no habían entrado. 4¿Quién lo ha
hecho y realizado? El que desde el principio llamó a las generaciones. Yo, Yahvé,
soy el primero y seré en los últimos tiempos.
El principio del oráculo es una invitación enfática a las islas o naciones occidentales marítimas a
que le escuchen; va a decir algo importante. Pueden venir con toda libertad a litigio con El, para
discutir sobre la aparición súbita del nuevo conquistador, Ciro, como medio de demostración de
1823
que es Yahvé superior a los ídolos, ya que es quien lo ha suscitado (v.2), haciéndole venir de
oriente de victoria en victoria (la justicia le sale al encuentro, v.2). Aquí la palabra justicia es
sinónima de victoria, salvación, éxito l. Ciro avanza incólume en paz (v.3) a través de sendas que
nunca había hollado. Y todo esto no es sino obra de Yahvé (v.4), porque es Dios quien hace que
sucedan las generaciones desde el principio (llama a las generaciones, v.4), siendo El inmutable,
y por eso asistirá a lo último de la historia humana. Yahvé es el Señor de todas las vicisitudes de
la historia, como es testigo y principal protagonista de ella. Muchos autores creen que la expresión
503; el primero, y seré en los últimos tiempos es una alusión a la revelación del nombre de
Yahvé, el que es (Ex 3:13), en contraposición a los ídolos, que no son.2
Reacción temblorosa de las naciones (5-7).
5 Las islas le ven y tiemblan, y se espantan los confines de la tierra. Se acercan y juntos
vienen (al juicio)3. 6 Uno a otro se ayudan, uno a otro se dicen: Animo. 7El escultor
anima al orfebre; el que pule con el martillo, al que golpea el yunque, diciendo:
Bien está esta soldadura. Y la afirma con clavos para que no se mueva.
La invasión de Ciro siembra el pánico entre las naciones costeras (las islas, ν.6). El profeta describe
después minuciosa y gráficamente la ansiedad de esas poblaciones por terminar sus estatuas
dedicadas a los ídolos, que consideraban como protectores de sus fronteras contra el invasor.
Quizá el v.6 sea una alusión a los pactos concluidos entre las naciones contra Ciro, sobre todo las
alianzas de Babilonia y Egipto con Creso de Lidia. En ese caso, el ν.7 sería una interpolación
posterior, transportada de un contexto en el que se hablara de la fabricación de los ídolos, como
en 40:19-20. En este contexto, la idea es irónica: son los escultores y orfebres los que hacen los
dioses y juzgan de la bondad de sus obras de artesanía.
Promesa de Liberación de Israel (8-20).
Podemos considerar estos versículos como un paréntesis en el contexto del conflicto entre Yahvé,
de un lado, y las naciones e ídolos el por otro. Dios discute con ellos sobre su providencia y
vindica los derechos de Israel. Israel es el instrumento de los designios de Dios sobre el mundo.
Por eso, Israel no debe temer la conquista de Ciro, ya que éste no es sino el instrumento del
mismo Dios en la preparación del cumplimiento de sus designios históricos sobre el mismo Israel.
En este sentido, estos versos tienen perfecta ilación lógica con el resto del capítulo 4.
Israel, siervo de Yahvé (8-10).
8 Pero tú, Israel, eres mi siervo. Yo te elegí, Jacob, progenie de Abraham, mi amigo.
9 Yo te traje de los confines de la tierra y te llamé de las regiones lejanas, diciéndote:
Tú eres mi siervo. Yo te elegí y no te he rechazado. 10 No temas, que yo estoy contigo;
no desmayes, que yo soy tu Dios. Yo te fortaleceré y vendré en tu ayuda, y con la
diestra victoriosa te sostendré 5.
Israel no debe temer, como los otros pueblos, ante los avances de Ciro, porque es el siervo de
Yahvé (v.8), Israel es el pueblo predilecto de Yahvé, familiar suyo e instrumento de sus designios
salvadores. Abraham, el gran antepasado, es llamado el amigo de Yahvé 6 como padre de
una generación bendecida: progenie de Abraham. Dios había escogido a Israel desde los confines
1824
de la tierra: probable alusión del éxodo de Egipto, pues en el Sinaí fue constituido formalmente
como pueblo teocrático. Quizá se refiera a la patria de Abraham en Urfa de los caldeos, que para
un palestino estaba en los lejanos confines del orbe. Yahvé, pues, le ha escogido y no le ha
rechazado (V.9), como pudiera suponer el castigo del exilio babilónico. Pero esa elección fue libérrima
por parte de Dios, sin que interviniesen los méritos de Israel7. En consecuencia, no debe
temer y debe esperar la liberación de la cautividad. No desmayes: lit. “no mires de aquí para
allá,” viendo ansioso su puesto peligroso, porque está la diestra victoriosa (lit. “diestra de mi justicia
victoriosa”), que garantiza la liberación de su pueblo.
Victoria de Israel sobre sus enemigos (11-16).
11 Confundidos serán y cubiertos de ignominia todos los que se irritan contra ti. Serán
reducidos a nada, aniquilados, los que contienden contigo. 12Buscarás y no
hallarás a los que te atacan; serán reducidos a nada los que te combaten. 13 Porque
yo, Yahvé, tu Dios, fortaleceré tu diestra, y yo te digo: No temas, yo voy en tu ayuda.
14 No temas, gusanillo de Jacob, coquito de Israel. Yo te ayudo, dice Yahvé, y tu redentor
es el Santo de Israel. 15 He aquí que te pongo como agudo rastrillo, nuevo y
armado de dientes. Trillarás y pulverizarás los montes y desharás en menuda paja
los collados. I 16 Los bieldarás, y el viento los levantará, y el huracán los dispersará.
Y te regocijarás en Yahvé, y en el Santo de Israel te gloriarás.
Todos los enemigos de Israel, babilonios, moabitas, edomitas, etc., serán avergonzados al ser
aniquilados por Yahvé (v.11). Se han atrevido a llevar a Israel a los tribunales, y serán ellos confundidos
al recibir la condena. Y esa destrucción de los enemigos de Israel será total, que no
quedará ni rastro de ellos: buscarás y no hallarás (v.12). Israel es para Yahvé como un gusanillo
tierno, al que hay que cuidar con toda solicitud. Es una expresión de ternura, no de desprecio.
Israel ha sido hollado como un gusanillo, y Dios le va a levantar de nuevo, porque Yahvé es el
Redentor o goel de su pueblo, e.d., su rescatador y libertador. El goel era el encargado de rescatar
o vengar oficialmente a un familiar 8. Dios mismo, pues, ha asumido esta misión respecto de su
pueblo, pisoteado y ultrajado de todos. Israel será para sus enemigos como rastrillo que pulveriza
todo, no sólo la paja, sino hasta los montes (v.15). La frase hiperbólica indica bien el vigor y
fuerza del pueblo escogido, renovado con la ayuda de Dios. Israel triunfará sobre todos sus
enemigos tradicionales. Era usual comparar los enemigos a obstáculos insalvables, como las
montañas 9.
Renovación de la naturaleza empobrecida (17-20).
17 Los pobres, los menesterosos, buscan el agua y no la hallan; su lengua está seca
por la sed, pero yo, Yahvé, los oiré; yo, Dios de Israel, no los abandonaré. 18 Yo haré
brotar manantiales en las alturas peladas, y fuentes en medio de los valles. Tornaré
el desierto en estanque, y la tierra seca en corrientes de aguas. 19 Yo plantaré en el
desierto cedros y acacias, mirtos y olivos. Yo plantaré en la estepa cipreses, olmos y
alerces juntamente. 20 Para que todos vean y comprendan y todos consideren y entiendan
que es la mano de Yahvé la que ha hecho esto, y el Santo de Israel el que lo
ha creado.
Esta sección refleja el estado miserable actual del pueblo israelita, que se debate en la mayor escasez:
no hay agua ni pan para los menesterosos, que aquí son los israelitas piadosos. El profeta
1825
piensa en el retorno de éstos por el desierto (v.8-16), y les promete que se librarán de los ardores
y sequía del desierto en su camino, haciendo brotar manantiales y vegetación por doquier (v. 18-
19). Con ello Yahvé mostrará su omnipotencia, fuente de toda esperanza para sus fieles (v.20).
Desafío a los ídolos (21-24).
21 Presentad vuestro alegato, dice Yahvé; presentad vuestras pruebas, dice el Rey de Jacob:
22 Que se acerquen y anuncien lo que está por venir. Que manifiesten las cosas pasadas, para
que las tengamos en cuenta y conozcamos el fin de ellas, o hacednos oír las cosas venideras.
23 Anunciadnos lo por venir, para que sepamos que sois dioses. Veamos: haced bien o
haced mal, para que nos admiremos y lo veamos de una vez. 24 He aquí que no sois nada, y
vuestra obra nada. Abominable es quien os elige.
Yahvé se encara con los ídolos. En los v.1-4 desafiaba a las naciones a que dijeran quién había
suscitado a Ciro. Aquí el desafío versa sobre el conocimiento de las cosas futuras. La mejor
prueba de la divinidad es la predicción: “si sit divinatio, dii sunt” (Cicerón). Sólo la ciencia infinita
de Dios puede conocer el libre curso de los hechos históricos que dependen de la libre voluntad
humana (v.22-23). Los ídolos no podrán presentar siquiera un caso de predicción que sirva
para examinar su causa.
Aparición de Ciro (25-29).
25 Yo le he suscitado del septentrión, y ya llega, el que invoca mi nombre del lado de
levante, y pisa los príncipes como se pisa el polvo, y como el alfarero pisa la arcilla.
26¿Quién antes lo anunció para que le conociéramos de antemano, para que pudiéramos
decir: Justo? Nadie le anunció, nadie lo ha hecho oír, nadie os oyó una palabra.
27Yo el primero lo anuncié a Sión10 y di a Jerusalén un mensajero de buena
nueva, 28Miro, y no hay nadie; no hay entre ellos ningún consejero,para que yo les
preguntara y me respondieran algo. 29He aquí que todos son nada, y su obra es nada,
y sus ídolos, viento y vacuidad.
Después de invitar a los ídolos a que presenten una muestra de su intervención en la historia,
Yahvé escribe su obra en la historia humana: la aparición de Ciro y sus victorias sobre los príncipes.
¿Qué ídolo puede haber suscitado un acontecimiento histórico de esta magnitud? Viene del
septentrión (ν.26), e.d., de Media, y del levante, e.d., de Persia. Para un palestino o mesopotámico
provenía, pues, del nordeste. Se dice de él que invoca mi nombre, e.d., de Yahvé, en cuanto
era instrumento de su justicia y había de liberar y repatriar a los exilados israelitas, permitiéndoles
y ayudándoles a reconstruir el templo de Jerusalén, dedicado a Yahvé. En realidad, Ciro fue
siempre idólatra, pero sumamente diplomático y condescendiente con las religiones de los pueblos
vencidos. Yahvé ha anunciado con anticipación la venida súbita del conquistador Ciro (alusión
a 40,955), enviando un mensajero, un profeta con buenas nuevas, a Sión (v.27), porque el
advenimiento de Ciro significaba la liberación de los exilados israelitas. En cambio, no hay nadie
entre los adoradores de los ídolos que pueda hacer profecías como los enviados de Yahvé (v.28).
Nadie puede ser consejero en tales circunstancias críticas. La razón de ello es que los ídolos son
nada, y, por tanto, no pueden obrar (v.29).
1 Cf. Dennefeld, o.c., p.153. — 2 Cf. Is 53:10.13; 56:4; 58:12. En el Apocalipsis, Dios es el “alfa y omega” de la historia. Los rabinos
lo expresaban por las letras alef, min, tati, que son la primera, la media y la última del alefato hebraico. — 3 Así traducen los
LXX, si bien la idea de “juzgar” la junta al siguiente estico. — 4 Cf. Skinner, o.c., II 20. — 5 El texto hebreo lee literalmente
1826
“diestra de mi justicia” o victoria, según el sentido antes aludido. — 6 En el Corán, el nombre característico de Abraham es el de
“amigo de Alah”: Jalil Allahi; y aun hoy día Hebrón, donde están los restos del patriarca, es conocido por los musulmanes con el
nombre de Ál-Jalil: “el amigo.” — 7 Cf. Am 9,7. — 8 Cf. Lev. 25:485; Núm 35:195; Rut 3:12. — 9 Cf. Is 21,10; Miq 4:13. — 10
Literalmente en hebreo: “El primero a Jerusalén, he aquí que están.” Parece que se ha perdido alguna palabra en el original. Podría
traducirse: “Yo primeramente (diré) a Sión: He aquí, he aquí ellos” (Skinner).
42. El Siervo de Yahvé. Liberación de Israel.
Los dos capítulos anteriores son como una introducción a lo que sigue, donde se detallarán las
principales ideas antes expuestas. Pero en este capítulo encontramos un oráculo relativo a un
misterioso Siervo de Yahvé, que volverá a aparecer en otros capítulos posteriores. Su misión y
personalidad es excepcional y desconcertante, ya que sale del marco general del pensamiento del
Antiguo Testamento. Su misión es renovar la alianza concluida entre Dios e Israel, haciendo
retornar a los exilados del destierro y estableciendo la verdadera religión entre las naciones
paganas. Y todo esto lo realizará sin ostentación ni fuerza material. Su personalidad es misteriosa,
e indudablemente no puede confundirse con la colectividad de Israel, ya que tiene por misión
primordial restablecer la alianza de éste con Dios. El tema del Siervo de Yahvé personal vuelve a
aparecer en 49:1-9b; 50:4-9; 52:13-53:12. Todos estos fragmentos, actualmente dispersos, debieron
de constituir un libro único con un tema homogéneo, que se va desarrollando progresivamente
en sus diversas facetas.
El capítulo puede dividirse en las siguientes secciones: 1) el Siervo de Yahvé (1-7); 2)
Yahvé es Dios, y los ídolos son nada (8-9); 3) la gloria y redención de Israel (10-13); 4) intervención
de Yahvé (14-17); 5) invitación a Israel a reconocer el castigo merecido por sus pecados
(18-25).
Elección del Siervo de Yahvé (1-4).
1 He aquí a mi Siervo, a quien sostengo yo; mi elegido, en quien se complace mi alma.
He puesto mi espíritu sobre él; él dará el derecho a las naciones. 2 No gritará, no
hablará recio ni hará oír su voz en las plazas. 3No romperá la caña cascada ni apagará
la mecha que se extingue. 4Expondrá fielmente el derecho, sin cansarse ni desmayar,
hasta que establezca el derecho en la tierra; las islas están esperando su ley.
El oráculo empieza de modo abrupto y sin preparación alguna. Habla Dios a los jueces y gentiles,
a los que hace la presentación de su Siervo directamente: He aquí a mi Siervo, a quien yo
sostengo (v.1) 1. Indudablemente, este Siervo de Yahvé es distinto de Israel, porque aparece como
intermediario entre Dios e Israel (v.6-7). Y Dios es su sostén, porque es su elegido, en quien se
complace; palabras que se repetirán sobre el Tabor y en el bautismo de Jesús 2. Es objeto de las
complacencias divinas, en tal forma que participa del mismo espíritu o energía dinámica divina,
necesaria para cumplir una misión extraordinaria. Los profetas estaban poseídos del espíritu de
Dios, en cuanto que realizaban misiones excepcionales movidos por el mismo Dios. Son las
gracias carismáticas que Dios otorga en momentos determinados a algunas almas para la realización
de misiones concretas. En Is 11:2 se dice que sobre el retoño de Jesé descansará el espíritu
del Señor, con su múltiple manifestación de dones y cualidades excepcionales necesarias para
gobernar a su pueblo. La misión confiada al Siervo de Yahvé ahora es llevar el derecho a las naciones,
e.d., el conjunto de normas jurídicas para la regulación de la vida social religiosa de Israel,
y que han de ser participadas por las naciones gentiles. Y todo ello con un nuevo espíritu
profundamente religioso. En una concepción teocrática de la sociedad, la palabra derecho tiene
1827
un sentido eminentemente religioso, porque la religión es el fundamento del derecho público y
privado 3. La misión del Siervo no será política, sino religiosa, y se ordena a las naciones gentiles,
o a la humanidad en general. Israel era un testimonio indirecto ante las naciones del conocimiento
de Dios (43:10; 55:5), en cuanto que era una luz orientadora en medio de las tinieblas
paganas; pero no salía a iluminar a las otras naciones. Por otra parte, el Siervo cumplirá su misión
de un modo muy característico, pues lo hará sólo por los medios de la persuasión, sin prepotencias,
propias de los conquistadores orientales: no gritará. ni dejara oír su voz en las plazas
(v.2). Los falsos profetas hacían manifestaciones estruendosas, buscando el proselitismo para
excitar la atención de los oyentes. El porte del Siervo será modesto y callado; su dulzura y ejemplo
será la mejor predicación (cf. Mt 12:175). Los nabis, o falsos profetas, buscaban las diatribas
y las discusiones en las plazas; pero éste, al contrario, obrará calladamente, con un método persuasivo
espiritual e interior (cf. Le 9:55). Su actividad misionera será tan persuasiva y suave, que
no romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue (ν.3), e.d., no obrará violentamente,
destruyendo los gérmenes de bondad y de espiritualidad que encuentre. Los gentiles son
la caña cascada y la mecha que se extingue, por su debilidad espiritual. La labor del Siervo será
la del médico, que cura y restaña las heridas y flaquezas humanas (cf. Mt 9:13). No condenará,
pues, a los paganos, sino que los reanimará y levantará de nuevo, desarrollando sus rudimentos
de religión y de moral. Y cumplirá su misión sin desmayar (v.4), hasta que su predicación del
derecho se extienda a toda la tierra, pues las islas (e.d., los países lejanos costeros, símbolo del
mundo pagano) están esperando su instrucción, su ley. La labor del Siervo será dura y difícil,
pero él no se fatigará ni desistirá en su cometido.
Misión del Siervo de Yahvé (5-7).
5 Así dice Dios, Yahvé, que creó los cielos y los tendió,el que extendió la tierra y sus
brotes,el que da al pueblo que (está) sobre ella el aliento, y el soplo a los que por ella
andan. 6 Yo, Yahvé, te he llamado en la justicia y te he tomado de la mano. Yo te he
formado y te he puesto por alianza del pueblo y para luz de las gentes, 7 para abrir
los ojos de los ciegos, para sacar de la cárcel a los presos, del calabozo a los que moran
en las tinieblas.
El Siervo es enviado por Dios mismo, Creador de cielos y tierra, con todo lo que en ellos hay.
De ahí se deduce la base para la universalidad de su misión (v.5). El mismo Dios que creó todas
las cosas llamó a su Siervo en justicia (v.6), porque su misión responde a unas promesas
hechas por Dios a los antepasados de Israel, y por eso su aparición es un acto de justicia. Además,
justicia muchas veces, en el Antiguo Testamento, significa salvación; en este caso, la elección
del Siervo obedece sólo al plan de salvación de Dios sobre Israel y las naciones.
Además, el Siervo será mediador de una nueva alianza (v.6) entre Dios e Israel, el pueblo
de Yahvé por antonomasia, en contraposición a las gentes del estico siguiente, que reciben de ese
Siervo una luz religiosa y moral. Así, pues, la misión del Siervo es doble: reconciliar a Israel con
Dios con una nueva alianza e iluminar al mundo pagano. Jesús es saludado por Simeón como
“luz de las gentes” (Lc 2:32), y El mismo se llama “luz del mundo” (Jn 8:12)4. La misión del
Siervo es moral y religiosa, y se dirige a los que están encerrados en oscuras mazmorras; por eso
su labor debe orientarse espiritualmente a abrir los ojos de éstos y sacarlos a pleno día. El que
está en pecado está ciego y como en una prisión. El evangelista ve en las curaciones milagrosas
de Jesús el cumplimiento de estas palabras (Mt 11:2-6), pero es por asociación de ideas con la
misma ceguera espiritual.
1828
La divinidad de Yahvé (8-9).
Algunos autores creen que estos dos versos pertenecen al fragmento inmediato anterior,
en que se habla del Siervo de Yahvé (1-7); pero parece mejor considerarlos como continuación de
41:29, pues es un contexto similar5. Sería, pues, la conclusión de la disputa de Yahvé con los
ídolos del capítulo anterior.
8 Yo soy Yahvé, tal es mi nombre; no doy mi gloria a ningún otro ni a los ídolos mi
alabanza. 9 He aquí que las cosas antiguas han llegado, y anuncio otras nuevas; antes
de que germinen las voy a hacer oír.
De nuevo la argumentación contra los ídolos del capítulo anterior: el nombre de Yahvé está sobre
todos los ídolos, y es el específico de Dios (v.8), y por eso su gloria es incomunicable a los
ídolos, pues es expresión de sus gestas gloriosas, con lo que su nombre (Yahvé) es objeto máximo
de alabanza. No puede compartir con los ídolos estas prerrogativas suyas, porque sólo a El le
pertenecen. Y prueba de ello son el cumplimiento de las cosas antiguas (V.9) anunciadas. Parece
se refiere a la aparición de Ciro (41:25-29). Pero, además, va a anunciar cosas nuevas futuras,
e.d., la liberación de Israel y su repatriación; y esto antes de que tengan lugar ni siquiera en sus
rudimentarios indicios (germinen); con ello se excluirá la mera conjetura humana, haciendo ver
su origen divino. El cumplimiento de las predicciones será la confusión de los ídolos, que nada
han podido vaticinar.
Invitación a la alegría general (10-13).
10 Cantad a Yahvé un cántico nuevo, su alabanza desde los confines de la tierra. Estremézcase
el mar y cuanto en él se contiene, las islas con sus habitantes. 11 Alcen su
voz el desierto y sus ciudades y las aldeas que habita Cedar. Lancen gritos de júbilo
los habitantes de Sela y den gritos de alegría en lo alto de los montes. 12 Que den gloria
a Yahvé, que expresen su alabanza en las islas. 13 Yahvé saldrá como un héroe,
como guerrero se excita en su ardor. Lanzará gritos y alaridos y se portará como un
héroe contra sus enemigos.
Se invita a todo lo creado a expresarse en un cántico de alegría para celebrar la realización de
esas cosas nuevas del versículo anterior. Puesto que es una nueva situación, ello requiere también
nuevos cánticos. Las grandes gestas de Yahvé son la causa de esa alegría general manifestada en
el cántico nuevo, y en ella deben participar todos los confines de la tierra. El tono poético es
salmódico: se invita a los elementos a colaborar a este reconocimiento gozoso de las obras de
Dios, y con ellos todas las naciones paganas (las islas, v.10). En concreto, el profeta invita a los
habitantes de las ciudades del desierto (v.11), e.d., de los oasis que escalonan la ruta caravanera,
a través del desierto, desde Mesopotamia a Palestina, y entre ellos los de Cedar (cf. 21:16), famosa
tribu árabe de TransJordania. También se invita a los habitantes de Sela o Petra, en Edom,
junto al sudeste del mar Muerto. En el v.12 se vuelve a invitar a las islas o ciudades costeras.
Yahvé es presentado como un guerrero invencible que avanza impávido a la lucha (v. 13) contra
los enemigos del pueblo elegido.
Intervención justiciera de Dios (14-17).
14 Mucho tiempo callé, estuve en silencio, me contuve; como mujer en parto gemiré,
1829
suspiraré y jadearé a la vez. 15 Devastaré montes y collados y agostaré todo su verdor;
convertiré en islas las corrientes de las aguas 6 y secaré los lagos. 16 Llevaré a
los ciegos por un camino ignorado, los conduciré por senderos desconocidos. Ante
ellos tornaré en luz las tinieblas, y en llano lo escarpado. Estas cosas haré yo y los
dejaré. 17 Retrocederán cubiertos de ignominia los que confían en los ídolos, los que
dicen a las imágenes fundidas: Vosotros sois nuestros dioses.
Yahvé se muestra impaciente por hacer justicia a su pueblo oprimido. Ya hace mucho tiempo
que estuvo en silencio (v.14), es decir, sin intervenir con hechos contra los enemigos de Israel, su
pueblo. Pero llega la hora de entrar en acción y está inquieto como mujer en parto. Los dolores
de parto son la mejor metáfora para indicar el desasosiego e inquietud de Dios por llevar a cabo
su obra en favor de Israel. Dios, en su cólera devastadora, será como un viento solano, que todo
lo agosta y seca (v.15), sobre los enemigos de Israel, mientras que la naturaleza se transformará
en favor de su pueblo elegido. El desierto, concebido tradicionalmente como lugar de tinieblas,
será iluminado, para que puedan volver los exilados como por una amplia avenida luminosa
(v.16). Yahvé será el guía seguro para los que no conozcan el camino, y hará desaparecer todo
obstáculo: tornaré en llano lo escarpado (c.40:4). Ante esta manifestación de poder y de gloria
de Yahvé, los adoradores de los ídolos se llenarán de confusión y de vergüenza (ν.17).
Invitación α reconocer la obra de Yahvé (18-25).
18 ¡Oíd, sordos; mirad, ciegos, y ved! 19 ¿Quién es ciego sino mi Siervo? ¿Quién sordo
como el mensajero que yo envío? ¿Quién es ciego como mi familiar, y ciego como
el siervo de Yahvé?7 20 Muchas cosas has visto sin poner en ellas atención; abiertos
tenías los oídos, pero no oíste. 21 Habíase complacido Yahvé en su justicia, en hacer
grande y magnífica la ley, 22 y he ahí a este pueblo saqueado y hollado, puesto en
cepos, encerrado en mazmorras; destinado al pillaje, sin que nadie los libre; despojados,
sin que nadie diga: Restituid, 23 ¿Quién de vosotros dará oído a estas cosas,
quién atento las escuchará para lo por venir? 24 ¿Quién entregó Jacob a los saqueadores,
Israel a los despojadores? ¿No fue Yahvé contra quien hemos pecado, cuyos
caminos no quisimos seguir, cuya ley no obedecimos? 25 Y El derramó el fuego de su
ira con los furores de la guerra, que se encendieron en torno a él, pero no comprendió;
le quemaron, mas no hizo caso.
Esta sección es una invitación cariñosa y paternal, por parte de Dios, a que Israel considere atentamente
sus desastres por no haber seguido la ley de Yahvé. Israel se ha manifestado ciego (v.
18) en toda su historia. Esta ceguera le ha impedido ver los caminos de la Providencia divina en
su historia. En realidad ha sido el mismo Yahvé quien le ha castigado entregándole a sus opresores,
y sólo El puede redimirlos de nuevo. Son, pues, sordos 3; ciegos (v.18), y es necesario que
depongan esta actitud para que Dios se apiade de ellos. Israel es llamado cariñosamente mi siervo,
mi mensajero, mi familiar (V.19). Israel puede llamarse mensajero de Yahvé en cuanto que su
religión es un testimonio viviente de Dios (44:26). Israel ha visto muchas cosas (v.20); e.d., toda
su historia está llena de intervenciones de Dios; sin embargo, no ha captado el verdadero sentido
de los hechos, ni las revelaciones hechas por el mismo Dios a sus escogidos le sirvieron de nada.
Israel había sido escogido como instrumento de Dios para hacer conocer su justicia y religión
entre los demás pueblos, como testimonio viviente de los intereses religiosos verdaderos. Este
era un designio glorioso para Israel, pero sus infidelidades para con Yahvé le trajeron la humilla1830
ción ante los demás pueblos. Su destino glorioso se tornó en baldón e ignominia al ser saqueado
y hollado, puesto en cepos (v.22), es decir, llevados en cautividad, condenados a prisión como
esclavos, sin que haya nadie que se preocupe de la suerte de Israel ni proteste contra los atropellos
cometidos contra ellos y sus bienes (sin que nadie diga: Restituid, v.22). Y todo esto fue enviado
por el mismo Yahvé, a pesar de que no se dan cuenta de ello. El único remedio, pues, es
volver a Dios, que es el que únicamente los puede ayudar. El profeta pone, por fin, en boca del
pueblo el reconocimiento de sus extravíos (v.24) 8.
1 El texto de los LXX traduce: “He aquí a mi siervo Jacob., mi elegido Israel”; lo que parece una glosa debida a un autor posterior
que creía que el Siervo de 42:1 era el mismo que el de los c.40-48, donde se habla del pueblo de Israel. — 2 Cf. Mt3:171 17:5. —
3 Se ha hecho notar, a propósito de esta concepción teocrática, que en el Corán la pa-l abra din (juicio) tiene el sentido de obediencia,
religión, estatuto, ceremonial, etc. — 4 La frase “luz de las gentes” falta en los LXX, y algunos, como Lagrange, la consideran
como interpolada. — 5 Cf. Ceuppens, De prophetns Messianicis in A.T. (1935) p.287; Feldmann, Das Buch Isaías s 2
p.2555; Condamin, o.c., p.295 y 310; Lagrange, Le judaisme p.36g. — 6 Con un ligero cambio podemos leer estepas en vez de islas,
lo que hace resaltar más la idea. — 7 Por razones de paralelismo, algunos autores cambian el segundo ciego de este estico en
sordo (Condamin, Dennefeld). — 8 Algunos autores consideran este versículo como glosa posterior. Así Condamin, Duhm.
43. Yahvé, Salvador de Israel.
A pesar de que Yahvé ha sido quien los ha entregado a sus enemigos por sus pecados, no obstante,
no los ha rechazado, y les asegura un futuro lleno de gloria bajo la protección del mismo
Dios.
Yahvé, protector de Israel (1-7).
1 Ahora, pues, así dice Yahvé, que te creó, Jacob; que te formó, Israel: No temas,
porque yo te he rescatado, yo te llamé por tu nombre y tú me perteneces. 2 Porque,
si atraviesas las aguas, yo seré contigo; si por ríos, no te anegarás. Si pasas por el
fuego, no te quemarás; las llamas no te consumirán. 3 Porque yo soy Yahvé, tu Dios,
Santo de Israel, tu Salvador; yo doy a Egipto por rescate tuyo, doy por ti a Etiopía y
Seba. 4 Porque eres a mis ojos de muy gran estima, de gran precio y te amo, y entrego
por ti hombres y pueblos a cambio de tu vida. 5 No temas, porque yo soy contigo;
yo traeré tu descendencia desde oriente y te reuniré desde occidente. 6 Diré al septentrión:
Entrega, y al mediodía: No retengas. Trae a mis hijos desde lejos, y a mis
hijas desde los confines de la tierra, 7 a todos cuantos llevan mi nombre, que yo los
creé, formé e hice para mi gloria.
Yahvé, después de haber permitido que su pueblo fuera entregado al pillaje y llevado en cautividad,
se presenta ahora como su redentor: yo te he rescatado (v.1), y la razón de ese interés de
Dios es que Israel le pertenece, ya que le llamó por su nombre al escogerlo como pueblo suyo en
medio de todos los otros. Los lazos de la antigua teocracia establecida en el Sinaí aún perduran
a pesar de la catástrofe nacional del exilio. Yahvé no los abandonó totalmente a su suerte. Yahvé
es el goel de Israel, su rescatador, e.d., el que por lazos de familia muy estrechos tenía que
salir por los intereses de su protegido1; y el hecho futuro de liberación de su pueblo se presenta
como pasado: yo te he rescatado, para destacar más la voluntad salvífica de Dios sobre Israel.
Dios se encargará de librarle de todos los peligros (aguas., ríos, fuego, llamas, v.2) y de todas las
situaciones críticas, no sólo rescatándole de la cautividad, sino aun después en su vida nacional,
ya que, en la mente del profeta, la liberación del exilio significa la aurora de los tiempos mesiánicos.
Falta la perspectiva del tiempo y los planos históricos se superponen.
1831
Y es tal el amor que Yahvé tiene a Israel, que está dispuesto a entregar a su libertador Ciro
vastos imperios como pago: Egipto, Etiopía y Seba (probablemente una región cercana a Etiopía,
cf. Gen 10:7). Según Jenofonte 2, Ciro tomó Egipto, pero en realidad lo ocupó su hijo Cambises.
La estima que Dios tiene de Israel hace que entregue hombres y pueblos como precio de su
rescate (v.4). El hará que los desterrados (descendencia) vuelvan de oriente (Babilonia) y del occidente
(la diáspora en general). El profeta quiere hacer resaltar que los israelitas dispersos por
toda la faz de la tierra serán reintegrados a su patria por especial intervención divina (v.5): diré al
septentrión: Entrega, y al mediodía: No retengas; e.d., obligará a la devolución de sus hijos e
hijas (v.6), dispersos por doquier, y todo ello porque llevan el nombre de Yahvé, que los creó
para su gloria (ν.7). La razón de ser de Israel es la glorificación de Dios, la manifestación de sus
maravillas y beneficios entre los demás pueblos por medio del pueblo escogido, que, por estar
vinculado de un modo especial a Yahvé, llevaba su nombre.
Desafío a las naciones (8-13).
8 Que salga el pueblo ciego, aunque tiene ojos; los sordos, aunque tienen oídos. 9 Los
pueblos se han reunido a una y se congregaron las naciones. ¿Quién de entre ellos
anuncia esto y nos hace oír cosas antiguas? Que presenten sus pruebas para justificarse,
y, oyéndolas, se diga: Verdad. 10 Vosotros sois mis pruebas, dice Yahvé; mi
siervo, a quien yo elegí para que aprendáis y me creáis y comprendáis que soy yo.
Antes de mí no fue formado dios alguno, y ninguno habrá después de mí. n Yo, yo
soy Yahvé, y fuera de mí no hay salvador. 12 Soy yo el que he anunciado, he salvado
y he hecho oír, y no hay otro entre vosotros; vosotros sois mis testigos, dice Yahvé. 13
Yo soy Dios (desde la eternidad) 3, y también desde ahora lo soy 4. Nadie puede librar
de mis manos; lo que hago, ¿quién lo volverá?
De nuevo el litigio de Yahvé con las naciones, como en 41:1-4.21-28. Aquí se presenta a Israel
como testimonio viviente del cumplimiento de las profecías. Así, pues, invita a que se presente,
ante los pueblos reunidos en juicio, a Israel, pueblo ciego, aunque tiene ojos (v.8); e.d., un pueblo
que, si bien no ha sabido captar el sentido de los hechos según los designios de la divina Providencia,
no obstante, tiene ojos, porque ha sido testigo de los hechos materiales que en su historia
han ocurrido. Por eso está capacitado para dar un testimonio en este juicio entre Yahvé y las
naciones (v.8), que para este acto judicial se han reunido. Dios quiere que Israel confiese públicamente
las predicciones antiguas que se le comunicaron para resolver el litigio judicial en cuestión.
Dios se dirige directamente a sus contrincantes en el juicio: ¿quién de entre ellos (los adoradores
de los ídolos) anuncia. esto? (V.9), es decir, la redención y liberación de Israel de la cautividad
y su repatriación. Nos hace oír cosas antiguas (v.8), los hechos ocurridos que habían sido
profetizados (cf. 11:22), que deben ser las pruebas para probar la veracidad de los ídolos, es decir,
los vaticinios sobre el futuro, señal inequívoca del conocimiento sobrenatural, propio de la
divinidad. Los hechos deben comprobar las profecías. Los gentiles deben presentar sus pruebas
históricas del cumplimiento de las supuestas profecías de sus dioses, para que, una vez razonadas,
puedan todos decir convencidos: es verdad. Al ver que los idólatras no pueden aportar pruebas
de este género, se dirige Yahvé a sus propios testimonios, que son los mismos israelitas. Israel
es el siervo de Yahvé (v.10), y con su historia excepcional, salpicada de intervenciones divinas,
es la mejor prueba de la divinidad de Yahvé, Dios único. Mientras que los ídolos son
obra de sus adoradores: ninguno fue formado antes de Yahvé (cf. 40,19). No se declara con esto
que Yahvé fuera “formado,” sino que los ídolos no son eternos y no pueden pretender la antigüe1832
dad de Yahvé, pues son fabricación de sus adoradores. Por otra parte, ninguno habrá después de
Yahvé (v.10) es la afirmación de la eternidad divina. Yahvé solo es el Salvador (v.11). Ningún
dios puede anunciar el futuro y salvar a su pueblo como Yahvé (v.12), y los israelitas son testigos
de esto por su historia, llena de intervenciones milagrosas de Dios. Pero este carácter de Dios
no sólo lo mantuvo desde la eternidad (v.13), sino que lo mostrará en adelante (desde ahora,
ν.13), liberando a su pueblo oprimido. Con ello se manifestará realmente salvador. Y nadie podrá
torcer un designio de Yahvé si El se propone realizarlo: lo que hago, ¿quién lo volverá?
(ν.13).
Caída de Babilonia (14-21).
14 Así habla Yahvé, vuestro redentor, el Santo de Israel: Por vosotros envié yo a Babilonia,
y rompí los cerrojos de vuestra cárcel 5. y los caldeos sobre las naves de su
jolgorio 6. 15 Yo soy Yahvé, vuestro Santo; el creador de Israel, vuestro rey. 16 Así
habla Yahvé, el que abre caminos en el mar y senderos en la muchedumbre de las
aguas; 17 el que hace salir carros y caballos, a los ejércitos y los fuertes guerreros; se
echan a tierra juntamente, sin que se levanten,extinguidos como mecha que se apaga.
18 No os acordéis de las cosas anteriores ni prestéis atención a las cosas antiguas,
19 pues he aquí que voy hacer una obra nueva, que ya está germinando; ¿no la conocéis?
Ciertamente voy a poner un camino en el desierto, y ríos en la estepa, 20 y me
glorificarán las bestias del campo, los chacales y los avestruces, porque di agua en el
desierto, y torrentes en la estepa, 21 para abrevar a mi pueblo, a mi elegido, al pueblo
que hice para mí, que cantará mis loores.
Yahvé, por amor a Israel, envió un instrumento de su ira sobre Babilonia, a saber: a Ciro el conquistador7,
el ejército persa invasor, que en 13:3 es llamado “el consagrado,” en cuanto que cumplía
una misión de Dios. Por medio de éste, Dios rompió los cerrojos (v.14.) que aprisionaban a
los cautivos (o, según otra traducción no exenta de probabilidad, “los hice huir”), teniendo los
caldeos que marchar en sus naves, que antes utilizaban para sus jolgorios (v.14), como lo hizo
Merodacbaladán al huir de Senaquerib 8. Y todo esto es obra de Yahvé, creador de Israel (v. 15)
como pueblo, y les recuerda las gestas pasadas en el mar Rojo: el que abre camino en el mar
(v.16), hecho que quedó como tipo de la liberación en Israel. Yahvé fue el que hizo salir carros y
caballos (v.17) de los egipcios en persecución de su pueblo para anegarlos en el mar. Es el modo
oriental de explicar las cosas prescindiendo de las causas segundas y atribuyendo directamente a
Dios lo que pudo ser obra de determinadas circunstancias históricas. Todos los fuertes guerreros
del faraón desaparecieron, extinguidos como mecha que se apaga.
Pero todas las gestas pasadas no son nada en comparación con una obra nueva (v.18) que
Yahvé va a realizar. Será una maravilla tal, que pueden olvidar las cosas anteriores y antiguas,
e.d., las maravillas del Éxodo. El retorno de la cautividad será un hecho mucho más trascendental.
La obra nueva (v.16) que Yahvé va a cumplir es la liberación de los cautivos para ser repatriados,
y esa gesta está ya germinando, e.d., ha empezado a cumplirse con los primeros éxitos de
Ciro, a punto de caer sobre los opresores babilónicos. Todas sus conquistas no tienen otro autor
que al mismo Yahvé, que le ha tomado como instrumento de su justicia. El profeta presenta esto
como inminente (¿no la conocéis? V.19) para levantar la fe y esperanza de los exilados. Ellos
no se dan cuenta de que los éxitos del ejército persa culminarán en su liberación próxima. Yahvé
se dispone a realizar la obra nueva preparando un camino en el desierto, transformando en frondosa
vegetación sus estepas con abundantes ríos. En 40:4 se decía que Yahvé prepararía una
1833
avenida libre de obstáculos para que avanzase su pueblo. Aquí se fija más bien en la parte de la
vegetación (cf. 41:19). Total, que hasta la naturaleza se transformará para hacer más agradable la
travesía de Israel por el desierto. Será tal la transformación de éste, que sus moradores habituales,
los chacales y avestruces (v.20), darán gloria a Dios. En realidad, toda esta transformación es
para gloria del mismo Yahvé, ya que Israel, reconocido a sus beneficios, cantará sus loores
(v.21) después de ser abrevado en las aguas cristalinas milagrosamente dadas por Dios, su liberador.
Misericordia de Yahvé para con Israel (22-27).
22 Pero tú, Jacob, no me invocaste, ni te has fatigado por mí, Israel. 23 No me ofreciste
ovejas en holocausto, no me honraste con tus sacrificios; yo no te he abrumado
con ofrendas ni te importuné con el incienso. 24 No me compraste caña aromática
con plata ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino que me atormentaste
con tus pecados y me apenaste con tus iniquidades, 25 Soy yo, soy yo quien por amor
de mí borro tus pecados y no me acuerdo más de tus rebeldías. 26 Hazme recordar,
entremos juntos en juicio, habla tú para justificarte. 27Pecó tu primer padre, y tus
mediadores faltaron contra mí, y tus príncipes profanaron mi santuario 9, y entregué
a Jacob al anatema, y a Israel al oprobio.
Dios, en este fragmento, hace resaltar el carácter gratuito de su intervención en favor de Israel,
pues sus obras no merecían la benevolencia divina. Israel no buscó a Yahvé ni se molestó en serle
grato (v.22). Con la destrucción del templo, Israel no pudo ofrecerle ofrendas cruentas (v.23).
Y Yahvé no le importunó demasiado exigiendo nuevos sacrificios y holocaustos: No te he abrumado
con ofrendas ni te importuné con el incienso (v.23). Como Señor de su pueblo, pudo
haberlas exigido, juntamente con las ofrendas olorosas de caña aromática (v.24), con la que se
preparaba el óleo de la unción (Ex 30:23). A pesar de estas pocas exigencias de parte de Yahvé,
Israel sólo hizo continuar pecando. El profeta piensa sobre todo en las transgresiones de la época
del exilio. Antes, en Jerusalén, los sacrificios eran un cierto contrapeso a los pecados del pueblo;
pero ahora, además de no poder ofrecer sacrificios a Yahvé, le ofenden impunemente. Todo esto
hace resaltar más el carácter gratuito de la liberación del exilio por parte de Dios (v.25). Sólo el
amor de Yahvé para con su pueblo explica el que borre sus pecados. La historia de Israel es tan
negra, que Dios no duda en invitar a Israel a que le recuerde las buenas acciones que tenga (hazme
recordar, v.26) en un litigio entre los dos: habla tú para justificarte. Israel tiene pleno derecho
a presentar sus pruebas. Pero su historia es tan calamitosa, que no podrá presentar nada meritorio.
La frase, pues, tiene un carácter irónico. Bien sabe Yahvé que la historia de Israel es la historia
de sus transgresiones desde el principio de su existencia como nación: pecó tu primer padre
(v.27). Parece que se refiere a Jacob, que varias veces es llamado “padre de Israel” 10, y su nombre
es el sinónimo de pueblo escogido. Por otra parte, en el Génesis se habla de algunos pecados
de Jacob. Y lo mismo pecaron tus mediadores (lit. “intérpretes”); quizá se refiera a los falsos
profetas, que presumían de recibir revelaciones especiales de Yahvé para comunicarlas al pueblo,
condescendiendo con sus egoísmos materialistas Quizá los mediadores sean los jefes políticoreligiosos
de Israel en general: sacerdotes, reyes, ministros, etc.
Si mantenemos la lección de los LXX arriba expuesta, la frase tus príncipes profanaron
el santuario (v.2 8) aludiría al culto pagano introducido por los reyes y clase social alta en el
templo (2 Re 21:3-7). Leyendo con el TM, “profanaré los príncipes santos,” la frase indicaría,
como en Lam 2:2, la humillación de los sacerdotes y clase aristocrática 12.
1834
1 Cf. Job 19:25. — 2 Cf. Jenofonte, Chop. VIII 6:20. Flavio Josefo identifica Seba con Meroe (Ant. 11:249), al norte de Etiopía. Cf.
Skinner, o.c., II 41. Sobre este nombre de Seba véase también Gen 10:7; Sal 72:10. — 3 “Desde la eternidad” falta en el hebreo,
pero está en los LXX. — 4 “Desde ahora” está en el hebreo, pero falta en los LXX, Targ. y Vg. — 5 Este versículo es sumamente
oscuro en el original; de ahí las diversas traducciones: “Los he puesto en fuga a todos” (Condamin, Skinner, Dennefeld). — 6
También oscuro. La traducción que damos es la literal del hebreo. — 7 Este parece ser el sentido, pues el texto parece incompleto,
faltando el complemento del verbo envió; pero el contexto parece indicar que se trata del ejército invasor persa. — 8 Cf. Herod.,
1:194. Véase Skinner, o.c., II 45. — 9 Así traducen los LXX y la versión siríaca. Y se adapta mejor al contexto. Es adoptada, entre
otros, por Condamin. El texto hebreo dice literalmente: “profanaré ios príncipes santos o del santuario.” Así Skinner. — 10 Cf. Is
48:1; 58:14; 63:16; Os 12:3. — 11 Cf. Gen 42:23; Job 33:23; 2 Par 32:31; Jer 23:1155. — 12 Cf. Ez 13:19; Lam 2:2; 1 Par 24:5.
44. Restauración de Israel. Contra la Idolatría.
Este capítulo es una continuación lógica del tema del anterior, es decir, el cumplimiento de la
promesa de la restauración gloriosa de Israel. Aquí desaparece el tono amargo recriminativo contra
Israel.
Efusión del espíritu de Yahvé (1-5).
1 Pero ahora escucha, Jacob, mi siervo; Israel, a quien elegí yo. 2 Así habla Yahvé,
que te ha hecho, y en el seno materno te formó, y te socorre: No temas, siervo mío,
Jacob, y “Yeshurum,” a quien yo elegí, 3 porque yo derramaré aguas sobre el (suelo)
sediento, y arroyos sobre la (tierra) seca, y efundiré mi espíritu sobre tu simiente, y
mi bendición sobre tus retoños, 4 y germinarán como la hierba entre agua, como
álamos junto a las corrientes de aguas. 5 Este dirá: Yo soy de Yahvé; aquél tomará
el nombre de Jacob, y el otro escribirá en su mano: De Yahvé, y será apellidado con
el nombre de Israel.
El futuro de Israel será deslumbrador, pues Dios hará que surja una multiplicación maravillosa
de su posteridad. La providencia de Yahvé se extiende sobre Jacob-Israel desde el seno materno
(v.2), e.d., desde sus primeros años de existencia nacional. Si Dios ha formado a Israel, no le
desamparará y le continuará socorriendo. A Israel se le aplica el calificativo honorífico de Yeshurum
(v.2), que significa “leal,” “honrado,” “fiel,” “recto.” Sólo aparece aquí y en Dt 32:15;
33:5.26. Parece que el profeta juega con las dos palabras hebreas Yshrael (Israel) y Yashirum,
relacionando ambas con la idea de resto l. Habrá una renovación espiritual y moral en los mismos
israelitas, ciudadanos de la nueva teocracia, como efecto de la efusión del espíritu de Dios,
que obrará como un rocío vivificador sobre la simiente o posteridad de Israel.
El resultado bienhechor de este espíritu y bendición es comparado al de las aguas (v.4)
que riegan los árboles plantados junto a sus corrientes. La situación de los israelitas será tan
próspera y privilegiada, que los gentiles se apresurarán a incorporarse al pueblo de Dios (v.5),
queriendo llevar su nombre: Este dirá: Yo soy de Yahvé,.; el otro escribirá en su mano: De Yahvé,
y será apellidado con el nombre de Israel. Antes Israel había sido el oprobio entre los pueblos
(cf. 43:27) al ser castigado y humillado por Dios; ahora, en cambio, será exaltado y glorificado
entre todas las naciones. La expresión escribirá en su mano (v.5) alude a la costumbre antigua
oriental del esclavo, que marca con fuego en su carne el nombre de su señor. También es posible
que aluda a los tatuajes que se hacían como consagrándose a alguna divinidad2. Aquí, pues,
se trata del proselitismo entre los no israelitas. Ya desde los tiempos del Éxodo habían sido admitidos
algunos no hebreos como agregados al pueblo de Dios, los prosélitos. Estos serán apellidados
con el nombre de Israel 3.
1835
No hay más Dios que Yahvé (6-8).
6 Así habla Yahvé, el rey de Israel, su redentor, Yahvé de los ejércitos: Yo soy el
primero y el último y no hay otro Dios fuera de mí. 7 ¿Quién como yo? Que venga y
grite 4, que anuncie y se compare conmigo. ¿Quién desde antiguo hizo oír lo por venir?
5 Que nos anuncien lo que ha de suceder, 8No os atemoricéis, no temáis. ¿No lo
anuncié yo antes ya, y lo predije tomándoos por testigos? ¿Acaso hay Dios fuera de
mí? No hay Roca, yo no la conozco 6.
De nuevo se expresa aquí el desafío a los otros dioses. El conocimiento del futuro es la mejor
señal del carácter divino de los seres adorados por los pueblos. Yahvé, que es el rey de Israel y
su redentor o goel, e.d., abogado oficial de su pueblo (v.6), declara solemnemente su eternidad:
yo soy el primero y el último: existió antes de todas las criaturas, y si éstas desaparecen, El permanecerá
solo. La fórmula quedará estereotipada en la literatura rabínica posterior y será recogida
por el autor del Apocalipsis7. Por otra parte, se declara abiertamente el monoteísmo estricto:
No hay otro Dios fuera de mí (cf. 43:10). Los ídolos de los otros pueblos no tienen existencia.
Esta idea, que es sustancial en la historia religiosa de Israel, aparece muy destacada en la época
profética. El triunfo de los imperios idólatras sobre Israel hacía peligrar la conciencia religiosa de
los israelitas. Los profetas declaran taxativamente que este triunfo no es debido al poder de los
supuestos dioses de los pueblos conquistadores, sino que ha sido preparado y debido al Dios de
Israel, Yahvé, que así quiere castigar las infidelidades de su pueblo. Si Dios anuncia el futuro,
es que es Señor de los acontecimientos históricos, y, por tanto, no deben temer (v.8). Aunque
surjan convulsiones políticas, Israel no debe temer de esos nuevos imperios, porque Yahvé es el
que promueve y controla estos mismos acontecimientos. Por otra parte, Yahvé es la Roca de refugio
(v.8), y sólo El puede dar protección (cf. Dt 32:455). Los israelitas, pues, no deben temer
de las convulsiones que surjan con motivo de las conquistas de Ciro, pues han sido predichas por
el mismo Dios, lo que quiere decir que entran dentro de sus planes.
Inanidad de los ídolos (9-13).
9 Todos los forjadores de ídolos son nada, y sus favoritos no sirven de nada, y son
testigos ellos mismos, no ven nada, no saben nada para vergüenza suya. 10 ¿Quién
forja un dios, quién funde un ídolo para no servir de nada? 11 He aquí que todos sus
devotos serán confundidos; los que los hacen son hombres. Que se junten, que vengan
todos; temblarán cubiertos de vergüenza. 12 Un herrero aguza el cincel, forja en
la fragua su obra, hace la imagen a golpe de martillo y la forja con su robusto brazo;
incluso tiene hambre y está sin fuerzas; no bebe agua, está desfallecido. 13 Quien
trabaja en madera tira la cuerda de medir, lo marca con el lápiz, lo ejecuta con los
cinceles, lo marca con el compás. Hace así como una semejanza de hombre, para
que habite en una casa. de un hombre bello.
Los que fabrican los ídolos son hombres como los demás, y sus favoritos (v.8), e.d., sus ídolos,
son también vaciedad, y sus adoradores son testigos de la inutilidad de sus ídolos, como los israelitas
lo eran de los beneficios y maravillas de Yahvé (43:955); no obstante, en su ceguera y
estupidez, no ven que son sólo un objeto de metal o de madera. Por eso sus devotos, o partidarios
idólatras, serán confundidos (v.11) cuando en la hora crítica vean que no les servirán de nada;
son en realidad factura material de hombres, y ningún hombre puede hacer que una cosa sea dios.
1836
El profeta describe irónicamente el origen material del ídolo (v.12). El artífice lo hace cuidadosamente,
diseñándolo antes con el lápiz, tomando sus medidas con la cuerda, y por fin modelándolo,
logrando una imagen de hombre bello, e.d., una estatua acabada en forma humana, para
que habite en una casa (v.12), e.d., un templo o una casa particular en la que se le dé culto doméstico
como a los dioses penates familiares.
Materialidad de los ídolos (14-17).
14 Córtanse cedros, se toma un roble o una encina, se deja crecer fuerte entre los árboles
del bosque; se planta un pino, que la lluvia hace crecer, 15 y sirven al hombre
para el fuego; toma de ellos para calentarse, enciende para cocer el pan. Además
hace con ellos dioses, ante los cuales se prosterna; hace estatuas, que adora. 16 Ha
quemado el fuego la mitad, sobre sus brasas asa carne, y se sacia comiendo el asado.
Caliéntase luego diciendo: ¡Ea! me caliento, veo la lumbre, 17 Con el resto se hace un
dios, un ídolo, que adora prosternándose ante él, y a quien suplica diciendo: Sálvame,
porque tú eres mi dios.
La ironía del profeta no puede ser más sangrienta, pues presenta al detalle el origen del ídolo,
desde que es cortado en el bosque hasta que es adorado8. Con la madera del mismo árbol, el idólatra
se calienta, así la carne y se levanta una imagen, a la que adora. Con el resto de la madera
que no ha servido para otros usos, forma un ídolo (ν.17).
Esta sátira aparece en el libro de la Sab 13:11-13 9.
Insensatez de los idólatras (18-20).
18 No saben, no entienden, porque están cerrados sus ojos y no ven, están cerrados
sus corazones y no entienden. 19 No reflexionan, no tienen conocimiento ni inteligencia
para decir: He quemado la mitad al fuego, sobre sus brasas he cocido el pan, he
asado la carne y me la he comido; lo que con el resto haga será una abominación;
me prosternaré ante un tronco de madera. 20 Se alimenta de ceniza, un corazón engañado
le extravía, y no salva su alma, diciéndose: ¿No es mentira lo que tengo en
mi diestra?
La idolatría sólo se explica, pues, en gentes que no piensan y tienen los ojos cerrados (v.18). De
otro modo es incomprensible su insensatez para el profeta. Pero el idólatra se apacienta de ceniza
(v.20); e.d., el que tiene sus ilusiones y su corazón pegado a cosas fútiles y vanas como la ceniza,
se extravia en su corazón, estando, por tanto, fuera del buen camino: no salva su alma, e.d.,
su vida, cuando en circunstancias críticas suplique a lo que considera como dios.
Grandeza de Yahvé (21-23).
21 Ten en la memoria estas cosas, Jacob e Israel, porque tú eres mi siervo; yo te he
formado, tú eres mi siervo, Israel; no te olvidaré. 22 Yo he borrado como nube tus
culpas, como niebla tus pecados. Vuelve a mí, que yo te he rescatado. 23 Cantad, cielos,
porque Yahvé lo ha hecho; resonad, profundidades de la tierra; saltad de júbilo
las montañas, cantad todos, árboles de la selva, porque Yahvé ha rescatado a Jacob
y en Israel se glorifica.
1837
El profeta exhorta a Israel a recordar las cosas (v.21) de Yahvé, probable alusión a los v.6-8: sólo
Yahvé es la Roca segura, y ha profetizado los hechos presentes. Israel debe tener en cuenta que
es sierro de Yahvé (v.21), lo que supone muchas obligaciones. Por su parte, Yahvé nunca se olvidará
de Israel, al que ha borrado sus pecados (v.22), como es borrada la nube ante el empuje de
un fuerte viento. Por ello quiere que corresponda a su generosidad retornando a El: vuelve a mí
(v.22). La penitencia es lo único que exige Dios. El profeta, ante el espectáculo glorioso de la
redención de Israel, invita, en apostrofe solemne, a los cielos y a la tierra a que se sumen a la
alegría general de los fieles redimidos (v.23). El rescate de Israel significa la glorificación entre
las naciones, en cuanto que con ello se manifiesta su poder y bondad supremos.
Ciro instrumento de la omnipotencia divina (24-28).
24 Así dice Yahvé, tu redentor, el que en el seno te formó: Yo soy Yahvé, el que lo ha
hecho todo, el que solo despliega los cielos y afirma la tierra. ¿Quién conmigo? 25 El
que deshace las señales de los embusteros y a los adivinos enloquece; el que obliga a
los sabios a retroceder y envuelve en locura su sabiduría, 26 pero mantiene la palabra
de sus siervos y cumple los designios de sus mensajeros; el que dice a Jerusalén:
Serás habitada, y a las ciudades de Judá: Seréis reedificadas; yo levantaré sus ruinas;
27 aquel que dice al abismo: ¡Sécate! y deseca sus corrientes; 28 el que dice a Ciro:
Tú eres mi pastor, y él hará lo que yo quiera; y dice a Jerusalén: ¡Serás reedificada!
y al templo: ¡Serás fundado de nuevo!
Con estos versos comienza una nueva sección, en la que se destaca la importancia de la misión
de Ciro como instrumento de Yahvé en la liberación de Israel. Estos v.24-28 pueden considerarse
como una introducción a la misma.
Yahvé ahora, al dirigirse a Israel, se presenta siempre como su redentor (v.24) y señor de
su historia desde sus mismos orígenes: el que te formó en el seno. Por otra parte, su omnipotencia
se manifiesta en el dominio de la naturaleza: los cielos y la tierra son obra exclusiva suya (cf.
40,22), sin que nadie pueda compartir este honor: ¿Quién conmigo? e.d., ¿quién colaboró conmigo
en la obra de la creación? Por tanto, sólo El es el dueño de las voluntades de los hombres
en la historia, aun de los más tortuosos, como los embusteros (v.25) o adivinos, que pretenden
interpretar determinadas señales que no son sino manifestaciones de la voluntad divina. Toda
su ciencia carece de fundamento, porque en realidad no conocen los designios de Dios en la historia.
El profeta parece aludir aquí a las cavilaciones de los adivinos y astrólogos a propósito de
las conquistas fulminantes de Ciro en el Asia Menor. Sin duda que los magos asalariados de Babilonia,
basados en sus observaciones astrales y en los vuelos de los pájaros, habían anunciado la
derrota definitiva del nuevo enemigo del imperio mesopotámico. Pero Yahvé desbaratará todos
estos cálculos (v.25). Son éstos los sabios, que tendrán que retroceder confundidos ante el fracaso
de sus interesadas predicciones. Su ciencia, pues, será una verdadera estulticia. En cambio,
Yahvé, señor de la historia humana, cumple la. palabra de sus siervos., y mensajeros (v.26), e.d.,
las predicciones de sus profetas sobre la reedificación de Jerusalén: serás habitada (v.26). Para
ello, Yahvé eliminará todos los obstáculos que se opongan a la liberación de Israel: el que dice al
abismo: Sécate (v.27), alusión, sin duda, al paso del mar Rojo, cuando lo secó para que pasaran
sin dificultad los israelitas. La nueva liberación será tan gloriosa como la del Éxodo. Y Dios les
protegerá también en la misma medida con sus intervenciones milagrosas10. En realidad es también
Yahvé el que suscita a Ciro, diciéndole: Tú eres mi pastor (v.28), instrumento de su voluntad.
El título de pastor se aplica frecuentemente en la Biblia al rey y, sobre todo, al futuro Mesías
1838
11. Aquí Ciro es el lugarteniente de Yahvé para gobernar los pueblos, y es el instrumento en la
ejecución de sus designios salvadores sobre Israel. En realidad ordenará la reedificación del templo
de Jerusalén y la repoblación de esta ciudad: dice a Jerusalén: Serás reedificada, y al templo:
Serás fundado.
1 No es necesario aceptar la opinión de Bacher, según la cual aquí el profeta querría sustituir el nombre peyorativo Jacob (suplantador,
engañador) por otro más honroso de recto. — 2 Véase Skinner, o.c., II 53. Cf. Lev 19,82; Ez 9:4; Gal 6:17; Ap 7:3; 13:16.
“Será apellidado.” — 3 La palabra hebrea yequnne, que aparece aquí, ha sido relacionada correctamente con la kunya de los árabes,
e.d., la costumbre de poner un sobrenombre al padre al tener el primer hijo, como título honorífico: Abu abd Rahman: padre
de Abderramán. Cf. SKINNER, o.c., II 52. — 4 “Que venga* está sólo en el texto griego, pero completa bien la idea del texto
hebreo. — 5 Así según una reconstrucción muy verosímil de Duhm, seguida por Condamin, El texto hebreo dice lit. “puesto que
yo he fundado el pueblo antiguo,” e.d., el pueblo hebreo. Así Skinner. — 6 Así según el texto hebreo actual. Algunos prefieren
hacer una reconstrucción: “No hay Roca (refugio) fuera de mí.” — 7 Cf. Is 48:12; Ap 1:8.17; 22:13. — 8 El orden del v. 14 parece
que está trastocado, pues es más lógico empezar por el último estico, en el que se dice que “se planta” un cedro antes de “cortarle.”
— 9 Horacio, en una de sus sátiras, abunda en los mismos términos irónicos, sorprendentemente similares: “Olim truncus
eram ficulnus, inutile lignum, cum faber, incertus, scamnum faceretne priapum, maluit esse deum” (Sat. 1:8-1ss; cf. Skinner, o.c.,
II 57). — 10 Algunos autores creen que el profeta alude aquí a la supuesta estratagema narrada por Herodoto (I 189-191), puesta
en práctica por Ciro para tomar Babilonia, desviando antes el curso del Eufrates, haciendo penetrar los soldados por el lecho del
río desecado. Pero los datos que tenemos en los documentos cuneiformes no avalan esta afirmación. Cf. Skinner, o.c., II 62. — 11
Cf. Jer. 3:15; Ez 24; Miq 5:5; Is 45:4.
45. Ciro, Libertador de Israel.
Conversión de las Gentes.
Ciro, instrumento de Yahvé (1-7).
1 Así dice Yahvé a su ungido, Ciro, a quien tomé de la diestra para derribar ante él
las naciones, y yo desceñiré las cinturas de los reyes, para abrir ante él las puertas y
para que no se cierren las entradas. 2 Yo iré delante de ti y allanaré los ribazos. Yo
romperé las puertas de bronce y arrancaré los cerrojos de hierro. 3 Yo te entregaré
los tesoros escondidos y las riquezas de los escondrijos, para que sepas que yo soy
Yahvé, el Dios de Israel, que te llamó por tu nombre. 4 Por amor de mi siervo Jacob,
por amor de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre, te he dado un nombre
glorioso, aunque tú no me conocías. 5 Soy yo, Yahvé, no es ningún otro; fuera de mí
no hay Dios. Yo te he ceñido, aunque no me conocías, 6para que sepan desde el levante
del sol y desde el poniente que no hay ninguno fuera de mí. 7Yo soy Yahvé, no
hay ningún otro; el que formó la luz y creó las tinieblas, el que da la paz y crea la
desdicha. Yo soy, Yahvé, quien hace todo esto.
En 41:2-4 aparece ya Ciro como elegido de Yahvé avanzando en fulgurantes conquistas. Aquí de
nuevo es presentado como instrumento elegido por Dios para el cumplimiento de sus designios
providenciales. Tenemos un cilindro muy característico de Ciro, en el que este monarca vencedor
se presenta como el elegido del dios babilónico Marduc1. El estilo es parecido. Aquí, en el libro
de Isaías, Ciro aparece como ungido de Yahvé (v.1), título que se aplicaba a los reyes de Israel,
que eran ungidos como representantes de Dios el día de su coronación; si bien se aplicó también
a los patriarcas y al pueblo israelita 2. Ese será, con el tiempo, el título característico del Rey de
los tiempos mesiánicos, el Mesías, título que aparece por primera vez con este sentido en Sal 2.
Ciro, pues, aquí es llamado ungido de Yahvé en cuanto es instrumento de los designios salvíficos
de Dios sobre su pueblo, es decir, el instrumento de la liberación de Israel del yugo babilónico.
No cabe duda que aquí el título dice relación a la misión que ha de cumplir como ser1839
vidor de los intereses del pueblo elegido. Tomé de la diestra, e.d., le protegí y guié en sus victorias
para desceñir las cinturas de los reyes, e.d., desarmarlos, de modo que pudiera abrir las
puertas de las ciudades conquistadas; Yahvé va delante de Ciro (v.2) para quitarle los obstáculos
en su camino, allanando ribazos, convirtiendo su camino en una espléndida avenida triunfal,
hasta llegar a las ciudades cuyas puertas de bronce y cerrojos rompería el mismo Yahvé. Con
ello caerían en su poder los tesoros escondidos (v.3) de las naciones 3. Y la finalidad de esta protección
de Dios es para que Ciro reconozca a Yahvé, Dios de Israel, como principal autor de sus
conquistas, pues El le ha llamado por su nombre (cf. 46:11). En el decreto de Ciro sobre la reedificación
del templo de Jerusalén dirá: Yahvé, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la
tierra (Esd 1:2), lo que es verosímil en labios de Ciro, que también en sus inscripciones se presenta
como llamado por Marduk para tomar Babilonia4. En su política, muy diplomática, buscaba
ante todo ganar la simpatía de cada pueblo sometido, halagando sus creencias religiosas y presentándose
como el enviado del propio dios de cada pueblo. Pero debe quedar claro que, si Yahvé
le ha suscitado y le ha dado la victoria, es por amor de Israel, es decir, con vistas a su liberación
del cautiverio babilónico; por ello le ha dado un nombre glorioso (v.4) como el de ungido,
pastor (44:28; 45:1), aunque no le conocía; es decir, Ciro no sabía que sus conquistas eran debidas
a Yahvé, Dios para él desconocido. Si Dios le protege, es para que todos reconozcan desde el
levante y desde el poniente (v.6) que no hay más Dios que Yahvé, señor de la paz y de la desdicha
(ν.7), en cuanto domina y es arbitro de los destinos de la historia. Los otros ídolos no son
dioses y no pueden prestar auxilio a nadie.
Las bendiciones de los tiempos mesiánicos (v.8).
8 Gotead, cielos, desde arriba, y que las nubes destilen la justicia. Abrase la tierra y
produzca el fruto de la salvación, y germine a la vez la justicia. Yo, Yahvé, lo he
creado.
Puede considerarse este versículo como una explosión lírica sugerida al profeta por la próxima
perspectiva de liberación de la cautividad. Los tiempos mesiánicos eran la obsesión de todo fiel
israelita, porque en ellos habría de instaurarse un reinado de justicia (V.9) o rectitud moral en
las relaciones entre los ciudadanos, y de éstos con el Rey Mesías. Y todo ello se concibe como
un rocío de bendición que viene de lo alto, de los cielos y de las nubes. Sólo Dios puede hacer
que reine la justicia entre los nuevos ciudadanos de la futura teocracia mesiánica: Yo, Yahvé, lo
he creado; esta afirmación solemne de Dios es para garantizar la futura realización de esta época
venturosa de justicia de que habla el profeta; es obra de Dios: lo he creado. Dios garantiza su
realización, que da por hecha. Es el estilo de los perfectos proféticos.
Inutilidad de la oposición a Dios (9-13).
Esta sección parece va dirigida contra un grupo de exilados que no admitían la liberación
por medio de un rey pagano, no israelita, como se promete en Jer 30:21. Y sobre todo esperaban
una intervención milagrosa de Yahvé más espectacular, sin servirse de medios paganos; con ello
resplandecería más la omnipotencia divina.
9 ¡Ay del que contiende con su Hacedor! Es el tiesto de los tiestos de la tierra. ¿Dice
acaso el barro al alfarero: Qué es lo que haces? Y su obra: ¿No tienes manos? 5 10
¡Ay del que al padre dice: ¿Por qué engendraste? y a la mujer: ¿Por qué me pariste?
11 Así dice Yahvé, el Santo de Israel y su hacedor: ¿Me vais a interrogar sobre el
1840
futuro, sobre mis hijos? sobre la obra de mis manos, ¿me vais a dar órdenes? 12 Yo
hice la tierra y creé sobre ella al hombre; mis manos desplegaron los cielos y yo
mando a todos u ejército. 13 Y yo le suscité para justicia y allané todos sus caminos.
El reedificará mi ciudad y libertará a mis desterrados, no por precio ni por dones,
dice Yahvé de los ejércitos.
Aquí se destaca la libérrima actuación de Dios en su providencia. Como señor de todas las cosas
y de la historia, dispone de las cosas según su beneplácito, como el alfarero, que hace a su antojo
las orzas. Nadie tiene derecho a pedir razones a Dios, como tampoco el barro al alfarero (v.8).
Los israelitas, pues, que protestan por haber elegido Yahvé a Ciro como instrumento de su liberación,
no tienen sentido. El que contiende con su Hacedor es el tiesto de los tiestos de la tierra,
e.d., no tiene más categoría ante Dios que el barro o tiesto en manos del alfarero, que lo modela
según su capricho. No es la arcilla en manos del alfarero a quien corresponde negar la habilidad
del alfarero (no tienes manos, V.9). Tampoco el hijo tiene derecho a protestar a su padre por
haberlo engendrado (v.10). Igualmente los israelitas no tienen derecho a pedir a Yahvé cuentas
por el modo de llevar el curso de la historia humana, porque el futuro es la obra de mis manos
(v.11), ya que es el Hacedor o plasmador de la historia de Israel, y ahora va a realizar también
una obra en la historia (v.11), e.d., hará surgir a Ciro como libertador de su pueblo, lo que es un
signo más de la omnímoda omnipotencia divina, pues toma como instrumento de sus designios
sobre el pueblo santo a un gentil. Y como base de su intervención libérrima en la historia está el
hecho de ser el Creador de todo: la tierra, los cielos y el hombre (v.12).· La liberación de Israel
será también obra de Dios, pues Ciro no será sino un instrumento de su providencia en la historia.
Nadie puede permitirse criticar al que es el Hacedor del universo. La aparición de Ciro en la
historia no es sino una manifestación de ese gobierno que Yahvé tiene sobre los pueblos. Dios le
ha suscitado para justicia (ν.13), es decir, para cumplir una misión: la de liberar al pueblo
escogido conforme a las promesas. El, pues, será el encargado de reedificar Jerusalén (mi ciudad)
sin necesidad de ofrecerle de antemano precio ni dones. La liberación de los desterrados es
obra exclusiva de Yahvé, que ha inducido el corazón de Ciro a realizarla. En 43:3 se decía que
Dios le daría, en recompensa por esta obra, grandes regiones y riquezas. Pero en este c.45 Dios
quiere hacer destacar que, como Señor único de Israel y de la historia, no necesita ofrecer rescates
y dones para que sus obras se lleven a cabo. Dios no necesita rebajarse a ofrecer dones para
que sus planes se cumplan. Basta que dé un impulso interno al corazón del hombre para que éstos
se realicen.
Las naciones paganas reconocen al Dios de Israel (14-17).
14 Así habla Yahvé: La labor de Egipto, y la ganancia de Etiopía, y los sobeos, hombres
de elevada estatura, pasarán a ti y serán tuyos, y te seguirán, y te servirán esposados,
y se postrarán ante ti, y suplicantes te dirán: Sólo tú tienes un Dios, no hay
ningún otro; los dioses no existen ya. 15 En verdad que tienes contigo un Dios escondido,
el Dios de Israel, Salvador. 16 Cubiertos de confusión y de ignominia están todos
a una, se van avergonzados los forjadores de ídolos. 17 Israel es salvado por
Yahvé con salvación eterna; no seréis avergonzados ni confundidos por toda la eternidad.
El profeta contempla en la época mesiánica una procesión de pueblos extranjeros africanos desfilando
humillados con su labor y ganancias (v.14), ofreciéndolas como homenaje al pueblo esco1841
gido, que ha tenido como patrimonio al único Dios, Salvador, mientras que los ídolos han desaparecido.
Las victorias de Ciro y la liberación portentosa de Israel han abierto los ojos a Egipto,
Etiopía y Sabá. En Egipto dominaron por algún tiempo las dinastías etíope-nubias, con las que
tenían especiales relaciones los habitantes de Sabá. El profeta los junta como formando un frente
común por occidente contra Judá, y ahora reconciliados con ella. El imperio persa llegó hasta el
corazón de Egipto. Los sobeos, a quienes define como de elevada estatura (v.14), solían constituir
tradicionalmente una clase social de esclavos (cf. 43:3) de los egipcios. El imperio egipcio
en pleno, pues, se postrara ante ti, pidiendo la admisión a participar en el culto del Dios único,
Yahvé, que se ha manifestado para Israel de un modo particular, como Salvador (v.15). Hasta
entonces, para las naciones, Yahvé era como un Dios escondido, pues había permitido que su
pueblo fuese llevado en cautividad 6. Ahora, en cambio, se ha manifestado en toda su omnipotencia,
dejando avergonzados a los ídolos y a sus seguidores (v.16). Las estatuas de los ídolos
para nada han servido, y por eso los forjadores de ídolos están avergonzados. En cambio, Israel
es salvado con salvación eterna, e.d., ha sido liberado, y no volverá a ser humillado de nuevo.
La salvación de Yahvé a todas las gentes (18-25).
18 Porque así habla Yahvé, el que creó los cielos, el Dios que formó la tierra, la hizo y
la afirmó. No la creó para yermo, la formó para que fuese habitada. Soy yo Yahvé, y
ningún otro. 19 No he hablado yo en secreto, en un oscuro rincón de la tierra. No he
dicho yo a la progenie de Jacob: Buscadme en vano. Soy yo Yahvé, que hablo justicia
y proclamo lo recto. 20Reunios, venid, acercaos juntamente los sobrevivientes de
las naciones. No tienen entendimiento los que llevan ídolos de madera y ruegan a un
dios incapaz de salvar, 21 Hablad y exponed, consultaos unos a otros: ¿Quién ha
hecho oír esto desde antiguo y lo anunció desde entonces? ¿No soy yo Yahvé, y no
hay más que yo? No hay Dios justo ni salvador fuera de mí. 22 Volveos a mí y seréis
salvos, confines todos de la tierra. Porque yo soy Dios, y no hay otro. 23Por mí he jurado,
salió la justicia de mi boca, una palabra irrevocable. Porque doblaráse ante mí
toda rodilla y jurará toda lengua, 24 diciendo: Ciertamente en Yahvé tengo justicia y
fuerza, a El vendrán cubiertos de ignominia todos los inflamados contra El. 25En
Yahvé será justificada y glorificada toda la progenie de Israel.
Este fragmento constituye una nueva profecía. La anterior “quedó cerrada solemnemente en el
ν.17. Allí se hablaba de la liberación de Israel; aquí se hace una llamada salvadora a todos los
pueblos en nombre de Yahvé. Enfáticamente se presenta a Yahvé como el creador de cielos y
tierra (v.18). Si creó la tierra, lo hizo con una finalidad muy noble, y no para dejarla convertida
en yermo 7, sino para que fuese habitada. No entra, pues, en sus planes la idea de destrucción de
la vida. Dios tiene un designio salvador sobre la humanidad. Este designio bienhechor de Dios se
demuestra por las revelaciones públicas que ha hecho a Israel. No ha hablado ocultamente con
frases enigmáticas para que no las entendieran (V.19). No habló en un rincón oscuro de la tierra,
es decir, en el desierto, llamado frecuentemente “país de tinieblas.” Yahvé no habló en lugar solitario,
sino públicamente 8; por otra parte, Yahvé no ha dicho a Israel: Buscadme en vano (V.19),
es decir, sin indicar el modo de ser encontrado. Sus revelaciones fueron suficientemente claras
para que pudieran orientarse en la búsqueda de Dios, pues siempre le señaló el camino de la justicia
y de los rectos 9.
Yahvé convoca a las naciones a reunirse y decidir por sí mismas sobre lo que acaba de
decir, e.d., sobre el testimonio de Yahvé acerca de la justicia y de lo recto. Como en capítulos
1842
anteriores, aduce la prueba de su veracidad en la venida de Ciro, que sólo El ha predicho, y no
los ídolos. Esta invitación está dirigida a los sobrevivientes de las naciones (v.20), e.d., a los que
han escapado al juicio de Dios sobre los pueblos antes de la inauguración mesiánica, después de
las victorias de Ciro. Y Dios de nuevo invita a las naciones reunidas a exponer sus puntos de vista
(v.21) sobre el hecho de la aparición de Ciro, que sólo ha sido predicha por Yahvé (¿Quién ha
hecho oír esto desde antiguo? v.21). Este anuncio de antemano es prueba de que sólo Yahvé es
el único Dios (v.21). Si, pues, es el único que conoce el futuro y domina los acontecimientos de
la historia, es el único Salvador (v.21). Por eso invita a todas las naciones a volverse a El (v.22),
como único Ser digno de recibir culto y acatamiento. Dios ha jurado (v.22) con carácter irrevocable
que se doble ante El toda rodilla y jure toda lengua 10. Todos los inflamados contra El
(v.24), e.d., los que furiosamente se oponen a Yahvé, volverán a El confundidos como consecuencia
de ese juramento que Yahvé ha hecho. Todos tendrán que reconocer que la justicia y la
fuerza (v.24) no pueden provenir sino de El, ya que es el único Salvador, que otorga la victoria,
mientras que los ídolos son seres inertes. Aquí justicia equivale a victoria. Todo el que se
adhiera a Yahvé, triunfará; y al contrario, el que no le reconozca será avergonzado. En Yahvé
será justificada, e.d., saldrá vencedora, toda la progenie de Israel (v.25), y ese triunfo será causa
de que Israel sea glorificado ante todos los pueblos.
1 El interesante documento dice así: “Marduk eligió un príncipe justo según el deseo de su corazón, para tomarlo de la mano. A Ciro,
rey de la ciudad de Anzam, cuyo nombre pronunció y llamó para dominar sobre todo el mundo. El país de Quti. sometió a sus
pies. Le hizo tomar el camino de Babilonia, yendo a su lado como amigo” (H. Gressmann, Altorientalische Texte zum A.T. 2.a ed.,
369). — 2 Cf. Sal 105:15; Hab 3:13. — 3 Los autores greco-romanos hablan de las grandes riquezas tomadas por Ciro al entrar en
Babilonia. Cf. ESQUIL., Pers. 53; Plinio El Viejo, Htsf. Nat. 33:3. — 4 Cf. Gressmann, Altorientalische Texte zum A.T. 2.a ed.,
p.3ÓQ. — 5 Así según los LXX. El TM lit.: “y tu obra: no hay manos para él.” — 6 Cf. Is 43:3; 55:8; Dt 29:29; Prov 25:2. — 7 El
texto hebreo emplea la palabra tohu (cf. Gen 1:2), que significa caótico, sin distinción, informe. — 8 Algunos interpretan país de
tinieblas, cono sinónimo de seol, la morada de las sombras de los difuntos. La nigromancia era el arte de consultar a los muertos.
Yahvé, pues, aquí diría que El no habló con artes nigrománticas. — 9 Lit. “buscadme en el caos” o “yermo,” e.d., sin orientación.
Cf. Is 41:1-4.21-29; 43:9-31· — 10 Cf. Gen 22:16; Jer 22:5; Heb 6:13; Rom 14:11; Flp 2:10-11.
46. Caída de los ídolos de Babilonia.
Yahvé, Gloria de Israel.
Babilonia, simbolizada en sus ídolos, sufre un colapso total. Esto señala la hora de la liberación
de los cautivos israelitas. En contraposición a esto, Yahvé despliega toda su omnipotencia con
sus protegidos.
Impotencia de los ídolos y omnipotencia de Yahvé (1-4).
1 Postrado Bel, abatido Nebo, sus simulacros son puestos sobre animales y bestias de
carga; las cosas que llevabais han sido un peso, una carga para el fatigado (animal).
2 Están encorvados, doblegados a la vez; no pudieron salvar la carga, y ellos mismos
van al cautiverio. 3 Oídme, casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, que
habéis sido cargados (sobre mí) desde el vientre, llevados desde el seno. 4 Yo mismo
hasta la vejez y hasta la canicie (os) portaré. Como ya hice, (os) llevaré, (os) portaré
y os preservaré.
El profeta contrapone irónicamente la conducta de los ídolos de Babilonia y la de Yahvé. Aquéllos
no sólo no pueden salvar a sus seguidores, sino que tienen necesidad de ser llevados por los
babilonios en su huida, mientras que Yahvé no es llevado, sino que se encarga de llevar y salvar
1843
a sus adoradores. Yahvé, en realidad, es el portador de su pueblo a través de las vicisitudes de su
historia.
Bel y Nebo (Júpiter y Mercurio babilónicos) eran las divinidades supremas del panteón
babilónico . Los ciudadanos babilónicos quieren salvar sus divinidades en la huida, para seguir
disfrutando de su protección y para que no caigan en poder del invasor, con lo que sus poderes
quedarían muy reducidos. Las cosas que llevabais es alusión a las procesiones babilonias, que
constituían por su pompa el orgullo de los babilonios. Efectivamente, Bel (Marduk) y Nebo eran
llevados procesionalmente en barcas en el día de año nuevo. Ahora la situación ha cambiado, y
son una carga para el fatigado animal en la huida. La descripción es ideal, conforme a las escenas
usuales en tiempos de invasión. En realidad, Ciro, al conquistar Babilonia, se portó muy
condescendiente con las creencias religiosas de sus nuevos súbditos, y, lejos de llevarse los ídolos,
como habían hecho otros conquistadores, procuró aplacarlos con ofrendas y actos de culto.
Esta descripción del profeta prueba que fue escrita antes de la toma de Babilonia por Ciro. Los
profetas conocen muchas veces el hecho sustancial futuro, mientras se les escapan las circunstancias
concretas del mismo; y utilizan en sus descripciones circunstanciales tópicos literarios
recibidos. Aquí el profeta describe la caída de Babilonia con los colores habituales de pánico,
huida de los habitantes con sus dioses. No se compromete, pues, en realidad, la veracidad histórica
del vaticinio si tenemos en cuenta el género literario profético con sus recursos habituales 2.
En contraposición a esta situación vergonzosa de los dioses llevados por sus devotos para
salvarlos, el profeta presenta la actitud de Yahvé llevando personalmente a sus adoradores a través
de las vicisitudes de la historia. Yahvé verdaderamente lleva a su pueblo desde el seno materno.
hasta la vejez (v.3-4), e.d., desde el principio del pueblo israelita como nación hasta el fin.
Los padres se preocupan de sus hijos mientras son niños; pero, cuando son adultos, se desentienden
de ellos; no así Yahvé, que durante toda la vida histórica de su pueblo le ha llevado y le llevará:
como yo hice, (os) llevaré (v.4) 3.
Impotencia de los ídolos (5-7).
5¿A quién queréis compararme, y equipararme, y asemejarme, de forma que fuésemos
iguales? 6Aquéllos sacan oro de la bolsa, pesan la plata en la balanza, pagan al
orfebre y hacen un dios, se postran y le adoran, 7le cargan a hombros, le llevan, le
ponen en un lugar, y allí se está, no se mueve de su sitio. Claman a él, pero no responde,
no les libra de sus tribulaciones.
Es una sección muy similar, por el tono irónico y concepción, a 44:9-20. Se destaca la estulticia
de los idólatras, que se confían a un simulacro fabricado por manos de hombres. Aunque estén
recubiertos de oro y de plata, siempre serán algo inerte. La ironía es sangrienta. El ídolo está tan
muerto, que tiene necesidad de ser transportado, y donde le dejan, allí permanece. Es inútil que
sus devotos le hagan súplicas, pues no las oye. ¡Qué contraste con Yahvé, siempre viviente y activo!
Por eso les dice enfáticamente: ¿A quién queréis compararme.? (ν.6). No admite representaciones
ni simulacros suyos, porque nada puede dar idea de su naturaleza trascendente y santa:
“Es el que es,” Yahvé.
Apelación a la historia y a la profecía para probar. su divinidad (8-11)
8 Acordados de esto y entendedlo4, reflexionada de nuevo, transgresores. 9Recordad
los tiempos pasados desde antiguo, porque yo soy Dios, y no hay más Dios fuera de
mí. 10 Yo anuncio desde el principio lo último, y de antemano lo que no se ha hecho.
1844
Yo digo: Mis designios subsistirán, y cumplo toda mi voluntad. 11Yo llamo del levante
al ave de presa, de lejana tierra al hombre de mi consejo5. Como lo he dicho, así lo
llevaré a cabo; corno lo he planeado, así lo realizaré.
Yahvé apela de nuevo a su conocimiento del futuro para probar su divinidad. Invita a sus enemigos
a recordar sus gestas pasadas. Todo sucedió como lo había anunciado (v.10). La profecía
siempre ha sido considerada como privativa de Dios, en cuanto que supone el dominio sobre la
marcha de la historia. Toda la historia es el despliegue de los designios de Dios, que terminan
por imponerse (v.10). El acontecer histórico para el profeta es algo más que un caos de hechos
que fortuitamente se yuxtaponen. Por encima de ellos está Yahvé, que dirige los hilos de la trama
del cosmos y de la humanidad: cumplo toda mi voluntad (v.10). Es. Yahvé el que ha suscitado a
Ciro, el ave de presa que ha llamado desde el levante (v.11). Se le llama ave de presa por su celeridad
en la conquista y su rapacidad como invasor. En Jer 49:22 y Ez 17:3 se compara también
a Nabucodonosor al águila. Ciro es el instrumento de los designios históricos de Dios 6.
La salid de Sión (12-13).
12 Oídme, hombres de duro corazón 7, que estáis lejos de la justicia. 13 Yo haré que se
os acerque mí justicia; ya no está lejos, y no tardará mi salvación. Yo pondré en
Sión la salud, y mi gloria en Israel.
Dios se dirige a los obstinados o a los pusilánimes (que las dos interpretaciones son posibles) para
que se percaten de que Yahvé puede traerles la justicia o victoria, que aquí es sinónimo de
salvación (v.13). Y ésta tendrá su sede en Sión, centro de la nueva teocracia. Los profetas viven
obsesionados con la idea mesiánica, y de ahí que constantemente recurran a ella como medio de
consuelo y de mutuo estímulo. Parece que los contemporáneos del profeta se sentían descorazonados,
ya que consideraban la salvación como algo que estaba lejos (ν.13). En la mente del profeta,
Dios está dispuesto a intervenir para inaugurar la nueva era de ventura y de justicia.
1 “La palabra Bel (Belu) es la equivalente al ba'al hebreo, y significaba una divinidad particular y un nombre genérico de divinidad.
Como nombre propio se aplicaba a Marduk (Merodac), divinidad tutelar de Babilonia, si bien se habla de otro Bel, que aparece
como su padre. Nebo (Nabu) era el hijo de Marduk, y su culto tenía lugar en Borsippa, cerca de Babilonia. Su nombre Nabu se relaciona
con la raíz Ναίπ hebrea: profeta, lo que hace pensar que era el “locutor” de los dioses (como Mercurio, Act 14:12). Se le
consideraba inventor de la escritura. Como aparece en los nombres de reyes caldeos (Nabopolasar, Nabucodonosor, etc.), se cree
que era el protector de la dinastía” (Skinner, o.c., II 76). — 2 Cf. Condamin, O.C., 2848. — 3 Cf. Ex 19:4; Dt 1:31; 32:11; Os
11:3. — 4 El significado del verbo que traducimos por “entendedlo” es incierto, pero el contexto es claro. — 5 El texto hebreo lee
“su consejo.” Pero el qere lee “mi consejo,” que está mejor en el contexto, y así lo entienden los LXX. — 6 Algunos ven en ave
de presa una alusión al águila real de oro que campeaba en las insignias reales persas; cf. JENOF., Cirop. VII 1:4. . , — 7 Las palabras
hebreas que traducimos por “duros de corazón” pueden tener el s< de “obstinados” y “desanimados” (así LXX).
47. Caída de Babilonia.
Este fragmento es de un subido lirismo irónico. El profeta invita a Babilonia, concebida como
una reina majestuosa sentada en su trono, a que deponga sus atavíos y abandone el trono, para
dedicarse modestamente a las faenas domésticas, propias de una esclava. Ha tratado tiránicamente
a los cautivos de Israel, y ahora es apostrofada con energía. La desgracia y la tragedia se abatirán
sobre la gran metrópoli mesopotámica, señora de naciones. Por el tono, esta sección es muy
similar al canto irónico dedicado al rey de Babilonia, que desciende al seol (Is 14:4-21). La suerte
de Babilonia contrastará con la de Sión, que antes había quedado como viuda sin hijos, y ahora
va a sentir la alegría de la múltiple maternidad (49:1455; 51:1755). Podemos considerar este
1845
fragmento como secuencia lógica del c.46, en que se ironiza la huida vergonzosa de los habitantes
de Babilonia con sus ídolos.
Babilonia convertida en esclava (1-4).
1 Desciende y siéntate en el polvo, virgen hija de Babilonia. No más trono, siéntate en
la tierra, hija de los caldeos. Ya no te llamarán más la delicada y tierna. 2 Toma la
muela y ve a moler la harina; quítate el velo, pon haldas en cinta, descubre tus pantorrillas
y pasa los ríos. 3 Descubierta será tu desnudez y se verán tus vergüenzas. 4
Yo tomaré venganza implacable, dice nuestro redentor; Yahvé de los ejércitos es su
nombre, el Santo de Israel.
El profeta invita a Babilonia a “sentarse en el polvo” (v.1) en señal de duelo por su nueva situación
(3:26). Se la llama virgen, hija de Babilonia, en cuanto que no ha sufrido el yugo extranjero.
Históricamente, sin embargo, Babilonia había estado sometida a Asiría; pero el profeta habla de
la situación actual, en que Babilonia obra a su antojo. La expresión hija de Babilonia equivale en
el lenguaje bíblico a Babilonia simplemente. Es una aposición al nombre. La ciudad es concebida
como un ser viviente lleno aún de juventud (cf. Jer 46:11). Se la llama hija de los caldeos (v.1)
porque reinaba en Babilonia la dinastía caldea 2. Era tierna y delicada, en cuanto que, por constituir
el emporio comercial de oriente y la capital política del imperio, se había hecho sibarítica y
afeminada en extremo. La imagen se adapta bien a la idea de una virgen objeto de todas las atenciones
domésticas, que teme contaminarse al pisar el suelo (Dt 28:56). La condición social va a
cambiar totalmente, y la virgen hija de Babilonia tendrá que someterse a los duros trabajos de la
esclava: toma la muela (v.2) (cf. Ex 11:5; Job 31:10). Por ello debe quitarse todo atuendo que
indique distinción y señorío: quítate el velo. Era el gran velo que las damas de buena posición
llevaban sobre la espalda, cayendo hasta la cintura o hasta los píes (Cant 4:1-3; 6:7). Y al mismo
tiempo se la invita a remangarse; pon haldas en cinta (v.2), pues va a ser deshonrada ante todos
los pueblos, siendo obligada a descubrir su desnudez (v.3). Y todo esto como consecuencia de la
venganza implacable (v.4) de Yahvé, que es el redentor (v.4) de Israel, en cuanto que le libera de
la opresión babilónica, castigando a la nación tirana. Y todo ello porque es el Santo de Israel
(v.4), e.d., está vinculado a los destinos históricos del pueblo elegido. Como santo, no podía tolerar
indefinidamente las injusticias de la nación opresora, y, como vinculado a Israel, debía salir
por sus fueros en virtud de las antiguas promesas mesiánicas.
La arrogancia de Babilonia, causa de su ruina (5-7).
5 Siéntate en silencio, súmete en tinieblas, ¡hija de los caldeos! Ya nunca más te llamarán
soberana de los reinos. 6 Estaba yo airado contra mi pueblo, y dejé profanar
mi heredad y la entregué en tus manos. Tú no tuviste piedad e hiciste pesar tu yugo
sobre los ancianos. 7 Tú decías: Yo seré siempre, por siempre señora, y no reflexionaste,
no pensaste en tu fin.
Apostrofe contra Babilonia, que, en su arrogancia, se consideraba la perpetua señora entre los
pueblos. En su insolencia ha tratado tiránicamente al pueblo de Dios. Ahora que llega su hora, se
la invita a sentarse en silencio., en tinieblas (ν.6), símbolo de la humillación y de la prisión
(42:7).
Yahvé castigó a Israel por sus pecados, y permitió profanar su heredad (v.6), e.d., su
pueblo escogido, entregándolo a los babilonios, que se excedieron en el castigo, sometiendo a un
1846
yugo sobre los ancianos y débiles (Lam 4:16; 5:12). Quizá se les sometió a trabajos forzados. No
obstante, por lo que nos dicen Jeremías (29:1) y Ezequiel, el cautiverio no fue tan duro, ya que se
les permitía a los exilados cierta autonomía y participar en la vida económica y social. Babilonia,
en su presunción, creyó que iba a permanecer siempre, y por eso oprimía a Israel sin reservas, sin
pensar que es Yahvé quien lo entregó en sus manos. En realidad, el mismo Yahvé, que había
hecho justicia sobre Israel, la haría al fin sobre su opresora Babilonia.
Babilonia, privada de sus hijos (8-9).
8 Escucha, pues, esto, voluptuosa, que te sientas tan segura, que dices en tu corazón:
Yo, y nadie más que yo; no enviudaré ni conoceré la orfandad. 9Ambas cosas te vendrán
de repente, en un mismo día: la orfandad y la viudez en toda su plenitud 3 vendrán
sobre ti a pesar de tus numerosos agüeros y de tus poderosos encantamientos.
Babilonia se sentaba segura (v.8) en su trono, entregada a los placeres despreocupada, y, en su
insolencia, decía interiormente: Yo, y nadie mas que yo (v.8), despreciando con arrogancia a los
demás pueblos vasallos. Se siente fuerte y no teme quedarse sola: No enviudaré ni conoceré la
orfandad (v.8). Cree que no se verá privada de sus numerosos hijos, que no han de caer bajo la
espada ni serán llevados en cautividad. No ve la posibilidad de ser invadida por otro conquistador
(cf. Sof 2:15). Pero se acerca el día en que (invasión de Ciro) le sobrevendrán los dos mayores
males para una madre: quedarse viuda y sin hijos. La ciudad quedará sola como una viuda, y
de nada le servirán sus agüeros. y encantamientos (ν·9). Que constituían la ciencia característica
de Babilonia. La astrología era muy cultivada, y, con sus conocimientos, los sabios creían poder
dirigir el curso de la historia. Pero de nada servirán estos cálculos a la hora de la verdad, pues es
Yahvé el que dirige los acontecimientos humanos.
Babilonia y la magia (10-12).
10 Tú estabas fiada en tu maldad, y decías: No me ve nadie. Tu sabiduría y tu ciencia
te engañaron, y decías en tu corazón: Yo y no más que yo. 11 Pero va a caer sobre ti
un mal que no sabrás conjurar, y caerá sobre ti una ruina que no podrás borrar 4;
vendrá de repente sobre ti una devastación, sin que lo sepas. 12 Acude, pues, con tus
encantamientos, con tus muchas hechicerías, con que te fatigas desde la niñez; quizá
puedan servirte, quizá puedan hacerte terrible.
Babilonia confiaba en su astucia y malas artes para continuar su dominio sobre los pueblos, creyendo
que nadie vigilaba sus actos (no me ve nadie, v.10), según el proceder general de los impíos
(cf. Sal 10:11). Pero de nada le valdrá su sabiduría y ciencia (v.10), e.d., sus artes mágicas
esotéricas, como la astrología, de la que se gloriaba ante los pueblos. No podrá conjurar (v.11) el
mal que se cierne sobre ella en forma de amplia devastación. El profeta invita irónicamente a
Babilonia a que despliegue todas sus artes mágicas, que maneja tan diestramente desde la niñez
(v.12). Según Diodoro de Sicilia, los babilonios “intentan evitar el mal y procurar el bien por purificaciones,
sacrificios y encantamientos”5. Estos tenían cierto valor expiatorio ante las divinidades;
por eso aquí se dice que no podrá borrar o expiar (v.1:1) esa ruina que viene de Yahvé.
Tampoco la harán terrible para espantar los malos genios que se ciernen sobre ella.
Impotencia de las artes mágicas (13-15).
13 Estás cansada de tanto consultar. Que se presenten, pues; que te salven los que di1847
viden los cielos, y observan las estrellas, y hacen la cuenta de los meses, de lo que ha
de venir sobre ti. 14 Helos aquí como briznas de paja que ha consumido el fuego; no
podrán salvar sus vidas del poder de las llamas; brasas, pero no para calentarse a
ellas, ni hoguera para sentarse ante ella. 15 Eso serán para ti aquellos por quienes te
afanaste, tus mercaderes desde tu juventud 6. Cada cual vagará por su camino, y no
habrá quien te salve.
Se presenta a Babilonia nerviosa, consultando a los observadores de fuerzas ocultas, y desilusionada
con sus respuestas: cansada de tanto consultar (v.13). Todos los adivinos que consultan el
curso de los cielos no podrán hacer nada para salvarla. Los que dividen los cielos (ν.13), e.d., los
astrólogos, que parcelan el cielo para localizar sus observaciones, serán tan impotentes como los
que hacen la cuenta de los meses o novilunios en los calendarios mensuales, con señalamiento de
días de desastre y de bonanza relacionados con determinados hechos de los hombres: de lo que
ha de venir sobre ti (v.13). En realidad, todos estos magos y adivinos son tan impotentes como
briznas de paja (v.14) ante el fuego huracanado de la invasión y devastación, y si son impotentes
para salvar sus vidas ¿cuánto más para ir en auxilio de otros? En realidad, el fuego de la invasión
será tan devastador, que no servirá para calentarse, sino para abrasarse en sus llamas. Ni los
mercaderes con los que traficó desde su juventud, e.d., desde su remota historia, le servirán de
ayuda en el momento crítico, pues entonces cada cual vagará por su camino (v.15), e.d., huirán
vagabundos hacia su país de origen para librarse del turbión, y la dejarán sola, sin que haya nadie
que la salve.
1 Así según una reconstrucción seguida por Duhm y Skinner. — 2 Los caldeos eran una tribu semita del sudeste de Mesopotamia. —
3 En vez de en toda su plenitud, que es traducción literal del texto hebreo, los LXX y la Pesh. traducen “súbitamente,” por una ligera
confusión de letras. Esta lectura es seguida por la Bib. de Jer. — 4 La palabra hebrea que traducimos por borrar significa
también “expiar.” Aquí en el sentido de alejar un mal con expiaciones. — 5 Cf. Skinner, o.c., II 85. — 6 Así según el texto
hebreo. Con un ligero cambio de letras, otros leen magos en vez de mercaderes. Cf. Condamin, o.c., p.28g.
48. La Liberación de Israel, Obra de Yahve.
Este capítulo es como una recapitulación de la argumentación sobre las predicciones en los capítulos
anteriores. Los hechos han demostrado que todo ha sucedido conforme a las predicciones
de Yahvé. Israel no tiene excusa ante el cumplimiento de las profecías. La conquista de Babilonia
por Ciro será un ejemplo de estas profecías. Suele dividirse el capítulo en cuatro partes: 1) las
profecías de Yahvé en la historia (i-n); 2) anuncio de la conquista de Babilonia por Ciro (12-16);
3) la historia de Israel hubiera sido muy diferente si hubiera sido fiel a Yahvé (17-19); 4) invitación
lírica a los exilados a salir de Babilonia (20-22). Este capítulo clausura otra gran sección del
libro de Isaías.
Las predicciones antiguas (1-6).
1 Oíd esto, casa de Jacob, los que llevan el nombre de Israel, los salidos de las entrañas
de Judá, los que juran por el nombre de Yahvé y celebran el Dios de Israel, pero
sin verdad y sin justicia, 2porque llevan el nombre de la ciudad santa y se apoyan en
el Dios de Israel, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos. 3Lo que ha pasado, ya ha
tiempo lo predije, de mi boca salió. Yo lo hice oír, y de improviso obré, y todo se ha
cumplido. 4Porque sabía que eres duro y es tu cerviz una barra de hierro, que tienes
una frente de bronce. 5Yo te predije esto hace tiempo, antes de que sucediera te lo di
1848
a saber, para que no dijeras: Lo ha hecho mi ídolo; mi estatua, mi simulacro lo
mandó. 6 Ya lo has oído, míralo todo ello, y ahora vosotros, ¿no lo anunciaréis?
Los israelitas llevan un título honorífico, el nombre de Israel (v.1), que es un verdadero timbre
de gloria, ya que les recuerda el gran antepasado elegido y protegido por Yahvé (Gen 32:29), y
han salido de las entrañas de Judá 1, gran antepasado de la tribu señora en Israel desde la implantación
de la monarquía israelita. Sin embargo, tienen una conducta poco sincera y puramente
formulista al jurar en nombre de Yahvé y celebrarlo con los labios; pero esto no corresponde a su
proceder en la práctica: sin verdad y sin justicia (v.1). Además, se glorían de pertenecer a la ciudad
santa y de estar bajo el amparo del Dios de Israel. Pero si esto es un timbre de gloria, es
también una exigencia moral y espiritual mayor. Por tanto, si la conducta de ellos no corresponde
a su categoría superior entre los pueblos, la responsabilidad y el castigo deben ser mayores.
Después de esta introducción enfática y amenazadora, Yahvé vuelve de nuevo a su argumentación
a base de las profecías antiguas cumplidas: lo que ha pasado, ya ha tiempo lo predije
(v.3) 2. Los israelitas son testigos de ello. Y todo esto es por la dureza y obstinación tradicional
de Israel: sabía que eres duro (v.4). Esta expresión ya tenía una antigua tradición en la literatura
bíblica 3. Israel ha sido demasiado insensible a lo espiritual a través de la historia. Es la gran acusación
de los profetas: es tu cerviz una barra de hierro (v.4) 4; es desvergonzada, insolente: tienes
una frente de bronce 5.
Además, estas predicciones de Yahvé tenían un claro fin apologético ante su pueblo: te lo
di a saber para que no dijeras: Lo ha hecho mi ídolo (.6). Israel tenía una propensión innata a la
idolatría, y, a pesar de los portentos que constantemente veía en su historia, debidos a Yahvé, por
instinto los atribuía a sus ídolos favoritos, más condescendientes con sus instintos pasionales y
sus egoísmos. El Yahvé del Sinaí era demasiado adusto y exigente para ellos, y por eso buscaban
los cultos idolátricos, llenos de atractivos sensuales. El profeta, pues, en esta sección recrimina
acremente la conducta del rebelde Israel a través de su historia. Ahora que todo está cumplido
(míralo todo ello, v.6), invita a Israel a dar testimonio de ello, es decir, a reconocer las profecías
cumplidas como prueba de la divinidad de Yahvé: y ahora vosotros lo anunciaréis (v.6).
Nuevas predicciones (6-11).
6 Yo te he hecho oír cosas nuevas desde ahora, cosas ocultas que no conocías. 7Ahora
han sido creadas y no hace tiempo, antes de hoy no las habías oído, para que no dijeras:
Ya lo sabía yo. 8No lo habías oído ni lo conocías, ni desde antiguo se había
abierto tu oído6. Porque sabía que eres pérfido, y tu nombre es rebelde desde el seno
materno. 9Yo por mi nombre difiero mi ira, y por amor de mi gloria me contengo
frente a ti, para no exterminarte. 10 He aquí que te probé al fuego, y no había plata;
te he pasado por la hornaza de la aflicción. 11 Es por mí, por amor de mí lo hago,
porque ¿cómo (mi nombre) sería profanado? 7, y mi gloria a nadie se la doy.
Yahvé anuncia ahora cosas nuevas (v.6), e.d., el mensaje de consolación para su pueblo, que le
permanecía oculto hasta estos tiempos. Dios las tuvo ocultas para que pudieran atribuirlas a los
ídolos. Estas cosas nuevas entran ahora en su fase de realización: ahora han sido creadas (v.7). Y
no se lo comunicó antes para que fuesen más impresionados en el momento de la realización:
para que no dijeras: Ya lo sabía yo (v.7). Israel no tenía noticias de esta súbita promesa de liberación
que se va a cumplir muy pronto. Yahvé sabía que Israel era pérfido. , rebelde desde el se1849
no materno (v.8), y, por tanto, no quería rebelarle de antemano esto, que podía atribuir a los ídolos.
Yahvé mantuvo el secreto de la aparición de Ciro y de la liberación, y no se lo comunicó por
revelaciones hasta ahora. La historia de Israel ha sido tan pecaminosa, que hubiera merecido el
exterminio más amplio; pero Yahvé, por amor de su nombre y de su gloria (V.9), difiere su ira.
La ruina total de Israel hubiera comprometido la fama y gloria de Yahvé, su Dios, ante los gentiles,
que considerarían lo de la desaparición total de Israel como un fracaso debido a la impotencia
de su Dios nacional. Además, quizá en la palabra mi gloria (o mejor, “alabanza”) aluda al
culto, que desaparecería totalmente con el exterminio de Israel como pueblo. Si Dios ha castigado
al pueblo elegido con la cautividad, ha sido para purificarlo: te probé al fuego (v.10) con esperanza
de forjar un pueblo fiel y santo; pero el resultado ha sido negativo: no había plata
(v.10), es decir, el pueblo no supo aprovechar la lección del castigo y, en lugar de demostrar su
fe en Yahvé, ha seguido fuera de camino, como si todo fuera basura sin valor. La hornaza de la
aflicción (v.10) ha sido el crisol empleado por Yahvé para aquilatar la profundidad de los sentimientos
religiosos de Israel. Y Yahvé vuelve de nuevo a la idea de que lo que va hacer (por mi
amor lo hago), e.d., la liberación de Israel tomando como instrumento a Ciro, se debe al celo por
su gloria, para que no fuera profanado, blasfemado (cómo sería profanado) por los gentiles. Y,
por otra parte, lo que va a realizar (las cosas nuevas, v.6) se debe exclusivamente a Él, no a los
ídolos: mi gloria a nadie se la doy (v.11). Sólo Yahvé es capaz de realizar la nueva gesta de la
liberación de Israel.
Ciro, enviado por Yahvé (12-16).
126yeme, Jacob, e Israel, a quien he llamado; soy yo, yo el primero, y aun también el
postrero. 13Mi mano cimentó la tierra, mi diestra desplegó los cielos, y los llamé y
luego aparecieron. 14Reunios todos y oíd: ¿Quién de entre ellos anunció estas cosas?
Aquel a quien ama Yahvé, cumplirá su voluntad contra Babilonia y contra la raza
de los caldeos. 15Yo, yo he hablado, yo le he llamado, yo le guío y hago prosperar sus
caminos. l6Acercaos a mí y oíd esto: Desde el principio no os he hablado en secreto;
cuando las cosas se hacían, allí estaba yo. Y ahora Yahvé me ha enviado con su espíritu.
Yahvé va a manifestar cosas nuevas por amor de su gloria; para ello, como garantía, presenta sus
credenciales de creador de todas las cosas y forjador de la historia de Israel desde su elección. Es
una recapitulación de conceptos ya expresados en capítulos anteriores. Yahvé se encara amorosamente
con Israel, a quien ha llamado (v.12) como pueblo elegido. Yahvé es eterno, señor del
tiempo: el primero y el postrero (v.12). La frase ya apareció en 41:4; 44:6. Al comenzar a existir
las cosas, era ya Señor supremo de todo, y cuando llegue la consumación de ellas seguirá como
arbitro de la historia humana y de la creación toda. Y Yahvé se encara con los israelitas para que
presenten predicciones semejantes a las que ahora les comunica: ¿quién de entre ellos anunció
estas cosas? (v.14). Entre ellos, e.d., los dioses paganos, a los que los israelitas se sentían muchas
veces inclinados.
Y llega el punto culminante del vaticinio: la aparición de Ciro, conquistador de Babilonia
y libertador de Israel. Aquel a quien ama Yahvé es una apelación interesante. Salomón fue llamado
también amado de Yahvé (2 Sam 12:24).8·Ciro, por su misión de liberador del pueblo elegido
y por ser instrumento de Yahvé, es llamado su amigo; por permisión de Yahvé cumplirá su
voluntad contra Babilonia y la raza de los caldeos. Será el instrumento de Yahvé: cumplirá su
voluntad de castigar a los habitantes de la gran metrópoli de los caldeos. Y Yahvé es quien le ha
1850
llamado, haciendo prosperar sus caminos, sus conquistas. Y todo esto lo había predicho Yahvé,
no de un modo enigmático (desde el principio no os he hablado en secreto, v.16), desde el principio
de la historia de Israel, o mejor, desde que las cosas empezaron a cumplirse (cuando las
cosas se hacían). Estaba allí Yahvé (allí estaba yo) dirigiendo el curso de los acontecimientos,
de modo que le pudieran conocer. La frase final: Y ahora Yahvé me ha enviado con su espíritu
(15b), parece ser una declaración del profeta para confirmar su misión 9.
Utilidad de la ley del Señor (17-19).
17 Así habla Yahvé, tu redentor, el Santo de Israel: Yo soy Yahvé, tu Dios, que para
utilidad tuya te enseña y te pone en el camino que has de seguir. 18 ¡Ahí, si hubieses
atendido a mis mandamientos, tu paz sería como un río, y tu justicia como las olas
del mar. 19 Y sería como arena tu simiente, y los frutos de tus entrañas como sus
granos 10, y no sería extirpado ni exterminado tu nombre delante de mí11.
El profeta hace ver a Israel, en un tono desilusionado, que la conducta de Israel ha sido decepcionante
para Yahvé (cf. Sal 81:13-16). Si hubiera sido fiel a su Dios, otro sería el panorama actual
del pueblo elegido. Este tono triste del fragmento, poco en consonancia con el ambiente de
liberación y de alegría que impera en este capítulo, y el hecho de que parece interrumpir el contexto
de 12-16 (cuya continuación normal es 20-21), ha obligado a muchos autores a suponer que
está desplazado de su lugar 12.
Dios ha adoctrinado a Israel para su utilidad (v.17), en cuanto que sus caminos conducen
a la verdadera y única felicidad. Si Israel hubiera sido fiel a su vocación, siguiendo los preceptos
del Señor, su paz sería como un río (v.18), e.d., su estado de tranquilidad y bienestar sería tan
abundante como un río, en contraposición a los torrentes intermitentes de Palestina, que sólo en
determinadas épocas llevan caudal, y éste escaso. La paz en Israel ha sido tan rara como las
aguas en estos wadys circunstanciales. También su justicia sería tan desbordante como las olas
del mar (v.18): habría un reino de equidad sobreabundante, que daría por fruto un completo
bienestar. Por otra parte, la descendencia de Israel se multiplicaría como arena (v.19), y Dios no
lo habría sometido a la prueba del exilio, en la que estuvo a punto de ser extirpado y exterminado
(V.19).
Invitación a los israelitas para que salgan de Babilonia (20-22).
20Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos, con gritos de exultación anunciad,
proclamad esto, publicadlo hasta los confines de la tierra; decid: Rescató Yahvé a su
siervo Jacob. 21 No tendrán sed en el desierto por el cual los guía; hará que broten
para ellos aguas de la roca, abrirá la peña y brotarán las aguas. 22Pero no hay paz
para los malvados, dice Yahvé.
Ha llegado el momento de la liberación, y por eso el profeta invita a los cautivos a que abandonen
la capital de sus opresores, y todo ha sido obra de Yahvé: Rescató Yahvé a su siervo Jacob
(v.20). Y el Señor mismo les acompañará en su viaje por el desierto (v.21), para que no se vean
sometidos a la sed abrasadora. La nueva liberación se describe en los mismos términos que la
tradicional del Éxodo (Ex 17:6; Núm 20:11); de nuevo Yahvé hará brotar aguas de la roca.
La terminación: no hay paz para los malvados (v.22), parece ser una glosa posterior, tomada
de 57:21, donde encuentra su contexto. Es una fórmula estereotipada, que bien pudo servir
al copista para marcar la final de una sección en esta segunda parte del libro de Isaías.
1851
1 El texto hebreo dice literalmente “aguas de Judá” (quizá aludiendo al semen húmedo fecundante); pero una ligerísima corrección
nos da entrañas, que se adapta perfectamente al contexto. — 2 Cf. 42:9; 43:12; 44:8. — 3 Cf. Ez 3:7; Is 6:10; Ex 32:9; Dt 9:6.13,
etc. — 4 Ex 32:9; Dt 9:6. — 5 Cf. Ez 3:7s. — 6 Los LXX leen: “no he abierto tu oído.” — 7 Los LXX intercalan “mi nombre.” —
8 Los LXX omiten Yahvé. — 9 No pocos autores consideran esta frase como glosa posterior. Condamin corrige el texto y traduce:
“y yo le envío con su espíritu.” En ese caso, el que hablaría sería Yahvé a propósito de Ciro, su enviado. — 10 La palabra que traducimos
por granos es de sentido incierto en el hebreo. Los LXX traducen “como polvo de la tierra.” — 11 Con los LXX hemos
preferido la lectura “tu nombre,” en vez de “su nombre” del texto masorético, porque está más en conformidad con el contexto. —
12 Condamin pone los v.20-21 después de 52:10.
49. El Siervo de Yahvé. Gloria de Israel. Consolación de Sión.
Elección del Siervo de Yahvé (1-4).
Este fragmento, que versa sobre un misterioso Siervo de Yahvé, encuentra su relación lógica
en el otro de 42:1-4. Ese Siervo de Yahvé tiene un mensaje que transmitir a las naciones.
1Oídme, islas; atended, pueblos lejanos: Yahvé me llamó desde el seno materno,
desde las entrañas de mi madre me llamó por mi nombre. 2Y puso mi boca como
cortante espada, me ha guardado a la sombra de su mano, hizo de mí aguda saeta y
me guardó en su aljaba. 3El me ha dicho: Tú eres mi siervo, en ti seré glorificado.
4Yo me dije: Por demás he trabajado, en vano y por nada consumí mis fuerzas; pero
mi causa está en manos de Yahvé, mi recompensa en mi Dios.
La introducción es enfática y solemne. Lo que el profeta va a proclamar es tan importante que se
invita a las islas (v.1) a prestar atención a las palabras del Siervo de Yahvé, el cual tiene una misión
universal que desempeñar (v.6). Las islas son los países costeros del Mediterráneo en general
(cf. 41:1). Todos los pueblos van a recibir un mensaje inaudito de parte de un enviado de
Dios, cuya misión se extiende hasta los confines de la tierra (pueblos lejanos, v.1). Y su condición
es tan excepcional, que no ha sido elegido, como Moisés y otros profetas, durante su vida,
sino que desde el seno materno le ha llamado Yahvé para confiarle una misión única. Jeremías
había sido designado para “profeta entre los pueblos” (Jer 1:5); aquí el Sierro de Yahvé ha recibido
una misión más concreta y sublime, ya que por su misión hará que la salvación llegue hasta
los confines de la tierra (19-5). Por su entrega total a esta misión divina merecerá el nombre por
antonomasia de Siervo de Yahvé. Para ello le ha dotado de cualidades excepcionales de predicador.
Tendrá tal penetración su palabra en el auditorio, que será como espada (Heb 4:12; Ap
1:16). Este símil también insinúa el efecto doloroso de su palabra, en cuanto creará una situación
de angustia y de contradicción en los corazones de los oyentes, sobre todo en los que se opongan
a ella. Además, en la imagen del profeta parece contraponerse el modo de conquistar los corazones
por parte del Siervo de Yahvé, por la persuasión, la modestia y la palabra, y el de los conquistadores
orientales, por la espada y la violencia. El Siervo de Yahvé no tendrá otra espada que su
palabra insinuante e incisiva. Y sigue el símil militar: me ha guardado a la sombra de su mano
(v.2), e.d., como el guerrero acaricia la empuñadura de la espada y la protege para que no se la
arrebaten, así Dios protege y acaricia al Siervo de Yahvé, instrumento de su especialísima providencia
en un momento dado de su historia, convirtiéndole en aguda saeta. en su aljaba, dispuesta
a lanzarla para ganar los corazones de las gentes para su causa. A continuación explica, sin
metáforas, lo anterior: me ha dicho: Tú eres mi siervo (ν.3), e.d., el instrumento por el que Yahvé
será glorificado, aludiendo al resultado favorable de la misión de dicho Siervo, la cual, por otra
1852
parte, será ardua y llena de obstáculos. En 44:43 se dice que Yahvé será glorificado en Israel por
la liberación portentosa que Yahvé va a realizar en el pueblo elegido. En cambio, aquí Yahvé es
glorificado por la prodigiosa obra realizada por el misterioso Siervo objeto de sus complacencias.
El v.4 nos transporta ya a otra fase de la actividad del Sierro, pues ya ha cumplido en parte
su misión. Su obra ha sido tan ardua, que por un momento parece desfallecer. El fruto conseguido
en la conversión de Israel ha sido tan escaso que parece que su labor ha sido un fracaso: en
vano consumí mis fuerzas (v.4); pero reacciona inmediatamente ante el pensamiento de que su
causa está en manos de Yahvé. Ha cumplido la voluntad de éste, y, por tanto, al ser juzgado (mi
causa) recibirá la recompensa del mismo Yahvé 2.
La misión del Siervo de Yahvé (5-7).
5 Y ahora dice Yahvé, el que desde el seno materno me formó para siervo suyo, para
devolverle a Jacob, para congregarle a Israel 3, pues soy honrado a los ojos de Yahvé,
y mi Dios es mi fuerza. 6 Dijo: Ligera cosa es para mí que seas tú mi siervo, para
restablecer las tribus de Jacob y reconducir a los salvados de Israel. Yo te he puesto
para luz de las gentes, para llevar mi salvación hasta los confines de la tierra. 7 Así
dice Yahvé, el Redentor de Israel, su Santo, al menospreciado de alma, abominado
de las gentes, al esclavizado por los soberanos: Reyes verán y se levantarán, príncipes
se prosternarán a causa de Yahvé, que es fiel; el Santo de Israel, que te ha elegido.
La primera misión del Siervo de Yahvé es hacer retornar a Jacob-Israel a Yahvé, convirtiéndolo
(cf. Mt 15:24). Dios responde a la reflexión del Siervo (yo dije: Por demás he trabajado v.4) con
una nueva intimación (Y ahora dice Yahvé) : su misión no se limitará a devolver a Jacob, sino
que es de mucho más alcance: yo te he puesto para luz de las gentes (v.6). Para Dios, la restauración
de Israel es cosa ligera (v.6) en comparación con la otra de ser misionero de los gentiles.
Lejos de sentirse decepcionado por la obra realizada en su pueblo, considerándola infructuosa,
debe prepararse para otra obra de mayor envergadura, como es la de llevar la luz a las gentes.
hasta los confines de la tierra (v.6). Dios tiene unos planos salvíficos sobre todos los hombres
(llevar mi salvación hasta los confines de la tierra, v.6). Los salvados de Israel son los que se
han librado de las sucesivas pruebas a que Dios sometió al pueblo elegido, lo que en la literatura
profética aparece bajo la denominación de resto de Israel (cf. 10.20; Ez 6:12).
La misión del Siervo de Yahvé, cuando logre todo su fruto, será objeto de la admiración
de los reyes y príncipes, que se levantarán y se prosternarán (v.7), reconociendo su calidad de
enviado de Dios. Y todo esto será obra de Yahvé, que es fiel., que te ha elegido. Es la recompensa
(v.4) a toda su obra misionera4.
Liberación de los exilados (8-13).
8 Así habla Yahvé: Al tiempo de la gracia te escucharé, el día de la salvación vendré
en tu ayuda y te formaré y te pondré por alianza de mi pueblo, para restablecer al
país, para repartir las heredades devastadas. 9 Para decir a los presos: Salid, y a los
que moran en tinieblas: Venid a la luz. En todos los caminos serán apacentados 5 y
en todas las alturas peladas tendrán sus pastos. 10 No padecerán hambre ni sed, ni
les afligirá el viento solano ni el sol, porque los guiará el que de ellos se ha compadecido,
y los llevará a manantiales de agua. n Yo transformaré todos los montes en ca1853
minos, y se levantarán mis calzadas. 12 He aquí que vienen ellos de lejos, éstos del
septentrión y del mar, aquéllos de la tierra de Sinim. 13Exultad, cielos, y salta de gozo,
tierra; que los montes prorrumpan en júbilo, porque ha consolado Yahvé a su
pueblo, ha tenido compasión de sus afligidos.
Yahvé se muestra complaciente al tiempo de gracia (v.8), el día de la salvación del pueblo elegido
como fruto de la misión del Sierro de Yahvé. Este será la alianza de un pueblo (cf. 42:6),
e.d., el intermedio en las nuevas relaciones entre Dios e Israel, en la nueva teocracia que seguirá
al retorno del exilio, es decir, en la era mesiánica. La misión del Siervo de Yahvé aquí vuelve a
centrarse en torno a Israel: para restablecer al país (v.8) y repartir las heredades devastadas,
hacer una nueva redistribución de Tierra Santa después del exilio, como en otro tiempo al entrar
Israel en Canaán. Para ello, la labor primera es liberar a los presos (v.8), que están en las tinieblas,
e.d., cárceles tenebrosas. Después sigue la descripción ideal del retorno con las imágenes
conocidas de Israel volviendo bajo la protección de Dios. Hasta las alturas peladas (v.8) se cubrirán
de pastos como los caminos para que el rebaño de Israel no sufra hambre (v.10) ni sed,
pues Yahvé los llevará a manantiales de aguas (v.10), los dos grandes peligros para los que atraviesan
los desiertos. Tampoco el siroco, o viento solano, los atormentará. Incluso Dios les facilitará
el camino tortuoso (tornaré todos los montes en caminos, v.11). Dios establecerá rutas nuevas,
mis calzadas (v.11), para que la marcha se facilite en todo lo posible. La descripción es totalmente
ideal. En realidad, el retorno que conocemos por la historia fue bien penoso; pero ya
hemos indicado que los profetas suelen simplemente conocer el hecho futuro sin las circunstancias
concretas. Con su mente oriental idealizan las situaciones para despertar anhelos e ilusiones
en el pueblo.
Y el profeta asiste asombrado al espectáculo del retorno. Vienen de todas partes, no sólo
de Babilonia. La dispersión ha sido muy amplia, y ahora llega el momento de volver al hogar
patrio. Vienen del norte y del oeste (el mar, e.d., Mediterráneo, v.12) y de la tierra de Sinim6.
Son diversas las opiniones sobre la localización de esta región. Para unos sería la lejana China
(Sina: “Sinim”), opinión generalmente abandonada, pues esa región parece fuera del alcance de
los conocimientos geográficos de la época del autor. La opinión más generalizada es la que identifica
Sinim con Syene o Asuán actual, en el alto Egipto (cf. Ez 29:10). Algunos identifican Sinim
con Sin (Pelusium), en la frontera nordeste de Egipto, o con Fenicia (Gen 10:17: “Sin”)7.
Por fin, el profeta prorrumpe en una explosión lírica, semejante a la de 44:23, ante el
horizonte luminoso de la próxima liberación, ya que Yahvé se ha compadecido de sus afligidos
(v.13) israelitas, trayéndoles un mensaje de consolación.
Especial solicitad de Dios sobre Israel (14-19).
14 Sión decía: Yahvé me ha abandonado, y mi Señor se ha olvidado de mí. ¿Puede
acaso una mujer olvidarse de su mamoncillo, no compadecerse del hijo de sus entrañas?
15Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaría. 16 He aquí que te tengo grabada
sobre las palmas de las manos, y tus muros están siempre delante de mí. 17
Vienen aprisa tus reconstructores8, y tus aseladores y destructores se van de ti. 18
Levanta en torno tus ojos y mira, todos se reunieron para venir a ti. Por mi vida, dice
Yahvé, que te revestirás de ellos como de ornamento, y te ceñirás de ellos como
novia, 19 Porque tus ruinas y devastaciones y tu país asolado serán estrechos para los
moradores, y se alejarán los que te devoraban.
1854
El profeta se considera en la situación de Sión, deprimida por el espectáculo de la desolación,
pensando en que Yahvé la había abandonado (v.14), y se considera como una madre sin hijos, y
no-puede creer en las esperanzas gloriosas precedentes que le anuncia, el profeta. A esto contesta
el mismo Yahvé que no puede olvidar a Sión, pues le profesa un amor más fuerte que el
maternal, el amor más sincero y profundo: ¿puede una mujer olvidarse de su mamoncillo?
(v.14); y con acento enfático le dice confidencialmente que la tiene grabada en las palmas de sus
manos (v.16), aludiendo con ello a los tatuajes que los devotos se hacían en señal de consagración
a sus divinidades, por lo que se consideraban como propiedad de éstas (44:5). Yahvé lleva
en las palmas de sus manos grabado en el plano de la ciudad de Sión, de modo que pueda tenerla
siempre presente para no olvidarla; por eso sus muros están siempre delante de Él, como una
invitación constante a la reconstrucción. Y, en efecto, anuncia ya la llegada de la cuadrilla de reconstructores
(v.17), que no son otros que los mismos israelitas, que vienen a sustituir a los aseladores
y destructores, que debían salir definitivamente de la ciudad. Quizá se refiera a los caldeos,
que tenían aún sus destacamentos en la Ciudad Santa.
Y el profeta invita enfáticamente a Sión a que contemple el fascinador espectáculo de los
que vienen en masa: levanta en torno tus ojos. (v.18). Es una descripción similar a la de 60:4.
Dios jura (por mi vida.) que se cumplirán las promesas de repatriación de sus exilados, que constituirán
el ornamento de Sión. Antes ésta se consideraba como una madre sin hijos; ahora debe
exultar, pues se ve, como nueva desposada, rodeada de numerosos hijos (y te ceñirás de ellos
como novia), que constituirán su orgullo y alegría, como lo son para la novia sus aderezos nupciales.
El v. 19 está incompleto. El sentido parece ser la contraposición de la actual situación de
Sión, asolada, llena de ruinas (V.19), y su próxima restauración, pictórica de moradores; resultará
estrecha para alojar a todos los que vienen a sustituir a los que antes la devoraban.
Maravillosa fecundidad de Jerusalén (20-21).
20 Aún dirán a tus oídos los hijos de tu orfandad: El lugar es demasiado estrecho para
mí,hazme sitio para que habite en ella. 21 Y tú dirás en tu corazón: ¿Quién me ha
parido éstos? Yo no tenía hijos y era estéril. A éstos, ¿quién los ha criado? Yo había
quedado sola; ¿de dónde vienen éstos?
El profeta presenta a la madre admirada al ver tantos hijos, ella que se había considerado sola.
Los nuevos hijos, al verse en Jerusalén, se sentirán en un lugar demasiado angosto. Se les llama
hijos de tu orfandad (v.20) porque han nacido lejos, en un tiempo en que Sión se sentía sola, y
sin hijos. La época del destierro fue época de orfandad para Sión. Por eso ella se extraña de encontrar
nuevos hijos que no ha criado: ¿Quién me ha parido éstos? (v.21). Quizá con esta frase
se aluda a la antigua costumbre oriental de que las esclavas pudieran tener hijos del marido de la
verdadera esposa, considerándolos como nacidos de ésta para los derechos de herencia, como
Agar respecto de Sara, y las esclavas de Raquel y Lía (cf. Gen 16:15; 30:1s). En el código de
Hammurabi encontramos la misma costumbre. Los israelitas, pues, nacidos en el exilio, son considerados
por Sión como hijos suyos, aunque se maravilla de su procedencia: ¿de dónde vienen?
(v.21).
Los reyes de las naciones, al servicio de Israel (22.-23)
22 Así habla el Señor, Yahvé: He aquí que tenderé mi mano a las gentes y alzaré mi
bandera a las naciones, y traerán en el seno a tus hijos, y en hombros a tus hijas. 23
1855
Reyes serán tus ayos, y sus princesas tus nodrizas; postrados ante ti, rostro a tierra,
lamerán el polvo de tus pies. Y sabrás que yo soy Yahvé y que los que en mí confían
no serán confundidos.
Yahvé hace un gesto de mando a las naciones (tenderé mi mano a las gentes, v.22) para que dejen
volver a los israelitas, y levanta su bandera (cf. 5:26), señalando el punto de concentración
de los rescatados en Sión. Los gentiles obedecerán dócilmente a la indicación de Yahvé, llevando
a los exilados israelitas en el seno, como las madres llevan cuidadosamente a sus niños pequeños
(cf.Núm 11:12), y se ofrecerán a ser domésticos de los componentes del pueblo elegido (v.23),
dispuestos a lamer el polvo de sus pies (v.23). Sión será como una reina soberana, y sus hijos,
todos príncipes, superiores a los reyes de otros pueblos.
La omnipotencia de Yahvé, causa de la liberación de Israel (24-26).
24 ¿Se le quita al guerrero el botín? ¿Se le escapan al poderoso los cautivos?9
25Porque así habla Yahvé: Si aun al guerrero se le quitaran los cautivos, si el botín
del poderoso le fuera arrebatado10, con tus adversarios lucharé 11y salvaré a tus
hijos. 26Y a tus opresores haré comer su propia carne, y se embriagarán de su sangre
como de mosto, y reconocerá toda carne que yo soy Yahvé, tu salvador y tu redentor,
el Fuerte de Jacob.
La omnipotencia divina es la garantía de que se cumplirán las promesas de la liberación de Israel.
Dios tiene un poder sobrehumano, y lo que parece imposible a los hombres (¿se le quita al
guerrero su botín? v.24) es muy posible tratándose de Dios, que es capaz de vencer todos los
obstáculos. Los israelitas pensaban que sus opresores eran demasiado fuertes para que se les
obligara a dejarlos libres. Cómo es difícil quitar a un guerrero fornido (es el sentido de gibora del
original hebreo), así es muy difícil hacer que los poderosos babilonios suelten su presa (¿se le
escapan al poderoso los cautivos? v.24). Yahvé recoge la objeción con la misma imagen y le da
otro sesgo: Yahvé es en realidad el gran guerrero y poderoso, y no permitirá que le arranquen de
sus manos los enemigos de Israel (v.25). Yahvé sale fiador de la causa de los israelitas: con tus
adversarios lucharé (v.25); Para ello esta dispuesto a desencadenar la guerra civil entre los enemigos
y opresores de Israel: y a tus opresores haré comer su propia carne, v.26); la sangre correrá
a torrentes (se embriagarán de su sangre como de mosto) 12, en tal forma que todos (toda
carne) reconocerán que Yahvé ha realizado la salvación de su pueblo y ha sido su redentor o valedor
de sus derechos (su go'el en hebreo, con el sentido técnico de abogado) como Fuerte de
Jacob, expresión que ya hemos visto en 1:24 (cf. Gen 49:24).
1 El texto hebreo y griego añaden Israel, aunque falta en algunos manuscritos hebreos. En los v.5-6, este Siervo de Yahvé es diferente
de Israel. — 2 Cf. Mt 23:37s; Jn 17:1. — 3 En hebreo se dice “Israel no será reunido.” Es la usual confusión de la vocalización de
lo' (“no”) y id (“para él”). — 4 Algunos consideran el v.? como introducción a la sección siguiente, en la que se habla de Israel. —
5 Con los LXX añadimos iodos. — 6 Los LXX leen, “de la tierra de los persas,” y la Vg. “de térra australi.” — 7 Cf. Skinner, o.c.,
II 104. — 8 Así con LXX, Vg. y Targum. El hebreo tiene otra vocalización y lee “tus hijos.” — 9 Así siguiendo a la Vg. y a la
Peshitta. En hebreo, en vez de poderoso, dice “justo,” lo que no hace sentido. La corrección es generalmente admitida por los autores
modernos, Skinner, Condamin, etc. — 10 Otros traducen: “a un valiente puédesele arrancar los cautivos, y a un poderoso se
le puede escapar la presa” (Cantera, siguiendo a Dennefeld y a Skinner). — 11 Otros, como Duhm, traducen, haciendo un ligero
cambio de letras, “querella, tu causa,” en vez de tus adversarios del texto masorético actual. — 12 Esta imagen es corriente en la
literatura apocalíptica: Ez 38:21; Ag 2:22; Zac 14:13.
1856
50. Consolación de Sión. El Siervo de Yahvé.
Continuación lógica del tema del capítulo anterior: la confirmación de la promesa de la restauración
ofrecida a Sión. Los que sentían dudas sobre la realización de la misma no tienen en cuenta
que el amor de Yahvé para con su pueblo es más fuerte que el de una madre para con sus hijos.
La omnipotencia de Yahvé, prenda de salvación (1.-3)
1 Así dice Yahvé: ¿Dónde está el libelo de repudio de vuestra madre, por el cual la
he repudiado yo? ¿O cuál es aquel de mis acreedores a quien os haya vendido yo?
He aquí que por vuestros crímenes fuisteis vendidos, y por vuestros pecados fue repudiada
vuestra madre. 2 ¿Por qué, cuando yo venía, no hallaba a nadie, y, cuando
llamaba, nadie me respondía? ¿Habráse acortado mi mano para redimir o no tendré
ya fuerza para librar? He aquí que con mi amenaza seco el mar y torno en desierto
los ríos, hasta pudrirse sus peces por falta de agua y morir de sed sus vivientes.
3 Yo revisto los cielos de negrura y los cubro como de saco.
Los israelitas se consideraban como repudiados por Yahvé. Ya desde Oseas era tradicional el
símil del matrimonio para expresar las relaciones amorosas entre Dios e Israel. Pero la tragedia
del exilio ha demostrado que Yahvé los ha abandonado. De ahí el ambiente de decaimiento y de
desconfianza de los exilados en un próximo día de liberación. Pero Yahvé se encara con ellos y
les invita a que le presenten el libelo de repudio (v.1) que les haya podido entregar para justificar
esta situación de separación. Para repudiar una mujer, el marido tenía que escribir un libelo de
repudio, en el que expresaba su decisión, y la esposa quedaba libre para casarse de nuevo con
otro, si bien no podía volver al marido anterior (Dt 24:1 -4). Si no le había expedido el libelo,
podía tomarla de nuevo. Es el caso de Israel: ha sido echada de su hogar patrio, separándose así
de Yahvé, que tenía su templo en Jerusalén. Pero Yahvé, en su misericordia, no le dio el definitivo
libelo de repudio, y, por tanto, Israel podía volver a tener relaciones con Yahvé, reintegrándose
a su primera condición de desposada. Así, pues, Yahvé, al decir a Israel que le presente el libelo
de repudio, la invita a la reconciliación. Y pasa a otro símil jurídico, el de la venta de los
hijos. Un padre insolvente podía vender a un hijo suyo, quedando siempre con la posibilidad de
rescatarlo cuando tuviera medios de fortuna *. Yahvé, como omnipotente, no puede tener acreedores
(v.2); y si vendió a los israelitas, no fue por necesidad, sino como castigo (por vuestros
crímenes fuisteis vendidos, v.2), como Israel había sido repudiada por sus pecados (por vuestros
pecados fue repudiada vuestra madre, v.2). El exilio ha sido un traspaso temporal para castigarlos.
Pero, una vez expiada la culpa, ha llegado la hora de la reconciliación, y Yahvé se sorprende
de que el pueblo israelita no responda a sus llamadas. ¿Por qué, cuando yo venia, no hallaba a
nadie., y nadie me respondía? v.2). Los exilados se muestran escépticos respecto del poder de
Yahvé, como si se hubiera acortado su mano (v.2) y fuera impotente para liberarlos. En realidad,
pudiera hacer ahora algunos portentos que demostraran su omnipotencia: con mi amenaza seco el
mar y torno en desierto los ríos (v.2). Yahvé es quien hace que el horizonte se oscurezca, dando
al cielo un aire de duelo y de penitencia: los cubro de saco (v.3). Yahvé es Señor de todas las
fuerzas de la naturaleza.
El Siervo de Yahvé; su resignación (4-6).
4 El Señor, Yahvé, me ha dado lengua de discípulo 2 para saber sostener con pala1857
bras al cansado 3. Cada mañana despierta mis oídos para que oiga como discípulo; 5
el Señor, Yahvé, me ha abierto los oídos, y yo no me resisto, no me echo atrás. 6 He
dado mis espaldas a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban la
barba. Y no escondí mi rostro ante las injurias y los esputos.
De nuevo se describe otra fase de la misión del misterioso Sierro de Yahvé, que ya hemos encontrado
en 42:1-7 y 49:1-8. En este nuevo fragmento errático se ensalza sobre todo la docilidad y
mansedumbre del Siervo de Yahvé, juntamente con su perseverancia, a pesar de todos los malos
tratos que le acarrea su ardua misión de pregonar la ley de Dios en medio de su pueblo y entre las
gentes. En 52-13-53:14, esta obra culminará en los sufrimientos expiatorios y redentores en beneficio
de otros.
El Siervo se ha entregado de lleno a la obra que le ha encomendado el Señor, y por eso
repite dócilmente lo que se le ha revelado, pues Yahvé le ha dado una lengua de discípulo (v.4),
e.d., dócil, entrenada y experta para transmitir el mensaje que Dios le comunicara a su pueblo. Y
su labor en esta fase se va a concretar sobre todo en sostener con palabras al cansado, e.d., al
descorazonado y fatigado en la senda de la ley de Dios ante las dificultades y contrariedades de
la vida. La misión del Siervo, pues, es confortar al pusilánime, al débil, al que desconfía de las
promesas del Señor, a aquellos que en 42:3 llamaba “caña cascada y mecha humeante,” porque
todavía tienen un rescoldo de fe y de esperanza. La expresión me ha abierto los oídos (ν.6) en la
Biblia equivale a recibir una revelación (cf. 1 Sam 9:15), una comunicación profética. Cada mañana
despierta mis oídos (v.4) es una locución enfática para mostrar que la asistencia de Dios
con sus revelaciones es constante y reiterada, y, por otra parte, insinúa la docilidad del Siervo en
prestarse desde la mañana a continuar su ardua misión de adoctrinamiento: yo no me resisto
(ν.6), e.d., no elude el mandato que se le confía, sabiendo que las dificultades serán muchas y
grandes, como especifica a continuación: he dado mis espaldas a los que me herían (v.5). Sufrirá
toda clase de afrentas. La barba (ν.6) era símbolo de dignidad social, y por eso se consideraba
como la máxima humillación arrancarla. El Siervo no aparta su rostro ante las injurias y esputos
(ν.6), lo que literalmente se cumplió en la escena del pretorio de Pilatos con Jesucristo, de quien
ciertamente se habla en este poema4.
Confianza del Siervo en Yahvé (7-9).
7 Pero el Señor, Yahvé, me socorre, y por eso no fui confundido, por eso hice mi rostro
como de pedernal,sabiendo que no sería confundido. 8 Cerca está mi Justificador;
¿quién contenderá conmigo? Comparezcamos juntos; ¿quién es mi demandante?
5 Que se acerque a mí. 9 He aquí que el Señor, Yahvé, me asiste; ¿quién me condenará?
He aquí que todos ellos se gastarán como un vestido, la polilla los consumirá.
Por grave que sea la situación y grandes las dificultades y contradicciones, el Siervo se mantendrá
en su puesto, porque sabe que tiene al Señor a su lado. Es consciente de su misión divina, y,
por tanto, sabe que al fin ha de triunfar totalmente en su cometido y que nunca será confundido
(ν.7), ya que Dios no defrauda a sus fieles en sus promesas. Esta seguridad de tener al Señor a su
lado le ha dado una fortaleza extrema: hice mi rostro como de pedernal (ν.7); e.d., los malos tratos
e injurias nada podrán hacer en su temple curtido, como el duro pedernal (cf. Ez 3:9). Allí
está cerca su Justificador, e.d., el que le da la razón en todo, y tan seguro se siente, que emplaza
a sus litigantes ante el tribunal de Dios: Comparezcamos juntos (v.8).
1858
Está seguro de que, teniendo a Yahvé a su lado, nadie podrá dar un veredicto en contra:
¿quién me condenará? (V.9). Si Yahvé es su Justificador, que de antemano le da la razón, es inútil
todo juicio ulterior, porque sabe que saldrá triunfante. Los enemigos desaparecerán sin consistencia
alguna, como se gasta un vestido carcomido por la polilla (v.8) 6.
Israel debe confiar en Yahvé (10-11).
10 ¿Quién de vosotros terne a Yahvé, escucha la voz de su Siervo? 7El que ande en
tinieblas, privado de resplandor, que confíe en el nombre de Yahvé y se apoye en su
Dios. 11He aquí que todos vosotros encendéis fuego, encendéis saetas8; caminad a la
luz de vuestro fuego y entre las saetas que habéis encendido. Por mi mano os sucederá
esto, en tormento yaceréis.
El profeta exhorta a la confianza en Dios, transmitida por su Siervo. El v.10 puede entenderse
en sentido interrogativo, como hemos traducido, o en sentido llano, sin interrogación: “quien
tema a Yahvé, escuche la voz de su Siervo” 9. En todo caso, el sentido es el mismo. “Temer a
Dios” en el Antiguo Testamento equivale a cumplir puntualmente su ley con espíritu de piedad y
de entrega a Dios. Se invita a que se imite la confianza del Siervo de Yahvé en Dios: El que
ande en tinieblas, privado de resplandor, es decir, que no tiene esperanza, apesadumbrado por
las contrariedades (cf. 26:4; Hab 2:4).
Después el profeta se dirige a los impíos israelitas que se dedican a encender la discordia
entre sus compatriotas: nosotros encendéis fuego., saetas (v.11), aludiendo con estas últimas
probablemente a las calumnias, fuente de discordia. Yahvé hará que sean víctimas de sus mismas
maquinaciones y discordias: caminad a la luz de vuestro fuego y entre las saetas que habéis encendido
(ν. 11). Recibirán el castigo de Dios (por mi mano os sucederá esto, v.11), y de un modo
duradero: yaceréis en el tormento. Algunos ven aquí una alusión al tormento después de la muerte
en la gehenna, pero esta noción es posterior en la literatura bíblica (Is 66:24).
1 Cf. Ex 21:7; 2 Re 4:1; Neh ζ,ζ. — 2 Otros traducen: “lengua apta para enseñar” (Cantera). — 3 La palabra que traducimos por sostener
es de sentido incierto en hebreo; seguimos la versión de la Vg., que se adapta bien al contexto. — 4 Cf. Núm 12:14; Dt 25:9;
Mt 26:67; 27:30; 26:6-7. — 5 Literalmente, lo que traducimos por demandante, en hebreo es “señor de mi pleito.” — 6 Cf. 51:6;
Sal 102:27; Job 13:28. — 7 Muchos entienden esto sin interrogación. — 8 Otros traducen: “vosotros los que encendéis fuego..”
Así los LXX.
51. Consolación de Sión.
En una serie de pasajes líricos, el profeta consuela a Sión recordándole su dignidad y su próxima
liberación.
Yahvé, fiel a la promesa hecha a Abraham (1-3).
1 Oídme vosotros los que seguís la justicia, los que buscáis a Yahvé. Considerad la
roca de que habéis sido tallados y la cantera de que habéis sido sacados1. 2 Mirad a
Abraham, vuestro padre, y a Sara, que os dio a luz. Porque sólo a él le llamé yo, le
bendije y le multipliqué. 3 Porque Yahvé se apiadará de Sión, se compadecerá de todas
su ruinas, y tornará su desierto en vergel, y su estepa en paraíso de Yahvé, donde
habrá gozo y alegría, alabanza y rumor de cánticos.
1859
El profeta propone a los exilados descorazonados el ejemplo del gran antepasado de Israel para
que reconozcan su categoría entre las naciones. La bendición de Dios hizo que de Abraham, ya
decrépito, surgiera una gran nación; del mismo modo ahora el pueblo escogido, reducido a la miseria
y a la impotencia, puede recobrar su primitiva grandeza y aun superarla con la bendición de
Yahvé. El profeta se dirige a los que aún conservan alguna esperanza de salvación: Oídme los
que seguís la justicia (v.1); como en otros lugares, la palabra justicia aquí puede ser sinónimo de
“victoria,” “salvación.” Los que buscáis a Yahvé, esperando el cumplimiento de sus promesas y
la manifestación de su poder para liberar al pueblo elegido. Deben tener en cuenta su origen milagroso
y excepcional: la cantera de que habéis sido sacados (v.1); la simple bendición de Yahvé
sobre Abraham y Sara ha sido suficiente para crear un nuevo pueblo, en contra de todos los
cálculos humanos; del mismo modo ahora Yahvé se apiadará de Sión (ν.3), es decir, hará surgir
de su estado de postración una nueva generación victoriosa en Tierra Santa, donde la misma naturaleza
se transformará, convirtiéndose en un vergel y paraíso de Yahvé2. De nuevo encontramos
aquí las descripciones desbordadas de la imaginación oriental 3.
Luz y salud de las naciones (4-6).
4 Atended, pueblos, a mi voz 4; prestadme oído, naciones. Que de mí vendrá la doctrina,
y mi derecho para luz de los pueblos. 5Mi justicia se acerca, ya sale mi salvación,
y mi brazo hará justicia a los pueblos. A mí me esperarán las islas y en mi brazo
confiarán. 6 Alzad vuestros ojos al cielo y mirad abajo hacia la tierra. Porque se
disiparán los cielos como humo, y se consumirá como un vestido la tierra, y morirán
como las moscas sus habitantes5, pero mi salvación durará por la eternidad, y mi
justicia no tendrá fin.
La perspectiva se amplía, y ya no sólo el pueblo escogido participará de la salvación de Yahvé,
sino también todos los pueblos y naciones (v.4). Una nueva era va a empezar para todos los
pueblos como consecuencia de la difusión de la doctrina y del derecho de Yahvé. En 42:1, el
Siervo de Yahvé tiene como misión llevar la ley y derecho de Yahvé a todos los pueblos, e.d., sus
preceptos y disposiciones. Ahora la salvación está ya en camino (mi justicia se acerca, v.5), y
como preludio de ella será el juicio sobre los pueblos (mi brazo hará justicia a los pueblos).
Aquí quizá se refiera al castigo que Dios enviará a los pueblos opresores de Israel, Babilonia y
sus colaboradores, Moab, Amón, etc., por medio del conquistador Ciro. De nuevo encontramos
un vislumbre universalista como en 42:4: A mí me esperarán las islas (v.5), e.d., los países costeros
del Mediterráneo, símbolo de los pueblos gentiles, están anhelantes esperando la luz de los
pueblos (v.4). El poder de Yahvé (su brazo) será la base de su confianza.
Y esta salvación no será algo transeúnte, sino permanente, y sobrevivirá a los mismos
cielos y tierra. Todo es caduco en comparación con la obra que va a realizar Yahvé en favor de
su pueblo.
Caducidad de los tiranos y opresores (7-8).
7 Oídme vosotros los que conocéis justicia; tú, pueblo en cuyo corazón está mi ley.
No temáis las afrentas de los hombres, no os asusten sus ultrajes. 8Porque como a
una vestidura los comerá el gusano, como a lana los roerá la polilla. Pero mi justicia
durará por la eternidad, y mi salvación de generación en generación.
El profeta aplica en concreto el pensamiento expuesto anteriormente a los que oprimen y afren1860
tan al pueblo elegido, en cuyo corazón está la ley (ν.7). Yahvé había entregado a Israel sus leyes
y preceptos, que regulaban sus derechos para con su pueblo. Ahora, pues, el profeta presenta a
Israel como vinculado a este código impuesto por Yahvé: los que conocéis la justicia, e. d., estáis
en posesión de la regla de conducta que se debe seguir en las circunstancias concretas de la vida,
en contraposición a los gentiles, que no han recibido esta luz (v.4), Y ahora se dice a los que dentro
de ese pueblo siguen puntualmente ese conjunto de leyes externas, apropiándolas a su vida,
llevando la ley de Yahvé impresa en su corazón (ν.7), que no deben dejarse llevar de la pusilanimidad
ante las dificultades y afrentas que les acarrea el cumplimiento de la ley de Dios, ya que
son pasajeras.
Las antiguas hazañas de Yahvé (9-11).
9 Despierta, despierta, revístete de fortaleza, brazo de Yahvé. Despierta, como los
tiempos anteriores, en las generaciones antiguas. ¿No eres tú quien destrozaste a
Rahab y atravesaste al dragón? 10 ¿No eres tú quien secaste el mar, las aguas del
gran abismo, y tornaste las profundidades del mar en camino para que pasasen los
redimidos? 11 Volverán los rescatados de Yahvé y vendrán a Sión con júbilo, y una
alegría eterna sobre sus cabezas; se apoderará de ellos el gozo y la alegría, huirán
penas y gemidos.
La mención del brazo de Yahvé trae a la memoria del profeta las antiguas gestas del Éxodo, y
por eso invita líricamente a Yahvé para que renueve las antiguas proezas a favor de su pueblo
(v.8). Es una apelación a la omnipotencia divina para que haga gala de su fuerza en beneficio de
Israel. El profeta siente impaciencia por ver la manifestación del brazo de Dios. Suponiendo que
estas estrofas fueron compuestas poco antes de la liberación babilónica por Ciro, adquieren un
realismo sobrecogedor. Las ansias de los exilados estaban puestas en la invasión del nuevo conquistador
como única solución a su triste situación histórica. El profeta recuerda a Yahvé las maravillas
obradas al salir de Egipto los israelitas: Despierta como los tiempos anteriores,. ¿No eres
tú quien destrozaste a Rahab., al dragón? (v.8). Sin necesidad de acudir a concepciones mitológicas,
según las cuales Yahvé lucharía, como principio del orden, contra las fuerzas cósmicas del
caos en el momento de la creación 6, podemos explicar las palabras del profeta como aplicadas a
Egipto, según exigencias del contexto. En la literatura bíblica, muchas veces se llama a Egipto
Rahab 7, dragón o tannim 8. Yahvé, pues, ha desplegado todas sus fuerzas, destrozando a Egipto,
simbolizado en el monstruo marino llamado Rahab y dragón. En aquellas generaciones antiguas
(V.9), en los albores del pueblo elegido como nación, Yahvé obró maravillas, secando el mar
(v.10) y cambiando las profundidades del abismo en camino (v.10) para que pasaran a pie enjuto
los fugitivos israelitas, los redimidos. El recuerdo de estas gestas era el mejor antídoto para los
descorazonados exilados de Babilonia. El v.11 es considerado por muchos autores como glosa
tomada de 35:10. El anuncio de la repetición de las gestas del Éxodo habría sugerido a un redactor
posterior expresar la alegría de los rescatados de Yahvé (v.11) en la nueva teocracia de Sión.
Todo será júbilo y alegría, sin mezcla alguna de tristeza ni de lágrimas.
Omnipotencia de Yahvé (12-16).
12 Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para temer a un hombre mortal, a
un hijo de hombre, que perece como el heno, 13 olvidándote de Yahvé, tu Hacedor,
que desplegó los cielos y fundó la tierra, para estar temiendo continuamente todo el
día ante el furor del opresor cuando se dispone a destruirte? Y ¿dónde está la cólera
1861
del opresor? 14 Bien pronto será liberado el cautivo 9, y no morirá en la fosa, no le
faltará el pan. 15 Yo soy Yahvé, tu Dios, que levanto el mar, haciendo embravecer
sus olas, y cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos. 16 Yo pondré en tu boca mi palabra
y te esconderé a la sombra de mi mano, al desplegar los cielos y fundar la tierra
y al decir a Sión: Tú eres mi pueblo.
De nuevo, después de recordar las gestas de Yahvé en el pasado, el profeta quiere levantar los
ánimos de los pusilánimes exilados haciéndoles ver la omnipotencia de Yahvé, capaz de superar
a los mayores opresores, que no son más que heno (v.12) que perece. El olvidarse de Yahvé en
esta ocasión es una injuria a la omnipotencia del que desplegó los cielos (v.13). El sentir temor al
opresor, un hijo de hombre, que perece como el heno, es un insulto a Dios, creador omnipotente
de todo. La intervención omnipotente de Yahvé hará que pronto sea liberado el cautivo. para que
no muera en la fosa o prisión subterránea, o quizá para que no sea destinado a la fosa o sepulcro,
como muchas veces se la llama en la literatura bíblica 10.
El v.16 no es claro. El sentido más natural parece ser que Dios considera a Israel como un
instrumento en la implantación de la nueva era mesiánica entre los demás pueblos, dándole un
particular conocimiento de sus designios (pondré en tu boca mi palabra, v.16) y protegiéndole
de un modo especial (n.16), y como garantía de ello apela Yahvé a su omnipotencia en la creación,
al desplegar los cielos y fundar la tierra (v.16), y al acto de elección de Israel en la historia:
3; al decir a Sión: Tú eres mi pueblo. El recuerdo de la elección es la mejor garantía de la protección
futura de Israel 11.
Liberación de los exilados (17-20).
17 Despierta, despierta, levántate, Jerusalén, tú que has bebido de la mano de Yahvé
el cáliz de su ira, tú que has bebido hasta las heces el cáliz que aturde. 18 No hubo
nadie que la guiara de todos los hijos que ella parió. Ninguno la sostuvo con su mano
de cuantos hijos crió. 19 Vinieron a tu encuentro dos males, ¿quién se duele de ti?
Ruina y azote, hambre y espada, ¿quién se compadece de ti? 20Tus hijos yacen desfallecidos
en las encrucijadas de los caminos, como antílopes cazados a lazo, ebrios de
la ira de Yahvé, de los furores de tu Dios.
Este poema empieza como el de 40:2. La liberación está a la vista, y el profeta invita a Jerusalén
a salir de su letargo del destierro. El tono es elegiaco y de un patetismo muy vivido. Se presenta
a Jerusalén como una dama que está ebria del cáliz de la ira divina, tirada en tierra, sin fuerzas
para levantarse. El castigo de Yahvé ha tenido el efecto de un narcótico (el cáliz que aturde,
v.17), que ha dejado sin sentidos al que lo bebe. Israel ha apurado hasta las heces el cáliz de la
ira divina (ν.17). La imagen es corriente en la Biblia y se basa en la costumbre oriental de dar el
padre de familias al huésped, como signo de honor, una copa de vino. El exilio ha sido el cáliz
del sufrimiento que Yahvé ha propinado a la infiel Israel. Pero todo ha pasado. Con su castigo, la
ira divina ha quedado aplacada, y por eso el profeta invita a Jerusalén — capital de la antigua y
nueva teocracia — a levantarse de su letargo de años, de su postración: Despierta, levántate, Jerusalén
(v. 17). Nadie se ha ofrecido a guiar al pueblo elegido en estos momentos de aturdimiento.
Ninguno de sus hijos la ayudó a sostenerse en pie en medio de la catástrofe.
Dos clases de males cayeron sobre Jerusalén: para la ciudad, la devastación (ruina y azote),
y para sus habitantes, el hambre y la espada (V.19), y nadie se duele ni compadece de ella, lo
que agrava su situación de tragedia. Sus habitantes, desconcertados y desfallecidos, después de
1862
vagar de un lado a otro huyendo del enemigo, terminan por caer como antílopes cazados a lazo
en las encrucijadas de los caminos. El símil es expresivo y gráfico para describir e! miedo que se
apodera de los habitantes aterrados, y que están borrachos de la ira de Yahvé.
Castigo de Babilonia (21-23).
21 Por eso oye, pues, malaventurada, ebria, pero no de vino. 22 Así habla tu Señor,
Yahvé, tu Dios, que aboga por su pueblo: He aquí que tomaré de tu mano la copa
embriagadora, el cáliz de mi ira, y no lo beberás ya más. 23 Y lo pondré en la mano
de los opresores, que te decían: Encórvate para que pasemos por encima, poniendo
como suelo tu dorso, como camino para los que pasan.
Puesto que ha pasado la hora de la ira divina y de la manifestación de su justicia, de forma que
Israel está ya purificado de sus pecados, Yahvé lo va a rehabilitar. Jerusalén ha apurado el cáliz
hasta las heces: Por eso oye…, ebria, pero no de vino (v.21). El título de ebria no es irónico, sino
de conmiseración para la malaventurada Jerusalén, reducida a este triste estado por sus pecados.
En realidad, Yahvé aboga por su pueblo (v.22), aun castigándolo, pues no busca sino purificarlo
de sus máculas y pecados. Una vez expiada la culpa, Yahvé sale en defensa de su pueblo contra
sus opresores, que se han excedido en su cometido de instrumentos de la justicia divina. Por eso
va a traspasar la copa embriagadora de su ira, de la mano de Israel, a la mano de los opresores
(v.23), que antes la pisoteaban diciendo sarcásticamente: Encórvate para que pasemos encima,
poniendo como suelo tu dorso, según la costumbre oriental entre los vencedores de pasar con su
caballo sobre los vencidos (cf. Jos 10:24; Sal 110:1). Así, pues, la imagen del profeta es sumamente
expresiva y está en contraste con la invitación hecha a Jerusalén en el ν.ιη: Levántate, Jerusalén.;
palabras con las que se inicia el siguiente capítulo.
1 Lit. “la cavidad y fosa de donde fuisteis extraídos.” — 2 Cf. Gen 2:8; 13:10; Ez 28:13, etc. Es interesante ver cómo aquí en el original
hebreo aparecen las dos palabras edén y gan para designar paraíso. — 3 Cf. Jer 30:10; 31:11. — 4 En hebreo literalmente se
lee: “atended a mi pueblo mío,” mi nación. El texto original está oscuro. Algunos traducen: “Súbitamente hago aproximarse mi
justicia, mi salvación” (Cantera). — 5 El texto hebreo lee: “Morirán así sus habitantes.” Nuestra traducción se basa en la, reconstrucción,
que cambia Ken en Kennim (Duhm, Condamin). — 6 Los mitólogos fundan esta teoría en la identificación del Tiamat
babilónico con e) tekom del hebreo (Gen 1:2). — 7 Is 30,7; Sal 87:4. — 8 Is 27:1.13; Ez 29:3; 32:2; Sal 74:13. — 9 Lit. “encorvado”
(por las cadenas). — 10 Cf. Sal 16:10. — 11 Algunos autores creen que se alude a la colaboración de Israel en la creación de
los cielos y tierra nuevos en la época mesiánica. Otros prefieren considerar este versículo como un fragmento errático que pertenecía
primitivamente al libro del Siervo de Yahvé, que sería aquí el instrumento de la nueva creación moral de la humanidad.
52. Próximo retorno de la Cautividad. El Siervo de Yahvé.
Dos oráculos: a) Jerusalén restablecida (1-6); b) retorno triunfal de Yahvé a Sión (7-12). Y, por
fin, la introducción al cántico sobre el Siervo de Yahvé (13-15).
Purificación y glorificación de Jerusalén (1-6).
1 Levántate, levántate, revístete de tu fortaleza, ¡oh Sión! i viste tus bellas vestiduras,
Jerusalén, ciudad santa, que ya no volverá a entrar en ti incircunciso ni inmundo.
2Sacúdete el polvo, levántate, Jerusalén cautiva1; desata las ligaduras de tu cuello,
¡cautiva hija de Sión! 3 Porque así dice Yahvé: De balde fuisteis vendidos y sin precio
seréis rescatados. 4 Pues así habla el Señor, Yahvé: A Egipto bajó mi pueblo en
otro tiempo para habitar allí como peregrino, y Asur lo oprimió sin razón. 5 Y ahora
¿qué hago yo aquí, dice Yahvé, puesto que ha sido tomado gratis mi pueblo? Sus
1863
dominadores aullan, y continuamente, dice Yahvé, es blasfemado mi nombre. 6 Por
eso mi pueblo conocerá mi nombre el día que yo diga: Heme aquí.
Yahvé acaba de anunciar que retirará el cáliz de su cólera de las manos de Jerusalén, y por eso el
profeta, exultante, la invita a revestirse de los atuendos de gran señora, como esposa de Yahvé
(v.1). Jerusalén, en virtud de la copa embriagadora de la ira divina, había quedado vacilante, sin
fuerza y sin esplendor externo que la dignificase. Pero todo esto ha pasado ya, y es hora de que
vuelva a su antigua prestancia, como pueblo elegido de Dios entre todos los otros. Es la ciudad
de las promesas. Las bellas vestiduras están en contraposición con lo que se dice de Babilonia la
opresora, la cual se ve obligada a hacer oficios de esclava. Jerusalén se verá libre del incircunciso
y el inmundo, e.d., los paganos, profanadores de sus atrios sagrados 2. Nadie con intenciones
hostiles formará parte de la gloriosa teocracia mesiánica. Se la invita enfáticamente a dejar todo
lo que la una a la tierra que la tiene cautiva: Sacúdete el polvo (v.2). Va a quedar libre totalmente,
y por eso debe desatar las ligaduras que sujetaban su cuello de prisionera.
Jerusalén no ha sido vendida por precio, sino de balde (v.3); es decir, ha sido transferida
temporalmente, de modo que Yahvé conservaba sus derechos para reclamarla de nuevo; por eso
sin precio será rescatada. En realidad, lo que mueve a Yahvé a rescatar a Israel es el celo de su
nombre. Las calamidades que han caído sobre Israel comprometen el honor de su Dios nacional.
Yahvé finge un coloquio consigo mismo para justificar su liberación de Babilonia: en otro tiempo,
Israel había estado oprimido sin razón (v.4) por Asiría, ya que ésta no tenía derechos sobre
él. Ahora la situación es semejante, y por eso se pregunta: Ahora, ¿qué hago yo, puesto que ha
sido tomado mi pueblo gratis? (v.5). Si antes intervino en favor de su pueblo, con más razón
ahora, en que su opresión alcanza límites desmedidos. Sus dominadores aullan, e.d., se muestran
insolentes con su triunfo y agobian al pueblo israelita cautivo 3. Y, sobre todo, está ya comprometido
el honor del nombre de Yahvé, ya que los opresores le consideran impotente para salvar a
su pueblo: es blasfemado mi nombre (v.5). Pero pronto conocerán quién es Yahvé, cuando se
presente en su pleno poderío protegiendo y asistiendo a Israel, el cual conocerá mi nombre el día
que yo diga: Heme aquí4.
La buena nueva: canto de liberación (7-10).
7¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que
trae la buena nueva, que pregona la salvación, diciendo a Sión: Reina tu Dios!
8Escucha Tus atalayadores alzan la voz, y todos a una cantan jubilosos, porque ven
con sus ojos 5el retorno de Yahvé a Sión. 9Exultad jubilosamente a una, ruinas de
Jerusalén, porque se ha apiadado Yahvé de su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.
10Yahvé ha desnudado su santo brazo a los ojos de todos los pueblos, y verán todos
los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.
El retorno del exilio es inminente, y el profeta describe gozoso al mensajero que avanza por los
montes como precursor de la buena nueva de la liberación del exilio, al mismo tiempo que anuncia
la paz y la inauguración de un nuevo reinado de Yahvé sobre su pueblo: Reina tu Dios (v.7),
fórmula calcada sobre las de la antigua proclamación de un rey en Sión 6. Surge una nueva teocracia,
en la que Dios será realmente el rey de su pueblo, como Señor de sus corazones. Los centinelas
de Jerusalén son los primeros en apercibirse de la llegada del mensajero con las buenas
nuevas: ¡Escucha! Tus atalayadores alzan la voz., porque ven el retorno de Yahvé a Sión (v.8).
De nuevo Yahvé se ha manifestado en su omnipotencia ante los pueblos gentiles al liberar a su
1864
pueblo: Yahvé ha desnudado su santo brazo (v.10) como un guerrero que se arremanga para herir
con más facilidad a sus enemigos.
Invitación a salir de Babilonia (11-12).
11 Retiraos, retiraos, salid de allí, no toquéis nada inmundo. Salid de en medio de
ella, purificaos los que lleváis los utensilios de Yahvé. 12 Pero no salgáis a la desbandada,
no partáis como fugitivos, porque va Yahvé a vuestro frente, y vuestra retaguardia
es el Dios de Israel.
Ha llegado el momento del retorno triunfal a Sión(cf. 40,1 o), y el profeta se sitúa mentalmente
en Jerusalén, invitándoles a emprender la marcha: Salid de allí, e.d., de Babilonia. Como han de
formar parte del cortejo de Yahvé, deben guardar todas las prescripciones de pureza legal que se
exigían para una procesión religiosa (cf. Lev nss): no toquéis nada inmundo (v.11). Purificaos:
alusión a las abluciones rituales (cf. 1 Sam 21:55). Se va a repetir el éxodo por el desierto, y,
como entonces, los sacerdotes (los que lleváis los utensilios de Yahvé, v.11) deben constituir el
centro del cortejo, llevando los objetos del culto. Quizá se aluda a los vasos sagrados llevados
por Nabucodonosor, los cuales debían retornar a Jerusalén, o sencillamente el profeta concibe el
futuro éxodo según el módulo del de Egipto, en el que los sacerdotes y levitas llevaban los utensilios
del tabernáculo. Pero la futura peregrinación por el desierto tendrá una protección de Yahvé
más íntima, y por eso no deben, como entonces, salir a la desbandada (v.12). No será un retorno
en plan de fugitivos, sino de invitados a un viaje triunfal bajo la protección de Yahvé, que
aquí es presentado como ocupando el frente y la retaguardia, abriendo y cerrando la marcha para
evitar toda posible sorpresa. En 40:11 se describía el retorno de los israelitas por el desierto como
un rebaño con su pastor al frente. Los israelitas, al salir de Egipto, tuvieron que salir por sorpresa,
como fugitivos (Ex 12:39; Dt 16:3; Ex 13:21; 14:19); ahora, en cambio, la perspectiva es
mucho más halagüeña, ya que Yahvé conducirá personalmente a su pueblo.
El Siervo de Yahvé, desfigurado (13-15).
13 He aquí que mi Siervo prosperará, será elevado, ensalzado y puesto muy alto. 14
Como de él se pasmaron muchos, tan desfigurado estaba su aspecto, 8 que no parecía
ser de hombre, 15así se admirarán muchos pueblos 9, y los reyes cerrarán ante él
su boca, porque vieron lo que no se les había contado y comprendieron lo que no
habían oído.
De nuevo un fragmento sobre el Siervo de Yahvé, que constituirá como el preludio del cuarto
cántico, donde culmina la misión del misterioso personaje del que se ha hablado en otras ocasiones.
En estos primeros versículos se adelanta el tema general del cántico, es decir, la contraposición
del estado de humillación actual del Siervo y su futura glorificación. Así, pues, se enuncia
simplemente el hecho, sin entrar en detalles.
De un modo enfático se destaca la futura glorificación del Siervo: prosperara, será
elevado. (v.13); la acumulación de verbos para significar lo mismo expresa la certeza de la futura
glorificación, a pesar de una primera etapa de humillación. Asentada esta afirmación sobre el
triunfo definitivo, el profeta destaca el estado de humillación que precederá a su glorificación:
estará tan desfigurado su rostro por las afrentas, que será objeto de admiración por parte
de muchos (v.14), ya que no parecía ser de hombre. Pero al punto da la otra situación, causa
también de admiración y estupor, es decir, la futura glorificación del Siervo, de la que se admi1865
raran muchos pueblos, y ni siquiera los reyes se atreverán a proferir palabra (cerraran ante él su
boca, v.15), pasmados ante el espectáculo de algo jamás oído: vieron lo que no se les había contado
(v.15). Será tal la grandeza moral mostrada por el Siervo y tan grandes los frutos de su
humillación, que muchos pueblos sentirán una profunda admiración por él.
1 El TM dice lit. “siéntate, Jerusalén.” Con un ligero cambio de letras tenemos “Jerusalén cautiva.” — 2 Cf. Is 49:17; Nah 1:15; Zac
9,8; Jl 3:1?· — 3 Algunos autores entienden que estos dominadores son los reyes de Judá, Sedecías y Jeconías, llevados en cautividad,
que habían descarriado a su pueblo. Pero parece que el contexto favorece la interpretación que ve en ellos a los babilonios.
— 4 Otros traducen: “En este día sabrá (mi pueblo) quién es el que dice: He aquí,” aludiendo a las profecías. Así Gondamin. — 5
Lit. en hebreo “ojo a ojo.” — 6 Cf. 2 Sam 15:10; 2 Re 9:13. — 8 El texto original es oscuro; por eso las traducciones son diversas:
“Cuántos se horrorizarán ante él, pues desfiguración sin parecido humano ofrece su aspecto, y su figura no es como la de los hijos
de los hombres” (Cantera). Dennefeld: “Lo mismo que muchos han sentido estupor a propósito de él, de tal modo su rostro no era
de hombre y su aspecto no tenía así de humano.” En el TM se dice “de ti” en vez de él; pero corregimos siguiendo el Targum por
exigencias del contexto. — 9 Así según los LXX. La Vg.: “Iste asperget gentes multas,” dando al verbo nazah el sentido que tiene
en Lev 4:6; Núm 19:18.
53. Poema del siervo de Yahvé.
El Siervo de Yahvé, varón de dolores (1-3).
1¿Quién creerá lo que hemos oído?l ¿A quién fue revelado el brazo de Yahvé? 2Sube
ante él como un retoño, como raíz de tierra árida. No hay en él parecer, no hay
hermosura para que le miremos, ni apariencia para que en él nos complazcamos.
3Despreciado y abandonado de los hombres, varón de dolores y familiarizado con el
sufrimiento, y como uno ante el cual se oculta el rostro, menospreciado sin que le
tengamos en cuenta.
Una vez asentadas en líneas generales las dos fases de la misión del Siervo, su humillación y glorificación,
el profeta desciende a los detalles, preocupado del efecto de sus palabras por la
grandeza de la revelación en ellas expresada. Es tan inaudito lo que va a decir, que se pregunta
a sí mismo: ¿Quién creerá lo que hemos oído? (v.1). Como veremos, la idea central de esta revelación
es la muerte vicaria del Siervo, que triunfa con sus sufrimientos después de desaparecer de
este mundo. En los cánticos anteriores se le presentaba como Profeta o Maestro ideal, predicando
un llamamiento a todos los pueblos para que se conviertan a Dios. Ahora, en cambio, la
perspectiva cambia, pues el Siervo triunfa no por su palabra, sino exclusivamente por sus sufrimientos.
Esto es lo inaudito que el profeta va a presentar, y teme no se le crea. Sólo los iniciados
en los designios de Dios serán capaces de captar el contenido de esta revelación excepcional. El
Siervo va a ser presentado como víctima expiatoria por su pueblo, y esto es lo verdaderamente
nuevo en esta nueva revelación. Ese carácter de los sufrimientos en satisfacción por los demás es
totalmente desconocido en el Antiguo Testamento fuera de estos pasajes; y más sorprendente aún
es que el Siervo será glorificado en virtud de estos sufrimientos por los demás.
Se discute sobre quién es el que habla en este v.1; generalmente se suele decir que es o
bien el profeta o un grupo de iniciados en el misterio del Siervo de Yahvé 2. Nadie conoce, fuera
de éstos o del profeta, este misterio: ¿A quién fue revelado el brazo de Yahvé? e.d., ¿quién conoce
la manifestación de la Providencia divina en este caso histórico? La expresión brazo de Yahvé
alude aquí no tanto a la fuerza de Dios cuanto a su manifestación en el curso de la historia (cf.
51:9; 52:10). El brazo de Yahvé es el que ha hecho surgir al Siervo para cumplir esta misión excepcional
e inaudita.
La aparición del Siervo es tan modesta, que apenas es percibida por nadie. No tiene nada
1866
de llamativo ni atractivo, como una raíz de tierra árida (v.2), que no se hace notar por su profundidad,
como una hierba modesta y gris del desierto, sin los colores vivos de una flor que nace
en un vergel frondoso. Parece aquí aludir a la cuna humilde del Siervo. La vida de Cristo se desarrolló
así, humildemente, en un taller de Nazaret. Es el mejor comentario al texto del profeta.
Sube ante él como un retoño: sus principios discurrieron bajo la protección de Yahvé. Quizá en
la palabra retoño haya una alusión a Is 11:11 y a Am 9:11, donde la casa de David es presentada
como una “cabaña que cayó.” Jeremías utilizó también esta palabra al hablar del Mesías: “germen
iustitiae, germen iustum” (Jer 23:33). La apariencia de ese retoño, de esa raíz de tierra árida,
es tan modesta, que nada tiene que atraiga la curiosidad y las miradas: no hay en él parecer,
ni apariencia para que en él nos complazcamos (v.2).
Y el profeta avanza en la descripción de esa falta de hermosura y de apariencia en el
Siervo. Su aspecto es tan poco atractivo, que es despreciado y abandonado de los hombres (v.3).
Parece la verdadera encarnación de la desventura y del sufrimiento: varón de dolores; e.d., todas
las desventuras y desgracias se han cebado en él, en tal forma que estaba plenamente familiarizado
con el sufrimiento. Su situación es semejante a la del leproso, ante el cual se oculta el rostro,
de repugnancia por un lado y de conmiseración por otro, al considerarlo como castigado de
Dios 3.
Valor expiatorio de los sufrimientos del Siervo de Yahvé (4-6).
4 Pero fue él ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros
dolores, mientras que nosotros le tuvimos por castigado, herido por Dios y abatido. 5
Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados. El castigo
de nuestra paz fue sobre él4, y en sus llagas hemos sido curados, 6 Todos nosotros
andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino, y Yahvé cargó sobre
él la iniquidad de todos nosotros.
En realidad, esa estimación respecto de la apariencia poco atractiva del Siervo era muy superficial,
ya que es preciso saber por qué se hallaba en tal estado. Nadie se preocupaba de él (sin que
le tuviésemos en cuenta, v.4), y sobre todo era una injusticia creer que su situación obedecía a un
castigo de Dios por sus transgresiones. La realidad es muy distinta, y el profeta va a dar un sentido
profundo a los inauditos y misteriosos sufrimientos del Siervo. Si ha sido convertido en un
varón de dolores, es porque él cargo con nuestros pecados (ν.6), sin que se comprendiera su
verdadera situación, ya que era considerado como castigado y herido por Dios. En la mentalidad
del Antiguo Testamento, las enfermedades y contrariedades de la vida eran consideradas comúnmente
como castigo de pecados ocultos o públicos. En el libro de Job se critica duramente
esta opinión, demasiado simplista. En tiempo de nuestro Señor, los apóstoles también participaban
de esta creencia, cuando le preguntaron la razón de la ceguera del ciego de nacimiento 5. La
situación del Siervo es muy distinta, ya que, si sufre, es por nuestras iniquidades (ν.6). Con ello
ha conseguido para nosotros la paz (el castigo de nuestra paz fue sobre él, ν.6), en cuanto que ha
obrado la reconciliación de nosotros con Dios al aplacar su justicia con sus sufrimientos: en sus
llagas hemos sido curados, (v.6). Nos encontramos, pues, aquí con la noción teológica de la satisfacción
vicaria, pues nuestra reconciliación con Dios es presentada como fruto de los sufrimientos
del Siervo, ya que éstos han tenido un verdadero efecto curativo sobre nosotros.
El Siervo de Yahvé, muerto por nuestros pecados. (7-9)
7 Maltratado, mas él se sometió, no abrió la boca, como cordero llevado al matadero,
1867
como oveja muda ante los trasquiladores. 8 Fue arrebatado por un juicio inicuo 6,
sin que nadie defendiera su causa7, pues fue arrancado de la tierra de los vivientes y
herido de muerte por el crimen de su pueblo8. 9 Dispuesta estaba entre los impíos su
sepultura, y fue en la muerte igualado a los malhechores 9, a pesar de no haber cometido
maldad ni haber mentira en su boca.
El Siervo se sometió a la voluntad de Dios sin protestar ni expresar queja alguna: no abrió la boca
(ν.7), mostrándose manso como el cordero llevado al matadero o ante el esquilador sin moverse.
Sin duda que este símil dio origen a la aplicación, en el Nuevo Testamento, de “Cordero
de Dios” a Jesús, sometido a los ludibrios de su pasión sin protestar. Cristo, en realidad, será el
Cordero de la nueva Pascua, ofrecido en sustitución del antiguo, como alianza perpetua en la
nueva economía de la redención.
La interpretación del v.8 depende de la traducción adoptada. La nuestra es clara, y parece
hacer paralelismo con la frase siguiente, e.d., el Siervo fue injustamente condenado a muerte, sin
que nadie se preocupara de defender su causa judicial. La versión de la Vg.: “generationem eius
quis enarrabit,” ha dado lugar a que los teólogos antiguos vieran aquí una alusión a la generación
eterna del Mesías o Verbo. Pero hay que hacer notar que la palabra dor, que en el original
hebreo equivale a generación, no tiene el sentido de procedencia u origen en la Biblia. Por otra
parte, ese sentido aquí parece fuera de contexto. El ligero cambio que hemos propuesto siguiendo
a Lagrange (débaró en vez de dor, la escritura hebraica es sumamente parecida) da un sentido
perfectamente en consonancia con el contexto 10.
Para mayor escarnio, la sepultura del Siervo fue entre los impíos y malhechores (v.8). El
ser privado de la sepultura familiar se consideraba como un gran castigo para el difunto. Los que
siguen la lectura de la Vg.: et divitem pro morte eius (TM: “y con el rico en sus muertos”), ven
aquí el cumplimiento literal del enterramiento de Jesús en el sepulcro del rico José de Arimatea
u. Cristo, al morir entre los malhechores, cumplió literalmente la profecía. No obstante, no debemos
aferramos a detalles en estas frases, ya que con todo esto el profeta no busca sino destacar el
aspecto humillante y deshonroso de la muerte del Siervo de Yahvé. En vida fue despreciado y en
muerte siguió, a los ojos de los hombres, la misma suerte, y sólo después se había de reconocer
su obra prodigiosa y el misterio de su misión.
El Siervo obtiene con su muerte un botín de muchedumbres (10-12).
10 Quiso Yahvé quebrantarle con padecimientos. Ofreciendo su vida en sacrificio
por el pecado, verá descendencia que prolongará sus días, y el deseo de Yahvé prosperará
en sus manos. 11Por la fatiga de su alma verá y se saciará de su conocimiento12.
El Justo, mi Siervo, justificará a muchos y cargará con las iniquidades de ellos.
12Por eso yo le daré por parte suya muchedumbres, y dividirá la presa con los poderosos
por haberse entregado a la muerte y haber sido contado entre los pecadores,
llevando sobre sí los pecados de muchos e intercediendo por los pecadores.
Todos sus sufrimientos no son sino expresión de la voluntad de Dios, pues le había escogido
para expiar los pecados de muchos y en orden a su reconciliación con Dios. Por el hecho de
haber ofrecido su vida en sacrificio por el pecado (v.10), Dios le bendecirá y le otorgará una
descendencia numerosa, que prolongara sus días, la de los justificados o reconciliados con Dios,
y así los designios de Dios se cumplirán (el deseo de Yahvé prosperara en sus mano:, v.10) por
su intervención; el deseo o designio de Yahvé es el plan de nuestra salvación, la justificación
1868
y reconciliación de los hombres con Dios.
El sentido del v.11 es sumamente discutido, pues depende de la traducción que se adopte
13. En el supuesto de que nuestra traducción sea la verdadera, el sentido será que, gracias a las
tribulaciones sufridas, el Siervo vera el fruto de ellas, es decir, las muchedumbres (v.12), que serán
el botín de su pasión, conquistadas para Dios, y se saciará de su conocimiento (v.11), e.d.,
sentirá una profunda satisfacción al conocer el fruto de sus humillaciones y sufrimientos. En el
supuesto de la exégesis católica de que se trata aquí del Mesías Jesús, muerto y glorificado, la
explicación es sencilla, ya que Cristo, al entrar en el cielo victorioso, aparece aureolado, según el
Apocalipsis, del trofeo de su victoria, los redimidos del pecado, los ciudadanos de la nueva Jerusalén,
la Iglesia triunfante. Porque el Justo, mi Siervo, justificará a muchos (v.11), reconciliándolos
con Dios por haber cargado con las iniquidades de ellos. Los sufrimientos del Siervo han
aplacado la ira divina, y su fruto será un ejército innumerable de rescatados: por eso yo le daré
por parte suya muchedumbres 14. Su botín será tan grande que dividirá la presa con los poderosos
(v.12); expresión proverbial para indicar una gran victoria (cf. Prov 16:19). Y todo esto después
de haber sido entregado a la muerte, figurando como malhechor, para expiar por los pecadores.
San Pablo nos dirá que Cristo se hizo “pecado” para expiar por nuestros pecados 15. Es el
mejor comentario a la frase del poema del Siervo de Yahvé. Los Santos Padres han considerado
todo este cántico como un quinto evangelio, ya que encuentra su pleno paralelo y cumplimiento
en los relatos de la pasión de Jesucristo.
Los Cánticos del Siervo De Yahvé.
Para la exégesis cristiana estos cuatro fragmentos 16, que giran en torno a un misterioso personaje
llamado Siervo de Yahvé, constituyen la culminación de la revelación mesiánica en el Antiguo
Testamento. Ninguna otra profecía lleva el sello de lo divino y de lo paradójico como estas
del Siervo de Yahvé. En la literatura profética y salmódica es corriente presentar al Mesías
como dominador material, omnipotente, al modo de los antiguos conquistadores orientales entronizado
y tratando a sus subditos como el alfarero a sus orzas. En las profecías suele haber, al
lado de una concepción moral grandiosa al anunciar un Rey que implanta un reinado de justicia y
de equidad, un ropaje literario nacionalista, que es, sin duda, un tributo a la mentalidad viejotestamentaria
del ambiente histórico. En cambio, en estos cánticos sobre el Siervo de Yahvé nos encontramos
un horizonte totalmente nuevo e inesperado, ya que el futuro Mesías se presenta con
los caracteres de modestia, humildad, mansedumbre, y con un porte que suscita el desprecio en
los que le contemplan, y, sobre todo, triunfa por la muerte después de haber cumplido una misión
de predicación a todas las gentes y a su pueblo en particular. Es más, sus sufrimientos y
muerte misma tienen un carácter expiatorio, de satisfacción vicaria por los demás, concepto
que es una verdadera isla en el Antiguo Testamento. Varias son las cuestiones que se plantean en
torno a estos fragmentos de orden literario, histórico e interpretativo.
1. El Nombre de “Siervo de Yahvé.”
Este nombre tiene un sentido amplio en el Antiguo Testamento, de tal forma que muchas
veces equivale simplemente al de adorador de Yahvé, pero generalmente se aplica a determinadas
personas o colectividades que han estado vinculadas de un modo particular con Yahvé. Así,
se da este nombre a los patriarcas 17, a los profetas 18, a los reyes 19, a la colectividad nacional de
Israel 20 y, sobre todo, al Mesías 21. En nuestros cánticos tiene un sentido específico de instru1869
mento de los designios de Dios en orden a una misión muy concreta, como es la de realizar
la reconciliación de los sers humanos con Dios.
2. Unidad literaria de los cánticos sobre el “Siervo. de Yahvé.”
Desde el punto de vista de la unidad literaria se plantean dos cuestiones: a) Los cánticos, ¿tratan
del mismo sujeto o personaje? b) ¿Es el mismo el autor de los cuatro cánticos?
a) Unidad de sujeto sobre el que versan. — Respecto de los dos primeros cánticos, comúnmente
se afirma la unidad; e.d., en ambos se trata del mismo personaje, pues en ambos: 1)
aparece como elegido de Dios y profeta 22; 2) y su misión es anunciar la ley divina en toda la
tierra, llevando la salvación hasta los extremos del mundo 23.
En cuanto al cántico tercero ya no existe la misma unanimidad entre los comentaristas,
pues se asignan al Siervo ciertas cualidades y facetas que no han aparecido en los dos cánticos
anteriores. Así, aparece aquí el Siervo golpeado, afligido24, sin que se diga nada de su misión
universal. Por otra parte, el Sierro aparece dotado de vigor o fortaleza 25, mientras en los dos
primeros se destacaba su mansedumbre 26. Pero a todo esto podemos decir que no son desemejanzas
tan fuertes como para suponer que se trate de dos personajes distintos. En realidad, el tema
parece que se va desarrollando gradualmente, y, conforme avanza, se van presentando nuevas
facetas en la misión y persona del misterioso Siervo de Yahvé.
Por otra parte, existen claras semejanzas entre este tercer cántico y los dos anteriores. En
los tres es un Siervo anónimo, profeta 27, con la misión de consolar y excitar la confianza en
Dios 28.
Respecto del cuarto cántico encontramos también ciertas diferencias en comparación con
los otros tres anteriores; así, no se dice nada en este cántico de su misión universal de predicar a
todos los pueblos, sino que sólo se habla de su pasión por los pecados de los otros, siendo él inocente.
Además, en los tres primeros cánticos, el Siervo despliega una actividad con fortaleza,
venciendo todas las dificultades, mientras que aquí, en el cuarto, aparece humilde, despreciado,
condenado a muerte. Pero en todo esto no hay contradicción, sino más bien complemento en el
mismo tema que paulatinamente se va desarrollando. Así, en el cuarto cántico culmina su obra, y
ya no es hora de predicar ni de mostrar su fortaleza con la palabra, sino con la sumisión y la
humildad. Ha sido apresado por los enemigos y no le queda sino cumplir los designios de Dios
sobre él, destinado a la muerte violenta en manos de aquéllos. La muerte será el medio definitivo
para triunfar y extender la religión entre los pueblos, pues por ella obtendrá un botín de muchedumbres.
Por otra parte, existen grandes semejanzas respecto del carácter y misión del Siervo en
los cuatro cánticos: es llamado por Dios 29, es justo 30, sufre con paciencia todo, sin resistir a
sus enemigos, porque ve en ello el cumplimiento del designio de Dios, y es glorificado por la
conversión de las gentes 31.
b) Unidad de autor en los cuatro cánticos. — Sin dificultad suelen admitir la mayor parte
de los comentaristas la unidad de autor para los tres primeros cánticos, pero son muchos entre los
independientes los que niegan esto para el cuarto cántico en relación con los demás. Suelen aducir,
sobre todo, argumentos lexicográficos: terminología distinta, con tendencia a la pobreza de
vocablos en el cuarto cántico32. Pero este argumento lingüístico suele ser siempre muy subjetivo,
pues los autores que sostienen la unidad de autor para los cuatro cánticos ven vocablos y expresiones
comunes a todos ellos, que no se encuentran en otras partes del libro de Isaías 33.
1870
Interpretaciones de los cánticos sobre el “Siervo de Yahvé.”
a) Tradición judía. — Respecto de 42:1-4 y de 49:1-6, la versión griega de los LXX los aplica a
Israel como colectividad nacional. En cambio, la traducción de 50:4-9 y de 52:13-53:12 es más
favorable al sentido individual 34. Así, en el c.53:8 traduce “generationem eius quis enarrabit,”
seguida de la Vg. Parece que lo entendía de la generación eterna del Mesías.
