Biblia

Comentada.

Texto de la Nácar-Colunga.

III.

Libros Proféticos.

Por Maximiliano García Cordero, O. P.

— P a r a U s o s I n t e r n o s y D i d á c t i c o s S o l a m e n t e —

Adaptación pedagógica: Dr. Carlos Etchevarne, Bach. Teol.

Contenido:

I n t r o d u c c i ó n a l o s L i b r o s P r o f é t i c o s .

1. Nombres de los Profetas. 2. Historia del Profetismo. 3. Ambiente Histórico y Orden

Cronológico de los Profetas. 4. Origen del Profetismo Israelita Según las Teorías

Racionalistas. 5. Vocación y Misión de los Profetas. 6. Elevación de las Facultades en el

Profeta. 7. La Revelación Profética. 8. Comunicaciones “Visionarias” y “Sueños”

Proféticos. 9. Limitaciones en el Conocimiento Profético. 10. Éxtasis y Conciencia

Profética. 11. Perspectivas Generales Teológicas en la Predicación Profética. 12.

Hipérbole, Paradoja y Realidad en las Profecías Mesiánicas. Intentos de Solución. 13.

Particularidades de los Escritos Proféticos. 14. Asociaciones Proféticas.

I s a i a .

Introducción.

I s a í a s .

1. La Infidelidad de Israel. 2. Síon, Centro del Reino Universal de Yahvé. 3. Castigo de

Juda. Capítulo 4. 5. La Solicitud de Yahvé. 6. Teofania en el Templo. 7. Isaías y Acaz.

Sentido Mesiánico de la Profecía. 8. La Justicia Punitiva de Dios. 9. Los Tiempos

Mesianicos. 10. Amenazas Contra Asiría. 11. El Reino Pacifico del Mesías. 12.

Manifestación Gloriosa de Yahve. 13. Oráculo Contra Babilonia. 14. Encumbramiento

de Israel. 15. Oráculo Contra Moab. 16. Los Moabitas se Refugian en Juda. 17.

Oráculo Contra Damasco. 18. Oráculo Sobre Etiopia. 19. Oráculo Sobre Egipto. 20.

Oráculo sobre Egipto y Etiopia. 21. Oráculos sobre Babilonia, Edom y Arabia. 22.

Oráculo Sobre Jerusalén. 23. Oráculo Sobre Tiro. 24. El Día del Juicio y sus Signos

Precursores. 25. Cántico de Acción de Gracias. Banquete Mesianico. 26. Canto

Triunfal Plegaria. 27. La Providencia de Yahvé. 28. Ruina de Samaría. 29.

Humillación de Jerusalén. Incredulidad del Pueblo. 30. La Alianza con Egipto. Los

1631

Tiempos Mesiánicos. 31. La Justicia de Yahvé. 32. Reinado Ideal de Justicia. Oráculo

Contra las Mujeres. 33. Contraste entre la situación triste de Jerusalen y su futuro

glorioso. 34. Juicio Sobre Edom. 35. Felicidad de los Tiempos Mesianicos. 36. La

Invasión de Senaquerib Sobre Juda. 37. Retirada de los Asirios. 38. Curación

Milagrosa del Rey. Cántico de Acción de Gracias de Ezequías (9-20). 39. Predicción

del Cautiverio. 40. La Gloria de Yahvé en la liberación de Israel. 41. Yahvé suscita un

Libertador de su pueblo. Promesa de Liberación de Israel (8-20). 42. El Siervo de

Yahvé. Liberación de Israel. 43. Yahvé, Salvador de Israel. 44. Restauración de Israel.

Contra la Idolatría. 45. Ciro, Libertador de Israel. Conversión de las Gentes. 46.

Caída de los ídolos de Babilonia. Yahvé, Gloria de Israel. 47. Caída de Babilonia. 48.

La Liberación de Israel, Obra de Yahve. 49. El Siervo de Yahvé. Gloria de Israel.

Consolación de Sion. 50. Consolación de Sión. El Siervo de Yahvé. 51. Consolación de

Sion. 52. Próximo retorno de la Cautividad. El Siervo de Yahvé. 53. Poema del siervo

de Yahvé. Los Cánticos del Slervo De Yahvé. Interpretaciones de los cánticos sobre el

“Siervo de Yahvé.” Interpretaciones Racionalistas. 54. Gloria de la Nueva Sion. 55.

Invitación a volver a Yahvé. Capítulos 56-66. La Nueva Etapa Gloriosa. Capítulo 56.

57. Idolatrías de Israel. 58. Invectiva contra el Formalismo Religioso. 59. Invectiva

Contra Israel Pecador. 60. Gloria de la futura Jerusalén. 61. La proclamación de la

buena nueva a Sion. 62. Inminencia de la Salvación. 63. El día de la venganza de

Yahvé. Plegaria por la liberación. 64. Ansias de la manifestación de Yahve. 65.

Amenazas a los pecadores y promesas a los Justos. 66. Felicidad de los Fieles Israelitas.

Castigo de los impíos.

J e r e m í a s .

Introducción. 1. Vocación del Profeta. 2. La apostasía de Israel, Causa del estado

desgraciado Actual. 3. Posible reconciliación de Israel con Yahvé. 4. Invitación a la

conversión y amenaza de castigo. 5. Corrupción de Jerusalén y Venganza de Yahvé. 6.

Anuncio de la Invasión. Injusticias Sociales. 7. La simple presencia del templo no es

garantía de Seguridad. 8. La suerte de los muertos. Contumacia y falsa confianza en la

ley. 9. Deslealtad y Apostasia general. 10. Inanidad de los Ídolos. El Exilio. 11.

Exhortación a la guarda de la alianza. Conjuración contra el Profeta. 12. Prosperidad

de los Impíos. Juda es devastada. Los enemigos de Judá. 13. La faja podrida. Contra

los orgullosos. Mensaje al rey. Exilio. 14. La gran sequía. Castigo del pueblo. Oración.

15. La Mortandad y el hambre. Quejas de Jeremías y respuesta de Yahve. 16.

Jeremías, símbolo de las calamidades de su pueblo. 17. Idolatría de Judá. Coloquio del

profeta y Yahvé. Observancia Sabática. 18. La Orza Rota. Insidias contra Jeremías.

Imprecaciones. 19. El Cántaro roto, símbolo de la destrucción de Jerusalén. 20.

Jeremías, encarcelado, se queja a Yahvé. 21. Embajada de Sedecias a Jeremías. La

justicia social. 22. Profecías sobre los Reyes de Judá. 23. Profecías Mesianicas. Contra

los falsos Profetas. 24. Vision de los higos simbólicos. 25. Castigo de Judá. El Cáliz de

la Ira Divina. Juicio sobre las naciones. 26. Conspiración contra Jeremías. 27.

Invitación a la sumisión a Babilonia. 28. Incidente personal entre Jeremías y el falso

profeta Ananias. 29. Epístola de Jeremías a los Exilados. 30. La Salvación de Israel.

Juda castigada por sus pecados. 31. Restauración de las tribus. Retorno de la diáspora.

32. La compra del campo por Jeremías. 33. Promesas de Restauración. 34. El Destino

del Rey Sedecías. Deslealtad de los Amos. 35. Fidelidad de los Recabitas y

Desobediencia de los Judíos. 36. Lectura publica de las Profecías de Jeremías. 37.

1632

Consulta de Sedecías y respuesta de Jeremías. 38. Jeremías es encarcelado de Nuevo.

39. Toma de Jerusalen. Liberación de Jeremías. 40. Liberación de Jeremías. Godolías,

gobernador del País. 41. Asesinato de Godolias y de tros ciudadanos Judíos. 42.

Consulta a Jeremías sobre la huida a Egipto. 43. Los Jefes fugitivos se llevan a

Jeremías. 44. Jeremías denuncia la idolatría de sus compatriotas en Egipto. 45.

Palabras de consolación a Baruc. 46. Oráculo contra Egipto. 47. Oráculo contra los

Filisteos. 48. Oráculo Contra Moab. 49. Oráculos contra Amon, Edom, Damasco,

Arabia y Elam. 50. Oráculo Contra Babilonia. 51. Oráculo contra Babilonia. 52.

Apéndice histórico: la destrucción de Jerusalén.

L a m e n t a c i o n e s .

Introducción. 1. Primera Lamentación: Jerusalen, Desolada. 2. Segunda Lamentación:

Jerusalen, destruida. 3. Tercera Lamentación: Jerusalen, Asolada. 4. Cuarta

Lamentación: Jerusalen, Asediada. 5. Quinta Lamentación: Oración del Profeta.

Β a r u c .

Introducción. 1. Colecta por el Templo de Jerusalen. Confesión. 2. Enumeración de las

Calamidades Sufridas (1-10). 3. Nueva Oración y Confesión de los Pecados (1-8). 4.

Elogio de la Ley. Rehabilitación de Israel. 5. Invitación a Jerusalén a Alegrarse por la

llegada de Sus Hijos (1-9). 6. Epístola de Jeremías Sobre los Ídolos.

Eze q u i e l .

Introducción. 1. Visión de la Gloria de Yahve. 2. Intimación de Dios al Profeta. 3. El

Profeta, enviado de Dios. 4. Acciones simbólicas sobre el Asedio de Jerusalén. 5.

Dispersión de los Habitantes de Juda. 6. Profecías contra los centros idolátricos de

Israel. 7. Castjgo de las Idolatrías. 8. Los cultos idolátricos, practicados en el templo de

Jerusalén. 9. Los Mensajeros de la Destrucción. 10. Nueva descripción de la Gloria de

Dios. 11. Profecías contra algunos jefes de Jerusalen. Promesa de Repatriación. 12. La

fuga del rey. Las angustias del asedio. 13. Contra los falsos Profetas. 14. Exhortación a

la conversión. Inutilidad de la Intercesión. 15. Israel, Sarmiento Inútil. 16. Infidelidad

de Jerusalén. 17. Deslealtad y trágica suerte del Rey Sedecías. Promesa Mesianica. 18.

La Retribución equitativa individual. 19. Canto fúnebre sobre los Príncipes de Israel.

20. Infidelidad de Israel y fidelidad de Dios. Purificación Futura. 21. La Espada

Vengadora De Yahvé. 22. Los pecados de Jerusalén. 23. Los pecados de Samaría y de

Jerusalén. 24. Anuncio del asedio de Jerusalén. 25. Oráculos contra las naciones

vecinas de Juda. 26. Oráculo contra Tiro. 27. Elegía Sobre La Ruina De Tiro. 28.

Oráculos contra el rey de Tiro y contra Sidon. 29. El Orgullo de Egipto. 30. Nuevos

oráculos contra Egipto. 31. Nuevo anuncio de la ruina de Egipto. 32. Elegías sobre

Egipto. 33. El Profeta, Atalaya del pueblo. 34. Los malos Pastores y el buen Pastor. 35.

Oráculo Contra Edom. 36. La Restauración completa de Israel. 37. Resurrección de la

Nación Israelita. 38. Invasión de Gog. Destrucción de su Ejercito. 39. Fin Desastroso

de Gog. 40. El nuevo Templo de Jerusalén. 41. El Nuevo Templo de Jerusalen en su

parte Santísima. 42. Descripción de las Dependencias del Templo. 43. La Gloria de

Yahvé vuelve al Templo. Medidas del Altar. 44. Las nuevas leyes del Culto. 45. Nueva

distribución de la Tierra Santa. 46. Ofrendas del Principe. Inalienabilidad de su

territorio. 47. La Fuente del Templo. Las fronteras del Nuevo Israel. 48. Repartición

del País. Las doce puertas de Jerusalen.

D a n i e l .

Introducción. 1. Daniel en el palacio del Rey de Babilonia. 2. El Sueño de

1633

Nabucodonosor. 3. La Estatua de Nabucodonosor. Los tres jóvenes en el horno. 4.

Nueva vision de Nabucodonosor interpretada por Daniel. 5. El Festín de Baltasar. La

misteriosa escritura en la pared. 6. Daniel, arrojado al foso de los leones. 7. Vision de

las cuatro Bestias. 8. Vision del Carnero y del Macho Cabrio. 9. Profecía de las Setenta

Semanas. 10. Luchas del pueblo de Dios y liberación. 11. Las luchas entre Siria y

Egipto. Persecución de los Judíos. 12. Triunfo del Pueblo Elegido. 13. Historia de la

Casta Susana. 14. Bel y el Dragón.

Ose a s .

Introducción. 1. El Matrimonio de Oseas. 2. Providencia de Yahvé sobre Su Pueblo. 3.

Retorno de Israel a Su Dios. 4. Reproches por los Pecados. 5. Contra los Sacerdotes y

los Príncipes. 6. Falsa conversión de los Israelitas. 7. Anarquía social y petición de

ayuda al extranjero. 8. La invasión Asiría, castigo por los pecados de Israel. 9. El

castigo de Efraím. 10. Inminencia del Castigo. 11. Ingratitud de Israel. 12. Acusaciones

Contra Israel. 13. Condenación Definitiva. 14. La Rehabilitación de Israel.

J o e l .

Introducción. 1. La Justicia de Yahve. 2. Exhortación a la Penitencia. 3 (4). Juicio

punitivo sobre las naciones gentiles.

Amο s .

Ιntroduccion. 1. Conminaciones contra las naciones paganas circunvecinas. 2. Nuevos

Vaticinios Conminatorios. 3. Crímenes de Israel. 4. La Corrupción de la alta sociedad

de Samaría. 5. Las Prevaricaciones de Israel. 6. Anuncio de la invasión Asiría. 7.

Visiones Profeticas. 8. Nuevos anuncios de Castigo. 9. Intervención justiciera de

Yahvé.

A b d í a s .

Introducción. Capítulo único. La Justicia de Yahve.

J o n a s .

Introducción. 1. Orden Divina de predicar a los Ninivitas. 2. Salvación Milagrosa del

Profeta. Capitulo 3. Joñas en Ninive.

Mique a s .

Introducción. 1. Vaticinios contra Israel y Juda. 2. Anuncios de Castigo. 3. Los Falsos

Profetas. 4. Promesa de restauración y de Paz. 5. El Rey Vencedor. 6. Reprensión de

Israel por sus Transgresiones. 7. La Depravación Social.

Ν a h u m .

Introduccion. 1. Yahvé, Señor de los pueblos. 2. Caída y ruina de Nínive. 3. La Hora

del castigo Divino.

Η α b a c u c .

Introduccion. 1. El Invasor Caldeo. 2. Respuesta de Dios. 3. Plegaria y canto triunfal

del Profeta.

S u p o n í a s .

Introducción. 1. El Día de Yahvé. 2. Devastación de las naciones paganas. 3. El Juicio

punitivo de Dios.

A g e o .

Introducción. 1. Υahve se Queja contra Su Pueblo. 2. Futuro Glorioso de la

Comunidad Teocrática.

Zac a r í a s .

Introducción. 1. Visiones Simbólicas. 2. La Restauración de Jerusalén. 3. Cuarta

1634

Vision. 4. Vision del candelabro con los dos olivos. 5. Nuevas Visiones. 6. El Castigo de

los enemigos de Israel. 7. Invitación a la Vida Religiosa Interior. 8. Amor de Yahvé por

Su Pueblo. 9. La Salvación de los Tiempos Mesiánicos. 10. El Ejercito de Yahvé. 11.

Anuncios de Castigo. 12. La Rehabilitación del pueblo de Yahvé. 13. El Resto de

Yahvé. 14. La Nueva Gloria de Jerusalen.

Mal a q u i a s .

Introducción. 1. El Amor de Dios a Su Pueblo . 2. Las Prevaricaciones de Juda. 3. El

Ángel Precursor. 4. El Castigo de los Pecadores.

Introducción a los Libros Proféticos.

El Profetismo Israelita.

La idea central de la teología del Antiguo Testamento es, sin duda, la esperanza mesiánica.

Todo el Antiguo Testamento gira en torno al mesianismo, de forma que, si prescindimos de

esta noción, nos es incomprensible la historia bíblica. Desde los primeros capítulos del Génesis

hasta los últimos libros profeticos encontramos una luz que va engrosando y se va perfilando a

medida que se acerca la “plenitud de los tiempos,” el advenimiento del Mesías, síntesis y clave

de toda teología bíblica. La primera promesa de rehabilitación de la humanidad después de

su caída se va concretando a través de la historia en una estirpe y en un pueblo que fue escogido

precisamente para transmitir la promesa mesiánica a los demás pueblos del mundo.La vocación

de Israel como intermediario entre Dios y la humanidad — un pueblo sacerdotal y una nación

santa — en orden a la rehabilitación espiritual de ésta es algo que desborda a toda explicación

natural.

No podemos aplicar el módulo de la mera “filosofía de la historia” para comprender los

fenómenos religioso-sociales del pueblo hebreo, sino que tenemos que acudir a la “teología de la

historia,” en su sentido más estricto, para dar explicación a hechos y manifestaciones que tienen

su verdadera base en una revelación histórica divina. Se ha pretendido explicar la elevación

religiosa de Israel respecto de los pueblos circunvecinos del Antiguo Oriente suponiendo en el

pueblo hebreo una sensibilidad y aptitud especial para lo religioso, como el pueblo helénico la

tuvo para la especulación filosófica. Y así, se ha hablado de un “genio” religioso israelita que

instintivamente en un proceso lento evolutivo hubiera ido depurando las primitivas formas religiosas

— fetichismo, polidemonismo, animismo, henoteísmo — hasta llegar a la culminación del

monoteísmo estricto, expresión de la más alta sensibilidad religiosa. En realidad, esta bella teoría

se halla en contradicción con los datos concretos que tenemos en la historia bíblica sobre la

génesis y desarrollo del pueblo hebreo. Los autores sagrados repetidamente acusan al pueblo elegido

de ser tosudo, y de ser reacio a toda elevación espiritualista.

El pueblo hebreo, como todos los semitas, es sensual y materialista por temperamento y

propenso a la idolatría como forma de expresión religiosa. No hay más que hojear las páginas

bíblicas para convencerse de la realidad de nuestro aserto. No se puede hablar de temperamento

“espiritualista” del pueblo hebreo al estilo del pueblo hindú, el cual instintivamente se refugia en

las alturas de un espiritualismo morboso, pero supramaterialista.

Dios escogió al pueblo israelita no porque era mejor que los otros pueblos, sino por pura

gracia. Es una ley en la Providencia divina escoger muchas veces lo más inepto para hacer bri1635

llar su omnipotencia y sabiduría divinas. Es el caso de Israel. El pueblo egipcio era por temperamento

más espiritualista que el hebreo, y, sin embargo, Dios escogió al pequeño clan de Abraham

como instrumento de su providencia especial sobre la humanidad en orden a su salvación

espiritual. La vocación de este minúsculo pueblo es excepcional: “Sed santos como yo soy santo.”

l Estas tremendas palabras puestas en boca de Yahvé incluyen una exigencia vocacional en

la comunidad israelita que desborda a la de todos los demás pueblos del orbe. El pueblo israelita,

por vocación, debía ser un “reino sacerdotal y una nación santa.” 2 Es la mejor definición del

cometido histórico de la comunidad israelita. Como pueblo escogido por Dios, debía santificarse,

es decir, elevarse sobre el común de los pueblos, para acercarse a Dios tanto en el orden ritual

como en el moral. Las cláusulas de la alianza del Sinaí son extremadamente exigentes y claras.

Dios condicionaba su protección al cumplimiento de leyes morales y rituales que debían crear

como un valladar protector en torno al pueblo elegido. El ideal propuesto era muy alto, y de

hecho sabemos que la historia de Israel es la historia de las prevaricaciones e infidelidades de

todo género. De esta apostasía general se salvó siempre una porción selecta, que fue la que de

hecho transmitió el fuego sagrado a través de las generaciones.

De este grupo reducido de yahvistas intransigentes y fieles a las promesas del Sinaí surgió

desde el siglo XI al siglo V antes de Jesucristo una serie de personajes excepcionales llamados

profetas, que fueron realmente los mejores representantes de los verdaderos y puros intereses

religiosos del pueblo hebreo. La clase sacerdotal, encargada oficialmente de enseñar la Ley y velar

por los intereses espirituales del pueblo elegido, fue infiel a su misión, y sólo se interesó por

el elemento externo cultual, por lo que esto representaba de lucro personal. Fue precisa la irrupción

en la sociedad israelita de estos colosos de la espiritualidad llamados profetas — procedentes

en su mayoría del elemento seglar cíe la nación — para sanear religiosamente a Israel. La Ley

había sido reducida a una caricatura impropia de su finalidad esencialmente ético-religiosa. Los

profetas urgirán las exigencias éticas de la misrna como medio de regeneración de la sociedad de

Israel. Los valores espiritualistas de la Ley adquieren entonces su verdadero relieve, y fue tal la

altura moral de la predicación profética, que sólo fue superada por el ideal evangélico. Los sabios,

que sucederán a los profetas en Israel, no lograrán llegar a estas alturas espiritualistas, al

menos en su formulación viva y programática.

A través de las páginas de este volumen tendremos ocasión de resaltar oí espiritualismo

de los mensajes proféticos. Autos de abordar el estudio exegético detallado de los escritos proféticos,

debemos hacer una amplia introducción sobre la historia y vocación de los profetas como

institución religiosa.

1. Nombres de los Profetas.

El nombre hebreo con que habitualmente se designa al profeta en la Biblia es el de nabí. Diversas

son las opiniones de los filólogos sobre el sentido etimológico de esta palabra hebrea. La

opinión que creemos más probable es la que relaciona el vocablo hebreo con el babilónico nabü,

que significa “clamar,” “anunciar.” En este supuesto, el significado de nabí es el de “nuncio,” el

que comunica un mensaje de parte de otro3. Esta noción etimológica coincide con el sentido que

se da en Ex 7:1: “Mira, te he puesto corno dios para el faraón, y Aarón, tu hermano, será tu profeta

(nabí). Tú le dirás lo que yo te diga a ti, y Aarón, tu hermano, se lo dirá al faraón.” En este

texto queda bien concretado el sentido de “mensajero,” “nuncio,” transmisor de un mensaje, en

la palabra nabí. Moisés hará las veces de Dios, que comunica un mensaje a Aarón, el cual a su

1636

vez será el profeta o transmisor del mismo.

Este sentido de sustitución (o de hablar por otro) aparece en el vocablo griego προφήτης

en los autores griegos, sobre todo de la última época 4. Así, a los poetas se les llama “profetas de

las musas,”5 y el mismo nombre de profeta se daba a los que interpretaban los oráculos de la pitonisa

de Delfos 6. Los traductores griegos, pues, de la Biblia, al trasladar la palabra hebrea nabí”

por profeta, lograron ciarle su matiz propio.

En la acepción popular, profeta es el que predice el futuro; pero ésta es una noción muy

restringida, que está en poca consonancia con el sentido que se daba en Israel al profeta. Este era,

ante todo, el transmisor de un oráculo divino, que podía versar sobre el pasado, el presente o el

futuro. Eran los “portavoces” de Dios, que comunicaban sus mensajes y su voluntad en orden al

gobierno religioso del pueblo israelita 7. Entre esos mensajes divinos había algunos relativos al

futuro, como son los vaticinios mesianicos; pero no debemos limitar el sentido de profeta al que

transmitía estos oráculos, ya que de hecho hay muchos profetas que no hablaron del porvenir.

Otros nombres hebreos aplicados a los profetas son ro'eh y jozeh, que significan “vidente.”

En 1 Sam se dice expresamente: “el que ahora es llamado profeta, antes era llamado vidente”

(ro´eh). Conforme a esto, en i Par 29:29 se habla de “Samuel el vidente” y de “Batán el profeta.

8 El nombre, pues, de vidente respondía antiguamente a lo que era específico del profeta: la

“visión” oracular.

Al lado de estos nombres encontramos ciertas circunlocuciones para designar a los profetas:

“varón de Dios” 9, “siervo de Yahvé,” 10 “nuncio de Yahvé” n y “hombre de espíritu.”12 Finalmente,

hay otras denominaciones que indican la misión del profeta respecto de los hombres:

“guardián,”13 “vigía” o centinela.14 Todos estos nombres definen parcialmente al profeta como

representante de los intereses de Dios en Israel y como custodio celoso de su Ley.

2. Historia del Profetismo.

El profetismo como institución social-religiosa surge en las estepas del Sinaí. El propio Moisés

es llamado profeta y el mayor de todos: “Ya no surgió más en Israel ningún profeta semejante a

Moisés, que conociera a Yahvé cara a cara.”15 En Dt 18:18 se dice: “Yo suscitaré de entre tus

hermanos un profeta como tú, y pondré en su boca mis palabras, y él les comunicará todo cuanto

yo le mande.” La palabra profeta hay que tomarla aquí en sentido colectivo (por profetas), ya

que se trata de establecer una institución social permanente que sustituya a los adivinos y hechiceros

de los paganos. Es lo que dice el contexto inmediato anterior: “Cuando hayas entrado en la

tierra que Yahvé, tu Dios, te da, no imites las abominaciones de esas naciones, y no haya en medio

de ti quien haga pasar por el fuego a su hijo o a su hija, ni quien se dé a la adivinación, ni a la

magia, ni a las hechicerías y encantamientos, ni quien consulte a encantadores, ni a espíritus, ni a

adivinos, ni pregunte a los muertos. Esas gentes que vas a desposeer consultan a hechiceros y

adivinos, pero a ti nada de eso te permite Yahvé, tu Dios. Yahvé, tu Dios, te suscitara de en medio

de ti, de entre tus hermanos, un profeta como tú, y a él le oirás, precisamente como a Yahvé,

tu Dios, pediste en el Horeb el día de la congregación, diciendo: Que no oiga yo la voz de Yahvé,

mi Dios, y no vea este gran fuego para no morir.”16

El profeta, pues, es concebido aquí como un intermediario entre Dios y el pueblo israelita,

y el gran modelo de los profetas sería Moisés, único que pudo hablar con Dios “cara a cara.”

Mientras vivió éste, Israel vivía bajo la tutela del gran caudillo libertador; pero después de su

muerte era preciso que hubiera también “amigos” especiales de Dios a quienes comunicara sus

1637

designios y su voluntad sobre el pueblo. De este modo, el profeta es concebido como una institución

social-religiosa, como los sacerdotes, los levitas, los jueces y la monarquía. 17

Después de Moisés aparece Josué como continuador de la dignidad profética18. En tiempo

de los jueces aparece Débora como profetisa. 19 En Jue 6:8-10 se menciona a otro profeta

anónimo que corregía al pueblo por sus prácticas idolátricas. Poco antes de Samuel (s.XI a.C.) se

hace mención de un “hombre de Dios” que vaticinó la suerte fatídica que esperaba a la familia de

Helí por su condescendencia con sus malvados hijos. 20 Es interesante la anotación del hagiógrafo

al iniciar la historia de Samuel: “La palabra de Yahvé (oráculos divinos) era rara en aquellos

días, pues no era frecuente la tensión.” 21

Con Samuel se inicia una serie de profetas relevantes que tuvieron gran influjo en la vida

religiosa de Israel. Aparecen las “sociedades de profetas,” 22 si bien éstos no eran propiamente

profetas en el sentido de personas escogidas expresamente por Dios para una misión concreta

espiritual, sino que eran más bien individuos que voluntariamente se asociaban para promover la

vida religiosa a la sombra de algún verdadero profeta carismático, y muchas veces con ánimo de

lucro. De ahí el descrédito en que cayeron estas “asociaciones de profetas.” Entre ellos, la palabra

profetizar muchas veces significaba alabar a Dios haciéndose acompañar de instrumentos

músicos, lo que les hacía entregarse a transportes extáticos al estilo de los “derviches” orientales

actuales. 23 Samuel era el personaje que animaba un movimiento yahvísta, y sabemos que en torno

a él había una “sociedad de profetas” en Nayot. 24 Más tarde, en tiempos de Elias y Elíseo

(s.IX), aparecen los “hijos de los profetas” o discípulos de aquellos hombres extraordinarios

animadores del mejor espíritu religioso. Parece que existían sólo en el reino septentrional, en Betel

25, en Jericó 26, en Guilgal 27 y en el Jordán 28. Sabemos que estaban organizados en cierta vida

de comunidad 29, sin que ello implicara vida de celibato 30. Elíseo los empleaba como auxiliares

para determinadas misiones religiosas 31. Con la desaparición de los grandes profetas organizadores

de este movimiento yahvísta, las “asociaciones proféticas” fueron decayendo, y quedaron

muy desprestigiadas ante la opinión, pues parece que, en tiempos de Amos 32, ser “hijo de

profeta” equivalía al “vividor” que explotaba la credulidad del pueblo para ganarse la vida sin

trabajar.

Los grandes profetas de esta época fueron Samuel, Elías y Elíseo. La Biblia menciona

otros de menos talla (Natán, Gad, Ajías y Miqucas). Como “hombres de Dios,” eran tenidos en

gran veneración y eran consultados en los negocios particulares de la vida diaria por los ciudadanos.

33 En 1Sam 9:9 se dice: “En aquel tiempo, en Israel los que iban a consultar a Dios se

decían unos a otros: “Venid, vamos a consultar al vidente.”” Esta práctica responde a la finalidad

de la institución profética, según se indica en Dt 18:10-16.

También en los negocios de la nación eran consultados los profetas: Natán predijo a David

la sucesión en el trono. 34 Samuel antes había rechazado a Saúl en nombre de Dios. 35 Teniendo

en cuenta la concepción teocrática de la sociedad israelita, nada tiene de particular la intervención

de los “hombres de Dios,” que como “mensajeros” suyos transmitían su voluntad.

En su calidad de “centinelas” y defensores de los intereses religiosos en Israel, los profetas

procuraban fomentar sobre todo el cumplimiento de la Ley en su dimensión ético-social. Son

intransigentes contra la hipocresía religiosa, desenmascarando a los que querían cubrirse con

prácticas religiosas externas. 36 Sobre todo se enfrentaron con la inveterada tendencia del pueblo

a frecuentar los cultos idolátricos, o al menos a mezclar prácticas idolátricas con sus deberes religiosos

yahvistas. 37

Algunos de estos profetas dejaron huella literaria en la nación, pues sabemos que Samuel,

Natán y Gad escribieron anales e historias religiosas de su tiempo para edificación de sus

1638

contemporáneos. 38 No obstante, 110 nos han dejado sus “oráculos” por escrito, como lo harán

otra serie de profetas, que llamaremos por ello escritores, los cuales desde el siglo VIII hasta el

V antes de Jesucristo nos van dejando una serie de obras literario-religiosas de valor insuperable,

sobre las que va a versar nuestro comentario. Una de las características de esta literatura profética

posterior es la obsesión de la idea mesiánica. Entre los profetas anteriores sólo sabemos que

Natán, consejero espiritual de David, hizo un vaticinio mesiánico relativo a la perennidad de la

dinastía davídica. 39 En cambio, en la mayor parte de los escritos proféticos posteriores hay intercalados

oráculos relativos a la era mesiánica, culminación de la historia de Israel. Más adelante

estudiaremos el enfoque teológico-mesiánico de los oráculos proféticos listos profetas posteriores

siguieron la línea pragmático-moral respecto a la dirección espiritual del pueblo. Fustigaron

con energía los pecados de todo género, sobre todo los contrarios a la justicia social, y se alzaron

contra las prácticas idolátricas: “Clama a voz en cuello sin cesar, alza tu voz como trompeta, y

declara a mi pueblo su transgresión, y sus pecados a la casa de Jacob.”40 En su predicación solían

compaginar en un contrabalanceo continuo las amenazas y las promesas. Cuando todo era euforia,

anunciaban el juicio purificador de la ira divina, y, al contrario, cuando todo era depresión

moral, anunciaban promesas de restauración nacional. La justicia y la misericordia de Dios,

prudentemente entreveradas, eran los dos ingredientes teológicos principales en sus oráculos.

En los oráculos conminatorios, los profetas siempre dejan la puerta abierta a la esperanza

y declaran que en los juicios punitivos de Dios sobre su pueblo se salvará siempre un “resto” de

fieles yahvistas. Dios había hecho una “alianza” con su pueblo,41 y nunca se consideró totalmente

desvinculado de ella. De un lado, las exigencias de la justicia divina pedían la intervención

punitiva; pero, de otro, sus promesas mesiánicas demandaban la salvación de un “resto” que

transmitiera la antorcha de la esperanza hasta los tiempos mesiánicos y que, por otra parte, fuera

el núcleo sustancial de restauración de la nueva teocracia. Isaías compara la nación a un árbol

que ha sido podado totalmente y al que le queda sólo un “tronco,” pero éste será como “una semilla

santa.42 Israel volverá a reconstruirse como nación y de forma insospechada para sus contemporáneos.

Respecto de la vida cultual en el templo, los profetas anteriores a la cautividad apenas urgen

su cumplimiento. De esto se encargaban los sacerdotes, que por su propio interés fomentaban

la vida litúrgica como manifestación externa en la casa de Dios. Los profetas, frente al ritualismo,

levantan la bandera de los valores ético-religiosos en su verdadera esencia. Los sacrificios

y ofrendas presentados a Dios en el templo de nada sirven si no van acompañados de sentimientos

de entrega interna a la Ley de Dios con sus consecuencias de amor al prójimo. Ya Samuel

había dicho a Saúl: “¿No quiere mejor Yahvé la obediencia a sus mandatos que no los holocaustos

y las víctimas?”43 Isaías se sitúa en esta línea de conducta y clama contra sus compatriotas,

que creen cubrirse ante Dios con manifestaciones meramente externas de culto. 44 Ante todo

quieren sinceridad de conducta, amor a Dios y al prójimo. Con este ideal entroncará la predicación

evangélica, pasando por encima de la interpretación farisaica de la Ley, que sólo mira las

minucias externas, sin considerar la medula religiosa y ética de la misma. Sin embargo, no podemos

deducir de estas prédicas de los profetas su oposición a las manifestaciones externas de

culto. Sus acusaciones van sólo contra la caricatura de una religión meramente ritualista, sin

medula religiosa verdadera.

A pesar de que los profetas eran mensajeros de Dios para sus compatriotas en orden a su

formación religiosa, no obstante, en sus oráculos consideran muchas veces la posibilidad de una

integración de los demás pueblos paganos en la nueva teocracia hebrea que ellos anuncian para

la era mesiánica. Este universalismo, o vocación de todos los pueblos a formar parte del pueblo

1639

de Dios en su plena manifestación, es un gran avance en la teología del Antiguo Testamento. En

la legislación mosaica se preveía una cierta asimilación de personas no israelitas a la comunidad

hebrea. Son los “prosélitos,” que adquirían una ciudadanía de segundo orden en el pueblo de

Dios. Es el caso de Rut la moabita, que iba a tener el honor de ser ascendiente del propio David45.

En la literatura profética posterior al siglo VIII no es rara la invitación a todos los pueblos

a asociarse al culto verdadero del Dios de Israel. Isaías contempla gozoso el espectáculo de todos

los pueblos que se encaminan a la colina de Sión para adoctrinarse en la Ley de Yahvé. 46 Esta

doctrina universalista culmina en la profecía de Malaquías, que anuncia un sacrificio “desde el

oriente hasta el occidente.” En la época sapiencial, este universalismo se va abriendo paso. El

libro de Jonas parece un libro didáctico en el que se dramatizan las dos posiciones, la exclusivista

judía (simbolizada en el propio Jonas) y la universalista, defendida por Yahvé al perdonar a

los ninivitas. En el salmo 86 se afirma el derecho a la ciudadanía en la teocracia mesiánica de

todos los pueblos.47

Los profetas consideraban a los israelitas como ciudadanos de una colectividad con un

destino glorioso. Todas sus prédicas se ordenan a preparar el camino y a suscitar la esperanza de

la era mesiánica. No obstante, no podemos negar que en los escritos profetices no haya preocupación

por los problemas individuales como tales. Constantemente hacen llamada a la justicia y a

la equidad como norma de vida social y exigen que se ampare al pobre, a la viuda y al huérfano.

Pero el individualismo se agudizó después de la catástrofe nacional del 586 antes de Cristo, y el

sentimiento de responsabilidad personal se hizo cada día mayor. Yahvé había hecho solidarias

en el castigo a muchas generaciones. Los contemporáneos de Jeremías protestan, porque a ellos

les toca pagar por las culpas de sus antepasados: “Los padres comieron las agraces y nosotros

sufrimos la dentera.” 48 Ezequiel repetirá que en adelante cada uno será castigado por sus pecados.

49 Es un avance más en el proceso de la retribución individual, cuya solución aparece clara

sólo en el siglo II antes de Jesucristo.

En efecto, respecto de la retribución en ultratumba no encontramos en los escritos proféticos

ninguna luz especial. Cuando hablan de premios y castigos, es en el orden meramente temporal.

Cuando aluden a la vida del más allá, parecen conformarse con las ideas populares de la

vida lánguida del “Seol,50 donde los seres humanos después de la muerte llevan una vida mortecina

de “sombras.” Sólo en el libro de Daniel se habla de una “resurrección” de los justos israelitas,

51 sin determinar más.

Los oráculos proféticos eran generalmente proferidos de viva voz, pero algunas veces se

les ponen por escrito para que queden como testimonio de autenticidad para las futuras generaciones.

52 Las profecías mesiánicas y los oráculos contra Israel y las naciones paganas serán el día

de su cumplimiento el mejor testimonio de autenticidad de los verdaderos profetas y, por otra

parte, un documento permanente que invite a la esperanza de un futuro mejor. Las crisis históricas

no tenían para los profetas sino un sentido teológico. Dios permitía las derrotas y humillaciones

de Israel para purificarlo de sus pecados, y los enemigos vencedores no eran sino “instrumentos

de su justicia,” la “medida de la cólera de Dios.”53

3. Ambiente Histórico

y Orden Cronológico de los Profetas.

En los escritos proféticos encontramos reflejada no sólo la vida político-religiosa de Israel y de

1640

Judá, sino también, incidentalmente, la de los pueblos circunvecinos en la medida en que la historia

de ellos se interfería en la del pueblo escogido. Los profetas escritores se escalonan cronológicamente

desde el siglo VIII al V. Podemos distinguir tres series de profetas conforme a la

época en que vivieron: a) época asiría; b) época babilónica; c) época persa.

a) Época asiría. — A mediados del siglo VIII antes de Cristo se rehace el imperio asirio

para emprender la era de su máxima expansión imperialista. Teglatfalasar III (745-727) (llamado

Pul en la Biblia, conforme a su nombre babilónico según los recientes datos arqueológicos)

irrumpe impetuoso en la zona costera siro-fenicio-palestina, recibiendo homenaje de sumisión

del rey de Israel, Menajem (743). Poco antes predicaban en el reino del Norte Amos y Oseas, los

cuales anunciaron la invasión asiría como castigo de los abusos contra la justicia cometidos por

los plutócratas de Samaría. Jeroboam II (784-744) representó la máxima expansión territorial de

Israel. Hacia el 740 comenzó la predicación del mayor de los profetas, Isaías, perteneciente a la

aristocracia de Jerusalén. Su ministerio se prolongó durante cuarenta años, que resultaron sumamente

accidentados, pues Judá se vio reiteradamente invadida por enemigos exteriores: en 734,

por la coalición siro-efraimita en tiempos de Acaz; en 721 tuvo lugar la toma de Samaría por

Sargón II (722-705). La catástrofe del reino hermano del Norte produjo gran impresión en el reino

de Judá. Este se sentía amenazado por los terribles soldados asirios. Gracias a la intervención

de Isaías, el rey Ezequías no entró en coaliciones antiasirias durante el reinado de Sargón. Más

tarde, en 701, Judá se unió a los reyezuelos de la costa siro-fenicia-palestina y se levantó contra

el coloso asirio. Senaquerib (705-681) puso sitio a Jerusalén, que tuvo que abandonar apresuradamente

para responder al ataque frontal del faraón de Egipto, Tirhaka. Isaías ejerció gran influencia

religiosa en Judi y fue el inspirador de la reforma emprendida por Ezequías contra los

lugares de culto semi-idolátricos que pululaban en su reino. Contemporáneo suyo es Miqueas,

que puede ser considerado como perteneciente al grupo fiel yahvista dirigido por Isaías. Al menos,

su profecía sobre la que “va a dar a luz” es muy similar al vaticinio del “Emmanuel.”

b) Época babilónica. — El imperio asirio terminó virtualmente al morir Asurbanipal

(669-625). Los ejércitos coligados de Media y de Babilonia, a las órdenes de Ciaxares y de Nabopolasar

respectivamente, tomaron Nínive en 612 antes de Cristo y la suplantaron por Babilonia,

que será la capital del nuevo gran imperio. El coloso babilónico es Nabucodonosor, quien

dirigió como generalísimo de las tropas las campañas contra Egipto y después en 605 sucedió en

el trono a su padre Nabopolasar. En 609 muere Josías en la batalla de Meggiddo contra Necao II

de Egipto. Este hecho tuvo una trascendencia excepcional en el reino cíe Judá, ya que Josías

(641-609) fue el gran reformador religioso, continuador de la obra de Ezequías. Durante su reinado,

la figura profética estelar es Jeremías, el cual predicó siempre la sumisión al nuevo imperio

babilónico. Por ello fue vilipendiado y considerado como traidor. Después de la toma de Jerusalén

fue llevado a Egipto por sus compatriotas, nacionalistas exaltados, y allí parece que murió.

Contemporáneos suyos en el ministerio profetice son Nahúm, Habacuc y Sofonias.

Entre los desterrados de Babilonia ejerce su ministerio Ezequiel, quien es el modelador

del alma religiosa israelita en el exilio. En el marco del exilio es colocado también el protagonista

del libro de Daniel, redactado en el siglo II a.C.

c) Período persa. — La cautividad duró desde el 586 al 538, en que Babilonia fue tomada

por las tropas de Ciro el Grande (559-529). El conquistador dio la más generosa libertad a los

exilados judíos y los ayudó a reconstruir su nación. La repatriación trajo como consecuencia

grandes problemas de índole económica, religiosa y social. Los profetas de esta época de la restauración

son Ageo (520-18) y Zacarías (518), los cuales exhortaron a sus compatriotas a trabajar

en la reconstrucción del templo y a ser fieles a la Ley de Dios. En el siglo V surge el último

1641

de los profetas, Maluquios, el cual reprochó a los sacerdotes sus puntos de vista mezquinos y

anunció un nuevo orden de cosas en los tiempos mesiánicos, de forma que “desde el oriente hasta

el occidente” se ofrecería una ofrenda pura a Dios por todos los pueblos.

De época incierta son Joel y Abdías. El libro de Jonas es considerado por muchos autores

modernos como un libro didáctico de la época sapiencial. Los sabios serán los teólogos que sustituirán

a los profetas con sus lucubraciones, sacando de la meditación de la Ley y de la tradición

israelita las enseñanzas para las nuevas generaciones. El profeta era el hombre del oráculo, el

transmisor de un mensaje recibido directamente de Dios; los sabios, en cambio, darán el “consejo,”

fruto de la meditación cíe la historia y de la literatura religiosa israelita anterior.

4. Origen del Profetismo Israelita Según las Teorías Racionalistas.

Todo el que imparcialmente lea la Biblia queda impresionado por la personalidad poderosa de

estos “hombres de Dios” llamados profetas y por su influencia en la vida religiosa israelita.

¿Cómo explicar este fenómeno social-religioso? El que prescinda del hecho de que la religión de

Israel es ante todo una religión sobrenatural que parte de revelaciones históricas, tendrá que

buscar un origen humano a estos hombres “suscitados” por Dios, según la reiterada afirmación

de la misma Biblia. El profetismo israelita, ¿es un fenómeno aislado y característico del pueblo

hebreo o tiene su paralelo en los pueblos orientales circunvecinos, de forma que pudiera pensarse

en un “plagio” o adaptación por parte del pueblo hebreo.

Varias son las opiniones para dar explicación al origen del profetismo israelita. Wellhausen

y Kuenen suponen que el profetismo israelita tiene su origen en un movimiento “nabiista

que existía entre los cananeos. Al entrar los israelitas en la tierra prometida, fueron absorbidos en

parte por los cananeos, y de ellos tomaron varias instituciones, entre ellas la del nabismo, o movimiento

dervichista extático, del que provendrían los primeros “nabís” o profetas. Samuel sería

el que purificó y orientó este movimiento en un sentido yahvista. De ahí que el carácter extático,

orgiástico, del primitivo nabismo fue adaptándose a la simplicidad y seriedad de la religión del

desierto adoptada por los israelitas después de su estancia en la estepa del Sinaí54.

A esta argumentación tenemos que decir en primer lugar que no se puede probar la existencia

de este movimiento nabista cananeo antes de la entrada de los israelitas en Canaán. Cierto

que en tiempo del rey Acab (s.IX) aparecen “profetas de Baal,” de importación fenicia, entregados

a estos actos orgiásticos55; pero no se puede probar que existiera en Canaán una institución

del tipo del profetismo “hebreo.” Para los israelitas, el primero y gran

(722-705). La catástrofe del reino hermano del Norte profeta es Moisés, que es llamado

así por haber sido el confidente de Yahvé. El “extatismo” es una cosa totalmente accidental que

no afecta al profetismo. No se puede probar que alguno de los verdaderos profetas hebreos se

haya entregado a transportes orgiásticos al modo de los cananeos. Por otra parte, esas manifestaciones

orgiásticas de los profetas cananeos son similares a las prácticas de los actuales derviches

orientales. Son manifestaciones morbosas del sentimiento religioso, que han tenido ejemplares

en todos los pueblos y latitudes. El movimiento profético ortodoxo en Israel está libre de estas

excentricidades. No obstante, quizá el nombre de nabí o profeta haya sido anterior a la entrada

de los israelitas en Canaán y éstos lo hayan tomado del ambiente cananeo. Pero lo específico del

profeta hebreo, que es el ser el “amigo” de Dios, que transmite un mensaje en orden al bien espiritual

de la comunidad mostrándose intransigente con el vicio y el pecado, es totalmente desco1642

nocido en el ambiente cananeo. El profeta hebreo es el hombre recio, ejemplar, adusto y piadoso

que se enfrenta con el sensualismo y la idolatría de sus compatriotas, incluso con sus reyes. En la

Biblia se distinguen cuidadosamente los verdaderos y los falsos profetas, y la piedra de toque

para reconocerlos es la fidelidad a la Ley de Dios en su contenido ético-social.

Una segunda opinión pretende que el profetismo israelita proviene de Arabia.56 Pero no

encontramos entre los árabes ninguna institución paralela al profetismo israelita, y menos que

lleve un nombre similar al hebreo nabí'. De ahí que otros autores prefieran ver antecedentes del

nabismo israelita en Siria y Asia Menor, 57 basándose en las manifestaciones extáticas y orgiásticas

que son comunes a ciertas asociaciones proféticas del tiempo de Samuel. En realidad, esto

del extatismo es totalmente accidental en la comunicación profética, y más bien hay que atribuirlo

a reacciones psicológicas morbosas que se dan en relación con lo religioso en todos los pueblos

antiguos y modernos. Ya hemos indicado que lo específico del nabismo israelita — como

movimiento de depuración religiosa en un proceso constante espiritualizante — no aparece en

esos movimientos llamados proféticos de otros pueblos.

5. Vocación y Misión de los Profetas.

Hemos distinguido antes entre profetas que voluntariamente se enrolaban en las “sociedades

proféticas” para fomentar la vida religiosa en Israel y profetas propiamente tales, que por especial

vocación e instinto divino se consideraban los transmisores de especiales mensajes de parte

de Dios a sus compatriotas. De estos últimos vamos a tratar en los apartados que siguen. Una de

las características de los verdaderos profetas, en contraposición a los falsos profetas, era su “vocación”

expresa de parte de Yahvé. Aquéllos se consideraban “enviados” por Yahvé, mientras

que los últimos se constituían voluntariamente como profetas con fines bastardos.58 Los verdaderos

profetas se consideran obligados a transmitir a sus contemporáneos o a las generaciones futuras

el oráculo o juicio sobrenatural recibido, de tal forma que, si uno recibe una comunicación

sobrenatural para su uso exclusivo, sin destino a la comunidad, no es verdaderamente “profeta,”

59 ya que éste por definición (“enviado,” legado, nuncio) dice relación al bien espiritual de la

comunidad. Diremos después que el “don” de profecía es una gracia “gratis data,” un carisma

que está ordenado esencialmente al bien espiritual de la comunidad israelita o cristiana.

a) La misión profética supone necesariamente una vocación especial y personal, ya que

incluye una gracia carismática que sólo se confiere personalmente cuando Dios quiere comunicarla.

Nadie puede arrogarse esta comunicación carismática si Dios no se la confiere expresamente

y en cada ocasión concreta. Ahora bien, esto supuesto, la vocación, como llamada explícita

y concreta de Dios, puede ser mediata o inmediata. De hecho conocemos las circunstancias

históricas del llamamiento de algunos profetas, y sabemos que no faltan entre ellos quienes han

sido llamados por Dios a la misión profética por intermedio de otro profeta que recibía directamente

la comunicación divina. Es el caso de Josué 60 y de Elíseo, 61 llamados al profetismo por

intermedio de Moisés y Elias respectivamente. De vocación inmediata tenemos casos claros en

Amos, Isaías, Jeremías y Ezequiel.62 Los profetas tenían conciencia de su misión y carácter de

“enviados” de Dios. Por declararse tales tuvieron que hacer frente a muchas contradicciones, 63

negando tal carácter a los falsos profetas.64 Su misión era acusar a sus contemporáneos por sus

transgresiones de la Ley, y, en consecuencia, tenían que hacer frente al sensualismo, a la idolatría,

a las injusticias sociales. Por eso, siempre se hallan frente a las clases dirigentes de la sociedad,

principales responsables de la apostasía general del pueblo. Nadie, pues, si no fuera llamado

1643

por Dios, se habría arrogado una misión tan ingrata. Sentían dentro de sí como una fuerza superior

que les empujaba a hablar en nombre de Dios a sus compatriotas: “El Señor me tomó cuando

iba tras del rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel.”65 Jeremías, en un momento de

sinceridad, confiesa lo ingrato de su misión: “Tú me sedujiste, ¡oh Yahvé! y yo me dejé seducir.

Tú eras él más fuerte, y fui vencido. Ahora soy yo todo el día la irrisión, la burla de todo el mundo.

Siempre que les hablo tengo que gritar, tengo que clamar:Ruina, devastación! Y todo el día la

palabra de Yahvé es oprobio y vergüenza para mí. Y aunque me dije: No pensaré más en ello, no

volveré a hablar en su nombre, es dentro de mí como fuego abrasador, que siento dentro de mis

huesos, que no puedo contener y no puedo sostener.” 66 Ninguna descripción más elocuente para

reflejar la tragedia íntima psicológica del profeta. A pesar de ser por temperamento tímido y

afectuoso, siente un impulso incoercible de Dios para arrostrar todas las contrariedades anunciando

el desastre contra su pueblo, en contra de sus íntimos deseos de que su nación querida se

salve. Se siente como hipnotizado por una fuerza superior: “Me sedujiste, y me dejé seducir.” Es

el pensamiento enérgicamente expresado por Amos: “Rugiendo el león, ¿quién no temerá?

Hablando el Señor Yahvé, ¿quién no profetizará?”67

La vocación profética auténtica depende únicamente de la voluntad de Dios, que elige a

quien quiere, de cualquier clase social, edad o sexo. 68 Joel considera como una característica de

los tiempos mesiánicos la efusión universal del don de profecía.69

b) Por otra parte, supuesto el carácter carismático gratuito del don profético, no se exige

ninguna preparación especial para recibirlo, ni siquiera se requiere la santidad de vida, aunque

esto sea en extremo conveniente. Los escritores judaicos Filón de Alejandría y El Josefa, por influencia

del platonismo, creían que para ejercer la profecía se necesitaba cierta predisposición

natural o instinto profético semejante a la άγχίνοιαν, ο “vivacidad de espíritu,” que Platón suponía

en los buenos, los cuales gozaban de cierto instinto de adivinación del futuro.70 Algunos autores

cristianos también dan a entender la necesidad de que el sujeto que recibe el don profético

tenga un grado mínimo de santidad de vida71. En el Talmud se señalan como condiciones convenientes

que el sujeto sea sabio, rico, de elevada estatura y bello.72 Maimónides exige en el que ha

de ser profeta potencia imaginativa natural, con gran capacidad de imaginación. Esto es reducir

el “don profético” a una categoría meramente natural.

Pero los verdaderos profetas del A.T. no presentan como suyos sus mensajes, sino que se

consideran meros instrumentos de transmisión de los mismos de parte de Dios. Y, teológicamente

considerado, el don profético es una gracia “gratis data” que se comunica libérrimamente por

Dios a una persona sin preparación alguna por parte de ella. De hecho sabemos de varios personajes

que fueron profetas y no tenían preparación especial. Así, Samuel niño recibió una comunicación

divina relativa a la suerte de la familia de Helí.73 Amos era un pastor de Tecoa.74 Jeremías

recibe la investidura de profeta en edad adolescente, 75 e incluso Balam, no israelita y mago,

transmitió un mensaje profético de parte de Yahvé.76 Luego el profeta en absoluto puede ser

pecador, ya que el carisma profético no supone gracia santificante77. Por otra parte, la profecía es

un “conocimiento” que, como tal, reside en el entendimiento; luego puede existir sin la gracia

habitual, como puede existir la fe sin la caridad. Además, el don profético, como gracia carismática

“gratis data,” se ordena al bien espiritual de la comunidad y no a la santificación del sujeto

como tal.78 La honestidad de costumbres es sumamente conveniente para que el mensaje transmitido

por el profeta surta su efecto.

c) Supuesto este carácter gratuito del “don profético,” ¿podemos considerarlo como algo

permanente o habitual en el sujeto que lo recibe? A priori podemos responder que, por el hecho

de ser una gracia “gratis data” o comunicación carismática, tiene que tener un carácter transeún1644

te, ya que depende únicamente de la comunicación actual divina. El “don profético” es un conocimiento

sobrenatural superior al habitual de la fe, que depende exclusivamente de la comunicación

sobrenatural divina, fuera del orden normal. Se puede considerar al lumen propheticum como

algo intermedio entre el lumen fidei viatoris y el lumen gloriae de los bienaventurados.80 Esta

noción es confirmada a posteriori por las narraciones bíblicas. Así se dice que Elíseo, en un momento

dado, confiesa que no conoce la causa de la enfermedad de la Sunamitis, porque no recibió

comunicación especial de Dios.81 Natán dice primero a David que puede iniciar la construcción

del templo, pero después recibe una comunicación divina en la que se le transmite que David

no debe emprender la construcción del templo, sino su hijo.82 Samuel, con ocasión de la unción

de David, cree personalmente que el elegido de Dios es el primero de los hijos de Isaí, y entonces

recibe una revelación divina comunicándole que el elegido será el más pequeño, David. 83

No obstante, parece que muchos profetas tuvieron este carácter de modo vitalicio. La Biblia

llama profetas a los que comunicaron mensajes salvadores al pueblo israelita de parte de

Yahvé. Así Samuel y Elíseo (continuador del ministerio de Elias). De Isaías conocemos la visión

“inaugural” de su oficio profético. Lo mismo podemos decir de Jeremías y Ezequiel. Pero debemos

notar que estos mismos profetas, cuando van a comunicar un mensaje expreso de Yahvé (es

sólo entonces cuando son propiamente “profetas”), dicen: “visión de,” “la mano de Yahvé fue

sobre mí.,” “así dice Yahvé.” Estas fórmulas son bien explícitas para aclarar el problema sobre el

carácter transeúnte del “don profético.” Ellos tienen conciencia de que sólo en determinados

momentos son instrumentos directos de la comunicación divina. En otras ocasiones podrán dar

consejos, sacar consecuencias de comunicaciones anteriores, pero no transmitir mensajes “profetices,”

excepto cuando Dios en concreto les transmite una comunicación expresa. Los profetas,

pues, no podían hacer comunicaciones “proféticas” en nombre de Dios cuando ellos querían, sino

cuando Dios se las comunicaba.84 En consecuencia, el carácter permanente vitalicio de profeta

se atribuye a algunos personajes por abuso del lenguaje, en cuanto que por el hecho de haber

transmitido una comunicación “profética” en nombre de Dios se les puede llamar “profetas.

85

6. Elevación de las Facultades en el Profeta.

a) El “conocimiento profético” es una luz sobrenatural. 86 Por tanto, para captarla no bastan las

luces naturales de la razón. Pero, además, es un conocimiento sobrenatural especia,! diferente y

superior al de la fe sobrenatural. El hombre como tal tiene una potencia “obediencial” para recibir

este lumen propheticum o inspiratio y íuzgar sobrenaturalmente — bajo esta iluminación especial

— sobre algo que ha conocido sobrenaturalmente o por medios naturales. Es decir, que lo

esencial en la inspiratio profética es el juicio sobrenatural emitido, aunque los elementos del juicio

(res acceptae: simplex apprehensio) los haya recibido por conducto natural. 89 No se exige,

pues, una revelación nueva en cuanto a la captación del material del juicio, sino que el lumen

propheticum recae sobre el acto de juzgar sobre cosas recibidas natural o sobrenaturalmente. San

Agustín presenta el caso clásico de los sueños del faraón. Este recibió materialmente los elementos

de juicio, pero no tuvo especial iluminación para dar un juicio sobre el sentido de esos elementos

captados en su sueño. Al contrario, José recibió por conducto natural (información del

faraón) el contenido de la visión (elementos del juicio), pero sobrenaturalmente juzgó, bajo el

lumen propheticum, sobre el sentido del sueño. Por eso José es el verdadero profeta en este caso

y 110 el faraón. 90

1645

b) Como el carisma “profético” se ordena esencialmente al bien de la comunidad (el

profeta es un “mensajero” de Dios), se exige que ese juicio sobrenatural dado por el profeta bajo

el lumen propheticum sea transmitido a los demás, para lo que se requiere la intervención de la

voluntad; lo que exige que haya también una elevación en la voluntad para que transmita debidamente

el mensaje o juicio sobrenatural según las exigencias de la voluntad divina 91. El influjo

carismático en el acto de la transmisión debe afectar no sólo a la sustancia del mensaje, sino

también a las circunstancias del mismo, de modo que aparezca inmune de todo error. Es un caso

similar al de la inspiración escrituraria: “omne quod asserit, enuntiat, insinuat, debet retineri assertum,

ennuntia-tum, insinuatum a Spiritu Sancto, qui supernaturali sua virtute, ita eos excitavit

et movit isque loquentibus adstitit, ut ea omnia eaque sola quae ipse iuberet, et recte mente conciperent,

et fideliter proponere vellent, et apte infallibili veritate exprimerent.92 Por otra parte,

la labor del profeta era sumamente espinosa e ingrata, y necesitaba una gracia especial para fortalecer

su voluntad. 93

c) Como el entendimiento humano necesita siempre de la facultad imaginativa (“intelligit

convertendo se ad phantasmata”) 94 para entender, se requiere de algún modo una elevación de

la fantasía en el acto de juzgar del profeta. Para los casos de una comunicación intelectual sobrenatural,

se puede admitir una cierta derivación a las facultades imaginativas, de modo que se

formen imágenes adaptables a la intelección.95 Y esto aparece claro en las comunicaciones propiamente

imaginarias, ya que ninguna imagen natural de la fantasía puede servir para expresar

verdades sobrenaturales que no están al alcance del entendimiento natural del hombre.96 Luego

también se requiere la elevación de la facultad imaginativa, ya sea para recibir nuevas especies

imaginarias sobrenaturalmente infusas, ya para juzgar sobre naturalmente de imágenes recibidas

naturalmente. En este caso se requiere una especial combinación de imágenes bajo el influjo particular

de Dios en orden a la expresión de una verdad sobrenatural superior.97

7. La Revelación Profética.

Hemos visto que la “revelación,” o comunicación de una verdad totalmente nueva, no es necesaria

para que un sujeto pueda ser considerado como profeta, pues le basta recibir la “iluminación”

en el acto de juzgar, aunque se trate de elementos de juicio conocidos por medios naturales.

98 Pero puede darse el caso de que el profeta, además de recibir la “iluminación” en el acto de

juzgar (“iudicium de acceptis”), reciba también sobrenaturalmente los elementos de juicio (“acceptio

cognitorum”), es decir, reciba una “revelación” o comunicación de verdades totalmente

sobrenaturales. En este caso, el profeta adquiere su máxima participación en. el carisma profetice.

Esta comunicación sobrenatural, o “revelación,” puede recibirse de tres modos, según los

tres estadios del conocimiento humano: a) por los sentidos externos; b) por la imaginación; c)

directamente por el entendimiento. Sin embargo, en la práctica no es fácil muchas veces saber

cómo los profetas recibieron la revelación divina, ya que emplean frases que son susceptibles de

ser interpretadas de diverso modo. Así, hablan de “visiones,” “audiciones,” que muchas veces

tienen el sentido general de “comunicaciones,” ya sean intelectuales, imaginarias o corporales.

El modo más ordinario de comunicación divina es por la “imaginación,” en cuanto que

Dios infunde nuevas imágenes desconocidas por medios naturales o combina sobrenaturalmente

las imágenes recibidas por conducto natural.100 Y de hecho sabemos que Dios se acomodaba a

la mentalidad de cada profeta para transmitir sus verdades sobrenaturales. Como los suje1646

tos receptores de la comunicación divina eran orientales de viva imaginación, de ahí que muchas

veces las verdades que Dios comunicaba sean expresadas con una riqueza de detalles imaginativos

que a nosotros, de mentalidad occidental, resultan extravagantes. Para hacer accesible la

nueva verdad revelada, Dios “condescendía” con la psicología imaginativa de aquellos orientales

elegidos como instrumento de su providencia extraordinaria en la historia.

Aparte de esta comunicación “imaginaria” de verdades sobrenaturales, se puede admitir

una comunicación o revelación pura intelectual, en cuanto que Dios transmite al sujeto receptor

determinadas “species intelligibiles” sin concurso de la imaginación 101. No obstante, repetidas

veces dice que este género de comunicación pura intelectual es muy rara en el A.T. 102

Naturalmente, esta “revelación” intelectual es la más perfecta,103 pues se eleva más sobre

los sentidos y se acerca más a la visión de los bienaventurados. Pero tan elevada, que apenas se

da, y por la comunicación más ordinaria en el A.T. es la imaginaria: “(huiusmodi) prophetiam

habuerunt omnes illi qui numerantur in ordine prophetarum,104 omnis propheta vel habet tantum

iudicium supernaturale. vel habet acceptionem simul cum indicio secundum imaginariam

visionem.105 Sin embargo, hay que suponer siempre, para que sea verdadera “profecía,” que esta

comunicación imaginaria sobrenatural la juzgue intelectualmente según la “iluminación profética”

que recibe en el acto de juzgar (distinto del acto de recibir la especie imaginativa).

8. Comunicaciones

“Visionarias” y “Sueños” Proféticos.

Por los relatos bíblicos sabemos que Dios se solía comunicar a los profetas por “visiones” y

“sueños”; “Si hubiere entre vosotros algún profeta, me apareceré a él en visión y le hablaré por

sueño” 106. Los autores gentiles de la antigüedad nos dicen que los “sueños” son los medios de

comunicarse los dioses a los hombres.107 En la Sagrada Escritura no son raras las comunicaciones

divinas durante los “sueños.” 108 a las que se da categoría de comunicación “profética,” distinguiéndolos

bien de los meros “ensueños” naturales, a los que no se les concede realidad alguna:

“Porque de la muchedumbre de las ocupaciones nacen los sueños, y de la muchedumbre de

las palabras los despropósitos.” 109 Los profetas, cuando recibían un “sueño profético,” tenían

conciencia expresa de ello, y sabían por conocimiento o “inspiración profética” que venía de

Dios y el sentido del “sueño.” 110

Aparte de las comunicaciones divinas en “sueños,” los profetas aluden a sus “visiones” y

“audiciones” en estado de vigilia, que son más frecuentes. Pero debemos tener en cuenta que estas

palabras “visión” o “audición” tienen un sentido amplio de “comunicación” divina, y, por

tanto, no han de tomarse en sentido estricto de “visión” corporal, ya que puede ser puramente

imaginativa.111 De hecho, la mayor parte de las “visiones” proféticas son “imaginarias” al estilo

de las de Ezequiel112. Lo mismo hay que decir del fenómeno de la “audición,” de forma que la

expresión “dice Yahvé” en boca de los profetas no significa necesariamente manifestación vocal

externa del oráculo, sino simplemente comunicación del mismo, que puede ser intelectual o imaginaria.

1647

9. Limitaciones en el Conocimiento Profético.

La “profecía” es una comunicación intelectual especial sobrenatural para juzgar de hechos o

cosas conocidas natural o sobrenaturalmente (quoad acceptionem rerum). Este conocimiento

profetice, pues, depende y está limitado por el grado de comunicación sobrenatural, proveniente

exclusivamente de Dios.113 De ahí se sigue que los profetas no sólo no conocen todo lo que puede

ser materia de profecía (prophetabilia), pues no tienen la visión de la divina esencia, sino que

ni aun tienen un conocimiento pleno sobre la materia de que hablan.114 De hecho sabemos que

los profetas recibían gradualmente la iluminación. Así, a Samuel le fue primeramente revelado el

hecho de la elección por parte de Yahvé de un nuevo rey; después, que sería de la familia de Isaí,

y, por fin, después de desfilar todos los hijos de éste, conoció por revelación divina que el rey

elegido era el hijo menor, David.115 Pero, además, hay que tener en cuenta que el profeta, como

transmisor o “intérprete” de un mensaje divino, es “instrumentum deficiens,” y, por tanto, no tiene

un conocimiento pleno de lo que se le comunica.116 Hay siempre una zona de oscuridad en la

mente del profeta respecto al cumplimiento e inteligencia del oráculo que comunica, sobre todo

cuando se trata del anuncio del futuro; pues la “profecía” es una gracia “gratis data” que no se da

para utilidad del recipiente, sino de la comunidad religiosa, y de ahí que la intelección de la comunicación

profética no ha de medirse sólo por la utilidad que ha de reportar al “profeta” transmisor

del oráculo, sino por el bien que ha de reportar a la comunidad como tal: “ea quae sunt

denuntianda, prophetae revelantur secundum quod exigit eorum dispositio propter quos prophetia

datar.118 Y en este supuesto debemos tener en cuenta que los oráculos profetices unas veces

eran comunicados para utilidad exclusiva de los contemporáneos del profeta, y otras principalmente

para utilidad de las generaciones venideras, y sobre todo para la Iglesia de Cristo, hacia

la que se ordenaba el mensaje religioso como estadio definitivo de la revelación, inaugurado

con la encarnación del Verbo.

Las comunicaciones proféticas se fueron completando entre sí en el decurso del tiempo,

conforme se iban realizando en la historia y a medida que nuevas revelaciones iban dando luz

sobre determinados esbozos profetices de profecías anteriores.119 Es la ley del progreso en la revelación

profética. Supuesta la rudeza mental del pueblo israelítico en el A.T., Dios fue comunicando

gradualmente las revelaciones. En concreto, respecto de las profecías mesiánicas, éstas

aparecen más claras y explícitas a medida que se acercan a la “plenitud de los tiempos,” en que

se cumplen literalmente. Así, desde el primer anuncio de la victoria de la descendencia de la mujer

en el Protoevangelio hasta el triunfo del Mesías por el dolor y la muerte en los oráculos llamados

del “Siervo de Yahvé,” hay una gran gradación ascendente, pues la idea del Mesías Conquistador

y Rey se va espiritualizando, acercándose cada vez a la realidad histórica de un Mesías

modesto, paciente y Redentor por el sufrimiento. La revelación se va concretando y explicitando

en contenido teológico a medida que se acercan los tiempos del Mesías, y, a medida que los destinatarios

estaban preparados para recibir las grandes verdades, Dios las fue enriqueciendo conforme

a su capacidad y utilidad 12°. Esta observación es extensiva también a los mismos profetas

que transmitían el oráculo. Puesto que la comunicación divina era para utilidad de la comunidad,

no siempre entendían plenamente el contenido doctrinal de la misma, ya que no se trataba de satisfacer

su curiosidad mental, sino instruir y lanzar testimonios de la intervención divina en la

historia, que muchas veces iban a ser comprendidos sólo plenamente siglos más tarde. Por eso,

las futuras generaciones comprenderán más profundamente su mensaje que los mismos que los

transmitieron. Y los profetas podían por su cuenta meditar y reflexionar al modo humano sobre

el contenido de su comunicado, haciendo cálculos humanos al tratar de encuadrar en la historia el

1648

mensaje sobrenatural recibido. Hemos visto antes que el conocimiento “profetice” no es un hábito,

sino una comunicación carismática transeúnte, y sólo el profeta, cuando se halla bajo esta

comunicación, juzga sobrenaturalmente sobre la misma. Pero después, en diversos momentos de

su vida, podían reflexionar humanamente sobre el contenido de su mensaje, sin tener luces especiales

para su encuadramiento histórico o para comprender las circunstancias de un hecho que

por revelación divina sabían había de cumplirse.

De esta consideración se deduce el hecho de que los profetas no solían tener perspectiva

del tiempo, pues al no conocer muchas circunstancias del hecho a realizar, confundían y superponían

con frecuencia los planos históricos. Tenemos el caso clásico de la profecía del “Emmanuel”

de Isaías. El profeta presenta al Niño-Mesías liberador como solución a la gran crisis política

nacional planteada por la invasión asiría. En aquellos momentos de peligro nacional, Isaías

dirige su atención hacia la figura ideal de Israel, al gran Libertador de las promesas mesiánicas,

garantía de la salvación del pueblo elegido. Ante su mente no hay, pues, más que dos momentos:

el actual de crisis nacional ante la invasión extranjera (con peligro de desaparición de la nación

como colectividad política) y la época del Mesías. Judá, en la mente del profeta, está lanzado,

por designio divino, hacia los tiempos mesiánicos, en tal forma que la figura del Mesías es la

razón de ser histórica del pueblo elegido. Por otra parte, las promesas de Yahvé son inconmovibles,

y, en consecuencia, Judá no puede desaparecer como nación. Todas las crisis nacionales no

pueden ser definitivas, ya que el pueblo de Dios ha de llegar a la plenitud de los tiempos mesiánicos.

Por eso presenta al Mesías como solucionando personalmente la crisis nacional presente.

El profeta está obsesionado con la persona del Mesías, que en una revelación especial le

ha sido presentada bajo la figura de un Niño-Príncipe excepcional que ha de inaugurar la era de

paz mesiánica. Como desea animar a los contemporáneos con la esperanza mesiánica, hace un

esfuerzo imaginativo y presenta con realismo al Mesías como próximo a aparecer. En realidad,

para él — obsesionado por la realización de los tiempos mesiánicos — no existen más que dos

momentos en la historia de Judá, el actual de la crisis nacional y el de los tiempos del Mesías, y

así junta ambas perspectivas, prescindiendo del tiempo que pueda haber intermedio. No sabe

cuándo aparecerá el Mesías, pero sabe que ciertamente habrá de aparecer y resolver todas las dificultades

de Judá, y así lo presenta como inminente a sus contemporáneos. No debemos perder

de vista que las revelaciones proféticas son vislumbres luminosos fugaces en un fondo general de

oscuridad, y de ahí la limitación del conocimiento en los mismos profetas, que anuncian cosas

sin contornos históricos las más de las veces.121 Su perspectiva es similar a la del que desde lejos

contempla una cordillera de montañas, en las que los contornos son nebulosos, y los planos del

horizonte se superponen en tal forma, que picachos que están separados por una gran distancia

aparecen difuminados y unidos en el trasfondo del lejano horizonte.

10. Éxtasis y Conciencia Profética.

El “éxtasis” se suele definir como un estado psíquico anormal que es efecto de la concentración

de ciertas potencias anímicas intelectuales o afectivas, lo que lleva como consecuencia una distensión

en determinadas potencias orgánicas sensibles, de forma que el sujeto sometido a esta

situación se halla como “fuera de sí” (έκστασις), sin control de los sentidos.122 Esta “alienación”

de los sentidos puede tener causas naturales o mórbidas y sobrenaturales. Aun en sujetos perfectamente

equilibrados, la concentración exagerada sobre un objeto de la inteligencia o de la vo1649

luntad puede llevar a la pérdida del uso corporal de los sentidos. Así, puede darse el éxtasis “filosófico”

en un sujeto de temperamento cerebral y abstractivo, que, por concentrar demasiado la

atención sobre un objeto, puede quedar como alienado. Pero, además, existen temperamentos

psíquicamente desequilibrados por causa de trastornos psicológicos, que son propensos a perder

el control de los sentidos, y así una emoción fuerte de orden sobrenatural o natural puede inducirlos

al éxtasis.

En la hagiografía es fácil encontrar casos de esta índole, y aun en la misma Biblia. De

hecho sabemos que algunos profetas tuvieron “éxtasis” en el mejor de los sentidos. Los profetas,

hombres profundamente religiosos, y muchos de temperamento místico, al sentir de cerca la “vivencia”

de la divinidad, que se les manifestaba de un modo particularísimo, quedaron “fuera de

sí,” en estado extático. Algunos de ellos, como Ezequiel, quizá tuviera propensión psicofisiológica

para caer en esta situación anormal. Aunque rechacemos de plano la acusación de “epiléptico”

conque se le ha pretendido caracterizar, sin embargo, es un hecho la frecuencia de los éxtasis en

su vida. Esto no arguye nada en contra de la integridad profética del mismo, ya que cada profeta

tenía su personalidad psíquica humana, y Dios los utilizó como instrumentos de su mensaje, sin

anular las propensiones particulares psíquico-fisiológicas de cada uno.