El Targum, comentando el 42, dice: “He aquí a mi siervo, el Mesías,” interpretando todo
el fragmento del Mesías. Y en 52:13 dice: “He aquí que mi siervo, Mesías, prosperará.” Y en
53:10: “verán el reino del Mesías.” Pero todo lo que en el texto bíblico se dice de sufrimientos
del Siervo es aplicado al pueblo de Israel 35. El 49:3 lo explica así: “Me ha dicho: Tú eres mi
siervo, Israel; en ti me glorificaré.”
El Talmud explica el c.53 en sentido mesiánico 36. Al Mesías se le llama “leproso” (Gemara,
trat. Sanhedrim c.11).
Entre los rabinos no es rara esta interpretación, que en gran parte fue abandonada después
de Cristo para quitar argumentos a los apologistas cristianos. Así dice Rabbi Rimchi (f
1235): “He aquí a mi Siervo, es el rey Mesías.” Rabbi Abarbanel (f 1508) llama ciegos a los intérpretes
que rechazan el sentido mesiánico. Sin embargo, después de Cristo prevaleció la interpretación
colectiva entre los judíos 37.
b) Tradición cristiana. — Interpretan los evangelistas y apóstoles en general, aplicando
los textos del libro de Isaías a la pasión de Jesucristo 38.
La interpretación de los Santos Padres suele ser unánime en este sentido mesiánico, siguiendo
las huellas de los apóstoles39.
Esta interpretación mesiánica individual fue mantenida hasta hoy día por la exégesis católica,
que ha visto en estos fragmentos un verdadero Evangelio profético, ya que en ninguna profecía
del Antiguo Testamento aparece tan espiritualizada la figura del Mesías. Su carácter
doliente adquiere su plena realización en la pasión de Cristo.
Hay ciertos aspectos netamente mesiánicos en la descripción de la persona y misión del
Siervo de Yahvé: la misión universal de predicación a todas las gentes, trascendiendo las
fronteras de Israel. Por otra parte, viene a reconciliar a los hombres con Dios, sirviendo de intermediario
en una nueva alianza, sellándola con su muerte por los pecados de todos, por lo que
es después de muerto glorificado. Todos estos detalles son inexplicables y misteriosos si prescindimos
de la interpretación mesiánica.
En efecto, el Siervo es liberador de cautivos (42:7; 49:9), que debe restaurar las tribus de
Jacob, llevándolas de nuevo a su patria (49:6). Se le distingue abiertamente del mismo pueblo de
Israel, precisamente porque debe ser la alianza entre ese pueblo y Dios; es, pues, mediador de
dicha alianza. Moisés había sido el mediador de la primera alianza, el Siervo será también el
Mediador de la nueva alianza, y también el liberador de su pueblo de la opresión. Su victoria será
total y resonante, en tal forma que los reyes se admirarán de él, primero de su humillación y después
de su triunfo (52:15). Este homenaje universal de los reyes no se explica sino en función de
un personaje excepcional, un profeta que es la admiración de todos. Será también el gran Doctor
entre las naciones, pues su misión es llevar la luz entre los gentiles (42:1-4), al mismo tiempo
que ayudará a los débiles y vacilantes. Por otra parte, se han hecho notar las coincidencias y
concomitancias de lo que en estos cánticos se dice del Siervo de Yahvé y el contenido de otros
fragmentos mesiánicos de Isaías. He aquí los principales:
-
Is 53:2: “Sube ante el cómo un retorno y como una
raíz en tierra árida.”
Is 11:1:“Υ brotará una vara del tronco de Jesé, y
retoñará de sus raíces un vástago.”
1871
Is 42:1: “He puesto mi espíritu sobre él.” Is
42:3:“Expondrá fielmente el derecho.”
Is 42:6: “Te he puesto para luz de las naciones.”
Is 42:4: “Las islas están esperando su doctrina.”
Is 42:6-7: “Te he puesto por alianza para mi pueblo
y para luz las gentes, para abrir los ojos a los
ciegos, para sacar de la cárcel a los presos, del
fondo de la cárcel a los que moran en tinieblas.”
Is 49:2: “El hizo mi boca como cortante espada.”
Is 11:2: “Sobre el que reposará el espíritu de Yahvé.”
Is 11:3: “No juzgará por vista de ojos ni argüirá
por oídas de oídos.”
Is 11:10: “En aquel día el renuevo de la raíz de
Jesé se alzará como estandarte para los pueblos.”
Is 11:10: “Y le buscarán las gentes,”
Is 9:1: “El pueblo que andaba en tinieblas vio una
luz grande de; sobre los que habitaban en la tierra
de las sombras de la muerte resplandeció una brillante
luz.”
Is 11:4: “Y herirá al tirano con los decretos de su
boca.”
Todas estas analogías y semejanzas nos hacen ver cierta influencia de la primera parte del libro
de Isaías en la mentalidad del autor de la segunda y tercera parte del mismo libro. Al menos, la
esperanza mesiánica parece flotar en ambas partes, centradas en torno al mismo personaje ideal.
El Siervo de Yahvé es un gran profeta: es llamado por Dios desde el seno materno, como
Jeremías40; Dios le comunica sus revelaciones al oído41, y tiene por misión iluminar al pueblo de
Israel y a los gentiles42.
Por otra parte, en el último cántico el Siervo es presentado como víctima propiciatoria, ofreciendo
su propia vida por la salud de los demás. No se dice expresamente que sea sacerdote, pero su
misión es netamente sacerdotal, como mediador e instrumento de expiación, puesto por Dios en
beneficio de todos. Es, en realidad, el Sacerdote-Victima, Cristo, muriendo en la cruz por todos,
sellando con su sangre una nueva alianza.
El profeta, al hablar del Siervo, se expresa en tiempo pasado, utilizando el llamado perfecto
profético con el fin de recalcar la certeza de su cumplimiento. Es, pues, un despropósito
querer fundarse en estos perfectos para argüir que el Siervo de Yahvé es un personaje histórico
contemporáneo o anterior al profeta que escribe. Tampoco el estilo directo con que a veces se
habla del Siervo prueba nada en favor de la tesis dicha, pues en Is 7:14 se presenta a la 'almah en
el mismo modo directo. Este estilo directo es más expresivo y refleja mejor la mentalidad del
profeta, absorto por una idea fija, por una revelación que le fascina totalmente. El profeta presenta
al Siervo como algo excepcional e inaudito. No puede ser sino el personaje ideal del futuro,
el Mesías (53:1). Si el profeta se refiriera a un personaje histórico contemporáneo o anterior a él,
hubiera dado algún detalle de su procedencia, lugar de origen, modo como murió, etc. Todo ello
hace pensar que el profeta pensaba en un personaje del futuro, ya que la vaguedad esquemática
de su descripción no se concibe respecto de un personaje histórico conocido.
Interpretaciones Racionalistas.
A) Sentido Colectivo..
Entre los autores independientes es corriente interpretar estos fragmentos relativos al
Siervo de Yahvé aplicándolos a una colectividad, ya sea: a) el pueblo judío histórico; b) la parte
fiel de este mismo pueblo judío; c) los profetas como institución; d) el Israel ideal como está en
la mente divina.
1. El “Siervo de Yahvé” es el pueblo judío histórico como colectividad 43. — Se fundan los man1872
tenedores de esta opinión en que la expresión Siervo de Yahvé en Is 41:8 designa al pueblo judío
histórico. Por otra parte, en 42:2, según los LXX, y en 49:3, según el TM y los LXX, se identifica
al Siervo con el pueblo israelita.
Debemos decir, efectivamente, que la expresión Siervo de Yahvé algunas veces se aplica
a Israel como colectividad histórica, como también a determinados personajes históricos, como
Abraham, David, etc., como antes hemos explicado. Leyendo detenidamente los fragmentos sobre
el Siervo de Yahvé, vemos que hay tales rasgos individuales que difícilmente se pueden aplicar
a una colectividad, y menos a Israel: a) el siervo Israel histórico aparece en los ce.40-48 de
Isaías como pecador y culpable44, mientras que el Siervo de Yahvé es inocente, sin pecado alguno
45; b) el siervo Israel aparece como rebelde, que no quiere ver la obra de Yahvé, que desprecia45*,
mientras que el Siervo de Yahvé predica dócilmente la Ley a las naciones46; c) el sierro
Israel es cautivo de sus enemigos y está en el destierro 47; en cambio, el Sierro de Yahvé es libertador
de los cautivos, con la misión de reunir a Jacob a Yahvé y juntar el resto de Israel 48; a) el
siervo Israel es amado de Yahvé, de tal forma que Yahvé está dispuesto a entregar a las otras
naciones para conservar la vida de aquél49; en cambio, el Siervo de Yahvé entrega su propia vida
por su pueblo (Israel) y las naciones, por lo que recibirá de Yahvé un botín de muchedumbres50;
e) el siervo Israel es el pueblo israelita, escogido por Yahvé51, mientras que el Siervo de Yahvé
es alianza del pueblo, e.d., mediador entre Dios y el pueblo israelita; luego distinto de éste 52; fue
entregado a la muerte por su pueblo 53; f) el siervo Israel sufre por sus propios pecados54; en
cambio, el Siervo de Yahvé lleva los dolores de su pueblo y es herido por nuestras iniquidades, y,
sin cometer pecado, llevó nuestras iniquidades 55.
Y no vale decir que aquí se trataría del Israel histórico, considerado en comparación con
los otros pueblos más pecadores que él. Efectivamente, Israel es un pueblo excepcional, y por
eso es llamado siervo de Yahvé en muchas ocasiones, ya que está vinculado de un modo especial
a Yahvé. Pero siempre quedan los argumentos de que el Sierro de Yahvé de los cánticos aparece
como distinto de Israel, al que libera y hace volver a Yahvé. Por otra parte, su carácter de pura
inocencia, aplicado al Israel histórico, es inaudito entre los profetas, que constantemente recriminan
la culpabilidad de Israel. Y, sobre todo, la idea de que el Israel histórico sufre en expiación
de los pecados de los gentiles desborda la mentalidad del Antiguo Testamento 56.
2. El “Siervo de Yahvé” es la parte fiel del pueblo israelita, al menos desde el tiempo del
destierro 57. — Según esta opinión, se contraponen el Israel histórico, que sería el siervo Israel
de los ^40-48, culpable, pecador, y la parte fiel de Israel, a la que se llama por su fidelidad Siervo
de Yahvé por antonomasia.
Pero a esto decimos: a) el Siervo de Yahvé debe reunir el resto del pueblo58; pero, según
la teología de los profetas, este resto estaba formado precisamente por el Israel fiel59, o sea los
justos, que permanecieron fieles a Yahvé, salvados de las catástrofes históricas a que se ve sometido
el pueblo israelita periódicamente. Por otra parte, b) tanto la parte infiel como la fiel tienen
que sufrir en las calamidades históricas de su pueblo. ¿Por qué se dice, pues, que la parte infiel
desprecia a la fiel precisamente porque ésta sufre? 60 Por otra parte, la idea de una parte fiel en
Israel que sufre por la otra infiel es desconocida en el Antiguo Testamento, c) Según el c.53, el
Siervo de Yahvé padece y muere al fin. Y según las profecías del Antiguo Testamento, la parte
fiel de Israel no muere, sino que se purifica y se salva sustancialmente en las grandes catástrofes
nacionales. Luego no podemos identificar al Siervo de Yahvé, que muere, con la parte fiel de Israel,
que no debe morir según los profetas.
3. El “Siervo de Yahvé” es la personificación de los profetas o de los maestros de la Ley
61. — También esta opinión no parece poder sostenerse, porque, si bien el Siervo de Yahvé apa1873
rece ejerciendo un ministerio profético, son tantos los rasgos individuales, que es difícil substraerse
a la idea de que realmente se trata de un individuo. Los profetas tenían por misión predicar
la ley de Dios a Israel, mientras que al Siervo de Yahvé se le encomienda darla a conocer hasta
los extremos de la tierra, siendo luz para los gentiles (49:6). Lo mismo los maestros de Israel
tenían por misión adoctrinar al pueblo en los caminos del Señor. No consta que los profetas como
colectividad hayan muerto por los demás. No cabe sino pensar que un profeta, el último de
todos, haya muerto realmente. Y entonces podemos admitir que el Mesías, culminación del
profetismo, murió realmente por todos y llevó la Ley a todos los pueblos al promulgarla y
enviar a sus discípulos.
4. El “Siervo de Yahvé” es el Israel ideal62. — En este cántico se trataría, según esta opinión,
del Israel ideal, e.d., como se halla en la mente divina. Y este designio divino de establecer
un Israel ideal, fiel a sus mandamientos, sería la razón de salvar al Israel histórico.
A esto podemos decir que, en este supuesto, carecen de sentido frases como “me ha llamado
desde el seno materno” (49:1), “en vano me he fatigado y de balde he consumido mis fuerzas”
(49:4), “crece como una raíz delante de El” (53:2), y sobre todo lo que se dice de los sufrimientos
y pasión por los otros. ¿Cómo un Israel ideal, que nunca existió sino en los designios
providenciales de Yahvé, pudo haber sufrido todo esto, y con ello ser el instrumento de la liberación
del Israel histórico?63
B) Interpretaciones Individualistas.
1. Histórica. — Según esta opinión, el Siervo de Yahvé es una persona histórica del Antiguo
Testamento, distinta del Mesías 64, que tuvo gran influencia en la restauración de Israel: Moisés,
Ezequías, Isaías, Job, Ciro, Zorobabel, o mejor un mártir desconocido para nosotros, pero conocido
de los lectores de estos cánticos sobre el Siervo de Yahvé65.
Para sostener esta hipótesis se basan en el empleo de los verbos en pasado en los cánticos
del Siervo de Yahvé, en lo insólito de presentar a un Mesías doliente y salvador de las gentes. Pero
ya hemos dicho que aquí los tiempos en pretérito tienen el valor de pretérito profético, para
hacer resaltar más la certeza de su cumplimiento. Por otra parte, es cierto que el presentar al Mesías
padeciendo es algo no común en la literatura del Antiguo Testamento; pero a esto podemos
decir que ahí está el avance teológico en estos cánticos proféticos; por eso el profeta mismo duda
de que se dé crédito a su comunicado profetice, tan inaudito y excepcional (53:1). Además, en
Zac 11:12 y 13:7 se habla también de un Justo traspasado por su pueblo, que al fin se lamenta de
ello.
No es posible, por otra parte, aplicar a un personaje histórico las cualidades y misión que
se asignan al Siervo: sufrir la muerte en expiación de los pecados de su pueblo y, sobre todo,
su triunfo espiritual después de la muerte. Quizá el personaje del Antiguo Testamento que
más se acerque a la figura del Sierro de Yahvé sea el profeta Jeremías, que en medio de todas las
contradicciones se presentó siempre como el gran amigo e intercesor de Dios en favor de su pueblo
66. Pero ¿cómo explicar que haya sufrido Jeremías sin queja, cuando sabemos que protestaba
a Dios por la misión ingrata que le había encargado? Por otra parte, ¿cómo explicar lo que se dice
de la admiración de los reyes por la persona del Siervo de Yahvé? Lo más que podremos decir
es que Jeremías fue parcialmente un tipo del Siervo de Yahvé doliente.
2. Interpretación autobiográfica. — Los judíos del tiempo de San Jerónimo creían que el
Siervo de Yahvé era el mismo autor de los cánticos, que no habría hecho sino reflejar sus sufrimientos
en su misión profética67. Ya el eunuco de la reina de Candace había planteado este problema
al diácono Felipe: “¿Habla de sí mismo o de otro?”68 Se fundan para ello en el empleo de
1874
la primera persona en el segundo y tercer cántico y en que se presenta el Sierro de Yahvé como
profeta69. Además, el profeta parece proclamar la salvación de todos los pueblos.
Desde luego, el argumento del empleo de la primera persona no tiene fuerza alguna, ya
que en el cuarto cántico, que representa la culminación de la misión del Sierro de Yahvé, aparece
éste muerto por extraños. No podemos, pues, suponer que se identifique con el narrador hagiógrafo.
Por otra parte, es inconcebible en el Antiguo Testamento un profeta que se presenta a sí
mismo como mediador en una nueva alianza entre Dios y su pueblo, entregado a una muerte expiatoria
por su pueblo, declarándose completamente inocente (53:9) y concediendo a su persona
un alcance fuera de toda medida. Precisamente los racionalistas suelen destacar el carácter anónimo
del Deutero-Isaías, y aquí el protagonista se presentaría como principal protagonista de una
misión superior a la de todos los profetas anteriores. Por otra parte, el Deutero-Isaías no cumplió
una misión universal, sino que simplemente anunció el retorno de los exilados de Babilonia.
La tesis de que el Siervo de Yahvé fue un doctor anónimo de la Ley (Duhm) es difícil de
concebir, ya que no se comprende por qué iba a quedar en el anonimato un personaje tan excepcional
que provocara la admiración de los reyes de todos los pueblos. Ése gran Desconocido no
puede ser otro que el mismo Mesías.
3. Interpretación escatológica. — El Siervo de Yahvé, según esta opinión, sería simplemente
una creación ideal de la imaginación de un escritor sagrado o del mismo pueblo en torno a
un personaje extraordinario futuro, al que, sin ser el Mesías, se le aplicaron por la tradición
judía rasgos mesiánicos70. La teología judaica, según esta concepción, fingiría una figura expiatoria
que serviría de puente entre los tiempos calamitosos presentes y la felicidad mesiánica
futura.
En realidad, el pueblo judío vivía de la esperanza mesiánica, y los vaticinios de sus profetas
no tenían otro fin que expresar esta esperanza de un Libertador futuro, que habría de inaugurar
una era de justicia, de paz y de equidad. La nueva aportación de estos cuatro cánticos es sencillamente
ese carácter doliente del futuro Mesías, que iba a ser glorificado precisamente por
medio de sus sufrimientos y su muerte. El Mesías glorioso y triunfante que todos esperaban
habría de venir, pero después de una primera etapa de sufrimiento y de dolor. Por eso el profeta
se pregunta: ¿Quién va a creer nuestro anuncio? La revelación profética se va manifestando
paulatinamente por sucesión de vislumbres mesiánicos, y por eso aquí la noción de un Mesías
doliente desborda todas las revelaciones anteriores. No es posible dar una interpretación satisfactoria,
en plan puramente racionalista, al problema que plantea ese personaje misterioso que el
hagiógrafo llama Siervo de Yahvé si se prescinde de su proyección mesiánica, pues su misión y
rasgos sobrepasan a todas las figuras históricas. Tampoco puede concebirse como un mero producto
de la teología tradicional profética ni como fruto de la imaginación popular, creando un
personaje ideal para proyectarlo como una esperanza en tiempos futuros con características escatológicas.
Es tan insólita esta figura del Siervo de Yahvé, que rompe con todos los moldes mentales
tradicionales proféticos, pues para un israelita que se nutriera sólo de sus esperanzas tradicionales,
un Mesías sufriendo sería totalmente heterodoxo. No cabe sino atenernos a la tesis tradicional
cristiana, que ve en el Siervo de Yahvé al Mesías Jesús, que redimió con la muerte a Israel
y a todos los pueblos, triunfando así con su muerte y recibiendo un botín de muchedumbres. Por
eso, el mejor comentario a todos estos cuatro cánticos sobre el Sierro de Yahvé es la lectura de la
Pasión en los cuatro evangelios.
Damos a continuación, siguiendo al P. Condamin, un cuadro sinóptico de textos que nos
harán ver el paralelismo entre los cuatro cánticos del Siervo de Yahvé y otros textos del Nuevo
Testamento
1875
Is 49:1: “El Señor me llamó, desde el seno materno
se acordó de mi nombre.”
2: “E hizo mi boca como cortante espada.”
3: “Tú eres mi siervo, en ti seré glorificado.”
4: “Por demás he trabajado.”
5: “Mi recompensa está en las manos de Yahvé.”
Ís42:1: “Mi elegido, en quien se complace mi alma.”
“He puesto mi espíritu sobre él.”
“Expondrá fielmente la Ley..”
“Las islas están esperando su doctrina” (v.4).
6: “Te he puesto por alianza para mi pueblo.”
“Te he puesto para luz de las gentes,”
7: “para abrir los ojos de los ciegos, para sacar de
la cárcel a los presos, del fondo del calabozo a los
que moran en tinieblas.”
Is 50:4: “El Señor me ha dado lengua de discípulo.”
6: “He dado mis espaldas a los que me herían, y
mis mejillas a los que me mesaban la barba. Y no
escondí mi rostro ante las injurias y los esputos.”
“He aquí que concebirás y darás a luz un hijo, y le
llamarás Jesús” (Lc 1:31; Mc 1:21).
“Su nombre se llama Verbo de Dios, y de su boca
sale una espada aguda por ambas partes” (Ap 19).
“Yo te he glorificado sobre la tierra” (Jn 17:4).
¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos y no quisiste!
(Mt 23:37).
Y ahora glorifícame, Padre (Jn 17:5). Citado por
Mt 12:18-21 como realización en Jesús de las palabras
del profeta.
“Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis
complacencias” (Mt 3:17; 17:5).
“Vio al Espíritu de Dios que descendía sobre él”
(Mt 3:16).
“Id a predicar a todas las gentes., enseñándoles a
guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28:19).
“Esta es mi sangre del Nuevo Testamento” (Mt
26:28).
“Luz para la revelación de las gentes” (Lc 2:32).
“Los ciegos ven.” (Mt 11:5); “Yo soy la luz del
mundo” (Jn 8:12); “Si el Hijo os librare, seréis
verdaderamente libres” (Jn 8:36); “para iluminar a
los que están sentados en tinieblas y sombra de
muerte” (Lc 1:79).
“Lo que oí de El, lo comunico al mundo” (Jn
8:26).
“Se cumplirá todo lo que está escrito en los Profetas
sobre el Hijo del hombre: Será entregado a los
gentiles, burlado, flagelado y escupido” (Lc 18:31-
33). “(Los soldados), escupiéndole, le herían con
la caña en la cabeza” (Mt 27, 30). “Entonces comenzaron
a escupirle y a darle puñetazos, y otros
le herían en la cara.” (Mt 26:67).
A todos estos textos habría que añadir el cántico cuarto (52:13-53:12), poniéndolo en parangón
con los relatos de la Pasión según los evangelistas.
1 Cantera:”¿Quién ha creído nuestra noticia ?”; Ceuppens: “quis credidit auditui nostro ?”; Skinner: “¿Quién ha creído a nuestro relato?”
La palabra hebrea que hemos traducido por lo que hemos oído puede significar también el mismo mensaje transmitido por el
profeta — 2 Cf. Lagrange, Le Judaisme avant J. C. p.37S; F. Feldmann, o.c., t.2 p. 163-164. — 3 Cf. Job 17:6; 19:19; 30:10. — 4
Otros traducen: “el castigo (precio) de nuestra paz cayó sobre él” (Cantera). Denne-feld: “el castigo que nos da la paz.” Condamin:
“el castigo que nos salva.” Pero en el texto ciertamente se habla de paz, no de salvación. — 5 Jn 9:2. — 6 Son muchas las
versiones de este versículo. La Vg.: “de angustia et de iudicio sublatus est.” Lagrange: “después de la cárcel y del juicio.” Condamin:
“Por razón del juicio.” Cantera : “de opresión y juicio fue tomado.” Bible de Jérusalem: “Por coerción y juicio ha sido preso.”
— 7 Vg.: “generationem eius quis enarrabit.” Así los LXX. Leyendo débaró en vez de doró, tenemos la versión que hemos
dado siguiendo a Lagrange. Cantera: “y a sus contemporáneos, ¿quién tendrá en cuenta?” Condamin: “¿Quién se preocupa de su
causa?” — 8 Así según los LXX. — 9 Vg.: “Et divitem pro morte sua.” Así los LXX. Con un ligero cambio de vocalización ('oshe
ra' en vez de 'ashir), tenemos la traducción dada arriba siguiendo a Lagrange, Den-nefeld, etc. — 10 Cf. Lagrange, Le Judahme
avant /. C. p-373; Feldmann, o.c., t.2 — 11 Esta lección de la Vg., de los LXX, Peshitta y Targum es seguida por Maldonado,
Knabenbauer, Crampón, etc. — 12 Cantera: “Verá (luz) y se saciará.” Condamin: “Libre de los tormentos de su alma, verá.” — 13
Las versiones varían según el sentido que se dé a la partícula min, que puede significar “fuera de,” “libre de,” o en sentido temporal:
“después de,” o causal: “a consecuencia de,” que hemos preferido. Los que le dan sentido temporal leen “después de la fatiga
de su alma,” e.d., después de muerto. Los que le dan el primer sentido traducen “librada su alma de los tormentos” (Condamin).
— 14 Para la palabra muchedumbre en sentido de generalidad, cf. Dan 11:33; 12:3; Me 10:45 ; Rom 5:19. — 15 2 Cor 5:21. — 16
Is 42:1-7; 49:1-7; 50:4-9; 52:13-53-12. — 17 Se aplica a Abraham (Gen 26:24), a Moisés (Núm 12:7), a Josué (Jue 2:8). — 18
Am 3:7; Jer 7:25. — 19 A David: 2 Sam 7:8. — 20 Jer 30:10; 46:27; Ez 28:25; 37:25; Is 41:8; 42:19-22; 43:10; 44:1-2.21; 45:4;
48:20. — 21 Ez 34:23; 37:24; Zac 3:8. — 22 Is 42:1.6; 49:1-2 — 23 Is 49:6. — 24 Is 50:6. — 25 Is 50,9. — 26 Is 50,9. — 27 Is
42:1.6; 49:6; 50:4. — 28 Cf. Is 53:10-12; 42:1.6; 49:1-2. — 29 Is 53; 49:1; 50:7- — 30 Cf. Is 50,6; 53:7. — 31 Is 49,7; 52:15- —
1876
32 Cf. Sellin, Tritojesaya, Deuterojesaya und Gottesknechproblem: “Neue kirchliche Zeitschrift” (1930) p-73-93-145-173- — 33
Para todo este argumento literario y lexicográfico, cf. CEUPPENS, o.c., p.315· — 34 Condamin, O.C., p.325- — 35 Cf. ID., ibid. 326. —
36 Cf. Ceuppens, o.c., 335. — 37 Cf. Condamin, o.c., p.326. — 38 Cf. Is42,i-4yMt 13:18-21; Is52:15 y Rom 15:21; Is53:1 Is 1
12:38; Is 53:4 y Mt 8:17; Is 53:7-8 y Act 8:32-35; Is 53:12 y Le 22:37; Is 42:6 y Lc 2:32; Is42:7yMt 11:5; Is 49,2y Ap 19:13-15;
Is 50:6 y Mt 26:67. — 39 Primer cántico: San Justino, Dial cum Triph. 26:11; 2:135: PG 6:532.760.788; San Ireneo, Adv. haer.
3:11:6: PG 7:884.940.1072; Tertuliano, Adv. lud. 9:12: PL 2:644.673; San Hipólito, De Christo et Antichristo c.44: PG 10,761;
San Juan Crisóstomo, Homil 40 in Mí 12:9.10: PG 57:440 y 441; In Ps 117: PG 438. — Segundo cántico (49:1-7): San Justino,
Diaí. cum Triph. 121: PG 6:757; Tertuliano, Adv. Prax. n: PL 2:190; Adv. Marc. 4:25: PL 2:453; San Juan Crisóstomo, Hom. 30 in
Act. Apost. 13:47: PG 60,221; San Jerónimo, In Is.: PL 24:480.484. — Tercer cántico (50:4-9): San Justino, Dial, cum Triph. 102:
PG 6:713; Apol. 1:38: PG 6:387; San Ireneo, Adv. haer. 4:33; 12:33: PG 7:181.182; Tertuliano, Adv. haer. 4:353-354; Adv. Marc.
4:39: PL 2:490; San Cipriano, Testara. 2:13.23: PG 4:707; San Jerónimo, In Is.: PL 24:495.799; Eusebio De Cesárea, Demonstr.
christ. 2:3:34: — G 22:117.120.480. — Cuarto cántico (52:13-53:12): San Clemente Romano, Ad Gor. c.ió: PG 1:240-241; San
Justino, Día? 13:42: PG 6:501.565; San Ireneo, Adv. haer. 3:19: PG 7:940.1072. — 40 Jer 1:5; Is 49:1. — 41 Is 50:4. — 42 Is
49:5. — 43 Así opinan Giesebrecht, Beitrage zur Jesayakritik p.146; K. Budde, Die sog. Ebed-Jahwe-Lieder und die Bedeutung
des Knechts Jahivés von Jesaya (Giessen 1900) 40-55; K. Marti, Das Buch Jesaya p.355; E. Kónig, Die Ebed-Jahwe-Frage und die
Hermeneutik: Zatw 47 (1929) p.255; cf. Ceuppens, o.c., p.318; Condamin, o.c., 332; Skinner, o.c., II 58. — 44 40,2; 43:24-28;
44:12; 47:8; 48:1:4. — 45 42:1-4; 50:4-6; 53:9. — 45* 42:19-20. — 46 42:4; 49:6. — 47 42:24. — 48 42:7; 49:6. — 49 43:4. —
50 53:10-12. — 51 41:8. — 52 42:6. — 53 40,2; 42:24- — 54 43:27-28; 48:18. — 55 53.4-6:11. — 56 Cf. 43:3-4; 45:14-17;
49:22-23.26; 51:22-23. Véase Condamin, o.c., 334. — 57 Así opinan A. Knobel, Der prophet Jesaya p.362; A. Kuenen, Histor.-
kritische Einleitung in die Bücher des A.T. t.2 p.34; Die prophetische Bücher (1892); E. Reuss, Les Pro-phétes (1876) 280; Kosters,
Theol Tidschrift (1896) p.588-599. Véase Ceuppens, o.c., 321. — 58 49:6. — 59 Cf. R. De Vaux: RB 42 (1933) 526-539. — 60
Cf. 53:2-3. — 61 Así W. Gesenius, Kommentar zu Jesajas (1820) t.3 p.11; Umbreit, Studien und Kritik der Knecht Cotíes (1828)
p. 195-330. — 62 Opinión de E. Ewald, Die Propheten des A.T. (1867) n.68; A. Dillmann, Komentar zum Jesaja 42:1; 49:1; S. R.
DRIVER, Einleitung in das A.T. (1896) 260; J. Skinner, o.c., II 58; J. Halevy, Le Prophéte Isaie: “Revue Sémitique,” 6 (1899); A.
B. Davidson, Oíd Testa -Ment Profecy (1903); O. Eissfeldt, o.c., p. 19-20. — 63 Cf. Lagrange, o.c., p.377. — 64 Así E. Sellin,
Studien zar Entstehungsgeschichte t.1 p.45s. — 65 Así H. Ewald, o.c., t.2 p.407-408, y Schian, Ebed-Jahwe-Lieder p.6i. — 66 Cf.
2 Mac 15:14- — 67 Cf. San Jerónimo: PL 24:496. Entre los rabinos de la Edad Media era común esta opinión: R. Raschi, Ibn Ezra,
David Kimhi, Rosenmüller, y entre los modernos, Mowinckel, H. Gunkel y E. Sellin. Cf. Condamin, o.c., 326. — 68 Cf. Act
8:34. — 69 Is 42:1-2.4; 49:1.5-6; 50:4. — 70 A. Gunkel, H. Gressmann, A, Jeremías, Volz.
54. Gloria de la Nueva Sión.
De nuevo se continúan los oráculos de consolación comenzados en el c.49, y que han quedado
interrumpidos por los poemas sobre el Sierro de Yahvé! Se describe la gloria de la futura Jerusalén,
que antes ha sido como una mujer estéril y ahora va a tener numerosísima prole. Sus confines
serán estrechos para encerrar a los nuevos ciudadanos. Dios se encargará de la restauración
de Sión, sellando un nuevo pacto y haciéndola olvidar los días tristes pasados, llenos de ignominia.
Ha llegado la hora de la reconciliación definitiva y esperada. Los enemigos se avergonzarán
al ver la futura gloria de Sión rebosante de ciudadanos.
Jerusalén, fecunda en hijos y confiada en Yahvé (1.-5)
1 Regocíjate, estéril, que no has parido; entona un grito de alegría y exulta, tú que
no has estado de parto. Porque los hijos de la abandonada son más numerosos que
los hijos de la casada, dice Yahvé. 2 Ensancha el espacio de tu tienda, extiende las
lonas de tus moradas, no te cohibas, alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas,
3porque te extenderás a derecha e izquierda, y tu descendencia poseerá las naciones
y poblará las ciudades desiertas. 4Nada temas, que no serás confundida; no te avergüences,
que no serás afrentada. Porque te olvidarás de la vergüenza de tu juventud
y no volverás a recordar el oprobio de tu viudez. 5Porque tu marido es tu Hacedor;
Yahvé de los ejércitos es su nombre, y tu Redentor es el Santo de Israel, que es el
Dios del mundo todo.
La situación de Jerusalén va a cambiar radicalmente del estado de duelo al de alegría desbordada;
por ello, el profeta invita a Sión a exultar por la nueva situación de triunfo y de bienestar.
Hasta ahora Sión ha sido como una mujer estéril, ya que durante su cautividad no ha dado hijos
1877
como nación (cf. 49:21). El profeta contrapone la nueva situación de Sión abandonada (v.1) durante
el exilio y la de la misma antes de la cautividad, en que vivía como casada, e.d., bajo la
protección de Yahvé, su marido. En realidad va a venir una época en que Sión, ahora abandonada,
va a tener más hijos que antes del exilio, en que estaba casada. San Pablo aplica estas palabras
a la nueva Jerusalén espiritual, la Iglesia, en contraposición a la carnal y terrestre del Israel
histórico (Gal 4:27).
La situación va a ser tan espléndida, que los muros históricos de Sión serán incapaces para
contener la muchedumbre de hijos que le van a venir; por eso se la invita a ensanchar el espacio
de su tienda (v.2), pues se desbordarán sus más halagüeñas esperanzas: no te cohibas, alarga
tus cuerdas para que estén en tensión las lonas de la tienda, lo que exige el refuerzo de las estacas
de la misma. Jerusalén se ensanchará a derecha y a izquierda (ν.3) para dar cabida a sus innumerables
hijos, extendiendo, por otra parte, su influencia dominadora sobre las naciones.
Ha pasado ya la época de la ignominia y de la opresión, y se abre una nueva era, basada
en una nueva alianza con Yahvé; por eso el profeta invita a Jerusalén a desechar todo temor: nada
temas, que no serás confundida (v.4). Los tiempos de opresión y de oprobio ya han pasado
definitivamente, y en su nueva situación no se acordará ya de la vergüenza de su juventud (v.4),
e.d., de los tiempos en que fue oprimida en Egipto al comenzar a existir como nación y después
en sus tiempos de vida precaria histórica en Ganaán, presa de todas las invasiones egipcias y asiro-
babilónicas; y tampoco se acordará del oprobio de su viudez (v.4), de la época ignominiosa
del destierro, en que se sentía como viuda y abandonada. En Ez 16 se dan detalles de la situación
en que se encontraba Israel cuando fue adoptada por Dios como pueblo, después de haber sido
ultrajada y violada por los otros pueblos. Esta vergüenza de su juventud desaparecerá totalmente.
Y garantía de ello será el que su marido es el Hacedor (ν.6). Es la mejor prenda de su liberación.
Israel como pueblo es fruto de la obra de Yahvé al escogerlo y modelarlo conforme a su beneplácito.
Por otra parte, no sólo es Señor de sus destinos, sino que domina toda la naturaleza y es
el Señor de todos los seres, que se mueven a sus órdenes como un ejército disciplinado: Yahvé de
los ejércitos es su nombre (ν.6). Además, es su Redentor o valedor de sus derechos (cf. 41:14) en
todos los momentos críticos de su historia.
Fidelidad de Yahvé para con Sión (6-10).
6 Como mujer abandonada y desolada de espíritu, te ha llamado Yahvé. Y la esposa
déla juventud, ¿podrá ser repudiada? dice tu Dios. 7Por un breve momento te abandoné,
pero con gran misericordia te recojo. 8En un rapto de cólera oculté de ti un
instante mi rostro, pero con amor eterno me apiadé de ti, dice Yahvé, tu Redentor. 9
Me sucede como en los días de Noé2, cuando juré que las aguas de Noé no inundarían
más la tierra. Así juro yo no enojarme contra ti ni amenazarte. 10 Que se retiren
los montes, que tiemblen los collados, no se apartará de ti mi amor, ni mi alianza de
paz vacilará, dice el que se apiada de ti, Yahvé.
El Dios de Sión contrapone dos situaciones del pueblo elegido. Este ha sido considerado por algún
tiempo como mujer abandonada y desolada (v.6); es decir, sin ser repudiada formalmente,
ha sido postergada por el marido, por no sentir afecto hacia ella, lo que producía en ella una desolación
de espíritu, o pusilanimidad y melancolía. Pero el esposo de nuevo se acuerda de ella, y
la llama cariñosamente: te ha llamado Yahvé (v.6). En realidad, Sión debe estar segura del amor
de su Dios, pues no es una esposa advenediza, sino que ha participado de las primicias del amor
de Yahvé; es la esposa de la juventud (v.6), que nunca puede ser abandonada, ya que evoca en el
1878
esposo sus primeros amores más tiernos y puros.
Israel ha sido elegida por Yahvé en el desierto con preferencia a otros pueblos por sólo su
voluntad gratuita. Por eso Israel no puede ser repudiada (v.6) definitivamente. El abandono del
esposo ha sido momentáneo: por un breve momento (ν.7), el tiempo de la cautividad, que es breve
en comparación con la duración del amor eterno de Yahvé para con Sión. Yahvé dice que ha
sido en un rapto de cólera (v.8), como consecuencia de sus infidelidades, por lo que ha ocultado
su rostro, e.d., se ha alejado de ella. Pero a esta impresión pasajera de mal humor se ha sobrepuesto
el amor eterno (v.8), que ha hecho se apiadara de ella abandonada. El profeta presenta
aquí las alternativas del enojo y amor divinos al modo humano. En la literatura profética se ensalza
mucho este carácter amoroso de Dios para con su pueblo pecador, pues lo que diferencia al
Dios del hombre es su amor. Y la razón de ese amor eterno es porque Yahvé es el Redentor
(v.8), o valedor de los derechos de Israel, su abogado oficial, su go'el, o encargado oficial de protegerle.
Signo de que esta reconciliación con Israel es permanente y definitiva es el juramento
que hace Yahvé (v.8), aludiendo al otro juramento hecho después del diluvio universal 3 de no
anegar más la tierra. La hora del enojo ya ha pasado, y las amenazas lanzadas contra el pueblo
escogido se han cumplido con la cautividad. En adelante se establecerá un pacto de amistad inconmovible,
más firme que los mismos montes y collados, cuya estabilidad era proverbial: que
se retiren los montes (V.9), figura retórica concesiva, equivalente a aunque los montes pierdan su
estabilidad tradicional, el nuevo pacto de Yahvé con Sión permanecerá para siempre4: ni mi
alianza de paz vacilará (v.10). Fruto de ese pacto será un nuevo orden de cosas definitivo y estable,
fundado en Injusticia (v.14).
La nueva Jerusalén, inexpugnable (11-17).
11 ¡Pobrecita, azotada por la tempestad, sin consuelo! He aquí que voy a poner tus
piedras de jaspe 5, y tus cimientos de zafiro. 12Te haré almenas de rubí y puertas de
carbunclo, y toda tu cerca de piedras preciosas. 13Y todos tus hijos serán adoctrinados
por Yahvé, y grande será la paz de tus hijos. 14Serás fundada sobre la justicia,
estarás lejos de opresión, pues no habrás de temer, y del terror, pues no se te acercará.
15Si te atacare alguno, no será de parte mía, y quien te ataque caerá ante ti.
16He aquí que yo he hecho al herrero, que sopla el fuego de las brasas y forja armas
según su oficio; también he hecho yo al destructor para aniquilar. 17Toda arma forjada
contra ti no prosperará, y a toda lengua que contra ti se alce en juicio, condenarás.
Tal es la heredad de los servidores de Yahvé y la justicia que de mí les vendrá,
oráculo de Yahvé.
Yahvé, movido de la triste situación en que se halla Sión, anuncia un futuro glorioso para ella,
describiéndola como una ciudadela cuyas murallas están cimentadas y formadas con toda clase
de piedras preciosas. La imaginación oriental del profeta no pudo encontrar mejores símiles para
ponderar la futura magnificencia de Sión, fundada sobre la justicia (v.14). A través de todas estas
imágenes materiales debemos captar el mensaje profundo de las palabras del profeta. La futura
restauración y alianza con Yahvé se basará en unas relaciones cordiales entre ambas partes
contratantes, como consecuencia del cumplimiento, por parte de Sión, de los postulados de justicia
y de amor para con Yahvé. Las virtudes morales serán la base de la nueva teocracia que surgirá
después de la prueba de la cautividad. Esto es un tópico en la literatura profética. El autor
del Apocalipsis recogerá estas imágenes de pedrería para describir la futura Jerusalén celestial 6.
Hay una continuidad literaria entre ambas descripciones, y una continuidad conceptual en el con1879
tenido religioso de ambas. La “nueva Jerusalén” celeste de San Juan será una sublimación de la
“nueva Jerusalén” del libro de Isaías.
La paz de la futura teocracia se basará en que todos sus hijos serán adoctrinados por
Yahvé (ν.13). Los nuevos ciudadanos de Sión tendrán una profunda conciencia de su vinculación
a Yahvé, que los ha adoctrinado, y de sus deberes ético-religiosos, y de ahí surgirá la paz ansiada,
basada en la rectitud moral o justicia (v. 14), que será el fundamento real de la nueva Sión.
Como consecuencia del cumplimiento de sus deberes por parte de sus hijos, Sión se verá libre de
toda opresión y terror (v.14), e.d., libre de las intervenciones de la mano justiciera de Dios, que
castiga a su pueblo cuando es transgresor de sus mandamientos sagrados.
Si alguno se atreviera a atacarlo, no sería, como antes, de parte de Yahvé: no es de parte
mía (v.15). Los asirios y babilonios, que habían llevado en cautividad a Israel, eran en realidad
instrumentos de la justicia divina para castigar las infidelidades del pueblo elegido; por eso eran
realmente enviados por Yahvé, y precisamente por esto lograban vencer al pueblo de Dios; en
adelante no será así, pues quien ataque a Israel será por su propia iniciativa, y, en consecuencia,
tendrá que enfrentarse con el poder de Yahvé, que protege a su pueblo: quien te ataque caerá
ante ti (v.15).
En realidad, todo está en manos de Yahvé, ya que tanto el herrero que forja las armas (v.
16) como el que las maneja para sembrar la ruina en los ejércitos, el destructor para aniquilar
(v.16), están sometidos a su imperio. Sión, pues, no debe temer, ya que El hará fracasar al industrial
que fabrica las armas y al guerrero que las maneja.
No sólo Sión quedará indemne en el futuro de los ataques materiales de sus enemigos, sino
que ni la afectarán las maquinaciones insidiosas de las acusaciones enemigas. Al fin triunfará
judicialmente contra las acusaciones de sus enemigos (toda lengua que contra ti se alce enjuicio,
v.17). Los servidores de Yahvé, o ciudadanos de la nueva teocracia, participarán así de una heredad
preciosa, ya que ese estado de tranquilidad total será fruto de la justicia o salvación, que
provendrá del mismo Yahvé7. Aunque el profeta piensa aquí sólo en los ciudadanos de la nueva
Sión, sin mencionar a los otros pueblos, sin embargo, estas palabras no deben desconectarse de
las otras promesas universalistas mesiánicas del mismo profeta. Por otra parte, no debemos perder
de vista que nos hallamos aún en las perspectivas del Antiguo Testamento; en realidad, el
cumplimiento de las palabras del profeta se dio en la nueva teocracia del Nuevo Testamento, en
el “Israel de Dios,” la Iglesia, que es la verdadera heredera de las promesas del Antiguo Testamento.
Las frases sobre la desaparición de todo temor y angustia en la nueva Sión son idealizaciones
poéticas para ensalzar la profunda confianza que tendrán los nuevos ciudadanos en
Yahvé, que será su protector.
1 Cf. Is 50:4-11; 52:13-53:12. — 2 Lit. el TM lee “porque las aguas de Noé,” como en el versículo siguiente. Con el Targum y la Vg.
hemos leído como los días; así la Bib. de Jér. — 3 En Gen 8:20-22 no se dice expresamente que Yahvé haya pronunciado un juramento
de no anegar la tierra de nuevo, pero se afirma que no lo hará, afirmación que en el contexto tiene la virtud de un juramento.
— 4 Cf. Jer 31:3555; 33:2055; Sal 46:25; Ez 34:25; 37:26; Mal 2:5. Sobre el “amor eterno” de Yahvé para con su pueblo,
cf., además, Dt 4:37; 7:4; 10:15; Is 43:4; Os 1:6; 2:3.25; Jer 31:20; Ez 16:8.60; Is 02:4; cf. 1 Jn 4:10; Rom 11:9. — 5 El texto
hebreo lee “antimonio.” Los LXX leen “malaquita.” La palabra hebrea es de sentido dudoso. — 6 Cf. Ap c.21.
55. Invitación a volver a Yahvé.
El profeta invita a todos los que se sientan necesitados a dirigirse a Yahvé, que les colmará en
todo. Sólo se exige como condición para incorporarse a la nueva comunidad mesiánica, en la que
se cumplirán las promesas hechas a David, la obediencia y fidelidad a Yahvé.
1880
Llamada a los sedientos y hambrientos (1-5).
1¡Oh vosotros los sedientos, venid a las aguas, aun los que no tenéis dinero! Venid,
comprad y comed; venid, comprad sin dinero, sin pagar, vino y leche. 2¿A qué gastar
vuestro dinero no en pan, y vuestro trabajo no en hartura? Escuchadme y comeréis
lo bueno y os deleitaréis con manjares suculentos. 3Dadme oídos y venid a mí,
escuchadme y vivirá vuestra alma, y haré con vosotros un pacto sempiterno, el de
las firmes misericordias de David. 4De él he hecho un testimonio para las gentes, un
jefe y maestro de los pueblos, 5He aquí que llamarás a pueblos que te son desconocidos,
y pueblos que no te conocen correrán a ti i por Yahvé, tu Dios; por el Santo de
Israel, que te glorifica.
La invitación se dirige a todos los que padecen alguna necesidad. En el fondo, el profeta piensa
en las necesidades y angustias morales de su pueblo, simbolizadas en las necesidades más perentorias
humanas, de comer y beber. Todos están invitados a formar parte de la nueva comunidad
mesiánica, aun los desprovistos de todo bien material (v.1). Por otra parte, el profeta invita, en
nombre de Dios, a que busquen los verdaderos bienes que sacian el alma, y no los materiales:
¿a qué gastar vuestro dinero no en pan? (v.2); e.d., ¿para qué andar tras de cosas baladíes,
que no proporcionan felicidad al hombre, dejando los valores ético-religiosos, que son como el
pan insustituible para comer y que da verdaderamente hartura? (v.2). Si los hambrientos y sedientos
se acercan a Dios con sinceridad y docilidad (dadme oídos, ν.3), entonces surgirá un
nuevo pacto sempiterno (v.3), continuación del de las firmes misericordias de David (ν.3), el de
las promesas hechas a David sobre la permanencia de su dinastía y la protección que sobre su
casa dispensaría a través de todos los tiempos1. David ha quedado como un testimonio para las
gentes (v.4), en cuanto simboliza a su pueblo, objeto de las bendiciones divinas, que aquí se
prometen como eternas, y a la vez es prototipo del futuro Mesías, nacido de su dinastía, que iba a
ser realmente un jefe y maestro de pueblos (v.4). Las perspectivas histórica y futura se confunden,
y el tipo y el antitipo se superponen en planos que se interfieren mutuamente. La idea mesiánica
es una idea tan metida en la perspectiva profética, que instintivamente aflora de modo
inesperado en cualquier versículo. La idea de un pacto eterno con la futura comunidad de Sión
trae a la memoria del profeta el pacto hecho por Dios con David, cuya continuación iba a ser el
ahora anunciado.
Después de proyectarse sobre la figura histórica de David, como tipo del Mesías, el profeta
vuelve a dirigirse al pueblo israelita, que se verá acrecentado por pueblos que te son desconocidos
(v.5). De nuevo los vislumbres mesiánicos universalistas, que aparecen entreverados en
los escritos proféticos 2. El profeta, al hablar del “Santo de Israel” (v.5), quiere recordar a su
pueblo la alta vocación a que ha sido llamado, por la que está muy por encima de los otros pueblos,
pues ésta exige santidad de costumbres y de vida en conformidad con “el Santo,” que es
su Dios protector: “sed santos como yo soy santo” 3, había dicho Dios en el desierto, haciendo
una llamada al pueblo para que se elevara en sus puntos de vista y viviera con la conciencia de
estar en una atmósfera santa, con todas sus exigencias y riesgos, ya que la santidad de Yahvé,
ofendida, exige satisfacción justiciera contra el pueblo ingrato prevaricador.
El tiempo de la reconciliación con Yahvé (6-11).
6 Buscad a Yahvé, mientras pueda ser hallado; llamadlo en tanto que está cerca.
7Deje el impío sus caminos, y el malvado sus pensamientos, y vuélvase a Yahvé, que
1881
tendrá de él misericordia; \ a nuestro Dios, que es rico en perdones. 8Porque no son
mis pensamientos vuestros pensamientos, ni mis caminos son vuestros caminos, dice
Yahvé. 9 Cuanto son los cielos más altos que la tierra, tanto están mis caminos por
encima de los vuestros, y por encima de los vuestros mis pensamientos, 10 Como baja
la lluvia y la nieve de los cielos y 110 vuelven allá sin haber empapado y fecundado
la tierra y haberla hecho germinar, dando la simiente para sembrar y el pan para
comer, 11 así la boca que sale de mi boca no vuelve a mí vacía, sino que hace lo que
yo quiero y cumple su misión.
Ante la glorificación próxima de Israel, se anuncia un período de gracia y de reconciliación.
Puesto que Dios se apresta a inaugurar una era de justicia y salvación para Sión, deben todos
prepararse para acercarse a El, ya que ofrece la gracia y el perdón. Desaprovechar la ocasión es
llegar demasiado tarde. Yahvé está ahora cerca (v.6), y es preciso aprovecharse de su presencia.
Es el tiempo propicio para la salvación; por eso deben obviarse todos los obstáculos que puedan
oponerse a esa efusión del perdón divino: los impíos deben dejar sus caminos (v.7). Dios está
dispuesto a recibirlos con tal de que se vuelvan a El, que es rico en perdones (ν.7). Y la razón de
esta magnanimidad divina radica en que sus pensamientos y caminos (v.8) son de todo punto diferentes
de los cálculos y módulos de los hombres. Dios planea con su inteligencia sobre la historia,
y sus designios misteriosos están fuera de todo cálculo estrecho humano. Por eso, en su misericordia,
se extiende a todos los que de buena voluntad quieran acercarse a El. Los designios de
redención están fuera de toda comprensión humana 4.
Y este designio redentivo sobre todos se expresa por la palabra de Yahvé (v.10), cuya
eficacia es tan manifiesta como la de la lluvia, que empapa la tierra haciéndola fructificar. Siguiendo
la mentalidad popular, supone que la lluvia proviene realmente de los cielos. Precisamente
este origen superior le da pie para la comparación con la palabra que sale de la boca de
Dios. Aunque la eficacia inmediata de la lluvia no es perceptible, sin embargo, a la larga da simiente
para sembrar y pan para comer (v.10); así la palabra divina no vuelve vacía (v.10), sino
fructifica, plasmando sus designios de salvación. La imagen parece ser la de un dependiente que
sale a cumplir una misión y vuelve a su superior a comunicar que se ha cumplido la misión (no
vuelve a mí vacía, v.11). Aquí palabra es el designio de salvación de Dios, que no queda burlado
5.
El retorno glorioso (12-13).
12 Sí, partiréis con regocijo y seréis conducidos en paz. Montes y collados prorrumpirán
en gritos de júbilo ante vosotros, y todos los árboles del campo batirán palmas.
13 En vez de los espinos crecerá el ciprés; en vez de las ortigas, el mirto. Y servirá
esto de renombre a Yahvé, de señal eterna, imperecedera.
El profeta se transporta en espíritu para contemplar el solemne cortejo de los que vuelven de la
cautividad. También aquí, como en otros lugares, aparece el tópico poético de la transformación
de la naturaleza para hacer más grandiosa la comitiva de retorno. Los cautivos serán conducidos
en paz (v.12), libres de todo temor a ser invadidos como las ovejas bajo la solicitud del pastor 6.
Y la naturaleza (montes y collados) se asociará a este retorno triunfal: todos los árboles batirán
palmas, Y este hecho del retorno triunfal del pueblo de la cautividad con transformaciones milagrosas
de la naturaleza servirá de renombre a Yahvé (ν.13); como los milagros del Éxodo y la
protección especial que Yahvé dispensó a su pueblo durante la peregrinación por el desierto, al
1882
salir de Egipto, quedaron en la memoria del pueblo como un monumento perenne de gratitud, así
la nueva liberación de la cautividad servirá de señal eterna, imperecedera (v. 13). Con estas palabras
se cierra este libro de consolación que se abre en el c.4o, y a cuyo principio hace alusión.
Aquellas palabras enternecedoras: “consolad, consolad a mi pueblo,” de 40,1, tienen un digno
colofón en esta descripción del retorno glorioso y triunfal del pueblo de la cautividad. Se ha cerrado
la etapa del duelo para abrirse la de la esperanza y de la gloriñcación.
1 Cf. 2 Sam 7:11-16. — 2 Cf. Is 2:2-4. — 3 Cf. Lev 20:26; 21:8. — 4 Cf. Jer 29:11. — 5 Cf. Is 40,8. — 6 Cf. Is 40,11;52:12.
Capítulos 56-66.
La Nueva Etapa Gloriosa.
La perspectiva se alarga, y parece que el autor se mueve en nuevos horizontes históricos. Ya no
padece la obsesión de la liberación de la cautividad, con el consiguiente castigo de los enemigos
políticos de Sión, los babilonios. El profeta parece que contempla ya al pueblo establecido en la
tierra de Israel, y toda su preocupación es la de purificar los miembros de la nueva teocracia que
se está alumbrando. El profeta no se dirige, pues, a los cautivos de Babilonia, sino a los ciudadanos
de Israel que son infieles a Yahvé. Ya no se menciona la liberación ni el retorno. En los capítulos
40-55 se describían con expresiones líricas hiperbólicas las condiciones placenteras de la
nueva era inaugurada después del retorno del exilio. Aquí, en los capítulos que siguen (56-66),
hay un dejo de amargura al constatar que la nueva comunidad no es totalmente fiel a Yahvé.
Por la historia sabemos las condiciones precarias en que se hallaban los que habían retornado
de la cautividad y el carácter modesto de su retorno. Los jefes, Zorobabel y Nehemías, tuvieron
que luchar mucho por conservar la pureza de costumbres entre los repatriados. De nuevo
reaparecieron los antiguos vicios, y el profeta en estos capítulos habla de la opresión de los pobres
por parte de la clase directora. Al mismo tiempo rebrotaron los cultos paganos con todas sus
bajezas l. Además había cierta dependencia de opresores extranjeros, y Jerusalén era como una
ciudad en ruinas abandonada2. La vida de sus moradores estaba expuesta a las incursiones de los
enemigos, que los despojaban del fruto de su trabajo.
El profeta fustiga los vicios, pero al mismo tiempo, como antídoto de la situación, presenta
el cuadro de la gloria esplendorosa futura de Jerusalén, en la que reinarán la justicia y la rectitud
de sus moradores, siendo la admiración de los gentiles. De nuevo la imaginación desbordada
poética desorbita las condiciones materiales de la nueva teocracia para excitar más las esperanzas
mesiánicas.
Como nota preliminar, podemos decir que no existe un orden cronológico ni lógico en la
distribución de los diversos oráculos de esta tercera parte de Isaías. La generalidad de los comentarista
considera como autor de estos capítulos a un profeta anónimo que habría vivido en los
tiempos de Nehemías, hacia mitad del siglo V.
1 Cf. Is 58:335; 59:13-15; 57:5ss; 65:11; 66:3.17 — 2 Is 62:10.14; 61:4; 62:85.
1883
Capítulo 56.
Invitación a la rectitud (1-2).
1 Así dice Yahvé: Guardad el derecho, practicad la justicia, que pronto va a venir mi
salvación y a revelarse mi justicia. 2 Bienaventurado el varón que esto hiciere, y el
hijo del hombre que a ello se asiere, y que guarde el sábado sin profanarlo y guarde
sus manos de toda obra mala.
Estos dos versículos parecen tener un carácter de introducción, y en ellos se exhorta de modo
general a la práctica del bien, a guardar el derecho (v.1), constituido por el conjunto de normas
jurídicas por las que se debe ajustar la conducta del hombre, y el fruto del cumplimiento de estas
normas es “la justicia.”
En Israel, el derecho era el conjunto de leyes mosaicas que presidían la vida religiosa y
social de la nación teocrática. La justicia que aquí va a revelarse es sinónima de salvación, la
cual se llama justa en cuanto que es la realización de las promesas hechas por Dios. Por eso, en
la literatura profética, frecuentemente justicia es sinónima de salvación, sobre todo cuando se
hallan en paralelismo sinónimo.
La inminencia y realidad de esta salvación hace prorrumpir al profeta en una frase que
tiene el aire de un salmo: Bienaventurado. (v.2). No se pone más condición para el que quiera
participar de esta situación de la era de salvación que el cumplimiento de los valores éticos y la
incorporación a la comunidad de fieles adoradores de Yahvé. Junto a la rectitud y la justicia se
exige el cumplimiento del descanso sabático, considerado en la legislación mosaica como ley
fundamental y característica de la teocracia hebrea1, y que era el signo externo, junto con la circuncisión,
de la fidelidad a la ley tradicional. En la época de Cristo, la observancia del sábado era
de capital importancia en los medios religiosos selectos de Israel. Cristo tuvo que luchar contra la
exagerada observancia del sábado en perjuicio de otros principios éticos 2.
Invitación a los prosélitos y locos (3-7).
3 Que no diga el extranjero allegado a Yahvé: “Ciertamente me va a excluir Yahvé
de su pueblo,” Que no diga el eunuco: “Yo soy un árbol seco.” 4 Porque así dice
Yahvé a los eunucos que guardan mis sábados, y eligen lo que me es grato, y se adhieren
firmemente a mi pacto: 5 Yo les daré en mi casa, dentro de mis muros, poder
y nombre mejor que hijos e hijas. Yo les daré un nombre eterno, que no se borrará,
6 Y a los extranjeros allegados a Yahvé, para servirle y amar su nombre, para ser
sus servidores, a todo el que guarda el sábado sin profanarlo y se adhiere firmemente
a mi pacto, 7yo les llevaré a mi monte santo, y los recrearé en mi casa de oración.
Sus holocaustos y sus sacrificios serán gratos en mi altar, porque mi casa será llamada
casa de oración para todos los pueblos.
Para recalcar la universalidad de esta invitación a formar parte de la nueva comunidad teocrática,
el profeta afirma categóricamente que hasta los que ahora son considerados como ciudadanos
de segundo orden, como el extranjero, prosélito, y el eunuco, despreciado de todos por no
tener descendencia, tendrán acceso al nuevo orden de cosas. Sólo se exigirá fidelidad religiosa y
moral y cumplimiento de la ley tradicional israelita, simbolizada en la obligación de observar el
sábado (v.4).
1884
Aquí se trata del extranjero allegado a Yahvé (v.5), o prosélito, que vivía incorporado de
algún modo al pueblo elegido. Ya en la época del desierto fueron admitidos como ciudadanos de
segundo orden gentes procedentes de tribus sinaíticas que habían tenido relaciones con Israel 2.
A los egipcios y edomitas se les permitía expresamente incorporarse plenamente a la comunidad
israelita en la tercera generación 3; en cambio, a los moabitas y amonitas se los excluía perpetuamente.
La grandiosidad de la futura era gloriosa teocrática presentada a los moradores de Sión
hacía temblar a los prosélitos y ciudadanos de segundo orden, como los eunucos: Me va a excluir
Yahvé de su pueblo, dirían aquéllos, y a su vez éstos, avergonzados de su situación humillante,
dirían descorazonados: 503; un árbol seco (v.3). En Dt 23:1 se excluye expresamente a los eunucos
de la participación de la ciudadanía israelita. El eunuco era un árbol seco, ya que no podía
aspirar a ser padre de familia, y, por tanto, a tener la gloria de que sus hijos asistieran un día a la
espléndida manifestación mesiánica. Pero también para éstos llega el momento de la redención
de su condición social si guardan los sábados y eligen lo que es grato (v.4), adhiriéndose al pacto
de Yahvé4. Dios les dará poder y nombre mejor que hijos e hijas (ν.6), y todo esto dentro del
templo (mi casa, dentro de mis muros, ν.6). Su memoria permanecerá, porque Yahvé se encargará
de recordarle en su templo ante todos y con todos los honores. Muchos autores traducen “les
daré un monumento y un nombre dentro de mi casa” (v.21), aludiendo a un simbólico monumento
dentro del mismo templo al estilo de las masebah o estelas funerarias que erigían los fenicios
para que su recuerdo permaneciera entre los vivos. En todo caso, esto es un lenguaje figurado
para expresar el honor en que han de estar hasta los eunucos en la nueva teocracia si cumplen sus
deberes religiosos y litúrgicos. Yahvé se encargará de darles un nombre eterno (v.5), que les
otorgará más gloria que los hijos e hijas que pudieran tener, compensando de algún modo su
irremediable esterilidad y la afrenta que ello suponía entre los israelitas.
Y a los extranjeros allegados a Yahvé, o prosélitos, se les promete confiarles algo más
que los simples servicios domésticos5; se les promete el acceso, con plena participación, en los
actos de culto: los llevaré a mi monte santo y les recrearé en mi casa de oración, aceptando sus
sacrificios y holocaustos en plan de igualdad con los otros fieles israelitas. Sólo se les pide que
amen su nombre (v.6), es decir, que reconozcan la grandeza de Yahvé y la proclamen en los actos
solemnes del culto.
Por fin, se promete lo mismo a todo el que guarde el sábado (v.6), sin restricción de ningún
género. Yahvé, pues, no hace distinción de clases sociales, ni siquiera de pueblos, ya que
todos están invitados a participar de su manifestación gloriosa en el monte santo (ν.7), Sión, centro
de la nueva teocracia mesiánica. Sólo exige entrega sincera de los corazones y fidelidad a sus
mandamientos, expresión de su pacto (v.6) o alianza con su pueblo, renovada en la era mesiánica.
Es interesante constatar que no se pone como condición para pertenecer a la nueva comunidad
mesiánica el rito de la “circuncisión,” del que estaban excluidos los prosélitos y demás extranjeros
y ciudadanos de segundo orden, como los eunucos. El signo de pertenencia a la nueva
teocracia es el cumplimiento del sábado, que estaba al alcance de todos y era exigido por la antigua
legislación mosaica 6.
El templo es llamado casa de oración (v.7), como lo proclamó Salomón el día de su inauguración
7.
Los malos pastores de Israel (8-12).
8 Oráculo del Señor, Yahvé, que reúne los dispersos de Israel: A los reunidos yo
allegaré otros. 9 Todas las bestias del campo, venid a córner; todas las fieras de la
1885
selva. 10Mis guardianes son ciegos todos8, no entienden nada. Todos son perros mudos,
que no pueden ladrar; soñadores, se acuestan, son amigos de dormir. 11Son perros
voraces, insaciables; son pastores que no entienden, siguen cada uno su camino,
cada cual busca su interés. 12Venid, voy en busca de vino, y nos embriagaremos de
licores, y mañana será como hoy, día grande, muy grande.
El v.8 comprende un oráculo que en realidad puede considerarse como una recapitulación de los
precedentes. Dios quiere que a los reunidos de Israel (v.8) se alleguen otros, los prosélitos y demás
que cumplan sus mandamientos. Los reunidos son los israelitas vueltos de la cautividad, a
los que se juntarán otros para que participen de la nueva era mesiánica.
Pueden considerarse también estas palabras como introducción a lo que sigue: Israel
constituye un rebaño con los reunidos o repatriados del exilio, pero tienen malos pastores, y ahora
va a caracterizarlos con los peores colores. El estado aquí reflejado es muy similar a lo que
nos dicen Malaquías y Nehemías. Parece, pues, el mismo ambiente histórico. En aquel estado de
miseria y abandono de la agricultura que caracterizó los años que siguieron al exilio, las bestias
del campo (V.9) y alimañas infestaban el país. Por otra parte, la situación de los pobres israelitas
es muy precaria a causa del abandono en que los tienen los pastores (v.10); de ahí que el profeta,
inspirado en la situación reinante, invite a las bestias del campo a devastar el país. Quizá bestias
del campo aquí tenga un sentido traslaticio, referido a los enemigos de Israel. La situación es tan
caótica, que irónicamente invita a los enemigos de Israel a entrar a saco, pues la situación les es
favorable, ya que los encargados de defender y guardar a Israel están ciegos, son perros mudos,
que no pueden ladrar; amigos de dormir (v.10). La invitación a las bestias del campo (enemigos
de Israel) a devorar el rebaño no ha de tomarse como un deseo, sino como frase irónica para reflejar
un hecho, el del abandono en que se halla el pueblo, expuesto a todos los peligros 9. La clase
directora de Israel, sacerdotes y funcionarios civiles 10, son indolentes y no se molestan en vigilar
por los que están bajo ellos; no pueden ladrar denunciando los vicios del pueblo y conminando
a los que abusan de la situación. Los profetas eran “centinelas” que tenían por oficio gritar
y dar la voz de alerta u. Son soñadores, dispuestos a todo menos a cumplir su oficio, sumidos
en la más soporífera indolencia. Por otra parte, sólo se preocupan de sus intereses 12, movidos de
su voracidad insaciable. Son obtusos: no entienden (v.11), preocupándose sólo de lo que les
agrada: sigue cada uno su camino. Su vida se consume en la vida epicúrea; por eso el profeta
finge un coloquio entre ellos: Venid, voy en busca de vino. (v.12). En vez de preocuparse de los
problemas de su pueblo, sólo piensan en festines y francachelas 13. Para ellos, toda la vida será
un continuo banquetear: mañana sera como hoy, día grande sobremanera; es la mayor burla que
se puede hacer a un pueblo hambriento y acosado por enemigos.
1 Cf. Ex Ao.Sss; Dt 5:1 As. — 2 Cf. Lev 13:10-17. — 2 Cf. Núm 24:21; Jue 1:26. — 3 Dt 23:8. — 4 En Realidad, La Palabra Yad,
Que Traducimos Por Poder O Mano, Puede Tener El Sentido D” “Monumento” Funerario (Cf. 1 Sam 15:12; 2 Sam 18:18; Cf.
Skinner, O.C., II 165; CON-Damin, O.C., P.302). — 5 Cf. Jos 9:21s; Esd 8:20; Neh 7:60. — 6 Cf. Ez 20:10; 31:15; Lev 16:31. —
7 1 Re 8:29; 41:43. El Señor recuerda este texto al expulsar a los vendedores (cf. Mt 21:13; Mc 11:17; Le 19:46). — 8 El texto
masorético dice textualmente “sus guardianes.” Con una ligera corrección se obtiene una lectura más adaptada al contexto. — 9
Cf. Jer 12:9; Ez 35:5-8. — 10 Cf. Jer 6:17; Ez 3:17; 33:2s. — 11 Cf. Is 58:1; Ez 33:15; 33:6. — 12 El final del v.11 y el v. 12 no
están en los LXX. 13 Cf. Is 5:11; Miq 2; n.
1886
57. Idolatrías de Israel.
Los justos, postergados (1-2).
1 El justo perece, y no hay quien pare mientes; desaparecen los piadosos, y no hay
quien entienda que el justo es arrebatado ante el mal 2 para entrar en la paz. Descansan
en sus lechos los que siguen su camino recto.
Estos dos versículos son una continuación de la historia contra los malos pastores del capítulo
anterior. Como consecuencia del abandono de los jefes, los justos son postergados, y nadie repara
en ellos, que van desapareciendo poco a poco, sin que haya nadie que entienda (v.1), e.d.,
que se dé cuenta de lo que esto significa para la comunidad israelita. En realidad, lo mejor de la
sociedad son estos piadosos o Hassidim, que centraban su vida en torno a la ley de Dios. En la
época posterior al exilio se organizaron en asociaciones, dando origen a los “fariseos” o “separados”
puritanos, que pretendían llevar una vida más en consonancia con las tradiciones de los padres
1. El justo es arrebatado ante el mal (v.1), e.d., el justo se va mientras que el “mal” progresa
y lo invade todo 2. Y el justo desaparece para entrar en la paz (v.2) del sepulcro, donde descansan
en sus lechos mortuorios honrados con la memoria de todos. Aunque aquí no se aluda expresamente
a una vida bonancible de ultratumba, sin embargo, acaso la incluya. En la época postexílica,
la idea de la retribución en el más allá se fue esclareciendo, hasta culminar en la revelación
del libro de la Sabiduría 3. La idea de paz relacionada con el sepulcro aparece en la literatura sapiencial
y extrabíblica fenicia4. Un sepulcro honroso es ya, en la mentalidad del Antiguo Testamento,
un premio para el justo y piadoso que sigue su camino recto (v.2), e.d., que lleva una
conducta irreprochable conforme a la ley de Dios.
Invectivas contra los idólatras (3-5).
3 Acercaos, pues, vosotros, hijos de la bruja, generación de la adúltera y de la prostituta.
4 ¿De quién os burláis, a quien hacéis muecas y sacáis la lengua? ¿No sois vosotros
hijos de pecado, raza de mentira? 5 Encendidos de concupiscencia bajo el terebinto
y bajo todo árbol frondoso, sacrificando niños en el lecho de los torrentes, en
los huecos de las peñas?
La invectiva es de lo más despiadada. ¿A quiénes se dirige? Quizá a los pastores indolentes, aunque
las cosas que se afirman son demasiado fuertes aplicadas a ellos. Muchos creen que más bien
se dirige a los samaritanos, enemigos de Judá, que en su religión estaban contaminados con
prácticas idolátricas. Probablemente se refiere a un sector infiel de la población que seguía prácticas
licenciosas paganas, a imitación de las antiguas prácticas idolátricas de la época preexílica.
Se les llama hijos de la bruja porque se daban a prácticas supersticiosas (cf. 65:355). Y generación
de la adúltera y de la prostituta, por sus prácticas idolátricas; la idolatría es llamada en el
Antiguo Testamento adulterio. Algunos piensan que se refiere al carácter mixtificado de la religión
de los samaritanos, en la que intervenían elementos yahvísticos, cananeos y asirobabilónicos.
Parece que estos impíos despreciaban a los “piadosos” haciendo burla de ellos: ¿a quién
hacéis muecas.? (v.4). En realidad, no tienen derecho a tomar esta actitud, pues son hijos de pecado,
raza de mentira (v.4); sus obras son pecaminosas, y ellos mismos son falsos e infieles
hacia Yahvé.
1887
Y detalla los crímenes idolátricos que han cometido: encendidos de concupiscencia bajo
el terebinto y bajo todo árbol frondoso (v.5); alusión a los cultos licenciosos que se hacían, por
influencia cananea, bajo los “árboles,” particularmente los terebintos, símbolos de la feracidad
de la naturaleza, debido a una divinidad afrodisíaca relacionada con todo lo que fuera procreación.
En esos cultos no faltaban las prostituciones sagradas aun entre personas del mismo sexo 5.
Sacrificando niños en los lechos de los torrentes (ν.6): alusión a los sacrificios humanos, que por
influencia moabita estuvieron bastante extendidos en la época de Acaz y otros reyes. La Biblia
nos habla del “valle de los Bene Hinnom” (“gehenna” de la literatura rabínica posterior, al sudoeste
de Jerusalén, en el actual Wady Ar-rababy), donde se practicaban estas abominaciones a
Moloc 6. Por lo que aquí se dice, también se daban estas prácticas en otros lugares recónditos,
como en los huecos de las peñas (v.5).
Elegía profética contra la idolatría (6-9).
6 Los lisos chinarros del torrente serán tu parte: he ahí tu porción. A ellos hiciste tus
libaciones y elevaste ofrendas. ¿Me voy a consolar con eso ? 7Sobre un monte alto,
bien alto, pusiste tu cama; también subiste allí para sacrificar. 8 Detrás de la puerta
y el umbral pusiste tu distintivo, pues, lejos de mí, te descubriste y subiste a tu lecho,
lo ensanchaste y te prostituíste con aquellos cuyo comercio deseaste, compartiendo
su lecho. Contemplaste la estela7, 9 corriendo a Moloc con ungüentos8, multiplicando
tus unciones, enviando lejos tus embajadores, haciéndolos descender hasta el seol.
La invectiva se convierte en ironía. En efecto, los dioses de estos idólatras son los lisos chinarros
del torrente, con los que forman sus estelas y monumentos. Ahí se termina la porción o heredad
de ellos, mientras que la heredad de Israel fiel es Yahvé, Dios supremo de todo, que habita en los
cielos 9. A esos ídolos formados con piedra del torrente han ofrecido libaciones y ofrendas, y esto
es un insulto contra la majestad celosa de Yahvé: ¿me voy a consolar con eso? o mejor, ¿me
voy a contentar con esto, sin enviar el debido castigo?
Y sigue declarando detalladamente las abominaciones de los idólatras: sobre un monte
pusiste tu cama (ν.7); alusión a los cultos en los lugares altos, que tantas veces aparecen estigmatizados
en la literatura profética10. La idolatría era comparada comúnmente a un acto de prostitución,
en cuanto que era una infidelidad con Yahvé, esposo de Israel; por eso aquí, con todo detalle
realista, se la describe al modo de una casa pública. En éstas no falta el distintivo a la puerta
(v.8), indicando que era una casa de placer para atraer las miradas de los amantes.
Después especifica el profeta, ya en lenguaje no figurado, el sentido de esta prostitución
espiritual: contemplaste la estela, e.d., dirigiste tus miradas de adoración al masebah, o estela
erigida en honor de la divinidad extraña, como ocurría en los santuarios de Canaán y Fenicia.
Los israelitas paganizantes de que aquí se habla se han apresurado a ir tras Moloc 11, dios sanguinario
amonita, enviando sus embajadores, que aquí serían los niños sacrificados, enviados al
seol o región de los muertos. Moloc era una divinidad subterránea, y por eso, sus víctimas habían
de penetrar en las entrañas de la tierra, y todo esto acompañado de unciones.
Amenazas de Yahvé (10-13).
10 Por el largo viaje te fatigaste; no dijiste: Renuncio. Hallaste el vigor de tu mano;
por eso no enfermaste. n ¿De quién temes, que te asustas, para renegar de mí, para
no acordarte de mí ni hacerme caso? ¿No me he callado y he cerrado los ojos, y tú
no me temiste? 12 Pues ahora voy a pregonar tu justicia y tus obras, que de nada te
1888
servirán. 13 Grita, que te salven tus ídolos. A todos los llevará el viento, un soplo los
arrebatará. Pero el que en mí confía heredará la tierra y poseerá mi monte santo.
A pesar de estar fatigados de tanto caminar tras los ídolos (v.10), los israelitas son incapaces de
darse por enterados, abriendo los ojos y diciendo que van a cambiar de conducta: Renuncio
(v.10). Ese largo viaje idolátrico son las diversas formas de culto adoptadas. La frase hallaste el
vigor de tu mano. (v.10) parece irónica: con tus adoraciones a los ídolos has obtenido de ellos
vigor para tu cuerpo, y por ello no enfermaste o decaíste a pesar de tanto trajinar en ese largo
viaje de ídolo en ídolo.
El tono de Yahvé parece cambiar ante tanto extravío alocado. Quizá los fomentadores de
la idolatría lo hacen por miedo a los ídolos: ¿De quién temes.? (v.11). Los ídolos no son nada, y,
por tanto, no deben temerles; por otra parte, no deben interpretar el mutismo de Yahvé como impotencia.
Yahvé ha cerrado los ojos (ν. 11) momentáneamente, y los paganizantes creen que es
porque no puede, y no temen: 3; tú no me temiste. La contraposición irónica está entre el ¿de
quién temes? frente a los ídolos, y el no me temiste, frente a Yahvé, quien, por tanto, ha sido postergado
en el culto. Consideran como más poderosos a los ídolos que el mismo Yahvé. Pero llega
la hora de la cuenta, y Yahvé va a pregonar tu justicia (v. 12), en sentido irónico; e.d., Yahvé va
a hacer públicas las obras de estos paganizantes con su pretendida conducta justa, y esas obras,
descritas en 6-10, serán para ellos un baldón, por haber confiado en lo que no tiene valor; sus
obras serán inútiles a la hora de la prueba.
Cuando llegue la hora del castigo, de nada les servirá gritar (v.13). Yahvé los deja en manos
de los ídolos 12 en quienes confiaron. La ira divina los llevara como el viento. En contraposición
a esta situación, los justos que confían en Yahvé recibirán por herencia la tierra, e.d., la
Tierra Santa o Palestina, donde está enclavado el monte santo de Dios, Sión, centro de la teocracia
israelita. Es la suerte contrapuesta en la literatura sapiencial de los justos y los pecadores: a
aquéllos se les reservará una permanencia tranquila en el país de Yahvé, mientras que éstos serán
llevados como paja empujada por el viento 13.
Poema de consolación (14-21).
14 Y se dirá: Abrid, abrid camino, allanadlo, quitad los tropiezos del camino de mi
pueblo; 15 porque así dice el Altísimo, cuya morada es eterna y cuyo nombre es santo:
Yo habito en un lugar elevado y santo, pero también con el contrito y humillado,
para hacer revivir el espíritu de los humillados y reanimar los corazones contritos.
16Pues yo no quiero estar siempre contendiendo, ni quiero estar siempre enojado, 1
porque sucumbiría ante mí todo espíritu y las almas que yo he creado. 17Por la iniquidad
de su avaricia yo me irrité14, y ocultándome, le castigué sañudo, y, rebelde,
marchó por los caminos de su corazón. 18Sus caminos los he visto yo, pero yo le sanaré,
le conduciré15 y le consolaré a él y a sus afligidos, 19haciendo que sus labios
prorrumpan en acción de gracias16
: Paz, paz al que está lejos y al que está cerca, dice
Yahvé; yo le curaré. 20Pero los impíos son como un mar proceloso, que no puede
aquietarse y cuyas olas remueven cieno y lodo. 21No hay paz, dice Yahvé, para los
impíos.
A pesar de las graves acusaciones lanzadas contra los paganizantes, aquí de pronto aparece en
toda su grandeza la magnanimidad divina, que quiere otorgar el perdón al contrito y humillado.
Ha enviado un castigo, y ahora quiere curar a los que han sido afectados por él y se vuelven
1889
hacia Yahvé. Una voz anónima dará un grito de alerta ante la manifestación misericordiosa de
Dios 17. En 40:3, un enviado encargado de preparar la marcha triunfal de Yahvé invitaba a la naturaleza
a convertirse en una espléndida avenida para que pasara el cortejo triunfal de Yahvé con
sus repatriados de Babilonia. Aquí los tropiezos del camino de mi pueblo (v.14) son los obstáculos
morales que se oponen a esta manifestación salvadora de Yahvé. Es una invitación a la penitencia
y al retorno a Dios. El oráculo va a proclamar una era de gracia, y con todo énfasis destaca
que El que otorga el perdón es el que habita en un lugar elevado y es santo (v.15), Yahvé, que, a
pesar de su trascendencia (santo en el A.T. sustancialmente equivale a “trascendente,” “incontaminado,”
“aparte de todas las cosas”) 18, se abaja al contrito y humillado, porque esta atmósfera
de contrición y de humildad es la que debe respirar el hombre para acercarse a Dios. Sólo
entonces la santidad de Dios puede entrar en relaciones con el pecador. Dios conoce el fondo
frágil de los seres humanos, y por eso está dispuesto a perdonarles; de ahí que no quiere estar
siempre contendiendo, ni enojado (v.16).
Una de las causas del enojo divino ha sido la desmesurada avaricia de los israelitas. Sabemos
que, en la época de Nehemías y Esdras, la avaricia era el pecado más generalizado, pues
hasta se escatimaban a Yahvé las víctimas de calidad para los sacrificios 19. Yahvé, por este estado
de transgresión, ocultó su rostro, retirando su protección sobre su pueblo. Pero el pueblo judío
siguió, rebelde, los caminos de su corazón (ν.17), e.d., sus sendas descarriadas, sin reconocer sus
yerros.
Yahvé mismo fue testigo de sus caminos (v.18) o desvarios. Pero Dios reconoce que Israel,
al obrar así, lo hace, más que por malicia, por enfermedad e inveterados usos; por eso, en
vez de dejarlo abandonado a su suerte, como parece mereciera, lo atraeré, a sí, sanándole. como
enfermo lo sanará (v.18) y como descarriado le conducirá (v.18), consolándole con la perspectiva
de la salvación; por lo que prorrumpirá en un supremo himno de acción de gracias (v.19), con
el tradicional grito de bienvenida y de alegría: Paz, paz (salom, salom, en lengua hebrea, que designa
las palabras de saludo y al mismo tiempo refleja la máxima expresión de alegría), y esta
paz es para el que está lejos (probablemente alusión a los que aún están exilados en Babilonia) y
al que está cerca, instalado en Palestina.
Pero esta paz es sólo para los piadosos y rectos, ya que los impíos son por definición inquietos
como el mar proceloso, que no puede aquietarse (v.20). En 48:22 encontramos la misma
expresión: no hay paz para los malvados, que aquí encuentra su plena contraposición a la suerte
de los piadosos (v.21).
1 En contraposición a los “fariseos” o “separados” estaba el vulgo, o “pueblo de la tierra” ('am haares). — 2 Algunos creen que aquí
se trata de una gracia que hace el Señor al llevarse a los justos antes de que sobrevenga una calamidad inminente; en este caso sería
una amonestación para los que quedaban aún expuestos a la misma. — 3 Cf. Sab3,i7. — 4 Cf. Job 3,i3ss; Ez 32:25. — 5 Cf. Os
4:13; Ez 6:13; Jer 2:20; 3:6; Dt 12:2; 1 Re 14:23. — 6 Cf. 2 Re 16:3; 21:6; 23:10; Jer 7:31; IQ,5; Ez 20,25; Dt 12:31. — 7 Lit. el
hebreo dice “contemplaste la mano.” Pero ya hemos visto que yad (“mano”) puede tener el sentido de “estela” o monumento
conmemorativo. — 8 El texto masorético dice “Melec rey,” pero parece una mala puntuación. “ Cf. Dt 4:10; Jer 10:16; Sal 16:5.
— 10 Cf. Lev 26:30; Jer 19:5. — 1l Los que leen Melec creen que alude a los reyes extranjeros, egipcios o asirios, a los que habían
enviado embajadores con perfumes para aliarse con ellos. — 12 La palabra heb. que traducimos por ídolos es oscura. Los LXX
leen “en tu tribulación.” — 13 Cf. Sal 1:3. — 14 Los LXX leen: “por el crimen un momento le moleste.” — 15 El texto griego lee
“le consolaré” en vez de conduciré. — 16 Lit. en hebreo dice “creando fruto de labios,” que es sinónimo de cánticos de alegría y
acción de gracias (cf. Os 14:3; Heb 13:15)· — 17 Cf. Is 40:3; 62:10. — 18 Cf. Is6:9. — 19 Cf. Mal 1:8:13; 14; 3:8; Neh 5; Ag 1:2-
9; Jer 6:13; Ez 33:31.
58. Invectiva contra el Formalismo Religioso.
También en este fragmento parece reflejarse la situación inmediata postexílica de la comunidad
1890
judía, demasiado preocupada de formalismos rituales, mientras se pasan por alto los principios
morales de justicia y del ayuno legal. No se dice nada del culto del templo.
Inutilidad del mero ayuno externo (1-4).
1 Clama a voz en cuello sin cesar, alza tu voz como trompeta y echa en cara a mi
pueblo sus iniquidades, y a la casa de Jacob sus pecados. 2Día tras día me buscan y
quieren saber mis caminos, como si fueran un pueblo que ama la justicia, sin apartarse
del derecho de su Dios. Me piden leyes justas, y se complacen en acercarse a
Dios. 3¿A qué ayunar, si tú no lo ves? ¿A qué humillar nuestras almas, si no te das
por entendido? Sí, pero en el día de ayuno os vais tras vuestros negocios y oprimís a
todos vuestros servidores. 4Ayunáis para mejor reñir y disputar y para herir inicuamente
con el puño. No ayunéis como lo hacéis ahora, si queréis que en lo alto se
oiga vuestra voz.
Se invita al profeta, en su calidad de centinela, a dar la voz de alerta a su pueblo para que no se
deje llevar por un formalismo religioso meramente externo (v.1). Debe declarar a la casa de Jacob,
o Israel, sus iniquidades (v.1), que a continuación va a enumerar. Quizá la predicación del
profeta es con ocasión de una reunión religiosa en un día de ayuno. La práctica del ayuno se
había generalizado en la época posterior al destierro. La Ley sólo prescribía uno solemne en el
“día de la expiación” l.
El profeta reconoce que el pueblo tiene un celo especial por lo religioso (me buscan y
quieren saber mis caminos, v.2); pero esta religiosidad no cala en lo interior, sino que es puramente
formalista y aun hipócrita. La justicia no es un mero fruto de estas prácticas externas religiosas.
Los caminos de Yahvé no son sólo la Ley externa sobre prácticas meramente culturales.
El pueblo cree que las leyes justas que pide a Yahvé son sólo los modos de cumplir estas
exterioridades. Pero éstas no bastan para tener relaciones verdaderas con Dios. Más tarde dirá en
qué consiste la justicia que Dios quiere, e.d., el cumplimiento de los deberes éticos elementales
para con el prójimo, principalmente para con el desvalido, acercándose con el corazón limpio y
contrito a Dios. Es verdad que los israelitas se complacen en acercarse a Dios (v.2), e.d., sienten
una necesidad de cumplir ciertos ritos religiosos; pero las disposiciones internas son muy otras
de las que requiere la ley de Dios.
El pueblo creía que con estas formalidades externas podía atraerse el favor divino, y así
en el ayuno veía el gran medio de tapar sus torpezas, esperando atraer la protección divina. Pero
la experiencia les enseña que Dios los tiene abandonados a su suerte, y por eso, en un grito de
protesta, se preguntan por el resultado de sus infructuosos ayunos: ¿A qué ayunar, si tú no lo
ves? ¿A qué humillar nuestras almas, si tú no te das por entendido? (v.3). Sienten decepción al
ver que con sus ayunos no consiguen que se acelere el advenimiento de la salud para el pueblo.
Dios no ve ni se da por entendido a sus manifestaciones religiosas externas. Es la gran tragedia
del pueblo. Por eso es necesario hacer ver que es preciso acompañar estas formalidades religiosas
externas de disposiciones morales internas. La realidad es que los mismos días de ayuno los
aprovechaban para sus negocios (ν.3). Quizá la concentración de gentes con motivo de los días
solemnes de ayuno era la ocasión para preparar transacciones de tipo comercial. Además, parece
que hacían trabajar a sus servidores u operarios el día del ayuno. Según Lev 16:29, estaba prohibido
el trabajo el día del ayuno de la expiación. Más tarde esto se había generalizado como costumbre,
aceptada para todos los días de ayuno solemne oficial del pueblo.
Es más, por carecer de las disposiciones interiores de aceptación con modestia de las le1891
yes del Señor, el ayuno, en vez de ayudarlos a reprimir las pasiones y adquirir un espíritu de sacrificio,
de penitencia, hace a las gentes irritables y malhumoradas, y de ahí las disputas y los
altercados: Ayunáis para mejor reñir y disputar (v.4) 2. Como conclusión, el profeta les dice que
el modo de ayunar que tienen no es el más apto para conseguir que Dios los oiga y proteja (v.4).
El ayuno grato a Yahvé (5-9).
5¿Es acaso así el ayuno que yo escogí, el día en que el hombre se mortifica? ¿Encorvar
la cabeza como un junco y acostarse con saco y ceniza? ¿A eso llamáis ayuno y
día agradable a Yahvé? 6¿Sabéis qué ayuno quiero yo? dice el Señor Yahvé: Romper
las ataduras de iniquidad, deshacer los haces opresores dejar libres a los oprimidos
y quebrantar todo yugo; 7partir tu pan con el hambriento, albergar al pobre
sin abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante tu hermano3. 8Entonces brotará
tu luz como la aurora4, y pronto germinará tu curación5 e irá delante de ti tu
justicia, y detrás la gloria de Yahvé. 9Entonces llamarás y Yahvé te oirá; le invocarás,
y El dirá: Heme aquí.
Las manifestaciones meramente externas no son un verdadero ayuno ante el Señor. Es preciso
mortificarse (lit. “doblegar el alma,” v.5), e.d., reprimir las malas inclinaciones y dominarse
para seguir fiel a los mandatos de Yahvé. Las manifestaciones externas en los días de ayuno
entre los orientales eran exageradas: vestirse de saco, echar ceniza sobre la cabeza y andar con la
cabeza encorvada como un junco (v.5). Todo esto no vale sino como signo de compunción interior
y propósito de buscar los caminos del Señor, expresados en el cumplimiento de los deberes
morales para con el prójimo, como dirá a continuación: romper las ataduras de la iniquidad.,
dejar libre al oprimido (v.6). Este es el ayuno que desea el Señor. Con esto no quiere negarse el
valor del ayuno ritual, pero el profeta destaca que sobre él están los deberes morales de caridad y
justicia elemental. Los profetas son los grandes vindicadores de los derechos de los oprimidos:
los huérfanos, las viudas, los desheredados, víctimas de extorsiones judiciales aparentemente justas,
pero criminales en el fondo 6. Los profetas son los representantes de los valores eminentemente
éticos en el Antiguo Testamento. Jesucristo continuará y sublimará su doctrina, condenando
y dando de lado al nomismo o formalismo legal surgido después del destierro, y que
culminó en la secta farisaica, que había hecho de la ley del Señor una mera caricatura 7. ¿Cómo
han de esperar la gracia y benevolencia de Dios los que oprimen al prójimo? En este estado de
ánimo, sus ayunos son más bien provocaciones a la ira divina. Cuando Israel cumpla sus deberes
de justicia y de caridad para con su prójimo, se sentirá radiante como la aurora (v.8) al ver que
ha llegado la felicidad esperada, su salvación. Ante Israel habrá surgido de repente una nueva
luz, la de su liberación espiritual, y se sentirá curado de sus heridas tradicionales, los pecados de
que antes hizo mención: extorsiones, avaricia, etc. Cuando cumpla con sus deberes morales, verá
brillar delante de sí la justicia, e.d., el producto de sus buenas obras, y a su vez será protegido
en su espalda por la gloria de Yahvé (v.8). Delante, pues, de Israel irá su conducta intachable, y
detrás el premio de ella, la manifestación gloriosa del Dios de Israel. Es una imagen parecida a
la de 52:12 si bien con diferente contexto y sentido.
Invitación a la mansedumbre (9b-12).
9bCuando quites de ti el yugo, el gesto amenazador y el hablar altanero8; 10cuando
des de tu pan al hambriento y sacies el alma indigente, brillará tu luz en la oscuridad,
y tus tinieblas serán cual mediodía. 11Yahvé será siempre tu pastor 9, y en el de1892
sierto hartará tu alma y dará vigor a tus huesos,Serás como huerto regado, como
fuente de aguas que no se agotan10; 12y serán edificadas por ti las antiguas ruinas11,
y alzarás los cimientos de generaciones y generaciones, y te llamarán reparador de
brechas y restaurador de sendas para habitar.
Es esencial para entrar en buenas relaciones el mantener espíritu de mansedumbre con los inferiores,
quitando toda impresión de yugo (v.1) u opresión sobre ellos. Por otra parte, es necesario
ayudarle en las necesidades, ya que es un alma indigente (v.10), una persona en extrema necesidad.
Entonces las estrecheces del donante se convertirán en desahogo, y aparecerá su salvación
como una luz en la oscuridad, como horizonte luminoso de esperanza, ya que la beneficencia ha
hecho que se perdonen sus pecados y pueda entrar de nuevo en relaciones amistosas con Yahvé;
entonces su situación de desesperación actual y sus tinieblas serán cual mediodía, ya que va a
cambiar el horizonte tenebroso de enemistad con Dios por el esplendor meridiano de la amistad
divina, con las consiguientes bendiciones sobre su vida.
Entonces Israel (los israelitas fieles) se sentirá seguro bajo la protección de su pastor
(v.11), y, aunque tenga que pasar por tierras desérticas, sentirá la hartura de su alma. El desierto
será un vergel en virtud de la protección de Yahvé. Alude al retorno de Israel de la cautividad
por el desierto inhóspito. La presencia de Dios le convertirá en feraz jardín. Es la imagen tradicional
empleada por los profetas al hablar del retorno de la cautividad. La naturaleza debe asociarse
a la alegría de su pueblo, que vuelve de la cautividad.12 Israel será como huerto regado,
como fuente de aguas (v.11), recuperando el vigor de sus huesos. La tragedia del destierro había
dejado casi exánime a Israel como pueblo. Yahvé inyectará de nuevo vida, de modo que vuelva
a ser de complexión robusta. Su historia volverá a mostrarse en todo su esplendor con la feracidad
del huerto regado. Israel volverá a echar los cimientos de generaciones y generaciones
(v.12), es decir, o bien restaurará los cimientos históricos de las generaciones pasadas, o hará
surgir un edificio nuevo, cuya prolongación se perpetuará por generaciones. Parece mejor la primera
interpretación, ya que en el contexto se le llama a Israel reparador de brechas, aludiendo a
la reedificación de las ruinas de la ciudad después del destierro. La situación de Palestina después
de los años de invasión era caótica en extremo; por eso los israelitas, al retornar, además de
reparar las brechas de sus muros, tenían que reparar las sendas para habitar (v. 12), poner las
vías de comunicación entre las localidades habitables en buen uso para que la vida ciudadana
discurriera normalmente.
La observancia del sábado (13-14).
13 Cuando te abstengas de pisotear el sábado 13 y de ocuparte en tus negocios en mi
día santo, y llames al sábado delicioso, y venerable al (día) santo de Yahvé, y le honres
no haciendo tus viajes, ni arreglando tu negocio ni hablando de él14, 14entonces te
gozarás en Yahvé, y te haré remontar sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer
la herencia de Jacob, tu padre, pues la boca de Yahvé ha hablado.
En este fragmento — que muchos autores consideran independiente del anterior — se urge la
observancia del sábado, como antes la del verdadero ayuno, acompañado de disposiciones morales.
La profanación del día consagrado al Señor era una de las lacras habituales en Israel. Los
más desaprensivos aprovechaban la concentración de gentes del sábado para hacer prosperar sus
negocios materiales, lo que era pisotear el día consagrado a Dios. En realidad, en la legislación
israelita la observancia del sábado tenía un fin íntimo religioso, ya que la abstención de labores
1893
profanas debía dejar el alma libre de preocupaciones para dedicarse a Yahvé, en comunidad festiva
con El. Por eso el profeta quiere que el sábado sea llamado delicioso (v.13), e.d., día en el
que el alma religiosa encuentra su máxima felicidad por poder dedicarse de lleno a su Dios; por
ello es venerable (v.13), digno de todo respeto, pues el día es santo de Yahvé, en cuanto que el
mismo Dios lo ha santificado, descansando en el séptimo día de la creación. Por otra parte, es el
día en que los israelitas debían santificarse dedicándose a Yahvé y absteniéndose de los negocios
materiales. Con ello el israelita encontrará la plena felicidad: te gozaras en Yahvé (v.14), participando
de sus bendiciones y gracias. Dios, por su parte, le premiará haciéndole remontar sobre
las alturas de la tierra (v.14), es decir, le hará salir triunfante de todos los obstáculos, caminar
libremente como dueño de la tierra de promisión. Después de la cautividad, el estado de los repatriados
en Palestina era muy poco satisfactorio e inestable, ya que los enemigos dominaban la
mayor parte del país, que es la herencia de Jacob, a la que Israel fiel tendrá acceso, pudiendo
disfrutar de su posesión. Para dar mayor énfasis, se recuerda que es una revelación expresa de
Yahvé al profeta: pues la boca de Yahvé ha hablado; frase estereotipada en la literatura profética
para indicar una comunicación divina concreta. 15
59. Invectiva Contra Israel Pecador.
La razón de que la salvación de Dios se retrase estriba en los pecados de Israel. Yahvé es omnipotente;
por tanto, si no ha salvado a su pueblo, no es por impotencia, sino que esa salvación está
condicionada a la conducta del mismo pueblo escogido. Yahvé no es infiel ni indiferente a sus
promesas. Son los pecados de Israel los que retardan su intervención salvadora, pues son como
un muro que se interpone entre ambos, en tal forma que las relaciones quedan totalmente interrumpidas.
Pero, al fin, Dios se decide a intervenir, al ver tanta injusticia y maldad, con su mano
justiciera.
La corrupción moral, obstáculo para la salvación de. Yahvé (1-8)
1 He aquí que 110 se ha acortado la mano de Yahvé para salvar ni se ha hecho duro
su oído para oír, 2 sino que vuestras iniquidades han hecho una separación entre vosotros
y vuestro Dios; vuestros pecados hacen que El oculte su rostro para no oíros;
3 porque vuestras manos están manchadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad;
vuestros labios hablan mentira y vuestra lengua susurra impiedad. 4 No hay quien
clame por la justicia, nadie que juzgue con verdad. Confían en vanidades y hablan
falsedades, conciben fatigas y paren desventuras. 5 Incuban huevos de áspides y tejen
telas de araña, y el que come de sus huevos muere; si se los rompe, sale un basilisco.
6 Sus telas no sirven para vestir, ni con sus obras puede uno arroparse; sus
obras son obras de iniquidad, y en sus manos hay obra de violencia. 7 Corren tras el
mal sus pies y se dan prisa a derramar sangre inocente. Sus pensamientos son pensamientos
de iniquidad, y a su paso dejan el estrago y la ruina. 8 No conocen el camino
de la paz, no hay en sus sendas justicia; sus veredas son tortuosas; quien por
ellas va no conoce la paz.
Las iniquidades e injusticias han hecho que la mano del Señor no se manifieste, no porque ésta
sea corta o impotente para salvar (v.1); ni tampoco se ha hecho duro de oído, mostrándose indiferente
a las súplicas de Israel. La culpa reside en la conducta de los israelitas, que se han hecho
1894
indignos de participar de las bendiciones divinas (v.2); por eso oculta su rostro y los abandona.
Y el profeta detalla las razones de este alejamiento de Dios: las manos están manchadas en sangre
(v.3); la avaricia no se ha detenido ante el homicidio y el atropello de los débiles, ni sus Zabios
ante la mentira. Todos los medios, la difamación, la violencia, parecían lícitos para los avaros
israelitas de las altas categorías sociales. La situación es tal, que no hay quien clame por la
justicia (v.4); y los derechos más elementales se conculcan con falsedades y argumentaciones
sofísticas ante los tribunales. Todo es un cavilar moroso contra el prójimo: conciben fatigas y
paren desventuras. No tienen otra obsesión que hacer daño a los débiles, valiéndose de todas las
artimañas. Su conducta es como la de los que incuban huevos de áspides y tejen telas de araña
(v.5). Sus maquinaciones son tan peligrosas como los huevos de áspides, que llevan dentro de su
cáscara un ser maligno y venenoso, y sus artimañas son tan sutiles como las telas de araña, que
hacen caer a los insectos. Los incautos son capturados en sus hilos sin poder sacar ningún provecho,
aunque aparentemente sus planes parezcan excelentes para el bien social; por eso nadie con
sus obras puede vestirse (v.6), pues no sirven más que para perjuicio de la sociedad. Sus actos no
tienden a conservar la paz social ni la justicia (v.8). Todo el que se asocie con ellos no conoce la
paz (v.8).
Ansias de salvación en el pueblo (9-11).
9 Por eso se alejó de nosotros el juicio, por eso no nos alcanza la justicia. Esperamos
luz, y he ahí tinieblas; resplandor, y caminamos en la oscuridad. 10Vamos palpando,
como ciegos, la pared, y andamos a tientas, como quien no tiene ojos. Tropezamos
en pleno día como en el crepúsculo; habitamos en tinieblas, como muertos16.
11Gruñimos todos como osos y gemimos como palomas. Esperamos el juicio, pero
nada; la salvación, pero está lejos de nosotros.
El fragmento es patético y bellísimo, como expresión del estado ansioso de espera en que está el
pueblo por la salvación y la justicia. El pueblo reconoce el estado de desolación espiritual en
que se halla alejado de su Dios y siente sed de juicio y de justicia (v.8). El sentimiento de
equidad ha desaparecido de la sociedad, y suspiran por que Dios haga un juicio discriminatorio
para que reine la justicia, fuente de la paz social. Anhelar ese horizonte luminoso de justicia, a la
que llama luz y resplandor, pero la realidad es un ambiente de tinieblas y de oscuridad moral.
Andan todos a ciegas en medio de la confusión reinante (v.10). Los valores morales están subvertidos,
y no hay dirección en la sociedad. Como consecuencia de no haber directrices justas y
claras impuestas por las clases dominantes, todos andan a tientas, como el que no tiene ojos, tropezando
en pleno día. Por otra parte, los fieles israelitas andan buscando remedio a la situación,
esperando la manifestación de Dios para que aclare la situación. Hambrientos de justicia y de
salvación, dan gritos de desesperación como los animales en busca de comida (gruñimos como
osos, gemimos como palomas, v.11). Todos ansían la intervención salvadora de Yahvé, esperando
el juicio, la salvación (v.11), la liberación de ese estado de confusión social; pero esa manifestación
justiciera de Dios se aleja cada día más. La causa son los muchos pecados que invaden
la sociedad, como dirá a continuación.
Confesión de los pecados del pueblo (12-15).
12 Porque son ante ti numerosas nuestras iniquidades, y nuestros pecados dan testimonio
contra nosotros. Con nosotros están nuestros crímenes, y conocemos nuestras
iniquidades: 13 rebelarse y renegar de Yahvé, alejarse de nuestro Dios, hablar perfi1895
dia e insurrección, concebir y meditar en el corazón palabras de mentira; 14y se ha
alejado el derecho, y se ausentó la justicia, y tropezó la buena fe en las plazas, y no
halla lugar la rectitud17. 15La fidelidad ha sido desterrada, y el que evita el mal es
expoliado.
El cuadro no puede ser más sombrío, ya que los males sociales invaden todos los estratos de la
sociedad. El profeta hace en nombre del pueblo una confesión de los pecados contra Yahvé, los
cuales son el obstáculo para que la anhelada salvación se manifieste. Al principio, la confesión
se dirige directamente a Yahvé: ante ti nuestras iniquidades dan testimonio contra nosotros
(v.12). Los pecados son considerados como testimonio acusador en el juicio ante Dios. El profeta
enumera primero los pecados directamente dirigidos contra Dios. Entre ellos está la rebelión, que
en los profetas muchas veces significa el pecado específico de idolatría, pero también el simple
incumplimiento de los mandatos de Yahvé. En la concepción teocrática israelita, toda inobservancia
de la Ley era una rebelión, y entre ellas está sobre todo la apostasía religiosa (ν.13). Toda
la vida del pueblo está basada en la doblez y en la perfidia e insurrección. Aunque externamente
se proclama la verdad religiosa, la conducta práctica está en oposición a las exigencias religiosas
de Yahvé (concebir y meditar en el corazón palabras de mentira, ν.13). La religión es, pues, meramente
ritualista y aparente. A esta práctica superficial e inconsecuente de los deberes religiosos
para con Dios se junta la falta de escrúpulos morales en las relaciones con el prójimo: se ha alejado
el derecho, la justicia (v.14), las virtudes fundamentales en la vida social. Aquí aparecen
personificadas como entidades que han sido desterradas de las plazas, o lugares de transacciones,
y de los tribunales de justicia. En ambos sitios, la rectitud y buena fe, o fidelidad, no tienen acceso,
pues son considerados como seres extraños. Y los pocos que aún hacen honor a sus sentimientos
de rectitud moral son preferidos y ultrajados: el que evita el mal es expoliado (v.15).
Intervención justiciera de Yahvé (15-19).
15b Violo Yahvé, y no plugo a sus ojos que no existiese justicia. 16Y vio que no había
ningún hombre, y le asombró que no hubiera intercesor. Entonces salvóle su brazo y
vino en su ayuda su justicia. 17Y se revistió de la justicia como de coraza, y puso en
su cabeza el casco de la salvación, y se vistió de vestiduras de venganza, y se cubrió
de celo como de manto. l8Como son las obras, así es su retribución; ira contra sus
enemigos, represalia contra sus adversarios. A las islas dará la paga 15. 19Y temerán
desde el poniente el nombre de Yahvé, y desde el nacimiento del sol su gloria, porque
vendrá como torrente impetuoso, empujado por el soplo de Yahvé.
Algunos creen que este fragmento constituye un nuevo poema en el que se contrapone la suerte
de los malos y los buenos. Pero parece perfectamente lógico considerarlo como continuación de
lo anterior, ya que la intervención justiciera de Dios sería normal consecuencia de tantos crímenes
de tipo moral y social.
Esa falta de justicia es un desafío a la ira divina (v.15b). Es tal la situación, que hasta
Yahvé se asombró de que no hubiera intercesor, o alguno que interviniera en favor de los derechos
de la justicia. Esta situación desoladora hizo que se moviera a intervenir personalmente:
salvóle su brazo (v.16) u omnipotencia. Al no ver auxiliar humano, decidió intervenir personalmente
para arreglar la situación. Su justicia estuvo a su disposición para llenar el vacío dejado
por la falta de justicia humana. A continuación el profeta presenta a Yahvé como un guerrero
armado dispuesto a intervenir en la historia. Su coraza es la justicia, y su casco, la salvación; su
1896
vestidura, la venganza, y su manto, el celo de su justicia. San Pablo aplicará este texto a la armadura
del cristiano. 19
Los pecados del pueblo recibirán su retribución (v.18), que no será otra que ira y represalia.
La frase a las islas dará la paga (v.18), si es que es auténtica, aludiría a un castigo sobre
los pueblos paganos, simbolizados en las costas e islas del Mediterráneo. La consecuencia de la
intervención justiciera de Yahvé es una atmósfera de temor desde el poniente al nacimiento del
sol (V.19). Las expresiones el nombre de Yahvé y su gloria son sinónimas, ya que nombre en el
Antiguo Testamento suele designar la manifestación gloriosa de Yahvé entre los pueblos. El castigo
de Dios sobre los pecadores será ocasión de un temor y reverencia en todo el mundo. La
manifestación justiciera de Yahvé es presentada como un torrente impetuoso desbordado por el
soplo o viento huracanado salido de la boca de Dios.
Yahvé, liberador de Sión (20-21).
20 Mas para Sión vendrá como redentor, y para los convertidos del pecado en Jacob,
dice Yahvé 20. 21 En cuanto a mí, he aquí mi alianza con ellos, dice Yahvé: El espíritu
mío que está sobre ti, y mis palabras, que yo pongo en tu boca, no faltarán de tu boca
ni de la de tu descendencia, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dice Yahvé desde
ahora para siempre.
La intervención justiciera de Yahvé se refería a los culpables de la situación deplorable antes
descrita, pero al mismo tiempo ella servirá para acelerar la liberación ansiada de Sión, que aquí
parece símbolo del núcleo fiel israelita: los convertidos en Jacob. Yahvé es siempre su redentor
(v.20). San Pablo aplica esto a Israel después de la manifestación mesiánica de Cristo. Llegará un
tiempo en que será también redimido21.
El v.21 es considerado, por su carácter no poético, como glosa posterior por muchos críticos.
No obstante, existe ilación lógica con el versículo anterior. Como consecuencia de esa redención
de Sión, vendrá una nueva alianza (v.21) que tendrá como característica un profundo
sentido religioso de sumisión a Yahvé, en contraposición a las infidelidades descritas en los versículos
anteriores. El espíritu de Yahvé y sus palabras, o leyes, estarán siempre presentes en Israel
de generación en generación, como objeto de meditación para ponerlas en práctica. 22 Las
expresiones son similares a las aplicadas al Siervo de Yahvé en 42:1 y 51:16. De ahí que algunos
crean que sea una glosa desplazada de aquel fragmento.
1 Cf. Lev 16:29. Para la práctica más generalizada del ayuno cf. Jue 20:26; 1 Sam 7:6; 1 Re 21:12; Jer 36:9; Jl 1:14; Zac 7:3; 8:19. —
2 Los musulmanes durante el ramadán están en un estado psíquico de irascibilidad y mal humor por estar desnutridos. — 3 Lit. el
texto hebreo dice “no ocultarte de tu propia carne,” expresión hebrea que equivale a “prójimo israelita” (Dt 22:1.3.4; Neh 5:5). —
4 Lit. en hebreo “romperá tu luz como la aurora.” — 5 Lit. “germinará tu carne nueva,” que se forma en una herida cicatrizada.
— 6 Cf. Ez 18,7. — 7 Cf. Mt 5:7; 6:12; 18:35. — 8 Lit. el hebreo dice “extender el dedo” en señal de acusación o de desprecio,
señalando al inculpado. En el Código de Hammurabi encontramos la misma expresión para “acusar” ante el tribunal cf. Leyes,
127 y 132. — 9 Lit. “Yahvé te conducirá continuamente.” — 10 Lit. “como aguas que no mienten,” e.d., no dejan defraudado al
sediento, sino que corren con abundancia. — 11 Así según los LXX. El hebreo es oscuro: “de ti edificarán.” — 12 Cf. Is 40,11;
43:20; 48:21; 55:13- — 13 Lit. en hebreo: “cuando apartes tu pie del sábado*. — 14 Lit. “absteniéndote de encontrar lo que te
gusta, tratando de negocios.” — 15 Cf. Is i,20; 40:5 — 16 Así siguiendo a la Vg. y al Targum, pues el texto hebreo es ininteligible.
— 17 Lit. en hebreo: “y la rectitud no puede entrar.” — 18 Este último estico falta en los LXX, y muchos autores lo suprimen
por entender que recarga el ritmo. — 19 Cf. Ef 6:14ss; 1 Tes 5:8; Sab 5:17ss. — 20 Los LXX leen: “para alejar el pecado de Jacob.”
— 21 Rom 11:26. San Pablo sigue la lección de los LXX, y, además, lee “de Sión” en vez de “para Sión.” — 22 Cf. Dt 6:6s;
Sal 1:2.
1897
60. Gloria de la futura Jerusalén.
Es un bellísimo himno dedicado a la nueva Jerusalén, que aparece en todo su esplendor como
una nueva aurora que ha de iluminar toda la tierra, que se despereza en un ambiente de tinieblas.
Todas las naciones se apresuran a participar de su ciudadanía. Vuelven los que están en la diáspora.
Los gentiles llevarán sus tesoros como signo de sumisión y acatamiento. Los extranjeros
reedificarán los muros de Jerusalén, y hasta los reyes se declararán vasallos suyos. Dios será como
el sol que iluminará a aquella ciudad de justos, eternos ciudadanos de Sión. La descripción es
deslumbrante, con todas las hipérboles de una imaginación oriental desbordada. En realidad se
quedó corta en comparación con el reinado de “gracia” del Nuevo Testamento en las almas.
La alusión a las ruinas y destrucciones y al templo no edificado nos llevan a una época
posterior al exilio.
Jerusalén, luz de las naciones (1-3).
1 Levántate y resplandece, pues ha llegado tu luz, y la gloria de Yahvé alborea sobre
ti, 2 pues he aquí que está cubierta de tinieblas la tierra y de oscuridad los pueblos.
Sobre ti viene la aurora de Yahvé y en ti se manifiesta su gloria. 3 Las gentes andarán
en tu luz, y los reyes a la claridad de tu aurora.
Hermosa invitación introductoria, en la que Jerusalén es presentada como una noble mujer sentada
en tierra en medio de tinieblas ! Aunque en el texto hebreo no se haga mención expresa de
Jerusalén, no obstante, el contexto lo pide 2. Una nueva luz (v.1) va a caer sobre la Ciudad Santa
profanada, que se verá aureolada por la gloria de Yahvé, que surge radiante ante sus ojos como
una aurora de esperanza, que se destaca tanto más cuanto que la tierra está cubierta de tinieblas
(v.2). En realidad, esa luz para el profeta será una iluminación religiosa moral, que será la admiración
de los pueblos, como se dirá más tarde (v.2l). Es la aurora de Yahvé (v.2), su aparición
rutilante, que extenderá su sombra protectora y su gloria, o manifestación esplendorosa de su
poder. Su resplandor será tal, que las gentes o pueblos paganos querrán acercarse para participar
de su luz (v.3), y hasta sus mismos reyes querrán ser testigos de esta aurora. En 2:2-4 se dice
Que los pueblos van a Sión a instruirse en la ley de Yahvé. El profeta destaca el carácter deslumbrador
de la gloria de Yahvé como medio de atracción de los pueblos; y por eso contrapone las
tinieblas de las gentes con la aurora rutilante de luz, efecto de la presencia sensible de Yahvé
en su pueblo.
El retorno de los dispersados de Israel (4-9).
4 Alza en torno tus ojos y mira: Todos se reúnen y vienen a ti, llegan de lejos tus
hijos, y tus hijas son traídas a ancas. 5 Entonces mirarás y resplandecerás, palpitará
y se ensanchará tu corazón, pues vendrán a ti los tesoros del mar, llegarán a ti las
riquezas de los pueblos. 6 Te cubrirán muchedumbres de camellos, de dromedarios
de Madián y de Efa. Todos vienen de Saba, trayendo oro e incienso, pregonando las
glorias de Yahvé. 7 En ti se reunirán los ganados de Cedar; los carneros de Nabayot
estarán a tu servicio. Subirán como (víctimas) gratas sobre mi altar, y yo glorificaré
la casa de mi gloria. 8¿Quiénes son aquellos que vuelan como nube, como palomas a
su palomar? 9Sí, se reúnen las naves para mí 3con los navíos de Tarsis a la cabeza,
para traer de lejos a tus hijos con su oro y su plata, para el nombre de Yahvé, tu
1898
Dios; para el Santo de Israel, que te glorifica.
El profeta exulta de emoción al ver el maravilloso espectáculo de la afluencia de todos los pueblos
hacia Sión, y, sobre todo, del retorno de sus hijos dispersos entre los países enemigos. El
estilo es incisivo y directo: alza en torno tus ojos. La frase es la misma que en 49:18. Las naciones
aparecen como nodrizas llevando en vilo a los hijos e hijas de Sión. Con ellos vienen las riquezas
de los pueblos (v.5), con sus famosos tesoros del mar, la opulencia proverbial de las ciudades
marítimas que se dedicaban al comercio, como los fenicios y cretenses. No obstante, la
afluencia de gentes será de todas las direcciones: no sólo del occidente marítimo, sino también
del misterioso oriente desértico, con sus camellos y dromedarios de Madián y de Efa (v.6), tribus
que habitaban en la estepa de la península sinaítica, al sur de Palestina, hacia el golfo de Akaba 4.
Saba: el actual Yemen, al sudeste de Arabia, famoso por su oro e incienso 5. La frase trayendo
oro e incienso (v.6) es considerada por algunos como glosa tomada de 1 Re 10:2. Parece que recarga
el ritmo.
Entre las aportaciones de estas tribus beduinas no faltan los ganados de Cedar (ν.7), clan
arábigo del este de TransJordania. Junto a esta mención están los carneros de Nabayot. En las
inscripciones cuneiformes se suelen citar juntas ambas tribus. Estos Na-bayot parecen ser los
“nabateos” de la época helenística, que se establecieron en TransJordania, con Petra o Sela como
capital, pero que procedían del desierto arábigo 6. Sus ofrendas servirán para los sacrificios sobre
el altar de Yahvé, con lo que será glorificado su templo: la casa de mi gloria (ν.7).
El profeta dirige ahora su mirada hacia el occidente, hacia las costas marítimas, para contemplar
un espectáculo inenarrable: un tropel de gentes vuelan como nube, como palomas a su
palomar. Son sus hijos, que vuelven a su palomar, la tierra de Yahvé, para reintegrarse a su nueva
ciudadanía. Se acercan escoltados por los navios de Tarsis a la cabeza, las embarcaciones de
mayor tonelaje de la época, que hacían sus travesías hasta el extremo occidente, la lejana Tarsis o
España meridional7. Con ellos vienen el oro y la plata, metales tradicionales, según los antiguos
geógrafos, de la península Ibérica. Y todo para el nombre de Yahvé (V.9), e.d., para su glorificación,
ya que nombre, en este caso, como en otros, es sinónimo de manifestación gloriosa.
Sión, señora de las naciones (10-16).
10 Extranjeros reedificarán tus muros, y sus reyes estarán a tu servicio, pues si en mi
ira te herí, en mi clemencia he tenido piedad de ti. 11 Tus puertas estarán siempre
abiertas, no se cerrarán ni de día ni de noche, para traerte los bienes de las gentes,
con sus jefes por guías al frente, 12 porque las naciones y reinos que no te sirvan a ti
perecerán y las gentes serán totalmente exterminadas. 13Vendrá a ti la gloria del Líbano,
los cipreses, los olmos y los alerces juntamente, para embellecer mi santuario,
y voy a honrar el lugar de mis pies. 14A ti vendrán humillados los hijos de tus tiranos,
y se postrarán a tus pies cuantos te infamaron. Y te llamarán la ciudad de Yahvé,
la Sión del Santo de Israel. 15De abandonada que eras, odiada y sin viandantes, te
haré eterno prodigio, delicia de los siglos. 16 Mamarás la leche de las gentes, los pechos
de los reyes, y sabrás que yo, Yahvé, soy tu Salvador, tu Redentor, el Fuerte de
Jacob.
El pensamiento del profeta va avanzando. No sólo las gentes traerán sus tesoros desde oriente y
occidente, sino que reconstruirán los muros caídos (v.10). Los extranjeros y reyes han sido los
destructores; ellos ofrecerán ahora la mano de obra para la reedificación. Con ello se da plena
1899
satisfacción a su pueblo. Parece, pues, aludir a la época posterior al destierro babilonio. A continuación
se da la razón teológica de ese cambio de situación: tanto en la época de desgracia como
en la del triunfo es Yahvé el que dirige el hilo de su historia. Sus pecados fueron causa de la catástrofe:
en mi ira te herí (v.10). La justicia divina tenía sus exigencias. Pero también la misericordia,
que siempre prevalece en Dios en sus relaciones con su pueblo, tiene sus fueros, y por
eso, en definitiva, le perdonó: en mi clemencia he tenido piedad de ti (v.10).
La situación futura de Jerusalén no puede ser más espléndida: va a ser tal la afluencia de
caravanas del desierto y de barcos del mar cargados de riquezas, que las puertas de la ciudad estarán
siempre abiertas (v.11). Ni siquiera durante la noche se cerrarán. Serán precisas todas las
horas para recibir tantos bienes aportados por las gentes, que llevan a sus jefes por guías al frente.
No serán embajadas enviadas por los reyes, sino que éstos personalmente conducirán las caravanas
para entregar sus tesoros a Jerusalén.
El ν. 12 parece una glosa que interrumpe la ilación de ideas. Esa amenaza contra las naciones
y reinos que no presten vasallaje (v.12) no parece estar en el cuadro esplendoroso del contexto.
La afluencia será total. 8
El profeta se complace en especificar los materiales que las gentes traen a Sión en cuanto
sirven para embellecer el santuario de Yahvé (v.13); y, en primer lugar, la gloria del Líbano, es
decir, sus espléndidas maderas de cedros famosos, que habían servido para la construcción del
templo de Salomón: cipreses., alerces (ν.13). Al santuario o templo se le llama enfáticamente el
lugar de mis pies, porque allí tiene su morada en la tierra, aunque su mansión por excelencia es
el cielo. En la tierra tiene sólo los pies, con lo que se indica la trascendencia de Yahvé. 9
No faltarán a esta cita de homenaje a Sión los descendientes de los antiguos tiranos
(v.14), u opresores. Se sentirán humillados ante la magnificencia de Jerusalén glorificada, y confesarán
que Dios está con ella: te llamarán la ciudad de Yahvé (v.14). La frase y se prosternaran
a tus pies falta en los LXX, y, como recarga el ritmo, muchos autores la consideran como glosa
posterior. 10
Dios ha cambiado la situación de Jerusalén. Antes era abandonada, odiada y sin viandantes
(v.15), ciudad muerta y despreciada. Pero en la nueva era será objeto de admiración como
eterno prodigio (v.15b) obrado por Yahvé, lo que constituirá la delicia de los siglos (v.15c) o
generaciones. Todos hablarán del portento realizado por Yahvé, que ha cambiado una ciudad
abandonada en objeto de admiración y aprecio de todos los pueblos.
Todas las riquezas de las naciones estarán a disposición de Sión: mamaras la leche de las
gentes y los pechos de los reyes (v.16). Aquí leche y pechos designan metafóricamente los tesoros
y el jugo de las riquezas materiales de las naciones que estarán al servicio de Jerusalén u. Por
estos beneficios, Israel reconocerá a Yahvé como su Salvador y Redentor (v.16d), llamado también
el Fuerte de Jacob, en cuanto que el poder de Dios, protector de los descendientes de Jacob,
es el verdadero autor de la nueva situación victoriosa de la nación israelita.
Prosperidad material y moral de la nueva comunidad (17-22).
17 En vez de cobre traeré en ti oro; en vez de hierro, plata; bronce en vez de madera,
y hierro en vez de piedras. Te daré por magistrado la paz, y por soberano la justicia.
18 No se hablará ya más de violencia en tu tierra, de saqueo y de ruina en tu territorio.
Tus muros los llamarás “salud,” y a tus puertas “alabanza.” 19 Ya no será el sol
tu lumbrera de día, ni te alumbrará el resplandor de la luna, sino que Yahvé será tu
eterna lumbrera, y tu Dios será tu esplendor. 20 Tu sol no se pondrá jamás, ni menguará
tu luna, porque será Yahvé tu eterna luz; acabáronse los días de tu luto. 21 Tu
1900
pueblo será un pueblo de justos, poseerá la tierra para siempre, renuevos del plantío
de Yahvé 12, obra de mis manos para resplandecer 22. Del más pequeño saldrá un
millar, y del menor, una nación poderosa. Yo, Yahvé, a su tiempo lo aceleraré.
La transformación de Jerusalén será total: en vez de los pobres materiales con que había sido edificada
en otro tiempo, la ciudad será reconstruida con materiales nobles. Y no sólo será renovada
en el orden material, sino que en el moral habrá un nuevo orden de cosas: la paz y la justicia se
impondrán solas sin necesidad de que vele por ellas el magistrado o el soberano (ν.17c).
Como consecuencia del reconocimiento de los valores morales desaparecerá toda violencia,
saqueo y ruina (v.15a), que eran la secuela del imperio del egoísmo y la opresión en la sociedad
anterior. Los muros y las puertas de tan venturosa ciudad tendrán los nombres simbólicos
de salud o salvación, en cuanto que reflejan la seguridad total en que estaba la ciudad, y alabanza,
aludiendo al reconocimiento de los gentiles que a ella afluyen, testigos de su nuevo esplendor.
La idealización de la situación sigue in crescendo. La gloria de Yahvé será tal, que eclipsará
el resplandor del sol y de la luna, que resultarán innecesarios: Ya no sera el sol tu lumbrera.
ni el resplandor de la luna (V.19). Estas imágenes serán recogidas por los autores apocalípticos.
13 Dios será en realidad el resplandor de Sión y la eterna luz (v.20) que lucirá radiante eternamente,
sin que haya ocaso: tu sol no se pondrá jamás, ni menguara la luna (v.20a), y con ello no
habrá más días de luto (v.20b). La oscuridad es signo de tristeza. En la época mesiánica, la seguridad
y la satisfacción provenientes de la salvación serán tales, que no habrá lugar al llanto.
Por otra parte, los nuevos ciudadanos estarán poseídos del sentimiento de rectitud y justicia:
Tu pueblo será un pueblo de justos (v.21).
Serán como retoños del plantío de Yahvé, plantados por sus mismas manos para brillar y
resplandecer, dando gloria a Dios en la tierra que poseerán para siempre. La nueva era mesiánica
será definitiva, y en ella vivirá un pueblo numeroso: del más pequeño saldrá un millar (v.22).
Parece aludir a la situación precaria de los repatriados después del destierro en Palestina. No deben
estar pesimistas, porque se acerca la hora en que se verán multiplicar por doquier. El cumplimiento
de esta profecía tiene su plena significación en la universalidad de la Iglesia, el Israel
espiritual, que se ha extendido por toda la tierra.
Y el profeta termina expresando la garantía de Yahvé, que ha de cumplir lo prometido:
Yo, Yahvé, a su tiempo lo aceleraré (v.22b). Los planes de la Providencia se cumplen inexorablemente
α su tiempo, pues entonces Dios mismo se encarga de acelerar su cumplimiento.
1 Cf. 49,18; 50,1; 52,is; 54,i-4; Si.iyss; 59,Qs; 58:10. — 2 Los LXX, la Vg. y el Targum consignan expresamente el nombre de Jerusalén,
— 3 Así según una corrección. El texto hebreo dice: “las islas me esperan,” aludiendo a la expectación de los pueblos paganos
costeros del Mediterráneo ante la manifestación mesiá-nica. Esta misma versión dan los LXX. — 4 Cf. Ex 2:18; Núm 22;
25; 31. Ptolomeo y los geógrafos clásicos ponen por esta zona una ciudad llamada Madián. — 5 Los códices Alej. y Sinaít. añaden
“piedras preciosas.” Sobre Saba cf. Gen 10,7; 1 Re 10,2; Sal 72:15. — 6 Cf. 21:16; Gen 25:13. Flavio Josefo sostiene dicha
identificación. Plinio habla de los nabateos y cedreos como habitantes de esta zona. — 7 Cf. comentario a Is 2:16. — 8 Probablemente
el estico está tomado de Zac 14:16-19; cf. SKINNER, o.c., II 0.200. — 9 Cf. Ez43:7; Is66,i; 57:15- — 10 Cf. Skinner, o.c., II
201. — 11 La versión griega, para evitar la crudeza de la metáfora, traduce: “comerás la riqueza de los reyes.” — 12 Lit. el texto
hebreo lee: “retoño de su plantación.” Pero el Targ., Pesh. y Vg. leen el sufijo en primera persona: “de mi plantación.” La traducción
dada arriba, siguiendo a Duhm, Gondamin, etc., se obtiene considerando el sufijo final como inicial del nombre de Yahvé en
abreviatura. — 13 Cf. Ap 21:23; Ez 43:2. En Is 30,26 se dice que, en los tiempos mesiánicos, el sol y la luna se harán siete veces
mayores. Son hipérboles apocalípticas, que nunca pueden tomarse a la letra. Expresan realidades teológicas: Yahvé, nuevo Sol de
justicia, iluminando a la nueva Jerusalén.
1901
61. La proclamación de la buena nueva a Sión.
Este fragmento tiene muchas analogías con los cánticos sobre el Siervo de Yahvé. No obstante,
hay claras diferencias. Aquí es un profeta que, a modo de monólogo o soliloquio, expresa una
profecía de salvación, pero sin presentarse él como realizador o instrumento de ella, como ocurre
en los cánticos del Siervo de Yahvé. Además, aquí no encontramos la misión universalista, y, por
otra parte, se habla de un día de la venganza divina, lo que no parece adaptarse al carácter del
Siervo de Yahvé, modesto, humilde, que sufre y trae personalmente un mensaje de salvación.
El profeta aquí, en cambio, es un mero heraldo de una nueva situación salvadora.
El profeta, heraldo de la salvación (1-3).
1 El espíritu del Señor, Yahvé, está sobre mí, pues Yahvé me ha ungido, me ha enviado
para predicar la buena nueva a los abatidos y sanar a los de quebrantado corazón,
para anunciar la libertad de los cautivos y la liberación a los encarcelados. 2
Para publicar el año de gracia de Yahvé y un día de venganza de nuestro Dios, para
consolar a todos los tristes 3 y dar a los afligidos de Sión, en vez de ceniza, una corona;
el óleo del gozo en vez del luto, alabanza en vez de espíritu abatido. Se les llamará
terebintos de justicia, plantación de Yahvé para (su gloria).
La expresión el espíritu del Señor, Yahvé, está sobre mi (v.1), que aparece en otros oráculos profetices,
1 indica una intervención carismática de Dios en la vida del profeta en orden a una misión
o manifestación nueva a la comunidad. El profeta se siente ungido por el mismo Dios para el
cumplimiento de esta misión. Es una consagración metafórica al servicio de Yahvé. Como los
reyes y sacerdotes recibían una unción real externa para desempeñar sus funciones profesionales,
2 así el enviado de Dios se siente escogido por Dios para una función especial que se le encomienda.
Aquí ungido parece equivaler a enviado, dotado del espíritu de profecía para predicar la
buena nueva a los abatidos (v.1b), la era de salvación a los quebrantados de corazón, o fieles
israelitas oprimidos por la injusticia y abatidos por tantas desgracias sociales. Su misión es
anunciar un glorioso e inaudito jubileo de emancipación: anunciar la libertad de los cautivos
(v.1c). Según las prescripciones mosaicas, en el año del jubileo debían considerarse libertados y
emancipados todos los esclavos. 3 Aquí también el profeta anuncia un año de gracia (v.2a) de
parte de Yahvé, un año de remisión y de reconciliación con su pueblo. Será una amnistía general:
la liberación de los encarcelados (v.1c), aquí en sentido metafórico.
El profeta contrapone el año de gracia y el día de venganza (v.2). El primero será de favor
para sus fieles, y el segundo, de castigo para los pecadores enemigos de Israel, y aun del
mismo Israel.4 Quizá haya en las palabras año y día una contraposición buscada por el autor para
hacer ver que Dios siempre es más largo en perdonar que en castigar: la remisión dura un
año, mientras que la venganza un solo día. Aunque quizá en la expresión día de venganza haya
una influencia de la otra estereotipada, día de Yahvé, de la literatura profética, que simboliza el
juicio vengativo de Dios en la historia de Israel.5
Este año de gracia y este día de venganza servirá para consolar a todos los tristes, es decir,
los fieles abatidos de que hablaba antes, los cuales al ver, por un lado, la manifestación misericordiosa
de Dios en ese año de gracia en favor de sus fieles, y la justicia de Dios en el día de la
venganza, sentirán una íntima satisfacción, ya que Yahvé, al fin, salió por sus derechos conculcados,
y el camino de la virtud queda públicamente vindicado. Una nueva era se abre para los
afligidos de Sión (v.3a), los cuales dejarán la ceniza del duelo para recibir la diadema, signo de
1902
alegría. 6 Juntamente serán ungidos con el óleo del gozo, empleado en las ocasiones solemnes y
festivas. 7
Se sentirán fuertes y optimistas, como encinas con profundas raíces de justicia y rectitud;
de ahí que se les llame terebintos de justicia (v.5). Son en realidad la plantación de Yahvé para
su gloria (v.3c). La comparación de los justos a árboles frondosos era tradicional en la literatura
profética y sapiencial. 8 Aquí se destaca más su vigor, ya que aparecen como plantados por el
mismo Yahvé. 9
Los extranjeros, al servicio de los ciudadanos de Sión (4-9).
4 Ellos reedificarán las ruinas antiguas y levantarán los asolamientos del pasado.
Restaurarán las ciudades asoladas, los escombros de muchas generaciones. 5 Habrá
extranjeros para apacentar tus ganados, y extraños serán tus labradores y viñadores.
6Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Yahvé y nombrados ministros de
nuestro Dios. 7Comeréis lo exquisito de las naciones y os adornaréis de su magnificencia.
Porque tuvieron el doble en cuanto a vergüenza y fue su parte el oprobio y la
confusión, recibirán el doble también sobre la tierra y gozarán de eterna alegría.
8Porque yo, Yahvé, soy amante del derecho y aborrezco el rapaz latrocinio. Por eso
les daré fielmente su recompensa y haré con ellos una alianza eterna. 9Su descendencia
será conocida en los pueblos, y su posteridad en medio de las gentes. Y quien
los viere reconocerá que son la progenie bendita de Yahvé.
Al lado de esta satisfacción de tipo moral que sentirán los justos al ver sus derechos vindicados,
estará la satisfacción material de ver las ruinas y muros de la ciudad reedificados. Y serán precisamente
los extranjeros, súbditos de ellos, los que se ofrecerán para la mano de obra. Aquellos
escombros de generaciones (v.9b) causados por las distintas invasiones asirías y babilónicas serán
restaurados. El futuro de Jerusalén, pues, es esplendoroso. Los gentiles serán los siervos de
los ciudadanos de Sión, ya que tendrán que apacentar los ganados (v.5), y las faenas del campo
les estarán encomendadas. De nuevo nos encontramos ante un desbordamiento de imaginación
oriental. Son tales los daños que hicieron los extranjeros a Israel con motivo de las invasiones
extranjeras, que la compensación consistirá en que aquéllos vengan como siervos de los antes
humillados. El mesianismo se concibe aquí vinculado a un ideal un tanto nacionalista, que se irá
depurando sucesivamente para dar cabida a un pleno universalismo en el que se reconocerán derechos
de ciudadanía también a los no israelitas que se acerquen a Sión, admirando su privilegio
como primogénito de Yahvé. 10 La situación de los ciudadanos israelitas aquí es totalmente privilegiada.
Ante los otros pueblos serán considerados como sacerdotes de Yahvé (v.6), en cuanto
que pertenecen a un pueblo especialmente elegido por Dios para transmitir el mensaje mesiánico
a través de las generaciones. Ya en el Éxodo se decía que Israel sería “un reino sacerdotal y un
pueblo santo,” como algo aparte entre todas las naciones. Los israelitas, frente a los gentiles, gozarán
de unos privilegios análogos a los de los sacerdotes aronitas respecto de los demás ciudadanos
israelitas. Serán como mediadores entre Dios y los pueblos gentiles: ministros de nuestro
Dios (v.6), acompañándoles en la presentación de las ofrendas.12 Los israelitas en esta situación
de privilegio, como pueblo sacerdotal, vivirán del trabajo de los extranjeros, comiendo lo exquisito
de las naciones (ν.7a), sus riquezas. En el capítulo anterior dice que beberán del pecho de los
reyes. Aquí la idea es análoga. Israel fue siempre un país pobre y soñaba con las riquezas de otras
naciones. Ahora Dios les depara todas esas riquezas inesperadas, como compensación por sus
sufrimientos y humillaciones a manos de los extranjeros: porque tuvieron el doble en cuanto a
1903
vergüenza y fue su parte el oprobio y la confusión (ν.7b). Aquí las palabras doble y parte son
equivalentes a herencia. El primogénito tenía derecho al doble de la herencia de los otros hermanos.
Israel ha tenido el doble en la parte que le cupo de dolores, y justo es que ahora tenga también
la primogenitura o doble sobre la tierra como herencia de bendición, que será el goce de
eterna alegría (ν.7c).
La razón de esta justa compensación está en el sentido de equidad que preside los actos
de Dios: Porque yo, Yahvé, soy amante del derecho (v.8a); por tanto, no puede aceptar el rapaz
latrocinio (v.8a) que los pueblos extranjeros ejercieron contra Israel al ser invadida. Eran instrumentos
de la justicia divina, pero sus desmanes no pueden recibir el beneplácito divino. Dios,
siempre justo, les dará una recompensa a los humillados israelitas, haciendo con ellos una nueva
alianza eterna (v.8b). La alianza del Sinaí había sido quebrantada; por eso Dios hará una nueva
con ese núcleo de salvación que formará parte de la nueva ciudadanía mesiánica. 13 Las condiciones
de esa alianza serán tan favorables para Sión, que se convertirá en la admiración de los
gentiles: Su descendencia será conocida en los pueblos (v.9a). Aquí el sentido de conocida equivale
a gloriosa, objeto de admiración, como progenie bendita de Yahvé (v.9b). Antes había dicho
que era una plantación de Yahvé; ahora la reconoce como descendencia, objeto de las bendiciones
de Dios.
Exultación ante la gloriosa perspectiva (10-11).
10 Altamente me gozaré en Yahvé, y mi alma saltará de júbilo en mi Dios, porque me
vistió de vestiduras de salvación y me envolvió en manto de justicia, como esposo
que se ciñe la frente con diadema14, y como esposa que se adorna con sus joyas.
11Porque, como produce la tierra sus gérmenes y como hace brotar el huerto sus semillas,
así el Señor, Yahvé, hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las gentes.
Este fragmento puede entenderse como una explosión lírica del profeta o de Sión personificada,
que exulta jubilosa ante las nuevas perspectivas luminosas que se ofrecen a sus ojos. No hay razones
suficientes para desconectarlo con lo anterior, como si fuese un bloque errático, insertado
aquí posteriormente. 15 Jerusalén ha sido vestida con vestiduras de salvación (v.10b), e.d., Yahvé
le ha otorgado la salvación, que aparece ante los pueblos como un nuevo Atuendo nupcial, según
dirá a continuación. El manto de justicia parece ser una frase paralela, con idéntico sentido, ya
que justicia muchas veces, en los profetas, es sinónimo de salvación. La razón de que Sión se
ciña la frente como esposo. es precisamente la aparición inesperada de esa justicia o salvación
(v.11b), que Yahvé mismo ha hecho brotar en su pueblo como en el huerto las semillas. Ese
horizonte de justicia hará que Sión sea objeto de alabanza ante todas las gentes (v.11b).
1 Cf IS 11:1,42:1; 48:16 — 2 Cf. 1 Sam 9:16; 10:1; 16:13; Ex 29:7; Lev 7:35. — 3 Cf. Lev 25:10; Dt 15:12; Jer 34:8-15.17; Ez 46:17.
— 4 Cf. Is 63:4; 59:16ss. — 5 Cf. Is 63:4. — 6 Cf. 2 Sam 13:19; Ez 27:30. — 7 Cf. Sal 45:8; Lc 27:30. — 8 Cf. Jer 17:8; Sal 1:3;
92:13-14. — 9 Cf. Is 60:21. — 10 Cf. Is 49,8; 58:12; 60,10. — 11 Cf. Ex 19:6; Is 59:21. — 12 Is 56:65. — 13 Cf. Is55:3; 59:21.
— 14 Lit. en hebreo: “como esposo que lleva la diadema al modo del sacerdote.” La traducción dada arriba es conforme a los
LXX, y se obtiene por un ligero cambio de letras. — 15 Así lo consideran, entre otros, Cheyne, Duhm, Skinner.
62. Inminencia de la Salvación.
Este capítulo está estrechamente unido, por su contenido, al anterior, pues en ambos se trata de
1904
la salvación que se avecina sobre Jerusalén, la cual entrará en relaciones especialísimas con
Yahvé como esposa amada, de modo que no se verá de nuevo entregada a los enemigos.
Ansias y aspiraciones del profeta (1-3).
1 Por amor de Sión yo no callaré, y por Jerusalén no pararé hasta que resplandezca
su justicia como luz esplendente, y su salvación como antorcha encendida; 2y verán
las naciones tu justicia, y todos los reyes tu gloria, y se te dará un nombre nuevo que
la boca de Yahvé determinará; 3 serás en la mano de Yahvé corona de gloria, real
diadema en la palma de tu Dios.
En el capítulo anterior se anunciaba como inminente la salvación. El profeta está inquieto y ansioso
por ver el nuevo horizonte ya hecho realidad. Hay un fuego interior que le abrasa, los destinos
de Jerusalén: Por amor de Sión no callaré (v.1). Sabe que hay ciertas promesas sobre su
justicia o salvación (v.1b), la cual ha de manifestarse al fin como antorcha encendida irradiando
sobre los otros pueblos (v.2a). Su situación será tan singular que se le dará un nombre nuevo
(v.2b) que refleje dignidad. Será el mismo Yahvé quien determine este nombre, pues sólo El es
capaz de medir la nueva dignidad de Sión entre las naciones. El profeta no sabe inventar un
nombre que refleje plenamente la transformación de Jerusalén en la nueva era, y por eso lo deja a
la iniciativa divina. En el v.4 se esforzará en buscar nombres aplicables a Jerusalén que reflejen
de algún modo su nueva situación; pero el verdadero nombre nuevo lo determinará la boca de
Yahvé.
Jerusalén será como una corona de gloria en la mano de Yahvé (ν. 3), como objeto de su
predilección, y resplandeciente como una diadema real ante los otros pueblos. 1
Sión, esposa de Yahvé (4-5).
4 No te llamarán más ya la “Desamparada,” ni se llamará más tu tierra “Desolada,”
sino que te llamarán a ti “Mi complacencia en ella,” y a tu tierra “Desposada,” porque
en ti se complacerá Yahvé, y tu tierra tendrá esposo. 5Como mancebo que se
desposa con una doncella, así el que te edificará se desposará contigo. Y como la esposa
hace las delicias del esposo, así harás tú las delicias de tu Dios.
Algunos autores consideran este fragmento como una profecía distinta, sobre todo por razones
métricas. No obstante, la ilación de pensamiento parece perfecta con lo que precede. Jerusalén ha
sido considerada como una “diadema real en la palma de Yahvé”; ahora va a ser considerada
como una esposa, como máxima expresión de amor. El profeta ensaya nombres descriptivos para
dar a entender la nueva situación de Sión, en espera de que Dios mismo revele un día el nombre
que en realidad le corresponde en justicia. Antes Jerusalén fue considerada como Desamparada y
Desolada al ser invadida y destruida; pero ahora, al entrar bajo una protección especial de Dios,
se la llamará Mi complacencia en ella y Desposada (v.4b). Yahvé mismo será su esposo. Esta
imagen del desposorio es común en la literatura profética a partir de Oseas. 2 Israel en el desierto
fue desposada con Yahvé por la alianza mosaica. Por sus infidelidades, Yahvé se separó de ella y
la castigó. Pero Yahvé hará una nueva alianza y volverá a ser su Esposo (v.5). Las nuevas relaciones,
pues, no pueden ser más estrechas.
1905
Invitación a los centinelas de Sión a estar vigilantes (6-9).
6 Sobre tus murallas, ¡oh Jerusalén! he puesto centinelas, que no callarán ni de día
ni de noche. Vosotros, los que hacéis que se acuerde Yahvé, no os calléis, 7y no le
deis treguahasta que restablezca y ponga a Jerusalén por alabanza en la tierra, 8 Juró
Yahvé por su diestra y por su brazo poderoso: No daré más tu trigo para comida
de tus enemigos, ni los extraños beberán tu mosto, por el que te afanaste. 9 Porque
los que hagan la recolección la comerán y alabarán a Yahvé,y los que hagan la vendimia
beberán en los atrios de mi santuario.
El profeta nombra centinelas sobre las murallas de Jerusalén (v.6a) para que recuerden con su
presencia constantemente a Yahvé las promesas de su reedificación de la ciudad. Algunos autores
creen que estos centinelas son una especie de ángeles custodios encargados de los intereses
comunitarios de Jerusalén 3. Lo más fácil es suponer simplemente que es el profeta quien habla,
como ^al principio del capítulo. No deben callar en su ruego de día y de noche, importunando a
Yahvé para que ponga a Jerusalén por alabanza en la tierra (v.7), e.d., objeto de admiración entre
los pueblos. 4
Dios hace un juramento solemne de que Jerusalén no será de nuevo invadida, de forma
que sus cosechas no sean usufructuadas por los extranjeros: los extraños y enemigos (v.8a). Parece
que el profeta piensa en los tiempos que siguieron a la repatriación, cuando Palestina se
hallaba bajo la dominación persa y expuesta al pillaje de los samaritanos. 5 Yahvé jura por su
diestra, por su brazo, símbolo de su omnipotencia, como garantía de su cumplimiento indefectible.
En los tiempos venideros serán los propios israelitas los que participarán del fruto de sus
afanes, con lo que alabarán a Yahvé (v.8), y, sobre todo, beberán en los atrios del santuario,
alusión a los convites sagrados con motivo de los sacrificios, acompañados de cánticos de acción
de gracias por los beneficios.6 Quizá aluda a las fiestas alegres de la vendimia de los tabernáculos,
cuyo jolgorio era proverbial en Israel 7.
Inminencia de la salvación (10-12).
10 Franquead, franquead las puertas, allanad el camino del pueblo, terraplenad, terraplenad
la calzada, alzad bandera sobre los pueblos. 11He aquí que Yahvé proclama
a todos los confines de la tierra: Decid a la hija de Sión: He aquí que llega tu
salvación, viene con su recompensa y le precede su retribución. 12Les llamarán pueblo
santo, los rescatados de Yahvé, y a ti te llamarán la “Deseada,” la “ciudad” no
desamparada.
No pocos autores consideran esta sección como un poema aparte en el que hay reminiscencias de
otros pasajes anteriores. No obstante, los argumentos para aislarle del contexto anterior no tienen
mucho fundamento. Tenemos que contar siempre con la especial psicología del poeta oriental,
que hace recapitulaciones y asociaciones de ideas, algunas veces para nosotros desconcertantes.
Parece que aquí el profeta hace una invitación indeterminada a salir al encuentro de una caravana
de repatriados, e invita a abrir las puertas de la ciudad de par en par: franquead las puertas
(v.10), al mismo tiempo que ordena quitar los obstáculos para que la marcha discurra sin dificultades:
terraplenad la calzada (v. 10). Era lo que se hacía con ocasión de un cortejo real. Pero con
estas palabras quizá el profeta hable en sentido metafórico, es decir, invite a sus conciudadanos a
1906
que echen fuera de sí todos los obstáculos morales que se oponen a la venida o manifestación de
Dios en su pueblo, trayendo la salvación. En ese caso no se trataría de una caravana de repatriados
que llega, sino de un cortejo simbólico ideal que representaría la inauguración solemne de la
época de la salud por Yahvé. De este modo tiene perfecta relación con el contexto anterior, en
que se suspiraba por la hora de la salvación. Ha llegado el momento solemne, y por ello invita a
que se alce una bandera sobre los pueblos (v.10b), como signo de que llega la salvación para
todos, y los pueblos se percaten de ello y acudan hacia la Ciudad Santa. Yahvé va a hacer, por su
parte, una proclamación solemne: Decid a la hija de Sión: He aquí que llega tu salvación
(v.11a). Esta salvación es personificada en una reina que lleva como cortejo la recompensa precedida
de la retribución (ν. 1-1b), es la compensación por tantos sufrimientos.
La nueva situación de Jerusalén será tal que sus habitantes serán reconocidos como pueblo
santo (v.12a). En 61:6 se decía que los israelitas serían como sacerdotes entre los otros
pueblos por su carácter de elegidos e intermedios entre Yahvé y el resto del mundo. Aquí se
destaca su carácter de santidad o trascendencia. Serán algo aparte, como vinculados a la esfera
de Dios, que vive en una atmósfera de santidad. Serán también los rescatados de Yahvé, porque
han sido sacados por El de la gran tribulación, y Sión será la ciudad Deseada, centro de los anhelos
de todos los pueblos, por estar bajo una especial protección de Dios; de ahí su nombre de
ciudad no desamparada, símbolo de su glorioso futuro, en que estará vinculada a Dios como esposa
en virtud de una nueva alianza. 8
63. El día de la venganza de Yahvé.
Plegaria por la liberación.
La primera parte de este capítulo (1-6) es un oráculo independiente en el que se destaca el triunfo
sangriento de Yahvé sobre los enemigos de Israel. La descripción es bellísima y dramática:
Yahvé es pintado como un vencedor que viene de Edom con los vestidos teñidos en sangre después
de la lucha con los enemigos de Israel.
Yahvé, vengador de su pueblo (1-6).
1 ¿Quién es aquel que avanza de Edom, rojos los vestidos, de Bosra9; aquel tan magnífico
en su vestido, avanzando en la plenitud de su fuerza? 10Yo soy el que habla en
justicia, el poderoso para salvar. 2¿Cómo está, pues, rojo tu vestido, y tus ropas como
las del que pisa en el lagar? 3He pisado en el lagar yo solo, y no había conmigo
nadie de las gentes. Los he pisado en mi furor y los he hollado en mi ira, y su jugo ha
salpicado mis vestiduras y he manchado todas mis ropas. 4Porque estaba en mi corazón
el día de la venganza, y llegaba el año de mis redimidos. 5Miré, y no había
quien ayudara; me maravillé de que no hubiera quien (me) apoyase, 6y salvóme mi
brazo, y me sostuvo mi furor, y aplasté a los pueblos en mi ira y los embriagué en mi
furor, derramando en la tierra su jugo.
El profeta, en un transporte de admiración, explica una escena dramática: ve venir de la parte de
Edom a un guerrero con los vestidos teñidos en rojo. ¿Quién será aquel ser misterioso que avanza,
altivo, después de vencer a los enemigos de su pueblo? Parece que el profeta construye el
cuadro a base de la descripción hecha en el c.34 sobre la venganza de Yahvé contra Edom, al sur
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de Transjordania. En este capítulo se presenta a Yahvé con caracteres apocalípticos, interviniendo
justicieramente sobre Edom: “la espada de Yahvé chorrea sangre y está cubierta de grasa.,
porque hace Yahvé un sacrificio en Bosra y gran matanza en Edom, la tierra está borracha en
sangre, y su suelo cubierto de grasa. Los torrentes de Edom se convierten en pez, y su polvo en
azufre, y será su tierra como pez que arde de día y de noche; nunca se extinguirá, subirá su humo
perpetuamente. Será asolada por generaciones y generaciones. Se adueñarán de ella el pelícano y
el mochuelo. Echará Yahvé sobre ella las cuerdas de la confusión y el nivel del vacío, y habitarán
en ella los sátiros, y todos sus nobles quedarán exterminados. Allí tendrá su morada el fantasma
nocturno. Allí hará su nido la serpiente. Y las mismas fuerzas cósmicas multiplicarán este
ambiente de desolación. La milicia de los cielos se disuelve, se enrollan los cielos como se enrolla
un libro, y todo su ejército caerá como caen las hojas de la vid, como caen las hojas de la
higuera. Mi espada se embriagará en los cielos, y va a caer sobre Edom, sobre el pueblo que he
destinado al exterminio.” En este contexto estremecedor hay que interpretar el oráculo del c.63, y
así se hacen perfectamente inteligibles las menciones de Edom y de Bosra, siendo ésta la capital
del reino de Edom. 12
La elección de Edom como símbolo de los enemigos de Israel, sobre los que Yahvé va a
hacer un juicio, es perfectamente comprensible teniendo en cuenta que los edomitas eran los
enemigos tradicionales del pueblo hebreo. 13 Yahvé, pues, es presentado en el día del juicio sobre
los pueblos enemigos de Israel como viniendo de Edom, el enemigo por excelencia. Trae los vestidos
teñidos en la sangre de sus enemigos. La frase es fuerte, pero muy conforme a la hipérbole
oriental. El color rojo púrpura de la sangre hace que aparezca al profeta magnifico en su vestido
(v.1b), mostrando pleno vigor en la plenitud de su fuerza de guerrero invencible. Es el héroe tradicional
de la antigüedad.
La intervención de Yahvé se basa en los postulados de “justicia: Yo soy el que habla en
justicia (v.1c). La venganza punitiva sobre los enemigos de Israel es una exigencia de la equidad
y de la rectitud de Dios.
El profeta establece un diálogo con el vencedor. Se siente asombrado del color rojo sangre
de sus vestidos: ¿cómo está, pues, rojo tu vestido, como el del que pisa en el lagar? Yahvé
contesta al punto: Ha llegado el momento de la ira divina sobre los pueblos, y a El solo le pertenece
el castigar: He pisado en el lagar yo solo (v.3a). Ha intervenido personalmente, sin acudir a
otros pueblos como auxiliares: no había conmigo nadie de las gentes (v.3a). En la historia había
utilizado como instrumentos de su ira a diversas naciones y personajes, como los asirios y babilónicos;
pero ahora la intervención de Yahvé es directa. Ha llegado el juicio sobre los pueblos:
los he hollado en mi ira, y su jugo ha salpicado mis vestiduras (v.3bc).
Había llegado el día determinado para la venganza: estaba en mi corazón el día de la
venganza (v.4). La expresión en mi corazón es sinónima de determinación de su voluntad. El día
de la venganza es exigido por el año de mis redimidos, que es el “año de gracia” del 61:2, la era
de la salvación de Israel. Aquí se contrapone el día de venganza al año de mis redimidos. Como
siempre, la misericordia de Dios triunfa sobre la justicia: Dios castiga, según la Ley, hasta la
cuarta generación, pero ejerce su misericordia por miles de generaciones. Los israelitas son los
redimidos de Yahvé, en cuanto que es el valedor y abogado de sus derechos. La palabra hebrea
que traducimos por redimidos tiene ese sentido de protegidos oficialmente por Yahvé, que es el
go'el, o Redentor de ellos. 14
Antes de intervenir, Yahvé busca una ayuda para realizar sus designios, y no la encuentra:
Miré, y no había quien (me) ayudara; me maravillé de que no hubiese quien (me) apoyase
(ν.6). La frase es casi igual a la de 59:16. Yahvé no encuentra auxiliar en su obra de venganza y
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se maravilla de ello, porque todos estaban contaminados de pecado; entonces se decide a intervenir
solo, con su omnipotencia: salvóme mi brazo (v.6a). La consecuencia fue el aplastamiento
de sus enemigos: los embriagué en mi furor, haciéndoles beber del cáliz de su ira hasta desbordar,
derramando en la tierra su jugo (v.6c), la sangre vertida a raudales como el jugo del mosto
en el lagar. En todas estas imágenes no debemos ver sino la inflexibilidad de la justicia divina.
Son comparaciones hiperbólicas de autores orientales, que nunca han de tomarse a la letra. Aquí
no se exalta el espíritu de venganza, sino el de justicia.
Acción de gracias por los beneficios de Yahvé (7-10).
7 Cantaré las misericordias de Yahvé, las alabanzas de Yahvé, todo lo que ha hecho
con nosotros, lleno de bondad para la casa de Israel; lo que ha hecho por nosotros
en su misericordia 15 y conforme a la muchedumbre de sus gracias. 8 Dijo: Ciertamente
son mi pueblo, son hijos que no engañarán. Y fue su Salvador 9 en todas sus
angustias. No fue un mensajero, un ángel16; su faz misma los salvó; en su amor y
clemencia, El mismo los rescató, y los soportó y sostuvo todos los días de la antigüedad.
10 Pero ellos se rebelaron y contristaron su santo espíritu, y se les cambió en
enemigo y combatió contra ellos.
Este fragmento de tipo salmódico es una efusión del alma del profeta en acción de gracias por los
beneficios otorgados por Yahvé en los tiempos antiguos (ν.7). Al mismo tiempo reconoce los
pecados de su pueblo e implora el auxilio divino de nuevo sobre su nación.
Yahvé había tenido esperanza de que Israel fuera fiel (son mi pueblo, no engañaran, v.8),
y por eso se ofreció como Salvador de él en todas sus angustias (v.9a), e.d., en todos los momentos
críticos de su historia como pueblo. Tuvo tal providencia de su pueblo, que no lo salvó por
medio de un mensajero o ángel (v.8a), sino que le ayudó personalmente; su faz misma los salvó
(v.9b). La expresión faz de Yahvé equivale en la Biblia a la persona de Yahvé. 17
Pero se rebelaron y contristaron su santo espíritu. Aquí el espíritu de Yahvé obrando en
la historia. Dios es como una energía divina que actúa en la historia de Israel y se manifiesta en
su legislación. Oponerse a ésta es atentar contra su espíritu o intención. Yahvé había comunicado
a los caudillos del Antiguo Testamento su espíritu para realizar sus intenciones providenciales
sobre su pueblo, y algunas veces ese espíritu se manifestaba carismáticamente en determinadas
coyunturas de la historia. Israel no fue dócil a este espíritu de Yahvé, y de ahí que incurriera en
sus iras. Por eso Yahvé se convirtió en enemigo y combatió contra ellos (v.10), castigándoles y
entregándoles a sus enemigos.
El pueblo, arrepentido, suspira por Yahvé (11-14).
11 Entonces su pueblo se acordó de los días antiguos de Moisés 19. ¿Dónde está el que
los sacó del mar, el pastor de su rebaño? ¿Dónde el que puso en medio de él su santo
espíritu? 12 ¿El que hizo marchar a la diestra de Moisés su brazo glorioso; el que delante
de ellos hendió las aguas, haciéndose así un renombre eterno; 13 el que los condujo
por los abismos como a caballo por el desierto, sin que tropezaran? 14 Como a
la bestia que desciende al valle 20, el espíritu de Yahvé los hizo reposar. Así condujiste
tú a tu pueblo para forjarte un renombre glorioso.
En medio de las tribulaciones, el pueblo descarriado se acordó de los antiguos días de Moisés
(v.11a), en que se manifestó la protección de Yahvé de un modo palpable sobre sus antepasados.
1909
Por eso, al sentirse aislados de Yahvé, y aun teniéndole en contra, por permitir que sus enemigos
se apoderaran de su heredad, surgía espontáneamente la pregunta en la boca de todos: ¿Dónde
está el que los sacó del mar? ¿Cómo es que Yahvé, que antes se preocupó tanto de Israel, hasta
hacer milagros, los tiene ahora abandonados? Por otra parte, ¿no es Yahvé el pastor de su rebaño?
Israel pertenece a Yahvé de un modo especial, y El tiene que preocuparse de guiarle en las
horas críticas en que se compromete la existencia del rebaño. Por la historia sabían la especial
providencia que había tenido sobre ellos, infundiendo espíritu de gobierno a sus jefes; pero ahora,
¿dónde está el que puso en medio de él (rebaño) su santo espíritu? (1:1b). Ahora parece que
ese santo espíritu de Yahvé, que en otro tiempo gobernaba las vicisitudes de la historia de Israel,
se halla alejado. El paso del mar Rojo había quedado como prototipo de la especialísima providencia
de Yahvé sobre su pueblo (v.12-13).
Esta idea de seguridad y facilidad parece reflejarse en el v.14, sobre el que han dado diversas
lecturas y corrección. Según la traducción adoptada, siguiendo el texto hebreo, la idea parece
ser que el espíritu de Yahvé condujo al pueblo con la facilidad con que se guía una bestia
doméstica para dejarla reposar en los feraces pastos de un valle o depresión de tierra feraz. Por
todas estas providencias tomadas con su pueblo, Yahvé se ha forjado un renombre glorioso, e.d.,
objeto de admiración en las generaciones.
Súplica a Yahvé para que se manifieste como Padre de su pueblo (15-19).
15 Mira desde los cielos y ve desde tu morada santa y gloriosa. ¿Dónde está tu celo y
tu fortaleza, la emoción de tus entrañas? ¿y tus misericordias hacia mí se han contenido?
16 Porque tú eres nuestro padre, pues Abraham no nos conoce ni Israel nos
reconoce, pero tú eres, ¡oh Yahvé! nuestro Padre, y “Redentor nuestro” es tu nombre
desde la eternidad. 17¿Por qué, ¡oh Yahvé! nos dejas errar fuera de tus caminos
y endureces nuestro corazón contra tu temor? Vuélvete por amor de tus siervos, de
las tribus de tu heredad. 18¿Por qué han ultrajado los impíos tu Santo21, nuestros
enemigos han hollado tu santuario? 19Somos desde mucho ha como aquellos sobre
los que no dominas, sobre los que no es invocado tu nombre.
Después de recordar su providencia en el pasado, el profeta invita a Yahvé a repetir de nuevo sus
prodigios con su pueblo. Le pide que contemple desde el cielo, la morada santa y gloriosa
(v.15a), la situación actual de su pueblo abandonado. ¿Es que se ha acabado el celo y fortaleza
que antes había mostrado en favor de su pueblo ? Y, sobre todo, ¿es que se han acabado sus entrañas
y misericordia? (v.15b). Yahvé siempre fue un Dios misericordioso y compasivo. ¿Es que
ahora se ha cerrado a toda compasión con Israel?
En realidad, Yahvé es el único Padre de Israel (v.16a), que los puede socorrer, pues los
grandes antepasados, Abraham e Israel (Jacob), no tienen actualmente conocimiento de su situación.
No pueden ayudarles en nada. Son sólo un recuerdo (v.16a). Por eso, Yahvé solo puede ser
el Redentor de su pueblo (v.16b), y ése es el nombre que mejor le conviene desde la eternidad.
El profeta pregunta a Yahvé por qué, siendo Padre de su pueblo y su Redentor, los deja
andar errantes fuera de sus caminos (v.17) o leyes, permitiendo que se endurezca su corazón, de
modo que no obren conforme al temor de Yahvé. La expresión endureces nuestro corazón hay
que entenderla en el sentido radical con que hablan los semitas, sin distinguir entre voluntad
permisiva y positiva, pues en sus modos de hablar prescinden de las causas segundas.
Consecuencia de ese abandono de Yahvé de su pueblo ha sido la profanación por los impíos del
Santo de Yahvé (v.18), el templo. Quizá aluda a las profanaciones después de la destrucción de
1910
Jerusalén por Nabucodonosor o a alguna incursión de samaritanos en tiempos de la dominación
persa, probable época de composición del fragmento.
1 Algunos autores, como Skinner, creen ver en esta frase una alusión a la costumbre gentílica de representar a la divinidad local con la
cabeza ceñida por las murallas de la ciudad. El profeta no se atrevería a poner a Jerusalén en la cabeza de Yahvé como irreverente,
y suavizaría la imagen diciendo que la tenía en la mano. Cf. o.c., II 210. — 2 Cf. Os c.1-3. — 3 Según la interpretación judaica,
esos centinelas son ángeles, que constituyen la guardia invisible de la ciudad. En ese caso, el que habla sería el mismo Yahvé, Para
sostener esta opinión se recuerda que en Dan 4:10.20 se da un nombre análogo para significar “ángeles.” En 1 Re 22:19 se
habla del “consejo” de Dios. Se cita a Zac 1:12 y a Ez 29:16; y Zac 3:1. Cf. Skinner, o.c., II 211. — 4 Cf. Isóo.iS; 61:11. — 5 Cf.
Nehs.15; 4:9- — 6 Cf. Dt 12:1735; 14:23. — 7 Skinner ve en la palabra alabaran, en hebreo hillel, una alusión al canto del Hillulim,
que se preceptuaba en Lev 19:24; Jue 9:7. — 8 Cf. Is 6a,5ss. — 9 Esta es la lectura exacta del texto hebreo, que tiene un sentido
claro. Algunos autores han querido conseguir, con un ligero cambio de vocalización, otra lectura muy bella e insinuante:
¿quién es aquel que avanza enrojecido (Edom: adam), con vestidos más rojos que los de un lagarero (Bosra: Basir) ? Esta lectura
hace más fácil la aplicación del cuadro a Jesucristo, teñido en sangre venciendo a los enemigos con su muerte. — 10 En hebreo
lit.: “inclinándose en la plenitud de su fuerza”; lo que no parece adaptarse al carácter altivo del vencedor. Con un ligero cambio
de vocales tenemos la traducción arriba apuntada. — 11 Is 34:4-15- — 12 Para la identificación de Edom y de Bosra véase el comentario
a Is 34.6. — 13 Cf. Abd iss; Is 34:515; Ez 35:1ss; Lam 4:21; Sal 137:1. Los edomitas son los que más se ensañaron con
los israelitas vencidos después de la destrucción de Jerusalén por Na-bucodonosor. Esto aumentó el odio tradicional entre ambos
pueblos, que, según la Biblia, eran parientes de origen, pues Israel procedía de Jacob, y Edom de Esaú, su hermano. Cuando los israelitas
quisieron pasar por Edom camino de Canaán, los edomitas se opusieron tenazmente, y ésta fue la primera causa de la
odiosidad. — 14 Sobre el go'el cf. Job 19:26. — 15 Así según la traducción de los LXX. El texto hebreo dice: “lo que hizo por el
Dios,” que no se adapta bien al contexto. — 16 El texto hebreo dice tribulación en vez de mensajero, que traducimos nosotros con
un ligero cambio de vocalización, siguiendo a muchos críticos. Lo que da un excelente sentido en el contexto. Además, es la lectura
de los LXX. — 17 Cf. Ex 23:2033; 33:143. — 19 Moisés y su pueblo faltan en los LXX. — 20 Diversas son las traducciones de
este texto, que no ha llegado completo a nosotros. La Bible de Jérusalem traduce: “no tropezaron más que un buey que desciende
a la llanura,” uniéndolo con lo anterior. Dennefeld y Skinner traducen como hemos puesto arriba en el texto. — 21 Así según una
reconstrucción muy verosímil, seguida por numerosos exegetas: Con-damin, Marti, Gesenius, etc. El texto hebreo dice literalmente
“por un poco de tiempo, vuestro pueblo santo ha poseído la tierra.” Un cambio de vocalización da la traducción arriba adoptada.
64. Ansias de la manifestación de Yahve.
Yahvé, obrador de prodigios (1-5).
1(19) ¡Oh si rasgaras los cielos y bajaras, de suerte que los montes se estremecieran
ante ti, 2/1 como fuego abrasador que quema la leña seca, como fuego que hace hervir
el agua! Para dar a conocer a tus enemigos tu nombre y hacer temblar a los pueblos
gentiles ante ti 3/2 al hacer tus inesperados prodigios. (Descendiste y ante ti se
tambalearon las montañas) 4/3 de que no se oyó jamás. Ni oyeron oídos, ni ojos vieron
Dios, fuera de ti, que (así) obrara con los que en él confían. 5/4 Tú te adelantas a
los que obran justicia 2 y se acuerdan de tus caminos.
Esa situación de abandono en que está el pueblo hace que el profeta sienta hasta ansias de que se
rasguen los cielos (V.19/1), el único obstáculo físico que parece oponerse a sus relaciones con
Yahvé. Para Yahvé es tan fácil rasgar los cielos como para el fuego quemar la leña seca (v.2/1),
y hacer temblar los montes como al fuego hacer hervir el agua. El profeta quiere dar a conocer a
los enemigos de Yahvé su nombre, su manifestación gloriosa, para que se extendiera su renombre
entre los pueblos gentiles (v.2/1). Y todo ello con inesperados prodigios (v.3/2), como en el
pasado contra los egipcios. Sería el mejor modo de fortalecer a los que en El confían (v. 4;3).
Pues es un hecho que Dios es el primero en proteger a los que son justos: Tú te adelantas a
los que obran justicia (v.5/4), saliéndoles al paso para acoger sus ansias y oraciones.
1911
Confesión de los pecados del pueblo (5b-7 ).
5b/4 He aquí que te irritaste, pues hemos pecado, por nuestra infidelidad y nuestra
defección 3. 6/5 Todos nosotros fuimos impuros, y toda nuestra justicia es como vestido
inmundo, y nos marchitamos como hojas todos nosotros, y nuestras iniquidades
como viento nos arrastran. 7/6 Y nadie invoca tu nombre ni despierta para unirse a
ti. Porque has ocultado tu rostro de nosotros y nos has entregado a nuestras iniquidades.
Yahvé es bueno para los que obran justicia (v.5a/4), pero castiga a los pecadores. Si se irritó con
Israel, es porque ha pecado (v.5b/4). El profeta confiesa ese estado de transgresión general: los
israelitas son impuros (v.6/5), contaminados con muchos pecados 4. Son como un vestido inmundo,
en el sentido levítico, 5 sus justicias o actos de virtud, pues iban acompañadas de miras materiales.
Consecuencia de ello es una languidez espiritual: nos marchitamos como hojas (v.6/5),
siendo arrastrados por sus iniquidades, como llevados de un fuerte viento.
La situación pecaminosa es tal, que han caído en una especie de letargo espiritual y no
hay nadie que se preocupe de invocar su nombre (ν.7/6), ni despierta para unirse a Yahvé. Es
el peor síntoma, la atonía religiosa total. Y esto es consecuencia del abandono de Yahvé: has
ocultado tu rostro de nosotros.
Paternidad de Yahvé sobre Israel (8/7-12/11).
8/7 Mas ahora, ¡oh Yahvé! tú eres nuestro Padre; nosotros somos la arcilla, y tú nuestro
alfarero, todos somos obra de tus manos. 9/8 ¡Oh Yahvé! no te irrites demasiado,
no estés siempre acordándote de la iniquidad. Ve, mira que todos nosotros somos tu
pueblo. 10/9 Tus ciudades santas están hechas un desierto, Sión es una estepa, Jerusalén
un lugar asolado. 11/10 Nuestro santo y magnífico templo, donde te alababan
nuestros padres, ha sido presa del fuego. Todas nuestras cosas queridas están en
ruinas. 12/11 Y ante todo esto, ¿vas a contenerte, ¡oh Yahvé! vas a callarte para humillarnos
del todo?
Después de reconocer los pecados del pueblo, el profeta vuelve a Yahvé, apelando a su misericordia:
Israel es su pueblo, y Yahvé no puede ser indiferente a sus calamidades. Yahvé es el alfarero
de Israel, que es a su vez la arcilla (v.8/7), porque históricamente han sido elegidos y
constituidos gratuitamente en pueblo por Yahvé: obra de sus manos. Israel históricamente no
tuvo otra razón de ser que la elección de Yahvé6. No debe pensar Yahvé tanto en la iniquidad de
Israel cuanto en sus designios misericordiosos, ya que Israel al fin es su pueblo. Los efectos de la
ira divina han sido terribles: las ciudades santas hechas un desierto (V.10/9). Las ciudades de
Israel son santas porque están en la tierra santa, elegida y santificada por la presencia de
Yahvé. Hasta la residencia personal de Yahvé (donde te alababan nuestros padres) es presa del
fuego. El profeta alude a la destrucción del templo por los soldados de Nabucodonosor; con él se
arruinaron todas las cosas queridas.1 La tragedia nacional no pudo ser mayor. Y ante este espectáculo,
¿va a quedar Yahvé indiferente?: ante todo esto, ¿vas a contenerte, oh Yahvé? La elocuencia
del profeta no puede ser más insinuante. Dios no puede abandonar al pueblo por más
tiempo. La medida de los sufrimientos nacionales ha llegado a su colmo, y la intervención de
Yahvé no puede tardar.
1912
65. Amenazas a los pecadores y promesas a los Justos.
Por el contenido, este capítulo puede dividirse en dos partes netas: a) 1-12: contraposición entre
los siervos de Yahvé y los apóstatas; b) separación final de ambas partes. Este capítulo está estrechamente
unido al siguiente por el estilo y el tema.
Obstinación del pueblo? que desprecia las gracias. divinas (1-7)
1 Déjeme consultar por los que no me interrogaban, déjeme hallar por los que no me
buscaban. Yo decía: Heme aquí, heme aquí, a gente que no invocaba mi nombre. 2
Todo el día tendía yo mis manos a un pueblo rebelde, que iba por caminos malos, en
pos de sus pensamientos. 3 Un pueblo que me provocaba a ira descaradamente y sin
cesar, sacrificando en los huertos y quemando incienso sobre ladrillos; 4 que va a
sentarse en los sepulcros y pasa la noche en lugares secretos; que come carne de
puerco, y en cuyas ollas hay manjares inmundos; 5 que dice: Quédate aquí, no te llegues
a mí, que te santificaría. Es como humo en mis narices, fuego encendido todo el
día. 6 He aquí que está escrito delante de mí, y no callaré sin darles su paga y retribuirles
con medida colmada. 7 Vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros
padres, dice Yahvé, que quemaron incienso en los montes y me ultrajaron en los collados.
Yo les mediré en el seno el salario de sus obras pasadas 2.
Parecen las palabras de este capítulo la respuesta de Yahvé a la plegaria del capítulo precedente
3. Dios quiere justificar su conducta, tachada de indiferente para con su pueblo. Yahvé quiere
hacer ver que ha estado siempre a disposición de su pueblo, derramando benevolencia y protección.
Antes de castigarlos ha estado con los brazos abiertos como padre, buscando atraerlos; pero
ellos se dieron a la idolatría.
Yahvé no se había ocultado de los israelitas, sino que estaba a su disposición: Déjeme
consultar por los que no me interrogaban (v.1). La conducta de Israel fue, en cambio, despectiva:
no me buscaban, a pesar de que Yahvé se dejaba hallar; su actitud era una constante invitación
a ayudarles en todo: Heme aquí (v.2); pero ellos no invocaban su nombre, e.d., preferían
consultar a los dioses de otros pueblos, porque eran un pueblo rebelde que iba por caminos malos
(v.2). San Pablo aplica estas palabras al Israel de su tiempo, que no quiso recibir a Cristo 4.
La historia del pueblo elegido siempre fue la misma: en vez de seguir las directrices de su Dios,
se fue en pos de sus pensamientos (v.2), e.d., sus inclinaciones materialistas, satisfechas mejor en
los cultos idolátricos.
A continuación Dios concreta estos caminos malos de Israel: la más crasa idolatría fue su
trayectoria constante, de forma que fue una provocación constante a la ira de Yahvé (ν.3). Υ esto
lo hacía descaradamente (en heb. lit. “ante mi faz”), llegando al colmo de la insolencia de entregarse
a la idolatría en el país de Yahvé, ante su faz. Lugares preferidos de este culto eran los
frondosos huertos5, santuarios al aire libre que simbolizaban con su feracidad el poder de fecundación
de Astarté. La expresión quemar incienso sobre los ladrillos (v.3b) parece irónica y despectiva.
Es una alusión a los altares de ladrillo construidos ante el ídolo, donde quemaban las
víctimas, el incienso, y derramaban el óleo.6 Además, no faltaban prácticas necrománticas: va a
sentarse en los sepulcros (v.4), alusión a los ritos de consultación de los muertos, por los que los
vivientes creían estar en comunicación con los difuntos. Quizá a esto se refiere la frase siguiente:
y pasan la noche en lugares secretos. 7 Jerónimo dice que los devotos se echaban sobre las pieles
1913
de las víctimas para conocer el futuro. Es el rito llamado de la incubación. La traducción griega
parece entenderlo así. 8 Otra abominación era que comían carne de puerco (v.4-b), lo que estaba
prohibido por la ley levítica. 9 Parece que la razón de la prohibición de la carne de cerdo en muchos
pueblos semitas obedecía a que se relacionaba a dicho animal con determinadas fuerzas
demoníacas subterráneas. En algunas religiones semitas, el cerdo ciertamente era consagrado a
las divinidades. 10 En aquellos banquetes sacrificiales había para el fiel judío manjares inmundos
(v.4b). En 66:17 especificará más esta idea el autor.
Los que participan de los cultos idolátricos se consideran como algo aparte, intocables.
Según la mentalidad semítica, el que participaba en el culto como oficiante estaba poseído de una
virtud especial de santidad que le ponía aparte de todo lo común: no te llegues a mí, que te santificaría
(v.5a); es un aviso para que se abstengan de comunicar con él los profanos no iniciados.
La santidad se comunicaba por contacto, como un fluido eléctrico. Los vestidos con que oficiaban
en el templo los sacerdotes debían ser depuestos inmediatamente para no santificar al pueblo,
es decir, hacerle inepto para vivir en contacto con lo profano. En la frase del profeta aquí
parece que hay un dejo de ironía: los que participan de los cultos idolátricos se consideran santos,
cuando en realidad no hay más que un Santo, y sólo al acercarse El se contrae la santidad. En
este supuesto, la conducta de tales israelitas es un constante insulto: es como humo en mis narices,
fuego encendido todo el día (v.8b). Ese proceder le es tan irritante como el humo en las narices,
provocado por el fuego encendido todo el día.
Ante esta provocación, la reacción divina no puede ser otra que el castigo. Todas las acciones
del pueblo están registradas en un libro, como en un diario: He aquí que esta escrito delante
de mí (v.6), y Yahvé las tiene constantemente presentes, clamando por un castigo: no callaré
sin dar (les) la paga y retribuirles. (v.6). La justicia divina exige cierta compensación, y nada
se puede escapar a su alcance. 12
A continuación enumera las iniquidades presentes y las de las generaciones anteriores. La
medida está colmada por tantas transgresiones: quemaron incienso en los montes, collados (ν.7).
Son los sacrificios idolátricos o cismáticos sobre los “altos lugares,” tan recriminados en la Biblia.
13 El castigo no puede hacerse esperar: yo les mediré en el seno (v.1c), es una frase que
equivale a “dar colmadamente,” llenando todos los repliegues de la túnica recogida hacia el seno.
14 El salario de sus obras será el castigo por tantas acciones pecaminosas.
El núcleo de elegidos es preservado (8-10).
8Así dice Yahvé: Como cuando hay jugo en un racimose dice: No lo eches a perder,
que hay en él bendición, así haré yo por amor de mis siervos: no los destruiré del todo,
9sino que sacaré de Jacob una progenie, y de Judá un heredero de mis montes, y
los habitarán mis elegidos y morarán allí mis siervos. 10Y será Sarón prado para los
carneros, y el valle de Acor dehesa para los bueyes del pueblo que me ha buscado.
De ese castigo se salvará un núcleo de salvación, objeto de las bendiciones divinas; los justos se
salvarán. Dios no mira sólo las iniquidades, sino también las buenas acciones. Israel es como
un racimo no del todo seco, en el que hay todavía algo de jugo (v.8a), algunos granos buenos,
que son todavía una bendición de parte de Dios, o don de su providencia, y, por tanto, el vendimiador
no lo desecha totalmente. Así, Yahvé no destruirá totalmente al pueblo por amor a esos
pocos justos que quedan en medio de la apostasía general. En realidad, todavía queda un núcleo
de bendición del que puede salir una progenie (V.9), que se multiplicará hasta hacerse heredera
de los montes o contornos de la Tierra Santa de Yahvé, país esencialmente montañoso. 15 Allí
1914
moraran los fieles a Yahvé, y su pueblo disfrutará de la llanura de Sarón (v.10), tradicionalmente
fértil en pastos para carneros, o ganado menor, en el oeste costero de Palestina, y también serán
dueños del valle de Acor, junto a Jericó, al este, lugar también de buenos pastos para los bueyes.
El autor, al elegir estos dos nombres de Sarón y Acor, quiere simplemente indicar los límites del
país de Yahvé, que será confiado en herencia a esa progenie numerosa, que a su vez proviene de
ese reducido núcleo salvado de la catástrofe. 16
Castigo de los pecadores y apóstatas (11-12).
11 Pero vosotros, los que dejáis a Yahvé y olvidáis mi santo monte, los que aderezáis mesa
para Gad y llenáis la copa para Meni, 12 os destinaré a la espada, y todos sucumbiréis a la
matanza, porque, cuando os llamaba, no me respondisteis, y cuando os hablaba no me escuchasteis;
hacíais lo que es malo a mis ojos y elegíais lo que me desagradaba.
Yahvé contrapone a la situación de la progenie de bendición, que heredarán sus montes, la de los
apóstatas, que se olvidan de su santo monte, o colina de Sión, sobre la que está su templo. No
van a darle culto a su santuario, mientras que se dan a ritos idolátricos, entregándose a festejos
sagrados a la diosa Fortuna: aderezáis la mesa a Gad (v.11). Gad era la diosa siria que los griegos
llamaban τύχη, ο Fortuna de los romanos. Tenía un templo en Gaza, no lejos de Jerusalén.
La frase aderezáis mesa para Gad alude al rito llamado lectisternia en la antigüedad: se colocaban
oblaciones de harina y otros manjares para comida de los dioses. 17 Gad era el dios de la dicha
y la fortuna. Aparece en muchas inscripciones fenicias y palmiranas, y en la Pentápolis filistea.
Meni es menos conocido (su nombre es relacionado con el verbo hebreo manah, contar, destinar).
Se le ha identificado con la diosa Manat, una de las tres divinidades preislámicas. 18 Se le
ha identificado también con Venus, llamada por los árabes Fortuna menor. Se le suele considerar
como la personificación del Destino. 19 Yahvé recrimina estos cultos sacrificiales: llenáis la copa
para Meni (v.11b). Por eso anuncia el castigo: os destinaré a la matanza (v.12a). El profeta juega
con la palabra Meni (dios del “Destino”) y el verbo manah (destinar). Por fin, Yahvé les recuerda
los tiempos en que se ofrecía a ellos para hablar y no le escucharon.
Contraste entre la suerte de los apóstatas y la de los fieles (13-16).
13 Por eso dice el Señor, Yahvé: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis
hambre. Mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed. Mis siervos cantarán,
gozarán, y vosotros seréis confundidos. 14 Mis siervos cantarán, lleno de júbilo el corazón;
pero vosotros gemiréis con el corazón dolorido y aullaréis con el espíritu
quebrantado. 15Dejaréis vuestro nombre como maldición para mis elegidos: “El Señor,
Yahvé, te mate,” y a sus siervos les dará otro nombre. 16Todo el que en la tierra
quiera bendecirse, se bendecirá en el Dios fiel. Todo el que en la tierra jurare, jurará
por el nombre del Dios fiel, pues las angustias pasadas se darán al olvido y estarán
ocultas a mis ojos.
Consecuencia lógica de estas transgresiones será que los apóstatas no participarán de las bendiciones
de los justos: tendréis hambre (v.13). El contraste es destacado como consecuencia de dos
situaciones contrapuestas.
El castigo de estos pecadores servirá de ejemplo a las generaciones futuras, y los fieles se
servirán de él como fórmula de imprecación: El Señor, Yahvé, te mate (v.15). 20 En cambio, los
fieles a Yahvé recibirán otro nombre, en conformidad con la nueva situación. Será un reinado de
1915
bendición bajo la protección divina, de tal forma que el que invoque sobre sí una bendición del
cielo (el que quiera bendecirse, v.16a), lo hará en el Dios fiel a sus promesas. La fidelidad de
Yahvé será una de las cosas que más resplandecerán en la nueva situación, pues todos verán el
cumplimiento de las promesas antiguas. Y ese estado de felicidad total hará que se olviden las
angustias pasadas (v.16b) y no vuelvan a repetirse: estarán ocultas a mis ojos.
Los cielos nuevos y la tierra nueva (17-25).
17 Porque he aquí que voy a crear unos cielos nuevos y una tierra nueva, y ya no se
recordará lo pasado ni vendrá más a la mente. 18Sino que se gozarán en gozo y alegría
eterna de lo que voy a crear yo, porque he aquí que voy a crear para Jerusalén
alegría, y para su pueblo gozo. 19Y será Jerusalén mi alegría, y mi pueblo mi gozo, y
no se oirán más en ella llantos ni clamores. 20No habrá allí niño de pocos días, ni viejo
que no cumpla los suyos, pues el más joven morirá a los cien años, y no llegar a
los cien años será tenido por maldición21. 21Construirán casas y las habitarán, plantarán
viñas y comerán su fruto. 22No edificarán para que habite otro, no plantarán
para que coma otro. Porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo,
y mis elegidos consumirán la obra de sus manos. 23No se afanarán en vano ni
parirán para una muerte prematura22, pues serán la progenie bendita de Yahvé,
ellos y sus descendientes. 24Y sucederá que antes que ellos llamen, responderé yo;
todavía no habrán acabado de hablar, y ya les habré escuchado. 25El lobo y el cordero
pacerán juntos; el león, como el buey, comerá paja, y la serpiente comerá polvo.
No se hará mal ni corrupción en todo mi monte santo, dice Yahvé.
Precisamente porque en el nuevo estado de cosas todo va a estar presidido por la bendición de
Yahvé, tendrá lugar una transformación de la naturaleza: voy a crear unos cielos nuevos y una
tierra nueva (ν.17a). Esta idea de una transformación cósmica es un tópico en la literatura profética,
23 sobre todo en la literatura apocalíptica. Siempre nos hallamos ante hipérboles poéticas
orientales, que reflejan una situación moral. San Pablo dirá que toda la creación está en dolores
de parto esperando la regeneración de los hijos de Dios. La naturaleza está violenta en el estado
de pecado del hombre, porque éste la hace servir en contra de los fines para que aquélla ha sido
creada24. En los tiempos mesiánicos, aun lo material y cósmico se asociará al estado de exultación
de los nuevos ciudadanos de Sión.25 San Juan en el Apocalipsis recogerá esto de los cielos
nuevos y la tierra nueva para aplicarlo al estado de la Iglesia triunfante.
En ese nuevo estado de cosas, ya no se recordará lo pasado (ν.17b), los tiempos de angustia
física y moral. Ha pasado la hora de las miserias. Todo será ambiente de alegría en Jerusalén
(v.18), y el mismo Yahvé se gozará pensando en Jerusalén (V.19), desapareciendo los llantos
y clamores. 26 Para colmo de bienaventuranza, los nuevos ciudadanos gozarán de una longevidad
desacostumbrada, como en los tiempos de los patriarcas: No habrá niño de pocos días (v.20),
e.d., que muera a los pocos días de nacer, ni viejo que no cumpla los suyos. Todos alcanzarán
una edad ideal. La edad de cien años será considerada como edad mínima (v.20b). Y el no llegar
a esta edad será considerado como una maldición, o castigo de Dios.
Por otra parte, todos disfrutarán de sus bienes (v.21) personalmente, y no sus herederos;
pues, dada la longevidad de la vida, todos podrán habitar en las casas por ellos construidas y disfrutar
de sus viñas, por ellos plantadas 27, pues su vida será tan larga como la de los árboles
(v.22b), 28 pudiendo disfrutar de la obra de sus manos. Es el máximo de felicidad para un israelita.
1916
Además, prosperarán en todos sus trabajos: no se afanarán en vano (v.23), y sus hijos no
serán destinados al exterminio por la guerra o la peste: no parirán para una muerte prematura,29
porque constituyen la progenie bendita de Yahvé juntamente con sus descendientes (v.23b). Será
tal la protección que Dios tendrá de ellos, que se adelantará a sus peticiones: antes de que llamen
responderé.; no habrán acabado de hablar, y ya les habré escuchado (v.24).
Y, por fin, la paz total edénica: el lobo y el cordero pacerán juntos (v.25a). El reino animal
participará también de este bienestar general. La lucha por la existencia no tendrá el sentido
sangriento de ahora. Los animales carnívoros, corno el león, perderán sus instintos sanguinarios,
y comerán paja como el pacífico buey. Es una vuelta al estado de paz de los primeros días de la
creación. En Gen 1:29-30 se señala como comida a los hombres y animales en general los productos
del reino vegetal. Dios había creado todas las cosas en paz, y la ley de la vida por la que
unos vivientes viven a costa de otros no le parecía bien al hagiógrafo, y por eso somete a todos
los seres a un plan vegetariano. En la época mesiánica ocurrirá algo parecido, según el profeta.
De nuevo nos encontramos con la hipérbole oriental, en la que hay que ver sólo el lado moral
expresado, es decir, el estado de paz completa, sin que nada la turbe. Varias de las frases de este
versículo están tomadas de Is 11:6-9, de cuyo pasaje parece una condensación. Únicamente se
añade que la serpiente comerá polvo, aludiendo, sin duda, a la maldición de Gen 3:14. En medio
de tanta bendición permanecerá la maldición del Señor sobre este reptil, símbolo del espíritu del
mal, que será inofensivo, pues vivirá del polvo. 30
Como síntesis final, se afirma que no habrá más corrupción o mal en el monte santo de
Yahvé, Sión, la capital de la nueva teocracia.
1 Lit. “y pagaré en su seno.” El seno equivale a la medida abundante. — 2 Otros traducen lit.: “les mediré su merecido y les daré la
paga en su seno” (así Cantera). — 3 Así lo entienden Konig, Gondamin, Feldmann y Dennefeld. — 4 Cf. Rom 10,2os. — 5 Cf.
comentario a Is 66:17; 1:29. — 6 Algunos creen que la palabra ladrillo aludiría a las terrazas de las casas, donde se practicarían
cultos astrales. Cf. 2 Re 23:12; Jer 19:13; Sof 1:5. Eran cultos de importación asiría. — 7 La palabra que traducimos por lugares
secretos es un hapax de sentido incierto. Con-damin quiere relacionar la palabra hebrea nassurim con el asirio massartu, puesto de
observación astral. Así traduce: “pasaba la noche en observación,” aludiendo a las observaciones mágicas astrales. Cf. CONDAMIN,
o.c., p.382. — 8 Cf. Skinner, o.c., II 233. — 9 Cf. Lev n,7s; Dt 14:8. — 10 Cf. Smith, The religión of the semites 3.a ed.
p.218.29055.351.475.621. — 11 Cf. Ez 44:19; Lev 6:21; Ex 29:37; 30,29; Ez 46:20. — 12 Cf. Sal 18:8. — 13 Cf. Os 4:13; Es.
6:13; Ts 57:7. — 14 Cf. Rut 3:15; Jer 32:19. — 15 Cf. Is 14:25; 57:13. — 16 “Del pueblo que me ha buscado,” por razones de
ritmo, es considerado como glosa. Sobre Sarón cf. Is 33:9; Sobre Acor cf. Jos 7:24. — 17 Cf. Herod., I 183; Ep. de Jer. v.27s.; Bel
y el Dragón: Dan 14; Jer 7:18; 19:13; 44:17; 1 Cor 10:21. Un eco de esto parece ser el rito hebreo de los “panes de la proposición”
en el tabernáculo (Ex 25:30), si bien con otro sentido. — 18 Cf. Coran, Sura 53:19. — 19 Cf. Skinner, o.c., II 238. — 20 En Jer
29:21 encontramos una maldición de este tipo: dos individuos que quedan como ejemplo proverbial de la maldición divina. — 21
Otras traducen: “y el pecador de cien años será maldecido.” Así Skinner; pero parece fuera de contexto. La palabra traducida por
pecador puede significar también fracasar. — 22 Lit. el hebreo dice “parirá para la ruina o terror.” — 23 Cf. Is 51:16; 46:22;
11:6-9; 29:17; 30,235; 32:15.35, etc. — 24 Cf. Rom 8:22. 27 Dt 28:30. — 25 Cf. AP2:1; 2 Pe 3:13. — 26 Cf. Ap 17:2. — 28 Cf.
Sal 92:12. — 29 Cf. Jer 15:8; Sal 78:33. — 30 Por razones métricas, algunos autores, como Duhm, rechazan como glosa esta última
frase relativa a la serpiente.
66. Felicidad de los Fieles Israelitas.
Castigo de los impíos.
Sigue la antítesis entre la suerte de los fieles a Yahvé y de los apóstatas. En este sentido, este
capítulo es complemento del anterior. Parece que hay en él diversos fragmentos inconexos, que
han sido incrustados artificialmente, sin mayor unidad. Por eso, no es fácil hacer una división
ligada y lógica de los versículos.
1917
Invectiva de Yahvé contra los transgresores (1-4).
1 Así dice Yahvé: El cielo es mi trono, y la tierra el escabel de mis pies. ¿Qué casa
podrías edificarme? ¿En qué lugar moraría yo? 2Todo eso, mis manos lo hicieron;
todo esto es mío, dice Yahvé. Y a éste es al que yo miro: I al humilde y abatido de
espíritu, al que tiembla ante mi palabra. 3Hay quien sacrifica un buey y mata un
hombre, quien inmola un cordero y desnuca un perro, quien presenta en ofrenda
sangre de puerco, quien quema incienso y se postra ante un ídolo. Así como ellos eligen
sus caminos y en sus abominaciones se complace su alma, 4así yo me complaceré
en sus calamidades, y traeré sobre ellos lo que se temen. Porque llamé, y nadie me
respondió; hablé, y nadie me escuchó. Hicieron lo que era malo a mis ojos y escogieron
lo que a mí desagradaba.
Ante todo, Yahvé quiere destacar su trascendencia: el cielo es mi trono 2; por eso ninguna morada
terrestre es digna de El. La misma tierra no es sino el escabel de sus pies (v.12). Es tal la majestad
y sublimidad de Yahvé, que no hay nada digno de albergarle con decoro en este mundo. El
profeta quiere aquí destacar que los meros ritos culturales del templo no bastan para darle un
homenaje digno. Busca algo más íntimo, ya que lo material es muy poco para su grandeza. No es
que el profeta quiera condenar el culto como manifestación externa de adoración, sino que aquí
desea destacar la dignidad sublime de Yahvé, del que no es digno todo lo material que pueda
ofrecérsele: ¿en qué lugar moraría yo? (v.1b). Las palabras del profeta quizá sean una respuesta
al deseo de los judíos repatriados por edificar el templo, creyéndose con ello cubiertos ante Dios
en sus deberes religiosos. El profeta indica que ese templo material es bien poca cosa para el Señor
del universo. Lo que en realidad le interesa a Yahvé es el arrepentimiento y la humildad
de espíritu: a éste es al que yo miro, al humilde y abatido de espíritu, al que tiembla ante mi palabra
y acata los mandatos de su Ley.
Por otra parte, ese culto oficial en el templo no está en consonancia con la conducta moral
de los que asisten a él: Hay quien sacrifica un buey y mata un hombre. (v.3a). Parece que aquí
se contraponen cuatro actos de culto a cuatro actos idolátricos: a) sacrificio de un buey en el
templo y sacrificios humanos (mata un hombre); b) inmolación de corderos en el templo y sacrificio
de un perro a los ídolos; c) ofrenda en el altar del santuario y derramamiento de sangre de
puerco a los ídolos; d) cremación de incienso en el santuario y postración ante un ídolo (v.3b).
Este parece ser el sentido más obvio de esta extraña argumentación del profeta. La versión de los
LXX y la Vulgata sugiere otra interpretación: “el que inmola un buey es como el que mata un
hombre; el que mata una res, como el que descabeza un perro; el que ofrece una oblación, como
el que ofrece sangre de puerco; el que presenta incienso, como el que bendice al ídolo.” Según
esta lectura, el que cumpliera los actos rituales de inmolar un buey, un cordero, u ofrecer una
oblación o incienso, si lo hace sin las debidas disposiciones interiores de humildad y entrega a
Dios, es como el que mata a un hombre, el que descabeza un perro, el que ofrece sangre de
puerco o bendice al ídolo. Esta interpretación nos resulta un tanto fuerte para la primera frase, en
la que se equipararía el sacrificio de un buey y el homicidio. No obstante, el estilo polemista
hiperbólico oriental podría explicar estos modos de argumentar, que a nosotros se nos antojan
extraños.
De nuevo Yahvé les recrimina sus falsos caminos (v.3c), por ellos escogidos, ya que
tienen propensión a complacerse en abominaciones. Pero también Yahvé tiene derecho a complacerse
en sus calamidades (v.4). La justicia divina tiene sus derechos inexorables, y por ello
1918
hará venir sobre ellos lo que se temen (v.4). Y todo ello por haber sido infieles a sus llamadas e
insinuaciones: llamé, y nadie me respondió (v.4b).
Promesas a los fieles (5-9).
5 Oíd la palabra de Yahvé vosotros los que teméis su palabra: Han dicho vuestros
hermanos, los que os aborrecen y os niegan por causa de mi nombre: “¡Que haga
Yahvé muestra de su gloria, para que veamos vuestro contento!” Pero han de ser
confundidos. 6 Voces, alborotos de la ciudad, voces que salen del templo. Es la voz de
Yahvé, que da a sus enemigos el pago merecido. 7 Antes de ponerse de parto ha parido;
antes de que la sobrevinieran los dolores dio a luz un varón. 8 ¿Quién oyó cosa
semejante? ¿Quién vio nunca tal? ¿Es dado a luz un país en un día? ¿Una nación
nace toda de una vez ? Pues apenas ha sentido los dolores, ya Sión ha parido a sus
hijos. 9 ¿Voy yo a abrir el seno materno para que no haya alumbramiento? dice
Yahvé. ¿Voy yo, el que hace parir, a cerrarlo? dice tu Dios.
El profeta se dirige a los fieles para que se consuelen y no hagan caso de sus hermanos de raza
(v.5b), que hacen escarnio de las promesas divinas y no creen en ellas. No creen en la próxima
manifestación divina, y dicen sarcásticamente: Que haga Yahvé muestra de su gloria para que
veamos vuestro contento! (v.5c). Se burlan de esas ilusiones de los fieles, que hablan de cambios
de cosas en el futuro, en el que encontrarán su contento. Pero serán confundidos cuando vean el
triunfo de los buenos en la manifestación gloriosa de Yahvé.
El profeta dramatiza la situación: Ha llegado el momento esperado del juicio de Dios, y
como consecuencia, la confusión: Voces, alborotos de la ciudad., del templo (v.6). Se presenta a
Yahvé, que llega con un ejército preparado a dar la batalla a los enemigos, que llenan la ciudad
de estruendo y griterío. Yahvé parece salir^ del templo sembrando el alboroto por doquier con su
intervención justiciera: da a sus enemigos el pago merecido (v.6b).
Después compara a Jerusalén a una mujer que da origen a una familia numerosa. Su reconstrucción
como nación es tan rápida, que, antes de ponerse de parto, ya ha parido (v.7a). Su
alumbramiento es tan súbito que, apenas siente los dolores, con toda facilidad da a luz un varón,
la máxima aspiración de una madre israelita. Ese varón es el pueblo de Israel, que se va a organizar
con todo vigor como nación; de ahí su carácter varonil. Parece aludir el profeta al retorno de
los exilados de la diáspora.
El profeta expresa su admiración por el súbito alumbramiento de una nación que alcanza
pronto su vigor colectivo: ¿Es dado a luz un país en un día? (8). Sión, apenas ha sentido los dolores
del alumbramiento, ya está constituida en nación: ha parido a sus hijos (v.8c).
Y ahora Yahvé quiere justificar sus promesas. ¿Cómo va a poner a un pueblo en tensión
constante esperando unas promesas que no se han de cumplir? Esto sería hacer que una mujer
tuviera dolores de parto sin obtener el fruto de sus dolores: ¿Voy yo a abrir el seno materno
(de la nación) para que no haya alumbramiento? (V.9). Dios es omnipotente, y, por tanto, al lanzar
a una nación detrás de una promesa, no es para agotarla en una tensión indefinida, sin alcanzar
su meta. Al poner a Sión en trance de alumbramiento, es porque la hará llegar a buen término.
Dios no hace las cosas a medias. Y en el caso concreto, Yahvé es el que hace parir (v.8b) a
Sión, la pone en trance del alumbramiento, y, por tanto, no va a cerrar su seno en el momento
crítico en que se ha de realizar lo esperado y prometido. La imagen es muy gráfica para expresar
las largas y fatigosas ilusiones de Israel como nación en pos de los tiempos mesiánicos, en los
que había de dar a luz un varón, la nueva comunidad de elegidos en la nueva teocracia.
1919
La consolación de Jerusalén (10-14).
10 Alegraos con Jerusalén y regocijaos con ella todos los que la amáis. Llenaos con
ella de alegría los que con ella hicisteis duelo. 11 Para mamar hasta saciaros del pecho
de sus consolaciones, para mamar en delicia de los pechos de su gloria. 12 Porque
así dice Yahvé: He aquí que voy a derramar sobre ella la paz como río y la gloria
de las naciones como torrente desbordado. Y sus niños de pecho serán llevados a
la cadera y acariciados sobre las rodillas. 13 Como cuando a uno le consuela su madre,
así yo os consolaré a vosotros, y en Jerusalén seréis consolados. 14Y vosotros lo
veréis, y latirá de gozo vuestro corazón, y vuestros huesos reverdecerán como la
hierba. La mano de Yahvé se dará a conocer a sus siervos, y (su) furor a sus enemigos.
La perspectiva del nacimiento de una nueva nación debe constituir la alegría de todos los que
esperaban en las promesas de Yahvé: Alegraos con Jerusalén. los que la amáis (v.10a). Se acerca
la hora del triunfo, y por ello deben participar de su alegría los que en otro tiempo participaron
en su duelo (v.10b). 3 A Jerusalén se la presenta como una madre generosa que ofrece sus pechos
para que se sacien de su alegría sus habitantes: para mamar, del pecho de sus consolaciones., de
su gloria (v.11b). Jerusalén ha sido “consolada,” y deben sus ciudadanos participar de estas consolaciones
proporcionadas por Yahvé, y con ello la gloria, de la que también ellos deben participar.
Jerusalén, que ha sufrido tanto, está ahora como embriagada de consuelo al sentirse vindicada
bajo la protección de Yahvé.
Y se especifican esas consolaciones, y la primera de ellas la paz: voy a derramar la paz
como río. Jerusalén, siempre en tensión con las invasiones de sus enemigos, va a sentir por primera
vez la máxima consolación: la paz total como consecuencia de un nuevo estado de cosas. Y
con ella vendrá la gloria de las naciones (v.12b), sus riquezas y tesoros. Y sobre todo vendrán
los hijos de Sión que se hallan dispersos: sus niños de pecho serán llevados a la cadera. (v.12c).
Es la misma profecía que hemos visto en 60:4. Los gentiles llevarán a los judíos, acariciándolos
como niños de pecho sobre su seno. Yahvé mismo consolara personalmente a los israelitas como
lo hace una madre con su hijo. Jerusalén será motivo de consuelo para sus habitantes: en Jerusalén
seréis consolados (ν.13). Ante este espectáculo, los ciudadanos de Sión sentirán que sus huesos
reverdecerán como la hierba (v.14). Es la consecuencia de la alegría profunda que siente. La
tristeza seca los huesos, según repetidamente se dice en la Biblia4, y, al contrario, el gozo y la
satisfacción los vivifican, como se vivifican las hierbas con la humedad.
Y todo ello como consecuencia de que la mano de Yahvé se dará a conocer a sus siervos
(v.14b); su omnipotencia (la mano de Yahvé) se manifestará plenamente en la inauguración de la
nueva era mesiánica, castigando con furor a sus enemigos. Es la contrapartida. Los justos serán
felices, mientras que los impíos, que se opusieron como enemigos a la manifestación de Dios,
serán duramente castigados.
Castigo de los enemigos de Yahvé (15-17).
15 Porque he aquí que llega Yahvé en fuego, y es su carro un torbellino, para tornar
su ira en incendio, y sus amenazas en llamas de fuego. 16 Porque va Yahvé a juzgar
por el fuego, y por la espada a toda carne, y caerán muchos a los golpes de Yahvé. 17
Los que se santifican y purifican para ir a los jardines tras uno que está en medio,
que comen carne de puerco y manjares abominables y ratas, juntamente perecerán,
1920
dice Yahvé.
Ese castigo no se hará esperar, pues llega Yahvé en fuego, según la imagen tradicional.5 Su oficio
va a ser purificar y discriminar, y por eso el fuego es el símbolo de la purificación. Yahvé viene
en un torbellino (v.15a), según las teofanías antiguas del Éxodo y del Sinaí; siempre rodeado de
majestad, dominando las fuerzas de la naturaleza. Viene a manifestar su enojo con un incendio,
en llamas de fuego. El profeta trabaja siempre con las imágenes tradicionales del Dios airado del
Sinaí.6 La literatura apocalíptica recargará estos colores dramáticos: el juicio de Dios será siempre
por el fuego.7 Nadie se escapará de su castigo: va a juzgar toda carne (v.16). Todos los pecadores
en general están comprendidos entre estos que caerán a los golpes de Yahvé.
Y concreta más el profeta los transgresores que serán objeto de particular castigo divino:
los que se santifican y purifican para ir a los jardines (ν.17a). Es una alusión a los que iban a
cumplir ritos idolátricos en los jardines y lugares frondosos, símbolo de la fecundidad comunicada
por determinadas divinidades afrodisíacas, como Istar y Adonis. La frase tras uno que está en
medio (ν.17) parece aludir a algún rito según el cual los fieles cumplían ciertos actos de purificación
guiados por un mago o mistagogo. En Ez 8:11 se habla de un mago que en medio de 70 ancianos
cumple ritos esotéricos. Además, no tienen escrúpulo en comer viandas prohibidas por la
Ley: carne de puerco, manjares abominables y ratas (ν.17). Sobre la carne de puerco cf. 65:4.
Los manjares abominables deben de ser los reptiles en general, prohibidos por la legislación mosaica.
8 Lo mismo respecto de las ratas, o roedores en general, prohibidas como animales inmundos.
Convocación de todas las naciones (18-24).
18 Yo conozco sus obras y sus pensamientos. Y vendré para reunir a todos los pueblos
y lenguas, que vendrán para ver mi gloria. 19Yo les daré una señal, y mandaré
sobrevivientes de ellos a Tarsis, a las naciones de Put9, de Lud, de Mosoc10, de Ros,
de Tubal y de Yaván, de las islas lejanas, que no han oído nunca mi nombre y no
han visto mi gloria, y pregonarán mi gloria entre las naciones. 20Y de todas las naciones
traerán a vuestros hermanos ofrendas a Yahvé en caballos, en carros, en literas,
en mulos y en dromedarios, a mi monte santo, a Jerusalén, dice Yahvé, como
traen los hijos de Israel la oblación en vasos puros al templo de Yahvé. 21Y también
yo elegiré de entre ellos sacerdotes y levitas, dice Yahvé. 22Porque así como los cielos
nuevos y la tierra nueva que yo voy a crear subsistirán ante mí, dice Yahvé, así subsistirá
vuestra progenie y vuestro nombre, 23y de novilunio en novilunio, de sábado
en sábado, toda carne vendrá a prosternarse ante mí, dice Yahvé, 24y al salir verán
los cadáveres de los que se rebelaron contra mí, cuyo gusano nunca morirá y cuyo
fuego no se apagará, y serán horror a toda carne.
La primera frase del v.18 se refiere a las abominaciones de que hablaba el ν.17. El castigo vendrá
precisamente porque sus obras y pensamientos no son conformes con los mandatos de Yahvé,
que lo sabe todo.
Y a continuación la mente del profeta se dilata en un horizonte universalista. Todos los
pueblos podrán ser testigos de la gran manifestación de Yahvé, que vendrá a reunir todos los
pueblos y lenguas (v.15b) para que sean testigos de su gloria o manifestación gloriosa y magnifícente
del Dios de Israel. Yahvé mismo dará una señal (v.16a) para que se concentren todos los
pueblos. Será un signo prodigioso que llame su atención y los atraiga hacia Sión. Los supervi1921
vientes parecen ser los que se libraron del juicio del que se habla en el v. 16, y que pueden ser los
paganos buenos, “prosélitos,” que se adhirieron a los rescatados de Israel. 11 Vienen de Tarsis, el
extremo occidente, en la desembocadura del Guadalquivir 12; de Put, que aparece en la tabla genealógica
de Gen 10:6 juntamente con Misraím (Egipto). 13 Parecen ser los habitantes del sudeste
de Egipto. Mosoc, al sudeste del mar Negro. 14 Ros, nombre supuesto en relación con el anterior.
Tubal, vecinos de Mosoc, al sudeste del mar Negro. Yaván son los “jonios” o griegos. 15 Todos,
desde las islas lejanas, aun los que no han oído jamás el nombre del Dios de Sión, se harán eco
de la gloria de Yahvé entre las naciones, o pueblos gentiles. Es el reconocimiento de la soberanía
de Yahvé en todo el orbe conocido. Y como homenaje traerán ofrendas en todos los medios
de transporte: caballos, dromedarios, etc. Es un pasaje paralelo a 60:5-7. El punto de convergencia
es el monte santo, la colina de Sión, donde se asienta el templo, morada de Yahvé;
por eso las ofrendas son para los hermanos o moradores de la Ciudad Santa.
En el v.21 hay una promesa extraña. Parece que Yahvé va a escoger, de entre los gentiles,
sacerdotes y levitas (v.21). Esto es algo excepcional. En 61:5-6 se decía que los israelitas serían
sacerdotes, y los otros pueblos serían sus servidores. Por eso muchos autores creen que la frase
entre ellos se refiere a los israelitas de la diáspora, que al entrar en la Tierra Santa ejercerían
funciones sacerdotales, al menos algunos de ellos, a quienes Dios escogiera por su vinculación a
la tribu de Leví. Sin embargo, no pocos autores ven aquí una proclamación enfática de un orden
nuevo: yo elegiré (v.21), lo que indicaría como una medida excepcional fuera de la Ley mosaica
recibida. 16 Esto estaría en consonancia con la situación totalmente nueva creada por los cielos
nuevos y la tierra nueva (v.22a) de que se habla a continuación. Yahvé anuncia una profecía de
permanencia eterna de la nueva progenie en la nueva teocracia, como ya se indicó en 65:17. 17
Este fragmento tiene un aire escatológico. Toda la humanidad participará periódicamente en el
culto del templo de Jerusalén: de novilunio en novilunio., toda carne vendrá a prosternarse ante
mí. La frase toda carne no parece dejar lugar a duda sobre el sentido universalista de la profecía.
Todos los pueblos adorarán a Yahvé, participando en el culto solemne en la ciudad de Sión18.
Las grandes fiestas eran los novilunios, o primeros de mes, y los sábados. Esta estructura cultual
sirve de armazón y símbolo del futuro culto en la nueva Jerusalén.
Y, para terminar, el profeta nos reserva el gran “final” de sus oráculos. En contraposición
al estado de triunfo y alegría en que vivirán los escogidos de la nueva Jerusalén está el cuadro
aselador del castigo de los impíos y apóstatas. Al salir de la ciudad después de dar culto a Yahvé,
se verá la manifestación de Yahvé sobre los impíos: los cadáveres de los que se rebelaron contra
mi (v.24 a) yacerán sumidos entre fuego que no se apagará, y serán pasto de un gusano que nunca
morirá (v.24b). El espectáculo será de horror para toda carne. El fragmento es escatológico.
Al iniciarse la era mesiánica habrá un juicio sobre los impíos, que yacerán eternamente para
escarmiento y para glorificación de los justos y de Yahvé. Es un cuadro también hiperbólico
oriental con colores apocalípticos. Joel nos presentará a todos los pueblos exprimidos como racimos
en el valle de Josafat por el propio Yahvé por haber oprimido a Israel 19. En la profecía
que comentamos del libro de Isaías no se especifica el lugar donde estarán estos cadáveres. Sólo
se dice que, al salir de la ciudad, los fieles se encontrarán con este espectáculo. Parece que es en
el valle de “Gehinnom” o “gehenna,” que en Jeremías 7:32-33 aparece como el lugar en que los
israelitas idólatras serán pasto de las fieras y los pájaros. Ese valle, terrorífico en la tradición israelítica
por haber sido el lugar en que se ofrecieron sacrificios humanos a los ídolos, 20 es el actual
wady er-Rababi, al sudoeste de Jerusalén, y que, al unirse con el Cedrón, es llamado hoy día
wady en-Nar, o valle del fuego, por los árabes. En esa depresión, considerada como lugar de
abominación por los israelitas a causa de los terroríficos recuerdos de culto a los ídolos y a los
1922
muertos, se arrojaban las inmundicias de la ciudad. La teología talmúdica coloca aquí la boca del
infierno. Nuestro Señor aplicará el nombre de gehenna al infierno del más allá, y traerá este texto
de Isaías para hablar de los suplicios eternos de ultratumba. 21 El profeta quiere recalcar el castigo
de los impíos, cuyos cuerpos no se consumirán para que lo vean los elegidos. San Juan Bautista
hablará también de un juicio inaugural de Dios por el “fuego” antes de la manifestación del
Mesías. Por carecer de esperanza de retribución en ultratumba, los profetas confunden los diversos
estratos de la etapa mesiánica, y así colocan el juicio discriminador de justos y pecadores antes
de inaugurarse la etapa mesiánica. En realidad, según la perspectiva evangélica, este juicio
tendrá lugar al fin del mundo.
1 Así según el texto griego y el siríaco. El hebreo dice: “todo esto ha sido.” — 2 Cf. Is 57:15; 60:13. — 3 El texto griego lee: “Alégrate,
Jerusalén.” Pero el paralelismo parece más bien sugerir la lectura del texto hebreo que hemos seguido. — 4 Cf. Sal 31:10; 32:3.
La alegría vivifica: Is 44:3. — 5 Cf. Dt 5:22s; Is 29:6; 3:27. — 6 Cf. Hab3:8; Sal 68:17. — 7 Cf. Ez 38:22; Jl 3:2; Am 7:4” — 8
Cf. Lev 7:21; 11.10s; Ez 8:10. — 9 Así según el texto griego; el hebreo dice Pul, desconocido. — 10 El texto hebreo dice “tiradores
de arcos,” que sería corno un epíteto de Lud, o Lydios. Sabemos que éstos eran famosos como arqueros. Cf. Jer 46:9. Hemos
seguido la lectura del texto griego: Mosoc, bien conocido en la geografía bíblica. Cf. Ez 39:2. Ros es una conjetura según este texto
de Ezequiel. — 11 Cf. Is4:2; 37:32; 45:20. — 12 Cf. Is2,i6; 23:10. — 13 Cf. Gen 10,6.13; Jer 46:9; Ez 27:10; 30:5. — 14 Son
los Mosqui y Tibareni de los clásicos, y los Muski y Tabal de los asirios. Cf. Ez 32:26. — 15 Así Dennefeld, o.c., p.234. — 16 De
este parecer es Skinner, o.c., II 254. — 17 Cf. Jer 31:35; 33:25s. — 18 Cf. Zac 14:16. — 19 Jl3. — 20 Cf. Is 33; 57:9; Jer 7:31s.
— 21 Cf. Mc 9:43-47.
Jeremías.
Introducción.
Vida del Profeta.
Jeremías (en heb. Yirmeyahu: “Yahvé exalta”?) aparece en la introducción histórica a sus
oráculos como “hijo de Releías, del linaje de los sacerdotes que habitaban en Anatot,” 1 la actual
Anata, a unos cuatro kilómetros al nordeste de Jerusalén, camino del desierto, que era también la
patria del sumo sacerdote Abiatar, 2 a cuya familia sacerdotal podía pertenecer el profeta. Cuando
era aún muy joven, en el año 13 del reinado de Josías (627 a.C.), fue llamado al ministerio
profético, 3 que ejerció durante los reinados de este rey y de sus sucesores Joacaz (609), Joaquim
(609-598), Joaquín o Jeconías (598) y Sedecías (598-586); y aún sobrevivió a la catástrofe nacional
del 586 a.C. Su vida fue muy agitada, ya que tuvo que sufrir en los vaivenes de la política
después de la muerte del piadoso rey Josías (609). Durante el reinado de éste, colaboró extraordinariamente
en la reforma religiosa emprendida en 622-621, cuando fue hallado el libro de la
Ley en los cimientos del templo. Su vida, en este sentido, es paralela a la de Isaías, que un siglo
antes había prestado auxilio moral en la reforma religiosa emprendida por el también piadoso rey
Ezequías (727-698).
Bajo el rey Joaquim (609-598), el profeta de Anatot tuvo que sufrir mucho, en primer lugar
de sus propios conciudadanos de Anatot 4; y en Jerusalén, por recriminar la impía conducta
del pueblo, fue encarcelado 5; y por anunciar la ruina de la ciudad, los sacerdotes quisieron atentar
contra su vida, siendo librado de la muerte por algunos príncipes que recordaron la profecía
de Miqueas sobre la destrucción de Jerusalén.6 En el año 604 (año cuarto del reinado de Joaquim)
dictó sus oráculos a su amanuense Baruc, y los leyó al año siguiente públicamente en el
templo. Por orden del rey Joaquim — indignado porque Jeremías le echaba en cara su impiedad
1923
y tiranía — fueron quemados7; pero Jeremías los volvió a dictar a Baruc. 8 Más tarde fue encarcelado,
como traidor, por orden del rey Sedecías (597-587). 9 Fue libertado después de la toma
de Jerusalén por los babilonios (586), quedando por algún tiempo dedicado a la consolación de
los vencidos y a la reconstrucción religiosa y nacional del país en colaboración con el gobernador
Godolías, nombrado por Nabucodonosor. Pero la facción ultranacionalista asesinó al gobernador,
huyendo a Egipto, llevándose por la fuerza al profeta, el cual continuó allí su obra de exhortación
a la penitencia. 10 Según la tradición judaica, Jeremías fue lapidado en Egipto por sus
compatriotas, a los que recriminaba su pésima conducta . Según una tradición menos fundada,
Jeremías fue llevado por Nabucodonosor a Babilonia después de haber conquistado Egipto en el
566 a.C. 12
Índole temperamental del profeta.
En el profeta Isaías hemos indicado como características de su temperamento la virilidad,
serenidad y aplomo ante las situaciones críticas, como consecuencia de ser un hombre reflexivo
y aun cerebral, con pocas concesiones a lo afectivo. Jeremías es, al contrario, un hombre de temperamento
afectivo y aun tímido, el cual, sin embargo, tuvo que afrontar situaciones mucho más
críticas que su antecesor Isaías. A pesar de su natural retraído y solitario, el profeta de Anatot,
con la gracia divina, supo mantenerse firme y enérgico cuando llegaba la hora de la intransigencia.
A pesar de tener un profundo amor hacia su pueblo, Jeremías tuvo que predicar el sometimiento
a Babilonia, apareciendo como traidor a la causa nacional. Esta fue su gran tragedia; fue
tan amarga su misión, que muchas veces, llevado de su natural, protesta ante Dios por haberle
obligado a soportar una carga superior a sus fuerzas y que está en contra de sus sentimientos. 13
Quiso orar por la salud de su pueblo, y Yahvé se lo prohibió 14; quiso callar sus oráculos de exterminio
sobre Jerusalén, pero no podía, porque le ardían como fuego en su interior. 15 Varias
veces, en medio de esta lucha psicológica, se atrevió a quejarse de Yahvé. 16
Su misión era la de “destruir, arrancar, arruinar y asolar, levantar, edificar y plantar”17;
debía ser el contrastador de la conducta de su pueblo, 18 el portavoz de la ira de Yahvé, anunciando
la destrucción, 19 mientras que él, dulce y tranquilo por temperamento, hubiera deseado
anunciar cosas agradables al pueblo oprimido 20. Fue durante su vida un signo de contradicción,
21 objeto de las burlas de sus contemporáneos. Hubiera querido huir al desierto para vivir tranquilo.
22 Dios es su seductor, por haberle obligado a aceptar una misión para la que no se siente con
fuerzas. 23 Pero no puede menos de seguir los impulsos de su Dios: “Tú me sedujiste, ¡oh Yahvé!
y yo me dejé seducir. Tú eras el más fuerte, y fui vencido. Ahora soy todo el día la irrisión, la
burla de todo el mundo. Siempre que les hablo tengo que gritar, tengo que clamar: ¡Ruina, devastación!
Y todo el día la palabra de Yahvé es oprobio y vergüenza para mí. Y aunque me dije: 'No
pensaré más en ello, no volveré a hablar en su nombre', es dentro de mí como fuego abrasador,
que siento dentro de mis huesos, que no puedo contener y no puedo devorar.” 24
Su misión es la de ser un signo constante de contradicción: “Soy objeto de querella y de
contienda para todos. A nadie presté, nadie me prestó, y, sin embargo, todos me maldicen. ¿Soy
yo culpable? ¿En el tiempo del infortunio no te rogaba por el bien de los que me odian?”25 No
caben palabras más elocuentes para describir la tragedia íntima de Jeremías, la paradoja de una
vida entregada a una misión que contrariaba a sus afectos más íntimos. Toda su vida fue un sufrimiento
continuo por la incomprensión, el escepticismo, la ironía sangrienta. A pesar de todo,
sentía que Yahvé, aunque su seductor, era también su refugio y su fortaleza, 26 Por eso, en
medio de las contrariedades prosigue su tarea de profeta, de “centinela” de los intereses espirituales
de su pueblo, anunciando el peligro, pero, al mismo tiempo, la era mesiánica, que será el
1924
gran contraste con las angustias e incomprensiones de sus compatriotas. 27
En ningún profeta aparece tan clara la vocación divina al ministerio profético como en
Jeremías, ya que la labor que se impone en nombre de Dios está en total contradicción con su
temperamento, retraído, afectivo y pacífico. Los Santos Padres presentan al profeta de Anatot
como el tipo doliente de Cristo, que es incomprendido de sus compatriotas y sufre por la ceguera
de su pueblo. Hasta su misma vida de celibato le asemeja al Maestro de Nazaret. Pero, naturalmente,
el tipo difiere mucho del antitipo, porque en Cristo no se dan los desahogos airados de
Jeremías, que llega en algunos momentos a desear el castigo de sus enemigos. 28 Es la diferencia
del hombre puramente hombre y el Hombre-Dios.
Ambiente histórico.
A Jeremías le tocó asistir a la mayor tragedia de su pueblo, la catástrofe del 586, en que
tuvo lugar el colapso nacional de Judá como consecuencia de una equivocada política nacionalista
contra el invasor babilonio. Por ello, los últimos años de la vida del profeta no pudieron ser
más agitados, ya que tuvo que hacer frente a la facción egiptófila, que postulaba una resistencia a
ultranza contra el coloso caldeo. En 625 había muerto Asurbanipal (668-625), el monarca más
grande de Asiría, que había logrado llegar con sus tropas hasta Tebas, en el Alto Egipto. Después
de él, el general caldeo Nabopolasar logró liberar a Babilonia del yugo asirio, inaugurando así su
reinado (625-605). Los viejos sueños de Merodacbaladán contra Senaquerib se van a cumplir
ahora, cuando el imperio asirio, gastado, entra en su ocaso. Los medos, por su parte, caen sobre
el nordeste del imperio asirio a las órdenes de Ciáxares, y, al no poder tomar la ciudad de Asur,
se alian con el rebelde Nabopolasar de Babilonia en el sur. El pacto fue sellado por el matrimonio
del hijo de Nabopolasar, llamado Nabucodonosor, con la hija del medo. Después de infructuosos
ataques aislados contra Asur y Nínive, lograron por fin tomar esta ciudad en 612 a.C. El
rey asirio Asuruballit se trasladó a Jarran con ánimo de organizar la resistencia, pero también esta
ciudad cayó en poder de la coalición medo-babilonia. El faraón egipcio Necao II acudió en
auxilio del rey asirio en 609, pero fue derrotado a las puertas de Jarran por Nabopolasar.
En el reino de Judá sucedían también cambios importantes durante este tiempo. En 640
moría el impío rey Manases, que se había dedicado sistemáticamente a deshacer la reforma religiosa
que había emprendido su padre, el piadoso Ezequías, con la aprobación y auxilio moral de
Isaías. Persiguió a los fieles yahvistas, introduciendo, como su abuelo Acaz, los cultos asirios en
el templo. 29 Su hijo Amón seguía la misma conducta, pero fue asesinado en 640 a.C., subiendo
al trono su hijo de ocho años, Josías (640-609), el cual, educado religiosamente bajo la égida de
los sacerdotes, empezó de nuevo la reforma religiosa. En 621 tuvo lugar un acontecimiento notable:
el hallazgo del “libro de la Ley” en los cimientos del templo, al parecer el Deuteronomio
30. Inmediatamente mandó poner por obra sus preceptos relativos a la centralización del culto
y la supresión de todos los santuarios sincretistas que pululaban en el país. Incluso extendió su
reforma religiosa al antiguo reino de Samaría, que desde el 721 era una provincia asiría. 31
El piadoso rey se consideraba dueño de aquellos territorios, y por eso en el 609 salió al
paso del faraón Necao II, con el que trabó batalla desigual en Megiddo, cerca del monte Carmelo,
y allí murió trágicamente (609 a.C.). 32 Con esta pérdida se comprometió toda su obra de reforma
religiosa y se terminó el ciclo de paz relativa que desde hacía veinte años disfrutaba el reino
de Judá. Su hijo Joacaz fue su sucesor, aclamado por el “pueblo de la tierra,” o clase humilde
del país; pero Necao II le depuso, y entronizó en su lugar a su hermano Eliaquim, al que puso el
nombre de Joaquim (609-598) en señal de dominio. 33 El nuevo rey era de carácter despótico y
no favoreció el desarrollo de la vida religiosa en el país, cometiendo torpezas políticas que le lle1925
varon a la ruina. 34 Es bajo su reinado cuando comenzó el calvario de Jeremías, el cual había sido
muy bien considerado por el piadoso Josías. En 605, Nabucodonosor hizo una incursión por la
tierra siro-fenicia-palestina después de haber derrotado al faraón Necao II en Carquemis, 35 persiguiéndolo
hasta la frontera egipcia. El rey Joaquim le ofreció tributo, y así se liberó de la invasión
caldea. Nabucodonosor se volvió a Babilonia para recoger las riendas del imperio al morir
su padre en 605 a.C.
Poco tiempo después, el rey Joaquim de Judá se atrevió a rebelarse contra el babilonio,36
y al principio Nabucodonosor no tomó en serio esta actitud, enviando sólo unas partidas de soldados
caldeos, árameos, moabitas y amonitas para que hostigaran el país de Judá. 37 Pero, una
vez que se vio desembarazado de sus preocupaciones en Babilonia, Nabucodonosor emprendió
una expedición punitiva contra Jerusalén en 598 a.C. 38 Joaquim murió durante el asedio (no está
claro si de muerte natural o violentamente), 39 y le sucedió su hijo Joaquín o Jeconías, el cual capituló
a los tres meses de subir al trono, siendo llevado en cautividad, con su familia y lo más
selecto de la nación, a Babilonia. 40 Nabucodonosor puso en su lugar en el trono a su tío Matanías
(hermano de Joaquim y de Joacaz), cambiándole el nombre en Sedecías (597-587). Al principio
éste se mantuvo dócil al rey caldeo, mas en 594 entró en relaciones con los pueblos vecinos
para insurreccionarse contra Babilonia; pero, por la intervención de Jeremías,41 la coalición antibabilónica
no tuvo realización formal.
Egipto, por su parte, fomentaba la insurrección de los reyezuelos de Palestina contra el
coloso babilonio. En el 589 subió al trono egipcio Hofra, el cual al punto orientó su política contra
Nabucodonosor. Este decidió jugar la carta definitiva, y así se vino al occidente, estableciendo
su cuartel general en Ribla, junto al Orontes (Alta Siria), seguramente para dirigir las operaciones
contra Tiro, que continuaba resistiendo42. Contra Judá envió a uno de sus generales,
Nabuzardán, el cual se apoderó de las pequeñas ciudades hasta lograr aislar a Jerusalén (589
a.C.). Ante el ataque del faraón Hofra, el ejército caldeo se vio obligado a levantar el sitio de Jerusalén
para atacar al ejército egipcio, al que venció, llegando hasta las fronteras de Egipto. 43
Después el general babilonio se entretuvo en asediar a Laquis y Azeca antes de volver al asedio
de Jerusalén. Esta tardanza hizo nacer el optimismo entre los jerosolimitanos, los cuales llegaron
a apropiarse de nuevo los esclavos que habían manumitido. 44 Pero no tardó en comenzar de
nuevo el asedio, y las condiciones de resistencia se hicieron imposibles. Jeremías predicaba la
capitulación para evitar el desastre completo. Sedecías no supo imponerse a la facción nacionalista
fanática, y en un momento de confusión huyó por una brecha, siendo alcanzado por los soldados
caldeos en la llanura de Jericó, donde fue apresado y llevado a presencia de Nabucodonosor
en Ribla. Más tarde fue llevado al exilio, sin que se sepan más noticias de él. Mientras tanto,
Jerusalén caía en poder de los babilonios en julio del 586 a.C.; la parte cualificada de la población
fue llevada en cautiverio hacia Babilonia, y Judá fue convertida en provincia babilónica. El
vencedor nombró gobernador de dicha provincia arruinada al nativo Godolías, amigo de Jeremías.
El nuevo gobernador procuró rehacer la vida política, económica y social de la nación; pero la
facción ultranacionalista le asesinó, y los judíos, temiendo la represión, huyeron a Egipto, llevándose
con ellos al profeta Jeremías, el cual se oponía a esta huida. Así terminó la vida de Judá
como nación.
En este ambiente de inseguridad y de tragedia personal debemos estudiar los oráculos de
Jeremías. No es fácil establecer una cronología de la mayor parte de sus oráculos, pero conocemos
perfectamente el ambiente histórico en que se desarrolló su trágica vida, y esto nos sirve para
comprender la actividad profética y literaria del profeta de Anatot, que merece el nombre de
mártir.
1926
El libro de Jeremías.
Los escritos profético-históricos que han llegado a nosotros con el nombre de Jeremías
son — como los de Isaías — una colección desordenada de oráculos y de datos históricos, recopilados
sin orden cronológico por un redactor posterior al profeta. Como en el libro de Isaías,
pudiéramos distribuir los oráculos jeremianos lógicamente, según los tres apartados siguientes:
a) profecías contra Judá y Jerusalén; b) profecías contra las naciones paganas; c) profecías relativas
a la restauración de Israel como nación. Pero esta distribución lógica no corresponde a la
cronológica y, sobre todo, no coincide con la distribución de los oráculos en el actual libro de
Jeremías. Para darnos una idea de la distribución anómala de los oráculos, presentamos el cuadro
siguiente según las indicaciones cronológicas del libro actual:
a) Reinado de Josías (640-609):
1:2 (año 13 de Josías: 627 a.C.).
3:6 (en tiempo de Josías: 626-609).
b) Reinado de Joaquim (609-598):
26:1 (principio del reinado de Joaquim: 608).
25:1 (año 4 de Joaquim: 605).
36:1 (año 4 de Joaquim: 605).
45:1 (año 4 de Joaquim: 605).
35:1 (durante el reinado de Joaquim: 609-598).
7:1 (principio de Joaquim: 608).
c) Reinado de Sedecías (598-586):
24:1 (después de la deportación de 598).
29:1 (después de la deportación de 598).
27:1 (al principio del reinado de Sedecías: 598).
28:1 (al principio del reinado de Sedecías: 598).
49:34 (al principio del reinado de Sedecías: 598).
32:1 (año 10 del reinado de Sedecías: 588).
33:1 (al tiempo de la detención de Jeremías: 588).
34:1 (durante el asedio de Jerusalén: 588-587).
37:1-6 (durante el asedio de Jerusalén: 588-587).
39:1-15 (poco después de la toma de Jerusalén: 586).
40:1 (poco después de la toma de Jerusalén: 586).
44:1 (mientras el profeta estaba en Egipto: 5865).
De esta distribución cronológica se deduce que la compilación actual se ha hecho en diversas
épocas y sin criterio uniforme. Sin embargo, en la distribución actual del libro de Jeremías podemos
dividir los oráculos en tres partes:
Parte I: Vaticinios contra Judá (c.2-29).
1. Corrupción general (c.2-6).
2. Contra el fetichismo del templo y el formalismo religioso (c.7-10),
3. Dios no perdonará al pueblo que infringe el pacto (c.11-17).
4. Simbolismo de la vasija rota. Sufrimientos de Jeremías (c. 18-20).
5. Invectivas contra la corte y los jefes políticos y falsos profetas (c. 21 — 23). Simbo1927
lismo de los dos cestos de higos (c.24).
6. Predicción del exilio de setenta años y oráculos contra las naciones (c.25).
Discurso en el templo y peligro para Jeremías (c.26). Muerte del profeta Urías (c.26:20).
Jeremías y los falsos profetas (c.27-28).
7. Carta a los deportados (c.29).
PARTE II: La Era Mesiánica (c.30-33)
1. Retorno de Israel renovado (c.30-31).
2. El nuevo pacto (31:315).
3. Compra simbólica del campo de Anatot (c.32). 4· Israel en la paz mesiánica (c.33).
PARTE III: Vaticinios Durante el Asedio de Jerusalén (c.34-40)
1 Contra la injusticia de tomar de nuevo a los esclavos (c.34).
2. Los recabitas (c.35).
3. El “rollo” quemado por Joaquim (c.36).
4. Encarcelamiento de Jeremías (c.37-38).
5. Toma de Jerusalén (c.39-40).
Parte IV: Vaticinios después de la caída de Jerusalén (c.40-45).
1. Godolías, gobernador (c.40-41).
2. Huida a Egipto (c.42-43).
3. Jeremías predice la suerte de los refugiados y de Egipto (c.43-44).
4. Apéndice: Vaticinio sobre Baruc (c.45).
Parte V: Vaticinio contra las naciones (c.46-51)
Apéndice: Fin de Jerusalén. Liberación de Joaquín (c.52).
Distribución Lógico-Cronológica General de los Oráculos.
I. Introducción: Vocación de Jeremías (1:1-19).
II. Oráculos contra Judá: (c.2:1-45:5).
1. Oráculos en tiempo de Josías (2:1-6:30).
Iniquidad del pueblo e ingratitud (2:1-3:5).
Las dos hermanas Israel y Judá, perversas (3:6-6:30).
2. Oráculos en tiempo de Joaquim (7:1-29:32).
Contra la falsa confianza en el templo (7:1-10,25).
Castigo por el pacto quebrantado (11:1-13:27).
Reprobación de Judá (14:1-20).
La cautividad anunciada (25:1-38).
Jeremías es condenado y salvado (26:1-24).
La muerte de Urías profeta (26:20).
Jeremías y los falsos profetas (27:1-28:17).
Epístola de Jeremías a los exilados (20:1-32).
3 Vaticinios en tiempo de Sedecías (21:1-24:10).
Contra la casa real, la corte y los falsos profetas (21:1-23:4).
Símbolos relativos a la suerte de Judá (24:1-10).
4 Vaticinios de salvación mesiánica (30:1-33:26).
1928
Restablecimiento de Israel (30:1-31:30).
Nueva alianza (31:31-40).
Compra del campo, símbolo de la restauración (32:1-44).
Enmienda del pueblo y restauración (33:1-26).
5. Últimos vaticinios y sufrimientos de Jeremías (34:1-36:32).
Contra Sedecías y el pueblo (34:1-22).
Fidelidad de los recabitas (35:1-19).
Joaquim manda quemar los escritos de Jeremías (36:1-32).
6. Sucesos durante el asedio de Jerusalén (37:1-40:6).
Jeremías encarcelado y salvado (37:1-38:13).
Coloquio de Jeremías con el rey (38:14-28).
Destrucción de Jerusalén (39:1-40:6).
7. Después de la destrucción de Jerusalén (40:7-54:5).
Godolías, gobernador de Judá (40:7-41:18).
Fuga de los judíos a Egipto (42:1-43:7).
Jeremías en Egipto (43:8-44:30).
Consolación de Baruc (45:1-5).
III. Oráculos contra las naciones paganas (46:1-51:64).
1. Contra Egipto (46:1-28).
2. Contra los filisteos (47:1-7).
3. Contra Moab (48:1-47).
4. Contra Amón (49:1-6).
5. Contra Idumea (49:7-22).
6. Contra Damasco (49:23-27).
7. Contra Arabia (49:28-33).
8. Contra Elam (49:34-39).
9. Contra Babilonia (50:1-51:64) 45.
Apéndice histórico: Cautividad de Sedecías, liberación de Jeconías. Destrucción de Jerusalén
(52:1-34).
Autenticidad.
A la vista de esta distribución, podemos decir que el actual libro de Jeremías es una colección
de oráculos y de relatos de diferentes épocas de la vida y actividad del profeta, que han
sido reunidos al azar en el transcurso del tiempo. En realidad, parece que antes de reunirse en
esta colección general existieron antes con unidad independiente en colecciones particulares,
como resultado de aportaciones de redactores diferentes. Se suelen reconocer tres estratos en la
formación de la actual colección de escritos de Jeremías: 1) oráculos en primera persona (c.1-
25); 2) oráculos en tercera persona (c.26-35); 3) biografía del profeta (en tercera persona), dispuesta
según un orden cronológico (c.36-45). La primera sección podría en general considerarse
como redacción personal del profeta46. En ella está la sección de las llamadas confesiones de Jeremías,
porque el profeta refleja sus luchas y problemas personales por cumplir fielmente su ministerio
profetice, impuesto por Yahvé. Ningún profeta nos ha revelado como Jeremías ese carácter
“íntimo” del oficio profético. Con toda sinceridad expresa sus dificultades, ansiedades, pensamientos
y deseos y los de su Dios. 47
1929
La parte biográfica, en que se habla en tercera persona, y algunos oráculos pueden ser
obra de Baruc, su secretario. De todos modos hay que reconocer el carácter fragmentario de cada
una de estas secciones. En el texto actual se dice que el profeta dictó algunos de sus oráculos y
hechos personales a Baruc.48 Algunos de ellos aparecen en primera persona,49 mientras que otros
están redactados en tono narrativo, en tercera persona.50 Los relatos de los c.37-44 parecen ser
obra de Baruc, el cual puede considerarse como el principal compilador-redactor de la actual colección.
Sin embargo, esto no quiere decir que no haya abundantes adiciones posteriores al mismo
Baruc.51 De hecho, muchos textos tienen gran parecido con otros del libro de Ezequiel,52 lo
que indica que las tradiciones oraculares de ambos profetas se interfieren mutuamente, y un redactor
posterior, sin mayor preocupación crítica, los asignó a alguno de ellos para que se conservaran
en la colección canónica.
Texto y versiones.
Es célebre en la historia de la exégesis la gran discrepancia en el libro de Jeremías de los
textos hebreo, masorético y griego de los LXX. La Vg sigue el texto hebraico. 53 En el texto
griego falta la octava parte (unas 2.700 palabras) del TM. Esta tendencia a abreviar se concreta
en la supresión de epítetos de Dios, fórmulas accesorias que no afectan a la sustancia de los oráculos.
Incluso faltan algunos versículos íntegros.54 Además, la disposición de muchos de los oráculos
no es igual en el TM y en el texto griego, pues éste coloca los oráculos contra las naciones
después de 25:13, mientras que en el TM ocupan los c.46-51. Todas estas diferencias pueden explicarse
por la diversidad de criterio del recopilador hebreo y el traductor griego. Así, bien pudo
éste tener un criterio abre viador, y por ello suprime cosas que le parecen redundancias. Muchos
autores,\sin embargo, suponen que hubo en principio dos textos originales hebreos, uno más ceñido
y breve, seguido por el traductor griego y otro más amplificado y redundante, que estaría
extendido en Palestina.55
La Vetus Latina está traducida sobre el texto griego, mientras que la versión de San Jerónimo
(actual texto de la Vulgata) está sobre el texto hebreo masorético.56 La versión siríaca llamada
Peshitta es muy afín al TM, aunque parece que en su redacción actual tiene influencias de
la versión de los LXX e incluso del Targum de Jonatán 57.
Estilo literario.
La personalidad del profeta queda perfectamente retratada en su estilo, el cual, lejos de
tener el vigor de expresión y la ironía de Isaías, se desliza ingenuamente, reflejando las ansias de
paz de un alma atribulada. Se le ha querido comparar con el estilo virgiliano, 58 pero su situación
psicológica es muy distinta de la del gran vate romano, y por eso sus expresiones tienen un contenido
de tragedia, que, si no alcanzan el radicalismo del libro de Job, sin embargo, matizan sus
pensamientos de inquietud y aun de desesperación. Jeremías es un alma nacida para la soledad,
la tranquilidad del hogar, y, sin embargo, es lanzado por Dios a la vida agitada política de Judá
en los momentos más críticos de su historia. Por otra parte, es un temperamento claramente afectivo,
y en esto habría que compararlo con el profeta Oseas, pero no posee la riqueza de imaginación
de éste. Pudiéramos caracterizar el estilo literario de Jeremías como carente de adorno. Con
la mayor sencillez y sin pretensiones expresa sus profundas ideas, generalmente coloreadas con
un aire de tristeza y amargura.
Por otra parte, en sus oráculos es propenso a la repetición de frases, imágenes y pensamientos.
59 En su predicación suele depender mucho de la de los profetas anteriores y aun de la
doctrina deutero-nomística, lo que es perfectamente explicable teniendo en cuenta que en su
1930
tiempo se encontró el libro de la Ley (probablemente el Deuteronomio), el cual le proporcionaba
muchas expresiones e ideas estereotipadas para dar a entender sus propias ideas. Sin embargo, no
se debe negar a Jeremías la elevada inspiración literaria y poética, ya que, aunque a veces su estilo
es difuso y abunda en frases estereotipadas, con frecuencia es muy original en sus simbolismos
e imágenes, algunas de belleza extraordinaria. Así, habla de Dios como fuente de agua viva,
60 y a Israel lo compara a una camella o asno salvaje que anda alocado tras de los ídolos, 61 y
en momentos de especial afección lo compara a una viña amorosamente cuidada por su Dios. 62
Tenía una especial predilección por la vida solitaria campestre, deseando habitar en una
“cabaña de viandantes” en el desierto. 63 También siente nostalgia de la paz doméstica. La vida
de celibato le ha sido impuesta por Dios.64 En las confesiones65 es donde mejor se revela el alma
profunda del profeta. Su lucha interior entre sus afectos más queridos y su misión parece reflejada
en una serie de expresiones sublimes, de una sinceridad desconcertante. En todas sus palabras
hay un tono elegiaco y descorazonador, que sólo parece superado por el realismo y vigor
de expresión del libro de Job. Algunos autores le han proclamado el poeta más grande entre los
profetas de la Biblia.66 Esta afirmación parece basada en el aspecto puramente “psicológico” de
la poesía jeremiana 67; pero, en conjunto, la elevación poética de Jeremías no se acerca a la de
Isaías. Desde el punto de vista estilístico del lenguaje, el hebreo de Jeremías es muy inferior al de
Isaías, pues aunque es clasicista, sin embargo, no es un estilo tan depurado y aticista como el de
su gran antecesor. San Jerónimo dice que el estilo de Jeremías es “sencillo y propio de uno que
no está habituado a la elegancia ciudadana y literaria, como lo estaba Isaías.”68 Los lingüistas
encuentran en las expresiones de Jeremías influencias aramaicas en cuanto al vocabulario y a la
sintaxis. 69
Aparte de la predicación oracular, Jeremías tiene especial preferencia por las acciones
simbólicas para plasmar mejor sus ideas. 70 Este género de predicación era muy adaptado a la
mentalidad poco evolucionada de muchos de sus oyentes. Como oriental, el profeta busca impresionar
con sus acciones. Ezequiel seguirá esta pauta, y con él otros profetas.
Doctrina teológica.
En Jeremías encontramos las nociones teológicas comunes que ya hemos visto en Isaías,
pues habían sido ya propuestas por Amos, Oseas y Miqueas. La gran tradición yahvista se continúa
según las grandes ideas monoteístas en el sentido más estricto. Podemos distinguir en la predicación
de Jeremías los siguientes apartados teológicos.
1. Dios. — Enfáticamente se dice que los ídolos son “vanidades,”71 y, por tanto, implícitamente
se expresa la idea de la sola existencia del Dios de Judá e Israel, que es la “fuente de la vida,” 72
y, como Dios, escruta y penetra los más íntimos pensamientos de los hombres. 73 La trascendencia
divina aparece en la clara afirmación sobre la creación y conservación de todas las cosas por
Yahvé. 74 Como Señor de todo, domina los elementos de la naturaleza y siembra la vida.75 Es
omnisciente, y todo lo ha creado y dispuesto con sabiduría.76 Es el Dios omnipotente,77 pero su
fuerza no es ciega, sino que la atempera a las exigencias de su justicia.78 Como Juez justo, da a
cada uno lo que es suyo. 79 Pero su justicia está contrarrestada con su misericordia. 80
2. Dios y la humanidad, — Supuesto que todo ha sido creado por Dios, se sigue que todas
las naciones deben reconocerle como tal.81 Su influencia no se limita sólo a los destinos del reino
de Judá e Israel, sino que dirige el curso de la historia de las naciones. Incluso se promete a los
gentiles que le reconozcan por Dios el “habitar prósperamente en medio del pueblo” elegido. 82
Pero por sus pecados tendrán que apurar la “copa de su ira,” como lo ha tenido que hacer el propio
Israel. 83 Dios es el que señala los confines de los pueblos, incluso de los paganos. 84 Y no
1931
sólo su justicia descargará sobre ellos, sino que también su misericordia les abraza a todos, y sus
ciudadanos podrán disfrutar de los mismos derechos que los del pueblo elegido.
3. Dios e Israel. — Los vínculos que Dios tiene con la humanidad en general quedan reforzados
cuando se trata de Israel, pues fue escogido por El con designios providenciales y le ha
prodigado toda clase de protección a través de la historia. 85 El profeta compara el cuidado que
Dios tiene de Judá al de un agricultor que cuidadosamente cultiva su viña.86 Como Oseas, compara
las relaciones de Israel con Dios a las de dos esposos, que han hecho una alianza. 87 Las expresiones
en este sentido son sumamente tiernas. 88 Dios e Israel se pertenecen mutuamente. 89
Por eso la apostasía de Israel, yéndose tras de los ídolos, reviste los caracteres de un verdadero
adulterio. 90 Israel debía estar unido a Yahvé como el ceñidor a la cintura del que lo lleva, 91 único
medio de preservarse intacto. La base de tales relaciones está en el pacto del Sinaí, 92 pero Judá
ha roto el “pacto,” 93 y por eso Yahvé enviará el castigo y la ruina. Después del castigo purificador,
Dios hará una “alianza nueva,” escrita en los corazones, de forma que no haya lugar a su
quebrantamiento. 94 Israel volverá después del exilio a ser el hijo “primogénito,” 95 y Yahvé volverá
a ser el pastor único de la grey. 96
Todas estas relaciones se refieren a Dios e Israel como colectividad nacional, pero con la
prueba del exilio la responsabilidad individual adquiere más relieve: “En esos días ya no se dirá
más: Nuestros padres comieron las agraces, y los hijos sufrimos la dentera, sino que cada uno
morirá por su propia iniquidad; quien coma el agraz, ése sufrirá la dentera.” 97 En efecto, el profeta
se plantea problemas puramente personales, sin conexión con la nación israelita como colectividad;
así inquiere la razón de sus propias angustias y tragedias íntimas y se plantea el problema
sobre la ecuación entre méritos y premios, pecados y castigos, siendo así un antecesor del
libro de Job 98. El tono a veces se asemeja al de los Salmos, en los que con toda viveza se plantean
las angustias personales de los justos perseguidos y despreciados.
4. El pecado. — En su primera fase de predicación, el profeta fustiga los pecados de Israel
como nación, y por ello será castigado por Yahvé. El pecado “nacional” era la idolatría, el
sincretismo religioso y el abandono sistemático de Yahvé como único rector de los destinos de
Judá. En esto contrasta con la conducta de los pueblos paganos, que nunca abandonan a sus dioses.
El profeta pone en boca de Yahvé esta queja lacerante: “¿Qué tacha hallaron en mí vuestros
padres para apartarse de mí e irse en pos de la vanidad de los ídolos?” 100 El pueblo ha abandonado
totalmente la Ley y se ha entregado a toda clase de excesos: lujuria, violencia, atropellos
sociales, falsedad, perjurios, 101 y esto no sólo en la clase humilde, sin formación, sino también
en la clase directora 102. El profeta insiste en la malicia del corazón humano como fuente de pecados
103; por eso, en la nueva teocracia mesiánica suspira por un cambio de “corazones,” ya que
no basta la Ley escrita, sino que era necesario grabarla en lo más íntimo de la personalidad
humana 104. El profeta suspira por una unión más íntima del hombre con Dios como “fuente de
vida,”105 como fruto de una reconciliación con El por el arrepentimiento y la penitencia. 106
5. Las observancias religiosas. — Como Isaías y los profetas que le precedieron, Jeremías
detesta el mero formalismo religioso, al que considera como una hipocresía. Enérgicamente
protestaba por la confianza fetichista en el templo de Jerusalén como medio de liberarse de la ira
divina. 107 Ante todo predica Infidelidad a Yahvé” como consecuencia de un conocimiento profundo
de su Ley. Para él, la “verdadera religión” consiste en la práctica de la justicia con el prójimo
108 y la “circuncisión del corazón,”109 lo que implica obediencia a la Ley de Yahvé. 110 Los
valores éticos deben prevalecer sobre los ritos formalistas de culto: “¿A mí qué el incienso
de Sabá y las cañas aromáticas de tierras lejanas? Vuestros holocaustos no me son gratos, vuestros
sacrificios no me deleitan.” 111 Hasta el “arca de la alianza” será sustituida en el nuevo orden
1932
de cosas, donde prevalecerá la religión del “corazón.”112 Esa interioridad de la religión en Jeremías
se refleja en su espíritu profundo de oración. En todos los momentos críticos de su
vida ha acudido a la plegaria como solución a los grandes problemas; así ora por la nación. 113
Dios le prohibe que ore por el pueblo para no verse obligado a emplear su misericordia. 114 Enfáticamente
afirma el profeta la eficacia de la oración confiada. 115 En este aspecto, la personalidad
de Jeremías es paralela a la de muchos salmistas, que, movidos de una religiosidad profunda,
acuden a Dios como único valedor de sus intereses. 116
6. Ideas mesianicas. — A pesar del espiritualismo tan elevado de los oráculos de Jeremías,
apenas se encuentran en sus escritos promesas claras mesianicast como hemos visto, al menos
en lo referente a la persona del Mesías, en Isaías. Naturalmente, el profeta tiene una profunda
esperanza en los destinos mesianicos del pueblo israelita como tal. Así anuncia la restauración de
la nación después del castigo del exilio, la cual será gobernada por jefes que, lejos de esquilmarla,
como antes, la ayudarán a conseguir toda clase de felicidades. 117 Israel y Judá volverán a
unirse para constituir una nación sola, como en el pasado. 118 El templo será nuevamente purificado
de toda contaminación, y la ciudad, reedificada. El nombre del futuro rey — reencarnación
de David (“suscitaré a David, vástago de justicia”) — será el símbolo de la nueva teocracia y llevará
el nombre prometedor de “Dios, nuestra justicia.”119 Todos reconocerán al nuevo rey, vástago
de David, como lugarteniente de Yahvé, 120 porque implantará un reinado de justicia y de
equidad: “Yo suscitaré a David, vástago de justicia, que como verdadero rey reinará prudentemente
y hará derecho y justicia en la tierra. En sus días será salvado Judá, e Israel habitará en
paz.”121 Y toda esta situación de paz vendrá como consecuencia de una “nueva alianza” — grabada
en los corazones — signada entre Yahvé y su pueblo. El pecado desaparecerá y no volverá
a romperse lo pactado, como en días antiguos. 122
Jeremías y el Deuteronomio.
Durante la vida de Jeremías tuvo lugar un acontecimiento trascendental en la vida religiosa
de Judá: el hallazgo del libro de la Ley en los cimientos del templo en 621 a.C. reinando Josías.
123 Generalmente se admite entre los críticos que el libro hallado — cuyo contenido consternó
a los fieles yahvistas de la época por las amenazas que en él se consignan contra los transgresores
de la Ley — es el Deuteronomio, al menos los capítulos 12-26 del mismo. Ahora bien, en
los escritos de Jeremías no encontramos la más mínima alusión a este hecho. Según la Biblia, el
profeta había iniciado su ministerio hacia el año 627 (decimotercer año del reinado de Josías).
¿Qué influencia tuvo el profeta en la reforma religiosa que siguió al hallazgo del libro de la Ley?
Una de las cosas que más se urgieron en esta reforma fue la centralización del culto en el templo
de Jerusalén, como base del retorno a Yahvé. Pero hemos visto que el profeta apenas da
importancia a la religión ritualista externa, a los actos de culto formalísticos, sino a la religión
del corazón. No obstante, no por esto debemos generalizar su actitud de oposición al culto externo.
Como Isaías, ataca a los actos de culto externo cuando van desprovistos de la entrega del corazón
a Dios, con lo que esto supone de reconocimiento de sus derechos, plasmados en la legislación
positiva dada al pueblo elegido. Es verdad que Jeremías urge ante todo la circuncisión del
corazón, 124 la rectitud de intención, 125 la sumisión a la voluntad divina 126 y la práctica de las
virtudes sociales. 127 En esto no hace sino colocarse en la línea doctrinal de los antiguos profetas.
Precisamente en el Deuteronomio se urgen el monoteísmo estricto, el amor a Dios con todo el
corazón y las virtudes sociales como parte fundamental de la vida religiosa. En este sentido, Jeremías
se halla dentro de la línea deu-teronomística. Por otra parte, los críticos han sorprendido
muchas frases en los escritos de Jeremías que parecen depender del Deuteronomio. 128 El fomen1933
tar el culto externo era tarea de los sacerdotes como tales, y de seguro que por su propio interés
no dejarían de inculcar la necesidad de que todos los israelitas fueran a Jerusalén a cumplir sus
votos y sus sacrificios. Jeremías, como los profetas anteriores — Amos, Oseas e Isaías — , ante
todo urgía el cumplimiento de los valores éticos y del espíritu. En esto no hace sino seguir la
pauta de Isaías. También éste tenía que conocer los esfuerzos de reforma religiosa desplegados
por el rey Ezequías — sobre todo la lucha contra los lugares de culto fuera del templo — , y, sin
embargo, Isaías no se preocupa de predicar el cumplimiento de los actos meramente cultuales.
Esta labor incumbía a los sacerdotes, los cuales, por otra parte, apenas se preocupaban de predicar
el cumplimiento de las virtudes sociales y la entrega del corazón a Dios. Jeremías, pues, en
esto no es sino un mero continuador de la antigua tradición profética.
1 Jer 1:1. En 2 Re 22:8 se habla de un sacerdote llamado Helcías, que descubrió el libro de la Ley; pero puede ser otro personaje distinto
del padre del profeta. — 2 1 Re 1:26. — 3 Jer 1:2-19; 25:3- — 4 Jer 11:18-12:6. — 5 Jer 19:1-20,6. — 6 Jer 26:1-19; 7:1-
28. — 7 Jer 11:1-5.9-14; 22:13-19. — 8 Jer 36:1-32. — 9 Jer 27:12-15. — 10 Jer 43:1-44:30. — 11 Cf. A. Condamin, Jérémie,
0.269 XII; J. Gutmann, Jeremía-Apokriphon: “Encyclo-pedia ludaica,” VIII (1931) 1092-1094; Tertuliano: PL 2:137; San Jerónimo,
Adv. Ιου. 2:37: PL 23:335; San Isidoro: PL 83:142. — 12 Cf. Seder Olam Rabba 26. — 13 Jer 15:10-18; 20,7-9.14. — 14 Jer
14:11. 19 Jer 20:8. — 15 Jer 20:7-9. — 16 Jer 15:1. — 17 Jer 1:10. — 18 Jer 6:27. — 20 Jer 28,6. — 21 jer 15:10; 20:8. — 22 jer
20:8. — 23 Jer 20:7. — 24 Jer 20:7-9. — 25 Jer 15:10s. — 26 Jer 16:19. — 27 Jer 36:23; 11:18-21; 18:18-23; 26:8s, — 28 Jer
15:15-16; 20:12. — 29 Cf. 2 Re 21:16. 32 Cf. 2 Par 35:21. — 30 2 Re 22:8s. 33 Cf. 2 Re 23:33; Jer 22:10. — 31 Cf. 2 Re 23:15-
20.. — 34 Cf. 2 Re 23:37; Jer 22:13-17 — 35 Cf. 2 Re 24:7. Véase también Flavio Josefo; Contra Appionem I 19:135-141; y Antiq,
X 11:1:219-221. Véase Bi 8 (1927) p.401. — 36 Cf. 2 Re 24:1 — 37 2 Re 24:2. — 38 2 Re 24:3. — 39 Jer 22:19. — 40 Jer
52:318. — 41 Jer 27:1. — 42 Cf. Ez 29:175. — 43 Cf. Ez 30:20-25. — 44 Jer 34:8s. — 45 Cf. Hopfl-Miller-Metzinger, Introductio
specialis in V. T. (Roma 1946) p.441. — 46 Es la tesis de E. Podechard, Le livre de Jérémie. Structure et formation: RB 37
(1928) 181-197. Nótscher la acepta en general; cf. su obra Das Buch Jeremías (Bonn 1934) 21-23 — 47 Cf. Jer 11:18s; 15:10-21;
17:14-17; 18:18-20; 20,75. — 48 Jer 36:4.27.32; 45:1. — 49 Jer 1:1-6; 11:6.9. — 50 Jer 7:1; 11:1; 19:14; 20:3. — 51 Entre ellas
se suelen citar por los críticos: Jer 10:1-16; 52:1-34; 17:19-27; 50,1-51:58. Cf. A. Condamin, Jérémie et la critique radicale en
Allemagne: RScR 6(1916) 167-184; F. Nótscher, O.C., 21S. — 52 Compárese Jer 3:6-10 y Ez 16 y 23; Jer 7:16; 11:14, Y Ez
14:12-20. — 53 Cf. San Jerónimo, In ler.: PL 28:848. — 54 Por ejemplo: 8:10-12; 10,6-8; 11:75; 17:35; 23:105; 29:16-20. — 55
Así J. Gotsberger, Giesebrecht, E. Tobac, Steuernagel. — 56 Cf. A. Condamin, Les caracteres de la traduction de la Bible par St.
/eróme: RScR 2 (1911) 105-138; A. Penna, S. Gerolamo (Turín 1949) 371-377· — 57 Cf. A. Rahalfs, Beitrdge zu Textkritik der
Peshitta: Zatw 9 (1899) 161-210; P. Churgin, Targum Jonathan to the Prophets (N. Haven 1907). — 58 Cf. A. Penna, o.c., p.17.
— 59 Cf., por ejemplo, 2:28b y 11:133; 4:6 y 6:1b; 5:9 y 9:9; 7:16 y 11:14, etc. Véase una lista más completa en A. W. Streane,
Jeremiah, 34. — 60 Jer2:13 — 61 2:23-24. — 62 2:21. — 63 Jer 9:1. — 64 Jer 16:35. — 65 Jer 11:18-23; 15:10.15-21; 17:14-18;
18:18-23; 20,7-17. — 66 Así P. Volz, Der Pmphet Jeremía (Lipsia 1922) p.xxxvi. — 67 Es la opinión de Λ. Ρεννα, o.c., 18. — 68
San Jerónimo: PL 28:903. — 69 Cf. C. Zimmer, Aramaismi lereminiani (Halle 1880). — 70 Las acciones simbólicas aparecen en
13,is; 18:2s; 18,is; 32:85. — 71 Jer 2:5; 8:19; 18:8. — 72 Jer 2:13. — 73 Jer 23:235. — 74 10:16; 27:5; 31:35-37- — 75 5:24;
10:13; 14:22; 31:35- — 76 32:18; 10:12. — 77 21:1; 32:19; 4:27- — 78 32:19; 3:12; 4:27; 5:18. — 79 31:3-11; 33:11. — 80
16:19. — 81 12,l6. — 82 25:15s. — 83 4:6; 19,3; 22:7; 43:10. — 84 12:l6. — 85 Jer 2:6; 11:4; 23:7; 32:20.21. — 86 Jer 2:21; 12:10;
cf. Is 5:1. — 87 Jer 2:2. — 88 Jer 3:4. — 89 Jer 24:7- — 90 Jer 2:11. — 91 Je 13:11. — 92 Je 11:33; 14:21. — 93 Je 22:9. — 94
Je 31:31s. — 95 Je 31:9- — 96 Jer 23:35. — 97 Jer 31:29. — 98 Job 21:7; Sal 37:1s. — 99 Jer 20:13; cf. Sal 40,18; 70:6. — 100
Jer 2:5. — 101 Jer 5:8; 5:1s; 7:9. — 102 Jer 2:8.26; 5:5; 8:10. — 103 Jer 17:9. — 104 Jer31:31s. — 105 Jer 2:13. — 106 Jer
18:23. — 107 Jer 7:4; 3:134; 33:8. — 108 Jer 22:16. — 109 Jer 4:4. — 110 Jer 7:23. — 111 Jer 6:20; 7:21s; 14:12; 7:4; 11:15. —
112 Jer 12:2:11; 29:13. — 113 Jer7:16; 11:14; 24:6; 32:16. — 114 Jer 7:16; 11:14; 11:11. — 115 Jer 27:18; 37:3. — 116 Sobre la
personalidad espiritualista profunda de Jeremías véanse los siguientes artículos del P. M. L. Dumeste, Le message du prophéte Jérémie:
“Vie Spirituelle,” 55 (1938) 38-59; ID., Jérémie et la religión de l'Esprit: ibid., 156-182; ID., La religión personnelle de Jérémie:
ibid., 56 (1938) 40-59. — 117 Jer 23:8; 31:2-6. — 118 Jer 23:6. — 119 Jer 23:6. — 120 Jer 30:9 — 121 Jer 23:3-7· — 122
Jer 31:31,33· — 123 Cf. 2 Re 23:1-3- — 124 Jer 4:4; 17:1. — 125 Jer ii,20; 17:16. — 126 Jer 3:17; 9:2-5; 22:16. — 127 jer 5:1:6;
9:1-5; 22:135. — 128 Jer 2:5; 8:19; 14:22; 16:19, y Dt 32:21; Jer 2:6 y Dt 32:10; Jer 7:24; 9:14, y Dt 29:19; Jer 4:4 Y Dt 10:16;
Jer 5:15 Y Dt 28:49; Jer 7:18; 8:19; 25:7, Y Dt 4:25; 31:29; 32:16; Jer 7:33; 16:4 Y Dt 28:26; Jer 11:3 y Dt 11:265; Jer 11:4 y Dt
4:20; Jer 11:5 y Dt 7:13; Jer 15:4; 24:9 y Dt 28:25; Jer 23:17 y Dt 29:19.
1. Vocación del Profeta.
El propio profeta nos presenta en este primer capítulo el origen de su vocación y misión como
enviado de Yahvé. Consciente de su responsabilidad, se resiste, porque se considera demasiado
débil para tan gran misión; pero Yahvé le conforta y le fuerza a aceptarla prometiendo
su asistencia. Las tres visiones de este capítulo tienen la misma finalidad y son como una
introducción a todo su libro.
1934
Recapitulación histórica (1-3).
1 Palabras de Jeremías, hijo de Helcías, del linaje de los sacerdotes que habitaban en
Aiatot, tierra de Benjamín, 2 a quien llegó la palabra de Yahvé en los días de Josías,
hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado, 3 y después en
tiempo de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta la deportación de Jerusalén en
el mes quinto.
Esta introducción tiene un carácter redaccional y es fruto de adiciones sucesivas. El núcleo primitivo
parece ser: palabras de Jeremías, hijo de Helcías (v.12), al estilo de los demás profetas.
Las sucesivas adiciones tienen por finalidad introducir la misión de Jeremías tal como aparece en
los 25 primeros capítulos de su libro, que constituyen el núcleo primitivo del mismo. El nombre
de Jeremías, que se suele interpretar “Yahvé exalta,” aparece en otros lugares del Antiguo Testamento.
2 Era de la clase sacerdotal, y su linaje estaba vinculado a la aldea de Anatot, la actual
Anata, a cinco kilómetros al nordeste de Jerusalén, hacia el desierto. Era una de las 13 villas
asignadas a los sacerdotes, 3 y a ella había sido desterrado el sumo sacerdote Abiatar por Salomón,
4 del que Jeremías podía ser descendiente. La localidad pertenecía a la tribu de Benjamín,
en los confines con Judá. La expresión palabra de Yahvé (v.2) es sinónima de comunicación divina
en sentido amplio, sin concretar si se trata de comunicación sensible, imaginaria o intelectiva.
5 Tuvo lugar esta su visión inaugural en los días de Josías, rey de Judá (v.2), uno de los grandes
reyes piadosos de Judá. Subió al trono en el 639 a.C., a la edad de ocho años. Sus antepasados
Amón y Manases habían sido reyes impíos y habían difundido la idolatría. En el 627 (duodécimo
de su reinado) hizo la purificación de la idolatría en Jerusalén y Judá. 6 Es precisamente al
año siguiente cuando tiene lugar la inauguración del ministerio de Jeremías: en el año decimotercero
de su reinado (v.2), es decir, en el 626 a.C.
En este momento, el coloso asirio está a punto de entrar en el colapso definitivo. El gran
rey conquistador Asurbanipal muere en el 625, y con él desaparece el poder de su imperio. Sus
sucesores no logran sujetar las ansias de independencia de los países sometidos, sobre todo de las
tribus de los caldeos (o Kaldim), que merodeaban por las montañas al este del golfo Pérsico e
iban a caer en tromba, a las órdenes de Nabopolasar, sobre el agonizante imperio asirio, para
crear el nuevo imperio babilónico, en el que destacaría como máximo soberano su hijo, el implacable
Nabucodonosor, de triste memoria para el pueblo judío. Precisamente la gran equivocación
del rey Josías de Judá será no comprender el cambio político que se estaba realizando en Mesopotamia,
oponiéndose ingenuamente al faraón egipcio Necao. La consecuencia de su oposición
fue morir trágicamente en Megiddo, en el 609, en lucha desigual con el ejército egipcio. Fue la
gran tragedia para el pueblo de Judá, que no acertaba a comprender que Yahvé permitiera la
muerte de un rey tan piadoso de modo tan trágico, dejando a la nación en una orfandad total, expuesta
a los nuevos golpes que vinieran de los victoriosos egipcios y babilonios. Toda la vida del
profeta Jeremías irá marcada con el estigma de la tragedia nacional. Su carácter débil y melancólico
tenía que enfrentarse con situaciones políticas críticas que sobrepasaban sus energías humanas.
Es preciso tener en cuenta esta situación histórica para comprender su vida y su misión. Su
primera etapa profética se desenvolvió en el reinado del piadoso Josías, que veía muy bien la
predicación de Jeremías. En el 621 se había encontrado el libro de la Ley, y el piadoso rey emprendió
una reforma religiosa a fondo, secundado por el profeta de Anatot. La segunda parte de
su vida se desenvolverá bajo Joaquim, hijo de Josías; pero las circunstancias políticas serán peores.
Al morir trágicamente Josías en la batalla de Megiddo, subió al trono su hijo Joacaz, el cual,
1935
después de tres meses de reinado, fue depuesto por Necao, rey de Egipto, quien a su vez entronizó
al otro hijo de Josías, Eliaquim, al que cambió el nombre en Joaquim, que en hebreo tiene un
valor equivalente? Este reinó del 609 al 598. Poco antes de la rendición de Jerusalén en el 598
muere y le sucede su hijo Joaquín, o Jeconías, el cual sólo reina tres meses, siendo deportado a
Babilonia después de habérsele arrancado los ojos. El invasor babilonio pone sobre el trono a su
tío Matanías, al que cambia el nombre en Sedeáas, hermano de Joaquim y de Joacaz, hijos los
tres de Josías. Tales son los reyes bajo los cuales se desarrolla la actividad de Jeremías. Sedecías
es el último rey de Judá, al que le tocará asistir a la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor
en el 586.
Es el fin del reino de Judá y el principio de la deportación definitiva de sus habitantes,
después de haber sido destruido el templo de Jerusalén: es el año undécimo de Sedecías (v.5). La
frase hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto es probablemente una glosa aclaratoria
de la fecha anterior dada para Sedecías. El mes quinto vuelve a aparecer como fecha exacta de la
destrucción de Jerusalén en Jer 52:12, donde se señala el día 10 del mismo mes, en el año decimonono
del reinado de Nabucodonosor.
Vocación del profeta (4-10).
4 Llegóme la palabra de Yahvé, que decía: 5 Antes que te formara en el vientre te
conocí, antes de que tú salieses del seno materno te consagré y te designé para profeta
de pueblos. 6 Y dije: ¡Ah Señor, Yahvé! He aquí que no sé hablar, pues soy un niño.
7 Y me dijo Yahvé: No digas: Soy un niño, pues irás a donde te envíe yo y dirás
lo que yo te mande. 8 No tengas temor ante ellos, que yo estaré contigo para salvarte,
dice Yahvé. 9 Tendió Yahvé su mano, y, tocando mi boca, me dijo: He aquí que pongo
en tu boca mis palabras. 10 Mira que te constituyo hoy sobre naciones y reinos
para arrancar y destruir, para arruinar y asolar, para edificar y plantar.
El profeta no nos da las circunstancias concretas de esta primera llamada de Dios, como lo hace,
por ejemplo, Isaías.8 Las vocaciones de Isaías y Ezequiel están revestidas de un ambiente solemne
y expectante. En todo caso, en este relato de Jeremías queda claro que su vocación profética
es impuesta por Dios y que él no la busca, sino que más bien es en contra de su carácter
temperamental. No dice cómo recibió esa palabra de Yahvé o comunicación divina, pero él es
consciente de que Dios le habla y le ha elegido, antes de que él se diera cuenta, para esa misión
profética (v.5). La elección de Jeremías por Dios es anterior a su existencia. Dios ha tenido una
presciencia amorosa y selectiva: te conocí; es algo más que un conocimiento especulativo, es un
conocimiento selectivo y afectivo en orden a su misión. Y esto antes de que Jeremías hubiera podido
hacer mérito alguno para obligar a Dios a esta elección. Aunque no es científico incrustar en
la mente del hagiógrafo nociones de teología miderna, no cabe duda que en el contexto se destaca
el acto libérrimo y gratuito de Dios, que elige a Jeremías sin depender para nada de los méritos
de éste, y que el verbo conocí tiene un sentido complexivo de elección y amor, como en otros
lugares bíblicos del A.T. 9
La palabra te consagré, que la Vg traduce por “te santifiqué,” no tiene el sentido de conferir
la gracia santificante. Esto está fuera de contexto. En hebreo significa poner aparte, separar
para el servicío de Dios. Santificar es elevar una cosa a una atmósfera superior para que pueda
entrar en relación con el Dios “santo.” Implica la idea de pureza y la de trascendencia. Pero a veces
santificar o consagrar significa destinar para una misión santa, como se dice a continuación:
te designé para profeta de pueblos (v.5b). En Eclo 49:9 se dice expresamente que Jeremías
1936
fue “consagrado desde el seno de su madre para arrancar, destruir y arruinar.” 10 La misión de
Jeremías como “profeta de pueblos” o de naciones gentiles no se ha de entender como si le correspondiera
ser misionero al estilo del Siervo de Yahvé del libro de Isaías, o de San Pablo en el
Ν.Τ. La labor misionera propiamente tal estaba confinada a sus compatriotas; pero, por concomitancia
y en razón de las circunstancias políticas, tenía que anunciar juicios condenatorios sobre
las naciones circunvencinas, como dirá en el v.9: te constituyo sobre naciones. para arruinar,
destruir. De hecho vemos que en su libro hay muchos oráculos sobre las naciones paganas, pero
todos en relación con los destinos de Israel.
La misión que le encarga Yahvé es inmensa, y el profeta se siente sobrecogido: ¡Ah
Señor, Yahvé! No sé hablar. Soy un niño (v.6). Aquí la palabra niño tiene el sentido de inexperto
para hablar . Isaías se ofrece voluntariamente cuando Yahvé insinúa que quiere enviar un profeta.
12 Jeremías es de temperamento tímido, como se ve a través de su libro. Sólo el auxilio sobrenatural
de Dios hace que se entregue a la más ingrata misión: la de aparecer ante el pueblo como
traidor a su patria por mantener los principios del yahvismo y una política estrictamente religiosa.
La respuesta de Yahvé no se hace esperar: iras a donde te envíe. (v.7). La asistencia de
Dios suplirá su debilidad natural de timidez y le convertirá en un muro de bronce, como dirá más
tarde (v.18).
Después Yahvé hace un gesto de consagración del profeta: tendió Yahvé su mano, y, tocando
mi boca, me dijo (v.8a). Le toca la boca. En Is 6:7 encontramos un rito análogo: uno de
los serafines purifica con un carbón encendido, tomado del altar del templo, los labios impuros
del profeta, queriendo indicar que le purificaba de los pecados. Aquí, en Jeremías, el gesto de
Yahvé parece más bien tener un carácter positivo: darle una ciencia infusa para predicar sus oráculos,
dotándole de especial elocuencia que compensara su inexperiencia y corta edad. Había de
ser la “boca de Yahvé” (v.9). En Ezequiel, el profeta tiene que engullir simbólicamente un rollo
en el que están escritos los oráculos y endechas. 13 No quiere decir esto que, en esta comunicación
inaugural, Dios le haya comunicado por ciencia infusa todas las revelaciones que habría de
transmitir durante su vida, ni que Jeremías, durante todos los actos de su vida, obrase como profeta
y en nombre de Dios. Jeremías, como aparece en su libro, tiene que recibir nuevas revelaciones
sucesivas según las circunstancias. 14 Lo que se quiere indicar en este rito de tocar su boca
Yahvé es la aptitud que le da para hablar oficialmente en nombre de El, dotándole de cierta potestad
de magisterio para ejercer su misión. Naturalmente, estas comunicaciones inaugurales
transmitidas a los profetas dejaban una profunda impresión en su ser para toda la vida, y en cierto
modo los transformaba en otros hombres, pues al sentir el contacto directo con el mundo sobrenatural,
se sentían otros hombres, que sólo vivían para los intereses de Dios.
Después del rito por el que es oficialmente constituido Jeremías en profeta, Yahvé le explica
sustancialmente el sentido de su misión: te constituyo hoy sobre naciones y reinos para
arrancar y destruir., para edificar y plantar (v.10). Por estas palabras, Jeremías es constituido
nada menos que en arbitro de las naciones: su palabra, en cuanto tiene el respaldo oficial de
Yahvé (v.9), será como una espada con doble función punitiva: arrancar y destruir naciones y
reinos, es decir, comunicar los oráculos punitivos que Dios pone en su boca. Como éstos son expresión
de la voluntad de Dios, que rige los destinos de los pueblos, de ahí que las palabras del
profeta realmente pueden arrancar y destruir las naciones y pueblos. Su predicción equivale a su
realización, pues su palabra está cargada de eficacia real efectiva. 15 Y esto también cuando se
trate de edificar y plantar, es decir, restaurar y consolidar las naciones y reinos. No obstante, el
profeta recalca los sinónimos de castigo, repitiéndolos intencionadamente: arrancar y destruir,
1937
arruinar y asolar, lo que parece insinuar que su misión es más bien anunciar castigos divinos
que bendiciones: edificar y plantar. Los Santos Padres han visto en esta doble misión del profeta
un prenuncio de la misión de Cristo, que vino a traer la guerra con desgarrones de corazón y,
al mismo tiempo, a ser bálsamo para restañar las heridas morales de la humanidad.
Visiones relativas a su misión (11-16).
11 Y me llegó palabra de Yahvé, que me decía: ¿Qué ves, Jeremías? Yo le contesté:
Veo una vara de almendro. 12 Y me dijo: Bien ves, Jeremías; pues yo velaré sobre
mis palabras para cumplirlas. 13 De nuevo me llegó la palabra de Yahvé, que decía:
¿Qué ves, Jeremías? Yo contesté: Veo una olla hirviendo y de cara al septentrión. 14
Y me dijo Yahvé: Del septentrión se desencadenará el mal16 sobre todos los moradores
de la tierra; 15 pues he aquí que voy a convocar a todos los reinos del septentrión
17, dice Yahvé, para que vengan y extiendan cada uno su trono a la entrada de las
puertas de Jerusalén, y sobre todos sus muros, y sobre todas las ciudades de Judá. 16
Y pronunciaré contra ellos mis sentencias por todas sus maldades, pues me abandonaron
para incensar a dioses extraños y adorar la obra de sus manos.
En estas dos visiones se contiene un mensaje punitivo de parte de Yahvé. En una visión imaginaria,
el profeta ve una vara de almendro (v.11). Para entender esta visión es necesario comprender
el juego de palabras hebreas que emplea el profeta. Al almendro en hebreo se le llama poéticamente
vigilante, porque es el primero que florece al despuntar la primavera, adelantándose a los
otros árboles.18 Pues, jugando con su nombre, Yahvé dice a Jeremías: Tú ves un (almendro) “vigilante,”
pues así velaré yo sobre mis palabras para cumplirlas (v.12). Como el almendro “vela”
en medio de la naturaleza dormida, así Yahvé “vela” por el cumplimiento de sus palabras relativas
al castigo que va a anunciar en la visión siguiente, y como madruga el almendro (“vigilante”)
entre los demás árboles, así Yahvé madrugará para manifestar su justicia, cuando todos están tan
tranquilos en un sopor moral, como los árboles en el letargo invernal.
La segunda visión explica el sentido inicial de la primera: el profeta ve una olla hirviendo
de cara al septentrión (ν.13). Parece que el sentido es que ve una olla hacia el norte en estado de
ebullición: hirviendo; este detalle nos da la clave de la interpretación de lo que sigue. Esa olla
hirviendo es un ejército enemigo formado con los reinos del septentrión, que amenaza (hirviendo)
con caer sobre Judá. Ese ejército es como un turbión que viene del norte, el camino tradicional
de las invasiones asirías y babilonias, pues éstos subían por la ruta caravanera del Eufrates
hasta cerca del actual Alepo, o atravesaban el desierto por Palmira, camino de Damasco, y caían
sobre Palestina. Esta invasión, pues, viene del septentrión para el profeta, que está contemplándola
en Judá. Otros autores prefieren dar la siguiente interpretación: la olla hirviendo es Judá, y
dentro de ella están los habitantes 19; está orientada hacia el septentrión, como se solía hacer para
que recibiera el aire del norte y que se encendiese fácilmente. Del septentrión vendrá el mal, la
invasión. 20
Yahvé mismo va a convocar a todos los reinos del septentrión, incitándoles a que acampen
a las puertas de Jerusalén. Es el anuncio del asedio de la Ciudad Santa llevado a cabo por
las tropas de Nabucodonosor en diversas ocasiones, pero principalmente en el 598 y el 587. Y
todo esto es para castigar a sus habitantes por sus maldades (v.16), sobre todo por el pecado de
idolatría: incensar a dioses extraños. y adorar la obra de sus manos (v.16b). Es el pecado tradicional.
En otros oráculos hará también hincapié en los otros desórdenes morales y sociales.
1938
El profeta, fortalecido en sumisión (17-19).
17 Tú, pues, ciñe tus lomos, yérguete y diles todo cuanto yo te mandare. No tiembles
ante ellos, no sea que yo te haga temblar ante ellos. 18 Y he aquí que te pongo desde
hoy como ciudad fortificada, como férrea columna y muro de bronce, frente a la tierra
toda, para los reyes de Judá y sus príncipes, los sacerdotes y el pueblo del país. 19
Y te combatirán, pero no te podrán, porque yo estaré contigo para salvarte, dice
Yahvé.
Llegan tiempos difíciles y es preciso que desde el principio se percate de su misión, adoptando
una postura decisiva y varonil: ciñe tus lomos, yérguete y diles (v.14). Lejos de intimidarse el
profeta, debe, ante su misión, tomar una postura arrogante y decidida, preparándose a todo, como
el que se dispone a una gran tarea emendóse sus vestidos para estar más expedito. 21 Si el profeta
no corresponde a su vocación, mostrando desconfianza ante Dios, entonces será castigado:
no sea que yo te haga temblar, dejándole en mal lugar ante ellos (v.17b). Yahvé se encarga de
fortalecerle espiritualmente, dándole una resistencia como un muro de bronce, 22 para que pueda
hacer frente a todas las clases sociales: desde los reyes, príncipes y sacerdotes hasta el humilde
pueblo del país, e.d., los que no tenían ninguna posición social oficial destacada; la expresión,
con el tiempo, tomará un carácter despectivo, sobre todo en la época farisaica y rabínica. El profeta,
pues, tendrá que enfrentarse con todas las clases sociales. Efectivamente, la misión de Jeremías
ha sido siempre ir contra la corriente de la opinión pública, sin ceder ante los halagos y los
oportunismos. A pesar de su carácter pusilánime, desarrolló su actividad de un modo admirable,
gracias a la ayuda de Yahvé: yo estaré contigo para salvarte (V.19).
1 Cf. Am 1:1; Jl 1:1. — 2 Cf. 2 Re 23:31; Jer 35:3 — 3 Cf. Jos 21: 18. — 4 Cf. 1 Re 2:26. — 5 Cf. Jer 14:1; 46:1; 49:34; — 6 Cf. 2
Par 0.34. — 7.Este cambio de nombre indicaba que Necao tenía poder sobre él. Eliaquim significa “Eíohim sostiene,” mientras
que Joaquim significa “Yahvé sostiene.” Cambia sólo la parte teó-fora del nombre. — 10 Cf. Ex 13:2; Lev 27:14ss; Is 49:1.5; Gal
1:15. — 11 Cf.Zac2:8;Ex 3:11. — 12 Is 6:1. — 13 Ez 2:8; Dt 18:18. — 14 Cf. Jer42:1-7- — 15 Cf. Jer 5:14; 6:11; Is 6:9-10; 55:10-11;
Ez 43:3. — 16 Así según el hebreo. En el griego: “hierve.” — 17 Así según el griego. Según el hebreo: “todas las familias de reinos,” que recarga
el ritmo. — 18 En hebreo el juego de palabras: soqed: “almendro,” y saqad “vigilar.” Vg: “virgam vigilantem.” Cf. Am 8:2. — 19
Cf. Ez 24:3-14. — 20 La primera interpretación es sostenida por Maldonado, Knabenbauer, Condamin, Dennefeld; la segunda,
por Duhm y Cornill, entre otros. — 21 Cf. 1 Re 18:46; Ef 6:14; 1 Pe 1:13. — 22 “Férrea columna” falta en los LXX.
2. La apostasía de Israel, Causa del estado desgraciado Actual.
En este capítulo encontramos diversos fragmentos profetices, unidos posteriormente por cierta
ilación lógica. Parecen de la primera época de su ministerio. En 2:28 se alude a Asiría como centro
de atracción de los judíos, lo que quiere decir que es de antes de la caída del imperio asirio,
que sufrió el primer colapso con la muerte de Asurbanipal en 625, y definitivamente en 612 con
la caída de Nínive. No es, pues, esta profecía posterior a esta época. Por otra parte, en 2:36 aparece
Egipto como centro de atracción de un sector de opinión judía, y como Egipto fue derrotado
por Nabucodonosor en el 604 y expulsado de Palestina, síguese que este fragmento no puede ser
posterior a esta fecha.
Israel, esposa de Yahvé (1-3).
1 Vínome la palabra de Yahvé, diciéndome: 2 Anda y clama a los oídos de Jerusalén:
Así habla Yahvé: Me acuerdo en favor tuyo del afecto de tu adolescencia, del amor
de tus desposorios, de tu seguirme en el desierto, tierra donde no se siembra, 3 (Era)
1939
Israel lo santo de Yahvé, la primicia de sus frutos. Quien de ella comía, pecaba , y
caía sobre él la desgracia, oráculo de Yahvé.
Encontrarnos aquí por primera vez el símil del matrimonio para reflejar las relaciones amorosas
de Yahvé con Israel. Un siglo antes, Oseas había hecho girar todos sus oráculos en torno a este
símil, que se convirtió después en un tópico en la literatura profética y sapiencial. Jeremías debe
proclamar a los oídos de Jerusalén sus infidelidades, contraponiéndolas a las buenas relaciones
que en otro tiempo tuvo su pueblo con Yahvé. La época del desierto había quedado como la era
ideal de las relaciones de Israel con su Dios. Aislados en la estepa, sin infiltraciones de los cultos
sensuales cananeos, aquella generación del desierto tenía una mentalidad más sencilla, y, formada
en un ambiente de milagrosa providencia divina, tenía una psicología ruda e infantil, pero sabía
corresponder mejor a las exigencias de la religión. Naturalmente, toda esta concepción era
fruto de una idealización del pasado hecha por los representantes del yahvismo, que estaban hastiados
del materialismo reinante en su época. Reiteradamente los profetas acuden al pasado como
época ideal de las relaciones entre Yahvé y su pueblo. 2 Yahvé mismo tiene nostalgia de aquellos
tiempos en que Israel se entregaba virginalmente a su providencia: me acuerdo. del afecto de tu
adolescencia, del amor de tus desposorios (v.2b). Israel entonces se entregaba ilusionada a la
solicitud de su Dios, esperándolo todo en una tierra inhóspita, donde no se siembra (v.2c). Cuando
Israel se instaló en Canaán y se dedicó a trabajar una tierra más feraz, se olvidó de Yahvé,
atribuyendo la feracidad de la región a la bendición de los dioses cananeos, con lo que desertó de
su primera vocación religiosa.
Israel en su primera etapa del desierto era lo santo de Yahvé (ν·3); e.d., 1a propiedad sagrada
de Yahvé, a quien le pertenecía la primicia de los frutos (ν.3). Era la porción que se había
reservado entre todos los pueblos. Según la ley levítica, las primicias de todos los frutos pertenecían
a Yahvé, y el que se atrevía a apropiárselos estaba sujeto al castigo. 3 Es el caso de Israel:
quien se atrevía a tocarle como nación, deseando apropiarse de ella, estaba sujeto al castigo divino:
quien de ella comía pecaba, o debía recibir el pago (v.3b).4
Infidelidad de Israel (4-6).
4 Oíd la palabra de Yahvé, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. 5
Así dice Yahvé: ¿Qué injusticia hallaron en mí vuestros padres para alejarse de mí e
irse en pos de la vanidad de los ídolos, para hacerse vanos? 6 Y no dijeron: ¿Dónde
está Yahvé, el que nos subió de la tierra de Egipto, el que nos condujo a través del
desierto, tierra de estepas y de barrancos, tierra árida y tenebrosa 5, tierra por
donde no transita nadie y donde nadie habita?
Después de consignar la nostalgia de Yahvé por los tiempos del desierto, el profeta se dirige enfáticamente
a la casa de Jacob, o Israel, encarándose con su ingratitud. ¿A qué obedece la actual
apostasía? ¿Es que creen que el Dios actual de ellos no es el de antes? ¿Es que ven en El algo
injusto o desleal? (v.5). El hecho es que le han abandonado para ir en pos de la vanidad de los
ídolos, para hacerse vanos ellos mismos (v.5b). La expresión de vanidad (cosa hueca, sin valor)
aplicada a los ídolos es muy característica de Jeremías 6. Los ídolos no tienen vida, en contraposición
a Yahvé, el Dios viviente por excelencia. Como no son nada, no pueden ayudar a sus fieles,
que terminan haciéndose vanos como ellos, engañándose a sí mismos.
En realidad, este vicio ya es antiguo, pues sus padres abandonaron a Yahvé, sin querer
acordarse de sus beneficios en el desierto, cuando Israel estaba naciendo a la vida como pueblo
1940
organizado. En el fondo de esa conducta está una inmensa ingratitud, pues se olvidaron de los
beneficios que Yahvé había hecho a su pueblo en los momentos más críticos de su existencia
(v.6). El profeta se complace en destacar el carácter estepario e inhóspito del desierto, para resaltar
más la especialísima providencia que Yahvé ha tenido con ellos. Ezequiel dirá que encontró a
Israel como un niño recién nacido abandonado y que tuvo que prestarle los primeros y elementales
cuidados7.
La profanación de la heredad de Yahvé (7-9).
7 Yo os introduje en tierra fértil para que comierais sus frutos y sus bienes, y en
cuanto en ella entrasteis, contaminasteis mi tierra e hicisteis abominable mi heredad.
8Tampoco los sacerdotes preguntaron: ¿Dónde está Yahvé? los depositarios de
la Ley me desconocieron y los pastores se insurreccionaron contra mí. También los
profetas se hicieron profetas de Baal y se fueron tras de los que nada valen. 9Por eso
todavía he de entrar en juicio con vosotros, oráculo de Yahvé, y con los hijos de
vuestros hijos contenderé.
La providencia especial de Yahvé sobre Israel continuó después de la peregrinación en el desierto,
pues fue El quien los introdujo en la tierra fértil (v.7) de Canaán, la cual, en comparación con
las estepas del Sinaí, era un verdadero edén. Pero, lejos de agradecer tal beneficio, la contaminaron
con sus idolatrías, haciendo abominable la heredad de Yahvé, su verdadero propietario. Los
israelitas eran sólo usufructuarios, pero se entregaron a otros dioses, como si fueran los propietarios
del país.
Y en esta apostasía general intervienen en primer término los sacerdotes, que no se preguntaron:
¿Dónde esta Yahvé? (v.8). Abdicaron de su condición privilegiada de depositarios de
la Ley. Con ellos, los dirigentes o pastores del pueblo se alejaron de Yahvé, sin que faltaran entre
esos desertores los profetas, que tenían por misión despertar las inquietudes espirituales del pueblo;
se pasaron al culto de Baal, considerando más lucrativo ejercer su profetismo en dichos cultos
licenciosos. Baal es un nombre genérico que se aplica a cualquier ídolo. Significa “dueño,” y
existían dueños o “baales” en cada localidad. El profeta les arguye desde el punto de vista utilitario,
ya que esos que se entregan a los ídolos sólo buscan prosperar en sus negocios materiales;
pero aun en esto se equivocan, pues nada valen.
Pero esta situación no puede seguir así. Yahvé va a iniciar un proceso judicial: he de entrar
en juicio con vosotros., y con vuestros hijos contenderé (V.9). El pecado es demasiado grave,
y por ello el castigo afectará aun a las generaciones venideras. Es una frase para encarecer la
magnitud del pecado de idolatría. Por otra parte, en la teología del A.T. se destaca mucho el
principio de la solidaridad en el mal y en el bien. 8 Este principio parecerá modificado después
del destierro, como lo expresará el mismo Jeremías.9
Magnitud del crimen de idolatría (10-13).
10 Pasad, pues, hasta las islas de Kittim y ved, mandad a Ce-dar e informaos bien, a
ver si jamás sucedió cosa como ésta. 11 ¿Hubo jamás pueblo alguno que cambiase de
dios, con no ser dioses ésos? Pues mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que nada
vale. 12 Pasmaos, cielos, de esto y horrorizaos, estupefactos, sobremanera, oráculo de
Yahvé. 13 Pues un doble mal ha cometido mi pueblo: dejarme a mí, la fuente de
aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua.
1941
El estilo es ahora más solemne. Se invita a hacer una visita a los pueblos paganos desde el oriente
al occidente, para ver si algún pueblo ha cambiado de divinidad. Kittim es la Kittion de los documentos
antiguos, la actual Larnaca, en Chipre. 10 Cedar es la conocida tribu en la Biblia que
tenía su asiento en el desierto siro-arábigo, al este de Palestina, confinando con la actual Jordania,
vecina de los antiguos nabateos. Muchas veces en la Biblia suele ser sinónima de árabe o de
hombre de la estepa. El profeta invita a sus oyentes a que visiten países paganos para ver si son
tan ingratos como los israelitas, que abandonaron a su Dios nacional: ¿Hubo jamás pueblo que
cambiase de dios? (v.11a). Todo pueblo es reacio a abandonar sus tradiciones religiosas, que
considera como el mejor patrimonio del pasado, su gloria. Israel, en cambio, ha cambiado su
gloria (v.11b). Yahvé, que le había sacado milagrosamente de Egipto, había mostrado su omnipotencia,
y debía constituir un timbre de gloria estar vinculado a tan excepcional protector. Ningún
pueblo podía presentar una historia semejante ni una divinidad tan excelsa. Yahvé era realmente
la gloria de su pueblo con su majestad y esplendor 12. El profeta recalca que los dioses de
otros pueblos no son dioses (v.11a), para evitar el equívoco a que pudiera dar lugar la frase anterior.
13 La conducta de Israel ha sido un mal negocio: ha cambiado su gloria (Yahvé) por lo que
nada vale, es decir, los impotentes ídolos.
Enfáticamente, el profeta toma a los cielos como testigos de esta enorme maldad y equivocación
desde el punto de vista del cálculo lucrativo (v.12). Al abandonar su gloria, se han labrado
la ruina: han dejado a Yahvé, fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas,
incapaces de retener el agua (v.13). El pecado ha sido doble: abandonar a Yahvé, omnipotente,
y buscar otros dioses que no puedan ayudarlos. Yahvé era como una fuente de agua viva, es
decir, un pozo manantial, que siempre se renueva cristalino, dando por eso la impresión que el
agua está viva. En cambio, los ídolos a quienes acuden son míseras cisternas agrietadas para recoger
al agua de lluvia, siempre inferior a la de manantial.14
Israel, castigado y humillado (14-19).
14 ¿Es por ventura Israel un siervo, un siervo nacido en casa? ¿Cómo, pues, ha venido
a ser presa? Cachorros de león rugieron sobre él, dieron su rugido. 15Han hecho
de su tierra un desierto, han quemado y despoblado sus ciudades. 16Hasta los habitantes
de Menfis y de Tafnis te quebrantaron la coronilla. 17¿Todo esto no lo ha
traído sobre ti el haberte apartado de Yahvé, tu Dios? 18 Y ahora ¿qué es lo que
buscas camino de Egipto? ¿Beber las aguas del Sijor? ¿Y qué es lo que buscas camino
de Asiría? ¿Beber las aguas del río? 19 Sírvante de castigo tus perversidades, y de
escarmiento tus apostasías. Reconoce y advierte cuan malo y amargo es apartarte de
Yahvé, tu Dios, y no poseer mi temor, oráculo del Señor, Yahvé de los ejércitos.
Como en los v.2-3, contrasta el profeta la situación del Israel actual, entregado a los ídolos como
siervo (v.14a), y el estado de plena libertad de hijo en que se hallaba al ser elegido por Yahvé en
el desierto. Era lo santo de Yahvé, las primicias entre todos los pueblos, objeto de las complacencias
de Dios, en tal forma que nadie podía tocarle sin incurrir en castigo. Ahora, por su idolatría,
ha sido castigado y convertido en esclavo de todas las naciones paganas. Israel por vocación
no es un siervo, ni siervo nacido en casa, sino un ser libre. La Ley distinguía dos clases de esclavos:
a) los que habían sido privados de su libertad después de haber sido libres, por una acción
de guerra o por una deuda que no pudieron saldar; b) los nacidos en casa (el verna de los
romanos), e.d., los hijos nacidos como tales, hijos de un esclavo. La condición de estos últimos
era más degradante, pues no tenía esperanza de emancipación, mientras que el simple siervo, si
1942
era israelita, debía ser dejado en libertad a los seis años de esclavitud, 16 o antes si era rescatado o
dejado en libertad por su dueño. En la interrogación, pues, del profeta hay un climax o avance de
pensamiento: Israel ni era siervo simplemente ni siervo nacido en casa, sino que en los planes de
Dios era su primogénito. 17
Pero ahora ha perdido su libertad: ¿Cómo ha venido a ser presa? (v.14b); alusión a su
sometimiento político a Asiría y a la política de otras naciones más fuertes. Sus enemigos han
caído sobre Israel como cachorros de león (v.14b). Quizá en la imagen hay una alusión al emblema
de león que empleaban los asirios como señal de su imperialismo. 18 El paso del invasor
ha dejado la devastación y la ruina: han quemado y despoblado las ciudades (v.15). ¿A qué
hecho concreto alude el profeta? En el 701, Senaquerib había invadido Judá, pero éste quedaba
muy lejano en la mente de los contemporáneos de Jeremías. Quizá aluda a la derrota de Josías en
Megido, a manos de Necao II, en el 609. Puede el profeta aludir a incursiones de otros pueblos
invasores, como moabitas y edomitas, que constantemente amenazaban sus fronteras. En todo
caso, el pensamiento del profeta es claro: en otro tiempo, Israel era algo “santo” y las “primicias”
ante Dios, que no permitía que le tocaran; en cambio, ahora todas las naciones abusan de él como
si fuera un siervo, y Yahvé se desentiende de su suerte.
En esa humillación ha tenido parte principal Egipto: Los habitantes de Menfis y Tafnis te
quebrantaron la coronilla (v.16), probable alusión a la derrota de Megido antes mencionada.
Necao II humilló a Judá después de haber muerto Josías, deponiendo a su hijo Joacaz, elegido
por los judíos, y nombrando en lugar de él a su hermano Eliaquim, al que cambió el nombre en
Joaquim, para mostrar insolentemente su poder. 19 Egipto es aquí mencionado con el nombre de
sus dos capitales: Menfis, 20 capital del bajo Egipto, junto a El Cairo actual, y Tafnis, la “Dafne”
de los griegos, actualmente llamada Tell-Defenne, al sudeste de Pelu-sium, fortaleza en el delta
oriental, en la ruta caravanera de Egipto a Asiría. La expresión quebrantaron la coronilla (v.16),
que indica humillación y subyugación, es traducida por algunos: rasuraron la coronilla, signo de
humillación y oprobio, ya que la rasuración era signo de duelo para los judíos y otros pueblos
orientales. 21
El profeta da la razón teológica de esta humillación y esclavitud de Israel: ¿Todo esto no
lo ha traído sobre ti el haberte apartado de Yahvé, tu Dios? (v.17). Los dirigentes de Judá habían
hecho cálculos políticos humanos, y desoyeron los consejos de los profetas, que predicaban
volver a Yahvé como mejor medio de conciliar su protección contra los peligros de invasión. Por
eso se opone Jeremías a toda política humana de acercamiento a Egipto y a Asiría. Fustiga la posición
de los dos partidos: el egiptófilo y el asirófilo, que se dividían la opinión desde hacía un
siglo. Nada tienen que esperar de Egipto ni de Asiría. Lo mejor es neutralidad y confiar en Yahvé,
Señor de todo: ¿Qué es lo que buscas de Egipto? ¿Beber las aguas del Sijor? (v.15a). Sijor
era uno de los canales del Nilo en el extremo norte oriental, 22 y aquí es sinónimo de Egipto. El
profeta no quiere tampoco que se acerquen a Asiría: ¿Qué es lo que buscas camino de Asiría?
¿Beber las aguas del río? El río sin artículo en hebreo designa al Eufrates, el río por excelencia.
Aquí es sinónimo de Asiría. 23
Las infidelidades de Israel (20-25).
20 Porque desde antiguo quebrantaste tu yugo, rompiste tus coyundas y dijiste: No
serviré; pues sobre todo collado alto y bajo todo árbol frondoso te acostaste y prostituíste.
21 Y yo te planté de vid generosa, toda ella de legítimos plantones. ¿Cómo,
pues, te me has convertido en sarmientos degenerados de vid ajena?24. 22Pues aunque
te laves con nitro, por mucha lejía que emplees, permanecerá marcada tu ini1943
quidad ante mí25, oráculo del Señor, Yahvé. 23 ¿Cómo dices: No estoy manchada, no
me he ido en pos de los baales? Repara en tu conducta en el valle, reconoce lo que
hiciste, camella joven, ligera, titubeante en sus caminos. 24 Asna salvaje, habituada
al desierto, en el ardor de su pasión olfatea el viento26; su celo, ¿quién lo reducirá?
27El que la busque no tendrá que fatigarse, la hallará en su mes (de celos). 25Evita
que tus pies estén descalzos28, que tus fauces estén sedientas. Pero tú dices: Es en
vano, no29; pues amo los extranjeros y tras ellos me voy.
Sigue la diatriba con la enumeración de las infidelidades de Israel. En el fondo, toda su historia
ha sido una constante rebelión contra Dios (v.20). La Ley de Yahvé era un yugo para Israel, pero
que había de reportarle muchos beneficios. El culto a los ídolos era de momento más atrayente,
pero iba a traerle la catástrofe. La imagen de Israel como novilla indómita era la más propia para
expresar su permanente espíritu de rebelión contra su Dios 30: no serviré (v.20b). Israel se prostituyó,
entregándose a los ídolos. Israel estaba desposada con Yahvé con una alianza 31; al abandonarle,
yéndose tras de otros dioses, se entregó a una prostitución espiritual: te acostaste.
(v.20c). Y los lugares de esa prostitución son sobre todo collado alto y bajo todo árbol frondoso,
lugares tradicionales de culto a los ídolos: los lugares altos 32 y los jardines llenos de árboles
frondosos 33, lugares de culto cananeo, símbolo de la fecundidad otorgada por divinidades licenciosas,
como Astarté (la Isthar me-sopotámica) y Adonis (el Tammuz asiro-babilónico).
De nuevo el recuerdo del elevado origen de Israel como pueblo: Yo te planté de vid generosa.,
de legítimos plantones (v.21a). Esta comparación es muy similar a la famosa alegoría de la
viña de Isaías 34. Israel es como una viña plantada con los mejores plantones 35. Dada su calidad
selecta, era de esperar que diera buenos frutos, pero se ha degenerado, convirtiéndose en sarmientos
de vid ajena (v.21b). Supuesta su buena naturaleza, hubiera debido dar frutos de santidad
y de justicia; pero ha dado frutos de apostasía, de injusticia y de infidelidad. Esta es la terrible
realidad. Como en la alegoría de Isaías, dio agrazones, indignos de las cepas de calidad de
origen.
Ese proceso de degeneración ha hecho que Israel aparezca manchada ante los ojos de su
Esposo, Yahvé: Aunque te laves con nitro., con lejía., permanecerá marcada tu iniquidad ante
mí (v.22a). También esta imagen parece estar tomada de Is 1:18.25. Con estas palabras el profeta
quiere destacar la enormidad de los pecados de Israel, acumulados durante su historia. Ha sido
una rebeldía constante, y por eso a los ojos de Dios aparece como un vestido tan manchado, que
es muy difícil dejarlo en su limpieza primitiva. No quiere esto decir que sus pecados sean imperdonables,
sino que quiere destacar el grado de degeneración a que ha llegado Israel, acumulando
infidelidades que le fueron alejando de su Dios.
La obcecación de Israel es tal, que no reconoce su conducta alejada de Yahvé. El pueblo
creía lícito un culto sincretista, es decir, reconocer oficialmente a Yahvé, asistiendo al culto en el
templo; pero, al mismo tiempo, participar en cultos licenciosos de los baales. Por eso dice: No
estoy manchada, no me he ido en pos de los baales (v.23a). El profeta concreta al punto sus acusaciones:
Repara en tu conducta en el valle. (v.23b), probable alusión al culto de Moloc en el
valle que resulta de la confluencia del Cedrón y el Ge-Hinnom o Gehenna, famoso por sus cultos
idolátricos 36. Israel se parece en sus galanteos con los ídolos a la camella joven, ligera, titubeante
en sus caminos (v.23b) cuando está en época de celos y anda inquieta buscando satisfacer su
instinto erótico con el macho. Es el asna salvaje, habituada al desierto; en el ardor de su pasión
olfatea el viento (v.24a). El asno salvaje es considerado en la Biblia como símbolo del que quiere
vivir libre 37. Israel se parece en este aspecto a una asna salvaje, que no quiere “coyundas” y
1944
que al mismo tiempo desea entregarse a los cultos de los ídolos, satisfaciendo sus instintos sensuales.
La comparación está jugando con la idea de “prostitución” religiosa, expresada con crudo
realismo, y al mismo tiempo parece aludir a la causa de frecuentar estos cultos, participar de ritos
orgiásticos licenciosos. En esa época de su celo, ¿quién la reducirá? es decir, ¿quién será capaz
de sujetarla y hacerla volver a su dueño? El profeta insiste más en la locura de Israel siguiendo el
símil de la camella o asna salvaje: el que la busque no tendrá que fatigarse, la hallará en su mes
(de celos); es decir, sus amantes no tendrán que fatigarse en hacerle la corte, pues ella misma se
ofrecerá en la época del celo para satisfacer su sensualidad con el primero que encuentra. La inclinación
de Israel por la idolatría, por sus amantes los ídolos, es tal, que, en vez de buscarla éstos
a ella, ésta los buscará ansiosamente.
El profeta irónicamente dice a Israel que ande menos aprisa, no sea que pierda el calzado
y se haga daño en los pies: Evita que tus pies estén descalzos (v.25a). Anda tan loca tras de sus
amantes, que corre peligro de hacerse daño en los pies. Por otra parte, tanto andar le va a resecar
la garganta: evita que tus fauces estén sedientas. Es demasiado caminar tras de los ídolos. Pero la
respuesta de Israel no se hace esperar: Es en vano, no, pues amo los extranjeros. (v.25b). Confiesa
que es tal la pasión que tiene por los ídolos extranjeros, que no puede contenerse.
Degradación idolátrica de Israel (26-30).
26 Corno queda confundido el ladrón al ser sorprendido, así será confundida la casa
de Israel. Ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, 27 que dicen a
un leño: “Tú eres mi padre,” y a una piedra: “Tú me engendraste.” Pues vuelven
hacia mí la espalda, y no su rostro, pero al tiempo de su desgracia dicen: Álzate y
sálvanos, 28 ¿Dónde están tus dioses que te hiciste? ¡Que se alcen ellos si pueden salvarte
al tiempo de tu desventura! Pues tantos son tus dioses cuantas tus ciudades,
¡oh Judá! y cuantas son las calles de Jerusalén, tantos son los altares a Baal38. 29¿Por
qué pretendéis litigar conmigo? Todos os habéis rebelado contra mí,oráculo de
Yahvé. 30En vano os he castigado; vuestros hijos no aceptaron la corrección, La espada
ha devorado a vuestros profetas como león devastador.
La apostasía de Israel es un mal negocio, pues le va a acarrear la confusión y el deshonor como
ladrón sorprendido “in fraganti” (v.26). La infidelidad ha comenzado por las altas clases, que
tenían especial obligación de velar por los intereses religiosos de su pueblo. Los reyes, príncipes,
sacerdotes y profetas son los principales culpables de la idolatría; Tú eres mi padre (v.27), dicen
a un simple leño. Alusión a los cultos de árboles sagrados. Aún hoy día entre las gentes incultas
beduinas se cree que los árboles tienen especiales geniecillos y poderes. Son restos de la religión
animista. En el culto cananeo se daba mucho realce al árbol como símbolo de la fecundidad; y
aun se daba culto a leños secos llamados asera, relacionándolos con Astarté, la diosa de la fecundidad.
Además, estaba el culto a la piedra o estela llamada massebah. Los templos cananeos
eran al aire libre: bosques naturales o artificiales (troncos dispuestos verticalmente) o piedras en
forma de menhires; por eso aquí se dice que el devoto dice a una piedra: Tú me engendraste
(v.27a). Quizá en estas expresiones del profeta sólo haya una simple alusión al material de que
estaban hechos los ídolos en general. La ironía es sangrante: los hombres reconociendo como
progenitores suyos a los seres inanimados, la vida proporcionada por objetos que no la tienen.
Isaías desarrolla esta idea del modo más sarcástico39. Los israelitas abandonan al Dios-Yahvé,
trascendente, santísimo, que los ha elegido como pueblo, para entregarse a la más crasa idolatría.
No cabe mayor degradación religiosa.
1945
Esta conducta, no obstante, es sólo en épocas de bonanza, pues cuando llega la desgracia
y la adversidad, vuelven a Yahvé, diciendo: Álzate y sálvanos (v.27c). La expresión hebrea usada
para sálvanos es el hoshianna (hosanna), que después quedará estereotipado en el uso litúrgico
como exclamación de júbilo y esperanza. Yahvé responde con ironía a este grito de socorro in
extremis, diciendo que, puesto que tienen tantos ídolos cuantas ciudades. (v.28b), que acudan a
ellos para que les ayuden40.
Pero, además, la hipocresía de estos israelitas idólatras llega a tal término, que se atreven
a pedir cuentas al mismo Yahvé. Se creen inocentes, y se atreven a acusar a Yahvé de demasiado
susceptible y severo. ¿Por qué pretendéis litigar conmigo? (v.29). La historia de Israel ha sido
una constante rebelión contra su Dios. Yahvé les recuerda los castigos que ha enviado a sus
hijos. Los israelitas han tenido que sufrir los rigores de la ira divina con el fin de hacerles entrar
en buen camino, pero ha sido todo en vano: no aceptaron la corrección. Parece que Jeremías
alude a alguna matanza general debida a un levantamiento popular en el que hubieran caído los
falsos profetas del pueblo: La espada ha devorado a nuestros profetas (v.30b). No obstante, no
sabemos que en estos tiempos hubiera habido una matanza de profetas como la había habido en
tiempos de Elias y de Jehú, rey de Israel41, en el reino del Norte. Por eso, algunos autores prefieren
ver aquí una alusión a los verdaderos profetas de Yahvé muertos en alguna rebelión popular.
Sabemos que Manases años antes había llenado Jerusalén de sangre inocente 42, especialmente de
profetas. Pero el contexto parece insinuar la primera interpretación.
Ingratitud de Israel para con Yahvé (31-37).
31 Oíd los de esta generación la palabra de Yahvé43: ¿Por ventura soy yo para Israel un desierto
o una tierra tenebrosa ? ¿Por qué dice mi pueblo: 1 Somos libres 44, no iremos más
en pos de ti? 32 ¿Se olvida por ventura la doncella de sus galas, y de su ceñidor la esposa?
Pues mi pueblo se ha olvidado de mí ya desde días sin cuento. 33 ¡Qué bien amañas tus caminos
para buscar el amor! También a las maldades avezaste tus caminos. 34 Hasta en tus
palmas de la mano se descubre sangre de vidas de pobres inocentes 45, no de sorprendidos
en conatos de robo46. 35Y dices: “Soy inocente, su cólera se ha apartado ya de mí.” Heme
aquí para juzgarte por decir: “No he pecado.” 36¿Cómo te apresuras sobremanera a cambiar
tus caminos? 47 También de Egipto serás avergonzada, como lo fuiste de Asiría.
37También de ahí saldrás con las manos en la cabeza, porque Yahvé ha rechazado aquellos
en quien confías, y no tendrás éxito con ellos.
La conducta de Israel ha sido inexplicable, pues Yahvé no ha sido para ellos precisamente
un desierto o una tierra tenebrosa (v.14). Yahvé no ha sido en la historia tan hosco como para
huir de El como si fuera un lugar inhóspito, lleno de tinieblas. El desierto era símbolo de terror,
que había de evitar el viajero, ya que, aparte de su carácter estepario y sin vida, era lugar de salteadores
y guarida de fieras, amparadas en la oscuridad. En realidad, Yahvé ha sido en la historia
como un lugar atractivo, lleno de vida y vegetación, pues le ha protegido y ayudado siempre. Y,
sobre todo, la religión yahvista era mucho más luminosa y elevada que las idolátricas48. Sin embargo,
Israel dice despectivamente: somos libres, no queremos ir en pos de ti (v.31c). Esta conducta
es inexplicable, como lo sería la de una doncella que olvidara sus galas (v.32a), que son su
adorno y le dan prestancia ante los hombres. Yahvé es, en realidad, el mejor adorno que puede
tener Israel. En Oriente aún hoy día mujeres pobrísimas lucen joyas de mucho valor, que han
recibido por tradición en herencia y de las que no se desprenden aun en la mayor necesidad. Saben
que ello forma parte de su personalidad. Israel, en cambio, se ha olvidado de su adorno y
ceñidor, que es Yahvé. En Isaías encontramos un símil semejante: el buey y el asno saben ir a su
1946
pesebre, mientras que Israel no sabe volver a su Dios, del que todo lo recibe49. Y este proceso de
apostasía es antiguo, de días sin cuento (v.32b).
De nuevo el tono irónico recriminatorio: ¡Qué bien amañas tus caminos para buscar el
amor (v.33a) de los dioses extranjeros! Israel tiene una predisposición especial para apartarse de
su Dios y entregarse a su amor, su obsesión de los cultos idolátricos. Es como una mujer que está
experta en probar amores bastardos. Pero su proclividad es a algo más que a los cultos idolátricos,
pues se ha familiarizado con los mayores crímenes (v.33b). Y especifica estas maldades:
Hasta en tus palmas de la mano se descubre sangre de vidas de pobres inocentes (v.34a). El profeta
parece aludir a los sacrificios cruentos de niños a Moloc. Es una explicación de lo dicho en
v.22-23. Esa sangre está presente a los ojos de Yahvé, que sabe ver en las mismas palmas de la
mano que levantan hipócritamente para orar en las épocas de angustia. Y esta sangre que ve en
las manos de los israelitas no es precisamente de ladrones que han sido cogidos atacando el muro
de una casa: No de sorprendidos en conatos de robo (v.34b). Según esta versión, se aludiría aquí
a la ley mosaica, según la cual, cuando se mataba a un ladrón en el acto de atacar, no había culpa
alguna50. Esta idea de que los israelitas tienen las manos manchadas en sangre se encuentra a
menudo en Jeremías51.
A pesar de estos horrendos crímenes, Israel no admite su culpabilidad (v.35a). Israel
parece aquí presumir de inocencia, precisamente porque se siente próspera. Según la mentalidad
de la época, el mal provenía de algún pecado, como castigo de Dios. De ahí la ecuación de justicia
y prosperidad, desgracia y pecado. Yahvé ahora quiere castigar a Israel por esta presunción
hipócrita, pues no quiere reconocer sus pecados: Heme aquí para juzgarte por decir: “No he pecado”
(v.35b). El castigo le hará recapacitar reconociendo su culpabilidad.
Y de nada le han de valer las alianzas políticas para evitar la manifestación justiciera de
Yahvé: ¿Cómo te apresuras sobremanera a cambiar tus caminos? (v.36a); alusión a su nerviosismo
buscando aliados en Egipto y en Asiría. Parece que había una facción fuerte egiptófila, que
buscaba en Egipto protección contra el peligro babilonio, encarnado en Nabucodonosor. Pero de
nada le servirá esta alianza, pues los egipcios serán derrotados por Nabucodonosor en 604, siendo
definitivamente arrojados de Palestina. Y entonces se volverá a repetir la historia de la alianza
anterior con Asiría, cuando Josías salió a defender a ésta contra Necao II en Megiddo, y la suerte
fue la muerte trágica del piadoso rey Josías: También de Egipto serás avergonzada, como lo fuiste
de Asiría. No hay más que una política realista según el profeta: reconocer los pecados y volver
a Dios, el único salvador de Israel.
Todo lo que sea meterse en alianzas con potencias extranjeras será ir al fracaso, teniendo
que volver con las manos sobre la cabeza (v.37a), gesto de confusión y desesperación52. La suerte
ya está echada, y el profeta lo anuncia en nombre del que dirige los hilos misteriosos de la historia
(v.37b).
1 Otros traducen: “quien de ella comía debía pagan, es decir, recibir el pago de su atrevimiento. — 2 Cf. Os 2:15(17). — 3 Cf. Ex
23:19; Núm 8:8; Lev 22:9. — 4 Cf. Ex i9:5ss; Dt 7:6; 14:2. — 5 En heb. “sombra de muerte.” — 6 Cf. Jer 8:19;
10:1-16; 14:22; 16:19; cf. también 1 Sam 12:21; Is 44>9s; Dt 32:21; 2 Re 17:15. — 7 Cf. Ez 16. — 8 Cf. Ex 34:7. — 9 Cf. Jer
31:29; Ez 0.28; Dt 24:16. — 10 Cf. Flavio Josefo, Ant. I 6:1. Los Kftttm aparecen en Gen 10:4 como descendientes de Yaván o
Grecia. En Dan 11:30 se refiere a las naves romanas. En 1 Mac 1:1; 8,5, se refiere a Macedonia. Cf. Dt 11:30. — 11 Kedar o Cedar
era el segundo hijo de Ismael (Gen 25:13). Cf. Is 42:11; 60,7; 21:17; Ez 27:21; Cant 1:5. Son los Cedraei de Plinio, Htst. Nat.
V 11:12. — 12 Cf. Dt 10,21; 1 Sam 4:21; Sal 106:20. — 13 Cf. Dt 32:21; Is 37:19; 1 Cor 8:4; Jer 16:20. — 14 Cf. Sal 36:10; Jn
4:10ss; 7:38. Dussaud ve en estas palabras una alusión al Bahal fenicio patrono de la lluvia. Cf. Les découvertes de Ras Shamra et
V Anden Testament (París 1937) P-74- — 15 Así según el hebreo. El griego dice: “te conocieron y te ultrajaron.” — 16 Cf. Ex
21:2-4; 34:10. — 17 Cf. Ex 4:22. — 18 Cf. Nah 2:12; Jer 4:7; 5:6; 25:38; 49,iQ; So.i?· — 19 Cf. Jer 22:10-12; 2 Re 23:315. — 20
En egipcio Men-Ofer. — 21 Cf. Is 15:2; 22:12; Is 3:17.24. — 22 Cf. Jos 13:3; 1 Par 13:5; Is 23:3. Los LXX traducen Geón, identificando
al Nilo con el Geón del paraíso. Cf. Flavio Josefo, Aní. I 1:3. — 23 Cf. Is 8:7. — 24 El texto es oscuro en el detalle, pero
claro en la idea general. La Bible de Jérusalem traduce: “planta degenerada, viña bastarda.” Dennefeld: “plantas degeneradas y
bastardas.” — 25 Así según la Bible de Jérusalem. Dennefeld: “la mancha de tu iniquidad permanecerá ante mí.” — 26 Frase os1947
cura. La traducción arriba expuesta es la seguida por la Bible de Jérusalem, Dennefeld, Streane. — 27 La Bible de Jérusalem: “su
ruta, ¿quién la frenará?” Streane: “En su ocasión, ¿quién puede volverla?” — 28 Bible de Jérusalem: “¡Ten cuidado! Tu pie va a
descalzarse.” — 29 Bible de Jérusalem: “No, qué importa.” Dennefeld: “Imposible.” — 30 Cf. Os 10:1-1; Jer 31:18. — 31 Cf. Jer
2:2; Os 4:13s; Am 2:7. — 32 Cf. Dt 23:18; 1 Re 1:14.24; 22:47; 2 Re 23:7. — 33 Cf. Jer 3:6ss; 17:2; Is 1:21; 57:5; Os 4:13.14; Ez
6:13. — 34 Cf. Is s.iss. — 35 En hebreo dice de Soreq, que es una localidad llamada hoy Kh. Surik, junto al actual Beit-Dgebrim.
En Jue 16:4 es la patria de Dalila. Quizá fuera famoso por sus vinos, y de ahí el nombre de esas cepas excepcionales. — 36 Cf. Is
57:9. — 37 Cf. Job 39:5ss. La traducción de los LXX es muy diferente: “alargo sus caminos hacia el agua del desierto, llevada del
viento en el ardor de su alma; ¿existe vía determinada para hacerla volver?” — 38 Este último estico falta en el TM. — 39 Cf. Is
44:11-17. — 40 Aparece de nuevo en Jer 1:13. — 41 Cf. 1 Re 18:40; 2 Re 10:18-27. — 42 Cf. 2 Re 21:6; Lc 11:47; Act 7:52. —
43 El texto es inseguro. — 44 Bibl. de Jérus.: “corremos aquí y allá.” — 45 Así según G., pero el H. dice: “en los bordes de tu
vestido hallóse sangre.” — 46 Frase muy oscura, aunque el sentido general es claro. La Bible de Jérus.: “A éstos no los habías
sorprendido forzando puertas.” — 47 Bible de Jérus.: “¡Cómo frivolamente cambias de camino!” Dennefeld: “¡qué poco te cuesta
cambiar de caminos!” — 48 Cf. Dt 30:11s; Is 45:19. — 49 Cf. Is 1:3. — 50 Cf. Ex 22:2. La versión de los LXX difiere bastante:
“Sobre tus manos se ha encontrado sangre de almas inocentes; no la encontraste en las fosas, sino bajo toda encina.” Con-damin
deduce de esto que aquí se aludiría a sacrificios de niños bajo los árboles en los que había ritos idolátricos. — 51 Cf. Jer 5:26;
22:13.17; Is 1:15; 8:15; Ez 34:23. — 52 Cf. 2 Sam 13:19.
3. Posible reconciliación de Israel con Yahvé.
Este capítulo contiene dos partes: una en verso y otra en prosa. La idea central es el retorno
de Israel a su Dios, e incluye algunos fragmentos mesiánicos.
Invitación a Israel a retornar a Yahvé (1-5).
1 Si un hombre despide a su mujer y ella se aparta de él, si viniere a ser de otro
hombre, ¿volverá aquél a ella de nuevo? ¿No será del todo profanada esta mujer?
2Tú, pues, que con tantos amantes fornicaste, ¿podrás volver a mí? Oráculo de Yahvé.
2 Alza tus ojos hacia los collados y mira dónde no has sido profanada. Junto a los
caminos te asentabas en acecho a ellos, como el árabe en el desierto. Contaminaste la
tierra con tus fornicaciones y perversidades. 3 Y fueron retenidos los aguaceros y no
hubo lluvia de primavera 3. Y tú tenías frente de prostituta, no querías avergonzarte.
4 ¿Por ventura no me invocas desde ahora: “Padre mío, tú eres el esposo de mi
juventud”? 5 ¿Va a durar por siempre su cólera? ¿La mantendrá hasta el fin? Mas,
mientras (esto) dices, sigues cometiendo las maldades que puedes.
De nuevo vuelve el tema de la esposa. Antes ha sido presentado Israel como una esposa que al
principio fue feliz en sus amores con Yahvé, pero ha sido deshonrada por sus muchos amantes4.
Pero Yahvé quiere hacer un último llamamiento para hacerla venir al buen camino, y lo hace
presentándole en crudo sus crímenes e infidelidades. El caso de Israel es como el de la mujer
despedida con justicia por alguna infidelidad y que se va con otro hombre. Según Dt 24:1-4, no
podía volver a su primer marido. El marido, en ese caso, no podrá volver a tomarla: ¿volverá
aquél a ella de nuevo? (v.1). No obstante, en la historia de Israel hay algunos casos en los que
una mujer dada en matrimonio a otro ha sido tomada de nuevo 5. Pero aquí la conducta de la mujer
repudiada es muy desarreglada moralmente, siendo profanada6; lo que parece indicar que ella
andaba en uniones ilegítimas después de haber abandonado al primer marido. Es el caso de Israel,
que se ha prostituido con tantos amantes, lo que hace muy difícil que pueda retornar a su
primer marido: ¿podrás volver a mí? (Yahvé).
Y ahora Yahvé enumera detalladamente sus prostituciones con sus muchos amantes: Alza
tus ojos hacia los collados y mira donde no has sido profanada (v.2). Esos collados son los famosos
“lugares altos,” donde había santuarios locales a los que iban los israelitas. La descripción
que sigue es muy realista y cruda: Israel se ha sentado al acecho de amantes (ídolos) como lo
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hacían las meretrices7: junto a los caminos te asentabas., como el árabe en el desierto (v.ab). El
árabe o beduino de la estepa, que vive de la espada, como Esaú, está al acecho por si da con algún
desprevenido caminante para robarle 8. Es el caso de Israel, que no sólo está dispuesta a entregarse
a la prostitución espiritual con los ídolos sus amantes, sino que va en busca de ellos 9.
Las fornicaciones son los actos de idolatría, y las perversidades, la sangre inocente que ha derramado
10 como consecuencia de estos cultos idolátricos.
La primera frase del ν.3 parece interrumpir el sentido del contexto. Y quizá sea mejor
adoptar la lección de los LXX que hemos indicado: “tú has tenido numerosos pastores (amantes),
que han sido para ti piedra de escándalo”; lo que sería una repetición del v.1. No obstante, la lectura
masorética puede mantenerse: Fueron retenidos los aguaceros y no hubo lluvia de primavera
(v.3a), en el sentido de que Yahvé, para hacer volver a Israel a sí, no dudó en enviarle castigos,
privándole de los aguaceros o lluvias primeras del otoño para la sementera, y de los de la
primavera, necesarios antes de la maduración de los cereales n. Pero todo ha sido en vano, porque
Israel seguía obstinada en sus vicios con frente de prostituta, sin querer avergonzarse. Israel
ha llegado a la degradación de la meretriz, que ha perdido todo pudor, y por eso no sale a sus
mejillas el sonrojo por un acto inmoral por ella cometido.
Esa insolencia llega al colmo al querer Israel conciliar el favor de su Dios sin abandonar
sus caminos perversos de idolatría: ¿no me invocas desde ahora: “Padre mío, tú eres el esposo
de mi juventud?” (v.4). Esas invocaciones afectuosas están en contradicción con su conducta
práctica. Es un reproche del sincretismo religioso. Los israelitas creían conciliar el culto a Yahvé
y el de los ídolos. En la hora de la desgracia volvían hacia su Dios tradicional. Pero no son compatibles
ambos cultos 12. Pretende Israel conservar a Yahvé, su Esposo, como en los días de su
juventud en el desierto 13, cuando disfrutaba de sus primeros amores. Israel quiere jugar con la
justicia divina, creyendo que Yahvé está dispuesto a reconciliarse con ella según sus conveniencias:
¿Va a durar por siempre su cólera, la mantendrá hasta el fin? (ν.6). Está acostumbrada a
recibir muchas muestras de perdón y de misericordia, y por eso cree que ahora Yahvé se excede
en los castigos.
Comparación entre la conducta de Israel y de Jada. (6-11)
6 Y me dijo el Señor en tiempo del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho Israel? Se
fue por todo monte alto, y bajo todo árbol frondoso para fornicar allí. 7 Yo dije:
Después de haber hecho todas estas cosas, vuelve a mí. Pero no se volvió. Vio esto su
pérfida hermana Judá. 8 Vio que por todo cuanto había adulterado la rebelde Israel
habíala despedido y dado el libelo de repudio, pero no temió la pérfida Judá, su
hermana, sino que fue y fornicó ella también. 9 Y sucedió que, por la ligereza de su
prostitución, contaminó la tierra y adulteró con la piedra y con el leño; 10 y tampoco
con todo esto su pérfida hermana Judá se volvió a mí de corazón, sino mentidamente,
oráculo de Yahvé. 11 Υ me dijo Yahvé: La apóstata Israel se ha justificado al lado
de la pérfida Judá.
En este fragmento encontramos una lección de justicia comparativa a los ojos de Dios. Israel,
con ser tan culpable por sus idolatrías (se fue por todo monte alto, y bajo todo árbol frondoso
para fornicar, v.6), lo es menos en comparación de Judá, ya que ésta no aprovechó la lección
que dio Yahvé a aquélla castigándola severamente. Cuando escribe Jeremías este oráculo habían
pasado ya más de cien años después de la conquista de Samaría por los asirios (en el 721 a.C.) y
había desaparecido totalmente el reino del Norte, Israel. Todo ello fue como consecuencia de
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haberla abandonado Yahvé, dándole el libelo de repudio (v.8). La imagen está tomada de Dt
24:1: un marido podía abandonar a su esposa por encontrar algún defecto grave en ella, entregándole
el “libelo de repudio.” Es lo que ha hecho Yahvé con Israel. La ha entregado a sus enemigos,
los asirios, que la llevaron en cautividad.
Judá no aprendió la lección de esto, y también se dio a la idolatría: adulteró con la piedra
y el leño (v.8), es decir, con ídolos de piedra y de madera 14. Multiplicó sus prostituciones idolátricas
(por la ligereza de su fornicación, V.9). Judá era propensa y tenía especial facilidad para la
idolatría 15. Consecuencia de ello fue que contaminó la tierra, es decir, Palestina, que era la
heredad de Yahvé, la cual era profanada al admitir cultos idolátricos en ella. Además, hipócritamente
se considera aún vinculada a Yahvé, pero es mentidamente (v.10). De ahí que Israel jurídicamente
sea menos culpable ante Dios que Judá, que sigue prevaricando, sin escarmentar por
lo sucedido a su hermana 17.
Invitación al retorno (12-13).
12 Anda y grita estas palabras hacia el septentrión y di: Vuélvete, apóstata Israel,
oráculo de Yahvé; no apartaré mi rostro de vosotros, porque soy misericordioso,
oráculo de Yahvé; no es eterna mi cólera. 13 Reconoce, pues, tu maldad, pues contra
Yahvé, tu Dios, has pecado, dispersando tus caminos hacia los extraños, bajo todo
árbol frondoso, y desoyendo mi voz, oráculo de Yahvé.
El retorno a Yahvé, aunque es difícil (v.1-5), es posible (v.5). Israel debe emprender otro camino
y dejar de llevar una conducta ambigua, acudiendo a Yahvé y a los ídolos: dispersando tus caminos
hacia los extraños (v.15), es decir, sus mandos postizos, a los que hace la corte bajo todo
árbol frondoso 18.
Futura unificación de Israel y Judá (14-18).
14 Volved, hijos rebeldes, oráculo de Yahvé, porque yo soy vuestro dueño, y os tomaré
uno de una ciudad y dos de una familia, y os introduciré de nuevo en Sión. 15 Yo
os daré pastores según mi corazón, que os apacentarán sabiamente. 16 Y sucederá
que, cuando os multipliquéis y fructifiquéis sobre la tierra, en aquellos días — oráculo
de Yahvé — no dirán ya: “Ah, el arca de la alianza de Yahvé!” No se acordarán
ya de ella, se les irá de la memoria, ni la echarán de menos ni harán otra. 17 En aquel
tiempo será llamada Jerusalén trono de Yahvé, y se congregarán en torno a ella todas
las gentes en el nombre de Yahvé, a Jerusalén, y no seguirá más la obstinación
de su corazón malo. 18 En aquellos días vendrán juntamente la casa de Judá y la casa
de Israel, juntos vendrán de la tierra del septentrión a la tierra que da en heredad
a vuestros padres.
Parece que el profeta se dirige a los expatriados del reino del Norte, llevados en cautividad por
Teglatfalasar III, Salmanasar V y Sargón II. Para ellos hay todavía esperanza de repatriación.
Los invita a volver, ya que Yahvé es su dueño (v.14) verdadero. Y El se encargará de que algunos
de entre ellos retornen a la nueva patria de Sión (v.14b). Es la doctrina del resto rescatado
por Yahvé de la catástrofe. Isaías decía que “un resto volverá”19. Entre los deportados (quizá
hable en futuro el profeta de los deportados también de Judá) habrá un selecto número que tendrán
la suerte de poder volver a Sión a constituir la nueva teocracia. El número será reducido:
uno de una ciudad, dos de una familia; pero es una puerta a la esperanza. El nuevo orden de co1950
sas será presidido por el sentido de justicia, pues Yahvé dará pastores según su corazón, que los
apacentaran sabiamente (v.15). Son los nuevos gobernantes de la era mesiánica 20. En Is 40,11
se presenta a Yahvé como el futuro pastor de Israel, que enviará al pastor fiel, Mesías 21. Gobernarán
los nuevos pastores sabiamente (lit. “con inteligencia y prudencia”). Después del retorno
de la cautividad, los judíos tuvieron como excelentes pastores a Zorobabel, a Esdras y a Nehemías.
Pero todos éstos serán una preparación del Buen Pastor ideal, el Mesías. Indudablemente que
la mente del profeta se proyecta hacia la era mesiánica, por lo que dice a continuación: Aquel
pequeño grupo salvado se multiplicará hasta constituir una comunidad pujante (v.16a).
En la nueva era mesiánica (la frase en aquellos días suele tener un carácter marcadamente
mesiánico) no será necesaria la presencia del arca como símbolo de la presencia de Yahvé. El
pueblo se hallará bajo una protección especialísima de su Dios, en tal forma que sentirá nostalgia
de los tiempos pasados (v.16b). El arca de la alianza de Yahvé había sido el centro del culto
en la época anterior al destierro. Era símbolo de la presencia de Dios en su pueblo y estaba
guardada en el santo de los santos, primero en el tabernáculo y después en el templo de Jerusalén.
Contenía las tablas de la Ley, estaba cubierta con el propiciatorio, o lámina de oro sobre la
que se asentaba Yahvé como en un trono para comunicarse con Israel 22, y flanqueada por dos
querubines con sus alas extendidas uno frente al otro. En la época de lucha con los filisteos se
llevaba al campo de batalla para obtener la victoria. Sólo el sumo sacerdote podía entrar una vez
al año al santo de los santos, en el día de la expiación, para aspersionar el propiciatorio con la
sangre de la víctima para aplacar la justicia divina. Después de la caída de Jerusalén, el arca no
aparece más en la historia de Israel, y así, en el nuevo templo reconstruido después del exilio bajo
los persas (520-18) faltaba el arca. En lugar de ella había una piedra saliente, sobre la que el
sumo sacerdote cumplía el rito de la expiación 23. Según un documento apócrifo del que se hace
mención en 2 Mac 4, Jeremías escondió el arca en una caverna del monte Nebo. Es una leyenda
que refieren los hebreos de Palestina a los de Egipto 24. Jeremías anuncia que en la nueva era
mesiánica no hará falta el arca como signo externo de la presencia de Yahvé, pues éste se
hará de tal modo sensible a los corazones de los nuevos ciudadanos, que aventajará con mucho a
la realidad de aquélla. Ni siquiera serán colocadas entonces las tablas de la Ley en ella, pues la
Ley de Yahvé será escrita sobre los corazones de los nuevos israelitas 25. Es un anuncio de
que el culto mosaico desaparecerá y será sustituido por otro de concepciones más amplias. Malaquías
dirá que cesarán los sacrificios de Jerusalén para ser sustituidos por otro que se ofrecerá de
“oriente hasta occidente”26.
Jerusalén, al entrar en una nueva fase, la definitiva de su historia, cambiará hasta de nombre
para expresar mejor su realidad. En el antiguo templo, Yahvé estaba simbólicamente sentado
sobre el arca; ahora toda la ciudad podrá ser llamada trono de Yahvé, porque Dios realmente se
hará sentir sensiblemente sobre ella. Es más, esta nueva Jerusalén será el punto de convergencia
de todo los pueblos (ν.17a). Es lo mismo que Isaías y Miqueas habían anunciado al presentar
a todos los pueblos dirigiéndose al monte del Señor, a Sión, para adoctrinarse en su Ley 27. Tenemos,
pues, aquí enseñado claramente el universalismo mesiánico, que va apareciendo periódicamente
en los profetas. El profeta presiente una nueva religión no basada en lo exterior, sino
vinculada al corazón. San Juan, en el Apocalipsis (21:23), dice que la nueva Jerusalén no tendrá
templo, ni habrá sol ni luna, porque el Señor y el Cordero harán sus veces para los bienaventurados.
En la época mesiánica se realizará de nuevo el gran sueño de los israelitas: la unión de las
doce tribus: la casa de Judá y la casa de Israel (v.18). Vendrán de la tierra del septentrión, es
decir, de la región mesopotámica adonde habían sido dispersos en la cautividad. Para el profeta,
1951
que habla en Jerusalén, el camino del cautiverio (vía Damasco-Eufrates por Palmira) estaba hacia
el norte. En el c. i había dicho que la invasión de Judá vendría del norte en el mismo sentido. El
punto de convergencia de los repatriados es Palestina, la tierra que di en heredad a vuestros padres
(v.18). Ezequiel también anunciará la fusión de los dos reinos hermanos antagónicos28.
Reconocimiento de los pecados de parte de Israel (19-25).
19 Y yo me pregunté: ¿Cómo voy a contarte entre los hijos y darte una tierra deliciosa,
la heredad más preciosa entre las naciones? Y me contestaba: Me llamarás “mi
padre” y no te separarás de mí. 20 Sin embargo, como la mujer infiel a su marido, así
has sido tú infiel a mí, casa de Israel, oráculo de Yahvé. 21 Una voz se deja oír sobre
las peladas alturas, llantos y súplicas de los hijos de Israel por haber pervertido su
camino y haberse olvidado de Yahvé, su Dios. 22 Convertios, hijos rebeldes, y sanaré
vuestras rebeldías. Henos aquí, venimos a ti, pues tú eres Yahvé, nuestro Dios. 23
Ciertamente sólo mentira (nos ha venido) de los altos, ruido de los montes. Verdaderamente
en Yahvé, nuestro Dios, está la salvación de Israel. 24 La vergüenza (de los
ídolos) ha devorado el trabajo de nuestros padres desde nuestra juventud: sus rebaños,
sus vacadas, sus hijos y sus hijas. 25 ¡Yacemos en nuestro oprobio y nos cubre
nuestra vergüenza! Porque hemos pecado contra Yahvé, nuestro Dios, nosotros y
nuestros padres desde nuestra juventud y hasta el día de hoy, y hemos desoído la palabra
de Yahvé, nuestro Dios.
El pensamiento del profeta vuelve a la idea de arrepentimiento como condición necesaria para la
rehabilitación de Israel en su amistad con Yahvé. Se presenta a Israel como una mujer a la que se
quiere dar herencia entre sus hijos (v.19a), haciendo una excepción, ya que, según la Ley, las
mujeres no podían heredar 29. Esos hijos pueden ser las naciones paganas, sometidas también a
Yahvé; entonces Israel sería como el primogénito que heredaría lo principal. Como Israel es presentada
como una mujer para que pueda servir de símil para el matrimonio con Yahvé, de ahí la
frase de Jeremías. Quiere dar a Israel Palestina, la tierra deliciosa entre las naciones. Pero ello
exige una condición: el reconocimiento de la paternidad de Yahvé por parte de Israel: me llamaras
“mi padre” y no te separaras de mí (V.19C). Quiere que vuelva a los buenos tiempos del desierto,
en que se entregaba totalmente a Yahvé (v.2-3). Pero la. conducta de Israel ha sido la de
una esposa infiel (v.20).
Como contestación a la invitación amorosa de Yahvé, el pueblo siente un movimiento
profundo de compunción, y en medio del jolgorio de los cultos idolátricos en las alturas se oyen
ahora llantos y gemidos de los hijos de Israel (v.21a), que reconocen su mala conducta. Yahvé,
conmovido, los invita a la penitencia: convertios (v.22), pues por su parte está dispuesto a reintegrarlos
a su favor: sanaré vuestras rebeldías (v.22a), es decir, vuestra tendencia a la idolatría,
con todas sus consecuencias morales.
Por primera vez el pueblo reconoce la vaciedad de los cultos idolátricos (v.23a). Han confiado
en ídolos que no les podían ayudar, y todo su culto era una mentira, una farsa. Aquellas
fiestas eran un puro ruido de los montes (v.23), alusión a las orgías ruidosas que se desarrollaban
en esos lugares de culto: procesiones, danzas licenciosas, prostitución sagrada 30. Quizá los reveses
políticos y militares de la época sirvieron para abrir momentáneamente los ojos de los israelitas.
El culto de los baales no ha servido sino para empobrecer al pueblo, perdiendo las riquezas
acumuladas por los antepasados: la vergüenza (es decir, los ídolos) ha devorado el trabajo de
nuestros padres 31.
1952
Como consecuencia, el pueblo reconoce sus descarriados caminos y está como en luto:
yacemos en nuestro oprobio y nos cubre nuestra vergüenza (ν.26). La expresión está calcada sobre
los ritos habituales de duelo: se recogían en casa, echándose sobre ceniza, y se cubrían de
saco. Aquí el oprobio hace las veces de ceniza, y la vergüenza de saco.
1 Así según el TM. En G. se lee “volverá a él.” — 2 Así según el TM, que parece interrumpir el pensamiento. Los LXX leían: “Y tienes
muchos pastores para tu tropiezo.” Conforme a esta lectura, Duhm ha sugerido un arreglo del TM y lee: “Y de tus numerosos
compañeros (amantes) resultó un lazo para ti.” Así Con-damin. Pero mantienen la lectura del TM Streane, Dennefeld, Bible de Jérus.,
— 3 Cf. Jer 2:2-3. — 4 Jer 3:20. — 5 El G. más bien supone que “ella vuelve a él.” — 6 El H. dice “tierra” en vez de “mujer.”
Es una influencia de Dt 24:4. — 7 Cf. Gen 38:145. — 8 Es la primera vez que aparece la palabra árabe en la Biblia. Y es
aquí en el sentido de hombre de la estepa o arabah. — 9 Cf. Jer 2:23-24. — 10 Cf. Jer 2:22-23.33-34; 3:5-23-24. — 11 Cf. Dt
11:14; 28:12-24. — 12 Cf. Jer 2:23. — 13 Cf. 2:2. — 14 Cf. Jer2:27- — 15 El hebreo se puede traducir “con su rumorosa fornicación,”
y entonces pudiera ser una alusión a las orgías que acompañaban a los cultos idolátricos. La Vg. traduce “facilítate fornicationis,”
que es aceptable. — 17 Sobre la conducta comparativa de Israel y Judá cf. Ez 23:11. — 18 Cf. Jer2:25. — 19 Cf. Is 10,21.
— 20 Cf.Jer 23:4-5;Ez 34:23. — 21 Cf. Ez 34:23; Jer 23:1-8. — 22 Cf. Ex 25:22. — 23 Cf. Goldschmid, Der bab. Talmud III
147. Joma v.2. Citado por G. Vittona-TO, O. P., II Libro de Jeremía p.iia (Torino 1955). — 24 Cf. Knabenbauer, Comm. in Mach.
p.298. — 25 Cf. Jer 31:31- — 26 Cf. Mal 1:11. — 27 Cf. Is 2:2-4; Miq 4:11s. — 28 cf. Ez 37:16-28. — 29 Cf. Núm 27:1-8. — 30
Cf. Is 22:13; 28:7-8; Os 9:1; Jer 3:23; Am 5:21; 1 Sam 10; Am 2:7; Os 4:14. — 31 La palabra vergüenza, en hebreo boshet, era el
nombre despectivo que los yahvistas daban a los baales o ídolos. Así muchas veces sustituyen la palabra baal por vergüenza, como
aquí. Cf. Os 9:10; Jer 11:13; 2 Sam 2:8; 1 Par 8:33.
4. Invitación a la conversión y amenaza de castigo.
Se encarecen los efectos beneficiosos que para Israel tiene una sincera conversión. Después se
anuncia la invasión de un ejército que viene del desierto para caer sobre el pueblo escogido. El
estilo e; patético y descriptivo.
Invitación a la sincera conversión (1-4).
1 Si te conviertes, Israel — oráculo de Yahvé — , volverás a mí. Si quitas de delante
de mí tus abominaciones, no andarás errante. 2 Si juras por la vida de Yahvé con
verdad, con derecho y con justicia, serán en ti bendecidos los pueblos y en ti se gloriarán.
3 Pues así dice Yahvé a los hombres de Judá y de Jerusalén: Roturaos un
erial y no sembréis en cardizales. 4 Circuncidaos para Yahvé y quitad los prepucios
de vuestros corazones, varones de Judá y habitantes de Jerusalén. No sea que salga
como fuego mi ira y se encienda, sin que haya quien lo apague, por la maldad de
vuestras obras.
Se insiste en la necesidad de que el arrepentimiento sea sincero. Si la conversión del pueblo es
sincera, debe dirigirse a Yahvé: volverás a mí (v.1). Pero tienen que renunciar a sus abominaciones,
es decir, los ídolos, con todas las consecuencias inherentes a los cultos cananeos. El premio
de su retorno al buen camino será que no andará vacilante: no andarás errante (v.1b), fuera de la
órbita de la protección divina, errante como otro Caín, sin poder participar en los cultos verdaderos
de Yahvé.
La expresión de jurar por la vida de Yahvé equivale a jurar por el Dios viviente, en contraposición
a los ídolos, que son vanos, muertos, y, por tanto, no pueden prestar auxilio a sus devotos.
En 5:2, el profeta dice que sus contemporáneos, aunque juran por el nombre de Yahvé, lo
hacen falsamente, precisamente porque contemporizan con los cultos paganos.
La frase siguiente: serán en ti bendecidos los pueblos, está tomada directamente de Gen
22:18 ó de 26:4. La idea es que Israel será motivo de bendición para todas las gentes; es decir,
los pueblos se saludarán deseándose los bienes que Yahvé ha otorgado a Israel.
Pero para que estas bendiciones se cumplan sobre Israel y den buenos frutos es preciso
1953
una reforma a fondo: roturaos un erial y no sembréis en cardizales. Antes de sembrar un campo
es preciso roturarlo bien cuando es erial y prepararlo para la siembra. No se debe sembrar en
cardizales, porque se ahogaría la buena semilla. Ya el profeta Oseas, un siglo antes, había escrito
la misma imagen con sentido análogo: “Sembrad en justicia, cosechad en misericordia, roturad
el barbecho del conocimiento para buscar a Yahvé mientras viene él a enseñaros la justicia” 2.
El profeta especifica lo que quiere decir con el símil anterior, tomado de la agricultura:
circuncidaos para Yahvé y quitad los prepucios de vuestros corazones. Para tener derecho a
formar parte jurídicamente de la comunidad israelita era preciso y bastaba haber cumplido el rito
de la circuncisión en los varones. Aquí el profeta exige algo más para entrar en relaciones normales
con Yahvé. Habla a los varones de Judá. (v.4), y les dice que lo que importa ante todo es
la circuncisión interior: circuncidaos para Yahvé (v.4a). El rito externo debía ser símbolo de una
entrega interna total a Yahvé. Para ello era preciso deshacerse de los prepucios o apegos inmorales
de sus corazones. El corazón de los israelitas se hallaba como materializado y recubierto de
una espesa capa de materialismo. Era preciso deshacerse de esto para entrar en relaciones puras,
libres de intereses bastardos, con Yahvé. Se trata de formar parte de una sociedad nueva vinculada
espiritualmente a Yahvé, y para ello era preciso practicar esa circuncisión espiritual, que supone
la renuncia a participar en los cultos idolátricos y a todas las apetencias torpes y sensuales
inherentes a ellos 3. Esta llamada a la religión interior es característica de los profetas y culminará
en la predicación evangélica 4.
Después de esta exhortación paternal, Dios refuerza su invitación, anunciando el castigo
caso de que no cambien de conducta: no sea que salga como fuego mi ira (v.4b).
Inminente invasión (5-8).
5 Anunciad en Judá y proclamad en Jerusalén, clamad y tocad las trompetas por la
tierra, gritad con toda fuerza y decidí ¡Congregaos y vayamos a las ciudades amuralladas!
6 Levantad bandera hacia Sión, salvaos, no os detengáis, porque voy a hacer
venir la desgracia del septentrión, una gran catástrofe. 7 El león ha subido de su espesura,
el devastador de pueblos está en marcha, ha salido de su lugar para devastar
tu tierra y asolar tus ciudades hasta no dejar en ellas morador. 8 Vestios, pues,
de saco, llorad y lamentaos, porque no se ha apartado de nosotros la ira encendida
de Yahvé.
Con estas palabras del v.5 se inicia un nuevo ciclo de profecías, que prosigue hasta el c.6 inclusive.
No se especifica el enemigo invasor. El profeta, en este primer fragmento (v.5-8), refleja la
alarma de los habitantes de Jerusalén y de sus alrededores ante la proximidad del enemigo, los
cuales se congregan como único recurso en las ciudades fortificadas (v.5). El profeta se presenta
como centinela que da la voz de alarma al estilo militar: clamad y tocad las trompetas por la tierra
(v.5a). Esta tierra es la campiña de Judá. Ante la invasión es inútil quedarse a campo raso, y
sólo resta refugiarse en los recintos amurallados. Además, el profeta invita a los habitantes de
Sión a que enarbolen una bandera para indicar la dirección hacia la que deben converger los fugitivos
(levantad bandera hacia Sión, v.6a), ya que la invasión viene del septentrión, e.d., de la
ruta caravanera de Damasco, itinerario tradicional de las invasiones asirías, que será seguida
también por los babilonios. El invasor es presentado como el león que ha subido de la espesura
(ν.7). En la región frondosa de las márgenes del Jordán abundaban los leones y fieras salvajes.
Su espesura era famosa por los sobresaltos a que tenía que someterse el viajero incauto, siempre
expuesto al ataque de dichas fieras. De allí subían hacia las montañas colindantes. El profeta re1954
coge este símil tradicional para presentar el peligro del invasor. Ese león es el devastador de
pueblos (ν.7), sin duda Nabucodonosor, implacable invasor de Palestina, primero como lugarteniente
y generalísimo y después como rey de Babilonia. El profeta anuncia su efecto devastador
sobre Judá (tu tierra, ν.7b). Consecuencia de su implacable incursión militar será un duelo general
entre los habitantes de Jerusalén: vestios de saco, llorad. (v.8a) 5. Pero en realidad deben considerar
la razón verdadera de la desgracia. Nabucodonosor no es sino un instrumento de la justicia
divina, que se muestra airada contra su pueblo (v.8b).
Consternación en las clases dirigentes (9-10).
9 Y sucederá en aquel día — oráculo de Yahvé — que desfallecerá el corazón del rey
y el de los magnates, se consternarán los sacerdotes, se pasmarán los profetas 10 y
exclamarán: ¡Ah Señor, Yahvé! 6 Ciertamente has engañado a este pueblo y a Jerusalén,
diciendo: “Tendréis paz,” y la espada ha llegado hasta el alma.
En el momento de la invasión serán las clases más responsables las que perderán el ánimo. En la
corte no se ha querido seguir las instrucciones de Jeremías, y, en cambio, se han buscado fórmulas
diplomáticas y alianzas militares con Egipto al margen de los intereses de Dios. La consternación
será general en la corte: desfallecerá el corazón del rey y el de los magnates (v.8). Estos
han sido los responsables de la catástrofe al no seguir la política yahvista aconsejada por Jeremías,
siguiendo, en cambio, los supuestos oráculos que halagaban sus puntos de vista proferidos
por los falsos profetas y sacerdotes. Su insolencia llegará hasta el extremo de atribuir sus errores
al mismo Yahvé: ¡Ah Señor, Yahvé! Has engañado a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: “Tendréis
paz” (v.10a). La corte tomaba como verídicas las predicciones de paz de los falsos profetas,
y ahora creen que Yahvé los ha engañado.
La invasión arrallador a (11-21).
11 En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén: Un viento cálido sopla de las
dunas del desierto sobre los caminos de la hija de mi pueblo; viento no de limpia ni
de abaleo; 12 un viento impetuoso me llega. Ahora voy también yo a pronunciar castigos
contra ellos. 13 He aquí que sube como denso nublado; sus carros son como el
torbellino; sus caballos, más veloces que las águilas. ¡Ay de nosotros! ¡Estamos perdidos!
14 Limpia de maldades tu corazón, Jerusalén, para que puedas ser salva.
¿Hasta cuándo se albergarán en tu interior tus perversos pensamientos? 15 ¡Se
anuncia una voz desde Dan y se hace oír la desventura desde el monte de Efraím! 16
Recordadlo a las naciones, proclamadlo en Jerusalén: Vienen los asaltantes de lejanas
tierras, lanzan sus gritos contra las ciudades de Judá, 17 la rodean como guardias
rurales por haberse rebelado ella contra mí, oráculo de Yahvé. 18 Esto es lo que
te han traído tu conducta y tus acciones. He aquí que tu maldad es amarga, pues
hiere tu corazón. 19 Ay mis entrañas, ay mis entrañas! ¡Desfallezco! ¡Paredes de mi
corazón! ¡Mi corazón se agita! ¡No puedo callarme! Ya oigo el sonido de la trompeta,
el estrépito de la batalla. 20 Ya se anuncia desastre sobre desastre, pues toda la
tierra ha sido devastada. De repente invadieron mis tiendas, en un instante mis tentorios.
21 ¿Hasta cuándo he de ver banderas y oír el sonar de los clarines?
La descripción de la invasión es dramática y nerviosa para reflejar la ansiedad del momento. El
profeta presiente inminente la invasión que avanza del norte. Es el ejército implacable de Nabu1955
codonosor, que cae como un enjambre sobre la tierra de Judá. Antes se le presentó como un león
que sale de la espesura; ahora se le describe como un viento cálido, el simún o jamsim, que sopla
abrasador desde las dunas del desierto (v.11), que no trae sino abrasamiento y esterilidad. Es un
viento devastador tan fuerte, que no sirve para las faenas de trilla y de selección del trigo (no de
limpia ni de abaleo, ν. 1:1b), pues es demasiado violento y se lleva también el grano con la paja.
Es un huracán surgido repentinamente en el desierto, que siembra por doquier la devastación y la
ruina7. Ahora sopla. sobre los caminos de la hija de mi pueblo, e.d., Jerusalén 8. Por su aspecto
tétrico, el invasor se parece a un denso nublado (v.15), o turbión, que avanza amenazador 9. No
hay salvación posible: ¡Estamos perdidos! es la exclamación unánime del pueblo, sobrecogido
de terror.
Ante este ambiente de consternación general, el profeta, en su oficio de centinela de su
pueblo, le dice que no está todo perdido y que aún hay lugar a la esperanza si el pueblo de Judá
se arrepiente de sus pecados (v.14). Cuando todo es depresión moral y desesperación, los profetas
presentan al pueblo un horizonte de esperanza, y cuando todo es jolgorio y optimismo inconsciente,
anuncian castigos. Es el eterno balanceo ideológico de la teología profética. Tras esta
interrupción alentadora en forma de consejo a su pueblo, prosigue el profeta la descripción de la
invasión. Llegan las primeras noticias de la parte septentrional del país de que el ejército invasor
ha entrado en Palestina: Se anuncia una voz desde Dan y se hace oír la desventura desde el monte
de Efraim (v.15). Dan constituía la ciudad más septentrional de Israel, ya en los confines de
Siria y Líbano, a cinco kilómetros de Banyas, la actual tell-el-Qadi. Era tradicional la frase “desde
Dan hasta Bersabé” para designar la totalidad de Palestina, desde la frontera siró-fenicia hasta
el Negueb, en el sur, con Bersabé (la actual Bersheba) como capital10. El monte de Efraim (v.15)
estaba al norte de Jerusalén, en la ruta que había de seguir el invasor en su marcha hacia la capital.
Al citarle el profeta juntamente con Dan, es para destacar la celeridad del avance arrollador;
apenas llegan las noticias desde la frontera norte en Dan, cuando otro mensajero trae la noticia de
que las tropas invasoras han acampado en el monte de Efraim, a unos kilómetros al norte de Jerusalén.
La descripción es entrecortada y llena de dramatismo. Las naciones o pueblos paganos deben
ser testigos de este castigo que se cierne sobre el pueblo elegido (v.16) para mayor baldón de
éste. La avidez de los asaltantes es comparada a la de los guardias rurales (ν.17), que velan sobre
la mies y los frutos para que no sean robados. Según algunos intérpretes, la expresión guardias
rurales se referiría a los ineptos defensores de la Jerusalén ante los bien armados asaltantes.
En realidad, la conducta y las malas acciones de Judá han sido la causa del estrago, ya que los
invasores no son sino instrumentos de la justicia divina (v.15a).
El profeta asiste en espíritu a la batalla y se conmueve en sus entrañas (V.19). El temperamento
de Jeremías era esencialmente afectivo, y sentía más que nadie la tragedia de su pueblo.
La expresión paredes de mi corazón (V.19) es paralela a entrañas y significa la sede de sus afectos
más'íntimos M. El profeta asiste espiritualmente a las escenas terribles del combate: oigo el
sonido de la trompeta, el estrépito de la batalla, y con ello presiente el desastre que se cierne
sobre toda la tierra devastada (v.20). Piensa en su pueblo y se identifica con él: invadieron mis
tiendas. Con la imaginación se traslada a la época primitiva en que vivía Israel en tiendas en el
desierto. Sus campamentos o tentorios han caído en poder del enemigo. Las murallas de Jerusalén,
lejos de ofrecer defensa alguna, se pliegan fácilmente, como las tiendas, ante el empuje arrollador
de los asediantes. Ante tanta desolación, el profeta pregunta cuánto durará esta invasión
militar: ¿Hasta cuando he de ver banderas y oír los clarines? (v.21). La paz ha desaparecido de
su pueblo, y el estruendo bélico de los guerreros que despliegan las banderas conmueve las entrañas
de Jeremías, que asiste en espíritu al triste espectáculo.
1956
Desolación general (22-31).
22 Porque mi pueblo está loco, me ha desconocido. Son hijos necios y no son inteligentes:
sabios para el mal, ignorantes para el bien. 23 Miré a la tierra, y he aquí que
era vacío y confusión; y a los cielos, y no había luz. 24 Miré los montes, y he aquí que
temblaban, todos los collados se conmovían, 25 Miré, y no se veía un hombre, y las
aves del cielo habían huido todas. 26 Miré, y he aquí que el vergel era un desierto, y
todas sus ciudades eran ruinas ante Yahvé, ante el furor de su cólera. 27 Pues así dice
Yahvé: Toda la tierra será un desierto, pero no consumaré la destrucción. 28 Llorará
la tierra y se entenebrecerán los cielos arriba, porque yo lo anuncié, y no me arrepentiré;
yo lo he resuelto, y no desistiré de ello. 29 Al vocerío de la caballería y de los
saeteros, todas las ciudades emprenden la huida, penetraron en las selvas y escalaron
las rocas; todas las ciudades fueron abandonadas, sin que en ellas quedara un
morador. 30 Y tú la desolada, ¿qué harás? Si te vistes de púrpura, te adornas con joyas
de oro, te rasgas los ojos con los afeites, en vano te acicalarás: tus amantes te
desprecian, buscan tu vida. 31 Ciertamente oigo gritos como de mujer en parto, angustias
como de primeriza. Es la voz de la hija de Sión, que gime y extiende sus manos.
¡Ay de mí! pues desfallece mi alma ante los asesinos.
Después de dar la razón de la catástrofe, el profeta describe con caracteres escatológicos el ambiente
de desolación y de terror que domina la tierra de Judá. Parece un fragmento apocalíptico
similar a la descripción que del día de Yahvé hace el autor de Is c.24-27 12. Quizá sea un fragmento
apocalíptico errático del mismo Jeremías, insertado por un redactor posterior para completar
el cuadro de desolación anunciado por Jeremías en los versículos anteriores.
El profeta constata, en nombre de Yahvé, el estado de estolidez de Israel, que no sabe reconocer
la mano de Dios, que les castiga por sus pecados: mi pueblo está loco (v.22). Los israelitas
son sólo sabios para el mal, e.d., agudos para escoger caminos que los llevan a la perdición; y
al contrario, ignorantes para el bien. Es la gran tragedia de Israel en la historia, ya que, lejos de
reconocerse como pueblo elegido bajo la protección de Yahvé, le ha desconocido (v.22a), yendo
tras dioses extraños.
Después pasa a describir la desolación general con caracteres cósmicos. En la tradición literaria
profética, el “día de Yahvé” era descrito como manifestación de la ira divina 13. Ahora, después
de haberse manifestado la justicia vengadora de Yahvé, todo es desolación y ruinas: la tierra.
era vacío y confusión (v.23). Las palabras empleadas por Jeremías son las mismas que leemos
en Gen 1:2 para describir el caos primitivo de la creación. Para colmo de desolación, no
había luz, que en el relato genesíaco aparece como primer signo distintivo. En Gen 1:2 se dice
que las “tinieblas cubrían la faz del abismo.” Sin duda que Jeremías depende de la descripción
del Génesis. En este ambiente de confusión caótica, las mismas montañas parecen estar fuera de
sí. Los montes, símbolo de estabilidad e inmovilidad en la Biblia por sus supuestos fundamentos,
que llegan hasta lo más profundo de la tierra, temblaban (v.24). Todo aparece trastornado en este
día de la manifestación de la ira de Yahvé 14. Y en esa naturaleza revuelta falta todo signo de vida:
no veía un hombre, y las aves del cielo habían huido (v.25). Todo es vacío caótico y ruinas.
Los hombres han perecido en la mortandad o han sido llevados en cautividad, y las aves, al no
encontrar nada con que alimentarse en aquella tierra, convertida en yermo, se han ausentado a
otras regiones. En efecto, Palestina, que era un vergel, se ha convertido en un desierto (v.26). La
expresión es hiperbólica. Palestina, en comparación con el estado de abandono en que había de
1957
quedar, era un campo feraz 15. La nueva situación desoladora es efecto del furor de Yahvé, que
quema como fuego.
Pero de nuevo hay una esperanza salvadora para un “resto” rescatado: pero no consumaré
la destrucción (v.27). Israel, por ser el pueblo elegido, se salvará en un pequeño núcleo de bendición,
para que sigan en pie las promesas mesiánicas anunciadas a los patriarcas. La justicia divina
respecto del pueblo elegido no es totalmente exterminadora 16. El juicio divino es una preparación
para la manifestación del reino mesiánico, del que ese “resto” salvado constituirá
el primer núcleo de ciudadanos. Pero el castigo será tal, que los cielos y la tierra mismos participarán
del duelo general (v.28). Y para insistir en la seguridad del castigo, pone el profeta en
boca de Yahvé la decisión reiterada de enviarlo (v.28b). Las expresiones paralelas se repiten con
énfasis para indicar la certeza del castigo, pero hay que tener en cuenta que estas profecías conminatorias
son siempre condicionadas, e.d., están subordinadas en los planes de Dios al endurecimiento
o arrepentimiento del pueblo israelita 17.
A continuación se describe con detalles la invasión: la caballería, los saeteros o arqueros
avanzan despiadados (v.29). En los bajorrelieves asirios aparecen los jinetes guerreros armados
con el carcajo lleno de flechas a la espalda, atacando al enemigo. Más tarde la caballería montada
se generalizó como instrumento de guerra. En la época de Jeremías, el uso de ella era muy común
entre los babilonios y escitas. Las poblaciones de los pequeños estados invadidos, como Palestina,
quedaban atemorizadas ante la ligereza y elasticidad que proporcionaba tal arma de combate.
Por eso, el profeta ve a los habitantes de todas las ciudades emprender la huida hacia las
selvas, dirigiéndose a los lugares inaccesibles rocosos (v.29). Con ello las ciudades quedaban
abandonadas a merced del vencedor 18.
Ante este espectáculo de invasión previsto por el profeta, Jerusalén sigue inconsciente
como una prostituta, ofreciendo sus encantos al mejor postor. Está, en realidad, desolada 19,
abandonada de Dios y de sus amantes; por eso es inútil que quiera atraerlos con seducciones artificiales
(.30). Aquí los amantes son las naciones extranjeras, cuyo favor buscaba ingenuamente
Judá, ofreciendo sus dones y mejores servicios, como una cortesana que quiere atraer con sus
vestidos de púrpura, sus joyas de oro y sus afeites de antimonio, con lo que hacía destacar más
los párpados, dando impresión de tener los ojos rasgados (te rasgas los ojos. , v.30b). Esta descripción
parece estar calcada en el relato de Jezabel, la esposa de Acab, que quiso conquistar con
sus artimañas de cortesana el corazón de Jehú, el cual brutalmente, lejos de dejarse ganar, la asesinó,
arrojándola a los perros de la calle 20. Es lo que harán los amantes de Jerusalén: tus amantes
te desprecian, buscan tu vida (v.50c). Es inútil que quiera atraerlos, pues en la primera ocasión le
darán de muerte.
La tragedia se aproxima, y Jerusalén debe prepararse para lo peor. Lejos de alejar el peligro
que sobre ella viene con sus vanos requiebros a las naciones, en plan de meretriz despreciada
de todos, lo que hace es adelantar la hora de la angustia. El profeta la ve ya en situación casi desesperada
de dolor, como la mujer en parto, con angustias de primeriza, invocando auxilio, extendiendo
las manos (v.31). El grito de la hija de Sión (Jerusalén) es desesperado bajo los golpes
del enemigo: desfallece mi alma ante los asesinos (v.31 c). Se ha consumado la tragedia, y Jerusalén
ha sucumbido. El profeta anuncia con estas palabras trágicas la situación de la Ciudad Santa
cuando, asediada por los soldados de Nabucodonosor, caiga definitivamente en el 586 a. C.,
desapareciendo como capital de la nación elegida.
1 El texto hebreo dice lit. “serán en él bendecidos los pueblos y en él se gloriarán,” por mantener materialmente la bendición del Génesis.
Pero la acomodación parece exigir cambiar de persona. — 2 Os 10:12. — 3 Cf. Dt 10:16; Lev 26:41. — 4 Jesús hablará de la adoración
de Dios en espíritu y en verdad (Jn 4:24), prometiendo la plenitud de la vida interior por el Espíritu (Jn 14:155). Gal 6:15: “Tanto la circuncisión
como el prepucio no son nada, pues lo que importa es la criatura nueva.” — 5 Para el símil del “saco” como vestido de luto, cf. Is 3:24;
1958
15:3; Jl 1:13; Miq 1:8. — 6 El texto hebreo lee: “y diré” (Jeremías). Pero esto es increíble en labios del profeta que ha anunciado
la desventura. Por otra parte, los LXX leen: “y se dirá.” El códice Alejandrino lee: “dirán,” que se adapta perfectamente al contexto,
y por ello creemos que es la mejor lección. Así la Bible de Jérusalem y Gondamin. — 7 Cf. Is 27:8; Job 27:21. — 8 Sobre la
expresión “la hija de mi pueblo,” aplicable a la población de Jerusalén, cf. Is 16:1; 22:4; Lam 4:223. — 9 Cf. Is 5:28; Hab i,8. —
10 Cf. Jue 20,i; 1 Sam 3:20. — 11 Cf. Lam i,20; Is 16:11. — 12 Cf. también Jl 2:10; 3:15; Am 8:9. — 13 Cf. Is 13:10; Jl 2:10; Sal
18:9-11. — 14 Cf. Hab 3:10; Jue 5:5; Sal 114:4-6. — 15 Cf. Ex 3:8. — 16 Cf. Is 6:13; 10,21; 11:11-15; Am 9:8; Miq 2:12; Sof
3:13. — 17 Cf. Jon3:4· — 18 Cf. Jue 6:2; 1 Sam 13:6. — 19 Los LXX omiten desolada, que está en el TM. Teod. lee “infeliz.” —
20 Cf. 2 Re 9:30. Sobre el colirio como adorno de los ojos cf. Is 45:11; Ez 23:40; 1 Re 9:30.
5. Corrupción de Jerusalén y Venganza de Yahvé.
De nuevo se describe con caracteres vividos la profunda inmoralidad general de Judá. La corrupción
abarca a todas las categorías sociales, desde las altas clases hasta los últimos estratos de
la sociedad. Por eso Yahvé se verá obligado a enviar un castigo devastador en forma de invasión
extranjera, porque la justicia divina puede transigir con tal estado de cosas ni mostrarse indiferente
ante la conculcación sistemática de los principios religiosos y morales más elementales.
Denuncia de la depravación moral (1-6).
1 Recorred las calles de Jerusalén, ved e informaos; buscad por sus plazas a ver si
halláis un varón, uno solo, que obre justicia, que busque fidelidad, y le perdonaré. 2
Pero cuando dicen: ¡Viva Yahvé! juran en falso. 3 ¿No es la fidelidad, ¡oh Yahvé! lo
que buscan tus ojos? Los has castigado, no se han dolido; los destruíste, pero rehusaron
aceptar la corrección; tienen la cara más dura que una piedra, no quieren
convertirse. 4 Yo me decía: Sólo la gente baja es insensata y desconoce los caminos
de Yahvé, el derecho de su Dios. 5 Voy a dirigirme a los grandes, y les hablaré, porque
éstos conocerán los caminos de Yahvé, el derecho de su Dios, pero todos a una
han quebrado el yugo, han roto las coyundas. 6 Por eso los herirá el león en la selva,
los devastará el lobo del desierto, y el tigre rondará sus ciudades. Cuantos salgan de
ellos serán despedazados, porque se han multiplicado sus crímenes y se aumentaron
sus apoetasías.
La corrupción reinante es tan general, que Yahvé se contentaría con encontrar un solo justo (v.1).
Es una frase hiperbólica para destacar el estado desolador, desde el punto de vista moral y religioso,
en que se encuentra la Ciudad Santa. En el relato de Gen 18:325, Dios exige a Abraham
diez justos para perdonar a Sodoma; aquí su generosidad es aún mayor: tal es el amor que
profesa hacia el pueblo elegido. Pero la religión de sus habitantes es puramente formalista: juran
por Yahvé, diciendo: ¡Viva Yahvé! (v.2), pero no son fieles a sus palabras. Esto es en realidad un
insulto a los ojos del mismo Dios (v.3), ya que El, ante todo, busca la fidelidad, porque no puede
avalar falsos juramentos, por ser la misma Verdad. Quizá el profeta aluda con estas palabras, sobre
todo, a los engaños contractuales de la vida comercial. En todo caso, esa falsedad de sus corazones
es síntoma de una falta de sentido ético-religioso.
Ante esta triste perspectiva, el profeta quiso consolarse, pensando que esta situación de
inmoralidad afectaría sólo a la gente baja del pueblo, que pecaba por ignorancia y desconocía los
caminos de Yahvé (v.4), sus preceptos y su derecho, o conjunto de exigencias de la alianza sellada
en el Sinaí. Pero la decepción no es menor al dirigirse a los grandes (ν.6). Como clase superior
ilustrada, era de esperar conocieran los caminos de Yahvé (v.5b); pero también éstos se han
rebelado contra la Ley del Señor (v.5b). Puesto que han roto el yugo de su amor, Yahvé, para
verse libres en el campo, quedarán expuestos a las incursiones de los animales feroces, que aquí
1959
son los soldados babilonios, que caerán salvajemente sobre los judíos: cuantos salgan de ellas
(las ciudades) serán despedazados (v.6b), y todo ello por la abundancia de sus crímenes y apostasías
(v.6c).
Inmoralidad general entre el pueblo (7-9).
7 ¿Cómo podré perdonarte? Tus hijos se han apartado de mí y juran por aquello
que no es dios. 8 Yo los harté, y se dieron a adulterar y se fueron en tropel a la casa
de la prostituta. Sementales bien gordos y lascivos, relinchan ante la mujer de su
prójimo. 9 ¿No habré de pedirles cuenta de todo esto? Oráculo de Yahvé. De un
pueblo como éste, ¿no habré yo de tomar venganza?
El estilo ahora es directo, pues habla personalmente Yahvé. Se echa en cara la apostasía general
y la idolatría al invocar en sus juramentos a aquello que no es dios (ν.7). A pesar de que Yahvé
les colmó de bienes materiales hasta la saciedad (v.8), se entregaron a las prácticas idolátricas
(v.8). Y como consecuencia de esta desquiciada conducta religiosa vino la bancarrota moral, manifestada
principalmente en la lascivia desenfrenada (v.8b). Las expresiones son fuertes, con realismo
oriental 1, pero reflejan bien la situación de la sociedad corrompida. El V.9 es como un ritornello
amargo que aflora varias veces a los labios del profeta 2. La locución un pueblo como
éste (v.9b) tiene en el fondo un dejo despectivo, en contraposición a la frase cariñosa habitual en
los labios divinos: “mi pueblo” 3. La justicia divina exige reparación, que aquí aparece en
forma de venganza contra su pueblo, pero con intención de escarmiento, no como manifestación
pasional desordenada.
La venganza divina (10-17).
10 Escalad sus bancales y arrasadlos, sin destruirlos totalmente; arrancad sus sarmientos,
pues no son de Yahvé. 11 Porque se ha rebelado contra mí la casa de Israel
y la casa de Judá, oráculo de Yahvé. 12 Renegaron de Yahvé, y dijeron: No es El, ni
vendrá sobre nosotros ningún mal, no veremos guerra ni hambre. 13 Los profetas
son puro flato y no han tenido oráculo de Yahvé. Así les resultaron a ellos. 14 Por eso
así habla Yahvé, Dios de los ejércitos: Porque habéis dicho todo esto, mis palabras
serán en tu boca fuego, y este pueblo, cual montón de leña, que los abrasará. 15 Contra
vosotros voy a traer un pueblo, de lejos un pueblo, ¡oh casa de Israel! — oráculo
de Yahvé — ; un pueblo fuerte, un pueblo de antiguo abolengo, un pueblo cuya
lengua desconoces, del que no comprenderás lo que hable. 16 Su aljaba es como sepulcro
abierto; todos ellos valerosos, 17 y devorará tus cosechas y tu pan, a tus hijos
y a tus hijas. Devorará tus rebaños y tus vacadas, tus viñas y tus higueras; demolerá
tus ciudades muradas, en las que confías.
Yahvé va a someter a su heredad a una poda sistemática. Jerusalén es comparada a una viña con
sus bancales (v.10), que van a ser arrasados por Yahvé, quien invita enfáticamente a los invasores
a cumplir su fallo: arrancad sus sarmientos4; sin embargo, estas expresiones absolutas dejan
una puerta abierta a la esperanza: sin destruirlos totalmente (v.10a). Es la idea del “resto” de Israel,
que se salva a través de todas las vicisitudes históricas5. La razón de esta decisión purificadora
de Yahvé es la rebelión de la casa de Israel 6, ya que su apostasía general es una constante
provocación a la ira vengadora de su Dios ultrajado. Además, al pecado de apostasía han añadido
el de presunción, pues se creen seguros porque Yahvé no se preocupa de ellos: No es El (v.12),
1960
e.d., no se interesa por ellos ni interviene en sus asuntos; es la actitud de un ateísmo práctico: no
vendrá sobre nosotros ningún mal, no veremos ni guerra ni hambre (v.12b). Se creen seguros,
pues todos los anuncios de castigo no son sino fruto del pesimismo del profeta. Sus palabras son
un puro flato (v.15); e.d., sus vaticinios son lucubraciones aéreas, sin fundamento alguno; pero
de ningún modo son expresión de la voluntad divina, que dirige el curso de la historia (ν.13). Parece
que Jeremías refleja en estas palabras las impresiones de la calle, que llegaban reiteradamente
a sus oídos. Pero el decreto divino está dado, y el castigo sobrevendrá necesariamente
(ν.ίβο). Porque hay un Dios de los ejércitos (v.14.) — omnipotente — , la expresión aquí sin duda
es buscada intencionadamente para hacer resaltar el poder devastador y justiciero de Yahvé,
que va a castigar tantas insolencias y altanerías. Ha llegado la hora de la manifestación justiciera
de Yahvé, el cual va a probar que los profetas son algo más que puro flato, ya que son intérpretes
verídicos de los oráculos de Yahvé: mis palabras serán en tu boca fuego, que devorará
implacablemente a aquella generación despectiva y despreocupada: este pueblo (será) cual montón
de leña abrasado por el fuego (ν.ι/φ), pues los pecados de estas gentes son el mejor combustible
para que arda la ira divina, manifestada por la boca del profeta 7.
Y el instrumento devastador de la justicia divina es un pueblo fuerte (v.15a), descrito como
nación antigua y de lengua extraña 8; son los babilonios, creadores de un imperio antiguo,
anterior a los mismos asirios. El profeta insiste en la eficacia bélica de los invasores: su aljaba es
como sepulcro abierto (v.16), porque sus flechas son certeras y sembradoras de muerte 9.