Los pueblos primitivos solían atribuir a causas superiores sobrenaturales los “éxtasis” de

todo género. Entre los mismos griegos, el “éxtasis” era designado como “enfermedad divina”

(ιερά νοΰσος) 123. ya que el que lo padecía se consideraba como poseído de un dios o genio superior.

Se suponía que, durante el estado extático, el alma humana dejaba al cuerpo y vagaba conversando

con el mundo de los espíritus, y el vacío por ella dejado era ocupado por un “genio” o

“numen” divino que hacía las veces del alma (ενθουσιασμός). Por ello, el sujeto en estado extático,

“entusiasmado” o “endiosado” (pues eso viene a significar el griego ενθουσιασμός), entraba

en relación con un mundo superior divino, y en ese “trance” comunicaba cosas insólitas e inauditas

que causaban la admiración de sus oyentes.124

Ahora bien: ¿podemos trasladar estos fenómenos a la psicología profética? O en otros

términos: el “éxtasis,” ¿era el medio normal y aun necesario para comunicar con Yahvé? En los

primeros tiempos del “profetismo” israelita, algunos de sus representantes, como Elíseo, parecen

entregados a ciertos transportes extáticos incluso provocados por la música.126 En esto tenemos

que ver una concesión a la mentalidad expresiva oriental y a formas primitivas de manifestación

religiosa. Pero de hecho no encontramos nada indigno, desde el punto de vista moral y religioso,

en ninguno de los verdaderos profetas aprobados como tales por los autores bíblicos. Cierto que

existían gentes que se arrogaban el título de “profetas” ante el pueblo sencillo, los cuales imitaban

los desvaríos de los cultos orgiásticos cananeos, y entre ellos las manifestaciones extáticas

espectaculares al estilo de los derviches orientales, procurándose con “incisiones” rituales y con

bebidas embriagadoras un estado psíquico anormal.127 Pero esos tales son considerados por los

autores sagrados como “falsos” profetas.

De hecho sabemos que los profetas canónicos del A.T. tenían conciencia de su personalidad

y de sus relaciones inmediatas con la divinidad, y que jamás pretendieron presentarse con

una personalidad superpuesta, como si la propia fuera anulada y absorbida por la divina. Los profetas

tienen conciencia de su “personalidad” humana a pesar de sentirse profundamente movidos

por una fuerza superior divina. Jeremías, en un momento de ruda sinceridad, refleja su situación

psicológica como profeta, ya que, a pesar de sentir repugnancia para cumplir su ingrata misión,

reconoce que Dios le empuja a transmitir su mensaje al pueblo: “Tú me sedujiste, ¡oh Yahvé!

y me dejé seducir. Tú eras él más fuerte, y fui vencido. Y aunque me dije: No pensaré más en

ello, es dentro de mí como fuego abrasador que siento dentro de mis huesos, que no puedo con1650

tener ni puedo soportar.”128 Los profetas se sentían poseídos por una fuerza superior, que no destruía

su personalidad (jamás ellos se presentan como dioses) y los empujaba irresistiblemente a

transmitir el mensaje divino. En su cometido, muchas veces hay colisión de intereses. Jeremías,

de temperamento afectivo y enamorado de su pueblo, sentía desgarrarse sus entrañas al comunicar

los mensajes conminatorios a sus conciudadanos, y, a pesar de que tenía que pasar como

enemigo de los intereses nacionales de su nación, transmitía enérgicamente el mensaje divino

que los invitaba a aceptar el yugo babilónico como mal menor. La conciencia de ser los representantes

de su Dios les obliga a estampar la frase vigorosa que aparece en todas sus predicaciones:

“Así habla Yahvé.” Son los portadores de un mensaje divino a su pueblo y los genuinos representantes

del yahvismo tradicional, y como tales se presentan al público con una fuerza y entereza

irresistibles.

11. Perspectivas Generales Teológicas en la Predicación Profética.

Ya hemos indicado antes que los profetas se presentaban a sí mismos como los “centinelas” que

velaban por los intereses religiosos de su pueblo. Por ello fueron saludados como “hombres de

Dios.129 Este carácter religioso es la clave para interpretar su predicación, su actividad y sus escritos

exclusivamente religiosos. Se consideraban los transmisores y alentadores de las esencias

tradicionales religiosas de Israel en su mayor pureza, frente al ritualismo externo de los sacerdotes.

Todas las manifestaciones políticas y culturales profanas no tenían sentido para ellos sino en

su dimensión religiosa. En su mentalidad espiritualista era preferible el ambiente sencillo del desierto

en que se formó la teocracia hebrea, al calor de la providencia particularísima de Yahvé,

que el sedentario de la población cananea, inficionado con cultos idolátricos. El tipo del “profeta”

intransigente religioso es Elias el Tesbita, que con su vida austera y manto de pelo era una

acusación viviente a la molicie ambiental en que se desarrollaba la vida política y social de Israel

en los tiempos de la monarquía. En torno a este héroe religioso fue surgiendo una minoría selecta

religiosa, cuya dirección caería en manos de los “profetas,” aquellos hombres extraordinarios

que, con un esquema teológico de verdades extremadamente simple, propugnaba la vuelta sincera

de los corazones a Dios. Las mismas ideas religiosas tradicionales fueron tamizadas y purificadas

por estos “hombres de Dios” en una medida que desbordaba toda la tradición religiosa

anterior. La religión para ellos era más que un cúmulo de ritos externos, pues proponían como

medula de la misma las relaciones con un Dios que ante todo es fiel a sus atributos de justicia

y misericordia y que, por otra parte, exige un trato de equidad para el prójimo, particularmente

para los desvalidos y olvidados en los últimos estratos sociales.

Sin arrogancia alguna se presentan como los únicos representantes genuinos de los intereses

divinos, considerándose la “boca de Dios,” ya que lo esencial del mensaje profetice es la

transmisión de un “oráculo,” es decir, de una comunicación directa de Dios destinada a su

pueblo. Tienen conciencia de que Yahvé les ha hablado directamente, de modo indefinible, con

ese “susurro” difícil de catalogar, que parece ser la mejor traducción de la palabra hebrea ne'um,

que aparece repetidas veces al principio de los mensajes profetices. El “oráculo” es algo más que

el “consejo” de la literatura sapiencial, pues, lejos de ser un fruto de reflexión teológica sobre

determinadas doctrinas religiosas aceptadas, al estilo de nuestros teólogos, es una irrupción directa

de Dios en el alma del profeta, ya sea comunicándole verdades totalmente desconocidas y

nuevas, ya combinándole de un modo especial preternatural ciertas verdades que ya conoce el

1651

profeta por vía natural o por reflexión teológica, pero que, con la intervención directa de Dios,

dan una luz inesperada que el profeta por pura reflexión natural no habría aceptado. En realidad,

el lumen propheticum ejerce una influencia especial en orden a la formulación de un juicio infalible

en beneficio de la comunidad religiosa a la que va destinado el mensaje del profeta. Sin embargo,

éste, al recibir la comunicación divina, no pierde la conciencia de su personalidad; no hay

absorción de su conciencia por parte de Dios, sino que el profeta conserva el sentimiento reflejo

de que aun, como transmisor del mensaje tan íntimamente comunicado por la divinidad, se distingue

claramente de esa energía divina que le posee e invade. No hay superposición de personalidad,

ni mucho menos sustitución de las mismas, sino simplemente íntima comunicación de dos

personas realmente distintas. Así hay que entender la famosa frase que repetidamente escriben:

“El espíritu de Yahvé se apoderó de mí.”

Por otra parte, debemos tener en cuenta que el profeta es un hombre de su tiempo, que

habla a gentes de su época, y sólo por excepción de cosas lejanas, si bien vinculándolas a los anhelos

y necesidades de su época. Por consiguiente, habla de cosas que afectan a los intereses de

sus contemporáneos, si bien siempre vistas desde el ángulo puramente espiritual. Por eso, más

que ver en el profeta al hombre que por definición se proyecta hacia épocas futuras, hay que considerarle

como el reformador religioso de la sociedad de su tiempo, el guía espiritual de sus conciudadanos.

Aparte de esto está su aspecto de vaticinador de determinadas cosas futuras, si bien

coloreadas según las exigencias ambientales de su tiempo. Naturalmente, como persona esencialmente

idealista que es y que sueña y aspira a una mejor sociedad en el orden ético-espiritual,

siempre enfoca sus enseñanzas en función de los futuros y definitivos intereses de su pueblo, ya

que para él, en los designios de Dios, Israel ha sido lanzado hacia un futuro glorioso, pero a través

de un período de prueba y purificación. De ahí que las catástrofes nacionales no sean para el

profeta sino avisos de Dios para un enderezamiento de costumbres en orden a la preparación de

una era mejor en cuanto a religiosidad y justicia. Por eso, los problemas mismos de su época son

considerados también a la luz de horizontes lejanos, en los que se presiente la etapa definitiva de

su pueblo. Estas dos perspectivas diferentes del profeta — la ambiental y la mesiánica — deben

tenerse en cuenta cuando se trate de aquilatar su pensamiento, ya que muchas veces ambos horizontes

o estratos históricos se superponen y entrelazan en un mismo mensaje, de tal forma que

muchas veces no es fácil deslindar las fronteras de ambos.

Supuestos estos principios, básicos para entender el complejo psicológico de los profetas,

vamos a resaltar algunas ideas teológicas que nos dan la clave para comprender su mensaje religioso

y esencialmente idealista.

A) Dios e Israel.

Una de las ideas clave del armazón teológico de los profetas es la de la vinculación de Israel

a Yahvé, soberano del universo y único organizador de Israel como pueblo. Para ellos, Dios

es el absoluto soberano de la historia, que dirige ocultamente los hilos de las vidas de los hombres

y de las naciones. Todos los acontecimientos — en su visión teológica de la historia — conducen

a un fin concreto y hacia una época determinada. Por otra parte, el segundo postulado de

esta teología de la historia es que la humanidad — en su historia individual y colectiva — se

halla sometida a lo:; imperativos y exigencias de la justicia y misericordia divinas.

En estos divinos designios, Israel ocupa un lugar de preferencia, ya que ha sido elegido

entre todos los pueblos como porción escogida. Pero esta situación de privilegio se debe única y

exclusivamente a un acto totalmente gratuito de Dios, y el fin de esta elección es la glorificación

del mismo Dios.130 Jeremías nos dice que Israel fue escogido para ser “un pueblo, un nombre y

1652

una gloria,” l31 de modo que fuera un reflejo viviente de los intereses de Dios entre los pueblos,

mostrando la naturaleza santa de Dios al hacerse también “santo” el pueblo elegido.132 Esta situación

de privilegio por parte de Israel condiciona toda su vida social, ya que es una exigencia

de Dios la “santificación” de su pueblo en sus costumbres y en su vida religiosa: “Sed santos

como yo soy santo.”133 Isaías es entre los profetas quien sintió más íntimamente esta necesidad

de “santificación,” de “purificación” e “incontaminación” aplicada al pueblo de Israel. Yahvé es

para él, ante todo, el “Santo,” mientras que el pueblo y el mismo profeta son seres contaminados,

impuros.l34 Por ello, las relaciones de Israel y su Dios están condicionadas por la naturaleza divina,

que en Isaías aparece caracterizada por el concepto de “santidad” o “trascendencia.” Dios es

el “Santo de Israel” l35; por tanto, Israel debe ser la comunidad ideal en la que se ponga de manifiesto

el concepto de esta “santidad” de Dios, reflejada en sus costumbres sociales. Por eso, la

misión esencial de Israel es “santificar al Señor de los ejércitos,” 136 es decir, reconocerle como

“santo” y algo aparte entre los demás seres creados, fuera de la contaminación de ellos, y, en

consecuencia, reconocerle y adorarle con íntimos sentimientos de reverencia y temor, que fluyen

espontáneamente de este concepto de “santidad” divina que debe penetrar toda la vida social

del pueblo escogido. Isaías se daba cuenta de que habitaba “en un pueblo de labios impuros”137 y

cuyas obras eran una constante provocación y profanación del “Santo de Israel.” Por eso era necesario

un fuego purificador — el castigo — que limpiase moralmente al pueblo, como lo hizo

materialmente el serafín en los labios del profeta el día de su vocación. De ahí que podríamos

resumir el contenido del mensaje isaiano en la frase famosa: “Sion in iudicio redimetur.138 De

ahí también el concepto de un “resto” que se salvará de la gran catástrofe nacional, como núcleo

de restauración en el futuro, concepto que aparece ya en Amos, y parece ser el fruto de una reflexión

teológica, al querer conciliar, de una parte, las exigencias de la justicia divina — intransigente

con el pecado — , y de otra, la fe en la realización de las promesas mesiánicas sobre Israel.

Precisamente el hecho de que Israel ocupara un lugar aparte en los designios providenciales

divinos le hacía más responsable en sus infidelidades.139 Jeremías y Ezequiel protestan contra la

actitud de ciega confianza de los habitantes de Jerusalén en su condición de ciudadanos de la

ciudad en que habita Yahvé. Esto, en realidad, no los librará del castigo inminente, que debe ser

considerado más bien como un signo de solicitud paternal — como correctivo — , ya que el mayor

castigo sería abandonarlos a su suerte en sus pecados, sin acordarse de ellos, pues para los

profetas el castigo es ante todo la llamada al arrepentimiento, al retorno al Señor. Israel en su historia

es el eterno hijo pródigo, que sólo se acuerda de Dios cuando se halla en una situación de

angustia y de tragedia, y precisamente el verdadero drama de Israel está en esa constante apostasía

de su Dios: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende,

mi pueblo no tiene conocimiento.” 140 Esta conducta es una provocación constante a la

intervención airada de Dios; por eso el “día de Yahvé,” lejos de ser día de manifestación gloriosa,

como el pueblo esperaba — día de revancha sobre los enemigos de Israel — , será el día de la

manifestación vengadora de Yahvé, que viene a purificar a su pueblo.

B) Dios y la Historia Universal.

Para los profetas, Israel es el centro de los destinos históricos del mundo, y las otras naciones

se subordinan en su proceso histórico a las exigencias nacionales de este pueblo privilegiado.

Por eso, cuando hablan de los otros pueblos, es siempre en función de la misión que representan

en torno a Israel. Dios es el Señor de todos los pueblos sin distinción, y guía secretamente

los hilos de la historia privada de los hombres y la pública de las naciones, pero tiene

asignados destinos especiales providenciales a ese minúsculo pueblo que ha sido sacado de Egip1653

to para ser el ejecutor de sus planes salvíficos sobre las mismas naciones. En definitiva, Israel —

hijo predilecto de Yahvé — tiene que triunfar en sus destinos sobre todos los otros pueblos. Dios

lo eligió gratuitamente — Amos nos dice que es Yahvé el que ha sacado a Israel de Egipto, pero

también a los filisteos de Cajtor y a los árameos de Quir, y que, si no fuera por esa gracia de

Dios, los israelitas serían como los despreciados etíopes141 — ; pero esta elección particular impone

grandes obligaciones para con el mismo Dios, y, como históricamente no ha sido fiel a su

misión, Dios le ha querido castigar, poniendo en movimiento contra él a las otras naciones. En

realidad, estos pueblos paganos, al invadir la “tierra de Yahvé,” su “heredad,” no son sino instrumentos

de la ira divina en orden a la purificación del pueblo escogido y amado. Sus triunfos

sobre Israel no se deben a su fuerza exclusiva, sino a la permisión de Yahvé, que los utilizó como

“vara de su furor,” y de hecho, si se exceden en su misión de instrumentos punitivos de Dios,

serán a su vez castigados sin piedad. Así Isaías nos pinta el orgullo del invasor asirio, que se cree

omnipotente y vencedor por su propia fuerza: “Mi mano ha cogido la riqueza de los pueblos como

se agarra un nido; como quien se apodera de huevos abandonados, me he apoderado yo de la

tierra toda. Y nadie sacudió sus alas, ni abrió el pico, ni dio un chillido. Mas, por eso, el “Señor

herirá de flaqueza ese cuerpo.” En los capítulos 13 y 14 de Isaías se alude a la destrucción de

Babilonia como castigo de su arrogancia y por haberse extralimitado en su papel de instrumento

punitivo de Yahvé. Es que las naciones, sin saberlo, no hacen sino servir a los designios inmutables

de Dios, y, aunque se crean autónomas en sus movimientos, Dios las gobierna secretamente.

Por otra parte, también a ellas les cabrá participación en el triunfo mesiánico de Israel, pues una

de las notas de los vaticinios profetices es la de los vislumbres universalistas, que se van multiplicando

a medida que se acerca la plenitud de los tiempos.

C) Los profetas y el mesianismo.

La idea mesiánica constituye como la espina dorsal de la teología del Antiguo Testamento.

Arranca ya de los primeros capítulos del Génesis, y va adquiriendo más cuerpo, concretándose

a través de los tiempos, hasta llegar, en la época profética, a constituir la medula de su predicación.

Porque el profeta — esencialmente idealista y profundamente religioso — ve en todas las

cosas y acontecimientos una dimensión espiritual y aun mesianista, es decir, instintivamente, en

los graves momentos de crisis nacional y en las angustias y estrecheces de la vida de sus contemporáneos,

se dirige a los tiempos mesiánicos, a aquella época ideal y definitiva que cierra el

ciclo histórico de Israel, en que todas las cosas se situarán en su centro debido y adquirirán su

verdadero relieve al servicio de los ciudadanos de la nueva teocracia, que será presidida por el

sentido de la justicia y la equidad en su más pura acepción. Como consecuencia habrá un reinado

de paz — fruto de la quietud de las conciencias y corazones — , encontrando el justo su galardón

a la virtud, mientras que el pecador desaparecerá de la haz de la tierra como planta exótica que

no puede arraigar en el nuevo orden de cosas.

Los profetas — hombres de temperamento poético y de imaginación viva — idealizan

ese futuro estado de cosas que presienten a lo lejos. Por eso es necesario distinguir en su mensaje

lo que es elemento esencial — doctrinal — y lo que es mero ropaje externo literario. Por otra

parte, debemos tener en cuenta que los profetas — ”instrumentum deficiens,” en la expresión del

Aquiatense — no comprenden el total alcance de sus palabras, y tampoco suelen saber las circunstancias

concretas — en la historia — del hecho por ellos anunciado; por eso se permiten —

para excitar más la imaginación popular y para darles esperanzas más asequibles a su mentalidad

ingenua y simplista — colorear con toda suerte de detalles de tipo temporal aquella felicidad sustancial

de la paz en los corazones de los futuros ciudadanos, como consecuencia de vivir centra1654

dos en torno a Yahvé, su Dios. Además, como los profetas suelen carecer de perspectiva histórica

en el tiempo, superponen los planos y juntan horizontes de diversas épocas. De ahí que, cuando

no saben las circunstancias concretas en que se realizará el hecho que anuncian, hacen un esfuerzo

imaginativo para situarlo en la historia, y, llevados de los íntimos anhelos de su corazón y

para resucitar más vivamente las esperanzas mesiánicas en las épocas de crisis, muchas veces

presentan como próxima y aun inmediata la realización de las promesas mesiánicas. Ellos tienen

la seguridad — basada en la palabra de Dios — de que llegará un momento en que habrá una

liberación definitiva para su pueblo oprimido, y como viven obsesionados por la idea de un reinado

de justicia, su espíritu, instintivamente, se traslada por asociación de ideas a la época anhelada.

En efecto, el profeta es un hombre de su tiempo, pero, por otra parte, vive únicamente de

la esperanza mesiánica, porque sólo en los tiempos mesiánicos se dará el pleno “conocimiento”

de Yahvé, con todo lo que esto implica en la vida práctica; por eso tiene siempre ante sus

ojos el horizonte mesiánico como solución a las angustias de su tiempo. Todo el lapso de tiempo

que hay entre su época y la mesiánica es un vacío para él, y de ahí que psicológicamente se junten

en su espíritu ambas perspectivas, la de su época y la de los tiempos mesiánicos, en cuanto

que ésta es el remedio a los problemas de aquélla. El profeta no distingue los contornos de los

hechos futuros que se agolpan en su mente, siempre sobreexcitada con la esperanza mesiánica.

Los detalles se pierden en la lejanía como en una cordillera divisada desde lejos, en la que todos

los montes aparecen en el mismo plano, y sólo, a medida que el espectador se acerca, la perspectiva

va adquiriendo contornos, y se aprecian las distancias de los montes en su profundidad y

medida. Es el caso de Isaías, que ante la invasión asiría (s.VIII) presenta la figura del “Emmanuel”

como solución a la gran crisis planteada. Ante la perspectiva de ruina y muerte sembrada

por el invasor, el profeta instintivamente se dirige al gran Libertador de la nación israelita, el

Mesías, sobre cuya persona había tenido unas particulares revelaciones en aquellos días, como lo

demuestran sus capítulos relativos al “Emmanuel.” Para resucitar esperanzas de salvación, presenta

su aparición como inminente. En realidad, él no sabe cuándo hará su aparición, pero sabe

que, en definitiva, Judá no sucumbirá totalmente ante el invasor, porque hay una promesa divina

indefectible relativa a la aparición de un Salvador del pueblo elegido, el cual establecerá la gloriosa

y definitiva teocracia después que hayan sido vencidos todos los enemigos de Judá e Israel.

Los profetas tienen una visión netamente teológica de la historia de Israel, pues piensan

en una lucha de poderes que se oponen al establecimiento del reino de Yahvé, a sus designios

salvadores sobre Israel. Daniel presentará a los imperios babilónico, persa y seléucida como

enemigos del establecimiento del “reino de los santos,” la teocracia mesiánica. Frente a esa

oposición de los imperios enemigos del pueblo elegido, Yahvé mantiene sus designios salvadores

sobre éste, y al fin triunfará definitivamente. Para Isaías, el imperio asirio es el gran enemigo

que amenaza con anegar al pequeño reino de Judá, depositario de las promesas mesiánicas. En

definitiva, el vencedor de los asirios será el Mesías, porque por él se salvará Judá como pueblo

en los designios divinos. Por eso, en cada momento histórico en que parecían comprometerse los

destinos históricos de Judá como nación, aparece en la mente del profeta la figura del Mesías-

Emmanuel, que en última instancia será la garantía de que la situación se resolverá favorablemente

para los intereses del pueblo elegido en ese gigantesco match de fuerzas. Esta es la razón

de que presente al Mesías como garantía de la realización de los planes salvíficos de Dios

sobre su pueblo, precisamente cuando el poder siniestro, obstaculizado de la obra de Dios —

realización mesiánica — , parece llegar a su paroxismo. En esos momentos críticos, la figura del

Mesías es el espléndido y único antídoto contra todo sentimiento descorazonado y desesperado.

1655

En la visión profética, el tiempo no existe, y los planos y estratos históricos se superponen

y confunden; de ahí que se pase instintivamente de la descripción de la situación angustiosa

de su época a la dichosa de la era mesiánica. Para el profeta existe una lucha entre el bien y el

mal desde los albores de la historia humana, e Israel es el gran instrumento de Dios, y el Mesías

el gran protagonista del drama. Así, todas las vicisitudes históricas son consideradas por los profetas

— los hombres de la esperanza mesiánica, los predicadores del Israel ideal — como eco de

esa lucha sorda que Yahvé sostiene con las potencias del mal. Pero todo cambiará un día: los

enemigos de Israel desaparecerán, se inaugurará la era venturosa del mesianismo, en la que triunfará

definitivamente el bien; desaparecerá la guerra,142 y en aquella paz edénica 143 habrá como

una inundación del “conocimiento de Dios,”144 que llenará todos los corazones. Hasta la naturaleza

inanimada se transformará para contribuir a la mayor felicidad de los ciudadanos de la nueva

teocracia; es la “tierra nueva” y los “nuevos cielos,” que se transformarán para reflejar el

triunfo moral de la justicia en todos los corazones angustias e inquietudes de la época en que vivían

los profetas hacían surgir, por contraste, estas idealizaciones de los tiempos futuros en torno

a la figura excepcional del Mesías.

D) Los profetas y el individualismo.

Los profetas, como “centinelas” de los intereses espirituales de Israel como pueblo, se dirigen

en su predicación al pueblo como colectividad nacional, en cuanto que es una unidad social

transmisora de un mensaje salvífico — el mesianismo — de Dios a través de los tiempos, hasta

culminar en la era definitiva. No obstante, esto no quiere decir que estos “hombres de Dios” se

hayan desinteresado totalmente de los problemas individuales; pero debemos reconocer que, antes

del exilio babilónico, estos temas individualistas tuvieron poco relieve en su predicación, y

sin duda aquí encontramos una de las claves para interpretar el enigmático silencio en la época

profética sobre los destinos personales de ultratumba. En general, los profetas más bien se dirigían

al ciudadano israelita como tal, es decir, en cuanto vinculado a los destinos de una colectividad,

pues consideran al israelita como objeto de predilección por parte de Dios en cuanto era

miembro de un cuerpo social con una misión histórica colectiva.

Los profetas vivían como absortos por el pensamiento del futuro reino de Dios plasmado

en una nueva teocracia israelita, y todos los demás problemas — los personales y aun los de la

historia universal — son juzgados a la luz de la idea clave de la vocación mesiánica de un pueblo

como colectividad nacional. Por eso la historia de Israel no es para ellos sino la sucesión de estadios

o situaciones provisionales que preparan la etapa definitiva, en la que Israel sería el centro

político-religioso del mundo. Mientras llegue este momento, todas las manifestaciones de su vida

social son “momentos” históricos que para ellos no tienen sentido en sí mismos, sino en función

de esta última y definitiva etapa mesiánica. De ahí que consideren la historia de Israel exclusivamente

desde el punto de vista teológico, en cuanto que es la realización de los designios

previstos por Dios.

Daniel presenta la sucesión de los imperios como una dramatización histórica en función

de la manifestación mesiánica de Israel, pues todos los imperios históricos — babilónico, persa,

medo y seléucida — no son sino instrumentos en la preparación del advenimiento de la era mesiánica.

Así, en el capítulo 11 de su libro nos presenta a Miguel — valedor de los derechos del

“reino de los santos” (el pueblo judío) — en lucha con el “príncipe del reino de Persia” y con el

“príncipe de Grecia,” que parecen simbolizar los obstáculos históricos que se oponen a la implantación

del “reino de los santos.”

Después de la destrucción de Jerusalén, que trajo como consecuencia el colapso de las

1656

aspiraciones nacionalistas de los judíos, los problemas personales empezaron a tener más relieve,

sobre todo en el libro de Ezequiel, que es el modelador de la nueva personalidad de los exilados

hebreos. La responsabilidad individual será el centro de la nueva moral frente al exceso “solidarismo”

del pasado — fruto del alma tribal beduina surgida en las estepas del Sinaí — , que había

terminado en un hermetismo y exclusivismo nacionalista, opuesto a las vías del universalismo,

implícitas en las promesas mesiánicas, concebidas como esperanza de salvación para toda la

humanidad. En la nueva etapa que se abre con la catástrofe del exilio, cada individuo será responsable

de sus actos ante Dios, de forma que ya no pagarán por las faltas de sus antepasados:

“Ya no se dirá más: los padres comieron las agraces y nosotros sufrimos la dentera.” Y la religión

ya no será un problema entre Dios e Israel como nación, sino entre Dios y el individuo, con

todas sus consecuencias. Pero esto no quiere decir que desaparezca después del exilio el sentimiento

de solidaridad nacional, sino que la “solidaridad” es mucho más atenuada y los intereses

privados se superponen a los colectivos. De hecho, en la literatura sapiencial del siglo ni encontramos

la crítica de ideas tradicionales, como la de la ecuación entre el dolor físico y el pecado.

En el siglo II, esta obsesión de los problemas “personales” hallará la solución al principal problema

del hombre como individuo, que es su destino eterno.

12. Hipérbole, Paradoja y Realidad en las Profecías Mesiánicas.

La esperanza mesiánica es la idea clave para comprender la teología del Antiguo Testamento.

El pueblo israelita — escogido como porción selecta, “raza santa y pueblo sacerdotal” — estaba

históricamente abocado en los planes de Dios a preparar el advenimiento de la era mesiánica,

culminación de la revelación con la aparición del Mesías Redentor. Ya en la primera promesa a

Abraham se dice que en su descendencia serían bendecidos todos los pueblos 146. Esta idea de

pueblo elegido -instrumento de una providencia especialísima de Dios respecto de la humanidad

-aparece muy arraigada en el alma israelita. Sobre todo en la época de la monarquía, los horizontes

se ensanchan, y se concibe para Israel la posibilidad de constituirse en centro de todas las naciones.

La omnipotencia divina era un atributo reconocido por todos los israelitas a través de la

azarosa historia del pueblo elegido. Las intervenciones sobrenaturales en favor de Israel al sacarlo

de Egipto eran una señal de que el pueblo escogido estaba destinado a grandes cosas en la historia.

Como en otro tiempo Yahvé le había sacado de la esclavitud de los faraones, llegará un

día en que la omnipotencia divina se manifestará de nuevo para establecer a Israel como la

nación más poderosa en el concierto de los pueblos, ya que ninguna nación podía gloriarse de ser

aliada del Omnipotente, como era la israelita. Esta conciencia de elección fue adquiriendo cada

vez más relieve a través de la historia. Los triunfos de David y las promesas solemnes divinas

relativas a la perennidad de su dinastía reforzaron esta conciencia de elección mesianista. Israel,

a la sombra de Yahvé omnipotente, terminaría por ser el arbitro de las naciones.

Las descripciones de los tiempos mesiánicos en los escritos proféticos son un derroche de

imaginación y optimismo. En estas descripciones idealistas podemos distinguir dos elementos: a)

relativo a los valores puramente espirituales: la era mesiánica será el triunfo de la justicia, la

equidad, como fruto de una más profunda vinculación a Dios; b) relativo a los bienes materiales

que se ofrecerán como premio a la virtud de los justos, ciudadanos de una nueva teocracia.

A). Reinado de Justicia y Santidad.

Los textos referentes a una nueva sociedad en la que desaparecerán las injusticias y hasta

1657

el mismo pecado son muy numerosos.

Isaías saluda en estos términos a la nueva Jerusalén:

Y tenderé mi mano sobre ti, y purificaré en la hornaza tus escorias..., y te llamarán

entonces ciudad de justicia, ciudad fiel.147

Y Jeremías, hablando de la nueva alianza, no es menos explícito:

Esta será la alianza que haré con la casa de Israel: Pondré mi ley en ellos y la escribiré

en su corazón, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. No tendrán ya que enseñarse

unos a otros..., diciendo: Conoced a Yahvé, sino que todos me conocerán, desde

los pequeños a los grandes... 148

Tal será la atmósfera de religiosidad y santidad en que se vivirá en el nuevo orden de cosas, que

al “vástago de justicia” — nuevo “David — que impondrá “el derecho y la justicia en la tierra,”

se le llamará Yahvé Zidquenu (“Yahvé, nuestra justicia”).

En el capítulo 60 de Isaías, donde se canta la gloria futura de Jerusalén, se dice: “Tu pueblo

será un pueblo de justos...”

En el fragmento dedicado al Mesías-Emmanuel se dice de él que “la justicia será el cinturón

de sus lomos, y la fidelidad el ceñidor de su cintura,” y “no habrá ya más daño ni destrucción

en todo mi monte santo, porque estará llena la tierra del conocimiento de Yahvé, como llenan las

aguas el mar149; es el “príncipe de la paz,” que se comportará como “Padre sempiterno” y “Dios

fuerte.” 150

El pecado es incompatible con la nueva era mesiánica. En la profecía de las “Setenta

Semanas” se dice que después de este tiempo desaparecerá “la transgresión y se dará fin al pecado,”

expiando la iniquidad para traer la justicia sempiterna 151.

En los vaticinios del libro de Daniel se habla del “reino de los santos” como etapa definitiva

histórica que reemplazará a los diferentes imperios 152.

Los profetas, pues, consideran como elemento esencial de los tiempos mesiánicos la “justicia”

y la “santidad,” en tal forma que desaparecerá todo pecado e impiedad. Sólo los “justos”

podrán formar parte de la nueva teocracia.

B) Promesas de Bienes Temporales.

En la Ley mosaica se prometían bienes temporales en abundancia para los que fueran fieles

a los mandamientos de Dios. La moral pues, del Antiguo Testamento estaba basada en una

ecuación pragmatista: fidelidad a Dios, abundancia de bendiciones de índole temporal, y, en primer

término, una vida prolongada. Desobediencia a Dios, castigos y vida breve. Contra esta

creencia se levanta el autor del libro de Job y aun el Eclesiastés. La ausencia de la idea de ultratumba

impedía a los israelitas del Antiguo Testamento levantarse a una moralidad basada en

ideas trascendentes. Los premios y castigos tenían lugar — según la tesis tradicional — en esta

vida. La supervivencia en el seol (juntos buenos y malos) no merecía el nombre de vida, ni incluía

discriminación entre justos y pecadores. Es en esta vida donde se daba la justicia de

Dios, que premiará al justo y castigará al impío.

En esta línea ideológica tenemos que enmarcar a los mismos profetas, representantes del

yahvismo más espiritualista en el Antiguo Testamento. En ninguno de sus escritos encontramos

la más mínima alusión a la retribución en el más allá. Esta visión no trascendente de los proble1658

mas de la vida se refleja en las mismas profecías mesiánicas. Antes del destierro, los profetas

consideran generalmente al individuo en su dimensión ciudadana, en función de la vinculación a

la colectividad israelita, que en los planes divinos está abocada a una nueva etapa en la que se

transformará totalmente. Al desaparecer el pecado y al instaurarse el reinado integral de la justicia

y de la santidad en sus ciudadanos, Yahvé los colmará de bendiciones sin cuento. La imaginación

de los profetas — que en su mayoría eran grandes poetas -se desborda al describir las

bendiciones temporales de los tiempos mesiánicos. La misma tierra se transformará para servir

de marco geográfico en consonancia al estado de rectitud y justicia en que vivirán los ciudadanos

de la nueva teocracia que se desarrollará bajo la providencia inmediata de Yahvé.

Ante las privaciones y angustias de todo género de los contemporáneos de los profetas,

nada más sugestivo y alentador que presentarles un cuadro a la inversa en el que desaparecería

todo lo que supusiera privación, inquietud y temor. Las descripciones son deslumbrantes y no

encuentran paralelo en la literatura universal.

El pastorcillo de Tecoa, Amos, abre la marcha históricamente en estas descripciones:

Aquel día levantaré el tugurio caído de David, repararé sus brechas, alzaré sus ruinas

y le reedificaré como en los días antiguos... Vienen días, e Yahvé, en que sin interrupción

seguirá al que ara el que siega, al que vendimia el que siembra. Los montes

destilarán mosto, y correrá de todos los collados... 153

Este anuncio venturoso, después de haber anunciado el castigo y la ruina en el “día de Yahvé” a

los habitantes de Samaría, tenía por objeto levantar los ánimos de sus compatriotas para que no

se dejasen deprimir demasiado ante la perspectiva del castigo purificador de Yahvé. Se salvaría

un “resto” que habría de constituir el núcleo de restauración en los tiempos mesiánicos.

Su contemporáneo Oseas se hace eco de lo mismo al vaticinar una fertilidad edénica como

fruto de la bendición divina:

En aquel día yo seré propicio, dice Yahvé, a los cielos, y los cielos serán propicios a

la tierra; la tierra, propicia al trigo, al mosto y al aceite, y éstos propicios a Jezrael,

154 Yo seré como rocío para Israel, que florecerá como lirio y extenderá sus raíces

como álamo. Crecerán sus ramas, y será su copa como la del olivo, y su aroma

como el del incienso. Volverán a habitar a su sombra, creciendo como el trigo, pujando

como la vid, y su fama será como la del vino del Líbano.155

¿Qué pensar de esas idealizaciones poéticas? ¿Pertenecen al fondo del mensaje profético en la

mente del autor o son simples hipérboles para expresar realidades superiores? Indudablemente,

como veremos, en todo esto hay mucho de exageración poética, que no debe entenderse a la letra,

como la frase del Pentateuco donde se habla de Palestina como la tierra que “mana leche y

miel.156 Estamos en el campo de la metáfora y de la hipérbole desbordada, que expresan una

realidad más atenuada. Pero, en todo caso, siempre queda el problema: Los profetas, ¿consideraban

como algo esencial a la era mesiánica la abundancia de bienes materiales, como lo era el

reinado de justicia y de santidad?

C) Mesianismo Nacionalista.

En los vaticinios mesiánicos, Israel aparece como el centro político y religioso de todo el

mundo. Dios habitará en medio de su pueblo, y todos los pueblos se apresurarán camino de

1659

Sión para ser adoctrinados en la Ley de Yahvé. La colina de Sión sobresaldrá sobre todos los

montes como un faro luminoso orientador en el orden moral y religioso 157. Pero al lado de estos

textos en los que aparece la primacía espiritual de Israel hay otros en los que se destaca rabiosamente

la concepción nacionalista política israelita. El salmo 2 habla de un Mesías que dominará

sobre los pueblos, tratando a sus enemigos como el alfarero a sus orzas. Es el Rey absoluto, que

pondrá a sus enemigos por escabel de sus pies.

En Is 11:105 se habla de la revancha de las doce tribus de Israel sobre los pueblos enemigos:

En aquel día el renuevo de la raíz de Jesé se alzará como estandarte para los pueblos,

y le buscarán las gentes... Yahvé alzará su estandarte en las naciones, y reunirá

a los dispersos de Israel... y serán destruidos los enemigos de Judá, y no envidiará ya

más Efraím a Judá..., y se lanzarán contra la costa de los filisteos de occidente, y

juntos saquearán a los hijos de oriente...

Este encumbramiento político y material de Israel sobre los demás pueblos arranca ya desde la

bendición a Jacob: “Te servirán los pueblos, y las naciones se prosternarán ante ti.” 158 En Is

49:23 aparece plásticamente reflejada:

Yo, Yahvé, tenderé mi mano a las gentes y alzaré mi bandera a las naciones, y traerán

en brazos a tus hijos y en hombros a tus hijas. Reyes serán tus ayos, y reinas tus

nodrizas; postrados ante ti, rostro a tierra, lamerán el polvo de tus pies.

No cabe concepción más cerrada nacionalista. Cierto que hay vaticinios relativos a la participación

de las gentes en el nuevo orden de cosas. Ya en la bendición a Abraham se decía que en él

serán bendecidas todas las gentes. Isaías anuncia que los egipcios y asirios reconocerán la supremacía

de Yahvé, asociados a Israel, siendo con éste objeto de bendición 159. Sofonías anuncia

que todos los de las islas se convertirán a Yahvé y le servirán, y Jeremías se hace eco de lo mismo.

En el salmo 86 se dice que los nacidos en Egipto y Babilonia serán reconocidos como ciudadanos

de Sión, empadronados en ella. Pero siempre aparece Jerusalén como centro religioso y

político de todas las naciones.

D) Juicio Sobre las Naciones.

Los profetas hablan a menudo del “día de Yahvé” como día de la manifestación definitiva

de la justicia divina sobre las naciones paganas y los pecadores. Así Abdías anuncia a los

edomitas su ruina definitiva: “Porque se acerca el día de Yahvé para todos los pueblos. Como

hiciste, así te harán a ti; tu merecido caerá sobre tu cabeza. Como bebisteis (de la copa de la ira

divina) vosotros los de mi monte santo, así beberán sin remedio todas las gentes. Beberán, sorberán,

y serán como si no hubieran sido.” 160

En la literatura apocalíptica apócrifa posterior se pormenorizan las circunstancias de este

juicio, que es puesto por algunos apócrifos al fin del mundo. Sin embargo, en Joel claramente se

trata de un juicio antes de la restauración de Jerusalén, antes de la inauguración mesiánica.

1660

Intentos de Solución.

Como antes apuntábamos, en todas estas diversas concepciones hay un tanto por ciento muy

elevado de exageración imaginativa. Los profetas, como orientales, tienen una imaginación muy

sobreexcitada y un sentido poético de la vida incomparable. No podemos, pues, calibrar sus

afirmaciones según el módulo de precisión que caracteriza al genio greco-latino. Nosotros en las

ideas buscamos ante todo claridad, orden y precisión. El oriental reviste las ideas en un ropaje

imaginario encantador, pero que oscurece los contornos ideológicos. De ahí la dificultad de saber

hasta dónde llega la afirmación conceptual pura y el juego imaginativo en el profeta. O en otros

términos, no es fácil en los escritores orientales — y sobre todo los antiguos, como los profetas

— delimitar hasta dónde llega el juicio formal y el material; hasta dónde llega la idea y dónde el

mero prurito imaginativo, la alusión, la condescendencia con ideas del ambiente no totalmente

aceptadas por los mismos. En el lenguaje oratorio profetice se busca, sí, enseñar, pero también

deleitar, atraer la atención, despertar inquietudes en el auditorio rudo. Nuestro Señor mismo utiliza

este método expositivo envuelto en imágenes. De ahí que muchas veces en algunas parábolas

no podemos captar con claridad la idea principal del Maestro, y sobre todo a veces en una

misma parábola hace cabalgar varias enseñanzas diversas, que se interfieren unas veces y otras

se completan. La imaginación no es el mejor vehículo para expresar ideas, ya que carece de la

exactitud de contornos que tiene el entendimiento. A nuestra mentalidad occidental cerebral quizá

nos hubiera gustado más que Jesús hubiera expuesto su doctrina por tesis y corolarios al estilo

aristotélico. Pero el Maestro no predicaba en Atenas, sino en Galilea, a gentes de ardiente imaginación,

y a ellos se adaptó para atraer su atención y plastificarles sus divinos mensajes. Otro tanto

hicieron los profetas en su predicación. Orientales, de imaginación ardiente, fueron el vehículo

de transmisión de grandes verdades de salvación a un pueblo de viva imaginación y sin mayor

capacidad para la abstracción intelectual.

Y una de las características del estilo imaginativo oriental es la exageración sistemática,

la hipérbole descontrolada para recalcar más las ideas. Cuando oímos hablar a alguno, lo

primero que tenemos que hacer es observar su temperamento, y, conforme a él, valorar lo que él

dice, pues no tiene el mismo valor absoluto una afirmación hecha por un hombre cerebral, frío,

sin dotes imaginativas, que la de otro que es por temperamento nervioso, exagerado e imaginativo.

Sus exageraciones no son mentiras. Es un género literario que es preciso respetar en el lenguaje

coloquial.

Ahora bien, al ponernos en contacto con los libros proféticos, vemos que abundan estos

caracteres de imaginación desbordada en personajes que, por otra parte, están poseídos de un entusiasmo

sin límites, y aun fanático, por una idea que los obsesiona, que es la idea mesiánica. De

ahí que tenemos que ponernos en guardia contra interpretaciones demasiado literalistas de sus

afirmaciones.

Esto nos fuerza a desconfiar de muchos detalles en los vaticinios, pues en su formulación

tiene mucha parte la imaginación. Lo esencial en el mensaje profético es el elemento sustancial

religioso, en cuanto que expresa algo en orden a la formación religiosa de sus conciudadanos.

En cambio, la forma en que se transmite ese mensaje es algo accidental en la mayor parte de

los vaticinios, pues es fruto de la imaginación del profeta. Ellos tienden a impresionar al auditorio,

y así, al describir los tiempos mesiánicos, hablan de una transformación maravillosa de la

naturaleza. Las angustias y necesidades en que se desarrollaba la vida de sus contemporáneos en

todos los órdenes hacían surgir, por contraste, la idealización de los tiempos mesiánicos esperados

en torno a la figura excepcional del Mesías. Ahora bien, ¿hasta dónde llega — en la aprecia1661

ción del profeta — la realidad esperada y hasta dónde llegan los elementos folklóricos imaginativos,

que en su juicio tenían un valor meramente de ropaje literario? San Pablo habla de la naturaleza

en dolores de parto en espera de la regeneración de los hijos de Dios.161 En su deseo de recapitular

todas las cosas en Cristo, le parecía que las criaturas utilizadas para el pecado estaban

en una situación violenta, esperando que el hombre se volviera a Dios para que ellas sirvieran

sólo al Creador. Naturalmente, la frase atrevida de San Pablo es una metáfora. Algo parecido

tendremos que ver en las desbordadas descripciones de los tiempos mesiánicos de los profetas.

Estos, como orientales, además de tener propensión a exagerar, suelen generalizar las

situaciones, describiéndolas con expresiones radicales y aun paradójicas para excitar más la

imaginación. Sabían que sus oyentes habrían de quitar por sistema la mitad de la mitad de todo

lo que afirmaban, y por eso cargan la exposición.. De ahí que busquen los contrastes violentos de

ideas, el radicalismo en las expresiones, y aun la frase paradójica. En su afán de recalcar la idea

principal, presentan como blanco o negro lo que nosotros presentaríamos como gris. Es decir,

que sacrifican la matización del pensamiento a la impresión general para recalcar más la idea

principal. Nuestro Señor mismo utilizó este modo de predicación. Hay frases en el Evangelio

que, si se toman a la letra, son escalofriantes y resultan inmorales: “El que no odia a su padre, a

su madre o a su esposa no puede ser mi discípulo.” ¿Es que nos manda odiar a nuestros seres

más queridos? Es un modo hiperbólico y radical de hablar. Nosotros, ante un auditorio más preparado,

de mentalidad occidental, diríamos matizando el pensamiento del Señor: El que antepone

el amor de su padre y de su madre al mío no puede ser mi discípulo. Esto es lo que se desprende

del contexto. Lo mismo habría que decir de las frases evangélicas: “Si te hieren en una mejilla,

vuélveles la otra... Si te piden el manto, dales la túnica. Si tu ojo te escandaliza, arráncalo... Si te

piden que vayas una legua con uno, vete dos con él.” En todas estas frases hay que ver el encarecimiento

del espíritu de paz y caridad, que exige que en determinadas situaciones haya que sacrificar

lo propio en beneficio de ellas. Pero esto no quiere decir que en todas las situaciones se

haya uno de comportar así. Al menos, cuando a Jesús le dieron una bofetada, no devolvió la otra,

sino que dignamente protestó por la afrenta.

Los profetas también cargan la idea para resaltar su contenido fundamental, y, al describir

los tiempos mesiánicos, procuran destacar la felicidad de que disfrutarán entonces los nuevos

ciudadanos del futuro, en contraposición a las estrechases de sus contemporáneos. Es un procedimiento

psicológico muy normal para hacer que las mentes de sus ciudadanos, excitadas por

el brillo externo literario, dirijan sus esperanzas hacia la etapa definitiva de la historia de Israel.

Incluso los profetas en sus prédicas utilizan el contraste vivo y la paradoja para resaltar

sus ideas. Así acentúan el contraste vivo de ideas que a primera vista son contradictorias, pero

que en el fondo tienen una coincidencia formal. Un ejemplo de ello lo tenemos en el capítulo

sexto de Isaías, donde con frases aparentemente desconcertantes puestas en boca de Dios, e ininteligibles

en El, se invita al profeta a que procure con su palabra el endurecimiento del corazón

de su pueblo:

Ve y di a ese pueblo: Oíd y no entendáis, ved y no conozcáis. Endurece el corazón

del pueblo, tapa sus oídos, cierra sus ojos. Que no vea con sus ojos, ni oiga con sus

oídos, ni entienda su corazón, no sea curado de nuevo.

¿Es que podemos concebir en Dios el deseo de condenar a su pueblo espiritualmente? Esto contraría

a la misma noción de profeta, que, por definición, es un hombre encargado de llevar los

hombres a Dios. Las expresiones, pues, son paradójicas. Se trata de resaltar la conducta inexcu1662

sable de los judíos al rechazar el mensaje del profeta. Yahvé se halla como cansado de que prediquen

en vano sus mandamientos, pero va a hacer una última tentativa; por eso manda al profeta

que proclame: “Oíd y no entendáis... Endurece su corazón... Que no vea con sus ojos... para que

no sea curado.” Dios sabe de antemano la acogida que van a dar a la nueva predicación de Isaías,

y habla así supuesto el fruto negativo; por eso son inexcusables, y de ahí que Dios les tenga destinado

el castigo fijado de antemano, presentándose como nervioso y preocupado, como temiendo

de que sus planes de castigo no se cumplan. Si se convierten, no podría castigarlos y se frustrarían

sus designios punitivos. Es un modo de hablar paradójico para hacer ver que al fin tendrá

que enviar el castigo, después que ha agotado los medios de conciliación. En el fondo, lo que el

profeta quiere expresar en esas frases es el deseo de Yahvé de salvar al pueblo, aunque aparentemente

las palabras digan lo contrario.

Por último, un principio que hay que tener en cuenta para valorar el significado de muchos

detalles de las profecías mesiánicas es que el profeta es un instrumento deficiente, y, de un

lado, no entiende plenamente el contenido de su mensaje, y de otro sólo suele conocer en los vaticinios

el hecho sustancial del mismo, no sus circunstancias accidentales. De ahí que el profeta,

que recibe una luz particular sobre el futuro, al anunciarla al pueblo, la expresa a su modo, según

sus categorías mentales y conforme a las inquietudes y ansias de su temperamento. Ellos,

como representantes de las inquietudes de sus contemporáneos, procuran amoldarse a ellas, y de

ahí que al presentar un vaticinio mesiánico coloreen su contenido sustancial conforme a las exigencias

de la mentalidad de su tiempo. La synkatabasis del Espíritu Santo llega a amoldarse a la

psicología del instrumento vivo elegido para transmitir su mensaje. En nuestra mentalidad grecolatina,

exigente con todo lo que sea claridad y precisión de ideas, nos resulta difícil comprender

por qué Dios eligió algunas veces como vehículos de su revelación a instrumentos tan imperfectos

y tan inapropiados para expresar las grandes verdades. Quisiéramos afirmaciones más claras

y discursos racionales más tajantes para calibrar el grado de revelación en cada estadio histórico.

Pero tenemos que aceptar el hecho de que la revelación fue hecha a través de personajes orientales,

con todo lo que esto implica en cuanto a la intervención de la imaginación.

Nosotros presentamos primero una tesis y procuramos desnudar la idea lo más posible, y

después la justificamos sacando sus consecuencias. Es decir, primero exponemos la idea principal

y después deducimos con lógica rigurosa el contenido de la misma. Los escritores orientales,

en cambio, dan las ideas por entregas, atendiendo al ritmo lógico e intercalando la idea principal

en un follaje imaginativo que muchas veces la oscurece más bien que la esclarece. De ahí la dificultad

de captar muchas veces la idea central sobre la que recae el juicio formal del escritor. Es

el caso de los profetas, que, deslumbrados con una comunicación divina sobre el futuro mesiánico,

viven como obsesionados con la misma, y al describirla la colorean imaginativamente conforme

a las inquietudes temperamentales propias y de sus oyentes. El profeta que conoce un

hecho futuro sólo en cuanto a la sustancia del hecho, hace un esfuerzo imaginativo por situarlo

en la historia, y de ahí que presente el futuro conforme a la mentalidad de su época. Es el caso de

los pintores del “Quatrociento,” que presentan los misterios de la vida de Cristo con indumentaria

y construcciones del siglo XIV. La falta de sentido ambiental les ha hecho cometer un error

de enfoque histórico.

Esta es la razón de que los profetas carezcan de perspectiva histórica. En su mente hay

una superposición de planos, debida a la falta de luz sobre los contornos. Por otra parte, no sabían

cuándo tendrá lugar el hecho vaticinado; de ahí que, llevados de los íntimos anhelos de su corazón,

y para resucitar más vivamente las esperanzas mesiánicas en las épocas de crisis, muchas

veces presentan como próxima y aun inmediata la realización de las promesas. Para cada profeta,

1663

la catástrofe de su tiempo es la última antes de la aparición de la era mesiánica. Isaías ve en la

victoria sobre el imperio asirio la aurora del mesianismo. Los profetas del exilio ven en el colapso

babilónico la señal del retorno a la patria y la inauguración mesiánica. El autor del libro de

Daniel ve en la desaparición de los seléucidas el último obstáculo que se opone a la implantación

del “reino de los santos.” Los profetas tienen una fe ciega en los tiempos mesiánicos; de ahí que,

obsesionados con la idea mesiánica, consideran la figura del Mesías como solución definitiva

a las grandes crisis nacionales de su tiempo. El profeta es ante todo un hombre de su tiempo,

pero vive de la esperanza del gran futuro mesiánico, y todo el tiempo que hay entre los dos momentos

— su época y la de la manifestación mesiánica — es un vacío para él; de ahí que psicológicamente

se junten en su espíritu ambas perspectivas, al considerar la era mesiánica como el

verdadero remedio a las necesidades de su tiempo. Es el caso del que ve desde lejos una cordillera.

A primera vista, todos los montes están en el mismo plano; pero, a medida que se acerca, la

perspectiva va adquiriendo contornos, y se aprecian las distancias debidamente. Así, el profeta

no distingue los contornos y particularidades de los hechos excepcionales que se agolpan en su

mente, siempre sobreexcitada con la esperanza mesiánica. Así, Isaías presenta al Emmanuel

como solución al problema planteado por la invasión asiría. Los profetas tienen una visión teológica

de la historia de Israel y conciben como una lucha de poderes que se oponen al establecimiento

del reino de Dios que anhelan, llámense éstos imperio asirio, babilónico, persa o seléucida.

Frente a ellos están los designios inmutables de Dios, que habrán de cumplirse en la historia,

y la garantía de ese cumplimiento es la promesa del Mesías. Por eso, en cada momento histórico

en que parecían comprometerse los destinos de Israel como pueblo de Dios, aparece en la mente

del profeta, frente al avance de los poderes que se oponen al establecimiento del reino de Dios, la

figura del Mesías, que en última instancia será la garantía de que la situación se resolverá favorablemente

para los intereses del pueblo elegido en ese gigantesco match de fuerzas opuestas. El

Mesías será símbolo de la liberación en cada momento crítico, ya que, en virtud de la promesa

del advenimiento del Mesías, se salvará Israel como colectividad nacional. Por eso, cuando el

poder siniestro de los imperios que quieren ahogar la vida nacional de Israel parece llegar al paroxismo,

los profetas presentan la edad mesiánica como espléndido antídoto contra toda depresión

moral posible en el pueblo. La era mesiánica será la solución al gran drama, el triunfo

definitivo del bien en la historia. De ahí que los profetas sueñen con esos tiempos dichosos y

anhelen acelerar el curso de la historia para ver a su pueblo enmarcado en esa nueva teocracia,

libre ya de todo temor y angustia temporal.

Ahora bien, supuestas estas consideraciones de principio, ¿cómo entender esas generalizaciones

que los profetas nos dan en sus vaticinios mesiánicos relativas al triunfo total de la justicia

y santidad en la nueva sociedad teocrática? Como hemos visto, no faltan textos en los que se

dice que en aquellos tiempos desaparecerá totalmente el pecado y la iniquidad y sólo habrá entrega

total y cordial a la ley de Dios. Pero de hecho sabemos que, con la inauguración de los

tiempos mesiánicos por Cristo en el nuevo orden de cosas, el pecado sigue dominando la sociedad,

mientras que la virtud está reservada a una minoría. Es más, Cristo mismo nos dijo que no

nos forjáramos ilusiones sobre el advenimiento espectacular del “reino de Dios,” ya que éste

vendría inadvertido, como un fermento que actúa secretamente en la masa de la sociedad, y que

en el nuevo orden de cosas habría pecadores y justos, trigo y cizaña, peces buenos y malos. Sólo

al fin del mundo vendrá la total discriminación, de forma que sólo los justos entrarán en la etapa

definitiva del reino de los cielos. ¿Cómo compaginar la perspectiva mesiánica de los profetas y la

también mesiánica de Cristo?

Para resolver esta aparente antinomia debemos tener en cuenta lo que antes hemos indi1664

cado sobre la propensión de los profetas a generalizar y a exagerar y lanzar expresiones radicales.

Por consiguiente, esas generalizaciones sobre el reinado total de la justicia y santidad en los

tiempos mesiánicos pueden ser consideradas como idealizaciones poéticas debidas al arranque

entusiasta del profeta, deslumbrado ante el horizonte maravilloso de los tiempos mesiánicos.

Hasta ahora, los justos en la sociedad israelita llevaban la peor parte, y triunfaban los impíos y

prevaricadores; en el futuro, los justos ocuparán el lugar de preferencia, pues una atmósfera de

virtud presidirá la nueva teocracia.

Por otra parte, no debemos olvidar que los profetas no tenían aún luces sobre la retribución

en ultratumba. Como tenían una altísima idea de la justicia de Dios, pensaban que al menos

habría de llegar una época en que se haría justicia a la virtud triunfante. Nosotros en nuestra

perspectiva evangélica trascendente distinguimos como tres etapas en el proceso de la economía

divina respecto de la salvación de la humanidad:

a) Prehistórica: todo el tiempo de preparación del A.T. En medio de grandes tinieblas, la

revelación va abriéndose paso con fulgores intermitentes, pero la zona oscura es mucho mayor

que la clara. Se vislumbra la redención de la humanidad, pero no se ve con claridad.

b) Histórica: inaugurada con la encarnación del Verbo. Es la etapa central de la historia.

La revelación se manifiesta con esplendores cegadores, y a la humanidad se le propone un camino

claro de rehabilitación espiritual.

c) Metahistórica: la definitiva después de la muerte. La Iglesia triunfante sustituye a la

militante, que ha tenido que abrirse paso con dolores y desgarrones en la sociedad. Es la etapa

descrita en el Apocalipsis. Es el triunfo total de la virtud, la santidad en el cielo. Nosotros distinguimos

perfectamente — a la luz del Evangelio -estas tres etapas, pero los profetas no conocían

la tercera; por eso, al reflejar las comunicaciones divinas, confunden y superponen los planos de

las tres etapas, atribuyendo a la segunda modalidades que sólo se darán en la tercera. Para ellos

sólo existe una etapa en la era mesiánica, mientras que nosotros distinguimos dos: la militante y

la triunfante. En ese supuesto, el ideal total de perfección para nosotros sólo se da en la triunfante,

mientras que para ellos se da en la única que deslumbran, la terrenal.

Respecto al problema de los bienes temporales en los tiempos mesiánicos y el mesianismo

nacionalista triunfante, la solución parece ser más compleja y delicada.

Se han ensayado diversos modos de enfocar el problema en orden a una solución aceptable.

La más sencilla es suponer que las afirmaciones de los profetas relativas a la abundancia de

bienes temporales en los tiempos mesiánicos no han de tomarse como suenan a la letra, sino como

metáforas figurativas de bienes exclusivamente espirituales. La abundancia de cosechas figuraría,

según esta hipótesis, la abundancia de la gracia en los sacramentos de la nueva Ley. Es

la solución de los alegoristas desde los tiempos de Orígenes 162 hasta Knabenbauer 163, pasando

por Pascal164. Recientemente ha sido resucitada por Dürr y Peters 165. No cabe duda que en los

escritos proféticos tienen gran parte las metáforas y las figuras retóricas en orden a expresar realidades,

pero estas metáforas aparecen claras en el contexto, mientras que el contexto de las descripciones

mesiánicas parece indicar que los profetas las toman en sentido obvio, si bien exagerando

sistemáticamente lo que intentan expresar. Aun restando lo que puede haber de hipérbole

en esas descripciones sobre la abundancia de bienes materiales, siempre el contexto parece favorecer

la tesis de que, en efecto, el profeta concibe la era mesiánica como una era de justicia y

santidad y, en consecuencia, de bendiciones materiales. En la moral del A.T., basada, como antes

indicábamos, en una ecuación de virtud-premio material, vicio y castigo en esta vida, las afirmaciones

de los profetas sobre los tiempos mesiánicos están en perfecta lógica con esta concepción.

Sabían que Dios era justo y había prometido premios materiales a los virtuosos en la Ley mosai1665

ca; al no tener luces sobre la retribución en ultratumba, era lógico que la justicia retributiva de

Dios respecto de la virtud se manifestara enviando abundancia de bienes materiales. Y esto

es lo que a cada paso encontramos en las descripciones de los tiempos mesiánicos. Creemos,

pues, que la opinión que supone que se trata de meras metáforas, no es científica, y es excluida

por exigencias del contexto. La segunda solución es la de los que consideran estos bienes temporales

de la era mesiánica como verdadero objeto de las promesas divinas en los vaticinios proféticos;

pero estos bienes temporales estaban condicionados a la fidelidad de los israelitas. Es decir,

que, si hubieran sido fieles a Dios y hubieran reconocido al Mesías verdadero, entonces

Dios les habría dado esa abundancia de bienes materiales. Nos encontraríamos aquí con una

profecía condicionada. Es una solución cómoda, pero, a nuestro modo de entender, antiteológica,

porque, en este supuesto, el mesianismo de Jesucristo no hubiera sido exclusivamente espiritualista

y universalista, sino que estaría condicionado a un estado político. Jesucristo no podría decir:

“Mi reino no es de este mundo.” Sería el Caudillo de una nación avasalladora, organizador

de una economía exuberante y Rey del universo, pero principalmente de Israel. La Iglesia por él

fundada estaría sometida al estado nacionalista de Israel, y el premio a la virtud no estaría reservado

a la otra vida, sino que se cumpliría aquí en la tierra. Total, que tendríamos el cielo en la

tierra, la vuelta total al paraíso terrenal en su sentido de lugar de felicidad terrena. El pecado original

no tendría efecto, y no tendría sentido la gran invitación de Cristo: “El que quiera ser mi

discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” Toda la grandeza del espiritualismo ascético

cristiano no tendría razón de ser.

La grandeza del mensaje evangélico quedaría así empequeñecida, y la concepción grandiosa

de una Iglesia exclusivamente espiritualista y eminentemente universalista quedaría ahogada

por los privilegios de una raza y una nación superior a todos los pueblos. Ciertamente que,

si los judíos hubiesen aceptado a Cristo como Mesías y le hubieran seguido a Jerusalén, la nación

judía sería el centro moral y religioso de la Iglesia **como lo es hoy Roma; pero todo atisbo de

centralización política en el orden temporal es inconcebible dentro del mensaje espiritualista y

universalista de Cristo. En todo orden de cosas — hubieran los judíos aceptado o no el mensaje

de Cristo -, éste se resumiría en la solemne declaración ante Pilatos: “Mi reino no es de este

mundo.” Esto supuesto, es inconcebible un Mesías político poniendo a los pueblos como escabel

de sus pies, y una Iglesia universalista que es un estado político-nacional. Es preciso, pues, buscar

otra solución a las afirmaciones de los profetas relativas al mesianismo nacionalista y a la

abundancia de bienes materiales en los tiempos mesiánicos. De nuevo tenemos que acudir a los

géneros literarios, a la psicología del profeta y al principio de que es un instrumento deficiente

para explicar satisfactoriamente sus afirmaciones mesianistas.

Suponemos que los profetas, al hablar de los bienes temporales en los tiempos mesiánicos

y del mesianismo nacionalista, lo entienden en sentido propio y no figurado. Es decir, que asociaban

a la era mesiánica bendiciones exuberantes de orden temporal, y esperaban un mesianismo

triunfante nacionalista, con un universalismo mitigado, en cuanto que algunos admiten la posibilidad

para los gentiles de ser incorporados a la nueva teocracia, aunque como ciudadanos de

segundo orden. Todo ello como consecuencia de un estado de perfección moral entre los componentes

del nuevo reino. Dios enviará bienes temporales como premio a la virtud en la nueva era

mesiánica, y lo principal en los vaticinios proféticos es el elemento espiritual y moral, pues el

nuevo orden de cosas se basaría sobre todo en la fidelidad a la Ley de Dios, con todas sus consecuencias.

Pero, con todo, los profetas no pueden menos de asociar las bendiciones temporales

como ingrediente necesario a la felicidad de los tiempos mesiánicos. En su perspectiva de una

moral no trascendente — al no tener luces sobre la retribución en ultratumba — es normal esta

1666

concepción para salvar la justicia divina y su fidelidad a las promesas hechas en la Ley de que

colmaría de bienes temporales a los que se amoldaran a sus preceptos.

Aquí nos encontramos ante el problema de la imperfección de la revelación en el A.T. La

revelación se ha dado gradualmente, y, en concreto, por designios misteriosos de la Providencia

divina, la solución al primordial problema del hombre — la retribución en ultratumba — sólo

aparece por primera vez claramente en el siglo II antes de Cristo en la Biblia. Los israelitas anteriores

a ese tiempo — incluso los mejores entre ellos, los profetas — se movían en una zona oscura,

y, por tanto, para ellos resultaría incomprensible la afirmación de Jesús: “Mi reino no es de

este mundo.” Para ellos el horizonte definitivo se cerraba con los tiempos mesiánicos, pero siempre

dentro de esta vida.

Por otra parte, Israel había sido escogido por Dios como porción selecta entre los pueblos,

y a él se referían una serie de promesas de bendición que habrían de cumplirse algún día.

Para ellos, el “Israel de Dios,” tal como lo presenta San Pablo a los romanos — desvinculado de

todo privilegio étnico y político -, les era incomprensible. No debemos perder de vista el salto

abismal que hay del Antiguo al Nuevo Testamento. El mismo Bautista, en el dintel del Nuevo

Testamento, estaba desconcertado ante las manifestaciones apostólicas de Jesús. En el Evangelio

es saludado como el mayor de los nacidos de mujer, pero al mismo tiempo inferior al último de

la nueva era evangélica. Pertenecía al A.T. Pues trasladémonos a la época de los profetas escritores,

y veremos que la diferencia entre la perspectiva del A.T. y del Ν. Τ. es mayor aún. El reino

mesiánico está para ellos íntimamente relacionado con los destinos de Israel como entidad política.

Aunque instrumentos de la revelación, seguían siendo hombres de su tiempo, con las inquietudes

de sus contemporáneos y con las aspiraciones nacionales, que consideraban normales en

los planes de Dios. Al presentar, pues, a sus conciudadanos los vaticinios relativos a la era mesiánica,

los coloreaban de perspectivas nacionalistas y temporales. La luz recibida sobrenatural

no era tan clara como para prescindir de cosas que ellos consideraban íntimamente ligadas al mesianismo;

por eso, sus descripciones no han de entenderse — el contexto lo excluye — como meras

fórmulas retóricas o metáforas. Como dice el P. Lagrange, “los profetas hablaban con tan entera

sinceridad, se asociaban tan estrechamente a las aspiraciones nacionales y eran tan enteramente

— con toda su alma — hijos de Israel al mismo tiempo que intérpretes de Dios, que no se

puede insinuar, sin rebajarlos mucho, que sus esperanzas temporales no eran más que retórica. Y

¿por qué habrían escogido deliberadamente y a sangre fría imágenes que debían sobreexcitar la

expectación, para dar después un tan cruel mentís? Todo esto sería, en efecto, artificial y en tal

manera fuera de los sentimientos ordinarios, que se diría casi inhumano.” 170 Y más adelante

continúa el mismo P. Lagrange: “Porque la promesa era anunciada por hombres, y estos hombres

pertenecían a una raza determinada y vivían en un país concreto, debía reflejar sus preocupaciones,

sus angustias, su expectación y casi hasta sus pasiones, al igual que la Ley se conformaba a

las debilidades del pueblo de Israel y a la dureza de su corazón” 171.

Los profetas eran hijos de su época y reflejaban sus preocupaciones nacionalistas y temporales.

Eran “instrumentum deficiens” y no comprendían plenamente el espiritualismo puro del

nuevo reino hacia el cual convergían las revelaciones proféticas. Por otra parte, dado el estadio

imperfecto de la revelación de la época, puesto que “el mesianismo — como dice Dennefeld —

no consideraba el más allá, sino una felicidad otorgada en esta tierra en condiciones mejores,

aunque análogas a las de entonces; ¿qué cosa más natural que los judíos hubiesen esperado un

bienestar para el alma y para el cuerpo, un prestigio para la nación y para el individuo?”172

El anuncio de bienes temporales inherentes a los espirituales y morales en la era mesiánica

es una permisión de la Providencia divina, que, como en otros casos, “condescendió” con la

1667

mentalidad ruda y bastante materialista del A.T. Como dice el P. Lagrange, “para que esta esperanza

fuese siempre viviente y activa, era preciso que entrase, por decirlo así, en la trama de su

historia, que abrazase o consagrase todos sus deseos legítimos, que estuviese siempre en el horizonte

de Palestina y de Jerusalén. No es un elemento ficticio introducido por Dios con designio

de engañarlos, sino que es el curso natural de las cosas, que él no ha querido turbar, ordenándolo

a un fin superior.”173 Es una aplicación del conocido aforismo teológico de que la gracia no destruye

la naturaleza, sino que la eleva. Es un procedimiento pedagógico. Dios se amoldó, como en

tantas otras cosas, a la rudeza de las mentalidades del A.T. para revelarles, a través de concepciones

menos elevadas, grandes verdades que habrían de tener su plena eclosión en el Ν. Τ. Quizá

un anuncio meramente espiritualista de las condiciones del mesianismo, tal como históricamente

se realizó con la encarnación y predicación de Cristo, no habría excitado la expectación

del pueblo judío, de mentalidad muy carnal. Era preciso, pues, mezclar lo espiritual y lo temporal

para que no desmayaran en su deseo de ser el pueblo verdadero de Dios. El anuncio, pues, de

bienes temporales en las promesas mesiánicas tiene un fin pedagógico en los planes de la Providencia

divina, y por eso pierde su razón de ser cuando se ha llegado a la plenitud de la revelación,

a la era evangélica. Han servido para sostener la esperanza mesiánica y resultan caducos

cuando la plena realización ha tenido lugar en la historia. Lo mismo se ha de decir del contenido

nacionalista de algunos vaticinios. Ha sido un cebo para sostener los ánimos en el A.T., pero es

inservible en la nueva era, puramente universalista.

Una solución análoga tenemos que dar al problema del juicio de Dios sobre las naciones

paganas. En primer lugar tenemos que decir que las secciones en que aparece son apocalípticas,

lo que equivale a decir derroche de imaginación y de teatralidad. Desde los tiempos de Amos, los

profetas hablan del “día de Yahvé” como manifestación de la justicia punitiva de Yahvé sobre

las naciones enemigas de Israel y sobre los pecadores. Esta idea es recogida por la literatura

apocalíptica y es plastificada con intervención de las fuerzas cósmicas. Eran tantos los agravios

que las naciones paganas hicieron al pueblo elegido, que había un ansia de revancha en el alma

israelita. Y este estado de ánimo es reflejado en estos arranques oratorios de algunos profetas.

Como antes hemos indicado, los profetas, con su visión teológica de la historia, se consideran

espectadores de una lucha sorda entre el bien y el mal, los poderes siniestros paganos y el

pueblo elegido. La victoria definitiva será de Israel. En el libro de Daniel se habla de reinos que

se suceden para dejar paso al “reino de los santos.” En el capítulo II se dice que hay una lucha

entre Miguel, representante de los intereses del pueblo judío, y el “príncipe de Grecia y de Persia.”

Es una dramatización ideal de la pugna entre el pueblo de Dios y sus enemigos.

Ahora bien, en los fragmentos apocalípticos de Joel, esta pugna es dramatizada con colores

cósmicos. Así se desafía a los enemigos de Dios a que se reúnan en el valle de Josafat. Los

ángeles servidores de Dios bajan a hacer la gran matanza. Es el triunfo del pueblo hebreo, es el

prólogo a la inauguración mesiánica. Este juicio espectacular sobre las naciones paganas equivale

en el libro de Daniel al derrumbamiento de la estatua gigantesca a impulsos de una piedrecita

que cae del monte para convertirse en una montaña, el “reino de los santos,” el reino mesiánico.

No es preciso, pues, buscar cuándo tuvo lugar el juicio solemne sobre las naciones como

lo presenta el apocalíptico Joel. Ese juicio tiene lugar en la historia al entrar el reino de Dios y

vencer a los poderes paganos, de cualquier época que sean. El “reino de Dios” inaugurado por

Cristo obra con un fermento oculto, y poco a poco va venciendo a los poderes que se le opongan.

La lucha continuará hasta el fin de los tiempos, y, cuando se vaya a entrar en la etapa definitiva y

triunfante del mesianismo — etapa metahistórica — , desaparecerán totalmente los poderes del

1668

mal.

San Juan Bautista anunciaba un juicio purificador antes de manifestarse el Mesías.

¿Cuándo tuvo lugar ese juicio discriminador de buenos y malos? Jesucristo nos da la respuesta

en una de sus discusiones con los judíos en los atrios del templo: el que no le reciba ya se ha

“juzgado” a sí mismo. El no “juzga” a nadie. La actitud que cada uno tome ante Cristo es el “juicio

que cada uno se da ante la historia y ante Dios.

13. Particularidades de los Escritos Proféticos.

Los escritos proféticos, tal como han llegado a nosotros, han sufrido, en general, muchas modificaciones

en la forma externa respecto al mensaje sustancial proclamado por el profeta. Podemos

decir, en general, que los libros proféticos, en su forma actual, conservan el núcleo sustancial

de la predicación profética, porque no nos consta, como norma general, que los profetas pusieran

por escrito ellos mismos sus oráculos. La forma rimada y poética en que llegan a nosotros

la mayor parte de las comunicaciones proféticas puede ser obra de un redactor posterior, que ha

querido adaptar y embellecer un mensaje doctrinal de determinado profeta. Desde el punto de

vista inspirado literario, sólo interesa que este redactor haya estado inspirado en el momento de

redactar los mensajes de un profeta. Por otra parte, muchas veces se ponen bajo el nombre de un

profeta oráculos que pertenecen a otro. Los libros proféticos, tal como han llegado hasta nosotros,

muchas veces tienen un valor antológico, pues se reúnen en un libro fragmentos de diversos

profetas, como ocurre en los libros de Isaías, Miqueas, Zacarías y Joel. En algunos casos, sin

embargo, los mismos profetas mandaron poner por escrito sus oráculos174; entonces la formulación

literaria externa cae dentro del control del propio autor del oráculo.