La idolatría, causa de la devastación (18-19).
18 Pero tampoco en aquellos días — oráculo de Yahvé — os consumiré del todo. 19 Y
cuando te pregunten: ¿Por qué ha hecho Yahvé, nuestro Dios, todo esto con nosotros?
les dirás: Como os apartasteis de mí y servísteis a dioses extraños en vuestra
propia tierra, así habréis de estar sometidos a los extranjeros en tierra no vuestra.
De nuevo se declara aquí que la destrucción no será total (v.18), porque Yahvé siempre se reserva
un “resto” en su pueblo para que sea en el futuro el núcleo de restauración nacional. Una de
las cosas que más se aprecian en la Sagrada Escritura es que la justicia en Dios va combinada
con su misericordia. En el caso concreto de Israel, las promesas mesiánicas eran una garantía de
que el pueblo elegido no habría de desaparecer, ya que su historia debía culminar en una etapa
definitiva en la que se daría el pleno reinado de Yahvé. Esa es la razón de que en las circunstancias
críticas para la nación se salve siempre un grupo de fieles yahvistas, que habrían de ser los
verdaderos herederos de las promesas con vistas a la plena manifestación mesiánica.
Después de hacer esta salvedad esperanzadora, el profeta insiste de nuevo sobre la causa
del castigo ineludible, e.d., la idolatría y la apostasía general. La argumentación es irónica: han
servido a dioses extraños en la propia tierra de Palestina — heredad de Yahvé — , y por eso
Yahvé los castiga a que estén sometidos a extranjeros en tierra extraña (V.19). Es el anuncio explícito
del exilio babilónico. Puesto que los israelitas son tan complacientes en introducir dioses
extraños, Yahvé les dará por el gusto en buscar lo extranjero, llevándolos cautivos a tierra extraña.
Rebelión contumaz de Israel (20-25).
20 Predicad esto en la casa de Jacob, pregonadlo en Judá, diciendo: 21Oíd esto, pueblo
necio e insensato, que tiene ojos y no ve, tiene oídos y no oye. 22 ¿No me temeréis
a mí? — oráculo de Yahvé — . ¿No temblaréis ante mí, que de arenas he hecho mu1961
ro para el mar, barrera perpetua que no podrá traspasar; que, aunque se conmueva,
no lo logrará, y, aunque se embravezcan sus olas, no podrá atravesarla? 23Pero
este pueblo tiene un corazón rebelde y contumaz; se apartaron y desertaron 24 y no
se dijeron en su corazón: Temamos a Yahvé, nuestro Dios, que da las lluvias tempranas
y las tardías a su tiempo, semanas fijas para la siega guarda para nosotros. 25
Vuestras maldades han trastornado todo esto, vuestros pecados os han robado el
bienestar.
Yahvé es el Omnipotente, que domina las fuerzas cósmicas como las olas del mar (v.22). El profeta
se dirige a la casa de Jacob, que aquí es Israel como colectividad, abarcando los reinos del
norte y del sur. El pueblo israelita es llamado insensato porque está ciego para no ver la mano
justiciera y vengadora de Yahvé, que envía calamidades y privaciones por sus muchos pecados.
La omnipotencia de Yahvé se muestra precisamente en el hecho de sujetar el mar embravecido
con una cosa tan liviana y despreciable como las arenas, que constituyen una barrera tan sólida,
que el mar nunca podra traspasar. Por eso resulta ridícula la postura rebelde de este pueblo, que
se atreve a desafiar la ira divina; y, por otra parte, es insensato cerrar la puerta de los beneficios
que su protección otorga, pues Yahvé es el que da las lluvias tempranas y las tardías a su tiempo
(v.24a). La cosecha de Palestina depende de ese doble ciclo de lluvias, las tempranas en el otoño,
necesarias para la sementera, y las tardías primaverales, necesarias para favorecer el crecimiento
de las espigas antes de la cosecha del estío. Esta, pues, depende de que ambas lluvias lleguen a
su tiempo 10. Y todo ello obedece a un ciclo impuesto por Dios con vistas a la recolección: semanas
fijas para la siega guarda para nosotros (v.24c). Según la Ley, la siega de las cebadas comenzaba
al día siguiente de la Pascua, y después la del trigo, que terminaba para Pentecostés;
eran siete semanas, que constituían el tiempo de la siega, llamado por ello de las semanas; Pentecostés
era llamada “fiesta de las semanas”11. A esta terminología parece aludir la frase de Jeremías:
semanas fijas para la siega (v.24c). Pero, a pesar de que Dios ha establecido perfectamente
los ciclos de lluvias y los tiempos de la siega, las cosas ahora no vienen así, porque sus
maldades han trastornado todo esto (v.25); Dios, por sus maldades, los ha castigado, negándoles
las lluvias, privándoles del bienestar que los frutos de las cosechas les debían proporcionar.
Los ricos desaprensivos (26-29).
26 Hay en mi pueblo malvados que acechan como cazadores en emboscada y tienden
sus redes para cazar hombres 12. 27 Como se llena de pájaros la jaula, así está llena
su casa de rapiñas. Así se han engrandecido, así se han enriquecido, 28 así engordaron
y se pusieron lustrosos, y traspasaron mis palabras malvadamente; no juzgaron
el derecho del huérfano, y prosperan; no hacen justicia a la causa de los pobres 13.
29¿No habré de pedirles yo cuenta de esto? — oráculo de Yahvé — . De un pueblo
como éste, ¿no habré yo de tomar venganza?
Una de las causas de que Yahvé no les envíe las lluvias necesarias es la injusticia social reinante.
La clase alta atropella a los de la clase humilde; sobre todo en los tribunales, todo son artilugios
para apoderarse de los bienes de los pobres: acechan como cazadores (v.26). Sus casas abundan
en rapiñas como de pájaros la jaula (v.27), y toda su riqueza es fruto de atropellos y exacciones,
ya que traspasan las palabras o mandatos de Yahvé (v.28).
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Profetas y sacerdotes (30-31).
30 Una cosa horrenda y abominable ha acontecido en la tierra: 31 los profetas profetizaron
mentira, los enseñan por su propia cuenta14, y mi pueblo gustaba de esto.
¿Qué cosas, pues, habrán de acontecer al fin?
El capítulo se cierra con una denuncia alarmante: las clases dirigentes son las primeras en señalar
malos caminos al pueblo sencillo 15. La vida de Jeremías ha sido una constante lucha contra los
falsos profetas y sacerdotes, que no tenían sino miras humanas interesadas. Halagando las apetencias
populares, hacían crear un falso clima de seguridad; por otro lado, los sacerdotes fomentaban
los cultos sincretistas, hablando a la vez en nombre de Yahvé y de los baales. Todo esto se
oponía a la obra de restauración religiosa a la que se dedicaba Jeremías. Los falsos profetas, que
por vocación debían dirigir al pueblo, despertando los verdaderos sentimientos religiosos, profetizaban
mentira (v.31); los sacerdotes, encargados de enseñar la Ley al pueblo, se asocian a los
falsos profetas, y el pueblo los sigue ciegamente, porque les halagaban en su predicación. Ante
este inaudito estado de cosas, el profeta se pregunta perplejo: ¿Qué cosas habrán de acontecer al
fin? La ira divina tendrá la palabra para poner fin a tal estado de cosas.
1 Cf. Ez 16:26; 23:20. — 2 Cf. Jer 5:29; 9:9 — 3 Es significativa aquí la palabra hebrea goy aplicada a Israel, cuando siempre se aplica
a los pueblos gentiles despectivamente. — 4 Cf. Is 5:2s; 18,5. — 5 Cf. Jer4:27; 5:18. — 6 El texto hebreo añade: “y la casa de
Judá,” que no es necesario, y recarga el ritmo. — 7 Cf. Is 9:7; 55:10-11; Sal I47:15- — 8 Cf. Dt 28:49; Is33:19 — 9 Cf. Sal 5:10.
— 10 Cf. Jer 31:35s; 33:25s. — 11 Cf. Ex 14:22; 23:16; 34:22; Dt 16:9. — 12 El TM es inseguro. — 13 También aquí el TM no
es seguro, pero el sentido general es claro. — 14 Así según la Bit,” de Jér. El TM dice: “gobiernan por sus manos.” Los LXX y la
Vg.: “aplauden con sus manos.” — 15 Cf. Jer 2:8; 23:9-40; 20.26-28.
6. Anuncio de la Invasión.
Injusticias Sociales.
Como Jerusalén, por sus pecados, ya está madura para el castigo divino, el profeta — centinela
de Yahvé — anuncia de modo dramático la hora de la invasión, que es inminente. No sabemos
en qué circunstancia histórica fue redactado este fragmento, pues como toda la vida de Jeremías
está dominada por la obsesión de invasiones extranjeras, la mayor parte de sus oráculos son
adaptables a diferentes circunstancias en que se reflejan estas invasiones.
Asedio de Jerusalén (1-5).
1 ¡Huid, hijos de Benjamín, de en medio de Jerusalén! Tocad las trompetas en Tecua
y alzad bandera sobre Bet-Akerem, porque es del septentrión de donde amenaza el
infortunio y la gran ruina. 2 ¿Es que ha venido a ser semejante a un prado delicioso
la hija de Sión? 3 Acuden a ella pastores con sus rebaños, clavan en derredor suyo
las tiendas, cada uno apacienta su porción2. 4 Moved guerra contra ella. ¡Arriba, la
asaltaremos al mediodía! ¡Ay de nosotros, que ya cae el día, que ya se tienden las
sombras de la noche! 5 ¡Arriba, vamos a asaltarla por la noche, asolemos sus palacios!
El fragmento es bellísimo y patético. El profeta, en espíritu, ve llegar a los invasores, que caen,
ávidos de botín, sobre Jerusalén, y describe sus mutuos coloquios. Ante la perspectiva de la inva1963
sión inminente, el profeta invita nervioso a sus compatriotas, habitantes de Jerusalén, a abandonar
la ciudad. Y en esos momentos de angustia piensa sobre todo en los pertenecientes a su tribu:
los hijos de Benjamín (v.1), aunque aquí la expresión pudiera entenderse como sinónima de habitantes
de Jerusalén, ya que la capital de Judá estaba enclavada en territorio de Benjamín 3. No
obstante, la mayor parte de sus habitantes — como capital de la nación — eran de la tribu de Judá,
cuyos lindes llegaban hasta las mismas murallas de Jerusalén. Por eso es más probable que la
invitación del profeta se dirija a sus compañeros de tribu que habitaban en Jerusalén, y quizá, por
su carácter provinciano, eran menos corrompidos moralmente y, por tanto, menos responsables
de la situación depravada moral y religiosa de la Ciudad Santa. Después de sembrar la alarma
entre sus compatriotas de tribu, el profeta pone en guardia a los pueblos que se hallaban fuera de
Jerusalén: Tocad la trompeta en Tecua, localidad a unos 18 kilómetros al sur de Jerusalén (la actual
Kh. Tequ), patria del profeta Amos. Bet-Akerem es identificada por algunos autores con Ain
Karim, a siete kilómetros al oeste de la Ciudad Santa4. Parece que el profeta, al citar estas dos
localidades, distantes entre sí, invita a los benjaminitas a huir hacia el sur y oeste, pues la invasión
viene del septentrión (v.1c), por la ruta tradicional de las invasiones ya desde la época asiría,
pues los invasores mesopotámicos descendían por Damasco y, bordeando el mar por Fenicia,
caían sobre Palestina. Así habían llegado a este país Teglatfalasar III, Senaquerib y después las
tropas de Nabucodonosor. La expresión alzad bandera significa lugar de cita o de concentración
para los huidos5.
Después sigue la descripción de la invasión: Sión es como un prado delicioso (v.3), que
excita la avidez de los pastores, y por esto van a concentrar en él sus rebaños. La expresión hija
de Sión es sinónima de “ciudad de Sión” o Jerusalén, comparada reiteradamente en los escritos
profetices a una graciosa doncella atrayente y delicada 6. Los pastores con sus rebaños (v.3), que
buscan ansiosamente participar de los pastos deleitosos de Jerusalén, son los jefes y soldados del
ejército babilonio invasor, que clavan en derredor suyo las tiendas, acampando en torno a la ciudad.
Y, en el consejo de guerra tenido antes del ataque, a cada jefe militar se le asigna una parte
de la ciudad para ser atacada: cada uno apacienta su porción. El símil está calcado en la costumbre
de distribuirse los pastos por zonas los rabadanes que tienen sus rebaños juntos.
El profeta deja la metáfora de los pastores para hablar claramente de la preparación bélica:
moved guerra contra ella (v.4). La expresión exacta hebrea es “santificad la guerra sobre (o
contra) ella,” aludiendo a los ritos religiosos que acompañaban a la iniciación de los combates.
Con ellos la guerra tenía un carácter sagrado 7, ya que era la voluntad de Dios que se emprendiera
para manifestar su justicia punitiva sobre los pecadores. En este sentido, los guerreros son
como los “santificados” o “cruzados” de Dios. El profeta, después de proclamar la guerra “santa,”
finge un vivido coloquio entre los mismos asaltantes de Jerusalén: ¡Arriba! ¡La asaltaremos
al mediodía! (v.4). La hora del mediodía es escogida por inesperada para los defensores, pues los
ataques se solían hacer entre dos luces. El profeta, con esta exclamación, quiere resaltar el ardor
combativo de los atacantes, que no tienen paciencia para esperar a que se echen las sombras del
atardecer. Pero la hora del mediodía ha pasado, y los invasores ven con pena que se acerca la
puesta del sol, lo que supone perder un día de ataque: ¡Ay de nosotros, que ya cae el día! (v.4b).
Es como una expresión de rabia por no haber sido tomada todavía la ciudad. Por ello surge un
sentimiento unánime de ataque: ¡Arriba, vamos a asaltarla por la noche! (v.5). No quieren esperar
otra jornada y deciden arriesgarse a un ataque nocturno; consideran la presa al alcance de la
mano, y no es cosa de paralizar la maniobra para comenzar de nuevo al día siguiente. Con este
coloquio entre los asaltantes, fingido por el profeta, se quiere destacar que los invasores son guerreros
avezados al combate, y, por tanto, temibles como milites profesionales.
1964
Las injusticias sociales (6-8).
6 Porque así dice Yahvé de los ejércitos: Cortad sus árboles y haced de ellos empalizadas
contra Jerusalén; es la ciudad castigada 8. Dentro de ella todo es injusticia. 7
Como mana el agua en los pozos 9, así mana en ella la iniquidad; no se oye en ella sino
injusticia y violencia; a mi vista hay siempre dolencias y heridas. 8 Déjate amonestar,
Jerusalén, no sea que mi alma se aparte de ti y te convierta en desierto, en
tierra inhabitada.
Sigue la descripción detallada del ataque a la ciudad asediada. Los asirios talaban sistemáticamente
los países invadidos para utilizar los árboles para el asedio y para sembrar la ruina total en
el país vencido. Es lo que aquí sugiere el texto: cortad los arboles (v.6). Jerusalén es la ciudad
castigada, o “visitada” por la ira de Yahvé, por razón de su injusticia. Su iniquidad es tan inagotable
y, por otra parte, tan connatural como el agua que mana de los pozos (v.7). Consecuencia
de su injusticia y violencia son las dolencias y heridas de los oprimidos, que están clamando ante
la vista de Yahvé por el castigo. A pesar de su malicia, Dios les invita de nuevo a entrar por las
vías de la conversión: déjate amonestar, Jerusalén (v.8). Yahvé no quiere abandonar a su pueblo,
por las consecuencias devastadoras que esto implica: no sea que te convierta en desierto (v.8).
Es la amenaza de la invasión de los caldeos.
La cólera de Yahvé (9-15).
9 Así dice Yahvé de los ejércitos: Haz cuidadoso rebusco, como en las viñas, de los
restos de Israel; vuelve tu mano, como vendimiador, entre los sarmientos, 10 ¿A
quién hablaré? ¿A quién amonestaré que me oiga? He aquí que tienen oídos incircuncisos,
no pueden oír nada, La palabra de Yahvé es para ellos objeto de escarnio,
no gustan de ella. 11 Yo estoy lleno de la cólera de Yahvé, estoy cansado de contenerla
Derrámala sobre los niños de la calle y sobre los jóvenes congregados a un tiempo.
Porque serán tomados marido y mujer, viejos y adultos10. 12Sus casas pasarán a manos
de extraños, los campos y también las mujeres, pues extenderé mi mano sobre
los moradores de la tierra, oráculo de Yahvé. 13 Porque, desde el pequeño al grande,
todos están ávidos de rapiña; desde el profeta al sacerdote, todos cometen fraude. 14
Pretenden curar la desgracia de mi pueblo como cosa leve, diciendo: ¡Paz, paz!
cuando no hay paz. 15 Serán confundidos por haber obrado abominablemente. Y no
se avergüenzan. Por eso caerán entre los que caigan. Al tiempo de la cuenta resbalarán,
oráculo de Yahvé 11.
Yahvé invita al profeta a inquirir cuidadosamente en la sociedad corrompida israelita para ver si
queda aún algo bueno, en gracia de lo cual pueda otorgarla el perdón. El símil es el del vendimiador
que hace un cuidadoso rebusco. entre los sarmientos (v.9a) para ver de encontrar algún
racimo aprovechable. Israel es la viña de Yahvé 12. El profeta debe buscar un “resto” de fieles
yahvistas que justifique la paralización de la cólera divina, pues Dios quiere perdonar a su pueblo
en el supuesto de que haya algo aprovechable en él13. Pero el profeta se siente descorazonado
ante esta invitación de su Dios: ¿A quién hablaré? (v.10). Conoce la realidad de la sociedad, y
por eso duda que pueda encontrar alguno que le oiga. Siente la indiferencia y escepticismo general.
No hacen caso a sus amenazas de castigo de parte de Yahvé, porque tienen oídos incircuncisos
(v.10b), son insensibles a la palabra de Dios 14. En efecto, los contemporáneos de Jeremías se
1965
burlaban de la palabra de Yahvé (v.10c) al no creer en sus amenazas y promesas 15. Esta actitud
de resistencia crea un drama en el alma del profeta, pues no quiere anunciar cosas desagradables
a sus compatriotas, porque ama profundamente a su pueblo y no desea aparecer como traidor a
sus intereses; no obstante, la cólera de Yahvé (v.11a) está a punto de estallar y devorará a todos.
Con sus súplicas procura contenerla, pero ya está cansado de esa actitud ingrata, y por eso, en un
momento de íntimo despecho, pide a Dios que la derrame como fuego devorador sobre aquella
sociedad incrédula, aunque tengan que caer inocentes: Derrámala sobre los niños de la calle.
(v.11b). Es un desahogo oratorio que no ha de tomarse al pie de la letra. El profeta contempla el
espectáculo de una juventud que alegremente se entrega a los juegos en la calle, inconsciente de
la gravedad de la hora de su pueblo 16, y, poseído de la inminencia del castigo que él con sus súplicas
está deteniendo, desahoga su ánimo, dando paso a sus sentimientos íntimos.
La matanza va a ser general, pues afectará no sólo a la juventud, sino a todos: marido y
mujer, viejos y adultos (v.11d). Y los extraños o enemigos invasores se apoderarán de todos sus
bienes, quedando todo el país devastado. Y todo ello es efecto de la intervención de Yahvé, que
extendió su mano punitiva sobre los moradores de la tierra (v.12b). Entre las causas de la catástrofe
está la excesiva avaricia (v.13a), pues en todos los estratos sociales prevalecía el ansia de
lucro desmedido. Sobre todo, los más responsables: el profeta y el sacerdote (v.13b), que estaban
obligados a dar ejemplo y abrir los ojos al pueblo sobre los peligros que se cernían, los hipnotizaban
— por afán de lucro — diciendo que habría paz (v.14) y prosperidad, halagándoles así en
sus intereses materiales. No creen en la desgracia o desventura que se avecina8 sobre el pueblo,
y así crean un falso clima de confianza, prometiendo la paz, cuando en realidad no hay paz
(v.44), sino un estado realmente prebélico. Pero la hora de la verdad llegará inexorablemente, y
entonces serán confundidos (v.15a), y caerán entre los que caigan víctimas del juicio purificador
que Yahvé va a ejercer. Todos los principales responsables de la catástrofe no formarán parte del
“resto” de restauración, sino que resbalarán al tiempo de la cuenta (v.15b), e.d., no podrán permanecer
firmes ante la manifestación judiciaria de Dios.
Obstinación equivocada de Israel (16-21).
16 Así dice Yahvé: Haced alto en los camino y ved, preguntad por las sendas antiguas:
¿Es ésta la senda buena? Pues seguidla y hallaréis reposo para vuestras almas.
Pero dijeron: “No la seguiremos.” 17 Yo os había dado atalayadores: Atención a la
voz de la trompeta! Pero ellos dijeron: ¡No queremos oírla! 18 Por eso oíd, pueblos;
entiende, congregación, 17 lo que les acaecerá. 19 Oye tú, tierra: He aquí que yo traeré
una desventura sobre este pueblo; éste es el fruto de sus malos designios 18, porque
no atendieron a mis palabras y despreciaron mi ley. 20 ¿A mí qué el incienso de
Sabá y las cañas aromáticas de tierras lejanas? Vuestros holocaustos no me son gratos,
vuestros sacrificios no me deleitan. 21 Por eso así dice Yahvé: He aquí que yo
pondré tropiezos a este pueblo, y en ellos tropezarán padres e hijos; vecinos y prójimos
perecerán juntamente.
Dios hace una invitación final a los israelitas para rectificar su conducta descarriada. Son como
viajeros que van fuera de camino y están buscando vacilantes nuevas sendas. En ese caso, lo
primero que deben hacer es detenerse antes de proseguir: Haced alto en los caminos y ved
(v.16a). La frase tiene un sentido moral; si quieren caminar seguros, deben preguntar por las
sendas antiguas, e.d., los preceptos de la ley de Dios, por los que caminaron los antepasados de
Israel. Sobre todo deben pensar en los tiempos dichosos de la alianza en el Sinaí bajo Moisés,
1966
cuando Israel era como la esposa enamorada de Yahvé 19, Los israelitas deben ante todo buscar
la senda buena (v.16), la de la fidelidad a la Ley del Señor. Seguirla supone encontrar reposo
para sus almas, porque es volver a vivir bajo la protección segura de Yahvé, participando de sus
bendiciones.
Pero la respuesta a la invitación paternal es categórica: ¡No la seguiremos! (v.16c). Para
dirigirlos por la senda buena, Yahvé había puesto atalayadores (v.17) que dieran el toque de
alerta con la voz de la trompeta. Son los profetas llamados frecuentemente centinelas en la literatura
profética. Su oficio era advertir al pueblo los peligros que se cernían sobre sus intereses espirituales.
Pero la respuesta del pueblo israelita fue negativa: No queremos oírla (v.17b). Ante
esta obstinada y reiterada negativa, Dios anuncia solemnemente ante los pueblos y la tierra el
castigo que va a enviar. La palabra congregación parece referirse a la reunión de esos pueblos
paganos a los que idealmente se dirige Yahvé. Dios quiere que quede claro que esa desventura
que va a enviar es fruto de sus malos designios (v.16b). La conducta de Israel ha sido contraria a
la Ley de Yahvé, pues no ha tenido otros designios que apartarse de su Dios. Ante esta actitud
espiritual de rebeldía, de nada sirven los ritos externos en el templo: el incienso de Sabá. (v.20).
La región de Sabá, al sudoeste de la península arábiga, era famosa por el incienso y demás especias
aromáticas que se utilizaban en el culto 20. El profeta no condena aquí las manifestaciones de
culto externo como tales, sino en la medida en que no van acompañadas de la entrega del corazón
21. Esta conducta hipócrita de los judíos no hará sino acelerar la venida del castigo de Yahvé
(v.21). La apostasía ha sido general, y por ello la desventura alcanzará a todos.
Terrorífica invasión militar (22-26).
22 Así dice Yahvé: Mira, viene de la tierra del septentrión un pueblo, una gran nación
surge de los confines de la tierra. 23 Empuña el arco y el venablo, es cruel y despiadado;
su estrépito es como el del mar enfurecido, y cabalga sobre caballos; está
aparejado como hombre de guerra contra ti, hija de Sión. 24 Ya oímos su noticia;
desfallecieron nuestros brazos, nos oprime la angustia, dolores como mujer de parto.
25 No salgáis al campo, no andéis por los caminos, porque la espada del enemigo,
el terror, nos rodea. 26 Vístete de saco, hija de mi pueblo; revuélcate en la ceniza.
Llora como se llora por el primogénito, llora amargamente, porque de repente vendrá
sobre nosotros el invasor.
Con lirismo dramático describe el profeta la llegada del invasor, que viene del septentrión (v.22).
El profeta alude a la llegada del ejército de Nabucodonosor, que cae sobre Palestina después de
haber ocupado Siria y Fenicia 22. Avanza armado de arcos y es cruel y despiadado. En efecto, la
crueldad es la característica de los ejércitos de Asiría y de Babilonia. En los textos cuneiformes
vemos que los conquistadores se complacen en detallar cómo empalaban a los vencidos a las
puertas de las ciudades. Los caballos montados por guerreros eran el terror y la admiración de
los pueblos pequeños 23. El profeta nombra aquí la caballería del ejército invasor para aterrar
más a sus oyentes. Los invasores caerán con el aparato de guerra más moderno sobre la desfallecida
hija de Sión (v.23), expresión de ternura y compasión para indicar la capital de Judá, Jerusalén.
A continuación, el profeta, con nerviosismo, anuncia las primeras noticias de la invasión,
que sobrecogen a los habitantes de la Ciudad Santa: Ya oímos su noticia (v.24); a la vista de
aquel ejército, cuyo estrépito es como el mar enfurecido, a los judíos les faltan las fuerzas
(v.24a) 24. El profeta les invita, pues, a mantenerse encerrados en la ciudad: no salgáis al campo
1967
(v.25) para no caer bajo la espada del enemigo, que siembra el terror por doquier.
Ante esta perspectiva de angustia y de tragedia general surge de nuevo la voz misericordiosa
de Yahvé llamando al arrepentimiento: Vístete de saco, hija de mi pueblo (v.26a). Es
preciso que Sión, la hija del pueblo de Yahvé, reconozca sus pecados y dé muestras de penitencia.
La descripción es conforme a las costumbres de la época; el vestirse de saco y echar ceniza
sobre la cabeza eran ritos de penitencia y de duelo corrientes en la antigüedad 25. El símil del
llanto por el primogénito, como máxima expresión de duelo, es corriente en la literatura profética
26.
Jeremías, examinador de su pueblo (27-30).
27 Te he puesto por explorador de mi pueblo, cual fortaleza 27, para conocer y examinar
su conducta. 28 Todos son sumamente rebeldes, andan sembrando calumnias,
son bronce y hierro 28, todos ellos son corrompidos. 29 Se infla el fuelle, por el fuego
es consumido el plomo 29. En vano fundió el orífice, pues las escorias no se desprendieron.
30 Serán llamados plata de desecho, porque Yahvé los ha desechado.
La misión de Jeremías en los planes de Dios es precisamente la de examinar la conducta de Judá
(v.27), aquilatar su sinceridad. El resultado de su labor ha sido negativo, pues todos son rebeldes
(v.28). El profeta ha hecho las veces del orífice (v.29), el cual por el fuego contrasta y aquilata el
valor de los metales. En efecto, los habitantes de Judá han resultado ser viles metales: bronce y
hierro (v.28), por estar corrompidos. Por eso, a pesar de que el fuelle ha encendido el fuego para
consumir el plomo (v.29), Las escorias no se desprendieron (v.26b). El profeta no ha logrado
separar la plata de los metales inferiores 30. En consecuencia, serán rechazados como plata de
desecho (ν.30) ο inservible.
1 Los traductores no concuerdan al reflejar el sentido del versículo. Así la Bib. de Jér.: “¿Sería comparable a un tierno lugar de pastos
la hija de Sión?” — 2 Lit. el TM dice: “apacienta su mano.” — 3 Cf. Jos 15:8; 18:16; i Par 9:2. — 4 Así Abel, Géog. t.2 p.295. —
5 Cf. Is 10,28-32. — 6 Cf. Is 37:22; 52:2; Jer 49:4; Lam 2:13; 4:22; Zac 2:10; 9:9; Jn 12:15. — 7 Cf. 2 Sam 13:9; 1 Sam 7:9; Is
13:3; Jl 3:9; Sof 1:7; Ez 21:2.26; Jer 22:7. — 8 Los LXX traducen: “¡Oh ciudad de la mentira!”; Vg.: “ésta es la ciudad visitada”;
Bib. de Jer.: “Esta es la ciudad de la mentira.” — 9 LXX y Vg.: “Como una cisterna conserva fresca su agua, así ella (la ciudad)
conserva fresca su malicia.” — 10 Lit. el TM: “el viejo con el colmado de días.” — 11 Lit. el TM: “al tiempo de la visita.” — 12
Cf. Jer 2:21; 5:10; Is 0.5. — 13 Cf. la conversación de Dios con Abraharn sobre los justos de Sodoma (Gen 18:235). — 14 Para
esta expresión de “incircuncisos de oídos” véase Lev 26:4; Ez 44:7; 6.12. — 15 Cf. Is 28,7-13. — 16 Cf. Jer 15:17; Is 22:2; 24:8.
— 17 Los LXX: “Escuchad, pueblos, y vosotros, pastores de la grey.” — 18 Los LXX: “fruto de la rebelión.” — 19 Cf. Jer 2:12;
Is 1:2. — 20 Cf. Lev 1:1; 6:15; 24:7; Ex 30,75; 1 Re 10,2s; Is 60,6; Ez 27:2; Plinto, Ht'sí. Nat. 6:32; Virgil. Eneida 1:417; véase la
nota de Van Hoonacker sobre el uso antiquísimo de estas especias (RB 1914 161-187). — 21 Cf. 1 Sam 15:22; Miq 6:6-8; Jer
7:21. — 22 Cf. Jer 1:15; 4:6.16; 5:15; Is 6:26. — 23 Cf. Jer 4:13; Abd 1:8. — 24 Los v.22-24 aparecen repetidos en 50:41-43. —
25 Cf. Jer 4:8; 1 Sam 13:19; Ez 27:30; Miq 1:10. — 26 Cf. Am 8:10; Zac 12:10. — 27 Cual fortaleza falta en los LXX, y parece
glosa que oscurece el sentido. — 28 Así según el TM; algunos autores, sin motivo, quieren eliminar estas palabras como glosa. En
el texto griego se lee rebeldes en vez de sembradores de calumnias. — 29 Así según la lectura del Qeré, los LXX y Vg. El TM parece
ininteligible. — 30 Se funde el plomo en el crisol, y, cuando está derretido, se echa la plata. Bajo la influencia del calor, al
contacto con el aire, el plomo se transforma en litargirio, y la plata se separa de las otras sustancias y se deposita en el fondo del
crisol” (Lesétre, en DBV vol.5 col.469).
7. La simple presencia del templo no es garantía de Seguridad.
Con este capítulo se abre una nueva sección en el libro, que comprende los c.7-10. Las alusiones
a cultos astrales parecen suponer que esta sección sería compuesta en tiempos del rey Joaquim
(609-598), el cual, bajo influencia babilónica, permitía las nuevas tendencias religiosas de
importación mesopotámica. Con todo, aquí encontramos diversos fragmentos de distintos discursos
reunidos artificialmente más tarde, sin unidad lógica ni cronológica estricta.
1968
La vana confianza en el templo (1-7).
1 Palabra de Yahvé que llegó a Jeremías, diciéndole: 2 Ponte a la puerta del templo y
pronuncia estas palabras y di: Oíd la palabra de Yahvé todos los de Judá que entráis
por estas puertas para adorar a Yahvé. 3 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios
de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y yo moraré con vosotros en
este lugar. 4 No pongáis vuestra confianza en palabras engañosas, diciendo: ¡Oh el
templo de Yahvé, el templo de Yahvé! ¡Éste es el templo de Yahvé! 5 Pues si mejoráis
vuestros caminos y acciones, si hacéis justicia entre unos y otros, 6 si no oprimís
al peregrino, al huérfano y a la viuda; si no vertéis en este lugar sangre inocente, si
no os vais tras de dioses extraños para vuestro mal, 7 entonces yo permaneceré con
vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres por los siglos de los siglos.
Yahvé ordena a Jeremías ponerse a la puerta del templo (v.1), seguramente la del atrio exterior,
que daba acceso al atrio interior, probablemente la “oriental,” en la que se congregaba más gente
para asistir a los sacrificios. Esta puerta se hallaba sobre las gradas que daban acceso al atrio interior;
así se concibe que Jeremías, en lo alto junto a la puerta, dominara a las gentes que se
aproximaban por la explanada circunstante: Oíd la palabra de Yahvé todos los de Judá que entráis
por estas puertas para adorar a Yahvé (v.2). El profeta exige atención en nombre del mismo
Dios al que van a adorar. Yahvé consiente morar con su pueblo en el supuesto de que se
cumplan sus preceptos. Los contemporáneos de Jeremías se creían al abrigo de todo peligro por
el hecho de la presencia sensible del templo en Jerusalén, morada de Yahvé. En consecuencia, su
Dios no podía permitir que la Ciudad Santa cayese en manos de sus enemigos, porque guardaba
el santuario de Yahvé. De ahí la jactanciosa exclamación: ¡Oh templo de Yahvé! (v.4), que parecía
resumir la confianza fetichista en el santuario material. Pero éstas eran palabras engañosas,
que daban pie para una falsa seguridad. En realidad, para que Dios more con ellos en Jerusalén
deben practicar las exigencias de la justicia social (v.6). Dios vela por los derechos de los
débiles y desheredados. Entre éstos estaba el peregrino o forastero, el huérfano y la viuda l. Sobre
todo debían abstenerse de violencias sangrientas: si no vertéis sangre inocente. Posible alusión
a los sacrificios cruentos de niños a Moloc o simplemente a los atropellos violentos que se
cometían contra los que predicaban el cumplimiento de los deberes. El profeta, pues, exige un
mínimum de un código moral para que Yahvé permanezca en la tierra que había dado a sus padres.
Contra la insinceridad religiosa (8-11).
8 He aquí que confiabais en palabras engañosas, que de nada sirven. 9 Pues ¿qué?
¡Robar, matar, adulterar, perjurar, quemar incienso a Baal e irse tras dioses ajenos
que no conocíais, 10 y venir luego a mi presencia en esta casa, en que se invoca mi
nombre, diciendo: Ya estamos salvos, 11 para luego hacer todas estas abominaciones!
¿Es acaso a vuestros ojos esta casa, donde se invoca mi nombre, una cueva de
bandidos? Mirad, también yo lo veo, oráculo de Yahvé.
De nuevo el profeta insiste en que es muy peligroso confiar en palabras engañosas (v.8). En realidad
no puede compaginarse ese culto meramente externo en la casa de Yahvé y entregarse a
todas las abominaciones (v.11), como son robar, matar. (v.8). Por tanto, es presuntuosa esa su1969
puesta seguridad, ya estamos salvos, (v.10), basada en un mero ritualismo externo. Esta actitud
es semejante a la de los salteadores, que se esconden en una gruta para ocultar el fruto de su rapiña:
¿Es acaso a vuestros ojos esta casa, donde se invoca mi nombre, una cueva de bandidos?
(v.11). Del mismo modo, los israelitas contemporáneos del profeta creían encubrir sus atropellos
refugiándose en el templo, dando de lado a sus deberes ético-religiosos y cubriéndose externamente
con prácticas de mero ritualismo cultualista 2. Esto es un insulto a la justicia divina, ya que
se busca la inmunidad de sus crímenes con pretextos religiosos3. Por eso Yahvé, en ese caso,
considera a su templo como profanado y, en consecuencia, desvinculado de El, de forma que ya
no se ve obligado a protegerlo. Se han empeñado en convertirlo en cueva de bandidos, y así aparece
a los ojos divinos: También yo lo veo; y obrará en consecuencia.
El templo de Silo y el de Jerusalén (12-15).
12 Id, pues, a mi lugar de Silo, donde al principio establecí mi nombre, y ved lo que
hice con él por las impiedades de mi pueblo Israel. 13 Pues ahora, por haber hecho
estas cosas — oráculo de Yahvé — y porque os amonesté a tiempo repetidas veces y
no me escuchasteis, os llamé y no respondisteis, 14 haré de esta casa en que se invoca
mi nombre, en que confiáis vosotros, y de este lugar que di a vosotros y a vuestros
padres, lo que hice de Silo; 15 y os arrojaré de mi presencia, como arrojé a vuestros
hermanos, a toda la progenie de Éfraím.
Dios quiere probarles por la historia que la confianza ciega en la presencia material del templo es
vana como defensa contra la invasión extranjera. El recuerdo de la liberación milagrosa de Jerusalén
de las tropas de Senaquerib un siglo antes (701) 4 había creado una falsa confianza, como si
Yahvé, el Dios nacional, se viera obligado a salvar la ciudad por estar necesitado de los sacrificios
y actos de culto del templo de Jerusalén. Esta concepción es totalmente gratuita y no está en
consonancia con los hechos de la historia. Por eso Yahvé, para traerlos a razón, les invita en este
oráculo a visitar las ruinas de Silo (v.12), centro en otro tiempo del culto a Yahvé, en la época de
los jueces y de Samuel 5. Silo es una localidad que está a unos 30 kilómetros al norte de Jerusalén,
la actual Seilun, y fue la capital religiosa de Israel, en sentido amplio — en tiempo del régimen
federal de las tribus — , después de la conquista de Canaán por Josué; allí se instaló durante
mucho tiempo el tabernáculo con el arca de la alianza, símbolo de la presencia de Yahvé en su
pueblo. Con la victoria de los filisteos, el arca fue capturada, y la ciudad de Silo destruida, siendo
llevado el tabernáculo a Nobe, junto a Jerusalén 6.
La historia, pues, demostraba que la simple presencia del tabernáculo — símbolo de la
presencia de Yahvé en su pueblo — no bastaba para garantizar la permanencia de la localidad en
que estaba establecido. Dios amenaza ahora hacer otro tanto con Jerusalén, y todo ello por las
transgresiones de sus habitantes a pesar de las amonestaciones divinas transmitidas por los profetas
(v.13-14). Judá, pues, sufrirá la suerte de la progenie de Éfraím (v.16), ya que han incurrido
en los mismos pecados que las tribus del Norte, entre las que destacaba Éfraím, el símbolo del
reino de Israel. En efecto, Samaría, capital del reino del Norte, fue tomada en 721, y sus habitantes
fueron llevados en cautividad; ésta será también la suerte de los habitantes de Jerusalén: os
arrojaré de mi presencia, como arrojé a vuestros hermanos (v.15).
Aberraciones idolátricas de los israelitas (16-20).
16 Y tú no me ruegues por este pueblo ni eleves por ellos clamor y súplica, no me
porfíes, porque no te oiré. 17 Porque ¿no ves lo que ellos hacen en las ciudades de
1970
Judá y en las plazas de Jerusalén? 18 Los hijos recogen la leña, los padres prenden el
fuego, y las mujeres amasan la harina para hacer tortas a la reina del cielo y libar a
los dioses extraños para ofenderme. 19 Pero ¿me ofenden a mí, oráculo de Yahvé?
¿No es más bien a ellos, para su vergüenza? 20 Por tanto, así dice el Señor Yahvé: He
aquí que mi ira y furor se derramarán sobre este lugar, sobre hombres y animales,
sobre arboledas y campos y sobre los frutos de la tierra, y arderán y no se extinguirán.
Una de las misiones principales de los profetas era interceder por su pueblo 7. Pero ahora Yahvé
quiere que Jeremías cese en sus súplicas: no niegues, (v.16), porque la obstinación de Judá ha
llegado a su colmo, y la justicia divina no puede tolerar más lo que hacen en las ciudades y plazas
(ν.17). En Ex 32:10 se dice a Moisés: “Deja que castigue a este pueblo.” El espectáculo de la
idolatría reinante es un desafío a la majestad divina, y, por tanto, merece su castigo. Ahora en
todas las plazas y ciudades se alzan altares a dioses extraños. Todos son cómplices en esta apostasía
general: los hijos recogen la leña. y las mujeres amasan la harina para hacer tortas a la
reina del cielo (v.18). Parece que el profeta alude aquí a cultos astrales, sobre todo al culto de
Astarté, la diosa de la fecundidad y reina del cielo, título que en efecto se aplica en la literatura
cuneiforme a Istar, identificada con el planeta Venus 8. Ya en tiempos de Manases este culto de
tipo asirio había entrado en Jerusalén 9. Con estas aberraciones ofenden a Yahvé, pero sobre todo
se llenan ellos mismos de vergüenza y confusión (V.19), pues la ira de Dios se derramara sobre
hombres y animales (v.20). Como toda la naturaleza fue asociada al culto idolátrico, será también
castigada en su totalidad 10.
Obediencia, no sacrificios (21-28).
21 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos a los
sacrificios y comed la carne. 22 Cuando yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue
de holocaustos y sacrificios de lo que les hablé y ordené, 23 sino que les di este mandato:
Oíd mi voz y seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y seguid los caminos
que yo os mando, y os irá bien. 24 Pero ellos no (me) escucharon, no (me) dieron
oídos, y siguieron sus consejos en la dureza de su mal corazón, y se pusieron detrás,
no delante de mí. 25 Desde el día que vuestros padres salieron de Egipto hasta hoy,
os he enviado a mis siervos, los profetas, día tras día sin cesar, 26 pero no me escucharon,
no me prestaron oído, y endurecieron su cerviz y obraron peor que sus padres.
27 Dirás todo esto, y no escucharán; los llamarás, y no te reprenderán. 28 Diles,
pues: Es una nación que no oye la voz de Yahvé, su Dios; que no acepta corrección;
ha perecido la fidelidad y ha desaparecido de su boca.
El profeta vuelve de nuevo a condenar el culto puramente formulista. Yahvé habla irónicamente:
Añadid vuestros holocaustos a los sacrificios y comed la carne (v.21), e.d., podéis comer todo lo
que sacrificáis, pues a mí no me interesa; esas ofrendas no son consideradas como sagradas por
Dios, si por ello le son indiferentes. En los holocaustos, la víctima se quemaba totalmente a
Yahvé, mientras que en los sacrificios pacíficos sólo se quemaban las partes grasas y entrañas de
la víctima a Yahvé n. Yahvé aquí renuncia a todo lo que le pueda pertenecer de ellas, porque esos
sacrificios no van acompañados de las debidas disposiciones de entrega del corazón, que es lo
que le interesa en los miembros del pueblo elegido. Porque, en realidad, la legislación relativa a
los holocaustos y sacrificios era muy secundaria en comparación con la obediencia a los manda1971
tos de Yahvé: Seguid los caminos que yo os mando (v.23). Esa doctrina está expresada de modo
antitético absoluto, en expresiones radicales que no han de tomarse al pie de la letra 12. Ya Oseas,
un siglo antes, había dicho: “piedad y no sacrificios, conocimiento de Yahvé más que holocaustos”
13. En este segundo hemistiquio se concreta y puntualiza el sentido radical contrapuesto del
primero: “piedad quiero y no sacrificios.” Así, la primera negación tiene un valor relativo, en
cuanto que lo que se quiere urgir es el “conocimiento de Yahvé” frente a lo más secundario, que
son los sacrificios. Del texto, pues, de Jeremías no puede deducirse que la legislación del Levítico
fuera posterior a Moisés y aun al profeta. Sabemos que en la predicación de Amos, Oseas e
Isaías — profetas anteriores en un siglo a Jeremías — aparecen mencionados estos sacrificios del
Levítico 14. Jeremías, pues, habla en sentido enfático e hiperbólico para hacer resaltar más su
idea sobre la inutilidad de los sacrificios como tales, si se prescinde de las disposiciones internas
del corazón a Yahvé. San Pablo emplea el mismo radicalismo de expresión en una cuestión paralela:
“Cristo no me mandó a bautizar, sino a predicar” 15; sin embargo, sabemos que bautizó a
varios. Lo que quiere destacar es que su misión de apóstol es ante todo la predicación. Del
mismo modo podemos decir respecto de la frase de Jeremías (“. no fue de holocaustos y de sacrificios
de lo que os hablé.”), que lo que quiere afirmar es que Yahvé, al hacer la alianza del Sinaí,
no insistió tanto en los ritos de sacrificios cuanto en la necesidad de que cumplieran los israelitas
su voluntad 16.
Duelo y desolación de Judá (29-34).
29 Córtate tu larga cabellera y tírala, y entona por las desoladas alturas una lamentación,
pues ha echado Yahvé de sí y repudiado a la generación que provocó su ira.
30 Pues hicieron los hijos de Judá la maldad ante mis ojos, oráculo de Yahvé. Han
instalado sus abominaciones en la casa en que se invoca mi nombre, profanándola. 31
Y edificaron los altos de Tofet, que está en el valle de Ben-Hinom para quemar allí
sus hijos y sus hijas, cosa que ni yo les mandé ni pasó siquiera por mi pensamiento.
32 Por eso he aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que no se le llamará
más Tofet y valle de Ben-Hinom, sino valle de la mortandad, y se enterrará en Tofet
por falta de lugar, 33 y los cadáveres de este pueblo serán pasto de las aves del cielo y
de las bestias de la tierra, sin que haya quien las espante. 34 Y haré que deje de oírse
en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén el son de los cantos de alegría y
de regocijo, los cantos del esposo y de la esposa, porque no habrá más que desolación
en esta tierra.
El profeta invita a Jerusalén — personificada en una doncella (la hija de mi pueblo) — a hacer
señales de luto, a cortarse la cabellera 17. Sión debe andar en duelo como una virgen, con los cabellos
rasurados, por las desnudas alturas (v.29) sobre las que se ha dado culto a los ídolos 18.
Quizá haya una alusión al rito de duelo que practicó la hija de Jefté antes de ser inmolada por su
padre 19. La razón del duelo o lamentación es porque Yahvé ha repudiado (v.29) a la generación
que provocó su ira, a los contemporáneos del profeta, cuyas transgresiones de la Ley llegaron a
su colmo; y el pecado máximo es la idolatría, pues por doquier se han instalado las abominaciones
(v.30), o ídolos astrales, desde los tiempos del rey Manases 20, que había seguido el ejemplo
de su abuelo Acaz, importador de cultos asirios 21. Su hijo Ezequías había purificado el templo
de estas abominaciones idolátricas 22, pero su hijo Manases volvió a introducirlas. En tiempo de
Jeremías, el rey Josías había purificado de nuevo el templo 23; pero bajo su hijo Joaquim se reanudaron
las infiltraciones idolátricas mesopotámicas. Estos ritos astrales iban acompañados de
1972
ritos infamantes, lo que constituía realmente una profanación de la majestad de Yahvé (ν.30). El
profeta menciona especialmente los cultos idolátricos en los altos de Tofet (ν.31), en la confluencia
del Cedrón y el valle de Ben-Hinom, más tarde llamado Gehenna24, al sur de Jerusalén. Era el
lugar donde se habían ofrecido sacrificios humanos a Moloc; por ello era objeto de aversión para
los judíos 25. Moloc parece ser una divinidad infernal, causante de las pestes y flagelos, a la que
se procuraba aplacar con víctimas inocentes. Es un dios de origen canaeo.
En la Biblia se cuenta con aversión cómo el rey Acaz quemó a su propio hijo, y después
Manases hizo lo mismo 26. Por eso las palabras de Jeremías aquí son muy realistas: para quemar
allí a sus hijos (ν.31), abominación que jamás Yahvé había prescrito. Y, en consecuencia, Dios
va a enviar un castigo terrible, de forma que aquel lugar será llamado valle de la mortandad
(v.32) o de la matanza que va a realizar. Ese lugar se convertirá en sitio de enterramiento general,
porque no habrá suficiente espacio para los cadáveres en los lugares habituales de enterramiento:
y se enterrará en Tofet por falta de lugar (v.33). Sabemos que el rey Sedecías huyó en 586 a.C.
por la puerta meridional de la ciudad — que da a Tofet — al entrar las tropas de Nabucodonosor,
y sin duda que en aquella zona debió de haber gran carnicería entre el pueblo que se agolpaba allí
al escaparse de los babilonios, que atacaban por el norte de la ciudad. La carnicería será tal que
los cadáveres. serán pasto de las aves del cielo (v.33). Quedar sin sepultura era el mayor baldón
y castigo, pues se creía que, mientras el cuerpo no fuera entregado a la tierra, el espíritu del difunto
debía andar vagando como fantasma por el mundo, sin hallar reposo 27. El profeta anuncia
ese terrorífico castigo, que traerá como consecuencia el duelo general, pues no se oirán cantos de
alegría (v.34) en Judá ni en Jerusalén, ni siquiera los tradicionales de las nupcias del esposo ;y
de la esposa, porque todo será desolación en la tierra.
1 Cf. Jer 5:28; Ex 22:21-24; Dt 10,8-18; 24:17; 27:19. — 2 Cf. Ex 21:13. — 3 Jesucristo parece aludir a este texto al echar a los vendedores
del templo; cf. Mt 21:13. Mc 11:17; Lc 19:46. — 4 Cf. Is 37:363. — 5 Cf. Jos 22:12; Jue 16:31; 1 Sam 1:3.9.24; Sal
78,60. — 6 1 Sam 5:1; 21:1. — 7 Cf. Jer7:11-14; 14:11-19s; Ez 13:5; 22:30. — 8 Cf. M. J. Lagrange, Les religions sémitiques
p.120. En los textos cuneiformes se llama a Istar sarrat same, que significa exactamente “reina de los cielos.” La palabra hebrea
que traducimos por “tortas” (Kawenim) es una transcripción dialectal del asirio Kamani o Ka-wani, que son precisamente los
grandes “panes” que se ofrecían a Istar. — 9 Cf. 2 Re 21:35; 2 Par 32:23. — 10 Cf. Jer 4:235; 5:25; Os 4:3; Miq 7:13. — 11 Cf.
Levc.1-3. — 12 Cf. Gen 29:30; Mal 1:2. — 13 Os 6:6. — 14 Cf. Am 5:22; Os 6:6; Is 1:11s. — 15 i Cor 1:17. — 16 Cf. Jer 11:4;
24:7; 30,22; 31:1s; Ez 11:20; 36:28; 37:23; Zac 2:11; 8:8. — 17 Cf. Jer 16:6; 48:37; Is 15:2; Miq 1:16. — 18 Cf. Jer 2:20; 3:2. —
19 Cf. Jue 11:37ss. — 20 Cf. 2 Re 21:5-7. — 21 Cf. 2 Re ló.ios. — 22 Cf. 2 Re 18:4; 21:4. — 23 Cf. 2 Re 23:43. — 24 De Ge-
Hinnom (“valle de Hinnom”). Hinnom debió de ser primero un nombre propio de persona que dio nombre a esa localidad, heredad
suya o de sus hijos (Ben-Hinnom). La expresión aítos de Tofet tiene aquí un sentido amplio, pues originariamente esos lugares de
culto estaban en las “alturas” o colinas, pero después quedó como sinónimo de “altares,” que podían estar en las depresiones o valles,
como en este caso. Sobre la localización de Tofet véase H. Vincent, Jérusalem t.1 (1912) p. 127. — 25 Cf. 2 Re21:8s. — 26
Cf, 2 Re 21:6. — 27 Cf. 2 Re 21:8s.
8. La suerte de los muertos.
Contumacia y falsa confianza en la ley.
Varios son los oráculos que integran este capítulo. Primeramente el autor continúa hablando de
la suerte de las víctimas de la gran matanza, pasando después a destacar la pertinacia de Israel en
su apostasía y rebelión, terminando con una diatriba contra los que confían indebidamente en la
Ley.
Exhumación de los huesos de los jefes de Judá (1.-3)
1 En aquel tiempo — oráculo de Yahvé — sacarán de sus sepulcros los huesos de los
reyes de Judá, los de sus príncipes y sacerdotes, los de los profetas y los de los habi1973
tantes de Jerusalén, 2 y los esparcirán al sol, a la luna y a toda la milicia celestial,
que ellos amaron, y a la que sirvieron, tras de la cual se fueron, y que consultaron y
adoraron; nadie los recogerá ni sepultará; serán como estiércol sobre la superficie
de la tierra. 3Cuantos restos de esta mala generación sobrevivan preferirán la muerte
a la vida en todos los lugares a que los arrojé, oráculo de Yahvé de los ejércitos.
La mortandad de que se habla en el capítulo anterior adquiere mayores caracteres de catástrofe
ahora, pues ni siquiera se pretende dejar tranquilos a los muertos, y por eso se les priva de sepultura,
de forma que no puedan llevar una vida tranquila en la región de los muertos o seol. Además,
en este pasaje concreto de Jeremías,el exponer los restos mortales de los reyes de Juda y sus
príncipes., (v.1) tiene un carácter irónico, ya que los huesos de éstos se exhibirán como ofrendas
al aire libre al sol, a la luna y a toda la milicia celeste (v.2), a los que en otro tiempo dieron culto.
De nada les servirán sus dioses astrales para librarlos de esta situación afrentosa de estar fuera
de sus sepulcros.
Pero los malvados que sobrevivan a la catástrofe no estarán en mejor condición que los
caídos, pues se verán condenados a una existencia miserable y desearán la muerte (v.5), porque
serán arrojados por Yahvé fuera de su patria, en situación de esclavos de los invasores.
Contumaz rebeldía de Israel (4-7).
4 Y les dirás: Así dice Yahvé: ¿Por ventura quien cae no hace por levantarse?
¿Quién se desvía no vuelve? 5 ¿Por qué, pues, la rebeldía de este pueblo, Jerusalén i,
y su aversión? Se ha aferrado a la mentira y rehusa convertirse. 6 Yo estoy atento y
escucho; no hay quien hable rectamente, nadie que se arrepienta de su maldad, diciendo:
¿Qué es lo que he hecho? Todos corren desenfrenadamente su carrera, como
caballo lanzado impetuosamente a la batalla, 7 La cigüeña en el cielo conoce su
estación; la tórtola, la golondrina y la grulla guardan los tiempos de sus migraciones,
pero mi pueblo no conoce el derecho de Yahvé!
La conducta de Israel es necia y sin sentido, más irracional que la de los mismos animales, pues
se obstina, contra todo buen sentido de conservación, en seguir los caminos que le conducen a la
perdición. Todo el que cae procura levantarse, y el que se desvía intenta rectificar su camino
volviendo sobre sus pasos (v.4). Pero Jerusalén, en su estulticia, no reconoce que está descarriada,
y está aferrada a sus desvaríos, a la rebeldía (v.5) y a la mentira. Por eso su situación es desesperada,
ya que no reconoce su situación: rehusa convertirse (v.5b). La situación de la sociedad
israelita es deprimente desde el punto de vista moral. El profeta, como centinela de su pueblo,
está atento a su conducta: yo estoy atento y escucho, (v.6), y ha llegado a una triste consecuencia:
el mal está tan generalizado que no hay quien hable rectamente ni reconozca su mala conducta
con un sincero arrepentimiento de su maldad. Nadie hace un acto de examen de conciencia, diciendo:
¿Qué he hecho? (v.6b). La falta de escrúpulos en materia de moral social hace que todos
corran sin miramientos apresuradamente, como caballo lanzado a la batalla (v.6c), tras su carrera,
negocios y placeres.
Esta conducta inconsciente y ciega de Israel, que no quiere reconocer lo que le conviene,
contrasta con los instintos de las aves, como la cigüeña, la golondrina., que se atienen a lo que
les conviene y guardan los tiempos de sus migraciones (v.7). Israel debía tener un instinto religioso,
formado por la experiencia de su historia, para saber dónde está lo que le conviene, que no
es otra cosa que vivir en torno a Yahvé, que le protege y le ayuda cuando le es fiel. El símil es
1974
paralelo al de Is 1:3: “conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no
tiene conocimiento.” En realidad, la obcecación del pueblo elegido no le permite conocer el derecho
de Yahvé, es decir, sus preceptos y exigencias, que deben regular la vida de Israel para que
éste sea feliz y prospere en todos sus caminos.
Falsa confianza en la Ley (8-13).
8¿Cómo os decís: Somos sabios y la Ley de Yahvé está con nosotros? Ciertamente la convirtieron
en mentira las mentirosas plumas de los escribas. 9Han sido confundidos los sabios,
avergonzados, cogidos. He aquí que desecharon la palabra de Yahvé; ¿qué sabiduría les
queda? 10 Por eso daré sus mujeres a extraños, sus campos a otros propietarios, porque,
desde el pequeño al grande, todos se llenaron de rapiñas; desde el profeta al sacerdote, todos
se dieron al fraude, 11y curaban las llagas de mi pueblo a la ligera, diciendo: “Paz, paz,”
cuando no había paz. 12 Serán confundidos, porque hicieron abominaciones y no se avergonzaron,
río conocen siquiera la vergüenza; por eso caerán con los caídos, al tiempo de la
cuenta tropezarán, dice Yahvé. 13Los aniquilaré — oráculo de Yahvé — ; no quedará racimo
en la viña ni higo en la higuera, y se marchitarán las hojas, y les daré (gentes) que los
trasladen 2.
La presunción hipócrita de los israelitas, que blasonan de la Ley de Yahvé, es un título más que
los hace dignos del castigo. Se creían que, cumpliendo la materialidad de la Ley en lo referente
al culto, se hallaban a salvo del castigo divino 3. La reforma de Josías había contribuido a que el
culto volviera a ser esplendoroso, y esto había creado un clima de falsa confianza. Los escribas,
o peritos de la Ley, habían contribuido a ello, dando sólo importancia a lo puramente externo y
cultual de la Ley: la convirtieron en mentira las plumas de los escribas (v.8b). Los escribas, en
la época anterior al exilio, eran los funcionarios de la corte y secretarios de los tribunales. Aquí
en Jeremías es sinónimo de dirigente del pueblo, responsable de la desorientación general, y, sobre
todo, de esa falsa confianza en el cumplimiento superficial de la Ley de Yahvé. La enseñanza
de la Ley pertenecía sobre todo a los sacerdotes y levitas 4; pero también los copistas de la Ley
fueron tomando parte en el adoctrinamiento del pueblo, terminando por ser los especialistas de la
Ley en la época rabínica inmediatamente anterior a Cristo. Algunos comentaristas quieren ver en
la frase la convirtieron (la Ley) en mentira las plumas de los escribas (v.8b) una alusión a su posición
frente a la reforma de Josías, basada en el “libro de la Ley” hallado por los sacerdotes en
el templo. Aquí, según éstos, les echaría en cara a los escribas que ellos habían falseado la Ley
verdadera de Dios, presentando una nueva como si fuera mosaica. Pero no hay ninguna insinuación
de que Jeremías se opusiera a dicha reforma de Josías. Lo que aquí dice es que falsean el
contenido de la Ley divina al exigir sólo lo accidental, haciendo creer al pueblo que con ello podía
estar tranquilo. La Ley no podía ser como un talismán mágico para evitar la ira divina, sin
obrar conforme a su espíritu, como tampoco la presencia del templo en la Ciudad Santa era
una garantía absoluta contra la destrucción de la misma 5.
Los hechos mostrarán que estas enseñanzas de los sabios o escribas no son verdaderas y
quedarán confundidos, avergonzados y tomados (v.8a). La palabra sabios aquí es irónica. Los
escribas, que se creían sabios, se convencerán que son ignorantes al desechar la palabra de Yahvé,
es decir, los oráculos de Jeremías, denunciando la falsa situación de confianza predicada por
ellos, y la verdadera Ley de Dios que es la sabiduría verdadera de Israel 6. Al falsear la Ley han
perdido dicha sabiduría (v.8). Han preferido sus puntos de vista humanos a las exigencias estrictas
y claras de la Ley, que eran la guía de su pueblo, y por eso han sido confundidos, al ver que a
1975
la hora de la prueba nada ha resultado conforme a sus enseñanzas presuntuosas de sabios.
Esto está clamando por la intervención de la justicia divina, que no puede tolerar más una
situación tan falsa: por eso daré sus mujeres a extraños. (v.10). Es la predicción de la invasión
enemiga y la derrota de los confiados israelitas. Y todo como consecuencia de la inmoralidad
general reinante: desde el pequeño al grande., etc. (v.10b). La frase es casi idéntica a 6:13-15,
donde parece tener su lugar propio. La clase dirigente (profetas falsos y sacerdotes) son los responsables
de este falso clima de seguridad: curaban las llagas de mi pueblo diciendo: “Paz,
paz” (v.11). En sus conveniencias de halagar al pueblo en sus caminos fáciles, les decían que no
había peligro de guerra, confiando en sus alianzas diplomáticas; pero la realidad es muy otra, y el
castigo llegará. Cuando llegue la hora del castigo divino, caerán con los caídos en la mortandad
general del valle de Ben-Hinnom, de que se hablaba en el capítulo anterior.
La ira divina desatada amenaza aniquilar al pueblo israelita, porque no encuentra nada de
bueno en él.7. Israel es presentado en la literatura profética como una viña que no da fruto, en
contra de las esperanzas de Yahvé 8. Es el caso de ahora: no queda racimo en la viña ni higo en
la higuera, y se marchitan las hojas (v.13a); por eso Yahvé los entregará a los enemigos: y los
daré a (gentes) que los trasladen en cautividad. Otros interpretan el versículo en el sentido de
que Yahvé anuncia una destrucción completa de Israel: no quedará racimo en la viña. Pero esto
parece en contradicción con la doctrina del “resto” salvado, que es común a Jeremías y a otros
profetas. Por otra parte, la alusión en la última frase a la deportación indica que no todos perecerán.
La invasión devastadora (14-17).
14 ¿Por qué nos estamos sentados? Reunios, vayamos a las ciudades amuralladas y
perezcamos allí, pues Yahvé, nuestro Dios, nos va a aniquilar, nos ha dado a beber
agua de adormideras por haber pecado contra EL 15 ¡Esperábamos la paz, y no ha
habido bien alguno; el tiempo de curación, y he aquí el pavor! 16 Ya se oye desde
Dan el relinchar de los caballos, Al estruendo de los relinchos de sus corceles, tiembla
la tierra toda. Ya vienen a devorar la tierra y cuanto hay en ella, la ciudad y
cuantos la habitan. 17Pues he aquí que voy a enviar contra vosotros serpientes, víboras,
contra las que no hay conjuro posible, y os morderán, oráculo de Yahvé.
Ahora el pueblo se percata de la inminencia de la invasión devastadora y, por instinto de conservación,
quiere huir a las ciudades amuralladas. Cree que estar en la campiña resulta suicida:
¿por qué nos estamos sentados? (v.14). Esa actitud pasiva de expectación, sin decidirse a la huida,
es comprometedora; por eso se animan mutuamente: reunios, vayamos a las ciudades amuralladas;
aunque tienen la convicción de que no hacen sino retardar la hora de la muerte: perezcamos
allí. Están convencidos de que aun las ciudades amuralladas nada pueden hacer contra los
invasores, pues éstos son instrumentos de la justicia divina: pues Yahvé nos va a aniquilar
(v.14b). El ejército invasor es tan mortal como el agua de adormilares que ahora, por decisión
divina, se ven obligados a beber. Todas las falsas esperanzas anunciadas por los falsos profetas
relativas a la “paz” han resultado fallidas: ¡Esperábamos la paz, y no ha habido bien alguno!
(v.16). Creían que todo se iba a arreglar bien (el tiempo de la curación, v.15), conforme a los
arreglos políticos que predicaban, y el resultado ha sido la catástrofe y el pavor, como consecuencia
de la invasión 9. Llegan los ecos de la incursión del ejército enemigo por el norte: ya se
oye desde Dan el relinchar de los caballos (v.16a). Como consecuencia, tiembla la tierra toda,
es decir, la Palestina invadida.
1976
Los invasores son tan perniciosos como serpientes venenosas (ν.17a), contra las que no
hay remedio. A las serpientes se las puede hacer frente con conjuros mágicos (probable alusión a
Núm 2:6), pero al ejército babilonio no hay medio de salirle al paso en su avance arrollador: contra
los que no hay conjuro posible (ν.17b); por eso irremisiblemente sufrirán sus exacciones: os
morderán.
Profundo pesar del profeta por la suerte de su pueblo (18-23).
18 Mi mal es sin remedio 10, mi corazón desfallece. 19He aquí el grito de angustia de
la hija de mi pueblo desde lejana tierra. ¿No estaba por ventura en Sión Yahvé? ¿No
estaba en ella su rey? ¿Por qué, pues, provocaron mi ira con sus ídolos, con dioses
extraños? 20 Pasó la siega, se concluyó el otoño, y no hemos sido salvados. 21 Estoy
quebrantado por el quebranto de la hija de mi pueblo, estoy cubierto de luto, se ha
apoderado de mí el espanto. 22¿Por ventura no había bálsamo en Galaad ni había
médicos allí? ¿Cómo, pues, no surgió la curación de la hija de mi pueblo? 23 ¡Quién
me diera que mi cabeza se hiciera agua, y mis ojos fuentes de lágrimas, para llorar
día y noche las llagas de la hija de mi pueblo!
En este fragmento se cambian constantemente los interlocutores. No está claro si las frases han
de atribuirse directamente a Dios, al profeta y aun al pueblo. La frase del v.18 puede muy bien
ser una continuación de la confesión hecha por el pueblo anteriormente y continuada aquí. La
situación es desesperada: Mi mal es sin remedio (v.18). Pero puede también entenderse como
introducción a la frase siguiente, proferida por Jeremías en nombre de Yahvé: mi corazón desfallece.
el grito de la hija de mi pueblo (v. 19). El profeta asiste en espíritu a la tragedia de su pueblo,
errabundo en el exilio después de la caída de Jerusalén, dando gritos de angustia desde lejana
tierra (v.19a). La expresión hija de mi pueblo, aplicada a Jerusalén y Judá, tiene un tono afectivo
de ternura. El profeta o el pueblo no pueden hacerse a la idea de esta tragedia, pues todavía
está en Jerusalén su rey Yahvé: ¿No estaba por ventura en Sión Yahvé., su rey? (v.16b). La presencia
de Yahvé en su templo de Sión era como una garantía de la permanencia de su pueblo.
Los deportados parecen estupefactos por lo que les ha pasado: ¿No estaba por ventura en
Sión Yahvé? La respuesta de Yahvé da la explicación de lo sucedido: ¿Por qué provocaron mi
ira con sus ídolos? (V.19C).
Sigue hablando el pueblo o el profeta en su nombre. El tiempo va pasando, sin que llegue
la hora de la salvación: pasó la siega, se concluyó el otoño, y no hemos sido salvados (v.20). La
frase parece tener un aire de proverbio, para indicar las distintas fases de una esperanza fallida.
Los agricultores, cuando la siega de los cereales ha sido deficiente, esperan compensar el contratiempo
con una buena cosecha de frutos en otoño, y viven con esta esperanza. Así, los israelitas
exilados han esperado en varias ocasiones la intervención salvadora de Dios, pero no ha llegado:
no hemos sido salvados. Por ello, la decepción ha sido total.
El profeta siente más que nadie esta situación de angustia de su pueblo, y sabe el futuro
que les espera en el destierro babilónico: estoy quebrantado por el quebranto de la hija de mi
pueblo (v.21).
La herida que sufre Judá (la hija de mi pueblo) es tan profunda, que no bastan los remedios
ordinarios para curarla: ¿No había bálsamo en Galaad ni médicos? (v.22). Galaad era famosa
por sus bálsamos, que se empleaban para todas las epidemias n. La frase bálsamos de Galaad
tiene, pues, aire de proverbio: las mejores medicinas, como las hechas con bálsamos de Galaad,
eran insuficientes para curar a Sión, porque el castigo viene de Yahvé directamente. Por tanto, no
1977
era posible la curación de la hija de mi pueblo. La frase del profeta tiene un sentido irónico: los
remedios que han querido poner a las desgracias de Jerusalén han sido inútiles. Todas las alianzas
políticas con otras naciones no han servido para salvarla de la catástrofe.
Después de poner el dedo en la llaga fustigando la conducta de Israel, el profeta abre su
corazón herido y muestra el profundo pesar que le causa la tragedia que viene sobre su pueblo.
¡Quién me diera que mi cabeza se hiciera agua, y mis ojos fuentes de lagrimas! (v.23). La vida
de Jeremías ha sido un continuo duelo por la suerte de su pueblo. Por eso, muchos Padres han
considerado al profeta de Anatot como el tipo de Jesús llorando por la Ciudad Santa 12.
9. Deslealtad y Apostasía general.
Después cíe anunciar el castigo, el profeta vuelve de nuevo, con su estilo incisivo, a fustigar los
vicios y excesos reinantes en la sociedad de su tiempo: fraude y deslealtad para con el prójimo;
apostasía idolátrica, con abandono de Yahvé.
Denuncia de la corrupción moral reinante en la sociedad (1/2-8/9).
1/2 ¡Ojalá tuviera en el desierto un albergue de caminantes! Y dejaría a mi pueblo y
me iría lejos de ellos, pues todos son adúlteros, gavilla de ladrones. 2/3 Tensan su
lengua como un arco; la mentira y no la fidelidad predominan en la tierra, Pues
caminan de iniquidad en iniquidad, y a mí no me conocen — oráculo de Yahvé — .
3/4 Guárdese cada uno de su prójimo y nadie confíe en su hermano, pues todos los
hermanos engañan siempre, todos los amigos calumnian. 4/5Cada uno se burla de su
prójimo, no habla verdad. Se han avezado sus lenguas a mentir, se han cansado de
obrar mal. 5/6 Fraude sobre fraude, engaño sobre engaño 13, rehusan conocerme,
oráculo de Yahvé. 7/8 Por eso así dice Yahvé de los ejércitos: He aquí que los fundiré
en el crisol y los probaré, ¿pues que otra cosa voy hacer ante la hija de mi pueblo ?
8/9 Sus lenguas son saetas mortíferas, las palabras de su boca son dolo. “Paz,” dicen
a su prójimo, y tienden la insidia en su corazón.
A Jeremías la vida se le hace insoportable en medio de un pueblo desleal y falaz. Todos son engaños
y fraudes en sus relaciones sociales. Quisiera poder aislarse de esta sociedad corrompida y
retirarse a la soledad del desierto: ¡ojala tuviera en el desierto un albergue de caminantes!
(v.1/2). Aunque los albergues de caminantes en las rutas caravaneras del desierto (los khans o
caravanserrallos) no eran apetecibles por su falta de comodidad, y por el barullo y confusión que
en ellos reinaba, sin embargo, Jeremías los considera preferibles a vivir en un ambiente de deslealtad
y mentira: todos son adúlteros, gavilla de ladrones (v.1/2c). Son engañosos y fraudulentos,
que tensan su lengua como un arco (v.2/3), lanzando calumnias como saetas envenenadas 14.
No hay confianza mutua, predominando la mentira. Todo este estado de iniquidad es consecuencia
de la falta de conocimiento de Yahvé y de sus preceptos. No le reconocen como Señor, y por
eso cruje la sociedad en sus bases morales: no me conocen (v.2/3). Es tal el estado de desconfianza
social, que el profeta invita a sus compatriotas a no entregarse ingenuamente a los más
allegados: guárdese cada uno de su prójimo, y nadie confíe en su hermano (v.3/4) 15.
Yahvé no puede soportar esta situación y quiere hacer intervenir su justicia, enviándoles
la tribulación y la angustia para probarlos: los fundiré en el crisol y los probaré (ν.7/8) 16. No
cabe otra solución, en bien de Jerusalén, que castigarla (v.7/8). De nuevo recalca el carácter do1978
loso de sus compatriotas: sus lenguas son saetas mortíferas. “Paz,” dicen a su prójimo, y tienden
la insidia en su corazón (v.8/9). La palabra de saludo paz, que decían al encontrarse (salom, en
hebreo, que se repite aún hoy día en la conversación), es un engaño, ya que los corazones están
distanciados y tramando interiormente insidias para aprovecharse de su prójimo.
La venganza de Yahvé (8/9-10/11).
8/9 ¿No habré de pediros cuentas de todo esto? oráculo de Yahvé. ¿De un pueblo como
éste no he de tomar yo venganza? 9/10 Llorad y gemid sobre los montes, lamentaos
por los pastizales del desierto, porque están desolados, no hay quien pase por
ellos ni se oye el balar de los rebaños. Desde las aves del cielo hasta las bestias, todos
huyeron y se fueron. 10/11 y de Jerusalén haré un montón de ruinas, cubil de chacales;
y de las ciudades de Judá, desolación, donde no habitará nadie.
La justicia divina tiene sus exigencias y no puede tolerar más este estado de cosas: ¿no habré de
pediros cuenta de esto? (v.8-9). El callar equivale a consentir, y es necesaria la venganza de Dios
para escarmiento general, y Dios mismo invita a un duelo general por la desolación del país como
consecuencia de su intervención justiciera: llorad. sobre los montes (V.9-10). Los montes,
que antes estaban cubiertos de arboleda, van a ser desolados. Probablemente se alude aquí también
a los montes como lugar de jolgorio con ocasión de los ritos idolátricos allí practicados 17.
La alegría se va a convertir en luto. También los pastizales del desierto, altamente estimados
como oasis raros, desaparecerán, y se invita a hacer duelo por ellos 18, pues no se va a oír más el
alegre balar de los rebaños (v.9-10b). La desolación es completa, y todo signo de vida desaparecerá:
desde las aves del cielo hasta las bestias huyeron (V.9-10C).
Esta suerte de la campiña estará reservada también a la capital, Jerusalén. En ella, los
chacales harán su morada 19. Este símil es corriente en la literatura profética 20. Nada más triste,
pues, que una ciudad arruinada, en la que sólo se oyen los aullidos de los chacales, únicos moradores
entre los escondrijos formados por las ruinas. Así quedará Jerusalén después de su destrucción
por los soldados de Nabucodonosor 21.
La apostasía general, causa de la ruina (11/12-15/16).
11/12 ¿Quién será el hombre sabio que entienda esto, al cual pueda dirigirse la palabra
de la boca de Yahvé, i y haga saber la causa por que pereció la tierra, que ha sido
asolada como desierto, sin que nadie pase (por ella)? 12/13 Y dijo Yahvé: Porque
han abandonado la ley que les di y no han escuchado mi voz ni procedieron según
ella, 13/14 sino que, según la pertinacia de su corazón, se fueron tras los baales, como
les enseñaron sus padres. 14/15 Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel:
He aquí que daré de comer a este pueblo ajenjo, y le daré a beber agua de adormilares,
15/16 y los dispersaré por entre las gentes que no conocieron ni ellos ni sus padres,
y haré que los persiga la espada hasta consumirlos.
El profeta quiere explicar a su pueblo la razón profunda de la ruina, y busca personas inteligentes
que comprendan la lección teológica del castigo para que la transmitan al pueblo: ¿Quién será el
sabio que entienda esto. y haga saber la causa por que pereció la tierra? (v.10-11). En Dt
11:26-28; 28:1, se dice que, si el pueblo no era fiel a la promesa cumpliendo su Ley, sufriría los
castigos de Dios. Es justamente lo que ha ocurrido, pues se fueron tras los baales (v.12-13) en
una apostasía insultante. Consecuencia inexorable será el castigo y la amargura: Daré de comer
1979
ajenjo. El ajenjo, por su sabor amargo, es símbolo de la amargura y la tribulación 22. El agua de
adormilares era considerada como fuertemente venenosa 23. Aquí ambos símiles se refieren a la
tribulación que espera a los habitantes de Judá por su idolatría. La suerte de ellos será la dispersión
y la muerte por la espada 24. Los que no caigan muertos a manos de los soldados babilónicos
serán llevados en cautividad entre gente que no conocieron ni sus padres (v. 15-16).
La mortandad general (16/17-21/22).
16/17 Así dice Yahvé de los ejércitos: Atended, llamad a las plañideras, que vengan;
enviad por las hábiles y vengan, 17/18 que se apresuren y eleven sobre nosotros lamentaciones,
y descienda de nuestros ojos el llanto, y manen agua nuestros párpados,
18/19 porque de Sión se oyen voces y lamentos. Cómo hemos sido destruidos y
avergonzados sobremanera! Porque nos echan de la tierra, nos arrojan de nuestras
moradas. 19/20 Porque oíd, mujeres, la palabra de Yahvé, y perciban vuestros oídos
la palabra de su boca, para que enseñéis a vuestras hijas a lamentarse y enseñen
unas a otras endechas, 20/21 Pues la muerte ha subido por nuestras ventanas y penetró
en nuestras moradas, acabó con los niños en las calles, con los mancebos en las
plazas. 21/22 Habla así: Oráculo de Yahvé: Los cadáveres de los hombres yacen como
estiércol sobre el campo, como queda tras el segador el manojo, sin haber quien lo
recoja.
La catástrofe es tan inminente, que Yahvé invita a que vengan las plañideras de oficio a solemnizar
el duelo (v. 16-17). El profeta une su suerte a la del pueblo: que eleven sobre nosotros lamentaciones
(v.17-18). Sión ha sido destruida, y sus habitantes tienen que abandonar su tierra y
sus moradas (v. 18-19) hacia regiones extrañas. La catástrofe debe quedar como proverbial, y su
luto debe repetirse de generación en generación: Oíd, mujeres., para que enseñéis a vuestras
hijas a lamentarse (v. 19-20). La mortandad es general, y es inútil querer recogerse en casa para
evitarla, porque la muerte ha subido por nuestras ventanas (v.20-21). Ni los de corta edad están
libres de la fatal suerte: acabó con los niños en las calles (v.20-21b). El espectáculo es desolador,
pues por doquier hay cadáveres., que yacen como estiércol sobre el campo (v.21-22). No
hay quien se preocupe de darles sepultura piadosa; son como el manojo que queda tras el segador,
sin haber quien lo recoja. Ha pasado el ejército invasor, y no quedan sino ruinas humeantes
y vidas tronchadas en flor.
El conocimiento de Yahvé, base de la sabiduría (22/23-23/24).
22/23 Así dice Yahvé: Que no se gloríe el sabio en su sabiduría, que no se gloríe el
fuerte de su fortaleza, que no se gloríe el rico de su riqueza. 23/24 El que se gloríe, gloríese
en esto: en ser inteligente y conocerme a mí, pues yo soy Yahvé, que hago misericordia,
derecho y justicia sobre la tierra, pues en esto es en lo que yo me complazco,
oráculo de Yahvé.
Este fragmento es de estilo sapiencial, y puede ser un bloque errático incorporado aquí por el
mismo profeta o el redactor posterior. Las ideas expresadas en él pueden acomodarse a todas las
situaciones. La catástrofe de Judá ha ocurrido por haber abandonado a Yahvé y sus preceptos y
por creer las clases dirigentes que podían por sí mismos encaminar a su pueblo por nuevos derroteros
políticos. Dios sólo quiere que confíen en El como condición para ofrecerles su protección.
Se han empeñado en querer gobernarse sin El, confiando en sí mismos y sus supuestos aliados, y
1980
ahora deben reconocer que les han fallado los cálculos: que no se gloríe el sabio en su sabiduría,.
ni el fuerte., ni el rico (v.22-23). Dios puede desbaratar los planes de éstos en un momento.
Si el hombre ha de gloriarse en algo, es en ser inteligente y conocer a Yahvé (v.23-24), pues la
verdadera sabiduría está en conocer a Dios en el sentido práctico, conformando la vida a los preceptos
de su Ley 25. Sólo Dios puede hacer misericordia y reconciliar a los descarriados, y sólo
El puede establecer un ambiente de derecho y justicia sobre la tierra (v.23-24b).
Juicio sobre todos los pueblos (24/25-25/26).
24/25 He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo pediré cuenta a todos,
circuncisos e incircuncisos. 25/26 A Egipto, a Judá, a Edom, a los hijos de Ammón,
a Moab, a los que se rapan las sienes y habitan el desierto, pues todos estos
pueblos son incircuncisos; pero todo Israel es incircunciso de corazón.
Este fragmento aislado parece incluido aquí por un redactor posterior, sin que esto quiera decir
que no sea de Jeremías. -Los discursos del profeta tuvieron lugar en múltiples ocasiones. Pero su
ilación lógica en el libro a él atribuido depende muchas veces de la mayor o menor pericia del
copiador posterior. En estos versículos se anuncia el castigo general tanto sobre el pueblo elegido
como sobre las naciones circunvecinas, que han contribuido a que Israel y Judá se separaran del
buen camino con sus infiltraciones idolátricas y políticas. La diplomacia humana jugó gran papel
en el desastre definitivo del pueblo de Dios. Los profetas siempre se opusieron a las alianzas políticas
de Israel y Judá con otros pueblos, enfocando los problemas desde un punto de vista puramente
religioso. Israel era una teocracia bajo la inmediata protección de Yahvé, que lo creó
como colectividad nacional, y por tanto no necesitaba de medios humanos extraños para subsistir.
La Providencia divina era la encargada de velar directamente por los intereses del pueblo elegido.
El castigo alcanzará a todos. La expresión vienen días suele tener un alcance mesiánico
en la literatura profética. Aquí parece se alude al juicio purificador de Yahvé sobre su pueblo y
las demás naciones circunvecinas. Yahvé pedirá cuenta a los circuncisos e incircuncisos 26. La
frase se aplica a Israel y a las otras naciones fuera de la alianza, cuyo signo externo era la circuncisión.
No obstante, la mayor parte, si no todas las naciones aquí mencionadas, practicaban dicho
rito. Los profetas, al hablar de “circuncisos” o “prepucio,” lo entienden en sentido moral de incircuncisión
del corazón27.
Bajo el reino de Joaquim (609-598), la corte de Jerusalén buscaba la alianza de las naciones
vecinas, como Egipto, Moab, Ammón, etc., para hacer frente a la prevista invasión de Nabucodonosor.
Por eso quizá este fragmento sea de esta época, y entonces formaría parte de las profecías
contra las naciones, que estudiaremos más tarde. Los que se rapan las sienes son los árabes.
Esta práctica de rasurarse la cabeza por delante en forma de círculo aparece atestiguada en
Herodoto y Flavio Josefo. Esto estaba prohibido a los israelitas, pues parece tenía un carácter
idolátrico de adoración al sol 28. Todos estos pueblos son despreciados como incircuncisos (v.25-
26), es decir, ajenos a las promesas de Israel; pero los israelitas, a pesar de ser el pueblo elegido
con el signo de la circuncisión, instituido por el mismo Dios, son en realidad ajenos a las promesas
divinas por ser incircuncisos de corazón, es decir, rebeldes y materializados en sus costumbres,
insensibilizados para lo religioso.
1 Jerusalén falta en el texto griego. — 2 Esta última frase falta en los LXX, y es traducida de diverso modo. Con un ligero cambio de
consonante se pudiera traducir: “pero les daré según su producto” o merecido, lo que se adaptaría bien al contexto. — 3 Cf. Jer
1981
6:20. — 4 Cf. Lev 10:11; Dt 33:10; 2 Par 17:7; Jer 2:8; 18:8; Os 4:5. — 5 Cf. Jer 7:4-21. — 6 Cf. Dt 4:6. — 7 El texto no está claro, pues
la palabra que traducimos por aniquilaré puede significar “reuniré*. — 8 Cf. Jer 5:10; 6:9; Is 5:1-7, Miq 7:1. — 9 Cf. Jer 4:10;
5:12; 6:14. — 10 El texto está oscuro. Seguimos en la traducción a los LXX. La Bible de Jérusalem traduce: “el dolor me invade.”
Pirot-Clamer: “sin que haya remedio.” — 11 Cf. Gen 37:25; 43:11; Ez 27:17; Jer 34:11; 51:8. — 12 Cf. Le 19:41. Este v.23 del
TM en los LXX y Vg aparece como el v.i del c.g. — 13 En la traducción hemos seguido a los LXX, con la Bible de Jérusalem. Pirot-
Clamer: “violencia sobre violencia.” El texto hebreo dice: “tu habitación en medio del engaño.” Cantera : “Su morada está en
medio de la perfidia engañadora.” — 14 Cf. Sal 64:4- — 15 Cf. Miq 2:4-5. Es interesante notar que la palabra hebrea correspondiente
a engañar es la raíz que forma parte del nombre de Jacob ('aqab). Probablemente se aluda aquí al engaño” que Jacob hizo a
su hermano Esaú (Gen 27:26; Os 12:4). Los israelitas se gloriaban de ser descendientes de Jacob, pero en realidad sólo le imitan
en lo malo, en el “engaño” de que hizo víctima a su hermano. — 16 Cf. Is 48:10; Ez 22:20; Zac 13:9; Mal 3:2. — 17 Cf. Jer3:23.
— 18 Cf. Am 1:2. — 19 Cf. Job 30,29; Miq 1:8. — 20 Cf. Is. 14:23. — 21 Cf. Neh4:2. — 22 Cf. Jer 23:15; Lam 3:19; Am 5:7;
6:13; Prov 5:4. — 23 Cf. Jer 8:4; Dt 29:18. — 24 Cf. Jer 5:19; Dt 4:27; 28,64; Lev 26:33; Jer 42:17; Am 9:4; Ez 5:2-12. — 25 Cf.
Is 1:1; Jer 4:22; 5:5; 8,7; 9:2. — 26 El texto hebreo dice literalmente “circuncisos en el prepucio.” La frase, aparentemente contradictoria,
parece aludir a la contraposición entre el carácter externo de circuncisos y la actitud de incircuncisos de corazón. — 27
Cf. Jer 4:4. Según Herodoto (II 37), los egipcios practicaban la circuncisión por razones higiénicas. Lo mismo dice de los fenicios,
cananeos, edomitas, moabitas, amonitas y hebreos. Para los israelitas, los “incircuncisos” por antonomasia eran los filisteos de filiación
no semítica. Sólo los asiro-babilónicos no la practicaban. Cf. Lagrange, Études sur les re-ligions sémitiques s.242-246. Según
Flavio Josefo, los idumeos fueron obligados a practicar la circuncisión bajo Juan Hircano (135-105 a.C.). — 28 Cf. Herodoto,
III 8; Flavio Josefo, Contra Apion. 22; cf. Lev 19:27.
10. Inanidad de los Ídolos.
El Exilio.
Este capítulo es bastante heterogéneo por su contenido. Primero se dan unos consejos a los desterrados
para que no se dejen llevar por el culto de los ídolos, que son nada y vanidad, mientras
que sólo Yahvé es grande y poderoso. Después viene un fragmento conminatorio anunciando el
destierro, con una lamentación sobre la futura ruina del pueblo, prevista por el profeta. Finalmente,
se inserta una oración a Yahvé para que modere su rigor para con el pueblo pecador y descargue
su ira sobre las naciones paganas que afligieron a Israel.
Inanidad de los ídolos (1-5).
1 Oíd, casa de Israel, lo que os dice Yahvé. 2 Así dice Yahvé: No os acostumbréis a
los caminos de las gentes, no temáis los signos celestes,pues son los gentiles los que
temen de ellos, 3pues los estatutos de esos pueblos son vanidad; leños cortados en el
bosque, obra de las manos del artífice con la azuela, 4se decoran con plata y oro, y
los sujetan a martillazos con clavos para que no se muevan. 5Son como espantajos de
melonar, y no hablan; I hay que llevarlos, porque no andan; no les tengáis miedo,
pues no pueden haceros mal, ni tampoco bien.
El fragmento tiene un carácter apologético y parece dirigido a los israelitas, que vivían entre gentiles
con peligro de imitar sus cultos idolátricos. En concreto, en Babilonia, las grandes procesiones
y ostentosos ritos externos eran ocasión de admiración y atracción para gentes de una mentalidad
sencilla que se dejaban fascinar por las apariencias. Sobre todo les previene contra los cultos
astrales y supersticiones astrológicas, que estaban muy de moda en Mesopotamia.
El profeta se dirige enfáticamente a la casa de Israel. Su preocupación se extiende a todos
los israelitas, que están en peligro de ser fascinados por los pomposos cultos idolátricos. Les
previene contra los caminos de las gentes, es decir, sus creencias y conducta, totalmente ajena a
la tradición de Israel. Los signos celestes (v.2) eran los meteoros, eclipses y demás fenómenos
extraordinarios siderales, cuya aparición daba ocasión a cabalas sobre el futuro de los pueblos.
En Babilonia la astrología estaba en todo su apogeo, y sus cultivadores eran los árbitros de la sociedad,
pues desde los cortesanos hasta las gentes sencillas acudían a ellos para resolver sus pro1982
blemas particulares. Además, la vida política y militar de la misma nación dependía de ese lenguaje
misterioso del mundo astral, cuyo sentido sólo captaban los magos y astrólogos. Los fenómenos
siderales eran expresión de la voluntad de las divinidades, y por eso era muy importante
conocer esta “escritura del cielo.” Los presagios buenos o malos dependían de determinadas apariciones
o conjunciones de los astros. Si el presagio que daba el astrólogo era malo, entonces el
interesado procuraba aplacar a los dioses con encantos mágicos. De este modo, el pueblo vivía
siempre en tensión, auscultando los signos celestes. En la política, la marcha de la nación dependía
de ellos también, pues si se daban ciertos signos, se podía o no declarar la guerra, iniciar determinadas
obras, etc. 1 El profeta declara a sus compatriotas que nada deben temer de esto, pues
Yahvé está por encima de todo el curso de los astros. Los astros, pues, no tienen ninguna virtud
especial benéfica o maléfica en sí mismos, sino que sólo Yahvé es al que hay que temer y suplicar
2.
Todas esas creencias de los paganos no tienen consistencia: los estatutos de los pueblos
son vanidad (ν.3). Aquí estatutos es sinónimo de doctrina (v.8) y caminos (v.2). Por tanto, no
deben preocupar a los israelitas, que tienen otros estatutos o creencias más sólidos, pues saben
que Yahvé es omnipotente. Y para probar esto les recuerda que las imágenes de los ídolos son
leños cortados del bosque.
En Is 44:12 encontramos una apreciación irónica semejante. Y en Bar 6:7, la “carta de Jeremías”
se expresa en el mismo sentido. Es un género literario apologético que se había generalizado.
El desprecio culmina en la frase son como espantajos de melonar, que no tienen otro fin
que ahuyentar los pájaros. También con fuerte ironía alude a las procesiones solemnes, en que
los ídolos eran transportados a hombros: hay que llevarlos, no andan (v.5). En la legislación mosaica
se prohibía toda representación sensible de Yahvé para evitar que el pueblo se formara un
concepto material y grosero de El.
Grandeza de Yahvé y nulidad de los ídolos (6-16).
6 No hay semejante a ti, oh Yahvé! tú eres grande, y grande y poderoso es tu nombre.
7 ¿Quién no te temerá, Rey de las naciones? Pues a ti se te debe el temor, y no
hay entre todos los sabios y en todos sus reinos nadie como tú. 8Todos a uno son estúpidos
y necios, doctrina de vanidades, (son) un leño3; 9plata laminada venida de
Tarsis, oro de Ofir4, obra de escultor y de orfebre, vestida de púrpura y jacinto;
obra de diestros (artífices) son ellos. 10Pero Yahvé es verdadero Dios, el Dios vivo y
Rey eterno. Si El se aira, tiembla la tierra, y todas las naciones son impotentes ante
su cólera. 11 Así, pues, habéis de decirles: Dioses que no han hecho ni los cielos ni la
tierra, desaparecerán de la tierra y de debajo de los cielos. 12 El con su poder ha
hecho la tierra, con su sabiduría cimentó el orbe y con su inteligencia tendió los cielos.
13A su voz se congregan las aguas en el cielo; El hace subir las nubes desde los
confines de la tierra, convierte los rayos en lluvia y saca los vientos de sus escondrijos.
14Embrutecióse el hombre sin conocimiento; todo orífice se avergüenza de su
ídolo, porque es mentira su estatua fundida i y no hay aliento en ellos, 15son nada,
obra ridícula. En el tiempo de su castigo perecerán. 16 No es ésta la herencia de Jacob,
pues El es el Hacedor de todo, e Israel es su tribu hereditaria; su nombre es
Yahvé de los ejércitos.
Los v.6-7 faltan en el texto griego, y parecen ser una glosa. Son un canto a la grandeza de Yahvé
de estilo salmódico. Se le llama Rey de las naciones (ν.7) en cuanto que domina también sobre
1983
los otros pueblos. El monoteísmo estricto sobresale en las enseñanzas proféticas 5. Los sabios de
las naciones idolátricas, que enseñan el culto a ídolos sin consistencia, no son nada en comparación
con Yahvé y sus leyes. Enseñan doctrina de vanidades, es decir, predican la adoración de
ídolos vanos, que no son más que un leño. Plata de Tarsis: generalmente se identifica con la
Tartessos de los romanos, en España, en la desembocadura del Guadalquivir, cercana a Huel-va6.
Oro de Ofir: localidad en la Arabia meridional o en Etiopía (Punt). Sabemos que los egipcios
explotaban minas de oro en esta zona. Salomón traía oro de estas partes orientales del mar Rojo
7. El v.10 parece ser una respuesta a los que creían en las señales celestes (v.2). No se ha de temer
a supuestas fuerzas misteriosas de los astros, pues sólo Yahvé es el verdadero Dios, el Dios
vivo (v.10), que rige todo el universo, ante quien tiembla la tierra. El ν. 11 en prosa tiene todos
los visos de glosa aramea aclaratoria, pues interrumpe el ritmo. Es considerada como una fórmula
imprecatoria, que sería usada por los exilados para expresar el deseo de que desaparecieran los
ídolos: dioses que no han hecho ni los cielos.,., desaparecerán (ν. 11). En realidad es Yahvé el
que permanecerá, porque El cimentó el orbe (v.12). En la mentalidad hebraica, el mundo estaba
asentado sobre unas columnas que se hundían en el gran abismo 8. También los cielos eran concebidos
como una masa sólida o bóveda que separaba la parte superior, en la que estaba el trono
de Dios y los ángeles, y la parte inferior, donde revoloteaban los pájaros: tendió los cielos (v.12).
Las aguas en el cielo (ν.13) son las que están sobre el firmamento, que Dios deja caer cuando
abre las cataratas del cielo 9. Las nubes, en cambio, están cargadas de aguas inferiores, que caen
en forma de lluvia no torrencial. Yahvé hace subir las nubes desde los confines de la tierra
(v.13) en cuanto que aparecen a lo lejos en el horizonte, formándose y condensándose cerca de la
tierra. La frase convierte los rayos en lluvia debe entenderse de los royos, que en la tormenta
acompañan a la lluvia, o, sencillamente, que hace que los royos o relámpagos, que dominan al
principio una tempestad, desaparezcan, resolviéndose ésta en lluvia. A una voz suya, la tempestad
queda reducida a una “lluvia” bienhechora. El dominio de Yahvé se extiende también a las
fuerzas misteriosas de los vientos: soca los vientos de sus escondrijos (v.15b). Según la mentalidad
popular de la época, en el cielo había depósitos de granizo, de “vientos,” que Yahvé soltaba
a voluntad 10.
Esta omnipotencia y majestad de Yahvé no es reconocida por el hombre, que es sin conocimiento
(v.14), y en su lugar da culto a cosas que son obra de sus manos. El orífice que ha
hecho la estatua se avergüenza de su ídolo (v.14) al ver que esa obra exclusivamente suya es el
ídolo objeto de veneración, y sabe que es mentira su estatua fundida, pues bien sabe que no es
una divinidad, ni siquiera tiene vida: no hay aliento en ellos (v.14b). En contraposición a la inanidad
de los ídolos está Yahvé, la herencia de Jacob, pues por una alianza especial se ha ligado
a Israel para ser suyo corno herencia. Yahvé es la “herencia de Jacob” u, e Israel o Jacob es la
“herencia de Yahvé”12. Por la alianza han quedado obligados mutuamente y se deben entre sí:
Israel es su tribu hereditaria (v.16b). Pues este Yahvé, herencia de Israel, es el Hacedor de todo,
y, como tal, dueño de los mundos y de los destinos de la humanidad, en contraposición a la
impotencia e inanidad de las estatuas idolátricas adoradas por los gentiles, Y para más resaltar el
poder de Yahvé, el profeta le da su nombre temeroso: su nombre es Yahvé de los ejércitos. Es el
señor de los ejércitos estelares de los cielos, del “ejército” de los seres, y también Señor de las
batallas en pro de Israel. Por ello es la mejor garantía para los exilados, acobardados por los cultos
pomposos de los gentiles.
La ruina del pueblo, objeto de dolor para el profeta (17-22).
17 Recoge de la tierra tu hato, moradora de la ciudad asediada, 18 pues así dice Yah1984
vé: He aquí que voy a lanzar a los habitantes del país esta vez para ponerlos en angustia
y que me encuentren. 19 Ay de mí por mi quebranto! ¡Doloroso es mi golpe!
Pero yo digo: Ciertamente es mi dolencia, debo soportarlo. 20Mi tienda está devastada,
y todas mis cuerdas rotas; mis hijos me han abandonado, no existen ya; hay
quien despliegue mi tienda y levante mis lonas. 21 Pues fueron unos insensatos los
pastores, y no buscaron a Yahvé; por eso no prosperaron, y todos sus rebaños han
sido dispersados, 22 He aquí que llega el rumor de una noticia, viene gran alboroto
de la tierra del septentrión para reducir las ciudades de Judá a desolación, a guarida
de chacales.
El profeta invita a los habitantes de Jerusalén a prepararse para ir al destierro babilónico: recoge
tu hato, moradora de la ciudad asediada (ν.17). Jerusalén es personificada en una pobre prisionera,
que debe llevar consigo el ajuar más elemental para sus necesidades primarias. En los bajorrelieves
aparecen las mujeres llevadas en cautividad cargadas con sus enseres domésticos y ánforas
sobre su espalda. Yahvé ha decidido enviar al cautiverio a su pueblo: voy a lanzar a los
habitantes del país (v.18). Pero en sus designios punitivos y justicieros hay intenciones de misericordia.
El castigo de Judá será el único medio de que recapacite en sus torcidos caminos y
vuelva a su Dios: para ponerlos en angustia y que me encuentren (v.15b).
El profeta siente al vivo la tragedia de su pueblo: ¡Ay de mí por mi quebranto! Algunos
autores creen que aquí el que habla es el pueblo mismo que experimenta el castigo. En este caso,
sus deseos de expiación son el mejor medio de conciliar la amistad divina: Es mi dolencia, debo
soportarlo (v.16b). En el caso de que sea Jeremías el que habla, la frase tendría un sentido de
plena aceptación por la parte de su misión de anunciar estragos y castigos a su pueblo, que es su
dolencia, a la que no puede renunciar, porque está impuesta por Yahvé: debo soportarlo. El profeta
se lamenta porque su pueblo ha sido arruinado: mi tienda esta devastada, y todas mis cuerdas,
rotas (v.20); y contempla con tristeza a Jerusalén arrasada, como el beduino que ve que su
tienda ha sido llevada por el viento con las cuerdas rotas 12. Es el caso de la nación judía, arrancada
en sus fundamentos por el turbión de la guerra. Sus habitantes han desaparecido por la espada
o en el cautiverio: no existen ya (v.20b). El exterminio ha sido total, y no hay quien pueda
empezar la restauración de la nación: No hay quien despliegue mi tienda y levante mis lonas
(v.20c). El símil de la tienda resulta muy exacto para reflejar la tragedia de la situación. Para el
beduino, la tienda, sus cuerdas y lonas es todo su tesoro. Pero ahora todo se ha ido abajo y no
hay esperanza de poder volverla a levantar: le faltan sus hijos y parientes de clan.
Después el profeta da la razón de la catástrofe: los dirigentes no han sabido gobernar a la
nación, a la que han llevado a la ruina total (v.21). En lugar de confiar en Yahvé y seguir sus
preceptos, base de una sana vida social, han buscado alianzas extrañas y se alejaron de la Ley de
su Dios: no buscaron a Yahvé. Han obrado sólo según sus puntos de vista meramente humanos
13, halagando las pasiones de la masa. Al no darse cuenta del estado privilegiado de la nación israelita
entre todos los pueblos, por ser objeto de la elección del mismo Yahvé, han sido unos insensatos.
La consecuencia ha sido trágica: todos sus rebaños han sido dispersados (v.21c). La
cautividad de Judá ha sido la culminación de su proceder egoísta y materializado. De nuevo el
profeta asiste en espíritu a la invasión que viene del norte: llega el rumor., gran alboroto del septentrión.
Los soldados de Nabucodonosor avanzan implacables a través de Siria y Fenicia, para
caer como una inundación sobre la tierra de Judá, convirtiéndola en desolación, en guarida de
chacales (v.22) 14.
1985
Humilde sumisión a los designios divinos (23-25).
23 Bien sé, Yahvé, que no está en mano del hombre trazarse su camino, no es dueño
el hombre de caminar ni de dirigir sus pasos. 24 Corrígeme, Yahvé, pero conforme a
juicio, no con ira, no sea que me aniquiles. 25 Derrama tu furor sobre las gentes que
te desconocen y sobre los pueblos que no invocan tu nombre, que han devorado a
Jacob, le han consumido y han devastado su morada.
Este fragmento es de tipo sapiencia, según el módulo de ciertos salmos. Por eso es considerado
como adición posterior. Expresaría el estado de ánimo de la comunidad judía después de la catástrofe,
cuando ya se hallaba en medio de los gentiles. Con todo, puede entenderse en labios de Jeremías,
que ante la catástrofe hace una confesión humilde de la impotencia humana, y pide que el
furor de Yahvé, en vez de cargar sobre su pueblo, se derrame sobre las gentes que no le conocen
y ofenden. Confiesa primero que el curso de la vida del hombre está en manos de Dios y es inútil
que el hombre quiera trazarse un camino fuera de su Dios: no es dueño el hombre de caminar
(v.23). Los profetas, profundamente religiosos, destacan siempre la intervención de Dios en la
vida, y prescinden muchas veces de las causas segundas. Naturalmente, estas frases del profeta
no se han de entender literalmente, como si el hombre careciera de libertad. Son expresiones radicales
para destacar más la omnipotencia divina. El pueblo reconoce su mal proceder e implora
la misericordia divina: corrígeme, Yahvé, pero conforme a juicio (v.24), no mirando a los pecados,
por los que era el pueblo merecedor de la ira divina, sino fijándose en su actitud actual de
arrepentimiento y en las promesas que ha hecho a sus antepasados. Por otra parte, el pueblo (o el
profeta) pide que Yahvé considere también la conducta de las gentes que no le invocan (ν.26), y
que, además, han devorado a Jacob (Israel), sembrando la devastación y la ruina en su morada
15. La catástrofe de Israel no ha servido sino para hacer más audaces y despectivos a los paganos
frente al pueblo elegido. Aquí el autor clama por los derechos de la soberanía divina, que no es
reconocida por los pueblos gentiles, y, además, recuerda a Yahvé que Israel es un pueblo bajo su
protección especial y que ha sido pisoteado por la insolencia de las naciones paganas.
1 Cf. Meissner, Babylon und Assur II p.247ss. — 2 Cf. Dt 4:19; Is 47:12-13. — 3 El texto está oscuro. Pirot-Clamer: “(su doctrina) es
vanidad, madera.” La Bible de Jérusalem: “la instrucción que dan los que son nada (ídolos) no tiene sentido.” — 4 El TM lee
Ufar, que es desconocido; los LXX leen Mofar. El Targum, la Sir., Tood., leen Ofir, lugar famoso en la Biblia por el oro. — 5 Cf.
Is 40,6-8; 9:1-8; Zac 6:1-8; 9:1-8; Ez 5:6-7; 21:235; Is 23:11; Je. 10:10; Am 1:2; 4:12 — 6 Cf. Is 23:1; E¿ 27:12; 1 Mac 8:3. — 7
Cf. Dan 10:5; 1 Re 9:28; 10:11; 2 Crón 8:18; 9:10. — 8 Cf. 1 Par 16:30; Sal 24:2; 48:9; 93:1; 96:10. — 9 Cf. Gen 1:3. — 10 Cf.
Job 38:22. En la Eneida de Virgilio (1:52) encontramos una concepción análoga: Eolo suelta los vientos encadenados en una caverna.
— 11 Cf. Dt32.9. — 12 Cf. Dt 4:19.20; Lam 3:24; Sal 16:5; Núm 18:20. — 12 Cf. Jer 4:20; 49:29; Is 54:2. — 13 Cf. Jer 2:8; 4:9;
5:5-3o; 8:8-n. — 14 Cf. Jer 1:14; 4:6-15; 5:15; 6:23; 8:16; 9:10. — 15 Este versículo es idéntico a Sal 79:6-7. Muchos críticos lo
consideran como glosa. 1 Cf. 2 Re 22:13; Jer 11:7-8.10; 2 Re 22:16-17, y Jer 11:8.10-17.
11. Exhortación a la guarda de la alianza.
Conjuración contra el Profeta.
El contenido de este capítulo en su primera parte parece una alusión a la reforma emprendida
por Josías con motivo del hallazgo del “libro de la Ley” en el 621, comúnmente identificado con
el Deuteronomio. Podemos, pues, datar este fragmento de Jeremías de la época inmediata al
hallazgo de dicho libro. Las alusiones que se hacen después a la idolatría reinante parecen indicar,
por otra parte, que la última redacción es de la época posterior del rey Joaquim (609-598),
1986
bajo el cual volvieron a rebrotar los cultos idolátricos, prohibidos por la reforma del piadoso rey
Josías, muerto trágicamente en la batalla de Megido en 609.
Exhortación a la observancia de la alianza (1-8).
1 Palabra que dirigió Yahvé a Jeremías, diciendo: 2Oíd las palabras de esta alianza y
comunicádselas a los varones de Judá y a los moradores de Jerusalén. 3Decidles: Así
habla Yahvé, Dios de Israel: Maldito el varón que desoiga las palabras de esta alianza,
4 que ordené a vuestros padres al tiempo de sacarlos de la tierra de Egipto, del
horno de hierro, diciendo: Oíd mi voz y obrad según todo lo que os mando, y seréis
mi pueblo, y yo seré vuestro Dios, 5para que yo mantenga el juramento que hice a
vuestros padres de darles una tierra que mana leche y miel, como (es) el día de hoy.
Yo respondí diciendo: Así sea, ¡oh Yahvé! 6 Y me dijo Yahvé: Anuncia todas estas
palabras en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, diciendo: Escuchad
las palabras de esta alianza y cumplidlas, 7 pues con insistencia he amonestado a
vuestros padres desde el día que os hice subir de la tierra de Egipto hasta hoy, y con
toda diligencia les amonesté, diciendo: Escuchad mi voz. 8 Pero ellos no me escucharon,
no me dieron oídos, y se fueron todos en pos de la dureza de su perverso corazón,
e hice venir sobre ellos todas las palabras de esta alianza que les mandé cumplir
y cumplieron.
El profeta tiene que proclamar en todo el territorio de Judá la necesidad de atenerse a las exigencias
de la alianza *. Las palabras de la alianza (v.2) comunicadas por Dios a Jeremías son dirigidas
en general a todo el pueblo, incluido el mismo profeta. Las palabras aquí son los términos
concretos de la alianza, que ha sido oficialmente renovada por el pueblo bajo Josías después del
hallazgo de la Ley 2. Las expresiones son casi idénticas a las del Deuteronomio: maldito el varón
que desoiga las palabras de esta alianza (v.3). Todo el Deuteronomio está redactado a base de
promesas y amenazas 3; desoír las prescripciones en él expuestas era abandonar a Yahvé. Yahvé
hace resaltar el momento histórico en que les puso las prescripciones de la alianza: al tiempo de
sacarlos de la tierra de Egipto (v.4). Israel debe su existencia como nación a la especialísima
providencia de Yahvé, que los ha liberado de la opresión de Egipto, que era un horno de hierro,
e.d., un lugar de gran aflicción, al ser tratados y exprimidos como el hierro en el horno. La metáfora
está tomada del Deuteronomio 4.
Las ordenaciones de Yahvé a su pueblo tienen por fin hacer una alianza entre El e Israel:
oíd mi voz. y seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios (v.4). En la época patriarcal, Dios personalmente
había hecho una alianza con el gran antecesor, padre del pueblo, Abraham5; en el desierto
se renueva la alianza y se concretan más las cláusulas por las que Israel se constituye en
teocracia bajo la inmediata dirección de Yahvé. Israel, por la alianza, se convertía en un pueblo
aparte de todos los otros, con derecho a las bendiciones prometidas por su Dios nacional, Yahvé.
Había sido escogido como “pueblo sacerdotal y nación santa”6. Y todo esto fue un acto gratuito
por parte de Yahvé. Además, la finalidad de esa vinculación de Israel a El tenía por objetivo inmediato
instalar a Israel en una nueva tierra: para que yo mantenga el juramento que hice a
vuestros padres de darles una tierra que mana leche y miel (v.5). La promesa de Yahvé estaba
condicionada a la fidelidad que los israelitas guardaran a las prescripciones de El7. Yahvé ha
mantenido el juramento a pesar de las muchas infidelidades y transgresiones del pueblo. Y
ahora se complace en constatar el hecho de que ha cumplido su palabra de darles la tierra de Ganaán:
como es el día de hoy. Los oyentes de Jeremías eran testigos del cumplimiento de la pala1987
bra de Yahvé. La expresión que mana leche y miel 8 es hiperbólica y tiene un valor -relativo,
pues en comparación de la estepa del desierto sinaítico, la tierra de Palestina es un vergel.
Jeremías acepta al punto la orden de Yahvé de predicar sus palabras: Así sea, ¡oh Yahvé!
También en esta frase hay un eco del Deuteronomio, ya que, según Dt 27:15-26, a cada maldición
el pueblo debía responder: “Amén.” La frase en labios de Jeremías puede referirse a la aceptación
del encargo que le hace Yahvé de predicar sus palabras o simplemente de asentir a la frase
de Yahvé: maldito el varón que desoiga. (v.3-4). La misión de Jeremías debe extenderse a todas
las ciudades de Juda y plazas de Jerusalén (v.6), e.d., a todo el reino de Judá en general. Algunos
han querido suponer que Jeremías formaba parte de las misiones volantes organizadas en
tiempos de Josías para extender la reforma conforme al libro de la Ley hallado en el templo; pero
no sabemos que la actividad de Jeremías se haya extendido más allá de Jerusalén y Anatot antes
de la caída de Jerusalén. La orden de Yahvé tiene, pues, un alcance genérico. Los v.7-8 faltan en
los LXX y son considerados por algunos críticos como glosa posterior. El contenido es similar a
7:24-26 9. Pero no tiene nada de particular que aparezcan repetidas fórmulas afines para expresar
ideas fácilmente adaptables a parecidas situaciones del contexto. La desobediencia de Israel hizo
que Yahvé les enviara todas las palabras de esta alianza (v.8), e.d., las amenazas anunciadas en
el Deuteronomio contra los incumplidores de las cláusulas de la alianza 10. Las calamidades que
históricamente sufrieron los israelitas eran en realidad castigos enviados por Dios por haber incumplido
sus promesas de fidelidad para con lo prescrito en la alianza del Sinaí. En el 701, Jerusalén
sufrió un cruel asedio de parte de los asirios, y en el 721, Samaría fue tomada por éstos, y
su población, deportada. Son dos hechos culminantes en la historía de los israelitas, que hablaban
bien claro del rigor de la justicia divina. Pero todo fue en vano: no cumplieron (v.8). Por eso Jeremías
anuncia como próximos nuevos castigos. La impenitencia del pueblo elegido obligaba a
la justicia divina a intervenir periódicamente para hacerle volver al buen camino.
Apostasía de los habitantes de Judá (9-14).
9 Y me dijo Yahvé: Se han confabulado los varones de Judá y los moradores de Jerusalén.
10 Han vuelto a las iniquidades de sus primeros padres, que rehusaron oír
mis palabras, y se han ido tras dioses ajenos para servirles. La casa de Israel y la de
Judá han roto el pacto que hice con sus padres, u Por eso dice Yahvé: He aquí que
traeré sobre ellos males de que no podrán librarse, y clamarán a mí, y no les oiré; 12
e irán las ciudades de Judá y los habitantes de Jerusalén y clamarán a los dioses a
quienes ellos sacrifican, y no los salvarán en el tiempo de su tribulación. 13 Porque
cuantas son tus ciudades, tantos son tus dioses, Judá, y cuantas son las calles de Jerusalén,
tantos fueron los altares alzados a la “ignominia,” altares para quemar incienso
a Baal. 14 Y tú no me supliques por este pueblo y no eleves por ellos clamor ni
oración, porque no oiré cuando ellos clamen a mí al tiempo de su aflicción.
La reforma de Josías no parece que haya tenido mucho éxito, pues a la primera ocasión el pueblo
se volvió a la idolatría, como sabemos ocurrió bajo sus hijos Joacaz y Joaquim u. Quizá bajo este
rey (609-598) se profirieron estos oráculos. La apostasía es masiva. En la época del impío rey
Manases, las infiltraciones idolátricas llegaron a su colmo, deshaciendo éste toda la obra de reforma
religiosa que antes había propugnado su padre Ezequías. Quizá a ese estado de idolatría
aluda aquí Jeremías. Es el mayor pecado contra Yahvé, ya que supone un abierto desprecio 12 y
una ingratitud suma al no reconocer sus beneficios. La casa de Israel es el reino del Norte,
con Samaría como capital, conquistada por Sargón en el 721. La casa de Judá es el reino del Sur,
1988
con Jerusalén por capital. Josías había tratado de extender la influencia de la reforma religiosa en
ciudades que habían antes pertenecido al reino del Norte 13. Aquí la expresión indica el pueblo
elegido en general, que ha prevaricado en masa tanto en el norte como en el sur: han roto el pacto,
e.d., la alianza del Sinaí, base de la vida religiosa y social de Israel, con Yahvé por Dios. Pero
la magnanimidad de Yahvé tiene un límite, y va a llegar la hora de la justicia (v.1.11). Entonces
acudirán a los ídolos, y de nada les servirán (v.12). La frase tiene un carácter irónico. El tiempo
de la tribulación es la hora de probar la eficacia de los ídolos. Judá sentirá la amarga experiencia
de verse sin ayuda alguna.
La proliferación de altares idolátricos en Jerusalén era exorbitante: cuantas ciudades, tantos
los ídolos (v.15). La ignominia es un nombre despectivo para significar los ídolos14, sinónimo
de Baal, dios cananeo, que variaba según las localidades, llegando a significar el nombre común
de ídolo en la Biblia. La deserción es tan general e insensata, que Yahvé manda a Jeremías que
no ore por el pueblo, que está colmando la copa de la ira divina (v.14).
Inutilidad de los sacrificios sin entrega interior (15-17).
15 ¿Qué tiene que hacer mi amado en mi casa, mientras comete iniquidades? ¿Es que
los sacrificios y las carnes santificadas apartarán de ti tu maldad, de que te alegrabas?
15 16 “Olivo verde y hermoso, de magníficos frutos,” te había puesto Yahvé por
nombre. Con gran estrépito, prendió fuego en él y se quemaron sus ramas. 17 Y
Yahvé de los ejércitos, que te plantó, ha decretado la desgracia contra ti por los crímenes
de la casa de Israel y de la casa de Judá, que han cometido para irritarme,
ofreciendo incienso a Baal.
Esta sección parece un cántico breve que versa sobre la inutilidad de los sacrificios como medio
de evitar la catástrofe nacional. El texto es difícil y oscuro en algunas frases. El pueblo de Judá
es el amado de Yahvé16 (v.15). Aquí la denominación afectuosa tiene un aire irónico. Judá ha
sido objeto de las predilecciones de Yahvé, y ahora se conduce de un modo impropio de su condición,
pues mientras asiste a la casa o templo de Yahvé, comete iniquidades (v.15). Es una contradicción
viviente, pues cree que cumple sus obligaciones para con su Dios con los ritos externos
sacrificiales. Lo que ante todo quiere Yahvé es la entrega de su corazón. Un culto puramente
formalístico y externo no puede aplacar a Yahvé (v.15b). Los pecados del pueblo de Judá no
pueden ser borrados con sacrificios, sino con arrepentimiento y cambio de vida.
En su optimismo, los habitantes de Judá consideraban a su nación como un olivo verde y
hermoso 17, siempre rejuvenecido. El olivo es de hoja perenne; por eso simboliza bien a Israel en
las esperanzas populares. Quizá aquí la frase aluda a un cántico popular patriótico jubiloso que
repetían en los momentos de exaltación nacional. Pero estas esperanzas son inconsistentes, y
Yahvé va a destruir sus ilusiones, precisamente porque los frutos de ese olivo verde no responden
a las esperanzas puestas en él. Por eso Yahvé va a hacerlo desaparecer prendiendo fuego con
gran estrépito (v.16b), probable alusión al estruendo del ejército invasor, que se extiende como
un incendio por Judá, quemando sus ramas, e.d., todo aquel follaje aparente de religiosidad superficial.
El ν.17, en prosa, por su estilo convencional, es considerado generalmente como glosa
explicativa. Yahvé mismo, que plantó el árbol de Israel como nación, al no recibir los frutos esperados,
ha decretado la desgracia sobre él, condenándole a la desaparición, como había hecho
con la “viña” de malos racimos 18.
1989
Conjuración de los de Anatot contra el profeta (18.-23)
18 Yahvé me lo ha dado a conocer y yo lo he entendido. Entonces me hiciste ver sus
acciones. 19 Estaba como manso cordero que sin saberlo era llevado a degollar, pues
habían tramado contra mí una conjura, (diciendo): Destruyamos el árbol con su vigor
y extirpémoslo de la tierra de los vivos, y no se hará más memoria de su nombre.
20 Mas ¡oh Yahvé de los ejércitos, juez justo, que escudriñas los ríñones y el corazón!
que vea yo en ellos tu venganza, pues a ti te he confiado yo mi causa. 21 Por eso, así
dice Yahvé contra los hombres de Anatot, que buscan tu vida, diciendo: No profetices
en nombre de Yahvé si no quieres morir a nuestras manos. 22 Por eso así dice
Yahvé de los ejércitos: He aquí que les voy a pedir cuentas. Los jóvenes morirán al
filo de la espada; sus hijos y sus hijas morirán de hambre. 23 Y no quedará superviviente
entre ellos, porque yo traeré la desdicha sobre los hombres de Anatot en el
año de su castigo.
El profeta nos entera en estos versículos de un complot secreto tramado contra él por sus compatriotas
de Anatot. También en esto Jeremías es tipo de Jesús, repudiado por sus conciudadanos de
Nazaret. Seguramente las predicaciones pesimistas en contra de la opinión corriente del profeta
comprometían a sus compatriotas de Anatot, poblado situado al nordeste de Jerusalén. En el c.26
se habla de otra conjura de los falsos profetas y sacerdotes contra Jeremías. Por una revelación
especial recibida de Dios sabe los designios de sus enemigos (v.15). El profeta estaba totalmente
ajeno a lo que se tramaba, y vivía pacíficamente entre los que tramaban contra su vida. Su actitud
era la de un manso cordero que sin saberlo era llevado a degollar (V.19). Es la misma imagen
aplicada al “Siervo de Yahvé” en Is 53:7, el Mesías doliente. Jeremías refleja los pensamientos
homicidas de sus conciudadanos: Destruyamos el árbol con su vigor (V.19). La frase parece un
proverbio. Aquí parece aludir a Jeremías, que estaba ¿n toda su plenitud vital19. La frase siguiente:
extirpémoslo de la tierra de los vivos, confirma esta interpretación. Jeremías confía su defensa
a Yahvé directamente como protector: a ti he confiado mi causa (v.20b). Quiere asistir a la manifestación
de la justicia divina. Aquí venganza tiene un sentido antropomórfico, pues expresa los
efectos de la justicia divina al modo humano.
1 La expresión palabra que dirigió Yahvé a Jeremías indica que se inicia un nuevo oráculo o serie de oráculos. — 2 Cf. Dt 29:9;
comp. con 2 Re 23:3; 2 Par 34:31. — 3 Cf. Dt 27:26; 4:9.25; 8:11; 11:28; 28:15; 29:25. — 4 Cf. Dt 4:20. — 5 Cf. Gen 15:755 — 6
Cf. Ex 19:6. — 7 Cf. Gen 15:18; 17:8; 50,24; Ex 3:8.17; 13:5.11; 32:13; Núm 11:12; 14:16.23; Dt 1:8; 4:31; 6:10; 18:23. — 8 Cf.
Ex 3:8.17; 13:5; 33:3; Lev 20,24; Núm 13:28; Dt 6:3; 11:19. — 9 Cf. también Jer 17:13; 24:26. — 10 Cf. Dt 11:265; 27:15-26;
28:15-68; 29:20-28; 30:153. — 11 Cf. 2 Re 23:32,-23:37. — 12 Cf. Dt 5:7; 6:14; 7:4; 8:19; 11:16.28; 13:2.6.13; 17:3; 28:14.36.64;
Jer 5:19; 7:6.9.18; 13:10. — !3 Cf. 2 Re 23:15-20. — 14 Cf. Jer 3:4. La frase altares a la ignominia falta en los LXX, y puede ser
adición posterior. — 15 El texto es oscuro en algunas palabras. Nuestra traducción es parecida a la de la Bible de Jérusalem. — 16
Los LXX leen “amada,” en femenino. Entonces Judá es considerada como la “esposa” de Yahvé. Pero cf. Dt 33:12; Sal 127:2;
60,7; 108,7; Is 5:1. — 17 Yahvé había comparado a Judá a una “viña”; cf. Jer 2:21. Para “olivo,” cf. Rom n,i7· — 18 Cf. Jer 6:9; Is
5:53. La higuera estéril, Le 13:63. — 19 El texto griego y la Vulgata leen: “Pongamos el leño en el pan,” que no parece dar sentido
satisfactorio.
12. Prosperidad de los Impíos.
Juda es devastada. Los enemigos de Judá.
En tres partes se puede dividir este capítulo: a) diálogo del profeta con Yahvé, en el que se
plantea el problema de la prosperidad de los impíos y su conciliación con la justicia de Dios (1-
1990
6); b) anuncio de la devastación de Judá (7-13); c) anuncio del destierro y restauración de las naciones
vecinas (14-17).
La prosperidad de los impíos y la justicia divina (1.-6)
Las reflexiones de este diálogo del profeta son de tipo sapiencial. El problema de la
prosperidad de los impíos ha sido un tema muy comentado en la literatura posterior, especialmente
en el libro de Job. Las reflexiones del profeta son de tipo general y pueden adaptarse a diferentes
situaciones de su vida; por tanto, no podemos determinar el momento en que fueron redactadas.
1 Justo eres tú, Yahvé, para que yo pueda contender contigo; pero voy a proponerte
algunas demandas: ¿Por qué es próspero el camino de los impíos y son afortunados
todos los perdidos? 2 Tú los plantas y echan raíces, crecen y fructifican. Te tienen a
ti en la boca, pero está muy lejos de ti su corazón ! 3 Y tú, Señor, me conoces; tú me
ves; tú has probado mi corazón en lo referente a ti. Sepáralos como rebaño destinado
a la matanza, conságralos para el día de la mortandad. 4 ¿Hasta cuándo estará la
tierra en duelo, se secarán las hierbas del campo? Por la maldad de los que habitan
en ella, perecieron bestias y aves, pues dijeron: “Dios no verá nuestro fin.” 5 Si corriendo
con los de a pie te has fatigado, ¿cómo competirás con los caballos? Y si en
tierra de paz no te sientes seguro, ¿qué harás en los boscajes del Jordán? 6 Pues incluso
tus hermanos, los de la casa de tu padre, esos mismos te son aún traidores y a
espaldas tuyas gritan,No te fíes de ellos cuando te dicen bellas palabras.
El autor sabe que Yahvé es justo, pero quiere pedir justificación de algunas cosas que no entiende:
Voy a proponerte algunas demandas (v.1). Para los antiguos hebreos, sin luces sobre la vida
de ultratumba, el problema era insoluble. Consideraban los bienes de esta vida como un premio
a la virtud. La ecuación buena obra y premio, acción mala y castigo en este mundo, les parecía
una exigencia de justicia elemental. Por eso se pregunta: ¿Por qué es próspero el camino
de los impíos? (v.1b). Es un hecho que los que no tienen escrúpulos de conciencia triunfan en la
vida, mientras que los timoratos y honrados muy frecuentemente fracasan en sus negocios. En el
caso de Jeremías el problema revestía caracteres muy agudos, ya que a él, inocente, no le cupo en
suerte sino sufrir, mientras que los que no tienen temor de Dios prosperan en la sociedad. Su sentido
de justicia se rebela contra esta desigualdad. Y parece que Dios los favorece: Tú los plantas
y echan raíces (v.2). Los bienes de que gozan provienen de Yahvé, pero ellos se aprovechan de
las diversas vicisitudes de la vida para triunfar. A la sombra, pues, de la bondad y magnanimidad
de Yahvé echan raíces. Yahvé, pues, parece también responsable. ¿No será que se deja engañar
por las manifestaciones externas de culto?: Te tienen en la boca, pero está lejos su corazón
(v.2b). Guardan culto formalístico, pero interiormente hacen caso omiso de los preceptos divinos
2. Es el reproche que Jesús lanzó a sus contemporáneos 3.
La situación de Jeremías es muy otra. Está entregado de lleno a Dios y a la propagación
de sus enseñanzas: Tú, Señor, me conoces y has probado mi corazón (v.3). Tiene el sentido de
justicia tan desarrollado, que pide a Dios aísle a los impíos para que no contaminen la sociedad:
sepáralos como rebaño destinado a la matanza (v.3b). La frase es dura, pero es una expresión
oriental radical para indicar la angustia de su alma. No debemos perder de vista que los orientales
tienen preferencia por las frases exageradas, que resultan a veces para nosotros despiadadas.
No olvidemos, por otra parte, que la caridad cristiana era aún una meta muy alta para los mejores
1991
justos del A.T. Aquí Jeremías se deja llevar de las exigencias de su corazón lacerado, que se rebela
contra la injusticia reinante: conságralos para el día de la mortandad (v.3b). La palabra
consagrar equivale a “separar” del común, destinándolos a un fin especial. Quizá aluda a la práctica
del “anatema.” Declarar “anatema” una cosa equivalía a destinarla a la destrucción4, reservándola
para Dios y separándola de todo uso profano. El día de la mortandad es el día de la manifestación
de la cólera divina, tantas veces anunciado por los profetas 6.
La presencia de los impíos hace que esté la tierra en duelo (v.4a), porque sufre una prolongada
sequía: ¿Hasta cuándo se secarán las hierbas del campo? (v.4a). Los malvados se burlan
del profeta y dicen: no verá nuestro fin. Todas las predicciones de castigo anunciadas por Jeremías
contra ellos son consideradas como alucinaciones, y por eso el profeta no será testigo del
cumplimiento de ellas 7.
La respuesta de Yahvé a los requerimientos del profeta es un tanto irónica: Jeremías parece
ser demasiado débil, pues se da por vencido cuando le esperan mayores contradicciones: Si
corriendo con los de a pie te has fatigado, ¿cómo competirás con los caballos? (v.5a). Si se da
por vencido en los primeros obstáculos y contrariedades, ¿qué hará cuando le vengan mayores?
Hasta ahora su vida ha sido como una competición con peatones, pero llegará un momento en
que tendrá que competir en una carrera con caballos. La frase parece ser proverbial adaptada al
contexto. Hasta ahora sus opositores han sido extraños a su familia, pero tiempo vendrá en que
sus hermanos mismos se le opongan. Esa idea es reforzada por otra imagen: si en tierra de paz
no te sientes seguro, ¿qué harás en los boscajes del Jordán? (v.5b). La tierra de paz era la zona
libre de peligros de incursiones de ñeras en la meseta palestiniana, y es contrapuesta aquí a la
zona baja de la depresión del Jordán con sus boscajes o semiselva, en la que abundaban los animales
peligrosos 8. Jeremías ahora está todavía a seguro, como en tierra de paz, en la altiplanicie
de Judea; pero tiempo llegará en que tendrá que andar tembloroso como el viajero que se aventura
a caminar por las riberas del Jordán. En el v.6 aclara la idea. Sus peores enemigos serán los
más allegados, y entonces se sentirá desfallecer (v.6). Debe, pues, prepararse y aceptar callado
los caminos de la Providencia. Dios permite que los impíos triunfen y que la copa de la injusticia
se llena hasta rebosar de parte de los hombres, sabiendo esperar con magnanimidad. La hora de
su intervención y del castigo de los malvados es cosa a El reservada. Entre tanto, da un consejo
al profeta para el futuro: No te fíes de ellos cuando te dicen bellas palabras (v.6b). Lo demás son
arcanos de su providencia.
Devastación de Jada (7-13).
7 He desamparado mi casa, he abandonado mi heredad, he entregado lo que amaba
mi alma en manos de sus enemigos. 8 Fue mi heredad para mí como león en la selva;
lanzó contra mí sus rugidos; por eso la aborrecí. 9 ¿Ha venido a ser mi heredad abigarrada
ave de rapiña, para que las aves rapaces ronden en torno suyo? Venid, juntaos,
fieras todas del campo, venid a devorarla. 10 Muchos pastores han entrado a
saco en mi viña y pisotearon mi heredad, han convertido mi deleitosa posesión en
desolado desierto. Hicieron de ella una desolación, y está ante mí triste y asolada;
toda la tierra es desolación por no haber quien recapacite en su corazón. 12Por todas
las colinas peladas del desierto irrumpieron los devastadores, pues la espada de
Yahvé devora de un extremo al otro de la tierra, sin dar paz a ser viviente 9. 13 Sembraron
trigo y han recogido cardos, se fatigaron trabajando sin provecho, quedaron
confusos de su cosecha por la cólera encendida de Yahvé.
1992
Este fragmento parece desconectado del anterior. Son oráculos y profecías reunidas al azar por
redactores posteriores. Se habla de una devastación de Judá. Sabemos que en tiempos de Joaquim
(609-598) hubo varias incursiones de pueblos vecinos. Quizá se aluda a estas invasiones
parciales. En los ν.7-11 es Yahvé el que habla. Judá ha sido entregada a sus enemigos por permisión
de Yahvé: he abandonado mi casa., heredad (ν.7). Las expresiones para con Judá son muy
afectuosas: mi casa., heredad., lo que amaba mi alma (ν.7). Con ello quiere indicar el sentimiento
que le produce desamparar a su pueblo por imperativo de su justicia. Λ continuación da la explicación
de su conducta: fue mi heredad para mí como león en la selva (v.8). Es una alusión al
carácter insolente y agresivo que había revestido la apostasía general de su pueblo. Yahvé tuvo
que apartarse como asustado por sus rugidos. Por eso le aborreció. Y la consecuencia ha sido el
castigo de la invasión.
La situación de Judá invadida es como la de una abigarrada ave de rapiña puesta por el
cazador como reclamo para que las otras aves ronden en torno suyo (v.9). En el hebreo está en
forma interrogativa, pero quizá sea mejor entenderlo sin interrogación 10. Las naciones vecinas
de Judá caen sobre Judá como las aves se acercan al ave de reclamo. Y es Yahvé mismo el que
anima al ataque contra Judá: venid, fieras del campo, venid a devorarla (v.8b). Las fieras del
campo son las naciones enemigas de Judá.
A continuación describe la invasión de los enemigos: muchos pastores han entrado a saco
en mi viña (v.10). Los pastores son los jefes de los pueblos invasores. Sus ejércitos son como
rebaños que devastan un campo ajeno. De nuevo se refleja el tono afectuoso de Yahvé, pues llama
a Judá mi viña n, mi heredad, mi deleitosa posesión. A pesar del castigo, siente la predilección
por su pueblo elegido, convertido ahora en desolado desierto (v.10b). Y la causa de esta
desolación es el desconocimiento de los mandatos de Yahvé: por no haber quien recapacite en
su corazón (v.11b). No hay quien piense en la Ley, en los reclamos de los profetas.
Los enemigos circunvecinos de Judá le asaltan por doquier: por todas las colinas del desierto
(v.12); parece aludir a las incursiones de amonitas, moabitas y otras tribus de TransJordania
que invadían el territorio de Judá por la zona desértica oriental frente al mar Muerto 12. Eran
hordas que periódicamente asaltaban la tierra de Yahvé. Pero estos devastadores son instrumentos
de la justicia divina: pues la espada de Yahvé devora (v.12b); e.d., su ira desencadenada es
como una espada devastadora, que siembra la mortandad por doquier, sin dar paz a ningún ser
viviente.
Esta devastación hace que la tierra no dé sus cosechas normales, sino que todo sean cardizales
y yermos: sembraron trigo y han recogido cardos (ν.13). Los israelitas se habían afanado
en sembrar trigo, confiados en la paz, que creían permanente, y a la hora de la cosecha se han
encontrado que sus campos habían sido saqueados y devastados 13. Por eso, sus fatigas han sido
sin provecho, quedando avergonzados de su cosecha, es decir, burlados en sus esperanzas.
La suerte de las naciones circunvecinas (14-17).
14 Así dice Yahvé acerca de mis malos vecinos, que asaltan la heredad que yo di en
herencia a mi pueblo, Israel: He aquí que yo los arrancaré de sus tierras y arrancaré
a la casa de Judá de en medio de ellos, 15 y sucederá que, después de haberlos arrancado,
volveré a tener misericordia de ellos y los haré volver cada uno a su propiedad,
cada uno a su tierra; 16 y cuando hayan aprendido los caminos de mi pueblo y
juren en mi nombre: “¡Viva Yahvé!” como ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por
Baal, serán establecidos en medio de mi pueblo. 17 Pero, si no escucharen, arrancaré
esa nación de raíz, y perecerán, oráculo de Yahvé.
1993
Ahora se anuncia el castigo de estos pueblos devastadores de Judá. Han sido instrumentos de la
justicia divina, pero a su vez van a ser castigados por sus desmanes. Isaías llama a Asiría “vara
de su ira,” en cuanto que castiga al pueblo israelita pecador; pero después lanza profecías conminatorias
contra ella por haberse excedido en su cometido 14. Jeremías en el c.2 dice que, después
de haberse servido Yahvé de Babilonia como instrumento de castigo, se volverá contra ella para
castigarla 15. La expresión mis malos vecinos 16 puede entenderse en boca de Dios, en cuanto que
consideraba a Judá como su viña, su heredad, como aparece en los versos anteriores. Las naciones,
pues, son vecinas de Yahvé, protector de su pueblo, su heredad: asaltan la heredad que yo
di en herencia a mi pueblo (v.14). Esos pueblos sufrirían la misma suerte de la cautividad que
sufrirá Judá: los arrancaré de sus tierras (v.14b). Más tarde hablará en concreto de la suerte de
cada una de las naciones paganas 17. Y el pueblo de Yahvé, pecador, será el primero en sufrir la
terrible suerte del exilio: arrancaré la casa de Judá. Después de la prueba, Yahvé volverá a tener
misericordia de esos pueblos.
La profecía se abre hacia perspectivas mesiánicas universalistas 18. Habrá una reconciliación
general, de tal forma que todos los pueblos puedan asociarse a la felicidad mesiánica del
pueblo escogido. Sólo exige de las naciones la conversión y el reconocimiento de su soberanía:
cuando hayan aprendido mis caminos y juren en mi nombre: “¡Viva Yahvé!” (v.16). Es un
deber, por otra parte, de justicia ese reconocimiento solemne de la soberanía de Yahvé adhiriéndose
a Judá, pues esos pueblos paganos fueron la causa de la defección del pueblo elegido, enseñándole
a jurar por Baal. Además, deben seguir los caminos del pueblo elegido. Supuesto este
cambio, serán incorporados a la nueva teocracia (ν.17b). Podrán con ello participar de las promesas
y bendiciones del pueblo elegido 19. Al contrario, si se obstinan en no reconocer a Yahvé como
Dios supremo, serán desenraizados y perecerán (ν.17).
1 Literalmente “sus ríñones.” — 2 Cf. Jer 7:4.8-10.21ss; 8:8; 11:15. — 3 Cf. Mt 15:8, — 5 Is 29:17. — 4 Cf. Dt 7:26; 13:17; Jos 6:17.
— 6 Cf. Is 29:13. — 7 Los LXX leen: “No ve Dios nuestros caminos.” En ese caso parece aludir al ateísmo práctico de los impíos,
que no se preocupan de si existe Dios o no. — 8 Cf. Jer 49:19. — 9 Literalmente, en hebreo, “toda carne.” — 10 El sentido de
“abigarrado” es oscuro. Los LXX traducen: “¿Se ha convertido mi heredad en caverna de hiena?” — 11 Cf. Jers.io; 6:9; Is 5:5- —
12 Cf. 2 Re 24:2. — 13 Cf. Jue 6:3-4. — 14 Cf. Is 10:5-27. — 15 Cf. Jer 25:71 25:12. — 16 En LXX y Targ. falta mt's, que aparece
en el heb., Vg., Sir. — 17 Cf. Jer c.46-49- — 18 Cf. Jer 48:47; 49:6. — 19 Cf. Jer 16:19; 46:25; Is 18:17; 19:23; Sal 87:4.
13. La faja podrida.
Contra los orgullosos. Mensaje al rey. Exilio.
Este capítulo puede dividirse bien en tres partes: a) la acción simbólica de esconder el ceñidor
en el río, y su explicación (1-11); b) la parábola de las tinajas de vino (12-14); c) invitación a la
conversión y amenaza del exilio (15-27). Las dos primeras partes están en prosa; la última, en
verso. Es difícil señalar el momento de su composición; quizá en la época del rey Joaquim (609-
598), pues se anuncia como inminente la catástrofe.
La acción simbólica de esconder la faja (1-7).
1 Así me habló Yahvé: Ve y cómprate una faja de lino y póntela sobre tus lomos y no
la metas en el agua. 2 γ adquirí la faja, como me mandó Yahvé, y me la puse sobre
los lomos; 3 y me habló Yahvé por segunda vez, diciendo: 4 Toma la faja que adquiriste,
que está sobre tus lomos; levántate y vete al Ferat y escóndela en una hendidu1994
ra de la piedra. 5 Fui, pues, y la escondí junto al Ferat, según me mandó Yahvé. 6 Y
al cabo de muchos días me dijo Yahvé: Levántate y ve al Ferat y recoge de allí la faja
que te mandé esconder allí. 7Fui, pues, al Ferat, y busqué y tomé la faja del lugar en
el que la había escondido, pero he aquí que estaba podrida la faja, no servía para
nada.
Nos hallamos ante la primera acción simbólica de Jeremías. Este género de predicación había de
ser muy propio de él y de otros profetas posteriores, como Ezequiel. Jeremías recibe la orden de
comprarse un ceñidor de lino y esconderlo bajo una piedra en el río Ferat. Después de algún
tiempo, por instigación divina, va a recogerlo y lo encuentra podrido. El ceñidor es de lino, como
los de los sacerdotes. Los profetas solían llevar cinturones de cuero 2; pero, como Jeremías era
sacerdote, debía guardar las costumbres de la clase sacerdotal. Se le previene para que guarde el
ceñidor libre de toda humedad (v.1), y esto en razón del simbolismo que debe representar, como
veremos en la explicación que Yahvé mismo da. Debe llevarlo al río Ferat, que es el nombre
hebreo del Eufrates. Como no es concebible que Yahvé le mandara a mil kilómetros de distancia
a esconder su cinturón, de ahí que los críticos se inclinen más bien por ver en el vocablo Ferat el
actual Wady Fara, a una hora de camino al este de Anatot. Debe poner la faja en una hendidura
de la piedra (v.4), a orilla del río, para que recibiera su humedad y, al mismo tiempo, no fuera
llevada por la corriente. Después de muchos días, cuando ya estaba bien empapada, recibe la orden
de ir a recogerla, y la encuentra podrida e inservible (ν.7).
Explicación de la acción simbólica (8-11).
8 Y me habló Yahvé, diciendo: () Así dice Yahvé: Asi haré yo que se pudra la soberbia
de Judá y el orgullo de Jerusalén. 10 Este pueblo malvado, que rehusa escuchar
mis palabras y en la depravación de su corazón se va tras dioses ajenos para servirlos
y adorarlos, será como esta faja, que no sirve para nada. 11 Pues como se adhiere
la faja a los lomos del hombre, así hice yo que se adhiriese a mí toda la casa de Israel
y toda la casa de Judá, oráculo de Yahvé, para que ellos fuesen mi pueblo, mi renombre,
mi alabanza y mi ornato; pero ellos no me escucharon.
En la explicación cabalgan varios sentidos superpuestos en la misma acción simbólica. Según la
explicación, la faja representa la soberbia de Judá y el orgullo de Jerusalén (V.9). La faja era
considerada como la prenda más vistosa del hombre 3. Aquí faja representa a Judá con toda su
magnificencia, su orgullo, e.d., sus palacios, templo, culto, riquezas, murallas, etc., todo lo que
constituía su orgullo como nación. La faja en estado de podrida (v.10), que para nada sirve, es
Israel en el estado de apostasía y relajación moral. Mientras se mantuvo fiel a Yahvé y se adhirió
a El, como la faja a los lomos del profeta, se conservó en buen estado, precisamente por no estar
contaminada con el agua, que aquí significa la idolatría. Yahvé recuerda a Judá su gran dignidad
de pueblo elegido. Era el objeto de las complacencias de Yahvé, que se sentía orgulloso
de tenerlo adherido como su faja. La casa de Israel es el reino del Norte, y la casa de Judá, el
del Sur. Aquí indica toda la descendencia de Jacob como colectividad nacional. Yahvé la había
escogido para que fuera su pueblo, que le diera renombre o gloria entre los demás, objeto de alabanza
entre los pueblos por ser su especial ornato (v.11). Estas palabras parecen proferidas con
amargura y tristeza. Es una triste constatación de la infidelidad del pueblo elegido con tanto
amor.
1995
Realidad de la acción simbólica.
Ya desde la época de los Padres, los autores se dividen al explicar la realidad histórica de
la acción: a) Para San Jerónimo se trata de una parábola imaginaria, sin realización en el tiempo.
La razón para ello era la dificultad del profeta para trasladarse hasta el Eufrates, a unos 1.ooo
kilómetros de Anatot. Además, en Jer 25:15-17 se dice que Dios le ofrece una copa para que dé
de beber a todas las naciones, lo que ciertamente tuvo sólo realidad visionaria.
Las tinajas rotas (12-14).
12 Y les dirás esta palabra: Así dice Yahvé, Dios de Israel: Las tinajas se llenan de
vino. Y te dirán: ¿Acaso no sabemos muy bien que las tinajas se llenan de vino? 13
Pero tú les dirás: Así dice Yahvé: He aquí que voy a llenar de embriaguez a todos
los habitantes de esta tierra, a los reyes que se sientan en el trono de David, a los sacerdotes,
a los profetas y a todos los moradores de Jerusalén, 14 y los quebraré chocando
unos contra otros, padres contra hijos a la vez, oráculo de Yahvé. No tendré
compasión, ni clemencia, ni misericordia para no destruirlos.
El profeta presenta un nuevo símil para anunciar el castigo. Sustancialmente parece continuar la
ilación lógica del fragmento anterior, tratando de lo mismo con otra comparación. Tomando como
base un hecho trivial de la vida, quiere llamar la atención sobre el castigo que espera a Judá.
El profeta dice una sentencia proverbial: Las tinajas se llenan de vino (v.12). Ante esta afirmación
vulgar, los oyentes responderán displicentes: ¿Acaso no sabemos muy bien que las tinajas
se llenan de vino? (v.12). Era lo que quería el profeta, llamar la atención de los oyentes. Los israelitas
son como tinajas que se están llenando del vino de la ira divina: voy a llenar de embriaguez
a todos los habitantes de esta tierra. (v.15). Se compara la ira divina al vino porque tiene el
efecto de turbar la razón. En el c.25, el profeta, por orden divina, da a beber de la copa de la cólera
de Yahvé a las naciones gentiles para hacerlas perder la razón7. En Is 51:17 se dice: “Despierta,
Jerusalén, tú que has bebido de la mano de Yahvé el cáliz de su ira, tú que has apurado hasta
las heces el cáliz que aturde.” En el símil de Jeremías, todos los habitantes de Jerusalén habían
de participar del aturdimiento causado por la cólera desencadenada de Yahvé. De ese cáliz de
venganza participarán en primer lugar los reyes (v.15). El profeta asiste en espíritu al fin trágico
de la dinastía davídica: Josías murió en la batalla de Megido (609); su hijo Joacaz, depuesto por
Necao II, fue llevado prisionero a los tres meses de subir al trono, en el mismo año de la muerte
de su padre (609). Su hermano Joaquim muere cuando Jerusalén estaba cercada por las tropas de
Nabucodonosor (598); el hijo de éste, Joaquín o Jeconías, fue llevado como cautivo a Babilonia,
donde debía morir. Su sucesor, Sedecías (tío suyo, hermano de Joaquim y Joacaz), asistiría al
triste espectáculo de ver morir por la espada a toda su familia (586). Todo ello fue efecto de esa
misteriosa embriaguez a que les sometió la cólera de Yahvé. También participarán de ella los
sacerdotes, profetas y demás moradores de Jerusalén. La perversión era general, y a todos debía
alcanzar el castigo. Yahvé mismo hará que luchen entre sí: quebraré unos contra otros (v.14).
Sigue el símil de las tinajas llenas de vino, que chocarán entre sí y se romperán. Los israelitas,
pues, son como tinajas que están llenándose de la ira divina para después reventar estrepitosamente.
En la hora de la catástrofe no habrá compasión ni clemencia, pues han abusado de los
llamamientos de Yahvé hechos por los profetas. Dios, pues, se ve obligado a destruirlos. Pero,
como siempre, hay alguna esperanza de salvación.
1996
Llamada a la penitencia (15-17).
15 Escuchad, dadme oídos, no os envanezcáis, que es Yahvé el que ha hablado. 16 Dad
gloria a Yahvé, vuestro Dios, antes que se haga oscuro y antes que tropiecen vuestros
pies por los montes en tinieblas y, en vez de la luz que esperáis, os dé sombras
de muerte y densas tinieblas. 17 Si no escucháis, mi alma llorará en secreto vuestra
soberbia, y mis ojos derramarán abundantes lágrimas, porque ha sido hecho cautivo
el rebaño de Yahvé.
Una conversión sincera podría alejar todavía el espectro de la catástrofe. El pueblo estaba obstinado
y no quería humillarse y reconocer sus malos caminos, denunciados por los profetas: no os
envanezcáis. (v.15). El profeta quiere resaltar que lo que comunica viene directamente de
Dios: Que es Yahvé el que ha hablado. Y los invita a cambiar de conducta: Dad gloria a Yahvé
(v.16), reconociendo sus derechos8. Todavía es tiempo de atraerse la benevolencia divina, y
puede el pueblo caminar abiertamente con la seguridad del que anda de día; pero es preciso reaccionar
antes que llegue la noche de la manifestación de la ira divina: antes que se haga oscuro y
tropiecen vuestros pies (v.16). La luz y las tinieblas en la Escritura son muchas veces símbolo de
prosperidad y de adversidad 9. En los profetas, el día del juicio punitivo sobre Israel y las naciones
es llamado día de tinieblas 10. Por otra parte, pone Jeremías en guardia a sus contemporáneos,
que son demasiado optimistas, esperando un tiempo mejor, de luz (v.16c), cuando, en realidad,
Yahvé les va a enviar sombras de muerte., densas tinieblas, un tiempo de angustia y de
miseria 11
Todo esto lo anuncia el profeta con el corazón lacerado. Nadie ama más que él a su pueblo;
por eso tiembla ante el pensamiento de que desoiga su llamamiento de penitencia, que es la
última oportunidad de salvación. Está seguro de que, si no cambian de conducta, el castigo de
Yahvé vendrá inexorable; por tanto, si no le “escuchan,” no le quedará sino llorar en secreto
(ν.17), e.d., retirado de la vida pública, por la soberbia y obstinación de su pueblo, pues el final
de todo será la esclavitud y el exilio de su pueblo: porque ha sido hecho cautivo el rebaño de
Yahvé (v.17b). Las Lamentaciones, atribuidas a Jeremías, testigo de las llamas humeantes de Jerusalén,
son el mejor comentario a este verso conmovedor.
La humillación del rey y de la reina (18-19).
18 Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos (en el suelo), porque está para caer de
vuestras cabezas la corona de vuestra magnificencia. 19 Las ciudades del sur están
cercadas y no hay quien las abra. Toda Judá es deportada, en deportación completa
12.
Se anuncia claramente la deportación al rey y a la reina (madre). ¿Quién es el rey? Muchos autores
creen que es Joaquín (Jeconías), porque se menciona a la reina madre. Este rey reinó sólo tres
meses en el 598, durante el asedio. Después fue llevado en cautividad, de donde no volvió 13.
Otros, en cambio, creen que el rey es su padre, Joaquim (Eliaquim), quien despreciaba abiertamente
las predicciones de Jeremías.
El profeta les invita a la penitencia, humillándose, pues ya no les queda mucho como reyes
(v.18). Deben hacer penitencia sentándose en el suelo, en el polvo, como era de ley en los
duelos. La corona de magnificencia o magnifica es llamada así por ser la de David y Salomón,
que en la tradición figuraban como máximos exponentes de la magnificencia cortesana y repre1997
sentaban la edad de oro de la historia de Israel. Cuando el profeta profiere esta predicción, la situación
en el país es angustiosa, pues el país está ya invadido por el enemigo: Las ciudades del
sur están cercadas (v.18). La frase tiene carácter enfático. Se nombran las del sur para indicar
que todo el país está invadido, ya que los invasores provienen del norte 14. Esas ciudades están
cercadas por el enemigo, y no hay quien abra (V.19), e.d., no es posible salir de ellas. La frase
toda Judá es deportada es hiperbólica. La deportación del 598 no fue general, aunque incluía las
fuerzas vivas de la nación. En este sentido puede hablarse de deportación completa. Según 2 Re
24:11, los deportados fueron diez mil, cifra muy considerable teniendo en cuenta que la población
de Judá era de algunas decenas de millares.
La invasión de Jada (20-27).
20 Alza tus ojos y mira, Jerusalén 15, a los que vienen del septentrión. ¿Dónde está la
grey que te fue dada, tu espléndido rebaño? 21 ¿Qué dirás cuando te castiguen, pues
tú los avezaste a ti, tus amantes como dominadores? 16 ¿No te sobrecogerán dolores
como de mujer en parto? 22 Y si te preguntas en tu corazón: ¿Por qué me suceden
estas cosas? Por la muchedumbre de tus maldades han levantado tus faldas y maltrataron
tus talones. 23 ¿Mudará por ventura su tez el etíope, o el tigre su rayada
piel? Así, ¿podréis vosotros obrar el bien, tan avezados (como estáis) al mal? 24 Yo
los dispersaré como paja que vuela al viento del desierto. 25 Tal es tu parte, tu porción
asignada de mi parte, oráculo de Yahvé, por haberme olvidado y haber puesto
tu confianza en la mentira. 26 También yo descubriré tus velos en tu parte anterior y
se verán tus vergüenzas: 27 tus adulterios y tus gritos de lujuria, tus execrables fornicaciones.
Sobre los collados del campo he visto tus torpezas. ¡Ay de ti, Jerusalén,
que no te limpias! ¿Hasta cuándo aún?
El profeta invita a Jerusalén a contemplar el espectáculo de la invasión que viene del septentrión
(v.20): son los babilonios, que avanzan de la frontera siro-fenicio-palestina. Jerusalén, con su
corte y sus sacerdotes, era la principal culpable de la catástrofe: ¿dónde ésta la grey que te fue
dada.? (v.20b). Como centro de la teocracia, con sus clases dirigentes, tenía obligación de velar
por los intereses de su pueblo, como un pastor por su espléndido rebaño.
A continuación el profeta reprocha a Jerusalén porque ha ido en busca de amantes (con
sus devaneos diplomáticos), que al fin han de invadirla como dominadores, a los que antes había
abierto las puertas de su intimidad: los avezaste a ti (v.21), introduciendo sus dioses y costumbres.
Ha abandonado a Yahvé para buscar otros amantes, que terminarán por despreciarla y dominarla.
Pero no tardará en probar las consecuencias, ya que le llegan angustias como a mujer en
parto (v.2:1b).
Jerusalén, inconsciente y habituada al pecado, no piensa por qué le sucede todo aquello;
pero el profeta le dice que es por sus maldades por lo que queda reducida a esclava, presa de la
lujuria de los vencedores 17. La palabra talones parece ser un eufemismo para indicar las partes
pudendas18. Judá está tan habituada a sus pecados, que parece muy difícil, casi imposible, que
cambie de conducta: ¿Mudará su tez el etíope, o el tigre su rayada piel? (v.23). Con tanto pecar
se ha creado una segunda naturaleza.
La consecuencia de sus transgresiones es- la cautividad: los dispersaré como paja. (v.24).
Tal es tu parte, tu porción asignada (ν.26).
Yahvé había destinado a Israel a ser un pueblo grande, como la más bella herencia entre
las naciones 19; pero esto estaba condicionado a la fidelidad a sus mandatos. Pero Israel se olvidó
1998
de Yahvé y puso su confianza en la mentira (v.25b), en los ídolos engañosos, que no son sino
vanidad. Por eso Yahvé la avergonzará ante todas las naciones como doncella deshonrada (v.26),
expuesta a la lujuria de sus amantes, que ahora vienen en plan de dominadores. Las vergüenzas
de Judá son sus adulterios., e.d., sus prácticas de idolatría, dejante de ser la fiel esposa de Yahvé
20. Principalmente en los collados o lugares altos había multiplicado sus actos idolátricos, que
son sus torpezas, por tener relaciones adulterinas con los ídolos, dejando a su Esposo, Yahvé 21.
Después el profeta lanza un suspiro amoroso, preocupado por la suerte de Jerusalén: ¡Ay de ti,
Jerusalén, si no te limpias! (v.27c). Es una última llamada a la conversión. Por fin, un grito desesperado
de amor: ¿Hasta cuándo aún.?
1 Cf. Ex 28:40ss; Lev 16:4. — 2 Cf. 2 Re 1:8;Mt3:4. — 3 Cf. Is 3:24; Jer 2:32; Is 49:18. — 4 Cf. S. Jerón., Pro! in Os.: PL 25:8180;
Condamin, Le lime de Jérénñe p.us. — 5 Buzy, Les symboles de l'Ancien Testament ρ. 124. Sobre la identificación del Eufrates y
Fura cf. Abel, Géog. de la Palestine I c.400; 11404. — 6 Cf. Osc.1; Isc.20; Ez c.4-5. — 7 Cf. Is 19:14; 29:20; 51:17; Ap 14:10;
16:19. — 8 Cf. Jos 7:19; Mal 2:2', Tn c,24; Act 12:23. — 9 Cf. 159:1. — 10 Cf. Am 5:18; Is 5:20. — 11 Los LXX y la Vulgata
traducen la palabra hebrea por sombra de muerte. Hoy día se suele traducir más bien simplemente “oscuridad,” siguiendo la vocalización
salmut en vez de salmawet, que es la vocalización del TM. — 12 Otros traducen: “deportada entera” (Bible de Jérusalem).
— 13 En el c.29:2 habla Jeremías de la deportación de “Joaquín y la reina madre,” con el mismo término de ghebirah. Cf.
22:26. — 14 Cf. Jer34:7. — 15 Jerusalén falta en el TM, pero está en los LXX. — 16 Texto oscuro. La Bible de Jérusalem: “¿Qué
dirás cuando te visiten triunfantes los que habías habituado a tus intimidades?” — 17 Cf. Is 47:2-3. — 18 Cf. Ex 4:25; Is 7:20;
36:12; Ez 7:17. — 19 Cf. Jers.19. — 20 Cf. Nah 3:5 — 21 Cf. Jer 2:20; 3:6.
14. La gran sequía. Castigo del pueblo. Oración.
El capítulo está integrado por piezas diferentes, yuxtapuestas por un redactor posterior: a) elegía
por una gran sequía (1-10); b) diálogo de Yahvé y del profeta (11-16); c) lamentación por la
catástrofe (17-18); d) súplica para que cese la sequía (19-22).
Elegía por una gran sequía (1-6).
1 Llegó la palabra de Yahvé a Jeremías a propósito de la sequía: 2 Judá está de duelo y sus
puertas languidecen, se inclinan hacia tierra, y se alza el grito de Jerusalén. 3 Sus magnates
mandaron a los subordinados por agua; fueron éstos a los pozos, no hallaron agua y se volvieron
con sus cántaros vacíos. Están avergonzados, confundidos, con las cabezas cubiertas,
4 pues el suelo está consternado porque no hay lluvia en la tierra. Los labradores están
avergonzados, se cubren sus cabezas. 5Aun las ciervas en el campo paren y abandonan (la
cría) por falta de pastos. 6 Los asnos salvajes se paran sobre las colinas peladas, aspirando
el aire como chacales, con los ojos consumidos, por falta de hierba.
No sabemos cuándo tuvo lugar esta calamidad cantada con elocuencia exquisita por el profeta.
La sequía ha afectado a todo Judá, que esta de duelo (v.2). Una consternación general se apodera
de todo el país. La vida de las ciudades, que se desarrollaba bulliciosa y animada en sus puertas,
está desierta: las puertas languidecen (v.2).
Era el lugar de reunión de las caravanas que salían y entraban, y también el lugar del
mercado y de las contrataciones 2. Ahora no se ven sino personas tristes y lánguidas. Mientras
tanto, surge el llanto por doquier dentro de la ciudad: se alza el grito de Jerusalén. La situación
es tan crítica, que los magnates, que tenían sus propias cisternas en casa, se ven obligados a enviar
a sus subordinados a buscar agua a los pozos públicos por la campiña (v.3). Pero vuelven
con los cántaros vacíos, ante la decepción general de los que ansiosamente les esperaban: están
avergonzados, con las cabezas cubiertas, en señal de duelo y aflicción 3. La situación es trágica,
ya que el suelo esta consternado al no recibir la lluvia bienhechora. Las mismas ciervas, consi1999
deradas en la antigüedad4 como los animales más afectuosos con sus hijos, abandonan (la cría)
(v.5), pues por falta de pastos están ciegas buscando medios de subsistir. El instinto de conservación
es en ellas superior al de reproducción. Los mismos asnos salvajes (onagros o cebras),
que por morar en zonas desérticas están habituados a prescindir del agua a menudo, ahora se paran
sobre las colinas aspirando el aire como chacales (v.6). En su deseo de refrigerar la garganta
reseca, se suben a los lugares más altos para aspirar el viento, por si les trae una corriente de
humedad, que tanto ansían. Los chacales suelen estar con la boca abierta hacia arriba, lanzando
aullidos muy característicos.
Súplica de salvación a Yahvé (7-9).
7 Aunque nuestras maldades clamen contra nosotros, obra, Yahvé, por la gloria de
tu nombre. Porque muchas son nuestras rebeldías. Hemos pecado contra ti. 8¡Oh
esperanza de Israel, oh Yahvé 5, su salvador en el tiempo de la angustia! ¿Por qué
has de ser como peregrino en el país, como viajero que se para para pernoctar?
9¿Por qué has de ser como hombre azorado, como guerrero incapaz de salvar? Pues
tú, Yahvé, (habitas) en medio de nosotros, y tu nombre es invocado sobre nosotros,
No nos desampares.
El profeta reconoce la culpabilidad de su pueblo, pero pide auxilio a Yahvé para que manifieste
su gloria, su nombre, y no quede como impotente ante los pueblos paganos (ν.7). Yahvé es en
realidad la esperanza de Israel (v.8) y, por consiguiente, no debe conducirse como peregrino,
que pasa por el país sin preocuparse de sus problemas. Israel es la heredad de Yahvé y, por consiguiente,
debe preocuparse de las tragedias y problemas de su pueblo. Si no interviene en favor
de Israel en los momentos críticos, los paganos considerarán a Yahvé como hombre azorado6,
poseído del terror, que pierde sus fuerzas ante el peligro y no sabe reaccionar serenamente, castigando
a los enemigos. Por otra parte, los paganos deben ser testigos de las proezas de Yahvé
como guerrero que antiguamente salvó a su pueblo. Mucha era la fama de Yahvé como salvador,
como héroe de su pueblo; pero, si ahora no sale en favor de éste, todos creerán que sus antiguas
proezas no fueron sino invención de la imaginación popular y que en realidad es un guerrero incapaz
de salvar (v.9a). Debe tener en cuenta Yahvé que mora en Israel y que da nombre a todos
los descendientes de Abraham: tu nombre es invocado sobre nosotros (v.9b); son el pueblo de
Yahvé ante los gentiles; como el esposo da nombre a la esposa, así ellos son denominados pueblo
de Yahvé. Por eso, la catástrofe de Judá compromete el honor de su Dios. Yahvé había prometido
proteger a su pueblo como el águila a sus polluelos 7, y ahora es el tiempo de mostrar su protección
omnipotente.
Respuesta de Yahvé (10-12).
10 Esto habla Yahvé de este pueblo: Gustan de andar errantes de un lado para otro,
no se contienen sus pies. Pero Yahvé no se complace en ellos; ahora se acordará de
sus maldades y les pedirá cuenta de sus pecados, 11 Y me dijo Yahvé: No ruegues
por este pueblo para su bien. 12 Aunque ayunaren, no escucharé sus clamores, y
aunque ofrezcan holocaustos y oblaciones, no los aceptaré, sino que los consumiré
con la espada, con el hambre y con la peste.
Yahvé responde a la súplica intercesora del profeta alegando que el pueblo sigue sus caminos
perversos, alejado de su Dios. En vez de volver al camino señalado por su Dios, anda errante de
2000
un lado para otro (v.10). En lo religioso va tras de los ídolos; en lo moral sigue sus conveniencias
y pasiones, y en lo político busca alianzas con pueblos extranjeros, como Babilonia y Egipto.
Están tan inquietos y nerviosos, que no contienen sus pies. Por eso Yahvé no se complace en
ellos, porque no puede aprobar tal conducta extraviada; y les pedirá cuenta de sus pecados. Ha
llegado la hora de su intervención justiciera, y, en consecuencia, no quiere que Jeremías rue-gue
por su pueblo para bien (v.11), como si la sentencia estuviera ya dada. Naturalmente, en estas
frases hay que tener en cuenta que las profecías conminatorias en el A.T. son siempre condicionales,
pues está supeditado su cumplimiento a la conversión o impenitencia de los destinatarios.
Los ritos externos en el templo, con sus sacrificios y ofrendas, y los ayunos, no bastarán para detener
la ira de Dios (v.12), que se va a manifestar con el hambre, la espada y la peste, la terrible
trilogía del exterminio que quedará clásica en la literatura bíblica profética y apocalíptica. Son
los tres flagelos que constituyen como los instrumentos de la justicia divina en todos los tiempos.
Contra los falsos profetas (13-16).
11 Y yo dije: ¡Ah, Señor, Yahvé! He aquí que los profetas les dicen: No veréis la espada
ni tendréis hambre, pues paz auténtica os daré en este lugar. 14 Pero Yahvé me
dijo: Mentidamente los profetas profetizan en mi nombre; yo no los he enviado, no
les he mandado, no les he hablado. Falsas visiones, agüeros, vanidades y engaños de
su corazón es lo que os profetizan. 15 Por eso dice Yahvé contra los profetas que profetizan
en mi nombre, sin haberles yo enviado, diciendo: “No habrá en esta tierra
espada ni hambre.” A la espada y por hambre perecerán esos profetas. 16 Y el pueblo
a quien ellos profetizaron será arrojado a las calles de Jerusalén por el hambre y
la espada, y no habrá quien les dé sepultura, ellos, sus mujeres, sus hijos y sus hijas,
y haré caer sobre ellos su maldad.
Los profetas, por halagar al pueblo, lanzaban falsas promesas de paz: no veréis la espada. (ν.13).
Pero todo esto no es sino creación de su propia imaginación, ya que Yahvé no les habló (v.14).
En Dt 18:15 se dan las normas para distinguir a los verdaderos de los falsos profetas, y entre
ellas la más clara es que el que predique el culto idolátrico, separándose de Yahvé y de su Ley,
no es verdadero profeta. Tal es el caso de los falsos profetas, que no se preocupan de ganar el
corazón de sus oyentes, acudiendo a sortilegios, agüeros; pero todo son engaños de su corazón.
Son unos impostores. Por eso, el castigo será terrible, pues se desencadenará una mortandad sobre
todos ellos y los que les hicieron caso (v. 16).
Súplica del profeta (17-22).
17Y les dirás esta palabra: Derraman mis ojos lágrimas noche y día sin cesar, pues la
virgen hija de mi pueblo ha sido quebrantada con gran quebranto, herida de gravísima
plaga. 18 Si salgo al campo, he aquí muertos por la espada; si entro en la ciudad,
sufrimientos por el hambre, pues hasta los profetas y sacerdotes andan errantes
por un país que no conocen. 19¿Acaso has desechado del todo a Judá? ¿Ha detestado
tu alma a Sión? ¿Por qué nos heriste sin que hubiera curación? Esperábamos
paz, y no hay bonanza, y al tiempo del alivio sólo hay turbación. 20Reconocemos, ¡oh
Yahvé! nuestra maldad y la de nuestros padres, pues hemos pecado contra ti. 21Por
tu nombre no nos rechaces, no dejes profanar el trono de tu gloria. Acuérdate, no
rompas tu alianza con nosotros. 22¿Hay entre los ídolos de las gentes quien pueda
hacer llover? ¿O pueden los cielos dar la lluvia? ¿No eres tú, Yahvé, Dios nuestro?
2001
En ti esperamos, porque has hecho todo esto.
Un nuevo canto elegiaco sobre la ruina de Judá como pueblo. La mortandad es tan grande, que
tanto en la campiña como en la ciudad no hay sino muertos por la espada y sufrimientos por el
hambre (v.18). La expresión virgen hija de mi pueblo es sinónima de “pueblo” de Judá, personificado
en una doncella, objeto de los amores de Yahvé 8. Los sacerdotes y profetas, que antes
habían hecho creer que no habría guerra ni necesidades, se verán obligados a andar errantes por
un país que no conocen (v.15c) en busca de alimentos para cubrir sus necesidades más elementales.
Después de reflejar el estado de trágica ruina de su pueblo, el profeta se identifica con éste,
lanzando una súplica angustiosa a Yahvé para que evite tanta desgracia: ¿Acaso has desechado a
Judá? (v.19a). El profeta recuerda las relaciones íntimas que en otro tiempo hubo entre Yahvé y
su pueblo en virtud de la alianza. Yahvé había prometido estar siempre con su pueblo, pero ahora
apenas hay esperanza de salvación. Quizá haya cambiado Yahvé de sentimientos para con
su pueblo: ¿Ha detestado tu alma a Sión? (v.16a). En otro tiempo los castigó, pero no tanto como
ahora: ¿Por qué nos heriste sin que hubiera curación? (v.16b).
La catástrofe es tal, que no hay esperanza: en vez de paz y alivio, cada vez hay mayor
turbación y angustia. Ciertamente que todo esto ha venido por los pecados de Judá, y el pueblo
lo reconoce (v.20); pero al menos que no los rechace por su nombre. Es preciso que su nombre,
e.d., su fama como omnipotente y protector de sus fieles, permanezca entre las gentes. Además,
Jerusalén es el trono de su gloria (v.21), que sería profanado por las gentes si llegaran a ocupar
la Ciudad Santa. Están, pues, en juego los intereses de Yahvé, y si bien el pueblo como pecador
merece todo esto, sin embargo, el celo de su gloria debe salir en defensa de éste para que no sea
objeto de burla entre las naciones. La derrota de su pueblo sería la derrota del prestigio de Yahvé
entre los pueblos paganos. Y, como una última apelación, le recuerda la antigua alianza: acuérdate,
no rompas tu alianza con nosotros (v.21b). Aunque el pueblo le había sido infiel, sin embargo,
siempre subsistían las cláusulas de la alianza con Israel. Precisamente, por mantener las
promesas de esta alianza, Yahvé había protegido milagrosamente a su pueblo en muchas situaciones
críticas.
Por fin vuelve el profeta al tema de la sequía. Es Yahvé omnipotente y sólo él puede enviar
la lluvia. Los ídolos no pueden hacer que los cielos envíen esto que tanto necesitan en estos
momentos. Todo depende de Yahvé, y los cielos por sí mismos no pueden enviar la esperada lluvia.
Y de nuevo lanza una apelación a las especiales relaciones que Yahvé tiene con su pueblo:
¿no eres nuestro Dios?
1 Así según el TM. Los LXX: “han cesado los trabajos de la tierra,” que hace buen sentido. La Bible de Jérusalem: “el suelo cesa de
producir.” — 2 Cf. Is 3:26. — 3 Cf. 2 Sam 15:30; 19:4; Is 53:3. — 4 Cf. Plin., 8 0.32; Prov 5:19. — 5 Yahvé falta en el TM, pero
está en los LXX. — 6 La palabra hebrea empleada es de significado incierto. Los LXX leen “hombre que duerme.” Schultens, siguiendo
el árabe, traduce “atónito.” — 7 Cf. Dt 32:11. — 8 Cf. Is 23:12: “virgen hija de Sicidn”; 47:1: “virgen hija de Bdtuíom-
'a”; Jer 46:11: “virgen hija de Egipto.”
15. La Mortandad y el hambre. Quejas de Jeremías y respuesta
de Yahve.
Este capítulo contiene fragmentos en prosa y verso. Se habla de la irrevocabilidad de la decisión
divina de castigar a Judá (1-4). Después se anuncia la guerra devastadora de Judá (5-9), siendo el
resto un desahogo del alma atribulada del profeta, que se queja a Yahvé por la triste situación
que le creaba su misión, a lo que responde severamente Yahvé (10-21).
2002
Decisión irrevocable divina de castigar a Judá (1-4).
1 Y Yahvé me dijo: Aunque se me pusieran delante Moisés y Samuel, no se volvería
mi alma a este pueblo. Quítalos de mi presencia, que se vayan.2 Y si te preguntan:
¿Adonde hemos de ir? les responderás: Así dice Yahvé: El que a la muerte, a la
muerte; el que a la espada, a la espada; el que al hambre, al hambre; el que al cautiverio,
al cautiverio. 3Yo les daré por regidores cuatro deudos! oráculo de Yahvé: la
espada para matar, los perros para arrastrarlos, las aves del cielo y las fieras del
campo para devorarlos y consumirlos. 4 Y los haré el terror de todos los reinos de la
tierra a causa de Manases, hijo de Ezequías, rey de Judá, por cuanto hizo en Jerusalén.
A pesar de la angustiosa súplica de perdón del profeta, Yahvé no quiere revocar su decreto de
exterminio sobre su pueblo pecador. Es tal su grado de culpabilidad, que no admitiría como intermediarios
ni a Moisés ni a Samuel, famosos por su poder intercesor ante Yahvé2. En Ez 14:14,
Dios dice que enviaría su castigo aunque estuvieran presentes en el pueblo Noé, Daniel y Job. En
el caso de Jeremías, Yahvé sólo quiere destacar la maldad del pueblo impenitente, y, si le castiga,
no debe extrañarse de que no oiga su súplica, pues ni a personajes de más relieve en la historia de
Israel los hubiera escuchado. Esto indica, de un lado, cierto poder intercesor ante Dios de sus
amigos, si bien la concesión de lo que piden está condicionada por las exigencias de la justicia
divina y su misteriosa providencia sobre los hombres y las cosas. Ahora no quiere escuchar la
súplica que en nombre del pueblo ha hecho el profeta, y pide que se vayan y no continúen orando:
quítalo de mi presencia. (v.1b). Es una expresión fuerte, que no se debe tomar a la letra. Ya
hemos dicho que los orientales buscan las frases radicales, los contrastes violentos, para expresar
enfáticamente una idea determinada, sin hacer caso por el momento de los matices de la misma.
No es que Yahvé no quiera que interceda con súplicas, sino que aquí se quiere resaltar el decreto
de castigo irrevocable, para indicar la magnitud de sus delitos. El estilo es entrecortado y seco,
para dar más vigor al pensamiento. No es necesario suponer que el pueblo estuviera en aquel
momento en el templo orando y que Yahvé mandara a Jeremías que lo hiciera salir de él, sino
que aquí nos encontramos con una idealización dramatizada, creada por el mismo profeta: antes,
identificándose con el pueblo, había suplicado perdón; ahora Yahvé responde que no puede darlo,
y le dice que el pueblo no siga ante su presencia, orando: que se vayan. Sigue la idealización
dramatizada: si el pueblo preguntara: ¿Adonde hemos de ir? (v.2), entonces el profeta debe indicar
a cada uno su destino trágico: el que a la muerte, a la muerte.; la espada., el hambre., el cautiverio
(v.2). Las expresiones son terribles y entrecortadas. En el v.12 del capítulo anterior, Yahvé
había anunciado la espada, el hambre y la peste al pueblo pecador. Ahora llega la hora de su
cumplimiento: el que está destinado a la muerte (por pestilencia), a la muerte; el destinado a la
espada, a la espada, e.d., a muerte violenta. Y todo esto se confirma con lo que dice en el ν.3: la
mortandad será general y de tales proporciones, que los cadáveres quedarán insepultos, pasto de
las aves y de las fieras del campo 3. El castigo infligido a su pueblo será tan grande, que se hará
famoso en todos los lugares: los haré terror de todos los reinos de la tierra (v.4). Todos se sobrecogerán
al oír tales noticias de destrucción y de muerte. El pueblo de Judá será considerado
como una maldición permanente de su Dios, que lo ha abandonado, y nadie querrá vivir a su lado,
pues sentirán terror al convivir con un pueblo maldito de su Dios. Y el principal responsable
de la catástrofe es el impío rey Manases (693-640), que había introducido los cultos idolátricos
asirios, y por ello había quedado como símbolo de la impiedad en la historia de Israel. Mu2003
chos autores consideran la frase a causa de Manases, hijo de Ezequías, rey de Judá (v.4b), una
adición de un glosista postexílico 3a.
La devastación de Jada (5-9).
5 ¿Quién, pues, va a compadecerse de ti, oh Jerusalén? ¿Quién se dolerá de ti?
¿Quién se saldrá del camino para preguntar por ti y saludarte?4 6Tú me dejaste a mí
— oráculo de Yahvé — , me volviste la espalda, y yo voy a extender contra ti mi
mano y aniquilarte; estoy cansado de sentir compasión. 7 Y los aventaré con el bieldo
a las puertas de la tierra; dejaré sin hijos, destruido a mi pueblo, que no se vuelve
de sus caminos. 8 Serán más numerosas sus viudas que las arenas del mar. Lanzaré
contra las madres de los jóvenes un devastador en pleno día. Haré que caiga sobre
ella de repente el terror y el espanto. 9 Ajóse la madre de siete (hijos), ajóse la que
dio a luz a siete; su alma desfalleció; púsose para ella el sol cuando aún era de día,
quedó confusa y avergonzada. Sus restos los entregaré a la espada en presencia de
sus enemigos, oráculo de Yahvé.
Es una nueva lamentación sobre la ruina de Judá. El colmo de la desolación de Jerusalén es que
no encontrará quien tenga compasión de ella, y sobre todo se sentirá sin el apoyo de Yahvé (v.5).
Jerusalén es representada como una persona aislada de las vías de comunicación, sola en su dolor,
que se hace mayor al ver que nadie deja su camino para preguntarle por su estado: ¿quién se
saldrá del camino para. saludarte? (v.5b). Pero esto es consecuencia de sus transgresiones. Es la
ley del talión: puesto que Israel ha abandonado a Yahvé, éste, a su vez, la dejará sola, sin consuelo:
me volviste la espalda (v.6). No tiene derecho a que Yahvé se preocupe de ella, pues ha roto
voluntariamente sus relaciones con El5. Es más, Dios quiere castigarla por su conducta: voy a
extender contra ti mi mano para aniquilarte (v.6b). La expresión extender la mano en la Biblia
equivale a castigar 6. En otro tiempo, Yahvé extendía su mano para castigar a los enemigos de
Israel7; en cambio, ahora lo hará contra su propio pueblo. Tantas veces le ha perdonado sin conseguir
una verdadera penitencia, que ahora se siente cansado de sentir compasión por ella. La
consecuencia del castigo divino será el exilio babilónico: los aventaré con el bieldo (v.7). Yahvé
aquí es como el agricultor, que arroja el grano al aire para purificar la era, siendo la paja llevada
lejos por el viento. El pueblo israelita, pecador, es aquí la paja, sin valor, llevada por el turbión
de la catástrofe. La frase puertas de la tierra equivale a las ciudades del país 8. Las puertas eran
el lugar de concurrencia de la ciudad, y que designan la misma ciudad. La expresión dejaré sin
hijos es hiperbólica, para indicar la magnitud de la catástrofe. Por efecto de la guerra habrá más
viudas. que arenas del mar (v.8); otra hipérbole oriental al estilo de la anterior.
Cuando nadie lo piense y estén todos más despreocupados, Yahvé enviará un devastador
en pleno día (v.8b). La alusión puede ser a la invasión babilónica después del 605, cuando Nabucodonosor
merodeaba con sus tropas por Palestina, o a las razzias de moabitas, amonitas y edomitas,
que periódicamente asaltaban el territorio israelita, sembrando la consternación y la ruina
9. La frase contra la madre de los jóvenes del TM ha de entenderse en sentido colectivo, y mejor
siguiendo la lección siríaca: “las madres y los adolescentes”; es decir, toda la población caería en
manos del devastador, que en pleno día, es decir, cuando menos se esperaba, asaltaría las localidades
de Judá, sembrando el terror y el espanto, que provenía de Yahvé, en cuanto que el devastador
era un instrumento de la justicia divina para castigar a su pueblo pecador. Las madres que
se sentían más felices y orgullosas por tener numerosa prole serán las más desgraciadas, al ver
morir al fruto de sus entrañas: ajóse la que dio a luz a siete (v.9). Perder a todos sus hijos, su glo2004
ria io y felicidad, era una. desgracia que no tenía parangón. De nuevo el profeta habla con frases
hiperbólicas para hacer resaltar la magnitud de la catástrofe. En el caso de esta madre, el haber
tenido muchos hijos es ocasión de mayor desgracia; por ello desfalleció, púsose para ella el sol
cuando aún era de día, es decir, murió antes de tiempo, en edad prematura, cuando aún podía
esperar muchos años de vida; o bien aquí el sol simboliza la felicidad, que le es arrebatada al
perder los hijos, que constituían como la luz radiante del día. Al verse privada de lo que constituía
su motivo de orgullo en la sociedad, quedó confusa y avergonzada, pues la desgracia era
considerada como un castigo de parte de Yahvé.
Y no terminará aquí la catástrofe, pues los restos que se salven de la nación serán condenados
a la espada. Es el anuncio de una invasión posterior que traerá la ruina definitiva de la nación,
la catástrofe del 586, que terminó con la toma de Jerusalén por los babilonios y la desaparición
de Judá como nación.
Lamentos del profeta (10-18).
10¡Ay de mí, madre mía, pues me engendraste, soy objeto de querella y de contienda
para toda la tierra! A nadie presté, nadie me prestó, y, sin embargo, todos me maldicen.
11¿En verdad, Joh Yahvé! soy culpable? 11 En el tiempo del infortunio y de la
angustia, ¿no te rogaba por el bien de los que me odian? 12¿Se puede romper el hierro,
el hierro del norte y el bronce?12 13Tus bienes y tus tesoros yo entregaré al pillaje
y sin precio, por todos tus pecados y sobre todo tu territorio. 14Yo te haré esclavo
de tus enemigos 13 en tierra que no conoces, porque se ha encendido el fuego de mi
cólera y arderá contra vosotros. 15Tú lo sabes, Yahvé: Acuérdate de mí y mira por
mí, y véngame de mis perseguidores. No contengas tu ira14. Mira que por ti soporto
oprobios 16de parte de los que desprecian tus palabras. Consúmelos15. Eran para mí
tus palabras el gozo y la alegría de mi corazón, porque yo llevo tu nombre16, ¡oh
Yahvé, Dios de los ejércitos ! 17 Nunca me senté entre los que se divertían para gozarme
(con ellos). Por tu mano me sentí solitario, pues me habías llenado de tu ira. 18
¿Por qué ha de ser perpetuo mi dolor, y mi herida, desahuciada, rehusa ser curada?
¿Vas a ser tú para mí como (torrente) falaz, cuyas aguas no son seguras?17
En este dramático fragmento, el profeta refleja su lucha interior al tener que llevar adelante con
una misión que le es ingrata, pues debe aparecer como enemigo de su pueblo y traidor a sus
compatriotas. Debió de ser compuesto en la época tormentosa del rey Joaquim (609-598), bajo el
cual tuvo que sufrir mucho de parte de la corte. Jeremías se considera como vencido por la vida y
se lamenta a Yahvé por la misión que le ha obligado a aceptar 18. En algunos momentos le parece
que está abandonado hasta del mismo Dios.
Así, en un momento de desánimo, se pregunta si no sería mejor no haber nacido: ¡Ay de
mí, madre mía, pues me engendraste! (v.10). Es un desahogo similar al del profeta Elias perseguido
por Jezabel y al de Job en el colmo de los infortunios 19. Jeremías se siente atacado por todas
partes por tener que hacer frente a los abusos de todas las clases sociales. Por eso es objeto
de querella y de contienda por doquier. Todos le salen al paso y le maldicen. Sin embargo, él
jamás se ha metido en negocios de interés material con nadie: A nadie presté, nadie me prestó.
El préstamo con interés a los compatriotas estaba prohibido en la Ley 20, pero la costumbre había
creado un ejercicio de préstamo bastante generalizado. El profeta se halla al margen de todo, en
tal forma que nadie puede quejarse de sus intereses personales. Jeremías se siente inocente
(v.11), e incluso su bondad se extendía a los enemigos, por los que rogaba (v.11).
2005
El v.12 es muy enigmático y considerado por algunos como glosa, aunque está en todas
las versiones. La versión de los LXX es totalmente diferente del TM: “¿Se puede conocer el hierro
y el recubrimiento del cobre?” Ninguna de las dos lecciones parece dar un sentido aceptable.
La frase hierro del norte parece aludir al hierro del Cáucaso, que era donde primero fue extraído,
y era considerado como de mejor calidad. Quizá se aluda a la imagen de Jer 1:18: “Te pongo
como columna de hierro, como muro de bronce,” aplicado a Jeremías resistiendo los embates de
los enemigos. Así, pues, hablaría Yahvé: Puesto que te he puesto como “columna de hierro,” no
debes temer nada, pues ¿se puede romper el hierro del norte y el bronce? (v.12). Otra explicación
posible es tomar la frase hierro del norte como sinónima del ejército babilonio. Como no es
posible romper el hierro y el bronce, así no es posible a Judá romper la fuerza militar de Babilonia.
Todas sus riquezas, bienes y tesoros caerán en poder del invasor omnipotente sin compensación
alguna. Y todo ello a causa de los pecados del pueblo israelita (ν.13). Υ después, el cautiverio
en tierra desconocida (v.14). La justicia divina se manifestará como un fuego devorador 21.
De nuevo Jeremías vuelve a su problema personal íntimo, pidiendo protección contra los que
conspiran contra su vida, sus perseguidores (v.15). Al profeta en su tragedia íntima se le hace
larga la espera por el castigo de sus enemigos: no contengas tu ira (v.15b), Y para ello invoca el
celo de Yahvé, pues todo lo soporta por El. Además, vuelve a presentar su inocencia y fidelidad:
las palabras y mandatos de Yahvé constituían su gozo y la alegría de su corazón (v.16). Es un
auténtico profeta de Yahvé; por eso puede decir que lleva su nombre. Toda su vida pertenecía a
su Dios: yo llevo tu nombre (v.16b). Precisamente por estar al servicio de Yahvé estaba condenado
al ostracismo social: por tu mano me sentía solitario (ν.17b). El, que tenía un temperamento
comunicativo, debía aislarse de los que se divertían (ν.17). Siempre tenía que anunciar cosas
fúnebres y conminatorias a sus conciudadanos, proclamando la manifestación de la ira divina:
pues me habías llenado de tu ira (ν.17b) para difundirla en su nombre sobre la sociedad corrompida.
Toda su vida ha sido un sufrimiento continuo, una herida incurable (v.18). Durante su penoso
ministerio profetice se repiten las situaciones de modo terriblemente monótono: desprecios,
incomprensiones, calumnias, irrisiones; ése es su patrimonio en esta vida; es su sino terrible, semejante
a una herida que rehusa ser curada (v.18). Sobre todo, lo que más angustia su alma es
que Yahvé no parece cumplir sus promesas de castigo sobre sus enemigos. ¿Es que le engaña?
En ese caso, la situación de Jeremías es la del viajero que atraviesa la estepa sediento con la ilusión
de encontrar un torrente de agua conocido de antes, y, al llegar al lugar, se encuentra con
que está seco: ¿vas a ser como torrente falaz, cuyas aguas no son seguras? (v.18)22.
Confortamiento del profeta por Dios (19-21).
19 Por eso así dice Yahvé: Si tú vuelves, yo te volveré y permanecerás ante mí. Si tú
sabes distinguir lo precioso de lo vil, seguirás siendo mi boca 23. Ellos se volverán a
ti, no serás tú quien te vuelvas a ellos, 20 y te constituiré para este pueblo como muro
inexpugnable de bronce. Combatirá contra ti, pero no podrán contigo, porque yo estaré
contigo para salvarte y liberarte, oráculo de Yahvé. 21 Y te libraré de la mano
de los malvados y te rescataré de la garra de los violentos.
El profeta en sus quejas parecía querer sustraerse a su ingrata misión. Sin embargo, Yahvé le da
una oportunidad para volver sobre su supuesta resolución, ofreciéndose de nuevo al servicio de
El: si tú vuelves, yo te volveré (v.19a). Pero es preciso que sepa abstenerse de todo punto de vista
personal; es necesario que se entregue plenamente a la misión de profeta, comunicando la palabra
divina (lo precioso), separándolo de las escorias inherentes a sus puntos personales: lo vil
2006
(v.19b); probable alusión a la nostalgia que en el ν. ι mostraba por las lícitas expansiones y alegrías
sociales a él vedadas. Si vuelve de nuevo desinteresadamente a ponerse al servicio de Yahvé,
continuará su nobilísima misión de profeta: seguirás siendo mi boca (v.19b), el intérprete del
mismo Dios24. Además, llegará un momento en que sus enemigos se acercarán al profeta para
que interceda por ellos cuando llegue la catástrofe: volverán a ti, no tú a ellos (V.19C). Por el
mismo Jeremías sabemos que, en un momento de angustia, el rey Sedecías rogó a Jeremías que
orara por la nación, y después de la toma de Jerusalén por los babilonios, los que se salvaron pidieron
a Jeremías que intercediera por ellos ante los babilonios antes de huir a Egipto 25. Dios,
por su parte, le repite lo que le había prometido al ser llamado al oficio profético: le daría fuerzas
para resistir como inexpugnable muro de bronce (v.20). No podrán con él precisamente porque
Yahvé está a su lado para liberarle 26.
1 Otros traducen de un modo más ceñido: “Yo voy a poner sobre ellos cuatro hermosas familias” (Bible de Jérusalem). Mejor quizá:
“enviaré sobre ellos cuatro especies (de flagelos).” — 2 Cf. Ex 17:1ss; 32:11-14; Núm 14:13-24; Dt 9:18-20.25-29; 1 Sam 7:8-9;
12:19-23; Sal 99:6ss. — 3 Cf. Jer 6:2; 9:22; 2 Re 9,35-37- — 3a Sobre Manases cf. 2 Re 31:3233; 23:26; 24:3. — 4 Literalmente
“para preguntarte la paz,” es decir, preguntar si está en paz, que es el saludo habitual hebreo. — 5 Cf. Jer 12:7; 23:33. — 6 Cf. Jer
6:12; Is 9:12; 17:21; 10:4. — 7 Cf. Ex 7:19; 8,5. — 8 Cf. Jer 14:2; 1 Re 22:10. — 9 Cf. 2 Re 24:1; 2 Crón 36:6-7; Dan 1:1-2. —
10 Cf. 1 Sam 2:5; Rut 4:15- — 11 Verso muy oscuro. Bible de Jérusalem: “En verdad, Yahvé, ¿no te he servido lo mejor que pude,
e intercedido por mi enemigo?” Dennefeld: “Verdaderamente te he servido bien.” Literalmente el TM dice: “Dice Yahvé: Si
no te fortalezco para bien.” — 12 También oscuro. Hemos preferido la traducción de Dennefeld y de la Bible de Jé-rusalem. — 13
Literalmente el TM dice: “Traeré a tus enemigos de una tierra que no conoces” (Cantera). Hemos seguido en la traducción la versión
de los LXX, que supone un ligero cambio de consonantes. — 14 Literalmente el TM parece decir: “No me arrebate tu ira por
tu longanimidad” (Cantera). Nosotros hemos seguido a los LXX, suprimiendo una palabra. La Bible de Jérusalem: “Tu cólera es
demasiado lenta, que no me lleve” (la muerte). — 15 También aquí hemos preferido la versión de los LXX. El TM dice: “Fueron
halladas tus palabras y las he comido.” Lo que parece está conforme a Ez 2:8ss. — 16 Literalmente en hebreo: “porque tu nombre
es invocado sobre mí.” — 17 Literalmente el TM dice: “¿Vas a ser tú como algo engañoso, aguas que no son fieles?” La mención
de “aguas” parece suponer que el “engañoso” anterior se refiere al torrente, cuyas aguas faltan la mayor parte del año, y así causan
decepción al caminante. La frase torrente falaz era muy común en la literatura bíblica. — 18 Cf. Jer 11:18-23; 17:14s; 18:18-23;
20,7-18. — 19 Cf. 1 Re 19:4; Job 3:1; Jer 20:14. — 20 Cf. Lev 25:26; Dt 23:19. — 21 Los v. 13-14 son considerados por muchos
autores como adición posterior, tomada de 17:3-4- — 22 Cf. Job 6:15-20. — 23 Literalmente en hebreo: “serás como mi boca.” —
24 Cf. Ex4:16. — 25 Cf. Jer 21,iss; 42:2. — 26 Cf. Jer 11:18; 21:1; 15:10; 20:1; 26:8; 28:15.
16. Jeremías, símbolo de las calamidades de su pueblo.
La vida de Jeremías debe ser como una parábola en acción para instrucción de sus compatriotas.
Así, se le prohibe: a) fundar una familia (1-4); b) tomar parte en los duelos por los difuntos (5-7);
c) participar en las alegrías y festines de sus conciudadanos (8-21). Con su vida debe ser un
anuncio permanente del desastre que espera a su pueblo; con su vida de celibato simbolizará la
desaparición de las familias; con su abstención en los duelos se significará que en la hora de la
catástrofe no habrá tiempo para hacer duelo por los muertos, y con su aislamiento en materia de
alegrías sociales debe mostrar que no es hora de jolgorios y alegrías. No sabemos cuándo compuso
este capítulo, que puede estar formado de fragmentos compuestos en distintas circunstancias
de su vida y juntados posteriormente por un editor. Muchos críticos suponen que fue compuesto
bajo el reinado de Joaquim (609-598).
Mandato de permanecer célibe (1-4).
1 Llegóme la palabra de Yahvé, diciéndome: 2 No has de tomar mujer y no tendrás
hijos ni hijas en este lugar. 3 Porque así dice Yahvé de los hijos y de las hijas nacidas
en esta tierra, de las madres que los parieron y de los padres que los engendraron en
esta tierra: 4 Morirán de epidemias, y nadie los llorará ni sepultará; servirán de estiércol
sobre la haz de la tierra, serán devorados por la espada y por el hambre, y
sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra.
2007
La orden dada a Jeremías de no contraer matrimonio suponía un sacrificio muy grande para el
profeta. El matrimonio con una numerosa prole era signo de bendición divina, mientras que la
esterilidad lo era de maldición . Por otra parte, Jeremías era por temperamento afectuoso y comunicativo,
y por ello inclinado a la vida íntima familiar. Sin embargo, debe abstenerse del matrimonio
para ser como un símbolo ante sus compatriotas de las desventuras que les esperaban.
La vida de Jeremías debía ser una ofrenda total a una misión ingrata: la de comunicar de parte de
Yahvé los castigos que habían de caer sobre la sociedad israelita. El celibato del profeta sería un
anuncio permanente de la suerte que esperaba a los padres, que se verían privados de sus hijos
por efecto de la guerra devastadora (v.3). La mortandad será tal, que no habrá ni quien los entierre,
quedando los cadáveres abandonados como estiércol sobre la haz de la tierra., pasto de las
aves2.
Abstención de participar en duelos (5-7).
5 Así, pues, dice Yahvé: No vayas a casa de duelo, ni vayas a plañir, ni te lamentes por ellos,
pues he retirado de este pueblo mi paz — oráculo de Yahvé — , la benignidad y la misericordia,
6 y morirán grandes y pequeños en esta tierra; no se les sepultará ni se los llorará,
ni nadie se hará incisiones ni se rasurará por ellos; 7 y nadie les partirá el pan del duelo 3
para consolar a uno por el muerto, ni se le dará a nadie la copa para consolarle por la
muerte del padre o de la madre.
Jeremías debe abstenerse también, por orden divina, de participar en los duelos. Es decir, no debe
tomar parte ni en sus alegrías (el matrimonio) ni en sus penas. Debe abstenerse de manifestar
condolencias, ya sea en los festines fúnebres, ya en las otras manifestaciones sociales de duelo.
Con ello debía simbolizar la futura mortandad, en la que no quedarían gentes para hacer los ritos
fúnebres de rigor. Ha llegado la hora de la justicia después de haber abusado del tiempo de la
misericordia. En el v.6 especifica los ritos fúnebres de que debe abstenerse. Entre ellos estaban
los de hacerse incisiones y rasurarse la cabeza. El primer rito estaba prohibido entre los israelitas4.
Los sacerdotes no podían rasurarse la cabeza en signo de luto 5, pero parece que era común
entre el vulgo6. Al principio, estos ritos tenían sentido supersticioso, y después pudieron quedar
como mero rito externo de duelo, sin sentido religioso. Jeremías no dice nada sobre la licitud o
ilicitud de estos ritos, sino que se limita a decir que no habrá ocasión de ellos, dada la cantidad
de muertos en la guerra. No habrá lugar para hacer los honores a los caídos, ni tampoco para
consolar a los vivientes por la pérdida de sus deudos: nadie les partirá el pan del duelo (v.7). Esta
frase parece aludir a los banquetes fúnebres que los familiares daban a los que se unían a su
dolor. Otros creen que alude a la supuesta costumbre de llevar los amigos sus manjares y bebidas
a los deudos próximos del difunto, que guardaban un día de ayuno en señal de luto7. El mismo
sentido tendría la copa de consolación por la muerte del padre y de la madre (7b). La tragedia
será tal, que nadie se preocupará de estos deberes elementales sociales, sino que cada uno sólo se
preocupará de su suerte y vida.
Abstención de festines y alegrías (8-9).
8 No entres tampoco en casa donde haya banquete para sentarte a comer y beber
con ellos, 9 pues así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí que voy a
hacer cesar en este lugar, a vuestros ojos y en vuestros días, el canto del gozo y de la
alegría y el canto del esposo y de la esposa.
2008
Tampoco debe Jeremías participar en los festines alegres de sus conciudadanos, para significar
con su conducta que cesará toda alegría y exultación en el país. Aquí banquete (v.8) no se refiere
a los festines fúnebres a los que antes hacía alusión, sino a los banquetes alegres que se celebraban
con ocasión de solemnidades alegres, como bodas y otros acontecimientos felices. El profeta
debe renunciar a todas las alegrías honestas sociales y dedicarse a una vida solitaria, austera y
triste. Con ello se convertirá en un símbolo viviente de las futuras tristezas nacionales 8, que, por
otra parte, son inminentes: en vuestros días (V.9) desaparecerá toda alegría, y entre ellas la más
característica de todas, las jubilosas fiestas nupciales: el canto del esposo y de la esposa.
La apostasía, causa de la catástrofe de Israel (10-13)
10 Y sucederá que, cuando anuncies a este pueblo todas esas cosas y te digan: ¿Por
qué nos anuncia Yahvé todos esos grandes males? ¿Cuáles son nuestras maldades y
cuáles los pecados que hemos cometido contra Yahvé, nuestro Dios? u les responderás:
Porque vuestros padres me abandonaron — oráculo de Yahvé — para irse tras
de los dioses ajenos, para servirles y adorarlos, dejándome a mí y no guardando mi
ley; 12 pero vosotros habéis obrado peor que vuestros padres, pues he aquí que se va
cada uno tras la dureza de su mal corazón, sin escucharme a mí. 13 Pero os arrojaré
de esta tierra a un país que no conocéis ni conocieron vuestros padres, y allí serviréis
día y noche a dioses extraños, pues no concederé gracia.
Los contemporáneos del profeta creían que cumplían sus obligaciones para con Yahvé con la vida
de culto normal en el templo. Con sus sacrificios y ofrendas creían contentar a su Dios, y no
tenían reparo en participar en cultos sincretísticos de tipo idolátrico. Por eso no comprenden las
profecías conminatorias de Jeremías: ¿Por qué nos anuncia Yahvé todos estos males? ¿Cuales
son nuestras maldades? (v.10). La respuesta de Yahvé no se deja esperar: toda la historia de Israel
es una constante apostasía y degradación moral. La obstinación es una de las características
de los israelitas a través de su historia (v. 11-12), rompiendo el pacto de Yahvé desde los albores
de su historia nacional 9. Esta mala conducta ha sido colmada por la presente generación (v.12),
y por eso los condena Yahvé al cautiverio (ν.13), donde podrían entregarse plenamente al culto
idolátrico, que tanto amaban. La frase es irónica 10. Yahvé está cansado de mostrarse complaciente
con su pueblo, y esto tiene una medida. En adelante no les concederá gracia o compasión .
La restauración después del exilio (14-15).
14 Por eso he aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que no se dirá ya: “Vive
Yahvé, que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto,” 15 sino: “Vive Yahvé,
que sacó a los hijos de Israel de la tierra del aquilón y de todos los países adonde los
había expulsado.” Y los haré volver a su tierra, que había dado a sus padres.
Estos versos parecen glosa que interrumpe el contexto. Con ligeros cambios aparecen en 23:7-8,
donde tienen su lugar debido. Algunos autores, sin embargo, quieren considerarlos como pertenecientes
al contexto en que se hallan, pues aunque interrumpen las amenazas, serían como una
luz de esperanza para los israelitas fieles a Yahvé, recordándoles que las promesas mesiánicas se
cumplirían y que el pueblo elegido recuperaría otra vez su amistad con Dios. La nueva liberación
será tan gloriosa, que se olvidarán las futuras generaciones de la milagrosa liberación de Egipto y
cantarán más bien la nueva liberación de los hijos de Israel de la tierra del aquilón (v.15), es decir,
de Mesopotamia, adonde fueron llevados cautivos, siguiendo la ruta del norte o de Damasco.
2009
Volverán a instalarse en la tierra de sus padres, que les pertenece por concesión especial divina.
Amenazas y castigos (16-18).
16 He aquí que voy a mandar muchos pescadores — oráculo de Yahvé — , que los
pescarán, y después muchos cazadores, que los cazarán por los montes todos, por
todos los collados y por las cavernas de las rocas, 17 porque mis ojos están sobre todos
sus caminos, no se esconden de mi rostro, y sus maldades no están ocultas a mis
ojos. 18 Les pagaré al doble sus iniquidades y pecados 12, por haber profanado mi
tierra con la carroña de sus ídolos 13 y haber llenado de abominaciones mi heredad.
De nuevo se repiten las amenazas comenzadas en los v.9-13, es decir, las alusiones al cautiverio.
Los soldados enemigos serán como pescadores o cazadores (v.16), que andarán ansiosos de tomar
a los israelitas por los montes. y collados. Es inútil que se escondan en las cavernas de las
rocas, pues serán buscados y cazados como alimañas (v.16). Los invasores son instrumentos de
Yahvé, que ve todos los escondrijos y caminos de los israelitas (v.17), su conducta depravada.
Nada se oculta a sus ojos. Será una deportación completa. Y todo esto les vendrá por sus prácticas
idolátricas, con las que han profanado la tierra de Yahvé, que le pertenece como su exclusiva
heredad (v.18). Se compara los ídolos a carroña de cadáveres porque contaminaban el país de
Yahvé, como los cadáveres contaminaban el lugar en que estaban 14 y todo lo que tocaban, o
porque son despectivamente considerados como seres sin vida, totalmente impotentes, como los
cadáveres 15.
La salud por la confianza de Yahvé (19-21).
19 ¡Yahvé, mi fuerza y mi fortaleza, mi refugio en el día de la tribulación! A ti vendrán
los pueblos desde los confines de la tierra y dirán: Sólo mentira fue la herencia
de nuestros padres, vanidad sin provecho alguno. 20 Si es el hombre el que se hace
los dioses, entonces no son dioses. 21 Por eso he aquí que les voy a dar a conocer, esta
vez les voy a mostrar la fuerza de mi brazo 16, y sabrán que mi nombre es Yahvé.
Este fragmento es de estilo salmódico y parece un desahogo del profeta, que expresa sus sentimientos
de esperanza en Yahvé en medio de tantas amenazas. En medio de la catástrofe, Yahvé
será siempre la fuerza y refugio del profeta (V.19). Pero su perspectiva se alarga, y entrevé proféticamente
el universalismo de la nueva teocracia, pues numerosos pueblos entrarán a formar parte
del nuevo reino: a ti vendrán los pueblos desde los confines de la tierra (v.19b). Reconocerán
estos paganos que sus dioses y los de sus antepasados son falsedad: sólo mentira fue la herencia
de nuestros padres (V.19C). El v.20 parece una profesión del profeta, que predica la inanidad de
los ídolos, de origen humano. Muchos autores consideran estos versos como adición posterior,
obra de un piadoso israelita que viviera en el destierro y despreciara las manifestaciones pomposas
idolátricas del país: no son dioses (v.20), clara profesión de fe yahvista. El v.21 parece la
conclusión del anuncio del castigo, interrumpido por los v. 19-20. Al sentir la desgracia, los israelitas
reconocerán la fuerza del brazo de Yahvé y verán en el nombre de Yahvé la síntesis de su
historia como pueblo elegido. Yahvé ha sido su salvador en las grandes vicisitudes históricas, el
que les dio la Ley y el que los protegió. Llegará un momento en que volverán a valorar el nombre
de Yahvé como síntesis de las promesas y esperanzas de Israel.
2010
1 Cf. Dt 7:14. — 2 Cf. 8:2. — 3 Así según los LXX. — 4 Cf. Dt 14:1; Lev 19:28; 21:5. Sobre el rito cf. Lagrange, Eludes sur íes religions
sé-mitiques 2.a ed. p.325. — 5 Cf. Lev 25:5. — 6 Cf. Am 8:10; Miq 1:16. — 7 Cf. 2 Sam 1:12; 3.35; Dt 28:14; Job 42:13;
Os 9:4; Flavio Josefo, De bello judaico 2 c.1. — 8 Cf. Jer 7:34; 15:17. — 9 Cf. Jer 3:17; 7:24; 9:14; 11.8. — 10 Cf. Dt 28:26; Jer
5:19; 15:14. — 11 Cf. Jer 6:19; 11:11-14. — 12 En el TM se añade “primeramente,” que no hace sentido, y falta en los LXX. —
13 Lit. en heb.: “los cadáveres de sus horrores,” e.d., los ídolos en sentido despectivo. Cf. Jer 4:1; 7:30. — 14 Cf. Lev 18:25;
26:30; Núm 10:10. — 15 Cf. Jer 2:8; 11:12. — 16 Lit. “mi mano y mi fuerza.”
17. Idolatría de Judá.
Coloquio del profeta y Yahvé. Observancia Sabática.
Este capítulo es muy heterogéneo, pues en él se mezclan observaciones y sentencias del más
diverso género, y la prosa y la poesía se suceden caprichosamente. Podemos dividirlo en cuatro
secciones: a) empieza con el anuncio del exilio (1-4); b) sentencias de tipo sapiencial con numerosos
proverbios (5-13); c) súplica de estilo salmódico (14-18); d) observancia del sábado (19-
27).
Anuncio de la cautividad (1-4).
1 El pecado de Judá está escrito con estilete de hierro, a punta de diamante se ha
grabado en la tabla de su corazón y en los cuernos de sus altares, 2 cuando se acuerdan
sus hijos, de sus altares, sus “aseras” junto a los árboles verdes y las elevadas
colinas, 3 los montes del llano. Tus riquezas, todos tus tesoros, los daré al pillaje, tus
lugares altos, por los pecados cometidos en todo tu territorio. 4Te obligaré a abandonar
tu heredad *, que te había dado, y te haré servir a tus enemigos en tierra para
ti desconocida, pues habéis encendido el fuego de mi ira, que arderá por siempre.
Este fragmento falta en los LXX, aunque en 15:13-14 se reproduce parte de esta perícopa. A pesar
de todo, podemos considerarla como auténtica tal como aparece en el TM 2. No se puede precisar
la fecha de su composición.
El pecado de Judá por antonomasia, la idolatría, es tan inveterado y habitual, que a los
ojos de Dios aparece como escrito con estilete de hierro, a punta de diamante, en la tabla de su
corazón (v.1). Por eso es difícil de corregir. El corazón de los hebreos era como una superficie
metálica en la que había sido grabada la idolatría; de ahí su propensión innata a irse tras de dioses
extraños, abandonando a Yahvé, su Dios. En los cuernos de sus altares (v.1c): los altares siró-
fenicios, entre los que se incluían los dedicados a Baal y a Astarté en Canaán, eran rematados
por cuatro cuernos en sus ángulos, que simbolizaban el poder de la divinidad. A esto alude el
texto de Jeremías: la presencia de esos cuernos en sus altares era reflejo del culto idolátrico que
practicaban; por eso el pecado de Judá. estaba grabado en los cuernos de los altares. En la Biblia
se habla también de los cuernos de los altares del templo de Jerusalén y del tabernáculo del
desierto, que eran ungidos de la sangre de la víctima 3. Pero aquí parece referirse a los altares
idolátricos. Las aseras (v.2) eran troncos de árboles verticales, plantados junto a los altares idolátricos,
que simbolizaban la frondosidad del bosque y representaban a la divinidad de la fecundidad,
asociada a Baal. Los árboles verdes eran también lugares de culto y simbolizaban la fecundidad
de la naturaleza4. A su sombra se daban todos los desórdenes morales con ocasión de los
cultos paganos. Las colinas elevadas son los famosos “lugares altos” o bamot, en los que abundaban
los cultos idolátricos 5.
Por estas transgresiones idolátricas, Yahvé condenará a su pueblo con todas sus riquezas
2011
al pillaje (v.2b). Y después el cautiverio, teniendo que abandonar la heredad que Yahvé le había
dado, es decir, la tierra de Canaán 6, y todo como consecuencia de la manifestación justiciera de
Yahvé, cuya ira arderá para siempre (v.4c). La expresión es hiperbólica y designa la magnitud
de la ira divina, que se manifiesta en toda su fuerza al castigar a su pueblo.
Confianza exclusiva en Yahvé (5-8).
5 Así dice Yahvé: Maldito el hombre que en el hombre pone su confianza, y de la
carne hace su apoyo 7, y aleja de Yahvé su corazón. 6 Será como desnudo arbusto en
la estepa, que, aunque le venga algún bien, no lo siente, y vive en las arideces del desierto,
en tierra salitrosa e inhabitable. 7 Bienaventurado el varón que confía en
Yahvé y en El pone su confianza. 8 Será como árbol plantado a la vera de las aguas,
que echa sus raíces hacia la corriente y no teme la venida del calor, conserva su follaje
verde, en año de sequía no se inquieta y no deja de dar fruto.
Este fragmento, de carácter sapiencial, incrustado en un contexto inadecuado por algún redactor
posterior, interrumpe la ilación lógica del capítulo y parece no encajar en el estilo de Jeremías,
que se preocupa más de lo concreto que de la exposición de ideas de tipo general. De todos modos,
algunas veces Jeremías expresa incidentalmente principios teóricos sin conexión con determinadas
circunstancias 8.
Aquí la expresión maldito el hombre que en el hombre pone su confianza (v.5) puede ser
una alusión de Jeremías a la obsesión de sus compatriotas en buscar alianzas de pueblos extranjeros,
asirios o egipcios 9. Quizá lanzara su apostrofe al rey Joaquim, que seguía una política demasiado
humana. Carne aquí es equivalente a debilidad e impotencia 10. El que aleja su corazón
de Yahvé es como arbusto en la estepa, que crece raquíticamente. El profeta parece pensar en los
arbustos escuálidos que crecen en la zona esteparia a orillas del mar Muerto, en su parte sur, llenas
de emanaciones salitrosas. Al contrario, el que confia en Yahvé será el árbol que crece exuberante
junto a las corrientes de las aguas, y a medida que se acerca la época estival extiende sus
raíces hacia la corriente (v.8). El justo que confía en Yahvé en los momentos críticos se afinca
en sus creencias y esperanzas religiosas, y así desafía la venida del calor, es decir, las persecuciones
y angustias consecuentes.
Sentencias sapienciales (9-13).
9 Tortuoso es el corazón sobre todo y perverso. ¿Quién puede conocerle? 10 Yo, Yahvé,
que penetro los corazones y pruebo los ríñones, para retribuir a cada uno según
sus caminos, según el fruto de sus obras. Perdiz que empolla huevos que no ha
puesto es el que injustamente allega riquezas; a la mitad de sus días tendrá que dejarlas,
y en sus postrimerías será un necio. 12 Trono de gloria, excelso desde el principio,
es el lugar de nuestro santuario. 13 Yahvé es la esperanza de Israel; todos los
que te abandonan serán confundidos. Los que te dejan en el país se cubrirán de vergüenza
, porque dejaron la fuente de aguas vivas, a Yahvé.
Son estas sentencias de tipo sapiencial, sin conexión entre sí. En los v.8-10 se trata de la admirable
penetración de la sabiduría divina, que penetra los corazones y los ríñones (v.10). Según la
mentalidad hebrea del A.T., los ríñones eran considerados como el asiento de las inclinaciones y
aun de los movimientos intelectivos 12. Yahvé conoce los caminos o conducta de cada uno
(v.10), a pesar de que el corazón del hombre es tortuoso y perverso (V.9).
2012
El contenido del v.11 no tiene ligazón con lo anterior. Es un proverbio sapiencial. Según
la creencia popular, la perdiz robaba los huevos de los otros pájaros para incubarlos, y los polluelos,
una vez crecidos, abandonaban a su supuesta madre; ésta, pues, no sacaba provecho de su
trabajo. Del mismo modo, el que injustamente allega riquezas (v.11a) no podrá disfrutar de ellas,
ya que, castigado por Dios, a la mitad de sus días tendrá que dejarlas (v.1 1b). Por eso, al fin (en
sus postrimerías) aparecerá como un necio, que no ha sabido conducirse en la vida conforme al
temor de Dios 13.
Los v.12-13 son un nuevo fragmento desconectado del anterior. Se celebra la gloria de
Sión como trono de Yahvé. Aunque el profeta había combatido la idea de que la presencia del
templo tenía un poder talismánico para apartar la desventura de su pueblo, sin embargo, seguía
creyendo profundamente que el templo era el centro de la vida religiosa de su pueblo. Allí estaba
su trono de gloria (v.12), y esto desde el principio, es decir, desde que Yahvé escogió la colina
de Sión como centro de la teocracia davídica 14. Yahvé es la razón de ser de toda la vida nacional,
la esperanza de Israel (v.13), pues lo ha protegido a través de su historia y le ha hecho unas
promesas mesiánicas redentoras. De ahí la estulticia de quienes le abandonan, siendo como es la
fuente de aguas vivas (ν.13). En 2:23 se contrapone a Yahvé, fuente de aguas vivas. que siempre
está manando, y los ídolos, que no son sino “cisternas rotas,” que no pueden retener el agua.
Súplica de protección (14-18).
14 Sáname, ¡oh Yahvé! y seré sanado; sálvame, y seré salvo, pues tú eres mi gloria15.
15He aquí que ellos me dicen: “¿Dónde está la palabra de Yahvé? ¡Que se cumpla!”
16 Pero yo no he ido tras ti a incitarte al mal16, ni he deseado el día de la calamidad;
tú lo sabes. Lo que ha salido de mis labios, ante tu presencia está. 17No me hagas
temblar. Tú eres mi refugio en el día de la desventura. 18Sean confundidos mis perseguidores,
no yo. Sean ellos los que tiemblen, no yo. Haz venir sobre ellos el día de
la desgracia, quebrántalos con doble quebranto.
De nuevo aparece la tragedia íntima del profeta. Ha anunciado castigos inmediatos a sus contemporáneos
pecadores, y no llegan; de ahí la burla de todos al ver que no se cumplen sus predicciones.
Quizá la fecha de composición más verosímil de este fragmento sea en los primeros
años del rey Joaquim, hacia el 607, cuando los babilonios estaban aún lejos y se gozaba de relativa
tranquilidad confiando en los aliados egipcios.
La frase sáname. tiene un sentido moral: el profeta desea verse libre de aquel estado angustioso
de conciencia al no ser comprendido de sus compatriotas, que siguen alejados de Yahvé,
que los va a castigar17. En realidad, Yahvé es su gloria (v.14), es decir, el objeto de su único orgullo
personal, pues a El ha dedicado desinteresadamente su vida. Pero, con todo, no puede evitar
pedir que le libre de las burlas de los que dicen: ¿Donde está la palabra de Yahvé? ¡Que se
cumpla! (v.15). La frase tiene un sentido irónico, pues le echan en cara al profeta que sus lúgubres
predicciones no se cumplen 18. Y Jeremías confiesa que él no tiene interés en lanzar profecías
conminatorias, sino que es Yahvé el que le empuja a hablar así a sus conciudadanos. Personalmente
no desea la suerte que anuncia a éstos: Pero yo no he ido tras de ti a incitarte al mal, ni
he deseado el día de la calamidad (v.16a). Jeremías era de sentimientos muy afectuosos y amaba
profundamente a su pueblo; por eso le dolía íntimamente anunciar el día de la calamidad o del
castigo divino 19. Reiteradamente había suplicado que Yahvé contuviera su ira 20. Yahvé era testigo
de que de sus labios no salió nada en contra de su pueblo ni que ha hecho mal alguno.
Supuesto esto, suplica a Yahvé que no le abandone a sus enemigos, ya que es su refugio
2013
en el día de la desventura (ν.17), en el día de la manifestación de la justicia divina, esperando
salvarse de la catástrofe. Por honor de su Dios quiere que sean confundidos sus perseguidores
(v.15a), para que se convenzan de que están engañados. Por eso desea que Yahvé envíe sobre
ellos el día de la desgracia, del castigo divino.
La santificación del sábado (19-27).
19 Así me dijo Yahvé: Ve a ponerte junto a la puerta de los Hijos del pueblo, por la
que entran y salen los reyes de Judá, y ante todas las puertas de Jerusalén, 20 y diles:
Oíd la palabra de Yahvé vosotros, reyes de Judá, y todo Judá, y todos los habitantes
de Jerusalén que entráis por estas puertas. 21 Así dice Yahvé: Guardaos, por vuestra
vida, de llevar cargas en día de sábado y de introducirlas por las puertas de Jerusalén.
22 No saquéis tampoco cargas de vuestras casas en día de sábado ni hagáis labor
alguna, mas santificad el día del sábado, como se lo mandé a vuestros padres. 23
Ellos, sin embargo, no me oyeron, no me dieron oídos, sino que endurecieron su cerviz,
sin obedecerme y sin corregirse. 24 Si en verdad me escucháis vosotros, oráculo
de Yahvé, y dejáis de introducir cargas por las puertas de esta ciudad en día de sábado,
y santificáis el día del sábado, no haciendo en él labor alguna, 25 entrarán por
las puertas de esta ciudad los reyes (y príncipes) que se sientan sobre el trono de David,
montados en sus carros y caballos, ellos, sus príncipes, los hombres de Judá y
los habitantes de Jerusalén, y esta ciudad estará siempre habitada. 26 Y de las ciudades
de Judá y de los contornos de Jerusalén, de la tierra de Benjamín, del llano,
de la montaña y del mediodía, vendrán con holocaustos, víctimas, oblaciones, incienso,
y traerán ofrendas de acción de gracias a la casa de Yahvé. 27 Pero, si no me escucháis
en lo de santificar el sábado y en lo de no llevar cargas e introducirlas por
las puertas de Jerusalén en día de sábado, entonces encenderé yo en sus puertas fuego,
que devorará los palacios de Jerusalén y no se apagará”
Jeremías apoyaba la reforma de Josías, y entre las observancias de la Ley más estrictas estaba la
del descanso sabático. Es el único fragmento de Jeremías en el que se habla de la observancia del
sábado. Por eso, muchos autores sostienen que es posterior al profeta, y creen que fue compuesto
en tiempos de Nehemías 21. Pero, aunque es verdad que los profetas no urgían mucho el cumplimiento
de los preceptos culturales, porque esto era misión de los sacerdotes, no obstante, no olvidemos
que Jeremías era de la clase sacerdotal y que la ley del descanso sabático era la más antigua
prescripción de la Ley mosaica, pues aparece ya en el Decálogo 22. En el estado actual de
los conocimientos orientalistas, la institución hebraica del sábado no tiene paralelo en las instituciones
de otros pueblos antiguos. Cierto que existe el nombre babilónico shabattu para indicar el
día de luna llena; pero en la Biblia jamás el sábado está relacionado con la luna llena. El culto
lunar está expresamente condenado por Jeremías, siguiendo al Deuteronomio 23.
La ley sobre el descanso sabático era la ley fundamental de la alianza 24, y su observancia
era la mejor muestra de fidelidad a Yahvé, como la circuncisión era el signo de pertenencia a
Yahvé. Por eso no tiene nada de particular que Jeremías insistiera en la observancia de una ley
tan fundamental en la Ley descubierta bajo Josías (721), que fue la base de la reforma emprendida
por este rey, eficazmente secundada por el profeta de Anatot.
Dios manda a Jeremías que se aposte junto a la puerta de los Hijos del pueblo (V.IQ). Nos
es desconocida una puerta de Jerusalén con tal nombre. Se ha querido identificarla con una puerta
del palacio real que diera a la explanada del templo, por la que pasarían los reyes de Judá y el
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pueblo cuando iban al palacio. En todo caso, parece que era una puerta muy frecuentada por el
pueblo; por eso Jeremías debe colocarse allí para comunicar a las gentes, en nombre de Yahvé,
un mensaje importante sobre la observancia del sábado. El profeta les urge la observancia del
sábado por su vida (del pueblo); e.d., esto les afecta en tal forma, que la profanación del sábado
puede traer como consecuencia un peligro de muerte para ellos. Se ve que había prevalecido la
costumbre de aprovechar el día del sábado para traer cargas (v.21) para aprovechar el día 25. En
la Ley se prohibían los trabajos del campo, el comercio, la recogida de leña, el encender el fuego
para cocer la comida 26. El llevar cargas podía incluirse en los trabajos del campo. Los antepasados
de los contemporáneos de Jeremías no habían cumplido estos preceptos (v.23). Con ello se
muestra la paciencia de Yahvé para con su pueblo. Sin embargo, ahora deben cambiar de conducta
si quieren continuar como pueblo con su monarquía: entrarán por la puerta de esta ciudad
los reyes (v.25). La continuidad de la dinastía davídica, con sus carros y caballos, está vinculada
al cumplimiento de los preceptos de la alianza, cuyo símbolo era la observancia del sábado 27.
Y también de esto dependerá la continuación del culto esplendoroso en la casa de Yahvé
(v.26). De todas las partes del país afluirán a Jerusalén con sus holocaustos (sacrificios cruentos
en los que se quemaba toda la víctima), víctimas (sacrificios cruentos en los que se quemaba sólo
una parte de la víctima), ofrendas de acción de gracias (o de “alabanza” en hebreo, sacrificio de
una víctima, de la que se quemaba parte, y se la acompañaba de la ofrenda de flor de harina) 28; y
vendrán de la tierra de Benjamín, tribu en la que se incluía Jerusalén; del llano, e.d., la parte costera,
ocupada antes por los filisteos 29; de la montaña, la parte montañosa de Judá, y del mediodía
o Negueb, la región colindante con el desierto de la península del Sinaí (v.26).
La infracción del descanso sabático, como signo de infidelidad hacia la alianza, traerá
como consecuencia la ruina de Judá: encenderé fuego en sus puertas, que devorará los palacios
de Jerusalén (v.27). Todo el esplendor de la monarquía davídica, con sus palacios, desaparecerá
en virtud del castigo divino por las infidelidades de Judá 30.
1 Bible de Jérusalem: “deberás despegarte de tu heredad.” — 2 Se encuentra en Teod., Sim., Aquila, Orígenes (Exapla), Targ., Sir. y
Lat. — 3 Cf. Lev 8:15; 16:18 — 4 Cf. Jer 2:20; 3:6. — 5 Cf. Jer 2:20; 19:5. — 6 Cf. Dt'32:22. — 7 Cf. Jer 2:173; ii,20; 5:26. — 8
Cf. Jer 2:17. — 9 Lit. “de su carne hace su brazo,” símbolo de la fuerza. — 10 Cf. Is31,3. — 11 Lit. el TM dice: “quienes se apartan
de ti, en la tierra serán escritos”; lo que es de difícil interpretación. Por eso hemos escogido la versión de los LXX, siguiendo a
Condamin, Ricciotti y a la Bible de Jérusalem. — 12 Cf. Sal 15:7; 25:2; Jer 11:20; 20:12. 13 Cf. el rico “insensato” de Le 12:20.
— 14 Cf. Jer 3:17; 14:21; Ez 20:40; 2 Crón 3:1-3; 2 Sam 24:16. — 15 Lit. el heb.: “mi alabanza.” Hemos adoptado aquí la versión
de los LXX. — 16 El texto es muy oscuro. Los LXX traen una versión que se acerca a la nuestra. La Bible de Jérusalem: “pero yo
no he empujado hacia lo peor.” Dennefeld: “Yo no he insistido. ante ti a causa del mal.” — 17 Cf. Is 19:22; 57:19; Sal 6:3; 30:3,
— 18 Cf. Iss,18s; 28:14; Ez 12:21. — 19 Cf. Jer 4:19; 4:17; 11:7. — 20 Jer 7:16; 11:14; 14·”· — 21 Cf. Neh 13.1555 — 22 Cf. Ex
20:83; 16:25; 29:20. — 23 Cf. Dt 4:19; 17:3; 5:12s. Existe en la época sumeria una distribución del mes en siete días, conforme a
las fases de la luna, y así se consideraban como días de sacrificios el día primero de mes (luna nueva), el séptimo (cuarto creciente),
el decimocuarto (shabattu: “luna llena”), el 21 y el 28 (cuarto último). Pero estos días no eran días de descanso, sino que eran
considerados más bien como días infaustos, en los que había que aplacar a las divinidades con sacrificios expiatorios. North cree
encontrar analogías entre estas prácticas del shapattum babilonio-sumerio y el sábado hebraico, relacionándolo con la luna llena.
Véase su artículo The derivation of Sabbathon: Bi (1955) p.182-201. Cf. También Vittonato, u libro de Geremia p.258 (Torino
1955). — 24 Cf. Ex 20:8; 31:15; 35:2; Lev 23:3; 25:2; Dt 5:12. — 25 Cf. Neh 13:15. — 26 Cf. Ex 34:21; Am 8,5; Is 58:13; Neh
10:31; Núm 15:32; Ex 35:3. — 27 Cf. Jer 22:4. Los israelitas se sentían orgullosos del atuendo externo de “carros y caballos” de
sus reyes. Cf. 2 Sam 15:1; 1 Re 1:5. — 28 Cf. Lev 7:12; 22:29. — 29 En la Biblia se llama sefela o llano la parte intermedia entre
las montañas de Judá y la zona costera. — 30 Para el símil del fuego cf. Jer 7:20; 17:4; Os 8:14; Am 1:14; 5:6. En Ez 20:12;
22:26, la profanación del sábado es considerada como causa de la ruina de Israel.
18. La Orza Rota.
Insidias contra Jeremías. Imprecaciones.
Con este capítulo se abre una nueva sección del libro, que se extiende hasta el c.20 inclusive. El
2015
sentido teológico de los tres capítulos se basa en la parábola en acción de la orza rota. Con ella el
profeta quiere hacer ver que era vana la suposición de que, por ser Israel el pueblo elegido por
Dios, nunca llegaría la ruina de Jerusalén. El capítulo se divide en dos partes: a) en la casa del
alfarero (1-17); b) imprecaciones del profeta (18-23).
Yahvé forjador de pueblos (1-10).
1 Palabra que de Yahvé llegó a Jeremías, diciendo: 2Levántate y baja a la casa del
alfarero, y allí te haré oír mis palabras. 3Bajé, pues, a la casa del alfarero, y he aquí
que éste estaba trabajando a la rueda. 4Cuando se estropeaba entre las manos la vasija
que estaba haciendol, tornaba a hacer otra vasija, según cumpliera hacerlo a los
ojos del alfarero. 5Y me vino la palabra de Yahvé, diciendo: 6¿Acaso no puedo yo
hacer de vosotros, casa de Israel, como hace el alfarero? — oráculo de Yahvé — .
Como está el barro en la mano de alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de
Israel. 7De pronto decido yo arrancar, destruir y hacer perecer a un pueblo y a un
reino; 8pero si este pueblo se convierte de las maldades por las que yo me había pronunciado
contra él, también yo me arrepiento del mal que había determinado hacerle.
9Igualmente resuelvo yo de pronto edificar y plantar a un pueblo o un reino;
10pero, si obra el mal a mis ojos y no escucha mi voz, me arrepiento del bien que
había determinado hacerle.
Jeremías recibe la orden de ir a la casa del alfarero (v.2) y observar lo que éste hace, para después
sacar una lección moral para su pueblo. El alfarero estaba a la rueda o torno (v.5), alusión
al sistema primitivo, aún existente en Palestina, de hacer la vasija utilizando dos ruedas de piedra
o madera unidas por un eje. La inferior es movida por el pie, y en la superior se va modelando la
arcilla a gusto del artífice. Jeremías se fijó en que, cuando se estropeaba entre las manos la vasija
que estaba haciendo (v.4), la deshacía, y con la misma arcilla hacía otra a su gusto. El detalle
tenía su significación en el orden religioso para el profeta, y así se lo declara Dios expresamente:
Israel está en manos de Yahvé como la arcilla en manos del alfarero (v.6).
Lo que quiere destacar en primer término con este símil es la libérrima omnipotencia divina,
en tal forma que puede hacer de Israel y de los pueblos lo que le plazca, como el alfarero
hace la vasija a su gusto. Yahvé es dueño absoluto de los destinos de Israel. La aplicación más
exacta, conforme al símil, es que así como el alfarero hace, con la misma arcilla de la vasija deshecha
por haberse estropeado, otra a su gusto, así Yahvé, sin desechar las malas cualidades de
Israel, sobre todo su obstinación, le utiliza con sus defectos para modelarle conforme a sus designios.
Pero en las parábolas y alegorías es necesario atender sobre todo a la finalidad de la
misma exigida por el contexto, que aquí es destacar la autónoma omnipotencia de Yahvé. Este
carácter omnímodo se extiende a los destinos de todos los pueblos. No obstante, en los planes de
Dios se salva siempre la justicia y la misericordia, y por eso muchas veces sus amenazas son
condicionadas y dependen de la reacción de los pueblos. Aquí se presenta a Dios antropomónicamente,
pues es capaz de arrepentirse de sus planes y designios (v.8). Son modos de hablar
humanos que no han de tomarse al pie de la letra. La suerte, pues, de Israel depende de su conducta.
Contumacia de los judíos (11-12).
11 Di, pues, ahora a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: Así habla
Yahvé: He aquí que estoy trazando males y formando planes contra vosotros. Con2016
viértase, pues, cada uno de sus malos caminos, y mejoradlos y mejorad vuestras
obras. 12 Pero ellos dicen: ¡Es en vano! pues seguiremos nuestros designios, y cada
cual obraremos según la dureza de nuestro perverso corazón.
Después de haber enunciado el principio general, el profeta detalla su aplicación práctica a Israel,
que ha sido infiel a Yahvé; por tanto, la justicia vengadora puede rechazar y aniquilar a dicho
pueblo, pero quiere dar una última posibilidad de salvación, invitando al arrepentimiento: Yahvé
está trazando males contra los israelitas en el supuesto de que no cambien de conducta. Pero el
pueblo sigue aferrado a sus malas costumbres: es en vano (v.12); no creen en las recriminaciones
del profeta de Yahvé. Jeremías pone en boca del pueblo el modo de pensar de éste, reflejado en
su conducta práctica: obraremos según la dureza de nuestro corazón. Es ya la obstinación declarada
y porfiada.
El crimen inaudito de Israel (13-17).
13 Por eso así dice Yahvé: Preguntad a las naciones. ¿Quién oyó cosas semejantes?
Un horrible crimen ha cometido la virgen de Israel. 14¿Por ventura desaparece de la
roca del campo la nieve del Líbano o se agotan las aguas frescas que corren de los
montes? 3 15 Pues mi pueblo se ha olvidado de mí, ha ofrecido incienso a la vanidad.
Van de tropiezo en tropiezo por sus caminos, los senderos antiguos, siguiendo sendas
extraviadas, camino no trillado, 16 para hacer de su tierra una desolación, objeto
de eterna burla. Todos los que pasen por ella se asombrarán y moverán la cabeza. 17
Como viento solano los dispersaré ante los enemigos. La espalda les mostraré, no el
rostro, el día de su infortunio.
El pecado de Israel no tiene paralelo en la historia, pues ha abandonado a su propio Dios, que le
protegió en toda su vida nacional, para irse tras dioses extranjeros: es el horrible crimen. de la
virgen de Israel. La frase tiene un sentido de ternura, reflejada en el epíteto aplicado a Israel: la
virgen, e.d., Israel, que ha sido la virgen desposada de Yahvé en sus primeros tiempos de elección
en el desierto. Su defección la explica el profeta por un símil de la naturaleza inanimada: la
nieve del Líbano permanece unida en las cimas de la roca del campo 4; probable alusión al monte
Hermón, que se eleva en el campo o llanura. En 21:13 se llama a Jerusalén roca de la llanura en
un sentido análogo. La idea de la comparación es que,
520
JEREMÍAS 18
mientras la nieve permanece vinculada a las crestas de las montañas, donde sólo puede subsistir
en las épocas de calor, y las aguas frescas siguen fluyendo de los montes, sin pretender buscar
otros cursos caprichosos, que las harían agotarse en seguida, Israel, en cambio, no permanece
unido a Yahvé, donde sólo puede subsistir y de cuyo manantial sólo puede recibir vida nacional.
Los israelitas han olvidado a Yahvé, tropezando por sus caminos, los senderos antiguos (v.15b),
e.d., apartándose o recalcitrando en los caminos de la tradición yahvista, que debía seguir, los
cuales eran los senderos antiguos, trazados por Dios 5, siguiendo sendas extraviadas, peligrosas
(la idolatría), que no era el camino trillado que se le había señalado desde el principio.
Consecuencia de su error será la desolación y la ruina. Dios los castigará con la destrucción de
sus ciudades y con la deportación en masa, y todos los que pasen por ella se asombrarán y moverán
la cabeza (v.16) en señal de burla y desprecio, pues verán en ello una maldición divina 6.
Yahvé hará que venga un ejército enemigo que agoste, como el viento solano (el jamsim, viento
abrasador del desierto), todo lo que haya de vida, dispersando a la población hacia el exilio
2017
(v.17). Yahvé se desentenderá de su pueblo, dándole la espalda u ocultando su rostro en el momento
de la tragedia, el día del infortunio.
Imprecaciones del profeta (18-23).
18 Ellos dijeron: “Venid, tomemos asechanzas contra Jeremías, pues no ha de desaparecer
la ley del sacerdote, el consejo del sabio y la palabra del profeta. Venid,
vamos a herirle con la lengua, y no demos oídos a ninguna de sus palabras.” 19
Atiéndeme, ¡oh Yahvé! y oye la voz de mis adversarios. 20 ¿Se paga por ventura mal
por bien? \ Pues me cavan una hoya. Acuérdate cómo me presenté ante ti para
hablar en favor suyo, para apartar de ellos tu indignación. 21 Da, pues, sus hijos al
hambre y entrégalos al poder de la espada. Quédense sus mujeres sin hijos y viudas,
y mueran sus maridos de peste, y sus mancebos traspasados por la espada en la guerra.
22 Salgan gritos de sus casas cuando de repente hagas venir sobre ellos el salteador,
pues han cavado una hoya donde capturarme, y tendieron a mis pies lazos ocultos.
23 Pero tú, ¡oh Yahvé! conoces sus maquinaciones de muerte contra mí. No les
perdones por su iniquidad, no borres su pecado de ante tus ojos; caigan ante ti; en el
día de tu ira obra sobre ellos.
Encontramos aquí una situación similar a la descrita en 11:18-20; I5,ioss. Los enemigos de Jeremías
traman asechanzas contra él para quitarle de delante y verse libres de sus acusaciones, que
consideran inoportunas (v.18). La acusación principal contra él es que ha predicho la ruina de la
nación y del templo, lo que no podía concebirse conforme a las promesas divinas de permanencia
del pueblo: no ha de desaparecer la ley del sacerdote, el consejo del sabio y la palabra del profeta
(v.18). La teocracia hebrea se basaba espi-ritualmente en el sacerdote, el profeta y el sabio o
escriba de la Ley. A pesar de las predicciones de Jeremías, estas instituciones fundamentales
permanecerán, y, por tanto, son blasfemas y atentan contra la providencia que Yahvé tiene de su
pueblo las palabras de ruina de la nación que constantemente anuncia Jeremías. Así discurrían
los grupos de oposición al profeta7. La expresión Darnos a herirle con la lengua alude a las maquinaciones
secretas y calumnias que urdían contra el profeta para acusarle y condenarle. Querían
condenarlo ante la opinión pública como sacrilego, pues anunciaba cosas contra los intereses
de la nación elegida por Dios. Es la misma acusación que los contemporáneos de Cristo hicieron
contra El. Una vez más Jeremías aparece como tipo del Cristo doliente.
Al profeta, ante estas insidias y acusaciones, no le queda sino recurrir a Yahvé, que le ha
prometido liberarlo de los violentos 8; por eso a El acude confiado: oye la voz de mis adversarios
(v.ig). Se siente herido por la ingratitud de su pueblo. Todo lo que ha hecho es en bien de sus
compatriotas, y, sin embargo, pagan mal por bien (v.20). En sus predicciones no ha buscado sino
el arrepentimiento del pueblo para librarlo de la ira divina. Pero se lo pagan acusándole de traidor
y sacrilego. Es la eterna tragedia íntima de Jeremías, que durará toda su vida hasta ver consumadas
literalmente sus profecías de ruina y de exterminio.
En un momento de amargura, el profeta deja desahogar su alma con unas imprecaciones
que hieren nuestro sentido cristiano de la caridad. De nuevo nos encontramos aquí con expresiones
orientales hiperbólicas, y de nuevo tenemos que recordar que el nivel espiritual del A.T. era
muy inferior al del Ν. Τ. El perdón total de los enemigos, orando por ellos, y su conversión, es
un fruto espiritual de la muerte de Jesús, perdonando a sus enemigos desde la cruz. San Esteban
es el primero en iniciar la serie de mártires que bendicen a sus verdugos, implorando para ellos el
perdón de sus pecados y ofreciendo su sangre por ellos. En el A.T., sólo el Siervo de Yahvé del
2018
libro de Isaías — culminación máxima de las profecías personales mesiánicas — aparece sufriendo
callado, sin protestar ante sus enemigos. Precisamente esto era lo que no pudieron comprender
los judíos en la profecía, y de ahí que, cuando Jesús aparece cumpliendo materialmente
los detalles del vaticinio, sus compatriotas le condenen, por considerarle en oposición a las concepciones
tradicionales de Israel. El amor a los enemigos es una revelación de la predicación
evangélica, y la fundamental de todas, y es tan elevada que aun los grandes justos del A.T., como
los patriarcas y profetas, no pudieron llegar a ella, a pesar del profundo sentido de justicia
que los dominaba. Es que la caridad cristiana tiene unas cimas muy superiores a la más elevada
justicia humana.
La expresión salgan gritos de sus casas (v.22) alude a los gritos de los niños y demás seres
débiles que están en casa cuando llega el salteador o ejército enemigo invasor. Estas imprecaciones
del profeta son un deseo de castigo para sus enemigos, que han cavado una hoya para
tomarlo. Los conciudadanos de Jeremías le tienden asechanzas, como hacen los cazadores para
cobrar sus piezas, poniendo lazos ocultos y hoyas, para que caigan inadvertidamente en ellas. La
imagen es muy usual en la Biblia 9. Por eso pide a Yahvé que no olvide la iniquidad de ellos: no
borres su pecado de ante tus ojos (v.23). Yahvé lleva en un libro la contabilidad de las buenas y
malas acciones, y Jeremías quiere que continúe el enorme pasivo que carga sobre sus enemigos
10 y que en el día de la ira de Yahvé reciban el pago de sus obras.
1 Así siguiendo a los LXX. El TM añade “como arcilla en las manos del alfarero,” que es parafraseado por algunos: “como (sucede
con) la arcilla en manos del alfarero.” — 3 Lit. el TM: “¿se derretirán las aguas extranjeras frescas?” — 4 La versión de los LXX
da otra versión muy enigmática, al traducir por “pecho” lo que nosotros hemos traducido, con un ligero cambio, por “campo.” —
5 Cf. Jer 6:16, donde los senderos antiguos significan los buenos caminos tradicionales de Israel. — 6 Cf. Dt 29:23; 1 Re 9,8; Is
37:22; Sal 22:8; Mt 27:30. — 7 Muchos autores prefieren entender la frase de los enemigos de Jeremías en el sentido de que, aunque
muera éste, no faltarán sacerdotes, profetas y sabios que los guíen. Así Ric-ciotti, Trochon, siguiendo la interpretación de San
Efrén y de otros Santos Padres. — 8 Cf. 15:20. — 9 Cf. Sal 7:16; Eclo 11:32; Ecl 10:8; Prov 26:27; Eclo 27 20 — 10 Cf. Sal
109:145.
19. El Cántaro roto, símbolo de la destrucción de Jerusalén.
En este capítulo nos encontramos de nuevo con una parábola en acción, del tipo de la del cinturón
escondido en el río. Por orden de Yahvé, el profeta rompe una vasija de barro que acababa de
comprar ante testigos, para expresar la destrucción de Jerusalén, escogida por Dios como lugar
de su residencia en la tierra. Desde el punto de vista literario no hay unidad, y es necesario
admitir, por lo menos, amplificaciones redaccionales.
El cántaro roto (1-13).
1 Así dice Yahvé: Ve y cómprate una orza de barro y lleva contigo algunos de los ancianos
del pueblo y de los sacerdotes, 2 y sal al valle de Ben-Hinnom, delante de la
puerta de la Alfarería, y pronuncia allí las palabras que yo te diré. 3 Dirás, pues:
Oíd la palabra de Yahvé, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Así dice Yahvé de
los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que traeré sobre este lugar males que a cuantos
los oigan les retiñirán los oídos, 4por haberme dejado a mí y haber enajenado este
lugar, ofreciendo incienso en él a dioses ajenos, que no conocían ni ellos, ni sus padres,
ni los reyes de Judá, llenando este lugar de sangre de inocentes, 5y edificando
los altos lugares a Baal, para quemar sus propios hijos como holocausto a Baal, lo
que yo no había mandado ni me había venido a la mente. 6Por eso, he aquí que vendrán
días — oráculo de Yahvé — en que no se llamará ya a este lugar “Tofet” y
2019
“Valle de Ben-Hinnom,” sino “Valle de la mortandad.” 7 En este lugar frustraré yo
los designios de Judá y de Jerusalén, y los haré caer a espada ante el enemigo y a
mano de cuantos buscan sus vidas, y daré sus cadáveres en pasto a las aves del cielo
y a las fieras de la tierra. 8 Y haré de esta ciudad la desolación y la burla, de modo
que cuantos pasen por ella se asombren y silben irónicamente sobre todas sus heridas.
9 Y les haré comer la carne de sus hijos y de sus hijas, y se comerán unos a otros
en las angustias y apreturas con que les estrecharán sus enemigos, que buscan sus
vidas. 10 Y romperás la orza a la vista de los que te acompañan, 11y les dirás: Así dice
Yahvé de los ejércitos: Así romperé yo a este pueblo y a esta ciudad, como se rompe
un cacharro de alfarero, sin que pueda volver a componerse. 12 Así haré yo con este
lugar y con sus habitantes — oráculo de Yahvé — , con virtiendo a esta ciudad en
un “Tofet”. 13 Las casas de Jerusalén y las de los reyes de Judá quedarán inmundas
como el lugar del “Tofet,” todas las casas en cuyos terrados quemaron incienso a toda
la milicia celeste y libaron a dioses extraños.
Yahvé ordena a Jeremías que baje con algunos ancianos y sacerdotes, como testigos de excepción,
al valle de Ben-Hinnom, o depresión al occidente de Jerusalén, el actual Wady Er-Rababy,
y ge-henna de la tradición rabínica contemporánea de Cristo 2. La puerta de la Alfarería, cuyo
nombre parece persistir en el “campo de la Alfarería” (o Hacéldama), consagrado para lugar de
sepultura de peregrinos 3, es generalmente localizado en la zona de confluencia del Cedrón, el
Tiropeón y Er-Rababy4, donde por la abundancia de agua es fácil que hubiera muchas artesanías
de alfarería. El profeta allí se dirige solemnemente a toda la nación (reyes de Judá y habitantes
de Jerusalén, v.5) 5; y parece levantar enfáticamente su mano desde el valle hacia la colina de
Jerusalén y sus alrededores que estaban enfrente: traeré sobre este lugar (v.3). El Tofet era el
símbolo de todas las abominaciones y transgresiones que habían cometido los habitantes de Jerusalén.
La culminación de la insensatez idolátrica está representada en los sacrificios cruentos de
sus hijos en holocausto a Baal (v.5). Habían llenado aquel lugar de sangre de inocentes, quemando
sus hijos a Moloc 6. Con ello habían enajenado este lugar del Tofet, levantando altares a
dioses extranjeros, abandonando a su Dios nacional. Los v.5-6 reproducen casi a la letra el pasaje
de 7:31-32 (véase su comentario en este lugar). Yahvé se encargará de frustrar las vanas esperanzas
que habían puesto, en los ídolos del Tofet. No los librarán en la hora del castigo (v.7). La
mortandad será general. Todos los que pasen por ese lugar silbarán en son de burla al ver que el
pueblo israelita ha sido abandonado de sus dioses (v.8). En el asedio de la ciudad se darán las
escenas más trágicas, comiéndose mutuamente entre sí los padres y los hijos7.
La rotura de la orza representa la rotura que Yahvé hará con Judá como pueblo. La expresión
sin que pueda volver a componerse (v.11) no debe entenderse en sentido absoluto, sino, como
todas las profecías conminatorias, en sentido condicionado, e.d., supuesto que el pueblo no
se arrepienta y vuelva a Dios.
Los v.12-13 parecen obra redaccional, fuera de contexto, que están mejor en el discurso
sobre el Tofet. Este lugar de la mortandad, al estar lleno de cadáveres, se contaminaba. Así, Jerusalén,
al caer en manos de los enemigos, tendrá sus calles y plazas convertidas en un montón de
cadáveres, quedando, por tanto, inmundas (v.13), como lo era el Tofet o lugar de maldición divina.
El contacto con un cadáver hacía impuro al que lo tocaba. Toda Jerusalén será convertida en
un inmenso cementerio, pues en sus casas hubo prácticas idolátricas: todas las casas en cuyos
terrados quemaron incienso a toda la milicia celeste y libaron a dioses extraños (v.13). Desde
Manases había habido una infiltración de cultos idolátricos en su más variada manifestación: en
el templo 8, en las plazas 9, en las terrazas del palacio real10 y de las casas privadas 11. Sobre todo,
2020
el culto astral (la milicia celeste) estaba muy extendido por influencia asiro-babilónica.
Castigo de Yahvé por la contumacia de Judá (14-15).
14 Y se volvió Jeremías del “Tofet,” donde le había enviado Yahvé para que profetizara,
y se detuvo en el atrio del templo, y dijo a todo el pueblo: 15 Así dice Yahvé de
los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que traeré contra esta ciudad y contra todas las
ciudades que de ella dependen todos los males con que les he amenazado, porque
han endurecido su cerviz y por no haber escuchado mis palabras,
Jeremías había bajado al valle de Ben-Hinnom, junto al Tofet, para destacar el carácter idolátrico
y abominable de aquel lugar; pero con él estaban un reducido número de personas, y era preciso
anunciar la ruina a todo el pueblo de Jerusalén, y por eso sube al atrio del templo (v.14). El castigo
es inevitable por la obstinación en el pecado por parte de Tuda, desoyendo los mandatos de
Yahvé 12.
1 En los LXX falta la frase “Y en Tofet mismo sepultarán, por no haber otro sitio para enterrar,” que está en el TM, y cuyo lugar propio
sería el v.6, donde se reproduce 7:32. — 2 Cf. 7:31- — 3 Cf. Mt 27:8-10. — 4 Cf. Vincent, Jérusalem antigüe p.129 nt..1 — 5
Quizá la frase reyes de Judá y habitantes de Jerusalén sea una expresión redaccional tomada de 17:20, pues los LXX traen todo el
17:20. — 6 Cf. 2 Re 21,16; 24:4” — 7 Cf. Dt 28,53; Lev 26:29. Según Baruc 2:3 y Lam 4:18, estos casos de canibalismo se dieron
realmente en el asedio. 2 Re 6:28 refiere lo mismo con ocasión del asedio de Samaría por los sirios. Flavio Josefo lo relata del
asedio de Jerusalén por Tito (Bell iud. IV 3:4). — 8 Cf. 2 Re 13:4.12. — 9 2 Re 13:12. — 10 Cf. 2 Re 13:12. — 11 Cf. Sof 1:5.
Véase también Estrabón, Geog. XVI 3:26, que habla de este culto en los terrados entre los nabateos. Sobre la milicia celeste cf. Jer
8.2. — 12 Cf. Jer 7:26; 17:32.
20. Jeremías, encarcelado, se queja a Yahvé.
Dos partes se distinguen en este capítulo: a) se relatan los hechos que siguieron al discurso del
profeta en el atrio del templo (1-6); b) Jeremías se desahoga ante Dios por la dura misión a él
confiada (7-18). Esta sección segunda está en verso, mientras que la primera está en prosa.
Encarcelamiento del profeta (1-6).
1 Y Pasjur, sacerdote, hijo de Immer, que era inspector jefe de la casa de Yahvé, oyó
a Jeremías vaticinando estas cosas, 2 e hizo azotar a Jeremías, profeta, y ponerle en
el cepo que hay en la puerta superior de Benjamín, junto a la casa de Yahvé. 3 Y
cuando a la mañana siguiente sacó Pasjur a Jeremías del cepo, le dijo éste: No te
llama Yahvé “Pasjur,” sino “Magor-misabib.” 4 Pues así dice Yahvé: He aquí que te
traeré el terror a ti y a todos tus amigos. Y caerán a la espada de sus enemigos a tus
propios ojos, y entregaré a todo Judá en manos del rey de Babilonia, adonde los llevará
cautivos y los hará morir a espada. 5 Y daré todos los bienes de esta ciudad, todas
sus ganancias, todas sus preciosidades y todos los tesoros de los reyes de Judá en
mano de sus enemigos, que los saquearán y se apoderarán de ellos y se los llevarán a
Babilonia. 6 Y tú, Pasjur, con todos cuantos habitan en tu casa, iréis a la cautividad
a Babilonia, y allí moriréis y seréis sepultados tú y todos tus amigos, a quienes profetizaste
mentiras.
En este incidente, lleno de verismo, podemos ver la tragedia íntima de Jeremías, que, incomprendido,
es considerado como traidor a su pueblo y encarcelado. Pasjur era un nombre no raro
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en su tiempo1. Era de la clase sacerdotal, hijo de Immer, cuya descendencia constituía la decimosexta
clase de sacerdotes2. Después del exilio aparece una familia sacerdotal numerosa con este
nombre 3. Era inspector jefe del templo4, encargado quizá de los servicios de policía del mismo5.
Este, que aparece como seudoprofeta después, quiere dar una lección punitiva a Jeremías para
que no continúe sus predicciones siniestras, desmoralizando al pueblo, que está ilusionado con
resistir a los babilonios apoyado “por supuestas alianzas egipcias. Le manda poner en el cepo,
instrumento de tortura que por la palabra hebrea empleada parece indicar extorsión dé miembros.
Quizá se sujetara a la víctima inclinada con las manos y pies a un tronco de madera 6. La puerta
superior de Benjamín debía de estar al norte de la ciudad, mirando hacia el territorio de la tribu
de Benjamín. Se la llama puerta superior para distinguirla de otra “puerta de Benjamín” que estaba
más al occidente, hacia el Tiro-peón 7.
Al día siguiente de ser libertado, Jeremías severamente le anuncia un castigo. La profecía
desventurada que le anuncia la basa en un cambio de nombre de Pasjur, que en adelante se llamará
Magor-misabib, que quiere decir “Terror por doquier” o “alrededor.” Quizá haya un juego
de palabras entre los dos nombres, pero no sabemos el significado de Pasjur. Probablemente el
nuevo nombre ha sido escogido imaginariamente por Jeremías para expresar la desventura que
espera al tirano Pasjur, como antes cambió el nombre de Tofet en valle de la Mortandad en función
de las escenas de muerte que en él habían de tener lugar. El nuevo nombre puesto al jefe
inspector del templo indicaría el extremo pavor de que será presa él y sus amigos cuando se vean
en la apretura del asedio y después camino del destierro, donde morirán irremisiblemente (v.6).
Quejas del profeta (7-13).
1 Tú me sedujiste, ¡oh Yahvé! y yo me dejé seducir. Tú eras el más fuerte, y fui vencido.
Ahora soy todo el día la irrisión, la burla de todo el mundo. 8 Pues siempre que
hablo tengo que gritar, tengo que clamar: “¡Ruina y devastación!” Y todo el día la
palabra de Yahvé es oprobio y vergüenza para mí. 9 Y aunque me dije: “No me
acordaré de él, no volveré a hablar en su nombre,” es dentro de mí como fuego
abrasador, encerrado dentro de mis huesos, y me he fatigado por soportarlo, pero
no puedo. 10 Pues he oído calumnias de muchos: “¡Terror por doquier!” “Delatadle,
delatémosle”8. Todos mis amigos9 acechan mi traspié: “¡Quizá se deje seducir! y podamos
con él, ¡y nos vengaremos de él!” 11 Pero Yahvé está conmigo como fuerte
guerrero; por eso mis perseguidores tropezarán y no triunfarán, serán enteramente
confundidos, porque no prosperaron, con perpetua ignominia, que nunca se olvidará.
12 Mas, ¡oh Yahvé de los ejércitos! tú que pruebas al justo y penetras los ríñones
y el corazón, que vea yo tu venganza contra ellos, pues a ti te he encomendado mi
causa. 13 Cantad a Yahvé, alabad a Yahvé, pues libra el alma del pobre de la mano
de los malvados.
La misión de Jeremías es tan dura e ingrata, que su alma ya no puede soportarla por más tiempo,
y por eso de nuevo desahoga su alma, quejándose a Dios por haberle puesto tan pesada carga,
que él no ha buscado. En toda su misión no ha cosechado sino escarnios y afrentas. En su desesperación
acusa el profeta a Yahvé de haberle engañador Tú me sedujiste, y “me dejé seducir”
(ν.7). Cuando era joven inexperto, le cargó con una misión que ahora no aceptaría. Se ha aprovechado,
pues, de su inexperiencia 10. La frase es fuerte y radical, al estilo oriental. Lejos de buscar
el matiz, que nosotros expresaríamos diciendo: “Me persuadiste,” se expresa con frases radicales
para resaltar más el contraste de la idea. Lo que quiere el profeta destacar es lo ingrato de su mi2022
sión de intérprete de los designios punitivos de Yahvé sobre su pueblo. Voluntariamente no se
hubiera ofrecido para ello, y sólo por la imposición divina lo aceptó: Tú eras el mas fuerte, y fui
vencido.
Por otra parte, sus vaticinios, al retrasarse su cumplimiento, son considerados por sus
contemporáneos como lucubraciones de su imaginación, y con ello se convierte en objeto de burla
e irrisión (7b). Su misión ha sido siempre ingrata, ya que no le toca anunciar cosas agradables,
sino ruina y devastación para su pueblo (v.8). Con ello tiene que presentarse ante sus conciudadanos
como traidor y enemigo de los intereses de su pueblo: la palabra de Yahvé es oprobio y
vergüenza para mí (v.8b). Es tan dura e ingrata su misión, que en algunos momentos, desfallecido,
quiso substraerse a su cumplimiento (Y aunque me dije: No me acordaré de él, no volveré a
hablar en su nombre., V.9), sin embargo, la imposición divina le ha vencido, pues el callar el
mensaje divino le era un tormento mayor, ya que sentía en sus entrañas como un fuego abrasador,
que penetraba hasta sus huesos y se le hacía insoportable. En otras ocasiones dice que estaba
lleno de la cólera divina. Estos desahogos de Jeremías muestran cómo las profecías verdaderas
no son fruto de reflexiones personales de los profetas, pues hablan contra lo que ellos quisieran
decir si se dejaran llevar de sus sentimientos humanos 12. Sienten que son instrumentos de algo
superior a lo que no pueden substraerse.
A continuación refleja la conducta de sus adversarios, que buscan una ocasión de denunciarle
(v.10). La frase terror por doquier es considerada generalmente como glosa redaccional
posterior, tomada del ν.3. Incluso sus amigos (lit. “los hombres de mi paz,” es decir, con los que
vive en paz) le acechan, esperando un traspié. Le habían abandonado, y, aunque se mostraban
corteses exteriormente, sin embargo, hacían causa común contra el.
Jeremías, por toda respuesta, hace un acto de confianza en Yahvé. Se siente bajo la protección
de su Dios, que le ha enviado, y esto le da fuerza contra todo. En realidad, Yahvé es
un fuerte guerrero que está a su lado, y, por tanto, desbaratará los planes de sus perseguidores,
que serán confundidos al verse fracasados en sus planes de eliminarle. Yahvé es en realidad el
que conoce los secretos de los ríñones y el corazón (v.12), e.d., los íntimos pensamientos urdidos
en la zona misteriosa de la conciencia humana; por eso debe conocer las tramas injustas de sus
enemigos. El profeta, en una confesión muy humana, desea ser testigo del castigo sobre sus perseguidores,
y confía su causa judicial a Dios mismo.
Este v.12 y el 13 tienen un carácter netamente salmódico, y quizá sean obra de un redactor
de la época sapiencial.
Imprecaciones del profeta (14-18).
14 Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me parió no sea bendito. 15
Maldito el hombre que alegre anunció a mi padre: “Te ha nacido un hijo varón,”
llenándole de gozo. 16 Sea ese hombre como las ciudades que Yahvé destruyó sin
compasión, donde por la mañana se oyen gritos, y al mediodía alaridos. 17 ¿Por qué
no me mató en el seno materno, y hubiera sido mi madre mi sepulcro, y yo preñez
eterna de sus entrañas? 18 ¿Por qué salí del seno materno para no ver sino trabajo y
dolor y acabar mis días en la afrenta ?
La belleza incomparable de este fragmento se sobrepone al efecto que en el lector pudiera evocar
el radicalismo de los deseos y afirmaciones del profeta. La reacción del profeta parece desesperante,
y es un crescendo sobre lo anterior, en que culpa a Dios de su tragedia. Se halla sumergido
en un profundo aburrimiento de vivir; quisiera no haber nacido. Las frases son cortantes y abso2023
lutas y reflejan la situación de su alma, angustiada y apesadumbrada por tanta desventura. Su debilidad
humana aparece descrita con honesta desnudez. La falta de luces sobre una vida de ultratumba
explica ese estado de desesperación, incomprensible en nuestra sensibilidad cristiana. La
sobrenaturalización del dolor en su sentido de purificador de las propias faltas y aun redentivo de
las ajenas es una adquisición del Ν. Τ. Α nosotros, ante tales desahogos humanos del profeta, no
nos queda sino “respetar el drama íntimo de un alma grande purificada y fortalecida por el sufrimiento”
17. Se puede admitir la hipérbole en las crudas expresiones del profeta 14. Sus expresiones,
reflejo de un alma dolorida en extremo, no han de tomarse al pie de la letra, sino como eco
de su profunda e íntima tragedia. Sus invectivas son figuras retóricas admitidas en las literaturas
universales.
Como su vida no ha sido sino una cadena ininterrumpida de dolores, se pregunta enfáticamente
si no hubiera sido mejor no haber nacido: Maldito el día en que nací (v.14). Sus imprecaciones
son expresiones de dolor, no de odio: Maldito el hombre que alegre anunció a mi padre:
“Te ha nacido un varón” (v.15). La alegría natural que proporciona la aparición de un vastago
masculino no tiene razón de ser en su nacimiento, ya que es el principio de las desdichas.
Entre los orientales, el nacimiento de un varón tiene un sentido de regocijo inmenso, pues es un
motivo de orgullo entre los del propio clan. Es el fruto pleno de la bendición de Dios. En cambio,
el nacimiento de una niña es recibido con frialdad y resignación 15. El mensajero de quien habla
el profeta es creado ficticiamente para hacerle objeto de las invectivas. En su deseo de no haber
nacido, hubiera querido que el mensajero de la nueva alegre de su nacimiento hubiera desaparecido
como las ciudades que Yahvé destruyó (v.16), e.d., Sodoma y Gomorra, cuyo castigo quedó
como ejemplo de exterminio total en la literatura bíblica 16. Todo en ellas es terror y sobresalto:
por la mañana se oyen gritos, y al mediodía alaridos (v.16). De nuevo vuelve a expresar el tedio
de haber nacido (ν.17-15). Las expresiones han de entenderse en su alcance retórico, sin que ellas
impliquen deseo efectivo de lo expresado en ellas 17. Su vida era tan triste, que no merecía haberse
vivido.
1 Cf. Jer 21:1. — 2 Cf. i Crón 24:14- — 3 Cf. Esd2:37; Neh7:40. — 4 Cf. Jer 28:25-26; 29:26. — 5 Cf. i Crón 263; 2 Crón 27:14: 23:19; 8:14. — 6
Cf. Job 13:27. — 7 Cf. Jer 37:12; 38,7. — 8 Otros traducen: “anunciadlo.” — 9 Lit. “todo el que me saluda,” — 10 Cf. Jer 1:6. — 11 Cf. Jer
15:17; 4:19-21. — 12 Cf. 2 Pe 1:21. — 13 Vittonato, II libro di Geremia p.252. — 14 In leremiam Prophetam, ad locum. — 15
Cf. Jaussen, Coutumes Palestiniennes I (Naplouse) p.ags. — 16 Cf. Gen 19:21; 25:19; Is 1:9. — 17 Cf. Job 10:18; 1 Mac 2:7;
Eclo 30:17.
21. Embajada de Sedecías a Jeremías.
La justicia social.
Los c.21-24 constituyen como un apéndice a la primera colección de oráculos de Jeremías. En
ellos se refieren intervenciones de Jeremías en diversas circunstancias relacionadas con problemas
nacionales. El c.21 se divide en dos partes: a) respuesta de Jeremías al rey Sedecías (1-10);
b) exhortación a la justicia (11-14).
Embajada del rey Sedecías al profeta (1-2).
1 Palabra de Yahvé que llegó a Jeremías cuando el rey Sedecías le envió a Pasjur,
hijo de Malaquías, y a Sofonías, sacerdote, hijo de Maasías, para que le dijeran:
2Consulta a Yahvé acerca de nosotros, pues Nabucodonosor, el rey de Babilonia, nos
hace la guerra. Quizá haga Yahvé con nosotros según todos sus prodigios, y (aquél)
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tenga que retirarse de nosotros.
Las circunstancias históricas en que se desenvuelve este relato son muy diferentes de las de los
capítulos anteriores. Ha muerto el rey Joaquim, que trató siempre hostilmente y con desprecio a
Jeremías. Las tropas de Nabucodonosor habían obligado a rendirse al rey Joaquín (o Jeconías),
hijo del anterior, llevando en cautividad a una gran masa de la población. Durante doce años reina
en Judá — con anuencia del vencedor babilonio — Sedecías (o Matanías), hermano de Joaquim,
hijo de Josías. Los anuncios punitivos de Jeremías se han cumplido en parte con la deportación
del 598, y con ello el profeta gana más crédito entre los que rodean a Sedecías, si bien siguen
su política humana de buscar alianzas extranjeras, en contra de las advertencias del profeta
de Anatot. A éste se le considera como un perpetuo aguafiestas; pero, cuando llegan las circunstancias
críticas, los ojos del rey y de la corte se vuelven hacia él como intérprete de la voluntad
divina. Es un reconocimiento pasajero de su cualidad de enviado de Dios y una ligera compensación
a las incomprensiones que había tenido que hacer frente en años anteriores.
El recuerdo de la liberación milagrosa de Jerusalén, asediada por las tropas de Senaquerib
(701), hacía concebir fundadas esperanzas en una nueva intervención de la omnipotencia divina.
Por eso, el rey envía una embajada para que Jeremías interviniera ante Yahvé por su pueblo. El
enemigo está cerca y amenaza caer como una tromba sobre el país. Es, pues, hacia el 588 cuando
tuvo lugar esta embajada. Entre los comisionados figura un tal Pasjur, distinto del mencionado
en 20:1. Aparece más tarde como oficial de la corte 1. Sofonías vuelve a aparecer más tarde 2.
Los dos comisionados piden al profeta que consulte a Yahvé sobre los asuntos del rey y del pueblo.
No se trata sólo de una consulta sobre el resultado de la guerra, que ya es inevitable, sino
que le insinúan que interceda ante Yahvé por ellos para que use de misericordia 3. Un siglo antes,
el rey Ezequías había enviado una embajada en el mismo sentido al profeta Isaías 4. Sin duda que
Sedecías pensaba en este hecho cuando envió a sus emisarios, y esperaba que el resultado fuera
semejante: la liberación de Jerusalén de sus enemigos. En efecto, la situación era muy crítica,
pues las tropas de Nabucodonosor se acercan hostiles al reino de Judá (v.2). Esta vez su ataque
es más temible, y no tendrá conmiseración con los habitantes de Judá, pues se han rebelado contra
él, sin haber sacado lección del escarmiento del 598. El gran conquistador babilónico, hijo
de Nabopolasar (625-605), después de haber vencido a los asirios, había extendido las fronteras
hasta Egipto, y era de capital importancia el dominio de la costa siró-fenicio-palestina, como
avanzada contra los faraones, replegados a sus fronteras. Ante un tal enemigo, vencidos o alejados
los ejércitos egipcios, no le queda al rey Sedecías, confiado en éstos, sino recurrir a la omnipotencia
de Yahvé para que renueve sus prodigios (v.2), alusión a la liberación de Jerusalén del
ejército de Senaquerib en el 701.
Respuesta de Jeremías (3-10).
3 Y Jeremías les respondió: “Así diréis a Sedecías: 4Esto es lo que dice Yahvé, Dios
de Israel: He aquí que yo haré volver las armas que lleváis en vuestras manos, con
las cuales peleáis contra el rey de Babilonia y los caldeos, que os asedian fuera de las
murallas, y las reuniré en medio de esta ciudad. 5Y yo, yo mismo lucharé contra vosotros
con mano extendida, con poderoso brazo, con ira, cólera e indignación grandes.
6Y heriré a los moradores de esta ciudad, hombres y animales, y morirán de
una gran peste. 7 Y después de esto — oráculo de Yahvé — , a Sedecías, rey de Judá,
y a sus servidores y al pueblo, a cuantos en esta ciudad se salven de la peste, de la
espada y del hambre, los pondré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y
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en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan su vida, que los pasarán a
filo de espada sin compasión, sin piedad, sin misericordia. 8Y a ese pueblo le dirás:
Así habla Yahvé: Mirad, os doy a elegir entre el camino de la vida y de la muerte.
9Los que se queden dentro de esta ciudad, morirán por la espada, por el hambre y
por la peste. Los que se salgan y se entreguen a los caldeos que os cercan, vivirán, y
tendrán por botín la vida salva. 10Porque he puesto mi rostro sobre esta ciudad para
mal, no para bien — oráculo de Yahvé — , y la haré caer en manos de Nabucodonosor,
rey de Babilonia, que la dará al fuego.”
La respuesta de Jeremías es totalmente diferente de la dada por Isaías a los enviados del rey Ezequías
5. La maldad del pueblo elegido ha llegado a su colmo, y la paciencia divina a su límite. Ha
llegado la hora en que desaparecerá Jerusalén como desapareció Samaría, capital del reino del
Norte bajo Sargón (721). Yahvé, lejos de ayudarles y salvarlos, en esta ocasión hará volver las
armas que los soldados llevan, luchando fuera de la ciudad contra los invasores, a Jerusalén
(v.4). Es decir, que tendrán que replegarse dentro de los muros. Y no sólo tendrán como enemigos
a los soldados de Nabucodonosor, sino que Yahvé mismo luchará contra ellos con mano extendida,
e.d., amenazadora6, enviándoles la peste (v.6). Naturalmente, aquí no se excluyen las
causas segundas naturales. En la mente profundamente religiosa de los profetas es siempre Yahvé
el que envía directamente los flagelos, y entre ellos los clásicos de peste, hambre y espada 7.
Esto por lo que se refiere a los asediados, aunque los que logren salir no tendrán mejor suerte,
pues todos perecerán. La respuesta, pues, a los emisarios del rey no pudo ser más descorazonadora.
Los de la corte eran los principales responsables de la catástrofe, y debían sufrir el castigo
divino en toda su crudeza.
En cambio, al pueblo sencillo, Jeremías todavía le da una esperanza de salvación: la de
someterse a los invasores caldeos sin hacer resistencia. Les da a elegir el camino de la vida o de
la muerte (v.8). La frase está calcada en Dt 30:15, aunque con diferente sentido, ya que en este
lugar se trata de la entrega a la alianza de Yahvé, para ser feliz, o de seguir los caminos de la idolatría,
con las consecuentes maldiciones de Yahvé. En Jeremías se trata de salvar la vida o
morir. Si se entregan, tendrán la vida por botín (V.9), salvando lo que el hombre más aprecia,
aunque pierda todas las demás cosas 8; en dichas circunstancias críticas, salvar la vida se considerará
como la máxima ganancia o botín. Y después añade el profeta que la catástrofe se debe al
mismo Yahvé, que ha enviado el castigo. La expresión he puesto mi rostro sobre esta ciudad
(v.10), aquí tiene un sentido de amenaza, como si Dios fijara especialmente, su atención sobre
Jerusalén para mal9. En otras ocasiones es, para bien10. Ahora Yahvé tiene un interés especial,
pero para su desventura: la haré caer en manos de Nabucodonosor., que la dará al fuego, predicción
que se verificó a la letra 11.
Invitación a la justicia (11-14).
11 Y a la casa del rey de Judá (d1): Oíd la palabra de Yahvé, 12 casa de David: Así
dice Yahvé: Haced de mañana justicia, librad al expoliado de la mano del opresor,
no sea que brote como fuego mi ira y se encienda, y no haya quien la apague, por la
maldad de vuestras obras. 13 He aquí que a ti me dirijo, morada del valle, roca de la
llanura — oráculo de Yahvé — . A vosotros que decís: ¿Quién descenderá sobre nosotros
y quién penetrará en nuestras guaridas? 14 Yo os daré la paga según el fruto
de vuestras obras — oráculo de Yahvé — , y prenderé fuego a su bosque y devorará
todos sus alrededores.
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Los v.11-12 son una invitación a los cortesanos para que administren justicia diariamente sin
desmayar. La expresión de mañana (v.12) indica la presteza con que deben ejercer la justicia,
preocupándose desde la aurora de ella como la cosa más importante y acuciante del día. De lo
contrario no se hará tardar la ira divina, ya que la maldad de sus obras está clamando imperiosamente
por una intervención justiciera.
Los v.13-14 incluyen una profecía contra Jerusalén. La capital de Judá, asentada sobre un
promontorio rocoso, rodeada de valles por todas partes, menos por el norte, se sentía segura ante
cualquier expugnación enemiga: ¿Quién descenderá sobre nosotros? (v.13b). Se la llama moradora
del valle y roca de la llanura porque se levanta como una roca sobre la llanura y está rodeada
de los valles del Cedrón, al este, y el Er-Rababy, al occidente, que se juntan al sur de la
ciudad, siendo por ello inexpugnable por la parte de estas depresiones profundas 12. Sus habitantes,
pues, se creían seguros. Pero será su mismo Dios el que abrirá sus puertas a los enemigos y
prenderá fuego a su bosque (v.14). Jerusalén, con sus casas y palacios cuajados de columnas de
cedro, es presentada como un bosque, en el que fácilmente hacen presa las llamas, quemando
todos sus alrededores.
1 Cf. Jer 38:1. — 2 Cf. 29:253; 37:3. — 3 Cf. 37:3. — 4 Is 37:36, — 5 Cf. Is 37:6ss. — 6 Cf. Ex 6:6; Dt 4:34; 5:15; 26:8; Is 9:11;
16:20. — 7 Cf. Ap 6:3-8; Jer 14:12; 24:10; 27:13; Ez 6:11; — 8 Cf. Job 2:4; Jer 38:2; 45:5- — 9 Cf. Lev 17:10; Am 9:4; Jer
44:11.; 12:16. — 10 Cf. Jer 24:6. — 11 Cf. Jer 39,8. — 12 Cf. Lam 4:12; Jer 5:12. Véase también VINCENT, Jérusalem antigüe
p.122.
22. Profecías sobre los Reyes de Judá.
En este capítulo se reúnen una serie de oráculos dirigidos a la, casa real, en los que se exhorta al
cumplimiento de la Ley y sus observancias. Yahvé mantendrá sus promesas si el pueblo vuelve a
El y es fiel a sus mandatos.
Exhortación a practicar la justicia social (1-5).
1 Así dice Yahvé: Baja a la casa del rey de Judá y pronuncia allí estas palabras:
2Dirás, pues: Oye la palabra de Yahvé, rey de Judá, que te sientas en el trono de David,
tú, tus servidores y tu pueblo, los que entráis por estas puertas. 3Así dice Yahvé:
Haced derecho y justicia, librad al expoliado de la mano del opresor y no vejéis al
extranjero, al huérfano y a la viuda; no hagáis violencia y no derraméis en este lugar
sangre inocente. 4 Si fielmente cumplís estos mandatos, entrarán por las puertas de
esta casa reyes que se sienten en el trono de David, montados en carros y caballos,
ellos, sus servidores y su pueblo. 5 Pero, si no oís estas palabras, por mí mismo lo juro,
oráculo de Yahvé, que este palacio se trocará en ruinas.
Este fragmento es muy similar al de 21:11-12. El contenido es el mismo. El profeta es enviado al
palacio real para transmitir un mensaje admonitorio a la corte, en el sentido de que, si no se practica
la justicia con los oprimidos, vendrá indefectiblemente la ruina para la dinastía davídica. Los
palacios reales estaban en la parte meridional de la gran explanada del templo. Jeremías, pues,
que recibiría la comunicación divina en el templo, tiene que descender para comunicar el oráculo
al rey y sus cortesanos. En el palacio real estaba el aula de justicia, donde tenían su asiento los
tribunales. El contenido del mensaje tiene relación con la administración de justicia. Podemos
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suponer, pues, a Jeremías hablando públicamente en uno de los atrios que daban acceso al palacio
real propiamente tal. Quizá se detuvo a la entrada del aula de justicia, presenciando el desfile
de gentes pobres y sencillas que iban a reclamar sus derechos ante los tribunales. No es necesario
suponer que el profeta hablase directamente al rey. La frase oye la palabra de Yahvé, rey de Judá
(v.2), tiene un sentido amplio, de forma que bastaba que se dirigiese solemnemente en el auditorio
general al rey para que los oyentes se lo retransmitieran.
Jeremías pide en su mensaje que se haga derecho y justicia (v.5), es decir, que se juzgue
conforme a las exigencias equitativas de la Ley dada por Yahvé, sin dejarse ganar por dádivas ni
favores. Ante todo deben mirar por los intereses de los socialmente abandonados y débiles, como
el extranjero, el huérfano y la viuda, expresión estereotipada tradicional en la literatura profética,
que declaraba el profundo sentido social de la ley mosaica1. Sobre todo, debe evitarse todo lo que
suponga violencia. El rey había hecho matar al profeta Urías, y quizá la expresión no derraméis
en este lugar sangre inocente aluda a ello y a otras violencias cruentas que eran características
del reinado de Joaquim (609-598). Por otra parte, puede haber en la frase una alusión a los sacrificios
de niños inocentes en el Tofet a dioses extranjeros2.
El v.4 es casi igual a 17:25, y puede ser una adición redaccional posterior 3. Yahvé profiere
un juramento solemne (juro por mí mismo” v.5) de que, si no se cumplen sus preceptos,
condenará los palacios reales a la ruina total. La expresión del juramento de Yahvé es enfática.
Los hombres juran por Dios, pero Yahvé jura por sí mismo como máxima garantía del cumplimiento
de la profecía conminatoria.
La ruina del palacio real (6-9).
6 Pues así dice Yahvé del palacio del rey de Judá: Eres para mí como (el monte) de
Galaad, (como la) cumbre del Líbano. Ciertamente te haré un desierto, ciudad inhabitada.
7 Yo consagraré contra ti devastadores, cada uno con sus armas, y talarán
tus cedros más selectos y los arrojarán al fuego. 8 Y pasarán muchas gentes ante esta
ciudad, y se dirán unos a otros: “¿Por qué ha tratado así Yahvé a esta gran ciudad?”
9 y dirán: “Porque abandonaron la alianza de Yahvé, su Dios, y adoraron
dioses ajenos y les sirvieron.”
El presente oráculo se refiere a la ruina de la dinastía, de la que el palacio real es un símbolo.
Los habitantes de Jerusalén se sentían orgullosos de sus espléndidas construcciones reales, realizadas
por el megalómano Salomón. Pero esto no ha servido sino para crear un clima de orgullo y
de desobediencia en su Dios. Han creído que sus obras les bastaba para permanecer como pueblo
en la historia sin ayuda de Yahvé. Pero ha llegado la hora de la manifestación airada de su Dios
abandonado, y todo aquello que constituía el íntimo orgullo de los israelitas desaparecerá como
un soplo. La frase del profeta puesta en boca de Yahvé es irónica. La grandiosidad y suntuosidad
de las construcciones reales aparecen ante Dios como el monte de Galaad (famoso por sus florestas)
4 y como el Líbano, por las numerosos cedros empleados en los palacios (una de sus salas
se llamaba enfáticamente “casa del bosque del Líbano,” por sus numerosas columnas y artesonados
de cedro del Líbano) 5. Pero esta su grandiosidad aparente, motivo de orgullo nacional, desaparecerá
como un soplo, pues Yahvé lo va a convertir en un desierto (v.6b). Los enemigos actuales
de Judá, lejos de ser rechazados por Yahvé, serán impulsados por El contra Jerusalén, como
instrumentos de su justicia vengadora. La frase yo consagraré contra ti devastadores (v.7)
equivale a “tomaré como instrumentos míos” a los invasores babilónicos, que como tales luchan
en una guerra “santa,” y en este sentido son santificados o consagrados para el combate6.
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Los v.8-9 se refieren a la ciudad. La perspectiva de la catástrofe se alarga para hacer resaltar
más la impresión de ruina y desolación. En todo caso, el profeta quiere hacer constar que
toda esta catástrofe no ha tenido otra causa que la apostasía general y la idolatría (v.9).
Anuncio de la cautividad perpetua del rey Joacaz (10-12).
10 No lloréis por el muerto ni hagáis duelo por él. Llorad amargamente por el que se
va, porque no volverá más ni verá la tierra en que nació. 11Porque así dice Yahvé de
Sellum, hijo de Josías, rey de Judá, que sucedió a su padre, Josías, y que salió de este
lugar: No volverá ya más; 12 morirá en el lugar a que ha sido llevado cautivo y no
volverá a ver más esta tierra.
El rey Joacaz, llamado también Sellum 7, había sido elegido rey por el pueblo después de la trágica
muerte de Josías en la batalla de Megiddo (609), donde quiso oponerse al faraón Necao II de
Egipto, que iba en auxilio de los asirios, en trance de sucumbir ante la coalición babilónica (dirigida
por Nabopolasar) y media (acaudillada por Ciaxares). Después de un precario reinado de
tres meses, fue depuesto por Necao II, que volvía victorioso, el cual puso en su lugar a su hermano
Eliaquim, al que cambió el nombre en Joaquim, quien reinó hasta el 598. Joacaz fue llevado
en cautividad por el faraón egipcio. El duelo por el piadoso rey Josías, muerto trágicamente, fue
general, y Jeremías anuncia a su pueblo que aún le espera otra desgracia, otro duelo nacional: No
lloréis por el muerto (Josías)., llorad por el que se va (v.10). En efecto, Joacaz había sido llamado
por Necao II a Ribla, en Siria, y el resultado fue su deposición como rey, siendo llevado cautivo
a Egipto 8.
Recriminación contra el rey Joaquim (13-19).
13 ¡Ay del que edifica su casa sin justicia, sus salones altos sin derecho, haciendo trabajar
a su prójimo de balde, sin darle el salario de su trabajo! 14 El que dice: Voy a
hacerme una casa espaciosa, con amplias salas, de rasgadas ventanas, con artesonados
de cedro, pintados de rojo. 15 ¿Reinas, acaso, para rivalizar en obras de cedro?
¿No comía y bebía tu padre y hacía derecho y justicia, y todo le iba bien? 16 Hacía
justicia al pobre y al desvalido, y todo le iba bien. ¿No es esto conocerme? oráculo de
Yahvé. 17 Pero tú no tienes ojos ni corazón más que para buscar tu interés, para derramar
sangre inocente, para oprimir y hacer violencia. 18 Por eso así dice Yahvé de
Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá: No le lamentarán: ¡Ay hermano! ¡Ay hermana!
No le plañirán: ¡Ay Señor! ¡Ay majestad! 19 Sepultura de asno será la suya,
arrastrado y tirado fuera de las puertas de Jerusalén.
El profeta lanza una invectiva contra el impío rey Joaquim, hermano y sucesor (impuesto por
Necao I1) de Joacaz. Favoreció el sincretismo religioso, dando cabida a cultos idolátricos junto
al legítimo de Yahvé. Jeremías tuvo que luchar constantemente contra su política destructiva y
materialista. En cierta ocasión, el rey mandó quemar las profecías de Jeremías 9. Quizá fue en
esta ocasión cuando pronunció el profeta este oráculo contra él, hacia el 605 a.C. Jeremías le
echa en cara con valentía sus atropellos sociales, pues se dedica a hacer construcciones fastuosas
sin pagar debidamente a sus subditos (ν.13). Su conducta era semejante a la de los omnipotentes
tiranos de Mesopotamia y Egipto, que en su megalomanía gastaban los recursos de la nación en
palacios suntuosos, utilizando la mano gratuita de los esclavos. Los salones superiores son los
compartimientos que sobre la terraza se edificaban para que se respirara mejor el aire fresco de la
2029
costa mediterránea.
Pero esta megalomanía no tiene sentido, pues el verdadero oficio del rey no es precisamente
hacer ostentación de un lujo desbordado: ¿Reinas para rivalizar en obras de cedro?
(v.15). La frase es irónica. La verdadera grandeza de un rey está en la sabia administración de la
justicia (v.16), como hacía su padre, el piadoso Josías, y Dios le bendecía: y todo le iba bien. La
expresión comía y bebía (v.15b) indica los placeres honestos y lícitos de una vida ordenada10. A
Josías nada le faltaba, y su preocupación era más elevada: la de hacer justicia a sus subordinados.
Al cumplir los preceptos de equidad impuestos por la Ley, Josías mostraba conocer las intenciones
de Yahvé, y mostraba prácticamente que el verdadero camino era buscar la protección divina
cumpliendo sus mandamientos: ¿No es esto conocerme? oráculo de Yahvé (v.16) 11.
La conducta de Joaquim es totalmente opuesta a la de su padre, ya que, despreciando los
intereses de Dios y de su pueblo, no busca sino los suyos propios (v.17), sin parar ante la opresión
y el homicidio si le conviene.
El castigo será inmediato y terrible. Morirá sin que nadie se lamente por él (v.18). Por Josías
había habido un sentido duelo general; en cambio, él será enterrado como un asno (v.16), sin
que nadie se acuerde de él ni le haga los oficios fúnebres. Será su cadáver arrojado fuera de las
puertas de Jerusalén para pasto de las aves del cielo y de las bestias del campo12. ¿Cómo se
cumplió esta profecía? Según 2 Re 24:6, el rey Joaquim “se durmió con sus padres,” fórmula que
se suele aplicar a la defunción normal de los reyes de Israel. No se dice nada de su sepultura 13.
No obstante, la fórmula “se durmió con sus padres” es aplicada también a la muerte de Acab, que
murió violentamente en su carro de batalla 14. Por eso no se excluye una muerte violenta de Joaquim,
que murió joven, a los treinta y seis años, en el asedio de Jerusalén del 598 por las tropas
de Nabucodonosor. Quizá su cadáver quedó sin sepultura por algún tiempo, o su sepulcro fue
violado por las tropas babilonias. En todo caso, quizá haya que mantener en la profecía de Jeremías
sólo lo sustancial, es decir, que Joaquim moriría sin gloria, odiado de su pueblo, que no
haría lamentaciones públicas por él. Y entonces la frase una sepultura de asno será la suya
habría que entenderla en sentido amplio. No es improbable que Joaquim haya muerto víctima de
una insurrección popular por haber lanzado a su pueblo a la aventura de enfrentarse con el ejército
de Babilonia, y que su cadáver haya sido arrastrado fuera de las puertas de Jerusalén (V.19),
o que su sepulcro haya sido violado por las tropas asaltantes, como lo hizo Asurbanipal con el
del rey de Elam.
Suerte trágica de los reyes de Jada (20-23).
20 Sube al Líbano y grita, y sobre Basan alza tu voz, y clama desde Abarim, pues todos
tus amantes han sido destruidos. 21 Te hablé en tiempo de tu prosperidad, y tú
dijiste: No escucharé. Este ha sido tu proceder desde tu mocedad: no escuchaste mi
voz. 22 A todos tus pastores, el viento los apacentará, y tus amantes serán llevados
cautivos. Entonces te avergonzarás y sonrojarás por todas tus maldades. 23 Tú, que
te asientas en el Líbano y anidas en los cedros, ¡cómo gemirás cuando te sobrevengan
dolores, torturas como de parto!
En esta sección se predice la suerte trágica de los dirigentes de Judá. El profeta se dirige a Judá,
personificada en una dama que queda sola en su desgracia dando gritos de dolor. No sabemos
cuándo fue compuesta esta perícopa. Hay autores que la ponen en los primeros años de Joaquim,
cuando aún Jerusalén se sentía segura. Otros, en cambio, creen que la composición data de una
fecha posterior a la primera cautividad del 598 15. El profeta invita a Jerusalén a que suba a las
2030
cimas más altas que rodean Palestina, el Líbano al norte, Basan al nordeste y el Abarim al sudeste
16, para dar rienda a su dolor, comunicándolo en todas las direcciones, y para contemplar a sus
aliados o amantes destruidos.
Yahvé había amonestado con tiempo a Judá cuando aún estaba en tiempos de prosperidad
(v.21) y se sentía segura, sin temor a las invasiones de enemigos extranjeros. Pero, orgullosa,
no quiso obedecer: No escucharé. Y esta conducta es inveterada en Israel: desde tu mocedad no
escuchaste mi voz (v.21b). Desde los primeros tiempos de su vida nacional en Canaán, ya Israel
abandonó a su Dios, yendo tras de dioses ajenos.
La catástrofe nacional aventará a todos los dirigentes o pastores del pueblo elegido
(v.22). En la frase hebrea el viento los apacentara hay un juego de palabras. El sentido es que,
así como los pastores dirigen y empujan a sus ganados hacia los pastos, así un viento devastador
(el ejército babilonio, que vendrá del desierto como un huracán o simún) 17 los apacentara, e.d.,
los obligará a emigrar hacia nuevos pastos. Es el anuncio de la cautividad. Y participarán de esta
suerte del exilio sus amantes, o aliados extranjeros.
De nuevo el profeta echa en cara la falsa seguridad que se ha forjado Judá. Se cree segura
como un pájaro inaccesible al cazador en la copa de los árboles más altos, como los cedros: tú
que te sientas en el Líbano y anidas en los cedros (v.23). Quizá se aluda en esta comparación a la
fastuosidad de los palacios con sus artesonados de cedros del Líbano, símbolo de su falsa seguridad
y prosperidad material. Pero llegará la hora del castigo divino, y entonces gemirá con torturas
de parto 18.
Oráculos contra el rey Joaquín (24-30).
24 Por mi vida — oráculo de Yahvé — que, si fuera Jeconías, hijo de Joaquim, rey de
Judá, el anillo de mi mano derecha, de allí lo arrancaría. 25 Yo te entregaré en manos
de los que buscan tu vida, en manos de aquellos a quienes temes, en manos de
Nabucodonosor, rey de Babilonia; en manos de los caldeos; 28y te arrojaré a ti y a la
madre que te engendró a tierra extraña en que no nacisteis, y allí moriréis. 27 Pero a
esta tierra que con toda su alma querrán volver, no volverán. 28 ¿Es, pues, este
hombre, Jeconías, un utensilio despreciable y quebrado, un vaso que a nadie agrada?
¿Por qué han sido rechazados él y su progenie, y arrojados a tierra a ellos desconocida?
29 ¡Tierra, tierra, tierra! oye la palabra de Yahvé. 30 Así dice Yahvé: Inscribid
a ese hombre: “Sin hijos, varón que no prosperará en sus días,” pues no logrará
de su estirpe un varón que se siente en el trono de David y reine sobre Judá.
Estos oráculos hay que situarlos durante el asedio de Jerusalén, en el 598-97, pues Jeconías sucedió
a su padre Joaquim ya cuando la capital se hallaba sitiada por las tropas de Nabucodonosor.
Jeconías o Joaquín reinó sólo tres meses, siendo llevado en cautividad, donde murió después
de una vida triste. Los contemporáneos creían que el invasor babilónico se contentaría con una
sumisión externa, permitiendo al joven rey, recién entronizado, continuar como soberano en Jerusalén.
El profeta quiere disipar estas vanas ilusiones. La suerte del rey será muy trágica. La expresión
es enérgica: por mi vida — oráculo de Yahvé — (v.24), y con su carácter solemne indica
la irrevocabilidad de la sentencia divina de mandar al exilio a Jeconías 19. La decisión de castigar
al joven soberano es tan firme, que, aunque éste fuera la cosa más querida (el anillo de mi mano
derecha, v.24), se desprenderá de él. En la antigüedad, el anillo era el instrumento de autenticar
los documentos, como hoy los autógrafos. De ahí que se le guardase con el máximo cuidado,
como algo inherente a la personalidad; por eso era intransferible. Se aplicaba sobre la arcilla de
2031
las tabletas cuneiformes en los contratos como signo de autenticidad. Yahvé, pues, está tan decidido
a deshacerse de Jeconías, que, aunque fuese su anillo personal, lo abandonaría 20.
En efecto, lo entregará en manos de Nabucodonosor y sus huestes, para ser llevado al
destierro, sin esperanza de retorno, junto con su madre, Nesuta, responsable también de la catástrofe
por no haber aconsejado bien a su hijo 21. Jeremías siente profunda compasión por la suerte
del joven Jeconías, que va a ser arrojado como utensilio despreciable (v.28) e inservible. Las palabras
del profeta tienen un acento elegiaco. Jeconías acaba de estrenarse como rey y va a ser
desechado como vaso de alfarero recién hecho, que no agrada a sus compradores y es arrojado
entre los desperdicios. Jeconías y su progenie serán arrojados, camino del cautiverio, hacia tierra
desconocida. Esto enardece al profeta, el cual enfáticamente lanza un triple apostrofe: ¡Tierra,
tierra, tierra! para dar mayor solemnidad y llamar la atención de sus oyentes sobre el contenido
de su predicción: Inscribid ese nombre: “Sin hijos.” (ν.3ο). Entre los habitantes de Jerusalén
había excesivas ilusiones sobre una próxima derrota de Babilonia, y esperaban que los cautivos
exilados en el 598 volverían pronto a su tierra. Pero el profeta les anuncia que ni Jeconías ni sus
descendientes se sentarán sobre el trono de David. Por eso, en las tablas genealógicas pueden
muy bien inscribir el nombre del rey Jeconías con la añadidura de sin hijos (v.30). Sabemos que
Jeconías tuvo varios hijos en el destierro 22, pero ninguno de ellos logró ser investido con la dignidad
real davídica. El sucesor de Jeconías fue su tío paterno Sedecías o Matanías. Zorobabel,
aunque descendiente de Jeconías, no fue rey, sino simplemente dirigente de los exilados en su
retorno a la patria. Sólo el Mesías, Jesús, descendiente de Jeconías, inaugurará un nuevo reinado
totalmente diferente del tradicional davídico. El horizonte es totalmente nuevo, y, por consiguiente,
la etapa desborda las concepciones tradicionales sobre un rey de la dinastía davídica
sentado en un supuesto reino terrenal de Jerusalén.
1 Cf. Jer 7:5. — 2 Cf. Jer 7:31; 19:5- — 3 Cf. Jer 7:5; 17:24. — 4 Cf. Is 2:13; 23:9; Nah 1:4; Zac 11:2; Jer 8:22; 46:11. — 5 Cf. 1 Re
7:2. — 6 Cf. Jer 6:4; Is 13:3. — 7 Cf. 1 Crón 3 :1s. — 8 Sólo aquí y en i Crón 3:15 se llama Sellum a Joacaz. Quizá al subir al trono
cambió su nombre, como su hermano Joaquim (antes Eliaquim). — 9 Cf. Hab 2:6.9.12.17. — 10 Cf. Ecl 2:24; 3:13. — 11 Cf.
Jer 9:23-24. — 12 Cf. Jer 15:3; 7:33; 36:30. — 13 En la versión de los LXX se dice que fue sepultado con sus padres en la ganozae,
palabra que es una deformación de la palabra hebrea gan-Uzza, “el jardín de Uzza,” en el que estaban enterrados los impíos
reyes Manases y Amón (2 Re 21:18). Quizá sea ésta una adición del traductor griego, que quiere colocar al impío Joaquim juntamente
con sus antecesores los reyes impíos de Judá. — 14 Cf. 1 Re 22:40. — 15 En Jeremías se alude muchas veces a esta personificación
de Jerusalén sentada en luto sobre las alturas: 7:29; 2:7; 7:13-25; 4.30-31· — 16 En Sal 68:16, Basan es sinónimo de
Hermán; Abarim es una cordillera de montañas al este del mar Muerto, de la que formaba parte el monte Nebo, desde el cual Moisés
contempló la tierra de promisión (Núm 33:4; 27:12; cf. Abel, Géographie I p.377-378). — 17 Cf. Jer 2:8; 10,21; 23:1. — 18
Cf. Jer 4:31; 6:24; 13:21. — 19 Cf. 46:18; Dt 32:40. El nombre de Jeconías aparece aquí en Jeremías en su forma abreviada de
Coniyahu, como nombre hipocorístico. En 24:1 se le llama Yeconiyahu; en 27:20; 28:4; 29:2 se le llama Yeconiah. En 2 Re 24:63,
Yoyaquin, y de ahí nuestro Joaquín. Así también en Jer 52:31. — 20 2 Re 24:9 y en 2 Crón 36:9 se dice que Jeconías “hizo el mal
a los ojos de Yahvé.” — 21 Cf. 2 Re 24:8.12; Jer 29:2. — 22 Cf. 1 Grón 3:173.
23. Profecías Mesiánicas.
Contra los falsos Profetas.
En dos partes netas se divide este capítulo: a) resumen de lo anterior, con algunos vaticinios de
consolación mesiánicos (1-8); b) contra los falsos profetas. Se discute la autenticidad de los v.
16-40, entre otras razones porque se supone cierta dispersión entre las gentes.
Cuando estaban a punto de cumplirse los vaticinios siniestros de Jeremías, el profeta presenta
ciertos oráculos de consolación mesiánicos para reforzarles su fe en los destinos mesiánicos
del pueblo, que, a pesar de la tragedia que se avecina, saldrá purificado y preparado para la
inauguración de la nueva era mesiánica. Quizá el momento más adecuado para la composición
2032
de estas profecías de consolación sean los últimos días del reinado de Sedecías, cuando ya estaba
iniciado el terrible asedio de la ciudad, en 587 a.C.
Contra los pastores de Israel (1-2).
1 ¡Ay de los pastores que hacen perecer y destrozan el rebaño de mi pastizal! Oráculo
de Yahvé. 2 Por eso así dice Yahvé, Dios de Israel, de los pastores que apacientan
a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado mi grey, la habéis descarriado y no habéis
cuidado de ella. He aquí que voy a visitaros por la maldad de vuestras obras — oráculo
de Yahvé.
El profeta se encara con la clase dirigente de Israel, que ha sido la principal responsable de la
ruina de su pueblo. Son los falsos pastores (v.1), que han fomentado la apostasía y la idolatría en
el pueblo sencillo, atrayendo sobre él los justos castigos divinos, concretados en la invasión extranjera
y en la deportación en masa hacia tierras extrañas. Son estos versos como un resumen de
lo anterior predicho sobre el rey. Yahvé llama a su pueblo cariñosamente el rebaño de mi pastizal
(v.1). Israel ha sido conducido por el desierto como una tímida grey en medio de peligros sin
cuento, y toda su historia como nación es una continua sucesión de providencias divinas para
salvarlo en las vicisitudes más críticas l. Pero los actuales pastores, encargados de llevar a buenos
pastos a su grey, la han descarriado (v.2). La comparación aparece reiteradamente en Jeremías
y otros profetas posteriores 2. Yahvé no puede tolerar esta situación anormal, y se ve precisado
a intervenir justicieramente visitando a su pueblo.
Promesa de restauración mesiánica (3-8).
3 Yo mismo reuniré los restos de mi rebaño de todas las tierras en que los he dispersado,
y los volveré a sus prados, y fructificarán y se multiplicarán. 4 Y suscitaré sobre
ellos pastores que los apacienten, y ya no habrán de temer más ni angustiarse ni
afligirse — oráculo de Yahvé . 5He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en
que yo suscitaré a David un vástago justo, y reinará como rey prudentemente, y
hará derecho y justicia en la tierra. 6 En sus días será salvado Judá, e Israel habitará
confiadamente, y el nombre con que le llamarán será éste: “Yahvé (es) nuestra justicia.”
3 7Por eso he aquí que vendrán días — oráculo de Yahvé — en que no se dirá
ya: “Vive Yahvé, que subió de la tierra de Egipto a los hijos de Israel,” 8sino más
bien: “Vive Yahvé, que sacó y trajo al linaje de la casa de Israel de la tierra del
aquilón y de todos los países a que los arrojó, y los hizo habitar en su propia tierra.”
4
Después de anunciar la deportación sin retorno de Jeconías y su carencia de descendientes reales,
el profeta se proyecta, para consolar a sus compatriotas, hacia una era futura en la que serán olvidados
los pecados de Judá y de sus pastores, pues el mismo Yahvé personalmente se encargará
de pastorear a su rebaño, que hará volver de todas las tierras en que lo había dispersado (ν.3).
Es el anuncio de retorno del exilio. La catástrofe, pues, nacional es relativa, y un día volverán los
israelitas a recogerse bajo la protección de su Dios, que directamente los gobernará como el pastor
a su rebaño. En realidad, Yahvé será riguroso con las clases dirigentes, causantes de la ruina,
pero benigno con las ovejas descarriadas. Dios, después de traerlos a nuevos pastos, les dará pastores
que los apacienten (v.4). Para entender bien esto hay que tener en cuenta el doble plano
sobre el que se mueve la profecía: primero se refiere a la restauración que sigue al exilio, y en2033
tonces los pastores serán Zorobabel, Josué, Esdras y Nehemías, etc., que colaboraron directamente
en la repatriación y en la restauración de la vida nacional; pero después hay otra perspectiva
más amplia, y es la del mesianismo. Las dos se confunden en superposición de planos en la
mente del profeta, en cuanto que la primera es la inmediata preparación de la segunda. Esos dirigentes
postexílicos son los tipos de otros pastores de la era mesiánica, que podremos identificar
con el mismo Mesías y sus colaboradores, como los apóstoles y sus sucesores.
La expresión no habrán de temer mas ni angustiarse alude claramente a la era venturosa
de paz mesiánica, como la fórmula siguiente: he aquí que vienen días (ν.6)5. Los tiempos mesiánicos
estarán presididos por la figura desbordante del Mesías, vastago justo. La atención del profeta
se centra en un misterioso retoño de la casa de David, que impondrá un reinado de derecho y
de justicia. Todo esto parece depender de la profecía isaiana sobre el “vastago de Jesé”6, sobre el
que descansará el “espíritu de Yahvé”; es el “Príncipe de la paz” de los tiempos mesiánicos,
dotado de las cualidades ideales de un hombre de gobierno: inteligencia, ciencia, sabiduría, fortaleza
y temor de Dios. Por eso aquí se dice que ese vastago justo reinará como rey prudentemente.
La palabra vastago o germen, aplicada al Mesías, aparece en el profeta Zacarías7 medio siglo
después. Aquí, en Jeremías, el vastago es apellidado justo, porque inaugurará un reinado de
equidad y de justicia. Es una idealización de lo que en 2 Sam 8:15 se aplica al gran antepasado
David, modelo de soberanos teocráticos para la mentalidad hebrea. Ese vastago tendrá categoría
real: reinará como rey (ν.6). Esto excluye la aplicación del texto al restaurador Zorobabel, el cual
nunca tuvo la dignidad real.
Así, pues, sobre el primer plano de la reorganización de los repatriados después del exilio,
dirigida por Zorobabel, la mente del profeta se proyecta hacia un horizonte más glorioso y
espectacular, en que se impondrá un reinado de derecho y justicia en la tierra. Será el día de la
“salvación” del pueblo elegido en su totalidad: de Judá, o reino del Sur, y de Israel, o reino del
Norte (v.6). De nuevo formarán un solo reino bajo la figura deslumbrante del Rey ideal, el Mesías.
Este sueño de la unificación de las doce tribus, separadas después de la muerte de Salomón,
tan acariciado por los verdaderos yahvistas, será realizado plenamente en los tiempos mesiánicos.
Será tal la equidad que implantará el nuevo Rey mesiánico, que podrá llamarse Yahvé es
nuestra justicia (v.6). Este nombre es puramente simbólico y no indica la divinidad del Mesías,
sino sólo que el Mesías vinculará su reinado de justicia a Yahvé de un modo tan estrecho, que
podrá ser llamado Dios es nuestra justicia (en heb. Sidquenu), como el misterioso Niño nacido
de una doncella en Is 7:14 podrá llamarse Immanuel (“con nosotros Dios”), en cuanto que Yahvé
estará con él y con su pueblo.
En Jer 33:16 se llama a Jerusalén “Yahvé, nuestra justicia.” Se trata, pues, de nombres
simbólicos, no raros en la Biblia8. Es posible que el nombre Sidquenu (“Yahvé es nuestra justicia”),
aplicado al Mesías, sea sugerido por el nombre de Sedéelas (en heb. Sidquiyahu, que significa
“mi justicia es Yahvé”), y que haya buscado un juego de palabras el profeta para mostrar que
el Mesías cumplirá plenamente lo que materialmente significaba el nombre del rey Sedecías, que
los había defraudado en sus esperanzas liberadoras.
Los v.7-8, repetición de 16:14-15, parecen fuera de contexto. Los LXX los ponen al final
del capítulo. Se adaptarían mejor al contexto colocándolos detrás del v.3. No obstante, aún pueden
entenderse, en cierta ilación lógica, con lo que antecede en el lugar que actualmente tienen.
La salvación obrada por el Mesías, realizada primero en el retorno de la cautividad y después
colmada en los tiempos mesiánicos, harán palidecer las maravillas del éxodo. La liberación de
Egipto no ha sido nada en comparación con la futura y definitiva liberación de Israel (ν.7). En las
fórmulas de juramento se hará sólo mención de esta salvación iniciada con el retorno del pueblo
2034
de la cautividad de la tierra del aquilón, es decir, de Mesopotamia, que será definitiva en la era
mesiánica.
Corrupción moral de las clases dirigentes (9-12).
9 A los profetas: Se me parte mi corazón dentro de mí, se estremecen todos mis huesos,
estoy como un hombre ebrio y cual varón dominado por el vino ante Yahvé y
sus santas palabras, 10pues la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición,
la tierra está en duelo; se han secado los oasis del desierto; corren tras la maldad, y
su fuerza es la injusticia. 11Pues aun los profetas mismos y los sacerdotes son unos
impíos; hasta en mi casa he hallado sus perversidades, oráculo de Yahvé. 12Por eso
sus caminos se les van a tornar resbaladeros en medio de tinieblas. Serán empujados
y caerán, pues voy a hacer venir sobre ellos males el año en que serán visitados, oráculo
de Yahvé.
Las clases dirigentes han caído en una profunda degradación moral, y la copa de la ira divina se
está colmando. El profeta se estremece ante el castigo que les espera (V.9). Temperamento tierno,
siente vivamente la tragedia de sus compatriotas 9. Conmovido por lo que les espera a éstos, se
siente debilitar y vacilar como hombre ebrio. Tal es el temblor al sentirse ante Yahvé y sus santas
palabras, sus oráculos de castigo, sobre los que ha recibido una viva comunicación divina.
La situación religiosa y moral de su pueblo, sobre todo de sus clases directoras, es tan deprimente,
que es necesario una intervención justiciera de Dios: La tierra esta llena de adúlteros,
quizá en sentido propio de relajación moral de la sociedad, aunque pueda aludir al adulterio
espiritual o idolatría10. El castigo de Yahvé se hace sentir en la naturaleza, enviando la sequía y
la miseria: se han secado los oasis del desierto (v.10), y, como consecuencia, la tierra da impresión
de estar en duelo, agostada n. Υ todo como consecuencia de la maldad y la injusticia de los
israelitas. Los primeros en prevaricar son los profetas y los sacerdotes, cediendo a la avaricia 12,
en vez de enseñar la Ley del Señor al pueblo. Incluso han prevaricado en el templo de Yahvé:
hasta en mi casa he hallado sus perversidades (v.11). Sabemos que en el atrio del templo había
estatuas de divinidades paganas 13, y hasta en los anexos del santuario se practicaba la prostitución
sagrada en nombre de Astarté 14.
Todo esto los llevará a una ruina segura. Se han lanzado por unos caminos tortuosos y
oscuros, y necesariamente han de caer: sus caminos se les van a tornar resbaladeros (v.12). En
vez de caminar por los senderos trillados a la luz de los preceptos de Yahvé, han preferido seguir
las anfructuosidades y angosturas de un sendero peligroso 15. Necesariamente caerán empujados
por el mismo Dios, que les pedirá cuentas en el año en que serán visitados por su justicia vengadora.
Diatriba contra los falsos profetas de Jerusalén (13.-15)
13 En los profetas de Samaría vi yo la insensatez: profetizaban en nombre de Baal y
descarriaron a mi pueblo, Israel. 14 Pero en los profetas de Jerusalén he visto algo
horrendo: adulterio y andar tras la mentira, y fortalecen las manos de los perversos
para que nadie se convierta de sus maldades. Todos ellos han venido a serme como
Sodoma, y sus habitantes como Gomorra. 15 Por eso así dice Yahvé de los ejércitos
acerca de los profetas: He aquí que les daré a comer ajenjo y les daré a beber agua
envenenada, porque de los profetas de Jerusalén ha salido la corrupción para todo
el país.
2035
Para Jeremías, los falsos profetas de Jerusalén son peores que los de Samaría la cismática. En su
afán de halagar los sentimientos populares, los profetas procuraban infundir optimismo sobre los
destinos nacionales de Judá. A Jeremías lo presentaban como traidor a los intereses de su nación
16.
En 3:6-11, Jeremías afirma, después de establecer un triste parangón, que Judá es más
culpable que su hermana Israel, por no haber sabido aprovecharse de la lección del reino del
Norte, desaparecido en el 721 con la toma de Samaría y la deportación en masa de la población a
Mesopotamia. Los profetas de Jerusalén eran más culpables que los de Samaría, porque tenían el
inestimable privilegio de habitar junto al templo, símbolo de la presencia de su Dios. El pecado
de los profetas de Samaría era el fomentar el culto de Baal, profetizando en su nombre (ν.13),
dando cabida a cultos cananeos idolátricos y conservando un mínimum de culto yahvista17. Pero
se han quedado cortos en comparación de los profetas de Jerusalén, que están practicando algo
horrendo (v.14): en primer lugar fomentan el adulterio espiritual, permitiendo el culto idolátrico
en el pueblo; además, andan tras la mentira al anunciar al pueblo cosas venturosas, cuando lo
que se avecina es la ruina total. Y con ello no hacen sino fomentar el vicio: fortalecen las manos
de los perversos al dar falsas seguridades y permitirles pecar impunemente contra su Dios. Consecuencia
de ello es que los ciudadanos de Jerusalén no reconocen sus caminos extraviados y no
se convierten de sus maldades 18.
El castigo, pues, es inevitable. A los profetas les queda un porvenir amargo: les daré a
comer ajenjo (v.15). La frase aparece en 9:14, e indica la extrema amargura de espíritu en que se
verán envueltos en la hora del castigo. El ajenjo es símbolo de amargura en la Biblia 19.
Contra los falsos profetas (16-24).
16 Así dice Yahvé de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas: os engañan;
lo que os dicen son visiones de su imaginación20, no procede de la boca de Yahvé.
17 Dicen a los que se burlan de la palabra de Yahvé: “Paz, tendréis paz,” y a todos
los que siguen la obstinación de su corazón les dicen: No vendrá sobre vosotros
ningún mal. 18Mas ¿quién asistió al consejo de Yahvé, vio y oyó su palabra? ¿Quién
ha prestado atención a su palabra y le oyó? 19 He aquí que se desencadena el torbellino
de la ira de Yahvé y una tormenta furiosa descarga sobre la cabeza de los impíos.
20 No retrocederá la ira de Yahvé hasta que ejecute y cumpla los designios de
su corazón. 21 Yo no enviaba a los profetas, y ellos corrían; no les hablaba, y ellos
profetizaban. 22 Si han asistido a mi consejo, que hagan oír mis palabras a mi pueblo
y lo conviertan de su mal camino y de sus perversas obras. 23¿Soy yo por ventura
Dios sólo de cerca? — oráculo de Yahvé —. ¿No lo soy también de lejos? 24 Por mucho
que uno se oculte en escondrijos, ¿no le veré yo? — oráculo de Yahvé — . ¿No
lleno yo los cielos y la tierra? — oráculo de Yahvé.
Jeremías tiene especial interés en mostrar que lo que anuncian los falsos profetas, que halagan las
aspiraciones nacionalistas del pueblo, son unas imposturas: lo que dicen son visiones de su imaginación
(v.16). No han recibido mensajes de la boca de Yahvé como él. En vez de predicar el
cumplimiento de la ley de Dios, anunciando el castigo divino contra sus infractores 21, no hacen
sino lanzar vanas esperanzas, anunciando una paz (ν.17) y una seguridad social que no corresponden
a la realidad 22. Los peligros que se ciernen sobre Judá son muy grandes, y está muy cercana
la catástrofe nacional, y es inútil cerrar los ojos. No cabe sino retornar de veras a Dios para
2036
conjurar su ira desatada. En cambio, esos profetas halagan a los que se burlan de la palabra de
Yahvé, manifestada en sus preceptos y en las comunicaciones que transmite a los verdaderos profetas.
No es cosa fácil conocer los designios divinos: ¿Quien asistió al consejo de Yahvé y oyó
su palabra? (v.18). Jeremías tenía conciencia de su misión y estaba seguro de que transmitía los
íntimos pensamientos de Yahvé, mientras que los profetas adversarios suyos eran impostores,
que comunicaban lo que les sugería su imaginación y sus intereses materiales. Miqueas describe
con detalles una sesión del consejo de Dios con sus espíritus y las decisiones tomadas y comunicadas
al profeta 23. San Pablo se inspirará en las palabras de Jeremías y de Isaías 24 para trazar los
misterios de la obra salvadora de Dios sobre el mundo. Jeremías, en su interrogación: ¿Quien ha
prestado atención a sus palabras? (v.18), sugiere implícitamente que sólo él es intérprete de los
oráculos divinos, pues tiene conciencia de que Yahvé le ha hablado, mientras que sus adversarios,
al no recibir ninguna verdadera comunicación divina, no pueden saber nada, pues no
han asistido al consejo divino.
Los V.10-20 son considerados por muchos autores como intercalación que interrumpe el
contexto, y reaparecen en 30,23-24. Si realmente forman parte del contexto donde están ahora,
pudieran entenderse como un paréntesis explicativo: los falsos profetas no han asistido al consejo
de Yahvé ni han recibido comunicación alguna de El; por tanto, sus afirmaciones sobre una supuesta
paz son lucubraciones de su imaginación; en cambio, Jeremías ha recibido una comunicación
real divina sobre los destinos trágicos de su pueblo (V.19). La justicia punitiva de Dios
será inexorable, cumpliendo los designios de su corazón (v.20).
Después de este paréntesis anunciando la catástrofe del pueblo de Judá, el profeta vuelve
a hablar de la impostura de los supuestos profetas, pues Yahvé no les hablaba (v.21); sin embargo,
profetizaban. La prueba de que no hablan en nombre de Yahvé es que no se preocupan de
hacer que el pueblo se convierta de su mal camino y de sus perversas obras (v.22). Yahvé no
puede comunicar nada en contra de sus preceptos, y menos aprobar la conducta de gentes que
fomentan los malos caminos de su pueblo. Esa conducta desaprensiva para con la ley divina es
una prueba de que no han asistido al consejo de Yahvé, pues obran en contra de sus designios.
Parece que los falsos profetas creen prácticamente que Yahvé es un Dios solitario y lejano
que habita en los cielos y no se preocupa de lo que pasa en este mundo; por consiguiente, no
deben temer sus castigos anunciados por Jeremías. Pero se engañan, pues Yahvé no sólo ve lo
que está cerca, sino lo que está lejano: ¿Soy yo Dios solo de cerca? ¿No lo soy también de lejos?
(v.23) 25.
Contra la impostura de los falsos profetas (25-32).
25 Yo he oído lo que decían los profetas que en mi nombre profetizaban mentiras y
decían: “He tenido un sueño, he tenido un sueño.” 26¿Hasta cuándo ha de haber en
el corazón de los profetas vaticinios falsos, profetizando los engaños de su corazón?
27Pretenden que mi pueblo olvide mi nombre con sus sueños, que unos a otros se van
contando, como se olvidaron sus padres de mi nombre por BaaL 28El profeta que
tiene un sueño, que lo cuente como sueño, y el que tenga mi palabra, que pregone mi
palabra fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? — oráculo de Yahvé —.
29¿No es mi palabra como el fuego — oráculo de Yahvé — y cual martillo que tritura
la roca? 30Por eso heme aquí contra los profetas — oráculo de Yahvé — que se
roban unos a otros mis palabras. 31 He aquí que estoy contra los profetas — oráculo
de Yahvé — que gastan sus lenguas pronunciando: “Oráculo.” 32Contra los profetas
2037
que sueñan mentiras — oráculo de Yahvé — , y, contándolas, descarrían a mi pueblo
con sus mentiras y sus jactancias, siendo así que yo no los he enviado, no les he
dado misión alguna, y no han sido de provecho a este pueblo — oráculo de Yahvé.
Prosigue la diatriba contra los falsos vaticinios de los que a sí mismos se llamaban profetas. Estos
se presentaban como portadores de un mensaje divino recibido en sueños: he tenido un sueño
(ν.26). El sueño, como vehículo de transmisión de una revelación divina, era tradicional en la
historia de Israel desde los tiempos patriarcales 26. Pero aquí Jeremías le da un sentido peyorativo
de pura “fantasía.” Son vaticinios falsos (v.26), fruto de la imaginación o del corazón de los profetas.
La mejor prueba de que no son verdaderas sus supuestas revelaciones es que trabajan contra
los intereses de Dios, al buscar que olviden su nombre, como sus padres, a causa del culto
de Baal (v.27). Buscan sólo sus intereses y no los de la gloria y nombre de Yahvé. Es preciso
que haya un mínimum de sinceridad: el que tenga un sueño, fruto de su imaginación, debe exponerlo
como tal para 110 engañar al pueblo, mientras que el que realmente tenga la palabra de
Yahvé debe exponerla como la recibió, fielmente (v.28). Y la piedra de toque para reconocer el
verdadero del falso profeta es el interés por la conversión del pueblo a Dios. Lo contrario es querer
confundir el grano con la paja: ¿qué tiene que ver la paja con el grano? (v.28b). La palabra
de Yahvé es el verdadero grano, que debe recogerse cuidadosamente, mientras que los sueños
de los falsos profetas son paja que se lleva el viento. Por otra parte, el valor de la palabra divina
se conoce por sus efectos: es como fuego y como martillo que tritura la roca (v.29), pues vence
la obstinación de los corazones más empedernidos. Quizá se aluda aquí al furor de la ira divina,
que purificará como fuego y triturará como martillo a la nación de Judá. En ese caso, la palabra
divina serían las amenazas de castigo de Yahvé transmitidas por Jeremías. Ese prurito de profetizar
se ha convertido en mal endémico, pues se roban unos a otros mis palabras (v.30), es decir,
se apropian sueños que han tenido otros, exponiéndolos como si los hubiesen recibido de Yahvé.
No tienen otra obsesión que pronunciar enfáticamente: Oráculo (v.31). Constantemente comprometen
los mensajes de Yahvé, presentando sus caprichos e imaginaciones enfáticamente, como
si fueran oráculos del mismo Yahvé. Y con eso no hacen sino engañar al pueblo, atentando
contra la verdad divina. Prometen bonanza y paz a éste, conduciéndole al error y a la catástrofe
(v.3a).
Contra el abuso de la expresión “Carga de Yahvé” (33-40).
13 Y cuando te pregunte este pueblo, o un profeta, o un sacerdote, diciendo: ¿Cuál es
la carga (oráculo) de Yahvé? les responderás: Vosotros sois la carga de Yahvé 27, y
yo os arrojaré, oráculo de Yahvé. 34 Y al profeta, al sacerdote, al pueblo que diga:
“Carga de Yahvé,” yo le pediré cuenta a él y a su casa. 35 Así habéis de deciros unos
a otros, compañeros y hermanos: ¿Qué ha respondido Yahvé? ¿Qué ha dicho Yahvé?
36 No se mentará ya la “carga de Yahvé,” porque para cada cual la “carga” será
su propia palabra, pues habéis pervertido la palabra del Dios vivo, Yahvé de los
ejércitos, nuestro Dios. 37 Así dirás al profeta: ¿Qué te ha respondido Yahvé? ¿Qué
ha dicho Yahvé? 3S Y si decís: “Carga de Yahvé,” entonces así dice Yahvé: Porque
habéis dicho esa palabra: “Carga de Yahvé,” habiéndoos yo enviado a decir: No digáis
“carga de Yahvé,” 39 por eso he aquí que yo os levantaré 28 y os arrojaré de mi
presencia a vosotros y a la ciudad que a vosotros y a vuestros padres di, 40 y os entregaré
a eterno oprobio, a eterna vergüenza, que jamás será olvidada.
2038
Jeremías ahora se enfrenta con los que hacen burla de sus predicciones, que él llama “oráculos”
de Yahvé. La palabra oráculo en hebreo es massah, que significa también carga, “peso incómodo”
29. Los oyentes jugaban con el doble sentido de la palabra, y el profeta también les responde
con el mismo juego de palabra, pero en sentido amenazador; sus compatriotas se burlan del profeta
que anuncia un “oráculo” (o carga) de Yahvé, y dicen irónicamente: ¿Dónde está esa carga
o amenaza de Yahvé, que nunca se cumple? (v.33). Entonces Jeremías les contesta irónicamente
también, tomando la palabra massah en el sentido de carga, de peso insoportable, y no de simple
oráculo: vosotros sois la carga de Yahvé (v.33b), es decir, sois onerosos a Dios, y El se deshará
de ellos como de una carga insoportable: os arrojaré, dejándoos abandonados como carga inútil.
En otros textos de la Biblia se dice que Yahvé lleva a Israel como una carga suave, como un padre
lleva a su hijo 30; pero ahora por sus pecados se ha convertido en una carga insoportable 31.
Por eso Jeremías no quiere que se mencione la palabra massah (en el sentido de carga),
porque es un mal presagio para todos los que se burlan de sus palabras, en las diferentes clases
sociales: sacerdotes, profetas y pueblo (v.34), a los que Yahvé pedirá estrecha cuenta por su
conducta despectiva y despreocupada. Por ello exhorta a sus compatriotas a ser respetuosos con
la palabra de Dios, y, puesto que la frase “oráculo de Yahvé” (carga de Yahvé) tiene un sentido
despectivo, les aconseja que no la utilicen, y que, en cambio, al informarse sobre alguna comunicación
divina, digan simplemente: ¿qué te ha respondido Yahvé? (v.35). Además, los falsos profetas
gustaban de presentar sus predicciones con el nombre pomposo de oráculos (carga) de
Yahvé, cuando en realidad no decían sino lo que les sugería su imaginación, siendo para cada
cual la carga su propia palabra (v.36), pervirtiendo o simulando la palabra de Yahvé auténtica,
comunicada a Jeremías.
Si continúan hablando despectivamente de la carga de Yahvé, Dios los levantará efectivamente
como una carga para transportarlos lejos de su faz, a tierras extranjeras. Es una paranomasia
con la que expresa el futuro desgraciado que les espera por su inconsideración con los verdaderos
“oráculos” o cargas de Yahvé, transmitidas por su auténtico profeta Jeremías 32. La cautividad
servirá para Israel de eterno oprobio (v.40), en cuanto que aparecerá ante los otros pueblos
como un país abandonado de su Dios y entregado a sus enemigos.
1 Cf. Sal 95:7; Jer 13:17-20. — 2 Cf. Jer 3:15; 10,21; Ez 34:20; Jn 10:1. — 3 En heb. Sidquenu, nombre simbólico como Irnmanu-El
en Is 7:14. Los LXX: Yosedek ·- “Yahvé-justicia.” — 4 Así según los LXX. — 5 Cf. Is 2:2. — 6 Cf. Is ii,i. — 7 Cf. Zac3:8; 6:12.
— 8 Cf. Jer 33:16; Gen 33:20; Ex 17:15. — 9 Cf. Jer 4:19; 8:18; 14:1? — 10 Esta cláusula falta en los LXX. — 11 Cf. Jer 4:28;
12:4. — 12 Cf. Jer 6:13-14- — 13 Cf. Jer 11:15; 32:34- — 14 Cf. 2 Re 23:7- — 15 Cf. Sal 35:6; Prov 4:19. — 16 Cf. elc.27. —
17 Cf. 1 Re 18:253. — 18 Cf. Ez 22:25. — 19 Cf. Prov 5:4; Lam 3:19; Am 5:7; 6:13. — 20 Lit en heb.: “visiones de su corazón.”
— 21 Cf. Dt I3>4s. — 22 Cf. Jer 4:10; 5:11-13; 6:14. — 23 Cf. 1 Re 19:23. — 24 Cf. Rom 11:34, citando a Is 40,13. — 25 Cf.
Eclo 23:27; Sal 139:12. — 26 Cf. Gen 20:3; Núm 12:6; 1 Sam 28,6. — 27 Así según los LXX, lectura obtenida por una división
diferente de las letras del TM. — 28 El TM dice “olvidaré,” pero las versiones antiguas leen “levantaré,” con un ligero cambio:
nasiti en vez de nashi'ti. — 29 La palabra massah viene de nasah (levantar, llevar). De ahí que signifique el “peso o carga” que se
levanta. Pero también puede significar “oráculo,” en el sentido de levantar (la voz) para comunicar una revelación divina (cf. Is
1:7; 42:2). Por eso massah equivale a “sentencia,” “dicho,” “oráculo,” “comunicacióndivina” (cf. Prov 30:1; 2 Re 9:25; Is 13.1;
14-20. Nah 1:1; Abd 1:1; Zac 9:1; 12:1). Algunos autores, por el hecho de que aparece massah en el sentido de oráculo conminatorio,
creen que alude a “carga·) o imposición punitiva de Yahvé. — 30 Cf. Dt 1:31; Is 46:3; 63:6. — 31 Cf. Jer 15:6; Is 1:19. —
32 Cf. Jer 7:15; 32:31.
24. Visión de los higos simbólicos.
De un modo plástico, el profeta describe las dos clases de judíos: la de los deportados con el rey
Joaquín en el 598 y la que permaneció en Palestina con Sedecías hasta el 586. La suerte de los
primeros será mejor, ya que podrán volver a su patria, mientras que la de los segundos será irremediable,
ya que están condenados al total exterminio. La visión es parecida, en cuanto a la ma2039
teria de la misma, a la de Am 8:1-2. Este carácter visionario no es raro en Jeremías, pues ya en la
inauguración de su ministerio profetice nos explica su futura misión bajo el símil del almendro
florido y de la olla humeante 1.
La fecha de composición de este fragmento visionario hay que colocarla poco después de
la deportación del rey Joaquín (598). El profeta Ezequiel se colocará en la misma línea de la
perspectiva del profeta de Anatot: los de la primera deportación, purificados por la prueba del
destierro, serán el núcleo de donde surgirá la nueva teocracia, mientras que los que permanecen
en Palestina están destinados al naufragio total 2.
Los higos simbólicos (1-3).
1 Mostróme Yahvé dos cestos de higos delante del templo de Yahvé. Fue después de
haber llevado cautivos Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jeconías, hijo de Joaquín,
rey de Judá; a los príncipes de Judá y a los herreros y carpinteros de Jerusalén,
a Babilonia. 2 Uno de los cestos tenía higos muy buenos, como brevas, pero el
otro tenía higos muy malos, tan malos que de malos no podían comerse. 3Me dijo
Yahvé: ¿Qué es lo que ves, Jeremías? Yo le respondí: Higos. Los buenos son muy
buenos; pero los malos, tan malos que de malos no pueden comerse.
La visión es imaginaria, como la del almendro y de la olla humeante. El profeta ve dos cestos de
higos delante del templo (v.1). Este detalle, delante del templo, es una alusión al sentido religioso
de la visión; los higos son buenos o malos aquí en relación a su vinculación a Yahvé. Por otra
parte, la finalidad de la visión es dar un juicio discriminativo por parte de Yahvé, que tiene su
sede judicial en el templo 3. A continuación nos da la ocasión histórica de la visión: después de la
deportación de Jeconías, rey de Judá, por Nabucodonosor. La deportación había tenido efecto
sobre todo en las fuerzas vivas y operantes de la nación: los príncipes de Judá (dignatarios en
general) y los herreros y carpinteros de Jerusalén (v.1), es decir, los artesanos en general, capaces
de crear de nuevo con su industria una nueva resistencia militar.
El profeta ve en las dos cestas higos buenos y malos. Aquéllos son tan apetecibles como
las brevas, que aparecen en junio, las cuales, por ser las primeras frutas, son recibidas con particular
alborozo por la población, hecha a las privaciones de Palestina4. En cambio, al lado de ellos
estaba la otra cesta con higos pésimos, que resultaban repugnantes y desabridos: de malos, no
pueden comerse.
Explicación de la visión (4-10).
4 Y me fue dirigida palabra de Yahvé: 5 Así dice Yahvé, Dios de Israel: Como a esos
higos buenos, así miraré a los cautivos de Judá, que para su bien he arrojado de este
lugar a la tierra de los caldeos. 6 Pondré sobre ellos mis ojos para bien, y los haré
volver a esta tierra, los edificaré y no los destruiré, los plantaré y no los arrancaré,
7y les daré un corazón para que reconozcan que yo soy Yahvé, y ellos serán mi pueblo
y yo seré su Dios, pues se convertirán a mí de todo corazón. 8 Y de los higos malos,
que de malos no pueden comerse, de éstos dice Yahvé: Así haré yo de Sedecías,
rey de Judá, y de sus grandes y del resto de Jerusalén que quedaron en esta tierra, y
de los que habitan en el país de Egipto. 9Los haré objeto de terror y desventura para
todos los reinos de la tierra, el oprobio, el proverbio, la irrisión y la maldición en todos
los lugares adonde los arrojaré, 10 y mandaré contra ellos la espada, el hambre y
la peste, hasta que desaparezcan de la tierra que les di a ellos y a sus padres.
2040
Los exilados en Babilonia son los higos buenos (v.5), objeto de las complacencias divinas. Yahvé
ve en ellos el núcleo de bendición del que ha de salir la resurrección futura del pueblo: los
edificaré y. los plantaré, y les daré un corazón para que reconozcan que yo soy Yahvé, y ellos
serán mi pueblo (v.6-7)5. En los nuevos tiempos habrá un profundo conocimiento de Yahvé, con
sus exigencias religiosas y éticas. De este modo Israel será realmente el pueblo de Dios6, considerado
por El como la pupila de sus ojos; pero todo esto como consecuencia de una fiel conversión.
De nuevo aquí nos encontramos con la doble perspectiva en la mente del profeta. Su pensamiento
se proyecta inmediatamente sobre la escena del retorno de los exilados a su patria para
reconstruir la nación sobre una base religiosa más sincera y sólida; y de hecho sabemos que después
del destierro los repatriados no volvieron a caer en la idolatría y apostasía general; pero el
pleno cumplimiento de la profecía de Jeremías sólo se dará en los tiempos mesiánicos en el “Israel
de Dios,” la Iglesia, fundada por Cristo, en la que sus fieles seguidores centrarán sus
corazones en torno a El.
Los higos malos son los israelitas que se salvaron de la primera deportación del 598 y están
aún con su rey Sedecías en Judá. Como no querían reconocer la mano justiciera de Yahvé
después de la primera deportación, se creían a salvo de todo peligro, siguiendo su perversa conducta.
Por eso el castigo que les espera será devastador: los haré objeto de terror y desventura.,
la irrisión y la maldición en todos los lugares (v.8). Esta suerte alcanzará también a los israelitas
que habitan en Egipto, es decir, los judíos que huyeron a Egipto para escapar a la deportación
organizada por los babilonios, o quizá los que hubieran sido llevados a Egipto con Joacaz (609),
depuesto por Necao II7. Estos se creían allí seguros, pero la mano de Yahvé los alcanzará 8. No
es probable que se refiera a los judíos que, después de la toma de Jerusalén por Nabucodonosor,
mataron a Godolías, gobernador judío colaboracionista, impuesto por los babilonios, y se llevaron
al profeta Jeremías a Egipto por la fuerza para huir de la venganza de los invasores. En este
caso, el fragmento profético tenía que estar datado después del desastre del 586.
El v.9, en parte, es la simple repetición de 15:4 y falta en los LXX. Parece, pues, una adición
redaccional posterior. La humillación a que se verán sometidos Sedecías y los israelitas que
aún siguen en Palestina provocará la irrisión y serán citados como proverbio, como si dijeran:
“Desventurado y maldito como un israelita” 9. Con ello se cumplirán las predicciones conminatorias
anunciadas en la Ley contra los contraventores de la misma 10.
1 Cf. Jerc.1. — 2 Cf. Ez 11:3.13. — 3 Algunos autores creen que se alude aquí a la presentación de ofrendas o primicias de frutos en
el templo. Cf. Lev 16:10; Dt 26:1. — 4 Cf. Is 28:4; Miq 7:1; Os 9:10. — 5 Cf. Ez 11:19; Jer 2:8; 4:22; 5:23; 9:2.5; Ez 36:26. — 6
Cf. Jer 7:23. — 7 Cf. 2 Re 23:34. — 8 Cf. Jer 44:11ss. — 9 Cf. Jer 29:22. — 10 Cf.Dt 28:37; 30:1; Jer 9:15; 14:12. — 11 Cf. Jer
26:2; 25:3-13.
25. Castigo de Judá. El Cáliz de la Ira Divina. Juicio sobre las naciones.
Este capítulo es una recapitulación de oráculos diversos contra los judíos y las naciones. El
momento de esta proclamación sumaria de oráculos es en el 605, cuando Nabucodonosor venció
a los egipcios definitivamente en Carquemis. Este capítulo parece cerrar el libro dictado por Jeremías
a Baruc11. Comprende tres partes: a) oráculos contra Judá (v.1-14.); b) contra las naciones
(15-29); c) desolación de todos los reinos de la tierra (30-38). En la primera y segunda parte, los
LXX ponen oráculos contra las naciones que el TM pone al fin del libro. Indudablemente que
2041
este capítulo ha sufrido muchas manipulaciones redaccionales. Es como una introducción a los
oráculos contra las naciones paganas.
Apoetasía de Jada (1-7).
1 Palabra de Yahvé que acerca del pueblo todo de Judá llegó a Jeremías el año cuarto
de Joaquim, rey de Judá, es decir, al año primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia,
2y que pronunció el profeta Jeremías a todo el pueblo de Judá y a todos los
habitantes de Jerusalén, diciendo: 3 Desde el año trece de Josías, hijo de Ammón,
rey de Judá, hasta el día de hoy, veintitrés años ya, he recibido la palabra de Yahvé,
y os la he predicado pronto y reiteradamente, y no habéis escuchado. 4Os envió
Yahvé todos sus siervos los profetas una y otra vez, y tampoco escuchasteis, no les
disteis oídos 5 cuando decía: Convertios de vuestros malos caminos y de vuestras
malas obras, y habitaréis la tierra que Yahvé os dio a vosotros y a vuestros padres
por eternidad de eternidades. 6 No os vayáis tras de los dioses ajenos para servirles y
adorarlos. No provoquéis mi cólera con las obras de vuestras manos, y no vendrá el
mal sobre vosotros. 7 Pero no me escuchasteis — oráculo de Yahvé — , provocándome
con las obras de vuestras manos para vuestro mal.
Es la primera vez que se da la fecha de la proclamación de un oráculo. Sabemos por el c.36 que
Jeremías reunió los oráculos pronunciados desde su iniciación profética (627-605). El presente
oráculo tuvo lugar el año cuarto de Joaquim, rey de Judá (v.1), es decir, el año 605. La frase el
año primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia, falta en el texto griego, y es considerada generalmente
como glosa. Nabucodonosor sucedió a su padre, Nabopolasar, en el 605, que coincide,
más o menos, con el año cuarto del rey Joaquim, que sucedió a su hermano Joacaz en el 609.
El profeta nos da el año trece de oslas como principio de su misión profética, como en
1:2. En el tiempo en que redacta estos oráculos (605) lleva, pues, ya veintitrés años de ministerio
profético, cifra que se obtiene partiendo del 627 (“año trece de Josías”) hasta el 605, contando
dos veces el año 609, en que subió al trono Joaquim (es el último de Josías y el primero de Joaquim,
y, por tanto, atribuible a ambos reyes, por lo que en el cómputo figura como duplicado).
La frase no habéis escuchado (ν.3) falta en los LXX. El v.4 es una repetición literal de
7:25-26, y parece glosa explicativa, que interrumpe la ilación lógica.
En los v.5-6 se resume la sustancia de la predicación profética de Jeremías: recriminación
por la apostasía e invitación a la conversión para ser digno de las promesas de Yahvé, sobre todo
para volver a gozar de la pacífica posesión de la tierra de Canaán que les había dado.
Anuncio del castigo por la apostasía (8-11).
8 Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos: Porque no habéis escuchado mis palabras,
9 he aquí que convocaré todas las tribus del aquilón — oráculo de Yahvé — , a Nabucodonosor,
rey de Babilonia, mi siervo, y los haré venir contra esta tierra, y contra
sus habitantes, y contra todas las naciones que la rodean, y los destruiré y los
convertiré en desolación, objeto de burla y en ruinas eternas. 10 Haré desaparecer de
ellos los cantos de alegría, las voces de gozo, el canto del esposo y el canto de la esposa,
el ruido de la muela y el resplandor de las antorchas. 11 Y toda esta tierra será
ruina y desolación, y servirán las gentes estas al rey de Babilonia setenta años.
Por esta obstinación en seguir los malos caminos, Yahvé va a hacer uso de su justicia vengadora.
2042
El castigo vendrá del norte, como en 1:15. Yahvé va a tomar como instrumentos de su furor a los
babilonios: convocaré todas las tribus del aquilón (v.8). La frase Nabucodonosor, rey de Babilonia,
falta en los LXX, y parece glosa explicativa. Las tribus son los diversos pueblos que formaban
parte del ejército asirio, nutrido en gran parte de mercenarios de los pueblos vencidos. Si la
expresión del TM mi siervo, aplicada a Nabucodonosor (falta en los LXX), es auténtica, tendría
el sentido de instrumento de la justicia divina, como Ciro, al que se le llama en Isaías “mi ungido.”
1 Ese ataque contra el pueblo elegido prevaricador adquiere el valor de una cruzada, y los
invasores son considerados como “consagrados” para la guerra que trae la purificación de Israel.
Siempre los profetas se mueven en los planes de la teología de la historia, y ven a través de las
tramas históricas el hilo sutil de los planes misteriosos de Dios.
Pero este castigo no será sólo sobre Judá, sino que alcanzará a las naciones que la rodean
(v.8b), que con sus influencias idolátricas y sus intromisiones políticas han inducido al pueblo
escogido a orientarse por los caminos de la apostasía y del materialismo. La expresión los destruiré
(v.10) tiene un sentido hiperbólico. El verbo hebreo utilizado está formado de la palabra
jerem, término técnico en la Biblia para indicar la exterminación total 2. Aquí, sin embargo, ha de
atenuarse a la luz de otras profecías, en las que se dice que se salvará un “resto” como núcleo
futuro de restauración. El castigo para Israel tiene siempre en los profetas un sentido de “purificación,”
no de exterminio. Pero de momento la desolación del país será general, sin que se oigan
los tradicionales cantos nupciales del esposo y de la esposa y el ruido de la muela (v.10), símbolo
de la paz tranquila en un país 3. En tiempos de guerra se añoran estos signos de vida que en
épocas de paz resultan triviales. La mujer a la muela simboliza la paz y la abundancia.
Después de ser asolada la tierra de Judá, sus habitantes y las gentes servirán al rey de
Babilonia setenta años (v.11)4. Si la lección del TM es auténtica, se anunciaría la sumisión de las
naciones vecinas a Judá por un término de setenta años.
Anuncio de la caída y destrucción de Babilonia (12-14).
12 Y al cabo de setenta años, yo pediré cuentas al rey de Babilonia y a la nación
aquella — oráculo de Yahvé — de sus maldades, y a la tierra de los caldeos, y la
convertiré en eterna desolación. 13 Y haré venir sobre aquella tierra todo lo que
anuncié, todo lo que está escrito en este libro, lo que profetizó Jeremías contra todos
los pueblos. 14 Porque también ellos serán sojuzgados por otros pueblos grandes y
por reyes poderosos, y yo les retribuiré según su merecido, según las obras.
La cifra de setenta años corno término del imperio babilónico, y, en consecuencia, de la cautividad
de los israelitas, no ha de entenderse de modo matemático, sino en números redondos, como
equivalente a la vida de un hombre. Es inútil, pues, hacer cálculos buscando el término de partida
(momento de este oráculo, 695) y la fecha tope de la desaparición del imperio babilónico bajo
Ciro (538), que es la fecha de la liberación de los exilados hebreos 5.
El v.13 es considerado como una adición redaccional, pues se alude a los c.50-51. La frase
lo que profetizó Jeremías contra los pueblos, en los LXX constituye el título de los oráculos
contra las naciones (c.50-51 del TM), que intercala en este lugar.
La hora de la ruina del imperio babilónico está decidida en los designios divinos; otros
pueblos grandes (v.14) lo sojuzgarán, alusión a la coalición medo-persa que caerá como una
trompa sobre las llanuras mesopotámicas, extendiendo su imperio hasta Grecia y el Alto Egipto.
2043
El cáliz de la cólera de Yahvé (15-29).
15 Porque así me dijo Yahvé, Dios de Israel: Toma de mi mano esta copa de espumoso
vino 6 y házselo beber a todos los pueblos a los que yo te he enviado. 16 Que beban,
que se tambaleen, que enloquezcan ante la espada que yo arrojaré en medio de ellos.
17Y tomé la copa de la mano de Yahvé y la di a beber a todas las naciones a las que
me envió Yahvé: 18a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá, a sus reyes, a sus
príncipes, para hacer de ellos ruina, desolación, burla y maldición, como es hoy. 19Al
faraón, rey de Egipto; a sus servidores y a sus príncipes y a todo su pueblo; 20a todos
los advenedizos, a todos los reyes de la tierra de Us y a todos los reyes de la tierra de
los filisteos: a Ascalón, a Gaza, a Ecrón y al resto de Asdod; 21a Edom, a Moab y a
los hijos de Amón; 22a todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de Sidón y a los reyes
de las islas que están pasado el mar; 23a Dedán, a Tema, a Buz, a todos los que se
rapan las sienes; 24a todos los reyes de Arabia y a todos los monarcas de occidente
que habitan en el desierto; 25a todos los reyes de Zimrí, a todos los reyes de Elam y a
todos los reyes de Media; 26a todos los reyes del norte, próximos y lejanos, y a todos
los reinos de la tierra que habitan la superficie del suelo; y el rey de Sesac beberá
después de ellos. 27Y les dirás: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Bebed,
embriagaos, vomitad y caed para no levantaros ante la espada que yo echaré entre
vosotros. 28 Y si rehusaren tomar de tu mano la copa y beber de ella, les dirás: Así
dice Yahvé de los ejércitos: Tendréis que beber, 29 porque si yo, al desatar el mal, he
comenzado por la ciudad en que se invoca mi nombre, ¿ibais a quedar vosotros impunes?
No quedaréis, pues que llamaré a la espada contra todos los moradores de la
tierra — oráculo de Yahvé de los ejércitos.
Después de anunciar enfáticamente que también los babilonios recibirán su merecido, de un modo
apocalíptico y arrebatador se describe la hora de la justicia divina sobre todas las naciones
culpables. Dios mismo ofrece al profeta la copa rezumando ira para que se embriaguen de ella
todos los pueblos (v. 15). Después se enumeran muchos de éstos. Sin duda que el texto ha sido
muy retocado por redactores posteriores. De hecho, algunos de los nombres de naciones que después
da el TM faltan en los LXX7. Ya hemos indicado que este c.25 es como una recapitulación
de oráculos de Jeremías para cerrar la primera serie del libro actual y, a la vez, una introducción
a los llamados oráculos conminatorios contra las naciones, expuestos en los 0.50-51. Después de
hablar del castigo sobre Judá, se extiende al de sus naciones paganas circunvecinas, para dilatarse,
en fin, su perspectiva a todos los pueblos. Es el procedimiento que hemos encontrado en el
libro de Isaías 8. La profecía de Jeremías es menos espectacular, pues falta el elemento cósmico.
No obstante, la doctrina teológica es la misma, ya que se trata de reinvidicar la justicia
divina, conculcada por todos los pueblos. Todo se halla sometido al hilo de los misteriosos designios
divinos, y las historias particulares de todas las naciones son sólo una parcela de esa inmensa
perspectiva histórica teológica, según la cual las exigencias de la justicia y la santidad divina
regulan la marcha de los pueblos.
La metáfora de la copa del furor divino es corriente en la literatura bíblica. La cólera divina
es concebida como un líquido embriagador que está llenando paulatinamente la copa hasta
desbordarse sobre las naciones pecadoras. Bajo el efecto del castigo de la ira divina, el hombre
sentirá los mismos efectos que el ebrio bajo el licor espumoso: aturdimiento, temblor y desvarío
total de la mente 9. La metáfora es plástica, y no ha de entenderse a la letra la visión imaginativa.
2044
No es necesario suponer, al estilo de los libros apocalípticos, que Yahvé, como Juez sentado en
un trono, ofrece la copa al profeta para que la entregue a las naciones allí reunidas. Es una simple
metáfora para indicar que debe anunciar el inminente y terrible castigo divino: que beban, que se
tambaleen, que enloquezcan ante la espada (v.16).
La primera nación que tendrá que apurar la copa de la cólera divina es Jerusalén, pueblo
elegido, con sus reyes, príncipes (v.18). Su condición de pueblo escogido entre todos hace que
sus transgresiones adquieran un carácter de ingratitud imperdonable. Por eso, la primera que se
verá envuelta en la ruina, la desolación, será la tierra de Judá, de forma que venga a ser objeto
de burla y de maldición para todas las otras naciones 10.
A continuación viene la amenaza contra Egipto (V.19), principal instigadora de la política
de rebelión contra Babilonia. Egipto siempre había sostenido las ilusiones nacionalistas de muchos
judíos, prometiéndoles una ayuda que nunca habría de ser eficaz 11. La expresión sus advenedizos
(v.50) alude a la población flotante forastera que en todas las épocas se había sumado a
Egipto 12, lugar de concentración de pueblos asiáticos en el alto Delta, por su feracidad. Todos
éstos, pues, sufrirán la suerte del país del faraón y de sus principes. La tierra de Us falta en el
texto griego. Parece que era una región al sudeste de Palestina, cerca de Edom, en los confines de
Arabia 13. Después se enumeran cuatro de las ciudades de la pentápolis filistea: Ascalón, Gaza,
Ecrón y el resto de Asdod, en la franja costera de Palestina. Falta sólo Gat, que había perdido su
importancia por haber sido absorbida por los israelitas 14. La extraña expresión resto de Asdod
parece aludir al estado de la ciudad después de la destrucción realizada por Psamético I, rey de
Egipto (666-610 a.C.) 15. Edom, Moab y Amón constituyen la TransJordania actual, enumeradas
de sur a norte 16. Eran los tradicionales enemigos de Judá, que vejaron sistemáticamente al pueblo
israelita, sobre todo después de la catástrofe del 586 a.C.
Tiro y Sidón eran las dos grandes metrópolis fenicias, verdaderos emporios comerciales
del Próximo Oriente, que habían creado muchas colonias comerciales en todas las costas del
Mediterráneo. Los reyes de las islas son los soberanos de las ciudades de las costas del Mediterráneo,
juntamente con las clásicas islas de Chipre y Greta. Se los cita junto a Tiro y Sidon por
las íntimas relaciones comerciales que tenían con estas dos ciudades, de las que muchas ciudades
mediterráneas eran filiales. La palabra islas tiene el sentido de ciudades costeras 17: son la colonias
fenicias del Mediterráneo y los pueblos que con Sidón y Tiro tenían relaciones comerciales,
dependiendo en cierto modo de los dos grandes emporios fenicios. Después el profeta enumera
diversas localidades del desierto siró-arábigo: Dedán, identificado hoy con el-Ela, a 300 kilómetros
de Medina 18. Tema, la actual Teima, a unos 150 kilómetros al nordeste del oasis de el-Ela
mencionado, en la ruta de Damasco a la Meca.
Buz, tribu aramea-árabe según la Biblia, pero no localizada 19. Los que se rapan la cabeza
(v.23): expresión genérica para designar a los árabes del Norte. El v.24 es una expresión general
para indicar todas estas localidades: todos los reyes de Arabia. Zimrí es desconocido. Falta en el
texto griego 20. Elam y Media, bien conocidos, aparecen ya asociados en la literatura profética
anterior 21. Eran dos reinos contiguos al este de Mesopotamia y habían colaborado con los babilonios
para aplastar el imperio asirio en el 612, fecha de la caída de Nínive. Los reyes del Norte
(v.26) son los reinos de la zona de Elam en general. Asiría no es nombrada porque ya había sido
destruida, y Babilonia será anunciada más tarde de un modo muy particular. Por otra parte, ahora
es el instrumento de la ira vengadora de Yahvé sobre los otros pueblos. La frase y el rey Sesac
beberá después de ellos (v.26) falta en los LXX y tiene todos los visos de ser una adición cabalística
posterior. La palabra Sesac es considerdada como equivalente a Babilonia según las reglas
cabalísticas del sistema de combinación de letras llamado atbash 22. Si la frase es auténtica, se
2045
anunciaría que Babilonia (Sesac) sufriría la suerte de los otros pueblos: beberá después de ellos
del cáliz de la ira divina.
Los v.27-29 encuentran su lugar apropiado detrás del v.26. El v.27 reproduce sustancialmente
el v.16. Quizá el profeta quiere destacar la firmeza indefectible del juicio futuro sobre los
pueblos. Así, la expresión bebed, embriagaos., caed para no levantaros (v.28), tiene el carácter
de anuncio enfático sobre el irremediable juicio punitivo sobre las naciones. El cáliz de la ira divina
se ha colmado, y es preciso que todos los pueblos culpables experimenten los efectos de una
embriaguez entontecedora, como consecuencia del castigo de Yahvé: tendréis que beber (v.28).
No les toca elegir a las naciones, sino sufrir resignados la suerte que se les impone. Es una exigencia
de la justicia divina ultrajada, que, si no ha perdonado a Jerusalén, la ciudad en que se
invoca su nombre (v.29), objeto de sus complacencias, no iba a dejar impunes a las naciones paganas
prevaricadoras.
Jerusalén, como capital de Judá, era la esposa de Yahvé, que le daba su nombre 23. Pero
la santidad divina no podía permanecer indiferente a las transgresiones e ingratitudes de su
pueblo 24, y mucho menos a las de pueblos que no están vinculados de un modo especial a El.
Por eso llamará la espada contra todos los moradores de la tierra (v.29); es el anuncio de la devastación
y la guerra como medio de castigo y de reivindicación de sus derechos.
El juicio de Yahvé sobre todos los pueblos (30-38).
30 Y tú les profetizarás todas estas palabras, diciéndoles: Ruge Yahvé desde lo alto,
desde su santa morada lanza su voz, ruge fuertemente contra su pradería, lanza el
grito de los lagareros contra todos los moradores de la tierra. 31 Llega su estrépito
hasta los confines de la tierra, porque juzgará Yahvé a las gentes, y será este juicio
contra toda carne; los malvados los entregó al filo de la espada, oráculo de Yahvé. 32
Así dice Yahvé de los ejércitos: He aquí que el mal pasará de nación en nación; un
fortísimo huracán se desencadenará desde los extremos de la tierra, 33 y habrá heridos
de Yahvé en ese día del uno al otro cabo de la tierra. No serán llorados, no serán
recogidos ni sepultados; quedarán como estiércol sobre la faz de la tierra. 34 Ululad,
pastores, y clamad, y encenizaos, mayorales de la grey, porque ha llegado el día de
vuestra matanza y caeréis como carneros selectos25. 35No habrá posibilidad de huir
para los pastores, ni salvación para los mayorales de la grey. 36Gritos de espanto de
los pastores, clamores de los mayorales de la grey, porque ha devastado Yahvé sus
pastizales. 37 Han enmudecido las pacíficas praderas ante el furor de la ira de Yahvé.
38 Ha abandonado como león joven su guarida, pues ha sido devastada su tierra
ante la espada destructora, ante el furor de su ira.
Yahvé se manifiesta terroríficamente, rugiendo desde lo alto, desde su mansión elevada en los
cielos26. Es presentado, pues, como un león dispuesto a lanzarse sobre su presa, que es su pradería,
la tierra santa de Yahvé, donde pasta su rebaño ingrato, Israel27. Yahvé se siente alegre al ver
llegar el momento de la manifestación de su justicia, y por eso lanza el jubiloso grito de los lagareros
(v.30c), proverbial como signo de alegría28. La alegría de los vendimiadores y lagareros
simboliza aquí el grito victorioso de Yahvé, que ataca a su pueblo pecador y a todos los moradores
de la tierra (v.30c). La perspectiva se extiende no sólo sobre Judá, sino que abarca a todos
los reinos del universo. Todas las naciones son transgresoras; por eso el juicio de Yahvé sera sobre
toda carne (v.31) 29.
La ira de Dios vengador se alza como fortísimo huracán (v.32). Es la guerra traída por el
2046
invasor babilónico, instrumento de Yahvé para hacer valer los derechos conculcados de su justicia,
desde los extremos de la tierra. El flagelo de la guerra dejará el país sembrado de heridos de
Yahvé (v.33), e.d., víctimas de la ira divina 30.
El profeta invita a los caudillos de los pueblos invadidos a hacer duelo por la devastación
de su país: Ululad, pastores, gritad (v.34). Las expresiones pastores., mayorales de la grey, para
designar a los jefes de los pueblos, son ya habituales en Jeremías 31. Los caudillos de los pueblos
son los principales responsables de la catástrofe, por su influencia oficial y su mal ejemplo al llevar
a sus pueblos respectivos por caminos opuestos a los de las leyes naturales. Se les llama carneros
selectos, como víctimas escogidas de propiciación en el gran holocausto que Yahvé va a
realizar. Por eso les invita a cubrirse de ceniza, como signo externo de duelo. Es una alusión irónica
al cambio de perspectiva en su vida. Hechos a verse vestidos de sedas recamadas, tendrán
que practicar el más humillante de los lutos 32. La consternación es general, y la misma naturaleza
inanimada se asocia al duelo de los mayorales de la grey. Los países tranquilos, en los que la
gente vivía en paz y prosperidad como rebaños en sus praderas ubérrimas, son reducidos a la ruina:
han enmudecido las pacificas praderas (v.37). Ha pasado el furor de la ira divina (v.37), y
todo son ruinas y devastaciones; las antes ubérrimas praderas, alegres con sus numerosos rebaños,
han enmudecido, y todo es desolación. El ejército invasor, enviado por Yahvé, es como un
león que ha abandonado su guarida (v.38) para llevar la devastación a su tierra, e.d., la tierra
santa de Judá. De nuevo la perspectiva se centra particularmente en la heredad de Yahvé, la tierra
de Israel. La justicia divina ha traído al invasor babilonio a su tierra como medio de purificación
de sus habitantes culpables.
1 Cf. Is 44:28. — 2 Cf. Dt 7:2; Jos 6:18; 8:26; 10:1; Jer 18:16; 19,8. — 3 Cf. Jer 7:34; 16:9. — 4 Los LXX leen: “Toda la tierra será
una desolación, y servirán entre las naciones durante setenta años.” — 5 Cf. Is 47:6-7; Jer 0.50-51; Is 14:13; 47:10; Bar 6:42. — 6
Así según el texto de los LXX. El TM lee: “copa de vino de la ira.” — 7 Faltan Us, Arabia, Zimri y no se alude al rey Sesac. — 8
Cf. Is c.13-14 y 24-27. — 9 Cf. Jer 49:12; 51:7; Lam 4:21; Is 51:17.21; Ez 23:31; Abd 2:15.16; Sal 60:5; 75:9; Ap 14:10. — 10
La frase como es hoy (v.18) falta en los LXX y es ciertamente una adición posterior. Cf. Jer 5:11; 19,8; 24:9; 29:18. — 11 Cf. Jer
2:36; Is 31:3- — 12 Cf. la misma expresión en Ex 12:38. — 13 Cf. Job 1:1; Lam 4:21. — 14 Cf. Am 1:7; Sof 2:4; Zac 9:5- — 15
Cf. Herod., II 157. — 16 Cf. Jer 49:7-22; 48:1; 49:1-6. — 17 Cf. Is 20:6; 23:2-5. — 18 Cf. RB (1910) p.521-531 — 19 Cf. Gen
22:21. — 20 Algunos quieren identificar Zimri con los cimerios de Gen 10,2, los gimirri de los textos cuneiformes. — 21 Cf. Is
21:2. — 21 Cf. IS 21,2. — 22 Según este procedimiento cabalístico, las letras primeras del alefato debían coincidir con las ultimas;
de ahí el nombre de atbash; es decir, α y í, primera y última letras, eran seguidas de la segunda, b, y penúltima, shin, y así
sucesivamente. Por este procedimiento tenemos que Sheshac equivale a Babel. — 23 Cf. Jer 2:2.7; 7:10; 14:9; 15:16. — 24 Cf. Ez
9:6; Abd 16; Lc 23:31; 1 Pe 4:18. — 25 Así según los LXX. El TM dice “carneros de matanza.” — 26 Compárese Am 1:2 y Jl
4:16. — 27 Cf. Jer 9:9; 10:24; 23:3. En 6:2, Judá es la “pradería de Yahvé.” — 28 Cf. Is 16:10; Lam 1:15; Is 63:1; Jl 4:13; Jer
48:33. — 29 Cf. Is 3:13-14. — 30 Cf. Is 66:16; Jer 8:2; 9:22; 12:12; 16:4. — 31 Cf. Jer 10:21; 22:22. — 32 Cf. Jer 6:26.
26. Conspiración contra Jeremías.
En este capítulo, de índole histórica, el profeta nos cuenta un trágico lance de su vida. Es el
mismo hecho que hemos encontrado en el c.7, narrado por su secretario Baruc. Son interesantes
las circunstancias de lugar y personales que aquí se dan. Este fragmento, que nos revela el temple
valeroso de Jeremías, que sabía afrontar los mayores peligros cuando se trataba de cumplir su
misión de profeta de Yahvé, y, por otra parte, confirma su tesis reiterada de que la presencia
material del templo de Jerusalén no es garantía de permanencia de la nación.
Anuncio de la destracción del templo (1-6).
1 Al principio del reinado de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, llegó a Jeremías
esta palabra de Yahvé: 2Así dice Yahvé: Ve a ponerte en el atrio de la casa de Yahvé
2047
y habla (a las gentes de) todas las ciudades de Judá, que vienen a prosternarse en la
casa de Yahvé, todas las palabras que yo te he ordenado decirles, sin omitir nada.
3Tal vez te escuchen y se conviertan cada uno de su mal camino, y me arrepienta yo
del mal que por sus malas obras había determinado hacerles. 4 Diles: Así dice Yahvé:
Si no me escucháis, caminando según la ley que os he dado, 5y escuchando las
palabras de mis siervos los profetas, que yo os he enviado desde muy temprano y
repetidamente y que habéis desoído, 6 yo haré de esta casa lo que hice de Silo, y de
esta ciudad haré la maldición de todos los pueblos de la tierra.
El hecho tiene lugar en los primeros años del reinado de Joaquim (609-598). Dios le ordena subir
al atrio del templo, e.d., al atrio exterior, o a la puerta que estaba entre el atrio exterior y el
interior. Debe hablar a las gentes de las ciudades de Judá, reunidas quizá allí con motivo de una
gran solemnidad. El contenido de su discurso debía centrarse en la inutilidad de un culto meramente
formalístico, atacando a la falsa confianza que les proporcionaba la presencia física del
templo de Sión. El fin de todo ello es dar ocasión al ejercicio de la misericordia divina, siempre
dispuesta a perdonar en el supuesto de que se conviertan de su mal camino (ν.3). Es la condición
que exige la santidad divina, ya que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y
viva1. Las amenazas de Dios por los profetas son siempre condicionadas a la conducta que observe
el pueblo. Siempre hay una esperanza de retirarlas, si hay un movimiento de compunción y
de cambio de vida en el pecador. Estas frases de invitación a la penitencia resultan un lugar común
reiterado en la literatura profética 2. Dios condiciona sus castigos a la conducta de los hombres;
por eso, hablando antropo-mórficamente, está dispuesto a arrepentirse del mal. que había
determinado hacerles (ν.3).
Los v.4-5 son una repetición de 7:4-7. Yahvé les ha dado una ley, y su cumplimiento llevará
al perdón, mientras que el apartarse de ella conduce a la ruina total del templo de Jerusalén,
como el de Silo en tiempos de los jueces: yo haré de esta casa lo que hice con Silo (v.6). Silo
había sido la capital provisional de la naciente nación israelita, cuando aún estaba fraccionada en
tribus. La razón de su preeminencia sobre las otras ciudades radicaba en el hecho de que era el
centro religioso, donde se guardaba el arca de la alianza 3. Por las infidelidades de los sacerdotes
se perdió momentáneamente el arca en tiempo de los filisteos, siendo Silo abandonada y postergada
en la época de la monarquía. Es la suerte que espera al templo de Jerusalén si sus habitantes
no cambian de conducta, en tal forma que su suerte será considerada como objeto de maldición
divina por todos los pueblos de la tierra. Se convertirá su suerte en proverbio y servirá de comparación
cuando se quiera expresar una maldición: que te suceda lo que le ha sucedido a Jerusalén.
Reacción de las clases dirigentes contra Jeremías. (7-11)
1 Y los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías decir estas palabras
en la casa de Yahvé. 8 Y cuando acabó Jeremías de hablar todo lo que Yahvé le
ordenara al pueblo, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo le prendieron, diciendo:
¡Vas a morir! 9¿Por qué profetizas en nombre de Yahvé, diciendo: Como Silo
será esta casa, y esta ciudad quedará asolada y sin moradores? Y se reunió en
torno a Jeremías todo el pueblo que había en la casa de Yahvé. 10Y oyendo estas cosas
los magistrados de Judá, subieron del palacio del rey a la casa de Yahvé y se pusieron
a la entrada de la puerta nueva del templo. 11Y los sacerdotes y profetas
hablaron a los magistrados de Judá y a todo el pueblo, diciendo: Reo es de muerte
2048
este hombre por haber profetizado contra esta ciudad lo que vosotros mismos habéis
oído.
La reacción de los oyentes fue hostil, como era de esperar, pues anunciaba desventuras, y sobre
todo se permitía dudar de la permanencia del templo de Yahvé, equiparado al modesto santuario
de Silo. Tenían aún el recuerdo de la milagrosa liberación de Jerusalén cuando la invasión de Senaquerib
en el 701, un siglo antes4, y no iba a ser menos generoso ahora Yahvé en prodigar sus
auxilios extraordinarios a su pueblo. Al invasor babilonio, pues, según la mentalidad de aquellos
inconscientes habitantes de Jerusalén, le esperará la misma suerte que a las huestes del coloso
asirio. Anunciar la ruina del templo era blasfemar de Yahvé, pues se ponía en duda sus promesas
de protección para con su pueblo. En esta reacción llevan la parte dirigente los falsos profetas y
los sacerdotes, a quienes interesaba halagar los sentimientos nacionalistas y patrioteros del pueblo
sencillo; por eso, al oír las predicciones sombrías de Jeremías, le dicen amenazadoramente:
¡Vas a morir! El templo era considerado por ellos como salvaguarda de la nación y prenda de su
permanencia. Hablar contra el templo era hablar contra Yahvé; por eso era, en opinión de ellos,
reo de muerte, como blasfemo 5. La escena se repetirá en el diálogo de los fariseos con Cristo
ante el supuesto anuncio de la destrucción del templo de Herodes 6; Jeremías aparece constantemente,
en varias circunstancias de su vida, como tipo de Jesucristo. Así aquí, como Jesús, es declarado
reo de muerte por los dirigentes del pueblo (v.11). El rumor del tumulto causado por las
predicciones de Jeremías llegó a oídos de los magistrados de Judá, quizá reunidos en el “aula de
justicia”7 del palacio real, al sur de la explanada del templo, donde tenía lugar la predicación de
Jeremías, y al punto subieron al atrio exterior del templo. Al llegar los representantes de la justicia,
las voces se acallaron de momento, y los sacerdotes y profetas, causantes del tumulto, trataron
de justificarse diciendo la causa: Jeremías ha hablado en contra de los intereses de esta ciudad
de Jerusalén al anunciar la futura destrucción de su templo, símbolo de la presencia y protección
de Yahvé, y, por tanto, como blasfemo público, es reo de muerte (v.11). Es la acusación
que se repetirá ante el tribunal romano contra Cristo por las clases dirigentes judías 8. Con mala
idea, los enemigos de Jeremías no dicen que haya hablado contra el templo, que pudiera interpretarse
por los oficiales reales como una defensa de sus intereses personales, sino que, para interesarles
en el terreno político, dicen que ha hablado contra esta ciudad, cuyos intereses debían
ellos salvaguardar. Por otra parte, callaron que la profecía de Jeremías era condicionada, e.d.,
subordinada al cambio de conducta moral de los habitantes de Jerusalén. Hay, pues, positiva
mala voluntad en la formulación de la acusación.
Valiente respuesta de Jeremías (12-15).
12 y dijo Jeremías a los magistrados y a todo el pueblo: Yahvé me ha mandado profetizar
contra esta casa y contra esta ciudad todo lo que habéis oído. 13 Ahora bien,
enmendad vuestros caminos y vuestras obras y escuchad la voz de Yahvé, vuestro
Dios, y se arrepentirá Yahvé del mal que había determinado haceros. 14 En cuanto a
mí, en vuestras manos estoy; haced conmigo lo que os parezca bueno y recto. 15 Pero
sabed bien que, si me matáis, será sangre inocente que echaréis sobre vosotros, sobre
esta ciudad y sobre sus habitantes, porque en verdad he sido enviado a vosotros
por Yahvé para deciros todo esto.
Jeremías sale responsable de las palabras que ha proferido en nombre de Yahvé, y, por tanto,
hace frente a todas sus consecuencias, exponiendo su vida. Se considera como un “enviado” de
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Dios, y no quiere oponerse a su voluntad: Yahvé me ha hecho profetizar contra esta casa. Es de
notar la convicción con que expresa esa acción íntima e incoercible de Dios en su alma, empujándole
a transmitir su mensaje. El profeta tiene conciencia de una misión ingrata, y no duda en
afrontar todas las hostilidades para cumplir su misión. Es una prueba de su desinterés personal.
Por otra parte, con sus palabras conminatorias no quiere sino dar una oportunidad de salvación,
invitándoles a la penitencia. No quiere la ruina del pueblo, sino su salvación definitiva (v.15).
Todavía es tiempo de conseguir que Yahvé suspenda su castigo arrepintiéndose del mal que
había determinado hacer.
Después les declara que está dispuesto a afrontar la muerte sin defenderse (en vuestras
manos estoy, v.14), pero al mismo tiempo les previene contra el derramamiento de sangre inocente,
que sería añadir un pecado más a los anteriores. Con ello logró tocar los íntimos sentimientos
de justicia que latían en sus oyentes, y la reacción le fue favorable. Jeremías confía en el
sentido de justicia de los magistrados, y, en efecto, la reacción del pueblo sencillo, antes soliviantado
por las clases dirigentes, se pone a favor de la víctima.
Reacción de los magistrados favorable al profeta. (16-19)
16 Y dijeron los magistrados y todo el pueblo a los sacerdotes y los profetas: No es
reo de muerte este hombre por hablarnos en nombre de Yahvé, nuestro Dios. 17 Y,
alzándose algunos de los ancianos de la tierra, dijeron a todo el pueblo allí congregado:
18 Miqueas de Morasti profetizó en tiempo de Ezequías, rey de Judá, y habló a
todo el pueblo de Judá: Así dice Yahvé de los ejércitos: Sión será arada como campo
de labor, Jerusalén será un montón de ruinas, y el monte del templo será una selva.
19 ¿Le hicieron acaso matar Ezequías, rey de Judá, y todo (el pueblo de) Judá? ¿No
temieron más bien a Yahvé y le aplacaron, y se arrepintió Yahvé del mal que había
pronunciado contra ellos? ¿Vamos a echar nosotros sobre nuestra alma un crimen
tan grande?
Los magistrados y el pueblo, impresionados por la argumentación de Jeremías y por su actitud
serena, reconocen que ha hablado en nombre de Yahvé. Por tanto, no es reo de muerte (v.16),
pues, a pesar de que sus palabras contradicen a las aspiraciones naturales de los habitantes de
Jerusalén, Jeremías es un mensajero de Dios, y, en consecuencia, merece el mayor respeto. Este
veredicto de los magistrados fue confirmado por algunos de los ancianos, representantes de la
tradición, y, por tanto, dignos de toda veneración. Aquí representan en sus respuestas la sensatez
y el sentido de responsabilidad, y citan el caso del profeta Miqueas, el cual un siglo antes, en
tiempos del rey Ezequías, había profetizado la destrucción de la Ciudad Santa: Sión será arada
como campo de labor (v.18). La cita es literal 9. Es el único caso en toda la literatura profética en
que en un escrito profético posterior se cita expresamente a otro anterior. Miqueas de Morasti
había anunciado que el monte del templo seria una selva (v.18), para indicar el abandono en que
se hallaría después de su destrucción. El profeta acumula varios símiles, “campo de labor,”
“montón de ruinas,” “selva,” para destacar enfáticamente el estado lamentable a que vendría a
parar la Ciudad Santa, orgullo de sus contemporáneos. Las frases son hiperbólicas, y no es necesario
entenderlas a la letra. En realidad, la destrucción llevada a cabo por las tropas de Nabucodonosor
no pudo ser más asoladora.
A pesar de este anuncio trágico de Miqueas, sus compatriotas, y en primer lugar el piadoso
rey Ezequías (727-690), no le persiguieron, sino que le hicieron caso, cambiaron su conducta,
con lo que se arrepintió Yahvé del mal que había determinado contra ellos 10. Es, pues, un ejem2050
plo para los contemporáneos de Jeremías. También éstos deben aceptar humildemente y con espíritu
de compunción la predicación de Jeremías, y, sobre todo, no deben cometer el crimen de
derramar su sangre inocente.
Injusta represión del rey Joaquim (20-24).
20 Y hubo también un hombre de los que profetizaban en nombre de Yahvé, Urías,
hijo de Semaya, de Quiriat-Yearim, que profetizó contra esta ciudad y esta tierra lo
mismo que Jeremías. 21 Al oír el rey Joaquim, sus guardias y sus ministros lo que
decía, quiso el rey matarle, y, oyéndolo Urías, temió y huyó a Egipto; 22 pero el rey
Joaquim envió a Egipto emisarios, a Elnatán, hijo de Agbor, y a otros que le acompañaron
a Egipto, 23 y, sacando a Urías de Egipto, le condujeron al rey Joaquim,
que le hizo matar a espada, arrojando su cadáver a la fosa común. 24 En favor de Jeremías
intervenía Ajicam, hijo de Safan, para evitar que fuese entregado en manos
del pueblo para matarle.
El compilador de los oráculos de Jeremías, secretario personal suyo, Baruc, aduce otro ejemplo
para destacar el gran peligro en que se hallaba el profeta de Anatot a causa de su predicación en
contra de los deseos populares. Este Urías profeta nos es desconocido en la Biblia fuera de este
lugar. Era natural de Quiriat- Yearim, identificada hoy con Quiriat Inab o Abu Ghosh, a 12 kilómetros
al noroeste de Jerusalén, en la carretera de Jafa u. El profeta huyó a Egipto por temor a
ser objeto de las iras intempestivas del rey y de sus cortesanos. Egipto era el lugar de refugio de
muchos judíos, como el rebelde Jeroboam en tiempos de Salomón 12. Pero ahora la situación era
diferente, ya que la corte de Jerusalén estaba en muy buenas relaciones diplomáticas y aun militares
con la de los faraones. Por eso, el rey Joaquim no tuvo dificultades en enviar emisarios a
buscar al fugitivo. El faraón egipcio Necao II, que buscaba ante todo tener contento al reyezuelo
de Jerusalén, facilitó la extradición del infortunado profeta. Podemos poner el hecho en los primeros
años del rey Joaquim, entre el 609-605, cuando el faraón egipcio tenía mucha influencia
en Palestina, antes de la invasión de Nabucodonosor, como generalísimo de las tropas babilonias,
en tiempos de Nabopolasar, su padre. El impío Joaquim mandó matar a Urías, privándole, para
mayor escarnio, de una sepultura honrosa y enterrándole en la fosa común de los desheredados.
El hagiógrafo da la razón de por qué Jeremías tuvo mejor suerte que el infortunado Urías.
El profeta de Anatot tenía entre los altos dignatarios uno que le defendía abiertamente, Ajicam,
hijo de Safan (v.24.), que conocemos por otros lugares de la Biblia. Parece que es el mismo que
fue en la comisión enviada a consultar a la profetisa Huida en tiempos del piadoso rey Josías 13,
y, a su vez, era el padre del futuro gobernador Godolías, nombrado por los babilonios después de
la toma de Jerusalén.
27. Invitación a la sumisión a Babilonia.
Los c.27-29 parecen guardar cierta unidad literaria, tanto por la materia de que tratan (la lucha
de Jeremías contra las falsas pretensiones de los falsos profetas) como por ciertas peculiaridades
redaccionales. La misma ortografía de los nombres propios tiene un sello especial. El texto griego
difiere mucho del texto masorético1. Los hechos parecen desarrollarse más tarde, en tiempos
de Sedecías, cuando ya había tenido lugar la primera deportación masiva, en el 598. Había una
2051
esperanza general de ver el retorno de los exilados, y los falsos profetas anunciaban de parte de
Yahvé tan venturoso acontecimiento. Jeremías, sin embargo, tiene que hacer frente a tales vanas
esperanzas. La realidad va a ser muy otra. Dios ha decidido entregar la Tierra Santa al instrumento
de su justicia, Nabucodonosor, y es preciso que se acate esta realidad como mal menor; de lo
contrario, las consecuencias serán más trágicas, ya que desaparecerá la nación como tal. Con el
advenimiento al trono egipcio de Psamético (594) resucitaron las esperanzas nacionalistas entre
los reyezuelos de Canaán, los cuales quisieron formar una liga antibabilónica. Ante esta situación,
Jeremías recomienda prudencia y sentido realista de la situación.
Amonestación a las naciones vecinas (1-11).
1 A principios del reinado de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, llególe a Jeremías
de parte de Yahvé esta palabra, diciendo: 2 Así dice Yahvé: Hazte unas coyundas y
un yugo y póntelas al cuello, 3 y manda a decir 2 al rey de Edom, al rey de Moab, al
rey de los hijos de Amón, al rey de Tiro y al rey de Sidón, por los embajadores que
han venido a tratar con Sedecías, rey de Judá, a Jerusalén 4 que digan a sus señores:
Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Esto habéis de decir a vuestros señores:
5 Yo, con mi gran poder y la fuerza de mi brazo, he hecho la tierra, al hombre y
a los animales que hay sobre la haz de la tierra, y la doy a quien quiero. 6 Ahora he
dado todas estas tierras en poder de mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y
aun las bestias del campo las he puesto a su servicio, 7 y habrán de estarle sometidas
todas las naciones a él, a su hijo y al hijo de su hijo, hasta que venga el tiempo también
para su tierra y la sojuzguen pueblos poderosos y reyes grandes. 8 Al pueblo y
al reino que no quiera someterse a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y no dé su cuello
al yugo del rey de Babilonia, le visitaré yo con espada, hambre y peste — oráculo
de Yahvé — hasta someterlo a su poder. 9 No escuchéis, pues, a vuestros profetas, a
vuestros adivinos, a vuestros soñadores, a vuestros agoreros y a vuestros encantadores,
que os dicen: No os veréis sometidos al rey de Babilonia. 10 Porque es mentira lo
que os profetizan para que seáis alejados de vuestra tierra y yo os disperse y perezcáis,
Al pueblo que dé su cuello al yugo del rey de Babilonia y se le someta, le dejaré
en su tierra — oráculo de Yahvé — y la cultivará y habitará en ella.
El v.1 falta en el texto griego y es idéntico a 26:1. Por otra parte, la mención de Joaquim no puede
ser auténtica, ya que en el contexto se habla del reinado de Sedecías 3. Habría que cambiar,
pues, el nombre de Joaquim en Sedecías. Algunos críticos prefieren sustituir el verso por el 28:1,
o lo suprimen, ya que el v.2 parece una segunda introducción, que, por otra parte, es idéntica a
13:1.
Por orden de Dios ejecuta de nuevo el profeta una acción simbólica4. La finalidad de esta
predicación plástica era impresionar a las mentes de las gentes, poco dadas a la abstracción. El
oriental vive sobre todo de la imaginación y prefiere las composiciones dramáticas a las exposiciones
conceptuales al estilo helénico. Isaías anduvo tres años medio desnudo para atraer la atención
de sus oyentes. Ezequiel utilizará a menudo estos procedimientos, que a nosotros nos resultan
infantiles y hasta ridículos. Jeremías mismo anduvo por las calles de Jerusalén con un yugo al
cuello para simbolizar la futura sujeción de Judá a Babilonia 5.