Este carácter antológico de los libros proféticos es la causa de que apenas exista orden

cronológico en la sucesión de las comunicaciones oraculares. Este desplazamiento de las “profecías”

dentro de un mismo libro, atribuido a un determinado profeta, puede tener un origen casual

de transmisión desordenada de los fragmentos proféticos o una distribución deliberadamente

desordenada por razones de agrupaciones más o menos lógicas, según la mentalidad y gusto del

recopilador. En el libro de Jeremías, los oráculos contra las naciones paganas ocupan distinto lugar

en el texto hebreo y en el griego 175. La disposición anárquica, desde el punto de vista cronológico,

de los oráculos está patente, por ejemplo, en el relato de la visión inaugural del ministerio

profético de Isaías, que está en el capítulo 6 del libro que lleva su nombre, y en el contenido histórico

de los capítulos 35-36 de Jeremías, de la época del rey Joaquim, mientras que los capítulos

32-34 se refieren al reinado de Sedecías, que es posterior.

Otra de las características desconcertantes de los escritos proféticos es el cambio de locutor

sin anunciarlo expresamente. Este estilo mixto en el que se cambia de interlocutor inesperadamente,

no es raro en la literatura sapiencial. Sólo un atento examen del texto nos descubre al

sujeto que habla. Quizá este trueque se deba a imperfecciones en la transmisión del texto; pero

muchas veces es deliberado para reflejar el nerviosismo y viveza del relato oracular. Así, en Is

21:2 las palabras de Dios y las reflexiones del profeta están entrecruzadas. En Is 63:1 se interponen

preguntas del profeta y respuestas del Mesías. El estilo oracular se presta mucho a estas

anomalías, ya que el profeta se considera como el eco de la palabra divina, y a veces la voz divina

y la suya parecen confundirse, al menos en la redacción entrecortada del texto.

Partiendo del hecho de que los profetas no entendían plenamente los oráculos que transmitían

— “instrumentum deficiens” —, encontramos en algunos de sus vaticinios ciertos esque1669

mas convencionales en cuanto a la formulación de los hechos futuros que anuncian. Al no conocer

las circunstancias del hecho anunciado futuro en todas sus particularidades, presentan su realización

conforme a lo que era normal en la historia corriente de la época. Así, en Is 13:19-22 se

anuncia enfáticamente la destrucción total de Babilonia por las tropas de Ciro. De hecho sabemos

que el gran conquistador persa no destruyó la gran metrópoli mesopotámica. El profeta, en

realidad, en lo que quiere insistir es en el colapso del imperio babilónico, cuya capital era Babilonia.

Sin embargo, anuncia la destrucción de la misma (“como Sodoma y Gomorra”) conforme a

lo que era habitual en las conquistas de la época, es decir, el arrasamiento total de las ciudades

vencidas. Es, pues, un clisé recibido este del arrasamiento al estilo de Sodoma y Gomorra, que se

repite en toda la literatura profética.176

En algunos profetas abundan las acciones simbólicas para expresar plásticamente sus

mensajes punitivos o redentivos de parte de Dios. Teniendo en cuenta el estadio de mentalidad

infantil en que se desarrollaba la vida de los profetas, y teniendo en cuenta que los orientales

buscan dramatizar y sensibilizar sus ideas, no tiene nada de particular que Dios se haya servido

de parábolas en acción para transmitir sus mensajes a Israel. Son muchos los casos en la Biblia

en los que se utilizaban estos “métodos conversivos.” El profeta Ajías dividió su manto en diez

porciones para significar el cisma de las diez tribus del norte177; Jeremías escondió por orden de

Dios su cinturón en el río para expresar las relaciones de Dios e Israel178; en otra ocasión recorrió

las calles de Jerusalén con yugo al cuello para vaticinar la sujeción a Babilonia.179 La compra del

campo de Anatot debía también significar la futura resurrección de Judá,180 y el acto de romper

la orza ante el alfarero debía simbolizar la omnímoda libertad de Dios frente a los pueblos.181 En

Ezequiel, las acciones simbólicas son muy numerosas: el plano de Jerusalén,182 el alimento impuro,

183 la huida furtiva de noche,184 el pan tasado,185 la barba cortada, la prohibición de hacer

duelo por la muerte de su esposa,186 son símbolo de las angustias del cerco de Jerusalén y de su

caída en manos de los babilonios.

No faltan tampoco en los escritos profetices los nombres simbólicos en relación con sus

mensajes conminatorios o de salvación. Así, los nombres de los hijos de Oseas debían simbolizar

el castigo y salvación de Israel187; los nombres de los dos hijos de Isaías significaban la invasión

asiría y la liberación de Judá.188 Al Mesías se le llama “Emmanuel,” que significa “Dios con nosotros,”

como prenda de la protección divina.189

Tampoco debemos perder de vista que las profecías muchas veces son conminatorias o

condicionadas, es decir, que se cumplirán en el supuesto de que los israelitas no hagan penitencia.

Jeremías cita expresamente una profecía de Miqueas (“Sión será arada como un campo”) 190

para declarar que Yahvé obrará conforme se reafirmen en el mal o vuelvan por el camino del

bien: “Si este pueblo se convierte arrepentido de las maldades por las que yo le amenazaba, también

yo me arrepiento del mal que había determinado hacerle... pero, si este pueblo obra mal ante

mis ojos y no escucha mi voz, me arrepiento del bien que había determinado hacerle.” 191 Algunas

veces los oráculos, aunque están formulados en sentido absoluto afirmativo, tienen un sentido

condicional, es decir, su cumplimiento depende de la conducta de los destinatarios. Es clásico

el texto de Jonas: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.”192 Sin embargo, el relato bíblico

nos habla de la conversión de la gran metrópoli y de que Dios cambió por ello sus planes

punitivos.

Finalmente, debemos tener en cuenta que en la formulación de los vaticinios se usa con

frecuencia el perfecto profetice, es decir, que se presenta como realizado el hecho que se anuncia

para el futuro: “Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado.” 193 Es tan cierto psicológicamente

para el profeta la realización del hecho que anuncia, que lo da por ya realizado. Sin em1670

bargo, en cuanto a la determinación del tiempo de su realización, las profecías suelen ser vagas e

indeterminadas. Por eso es frecuente encontrar las fórmulas estereotipadas proféticas: “en aquel

día,” “en aquel tiempo,” “en los últimos días,” 194 expresiones todas indicadoras de los tiempos

mesiánicos en los que tendrán lugar los hechos vaticinados con tanto énfasis. Por eso debemos

desconfiar sistemáticamente de indicaciones cronológicas. Generalmente, los números que aparecen

en algunos vaticinios (“tres,” “setenta,” etc.) han de tomarse como simbólicos o como cifras

aproximadas.

14. Asociaciones Proféticas.

En los libros históricos del A.T. frecuentemente se hace alusión a ciertas “asociaciones proféticas”

que en principio tenían por misión colaborar con los grandes profetas, Elias y Elíseo, en la

causa del yahvismo tradicional, predicando una religión espiritualista, libre de las infiltraciones

de los cultos paganos cananeos.195 Se les llama “hijos de los profetas,”196 no porque sean de la

casta profética, como hijos carnales de los profetas verdaderos, sino en cuanto que estaban asociados

de algún modo a los mismos. En el lenguaje bíblico, la palabra hijo a veces tiene el sentido

amplio de relación familiar íntima con alguno que es como padre espiritual. Estos “hijos de

profetas” constituían como una corporación social, incluso llevando vida en común, 197 y quizá

un modo peculiar de vestir 198. Parece que esta institución profética pronto degeneró, pues sus

miembros ingresaban voluntariamente en la organización sin que fueran llamados de un modo

especial por Dios, como los “profetas” propiamente tales. Y al faltar las grandes figuras fundadoras

de este movimiento religioso, los miembros de las “asociaciones proféticas,” lejos de ser fieles

al fin religioso de las mismas, se sirvieron de ellas para explotar la credulidad del pueblo sencillo

con fines pecuniarios. Por eso Amos rechaza para sí el título de “hijo de profeta.”199

Al lado de los verdaderos profetas de Yahvé, la Biblia menciona otros que se arrogaban

el título de “profetas,” pretendiendo transmitir oráculos de parte de los ídolos 200 o del mismo

Yahvé. 201 Estos últimos eran mucho más peligrosos para los israelitas, ya que en nombre de su

Dios comunicaban oráculos en contra de las exigencias ético-religiosas del yahvísmo tradicional.

Fueron los grandes enemigos de los verdaderos profetas, ya que procuraban halagar al pueblo en

sus aspiraciones sensuales y nacionalistas 202. El pueblo israelita tenía propensión a los cultos

cananeos, y por eso daban buena acogida a los supuestos “profetas,” que condescendían con sus

debilidades en el orden moral-religioso y con sus ilusiones nacionalistas en el orden político. En

este sentido son los principales causantes de la ruina religiosa y política de Israel, ya que provocaron

la ira de Dios e incitaron al pueblo a aventuras nacionales que iban a terminar en la gran

catástrofe del 586 a.C.

Sucesion cronologica de los profetas en el marco de la historia de Israel y de Judá y en la general de antiguo Oriente.

Profetas Reyes de Juda Reyes de Israel Reyes de Asiría y Babilonia

Reyes de

Egipto

Elias.(s.IX)

Elíseo.(s.IX)

Amos.(760-750)

Osesa.(750-740)

Josafat.(873-849)

Abarías.(Ozías).(768-740)

Acab (874-52) Jeroboam

II (784-753)

Zacarías.(753-752)

Sellum.(752-751)

Menajem.(752-742)

Salmanasar.III.(859-825)

Salmanasar.IV.(773-755)

Teglatfalasar.III.(745-727)

Salmanasar V (727-722)

Sesac II

Takeloti III

Isaías.(740-693)

Moqueas.(735-690)

Joatam.(740-736)

Acaz.(736-727)

Pecaya.(742-740

Pecaj.(740-730)

Sargón(721-705) Senaquerib.(705-681)

Asaradón.(680-669) Asurbanipal.(668-

Bocoris

Pianki

1671

Jeremías.(627-586)

Soponías.(630)

Nahum.(620-612)

Habacuc.(605-600)

Ezequiel.(605-570)

Daniel.(605-538)

Ageo.(520-518)

Zacarías.(520-518)

Malaquías.(450-30)

Exequias.(727-698)

Josías.(640-609) Joacaz

(609)

Joaquim.(609-598) Joaquín.(

Jeconías) (598)

Sedecías.

(Matanías) (598-587)

Oseas.(730-721)) 625) Nabopolasar.(625-605) Nabucodonosor.(

605-561)

Reyes de Persia:

Darío.I.(521-485) Artajerjes I (465-424)

Sabaka

Necao I

Psamético I

(615-609)

Necao.II

(609-594)

Psamético.

II.(593-

589)

1 Cf. Lev 11:44; 19.2; 20,26; 21:8. — 2 Ex 19:6. — 3 El P. A. Van Oudenrijn propone este sentido, encontrando analogías en otras

lenguas semíticas, como el árabe naba (“anunciar··), el etiópico nababa (“hablar”) y en forma causativa “recitar.” Véanse las diversas

opiniones en su libro De prophetiae charismate in populo israelítico p.11ss (Roma 1926). — 4 Los antiguos tomaban, en la

palabra profeta, el pro en el sentido de antelación temporal o de “procul.” Así, Tomás explica nuestro vocablo: “Propheta dicitur

quasi procul fans vel procul videns” (ST III 7:8). San Isidoro en sus Etimologías (PL 82:283) dice: “Quos genti-litas vates appellat,

hos nostri prophetas vocant quasi praefatores, quia porro fantur et de fu-turis vera praedicunt.” Es la noción popular de “profeta.”

Cf. Tomás, II-II 171:1; De Ver. XII 1. En nuestra acepción, profeta tiene el sentido de sustitución, como procónsul. — 5 Cf.

Platón, Fed. 262d. — 6 Cf. Herod., VIII 135:365; platón, Timeo 723. Más testimonios en van oudenrijn, o.c., p.95. El profeta era

distinto del μάντΐ$. — 7 Los profetas se consideran, al transmitir sus oráculos, la “boca” de Dios. Cf. Is 1.2.10; 9,8; Am 7:1·4·7; 8.

ι et passim. — 8 En 1 Re 16:7, Jananí es llamado indiferentemente vidente y profeta, lo que prueba que eran términos sinónimos.

Los LXX unas veces traducen el término ro' eh por βλέπων y otras por προφήτης. — 9 Cf. Jos 14:6 (aplicado a Moisés); 1 Par

23:14; 1 Re 9:6-10 (Samuel); 1 Re 17:18 (Elias); 2 Re 4:5 (Elíseo), etc. — 10 Cf. 2 Re 9,7; 17:3; 21:10; 24:2; Jer 7:25; Ez 28:17;

Dan 9:6; Is 20:3; 2 Re 9,36. — 11 Cf. 2 Sam 10:2; Is 42:19; 44:26; Ag 1:13. — 12 Cf. Os 9:7. — 13 Cf. Is 21:11-12. — 14 Cf. Is

56:10; Jer 6:17; Miq 7:4; Ez 3:17-21; 23:2-9. — 15 Dt 34:10. — 16 Dt 18:9 16. — 17 Cf. Dt 16:18-17:13 (sobre los “jueces”);

17:14-20 (sobre la institución monárquica); 18,i-8 (sobre los sacerdotes y levitas), y a continuación sobre el “profeta” (18:9-22).

— 18 Eclo 46:1 según la lección de los LXX y Vg. Según el texto heb. se lee “el ministro de Moisés” en el oficio profético. — 19

Jue 4:4; 6:14. — 20 1 Sam 2:27-36. — 21 1 Sam 3:1. — 22 1 Sam 10:5.10,20. — 23 Cf. 1 Sam 10:10.20.23. — 24 Cf. 1 Sam

10,20. — 25 2 Re 2:3. — 26 2 Re 2:5. — 27 2 Re 4:43. — 28 2 Re 6:1. — 29 2 Re 4:38-44 — 30 2 Re 4:1. — 31 2 Re q.15. — 32

Am 7:14. — 33 Saúl consultó a Samuel sobre las asnas perdidas (1 Sam 9:6s); Benhadad consultó a Eliseo sobre su enfermedad (2

Re 8:95). — 34 2 Sam 7:12. — 35 1 Sam 15:26. — 36 Cf. Jue 6:8-10; 1 Sam 2:27-30; 15:225; 7:36; 2 Sam 12:1-15. — 37 1 Re

13:1-5; 14:7-16. — 38 Cf. 1 Par 29:20; 12:1 9; 1.32. — 39 2 Saín 7:12-l6. — 40 Is 58:1. — 41 Cf. Lev 26:44. — 42 Is6:13. — 43

1 Sam 15:22. — 44 Is 1:13-18. — 45 Cf. Rut 1:16; 2 Re 5:15: Naarnán siró. — 46 Cf. Is 2:2-4; Miq 4:1-3. — 47 Sal 86 (87 h.)

4:7- — 48 Jer 31:293. — 49 Ez 18:1s. Sobre esto véase F. Spadafora, Collettivismo e individualismo nel Vecchio estamento (Rovigo

1953). — 50 Cf. Is I4.95. — 51 Dan 12:2s. — 52 Cf. Is 8:1; 30:8; Jer 30:2-4; Ez 43:11. — 53 Is 10:5; Jer 1:143. — 54 Sobre

esta opinión y las siguientes véase Van Oudenrijn, o.c., p.95ss. — 55 Cf. 2 Re 3:13; 10:19. En la novela egipcia del príncipe egipcio

Wen-Amon (s.XI) se habla de un oráculo extático proferido por un esclavo del rey Zekarbaal de Biblos. — 56 Así Cornill y en

parte Stade. Se ha querido relacionar al “vidente” hebreo, o ro'eh, con el rayyin (vidente) árabe y con el jazin (jozeh heb.), que

significa también “vidente.” E incluso se ha relacionado el kohen (sacerdote) hebreo con el kahin árabe, que es propiamente el

“adivino” que por suertes conoce la voluntad de Dios. Entre los hebreos, el “sacerdote” se servía de las suertes por el urim y el

tummim en los primeros tiempos. — 57 Entre otros, Holscher y Kittel. — 58 Cf. Jer 23:21; 14:14; 27:15; 29:9.31. — 59 ST II-II

174:3 ad 3. — 60 Cf. Núm 17:15-23. — 61 Cf. 1 Re 19:16; 2 Re 9:1-10. — 62 Cf. Am 2:11; Is 6:1; Jer 1:4-10; Ez 1:1-3. — 63

Amos tuvo que enfrentarse con la clase plutócrata de Samaría. Jeremías tuvo que pasar por traidor a su pueblo ante la opinión pública

por predicar en nombre de Dios la sumisión a Babilonia. Ezequiel fue mucho tiempo incomprendido por sus compañeros de

destierro. — 64 Cf. 1 Re 22:14:24-25; Jer 28; 29:8-9. — 65 Am 7:15. — 66 Jer 20,7-9. — 67 Am 3:8. — 68 Débora fue mujer;

Amos, pastor; Elíseo, labrador; Isaías, aristócrata; Jeremías, sacerdote. — 69 J13.I- — 70 Cf. FL. Jos., Bel iud. 3:8,0; 4:10,7. — 71

Teof. Ant.: PG 6:1064; Tert. : PL r.434- — 72 Nedarim fol.38a. En el barn babilónico, o adivino, se exigía la belleza de cyerpo.

Cf. Lagrange, Reí. Sern. p.210. — 73 Cf. 1 Sam 3:18. — 74 Am 1:1. — 75 Jer i,6. — 76 Cf. Núm c.24. — 77 Tomás, ST II-II

172:3; De ver. XII 4. — 78 Cf. i Cor 13:2; Tomás, ST 1Ϊ-ΙΙ 172:4: De ver. XII 5. De hecho sabemos que algunos profetas (fuera

del caso de Baiaam, al que nunca se le da el título de “profeta” a pesar de su vaticinio) no fueron fieles a Dios: Moisés cometió

una falta misteriosa, por la que fue privado cíe entrar en Canaán. En 1 Re 13 se habla de dos profetas verdaderos que no cumplieron

lo que Dios les mandó. — 79 Tomás, De Ver. XTI 5. — 80 Tomás, De Ver. Xlí I; II-II 171 acl i. — 81 Cf. 2 Re 4:27. — 82 2

Sam 0.7. — 83 1 Sam c.16. — 84 Cf. Tomás, ST II-II 174:3 ad 2; De ver. XI 3. — 85 Tomás distingue admirablemente entre

habitus y habilitas para resolver esta cuestión; según él, el proteta, después de haber recibido una comunicación “profética,” “remanet

habilior ad iterato recipiendum, sicut post devotam orationem remanet mens de-votior. Mens prophetae postquam fuerit

semel divinitus inspirata, etiam actuali inspiratione cessante, remanet habilior ut iterum inspiretur, et haec habilitas potest dici

habitus prophe-tiae... Sed tamen non proprie potest dici habitus sed magis habilitas vel dispositio quaedam a qua aliquis

denominatur propheta etiam quando actu non inspiratur” (De ver. XII i; II-II 171:2 ad 2). — 86 De ver. XII 7. — 87 II-II 174:5.

— 88 ST II-II 171:1 ad- — 89 II-II 171:1; 173:2; De ver. XII i ad 7. — 90 SAN AGUSTÍN: PL 34:461.292. — 91 II-II 174:4. — 92

Enchir. Bibl n.433- — 93 Cf. Jer 20,7-12; 23:29; Am 3:8; Miq 3:8; Ez 3:8-9- — 94 Cf. II-II 174:2 ad 4. — 95 II-II 173:2 ad 2; De

ver. XI 12. — 96 ΙΙ-ΙΙ 173:2 ad 3. — 97 De ver. XII 7 ad 5. — 98 “Prophetia est quaedam supernaturalis cognitio. Ad

cognitionem autem dúo requi-runtur: scilicet acceptio cugniturum et iudicium de acceptis... Quandoque igitur cognitio est

supernaturalis quantum ad acceptionem tantum, quandoque secundum iudicium tantum, quandoque secundum utrumque.” Es el

grado superior en la comunicación profética (De ver. XII 7). — 99 Cf. II-II 173:2; De ver. XII 7. San Agustín distingue bien las

tres categorías (De Gen. cd litt. 0.6.7.11: PL 34:458-460.462-464). — 100 De ver. XII 7 ad 3: “Illarum rerum, quas propheta vidit,

non oportet ut ei denuo species infundatur, sed ex speciebus reservatis in thesauro virtutis imaginativae fíat quaedam aggregatio

ordinata, conveniens designationi reí prophetandae.” Véase también II-II 173:2. — 101 ΙΙ-Π 173:2; 174:4 ad 3; De ver. XII 7. —

102 II-II 174:4; De ver. XII 13. — 103 Así lo dice San Agustín, De Gen. ad litt. XII 24: PL 34:474-75. Cf. II-II 174:2:

1672

“Manifestado divinae veritatis quae fit per nudam contemplationem ipsius veritatis potior est quam illa quae fit sub similitudine

corporalium rerum, magis enim appropinquat ad visio-nem patriae, secundum quam in essentia Dei verilas conspicitur.” — 104

II-II 174:2 ad 3. — 105 De ver. XII 7. — 106 Cf. Núm 12:6. — 107 Cf. Cíe:., De div. 1:49.50.51. — 108 Cf. 1 Re 3:5 et passim.

— 109 Ecl 5:2. — 110 Cf. jér 23:28; 31:26; yl 2.28. — 111 San Jer. : “Propheticam visionem et eloquium Dei no extrínsecas ad

prophetas fieri sed intrinsecus, et interiori homini responderé” (PL 25:1289; Com. in Hab. 2:1; Com. inAm. 3:8: PL 25:1075)· —

112 Cf. Ezc.8-9; 9:24. — 113 Cf. Tomás, ST II-II 171:1; De ver. XII i. — 114 “Ex parte prophetamus” (i Cor 13:9). “Prophetia

est sicut quiddam imperfectum in genere divinae revelationis” (II-II 171:4). — 115 Cf. 1 Sam 16:1. — 116 Cf. Suárez, Defide

VIII 4. — 117 II-II 173:4- — 118 De ver. XII 13. — 119 II-II 1:7; San Crisóstomo, Hom. 2 de proph. obsc.: PG 56:177;

Teodoreto, In Ez.: PG 86:809. — 120 Cf. San Crisóstomo: PG 56:27-28. — 121 “Ton enini (in huiusmodi prophetiis) curae fuit

Spiritui prophetali hisíoriae ordinem seguí, sed praeclara quaeque perstringere” (San Jerónimo, Com. In Dan. 11:2: PL 25:558;

24:68: 767; 25:1244). Véase Sobre Esto También A San Crisóstümo, In Is.: PG 56:27-28. — 122 Tomás, De Ver. XIII 3: “quando

una potentia in suo actu intenditur, alia debilitatur in suo actu.'vel ex tota abstrahitur....” F.n latín tenemos la expresión “mentís

excessus” y “raptus,” que reflejan descriptivamente el efecto del éxtasis. — 123 Cf. herod.. VI 4s. — 124 Era famoso el dicho

griego: μαντική κατά το ενθεον, es decir, la adivinación como consecuencia de un transporte divino. — 125 Cf. II-II 174:1 ad 3.

— 126 Cf. 2 Re 3:15. — 127 Cf. 1 Re 18:26; 19:185. — 128 Cf. Jer 20.7:9; Am 3:3-8, — 129 Cf. Os 5:1:9; ls 52:8; Jer 6:17; Ez

3:17; 33:6-7. — 130 Cf. Is 2:11. — 131 Jer 9:24. — 132 Cf. Is 43:21; 44:23. 133 Lev 11:44; 19:2; 20,26. — 134 Cf. 150-155 —

135 Jer 51:5; Is 43,: — 136 Is 8:13 — 137 Is 6s. — 138 184.4. — 139 Am3:2. — 140 Is 1:3; cf. Jer 2:32. — 141 Cf. Amo,? —

142 Is 2:4; 9:4- — 143 Is 65:17-25. — 144 Is 11:9; Jer 31:14· — 145. Las lis Is 65:17. — 146 Gen 12:3. — 147 Is 1:26. — 148 Jer

31:33-34- — 149 Is 9:5. — 150 Jer 31:34; cf. Ez 11:20; 36:25; Zac 13:1. — 151 Dan 9:24. 152 Dan?· — 154 Os 2:21-22. — 155 Os 14:6-

7; cf. Jl 3:18; Is 43:10; 30,23; 65:17; 55:12. — 156 Cf. Ex 3:8.17; 13:5; 33:3; Lev 20,24. — 157 Is 2:4. — 158 Gen 27:29; cf. Miq 4:13; 5:6-

8; Sof 2:1; Jer 16:19. — 159 Is 19:22. — 160 Abdisjcf. Is34; J13. — 161 Rom 8:22. — 162 Oríg., De princip. II c.11 n.2. — 163

Comment. Os. 14:5-7; Am. 9:135. — 164 Pascal, Pensées. Citado por Lagrange en RB (1906) 533-560. — 165 L. Dürr, Ursprung

und Ausbau der israelitisch-jüdischen Heilandserwartung (Berlín 1925) p.74s; N. Peters, Sache und Bild in den messianischen Weissagungen:

“Theol. Quart. Schr.” (1931) p.451-489. — 166 Comment. in Psalmos 88:4; 131:125. — 167 Exercitationes historicae, criticae, polemicae, de

Chrlsto Eiusque Virgine Matre (Ve-netiis 1719)· Citado por A. Meli, I beni temporali nelle profecie messianche: Bib., 16 (1936) P-319- — 168

Inst. Bib. vol.2:3 (1929) 11.107. — 169 Le conflit entre le Messianisme de Jesús et le Messianisme des Juifs de son tenips: Bi., 14 (i933) I33-

I49- — 170 M, J. Lagrange, Pascal et les propheties messianiques: RB (1906) 556. — 171 Cf. M. J. Lagrange, a.c., p.55? — 172

Cf. Dennefeld, art. Messianisme: “Dict. de Théol. Cath..” — 173 Cf. Lagrange, a.c., p.557. — 174 Cf. Is 8:1; Jer 36:1-432. — 175

En el TM ocupan los 0.46-51, mientras que en el griego los 0.25:14-31:44. — 176 Esta falta de conformidad en el cumplimiento

de los detalles del vaticinio es un dato favorable a la autenticidad del vaticinio, ya que, si éste hubiera sido compuesto “post eventum,”

el autor habría tenido cuidado de conformarlo a la realidad de los hechos pasados. — 177 1 Re 11:29-33. — 178 Jer 13:1-

21. 181 Ter 18:1-10; 19:1-13. — 179 Jer 17:2-13. 182 Ez 4:1-3. — 180 jer 32:6-44. 183 £24:9-17. — 184 Ez 12:6. — 185 Ez4:9s.

— 186 Ez 24:15-24. — 187 Os 1:4.6.9. — 188 Is 7:3; 8:1. — 189 137:14. — 190 Miq 3:12; Jer 26:185. — 191 Jer 18:8.10. —

192 Jon 3:4. — 193 Is 9:6. — 194 is 544; 18:7; Jer 3:16; Is 2:2. — 195 1 Sarn 28,6; 2 Sam 21:10; 23:10; 23:2; 1 Sam 10:5-13;

19:18-24; 2 Sam 23:2; Is 18,7; Am 7:14, etc. — 196 1 Re 20:35; 2 Re 3:5-7; 4:1; 5:22; 9:1. — 197 2 Re 2:5; 2 Re 38:41. Tenían

sus superiores: 2 Re 2:1-7; 4:38. — 198 1 Sam 28:14; 1 Re 19:19; 1 Re 11:29; 2 Re 2:8. — 199 Am7:12. — 200 1 Re 18:19-40; 1

Re 19:1. — 201 1 Re 22; Jer 18; Jer 14:13-16; 23:9-40; Os 4:5; 1 Re 19:21. — 202 Jer 14:12-16; 23:17; 27:14; 27:18; Ez 13:10-

16; Miq 2:2.

Isaías, Introducción.

1. Vida del profeta.

El nombre de Isaías (en heb. Yesa'yahu) significa etimológicamente “Dios salva,” y parece

reflejar simbólicamente la misión de “salvación” del gran profeta escritor. En la nota introductoria

al libro que lleva su nombre se dice que es hijo de Amos, que no es el profeta conocido con

este nombre (las grafías de ambos nombres en heb. no coinciden). Aunque no sabemos cuándo

nació Isaías, sin embargo, podemos suponer que fue hacia el 770 antes de Cristo, pues hacia el

740 aparece ya predicando en Jerusalén, lugar de su nacimiento. El estilo selecto de su lenguaje

nos hace suponer también que era de la clase alta de la sociedad jerosolimitana. Su vocación al

ministerio profético tuvo lugar — según la indicación del libro que lleva su nombre — en el año

en que murió el rey de Judá Azarías, llamado también Ozías; es decir, hacia el 740 antes de Cristo.

La idea central de la predicación isaiana es — como luego veremos — la de la “santidad”

de Dios, que exige también una atmósfera de “santidad” en el pueblo elegido. Por eso, el título

que enfáticamente da el profeta a Yahvé es el de el “Santo de Israel.” Toda su vida fue consagrada

a esta misión de preparar al pueblo espiritual-mente para que fuera “santo,” en consonancia

1673

con las exigencias de la “santidad” divina. Y su labor no sólo se limitó a la predicación en el

pueblo, sino que tuvo intervenciones solemnes, como consejero, en los momentos críticos de la

vida política de Judá. Así, en 734 procuró reanimar al rey Acaz ante la invasión del ejército siroefraimita.

En 701 intentó reavivar las esperanzas de salvación en ocasión en que Jerusalén estaba

cercada por las tropas de Senaquerib. Y, por otra parte, en varias ocasiones se opuso a que Judá

entrara en coaliciones antiasirias, por el peligro que esto suponía para la vida religiosa y aun política

de la pequeña nación. Con ocasión de la embajada de Merodac Baladán ante el rey Ezequías,

Isaías puso en guardia a éste contra las posibles intenciones políticas del cabecilla rebelde babilonio,

que ante todo buscaba ayuda para insurreccionarse contra el rey de Asiría. Sobre todo, el

profeta tuvo una influencia decisiva en la reforma religiosa impuesta por el piadoso rey Ezequías.

En su misión profética tuvo primero que hacer frente a la política antirreligiosa del impío rey

Acaz (736-727); con su sucesor Ezequías (727-698), las relaciones del profeta fueron cordiales,

ya que el rey era profundamente religioso, y procuraba seguir sus consejos. Al morir el piadoso

rey, Isaías tuvo que sufrir la persecución del impío y sectario rey Manasés (698-643), hijo de

Ezequías. Según la tradición judaica1, el gran profeta fue aserrado por orden del impío rey, perseguidor

del yahvismo tradicional.

2. Ambiente histórico.

Cuando Isaías inicia su labor profética, Judá se halla en un gran momento de prosperidad

nacional, pues el rey Azarías (768-740) había vencido a los edomitas, moabitas y filisteos, con lo

que se aseguró el comercio exterior en el Mediterráneo, y el oriental de Arabia, como consecuencia

de haber conquistado el puerto de Elán, en el actual golfo de Akaba.2 Pero esta prosperidad

es efímera, ya que por el norte se barrunta ya la llegada del rey asirio Teglatfalasar III (745-

727), que ha de caer como un ciclón sobre los pequeños estados de la costa siro-feniciopalestina.

El profeta es el primero en dar la voz de alarma. Acaz pretende adelantarse a los acontecimientos

buscando la alianza del coloso asirio, e incluso influye para que los cultos idolátricos

asirios tengan acceso al templo de Jerusalén. 3 En 734 antes de Cristo, una coalición militar siroefraimita

pone sitio a Jerusalén con la pretensión de sustituir a Acaz por otro (llamado en Is 7:6

“hijo de Tabeel”) que se plegara a sus exigencias de entrar en una liga antiasiria. Con ocasión en

que Acaz inspeccionaba los servicios del abastecimiento del agua, Isaías le salió al paso, prometiéndole

la ayuda de Dios y un signo portentoso en prueba de la promesa. El rey, hipócritamente,

rechaza la oferta, porque secretamente había solicitado ayuda del rey asirio, 4 y es entonces

cuando Isaías profirió su famoso vaticinio del Emmanuel. 5 El profeta, airado, anunció la invasión

de los asirios, que Acaz secretamente había llamado como aliados, despreciando el auxilio

de Yahvé. En efecto, las tropas de Teglatfalasar III conquistaron Damasco en el 731 antes de

Cristo y se anexionaron la parte septentrional del reino de Israel. En 721 cayó Samaría en manos

de Sargón (721-705), sucesor de Salmanasar V (727-721). Al subir al trono Ezequías, hijo de

Acaz, en 727, las perspectivas religiosas de Judá cambiaron totalmente, ya que el joven rey emprendió

una profunda reforma religiosa,6 en la que tuvo mucha influencia el propio Isaías. Del

piadoso rey hace el texto sagrado el mejor elogio: “Obró la rectitud a los ojos de Yahvé, como lo

había obrado David..., y después de él no hubo igual entre los reyes de Judá, ni entre los anteriores

a él.”7 Purificó el templo de las huellas idolátricas que había dejado su padre y después arrasó

los otros lugares de culto: “Destruyó los bamoth (lugares altos), y destruyó los masseboth (estelas

erigidas en honor de las divinidades cananeas), y cortó el aserah (bosque sagrado, dedicado a

Astarté, diosa de la fecundidad), e hizo pedazos la serpiente de cobre que había hecho Moisés,

porque hasta aquel día los israelitas le quemaban incienso y le habían impuesto el nombre de ne1674

justan.” 8 En esta reforma religiosa se procuró llevar al extremo la centralización del culto en el

templo único de Jerusalén. Sin duda que en toda esta empresa tuvo mucha importancia la predicación

de Isaías, la cual, como veremos, se centra en gran parte en torno a la abolición del sincretismo

religioso. En lo político, Ezequías procuró atraerse el resto de israelitas del desaparecido

reino del norte, invitándolos a ir a participar del culto jerosolimitano 9. Sin duda que en esta labor

las insinuaciones del gran profeta consejero tuvieron gran influencia, ya que él invitaba en su

predicación a la unión de todos los descendientes de Jacob. También en lo relativo a alta política

exterior Isaías trabajó para que Ezequías se mantuviera como vasallo del rey asirio, sin entrar en

las aventuras políticas antiasirias de los reyezuelos de la costa siro-fenicio-palestina. Sin embargo,

en 711 tuvo alguna veleidad de aliarse con ellos; pero una invasión asiría que llegó hasta Asdod

le disuadió. Al morir Sargón en 705, resucitaron las esperanzas de insurrección. En 704, Merodacbaladán

(otros suponen que esto tuvo lugar en 712) le envió una embajada de congratulación

por su curación, y sin duda le incitó a la insurrección.10 Precisamente cuando Senaquerib

(705-681), sucesor de Sargón, se hallaba entretenido en la pacificación de la baja Mesopotamia,

donde se había insurreccionado Merodacbaladán, los reyezuelos de la costa palestina se levantaron

contra el coloso asirio, y en esa coalición desgraciada entró Ezequías, a pesar de las admoniciones

de Isaías. Pero apenas Senaquerib se vio con las manos libres en oriente, se dirigió a sofocar

el levantamiento de Palestina, venciendo sucesivamente a Sidón y ocupando la zona filistea,

hasta chocar con un ejército egipcio en Elteqeh, reportando una sonada victoria. Después se dedicó

a someter a algunos focos de resistencia, entre ellos Jerusalén, donde Ezequías esperaba el

auxilio del faraón. El mismo Senaquerib nos describe irónica y enfáticamente el sitio de Jerusalén:

“... En cuanto a Ezequías, rey de Judá, que no se había sometido a mi yugo, asedié 46 de sus

ciudades fortificadas... A él mismo yo le encerré, como a un pájaro en su jaula, en Jerusalén, su

morada; levanté bastiones contra él... Al precedente tributo de sus impuestos anuales añadí yo

impuestos como oferta a mi majestad, y se los asigné. En cuanto a él, el fulgor de mi majestad lo

postró, y los Urbi (¿árabes?) y sus soldados elegidos — que para defender su morada de Jerusalén

había introducido — junto con 50 talentos de oro, 800 talentos de plata, piedras preciosas,

afeites..., lechos de marfil, pieles de elefante..., cuanto es posible hallar en un gran tesoro, como

también sus hijas, sus damas de honor, cantores y cantoras, a Nínive, ciudad de mi morada, hizo

que trajeran en mi séquito, y para entregarme su tributo y rendirme homenaje envió a sus mensajeros”

H. Este es el relato oficial del analista del rey aisrio. En él se dice que Ezequías le entregó

un tributo, pero no dice nada de la conquista de la ciudad. En la Biblia se dice, en efecto, que

Ezequías entregó un tributo a Senaquerib 12 cuando éste tenía su cuartel general en Laquis, esperando

calmar su animosidad; pero el rey asirio envió un fuerte ejército para sitiar a Jerusalén. El

representante de Senaquerib invitó a los asediados a rendirse, pero no lo consiguió, teniendo que

retirarse inesperadamente después de ver diezmado su ejército por una especial intervención divina

13. En realidad, ante la presión del faraón Tirhaqah, tuvo que levantar el cerco y replegarse

hacia el norte, marchando Senaquerib a Nínive. Esto tuvo lugar en el 701 antes de Cristo. Isaías,

ante momentos tan críticos, predicaba la confianza en Yahvé, único medio de salvación. Sus

promesas de liberación se cumplieron, aunque Judá quedó arruinada, y su capital, “como una cabaña

en una viña.”14 Sin embargo, se había salvado como nación, y con ello se había robustecido

la religiosidad yahvista del pueblo. Poco después murió Ezequías (698), y con su hijo Manases

(698-43) volvieron a soplar malos tiempos para el yahvismo tradicional.

3. Carácter personal de Isaías.

Dotado de excepcionales condiciones humanas por su genio y su educación literaria es1675

merada, Isaías figura a la cabeza de todos los profetas del Antiguo Testamento. En primer lugar

se ve en su persona una gran firmeza de carácter, que le hace no titubear en los grandes momentos

de su vida profética. Enfrentado con situaciones críticas para su nación, siempre se mantuvo a

una altura de independencia de carácter que le liberaba de todo compromiso político humano. En

los primeros años de su carrera profética hace frente a las marrullerías del impío Acaz, y cuando

ya está en el trono un rey profundamente religioso como Ezequías, el profeta se mantiene dignamente

alejado de todo lo que pueda empañar su libertad de acción religiosa. Fustiga los vicios

inveterados de propensión a la idolatría y hace frente a la frivolidad de los cortesanos, los cuales

derrochan en lujos, mientras que los pobres y desheredados no tienen lo necesario para la vida.

Fustiga la falsa religiosidad de los que pretenden cubrirse ante Dios con sacrificios y ofrendas en

el templo. Todo ello no tiene valor para el profeta mientras no haya contrición de corazón y

comprensión de las necesidades del prójimo. En su primera visión inaugural15 nos da un avance

de lo que ha de ser su misión como profeta. Ante la majestad del Dios “santo” se siente impuro,

habitando en un pueblo de “labios impuros.” Todo su libro puede resumirse en la frase “Sión será

redimida por la rectitud.”16 Sólo una conversión de los corazones a Dios puede cambiar la

perspectiva de castigo que se cierne sobre el pueblo de Judá. Esta es la “tesis” de su predicación,

mantenida con entereza. Es el alma de la reforma de Ezequías. Entregado profundamente a su

misión de profeta, mantiene siempre un equilibrio de carácter varonil, que se refleja en su estilo a

la vez ponderado y brillante. Su carácter “visionario” parece atemperado por el razonamiento

lógico. Pero, no obstante, su estilo es arrebatador y enérgico, sin ser afectivo como Jeremías.

4. Estructura del libro.

Como ocurre en. otros escritos proféticos, el libro que en la lista canónica bíblica ha llegado

a nosotros con el nombre de Isaías es una “colección” de oráculos tenidos en diversas épocas,

agrupados sin orden cronológico en su mayor parte. Sin prejuzgar el problema de la unidad

de autor, podemos distinguir tres grupos de oráculos de diversa época y contenido, según los destinatarios:

1) Los c.1-39, destinados a los contemporáneos del profeta (s.VIII a.C.); 2) los c.40-

55, dirigidos a los judíos deportados en Babilonia en los últimos años de su exilio (s.VI); 3) los

c.56-66, dirigidos a los judíos repatriados de Palestina en la época persa (s.V). He aquí el esquema

detallado del libro.

Primera parte (c.1-39):

a) Oráculos relativos a Judá y Jerusalén (c.1-12).

b) Oráculos relativos a las naciones extranjeras: Babilonia, Asiría, Filistea, Moab, Siria,

Etiopía, Egipto, Edom, Cedar, Tiro (c.13-23). El c.22 está dedicado a Jerusalén.

c) Sección apocalíptica (c.24-27).

d) Oráculos sobre Judá (c.28-33).

e) Oráculos escatológicos (c.34-35).

f) Sección histórica (c.36-39), tornada de 2 Re.

segunda parte (c.40-55):

a) Próxima liberación de Israel (c.40-48).

b) Consolación de Israel, el “Siervo de Yahvé.” (c.48-55)

tercera parte (c.56-66):

a) Oráculos relativos a la vida social y religiosa (c.56-59).

b) Gloria y felicidad de la nueva Sión (c.60-62).

c) El juicio divino y confesión (c.63-64).

1676

d) Promesa y amenazas (c.65-66).

A la vista de este esquema, del contenido podemos deducir que nos hallamos ante una recopilación

de oráculos, hecha a base de pequeñas colecciones diversas de los mismos, que tuvieron

unidad aparente antes de ser ensambladas por el redactor o compilador posterior en este conjunto

de oráculos atribuidos a Isaías. El gran profeta ejerció su ministerio durante cuarenta años, y por

eso los oráculos se atemperan a las circunstancias históricas de cada momento según las necesidades

y angustias de sus contemporáneos. De ahí que el contenido de sus oráculos es múltiple, y

en el conjunto se mezclan secciones históricas en prosa y secciones poéticas.

Los fragmentos históricos suelen estar en relación con los oráculos profetices como introducciones

17 o en cuanto narran hechos que han dado lugar a una profecía particular 18. El

compilador de las “obras completas” de Isaías no ha tenido un plan rígido, ya que unas veces las

profecías están ordenadas cronológicamente, mientras que otras sólo lógicamente, según la materia

tratada.

El plan general parece — según hemos visto — presentar primero los oráculos relativos a

hechos contemporáneos en Judá; después los oráculos contra las naciones paganas, para centrar

de nuevo la atención en el futuro glorioso de Jerusalén. Concebido así el plan general, coincide

con el del libro de Ezequiel. El recopilador general de los diversos oráculos — que corrían en

colecciones menores — parece ser posterior al exilio babilónico. De hecho, en 2 Par 36:22-55 y

Esd 1:1-3 parece atribuirse la profecía de Is 44:28 (relativa a la restauración del templo de Jerusalén

por Ciro) a Jeremías, lo que probaría que en el tiempo en que fueron escritos 2 Par y Esd

no existía una colección de los escritos de Isaías con los capítulos 44-66. Por otra parte, en Eclo

48:27-28 se dice de Isaías que “consoló a los afligidos de Sión,” lo que parece aludir a las profecías

de “consolación” de los capítulos 40-66. Todo esto parece llevarnos hacia el siglo IV como

época de compilación del actual libro de Isaías. En tiempo de Cristo ciertamente se conocían

como isaianos los oráculos de esta parte del actual libro de Isaías 19.

5. Autenticidad.

Hasta el siglo XVIII, la tradición judaico-cristiana — con excepción de Aben Esra, del

siglo XII — mantuvo como tesis recibida la autenticidad isaiana de todos los capítulos del libro

que en el canon se adscriben a Isaías. Doderlein, en 1775, defendió que los capítulos 40-66 del

libro de Isaías no pertenecían a éste como autor, sino que se debían a un autor anónimo de la

época final del exilio babilónico 20. Después de él, Eichhorn y la generalidad de los críticos sostienen

que esos capítulos se deben a la pluma de un homónimo de Isaías al que llaman Deutero-

Isaías.21 A fines del siglo XIX, B. Duhm distinguió en estos últimos capítulos del libro isaiano

dos autores: el Deutero-Isaías, al que se le adjudica la paternidad de los capítulos 40-55, y el Trito-

Isaías, al que se le atribuyen los capítulos 56-66.22 Más recientemente, otros autores hacen

una nueva subdivisión dentro de estas secciones.23 Aun entre los autores católicos no faltan quienes

hayan admitido la pluralidad de autores en el libro de Isaías, y el número de sostenedores de

esta tesis aumenta cada día.24 Los argumentos que favorecen esta tesis son de diversa índole: histórica,

literaria y doctrinal.

a) Argumento histórico. — Mientras que en la primera parte del libro de Isaías el horizonte

histórico reflejado es el de la época asiría (excepto el c.15), en los capítulos 40-66 la situación

histórica reflejada es netamente post-exiliana: Palestina está devastada, sometida a los extranjeros;

la población israelita está en el cautiverio, y el pueblo opresor es el babilonio.25 Incluso se

anuncia la caída de Babilonia en manos de Giro después que éste ha ocupado ya la Media.26 El

1677

gran liberador de los cautivos hebreos será el propio Ciro.27 Todo esto es insólito en las profecías,

ya que los profetas suelen reflejar en sus oráculos las inquietudes de su tiempo, y por eso no

es fácilmente concebible que un autor del siglo VIII antes de Cristo anunciara tan al detalle cosas

que habían de tener lugar dos siglos más tarde. Por otra parte, la mención de Ciro como libertador

es totalmente insólita en los oráculos profetices, pues en ellos nunca se citan nombres propios.

b) Estilo literario. — Se suele urgir en este sentido que el estilo de la primera parte de

Isaías (c.1-39) se distingue “por su fuerza y comprensión, mientras que el de los últimos capítulos

(c.40-66) es difuso, con tendencia a la amplificación y repetición.” 28 Sus descripciones son

líricas e idealizadoras en esta segunda parte, y mientras que en la primera parte el autor apenas se

repite, en la segunda constantemente vuelve al mismo tema. El estilo de la primera parte es conciso

e incisivo, mientras que en la segunda parte es más barroco, apasionado y cálido, con frases

largas y envolventes. La “grandeza” característica de la primera parte es sustituida por el “lirismo”

desbordado e incontrolado. Incluso se ha notado que muchas frases estereotipadas de la

primera parte no se repiten en la segunda y tercera.29

c) Contenido doctrinal. — Las ideas doctrinales de la segunda parte son expuestas con

amplificaciones teológicas que parecen reflejar un estadio teológico posterior. Así, la doctrina

relativa a la naturaleza de Dios y sus atributos es expuesta más al detalle. Por otra parte, una de

las ideas teológicas características de la primera parte de Isaías es la del “resto” de israelitas que

se salvará en las catástrofes para constituir el núcleo de restauración. En la segunda parte apenas

se alude a esta doctrina 30. Además, en la segunda parte de Isaías es frecuente la expresión

“Siervo de Yahvé” aplicada al pueblo israelita, mientras que no aparece en la primera parte 31.

Sobre todo la noción de un Mesías (“Siervo de Yahvé”) humilde y sufriendo contrasta

con la concepción “regia” de un Mesías Príncipe libertador, que vence a los ejércitos asirios.

Estos son los principales argumentos contra la autenticidad isaiana de la segunda parte

del libro que lleva su nombre. Ciertamente, el más convincente es el histórico, pues los otros estilísticos

y doctrinales pueden fácilmente prestarse al subjetivismo. Entre los autores católicos

son numerosos los que sostienen la autenticidad isaiana de todo el libro de Isaías,32 y creen que

los argumentos aducidos no tienen validez, pues en primer lugar no es imposible a Dios comunicar

al profeta hechos concretos que han de tener lugar dos siglos más tarde. La mención de Ciro

puede explicarse por esta ciencia profética infusa. Respecto del estilo, responden estos autores

que hay muchas expresiones e imágenes comunes a la primera y segunda parte del libro.33 Y en

cuanto al contenido doctrinal, las ideas teológicas de la segunda parte pueden considerarse como

un desarrollo lógico y normal de las de la primera. Por otra parte, insisten en el hecho de que la

tradición judía siempre consideró a todo el libro de Isaías como obra del gran profeta del siglo

VIII. 34

6. Doctrina teológica.

Las ideas teológicas que aparecen en el libro de Isaías son sustancialmente las mismas

que encontramos en sus contemporáneos Amos, Oseas y Miqueas. Todos están poseídos de la

grandeza y trascendencia de Dios y de sus exigencias respecto del pueblo elegido, Israel. Isaías

se distingue en su predicación por su esquema orgánico teológico, desarrollado a base de pocos

principios fundamentales, que pueden reducirse a tres: a) concepción trascendente de Dios como

“santo”; b) sus relaciones históricas con Israel; c) concepciones escatológicas.36

a) Concepción Trascendente de Dios. — Isaías, en toda su predicación, da por supuesta la

1678

idea monoteísta de Dios. Sólo existe Yahvé, y los ídolos de los otros pueblos son “vanidades”

('elilim); no son más que “obras de los hombres” 37. Por eso, en su predicación arremete con frecuencia

contra toda índole de cultos idolátricos. Para él sólo existe un Ser divino, al que enfáticamente

llama el “Santo de Israel.” Esta nota de “santidad,” como la mejor definición de la divinidad,

aparece ya en la visión inaugural.38 Para él Yahvé es un Ser “trascendente” en su “gloria”;

por eso los serafines se cubren su rostro ante la majestad de aquel que está sentado en su trono

como “rey” de Israel y del universo. Él canto de éstos se reduce a la repetición de una palabra:

“santo, santo, santo.” Es que para el hebreo la “santidad” es como la esencia de la divinidad,

lo numénico, lo trascendente, que le caracteriza como tal. 39

Dios está como rodeado de una atmósfera aislante, la “santidad”; por eso, al entrar en

contacto con las criaturas, exige la “purificación,” de forma que éstas se eleven — ritual y moralmente

— a una atmósfera superior que pueda aproximarse de algún modo a la divina. La

“gloria” es como la manifestación de la grandeza de Dios en el mundo, mientras que la “santidad”

es como la zona inaccesible de la divinidad, lo que la caracteriza como tal. Por eso la “santidad”

para el hebreo no es un atributo más de Dios, sino su definición como Dios, en cuanto distinto

y trascendente a todo lo creado. En Isaías, la idea de “santidad” incluye, además, la idea de

incontaminación moral; por eso, ante la vista del Dios “santo,” exclama aturdido y tembloroso:

“¡Ay de mí, porque soy un hombre de labios impuros!” Su conciencia de pecado le parece que le

impide entrar en relaciones con el Dios puro y santo. De esto se deduce que, para el profeta, la

idea de “santidad” aplicada a Dios incluye, de un lado, su carácter superior, inaccesible a las

criaturas, y también un aspecto ético, en cuanto que concibe a Dios como “perfecto” en el orden

moral.

b) Dios de Israel. — Una de las frases que más reiteradamente se encuentra en los escritos

isaianos es la de el “Santo de Israel.”40 Para el profeta, aunque Yahvé es el Ser inaccesible

por antonomasia, sin embargo, tiene un plan salvífico en la historia humana, sobre todo respecto

de Israel. Yahvé tiene una “obra” que realizar en su pueblo; por eso en la visión inaugural aparece

deliberando con su corte de honor celeste, los serafines, sobre el sujeto a enviar como colaborador

de su “obra” en el pueblo escogido: “¿A quién enviaremos?”41 Dios tiene un designio providencialista

sobre el mundo, pues la historia humana — y sobre todo la de Israel — está lanzada

en los planes de Dios hacia una etapa definitiva de salvación, hacia el establecimiento del reinado

de justicia en la tierra. Por eso Yahvé “obra” en la historia, y en esta “obra” Yahvé le pide

al profeta sea su colaborador. Por eso Isaías acusa a los jefes paganos de no percibir esta “obra”

de Dios en la historia.42 Como la “gloria” de Dios llena la tierra, aunque los seres humanos no la

vean así, su “obra” penetra y dirige la historia de la humanidad. Los impíos son ciegos y no la

perciben; por eso irónicamente dicen al profeta: “Que veamos la obra de sus manos; que venga,

pues, y de una vez acabe su plan el Santo, y lo veamos nosotros.”43

Para Isaías, la historia es “un drama que se acerca a su desenlace, y en las convulsiones

de los fundamentos del mundo político escucha los pasos del Omnipotente, que avanza hacia el

día de la crisis judicial y la esperanza final de la humanidad.”44 De este modo Yahvé “reina soberanamente

sobre el reino de la naturaleza y en la esfera de la historia, y el colapso de los reinos,

la disolución total del viejo orden del mundo hebreo, que seguía al avance de Asiría, es para el

profeta no otra cosa que la prueba cumbre del dominio absoluto de Yahvé, afirmándose y humillando

a todo lo que disputa su supremacía.”45 Su carácter de trascendente e inaccesible le hace

intransigente ante las transgresiones de los pecadores: “El Santo se santifica (se muestra “santo”)

en la justicia”46; de ahí la necesidad de un juicio purificador sobre el mundo y sobre el mismo

Israel. Yahvé es el Soberano al que todo le está sometido; pero al mismo tiempo es paciente y

1679

misericordioso: “Yahvé os está esperando para haceros gracia.”

Esto tiene especial aplicación a las relaciones de Dios con Israel, porque éste es el pueblo

de Yahvé en exclusiva. Por eso Yahvé es de modo especial de Israel, lo que daba una conciencia

religiosa especial a los componentes de este pueblo privilegiado, al menos en la mentalidad ortodoxa

de los profetas, que eran los grandes maestros del espíritu, representantes del yahvismo tradicional.

De esta concepción teocrática se sigue que la religión no es sólo una cuestión de relación

entre Yahvé y los individuos, sino entre Yahvé y la nación como tal en sus destinos colectivos

históricos. Los israelitas son considerados por el profeta como esencialmente vinculados a

la colectividad nacional, y, como tales, objeto de las complacencias divinas en cuanto forman

parte de esta comunidad. De ahí el principio de solidaridad en el bien y el mal. Dios premia y

castiga a unas generaciones por los pecados de las anteriores.

Isaías considera la soberanía de Yahvé en el universo en relación con su señorío sobre el

propio Israel. “Israel es la inmediata esfera de las funciones reales de Yahvé, y por eso Isaías

exige oír su voz autorizada en la dirección de los negocios del Estado. Se presenta a sus compatriotas

como el ciudadano privilegiado que “ha visto” al “Rey” y que ha sido oficialmente comisionado

por El para declarar su voluntad como la suprema ley de la nación.”47 Yahvé es para él,

ante todo, “el Santo de Israel”48, es decir, el Ser soberano puro, inaccesible y trascendente, pero

que está vinculado de modo particular a Israel, lo que exige por parte de este pueblo privilegiado

una “santificación” o elevación moral especial frente a las demás naciones, que sólo pertenecen a

Yahvé por los vínculos generales de la creación. Los israelitas deben ante todo reconocer su situación

de privilegiados y “santificar al Señor de los ejércitos,”49 es decir, reconocerle como

“santo,” con lo que esto implica de obediencia y entrega a su ley.

Pero el profeta se da cuenta, desde el momento en que es llamado al ministerio profético,

que existe una ruptura entre Yahvé y su pueblo pecador; por eso exclama con amargor: “He aquí

que habito en un pueblo de labios impuros”50. Era preciso, pues, un juicio purificador, y como

sus labios habían sido purificados por el fuego, así el fuego de la ira divina debía consumir hasta

los cimientos a la sociedad actual israelita, salvándose sólo un “resto,” la “semilla santa,” que

habría de ser el germen de restauración en el futuro.51 En su predicación, el profeta anuncia este

juicio purificador sobre una sociedad corrompida, que está inficionada de cultos idolátricos, despreciando

a Yahvé, y cree cubrirse en sus deberes religiosos con unas prácticas meramente ritualistas

en el templo52. Por otra parte, la clase directora no reconoce más derechos que los de su

codicia insaciable, conculcando al pobre, a la viuda y al huérfano: “Cuando esperaba (Yahvé)

juicio, he aquí derramamiento de sangre, y cuando esperaba justicia, he aquí gritería.”53 La sociedad

estaba totalmente paganizada y escéptica respecto de sus deberes religiosos, confiando

sólo en sus carros y caballos y en los juegos diplomáticos para salvar a la nación, viviendo prácticamente

en plan de apostasía general.54 Como consecuencia, Yahvé ha rechazado a su pueblo.

55 Es preciso que Israel vuelva a su Dios y tenga una “fe” en el cómo único Señor de sus designios.

El profeta destaca la importancia de la “fe” como medio de retorno a las buenas relaciones

íntimas que debe haber entre Yahvé y su pueblo.

c) Expectación Mesiánica. — Los profetas viven de la esperanza del futuro, como reinado

de Dios, con todo lo que implica de triunfo de la justicia y equidad. Por eso, su extraordinaria

sensibilidad religiosa les hace chocar con las imperfecciones y deficiencias religiosas de su tiempo;

de ahí que en sus predicaciones clamen por un cambio radical de cosas, incluso por una conmoción

cósmica que transforme la sociedad en sus cimientos, dando paso a un nuevo orden de

cosas en el que se dé el pleno reinado de la justicia como consecuencia de un mayor “conocimiento”

de Yahvé. Las angustias y abusos morales de su tiempo les hacen forjar por contraste

1680

la idealización de la etapa definitiva del futuro.

1) El día de Yahvé.” — Ya Amos había hablado del “día de Yahvé” como día de “tinieblas

y no de luz.”56 Isaías recoge la misma idea, y, con todo detalle, en sus primeros capítulos

nos habla de un cambio sustancial de la sociedad, que en sus pecados ha llegado a la saturación.

Por eso se acerca un juicio purificador: “Porque llegará el día de Yahvé sobre todos los altivos y

soberbios, sobre cuantos se ensalzan para humillarlos..., y sólo Yahvé se exaltará aquel día, y

desaparecerán todos los ídolos.”57 Quizá en su juventud había sido testigo del tremendo terremoto

del que se hace mención en Am 1:1, y todavía se estremece ante el recuerdo de aquella conmoción

desorbitada. Sin embargo, los contemporáneos han olvidado lo que era — en la mentalidad

profética — un castigo divino, y ahora Isaías parece entrever otra conmoción colosal en la

que se tambalearán todos los cimientos de la sociedad. Sin duda que el profeta alude a la próxima

invasión de los asirios, a los que considera como instrumentos de la justicia divina para castigar

al Israel pecador. Pero, detrás de esta inmediata perspectiva de castigo en su concepción teológica

de la historia, Isaías piensa en otra conmoción social más honda, que será el preámbulo de la

inauguración mesiánica.

2) El “resto” salvado. — En la catástrofe que se avecina se salvará “un resto,” que ha de

ser el núcleo de restauración nacional, la semilla santa de la que saldrá la ansiada nueva teocracia

mesiánica. Ya Amos en sus oráculos había hablado de un “resto” salvado del juicio purificador

de Yahvé. 58 Precisamente para dar esperanzas de salvación a los temerosos de Yahvé, el

profeta había impuesto a uno de sus hijos un nombre simbólico, Sear-Yasub (“un resto volverá”).

59 Los judíos contemporáneos del profeta no veían el peligro que se venía sobre ellos y confiaban

ciegamente en sus destinos históricos; pero Yahvé va a someter a la sociedad a una dura prueba

de la que se salvarán muy pocos: “Si quedare un décimo, será también para el fuego, como la

encina o el terebinto cuyo tronco se abate”60. Pero de ese tronco saldrá un “retoño,” que será la

“semilla santa” de los “rescatados de Sión,”61 núcleo de restauración de la futura sociedad teocrática.

3) El “Mesías.” — Aunque en los oráculos isaianos nunca se use la palabra Mesías

(“ungido”) para designar al Príncipe ideal,62 Salvador de Judá, sin embargo, sus concepciones

“mesiánicas” se centran en torno a un personaje ideal, al que se describe con los epítetos más

cautivadores: “Admirable Consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz.”63 Es el

“retoño” de Jesé, sobre el que descansará el “espíritu” carismático de Yahvé en su múltiple manifestación:

“espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de entendimiento

y de temor de Yahvé.”64 Es el “Niño” misterioso “Emmanuel” que nace de una

“doncella,” que es prenda de salvación ante la inminente invasión asiría.65

En la segunda parte del libro de Isaías, la perspectiva es muy distinta, y el “Siervo de

Yahvé,” lejos de ser encarnado en un “Príncipe” poderoso, es un sujeto dolorido que sufre calladamente

por los pecados de su pueblo, triunfando con su muerte.66 En este sentido, las

profecías mesiánicas del libro de Isaías son la culminación del “mesianismo” concebido como

esperanza de rehabilitación de la humanidad, anunciada germinalmente en los albores mismos de

la historia humana. El autor de esta segunda parte de Isaías se ha acercado hasta el máximo al

misterio de los misterios, a la muerte de Cristo-Redentor. Por eso el libro de Isaías es quizá el

libro de más contenido teológico de todos los del Antiguo Testamento, ya que sus concepciones

netamente espiritualistas rozan la manifestación plena evangélica.

8. Texto y versiones.

Para el texto de Isaías, nuestra base actual es el texto masotérico, tradicionalmente recibi1681

do del ambiente rabínico, y que ha sido confirmado sustancialmente (con ligeras variantes) por el

texto descubierto en el desierto de Judá en 1947, y que ciertamente es anterior a la redacción masorética.

Pero no es de gran utilidad para facilitar la lectura de algunos textos, ciertamente corrompidos

e ininteligibles. Por eso, al comentar el libro de Isaías, es necesario algunas veces

acudir a las posibles reconstrucciones del texto, ya que las versiones tampoco son de mayor utilidad.

En concreto, la versión llamada de los LXX suele ser libre con amplias paráfrasis, y en los

pasajes difíciles se lanza a conjeturas. Lo mismo hay que decir de las versiones sirias y vulgata,

que adolecen de excesiva libertad. Por eso, en los pasajes difíciles, es necesario basarse en las

exigencias del contexto y en las leyes del paralelismo de la poesía hebraica.

1 Ascensío Isaiae 5:15; cf. E. Kautzsch, Pseudoepigraphen (n.166) II (Tubínga 1900) 119-127; E. Tisserant, Ascensión dlsaie (París

1909) 62-71.128; véase también S. Just. : PG 6:156; San Agust., De civ. Dei 18:24: PL 41:582. — 2 2 Re 14:22. — 3 2 Re 16:10-

14. — 4 Is 7:12; 2 Re 16:17. — 5 Is 7:14. — 6 2 Re 18:45. — 7 2 Re 18:3.5. — 8 2 Re 18:4 — 9 2 Par 30 — 10 Is 39:18. — 11

Prisma hexagonal, llamado de “Taylor.” Véase H. Gressmann, Altorientalische Texte zum A.T. 2.a ed. p.353-354. — 12 2 Re

18:13-16. — 13 2 Re 18:17-37. — 14 Is 1:7. — 15 Is 6. — 16 Is 1:27. — 17 Así los c.6.7.8.20. — 18 Así los 0.36-37: invasión de

Senaquerib; c.38: enfermedad de Ezequías; c.39, embajada de Merodacbaladán. — 19 Cf. Lc 4:17. — 20 J. G. Doderlein, Esaias

(Altorfi 1795) p.165. — 21 J. G. Eichhorn, Einleitung n.43 IV (1824) 82-137. — 22 B. Duhm, Das Buch Jesaia (Gotinga 1892).

Así también E. Kpnig, S. R. Driver, J. Meinhold, O. Eissfeldt, A. Weiser, H. Gressmann, K. Budde, S. Mowinckel. — 23 Entre

ellos, J. Marty, P. Volz, A. Weiser. — 24 Así A. Condamin, Le livre d'Isa'ie: EB (París 1905); P. Vetter: Th 987 (1905) 611 ; F.

G. Gigot, The authorshíp of Isaías XL-LXVI: N. Y. Review (1905) 277-296; F. Feld-Mann, Der Knecht Gottes in Isaías p.40-45

(Friburgo 1907); ID., Das Buch Isaías (Münster 1926) 14-16. — 25 Is 44:26; 51:3; 52:9; 42:22.24-25; 52:2.3.5; 43:14; 47:1-6;

48:14.20. — 26 Is 41:25. — 27 Is 52:2; 43:14; 48:14; 44:28; 45:1. — 28 J. Skinner, Isaiah: “Cambridge Bible” (Cambridge 1951)

XXII. • — 29 Véase una lista de ellas en J. Skinner, o.c., XXIV. — 30 Aparece en Is 59:20; 65:8.9. — 31 Véase el excursus sobre

el “Siervo de Yahvé” al comentar los “cánticos del Siervo de Yahvé.” Cf. c.42:49:50:52-53. — 32 Entre los acatólicos sostienen

la unicidad de autor: W. H. Gobb, J. Lias, A. Kaminka, J. Schelhaus, W. Moller. — 33 Así “Santo de Israel,” “la boca de Yahvé

ha hablado,” Egipto es llamado “Rahab” (30:7; 51:9). — 34 En Eclo 48:24 se dice que Isaías “consoló a los que lloraban en Sión,”

aludiendo a Is 40:1. En el N.T. se citan textos de la segunda parte como de Isaías: Mt 3:3: Is 40:3; Lc 4, 17: Is 61:1s; Mt 8:17: Is

53:4; Mt 12:17: Is 42:1-4. — 35 Enqum'dí'on bíblico 287-290. — 36 Sobre las ideas teológicas de Isaías véase la excelente exposición

de J. Skinner, o.c., XLVIIIs. — 37 Is 2:8.20; 17:8; 31:7. — 38 Is 6. — 39 Cf. P. Van Imschoot, Théologie de VAnclen Testament:

I. Dieu (París 1954) p.42-5i. — 40 Véase nuestro art. El Santo de Israel; “Mélanges Bibliques André Robert” (París

1956) p.105-173. — 41 Is 6:8. — 42 Is 5:12; 22:11, — 43 Is 5:19. — 44 J. Skinner, c., p.LIII, — 45 R. Smith, Prophets p.226. —

46 Is 5:16. — 47 J. Skinner, o.c., p.IV. — 48 Esta expresión enfática aparece por primera vez en Isaías, y después en la literatura

sapiencial: Sal 71:22; 78:41; 89:18; también en Jer 50:29; 51:5, y en Ez 39:7, si bien en forma diferente. — 49 Is 8:13; 29:23. —

50 Is6:5. — 51 Is 6:13; 4:45. — 52 Is 10:17. — 53 Is5:7. — 54 Is 1:4. — 55 Is 2:6. — 56 Am 5:18s. — 57 IS2.12. — 58 Véase

nuestro art. La reprobación de Israel en los profetas: EstBib 10 (1951) ρ.136-188; S. Garófalo, La nozione profética del “resto”

d'Israele” (Roma 1942). — 59 Is7:3. 61 Is 41:45. — 60 Is 6:13. — 62 Esta designación de “Mesías” (“Ungido”) aplicada al Rey

ideal de los tiempos mesiánicos aparece por primera vez en el salmo 2. — 63 Is 9:6. Sobre el sentido de estos epítetos véase el

comentario. — 64 Is 11:2. — 65 Is 7:14. — 66 Véase el comentario a los “cánticos del Siervo de Yahvé” (42:1; 53,1).

Isaías.

1. La Infidelidad de Israel.

El libro de Isaías se abre con un capítulo en el que encontramos los lugares comunes de la predicación

profética: amargura de Yahvé por la ruptura de relaciones normales entre El y su pueblo

escogido, que sustituyó el sentido verdadero ético-religioso de estas relaciones por una religión

meramente ritualista y sin contenido espiritual; e invitación amorosa a que cambie de conducta,

entregándose de nuevo a su Señor por una penitencia sincera y definitiva, a menos que quiera

someterse a los rigores de un juicio divino devastador, que la purifique como el oro en el crisol

en contra de su misma voluntad. Por eso ha sido considerado este capítulo como la introducción

general a las variadas predicaciones proféticas que han llegado a nosotros, sin mayor orden lógico

y cronológico, en el libro canónico de Isaías.

A pesar de la diversidad de contenido del capítulo, se ha reconocido cierta unidad funda1682

mental en lo literario. No es fácil determinar la época en que hayan sido pronunciados estos oráculos.

Algunos han querido ver en los v.7-9 una alusión a la invasión de Senaquerib en el año

701; pero en realidad pudiera aplicarse a la invasión siro-efraimita del año 734, cuando Isaías

hacía sus primicias como escritor y profeta. Al menos para los v.21-31, parece excluirse esta

época tardía de la invasión asiría, y las alusiones a la generalización de las prácticas idolátricas

se explicaría mejor en tiempos del impío Acaz que después de la reforma religiosa del piadoso

Ezequías. En realidad, este punto de la cronología del capítulo es totalmente secundario y no

afecta a la interpretación del mismo.

Como en todos los libros profetices, el compilador nos hace la presentación personal del

profeta, enmarcándolo en un período cronológico concreto que abarca toda su actividad profetice-

literaria.

Introducción histórica (1).

1 Visión que Isaías, hijo de Amos, tuvo acerca de Judá y de Jerusalén en tiempos de

Ozías, Joatam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.

Este versículo es considerado generalmente como encabezamiento de la primera gran colección

de profecías (c.1-12), sobre todo por la expresión general redundante “acerca de Judá y Jerusalén.”

Quizá el título haya sido retocado y ampliado en su perspectiva por el compilador respecto

de la primitiva redacción isaiana, que miraba sólo al oráculo que inmediatamente se inserta en el

texto. La palabra visión la usa el profeta en sentido amplio, es decir, de un mensaje divino recibido

de modo visual, intelectivo o imaginativo, y aquí pudiera incluso tener el sentido colectivo de

conjunto de oráculos del profeta relativos a Jerusalén y Judá, refiriéndose a la primera serie los

que aparecen en el actual libro de Isaías, alargándose la perspectiva histórica hasta el final de su

actividad profética, en tiempos del reinado de Ezequías, en el siglo VII antes de Cristo.

Este capítulo I suele dividirse por su contenido en dos partes: a) v.2-20: recriminación

por parte de Yahvé de la infidelidad de Judá; b) v.21-31: necesidad de un juicio purificador.

La infidelidad e ingratitud del pueblo elegido (2-3).

2 ¡Oíd, cielos! Apresta el oído, tierra! Que habla Yahvé: Yo he criado hijos y los he

engrandecido, pero ellos se han rebelado contra mí. 3 Conoce el buey a su dueño, y el

asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento.

El profeta abre su oráculo con un apostrofe solemne, tomando como testigos los seres inanimados

y buscando como la aprobación de lo que va a decir de la misma naturaleza muda para que

se asocie al profundo dolor de Yahvé ante la lamentable conducta de su pueblo predilecto. Ya

Moisés, al dar la Ley, había invocado al cielo y a la tierra, poniéndolos por testigos de que había

dado la Ley a Israel y, al mismo tiempo, de las penas que irían anejas al incumplimiento de los

preceptos del Señor.1 La enormidad del pecado de Israel está, sobre todo, en que Israel estaba

vinculado como pueblo desde su origen a Yahvé por un pacto bilateral con condiciones y obligaciones

mutuas: Yahvé, que le había escogido como pueblo entre todos los de la tierra, se había

comprometido a tratarle como Padre, considerándole como “reino sacerdotal y nación santa,” 2

surgiendo de ello unas relaciones de paternidad y filiación que deberían respetarse a través de los

siglos. 3 Yahvé era en realidad su verdadero Padre, ya que a El le debía su existencia como pueblo.

Por eso, con toda propiedad puede decirse que los “ha criado” (v.2) como hijos y los ha protegido

durante la época de crecimiento. Los adoptó como hijos en el desierto, después de haber1683

los sacado milagrosamente de la tierra de opresión de Egipto; les dio una constitución teocrática

excepcional, por la que se convertían en algo aparte de todos los pueblos, y los fue llevando como

de la mano a través del desierto, cuidando paternalmente de su formación como pueblo, y,

por fin, los estableció en la tierra de Canaán, según había prometido al gran antepasado Abraham.

Pero la historia de Israel es una constante decepción y alejamiento del Dios verdadero, entregándose

el pueblo elegido a los cultos idolátricos.

Y esta actitud incomprensible resalta comparándola con la fidelidad y gratitud de los seres

irracionales, que se muestran agradecidos con los que les procuran el sustento, a pesar de

que también los someten a duro yugo y a fuertes trabajos; sin embargo, si se les separa de su

dueño, instintivamente buscan el lugar donde saben encuentran su alimento.

El castigo de Israel (4-9).

4¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de iniquidad, raza malvada, hijos desnaturalizados!

Se han apartado de Yahvé, han renegado del Santo de Israel, le han vuelto la

espalda. 5¿A qué castigaros todavía, si aún os vais a rebelar? Toda la cabeza está enferma;

el corazón todo, lánguido. 6 Desde la planta de los pies hasta la cabeza no hay

en él nada sano. Heridas, hinchazones, llagas pútridas, ni curadas, ni vendadas, ni

suavizadas con aceite. 7Vuestra tierra está devastada; vuestras ciudades, pasto de las

llamas. A vuestros ojos los extranjeros devoran vuestra tierra, asolada como en la

destrucción de Sodoma. 8Ha quedado Sión como cabaña en un viñedo, como choza

en un melonar, como ciudad sitiada. 9Si Yahvé no nos hubiera dejado un resto, seríamos

como Sodoma, nos asemejaríamos a Gomorra.