Aquí Dios manda al profeta que se presente a los embajadores extranjeros con un yugo al
cuello. La acción simbólica de Jeremías debía significar a aquellos representantes de los pequeños
reinos siro-fenicio-palestinos el destino que les esperaba, y que era inútil querer hacer ligas
2052
contra Babilonia, ya que Yahvé había decidido dar el triunfo a Nabucodonosor. En este sentido,
Jeremías hace de profeta también para las naciones paganas6. Como garantía de la veracidad de
lo que anuncia, proclama enfáticamente que habla en nombre de Yahvé, que es el Creador de todo
y que, por tanto, dirige los hilos de la historia de todas las naciones, aun las paganas: Yo con
mi poder y mi brazo he hecho la tierra. (ν.6), y, por tanto, la da a quien quiere: He dado todas
estas tierras en poder de mi siervo Nabucodonosor (v.6). Es el arbitro de los destinos de los pueblos
7. Sobre todo acontecer histórico están los designios inescrutables de la divina Providencia,
que guía los hombres y los reinos según las exigencias de su justicia y santidad. Nabucodonosor
será su siervo en cuanto instrumento de sus justicieros designios. Con ello no se quiere aprobar
todas sus injusticias y atropellos. También para el imperio babilónico llegará su castigo, cuando
sea sojuzgado por pueblos poderosos y reyes grandes (v.7). El profeta invita a la sumisión no
sólo por prudencia elemental humana, sino como acatamiento obediente de la voluntad omnímoda
de Yahvé, preludio de una conversión futura y acatamiento de sus leyes.
Es voluntad del Dios de Israel que se sometan todas las naciones al invasor babilónico
durante un breve lapso de tiempo, es decir, durante la vida de Nabucodonosor, de su hijo y del
hijo de su hijo (v.7). Efectivamente, sabemos que el poderío del imperio caldeo duró, poco más o
menos, la vida de un hombre, siendo suplantado en el 538 por el imperio persa, con Ciro el
Grande al frente. La palabra hijo aquí tiene el sentido amplio de sucesor. La duración otorgada
por el profeta al imperio babilónico coincide, más o menos, con el número redondo de setenta
años que aparece en 29:10.
El rehusar someterse a este destino inevitable no hará sino aumentar las proporciones de
la catástrofe, ya que la rebelión no hará sino traer la destrucción, las matanzas, las deportaciones:
la espada, el hambre y la peste (v.8), los tres terribles flagelos enviados por Yahvé para castigar
la obstinación de los que no le quieren reconocer como Dios.
Esta es la única perspectiva segura: la invasión y el triunfo de Nabucodonosor será inevitable;
por tanto, es inútil guiarse por promesas vanas humanas lanzadas por profetas desaprensivos,
que no transmiten mensajes auténticos de Yahvé, sino lo que les dicta su imaginación y sus
intereses materiales. Son soñadores y agoreros, que no merecen crédito alguno.
Invitación a Sedéelas a someterse a Babilonia (12.-15)
12 Y a Sedecías, rey de Judá, le hablé de todo esto, diciéndole: Dad vuestro cuello al
yugo del rey de Babilonia, someteos a él, a su pueblo, y viviréis. 13 ¿Para qué morir
tú y tu pueblo de espada, hambre y peste, como dijo Yahvé respecto del pueblo que
no se someta al rey de Babilonia? 14 Y no escuchéis a los profetas que os dicen: “No
os veréis sometidos al rey de Babilonia,” pues lo que os profetizan es mentira. 15
Porque no los he enviado yo — oráculo de Yahvé — , aunque ellos mentirosamente
profetizan en mi nombre, y serán causa de que yo os disperse y perezcáis vosotros y
los profetas que os profetizan.
El profeta, después de haber hablado a los embajadores extranjeros, habla directamente al rey
Sedecías, comunicándole el mismo mensaje. Es inútil querer sustraerse al yugo de Babilonia,
pues es cosa decidida de Yahvé. Le habla en plural porque en él ve representada toda la nación
en peligro. De la decisión real depende la suerte de todo el pueblo (v.13). Las vanas promesas de
los falsos profetas no tienen el respaldo de la palabra divina, ya que sólo quieren halagar las aspiraciones
del ambiente popular y de la misma corte: No los he enviado yo (v.15); de ahí que sean
meros impostores aunque profeticen en nombre de Yahvé. La característica de los verdaderos
2053
profetas es promover el retorno de los corazones a Yahvé y su Ley. Toda otra predicación que
aparte del Dios nacional es espúrea.
Anuncio de la depredación del templo a los sacerdotes (16-22).
16 Y a los sacerdotes y a todo este pueblo les hablé, diciendo: Así dice Yahvé: No escuchéis
lo que os profetizan vuestros profetas, diciendo: “He aquí que los vasos de la
casa de Yahvé van a ser devueltos de Babilonia ahora en seguida,” porque os profetizan
mentira. 17 No los escuchéis, someteos al rey de Babilonia y viviréis. ¿Por qué
esta ciudad ha de venir a ser un desierto? 18 Y si en verdad son profetas, si tienen
palabra de Yahvé, que intercedan ante Yahvé de los ejércitos para que los vasos que
todavía quedan en el templo y en el palacio del rey de Judá y en Jerusalén no sean
llevados también a Babilonia. 19 Porque así dice Yahvé de los ejércitos acerca de las
columnas, del mar de bronce, de los basamentos y de los demás utensilios que todavía
quedan en esta ciudad 20 y no han sido llevados por Nabucodonosor a Babilonia
al llevar cautivos de Jerusalén a Babilonia a Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá,
y a todos los notables de Judá y de Jerusalén. 21 Pues así dice Yahvé de los ejércitos,
Dios de Israel, de los utensilios que aún quedan en la casa de Yahvé y en el palacio
del rey de Judá y en Jerusalén: 22 A Babilonia serán llevados, y allí estarán hasta el
día en que los visite — oráculo de Yahvé — y los haré traer y restituir a este lugar.
El profeta sale al paso de una ilusión, efecto de la falsa predicación de los falsos profetas. Se creía
que se acercaba el tiempo del retorno de los cautivos llevados en el 598, y con ellos los vasos
de la casa de Yahvé (v.16), llevados como botín por las tropas babilónicas 8. Pero Jeremías conoce
por revelación divina la suerte que espera al resto de los utensilios del templo salvados en la
primera expoliación. También éstos serán llevados a Babilonia. Era anunciar la total depredación
del templo, la ruina total de la Ciudad Santa (v.20). Las columnas eran las famosas de bronce
fundidas por Salomón, que estaban ante el vestíbulo del templo 9. El mar de bronce era el gran
recipiente que contenía el agua para los sacrificios y las lustraciones 10; los basamentos eran los
diez carritos de bronce que servían para llevar el agua a los diversos servicios del templo. Después
de la toma de Jerusalén del 586, los babilonios deshicieron estos utensilios, llevándose el
material precioso de ellos 11. Es el cumplimiento de la promesa de Jeremías (v.22). La frase allí
estarán hasta que los visite es considerada generalmente como glosa posterior. En Esd 1:7-11 se
habla del retorno de estos utensilios, como aquí se anuncia.
1 Las razones que se suelen aducir para considerar estos tres capítulos como sección aparte redaccionalmente son: a) a Nabucodonosor
se le llama Nabucadnesar, en vez de Nebucadrezar, que aparece en el resto del libro; b) los nombres teóforos aparecen bajo la
forma abreviada de y oh; c) al nombre de Jeremías le precede el sustantivo profeta; d) el texto griego tiene mayores diferencias
con el TM que en el resto del libro. Cf. STREANE, o.c., p.iós. — 2 Lit. “envíalas,” es decir, las coyundas, a los reyes citados, lo que
no es verosímil. — 3 Cf. v.3:12.20.28. Tres manuscritos hebreos y la versión siríaca ponen Sedecías, como pide el contexto. — 4
Cf. c.13 y 19-5Cf. c.28. — 6 Cf. Jer 1:5.10. — 7 Cf. Jer 18,5; Dan 4:17; Sal 115:15-16. — 8 Cf. 2 Re 24:13. — 9 Cf. 1 Re 7:155.
— 10 Cf. 1 Re 7:23. — 11 Cf. 2 Re 25:13.
28. Incidente personal entre Jeremías y el falso profeta Ananias.
Este interesante relato encaja perfectamente en el contexto del capítulo anterior. Jeremías había
aconsejado sujetarse al yugo babilónico, en contra de las esperanzas fáciles y vanas de los falsos
profetas, que andaban halagando al pueblo. Se presentaban como portadores de revelaciones secretas
de Yahvé, conocedores del futuro de su pueblo. Hacía cuatro años que había tenido lugar
2054
la primera gran deportación (598), con el joven rey Jeconías (o Joaquín) al frente. Al predicar
Jeremías la sumisión a Babilonia, se oponía a los sentimientos nacionalistas de sus conciudadanos,
y por eso era considerado como traidor a los intereses de su patria aun sospechoso de connivencia
con el enemigo. Para él, como para los demás verdaderos profetas, ante todo debían prevalecer
los intereses religiosos de la nación, lo que suponía abstenerse de combinaciones políticas
con pueblos extranjeros que habrían de traer consigo influencias idolátricas. Por otra parte,
era necesario emprender un camino de conducta totalmente nuevo, con la entrega plena de los
corazones a Yahvé, y no limitarse a meras formulaciones ritualistas en el templo. Los falsos profetas,
en cambio, hacían creer al pueblo que Yahvé no podía permitir la derrota de su pueblo, ya
que se comprometería su honor como protector del mismo.
Predicción de Anemias (1-4).
1 Y sucedió en aquel mismo año, al comienzo del reinado de Sedecías, rey de Judá,
en el año cuarto, en el quinto mes, que Ananías, hijo de Azur, profeta de Gabaón,
me dijo en la casa de Yahvé delante de los sacerdotes y de todo el pueblo: 2 Así dice
Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: He roto el yugo del rey de Babilonia. 3 Al cabo
de dos años haré volver a este lugar todos los utensilios de la casa de Yahvé que de
este lugar se llevó Nabucodonosor, rey de Babilonia, transportándolos a Babilonia; 4
y a Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y todos los cautivos de Judá llevados a
Babilonia, los haré retornar a este lugar — oráculo de Yahvé — , porque quebraré
el yugo del rey de Babilonia.
El incidente tiene lugar en el año cuarto del rey Sedecías, e.d., en el 594, cuando había pasado la
impresión de la primera gran deportación (598). El contrincante de Jeremías es un falso profeta,
Ananías, de Gabaón, antigua ciudad levítica, la actual El-Gib, a 10 kilómetros al noroeste de Jerusalén
l. Famosa por el “lugar alto” adonde iba Salomón a ofrecer oblaciones. Ananías pretende
presentarse en nombre de Yahvé, ofreciendo la liberación de la opresión babilonia: Pie roto el
yugo del rey de Babilonia (v.2). Sus contemporáneos vivían con la ilusión de que el imperio
opresor babilónico había de derrumbarse ante la presión de Egipto y de otros pueblos coligados.
La frase de Ananías alude a la invitación hecha por Jeremías en el capítulo anterior a someterse
al yugo de Nabucodonosor. Según el v.10, Jeremías llevaba realmente al cuello un yugo para indicar
esta sujeción, y esto exasperó a Ananías. No sólo iba a quebrarse el poderío babilónico, sino
que retornarían los exilados, y con ellos los utensilios de la casa de Yahvé (ν.3). Esta predicción
es contraria a la de Jeremías, que anunciaba un exilio de larga duración, de setenta años en
números redondos 2.
Respuesta de Jeremías (5-9).
5 Y dijo Jeremías, profeta, al profeta Ananías, delante de los sacerdotes y de todo el
pueblo que estaban en la casa de Yahvé: 6 Así sea, hágalo Yahvé; que mantenga
Yahvé tu palabra que has vaticinado, haciendo volver a este lugar de Babilonia los
utensilios de la casa de Yahvé y a todos los cautivos. 7 Pero oye lo que delante de todo
el pueblo voy a decirte: 8 Los profetas que desde antiguo antes de mí y antes de ti
fueron, profetizaron a numerosos países y a grandes reinos la guerra, la desventura
y la peste. 9 El profeta que profetiza paz, por el cumplimiento de su profecía habrá
de ser tenido por profeta, enviado en verdad por Yahvé.
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Jeremías responde a las venturosas predicciones de Ananías diciendo que bien desearía que así
sucedieran las cosas: así sea., que mantenga Yahvé tu palabra (ν.6). Pero la realidad es muy otra;
pues, según sus revelaciones personales, el destino de sus compatriotas va a ser muy trágico como
consecuencia de la indefectible invasión babilónica. Como buen patriota, deseaba que los
utensilios de la casa de Yahvé volvieran a su lugar debido. Pero, aparte de que él no participa de
este optimismo, la experiencia de profetas que desde antiguo profetizaron (v.8) confirma sus lúgubres
puntos de vista, pues profetizaron. la guerra 3, y sus predicciones han sido confirmadas
por la historia. En efecto, las profecías anteriores a Jeremías son predominantemente pesimistas,
y en este sentido están en la línea de él mismo, en contra de la posición ingenua de Ananías. Una
de las características de los verdaderos profetas era hacer frente a la opinión optimista popular,
llamándolos a la penitencia; de lo contrario, no tardaría en intervenir la justicia divina. La
misión del profeta verdadero es ante todo despertar la conciencia religiosa del pueblo escogido,
fustigando sus vicios y transgresiones e invitándole a retornar a Yahvé, dejando sus caminos materialistas
y humanos. Por eso, cuando el profeta anuncia paz (en contra de su ordinario modo de
obrar), es necesario esperar el cumplimiento de esa predicción venturosa para ver si es verdadera
(V.9). La presunción, pues, por regla general, está a favor del profeta que anuncia castigos en contra
de las ilusiones del vulgo, ya que es un signo claro de que no se busca la popularidad. La
respuesta de Jeremías es prudente y comedida, buscando en todo el buen sentido en su contrincante.
Ananías rompe el yugo de Jeremías (10-17).
10 Tomó entonces el profeta Ananías el yugo del cuello de Jeremías, profeta, y lo
rompió, 11 diciendo delante de todo el pueblo: Esto dice Yahvé: “Así romperé yo dentro
de dos años el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, de sobre el cuello de
todos los pueblos.” Y el profeta Jeremías se fue su camino. 12 Después que Ananías,
profeta, había roto el yugo de sobre el cuello del profeta Jeremías, tuvo éste palabra
de Yahvé, diciendo: 13 “Ve y dile a Ananías: Así dice Yahvé: Has roto un yugo de
madera. En su lugar yo haré un yugo de hierro, 14pues así dice Yahvé de los ejércitos,
Dios de Israel: Yugo de hierro pondré yo sobre la cerviz de todos estos pueblos,
para que estén sometidos a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y le servirán; aun los
mismos animales del campo se los he dado a él. 15 Y dijo el profeta Jeremías a Ananías,
profeta: Escucha, pues, Ananías: No te ha enviado a ti Yahvé, y tú estás dando
a este pueblo falsas esperanzas; 16 por eso así dice Yahvé: He aquí que voy a quitarte
de sobre la haz de la tierra; este mismo año morirás por haber predicado la rebelión
contra Yahvé. 17 Y murió el profeta Ananías en ese mismo año, en el séptimo mes.
La respuesta sensata, aunque irónica, de Jeremías tuvo el efecto de sobreexcitar a Ananías. Para
salvar su prestigio ante los oyentes, recurrió a un gesto teatral, con el que iba a reafirmar la convicción
en sus predicciones: tomó el yugo de sobre el cuello de Jeremías, haciéndolo pedazos.
Jeremías se había presentado con el yugo como símbolo de su predicción de la esclavitud babilónica.
Ahora su contrincante quiere impresionar al auditorio con otro gesto simbólico, al romper
el yugo llevado por Jeremías: Así romperé yo el yugo de Nabucodonosor (v.11), y da el término
de dos años para el cumplimiento de su profecía. Eran muchos los que esperaban y confiaban en
una derrota del coloso babilonio; por eso esta promesa de Ananías confirmaba sus puntos de vista.
Ante esta actitud histérica de Ananías, el profeta de Anatot opta por callarse, esperando mejor
ocasión; así se fue su camino (v.12). Era la actitud más digna, ya que lo contrario era rebajarse a
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alternar con un charlatán de feria. Ha cumplido su misión de predicar al pueblo. Aparentemente
ha triunfado su adversario. Ya llegará el momento en que hablará de modo más convincente de
parte de Yahvé. El no podía extralimitarse en su misión de profeta, y dependía en todo de la
inspiración directa divina. Era justamente esto lo que le distinguía de los falsos profetas, que
predicaban lo que halagaba sus intereses y les sugería su imaginación.
Por orden divina, Jeremías vuelve a enfrentarse a Ananías para comunicarle una revelación
que acaba de recibir. Ha creído triunfar con su gesto teatral de romper el yugo, pero no ha
conseguido nada, pues Yahvé, por su presunción, le va a castigar de muerte. Con su aparatoso
acto de romper el yugo había querido dar a entender que Yahvé iba a romper el yugo babilónico,
pero las cosas iban a ir muy de otro modo. Yahvé reafirma su voluntad de que todos los pueblos
se sometan a Nabucodonosor de modo inexorable: fías roto un yugo de madera. En su lugar, yo
haré un yugo de hierro (v. 13). En vez del yugo de madera que proponía antes Jeremías, invitando
a su pueblo a someterse a los babilonios, con lo que la servidumbre sería menos dura, Yahvé
hará venir una opresión feroz, consecuencia de la rebelión contra Nabucodonosor, y entonces el
yugo será insoportable, de hierro (v.14).
Y como prueba de esta predicción, Jeremías le dirige personalmente a Ananías un vaticinio
lúgubre sobre su propia suerte. Se ha arrogado el oficio de profeta, sin que Yahvé le hubiera
enviado, desconcertando al pueblo con sus falsas esperanzas (v.15), y Dios justamente le va a
enviar la muerte como castigo en un breve plazo, de modo que todos vean en ello un signo de la
certeza de las profecías de Jeremías (v.16). Efectivamente, Ananías murió en ese mismo año, en
el séptimo mes (ν.17). Es la simple constatación del hecho, prueba de la veracidad de las profecías
de Jeremías.
1 Cf. Abel, Géog. 1 Re 3:4-éog. II p.335; Jos 11:19; 18:25; 21:17; Flavio Josefo, Bel iud. II 19:1; — 2 Cf. Jer 29:28; 27:7; 25:11;
29:10. — 3 Asi Según el texto Sriego. El TM lee “guerra, desventura y peste.” Con un ligero cambio de letras tenemos la trilogía
clásica de los flagelos: “guerra, hambre y peste.”
29. Epístola de Jeremías a los Exilados.
También los exilados de la deportación del 598 mantenían vanas esperanzas en el destierro sobre
su próxima repatriación, esperanzas que eran alentadas por falsos profetas y adivinos oportunistas.
Jeremías en una epístola les previene contra este excesivo optimismo, anunciando el castigo
a los causantes de la agitación entre los deportados. Esta comunicación de Jeremías no fue
bien recibida por un sector de los exilados, entre ellos un tal Semeyas, que escribió a su vez al
inspector del templo de Jerusalén quejándose de que no hubieran tomado medidas contra el profeta
de Anatot. Estas cartas indican que había una comunicación fluída entre los desterrados y los
que aún permanecían en Palestina antes de la catástrofe del 586. De tiempo en tiempo iban a Babilonia
comisiones de israelitas a llevar los tributos impuestos por los babilonios.
Jeremías está preocupado por la suerte de los exilados, en los que ve el núcleo de la futura
restauración nacional. Este c.29 tiene muchos puntos de contacto con el c.24 1. Quizá esta
epístola sea del tiempo de la visión del c.24, en la que se habla de higos maduros agradables (los
exilados) y de brevas insoportables (los que aún permanecen en Palestina, a quienes les está reservada
una suerte más dura). Jeremías aprovechó una legación oficial para enviarles una carta
admonitoria. Le preocupaban las noticias que llegaban de la agitación causada por ciertos falsos
profetas, y era preciso hacer ver al pueblo que debía pensar en instalarse para permanecer allí
mucho tiempo, durante el cual debían procurar habituarse al ambiente en lo económico y hacer
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prosperar la propia comunidad israelita exilada.
Anuncio de un largo exilio (1-9).
1 Estas son las palabras de la carta que desde Jerusalén envió Jeremías profeta al
resto de los ancianos de la cautividad, a los sacerdotes, a los profetas y a todo el
pueblo que de Jerusalén había llevado Nabucodonosor a Babilonia, 2 después de
haber salido Jeconías, el rey, la reina, los eunucos, los notables de Judá y de Jerusalén,
los herreros y los carpinteros, 3 (llevada) por mano de Elasa, hijo de Safan, y de
Gamarías, hijo de Helcías, a quienes mandó Sedecías, rey de Judá, a Babilonia a
Nabucodonosor, rey de Babilonia. Decía: 4 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de
Israel, a todos los cautivos que yo he desterrado de Jerusalén a Babilonia: 5 Construid
casas y habitadlas, plantad huertos y comed sus frutos. 6 Tomad mujeres y engendrad
hijos e hijas. Dad mujeres a vuestros hijos, y maridos a vuestras hijas, y
tengan hijos e hijas; multiplicaos allí en vez de disminuir. 7 Procurad la prosperidad
de la ciudad adonde os he deportado y rogad por ella a Yahvé, pues su prosperidad
será vuestra prosperidad. 8 Porque así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: No
os dejéis engañar por vuestros profetas que habitan entre vosotros y por vuestros
adivinos. No escuchéis su sueño. 9 Porque mienten cuando os profetizan en mi nombre.
Yo no los he enviado. Oráculo de Yahvé.
La epístola va enviada a los ancianos o cabezas de familia, directores espirituales de su pueblo.
Era una institución patriarcal que había tenido siempre gran influencia al lado de las otras clases
dirigentes, como los sacerdotes, profetas. Sobre todo en Babilonia, privados de las organizaciones
oficiales estatales, volvieron a restablecer el régimen del patriarcado, que había perdido mucho
durante la monarquía. La palabra resto parece indicar que eran pocos los que quedaban 2.
Sabemos que los babilonios concedían cierta autonomía jurídica a los exilados para poder gobernarse
conforme a sus propias leyes 3. Los profetas de que se habla parecen ser los falsos profetas,
corno traducen los LXX. Precisamente porque fomentan vanas ilusiones de retorno, no eran auténticos
profetas, como lo era Ezequiel. Se les asocia maquinalmente a los sacerdotes por procedimiento
mecánico redaccional. Estos tres primeros versos son de Baruc, secretario de Jeremías,
que quiere situar la epístola en su circunstancia histórica.
El verso puede ser adición posterior redaccional, para destacar que la deportación de que
se habla es la del 598 y no la del 586. La reina es la madre de Jeconías, o “reina-madre”4. Los
eunucos son los cortesanos en general. Los herreros y carpinteros o cerrajeros son las fuerzas
industriales vivas de la nación, llevadas por los babilonios para que no pudieran organizar de
nuevo la resistencia5. Los portadores de la epístola son altos dignatarios de la corte, encargados
quizá de una misión oficial de llevar los tributos o de informar a Babilonia de las buenas disposiciones
de Sedecías hacia los babilonios. Algunos nombres son conocidos, y parece que alguno de
los citados era favorable a Jeremías 6. En todo caso, los portadores debían de ser agentes bien
mirados en la corte babilónica por sus ideas moderadas y realistas, y, por tanto, no ajenas al pensamiento
de Jeremías, que predicaba la sumisión para evitar mayores males. Jeremías, al escribir
a sus compatriotas, lo hace en nombre del Dios nacional (v.4). El contenido de la carta es de lo
más realista. Los exilados deben hacer sus cálculos como si fueran a ser ciudadanos perpetuos de
la nueva tierra, echando las bases de una economía doméstica y aun procurando el aumento demográfico
del pueblo (v.5-6). Y añade algo más revolucionario que había de resultar blasfemo
para muchos puritanos: procurad la prosperidad de la ciudad adonde os he deportado y rogad a
2058
Yahvé por ella (c.7). Estas palabras tenían que resultar inauditas para aquellos cerrados israelitas,
que no podían comprender que Yahvé pudiera ayudar a sus enemigos, y, por tanto, que era absurdo
orar por ellos a su Dios 7. Para Yahvé, según ellos, no podía haber otros intereses que los
de Israel y su ciudad santa. En cambio, para Jeremías, el invasor babilonio es un instrumento de
Yahvé para corregir a su pueblo, y, por tanto, los israelitas debían aprovecharse de las buenas
cualidades de sus dominadores y convivir pacíficamente con ellos. En estas palabras de Jeremías
vemos una cierta insinuación de simpatía, que, sin ser una declaración expresa de amor a los
enemigos, lo que es propio del Ν. Τ. 8, supone un horizonte universalista que se va abriendo paso
en la literatura profética y sapiencial. En el mismo Jeremías encontramos la profecía sobre la participación
de las naciones paganas, en los tiempos mesiánicos, de las bendiciones divinas 9. La
dispersión de los israelitas en la cautividad sirvió, en los planes divinos, para difundir el conocimiento
del Dios universal de las promesas.
El profeta sale al encuentro de las predicciones optimistas de los falsos profetas y adivinos
(v.8), que predicaban una resistencia pasiva, basada en la esperanza de un próximo retorno.
En realidad mienten, porque no hablan en nombre de Yahvé. Son usurpadores del oficio profético.
La penitencia, condición de retorno (10-14).
10 Pues así dice Yahvé: Cuando se cumplan los setenta años de Babilonia, os visitaré
y mantendré para con vosotros mi palabra venturosa de volveros a este lugar. 11
Pues yo conozco mis designios para con vosotros — oráculo de Yahvé — , designios
de paz y no de desventura, de daros un porvenir y una esperanza. 12Me llamaréis y
vendréis a suplicarme, y yo os escucharé; me buscaréis y me hallaréis. 13Me buscaréis
y me hallaréis si me buscareis de todo corazón. 14Y me dejaré hallar de vosotros
— oráculo de Yahvé — ; yo haré volver a vuestros desterrados, y os reuniré de entre
todos los pueblos y de todos los lugares a que os arrojé — oráculo de Yahvé — y os
haré volver a este lugar de que os eché.
No obstante, la condición de exilados rio durará siempre, sino que llegará un momento en que
podrán volver a su patria, pero esto después de una larga generación: cuando se cumplan los setenta
años de Babilonia (v.10). Lo indicado por esa cifra redonda de setenta es lo que, más o
menos, duró el imperio babilónico: desde el 605 (batalla de Carquemis, en la que Nabucodonosor
venció definitivamente a los egipcios) al 538, en que Ciro entró en Babilonia.
La repatriación se cumplirá, pues los designios de Yahvé para con su pueblo son designios
de paz y no de desventura (v.11). Si los ha castigado, ha sido para salvar los derechos inalienables
de su justicia y santidad; pero de nuevo quiere darles un porvenir y una esperanza, es
decir, resucitarlos como pueblo, como colectividad nacional. Y por eso, aunque estén en tierra
extranjera, lejos del santuario de Yahvé, donde reside oficialmente, los escuchará: me llamaréis.
y yo os escucharé (v.12). Pero es necesario que le busquen de corazón. Yahvé entonces no estará
lejos de ellos: me dejaré hallar de vosotros (v.14). Y el resultado de ello será que volverán los
desterrados (v.14).
Suerte trágica de los moradores de Jerasalén (15.-19)
15 Como vosotros decís: Yahvé nos ha suscitado profetas en Babilonia, 16 pues así dice
Yahvé del rey que se sienta en el trono de David y de todo el pueblo que mora en
esta ciudad, vuestros hermanos, que no salieron con vosotros al destierro. 17 Así dice
2059
Yahvé de los ejércitos: He aquí que yo mandaré contra ellos la espada, el hambre y
la peste; los tornaré en higos que de malos no pueden comerse, 18 y los perseguiré
con la espada, el hambre y la peste, y los haré objeto de terror para todos los reinos
de la tierra, maldición, espanto, ludibrio y oprobio entre todos los pueblos a los que
los arrojaré, 19 por no haber escuchado mis palabras — oráculo de Yahvé — , que
muy pronto y reiteradamente les anuncié por mis siervos los profetas, a quienes yo
envié y no los escucharon — oráculo de Yahvé.
Jeremías sale al paso de una falsa ilusión: los exilados creen, ilusionados, que su retorno está
próximo, pues tienen profetas suscitados por Yahvé que les aseguran una próxima liberación
(v.15).
En realidad son unos impostores, ya que el futuro va a ser muy diferente del anunciado
por ellos. La primera deportación no ha sido sino el preludio de otra catástrofe más general. Por
eso la suerte de los que quedaron en Jerusalén será peor que la de los actualmente exilados, pues
Yahvé desencadenará sobre ellos la espada, el hambre y la peste (ν.17) 10.
Contra los falsos profetas (20-23).
20 Vosotros, pues, todos los cautivos que yo he llevado de Jerusalén a Babilonia, oíd
la palabra de Yahvé: 21 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel, a Acab, hijo
de Qolayah, y a Sedecías, hijo de Masayah, que mentirosamente os profetizan en mi
nombre: He aquí que yo les entregaré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia,
que los ajusticiará a vuestros ojos, 22y quedará de ellos, entre los cautivos de
Judá que están en Babilonia, la maldición: “¡Haga contigo Yahvé como con Sedecías
y Acab, a quienes asó al fuego el rey de Babilonia!” 23Por haber hecho iniquidades
en Israel, haber adulterado con las mujeres de sus prójimos y haber hablado mentirosamente
en mi nombre, sin que yo les mandara. Yo lo sé y lo atestiguo. Oráculo de
Yahvé.
Jeremías se dirige a los exilados para que no imiten la conducta obstinada de sus compatriotas
que aún quedan en Jerusalén y así permanezca la venturosa promesa de Yahvé de hacer que retornen
algún día a la patria. Los exilados se sentían orgullosos de los profetas que creían había
suscitado Yahvé entre ellos, y los engañaban con vanas promesas del próximo retorno (v.15).
Pero les va a revelar Jeremías quiénes son esos profetas que los engañan, a los que Yahvé les tiene
reservado un deshonroso fin en pago a sus crímenes inauditos en Israel. Precisamente por
haber sembrado la sedición entre los exilados, dos de ellos, Acab y Sedéelas, serán ajusticiados
por la policía de Nabucodonosor, y morirán con muerte afrentosa y terrible por el fuego, como
era usual en Babilonia 11.
Profecía contra el falso profeta Semeyas (24-32).
24 Y a Semeyas el Nejlamita dile: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: 25
Por cuanto tú has mandado en tu nombre cartas a todo el pueblo de Jerusalén, y a
Sofonías, hijo de Masayah, sacerdote, y a todos los sacerdotes, diciéndoles: 26 Yahvé
te ha hecho sacerdote en lugar del sacerdote Yoyadah, para que, como prefecto, vigiles
en el templo de Yahvé a todo demente que quiera hacer el profeta y lo hagas
encadenar y poner en el cepo. 27 Ahora, pues, ¿por qué no has reprendido a Jeremí2060
as el de Anatot, que anda profetizando entre vosotros? 28 Pues hasta nos ha enviado
un mensaje a nosotros a Babilonia, diciendo: “Eso será largo. Construid casas y
habitadlas, plantad huertos y comed sus frutos.” 29 Y el sacerdote Sofonías leyó a
Jeremías profeta esta carta, 30 y Yahvé habló a Jeremías, dicién-dole: 31 Manda a
decir a todos los cautivos: Esto dice Yahvé sobre Semeyas el Nejlamita: Por haberos
profetizado Semeyas sin que yo le haya enviado, y haberos hecho concebir falsas esperanzas,
32 por eso dice Yahvé: He aquí que yo castigaré a Semeyas el Nejlamita y a
su descendencia. No tendrá descendencia que habite en medio de este pueblo y vea el
bien que yo haré a mi pueblo — oráculo de Yahvé — , por haber predicado la rebeldía
contra Yahvé.
La epístola de Jeremías había sido mal recibida de los falsos profetas que pululaban entre los exilados
de Babilonia. Uno de ellos, Semeyas, se atrevió a enviar una protesta oficial al prefecto del
templo por permitir esa libertad de escribir a Jeremías. Sus afirmaciones categóricas sobre un
destierro prolongado desmoralizaban a los cautivos (v.24-25). El destinatario de la carta, Sofonías,
amigo personal de Jeremías 12, mostró a éste la carta para que se diera cuenta del ambiente
que tenía entre muchos de los exilados. Parece que el oficio de prefecto de policía del templo,
como Sofonías, era vigilar el orden en las aglomeraciones en los atrios. Por eso Semeyas le echa
en cara a Sofonías, prefecto del orden en el templo, que haya permitido a Jeremías hablar en público
en los atrios, sembrando la desmoralización en el pueblo. Debía, pues, encarcelarlo y ponerlo
en el cepo (v.26), pues para él Jeremías era un simple demente que se las echaba de profeta.
Al oír el contenido de la carta de Semeyas, Jeremías, por orden de Yahvé, envía una segunda
carta a los desterrados poniéndoles en guardia contra las actividades del falso profeta Semeyas,
que iba a ser castigado inexorablemente por oponerse a los planes divinos sobre su pueblo
(v.32). Ninguno de sus descendientes asistirá al retorno de los exilados.
1 Cf. 24:5-7 y 29:10-14. — 2 La palabra “resto” falta en los LXX. — 3 Cf. Dan 13:5. — 4 Cf. Jer 13:18; 22:26. — 5 Cf. Jer 24:1. — 6
Cf. Jer 26:24; 36:10.25; 2 Re 22:8; 40,6. — 7 Sobre el precepto de orar por las autoridades paganas cf. Rom 1:11; 2 Tim 2:1. — 8
Cf. Mt 5:44- — 9 Cf. Jer 3:17. — 10 Los v. 16-20 faltan en el texto griego, y son considerados por muchos como adiciones posteriores
redaccionales a base de otros textos de Jeremías, especialmente de 24:8-10. Sin embargo, sostienen su autenticidad Condamin
y Driver. — 11 Cf. Código de Hammurabi art.25.110.157; Dan 3:6; 1955 — 12 Aparece en 21:1 y 37:3 como enviado respetuoso
de Sedecías a Jeremías. Murió en el 586. Cf. Jer 52:24; 2 Re 25:18. El falso profeta Semeyas de Babilonia le dice que está
en vez de Yoyadah sacerdote. No sabemos de ningún Yoyadah en esta época que haya sido prefecto antes de Sofonías. En los
primeros años del rey Joaquim lo era Pasjur (20:1). Quizá Semeyas aluda al famoso Yoyadah que se levantó contra la impía reina
Atalía en el 836 a.C., como modelo de celo religioso a imitar.
30. La Salvación de Israel. Juda castigada por sus pecados.
Los c.30-33 forman cierta unidad y versan sobre la restauración de Israel. Constituyen el libro
de consolación jeremiano, en contraposición al libro de amenazas escrito por orden de Yahvé en
el 605. Cumplido ya el castigo con la catástrofe del 586, el profeta recibe la orden de escribir sobre
el futuro glorioso del pueblo resucitado. Jeremías había sido escogido para “destruir, arrancar
y asolar,” pero también para “edificar, levantar y plantar” 1. Esta segunda parte es la que cumple
en estos vaticinios de consolación para sostener la moral de los deportados, obsesionados por la
magnitud de la tragedia.
Este libro de consolación (c.30-33) comprende dos partes: a) c.30-31: discursos proferidos
oralmente antes, pero recogidos ahora por escrito para uso de los exilados; b) 32-33: sección
2061
cronológicamente anterior a la anterior. Contiene un acto simbólico y su explicación.
Los C.30-31 constituyen una unidad literaria y lógica. Desde el punto de vista poético son
la obra cumbre de Jeremías. El pensamiento se desarrolla armónicamente en un continuo crescendo;
las ideas se expresan en círculos concéntricos, pero avanzando siempre. La idea central es
el retorno de Israel del exilio para constituir una nueva teocracia ideal contrapuesta a la situación
mísera actual 2. Esta profecía parece fue redactada por escrito poco después de la gran catástrofe
del 586, quizá en Egipto, adonde fue llevado por sus compatriotas rebeldes.
Juicio sobre las naciones opresoras de Israel (1-11).
1 Llegó a Jeremías palabra de Yahvé, diciendo: 2 Así dice Yahvé, Dios de Israel: Escribe
en un libro todo cuanto yo te he dicho, 3 porque he aquí que vienen días —
oráculo de Yahvé — en que haré volver los desterrados de mi pueblo, Israel y Judá,
y los haré tornar a la tierra que di a sus padres, y la poseerán. 4 Estas son las palabras
que ha pronunciado Yahvé sobre Israel y Judá. 5 Pues así dice Yahvé: Oímos
gritos de terror, de espanto, no de paz. 6 Preguntad y ved: ¿Es que paren los varones?
¿Por qué, pues, veo a todos los varones con las manos en los lomos como en
parto, demudados y amarillos todos sus rostros? 7¡Ay! ¡Es el día grande! No hay nada
igual a él. Tiempo de angustia para Jacob, pero de él le vendrá la salvación. 8 Y
sucederá que en ese día — oráculo de Yahvé de los ejércitos — quebraré el yugo de
sobre su cuello y romperé sus coyundas, 9 y no serán más siervos de extranjeros, sino
que servirán a Yahvé, su Dios, y a David, su rey, que yo los suscitaré. 10 Y tú,
siervo mío Jacob, no temas, oráculo de Yahvé; no tiembles, Israel, porque voy a liberarte
de la tierra lejana, y a tu descendencia de la tierra de cautividad. Jacob tornará
y vivirá tranquilo y seguro, sin que nadie le perturbe. 11 Porque yo estoy contigo
— oráculo de Yahvé — para salvarte; yo llevaré a la ruina a todos los pueblos entre
los que te dispersé, pero a ti no te arruinaré, sino que te castigaré con moderación,
no te dejaré impune.
Los tres primeros versos son la introducción a todo el libro de consolación, en contraposición a
36:1-3, donde se ordena al profeta escribir las profecías conminatorias contra Israel y Judá. Le
manda consignarlas por escrito para que sirvan de signo profetice a las generaciones futuras y
como confortamiento y esperanza para los exilados. Las profecías de los c.30-31 resumen todos
los vaticinios mesiánicos de su ministerio profético. La idea fundamental del libro de consolación
es el retorno del exilio como preámbulo a la inauguración de la teocracia mesiánica.
Israel y Judá volverán a formar una unidad nacional, olvidando las antiguas diferencias (v.3);
por eso aparecen aquí como participantes de la futura salud mesiánica.
El profeta asiste a un parto doloroso acompañado de gritos de terror, pero que se dirige,
como todo parto, a un alumbramiento feliz. Parece aludir a las convulsiones habidas en Mesopotamia
ante la invasión medo-persa, que traería la salvación para Israel exilado y la ruina para sus
opresores los babilonios, que están con las manos en los lomos como en parto, demudados y
amarillos sus rostros (v.6).
Ante las conmociones de guerras palidecen los caracteres más varoniles 3, pues ha llegado
el día grande (ν.7), el castigo de los enemigos de Israel, pero al mismo tiempo la liberación
de éste4. No obstante, Israel, antes de ver cumplidos sus deseos, se verá en la estrechez y en la
angustia: tiempo de angustia para Jacob (ν.7b). Tendrán que pasar por dolores de alumbramiento
antes de participar de las alegrías de la liberación como pueblo 5. Pero después vendrá la sal2062
vación (ν.7), resumen de todos los anhelos del pueblo en el exilio. En ese día grande se romperá
el yugo e Israel servirá sólo a su Dios y a David, es decir, volverá a tener su culto en Jerusalén y
sus reyes propios, descendientes del padre de la dinastía, David, símbolo de la grandeza nacional
y religiosa. Yahvé se encargará de resucitar un rey ideal que recuerde al añorado David. El
profeta se proyecta directamente en la figura deslumbradora del Mesías, procedente de la
casa de David y personaje culminante de su dinastía gloriosa6. Será el germen de justicia de
que habla en 23:435.
Por eso el horizonte que se abre ante los israelitas exilados está lleno de confianza y de
paz: tú, siervo mío Jacob, no temas (v. 10). Es de notar la expresión siervo mío, que en Jeremías
sólo aparece en este lugar, y que es común en Isaías 7. Los israelitas en el exilio podían considerarse
como definitivamente abandonados de su Dios nacional, porque temporalmente apartó su
faz de ellos. Pero ha pasado la hora de la justicia y llega la de la misericordia para su pueblo y
el castigo para sus opresores: llevaré a la ruina a todos los pueblos (v.112). Todas las naciones
fueron culpables del mal trato dado a Israel en su dispersión, y todas serán castigadas. En cambio,
el castigo impuesto a Israel por sus pecados será menor en virtud de las promesas divinas:
pero a ti no te arruinaré, sino que te castigaré con juicio (v.11c), es decir, moderadamente, sin
exterminarle, pero sin perdonarle totalmente: no te dejaré impune. Dios no puede desentenderse
de las exigencias de su justicia y santidad, y, por tanto, no puede aprobar la impunidad de crímenes
de su pueblo.
Herida y curación de Judá (12-17).
12 Así, pues, dice Yahvé: Es incurable tu herida, tu llaga sin remedio. 13No hay para
tu úlcera remedio 8, no tienes curación 14Todos tus amadores te han olvidado, no
preguntan por ti, pues yo te herí como hiere un enemigo, con cruel castigo, por tus
grandes maldades, por la magnitud de tus pecados. 15 ¿A qué gritas por tu herida?
Es incurable tu mal. Por tus grandes maldades, por la magnitud de tus pecados, te
he tratado así. 16Pero todos los que te devoraron serán devorados, tus enemigos irán
todos al destierro. Tus saqueadores serán saqueados, y tus expoliadores serán expoliados.
17 Ciertamente te restituiré a la salud, pues voy a sanar tus heridas — oráculo
de Yahvé — , porque te llamaron la “desterrada,” Sión 9, de quien nadie se cuida.
Sión es presentada como una dama llena de heridas, abandonada de sus antiguos amantes y a la
que nadie puede curar. Yahvé, el causante de sus heridas y de su afrentosa situación, es quien la
cura amorosamente, y castiga justicieramente a sus adversarios. Por esto parece que la profecía
es escrita después de cumplida la catástrofe del 586. Judá ha sido despreciada como nación; su
capital, destruida, y, por tanto, parece que su situación es desesperada y sin remedio: es incurable
tu herida (v.12). Con el exilio parece que la historia del pueblo elegido como nación ha terminado
10. Ha sido abandonada Judá de sus amantes (v.14), los pueblos que habían prometido
ayudarla. Es representada como una meretriz que ha perdido su belleza y que no tiene ya atractivos11
al perder su categoría como nación. Había buscado alianzas con pueblos extranjeros, pero
de nada le han servido en la hora de la prueba. En vez de confiar en Yahvé, su Esposo, se
había confiado adulterinamente a libres amantes.
Pero la prueba entraba dentro de los planes divinos. Los enemigos que la arruinaron
fueron instrumentos de la justicia y providencia divinas: yo te herí como hiere un enemigo.
(ν.14b), y todo ello como castigo de sus pecados. Yahvé se ha portado aparentemente como un
enemigo atacando a Judá, que se había separado de El para ir tras otros amantes. Yahvé es celoso
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de sus derechos.
Judá, como dama abandonada de sus amantes y malherida, da gritos de socorro, esperando
que alguno se acuerde de ella: ¿a qué gritas por tu herida? (v.13). Ha recibido lo que ha merecido
por la magnitud de sus pecados. Debe reconocer en el castigo la mano providencial que la
hiere misericordiosamente, y no debe entregarse a la desesperación, y menos buscar remedio
humano a un castigo divino.
Pero ahí está Yahvé para poner remedio a su situación aparentemente desesperada. Sus
enemigos que la devoraron serán devorados (ν. 16). Se han excedido en su condición de instrumentos
de su justicia y recibirán su merecido: sus saqueadores serán saqueados (v.16b). Es la
ley inflexible del tallón en la historia de los pueblos. Los babilonios fueron despojados y vencidos
por los persas, y éstos por los griegos. En toda la historia ha habido una conspiración de imperios
contra el pueblo de Dios, pero en sus invasiones y atropellos no han hecho sino preparar
los caminos del mesianismo espiritualista, dando por el suelo con los sueños imperialistas terrenos
mesiánicos del pueblo escogido.
Yahvé tiene decidido restablecer a Israel como pueblo: Te restituiré a la salud (ν.17) 12.
Las naciones circunvecinas se habían burlado de Israel al verle abandonado de su Dios, y por eso
la llamaron irónicamente la desterrada de quien nadie se cuida. En realidad, este abandono ha
sido sólo temporal y para bien del pueblo elegido; por eso Yahvé empeña su palabra de restablecer
el honor conculcado de su pueblo.
La restauración de Israel (18-22).
18 Así dice Yahvé: He aquí que voy a restablecer los tabernáculos de Jacob, y me
compadeceré de sus tiendas, y se reedificará la ciudad sobre su teso de ruinas, y el
palacio se asentará en su debido lugar. 19 Y saldrán de ellos cantos de alabanza y voces
de los que se alegran, y los multiplicaré, y no serán disminuidos; los engrandeceré,
y no serán empequeñecidos. 20Y serán sus hijos como en el pasado, y su congregación
estará firme ante mí, y castigaré a todos sus opresores. 21 Y su jefe saldrá de
ella misma, de en medio de ella saldrá su soberano, y yo le haré acercarse y se allegará
a mí, pues ¿quién, si no, intentaría acercarse a mí? Oráculo de Yahvé. 22Y vosotros
seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.
Sobre las ruinas del pasado, Yahvé va a restablecer los tabernáculos de Jacob (v.18). La bella
frase recuerda la vida peregrinante de Israel en el desierto, cuando habitaba en tiendas bajo la
protección inmediata de Yahvé, sin recursos humanos de ningún género, pero totalmente confiados
a su Libertador. De nuevo se insinúa otra liberación no menos gloriosa, pues sobre el teso de
ruinas de la ciudad abandonada surgirán de nuevo los palacios y moradas de los repatriados. Con
ello renacerá la vida ciudadana con cantos de alabanza (V.19). Antes había gritos de angustia y
espanto u, ahora gritos de acción de gracias por la resurrección del pueblo, que se multiplicará
como efecto de la bendición divina: los engrandeceré y no serán empequeñecidos.
Se creará una nueva teocracia bajo un nuevo jefe (que) saldrá de ella (v.21), de la nación
14. Será el soberano que gobernará a su propio pueblo, en contraposición a los gobernadores babilonios,
que los sometían a todas las humillaciones y exacciones. De nuevo el profeta parece
proyectarse en la figura del gran Libertador de su pueblo, el Mesías, si bien en primer plano
pudiera pensar en Zorobabel conduciendo a los primeros repatriados y restableciendo la vida nacional
de modo precario, pero como preludio de la futura y definitiva restauración. Ese nuevo
soberano gozará de una particular benevolencia de Yahvé, pues le permitirá acercarse a El sin
2064
temor: le haré acercarse y se allegará a mí (v.21). De Moisés se dice que hablaba a Yahvé cara a
cara como un amigo 15. El nuevo Rey vivirá también en relación íntima con su Dios, para que
establezca un reinado de justicia conforme al espíritu de Yahvé. Y todo esto por iniciativa especial
de Dios, ya que acercarse a El sin ser llamado sería comprometer su vida: ¿quién, si no, intentaría
acercarse a mí?
(v.21b) 16.
El v.22 falta en los LXX, y quizá sea una glosa, pues sorprende la introducción, brusca de
la segunda persona en el texto. Es una frase general que recapitula bien el contexto: Israel será el
pueblo de Yahvé, que a su vez será su Dios. La idea aparece también en 31:1. La nación va a entrar
en una nueva fase teocrática, en la que Yahvé será el centro de toda actividad cívica 17.
La tempestad de Yahvé (23-24).
23 He aquí que el huracán de la ira divina se desencadena y una tempestad se desata
y descargará sobre la cabeza de los malvados. 24 No volverá atrás la cólera de Yahvé
hasta ejecutar y cumplir los designios de su corazón. Vosotros los conoceréis al fin
de los tiempos.
De nuevo encontramos la idea de un juicio purificador de Yahvé sobre los malvados antes de la
inauguración de los tiempos mesiánicos. La ira de Yahvé se desencadenará como un gran huracán,
que todo lo lleva por delante. San Juan Bautista habla de un juicio purificador llevado a cabo
por el Mesías antes de la inauguración mesiánica18. Cristo dirá en sus discusiones con los
elementos hostiles judíos que ese “juicio” se realiza individualmente en cada uno, según la actitud
que tome ante la venida del Mesías, que es El mismo 19. Los profetas, en su idealización de
los tiempos mesiánicos, piensan en una intervención divina purificadera, descrita con colores
apocalíticos 20. Los escritores orientales no quieren los colores intermedios, sino los brochazos
fuertes, para recalcar sus ideas. Sustancialmente, sus profecías sobre un reinado de justicia deal
se cumplen en el reino mesiánico inaugurado por Cristo; y bien en su primera etapa terrestre tendrá
miembros no santos, pero en su etapa definitiva ultraterrena será realmente el reinado de los
justos. La frase al fin de los tiempos (v.24) tiene perspectivas muy diversas: una mesiánica inmediata
y otra más lejana, como en Daniel 21, en la consumación de las cosas. En la mente del profeta
se superponen los planos históricos y metahistóricos.
1 Cf. Jer 1:10. — 2 Cf. 30:5-9.12-17, etc. — 3 Cf. Is 13:8; Nah 2:10; Jl 2:6. — 4 Cf. Jl 2:11; Sof 1:14. — 5 Cf. Is 20:20; 27:1-I2SS. —
6 Inmediatamente puede aludir a Zorobabel, que dirigió la repatriación, pero es una primera perspectiva que se completa en la
edad mesiánica. — 7 Cf. Is 41:8-13; 43:1. — 8 El TM añade “quien juzgue tu causa” antes de tu “úlcera,” pero recarga el ritmo e
interrumpe la imagen; por eso parece glosa. — 9 En vez de Sión, los LXX leen “nuestro botín.” — 10 Cf. Jer 10:19; 14.17. — 11
Cf. Jer 4:30; 22:20; Is 23:16. — 12 Literalmente el texto h ebreo dice: “haré subir una nueva carne para ti”; e.d., sobre la herida
hará surgir una nueva epidermis, signo de rebosante salud. — 13 Cf. Jer 18:22. — 14 Literalmente la palabra hebrea significa
“glorioso, ilustre,” y de ahí caudillo. — 15 Ex 31:11; Núm 12:8. — 16 Cf. Lev 10:1-2. — 17 Cf. Jer 24:7; 31:1; 33- — 18 Mt
3:12. — 19 Jn 3:18. — 20 Cf. Jl c.3. — 21 Cf. Dan 12.
31. Restauración de las tribus. Retorno de la diáspora.
Podemos dividir el capítulo en cuatro secciones lógicas: a) profecía sobre la restauración de Israel,
principalmente de las tribus del reino del Norte (Samaría), unidas de nuevo a Judá (v.2-6);
b) retorno gozoso de los judíos de la Diáspora (7-14); c) profecía sobre la restauración del reino
del Norte (15-22); d) pequeños oráculos sobre el futuro (23-40). Esta última parte está en prosa,
2065
mientras que las anteriores están en verso.
Restauración de las tribus (1-6).
1 En aquel tiempo — oráculo de Yahvé — seré el Dios de todas las tribus de Israel, y
ellos serán mi pueblo. 2 Así dice Yahvé: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado
de la espada; se fue a su reposo Israel. 3Desde lejos se le hizo ver Yahvé. Con
amor eterno te amé, por eso te he mantenido favor. 4De nuevo te edificaré y serás
edificada, virgen de Israel. 5 Todavía volverás a adornarte con tus tímpanos y saldrás
en alegres danzas. Todavía plantarás viñas en las alturas de Samaría, y los que
las planten las gozarán. 6Porque vienen días en que los atalayas clamarán en el monte
de Efraím: ¡Levantaos y subamos a Sión, a Yahvé, nuestro Dios!
En la época de la restauración final, Yahvé será el centro de todas las tribus o familias de Israel,
es decir, de los dos reinos, separados después de Salomón. Todas constituirán el pueblo de Dios
como en los tiempos del éxodo.
La época del desierto quedó como la era ideal en el pasado de las relaciones íntimas entre
Yahvé y su pueblo. Los profetas añoraban la simplicidad de aquellos tiempos cuando los israelitas
aún no se habían contaminado con las idolatrías y vicios de los pueblos sedentarios de Canaán
2. Por eso el profeta, al describir la nueva liberación del exilio babilónico, piensa en una
nueva vida en el desierto, en que las relaciones de Yahvé con su pueblo, en vías de repatriación,
lleguen a la máxima intimidad. La palabra, pues, desierto aquí es término de comparación, para
despertar las ilusiones del pueblo, que vivía aún de los recuerdos de las maravillas del éxodo. El
pueblo escapado de la espada (v.2), e.d., los supervivientes de las calamidades de la guerra y del
desierto, halló gracia en el desierto, al encontrarse de nuevo bajo la protección de su Dios, que
los acompaña paternalmente a través del desierto siró-arábigo en su retorno a la patria. El profeta
piensa en las caravanas de repatriados que con Zorobabel y demás guías de Israel fueron retornando
a Palestina después del decreto libertador de Ciro en 538 a.C. La palabra desierto puede
significar lo equivalente a triste, luctuoso, lugar de prueba, y entonces el profeta contrapondría la
situación de vida de pruebas en el desierto y la intervención milagrosa divina que los salva de la
situación triste del exilio; es decir, su gracia, su protección misericordiosa. Precisamente en estos
años de prueba, como los pasados en el desierto del Sinaí, fueron los años en que se fraguará la
nueva alianza entre Israel y su Dios protector. Como consecuencia de esta protección, Israel se
reintegró a su tierra: se fue a su reposo Israel (v.2b), a la heredad santa, donde podrá disfrutar de
los bienes otorgados por Dios.
Y la iniciativa para entrar en nuevas relaciones de amistad partió del mismo Yahvé. El
pueblo se hallaba alejado de su Dios por sus pecados y confinado en las lejanías del destierro,
abandonado a su suerte, sin posibilidad propia de rehabilitarse; pero Yahvé tuvo compasión de él
y desde lejos se le hizo ver (v.3), ofreciendo sus gracias y protección para sacarle de aquel mísero
estado. Y a continuación se explica la razón de esta actitud de Dios: Con amor eterno te amé;
por eso te he mantenido favor (v.3b). A pesar de las infidelidades de Israel, Yahvé, exclusivamente
por amor, decidió volver a tener relaciones amistosas con su pueblo. Sus predilecciones
por Israel son eternas, e.d., muy antiguas, desde su elección en Abraham y desde su liberación de
Egipto 3. Por eso promete restaurarla en su vida nacional: de nuevo te edificaré, y seras plantada
(v.4). Israel es concebida como una viña o plantación que cuidadosamente es plantada por Yahvé
para que dé frutos. La expresión virgen de Israel tiene un particular acento idílico de ternura. Israel
es considerado como una doncella virgen que merece de nuevo los amores de su verdadero
2066
Esposo 4, y se le promete el volver a participar de las alegrías de la vida, como las jóvenes de su
edad: volverás a adornarte con tus tímpanos y saldrás en alegres danzas (v.5). Bajo estas imágenes,
llenas de ingenuidad, se insinúa la nueva vida de Israel como pueblo entregado a su vida
pacífica alegre, gozando de sus propios bienes, después de haber pasado la época de la opresión
y de la devastación. De nuevo surgirán las nobles alegrías de la vida y el Jolgorio de la juventud
en las plazas festejando los anales familiares y nacionales del pueblo.
Los israelitas podrán de nuevo dedicarse a sus trabajos de campo con la esperanza de participar
de sus frutos: plantarás viñas en las alturas de Samaría (v.5). Este verso parece indicar
que la profecía se centra sobre todo en la restauración del reino del Norte, con Samaría por capital.
Samaría era famosa por sus vinos 5. La expresión y los que las plantan las gozarán indica la
paz del país 6. Ya no serán los exactores extranjeros los que disfrutarán de los frutos que no son
suyos, sino que los usufructuarán los propios israelitas establecidos en su país.
Y con la paz vendrá la restauración plena del culto en Jerusalén. De nuevo las doce tribus
se considerarán ligadas a Sión como centro religioso, y por eso en aquellos días los atalayas
clamarán en el monte de Efraím: Levantaos y subamos a Sión, a Yahvé, nuestro Dios (v.6b).
Esos atalayas o centinelas parecen ser los que estaban en las cimas de las colinas vigilando la
salida de la nueva luna para anunciar a todo el país el momento de las fiestas pertinentes al nuevo
mes o “neomenias.” Quizá se aluda también a la paz total que reinará en el país. En adelante los
atalayas, que antes estaban encargados de anunciar invasiones militares, anunciarán sólo acontecimientos
religiosos: las asambleas santas en Sión, donde mora Yahvé, el Dios de todos. La expresión
monte de Efraím es clásica para designar el reino del Norte, de Samaría, centro de un
culto cismático a Yahvé desde los tiempos de Jeroboam, en el siglo χ antes de Cristo.
Retorno glorioso de la Diáspora (7-14).
7 Pues así dice Yahvé: Exultad por Jacob con alegría, gritad loores a la primera de
las naciones, publicad, alabad y exclamad: Yahvé ha salvado a su pueblo 7, a los restos
de Israel. 8 He aquí que los voy a hacer venir de la tierra del aquilón, y los reuniré
de los extremos de la tierra, entre ellos al ciego y al rengo, a la embarazada y a la
recién parida juntamente, Qué gran comunidad la que vuelve! 9 Salieron entre llantos
8, y los guiaré con consolaciones; yo los guiaré a las corrientes de las aguas, por
caminos llanos para que no tropiecen, pues yo soy el Padre de Israel, y Efraím es mi
primogénito. 10 Oíd, naciones, la palabra de Yahvé, dadla a conocer a las lejanas islas,
y decid: El que dispersó a Israel lo congrega y lo protege como el pastor a su rebaño.
11Pues Yahvé ha redimido a Jacob, le rescató de mano más fuerte que él.
12Vienen dando gritos de júbilo por las alturas de Sión, afluyendo para gozar de los
bienes de Yahvé: el trigo, el vino, el aceite, los corderos y los terneros; y será su alma
como jardín regado, y no volverán a languidecer. 13Entonces la virgen danzará alegre
en el corro, jóvenes y viejos, todos juntos; trocaré en júbilo su tristeza, los consolaré
y convertiré su pena en alegría. 14 Saciaré a los sacerdotes de la grosura de las
víctimas, y se hartará mi pueblo de mis bienes, oráculo de Yahvé.
Yahvé invita a celebrar el retorno glorioso de Israel, la primera de las naciones (ν.7), en cuanto
que ha sido escogida por El como heredad particular para que participara de sus beneficios materiales
y espirituales 9. Por eso es su pueblo, y ésa es la razón de que le haya salvado, a pesar de
estar reducido a un resto, después de tantas calamidades y guerras 10.
A continuación describe el retorno de la Diáspora de la tierra del alquilón y de los extre2067
mos de la tierra (v.8). El retorno será completo, alcanzando aun a los tarados físicos e impedidos
(v.8b). Ningún obstáculo se opondrá a la manifestación de la omnipotencia liberadora de Yahvé,
que los guiará y asistirá paternalmente durante la travesía de retorno. La caravana de los repatriados
es inmensa. El profeta se complace en contemplar la muchedumbre que retorna: ¡qué
gran comunidad la que vuelve! Y contrapone dos situaciones históricas: Salieron entre llanto
(v.8c) en otro tiempo camino del destierro, y ahora vuelven con consolaciones bajo la guía paternal
de Yahvé, que dirige la repatriación, facilitando el paso de la caravana por caminos llanos
para que no tropiecen (v.8c), llevándolos a las corrientes de las aguas11. El paso por el desierto
lleva consigo el peligro de perecer de sed. Pero esto no ocurrirá en el retorno de los exilados por
el desierto, ya que Yahvé, que los guía personalmente, se encargará de llevarlos por senderos que
lleven a los oasis y pozos que jalonan las rutas de la estepa para los que las conocen. Porque
Yahvé es el Padre de Israel, que siente un afecto profundo hacia el pueblo que ha elegido y criado
como hijo suyo 14.
Efraím era la tribu principal del reino del Norte, y aquí es sinónimo del mismo, que es el
primogénito de Dios, según expresión conocida aplicada a Israel en general15. El profeta contrapone
aquí al reino del Norte (Efraim), en exilio, a las otras naciones, y en este sentido es el primogénito,
en cuanto que es parte del Israel total histórico, objeto de las promesas divinas. No se
le quiere anteponer al reino de Judá, del que hablará a continuación. El profeta concibe a ambos
reinos como parte integrante del Israel auténtico tradicional, con sus doce tribus, descendientes
de Jacob.
El profeta, obsesionado con la idea del retorno glorioso de su pueblo, invita enfáticamente
a todas las naciones, a las lejanas islas, o pueblos costeros del Mediterráneo, a reconocer el
gran hecho de la salvación del pueblo israelita, disperso en todas las regiones. Yahvé lo dispersó
primero para castigarlo y purificarlo en la prueba, siendo los pueblos invasores que lo dispersaron
meros instrumentos de la justicia divina 16. Pero ahora ha llegado el momento de la liberación,
y por eso Yahvé lo protege como el pastor a su rebaño (v.10b). Es inútil, pues, que se
opongan a sus divinos designios obstruyendo el retorno de los expatriados, pues Yahvé ha redimido
a Jacob (v.11), rescatándolo de mano más fuerte que él. A pesar de la insignificancia del
pueblo israelita, ha logrado substraerse del poder omnímodo mesopotámico gracias a la intervención
directa divina.
Después de describir la travesía gloriosa por el desierto y su éxodo triunfal de entre las
naciones, el profeta, lleno de júbilo, contempla la reanudación del culto solemne en Sión, adonde
afluyen con gritos de júbilo (v.12) de todas las tribus. Como premio a su nueva religiosidad,
Yahvé proveerá de toda clase de bienes materiales: el trigo, el vino, el aceite, los corderos, los
terneros., siendo su alma como un jardín regado (v.12); es decir, los israelitas serán abastecidos
de toda clase de ubérrimos frutos, como al jardín que no le falta la abundante irrigación del agua.
Han pasado los tiempos del hambre y de la devastación de la campiña por el enemigo invasor, y
de nuevo empezarán a surgir los tradicionales productos palestinianos de trigo, vino y aceite. Con
ello la alegría reinará por doquier: la virgen danzará alegre en el corro (v.15). El luto ha sido
sustituido por el sano júbilo popular, fruto de la seguridad nacional bajo la protección de Dios.
Con la abundancia de bienes vendrá la afluencia de sacrificios en el templo, de forma que
los sacerdotes se verán cumplidos: saciaré a los sacerdotes de la grosura de las victimas (v.14).
Muchos autores han querido suprimir este verso como espúreo, porque parten del prejuicio de
que Jeremías es sistemáticamente opuesto a todo lo que sea manifestación de culto externo en el
templo. Pero el verso está en todos los códices y versiones. Por otra parte, no se opone a un culto
externo, siempre que esté basado en una convicción interior profunda, con la entrega de los
2068
corazones a Yahvé. En la nueva teocracia, los sacerdotes participarán de los beneficios debidos
a su clase. De nuevo tenemos que repetir que bajo estas imágenes de bienes materiales hay que
ver la idea sustancial mesiánica de felicidad y paz. Los profetas, hombres de su tiempo, hablando
para sus contemporáneos, conciben el mesianismo con colores terrenos. Sin embargo, lo sustancial
de su mensaje — la justicia y paz de las conciencias — se cumple en la era mesiánica inaugurada
por el Mesías, que, por otra parte, tiene su plena manifestación en la etapa celeste.
Restauración del reino del Norte (15-22).
15 Así dice Yahvé: Una voz se oye en Rama, un lamento, amargo llanto. Es Raquel
que llora a sus hijos y rehusa consolarse por sus hijos, pues ya no existen. 16 Así dice
Yahvé: Cese tu voz de gemir, tus ojos de llorar, porque hay compensación a tus penas.
17 Hay aún esperanza para tu porvenir, oráculo de Yahvé 17. Volverán tus hijos
a su territorio. 18 Oigo a Efraím lamentarse: “Tú me has castigado y yo recibí la reprensión
como novillo indómito. Conviérteme y yo me convertiré, pues tú eres Yahvé,
mi Dios.” 19 Porque después de mi defección me he arrepentido; luego que entré
en mí, heríme el muslo. Estoy confuso y avergonzado, pues llevo sobre mí el oprobio
de mi mocedad. 20¿No es Efraím mi hijo predilecto, mi niño mimado? 18 Pue cuantas
veces trato de amenazarle 19, me acuerdo de él; por eso se conmueven mis entrañas
por él, y tengo que tener piedad de él, oráculo de Yahvé. 21Ponte hitos, alza jalones,
pon toda atención en la calzada, el camino que antes recorriste. Vuelve, virgen de
Israel, retorna a estas tus ciudades. 22¿Hasta cuándo has de andar titubeando, hija
descarriada? Pues hará Dios una cosa nueva en la tierra: la hembra rodeará al varón.
De un modo conmovedor, el profeta describe el retorno de las dos tribus del norte (reino de Samaría).
Muchos autores creen que es de la primera época de su actividad profética, por su parecido
conceptual y estilístico con 3:12ss. A medida que la catástrofe de Judá se acercaba, Jeremías
fue centrando su atención en torno a ésta; pero en los primeros tiempos felices de Josías sentía
obsesión por la suerte trágica de los hermanos deportados del reino del Norte en el 721, un siglo
antes. También para ellos hay esperanza de salvación.
En su sensibilidad extrema le parece oír los llantos de Raquel, la esposa predilecta de Jacob,
al ver camino del destierro a sus descendientes (v.15). Raquel era la madre de José, padre a
su vez de Efraím y de Benjamín, representantes, por su importancia histórica, del reino cismático
del Norte. Precisamente en una de estas tribus se hallaba localizada, según la tradición, la tumba
de Raquel20. Rama es la actual er-Ram, a 10 kilómetros al norte de Jerusalén, junto a la calzada
que conducía a Samaría. El profeta refleja poéticamente el duelo de la madre Raquel por la suerte
de sus hijos, que avanzan hacia el norte en tristes caravanas camino del destierro.
El profeta se atreve a consolarla en nombre de Dios, porque la situación va a cambiar súbitamente:
cese tu voz de gemir., porque hay compensación para tus penas (v.16). Sus dolores de
alumbramiento de hijos no han sido vanos, pues no desaparecen totalmente, ya que llegará la
hora del retorno a la patria; por eso hay esperanza para su porvenir (ν.17).
Esta esperanza está basada en el arrepentimiento de Israel en el exilio: oigo a Efraím lamentarse:
“Tú me has castigado.” (v.18). Se reconoce rebelde como novillo indómito, que al fin
es vencido por la astucia de su dueño y se deja llevar de la cuerda: conviérteme y yo me convertiré
(v.15c). En su plena juventud, lleno de vitalidad, era indómito, y se dejó llevar por vías extrañas
a las de Yahvé. Pero la prueba del exilio le ha hecho comprender su falsa situación, y pide
2069
humildemente que le haga volver a El: conviérteme y yo me convertiré.
Reconoce humildemente su causa y se da golpes de compunción: luego que entré en mi,
herime el muslo (V.19). Es el gesto que expresa consternación, dolor21. Está avergonzado por el
oprobio de su mocedad (v.19b). Es la alusión a sus desviaciones en los tiempos en que como
pueblo se sentía joven y se permitía el lujo de abandonar inconscientemente a su Dios 22.
Por otra parte, Yahvé siente una debilidad inexplicable por Israel: ¿No es Efraím mi predilecto,
mi niño mimado? (v.20). Muchas veces ha querido castigarlo según merecía, pero instintivamente
se acuerda de esta predilección y se arrepiente del castigo que iba a enviarle (v.20b), y
siente que sus entrañas se conmueven. La frase es bellísima y antropomórfica. El profeta finge
un soliloquio divino para explicar esa lucha que en El siente entre los derechos de su justicia y el
amor que tiene por Israel: ¿cómo explicar el que, a pesar de ser Efraím infiel, le ame tanto? 23. Es
la historia del amor divino en sus relaciones con los pecadores de todos los tiempos. Por fin, el
profeta describe la última fase de este proceso de retorno. Ha llegado la hora de emprender el
camino de la patria, y es necesario conocer bien las sendas. Israel es representado como una dama,
la virgen de Israel (v.21c), que anda vacilante al tomar el camino de retorno. Llega la hora
de volver a encontrarse con el Esposo, Yahvé, y, por tanto, no es el momento de perder el tiempo
en indecisiones. Israel parece que se ha acostumbrado a la vida huérfana del exilio, y al sentirse
libre tiene los miembros como entumecidos y anda remisa en emprender el regreso. El profeta le
exhorta enfáticamente a ello. Es el grito de las ansias reprimidas de Jeremías, que desea ver a
su pueblo establecido en su patria. Por eso les pide que preparen cuidadosamente el itinerario,
colocando jalones para no extraviarse: ponte hitos, alza jalones, pon tu atención en la calzada, el
camino que antes recorriste (v.21b). Israel debe hacer memoria del camino que en otro tiempo
siguió hacia el destierro, para no perderse en el desierto. Es una exhortación poética para destacar
la inminencia y seguridad del retorno. Yahvé tiene tan decidida su repatriación, que ya pueden
los exilados ir pensando en preparar el itinerario de las caravanas de retorno.
Debe, pues, salir de la somnolencia producida por los años de exilio y estar lista para el
camino: ¿hasta cuándo has de andar titubeando? (v.22). Israel no debe temer, pues va a gozar
de una protección especial, ya que hará Dios una cosa nueva en la tierra: la hembra rodeará al
varón (v.22). El sentido de este verso ha sido muy discutido, y los autores no convienen en señalar
en qué consiste esa cosa nueva. San Jerónimo veía en ello la concepción misteriosa virginal
del Mesías24. Pero nada en el contexto insinúa esta interpretación 24.
La versión de los LXX difiere totalmente del TM, que es seguido por la Vulgata. Dice el
texto griego: “El Señor suscitará la salvación para una nueva plantación; los hombres rodearán
en salud,” que realmente no hace sentido, lo que indica que el texto original hebreo era para los
traductores un misterio. La Vetus Latina trae un texto similar a los LXX 25.
En la tradición judía no se le daba sentido mesiánico 26. Las sentencias de los autores
modernos son muy diversas 27. Generalmente, los autores católicos suelen entender la frase misteriosa
en el sentido de que la hembra es Israel, esposa de Yahvé, que es el varón. La cosa realmente
nueva que Dios va a “crear” o hacer aparecer es que Israel en la nueva etapa rodeará al
varón (Yahvé), es decir, buscará afanosamente adherirse a Yahvé como su Dios, y esto es algo
admirable dada su propensión innata a la idolatría y a apartarse de las prescripciones de Yahvé.
Este sentido está conforme con la profecía de Jeremías de que en la nueva alianza la Ley estará
escrita en los corazones 28. Por otra parte, el símil del desposorio entre Dios e Israel es un lugar
común en la literatura profética 29. Además, parece que éste es el sentido que da la versión siríaca:
“la mujer amará diligentemente al varón,” interpretación seguida por San Efrén 30.
Recientemente se ha propuesto una luminosa solución que también parece encajar en el
2070
contexto: el profeta invita a los exilados a no vacilar y a que preparen el camino, y para que no
sientan aprensiones sobre los peligros del itinerario por el desierto, les anuncia un portento inaudito:
la hembra rodeará al varón. En las caravanas, normalmente, las hembras, con sus niños,
como seres indefensos, van en el centro de la comitiva, mientras que los varones, como más
fuertes, van en los flancos, con las armas en la mano, dispuestos a defender a los componentes de
la caravana contra cualquier repentina incursión o razzia de los belicosos beduinos. Esta disposición
es la normal; pero, en la caravana de retorno de los exilados, Dios los protegerá directamente,
en tal forma que las mujeres pueden libremente ir en los flancos “rodeando al varón,” que iría
descuidado en el centro, pues no habrá peligros inesperados. Así, pues, aquí se exaltaría la suprema
seguridad de que disfrutarán los repatriados en su camino de retorno 31.
Reconstrucción de Judá (23-26).
23 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Todavía se dirán estas palabras en
la tierra de Judá y sus ciudadades cuando yo haga volver a sus cautivos: “Bendígate
Yahvé, sede de justicia, monte de santidad. 24 Pues habitarán en ella Judá y todas
sus ciudades juntamente, los agricultores y los pastores de rebaños. 25 Porque yo saciaré
a toda alma desfallecida y hartaré a toda alma languideciente. 26 Por esto, al
despertar y ver, me fue dulce mi sueño.
Yahvé promete al reino de Judá la reconstrucción que había prometido al reino del Norte. En sus
designios forman un solo pueblo. Será una reconstrucción material y, sobre todo, moral y religiosa.
La profecía puede ser compuesta después de la ruina de Jerusalén en el 586, para consolar
a los israelitas, decepcionados en sus ilusiones. No todo estaba perdido, porque Yahvé velaba
sobre los destinos de su pueblo. El profeta se transporta mentalmente al momento en que los exilados,
ya de retorno a su patria, saludan jubilosos a la Ciudad Santa: Bendígate Yahvé, morada
de justicia, monte de santidad (v.23). Judá será un país de justicia, porque definitivamente reinará
en él la equidad 32, y el centro será el monte de santidad, es decir, Sión, morada de Yahvé,
que vive en una atmósfera de santidad y lo santifica todo con su contacto 33.
A su sombra florecerá de nuevo la vida nacional en su plena manifestación. Resurgirá la
vida industrial, agrícola y ganadera, de modo que todos se sientan contentos en la nueva sociedad:
saciaré a toda alma desfallecida y hartaré a toda alma lánguida (v.25). La abundancia será
la característica de los nuevos tiempos. También aquí el profeta idealiza mucho el cuadro, pues
sabemos que los años que siguieron a la repatriación fueron bien penosos y estrechos; pero el
sentirse libres en su patria endulzaba sus trabajos. Por otra parte, como siempre, en la mente del
profeta se superpone el horizonte mesiánico, que ve vinculado inicialmente a esta primera etapa
de repatriación. En la época del Mesías, la felicidad será plena.
La frase del v.26 es enigmática y diversamente traducida 34. Muchos autores 35 la explican
en el sentido de que el profeta, maravillado de la grandiosa perspectiva liberadora de su pueblo,
se sentía como al despertar de un dulce sueño: por eso, al despertar y ver, fue dulce mi sueño.
Otros autores creen que la frase es una observación del lector, añadida posteriormente, el
cual, al leer tan espléndidas perspectivas para su pueblo, pensaría que todo eso era demasiado
bello para que fuera realidad, y así lo catalogaría entre los “dulces sueños.”36
Resurrección de Israel y Judo (27-28).
27 He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo sembraré la casa de Israel
y la casa de Judá de simiente de hombres y de simiente de animales, 28 y sucede2071
rá que lo mismo que velé sobre ellos para arrancar y destruir, para arruinar y devastar,
así velaré sobre ellos para edificar y plantar, oráculo de Yahvé.
Es la promesa de la repoblación de los países asolados de Israel y Judá. Después de la guerra han
quedado despoblados, y es preciso que Dios favorezca de nuevo la multiplicación de sus habitantes
y de sus ganados. Yahvé ahora va a actuar como el sembrador que lanza a voleo el grano que
debe germinar: yo sembraré. de hombres y animales (v.27). Es de notar que el vaticinio se refiere
a los dos reinos separados, el de Israel y el de Judá, que en los futuros planes de Dios están destinados
a constituir un solo reino mesiánico. Ha pasado el tiempo del castigo y llega la hora de vivir
ambos en paz dentro de la abundancia. Israel y Judá son comparados a un campo feraz, bien
dispuesto para la siembra que Yahvé mismo va a realizar. Antes Dios había enviado el castigo, la
devastación y la ruina para salvaguardar los derechos de su justicia y de su santidad: velé sobre
ellos para arrancar y destruir. (v.28). Ha sido la primera parte de su labor; pero llega la hora de
la segunda: velaré sobre ellos para edificar y plantar (v.28). Las expresiones están calcadas sobre
la misión encomendada a Jeremías de anunciar la destrucción y la ruina, de un lado, y después
la resurrección y “edificación” del nuevo pueblo 37. Es el instrumento de la justicia y misericordia
divinas, que “vela” por los intereses de su justicia y de los de su pueblo. Le castiga primero
para purificarle y después para premiarle. Si lo “destruye” primero, es para “plantarlo” y
“edificarlo” después según un nuevo módulo más espiritual.
La retribución personal (29-30).
29 En esos días no se dirá más: “Los padres comieron agraces y los hijos sufrieron la
dentera,” 30 sino que cada uno morirá por su propia iniquidad. Quien coma el agraz,
ése sufrirá la dentera.
En ese nuevo orden de cosas, en el pueblo de Dios reinará una justicia más personal. Hasta ahora
predominaba el principio de la responsabilidad colectiva, basada en la interdependencia social de
las tribus. La ley de la sangre, esencial en la vida tribal del desierto, traía como consecuencia una
interdependencia de intereses que a veces resulta injusta. Los contemporáneos de Jeremías se
consideraban injustamente castigados al sufrir ellos totalmente las consecuencias de la catástrofe
debida en gran parte a los pecados de los antepasados: los padres comieron los agraces y los
hijos sufrieron la dentera (v.29). Este proverbio, que parecía correr entre los exilados 38, expresaba
bien su estado de ánimo. Jeremías se hace eco de ello, y anuncia para un futuro próximo una
justicia más proporcional basada en la responsabilidad individual. Según las leyes de la solidaridad
tribal, los hijos debían pagar por los pecados de los padres. En realidad, los contemporáneos
de Jeremías y de Ezequiel no habían sido peores que sus antepasados. Sobre todo, la época del
impío rey Manases se había caracterizado por la apostasía general. Y por eso los contemporáneos
de Jeremías, que no tenían luces sobre la retribución en la vida de ultratumba, no encontraban
justo el sufrir por pecados que ellos no habían cometido. Jeremías concede en parte esto, y les
promete una nueva era en la que la responsabilidad será individual. Tampoco Jeremías tenía
especiales luces sobre la retribución en el más allá, y por eso sus promesas se basan en la esperanza
de una justicia perfecta en la era mesiánica. No habrá entonces pecado nacional, porque
Yahvé hará que la ley reine en los corazones, y, así, la masa total del pueblo vivirá centrada en
torno al pensamiento de su Dios. Si alguno peca, él solo será castigado, sin infringir daño a la
nación. Por eso ya no tendrá vigencia el viejo proverbio: los padres comieron los agraces y los
hijos sufren la dentera. El nuevo reino mesiánico será, en su marcha, independiente de la con2072
ducta de los individuos. Jeremías piensa aquí en la nación, cuya suerte como tal será independiente
de la conducta de algunos transgresores. Ezequiel se fija más en la responsabilidad de los
individuos como tales: los hijos no serán responsables de las acciones de los padres 39. La promesa
de Jeremías se cumple en el “Israel de Dios.,” la Iglesia, inmaculada en sí, aunque sus componentes
sean pecadores en gran parte. Cada uno responderá ante Dios de sus acciones. La época
plena del mesianismo total no se da en este estadio terrestre en el sentido de que no habrá pecadores.
El reino de Dios obra como un fermento que fructifica en toda la masa, pero sólo en el
estadio definitivo celeste se da la plena teocracia de los justos en torno al Cordero inmolado.
Es la etapa definitiva, cantada en el Apocalipsis. Los profetas no sabían distinguir las diferentes
etapas, y veían vinculadas al Israel histórico realizaciones ideales que sólo se darían en el
“Israel de Dios,” que tiene su plena eclosión y su razón de ser en la definitiva etapa celeste.
La nueva alianza (31-34).
31 He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo haré alianza con la casa
de Israel y la casa de Judá, 32 no como la alianza que hice con sus padres cuando,
tornándolos de la mano, los saqué de la tierra de Egipto, pues ellos quebrantaron mi
alianza y yo los rechacé 40 — oráculo de Yahvé — . 33 Porque ésta será la alianza que
yo haré con la casa de Israel después de aquellos días, oráculo de Yahvé: Yo pondré
mi ley en su interior y la escribiré en su corazón, y seré su Dios, y ellos serán mi
pueblo. 34 No tendrán que enseñarse unos a otros ni los hermanos entre sí, diciendo:
“Conoced a Yahvé,” sino que todos me conocerán, desde los pequeños a los grandes,
oráculo de Yahvé, porque les perdonaré sus maldades y no me acordaré más de sus
pecados.
Este fragmento es uno de los más bellos de toda la literatura profética por el espiritualismo que
resuman sus palabras. La alianza antigua, basada en penas y castigos, será sustituida por otra
nueva alianza que tiene su asiento en los corazones. Parece un anticipo del mensaje evangélico.
El pacto del Sinaí había caducado por la infidelidad de una de las partes contratantes, y se había
mostrado ineficaz para dirigir la vida religiosa del pueblo elegido. Las imposiciones externas no
habían logrado despertar la entrega íntima y profunda de los corazones. El materialismo de
la letra había ahogado el espíritu contenido en la misma. El ritualismo había suplantado al contenido
ético-religioso del pacto sinaítico, y era preciso iniciar una nueva etapa con nuevas bases
para regular las relaciones de Israel con su Dios. Faltaba el principio interior de la gracia, que
transforma los corazones41. Puesto que la antigua alianza había fracasado, no se debía reconstruir
la nueva teocracia con las mismas bases ya caducas. Por eso, Jeremías, en nombre de
Dios, anuncia una nueva alianza 42, escrita sobre los corazones, en sustitución de la antigua, escrita
en piedra. En vez de meras imposiciones externas, con promesas y amenazas materiales, la
base de la nuev alianza será el “conocimiento” amoroso e íntimo de Yahvé y de sus derechos.
La nueva alianza será con el Israel total: la casa de Israel y la casa de Judá (v.31). Las
doce tribus son objeto del amor de Dios, y de ellas saldrá el núcleo sustancial de la era mesiánica,
del “Israel de Dios” del Ν. Τ. La expresión vienen días alude a una perspectiva ilimitada iniciada
con el retorno de la cautividad y plenamente manifestada en la era mesiánica. En el horizonte
profetice se superponen constantemente ambas perspectivas históricas, en cuanto que la
primera es una preparación de la segunda; pero los confines de ambas quedan indeterminados.
Pero la nueva alianza se diferenciará bien de la del Sinaí, cuando Yahvé sacó a Israel de la tierra
de Egipto (v.32), ya que ésta fue quebrantada por una de las partes signatarias, los israelitas. En
2073
cambio, la nueva alianza durará para siempre, porque Yahvé imprimirá en los corazones un conocimiento
de El mismo que los atraerá y guiará en todas sus acciones conforme a los intereses
de Yahvé: yo pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón, y seré su Dios, y ellos mi
pueblo (v.33). Ambas alianzas tenían por fin vincular a Israel a su Dios, pero en la nueva etapa
las leyes no serán meras proposiciones externas e invitaciones a cumplirlas, con el anuncio de las
correspondientes sanciones o premios, como en el Sinaí43, sino que Yahvé actuará en los corazones
de los ciudadanos de la nueva teocracia para que irresistiblemente las cumplan. Es una expresión
hiperbólica para recalcar el sentido interior de la nueva legislación divina. La antigua
Ley mosaica había sido escrita en tablas de piedra44; la nueva, en los corazones. La expresión es
bellísima e irreemplazable para designar el carácter espiritual del nuevo pacto 45. Entonces Yahvé
será realmente el Dios de su pueblo (v.33).
La acción íntima de Yahvé en los corazones será tan profunda e incoercible, que no habrá
necesidad de doctores que enseñen la ley del Señor: Ño tendrán que enseñarse unos a otros
(v.34), porque Yahvé mismo, dominando los corazones, será el Doctor de cada uno. En Is 54:13
se dice lo mismo: “Todos tus hijos serán instruidos por el Señor.” La máxima docilidad presidirá
los móviles de los nuevos israelitas. Naturalmente, estas palabras de Jeremías no se oponen a la
existencia de doctores en la nueva ley, como han querido entender los anabaptistas. Aquí se quiere
resaltar el carácter íntimo e insinuante de la ley del Señor, que no dependerá en su eficacia
tanto de la audición externa, comunicada por un maestro humano, cuanto de la acción íntima de
Yahvé, que mueve los corazones. Todos lo conocerán, desde los pequeños a los grandes (v.34).
Conocer a Dios aquí no es tener un conocimiento especulativo sobre Dios y sus atributos, sino
que la frase en el A.T. implica un conocimiento afectivo, que supone la entrega de la vida a sus
preceptos 46. Pequeños y grandes aquí son probablemente la clase dirigente de la nación y los
simples ciudadanos, sobre todo los pobres e ignorantes.
Dios, en reconocimiento a esta entrega íntima de los corazones, les perdonará sus
maldades. La nueva era se abre con una amnistía general, de modo que las relaciones con Dios
serán totalmente cordiales. De nuevo Jeremías insinúa la nueva obra de remisión de los pecados,
que se cumplirá en el Ν. Τ. con la infusión desbordante de la gracia.
Permanencia de Israel (35-37).
35 Así dice Yahvé: Yo he puesto al sol para que luzca de día, las leyes a la luna y a las
estrellas para que luzcan de noche; el que conturba el mar y hace bramar sus olas
tiene por nombre Yahvé de los ejércitos. 36 Si dejaran de regir estas leyes ante mí —
oráculo de Yahvé — , también cesará la descendencia de Israel de ser ante mí una
nación por siempre, 37 Así dice Yahvé: Si pueden medirse arriba los cielos y descubrirse
por abajo los fundamentos de la tierra, entonces repudiaré yo a toda la descendencia
de Israel por lo que han hecho, oráculo de Yahvé.
Este pequeño oráculo, que tiene mucha semejanza con el Deutero-Isaías 47, puede ser bien una
intercalación posterior del redactor, aunque de inspiración jeremiana. Y puede concebirse como
culminación de los v.31-34, en el sentido de que en la nueva alianza no sólo los individuos como
tales vivirán permanentemente vinculados a Yahvé, sino que la misma sociedad teocrática subsistirá
eternamente como consecuencia de esa entrega de los corazones de aquéllos a Dios, sellada
en el nuevo pacto.
El profeta, con estilo solemne y enfático, destaca la inmutabilidad de las leyes de los astros
como modelo de la inmutabilidad de Israel. El que garantiza la permanencia de Israel es el
2074
que ha puesto al sol para que luzca de día, y leyes a la luna. para que luzca de noche (v.35), y el
que dirige la marcha de los elementos, sujetando a leyes al mismo mar, símbolo tradicional de
fuerza, indómita 48.
La frase solemne de Yahvé tiene el carácter de juramento: Si dejaran de regir estas leyes
ante mí (Creador de ellas)., cesara la descendencia de Israel de ser ante mí una nación por
siempre (ν.36). No se puede expresar de modo más vigoroso la seguridad de la permanencia de
Israel como nación. La misma idea se recalca en el símil del v.26: como no pueden medirse los
cielos ni descubrirse los fundamentos de la tierra (v.26), así tampoco podrá Yahvé “repudiar” a
su pueblo.
Reconstrucción y grandeza futura de Jerusalén (38.-40)
38 He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que será edificada para Yahvé
la ciudad desde la torre de Jananeel hasta la puerta del Ángulo, 39 y saldrá derecho
el cordel de medir hasta la colina de Gareb, y dando vuelta después hacia Goa, 40
todo el valle de los cadáveres y de la ceniza y todos los campos hasta el torrente de
Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos, hacia oriente, serán consagrados
a Yahvé, y no serán ya jamás destruidos y devastados.
En esta descripción ideal se traza el perímetro de la nueva ciudad de Jerusalén, dentro del cual
habrá lugares que antes tradicionalmente habían sido considerados como impuros por haber sido
profanados con la presencia de cadáveres y con los sacrificios de niños a Moloc. Todo el área
será puro y consagrado a Yahvé. El profeta no cita el recinto sagrado del templo, que ya supone
consagrado a Dios, sino lo que tradicionalmente era considerado como profano. Es una descripción
ideal de la capital de la teocracia mesiánica. Ezequiel se moverá en el mismo plan ideal al
describir la nueva Tierra Santa49. En la perspectiva mesiánica de Jeremías no se menciona la reconstrucción
del templo porque toda la ciudad será morada de Yahvé. El autor del Apocalipsis
trazará también el perímetro ideal de la Jerusalén celestial50. Las perspectivas son proféticas, con
una carga fuerte poética para impresionar en los lectores; por eso las descripciones no han de tomarse
literalmente 51. El profeta, ante las ruinas de la ciudad, sueña con otra ciudad reconstruida
más perfecta, aun topográficamente, que la anterior, sobre todo girando en torno a su Dios, del
que irradia toda su grandeza y esplendor.
La torre de Jananeel estaba en el ángulo noroeste de la explanada del templo, donde hoy
está enclavada la Torre Antonia 52. La puerta del Ángulo corresponde a la actual “puerta de Jafa.”
53 La colina de Gareb es desconocida como localidad, pero se supone que el profeta se refiere
a la colina llamada de Sión, donde está el Cenáculo. De ahí partía hacia el sudeste, hacia Goa,
lugar también desconocido, pero que se supone que estaba en la confluencia del Cedrón, del Tiropeón
y del er-Rababy 54. La intención del profeta parece englobar dentro de la Ciudad Santa
los lugares que eran tradicionalmente impuros, como la depresión, punto de convergencia de los
tres wadys antes citados, donde se arrojaban los cadáveres y donde había sido erigido el impuro
Tofet, o abominación idolátrica, con su secuela de sacrificios de niños inocentes: y todo el valle
de los cadáveres, hasta el torrente Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos (v.40).
La puerta de los Caballos estaba en el ángulo sudeste de la actual explanada de la mezquita de
Ornar (Haram esh-Sherif), donde se juntaba la muralla del templo con la de la ciudad 55. De este
modo queda completamente cerrado el perímetro de la ciudad, que, partiendo del noroeste de la
explanada del templo, había dado vuelta hacia el occidente por la actual puerta de Jafa, descendiendo
al punto de unión del Cedrón y el er-Rababy, para volverse hacia el este hasta empalmar
2075
con la explanada del templo de nuevo. Con este trazado, el profeta quería indicar que en la nueva
ciudad no habría zonas impuras, sino que todo sería “consagrado” a Yahvé como suyo. Es una
idealización geográfica que no ha de ser entendida a la letra. Siempre los profetas juegan con
símbolos en función de ideas. La nueva ciudad será santa totalmente, sin zonas impuras. En el
nuevo orden de cosas, hasta la topografía de la ciudad será diferente, al verse libre de lugares
tradicionalmente infamantes.
1 Así según los LXX. El TM lee en primera persona: “se me hizo ver.” — 2 Cf. Jer 2:2. En Os 11:16 se dice a propósito de Israel infiel
esposa: “te conduciré al desierto y hablaré a tu corazón,” como lugar propicio para las intimidades de esposos. — 3 La palabra
Olam, que traducimos por eterno, tiene el sentido genérico de antiguo, no precisamente eterno en el sentido de no tener principio.
— 4 Cf. Jer 14:17. — 5 Cf. Is 28:1; Am 4:1. — 6 Cf. Is 37:30. — 7 Así según los LXX. El TM lee “tu pueblo.” — 8 Seguimos la
versión griega. El TM lee “vinieron entre llantos.” — 9 Cf. Dt 7:6; 2 Sam 7:23. — 10 Cf. Jer4:27- — 11 Cf. Is 41:12; 43,iQss;
48:21; 49:10 — 14 Cf.Jer 3:19; Ex 4:22. — 15 Cf. Ex 4:22. — 16 La expresión islas lejanas es característica del Deutero-Isaías
(cf. Is 41:1; 42:10; 49:1); sin embargo, la simple semejanza de situaciones históricas pudo sugerir la frase, sin indicar con ello dependencia
estricta literaria del fragmento deutero-isaiano. — 17 Oráculo de Yahvé falta en los LXX, — 18 Lit. en hebreo “niño de
delicias.” — 19 Lit. “cada ve/ que hablo de él o contra él.” — 20 Cf. Gen 35:16; 1 Sam 10,2. San Mateo en su Evangelio ve, por
asociación de ideas, una analogía entre el llanto de Raquel, que ve partir a sus hijos al destierro, y el de las mujeres de Belén llorando
por sus hijos sacrificados, y así lo acomoda a la nueva situación (2:18). Por esta acomodación surgió la tradición de la tumba
de Raquel junto a Belén. — 21 Cf. Ez 21:17; Homero, Ilíada XV 397-8; Jenofonte, Ctrop. VII 3:6. Descenso de hhtar a los infiernos
(DuoRME, Choix de textes relig. p.337). — 22 Cf. Jer 3:22-24. — 23 Como antes apuntábamos, el texto se puede traducir:
“cada vez que hablo de él,” y en ese caso simplemente se insinuaría que, al tratar de Israel, siente conmoverse sus entrañas. — 24
San Jerónimo, In ler.: PL 24:880-881. Le siguen Tomás y San Buenaventura. ¿4* Las palabras hebreas que traducimos por hembra
y por varón parecen aludir claramente a la forma sexual de cada uno, sin que se insinúe la idea de “virginidad.” — 25 Dice así:
“Creavit Dominus salutem novam, in salute circuibit homo.” Así muchos Padres latinos. — 26 El Targum: “Yahvé crea algo nuevo
sobre la tierra, y el pueblo y casa de Israel se adherirán a la Ley.” Cf. Condamin, Le lime de Jer. (1920) p.227-228. — 27 Cf.
Condamin, O.C., p.227~228. — 28Cf.Jer 33:31. — 29 Cf. Os c.2; Is 54:6-8; Jer 2:2; 20-25; 3:8; 9:2; Ez c.ió. — 30 Cf. E. Tobac, Paulisper
explana verba ler&miae XXXI 21.22: “Vie Diocesaine” (Mali-nes 1910) 66:69; Lesprophétes d'Israel 2 (1921) 275-276.
Siguen esta opinión Condamin, o.c., 227; Ceuppens, De prophetiis Messianicis (Romae 1935) 428-433; Dennefeld, o.c., 337· Véase
también Condamin, Le texte de Jérémie 31:22.est-il messianique?: RB 6 (1897) 396-404· Para otra explicación cf. Verbum Dei
II 517. — 31 Cf. E. Nácar, Sobre la interpretación de “Femina circumdabit inrum” (Jer 31:22): EstBib I (1942) 405-436. — 32
Cf. Jer 23:5-6. — 33 Cf. Is 6:15s. — 34 Lit. en hebreo: “por eso me desperté y miré, y mi sueño fue dulce.” — 35 Mald., A Láp.,
Calm., Knab., etc. — 36 Duhm, Peake, Cornill, Nótscher. — 37 Cf. Jer 1:10; 24:6. — 38 Cf. Ez 18:2. Sobre el principio de solidaridad
cf. 2 Sam 21:1-9; 1 Sam 22:16-19; Jer 32:18; Ex 20:5; 34:7; Núm 14:18; Amy.17; Jer 11:22; 20,6; 29:32; Núm 16:32; Dt
24:16; 2 Re 14:6. Sobre el tema en general véase el libro de F. Spadafora, Collettivismo e individualismo nel Vechio Testamento
(Rovigo 1953) 121-167. — 39 Cf. Ez 18:2. — 40 Así según los LXX, con un ligero cambio. El TM: “los he dominado.” — 41 Cf.
Rom 7:75; 8:3. — 42 Esta frase nueva alianza aparece por primera vez aquí en el Antiguo Testamento, y será el nombre técnico
de la era evangélica. Nuevo Testamento, designación que da Cristo a la nueva alianza, sellada con su sangre (cf. Le 22:20; i Cor
11:25; Heb 8:8-13; 10:15-42; 2 Cor 3:6). — 43 Cf. Dt4:8; 11:32; 1 Re 9:6. — 44 Cf. Ex 31:18; Dt 4:13; 9:11; 10:4. — 45 Cf. Jer
24:7; 30,22; 32:38. — 46 Cf. Jer 9:23; 22:16; Os 4:1; 5:4; 6:6. — 47 Cf. Is 40,26; 51:6.15. — 48 Cf. Job 38:8. — 49 Cf. Ez 0.40-48. — 50
Ap 3:12; 11:8; 21:2-22:5. — 51 Cf. Ez c.40-48. Véase P. Vincent, Jérusalent Ville sainte (Jerusalén 1934). — 52 Cf. RB (1932)
p.83; cf. Neh 3:1; 12:39; Zac 14:10. — 53 Véase Vincent, o.c., p.XIIs; cf. Zac 14:10; 2 Re 14:13; 2 Crón 26:9. — 54 Cf. ID., ib.,
p.XIVs. — 55 Cf. Neh 3:28; 2 Re 11:16; 2 Crón 23:15; Neh 2:125; 3:1
32. La compra del campo por Jeremías.
Esta sección biográfica del profeta refleja la época inmediata anterior a la caída de Jerusalén en
el 586. El capítulo comprende: a) introducción histórica (1-5); b) compra del campo de Anatot
(6-16); c) oración del profeta (17-26); d) respuesta de Yahvé (27-44). La redacción actual ha sido
retocada y ampliada después de Jeremías, pero sustancialmente la perícopa es netamente jeremiana.
Jeremías, encarcelado (1-5).
1 Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yahvé el año décimo de Sedéelas,
rey de Judá, que fue el año dieciocho de Nabucodonosor. 2Entonces el ejército del
rey de Babilonia cercaba a Jerusalén, y el profeta Jeremías estaba encerrado en el
atrio de la guardia del palacio del rey de Judá, 3 pues Sedecías, el rey de Judá, le
2076
había encarcelado, diciéndole: ¿Por qué profetizas asegurando que Yahvé dice que
entregará la ciudad en manos del rey de Babilonia, que la tomará, 4 y Sedéelas, rey
de Judá, no escapará a las manos de los caldeos, sino que será entregado en manos
del rey de Babilonia y hablará con él boca a boca, y sus ojos verán sus ojos, 5 y llevará
a Sedéelas a Babilonia, y allí estará hasta que le visite — oráculo de Yahvé — , y
aunque hagáis la guerra a los caldeos, no tendréis éxito ?
La datación histórica es perfecta. El año décimo de Sededas corresponde al 588, pues Sedecías
subió al trono en el 598, sucediendo a su sobrino Jeconías, llevado en cautividad. El asedio de
Jerusalén comenzó en el año noveno de Sedecías α. es decir, en el 589-588, y fue levantado temporalmente
para hacer frente al ejército egipcio, que venía en auxilio de Jerusalén. Quizá en este
lapso de tiempo tuvo lugar el hecho que se cuenta aquí, ya que Jeremías recibe a uno de sus parientes
de Anatot, lo que en un riguroso asedio no hubiera sido posible. El año dieciocho de Nabucodonosor
coincide con lo que se dice en 25:1 2. En esas circunstancias de cerco de la Ciudad
Santa, Jeremías estaba encerrado en el atrio de la guardia del palacio del rey (v.2). Parece que
era la parte del atrio real reservada para cárcel de personas que no se querían enviar a la prisión
común 3. Era una libertad vigilada, como la “custodia libera” de los romanos 4, y así eso se concibe
el episodio en cuestión, ya que se le permitía hacer contratos y recibir visitas de parientes.
Se le custodiaba porque se le consideraba peligroso como derrotista al anunciar el triunfo de los
babilonios asediantes (v.3-4). En el c.37 se especifican más estas acusaciones5. La frase hasta
que la visite (v.5), que en el contexto parece tener un sentido favorable de liberación, no está en
los LXX, y es quizá una glosa posterior. No sabemos que Sedecías haya sido liberado del cautiverio,
sino que más bien en 52:11 se dice que murió en la cautividad. Quizá algún redactor posterior
confundió a Sedecías con Jeconías6. En todo caso, Jeremías había anunciado reiteradamente
el desastre de Judá, en el que perecería también la casa real.
La compra simbólica del campo de Anatot (6-15).
6 Y afirmó Jeremías: Se me ha dirigido la palabra de Yahvé, diciendo: 7 He aquí que
Janameel, hijo de Sellum, tu tío, vendrá a decirte: Cómprame el campo que tengo en
Anatot, pues a ti te corresponde adquirirlo por razón de rescate. 8 Vino, pues, a mí
Janameel, el hijo de mi tío, según lo que me había dicho Yahvé, al atrio de la guardia,
y me dijo: Cómprame el campo de Anatot, en tierra de Benjamín, pues te corresponde
su posesión por razón de rescate. Entendí, pues, que era palabra de Yahvé,
9 y compré el campo a Janameel, mi primo de Anatot, pagándole diecisiete siclos
de plata. 10 Hice el contrato por escrito, lo sellé, tomé testigos y pesé la plata en la
balanza, 11 y recibí el contrato de venta sellado y el acta de las estipulaciones abierta,
12 y se lo entregaré todo a Baruc, hijo de Nerías, hijo de Masías, en presencia de Janameel,
mi primo, y de los testigos que habían firmado el contrato y de todos los judíos
que se hallaban en el atrio de la guardia. 13 Y delante de todos di a Baruc esta
orden: 14Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Toma esos documentos, ese
contrato de venta, el sellado y el abierto, y mételos en un recipiente de barro cocido
para que puedan conservarse largo tiempo. 15Porque así dice Yahvé de los ejércitos,
Dios de Israel: Todavía se comprarán en esta tierra campos y viñas.
El relato tiene un valor simbólico, como las acciones del ceñidor escondido en el río y la vasija
de barro rota en la casa del alfarero. Aunque parece que el contenido de la narración tiene un ca2077
rácter personal — un negocio particular con un pariente suyo — , sin embargo, Dios le advierte
de antemano que el contrato que va a realizar tiene un alcance profético.
Jeremías era de familia sacerdotal. Según la Ley, los pertenecientes a la tribu de Leví no
podían tener terrenos propios 7, sino que debían vivir de los sacrificios y ofrendas que se hacían
en el templo. Sin embargo, hay otras leyes según las cuales se les permitía tener algo de campo
en torno a las ciudades que les eran concedidas para que pudieran mantener sus ganados 8. En
todo caso, en la práctica parece que la ley primitiva se cumplía con cierta laxitud, y de hecho tenían
bienes propios, regulados conforme al derecho consuetudinario 9. El caso que se plantea
aquí tiene otro paralelo en el libro de Rut10. Para que los bienes, en lo posible, no salieran del
ámbito de la familia que los había heredado tradicionalmente, estaba estipulado que, cuando alguno
quería vender un campo, debía ofrecerlo, antes que a nadie, a su pariente más próximo n. El
que lo adquiría era llamado rescatador, o goel en hebreo. Por eso, el primo dice a Jeremías: te
corresponde su posesión por razón de rescate (v.8). Como Yahvé le había anunciado de antemano
que su primo le había de visitar con este fin, vio en ello la voluntad expresa de Dios: entendí
que era palabra de Yahvé (v.8), a pesar de que no se dice que Dios le hubiera ordenado expresamente
hacer la transacción.
El precio de diecisiete sidos de plata (v.8) es realmente exiguo (unas 50 pesetas oro). No
sabemos el valor adquisitivo del dinero entonces; tampoco sabemos la extención del campo; pero,
puesto que la compra se realizaba entre parientes, quedaba siempre el derecho del vendedor
de rescatar el campo por la misma cantidad 12. Las mismas condiciones de inseguridad social por
la guerra (Anatot estaba en la zona de guerra, pues está a unos kilómetros al nordeste de Jerusalén)
harían que el valor de los inmuebles fuera mínimo. En todo caso, para el fin simbólico que
tenía la compra en la mente del profeta, no interesa la cantidad, que no es inverosímil históricamente
por lo antes dicho. Jeremías tiene interés en que el contrato se haga según todas las formalidades
públicas, sellándolo ante testigos como signo de autenticidad. Además quería dar la
máxima publicidad para poder después declarar públicamente su sentido profético para la posteridad.
Era corriente hacer un duplicado del contrato 13.
Probablemente Jeremías lo escribió sobre papiro, al modo egipcio, no en tabletas de arcilla,
al modo babilónico. Según la costumbre egipcia, se escribía el texto dos veces en el mismo
papiro, una por dentro, y se enrollaba, sellándolo para que no pudiera ser abierto, y otra a continuación,
pero de modo que al enrollarse el papiro quedara para afuera el texto, siendo posible
leerlo sin dificultad 14. Ambas partes de papiro estaban unidas y no podían separarse. En el caso
de Jeremías, una copia quedaba sellada y otra abierta, sin especificar si ambas estaban unidas.
Después lo dio a Baruc, que aparece aquí por primera vez como fidelísimo secretario que le
habría de acompañar en su exilio involuntario a Egipto 15. El profeta había sellado el contrato
delante de todos los judíos que se hallaban en el atrio de guardia (v.12), probablemente el público
que acudía junto a Jeremías con la esperanza de oír sus oráculos. El profeta da a Baruc el documento
para que lo guarde en un recipiente de barro cocido (v.14), como era usual en Egipto y
Babilonia 16. Los últimos descubrimientos de Ain Fesja y de Qumrán, en el desierto de Judá,
confirman este uso en Palestina 17.
El deseo de conservar los documentos era con vistas al futuro: para que puedan conservarse
largo tiempo (v.14). No le interesaba el presente, pues sabía que la catástrofe era inevitable,
sino con vistas a un futuro más lejano, pero cierto. El quiere dar con ello una lección de esperanza
a sus compatriotas desmoralizados: Todavía se comprarán en esta tierra campos y viñas
(v.15). Las predicciones sombrías de Jeremías podían sembrar la desesperación en el auditorio,
creyendo que, con la destrucción de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor, el pueblo israeli2078
ta estaba definitivamente borrado de la faz de la tierra. Por eso quiere que piensen en un futuro
de restauración, de paz y de prosperidad en que volverán a hacerse transacciones.
Oración del profeta (16-25).
16 Después de haber entregado el contrato de venta a Baruc, hijo de Nerías, dirigí a Yahvé
esta oración: 17 ¡Ah Señor, Yahvé ! Tú has hecho los cielos y la tierra con tu gran poder y tu
brazo extendido. ¡Nada es difícil a ti! 18 Tú eres el que haces gracia a millares y quien retribuye
la culpa de los padres sobre el seno de los hijos después de ellos, el Dios grande, el
fuerte, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos, 19 grande en el consejo, poderoso en la obra,
cuyos ojos están abiertos para ver los caminos de los hijos de los hombres y dar a cada uno
según su camino y según el fruto de sus obras; 20 el que hizo maravillas y portentos en la
tierra de Egipto hasta el día de hoy en Israel y en los (otros) hombres, y te has hecho un
nombre, como lo es en el día de hoy, 21 y sacaste a Israel, tu pueblo, de la tierra de Egipto,
en medio de maravillas y portentos, con mano fuerte y brazo tendido y en medio de gran
pavor, 22 y les diste esta tierra que prometiste dar a sus padres, tierra que mana leche y
miel, 23 y, entrados en ella, la poseyeron, pero ellos escucharon tu voz ni anduvieron en tu
ley, y no hicieron lo que mandaste hacer, y has llamado contra ellos esta desventura. 24 He
aquí que ya tocan a la ciudad los terraplenes para tomarla, y la ciudad será presa de los
caldeos, que la combaten con la espada, el hambre y la peste, y como tú anunciaste, así ha
sucedido, bien lo ves tú. 25 Y ahora, cuando la ciudad va a caer en manos de los caldeos, me
dices, ¡oh Yahvé!: “Compra el campo y toma testigos.”
Esta oración, que en parte es un mosaico de frases hechas salmódicas, sin duda que ha sido muy
retocada, y sólo sustancialmente podrá atribuirse a Jeremías. Se destaca la providencia de Yahvé
sobre su pueblo con las clásicas alusiones a la milagrosa salida de Egipto. Parecen ser de Jeremías
los v.24-25, al menos se adaptan bien al contexto. Jeremías no comprende por qué se le manda
comprar un terreno, cuando ya tocan a la ciudad los terraplenes para tomarla (v.24). Es una
dramatización de sus deseos para que Yahvé mismo explique el alcance simbólico del extemporáneo
contrato.
Respuesta de Yahvé: la destrucción de Jerasalén (26-35).
26 Y fue palabra de Yahvé a Jeremías, diciendo: 27 Mira, yo soy Yahvé, Dios de toda
carne. ¿Hay algo difícil para mí? 28 Por eso así dice Yahvé: He aquí que entregaré
esta ciudad en manos de los caldeos y en manos de Nabucodoiiosor, rey de Babilonia,
que la tomará, 29 y vendrán los caldeos, que atacan esta ciudad, y la pegarán
fuego y la quemarán; quemarán las casas en cuyos terrados quemaban incienso a
Baal y ofrecían libaciones a los dioses extraños para irritarme, 30 pues lo mismo los
hijos de Israel que los hijos de Judá no hacen más que el mal a mis ojos desde su juventud,
pues los hijos de Israel no hacen más que irritarme con las obras de sus manos,
oráculo de Yahvé. 31 Objeto de ira y de furor ha sido siempre para mí esta ciudad
desde el día en que fue edificada hasta hoy para que la haga desaparecer delante
de mí, 32 por el mal que los hijos de Israel y los hijos de Judá han hecho para irritarme,
ellos, sus reyes y sus príncipes, sus sacerdotes, sus profetas, las gentes de Judá
y los habitantes de Jerusalén. 33 Me han vuelto la espalda en vez de darme la cara;
yo los he amonestado desde muy temprano y sin cesar, pero ellos no han querido
oír ni recibir la corrección. 34 Han puesto sus abominaciones hasta en la casa en que
2079
se invoca mi nombre, profanándola. 35 Han edificado los lugares altos de Baal que se
hallan en el valle de Ben-Hinnom, para pasar (por el fuego) a sus hijos y a sus hijas
en honor de Moloc, cosa que yo nunca les maridé ni nunca me propuse. ¡Cometer
abominaciones semejantes y hacerse Judá reo de tal crimen!
Esta respuesta de Yahvé, tal como está en el texto, resulta redundante y construida a base de lugares
comunes de la literatura profética, particularmente del mismo Jeremías: Dios entrega a Jerusalén
a la ruina por sus pecados, particularmente el de la idolatría (v.29). Se enumeran los terrados
de las casas en los que se quemaba incienso a Baal (v.29), los lugares altos (v.35), las
abominaciones en el valle de Ben-Hinnom (v.35), donde se sacrificaban los niños a Moloc, etc. 18
El castigo, pues, de Yahvé es inexorable; los ejércitos de Nabucodonosor entrarán e incendiarán
la ciudad.
Nueva alianza con los repatriados (36-44).
36 Por eso dice ahora Yahvé, Dios de Israel, de esta ciudad de la que vosotros decís:
Ha sido entregada en manos del rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por
la peste. 37 He aquí que los reuniré de todos los países en que los dispersé en mi cólera,
en mi indignación y en mi furor, y los haré volver a este lugar para que en él
habiten seguros. 38 Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. 39 Yo les daré un solo corazón,
un solo camino, para que siempre me teman y siempre les vaya bien, a ellos y
a sus hijos después de ellos. 40 Y haré con ellos una alianza eterna de no dejar de
hacerles bien, y pondré mi temor en su corazón para que no se aparten de mí, 41 y
me gozaré en ellos al hacerles bien, y los plantaré firmemente en esta tierra con todo
mi corazón y toda mi alma. 42 Porque así dice Yahvé: Como he traído sobre este
pueblo todos estos grandes males, así traeré sobre ellos todo este bien que digo de
ellos, 43 y habrá todavía poseedores de esta tierra, que vosotros decís desierta, por
rio quedar en ella hombre ni bestia y haber sido entregada en manos de los caldeos.
44 Se comprarán campos, dando por ellos el precio en plata; se harán contratos escritos,
se sellarán y se aducirán testigos en tierra de Benjamín, en las ciudades de
Judá, en las de la montaña, y en las del llano, y en las del mediodía, porque yo haré
volver a sus desterrados, oráculo de Yahvé.
Como siempre, la contrapartida del anuncio del castigo sobre Israel es el vaticinio de la futura
resurrección del mismo como colectividad nacional. Dios ha empeñado su palabra desde antiguo
en favor de este pueblo privilegiado, y se siente vinculado de un modo especial a él. Yahvé los
ha dispersado en su furor y los reunirá en su misericordia 19, para ser su pueblo y El su Dios 20.
Para ello, Yahvé mismo les inducirá por los caminos de su ley, dándoles un corazón nuevo y un
solo camino, de modo que vivan en su santo temor. Sus disposiciones internas cambiarán totalmente
21. Y en el orden material se reconstruirá la vida nacional en la tierra santa: habrá poseedores
en esta tierra (v.43). La alianza que hará con Israel Yahvé será eterna, ya que no habrá de
nuevo ruptura, pues los israelitas obedecerán siempre con docilidad al Señor 22. La expresión es
enfática e hiperbólica, basada en la idealización de los tiempos mesiánicos, cuya preparación se
iniciará con la repatriación de los exilados de la Diáspora: los plantaré firmemente en esta tierra
(v.41). Estas palabras responden a las ansiedades del profeta, ya que la tierra después de la catástrofe
no quedará perennemente desierta (v.43), sino que de nuevo habrá poseedores en ella, de
modo que se reanudarán los contratos comerciales (v.44). El vaticinio tiene por fin, pues, suscitar
2080
esperanzas en el auditorio del profeta, que pudiera creer irremediable la catástrofe de su pueblo:
Yo haré volver a los desterrados (v.44).
1 Cf. Jer 30:1. — 2 Según el cómputo de 52:29, sería el año diecisiete de Nabucodonosor. — 3 Cf. Neh 3:25. — 4 Cf. Act 28,ios. — 5
Cf. Jer 21:7; 34:2-3; 37:8; 38:18.22-23. — 6 Cf. Jer 52:31-34- — 7 Cf. Núm 18:20-23; Dt 18,iss. — 8 Cf. Núm 35:2-8. — 9 Cf.
Lev 25:32-34. — 10 Cf. Rut 4:3-10. — 11 Cf. otras compras de terreno, Gen 23:16; 2 Sam 24:24. — 12 Cf. Lev 25:263. — 13
Según la costumbre babilónica, se escribía el contrato en una tableta de arcilla, se la sellaba con el sello de las dos parte contratantes,
y después se la recubría de otra capa de arcilla, en la que se reproducía de nuevo el texto con los sellos para que se conociese
el contenido sin romperlo. En caso de disputa se descubría la primera tableta (Meissner, Bab. und Ass. II p.342 fig.48). — 14 Véase
Gressmann, AH. Or. Text. und B. fig.92 y explicación en ρ.61. — 15 Cf. Jer 36:4-5; 41:1is. — 16 Meissner, o.c., 44-45; Ermann
Rankee, Aegypten p.127. — 17 Cf. RB (1949) p.204.234-586; (1953) p.82.245- Cf. “Verbum Dei,” II 8673. — 18 Cf. Jer
19:13; 3:6-10; 22:21; 25:6; 11:17; 2:27; 7:13; 7:30-31. — 19 Cf. Jer 23:3; 29:14; 31:8; Dt 30:3. — 20 Cf. Jer 24:7; 30,22; 31:1-
33; Ez 36:28; Zac 8:8. — 21 Cf. Ez 11:19; 36:26. — 22 Cf. Jer 31:31; Ez 37:26; Is 55:3; Ez 16:60.
33. Promesas de Restauración.
El contenido de este capítulo parece ser una continuación del oráculo anterior, ya que gira en
torno a la restauración maravillosa de Jerusalén desolada. La revelación tuvo lugar en el atrio de
la guardia, como la anterior. El capítulo se divide en dos partes netas: a) restauración de Judá (1-
13); b) porvenir de la dinastía davídica y del sacerdocio levítico (14-26). Esta segunda parte falta
en el texto griego, y es muy similar a 31:34-40. Parece, pues, una aplicación a Jerusalén, por un
redactor posterior, de lo que en 23:6 se había vaticinado de Israel en general.
Reconstrucción material y moral de la ciudad (1-9).
1 Fue dirigida la palabra de Yahvé a Jeremías por segunda vez mientras estaba preso
en el atrio de la guardia, diciéndole: 2 Así dice Yahvé, el que ha hecho la tierra y
la ha formado y afirmado; Yahvé es su nombre. 3 Llámame y yo te responderé, y te
comunicaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces, 4 pues así dice Yahvé, Dios de
Israel, de las casas de esta ciudad y de los palacios de los reyes de Judá, destruidos
para servir de baluartes para resistir a los caldeos, 5 llenándose con los cadáveres de
los hombres que yo herí en mi furor y en mi indignación, ocultando mi rostro a esta
ciudad por todas sus maldades. 6 He aquí que yo les restituiré la salud, los sanaré y
les descubriré abundancia de paz y de verdad; 7 yo haré volver a los cautivos de Judá
y a los de Israel y los reconstruiré como al principio, y los limpiaré de todas las
iniquidades que contra mí cometieron, 8 y les perdonaré todas las culpas y todas sus
rebeliones contra mí, 9 y será para mi renombre, alegría, alabanza y magnificencia
entre todos los pueblos de la tierra, que oirán todo el bien que yo les haré y temblarán
y se turbarán de tanto bien y de tanta paz como yo les daré.
Parece que este vaticinio tuvo lugar, como el anterior, cuando el asedio de Jerusalén era intenso y
se preveía el fatal desenlace. La redacción debe de ser de Baruc, secretario del profeta; por eso
en el v.1 habla cíe éste en tercera persona: Jeremías estaba preso en el atrio de la guardia. La
frase por segunda vez supone la revelación de 32:16ss. El ambiente histórico es el mismo. El
oráculo ahora recibido se asienta en la veracidad de Yahvé, que ha hecho la tierra, la ha formado
y afirmado (v.2). Es la fórmula tradicional para recalcar enfáticamente la certeza de lo que se
anuncia *. Lo mismo se ha de decir de la expresión Yahvé es su nombre 2. El te-tragrammaton
del Dios libertador del Sinaí era la garantía de su poder para cumplir nuevas maravillas. También
ahora quiere comunicar cosas grandes y ocultas (v.3), e.d., el vaticinio que sigue en torno a la
2081
restauración de Judá. Yahvé mismo está ansioso de comunicarlas para confortarle a él y a sus
oyentes; por eso le invita a que le pregunte sobre las mismas 3. Dios quiere contraponer la situación
trágica y desesperada actual y el futuro esplendoroso que espera a la ciudad derruida. Ahora
las casas y los palacios están destruidos, y con sus ruinas sirven de baluartes para rechazar a los
caldeos, y todo esto por especial permisión divina: llenándose de cadáveres de hombres que yo
herí en mi indignación (v.5). Los invasores caldeos no son sino instrumentos de su justicia vengadora
y purificadera, Yahvé se ha desentendido temporalmente de Jerusalén, ocultando su rostro
por sus maldades (v.5)4. Pero estas ruinas no son definitivas, ya que después llegará la hora
de la reconstrucción (v.6). El castigo hará que se purifiquen y hagan penitencia, con lo que Yahvé
les perdonará todas sus transgresiones (v.8), quedando limpios para constituir una nueva teocracia,
que será causa de renombre, alabanza (para Yahvé) entre todos los pueblos de la tierra
(V.9). Como el castigo infligido a Judá había sido objeto de burla y consternación entre los paganos5,
así su restauración la hará objeto de bendición y admiración de los mismos6.
Restauración de la vida ciudadana y pastoril (10-13).
10 Así dice Yahvé: Todavía en estos lugares de que vosotros decís: Son un desierto
sin hombres y sin bestias; en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, sin
habitantes, sin bestias, 11 se oirán voces de júbilo y voces de alegría, los cantos del
esposo y los cantos de la esposa, voces que cantarán: “Alabad a Yahvé de los ejércitos,
porque es bueno, porque es eterna su misericordia,” y de los que llevan al templo
sus oblaciones, porque yo haré volver a los desterrados de esta tierra como estaban
antes, oráculo de Yahvé. 12 Así dice Yahvé de los ejércitos: Todavía habrá en estos
lugares desiertos, sin hombres ni bestias, y en todas sus ciudades, majadas, donde
los pastores apriscarán a sus rebaños; 13 en las ciudades de la montaña, en las del
llano y en las del mediodía, en la tierra de Benjamín y en torno a Jerusalén, y en las
ciudades de Jerusalén, todavía pasará el ganado bajo la mano del que lo cuenta,
oráculo de Yahvé.
Continúa el pensamiento de restauración de la sección anterior, concretando particularidades de
la restauración. Con la venida de los desterrados renacerá la vida y alegría en los lugares que
ahora son desiertos, sin hombres ni bestias. (v.10). Se reanudará el culto sincero en el templo
(v.11) y se oirán los alegres cantos nupciales (v.11). El grito de alabanza del v.11 es una fórmula
litúrgica corriente en los Salmos 7.
Además surgirá de nuevo la vida pastoril (v. 12-13), abundando por doquier el ganado,
que pasará bajo la mano del que lo cuenta; alusión a la costumbre del pastor, que diariamente
cuenta sus ovejas para ver si falta alguna 8.
Reino eterno y perpetuo sacerdocio (14-26).
14 He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo cumpliré la buena palabra
que yo he pronunciado sobre la casa de Israel y sobre la casa de Judá. 15 En
esos días y en ese tiempo, yo suscitaré a David un renuevo de justicia que hará derecho
y justicia sobre la tierra. 16 En esos días será salvado Judá, y Jerusalén habitará
confiadamente, y se llamará “Yahvé, justicia nuestra.” 17 Porque así dice Yahvé: No
faltará a David un varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel. 18 Y a los
sacerdotes levitas no les faltará tampoco varón a mi servicio que ofrezca holocausto
y queme la ofrenda y sacrifique todos los días. 19 Y recibió Jeremías palabra de
2082
Yahvé, diciendo: 20 Así dice Yahvé: Si rompéis mi pacto con el día y mi pacto con la
noche, para que no sea día y noche a su debido tiempo, 21 entonces se romperá mi
pacto con David, mi siervo, para que no tenga hijo que reine sobre su trono, y mi
pacto con los levitas sacerdotes, mis ministros. 22 Como no pueden contarse las milicias
celestes ni las arenas del mar, así multiplicaré yo la descendencia de David, mi
siervo, y a los levitas, mis ministros. 23 Y recibió Jeremías palabra de Yahvé, diciendo:
24 ¿No ves lo que dicen estas gentes?: “Las dos familias que eligió Yahvé, las dos
las ha repudiado,” y desprecian a mi pueblo por no ser ya a sus ojos una nación. 25
Así dice Yahvé: Si no he hecho yo pacto con el día y con la noche, ni he dado leyes a
los cielos y a la tierra, 26 entonces repudiaré yo a la descendencia de Jacob y de David,
mi siervo, prohibiendo tomar de su progenie jefes para la raza de Abraham, de
Isaac, de Jacob, pues yo haré volver a mis cautivos, tendré piedad de ellos.
Esta sección tiene el aire de una compilación de textos en torno a dos ideas fundamentales: la
reconstrucción y permanencia de la dinastía davídica y del sacerdocio levítico. Parece que un
redactor posterior al exilio recogió de la tradición hebrea, y sobre todo del mismo Jeremías,
fragmentos en los que se hablaba de la resurrección de las dos instituciones fundamentales de la
teocracia israelita. Después del destierro, los israelitas no tuvieron rey hasta la época asmonea, y
el mismo sacerdocio levítico no parecía tener el ascendiente e importancia que había tenido antes
del destierro. Los fieles yahvistas estaban inquietos y ansiosos porque no llegaba la hora de la
plena restauración de las instituciones fundamentales de su pueblo. El redactor recoge fragmentos
proféticos diversos para probar que la promesa de Yahvé sobre la perennidad de la dinastía
davídica y sobre la permanencia del sacerdocio levítico estaba en pie y que había de
cumplirse algún día. Por eso, esta profecía parece insertada en el llamado “libro de consolación”
de Jeremías 9.
En efecto, Yahvé hará surgir de la dinastía davídica un retoño que obrará en todo conforme
a su justicia, haciendo prosperar a su reino, de forma que podrá llevar bien el nombre simbólico
de Yahvé, nuestra justicia (v.16), porque en todas las manifestaciones de la vida social de
la nueva teocracia prevalecerá el sentido de equidad, basada en los derechos de Yahvé. La buena
palabra (v.14) o venturosa promesa es la misma de 29:10, relativa a la restauración mesiánica, y
se refiere a toda la descendencia de Jacob: la casa de Israel y la casa de Judá (v.14), como en
23:6. Pero después la profecía se orienta de modo particular a la suerte de Judá y Jerusalén, trasladando
la promesa de 23:6 al reino del sur, como primer plano. La expresión en esos días suscitaré.
(v.15) es típica para designar los tiempos mesiánicos, anhelados de todos, y por eso son los
días por excelencia, sin más determinación. La expresión es, pues, solemne y enfática en boca de
los profetas, que quieren llamar la atención sobre la gran realidad de los tiempos objeto de todas
las esperanzas.
El renuevo de justicia es paralelo al renuevo justo de 23:5, del que parece ser una simple
variante. El sentido es el mismo. La mente del profeta se proyecta directamente sobre un personaje
ideal de la dinastía davídica, al que llama renuevo, dependiendo literariamente quizá de Is
11:1, donde se habla del “renuevo de la casa de Jesé,” la casa de David. Se le llama de justicia
porque implantará un reinado de equidad: hará derecho y justicia en la tierra (v.15). De ahí que
se le podrá dar el nombre simbólico de Yahvé, nuestra justicia (v.16). Como en Is 7:14, Emmanuel
es el nombre del Mesías, en cuanto que simboliza la protección de Yahvé sobre su pueblo,
aquí es llamado Sidquenu (“Yahvé es nuestra justicia”), en cuanto que inaugurará un reinado de
plena justicia 10.
2083
A continuación se anuncia la permanencia de la dinastía davídica como garantía de que
aparecerá un día el renuevo de justicia . Y asociada a esta profecía está la relativa a la permanencia
de la casta sacerdotal12. La dinastía davídica cesó de reinar sobre Judá en el 586, cuendo fue
tomada Jerusalén por los caldeos. Su último rey, Sedecías, fue llevado en cautividad a Babilonia.
Después del exilio, el jefe de los primeros repatriados fue Zorobabel, de la familia davídica; pero
no tuvo nunca el título de rey, sino que era como un gobernador dependiente de la satrapía persa.
El sacerdocio levítico, en cambio, tuvo gran auge después de la cautividad, precisamente porque
no había rey que les hiciera contrapeso. Bajo los Macabeos y Asmoneos (s.II a.C.) se unieron los
dos poderes. La dinastía davídica, como institución de gobierno temporal, de hecho desapareció
de la historia hebrea, y el sacerdocio levítico se extinguió con la destrucción de Jerusalén por Tito
en el año 70 d. G. ¿Cómo se cumplió, pues, la profecía de la permanencia de la dinastía davídica
y del sacerdocio levítico ? De nuevo aquí tenemos que hablar del empalme del Israel histórico
con el “Israel de Dios.” La grandeza de la dinastía davídica se salvó, y se sublimó en la persona
de su máximo representante, el Mesías-Jesucristo. Descendiente de la casa de David 13, inauguró
un nuevo reino, del que la historia de Israel había sido una preparación. Cristo es realmente
rey, pero en un plano muy superior, no soñado por el mismo Jeremías. Su reino es realmente
de justicia, y por eso con todo derecho puede llamarse Jesús-Mesías: Yahvé es nuestra justicia
(Sidquenu), como también Emmanuel (“Dios con nosotros”), nombres todos descriptivos y
aproximativos de su excelsa misión. Como siempre, los profetas intuyen horizontes altísimos para
su tiempo, pero muy inferiores a la realidad del Ν. T. Nunca los profetas pudieron comprender
la grandeza espiritual de la futura Iglesia fundada por Cristo, aun en su primer estadio de militante.
La cuestión de la continuidad del sacerdocio levítico habrá que resolverla también en un
plan análogo. El sacerdocio del A.T. fue sustituido y sublimado por el instituido por Cristo. Pero
lo mismo que los sacrificios cruentos del A.T. en el templo de Jerusalén eran tipo y preparación
del gran sacrificio eucarístico de la cruz, así también el sacerdocio del A.T. fue la preparación
del sacerdocio del Ν. Τ. Malaquías habla de otro sacrificio universal que sustituirá al de Jerusalén
14. Aquí el profeta también parece tener intuición sobrenatural sobre una etapa más grandiosa
del sacerdocio, de la que el levítico es una sombra y preparación. Esta perennidad de la realeza
davídica y del sacerdocio levítico es proclamada enfáticamente a continuación. Como existe una
ley o pacto constante que dirige el curso del día y de la noche y los movimientos de las milicias
celestes o estrellas, así existe un pacto de parte de Yahvé que asegura la permanencia de la dinastía
davídica y del sacerdocio levítico (v.21 -22). Así sale al paso del escepticismo de sus contemporáneos
respecto del destino de su pueblo. La catástrofe les había hecho pensar que Yahvé se
había arrepentido de la elección de Israel y de Judá y que los había desechado definitivamente:
Las dos familias que eligió Yahvé las ha repudiado (v.24). En la mente de todos estaba el recuerdo
de la catástrofe de Samaría, rendida a las tropas asirías de Sargón II en el 721 a.C., y la
deportación en masa de sus habitantes, los cuales, después de más de un siglo, no tenían esperanza
de retornar a su hogar patrio. Esta misma suerte espera a Jerusalén y Judá, a las que desprecian
por no ser ya nación (v.24). Creen los contemporáneos de Jeremías que el pueblo judío,
como colectividad nacional política, ha desaparecido para siempre. Pero Yahvé niega que los
haya repudiado definitivamente, y lo afirma con carácter de juramento. Tan seguro está de ello
como que ha hecho pacto con el día y la noche (v.25). Y cita a los grandes antepasados: Abraham,
Isaac y Jacob, para recordarles las promesas grandiosas a ellos hechas 15. Yahvé se ha empeñado
por ellas a mantener la estirpe de Jacob; por eso, después de la catástrofe purificadera,
hará volver a los cautivos (v.26), teniendo piedad de ellos. Es una nueva promesa de consola2084
ción.
1 Cf. Jer 41:20; 45:11; 46:11; Is 45:21; 46:10. — 2 Cf. Jer 31:35. Es corriente la expresión en el Deutero-Isaías: Is 42:8; 47:4; 48:2;
51:15. — 3 Cf. Job 38:3; 40,2; 42:4. El estilo de estos dos versos parece deutero-isaiano. — 4 Cf. Is 54:8; 57:17, 64:7; Ez
39:23.24.29. — 5 Cf. Jer 24:9; 25:9; 29:18. — 6 Cf. Is 45:14; 60,6.11. — 7 Cf. Sal 106:1; 118:1; 136:133. — 8 Lev 27:32; Ez
20:37; Jn 10:11. Virgilio, Eglog. 3: alter et haedos.” “isque die numerant ambo, pecus, — 9 Niegan la autenticidad jeremiana del
fragmento, entre otros, Notscher, Das Busch Jeremías (Bonn 1934) p.248; Vittonato, 11 íibro di Geremia (Torino 1955) p.418. La
sostienen Gondamin, Le livre de Jérémie XXX 251; Dennefeld: DTG 10 (1929) 1452, Ceup-Pens, De prophetiis Messianicis 428.
— 10 Nótscher, Gelin y otros entienden justicia en el sentido de “legítimo” jurídicamente, como en Zac 9:9; lit. Sidquenu se aplica
a Jerusalén, pero es una clara trasposición de 23:6. — 11 Cf. 1 Re 2:4; 8:25; 9:5; 2 Sam 7:12; 2 Grón 6:16; 7:18. — 12 La expresión
sacerdotes levíticos no se encuentra en Jeremías más que aquí. Muchos autores creen que esta preocupación por la suerte
de la casta sacerdotal es ajena a la mente de Jeremías. Pero era sacerdote, y es normal que pensara en el destino de los de su clase.
— 13 Cf. Mt 1:6. — 14 Mal 1:11. — 15 Cf. Gen 15; Ex 3:15; Lev 26:42; Sal 89:208; 2 Sam 7:12.16.
34. El Destino del Rey Sedecías. Deslealtad de los Amos.
Este capítulo es como un apéndice a la segunda parte del libro de Jeremías (c.26-35). Contiene
dos episodios que tuvieron lugar durante el asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor,
con poca diferencia de tiempo. Se puede dividir el capítulo en tres partes: a) anuncio de Jeremías
a Sedecías sobre la destrucción de Jerusalén (1-7); b) emancipación de los esclavos (8-11); c)
denuncia de Yahvé contra la esclavitud (12-22). En la narración hay retoques redaccionales posteriores,
pero no hay motivos objetivos para dudar de la autenticidad jeremiana sustancial, si bien
el relato se deba probablemente a su secretario, Baruc.
Jeremías anuncia al rey Sedecías la trágica suerte. de Jerusalén (1-7)
1 Palabra de Yahvé que recibió Jeremías mientras Nabucodonosor, rey de Babilonia,
con todo su ejército y todos los reinos de la tierra sometidos a su dominación y
todos sus pueblos, atacaba a Jerusalén y a todas sus ciudades. 2 Así dice Yahvé, Dios
de Israel: Ve a Sedecías, rey de Judá, y dile: Así dice Yahvé: He aquí que voy a entregar
esta ciudad en manos del rey de Babilonia, que le pegará fuego, 3
y tú no escaparás
de sus manos, sino que serás hecho prisionero y le serás entregado, y verás
con tus ojos al rey de Babilonia, y te hablará boca a boca, y serás llevado a Babilonia.
4 Oye, pues, ¡oh Sedecías, rey de Judá! lo que dice Yahvé: Esto es lo que te dice
a ti: No morirás a la espada, 5 morirás en paz, y como se quemaron perfumes (en los
funerales de) tus padres, los reyes que te han precedido, así se quemarán también en
los tuyos, y se te harán lamentaciones: ¡Ay señor! pues yo soy quien lo digo, oráculo
de Yahvé. 6 El profeta dijo todo esto a Sedecías, rey de Judá, en Jerusalén, 7 mientras
el ejército del rey de Babilonia estaba atacando a Jerusalén y a las otras ciudades
de Judá que no se habían rendido, a Lakis y Azeqah, pues sólo ellas habían quedado
entre las ciudades amuralladas de Judá.
Jeremías tuvo varias entrevistas con el rey Sedecías durante el asedio de Jerusalén 1. Al empezar
la guerra, el rey había enviado una embajada al profeta, con la esperanza de que interviniera favorablemente
ante Yahvé para que fuera propicio en la guerra contra el invasor babilónico; pero
la respuesta fue categórica: la guerra terminaría en desastre para la nación y la familia real, y lo
mejor era rendirse, pues así las condiciones de los vencedores serían más benignas. Pero el consejo
del profeta no fue seguido, y el país se dispuso a la resistencia. Los babilonios invadieron el
país, tomando los puntos estratégicos con miras a hacer el asedio de Jerusalén más efectivo. En
estas circunstancias, Jeremías, por instigación divina, decide ir al rey para invitarle de nuevo a
2085
rendirse, pues de lo contrario le espera un fin desastroso a él y al país.
El redactor destaca que entre las tropas invasor as, además de las babilónicas, había otras
mercenarias de todos los reinos sometidos a su dominación (v.1). En realidad, la campaña de
Nabucodonosor no iba dirigida sólo contra Judá, sino contra toda la coalición siró-feniciopalestina,
que, auxiliada por Egipto, trataba de oponerse a la dominación mesopotámica en esta
zona estratégica. La posesión de toda Palestina suponía tener el paso franco para atacar a Egipto.
Nabucodonosor había establecido su cuartel general en Ribla, sobre el Orontes (Alta Siria) 2. Las
operaciones contra Judá fueron dirigidas, como comandante general, por Nabuzardán. La expresión
tocios los reinos y todos los pueblos es hiperbólica para indicar el vasto imperio babilónico.
La profecía hecha a Sedecías de que sería prisionero de Nabucodonosor (v.5) se cumplió
literalmente, pues el infortunado rey de Judá huyó de la ciudad sitiada y fue capturado en Jericó
y llevado ante el rey de Babilonia en Ribla, donde le fueron sacados los ojos, y después de haber
visto matar a sus hijos, fue llevado encadenado a Babilonia 3. El v.4 hay que entenderlo en el
sentido de que, si el rey Sedecías escucha la palabra de Yahvé y la sigue (deponiendo la resistencia
inútil), no morirá por la espada, sino en paz, recibiendo los honores fúnebres como sus
antepasados (ν.6). La condicional si, aunque no está expresa, se puede sobrentender bien en el
texto. De lo contrario, habría que suponer que Sedecías recibió honores fúnebres en Babilonia al
morir, lo que no es concebible permitiera un rey tan despótico como Nabucodonosor, que lo
había tratado cruelísimamente. En 38:17 dice Jeremías de nuevo a Sedecías que, si se rinde, salvará
su vida.
El redactor no dice nada sobre la reacción del rey a las palabras del profeta, y se limita a
consignar la circunstancia histórica en que la entrevista tuvo lugar: el ejército babilónico estaba
preparando el cerco de Jerusalén y sometiendo las ciudades amuralladas de Judá, quedando sólo
entonces sin tomar Lakis y Azeqah (ν.7). La primera se suele identificar con Tell ed-Duweir, a
ocho kilómetros al sudoeste de Beit Gebrin 4, y la segunda parece ser el actual Tell Zacaria, al
norte de Beit Gebrin 5. En las cartas contemporáneas de Jeremías llamadas ostracas de Lakis,
encontradas en Tell ed-Duweir, aparece mencionada también Azeqah. En una de ellas, el jefe de
un destacamento, aislado por las tropas invasoras babilónicas, escribe al comandante superior de
Lakis que ve aún las señales (de fuego) que le hace, pero que no ve las de Azeqah. Parecen reflejar
la misma situación de que nos habla este c.34 de Jeremías 6.
Quebrantamiento de la ley de la servidumbre (8-11).
8Palabra de Yahvé que recibió Jeremías después de haber hecho el rey Sedecías un
convenio con todo el pueblo de Jerusalén 9de que se publicara la manumisión, dejando
cada uno libres a sus esclavos y esclavas hebreos, hombres y mujeres, a fin de
que no fuera retenido como esclavo ningún judío o judía por un hermano suyo. 10
Todos los magnates y todo el pueblo, que habían aceptado este convenio, consintieron
en libertar cada uno a sus esclavos y esclavas y no retenerlos en la esclavitud;
consintieron y los libertaron; 11pero se arrepintieron luego, y reclamaron los esclavos
y esclavas que habían liberado y los obligaron de nuevo a ser esclavos y esclavas.
Según la Ley7, los esclavos hebreos debían ser manumitidos en el año séptimo de su servidumbre,
porque Yahvé había liberadoa Israel de Egipto 8. Era una ley muy sabia para evitar la esclavitud
perpetua. Sólo podían ser perpetuamente esclavos los que así lo desearan. Pero esta ley debió
de cumplirse mal. La Biblia sólo nos cita este caso de cumplimiento en tiempos de Sedecías.
El móvil debía de ser religioso y político. De un lado querían aplacar a Dios para que los ayudara
2086
en la resistencia, y de otro querían disponer de las manos de los esclavos para la defensa, y aun
entre los amos habría interés en deshacerse de los esclavos para no cargar con su manutención en
época tan difícil como en el asedio. El convenio hecho por Sedecías con todo el pueblo de Jerusalén
(v.6) fue solemnizado con el rito del becerro sacrificado. Los que aceptaban el pacto pasaban
por entre las partes de la víctima descuartizada, colocadas paralelamente según un rito que se
remonta a la época patriarcal 9. El significado de este extraño rito parece ser el de conminar a las
partes contratantes a cumplirlo so pena de sufrir la suerte del becerro sacrificado por efecto de la
maldición divina. Los amos de Jerusalén, por todas estas razones, aceptaron la manumisión (v.7)
proclamada por el rey, y en un arranque de generosidad dejaron libres a sus esclavos y esclavas
(v.10). No se especifica si fueron sólo los que llevaban ya seis años de servidumbre y, según la
Ley, debían quedar libres, o si fueron todos los esclavos, como algo realmente excepcional. Parece
que el contexto favorece esta última interpretación. Pero en cuanto pasó el peligro y vieron
que el asedio se interrumpía al tener Senaquerib que retirar las tropas para salir al frente del ejército
egipcio, que avanzaba por el sur hacia Jerusalén en ayuda de Sedecías, se arrepintieron y
reclamaron los esclavos y esclavas que habían liberado (v.11), infringiendo así el convenio solemne
que habían hecho. Creían que con el acto anterior habían logrado alejar la ira divina y ganado
su protección y que podían en adelante volver a las antiguas costumbres. Esto fue una deslealtad,
que Jeremías, como representante de Yahvé, no podía pasar por alto, y así, en nombre de
El, protesta, anunciando el castigo terrible incluido en el rito del convenio.
Enérgica protesta de Yahvé (12-22).
12 Recibió, pues, Jeremías palabra de Yahvé, diciendo: 13 Así dice Yahvé, Dios de Israel:
Yo hice con vuestros padres un pacto al tiempo que los saqué de Egipto, de la
casa de la esclavitud, diciéndoles: 14 al fin del año séptimo, cada uno dará libertad al
hermano hebreo que se le haya vendido; te servirá durante seis años, pero luego le
liberarás; pero vuestros padres no me obedecieron, no me dieron oídos. 15 Vosotros
hoy os habéis convertido y habéis hecho bien a mis ojos, proclamando la sumisión de
vuestros hermanos, y habéis hecho ese pacto en mi presencia, en la casa en que se
invoca mi nombre; 16 luego os habéis vuelto atrás, habéis profanado mi nombre,
habéis vuelto a retraer cada uno a sus siervos y siervas que habíais liberado, reduciéndolos
de nuevo a la servidumbre y haciéndolos vuestros esclavos y esclavas. 17
Por eso, así dice Yahvé: Vosotros no me habéis escuchado, proclamando cada uno la
manumisión de su hermano y de su prójimo; he aquí que yo os proclamo la manumisión
— oráculo de Yahvé — para la espada, para la peste y para el hambre, y
haré de vosotros objeto de terror para todos los reinos de la tierra, 18 y haré de los
que han quebrantado mi pacto y no han guardado las palabras de la alianza que ante
mí sellaron como el becerro que partieron en dos mitades, entre cuyos trozos pasaron.
19 Los grandes de Judá, los grandes de Jerusalén, los eunucos, los sacerdotes
y todo el pueblo de esta tierra pasarán por entre las partes del becerro, 20 y los entregaré
en manos de sus enemigos, en las manos de los que buscan sus vidas, y sus
cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; 21 y a Sedecías,
rey de Judá, y a sus príncipes, los entregaré en manos de sus enemigos, en manos
de los que de muerte los persiguen, en manos del rey de Babilonia, que de vosotros
se ha retirado. 22 He aquí que les daré orden — oráculo de Yahvé — y los haré volver
a esta ciudad, y la combatirán y la tomarán y la incendiarán, y haré de las ciudades
de Judá un desierto, y no habrá quien las habite.
2087
Esta requisitoria de Jeremías tuvo lugar en los primeros días de la interrupción del asedio, cuando
Sedecías mandó una nueva embajada al profeta 10 antes de que fuera encarcelado 11.
Yahvé les recuerda la alianza del Sinaí, en cuyas cláusulas estaba la manumisión de los
siervos en el año séptimo12; pero ya los antepasados faltaron sistemáticamente a esta ley (¥.13-
14). En contraposición a la conducta de los antepasados israelitas, Yahvé les presenta, en tono de
alabanza, el gesto que han tenido los contemporáneos de Jeremías de cumplir la ley de la manumisión
de los siervos, acto que firmaron solemnemente en un pacto en su presencia, en la casa
donde se invoca su nombre (v.15). Dios les reconoce el mérito de este acto de generosidad y de
justicia social, pero les recrimina al mismo tiempo la inconstancia en el cumplimiento de lo
pactado (v.16), ya que reclamaron de nuevo a sus antiguos siervos, y con ello han profanado su
nombre (v.16). Por eso, el castigo de Dios será inexorable: Yo os proclamo la manumisión para
la espada, la peste y el hambre (v.17). Como ellos no han querido liberar a sus esclavos, Yahvé
los libera, es decir, los deja sin protección ante la tríada siniestra: la espada, la peste y el hambre.
Van a ser libre presa de la guerra con sus trágicas secuelas 13.
Al pasar entre las dos mitades del becerro (v.18), implícitamente se comprometían a las
consecuencias de la alianza. El quebrantarlas era exponerse a la suerte de aquel becerro descuartizado.
Todas las clases dirigentes de Judá (los grandes de Jerusalén., los eunucos, ν.16) sufrirán
la misma suerte del becerro inmolado. La palabra eunuco tiene el sentido de cortesano en general14.
Yahvé hará gran mortandad entre ellos, dejando sus cadáveres expuestos a las aves del cielo
y a las bestias de la tierra (v.20), lo que constituía el máximo baldón para un semita 15. Y esta
suerte afectará al propio rey Sedecías, principal responsable de la deslealtad de los amos para con
sus esclavos, ya que les permitió tomarlos de nuevo (v.21).
1 Cf. Jer 21:1s; 34:1-7; 37:3s; 37:17s; 38:145. — 2 Cf. Jer 39:5. — 3 cf. 2 Re 25:6-7. — 4 Cf. Abel, Géogr. de Palestine II, ad verbum. — 5
Cf. Id., ib., ad verbum. — 6 Cf. Bi (1939) p.191; RB (1939) p.205. — 7 Cf. Ex 2:2. — 8 Cf. Dt I5.12S. — 9 Cf. Gen 15:198. Este rito, cumplido
ya por Abraham, era corriente en el antiguo Oriente. Por los documentos de Nuzu sabemos que en la Alta Mesopotamia se descuartizaba un asno,
y así se decía para indicar un pacto: “cortaron el asno de la alianza.” En un contrato entre el rey asirio Assurnirari y Mattiilu de Bit-Agusi, después
de sacrificar un macho cabrío, dice el rey asirio: “Esta cabeza (del macho cabrío) no es la cabeza del macho cabrío, sino la de Mattiilu. Si falta a su
juramento, como se corta esta cabeza del macho cabrío, se cortará la de Mattiilu” (Alt. Orient. Text. p.33o). Entre los griegos y romanos había un rito
similar. Cf. Ilíada III 298; TIT. Liv., I 24. De este uso surgió la expresión hebrea Karat berit (“cortó la alianza”) para decir que se hizo un pacto. Es
una expresión similar y paralela a la griega όρκια τεμνεΐν. Cf. Vittonato, o.c., 425. — 10 Cf. 37:3-5. — 11 Cf.37:11. — 12 Cf. Ex 13:3-14; 20,2;
Dt 5:6. — 13 Cf. Jer 21:9; 29:17; 24:9; 29:18 — 14 Cf. Jer 29:2. — 15 La frase “en manos de los que buscan su vida” falta en los
LXX. Parece adición erudita. Sobre la suerte de sus cadáveres cf. Jer 7:33; 16:4. El redactor trabaja con fórmulas estereotipadas
que no son necesariamente del original.
35. Fidelidad de los Recabitas y Desobediencia de los Judíos.
Este capítulo está fuera de contexto, desde el punto de vista cronológico, respecto de los capítulos
anteriores, pues éstos reflejaban hechos de la época del rey Sedecías (598-586), mientras que
el presente capítulo nos relata un hecho del tiempo del rey Joaquina (609-598). Pero también
existía en este tiempo el peligro de la invasión babilónica, ya que los ejércitos de Nabucodonosor
campeaban libremente por los territorios de Judá, en su afán de asegurarse la victoria definitiva
sobre Egipto. Jeremías vivía entonces obsesionado con la ilusión de que sus conciudadanos rectificaran
su conducta religiosa y moral para verse libres de la catástrofe que se avecinaba.
Ahora les presenta un modelo de fidelidad a Yahvé en la tribu de los recabitas, gentes de
vida sencilla semibeduina, que estaban libres de la contaminación de la vida muelle de las ciudades
sedentarias. Al invadir Nabucodonosor la campiña de Judá, se han visto obligados a encerrarse
en la Ciudad Santa al albergue de sus muros. Por 1 Crón 2:55 sabemos que los recabitas
2088
eran un clan relacionado con los cíñeos, emparentados con los madianitas 1. No eran, pues,
hebreos propiamente, sino que se habían asimilado a éstos, abrazando su religión y estableciéndose
en la Palestina meridional 2; pero sabemos que parte de ellos andaban también por la parte
septentrional de Canaán 3. Vivían en tiendas en torno a las ciudades. Eran, pues, semibeduinos, al
estilo de las tribus de ganado que merodean hoy por el desierto de Judá. Conocemos a su antepasado
Yonadab 4. Aparecen como aliados de Jehú (842-815) en la lucha contra Acab y el culto de
Baal. Su tradición yahvista estaba bien probada. Guardaban ciertas prescripciones en cuanto a su
género de vida: no construían casas, ni tenían posesiones, ni sembraban campos, ni plantaban
viñas, ni bebían vino 5. Es el género de vida practicado por los nabateos 6. Es la vida actual de los
árabes del desierto. Lo esencial en su vida es la movilidad y la libertad. La sencillez de vida y el
aislamiento del ambiente corrompido sedentario hizo que se conservaran los recabitas en un estado
de fidelidad a Yahvé desconocido para los habitantes de Jerusalén. Esta es la razón por la
que los profetas consideran la vida sencilla de Israel en el desierto como la etapa religiosa ideal
en su historia 7.
Fidelidad de los recabitas a sus tradiciones (1-11).
1 Palabra que Jeremías recibió de Yahvé en tiempo de Joaquim, hijo de Josías, rey
de Judá: 2 Anda y vete a casa de los recabitas. Habíales y tráelos a la casa de Yahvé,
a una de las cámaras, y dales a beber vino. 3Yo tomé a Jazanías, hijo de Jeremías,
hijo de Jabasinías; a sus hermanos y a todos sus hijos y a toda la familia de los recabitas,
4 y los introduje en el templo, en la cámara de los hijos de Janán, hijo de Jegdelías,
hombre de Dios, que está junto a la cámara de los príncipes, debajo de la de
Mahasías, hijo de Sallum, el guardia del vestíbulo. 5Y puse ente los recabitas jarras
y copas llenas de vino, diciéndoles: “Bebed vino.” 6Pero ellos me contestaron: No
bebemos vino, pues Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, nos mandó: No bebáis
vino jamás, ni vosotros ni vuestros hijos, 7ni construyáis casas, ni hagáis siembras, ni
plantéis ni poseáis viñas, sino que habitaréis en tiendas todo el tiempo de vuestra vida,
para que viváis muchos días sobre la tierra en la que sois peregrinos. 8 Nosotros
hemos obedecido a la voz de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, en cuanto nos
mandó no beber vino en los días de nuestra vida, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni
nuestros hijos, ni nuestras hijas, 9y no edificar casas, y no tenemos viñas ni campos
de sembradura, 10sino que habitamos en tiendas, como lo mandó Jonadab, nuestro
padre. 11Pero cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió a nuestra tierra, nos
dijimos: Vamos a refugiarnos en Jerusalén para escapar al ejército de los caldeos y
al ejército de Aram, y venimos a habitar en Jerusalén.
El relato está en primera persona y forma parte de las narraciones autobiográficas del profeta redactadas
por Baruc, como los c.24 y 27, que sirven para enmarcar y completar las dos primeras
secciones de oráculos 1. Por el contrario, este capítulo pertenece a los oráculos conminatorios
característicos de la predicación de Jeremías durante el reinado de Joaquim. El profeta, por orden
de Yahvé, invita a la casa (o clan) de los recabitas a ir a una de las cámaras del templo (v.2),
e.d., uno de los departamentos disponibles para los sacerdotes, que estaban entre el atrio exterior
y el interior 2.
El jefe de los recabitas parece ser un tal Jazanías, hijo de Jeremías (v.3), para nosotros
desconocido 3. El nombre de Jeremías era común entonces, pues aparece en una de las ostracas
de Lakis. Jeremías los introduce en la cámara de los hijos de Janán, hombre de Dios (v.4); la
2089
indicación debía de ser clara para los contemporáneos del redactor, pero nosotros no conocemos
a ese personaje Janán; pero, al aplicársele el denominativo de hombre de Dios, bien podemos
presumir que se trataba de un fiel profeta yahvista 4 que estaba en buenas relaciones con Jeremías,
el profeta de Yahvé por excelencia de la época. En ese caso, la expresión hijos de Janán bien
pudiera aludir a los discípulos del profeta, que tenían sus reuniones para sus instrucciones disciplinares
en una de las cámaras del templo, a las que tenía fácil acceso Jeremías por su amistad
con el hombre de Dios, Janán. La cámara de los príncipes, o dignatarios en general, debía de ser
el lugar de consejo de los magnates de Jerusalén 5. Debajo de la de Mahasías (v.4): sabemos que
los departamentos que rodeaban el templo estaban distribuidos en tres pisos 6. Guardia de la
puerta, el tercer cargo en la dirección del templo 7.
Jeremías les invita a beber vino, según indicación divina, para probar su virtud, y ellos lo
rechazan abiertamente, como contrario a las prescripciones recibidas de Jonadab, hijo de Recab,
nuestro padre (v.6). El sentido de padre aquí es el de progenitor y organizador de la vida del clan
de los recabitas. Les prohibió todo lo que pudiera recordar la vida sedentaria de agricultores: no
construyáis casas. ni plantéis viñas (ν.7). El ideal para ellos era vivir errantes en tiendas, como
medio de conseguir la bendición divina (ν.7) 8. Para ellos, la vida nómada era el mejor medio de
mantenerse fieles a Dios y así merecer sus bendiciones. Debían de estar constantemente cambiando
de lugar y pasando por las diferentes tierras de Canaán como peregrinos o huéspedes. Si
ahora viven en Jerusalén, es excepcionalmen-te, obligados por las incursiones del ejército babilónico
(v.11), o de las bandas de Aram o Siria, Moab y Ammón, que efectivamente desolaron
Palestina hacia el año 602 a.C., aprovechándose de la invasión de Nabucodonosor 9.
Deslealtad de los judíos a Yahvé (12-19).
12 Y dirigió Yahvé la palabra a Jeremías, diciendo: 13 Así dice Yahvé de los ejércitos,
Dios de Israel: Ve y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿No
aprenderéis a obedecer mis palabras? Oráculo de Yahvé. 14 Las palabras de Jonadab,
hijo de Recab, son obedecidas: mandó a sus hijos no beber vino, y no lo han
bebido hasta hoy, cumpliendo el mandato de su padre, y yo os he hablado tantas y
tantas veces, y no me habéis obedecido. 15 Os he enviado una y otra vez a mis siervos
los profetas para deciros: Convertios de vuestros malos caminos, enmendad vuestras
obras y no os vayáis tras de los dioses ajenos para darles culto, y habitaréis la
tierra que os he dado a vosotros y a vuestros padres; pero no me habéis dado oídos,
no me habéis obedecido. 16 Los recabitas han obedecido a lo que les mandó su padre,
pero este pueblo no me ha obedecido a mí. i? Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos,
Dios de Israel: Yo haré venir sobre Judá y sobre todos los habitantes de Jerusalén
todos los males con que los he amenazado, pues les he hablado, y no me han oído; los
he llamado, y no me han respondido. J8 Pero al clan de los recabitas les dijo Jeremías:
Por haber obedecido al mandato de Jonadab, vuestro padre, cumpliendo cuanto
os mandó, 19 por eso así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: No dejará de
haber siempre ante mi presencia un varón de la estirpe de Jonadab, hijo de Recab,
que me sirva.
El profeta había convocado a los recabitas a la cámara del templo por orden de Yahvé, sin saber
el sentido de ello, y, cuando se hallaba reunido con los fieles descendientes de Recab, recibe una
comunicación divina explicando lo acaecido. Todo ha sido ejecutado para dar una reprensión al
pueblo judío, infiel a los mandatos divinos. El profeta contrasta la conducta de los recabitas con
2090
la de sus compatriotas. Aquéllos obedecen ciegamente a un precepto humano dado sólo en una
ocasión, mientras que los israelitas desobedecen a un precepto divino que reiteradamente les ha
sido propuesto (ν. 14-15). Por eso, el castigo es inevitable (ν.17); pero, a pesar de la catástrofe
que se avecina, los hijos de Recab se salvarán y estarán siempre ante la presencia de Yahvé
(V.19), e.d., gozarán de su protección 10. No sabemos más de la suerte de este clan ejemplar después
del exilio, pero en la historia santa quedó como modelo de fidelidad a Yahvé.
1 Cf. Jue 1:16. — 2 Cf. Jue 1:16. — 3 cf. Jue 4:11-17; 5:24615 — 4 cf. 2 Re 10:15-23. — 5 Cf. Jer 35:7. — 6 Cf. Diodoro De Sicilia,
19:94. — 7 Cf. Os 2:16-17. — 1 Las dos series de oráculos están incluidas en los c.1-25 y c.20-35. — 2 Cf. 1 Re 6:5; 1 Crón
26:12; 2 Crón 31:11; Ez 40,12; 43:1; Neh 10:38; 13:4; Jer 26:10. — 3 Cf. Jer 40,8; 1 Re 25:23. — 4 A los profetas se les solía
llamar hombres de Dios: cf. 1 Re 12:22; 13:1. — 5 Cf. Jer 26:10. — 6 Cf. 1 Re 6:5. — 7 Cf. Jer 52:24. Mahasías puede ser el
mismo que aparece en 21:15; 29:25; 37:3· — 8 Cf. Ex 20:12; Dt 5:16; 4:40. — 9 Cf. 2 Re 24.2. — 10 La frase se aplica al siervo
que está pronto a servir a su señor (1 Re 1:2; 10:8) y a los sacerdotes (Dt 10:8).
36. Lectura publica de las Profecías de Jeremías.
Con este capítulo comienza la tercera sección del libro de Jeremías (c.30-45), que se caracteriza
por el tono biográfico. El c.36 es como una introducción a toda la sección. Es interesantísimo
desde el punto de vista biográfico, ya que nos refleja el modo como Jeremías ponía por escrito
sus oráculos, tomando como amanuense al fiel discípulo Baruc, y, por otra parte, describe las
vicisitudes a que estaban sometidos los escritos profeticos en esta época en que la clase dirigente
de Judá estaba contra él. El estilo de estos relatos es sencillo y lleno de frescor, reflejando las circunstancias
del momento.
Lectura pública de los oráculos de Jeremías en el templo (1-10).
1 El año quinto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías palabra de
Yahvé, diciéndole: 2 Toma un volumen y escribe en él todo cuanto yo te he dicho contra
Jerusalén, y contra Judá, y contra todas las naciones desde el día en que te
hablé en tiempo de Josías hasta hoy, 3 a ver si, oyendo la casa de Judá todos los males
que yo pienso traer sobre ella, se convierte cada uno de sus malos caminos, y yo
les perdonaré sus iniquidades y pecados. 4 Llamó, pues, Jeremías a Baruc, hijo de
Nerías, y escribió éste en un volumen, dictándole Jeremías, todas las palabras que
Yahvé le había dicho. 5 Y le dijo Jeremías a Baruc: Yo estoy impedido de poder ir a
la casa de Yahvé; 6 vete, pues, tú y en el libro que a mi dictado has escrito lee las palabras
de Yahvé, oyendo el pueblo en el templo en un día de ayuno y oyendo todos
los que vienen de todo Judá y de sus ciudades, 7 a ver si acaso sus oraciones llegan a
la presencia de Yahvé y se convierte cada uno de sus malos caminos, porque grande
es el furor y la indignación con que amenaza Yahvé a este pueblo. 8 Hizo, pues, Baruc,
hijo de Nerías, lo que había mandado Jeremías, profeta, y leyó en el libro las
palabras de Yahvé en la casa de Yahvé. 9 Sucedió, pues, el año quinto de Joaquim,
hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que se promulgó un ayuno a todo el
pueblo de Jerusalén y a todos cuantos venían a Jerusalén de las ciudades de Judá, 10
y leyó Baruc el libro de los sermones de Jeremías en el templo, en la cámara de Gamarías,
hijo de Safan, escriba, en el vestíbulo superior, a la entrada de la Puerta
Nueva del templo, oyendo todo el pueblo.
La lectura de los oráculos de Jeremías por Baruc es datada en el año quinto de Joaquim, rey de
2091
Judá, es decir, en el 605, pues Joaquim sucedió a su hermano Joacaz (que reinó tres meses) en el
año 609. En 605, Nabucodonosor era virtualmente dueño de Palestina, pues había descendido en
sus incursiones hasta la frontera egipcia, expulsando definitivamente al faraón Necao de la costa
siró-palestina. Las invitaciones del profeta a someterse a la potencia babilónica eran algo elemental
desde el punto de vista de la prudencia. Yahvé quiere que Jeremías recoja por escrito los
oráculos proferidos durante veintitrés años desde los tiempos de Josías, para hacer un último
llamamiento a la cordura y a la penitencia (v.3), ya que los destinos de Judá estaban, en definitiva,
en manos de Yahvé y no en las combinaciones políticas proegipcias que privaban en la corte
de Jerusalén.
Jeremías pide el concurso a su fiel discípulo, escriba de profesión (v.26), Baruc, que nos
es ya conocido l. Fue tan fiel al profeta, que le siguió en el exilio a Egipto 2. Debe escribirlo en
un volumen o meghillah, es decir, un rollo de cuero o de papiro que se enrollaba (de ahí la palabra
volumen, de volvo) en un pequeño eje de madera. Para leerlo se desenrollaba de derecha a
izquierda, y la parte descubierta se dejaba caer o se enrollaba en otro pequeño eje de madera. Baruc
escribió todas las palabras de Jeremías al dictado. Parece ser un resumen de los oráculos del
profeta, ya que no es posible que sea todo el libro actual, pues Baruc lo leyó varias veces en el
mismo día. La finalidad de consignarlos por escrito era primeramente para darlos a conocer al
pueblo de Judá en una última llamada al arrepentimiento, para que se convirtiera cada uno de sus
malos caminos (v.3). Pero, además, Dios quería que permanecieran escritos para la posteridad,
pues, una vez que han sido quemados por el rey, le manda escribirlos de nuevo, sin ordenar que
los leyera públicamente.
Jeremías, probablemente, tenía notas personales sobre sus oráculos anteriores, pero quiere
que un escriba de profesión las consigne, sin duda porque así eran más legibles. Jeremías era
sacerdote, y es de suponer que sabía escribir. Además, cuando compró el famoso campo de Anatot
no se dice que utilizara secretario 3. El profeta envía a Baruc a leer sus profecías al templo,
pues no puede personalmente (v.5), probablemente por razones de prudencia, pues sabía la hostilidad
de que era objeto por parte de las clases dirigentes. No estaba en prisión, pues en el V.IQ se
dice que los dignatarios le invitan a esconderse. Por otra parte, el secretario Baruc, de familia de
buena posición, era un buen sustituto de Jeremías. La ocasión de la lectura fue la concentración
del pueblo en un día de ayuno (v.6). Debe de ser un día de ayuno excepcional, como los que se
tenían en momentos de calamidades públicas4. En el Levítico se prescribían actos de “humillación
del alma” como expiación ante Dios 5. Entre ellos estaba el ayuno. Zacarías, en el siglo VI a
C., habla de ayunos públicos en el quinto, séptimo y décimo mes 6. Jeremías espera que, con la
lectura de sus oráculos conminatorios, el pueblo se convierta a Yahvé (ν.7).
En efecto, en el año quinto de Joaquim, en el mes noveno (v.8), se promulgó un ayuno a
todo el pueblo de Jerusalén. Teniendo en cuenta que el año religioso comenzaba en el mes de
Nisán (marzo-abril), tenemos que el mes noveno es el de noviembre-diciembre. Por otra parte,
por el v.22 sabemos que el rey estaba en el departamento de invierno de su palacio, calentándose
al fuego, cuando leyó y quemó el volumen de los oráculos de Jeremías. Así, pues, hacia diciembre
del 604 tuvo lugar la lectura de los oráculos de Jeremías en el templo.
Baruc da detalles exactos del lugar en que leyó los oráculos de su maestro: en la cámara
de Gamarías (v.10), sin duda uno de los amigos de Jeremías 7. El vestíbulo superior parece ser el
atrio interno, al que podían entrar sólo los varones israelitas. La Puerta Nueva debe de ser la que
daba acceso del atrio exterior al interior 8.
2092
Lectura de las profecías ante los magnates (11-19).
11 Y habiendo oído Miqueas, hijo de Gamarías, hijo de Safan, las palabras de Yahvé
del libro, 12 bajó al palacio del rey, a la cámara del escriba, donde se hallaban todos
los grandes: Elisama, escriba; Dalaías, hijo de Semeía, y Elnatán, hijo de Ajabor, y
Gamarías, hijo de Safan, y Sedecías, hijo cíe Ananías, y todos los dignatarios, 13 y les
comunicó Miqueas todo lo que había oído leer a Baruc del volumen ante el pueblo.
14Mandaron, pues, todos los magnates a Judí, hijo de Natanías, hijo de Selemías,
hijo de Cusí, para decir a Baruc: Ven y trae el volumen que has leído al pueblo.
Tomó, pues, Baruc el volumen y vino con él a ellos, 15que le dijeron: Siéntate y léenos
eso a nosotros, y se lo leyó Baruc. 16Cuando oyeron, pues, todo aquello, mostráronse
unos a otros atónitos, y dijeron a Baruc: Tenemos que comunicar esto al rey,
17y le dijeron: Indícanos cómo has escrito tú esto. 18Baruc les dijo: El me dictaba todas
estas palabras de su propia boca, y yo lo escribía con tinta en el libro. 19 Y dijeron
los magnates a Baruc: Ve y escóndete, y que se esconda también Jeremías, sin
que sepa nadie dónde estáis.
Parece que la lectura de los oráculos ante el pueblo sembró la consternación en unos y la ironía
en otros. Miqueas, que no parece ser hostil al profeta, impresionado, cree verse obligado a comunicar
lo ocurrido a los dirigentes (v.12). La cámara del escriba, o secretario real, debía de ser
una cancillería del Estado en la que se reunían los magnates de Judá 9. Parece que éstos no eran
hostiles del todo al profeta de Anatot. Entre ellos habría muchos del tiempo de Josías, que habían
amparado a Jeremías, su fiel colaborador en la reforma religiosa 10. Enterados de lo que les dijo
Miqueas, quisieron cerciorarse personalmente del contenido del volumen leído por Baruc al pueblo
(v.14). Reciben con deferencia a Baruc, invitándole a sentarse y a leerles los oráculos (v.15).
Les impresionó la lectura de tantas profecías conminatorias contra la ciudad, el templo y la casa
real, y, sobre todo, les aterró la impresión derrotista que pudieran haber causado la lectura de éstos
ante el pueblo, cuya moral había que preparar para la resistencia ante el eventual asedio de
los babilonios. Decidieron comunicar el asunto al rey, pero antes querían saber ciertamente quién
era el autor de estos oráculos: indícanos cómo has escrito esto (ν.17). Baruc dice que sólo ha sido
un simple copista, ya que escribió al dictado de Jeremías (v.18). Con ello quiere decir que
considera las profecías como expresión de la voluntad de Yahvé, pues conceptuaba a su maestro
Jeremías como su mensajero. Los magnates, conocedores del carácter tiránico y susceptible del
rey, invitan a Baruc a que se esconda con su maestro Jeremías (V.19).
Lectura de los oráculos ante el rey (20-26).
20 Ellos se fueron al rey, al atrio, dejando el volumen en la cámara de Elisama, escriba,
y dijeron al rey lo que pasaba. 21 Mandó el rey a Judí que llevara el volumen,
y éste lo tomó de la cámara de Elisama y lo leyó en presencia del rey y en presencia
de todos los dignatarios que estaban junto a él. 22 Estaba el rey en las habitaciones
de invierno; era el noveno mes, y tenía delante de sí un brasero encendido, 23 y, según
iba leyendo Judí tres o cuatro columnas, lo iba rasgando (el rey) con el cuchillo
del escriba, y lo arrojaba al fuego del brasero, hasta que lo quemó todo. 24 No temieron
ni rasgaron sus vestiduras ni el rey ni sus cortesanos que oyeron todas aquellas
palabras. 25 Sin embargo, Elnatán, Dalaías y Gamarías rogaron al rey que no quemara
el volumen; pero éste no les oyó, 26 y mandó el rey a Jeremiel, hijo de Amelec,
2093
y a Sarayas, hijo de Ezriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que apresaran a Baruc, escriba,
y a Jeremías, profeta; pero Yahvé los ocultó.
Los magnates se quedaron con el volumen de los oráculos, porque suponían que el rey lo había
de reclamar, y si se lo devolvían a Baruc, les echaría en cara el no haberse quedado con él. De
todos modos, tenían esperanzas de que el rey se contentase con un resumen del mismo, y así, de
primeras no le llevan el volumen, quizá para que no conociera la crudeza de algunos oráculos,
realmente derrotistas para los intereses políticos según sus cálculos humanos (v.20). Pero el rey
no se contentó con una relación vaga oral, sino que exigió llevaran el volumen para leerlo personalmente
(v.21). De este modo se cumplió el deseo de Jeremías de que sus oráculos fueran conocidos
de todos los estratos sociales, llegando a oídos del mismo rey. Se hace notar que esto tuvo
lugar en una de las cámaras reales de invierno n, en las que el rey se estaba calentando junto al
brasero 12. Según el secretario lo iba leyendo, dejando libre, colgando, el rollo de papiro, el rey se
apoderaba de él y con el cuchillo del escriba (utilizado para afilar las plumas y hacer correcciones)
iba desgajando las hojas y echándolas al fuego (v.23) 13.
El hagiógrafo destaca el nulo resultado de la lectura de tan temibles profecías. El rey,
oportunista y escéptico, no se dejó conmover por aquello que consideraba como impertinencias
de Jeremías. Un siglo antes, el piadoso rey Ezequías, al percatarse del peligro de la invasión asiría,
“rasgó las vestiduras” e hizo duelo vestido de “saco”, echándose ceniza sobre la cabeza, según
era ley en los duelos 14. Lo mismo hizo el padre de Joaquim, Josías, al oír las palabras de la
Ley, encontrada en el templo 15. Hasta el impío Acab había reaccionado así ante las conminaciones
del profeta Elias 16. La conducta, pues, de Joaquim no puede ser más insultante para Dios;
pues, además de quemar displicentemente los oráculos, dio órdenes de buscar a Jeremías y a su
secretario para apresarlos (v.26).
Orden de redactar de nuevo los oráculos (27-32).
27 Después que el rey quemó el volumen de los sermones de Jeremías que había escrito
Baruc al dictado de aquél, recibió Jeremías palabra de Yahvé, que le dijo: 28
Toma un nuevo volumen y escribe en él todos los sermones anteriores que había en
el primero, que quemó Joaquim, rey de Judá, 29 y a Joaquim, rey de Judá, le dirás:
Así dice Yahvé: Tú has quemado aquel volumen, diciendo: ¿Por qué has escrito esto
anunciando que vendrá el rey de Babilonia y devastará esta tierra, no dejando en
ella hombre ni jumento? 30 Pues así dice Yahvé contra Joaquim, rey de Judá: No
tendrá descendiente que le suceda en el trono de David, y su cadáver será arrojado
al calor del día y al frío de la noche, 31 y le pediré cuenta a él y a su descendencia y a
sus siervos de sus iniquidades, y traeré sobre ellos, y sobre los habitantes de Jerusalén,
y sobre los hombres de Judá, todos los males que les he anunciado y ellos no han
querido oír. 32 Tomó, pues, Jeremías otro volumen y se lo dio a Baruc, hijo de Nerías,
escriba, el cual escribió de boca de Jeremías todos los sermones que quemó Joaquim,
rey de Judá, y se añadieron todavía otros muchos como aquéllos.
En los planes divinos, las profecías divinas iban también dirigidas a la posteridad, y por eso, por
orden divina, Jeremías tiene que redactar de nuevo sus oráculos. El gesto despectivo del rey no
ha servido sino para confirmar su condenación en los planes de la justicia de Yahvé. El rey Joaquim
había querido considerar como alucinaciones lo escrito en el volumen de Jeremías, pero los
hechos demostrarán lo contrario. Quedará sin heredero, cesando la realeza con él (v.30). En rea2094
lidad, tuvo un hijo, Joaquín o Jeconías, que le sucedió durante tres meses en el trono; pero su reinado
fue ficticio, pues tuvo lugar durante el asedio, y su misión fue sólo entregar el poder a los
babilonios en 598, siendo él llevado en cautividad. Le sucedió su tío, hermano de Joaquim, Sedecías;
por consiguiente, no era descendencia de Joaquim, cumpliéndose así materialmente la
profecía de Jeremías. Su cadáver quedó insepulto al calor del día y al frío de la noche (ν.30) 17.
Υ todos los que colaboraron en su pésima política serán igualmente presa de la justicia divina
(v.32) 18.
1 Es mencionado en 32:12. Era nieto de Mahasías, antiguo gobernador de la ciudad (2 Crón 34:8) y hermano de Semeyas, intendente
de Sedéelas (Jer 51:59)· — 2 Cf. Jer 43:6-7 — 3 Cf. Jer 32:10. Véase GONDAMIN, o.c., p.264. — 4 Cf. Jue 20,26; 1 Sam 7:6; 2
Sam 1:12; Jdt 4:8. — 5 Cf. Lev 16:29; 23:37; Núm 29,7. — 6 Cf. Zac 7:3-5; 7:5; 8:19. — 7 Cf. 2 Re 22:3. — 8 Cf. 26:10. — 9
Cf. RB (1939) p-397. — 10 Algunos de los nombres aquí citados aparecen en otros lugares. Sobre la posible identificación de Elisama,
cf. Jer 41:1 y 2 Re 25:25; Elnatán: cf. 2 Re 22:12.14. — 11 Cf. Am 3:15- — 12 Mes noveno falta en los LXX. — 13 Cf.
Condamin, o.c., p.262. En hebreo, la palabra que traducimos por columnas propiamente significa puertas, por la semejanza del
trazado de una puerta en la distribución de las columnas del papiro. — 14 Cf. Is37:1ss. — 15 Cf. 2 Re 22:1. Sobre el rito de “rasgarse
las vestiduras” como signo externo de protesta, de luto y de penitencia, cf. Jos 7:6; Jue 11:351 1 Sam 4:12; 2 Sam 1:11;
13:31; 2 Ke 5 7; 6:30. — 16 Cf. 1 Re 21:27. — 17 Cf. Jer 22:19. — 18 Cf. Jer 19:15; 35:17.
37. Consulta de Sedecías y respuesta de Jeremías.
Los c.37-39 reflejan la vida trágica de Jeremías en el último período del asedio de Jerusalén por
los caldeos, bajo el rey Sedecías. Por inspiración divina seguía predicando la sumisión a los babilonios,
ya que Yahvé había decidido entregar Jerusalén a Nabucodonosor. Toda resistencia resultaba
sin sentido, ya que no haría sino aumentar las proporciones de la catástrofe. Naturalmente,
fue reiteradamente considerado como traidor a los intereses de su patria. El rey Sedecías, débil
de carácter, dudaba entre seguir los consejos del profeta, que consideraba de inspiración divina, y
los oportunismos políticos sugeridos por sus cortesanos. Creía encontrar en la ayuda de Egipto la
salvación del peligro babilónico.
Durante el asedio, los ultranacionalistas habían constituido escuadrones autónomos, y,
por su parte, administraban justicia con los derechos que se arrogaban en una supuesta guerra
santa por su pueblo. Consideraban como el mayor enemigo para sus sueños patrioteros al profeta
de Anatot, y constantemente atentaban contra su vida. Sus profecías conminatorias eran consideradas
como oráculos de mal agüero, fruto de un pesimismo exagerado del profeta. Por eso, cuando
en un momento los caldeos abandonaron el asedio para hacer frente a las tropas egipcias que
subían por la costa palestina, creyeron verse libres del peligro babilonio, y cantaron victoria,
considerando definitivamente equivocado y fracasado a Jeremías. Este continuó diciendo que
volverían los ejércitos de Nabucodonosor y que al fin tomarían la Ciudad Santa. Sus enemigos le
encarcelaron. Por fin es liberado gracias a la intervención de un etíope. Es interesante constatar
que el profeta, en todos estos dificilísimos trances, no se siente abatido como en otras ocasiones
de su vida en tiempo de Joaquim 1. Estaba ya habituado a la lucha y responde fidelísimamente al
llamamiento profetice.
Consulta de Sedecías al profeta (1-5).
1 Reinó Sedecías, hijo de Josías, en lugar de Jeconías, hijo de Joaquim. Fue Nabucodonosor,
rey de Babilonia, quien le hizo rey de la tierra de Judá. 2 Y no obedecieron
él, sus siervos y el pueblo de la tierra a las palabras que había hablado Yahvé por
medio de Jeremías, profeta, 3 y envió el rey Sedecías a Jucal, hijo de Selemías, y a
Sofoías, hijo de Mahasías, sacerdote, a Jeremías, profeta, diciéndole: Ruega por no2095
sotros a Yahvé, nuestro Dios. 4 Y Jeremías andaba libremente entre el pueblo, pues
todavía no le habían encarcelado. 5 Salió entonces de Egipto el ejército del faraón, y,
al saber la nueva, los caldeos que asediaban a Jerusalén se retiraron de allí.
Después del asedio de Jerusalén por los babilonios en el 598, Nabucodonosor puso en el trono de
Jerusalén a Sedecías, tío de Jeconías, que fue llevado en cautividad. Para halagar a los pueblos
vencidos, solían los conquistadores babilonios poner a un nativo, a ser posible de la familia real,
en el trono vacante de algún rey rebelde. Así lo había hecho también Necao II en el 609 al destituir
a Joacaz, hijo de Josías, y entronizar a su hermano Joaquim, de más confianza para el faraón
2. Nabucodonosor, al poner en el trono de Judá al hermano de Joaquim, le cambió su nombre de
Matanías en Sedecías en señal de dominio 3. Antes tuvo que hacer juramento de fidelidad a Babilonia.
Esto le ponía en una difícil situación ante la opinión popular, que era reacia al yugo de Nabucodonosor.
Aunque fundamentalmente no era hostil a Jeremías como lo había sido su hermano
Joaquim, sin embargo, por congraciarse con la opinión cortesana y popular, no se atrevía a seguir
los consejos prudenciales del profeta de Anatot, que predicaba la sumisión a Babilonia como mal
menor 4. La expresión pueblo de la tierra (Am ha 'ares) designaba al pueblo llano, en contraposición
a los de clase social elevada. Aquí tanto el pueblo como los cortesanos y el rey son culpables
al desoír los consejos de Jeremías (v.2). No obstante, el rey sentía gran veneración por el
profeta, y por eso le envió una segunda embajada para que intercediera ante Yahvé por los intereses
muy comprometidos de su pueblo (v.3).
La retirada del ejército babilónico había hecho surgir la euforia general entre los nacionalistas
a ultranza. Creían que había llegado la liberación definitiva, y suponían irónicamente que
las predicciones de Jeremías habían resultado fallidas 5. Sin embargo, el rey no compartía esta
euforia, pues estaba preocupado por la seriedad de las amenazas de Jeremías, al que consideraba
como hombre de Yahvé. De ahí la razón de la embajada 6. El faraón Ofra 7, sucesor de Psamético
II, había atacado repentinamente hacia el 588 al ejército babilonio, que estaba en Palestina en un
último esfuerzo por reponerse del desastre sufrido por Necao II en Carquemis (605) 8. El choque
fue violento, y la consecuencia fue que el faraón retornó a Egipto. Libres del peligro egipcio, los
babilonios volverán a reanudar el asedio de Jerusalén.
Respuesta de Yahvé (6-10).
6 Y recibió Jeremías, profeta, palabra de Yahvé, diciéndole: 7 Así dice Yahvé, Dios
de Israel: Decid al rey de Judá que os ha mandado a preguntarme: He aquí que el
ejército del faraón que ha venido en socorro vuestro se tendrá que volver a su tierra
de Egipto, 8 y volverán los caldeos a combatir esta ciudad, y la tomarán e incendiarán.
9 Así dice Yahvé: No os engañéis a vosotros mismos, diciéndoos: “Se irán los
caldeos de nosotros,” porque no se irán. 10 Pero, aunque destrozarais a todo el ejército
caldeo que lucha contra vosotros y no quedasen de él más que algunos heridos,
éstos saldrían de sus tiendas y pegarían fuego a esta ciudad.
La respuesta de Jeremías a la consulta del rey Sedecías no pudo ser más desconsoladora: el ejército
babilonio volverá con nuevos ímpetus a asediar la ciudad y la incendiará (v.8). Son vanas,
pues, las ilusiones fáciles de este momento, ya que, aun en el supuesto imposible de que los judíos
vencieran al colosal ejército de Nabucodonosor, detrás estaba la mano de Yahvé, que con
unos cuantos que quedasen. heridos entre los babilonios habría de pegar fuego a Jerusalén
(v.10). La suerte de la ciudad está echada. Los babilonios son los instrumentos de la justicia di2096
vina, que inexorablemente se cumplirá.
Encarcelamiento de Jeremías (11-16).
11 Cuando se había retirado de Jerusalén el ejército caldeo por la venida del ejército
del faraón, 12 salía Jeremías de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín a hacer una
partición en medio del pueblo; 13 pero, al llegar a la puerta de Benjamín, el jefe de la
guardia, llamado Jerías, hijo de Selamías, hijo de Ananías, apresó a Jeremías, diciendo:
¡Tú vas a pasarte a los caldeos! 14 Jeremías respondió: Mentira, no voy a pasarme
a los caldeos. Pero no escuchó Jerías a Jeremías, y, arrestándole, le condujo a
los jefes, 15 que, airados contra Jeremías, le hicieron azotar y encerrar en la cárcel
que había en la casa de Jonatán, escriba, de la cual habían hecho prisión. 16 Y entró
Jeremías y fue metido en una cisterna abovedada, y estuvo allí mucho tiempo.
Otro precioso relato autobiográfico, lleno de verismo por sus circunstancias. Jeremías quiso
aprovechar aquel intervalo del asedio para ir a su pueblo de nacimiento, Anatot, a arreglar sus
negocios personales familiares. Ausentados los soldados de Nabucodonosor, era posible salir al
campo y encaminarse a su lugar de nacimiento, a unos cinco kilómetros al nordeste de Jerusalén.
La expresión tierra de Benjamín (v.12) indica el territorio en que estaba enclavado Anatot. La
tribu de Benjamín lindaba con la Ciudad Santa. Su intención era hacer una partición en medio
del pueblo, es decir, arreglar un asunto familiar de herencia o de compra. Quizá su viaje está relacionado
con el campo comprado a su primo Ananeel 9. La puerta de Benjamín debía de estar
cerca de la actual “puerta de Damasco,” que daba acceso directamente al territorio de la tribu de
Benjamín. Existía una puerta de Benjamín en la parte septentrional del recinto del templo 10, pero
aquí debe de aludir a una puerta de los muros exteriores de la ciudad. Algunos la identifican
con la “puerta de las Ovejas” 11, pero es más probable que corresponda a “la puerta de los Peces”
12, al oeste de la torre Ananeel, en la dirección de la actual “puerta de Damasco.” Allí fue apresado
Jeremías cuando salía para Anatot, acusado de querer pasarse a los caldeos. Era el pretexto
para encarcelarle. Tantas veces había predicado la rendición a los babilonios 13, que bien podía
sospecharse de él que era un espía de los asediantes. Jeremías protesta enérgicamente contra esta
acusación de traición (v.14). De nada le sirvió su protesta, pues fue llevado a los jefes, mal dispuestos
contra el profeta (v.15), los cuales, después de azotarle, le encerraron en una cisterna
abovedada, o cavidad subterránea, utilizada, cuando estaba seca, para prisión 14.
Jeremías suplica al rey que le deje libre (17-21).
17 Mandó a buscarle el rey Sedéelas, y le preguntó en secreto en el palacio: ¿Hay palabra
de Yahvé? 18 Sí, la hay, contestó Jeremías: Serás entregado en manos del rey
de Babilonia. Y dijo Jeremías al rey Sedecías: ¿Qué pecado he cometido yo contra tí,
contra tus cortesanos y contra tu pueblo, para que me hayáis metido en la cárcel? 19
Dónde están ahora vuestros profetas, que os profetizaban diciendo: No vendrá el rey
de Babilonia contra vosotros y contra esta tierra? 20 Óyeme, pues; ¡oh rey, mi señor!
te lo ruego; acoge mi súplica y no me vuelvas a la prisión de la casa de Jonatán, escriba,
porque moriré allí. 21 Mandó, pues, el rey Sedecías que fuese llevado al vestíbulo
de la guardia y se le diese cada día una torta de pan de la calle de los Horneros,
mientras no faltase del todo el pan en la ciudad. Así quedó Jeremías en el vestíbulo
de la guardia.
2097
Mientras tanto, las circunstancias habían cambiado. Después de haber sido vencidos los egipcios,
las tropas de Nabucodonosor iban a volver de nuevo a poner sitio a Jerusalén. Las ilusiones de
liberación fomentadas por los falsos profetas se desvanecían, y el rey empezó a pensar de nuevo
en las predicciones sombrías de Jeremías, que tenía todos los visos de profeta auténtico de Yahvé.
Quiso entrevistarse con él en secreto para no contrariar a los cortesanos enemigos de Jeremías
y de su política religiosa. El rey ha llegado a la conclusión de que sólo Yahvé puede salvar la
ciudad, y tiene esperanzas que modifique las predicciones derrotistas comunicadas antes por el
profeta; por eso le pregunta ansioso: ¿Hay palabra de Yahvé? (v.17). Sabía que Jeremías recibía
muchas comunicaciones divinas relativas a la suerte del pueblo judío. ¿Qué designios tenía actualmente
Yahvé sobre Jerusalén y sobre la suerte del rey? Jeremías, a pesar de hallarse extenuado
por los tratos recibidos, dice con energía a su rey, sin abdicar de su condición de mensajero de
Dios: Sí, la hay.; serás entregado en manos del rey de Babilonia (v.16). El profeta, pues, fiel a
su misión, seguía anunciando la misma suerte trágica para la familia real. La injusticia ha colmado
el cáliz de la ira divina, y llega la hora de la cuenta, en la que se confirmarán los trágicos vaticinios
de Jeremías.
Después proclama su inocencia ante el rey y protesta enérgicamente contra el trato injusto
que se le da. No pide piedad, sino justicia: ¿Qué pecado he cometido yo contra ti. para que me
hayas metido en la cárcel ? (ν. 18). El rey, en definitiva, era el responsable de que él estuviera en
la prisión, pues consentía la injusta conducta de sus funcionarios. Y a continuación Jeremías pregunta
con ironía por los falsos profetas (V.19). Ellos, deseando halagar al rey y a sus cortesanos,
han anunciado la liberación, engañándolos miserablemente, pues ya tienen de nuevo a los babilonios
cercándolos, y, en cambio, esos falsos profetas están libres o huyeron avergonzados.