Yahvé, ante la conducta reiterada de Israel, se siente como cansado de castigarle para hacerle ir

por el buen camino. Está tan corrompido, que es inútil hacer nuevos correctivos. Ha sido castigado

con invasiones, desolaciones, en tal forma que ha quedado destruido, solitario en medio de

sus ruinas, como cabaña de guardia en un viñedo (v.8). Es una situación desesperada, pues no

han sido aplicadas medidas de curación a tiempo (v.6). Dios lo ha castigado reiteradamente en tal

forma, que se halla llagado de pies a cabeza (v.6): la tierra de Judá había sido hollada por los

ejércitos siro-efraimitas, las incursiones de los edomitas y filisteos,4 y, por fin, por la inmensa

oleada del ejército de Senaquerib, si el oráculo pertenece a los últimos tiempos del ministerio

profético de Isaías.

La desolación y la ruina eran la secuela de esta tragedia nacional, y sólo quedaba en medio

de las ruinas Jerusalén, la hija de Sión (v.8), como torre de guardia en un viñedo y testigo

mudo de tanta tragedia. La devastación ha sido tan general, que sólo puede compararse a ella la

destrucción de las ciudades malditas de la Pentápolis, Sodoma y Gomorra (v.7); no obstante, el

designio de Dios de salvar el resto (v.8) que fuera con el tiempo el núcleo de restauración nacional

no ha permitido que la destrucción fuera exhaustiva, como en aquellas ciudades anegadas

para siempre a orillas del mar Muerto, sin posibilidad de resurgimiento.

Por encima de todos los pueblos, y dirigiendo el curso de la historia, se halla siempre en

la mente de los profetas el Dios de los ejércitos (V.9), es decir, el que guía como general las

constelaciones de los “ejércitos” de los cielos, y al mismo tiempo sale fiador por los intereses de

su pueblo en las “batallas” contra sus enemigos, que tratan de obstaculizar el curso normal de la

historia de Israel5, portador del designio salvador de Dios a través de los tiempos hasta la gran

manifestación del Mesías, la culminación de la hora de Dios en la historia.

Estas son ideas comunes a los grandes profetas y constituyen el nervio y la espina dorsal

1684

de la teología del Antiguo Testamento. Siempre y en todo momento la luz de la era mesiánica es

la razón de la salvación del pueblo elegido en las vicisitudes de su historia, y a través de esta

luz futura, los profetas interpretan la historia de Israel. Por eso, siempre se salva un resto de las

grandes catástrofes nacionales. La doctrina sobre un resto, núcleo de salvación en el pueblo,

aparece ya clara en el profeta Amos un cuarto de siglo antes de que Isaías iniciara su predicación,

y se convirtió en lugar común en la literatura profética.

Inutilidad del culto puramente externo (10-17).

10 Oíd la palabra de Yahvé, príncipes de Sodoma; aprestad el oído a la ley de nuestro

Dios, pueblo de Gomorra. 11¿A mí qué, dice Yahvé, toda la muchedumbre de

vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, del sebo de vuestros

bueyes cebados. No quiero sangre de toros, ni de ovejas, ni de machos cabríos.

12¿Quién pide eso a vosotros, cuando venís a presentaros ante mí, hollando mis

atrios? 13No me traigáis más esas vanas ofrendas. El incienso me es abominable;

neomenias, sábados, convocaciones festivas, las fiestas con crimen me son insoportables.

14Detesto vuestros novilunios, y vuestras convocatorias me son pesadas; estoy

cansado de soportarlas. 15Cuando alzáis vuestras manos, yo aparto mis ojos de vosotros;

cuando multiplicáis las plegarias, no escucho. Vuestras manos están llenas de

sangre. 16Lavaos, limpiaos, quitad de ante mis ojos la iniquidad de vuestras acciones.

Dejad de hacer el mal, 17 aprended a hacer el bien, buscad lo justo, restituid al

agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.

La mención anterior de Sodoma y Gomorra del V.9 le sirve de introducción al profeta para calificar

a los dirigentes del pueblo elegido, sin que esto quiera decir que entre ellos privara el vicio

específico de tales ciudades malditas, la sodomía, sino más bien para resaltar el grado de corrupción

a que los dirigentes de Judá habían llegado, de los que era un tradicional símbolo la conducta

de las dos ciudades malditas. Y se invita a los dirigentes y pueblo de Israel a escuchar el verdadero

mensaje espiritual de Dios.

La expresión ley de nuestro Dios no indica necesariamente la Ley mosaica, pues puede

tener el sentido amplio de instrucción divina al pueblo; en ese caso podría ser paralela a la palabra

del Señor del v.3. Se trata, pues, del oráculo profético que va a proferir Isaías 6. Lo esencial

de la religión no está en los ritos meramente externos, como los sacrificios y las ofrendas. Los

primeros se distinguían en “holocaustos,” en los que se quemaba toda la víctima; “sacrificio pacífico,”

en los que sólo se quemaba en el altar las partes grasas de la víctima; y, por fin, las

“oblaciones” incruentas, de las que parte se reservaba, como en los anteriores, a los oferentes,

parte se quemaba ante el Señor, y parte quedaba para los sacerdotes y levitas.7 Nada de esto le

interesa a Dios si los oferentes se acercan sin las disposiciones internas necesarias de compunción

y arrepentimiento de sus pecados, sobre todo los cometidos contra el prójimo. En realidad,

el acercarse al templo en malas disposiciones a hacer sacrificios es un insulto a Dios, y por eso

no quiere verlos presentarse ante El hollando sus atrios (v.12). Todo lo que le ofrezcan en esas

condiciones le resulta repugnante y lo rechaza, porque no responde a las disposiciones de sus corazones.

Los sacrificios no son necesarios a Yahvé, como lo eran para los ídolos para su sustentación.

En la Ley mosaica los sacrificios no tienen el valor de un “do ut des,” como en las otras

religiones, sino un mero signo de dependencia y sumisión al Señor de todo lo creado, un tributo

de piedad y acatamiento 8.

Los profetas, pues, rechazan constantemente esos sacrificios que no representan el espíri1685

tu de piedad y acatamiento.9 No es que sean opuestos por sistema a los ritos cultuales, predicando

una religión carismática revolucionaria en contra de la tradición sacerdotal. Es falsa la opinión

de Renán de que los profetas predicaban “una religión sin culto, sin templo y sin sacerdotes.”

10 No, lo que rechazaban era una religión que considerara como esencial de ella las ceremonias

externas, dando de lado a todos los valores ético-religiosos. Son más bien los restauradores

del primitivo yahvismo espiritualista tal como lo estableció Moisés en el desierto.

Las fiestas, si no llevan el sello de la entrega interior del alma, carecen de sentido ante

Dios. El profeta enumera las distintas solemnidades religiosas entonces vigentes: los novilunios

al principio de cada mes; los sábados cada siete días, y las convocatorias solemnes tres veces al

año: Pascua, Pentecostés y Tabernáculos.11

El novilunio eran las fiestas de principio de mes, cuando la luna se hacía visible, en la que

parece se ofrecían sobre todo sacrificios en las tribus y familias 12; las convocatorias religiosas

eran las del sábado,13 y las tres grandes del año, Pascua, Pentecostés y Tabernáculos.14

Dios no soporta que le eleven en la oración sus manos, como era usual, cuando las tienen

manchadas en sangre, quizá aludiendo a los sacrificios de niños inocentes a Moloc, como ocurrirá

en tiempos no lejanos bajo Manases. Dios no puede soportar esta hipocresía, y por eso aparta

sus ojos de ellos, es decir, les retira su gracia y benevolencia. Sólo podrán reconciliarse con él en

el supuesto de que emprendan una reforma en su conducta, en la moral privada y en sus relaciones

sociales, como exigía el espíritu de la Ley mosaica, que tiene un profundo respeto a la

personalidad humana. Naturalmente, el profeta se dirige sobre todo a las clases directoras de la

sociedad, principales responsables de la declinación ético-religiosa del pueblo.

Invitación a la reconciliación (18-20).

18 Venid y entendámonos, dice Yahvé. Aunque vuestros pecados fueran como la grana,

quedarán blancos como la nieve. Aunque fuesen rojos como la púrpura, vendrían

a ser como la lana. 19Si vosotros queréis, si sois dóciles, comeréis los bienes de la

tierra. 20 Si no queréis y os rebeláis, seréis devorados por la espada. Lo dice la boca

de Yahvé.

Dios en este litigio con su pueblo le invita a un proceso legal, en el que cada parte pueda exponer

sus diferencias: Venid y entendámonos, aunque por su parte está dispuesto a retirar sus alegatos,

supuesto que ellos reconozcan sus faltas para con El, y a concederles el perdón total, por grandes

que hayan sido sus faltas: aunque vuestros pecados fueran como la grana, quedarían blancos

como la nieve (v.18). La reconciliación obraría el milagro de borrarles todas sus manchas y dejarlos

limpios ante la faz del Señor.

Algunos autores entienden la frase anterior como una ironía, haciendo resaltar la imposibilidad

de que ellos por sus propias fuerzas pudieran librarse de las consecuencias de sus pecados,

como si dijera: “Si vuestros pecados son como la escarlata, ¿podréis hacerlos blancos como

la lana?..” No obstante, parece que en el contexto predomina el sentido de perdón; por eso parece

más aceptable la primera interpretación. No sabemos por qué el color escarlata era símbolo del

pecado, quizá porque el rojo oscuro, como la tarde, la noche, podía ser símbolo del mal, como el

color blanco es símbolo de la luz, del día, de lo bueno, la inocencia, la gloria.15

Al lado de esta oferta de perdón les pone también la alternativa contraria: si no quieren

emprender el buen camino, no les queda otra cosa que perecer en la vorágine de la guerra: seréis

devorados por la espada, según la expresión aún corriente entre los árabes. Al contrario, si son

dóciles a los mandatos de Yahvé, disfrutarán tranquilamente de los bienes de la tierra (v. 19-20).

1686

Elegía sobre la corrupción moral de Sión (21-23).

21 ¿Cómo te has prostituido, Sión, ciudad fiel, llena de justicia? Antes moraba en ella

la equidad, y ahora los asesinos. 22 Tu plata se ha tornado escoria, tu vino generoso

se ha aguado, 23tus príncipes son prevaricadores y compañeros de bandidos* Todos

aman el soborno y van tras los presentes. No hacen justicia al huérfano, y la causa

de la viuda no tiene acceso a ellos.

El profeta lanza una elegía en estilo rimado, como era usual entre ellos, para hacer más impresión

en la psicología del pueblo sencillo, como hacían los rapsodas para divulgar sus ideas. La

idea central es también un lugar común en la literatura profética: Jerusalén, personificación de

Israel, es infiel en su matrimonio con Yahvé, contraído en la alianza del Sinaí, aunque no es Isaías

precisamente el que más destaca este símil; pero era ya corriente desde Oseas 16, del que pueda

incluso depender en algunas expresiones de la elegía. Sión es como una doncella que ha

abandonado a su marido, Yahvé, entregándose a los cultos idolátricos, perdiendo así lo atractivos

que le hacían amable a los ojos de Dios, ella que era antes el asiento de la justicia en los tiempos

de David y fiel sólo a su Dios nacional. Ahora, en cambio, es juguete de gentes sin conciencia,

los asesinos (v.21).

Antes era como un metal de buena ley por la pureza de buenas costumbres, y agradable

como el vino generoso pero ahora se ha convertido en metal despreciable y en licor mistificado,

que repugna al paladar de Dios (v.22).

Anuncio de un juicio purificador (24-27).

24 Por eso proclama el Señor, Yahvé de los ejércitos, el Fuerte de Israel: ¡Ay! voy a

vengarme de mis adversarios y a tomar revancha de mis enemigos. 25Y volverá mi

mano contra ti, y purificaré en la hornaza tus escorias, y separaré todas tus partículas

de plomo. 26 Y te restituiré tus jueces como eran antes, y tus consejeros como al

principio, y después serás llamada ciudad de justicia, ciudad fiel. 27Sión será redimida

por la rectitud, y sus convertidos en justicia.

Dios, ante la impenitencia de Judá, va a reaccionar violentamente y someter a los principales

responsables de la situación, sus adversarios, a un juicio purificador. Antes había dicho que Sión

era como plata envilecida y vino mistificado, que había perdido su fuerza; ahora juega con la

primera imagen, diciendo que va a acrisolar el metal para extraer lo bueno que aún pueda quedar

(v.25); y para dar más fuerza a la amenaza, presenta a Dios como el Fuerte de Israel, expresión

rara en la Escritura, que encontramos ya en el Génesis,17 y parece similar a la de “Dios de los

ejércitos” que inmediatamente aparece antes en el texto, para significar el poder de Dios, capaz

de hacer todo lo que anuncia.

El resultado de este juicio purificador será el restablecimiento de una administración con

todas las garantías morales como antes, en la edad de oro de la época davídica. El efecto del castigo

de Dios será muy saludable, y hará florecer las virtudes tradicionales, en tal forma que se la

volverá a llamar ciudad de justicia, ciudad fiel, como en los tiempos antiguos. Se discute sobre el

sentido de las palabras rectitud y justicia (v.27), pues lo mismo pueden significar las virtudes del

pueblo, que cambiarán la vida nacional, que los atributos de Dios, “juicio y justicia,” que se manifestarán

en la redención del pueblo, como si dijera: “Sión será redimida con el juicio (purificador)

de Dios, y sus cautivos volverán después de la manifestación de la justicia divina sobre

1687

ella.”

Destrucción de los pecadores e idólatras (29-31).

29 Los impíos, los pecadores, todos a una serán quebrantad dos; los desertores de

Yahvé serán aniquilados. 30Entonces os avergonzaréis de los árboles que tanto estimabais

y seréis llenos de confusión ante los jardines que os elegisteis, pues seréis

como terebinto despojado de su follaje, y como jardín que carece de agua. 31Y el robusto

será como estopa, y su obra como chispa, y arderán ambos juntamente, y no

habrá quien lo apague.

La idea de juicio purificador de la perícopa anterior se continúa aquí, detallando la causa principal

del castigo: la idolatría reinante en el país. El castigo de Dios servirá para poner en evidencia

el fundamento de aquellas locas idolatrías. Habían ido a adorar a sus dioses bajo los arboles

frondosos y en los jardines llenos de vegetación exuberante, como adorando la fuerza de la naturaleza,

que allí se manifestaba en toda su pujanza (v.30). Es la religión animista, que había sido

importada de Siria. Aún los beduinos de las estepas siró-arábigas ven en los árboles genios protectores,

a los que procuran aplacar con dádivas y exvotos. En todos estos bultos se practicaban

ritos afrodisíacos y obscenos en honor de la madre de la fertilidad, Astarté. Pero llegará un momento

en que los israelitas idólatras se avergonzarán de haber tenido estos cultos, pues se verán

defraudados en sus esperanzas en la hora de la prueba, y los arboles bajo los cuales practicaban

estos cultos, contrarios a los intereses del yahvismo, y los jardines (v.29-50), es decir, los recintos

sagrados, poblados de árboles, con sus fuentes para procurar la exuberancia de la vegetación,

desaparecerán y serán abandonados.18

Entonces el fuerte y su obra serán, como estopa, pasto de las llamas (ν.31). Es difícil determinar

el sentido de esta frase, pero el contexto parece ser que el idólatra, que se consideraba

fuerte y seguro con sus prácticas, su obra, al dar culto a los múltiples dioses de la naturaleza, será

en realidad víctima de su obra; es decir, ésta será ocasión de su ruina, como la chispa cebándose

en la estopa. Desaparecerán el adorador y los ídolos en que confiaban cuando llegue el

huracán del juicio de Dios, que se manifestará por las invasiones de los pueblos extranjeros, y

nadie se atreverá a ayudarles a apagar el fuego devastador provocado por la ira divina.

1 Dt 4:26.31. — 2 Ex 19:6. — 3 Dt 32:10-18; Ex 4:22s; Dt 14:1; Os 11:1. — 4 2 Grón 28:17. — 5 1 Re 17:45; cf. Ex 7:4. — 6 Cf. Is

8:16; 30:9; Jer 2:8; 8:8; 18:18; Ez 7:26; Jer 31:33; Is 42:4, etc. — 7 Cf. Leve.1-3. — 8 Véase com. a Lev c.1-3. — 9 Os 6:6; Miq

6:6-8. — 10 Renán, Histoire du peuple d'Israel t.4:21? — 11 Véase com. a Lev 23. — 12 1 Sam 20:5.24; 2 Re 4:23; Am 8:5; Os

2:11; Núm 18:11; Ex 20:8. — 13 Cf. Lev 23. — 14 1s 1.I4; 2:I5. — 15 Sal 51:7. — 16 Os c.1-3. — 17 Gen 49:24. — 18 Is 1:17;

65:3; 66:17

2. Sión, Centro del Reino Universal de Yahvé.

Los capítulos 2-4 parecen formar una pequeña colección de oráculos isaianos, que pudieron

existir antes en una compilación separada. Encontramos al principio la frase introductoria lo que

vio Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y Jerusalén, como en el título del capítulo 1, sin determinar

la fecha de la composición, lo que parece indicar que esta sección es independiente históricamente

de los oráculos del capítulo.1

1688

Sión, centro del reino universal de Yahvé (1-5).

1 Lo que vio Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y Jerusalén: 2Y sucederá a lo postrero

de los tiempos que el monte de la casa de Yahvé será consolidado por cabeza

de los montes, y será ensalzado sobre los collados, y se apresurarán a él todas las

gentes, 3y vendrán muchedumbres de pueblos, diciendo: Venid y subamos al monte

de Yahvé, a la casa del Dios de Jacob, y El nos enseñará sus caminos, e iremos por

sus sendas, porque de Sión ha salido la Ley, y de Jerusalén la Palabra de Yahvé. 4El

juzgará a las gentes, y dictará sus amonestaciones a numerosos pueblos, que de sus

espadas harán rejas de arado, y de sus lanzas, hoces. No alzarán la espada gente contra

gente, ni se ejercitarán para la guerra. 5Venid, ¡oh casa de Jacob! y caminemos

a la luz de Yahvé.

El profeta, en contraste con el juicio purificador del capítulo I, nos presenta un horizonte luminoso

mesiánico, desbordando totalmente el contexto anterior y el siguiente. Como en otras ocasiones,

los anuncios de tragedia y de gloria se entreverán alternativamente para mantener las esperanzas

del pueblo en medio de las tragedias nacionales pasajeras. A sus ojos surge, deslumbradora,

la ciudad de Jerusalén, centro de la soberanía de Yahvé, ocupando un puesto de preeminencia

entre todos los pueblos; y aun físicamente el monte en el que se asienta la Ciudad Santa

aparece elevado sobre las cimas de las demás montañas del resto del mundo. Es una idealización

de los tiempos mesiánicos para hacer resaltar mejor la ascendencia religiosa y moral que sobre

los otros pueblos ha de tener la nueva teocracia, con Sión como capital religiosa y espiritual de

todos los pueblos.

Esta preeminencia sobre todas las gentes hará despertar las conciencias de todos los pueblos

para acercarse a la Ciudad Santa y comprobar con sus propios ojos lo que la constituye en la

primera ciudad del universo, de forma que todos podrán constatar que allí efectivamente está el

asiento de la justicia y de la equidad; por eso se la escogerá como arbitro de todas las diferencias

entre los pueblos, de modo que estarán de más los instrumentos de guerra, que en esta nueva

edad de paz se convertirán en medios de trabajos pacíficos, como la labranza y la recolección de

las cosechas.

El profeta se proyecta mentalmente a lo postrero de los tiempos, frase consagrada para

designar la época mesiánica,1 y ve el monte de la casa de Yahvé, es decir, el monte sobre el cual

se asentaba el templo de Jerusalén,2 que aparece exaltado sobre todos los otros montes; es un

modo metafórico de decir que Jerusalén va a destacar por su importancia religiosa y política sobre

los otros pueblos y ciudades del mundo 3, de modo que todas las gentes serán arrastradas

hacia ella.

El profeta indudablemente que nos presenta el universalismo religioso en toda su amplitud,

como es general en las profecías mesiánicas. Todos quieren instruirse en los caminos (v.3)

de Dios, es decir, los principios ético-religiosos, base de la teocracia israelita, que resplandecerán

con nuevo brillo en la gran era mesiánica. Todos se exhortan mutuamente para acercarse

a la Ciudad Santa; la expresión porque de Sión puede ser, o bien de las gentes que se encaminan

hacia Sión, o del profeta que da la razón de la afluencia de los pueblos, aunque quizá resulte

más sencillo entenderlo en el primer sentido: Jerusalén será la admiración de todos los pueblos

por sus instituciones religiosas y políticas, que traerán como consecuencia un gobierno de equidad

y prosperidad general.

No se habla de que los otros pueblos que afluyen a Jerusalén hayan de quedar política1689

mente sometidos a la teocracia israelita, sino que querrán imitar sus instituciones y seguir sus enseñanzas

para poder conseguir un estado de bienestar parecido al de la Ciudad Santa. En todo

caso, la superioridad de Sión se mantendrá siempre, ya que de ella irradiarán la ley y la palabra

de Yahvé, porque allí se manifestará de modo especial la voluntad divina por sus instituciones y

sus profetas, en constante comunicación con Dios (v.3). En ella Yahvé tendrá su trono para dictaminar

en los litigios judiciales (dictará sus amonestaciones) entre los pueblos, en cuanto que

será el arbitro de todos los conflictos, y sus decisiones, llenas de equidad, serán aceptadas espontáneamente

por todos los pueblos, lo que traerá como consecuencia el establecimiento de una paz

total, quedando sin objeto los instrumentos de guerra (v.4.), que serán convertidos en instrumentos

de paz.4 La paz universal es una idea esencialmente mesiánica.5 Miqueas, en el pasaje paralelo,

completará este cuadro bucólico: “Sentaráse cada uno bajo su parra y bajo su higuera, y nadie

les infundirá miedo, porque lo dice la boca de Yahvé.”6

Históricamente esta profecía se cumple, en sus líneas esenciales, en la Iglesia católica, “el

Israel de Dios,” heredero de las promesas del Israel histórico. Naturalmente, la descripción de

Isaías está envuelta en un ropaje poético en cuanto a sus circunstancias accidentales. Esa paz total

es un desborde de imaginación oriental, como lo hará en el capítulo II, cuando nos presente al

león comiendo paja como el manso buey, y al niño metiendo la mano en la madriguera del basilisco.

Son imágenes para expresar la paz total, suprema ansia de todos los corazones en todos los

tiempos.

Esta profecía la encontramos repetida en términos casi idénticos en Miqueas7. Esto plantea

la cuestión de su origen literario, ya que no es fácilmente comprensible en el modo corriente

del mecanismo de la inspiración escrituraria que Dios revelara una misma cosa en los mismos

términos, ya que el Autor principal en el proceso inspirativo respeta las individualidades psicológicas

del autor humano. Los críticos creen que aquí hay una fuente primera de la que depende la

otra. ¿Quién depende de quién? ¿Isaías de Miqueas o viceversa? Ambos autores son contemporáneos.

Cable la hipótesis de que ambos la hubieran recogido de un tercer autor más antiguo o de

que un redactor posterior a ambos lo tomara de uno de ellos y lo insertara en el otro. Como las

ideas de esta perícopa son muy semejantes a las que Isaías expresa en 11:1-8 y 32:1-8, parece

más probable que el autor sea Isaías y que sus palabras fueran después reflejadas por Miqueas

como un eco de las suyas, como también parece la profecía de Miqueas sobre el nacimiento de

un Niño misterioso en Belén8 un eco de la profecía del Emmanuel de Isaías.9

Defección religiosa de Jada (6-8).

6 Ciertamente has rechazado a tu pueblo, a la casa de Jacob, por estar llena de adivinos

y hechiceros, como los filisteos, y haber pactado con los extranjeros. 7Su tierra

está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin, llena de caballos y carros sin fin.

8Está su tierra llena de ídolos; se prosternan ante la obra de sus manos, ante lo que

sus dedos fabricaron.

De nuevo el profeta proclama la apostasía general en su pueblo. Algunos creen que se ha perdido

la introducción a este oráculo que aparece ex abrupto. Con amargura constata cómo los israelitas

en sus problemas van a buscar la solución a los “adivinos y hechiceros” (v.6), en contra de lo

prescrito en la Ley,10 poniéndose en el mismo plano que los filisteos e incircuncisos,11 cuando en

realidad sólo Yahvé podría ayudarlos; sin embargo, prescindiendo de El, han buscado alianzas

con los extranjeros (v.6). Y lo que más les ha engreído, creyéndose con aires de suficiencia para

abordar sus problemas sin contar con la tradicional ayuda de Yahvé, su Dios y protector, es que

1690

la nación se halla pletórica de riquezas. Su tierra está llena de plata y oro... Efectivamente, en

los reinados de Ozías y Joatán, debido al amplio desarrollo comercial, como consecuencia de

haber conquistado el puerto de Elat (el actual Aqaba) en el mar Rojo,12 la nación había entrado

en un período de prosperidad y opulencia, y, por otra parte, la victoria de Ozías sobre los árabes,

filisteos y demás pueblos circunvecinos, había logrado que le reconocieran su soberanía, ofreciéndole

sus respectivos tributos 13. Con todos esos recursos sólo se preocuparon, como Salomón,

de hacerse fuertes militarmente, al estilo de los pueblos idólatras, procurándose carros y

caballos (v.7), con lo que en realidad no se conseguía sino desmoralizar al pueblo, haciéndole

perder la confianza en Yahvé, el único que podría ayudarles en las situaciones críticas, al confiar

sólo en los medios humanos. Los profetas siempre se habían opuesto a esta acumulación de

medios materiales, porque veían en ellos el peligro de la deserción religiosa del pueblo, alejándose

de las cláusulas de la alianza del Sinaí.14 Los cultos orgiásticos y afrodisíacos extranjeros, por

su sensualismo acentuado, habían sido un peligro constante para el pueblo israelita, que encontraba

demasiado adusto al Dios del Sinaí. El contacto comercial con el extranjero y la opulencia

reinante bajo Ozías hicieron que la conciencia religiosa se fuera embotando, entregándose el

pueblo a los cultos del extranjero. Además, en esta época de buenas relaciones con el extranjero,

se habían establecido colonias comerciales en la tierra de Israel,15 y con ellas también, indudablemente,

los cultos exóticos. Esto era para el profeta una profanación de la Tierra Santa, la tierra

de Yahvé; por eso se queja de esta inundación de cultos extraños en el corazón del mismo pueblo

elegido: Está su tierra llena de ídolos, se prosternan ante la obra de sus manos (v.8).

El “día” del Señor (9-22).

9 Todo hombre será derribado, todo mortal humillado, no los perdonarás. 10Meteos

en los escondrijos de las peñas, escondeos en el polvo, ante la presencia aterradora

de Yahvé, ante el fulgor de su majestad (cuando venga a castigar la tierra)16. 11Las

altivas frentes de los hombres serán abatidas y será humillada la soberbia humana,

y sólo Yahvé será exaltado aquel día. 12 Porque llegará el día de Yahvé de los ejércitos

sobre todos los altivos y engreídos, sobre todo lo que se yergue, para humillarlo;

13sobre todos los altos y erguidos cedros del Líbano, sobre las robustas encinas de

Basan, 14 sobre todos los montes altos y sobre todos los altos collados, 15sobre las altas

torres y sobre toda muralla fortificada, 16sobre todas las naves de Tarsis y sobre

todos los monumentos preciosos, 17y será abatida la altivez del hombre, y la soberbia

humana humillada, 18y sólo Yahvé será exaltado aquel día, y desaparecerán todos

los ídolos. 19Meteos en los escondrijos de las rocas, escondeos en el polvo, ante la

presencia aterradora de Yahvé, ante el fulgor de su majestad, cuando venga a castigar

la tierra. 20Aquel día arrojará el hombre, entre topos y murciélagos, sus ídolos

de plata y sus ídolos de oro, que se hizo para adorarlos, 21para meterse en las hendiduras

de las rocas y en las anfractuosidades de las peñas, ante la presencia aterradora

de Yahvé y el fulgor de su majestad, cuando surja a castigar la tierra.

22Retiraos del hombre, cuya vida es un soplo17. ¿Qué estima podéis hacer de él?

Después de la defección general del pueblo a causa de su opulencia material, Dios va a intervenir

con un castigo que los haga entrar en razón, y el profeta presenta en tonos patéticos la manifestación

de la cólera divina, la cual es ya tan inminente que les urge a que busquen un refugio improvisado

(v.10). La altivez va a ser probada y humillada, y es comparada a los cedros del Líbano

por su altura y a las encinas de Basan por su robustez. Basan es la región de Galad al nordeste

1691

del Jordán, que pasaba por ser la región más frondosa. Sus encinas aparecen constantemente en

parangón con los cedros del Líbano para destacar la altivez y la robustez.18

También serán abatidas las naves de Tarsis (v.16), las de mayor tonelaje de la época,

porque hacían sus recorridos hasta el extremo occidental, España, donde generalmente se coloca,

relacionándola con la Tartesos griega, en la desembocadura de Huelva, adonde iban a recoger los

ricos minerales de estaño, plata y cobre, muy celebrados en la literatura clásica.19 Más tarde, la

expresión naves de Tarsis llegó a designar a los barcos de gran tonelaje en general, aunque hicieran

sus rutas hacia oriente, como las de Salomón, que iban hacia el mar Indico a recoger marfil y

perlas. Equivalía, pues, a nuestra denominación de “trasatlánticos,” o buques de gran tonelaje,

aunque sus viajes se desarrollen por otros océanos.20

El profeta enumera todo lo que entonces era símbolo de grandeza: cedros del Líbano, encinas

de Basan, naves de Tarsis, montes elevados, fuertes amurallados, para hacer ver que todo

esto desaparecerá como un soplo ante la manifestación de la cólera de Dios en el día de Yahvé,

es decir, el día de la intervención del juicio purificador de Dios. La expresión día de Yahvé aparece

ya en Amos21, quien le da el sentido de manifestación de un castigo general divino en contra

de la opinión corriente, que esperaba en el día de Yahvé la manifestación gloriosa de Dios consumando

el triunfo total sobre los enemigos de Israel. También en este pasaje de Isaías tiene este

sentido conminatorio de manifestación de la justicia divina, que busca la reparación y la purificación

de su pueblo por el dolor y el sufrimiento.

Consecuencia de la tragedia que se avecina será que todos abandonarán sus ídolos y lo

que más querían, dejándolo a las alimañas (v. 20) como estorbo, buscando su salvación personal

en los lugares más inaccesibles (v.21). Y el profeta termina con una amonestación paternal, llamándoles

al buen sentido para que no confíen en lo que no tiene nada de garantía ni solidez, es

decir, en el hombre, cuya vida es un soplo (v.22), y, como tal, despreciable y sin valor.

3. Castigo de Juda.

En el capítulo anterior, el profeta destacaba la defección religiosa del pueblo escogido; aquí

más bien se considera la situación desde el punto de vista social y político. Las costumbres disolutas

han dado al traste con la misma vida nacional en sus fundamentos. Faltan todas las clases

dirigentes que con su honestidad puedan dar estabilidad y base a la vida social. No sabemos si

esta situación fue a causa de una guerra o más bien de una revolución social. En 9:8ss, hablando

al Israel del Norte, se describe una anarquía social antes del desastre originado por la invasión

asiría. Quizá aquí estemos ante una situación similar. Algunos creen que este oráculo reflejaría la

época en que Acaz (c.735) era aún menor de edad y el poder estaba en manos débiles y desaprensivas.

La anarquía social en Jerusalén (1-7).

1 Porque he aquí que el Señor Yahvé de los ejércitos quitará a Jerusalén y a Judá

todo apoyo y sostén, el sostén de pan y el sostén de agua, 2el guerrero, el hombre de

armas, el juez, el profeta, el adivino y el anciano, 3el jefe de cincuenta, el grande y el

consejero, el mago y el hechicero. 4Y les dará mozos por príncipes, y reinará sobre

ellos el capricho, 5y las gentes se revolverán los unos contra los otros, cada uno contra

su compañero, y el mozo se alzará contra el anciano, y el villano contra el noble.

6Y se echarán unos sobre otros, diciendo en la casa de su padre: “Tú tienes un

1692

manto, ven y sé nuestro jefe, y toma en tus manos esta ruina.” 7Y el otro en aquel

día les responderá: “No quiero ser médico, y en mi casa no hay ni pan ni vestido; no

quiero ser jefe del pueblo.”

La situación va a ser trágica, ya que Dios va a quitar todos los medios de subsistencia (el sostén

de pan y el sostén de vino), juntamente con la desaparición de las clases representativas que puedan

salvar la situación (el guerrero, el hombre de armas, el profeta) “y todos los que tenían algún

relieve en la dirección del pueblo” (v.2-3), y en vez de ellos hará que se encarguen de los

resortes de la vida pública gentes sin solvencia (dará a los mozos por príncipes), cuya inexperiencia

e ineptitud harán crear un malestar social general, de tal forma que surgirá una revolución

fratricida, en la que las clases bajas se alzarán contra las personas más honorables de la sociedad

(v.5), y la anarquía será de tales proporciones que no faltarán quienes busquen desesperadamente

remediar tal situación en algún hombre que aún represente algo en la sociedad por su posición

social, para que se encargue de su dirección; pero las cosas llegarán a tal extremo, que las rehusará,

porque cree que ya no hay remedio; no podrá hacer de médico (v.6) para curar las llagas

sociales.

Es una idea muy arraigada en los orientales que el gobierno de los pueblos pertenece a las

clases de mejor posición económica y social. Y esto es lo que se refleja en el v.6: los que nada

tienen dirán al que todavía tiene algo de herencia: Tienes un manto, sé nuestro jefe; es decir, nosotros

no tenemos nada, lo hemos perdido todo en la catástrofe general y estamos totalmente

amiseriados. Tú aún tienes algo de herencia y un manto para vestirte, nosotros no tenemos más

que harapos. El manto, pues, es aquí signo de ascendencia social, de honorabilidad, que hará que

le respeten al que lo lleve, y así el interpelado aparece como un patricio en medio de la miseria

general de los heredados, pues figura todavía como propietario, ya que en la catástrofe ha conservado

la casa de su padre. Ese manto sería, pues, como la toga patricia, símbolo de la calidad

social de la persona, que la hacía apta y elegible para cargos públicos.22 Pero el interpelado se

niega a ello: No puedo ser médico, es decir, no puedo encargarme de salvar la situación, porque

estoy como vosotros, totalmente arruinado; no tengo medios para ello: en mi casa no hay pan ni

vestido (v.7), y, en consecuencia, es inútil que se me ponga como jefe del pueblo.

Conducta impía de la nación y de sus magistrados. (8-12)

8 Sí, Jerusalén está al borde de la ruina, porque sus palabras y sus obras todas son

contra Yahvé, para irritar los ojos de su majestad. 9 Sus frentes dan testimonio contra

ellos 23, pues llevan, como Sodoma, sus pecados a la vista, no los disimulan. Ay

de ellos, que se acarrean su propia ruina! 10 Bienaventurado el justo, porque habrá

bien, comerá el fruto de sus obras 11 Ay del impío, porque habrá mal, recibirá el pago

de las obras de sus manos 12 Mi pueblo está oprimido por caprichosos, y se han

apoderado de él exactores. Pueblo mío, los que te guían te descarrían, han torcido el

camino por el que ibas.

Continuando la idea de disolución general, quiere acusar el profeta a los verdaderos culpables,

precisamente los que estaban encargados de orientar al pueblo. La ruina es tan inminente, que el

profeta la ve como ya cumplida, pues la conducta de Jerusalén está desafiando e irritando los

ojos de Dios, que lo ven (v.8).24 La insolencia es tan general, que no se avergüenzan de sus prevaricaciones,

y están degenerados como en otro tiempo los de Sodoma. En realidad, el mal que

hacen caerá sobre ellos, porque Dios los va a castigar (V.9). A continuación encontramos dos

1693

versículos (10-11) que parecen estar fuera de contexto, ya que interrumpen la diatriba contra los

abusos de las clases dirigentes. Quizá sean dos versículos de otro capítulo, desplazados aquí por

algún escriba. El estilo de ellos recuerda algo la literatura sapiencial.25

Y la razón de tanta anarquía, como había dicho en el v.4, es que la nación será juguete de

gente inexperta,26 y el profeta, ante esta situación de anomalía, no puede menos de lanzar un grito

de angustia: ¡Pueblo mío! porque le ve desorientado, fuera de las rutas tradicionales religiosas,

inducido por la conducta pagana de sus magistrados.

Yahvé, acusador y juez (13-15).

13 Yahvé está en pie para acusar, se alza para juzgar a los pueblos.27 14Yahvé vendrá

a juicio contra los ancianos y los jefes de su pueblo, porque habéis devorado la viña,

y los despojos del pobre llenan vuestras casas, 15 porque habéis aplastado a mi pueblo

y habéis machacado el rostro de los pobres, dice el Señor, Yahvé de los ejércitos.

Ante este estado de prevaricación general, la manifestación del “día de Yahvé” es inminente, y,

en efecto, Dios va a surgir de un momento a otro para poner las cosas en su punto, para juzgar a

su pueblo, como lee la versión de los LXX. No hay ningún indicio cierto de que aquí se trate de

un juicio universal sobre todos los pueblos en el plan escatológico en que se ponen otros oráculos

profetices.

Si conservamos la lectura del texto hebreo, a los pueblos, podría ella explicarse sencillamente

de un juicio de Dios sobre los distintos pueblos, y en primer término sobre el pueblo israelita,

queriendo dar a entender cómo Dios vela por los derechos de su justicia en todos los pueblos

(v.13). Y los principales responsables, los ancianos y jefes del pueblo (v.14), serán los primeros

en comparecer ante el tribunal divino, ya que, encargados de guardar su viña, su pueblo elegido,

contra las incursiones de las fieras salvajes, los enemigos religiosos, no han hecho sino aprovecharse

de su posición social para devorar sus frutos. En el c.5, el profeta volverá con más detención

sobre este símil de la viña del Señor.28

Oráculo contra las mujeres de Jerusalén (16-24).

16 Dice Yahvé: Ya que tan engreídas son las hijas de Sión, y caminan con la cabeza

erguida, mirando con desvergüenza, pisando como si bailaran y haciendo sonar las

ajorcas de sus pies, 17 el Señor afeitará la cabeza de las hijas de Sión y decalvará

Yahvé sus frentes 29. 18 Aquel día quitará el Señor sus atavíos, ajorcas, redecillas y

lunetas, 19 collares, pendientes, brazaletes, 20 cofias, cadenillas, cinturones, pomos de

olor y amuletos, 21 anillos, arillos, 22 vestidos preciosos, túnicas, mantos, bolsitos, 23

espejos y velos, tiaras y mantillas. 24 Y en vez de perfumes, habrá hediondez, y en

vez de cintura, un cordel, y en vez de trenzas, calvicie, y en vez de vestido suntuoso,

saco, y en vez de hermosura, vergüenza.

El profeta se encara con la altivez y vanidad desmesurada de las mujeres de Jerusalén, quienes

también con su vida provocativa han contribuido a la desmoralización del pueblo, y se fija precisamente

en las de alta posición social, que centran su vida en torno a sus adornos y joyas. Es admirable,

desde el punto de vista psicológico, la descripción que nos hace Isaías; las presenta caminando,

con la cabeza, altiva, mirando de reojo a los transeúntes para captar la impresión que

les causa su paso gracioso e insinuante a pasitos ligeros y menudos, para hacer sonar las cadenillas

y joyas que llevan enlazadas a sus tobillos, como aún se ve entre las mujeres beduinas. En

1694

castigo de su insolencia y desvergüenza, Dios las va a castigar, privándolas de lo que más estiman,

su cabellera. Según el Código de Hammurabi, se rasuraba los rizos que caían sobre la frente

al que había violado a una sacerdotisa.30 Aquí se trataría de algo que se consideraba como ignominioso,

sobre todo para las mujeres; y, por otra parte, Dios las va a privar de todas sus joyas

y objetos de tocador, cuyo inventario se describe con todo detalle precisamente para ridiculizar el

lujo desmesurado de estas doncellas desvergonzadas. Quizá muchos de estos objetos tenían,

además del valor ornamental, un significado de amuleto religioso (v. 18-24).31

Duelo de Jerusalén por la muerte de sus hijos (25-26).

25 Y tus hombres caerán a la espada, y tus héroes en la batalla. 26 Sus puertas gemirán

y se lamentarán.

1 Os 3:5; Ez 38:16; Jer 48:47; 49,391 23:20; 30,24. — 2 Miq 3:12: “monte de la casa”; 1 Mac. 16:20: “monte del templo.” — 3 Ez

40,2; Zac 14:10. — 4 Joel 3:10. Marcial: “falx ex ense” (Ep. XIV 34), y Ovidio: “sarcula cessabunt, versique in pila ligones”

(Fast. I 699). — 5 Os 2:18; Zac 9:10; Is 9:5. — 6 Miq 4:4. — 7 Miq 4:1. — 8 Miq 5:1-6. — 9 Is 7:14-16. — 10 Dt 18:11. — 11 1

Sam 6:2; 2 Re 1:2. — 12 2 Re 14:22. — 13 Cf. 2 Crón 26:7. — 14 Dt 17:16; 20:1; Is 31:3; Miq 5:10; Zac 9:10. — 15 1 Re 20:34.

— 16 El último hemistiquio falta en el hebreo, pero lo trae el griego, y hay que suponerlo por el ritmo y por el paralelismo con los

v.1Q y 21, donde aparece ya en el hebreo. — 17 Literalmente: “en cuya nariz no hay más que un soplo de vida,” que puede faltar

en cualquier momento. El profeta quiere destacar la fragilidad del hombre, y, por tanto, la insensatez de confiar en él. — 18 Ez

27:5-6; Zac 11:2. — 19 Cf. Estrabón, Geog. III 2:3; 2:8; 2:9; 3:5; 4:2; IV 6:12; XI 2:19. — 20 Is 23:1. — 21 Am 5:18. — 22

Skinner, o.c., p.26; Condamin, Le livre d'Isaie (1905) 0.24; Pirot Klamer, hale (iQ47) p.32. — 23 “Sus frentes dan testimonio...”

es frase dudosa. Otros leen: “su parcialidad testifica contra ellos” (Skinner, o.c., 28). — 24 Hab M3. — 25 Skinner, o.c., 27. — 26

Ed 10:16. — 27 Los LXX y Peshitta leen “a su pueblo” (en vez de “a los pueblos,” lo que está mejor en el contexto). — 28 Miq

3:2; Am 2:7; Is 3:25. — 29 La palabra hebrea que traducimos por sus fuentes es de significado incierto. Así la traducen Gondamin,

Dillman y Stade. Otros, como Skinner, leen “sus vergüenzas.” Pero, por paralelismo con “las cabezas de las hijas de Sión”

del primer hemistiquio, creemos preferible la primera interpretación, que, por otra parte, es perfectamente inteligible en el contexto.

— 30 Código de Hammurabi art.127- — 31 Es difícil precisar bien el sentido de cada objeto. Muchos de ellos aparecen en

otras partes del Antiguo Testamento, mientras que otros sólo se registran en este lugar de Isaías. Cf. Prov 7:22; Jue8:26; Ex 39:28;

Ez 24:17; Is 41:34-10; Jer 2:32; Gen 41:42; Est 3:12; Gen 24:47; Zac 3:4; Rut 3:15; Prov 31:24; Zac 3:5; Job 29:14; Cant 5:7. —

32 En una moneda de plata de la época de Vespasiano, Judea aparece con un vestí do de mujer enlutada, sentada a los pies de una

palmera, con esta inscripción: “ludaea capta.” Cf. Knabenbauer, In Isaiam 4:1. — 33 Jer 14:2; Lam 1:4; 2:10; Job 2:13; Ts 47:1;

13:2,

Capítulo 4.

1 En aquel día, siete mujeres echarán mano a un hombre, diciendo: “Comeremos de

nuestro pan, nos vestiremos con nuestras ropas, pero que podamos llevar tu nombre,

quita nuestro oprobio.”

En el actual contexto, el profeta se refiere a Jerusalén, puesto que hasta ahora hablaba de las

“hijas de Sión,” pero no cabe duda de que el contexto cambia bruscamente respecto del anterior.

Seguramente, esta pequeña perícopa pertenecía a un fragmento errático, desplazado de otro oráculo

del mismo profeta Isaías. En todo caso, el sentido es claro. El profeta nos describe la desolación

de Jerusalén, personificada en una madre que ha perdido sus hijos y que llora desconsoladamente

por ellos, por sus defensores. Y las puertas, que en épocas de paz constituían el lugar

más bullicioso y animado en las ciudades de Oriente, porque allí se hacían las transacciones comerciales

y se recogían las noticias que llegaban con la entrada de las caravanas que venían de

diferentes sitios (la misma administración pública, los consejos de la ciudad, se tenían allí, como

hacían los griegos en el “agora”), llorarán al verse solitarias y desiertas, y la ciudad, simbolizada

en una matrona, se sentará a llorar su triste suerte.32 En las Lamentaciones de Jeremías encontramos

la misma expresión aplicada a la desolación de Jerusalén, saqueada por los invasores ba1695

bilonios.33

Y también a las mujeres les tocará su parte; ellas, que antes, en épocas de paz, se paseaban

insolentes por la ciudad vendiendo caros sus atractivos, ahora, ante la escasez de varones, se

disputarán los pocos que han quedado después de la catástrofe: siete mujeres echarán mano a un

hombre (el número siete indica aquí, como en otras partes, multitud); y para que no se resista a

aceptarlas por esposas, ellas se comprometen a proveerse de lo necesario en el vestir y comer:

comeremos de nuestro pan y nos vestiremos con nuestras ropas (v.1), obviando así las dificultades

económicas que pudiera presentar el ansiado marido.

En la Ley 1 se prescribía que el marido debía encargarse de alimentar y vestir a su mujer.

Las mujeres de Jerusalén, en cambio, en la desesperada situación en que se encuentran, renunciarán

a estos derechos elementales, y se comprometerán a proveer ellas solas a sus necesidades; a

ellas lo que les interesa es tomar marido para no soportar ante la sociedad el oprobio de no haber

encontrado marido y no poder dejar descendencia, que era lo más anhelado en una mujer hebrea

2. Así, pues, le dicen que sólo aspiran a llevar su nombre (v.1), es decir, a poder figurar en la sociedad

como esposas honorables suyas y poder encontrar algún amparo, ya que en la catástrofe

han perdido a sus familiares y se encuentran solas en la sociedad.

Gloria del resto salvado (2-6).

2 En aquel día será el renuevo de Yahvé gloria y ornato, y el fruto de la tierra, grandeza

y honra de los que de Israel quedaren. 3 Y los restos de Sión, los supervivientes

de Jerusalén, serán llamados santos, y todos los hombres inscritos entre los vivos de

Jerusalén, 4 cuando lave el Señor la inmundicia de las hijas de Sión limpie en Jerusalén

las manchas de sangre, al viento, al viento de la devastación. 5 Y Yahvé creará

sobre todo el lugar del monte de Sión, y sobre sus asambleas, una nube humeante de

día y un resplandor de fuego y llama durante la noche, pues sobre toda gloria habrá

un dosel. 6 Y una tienda como sombra de día, contra el calor, y como refugio y abrigo

contra el turbión y el aguacero.

Esta sección, cuya estructura poética es oscura, se presenta también como una pieza errática, que

sustancialmente parece llevar el sello isaiano, pero que probablemente en su principio pertenecía

a otro contexto. Es un cuadro luminoso en que se presenta la situación gloriosa de Jerusalén después

del juicio devastador de Dios, del “día del Señor.” Aunque parece tener algún viso de pasaje

apocalíptico, no obstante, las ideas fundamentales (salvación de un “resto,” purificación por el

juicio y regeneración de la naturaleza) caen dentro de la ideología de Isaías. 3

En la nueva era mesiánica, la naturaleza se asociará con una vegetación exuberante a la

felicidad de los “rescatados de Sión,” que han sido salvados de la purificación general del juicio

de Dios. Este es un lugar común en la literatura profética.4

La expresión renuevo o germen de Yahvé ha sido interpretada por algunos como sinónima

del Mesías, y así lo entendía la versión caldea. En Zac, la expresión germen se refiere a Zorobabel,

tipo del Mesías,5 y en Jeremías se llama al Mesías “retoño o germen de la casa de David.”

6 En el contexto de Is 4:2, en cambio, por paralelismo con la expresión fruto de la tierra,

parece que hay que excluir esta interpretación, pues se trata de la extraordinaria fertilidad o

“germinación” que hará surgir Dios en la tierra, sin que intervenga el trabajo del hombre: Dios

hará brotar milagrosamente toda suerte de frutos terrenales al servicio de los “rescatados de

Sión,” en contraposición al fruto de la tierra que brota normalmente por el cuidado del agricultor.

Y todo esto será para grandeza y honra de los rescatados de Israel (v.2), es decir, de los que

1696

han sido salvados de la catástrofe general; y serán llamados santos (v.3),7 es decir, separados,

consagrados a Dios, y, en consecuencia, puros en sus costumbres y vida (v.4), pues éste es el

sentido genuino de la palabra santidad en el A.T. El pueblo israelita, cuando la alianza, fue llamado

“santo,” es decir, segregado de todos los pueblos para ser ante Yahvé como “un pueblo

santo y sacerdotal,8 es decir, vinculado de modo especial a Dios. Así, en el texto de Isaías, los

rescatados de Sión constituirán una nueva teocracia con un nuevo derecho de soberanía, y por

eso serán oficialmente inscritos entre los vivos, en el registro de la nueva Jerusalén, como ciudadanos

de la nueva teocracia. El libro de la vida era el registro en el que constaban todos los nombres

del pueblo fiel a Dios.9 Aquí, pues, estar inscrito entre los vivos equivale a estar destinado a

sobrevivir en el nuevo reino de Dios, con Jerusalén como capital.

Pero antes se impone una purificación de todos los pecados de las hijas de Sión (v.4),

quizá alusión a los pecados de frivolidad excesiva descritos en el capítulo anterior (algunos leen

“hija de Sión,” como sinónimo de Jerusalén en cuanto colectividad, como aparece en otros lugares

profetices),10 y de los crímenes cruentos (las manchas de sangre) n por medio del castigo de

Dios, al viento del juicio y de la devastación, o, como traducen otros, “con el espíritu de exterminio

y de juicio,” considerando al “espíritu” aquí como sinónimo de la energía divina, que interviene

enviando el castigo purificador.

Una vez terminada esta primera fase de purificación, se abre esplendoroso el horizonte

mesiánico, en el que los rescatados de Sión vivirán bajo la protección directa de Yahvé, repitiéndose

sobre la montaña de Sión el portento milagroso de la presencia visible de Dios en medio de

su pueblo santo bajo la forma de nube y fuego, que los cubrirá y protegerá como en otro tiempo

durante la travesía del desierto.12 Esa nube, símbolo de la presencia sensible de Yahvé sobre su

pueblo, formará como una especie de dosel (que los cubrirá y protegerá contra las inclemencias

del clima) sobre toda gloria. Aquí Israel es el “reino sacerdotal” por excelencia, digno de ser

cubierto con todos los honores, como las personas reales; por eso, toda gloria designaría aquí al

pueblo escogido, los “rescatados de Sión,”13 o al glorioso estado de cosas inaugurado en la nueva

era. Cuando la dedicación del templo por Salomón, la nube y el humo llenaban el recinto sagrado,

como símbolo de la presencia de Yahvé en medio de su pueblo 14; y durante la peregrinación

en el desierto, la “nube” ocultaba el tabernáculo de la alianza 15 sobre las alas de los querubines

que escoltaban el arca. En las futuras concentraciones religiosas (sobre los lugares de sus asambleas,

ν.6), la multitud de los que participen en ellas estarán al abrigo de los rayos solares y de

las tormentas (en contraposición al estado actual, en que se apiñaban en los atrios a la intemperie)

bajo la protección de una sombra misteriosa, símbolo de la presencia sensible de Dios en

su pueblo (v.5).

1 Ex 21:10. — 2 Gen 30,23; Judit 11:37. Grocio cita a Lucano: “da tantum nomen inane Connubii: li-ceat túmulo scripsisse, Catonis

Marcia” (Phar. 2:342). Cit. por Skinner, o.c., 31. — 3 Cf. Skinner, o.c., p.31. — 4 Cf. Am 9:13; Os 2:21s; Is 30:23; Jer 31:12; Ez

34:26-30; 36:345; Zac 9:16s; Mal 3:12; Jl 3:10; Lev 26:3-5; Dt 28:3-5:10-12. — 5 Zac 3:8; 6:12. — 6 Jer 23:5; 33:15. — 7 Cf. Is

40,14; 41:6; 42:12; Jer 2:3. — 8 Cf. Lev 11:44; 19:2; 20,26; 21:8; Dt 7:6; 14:2. — 9 Neh 7:64; Ex 32:325; Sal 59:28; Dan 12:1;

Lc 10:20; Fil 4:3; Act 13:48; Apoc 3:5; 13:8; 20:12-15; 23:19; 1 Sam 25:29; Ez 13:9. — 10 Cf. Jer 2:34; Ez 22:2ss. — 11 Cf. Is

32:15; 6:13; 1 Re 22:46. — 12 Ex 13:21; 40:34-38. — 13 Algunos autores creen que la expresión sobre toda gloria es adición

posterior al texto. Así Skinner, o.c., 33, y Condamin, o.c., 0.28. — 14 1 Re 8:10. — 15 Núm 9:15.

5. La Solicitud de Yahvé.

La parábola de la viña (1-4).

1 Voy a cantar a mi amado el canto de mi amigo a su viña: Tenía mi amado una viña

1697

en un fértil recuesto. 2 La cavó, la descantó y la plantó de vides selectas. Edificó en

medio de ella una torre, e hizo en ella un lagar, esperando que le daría uvas, pero le

dio agrazones, 3 Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad entre

mí y mi viña. 4 “¿Qué más podía yo hacer por mi viña que no lo hiciera? ¿Cómo, esperando

que diese uvas, dio agrazones?”

El profeta, para captar la imaginación popular, se presenta ante el pueblo como un rapsoda que

va a cantar en forma rimada y parabólica las relaciones amorosas entre Dios e Israel; y quizá la

ocasión del cántico fuese la celebración de las fiestas de la vendimia en otoño, cuando cundía el

bullicio popular en la fiesta de los Tabernáculos, que cerraba la época de recolección de frutos,

con la acción de gracias a Dios por ello por las lluvias otoñales para iniciar la sementera. Al

mismo tiempo, estas fiestas, durante las cuales vivían en el campo, en tiendas rústicas a base de

ramaje, simbolizaban la estancia de los israelitas en el desierto en tiendas de campaña. Quizá,

pues, el profeta, con motivo de esta afluencia de público y de los regocijos populares, expuso

esta alegoría de la viña, cuyo contenido serviría, más que ningún discurso, para expresar sus

ideas sobre las relaciones entre Yahvé e Israel.

Este trozo es, desde el punto de vista literario, una de las mejores piezas del libro de Isaías.

La imagen de la viña es un tópico en la literatura del A.Τ.1 El mismo profeta la explica, y quizá

en este fragmento se inspiró nuestro Señor para la parábola de los viñadores, si bien dándole

otro alcance doctrinal.2

El profeta comienza reclamando la atención del auditorio, prometiéndole una canción rimada

(v.1); así, con toda delicadeza se presenta como haciéndose eco de la situación decepcionante

de su amigo, con lo que excitaba más la imaginación del auditorio. El no es más que un

rapsoda que se encarga de hacer conocer la tragedia de su Amigo 3 despreciado; y presenta de tal

forma el asunto, que los oyentes mismos pronuncien espontáneamente el veredicto sobre la suerte

de la viña. Su Amigo ha plantado una viña en un terreno feraz y de la mejor calidad, y la plantó

de cepas escogidas, sin que faltara la labor previa de limpiarla de piedras y construir en ella

una torre de vigilancia contra las incursiones de las fieras y ladrones, como aún se ve en Palestina.

Puso todas las providencias para que diera frutos sazonados, y el resultado fue todo lo contrario.

Por ello, el profeta, en nombre del amigo, se dirige a sus oyentes (vecinos de Jerusalén y varones

de Judá, congregados allí quizá a propósito de la fiesta) y los invita a que den el veredicto

sobre la conducta a seguir sobre esta viña desagradecida y estéril, que no merece se invierta trabajo

y dinero en ella, pues nada de ello se ha ahorrado por parte del dueño.

Explicación de la parábola de la viña (5-7).

5 Voy, pues, a deciros ahora lo que haré de mi viña: Destruiré su albarrada, y será

ramoneada. Derribaré su cerca y será hollada. 6 Quedará desierta, no será podada

ni cavada; crecerán en ella los cardos y las zarzas, y aún mandaré a las nubes que no

lluevan sobre ella. 7 Pues bien, la viña de Yahvé de los ejércitos es la casa de Israel, y

los hombres de Judá son su amado plantío. Esperaba de ellos juicio, pero sólo hubo

sangre vertida; justicia, y hete aquí gritería.

El dueño de la viña, Yahvé, dejándose ya de lamentaciones, va a obrar como Juez justo. Puesto

que no le ha dado el fruto esperado, la va a derribar totalmente, porque no merece la pena que

nadie se preocupe de ella, ni se la preserve de las incursiones de los animales. Y como Dios (ahora

adelanta el profeta la explicación de la parábola, como hará en el v.7), incluso le negará las

1698

nubes propicias. La viña es Israel y Judá (particularmente esta última: los varones de Judá son su

amado plantío), y el dueño, Yahvé, que la protegió desde que comenzó a ser como nación en el

desierto. Nada le faltó para que cumpliera fielmente su misión de pueblo privilegiado entre todos,

dando ejemplo de su alta moral religiosa; pero, en vez de dar frutos de justicia y equidad,

lo que ha hecho es producir malestar social con opresiones injustas, sin excluir los homicidios,

y, en consecuencia, en vez de reinar la justicia, hubo gritería general por el dolor de los

oprimidos,4 sometidos a la crueldad de las clases directoras de la sociedad.

Amenazas contra los avaros (8-10).

Empieza una serie de invectivas, precedidas de un “¡ay!” contra los abusos de las clases

altas de la sociedad. Nada seguro se puede decir sobre la época de su composición. No pocos autores

suponen que este fragmento sería de la época inicial del profeta, hacia el 736, cuando, gracias

a la opulencia material, las conciencias se hallaban totalmente encallecidas y olvidadas de

sus deberes sociales.

8 Ay de los que añaden casas a casas, de los que juntan campos y campos, hasta acabar

el término, siendo los únicos propietarios en medio de la tierra! 9 A mis oídos ha

llegado, de parte de Yahvé de los ejércitos, que las muchas casas serán asoladas, las

grandes y magníficas quedarán sin moradores, 10 y diez yugadas de viña producirán

un “bath,” y un “jómer” de simiente sólo dará un “efah.”

La voracidad de las clases pudientes era insaciable. Poco a poco, con sus préstamos, iban apropiándose

todas las tierras cultivables, sin dejar nada de valor a las clases débiles (v.8).

Según la legislación tradicional mosaica, cada familia tenía su parcela que cultivar, y el

único propietario era Yahvé, señor de la Tierra prometida; y para evitar el acaparamiento

había ciertas disposiciones, de modo que cada familia conservara siempre su herencia 5, como

aparece en el caso de Nabot, que no quiso abdicar de sus derechos sagrados patrimoniales ante

las exigencias del mismo rey Acab 6. Dios no puede tolerar más estos abusos, y por eso el castigo

no se hará esperar; las casas serán asoladas, y la escasez va a adquirir proporciones desorbitadas

7.

Amenazas contra los disolutos (11-17).

11 Ay de los que se levantan con el alba para seguir la embriaguez, y se quedan por

la noche hasta que el vino los caldea 12 En cuyos banquetes hay arpas, cítaras, panderos,

flautas, vino, y no reparan en las obras de Yahvé ni ven las obras de sus manos.

13 Por eso mi pueblo será llevado cautivo, sin que se dé cuenta, y sus grandes serán

consumidos por el hambre, y su vulgo se secará de sed. 14 Por eso el “seol” ensanchará

su seno y abrirá su boca sin medida, y allá bajará su nobleza y su plebe, su

bullicio y alegría; 15 y el hombre será humillado, y abatidos los varones, y bajados

los ojos altivos, 16 y Yahvé de los ejércitos exaltado en el juicio, y el Dios santo santificado

en la justicia. 17 Corderos pacerán allí como en su pastizal y cabritos devorarán

las destruidas posesiones de los ricos.

Continúa la diatriba contra los que abusan de sus bienes entregándose a una vida disoluta y desenfrenada.

La consecuencia de todo será la cautividad y la destrucción total de las fuerzas vivas

de la sociedad. La muerte se relacionará en el pueblo escogido; por eso el seol, o la región subte1699

rránea adonde iban los muertos, en la que imperaba la tristeza y la nostalgia de la vida,8 aparece

personificado abriendo sus fauces insaciables (v.14). A su tiempo no han querido ver las obras

de Yahvé (v.12), es decir, la acción de Dios en la historia que va preparando el castigo, y que

culminará en la devastación y el destierro del pueblo.9

A causa de la deserción de las clases dirigentes, las clases bajas están en la mayor ignorancia

religiosa, y no comprenden el fin que les espera. Y cuando llegue la hora del castigo, Dios

será ensalzado en el juicio y santificado en la justicia (v.16), es decir, Dios, al ejercer la justicia,

hará que se reconozca su santidad y pureza, revelándose como “el Santo de Israel.”

Amenazas Contra Los Insolentes (18-19).

18¡Ay de los que se arrastran el pecado con cuerdas de falsedad y corno (con) coyundas

de carro! 19 Ay de los que dicen: Que venga pronto, que se dé prisa su obra, para

que la veamos; que venga, que llegue, acabe su plan el Santo de Israel, y sepámoslo

nosotros!

El tercer “¡ay!” es contra los frivolos y escépticos, que se burlan de la predicación de los profetas,

pues al no haber llegado el juicio contra ellos tantas veces anunciado, no creían en el día del

castigo, y no sabían que con su conducta estaban acelerando la llegada de tan fatídico día. Están

tan ciegos, que se han vinculado a un destino fatal y tiran por él, arrastrándole como si lo hicieran

con las cuerdas de un carro (v.18),10 y desafían impúdicamente a Dios para que descargue de

una vez su ira, acabe su plan y así sean testigos del “día del castigo,” tantas veces anunciado por

los profetas. Dios, en su misericordia, iba dando prórrogas al castigo, y esto era interpretado como

impotencia de Dios y alucinación de los profetas.

Amenazas contra los autosuficientes (20-24).

20 Ay de los que al mal llaman bien, y al bien mal; que de la luz hacen tinieblas, y de

las tinieblas luz; y dan lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo 21 Ay de los que

son sabios a sus ojos y son prudentes delante de sí mismos 22 Ay de los que son valientes

para beber vino, y fuertes para mezclar licores; 23 de los que por cohecho dan

por justo lo impío, y quitan al justo su justicia 24 Por eso, como la lengua de fuego

devora el rastrojo y como se consume en la llama la hierba seca, su raíz se tornará

podredumbre, y su flor será arrebatada como el polvo. Porque han rechazado la

Ley de Yahvé de los ejércitos y han despreciado la palabra del Santo de Israel.

La última conminación se dirige a ciertos sofistas de su época que se permitían jugar con los

conceptos morales, sin hacer mayor distinción entre sus principios. Eran los esprits forts de la

época, que sembraban con su escepticismo la confusión intelectual entre el pueblo. En realidad, a

ellos sólo les movía su utilidad y egoísmo. Quizá el profeta se refiera a los magistrados civiles y

a los falsos profetas y sacerdotes, que no daban beligerancia a Isaías para que los orientara en su

conducta.

Quizá estos mismos son los que en los v.22-23 son recriminados por su gula exorbitada,

pues se muestran muy habilidosos y valientes en mezclar licores (v.22), y, en cambio, abdican de

sus deberes fundamentales al administrar la justicia, dejándose llevar por la avaricia y la parcialidad

(v.23). La glotonería y la embriaguez no sirven sino para embotar sus facultades y sus conciencias.

12 Se acerca el día en que recibirán su merecido y serán exterminados totalmente, como

la lengua de fuego devora el rastrojo, y quedarán sin descendencia.13

1700

Anuncio de la Invasión del Reino del Norte, Israel (25-30).

Con el v.25 se inicia un nuevo fragmento, según la generalidad de los críticos, en el que

se predice de modo dramático la inminencia de la invasión asiría del reino del norte, Israel, aunque

no se nombre expresamente al invasor.14

25 Por eso se ha encendido la cólera de Yahvé contra su pueblo, y ha tendido contra

él su mano, y le ha herido, y tiemblan los montes, y yacen los cadáveres en medio de

los caminos como estiércol. Mas con todo esto no se ha aplacado su cólera, y su mano

queda tendida. 26 Alzará pendón a gente lejana y llamará silbando a los del cabo

de la tierra, que vendrán pronto y velozmente. 27 No hay entre ellos cansado ni vacilante,

ni dormido ni somnoliento. 28 No se quitan de sus lomos el cinturón, ni se desatan

la correa de sus zapatos. Sus flechas son agudas, y tensos sus arcos. Los cascos

de sus caballos son de pedernal, y las ruedas de sus carros un torbellino. 29 Su bramido

es de león; ruge como cachorro de león, gruñe y arrebata la presa y se la lleva,

sin que nadie pueda quitársela. 30 Habrá aquel día un bramar contra ellos, como

bramido del mar; mirarán a la tierra, y no habrá sino tiniebla y tribulación; se oscurecerá

la luz en los cielos.

El profeta describe vigorosamente el avance fulminante de un ejército invasor que no nombra, y

presenta a las montañas temblando y sembradas todas de cadáveres (v.25), quizá aludiendo a un

terremoto que haya precedido a la invasión; pero la cólera de Dios no se da por satisfecha, y por

eso su mano queda aún tendida, dispuesta a descargar de nuevo. Y en efecto, como el apicultor

con el silbido hace salir las abejas de sus colmenas, así El llamará silbando a los del cabo de la

tierra (v.26),15 levantando a su vez una bandera como punto de concentración para llamar a las

armas al ejército invasor,16 que vendrá desde el extremo de la tierra (Asiría y Babilonia),17 respondiendo

como una máquina de guerra perfecta; sus soldados, llenos de vigor y embriagados de

triunfo, ni siquiera se tomarán el necesario reposo (v.27-28), y, siempre con los arcos tensos,

avanzarán sin detenerse, mientras que la caballería con sus carros volará sobre las rocas calcáreas,

sacando chispas con sus cascos (v.28) y arrollándolo todo como un torbellino.

La descripción es ideal, pero refleja la impresión que a aquellas pequeñas naciones daba

el ejército imperial asirio en sus avances fulminantes 18. Precisamente los asirios habían puesto

de moda el uso combinado de la caballería y de los carros acorazados en las batallas, como se ve

en los bajo relieves asirios. El ν.30 es considerado por algunos como adición posterior, y tendría

por sujeto a Yahvé, que se encargaría de castigar a los mismos invasores asirios para que no exterminaran

totalmente al pueblo elegido,19 como parece indicarse en el verso anterior: sin que

nadie pueda quitársela.

1 Cant 8:1 iss; 4:16; 5:1; 6:2.11, etc. — 2 Cf. Mt 21:41. — 3 Difieren los autores al traducir el versículo. Así, unos leen: “mi cántico

de amor” (Skinner), “el canto de su amor” (Condamin), “mi cántico amistoso” (Cersoy). — 4 En el texto hebreo hay un juego de

palabras: “esperaba juicio (mishpat), pero sólo hubo sangre vertida (mishpaj), justicia (tsedaqah), y hubo sólo gritería” (tsa'qah).

— 5 Lev 25:8ss; Núm 28:11.36; Dt 27:17. — 6 1 Re 21; cf. Miq 2:2.9; Am 2:6s. — 7 Es difícil determinar el valor de las medidas

que da el texto, pues la metrología bíblica varía mucho según los tiempos. El bath era una medida de líquidos, y equivalía a la décima

parte del jómer o kor (Ez 45:11.14); efah, medida de sólidos equivalente al bath. Se suele calcular el bath de 36:44 litros

(Denzinger) a 39,348 (Barrois). CF. RB (1931) 212. — 8 La morada del seol de los hebreos es similar al arallu asiro-babilónico y

al hades de los griegos, en cuanto que es una región oscura donde los muertos llevan una vida lánguida de^sombras (los rephaim),

dependiendo de los vivos en su alimentación; dentro de esa región hay jerarquía (Is 14:95), según la clase social a la que hayan

pertenecido en vida (Os 13:14 ; Jon 2:2; Cant 8,6; Prov 1:12; 30:16). — 9 Cf. Am 6:5-6; Is 10:12; 28:21; Sal 28:5; Os 4:6. Los

v.15-16 son considerados por algunos como interpolados por razones rítmicas. — 10 El texto griego lee “con cuerdas largas” en

vez de “con cuerdas de falsedad” del texto hebreo (v.18), y quizá está mejor en el contexto. Las palabras hebreas son muy pareci1701

das. — 11 Cf. Is 28:95; 29:145; 30:1.ios; 37,is. — 12 Prov 31,4s. — 13 En la inscripción de Eshmunezar, rey de Tiro, se dice a los

que violen su tumba: “Que no tenga (el que entre) raíz abajo ni fruto arriba” (cf. Skinner, o.c., p.41). — 14 Muchos creen que este

fragmento formaba parte de 9:7-10:4, donde encaja perfectamente en el contexto. Así Gondamin, o.c., p.38; Skinner, o.c., p.42. —

15 Cf. Is 7:18; Zac 10,8. — 16 Cf. Is 13:2; 18:3; 30:17; 11.10.12. — 17 Cf. Is 41:9 — 18 Cf. Is 21:15; 22:6s; 36:8; 37:33. — 19

Condamin pone 5:26-30 después de 7:20; y cree que se trata de la venganza de Yahvé — contra los invasores asirios.

6. Teofania en el Templo.

En este capítulo, según común opinión, se narra la visión inaugural en la que Isaías fue solemnemente

investido como profeta de Yahvé, al estilo de las vocaciones de Jeremías y Ezequiel 1.

Así, pues, cronológicamente este capítulo debiera estar al principio del libro canónico de las profecías

de Isaías. Pero quizá esta teofanía fue hecha pública por el profeta después de transcurridos

varios años de su ministerio. Algunos creen que ocupa el lugar actual como introducción a la

colección de oráculos, comprendidos en el llamado “Libro del Emmanuel” (c.7-9). En todo caso,

sabemos que la disposición actual de los oráculos es irregular y no responde siempre a su sucesión

cronológica, ni aun lógica muchas veces.

La Aparición de Yahvé (1-7).

1 El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre su trono alto y sublime,

y sus haldas henchían el templo. 2 Había ante El serafines, que cada uno tenía

seis alas: con dos se cubrían el rostro y con dos se cubrían los pies, 3 y con las otras

dos volaban, y los unos y los otros se gritaban y se respondían: Santo, Santo, Santo,

Yahvé de los ejércitos! Está la tierra llena de su gloria. 4 A estas voces temblaron las

puertas en sus quicios, 5 y la casa se llenó de humo. Yo me dije: “¡Ay de mí, perdido

soy, porque, siendo un hombre de impuros labios, que habita en medio de un pueblo

de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Yahvé de los ejércitos!” 6 Pero uno

de los serafines voló hacia mí, teniendo en sus manos un carbón encendido, que con

las tenazas tomó del altar, 7 y, tocando con él mi boca, dijo: “Mira, esto ha tocado

tus labios; tu culpa ha sido quitada, y borrado tu pecado.”

Yahvé se aparece al profeta en su trono deslumbrante de gloria, rodeado de su escolta de honor,

los ángeles; tan memorable teofanía tuvo lugar en el año de la muerte del rey Ozías, es decir,

hacia el 740.2 Como un rey oriental, Yahvé viene envuelto en un manto con gran vuelo, signo de

majestad, con el que llena la superficie del templo de Jerusalén en un momento en que quizá estaba

Isaías en oración.3 El templo era símbolo de la presencia real de Yahvé en su pueblo, como

antes lo había sido el tabernáculo del desierto 4. En su escolta de honor figuraban unos seres misteriosos,

que el profeta llama serafines5, de forma humana, considerados como seres celestiales.

En la Biblia no vuelven a mencionarse estos seres angélicos con dicho nombre de serafines. En

la aparición están volando, como formando un cortejo de honor al trono del Señor,6 y con dos de

sus alas se cubren la faz en señal de respeto y veneración, pues nadie podía mirar cara a cara a

Dios,7 y con otras dos se cubren sus pies, probablemente eufemismo para indicar la desnudez de

su cuerpo, y, por fin, con las otras dos se sostienen en el aire, formando como un halo de gloria y

majestad. Y a coro responden: Santo, Santo, Santo, lo que es un semitismo para indicar una cosa

santísima. 8 No hay, pues, razón para ver aquí, con algunos teólogos antiguos, la revelación de

las tres personas de la Santísima Trinidad. Dios es el Santo, el puro, el incontaminado por excelencia,

trascendente sobre toda común criatura, y este carácter de deslumbrante pureza es lo que

1702

hace temblar a Isaías, lleno de imperfecciones, y que habita además en un pueblo sumamente

materialista e imperfecto (v.4). Está la tierra llena de su gloria, es decir, toda la tierra se halla

penetrada del sello de la santidad de Dios, ya que la gloria no es sino la manifestación de la

misma santidad íntima de Dios, que en la literatura del A.T. es lo característico de la divinidad.

Ante este grito de alabanza temblaron las puertas en sus quicios (v.4), y la casa se llenó

de humo, “el humo de la gloria de Dios.” 9 Dios se había manifestado a los padres en el desierto

durante el día en forma de nube, y en la noche en forma de fuego para guiarlos. Aquí más bien se

destaca la trascendencia de Dios, quien para no dejarse ver totalmente se rodea de una nebulosa

humeante, precisamente para que el profeta recobre confianza y no desmaye ante la presencia del

Señor. Cuando la dedicación del templo, también la “gloria de Dios” se manifestó en forma de

una nube de humo que llenó todo el recinto.10

El profeta quedó aterrado ante la majestad de Dios, y su primera reflexión fue que estaba

condenado a muerte, porque había visto al Rey, Yahvé de los ejércitos. Era corriente entre los

israelitas creer que nadie podía ver a Dios sin morir al instante n. Esta creencia general impresionó

particularmente al profeta, porque se reconocía de labios impuros, es decir, impuro, pecador,

y por otra parte se hallaba particularmente solidarizado con un pueblo también de labios impuros.

Isaías hubiera querido alternar con los serafines en la proclamación de la santidad de Dios,

pero sus labios se hallaban contaminados con mil impurezas, como su pueblo.

Ante esta confesión de su propia impureza, uno de los serafines tomó un carbón encendido

y le purificó los labios, limpiándole simbólicamente de todo lo profano que pudiera separarle

de la santidad de Dios. Y, sobre todo, lo simbólico de esta acción está en función de la misión de

predicar el mensaje de Dios a su pueblo, que se indicará a continuación (v.8). El fuego era símbolo

de purificación y de santidad 12, por aquello de que purifica los metales preciosos en el

crisol, separando las escorias. Isaías, purificado, era apto para la misión que Dios le iba a confiar,

sirviendo de transmisor del mensaje de Yahvé a su pueblo (v.7).

Misión del Profeta (8-10).

8 Y oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré y quién irá de nuestra parte? Y

yo le dije: Heme aquí, envíame a mí. 9 Y El me dijo: Ve y di a ese pueblo: Oíd, y no

entendáis; 10 ved, y no conozcáis. Endurece el corazón de ese pueblo, tapa sus oídos,

cierra sus ojos. Que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni entienda su corazón,

y no sea curado de nuevo.

El profeta hasta entonces no había oído la voz de Dios, aunque había sentido sensiblemente su

presencia. Una vez que sus labios han sido purificados, se ha hecho digno de entablar diálogo

con la misma divinidad, lo que antes no era concebible. Dios aparece en toda su majestad rodeado

de su corte celestial con los serafines y ángeles como guardia de corps, y entabla un diálogo

en alta voz con ellos: “¿A quién enviaremos de nuestra parte?” No es una locución mayestática,

sino coloquial y confidencial, como un rey que trata los asuntos de su reino en un consejo de ministros.

Hay una necesidad urgente de predicar un mensaje divino al pueblo escogido, pero es

necesario encontrar antes la persona apta que vaya como embajador extraordinario a ganar para

Dios a aquel pueblo descarriado. En realidad, la razón última de esta embajada es procurar la

gloria de Dios en esa tierra de Israel, y sus servidores los ángeles están muy interesados en la

manifestación plena de esta “gloria de Dios,” no sólo en el templo, sino en la vida cotidiana y

real de Israel; por eso Dios les habla en términos confidenciales: ¿A quién enviaremos de nues1703

tra parte? 13 Algunos Padres han visto en este plural coloquial de nuestra parte (“nobis” de la

Vg) una alusión al misterio de la Trinidad. Pero el contexto se explica perfectamente atribuyendo

ese plural a los diversos personajes que intervienen en la visión, sin acudir a nociones que

parecen extrañas al autor sagrado en el tiempo de la composición de su libro. Aunque en la locución

anterior Dios no se dirigía directamente al profeta, sin embargo, el coloquio con sus ministros

lo tiene en alta voz, para que oiga el mismo Isaías y se ofrezca espontáneamente al cumplimiento

de esta misión de reavivar la sensibilidad religiosa del pueblo escogido. Por eso el profeta,

atónito ante este espectáculo y movido de su profundo espíritu religioso, que le impulsaba a

misiones espiritualistas, se ofrece al punto al Señor: Heme aquí, envíame. En realidad no sabía

qué misión concreta se le iba a confiar, aunque intuía que se trataba de una acción de apostolado

entre su pueblo.

La respuesta está llena de la generosidad y del incondicional abandono en las manos de

Dios que caracteriza al gran profeta, el cual nunca protestará de la pesada carga de su misión,

como lo hará el afectivo Jeremías, si bien las circunstancias históricas en que se desenvolvió la

vida del profeta de Anatot fueron mucho más trágicas y amargas, e incluso su misión más ingrata,

ya que ante el pueblo aparecerá siempre como traidor a los intereses nacionales de su patria.

Es interesante notar cómo Dios habla de este pueblo, sin decir, como otras veces, “mi pueblo,” lo

que parece insinuar un dejo de irritación y de desengaño respecto de la conducta de aquel pueblo

que en realidad había escogido como suyo entre todos los pueblos, como instrumento de sus designios

providenciales históricos. Así, pues, la expresión este pueblo tiene un matiz de desprecio,

como una especie de queja amarga de un amor que no ha sido correspondido. La expresión puede

aplicarse a los habitantes de Jerusalén, pero probablemente se refiere a los habitantes del reino

de Judá, quizá sin excluir a los del reino del norte 14. Se refiere a la nación en su estado religioso

actual. La misión encomendada al profeta es desconcertante: su predicación va a ser la ocasión

del endurecimiento de corazón de su pueblo.

Las frases son de lo más duro: di a ese pueblo: endurece el corazón de ese pueblo. para

que no vea y sea curado (v.10). A primera vista, estas expresiones parecen indicar que la misión

de Isaías era precisamente insensibilizar espiritualmente al pueblo escogido, lo que no es concebible

dentro de los designios misericordiosos de la economía divina. Es aquí cuando es necesario

acudir a los géneros literarios de los escritores orientales, que no entienden los medios tonos; para

dar más vigor a la frase y causar más impresión en los lectores, presentan las cosas con vivos

contrastes violentos, buscando las frases absolutas, la paradoja, para resaltar más la idea principal.

Es el procedimiento literario que también empleará el Salvador al predicar a las muchedumbres

para grabarles más sus ideas: “el que no odiare a su padre y a su madre. no puede ser mi

discípulo” (nosotros matizaríamos más el pensamiento: el que antepone los intereses familiares y

de sangre a los intereses espirituales no es apto para el reino de los cielos); “si alguno te hiere en

la mejilla, vuélvele la otra”; “si te piden tu manto, dales la túnica” (naturalmente, estas frases no

podemos entenderlas al pie de la letra, sino que lo que quiere Jesús inculcar es el espíritu de

mansedumbre y de desprendimiento en aras de los superiores intereses espirituales, que siempre

deben privar entre los ciudadanos del nuevo reino).

Indudablemente que, en el caso de Isaías, Dios quiere ante todo la conversión de Israel, y

precisamente la misión histórica de Isaías será una llamada constante al arrepentimiento y al retorno

a Dios. Dios no puede desear de un modo directo la perdición del pueblo escogido, pues

esto es contrario a su santidad. El autor sagrado, al describir los hechos, suele prescindir de las

causas segundas, y por ello asigna como causa inmediata de todos los acontecimientos la intervención

directa de Dios. Es la concepción teocrática de la vida. En esas frases absolutas de tipo

1704

oriental no podemos exigir la precisión de conceptos de la teología escolástica, que distingue entre

decretos permisivos y, decretos impulsivos positivos. Así, Dios en su providencia ordena cosas

que accidentalmente pueden tener malas consecuencias por diversas circunstancias, al margen

del fin principal buscado. La mentalidad semita no gradúa la diversa causalidad divina, y,

puesto que El es omnipotente e inmensamente sabio, esas cosas son queridas e intentadas por

Dios, cuando en realidad son sólo permitidas por razones que se escapan a nuestra inteligencia

limitada. Así, el hagiógrafo dice que Dios endureció el corazón del faraón, cuando en realidad lo

que hizo fue que le dio una ocasión para que el faraón mostrara su obcecación y endurecimiento

del corazón. En el Pater noster leemos: “ne nos inducas in. tentationem,” que solemos traducir

muy bien por no “nos dejes caer en la tentación.” Así Isaías prevé los males, en concreto el endurecimiento

espiritual que se va a seguir en el pueblo israelita con ocasión de su predicación.

Al predicar al pueblo, el profeta busca en realidad su bien espiritual, pero Israel será libre

de seguir sus predicaciones. Dios prevé ya la acogida desfavorable que los israelitas van a hacer

de esta predicación ordenada por Dios, y por eso, en la amargura de su corazón, como despechado

por tanta ingratitud, dice al profeta que predique para que aquéllos no tengan disculpa y pueda

descargar ya el peso de su justicia. Así, pues, en frases exageradas y violentas se expresa el resultado

de su predicación, que ha sido ocasión de la apostasía del pueblo. Israel será en realidad el

responsable del castigo que la justicia divina está dispuesta a enviar por tanta ingratitud 15. “Como

los alimentos buenos en sí pueden resultar perjudiciales a un estómago enfermo, indispuesto,

así las cosas espirituales más buenas y santas suelen tener efectos contraproducentes para las almas

mal dispuestas. Así, el rechazar las gracias no sólo los hace indignos de gracias ulteriores,

sino que suele confirmar la voluntad en el mal” 16. En el caso de Isaías, si el pueblo se pierde, es

por su causa. Dios prevé la mala acogida que éste dará a las palabras de Isaías, desdeñando al

Santo de Israel, y ve como resultado de la predicación de aquél la mayor obcecación de los israelitas,

que se confirmará con ocasión de la intervención del profeta. Israel se condenará, pues, a sí

mismo, justificando así totalmente la intervención justiciera de Dios. En ese sentido, el endurecimiento

de Israel entra dentro de las intenciones de Dios: ve. para que no entienda y sea curado,

o, según otros, “no sea que entienda y sea curado”; como si dijera: no sea que me estropee mis

planes de castigarle como se merece. La expresión tiene un aire antropomórfico, y se hace hablar

a Dios como un juez que tiene decidida la sentencia y tiene miedo de que ésta tenga que ser revocada;

y por eso quiere dar una ocasión para que la medida de la culpabilidad del reo se colme

totalmente y pueda descargar con mano dura e inflexible. En realidad, en el fondo del contexto se

trata de una explosión de un corazón amargado y desengañado por tanta ingratitud; pero lo que

desea es ante todo mostrar su benevolencia y misericordia para el Israel descarriado, aunque éste

por su conducta se hace más bien digno de la intervención de la justicia divina. Y, en realidad, la

abundancia de gracias de Dios concedidas al pueblo elegido será precisamente la causa de que el

juicio de Dios vaya a ser más severo que con los otros pueblos, y en este sentido Dios envía a

Isaías con una última llamada al arrepentimiento, una gracia más, que, al ser despreciada, será

causa de un mayor castigo divino: vete. para que no entiendan. Nosotros diríamos “predica, aunque

no te harán caso; pero así no tienen excusa, y yo descargaré mi justicia implacablemente sobre

ellos.” Los autores del Ν. Τ. recalcarán mucho esta doctrina de que la Ley y el trato favorable

dado por Dios a Israel fue la causa — en cuanto que fue la ocasión de mostrar su mayor desagradecimiento

— de su reprobación.17

Desolación de Judá (11-13).

11 Y yo le dije: ¿Hasta cuándo, Señor? y respondió: Hasta que las ciudades queden

1705

asoladas, sin habitantes, y las casas sin moradores, y la tierra de labor hecha un desierto.

12 Hasta que Yahvé arroje lejos a los hombres y sea grande la desolación en la

tierra. 13 Si quedare un décimo, será también para el fuego, como la encina o el terebinto,

cuyo tronco se abate.

El profeta está atemorizado ante el anuncio de ese endurecimiento del pueblo, y lanza un grito de

angustia: ¿No habrá esperanza de conversión algún día? ¿Hasta cuando durará esta situación y

esta sentencia divina? ¿No hay esperanza de conversión del pueblo? La respuesta del Señor es

desoladora: no se volverán a Dios hasta que sientan plenamente el peso de la justicia divina, trayendo

la desolación y la muerte en el país (v.1:1).18 La nación va a quedar, después de la intervención

de la justicia de Dios, como queda el tronco de un árbol después de la poda. Los autores

no están concordes al interpretar este verso, pues unos ven aquí una destrucción total, como un

árbol cortado; pero otros, en cambio, fijándose en la última frase del TM (que falta en los LXX,

y por eso muchos suprimen como glosa), traducida por la Vg: “Semen sanctum quod steterit in

ea,” creen que aquí se alude a la idea de un “resto” salvado que aparece ya en Amos y después se

convirtió en lugar común de la literatura profética. En ese caso, el profeta, en medio de aquella

devastación general, ve un rayo de esperanza, ya que, aunque Israel sea tratado duramente, como

el árbol sometido a despiadada poda, al fin volverá a retoñar y a dar una “simiente santa.”19 En el

capítulo siguiente encontraremos el nombre de un hijo de Isaías, Sear-Yasub (“un resto volverá”),

como símbolo de esperanza de resurrección para el pueblo, y así esta idea se adaptaría bien

a la esperanza del retoño de la “simiente santa.”

1 Cf. Ez 3:1s; Jer 1:4ss. — 2 A Ozías se le llama también Azarías (2 Re 15). Las inscripciones cuneiformes hablan de un “Azrijah

Jaudaa,” pero parece que es un rey de Jadí (cf. Siria: Κατ 218, 2.a ed.). — 3 1 Re 22.I9SS. — 4 Lev 26:11. — 5 Se discute la etimología

de serafín. La mayor parte de los autores la relacionan con la raíz hebrea saraf (“quemar, purificar con fuego”), porque

purifican con un carbón ardiente los labios de Isaías (cf. el asirio Sarrapu, “el que quema,” nombre aplicado al dios Nergal, dios

del fuego). Otros acuden a la raíz árabe sarufa (ser noble, elevado; de ahí serif); no faltan quienes lo relacionen con el egipcio seréf

o Sefr, grifo guardián de las tumbas. Las serpientes que con sus mordeduras producían ardores de fiebre a los israelitas son

llamadas serafim (Núm 21:6-9; Dt 8:15). En Is 14:29 y 30:6 se habla del “Saraf volador,” quizá alusión a algún mito. La saraf de

bronce aparece en el templo en tiempos de Isaías (2 Re 18:4). Cf. Skinner, o.c., p.46. — 6 Algunos códices leen Yahvé en vez de

Adonay. — 7 Ex 3:6; 1 Re 19:13. — 8 Jer 7:4; 22:29; Ez 21:32 (Vg 27). — 9 Ap 15:8. — 10 2 Re 8:10-11. — 11 Cf. Ex 33:20;

Jdt 13:22. — 12 Cf. Núm 31:23; Mal 3:2. — 13 1 Re 22:19; Sal 89:7; 51:13-15. — 14 No es rara esta designación despectiva del

pueblo por parte de Dios en el libro de Isaías: cf. 8:6-12; 9:16; 28:11-14; 29:135; véase Driver, o.c., 49. — 15 En este sentido hay

que entender la famosa frase del evangelista: “ut videntes non videant et audientes non intelligant,” al hablar del uso de las parábolas

por parte de Jesús. — 16 Auge, o.c., 113. — 17 Mt 13:145; Act 16:26; Rom 11:8; Jn 3:19. — 18 Algunos creen que los

v.12-i3 son glosas o ampliaciones del profeta, porque en el v.12 está el verbo en tercera persona con el nombre de Yahvé. En ese

caso, las palabras del Señor terminarían con el v. 11. Y lo demás sería amplificación del profeta para explicar el pensamiento. —

19 El texto hebreo dice: “una simiente santa (saldrá) de su tronco”; pero falta en los LXX, y por eso quizá sea glosa. Manteniendo

esta lección, el sentido podrá ser: la nación israelita retoñará como una encina que se ha dejado abatida y cortada, pero que de su

tronco surgen aún retoños que pueden convertirse en árboles; cf. Ez 5:1-4; Zac 13:8.

7. Isaías y Acaz.

Con este capítulo se abre una serie de profecías habidas en los años del reinado del impío Acaz,

rey político que sólo tiene puntos de mira humanos. La sección 7:1-8:15 refleja la actividad de

Isaías durante la invasión siro-efraimita, momento de gran crisis para la nación judía. La actitud

de Acaz es un índice de esa obcecación y endurecimiento, opuesto a la predicación del profeta,

predicha en el capítulo anterior. La invasión del reino de Judá por parte de los árameos y los del

reino del norte tenía por fin deponer a Acaz, que se resistía a formar parte de la liga contra los

asirios tramada por aquéllos. Los edomitas y filisteos colaboraron con los invasores por su odio

1706

ancestral contra Judá 1.

Isaías ofrece incondicionalmente a Acaz la ayuda de Dios, pero esto en el supuesto de

que abandone sus secretas negociaciones diplomáticas con Asiría, por los graves peligros de tipo

religioso que traería la intervención de este inmenso imperio. Todo pacto con pueblos paganos

era considerado por el profeta como una deslealtad y una desconfianza para con Yahvé, el Dios

nacional. Después de muchas discusiones y tentativas, Isaías abordó al rey inesperadamente y le

ofreció, como prueba que Dios estaba a su lado y garantizaba los puntos de vista por él expresados,

un signo portentoso, un verdadero milagro. La respuesta de Acaz fue escéptica y ladina: No

quiero tentar a Dios. Entonces el profeta lanzó una profecía conminatoria enigmática, esperando

hacer impresión en el ánimo del rey; es la profecía del “Emmanuel,” llena de inmediatos presagios

sombríos, pero que al mismo tiempo abre un horizonte de esperanza para los fieles yahvistas,

el “resto fiel” que se salvará de la catástrofe, y transmitirá la antorcha de las esperanzas mesiánicas

a las futuras generaciones.

La invasión (1-2).

1 Y sucedió en tiempo de Acaz, hijo de Joram, hijo de Ozías, rey de Judá, que Rasín,

rey de Siria, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para

combatirla, pero no pudieron tomarla. 2 Y tuvo noticia la casa de David de que Siria

y Efraím se habían confederado, y tembló su corazón y el corazón del pueblo, como

tiemblan los árboles del bosque a impulsos del viento.

Es una introducción cronológica para enmarcar históricamente la profecía. Los datos en su última

parte parecen depender de 2 Re 16:5, y por eso pueden ser obra de algún redactor posterior

que los habría tomado de aquel libro para esclarecer más la situación histórica a sus lectores. 2 El

redactor da un resumen de la campaña de los expedicionarios, haciendo sólo resaltar que no pudieron

expugnar la capital de Judá. La noticia de la invasión llegó al palacio real, la casa de David

(v.2): “(el ejército de) Aram ha acampado en Efraím”; 3 como una plaga de langostas se halla

descansando en territorio de Efraím, llenando de consternación los ánimos de la familia real y del

pueblo.

Intervención de Isaías: mensaje divino confortador (3-9).

3 Entonces dijo Yahvé a Isaías: Sal luego al encuentro de Acaz, tú y tu hijo Sear-

Yasub, al cabo del acueducto de la piscina Superior, camino del campo del Batanero,

y dile: 4 Mira bien no te inquietes, no ternas nada y ten firme corazón ante esos

dos tizones humeantes, ante el furor de Rasín el sirio y del hijo de Romelía. 5 Ya que

Siria ha resuelto tu ruina con Efraím y el hijo de Romelía, diciendo: 6 Subamos contra

Judá, apoderémonos de él, enseñoreémonos de él y démosle por rey al hijo de

Tablee. 7 He aquí lo que dice el Señor Yahvé: Eso no se logrará, no será así, 8 porque

la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rasín, 9 y la cabeza de Efraím

es Samaría, y la cabeza de Samaría el hijo de Romelía. Vosotros, si no tenéis fe,

no permaneceréis.

Ante esta situación extrema de crisis, Dios intentó una última advertencia, y por eso mandó al

profeta que fuera con su hijo Sear-Yasub (“un resto volverá”), quizá porque su mismo nombre

era un presagio triste y de esperanza a la vez, en cuanto que simbolizaba primero la catástrofe

inmediata, pero al mismo tiempo la esperanza de resurrección del pueblo.

1707

Quizá Isaías había comunicado a Acaz alguna profecía sobre el particular relacionada con

el nombre de su hijo, y así la presencia de éste podría tener alguna relación con aquélla, en cuanto

que la recordara el rey en este momento de peligro. La escena tiene lugar en la piscina Superior,

a la salida de la fuente de Gihón (hoy Umm ed-Dardj, la Fuente de la Virgen de los cristianos),

construida para recoger las aguas que eran conducidas por un canal excavado en la roca a la

piscina Inferior, al sur de la ciudad (actualmente Birket el Hamra); es el canal llamado segundo,

que será sustituido por Ezequías por el tercero, que desembocará en la piscina de Siloé. No se

puede localizar exactamente el campo del Batanero.

Acaz, pues, fue a inspeccionar el aprovisionamiento de aguas a la ciudad con vistas al

inminente asedio. Además, por ese lado la ciudad solía ser ordinariamente atacada, y quería cerciorarse

personalmente del estado de las defensas4. Isaías, ante todo, le dio seguridades de parte

de Dios para que no se inquietase por la situación, inspirándole confianza en Dios, pues los invasores

no son en realidad más que dos tizones humeantes (v.4), y, como tales, lo más que pueden

hacer es echar humo para asustar, pero en realidad están a punto de extinguirse. Efectivamente,

los asirios no tardaron en acabar con la independencia de Siria y de Samaría; sus días están contados.

El rey de Samaría, Pecaj, es llamado despectivamente hijo de Romelía, porque era un

usurpador y no tenía sangre real; por eso ni le nombra por su nombre, sino por el de su oscura

ascendencia.5 Tampoco el profeta quiere dar el nombre del candidato que los invasores quieren

poner en el trono de Jerusalén, y así le designa despectivamente como hijo de Tabeel, nombre

que parece ser arameo; así puede ser un judío arameizante que compartía las ideas de los aliados.

El profeta da la razón de por qué no debe temerlos demasiado: la cabeza de Siria es Damasco;

la de Damasco, Rasín. Por mucho poder que pretendan tener, y aunque parezca que son

superiores a Judá, sus fuerzas están basadas en medios meramente humanos, mientras que Judá

tiene como defensor y sostén de la nación al mismo Dios. Así, pues, la terminación lógica de la

frase podría ser: “pero la cabeza de Judá es Jerusalén, y la cabeza de Jerusalén es Yahvé de los

ejércitos,”6 y contra Dios no pueden prevalecer los planes de los hombres.7 El profeta sólo pone

una condición al escéptico rey para que esté seguro, y es que crea en la palabra de Dios, manifestada

por Isaías mismo.

La frase “si non creditis non permanebitis” ha sido abusivamente utilizada por Lutero

para establecer como base esencial religiosa y casi única la fe, la confianza en Dios. Aquí el

profeta exige esa disposición de ánimo de plena confianza y entrega a los designios y revelaciones

de Dios como base de toda protección y auxilio de parte de Dios. 8

Vaticinio del Emmanuel (10-16).

10 Y dijo Isaías a Acaz9: u Pide a Yahvé, tu Dios, una señal en las profundidades del

“seol” o arriba en lo alto. 12 Y contestó Acaz: No le pediré, no quiero tentar a Yahvé.

13 Entonces dijo Isaías: Oye, pues, casa de David: ¿Os es poco todavía molestar a los

hombres, que molestáis también a mi Dios? 14 El Señor mismo os dará por eso la señal:

He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emmanuel. 15 Y se alimentará

de leche y miel, hasta que sepa desechar lo malo y elegir lo bueno. 16 Pues antes que

el niño sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, la tierra por la cual ternes de esos

dos reyes, será devastada. 17 Y hará venir Yahvé sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la

casa de tu padre días cuales nunca vinieron desde que Efraím se separó de Judá.

El profeta ve la inquietud del rey y aun su incredulidad en las promesas de seguridad que se le da

de parte de Dios, y al punto, movido por divino instinto, le ofrece un portento extraordinario a

1708

elección para confirmar la actitud benevolente de Dios para con Judá y su pueblo.10 La señal que

se le ofrece debe ser como un certificado ante Acaz de la ayuda divina, sea que esa señal sea un

portento del orden natural o un hecho ordinario, pero que adquiere una nueva significación en

cuanto ha sido predicho de antemano. “Del hecho que Isaías estaba dispuesto a realizar un portento,

una intervención sobrenatural, no se sigue que la señal dada realmente después en el v.14

sea del mismo orden portentoso.” El profeta, enfáticamente, le dice que tiene a disposición todo

el ámbito de la creación, desde lo profundo del seol hasta la cúspide de los cielos, para solicitar

un portento, pues Yahvé es el Señor de la creación, y lo mismo puede hacer venir las sombras del

seol que enviar una legión de ángeles en su socorro.

El rey, escéptico en materia religiosa, no cree en la realidad de tales promesas, y con un

celo hipócrita, como queriendo dar una lección de religiosidad al mismo profeta, le dice irónicamente

que no pedirá esa señal para no tentar a Dios (v.12). Es el colmo de la hipocresía y del

cinismo en un rey que por sus tendencias extranjerizantes despreciaba la religión yahvista y aspiraba

a introducir los cultos idólatras de los vencedores asirios. Por otra parte, él no quiere obligarse

a seguir una política de aislamiento, preconizada por Isaías, y así, bajo pretensión de reverencia

a Dios, declina la oferta. Probablemente había ya secretamente solicitado la ayuda de Asiría

12 contra los invasores siro-efraimitas. Isaías debía ya conocer esta trama, y ante la respuesta

del rey prorrumpe en una explosión de ira, ya que, si bien no era lícito pedir a Dios milagros innecesariamente,

tentar a Yahvé, 13 el rechazar la oferta del portento hecha por Dios era en realidad

un desprecio y un insulto que ponía a prueba la misma paciencia divina. La reacción de Isaías,

irritado y enardecido por el celo de Dios, es fulminante: ¿Os es poco molestar a los hombres

(al profeta, despreciándole), que molestáis también a mi Dios? Y después se dirige con énfasis a

la casa de David, es decir, a la corte real, que quizá ya le había mostrado más veces su desprecio,

rechazando sus consejos.

En este ambiente de irritación es necesario comprender el anuncio de la señal especial

que el profeta le hace, como dándole en cara y en castigo de su infidelidad, puesto que no ha

querido aceptar una señal de la benevolencia divina después que Dios le había ofrecido los recursos

de su omnipotencia para hacer ver la protección de que quería hacerle objeto; Dios, por su

parte, escogerá la señal, pero con un significado muy distinto, el de demostrar el rigor de su

justicia (v.14).

La señal es de lo más desconcertante: una virgen va a concebir y dar a luz un niño con un

nombre simbólico misterioso. La palabra hebrea empleada para designar lo que traducimos por

virgen, en realidad no tiene el sentido específico fisiológico y moral, ya que ‘almah significa de

suyo doncella, mujer en estado nubil, incluyendo sobre todo la idea de juventud. La palabra

equivalente a virgen en hebreo sería betülah. No obstante, la versión de los LXX lee παρθένος,

que responde al sentido más bien de betülah, lo que supone ya la interpretación que los traductores

alejandrinos daban al vocablo, en el que veían alusiones mesiánicas. Otras versiones griegas

leen νεανί$, “doncella.” Y si bien la palabra 'almah no tiene el sentido específico de virgen desde

el punto de vista lexicográfico, no obstante, examinando los diversos lugares de la Biblia en que

se encuentra, parece insinuar cierta relación con la idea de virginidad, pues nunca se emplea

aplicada a una mujer casada, y, por otra parte, en algunos casos 14 designa ciertamente una mujer

virgen, al menos en la estimación pública, es decir, una doncella que se supone virgen mientras

no se demuestre lo contrario.

La palabra hebrea en el texto de Isaías va acompañada del artículo, lo que supone cierto

énfasis de parte del profeta al presentar a esta misteriosa doncella, incluso sobre su condición de

tal; y como la presenta ya encinta, parece que el profeta piensa en la concepción excepcional del

1709

niño que dará a luz 15; y si se admite que el profeta insinúa la idea de la concepción fuera de las

leyes naturales al suponer que esa doncella está ya en estado, es necesario admitir que también el

parto es algo fuera de lo normal, ya que los dos verbos grávida y dando a luz están en el mismo

tiempo gramatical 16.

Esta misma doncella le impondrá personalmente el nombre (el profeta no tiene en cuenta

para nada la presencia de un posible padre), lo que no es anormal, ya que, aunque muchas veces

solía ser el padre el que daba el nombre a los hijos 17, sin embargo, en otras ocasiones era la madre

la que imponía el nombre al recién nacido 18. El nombre es simbólico: “Dios con nosotros,”

Emmanuel. Por sí solo no indica carácter mesiánico, ya que nombres de esa índole para expresar

determinadas circunstancias históricas en las que Dios hubiera dado su protección se encuentran

en otras partes. El uso de los nombres teóforos, haciendo a Dios intervenir en los pequeños incidentes

de la vida — individuales o colectivos — , era muy corriente entre los semitas y encajaba

perfectamente en su concepción teocrática de la vida. El carácter mesiánico del nombre Emmanuel

habrá que deducirlo del contexto y de las circunstancias históricas del vaticinio. En

realidad, el carácter mesiánico de este niño misterioso sólo podremos deducirlo de las notas que

el mismo Isaías le aplica en capítulos sucesivos.

El texto actual por sí solo no basta para ver las cualidades mesiánicas de dicho niño misterioso,

que aquí aparece simplemente alimentándose, por un período determinado, de leche

(cuajada o mantequilla, en hebreo) y miel. Los autores no están concordes al querer explicar esta

extraña frase. Unos ven en ella la predicción de un tiempo de abundancia, porque esta alimentación

de leche y miel (mezcla que los beduinos llaman lahus) 19 es altamente estimada por los árabes

de la estepa. Pero la generalidad de los autores ven en ello un anuncio de devastación, en

cuanto que ese régimen de comida puede considerarse como un régimen de privaciones para personas

que llevan vida sedentaria socialmente avanzada en las poblaciones, para los cuales la comida

sencilla de los beduinos es considerada como una privación de cosas mejores20.

La devastación va a ser tan general, que se interrumpirán las faenas agrícolas y faltarán

los productos clásicos del campo, de modo que el Niño se verá obligado a vivir de los productos

exclusivos propios de la vida social — considerada como inferior — nómada. Entre tantas ruinas

acumuladas por la guerra y los invasores asirios, los campos se convertirán en pastizales, y en

ellos podrá subsistir sólo la ganadería, de modo que abundarán los productos lácteos y la miel

silvestre, pues “en aquel día tendrá uno una vaca y dos ovejas, y por la gran cantidad de leche

que darán, comerán mantequilla, pues de mantequilla y miel se alimentarán todos los que quedaren

en la tierra. En aquel día, el lugar donde había mil vides por valor de mil ciclos de plata, se

cubrirá de cardos y de zarzas” (v.21-24). Estos versículos del mismo capítulo de Isaías nos dan la

clave, pues, para interpretar la misteriosa frase del profeta sobre la alimentación del Emmanuel,

que en absoluto puede entenderse en sentido de abundancia, 21 ya que en ellos se habla claramente

de la devastación del país por los asirios, trayendo como consecuencia la cesación de labores

agrícolas, y de ahí la miseria y la ruina para todos, en tal forma que los habitantes se verán obligados

a llevar un régimen de privaciones, y entre ellos, naturalmente, el Emmanuel, justamente

en los años primeros de su infancia, cuando más necesaria era una alimentación sana y abundante.

22

La inminencia de la devastación se expresa al decir que ese niño al que el profeta ve ya

en el seno de una virgen como hecho presente, sufrirá estas privaciones antes de que sepa desechar

lo malo y elegir lo bueno (v.16), 23 es decir, antes que llegue a la edad de la discreción, la

del uso de la razón; o bien en sentido físico de discernir entre lo nocivo y lo bueno físicamente, 24

o distinguir mora/mente entre el bien y el mal en el mismo orden; es decir, tenga conciencia mo1710

ral de las cosas. 25 Judá, pues, se verá entregada a la devastación muy pronto, y, en este sentido,

el signo anunciado tiene un carácter sombrío y de negras perspectivas para Acaz, que ha despreciado

la señal de benevolencia que se le había prometido en nombre de Dios: Hará venir Yahvé

sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre días cuales nunca vinieron desde que Efraím

se separó de Judá (v.17); lo que confirma el carácter amenazador del signo del Emmanuel. En

la gran calamidad inminente en que se verá envuelto el pueblo de Judá se comprometerá la dinastía

real, desastre sólo comparable a la rebelión de las tribus del norte, de las que es símbolo Efraím,

contra el poder central de Roboam en Jerusalén, que trajo como consecuencia la división del

reino fundado por David, consolidado por Salomón. 26

Sentido Mesiánico de la Profecía.

1. Naturaleza del “Signo.”

¿De qué índole es esta señal que el profeta promete como contraposición a la negativa de

Acaz a pedir una señal a Dios? ¿Tiene el nuevo signo ofrecido el mismo carácter de benevolencia

que el del ν. 11? Muchos autores así lo afirman, y en ese caso se trataría de una nueva manifestación

de la benevolencia divina hacia la dinastía davídica. A pesar de la repulsa de Acaz, que

implicaba un desprecio para con Dios, el profeta le propondría un signo de la benevolencia y

protección divinas, en cuanto simbolizaría la liberación de la tierra invadida de Judá por sola la

intervención divina/ a pesar de la actitud del rey. La aparición del Emmanuel sería en ese caso la

prenda de la liberación, 27 y aun podría significar la idea de castigo hacia Acaz, en cuanto que

Dios hará suscitar al Salvador de Judá, el Emmanuel, sin intervención ninguna de parte de la casa

de David, al hacerlo nacer de una virgen. 28

Pero el contexto parece pedir más bien un signo, no de benevolencia, sino punitivo, pues

Acaz, rechazando el anteriormente ofrecido de benevolencia, se hizo indigno de él, y por eso en

la reacción psicológica airada parece que la nueva señal que ofrece es de índole diferente. Dios

va a castigar a Acaz y a su nación por su escepticismo religioso, y la señal parece estar relacionada

con ese castigo inminente, que sería la devastación de Judá a manos de los asirios, precisamente

aquellos a los que el rey había pedido auxilio militar. 29 Por otra parte, el signo de benevolencia,

en cuanto significaba la liberación de Judá de los invasores actuales siro-efraimitas, es

para Isaías su hijo Maher-salal-jas-baz 30; por consiguiente, es difícil que para el profeta el nombre

del Emmanuel tuviera también la misma significación que la de su hijo segundo, el cual, como

el Sear-Yasub del v.4, simbolizaría un horizonte de esperanza para el atribulado pueblo de

Judá.

2. Carácter Mesiánico del Vaticinio.

Los racionalistas niegan todo carácter mesiánico a la frase de Isaías, y así, siguiendo interpretaciones

antiguas rabínicas, suponen que el niño misterioso es el hijo de Acaz, Ezequías, 31

en cuanto que efectivamente iba a ser rey de Judá, y estaría próximo a nacer, mereciendo el

nombre simbólico de Emmanuel, porque gozaría de particular protección de Yahvé en su reinado

32. Pero en este caso difícilmente se concibe que el profeta, hablando al rey, llamara a la reina

doncella, cuando ya era esposa legítima. Además, cuando Isaías profirió la profecía (hacia el año

734 a.C., con ocasión de la invasión siro-efraimita), Ezequías ya había nacido y tenía al menos

nueve años, o dieciocho, según otro cómputo cronológico. 33 Pero, sobra todo, lo que hace impo1711

sible la identificación del Emmanuel con el Ezequías histórico es que las cualidades que en 9:5 se

aplican al misterioso niño Emmanuel desbordan totalmente la personalidad histórica del piadoso

Ezequías: ¿Cómo llamar “Admirable consejero, Dios fuerte.,” a un rey como Ezequías, que se

mostró tan imprudente con ocasión de la embajada de Merodacbaladán y que lloró como un niño

cuando Isaías le anunció la próxima muerte? 34 Objeciones similares se pueden oponer a la hipótesis

de que el Emmanuel era un hijo de Isaías 35: ¿Cómo llamar 'almah, doncella, a su propia

esposa (a la que en 8:3 denomina profetisa), la cual, cuando Isaías profirió el vaticinio, ya tenía

por lo menos a su hijo Sear-Yasub? 36 Y mucho menos se podrían aplicar a un futuro hijo de

Isaías las cualidades de príncipe que se asignan al Emmanuel en 9:5.

Por las mismas razones hay que rechazar la opinión de que el Emmanuel es un hijo cualquiera

de una de tantas madres jóvenes que iban a dar a luz en aquellos días, en cuanto que, por

la liberación que Dios iba a obrar, podían llamar, en signo de agradecimiento, a su hijo Emmanuel

(“Dios con nosotros”) 37. Ya hemos dicho que el nombre simbólico de la “liberación” del

peligro siro-efraimita era el del segundo hijo de Isaías, Maher-salal-jas-baz 38. Además, el profeta

habla de “Ια doncella”: “ha'almah,” señalándola con énfasis como un ser excepcional, y esto

no podría aplicarse a cualquier mujer joven de su época. Indudablemente que el profeta piensa en

una persona que centra psicológicamente su atención, considerándola como algo fuera de lo

normal.

Los autores católicos comúnmente admiten un sentido mesiánico del vaticinio, aunque difieren

al explicar el modo de este contenido mesiánico, pues algunos admiten un sentido típico

mesiánico; es decir, el profeta se referiría directamente a una persona histórica de su tiempo que

sería tipo del Mesías futuro, ya fuera Ezequías, un hijo de Isaías u otro el Emmanuel del texto 39.

La razón de esta opinión es la dificultad de poder acoplar la presencia del Mesías — que iba a

nacer siete siglos más tarde — al horizonte histórico del profeta, ya que lo presenta como a punto

de aparecer. Pero contra esta opinión encontramos las mismas dificultades antes expuestas contra

la hipótesis de personajes históricos contemporáneos del profeta.

Por eso hoy día entre los católicos es muy común la opinión de que la profecía es mesiánica

en el sentido literal inmediato; es decir, la mente del profeta se proyectaría directamente sobre

la persona del futuro Mesías, al que presenta como próximo a aparecer; y, en consecuencia,

se cree que la “doncella” (ha-'almah) en cuestión no es otra sino la Santísima Virgen María, Madre

del Mesías. Para llegar a esta última conclusión se ha procurado determinar el sentido del

texto del c.7:14 según las cualidades que en los c.8 y 9 se asignan a ese misterioso niño, que en

el c.7 aparece sólo anunciado, sin concretar más. Efectivamente, en 8:8, en la frase “cubrirán toda

tu tierra, ¡oh Emmanuel!” se supone que la tierra de Juda, que es invadida por los ejércitos

asirios, es “la tierra del Emmanueh. Como en el Antiguo Testamento la tierra de Judá se llama

“tierra de Yahvé” y nunca tierra de algún rey particular 40, se sigue que el profeta parece dar al

Emmanuel un rango divino. Ese mismo niño misterioso, Emmanuel, es presentado en 8:8-10

como el Salvador del futuro pueblo elegido, siendo así prenda de la salvación del mismo pueblo

en la época de Isaías ante la avalancha del ejército asirio, al que terminará por aniquilar totalmente.

Y ésta es la gran misión del Mesías en las esperanzas de todos los israelitas de todos los

tiempos.

Por otra parte, ese mismo Emmanuel es descrito con cualidades excepcionales, que desbordan

toda posible aplicación a un personaje histórico de los contemporáneos del profeta: “porque

nos ha nacido un niño, nos ha sido dado un hijo que tiene sobre sus hombros la soberanía, y

que se llamará Maravilloso consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz., sobre el

trono de David” 41, y será luz para las regiones de Zabulón y Neftalí42, y en su ascendencia en1712

tronca con la familia real de David, siendo adornado de las cualidades excepcionales de gobierno

propias del príncipe ideal: “sobre el que reposará el espíritu de Yahvé, espíritu de sabiduría y de

inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Dios. No

juzgará por vista de ojos, sino que juzgará en justicia al pobre, y en equidad a los humildes de la

tierra.; la justicia será el cinturón de sus lomos, y la fidelidad el ceñidor de su cintura”43. Todas

estas descripciones nos llevan a un claro horizonte mesiánico, y sólo pueden aplicarse a la persona

del Mesías.

Además, en Miqueas44 encontramos un vaticinio paralelo que sirve de comentario e ilustración

a este de Isaías, máxime teniendo en cuenta que son contemporáneos, y probablemente

formaban una escuela profética. En Miqueas parece que hay una clara alusión a la profecía del

“Libro del Emmanuel” de Isaías45, pues se anuncia el nacimiento de un “Dominador en Israel,”

salvador de su pueblo contra las temidas incursiones asirías, provenientes de la ciudad de Belén,

precisamente de donde era oriundo el padre de David, José, y del que había de nacer el Mesías

según Isaías 46. Podemos, pues, ver una clara analogía entre la “doncella” de Isaías 47 y la “que

tiene que dar a luz” de Miqueas48, y también una estrecha semejanza entre la misión de salvación

ante la invasión asiría del “retoño de Jesé”49, de Isaías, y del que nace en Belén, ciudad de José,

de Miqueas.

Si, pues, el profeta habla en sentido literal directo de la persona histórica del Mesías, la

“doncella” será la Madre histórica del Mesías, la Virgen María. La concepción y el nacimiento

virginal del Mesías parece insinuarse en la palabra ha-'almah, y así lo entendían los traductores

de la versión de los LXX, que tradujeron por παρ-θέυο$. Más tarde, por la tendencia rabínica a

suponer ascendencia carnal davídica, no hay huellas de partenogénesis en la literatura judía posterior.

Además fue cundiendo la opinión — extendida por los escritores apocalípticos — de que

el Mesías preexistía con Dios y se manifestaría gloriosamente50.

La tradición cristiana — siguiendo a los evangelistas San Mateo y San Lucas — comúnmente

ha visto en la profecía de Isaías el anuncio de la concepción virginal de Jesús en el seno de

la Santísima Virgen51.

3. El Vaticinio y su perspectiva Histórica.

Pero en esta interpretación mesiánica literal del vaticinio hay una gran dificultad: Si el

profeta se refería directamente a la persona del Mesías, ¿cómo podía presentarlo como a punto

de aparecer para remediar aquella calamidad concreta por la invasión asiría? El profeta se

habría, pues, equivocado en siete siglos sobre el momento de la aparición del Mesías, lo que

parece comprometer la veracidad de los oráculos proféticos. Para entender esto es necesario tener

en cuenta que en todo mensaje profético hay algo sustancial, que es la verdad religiosa que intenta

predicar, y el ropaje externo o los modos de expresión de esa misma verdad histórica. Los profetas

son hombres profundamente religiosos que viven pendientes de la idea mesiánica, que es

como la espina dorsal del Antiguo Testamento. Su misión es la de ser “centinelas” de los intereses

de Yahvé ante su pueblo, y como parte de esta misión estaba la de consolar a sus conciudadanos.

En las épocas de crisis de la conciencia nacional con motivo de catástrofes políticas, ellos

instintivamente miran a la época futura del mesianismo como horizonte luminoso de esperanza.

El pueblo escogido no puede desaparecer totalmente, por grandes que sean las calamidades que

tenga que atravesar, y a través de ellas siempre se salvará un “resto” que transmitirá la antorcha

de la fe mesiánica hasta la culminación de la época anhelada. Dios ha empeñado su palabra y no

puede faltar a ella. Estas ideas teológicas son la base de toda enseñanza profética. En este ambiente

ideológico, pues, tenemos que enmarcar la actividad profética de Isaías. La situación de su

1713

época es sumamente crítica, y parece que están comprometidos los intereses nacionales de su

pueblo; pero todo pasará, porque hay un personaje que obsesiona su mente: el futuro Mesías

glorioso. En realidad, él no sabe cuándo aparecerá; pero, como todos los profetas, cree que no

tardará, pues ellos ven las cosas a la luz de las promesas divinas, y para ellos no cuenta el espacio

que pueda mediar entre ellos y la época de la aparición del Mesías; ese tiempo intermedio

para ellos es como un espacio vacío, sin interés, y de cuya duración no se preocupan 52; pero tienen

como prisa en acelerar los planes de Dios en la historia, para que se abra la era de salud.

Ahora bien, el profeta conoce el hecho de la venida del Mesías, pero no el modo y las circunstancias

históricas del mismo. En realidad, la victoria sobre los invasores asirios será el tipo de la

victoria final del Mesías contra sus enemigos para establecer la paz mesiánica. Asiría será vencida,

en cuanto que, a pesar de su invasión, el pueblo elegido se salvará, y los planes de Dios seguirán

su curso hacia la culminación de la época mesiánica.

El profeta presenta la victoria sobre los asirios como el hecho que inaugura la era mesiánica,

pues ve la invasión del ejército asirio como inminente. Ante esta situación de tragedia, instintivamente,

por sus convicciones religiosas, y sin duda también por una luz especial sobrenatural

acerca de la persona del Mesías, se vuelve al Emmanuel, a ese niño misterioso sobre el

que había tenido una revelación particular en aquellos días, por lo que vivía como obsesionado

con su presencia, y así ve al Emmanuel como vencedor del ejército invasor y trayendo, como

consecuencia, la liberación y la paz a su pueblo. Como todos los profetas, se dirige en un momento

crítico de la historia del pueblo israelita al horizonte luminoso de la era mesiánica.

En realidad, esta victoria próxima sobre los asirios no será sino una escena en el gran

drama que, a través de la historia de Israel, el Emmanuel sostiene para salvar la misión mesiánica

del pueblo elegido. Por eso, ante el momento crítico presente, a Isaías le viene a la mente la figura

del gran Libertador definitivo de Judá, que es presentado ya como participando de las calamidades

de la invasión para reanimar las esperanzas de los yahvistas pusilánimes, que pudieran

creer que ahora todo se venía abajo. En realidad, éstos no deben temer, ya que es inminente la

aparición del Libertador, y el Emmanuel será la causa de la derrota asiría, en cuanto que, en los

planes de Dios, el pueblo elegido sustancialmente debía subsistir a la catástrofe, ya que el desarrollo

histórico del mismo se ordenaba como culminación a la época de la manifestación plena

del Mesías, razón y fin de toda la elección de Israel.

Así, pues, en virtud de estas promesas mesiánicas, el Mesías sería en realidad el que

habría de vencer a los enemigos de Israel que se opongan a través de su historia al cumplimiento

de los designios mesiánicos de Dios sobre el mismo pueblo. Por eso asocia el profeta idealmente

el gran personaje del Mesías a los hechos de la historia de su época. En esto habrá que ver una

especial asociación psicológica de ideas, y quizá el estado psicológico del profeta nos dé la razón

de esa vinculación del Emmanuel a las circunstancias históricas de su tiempo. Indudablemente

que Isaías había recibido por aquel tiempo de la invasión siro-efraimita una revelación especialísima

sobre la personalidad y misión del Mesías, que nos ha dejado descrita en el “Libro del Emmanuel”

53, y vivía como absorto y obsesionado con lo que se le había comunicado por Dios

acerca de un misterioso niño príncipe de la paz y de una “doncella” también excepcional; por eso

todas las cosas las ve bajo esta nueva luz, y así, ante la incredulidad del rey y su desafío a la misericordia

divina, que iba a traer consigo tantas desgracias para el pueblo de Judá, le comunica de

parte de Dios la invasión de su territorio, pero por aquellos a quienes consideraba como sus amigos,

los asirios; y asocia a esta situación histórica la persona de ese misterioso niño Emmanuel,

que le obsesiona como único remedio de todos los males; y, por otra parte, ve en la misión salvadora

de El ante los asirios una señal de castigo para Acaz, en cuanto esa misma liberación supo1714

ne también una previa invasión y devastación de parte de los asirios; el profeta lo ve ya como

presente, pues en su estado psicológico tiene ya más realidad (subjetiva) que las mismas cosas

que le rodean, y por eso, como hipnotizado por una idea fija, dice a Acaz: “He aquí que una

doncella.,” señalándola con el dedo como presente 54.

Es necesario tener en cuenta que los profetas carecen de perspectiva histórica en el tiempo

y “consideran la salvación como próxima, y con ésta termina para ellos el horizonte temporal,

y así, entre su tiempo y el futuro no hay más que un espacio vacío” 55. Isaías presenta a los enemigos,

que el Emmanuel había de vencer, bajo el tipo de los ejércitos asirios que van a invadir el

país. El triunfo sobre las naciones debe inaugurarse por la victoria final sobre los conquistadores

asirios. Y como el mal de parte de Asiría está a punto de ser suscitado por Yahvé, Isaías presenta

al Immanu-El como preparándose por su parte”56. “Si se toma el conjunto de la profecía del

Emmanuel, se reconocerá que la perspectiva es extremadamente vaga. La descripción de las calamidades

esperadas se prolonga en términos oscuros. Isaías tiene prisa en que Dios inaugure la

salud, movido por su celo de la justicia y el amor a su pueblo” 57.

La invasión asiría y egipcia (18-25).

18 Y en esos días silbará Yahvé a los mosquitos que están en los cabos de los ríos de

Egipto y a la abeja que está en la tierra de Asiría, 19 y vendrán y se abatirán en masa

sobre valles y torrentes, y sobre los huecos de las rocas, y sobre los zarzales, y sobre

los matorrales todos. 20 En esos días afeitará el Señor con navaja alquilada del lado

de allá del río, y rasurará las cabezas, los pelos del cuerpo, y raerá la barba. 21 En

aquel día tendrá uno una vaca y dos ovejas, comerá mantequilla, 22 por la gran cantidad

de leche que darán, pues de mantequilla y miel se alimentarán todos los que

quedaren en la tierra. 23 En aquel día, el lugar donde había mil vides por valor de

mil ciclos de plata 24 se cubrirá de cardos y de zarzas. Y se entrará allá con arco y

saetas, pues toda la tierra será espinas y cardos. 25 Y a los montes que se cavaban y

escardaban no se irá ya, por temor de las espinas y los cardos. Quedarán para pasto

de bueyes ! y para ser pisoteados por el ganado.

Judá tendrá que sufrir del duelo entre las dos grandes potencias militares y políticas de la época:

Egipto, simbolizado por los mosquitos del río de Egipto (el Nilo era famoso en la antigüedad por

sus plagas de mosquitos); los cabos del río de Egipto son los brazos del delta del Nilo 58; y Asiría

(la abeja que esta en la tierra de Asina, pues Mesopotamia era famosa por sus riquezas apícolas).

Los ejércitos de esos dos pueblos serán los instrumentos de la justicia divina para castigar a

Judá, y sobre todo Asiría será como una navaja alquilada del lado del río (Eufrates) (v.20) para

reducir a la humillación y a la miseria al reino de Judá. La cabellera y el vello del cuerpo — signo

de virilidad y máximo orgullo de un semita — , que aquí simbolizan el orgullo de Judá como

nación, desaparecerán bajo el paso de las tropas asirías, que han sido alquiladas por el mismo

Acaz en propia ayuda59. La devastación será tan general, que desaparecerá la floreciente agricultura,

quedando convertido todo en pastizales abandonados por los agricultores, y los habitantes

que sobrevivirán a la catástrofe se verán obligados a llevar vida campestre de nómadas, teniendo

que contentarse con los productos lácteos de la ganadería, pero sin los refinamientos de la abundancia

de una vida socialmente organizada. Así, parece que hay que entender los v.21-22 como

una descripción irónica dirigida a los refinados ciudadanos de Jerusalén: se verán reducidos a un

régimen de alimentación totalmente rudimentario, como el de los pobres nómadas, que no tienen

más que una vaquita y dos ovejas. Las viñas de más valor60 se cubrirán de hierbas y arbustos sil1715

vestres, de tal modo que sólo servirán para que ande por ellas el cazador (se entrará en ellas con

arco y flecha, v.24) y sean pasto de los animales.

1 2 Par 28:16ss. — 2 Cf. Skinner, o.c., 53; Condamin, o.c., 48. — 3 Los LXX leen: “se habían confederado.” — 4 Cf. H. Vincent, Jérusalem

antiquc fasc.1 p. 14653. — 5 La frase “ante el furor de Rasín, sirio, y del hijo de Romelía” falta en los LXX, que leen de

otro modo; quizá sea glosa. — 6 Así Ewald, cit. por Skinner, o.c., 56. Otros han querido ver un sentido bastante diferente: se trataría

más bien de hacer resaltar que, a pesar de que los dos reinos invasores se han coligado, permanecerán en su distinción de nacionalidades,

y, en consecuencia, debilitadas, “la cabeza de Siria, Damasco., y la de Efraím, Samaría.” Y Judá no pertenece a ninguno

de esos reinos: “Damasco es la capital de Siria, y nada más.” — 7 En el v.8 hay una frase que parece glosa y fuera del contexto:

“Aún sesenta y cinco años, y Efraím desaparecerá del concierto de los pueblos.” Aunque aparece en el TM y los LXX, no

obstante, como interrumpe el paralelismo de miembros, y porque no parece venir a cuento, para consolar a Acaz, una destrucción

de Samaría dentro de sesenta y cinco años, los autores modernos creen que se trata de una glosa del copista, que aludiría a la colonización

de Samaría por Asaradón (c.670) a base de gentes extranjeras, lo que daría el golpe de gracia a todo conato de resurrección

nacional al reino del norte (Esdr 4:2.10). En realidad, Samaría perdió la independencia, dejando de ser “un pueblo” en 721 al

ser tomada por Sar-gón II. — 8 Cf. Is 27:16; 30:15; véase Gen 15:6; Hab 2:4. — 9 El TM y los LXX leen: “y añadió Yahvé a

Acaz.” Como en el ν. 13 es Asafas el interlocutor que habla de Yahvé en tercera persona, parece que aquí hay que leer también

Isaías, -ondamin supone que el nombre estaba en abreviatura, que es la misma para los dos nombres, “Y” como inicial. Quizás sea

también un modo de hablar, ya que Isaías no era sino el -ransmisor del oráculo de Yahvé, y el hagiógrafo prescindiría de las causas

segundas (cf. Con-Damin, o.c., 50). — 10 La palabra oth (“señal”) puede tener un sentido de hecho prodigioso en sí (Ex 7:8;

Jue 6:17-38; Is 38,7; 1 Re 13:1) o un hecho natural y ordinario; pero es un signo en cuanto ha sido predicho (Gen 24:13; Ex 3:12;

1 Sam 10,2; 2 Re 19:29; Jer 34:29; Le 2:12). — 11 Skinner, o.c., p.s8. — 12 2 Re 16:7. — 13 Ex 17:7; Dt 6:16. — 14 Gen 24:43;

Ex 2:8. — 15 La versión siríaca, sin duda influida por los LXX, traduce virgen: betülah. He aquí los textos de la Biblia en que

aparece 'almah: a) Gen 24:43, aplicado a Rebeca antes del matrimonio con Isaac; b) Ex 2:2: María, hermana de Moisés, la cual

nunca contrajo matrimonio; c) Cant 1:2; 6:7: se aplica a doncellas — contrapuestas a las esposas y concubinas del rey — que

acompañan a la reina; d) Sal 68:26: aplicada a doncellas que acompañan con la música una procesión; e) Prov 30:18-20: texto oscuro

de difícil interpretación. Cf. Ceup-Pens, De prophetiis messianicis p.193 (1935). — 16 Así Ceuppens, o.c., 197, y Feldmann,

Das Buch Isaías t.i p.go. — 17 Is 8:3; Os 1:4. — 18 Gen 4:1.25; 19:273; 29:32, etc.; 1 Sam 4:19-22. — 19 Jaussen, Coutumes des

árabes (1908) p.17 nota 1. — 20 E. Power, siguiendo a H. Larnmens y a J. Calés, cree que las palabras del profeta “aludirían al

tahnik, lit. el acto de conferir un juicio. Con este fin, el jefe de la tribu o algunas personas distinguidas frotaban sobre el tierno paladar

del recién nacido dátiles masticados o, como en Taif (y en Palestina, donde no son corrientes los dátiles), una mezcla de

manteca y miel. Esta costumbre podía ser conocida de los oyentes del profeta, como otras muchas costumbres hebreas, para nosotros

desconocidas. Así, el niño que recibía de Dios al nacer el don del sano juicio, por el que se hacía apto para gobernar con justicia,

sería evidentemente el Mesías. Juicio y justicia son los fundamentos del reino de Dios (Sal 89:15; Is 9,7; 16:5)” (Verbum Dei

II Barcelona 1956 n.486d; véase H. Lammens: ER 151 1917 2; J. Calés: RSR 12 1922 174). — 21 Textos en los que la expresión

“leche y miel” es sinónimo de abundancia: Gen 18:8; Dt 32:135; Jue 5:25; 2 Sam 17:27; Job 20:17; 29:6. En asiro-babilónico, la

frase equivalente dispu himetu tiene un sentido parecido, y significa la plenitud de la bendición divina. Incluso algunos racionalistas

han visto aquí una alusión a la comida “leche y miel” privativa de los dioses Zeus y Dionysos. Y en este sentido ven el carácter

divino del Emmanuel. Véase GressMann, Ursprung des isr. jud. Eschatologie Cp.211; y Jeremías, Das Alte Testament im Lichte

des Alten Orients (1930) p.674. — 22 Cf. Feldmann, o.c., t.i p.go; Lagrange, La Vierge et Emmanuel: RB 1 (1892) 486; Van

Hoonacker, La prophétie relative a la naissance d'Immanu-El: RB 13 (1904) 221; Geuppens, o.c., 197; Condamin, o.c., p.67-68;

Tobac, Les prophétes d'Israel t.2 p.53; Den-Nefeld, Messianisme: DTC 10 (1929) 1435; Skinner, o.c., 6o; Guidi, Une ierre coulant

du lait avec du miel: RB 12 (1903) 241. — 23 La Vg lee: “ut sciat reprobare malum..” En realidad, la part. heb. I puede tener,

además de este sentido corriente de finalidad, el temporal de “cuando,” “antes de,” como traducen los LXX y Targum. Cf. Gen

3:8; 24:63; 2 Sam 18:29. Véase Gessenius-Bühl, Hand-wórterbuch p.309; Marti, Das Buch Jesajas p.77; Condamin, o.c., p.50;

Geuppens, o.c., 199; Skinner, o.c., p.60. — 24 2 Sam 19,36. — 25 La segunda parte del v.16 es oscura y embrolla el texto. Según

la Vg, la tierra devastada sería la de los reyes invasores, Efraím y Samaría, expresión rara aplicada a los dos países. Además, el

contexto parece pedir que la tierra castigada es Judá. Se han hecho diversas conjeturas. Unos toman i6b como glosa; otros, como

Gondamin, traducen con el giro que damos en la versión arriba expuesta. Cf. Ceuppens, o.c., 199; Gondamin, o.c., c.50. — 26 Vg,

siguiendo a los LXX y TM, lee al final del v.17: “cum rege Assyriorum,” que muchos autores consideran como glosa tomada del

v.20. Cf. Skinner, o.c., 61; Condamin, o.c., 50. — 27 Dennefeld, art. cit.: DTC 10 (1929) 1434-1435. — 28 Feldmann, o.c., t.1

p.92. — 29 Ceuppens, o.c., p.220; Davidson, Immanuel: Biblical Dictionnary Hasting's D. Β. Η. (1899) 455- 30 Is 8:3-4- — 31 Cf.

San Jerónimo, In Isaiam 9: PL 24:111. La razón principal de esta interpretación era la traducción καλέσεις de los LXX del v.14,

que supondría que el rey Acaz impondría el nombre (“llamarás.”) al niño. Pero ésta es una versión errónea, debido a que en la palabra

del texto hebreo w^qara't puede traducirse por ella llamará, como nosotros hemos puesto en el texto, o (masculino) llamarás,

dada la ambigüedad de la vocalización hebrea. Esta interpretación la siguen Maspero, Lagarde, etc. 32 Is 8:10. — 33 San

Jerónimo, In Isaiam: PL 24:112; San Justino, D. cum Tryphonen.66.68: PG 6:627. 631.642.655. Ezequías subió probablemente al

trono en el 727, cuando tenía veinticinco años (2 Re 18:2). Luego en el año en que fue hecha la profecía (735-734) tenía ya dieciocho

años. — 34 2 Re 18:21;Is 38:1-8. — 35 Así Ibn Ezra, Gessenius. — 36 Is 7:3. — 37 Así Schmith, Cheyne, Duhm, Marti,

etc. Para ello, los autores suprimen los v. 15 y 17 como interpolados, y traducen 8:8 “llenando toda la tierra, porque con nosotros

Dios,” en vez de “llenando toda la tierra, ¡oh Emmanuel!” Además, esta interpretación parte del falso supuesto de que se trata de

un signo de benevolencia. Cf. Ceuppens, o.c., 209. — 38 Is.8:3-4. — 39 Richard Simón, Bossuet, Calmet. Pío VI condenó la opinión

de Isenbiehl que negaba todo sentido mesiánico a la profecía (Enchiridion Biblicon n.5g). Y el argumento principal que •cita

el Pontífice es el uso que de la profecía hacen San Mateo (1:18-25) Y San Lucas (1:32-33). — 40 Is 14:2.25; 47:6; Os 9,3; Jer 2:7;

12:14; 1 Sam 26:19; 2 Sam 14:19. — 41 Is 9:5. — 42 Is 9:1. — 43 Is 11:1-5. — 44 Miq 5:1-5. — 45 Isc.7-11. — 46 Is 11:1. —

47 Is 7:14. — 48 Miq 51-5· — 49 Is11:1. — 50 San Justino, Diaí. cum Tryph. 67: PG 6:628; Lagrange, Le Messianisme chez les

Juifs p.222-223; H. Strack-Billerbeck, Commentar zum Ν. T. aus Talmud und Midrasch (Munich 1924) II p.48853; Lagrange,

Evan%ile selon S. Matthieu p.7; cf. Ceuppens, o.c., 215-216. — 51 San Justino, Apol I 33: PG 6:381; Dial cum Tryph. 66.71.77:

PG 6:628.633.644.673; San Ireneo, Adv. haer. 3:21:4: PG 7:950; Tertul., Adv. lud. 0.9: PL 2:617; De carne Christi 17: PL 2:781;

Orígenes, Conf. Celsum 34: PG 11:728; Lactancio, Divin. Inst. 4:12: PL 6, 479; San Epifan., Adv. haer. 54:3: PG 41:965. — 52

1716

Cf. J. M. Lagrange: RB (1905) 280. — 53 Isc.7-11. — 54 A. Colunga: “Ciencia Tomista” II (1925) 359. — 55 J. M. Lagrange: RB

(1905) p.280. — 56 Van Hoonacker, art. cit., 226. — 5 7 Lagrange, art. cit. En la interpretación basada en considerar al Hinneh del

v.14 como condicional, equivalente a “si.” (que no es extraña a la lengua hebrea: Ex 3:13; i Sam9,7; Lev 13; Os 9:6; Is 54:15; Jer

3:1; Ag 2:12), no hay dificultad para enmarcar la perspectiva del profeta, pues la traducción sería: “Si la doncella concibiera y diera

a luz. antes de que — 57 Emmanuel supiera rechazar el mal y elegir el bien, la tierra sería devastada.” En ese caso se indicaría

con énfasis la inminente devastación. Así Huyghe, Delattre. No obstante, la mayor parte de los autores le dan al Hinneh el valor

de “he aquí.” Para la bibliografía sobre el vaticinio véase Introducción al libro. — 58 La palabra hebrea que designa Nilo es ye'or,

que deriva de otra egipcia que significa “camino de Horus,” según la leyenda de que Horus persiguió a Set, asesino de su padre,

camino del oriente. — 59 Cf. 2 Re 16:75. Quizá la expresión “alquilada” sea una alusión irónica a esta política de Acaz de buscar

auxilio en los asirios, que iban a ser sus verdugos. — 60 El sido equivalía, más o menos, a tres pesetas oro.

8. La Justicia Punitiva de Dios.

Ruina de Siria y Efraím (1-4).

1 Díjome Yahvé: Torna una tabla grande y escribe en ella con estilo de hombre: A

Maher-salal-jas-baz. 2 Y tómame dos testigos fieles, Urías el sacerdote y Zacarías,

hijo de Jaberequías. 3 Acerquéme a la profetisa, que concibió y parió un hijo, y

Yahvé me dijo: Llámale Maher-salal-jas-baz, 4 porque antes que el niño sepa decir

“padre mío, madre mía,” las riquezas de Damasco y el botín de Samaría serán llevados

ante el rey de Asiría.

En el capítulo anterior, el profeta había comunicado de parte de Yahvé a Acaz la señal de la

próxima devastación asiría; ahora también se le manda proponer públicamente un nombre simbólico

que significara la ruina de los dos pueblos invasores de Judá, Siria y Efraím. Para ello se le

ordena escribir en lugar público, en una tableta grande, una frase misteriosa que había de suscitar

la curiosidad popular, dándole la ocasión de explicar la ruina de los invasores. Para dar más solemnidad

al acto, se le obliga a hacerlo en forma legal, llamando por testigos oficiales a dos personajes

importantes conocidos que dieran fe de lo escrito y anunciado de antemano. Esa inscripción

ha de redactarse con estilo de hombre, es decir, con caracteres usuales ordinarios, para que

pudiera ser leída por el público en general; sería, pues, una inscripción del estilo de la del canal

de Siloé, obra seguramente de los mismos obreros u oficiales de la excavación ! La inscripción

va dedicada a Maher-salal-jas-baz, que podemos traducir por “pronto saqueo, rápido botín.”

Isaías no declara quién es ese personaje misterioso para excitar la curiosidad pública, pero lo

quiere explicar plásticamente imponiéndole el nombre a su próximo hijo. A su esposa llama profetisa

(v.3), sin que esto implique que tuviera ella el don de profecía, sino que estaba asociada en

vida a un profeta de oficio, y quizá entre el pueblo se la denominaba así. El niño nacido lleva el

nombre enigmático que el profeta había escrito públicamente en la tableta, y el mismo profeta da

la explicación de dicho nombre (v.4). Efectivamente, Damasco dejó de existir como reino en el

732, un año o dos después de la profecía (antes que el niño sepa decir “padre mío y madre

mía”), bajo Teglatfalasar III, y Samaría caerá en el 721 bajo Sargón; pero, en realidad, cuando

cayó Siria, las tropas de Teglatfalasar III saquearon la parte superior del reino de Efraírn. Así,

pues, la profecía se cumplió al pie de la letra, aunque con la frase del profeta no se pretende explicar

una cronología matemática, sino simplemente la inminencia de la desaparición de ambos

reinos invasores para dar ánimos a la población aterrada.

Invasión de Jada por los asirlos (5-8).

5 Y me habló de nuevo Yahvé y me dijo: 6 Por haber despreciado este pueblo las

aguas de Siloé, que corren mansamente, y haber temblado ante Rasín y el hijo de

1717

Romelía, 7 va a traer contra él el Señor aguas de un río caudaloso e impetuoso, al

rey de Asiría y toda su magnificencia, y subirá sobre todos sus diques, y se desbordará

por todas sus riberas, 8 y, llegando hasta Judá, la inundará y cubrirá, llegándole

hasta el cuello. Y, desplegadas sus alas, cubrirá la plenitud de tu tierra, ¡oh Emmanuel!

Si bien el pueblo se verá libre de la calamidad presente, no obstante, se acerca una catástrofe

mayor debida precisamente a la conducta despectiva de la nación para con Yahvé. La invasión

asiría es comparada a una imponente inundación de un caudaloso río que se desborda y sale de

madre. Y precisamente jugando con esta imagen de inundación de aguas, el profeta expresa esa

idea del abandono de Dios hacia su pueblo.

Dios gobernaba suavemente, como mansamente discurrían las aguas de Siloé 2, que

arrancaban precisamente de la fuente que está a los pies del templo, donde moraba Dios — símbolo

de la providencia especial para Judá — ; pero su pueblo, Judá, le ha despreciado y ha buscado

auxilio en pueblos extraños y en la política meramente humana, y en el momento de peligro

se ha aterrorizado ante la invasión de Rasín de Damasco y del rey de Samaría (v.6); por ello van

a experimentar la dureza de la mano de Dios, airado justamente, pues va a traer aguas de un río

(Eufrates, símbolo de Asiría) cuyas aguas son impetuosas, y nadie las podrá encauzar 3. Y tendidas

sus alas (v.8): el profeta, por asociación de ideas, cambia de imagen, y concibe al ejército

invasor como una enorme ave de rapiña4 que extiende sus alas sobre toda la tierra de Judá, sembrando

la consternación y la ruina; siendo su situación tan angustiosa como la del que está a punto

de ahogarse, llegando el agua hasta el cuello. Y el profeta, ante aquel horizonte trágico y desesperado,

al ver al pueblo escogido sumergido por la ola de la invasión asiría y entregado a las

garras despiadadas del vencedor, lanza un grito de auxilio: cubrirá toda tu tierra, ¡oh Emmanuel!

Como ya hemos indicado, la expresión tierra de Yahvé, aplicada al territorio de Judá, era un título

exclusivo de Dios; por eso parece que, al decir Isaías tu tierra, le da un carácter suprahumano

a ese personaje misterioso a quien invoca como único posible auxiliador. El profeta vivía absorto

con la figura excepcional del Emmanuel — probablemente debido a alguna revelación particular

sobre él — , y por eso otra vez, como en el v.14, lo asocia a la situación trágica que se cierne sobre

Judá, la tierra del Emmanuel 5.

Amenaza a las naciones (9-10).

9 Aprended, pueblos, que seréis quebrantados6; apresta del oído todos vosotros, los

de lejanas tierras. Armaos, que vais a ser quebrantados; apercibios, que seréis quebrantados.

10 Trazad planes, que serán deshechos; haced proyectos, que no se lograrán,

porque está Dios con nosotros7.

El profeta, al ver la invasión del ejército enemigo, hace una verdadera profesión de fe en Yahvé,

al afirmar que, a pesar de sus fuerzas y sus planes, no podrán salir, en definitiva, victoriosos. Los

invita irónicamente a armarse y disponerse a ejecutar sus planes. Todo será en vano, pues es

Yahvé el que dirige el curso de la historia. Sobre todo, la presencia y el nombre de Emmanuel le

hace reaccionar gozoso contra toda pusilanimidad y derrotismo, y piensa en el significado de ese

nombre, Dios con nosotros, que es prenda segura de salvación, y, por consiguiente, nada hay que

temer. El profeta, pues, está como hipnotizado por el pensamiento de ese Emmanuel misterioso

que absorbe todas sus potencias intelectivas, imaginativas y de expresión.

1718

Yahvé, piedra de escándalo (11-15).

11 Así me ha hablado Yahvé mientras se apoderaba de mí su mano y me advertía

que no siguiese el camino de este pueblo. Me dijo: 12 No llaméis conjuración a lo que

este pueblo llama conjuración. No tengáis miedo ni temor de lo que él teme. 13 A

Yahvé de los ejércitos habéis de santificar, de El habéis de temer, de El tened miedo.

14 El será piedra de escándalo y piedra de tropiezo para las dos casas de Israel, lazo

y red para los habitantes de Jerusalén. 15 Y muchos de ellos tropezarán, caerán y serán

quebrantados, y se enredarán en el lazo y serán tomados.

El profeta refiere cómo Dios le aleccionó en aquellos momentos de peligro y de pánico general

en el pueblo, mostrándole que debía atemperar su conducta a la idea de que Dios está presente a

su pueblo, habitando en Sión, y que, por tanto, ha de ser la roca contra la que se estrellará la parte

infiel del pueblo. El pánico se había apoderado de todos ante la invasión siro-efraimita, y el profeta

fue objeto de una especial revelación de tipo extático (se apoderaba de mí su mano) 8, en la

que se le indicaba la conducta que debía seguir, es decir, reaccionar muy de otro modo que el

pueblo, que cree que todo está perdido (me advertía que no siguiese la conducta de este pueblo).

Parece que el pueblo había perdido toda la serenidad en aquellos momentos de peligro, y veía

cómplices con el enemigo por todas partes, pues había corrido el grito de ¡conjuración! o ¡traición!

por la ciudad 9. Isaías parece aquí hablar a un grupo de discípulos para que contrarresten

esta moral de pánico. En realidad, la solución estará en santificar a Yahvé, es decir, reconocerle

prácticamente, con la conducta, como santo, ateniéndose a sus prescripciones santísimas 10, pues

el verdadero peligro para Judá no está en la coalición de enemigos exteriores o interiores, sino en

las reacciones de la justicia divina airada. El peligro radica en menospreciar los planes de Dios;

por consiguiente, a El solo hay que temer cuando se vive a espaldas de sus mandamientos y con

una política totalmente profana, sin tener en cuenta que Judá es el pueblo santo y escogido de

Dios en sus designios (v.12). Dios, pues, puede ser ocasión de perdición y un gran peligro para

muchos, como piedra de escándalo que les haga caer en la ruina tanto en el reino del norte (Israel)

como en el reino de Judá (Jerusalén), que sustancialmente pertenecían al mismo pueblo de

Dios. El hecho de pertenecer al pueblo elegido sería para muchos ocasión de mayor castigo: muchos

se enredarán y caerán en el lazo (v.14-15).