Mientras que Jeremías, que anunció lo que le comunicaba Dios, y cuyas predicciones se están
cumpliendo, está encarcelado. Proclamada su inocencia, hace una súplica de liberación al rey
(v.20). El rey no se atrevió a libertarlo del todo, pero por sentimientos de humanitarismo le mitigó
la pena, ya que la prisión en el fondo de la cisterna era condenarle a muerte lenta e inhumana.
Así, pues, Jeremías quedó, en calidad de libertad vigilada, en el vestíbulo de la guardia del palacio,
y el rey le señaló una mínima ración de subsistencia 15.
1 Cf. Jer 20:7s. — 2 Cf. 2 Re 23:34- — 3 Cf. 2 Crón 36:10; Ez 17:13-20; Jer 22:11. — 4 Cf. 2 Crón 36:13-16. — 5 Cf. Jer 37:19. — 6
Algunos de los personajes de la embajada son conocidos por otros textos (cf. Jer 21:1; 36:26). — 7 Desde la batalla de Carquemis
(605), los faraones no habían invadido militarmente Palestina, pero seguían intrigando, fomentando la rebelión de los pequeños
estados de la costa siro-fenicio-palestina contra el invasor babilónico (cf. 2 Re 24:7). Necao (610-593) siguió esta política, y después
de él Psamético II (593-588). — 8 Ofra es el Apries de los griegos y el Ouhibre de los egipcios (588-566). — 9 Cf. Jer 32:6-
15. — 10 Cf. Jer 2:2. — 11 Cf. Neh 3:1; 12:39. — 12 2 Crón 33:14; Sof 1:10. — 13 Cf. Jer 21:8; 38:2. — 14 Cf. Jer 36:6; Lam
3:53; Zac 9:11. — 15 Es interesante el dato de que la torta de pan estaba hecha en la calle de los Horneros panaderos. Esto nos
indica que la artesanía se distribuía por calles, como aún se ve en Oriente y era corriente en Europa en la Edad Media (cf. Jer
19:2:) “puerta de los Alfareros”; — 16 Re 20:34; Neh 3:32. Sobre la carestía en Jerusalén en el tiempo del asedio, cf. Jer 52:6;
Lam 2:19; 4:9.20; 5:10. En estas circunstancias, la ración señalada a Jeremías no era mezquina.
38. Jeremías es encarcelado de Nuevo.
Aquí se habla de nuevo de un encarcelamiento del profeta, que es arrojado por sus enemigos a
una lúgubre celda. Por intercesión del etíope Abdemelec es sacado y llevado a presencia del rey.
Este le interroga de nuevo sobre la suerte de Jerusalén. Jeremías le invita otra vez a someterse a
Babilonia como condición para salvar su vida. Es el último coloquio con el rey. Los acontecimientos
se desarrollan con tanta celeridad, que la catástrofe se precipita por momentos. Los vaticinios
de Jeremías se cumplen inexorablemente, y su misión de profeta va a entrar en su última
2098
fase, la posterior a la destrucción de Jerusalén. Los incidentes aquí relatados pertenecen a los últimos
meses del asedio (588-586).
Jeremías, arrojado a la cisterna (1-6).
1 Oyeron Safatías, hijo de Matan; Guedelías, hijo de Pasjur; Jucal, hijo de Selemías,
y Pasjur, hijo de Melquías, que Jeremías decía delante de todo el pueblo: 2 Así dice
Yahvé: Todos cuantos se queden en esta ciudad morirán de espada, de hambre y de
peste; el que huya a los caldeos vivirá y tendrá la vida por botín. 3 Así dice Yahvé:
Con toda certeza, esta ciudad caerá en manos del ejército del rey de Babilonia, que
la tomará. 4 Y dijeron los magnates al rey: Hay que matar a ese hombre, porque con
eso hace flaquear las manos de los guerreros que quedan en la ciudad, y las de todo
el pueblo, diciéndoles cosas tales. Este hombre no busca la paz de este pueblo, sino
su mal. 5 Díjoles el rey Sedecías: En vuestras manos está, pues no puede el rey nada
contra vosotros. 6 Prendieron, pues, a Jeremías y le metieron en la cisterna de Melquías,
hijo del rey, que está en el vestíbulo de la cárcel, bajándole con cuerdas a la
cisterna, en la que no había agua, aunque sí lodo, y quedó Jeremías metido en el lodo.
Jeremías continuaba aconsejando la rendición al pueblo. Los nacionalistas no pudieron soportar
esto, que consideraban contrario a los intereses de su pueblo. Algunos de los que ahora atentan
contra la vida del profeta nos son conocidos 1. Parece que el profeta, en su relativa prisión en el
vestíbulo de la guardia, continuaba predicando la sumisión al invasor babilónico, invitando a
pasar a las filas del enemigo como único medio de salvación, pues los que quedaran en la ciudad
morirían por la espada, el hambre y la peste (v.2). Ya que no había logrado convencer al rey de
la inutilidad de la resistencia, al menos que el pueblo sencillo se pusiera a salvo, pues resultaba
criminal la pretensión de resistencia en tales circunstancias: el que huya a los caldeos tendrá la
vida por botín, e.d., en estas circunstancias críticas sólo el hecho de salvarse supone un riquísimo
botín. Pero este lenguaje era considerado como traidor por los nacionalistas (v.4) 2. Indudablemente,
desde el punto de vista meramente humano, la predicación derrotista del profeta sembraba
la desmoralización de los defensores de la ciudad. No habría otra solución que quitar del medio
a esa voz traidora e inoportuna. Para ellos, Jeremías no era patriota: no busca la paz de este
pueblo, sino el mal (v.4). El rey accedió, pues, débil como era, no se atrevió a hacer frente a los
airados nacionalistas: En vuestras manos está (v.5). Y confiesa que, en esos momentos de superexcitación
nacionalista, él, como soberano, nada puede: Nada puede el rey contra vosotros. En
esta frase se refleja su espíritu vacilante y pusilánime 3. Es la solución de Pilatos ante las exigencias
de los sanedritas 4.
Los jefes nacionalistas, con anuencia del rey, arrojaron al profeta a una cisterna. No se
atrevieron a derramar su sangre, y prefirieron una muerte incruenta. El hecho de derramar sangre
les impresionaba más 5.
La expresión hijo del rey (v.6) tiene el sentido amplio de “pariente” del rey, príncipe 6,
pues no conocemos ningún hijo de Sedecías con ese nombre. La cisterna estaba cerca del vestíbulo
de la guardia, en los departamentos del mismo palacio. El hagiógrafo da el detalle de que,
aunque no tenía agua, estaba llena de barro, para dar una idea de lo penoso que resultaría para el
profeta estar allí. Estaba, pues, condenado a muerte lenta.
2099
Jeremías es sacado de la cisterna (7-13).
1 Oyó Abdemelec, etíope, eunuco de la casa real, que habían metido a Jeremías en la
cisterna. El rey estaba entonces en la puerta de Benjamín. “ Salió Abdemelec del palacio,
y fue a decir al rey: 9 Rey, mi señor, han hecho mal esos hombres tratando así
a Jeremías, profeta, metiéndole en la cisterna para que muera allí de hambre, pues
no hay ya pan en la ciudad. 10 Mandó el rey a Abdemelec el etíope, diciéndole: Toma
contigo tres hombres y saca de la cisterna a Jeremías antes de que muera.
11Tomando, pues, consigo Abdemelec a los hombres, se dirigió al ropero del palacio,
y tomó de allí unos cuantos vestidos usados y ropas viejas, que con cuerdas se hizo
llegar a Jeremías en la cisterna. 12 Y dijo Abdemelec el etíope a Jeremías: Ponte estos
trapos y ropas viejas debajo de los sobacos, sobre las cuerdas. Hízolo así Jeremías,
13 y sacaron con las cuerdas a Jeremías de la cisterna, y quedó Jeremías en el vestíbulo
de la cárcel.
El cronista se complace en relatar que la iniciativa de liberación del profeta partió de un extranjero,
un etiope o nubio7, que era eunuco, palabra que puede significar un hombre mutilado, encargado
del harén real, o simplemente un funcionario real 8. Un extranjero, pues, sale valedor de los
derechos de un profeta de Yahvé. En esto hay un tono de ironía en el hagiógrafo. Los compatriotas
de Jeremías le quieren matar, mientras que los extranjeros le reconocen como enviado de
Dios. Sobre la puerta de Benjamín véase lo antes dicho a propósito de 37:13. El rey se hallaba
allí circunstancialmente, quizá inspeccionando las obras de defensa.
El eunuco sabe que el rey es débil de carácter y que, si bien no ha sabido imponerse a los
inicuos designios de sus cortesanos respecto a Jeremías, tiene buenos sentimientos, y por eso le
aborda de improviso, seguro de su éxito, recriminando la conducta de sus cortesanos (v.8). El
etíope convence al rey, y éste le da tres hombres 9 que le ayuden en la liberación del profeta.
Después el cronista da encantadores detalles sobre la liberación de Jeremías. El buen etíope se
había preocupado de que el profeta no se lastimara al ser levantado con la soga, y de antemano le
echa ropas que le sirvieran de amortiguador debajo de ésta (v.12). Esta acción del eunuco fue
premiada por el profeta con un vaticinio en el que le anuncia que se salvará de la catástrofe 10.
Ultimo coloquio de Jeremías con el rey Sedéelas (14-28).
14 El rey Sedéelas mandó buscar a Jeremías y le hizo llevar junto a la tercera entrada
del templo, y allí le dijo: Voy a preguntarte una cosa. No me ocultes nada. 15 Dijo
Jeremías a Sedecías: Si te la digo, me harás matar; y si te doy un consejo, no lo seguirás.
16 Hizo, pues, en secreto Sedecías a Jeremías este juramento: Vive Yahvé,
que no ha dado la vida a nosotros, que no te daré la muerte y que no te entregaré a
esos que buscan tu vida. 17 Dijo entonces Jeremías a Sedecías: Así dice Yahvé de los
ejércitos: Si sales y vas a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, salvarás tu vida,
y esta ciudad no será dada a las llamas, te salvarás tú y tu familia; 18 pero, si no sales
a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, caerá esta ciudad en manos de los caldeos,
que la incendiarán, y tú no te escaparás de sus manos. 19 Y dijo el rey Sedecías
a Jeremías: Temo que me entreguen a los judíos que se han pasado a los caldeos, y
aquéllos me escarnezcan. 20Contestóle Jeremías: No te entregarán. Oye lo que te digo
de parte de Yahvé, y te saldrá bien y vivirás. 21Y si no quieres salir, mira lo que
me ha mostrado Yahvé: 22Todas las mujeres que han quedado en el palacio serán
2100
llevadas a los jefes del rey de Babilonia, y he aquí que dirán: “¡Te han engañado y te
han vencido tus amigos, han hundido en el lodo tus pies, te volvieron la espalda!” 23
Y todas las mujeres y tus hijos serán llevados a los caldeos, y tú no escaparás a sus
manos, sino que serás entregado al rey de Babilonia, y esta ciudad será incendiada.
24 Dijo, pues, el rey Sedecías a Jeremías: Que nadie sepa nada de esto, y no morirás.
25 Si saben los magnates que he hablado contigo y vienen a decirte: Cuéntanos lo que
has dicho al rey, no nos ocultes nada; si no, te mataremos, y dinos lo que el rey te ha
dicho, 26les responderás: He suplicado al rey que no me haga volver a la casa de Jonatán,
pues moriría allí. 27 Vinieron, en efecto, los magnates a Jeremías y le preguntaron;
y él les dijo lo que el rey había mandado decir, y le dejaron, pues nada se
había sabido. 28 Quedó Jeremías en el vestíbulo de la guardia hasta el día en que fue
tomada Jerusalén.
Las condiciones del asedio van empeorando, pues aumentan las deserciones, faltan los alimentos,
y la situación se hace desesperada. El rey, impresionado, quiere de nuevo consultar a Jeremías
para que le dé una palabra de esperanza. En realidad piensa como el profeta, pero tiene miedo a
sus cortesanos, que quieren mantener una resistencia a ultranza, y por otra parte teme a los judíos
perseguidos por su política que se pasaron al enemigo. Su situación es realmente comprometida.
Así, hizo llamar (a Jeremías) junto a la tercera entrada del templo (v.14). Debe de referirse a la
puerta que en la parte sur de la explanada del templo estaba reservada al rey para subir de su palacio
al santuario11. Allí, pues, en uno de los departamentos secretos, debió de tener el coloquio
último con el profeta de Anatot. Esperaba aún una comunicación divina favorable a sus cálculos
políticos, pues no podía creer que Yahvé abandonara la Ciudad Santa a sus enemigos. Pero Jeremías
desconfía de la debilidad del rey. Ya le ha dicho tantas veces sus predicciones, que han
quedado sin efecto, que no merece la pena comunicárselas de nuevo: Si te doy un consejo, no lo
seguirás. Por otra parte, si le va a anunciar cosas desagradables, teme que el rey,, en un momento
de ataque nervioso, le entregue a sus enemigos y le maten: Sí te la digo, ¿no me vas a matar?
(v.15).
El rey hace un juramento solemne, apelando al Dios de los vivientes, de que no atentará
contra la vida de Jeremías (v.16). Jeremías entonces comunica de parte de Dios el oráculo final
sobre la suerte de Jerusalén y del rey, que resume los anteriores pronunciados en las otras entrevistas
con el rey 12. Los caldeos tomarán Jerusalén, y no queda sino rendirse a ellos. Como antes
había anunciado, la salvación para los particulares está en que se pasen a los caldeos; igualmente,
si el rey pasa a los jefes del rey de Babilonia, se salvará (v.17).
Pero el rey alberga otros temores. No basta conseguir de los babilonios que le perdonen la
vida, sino que tiene enemigos de su nación entre éstos. Todos los que eran contrarios a una política
de resistencia y de guerra se habían pasado al lado caldeo, entre ellos el que había de ser gobernador
de Judá, Godolías 13. Estos consideraban al rey responsable de la catástrofe al aventurarse
a una resistencia inútil, planteada por grupos de nacionalistas irresponsables (V.19). El rey,
pues, estaba más preocupado de sus intereses personales que de los de la nación. Jeremías le asegura
que no le pasará nada, pues Yahvé le protegerá (v.20). El rey estaba preocupado de que le
escarnecieran sus antiguos subditos pasados a los caldeos. Más vergonzoso será el escarnio que
harán de él las mujeres de palacio, tomadas por los jefes caldeos, las cuales satíricamente le
echarán en cara que las ha llevado a la ruina por dejarse guiar de sus cortesanos y amigos, que en
el momento crítico le han abandonado: Te han engañado. y vencido tus amigos., te volvieron la
espalda (v.22). Sus antiguas esposas y concubinas le despreciarán, incluso para hacer méritos
2101
ante los nuevos amos.
Si continúa la resistencia, será la ruina total de su familia, y él tendrá que comparecer
personalmente ante Nabucodonosor (v.23). Sedecías oye todo esto, y no se atreve a tomar una
solución firme, y, al contrario, sólo se preocupa de su posición ante los cortesanos. Teme que
éstos se enteren de lo hablado en la entrevista y que desconfíen del rey, tomando una resolución
extrema, destronándolo.
Por eso dice a Jeremías que no informe a nadie sobre lo hablado (v.24). Y le sugiere que
diga que han hablado del asunto de su libertad (v.26). Sin duda que entre ambos se trató también
de esto. Jeremías no tenía obligación de decir lo que había constituido objeto principal de la entrevista.
Por razones de prudencia lo calla, y da como razón algo que se habría tratado en ella, si
bien de modo más incidental. El profeta, pues, aquí no miente. Dada su actual entereza, habría
dicho todo si lo hubiera creído necesario. Pero los magnates no merecían que les dijera toda la
verdad. No hay inmoralidad en ello. Cuando Samuel fue a ungir a David en Belén, por orden de
Dios dice a los que le preguntaban por el fin de su viaje que iba a sacrificar a Yahvé, callando el
motivo principal del mismo 14. Jeremías volvió a su prisión tolerable del vestíbulo de la guardia,
y allí estuvo hasta que entraron los babilonios (v.28).
1 Cf. Jer 21:1; 37:3· — 2 La frase hace flaquear las manos de los combatientes aparece en la carta sexta de Lakis (cf. Jer 37:15). — 3
En el texto griego, en vez de nosotros, se dice ellos. En ese caso sería una observación del hagiógrafo. — 4 Cf. Mt 27:24. — 5 Es
la razón por la que Rubén aconsejó a sus hermanos echar a José en una cisterna en vez de matarle (cf. Gen 37:21-22). — 6 Cf. Jer
36:26. La Vulgata traduce “hijo de Amelec,” tomando como nombre propio el nombre común de rey (Melek). — 7 Cf. Is 18:2;
45:14; Jer 46:9. — 8 Cf. Jer 34:19; 29:2. — 9 Todos los manuscritos hebreos (menos uno) y las versiones dicen treinta en vez de
tres; pero la mayor parte de los autores creen que es una confusión en la palabra hebrea sheloshim (treinta) en vez de sheloshah
(tres). — 10 Cf.Jer 39:15. — 11 Cf. 2 Re 16:18. — 12 Cf. Jer 21:4-10; 34:2-5; : — 13 Cf. Jer 40:5s. — 14 Cf. 1 Sam 16:5.
39. Toma de Jerusalen. Liberación de Jeremías.
Son clásicas las anomalías redaccionales de este capítulo: a) los v-4-13 faltan en los LXX; b)
los v. 1-2 y 4-13 parecen un resumen del c.52; c) el v.14 empalma perfectamente con el v.3,
mientras que resulta violento después del v.13 del texto actual; d) la liberación del profeta, iniciada
en 38:28, se continúa en 39,3 y se concluye en 39:11-14. Por otra parte, los v.1-2 y 4-10,
relativos a la historia del asedio y suerte del rey, reproducen sustancialmente los textos de Jer
52:4-16 y 2 Re 25:1-12. Todo esto hace pensar en posteriores retoques redaccionales, en los que
se mezclan textos diversos. Se pueden considerar como adiciones redaccionales posteriores los
v.1-2 y 4-10.
En el capítulo se narran la toma de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor, la huida y
captura de Sedecías y la liberación de Jeremías, terminando con una profecía salvadora relativa
al etíope Abdemelec, antiguo libertador del profeta.
Toma de Jerusalén por los caldeos (1-3).
1 Y sucedió que fue tomada Jerusalén. El año noveno de Sedecías, rey de Judá, en el décimo
mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército a Jerusalén y la sitió, 2 y el
año undécimo de Sedecías, el cuarto mes, se abrió la brecha, 3 y penetraron en la ciudad los
jefes del rey de Babilonia y ocuparon la puerta del medio: Nergalsareser, Samgar-Nebo,
Sarsakim, “rabsaris”; Nergalsareser, “rabmag,” y todos los otros jefes del rey de Babilonia.
El hagiógrafo da la datación exacta de un hecho tan trascendental como la caída de Jerusalén, la
2102
Ciudad Santa. El décimo mes del año noveno de Sedecías (v.1) corresponde a diciembre 589-
enero 588.
Es la fecha exacta (en 52:4 se dice que comenzó en el día diez de dicho décimo mes) del
principio del asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor. Este dirigía las operaciones
generales desde el cuartel general, instalado en Ribla, sobre el Orontes (Alta Siria). El general
jefe de las operaciones dirigidas contra Jerusalén fue Nabuzardán 1. El asedio duró año y medio,
ya que los caldeos entraron (se abrió la brecha, v.2) en el cuarto mes del año undécimo de Sedecías,
es decir, en junio-julio del 587 a.C. El cronista da con detalles los nombres del estado mayor
del ejército invasor, que se instaló en la puerta del medio (v.3), que nos es desconocida. Se
supone que sea una denominación genérica para designar una puerta en el centro de la ciudad. Se
la ha querido identificar con la puerta de Efraím, junto al actual santo sepulcro, en el primer muro
que unía la colina occidental con la colina del templo 2.
De los cuatro nombres propios de los babilonios dados en el texto, el tercero y cuarto van
acompañados de su título oficial. El primero y el cuarto son nombres idénticos. En la transcripción
arriba puesta hemos seguido el texto hebreo, pues el griego y el latino son bastante diferentes.
Conocemos una lista de dignatarios de la corte de Nabucodonosor, conservada en un prisma,
actualmente en Constantinopla 3, en la que aparecen los nombres de Nabuzardán y Nergalsareser,
que encontramos también en este texto de Jeremías. A este último se le llama “el hombre de
Sin-Magir,” que debe de ser lo que el hebreo transcribe como Samgar. Sarsakim debe de ser una
ditografía de rabsaris o sar-saris, que significa “jefe de los eunucos.” Nebo debe de ser Nabusezbán
(v.13), que ha perdido sezban por semejanza con el nombre siguiente. Nergalsareser4 parece
ser el que después será sucesor de Nabucodonosor, al que en las listas de reyes se le llama
Neriglisar, que reinó desde el 560 al 556 a.C. El título de rabmag corresponde al nombre babilónico
rab-mugi, que se ha traducido por “alto funcionario”5 en la corte civil. Así, pues, en esta
maraña de nombres dados por la Biblia quedan sólo como nombres propios reconocibles en las
inscripciones cuneiformes Nergalsareser y Nabusezbán.
Huida y prendimiento de Sedecías (4-10).
4 Al verlos Sedecías, rey de Judá, y todos sus hombres de guerra, huyeron, saliendo
de noche de la ciudad por el camino del jardín real, por la puerta de entre los dos
muros, y se dirigieron hacia el Araba. 5 El ejército de los caldeos los persiguió, y alcanzó
a Sedecías en las estepas de Jericó, llevándole preso a Nabucodonosor, rey de
Babilonia, que estaba en Ribla, en la tierra de Jamat. El rey de Babilonia pronunció
contra él su sentencia. 6 Hizo matar en Ribla a los hijos de Sedecías, a la vista de éste;
dio muerte a los nobles de Judá, 7 e hizo sacar los ojos a Sedecías y le cargó de
cadenas para llevarlo a Babilonia. 8 Los caldeos prendieron fuego al palacio real y a
las otras casas y arrasaron las murallas de Jerusalén. 9 El resto de los habitantes que
había quedado en la ciudad, los huidos que se habían pasado a los caldeos y todo el
resto del pueblo, los deportó a Babilonia Nabuzardán, jefe de la guardia. 10 A los
pobres del pueblo, que no tenían nada, los dejó Nabuzardán, jefe de la guardia, en la
tierra de Judá, y les dio viñas y campos de labor.
Los caldeos atacaron la ciudad sobre todo por el norte, que era el lado más vulnerable y por donde
entraron todos los invasores en la Ciudad Santa desde Nabucodonosor a los cruzados. El rey y
su estado mayor, viendo la situación insostenible, huyeron por el sur hacia el desierto, por donde
el ejército de asediantes estaba más desguarnecido. Atravesó el jardín real 6, fuera ya de los mu2103
ros, en la confluencia del Cedrón con el valle de Hinnom (más tarde “Gehenna”), actual er-
Rababy. La puerta de entre los dos muros (v.4) estaba en el sudoeste del Ofel, que se abría en el
bastión que obstruía con doble muro el valle del Tiropeón 7. Los fugitivos tomaron el camino del
desierto o Araba, con el ánimo probablemente de refugiarse en Amón, reino que formaba parte
de la liga antibabilónica 8. Araba, que significa “estepa,” es la depresión formada por el lecho del
Jordán, pero sobre todo la parte que va del mar Muerto al mar Rojo 9.
Sedecías y sus compañeros lograron llegar a las estepas de Jerico, a punto de pasar el
Jordán hacia TransJordania (v.5). Sedecías logró reunir en torno a Jericó muchos oficiales y soldados
fugitivos 10, pero no pudo organizar la resistencia. Fue capturado por las tropas caldeas y
llevado a Ribla, la actual Rible o Rabie, en la región de Jamat o “Hama” en la actualidad, en la
Alta Siria, a 34 kilómetros al sur de Homs. Era un centro de comunicaciones muy apto para dirigir
las operaciones contra Fenicia y Palestina, y allí estableció Nabucodonosor su cuartel general,
como lo había hecho antes Necao II en 609 11. La sentencia del rey babilonio fue despiadada. Sedecías
era un rey vasallo que había quebrantado el juramento de fidelidad. Había sido puesto en
el trono por el mismo Nabucodonosor en 598, cuando fue depuesto su sobrino Jeconías. Fueron
asesinados sus hijos de tierna edad (ya que el rey entonces no tenía más que treinta y dos años)
delante de él (v.6). Quería desenraizar toda su descendencia, acabando así con todo posible brote
de insurrección posterior. Y en un refinamiento de crueldad, a Sedecías no le quitó la vida, sino
que le sacó los ojos (ν.7) para que llevara una vida triste y despreciada en Babilonia, recordando
su triste destino. Era costumbre entre los reyes orientales sacar los ojos a los soberanos vencidos
y después llevarlos a formar un cortejo con los otros reyes vencidos en torno al rey vencedor mesopotámico.
Algo parecido a la costumbre de los generales romanos de llevar en triunfo por las
calles de Roma a los reyes bárbaros vencidos. Asurbanipal se gloría de haber cegado a sus enemigos
12, y en un bajorrelieve asirio se ve a Sargón (721-705) cegando con su lanza al rey vencido
postrado a sus pies. Ezequiel había profetizado que Sedecías no vería al rey de Babilonia, y
Jeremías reiteradamente dice que le hablaría boca a boca 13.
El general en jefe de las operaciones en Palestina, Nabuzardán 14, deportó a las fuerzas
vivas de la población judía. Los palacios y templo de Jerusalén fueron pasto de las llamas. Sólo
se dejó en Judá a los pobres del pueblo, que no tenían nada (v.10), permitiéndoseles cultivar viñas
y campos de labor, con cuyos productos habrían de pagar un fuerte tributo al implacable
vencedor babilónico.
Liberación de Jeremías (11-18).
11 Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dado orden a Nabuzardán, jefe de su
guardia, respecto de Jeremías, diciéndole: 12 Préndele y mira por él y no le hagas
mal alguno, sino que haz con él según te diga. 13 Y Nabuzardán, jefe de la guardia, y
Nabusezbán, “rabsaris”; Negalsareser, “rabmag,” y todos los otros jefes del rey de
Babilonia, 14 mandaron sacar a Jeremías del vestíbulo de la guardia y se lo encomendaron
a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, para que le llevase a su casa, y
quedó habitando en medio del pueblo. 15 Jeremías había recibido palabra de Yahvé,
mientras estaba preso en el vestíbulo de la guardia, diciéndole: 16 Ve y di a Abdemelec
el etíope: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo cumpliré mis palabras
sobre esta ciudad, para su mal, no para su bien; esto sucederá a tus propios
ojos en ese día. 17 Entonces yo te libraré — oráculo de Yahvé — y no serás entregado
en manos de los hombres a quienes temes. 18 Yo te salvaré y no caerás a la espada,
y será salva tu vida, porque confiaste en mí. Oráculo de Yahvé.
2104
Nabucodonosor conocía, sin duda por relatos de los desertores hebreos, la actitud de Jeremías
durante el asedio, predicando la rendición. Por eso sentía cierta estima por el profeta, aunque no
entendiese los motivos religiosos por los que el profeta pedía la sumisión al rey caldeo, instrumento
de la justicia divina. Por eso se mostró generoso con él, encargando a su comandante jefe
de operaciones, Nabuzardán, que lo tratase con deferencia (v.12). Conforme a estas órdenes, los
jefes babilónicos libertaron a Jeremías, que aún se hallaba preso en el vestíbulo de la guardia
(v.14), y se lo encomendaron a Godolías (v.16), que iba a ser el gobernador judío puesto por los
babilonios después del desastre. Era hijo de Ajicam, protector de Jeremías 15. Por eso es de suponer
que Godolías y el profeta fueran amigos, pues compartían la política de sumisión a Babilonia
antes de arrostrar la aventura de una resistencia sin esperanza. Jeremías, pues, quedó habitando
en medio del pueblo, es decir, con libertad de acción, participando de las penalidades de los supervivientes.
La expresión para que le llevase a su casa parece indicar la reintegración a sus derechos
cívicos 16.
La profecía relativa a Abdemelec (v. 15-18) quizá fue hecha antes de caer la ciudad en
manos de los caldeos, cuando Jeremías fue liberado de la cisterna por su humanitaria intervención
17. El redactor la pone aquí en el momento de su cumplimiento. Jeremías le promete, en
nombre de Dios, que nada le ha de suceder en premio a su buena acción. El eunuco etíope ha dado
una lección de religiosidad a todos los judíos, y Yahvé se lo premia con la salvación de su vida
en medio de tanta ruina. Jerusalén será destruida en cumplimiento a las palabras de Yahvé
(v.16), pero él no perecerá en la catástrofe (ν.17). El buen etíope había creído en Jeremías como
hombre de Dios; con ello expresó un acto de fe en el mismo Dios: confiaste en mi (v.18).
1 Cf. 39:13; 52:128. — 2 Cf. 2 Re 14:13- — 3 Publicada por E. UNGER, Babylon p.28a (1925). — 4 En el prisma cuneiforme: “Nergal-sar-usur”:
“Nergal protege al rey.” — 5 Cf. Bezold, Babylonisch-assyrisches Glossar p.252. — 6 Cf. Jer 52:7; 2 Re 25:4. — 7 Cf. De Vaux, Le livre
des Rois p.225; Is 22:11. — 8 Cf. Jer 40,14; 41:10. — 9 Cf. Jos 12,is; 11:2; 2 Sam 4:7. Véase ABEL, Géographie de la Palestine I
p-423- — 10 Cf. Jer 52:8; 2 Re 25:5. — 11 Cf. 2 Re 23:33- — 12 Anales de Asurbanipal I 117; III 113. — 13 Cf. Ez 12:13; Jer
32:4.5; 34:3; 37:17; Flavio Josefo, Ant. Jud. X 8:2. — 14 En babilónico: “Nabuzer-iddinam”: “Nabu ha dado descendencia.” En el
v.11 se le llama en la Biblia Rab-tabajim, lit. “jefe de carniceros.” En el prisma babilónico antes citado se le pone por título rabnujtimmu:
“jefe de horneros,” que quedó como título cortesano de gran dignidad. Como el “jefe de coperos” (Gen 40:9) en la corte
del faraón. — 15 Cf. Jer 26:24. — 16 En casa falta en los LXX. — 17 Cf. Jer 38:13.
40. Liberación de Jeremías.
Godolías, gobernador del País.
En los c.40-44 encontramos una serie de episodios relativos a la vida de Jeremías después de la
caída de Jerusalén.
El c.40 resulta embarazoso en lo tocante a la liberación de Jeremías, supuesto lo que acabamos
de ver en el c.39:14, donde con detalle se narra que los jefes caldeos personalmente libertaron
al profeta al entrar en Jerusalén, cuando aquél estaba aún preso en el vestíbulo de la guardia.
Aquí, en cambio, se dice que Jeremías estaba en Rama, al norte de Jerusalén, encadenado
con los otros conciudadanos en un campo provisional de concentración. Para resolver esta contradicción,
muchos autores consideran los v.1-2 del C.40 como adiciones posteriores redaccionales
1. Otros, en cambio, consideran como espúrea la narración de 39:142. Y, finalmente, no faltan
quienes intentan concordar ambas narraciones del modo siguiente: al llegar Nabuzardán a Jerusalén,
un mes después de tomada la ciudad, Godolías se había trasladado para vivir en Misfa. En su
ausencia, los jefes subalternos caldeos prendieron a Jeremías en una redada general con los otros
2105
habitantes de Jerusalén. Llegados éstos al campo de concentración de Rama, se enteró Godolías
de ello, e intervino en su favor ante los jefes babilónicos, que le libertaron definitivamente 2*.
Pero bien pudiera ser que el redactor posterior recogiera dos tradiciones diferentes sobre el prendimiento
de Jeremías, y en ese caso nos encontraríamos con uno de tantos duplicados de la Biblia.
Liberación de Jeremías (1-6).
1 Palabra de Yahvé que recibió Jeremías después que Nabuzardán, jefe de la guardia,
le dejó ir de Rama, donde le halló cargado de cadenas en medio de los cautivos
de Jerusalén y de Judá que iban deportados a Babilonia. 2 El jefe de la guardia real
dijo a Jeremías: Yahvé, tu Dios, había amenazado con males este lugar, 3 y los ha
traído sobre él, como lo anunció, porque habéis pecado contra Yahvé y no habéis escuchado
su voz; por eso os ha sucedido esto. 4Y ahora he aquí que te quito hoy las
cadenas de tus manos; si quieres venir conmigo a Babilonia, ven, que yo miraré por
ti; pero, si te desagrada venir conmigo a Babilonia, déjalo; tienes la tierra toda a tu
disposición. Ve a donde mejor te parezca. 5 Y como aún no se decidiera a volver,
vuélvete (le dijo) a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, a quien ha hecho el rey
de Babilonia gobernador de las ciudades de Judá, y habita con él en medio del pueblo,
o vete a donde tú mejor quieras. Diole también el jefe de la guardia provisiones,
le hizo regalos y le despidió. 6 Vino, pues, Jeremías a Godolías, hijo de Ajicam, que
residía en Misfa, y habitó con él en medio del pueblo que había quedado en la tierra.
Nabuzardán, al volver de Ribla, adonde había ido a recibir órdenes de Nabucodonosor después
de la conquista de Jerusalén, se dirige al campo de concentración de prisioneros de Rama, la actual
er-Ram, a ocho kilómetros al norte de Jerusalén, en la carretera general de la capital a Naplusa
3, y allí encuentra a Jeremías, sobre el que tenía particular interés. Si el relato de 39:14 responde
a la verdad de los hechos, podemos suponer que Nabuzardán, después de libertar a Jeremías
del vestíbulo de la guardia, se marchó a Ribla, y, durante su ausencia, algunos jefes subalternos,
que no sabían las predilecciones e intenciones del comandante jefe sobre Jeremías, le
harían prisionero como medida de seguridad, y en condición de tal le llevaron a Rama.
La frase palabra de Yahvé que recibió Jeremías. (v.1) parece que debiera ser seguida de
un oráculo del profeta, según costumbre. Por ello, algunos autores creen que se ha perdido el
texto de ese nuevo oráculo4. Otros, en cambio, prefieren ver en la frase estereotipada un título
general que serviría de introducción al contenido de la sección de los c.40-44, donde se habla de
las vicisitudes del profeta después de la ruina de Jerusalén. En ese caso, palabra de Yahvé. equivaldría
a “actividad profética de Jeremías por inspiración divina.”5 Pero aquí parece que se inaugura
una sección biográfica, con la excepción del discurso del c.44, que tiene su propia introducción
oracular.
Jeremías estaba cargado de cadenas, según la costumbre de los babilonios y asirios respecto
de los prisioneros varones6. A las mujeres se les permitía llevar consigo algunos hatillos
con ropas y enseres domésticos.
Parece un tanto extraño el discurso de tipo profético judaico puesto en boca del caldeo
Nabuzardán. Por ello, no pocos autores creen que se trata de una inserción redaccional extraña al
original. No obstante, no debemos perder de vista la mentalidad de los conquistadores orientales
politeístas, que reconocían el carácter divino de los dioses de otros pueblos. El legado de Senaquerib
en tiempo de Isaías habla en términos análogos: “¿Acaso sin contar con Yahvé he invadi2106
do yo esta tierra para devastarla? Yahvé me ha dicho: Invade la tierra y devástala”7. Ciro se expresa
en términos parecidos 8. Se consideran, pues, como cumplidores de la voluntad del dios del
pueblo vencido, que quería castigar a su pueblo. Con ello lograban captar la benevolencia de los
vencidos, ya que se les respetaba lo que les era más caro, la religión. Así, pues, Nabuzardán conocía
la predicación profética de Jeremías, centrada en torno a la reiterada idea de que Jerusalén
sería entregada a los babilonios por haber pecado contra Yahvé. Ahora, pues, hablando con Jeremías,
le expresa su punto de vista, coincidente con sus doctrinas. Es un modo de querer ganarle,
presentándose como instrumento de la justicia del mismo Yahvé. Así le dice para halagarle:
Yahvé, tu Dios, había amenazado con males este lugar., porque habéis pecado (v.2-3). Sin duda
que en estas palabras hay un trasfondo de sagacidad diplomática. Le interesaba mucho al comandante
babilonio tener a su lado a Jeremías, y así acepta sus puntos de vista religiosos en lo concerniente
a la marcha de la Providencia divina sobre su pueblo.
Después le deja escoger, para su futuro, entre ir a Babilonia, donde será tratado con deferencia
particular, o quedar en Judá con Godolías, hombre ponderado y amigo personal del profeta
9. Nabucodonosor le había establecido como gobernador en Judá, descartando todo sujeto de
la línea dinástica davídica, que se había mostrado reiteradamente insurgente. Godolías, por su
prudencia y moderación, era una garantía de sensatez, y, por otra parte, estaba capacitado para
organizar esta parte de Palestina, de tanta importancia para el imperio babilónico por colindar
con el imperio egipcio. Era conveniente que allí no existiese un estado caótico, sino organizado,
y por eso el rey caldeo quiere crear un nuevo estado vasallo, resucitado de las ruinas anteriores
(v.5). Jeremías prefiere quedarse con los pobres del pueblo en Judá, para compartir sus penalidades
y ayudarles a levantar las esperanzas de resurrección nacional. Ezequiel, en el
exilio babilónico, estaba cumpliendo esta misión con los desterrados a orillas del Eufrates. Era
preciso que en Palestina quedara un hombre de Dios que fuera como el director espiritual de su
pueblo, que vegetaba en la mayor miseria y postración. Por eso, Jeremías habitó en medio del
pueblo (v.6) en Misfa, donde Godolías había fijado su residencia oficial10. Jerusalén estaba en
ruinas, y era preferible esta localidad provinciana en los confines del reino de Judá.
Reunión de los jefes judíos dispersos con Godolías. (7-16)
7 Guando todos los jefes de tropas que se habían dispersado por la campiña supieron,
ellos y sus hombres, que el rey de Babilonia había hecho gobernador de la tierra
a Godolías, hijo de Ajicam, encomendándole los hombres, las mujeres y niños y
los pobres de la tierra que no habían sido deportados a Babilonia, 8 vinieron a Godolías,
en Misfa, Ismael, hijo de Natanías; Yojanán y Jonatán, hijos de Carcaj; Serayas,
hijo de Tanjumet; los hijos de Efay, de Netofa, y Jezonías, hijo del Mahakatí,
ellos y sus hombres, 9 y los conjuró Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, a ellos y
a sus compañeros: “No temáis servir a los caldeos; habitad en la tierra, servid al rey
de Babilonia, y os reportará bien. 10 Yo me quedo en Misfa para representar al país
ante los caldeos que vengan a nosotros, pero vosotros haced la vendimia, recoged las
mieses y el aceite y guardadlos en vuestros recipientes, y quedaos en las ciudades
que habitáis,” 11 También todos los judíos que estaban en Moab, entre los hijos de
Amón, en Idumea y en todas las otras regiones, al oír que el rey de Babilonia había
dejado un resto de Judá y que les había dado por gobernador a Godolías, hijo de
Ajicam, hijo de Safan, 12 volvieron de todas las regiones en que se habían dispersado,
y vinieron a la tierra de Judá, a Godolías, en Misfa, y recogieron vino y mieses
en gran abundancia. 13 Pero vinieron a Godolías, en Misfa, Yojanán, hijo de Careaj,
2107
y todos los jefes del ejército que se habían dispersado por la campiña, 14 y le dijeron:
“¿Sabes que Baalís, rey de los hijos de Arrimón, ha mandado a Ismael, hijo de Natanías,
para darte muerte?” No lo creyó Godolías, hijo de Ajicam. 15 y Yojanán, hijo
de Careaj, llevó aparte a Godolías y le dijo: “Yo iré y mataré a Ismael, hijo de Natanías,
sin que nadie lo sepa; no te mate él a ti y se dispersen todos los judíos que se
han reunido en torno tuyo y perezcan los restos de Judá.” 16 Y le contestó Godolías,
hijo de Ajicam: “No hagas eso, pues lo que dices de Ismael es falso.”
Después de conquistada Jerusalén por los caldeos, quedaron pequeños grupos de guerrilleros
dispersos por la campiña desértica, tropas que habían quedado fuera de los muros de la ciudad y
otras de las que habían huido con Sedecías 11. Al saber que se había organizado de nuevo el Estado
judío bajo las órdenes de Godolías, impuesto como gobernador por los babilonios (ν.7), decidieron
unírsele para trabajar en la reconstrucción de la nación. Naturalmente, como militares
que habían luchado con Sedecías, temían por su suerte. El historiador da algunos nombres de
ellos, conocidos por otros textos bíblicos 12. Godolías les invita a deponer el miedo, pues él tiene
amplios poderes de amnistía, y sabía que los caldeos tenían interés — una vez vencida la resistencia
fundamental — en reorganizar el nuevo Estado vasallo, y, por consiguiente, no se habían
de meter con ellos (v.8). Les invita a permanecer en Judá (v.8). Parece que los jefes dispersos
estaban dispuestos a marcharse lejos, hacia Egipto, lejos de la dominación babilónica. Godolías,
por su parte, se considera como el responsable de la situación y representante de los intereses del
pueblo de Judá ante los babilonios (v.10).
Eran horas en que se exigía mucha cordura y paciencia para no soliviantar a los vencedores.
Por eso les invita a reintegrarse a su vida normal cívica, trabajando los campos, ya que no
podían aspirar a continuar en organizaciones militares: haced la vendimia. y quedaos en las ciudades
(v.10). Con la deportación, la ciudad y parte de la campiña había quedado casi despoblada,
y era preciso trabajar para que se llenasen las necesidades materiales de la nación. A estos jefes
militares vencidos se juntaron en Misfa muchos prófugos judíos, al ver que la nación se volvía a
organizar después de la marcha de las tropas de ocupación babilónica. Por otra parte, se daba la
circunstancia de que aquel año había vino y mieses en gran abundancia (v.12). Después de las
estrecheces del asedio, esto resultaba una bendición. Los caldeos, pues, no habían devastado el
campo, destrozando sus cosechas y sus frutos.
Pero en estos días de incertidumbre no faltaron profundas inquietudes políticas para el
nuevo gobernador Godolías. Tenía muchos enemigos entre los fanáticos nacionalistas que aún
andaban en bandadas por el desierto, los cuales no aceptaban esta colaboración con los vencedores
caldeos. Entre estos nacionalistas acérrimos estaba Ismael, de sangre real, que no podía soportar
que Godolías, sin ser príncipe, fuera el jefe del nuevo Estado judío; de ahí la sospecha de
un complot suyo en combinación con el rey de Amón, Baalís, el cual quizá soñara con hacer una
liga antibabilónica, y por ello no le agradaba que en Judá estuviera gobernando un hombre sumiso
a los caldeos (v.14.). No obstante, Godolías, de espíritu equilibrado y magnánimo, no quiso
dar oídos a esto, y menos permitió que se asesinara por ello a Ismael (v. 15-16).
1 Así Nótscher. — 2 Opinión de Volz. — 2* Así Peake. — 3 Cf. Jer 31:15. — 4 Así opina Nótscher. — 5 Es la opinión de Condamin y
Ricciotti. — 6 Véase Gressmann, Alt. Orient. Text. una Bild. fig.128.133.141. — 7 Cf. Is 36:10. — 8 Esd 1:2. — 9 Cf. 2 Re 22:8;
Jer 21:3; 26:24; 29:3; 36:10. — 10 Misfa suele identificarse generalmente con Tell en-Nasbe, a 13 kilómetros al norte de Jerusalén.
Fue fortificada por el rey Asa (i Re 15:22). En las excavaciones del 1932 se encontró un sello con el nombre de “Ya'azaniyahu
siervo del rey,” que se ha querido identificar con el Jezonías, jefe militar del v.8. Cf. ABEL, Géog. II p.398. Algunos autores,
con menos probabilidad, han querido identificar Misfa con la altura de Nebu Samwil, al sur de Gabaón. — 11 Cf. Jer 52:8. — 12
El nombre de Jonatán falta en algunos manuscritos hebreos y en el texto griego. Debe de ser una ditografía del nombre anterior
Yojanan. Netofa se ha querido identificar con Khirbet Bedd Faluh, a unos cinco kilómetros al sur de Belén, camino de Tecoa. Je2108
zonías, cf. 2 Re 25:23. Mahacatí o macateo, e.d., de Mahaca, junto al Hermón (2 Sam 10,6; 1 Crón 19:6-7)· Quizá sea un nombre
gentilicio “del clan maacateo,” descendiente de Caleb (1 Crón 2:48; 4:19), que habitaba al sur de Judá.
41. Asesinato de Godolias y de tros ciudadanos
Judíos.
Se continúa la historia del nuevo gobernador, muerto trágicamente por los fanáticos nacionalistas.
Las sospechas del complot que Godolías había rechazado magnánimamente se confirmaron,
pues Ismael traidoramente mató a Godolías y a los suyos. También asesinó a fieles israelitas de
Siquem y de Silo que se dirigían con ofrendas al templo de Yahvé. Después emprendieron la fuga
hacia Amón. Los pocos que pudieron salvarse de la jurisdicción de Ismael se marcharon a
Egipto, temiendo las represalias de los caldeos.
Asesinato de Godolías (1-3).
1 Y sucedió que el séptimo mes vino Ismael, hijo de Natanías, hijo de Elisama, de
sangre real, de los magnates de la corte, con otros diez a Godolías, hijo de Ajicam,
en Misfa, y comieron juntos en Misfa. 2 Y se levantó Ismael, hijo de Natanías, y con
él los diez que le acompañaban, y mataron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan,
al que había puesto de gobernador de la tierra el rey de Babilonia, 3 y mataron también
a todos los judíos que le acompañaban en Misfa, y a los caldeos que se encontraban
allí.
Tres meses después de la caída de Jerusalén tuvo lugar el asesinato del gobernador Godolías, impuesto
por los babilonios. El séptimo mes corresponde a septiembre-octubre. La ciudad había
sido tomada en el mes cuarto, es decir, junio-julio del 586, y destruida en el mes quinto, julioagosto
1. Cuando Godolías fue asesinado, ya se había recogido el vino y el aceite. Así, pues, podemos
suponer que fue muerto a principios de octubre del 586. Ismael había hecho acto solemne
de sumisión; Godolías le invitó a un banquete teniendo en cuenta su categoría de príncipe. Pero
allí murió a traición a manos de los esbirros del criminal nacionalista. El acto tenía el carácter de
una rebelión abierta contra los babilonios, que habían impuesto a Godolías como gobernador.
Con su muerte desapareció la esperanza de una segura, aunque lenta, reconstrucción del país. El
asesinato del bueno de Godolías dejó una profunda huella en la historia de Israel, en tal forma
que en tiempos de Zacarías (s. ν a.C.) se celebraba un día de ayuno solemne en el aniversario de
su muerte, como en el de la toma de Jerusalén 2. Con él murieron sus fieles funcionarios y algunos
caldeos.
Exterminio de los peregrinos de Siquem y de Silo (4-10).
4 Al segundo día de haber muerto Godolías, sin que nadie lo supiera todavía, 5 vinieron
unos hombres de Siquem, de Silo y de Samaría, ochenta en número, rasurada la
barba, rasgadas las vestiduras e incisas las carnes, que traían en sus manos oblaciones
e incienso para ofrecerlos en el templo de Yahvé. 6 Salióles al encuentro Ismael,
hijo de Natanías, de Misfa. Iban llorando, y, al llegar a ellos, les dijo: Venid a ver a
Godolías, hijo de Ajicam. 7 Cuando estuvieron en medio de la ciudad, los mató Ismael
con los que le acompañaban, arrojándolos a la cisterna. 8 Hubo entre ellos diez
2109
que dijeron a Ismael: No nos mates, que tenemos en el campo gran cantidad de trigo
y de cebada, de aceite y de miel. Dejólos y no los mató con los demás. 9 La cisterna
en que arrojó Ismael todos los cadáveres de los hombres a quienes mató es una gran
cisterna que hizo construir el rey Asa cuando se defendía de Baasa, rey de Israel.
Esta es la que llenó de cadáveres Ismael, hijo de Natanías. 10 Llevó cautivo Ismael a
todo el resto del pueblo que se hallaba en Misfa, a las hijas del rey y a todo el pueblo
que en Misfa había quedado, al cual había dado Nabuzardán, jefe de la guardia real,
por gobernador a Godolías, hijo de Ajicam. Ismael, hijo de Natanías, se los llevó
cautivos hacia la tierra de los hijos de Amón.
Este trágico episodio revela el alma criminal del asesino de Godolías. No sólo no se contentó con
matar al que consideraba rival y colaboracionista de los caldeos, sino que se ensañó con un grupo
de inocentes peregrinos que llevaban sus ofrendas a Jerusalén para implorar misericordia a Yahvé
sobre las ruinas del templo (v.4-5). Ismael, el príncipe davídico asesino, no quería que se reanudase
la vida normal de la nación colaborando con los babilonios. Quería sembrar el caos y el
descontento para que no se aceptase pacíficamente como situación de hecho la ocupación babilónica,
y por eso extermina a gentes sin culpabilidad alguna, representantes del pueblo fiel y sano.
¡A tanto puede llevar la histeria del supernacionalismo y de la intriga política!
Los peregrinos son de Siquem, Silo y Samaría, las ciudades más importantes del antiguo
reino del Norte, desaparecido en tiempos de Sargón II (721). En tiempos de Josías (640-609) se
había incorporado prácticamente a Judá el teritorio del reino del Norte, que había quedado sin
sus fuerzas vivas después de la deportación asiría. Con ello, su profunda reforma religiosa había
penetrado en la región de Samaría, y se reanudaron las peregrinaciones al templo de Jerusalén.
Como la matanza de estos peregrinos tuvo lugar en el mes séptimo (septiembre-octubre), podemos
suponer que iban a Jerusalén a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. Sobre todo, querían
mostrar su duelo público por la destrucción de la Ciudad Santa. Por eso se dice de ellos que iban
con la barba rasurada, rasgadas las vestiduras e incisas las carnes (v.5), signos habituales de
duelo y de penitencia 3. Traían en sus manos oblaciones e incienso para ofrecerlos en el templo
de Yahvé (v.5). Puesto que el altar de los holocaustos había sido destruido, no había posibilidad
de celebrar sacrificios cruentos; por eso traían oblaciones (de harina, aceite) e incienso, sin duda
para derramarlas sobre las ruinas del templo. El templo de Yahvé había sido destruido, pero allí
estaban sus ruinas humeantes, señalando el lugar donde se debía adorar al Dios nacional de los
israelitas. Aquellas ruinas, pues, eran sagradas, y estaban aún santificadas por la presencia, en
otro tiempo, de Yahvé.
Los peregrinos pasan por la ruta que sube de Samaría a Jerusalén junto a la colina donde
estaba Misfa (actual tell en-Nasbe). Ismael los ve de lejos y los invita a subir a la ciudad para que
se presenten al nuevo gobernador Godolías (v.6). Después los asesinó en la ciudad, arrojando sus
cuerpos a una cisterna, famosa por haber sido construida por el rey de Judá Asa (914-874) cuando
fortificó Misfa contra la incursión del rey de Israel Baasa 3*. Un grupo de peregrinos se salvó
diciendo que tenían escondidas grandes cantidades de trigo y cebada. (v.8). Esto parece suponer
que notaron que Ismael y los suyos estaban ávidos de provisiones, y por eso le recuerdan que, si
les perdona la vida, le entregarán grandes cantidades de víveres que tienen escondidos en cisternas
y grutas secretas para que no se apoderaran de ellos las tropas caldeas 4. Ismael, viendo que
no podía continuar en Misfa, huyó llevando en rehenes a las hijas del rey, o mujeres de la familia
real en sentido amplio, que no habían sido deportadas por los babilonios. Sin duda que quería
poder utilizarlas para intercambios políticos en sus futuras alianzas con el rey de Amón u otros
2110
reyes 5.
Huida de Ismael a TransJordania (11-18).
11 Yojanáii, hijo de Qareaj, y los jefes de tropas que con él estaban, supieron todo el
mal que había hecho Ismael, hijo de Natanías, 12y, tomando todos sus hombres, salieron
en persecución de Ismael, hijo de Natanías, y le alcanzaron cerca del gran estanque
de Gabaón. 13Todo el pueblo que estaba con Ismael se alegró al ver a Yojanán,
hijo de Qareaj, y los jefes de tropas que le acompañaban, 14y todo el pueblo que
Ismael llevaba a Misfa dio la vuelta y se fue con Yojanán, hijo de Qareaj. 15Ismael,
hijo de Natanías, con otros ocho, huyó delante de Yojanán, y se refugió entre los
hijos de Amón. l6 Tomaron, pues, Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los jefes de tropas
que le acompañaban, a todo el resto del pueblo que Ismael, hijo de Natanías,
había llevado de Misfa después de haber matado a Godolías, hijo de Ajicam; hombres
y mujeres, niños y eunucos que había traído de Gabaón, 17 y se volvieron, deteniéndose
en los apriscos de Kimham, cerca de Belén, para desde allí dirigirse a Egipto,
18 huyendo de los caldeos, a quienes temían por haber matado Ismael, hijo de Natanías,
a Godolías, hijo de Ajicam, puesto por el rey de Babilonia como gobernador
del país.
Los jefes de tropas (v.11), que estaban por el campo, según indicación del mismo Godolías, al
saber el asesinato de éste a manos de Ismael, como se temían, decidieron vengarle, y por eso le
persiguieron sin tregua. Las consecuencias del asesinato tenían que ser muy graves, pues eran de
temer las represalias de los caldeos al ver que habían matado a su gobernador. No quedaba más
que llevarles la cabeza, del asesino para que vieran que sólo éste era el responsable del acto. Si
no conseguían dar muerte a Ismael, no les quedaba sino huir a Egipto, como único medio de salvarse
de las terribles iras de los babilonios. Ismael, en lugar de marchar directamente hacia la
depresión del Jordán, camino de TransJordania, hizo un rodeo hacia el oeste, pues fue alcanzado
junto al gran estanque de Gabaón (v.12), que parece ser el mismo en que combatieron las huestes
de Joab contra Abner6. Gabaón es el actual el-Gib, a 10 kilómetros al noroeste de Jerusalén7,
donde se ve aún un antiguo depósito de agua, resto, sin duda, del gran estanque de que se habla
en el texto.
Los que acompañaban a Ismael forzados, al ver a Yojanán, se fueron con él, dejando solo
a Ismael, que logró escapar a Transjordania entre los hijos de Amón (v.16), reino al norte de
Moab.
Al no poder dar alcance al asesino, los perseguidores no tenían opción a volver a Misfa,
ya que no podrían demostrar a los caldeos que no habían tomado parte en el asesinato del gobernador
Godolías. Por eso decidieron encaminarse hacia Egipto, lugar tradicional de refugio para
los asiáticos, que ahora los recibiría como antiguos aliados contra Nabucodonosor. Se detuvieron
en los apriscos de Kimham, cerca de Belén8. No sabemos a punto fijo el lugar de este nombre,
pero bien puede ser cualquiera de los refugios para animales y hombres que se ven en las grutas
que rodean a Belén. Allí, pues, hicieron alto para organizar la marcha. Estaban ya cerca de las
fronteras egipcias y podían esperar llegar a territorio amigo antes de que les alcanzaran los caldeos.
1 Cf. Jer 52:6; 12-13. — 2 Cf. Zac7:51 8:19 — 3 Las incisiones estaban prohibidas por la Ley: Lev 19:27; Dt 14:1; Jer 7:29; 16:6;
48:37- — 3* Cf. Abel, Géog. II 398. — 4 Cf. Jue6:2-11. — 5 En los LXX falta y todo el resto del pueblo que estaba en Misfa. —
6 Cf. 2 Sam 2:135. — 7 Sobre su identificación véase Abel, Géog. p.335; RB (1922) P-364; (i934).P-3605· — 8 La palabra hebrea
que traducimos por apriscos (gherut) es de sentido incierto.
2111
42. Consulta a Jeremías sobre la huída a Egipto.
De nuevo aparece Jeremías en estas circunstancias críticas después de la ruina de Jerusalén. No
parece que estuviera en Misfa cuando el asesinato de Godolías, pues, siendo su mentor espiritual,
difícilmente se habría salvado de la muerte, y, por otra parte, no es fácil que la Biblia se hubiera
callado el nombre del profeta, cuando da los de los otros jefes judíos. Podemos suponer, pues,
que Jeremías se enteró de lo ocurrido en Misfa estando él en Jerusalén u otra localidad en. su misión
de consolar a los desmoralizados habitantes de Judá. Sin duda que había puesto muchas esperanzas
en la sensatez del nuevo gobernador Godolías, impuesto por los babilonios, viendo en
él la clave de un futuro renacer nacional sobre bases más prudentes y religiosas.
Por eso podemos suponer su consternación al enterarse de la muerte de Godolías. Inmediatamente
trató de reunirse a los fugitivos, a los que alcanzaría en los alrededores de Belén, y
allí comienza, con sus oráculos y consejos, a ser de nuevo el centro de la narración.
Consulta a Jeremías sobre la huida a Egipto (1-6).
1 Todos los jefes de las tropas, Yojanán, hijo de Qareaj; Jezonías, hijo de Osaías 1, y
todo el pueblo, chicos y grandes, se acercaron a Jeremías 2 y le dijeron: Acepta nuestro
ruego y pide por nosotros a Yahvé, tu Dios; por todos estos restos, pues de muchos
hemos quedado pocos, como tú ves. 3 Que Yahvé, tu Dios, nos dé a conocer el
camino que debemos seguir y lo que hemos de hacer. 4 El profeta Jeremías les dijo:
Os oigo, y pediré por vosotros a Yahvé, vuestro Dios, según vuestros deseos. Todo
cuanto me responda Yahvé os lo comunicaré, sin ocultaros nada. 5Y ellos dijeron a
Jeremías: Sea Yahvé contra nosotros testigo verdadero y fiel si no hiciéramos en todo
según la palabra que Yahvé, tu Dios, te mande para nosotros. 6Bueno o malo, seguiremos
el mandato de Yahvé, a quien te enviaremos para que nos suceda bien,
obedeciendo a la voz de Yahvé, nuestro Dios.
La presencia del gran profeta levantó los ánimos. Sabían que era el confidente de Yahvé, y por
eso al punto quieren que les dé un consejo de parte de Dios en orden a su futura conducta. Estaban
decididos a ir a Egipto, pero querían una confirmación divina de sus planes. Jeremías acepta
interceder por ellos, pues contempla la situación triste en que se hallan sin culpa alguna por su
parte, pues han sido víctimas de una política descabellada. Los demandantes son de toda clase
social (grandes y chicos, v.1). Sin duda que los de bajo estrato social no querían ir a Egipto, y
sólo los jefes les empujaban a ello. Muchos, pues, desearían una negativa sobre el particular, y
así buscaban la autoridad de Jeremías para salir con sus legítimos deseos. Los jefes temían la represalia
caldea, y estaban decididos a huir a Egipto. Los fugitivos dicen con humildad: Pide por
nosotros a Yahvé, tu Dios (v.2). Después de la catástrofe creían que Yahvé los había abandonado
definitivamente, y por eso no se atreven a considerarle como su Dios, sino que dicen al profeta:
tu Dios. Jeremías accede a pedir por ellos: Pediré por vosotros a Yahvé, vuestro Dios (v.4). La
expresión vuestro Dios tiene un acento de confortamiento, como réplica a la insinuación de que
ya no era Dios protector de “ellos.” Todo ha sucedido conforme a los caminos de la Providencia
divina; pero, por haberlos sumido en la desgracia, no por eso los ha abandonado.
Los consultores se obligaron con juramento a seguir el consejo del profeta (v.5). Las circunstancias
eran tales, que lo más prudente era huir, y están seguros que Yahvé confirmará este
2112
punto de vista. Con todo, la promesa es arrogante: Bueno o malo (c.d., gústenos o no), seguiremos
el mandato de Yahvé (v.6). En su deseo de que Jeremías consultara a Yahvé, han sido demasiado
arrogantes en sus promesas.
Respuesta de Jeremías (7-22).
7 Pasados diez días, recibió Jeremías palabra de Yahvé; 8 y llamó a Yojanán, hijo de
Qareaj, y a todos los jefes de tropas que con él estaban, y a todo el pueblo, chicos y
grandes, 9 y les dijo: Así dice Yahvé, Dios de Israel, a quien me habéis mandado para
presentarle vuestros ruegos: 10“Si os quedáis tranquilos en esta tierra, yo os edificaré
y no os destruiré, os plantaré y no os arrancaré, pues me pesa ya del mal que os
he hecho, 11No os dé miedo el rey de Babilonia, a quien teméis; no temáis de él —
oráculo de Yahvé — , pues yo estoy con vosotros para salvaros y libraros de sus manos.
12 Os otorgaré misericordia y se apiadará de vosotros y os dejará en vuestra tierra.
13 Pero si decís: No queremos seguir en esta tierra, y no escucháis la voz de
Yahvé, vuestro Dios, 14 diciendo: Nos iremos a la tierra de Egipto, donde no veremos
ya la guerra ni oiremos el sonido de la trompeta y no habrá falta de pan, allí habitaremos,
15 entonces, resto de Judá, escuchad la palabra de Yahvé: Así dice Yahvé de
los ejércitos: Si volvéis vuestros ojos a Egipto para iros allá y habitar en él, 16 la espada
que teméis os alcanzará sobre la tierra de Egipto; el hambre que receláis os
sobrevendrá en Egipto y os hará morir allí. 17Y todos cuantos vuelvan el rostro
hacia Egipto para ir a habitar allí, morirán de espada, de hambre y de peste; ni uno
solo escapará ni se librará del mal que yo haré venir sobre ellos, 18 porque así dice
Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Lo mismo que ha estallado mi cólera y mi furor
contra los habitantes de Jerusalén, así estallará mi furor contra vosotros si os
vais a Egipto, y seréis objeto de execración, de horror, de maldición y de oprobio, y
no veréis más esta tierra. 19 He aquí la palabra de Yahvé para vosotros, resto de Judá:
No vayáis a Egipto. Sabed que yo os lo advierto hoy solemnemente. 20 Ciertamente
os engañáis a vosotros mismos. Me habéis mandado a Yahvé, nuestro Dios,
diciendo: Intercede por nosotros cerca de Yahvé, nuestro Dios. Todo lo que diga
Yahvé, nuestro Dios, comunícanoslo, y nosotros lo haremos. 21 Yo os lo hago saber
hoy, y vosotros no escucháis la voz de Yahvé, nuestro Dios, lo que me ha encargado
deciros. 22 Sabed, pues, que certísimamente moriréis de espada, de hambre y de peste
en el lugar adonde queréis iros a habitar.
A pesar de la ansiedad de los consultores, la respuesta tardó diez días en llegar. Durante este
tiempo, los jefes procuraban con sus propagandas ganar los ánimos del pueblo en favor de un
éxodo hacia Egipto. Baruc trató de hacer frente a esta tesis, pero su labor fue contraproducente,
ya que, por su amistad con Jeremías, creyeron que había sido aquél el instigador de la propuesta
del profeta de que permanecieran en el país sin ir a Egipto. Jeremías tardó en dar respuesta sencillamente
porque no había recibido comunicación divina. Aunque en su punto de vista personal
no era partidario de que sus compatriotas se marcharan a Egipto, sin embargo, su escrupulosidad
religiosa le impide presentar como oráculo divino lo que es fruto de su reflexión, y por eso espera
la comunicación divina, que no llega hasta diez días después. Veía el estado de excitación del
pueblo y la labor de propaganda de los jefes en favor de la marcha hacia Egipto, y, sin embargo,
calla. Es un testimonio de la sinceridad profética, y prueba que en ellos la “iluminación” profética
no era habitual, sino carismática transeúnte 2.
2113
La respuesta de Yahvé es taxativa: la salvación del pueblo está en permanecer en la tierra
patria, mientras que el exilio egipcio no les traerá más que desventuras (v. 10-13). Hasta ahora
Yahvé ha cumplido la labor punitiva purificadera, la labor de destruir y desenraizar 3; pero ahora
llega la segunda parte: yo os edificaré (v.10). Gomo los exilados de Babilonia van a entrar en una
etapa nueva de reconstrucción bajo la protección divina, así los que quedaron en Palestina van a
inaugurar también una fase de rehabilitación nacional y social. Pero es preciso que el pueblo se
decida a seguir los consejos de Yahvé. Si permanece en la tierra patria, será protegido especialmente
por Dios, mientras que, si le desobedecen, Dios continuará castigándoles en Egipto, sin
esperanza de futuro. El profeta pone en boca de Yahvé una reflexión antropomórfica: Me pesa ya
del mal que os he hecho (v.10). No es que Yahvé esté arrepentido de haber castigado merecidamente
a su pueblo, sino que, cumplido ya el castigo y satisfecha su justicia, cambia ya de conducta
para con él, ofreciéndole el camino de la misericordia y del perdón. Esta idea la refleja
bien la traducción de la Vulgata: “iam placatus sum super malo.”
Y el profeta, en nombre de Dios, les dice que no deben temer. los caldeos. Yahvé es el
que los ha traído a Judá, y Yahvé hará que tío los maltraten (v. 11-12). Dios puede “cambiar el
corazón del rey”4, induciéndolo a la misericordia y al perdón, como quedaba demostrado en el
hecho de que hubiera nombrado un gobernador judío sobre ellos después de la toma de Jerusalén.
Por otra parte, los fugitivos son unos ilusos si creen que, huyendo a Egipto, se van librar de las
consecuencias de la guerra (v.14). Pero no saben que, si ha pasado el tiempo de la devastación en
Judá, comenzará pronto en Egipto, pues también allí llegará la guerra con su trágica ecuela de la
espada y el hambre (v.16)5. El desobedecer a Yahvé lleva siempre como consecuencia la desventura
y la desgracia. Los oyentes parecen no estar dispuestos a acatar el consejo del profeta, y por
eso éste les echa en cara su falta de fidelidad al juramento que habían hecho de seguir lo que
Dios les comunicara (v.20). Esto constituye un pecado gravísimo de desprecio a Yahvé y no
quedará sin castigo. Y, por ello, con el corazón lacerado, les anuncia el triste destino que les espera
en Egipto: moriréis de espada, de hambre, de peste (v.22). Jeremías había puesto sus esperanzas
en aquel “resto” de Judá como núcleo de restauración nacional, pero con su rebeldía se
hacía indigno de las promesas mesiánicas de rehabilitación nacional.
1 En los LXX se lee “Azarías, hijo de Mahasías,” como en 40:2. — 2 Cf. S. Th. II-II 171:5; San Agustín, Super Gen. ad litt. 1.2 c.17.
n.37 = PL 34:278. — 3 Cf. Jer 1:10. — 4 Cf. Prov 21:1. — 5 Cf. Jer 7:20; 24:9; 25:18; 28:18.
43. Los Jefes fugitivos se llevan a Jeremías.
Las palabras del profeta son desoídas, ya que las consideran inspiradas por Baruc, y los jefes
judíos se llevan a la fuerza al pueblo hacia Egipto, y entre ellos al propio profeta con su secretario
Baruc. Es una nueva prueba terrible para el profeta de Anatot, que había querido quedar en su
patria consolando a los pobres judíos, desmoralizados por la derrota (1-7).
Una vez en la tierra de los faraones, continúa su misión de profeta anunciando males. Por
una acción simbólica, vaticina la invasión de Egipto por Nabucodonosor, que destruirá los palacios
y templos del país (8-13).
Jeremías es llevado a Egipto contra su voluntad (1-7)
1 Sucedió, pues, que, cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo las palabras
de Yahvé, su Dios, todo cuanto Yahvé, su Dios, le había encargado decirles, 2 Azarí2114
as, hijo de Mahasías; Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los hombres soberbios, dijeron
a Jeremías: Es mentira lo que dices, no te ha enviado Yahvé, nuestro Dios, para
decirnos: No vayáis a habitar en Egipto. 3 Es Baruc, hijo de Nerías, que te incita contra
nosotros para entregarnos a los caldeos, para que nos den muerte o nos deporten
a Babilonia. 4 De este modo, Yojanán, hijo de Qareaj; todos los jefes y todo el
pueblo, desoyeron la orden de Yahvé de quedarse en la tierra de Judá. 5 Y Yojanán,
hijo de Qareaj, y todos los jefes de tropas tomaron a los restos de Judá que habían
vuelto de las regiones todas en que se habían dispersado para habitar en la tierra de
Judá, 6 los hombres, las mujeres, los niños, las hijas del rey y todos cuantos Nabuzar-
dán, jefe de la guardia real, había dejado con Godolías, hijo de Ajicam, hijo de
Safan, y a Jeremías profeta, y a Baruc, hijo de Nerías, 7 y entraron en Egipto, desoyendo
la voz de Yahvé, y llegaron a Tafnes.
Los interlocutores de Jeremías no vieron en su respuesta sino el eco de una opinión particular de
su secretario Baruc, sin reconocer carácter divino a su oráculo. Era dudar de la veracidad del profeta.
Baruc, principal colaborador de Jeremías en su predicación en favor de una rendición a los
babilonios, había sido tratado con deferencia particular por los conquistadores. Por eso, personalmente
nada tenía que temer de ellos. En cambio, los jefes judíos habían luchado contra ellos,
y de seguro — humanamente hablando — que habían de caer represalias mortales sobre ellos.
No quieren exponerse a tales peligros, y saben que no se hallarán tan seguros como Baruc, que
los invita a permanecer en el país (v.3). Le atribuyen, pues, a Baruc intenciones siniestras contra
ellos: te incita contra nosotros para entregarnos a los caldeos. (v.3). Contra la voluntad del profeta,
le obligaron a él y a su secretario a acompañarlos en la fuga. No sabemos las razones que
pudieran tener los jefes para llevarse a Jeremías. Ni sabemos tampoco el grado de resistencia que
éste les opuso. Quizá ante la inevitable partida para Egipto del pueblo, al que tanto amaba, quiso
acompañarles para ser el guía espiritual en una nación pagana, con el ánimo de evitar cayesen en
las prácticas idolátricas. Quizá los jefes tenían particular interés en que les acompañara el profeta,
que gozaba de gran prestigio en el pueblo. Su presencia ayudaría a mantener el espíritu nacional
religioso de los fugitivos. En los planes de Dios, Jeremías debía continuar su oficio de “centinela”
siempre avizor de los peligros espirituales de su pueblo, y en su función de “arrancar y
desenraizar pueblos,” como preámbulo para después “edificar y plantar.” 1
Anuncio de la Invasión de Egipto por Nabucodonosor (8-13).
8 Y recibió Jeremías palabra de Yahvé en Tafnes, diciéndole: 9 Toma con tu mano
unas piedras grandes y mételas en un mortero en el empedrado, junto a la entrada
de la casa del faraón en Tafnes, en presencia de los judíos. 10 Y diles: Así dice Yahvé
de los ejércitos, Dios de Israel: Yo mandaré a buscar a Nabucodonosor, rey de Babilonia,
mi siervo, que asentará su trono sobre estas piedras que acabo de colocar y
extenderá sobre ellas su tapiz. 11Vendrá y batirá la tierra de Egipto: los que a la
muerte, a la muerte; los que al cautiverio, al cautiverio; los que a la espada, a la espada.
12Y pegará fuego a los templos de los dioses de Egipto, y los abrasará, y los
conducirá cautivos, y despiojará la tierra de Egipto como despioja el pastor su zamarra,
y saldrá de allí en paz. 13 Y romperá los obeliscos del templo del Sol en Egipto,
y quemará los templos de los dioses de Egipto.
Jeremías reanuda sus acciones simbólicas para expresar gráficamente 2 la futura humillación de
2115
Egipto, que con sus instigaciones fue la causa del desastre de Judá. La parábola en acción tiene
lugar en Tafnes, ciudad fortificada en la frontera oriental de Egipto, la actual tell Defenne. Era el
lugar de concentración de muchos judíos fugitivos. Algunos habían sido ya deportados en tiempo
de Joacaz (608 a.C.), cuando el faraón Necao II llevó a Joacaz, hijo de Josías, a Egipto, poniendo
en el trono en su lugar a Joaquim.
Jeremías les había dicho a los fugitivos en las cercanías de Belén que no fueran a Egipto,
donde encontrarían la ruina y la espada. Ahora su primer oráculo sirve para confirmar aquellas
palabras. Yahvé, Señor de los reinos y de la historia, ha decidido la invasión de Egipto por el implacable
Nabucodonosor. Con ello quiere decir que los judíos no encontrarán en el país del Nilo
la seguridad y abundancia anheladas. La acción simbólica del profeta quiere indicar que en aquel
lugar donde está poniendo piedras., en el empedrado a la entrada de la casa del faraón, asentará
Nabucodonosor su trono (v.10). Es el anuncio de la invasión del coloso caldeo. Las piedras
grandes colocadas allí a la vista de todos por Jeremías deben servir de “memorial” de su profecía.
La casa del faraón no es necesario tomarla en el sentido de palacio personal del faraón, sino
uno de los edificios oficiales en los que estaban instalados los representantes del faraón en aquella
zona fronteriza. No sabemos que Tafnes haya sido nunca residencia personal del faraón egipcio.
Se trata, pues, de la residencia-fortaleza de la guarnición fronteriza egipcia, en donde moraba
el gobernador, representante del faraón. Quizá habría sido residencia accidental del faraón en sus
visitas de inspección a las fronteras y de paso en sus campañas militares en Palestina.
Yahvé hará que su siervo Nabucodonosor, instrumento de su justicia, plante sus reales en
tierra de Egipto (v.10). Con él llegará la destrucción y la ruina: los que a la muerte, a la muerte.
(v.11). Abrasará los templos, llevando cautivos a sus ídolos 3. Nabucodonosor limpiará a Egipto
de sus dioses e ídolos como despioja el pastor su zamarra (v.11). El símil es expresivo y refleja
la minuciosidad con que Nabucodonosor destruirá todo, sin dejar nada en pie4. A su paso caerán
los obeliscos del templo del Sol, o Heliópolis, la ciudad egipcia de On (nombre que da el texto
griego), centro del culto solar, a poca distancia de El Cairo actual5. Uno de sus obeliscos está aún
en su lugar, mientras que otro fue llevado a Roma por Augusto.
Tenemos, pues, que aquí se anuncia una expedición de Nabucodonosor contra Egipto,
como lo profetizó también Ezequiel allá por el 572 6. Durante mucho tiempo se dudaba de la realización
de estas profecías. Flavio Josefo dice que Nabucodonosor conquistó Egipto en el año 23
de su reinado, es decir, en el 583-582 a.C. Pero quizá esto dependa de la profecía de Jeremías 7.
Herodoto no conoce tal expedición a Egipto, pero el historiador griego tiene muchas lagunas. En
un fragmento de una inscripción babilónica traducido en el 1878 8 se dice que Nabucodonosor
dirigió una expedición contra Egipto en el año 37 de su reinado (568-567) contra el faraón Amasis
(569-526), que durante algún tiempo compartió el trono como corregente con su antecesor
Ofra (588-569). No sabemos detalles de esa expedición a Egipto llevada por Nabucodonosor,
pero podemos suponer que fue victoriosa, pues de lo contrario no la hubiese consignado en la
inscripción. Con esto tenemos lo suficiente para probar el cumplimiento de la profecía de Jeremías.
Sin duda que sembró la ruina y la devastación por doquier, como era su costumbre, y más
al tratarse del gran imperio enemigo. Como Tafnes estaba en la frontera oriental de Egipto, con
toda seguridad que en su expedición militar Nabucodonosor instaló su trono. y tapiz (v.10) en el
palacio-residencia del representante del faraón, cumpliéndose así literalmente la profecía.
1 Cf. Jer 1:10. — 2 Cf. Jer 13:1-11. — 3 Cf.Jer 48:7; 49:3 — 4 El sentido de la palabra hebrea que traducimos, como la Bib. de Jér.,
por despiojar, es oscuro. Algunos quieren traducir girar, y así la imagen sería que Nabucodonosor cambiaría la faz de Egipto con
la misma facilidad con que el pastor da vuelta a su zamarra. — 5 La palabra hebrea Beth Shemesh, que traducimos literalmente
“casa del sol,” es la traducción del egipcio Pi-Ra, “casa de Ra” o del dios solar, adorado en On o Heliópolis. — 6 Cf. Ez 29:193;
30:1 s. — 7 FL. Josefo, Ant. Jud. X 9,7. — 8 Langdon, Die neubabylon., Komgsinschriften (1912) p.206s.
2116
44. Jeremías denuncia la idolatría de sus compatriotas en Egipto.
Este vaticinio tuvo lugar con ocasión de una fiesta popular de los judíos fugitivos de Egipto en
honor de la “reina del cielo.” No hay datación cronológica ni geográfica alguna, lo que es raro en
el estilo de Baruc. El estilo narrativo es convencional y parece que refleja manipulaciones posteriores
redaccionales. Es el último discurso contra la idolatría de sus compatriotas. Les echa en
cara el culto a la “reina del cielo,” o Istar, tan querida del elemento femenino israelita. En su obcecación
idolátrica llegaron a creer que todas las desgracias pasadas les sobrevinieron por no
haber dado suficientemente culto a esta divinidad. Esto exacerbó los ánimos de Jeremías, que les
anuncia definitivamente la destrucción y ruina total. La lección del desastre de la nación no había
servido para nada. Entre los judíos exilados en Egipto se había fomentado un sincretismo religioso.
Desde los tiempos de Psamético I (663-609) había ya numerosos judíos en el país del Nilo.
Sin duda que con Joacaz, el rey depuesto por Necao II en 609, bajaron también muchos nobles
judíos, que se instalaron en Tafnes y otras localidades egipcias.
La colonia militar de Elefantina, del tiempo de los persas, sin duda que tuvo su origen
mucho antes en estos núcleos de fugitivos judíos. Estos emigrados habían resucitado por atavismo
los antiguos cultos cananeos, que les eran tan queridos. Entre los judíos de la colonia de Elefantina,
en el Alto Egipto, aparecen adorados juntamente con Yahvé, Dios nacional, los dioses
Anat, Betel y Asim. El culto zoomorfo egipcio no parecía ejercer mucha atracción sobre ellos,
familiarizados con la idea trascendente de Yahvé; pero los antiguos cultos cananeos resucitaban
en ellos nostalgias muy queridas. En su simple modo de discurrir creían que, si habían sufrido el
desastre de perder la nacionalidad política, se debía a haber abandonado esos cultos en virtud de
la reforma del rey Josías (640-609). Yahvé había sido impotente para hacer frente a los enemigos
de Judá. Por eso ahora en Tafnes resucitan el culto de Istar, la “reina del cielo.”
Jeremías, al final ya de su carrera profética, después de tantas tragedias, tiene que constatar
que el castigo divino ha sido en balde para aquellos compatriotas huidos a Egipto, y vuelve
con amargura a su antiguo tema de fustigar la idolatría, anunciando la definitiva ruina del resto
de Judá en Egipto. Toda su vida ha sido una tragedia de incomprensión. Sigue ahora considerado
como enemigo de los intereses del pueblo, pero él no duda en lanzar la profecía conminatoria
definitiva: sus compatriotas, con su idolatría, están llamando de nuevo al desencadenamiento de
la ira divina. El resto de la nación se salvará en la esclavitud del exilio babilónico. Son los judíos
llevados a Mesopotamia los que heredarán la bendición divina y los que iniciarán la restauración
de la nación. La vida fácil de Egipto no ha servido sino para insensibilizar religiosamente a los
judíos.
El discurso del profeta tiene un carácter edificante, menos vivo y enérgico que otros oráculos
suyos, lo que parece indicar que la primitiva profecía de Jeremías ha sido amplificada un
poco convencionalmente por un redactor posterior.
La destrucción de Judá, consecuencia de sus pecados (1-6).
1 Palabra que fue dirigida a Jeremías respecto de todos los judíos que habitaban en
tierra de Egipto, en Migdol, Tafnes, Menfis y en la región de Pairos. 2 Así dice Yahvé
de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todos los males que yo he
traído sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá, desiertas hoy, sin que nadie
las habite, 3 por las iniquidades que cometieron, provocando mi ira y yéndose a
2117
ofrecer incienso a los dioses ajenos, que no conocían ni ellos ni sus padres. 4 Yo os
mandé repetidamente a mis siervos los profetas, diciéndos: No hagáis esas abominaciones
que detesto. 5 Y no obedecieron ni dieron oídos, convirtiéndose de sus maldades
y dejando de ofrecer incienso a los dioses ajenos. 6 Y estalló mi cólera y se encendió
mi furor sobre las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, convertidas
en desierto y devastación, como hoy están·
El discurso conminatorio del profeta está hecho a base de frases estereotipadas de discursos anteriores
que hemos visto ya. De ahí el carácter convencional de la composición. En la amenaza al
pueblo no se dice ninguna idea nueva que no se haya expresado antes. La expresión α tocios los
judíos. de Egipto (v.1) indica el carácter general del discurso. Quizá con motivo de una reunión
solemne de culto, el profeta fue testigo de cultos idolátricos, y por eso les recuerda sus antiguos
pecados, causa de la ruina de su pueblo. Dios hará lo mismo con ellos si no cambian de conducta.
Son dignos sucesores de sus padres idólatras. Las localidades que menciona son perfectamente
identificables: Migdol (palabra hebrea que significa “torre”) designa la fortaleza fronteriza al
este del Delta, la actual tell el-Heir, a 15 kilómetros al sur de Pelusium 1. Tafnes: cf. 2:16. Menfis:
en egipcio Nof, capital del Bajo Egipto, junto a El Cairo actual 2. Pairos: en egipcio Patoris
(“país del mediodía”), designa el Alto Egipto, es decir, la región de Tebas 3.
Yahvé, pues, los castigará, como a sus antepasados, por sus idolatrías 4. En otro tiempo
les envió profetas para que se convirtieran, y ahora hacen caso omiso de Jeremías como antes de
aquéllos.
Suerte trágica de los judíos de Egipto (7-14).
7 Ahora, pues, así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué cometéis contra
vosotros mismos ese gran mal de hacer que perezcan hombres y mujeres, niños
, de en medio de Judá, sin que quede resto alguno de vosotros, 8 provocándome con
las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a los dioses ajenos en la tierra de
Egipto, que habéis venido a habitar, y desaparezcáis y seáis maldición y oprobio de
todas las gentes de la tierra? 9 ¿Habéis, por ventura, olvidado las iniquidades de
vuestros padres, de los reyes de Judá, de vuestros magnates, las vuestras y las de
vuestras mujeres, las cometidas en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén? 10
No se han arrepentido todavía hoy. No han tenido temor ni han seguido mis preceptos,
los que os di a vosotros y a vuestros padres. 11 Por tanto, así dice Yahvé de los
ejércitos, Dios de Israel: Yo volveré a vosotros mi rostro para mal y exterminaré a
todo Judá, 12 y tomaré a los restos de Judá que volvieron su rostro a Egipto para venir
a habitar en él, y perecerán todos en tierra de Egipto, caerán por la espada, morirán
de hambre desde el más pequeño hasta el más grande, morirán de espada y de
hambre, y serán execración, asombro, maldición y oprobio. 13 Yo ajustaré cuentas a
los que habitan en tierra de Egipto, como las ajusté a los de Jerusalén, por la espada,
por el hambre y por la peste. 14 No habrá fugitivos ni supervivientes de los restos
de Judá venidos a habitar en Egipto que vuelvan a la tierra de Judá, objeto de las
ansias de su alma, a la que querrían volver para habitar, si no es algún fugitivo.
Las frases de este discurso conminatorio tienen, como decíamos antes, un carácter antológico,
pues parecen tomadas de vaticinios y de discursos anteriormente proferidos por Jeremías y representan
un resumen de su actividad oracular. La conducta idolátrica de los judíos es un pecado
2118
colectivo que atraerá la ira divina sobre todos, incluso los inocentes (ν.7). Las obras de vuestras
manos (v.8) son los actos idolátricos, sacrificios, ofrendas, etc., a los ídolos. Con ello, en vez de
encontrar la salvación en Egipto, como buscaban, encontrarán la ruina, siendo objeto de maldición
y oprobio para todos los pueblos (v.8). Su castigo será proverbial entre todas las gentes. A
pesar de todo lo que ha pasado, siguen impenitentes en sus caminos antiguos (v.9-10). Por ello,
Yahvé sembrará el exterminio en Judá. La expresión exterminaré a todo Judá (v.11) se aplica a
los que viven en Egipto, no a los exilados de Babilonia, y aun así tiene un carácter radical e
hiperbólico, que no ha de tomarse al pie de la letra. Lo mismo ha de entenderse el v.12. Por eso
se dice en el v.14 que podrá salvarse algún fugitivo que retornará a Judá. El resto morirá por el
hambre, la espada y la peste en Egipto.
Respuesta del pueblo al vaticinio de Jeremías (15.-19)
15 Entonces todos los hombres, sabedores de que sus mujeres ofrecían incienso a los
dioses ajenos, y todas las mujeres, reunidos en gran asamblea, y todos los del pueblo
que habitaban en Egipto, en la región de Pairos, respondieron a Jeremías: 16 No te
escucharemos en lo que nos dices en nombre de Yahvé, 17 sino que persistiremos en
hacer todo cuanto nos venga en boca, quemando incienso a la reina del cielo y ofreciendo
libaciones, como antes hemos hecho e hicieron nuestros padres, nuestros reyes
y nuestros magnates en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, viéndonos
entonces hartos de pan y felices, sin experimentar la desdicha, 18 mientras
que, desde que dejamos de quemar incienso a la reina del cielo y ofrecerle libaciones,
carecemos de todo y nos consume la espada y el hambre. 19 Y si nosotros quemamos
incienso a la reina del cielo y le ofrecemos libaciones, ¿es acaso sin nuestros
maridos como hacemos las tortas para ofrecerlas a su imagen y hacerle las libaciones?
La reacción de los oyentes no pudo ser más tumultuosa e insolente. No sólo no reconocen pecado
en haber cumplido actos idolátricos, sino que están dispuestos a continuarlos, pues en ellos ven
la fuente de la felicidad. Precisamente, según ellos, el haber cesado de dar culto a los ídolos, y
sobre todo a la reina del cielo, Istar, fue la causa de la ruina. La reforma religiosa de Josías, acabando
con los “lugares altos” de culto sincretista idolátrico, fue para los oyentes de Jeremías la
causa del desastre de su pueblo; pues, mientras que adoraban a los ídolos, todo les iba bien, viéndonos
entonces hartos de pan (v.17), y, en cambio, el culto adusto a Yahvé no les trajo sino la
ruina de la nación. No es que rechacen totalmente al Dios nacional, pero creen que es necesario
también tener contentos a los antiguos dioses de Canaán, como condición para tener bendiciones
materiales.
El culto de Istar, la reina del cielo, aparece entre los hebreos ya en tiempos de Acaz,
hacia el 734 5. Fue particularmente favorecido por el impío rey Manases, hijo de Ezequías. La
influencia asiría se dejó mucho sentir en los siglos VIII y VII a. G. en Judá, como en los demás
países de la costa siro-fenicio-palestina. Josías (740-609) comenzó la reforma religiosa profunda
en el 622, y después de pocos años de tranquilidad comenzaron los males para su pueblo: muerte
violenta de Josías (609), deposición de Joacaz, deportación del 598 a Babilonia y, por fin, la destrucción
de la Ciudad Santa en 586. Yahvé, pues, los había abandonado. Cuando las prácticas
idolátricas estaban en su vigor, la nación prosperaba. Este era el simple modo de discurrir de
aquellos refugiados de Egipto. Para ellos la predicación del profeta Jeremías no había servido
para nada, ya que Dios descargó su mano sin piedad. No comprendían que todo esto había suce2119
dido por sus pecados, fustigados por el profeta. Y en esta respuesta altanera al profeta son las
mujeres las que llevan la voz cantante: ¿es acaso sin nuestros maridos que hacemos las tortas
para ofrecerlas a su imagen? Se justifican diciendo que lo hacen con el consentimiento de sus
maridos y no ven ninguna irregularidad moral en ello. Los maridos podían anular los votos de
sus mujeres 6, pero ahora colaboran con ellas en esos cultos idolátricos.
Nuevo anuncio de la ruina de los judíos de Egipto. (20-30)
20 Y dijo Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres, a todos los que así
le habían respondido: 21 ¡Qué! El incienso que en las ciudades de Judá y en las plazas
de Jerusalén quemasteis vosotros, vuestros magnates y todo el pueblo, vuestros
padres y vuestros reyes, ¿no lo ha recordado Yahvé y no lo ha tenido presente? 22 No
podía ya soportar Yahvé la malicia de vuestras perversidades y vuestras abominaciones,
y por eso vuestra tierra ha sido convertida en un desierto inhabitado, hecha
horror y maldición como está hoy. 23 Por haber quemado incienso a los ídolos, pecando
contra Yahvé, sin oír su voz ni seguir su ley, sus preceptos y sus amonestaciones,
por eso han venido sobre vosotros todos esos males que hoy padecéis. 24 Dijo,
pues, Jeremías a todo el pueblo y a todas las mujeres: Oíd la palabra de Yahvé todos
los de Judá que habitáis en la tierra de Egipto: 25 Así dice Yahvé de los ejércitos,
Dios de Israel. Vosotros y vuestras mujeres lo decís con vuestra boca y lo haréis con
vuestras manos; decís: Cumpliremos los votos que hemos hecho de quemar incienso
a la reina del cielo y ofrecerle libaciones. Ciertamente los cumpliréis, ciertamente los
pondréis por obra. 26 Oíd, pues, la palabra de Yahvé los de Judá que habitáis en
Egipto: Yo juro por mi gran nombre — oráculo de Yahvé — que no será ya más
pronunciado mi nombre por boca de ningún hombre de Judá, diciendo: ¡Viva el Señor,
Yahvé, en toda la tierra de Egipto! 27 Yo velaré sobre ellos para mal, no para
bien, y todos los varones de Judá que habitan en tierra de Egipto serán consumidos
por la espada y por el hambre hasta que perezcan del todo, 28 y los que escapen a la
espada volverán de la tierra de Egipto a la tierra dé Judá, muy pocos en número, y
los restos de Judá que han entrado en tierra de Egipto sabrán qué palabra es la que
se cumpie, si la mía o la suya. 29 Y he aquí la señal — oráculo de Yahvé — de que yo
os pediré cuentas en este lugar y de que se realizará mi palabra contra vosotros para
vuestro mal. 30 Así dice Yahvé: Yo entregaré al faraón Hofra, rey de Egipto, en manos
de sus enemigos, en manos de los que buscan su vida, como entregué a Sedecías,
rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, que buscaba
su vida.
Jeremías les recuerda por todo argumento el castigo que ha enviado contra Judá por los cultos
idolátricos de sus antepasados (v.21). Esta es la suerte que les espera también en Egipto. Sus idolatrías
les traerán la ruina total. Se obstinan en sus desvarios (v.25), y Yahvé, por su parte, cumplirá
lo que exige su justicia y su santidad: la exterminación general será la suerte de los fugitivos
de Egipto. Yahvé hace un juramento solemne por su honor o gran nombre (v.26), de que no
quedará nadie en Egipto que le invoque en tono de juramento: No será ya más pronunciado mi
nombre por boca de ningún hombre de Judá (v.26). La expresión es también absoluta e hiperbólica,
pero es suavizada en el v.28, donde se dice que algunos, muy pocos en número, se escaparán
huyendo a la tierra de Judá. Y los desafía a que asistan al cumplimiento de su palabra: 3; los
restos de Judá. sabrán qué palabra es la que se cumple: la mía o la suya (v.28). El había anun2120
ciado la amenaza 7, mientras que los judíos esperaban bienes del culto a la “reina del cielo” 8. Y
da una señal de su cumplimiento: el faraón Hofra será entregado en manos de sus enemigos
(v.30).
La muerte del faraón Hofra 9 es narrada por Herodoto 10 y Diodoro de Sicilia n. Amasis,
su sucesor, sostuvo una lucha por el trono, cogiendo prisionero a Hofra, que fue estrangulado por
los soldados de aquél. Así se cumplió literalmente la profecía de Jeremías de que sería entregado
a sus enemigos (v.30). No dice que sería entregado en manos de Nabucodonosor, como lo dijo de
Sedecías. Hofra reinó del 588 al 569. Nabucodonosor lanzó su expedición a Egipto en 569-568,
cuando ya estaba en el trono Amasis.
1 En egipcio se llama mkrt. Algunos la identifican con tell el-Semut. — 2 Falta en el texto griego. — 3 La frase “de Migdol a Sienes o
Assuan, designaba todo Egipto (Ez 29:10). — 4 Cf. Jer 11:17; 19:4; 7:25-26; 35:15; 42:18. — 5 Cf. 2 Re 16:10s; 23:12. — 6 Cf.
Núm 30:6s. — 7 Cf. Jer 44:26-27. — 8 Cf. Jer 44:17-18. — 9 En egipcio, Uahebra, y en griego, Apries. — 10 Cf. Herodoto, II
161.169. — 11 Cf. Diod. De Sicilia, I 68.
45. Palabras de consolación a Baruc.
Baruc nos pone un apéndice a los incidentes biográficos que acaba de consignar sobre Jeremías
(c.36-44). El secretario de Jeremías se sentía desalentado por tanta adversidad e incomprensión,
y Jeremías le transmite de parte de Yahvé un oráculo de consolación. La datación del cuarto año
de Joaquim (e.d., 605 a.C.) es considerada como adición posterior por muchos autores. Pero los
argumentos aducidos no prueban la imposibilidad de que este apéndice haya sido escrito cuando
el texto lo indica. El lugar propio hubiera sido a continuación de lo narrado en el c.36, pero bien
pudo trasponerlo al final de la sección biográfica de Jeremías, por él redactada para que no se
perdiese el fragmento oracular de su maestro, el cual, por otra parte, no debía interrumpir el contexto
general de los incidentes del profeta.
1 Palabra que dijo Jeremías, profeta, a Baruc, hijo de Nerías, cuando escribía estas
cosas al dictado de Jeremías, el cuarto año de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá. 2
Así dice Yahvé, Dios de Israel, a ti Baruc: 3 Tú dices: ¡Ay mísero de mí, que Yahvé
no hace más que añadir dolor a mi dolor! ¡Me canso de gemir, y no hallo reposo! 4
Así dice Yahvé: Dile esto: He aquí que lo que yo había edificado lo destruyo, lo que
había plantado lo arranco, y esto en todo el país. 5 Y tú pides para ti grandes cosas.
No las pidas, pues mientras yo hago venir males sobre toda carne, te dejo a ti salva
la vida dondequiera que vas.
Baruc sufría una fuerte depresión moral, como la había sufrido su maestro Jeremías 1. Necesitaba
ser confortado por Dios, como lo había sido éste. Al redactar las profecías e incidentes de su
maestro, se sentía deprimido ante tanta incomprensión, ya que tenía que participar de los desprecios
de que era objeto Jeremías. Por otra parte, la obcecación general llevaba inevitablemente a
la catástrofe. Sólo tenía que consignar por escrito ruinas, amenazas, que llenaban el triste horizonte
futuro de su pueblo. Las profecías se sucedían cada vez más sombrías, y él temía personalmente
por su suerte; de ahí su queja: ¡Ay mísero de mí, que Yahvé no hace más que añadir
dolor a mi dolor! (v.3). Su sentimiento patriótico le laceraba ante los tristes destinos de su nación,
y su destino personal le angustiaba. Por todo se sentía en una amargura profunda, en una
crisis psicológica: ¡Me canso de gemir, y no hallo reposo! (v.3).
Pero Yahvé en su mensaje le invita a la reflexión. Está en contra de los intereses persona2121
les. También Yahvé tiene llagado el corazón, ya que tiene que destruir, por imperativos de su
justicia y santidad, lo que con tanto amor ha formado: He aquí que lo que yo había edificado
lo destruyo, lo que había plantado lo arranco (v.4). Muy contra sus sentimientos de amor, se ha
visto obligado a castigar con la ruina general a su pueblo Israel, que con tanto amor había edificado
y plantado al formarlo como pueblo, sacándolo de Egipto. Todos sus desvelos han resultado
inútiles. Pero su justicia es inexorable, y tiene que intervenir. Si, pues, Yahvé mismo tiene
que sacrificar los íntimos sentimientos de su amor en aras de la justicia 2, ¿por qué se va a exceptuar
el propio Baruc?: Y tú pides para ti grandes cosas. (ν.6). Esto es pedir demasiado, ya que
tiene que compartir un mínimum de penalidades. No debe poner en primer plano sus sentimientos
personales y sus intereses particulares, sino pensar en las exigencias de la justicia y santidad
divina. Debe contentarse ahora con salvar su vida, y por eso todavía es un privilegiado, ya que
Dios le anuncia que no perecerá en la ruina general: Te dejo a ti salva la vida dondequiera que
vas (ν.6) 3. Efectivamente, su vida fue milagrosamente salvada en muchas circunstancias críticas:
cuando tuvo que esconderse de los esbirros del rey Joaquim después de la lectura del “volumen”
de las profecías de Jeremías4, cuando se salvó del asedio y del complot urdido contra Godolías,
etc.
1 Cf. Jer 4:19; 8:18; 15:10; 18:18; 20,7. — 2 Cf. Jer 1:10; 18:9; 24:6; 42:10; 12:7; 31:20. — 3 Lit. el heb. dice “la vida será para ti
como botín” (cf. 21:9; 38:2; 39:18), que refleja mejor la penuria de los tiempos en que el salvar simplemente la vida se consideraba
como el mejor botín. — 4 Cf· Jer 36:10.15.26.
46. Oráculo contra Egipto.
Ha terminado la sección biográfica del libro de Jeremías y se abre la última sección de oráculos
contra las naciones paganas. Ha cumplido la labor de amonestar a su pueblo, pero continúa ahora
su misión oracular, anunciando los tristes destinos de las naciones, culpables también de grandes
pecados contra Dios y su pueblo. En su visión inaugural se le dijo que estaba destinado a “arrancar
y desenraizar” pueblos 1, es decir, anunciar el castigo y la destrucción de muchos pueblos.
Por eso, su misión no se limitaba al pueblo de Israel 2. En el c.25 presenta Jeremías la copa de la
cólera divina que ha de ser apurada por todas las naciones. Porque, si bien es verdad que Yahvé
es el Dios propio de Israel, es también el Dios de todos los pueblos, cuyos destinos rige 3. Y las
naciones paganas son consideradas no sólo en sus relaciones con el pueblo elegido, Israel, en
cuanto que son ocasión de que éste caiga en la idolatría o en cuanto que son instrumentos de la
justicia divina para castigar los pecados de su pueblo, sino que también son considerados como
miembros de la humanidad con sus transgresiones y desvarios contra la moral natural. Dios les
pide cuenta del cumplimiento de estas leyes naturales, base de la sociabilidad de los pueblos4.
Yahvé, pues, castiga los desmanes de los pueblos en sus diversas manifestaciones, y para ello
toma a algún pueblo como instrumento de su justicia; pero este mismo es castigado si se enorgullece
o se desmanda en sus atribuciones de instrumento justiciero de Dios.
El profeta pasa revista aquí a diez pueblos sobre los que se va a manifestar la ira divina:
egipcios, filisteos, moabitas, amonitas, edomitas, árameos, árabes y elamitas. Contra todos ellos
se alzará la espada de Nabucodonosor, que circunstancialmente es el instrumento de su justicia
vengadora: Yo entregaré a estos pueblos en manos de Nabucodonosor 5.
Los críticos más radicales reconocen en esta serie de oráculos un núcleo oracular sustancial
jeremiano. En todo caso, se reconoce una estrecha dependencia de algunos de estos oráculos
contra las naciones de otros fragmentos profetices anteriores6. Es necesario admitir retoques y
2122
ampliaciones en algunos oráculos por mano de autores piadosos que concretaban y ampliaban el
núcleo primitivo jeremiano para consolar a los exilados, esperando el castigo de las naciones paganas.
Se suele suponer como fecha de la composición de estos oráculos en su núcleo primitivo
la del 605 a.C. 7
El texto griego coloca estos oráculos a continuación de 25:13. El orden de los mismos en
el TM es diferente del de los LXX.
El c.46 incluye dos oráculos sobre Egipto, precedidos de una nota histórica y seguido de
palabras de consolación: a) 3-12, escrito con ocasión de la derrota de Necao II en Carquemis por
Nabucodonosor; b) 13-26: la expedición del rey de Babilonia contra Egipto.
La derrota de los egipcios (1-12).
1 Palabra de Yahvé a Jeremías contra las gentes. 2 Acerca de Egipto: Contra el ejército
del faraón Necao, rey de Egipto, que estaba en Carquemis, junto al río Eufrates,
al que derrotó Nabucodonosor, rey de Babilonia, el cuarto año de Joaquim, hijo de
Josías, rey de Judá. 3 Preparad escudo y broquel, avanzad hacia el combate, aparejad
los caballos. 4 A montar, caballeros; formad, el casco en la cabeza; bruñid las
lanzas, ceñid la loriga. 5 ¿Qué veo? Están consternados, vuelven la espalda. Batidos
los más valientes, han huido por completo, sin volverse. Terror por doquier, oráculo
de Yahvé. 6 No escapará el más veloz, no escapará el más aguerrido. Al norte, a orillas
del Eufrates, resbalaron y cayeron. 7 ¿Quién es ese que sube como el Nilo 8, cuyas
aguas rugen como torrentes? 8 Es Egipto, que sube como el Nilo, cuyas aguas
rugen como torrentes, que dice: Subiré e inundaré la tierra, devastaré las ciudades
con sus moradores. 9 ¡Adelante la caballería, avancen furiosos los carros, salgan los
héroes! ¡Etíopes y libios, el escudo al brazo; lidios, los que tensan el arco! 10 Ese día
es el día del Señor, Yahvé de los ejércitos, día de venganza contra sus enemigos. La
espada devorará, se hartará, se embriagará de su sangre. Día de sacrificio al Señor,
Yahvé de los ejércitos, en tierras del norte, junto al río Eufrates, 11¡Sube a Galaad
en busca de bálsamo, virgen hija de Egipto ! En vano multiplicarás los remedios, no
hay cura para ti. 12 Oyeron las gentes tu ignominia, y tus alaridos llenaron la tierra.
Tropezó el héroe con el héroe, y ambos juntamente cayeron.
¡Bellísima descripción del choque de los ejércitos egipcio y babilonio en Carquemis, a orillas del
Eufrates! El estilo es entrecortado e incisivo. Las escenas se suceden en oleadas: la preparación
del combate, el choque violento, la derrota de Egipto, sus inútiles remedios y su ignominia entre
los pueblos.
El v.1 es un título general a toda la sección de oráculos contra las gentes o pueblos paganos
de los c.46-52. Falta en el texto griego y resulta superfluo. Es, pues, probablemente una adición
erudita de algún escriba.
El c.46 se refiere todo a Egipto, la gran culpable de la catástrofe de Judá, ya que constantemente
le instigó a levantarse contra el coloso babilónico. La primera profecía (1-12) se refiere
a la derrota de Necao II en el 605 en Carquemis, la actual Djerablus, en la orilla derecha del Eufrates,
al oeste de Jarran, en la Alta Siria. Muchos autores creen que este fragmento épico es más
un canto de victoria que una profecía propiamente tal. Sería el desbordamiento lírico del profeta
al conocer la derrota de Necao en Carquemis. Pero todos los oráculos de los ^46-51 se presentan
como “profecías,” y no tenemos ningún motivo especial para negar este carácter al del c.46.
2123
Necao es el famoso Necao II 9, sucesor de Psamético I, muerto en el 610, quien depuso en
el 609 a Joacaz, hijo de Josías, después de haber muerto éste en la batalla de Megiddo luchando
contra él.
La batalla de Carquemis aparece testificada en dos textos bíblicos 10 y en Flavio Josefo n.
Según estos datos, se suponía por los autores en general que tuvo lugar esta batalla en el 605 a.C.
Muchos autores modernos, en cambio 12, creen que la famosa batalla tuvo lugar en el 609, cuando
Necao II, después de vencer a Josías en Megiddo, marchó hacia el norte al encuentro de Nabucodo-
nosor. De hecho no encontramos ninguna mención de esta batalla de Carquemis en documentos
extrabíblicos de la época. No obstante, por la crónica de Gadd 13 sabemos que Necao II
subió al encuentro de las tropas de Nabucodonosor, llegando hasta Jarran después de pasar el Eufrates,
sitiando esta ciudad, teniendo que hacer frente a los refuerzos babilónicos. Nada se dice
del éxito de los babilonios, pues la crónica está mutilada en esta sección, pero se supone. Los babilonios
continuaron sus operaciones contra Armenia antes de caer definitivamente sobre los
egipcios, ya en retirada hacia el sur.
El cuarto año de Joaquim, rey de Judá (v.2), es el 605, fecha que puede mantenerse, como
vemos, para la supuesta batalla de Carquemis.
El oráculo de Jeremías está expuesto en forma dramática, que se va desarrollando en escenas,
con estrofas paralelas (3-6; 7-12). En la primera se refleja la preparación de la batalla,
haciendo oír las órdenes de ataque y de avance de los jefes: preparad escudo y broquel., aparejad
los caballos., a montar, formad., ceñid la loriga (v.3-4). El estilo es nervioso e incisivo, como
corresponde a las exigencias militares del momento: las órdenes de los jefes militares se entrecruzan
despóticas. El profeta presenta a las tropas egipcias remisas para el ataque, que necesitan
ser espoleadas reiteradamente para entrar en fuego. Primero se da orden a la infantería: preparad
escudo. Después se ordena uncir los caballos a los carros de guerra: aparejad los caballos.
El ejército egipcio y el asirio estaban bien pertrechados de carros de combate 14. Los caballeros
no son jinetes, sino gentes que iban en los carros tirados por los caballos. Iban sobre todo armados
de arco, sin excluir totalmente la lanza. Todo lo contrario de la infantería.
El profeta describe la segunda escena: el choque de los ejércitos; en el momento crítico,
las tropas egipcias no responden a las órdenes: ¿qué es lo que veo? (v.5). El profeta no cree a sus
propios ojos: tanta preparación bélica no ha servido para nada. Los soldados, en un primer momento,
están consternados, no esperaban tanta resistencia en el enemigo, y empiezan a ceder las
líneas atacantes: vuelven la espalda (v.5), para emprender la huida, vergonzosamente batidos los
más valientes. La frase es irónica. Y la consecuencia es el pánico general: Terror por doquier. La
huida es inútil, porque no escapará el más veloz (v.6). Y el profeta resume enfáticamente a sus
oyentes: a orillas del Eufrates resbalaron y cayeron (v.6). De nada ha servido todo el orgullo
militar egipcio. Han sido capaces de derrotar al minúsculo ejército de Josías en Megiddo (609),
pero han sucumbido ante otro ejército superior. Yahvé ha castigado al vencedor del reino de Judá.
En la segunda estrofa entran en escena los actores principales del drama: de un lado,
Egipto, personificado en el faraón, incitando las tropas al asalto, y del otro, Yahvé, que los espera
para destruirlos. El ejército egipcio es comparado al Nilo, que inunda todo el país, sembrando
la desolación y la ruina (v.8)15. El ejército egipcio avanza con arrogancia, creyendo que todo está
a su disposición y que nada va a resistir su embate. Y de repente se oye la voz del jefe o faraón:
¡Adelante la caballería! ¡Etíopes, libios.! (v.8). En el ejército egipcio había muchos mercenarios
nubios o etíopes y libios, que eran excelentes soldados, el terror de los asiáticos 16. Los líalos no
son los de Lidia del Asia Menor, sino de una región africana llamada Lud 17. Desde el siglo vi
2124
formaban parte en el ejército del faraón tropas griegas como mercenarias, además de las tradicionales
africanas.
Pero esa arrogancia se estrellará contra la omnipotencia divina. Es el día del Señor, Yahvé
de los ejércitos (v.10), es decir, de su manifestación vengadora. Detrás del ejército de Nabucodonosor
está la mano omnipotente de Yahvé, que dirige el curso de la historia, y ahora ha escogido
al rey caldeo para castigar a Egipto por sus truculencias políticas al incitar a los pequeños
estados palestinos a una resistencia suicida 18. Sobre el ejército egipcio se cebará la espada, y se
embriagara en sangre (v.10) 19. El estrago será total, y no habrá remedio para la derrota. El profeta
invita irónicamente a la virgen hija de Egipto, es decir, a Egipto 20, a buscar remedios excepcionales
en los bálsamos de Galaad (v.11), famosos por sus virtudes curativas 21. Pero la derrota
de Egipto en Garquemis no tiene remedio: No hay cura para ti. En efecto, después de esta batalla,
Egipto perdió su hegemonía sobre el Medio Oriente, quedando expuesto a las invasiones posteriores
de Nabucodonosor y de los persas. Con su derrota quedó humillado ante todos los pueblos:
oyeron las gentes tu ignominia (v.12). De nada sirvieron sus héroes, pues juntamente resbalaron
y cayeron.
Conquista de Egipto por Nabucodonosor (13-26).
13 Palabra que dijo Yahvé a Jeremías, profeta, sobre la venida de Nabucodonosor,
rey de Babilonia, para batir al país de Egipto: 14 Anunciadlo en Egipto, pregonadlo
en Migdol, proclamadlo en Menfis y en Tafnes, decid: ¡Arriba! ¡Preparaos ! porque
la espada va a devorar en tu alrededor. 15 ¿Cómo ha huido Apis, tu toro? 22 No ha
aguantado, porque Yahvé lo derribó. 16 Muchos han tropezado y aun han caído; dícense
unos a otros: ¡Arriba! volvámonos a nuestros pueblos, a la tierra en que nacimos,
ante la espada destructora. 17 Llamad al faraón, rey de Egipto, “Ruido a destiempo”
23. Vivo yo, dice el rey; 18 Yahvé de los ejércitos es su nombre. Como el Tabor
entre los montes y el Carmelo junto al mar vendrá. 19 Lía el hato del cautiverio,
moradora hija de Egipto, pues Menfis se convertirá en un desierto, devastada, sin
habitantes. 20 Es Egipto una herniosa novilla; del norte ha venido el tábano a picarla,
21 Sus mercenarios en medio de ella eran como novillos cebados, pero también
ellos volvieron la espalda, huyeron todos y no resistieron cuando les llegó el día de
su infortunio, el día de su cuenta. 22 Su voz es como (silbido de) serpiente que anda,
pues vienen con gran poderío, llegan a ella con hachas, como leñadores de la selva. 23
Talan su bosque, oráculo de Yahvé, porque es impenetrable, pues son más numerosos
que la langosta; nadie puede contarlos. 24 Ha sido confundida la hija de Egipto,
entregada en manos del pueblo del norte. 25 Dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel:
Yo voy a castigar a Amón de Tebas y al faraón y a los que en él confían. 26 Y
los entregaré en manos de los que buscan su vida, en manos de Nabucodonosor, rey
de Babel, y en manos de sus subditos, y después de esto (Egipto) volverá a ser habitado
como antes, palabra de Yahvé.
Este oráculo de Jeremías sobre la incursión de Nabucodonosor en Egipto es paralelo al vaticinio
de 43:8-13, y parece que ha sido compuesto estando el profeta ya en Egipto, poco antes de la expedición
del coloso babilónico a la tierra de los faraones en 569-568 a.C. Sin embargo, muchos
autores creen que es de la época del anterior, es decir, poco después de la batalla de Carquemis
(605). Por el hecho de que Nabucodonosor no penetrara en Egipto inmediatamente después de la
victoria sobre Necao II, surgió en los egipcios un respiro de esperanza. Pero el profeta dice cla2125
ramente que la invasión de Egipto llegará con todas sus trágicas consecuencias, porque así lo ha
decidido Yahvé.
También en este vaticinio hay un desenvolvimiento dramático de escenas, si bien no tan
marcado y bello como en el anterior. Pero el lenguaje es también vigoroso e incisivo: primero un
anuncio solemne y enfático de lo que va a pasar: anunciadlo en Egipto, pregonadlo en Migdol
(v.14) 24. Es un grito de alerta, ha llegado la hora de la guerra: la espada va a devorar en tu alrededor
(v.14). De nada sirven en ese momento las divinidades protectoras: ¿Cómo ha huido Apis,
tu toro? (v.16). El toro Apis, dedicado al dios Ptah, protector de Menfis, capital del Bajo Egipto,
es aquí símbolo de la divinidad protectora de Egipto 25. Ha quedado derribado ante la omnipotencia
de Yahvé (v.16).
El profeta invita a los mercenarios a llamar al faraón Ruido a destiempo (ν.17), porque
sus planes ambiciosos no han sido sino ruido extemporáneo; “mucho ruido y pocas nueces.” Tal
es el juicio irónico del profeta.
Yahvé jura por su nombre, como señor de los ejércitos 26, que el invasor vendrá del norte
indefectiblemente, y se asemejará, en su magnitud imponente, al Tabor, que se levanta solo en la
llanura de Esdrelón, o al Carmelo, sobre la superficie del mar (v.18). Nadie puede medirse con
él. Tal es la fuerza del ejército de Nabucodonosor; el ejército egipcio será ante él como la desnuda
llanura o superficie del mar.
Por eso, la derrota total de Egipto no se dejará esperar. Sus habitantes (moradora hija de
Egipto, V.19) deben hacer los preparativos para el destierro: lía el hato del cautiverio. El profeta
presenta a Egipto como una doncella o viuda que ha quedado sin amparo, dispuesta a ir a donde
la lleven. La capital Menfis será convertida en desierto al paso del invasor.
Con una nueva imagen, el profeta describe a Egipto, acostumbrado a ser tratado bien: es
una hermosa novilla (v.20), que en su abundancia estaba libre pastando por doquier. Egipto era
famoso por su prosperidad. Cuando a los países vecinos les llegaba la carestía por las sequías
intermitentes, Egipto proseguía su vida normal con los grandes recursos procurados por la feracidad
de las riberas del Nilo. Pero de nada le servirá su proverbial autosuficiencia 27, pues aunque
ahora Egipto está gruesa como una novilla hermosa y cebada, por ello resulta más apetitosa para
el tábano babilónico, que viene sobre ella: del norte ha venido el tábano a picarla (ν.28)28. Υ los
mercenarios del ejército, bien tratados, como novillos cebados 29, abandonarán Egipto, asustados
por la fuerza del ejército invasor (v.21).
Los babilonios avanzan cautelosamente como serpiente que anda (v.22). El símil cambia
de repente: los babilonios son comparados a leñadores que entran en la selva de Egipto para abatir
sistemáticamente sus árboles, pues ante la imposibilidad de abrirse camino por la maraña de
los árboles, los talan, porque la selva es impenetrable (v.23). Quizá la frase son innumerables,
más numerosos que la langosta (v.23), se refiera a los babilonios, que avanzan como un ejército
de leñadores innumerables, arrasando todo lo que encuentran en la “selva” de Egipto: templos y
palacios. Egipto es como una dama presumida, que ha sido deshonrada y humillada hasta el extremo
por el invasor caldeo (v.25).
Los v.25-26, en prosa, parecen ser un comentario amplificado de lo expresado en el verso
anterior. El texto griego tiene sólo el v.25, Y en forma abreviada, como es costumbre. Parece,
pues, una amplificación de un redactor posterior. Tebas es el nombre griego dado a la ciudad de
No-Amón (hoy Luxor-Karnak), capital del Alto Egipto 30. Con la dinastía XVIII (1550-1350),
que inaugura el nuevo imperio, se convirtió en la capital de todo Egipto, siendo Amón dios titular
también de todo el valle del Nilo. Fue unido al de Ra, llamándose Amón-Ra, creador del mundo y
de los hombres. El faraón era una representación humana del dios nacional. Por eso, la expresión
2126
voy a castigar a Amón y al faraón (v.25) equivale a castigar a Egipto. De nada le servirá su supuesta
fuerza ante el instrumento de Yahvé, Nabucodonosor 31, el gran enemigo del norte.
Pero también hay una esperanza de rehabilitación para el país de los faraones a pesar de
su culpabilidad: Después de esto volverá a ser habitado (v.26). Esta promesa de restauración nacional
para Egipto aparece ya en Isaías 32, quien anuncia, además, su incorporación a la paz mesiánica
con todas sus prerrogativas de nación adherida a la teocracia judía. Ezequiel habla también
de un resurgimiento del país de los faraones después de cuarenta años 33. Jeremías aquí no
dice nada de su reincorporación al horizonte mesiánico, como Isaías, sino que más bien se insinúa
una resurrección como nación rehabilitada socialmente: volverá a ser habitado. La desolación
causada por el ejército invasor será sólo pasajera.
Liberación y repatriación de Israel (27-28).
27 Pero tú, siervo mío, Jacob, no temas; no desmayes, Israel. He aquí que yo te salvaré
de tierra lejana, y libraré a tu descendencia del país del destierro, y volverá Jacob
y descansará seguro y sin temor. 28 No temas, no, siervo mío, Jacob, palabra de
Yahvé, que yo estoy contigo y destruiré a todas las naciones en que te he dispersado,
pero a ti no te exterminaré, sino que te castigaré conforme a juicio y no te dejaré impune.
Estos dos versos reproducen sustancialmente 30:10-11, y aquí están fuera de contexto. El texto
griego, sin embargo, los pone aquí. Muchos autores los consideran auténticos, aunque insertados
posteriormente 34. Sería un bloque errático relativo a la consolación de Israel, añadido por el redactor,
pero que puede ser eco de la predicación de Jeremías.
La expresión siervo mío, Jacob, es deuteroisaiana 35. Yahvé castigará hasta el exterminio
a las naciones paganas, pero se apiadará de su pueblo: te castigaré conforme ajuicio (v.28), es
decir, moderadamente. No quedará impune, porque el juicio exige el castigo, pero siempre hay
un margen para la piedad y misericordia en virtud de las promesas mesiánicas.
1 Cf. Jer 1:10. — 2 Cf. Am 1:3-2:3; Is 0.13-23; Ez c.25-32. — 3 Cf. Jer 25:29; Is 23:11; Ez 5:6-7. — 4 Cf. Ez 5:6-7. — 5 Cf. Jer 27:6. — 6
Así los relativos a Moab (Jer 48:29-39, de Is 0.15-16; Jer 48:45-47, de Núm 21:28-30). — 7 Cf. Jer 36:2. — 8 La palabra heb. ye-
'or viene del egipcio joor (jtr: “río”), y designaba el río por excelencia: e 1 Nilo. — 9 Necao en egipcio es Nekau, heb. Neko. —
10 Cf. Jer46:2; 2 Par 35:20. — 11 FL. Josefo, Ani. Jud. X6:1,y XII, cita a Beroso. — 12 Así Alfrink: Bi 8 (1927) 397; Florit: Bi 15
(1934) 273; Nótscher, Das Buch Jeremías p.302; Rudolph, Jeremías p.231; Pohl, Historia populi israelitici (1933) P-iSS- Sostienen,
en cambio, la fecha de 605 Cappart-Contenau, Histoire de l'Orient (1936) ρ·387 1 Gelin, Jérémie (1951) p.197; De Vaux, Les
limes des Rois (1949) p.223; Albright: JBL 51 (1932) p.82s; Nelis: RB 61 (1954) 3873. Véase Vittonato, II Libro di Geremia (Torino)
5I5-5I7. — 13 Texto de la crónica de Gadd en Alí. Orient. Text. de Gressmann, p.365, y en An-cient Near Eastern Text. de
Pritchard (1950) p.303s. — 14 Véase Gressmann, Alt. Orient. Text. und Bild. 1055 n.62.90. — 15 Jer 47:2; 51:42; Is 8,7-8. — 16
Cf. Nah 3:9; Gen 10,6; 1 Par 1:8; Ez 27:10; 30:5; 38,5. — 17 Cf. Gen 10:13; Ez 30:5; 1 Par 1:11. — 18 Cf. IS2,12; 13:6. — 19 Cf.
Jer 25:34; Is 34:6; Sof 1:7; Ez 39,i7s. — 20 Cf. Jer 14:17; Is 23:12. — 21 Cf. Jer 8:22. — 22 Así según los LXX. El TM dice: “¿Por qué ha sido abatido tu
toro?” — 23 Lit. en heb. “Tumulto que ha dejado pasar su plazo.” — 24 Migdol y Tafnes estaban en la línea fronteriza oriental, rayando con
Palestina, y Menfis era la capital del Bajo Egipto, junto a El Cairo actual. Cf. Jer 2:16; 44:1. — 25 El toro Apis era negro con
manchas blancas y con un triángulo blanco en la frente. En el Serapeum de Sakkara se ha encontrado un hipogeo con varios toros
Apis. — 26 Cf. Jer 48:15; 15:57; Zac 14:16.17. — 27 Cf. Gen 41:2. — 28 Cf. Isy.iS. — 29 Cf. Herodoto, II 152.154.163. — 30
En heb. es Amón de No, que es la transcripción del egipcio Neut-Amon (“la ciudad de Amón”), llamada por los griegos Tebas o
Dióspolis. — 31 Cf. Jer 21:9; 34:21; 44:30. — 32 Cf. Is 19:21-25. — 33 Cf. £239:11-14. — 34 Así Condamin y Ricciotti. — 35
Cf. Is42:1.
47. Oráculo contra los Filisteos.
Los filisteos no son de raza semítica, sino indoeuropea. Se instalaron en la costa de Canaán (denominada
después por los griegos Palestina) en el siglo XII a.C., después de haber sido rechaza2127
dos por Ramsés III cuando pretendían establecerse en la desembocadura del delta del Nilo. Formaban
parte de los llamados “pueblos del mar” que aparecen en las inscripciones egipcias. Procedían
del Asia Menor, y nunca pudieron asimilarse la mentalidad semítica; sobre todo, jamás
aceptaron la circuncisión. Desde el punto de vista material estaban más adelantados que los cananeos
y hebreos, que también hacia el siglo XII a.C. llegaron a Canaán, ocupando la parte montañosa,
mientras que aquéllos se quedaron en la costa con una organización especial, gobernados
por un seren o príncipe, que correspondía al tyrannos de los griegos. Sus ciudades principales
constituían la famosa Pentarquía o Pentápolis filistea: Gaza,
Ascalón, Ecrón, Gat y Asdod. Fueron los introductores del hierro en Canaán y desde el
principio estuvieron en colisión con los hebreos, que se establecían en regiones a ellos contiguas.
Generalmente la victoria solía estar del lado de los filisteos, por estar mejor preparados l; pero en
tiempos de David fueron sometidos definitivamente, dejando de ser un peligro serio para Israel.
Los israelitas los llamaban despectivamente los “incircuncisos.” En el siglo VII a. C., los filisteos
fueron vasallos de Egipto 2. Antes, en el siglo VIII, formaron liga contra Asiría, pero fueron sometidos
por Senaquerib, quien en su estela nos describe al detalle la expugnación de sus ciudades
3.
El profeta parece que alude en su profecía a la invasión de la región filistea por Nabucodonosor
en el 605 a.C., pues el enemigo viene del “norte.”
Invasión de Filistea desde el septentrión (1-6).
l Palabra que dirigió Yahvé a Jeremías sobre los filisteos antes que el faraón tornara
Gaza. 2 Así dice Yahvé: He aquí que las aguas suben del norte, son como torrente
desbordado, inundan la tierra en toda su amplitud, la ciudad y sus moradores. Lanzan
gritos los hombres, y se lamentan todos los habitantes de la tierra 3 al estrépito
de los cascos de sus caballos, al estruendo de los carros, al retumbar de sus ruedas.
Los padres no cuidan de sus hijos, se les debilitan los brazos. 4 Es que llega el día, el
día de la ruina de los filisteos, de arrancar a Tiro y a Sidón cuantos auxiliares le
quedan. Es Yahvé, que va a destruir a los filisteos, a los restos de la isla de Caftor; 5
Gaza ha sido rasurada, Ascalón ha enmudecido; resto de los Anaqim4, ¿hasta cuándo
te harás incisiones? 6 ¡Ay espada de Yahvé! ¿Hasta cuándo no tendrás reposo?
¡Vuelve a tu vaina, descansa y reposa! 7¿Cómo va a cesar, si es Yahvé quien la manda?
Contra Ascalón y la costa del mar ha sido dirigida.
El primer verso resulta embarazoso, por la indicación de la toma de Gaza por el faraón. Si el
enemigo invasor viene del norte (v.2), ¿cómo va a ser el ejército egipcio el invasor? Algunos suponen
que aquí se aludiría a una expugnación de Gaza por el faraón allá por el año 605, al bajar
derrotado de Garquemis. Herodoto5 dice que después de la batalla de Magdalos (Megiddo?) tomó
Kadytis, que se ha querido identificar con Gaza; pero quizá sea mejor identificarla con Cades,
sobre el Orontes, en la Alta Siria. Pero en Jeremías el enemigo del norte suele ser siempre el
babilónico. Por eso, otros autores creen que la observación cronológica antes que el faraón tomara
Gaza es una adición posterior redaccional.
El profeta describe al invasor del norte como un torrente desbordado, que lo anega todo a
su paso. Es un símil corriente en la literatura profética6. Como consecuencia de ello viene la
consternación general de la población filistea 7, la cual será de tales proporciones, que los padres,
preocupados de huir en busca de un refugio, no cuidan de sus hijos (v.3). Se sienten desfallecer
al sentir el fragor y el estruendo del ejército que avanza 8.
2128
Es el día de la intervención justiciera de Yahvé (v.4), que dirige los destinos de los
pueblos, castigando a los que han abusado de su fuerza conculcando los derechos de los demás.
Los filisteos, por sus intereses comerciales marítimos, tenían íntimas relaciones con los dos emporios
comerciales del mar, Tiro y Sidón. Al aniquilar Yahvé la Filistea, quitaba a las dos ciudades
fenicias su apoyo o auxiliar. Los restos de la isla de Caftor (v.4b) son los filisteos provenientes
de Creta 9 o del mar Egeo en general10.
Y cita a las dos principales ciudades filisteas, Gaza y Ascalón (v.5), que hacen un mudo
duelo por la devastación de su país: Gaza ha sido rasurada. 11. Como los filisteos estaban establecidos
sobre el territorio de los antiguos pobladores gigantes llamados Anaqim 12, el profeta se
encara con ellos, y les pide cuentas irónicamente de su duelo desmesurado: resto de los Anaqim,
¿hasta cuándo te harás incisiones? (v.5b). El hacerse incisiones era también uno de los ritos de
duelo y penitencia 13.
Y el profeta entabla un diálogo imaginario entre él y los filisteos devastados. Estos, en un
momento de sinceridad y de desánimo, piden a Dios cuenta de su poder devastador, y no comprenden
su actitud: ¡Ay espada de Yahvé! ¿hasta cuándo no tendrás reposo? (v.6). Ya es hora de
que descanse en su mortífera devastación: ¡Vuelve a tu vaina, descansa! Y el profeta responde
implacablemente: ¿cómo va a cesar, si es Yahvé quien la manda? (ν.7). La espada devastadora
es una mera ejecutora de las órdenes de Yahvé, que ha decidido castigar la tierra de los filisteos.
Es el día de la manifestación vengadora de Yahvé, y no hay lugar a tregua. La justicia divina no
puede renunciar a sus exigencias. Filistea ha pecado y tiene que ser inexorablemente castigada.
1 Cf. 1 Sam 13:19-22. — 2 Cf. Herodoto, II 157. — 3 Prisma Taylor col.2-3. — 4 Así según los LXX. El heb. dice “resto de los raíles”
('imqám). — 5 Cf. Herod., II 159. — 6 Cf. Jer46:7; Is 8,7. — 7 Cf. Jer 25:34- — 8 Cf. Jer 4:13-29; 8:16; Is 5:28; Ez 26:10. —
9 Así según la opinión general. Cf. Abel, Géog. de la Pal. I p.261; Macalister, The Philistines (1914) p.4-28. Parecen ser los Keftiu
de las inscripciones egipcias. Cf. Am 9,7; Dt 2:23; Sof 2:5; Ez 25:16. — 10 Así Lagrange, Livre des Juges p.264. — 11 Cf. Jer
16:6; 41:5. — 12 Cf. Núm 13:22; 28:33; Jos 11:21. — 13 Cf. Jer 16:6.
48. Oráculo Contra Moab.
Este largo capítulo, por su contenido, parece una compilación, sin que se pueda señalar un orden
estricto lógico en el desarrollo de las ideas. Por otra parte, su carácter de pieza-mosaico le
hace oscuro, sin que sea fácil determinar las circunstancias históricas que hayan dado lugar a su
composición. Moab comprendía la parte oriental del mar Muerto entre el Arnón, al norte, y el W.
Hesa, al sur. Su población era de origen arameo, como los hebreos, amonitas y edomitas. La Biblia
considera a los moabitas como descendientes de Lot, sobrino de Abraham l. El dios nacional
era Gamos; de ahí que los moabitas fueran llamados “hijos de Gamos.” Durante algún tiempo,
Moab fue tributario de Israel, pero se independizó en tiempos de Mesa (c.550 a.C.), según consta
por la famosa “estela” encontrada en Dibán en 1868, actualmente en el Louvre. Las relaciones
entre israelitas y moabitas fueron siempre hostiles ya desde los tiempos del éxodo 2. En 602, los
moabitas hicieron incursiones en el territorio de Judá aprovechándose de las dificultades políticas
planteadas por la invasión de las tropas de Nabucodonosor. Después del exilio, Moab fue absorbida
por una población árabe.
Esta profecía de Jeremías no alude para nada a la hostilidad tradicional de Moab contra
Judá, pues en ella sólo se recrimina el orgullo y rebelión contra los designios de Yahvé (v.42).
Por eso muchos autores creen que ha sido compuesta antes del año 602, ya que no se comprende
que no aludiera el profeta a las incursiones de Moab contra el reino de Judá. Los v.29-38 están
tomados de Isaías. El pensamiento fundamental del oráculo es que Moab será destruido por un
2129
enemigo que viene del norte, el ejército de Nabucodonosor, aunque no lo nombre expresamente.
Desde el punto de vista literario encontramos fragmentos en prosa y en verso. En muchos
de ellos no es fácil determinar su carácter poético, debido a que los procedimientos externos de
expresión poética hebraicos nos son en parte aún desconocidos y nos movemos muchas veces en
el terreno de la pura hipótesis.
Consternación de Moab por la devastación (1-10).
1 Sobre Moab. Así habla Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: ¡Ay de Nebo! Está
devastada. Confundida y conquistada está Quiriatayim, confundida y derruida la
ciudadela 3. 2 ¡No existe ya la gloria de Moab! ¡En Hesebón se trama su mal! “¡Ea!
¡Borrémosla de entre los pueblos!” ¡También tú, Madmen, sucumbirás! ¡Tras ti caminará
la espada! 3 Gritos se oyen de Joronáyim, devastación, ruina inmensa. 4
Moab está quebrantada, los alaridos se oyen hasta Segor4. 5Por la subida de Lujit se
sube con llanto, por la bajada de Joronáyim se oyen gritos de angustia. 6Huid, salvaos,
sed como el onagro en el desierto 5. 7Por haber puesto tu confianza en tus
obras y tus tesoros, también tú serás tomada. Saldrá Gamos para el destierro, y con
él sus sacerdotes y sus magnates. 8 Entrará el devastador en todas las ciudades, ninguna
se salvará, El valle será arrasado; el llano, devastado. ¡Yahvé lo ha dicho! 9Dad
alas a Moab para que emprenda el vuelo 6. Sus ciudades se convertirán en desierto,
sin que haya quien las habite. 10¡Maldito el que ejecute negligentemente la obra de
Yahvé, y maldito quien retraiga la espada de la sangre!
El estilo es incisivo y nervioso. El profeta ve ya en marcha al devastador implacable, instrumento
de la cólera divina. A los ojos del profeta aparecen las ciudades y la campiña bajo el efecto de la
devastación más cruel. Para reflejar el nerviosismo de la situación, tan pronto aparece hablando
Yahvé como el profeta y los habitantes de Moab. El enemigo ha llegado inesperadamente a Nebo
(v.1), localidad junto al monte del mismo nombre, desde el cual Moisés contempló la tierra de
promisión, identificada con Jhbet el-Mja-yet 7. Qiriatayim es el actual Jirbet el-Qureytat, a 21
kilómetros al sudoeste de Mádaba 8. Hesebón es el actual Hesbán, a 12 kilómetros al norte de
Mádaba 9, a 30 kilómetros al este del Jordán. El profeta supone que el enemigo ya ha llegado a
Hesebón y que allí tiene un consejo de guerra para ulteriores planes de invasión: En Hesebón se
trama su mal: ¡Borrémosla de entre los pueblos! (v.2). Los invasores han decidido la destrucción
total de Moab 10. Madmen, quizá las actuales ruinas de Dimne, a cuatro kilómetros al noroeste de
Rabba , aunque muchos autores creen que es una variante del nombre Dimón o Dibón, la ciudad
principal del Moab septentrional. La devastación ha llegado al corazón del reino: tras ti caminará
la espada.
La devastación ha llegado ya al sur: Gritos se oyen en Jorondyim (v.5), en la costa sudeste
del mar Muerto 12. En aquella zona estaba también Segor o Soar, una de las ciudades de la
Pentápolis bíblica, la única salvada del cataclismo narrado por Gen 19:20. Pero más tarde, como
consecuencia de un terremoto, fue anegada por las aguas13. La consternación ha llegado, pues,
hasta los confines meridionales de Moab. Lujit (ν.6) parece ser la actual Djebel el-Witat, correspondiente
al Lejitu de la inscripción nabatea de Mádaba14.
La situación es tan desesperada que se invita a la precipitada huida: salvaos, sed como el
onagro en el desierto (v.6). El asno salvaje, u onagro, era famoso por sus ansias de libertad y por
su facilidad en huir de los cazadores. La imagen, pues, es muy apropiada para representar a los
moabitas, sueltos por las estepas de Moab, aturdidos ante las noticias del ataque enemigo 15. La
2130
razón del castigo enviado por Yahvé radica en su orgullo y su autosuficiencia, pues se creían seguros
en sus obras 3; tesoros (v.7). Tenía una posición estratégica buena para la defensa. Pero de
nada le servirán sus muchas fortalezas, pues hasta su dios nacional, Gamos, saldrá para el destierro,
y con él las fuerzas vivas de la nación, los sacerdotes y los magnates. La frase tiene un
sentido irónico. Los moabitas, confiados en el poder de su dios y en sus recursos, se creían a salvo
de todo peligro; pero Gamos, como los dioses de otras naciones, será llevado como trofeo de
victoria por los vencedores en trágico cortejo con sus adoradores. La devastación será completa
(v.8). Tanto su valle o depresión del Jordán, al norte del mar Muerto, como su llano, o altiplanicie,
serán arrasados 16, y todo como consecuencia de un decreto del Dios de Judá: Yahvé lo ha
dicho (v.8b). El Dios de los judíos ejercía un poder omnímodo aun sobre los otros pueblos, y en
este sentido dirige la historia de todos los reinos del universo 17. De nuevo el profeta hace una
invitación a la rápida huida: dad alas a Moab para que emprenda el vuelo (V.9). La suerte está
echada y no hay otra solución que la desbandada general.
El v.10, por su forma prosaica, parece una glosa posterior 18. La guerra contra Moab es
considerada como una guerra santa, y, por tanto, el ejército invasor es un instrumento de la ira
divina. No cumplir sus designios es oponerse al mismo Dios; por eso el hagió-grafo dice con todo
vigor: ¡Maldito el que ejecute negligentemente la obra de Yahvé y maldito el que retraiga la
espada de la sangre! (v.10). Es Yahvé el que le ha escogido y le ha dado las armas, y no puede
retraerse 19. En Jue 5:23 se dice que sea maldito quien no participe en la guerra santa de liberación
contra los enemigos de Israel. Es necesario tener en cuenta la concepción teocrática y la
propensión a las frases radicales de los orientales para comprender estas expresiones, que a nuestra
sensibilidad cristiana nos resultan demasiado feroces. No debemos olvidar que el hagiógrafo
pertenece a un estadio de la revelación aún muy rudimentario, en el que la caridad de Cristo
todavía estaba muy lejos de ser el centro de la misma verdad religiosa.
Contraste entre el pacífico pasado de Moab y su trágico futuro (11-16).
11 Tranquilo estuvo Moab desde su adolescencia, reposado sobre sus heces; no había
sido trasegado de tinaja en tinaja, llevado al destierro. Por eso conservó su gusto y
no se disipó su aroma. 12 Por eso ahora vienen días, dice Yahvé, en que yo le mandaré
trasegadores que le trasegarán, que vaciarán sus tinajas y las romperán. 13 Y se
avergonzará Moab de Gamos como la casa de Israel se avergonzó de Betel, su confianza.
14 ¿Cómo decíais: Somos valientes, hombres fuertes para la lucha? 15 El devastador
de Moab sube contra tus ciudades, la flor de su juventud baja para la matanza.
Oráculo del Rey, Yahvé de los ejércitos es su nombre. 16 Ya se acerca la ruina
de Moab, y su mal corre velozmente.
El profeta contrapone dos situaciones de Moab: hasta ahora las altiplanicies moabíticas se creían
resguardadas en su aislada posición geográfica y en sus fortalezas; por eso Moab estuvo tranquilo
desde su adolescencia (v.11). La tragedia de Judá e Israel fue estar en una gran encrucijada de
caminos, lugar de choque entre los colosos imperiales que durante siglos se disputaron la hegemonía
del Próximo Oriente. Moab, en cambio, se hallaba lejos de las ambiciones territoriales de
los grandes imperios, aunque había tenido que someterse a Teglatfalasar III y a Senaquerib en el
siglo VIII. Pero la dominación asiría fue mucho más débil que en la zona de la costa siro-feniciapalestina.
Esto hizo que pudiera gozar de una paz y prosperidad desconocidas para los pueblos de
la costa. El profeta refleja este estado de opulencia con imágenes apropiadas a la principal riqueza
del país, sus excelentes viñedos 20. Como el vino dejado en reposo sin trasegar conservaba to2131
da su fuerza, así Moab estuvo reposado sobre sus heces (v.11). Moab no había sido agitado ni
llevado al exilio. Por eso pudo desarrollarse prósperamente hasta ser envidiada por las otras naciones:
conservó su gusto y no disipó su aroma (v.11b). Pero su feliz pasado ha terminado, ya
que Yahvé la va a agitar como a Israel, enviándole trasegadores. que vaciarán sus tinajas y las
romperán (v.12). Los devastadores acabarán con la próspera nación. Y entonces comprenderá el
error de haber confiado en su dios nacional, el impotente Gamos, el cual, al dejarlos marchar derrotados
al exilio, los cubrirá de vergüenza, como se avergonzó Israel de Betel (ν.13), en el que
había puesto su confianza. El culto cismático del reino del norte, Israel, en Betel, fue una de las
causas de la ruina del mismo y de su deportación 21. La experiencia se repetirá en Moab. Sólo
quien confía en Yahvé puede subsistir. Por eso la seguridad y autosuficiencia de los moabitas
ha sido la causa del castigo: ¿Cómo decíais: Somos valientes.? (v.14). Yahvé les dará el merecido
a su insolencia, enviándoles el devastador. que sube contra sus ciudades, en la altiplanicie,
mientras que la flor de su juventud baja para la matanza 22.
La frase Oráculo del Rey. falta en el texto griego, y es quizá una glosa. Con todo, designa
la certeza del cumplimiento de la profecía, ya que proviene del Rey, que tiene por nombre Yahvé
de los ejércitos, es decir, señor de las batallas y de toda la creación. Nadie puede resistirse a su
palabra decisiva.
El profeta presenta como inminente la ruina de Moab. En su visión profética, los años corren
velozmente. Flavio Josefo nos dice que Moab fue sometida por Nabucodonosor cinco años
después de la toma de Jerusalén (587). Desde luego no es difícil que las tropas babilonias hicieran
incursiones por aquella zona una vez sometida totalmente Judá. Sus viñedos y su tráfico comercial
eran un buen cebo para los conquistadores caldeos.
Elegía sobre las ruinas de Moab (17-27).
17 Lloradle todos sus vecinos; todos los que por la fama le conocéis, decid: ¿Cómo ha
sido roto el cetro poderoso, el báculo glorioso? 18 Desciende de tu magnificencia y
siéntate en el cieno, moradora hija de Dibón, que ya sube contra ti el devastador de
Moab, que arrasará tus fortalezas. 19 ¡Sal al camino y atalaya, habitante de Aroer!
pregunta a los huidos, a los que se han salvado; diles: “¿Qué pasó?” 20Avergonzado
está Moab, ha sido derrotado. Clamad, gritad. Anunciadlo en el Arnón: ¡Moab está
devastado! 21Ha venido el juicio sobre el país de la meseta, sobre Jolón, sobre Yahasa,
y sobre Mefaat, 22y sobre Dibón, sobre Nebo, sobre Bet-Diblataim, 23sobre Quiriat-
Yearim, sobre Bat-Gamul, sobre Bet-Mehón, 24 sobre Queriot y sobre Bosra, y
sobre todas las ciudades de la tierra de Moab, cercanas y lejanas. 25 El cuerno de
Moab ha sido abatido, roto ha sido su brazo, oráculo de Yahvé. 26 Emborrachadle,
pues se alzó contra Yahvé. Y Moab se revolcará en su vómito, convirtiéndose en objeto
de burla. 27¿No te burlabas de Israel? ¿Ha sido acaso sorprendido entre ladrones
para que al hablar de él muevas la cabeza ?
La tragedia de Moab es tan grande, que el profeta invita a las naciones circunvecinas a que hagan
duelo sobre él 23. Ha caído toda su fortaleza (ν.17). Se creía invencible, pero ya ha sido roto el
cetro, su independencia y señorío han desaparecido. Moab debe abandonar su magnificencia y
sentarse en el cieno (v.18); la contraposición es irónica y sangrante. De reina, la moradora hija
de Dibón (sinónima de Moab) se ha convertido en esclava 24, porque ha llegado la hora de la
cuenta bajo la implacable invasión del devastador. El profeta invita a los habitantes del sur, de
Aroer 25, a que contemplen el triste espectáculo de las caravanas de huidos que bajan de la parte
2132
septentrional: sal al camino y atalaya (V.19). La invasión ha venido del norte, y las primeras
nuevas del desastre las dan los fugitivos que en trágica desbandada corren hacia el sur buscando
refugio. Ellos dirán lo que pasó. La devastación ha sido total 26. Todo el poderío de Moab ha sido
abatido.
Y todo ha ocurrido como efecto del castigo divino, que les ha hecho beber la copa de su
ira. Por eso el profeta dramatiza la situación presentando a Moab como un ebrio de la cólera divina:
emborrachadle., se revolcara en su vómito (v.26). Su castigo le ha venido por su insolencia
contra Yahvé al creerse seguro en sus riquezas y aislamiento: pues se alzó contra Yahvé. Siempre
los profetas ven en los aconteceres históricos una dimensión teológica, expresión de los designios
divinos. Moab, revolcándose en su vómito como un ebrio, por efecto de la ira divina, será
objeto de burla de todos, como lo es el que embriagado se halla tendido en el suelo sin sentido 27.
En otras ocasiones, al ver castigado a Israel, se burlaba de él, considerándole como un malhechor
herido por la mano de su Dios: ¿No te burlabas de Israel? ¿Ha sido acaso sorprendido entre ladrones
para que al hablar de él muevas la cabeza? (v.27). El escándalo fingido de Moab ante las
supuestas maldades de Israel resultaba hipócrita, ya que era más culpable que éste en muchas
cosas. En todo caso, ya le ha tocado la hora de probar el cáliz de la cólera de Yahvé.
Duelo general en las tierras de Moab (28-39).
28 Abandonad las ciudades y habitad en las rocas, habitantes de Moab, y sed como la
paloma que anida al borde de los precipicios28. 29Hemos oído de la soberbia de
Moab, jactanciosa sobremanera de su orgullo, su altanería, su arrogancia, de la altivez
de su corazón. 30Yo conozco su jactancia — oráculo de Yahvé — , sus vanas
bravatas, sus fútiles obras. 31Por eso me lamento por Moab, y clamo por Moab todo,
y gimo por las gentes de Quir-Jeres; 32 más que por Yaser, lloro por ti, viña de Sibma.
Tus sarmientos atravesaron el mar y se extendían hasta Yaser29. Sobre tu cosecha
y tu vendimia ha caído el devastador. 33Huyeron el regocijo y la alegría de los
vergeles y campiña de Moab. Yo he vaciado el vino de tus tinajas; no pisará ya más
el lagarero. La canción ya no es canción30. 34 Los alaridos de Hesebón llegan hasta
Elalé, hasta Yahsa lanzan su voz, desde Soar hasta Joronáyim, hasta Eglat-Selisiya,
pues también las aguas de Nimrim se convierten en desolación. 35Yo haré desaparecer
de Moab — oráculo deYahvé — al que sube al lugar alto31 a ofrecer incienso a
sus dioses. 36 Por eso mi corazón suspira como una flauta por Moab, por las gentes
de Quir-Jeres, por la pérdida de cuantos bienes habían adquirido. 37 Toda cabeza ha
sido rapada, toda barba rasurada; sobre todas las manos hay incisiones, y sobre los
lomos sacos. 38Sobre todos los terrados de Moab y en sus plazas no hay más que
llantos, porque he roto a Moab como se rompe un cacharro enojoso, oráculo de
Yahvé. 39¡Cómo ha sido quebrantado! ¡Lamentaos! ¡Cómo volvió Moab las espaldas
vergonzosamente! Se convertirá en objeto de burla y de espanto para cuantos le rodean.
La situación es tan desesperada para los habitantes de Moab, que el profeta les invita a esconderse
en lugares inaccesibles, como la paloma. al borde de los precipicios (v.28).
Los V.29-39 están tomados de Is 16:6-12 y adaptados libremente por un redactor posterior al
mismo Jeremías. En todo caso es de destacar la ruina de Moab como castigo divino por su orgullo
y altivez. Las acusaciones contra ella se ponen en boca de los habitantes de Judá: Hemos oído
de la soberbia de Moab. (v.29), que se consideraba autosuficiente y segura en su riqueza material
2133
y en su aislamiento geográfico. Después Yahvé mismo toma la palabra (v.30), y confirma esta
altanería tradicional de los moabitas, y por ello se ve precisado a castigarlos. Y el profeta, en
nombre de Yahvé, se lamenta por la tragedia de Moab (v.31). En Is 16:7 son los mismos moabitas
los que se lamentan por la ruina de su nación. El redactor posterior ha tenido un criterio de
adaptación muy libre. Cambia constantemente de interlocutor para expresar las ideas. De todos
modos es interesante ver cómo aquí el profeta revela profundos sentimientos de compasión
ante la catástrofe de los enemigos tradicionales del pueblo judío, los moabitas. Por un lado celebra
la manifestación de la justicia divina, y por otro se siente asociado al duelo de una población
arruinada. Su grandeza de alma le hacía pesar las tragedias íntimas de sus enemigos políticos.
Aquí el profeta se lamenta sinceramente por la ruina material del pueblo moabita, simbolizado en
las gentes de Quir-Jeres (v.31), la capital de Moab, la actual fortaleza de Kerak al sudoeste de
Moab, en un promontorio sobre el mar Muerto 32. El profeta llora por la ruina material de la viña
de Sibma, símbolo de la riqueza característica de la campiña moabita, sus viñedos. Su pérdida
supone mucho más que la destrucción de la ciudad de Yaser 33. Era el centro del cultivo del viñedo,
famoso aun en las regiones apartadas: tus sarmientos atravesaron el mar hasta Yaser (v.32b).
Las cepas de Sibma, buscadas por su calidad, habían sido plantadas desde más allá del mar
Muerto hasta Yaser por el oriente. Pero ha caído el devastador., huyeron el regocijo y la alegría.
de la campiña de Moab (v.33). Los alegres cánticos tradicionales de los que pisaban en los lagares
desaparecieron, porque han sido arruinados los viñedos, y todo como castigo divino: yo he
vaciado el vino de tus tinajas.
El v.34 es una repetición de Is 15:4-6 34; por lo que parece ser inserción de un redactor
posterior. El v.35 repite libremente Is 16:12. Se trata de la destrucción de los lugares de culto en
Moab como consecuencia de la devastación general que llevará consigo la despoblación del país.
El v.36 está integrado por reminiscencias de Is 16:11 e Is 15:7· El profeta siente en su
persona el duelo general, se siente conmovido: mi corazón suspira como una flauta. (el instrumento
típico de las honras fúnebres 35), por las gentes de Quir-Jeres, sinónimo del país moabítico.
El duelo es general en el país: Toda cabeza ha sido rapada, toda barba rasurada. (v-37). El
rasurarse la cabeza y la barba, hacerse incisiones y vestirse de sacos eran las tradicionales señales
de duelo36. Insensiblemente deja de hablar el profeta, asociado a la tragedia de la población moabítica,
y de nuevo toma la palabra Yahvé para recalcar que la catástrofe la ha enviado El, ya que
los invasores no son sino instrumentos de su justicia: He roto a Moab como se rompe un cacharro
enojoso (v.38).
Ruina y restauración de Moab (40-47).
40 Pues así habla Yahvé: He aquí que viene volando como el águila y extiende sobre
Moab sus alas. 41 Las ciudades han sido tornadas, asaltadas sus fortalezas, y entonces
el corazón de los guerreros de Moab será aquel día como el corazón de mujer en
parto. 42 Y dejará Moab de ser una nación por haberse alzado contra Yahvé. 43 Terror,
hoya y red contra ti, moradora de Moab, oráculo de Yahvé. 44 El que escape al
terror, caerá en la hoya; el que se libre de la hoya, será cogido en la red. Yo haré venir
todo esto contra Moab el año de su castigo, oráculo de Yahvé. 45 Se detienen a la
sombra de Jesebón, extenuados por la fuga; pues fuego sale de Jesebón, y llamas de
en medio de Sijón, y devora las sienes de Moab, la coronilla de los tumultuosos. 46
¡Ay de ti, Moab! Perdido estás, pueblo de Gamos. Tus hijos han sido tomados cautivos,
y tus hijas en cautiverio. 47 Pero al fin de los días yo haré volver a los cautivos
de Moab, oráculo de Yahvé. Hasta aquí el juicio de Moab.
2134
En los V.40-44 se resume la profecía sobre la devastación de Moab 3?
Se presenta al invasor como un águila que extiende sus alas sobre Moab (v.40). Tal es la celeridad
del impetuoso avance. No especifica al invasor, que suele identificarse con Nabucodonosor38.
A su paso han caído las fortalezas, y entonces el pavor invadió a sus defensores corno mujer
en parto (v.41). La catástrofe ha venido enviada por el mismo Yahvé, contra quien se había
alzado orgullosámente Moab. Ha sido un delito contra su omnímoda majestad, que no puede
quedar impune. Por eso humilla a Moab para que reconozca su debilidad y dependencia de Yahvé,
que dirige la historia de las naciones.
Todo se ha conjurado contra la orgullosa Moab. Los enemigos han puesto todos los medios
para tomarla en sus manos: terror, hoya, red (v.43). La imagen está tomada de la caza. Los
cazadores asustan la presa para que, precipitada, caiga en la hoya y la red preparadas de antemano.
Quien se salve de una caerá en otra (v.44b). Es el mismo Yahvé quien ha dispuesto todo
esto, ya que los invasores son meros instrumentos suyos (v.44c).
Los v.45-40 faltan en el texto griego, y reproducen Núm 21:28-29 y 24:17. En ellos se
canta la victoria del rey amorreo Seón sobre Moab al tomarles la ciudad de Jesebón. De esta ciudad
conquistada por Seón salía la espada como un fuego devorador sobre todo el país. La otra
frase, devora las sienes de Moab y la coronilla de los tumultuosos (v.45c), está tomada de la profecía
de Balaam, en la que se predice la humillación de Moab por los israelitas. Podemos suponer,
pues, que un redactor posterior al mismo Jeremías adaptó estos versos al contexto de la profecía
contra Moab. Así, la escena es la siguiente: llegada la invasión, los pobres fugitivos de la
campiña moabítica se refugian en la fortaleza de Jesebón (v.45). Pero de nada les ha servido esto,
pues el enemigo ha tomado en seguida Jesebón, de la que salen, como fuego devastador, a
conquistar todo el país39. A los moabitas se les llama despectivamente tumultuosos (v.45c), lit.
“hijos del estrépito,” por su carácter altanero, con complejo de autosuficiencia 40. La frase sienes
y coronilla de Moab puede significar los puntos más culminantes de la nación.
La catástrofe nacional ha sido completa, ya que la población en masa ha sido llevada en
cautividad (v.46). La expresión pueblo de Caraos es irónica y despectiva, ya que el dios nacional
no ha podido salvar a su pueblo. Pero, en cambio, será Yahvé el que rehabilitará a Moab de nuevo
como nación (v.47). Jeremías en 602 predijo que los pueblos vecinos de Judá, después de ser
castigados convenientemente, serían restablecidos en sus tierras41. Y en uno de sus oráculos los
admite a formar parte del futuro reino mesiánico de Israel 42. La expresión al fin de los días es
clásica para designar la inauguración de los tiempos mesiánicos. En la mente de los profetas,
todos los aconteceres históricos de los pueblos tienen un sentido en la mente divina, y así Dios
unas veces los castiga y otras veces les permite llegar a un estado de prosperidad; pero todos están
subordinados a la futura manifestación mesiánica en el pueblo elegido.
1 Cf. Gen 19,30-38. — 2 Núm c.21. — 3 El texto griego lee, en vez de cindadela, Amaz y Agaz, como si fueran dos localidades. — 4
El TM: “sus pequeños” en vez de “Segor.” — 5 Así según los LXX. El TM “como Aroer.” — 6 Los LXX leen “dad a Moab una
tumba o cenotafio,” como signo de su desaparición. La versión que hemos elegido, siguiendo a muchos autores, es problemática,
pero hace perfecto sentido. — 7 Cf. Abel, Géog. de la Palestine II p.397. — 8 Cf. ID., o.c., p.419. — 9 Eran famosas sus piscinas.
Cf. Cant 7:4; Jos 21:39; Núm 21:25. En el hebreo hay un juego de palabras como en el siguiente nombre Madmen. — 10 Cf. Is
15:9; 10:31; Jos 15:31. — 11 Cf. Abel, o.c., II sub verbo. — 12 Cf. Is 15:15. Aparece en la estela de Mesa, y es citado por FL. Josefo,
Ant. Jud. XIV 1:4. — 13 Cf. Gen 19:203. Véase Fl. Josefo, Bel. Jud. IV 8:3, y San Jerónimo Quaest. in Gen. 14:3; cf. Abel,
Géog. de la Pal. II p.466. — 14 Cf. Abel, o.c., II p.3?o. — 15 Los que no siguen la lectura griega, sino la hebrea, con algún cambio,
creen ver una alusión a un arbusto propio del desierto. En ese caso se compararía a la población salvada de la catástrofe con
ese arbusto en medio de la desolación de la estepa. — 16 Cf. Dt 3:10; 4:43; Jos 13:9. — 17 Cf. Am 1. — 18 Así opina, entre
otros, Gondamin. — 19 Cf. Jer 50,25. — 20 Cf. Jer 32s; Is 16:8.10. — 21 Cf. 1 Re 12:29. — 22 Cf. Is 34:7. — 23 Cf. Is 14:4. —
24 Cf. Is 47, 15s. — 25 Aroer se hallaba en la orilla septentrional del Arnón. Cf. Abel, o.c., II p.250. 26 La enumeración de las localidades
es prolija, y la mayor parte de ellas puede identificarse. Muchos autores traducen la palabra hebrea que hemos vertido
por meseta por un lugar geográfico llamado Mishor, según suena el vocablo original hebreo. Cf. ABEL, o.c., I P.429-30. Jolón nos
2135
es desconocido. Abel supone que estaba junto a Mádaba. Yahasa: según el Onomasticom de Eusebio, estaba entre Mádaba y Dibón.
Mefaat parece ser el actual Ne-faa, al NE. de Hesbán. Bet-Diblataim serían las ruinas de Releilat, al NE. de Libb, entre Mádaba
y Dibón. Cf. Abel, o.c., II p.242-26g. Qw'rtaíazm, el actual el-Qareiyat, a 21 kilómetros al SE. de Mádaba. Bet-Gamul, el actual
el-Gameil, entre el Arnón y Umm er-Rasas. Bet-Maón, Main, al SO. de Mádaba. Queriot: quizá el actual Salive. Bosra: según
Abel, es Umm el-Amad, al N. de Mádaba. — 27 Cf. Jer c.25. — 28 Algunos autores toman la palabra heb. Pipahat, que hemos
traducido por precipicios, por una localidad geográfica. — 29 El TM dice “Mar de Yaser.” Pero la palabra mar falta en algunos
manuscritos y en el lugar paralelo de Is 16:8. Por otra parte, en Yaser no había ningún “mar.” — 30 Lit. Hedad, hedad no es
hedad. Hedad parece ser el grito alegre del lagarero. Otros traducen: “ni se oye el hedad” (Cant.). Bib. de Jérus.: “no resuena el
grito de alegría.” — 31 Otros traducen: “sacrificios sobre los lugares altos” (Cant.). — 32 Cf. Abel, o.c., II p.i4& — 33 Cf. Is
16:8-9. — 34 Sobre la identificación de Hesebón véase com. al v.2. Elale es el-Al, al NE. de Hesebón: Hesbán. Sobre Yahsa véase
com. al v.21. Sobre Soar véase com. al ν.3· Υ sobre Joronáyim véase también com. al v.3. Las aguas de Nimrim aparecen en Is
15:6. Seguramente es wadl Nimrim, al norte de Moab. Cf. Núm 32:32-36; Jos 13:29. — 35 Cf. Mt 9:23. — 36 Cf. Is 15:2-3; Jer
7:29; 16:6; 41:5; 47:5; 49,3- — 37 Parte de los v.40-41 aparece en el oráculo contra Edom (49:22). Los v.43-44 están calcados en
Is 24:17-18. — 38 La figura del “águila” aplicada al invasor aparece en Is 46:11; Ez 17,3; cf. Dt 28:49. — 39 Sijón, o Sehón, es
sinónimo aquí de Jesebón, ya que el rey Sehón había tomado esta ciudad. — 40 Quizá la frase coronilla y sienes tenga el sentido
de denominación étnica, aplicada a los árabes y beduinos. Cf. Herodoto, III 8, donde se dice que los árabes se cortaban los cabellos
en forma circular. En Flavio Josefo se llama a los árabes los “rasurados en círculo” (Contra Apión 22). — 41 Cf. 2 Re 24:2.
— 42 Jer 12:15-16.
49. Oráculos contra Amon, Edom, Damasco, Arabia y Elam.
En este capítulo, de carácter sumario, se insertan las profecías contra los pueblos vecinos de los
israelitas: Amón, Edom, Damasco, Arabia y aun contra el lejano Elam.
Contra Amón (1-6).
1 Sobre los hijos de Amón. Así habla Yahvé: ¿Por ventura no tiene hijos Israel? ¿No
tiene heredero? ¿Por qué, pues, Milcom ha heredado a Gad, y su pueblo ocupa sus
ciudades? 2 Por eso he aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo haré
oír contra Rabat, de los hijos de Anión, el grito de guerra: quedará convertido en
montón de ruinas, y sus hijas serán quemadas. Y heredará Israel a sus herederos —
oráculo de Yahvé. 3 ¡Grita Jesebón Ha sido devastada Hai. Gritad, hijas de Rabat;
ceñios cilicios y llorad, porque Milcom será llevado cautivo juntamente con sus sacerdotes
y magnates. 4¿Por qué te glorías de los valles, de tu valle fértil, oh hija rebelde?
Confiada en tus tesoros (decías): ¿Quién vendrá contra mí? 5He aquí que yo
traeré sobre ti el terror, oráculo del Señor, Yahvé de los ejércitos, y os dispersaréis
cada uno de su lado, y no habrá quien reúna a los huidos. 6Y después de esto yo haré
volver la cautividad de los hijos de Amón, oráculo de Yahvé.
Según la Biblia, los amonitas proceden de Lot; por tanto, eran afines étnicamente con los
hebreos. En la Biblia se les suele llamar siempre los hijos de Amón (v.1), frase estereotipada que
encontramos a menudo 1. Los amonitas, juntamente con los edomitas y moabitas, pertenecían a
la rama aramea de la que surgió también el clan hebreo. Se ha querido relacionar a los amonitas
con el dios Amm, adorado en Arabia meridional; pero no hay ninguna divinidad amonita con este
nombre. El dios de los amonitas era Milcom 2, que es una derivación de la raíz Melek (“rey”),
divinidad muy corriente entre los cananeos, conocida en la Biblia hebrea con el nombre de Molec,
y en los LXX y Vulgata con el de Moloc 3. El reino de Amón se extendía desde el Arnón, al
sur, hasta el Yabbok, al norte, y desde el desierto siró-arábigo hasta el Jordán4. El rey amorreo
Sehón ocupó la zona fronteriza con el Jordán, y al entrar los israelitas se instalaron las tribus de
Gad y de Rubén en el noroeste del reino de Arnón. Existió siempre lucha entre ambos pueblos,
ya que Amón siempre consideró como intrusos a los israelitas y trató de expulsarlos5. Fueron
sometidos por David6. Después de la deportación del reino del norte de Israel organizada por Te2136
glatfalasar III (734-732) y por Sargón más tarde (721)7, los amonitas se hicieron dueños del territorio
ocupado por las tribus de Gad y de Rubén. Y a esto alude ahora Jeremías. En 602 aparecen
los amonitas haciendo incursiones en el territorio de Judá 8. El profeta les echa en cara el que se
aprovechen de las circunstancias adversas de Judá para atacarla; el territorio ocupado por ellos
pertenece de derecho a los israelitas, como herederos de sus padres: ¿No tiene hijos Israel., no
tiene heredero? (v.1). La ocupación por los amonitas sólo se justificaría en el caso de que Israel
se hubiera extinguido totalmente. Pero la nación, aunque diezmada, subsiste, y por eso sus derechos
permanecen. No tiene, pues, Amón derecho a desposeerlos de su herencia: ¿Por qué Milcom
9 ha heredado a Gad? Aquí Milcom (dios de Amón) es sinónimo de la nación, que ha querido
suplantar a la tribu de Gad, israelita, que se había establecido en la parte septentrional de
Amón desde hacía siete siglos 10. Esto es una flagrante violación del derecho, y por eso Dios va a
enviar un castigo sobre la nación usurpadora: Yo haré oír contra Rabat. el grito de guerra (v.2).
Rabat = Amón era la capital del país, hoy llamada Ammán, capital de Jordania. En los tiempos
helenísticos fue llamada Filadelfia. Dios enviará, pues, la guerra contra la nación amonita, simbolizada
en su capital, Rabat, y sus hijas, o ciudades menores, las cuales serán quemadas (v.2).
Y los israelitas volverán a poseer el territorio que en derecho secular les pertenecía: heredera
Israel a sus herederos. El profeta invita al duelo a los amonitas por la destrucción de su nación:
gritad, hijas de Rabat. (ν.3), ο ciudades que estaban bajo la jurisdicción de la capital, Rabat.
La mención de Jesebón y de Hai es extraña, ya que la primera estaba en Moab, y la segunda
al oeste del Jordán, en territorio israelita. Quizá el profeta pone esas dos ciudades casi fronterizas
con el reino amonita para indicar la presencia del invasor babilonio en Amón, amenazando por lo
mismo a Moab y a la región occidental del Jordán. O mejor, quizá nos hallamos ante una corrupción
del texto n. En todo caso, el profeta quiere destacar la tragedia de la invasión: ceñios cilicios.,
porque Milcom será llevado cautivo (v.3). Milcom aquí, como divinidad nacional, simboliza
a la misma nación. En la frase hay un tanto de ironía: la divinidad de Amón, en la que confiaban
sus adoradores, será llevada cautiva12. Con él irán sus sacerdotes y las fuerzas vivas de la
nación.
La primera acusación contra Amón era el atropello que habían cometido al usurpar el territorio
que secularmente había pertenecido a los israelitas. Ahora el profeta lanza otra acusación
similar a la expuesta contra Moab: el orgullo. La parte septentrional de Amón era famosa por sus
pastos y valles feraces, en los que se criaban los mejores ganados. Esto creó en los amonitas un
complejo de superioridad sobre las pobres regiones de Cisjordania: ¿Por qué te glorias de los
valles, de tu fértil valle, oh hija rebelde? (v.4). Fiada en sus riquezas y tesoros naturales, se creía
a resguardo de toda contingencia. Su misma posición geográfica favorecía su aislamiento: ¿quién
vendrá contra mi? La frase es insolente contra Yahvé, señor de los destinos de los pueblos. Por
ello, ahora va a mostrar su poder sobre la altiva Amón: Traeré sobre ti el terror. y os dispersaréis.
(v.5). Los enemigos invadirán el territorio de tal forma, que los amonitas, despavoridos, no
sabrán adonde huir: os dispersaréis cada uno de su lado. La desbandada será tan general y desordenada,
que no habrá caudillos ni guías que se comprometan a congregar a su pueblo (ν.6).
Sólo Yahvé, que los ha dispersado y castigado, será capaz de reunirlos de nuevo: Yo haré
volver la cautividad de los hijos de Amón (v.6). Los exilados amonitas, humillados por el castigo
divino (después de esto) se reintegrarán a su patria dirigidos por Yahvé. Según Flavio Josefo 13,
Nabucodonosor ocupó y saqueó Amón cinco años después de la toma de Jerusalén (587). Esa
reintegración a la patria de los amonitas está conforme a lo anunciado en la profecía contra los
moabitas del capítulo anterior. Ya hemos visto que en la perspectiva profética de Jeremías 14 se
admite como posible la incorporación de los pueblos vecinos a Israel en la era mesiánica. Aquí
2137
no se dice esto, pero parece que se insinúa en esa providencia especial de Yahvé sobre los paganos
amonitas.
Oráculo contra Edom (7-22).
7 Así dice Yahvé de los ejércitos: ¿No hay sabiduría en Teman? ¿Ha desaparecido el
consejo de los inteligentes? ¿Se ha desvanecido su sabiduría? 8 Huid, volved las espaldas,
buscad refugios profundos, habitantes de Dedán, porque voy a traer la ruina
de Esaú, el tiempo de su castigo. 9Cuando vengan sobre ti los viñadores, no dejarán
rebusco. Cuando de noche te asalten los ladrones, saquearán a su gusto. 10 Soy yo
quien despoja a Esaú, yo descubriré sus escondites, no podrá ocultarse. Su descendencia
será destruida; sus hermanos y sus vecinos dejarán de ser. ¡Deja a tus huérfanos,
que yo los criaré; que cuenten conmigo tus viudas! 12 Porque así dice Yahvé:
He aquí que los que no hubieran debido beber el cáliz, han tenido que beberlo, y
¿vas a quedar tú impune? No quedarás, no, lo beberás.13 Porque he jurado por mí
mismo, oráculo de Yahvé, que desolación, objeto de oprobio y de maldición será
Bosra, y sus ciudades ruinas por siempre. 14 he recibido de Yahvé una noticia, ha sido
enviado un heraldo por los pueblos: Reunios y marchad contra él, alzaos para la
guerra. 15Porque he aquí que te he hecho pequeño entre los pueblos, desprecio de los
hombres. 16Te ha engañado la altanería de tu corazón, tú que habitas en los huecos
de las rocas y escalas las crestas de los montes. Aunque pongas tan alto como el
águila tu nido, de allí te haré bajar — oráculo de Yahvé — . 17Edom vendrá a ser
objeto de horror; el viandante se quedará estupefacto, y contemplará sus ruinas silbando
burlonameiite. 18 Destruido como Sodoma y Gomorra, con sus ciudades vecinas,
dice Yahvé. No habrá quien la habite, ni hijo de hombre que en ella more.19 He
aquí que como un león subirá desde los boscajes del Jordán a los pastos siempre
verdes. En un momento los arrojaré de ellos y estableceré sobre ella a quien me
plazca; pues ¿quién como yo? ¿Quién me pedirá cuentas? ¿Quién es pastor que me
hará frente? 20 Oíd, pues, los designios de Yahvé contra Edom, los planes que traza
contra Teman: En verdad que serán conducidos por lo más ruin del rebaño, y a su
vista se espantarán los pastizales. 21Temblará la tierra al fragor de su ruina, y se oirán
sus alaridos en el mar Rojo. 22He aquí que como águila subirá y volará, y extenderá
sus alas sobre Bosra, y el corazón de los guerreros de Edom será entonces como
el corazón de mujer en parto.
El anuncio de la invasión sobre Edom empieza con una interrogación irónica. Los habitantes de
Moab estaban orgullosos de sus viñedos; los de Amón, de sus feraces valles, y los de Edom, de
su tradición sapiencial. Era el lugar de la sabiduría 15. Sin embargo, como los viñedos y los valles
feraces no habían servido para nada a la hora de la prueba de Moab y de Amón, así la supuesta
sabiduría excepcional de nada servirá a los edomitas cuando les llegue la hora del castigo. Teman
era la patria de los sabios de Edom, la Atenas de los orientales, y aquí simboliza a toda la
nación, como los viñedos de Yaser simbolizaban a Moab 16. A pesar de su sabiduría, los edomitas
no han sabido conocer los designios de Yahvé sobre su pueblo, procurando evitar el desastre.
No les queda sino la desbandada vergonzosa cuando llegue el invasor enviado por Yahvé:
Huid., habitantes de Dedán (v.8).Dedán era. una ciudad de Arabia 17 en estrechas relaciones con
los edomitas. Eran frecuentes las caravanas comerciales de dedanitas. Por eso aquí se invita a los
habitantes de Dedán a huir con celeridad, pues se acerca el devastador (v.8), enviado por Yahvé
2138
para traer la ruina a Esaú, es decir, de Edom, ya que Esaú, hermano de Jacob, era el epónimo de
los edomitas 18. La devastación será completa. Los invasores caerán sobre Edom como viñadores,
que no dejan rebusco, o como ladrones, que asaltan de noche y saquean a su gusto (V.9) 19.
Por otra parte, como es Yahvé quien los ha traído, les enseñará los escondites, de modo que puedan
llevárselo todo. Los pueblos que antes eran considerados como hermanos o vecinos, llegada
la hora de la prueba, se desentenderán de sus compromisos de sangre o de alianza (v.10b). Y por
eso, su descendencia será destruida. Nada podrá evitar la ruina total. La frase es muy radical,
pero no es necesario tomarla al pie de la letra. En el v.11 se alude a los huérfanos que quedan
desamparados y son protegidos por el mismo Yahvé. La catástrofe afectará sobre todo a los varones,
y sólo Yahvé se preocupará de sus viudas y huérfanos.
El v.12 reproduce en forma abreviada 25:28-29. La idea parece ser que, si otros que tenían
más títulos para verse a resguardo de la ira de Yahvé (como Israel, por ser su pueblo escogido)
han tenido que beber el cáliz de la cólera divina, ¿cuánto más Edom, que no merece consideración
especial alguna? Yahvé jura solemnemente destruirlo 20. Es una expresión antropomórfica
y enfática para indicar la certeza del castigo. Su capital, Bosra 21, será convertida en desolación y
objeto de oprobio y maldición (ν.13), frase estereotipada que expresa la trágica suerte de una nación
antes gloriosa.
Los v.14-i6 están casi al pie de la letra en Abd 1-4. El profeta se presenta como un centinela
puesto en los confines de Edom 22 y asiste en espíritu a la invasión: Yahvé ha enviado un
heraldo por los pueblos, convocando a los invasores: Reunios y marchad contra él. (v.14) para
declararle la guerra y exterminarle23. Con esta escenificación, el profeta quiere destacar que es
Yahvé el que envía al invasor sobre Edom. Yahvé ha decidido humillarle convirtiéndole en un
pueblo pequeño entre los pueblos. (v.15), sin que se le tenga consideración alguna. Y todo le ha
venido por la altanería de su corazón. Se consideraba seguro en los huecos de las rocas., en las
crestas de los montes (v.16), favorecido por las anfractuosidades de su territorio, desde donde se
lanzaba impunemente a las razzias sobre los pueblos vecinos. Se creía libre como el águila, que
pone alto su nido, pero Yahvé se encargará de hacerla bajar24. Su destrucción será tal, que los
que pasen por sus ruinas quedarán estupefactos., silbando burlonamente (v.12) 25. La comparación
con Sodoma 'y Gomorra para indicar el castigo aselador divino era clásica en la literatura
profética26. Las dos ciudades malditas estaban colindando con los territorios de Edom, y por eso
su recuerdo debía ser una lección permanente para los edomitas. Los edomitas fueron suplantados
en su territorio por las tribus árabes nabateas.
Los v. 19-21 aparecen ligeramente cambiados en 50:44-46. El devastador es representado
como un león que sube de los boscajes del Jordán a los pastos siempre verdes (V.19). La exuberante
vegetación era lugar donde se ocultaban las fieras 27 que inesperadamente irrumpían en la
llanura de la depresión del Jordán, donde pastaban confiados rebaños. La feracidad de la zona del
Jordán era un verdadero oasis para los que habitaban en los parajes semiesteparios de la montaña
y meseta palestinense y moabita. En realidad, Yahvé mismo será el que trae al devastador, y nadie
puede impedirlo: los arrojaré y estableceré a quien me plazca. ¿Quién me pedirá cuentas?
¿Quién es el pastor que me hará frente? Nadie puede oponerse a sus designios. Sigue el símil
anterior. Si él envía al león devastador, ¿quién es el pastor que puede proteger al rebaño? Ningún
rey de Edom puede defender su grey en contra de los planes de Yahvé, que ha decidido el exterminio.
Y a continuación se concretan sus planes contra Teman o Edom. La carnicería que hará el
león invasor será tan grande, que no se contentará con matar lo mejor del rebaño, sino también lo
más ruin (v.20) del mismo. Así según la traducción griega. Si se sigue el hebreo, entonces parece
2139
que se refleja el estupor de los pastizales al ver que sus propios rebaños son conducidos por lo
mas ruin del rebaño, del ejército invasor. La versión griega parece dar mejor sentido al contexto
28. Los alaridos de los habitantes de Edom serán oídos en el mar Rojo o golfo de Aqaba, al sur.
El ejército invasor, como un águila volará y subirá y extenderá sus alas sobre Bosra (v.22). La
celeridad del avance cubrirá en seguida todas las metas propuestas, tomando la capital, Bosra.
Los edomitas desaparecieron en el siglo V, suplantados por los nabateos. Es probable que destacamentos
babilónicos hayan hecho incursiones por aquella zona después de la destrucción de Jerusalén
(586) para asegurar la vía comercial con Arabia, que pasaba por Edom.
Oráculo contra Damasco (23-27).
23 Sobre Damasco. Jamat y Arpad están cubiertas de vergüenza, les ha llegado una
mala nueva, se conturbaron y se agitan como el mar 29, y no hallan descanso. 2* Damasco,
acobardado, se dispone a la fuga, es presa del terror, siente angustias y terrores
como de parturienta. 25 ¡Ha sido abandonada la ciudad gloriosa, la ciudad de
la alegría! 26 Por eso caerá en sus plazas su juventud, y todos sus hombres de guerra
perecerán en aquel día, oráculo de Yahvé de los ejércitos. 27 Yo pegaré fuego a los
muros de Damasco y consumirá los palacios de Ben-Hadad.
Este oráculo contra la nación siria puede muy bien concebirse en la época de la invasión de Nabucodonosor
de la zona siró-fenicio-palestina después de la batalla de Garquemis (605), en que,
derrotado el faraón Necao II, quedó libre el acceso de las tropas babilonias hasta las fronteras
egipcias. Ya un siglo antes Siria había sido ocupada por los ejércitos asir los de Teglatfalasar III,
el cual tomó Damasco en 732 a.C. El profeta anuncia aquí una nueva invasión sobre la opulenta
Siria, representada por sus tres ciudades principales: Jamat o Hamat, la actual Hama, sobre el
Orontes, en la Alta Siria, a 180 kilómetros al norte de Damasco. Arpad es la actual tell-Erfad, a
39 kilómetros al noroeste de Alepo, también en la Alta Siria 30. Damasco es la tradicional capital
siria, emporio comercial en la encrucijada de las rutas caravaneras con Mesopo-tamia, Arabia y
el Asia Menor. El profeta presenta la invasión viniendo del norte, ruta tradicional de los invasores
mesopotámicos. Las primeras ciudades sobrecogidas por el espanto son las del norte: Jamat y
Arpad (v.23). Al llegar la noticia a Damasco, queda acobardada y se dispone a la fuga (v.24) sin
ofrecer resistencia. La ciudad que antes se caracterizaba por el bullicio de mercaderes y de gentes
despreocupadas (la ciudad de la alegría), ahora aparece abandonada y solitaria, sin juventud,
que ha sido pasada a cuchillo en las plazas por los invasores.
El v.27 reproduce literalmente Am 1:4.14 y debe de ser una trasposición hecha por un redactor
posterior. No obstante, 110 debemos perder de vista que los profetas a veces utilizaban
tradiciones orales y escritas de los profetas anteriores para reforzar su autoridad ante el auditorio
31. La idea aquí expresada refleja el estilo de Amos: Yahvé mismo será el que cause la ruina de
Damasco, consumiendo por el fuego los palacios de Ben-Hadad (v.27), que era el nombre común
en los reyes de la dinastía siria.
Oráculo contra los pueblos árabes (28-33).
28 Contra Cedar y los reinos de Jasor, que batió Nabucodo-sor, rey de Babilonia. Así
dice Yahve Levantaos, subid contra Cedar y devastad a los hijos de Oriente.
29Apodérense de sus tiendas y de sus ganados, de sus pabellones y de todos sus utensilios,
apropíense de sus camellos, gritando: “¡Terror por doquier!” 30Huid, escapad
a toda prisa, buscad profundos refugios, habitantes de Jasor, oráculo de Yahve.
2140
Porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha trazado contra vosotros sus designios y
está maquinando contra vosotros un plan. 31 Alzaos, marchad contra una gente
tranquila, que mora confiada — oráculo de Yahve — , que no tiene puertas ni cerrojosy
habita aislada. 32 Serán vuestro botín sus camellos, y vuestra presa la multitud
de sus ganados. Yo dispersaré a todos los vientos a esas sienes rapadas, y de todos
los confines haré venir la ruina — oráculo de Yahve — . 33 y se convertirá Jasor
en guarida de chacales, por siempre desierta. No morará en ella nadie ni la habitará
hijo de hombre.
Esta profecía va dirigida contra los hijos de Oriente, designación que en la Biblia se aplica a las
poblaciones beduinas o semibeduinas del desierto arábigo más allá de TransJordania (Amón,
Moab, Edorn) 32. En 25:23 se mencionaban las localidades de Dedán, Tema y Buz. Ahora la zona
desértica es simbolizada en Cedar, tribu conocida del desierto siró-arábigo al este de Palestina33.
En Cant 1:5 se mencionan las “tiendas de Cedar” como conocidas de los lectores de Palestina.
Sin duda que, para la población sedentaria de Israel, esa expresión recordaba la vida trashumante
de los beduinos del desierto. Jasor, que aparece como localidad, nos es desconocida, pero debía
de ser un lugar próximo a Cedar 34. No sabemos por fuentes extrabíblicas que Nabucodonosor
venciera y sometiera estas tribus, como se dice en el texto (v.28). Según Flavio Josefo, siguiendo
a Beroso (escritor babilónico del s.IV a.C.), Nabucodonosor ocupó Egipto, Siria, Fenicia y Arabia
35. Por otra parte, sabemos que la tribu de Cedar pagaba tributo normal a Asaradón (681-668)
y a Asurbanipal (668-625). No tiene, pues, nada de particular que Nabucodonosor, un siglo más
tarde, al considerarse heredero del imperio asirió, reclamase los tradicionales derechos de sumisión,
y para ello que hubiera enviado uña expedición militar, lo que sería el cumplimiento de la
profecía de Jeremías.
El profeta pone en boca de Dios Apalabras dé ánimo á los invasores para que cumplan
sus designios' como instrumentos.de su justicia: Levantaos. contra Cedar. (v.28b); Ha” llegado
la hora de su castigo, y por eso Yahvé los incita al ataque y a la devastación (v.29), para que se
apoderen de lo que constituye la riqueza del beduino: tiendas, ganados, camellos. Estas tribus
árabes estaban acostumbradas a las razzias, y, en concreto, la de Cedar gozaba fama de tener
buenos arqueros 36; pero nada podrán hacer contra el ejército organizado de Nabucodonosor, que
sembrará el terror por doquier (v.28b). No les quedará a las poblaciones del desierto sino huir,
buscando profundos refugios en las anfractuosidades de la estepa. Pero la espada de Nabucodonosor
— instrumento de Yahve — los perseguirá con saña por doquier.
De nuevo los invasores son animados por Yahve para que sean implacables en la persecución,
que, por otra parte, no ofrece riesgos, ya que los árabes son gente tranquila en cuanto
que no tienen defensas amuralladas con vistas a la guerra. Están en los oasis al descampado, confiando
en su aislamiento: no tiene puertas ni cerrojos y habita aislada (v.31)37. El botín será
grande — camellos., ganados (v.32) — , la riqueza característica del morador de la estepa arábiga.
Yahve irá delante abriéndoles paso y forzando la dispersión de esas sienes rapadas; expresión
despectiva aplicada a los árabes 38 por su costumbre de rasurarse gran parte de la cabeza. La
desolación será total, ya que el lugar donde antes estaba Jasor se convertirá en guarida de chacales
(v.33). Entre sus ruinas sólo morarán las fieras salvajes.
Oráculo contra Elam (34-39).
34 Palabra de Yahve a Jeremías, profeta, acerca de Elam, que le fue dirigida al comienzo
del reinado de Sedecías, rey de Judá. 35 Así dice Yahve de los ejércitos: He
2141
aquí que yo romperé el arco de Elam, el fundamento de su fuerza. 36 Yo desencadenaré
contra Elam los cuatro vientos, de los cuatro confines del cielo. A todos estos
vientos los dispersaré, y no habrá nación adonde no lleguen los fugitivos de Elam.
37Yo haré temblar a Elam ante sus enemigos, ante los que buscan su vida. Yo haré
venir sobre ellos el mal, el furor de mi cólera — oráculo de Yahve — . Yo mandaré
en su persecución la espada, hasta destruirlos. 38Yo pondré mi trono sobre Elam y
haré perecer al rey y a sus grandes, oráculo de Yahve. 39 Pero al fin de los días haré
volver a los cautivos de Elam, oráculo de Yahve.
Elam era el, reino, que se extendía al este de Mesopotamia, con Susa por capital. Su cultura era
milenaria, como se desprende de las excavaciones arqueológicas. Aparece mencionado en la Biblia
en los tiempos patriarcales como un gran imperio, que está al frente dé una coalición·de estados
orientales 39. Fue dominado por los asirios, destruyendo Asurbanipal la capital, Susa, en
640 a.C. Más tarde fue conquistada por los persas (520 a.C.); pero, como en territorio elamita se
han encontrado muchas inscripciones de Nabucodonosor, podemos deducir que el coloso babilonio
había extendido su imperio en la región elamita. Quizá la profecía de Jeremías se refiera a
una invasión babilónica de este género. Isaías cita a los elamitas como soldados mercenarios en
el ejército asirio40. Seguramente Jeremías había visto estos mercenarios elamitas en el ejército
babilonio que puso asedio a Jerusalén en 598 a.C.41, y de ahí la profecía contra su nación. En realidad,
Elam no había tenido ninguna relación con el reino de Judá. Pero el profeta, que quiere
destacar el dominio que Yahvé tiene sobre los destinos de todos los pueblos, bien pudo vaticinar
el futuro de una nación lejana, de la que ciertamente había oído hablar.
La profecía tuvo lugar al comienzo del reinado de Sedecías (v.34) el cual subió al trono
entre fines del 598 y principios del 597 a.C En esta profecía no se menciona el enemigo que destruye
a Elam es el mismo Yahvé quien lo hace directamente: romperé el arco de Elam (v.35).
Los arqueros elamitas eran famosos por su habilidad 42; por eso eran el fundamento de la fuerza
del imperio elamita. Elam nada podrá hacer por defenderse, ya que Yahvé enviará enemigos de
los cuatro confines del cielo (v.36). La población elamita será dispersada 43 a todos los vientos. Y
Yahvé enviará en su persecución la espada. Con ello quiere el profeta indicar que el desastre de
la nación será muy grande. Las expresiones son hiperbólicas, para encarecer las proporciones de
la catástrofe. Yahvé mismo se instalará como rey sobre el trono de Elam (v.38), juzgando con
plena majestad a los culpables. Pero, como siempre, en toda profecía conminatoria hay un rayo
de esperanza y de rehabilitación: Pero al fin de los días haré volver a los cautivos de Elam
(v.39). Los profetas, en sus concepciones grandiosas sobre la teocracia mesiánica, dejaban un
lugar para los pueblos extranjeros como asociados a la manifestación gloriosa de Dios en su
pueblo 44. Aquí no se dice esto, pero esa repatriación parece expresar una manifestación particular
de los designios misericordiosos que Yahvé tiene sobre el castigado Elam.
1 Cf. Gen 19:18. — 2 Se ha querido explicar el nombre de Milcom descomponiéndolo en Melek-Amm (“el dios es rey”). — 3 A pesar
de la similitud nominal, Melcom y Melek y Moloc son divinidades diferentes. Véase LAGRANGE, Eludes sur les Religions sémitiques
p.ioo. En Tiro encontramos una ciudad llamada Melkart (“rey de la ciudad”). — 4 Cf. Jos 13:25; Jue 11:12. — 5 Cf. Jue
10:8; 1 Sam 11:1. — 6 Cf. 2 Sam 12:26-31. — 7 Cf. 2 Re 14:29; 17:6. — 8 Cf. 2 Re 24:2. — 9 En el TM se lee Malcam, que significa
“rey de ellos.” Pero hemos preferido la lectura de Milcom, como está en los LXX, ya que Milcom era la divinidad principal
amonita. — 10 La otra tribu de Rubén había sido absorbida por la población moabita. — 11 Son muchas las correcciones propuestas.