Isaías y sus hijos, presagio para Israel (16-18).

16 Guardaré el testimonio, sellaré esta enseñanza para mis discípulos. 17 Y esperaré

en Yahvé, que oculta su rostro a la casa de Jacob; en El esperaré. 18 Henos aquí a mí

y a mis dos hijos, que me dio Yahvé como señales y presagios en Israel, de parte de

Yahvé de los ejércitos, que mora en el monte de Sión.

El profeta parece que está desalentado ante el escaso fruto de su predicación, y de momento parece

quiere retirarse de la vida pública. En realidad está cumpliendo la misión que Dios le había

encargado H, de predicar al pueblo aunque éste no escuchare. Pero ahora quiere limitarse a la

formación espiritual de un pequeño núcleo de discípulos que le siguen y son sus portavoces en el

pueblo. Así, la frase sellaré esta enseñanza para (o en) mis discípulos significa que la encomienda

a ellos, procurando que éstos con su conducta sean “el sello” viviente de su doctrina. O

quizá el sentido sea que quiere poner por escrito la predicación oral por él hasta ahora desarrollada,

y depositarlo como documento “sellado” a la custodia de sus discípulos. “Por este acto so1719

lemne forma un círculo íntimo de discípulos espirituales, que es el núcleo del nuevo pueblo de

Dios” 12. Y por otra parte se inhibe de toda actividad pública, con el corazón amargado y triste

por la suerte trágica que espera a su pueblo, esperando que Yahvé, que ocultó su rostro a la casa

de Jacob, es decir, la abandonó 13, ponga en práctica sus juicios. Pero al mismo tiempo no desespera,

y cree que al fin Dios hará brillar de nuevo su faz a la casa de Jacob, y por eso dice resignado

y esperanzado: en El esperaré (v.17).

Pero, aunque Isaías calle, su mismo nombre (Yeshayahu: “Yahvé es salvador”) y los de

sus hijos (Sear-Yasub: “un resto volverá” de la cautividad, y Maher-salal-jas-baz: “pronto pillaje,

rápido botín”) son una señal y un presagio para su pueblo 14 de parte de Yahvé, que mora en

el monte de Sión.

Prevención contra las prácticas supersticiosas (19.-23)

19 Y todavía os dirán sin embargo: Consultad a los evocadores y a los adivinos, que

murmuran y susurran: ¿No debe un pueblo consultar a sus dioses y a sus muertos

sobre la suerte de los vivos? 20 Por la ley y el testimonio. Si no hablan según esta palabra,

no hay aurora para ellos. 21 Tribulación y hambre invadirán la tierra, y, enfurecidos

por el hambre, maldecirán a su rey y a su Dios. 22 Alzarán sus ojos arriba,

luego mirarán a la tierra, pero sólo habrá angustia y tinieblas, oscuridad y tribulación;

mas se pasará la noche, 23 y ya no habrá tinieblas para el pueblo que andaba

en angustia.

El sentido de todo esto no es seguro, porque el texto está muy mal conservado 15; pero, no obstante,

parece que el profeta quiere prevenir a sus discípulos contra las tendencias de sus conciudadanos

a los usos mágicos y adivinatorios, sobre todo la nigromancia. El profeta parece establecer

un diálogo en el que intervienen unos supuestos interlocutores que invitan a los discípulos de

Isaías a participar en las prácticas de nigromancia y de consulta a los seres de ultratumba, a los

que da el nombre de dioses: ¿No debe un pueblo consultar a sus dioses? 16. Ante esta insinuación,

los discípulos deben reaccionar acudiendo a la enseñanza y al testimonio, es decir, a la profecía

sellada, recibida por revelación y entregada por el profeta a los discípulos como garantía de

su misión y como antídoto contra toda tentación de desfallecimiento; y esa profecía sellada es

llamada en el v.16 testimonio y enseñanza. Por el contrario, al que no quiera hacer caso de esa

enseñanza y testimonio le sucederá como al viajero que anda de noche, para el que nunca llega la

aurora (v.20). Serán anegados en una noche tenebrosa como consecuencia de la devastación y de

la ruina y, al ver caídos sus planes humanos, surgirá por doquier la desesperación, maldiciendo al

rey y a su Dios como supuestos causantes de tal situación. Pero parece que se abre de nuevo el

rayo de esperanza para no sumir a sus oyentes en un cerrado pesimismo: No habrá ya tinieblas

para el pueblo que andaba en angustias 17. Es una especie de sursum corda como epílogo a todo

lo anterior, muy en consonancia con las reacciones de esperanza en los profetas ante un horizonte

cerrado de tinieblas.

1 Cf. Dt 3:11: “codo de hombre: codo común.” Esta inscripción de Siloé se halla actualmente en el museo de Estambul, y recuerda la

inauguración del canal de Siloé bajo Ezequías, en el siglo vni a. G. Quizá esta escritura de hombre (ordinaria) se contraponía a la

cuneiforme o a otra forma de escribir esotérica reservada a los sabios, como la jeroglífica egipcia ea contraposición a la demótica.

— 2 La piscina de Siloé (Neh 3:15; Jn 9,7), ahora At'n Silwan, al sudoeste del templo, comunicaba con la fuente de Gihón por un

canal. — 3 En el verano, el Eufrates se desborda, sembrando muchas veces la desolación y la ruina. En esto parece fijarse el profeta.

La frase “al rey de Asiría y toda su magnificencia,” a pesar de estar en TM y LXX, es considerada por muchos críticos como

glosa explicativa por razones métricas. — 4 Quizá las alas puedan ser sinónimas de brazos del río. — 5 Algunos han querido desvirtuar

el texto, traduciendo: “llenando la plenitud de la tierra, porque con nosotros Dios,” en vez de Emmanuel, lo que daría un

sentido trivial, pues en la frase del profeta se ve un claro grito de auxilio. — 6 Aprended, así según LXX. TM dice exterminad.

7 El texto hebreo dice Immanu-El, como en 7:14 y 8:8. — 8 EZ 3:22. — 9 Quizá la palabra conjuración se refiera sencillamente a

1720

la coalición de los dos pueblos invasores, Damasco y Samaría, en cuanto aliados. — 10 Algunos autores, en vez de a Yahvé santificad

(taqshidu), leen “a Yahvé considerad como conspirador” (taqshiru. Por la semejanza gráfica ¿el daleth y el resch es muy posible

la confusión), lo que daría un sentido muy afín al contexto: lo que hay que temer no son las conjuras de los hombres, sino las

de Dios. — 11 Is 6:9ss. — 12 Skinner, o.c., 76. — 13 Cf. Dt 31:175; Miq 3:4; Jer 33:5; Sal 13:1; 44:24; Job 13:24. — 14 Is 20:3;

7:11. — 15 De ahí que las traducciones varíen con cada autor. La que damos es una de tantas posibles, pero no es segura, pues el

texto es obscurísimo por su incorrección. — 16 1 Sam 28:8, donde a los difuntos se les llama dioses. — 17 Muchos autores consideran

este v.23 como glosa, pues creen que tiene un sentido enigmático fuera de contexto. Los LXX traducen: “Habrá tinieblas sin

brillo, porque es noche para el que está en la angustia.”

9. Los Tiempos Mesiánicos.

La alegría de la liberación (1-7).

1 Como al principio cubrió de oprobio a la tierra de Zabulón y de Neftalí, a lo último

llenará de gloria el camino del mar y la otra ribera del Jordán, la Galilea de los gentiles.

2 El pueblo que andaba en tinieblas, vio una luz grande. Sobre los que habitan

en la tierra de sombras de muerte resplandeció una brillante luz. 3 Multiplicaste la

alegría, has hecho grande el júbilo, y se gozan ante ti, como se gozan los que recogen

la mies, como se alegran los que reparten la presa. 4 Rompiste el yugo que pesaba

sobre ellos, el dogal que oprimía su cuello, la vara del exactor como en el día de Madián,

5 y han sido echados al fuego y devorados por las llamas las botas jactanciosas

del guerrero y el manto manchado en sangre. 6 Porque nos ha nacido un niño, nos

ha sido dado un hijo que tiene sobre los hombros la soberanía, y que se llamará maravilloso

consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz, 7 para dilatar

el imperio y para una paz ilimitada sobre el trono de David y de su reino, para afirmarlo

y consolidarlo en el derecho y en la justicia desde ahora para siempre jamás.

El celo de Yahvé de los ejércitos hará esto.

En medio de un horizonte cerrado de tragedia, el profeta, inesperadamente, divisa un rayo esplendoroso

de luz y de redención para los oprimidos, que le hace prorrumpir en un canto lleno de

exultación al ver vencido al opresor del pueblo elegido, y todo como consecuencia de la intervención

de un misterioso niño adornado de dotes excepcionales que inaugurará una venturosa era

de paz. Podemos considerar esta profecía como lógica continuación de la revelación sobre el

Emmanuel; por tanto, de la época de la guerra siro-efraimita l. El profeta comienza ex abrupto un

canto de alegría, contraponiendo dos situaciones muy diferentes: la primera, en que Dios cubrió

de oprobio a la parte septentrional de Palestina (Zabulón y Neftalí, las dos al oeste del lago de

Generaste), probablemente una alusión a la deportación llevada a cabo por Teglatfalasar III en

aquellos días del 734 2, y la de un tiempo nuevo que parece inaugurarse (a lo último), en la que

se llenara de gloria el camino del mar, es decir, esta misma región que bordea el lago de Generaste.

Se la llama vía mares porque por ahí pasaba la ruta caravanera principal que subía de Egipto

bordeando la costa palestina, para adentrarse por la derecha del Carmelo hacia Nazaret, y se

volvía hacia Damasco por encima del lago de Genesaret. El profeta, pues, por un juego poético

de paralelismo contrapone dos situaciones: una de oprobio y humillación, y otra de engrandecimiento

y de glorificación en la misma región del norte de Palestina, juntamente con la otra ribera

del Jordán (Galaad), todo lo cual constituía la Galilea de los gentiles, término despectivo dado

por los del reino de Judá, que practicaban un yahvismo más puro, a aquellos desafortunados

israelitas que les había caído en suerte el vivir alejados de la capital de la teocracia y del templo,

y en contacto inmediato con los gentiles, lo que, naturalmente, traía como consecuencia que su

1721

religiosidad y moralidad era semi-israelita y semipagana 3. El profeta ve, pues, iniciarse la primera

etapa de la redención del pueblo israelita por aquella despreciada región del norte que ahora

estaba tan castigada. El mejor comentario de esto nos lo da San Mateo al presentarnos al Redentor

inaugurando su misión apostólica a orillas del lago de Tiberíades, anunciando “la buena nueva

del reino de los cielos”4. Era la luz misma que había visto el profeta y que le había hecho saltar

de gozo siete siglos antes. En el capítulo anterior 5 había dicho que Dios había escondido su

faz a la casa de Jacob; ahora anuncia con júbilo un horizonte luminoso de salvación. Ese pueblo

estaba en sombras de muerte, es decir, como un país en el que el espectro de la muerte ha dejado

su huella después de la devastación y la guerra. Habitar en la tierra de sombras es sinónimo de

vivir en un estado de miseria y de desventura. Los habitantes de aquellas regiones, pues, del norte

de Palestina, habituados ya a este ambiente de tristeza, resignados con su suerte, inesperadamente

han visto un fulgor de esperanza y de salvación6. Y el profeta se complace en describir la

alegría nacida en aquellos corazones que se creían abocados a un estado de miseria sin esperanzas

de redención 7; y la compara al júbilo campestre y espontáneo que preside la época de la recolección

de las mieses, cuando se han colmado las esperanzas y han pasado las incertidumbres

de la marcha de la cosecha. Y ese júbilo se exterioriza con actos de acción de gracias (ante t1) a

Dios, que les bendijo los frutos del campo (v.12) en las fiestas anuales agrícolas ante el santuario

8.

Otra imagen para reflejar la gozosa situación es la del ejército vencedor que se reparte la

presa. Y es que de pronto esas gentes humilladas de los confines de Galilea de los gentiles se

han visto libres de un peso que los asfixiaba como un dogal. La victoria de Gedeón sobre los

madianitas había quedado como proverbial en el folklore del pueblo israelita, y por eso viene instintivamente

a la memoria del profeta para expresar la alegría de la liberación 9. Y en la nueva

situación desaparecen todos los vestigios de atuendo bélico (ν.6). Es la inauguración de una nueva

edad venturosa cuya característica esencial será la paz. El profeta salta de júbilo al dar la razón

de tal situación: inesperadamente ha surgido un Príncipe libertador, que describe bajo la

forma de un niño, sin duda relacionado con el misterioso Emmanuel del c.7, adornado de dotes

excepcionales de realeza 10: estará dotado de una perspicacia única como gobernante (admirable

consejero) para conducirse en las situaciones diversas de su reinado con sabiduría y prudencia.

Pero, además, llevará un título excepcional: Dios fuerte. Esta denominación es desconcertante

para los racionalistas, pues en el A.T. dicha expresión se aplica sólo a Yahvé n. Por eso la explican

en sentido metafórico, como sinónimo de “héroe divino,” es decir, dotado de especial fuerza

y vigor precisamente por gozar de una protección especial de Dios12. Los autores católicos unánimemente

dan a la expresión su alcance de algo divino. Así, pues, al niño en cuestión se le daría

en la mente del profeta una categoría de Dios, precisamente por el uso de dicha expresión en la

literatura del A.T. Si aceptamos esta conclusión, tenemos revelado aquí el misterio de la Santísima

Trinidad en cuanto a la segunda Persona. Por otra parte, como en el 0.7 este mismo niño es

presentado como naciendo de una virgen, se sigue que implícitamente se enseña en estos dos capítulos

la naturaleza humana y divina del Mesías 13, con todas las consecuencias teológicas que

se sigan, es decir, un hombre verdadero, con su cuerpo y alma racional, v al mismo tiempo Dios.

No obstante, aunque esto pueda estar implícito en el texto, es difícil saber el alcance que Isaías

daba a la expresión, y cómo podía concebir ese carácter divino del niño. Parece, pues, un vislumbre

momentáneo, efecto de una particular revelación divina, que no vuelve a aparecer en los

capítulos siguientes al hablar de ese misterioso Niño-Emmanuel.

Otra cualidad es la de Padre sempiterno, que, juntamente con la de Príncipe de la paz,

expresa el efecto de su excepcional perspicacia como gobernante y maravilloso consejero. No

1722

gobernará tiránicamente a su pueblo, sino paternalmente, y esto para siempre, y, como tal, buscará

el establecimiento de un ambiente de paz y comprensión, de modo que podrá llamarse Príncipe

de la paz. En el c.11 dirá que esta paz se basará en un profundo sentido de justicia, ya que la

justicia será el ceñidor de sus lomos 14. Un paralelo a esta concepción lo encontramos también

en la profecía antes citada de Miqueas, su contemporáneo 15. Esta paz es idealizada por el mismo

profeta poco después; pero debajo de las imágenes vivas que nos presenta debemos entender lo

que era sustancial en su profecía, es decir, el principio de un reinado espiritual basado en la

paz de las conciencias.

Mesianismo del Vaticinio.

Se ha pretendido retrotraer la composición de este fragmento a la época posterior al exilio

16, porque aquí encontramos la idea de un Mesías personal y libertador, lo que se supone extraño

a la teología anterior al destierro, pues en esa época la liberación se creía habría de venir única y

directamente por una intervención de Dios en medio de la comunidad religiosa israelita. Pero ese

Emmanuel que late en todas estas páginas aparece siempre con carácter personal, como rey de

Judá, salvador de su pueblo 17. Por otra parte, todos los detalles se adaptan perfectamente a la

descripción de ese Niño-Emmanuel, punto de convergencia de la atención de Isaías, pues se alude

a la invasión de Teglatfalasar III sobre Zabulón y Neftalí18, y el yugo que pesa sobre los moradores

de la región de sombras de muerte es la mano dura de los conquistadores asirios, que se

apoderaron del norte de Palestina.

Los que niegan el carácter mesiánico del fragmento se ven embarazados con la expresión

Dios fuerte y recurren a un sentido metafórico. Los judíos, como antes indicamos, dividen arbitrariamente

el texto, aplicando las primeras cualidades a Dios, y sólo la de Príncipe de la paz al

Mesías. Para valorar bien el sentido de Dios fuerte (“El Gibbor”), debemos hacer notar que, aunque

es verdad que en el A.T. a veces la palabra Dios (“El”) tiene un sentido amplio y se aplica a

seres angélicos y aun a hombres (como a los jueces) 19, no obstante, la expresión completa Dios

fuerte se aplica en el A.T. sólo a Dios. Los racionalistas, reconociendo que este título en el A.T.

se reserva sólo a Yahvé, creen ver un mero sentido hiperbólico. Indudablemente que esta expresión

de Isaías constituye un verdadera isla en la literatura del A.T., y no volvemos a encontrar

expresado ese carácter divino del Emmanuel; pero ese carácter insólito de la expresión se puede

explicar, admitiendo lo sobrenatural en la Biblia, por una ráfaga de luz fugaz que de momento

deslumbre la mente del profeta, sin comprender éste quizá el alcance pleno de esa revelación, y

lo expresó como lo vio, y en su contenido pleno parece indicar realmente la divinidad del Mesías.

El carácter mesiánico del vaticinio aparece claro examinando la misión de ese Niño misterioso:

liberación de los oprimidos, que impone un reinado pacífico y con medios pacíficos, y

por otra parte se halla ese misterioso Niño adornado de cualidades excepcionales, que históricamente

no se pueden aplicar a un rey histórico; además, se adaptan perfectamente a la concepción

de la persona del Mesías liberador y glorioso que desde la época de la monarquía se

había generalizado en el pueblo en general, pero singularmente entre los representantes auténticos

del yahvismo tradicional e íntegro, los profetas. El mejor comentario de este fragmento lo

encontramos en los Evangelios, donde se describe la actividad espiritual del gran Rabí de Nazaret

por aquellas regiones de la alta Galilea 20, liberando las almas del poder del príncipe de las

tinieblas. Más tarde, ante Pilatos oficialmente proclamará que había venido a establecer un reino

espiritual y universal 21.

Por ello, los autores cristianos, siguiendo a San Mateo 22, han dado una interpretación

1723

mesiánica a este vaticinio, viendo en la predicación de Cristo el cumplimiento literal del mismo.

Los Santos Padres unánimemente suponen esto 23, y tradicionalmente ésta ha sido la interpretación

en la Iglesia, y es hoy comúnmente aceptada entre los actuales expositores católicos. Ciertamente,

en este vaticinio se concreta que el Mesías será rey, pero con un carácter espiritualista,

ya que precisamente por sus cualidades de gobierno impondrá un remado de paz donde estará

desterrada la violencia. Además, parece insinuarse, juntamente con su origen humano (el nacimiento

de una virgen), su naturaleza divina (Dios fuerte), lo que será precisamente la razón de

las cualidades excepcionales de ese niño Mesías y liberador.

La devastación del pueblo escogido (8-12).

8 Una palabra ha enviado el Señor contra Jacob, y ha caído en Israel. 9 Y llegará a

conocimiento de todo el pueblo, de Efraím y de los habitantes de Samaría. Los que

en la soberbia y orgullo de su corazón se decían: 10 Han caído los ladrillos, pero edificaremos

con sillares; han sido cortados los sicómoros, pero en su lugar pondremos

cedros. 11 Yahvé fortalecerá contra ellos a sus adversarios24 e incitará a sus enemigos,

12 la Siria al este y los filisteos al oeste, que a boca llena devorarán a Israel. Ni

con todo esto se aplacará su ira, antes seguirá todavía su mano extendida.

Se cree que este fragmento y el que sigue son anteriores a la guerra siro-efraimita del 735-34, ya

que presentan a Efraím y a Siria como enemigos. El oráculo empieza solemnemente personificando

la decisión de castigo de parte de Dios sobre su pueblo; así la palabra (e.d., el mensaje

punitivo de su justicia) es representada como un ser viviente, que transmite en misión especial la

voluntad vengadora de Dios, la amenaza de exterminio, que a su vez es retransmitida por su profeta,

el cual la ve venir por los aires como una antorcha incendiaria que cae sobre los campos

maduros para el castigo de Israel, el reino del Norte (Israel y Jacob, expresiones sinónimas por

paralelismo) (v.8). Y todos los habitantes de Samaría y Efraím conocerán experimentalmente el

peso del juicio divino (conocerán en sentido complexivo de “experimentarán”), y la razón de

ello será precisamente su desmedido orgullo; en su ciega altanería no han sabido ver en los castigos

sufridos hasta ahora, en la devastación y ruina de su nación, la mano punitiva de Dios, y

creen que podrán reparar las ruinas y crear un estado de cosas más próspero y brillante; Isaías se

complace en reflejar esta situación de autosuficiencia con un proverbio popular que debía de estar

de moda entre aquellas gentes arrogantes del reino del Norte 25: Han caído los ladrillos y edificaremos

con sillares. Han sido cortados los sicómoros, pero en su lugar pondremos cedros (v.

10). No sabemos a qué calamidad concreta alude Isaías, quizá al tributo que tuvo que entregar el

rey de Samaría a Teglatfalasar III en el 738 o a las pérdidas ocasionadas en la guerra con Siria.

Pero estos proyectos llenos de megalomanía van a caer por tierra, ya que Dios va a excitar

las rencillas (v.11) de sus enemigos tradicionales, los sirios y los filisteos. Después de la

muerte de Jeroboam II, que había conquistado Damasco26, con lo que el esplendor y fuerza del

reino de Samaría habían llegado a su apogeo, Siria se atreverá a atacar al reino cismático, ya en

franca decadencia. No sabemos en realidad que en esta época hubiera habido una guerra de Samaría

contra Damasco y Filistea; pero la animosidad ciertamente existía, y no tiene nada de particular

que haya habido choques entre los tres reinos vecinos. Pero no acabará en esto la intervención

de la justicia divina; la mano de Yahvé seguirá todavía tendida con ademán amenazador,

dispuesta a descargar sobre el reino cismático infiel de Efraím. Es un modo de decir que el lector

debe esperar una segunda etapa en los castigos enviados por Dios. Mayor desgracia que la incursión

de ejércitos enemigos sobre el país será la anarquía social que se aproxima.

1724

Situación caótica social (13-17).

13 Pero el pueblo no se ha vuelto al que le hería, no ha buscado a Yahvé de los ejércitos.

14 Y Yahvé cortará de Israel la cabeza y la cola, la palma y el junco en un mismo

día. 15 Los ancianos, los magnates: he ahí a la cabeza; el profeta, doctor de mentiras:

he ahí la cola. 16 Porque los que guían al pueblo se descarrían, y los guiados van

perdidos. 17 Por eso el Señor no se complace en sus mancebos, ni tiene piedad de sus

huérfanos y sus viudas. Porque todos son impíos y malvados, y toda boca dice despropósitos.

Ni con esto se aplaca su ira, antes seguirá tendida su mano.

La obstinación de Israel, que no ha reconocido en el castigo a Dios, que le enviaba un correctivo

para atraerle a mejor camino (v.15), sufrirá el peso de la mano airada del Señor. En un solo día

desaparecerán los dirigentes y el pueblo. Quizá aluda a una de las revoluciones sangrientas internas

que siguieron a la muerte de Jeroboam II 27, o quizá aluda al asesinato del rey Peqayah por

Peqaj hacia el 735. El profeta expresa esta matanza con una locución proverbial: Yahvé cortará

de Israel la cabeza y la cola, la palma y el junco; es decir, los magnates y las clases humildes

serán envueltos en la gran matanza 28. Al falso profeta, por menosprecio, se le considera incluido

entre aquellos que constituían los últimos estratos de la sociedad, en cuanto que, en vez de ser los

guías del pueblo, por adular a los dirigentes de la sociedad, se convierten en meros seguidores

(cola) de éstos 29. Y así, en realidad, los que debían guiar al pueblo son los que le descarrían

(v.16).

Este estado de cosas ha irritado tanto a Dios que, a pesar de ser siempre el amparador de

los derechos de los humildes, el vengador de las viudas y huérfanos 30, no tendrá en esta ocasión

compasión aun de ellos, porque la corrupción es general (v.17). Y el profeta, como antes, se

complace en destacar que aún no ha terminado la intervención de la justicia divina: seguirá tendida

su mano (v.17).

La guerra civil (18-21).

18 Porque la iniquidad se ha encendido como fuego, que devora cardos y zarzas y

consume la maleza del bosque, subiendo el humo en remolinos. 19 Por el furor de

Yahvé de los ejércitos se abrasará la tierra y el pueblo será presa del fuego. 20 Despedazan

a derecha, y se quedan con hambre; devoran a izquierda, y no se sacian.

Cada cual devora la carne de su prójimo 31 y nadie se apiada de su hermano. Manases

contra Efraím, Efraím contra Manases, y ambos a dos contra Judá. 21Ni con todo

esto se aplaca su ira, antes seguirá todavía tendida su mano.

Como culminación de todo el estado caótico antes descrito, vendrá la guerra civil con toda su

crueldad, lo que contribuirá a precipitar la ruina de Israel. La situación de desvarío e injusticia es

comparada a un fuego devorador, que se ceba primero en las materias más inflamables, como los

cardos y zarzas (las clases más humildes); pero después alcanza los altos estratos de la sociedad.

Esta imagen le trae a la mente, por asociación, la de la cólera divina, que se enciende como fuego,

y hace perecer en él al país y a sus moradores 32, creando una situación tan desesperada que

unos mismos ciudadanos se declaran la guerra entre sí, de modo que las antiguas rivalidades entre

las tribus de Manases y Efraím saldrán a la superficie, dando origen a la anarquía y a la guerra

civil. Manases y Efraím representan los territorios de las dos riberas del Jordán. Efectivamente,

sabemos que el usurpador Peqaj asesinó, al frente de una banda de cincuenta hombres de Galaad

1725

(tribu de Manases), al rey Peqayah33. Y ambos a dos contra Judá (v.20). No pocos críticos consideran

esta frase como adición de un glosista después de la alianza siro-efraimita contra Judá.

1 Algunos autores, como Duhm, ponen esta profecía en tiempo de la invasión de Sena-querib, hacia el 701. Otros, como Martí y

Cheyne, creen que es posterior al destierro babilónico. La opinión más probable es la de Skinner, que la pone en los años 734-733

con ocasión de la invasión siro-efraimita. — 2 2 Re 15:29. — 3 Este desprecio por los galileas es el mismo que en la época evangélica

mostrarán los sacerdotes por los discípulos de Jesús, de origen galileo en su mayor parte (Galilea viene de Salü = distrito;

cf. 1 Re 9:11; 2 Re 15:29). — 4 Mt 4,13ss. — 5 15 8:17. — 6 Para el concepto luz como sinónimo de salvación cf. Is 58:8; 59:9;

Miq 7:8; Sal 18:28. — 7 La lectura del TM y Vg, “multiplicasti gentem et non maguí ficasti laetitiam,” no se adapta al contexto,

pues se habla precisamente de una alegría general. La mejor solución es la adoptada generalmente por los autores de juntar las palabras

goy y lo, dando una palabra que significa “exultación” (agilah). — 8 Cf. Dt 12:7; 14:26, etc. — 9 Jue c.y; cf. Is 10,26. —

10 El códice vaticano de los LXX difiere mucho del TM, y lee: “Y se llamará su nombre ángel del gran consejo. Traeré la paz sobre

los príncipes y para él la salud.” El códice alejandrino de los LXX difiere de esta lección, y por eso comúnmente se abandona

aquélla como corrompida. — 11 Cf. Is 10:21; Dt 10:17; Jer 32:18; Neh 9:32. — 12 Los judíos, que no podían admitir ningún ser

que pudiera equipararse a Dios, embarazados ante este texto, le aplicaban al Mesías sólo el último título de Príncipe de la paz, y

lo anterior lo referían a Dios. Pero en el texto no hay lugar a esta vivisección, pues uno mismo es el sujeto gramatical, el niño. —

13 Cf. Feldmann, o.c., t.1:120; Condamin, o.c., p.55; Ceuppens, o.c., 237; Tobac, o.c., t.2:34; Dennefeld, art. cit.: DTC 10 (1929)

1437. — 14 Is 11:5. — 15 Miq5. — 16 Marti, Stade, Cheyne. — 17 Is 7:1-8; 22:9. 18 Is 8:23 (Vg 9:1); 2 Re 15:29. 19 Sal 82:6. — 20

Mt 4.I3SS. — 21 Lc 23:3; Jn 18:36. — 22 Mt 4:13-16. — 23 San Ireneo, Contra Inaer. 3:16:3: PG 7:922; Tertuliano, Adv. lud. c.10:

PL 2:668; De carne Christi c.14: PL 2:823; Ad Marcionem c.ig: PL 2:376; Eusebio, Dem. Evans. 2:1:10: PG 22:103; San Grisóstomo,

Adv. lud. et Gent.: PG 48:816; San Jerónimo, In Isaiam 9:6: PL 24:126; véase Geuppens, o.c., 245. — 24 TM lee “Yahvé

fortalecerá los enemigos de Rasín (rey de Samaría) contra él” (Efraím). tn ese caso serían los asirlos; lo que no parece adaptarse al

contexto. Como, por otra parte, 'S LXX suprimen Rasín y leen de otro modo, autores como Skinner, Dillmann, Condamin, suprimen

Rasín). — 25 Cf. Os 7:9:10; Am 5:11. 26 2 Re 14:28. — 27 Cf. 2 Re 15:10; 14:25; Os 7:3-7.' — 28 Cf. Is 3:2.3; 19:15;

Dt28:13.44. — 29 La generalidad de los críticos suele considerar los v.15-iy como glosas explicativas posteriores. Pero, por razones

métricas, el P. Condamin cree que debe mantenerse su autenticidad (o.c., 80). — 30 Cf. Is 1:17; Dt 10:18, etc. — 31 En vez de

“prójimo,” el TM y los LXX leen, con la Vg., “cada cual devora la carne de su brazo.” La imagen indicaría la situación del hombre

famélico que se come un miembro de su cuerpo. Pero, por una sencilla corrección de una letra hebrea, muchos críticos leen

“hermano” en vez de brazo, que parece mejor encuadrar en el contexto. — 32 Algunos leen, por una sencilla transposición de letras,

“como comedores de hombres” en vez de “el pueblo será presa del fuego.” En ese caso, el V.19 podía ser una buena introducción

a la idea del v.20, donde aparece la lucha fratricida entre los conciudadanos. — 33 2 Re 15:25.

10. Amenazas Contra Asiría.

Invectivas contra los magistrados injustos (1-4).

1 Ay de los que dan leyes inicuas y de los escribas que escriben prescripciones tiránicas

2 para apartar del tribunal a los pobres y conculcar el derecho de los desvalidos

de mi pueblo, para despojar a las viudas y robar a los huérfanos 3 ¿Qué haréis el día

de la visitación, del huracán que viene de lejos? ¿A quién os acogeréis para que os

proteja? ¿Qué será de vuestros tesoros? 4De no ir curvados entre los cautivos,

habrán caído entre los muertos. Ni con todo esto se aplacará la ira de Yahvé, antes

seguirá todavía tendida su mano.

Esta invectiva contra los malos magistrados de la nación puede ser una continuación del oráculo

anterior, según el estribillo del v-4: antes seguirá todavía tendida la mano; y en ese caso el profeta

se referiría a los magistrados del reino del Norte (Samaría). Algunos críticos creen que se

refiere más bien a los magnates de Judá, empalmando con el c.5 1.

El profeta se enfrenta con los magistrados y escribas, que complican cada día la legislación

con vistas a nuevas exacciones, haciendo más difícil la administración de la justicia, con lo

que cada día se obstaculiza el acceso a los de clase modesta (v.1-2) 2. Pero Dios vela por los intereses

de los humildes, y por eso se aproxima la hora del castigo que viene de lejos como un

huracán, probable alusión a la invasión del ejército asirio, que iba a ser el instrumento de la justicia

divina. Dios es omnipotente y se halla sobre el horizonte histórico de todos los pueblos, y

puede tomar a las naciones más alejadas como medio de castigar al pueblo escogido infiel. Y en

1726

esa hora de castigo en que no habrá esperanza de salvación, no les quedará otra alternativa que ir

curvados entre los cautivos (al destierro) o caer entre los muertos 3.

Oráculo contra la insolencia de Asiría (5-14).

5 ¡Ay de ti, Asur, vara de mi cólera! el bastón de mi furor está en sus manos. 6 Yo le

mandé contra una gente impía, le envié contra el pueblo objeto de mi furor, para

que saquease e hiciera de él su botín y le pisase como se pisa el polvo de las calles. 7

Pero él no tuvo los mismos designios, no eran éstos los pensamientos de su corazón.

Su deseo era desarraigar, exterminar pueblos en gran número. 8 Porque él dice: Reyes

son todos mis príncipes. 9 ¿No ha sido ésta la suerte de Calno, la de Carquemis;

la de Jamat no ha sido la de Arpad; y la de Samaría la misma de Damasco? 10 Así se

apoderó mi mano de reinos de ídolos, más en número que los de Jerusalén y Samaría.

11 ¿No podré hacer con Jerusalén y sus ídolos lo que hice con Samaría y los suyos?

12 Pero sucederá que, cuando el Señor haya realizado toda su obra sobre el

monte de Sión y de Jerusalén, castigará el Señor al rey de Asiría por el orgullo de su

corazón y la altivez de sus ojos 4. 13 El se dice: Con la fuerza de mi brazo he hecho

esto, con mi sabiduría y mi prudencia, y borré las fronteras de los pueblos, y saqueé

sus tesoros, y, todopoderoso, derribé a los que se sentaban en sus tronos. 14 Mi mano

ha tomado la riqueza de los pueblos como se toma un nido; como quien se apodera

de huevos abandonados, me he apoderado yo de la tierra toda. Y nadie sacudió las

alas, ni abrió el pico, ni dio un chillido.

La época de composición de este fragmento no es anterior a la toma de Carquemis (717) ni posterior

a la invasión de Judá por Senaquerib en el 701, pues se supone en el v.9 conquistada aquélla,

y por otra parte se anuncia como futura la invasión de Senaquerib. por razones métricas, algunos

autores niegan la autenticidad isaiana de los v.10-12.

La idea que prevalece en toda esta sección y en la siguiente es que Yahvé domina el curso

de la historia y que aun los imperios más poderosos no son sino instrumentos de la Providencia

divina; por eso, todo lo que sea sobrepasarse en esta misión de instrumentos de Dios, es

hacerse reos de lesa majestad divina. Encontramos, pues, aquí esquematizada una verdadera teología

de la historia. Quizá la caída de Samaría en manos de Asiría había sembrado el pánico entre

los de Judá al ver a la mayor parte del pueblo escogido devastado, y, por otra parte, llegarían a

oídos de todos los excesos de las tropas conquistadoras de Sargón, y quizá fue ésta la ocasión

para el profeta de predecir también la destrucción de Asiría por haberse excedido en su cometido

de mero instrumento de Dios para castigar al pueblo israelita, infiel a Yahvé.

La invectiva contra Asiría está llena de vigor: ¡Ay de ti, Asur! Dios la había escogido

como instrumento de su justicia (vara de mi cólera) para castigar las infidelidades de un pueblo

de conducta depravada, pisándolo como se pisa el polvo en las calles (v.6); pero en su arrogancia

no se ha contentado con esto, sino que ha querido destruirlo totalmente, cebándose en sus víctimas,

buscando el exterminio por el gusto de destruir y aun desarraigar, es decir, deportar las poblaciones

en masa, sacándolas de sus hogares. El conquistador se gloría de que sus oficiales tuvieran

más categoría que los mismos reyes de los países ocupados (v.8), y por eso puede llamarse

con propiedad rey de reyes5. Los otros reyes apenas pueden llevar el título de principes. Así se

complace en enumerar los reinos conquistados6.

La arrogancia de Asiría llega al colmo al creer que Yahvé no es de más categoría que los

dioses de esos reinos conquistados, y que, por tanto, es incapaz, como aquéllos, de salvar a sus

1727

adoradores contra sus ataques. En la mentalidad del antiguo Oriente era común la creencia de

que las divinidades de los vencedores eran superiores a las de los vencidos. Y el profeta pone en

boca del rey asirio la expresión despectiva de “reinos de ídolos,” es decir, cosas vanas, que era la

denominación corriente entre los israelitas aplicada a los dioses falsos de otras naciones. Para los

semitas, el poder de un dios dependía del poder y grandeza del pueblo que le adoraba, y la categoría

religiosa de un pueblo se medía por el número de “imágenes” que había en sus templos

(v.10)7. La arrogancia del asirio al despreciar a Yahvé como a una vulgar deidad al estilo de los

otros pueblos, excita la indignación del profeta, y por eso al punto dice que, una vez se haya

cumplido la intervención justiciera de Dios sobre su pueblo (cuando el Señor haya realizado toda

su obra sobre el monte de Sión y Jerusalén), le llegará también a Asiría su castigo de manos

de este Dios al que aquélla despreciaba como débil e impotente (v.12). Este anuncio de castigo

hacia Asiría es como un paréntesis del profeta a las arrogancias de la nación vencedora; después

vuelve de nuevo a las expresiones insolentes de ésta: ha incorporado reinos a su imperio, haciendo

tabla rasa de fronteras, señalando a voluntad los límites de sus provincias (v.15), y trasplantando

las poblaciones a lejanas tierras para desarraigar todo sentimiento de independencia. Y todo

esto ha sido debido exclusivamente a su prudencia y sabiduría, sin pensar que era un simple

instrumento del Dios del mundo, Yahvé. Nadie se oponía a sus incursiones y rapiñas, tomando

con la mayor facilidad los tesoros de los pueblos vencidos, sin que éstos, poseídos de pánico, se

atreviesen a elevar un grito de protesta cuando tomaba las riquezas de los pueblos como se toma

un nido, como quien se apodera de huevos abandonados., y nadie sacudió sus alas, ni abrió el

pico, ni dio un chillido (v.14). Ningún símil más expresivo para describir la omnímoda arrogancia

del conquistador sobre los vencidos.

Reivindicación de los derechos divinos contra. Asiría (15-19)

15 ¿Se ensoberbece el hacha contra el que la maneja, la sierra contra el que la mueve?

Como si la vara dirigiera al que la levanta, corno si el bastón levantara al que no

es madera. 16 Mas, por eso, el Señor Yahvé de los ejércitos herirá de flaqueza a ese

cuerpo tan robusto. Y debajo de su gloria encenderá un fuego, como fuego de incendio.

17 Y la luz de Israel se convertirá en fuego, y su Santo en llama, para quemar y

devorar en un solo día sus cardos y sus espinas, 18 Y la hermosura de su bosque y de

su vergel quedará del todo destruida, y será como el consumirse de un enfermo 8. 19

Y los árboles que de su selva queden serán tan pocos, que un niño podrá contarlos.

La presunción de Asiría ha sido la causa de esta intervención justiciera de Yahvé contra ella,

pues ésta, en realidad, no era más que mero instrumento de la justicia divina para castigar al pueblo

israelita. Se ha creído autónomo en sus decisiones, como si el hacha ν la sierra se apropiaran

totalmente el resultado de su acción y desconocieran que eran movidos por la mano de algo que

no es madera, es decir, el brazo viviente del hombre 9. La destrucción del ejército asirio es descrita

por el profeta como una enfermedad enviada al cuerpo robusto (potencia militar) de aquella

nación, que va agotando su poderío militar, y, al mismo tiempo, el profeta presenta el símil de un

fuego devorador encendido disimuladamente por la luz de Israel, es decir, Yahvé, al que al principio

no se le da importancia, pero que terminará por inflamarse, adquiriendo proporciones alarmantes

hasta acabar totalmente con la gloria (la potencia militar) de Asiría. Así, Yahvé, que para

Israel es una luz que ilumina, para los invasores se convertirá en fuego devastador, y no para purificar,

como en Israel, sino para devorar totalmente la víctima 10, de tal forma que la magnificencia

de su bosque y vergel será convertido en un mísero matojo, cuyos árboles un niño podrá

1728

contar (v. 19).

Liberación del “resto” de Israel (20-27).

20 En aquel día, el resto de Israel y los sobrevivientes de la casa de Jacob no se apoyarán

ya sobre el que los hirió, sino que se apoyarán con fidelidad en Yahvé, el Santo

de Israel. 21 Volverá un resto, un resto de Jacob, al Dios fuerte. 22 Porque, aunque

fuera tu pueblo Israel corno las arenas del mar, sólo un resto volverá. Decretada está

la destrucción, que acarreará la justicia. 23 Y este decreto de destrucción lo ejecutará

Yahvé de los ejércitos en toda la tierra. Por eso dice el Señor Yahvé de los ejércitos:

24 Pueblo mío, que habitas en Sión, no ternas que Asur te hiera con la vara y

alce contra ti su bastón como Egipto. 25 Dentro de poco tiempo, dentro de muy poco,

mi cólera llegará al fin, y mi furor los destruirá. 26 Yahvé de los ejércitos levantará

contra ellos el azote, como cuando hirió a Madián en la roca de Joreb, y el mar con

su báculo, como lo levantó un día en Egipto, 27 y en ese día quitará su peso de sobre

tus espaldas, y su yugo de sobre tu cuello.

Este fragmento es un mensaje de consuelo para los atribulados habitantes de Sión, desalentados

ante las conquistas devastadoras de Asiría. No todo desaparecerá en la catástrofe, sino que se

salvará un núcleo selecto del pueblo, un resto ll. La falsa confianza en los poderes terrenos desaparecerá,

para buscar sólo el apoyo de Dios, como el profeta predicaba a Acaz con ocasión de la

guerra siro-efraimita 12; no se apoyarán ya sobre el que los hirió, es decir, sobre Asiría, cuyo

auxilio habían solicitado contra la confederación siro-efraimita 13. Nada de alianzas políticas

humanas, sino confianza absoluta en Yahvé; éste es el principio de política internacional de Isaías.

Los errores cometidos han traído los invasores asirios y la catástrofe nacional. Pero la situación

no será irremediable, porque se salvará un resto, y ese núcleo de rescatados será el que

transmitirá el fuego sagrado en el futuro a las generaciones venideras. Esta idea de un resto

salvado es algo esencial en la teología de la historia que nos presenta Isaías, recibido de profetas

anteriores 14, y que ha surgido como solución — fruto de reflexión teológica o por revelación

expresa — de la aparente antinomia entre las exigencias de la justicia y la misericordia divinas.

De un lado, Dios había prometido proteger a su pueblo y hacerle partícipe de las esperanzas

mesiánicas, y de otro, la conducta infiel de este pueblo para con Yahvé exigía la intervención

justiciera de Dios. Como solución no quedaba sino que un resto fiel sobreviviera a las catástrofes

históricas del pueblo israelita, del que habría de surgir la nueva generación que sería testigo y

participante de la gran manifestación de los tiempos mesiánicos como culminación de la obra de

Dios en la elección de Israel.

El profeta, pues, piensa en ese resto muy reducido que sobrevivirá a la catástrofe, que

fielmente se confiará a su Dios, desconfiando de toda política humana de alianzas con pueblos

extranjeros. Sin duda que con las palabras no se apoyarán sobre el que los hirió, Isaías alude a la

petición de auxilio que Acaz había solicitado de Asiría contra la coalición siro-efraimita, pues en

realidad los asirios habían de ser los verdugos de Judá15. Volverá un resto: sin duda es alusión al

nombre de su hijo Sear-Yasub 16, símbolo de la futura resurrección del pueblo israelita. Y el término

de la conversión del pueblo será al Dios fuerte, denominación que en 9,3 se aplicaba al

Mesías, al Niño misterioso, Salvador de su pueblo contra la incursión de los asirios. Quizá la expresión

designe simplemente a Dios, al Santo de Israel del v.20. La expresión Dios fuerte es

siempre aplicada a Yahvé, menos en el caso antes citado; designa a Yahvé, Dios de Israel, en

cuanto dotado de fuerza y poder excepcional y sobrehumano, y, en este caso, la frase tendría el

1729

sentido de invitar a esperar confiadamente en ese Señor al que se volverán los corazones como

único refugio después de la catástrofe. Sería equivalente al Dios de los ejércitos del v.23, que era

la locución común para expresar el poder omnipotente del Dios protector de Israel a través de su

historia. El profeta no quiere que sus contemporáneos se hagan ilusiones sobre la numerosa población

de su tiempo, como las arenas del mar 17, pues sólo se escapará al exterminio un reducido

resto como consecuencia de la intervención justiciera de Dios, que acarreará la destrucción

(v.22).

El espectro de este horizonte tenebroso de destrucción y de muerte como consecuencia de

la acción vengadora de Yahvé podía producir en los oyentes una impresión de desesperación y

de decepción general; por eso el profeta presenta por contraste — como es ley general en la literatura

profética — un oráculo, un mensaje de consolación, lanzado — lleno de ternura — a los

habitantes de Sión 18: Pueblo mío. como Egipto. El mensaje parece destinado a los actuales habitantes

de Jerusalén o a los ciudadanos de la nación ideal en la mente del profeta. Aunque el yugo

asirio es muy duro, comparable al de los tiempos de la opresión en Egipto, no obstante, esta situación

no será la definitiva, ya que Dios se dispone también a castigar al opresor, renovando los

antiguos prodigios en favor del pueblo elegido, como en otro tiempo a favor de Gedeón y sus

seguidores contra las hordas de Madián 19, y cuando anegó en el mar Rojo al ejército egipcio con

sólo levantar Moisés su bastón 20, dos gestas que habían quedado como tradicionales en la épica

popular de la historia de Israel 21,

Inminencia de la invasión asiría (28-32).

28 Ya avanza del lado de Rimón 22, ha llegado a Ayot, pasa por Magrón y deja en

Micmas su impedimento. 29 Han pasado el desfiladero, y durante la noche han

acampado en Guebá; Rama está temblando, Gabaá de Saúl está en fuga; 30 lanza

gritos la hija de Galim, escucha Lais, respóndele Anatot, 31 Madmena huye, los habitantes

de Gabim han escapado. 32 Hoy todavía hace alto en Nob, y alza su mano contra

el monte de la hija de Sión, contra el monte de Jerusalén.

El profeta nos pinta con colores vividos la inminencia del ataque de un ejército enemigo a la

Ciudad Santa. Aunque no nombra al invasor, parece éste ser el ejército asirio. Es una descripción

ideal en la que aparecen las poblaciones que se hallan en las cercanías de Jerusalén, y el profeta

se complace en dramatizar la marcha con sus movimientos y altos en el camino. La descripción

es un poco teórica, pues presenta a los invasores viniendo del norte de Samaría, bajando por el

camino más corto, pasando por Gabaá según el trazado de la calzada romana, que aún se puede

ver, la cual sustancialmente sirve de orientación a la actual carretera que sube hacia Naplusa.

Quizá éste había sido el itinerario de los aliados siro-efraimitas, y le servía al profeta para trazar

la futura marcha del ejército asirio. En realidad, éste, con ocasión de la invasión de Senaquerib

en el 701, vino más bien hacia Jerusalén por la costa, después de haber vencido la resistencia filistea

23. O bien Isaías escoge dicho itinerario para dar mayor impresión de celeridad del ejército

invasor, que se presenta en Jerusalén por sorpresa para atacar a la ciudad por el norte, la única

parte vulnerable por la que entraron todos los ejércitos invasores desde Nabucodonosor a los cruzados.

Quizá pensando en dar esta impresión de sorpresa, el profeta hace pasar a los invasores

por el desfiladero de Miomas, sitio difícil de franquear, y que, por tanto, no era de esperar vinieran

por allí los invasores 24. El profeta se complace en presentar al ejército invasor alborozado

ante la facilidad del avance: durante la noche acamparemos en Gueba (v.26), donde se les abría

definitivamente el camino hacia Jerusalén, y no esperaban mayores dificultades después de haber

1730

pasado el desfiladero de Miañas, Por fin divisa en Nob a la ciudad, que va a ser fácil presa.

Derrota del invasor (33-34).

33 He aquí que Yahvé de los ejércitos desgajará con fuerza las ramas; i las cimeras

serán cortadas, y las altas abatidas. 34 La madera del bosque será cortada a hierro, y

echados a tierra los cedros del Líbano.

Cuando el invasor tenía ya en su mano la presa codiciada, pues se había asomado — alzando su

mano contra el monte de la hija de Sión — en la cima del monte Scopus, dominando la Ciudad

Santa, inesperadamente surge la intervención salvadora de Dios, que inflige una sangrienta derrota

al. ejército invasor. El profeta — siempre jugando con luces y sombras para describir las

relaciones de Dios con su pueblo infiel — nos presenta la acción de Dios como la de un fornido

leñador que abate los árboles más corpulentos del bosque de modo implacable, siguiendo la imagen

que ya poco antes había presentado en los v.17-18. El gran imperio asirio, comparable a la

majestad y grandeza de un bosque de cedros del Líbano — tradicionales en la literatura bíblica y

oriental por su corpulencia — , caerá irremediablemente cuando se halle en el cénit de su gloria,

y precisamente será herido mortalmente cuando se apreste a echar sus manos sobre la Ciudad

Santa 25.

1 Skinner cree que es un oráculo aislado de Isaías puesto por un compilador como introducción, a título de peroración, a 9,8-21 (o.c.,

90). — 2 Cf. Sal 94:20. — 3 El TM, puntuado de otro modo, podría leerse: “Beltis (Isis) ha sido roto, Osiris ha sido abatido.” En

ese caso aludiría el profeta a lo inútil que era esperar en estos ídolos para salvarse de la catástrofe. Pero, como dice Skinner, no

consta que estas divinidades egipcias fueran adoradas por los habitantes de Judá. — 4 Este v.12 parece glosa posterior; al menos

rompe con el contexto. Algunos consideran los v.10-12 como adiciones posteriores de un glosista. en Ez 26:7. — 5 Εz 26:7. — 6

Carquemis, capital hitita al oeste del Eufrates. Es la actual Dejerablus, sometida por iría en el 717 a.C. en tiempos de Sargón;

Calno, probablemente el Kallani délos asirios, Conquistada por Teglatfalasar III en 740; Jamat, la actual Hamat, sobre el Orontes,

conquistada por Sargon en el 720; Damasco, conquistada por Teglatfalasar III en 732; Samaría, conquistada por Sargón en 721.

— 7 La contraposición de Samaría y Jerusalén a los otros pueblos en el v.10, de un lado, y la contraposición, por otro, de Samaría

y Jerusalén entre sí oscurecen el pensamiento, lo que, juntamente con el cambio de ritmo métrico, ha hecho pensar a muchos críticos

que esto es una glosa. — 8 El TM dice literalmente: “y la hermosura de su bosque y de su vergel será aniquilada desde el olma

hasta la carne”; es decir, totalmente. La última parte del versículo es oscura en extremo. Los LXX leen: “y será el que huya como

el que huya de una llama que se enciende.” — 9 En Is 31:8 encontramos la expresión “no hombre,” que es paralela a esta de “no

madera.” — 10 Cf. Is 9:18. — 11 Algunos autores creen que este fragmento no es continuación de lo anterior; Skinner Cree que

empalma mejor con el v.12 (o.c., 98). — 12 Is 7:13. — 13 Cf. 2 Re 16:7. — 14 Cf. Am3:12. — 15 Cf. 2 Re 16:7. — 16 Is 7:3; el

nombre significa justamente “un resto volverá.” — 17 Cf. Gen 22:17. — 18 Algunos autores creen que este canto (v.24-26) habría

que ponerlo inmediatamente después de los v. 16-19. — 19 Cf. Jue7:25; Sal 83:9; Is 9:4 — 20 Ex c.14. — 21 El texto hebreo dice

literalmente: “y hasta será quitado el yugo a fuerza de aceite degrasa”, que es como traduce la Vg. En este supuesto, A Lapide, Fillion

y Dillmann lo explican así: el yugo y las cuerdas con que se ata a Judá se pudrirán a causa de la grosura de Judá, que con el

auxilio de Dios se hará fuerte. Los LXX traducen: “se corromperá el yugo “Junto a sus nombros,” que viene a ser el sentido general

que hemos adoptado, siguiendo Jondamin (o.c., 88). — 22 El primer estico, ya avanza del lado de Rimen, es una lección hipotética

de una su-lesta reconstrucción del texto hebreo, que está oscuro e ininteligible, propuesta por Duhm y seguida por Condamin.

— 23 Cf. 2 Re 18:17; Is 36:2. — 24 Ayot parece ser la antigua Ai (Jos 8); Magrón, seguramente la homónima de 1 Sam 14;

desfiladero, el paso estrecho que va de Micmas a Gabaá, llamado hoy Suweinit; Miomas es la misma de 1 Sam 14, en el actual

wady Suweinit; Gueba, la actual Gibeah; Rama, actual Er-Ram, al oeste de Gueba; Gaba de Saúl, la actual Tell-Full, al norte de

Jerusalén; Gallim, quizá la actual Kh. Kakul, al oeste de Anatot; Laisa, la actual El-Isauye, entre Jerusalén y Anatot; Anatot, la actual

Anata, a cinco kilómetros de Jerusalén, al nordeste; Madmena y Gabim no se han podido identificar, pero estarían en esta zona.

Nob, en la colina nordeste que domina a Jerusalén, en el monte Scopus. — 25 El texto hebreo lee: “y el Líbano caerá por mano

de un poderoso.” Por paralelismo con Zac 11:2, hemos preferido corregir el texto. La Vg, siguiendo a los LXX, lee: “cum excelsis,”

que sería sinónimo de cedros “altos.” Bib. de Jer.: “El Líbano y sus esplendores se desploman.”

11. El Reino Pacifico del Mesías.

Cualidades excepcionales del Mesías (1-5).

1 Y brotará un retoño del tronco de José y retoñará de sus raíces un vástago. 2Sobre

1731

el que reposará el espíritu de Yahvé, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu

de consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Yahvé. 3 Y su respirar

será en el temor de Yahvé 1. No juzgará por vista de ojos ni argüirá por oídas

de oídos, 4sino que juzgará en justicia al pobre y en equidad a los humildes de la tierra.

Y herirá al tirano con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al

impío. 5La justicia será el cinturón de sus lomos, y la fidelidad el ceñidor de su cintura.

Este fragmento, puesto inmediatamente después de anunciar la derrota de los enemigos de Judá,

que estaban a las puertas de la Ciudad Santa, y que refleja la inauguración de la era mesiánica, es

muy similar a la profecía que hemos estudiado en el c.9. De ahí que, según muchos críticos, hay

que suponer la misma fecha de composición para ambos fragmentos. Aquí, como en c.9, nos encontramos

con la descripción de un Mesías personal, lo que ha hecho a muchos racionalistas retardar

la época de composición del fragmento hasta después del destierro; pero no hay ningún

fundamento sólido objetivo para esta suposición2. El que se suponga la decadencia de la casa de

David entra de lleno dentro del punto de vista del vaticinio que el profeta expresó a Acaz por su

falta de fe e hipocresía religiosa.

Y brotará una vara del tronco de José: el pensamiento del profeta se dirige ex abrupto a

la persona de un Príncipe misterioso que hace proceder del tronco de José. Parece insinuarse en

estas palabras que la dinastía davídica (Jesé: padre de David) 3, por efecto del castigo divino,

había llegado a un estado de postración comparable al del árbol que ha sido podado y del que

sólo queda el tronco desnudo4; pero no ha perdido totalmente la fuerza de la savia, y por eso brotará

con nueva fuerza de sus raíces. También, pues, la familia real será reducida a un resto, según

idea muy corriente en la teología isaiana. Pero ese retoño será excepcionalmente vigoroso,

sobre todo, porque se hallará bajo una particularísima protección de Dios, que derramará sus

bendiciones, adornándole con las cualidades ideales de un Príncipe excepcional. Y la virtud divina

se asentará en él de un modo permanente, como en otro tiempo el “espíritu de Moisés” se

había posado sobre los setenta ancianos 5, y el de Elías sobre Elíseo 6. Ese espíritu de Yahvé es el

mismo Dios en cuanto se manifiesta por su virtualidad y actividad, y que en determinadas ocasiones

ha dado origen a gracias carismáticas fuera del orden normal. Así se dice que el espíritu

de Yahvé se posesionó de Beselel, el arquitecto-joyero del tabernáculo del desierto, dándole espíritu

de sabiduría, de inteligencia y de ciencia para poder llevar a cabo con toda perfección y

habilidad las obras de orfebrería en orden al culto divino en el desierto 7. En este texto, pues, del

Éxodo, la expresión recibir el espíritu de sabiduría, de inteligencia y de ciencia equivale a ser

habilísimo en la ejecución de los objetos para el culto. En otras ocasiones, la intervención del

espíritu de Yahvé tiene un efecto extraordinario del género más diverso; así, por ejemplo, al reposar

sobre Gedeón, le capacitó para liberar a su pueblo contra los madianitas 8, y, en cambio,

respecto de Saúl se dice que descansó sobre él el espíritu de Yahvé y empezó a profetizar mezclándose

con la turba de profetas 9. Por otra parte, en Jeremías tuvo el efecto de darle fuerzas y

energía en su misión de profeta 10. De estos ejemplos se desprende que la expresión espíritu de

Yahvé se aplica a la acción dinámica de Dios, que en determinadas circunstancias se apodera de

un sujeto para hacerlo apto para una misión concreta y en consonancia con las necesidades religiosas

del sujeto receptor o del pueblo al que va enviado. En el caso actual de Isaías, la expresión

espíritu de Yahvé indicaría la particular influencia que Dios, como fuente de dinamismo espiritual,

ejercería sobre el retoño de Jesé. Esa virtud divina que se apoderará de él tendrá la más variada

manifestación, de tal forma que el sujeto receptor se verá adornado con las cualidades óptimas

de un gobernante ideal, digno de los tiempos mesiánicos. Es necesario hacer resaltar que

1732

estas cualidades o “dones” se refieren al Mesías como jefe de una colectividad, y se hallan en

relación con sus funciones de tal. La manifestación de esa rica virtualidad divina que se llama

espíritu de Dios (que no debe considerarse en el contexto como una cualidad más, sino como

fuente de las seis cualidades que se enumeran) tiene una séxtuple proyección, que se enumera

paralelamente de dos en dos: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza,

espíritu de entendimiento y de temor de Yahvé n. Es difícil querer precisar el sentido de

cada uno de los términos inteligencia, sabiduría y ciencia como contradistintos entre sí. Como

en el Ex 31:3 encontramos la expresión espíritu de inteligencia, de sabiduría y de ciencia para

designar la extrema habilidad de que se le dotaba a Beseleel para la ejecución de su oficio de orfebre,

lo más sencillo es suponer que en el texto de Isaías nos encontramos con tres términos redundantes

— al estilo oriental — para designar la misma idea, es decir, la gran perspicacia de

que será adornado el retoño de Jesé en su oficio de gobernante, de Príncipe de la era mesiánica;

la serie se completará con las cualidades de consejo y fortaleza en las vicisitudes prácticas de su

gobierno, no cediendo ante la injusticia y sabiendo siempre escoger el camino justo, como consecuencia

de una ponderada elección de medios en orden al fin; y presidiendo toda su conducta

estará el espíritu de temor de Dios, es decir, del reconocimiento de los derechos divinos, y de

la conducta práctica de entrega a Dios, que es el “principio de toda sabiduría”12, entendiendo

por “temor” la entrega filial y reverencial a Dios y a sus preceptos. Esta será la gran base del

gobierno prudencial del “Príncipe de la paz”: Pronunciará sus decretos en el temor de Yahvé;

toda la vida pública del retoño de Jesé se verá presidida por este profundo espíritu de reconocimiento

de los derechos divinos, en oposición a la política oportunista de la mayor parte de los

reyes históricos del pueblo escogido.

Número de los Dones o Cualidades.

En el TM tenemos claramente sólo seis cualidades, ya que la expresión espíritu de Yahvé

no es una cualidad más, sino la fuente de todas, y designa más bien la energía divina, que se

apodera de un modo habitual del retoño de Jesé, la cual se desdoblará en seis cualidades de gobierno,

que adornarán al mismo como hombre público. Los Padres griegos, siguiendo a los LXX,

tomaron el número septenario de cualidades aquí presentadas según la versión griega y elaboraron

la teoría de los siete dones del Espíritu Santo. Así, San Justino ve cumplida la plenitud de

estos siete dones en el bautismo de Cristo, que fue el único que tuvo todos los siete, si bien determinados

personajes del A.T., como Moisés, Elías, Isaías, poseían algunos de ellos 13. San Ireneo,

siguiendo la versión griega, admite los dones que adjudica a Cristo, aunque lo aplica también

a las almas de los justos 14, pero no hace hincapié en el número septenario. Tertuliano aplica

el texto de Isaías a Jesucristo, al que sólo le compete la plenitud de estos dones 15. San Hilario

considera como base de todos estos dones el “temor” de Dios 16. San Jerónimo lo aplica a Jesús

17. Orígenes supone en Cristo diez dones, añadiendo a los tradicionales el de “energía,” de

“amor” y de “prudencia”18. San Ambrosio y San Agustín insisten en que el número siete tiene

aquí un valor de plenitud; es decir, el cúmulo de dones deseables moraban en el Mesías 19.

Como consecuencia de todo lo expuesto, hacemos nuestras las conclusiones de Ceuppens:

a) La doctrina del número septenario de los dones no tiene base en el texto de Isaías; b)

dicha doctrina ha sido incorporada a la teología a través de la versión de los LXX. Esta versión

no pretendía dar el número siete como determinación exacta del número de dones, sino traducir

por dos sinónimos una palabra hebrea que aparece dos veces; c) los Santos Padres hablan del

número septenario de los dones siguiendo a los LXX y Vg., sin querer decir que estos siete solos

constituyeran los dones del Espíritu Santo, sino más bien para ellos el número septenario indica

1733

plenitud de dones20.

Mesianismo del vaticinio.

Muchos racionalistas, siguiendo a antiguos judíos, han creído que aquí Isaías se refería al

rey Ezequías. Pero en esta época ya había nacido, y no fue precisamente el suyo un reinado de

paz edénica, y, además, se mostró sumamente imprudente con ocasión de la embajada de Merodac-

Baladán 21 y en la liga con Egipto 22. Más o menos, lo mismo se puede decir de Zorobabel, al

que algunos identifican con el retoño de Jesé. Muchos acatólicos creen que aquí se trata expresamente

de la persona del Mesías, cuyo reinado se describe en términos ideales.

En la tradición judía era bastante común esta opinión 23. San Pablo aduce el texto para

probar la conversión de los gentiles en tiempo del Mesías 24. Los Santos Padres unánimemente

ven aquí un sentido mesiánico y aplican todas estas cualidades excepcionales a Jesucristo 25.

Por otra parte, las cualidades que se enumeran están en perfecta consonancia con la concepción

idealista del Mesías en la época profética: Dios suscitará un Príncipe que gozará de una protección

particular de Dios, e impondrá un reinado de paz y de justicia. Y en el contexto de Isaías,

todo esto no parece sino la continuación del c.9:6-7, cuando habla del misterioso Niño que salvará

a Judá de la incursión asiría, instaurando un reinado de paz y prosperidad, paralelo también

al dominador de Israel de Miqueas 5:4, que surge para proteger a su pueblo contra las incursiones

asirías. Ambos, el retoño de Jesé y el dominador en Israel, son oriundos de la dinastía davídica.

La característica del reinado inaugurado por este gran Príncipe será la paz y la justicia (la

justicia será el cinturón de sus lomos), reconociendo sobre todo los derechos de los pobres y

desheredados (juzgará con justicia al pobre), guiándose siempre por imperativos de la equidad

más objetiva (no juzgará por vistas de ojos), y con este espíritu de justicia herirá al tirano con

los decretos de sus labios. El Mesías, pues, se hallará siempre dispuesto, con el ceñidor de la justicia

(como el caminante, que se recoge la ropa con el cinturón para estar siempre más expedito

en su marcha y dispuesto a afrontar las fatigas y peligros del camino) 26, a salir en favor de los

desvalidos, siendo “fiel” (la fidelidad ceñidor de su cintura) a sus compromisos con las exigencias

del derecho y de la equidad.

Cuadro idílico de la paz mesiánica (6-9).

6 Habitará el lobo con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán

juntos el becerro y el león, y un niño pequeño los pastoreará. 7 La vaca pacerá con la

osa, y las crías de ambas se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. 8 El

niño de teta jugará junto a la hura del áspid, y el recién destetado meterá la mano

en la caverna del basilisco. 9 No habrá ya más daño ni destrucción en todo mi monte

santo, porque estará llena la tierra del conocimiento de Yahvé, como Herían las

aguas el mar.

Como consecuencia de ese estado de equidad y de paz surgirá una verdadera paz edénica, no sólo

en el orden moral de las conciencias, sino que hasta la naturaleza se asociará a esta transformación

moral de los futuros ciudadanos de la nueva teocracia, de tal forma que los animales fieros

perderán sus instintos agresivos, restaurándose así la primitiva armonía de la creación 27.

Después del pecado de los primeros padres, la creación parece estar en un estado violento y como

fuera de sitio. El autor del primer capítulo del Génesis 28 se hace eco de esta idea de paz idílica

primitiva al proponer un régimen vegetariano de alimentación para el hombre y los animales.

No le parecía bien al autor sagrado en el primitivo plan de Dios se diera la terrible lucha por la

1734

existencia, que es la ley de vida en todos los órdenes. Con el pecado del primer hombre no se

cambió la naturaleza de los animales, y así los que eran carnívoros tendrían que vivir de los otros

animales 29. El mismo San Pablo, en su deseo de recapitular todas las cosas en Cristo y en un

arranque oratorio, aspira a transformar la misma naturaleza, que está en “dolores de parto” hasta

que se ponga al servicio de Cristo y de sus regenerados 30. En este capítulo de Isaíanos hallarnos

ante una descripción poética y simbólica para expresar la paz de las conciencias en la era mesiánica,

que en realidad no tiene plena realización sino en el cielo, culminación de la etapa terrestre

31. Y la razón y base de todo este estado de cosas es que en todo el monte santo (la sede de la

nueva sociedad teocrática, Jerusalén, el monte de Sión) y toda la tierra estará llena del conocimiento

de Yahvé, como las aguas llenan el mar. En Amos se dice que después del “día de Yahvé,”

en que serán castigados los habitantes de Israel, la juventud andará macilenta por los montes

buscando “la palabra de Dios” 32, pues experimentarán la ausencia de Dios y querrán llenar el

gran vacío en su corazón. Aquí en Isaías también la base de la paz será precisamente la aceptación

del conocimiento de Dios, de sus preceptos y de su soberanía como rey único de las conciencias.

El retorno del exilio (10-16).

10 En aquel día, el renuevo de la raíz de Jesé se alzará como estandarte para los pueblos,

y le buscarán las gentes, y será gloriosa su morada. 11 En aquel día de nuevo la

mano del Señor redimirá al resto del pueblo, a lo que reste de Asur y de Egipto, de

Patros, de Cus, de Elam, de Senaar, de Jamat y de las islas del mar. 12Alzará su estandarte

en las naciones, y reunirá a los dispersos de Israel, y juntará a los dispersos

de Judá de los cuatro confines de la tierra. 13 Y cesará la envidia de Efraím, y serán

destruidos los enemigos de Judá, y Judá no será más enemigo de Efraím. 14 Y se alzarán

contra la costa de los filisteos a occidente, y juntos saquearán a los hijos de

oriente; Edom y Moab les servirán, y los hijos de Ammón les estarán sujetos. 15 Y

secará Yahvé la lengua del mar de Egipto, y levantará su mano sobre el río con el

terror de su soplo, y herirá sus siete brazos, que podrán pasarse a seco. 16 Y abrirá

camino a los restos de su pueblo, a los que quedarán de Asur, como los abrió para

Israel el día de su salida de Egipto.

En el fragmento anterior, la profecía se centraba en torno a la persona del Mesías y su reinado

de paz. En esta sección, en cambio, la idea central es la del retorno de los dispersos de Judá e

Israel entre las naciones para reconstituir la nueva sociedad teocrática en la Tierra Santa. La

autenticidad isaiana de esta sección es negada por gran parte de los críticos, porque aquí se supone

el pueblo ya disperso no sólo en Mesopotamia, sino en las islas del Mediterráneo y en Egipto.

Por otra parte, la idea de resto rescatado tiene aquí un sentido diferente al de otros textos de Isaías,

ya que aquí ese resto lo forman un núcleo de desterrados, mientras que en otras partes del libro

de Isaías el resto se refiere más bien a los que quedaren en Palestina después del castigo de

Dios. Además, la guerra contra los pueblos vecinos parece en contradicción con la paz idílica

que acaba de presentarnos en los versículos anteriores (6-9). Por eso, muchos creen que este

fragmento es paralelo a la segunda parte del libro de Isaías (c.40-66), y que debe asignarse a un

autor posterior al destierro 33.

Aquí encontramos una idea similar a los c.2-4, en cuanto que el autor se complace en destacar

el atractivo que ejercerá la religión del pueblo escogido sobre las otras naciones. El

profeta ve levantarse un estandarte para los pueblos — que no es otro que el renuevo de la raíz

1735

de Jesé — como invitación a las naciones para que se congreguen en torno a él para ser aleccionados

34, pues será el gran maestro del mundo, y por eso sera gloriosa su morada; es decir, el

lugar en que habite recibirá el gran honor de ver concentrarse a todas las gentes como capital de

la nueva teocracia, centro de la vida religiosa 35 de las naciones.

Pero dentro de este marco general de atracción del renuevo de Jesé sobre las “gentes” hay

una misión particularísima del mismo, y es que será el liberador que redimirá de nuevo el resto

de su pueblo, como en otro tiempo Dios había liberado al pueblo israelita de la opresión de Egipto

36. En tiempos de Isaías, ya Teglatfalasar III había deportado a los habitantes del norte de Galilea

37, y lo mismo les pasó a los habitantes de Samaría después que fue tomada por Sargón en el

721. Por otra parte, con ocasión de la destrucción del reino del Norte de Israel es muy verosímil

que muchos buscaran refugio en Egipto, tradicionalmente enemigo de los asirios y amparados de

las aspiraciones de independencia de los reyezuelos de Canaán. Yahvé, pues, en aquel día hará

una señal (alzará su estandarte en las naciones), invitándolas a concentrarse en el país de Yahvé,

y, sobre todo, llamará a los dispersos de Israel (reino cismático del Norte) y de Judá para formar

un solo hogar patrio. A través de todas las vicisitudes históricas existía cierta nostalgia del pasado

en la conciencia de los buenos israelitas, que añoraban los tiempos en que las doce tribus estaban

unidas, formando un solo reino 38. Esta máxima aspiración se realizará en los tiempos mesiánicos

como inauguración solemne de la nueva teocracia, y con ello, Efraím (reino cismático

del Norte) y Judá depondrán sus rencores tradicionales para lanzarse, unidos en una empresa

común, contra los tradicionales enemigos del pueblo escogido: de un lado, los filisteos, y del

otro, los hijos de Oriente, e.d., los árabes del desierto, y con ellos los moabitas y amonitas, también

seculares adversarios de Israel. Por otra parte, Dios se encargará de vencer a los grandes

imperios con los que Israel no podía medir sus fuerzas: a Egipto, cuya lengua de mar (el mar Rojo)

secará como en otro tiempo, y del otro lado a Asiría; levantara con fortaleza su mano sobre

el río (Eufrates) y herirá sus siete brazos (sus múltiples canales de irrigación), abriendo así una

avenida triunfal a los repatriados de su pueblo, procedentes de Asiría, como en otro tiempo con

ocasión del paso del mar Rojo al salir de Egipto.

1 literalmente según el TM. Así la Bib. de Jer. Por una confusión de letras muy pa-en el hebreo, los LXX traducen: “lo llenará el espíritu

de temor de Dios,” que lee Vg.; cf. Condamin, o.c., 90. — 2 Así Skinner contra Cheyne y Marti (o.c., 103); Condamin (o.c., 90). — 3 1

Sam 16:5. — 4 Cf. Is 6:13. — 5 Núm 10,25.140 — 6 2 Re 2:15. — 7 Ex 31:3- — 9 1 Sam 10,6. — 8 Jue6:34. — 10 Jer 1:18. —

11 Como es sabido, la versión griega enumera siete cualidades, traduciendo la palabra hebrea yira't (“temor”) primero por “piedad”:

ευσέβειας” y después en el v.3 por “temor”: φόβου. Parece ser una simple elegancia literaria — dada la riqueza de la lengua

griega — para no repetir la misma palabra hebrea, como en Prov 1:7. San Jerónimo sigue a los LXX y Padres griegos: San Iren.

Adv. haer. 1.3 C.9: PG 7:871 y 930; Clem. Alej., Strommata V c.6: PG 9:61. Las versiones Peshitta y Targum nos dan “seis” cualidades,

aunque con siete términos. Por tanto, no difieren sustancialmente del TM. — 12 Prov 1:7. — 13 San Justino, Dial Cum

Triph. 87: Pg 6:683. — 14 San Ireneo, Contra Haer. 3:9:17: Pg 7:871.929.930. — 15 Tertuliano, Adv. Mardonem 3:17: Pl 2:373.

— 16 San Hilario, Tract. In Ps. 118:38: Pl 9:541. — 17 San Jerónimo, In Haiam 4:11: Pl 24:149. — 18 Orígenes, In Haiam 10:13:

Pg 13:549· — 19 San Ambrosio, De Spiritu Sancto 1:159: Pl 16:7711 San Agustín, De Civ. Dei L.N C.31: Pl 41:344-345. — 20

Cf. Ceuppens, O.C., 264; J. Touzard, Isaie Xi 2-30. Et Les Sept Dons Du's. Esprit: Rb 8 (1899) P.259; A. Gardeil, Dons: “Dict. T.

C.,” 4 (1911) 1761; Vacant, Esprit Saint: Dict. Bibl. Vig. 2 (1899) 1968-1969; Feldmann, O.C., T.I,I54; J. Knabenbauer, In Isaiam

P.2?O; Tomás, Summa Theol I-11 9:68 A.3 C, Et III 9.7 A.5 C; 11-11 c.45 a.1. — 21 Cf. Is39:2. — 22 Is 37:8-9. — 23 El Targum

de Jonatán dice: “saldrá un rey del hijo de Isaías, y el Mesías (Ungido) será ungido por un hijo de sus hijos.” Cf. Ceuppens, o.c.,

271. — 24 Rom 15:12; 2 Tes 2:8. — 25 San Justino, Dial cum Triph. 86.87: PG 6:682.683; San Ireneo, Adv. haer. '3:17:1 y 3: PG

7:929.930; 7:1214; Tertuliano, Contra ludaeos c.g: PL 2:663; Adv. Marc. 3:17: PL 2:373; San Cipriano, Testirn. 2:11: PL 4:41;

4:734; Eusebio, Demonst. Evang. 2:2:19: PG 22:107.143.559; San Crisóstomo, Contra ludaeos 2: PG 48:815; San Jerónimo, In

Isaiam 1.4: PL 24:147; cf. Ceuppens, o.c., 272. — 26 Cf. “el cinturón de la verdad” en Ef 6:14. — 27 Los milenaristas entendían estos

versículos al pie de la letra, y con ellos San Ireneo y Lactancio, y aún hoy día algunos, como Schegg, creen que llegará un momento en que esto se

realizará, volviéndose las cosas a su cauce primitivo. Cf. San Ireneo, Adv. haer. 33: PG 7:1214; Lactancio, Institutiones 7:24: PL 6:809. San Jerónimo

los critica (In /s.' 11:6 : PL 24:150). — 28 Gen 1:29. — 29 Tomás, I q.6g a.2 ad 3; q.gó a.i ad 2. — 30 Rom 8:19-22. — 31 En todas estas

descripciones poéticas es necesario tener en cuenta que los profetas, aunque conozcan el hecho “quoad substantiam,” no lo conocen

en sus realidades accidentales, y por eso presentan el futuro conforme al gusto de su tiempo y las circunstancias históricas

en que viven. En aquella época de zozobra, lo ideal sería la paz total. Además, el recuerdo de la paz primitiva del Génesis había

dejado huella en su mentalidad eminentemente pacífica y religiosa. — 32 Am 8,ns. — 33 Niegan la autenticidad isaiana de este

fragmento Stade, Duhm, Cheyne, Marti y otros. El P. Condamin hace notar, respecto al argumento de que los exiliados están dispersos

2:1 el Mediterráneo, que probablemente este v.11 es glosa. Skinner se muestra reservado, aunque se inclina más bien por la

1736

no autenticidad isaiana. — 34 Cf. Is2:4. — 35 La Vg. traduce “et erit sepulchrum eius gloriosum,” y ve en ello una alusión a la

muerte de Cristo (cf. Jn 12:32). — 36 Algunos han querido ver en este retorno de los exiliados el primer contingente de repatriados

que volvieron después del decreto de Ciro. — 37 Cf. 2 Re 15:29; 17:6. La enumeración de pueblos de la segunda parte del

v.11 es considerada por muchos como glosa, pues rompe el ritmo: Pairos es el Alto Egipto, con Cebas como capital. Cus: Etiopía.

Elam, cuya capital es Susa. Senaar: Babilonia. Jamat: junto al Orontes, en Siria — 38 Cf. Os 1:11; Εz 37:15.

12. Manifestación Gloriosa de Yahve.

Cántico de liberación (1-6).

1 Y aquel día dirás: Yo te alabo, Yahvé, porque te irritaste contra mí, pero se aplacó

tu cólera, y me has consolado. 2 Este es el Dios de mi salvación, en él confío y nada

temo, porque mi fuerza y mi canto es Yahvé. El ha sido para mí la salud. 3 Sacaréis

con alegría el agua de las fuentes de la salud, y diréis aquel día: 4 Alabad a Yahvé,

cantad a su nombre, pregonad sus obras en medio de los pueblos, proclamad que su

nombre es sublime. 5 Cantad a Yahvé, que hace cosas grandes; que lo sepa la tierra

toda. 6 Exulta, jubila, moradora de Sión, porque grande es en medio de vosotros el

Santo de Israel.

Este himno “forma el epílogo lírico de la primera gran sección del libro de Isaías”1 (c.1-12). En

realidad son dos himnos unidos (1-2 y 3-6), puestos en boca del pueblo rescatado. Como en otro

tiempo el pueblo israelita, bajo el caudillaje de Moisés, entonó un himno de acción de gracias

después del paso del mar Rojo 2, así los nuevos repatriados prorrumirán en un clamoroso cántico

de acción de gracias y de alegría. El género literario del fragmento es similar al de los himnos de

algunos salmos y del cántico de Moisés. Como es extraño en Isaías que se cierre un oráculo por

un himno de este tipo, muchos críticos creen que este capítulo es una adición posterior; no obstante,

debe notarse que la expresión el Santo de Israel (v.6) es muy isaiana 3.

En la primera parte (v. 1-3), el autor sagrado pone en boca de la comunidad de Sión un

cántico de acción de gracias por la salvación conseguida de Yahvé. Como en muchos salmos,

aparece la comunidad israelita personificada, reconociendo la justicia de la intervención divina al

enviarle el castigo, pero al mismo tiempo per donándola, y en realidad Yahvé es la fuerza, porque

es el Dios de su salvación, e.d., su salvador 4

El segundo cántico (v.3-6) es una invitación mutua a alabar a Yahvé y hacer conocer a las

naciones sus grandes obras. Sacaréis con alegría el agua de las fuentes de la salvación: algunos

han visto aquí una alusión al rito de sacar agua de la fuente de Siloé el día de los Tabernáculos

para derramarla sobre el altar, como acción simbólica de que Dios enviará sobre la próxima sementera

(la fiesta tenía lugar de mediados de septiembre a octubre) la lluvia necesaria. En todo

caso, aquí la idea de la frase es: como se saca agua de una fuente inagotable, así los fieles israelitas

son invitados a participar de las gracias, efecto de la bendición divina, que se concibe como

fuente inagotable de bien, y a entonar un himno de acción de gracias por las gestas de Yahvé en

favor del pueblo escogido: pregonad sus obras en medio de los pueblos. Y termina invitando a

Jerusalén, la moradora de Sión, personificada en una dama 5, a dar signos de exultación en honor

del Santo de Israel, título que Isaías suele dar a Yahvé para destacar su carácter de puro, incontaminado

y trascendente sobre todas las cosas de este mundo, pero al mismo tiempo vinculado de

un modo especialísimo al pueblo elegido, Israel 6.

1737

1 Skinner, o.c., 110. — 2 Ex 15. — 3 Condamin, siguiendo a Dillman y Skinner, cree “que las razones prevalecen a favor de una adición

posterior” a Isaías (o.c., 98). — 4 Cf. Ex 15 y Sal 118:14; 25:9; 26:1; 27:2. — 5 Cf. la misma imagen en Jer 51:35; 46:19;

Miq 1:11-15. — 6 Esta expresión aparece también en algunos salmos, como 71:22; 78:41 Y 79:19

13. Oráculo Contra Babilonia.

Inminencia del ataque contra Babilonia (1-5).

1 Oráculo sobre Babilonia, que vio Isaías, hijo de Amos: 2 Alzad bandera sobre lo alto

de un monte desnudo, gritadles, hacedles señas con las manos para que entren

por las puertas de los príncipes. 3 Yo mando a mi ejército consagrado para la guerra,

y llamo a mis valientes para ejecutar mi ira, a los que triunfan para mi gloria. 4

Murmullo de muchedumbres en los montes, ruido de muchas gentes, de reinos, de

gentes reunidas. Yahvé de los ejércitos revista al ejército que va a combatir. 5 Viene

de tierra lejana, de los confines de los cielos, Yahvé con los instrumentos de su furor

para asolar la tierra toda.

Con este capítulo se abre una nueva sección en el libro de Isaías, dedicada a oráculos contra las

naciones paganas. Hasta ahora la preocupación del profeta giraba en torno a Israel; ahora la atención

se centra más sobre el castigo que han de sufrir los enemigos de Israel. Y dentro de esta serie

de vaticinios conminatorios, el primero es éste contra Babilonia.

Por razón de dificultades de estilo y lenguaje y, sobre todo, porque el horizonte histórico

parece desbordar al de la época de Isaías — el cual escribe bajo la obsesión del peligro de Asiría

(s.VIII) y concibe la inauguración de la era mesiánica inmediatamente después de la derrota del

invasor asirio — , la mayor parte de los críticos modernos piensa que esta sección ha sido redactada

a fines del exilio babilónico, no mucho antes de la caída de Babilonia en el 538 ante el empuje

de los ejércitos de Ciro. El profeta supone al pueblo israelita en cautividad bajo el imperio

babilónico, el cual parece hallarse en la cumbre de su apogeo. Aunque todo esto podría explicarse

por una revelación especial de Dios al profeta, no obstante, el vaticinio sería totalmente ininteligible

para los contemporáneos de Isaías, ya que les habla de una situación y de un enemigo

opresor que hasta entonces no había tenido ocasión de tener fricciones con el pueblo escogido.

Por otra parte, no está dentro del género literario habitual de la profecía el dar nombres concretos

como el de Ciro. Por estas razones, quizá sea más prudente suponer que este fragmento ha sido

escrito en tiempos de la cautividad.

La palabra hebrea que traducimos por oráculo suele emplearse en la literatura profética

como introducción a un vaticinio conminatorio, y así lo entendieron las versiones, como la Vg.,

que traduce por onus l. La expresión hijo de Amos 2 parece indicar que este versículo es introducción

de un glosista, y por otra parte indica que este c.13 primitivamente no estaba unido a los

c.1-12 anteriores.

Ex abrupto, como suele ser ley general en los oráculos de esta índole, el profeta invita a

sus oyentes a que levanten un estandarte, una señal sobre un monte desnudo, para que, libre de

árboles, se destaque más y sea más visible, y hagan señales con las manos al ejército invasor,

invitándole a entrar en la ciudad por las puertas de los príncipes, e.d., de los magnates babilónicos,

que tenían categoría de príncipes 3, como aristócratas nativos ante los reyezuelos de las naciones

sometidas. Y Yahvé habla en tono enfático: Mando a mi ejército consagrado, e.d., mis

cruzados, consagrados, dedicados al cumplimiento de un designio de Dios. El ejército, pues, de

1738

Ciro es considerado por Yahvé como instrumento para cumplir sus órdenes, y, en ese sentido, sus

soldados son sus “consagrados” a El, sus “cruzados.” Para ejecutar mi ira: cumplir sus designios

de castigo sobre Babilonia, que también, como Asiría, se excedió en su papel de instrumento para

castigar a la nación israelita; los que triunfan para mi gloria, o, como traducen otros, mis

(guerreros) altivamente exultantes, que se alegran ante la seguridad de la victoria4.

Después de esta invitación directa de Yahvé a que entren en lid los ejércitos para tomar

Babilonia, el profeta parece sentir el murmullo de muchedumbres en los montes.: es el eco de los

guerreros que se concentran en las montañas próximas al este de Babilonia, cuando Yahvé pasa

revista como generalísimo supremo. Es el ejército que viene de Media, compuesto de un conglomerado

de gentes bárbaras de muchas gentes y reinos. que vienen de lejanas tierras (v.5), reunidas

por Yahvé para caer sobre la maldita ciudad, que va a sufrir el peso de la ira divina; para

asolar toda la tierra, expresión hiperbólica para designar el imperio babilónico, que se extendía

por todo el mundo civilizado entonces conocido. Algunos han querido ver en esta frase una alusión

escatológica, en cuanto que la caída de Babilonia podía considerarse como el preludio de un

juicio universal de Yahvé sobre la tierra al estilo de las profecías apocalípticas de Joel 5.

Consternación general en el ((día de Yahvé)) (6-13).

6 Lamentaos, que se acerca el “día de Yahvé,” que vendrá corno azote del Todopoderoso,

7 y desfallecerán todos los brazos y se helarán todos los corazones de los

hombres; 8 se llenarán de terror y de angustia, y de dolor se retorcerán como parturienta.

Se mirarán con estupor unos a otros y se encenderán en llama sus rostros. 9

Ved que se acerca el día de Yahvé, y cruel, con cólera y furor ardiente, para hacer

de la tierra un desierto y exterminar a los pecadores. 10 Las estrellas del cielo y sus

luceros no darán su luz; el sol se esconderá en naciendo, y la luna no hará brillar su

luz. 11 Yo castigaré al mundo por sus crímenes, y a los malvados por sus iniquidades.

Yo haré cesar la insolencia de los soberbios y abatiré la altivez de los opresores. 12

Yo haré que sean los hombres más escasos que el oro fino, más que el oro de Ofir. 13

Yo haré estremecer a los cielos, y temblará la tierra en su lugar ante la indignación

de Yahvé de los ejércitos, el día del furor de su ira.

Ante esta concentración de ejércitos bajo la égida suprema de Yahvé cunde el pánico general. El

v.6 se halla casi literalmente en Joel6 y parece una introducción a este fragmento de colores apocalípticos

y escatológicos. En este estado de consternación hará que desfallezcan todos los brazos,

en signo de desesperación7, y se encenderán en llama sus rostros, como poseídos de ardiente

fiebre y nerviosismo. Es que ha llegado el día de Yahvé, que ya Amos había definido como un

día de tinieblas y no de luz 8, es decir, de castigo y no de regocijo, como esperaban los habitantes

de Israel. La naturaleza toda sideral se asociará a este ambiente de terror, pues los astros negarán

su luz. Es la imagen clásica de la literatura apocalíptica desde Joel 9. Nuestro Señor aludirá también

a estas turbaciones de la naturaleza para expresar la tragedia del último juicio 10.

En realidad son hipérboles orientales que no deben tomarse a letra. En el capítulo II, la

naturaleza se asociaba a la era de ventura inaugurada en los tiempos mesiánicos para hacer más

dichosa la vida de los ciudadanos de la nueva teocracia israelita; aquí, en cambio, la naturaleza es

un instrumento de Dios airado para hacer más terrible la intervención justiciera de su mano 11.

Y en el ν. 11 toma la palabra Yahvé de nuevo para dar la razón de esta manifestación de

su justicia, y es que la perversidad está tan extendida, que se ve precisado a exterminar casi totalmente

a la generación pecadora, de tal forma que los hombres serán mas escasos que el oro de

1739

Ofir, famoso en la antigüedad por su óptima calidad 12.

La matanza sin piedad. Caída de Babilonia (14-22).

14 Entonces, como cierva asustadiza, como ovejas sin pastor, se irá cada uno a su

pueblo, huirá cada uno a su tierra. 15 Cuantos fueren habidos serán degollados,

cuantos fueren tomados caerán a la espada. 16 Sus hijos serán estrellados a sus ojos,

sus casas incendiadas, sus mujeres violadas. 17 Yo despertaré contra ellos a los medos,

que no se cuidan de la plata, que no codician el oro. 18 Y los arcos aplastarán a

los mancebos, y no harán gracia al fruto del vientre ni tendrán sus ojos piedad de los

niños. 19 Entonces Babilonia, la flor de los reinos, ornamento de la soberbia de los

caldeos, será como Sodoma y Gomorra, que Dios destruyó. 20 No volverá jamás a ser

habitada, ni poblada en los siglos venideros. No alzará allí el árabe su tienda, ni se

apacentarán allí los ganados. 21 Morarán allí las fieras, y los buhos llenarán sus casas.

Habitarán allí los avestruces, y harán allí los sátiros sus danzas. 22 En sus palacios

aullarán los chacales, y los lobos en sus casas de recreo. Está para llegar su

tiempo, no se alargarán mucho sus días.

La escena se centra ahora sobre Babilonia, objeto del vaticinio conminatorio. Ante la llegada y

concentración de los ejércitos enemigos en los montes vecinos, cundirá el pánico general, y los

extranjeros que se hallen en aquella ciudad, centro de convergencia comercial de todos los pueblos

y razas, huirán precipitadamente — como cierva asustadiza, como ovejas sin pastor — a sus

países respectivos de procedencia (v.14). Los que no logren salir y caigan en manos de los invasores

serán degollados, y se darán las clásicas atrocidades de la soldadesca desmandada: sus

hijos, estrellados a sus ojos; sus casas, incendiadas; sus mujeres, violadas. Es la secuela normal

de toda ocupación militar violenta 13. En realidad sabemos por la historia que las tropas de Ciro

entraron en Babilonia sin gran violencia, pues la ciudad se rindió sin resistencia, y, por otra parte,

Ciro ha pasado por ser uno de los conquistadores más benignos y deferentes con los pueblos

vencidos, en gran contraste con la conducta de los samarios y violentos reyes asirios y babilónicos.

A continuación se describe el carácter desprendido de los medos conquistadores, que hacen

su primera aparición en la historia del próximo Oriente en tiempos de Salmanasar III (859-825

a.C.). El verdadero fundador del imperio medo fue Ciaxares (633-593), en cual, aliado a los babilonios,

atacó Asiría, tomando Nínive en el 612 a.C. Más tarde, Giro, rey de una región al norte de

Media, se levantó contra el rey Astiages, creando el imperio persa con la anexión de toda la Media,

en el 549, y tomando Babilonia en el 538. Jenofonte destaca también el desinterés de los soldados

medo-persas respecto del dinero 14. El profeta hace resaltar esto para dar a entender que no

será posible comprarlos por dinero (v.17). Aquí se les llama en general medos, aunque propiamente

el jefe era persa, porque era el nombre tradicional que se les daba entonces; los griegos

llamarán a las guerras con los persas las guerras “médicas.”

Estos soldados, pues, 110 tendrán consideración a nadie, ni con el fruto del vientre. Babilonia

era entonces la flor de los reinos, como cabeza de un imperio que comprendía reinos enteros,

y ornamento y gloria de los caldeos, o habitantes de los bordes del golfo Pérsico, que lograron

bajo Nabopolasar, padre de Nabucodonosor, en el 625 antes de Cristo, crear un imperio que

sustituyó al asirio; Babilonia era la capital y el centro de la vida del imperio, pero caerá estrepitosamente

para nunca más levantarse, quedando relegada al olvido como Sodoma y Gomorra,

siendo tan completa su desolación, que hasta el nómada, hombre de la estepa, el árabe 15, no se

dignará acampar en su solar abandonado, que será sólo refugio de los animales y bestias del de1740

sierto y de la estepa. Desaparecerá la ciudad populosa, afeminada por la civilización, y se convertirá

en pastizales, siendo las ruinas de sus casas morada de las fieras salvajes, entre los que

estarán los sátiros de la leyenda popular. Eran una especie de seres demoníacos en forma de machos

cabríos, a los que los israelitas habían sacrificado en el desierto 16. El profeta aquí se acomoda

a la mentalidad popular, sin que ello comprometa su juicio formal sobre la real existencia

de los mismos. En otros textos bíblicos se habla del leviatán, serpiente tortuosa del mar, del folklore

popular oriental. Estas descripciones literarias, a base de ambiente popular, no comprometen

la veracidad de la inscripción profética, pues el autor no hace sino revestir sus ideas con un

ropaje literario ambiental, y aun a veces legendario, para hacerse entender del pueblo sencillo.

Entre los israelitas era conocido el ser demoníaco Assael, al que se arrojaba el macho cabrío emisario

en el desierto 17. En Tobías 8:3 se habla también de otro ser diabólico llamado Asmodeo,

encadenado en la parte superior del desierto de Egipto.

1 Los LXX traducen visión. Literalmente, la palabra hebrea parece significar levantar (la voz). Jeremías quiere evitar esta palabra, que

sus oyentes tomaban a burla, porque todo lo que anunciaba era de mal agüero (23:33-40). — 2 Este Amos no es el profeta conocido,

anterior a Isaías, pues en hebreo la grafía es distinta. — 3 Algunos han creído ver en la expresión puertas de los príncipes una

alusión al significado etimológico de Babilonia: Bab-ilu: “puerta de dios.” — 4 En Israel las campañas militares eran consagradas

con ceremonias religiosas, y así los guerreros eran “consagrados” a Dios (cf. 1 Sam 13:9. Jer 22:7; 51:28; Jl 3:9; 1 Sam 21:5· — 5

Así Skinner, o.c., 115. — 6 Jli.is. — 7 Cf. Is 19:1; Ez 21:7; Job 4:3- — 8 Am 5:18 — 9 Jl I. — 10 Mt 24. — 11 Este carácter apocalíptico

del fragmento es un indicio más de su composición tardía. No obstante, la expresión “día de Yahvé” ya la encontramos

en Is 2:12 con los caracteres sombríos, aunque allí no aparece la turbación de la naturaleza sideral. — 12 Cf. Ophir: “Dict. de la

Bible V..” — 13 Cf. Sal 137:9; Nah 3:10; Os 13:16. — 14 Cf.'Cvrop. V 1:20. — 15 La palabra árabe primero era simplemente un

nombre apelativo: el hombre del araban (el desierto, la estepa). Después de Jeremías aparece ya como nombre propio aplicado *

los nómadas que se dedicaban al comercio en las rutas caravaneras con sus camellos entre ibilonia y los países del Mediterráneo

(cf. Jer 3:2; 25:24; 2 Par 9:14). — 16 Lev 17:7. — 17 Lev 16:17.

14. Encumbramiento de Israel.

Liberación de Israel (l-4a).

1 Porque Yahvé se apiadará de Jacob, todavía escogerá a Israel, y los hará descansar

en su tierra; a ellos se unirán los extranjeros, se unirán a la casa de Jacob. 2 Los tomarán

los pueblos y los llevarán a su lugar,y la casa de Israel los tendrá en heredad,

como siervos y siervas, en la tierra de Yahvé, Cautivarán a los que los habían cautivado

y dominarán a sus opresores. 3 Y sucederá que el día en que Yahvé te dará el

reposo de tus fatigas, de tus penas y de la dura servidumbre a que estuviste sometido,

4 entonarás esta sátira contra el rey de Babilonia, y dirás.

El profeta nos presenta en estos versos la introducción a la oda elegiaca y satírica dedicada a la

ruina de Babilonia, la nación opresora. Generalmente, los autores modernos creen que el fragmento

correspondiente a los capítulos 13 y 14:4-21 es obra de un autor del tiempo del exilio, poco

antes del 538, en que tuvo lugar la toma de Babilonia por Ciro. La principal razón de esta opinión

es el horizonte histórico, dominado por la obsesión del imperio babilónico, a punto de sucumbir

ante el empuje de los ejércitos de Ciro. Además, se señalan diferencias de estilo, aunque

este argumento siempre se presta al subjetivismo literario. El problema, pues, crítico está en el

mismo plano que el de la autenticidad de los capítulos 40-66 del libro de Isaías 1.

En estos versos introductorios (1-4), que sirven de ligazón entre el cántico satírico que sigue

y el capítulo precedente, se hace resaltar que la destrucción de Babilonia no tiene otra finalidad

que facilitar el restablecimiento de Israel en su tierra como nación protegida de Yahvé. En la

concepción teológica de la historia, los profetas articulan toda la historia mundial en función de

1741

la historia teocrática del pueblo elegido. El castigo infligido a Israel en el exilio no tiene otra

finalidad que purificarle de sus pecados tradicionales e inveterados; pero Dios no por eso abandona

a su pueblo totalmente, sino que, en su amor infinito, le hace volver a la Tierra Santa, objeto

de las bendiciones de Dios. De nuevo Israel será objeto de la elección por parte de Dios, y

volverá a participar de sus bendiciones y promesas. Por otra parte, el pueblo elegido se verá incrementado

con los extranjeros (v.1), es decir, los prosélitos, gentes no israelitas vinculadas a los

destinos religiosos e históricos del pueblo escogido por excelencia. En realidad adquirirán una

ciudadanía de segundo orden en el nuevo estado teocrático israelita. Ya en los tiempos mosaicos

hubo algunas tribus no israelitas que se juntaron a éstos, y participaron en cierto modo de sus

promesas y privilegios como el pueblo escogido 2. Los pueblos (v.2), e.d., los gentiles entre los

que vivían dispersos los israelitas, tomarán la iniciativa para hacer que vuelvan los israelitas α su

lugar, la tierra santa de Canaán. Los israelitas, instalados pacíficamente en su tierra, adquirirán

un derecho sobre la prestación personal de los mismos extranjeros que los trajeron a su tierra, y

los convertirán en siervos, de forma que los antiguos cautivadores se convertirán en cautivos

(v.2). Para nuestra mentalidad cristiana no deja de extrañarnos esta concepción demasiado terrenal

de los israelitas; pero debemos tener en cuenta la imperfección del estadio de revelación en

que aún estamos, todavía muy lejos de las claridades evangélicas sobre la caridad universal cristiana.

Dios, en sus secretos designios, toleraba esta mentalidad materialista “propter duritiam

cordis”; pero ello no quiere decir que aprobara este concepto materialista de la vida en muchos

aspectos.

Israel, ya restablecido en su tierra, se tomará la libertad de dirigir un canto irónico y satírico

a sus antiguos opresores, y, en concreto, contra el símbolo de éstos, el rey de Babilonia

(v.4a), que aquí debía de ser Nabónides, último representante de la dinastía babilónica antes de

caer, ya que su hijo Baltasar no llegó a reinar con plenitud de poderes reales, sino como príncipe

heredero. El rey aquí simboliza toda la dinastía opresora babilónica, y por eso se le atribuyen

tropelías y excesos que no cometió personalmente, sino sus antecesores.

Cántico satírico contra el rey de Babilonia (4b-8).

4b Cómo se acabó el opresor y pasó la vejación.3 5 Rompió Yahvé la vara de los impíos,

el cetro de los tiranos. 6 El que castigaba los pueblos con furor, sin cansarse de

fustigar; el que en su cólera subyugaba las naciones bajo un yugo sin piedad4. 7 Toda

la tierra está en paz, toda en reposo, exulta de alegría. 8 Hasta los cipreses se alegraron

de ti, los cedros del Líbano. Desde que yaces, no sube contra nosotros el leñador.

La sátira comienza en tono métrico de elegía bien característico, con estrofas regulares. Esta oda

es considerada como una de las obras maestras poéticas de la Biblia y aun de la literatura universal.

Las imágenes son bellísimas y originales y expresan el júbilo general de toda la tierra al desaparecer

el opresor general. Los mismos cedros del Líbano se asocian a este júbilo general, porque

con la desaparición de la nación imperial opresora ya no subirán los leñadores a abatirlos,

como hacían regularmente los reyes asirios y babilónicos. Sabemos por las inscripciones de Teglatfalasar

III que periódicamente se enviaban leñadores a cortar madera al Líbano para sus

grandes construcciones palaciegas. En el mismo Líbano existe aún hoy día una inscripción de

Nabucodonosor, rey de Babilonia, en la que se gloría de haber construido una calzada para el

transporte de los cedros del Líbano 5.

1742

Júbilo general en el “seol” (9-11).

9 El “seol” se conmueve en sus profundidades a causa tuya, para ir al encuentro de

tu llegada, y por ti despiertan las sombras, todos los grandes de la tierra; haces levantar

de sus tronos a todos los reyes de las naciones. 10 Y todos a voces te dicen:

¿También tú te debilitaste como nosotros y has venido a ser semejante a nosotros? 11

Ha bajado al “seol” tu gloria al son de tus arpas; bajo ti se extienden los gusanos, y

gusanos son tu cobertura.

La noticia de la muerte del opresor llega hasta las profundidades del seol. El pasmo es general, y

de todas las gargantas de los antiguos oprimidos sale un grito común satírico. También el famoso

rey opresor, que se consideraba inviolable y prácticamente inmortal, ha tenido que franquear las

puertas de la muerte y entrar en la humilde mansión de las sombras en el seol. En la estrofa anterior

se destacaba la alegría en la tierra por la desaparición del opresor, y la misma naturaleza inanimada

se asociaba al júbilo general; ahora toca su vez a la región de las sombras, considerada

por los hebreos antiguos como lugar de tristeza y de tedio general. Es el paralelo del hades de los

griegos y del arallu de los asiro-babilónicos. No había dolores físicos, pero sí un debilitamiento

general, y por eso sus habitantes se llamaban refaím, palabra que probablemente alude a ese abatimiento

general de los moradores del seol, en un estado de “sombras,” de “débiles” 6. Todos los

grandes de la tierra 7, es decir, los que han ejercido funciones de mando, se levantan de sus tronos.

Según la opinión popular, la vida de ultratumba en el seol era un eco, una copia sombría de

la que se había tenido sobre la tierra de los vivos; por eso se describe a los que anteriormente gozaron

de realezas o principados sentados en sus tronos y levantándose irónicamente en señal de

fingido respeto al que anteriormente había sido señor déspota de todos. La belleza de la descripción

es incomparable) y la ironía, muy aguda y satírica. En Ez 32:21 se dice que los reyes aparecen

mezclados con sus antiguos subditos. Y la ironía parece aquí recordar el género de muerte

que sufrió el rey de Babilonia al son de tus arpas (v.11), quizá alusión a su muerte violenta

cuando estaba ruidosamente banqueteando entre músicas con sus cortesanos despreocupados 8, o

quizá aluda al acompañamiento músico de sus honras fúnebres como rey. Sin embargo, en Is

21:5 se presenta a los caldeos sorprendidos en medio de un festín, como lo dirá más claramente

el libro de Daniel (c.5) al narrar la cena de Baltasar. Y siguen las alusiones irónicas: antes el rey

se acostaba en lechos blandos y sibaríticamente aderezados; pero ahora no tendrá otro lecho que

los gusanos: bajo ti se extienden los gusanos, y gusanos son tu cobertura (v.11). Quizá en estas

frases haya una alusión al hecho de que el rey se vería privado de honrosa sepultura, convertido

en pasto de los gusanos a la intemperie. Según la mentalidad asiro-babilónica, el que no había

logrado honrosa sepultura recibía particular castigo, y tenía que andar vagando periódicamente

en torno a los poblados mendigando alimento. El mayor castigo que se podía infligir a uno en la

antigüedad era remover sus huesos del sepulcro propio. En una inscripción de Esmunezar de Sidón

se pide la maldición de Dios para quien se atreva a violar su sepultura y remover sus restos

mortales 9.

Humillación del rey de Babilonia (12-15).

12 ¿Cómo caíste del cielo, lucero brillante, hijo de la aurora, echado por tierra el

dominador de las naciones? 13 Y tú decías en tu corazón: Subiré a los cielos; en lo alto,

sobre las estrellas del cielo, elevaré mi trono, y me asentaré en el monte de la

asamblea, en las profundidades del aquilón. 14 Subiré sobre las cumbres de las nubes

1743

y seré igual al Altísimo. 15 Pues bien, al “seol” has bajado, a las profundidades del

abismo.

Los moradores del seol ponen en contraste la encumbrada situación del rey de Babilonia en vida

y su misérrimo estado de humillación actual. Se le llama lucero, hijo de la aurora, es decir, el

astro brillante de Venus, que, según la leyenda popular, era hijo de la aurora, porque precede a la

aparición del mismo sol, en el crepúsculo del alba. Algunos críticos ven aquí una alusión a algún

mito astral babilónico, pero la comparación de un rey a un astro luminoso era un tópico literario

10. La Vg. traduce Lucifer siguiendo al texto griego. Como algunos Padres han aplicado el texto a

la caída del ángel rebelde, se aplicó al jefe de los demonios el nombre de Lucifer, relacionándolo

con el texto de San Lucas 10:18, donde el Señor dice que vio a Satanás caer del cielo como un

rayo. En la epístola de San Pedro se aplica en la versión latina “Lucifer” a Cristo . En realidad,

en el contexto de Isaías no hay nada que nos pueda hacer pensar en el diablo, el ángel caído, pues

se trata únicamente de la estrepitosa caída del rey de Babilonia. Ese título de Lucifer está justificado

por su arrogancia pretenciosa de ser superior a todos, igualándose con las divinidades superiores:

subiré a los cielos. y seré igual al Altísimo. Es la suprema arrogancia de los monarcas babilónicos

12. En la época sasánida, los reyes persas se dieron en las inscripciones el título de dioses.

La expresión que traducimos por Altísimo aparece en el Gen 14:18 y se aplica al dios de

Melquisedec. En realidad, el sentido del vocablo hebreo es oscuro, pero es clara la idea del profeta,

pues ciertamente quiere decir que el rey babilónico se equipara en su insolencia con los dioses,

moradores sobre las cumbres de las nubes (ν. 14) según la mentalidad semítica occidental.

Según los hebreos, Elohim habitaba en los “cielos de los cielos,” encumbrado sobre la bóveda

celeste. El profeta, pues, pone aquí en boca del rey de Babilonia esta frase llena de presunción,

que para los oídos israelitas sonaba a blasfemia e insensatez. Me instalaré en el monte de la

asamblea, en las profundidades del aquilón (ν.13): es un eco de la concepción mítica babilónica

sobre la morada de los dioses. Según los asiro-babilonios, los dioses habitaban en una región

montañosa al septentrión. Aquí, pues, el monte de la asamblea es una montaña al estilo del

Olimpo griego, donde tenían su morada y asamblea ordinaria los dioses del panteón mesopotámico.

La expresión arrogante del rey babilónico de instalarse en este monte de la asamblea equivale

a apropiarse el título de dios, como a continuación lo dice en la otra expresión: seré igual al

Altísimo. La Vg. ha traducido “monte testamenti,” sin duda pensando en Sión, conforme a Sal

48:2. Ezequiel habla también del “monte de Dios,” aludiendo irónicamente a las pretensiones del

rey de Tiro13. De nuevo vemos que el profeta no tiene inconveniente en utilizar una concepción

mitológica para expresar sus ideas, si bien aquí esas ideas mitológicas las pone en boca de idólatras,

como el rey babilónico. Esta orgullosa pretensión del rey de Babilonia contrasta con la trágica

realidad: pues bien, al seol has bajado, a las profundidades del abismo (v.15). Aquí seol y

abismo, que la Vg. traduce, respectivamente, por “infernum” y “lacum,” son sinónimos. Según la

mentalidad popular hebrea, el seol se hallaba en una oquedad subterránea en forma de descomunal

fosa o pozo 14.

El rey de Babilonia, sin sepultura (16-20).

16 Los que te ven te contemplan, sobre ti piensan: ¿Es éste el que hacía temblar la

tierra, el que trastornaba los reinos, 17 el que hacía del mundo un desierto, devastaba

las ciudades y no liberaba a sus cautivos? 18 Todos los reyes de las naciones reposan

con honor, cada uno en su morada; 19 pero tú has sido arrojado de tu sepulcro

como rama abominable 15; revestido de asesinados, los muertos por la espada, con

1744

lo que descienden a sepulcros de piedra 16; como cadáver pisoteado, 20 no tendrás

con ellos sepultura, porque arruinaste tu tierra, asesinaste a tu pueblo. No se hablará

jamás de la raza de los impíos.

La escena cambia un tanto, pues el profeta traslada mentalmente a los habitantes del seol al campo

de batalla para contemplar el cadáver del rey de Babilonia, muerto sin honor y sin derecho a

sepultura. El estupor los sobrecoge: ¿Es éste el que hacia temblar la tierra.,.? (v.16). Después de

tanto poder omnímodo y despótico no le ha cabido el honor de ser enterrado, como los demás

reyes, en un sepulcro suntuoso (reposan con honor. en su morada, v.18), pues él ha sido arrojado

de tu sepulcro (v.18); no que haya sido profanado su sepulcro, sino que ha sido privado de él,

a pesar de haberlo preparado cuidadosamente de antemano, y fue lanzado como una rama abominable,

un tronco despreciado 17, revestido de asesinados, es decir, rodeado de muertos violentamente

por la espada en el campo de batalla, sin poder tener sepulcro de piedra, (lit. “piedras de

la fosa”) 18, lo que era el máximo baldón para un rey oriental de la antigüedad. La muerte de Sargón

II de Asiría en el campo de batalla, quedando sin enterrar, pudo sugerir la aplicación al rey

de Babilonia. Y la causa de este castigo es haber obrado como un tirano, con desprecio de todos

los derechos del país (v.20); por ello la maldición se cebará no sólo en él, sino en su descendencia.

Morirán todos sus descendientes con él: No se hablará ya jamás de la raza de los impíos.

Era el máximo castigo ser privado de descendencia y de nombre en su pueblo.

La maldición de Yahvé (21-23).

21 Preparad un matadero para los hijos por la iniquidad de sus padres, no se levanten

para conquistar la tierra y llenar el mundo de ruinas 19. 22 Yo me alzaré contra

ellos, dice Yahvé de los ejércitos. Yo aniquilaré de Babilonia su nombre y sus restos,

su raza y su germen, dice Yahvé de los ejércitos. 23 Yo la haré hura de erizos, fangosa

charca, y la barreré con la escoba de la destrucción, dice Yahvé de los ejércitos.

El profeta toma la palabra directamente para proclamar el oráculo de destrucción sobre la dinastía

de Babilonia. Preparad un matadero para los hijos: invitación a preparar el lugar de inmolación

de la descendencia del rey, de modo que, conforme al verso anterior, no se hablará ya jamás

de la raza de los impíos. Indudablemente que la proclama del profeta se dirige a los enemigos

de Babilonia, ejecutores de los designios divinos de castigo sobre ella. En realidad es el

mismo Yahvé quien trae la destrucción por medio de esos ejércitos invasores: Yo me alzaré contra

ellos., aniquilaré su raza y su germen. 20, convirtiéndola en lugar deshabitado propio para

las alimañas (v.23). Este refrán se convertirá en lugar común en la literatura profética. En realidad

no se quiere sino describir la desolación y el olvido sobre una tierra maldecida por Yahvé.

Oráculo contra Asiría (24-27).

24 Yahvé de los ejércitos lo ha jurado, diciendo: Sí, lo que yo he decidido llegará, lo

que yo he resuelto se cumplirá: 25 destruiré al asirio en mi tierra, y le hollaré en mis

montes, f y les quitaré de encima su yugo, y arrojarán su carga de sobre sus espaldas.

26 He ahí la resolución tomada contra toda la tierra, he ahí la mano tendida contra

todos los pueblos, 27 Porque Yahvé de los ejércitos lo ha decidido, ¿quién se le

opondrá? Tendida está su mano, ¿quién la apartará?

Por el modo de empezar este versículo se ve que nos hallamos ante otro fragmento distinto del

1745

anterior. Cambia el horizonte histórico, y la frase dice Yahvé de los ejércitos del v.23 indica claramente

que se cierra el oráculo contra el rey de Babilonia. Los críticos comúnmente ven un estilo

netamente isaiano en este oráculo nuevo contra Asiría (24-27) 21. Se suele poner la composición

de este fragmento en tiempos del reinado de Senaquerib 22.

Yahvé personalmente se encargará de echar de su tierra al invasor asirio, hollándole. Toda

la vida de Isaías se desenvolvió bajo la amenaza de Asiría, que, en su deseo de conquistar

Egipto, había sometido brutalmente los reinos de la costa siro-fenicio-palestina. Los oyentes del

profeta, por tanto, no tienen otra preocupación que la liberación de estos ejércitos invasores. Asiría

se caracterizó en la antigüedad por la falta de diplomacia con los vencidos, buscando siempre

la sujeción por la fuerza bruta y la represión violenta. La expresión Yahvé de los ejércitos lo ha

jurado era una fórmula estereotipada heredada de Amos 23, que se repite en los escritos profetices,

e indica que el profeta transmite un oráculo recibido directamente de Dios. El objeto de ese

juramento es desbaratar al invasor asirio en la propia tierra de Yahvé, la tierra santa, es decir, el

antiguo país de Canaán. Con ello conseguirán sus habitantes la liberación: y se les quitará de encima

su yugo (v.25). Pero esto traerá como consecuencia la liberación de los otros pueblos

(v.26). La expresión contra toda la tierra, contra todos los pueblos, puede traducirse “sobre toda

la tierra, sobre todos los pueblos,” y, en este sentido, las palabras del profeta son un oráculo de

liberación para todos los pueblos oprimidos. Si se traduce “contra toda la tierra.,” como hemos

hecho, entonces sería a la vez una amenaza contra los pueblos que se oponen a los planes de

Yahvé. Porque la mano de Dios está tendida (v.27), expresión que ya hemos encontrado 24, y

significa que Dios tiene la mano levantada para castigar a los pueblos.

Oráculo contra Filistea (28-32).

28 El año de la muerte del rey Acaz se dio este oráculo: 29 No te alegres tú, Filistea

toda, por haberse roto la vara que te hería, porque de la raza de la serpiente nacerá

un basilisco, y su fruto será un dragón volador. 30 Los pobres se apacentarán en mis

pastos 25 y los indigentes reposarán seguros. Yo haré morir de hambre a tu posteridad

y destruiré lo que de ti queda. 31 Gime, ¡oh puerta! grita, ¡oh ciudad! cae desfallecida,

Filistea toda, porque viene del aquilón una humareda y ninguno se separa de

sus batallones; 32 y ¿qué responderá a los mensajeros del gentil? Yahvé fundó a

Sión, y a ella se acogerán los desvalidos del pueblo.

La profecía está fechada en el año de la muerte del rey Acaz, pero en realidad no sabemos a

ciencia cierta la fecha de su muerte. Unos la ponen en el 727, mientras que otros la retrasan al

721, y no pocos autores creen que este encabezamiento no es de la mano de Isaías 26.

Según se refleja en la profecía, Filistea se entregaba a transportes de alegría extrema con

motivo de la muerte de un opresor, la vara que te hería (v.29). El profeta la amonesta a que no se

alegre demasiado, pues va a venir otro peor: de la raza de la serpiente nacerá un basilisco., un

dragón volador (v.29), ser mitológico popular, peor que las serpientes. De nuevo aquí el profeta

echa mano del folklore mitológico popular para expresar sus ideas, sin que ello comprometa su

juicio profético infalible. En el ν.31 se dice que la invasión viene del aquilón, lo que nos indica

quién es ese nuevo opresor, sin duda un nuevo rey de Asiría, que caía sobre Palestina por la ruta

septentrional después de haber remontado el Eufrates hacia el norte hasta las cercanías de Damasco.

En 727 murió Teglatfalasar III, y en el 721 Salmanasar V. Si Acaz murió en 727, entonces

el basilisco sería Salmanasar V, que había de poner sitio a Samaría después de haber invadido

a Filistea. Si, en cambio, Acaz murió en 721, entonces el basilisco sería Sargón II, que por sus

1746

conquistas rápidas y profundas bien merecía el nombre de dragón volador, y más aún su hijo Senaquerib.

El profeta contrapone la suerte del pueblo escogido que vivirá pacíficamente en los pastos

de Yahvé (v.50); y se les llama pobres por haber sido oprimidos y despreciados de los pueblos

más fuertes. En cambio, Dios castigará severamente a Filistea, haciendo morir a su posteridad.

Por el aquilón viene el invasor, instrumento de Dios para castigar a Filistea, insolente para

con el pueblo escogido, levantando humareda con sus incendios de ciudades; por ello el profeta

invita a Filistea a entonar un canto lúgubre ante la trágica perspectiva: gime, ¡oh puerta! (la puerta

aquí simboliza a la ciudad), Filistea toda, es decir, en todos los cantones de tu confederación,

porque el castigo llegará a todos. Ninguno se verá libre del invasor. Y el enemigo viene tan disciplinado

y decidido, que ninguno se separara de sus batallones.

Y el profeta, con un profundo sentido de la teología de la historia del pueblo elegido, se

vuelve a su pueblo y se pregunta: ¿Qué responderá a los mensajeros del gentil? (v.32). Parece

que alude a una embajada de Filistea enviada a Jerusalén para pedir su ayuda, invitándola a entrar

en una liga contra el invasor asirio. El profeta parece esperar la decisión de la corte de Jerusalén

a esta embajada, y se adelanta a dar un consejo práctico: Yahvé fundó a Sión, y a ella se

acogerán los desvalidos del pueblo (v.32); e.d., el fundamento de la seguridad nacional es Yahvé

y no los manejos de la política exterior humana. Es la misma tesis sostenida ante Acaz cuando

invadía Jerusalén el ejército siro-efraimita en 734. Judá, pues, debe confiarse ciegamente en las

manos de Yahvé, su único protector, y prescindir de cálculos diplomáticos humanos. Toda alianza

con el extranjero no traerá sino pésimas consecuencias religiosas para el pueblo de Yahvé.

1 Cf. Condamin, I.C., p.103. — 2 Cf. Is 56:3-7; Zac 2:11; 8:21-23. — 3 Así leyendo con los LXX. Condamin lee tormenta; Vg., tributum;

Bíb. de Jer., su arrogancia. — 4 El TM lee persecución, pero los LXX y el Targum más bien reflejan la idea de sujeción o

yugo. — 5 Véase Meissner, Babilonien und Assyrien I p.352.390.323. — 6 La raíz hebra rafa' indica “debilidad,” y de ahí el nombre

de refaím aplicado a los muertos entre los hebreos y fenicios. Los refaím eran también una raza de gigantes en el folklore popular

hebreo (Dt 2:20), quizá relacionados con los dólmenes o construcciones ciclópeas, bajo las que reposaban las sombras de los

muertos. — 7 Literalmente, “los machos cabríos” (Jer 50,8; Zac 10:3), en cuanto que los reyes dirigen a los pueblos, como los

machos cabríos van delante del rebaño. — 8 Cf. Is 21:5; Danc.5. — 9 Cf. Lagrange, Eludes sur les religions sémitiques p.113. —

10 Núm 24:17; Ez 32:7. — 11 2 Pe 1:19. — 12 Cf. Sof 2:15; Dan 3:15. — 13 Ez 24:14. — 14 Muchos ven en esta idea de “hueco,

vacío, cóncavo,” el sentido primordial etimológico de seol, del sa' al, que significa el “hueco” de la mano. Otros más bien lo

derivan de sa' al: “pedir,” porque el seol es insaciable en su demanda de vidas humanas. — 15 Así según el TM; los LXX, en

cambio, leen “inmundicia.” — 16 Literalmente se lee “piedras de la fosa” en hebreo. — 17 La versión de Símaco y el Targum

leen “un odioso aborto,” lo que supone un ligero cambio en la palabra original hebrea. — 18 Si se lee “piedras de la fosa,” como

literalmente dice el original, aludiría a un cadáver en el campo cubierto sólo con piedras. — 19 El texto hebreo lee “de ciudades,”

pero por razones de paralelismo se ha cambiado ligeramente la palabra hebrea por otra que significa “ruinas.” — 20 Cf. Gen

21:23; Job 18:19. — 21 Cf. Is 10:5; 17:12.18. — 22 Cf. Skinner, l.c., 126. — 23 Cf. Am 4:2; 6:8; 8,7; Is 45:23-54; 62:8. La frase

falta en el texto griego, y, por otra parte, no es usada en la primera parte del libro de Isaías fuera de aquí (cf. Skinner, l.c., 127). —

24 Cf. 5:25; 9:12. — 25 El texto hebreo dice literalmente “los primogénitos de los pobres,” e.d., los humildes por excelencia. Pero,

con un ligero cambio en la vocalización, en vez de “primogénito,” muchos leen “mis pastos.” — 26 Cf. Skinner, o.c., 128.

15. Oráculo Contra Moab.

Este capítulo forma un todo con el que sigue. La profecía se refiere a la devastación de Moab,

decretada por Yahvé. El profeta describe con vividos colores el pánico general del país, que, al

ver tomadas sus fortalezas, se refugia en los santuarios, huyendo hacia el sur, hacia las montañas

de Edom (1-8). Desde allí los fugitivos envían un mensaje con un tributo, pidiendo auxilio. El

profeta, con sentido teológico de los hechos históricos, presenta esta tragedia como un castigo

por el orgullo de Moab. Y termina con una lamentación elegiaca sobre las ruinas de Moab (16:7-

11).

Los autores discuten sobre el carácter del fragmento, pues el lenguaje puede interpretarse

1747

como una profecía o como un canto elegiaco sobre una situación presente conocida del profeta.

Por razones de estilo se ha pretendido negar la paternidad isaiana del fragmento. Respecto de la

fecha de composición del oráculo no existe unanimidad entre los autores. Unos lo ponen en

tiempo de Ozías de Judá (s.VIII), bajo el cual Edom estaba sometido a Judá, pero otros rebajan la

fecha de composición hasta el siglo II, en tiempos de Juan Hircano, que extendió sus conquistas

por esta región. Tampoco existe unanimidad sobre la identificación de los invasores de Moab,

pues mientras unos dicen que son los israelitas del reino del Norte en tiempo de Jeroboam II

(s.VIII), que extendió sus fronteras a costa del territorio de Moab (2 Re 14:25) hasta el mar

Muerto, otros, en cambio, creen que los invasores son tribus árabes que venían del desierto oriental,

y aun algunos concretan diciendo que eran los nabateos, que venían del sudeste; lo que no es

probable, pues entonces no se comprende que los moabitas se refugiaran hacia el sur.

Desolación de los moabitas (1-4).

1 Oráculo sobre Moab: Ved, asolada de noche, Ar-Moab está en ruinas; I asolada de

noche, está en ruinas Quir-Moab. 2 La hija de Dibón ha subido l a los altos para llorar,

y Moab se lamenta por Nebo y por Madaba. Todas las cabezas están rasuradas;

todas las barbas, afeitadas, 3 Salen por las calles vestidos de saco, por los terrados,

por las plazas. Todos dan alaridos, se deshacen en llanto. 4 Hesebón y Eleale lanzan

gritos, cuyos ecos se oyen hasta Jahas. Por eso Moab siente desfallecer sus ríñones, y

su alma desmaya.

El profeta, con vivos colores, describe las escenas de pánico en la población moabita, y personifica

el llanto de las principales ciudades: Quir-Moab, Dibón, Nebo, Madaba, Hesebón y Eleale,

todas perfectamente identificadas hoy en una reducida zona territorial al norte del antiguo Moab.

Ar-Moab, capital del reino, a orillas del Arnón; más tarde el nombre pasó a Rabbat-Moab, llamada

en griego Areópolis, un poco más al sur. Quir-Moab suele identificarse con Qir-Hareset

(16:7), el Kerak actual, hacia el sur, dominando la lengua de terreno llamada Lisan. Algunos

creen que es la misma que Ar-Moab anterior, ya que Qir y Ar significan “ciudad.” Dibón, el actual

Dibán, al norte del Arnón. Nebo, al este del Jordán, sobre el monte del mismo nombre. Madaba,

un poco más al sur, famosa por el mosaico bizantino del siglo ν que representa un mapa de

Palestina de la época. Hesebón, la actual Hesbán, no lejos de Madaba. Eleale, al norte de Hesebón.

Jahas no ha sido identificada; se supone que estaba cerca de Madaba 2.

Huida hacia el sur (5-9).

5 Salen gritos del corazón de Moab 3, sus huidos llegan a Segor y a Eglat-Selisiya;

ciertamente suben llorando la cuesta de Luhit, en verdad por el camino de Joronaím

van dando gritos de angustia; 6 se han secado las aguas de Timrim, pues se ha secado

el heno, se ha marchitado la hierba, no hay verdor. 7 Por eso llevan sus ahorros y

sus provisiones al otro lado del torrente de los Sauces. 8 Pues el clamor rodea las

fronteras de Moab, los lamentos llegan hasta Eglaím, y hasta Beer-Elim llegan sus

alaridos, 9 porque las aguas de Dimón están llenas de sangre, y todavía mandaré sobre

Dimón nuevos (males), leones para los escapados de Moab y para los sobrevivientes

de la tierra.

Sigue la descripción del duelo general, y se da el itinerario de los fugitivos: Segor o Zoar (Gen

19:22), al sudeste del mar Muerto. Eglat-Selisiya, que se supone nombre propio, es considerado

1748

por algunos como glosa tomada de Jer 48:34. Luhit se ha identificado con Rabat-Moab. Joronaím

no ha sido identificado, pero aparece en Jer 48:5. Nimrim: conocemos otro Bet-Nimra (Núm

32:36). Existe hoy un Bordj Nemera, que puede ser el bíblico Nimrim, hacia el sur del mar

Muerto4. Los fugitivos llevan sus enseres (v.7) hacia el valle de los Sauces, que estaba en la frontera

de Edom. Se le identifica con el wady Qurahe. Eglaím no está identificado, pero se le supone,

siguiendo a Eusebio, en el centro de Moab. Beer Elim: se le suele identificar con el campamento

de los israelitas al norte de Moab (Núm 21:16-18). La mención de los dos nombres parece

indicar que el llanto era general en todo el país. Dimón quizá es el mismo Dibón anterior, y el

profeta cambió una consonante para jugar con la palabra dam, que significa “sangre,” que aparece

en el contexto. Dios enviará nuevos castigos, leones (lit. “un león”), que puede significar un

perseguidor en general, o, en concreto, el asirio, como antes contra Filistea se le llamaba “basilisco.

5

1 El texto hebreo dice literalmente: “Ha subido a Bayit ya Dibón,” tomando la primera palabra como nombre de localidad. Un ligero

cambio da “hija.” — 2 Cf. Núm 22:36; Dt 2:9.18; 2 Re 3:25. — 3 El texto hebreo dice literalmente “mi corazón clama por Moab,”

y entonces se reflejaría aquí la reacción del corazón piadoso del profeta ante la tragedia de Moab. La traducción que hemos seguido

está conforme al texto griego, que supone un ligero cambio de vocalización en el hebreo. — 4 Cf. Skinner, o.c., 135. — 5 El

texto griego lee en vez de león “Ariel.”

16. Los Moabitas se Refugian en Juda.

Embajada de Moab a Jada (1-5).

1 Enviad la hija del señor de la tierra1 desde la Roca del desierto al monte de la hija

de Sión, 2 y sucederá que como ave fugitiva, como nidada dispersa, serán las hijas de

Moab por los vados del Arnón. 3 Resuelve, decide, haz a tu sombra como de noche

en pleno mediodía, oculta a los desterrados, no descubras al fugitivo. 4 Hospédense

en ti los desterrados de Moab, sé para ellos cobijo ante el devastador, hasta que acabe

el opresor, cese el devastador y sea consumado fuera del país el pisoteador. 5 Y el

trono se afirmará por la clemencia, y se sentará sobre él en fidelidad, en la tienda de

David, un juez que buscará el derecho y será pronto a la justicia.

Los fugitivos, al entrar en Edom, caían bajo la jurisdicción de Judá, que, al parecer, dominaba

entonces esta región. De ahí la necesidad de captar la benevolencia del señor de la tierra (v.1)

enviándole un tributo. Ya en otro tiempo los moabitas, hasta los tiempos de Mesa, tuvieron que

pagar un tributo al reino del Norte, Israel (2 Re 3:4). La embajada parte de la Roca o Sela, que

suele identificarse con la actual Petra, ciudad excavada materialmente en la roca, y de ahí su

nombre de Sela o Roca. Otros toman Sela como denominativo del país rocoso de Edom.

Si leemos el versículo como está en hebreo: “enviad un cordero del (o al) soberano de la

tierra” (o tomándolo colectivamente: “enviad corderos.”), se alude a un donativo en especie, como

lo habían hecho antes a los israelitas del reino del Norte 2; el sentido es claro: se trataría de

una embajada enviada a Jerusalén para captar la benevolencia del rey de Judá, señor de la tierra.

En cambio, si traducimos enviad la hija del señor de la tierra, entonces aquí la hija sería en calidad

de rehén a la corte de Jerusalén, enviada desde Sela, adonde llegaba el señor de la tierra, o

príncipe moabita. Algunos comentaristas más bien creen que aquí se reflejaría el deseo de preservar

a la hija del príncipe del país, sometido a Judá, para que no cayera en manos de los invasores.

La Vg., al traducir “emitte agnum Domine, dominatorem terrae,” le da un sentido mesiá1749

nico que está fuera de contexto. La mayor parte de los autores hoy día prefieren leer con el texto

hebreo y entenderlo de un tributo en especie enviado al rey de Jerusalén para ganarle a su causa,

recibiéndolos como fugitivos y desamparados.

El profeta describe después la triste situación de los fugitivos e invita a Judá a recibirlos

humanitariamente, sin entregarlos al invasor. Las hijas de Moab aquí son las ciudades o los habitantes

de Moab en general, no sólo las mujeres. Los mensajeros urgen al rey de Judá (v.3) a tomar

una resolución rápida protectora: Resuelve, decide, haz a tu sombra como de noche en pleno

día, oculta a los desterrados. Quieren que su persona sea como una sombra, o garantía contra la

persecución, que aprieta como calor en el mediodía. Su protección será tan benéfica como la

sombra en pleno día.

Hasta que acabe el opresor, cese el devastador. y el trono se afirmará para siempre por la

clemencia, y se sentara sobre él en fidelidad, en la tienda de David, un juez que busque el derecho

y esté pronto a la justicia: estas palabras parecen tener un marcado sello mesiánico, y por eso

son extrañas en boca de los enviados moabitas. Muchos autores creen que son expresiones adulatorias

orientales para ganar la voluntad del rey de Jerusalén. Otros, en cambio, creen que estas

palabras son una adición del propio profeta, que en la devastación de Moab veía también las devastaciones

que sufriría Judá y el remedio de ellas, el Mesías. Por asociación de ideas, el profeta

tomaría pie de las palabras de los moabitas para proyectarse sobre la época mesiánica, en que

cesaría la opresión y la devastación, instaurándose un reinado de paz, basado en la búsqueda

de la justicia por parte de los gobernantes (v.5). Desde luego podemos decir que los profetas

padecen verdadera obsesión mesiánica como solución a todos los males de su tiempo; por ello,

instintivamente miran hacia aquel venturoso horizonte mesiánico futuro, razón histórica de ser

del pueblo elegido, siempre que se avecina una crisis nacional. En ese caso, la palabra país

(v.4b) tendría un sentido general, sin referirse sólo a Moab o a Judá, sino a todo país injustamente

invadido.

Invectiva contra Moab (6-12).

6 Hemos oído del orgullo de Moab, orgulloso en extremo; su arrogancia, su orgullo,

su insolencia, su vana palabrería, 7 Por eso laméntese Moab por Moab, sean todos

lamentos, suspiren profundamente conmovidos por las tortas de uvas pasas de Quir-

Jareset, 8 porque las viñas de Hesebón están marchitas. Los señores de las naciones

han pisoteado la viña de Sibma. Sus ramas se extendían hasta Jazer, sus sarmientos

iban a perderse en el desierto, se expandían y pasaban el mar. 9 Por eso uno mis

llantos a los llantos de Jazer por la viña de Sibma, y os riego con mis lágrimas,

Hesebón y Eleale, sobre cuyos frutos y cosechas caía el grito del lagarero. 10 Ha desaparecido

el gozo y la alegría del vergel, ya no hay cantos ni gritos de júbilo en las

viñas, ya no se pisa el vino en los lagares, ya cesó el canto del lagarero. 11 Por eso mis

entrañas vibran como un arpa por Moab, y mi corazón por Quir-Jareset. 12 Y sucederá

que, cuando Moab se presente y se esfuerce sobre los lugares altos y entre en su

santuario para orar, no podrá.

El pecado característico de Moab era el orgullo4, y ahora la devastación es un castigo por esa

vana jactancia. No está claro quién es el que está hablando: unos creen que es la negativa de la

corte de Jerusalén a la respuesta de la supuesta embajada de Moab pidiendo protección; otros, en

cambio, ven aquí unas reflexiones del profeta para dar razón de su tragedia nacional, siempre

enfocando los problemas históricos desde el punto de vista religioso. En este último caso, las pa1750

labras pueden considerarse como expresión de la compasión del profeta por Moab ante tanta tragedia,

o, según otros, como una elegía irónica5. Suspiren. por las tortas de uvas pasas de Quir-

Jareset: probablemente es una alusión a las comidas rituales religiosas idolátricas en dicha localidad

a base de tortas hechas de pasas, parecidas a las de dátiles que se ven en los mercados de

Oriente. Sabemos que se distribuían en las festividades religiosas 6. Las finas de Hesebón y de

Sibma (v.8) eran famosas en los pueblos circunvecinos por su excelente calidad, y sus cepas celebradas

por su tamaño extraordinario, e iban a perderse en el desierto (v.6) por el oriente. Sibma

estaba cerca de Hesebón. Quizá la actual Sumiye Jaser, hoy Kh. Sar, al oeste de Aman. El poeta

se suma al llanto general en términos subidos y emotivos (V.9-11). Ha desaparecido toda señal de

alegría: ya cesó el canto del lagarero, ya no se pisa el vino en los lagares (v.10); y de nada le

valdrá subir a los altos lugares (v.12) a implorar auxilio del dios nacional, Gamos, pues no podrá,

e.d., no conseguirá ayudarles.

Epílogo (13-14)

Muchos autores creen que este epílogo pertenece a otro autor por razones de estilo, pues desaparece

el tono afectivo y elegiaco anterior. Pero es difícil, por meros motivos de crítica interna,

querer juzgar de la paternidad literaria de un fragmento bíblico.

13 Esta es la palabra que sobre Moab pronunció Yahvé en otro tiempo: 14 Y ahora habló

Yahvé diciendo: Dentro de tres años, como años de jornalero, será abatida la gloria de

Moab con toda su turba, y quedará de ella bien poco, sin importancia.

Nada sabemos sobre el punto de partida que toma el profeta para calcular esos tres años. de jornalero,

e.d., justos, pues el jornalero o mercenario no trabaja más de lo ajustado. Lo que quiere

expresar es la destrucción a plazo fijo. Caerá toda la población, la gloria y la turba, es decir, la

clase noble y el pueblo bajo.

1 Esta traducción está basada en una reconstrucción del texto. En realidad, el texto hebreo dice: “enviad un cordero del soberano de la

tierra.” Un ligero cambio de letras da hija en vez de cordero. El texto griego dice “enviaré como reptil sobre la tierra.” La Peshitta

lee “enviaré al hijo del soberano del país.” La Vg.: “Emitte agnum, Domine, dominatorem ter-rae,” con sentido mesiánico (cf.

Condamin, o.c., 115). — 2 Cf. 2 Re 3:4. — 4 Cf. Is 25:11; Dt 23:4-7; Jer 6 — 5 Cf. Skinner, o.c., 135. — 6 Cf. Is 3:1; 2 Sam 6:19.

17. Oráculo Contra Damasco.

Se suele datar esta profecía hacia el 735, poco después de firmarse la alianza entre Rasín de

Damasco y Peqah de Samaría (9.7), antes de iniciarse las hostilidades contra Judá. Es un tópico

en la literatura profética el fustigar las alianzas políticas del pueblo de Dios con los pueblos circunvecinos,

por las consecuencias pésimas que ello acarreaba a los intereses religiosos de aquél.

Samaría se había coligado con los arameos, formando una alianza contra el posible invasor asirio.

Aquí el profeta anuncia que ambos pueblos sentirán el peso de hierro de la invasión extranjera:

Damasco será destruida y Efraím arruinada. Esta profecía estaría mejor antes del c.7 por su

contexto histórico.

Destrucción de Damasco (1-3).

1 Oráculo sobre Damasco: Ved a Damasco borrada del número de las ciudades, no

es más que un montón de ruinas. 2Sus ciudades, abandonadas para siempre1, serán

para los ganados; se tumbarán y no habrá quien los despierte. 3 Cesará de Efraím la

fortaleza, y de Damasco el reino, y del resto de Aram será lo que de la gloria de los

hijos de Israel 2, dice Yahvé de los ejércitos.

1751

Damasco será borrada del número de las ciudades, y se convertirá en majada de bestias, que

camparán por sus respetos, sin que nadie los despierte o moleste. Es el mayor castigo para una

ciudad orgullosa. De nuevo nos encontramos aquí con expresiones estereotipadas en la literatura

profética para expresar la desolación de una ciudad. Históricamente sabemos que Damasco fue

devastada, pero no reducida a ruinas, como para quedar sólo como majada de bestias. Los profetas

tienen ya un cliché hecho para expresar la desolación ideal, la máxima destrucción, al anunciar

la conversión de las ciudades en pastizales de bestias, y así lo aplican a todas las invasiones.

Como Damasco era la aliada de Efraím, o Samaría, de ahí que ésta corra la suerte de

aquélla: Cesará de Efraím la fortaleza (v.3). Efraím era la tribu principal del reino del norte de

Israel, formado por las diez tribus que se separaron de Judá después de la muerte de Salomón; de

ahí que frecuentemente aparezca en la literatura bíblica como sinónimo del reino del Norte, cuya

capital era Samaría. La fortaleza de Efraím es Siria, como avanzadilla contra Asiría. Una vez

caída aquélla, Israel quedó sin defensa y expuesto al ataque directo.

Humillación de Israel (4-6).

4 Será en aquel tiempo atenuada la gloria de Jacob, y enflaquecerá la grasa de su

carne, 5 y será corno cuando el segador recoge la mies y su brazo siega las espigas, y

será como cuando se espiga en el valle de Refaím. 6 Queda un rebusco como después

de cosechada la aceituna, dos o tres olivas en la punta de la copa, cuatro o cinco en

las ramas del árbol, dice Yahvé, Dios de Israel.

La caída de Aram trae como consecuencia la invasión de Israel, que será diezmado en. su gloria,

e.d., en su prestigio nacional, y enflaquecido en la grasa de su carne, es decir, en su parte selecta

social. Su situación se asemejará a la del olivo al que sólo quedan algunas bayas en la copa y en

las ramas, por efecto del invasor, que hará el papel del segador que recoge la mies. en el valle de

Refaím, la depresión al sudeste de Jerusalén. El profeta da por conocido este valle, y por eso parece

que habla a los habitantes de Jerusalén 3. Y como garantía de la profecía está el Dios de Israel

(v.6). El profeta busca esta denominación para hacer resaltar que el castigo viene del mismo

Dios nacional, que ama su pueblo, y por ello le envía el castigo purificador por medio de la invasión.

Conversión de Israel (7-8).

Generalmente se cree que estos versos interrumpen la ilación del oráculo, y de ahí que

sean considerados por muchos como intercalados. No obstante, la lógica profética no siempre

coincide con la nuestra; por eso hay muchos exabruptos e interrupciones inesperadas en sus discursos,

que reflejan la preocupación de su alma. Es del estilo profético intercalar amenazas y

promesas esperanzadoras para no causar una depresión exagerada moral en sus lectores. Quizá

nos hallemos ante una de dichas interrupciones inesperadas y luminosas.

7 Aquel día se volverá el hombre hacia su Hacedor, sus ojos mirarán al Santo de Israel.

8 Y no se volverá a los altares, obras de sus manos; no mirarán a lo que hicieron

sus dedos, a las “asneras” ni a los cipos del sol.

Israel, conmovido por el castigo divino, se volverá a su Hacedor (v.7), al Santo de Israel, expresión

característica de Isaías, que considera como una de las bases de su teología la noción de san1752

tidad en Dios, conforme a la visión inaugural de su ministerio, en la que los serafines aclamaban

al Dios de Israel como santo (Is c.6). Yahvé es el Santo de Israel, el incontaminado trascendente,

superior a todos, pero al mismo tiempo vinculado a Israel por un pacto solemnemente suscrito en

el Sinaí. Israel, por su parte, según las palabras del profeta, se volverá a su Dios, abandonando

sus cultos idolátricos, sus asheras, o troncos de árbol erigidos junto un altar, símbolo del bosque

sagrado dedicado a la diosa de la fertilidad, Astarté. Los cipos del sol (o jammanim en hebreo)

eran los massebas o pilares en honor del dios solar Baal-Jammán 4. En tiempo de Acaz se había

extendido mucho el culto idolátrico a causa de sus alianzas extranjeras (2 Re 16:10-13).

Ruina de Israel (9-11).

9 Aquel día serán tus ciudades fuertes abandonadas como las ciudades de los amorreos

y jeveos 5 que dejaron ante los hijos de Israel, y habrá desolación. 10 Porque te

olvidaste del Dios de tu salud y no te acordaste de la roca de tu fuerza. Por esto

plantaste los jardines de Adonis 6 y los sembraste de pámpanos extranjeros; u el día

mismo que los plantaste, lo cercaste, y en la mañana hiciste florecer a tu semilla; se

desvaneció la cosecha en el día de la angustia, y el dolor es irremediable.

Las ciudades de Israel quedarán como las de los exterminados amorreos y jeveos al llegar las

tropas de Josué a Canaán. Todo quedará desolado (V.9). Y la razón de ello será el olvido de Dios

y el culto idolátrico a las divinidades cananeas y fenicias, como Adonis, que gozaba de especial

devoción entre las mujeres. En Biblos se celebraba en la primavera todos los años el rito de la

muerte y resurrección de Adonis, símbolo de la resurrección de la naturaleza 7. Los hebreos le

llamaban Tammuz. Los jardines frondosos eran símbolo de la feracidad de la naturaleza, resucitada

por tal divinidad; de ahí los jardines de Adonis (v.10) de que habla el profeta, que estarían

en boga entonces, bajo el impío Acaz, en Jerusalén por influencia siró-fenicia. Por muy floreciente

y feraz que sea el jardín o lugar de culto de Adonis, de nada le servirá ese dios en el día de

la prueba: se desvaneció la cosecha en el día de la angustia (v.11).

Derrota de los invasores (12-14).

Parece un fragmento profético diferente; el invasor puede ser el ejército de Senaquerib,

que en el 701 se acercaba a Jerusalén. En ese caso, el oráculo tiene por fin sembrar la confianza

en el pueblo asediado, ya que Yahvé es el que rige los destinos de la historia. Muchos autores

consideran estos versos como introducción al c.18. Pero el v.14 parece cerrar bien el oráculo sobre

una supuesta invasión no concretada, pero famosa y conocida de los oyentes.

12 ¡Ay! estruendo de muchos pueblos; braman como el bramido del mar; estrépito

de naciones, como el estrépito de aguas copiosísimas; 13 y le increpa, y huye lejos,

aventado como el tamo de las montañas ante el viento, como el remolino de polvo

por el huracán. 14 A la hora de la tarde será el espanto y antes de la mañana habrá

desaparecido. Esta será la suerte de los que nos despojan, la suerte de los que nos

saquean.

La descripción altisonante del profeta sobre una invasión en masa se adapta bien a la situación de

la invasión del ejército de Senaquerib, que avanzaba como mar impetuoso, como bramido del

mar, estrépito de naciones (v.12). Pero Dios sale al encuentro, le increpa, y huye lejos (ν.13),

como el tamo de las eras que están en las colinas, donde sopla el viento con más fuerza (v.15) 8.

1753

Y la destrucción del invasor será súbita, de la noche a la mañana (v.14). Sabemos que el ejército

de Senaquerib tuvo que levantar el cerco de Jerusalén en una noche (Is 37:36).

1 El texto hebreo dice literalmente “abandonadas las ciudades de Aroer.” Como no conocemos localidad en Siria de este nombre, preferimos

la traducción del texto griego. — 2 El texto griego dice: “y el resto de Aram perecerá,” lo que hace quizá mejor sentido,

V que se obtiene por un ligero cambio en la palabra hebrea que significa “gloria.” — 3 Valle de Refaím significa “valle de los gigantes,”

y es conocido por otros pasajes bíblicos: Jos 15:8; 18:16; Rut 2:2.15; 2 Sam 5:18.22; 23:13. Vincent dice que el valle de

Refaím está más al norte, en el lugar llamado Mamila, pero no distante del Cedrón (Vincent, Jérusa-lemantique 1912 p.119-124).

— 4 Cf. Ex 34:13; Jue 6:253; Dt 16:21; 2 Re 18:4; 2 Par 14:5; Ez 6:4. El dios Baal-Jammán pasó al panteón fenicio (véase SKINNER, o.c., 144). — 5

El texto hebreo dice: “como abandono de la selva y de la cima,” que no da sentido aceptable. En la traducción hemos preferido el texto griego, que

habla de los “amorreos y heveos,” poblaciones anteriores a los hebreos en Canaán. — 6 El texto hebreo dice: “plantaste huertos encantadores”; pero

la palabra hebrea naha-man se ha relacionado con un supuesto título de Adonis, que significaría agradable, y de ahí la flor anémona, dedicada a

Adonis, según el nombre que aún lleva en árabe. De ahí que muchos autores vean una alusión a los jardines de Adonis, donde se realizaban los cultos

idolátricos (cf. CONDAMIN, O.C., 123). — 7 Cf. Platón, Fedón 276. — 8 El texto griego dice “como el tamo de aventadores.”

18. Oráculo Sobre Etiopía.

También este oráculo parece debe colocarse entre el 705 y el 701, en que era inminente la amenaza

de la invasión asiría. El motivo es una embajada etiópica de parte de su rey, probablemente

Sabaka (711-700 a.C.), que pretendía conseguir la ayuda de Judá en una liga contra Asiría. El

profeta amablemente les invita a volver a su país, diciendo que Dios se encargará de destruir a

Asiría sin el concurso humano. Sólo hacía falta confianza ciega en Yahvé, Dios nacional.