Así, en vez de Jesebón , Duhm propone Armón. En vez de Hai, se propone “Hair” (“la ciudad”), etc. — 12 Es lo mismo que
se dice en la profecía contra Moab. Cf. Jer 48:7. — 13 Cf. FL. Josefo, Ant. Jud. X 9,7. — 14 Cf. Jer 12:16. — 15 En el libro de Job
se ensalza esta “sabiduría” de los edomitas. De Teman era el sabio Elifaz que discutió con Job el problema de la retribución individual
(cf. Job 2:11), el cual apela a la sabiduría de sus antepasados (Job 15:18). En Bar 3:22-24 se alude a la “sabiduría” de los
habitantes de Teman, y en Abd 8 se habla de la sabiduría de los habitantes de Edom. — 16 Teman, que no debe confundirse con
“Tema,” ciudad de Arabia (Jer 25:23), es localizada por el Onomasticom de Eusebio a 12 millas de Petra. Hoy se la suele identificar
con Shobak. Véase Abel, o.c., II, 77iaiman. — 17 Cf. RB (1910) p.329; Jer 25:23. — 18 El mismo nombre Edom, que signifi2142
ca “rojizo,” y parece expresar el color arcilloso rojizo de la tierra edomita, recuerda el epíteto de “pelirrojo” aplicado a Esaú. —
19 Cf. Abd 5. — 20 Cf. Jer 22:5; 44:26. — 21 Bosra es la actual Buseira, al S. de Tafile, 35 kilómetros al SE. del mar Muerto.
jBosra es considerada por Is 34:6 como la ciudad más importante de Edom. En tiempos de los na-bateos, la capital fue Petra (Sela).
— 22 Cf. Is21:6. — 23 Cf. Jer 6:4; 22:7; Is 5:26; 13:2. — 24 Aquí parece aludir a las “rocas” de Petra o Sela, famosa ciudad
excavada toda en roca viva en el wady Musa, entre el mar Muerto y el golfo de Aqaba. — 25 Cf. 19,8; 18:16; 25:11; 50,13- — 26
Cf. Is 13:19; Am 4:11; Os 11:8; Jer 50:40. — 27 Cf. Jer 4:7; 12:5. — 28 Cf. Jer 48:40-41. — 29 Es una traducción algo libre, pues
lit. el TM dice: “en el mar está el espanto.” Pero creemos que es la mejor solución la adoptada en la versión. — 30 Jamat y Arpad
suelen aparecer citadas siempre juntas en la Biblia. Cf. Is 10,9; 36:19; 37:13; 2 Re 18:34- — 31 Cf. Jer 11:16; 21:14; 43:1232 Cf.
Jue 6:3.33; 7:12; 8:10; 1 Re 5:10; Job 1:3; Is 11:14; Ez 25:4·ΐο. — 33 Cf. Is 42:11. En los documentos babilónicos son llamados
Qidri. Cf. Abel, o.c., I 296. — 34 Muchos autores quieren tomar la palabra Jasor en el sentido de “aldea” o lugarejo de población
sedentaria, como el hadar árabe actual. — 35 FL. Jos., C. Ap. I; 19. — 36 Cf. Is 21:13.15. — 37 Algunos autores ponen estas palabras en
boca del generalísimo de las tropas babilónicas. Pero el verso siguiente parece indicar que es Yahve quien habla. — 38 Cf. Jer 9:25; 25:23. — 39 Cf. Gen
I4.ISS. — 40 Cf. Is 22:6. — 41 Cf. 2 Re 24:10. — 42 Cf. Is 22:6; Tit. Liv., 37:27. — 43 Cf. Esdr 5:12. — 44 Cf. Jer 12:16.
50. Oráculo Contra Babilonia.
En estilo dramático y entrecortado, el profeta anuncia el castigo de la opresora Babilonia. Todos
los pueblos son invitados a caer sobre ella en la medida que fueron oprimidos por su omnipotente
fuerza. Los críticos creen que esta profecía contra Babilonia tiene un marcado carácter compilatorio.
Se repiten los temas, lo que hace pensar en una serie de oráculos contra Babilonia ensamblados
por un redactor posterior a Jeremías.
Anuncio de la caída de Babilonia (1-3).
1 Palabras que dirigió Yahvé a Jeremías, profeta, acerca de Babilonia y de la tierra
de los caldeos: 2Anunciadlo a las gentes, pregonadlo, alzad bandera, publicadlo, no
lo calléis, decid: “Babilonia ha sido tornada, avergonzado Bel, vencido está Marduk,
confundidos sus ídolos, abatidos sus dioses, 3 Pues del septentrión avanza contra ella
un pueblo que hará de su tierra soledad, en que no habitará nadie; hombres y ganados
huyeron, desaparecieron.
Babilonia era la gran opresora de todos los pueblos del Antiguo Oriente, digna sucesora de la
insoportable Asiría. Por eso la caída de Babilonia suscita una alegría incontenible en todos los
corazones oprimidos. Nabucodonosor había sido elegido como instrumento de la justicia de
Yahvé, pero se había excedido en su cometido, y, sobre todo, se había considerado como omnipotente,
sin consideración para con el Dios de Israel, que le había dado la victoria. Por eso la justicia
divina exigía también el castigo del insolente babilonio. Ningún pueblo se substrae al poder
de Yahvé. Todos han tenido que beber la copa de la cólera divina, y la gran opresora Babilonia
no iba a quedar exceptuada.
El profeta anuncia, alborozado, la caída de la común opresora: alzad bandera. Todos los
pueblos oprimidos deben alegrarse ante tan magna nueva. Es la hora de la liberación. Y, sobre
todo, para los monoteístas israelitas era la hora de la derrota de los supuestos dioses babilonios.
Los caldeos creían que, por el hecho de haber sometido a otros pueblos, sus dioses eran superiores,
y se habían atrevido a ponerlos por encima del Dios de Israel, Señor de los mundos y de los
reinos de la tierra. Pero ahora, con la derrota de Babilonia, ha quedado avergonzado Bel, vencido
Marduk (v.2). Bel aquí es sinónimo de Marduk. El nombre de Bel, o “señor,” lo habían aplicado
primero los semitas al dios sumerio Emlil, adorado en Nippur. Cuando Babilonia llegó a ser la
capital de Mesopotamia, su dios principal, Marduk, fue llamado Bel, o señor por excelencia. El
nombre de Bel equivale al Baal de los cananeos, con el mismo sentido sustancial. Con la caída
de Babilonia, sus ídolos han demostrado su total impotencia para salvar a su pueblo de la ruina;
2143
por eso han sido confundidos y abatidos 1.
Yahvé hará que venga un pueblo procedente del septentrión que convertirá su tierra en
soledad. Para los israelitas, los invasores siempre habían llegado del norte (asirios y babilonios)
2; por eso el nombre de septentrión tenía, para ellos algo de recuerdo fatídico. Pero también para
Babilonia el septentrión significará el camino de la desolación y de la ruina, pues de las montañas
septentrionales de Mesopotamia surgirán los nuevos invasores, los medo-persas, bajo la dirección
del gran caudillo Ciro. La invasión del conquistador persa no fue en realidad a sangre y
fuego, como solían ser las de los asirios y babilonios. Ciro mostró un gran talento diplomático
con los pueblos vencidos, ahorrándose todas las posibles humillaciones y desgracias. Pero el profeta,
al describir la invasión medo-persa, lo hace según los módulos tradicionales en las conquistas
de los antiguos vencedores: desolación y muerte por doquier. Es una indicación más en favor
de la autenticidad jeremiana del fragmento, ya que, si estuviera compuesto por un autor posterior
a la toma de Babilonia por Ciro (538), habría evitado descripciones que no estuvieran en consonancia
con los hechos reales. Ya hemos indicado en otras ocasiones cómo los profetas conocen la
sustancia del hecho futuro revelado por Dios, pero generalmente no las circunstancias concretas
de su cumplimiento. De ahí que en sus descripciones generalicen e idealicen las situaciones futuras
conforme a concepciones tradicionales adaptables a la expectación del ambiente. No obstante,
podemos decir que, según Herodoto, Babilonia fue desmantelada bajo Darío I y destruida bajo
Jerjes, terminando por ser abandonada y reducida a un gran desierto.
Arrepentimiento de los israelitas (4-7).
4 Entonces, en aquellos días, vendrán los hijos de Israel, y con ellos los hijos de Judá.
Seguirán su camino llorando y buscarán a Yahvé, su Dios. 5Preguntarán por el camino
de Sión, vuelto hacia ella su rostro: “¡Venid y liguémonos con Yahvé con pacto
eterno, que no se olvide jamás!” 6Rebaño descarriado ha venido a ser mi pueblo. Sus
pastores le extraviaron y le hicieron vagar por los montes. Anduvieron de monte en
collado, se olvidaron del aprisco. 7 Cuantos los hallaron los devoraban, y se decían
sus enemigos: “No hay delito en ello, porque han pecado contra Yahvé, sede de la
justicia y esperanza de sus padres, Yahvé.”
La caída de Babilonia significará para los exilados israelitas la liberación. De nuevo las doce tribus,
los hijos de Israel., los hijos de Judá (v.4), se unirán para constituir la nueva y única nación
de Yahvé. El fragmento está inspirado en oráculos anteriores 3. Los repatriados seguirán su camino
llorando con lágrimas de arrepentimiento por el pasado pecador de su pueblo, causa de la
tragedia de la nación, y llenos de indecible alegría ante la perspectiva de la liberación y restauración
nacional. Todas sus ilusiones se dirigirán a buscar a Yahvé, su Dios. Amos había anunciado
que los que quedaran de la catástrofe andarían por los montes hambrientos de la “palabra de
Yahvé.”4 Después de tantos desvarios reconocerán que su Dios debe ser el único centro de sus
corazones. Los repatriados preguntarán por el camino de Sión (ν.6). Los años del exilio les habían
hecho sentir la nostalgia de Sión, la morada tradicional del Dios de sus antepasados. Por eso,
cuando llega la hora del retorno, no tienen otra obsesión que volver a Jerusalén, centro de sus
aspiraciones espirituales y nacionales. Desengañados con el pan amargo del destierro, se proponen
emprender vida nueva, haciendo un nuevo pacto con Yahvé: Liguémonos con Yahvé con
pacto eterno, que no se olvide jamás (ν.6). El pacto del Sinaí había sido quebrantado por sus padres,
y era hora de echar las bases de una nueva teocracia. En estas palabras animosas de los repatriados
se echa de ver la ilusión de los tiempos mesiánicos, señuelo de sus corazones. Varios
2144
profetas anteriores habían hablado de un nuevo pacto entre el Israel rescatado y Yahvé 5. Según
Jer 31:33, la nueva Ley sería escrita en los “corazones,” de modo que su obligatoriedad provendrá
no de la coacción externa, sino del anhelo íntimo del nuevo ciudadano de Israel.
Esta actitud de conversión en el pueblo le hace recordar al profeta la tragedia de su pueblo,
que ha sido como un rebaño descarriado. por sus falsos pastores (reyes, sacerdotes y falsos
profetas)6, los cuales, en vez de urgir el cumplimiento de la Ley y de las obligaciones éticoreligiosas
para con su Dios, le hicieron vagar por los montes. (v.6), adorando a los ídolos en los
lugares altos7 y olvidándose de su aprisco (v.6c), es decir, del templo de Jerusalén, síntesis de la
verdad religiosa de Israel. Consecuencia de estos extravíos fue que el pueblo elegido se halló indefenso
ante los ataques de sus enemigos, que impunemente le atacaron. Y el profeta pone en
boca de ellos consideraciones teológicas que justifican el mal trato que dieron al pueblo israelita:
no hay delito., han pecado contra Yahvé, sede de justicia y esperanza de sus padres (v.7). Ellos
se consideraban así como instrumentos de la justicia divina de Yahvé, abandonado de sus fieles,
cuando en realidad era la esperanza de sus padres, es decir, Yahvé les había hecho promesa de
felicidad y prosperidad a condición de que le fueran fieles a la alianza sinaítica 8.
Inminencia de la destrucción de Babilonia (8-16).
8 Huid de en medio de Babilonia, de la tierra de los caldeos salid. Sed como machos
cabríos a la cabeza del ganado, 9 porque he aquí que voy a suscitar y lanzar contra
Babel un conglomerado de grandes naciones procedentes del norte, que se aprestarán
contra ella, y desde allí será conquistada. Sus saetas, como de guerreros adiestrados,
no volverán de vacío. 10 Y será dada Caldea al pillaje, y se hartarán todos sus
despojadores, oráculo de Yahvé. 11Aunque os alegréis y os regocijéis,' despojadores
de mi heredad; aunque saltéis como novilla sobre la hierba y relinchéis como sementales,
12grande será la confusión de vuestra madre, la vergüenza de la que os engendró.
Será la última de las naciones, desierto, aridez y estepa. 13La ira de Yahvé la dejará
deshabitada, la convertirá en soledad; cuantos pasen por Babel se espantarán,
y silbarán por todas las magullaciones. 14 Aprestaos contra Babel en sus contornos
cuantos tendéis el arco. Combatidla, no escatiméis las saetas, porque pecó contra
Yahvé. 15 Lanzad gritos contra ella alrededor; entrega su mano, caen sus pilares,
han sido arrasados sus muros. Es la venganza de Yahvé. Véngaos de ella, haced con
ella como ella hizo. 16 Exterminad de Babel al sembrador, al que empuña la hoz en
tiempo de siega: Ante la espada devastadora, cada uno se volverá a su pueblo, cada
uno huirá a su tierra.
El profeta urge, en nombre de Yahvé, la salida a todos los que están deportados en Babilonia,
porque se acercan los días de la invasión y destrucción de la gran metrópoli. Los israelitas, aleccionados
por su Dios, deben dar el ejemplo y dejar inmediatamente la ciudad maldita, saliendo a
la cabeza de los deportados de todas las naciones como los machos cabríos a la cabeza del ganado
(v.8). El símil es expresivo y refleja bien la urgencia de partir. Los israelitas deben salir los
primeros, porque han sido avisados antes que todos de la catástrofe que se aproxima. El ejército
invasor está ya a la vista. Yahvé mismo escoge a los que han de castigar a la insolente Babilonia:
voy a suscitar contra Babel un conglomerado de grandes naciones (V.9), el ejército combinado
de Media y de Persia, acaudillado por Ciro, instrumento de la justicia divina, que cae de las montañas
del norte (la cordillera que separa Persia de Mesopotamia) como una inundación, que todo
lo anega y destruye. Sus arqueros son tan certeros que sus saetas no volverán de vacío, sin dar en
2145
el blanco (V.9C). Los conquistadores harán presa de Caldea, emporio de riquezas, apropiándose
hasta la saciedad de un inmenso botín (v.10).
Sin embargo, los caldeos siguen, inconscientes del peligro, entregados a los placeres, disfrutando
del despojo de los pueblos vencidos y, sobre todo, de la heredad de Yahvé, Israel
(v.11). La opulencia los ha embrutecido y no piensan sino en gozar de sus riquezas como las
mismas bestias: aunque saltéis como novilla sobre la hierba y relinchéis como sementales (v.11).
Pero la suerte trágica sobre los babilonios está echada, y su nación será humillada y avergonzada:
grande será la confusión de vuestra madre. (v.12). Toda su riqueza y opulencia se trocará en desierto,
aridez, estepa 9, y todos los pueblos harán befa de ella al contemplar sus ruinas (v.13) 10.
Después de anunciar la suerte trágica de los babilonios, Yahvé mismo exhorta a los invasores a
cumplir bien su cometido de instrumentos punitivos de su justicia: Aprestaos contra Babel.*,
cuantos tendéis el arco., no escatiméis las saetas (v.14): los futuros conquistadores de Babilonia
deben ser celosos en el cumplimiento de su misión y no deben ahorrar esfuerzo en ello, porque
Babilonia pecó contra Yahvé. Ha sido insolente en su orgullosa posición entre las naciones, sin
pensar que en sus victorias no hacía sino cumplir los designios de Dios. Por eso ahora llega la
venganza de Yahvé (v.15b).
Los ejércitos invasores son a los ojos de Dios como “cruzados” o cumplidores de un designio
punitivo divino sobre la arrogante metrópoli mesopotámica. Los conquistadores deben ser
implacables en la destrucción, matando todas las fuentes de riquezas nacionales, entre ellas la
agricultura: Exterminad de Babel al sembrador, al que empuña la hoz. (v.16). La desolación del
campo es la ruina de la capital. Las frases son radicales y duras para expresar la magnitud de la
catástrofe babilónica. Las gentes extranjeras huirán despavoridas ante la espada devastadora .
La señal del ataque es la ocasión de la desbandada general de todo el abigarrado de poblaciones
que vivían en el emporio de Babilonia hacia sus respectivos países nativos: cada uno se volverá
a su pueblo.
Después de entrar Ciro en Babilonia se dieron las máximas facilidades para que todas las
colonias de extranjeros que estaban exilados por la fuerza se reintegraran a sus tierras respectivas,
entre ellas la de los judíos, dispersos por Mesopotamia después de la expatriación forzosa
impuesta por Teglatfalasar III y Salmanasar V al ocupar el reino de Samaría, y más tarde por
Nabucodoaosor al destruir la ciudad de Jerusalén.
Reintegración de Israel a su tierra (17-20).
17 Israel es una oveja dispersa; leones la dispersaron. Primero la devoró el rey de
Asiría; luego Nabucodonosor, rey de Babilonia, le quebró los huesos. 18 Por eso así
dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que castigaré al rey de Babel y a
su tierra, como castigué al rey de Asiría. 19 Y haré volver a Israel a sus pastizales, y
se apacentará en el Carmelo y en Basan, se saciará en el monte de Efraím y de Galaad.
20 Entonces, en aquellos días — oráculo de Yahvé — ”e buscará la iniquidad
de Israel, y no se hallará; los pecados de Judá, y no se encontrarán, porque yo seré
propicio a los que queden.
La atención del profeta se dirige hacia su pueblo Israel, que ha sido tratado como una oveja dispersa
(ν.17), indefensa ante los leones que la dispersaron. Primero los insoportables monarcas
asirios Teglatfalasar III, Salmanasar V y Sargón, destruyeron el reino del norte, ocupando a Samaría,
su capital; y después Nabucodonosor 12 le quebró los huesos a Judá, deshaciendo su vida
nacional. La toma de Jerusalén por los caldeos en 586 señala el fin de la vida de Israel como co2146
lectividad nacional. Pero Yahvé no puede dejar impunes a los expoliadores de su pueblo. El imperio
asirio había desaparecido (en el 612 cayó Nínive), y a Babilonia le está reservada la misma
suerte (v.18). Dios los había escogido como instrumento de la justicia purificadora para hacer
volver al buen camino a su pueblo. Pasada la hora del castigo, vendrá la de la rehabilitación. Sobre
Israel existen unas promesas de salvación, y Yahvé las cumplirá. Nunca en sus designios ha
querido destruir totalmente a su pueblo; por eso ahora renueva la promesa de la restauración de
Israel como pueblo: Haré volver a Israel a sus pastizales. (V.19). El pueblo elegido había corrido
disperso fuera de la órbita de la protección divina en justo castigo por sus pecados, pero llega la
hora de que la oveja descarriada vuelva a sus pastizales (v.18), a encontrarse en la tierra que
desde antiguo les había dado Yahvé en heredad, desalojando a los cananeos. Bajo la égida protectora
de Yahvé, Israel volverá a conocer días venturosos de prosperidad en los ricos pastizales
del Carmelo y de Basan, territorios famosos por sus ricos pastos 13, y en las ricas regiones de
Efraím (parte central de Palestina) y de Galaad, en TransJordania 14. La mención de todos estos
lugares insinúa que Israel volverá a formar una nueva nación con todas sus tribus, desapareciendo
la tradicional separación habida después de la muerte de Salomón. Y, sobre todo, ese nuevo
Israel será muy distinto del histórico anterior al exilio. La prueba tremenda de la abandonado de
su Dios, sintiera nostalgias de El.cautividad ha servido para que Israel, Por eso, en la nueva
teocracia (en aquellos días. de la plena rehabilitación de Israel en los tiempos mesiánicos) se verá
libre de las tradicionales lacras, en tal forma que se buscara la iniquidad en Israel y no se
hallará (v.20). Es la realización plena de la nueva alianza con las leyes escritas en el corazón 15.
La nueva comunidad israelita vivirá del conocimiento y del amor de su Dios. Por ello, Yahvé se
manifestará en toda su magnanimidad: seré propicio a los que queden, es decir, el resto salvado
de Israel16, núcleo de restauración en los tiempos mesiánicos. Para entrar en la nueva fase teocrática
es preciso una amplia amnistía de los pecados del pueblo israelita 17. De nuevo nos encontramos
ante entusiastas idealizaciones proféticas: la nueva comunidad será sin mancilla, viviendo
íntegramente de la Ley de Dios. Históricamente, la realización de esto se da inicialmente en la
Iglesia (Israel espiritual) y plenamente en la etapa definitiva mesiánica celeste, hacia la que converge
este primer estadio histórico de la Iglesia militante.
Exhortación a los enemigos de Babilonia para. marchar contra ella (21-28)
21 Sube contra la tierra de Meratáyini y contra los habitantes de Pecod. ¡Mata a espada
y extermínalos, oráculo de Yahvé, y haz cuanto yo te he mandado! 22 Estruendo
de guerra en la tierra, inmensa ruina. 23 ¿Cómo ha sido roto en pedazos el martillo
de toda la tierra? ¿Cómo ha venido a ser Babel horror entre las gentes? 24 Soy yo
quien te ha tendido la red, y has quedado presa, ¡oh Babel! sin que te dieses cuenta.
Estás tomada, has sido apresada, porque provocaste a Yahvé. 25 Yahvé abrió sus arsenales,
ha sacado las armas de su cólera, porque tenía un quehacer el Señor, Yahvé
de los ejércitos, en la tierra de los caldeos. 26Venid desde los últimos confines contra
ella, abrid sus graneros, (haced de ella montones como de gavillas y destruid, que no
quede nada. 27 Matad todos sus toros, que vayan al matadero. ¡Ay de ellos! les llegó
su día, el tiempo de su castigo.2” Rumor de tumulto de los fugitivos, de los que escapan
de la tierra de Babel, anunciando en Sión la venganza de Yahvé, nuestro Dios;
la venganza de su templo.
De nuevo una urgente invitación a los invasores para que cumplan los designios punitivos de
Yahvé 18. El profeta escoge dos nombres para designar Babilonia en consonancia con su pasado
2147
y su castigo: Meratayim se suele identificar con Nar Narratu (“río amargo”), la región pantanosa
entre el delta formado por el Tigris y el Eufrates. Transcrito en hebreo, Meratayim significa “doble
rebelión,” alusión a la insolencia de Babilonia contra Yahvé. El profeta ha escogido este
nombre aplicado a Babilonia para establecer una paranomasia en consonancia con el pecado específico
de Babilonia. Pecod es el Pukudu de los textos babilónicos, y designa una tribu aramea
establecida en el extremo oriental de Babilonia. En hebreo, su nombre juega con la palabra paqad,
que significa “visitar” con designios punitivos. Así, pues, se aludiría en este juego de palabras
al “castigo” que le espera a Babilonia. Ha llegado la hora del exterminio contra la impía
ciudad, y los conquistadores deben cumplir fielmente su cometido: haz cuanto te he mandado
(v.21). El cumplimiento de la orden ya está en marcha: Estruendo de guerra en la tierra. (v.22);
es el eco de los gritos de los vencedores, que siembran por doquier una inmensa ruina (v.22). De
nuevo tenemos que hacer recalcar que estas descripciones proféticas son ideales, conforme al
clisé tradicional de las invasiones, que solían llevar consigo la destrucción y la ruina por doquier.
En realidad sabemos que las tropas de Ciro no sembraron la desolación al entrar en Babilonia,
pero el hecho de la derrota total de la ciudad permanece a través de estas descripciones hiperbólicas
y radicales.
También la tremenda frase puesta en boca de Yahvé, mata a espada y extermínalos
(v.21), hay que entenderla en el contexto del profeta; es la justicia divina la que se va a manifestar
en toda su magnitud; los conquistadores son meros ejecutores de dicha justicia de Yahvé, y
conforme a las leyes de guerra de la época se predica el exterminio o jérem (anatema), es decir,
la aniquilación de todo como consagración al Dios de los ejércitos, de forma que nada quede para
el vencedor. Nuestra sensibilidad cristiana se horroriza ante estas tremendas leyes de exterminio,
pero una vez más debemos recordar que la moral del A.T. es muy inferior a la del Ν. Τ., y
que, por otra parte, los profetas, poseídos de la idea de la justicia vengadora de Yahvé, recargan
los colores en sus descripciones para impresionar más en el auditorio, cómo lo hacen al encarecer
la misericordia divina. Siempre nos encontramos con el radicalismo de expresión de los escritores
orientales, que no tienen tintas medias, sino que lo que nosotros vemos como gris, ellos lo
presentan como negro o blanco. Hablan para gentes de imaginación ardiente, que sistemáticamente
recortan la mitad de la mitad del contenido ideológico expresado, y, por tanto, en este supuesto,
es necesario recargar el cuadro en función de una idea que ciertamente ha de quedar en la
práctica muy diluida.
El cumplimiento de la orden de destrucción le sugiere al profeta un canto elegiaco teñido
de ironía sobre el vencido: ¿cómo ha sido roto en pedazos el martillo de toda la tierra? (v.23)19.
Yahvé se había servido de Babilonia como de un martillo para abatir a otros pueblos pecadores,
entre ellos Israel 20; pero ahora ese martillo, que parecía de hierro, ha sido roto en pedazos en
manos de la justicia vengadora divina, que actúa también como un martillo sobre su anterior instrumento
punitivo de los pueblos. Es la visión teológica de la historia en los profetas: Yahvé dirige
el curso de la historia de todas las naciones y pide cuenta de sus acciones y desvarios. Babilonia
se ha convertido en horror entre las gentes, pues todos los pueblos la considerarán como
una ciudad maldita de Dios, que la destinó a la ruina 21. Babilonia, orgullosa en su opulencia, se
creía a resguardo de todo peligro, y por eso no se daba cuenta que en su vida había gérmenes de
destrucción y de muerte; de ahí que vivía totalmente despreocupada, sin darse cuenta que Yahvé
le ha tendido la red (v.24), quedando presa como un animal cogido con lazos. Según Herodoto,
cuando las tropas de Ciro habían tomado una parte de Babilonia, los de la otra parte, despreocupados,
no se habían dado cuenta de ello 22. El profeta ve en todo esto los designios secretos de
Yahvé, que, como un soberano equipado para la guerra, llegado el momento, abrió sus arsena2148
les., sacando las armas de su cólera (ν.26). Los instrumentos de Yahvé en esta gran cruzada contra
el tirano babilónico son las naciones que, federadas bajo Ciro, caen sobre Babilonia 23, pues
Yahvé tenia un quehacer en la tierra de los caldeos (v.25): manifestar su justicia vengadora sobre
un pueblo insolente y opresor. Por eso, enfáticamente invita a sus instrumentos de justicia a
hacer presa en las riquezas inmensas de la nación vencida, enriquecida contra toda justicia: Venid
desde los confines de la tierra., abrid sus graneros, haced de ella montones de gavillas y destruid
(v.26). Nada debe quedar para la antigua nación opresora. Es la ley del jérem, o de la consagración
al exterminio, del Dt 13:10s. Y entre las víctimas de esta hecatombe no deben faltar los
toros, probable alusión a los guerreros babilonios vencidos. Todos están destinados al matadero.
Es su día, el tiempo de su castigo (v.2y). Cumplida la sentencia de exterminio, el profeta refleja
nerviosamente la nueva de la catástrofe traída por los fugitivos, y entre ellos los israelitas, que
anuncian en Sión la venganza de Yahvé (v.28) 24. Es el triunfo de la justicia divina sobre la nación
opresora, y por eso el momento de la alegría para los rescatados de la esclavitud.
Nueva Invitación a atacar a Babilonia (29-40).
29 Convocad contra Babel a los arqueros, a cuantos entesan el arco; cercadla, que no
escape nadie; retribuidla según sus obras, haced con ella como ella hizo, pues se irguió
contra Yahvé, contra el Santo de Israel. 30 Por eso caerán sus jóvenes en sus
plazas, y todos sus hombres de guerra perecerán aquel día. 31 Heme aquí contra ti,
insolente, oráculo del Señor, Dios de los ejércitos. Ha llegado tu día, el día de tu castigo.
32 Vacila la insolente, caerá, y nadie podrá levantarla. Yo pegaré fuego a sus
ciudades, que consumirá todos sus alrededores. 33 Así dice Yahvé de los ejércitos:
Los hijos de Israel viven en la opresión, y con ellos los hijos de Judá. Cuantos los
hicieron esclavos, los retienen, y rehusan soltarlos. 34 Pero su redentor es fuerte; su
nombre es Yahvé de los ejércitos. El sabrá defender su causa, para dar reposo a la
tierra y confusión a los habitantes de Babilonia. 35 ¡Espada contra los caldeos —
oráculo de Yahvé — y contra los moradores de Babel, contra sus grandes y contra
sus sabios! 36¡Espada contra sus mentirosos adivinos, que serán tenidos por necios!
¡Espada contra sus hombres de guerra, que se llenarán de pavor! 37¡Espada contra
sus caballos, y contra sus carros, y contra todas sus tropas auxiliares25, que están en
medio de ella, que se harán como mujeres! ¡Espada contra sus tesoros, que serán
saqueados! 38 ¡Espada contra sus aguas, que se secarán! Porque es tierra de ídolos y
se glorían por sus espantajos. 39Por eso se convertirá en cubil de fieras y chacales, en
morada de avestruces. Y no será más habitada, ni poblada por siglos. 40Como destruyó
Yahvé a Sodoma, a Gomorra y a las ciudades vecinas, no habitará hombre en
ella, ni morará en ella hijo de hombre.
Babilonia es condenada por su arrogancia y opresión sobre otros pueblos. Yahvé convoca a los
arqueros persas, dirigidos por Ciro, para que pongan cerco a la ciudad opresora e insolente. Babilonia
no ha querido limitarse a ser instrumento de la justicia de Yahvé, y se ha atrevido a profanar
el santuario de Yahvé, destruyendo totalmente al pueblo elegido: se irguió contra Yahvé
(v.29). Por eso está decretada su destrucción, con la hecatombe de sus jóvenes y de sus guerreros
(v.30) 26. Babilonia ha atentado contra el Santo de Israel, expresión rara en Jeremías y característica
de Isaías. Yahvé, al ser santo, es inaccesible, trascendente a todo lo profano y pecaminoso y,
por tanto, intransigente con toda transgresión e iniquidad. Por eso debe castigar la insolencia de
Babilonia, que ha mancillado el templo santo de Jerusalén y ha querido exterminar al pueblo san2149
to de Israel, sellado con la elección divina. Yahvé, como Santo, debe vengar los atropellos cometidos
contra su soberanía y contra la santidad de su pueblo.
Por eso sale al paso de la arrogancia de Babilonia: Heme aquí, insolente.; ha llegado tu
día (v.31). Sobre todas las iniquidades de Babilonia hay una que permanece continuamente ante
los ojos de Yahvé; es la opresión de su pueblo. Esto está exigiendo venganza, ya que Babilonia
se obstina en mantenerlos en la opresión. como esclavos (v.33). En Mesopotamia están aún cautivos
los hijos de Israel (el reino del norte, cuyos habitantes fueron deportados por los asirios en
el siglo VIII), y los hijos de Judá, o reino del sur, deportados por las tropas de Nabucodonosor.
Pero el pueblo escogido tiene un precioso valedor o Redentor (v.34), que es fuerte, y garantía de
su poder es su nombre único de Yahvé de los ejércitos. Israel era la heredad de Yahvé; por tanto,
a Yahvé le correspondía defender los derechos de su pueblo como go'el o defensor familiar 27.
Sobre todo, en la opresión de Israel estaba comprometido el honor y la majestad de su Dios. Nadie
tenía verdadero poder sobre el pueblo israelita sino Yahvé, que lo había rescatado de Egipto
y lo había formado como colectividad nacional. Yahvé, pues, celoso de sus derechos (el Santo de
Israel), debe salir por los fueros de su pupilo y defender su causa para dar reposo a la tierra
(v.34). La venganza sobre Babilonia debía traer como consecuencia la vindicación de los derechos
del pueblo israelita, oprimido, y la liberación de los otros pueblos esclavizados. Con la desaparición
de la nación opresora, las demás naciones de la tierra encontrarían reposo, pues no tendrán
que temer el yugo opresor28. La derrota de Babilonia traerá el alivio a los demás pueblos,
mientras que será ocasión de confusión para los habitantes de Babilonia (v.34b), orgullosos de
su poderío sobre los demás pueblos.
Los v.35-38 constituyen el llamado “canto de la espada.” Con estilo dramático y entrecortado,
el profeta anuncia la guerra contra la nación babilónica en todas sus manifestaciones
sociales. Nadie ni nada podrá salvarse de la espada de Yahvé enviada para castigarla. En
primer lugar caerán los más responsables: grandes y sabios (v.35), la clase alta de la sociedad,
que se manifestaba más insolente con los pueblos vencidos. Entre ellos están los adivinos o astrólogos,
tan numerosos en Babilonia. Toda la vida de los hombres y de la nación dependía, según
ellos, del curso de los astros; pero de nada les valdrán sus cálculos, pues a la hora del castigo
serán tenidos por necios (v.36). Incluso los famosos guerreros desfallecerán como mujeres, llenos
de miedo. Y todo el aparato guerrero de caballos y carros, orgullo de la nación y espanto de
los pueblos vencidos, no servirá para nada cuando llegue la hora de la espada de Yahvé.
Las mismas tropas mercenarias (v.37) temblarán como mujeres. De nada les servirá su
veteranía en la profesión de las armas, porque vendrá otro ejército más aguerrido, manejado, como
espada, por el mismo Yahvé. Y la guerra, en su plena manifestación, dará un golpe de gracia
a toda la riqueza agraria babilónica, basada en las canalizaciones del Tigris y del Eufrates: espada
contra sus aguas (v.38). Todas las obras de regadío desaparecerán bajo el golpe de la guerra,
de la “espada” enviada por Yahvé 29. Con ello vendrá la sequía y la miseria de la nación. De
hecho no sabemos que los persas, al entrar, se hayan ensañado contra las maravillosas obras de
ingeniería de canalización de los mesopotámicos. Pero el profeta idealiza la situación conforme a
los tradicionales cuadros de invasión, que trae como consecuencia la destrucción de las naciones
vencidas con todas sus riquezas y recursos naturales.
Yahvé castiga a Babilonia por su arrogancia, pero también por su exagerada idolatría:
porque es tierra de ídolos (v.38b). Para los israelitas, los simulacros de sus dioses son meros espantajos,
y no comprenden que se gloríen de ellos. Por eso, Yahvé ha decretado su destrucción.
Los v.39-40 imitan Is 13:19-22, y el v.40 es idéntico a Jer 49:18. Todo esto nos hace pensar en el
carácter redaccional artificial de varios pasajes de este capítulo, que tiene el aire de una compila2150
ción de pequeños poemas reunidos por un redactor posterior. Babilonia, según las imágenes tradicionales
de los profetas, quedará convertida en ruinas, morada de los chacales y avestruces,
siendo deshabitada por los siglos. La profecía se cumplió materialmente, ya que hoy día la antigua
ciudad no es sino un montón informe de ruinas, con un puro valor arqueológico para los eruditos.
Su destino ha sido, en este sentido, similar al de Sodoma y Gomorra (v.40), las dos ciudades
tradicionalmente malditas en la historia bíblica: no morará en ellas hijo de hombre. La frase
tiene un valor profético altísimo teniendo en cuenta que, cuando fue proferido el oráculo, Babilonia,
con su millón de habitantes, era el emporio comercial del mundo conocido.
La invasión, inminente (41-46).
41 Ya viene del norte un pueblo, una nación grande; muchos reyes se alzan de los
confines de la tierra. 42 Empuñan el arco y el venablo, son crueles y sin piedad. Su
estrépito es como el mugido del mar; montan caballos, vienen con todos los pertrechos
de guerra contra ti, hija de Babel. 43 El rey de Babel ha recibido la noticia, se le
han caído los brazos, es presa de la angustia y de dolores, como de mujer en parto. 44
Vedlos, se lanzan como leones que suben de los boscajes del Jordán a los pastos
siempre verdes. En un momento los hago partir y establezco allí a quien me place.
¿Pues quién como yo? ¿Quién me pedirá cuentas? ¿Quién es el pastor que podrá
oponérseme? 45Oíd, pues, los designios de Yahvé contra Babel, sus planes contra
Caldea. Irán conducidos por lo más ruin del rebaño, y a su vista los pastizales se
asombrarán. 46 Al rumor de la conquista de Babel temblará la tierra; sus ecos repercutirán
en las naciones.
Los v-41-43 son una reproducción de 6:22-24, aplicados al caso de Babilonia (véase el comentario
a dicho lugar). Todo esto prueba el carácter antológico de esta sección. Igualmente, los v.44-
46 son una reproducción del oráculo contra Edom (49:19-21), sustituyendo el nombre de esta
nación por el de Babilonia. Véase el comentario en dicho pasaje relativo a Edom, ya que el sentido
es el mismo, y sus símiles idénticos.
1 Cf. lo dicho para otros pueblos: Egipto, 46:25; Moab, 48,7; Amón, 49:4. — 2 Cf. Jer 1:14. — 3 Cf. 50,20; 3:18. — 4 Am8,18. — 5
Cf. Os 2:18; Is 14:1. — 6 Cf. Jer 2:8; 23:1. — 7 Cf. Jer 2:20; 3:6.23. — 8 Cf. Jer 14:8; 17:13- — 9 Cf. Jera.ó; 51:43 — 10 Cf. Jer
49:17; 19,8. — 11 Algunos creen que esta última frase es adición posterior. Cf. Jer 25:38; 46:16. — 12 En el texto griego falta el
nombre de Nabucodonosor. — 13 Cf. Is 33:9; Miq 7:14. — 14 Cf. Am4:1; Nah 1:4; Núm 32:1; Is 35:2. — 15 Cf. Jer 31:31-34- —
16 Cf. Jer 31:7s; 44:14- — 17 Cf. Jer 31:34; Is 40:2; 59:1s. — 18 Muchos autores consideran esta sección de los v.21-28 como un
poema aparte. — 19 Cf. el canto irónico de Is 14:3. — 20 Cf. Jer 51:20s. — 21 Cf. lo mismo aplicado a Israel, Jer 25:18; 20.18 —
22 Cf. Herod., I 191. — 23 Cf. Is 13:5. — 24 La frase venganza de su templo falta en los LXX, y está tomada de 51:11. — 25 Lit.
la palabra hebrea usada aquí significa “mezcla,” aludiendo al conglomerado de tropas mercenarias de diversos pueblos. — 26 Cf.
Is 1:4; 5:19; 10:5; Jer 51:5. — 27 El go'el era el miembro de la familia que tenía que vengar los ultrajes cometidos contra alguno
de la misma. Además tenía derecho y deber de rescatar una propiedad que había pasado a manos extrañas. Cf. Lev 25:25; Prov
23:11; Job 19:25; Is 43:14; 446 14· 41:14; 48:17; 54:5- — 28 Cf. Is 14:7- — 29 Algunos autores han querido cambiar jóreb (espada)
en jórcb (sequía) para adaptar mejor la imagen al contexto, pues no comprenden que la espada se envíe contra las aguas. Pero,
tomando la espada como sinónimo de guerra en general, no hay dificultad, teniendo e η cuenta el carácter eminentemente poético
del fragmento.
51. Oráculo contra Babilonia.
Sigue la serie de profecías contra Babilonia. El estilo es muy similar al del capítulo anterior: exhortación
al ataque contra la nación opresora. Yahvé la castiga por su insolencia y, sobre todo,
por haber oprimido desmesuradamente al pueblo de Yahvé, Israel. La descripción de la toma de
2151
la ciudad es impresionante y dramática, siempre según el cuadro tradicional de las invasiones, sin
que se requiera que sus detalles se hayan cumplido literalmente, por esa falta de perspectiva histórica
que es común a los profetas, los cuales conocen sustancialmente el hecho futuro; pero,
respecto a sus circunstancias, muchas veces se expresan conforme a su mentalidad e imaginación.
Exhortación a los conquistadores para combatir a Babilonia (1-10).
1 Así dice Yahvé: He aquí que voy a suscitar contra Babel y contra los habitantes de
Leb-Qamay un espíritu exterminador, 2 y mandaré contra Babel bieldadores que la
bielden, que harán evacuar su tierra, y vendrán de todas partes contra ella el día de
su desventura. 3 No deje, pues, el arquero su arco de la mano ni se desciña la malla.
No perdonéis a su juventud, exterminad todo su ejército. 4 Que caigan muertos en la
tierra de Caldea, traspasados en sus plazas. 5No son ya Israel ni Judá viudas de su
Dios, Yahvé de los ejércitos. Porque su tierra está llena de crímenes ante el Santo de
Israel. 6Huid de Babel; salve cada uno su vida, no perezcáis por su iniquidad. Es el
tiempo de la venganza de Yahvé, va a darle según su merecido. 7Era Babel como copa
de oro en manos de Yahvé, sirvió para embriagar a toda la tierra. Las naciones
bebieron de su vino; por eso enloquecieron. 8 De repente Babel ha caído y se ha roto;
gemid por ella. Id en busca del bálsamo para su herida, a ver si sana. 9 Hemos querido
curar a Babilonia, pero no se ha curado; dejémosla, vamonos cada uno a nuestra
tierra, porque sube su maldad hasta los cielos y se eleva hasta las nubes. 10 Yahvé
ha hecho justicia a nuestra causa; venid, anunciemos en Sión ) la obra de Yahvé,
nuestro Dios.
Yahvé interviene con sus ejércitos vengadores para castigar a Babilonia la pecadora. Leb-Qamay
es una cifra cabalística según el procedimiento de atbash, y equivale a Caldea, según lee el texto
griego 2.
Yahvé va a enviar un espíritu exterminador 3 contra Babilonia; es el genio conquistador
de Ciro, que va a acabar con la arrogancia del imperio mesopotámico. Sus tropas actuarán como
bieldadores, que harán dispersar a los habitantes de la gran metrópoli (v.2) 4. Yahvé mismo exhorta
a los atacantes a estar prestos para la lucha: no deje el arquero su arco de la mano ni desciña
su malla (v.3). No deben, pues, darse por contentos con la primera victoria, sino que deben
continuar el ataque hasta exterminar al enemigo (v.4). La hecatombe será general5. Y el pensamiento
del profeta se vuelve, en medio de la lucha, a Israel, objeto de las predilecciones de Yahvé.
La cautividad pudo dar a entender que Israel y Judá habían sido abandonados totalmente por
su Dios, como viudas que se han quedado sin marido; pero no es así: No son ya Israel ni Judá
viudas de su Dios (v.5). Yahvé había escogido al pueblo elegido como esposa de su juventud, y
seguía amándolo; por eso nunca podrá abandonarlo totalmente 6. La frase su tierra está llena de
crímenes ante el Santo de Israel (v.5b) hay que entenderla, por exigencias del contexto, como
aplicada a Babilonia7. Está, pues, fuera de lugar y hay que ponerla antes del v.5a.
Después de afirmar que Yahvé no ha abandonado a Israel y a Judá en el momento de la
ruina de Babilonia, invita a todos los exilados, principalmente a los israelitas, a salir de la ciudad
para que salven su vida (v.6). La iniquidad de la nación caldea ha sido colmada, y ha llegado la
hora de las reivindicaciones divinas. Babel ha sido un instrumento de la justicia divina, haciendo
las veces de una copa de oro que ha de pasar de labio en labio de las otras naciones a las que
había que castigar. Esa copa de oro en manos de Yahvé (ν.7) está rebosante de la cólera divina
2152
sobre los pueblos. En 25:135, Yahvé la hace beber a todas las naciones para que se embriaguen
de la ira divina: Babilonia, invadiendo y arrasando las naciones, es entonces el instrumento de su
justicia. Pero ha llegado la hora a ella, que fue copa de oro en manos de Yahvé para embriagar a
los otros pueblos. Se ha extralimitado en su oficio de castigar a las otras naciones, y por eso no
puede quedar impune en su iniquidad: Sirvió para embriagar a toda la tierra. (v.7), pero de repente
Babel ha caído y ha sido rota (v.8). Babilonia ha caído de su estado de magnificencia (copa
de oro) a un estado total de postración.
El profeta invita irónicamente a que se le ponga un remedio a la situación ruinosa, al
mismo tiempo que entona un canto fúnebre: gemid por ella, id en busca de balsamo para su
herida (v.8b) 8. Los que asisten a la catástrofe 110 pueden creer en la ruina definitiva de la gran
nación, y buscan un remedio desesperado, respondiendo a la invitación del profeta; pero han
constatado que no hay solución: Hemos querido curar a Babilonia, pero no se ha curado (V.9).
Todos los que estaban interesados en la prosperidad de la gran metrópoli (mercenarios, comerciantes,
aliados, etc.) buscan dar una prolongación de vida a la situación, pero, en vista de que
nada pueden hacer, deciden marcharse cada uno a su país para salvar su vida: dejémosla, vamonos
cada uno a nuestra tierra (v.9b). Y en la ruina reconocen un castigo divino: sube su maldad
hasta los cielos. La frase es hiperbólica, muy en consonancia con las arrogancias de estilo en los
protocolos reales babilonios, según consta por las inscripciones halladas. En Is 14:13 se pone en
boca del rey de Babilonia esta frase pretenciosa: subiré hasta el cielo; frase análoga a la de los
constructores de la famosa torre de Babel: hagamos una torre que llegue hasta el cielo 9.
En esta ruina de la nación opresora reconocen los israelitas la mano justiciera de su Dios:
Yahvé ha hecho justicia a nuestra causa (v.10). Israel había sido culpable ante su Dios, pero Babilonia
se había excedido en el castigo, oprimiéndolo excesivamente, destruyendo su santuario y
pretendiendo prolongar indebidamente el tiempo de la cautividad. Pero, al castigar Yahvé a Babilonia,
ha hecho justicia a la causa de su pueblo. Por eso de las gargantas de los libertados sale
un canto de alabanza a su Dios: Anunciemos en Sión la obra de Yahvé (v.10b), que los ha salvado,
manifestando así la fidelidad a sus promesas 10.
La ruina inminente de Babilonia (11-26).
11 ¡Afilad las saetas, llenad las aljabas! Yahvé ha excitado el espíritu de los reyes de
Media. Tiene contra Babel un proyecto: destruirla. Es la venganza de Yahvé, la
venganza de su templo. 12Alzad las banderas sobre los muros de Babel, esforzad la
guardia, preparad emboscadas. Porque Yahvé hará, como lo pensó, todo cuanto ha
dicho contra los habitantes de Babel. 13Tú que moras junto a aguas abundantes, rica
de tesoros, ha llegado tu fin, el término de tu destino11. 14Por sí mismo lo juró Yahvé
de los ejércitos: te inundaré de hombres como de langostas, y lanzarán contra ti gritos
de triunfo. 15El con su poder ha hecho la tierra, con su sabiduría cimentó el orbe
y con su inteligencia tendió los cielos. 16 A su voz se congregan las aguas en el cielo.
El hace subir las nubes desde los confines de la tierra, hace brillar el rayo entre la
lluvia y saca los vientos de sus escondrijos. 17Embrutecióse el hombre sin conocimiento,
los orífices se cubrieron de ignominia por sus ídolos, pues no funden sino
vanidades, que no tienen vida. 18Son cosa vana, ridicula; el día de la cuenta perecerán.
19 No es ésta la herencia de Jacob, que El es el Hacedor de todo, e Israel es la
tribu de su heredad; su nombre es Yahvé de los ejércitos. 20 Tú me fuiste martillo y
maza de guerra; contigo aplasté pueblos, contigo quebranté reinos, 21contigo derribé
caballo y caballero, contigo aplasté al carro y al conductor, 22contigo aplasté hom2153
bres y mujeres, contigo aplasté viejos y niños, contigo aplasté mozos y doncellas,
23contigo aplasté al pastor y a su rebaño, contigo aplasté al labrador y a su yunta,
contigo aplasté gobernantes y jueces. 24 Pero yo devolveré a Babel y a todos los habitantes
de Caldea todo el mal que a vuestros ojos hicieron ellos a Sión, oráculo de
Yahvé. 25Heme aquí contra ti, ¡monte de destrucción — oráculo de Yahvé — que
destruyó la tierra! Yo extenderé mi mano sobre ti y te haré rodar desde lo alto de las
rocas, y haré de ti mi horno encendido. 26 No se sacará más de ti una piedra angular,
ni una piedra de cimiento,Serás perpetua ruina, oráculo de Yahvé.
El profeta supone al ejército persa invasor ya a las puertas de la ciudad maldita, y da militarmente
órdenes entrecortadas para el avance: afilad las saetas., alzad las banderas, reforzad la guardia.
(v.11). Es Yahvé quien dirige el ataque, encomendado a los reyes de Media, es decir, al conglomerado
de tropas mandadas por Ciro, que era rey de Persia y de Media después de haber vencido
a Astiages, rey de esta última. Los planes destructores de Yahvé se cumplirán inexorablemente:
hará como lo pensó (v.12). Es la venganza de su templo, es decir, la hora de pedir cuentas
por la profanación del templo de Jerusalén. De nada le vale a Babilonia su opulencia y su posición
estratégica, situada a los dos lados del Eufrates, rodeada de numerosos canales: junto a
aguas abundantes (v.13) 12, y, por otra parte, rica de tesoros, amontonados con su próspero comercio
y sus depredaciones sobre los otros pueblos vencidos.
Pero, a pesar de todas sus riquezas, ha llegado su fin (ν.13), porque así lo ha decretado
Yahvé, dueño de los destinos de los pueblos. El decreto de destrucción de la ciudad es inexorable,
ya que por sí mismo lo juró Yahvé (v.14) 13. El ejército invasor será incalculable: te inundaré
de hombres como de langostas.
Los v.15-19 son idénticos a 10:12-16 (véase allí su comentario). Parecen romper con la ilación
lógica del contexto, y, por tanto, podemos considerar el fragmento como adición posterior de un
redactor, que ha creído cantar el poder de Yahvé como justificante de su dominio sobre Babilonia.
Los v.20-23 constituyen el llamado “himno del martillo,” como 50:355 constituían el
“himno de la espada.” Parece que está aplicado a Babilonia, que ha sido instrumento de Yahvé
en el castigo sobre los otros pueblos: tú fuiste mi martillo y maza de guerra (v.20). En el v.7 se
compara a Babilonia a una copa de oro en manos de Yahvé, llena de la cólera divina para embriagar
a las naciones. Ahora se la compara a un martillo en manos de Yahvé sembrando la destrucción
por los pueblos. Babilonia ha abusado de su poder sobre los pueblos, sembrando la guerra
por doquier contra todas las clases sociales: guerreros, mujeres, pastores, labradores, gobernantes,
etc. (v.21-23). Y entre los oprimidos está sobre todo el pueblo israelita. Pero ahora ha
llegado la hora para el martillo. Babilonia va a sentir el peso de la ira divina (v.24) 14. Se la compara
a una montaña de destrucción (v.25), o destructora, por la masa imponente de su poder
aplastante frente a todas las naciones. Está como en la cima de la montaña de su poder, pero
Yahvé extenderá su mano y la hará rodar desde lo alto de las rocas (v.25). En este segundo símil
se la presenta como un castillo roquero que es destruido y echado a rodar con sus materiales dispersos
por la montaña abajo. Los profetas superponen a menudo imágenes rompiendo la ilación
lógica estricta. Se convertirá en horno encendido, en cuanto que sus piedras serán calcinadas
como en un horno 15, en tal forma que no se podrán utilizar para la edificación, ni como piedra
angular ni como piedra de cimiento (v.26) para reconstruir de nuevo Babilonia. Será una perpetua
ruina, la desolación total.
2154
Caldea, entregada a sangre y fuego (27-40).
27 Alzad bandera en la tierra, tocad las trompetas en las naciones, santificad (para la
guerra) contra ella las gentes, convocad contra ella los reinos de Ararat, de Minni y
Askenaz. Instituid contra ella oficiales 16, lanzad contra ella los caballos 1 como langostas
hirsutas. 28Santificad (para la guerra) contra ella a las naciones, a los reyes de
Media, a sus jefes, a todos sus sátrapas y a toda la tierra de su jusrisdicción. 29La
tierra tiembla y se estremece, porque va a cumplirse el designio de Yahvé contra
Babel, para hacer de la tierra de Babel un desierto inhabitable. 30Los guerreros de
Babel han cesado de combatir, permanecen en las fortalezas. Han perdido su valor,
se han vuelto mujeres. 31 Corren los correos uno al encuentro del otro, y unos mensajeros
al encuentro de otros mensajeros, para anunciar al rey de Babel que su ciudad
ha sido tomada del uno al otro extremo. 32Los vados, ocupados; las defensas,
ardiendo, y los hombres de guerra, abatidos. 33Porque así dice Yahvé de los ejércitos,
Dios de Israel: La hija de Babel es como una era al tiempo de ser apisonada;
bien pronto le llegará a ella el tiempo de la recolección. 34 El rey de Babilonia, Nabucodonosor,
me devoró, me consumió, me dejó como vasija vacía, me tragó como
dragón, y llenó su vientre de mis bocados más suculentos17. 35Sean sobre Babel mi
violencia (sufrida) y mis carnes, dice la moradora de Sión, y mi sangre sobre los
habitantes de Caldea, dice Jerusalén. 36Por eso dice Yahvé: He aquí que yo tomaré
por mi cuenta tu causa; yo te vengaré, yo secaré su mar y cegaré sus manantiales, 37
y se convertirá Babel en un montón de ruinas, en guarida de chacales, objeto de
horror y de sarcasmo, sin habitantes. 38Todos a una rugen como leones, gruñen como
cachorros de leona. 39 En su fiebre, yo les prepararé la bebida, los embriagaré
para que se adormilen18 y duerman el sueño eterno, del que no despertarán, oráculo
de Yahvé. 40Yo los llevaré al degüello como corderos, como carneros y chivos.
Yahvé invita a levantar una bandera para congregar a las naciones al ataque (v.27) 19. La guerra
tiene en este caso un sentido sagrado, el de salir en defensa de la justicia de Yahvé; por eso los
combatientes conquistadores son considerados corno “consagrados” para la guerra: santificad
(para la guerra) contra ella las gentes (v.27b) 20. Es la hora de la rehabilitación de la justicia
divina. Las naciones o gentes llamadas a la cruzada de Yahvé son el conglomerado de pueblos
del norte que formaban parte del imperio medo, y entre ellos Ararat o Armenia, Minni y Askenaz,
también regiones de esta parte de Armenia 21. Con su caballería deben presentarse como
langostas hirsutas, es decir, con aspecto aterrador. La caballería de guerra es de importación indoeuropea
(medopersa), y era el terror de los pueblos del Oriente Medio. Al frente de ella viene
el rey de Media (v.28), designación genérica de los pueblos medo-persas, bajo la dirección de
Ciro el Conquistador.
Ante ese espectáculo terrorífico de la caballería persa, los guerreros babilonios se repliegan
y no quieren dar batalla en campo abierto, encerrándose en las fortalezas (v.30). De todas
partes llegan los correos con las infaustas noticias: la ciudad ha sido tomada del uno al otro extremo
(ν.31). La descripción de los mensajeros al rey es patética: los vados, ocupados; las defensas,
ardiendo, y los hombres de guerra, abatidos (v.32). La situación, pues, es totalmente desesperada
22. Babilonia es como una era al tiempo de apisonarla; bien pronto llegará el tiempo de
la recolección v.33), e.d., está preparada cuidadosamente para el castigo, que es la recolección
merecida. Cuando la era está ya limpia, apisonada y preparada, es que la recolección se acerca.
2155
Así, Babilonia, ya cercada por las tropas persas, está dispuesta para ser tomada, recibiendo así su
merecido, la recolección de tanta iniquidad obrada impunemente hasta entonces.
El profeta, ante el castigo de Babilonia, piensa de nuevo en la tragedia de su pueblo a
manos de la opresora Babilonia: Nabucodonosor me devoró, me trituró. (v.34). La Ciudad Santa
fue expoliada, saqueada y vaciada de todo su valor: me dejó como vasija vacía. Todo fue a engrosar
los tesoros de la implacable nación invasora: llenó su vientre de mis bocados mas suculentos.
La vida de la nación desapareció, y las fuerzas vivas del país fueron llevadas en cautividad.
Por eso, los habitantes cíe Jerusalén dicen amargados y con deseos de revancha: sean sobre Babel
mi violencia, mis carnes, mi sangre. (v.35). Han sufrido tanto, que no pueden menos de desear
el castigo de la nación opresora. Yahvé recoge estos desahogos de su pueblo y garantiza con
su palabra que pedirá cuenta al opresor de sus violencias (ν.36): secaré su mar.; alusión a la destrucción
de la canalización del Eufrates y de sus afluentes artificiales, fuente de la riqueza de
Mesopotamia. Con ello todo será un montón de ruinas (v.37)23.
Pero los moradores de Babilonia no conocen la proximidad de la tragedia y se entregan a
gozar de sus riquezas y expoliaciones: rugen como leones. (ν.38). Su inconsciencia será trágica,
ya que, calentados por el vino en los festines, no les hará ver la gravedad de la situación: en su
fiebre, yo les prepararé la bebida, los embriagaré para que se adormilen (v.39). El mejor comentario
de esto es lo que nos narra el libro de Daniel sobre la cena de Baltasar. El mismo Herodoto
se hace eco de una tradición según la cual, cuando los persas entraron en Babilonia, los
magnates de ésta estaban entregados al desenfreno en continuos convites 24. Yahvé los va a hacer
dormir el sueño eterno, del que no despertaran (v.39), pues la muerte está próxima, porque así lo
ha decidido Yahvé: Yo los llevaré al degüello como corderos. (v.40). La frase es impresionante,
pero es la que mejor refleja la suerte trágica de la gran metrópoli mesopotámica 25.
Elegía sobre Babilonia (41-45).
41¿Cómo ha sido tomada “Sheshak”? ¿Cómo ha sido conquistada la gloria de toda la
tierra? ¿Cómo ha venido a ser Babel objeto de horror entre las naciones? 42Ha subido
el mar contra Babel, la ha sumergido bajo el cúmulo de sus olas. 43 Sus ciudades
se han convertido en desolación: tierra árida y desierta, que nadie habitará ni por la
que pasará hijo de hombre. 44 Yo me ensañaré contra Bel en Babilonia, yo le haré
vomitar por la boca cuanto engulló; ya no concurrirán más a él las gentes; caerán
también las murallas de Babel. 45 Sal de ella, pueblo mío; salve cada cual su vida ante
el furor de la cólera de Yahvé.
El canto elegiaco comienza con el característico ¿Cómo ha sido. ? El profeta asiste en espíritu a
la realización de la ruina de Babilonia, llamada con el nombre cabalístico de Sheshak (v.41) según
el procedimiento del atbash, que hemos visto en 25:26. Babilonia era considerada como la
gloria de toda la tierra (v.41) por su magnificencia y riquezas, lo que constituía la admiración de
todos los pueblos 26. Pero de pronto se ha convertido, por la derrota, en objeto de horror entre las
naciones (v.41b). El ejército enemigo ha caído sobre Babilonia como el mar, sumergiéndola bajo
el cúmulo de sus olas (v.42). No quedará más que desolación y ruinas (v.43) 27. Y todo ha sido
efecto de la ira divina, que se ha ensañado con Bel, la principal divinidad babilónica: Bel-
Marduk. Aquí el dios simboliza la ciudad, ya que, en la mentalidad antigua, el dios seguía la
suerte de su nación. La desolación será total, y ya no concurrirán más a él las gentes (v.44). Babilonia
era el centro de convergencia de millares de comerciantes que iban con sus mercancías a
la gran metrópoli. Todo esto desaparecerá, y las mismas murallas de Babel, orgullo de los babi2156
lonios, caerán. De nuevo ante la inminencia de la catástrofe, el profeta piensa en la salvación de
Israel exilado: sal de ella, pueblo mió; salve cada uno su vida (v.45). La expresión pueblo mió
tiene un aire de ternura muy característico del espíritu afectuoso del profeta de Anatot. Para él, su
vida ha estado siempre vinculada a la tragedia de su pueblo, y ahora piensa en su liberación ante
el furor de la cólera de Yahvé (v.45); Israel ha sufrido ya demasiado y no debe exponerse a nuevos
peligros.
La destrucción total de Babilonia (46-58).
46 No se turbe vuestro corazón ni temáis por el rumor que se ha oído en la tierra,
pues un año correrá un rumor, y el otro otro; habrá violencia en la tierra, un tirano
contra otro tirano. 47 Por eso vienen días en que yo me ensañaré contra los ídolos de
Babel, y toda su tierra se cubrirá de vergüenza, y todos sus muertos yacerán sobre
ella. 48 Cielos y tierra y cuanto hay en ella se alegrarán por Babilonia, pues del norte
vendrán contra ella los devastadores, oráculo de Yahvé. 49 Por los muertos de Israel
caerá Babel, como por Babel cayeron los muertos de toda la tierra. 50 Los que
hayáis escapado de la espada, partid, no os detengáis. Desde lejos acordaos de Yahvé,
y que vuelva Jerusalén a vuestra memoria. 51 Estamos llenos de vergüenza,
hemos sido ultrajados; ¡nuestro rostro se cubre de confusión, pues entraron extranjeros
en el santuario de la casa de Yahvé. 52 Por eso vienen días — oráculo de Yahvé
— en que yo visitaré a sus ídolos, y por toda ¿u tierra se oirá el gemir de los heridos.
53 Aunque se alzase Babel hasta el cielo e hiciera inaccesibles por los altos sus baluartes,
vendrán contra ella devastadores de mi parte, oráculo de Yahvé. 54 Oynse
los alaridos de Babel, ruina grande en la tierra de los caldeos. 55 Porque devasta
Yahvé a Babel y pone fin a su gran jactancia, y braman sus olas como aguas desbordadas,
retumban con estruendo, 56 porque ha venido contra Babel el devastador.
Son apresados sus guerreros, rotos sus arcos, porque es Yahvé Dios de retribuciones
y les da según su merecido. 57 Y emborracharé a sus grandes, a sus sabios, a sus jefes,
a sus magistrados, a sus guerreros, y dormirán un sueño eterno, del que no despertarán,
oráculo del Rey, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos. 58 Así dice Yahvé
de los ejércitos: La ancha muralla de Babel será enteramente arrasada; sus altas
puertas, quemadas, Trabajaron en vano los pueblos, y las naciones para el fuego se
han cansado.
El v.46 está en prosa y tiene el aire de nota redaccional posterior. El autor parece querer salir al
paso de rumores de disturbios que pudieran intranquilizar a la comunidad israelita exilada. Muchos
autores creen ver en este verso una alusión a los disturbios que precedieron a la caída de
Babilonia. Entre los años 550-540, Ciro fue apoderándose poco a poco de las provincias medopersas,
y se extendía hacia el imperio babilónico. Este, gastado, había entrado en una época de
clara descomposición: el rey Nabónides había sido confinado al oasis de Tema, en el desierto
siró-arábigo, gobernando el reino su inepto hijo Baltasar. La región de Gutium se había emancipado
de los babilonios. Por todas partes había brotes de rebeldía. Quizá en este ambiente de inseguridad
hay que entender las palabras confortadoras que invitan a la confianza en Yahvé, defensor
de los intereses de su pueblo (v.46).
La hora del castigo de Yahvé se acerca: caerán los ídolos y vendrá la matanza general
(v.47). Todos los pueblos, cielos y tierra (expresión hiperbólica) se alegraran por la caída de
Babilonia 28. El vengador viene del norte: es el ejército medo-persa (v.48). La sangre de los
2157
muertos de Israel está clamando venganza contra Babilonia, y lo mismo reclaman los muertos de
toda la tierra (v.49). La suerte de la nación opresora es inexorable. Sufrirá la suerte de las naciones
antes expoliadas y oprimidas. Como en secciones anteriores, el profeta, a la hora de la catástrofe,
piensa en sus conciudadanos y los invita a salir para que no caigan con los babilonios: Partid,
no os detengáis (v.50). Por otra parte, el profeta quiere evitar que los israelitas, que se habían
creado una vida próspera en Babilonia, se queden allí. Les exhorta por ello a acordarse desde lejos
(Babilonia) de Yahvé, pensando siempre en Jerusalén, su única y verdadera patria (v.50).
Los israelitas responden a la invitación del profeta con la mejor disposición. La tragedia de la
madre patria la llevan muy en el corazón, y sienten un íntimo bochorno por lo acaecido a su país:
Estamos llenos de vergüenza., pues entraron extranjeros en el santuario de Yahvé (v.51). La profanación
del templo de Jerusalén es la mayor humillación para los deportados de Babilonia 29.
Precisamente por este ultraje al pueblo santo y a su santuario va a intervenir la justicia divina: yo
visitaré a sus ídolos (v.52). De nada servirán los baluartes inaccesibles (v.53) para salvar a Babilonia,
pues está la mano omnipotente de Yahvé, que hace venir a devastadores para cumplir sus
designios punitivos.
El efecto de la intervención divina no se deja esperar: óyense alaridos en Babel. (v.54).
Es el griterío de los vencidos y heridos. El estado caótico de la ciudad es como el mar alborotado,
cuyas olas braman como aguas desbordadas (v.55). Ha llegado la hora del castigo, porque
Yahvé es Dios de retribuciones (v.5ó). Por encima de todo brillan sus atributos de justicia y de
santidad. Sobre todo serán castigadas las clases directoras, responsables de las injustas opresiones
de Babilonia: Emborracharé a sus grandes. (v.57). La muerte será su pago: dormirán un
sueño eterno. Y como garantía del cumplimiento de esto está Dios, que tiene por nombre Yahvé
de los ejércitos (v.57). Su omnipotencia, como Señor de los cielos y de la naturaleza y como Señor
de las batallas, vencerá todos los obstáculos, y de nada servirán a Babilonia sus orgullosas
defensas amuralladas: la ancha muralla de Babel sera arrasada (v.58). Las murallas de Babilonia,
con sus puertas de bronce y sus altas torres, eran la maravilla de la antigüedad 30. Las excavaciones
recientes han probado que las cifras de las dimensiones de las mismas no son tan exageradas
como parecían. Babilonia estaba rodeada por una muralla doble de 18 kilómetros de largo
en tiempos de Nabucodonosor. Tenía dos muros: uno externo, de ocho metros de ancho, y otro
interno, de la misma anchura. Entre ambos, un espacio de 26 metros de ancho, y por fuera un foso
de agua. Además, innumerables torres, entre las que destacaba la llamada de Istar, de 12 metros
de altura 31. La obra era colosal, y parecía que la ciudad era inexpugnable; pero, llegada la
hora de Dios, de nada sirvió el trabajo invertido en construirla. Durante generaciones, millones
de esclavos habían trabajado en la erección de esta obra gigantesca: trabajaron en vano los pueblos
(v.58c). Pero han trabajado para el fuego. Todo será pasto de las llamas. Como hemos dicho
varias veces, no fue necesaria una lucha excepcional para que los soldados de Ciro entraran en la
gran metrópoli, pues las disensiones internas habían facilitado la entrada. Por otra parte, Ciro no
destruyó la ciudad. Más tarde, Darío daría cumplimiento a la profecía; hoy día sólo quedan inmensas
masas informes de paredes de ladrillo, que nos dan una idea de la grandiosidad de las
fortificaciones de la época del esplendor del imperio babilónico.
Profecía, acompañada de una acción simbólica,. contra Babilonia (59-64)
59 Misión que encomendó Jeremías, profeta, a Saraya, hijo de Nerías, hijo de Masías,
al ir éste a Babilonia con el rey Sedecías el cuarto año de su reinado. Saraya era
entonces gran intendente. 60 Escribió Jeremías en un volumen todo el mal que había
de venir contra Babilonia, cuanto había escrito sobre Babilonia. 61 Y dijo Jeremías a
2158
Saraya: Cuando llegues a Babilonia, lee en voz alta todo esto, 62 y dirás: Yahvé, tú
has hablado de destruir este lugar, sin que haya ni hombre ni ganado que lo habite,
hecho perpetua soledad. 63 Cuando hayas acabado de leerlo, le atarás una piedra y
lo arrojarás en medio del Eufrates, 64 diciendo: Así se hundirá Babilonia, sin alzarse
ya más del estrago y de la destrucción que yo traeré sobre ella. Hasta aquí las palabras
de Jeremías.
Esta sección está fuera de contexto, y su lugar natural sería después de los c.27-28. Según el
v.59, esta profecía fue redactada en el año cuarto del reinado de Sedecías, es decir, en 594 a.C.
Por lo que aquí se refiere, el rey Sedecías se fue personalmente a Babilonia a rendir pleitesía a
Nabucodonosor para evitar que éste desconfiara de Judá. En realidad, el rey judío estaba tramando
una alianza contra Babilonia, basándose en Egipto. Le acompañaba Saraya, que debía de ser
pariente de Baruc, el secretario de Jeremías. Esto facilitó la transmisión del mensaje del profeta a
los deportados del 598. Por orden suya, Saraya debía anunciar después la ruina de Babilonia,
echando al río el mensaje en una acción simbólica, para indicar la ruina de la metrópoli mesopotámica.
Es interesante notar que Jeremías en aquellos años en que predicaba la sumisión al coloso
babilónico, porque Yahvé había decidido entregar la tierra de Judá a Nabucodonosor, enviase
al mismo tiempo una profecía sobre la futura destrucción de Babilonia. Era consecuente en ello,
ya que sabía que, si bien Babilonia era el instrumento de la justicia divina para castigar a Judá
por sus pecados, sería ella a su vez castigada por Yahvé a causa de sus iniquidades y de su
desobediencia. Siempre los profetas se mueven en el campo de la teología de la historia, persuadidos
de que Yahvé dirige los hilos de los hechos humanos y que al fin impondrá sus designios.
No se da el contenido de la profecía de Jeremías al detalle, sino la idea general, que es
confirmada por el acto simbólico de lanzar la profecía al agua. Su sentido es que del mismo modo
que se hunde el escrito en el río, se hundirá Babilonia para no levantarse jamás (v.64). Se trata,
pues, de una acción simbólica del estilo de las que hemos visto en 13:19. El colofón hasta
aquí las palabras de Jeremías falta en los LXX, y parece una nota redaccional posterior.
1 Así según la versión siríaca, seguida por Condamin y Dennefeld; está conforme con la segunda parte del verso. El TM actual no
hace sentido: “contra el que tiende el arco, tienda el arquero su arco.” — 2 El procedimiento atbash consiste en sustituir la primera
letra del alefato (A) por la última (T); la segunda (B), por la penúltima (Sh); de ahí el nombre de aíbash. En 25:26 se emplea en
el nombre Shes/iak por Babel. Así, Leb-Qamay está por Kashdim (Caldea), y significa lit. “corazón de mis adversarios.” Es así un
nombre simbólico apropiado para designar a la gran rebelde y enemiga Babilonia. — 3 Los LXX y la Vulgata leen “viento destructor,”
que puede adaptarse bien al sentido del contexto. — 4 Cf. Jer 15:7; 49,32-36; Mt 3:12. — 5 Cf. Jer 49:26; 50:30. — 6 Cf.
Jer 2:2; 31:22.31; Os 1:7; Is 49:14; 50,1; 54:6. — 7 Así Condamin, Nótscher, Gelin. — 8 Cf. Jer 46:11. El profeta exhorta irónicamente
a que se busque bálsamo para curar a Egipto. Cf. Is 23:1; 21:9; Ap 14:8; 18:2. — 9 Cf. Gen 11:4. — 10 Cf. Is 62:11-12;
Jer 50,28. — 11 La frase es elíptica. Bible de Jérusalem: “el término de tus rapiñas.” — 12 Cf. Herodoto, 1:178.185; Jenofonte,
Ciropedia VII 5:8. — 13 Cf. Jer 22:5; Am 6:8. — 14 El verso está en prosa, y quizá sea glosa. — 15 Cf. Is 33:12. — 16 En hebreo
es Tifsar, relacionado con el asirio tupsharu (escriba); pero parece que aquí designa un oficial militar. Cf. Nah 3:17. — 17 Lit. en
hebreo: “de mis delicias.” Un ligero cambio de vocalización da la traducción arriba consignada. — 18 Lit. el TM dice “para que se
alegren,” que no parece adaptarse a lo trágico del contexto. La versión arriba expuesta sigue a los LXX, que supone una palabra
hebrea muy similar. — 19 Cf. Iss,25; 13:2. — 20 Cf. Jer 6:4; 22:7; Is 13:3. — 21 Ararat es el Urartu de las inscripciones cuneiformes.
Minni es el Mannai de las inscripciones asirías, al SE del lago Urmía. Askenaz (Gen 10:3) es probablemente el Ashguzai
asirio. — 22 Cf. Herodoto, I 186. Según éste, los persas desviaron al río para entrar. — 23 Cf. Jer 9:1 1; 10,22; 18:16; 49,33;
50,13; 50.39 — 24 Cf. Herodoto, I 191. Véase Dan 5:13. — 25 Cf. Jer 48:15; 50,27; Is 34:6s; Ez 39:18. — 26 Cf. Jer 49:25;
Herodoto, I 178. — 27 Cf. Jer 2:6; 48:9; 49:18.33; 50:12. — 28 Cf. Is 14:8; 30,29; 44:23. — 29 Algunos autores quieren entender
el verso en sentido de negativa: los exilados no querían pensar en Jerusalén por el recuerdo triste de su humillación. — 30 Cf.
Herodoto, I 172-182; Diodoro, II c.y-10; Estrabón, XVI i. — 31 Cf. Herodoto, l.c.; Contenau, Manuel d'archéologie oriéntale III
I353s; H. Gress-Mann, Alt. Or. Bild. u. Alt. T. fig.373.
52. Apéndice histórico: la destrucción de Jerusalén.
Esta sección postuma del libro de Jeremías es similar a 2 Re 24:18-25:30. Ha sido insertada
2159
aquí por un redactor posterior para probar con los hechos el cumplimiento de las profecías sobre
la destrucción de Jerusalén y de su templo y del destierro de los judíos. En el capítulo anterior
hemos encontrado ya el colofón: “Hasta aquí las palabras de Jeremías.” No obstante, hay indicios
de que este capítulo depende de una fuente independiente de 2 Re 24:18-25. Al menos puede caber
la posibilidad de que ambos autores hayan bebido de una fuente común; de ahí algunas omisiones
y variantes, en el supuesto de que se copiaban libremente adaptando a las exigencias de
cada uno.
Toma de Jerusalén y captura del rey Sedecías (1-11).
1 A la edad de veintiún años comenzó a reinar Sedecías, y reinó once años en Jerusalén.
Su madre fue Jamital, hija de Jeremías, de Libna. 2 Hizo mal a los ojos de Yahvé,
como lo había hecho Joaquim, 3 encendiendo la cólera de Yahvé contra Jerusalén
y contra Judá, hasta hacer que los arrojase de su presencia. Sedecías se rebeló
contra el rey de Babilonia. 4 Y sucedió que el año nono de su reinado, el décimo mes,
el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército contra
Jerusalén, la cercó, levantó fortificaciones contra ella en derredor, 5 y estuvo sitiada
la ciudad hasta el año undécimo del rey Sedecías. 6 El mes cuarto, el nueve del mes,
se apoderó el hambre de la ciudad, y no había en ella nada que comer. 7 Abrieron
brecha en los muros, y todos los hombres de guerra huyeron, saliendo de la ciudad
de noche, por el camino de la puerta entre ambos muros, que está junto a los jardines
reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad. Tomaron el camino que conduce
al Araba. 8 El ejército caldeo persiguió al rey, dándole alcance en los llanos de Jericó,
y todas sus tropas le abandonaron y se dispersaron. 9 Apresaron al rey y le llevaron
ante el rey de Babilonia, en Ribla, en la tierra de Jamat, donde le juzgó. 10 El
rey de Babel hizo degollar a los hijos de Sedecías a la vista de éste, e igualmente a los
grandes de Judá, en Ribla. 11A Sedecías le hizo sacar los ojos y le cargó de cadenas
de bronce para conducirle a Babilonia, donde le tuvo encarcelado hasta el día de su
muerte.
En los v.1-3 se da el conocido esquema histórico del libro de los Reyes, haciendo el juicio teológico
del reinado de Sedecías, que resultó digno sucesor de su hermano Joaquim, ya que favoreció
el sincretismo religioso e hizo el mal a los ojos de Yahvé. La frase es la estereotipada del libro de
los Reyes para condenar a los soberanos que no acomodaron su conducta pública a las exigencias
del yahvismo tradicional ! A causa de sus iniquidades se encendió la cólera de Yahvé contra Jerusalén
y Juda (v.2). Los profetas consideran los hechos a la luz de la teología de la historia de
Israel; así, para ellos los castigos son la justa retribución de los abusos de la nación como colectividad.
Los v.2-4 se encuentran en 39:1-10, y son idénticos a 2 Re 25:1-7. Sólo se da como dato
nuevo la alusión a la carestía de vida en Jerusalén. Según estos datos, el ataque de las tropas de
Nabucodonosor a Jerusalén tuvo lugar entre diciembre del 589 a enero del 588 2. El sitio duró
hasta el año 586. La caída de Jerusalén fue en este año, en el mes cuarto, es decir, junio-julio 3.
La huida fue por el lado sur de la ciudad, junto a los jardines reales (ν.7). Los babilonios atacaban
por el norte, la parte más vulnerable, y los fugitivos buscaron el camino del desierto o Araba,
como lugar más propicio para pasar inadvertidos. En los llanos de Jericó fue cogido el rey,
abandonado de sus soldados, cumpliéndose así la profecía de Jeremías 4. El rey fue llevado a Ribla,
en la Alta Siria (ν.6), donde Nabucodonosor tenía su cuartel general. El castigo infligido a
2160
los hijos del rey, asesinados a la vista del padre, está en consonancia con las bárbaras costumbres
antiguas orientales.
Destracción total de Jerusalén (12-23).
12 El quinto mes, el día diez del mes, el año decimonono de Nabucodonosor, rey de
Babilonia, vino Nabuzardán, jefe de la guardia real, ministro del rey de Babilonia, a
Jerusalén, 13 y puso fuego al templo, y al palacio del rey, y a todas las casas de Jerusalén,
quemando principalmente todas las casas grandes, 14 y el ejército de los caldeos
que estaba con el jefe de la guardia arrasó toda la muralla que rodeaba a Jerusalén.
15 El resto del pueblo que había quedado en la ciudad, los prófugos que se
habían pasado al rey de Babilonia y el resto de los artesanos los llevó Nabuzardán,
jefe de la guardia,16 dejando sólo los pobres de la tierra, viñadores y labradores. 17
Rompieron también las columnas de bronce que había en el templo de Yahvé, las
basas y el mar de bronce del templo, y se llevaron todo el bronce a Babilonia. 18 Se
apoderaron los caldeos de las palas, los cuchillos, las copas, las cucharas y todos los
utensilios del culto. 19 Igualmente tomó el jefe de la guardia los pilones, los braseros,
las copas, las calderas, los candelabros, las cucharas y los platos; todo cuanto era de
oro, por oro; lo de plata, por plata; 20 las dos columnas, el mar de bronce y los doce
toros de bronce y las basas que había hecho el rey Salomón para el templo, de un
peso incalculable. 21 Las columnas eran de dieciocho codos de altura; rodeábalas un
cordón de doce codos y tenían cuatro dedos de grueso, pues eran huecas por dentro.
22 Tenía cada columna su capitel de bronce, de cinco codos de alto; todo en torno de
los capiteles había un entretejido con granadas, todo de bronce. Lo mismo la otra
columna. 23 Eran noventa y seis las granadas, pendientes, ciento entre todas, sobre el
entretejido en derredor.
El quinto mes del año 19 de Nabucodonosor es julio-agosto del 586, es decir, un mes después de
la toma de Jerusalén por las tropas babilonias. Aún hoy día los hebreos celebran como día de luto
este fatídico 10 del mes quinto (julio-agosto) del 586 5, en que la Ciudad Santa fue total y sistemáticamente
desmantelada. Después de haber tomado la ciudad, el lugarteniente de Nabucodonosor,
Nabuzardán, se fue a Ribla con el rey Sedecías y los magnates judíos para presentarlos al
rey caldeo y, al mismo tiempo, recibir órdenes concretas sobre la conducta a seguir con los vencidos
y con la ciudad de Jerusalén. El rey babilónico decidió destruir totalmente la ciudad que
tantas preocupaciones le había costado. En el año 598 la había perdonado, pero ahora lo mejor
parecía desmantelarla y dejarla inerme para que no tuvieran sus habitantes la veleidad de sublevarse
de nuevo contra él.
Lo que más dolió a los vencidos fue que puso fuego al templo (v.15). Esto significaba el
fin de la nación para ellos. No comprendían que la casa de Yahvé fuera a parar un día a manos
de sus enemigos. En tiempos de Senaquerib, Dios había salvado la ciudad por amor a su santa
morada. Esto había hecho crear la ilusión de que Jerusalén era inexpugnable6; pero Jeremías
anunció reiteradamente que estas ilusiones eran vanas y que Yahvé entregaría su ciudad y su
templo a los babilonios 7. Era el cumplimiento de sus lúgubres profecías. Con el templo fueron
destruidos los palacios del rey y de los magnates. Las murallas fueron dejadas en estado inservible
(v.14) 8, de modo que no pudieran organizar nuevas resistencias. Después se organizó la deportación
sistemática de las fuerzas vivas de la nación (v. 15-16) 9, quedando sólo los pobres de
la tierra, viñadores y labradores.
2161
El autor constata con tristeza la situación en que fue dejada la ciudad. El templo había sido
ya expoliado en 598, pero ahora fue totalmente desmantelado: las columnas de bronce (v.17)
eran las dos que estaban a la entrada del templo, de nueve metros de altura y seis de circunferencia.
Las basas eran diez soportes de bronce de los recipientes para llevar el agua. El llamado mar
de bronce, por sus grandes dimensiones, era el gran depósito de agua junto al, altar de los holocaustos
para lavar las víctimas 10. Estaba asentado sobre doce toros de bronce (v.20).
Deportación de la clase directora de Jada (24-34).
24 Y se llevó el jefe de la guardia a Saraya, sumo sacerdote, y a Sofonías, el segundo,
y a los tres prefectos del vestíbulo. 25 De la ciudad llevó a un eunuco intendente de
las gentes de guerra, a siete de los consejeros íntimos del rey, que estaban en la ciudad;
el secretario del jefe del ejército, encargado de la recluta, y sesenta más del
pueblo, que se hallaban en la ciudad. 26 Y los llevó Nabuzardán, jefe de la guardia,
ante el rey de Babilonia, en Ribla. 27 Y el rey de Babilonia los hizo matar en Ribla,
en tierra de Jamat, y Judá fue deportado de su tierra. 28 Estos son los que deportó
Nabucodonosor: El año séptimo de su reinado, tres mil veintitrés judíos; 29 el año
dieciocho, ochocientas treinta y dos almas; 30 el año veintitrés de Nabucodonosor
deportó Nabuzardán, jefe de la guardia, setecientas cuarenta y cinco almas; entre
todos, pues, cuatro mil seiscientas almas. 31 y sucedió que en el año treinta y siete de
la deportación de Joaquim, rey de Judá, en el duodécimo mes, el día veinticinco de
él, Evil-Merodac, rey de Babilonia, el año del comienzo de su reinado, hizo gracia a
Joaquín, rey de Judá, y le sacó de la prisión. 32 Le habló benévolamente y puso su silla
sobre las de los otros reyes que estaban con él en Babilonia. 33 Dejó sus vestidos
de preso, y comió ya siempre a la mesa del rey por todos los días de su vida. 34 Todo
cuanto necesitaba para su mantenimiento se lo dio día por día hasta el de su muerte.
Después del fin de la resistencia de los judíos, fueron entregándose a los babilonios algunos personajes
influyentes que habían logrado substraerse al primer contacto con los vencedores. Sin
duda que quedaron resistiendo algunos bastiones después de la caída de la capital. Entre ellos
estaba Saraya, sumo sacerdote en tiempos del rey Josías y antecesor de Esdras 12. A Sofonías le
conocemos ya por otros textos y sabemos que estaba en muy buenas relaciones con Jeremías 13.
Los v.28-30 faltan en el griego y en 2 Re 25:1. Parece que está basado en un documento de procedencia
babilónica. Al menos el cómputo de los años de Nabucodonosor se hace al modo caldeo,
que no tenía en cuenta el tiempo entre la subida al trono y el año nuevo siguiente. Las cifras
de deportados son muy moderadas, por lo que llevan viso de veracidad. Recuerda tres deportaciones
de Nabucodonosor (598, 587, 582). La última es recordada por Josefo. Es interesante lo
relativo a la liberación del rey Joaquín o Jeconías, que había sido llevado cautivo en 598. Durante
la vida de Nabucodonosor estuvo encadenado. Hoy día conocemos, por documentos cuneiformes
extrabíblicos, el trato que se le daba en la corte de Nabucodonosor. En un texto babilónico
publicado en 1939 por Weidner 14 se concreta la ración mensual de aceite asignada al rey prisionero
Joaquín y a los suyos. En 562 murió Nabucodonosor y le sucedió su hijo Evel-Marduk, o
Evil-Merodac según la Biblia (v.31), el cual inauguró su reinado con una amplia amnistía de los
prisioneros de su padre. Joaquín fue tratado con especial consideración (v.32). Gozó de cierta
libertad vigilada, pero tuvo que continuar en Babilonia. Evil-Merodac fue asesinado por Neriglisar,
que reinó desde el 560 al 555. Aunque nada se dice, podemos suponer que continuaría la política
comprensiva de su antecesor con los prisioneros.
2162
1 Libna suele ser identificada con tell es-Safi, cerca de Beit-Gebrin. — 2 El rey Sedéelas comenzó su reinado en 598. — 3 Sobre la carestía
cf. Jer 37:21; Lam 2:20; 4:9. Así se cumplieron las profecías cíe Jeremías: 11:22; 14:12; 15:2; 16:4; 18:21; 21:7.8; 24:10;
27:8; 29:17. — 4 Cf. Jer 38:22. — 5 Cf. Zac 7:5; 8:19. Según 2 Re 25:8, fue el día “octavo.” — 6 Cf. Jer 7:4s. — 7 Cf. Jer 7:14;
26:6. — 8 Cf. Neh — 9 Cf. Jer 39:9-10; 2 Re 25:11-12. — 10 Cf. 2 Re 25:13-17; 1 Re 7:15-22; 7:27-39- Para valorar las que un
“codo” equivalía, más o menos, a medio metro. medida? téngase en cuenta — 11 Sobre todo esto cf. 2 Re 25:18-21; i Par 6:14; 2
Re 22:4. — 12 Cf. Esdr7:1. — 13 Cf. Jer 21:1't 29:25.29; 37:3. — 14 E. F. Weidner, Jojachin, Ko nig von Judá, in babylonischen
Keilschriftexten: “Mélanges Syriens R. Dussaud,” vol.2 (París 1940) 923-5; A. Βεα, Konig Jojachin im Keilschriftexten: Bi 23
(1942) 78-82.
Lamentaciones.
Introducción.
1. Título y lugar en el canon.
En la versión de la Vulgata, al libro de Jeremías siguen estas Lamentaciones con el título
de Threni, id est, Lamentationes lere-miae prophetae. Threni es la transcripción latina del θρήνοι
de los LXX, en el sentido de canto fúnebre o lamentación por la ruina de Jerusalén. En el Talmud
se llama a estas composiciones fúnebres Qinot, palabra que no aparece en los manuscritos
hebreos. En la Biblia hebrea se designa a estas composiciones poéticas fúnebres con el nombre
de tekah que literalmente significa ¿Cómo? que es la primera palabra que abre la serie de las Lamentaciones,
y que caracteriza el género elegiaco.
En el TM, las Lamentaciones están incluidas entre los Hagiógrafos o Megillót (lit. “rollos”),
mientras que en las versiones de los LXX, Vg y Siríaca van a continuación de los escritos
pro/éticos de Jeremías. Flavio Josefo las consideraba también como formando parte de los escritos
de Jeremías 1. En las sinagogas se solían leer en el aniversario de la toma de Jerusalén por los
babilonios (en el 9 de Ab: jul.-ag.), formando parte del duelo general que con ayunos se practicaba
desde tiempos muy remotos por los judíos 2. Así, por razones de tipo litúrgico, las Lamentaciones
fueron separadas del libro de Jeremías para unirlas a los Hagiógrafos, como Rut, Cantar
de los Cantares, Eclesiastés y Ester, los cuales se leían, respectivamente, los días de Pentecostés,
Pascua, Tabernáculos y Purim.
2. Contenido.
Este precioso libro poético-elegíaco consta de cinco cánticos, en los que se hace duelo
por la destrucción del reino de Judá y, sobre todo, de la ciudad de Jerusalén por el ejército de
Nabucodonosor en 586 a.C. 3 Sin pretender dar una exposición narrativa de hechos que da por
conocidos, el autor de estos admirables cantos elegiacos desahoga su dolor a la vista de las ruinas
humeantes de lo que era más querido a su alma de israelita fiel a la tradición. En sus efusiones
íntimas alude a detalles que reflejan la situación triste del país y de la Ciudad Santa. Y, sobre todo,
da un sentido teológico profundo a la catástrofe al decir que todo lo acontecido es en castigo
de las transgresiones de Judá y de sus infidelidades para con Yahvé. Pero confía en la misericordia
divina, y espera confiadamente que, después que pase la hora de la justicia, llegue
la hora de la restauración; por eso en sus descripciones entremezcla constantemente súplicas
ardientes por su pueblo, arruinado y disperso. De ahí que, más que un nexo lógico, existe un
nexo psicológico en el desarrollo de las ideas, que suelen sucederse por asociación de escenas e
imágenes que han impresionado particularmente al profeta. Son meditaciones dolorosas en las
que predomina el sentimiento y el desahogo espontáneo, de forma que, mezcladas con súplicas
2163
por su pueblo, van imprecaciones para los enemigos que han causado tanta ruina y se alegran de
la catástrofe.
Pudiéramos sintetizar el contenido ideológico de los cinco cánticos del modo siguiente:
1. Profundo dolor por la desolación total de la ciudad destruida (1:1 -22).
2. El verdadero autor de la catástrofe es Dios, porque en definitiva todo ha sido efecto
de la intervención punitiva y vengadora de su justicia (2:1-22).
3. Con carácter más personal describe las tribulaciones y angustias de los justos (3:1-
66).
4. El poeta detalla la triste suerte de las diversas categorías sociales, cargando la responsabilidad
de la catástrofe a los dirigentes políticos del pueblo (4:1-22).
5. Con todo patetismo se describen las consecuencias de la toma de la ciudad, y, finalmente,
se implora de la misericordia divina que acelere su restauración (5:1-22).
3. Forma poética.
Estas composiciones poéticas han sido redactadas según el metro llamado qinah o elegiaco,
que se caracteriza por el empleo de versos con dos cadencias, que los que el segundo es más
breve que el primero. Este metro aparece ya en composiciones muy antiguas de la Biblia, como
en el canto de Débora y en la elegía de David sobre Saúl y Jonatán 5. Otra característica literaria
de las Lamentaciones es que los cuatro primeros cánticos están compuestos según el orden alfabético.
Así, cada uno de éstos tiene veintidós secciones, según el número del alefato hebreo. Los
tres primeros están dispuestos en estrofas de tres versos, mientras que el cuarto en estrofas de
dos.
En los cánticos primero, segundo y cuarto, la palabra inicial de cada estrofa comienza en
su respectiva letra del alefato, mientras que en el cántico tercero la letra del alefato varía en cada
verso de la estrofa. No obstante, respecto del carácter acróstico o alfabético de la composición
tenemos que notar la anomalía de que en los cánticos segundo, tercero y cuarto, la letra phe precede
al 'ain, lo que hasta ahora parece inexplicable. El quinto cántico no es acróstico, sino que
únicamente consta de veintidós versos, conforme ai número de letras del alefato, pero sin orden
alfabético en las iniciales de versos o estrofas 6.
Seguramente que este sistema artificial alfabético obedece a razones sisociales para facilitar
la transmisión del texto en la memoria de los lectores u oyentes. No es un signo de decadencia
literaria, como algunos autores modernos han querido insinuar, sino un procedimiento poético
que sirve para revelar la ingeniosidad del autor, como otros procedimientos metrológicos de la
poesía occidental, ahora despreciados porque coartan la libertad de expresión del poeta y porque
parecen demasiado férreos y artificiales.
Característica literaria de estas admirables Lamentaciones es el estilo confidencial. Dios
es interpelado e invocado, usando el pronombre de segunda persona, estableciéndose un íntimo
coloquio entre el afligido, o comunidad dolorida, y Dios, que constituye el único objeto de confianza
y esperanza. Por eso se prefiere el uso frecuente del pronombre en primera persona, para
acentuar el carácter trágico del dolor y de la miseria, y de ahí, para mover a Dios a la misericordia.
Esto contribuye a dar colorido, vivacidad y dramatismo al cántico. Otras características son
la representación con imágenes atrevidas, que indican horror y peligro, de los enemigos, de la
miseria. No faltan pensamientos de venganza y de consuelo.”7 No debe, pues, buscarse un desarrollo
sistemático de ideas, ya que lo sentimental prevalece en ellas sobre lo ideológico.
2164
4. Autenticidad.
La tradición judía atribuye comúnmente las Lamentaciones al profeta Jeremías 8. En la
versión de los LXX leemos el siguiente prólogo: “Y sucedió después que Israel fue hecho cautivo,
y Jerusalén devastada, que Jeremías se sentó a llorar y a lamentar con esta lamentación sobre
Jerusalén, y dijo.” En la Vg leemos un prólogo semejante 9. Por otra parte, sabemos que las Lamentaciones
se ponían en el canon a continuación de los escritos de Jeremías 10. La tradición
cristiana es unánime en este sentido, y sólo en el siglo XVIII se empezó a poner en duda la tesis
jeremiana.
Los sostenedores de la autenticidad jeremiana de las Lamentaciones insisten en ciertas
semejanzas de estilo entre éstas y los escritos de Jeremías. Así las expresiones “virgen hija de
Sión oprimida” H, “las lágrimas en las mejillas” 12, “cadena al cuello”13, quejas contra los pecados
de los sacerdotes y profetas 14, matanza de los propios hijos 15, pecados del pueblo 16, vana
confianza en los aliados 17, tendencia a aludir al Deuteronomio 18. A esto se añade que parece
necesario un testigo ocular de los hechos para describirlos con la viveza con que están las Lamentaciones,
y nadie mejor que Jeremías para que, llevado de su profundo afecto a su pueblo,
cantase la elegía sobre su ruina.
. En primer lugar se urge el hecho de por qué en la Biblia hebraica figuran entre los
Hagiografos (o Ketubim), y 110 se insertaron en el libro de Jeremías, como formando una parte o
apéndice del mismo. Por otra parte, extraña que no aparezca el nombre de Jeremías en el título
de las Lamentaciones, lo que sería normal caso de que se reconociera su paternidad en los primeros
tiempos que siguieron a su composición. Además, hay ciertas dificultades para atribuir a un
mismo autor los cinco cánticos de las Lamentaciones. Así, en el primero, el orden de las letras
que inician las estrofas es perfecto, mientras que en los cánticos segundo, tercero y cuarto, la phe
viene antes del ‘ain.
En 2:9 se dice de los profetas de Jerusalén que “no han hallado visión de parte del Señor,”
lo que no es aplicable al propio Jeremías, que fue favorecido con tantas visiones y comunicaciones
divinas. Y en 4:17 se dice de la esperada ayuda egipcia: “se consumían nuestros ojos
esperando vanamente el socorro, iban esperanzadas nuestras miradas hacia un pueblo que 110
pudo librarnos.” Y sabemos que Jeremías fue siempre contrario a pedir ayuda a los egipcios 21.
En 4:20 se alude al rey Sedecías: “el que era nuestro aliento, el ungido de Yahvé, fue cogido en
la trampa, aquel de quien decíamos: A su sombra viviremos entre las naciones.” Y sabemos que
Jeremías despreciaba a Sedecías por su ineptitud 22. Finalmente, los lexicólogos insisten en que
la fraseología de Lam y Jer tiene más puntos de divergencia que de convergencia 23; y no faltan
quienes ven coincidencias de lenguaje entre Lam y Ezequiel y otros escritos bíblicos 24. Por todas
estas razones, hoy día muchos autores se inclinan por la tesis de que las Lamentaciones sólo en
parte pueden atribuirse a Jeremías. Al menos los cánticos 1 y 5 parecen de época posterior al profeta
25.
5. Doctrina religiosa.
A través del lirismo de expresión y el sentimentalismo, característicos de estos bellísimos
fragmentos poéticos, encontramos las grandes líneas teológicas proféticas. En los acontecimientos
trágicos, el poeta sorprende los designios divinos sobre Judá pecador. Yahvé es el verdadero
autor de la catástrofe, en cuanto que ha desencadenado su ira, largo tiempo contenida,
sobre un pueblo que le ha sido infiel 26. La ruina de Jerusalén no es casual ni mera consecuencia
de una mala política humana, sino que es la culminación de un proceso de alejamiento de la
2165
Ley divina. Yahvé es el que ha uiado a los enemigos de Judá para que sean instrumentos de su
justicia, y ha descargado sobre una generación el castigo merecido por los pecados que se fueron
acumulando a través de los siglos 27.
A pesar de la crisis terrible que esto representa para la nación judaica, el poeta tiene
grandes esperanzas de restauración, y por ello ora confiadamente a su Dios 2S. Sabe que, si
Yahvé es justo, es también misericordioso, y que, como llegó la hora del castigo, llegará la
hora de la rehabilitación para Israel y del castigo para sus enemigos 29. El dolor es un medio
de purificar a los individuos y a los pueblos 30; es la solución que encontramos en el libro de
Job. Por ello, en estos admirables desahogos lírico-dramáticos hay un altísimo nivel espiritual,
reflejo de un alma que vive de la fe y de la esperanza en Dios.
1 Cf. Flavio Josefo, Contra Apion. I 40. — 2 Cf. Jer 52:12-16. — 3 Según Flavio Josefo, el Targum y el mismo San Jerónimo, estas
Lamentaciones fueron compuestas por Jeremías con motivo de la muerte del rey Josías en 609. Cf. Flavio Josefo, Ant. 10:5,i; Targum,
com. a 4:20; San Jerónimo, Comm. in Zach. 12:11: PL 25:1515. — 4 Cf. Jue 5:2s. — 5 Cf. 2 Sam 1:195. — 6 En la Biblia
conocemos otras composiciones alfabéticas. Así Sal 9; 10; 25; 34; 371 III; 112; 119; 145; Prov. 31:10-31; Nah 1:2-8. En el Sal
10,7-8 se da la inversión del phe y 'ain. — 7A. Ρεννα, Geremia 375. — 8 Flavio Josefo, Antiq. X 5:1; Targum, Baba bathra 153.
— 9 “Et factum est, postquam in captivitatem redactus est Israel, et lerusalem deserta est, sedit Teremias flens, et plnnxit lamentationc
hac in lerusalem, et amaro animo suspirans, et eiulans, dixit.” — 10 Cf. Orígenes, en Euseb., H. E. VI 25; San Epifanfo, Adv.
haer. 8,6: PG 41:213; San Hilario, Pro/, in P.s. n.15: PL c.241; San Jerónimo, Pro/. G ale alus: PL 28,551. — 11 Lam 1:15; 2:13,
y Jer 8:21s; 14:17. — 12 Lam 1:16; 2:11.18; 3:485, y Jer 9:1.18 (Vg.); 13:17; 14:17. — 13 Lam 1:14, y Jer 27:2. — 14 Lam 2:14;
4:135, y Jer 2:8; 5:31. — 15 Lam 2:20; 4:10, y Jer 19:9. — 16 Lam 1:5.8, y Jer 14:7; 16:10s. — 17 Lam 1:2.19, y Jer 2:18. — 18
Lam 1:3, y Dt 28,65; Lam 1:5, y Dt 28:44. — 19 Entre ellos, Budcle, Lóhr, Driver, Konig, Sellin, Streane, Pfeiffer. — 20 Así
Goetsberger, Dennefeld, Notschcr y Clamen — 21 Cf. Jer 37:5-10. — 22 Cf. Jer 24:8-10. — 23 Cf. M. Lóiir, Der Sprachgebrauch des
Buches der Klagelieder: Zatw 14 (1894) 31-50. — 24 Cf. Lam 1:1, e Is 47:85; 54:4; Lam 3:20, e Is 53:6; Lam 2:4, y Ez 24:16; Lam
4:11, y Ez 5:13; Lam 3:6, y Sal 143:3; Lam 3:24, y Sal 119:57. — 25 Cf. A. Penna, o.c., p.377.
1. Primera Lamentación: Jerusalen, Desolada.
Podíamos resumir el contenido ideológico de las Lamentaciones en tres facetas: desolación de
la Ciudad Santa, reconocimiento de la justicia divina y oración implorando misericordia al Señor.
Estas ideas se repiten machaconamente, pero las expresiones son bellísimas y variadas. Por
todo esto, las Lamentaciones pueden considerarse como una de las mejores composiciones de la
Biblia desde el punto de vista lírico-afectivo. El metro poético suele ser el característico de las
“elegías” o qinah, a base de tres dísticos cada letra del alefato. El carácter especial de las Lamentaciones
excluye un desarrollo estrictamente lógico de ideas; por eso las consideraciones se repiten
entrecortadas, como expresión de un alma lacerada que por encima de las leyes lógicas de la
inteligencia tiene las del corazón.
Se suele dividir esta primera lamentación en dos partes: a) 1-11, en que habla el poeta
(excepto en el v.8 y 11); b) 12-22: habla Sión (excepto el v.17).
1 Alef. — ¡Cómo se sienta en soledad la ciudad populosa, es como viuda la grande
entre las naciones; la señora de provincias ha sido hecha tributaria!
El profeta contrapone dos situaciones de la Ciudad Santa, que es presentada como una dama o
princesa que ha quedado viuda. En una medalla acuñada por Tito después de la toma de Jerusalén
en el año 70 d.C. aparece una mujer llorando debajo de una palmera con esta inscripción:
“ludaea capta.” Es el mejor comentario de estos primeros versos de las Lamentaciones. El autor
110 puede comprender el cambio de situación de la que era señora de provincias, y se ha convertido
en viuda y tributaria. La primera palabra, ¡Cómo.! es característica del verso elegiaco llamado
qinah l. Sión se sienta en soledad como madre que ha quedado sin hijos, como doncella
2166
que ha quedado sin amantes y como viuda que ha quedado sin marido, expuesta a la penuria sin
sombra protectora2. La ciudad populosa y la señora de provincias son dos frases que han de entenderse
en el horizonte relativo del hagiógrafo. Sión era la capital más poblada de Judá, y también,
como capital, señora de provincias, no sólo de las tribus de Judá y de Simeón, que constituían
el reino del sur, sino que en tiempos de Jeremías era aún señora de amplias zonas de Trans-
Jordania, como Edom y Moab. Pero ahora ha sido hecha tributaria, formando sólo parte de un
distrito del inmenso imperio babilónico.
2 Beth. — Llora copiosamente en la noche y corre el llanto por sus mejillas; no tiene
quien le consuele entre todos sus amantes; le fallaron todos sus amigos y se volvieron
enemigos.
En las horas nocturnas siente más su soledad e infortunio, porque nada le distrae de su dolor. El
día con su luz trae siempre impresiones optimistas y alegres, pero en la noche, el ambiente de
vacío, de soledad, pesa como una fría losa sobre el alma del desgraciado; por eso, en esas horas
de intimidad y de sinceridad corre el llanto por sus mejillas. Sólo el desahogo de las lágrimas
puede compensar algo la tremenda tragedia interior de la dama desolada. Por otra parte, en la
hora trágica del infortunio, en la hora de la verdad, le fallaron todos sus amigos. Sión había confiado
en Egipto y en la alianza de otros pueblos 3; pero, cuando la ciudad ha sido convertida en
un montón de ruinas, no tiene quién la consuele. Es el patrimonio de todo el que ha sido visitado
por el infortunio: los que antes creía sus amigos, se le volvieron enemigos.
3 Guímel. — Emigró Judá a causa de la aflicción y de la gran servidumbre; está sentada
entre las gentes sin hallar reposo; todos sus perseguidores le dieron alcance y la
estrecharon.
Asolada la ciudad, los habitantes que quedaron sin ser llevados al destierro emigraron voluntariamente
a causa de la aflicción y de la gran servidumbre. El yugo babilónico era demasiado pesado
5. Pero Judá tampoco encontró reposo en el exilio, sentada entre las gentes. Sus enemigos
siguieron persiguiéndola “en desfiladeros estrechos,” según dice el texto hebreo.
4 Dálet. — Los caminos de Sión están en luto por 110 haber quien venga a las solemnidades.
Todas sus puertas están desoladas, sus sacerdotes gimiendo, sus vírgenes
escuálidas, y ella llena de amargura.
El estado de la ciudad no puede ser más triste: los caminos que conducían a Sión, antes rebosantes
de peregrinos, ahora están en luto, desiertos: no hay quien venga a las solemnidades. Por la
mente del profeta pasa el gozoso recuerdo de los millares de peregrinos que avanzaban hacia la
Ciudad Santa con cantos alegres de acción de gracias por las cosechas. Ya no hay solemnidades
o fiestas litúrgicas tradicionales, hitos durante el año de la vida religiosa: las tradicionales fiestas
de Pascua, de Pentecostés y de Tabernáculos, en las que se presentaban las primicias de los cereales
y de los frutos impetrando protección para el próximo año agrícola. Ya no salen a recibir a
los peregrinos los sacerdotes, que ahora están gimiendo. Las mismas vírgenes, que en alegres
danzas amenizaban la presencia de los peregrinos en estas fiestas, están ahora escuálidas o encorvadas
por el dolor 6. Y las puertas de la ciudad, en otro tiempo lugar de concentración de la
vida social de la ciudad, están desoladas. Ya no están allí los ancianos para juzgar, ni los mercaderes
para recibir las caravanas con las mercancías, ni los niños alegrando con sus juegos la vida
de la ciudad 7. Todo es atmósfera de tristeza y amargura.
2167
5 He. — Prevalecieron sus enemigos y prosperaron los que la aborrecían, pues la
afligió Yahvé por la muchedumbre de sus rebeldías; sus niños fueron a la cautividad
delante del enemigo.
En la lucha han vencido los enemigos de Judá. Pero, en realidad, todos los sufrimientos de Judá
vienen enviados por el mismo Dios: pues la afligió Yahvé por la muchedumbre de sus rebeldías.
La conducta pecadora de Judá es la causa de su desventura. Y ni siquiera sus pequeñuelos se ven
libres de la deportación.
6 Wau. — Ha desaparecido de la hija de Sión toda su gloria; sus príncipes han venido
a ser como ciervos que no hallan pastos, y huyeron sin fuerzas ante el perseguidor.
En la catástrofe ha perdido la hija de Sión, es decir, Jerusalén, toda su gloria, a saber, lo que
constituía su orgullo: sus príncipes y su rey, como puntualiza a continuación 8. Sus príncipes,
debilitados por el hambre y la miseria, andan vagando como ciervos que no hallan pastos 9. Y
huyeron agotados ante el perseguidor. En efecto, el rey Sedecías, con sus magnates, se dio a la
fuga, siendo vergonzosamente capturado 10.
7 Zain. — Acordóse Jerusalén, en los días de su aflicción y de su vivir errante, de todos
los bienes que de antiguo tuvo. Cuando cayó su pueblo en manos del enemigo,
sin que nadie le ayudase, miráronla sus enemigos y se burlaron de su perdición.
En los días de la prueba comprendió Jerusalén los bienes que de antiguo tuvo. Pero ahora nada le
queda de su antigua gloria y riqueza, y sus enemigos se alegran, burlones, ante su ruina.
8 Jet. — Muchos son los pecados de Jerusalén; por eso fue objeto de aversión; cuantos
antes la honraron la desprecian viendo su desnudez, y ella misma suspira y vuelve
su rostro.
Jerusalén es presentada ahora como una cortesana que por sus pecados es convertida en objeto de
aversión 11, despreciada de los que antes le hacían el amor, porque vieron su desnudez 12. Jerusalén,
humillada por su Dios, ha descubierto sus pecados, presentándose como una mujer pública
que ha mostrado impudentemente sus atractivos sexuales 13. Y Jerusalén misma se avergüenza de
su estado menstrual y vuelve el rostro.
9 Tet. — Su inmundicia manchaba sus vestiduras, y no se cuidaba de su fin, y cayó
de modo sorprendente, sin que nadie la consolara. Mira, ¡oh Yahvé! mi aflicción,
mira la arrogancia del enemigo.
Sigue la misma imagen. Jerusalén se halla como mujer pública en período menstrual, su inmundicia
se nota en sus vestiduras 14. Aquí inmundicia tiene un sentido religioso. Sus pecados la
hacen inmunda a los ojos de los demás pueblos, y son tantos, que no puede disimularlos. Y está
tan ciega en sus extravíos, que no se cuida de su fin, es decir, del castigo que le espera 15. De repente,
ante tanta perversidad, se escapa un grito de auxilio de Jerusalén: Mira mi aflicción. Ella
es ciertamente pecadora ante los ojos de Yahvé, pero sus enemigos no lo son menos y se muestran
insolentes con arrogancia insoportable 16.
2168
10 Yod. — Echó mano el enemigo de todos sus tesoros, vio penetrar en su santuario a
las gentes, a quienes prohibiste penetraran en tu congregación.
El pensamiento del profeta se vuelve a la depredación del templo de Jerusalén. Esto era el mayor
crimen que debía Dios castigar, pues, aparte de la expoliación, penetraron en el santuario gentes
a quienes estaba prohibido entrar en el sagrado recinto 17. En el templo construido por Herodes
se puso una placa de bronce, que ahora está en el museo de Estambul, en la que se conminaba
con la pena de muerte a todo gentil que osara pasar del atrio de los gentiles al de los israelitas 18.
El allanamiento, pues, de la morada de Yahvé por los gentiles era para el profeta la mayor enormidad
que pudiera cometerse.
11 Kaf. — Todo su pueblo va suspirando en busca de pan; han dado cuanto tenían de
precioso para mantener la vida. Mira, oh Yahvé! y contempla cuan abatida estoy.
La ruina política de la ciudad ha traído la catástrofe económica. Es tal la carestía de alimentos,
que los habitantes tienen que dar sus objetos más preciados para subvenir a las necesidades más
elementales. Ante los ojos del profeta está el espectro del pueblo macilento en busca de pan.
12 Lamed. — ¡Oh vosotros cuantos pasáis por el camino! mirad y ved si hay dolor
comparable a mi dolor, al dolor con que yo soy atormentada. Afligióme Yahvé el día
de su ardiente cólera.
Sión pide comprensión para la tragedia de su pueblo, de su capital destruida, y por eso interpela a
los viandantes que indiferentes contemplan las ruinas de la ciudad, sin preocuparse de su situación,
siguiendo su marcha conforme a las exigencias comerciales. Cerca de la Ciudad Santa pasaba
el camino hacia Egipto para unirse a la vía maris, o ruta caravanera comercial entre el país
del Nilo y Mesopotamia 19. Podemos, pues, considerar la exclamación angustiada del profeta,
puesta en boca de Jerusalén, como una llamada a la piedad de estos comerciantes despreocupados
de su malhadada suerte. No hay dolor comparable al de la Ciudad Santa, arrasada y deshabitada.
Sus ruinas son un recuerdo perenne del paso asolador de la ardiente cólera de Yahvé. La
frase es un humilde reconocimiento de los pecados de Jerusalén, presa ahora de las exigencias de
la justicia airada de Dios.
13 Mem. — Mandó desde lo alto un fuego que consume mis huesos 20, tendió a mis
pies una red, y me hizo caer hacia atrás y me arrojó en la desolación, consumida todo
el día.
La mano pesada de la justicia divina se hace sentir como un fuego que consume los huesos de
Jerusalén. La metáfora puede aludir simplemente a un castigo enviado por Dios desde lo alto, el
cielo donde Yahvé habita, o quizá aluda concretamente a una epidemia que siguió normalmente
a la ruina política y económica de la nación, la cual se hace sentir de modo especial con manifestaciones
de intensas fiebres. En este caso, la frase fuego que consume los huesos adquiere más
realismo 21. Pero parece más lógico tomar fuego como instrumento de castigo en general 22. La
imagen siguiente tiene también un sentido general: Jerusalén ha caído en la red que le ha tendido
Yahvé. La Ciudad Santa era como una avecilla descarriada que andaba volando libremente separada
de su Dios, pero Yahvé, en su amor, le ha tendido una red y ha caído en ella. Esa red que
hará recapitular a Jerusalén sobre sus caminos es la desgracia y la ruina 23. Yahvé ha actuado
como hábil cazador, buscando atraerla por la vía de la expiación: me arrojó en la desolación. Por
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todo ello se siente como consumida y agotada.
14 Nun. — El yugo de mis iniquidades pesa sobre mí 24 entretejidas por su mano. Su
yugo es sobre mi cuello y ha quebrantado mis fuerzas. Me entregó Yahvé en sus
manos, no puedo levantarme.
Jerusalén reconoce, humillada, sus transgresiones, que pesan sobre ella como yugo insoportable.
Los crímenes de la Ciudad Santa son como las partes diversas del yugo con sus cuerdas, que han
sido entretejidas por el mismo Yahvé, obligado a enviarle un castigo purificador por exigencia
de su justicia. Ante el castigo enviado por Dios, Jerusalén está impotente, presa de la justicia
divina, y no puede levantarse. Es la imagen de la bestia con el yugo al cuello, sin poder levantar
la cabeza.
15 Sámec. — Rechazó a todos mis guerreros en medio de mí, convocó contra mí una
asamblea para quebrantar a mis mancebos. Como en lagar ha pisado Yahvé a la
virgen hija de Judá.
Yahvé mismo ha convocado a los enemigos de Judá a una asamblea o concentración para que se
abalancen contra sus guerreros, que iban a ser sacrificados 25. Los escritores bíblicos prescinden
en sus descripciones de las causas segundas, y lo atribuyen todo directamente a Dios. En toda la
tragedia de Judá ha estado la mano justiciera de Yahvé como causa total. El hagiógrafo tiene una
visión teológica de la historia, y lo considera todo a través de las leyes de la justicia divina
ultrajada: Como en lagar ha pisado Yahvé a la virgen hija de Judá. La metáfora es atrevida y
muy expresiva; ninguna mejor para indicar el rigor de la inexorable justicia divina. La hija de
Judá es Jerusalén, concebida como una virgen hermosa y atractiva que ha sido mancillada y despreciada.
Algunos autores creen que aquí se alude a un “banquete” sacrificial: Yahvé ha convocado
a los enemigos de Judá a una asamblea litúrgica en la que no falta el banquete de ritual ni el
vino. Este vino aquí es la sangre de la virgen de Judá, exprimida como en un lagar 26. La metáfora
es posible, pero quizá el contexto no exija tanto.
16 Ayin. — Por eso lloro, y manan lágrimas mis ojos, y se alejó de mí todo consuelo
que aliviase mi alma; mis hijos están desolados al triunfar el enemigo.
De nuevo la tragedia se apodera de la desconsolada Judá. Ese triunfo de sus enemigos la ha sumido
en la mayor amargura. No le queda sino derramar lagrimas; se siente sola: sus amigos la
han abandonado, y Yahvé no le sirve sino para mostrarle sus transgresiones, haciendo pesar sobre
ella su mano vengadora.
17 Pe. — Tiende Sión sus manos, pero nadie la consuela. Dio Yahvé contra Jacob órdenes
a los enemigos que la rodeaban, y Jerusalén fue para ellos objeto de abominación.
Ahora habla el profeta para contar la tragedia íntima de Sión: su soledad en la hora de la prueba
es total. Jerusalén tiende sus manos en busca de auxilio 27, pero en vano. Todo lo que pasa está
“decretado” por Yahvé, que para castigar a su pueblo convoca a sus enemigos circunvecinos, de
forma que sean testigos de la humillación de Judá. Para ellos, la Ciudad Santa se ha convertido
en cosa inmunda 2S, objeto de abominación y desprecio, pues en su catástrofe parece llevar la
maldición de su Dios.
2170
18 Sade. — Justo es Yahvé, pues yo fui rebelde a sus mandatos. Oíd, pueblos todos, y
contemplad mi dolor: mis doncellas y mis mancebos han ido al cautiverio.
La confesión de los pecados por parte de Jerusalén es sincera, y en ella se reconoce la justicia del
castigo enviado por Yahvé. Pero, como antes se había dirigido a los viandantes para que contemplaran
sus ruinas y su tragedia, ahora se dirige a los pueblos todos para que piensen en la mayor
tragedia de una madre: mis doncellas y mancebos han ido al cautiverio. Lejos de imprecar a las
naciones que sarcásticamente contemplan su ruina, les pide compasión, apelando a los elementales
sentimientos de piedad y de conmiseración.
19 Qof. — Llamé a voces a mis amigos, pero me engañaron.Mis sacerdotes y mis ancianos
perecieron en la ciudad,buscando comida con qué sostener sus vidas.
De nuevo el corazón lacerado de Jerusalén piensa en la traición de los que creía sus amigos, pero
que le fallaron en la hora de la prueba. Todo esto le infunde profunda amargura. Por otra parte,
no puede olvidar a sus sacerdotes y ancianos, antes la clase directora de la sociedad y ahora
muertos de hambre y de necesidad. Los conceptos se repiten, pero tienen siempre un acento afectivo
que impresiona al lector.
20 Res. — Mira, ¡oh Yahvé! mi angustia. Mis entrañas rugen, mi corazón se revuelve
dentro de mí por haber sido muy rebelde. Fuera hizo estragos la espada, dentro la
mortandad.
En medio de tanta desolación y angustia no le queda a Jerusalén sino implorar a Yahvé el fin de
tantos dolores. Las entrañas y el corazón — centro de las emociones — la desazonan sobremanera
al contemplar en su vida tanta prevaricación y rebeldía. Sólo la misericordia divina puede
llevar tranquilidad a su alma. Por otra parte, la tragedia ha sido inmensa y suficiente para calmar
la justicia divina; todos sus hijos han desaparecido: los que estaban fuera de los muros, por la
espada, y los que estaban asediados, por la epidemia y mortandad.
21 Sin. — Oyen mis gemidos, y nadie me consuela; todos mis enemigos han sabido mi
desgracia, y se alegran de lo que has hecho. ¡Haz venir el anunciado día, y que sean
como yo!
Jerusalén se vuelve a Yahvé implorando su justicia también para los que se alegran de su miseria
y de su ruina y tienen una especial satisfacción en constatar que Yahvé, el Dios de que se gloriaba
Judá como su protector, la ha castigado de esta manera. Esto hace despertar en la ciudad
destruida un sentimiento de revancha y de venganza: Haz venir el anunciado día y sean como
yo. Según las esperanzas populares, Dios se manifestaría un día (el día de Yahvé) sobre los
enemigos de Israel, castigándolos por su conducta para con él. Contra esta esperanza se había
levantado el profeta Amos, anunciando que el día de Yahvé sería de tinieblas, no de luz; es decir,
de castigo y no de victoria para Israel, si ésta no cambiaba su mala conducta 29. Jerusalén, ahora
humillada, clama a la omnipotencia divina para que descargue también su ira sobre los pueblos
vecinos que hacen befa de ella.
22 Tau. — ¡Que se ponga a tus ojos toda su maldad, y trátalos como me has tratado
por mis rebeldías, porque son muchos mis suspiros y está muy dolorido mi corazón!
Desarrolla los sentimientos del verso anterior: también sus enemigos deben tener una debida re2171
tribución 30. Aun reconociendo sus propios pecados, cree que ya es bastante lo que ha sufrido
hasta ahora para aplacar las exigencias de la justicia divina. Es hora ya de que Yahvé la descargue
sobre sus enemigos, tan culpables como ella 31.
1 Cf. Lam 2 y 4. — 2 Cf. Is 47:8. — 3 Cf. Jer 4:30; 30:14; 2 Re 24:2; Sal I37:6s; Ez 26:3; 29:6s; Jer 28:5. — 5 Cf. Jer 40,11; c.42-43.
— 6 Cf. Ex 15:20; Jue 21:21; Sal 68:25; Jer 31:13- — 7 Cf. Prov 31:23; Jer 26:10; 1 Re 22:10; 2 Re 7:1; 2 Crón 32:6; Job 29,7.
— 8 Cf. Lam 2:1. — 9 Cf. Jer 32:7ss. — 10 Cf. Jer 39:48. — 11 Lit. el hebreo dice “menstruo,” considerado como de suma impureza
legal (cf. Lev 15:19). — 12 Eufemismo por “sus vergüenzas.” — 13 Cf. Is 47:3; Jer 13:26; Ez 16:37; Os 2:5; Nah 3:5- — 14
Cf. Jer 2:34; 13:22. — 15 Cf. Dt 32:29; Is 47:7- — 16 Cf. Jer 48:26.42. — 17 Cf. Jer 52:175; Ez 44:7. — 18 Cf. Act 21:28-29. —
19 El TM dice “No vosotros,” que es ininteligible. Hemos seguido a los LXX, conforme al contexto. — 20 La Bible de Jérusalem:
“ha enviado fuego que ha hecho descender sobre mis huesos*. Streane: “envió fuego a mis huesos y los dominó.” — 21 Jeremías
habla de un fuego que consume sus entrañas; es el fuego clei celo abrasador por la causa de Yahvé. Cf. Jer 20,9. — 22 Cf.
Sal 18:17; 102:20. — 23 Sobre esta imagen, cf. Os 5:1; 7:12; Ez 12:13; 17:20; 10,8; Sal 9:16; 31:5. — 24 El verso es traducido de
muy diversos modos: Cantera: “Ha vigilado sobre mis peca- — dos, en su mano se han entretejido, gravitan sobre mi cuello.”
Streane: “El yugo de mis transgresiones es atado por su mano. Están entretejidos sobre mi cerviz.” — 25 Cf. Os 1:7; Is 13:3; Jer
46:10; Ez 39:17. — 26 Así Streane, o.c., 335; cf. Jer 46:10; Is 34:6; Ez 39:175; Sof 1:7. — 27 Cf. Jer 2:36; 4-31; Is 1:15- — 28 En
hebreo, lit. “menstruo.” — 29 Cf. Am 5:18; Sof 1:14. — 30 Cf. Jer 50,11-13. — 31 Cf. Dt 32:41s; Sal 58,7-12; 137:7-9; Jer
18:21-23.
2. Segunda Lamentación: Jerusalen, destruida.
1 Alef. — Cómo oscureció en su ira el Señor a la hija de Sión! Precipitó del cielo a la
tierra la magnificencia de Israel y no se acordó del escabel de sus pies el día de su
ira.
Jerusalén se ha visto de pronto oscurecida como por una nube, la nube de la ira divina. En un
momento ha sido precipitada la magnificencia de Israel, es decir, su esplendor entre los otros
pueblos. Y de nada le sirvió para evitar la catástrofe la presencia del templo de Jerusalén, morada
de Yahvé, escabel de sus pies, porque vino el día de su ira, es decir, de la reivindicación de los
derechos de la justicia divina ultrajada. Por encima de las predilecciones que pueda tener Yahvé
para con su pueblo están las exigencias de justicia y santidad inherentes a su mismo ser.
2 Bet. — Destruyó el Señor sin piedad todos los pastizales de Jacob1
derribó en su
furor las fortalezas de la hija de Judá, echólas por tierra, y humilló 2 a su rey y a sus
príncipes 3.
En el turbión de la guerra enviada por Yahvé desaparecieron los puntos vitales de la vida nacional:
primero, los pastizales de Jacob o Israel, fuente de su obra, y después las fortalezas de Judá,
o fortificaciones que se escalonaban a través del país como primera defensa de Jerusalén, la hija
de Judá. Y, por fin, la suerte fatídica llegó al rey y a sus príncipes. El representante de la teocracia
israelita fue profanado, por permisión divina, al ser maltratado por sus enemigos. El profeta
piensa en la trágica suerte del desgraciado rey Sedecías, al que le fueron arrancados los ojos en
Ribla (Alta Siria), por mandato de Nabucodonosor, después de haber asistido a la muerte de sus
hijos.
3 GuímeL — Abatió en el furor de su ira toda la potencia de Israel, retiró su diestra
frente al enemigo, y encendió en Jacob ardorosas llamas, que de todos lados le devoran.
Israel, con su presunta potencia humana, sucumbió ante el embate del furor de la ira de Yahvé.
La única garantía de seguridad del pueblo elegido era la protección de Dios, pero El retiro su
diestra frente al enemigo. El escudo de Israel era Yahvé, pero, en vez de protegerle, le entregó al
2172
enemigo, y la guerra se encendió con ardorosas llamas, que todo lo consumieron.
4 Dálet. — Tendió su arco cual enemigo, afirmó hostilmente su diestra, destruyó
cuanto era agradable a la vista, derramó como fuego su ira sobre la tienda de la hija
de Sión.
Es más, no sólo Yahvé negó su protección a Israel, sino que la atacó positivamente como arquero
que tiende su arco como enemigo4 y “afirma su diestra,” destruyendo cuanto es agradable a su
vista, alusión probable a la destrucción total de los palacios y templos que constituían el legítimo
orgullo de los judíos. O quizá con esta frase se refiera el autor a la juventud florida de Judá caída
en el combate. La ira divina prendió como fuego devastador en la tienda de la hija de Sión, e.d.,
en la ciudad de Jerusalén, concebida como tienda de campaña atacada por una razzia enemiga.
5 He. — Ha obrado el Señor como enemigo, ha devorado a Israel; destruyó todos sus
palacios, derribó sus fortalezas, y llenó a la hija de Judá de llantos y de gemidos.
De nuevo se insiste en el carácter hostil de Yahvé para con su pueblo. Antes había sido su protector,
pero ahora es su encarnizado adversario, y, en calidad de tal, ha devorado a Israel. Como
hemos notado antes, el autor prescinde de las causas segundas, y lo atribuye todo directamente a
Dios. Está tan convencido de que la causa de la ruina de Judá son sus pecados, que no considera
más causa destructora que el mismo Dios ofendido. El fue, pues, el que en definitiva llenó a la
hija de Judá de llantos y gemidos.
6 Wau. — Derribó su tienda como cabana de viña 5, destruyó su santuario. Yahvé ha
hecho cesar en Sión las festividades y los sábados, y, en el ardor de su cólera, rechazó
al rey y al sacerdote.
Yahvé ha entrado en Jerusalén, su tienda, desmantelándola como el ladrón que derriba la cerca
de un jardín. Si la traducción dada es exacta, el sentido pudiera ser que Yahvé ha tratado a su
tienda, o templo de Jerusalén, como si fuera una vulgar cabana de viña. Con la destrucción del
santuario ha desaparecido la vida litúrgica, las festividades y los sábados, días de regocijo general
en el pueblo. Por otra parte, con la guerra ha desaparecido la autoridad civil y religiosa de la
nación. No ha quedado nada en pie ante el ardor de la cólera de Yahvé.
7 Zain. — Repudió el Señor su altar, menospreció su santuario y entregó a manos
del enemigo los muros de sus palacios. Resonaron los gritos en la casa de Yahvé como
en día de fiesta.
En toda esta tragedia predomina el desamparo de Yahvé para con su pueblo. En otro tiempo
había estado unido a él como a una esposa amada 5, pero repudió su altar, lo más sagrado de Judá.
El templo de Jerusalén ha sido profanado, y entre sus ruinas se oyen gritos de la soldadesca
enemiga en vez de los cantos alegres de los días de fiesta. Las antiguas solemnidades litúrgicas
han sido sustituidas por las blasfemias de los vencedores, embriagados por el señuelo del botín
seguro.
8 Jet. — Resolvió Yahvé destruir los muros de la hija de Sión, echó cuerdas, y no retiró
su mano destructora, sumergiendo en el luto antemurales y muros, que a la vez
se han debilitado.
2173
El profeta presenta a Dios trazando funestos designios y tomando medidas para destruir las fortalezas
de la hija de Sión, Jerusalén. Con el cuidado del mampostero, que traza líneas para construir
un muro, está ahora Yahvé midiendo las murallas para destruirlas totalmente, de forma que
nada quede en pie por imprevisión 6. Como efecto de su intervención destructora, nada ha quedado
en pie, ni los muros ni los antemurales, o bastiones de refuerzo exterior. En la mente del
autor, nada han hecho los soldados de Nabucodonosor por sí solos, sino que han sido unos meros
instrumentos de los planes vengadores de Yahvé. Es de notar en todo esto el alto concepto que
tenía el profeta de la intervención de Dios en la vida de los hombres y de los pueblos.
9 Tet. — Sus puertas han sido echadas a tierra; destruyó, quebrantó sus cerrojos; su
rey y sus príncipes están entre las gentes, no hay ley, y tampoco sus profetas reciben
de Yahvé visión.
Con la destrucción total de la ciudad desapareció la vida oficial civil y religiosa: el rey y sus
príncipes están entre las gentes cautivos. En consecuencia, no hay administración de justicia ni
control oficial de la ley, y en la tragedia de desamparo por parte de Yahvé parece que hasta los
profetas no reciben de Yahvé visión. Dios, que antes tan a menudo se comunicaba a sus fieles
servidores los profetas, ahora se ha alejado de ellos, sin comunicarles oráculos de confortamiento
y de salvación. El profeta piensa en la tragedia de su soledad ante las ruinas de la Ciudad Santa,
sin sentir la presencia particular de Yahvé, que otras veces había compartido7.
10 Yod. — Los ancianos de la hija de Sión se sientan en tierra mudos, cubierta de
polvo la cabeza, vestidos de saco, y las vírgenes de Jerusalén inclinan a tierra sus
cabezas.
El duelo por la ruina de la ciudad se manifiesta en todos los estamentos sociales más sensibles y
venerables: los ancianos, encargados de dirigir a las nuevas generaciones con sus consejos, están
mudos de estupor y de dolor, y las vírgenes, esperanza de las nuevas generaciones, también están
muy lejos de su natural expresión de alegría y optimismo: inclinan a tierra sus cabezas, apesadumbradas
de tanto dolor, y como ancianas prematuras sin esperanza. Sólo les queda hacer penitencia
y duelo por la tragedia de su pueblo.
11 Kaf. — Mis ojos están consumidos por las lágrimas, mis entrañas hierven, derrámase
en tierra mi hígado ante el desastre de la hija de mi pueblo, al ver desfallecer a
los niños, aun los de pecho, en las calles de la ciudad.
El profeta se siente asociado íntimamente al desastre social de Jerusalén (la hija de mi pueblo).
Se conmueve en todo su ser, y sus ojos se arrasan en lágrimas al contemplar a los niños famélicos
por las calles 8.
12 Lamed. — Dicen a sus madres: ¿Dónde hay pan y vino? al caer desfallecidos en
las plazas de la ciudad, dando el alma en el regazo de sus madres.
La escena es gráfica y espeluznante: los niños reclaman sustento, simbolizados en el pan y el vino
en aquellas regiones de viñas y de trigales. Todo esto, el profeta, con alto sentido poético de
la situación, lo dramatiza con colores muy subidos para dar idea de su estado de ánimo.
13 Mem. — ¿A quién te compararé y asemejaré, hija de Jerusalén? ¿A quién te igua2174
laría yo para consolarte, virgen hija de Sión? Tu quebranto es grande como el mar.
¿Quién podrá curarte?
Con este verso comienza la segunda parte de la lamentación, que se abre con este bello apostrofe
para dar idea de la magnitud del desastre de Jerusalén. El profeta quiere consolar a la hija de Jerusalén
y a la virgen hija de Sión, buscando otra ciudad en la que se haya dado una tragedia parecida.
Pero no hay nada comparable a la situación de ruina de la Ciudad Santa, porque su quebranto
es como el mar y no tiene remedio 9. No hay mayor dolor que sentirse solo en la desgracia,
sin que nadie pueda comprender la situación del desgraciado. Jerusalén se halla sola, sin palabra
alentadora que le ayude a llevar su desgracia. El profeta se siente impotente para dar unas
palabras de consolación, porque no encuentra nada parecido,
14 Nun. — Tus profetas te anunciaron visiones vanas y mentirosas, no pusieron al
desnudo tus iniquidades para hacer cambiar tu suerte, sino que te anunciaron oráculos
vanos y falaces.
La raíz de la catástrofe está en los desvarios de Judá por seguir a los falsos profetas, que le anunciaron
oráculos falsos en consonancia con sus inclinaciones materialistas, en contra de las exigencias
de la Ley divina: no pusieron al desnudo tus iniquidades. Israel se desvió de los preceptos
de su Dios y se labró su desdicha a través de los siglos. Los profetas falsos, en vez de recriminarle
su conducta, la halagaron con oráculos vanos y falaces, apoyando su política de alianza
con el extranjero y permitiéndole mantener un culto sincretista, incompatible con la tradición
yahvista verdadera 10. Si hubieran hablado claro a Judá, hubiera cambiado su suerte, gozando
de la protección de Yahvé, como había prometido tantas veces.
15 Sámec. — Cuantos pasan por el camino baten palmas por mí, silban y menean,
burlones, su cabeza contra la hija de Jerusalén: ¿Es ésta la ciudad que decían del
todo hermosa, la delicia de toda la tierra?
El profeta cambia bruscamente de tema: después de haber insistido en las causas de la catástrofe,
refleja el desprecio sarcástico de las gentes que pasan al contemplar las humeantes ruinas. Tanto
habían oído ponderar la belleza de Jerusalén, que no pueden comprender que todo aquello haya
ido a parar a un montón informe de ruinas.
16 Pe. — Todos tus enemigos abren su boca contra ti, silban y dentellean, diciendo:
¡La hemos devorado! Es el día que esperábannos, lo hemos alcanzado, lo hemos visto.
Ante las ruinas de la Ciudad Santa entonan, burlones, un canto de triunfo. Tantas veces habían
deseado que llegara esta hora. Es la manifestación vindicativa de gentes que se sentían humilladas
por la situación privilegiada de Jerusalén 11.
11 Ayin. — Ha realizado Yahvé en ti lo que había decretado, ha cumplido la palabra
que de antiguo dio: ha destruido sin piedad, te ha hecho el gozo de tus enemigos, ha
robustecido a los que te aborrecían.
El profeta constata en todo esto el cumplimiento de antiguos designios de Dios, ya que muchas
veces les había amenazado con la ruina total12. Pero Israel no se preocupó de las advertencias
antiguas, y se ha convertido por su culpa en objetivo y burla de sus enemigos; pero todo ha es2175
tado previsto y anunciado por Dios.
18 Sade. — Clama al Señor desde tu corazón 13, ¡virgen hija de Sión! derrama lágrimas
a torrentes día y noche, no te des reposo, no descansen la niñas de tus ojos.
Invitación a Jerusalén a deshacerse en llanto por su destrucción total. Su llanto ha de ser el primer
movimiento hacia la compunción del corazón y a la penitencia. Jerusalén es comparada a
una virgen desolada, que no encuentra reposo hasta que desahogua sus angustias más íntimas.
19 Qof. — Levántate y gime de noche, al comienzo de las vigilias; derrama como
agua tu corazón en la presencia del Señor, alza a El las palmas por las vidas de tus
pequeñuelos.
El llanto de Jerusalén debe ser continuo en los tres períodos o vigilias en que los israelitas dividían
la noche l4, y debe tener siempre presente su tragedia para mover a Yahvé a la misericordia
para con ella. Ese llanto no debe ser un mero desahogo desesperado, sino una especie de oración
en presencia del Señor, como signo de contrición, pues están en juego las vidas de sus pequeñuelos.
Antes el profeta había reflejado la situación famélica de los niños, ahora invita a Jerusalén a
orar con remordimiento a Yahvé para que aligere esta situación tan trágica para los pequcñuelos.
20 Res. — Mira, ¡oh Yahvé! y considera a quién has tratado así. ¿Habrán de comer
las madres su fruto, a los niños que amamantan? ¿Habrán de ser muertos en el santuario
del Señor sacerdotes y profetas?
Jerusalén, desolada, responde a la invitación anterior implorando perdón a Yahvé: la tragedia ha
sido demasiado grande, y, por otra parte, Jerusalén es la ciudad de Yahvé, su morada en la tierra:
considera a quién has tratado así.
El castigo ha sido demasiado duro, pues se ha llegado a los mayores extremos de indigencia:
¿Habrán de comer las madres a los hijos? La frase es dramática y pretende mover el corazón
de Dios. Se han agotado todos los medios, y no queda a las madres sino comerse a sus
propios hijos. Por otra parte, la matanza de las personas consagradas a Dios, como los sacerdotes
y profetas, debe mover a piedad al Dios airado.
21 Sin. — Niños y viejos yacen por tierra en las calles. Mis doncellas y mis mancebos
cayeron al filo de la espada. Has matado en el día de tu ira, has degollado sin piedad.
Jerusalén se presenta ahora acusando a Dios de haberse excedido en su ira vengadora. El profeta
dramatiza el diálogo para dar una idea de la tragedia íntima de la Ciudad Santa. En la guerra han
caído gentes inocentes, como los ancianos y niños. Todo esto parece mostrar que el castigo ya ha
rebasado la medida y que es hora de compasión y de misericordia por parte de Yahvé.
22 Tau. — Convocaste como a solemnidad al terror en torno a mí, y no hubo en el
día de la cólera de Yahvé evadido ni fugitivo. Aquellos que yo crié y mantuve, los
acabó el enemigo.
Sigue Jerusalén quejándose por su desgraciada suerte: la matanza ha sido tan general, que parece
como si Dios hubiera convocado a los sembradores de terror a una solemnidad o concentración.
Los enemigos han sido tantos, que no ha habido evadido ni fugitivo. La mano de Yahvé ha pesa2176
do demasiado sobre los hijos de Sión, a los que con tanto cuidado había criado. La ley del exterminio
ha caído sobre ellos; por eso ya es hora de que Yahvé levante su mano vengadora.
1 Otros traducen, en vez de pastizales, moradas o “casas solariegas.” — 2 Lit. en hebreo dice “profanó,” en vez de humilló. — 3 Así
siguiendo a los LXX. El TM dice a “su reino.” En ese caso se referiría a la “profanación” del territorio israelita, consagrado a
Yahvé, pero invadido por los extranjeros. — 4 Cf. Jer 12:7; 30:14. — 5 En los LXX se dice viña simplemente. En el TM, jardín.
Algunos autores han querido sustituir la palabra hebrea de origen sumerio gan por ganab, y entonces significaría ladrón, lo que se
adaptaría magníficamente al contexto: “Yahvé desmanteló su tienda como un ladrón.” — 6 Cf. Jer 31:39; Job 38,5; Zac 1:16; Is
34,n; 2 Re 21:137 Se ha querido sacar de esta frase la consecuencia de que las Lamentaciones no son de Jeremías. Pero puede tener
un alcance hiperbólico, como otras de Jeremías. — 8 Cf. Jer 1:20; Prov 7:23; Job 16:13; Sal 62:9. — 9 Cf. Job 38:16; Sal
104:25. — 10 Cf. Jer 5:31; 6:13-15; 14:14; 23:115s; 27:9; Ez 13:28. — 11 Cf. Sal 48:3; Ez 16:14; 25:6; Jer 18:16; 19,8; 49:17;
Job 27:23; Sal 22:14; 35:16; Job 16:9. — 12 Cf. Lev 26:14-38; Dt 28:15-68. — 13 Lit. en hebreo dice: “clama su corazón al Señor,
muro de la hija de Sión,” lo que no hace sentido. — 14 Más tarde, en tiempos de los romanos, se dividía en cuatro (Mt
14*25).
3. Tercera Lamentación: Jerusalen, Asolada.
Se suele dividir esta lamentación en tres partes: a) 1-24: de carácter personal, habla el profeta en
primera persona; b) 25-39: de carácter gnómico o sentencioso, habla en tercera persona o impersonal;
c) 40-47: de carácter colectivo. Característica de esta lamentación es que el sistema acróstico
se acentúa, repitiéndose tres veces en cada verso la misma letra. Muchos autores han creído
ver en este capítulo varias piezas independientes ensambladas por un redactor posterior, pero
otros creen que se puede mantener la unidad sustancial. Los conceptos se repiten menos, pero las
exigencias del alfabetismo, o disposición acróstica, repetida tres veces en cada verso, liga mucho
la agilidad del pensamiento del poeta. No se menciona a Jerusalén ni tampoco el templo, sino
que es un puro desahogo personal. De ahí que, para muchos críticos, este fragmento es una oración
elegiaca individual de datación posterior, unida a las otras lamentaciones tradicionales por
exigencias litúrgicas. En los v.1-24, el orante describe sus sufrimientos al estilo de muchos salmos,
y no se vinculan esos sufrimientos personales a la catástrofe nacional. Es como un soliloquio
con muchas semejanzas a fragmentos del libro de Job. Como la forma monologada no es
ajena al estilo de Jeremías, muchos autores creen que es realmente del profeta de Anatot, y así lo
ha mantenido la tradición judeo — cristiana.
1 Alef. — Yo soy el varón que ha visto la miseria bajo el látigo de su furor. 2 Alef. —
Llevóme y me metió en tinieblas sin luz alguna. 3 Alef. — Todo el día vuelve y revuelve
su mano contra mí.
El profeta Jeremías se nos presenta a veces como un “varón de dolores,” sin tener acceso alguno
al banquete alegre de la vida ! Bien, pues, puede ser el autor de la tercera lamentación, en la que
se nos presenta bajo el peso del infortunio y de la miseria. La descripción tiene mucho de paralelo
con ciertos pasajes del libro de Job 2. En ambos se trata de la íntima tragedia de un ser inocente
visitado por el látigo del furor de Yahvé. Las frases del desventurado varón de Hus son arrebatadoras
y lacerantes:
“Feliz era yo, y El me arruinó, me cogió por el cuello y me estrelló. Púsome por
blanco de sus saetas, me cercaron sus arqueros, me traspasan los ríñones sin piedad.
Me hace herida sobre herida y me acomete como fuerte guerrero.”3 “Ha cerrado
mis caminos y no tengo salida, ha llenado de tinieblas mis senderos.” 4
Esta lamentación, en vez de tener un carácter dramático, es un soliloquio con aire de explosión
2177
lírico-elegiaca: Dios es el que directamente envía el castigo, y trata al profeta como simple objeto
de su ira5. El paciente se halla en una atmósfera de tinieblas por efecto del furor del Omnipotente.
4 Bet. — Ha consumido mi carne y mi piel, ha quebrantado mis huesos. 5 Bet. — Ha
levantado contra mí un muro, me ha cercado de veneno y de dolor. 6 Bet. — Me
hace habitar en tinieblas, como los ya de mucho tiempo muertos.
El profeta detalla su miseria y, con ciertas imágenes convencionales, similares a las que encontramos
en Job y los Salmos, expresa su máxima postración física y moral6. Apesadumbrado bajo
el peso del dolor, se siente ya habitando en el seol, o morada tenebrosa de los muertos7. Yahvé
parece perseguirle y acosarle con veneno y dolor, como si estuviera juramentado contra él y no
tuviera compasión del paciente, cuya carne y piel están agotadas y sin vigor. Las metáforas son
vigorosas y expresivas, según el característico realismo oriental. A nuestra sensibilidad resultan
duras y casi blasfemas; pero no debemos olvidar la tendencia a las frases radicales y paradójicas
en los escritores orientales.
7 Guímel. — Me cercó por todos los lados, sin dejarme salida; me puso pesadas cadenas.
8 Guímel. — Y aunque clamo y voceo, no se hace accesible a mi oración. 9
Guímel. — Cerró mis caminos con sillares de piedra, torció todos mis senderos.
El profeta pasa ahora a otra metáfora: su situación es la de un encarcelado cargado de pesadas
cadenas 8, sin que pueda disfrutar de la tan ansiada libertad. En su angustia ha buscado ayuda en
Yahvé, pero se ha cerrado a admitir toda súplica. Es el tema de muchos salmos y del libro de Job
9. Todos los caminos le están cerrados, pues Dios se ha encargado de hacerle impracticables con
sillares de piedra todos los senderos.
10 Dálet. — Fue para mí como oso en acecho, como león en escondrijo. 11 Dálet. —
Me ha complicado mis caminos y me despedazó, me ha asolado por completo. 12 Dálet.
— Tendió su arco y me puso por blanco de sus saetas.
En la Biblia es corriente la metáfora del león en acecho para asaltar al desprevenido; la metáfora
del oso con el mismo sentido está exigida por el alfabetismo, que requería una letra que comenzara
por Dálet (dob: oso). Dios está al acecho del profeta, el cual, nervioso por miedo a caer en
una emboscada, ha descarriado el camino. Durante los últimos años, Jerusalén ha querido seguir
una política fuera de los planes de Yahvé, y por eso ha tanteado diversos caminos tortuosos, por
miedo a caer en manos de Yahvé. Si el profeta simboliza aquí a la comunidad israelita, el sentido
alegórico es claro. Al fin tuvo que rendirse a la realidad del castigo, ya que Yahvé tendió su arco
y le puso por blanco de sus saetas 10. La mano vengadora de Dios cayó inexorablemente sobre la
Ciudad Santa.
13 He. — Clavó en mis lomos las flechas de su aljaba. 14 He. — Soy el escarnio de los
pueblos todos 11, su cantinela de todo el día. 15 He. — Me hartó de amarguras, me
embriagó de ajenjo.
Sigue la metáfora anterior: el paciente — símbolo de la ciudad castigada por Yahvé — ha sido el
blanco certero de su ira. Con ello se ha convertido en escarnio de los pueblos, como ciudad maldita
de su Dios 12. Todo el que ha sido castigado por Dios — en la mentalidad primitiva antigua
2178
— era culpable de secretos crímenes ante El13, y, por tanto, digno de ser despreciado de todos.
La prueba enviada por Yahvé le ha embriagado de ajenjo, símbolo literario de la amargura 14.
Todos los menosprecios fueron para el paciente como hierbas amargas.
16 Wau. — Rompióme los dientes con un casquijo, cubrióme de ceniza. 17 Wau. —
Fue privada mi alma de paz, ya no gozo de bien alguno. 18 Wau. — Y me he dicho:
se acabó mi porvenir, y mi esperanza de parte de Yahvé.
Dios le ha tratado con dureza. La metáfora es muy gráfica: le rompió los dientes con un casquijo,
dejándole revolcarse en la ceniza en desahogo de dolor. Como consecuencia ha desaparecido la
paz y la ilusión en el paciente, el cual parece que ha perdido toda esperanza: se acabó mi porvenir,
pues le falta Yahvé, que es quien pudiera ayudarle.
19 Zain. — El recuerdo de mi miseria y abandono es ajenjo y veneno. 20 Zain. —
Cuando me acuerdo, se abate mi alma dentro de mí. 21 Zain. — Quiero traer a la
memoria lo que pueda darme esperanza.
No obstante, la impresión de desesperación que aparece en el verso anterior, aquí parece atenuarse
con un rayo de esperanza. Pensando en su tragedia íntima, todo es ajenjo y veneno para el paciente;
pero, con todo, levanta la mente hacia algo que pueda darle esperanza. Es el constante
contraste de esperanza y desesperación que encontramos en el libro de Job y aun en Jeremías 15.
Por encima de todas las tribulaciones, la fe en un Dios benigno le hacía sentir una íntima esperanza
de salvación. Las expresiones, debidas a la imaginación ardiente poética, son muchas
veces atrevidas e hiperbólicas; por eso no han de tomarse al pie de la letra.
22 Jet. — No se ha agotado la misericordia de Yahvé, no ha llegado al límite su compasión.
23 Jet. — Se renuevan todas las mañanas. Grande es tu fidelidad. 24 Jet. —
Mi porción es Yahvé, dice mi alma; por eso quiero esperar en El.
En medio de tanta desolación, el profeta siente una secreta e íntima confianza en Yahvé, porque
sabe que su misericordia es infinita, y grande su fidelidad a, las promesas. Por otra parte, Yahvé
es la porción o heredad del paciente. Estas frases tienen un aire claramente salmódico 16. Las expresiones
son recargadas, para destacar lo profundo de la aflicción del profeta, sea que hable en
nombre propio o de la comunidad desolada.
25 Tet. — Bueno es Yahvé para los que en El esperan, para el alma que le busca. 26
Tet. — Bueno es esperar callando el socorro de Yahvé. 27 Tet. — Bueno es al hombre
soportar el yugo desde su mocedad.
Estos tres versos tienen un carácter gnómico o proverbial, muy en consonancia con la literatura
sapiencial. Se exalta la sumisión humilde a la voluntad divina. En el libro de Job se da la solución
al problema del dolor del justo apelando a los misteriosos caminos de la Providencia. Por
ellos ha de buscarse el abandono total a sus designios secretos, esperando callado el socorro de
Yahvé (v.26). Por otra parte, es conveniente que el hombre se acostumbre al yugo de la Ley o del
sufrimiento desde sus tiempos mozos.
28 Yod. — Sentarse en soledad y en silencio, porque es Yahvé quien lo dispone. 29
Yod. — Poner su boca en el polvo y no perder toda esperanza. 30 Yod. — Dar la mejilla
al que le hiere, hartarse de oprobios.
2179
Como consecuencia de este confiar en los secretos caminos de Dios, lo mejor es mantener un
espíritu de resignación ante la adversidad, humillándose con la boca en el polvo, manteniendo
siempre^ la luz de la esperanza, y, por otra parte, conservar un completo espíritu de mansedumbre
para con los demás, sin reacciones violentas ante la injuria. Este ideal parece ya del Ν. Τ. y
refleja el profundo sentido religioso del justo en el A.T. En plena vigencia de la ley del talión, no
faltan espíritus con especial sensibilidad religiosa que se acercan al ideal evangélico movidos por
un secreto instinto divino.
51 Kaf. — Porque el Señor no desecha para siempre. 32 Kaf. — Sino que, después de
afligir, se compadece según su gran misericordia. 33 Kaf. — Porque no aflige por
gusto, ni de grado acongoja a los hijos de los hombres.
Estos tres versos tienen un marcado carácter didáctico sapiencial al estilo del libro del Eclesiástico.
En ellos se enseña la doctrina tradicional combatida en el libro de Job: el hombre sufre por
sus pecados. Dios en sus acciones no se mueve arbitrariamente, sino que acomoda sus premios y
castigos a la conducta humana 17.
34 Lamed. — Aplastar con los pies a los cautivos todos de la tierra. 35 Lamed. — Violar
la justicia de un hombre a los ojos del Altísimo. 36 Lamed. — Hacer entuerto a
uno en su pleito, ¿no ha de verlo el Señor?
El hagiógrafo enumera varias violaciones del derecho natural que Dios no puede dejar impunes:
la opresión de los pobres cautivos, la violación de la justicia social 18 y la irregularidad en los
juicios con testimonios falsos. Todo esto clama justicia a Dios. Por eso no es de extrañar que de
cuando en cuando castigue severamente, pues no en vano se acumulan los pecados ante El.
37 Mem. — ¿Quién podrá decir una cosa sin que la disponga el Señor? 8 Mem. —
¿No proceden de la boca del Altísimo los males y los bienes? 39 Mem. — ¿Por qué,
pues, ha de lamentarse el viviente, el hombre, de su pecado?
Existe una providencia divina sobre todo lo de este mundo, y nada pasa sin que lo haya dispuesto
Dios 19. El hombre, por su parte, debe pensar en que los males que le sobrevienen es en castigo
de sus pecados. En realidad, todo viene de Yahvé: bienes y males. El autor no especifica entre
voluntad permisiva o positiva eficiente.
40 Nun. — Escudriñemos nuestros caminos y examinémoslos, y convirtámonos a
Yahvé. 41 Nun. — Alcemos nuestro corazón y nuestras manos a Dios, que está en los
cielos. 42 Nun. — Hemos pecado, hemos sido rebeldes, y no nos perdonaste.
Ahora la lamentación tiene un carácter colectivo. El poeta ha pasado del campo individual al de
la nación pecadora 20. Ante los secretos y justos caminos de la Providencia, no cabe sino hacer
un claro examen de conciencia sobre las transgresiones pasadas para iniciar un retorno a Dios.
Lo primero que se exige es una confesión de los pecados y el reconocimiento de que los desastres
sobrevenidos a la nación fueron por estas transgresiones: no nos perdonaste.
43 Sámec. — Desencadenaste tu ira y nos perseguiste, mataste sin piedad. 44 Sámec.
— Te has cubierto de una nube para que no llegue a ti la plegaria. 45 Sámec. — Y
nos hiciste oprobio y escarnio en medio de los pueblos.
2180
Como consecuencia de los pecados de Israel, Yahvé ha desencadenado su ira, que se ha manifestado
sin piedad. Por otra parte, en su justicia vengadora no ha querido escuchar las plegarias de
su pueblo, ocultando su faz como tras de una nube. Por ello vino la ruina total, y el pueblo antes
predilecto de Dios ha sido convertido en oprobio y escarnio en medio de todos los pueblos 21.
46 Ayin. — Abren contra nosotros su boca todos cuantos nos odian. 47 Ayin. — Nuestra
parte es el terror y la fosa, el exterminio y la ruina. 48 Ayin. — Corren de mis
ojos ríos de agua por la ruina de la hija de mi pueblo.
Sigue la descripción de la tragedia de Judá: todos los enemigos les desprecian y amenazan,
abriendo la boca como leones hambrientos dispuestos a saltar sobre la presa. Por todas partes no
hay más que terror y fosa, es decir, peligro de muerte. La metáfora de la fosa, corriente en la Biblia
22, está tomada de la caza: a las bestias del campo se les cavan fosas para que caigan en ellas.
Así el pueblo israelita se halla amenazado por doquier de muerte. Por eso, el profeta se deshace
en lágrimas por la ruina de su pueblo.
49 Pe. — Mis ojos derraman lágrimas sin descanso y sin cesar, 50 Pe. — hasta que
Yahvé mire y vea desde lo alto de los cielos. 51 Pe. — Mis ojos contristan mi alma
por todas las hijas de mi ciudad.
El profeta, ante tanto dolor, se constituye en un estado permanente de duelo en espera de que
Yahvé, al fin, admita sus súplicas. La ruina de la Ciudad Santa le ha afectado en extremo y no
puede pensar en otra cosa.
52 Sade. — Me dieron caza como a un ave los que sin causa me aborrecen. 53 Sade.
— Han hundido mi vida en una fosa, arrojando piedras sobre mí. 54 Sade. — Subieron
las aguas por encima de mi cabeza, y me dije: “Muerto soy.”
Sigue la metáfora de la caza para expresar el estado de persecución del profeta. Ahora parece
hablar en sentido personal, pero el profeta puede ser un símbolo o tipo de la colectividad judía
destruida. Algunos autores creen ver en la frase Han hundido mi vida en una fosa, arrojando
piedras sobre mí, una alusión a su reclusión en una cisterna 23. Pero parece explicarse mejor en
sentido metafórico. La situación del profeta angustiado es como la del que ha sido encerrado en
una fosa, apedreado de sus enemigos. Lo mismo parece significar el v.54: Subieron las aguas
por encima de mi cabeza., muerto soy. Parece una continuación de la metáfora anterior: al ser
entregado a una fosa o cisterna, ha sentido las aguas sobre él, y entonces se ha creído perdido. Es
frecuente en la Biblia la metáfora de las aguas inundantes para indicar una gran angustia 24.
55 Qof. — Invoqué tu nombre, ¡oh Yahvé! desde lo hondo de la fosa, 56 Qof. — y oíste
mi voz: “No cierres tus oídos a mis suspiros.” 57 Qof. — Cuando te invoqué, te
acercaste y dijiste: “No temas.”
Al fin la plegaria del profeta, en el colmo de la tribulación, es oída por Dios, recibiendo palabras
de confortamiento: No temas. En medio de la casi total desesperación siempre hay un horizonte
de esperanza en Yahvé, y, finalmente, Dios termina por oír a los que humildemente le buscan.
58 Res. — Tú, Señor, defendiste la causa de mi alma, has rescatado mi vida. 59 Res.
— Tú ves, Yahvé, mi opresión; ¡hazme justicia! 60 Res. — Tú ves todos sus rencores,
2181
todas sus maquinaciones contra mí.
Una vez pasado el peligro, el hagiógrafo reconoce la protección de Yahvé sobre su persona, que
había estado en peligro de muerte: has rescatado mi alma (v.58). Y pide venganza para sus perseguidores
25. Las expresiones son similares a las de muchos salmos 26, pero se encuentran también
en el libro de Jeremías 27. En medio de su tribulación sale un íntimo grito de su alma: hazme
justicia.
61 Sin. — Tú, ¡oh Yahvé! has oído sus ultrajes, todas sus tramas contra mí, 62 Sin. —
las palabras de mis enemigos y los proyectos que para mí trazan todo el día. 63 Sin.
— Tú ves cuándo se sientan, cuándo se levantan y cómo soy objeto de su satírica
cantinela.
Ante Yahvé están todas las maquinaciones contra el profeta. Muchas frases tienen un aire salmódico
y parecen inspirarse en la literatura sapiencial posterior. En todo caso, el vigor de expresión
ha bajado de tono y las reflexiones tienen un carácter más discursivo y menos afectivo. Yahvé
conoce la conducta de sus enemigos: cuando se sientan y cuando se levantan, y cómo el desventurado
es objeto de la befa constante de ellos.
64 Tau. — Tú les darás, ¡oh Yahvé! su merecido según las obras de sus manos. 65
Tau. — Tú les darás la ceguera de corazón, tu maldición contra ellos. 66 Tau. — Tú
los perseguirás en tu ira y los exterminarás de debajo de los cielos, ¡oh Yahvé!
El profeta, doliente, reclama y espera la intervención de la justicia divina. Yahvé no puede pasar
impune los ultrajes de sus enemigos, y el hagiógrafo está seguro de que un día la venganza divina
impondrá sus fueros, dejando las cosas en su debido punto.
1 Cf. Jer 15:10; 17; 20,7. — 2 Cf. Job 16:12; 19,8.12; 30,23. — 3 Cf. Job 16:12. — 4 Job 19,8. — 5 Cf. Sal 2:9. — 6 Cf. Job 19:19;
30:16-18. — 7 Cf. Sal 143:3; Job 10,21-22. El seol hebreo es similar al hades de los griegos y al arallu. babilónico: región de tinieblas
y de tristeza, cuyos moradores llevan una vida lánguida, pero sin dolores. Cf. E. F. Sutcliffe, S.I., The Oíd Testament and
the future Ufe p.36; Salman-ticensis (1954) 1:343-304- — 8 Cf. Jer 20:2. — 9 Cf. Job 19:7; 30,20; Sal 22:3; 88:15. — 10 Cf. Lam
4:12.13; 2:4; Job 6:4; 16:125; Sal 38:3; Job 41:20. — 11 Así según algunos manuscritos; el TM dice “de mi pueblo.” — 12 Cf. Jer
20,7; Job 12:4. — 13 Cf. Job 4:7; 9:4s. — 14 Cf. Job 9:18; Jer 9:15. — 15 Cf. Job 7:21; 10,2.20; 16:20; Jer 15:15; 18:20; 20:11.
— 16 Cf. Sal 16:5; 73:26; 119:57- — 17 Cf. Dt 4:29-31; Jer 18:11; Ez 33:11; Sal 130,6.7; Miq 7:7; Prov 22:6; Eclo 51:26; Job
2:13; Is 3:26; Job 42:6; Is 50,6; Sal 103:9. — 18 Cf. Jer 7:55; 22:133; 34; 115; 51:28-30. — 19 Cf. Sal 33:9; Is 41:23; 45:7; Sof
1:12. — 20 Cf. Sal 25:1; 86:3; 143:8;·Jl 2:12-13. — 21 Cf. Sal 97:28; Is 59:1.2. — 22 Cf. Jer 48:43; Is 24:17. — 23 Cf. Jer 38:6-
13. — 24 Cf. Sal 42:8; 69:2; 88:12. — 25 Cf. Jer 11:19-20; 15:15; Sal 109:65. — 26 Cf. Sal 3:2; 18:40; 28:4; 59:2; 138:2; 139:2.
— 27 Cf. Jer 3:17; 7:24; 9:13
4. Cuarta Lamentación: Jerusalen, Asediada.
De nuevo aparece el canto elegiaco dedicado expresamente a la ciudad profanada por el enemigo
invasor. El acento vuelve a ser el de las primeras lamentaciones. Desaparece el carácter salmódico
y sapiencial para imponerse el elegíaco-afectivo, hablando, más que la reflexión, el corazón
punzante del profeta, testigo de la ruina de su patria. Vuelve el sistema acróstico sencillo,
desapareciendo el triple amanerado del capítulo anterior. Este fragmento es muy similar al de la
segunda lamentación (en el orden alfabético de letras, también aquí la Pe se pone antes del
Ayin). Ambas elegías parecen completarse: en la segunda se destaca el desastre material de la
ciudad, aquí la situación mísera de sus habitantes asediados. El motivo de la catástrofe es el
mismo: los pecados de la clase dirigente, particularmente de los falsos profetas, que sedujeron al
2182
pueblo por caminos extraviados 1. Se suele dividir en tres partes: a) v.1-10: situación triste de los
asediados; b) 13-20: causa de la catástrofe; c) 21-22: invocación contra Edom. Los v. 11-12 son
como un intermedio.
1 Alef. — ¡Cómo se ennegreció el oro, cómo el oro fino ha degenerado! Están las piedras
sagradas esparcidas por los rincones de todas las calles.
El poeta contrapone dos situaciones: la esplendente vida de Judá, con su templo antes de la catástrofe,
y la mísera situación después de la derrota. Jerusalén, ciudad santa, era como oro fino que
se ha ennegrecido y desnaturalizado. Las cosas más sagradas están profanadas, dispersas como
pedruscos inútiles por los rincones de las calles. Estas piedras sagradas lo mismo pueden ser las
piedras del templo demolido que los ciudadanos dispersos y abandonados; se han convertido en
escoria2. En Zac 9:15 se llama a los israelitas “piedras de diadema.” El pueblo israelita, en cuanto
consagrado a Yahvé, era como una piedra preciosa de inestimable valor en comparación de los
otros pueblos 3.
2 Bet. — Los hijos de Sión, preciados y estimados como oro puro, ¡cómo son tenidos
por vasijas de barro, obras de las manos del alfarero!
Aquí parece concretarse el sentido de piedras sagradas del verso anterior. Los hijos de Sión han
sido tratados como vasijas inmundas y profanas, obra de alfarero. Los vencedores no han sabido
calibrar el valor del pueblo vencido, escogido por Yahvé para desempeñar una misión excepcional
entre los pueblos.
3 Guímel. — Aun los chacales dan la teta y amamantan a sus crías. Pero la hija de
mi pueblo se ha hecho tan cruel como los avestruces del desierto.
Es tanta la miseria de los habitantes de la ciudad, que las madres niegan a sus pequeñuelos darles
el pecho, mostrando así más crueldad que las fieras del campo, los chacales 4; como los mismos
avestruces, que, según la opinión popular, se despreocupan de sus hijos. En Job 39:15-16 se dice
de ellos que dejan sus huevos en la arena sin preocuparse más de la suerte que les puede sobrevenir
al poder ser pisados por los viandantes. La situación de tragedia de la ciudad asediada ha
privado a las madres de los sentimientos maternales y humanitarios más elementales.
4 Dálet. — La lengua de los niños de teta se ha pegado de sed al paladar. Los pequeñuelos
piden pan, y no hay quien se lo parta.
La escasez es tal, que no hay para dar el alimento indispensable a los pequeñuelos. Los niños de
pecho mueren de inanición por no haber quien les dé la leche. Como hemos hecho notar, el poeta
dramatiza la situación para resaltar las preocupaciones angustiosas de los habitantes de Jerusalén,
los cuales, en su obsesión de salvar su vida, se olvidan hasta de sus instintos más enraizados en la
naturaleza, como el cuidado de las madres por sus hijitos.
5 He. — Los que se nutrían de manjares delicados perecen por las calles. Los que se
criaron vistiendo púrpura se abrazan a los estercoleros.
El cuadro de miseria se recarga incesantemente. Nadie ha podido librarse de la general penuria:
los que en la vida social tenían un lugar privilegiado, se han visto obligados a vagabundear por
las calles mendigando algo para su sustento, y tienen que andar por los lugares donde se echaban
2183
los residuos de las ciudades en busca de algún alimento. El contraste es radical y expresivo de la
situación de miseria de los ciudadanos de Jerusalén.
6 Wau. — Mayor ha sido la culpa de la hija de mi pueblo que la de la misma Sodoma,
que fue destruida en un instante, sin que nadie pusiera en ella la mano.
Por la magnitud del castigo de Jerusalén se puede colegir la calidad de su culpa. Sodoma, en este
sentido, fue menos culpable, ya que desapareció en un instante, mientras que Jerusalén fue agonizando
lentamente a manos de hombres enemigos; por otra parte, aquélla murió a manos de
Dios (sin que nadie pusiera en ella la mano), lo que es menos humillante. Los enemigos de Judá,
despreciados por el pueblo elegido, han sido los ejecutores de la ira divina. Hubiera sido preferible
(supuesta la mentalidad arrogante de los israelitas frente a los otros pueblos) que el propio
Dios hubiera aniquilado directamente a su pueblo. Las ideas son radicales, con fuerte carga poética,
y no han de ser interpretadas al pie de la letra.
7 Zain. — Eran sus nazareos más resplandecientes que la nieve, más blancos que la
leche, más rubicundos sus huesos que el coral, y un zafiro era su cuerpo.
La juventud de Israel era de una belleza desbordante, y entre ellos destacaban los nazareos 5. El
poeta se recrea en la descripción de aquella juventud florida, que por su apostura era la encarnación
de la belleza. Todo en ellos era gallardía y optimismo: un zafiro era su cuerpo. En su figura
externa se adivinaba la esperanza de la nación futura.
8 Jet. — Y están más negros que la negrura; no hay quien los conozca por las calles.
Está su piel pegada a los huesos, seca como un leño.
Es la antítesis de la descripción radiante anterior. La ruina de Jerusalén ha cambiado hasta el
mismo aire de la juventud, que está desconocida. Ha desaparecido el color sonrosado, rebosante
de salud, y ha sido sustituido por el cetrino-amarillento, característico del que ha sufrido los envites
del hambre y de la angustia.
9 Tet. — Los muertos a espada fueron más dichosos que los caídos de hambre, que
se consumen famélicos, faltos de los frutos de la tierra.
La muerte lenta por hambre es más trágica y deshonrosa que la del que muere en el campo de
batalla luchando con el enemigo.
10 Yod. — Manos de tiernas mujeres cocieron a sus hijos, sirviéronles de alimento 6
en el quebranto de la hija de mi pueblo.
La culminación de la miseria del asedio está representada por escenas de canibalismo, atestiguadas
en otros pasajes de la Biblia 7 y repetidas en el asedio de Jerusalén por Tito 8. Tan grande ha
sido el quebranto de la hija de mi pueblo, es decir, la ruina de Jerusalén, capital de la nación del
profeta.
11 Kaf. — Apuró Yahvé su saña, derramó su abrasada ira y encendió un fuego en
Sión que ha consumido sus cimientos.
Toda la catástrofe de Judá ha sido un castigo enviado por la ira vengadora de Yahvé, que se ha
2184
ensañado con el pueblo escogido por sus infidelidades. Consecuencia de ello es que hasta los cimientos
de la nación han desaparecido. El exilio babilónico representa el fin de Judá como nación.
12 Lamed. — Nunca creyeron los reyes de la tierra, ni cuantos habitan en el mundo,
que entraría el enemigo y adversario por las puertas de Jerusalén.
Con frase hiperbólica, el poeta destaca la segura convicción de inviolabilidad de Jerusalén, como
ciudad sagrada, en la que estaba la morada de Yahvé, el escabel de sus pies en la tierra. Esta
convicción, participada por sus habitantes 9, era también compartida por los reyes de la tierra. La
frase tiene un tono de arrogancia muy judío. La especial protección que Yahvé había dispensado
a su pueblo habría hecho creer a sus reinos enemigos que era inexpugnable 10. El recuerdo del
levantamiento inesperado del asedio del ejército de Senaquerib dio origen a esta creencia 11.
13 Mem. — Por los pecados de sus profetas, por las iniquidades de sus sacerdotes,
que derramaban en ella sangre de justos.
Pero aquello que parecía increíble (la toma de Jerusalén) se ha hecho posible en virtud de la intervención
punitiva de Yahvé por los pecados de los profetas y sacerdotes, que derramaron la
sangre de los justos. Aquí el profeta parece aludir a ejecuciones de enemigos de la política mundana
seguida por las clases directoras durante el asedio 12.
14 Nun. — Erraban como ciegos por las calles manchados de sangre; no podían tocarse
sus vestiduras.
El profeta aquí parece hacerse eco de determinadas escenas sangrientas durante el asedio de Jerusalén.
La ley de la espada y de la opresión de los ciudadanos inocentes estaba a la orden del
día. Después andaban errantes, despreciados de todos, pues nadie quería contaminarse con sus
vestiduras, teñidas en sangre inocente.
15 Sámec. — ¡Apartaos! ¡Un inmundo! les gritaban. ¡Apartaos, apartaos! ¡No toquéis!
Cuando huyeron y anduvieron errantes, decíase entre las naciones: ¡No pueden
quedarse!
Ante la presencia de estos culpables, errantes como ciegos por las calles, las gentes darán un grito
de alerta como ante un leproso: ¡Apartaos! ¡Un inmundo! 13 Una profunda execración por parte
del pueblo les acompaña por doquier como culpables de tantos crímenes y como cubiertos de
la maldición divina. Naturalmente, todas éstas son escenas creadas, con fuerte dramatismo, por la
imaginación del poeta para resaltar la culpabilidad de los sacerdotes y profetas falsos, que no
cumplieron debidamente con su misión. Después de la catástrofe eran despreciados por su pueblo
y aun por las naciones cuya amistad habían antes fomentado. Parece el profeta aludir con estas
frases al desprecio general con que fueron recibidos en los pueblos circunvecinos los jefes judíos,
que huyeron, después de la toma de Jerusalén por Nabucodonosor, a Egipto y otras naciones
antiguas aliadas de Judá.
16 Ayin. — Yahvé mismo los dispersó y no volverá a ellos su mirada. No hubo respeto
para el sacerdote, ni piedad para el anciano.
En realidad, ha sido el mismo Yahvé quien los dispersó entre las naciones para ser prófugos en2185
tre pueblos extraños. Los ha echado de la tierra de Yahvé, y allá lejos no sentirán la mirada protectora
de su Dios. Al aparecer como malditos de Yahvé, el pueblo no tuvo respeto ni consideración
para los que constituían la jerarquía normal de la nación: los sacerdotes y los ancianos.
Como prófugos, huyendo de la faz de su Dios, llevan un estigma por doquier que los hace abominables
a todos. La maldición y persecución de Yahvé los seguirá aun en tierras extranjeras.
17 Pe. — Se consumían aun nuestros ojos esperando nuestra ayuda. Iban esperanzadas
nuestras miradas hacia un pueblo que no pudo librarnos.
El profeta se traslada mentalmente a las horas trágicas del asedio de Jerusalén, cuando había
grandes esperanzas en la ayuda de potencias amigas que pudieran liberarlos del acoso de las tropas
de Nabucodonosor. Sin duda que alude a las esperanzas puestas en las tropas del faraón
egipcio Hofra, que les había prometido rápida ayuda militar 14. Jeremías siempre se opuso a estos
cálculos humanos. Para él, la única política viable era la de Dios, único que podía salvarlos.
18 Sade. — Espiaban nuestros pasos para impedirnos pasar por nuestras calles.
Nuestro fin se acercaba, se cumplían nuestros días y ciertamente llegó nuestro fin.
Se recuerdan escenas trágicas del asedio: por las calles no se podía transitar, porque los asediantes
babilónicos espiaban los pasos de los ciudadanos de Jerusalén cercados, teniéndolos al alcance
de sus flechas. El fin trágico se acercaba por momentos. La prometida ayuda egipcia no llegaba.
19 Qof. — Eran nuestros enemigos más veloces que las águilas del cielo, y nos perseguían
por los montes y nos ponían celadas en el desierto.
Ahora pasa el poeta a describir las escenas de los fugitivos que habían logrado escapar del cerco
de Jerusalén: por los montes eran cazados como alimañas 15, sin esperanza de salvación, ya que
los enemigos eran velocísimos y maestros en poner emboscadas por los montes. y el desierto 15 *.
20 Res. — El que era el aliento de nuestra boca, el ungido de fue capturado en su
trampa, Yahvé, aquel de quien decíamos: A su sombra viviremos entre las naciones.
Esta despiadada persecución culminó en la captura del rey Se-decías, que era como el aliento de
sus subditos. Es una frase expresiva para indicar la dependencia que de él tenían los judíos. Frases
análogas aparecen aplicadas en las cartas de Tell-Amarna en Egipto 16. El poeta se siente
conmovido ante la suerte desesperada del que colmaba sus ilusiones nacionales, el ungido de
Yahvé, llamado así porque al ser consagrado rey se le ungía solemnemente en nombre de Yahvé
17. En la concepción teocrática de los israelitas, el rey era el representante vivo de Yahvé en la
tierra, que debía empalmar un día con el Mesías o Ungido por excelencia. De ahí la profunda
veneración por él. Con la desaparición del ungido de Yahvé, el rey Sedecías, se deshicieron las
antiguas esperanzas de permanecer con dignidad como nación entre los pueblos: de quien decíamos:
A su sombra viviremos entre las naciones. El rey, pues, es comparado a un árbol frondoso,
bajo el cual pueden buscar sombra y protección sus subditos.
21 Sin. — ¡Alégrate y tripudia, hija de Edom, que habitas la tierra de Us! 18 También
a ti te llegará el cáliz, y te emborracharás y quedarás desnuda,
El canto cambia de destinatario y de acento. Ha cesado el tono elegiaco y empieza la sátira.
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Edom era el pueblo que más se había regocijado con la destrucción de Jerusalén 19. Irónicamente
el poeta la invita a desahogar sus últimas alegrías, porque se le acerca la hora de beber el cáliz de
la amargura, como Judá. Yahvé da a beber a todos los pueblos la copa de su ira vengadora 20, y
ahora la va a poner ante los labios voluptuosos de Edom para que se embriague y quede desnuda,
siendo por ello objeto de desprecio de las demás naciones 21.
22 Tau. — Hija de Sión, tu iniquidad está expiada; ya no volverá (Yahvé) a arrojarte
al cautiverio. Hija de Edom, El castigará tu iniquidad y pondrá al desnudo tus pecados.
Llega la hora de la rehabilitación de Sión, que con sus sufrimientos ha conseguido que ante Dios
queden expiados sus pecádos 22. No volverán las pruebas del exilio. Al contrario, llega la hora de
la justicia divina para Edom, que se ha alegrado por la ruina de Judá. Yahvé no puede dejar impune
su iniquidad, y, castigándolo, pondrá al desnudo sus pecados, ya que el castigo es la medida
de las transgresiones.
1 Cf. Lam 2:14; 4:13. — 2 Cf. Jer 6:30; Ez 22:18. — 3 Cf. Dt7:6; 14:2; Jer 2:3. — 4 Cf. Is 13:22; 34:13; 35:7; Jer 9:10; Miq 1:8; Job
30:29. — 5 Cf. Núm 6:2-21. Muchos autores traducen, en vez de nazareas, príncipes. — 6 Así según el TM. Algunos corrigen la
palabra hebrea que traducimos por alimento por otra parecida que significa sepulcro. Pero los LXX siguen el texto masorético
hebreo. — 7 Cf. 2 Re 6:28-29: en el sitio de Samaría. — 8 Cf. Flavio Josefo, Bell. lud. VI 20is. — 9 Cf. Jer 7:4. — 10 Cf. 2 Re
19:34.35- — 11 Cf. 2 Re 19:345. — 12 Cf. Jer 28:9. — 13 Cf. Lev 13:45. — 14 Cf. Jer 37:5; Is33:6. — 15 Cf. Jer52:8s. — 15*
Cf. Jer 39:4- — 16 Séneca llama al emperador “espíritu vital” (De clementia I, 4). — 17 Cf. 1 Sam 2:10; 2 Grón 6:42; Abd 3:13.
— 18 Us estaba localizado entre Arabia e Idumea. Falta en el texto griego. — 19 Cf. Jer 49:7-22. — 20 Cf. Jer 25:15ss. — 21 Cf.
Lam 1:8; Gen 9:21; Nah 3:5; Jer 13:22. — 22 Cf. Is 40:1.
5. Quinta Lamentación: Oración del Profeta.
Esta lamentación tiene unas características muy diferentes de las anteriores, ya que le falta el
tono elegiaco, propio de aquéllas, y el metro alfabético; es más bien una plegaria con una descripción
de la situación: el pueblo está sometido a una dominación extranjera, y el templo, desolado.
El desastre de la nación es efecto de un castigo divino por las transgresiones que se acumularon
a través de las generaciones. Se describen los sufrimientos del pueblo para mover a compasión
a Yahvé. No hay indicios de rencor contra los enemigos. En este sentido, la plegaria tiene
un elevado sentido espiritual. Algunos autores quieren ver en esta oración un reflejo de los
tiempos calamitosos de la época de la persecución de Antíoco IV Epifanes en los tiempos de los
Macabeos (s.11), pero en realidad no hay ninguna prueba definitiva que permita rebajar tanto la
época de composición. Por otra parte, los tiempos ruinosos que siguieron a la destrucción por
Nabucodonosor pueden bien dar pie a esta bellísima composición poética. La Vulgata la atribuye
a Jeremías, pero su título, Oración de Jeremías, falta en el texto hebreo y griego. Sólo aparece en
algunos códices griegos, siríacos y árabes. Parece, pues, una adición redaccional posterior. En la
liturgia romana esta Oración de Jeremías constituye una de las piezas más emotivas de Semana
Santa.
Invocación suplicante a Yahvé (1-3).
1 Acuérdate, joh Yahvé! de lo que nos ha sobrevenido; mira y contempla nuestro
oprobio. 2 Nuestra heredad ha pasado a manos extrañas, nuestras casas a poder de
desconocidos. 3 Somos como huérfanos, sin padre, y nuestras madres son como viudas.
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Yahvé está enojado por los pecados de su pueblo, pero los sufrimientos pasados son tantos, que
bien pueden calmar su ira justamente derramada. Debe tener, pues, presente la tristísima situación
de su pueblo, convertido en objeto de oprobio y baldón para todos. La nación ha desaparecido
como unidad política, y la tierra de Yahvé, la heredad recibida de los antepasados, ha pasado
a manos extrañas. Los enemigos andan libres por el país. Los judíos se sienten extraños en su
propia tierra, pues sus casas han pasado a poder de desconocidos. Se sienten huérfanos al ser
privados de la protección divina, y las madres, separadas de sus maridos, deportados, son como
viudas.
Situación económica precaria (4-10).
4 Bebemos de nuestra agua a precio de dinero y tenemos que comprar nuestra leña. 5
Somos perseguidos, llevamos yugo sobre la cerviz, estamos agotados, no hay para
nosotros descanso. 6 Tendimos la mano a Egipto y a Asiría para saciarnos de pan. 7
Pecaron nuestros padres, y ya no existen; mas nosotros cargamos con sus iniquidades*
8 Esclavos señorean sobre nosotros, sin que haya quien nos libre de sus manos.
9 Con riesgo de nuestra vida vamos en busca de nuestro pan, afrontando la espada
del desierto. 10 Nuestra piel abrasa como un horno por la fiebre del hambre.
Despojados de sus propiedades, los israelitas se ven obligados a pagar con dinero agua que en
realidad les pertenece por derecho (v.4). La opresión del invasor es insoportable. La situación
puede ser muy bien la inmediata a la destrucción de Jerusalén, cuando el pueblo que no había
sido deportado se esforzaba por organizar su vida económica y social bajo la dirección del gobernador
impuesto por los babilonios, Godolías 1. El profeta empieza a continuación a exponer
teológicamente las causas de la gran catástrofe: Israel, en vez de buscar el auxilio divino, ha requerido
la ayuda extranjera, unas veces en Egipto y otras en Asiría, los dos colosos que pugnaron
siempre por dominar en el Próximo Oriente (v.6). Esto era desconfiar de Yahvé y exponerse a
influencias religiosas extranjeras; por eso los profetas siempre se opusieron a estas relaciones
políticas. El profeta reconoce este gran error de sus antepasados, pero, por otra parte, protesta
por tener su generación que hacerse cargo con todas las culpas de sus padres. Jeremías había
prometido que en adelante no se diría más “nuestros padres comieron las agraces y nosotros sufrimos
la dentera” 2. Tanto él como Ezequiel se presentan ¡como los campeones del individualismo
y de la responsabilidad personal 3.
Yahvé, pues, debe considerar que también la generación de la -desgracia tiene.derecho a
algún alivio, ya que no fue peor que la anterior. Sin embargo, han llegado a una situación jamás
soñada por sus antepasados. Los israelitas, que por su elección eran el pueblo de Dios, y, por
tanto, señores de los otros pueblos, ahora se ven dominados por los que legítimamente debían
ser sus esclavos (v.8); y no hay esperanza de salir de esta situación. La vida es un constante riesgo,
ya que tienen que aventurarse en busca de pan, afrontando la espada del desierto, probable
alusión a las razzias de los beduinos que merodeaban por los contornos del desierto de Judá y
caían sobre los que, desprevenidos, caminaban por rutas extraviadas, buscando ayuda en pequeños
oasis olvidados. Como consecuencia del hambre prolongada, han venido las enfermedades y
la fiebre, a causa de la cual su piel abrasa como un horno.
Atropellos de los vencedores (11-14).
11 Violaron a las mujeres en Sión, a las vírgenes en las ciudades de Judá. 12 Colgaron
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de las manos a los príncipes y no respetaron la cara de los ancianos. 13 Los mancebos
han sido puestos a la muela, y los niños se tambalean bajo la carga de leña. 14 Ya no
van los ancianos a la puerta, ya no cantan los jóvenes.
Bellísima descripción de la opresión de los habitantes de Judá bajo el yugo enemigo. Ningún estrato
social se ha visto libre del peso del invasor. Las mujeres son presa de la voluptuosidad de la
soldadesca 4; es la secuela de todas las invasiones. Los príncipes han sido ahorcados, y los ancianos,
tratados sin consideración. Los mancebos han sido puestos, como asnos, a mover la pesada
muela, y sobre los niños se imponen cargas desproporcionadas. Además, ya no funcionan
los tribunales o consejos de ancianos en la puerta, lugar tradicional de reunión de la ciudad 5.
Duelo general en la población vencida (15-18).
15 Huyó de nuestros corazones la alegría, nuestras danzas se han tornado en luto. 16
Cayó de nuestra cabeza la corona. ¡Ay de nosotros, que hemos pecado! 17 Por eso se
angustia nuestro corazón, se nublan nuestros ojos, 18 porque el monte de Sión está
asolado y por él se pasean las raposas.
Todo lo que constituía motivo de alegría ha desaparecido de la vida de la nación. Las tradicionales
danzas de la juventud han dado paso al duelo general, y la humillación total es la consecuencia
de la catástrofe: cayó de nuestra cabeza la corona. El pueblo israelita era el pueblo rey entre
las naciones, pero ha perdido sus prerrogativas regias, castigado por su mismo Dios, y todo porque
hemos pecado. La confesión es sincera y humilde. Y, sobre todo, la gran tragedia para todos
es la asolación del monte de Sión, orgullo de la raza. Todo es un montón de ruinas, guarida de
raposas. El templo, morada de Yahvé, se ha convertido en acervo informe de escombros.
Súplica angustiosa a Yahvé (19-22).
19 Mas tú, ¡oh Yahvé! reinas por siempre, y tu trono permanece por generaciones y
generaciones. 20 ¿Por qué nos has de olvidar para siempre, nos has de abandonar
por largo tiempo ? 21 Conviértenos a ti, ¡oh Yahvé! y nos convertiremos. Danos todavía
días como los antiguos. 22 ¿Por qué nos has rechazado enteramente, te has irritado
contra nosotros hasta el extremo?
La plegaria se abre con una doxología para captar la benevolencia divina. Dios es eterno e inmutable,
en contraposición a los destinos de los pueblos. Por eso, la confianza del profeta es suma.
Sabe que puede cambiar la trágica situación actual. Los pecados han sido muchos, y el castigo
merecido; pero Israel es su pueblo elegido. ¿Cómo, pues, los va a olvidar para siempre? Por
eso, en un supremo arranque, suplica a Yahvé que los restablezca como pueblo para después vivir
vinculados a El: Conviértenos a ti, y nos convertiremos (v.21). Suplica la restauración nacional
como en los tiempos gloriosos de la monarquía davídica: danos todavía días como los antiguos.
La nueva teocracia debe distinguirse por una mayor fidelidad a Yahvé 6. Se trata,
pues, en esta súplica del retorno de la nación como colectividad nacional a su estado primitivo,
sin que esto excluya un retorno de los individuos como tales a Dios, centro de los corazones.
Los teólogos se han basado, entre otros, en este texto para estructurar la teoría de las gracias prevenientes;
no obstante, el contexto parece favorecer una súplica de rehabilitación de la nación
judía, postrada como condición para después establecer una sociedad más vinculada a Yahvé.
Así lo parece insinuar la segunda parte del v.21: danos todavía días como los antiguos; es decir,
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restaura nuestra nación en su plenitud política, como en tiempos anteriores, para favorecer la
conversión de los corazones a Yahvé.
Y termina el profeta con una consideración que debe mover el corazón de Dios: Porque
nos has rechazado enteramente, te has irritado contra nosotros hasta el extremo (v.22). La
prueba ha sido demasiado dura, y ya es hora que llegue la misericordia divina. Algunos autores
prefieren entender la frase en sentido interrogativo: “¿Nos vas a rechazar enteramente? ¿Te
irritarás contra nosotros hasta el extremo?” Lo que acentuaría el sentido de súplica del fragmento.
1 Cf. Jer-4:4s. — 2 Cf.Jer31:2:9. — 3 Cf. Ez 18:1. — 4 Cf. Lam 3:51. — 5 Cf. Am 5:10; 22:15; Zac 8:16; Prov 31:23. — 6 Cf. Is
1:21.26; Jer 2:2.