1 Ay de la tierra del zumbido de alas detrás de los ríos de Cus, la que envía mensajeros

por el mar en naves de juncos sobre las aguas 2 Id, veloces mensajeros, al pueblo

de elevada talla y piel brillante, a la nación temible y lejana, 3 a la nación fuerte y pisoteadura,

cuya tierra está surcada de ríos. Todos vosotros, los moradores del mundo,

los habitantes de la tierra, cuando sobre el monte se alce la bandera, mirad;

cuando oigáis sonar la trompeta, escuchad. 4Porque he aquí lo que ha dicho Yahvé:

Yo miro tranquilo desde mi morada, como calienta sereno un sol brillante, como

nube de rocío en el calor de la siega. 5Porque antes de la vendimia, cuando se ha

terminado la floración y la flor se convierte en maduros racimos, cortará los sarmientos

con la podadera, y aun quitará y arrancará las cepas; 6serán abandonados

todos a los buitres de los montes y a las bestias del país; allí pasarán los buitres el

verano, y las bestias del país el invierno. 7 En aquel tiempo traerán ofrendas a Yahvé

de los ejércitos, del pueblo de alta talla y piel brillante, del pueblo temible lejano,

de la nación fuerte y pisoteadora, cuya tierra está surcada de ríos, a la morada del

nombre de Yahvé, al monte de Sión.

La exclamación inicial es traducida también por ¡ayl como expresión de saludo o simpatía. Tierra

del zumbido de alas: de mosquitos, pues Etiopía era famosa por la infección de sus mosquitos,

que pululaban en torno a los ríos. Algunos ven en la palabra hebrea empleada aquí, silsal,

una alusión a la mosca tsetse 2. Detrás de los ríos (Sof 3:10): el Nilo con sus afluentes: Nilo

Blanco, Nilo Azul y el Atbara. La expresión detrás debe entenderse de modo general. Según la

Biblia, Cus estaba al sur de Asuán, en la primera catarata del Nilo, el actual Sudán. Mensajeros

por el mar en naves de juncos: eran los tradicionales barcos de papiro que surcaban el Nilo 3. Por

eso el mar puede referirse al Nilo. De todos modos, el profeta sólo quiere decir que vienen de

lejos, por vía marítima o fluvial. El profeta invita a volver a los embajadores: id, veloces mensajeros,

al pueblo de elevada talla y de piel brillante (v.1); la caracterización es perfecta al tratarse

1754

de una raza africana negroide, como los actuales sudaneses, con un color negro bruñido tirando a

bronce 4. Isaías les comunica el mensaje que han de llevar a su pueblo, pero este mensaje interesa

a todos los pueblos (los moradores del mundo, ν.3). Cuando se levante la bandera y suene la

trompeta, deben estar atentos para contemplar la gesta de Yahvé, que es lo que ha revelado al

profeta (v.4): Dios contempla sereno desde su morada celeste esperando que maduren los acontecimientos

de la historia, como el sol, que con sus rayos va madurando las cosechas, o como

nube de rocío, que acelera el proceso de maduración. Pero cuando llega el momento oportuno y

los frutos están ya madurando (cuando ha terminado la floración.), interviene en la historia,

dando un sesgo nuevo a los acontecimientos. Dios espera pacientemente que Asiría vaya colmando

su misión y que vaya realizando el plan previsto, y cuando ésta cree llegar el momento de

conseguir el fruto pleno de sus conquistas, la intervención inesperada de Yahvé frustrará totalmente

sus planes (quitará y arrancará las cepas, ν.6), es decir, le infligirá una total derrota, y los

cadáveres de sus guerreros quedarán en el campo expuestos a las aves de rapiña (v.6); y será tal

la abundancia de cadáveres, que las aves de rapiña y alimañas tendrán comida para el verano y el

invierno 5.

En el v.7 se dice que los etíopes, agradecidos, traerán presentes a Yahvé por haber destruido

el ejército asirio, el enemigo común. Por razones de metrología, muchos críticos creen que

este verso es una glosa posterior.

19. Oráculo Sobre Egipto.

Esta profecía suele dividirse en dos partes: a) parte poética, castigo de Egipto por Yahvé (v.1-

15); b) en prosa: conversión de Egipto (ν. 16-25). Generalmente se suele admitir la autenticidad

isaiana de la primera parte, poética (1-15). La segunda parte, por razones de estilo y por las alusiones

históricas, es considerada por muchos críticos como posterior a Isaías, y algunos llegan

hasta suponer que fue compuesta en el sigloVIII 6. La composición de la primera parte suele ponerse

entre el 720 (toma de Rafia por Sargón) y el 701 (invasión de Palestina por Senaquerib

hasta Egipto). Egipto fue tomado por Asaradón en el 670 antes de Cristo, con lo que se cumplió

plenamente la profecía de Isaías.

Guerra civil en Egipto (1-4).

1Oráculo sobre Egipto: Ved cómo Yahvé, montado sobre ligera nube, llega a Egipto;

ante El tiemblan todos los ídolos de Egipto, y el corazón de Egipto se derrite en su

interior. 2“Armaré a Egipto contra Egipto, y lucharán hermanos contra hermanos,

amigos contra amigos, ciudad contra ciudad, reino contra reino. 3 Y el espíritu de

Egipto será vaciado en su interior, y desbarataré sus consejos, y preguntarán a los

ídolos y a los hechiceros, a los evocadores y adivinos. 4 Y entregaré a Egipto en manos

de duro dueño, y un rey fuerte se adueñará de ellos, dice el Señor, Yahvé de los

ejércitos.”

El profeta presenta a Yahvé viniendo sobre las nubes 7 camino de Egipto, sembrando el pánico

entre los ídolos de dicho reino, porque ven su próxima ruina. El corazón de Egipto se derrite en

su interior (v.1), e.d., pierde Egipto su coraje y presencia de ánimo y desfallece. Yahvé pronuncia

su sentencia: vendrá la guerra civil (armaré a Egipto contra Egipto, reino contra reino);

Egipto estaba dividido en nomos o provincias con cierta autonomía; pero ahora lucharán entre sí

1755

en vez de ayudarse. Sabemos que en el 720 algunos príncipes de estos nomos habían tomado el

título de rey. Con la instauración de la dinastía etiópica por Pianki (715) cundió la división. En la

situación caótica creada, el espíritu de Egipto será vaciado en su interior, es decir, perderá el

control, y sus gobernantes acudirán, insensatos, a los ídolos en busca de auxilio, siendo entregados

en manos de un duro dueño, rey fuerte, probablemente Asaradón, conquistador de Egipto en

el 670 antes de Cristo. Otros proponen a Senaquerib, Cambises, Jerjes o al rey etiópico Tirhaqa

como futuro dueño.

Ruina material e industrial de Egipto (5-10).

5 Las aguas del mar se agotarán, y el río se consumirá, se secará, 6 y apestarán los

canales, bajarán y se secarán los ríos de Egipto8; juncos y cañas se mustiarán. 7 Las

praderas sobre el Nilo, a las riberas del Nilo, cuanto el Nilo hace brotar, se secará, se

disipará y dejará de ser. 8Y gemirán los pescadores, y se lamentarán cuantos echan

en el Nilo el anzuelo, y cuantos extienden la red en las aguas languidecerán. 9Y se

avergonzarán los que trabajan en lino; peinadoras y tejedores palidecerán. 10 Sus tejedores

serán oprimidos,9 y todos los obreros apesadumbrados.

A este desorden social siguen las calamidades materiales. El sistema antiguo de irrigación egipcio

era muy complicado y dependía de la armonía de las diversas provincias. Aguas del mar

(v.5): aquí significa el Nilo, que en tiempos de inundación parecía un mar: “Nili aqua man similis

est” (Plinio). Aun hoy día es llamado por los árabes “el mar” (El-bahar). Ríos de Egipto: los

canales y afluentes. Al secarse el río, desaparecerá la vegetación. Con ello vendrá también el

duelo general de los pescadores (v.8). Las industrias textiles serán también afectadas por la sequía

(V.9-10), y con ello todos los que viven de un salario.

Estulticia de los consejeros del faraón (11-15).

11 Los príncipes de Zoán son del todo locos; los sabios consejeros del faraón son de

necio consejo. ¿Corno decís al faraón: Somos hijos de sabios, hijos de antiguos reyes?

12¿Dónde están, pues, tus sabios? Infórmente y dente a saber lo que Yahvé de

los ejércitos ha determinado sobre Egipto. 13 Los príncipes de Zoán son del todo locos,

los príncipes de Menfis van errados, los jefes de sus tribus engañan a Egipto.

14Yahvé ha derramado en su interior un espíritu de vértigo, y descarrían a Egipto en

cuanto hacen, como se tambalea un borracho al vomitar. 15Y no habrá para Egipto

obra alguna, háganlo cabeza y cola, palmera y junco.

Zoán es la actual San y el antiguo Tanis de los griegos, al nordeste del Delta. Fue capital de los

hicsos y de las dinastías XXI y XXIII. Aquí la expresión príncipes de Zoán equivale a “príncipes

de Egipto.” Los sabios consejeros: la sabiduría era hereditaria, y sus conocimientos esotéricos se

comunicaban de padres a hijos, sobre todo en la clase sacerdotal. El faraón les solía consultar en

las decisiones importantes (Ex 7:11; Gen 41:8). Hijos de antiguos reyes: pertenecientes a la clase

sacerdotal en relación con la real. El profeta se encara con el faraón (v.12) ante la nulidad de sus

sabios y consejeros, invitándole a que explore los planes de Yahvé. Menfis: capital del Bajo

Egipto10. Jefes de sus tribus (v. 13): los gobernadores de los nomos o provincias. Yahvé se encargará

de sembrar en ellos la confusión para que anden vacilantes como el que está ebrio, con

espíritu de vértigo (v.14). La situación confusa será tan general en todos los estratos sociales, que

de nada servirá lo que quieran hacer por remediar la situación, háganlo cabeza y cola, palmera y

1756

junco, e.d., pertenezcan al grado alto de la sociedad o al bajo fondo, idea plásticamente expresada

con el símil de la cabeza y la cola, la majestuosa palmera erguida y el humilde junco, que se

encorva.

Terror general en Egipto (16-17).

16 Aquel día serán los egipcios como mujeres, se aterrarán y temblarán ante la mano

agitada de Yahvé de los ejércitos, que hace blandir sobre ellos. 17 Y será la tierra de

Judá motivo de espanto para Egipto; quienquiera que la oiga nombrar, temblará

ante los designios de Yahvé de los ejércitos que decidió sobre él.

Todos los egipcios temblarán al oír el nombre de Judá (v.17), porque les traerá a la memoria la

obra terrible puesta en obra por su dios Yahvé de los ejércitos.

Conversión de Egipto a Yahvé (18-22).

18 En aquel día habrá en tierra de Egipto cinco ciudades que hablarán la lengua de

Canaán y jurarán por Yahvé de los ejércitos, y de ellas una se llamará la Ciudad del

Sol11. 19 Aquel día habrá en medio de la tierra de Egipto altar para Yahvé,y en sus

fronteras estelas de Yahvé 12. 20 Esto será para Yahvé de los ejércitos señal y testimonio

en la tierra de Egipto, y cuando llamen a Yahvé en sus tribulaciones, Yahvé

les mandará un salvador, que luchará y los salvará. 21Yahvé hará que los egipcios le

conozcan, y Egipto conocerá aquel día a Yahvé, y le ofrecerán sacrificios y oblaciones,

y harán votos a Yahvé, y los cumplirán. 22 Y Yahvé castigará a Egipto hiriendo

y sanando, y se convertirán a Yahvé, que se dejará mover a compasión y lo curará.

El v.18 plantea una cuestión difícil, a saber, cómo entender ese número de cinco ciudades Si tiene

un sentido indeterminado, indicaría que algunas ciudades se convertirían a Yahvé 13. Otros

ven un número concreto, es decir, cinco ciudades que reconocerían a Yahvé de hecho, y, según

Hitzig, serían Leontópolis, Heliópolis, Migdol, Dafne y Menfis. Serían lugares donde habría colonias

judías. Lengua de Canaán es la hebrea, que era la que se empleaba en el culto de Yahvé,

Dios verdadero. El número de cinco ciudades convertidas a Yahvé era reducido, pero era una

semilla de bendición en Egipto, suficiente para atraer las miradas y benevolencia de Yahvé. Ciudad

del Sol (v.18): si está correctamente leído, siguiendo a la Vg. y a Símaco, sería Heliópolis,

que en la Biblia es llamada On (Gen 41:50), célebre por su templo al sol, que Jeremías llama

(43:3) “casa del sol” (Beth-Shemesh). En la época persa hubo ahí una fuerte colonia judía, y aun

hoy día se ve cerca un montículo llamado “colina de los judíos” (Tell-Yehudie)14. Se establecerá

un altar para Yahvé, para los sacrificios cruentos e incruentos u ofrendas. Según Flavio Josefo, el

pontífice Onías IV se fundaba en este versículo para argumentar a los de Jerusalén sobre su derecho

a erigir un altar a Yahvé en Egipto, en Leontópolis (llamado así por la diosa Bast, que se

adoraba allí con cabeza de “león”). En la mente del profeta no parece que se trata de una colonia

judia que dé culto a Yahvé, sino de una población egipcia que se convertiría a Yahvé, y que estaría

en medio de Egipto, lo que indica la toma de posesión de Yahvé de este reino. Además, en la

frontera habrá “una estela” (o massebah), es decir, un monolito indicador conmemorativo, que

hará recordar a todo el que entre en Egipto que esta región pertenecía a Yahvé y que le había

protegido. No sabemos a qué frontera se refiere el profeta: la de Asia, Libia o la meridional con

Etiopía. Al mismo tiempo, esa estela y altar recordarán a Yahvé que tiene adoradores también en

Egipto y es su protector. Por eso enviará un salvador que los salvará (v.20) en tiempos de angus1757

tia, como lo había hecho con los israelitas en los tiempos de los jueces 15. Los egipcios, en cambio,

reconocerán a Yahvé como verdadero Dios (v.21), y si Yahvé los vuelve a castigar, es para

curarlos (v.22), no para exterminarlos como a otros pueblos gentiles.

Egipto y Asiría reconocen a Yahvé (23-25).

23 Aquel día habrá un camino de Egipto a Asiría, y Asiría irá a Egipto, y Egipto a

Asiría, y Egipto juntamente con Asiría servirán a Yahvé. 24 Aquel día Israel será

tercero con Egipto y Asiría, como bendición en medio de la tierra. 25 Bendición de

Yahvé de los ejércitos, que dice: Bendito mi pueblo de Egipto, y Asiría, obra de mis

manos, e Israel, mi heredad.

La enemistad tradicional entre Egipto y Asiría desaparecerá y se establecerá una vía de comunicación,

un camino (v.23), a través de Palestina, entre ambas para el tránsito pacífico del comercio,

y sobre todo para los nuevos prosélitos del culto de Yahvé, ya que tanto Egipto como Asiría

se rendirán al culto de Yahvé. Israel será el tercer miembro de la alianza (v.24), y por medio de

él se comunicará la bendición (v.24) a los otros pueblos. Indudablemente que aquí hay una alusión

a la promesa hecha por Dios a Abraham de que en él serán benditos todos los pueblos (Gen

12:1-3). Nos encontramos en esta profecía con la plena idea de universalismo mesiánico, y es de

notar la magnanimidad del oráculo teniendo en cuenta que Israel había sido saqueado y oprimido

repetidas veces por ambas grandes potencias imperiales. Al ser incorporados Egipto y Asiría al

reino de Yahvé, estos pueblos participarán del título y privilegio de Israel de ser llamado mi pueblo

y obra de mis manos (v.25) por el mismo Yahvé. Egipto será el pueblo de Yahvé, como adorador

suyo; Asiría será la obra de sus manos, en cuanto que la ayudó, e Israel será la herencia de

Yahvé, pueblo escogido y mediador entre Yahvé y las demás naciones. Estas frases son del todo

desacostumbradas y rompen con todo particularismo local. Es el horizonte universalista mesiánico

en su plena manifestación. Muchos autores coligen de ello que la profecía es posterior

al destierro; no obstante, ya antes del exilio tenemos vestigios de afirmaciones universalistas. En

Israel, la corriente ideológica universalista se va desarrollando paulatinamente; pero ya desde la

promesa hecha a Abraham por Dios de ser objeto de bendición para todos los pueblos encontramos

proclamada esta idea universalista. La incorporación de los prosélitos en la primera época

del desierto es un indicio de este universalismo incipiente.

l Algunos entienden la frase hebrea en sentido temporal : “a partir de entonces y más “aquella, e.d., desde el principio. — 2 Cf. Skinner,

o.c., 149. — 3 Cf. Plinio, XIII u10 — 4 Cf. Herodoto, 3:20:114: “Se dice que los etíopes son los más grandes y bellos de todos

los hombres.” — 5 Cf. Ez 39:115; Jer 7:33; 1 Sam 17:46; 2 Sam 21:10. — 6 Condamin (o.c., 133) no considera suficientes las

razones aducidas para negar la autenticidad isaiana de 16-25 (cf. Skinner, o.c., 152). — 7 Cf. Sal 18:10; 68:33; Dt 33:26. — 8 El

texto hebreo lee “ríos de Masor,” que parece ser una variante del nombre hebraico de Egipto (Misrayim) según el nombre asirio

Mu.sur; cf. Is 38:25; 2 Re 19:24; Miq 7:12. — 9 El texto hebreo dice literalmente “sus columnas,” pero el texto griego y el Targum

leen “sus tejedores,” con un ligero cambio en la vocalización de la palabra hebrea. — 10 El texto hebreo dice No/(Os 9:6,

Mof) para designar Menfis, pronunciaciones dialectales del jeroglífico egipcio Men-nufr o Mennofer, Estaba cerca de El Cairo actual.

— 11 El texto hebreo lee “ciudad de destrucción,” que no parece encajar en el contexto de bendiciones de Dios. La Vg. y

Símaco traducen “Ciudad del Sol” o Heliópolis, lo que se obtiene cambiando ligeramente una vocal hebrea. El texto griego lee

“Ciudad de Justicia.” También otros leen “Ciudad del León” (Leontópolis, donde Onías IV levantó un templo a Yahvé en 16o

a.C.) según una etimología árabe. — 12 En hebreo massebah: pilar o monolito dedicado en el culto cananeo a las divinidades. —

13 Herodoto (11:177) dice que había en Egipto 20.000 ciudades. — 14 Se suele explicar el texto hebreo “ciudad de la destrucción”

como una adulteración irónica (por cambio de letras) hecha por los judíos de Palestina sobre el nombre “Ciudad del Sol,” ya

que no estab UEconformes con el templo levantado por Onías IV en Leontópolis €n 16o a.C. El nombre “Ciudad de Justicia” del

texto griego refleja un epíteto que expresaría la idea general de bendición del capítulo. — 15 Algunos ven en la palabra salvador

una alusión al nombre Soter de algunos Ptolomeos. Cf. Jue 3:9.15; 2 Re 13:5. — 16 El texto griego lee “la vergüenza de Egipto,”

es decir, la humillación bochornosa. Muchos consideran la frase “desnudez de Egipto” como una glosa.” El texto griego omite

también la palabra nalgas como indecorosa. — 17 Cf. Gressman, Altorientalische Texte und Bilder zum A.T. 2.a ed. p.35os.

1758

20. Oráculo sobre Egipto y Etiopía.

Esta profecía está redactada en una época bien concreta, durante la incursión del Tartán, o generalísimo

asirio, sobre Filistea en el 711 antes de Cristo. Asdod se había puesto a la cabeza de una

coalición antiasiria. Sargón, rey de Asiría, primero depuso al rey y después la invadió e incorporó

a Asiría como provincia del imperio. Esta campaña duró unos tres años. En Jerusalén sentían

simpatía por la liga antiasiria, y el profeta Isaías les previene. Para hacer más impresión, anda

por las calles de Jerusalén descalzo y semidesnudo, prefigurando así la futura desnudez de los

cautivos egipcios y filisteos camino de Asiría. Por tanto, Judá no debía sumarse a la política de

resistencia preconizada por Egipto, Etiopía y Filistea.

1 El año en que el Tartán vino a Azoto mandado por Sargón, rey de Asiría, y combatió

Azoto y la tomó, 2 en aquel tiempo habló Yahvé por Isaías, hijo de Amos, diciendo:

Ve, quítate de tus lomos el saco y descálzate los pies, Hízolo así Isaías, andando

desnudo y descalzo, 3 y dijo Yahvé: Como anduvo Isaías, mi siervo, desnudo y descalzo

tres años, señal y pronóstico sobre Egipto y Etiopía, 4 así llevará el rey de Asiría

a los cautivos de Egipto y a los desterrados de Etiopía, mozos y viejos, desnudos

y descalzos, al aire las nalgas, la desnudez de Egipto16. 5 Y los que contaban con

Etiopía y se enorgullecían de Egipto, quedarán consternados y confusos, 6 y los moradores

de esta tierra dirán: Mirad a los que eran nuestra esperanza, a los que pensábamos

acogernos para que nos sirvieran de refugio y protección contra el rey de

Asiría. ¿Cómo escaparemos nosotros ?

La introducción histórica es muy precisa. El profeta cumplió esta acción simbólica que va a describir

en ocasión en que el Tartán vino a Azoto mandado por Sargón. La palabra tartán lleva un

marcado sello de autenticidad, pues era, efectivamente, el título oficial del “generalísimo” asirio

en las campañas cuando no iba personalmente el rey. Es la pronunciación dialectal hebrea del

tartanu de los textos cuneiformes. Sargón es el sucesor de Salmanasar V, conquistador de Samaría

en el 721. Conocemos al detalle esta expedición sobre Filistea de que habla Isaías 17 por dos

de las inscripciones del mismo Sargón. Por ellas sabemos que el rey Azur I de Asdod se rebeló

contra Asiría y que fue después sustituido por su hermano Aquimeti, quien a su vez fue expulsado

por los habitantes de Asdod, que eligieron rey a uno de los insurrectos, Yamani. Sargón envió

una expedición, y conquistó Asdod, incorporando su territorio al imperio asirio. Yamani tuvo

que refugiarse en Etiopía, donde reinaba Meluja, quien le entregó a Asiría. Judá se libró por esta

vez de las severidades de los conquistadores asirios. Es en este ambiente de invasión en el que se

desarrolla la acción simbólica profética de Isaías. Por orden de Yahvé tiene que andar descalzo y

semidesnudo, sin el manto superior o saco, que era el vestido característico de los profetas (2 Re

1:8; Zac 13:4). El andar sólo con su túnica era algo que llamaba la atención, pues Isaías era de

alta posición social. Con ello simbolizaba la desnudez de los cautivos egipcios y etíopes llevados

al exilio (v.4).

21. Oráculos sobre Babilonia, Edom y Arabia.

Estos tres oráculos se caracterizan por su expresión oscura, sus elementos visionarios y la simpatía

por las naciones extranjeras, a las que se refieren las profecías. Muchos autores creen que

1759

éstas no son características literarias de Isaías; no obstante, reconocen que hay muchas expresiones

isaianas en la primera parte (1-10).

Oráculo sobre Babilonia (1-10).

El horizonte histórico es similar al de los c.40-66 del libro de Isaías. De ahí que la solución

al problema de su autenticidad tiene que ser también semejante. Esa caída de Babilonia debe

de ser la conquista de Babilonia por Ciro en el 538 antes de Cristo, ayudado de medos y elamitas.

Anuncio de la invasión (1-4).

1 Oráculo sobre el desierto del mar. Como huracán del Negeb desencadenado, viene

del desierto, de la tierra espantosa. 2 Me ha sido mostrada una dura visión: saqueadores

saqueando, aseladores asolando, Sube Elam, asedia Media. Yo hago cesar todo

gemido. 3 Por eso mis ríñones se han llenado de espasmo; soy presa de dolores

como de parturienta; y aturdido, ya no oigo; espantado, ya no veo. 4 Pasmóse mi corazón,

el terror me invadió; la hora del crepúsculo, por mí deseada, se trocó para mí

en espanto.

La profecía versa acerca del desierto del mar, expresión que suele considerarse como paralela a

la de país del mar de los documentos cuneiformes2, que comprendía la Arabia desde el golfo

Pérsico hasta el mar Rojo. Pero las palabras del mar faltan en el texto griego, y por eso muchos

creen que se titula profecía sobre el desierto, porque de esa región proviene la invasión. Otros

creen que es una designación enigmática de Babilonia, que, según Herodoto, había sido un tiempo

mar 3. No olvidemos que el estilo de este fragmento profético es enigmático y lacónico en extremo,

y se buscan intencionadamente las frases oscuras. El profeta presenta la invasión como un

huracán procedente del Negeb, o del sur de Palestina (v.1); viene del desierto, e.d., la zona inmensa

esteparia que separa Babilonia de Palestina. El profeta confiesa que su visión es dura

(v.2), por las cosas terribles que presencia, y que conmueven las entrañas del mismo. Ve a los

elamitas y medos haciendo presa en la gran ciudad de Babilonia (v.2), y en su visión le parece

percibir una voz que empuja a los invasores: Sube Elam, asedia Media. El profeta se figura a

Babilonia, como a Jerusalén, sobre una montaña, y así a los invasores “subiendo” hacia su objetivo

militar. Elam tenía por capital Susa, estaba al norte del golfo Pérsico y al este del Tigris.

Media estaba al norte de Elam. Ciro, príncipe de Anzán, provincia elamita, logró ponerse al frente

de ambos reinos en el 549 antes de Cristo, y en el 539-38 cayó sobre Babilonia. La expresión

yo hago cesar el gemido (v.2) parece debe aplicarse a las poblaciones que se ven libres de la

opresión babilónica. El profeta se siente conmovido ante tanta tragedia: la hora del crepúsculo

deseada se trocó para mí en espanto, e.d., la hora del frescor de la tarde, tan deseada después de

un día de fatiga y de calor, en lugar de darle el reposo esperado, le ha fatigado más al contemplar

tan trágica visión, que le conmueve y excita.

La invasión, en marcha (5-10).

5 Han puesto la mesa, han tendido el mantel, se come, se bebe. ¡Arriba, príncipes, a

engrasar el escudo! 6 Porque así me ha dicho el Señor: Ve, pon un atalaya que comunique

lo que vea, 7 y si ve un tropel de caballos, de dos en dos, tiros de asnos, tiros

de camellos, 8 que mire atentamente, muy atentamente, y que grite: “Ya veo.”4 Así

estoy yo, Señor, en atalaya, sin cesar todo el día, y me quedo en mi puesto toda la

1760

noche. 9 Y he aquí que llegan tropeles de gente, tiros de caballos, y comenzaron a

hablar, diciendo: ¡Cayó, Babilonia ha caído, y todas las estatuas de sus dioses yacen

por tierra destrozadas! 10 ¡Oh mi (pueblo) trillado e hijo mío de la era! lo que he oído

de parte de Yahvé de los ejércitos, del Dios de Israel, yo te lo he hecho saber.

El profeta describe gráficamente la llegada de los invasores cuando más descuidados estaban

preparando el banquete los babilonios. El nerviosismo y preocupación del profeta contrasta con

la despreocupación de los grandes de Babilonia, que se entregan a las orgías sin sospechar el peligro:

Han puesto la mesa. (v.5), y de pronto se oye la voz de alarma: ¡Arriba, príncipes, a engrasar

el escudo! El enemigo está a las puertas y es preciso prepararse a la defensa, y para ello

deben entesar el escudo de cuero, dándole de grasa, para que los cuerpos resbalen 5. De repente

la descripción cambia, y aparece el profeta invitado por Dios a poner un centinela para comunicar

lo que pasa: Ve, pon un atalaya (v.6). Cuando éste vea tropeles de caballos con carros de

guerra, comprenderá la visión. Los ejércitos entonces utilizaban el caballo como animal de tiro

para los carros de combate, no como soporte del jinete, del caballero, que pondrían de moda los

escitas. Los elamitas se dedicaban a la cría de asnos, y los medopersas empleaban los camellos.

Con ellos iban los asnos y camellos para el abastecimiento general. Los persas los empleaban

también como cabalgaduras para la batalla 6. El profeta mismo se ofrece de centinela: Aquí estoy

en atalaya (v.8), y es testigo de la invasión: tropeles de gente, tiros de caballos (V.9). Y por fin

se oye la aclaración del enigma: ¡Cayó, Babilonia ha caído! es el grito de una voz que resuena

en el espacio. Con ello desapareció el culto de los ídolos. El profeta se vuelve, por fin, a su pueblo

para consolarle por tantas aflicciones, y le compara al grano (hijo de la era) batido en la era.

Como el trigo es purificado en la era, así lo será Israel después de las aflicciones causadas por la

opresión babilónica. Lo que ha oído lo comunica para consolarles.

Oráculo sobre Edom (11-12).

11 Oráculo sobre Edom. Danrne voces desde Seir: Centinela, ¿qué hora es de la noche?

Centinela, ¿qué hora es de la noche? 12 El centinela dice: Viene la mañana y

también la noche. Preguntad si queréis, volved a venir.

El oráculo es sumamente misterioso y enigmático. El autor juega con nociones oscuras, dando

frases concisas, cuyo sentido es ambiguo. El texto hebreo no dice Edom, sino Duma, que era

probablemente la actual Dumat ed-Djendel, al norte de Tema, al sudeste de Seir, en Edom. El

texto griego lee expresamente Edom. Indudablemente que se refiere a esta región. Quizá haya

escogido el nombre de Duma jugando con el nombre de Edom, aludiendo al carácter misterioso

del oráculo (duma en hebreo significa “silencio”); así aquí sería el “oráculo del silencio,” conforme

a lo que sigue 7. Seir es la zona montañosa al sudeste del mar Muerto, que fue poblada

primero por los joritas y después por los edomitas (Gen 14:6). Aquí aparecen los edomitas, o

habitantes de Seir, inquietos, preguntando al profeta cuándo pasa la noche de la tribulación: Centinela,

¿qué hora es de la noche? Aquí noche parece tener el mismo sentido que en Is 8:22; 9:1,

e.d., un tiempo de desventura. La respuesta del profeta o centinela es enigmática. Parece decir

que la presente noche está para terminar, y que vendrá pronto la claridad del día, pero que no tardará

en volver otra noche de desventura: Viene la mañana y también la noche (v.12), invitándoles

a que vuelvan a preguntarle para poder precisarles más esto. Quizá quiera decir el profeta que

aún no sabe detalles sobre la próxima noche, pero que espera nuevas luces de Dios, que más tarde

les podrá comunicar. Si se une esta profecía con la anterior sobre Babilonia, podemos consi1761

derar a los edomitas preocupados por la suerte de su aliada Babilonia, pues se comprometerá su

comercio y bienestar.

Oráculo sobre Arabia (13-17).

Si esta profecía forma parte de las otras dos anteriores, podemos ver aquí las consecuencias

de la invasión persa en el desierto, comprometiendo las caravanas comerciales de Arabia, ya

que éstas se verían obligadas a salir de las rutas caravaneras ordinarias para vivir en lugares apartados.

Arabia era famosa por su tráfico comercial en especias, y el ataque a sus rutas comerciales

formaba parte de la estrategia de los antiguos conquistadores orientales.

13 Oráculo sobre Arabia 8. Pasad la noche en el bosque, en la estepa, caravanas de

Dedán. 14 Al encuentro de los sedientes traed agua; habitantes de la tierra de Tema,

con su pan id al encuentro de los fugitivos. 15 Porque van huyendo de la espada, de

la espada desenvainada, ante los tensos arcos y ante la violencia de la batalla. 16

Porque así me ha dicho Yahvé: Dentro de un año, como año de jornalero, se acabará

toda la gloria de Cedar, 17 y el resto del número de arcos de los valientes hijos de

Cedar será reducido, porque Yahvé, Dios de Israel, ha hablado.

El profeta invita a la tribu árabe de Dedán a refugiarse en los lugares inaccesibles de la estepa 9,

y llama después a los habitantes de Tema para que vayan en su socorro con agua y pan. Las caravanas

de Dedán han tenido que abandonar la ruta caravanera regular, escalonada con puestos

comerciales de auxilio, y se ven obligadas a vivir en la estepa para no caer en manos de los asaltantes

que controlan los caminos regulares (v.15). El profeta siente compasión por esas caravanas

en situación crítica, y llama a los de Tema, que está cerca, para que las auxilie 10. Con su pan,

e.d., el que necesitan los fugitivos. No se especifica quiénes son los invasores de espada desenvainada.

Los que creen que esta profecía es de Isaías suponen que los de Dedán huyen de alguna

incursión asiría; en cambio, los que mantienen que el autor de la profecía vivía en la época del

exilio, dicen que el invasor es el ejército persa, que se habría infiltrado en una razzia por el desierto

después de caer Babilonia.

En el ν. 16 se da la interpretación de la profecía, y es considerado generalmente por los autores

como un apéndice posterior, similar al de 16:14 Que hemos visto. Cedar es una famosa tribu del

desierto siró-arábigo (Is 60:7; Ez 27:21), y su nombre era sinónimo del desierto arábigo del norte.

La principal arma de los árabes era el arco (v.17; cf. Gen 16:13).

1 Así el texto hebreo. — 2 Cf. RB (1922) p.403ss. — 3 Herod., 1:184. — 4 El texto hebreo dice “gritó el león,” que algunos entienden

“gritó como león.” Con un ligero cambio de vocalización, tenemos “yo veo.” — 5 2 Sam 1:21. — 6 Cf. Herod., 1:80; Skinner,

o.c., 171. — 7 Cf. Skinner, o.c., 172. — 8 En el texto griego falta “Oráculo sobre Arabia,” y en vez de “estepa” se lee “en la tarde,”

que hace también sentido. Depende de un cambio de vocales. — 9 Cf. Gen 10,7; 25:3; Ez 27:20; 38:13; Jer 49,8; Ez 25:13.

Se supone que estaba al norte del golfo del Akaba actual. — 10 Tema es la actual Teima, al norte del Hedjaz, entre Akaba y el golfo

Pérsico.

22. Oráculo Sobre Jerusalén.

El profeta, testigo del placer inconsciente y la actitud exultante del pueblo de Jerusalén, levanta

su voz de alerta para anunciar un castigo de parte de Dios. La forma en que está relatado puede

entenderse como una profecía o como un hecho histórico, si bien en el contexto se explica mejor

en la primera hipótesis. Por otra parte, no sabemos si la profecía (1-14) formaba primitivamente

1762

una unidad o si hay dos fragmentos diferentes de diversas época (1-8a y 8b-14). Para la segunda

parte (8b-14), en razón de los preparativos de defensa, muchos autores asignan la fecha en que

era inminente el sitio de Jerusalén por Senaquerib (701 a.C.); otros, en cambio, prefieren ver

aquí un oráculo del tiempo de la guerra siro-efraimita (734 a.C.).

Derrota del ejército de Judá (1-3).

1 Oráculo sobre el valle de la Visión. ¿Qué tienes para subirte así, toda, a los terrados,

2 ciudad turbulenta, llena de tumulto, ciudad alegre? Tus heridos no son heridos

a la espada y no han muerto en el combate. 3Tus caudillos huyeron todos a la

vez 1, han sido apresados sin arco; y todos tus valientes han sido tomados en masa,

huían lejos.

El título Oráculo sobre el (o del) valle de la Visión está tomado del v.5. Es una frase enigmática.

Algunos creen que es un nombre propio (valle de Jizzayón) o un nombre simbólico equivalente a

Jerusalén. No faltan autores que suponen que era el valle en que habitaba el propio Isaías, donde

tenía sus visiones, y lo quieren identificar con el valle del Tiropeón (entre las dos colinas sobre

las que se asentaba la antigua Jerusalén), o el “valle de Hinnón,” que rodeaba por el sudoeste a la

ciudad, el actual er-Rababy o gehenna de los tiempos rabínicos. En todo caso, Isaías piensa en

un lugar a las afueras de Jerusalén. El profeta se encara con la población, que inconsciente se entrega

a transportes de alegría, subiéndose a los terrados (v.1) para presenciar algún desfile militar

o la entrada de un embajador o del rey Padi de Ekrón, entregado a Ezequías como custodia en

Jerusalén, o sencillamente celebrando fiestas familiares en las terrazas, como era costumbre 2.

Isaías contempla con su mirada profética el triste espectáculo de los caudillos de Judá muriendo,

no honrosamente en la batalla, sino en vergonzosa huida.

Invasión de Judá (4-7).

4 Por eso os digo: Apartad la mirada de mí; lloraré amargamente; no os esforcéis en

consolarmepor la devastación de la hija de mi pueblo. 5Porque es día de alboroto, de

conculcación y de consternación de parte del Señor, Yahvé de los ejércitos. En el valle

de la Visión, derrumbamiento de murallas, e1 griterío en la montaña3. 6Y Elam

ha tomado la aljaba, Aram ha montado a caballo 4, Quir ha desenfundado el escudo.

7Tus valles mejores están llenos de carros, 1o acampan los jinetes junto a la puerta.

El profeta no puede contener el dolor y rechaza todo consuelo ante la tragedia de su pueblo, la

hija de mi pueblo (v.4), es decir, los habitantes de Jerusalén, sus compatriotas. Es una frase que

sólo aparece aquí en Isaías, pero que es frecuente en Jeremías. El profeta no quiere frivolas frases

de consuelo, sino obras de arrepentimiento y penitencia, único medio de apartar la catástrofe

enviada por Dios, pues proféticamente ve entrar a los ejércitos invasores por el valle de la

Visión, e.d., por la parte inferior de la ciudad, derrocando sus muros, mientras el pueblo corre

hacia la parte alta de la ciudad con gritos despavoridos (v.5). Y a continuación enumera por naciones

el abigarrado ejército asirio que asalta la ciudad: Elam ha tomado la aljaba., e.d., los

mercenarios arqueros elamitas enrolados en el ejército de Senaquerib. Quir, patria de los árameos,

que entonces era un país vasallo de Asiría (2 Re 16:9; Am 1:5; 9:7), en el desierto siróarábigo,

hacia el Tigris medio. El espectáculo es impresionante, pues ve a los mejores valles

(e.d., la parte sur de Jerusalén, donde estaban los jardines del rey y las huertas más feraces) inundados

de carros de guerra, acampando junto a la puerta para cerrar toda posibilidad de escapar a

1763

los habitantes.

Preparaciones para la defensa (8-11).

8 Y descubrirá el velo de Judá, y miraréis aquel día al arsenal de la casa del bosque,

9 y veréis que las brechas de la ciudad de David son numerosas, y recogeréis las

aguas del estanque inferior. 10 Contaréis las casas de Jerusalén, y derribaréis las casas

para fortalecer las murallas. 11Υ haréis depósito entre los dos muros para las

aguas de la piscina vieja, pero no miraréis al que ha hecho esto, no veréis al que de

mucho ha las preparó.

La primera frase es oscura, y puede unirse al verso anterior y ser sujeto del verbo el enemigo que

ataca o Yahvé, y aun indefinido. Así, unos suponen que el velo es una fortificación que cubría a

Judá, puesta al descubierto con los ataques enemigos. Según otros, sería el velo que cubría los

ojos de los habitantes de Jerusalén, que no querían ver la realidad que ahora se les echa encima.

La prueba abriría los ojos de los habitantes de Jerusalén, y, ante el ataque inminente, lo primero

que harían sería ir a la armería real, instalada en la casa del bosque del Líbano (v.8), o salón de

columnas de madera de cedro (1 Re 7:2; 10:17), construido por Salomón. Después se dirigirían a

las murallas para ver en qué estado se hallaban las brechas de la ciudad de David (V.9), que así

se llamaba la ciudadela de Sión (2 Sam 5:7), sobre el sudoeste del Ofel, el ed-Dehura actual. Se

preocuparían de aprovisionarse de aguas entre los dos muros.. para las aguas de la piscina vieja

(ν. 11), la actual birket-el-Hamra, al sur del Ofel, que recogía el agua de la piscina superior por

el segundo canal (cf. 7:3). Contaréis las casas para adaptarlas a las necesidades de la fortificación.

El depósito (v.11) parece ser la piscina de Siloé, distinta de la piscina vieja, que es la misma

llamada antes inferior (v.8). Se la llama vieja en relación con la de Siloé, que era posterior, e

inferior en relación con el depósito que está a la salida de la fuente de Gihón. Ezequías hizo un

nuevo canal, llamado de Siloé (de 550 metros de largo), para llevar dentro de las murallas el agua

desde Gihón a la piscina superior. Entre dos muros, sin duda el de la ciudad y otro que servía de

terraplén y de pared del canal antiguo. Por fin, el profeta les echa en cara el haberse preocupado

demasiado de los medios materiales de defensa, sin dirigirse a Dios, que es quien ha enviado toda

esta prueba (v.11), como Señor de la historia y único defensor eficaz, que ha hecho esto.

Inconsciencia de los habitantes de Jerusalén (12-14)

12 El Señor, Yahvé de los ejércitos, os invita en ese día a llorar, a gemir, a rasurar la

cabeza, a ceñir el saco. 13 Mas he aquí que hay júbilo y alegría, matanza de bueyes y

de ovejas, comida de carne y bebida de vino. “¡Comamos y bebamos, que mañana

moriremos!” 14 Pero se ha revelado Yahvé de los ejércitos a mis oídos: Ciertamente

no será perdonado este pecado hasta que muráis.

Dios los invita a la penitencia, pero el pueblo de Jerusalén se entrega a una desaforada alegría

para aturdirse y no pensar sino en satisfacer su sensualidad. Tal pecado exige un castigo máximo

hasta la muerte.

Invectiva contra el cortesano Sobna (15-18).

Aquí tenemos la única invectiva personal de Isaías en todo su libro. Parece que Sobna era

un alto funcionario partidario de la alianza con Egipto, es decir, de la política contraria a la pro1764

pugnada por Isaías, que no era otra sino confiar ciegamente en Yahvé y dejarse de alianzas extranjeras,

que no hacían sino perjudicar a los intereses religiosos de Judá.

15 Así dice el Señor, Yahvé de los ejércitos: Anda y ve a ese cortesano, a Sobna, el

superintendente de palacio: ¿Qué tienes tú aquí o a quién tienes tú aquí para labrarte

aquí un sepulcro? Se está labrando su sepulcro en la altura, se talla una morada

en la roca. 17 He aquí que Yahvé te lanzará con ímpetu varonil, te echará a rodar,

¡oh gran señor! como una bola; con ímpetu te lanzará como una bola sobre la vasta

tierra. Allí morirás y allí serán tus carros gloriosos, ¡oh vergüenza de la casa de tu

señor! 18 Te depondré de tu cargo y te arrancaré de tu lugar.

El profeta es enviado por Dios para comunicarle su destino trágico. Parece que Sobna, alto funcionario

5, se estaba preparando su sepulcro en la zona rocosa en que, según la costumbre, se excavaban

los sepulcros los ciudadanos de alta posición. El profeta parece sorprenderle en ese lugar,

y se encara con él, llamándole extranjero e intruso: ¿Qué tienes aquí. para labrarte un sepulcro?

Al profeta le irrita la pretensión de ese extranjero de labrarse un sepulcro en la parte más

saliente (en la altura, v.16) para que se destacase entre todos los otros sepulcros de los nobles de

Jerusalén. Como extranjero, no tiene derecho a establecer un mausoleo en esta zona sepulcral de

la nobleza judía, porque no estaba emparentado con ninguno de la nobleza local (¿ya quién tienes?

v.16). No tiene derecho a tener una sepultura noble, sino que debe conformarse con la común

de la gente (Jer 26:23). Dios no le permitirá disfrutar de ese mausoleo familiar que se está

tallando, porque va a ser lanzado como una bola a un país vasto, a Asiría. Allí irá él, gran señor

(frase irónica), con sus carros y atuendos de acompañamiento, tomados como botín por los asirios

6.

Exaltación de Eliaquim (19-24).

19 Y aquel día llamaré yo a mi siervo Eliaquim, hijo de Helicías, 20 y le revestiré de tu

túnica y le ceñiré de tu cinturón, y pondré en sus manos tu poder. Y él será un padre

para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. 21 Y pondré sobre su hombro

la llave de la casa de David; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá. 22

Y le hincaré como clavo en lugar seguro, y será trono glorioso de la casa de su padre.

23 Y le colgarán toda la gloria de la casa de su padre, los vástagos y descendientes,

todos los utensilios pequeños, desde las copas hasta los odres, 24 Aquel día, dice

Yahvé de los ejércitos, el clavo que estuvo hincado en lugar seguro será arrancado y

caerá, y se romperá el peso que de él pendía, pues así lo dice Yahvé.

En sustitución de Sobna será elegido por Dios Eliaquim, a quien Dios le llama mi siervo en razón

de su fidelidad (cf. Is 20:3; 36:3). Dios le revestirá con las insignias de su cargo, túnica y

cinturón, y por su conducta merecerá el título de padre para con los habitantes de Jerusalén y

Judá (v.22). Dios le dará la llave de la casa de David, símbolo de su poder como mayordomo de

palacio y primer ministro o visir. Su poder será extremadamente amplio: abrirá, y nadie cerrará,

e.d., nadie le podrá disputar el poder. Parece que el encargado de tal oficio debía llevar ritualmente

la gran llave de madera sobre su hombro (v.22) 7. Yahvé lo fijará como un clavo o estaca

de tienda, que es el sostén de las cuerdas de la misma (v.23), y será como un trono glorioso de la

casa de su padre, e.d., su familia será honrada en él y en su posición social, que es para él como

un trono glorioso. Y todos sus parientes, aun los más lejanos, con todos los utensilios pequeños,

1765

desde las copas hasta los odres, querrán apoyarse en él para obtener empleos y dignidades y satisfacer

su ambición. Naturalmente, esta predicción tiene un sentido irónico. En el v.25 se predice

la caída de la casa de Eliaquim con todos los suyos (el clavo. será arrancado. y se romperá el

peso). Muchos consideran esto como una adición posterior, pues no parece adaptarse al tono benevolente

en que se anunciaba el futuro glorioso de Eliaquim. Pero debemos tener en cuenta que

en los profetas abundan los cambios bruscos de pensamientos y situaciones, y bien podía Isaías

anunciar la caída del bueno de Eliaquim, castigado por su excesivo nepotismo. O bien estos versos

son una adición posterior del mismo Isaías, cuando los abusos del nepotismo de la casa de

Eliaquim causaron la ruina de su casa.

23. Oráculo Sobre Tiro.

En tonos dramáticos se describe la destrucción de la metrópoli fenicia, Tiro, y con ella Sidón.

Tiene dos partes la profecía: 1) ruina de Tiro (v.1-14); 2) restauración después de setenta años,

con la recuperación de la vida próspera comercial antigua, pero al servicio del pueblo de Yahvé,

Israel (v. 15-18). La primera parte es poética; la otra está en prosa. Cuanto a la autenticidad, se

suele considerar la segunda parte como una adición posterior. Muchos niegan también la autenticidad

isaiana de la primera parte, y rebajan la fecha hasta la época de Alejandro Magno. Algunos

comentaristas han creído que en este fragmento primero hay dos profecías, una relativa a Tiro y

otra a Sidón; pero es posible que el profeta las considere per modum unius;e.d., que se refiera al

emporio comercial fenicio, representado por las dos grandes metrópolis. Se ha objetado, contra la

autenticidad isaiana, que Tiro no fue tomada hasta el 333 por Alejandro Magno. Pero a esto podemos

responder que los profetas hablan del futuro en forma hiperbólica; por tanto, muchas de

sus frases no han de ser tomadas al pie de la letra. En realidad sabemos que, en tiempo de Isaías,

Tiro sufrió dos asedios, uno en tiempo de Salmanasar (727-722) y otro bajo Senaquerib, en el

701, y entonces el rey de Sidón, Lulli, tuvo que huir a Chipre, lo que se adapta bien a lo expresado

en el v.12.

Anuncio de la caída de Tiro y Sidón (1-5).

1 Oráculo sobre Tiro. Gemid, naves de Tarsis; vuestro puerto está destruido; a la

vuelta de la tierra de Quittim les dieron la noticia; 2 los habitantes de la costa del

mar han enmudecido; el mercader de Sidón que atraviesa los mares, 3 cuyas mensajeros

van sobre la muchedumbre de las aguas, cuya ganancia eran la simiente de Sijor,

la cosecha del Nilo, y se convirtió en el emporio de los pueblos, 4 Avergüénzate,

Sidón, pues el mar habla, la fortaleza del mar, el baluarte del mar, dice: No he concebido

y no he parido, no he criado muchachos ni he educado doncellas. 5 Cuando

Egipto sepa la noticia, temblarán al conocer la nueva de Tiro.

La profecía se abre con un apostrofe a las naves de Tarsis, es decir, las naves de gran tonelaje,

que llamaríamos hoy transatlánticos, aunque no naveguen por el Atlántico. Tarsis suele identificarse

con la Tartesos de Huelva, donde estaban las minas de plata y cobre, por lo que tenía amplias

relaciones comerciales con los fenicios 8 ya antes de los cartagineses.

El profeta presenta a las naves de Tarsis volviendo de Quittim, ciudad de Chipre (Kittion),

fundada por los fenicios, cuando se les comunica que el puerto de Tiro 9 está cerrado. Quizá

se cruzaron con otras naves fugitivas en el viaje y por ellas se enteraron del desastre. Los

1766

habitantes de la costa son los fenicios. El mercader de Sidón: esta ciudad aquí parece ser sinónima

de Fenicia en general, porque fue la primera colonia fenicia que echó las bases de la prosperidad

comercial de esta región. La muchedumbre de las aguas (v.2): el Mediterráneo. Los fenicios

se caracterizaban por ser intrépidos navegantes con fines comerciales. La simiente de Sijor,

la cosecha del Nilo 10, simbolizan aquí el emporio comercial de Fenicia. Sijor y Nilo son sinónimos.

Son el símbolo de la feracidad de Egipto, cuyas riquezas se convertían en ganancia de

los mercaderes fenicios, que hicieron de su patria el emporio de los pueblos (v.3). A continuación

el profeta se representa al mar proclamando su esterilidad. El mar, que vivía en íntimas relaciones

con los fenicios, al recibirlos como huéspedes en sus prolongados viajes, siente como

propia la desgracia de sus ciudades costeras: No he concebido y no he parido., e.d., me quedo sin

juventud, desaparecida en la guerra. Egipto mismo considerará como una desgracia propia la

caída de Tiro, porque le beneficiaba su comercio y, sobre todo, porque ve acercarse al invasor

asirio.

Invitación irónica a la huida (6-9).

6 Pasad a Tarsis, lamentaos, moradores de la costa. 7¿Es ésta vuestra ciudad alegre,

la de antiguo origen, que iba por sus pies a lejanas regiones para morar en ellas?

8¿Quién decretó tal cosa contra Tiro la coronada, cuyos mercaderes eran príncipes,

cuyos negociantes eran grandes de la tierra? 9 Yahvé de los ejércitos lo decretó para

profanar el orgullo de toda gloria, para humillar a todos los grandes de la tierra.

Es una invitación irónica a los habitantes fenicios a buscar refugio en Tarsis, e.d., en lejanas tierras

(v.6), en las colonias fenicias de la lejana España. Cuando Tiro fue atacada por Alejandro

Magno, fueron enviados todos los que no eran aptos para las armas a Cartago, colonia fenicia.

Tiro y Sidón eran consideradas como las dos ciudades más antiguas de Fenicia. Los sacerdotes

fenicios dijeron a Herodoto que la ciudad de Tiro tenía entonces 2.300 años de existencia 12, e.d.,

fundada hacia 2.750 a.C. Según Flavio Josefo, Tiro fue fundada 240 años antes que el templo de

Salomón en Jerusalén, e.d., hacia el 1217 a.C.13 Tiro es llamada la coronada (v.8) (o la “otorgadora

de coronas,” según la traducción de algunos), porque tenía colonias gobernadas por reyes.

Pero Dios ha determinado humillarla y profanar el orgullo de toda gloria, es decir, permitir la

profanación de los templos, especialmente el de Melkart, que era el orgullo de Tiro, y de todos

los grandes de la tierra.

Emancipación de las colonias fenicias (10-14).

10 Pasa a tu tierra, como el Nilo, hija de Tarsis; ya no hay ceñidor 14. 11 Yahvé tendió

su mano sobre el mar e hizo temblar a los reinos; Yahvé ordenó la destrucción de las

fortalezas de Canaán. 12 Y dijo: No te volverás a regocijar, violada doncella, hija de

Sidón. Levántate y vete a la tierra de Quittim, que ni aún allí habrá reposo para ti.

13 He aquí la tierra de los caldeos; tal pueblo no existía; Asur lo fundó para los animales

del desierto; alzaron sus torres, arrasaron sus palacios, han reducido a ruinas.

14 Gemid, naves de Tarsis, que vuestro puerto ha dejado de existir.

Este fragmento es sumamente oscuro e incoherente a causa de la inseguridad del texto. Hemos

procurado conservar lo más posible el texto hebreo en la traducción. En la hipótesis de que sea

verdadera la traducción que hemos dado del v.10, se suele interpretar en el sentido de que Tarsis

ha quedado libre como el Nilo (al regar Egipto en las inundaciones a su antojo) con la desapari1767

ción de la metrópoli fenicia, que era su tutela y su ceñidor. Dios tendió su mano sobre el mar e

hizo temblar a los reinos, e.d., Yahvé ha decidido castigar a Tiro, señora del mar, y sus colonias

o reinos. Canaán es el nombre que daban a su tierra los fenicios 15. El autor presenta a Sidón —

sinónimo de Fenicia aquí — como violada (v.12), porque nunca había sido conquistada 16. Se la

invita a huir a Quittim o Chipre. El ν.13 es ininteligible en el contexto. Para armonizarlo con éste,

Duhm ha cambiado caldeos en quíteos, y entonces sería una continuación del versículo anterior:

“Mira el país de los quíteos (de Quittim): los ha convertido en montón de ruinas.” Y en este

caso sería una explicación del “allí en Quittim no habrá reposo para ti” del v.12. Pero la traducción

textual es firme en el TM respecto a la palabra caldeos. La frase tal pueblo no existia, Asur,

es considerada como glosa posterior, del tiempo quizá de Esdras, en que el nombre Asur servía

para designar a las grandes potencias como a los caldeos (Lam 5:5), los persas (Esd 6:22). Manteniendo

la traducción del texto hebreo como está, el ν.13 aludiría a la destrucción de Caldea por

los asirios, y entonces la ruina de Babilonia sería presentada por el profeta como modelo a Tiro.

De hecho sabemos que Senaquerib conquistó y castigó a Babilonia, capital de los caldeos 17.

Tiro, al servicio del pueblo de Dios (15-18).

15 Y sucederá aquel día que Tiro será olvidada setenta años, los años de la vida de

un rey, y al cabo de setenta años le ocurrirá a Tiro como dice el canto de la ramera:

16“Toma la cítara, y recorre la ciudad, ramera olvidada; toca lo mejor que puedas,

multiplica las canciones, a ver si se acuerdan de ti.” 17 Y sucederá que al cabo de setenta

años visitará Yahvé a Tiro, y volverá a su salario, y se prostituirá a todos los

reinos del mundo sobre la faz de la tierra, 18 pero su ganancia y su salario serán consagrados

a Yahvé; no serán guardados ni atesorados, sino que serán para los que

habitan ante Yahvé, para nutrirlos hasta la saciedad y vestirlos con esplendor.

Después de la destrucción de Tiro vendrá una época de resurgimiento material, pero pasados setenta

años, que es la misma cifra que pone Jeremías para la cautividad babilónica (Jer 25:11-12)

18. Los años de la vida de un rey, frase enigmática que probablemente indica en números redondos

la duración de una dinastía o la vida de un rey. Después de un estado de postración política,

Tiro volverá a recuperarse y a buscar la prosperidad comercial por todos los medios, como la

cortesana, que con sus cantos atrae la atención de sus clientes por las calles (v.16), y el profeta

pone en sus labios una canción popular conocida de sus lectores. Tiro, después de setenta años,

se prostituirá a todos los reinos, e.d., se dedicará de nuevo al comercio para conseguir ganancias

fabulosas, exhibiendo sus géneros de mercancía, como la prostituta sus encantos, para atraerlos a

sus mercados; pero esta vez todas sus ganancias y salarios serán en beneficio de Yahvé, y en vez

de ser atesorados (v.18) en los templos fenicios, estarán a disposición de los adoradores de Yahvé

para que éstos vivan espléndidamente.

Apocalipsis de Isaías (c.24-27).

Con el nombre de Apocalipsis de Isaías se designa el contenido de los capítulos 24-27,

que constituyen una sección muy característica. El género literario apocalíptico se caracteriza

por la escenificación dramática de los hechos en un mundo metahistórico: trata del fin de las cosas,

del último juicio sobre las naciones, de la resurrección de los muertos, del establecimiento

del reino mesiánico, etc. Todos estos rasgos los encontramos en Ezequiel, Zacarías, Joel, Daniel,

en el Antiguo Testamento, y en el Nuevo Testamento, en el Apocalipsis de San Juan. Los Apocalipsis

apócrifos exageran aún estos rasgos mencionados. Y también característica de este <vgéne1768

ro apocalíptico es el lenguaje oscuro y enigmático, en el que el horizonte histórico se esfuma en

frases vagas y vaporosas, que buscan ante todo el misterio. Estos capítulos 24-27 de Isaías no se

refieren, como los anteriores, a una nación determinada, sino al mundo pagano en general: toda

la tierra será juzgada a causa de la corrupción general, y sólo serán salvados los justos después de

una dura opresión. Dios inaugurará un nuevo reino en Sión con caracteres netamente universalistas,

destruirá la muerte para siempre. Los difuntos resucitarán para asociarse a los ciudadanos de

la nueva Sión. Todo esto nos pone ante perspectivas escatológicas.

Precisamente por este carácter escatológico no es posible muchas veces buscar orden lógico

en las ideas; de ahí que su agrupación ideológica no sea cosa fácil. Muchos autores opinan

que no hay unidad literaria en estos capítulos, sino más bien una yuxtaposición de fragmentos

diversos que tienen de común su género apocalíptico. En realidad provendrían de diversos autores,

y desde luego la crítica independiente niega la autenticidad isaiana de esta sección. Se apoyan

para ello en que la situación que se refleja en ella es post-exílica: Yahvé reúne a los israelitas

dispersos de las riberas del Eufrates y del Nilo (27:12-13); Palestina está dominada por extranjeros

(26:8-18), y, sobre todo, la idea de resurrección que aquí encontramos es de origen tardío.

Por su semejanza con Ez 38-39; Jl 4:9-21; Zac 14, y Daniel (toda la segunda parte), se supone

que estos capítulos del Apocalipsis de Isaías han sido compuestos en la época persa, griega o

macabea 1.

Los autores conservadores, sobre todo los católicos, hacen notar que existen en estos capítulos

indicios ciertos de autenticidad isaiana, como, por ejemplo, la amenaza contra Moab

(25:10), la mención de Asiría y Egipto, la veneración de los Asherim y de las estelas solares

(27:9) y ciertos giros literarios que consideran propios de Isaías.

1 El texto hebreo lee “tus encontrados,” pero creemos preferible la lección, griega fus caudillos, que se obtiene con un cambio de letras.

— 2 Cf. Jue 16:27; NehS.16. — 3 El texto es ambiguo y oscuro. Otros traducen: “Quir socava el muro, y Soa lánzase contra

la montaña” (Cantera-Bover). — 4 El texto hebreo dice literalmente: “en carros de hombres y caballos.” Con un ligero cambio tenemos

la traducción dada arriba. — 5 La palabra hebrea soken tiene su paralelo asirlo en saknu, que significaba administra- — dor

(cf. i Ke 1:2.4). — 6 La costumbre de usar carros para protección y ornato personal era privativo de los reyes en Israel, pero con el

tiempo se extendió a los altos cortesanos (Jer 17:25). Condamin, en vez de carros del texto hebreo, lee sepulcro, traduciendo “y

allí tendrás tu glorioso sepulcro,” — 7 Cf. Cheyne, Polychrome Bible p.ióo, citada por Skinner, o.c., 183. — 8 Otros identifican

Tarsis con Cartago, Tarso, Tarsis (Etruria), el Tursa de los egipcios o el Tiras de Gen 10,2, que se supone en el sur de Italia. Recientemente,

Schulten parece haber probado la identidad de la Tarsis bíblica y la Tartesos de los griegos, situada en la desembocadura

del Guadalquivir, destruida por los cartagineses. — 9 La traducción “vuestro puerto” es según una corrección del texto,

pues el texto hebreo dice “sin casa,” que falta en el griego. — 10 En el griego falta Ntío. Sijor es el río de Egipto. — 11 Condamin

pone la frase en segunda persona, como una ironía del mar dirigida contra Sidón: “no has concebido, no has parido.” — 12 Cf.

Herodoto, II 44. — 13 Flavio Josefo, Ant. VIII III. — 14 Condamin, suprimiendo “como el Nilo,” que el texto griego lee de otro

modo, y haciendo alguna reconstrucción, traduce: “Pasa, vete hacia tu tierra, hija de Tarsis. Tu puerto no existe más.” Cf. Condamin,

o.c., 157. — 15 Algunos prefieren traducir Canaán por mercader, según el conocido juego de palabras, y en ese caso tendríamos

“las fortalezas del mercader,” e.d., de los fenicios. — 16 La palabra virgen falta en el texto griego, y rítmicamente es superflua.

— 17 Cf. Condamin, o.c., 1:59, y Skinner, o.c., 190. — 18 Cf. Jer 29:10; Zac 1:12; 7:5; Dan 9:2; 2 Crón 36:21.

24. El Día del Juicio y sus Signos Precursores.

En una descripción dramática, el autor combina las escenas de los últimos días con la situación

de depravación moral de sus contemporáneos. Tiene en cuenta una situación histórica presente,

pero al mismo tiempo se deja llevar por la impresión del día del juicio sobre las naciones, lo que

da un carácter escatológico a sus aseveraciones históricas.

Desolación general (1-3).

1 He aquí que Yahvé devasta la tierra, la asola y trastorna su faz, dispersando a sus

1769

habitantes. 2 Y será del pueblo como del sacerdote, del siervo como de su amo, de la

criada como de su señora, del que compra como del que vende, del que presta como

del que toma prestado, del acreedor como del deudor. 3 La tierra será totalmente

devastada y entregada al pillaje, porque Yahvé ha pronunciado esta palabra.

La perspectiva del profeta es la tierra en general, saliendo del marco de la tierra de Israel. Todas

las clases sociales serán afectadas por el juicio universal punitivo de Dios (v.2). Todos serán tratados

en plan de igualdad, sin que la categoría social o el dinero sirva para librar de la catástrofe:

del siervo como del amo. Una de las características del género literario apocalíptico es la hipérbole

para destacar la idea principal que el autor persigue, que aquí es la idea de castigo y de juicio.

Maldición de Dios sobre la tierra (4-6).

4 La tierra está en duelo, marchita; el orbe languidece y se marchita, la clase alta del

pueblo se debilita. 5 La tierra está profanada bajo sus moradores, que traspasaron

la ley, falsearon el derecho, rompieron la alianza eterna. 6 Por eso la maldición devora

la tierra, y son culpables sus moradores. Por eso arderán los moradores de la

tierra y quedarán pocos hombres.

Como consecuencia de la devastación general sobre la tierra ordenada por Dios, ésta está como

en duelo y marchita (v.4), y la clase alta del pueblo sufre la primera las consecuencias, por ser la

más responsable del desorden moral existente, causa del castigo de Dios. Por su conducta, la tierra

está profanada (ν.6) bajo sus pies y sujeta a la maldición de Dios. Es una concepción muy

generalizada en el Antiguo Testamento. Así como la tierra participaba de las bendiciones de Dios

si sus habitantes eran fieles a la ley, así, cuando éstos son transgresores de la ley, la tierra sufre

las consecuencias de la ira divina desencadenada. Esta asociación cósmica a los hechos humanos

está basada en un concepto religioso de la vida muy enraizado en la mente de los semitas 2. En el

diluvio perecieron también los animales por los pecados de los hombres. Los hombres se han

corrompido en todos los órdenes, rompiendo la alianza eterna. Probablemente esta frase está

tomada de Gen 9:16, donde se habla de la alianza de Dios con Noé después del diluvio, especialmente

en lo relativo al derramamiento de sangre humana. En todo caso, esta noción de alianza

eterna puede extenderse aquí al conjunto de leyes y preceptos impuesto por Dios a la humanidad.

Los transgresores han violado los postulados fundamentales de la moral humana.

Ha cesado la alegría (7-9).

1 Está en duelo el mosto, y la vid languidece, y suspiran todos los alegres de corazón.

8 Ha cesado la alegría de los tambores, se acabó el regocijo de los exultantes, ha cesado

el júbilo de la cítara. 9 Ya no beben el vino entre cantares, y las bebidas son

amargas al que las bebe.

La descripción es sumamente poética. Han desaparecido todas las alegrías con la ruina del campo

que daba el vino, lugar de todos los jolgorios populares. Sin él tampoco hay ánimos para pulsar

instrumentos músicos alegres, como la cítara y los tambores 3.

Soledad en las ciudades (10-13).

10 Ha sido quebrantada la ciudad de la confusión4, cerradas todas las casas, sin que

1770

nadie entre en ellas. 11Gritería por el vino en las calles, se oscureció toda alegría,

desterróse de la tierra el júbilo. 12La desolación ha quedado en la ciudad, y la puerta,

abatida, en ruinas. 13Porque así será en la tierra, en medio de los pueblos, como

cuando se sacude el olivo, como cuando se hace el rebusco una vez concluida la recolección.

Sigue la descripción de la desolación del país. La ciudad de la confusión (v.10), según la traducción

nuestra, puede significar sencillamente “la ciudad confusa, caótica, desierta.” Algunos autores

ven aquí una alusión a la idolatría. Es posible. Parece que el profeta piensa en una ciudad determinada

aunque no la nombra. Unos creen que es Jerusalén destruida por los babilonios, y

otros piensan en Babilonia arruinada. La asolación ha alcanzado también al campo, y a una de las

riquezas tradicionales de Palestina, el vino; por eso hay gritería por el vino, e.d., duelo por la

asolación de las viñas.

El profeta se proyecta ahora sobre toda la tierra, en medio de los pueblos. Lo sucedido a

esa ciudad innominada acaecerá a todos los pueblos, y la asolación será tal, que quedarán pocos,

como cuando después de la recolección quedan algunas aceitunas en los olivos.

Júbilo prematuro (14-16).

14 Aquéllos alzan sus voces, lanzan gritos de alegría, desde el mar cantan la majestad

de Yahvé. 15 Por eso en el oriente glorifican a Yahvé en las costas del mar, el nombre

de Yahvé, Dios de Israel. 16 Desde los confines de la tierra oímos cantar: ¡Gloria al

justo! Pero yo digo: ¡Desgraciado de mí, desgraciado de mí, ay de mí! 5 Los pérfidos

han obrado pérfidamente, los pérfidos han obrado pérfidamente.

El profeta describe un contraste gozoso con lo anterior, pero que lo es sólo aparentemente. Aquéllos,

en oposición al o del v.12, son los que adoran a Yahvé en el occidente, desde el mar; en las

costas (v.15), e.d., del Mediterráneo. Los adoradores de Yahvé exultan por el castigo de Dios

sobre los impíos, con lo que se ha manifestado su majestad (v.14). En ello han visto la señal de la

liberación próxima. Pero el profeta, que conoce los planes de Dios, no participa de esta alegría

prematura de los dispersos de Israel (v.16), no puede exultar al oír el clamor general de gloria al

justo, sino que se siente sobrecogido por la perfidia de los impíos.

Catástrofe cósmica (17-20).

17 Terror, hoya, red sobre ti, habitante de la tierra. 18 Y sucederá que el que huya de

la voz de pánico caerá en la hoya, y el que salga del medio de la hoya se enredará en

la red, porque ábrense las cataratas en lo alto y tiemblan los fundamentos de la tierra.

19 La tierra se rompe con estrépito, la tierra retiembla, se conmueve. 20 La tierra

vacila como un ebrio, es sacudida como una choza. Pesan sobre ella sus pecados, y

caerá para no volver a levantarse.

Las frases con que se describe la conmoción cósmica son muy parecidas a las de Am 5:19 y Jer

48:4355, quedando como estereotipadas en la literatura apocalíptica. Habrá una ola de terror, en

tal forma que el que no caiga en un peligro caerá en otro (hoya, red.), y los mismos elementos

cósmicos se asociarán a la conturbación general. Sus cataratas, e.d., las compuertas (Gen 7:11;

8:2) de los cielos, que Dios abre a voluntad cuando quiere enviar una inundación con las aguas

de arriba (Gen 1:4), que estaban sobre el firmamento, concebido como una masa sólida. Y los

1771

fundamentos de la tierra son los pilares en los que se asienta la tierra sobre el abismo. Los

hebreos concebían la tierra asentada sobre cuatro columnas que a su vez se sumergían en el

abismo de aguas, el tiamat de la literatura asiro-babilónica. El profeta describe aquí un tremendo

terremoto, en virtud del cual la tierra vacila como un ebrio y es sacudida como una choza (v.20).

El símil está tomado de las chozas en forma de hamaca que se ponían en las viñas para guardarlas,

que solían ponerse a veces en la copa de un árbol. Por eso aquí, al temblar la tierra, es

hamada por el viento. Y todo esto no tiene otra causa que los pecados (v.20) que la cubren y pesan

sobre ella como un vestido de maldición.

Juicio sobre los poderes del mal (21-23).

21 Y será en aquel día que visitará Yahvé la milicia de los cielos en la altura, y abajo

a los reyes de la tierra, 22 Y serán encerrados presos en la mazmorra, encarcelados

en la prisión, y después de muchos días serán visitados. 23 Y la luna se sonrojará, y

avergonzaráse el sol, porque Yahvé de los ejércitos reinará en el monte de Sión y en

Jerusalén y (resplandecerá) su gloria ante sus ancianos.

Dios castigará (visitar tiene este sentido punitivo en el lenguaje bíblico) a la milicia de los cielos

(lit. “la milicia de lo alto”), e.d., o bien los astros, considerados por los paganos como divinidades,

o bien los espíritus que, según las creencias de la época, presidían las diversas regiones celestes

con sus esferas. Los castigará juntamente con los reyes de la tierra como instigadores del

mal 7. Y Dios los encerrará en la mazmorra o abismo por algún tiempo, hasta que los visite de

nuevo para darles el castigo definitivo. En la Epístola de San Judas (v.6) encontramos una concepción

parecida: “Los ángeles que no guardaron su dignidad y abandonaron su propio domicilio,

los tiene reservados en perpetua prisión, en las tinieblas, para el juicio del gran día.” Y en 2

Pe 2:4: “Porque Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, precipitados en el tártaro,

los entregó a las prisiones tenebrosas, reservándolos para el juicio.” Estos dos textos del Nuevo

Testamento parecen depender del libro apócrifo de Henoc8. Nos hallamos, pues, ante concepciones

escatológicas en las que la imaginación y el ambiente folklórico tienen gran importancia. Y

el profeta cierra el cuadro con un horizonte esperanzador, pleno de luz: En Sión será Yahvé entronizado,

y ante su gloria sentirán sonrojo y vergüenza el sol y la luna. Yahvé será como una luz

que brilla manifestando su gloria ante los ancianos. Indudablemente que el profeta alude a la

teofanía del Sinaí, presenciada por los setenta ancianos (Ex 24:9.10). Es notable este cortejo de

ancianos formando la escolta de Yahvé en la nueva teocracia redimida, sin decir nada de los

reyes, como lo hace en 32:1, o de los sacerdotes, como lo hace Ezequiel en la visión del templo.

Los profetas juegan en sus imágenes con diferentes planos históricos, sin ligarse demasiado a

uno de ellos. La escena de la teofanía del Sinaí era muy apropiada para ilustrar la futura gloria

de Yahvé. El autor del Apocalipsis también hablará de veinticuatro ancianos que forman la corte

de Dios y del Cordero (Ap 4:4). En la nueva Jerusalén, Yahvé será la luz de la ciudad (Is

60:19).

1 Cf. L. Dennefeld, Les granas prophétes 95. — 1 Literalmente el texto hebreo dice: “la altura del pueblo.” Otros prefieren leer cambiando

la vocalización: “el cielo con la tierra,” lo que sería una asociación cósmica a lo anterior. Así, Gondamin, O.C., 165. — 2 Cf.

Jer 3:9; Núm 35:33; Dt 21:1-9. — 3 Cf. Is 5:11-12. — 4 El texto griego dice “toda ciudad” en vez de “ciudad de confusión.” — 5

El texto griego dice “¡ay de los impíos!” en vez de “¡desgraciado de mí!” del texto hebreo. — 7 Cf. Jer 33:22; 1 Re 22:19; Neh

9:6; Dan 10:13; 20,21; 12:1; Eclo 17:17.

1772

25. Cántico de Acción de Gracias.

Banquete Mesiánico.

Tres secciones comprende este capítulo: a) acción de gracias por la caída de una ciudad pagana

(1-5); b) banquete mesiánico (6-8); c) himno de alabanza por la humillación de Moab (9-

12). Se discute si el capítulo constituye una unidad literaria o si más bien está formado de fragmentos

yuxtapuestos por un redactor posterior.

Cántico de acción de gracias (1-5).

1 Yahvé, tú eres mi Dios; yo te ensalzaré y alabaré tu nombre, porque has cumplido

maravillas, designios de mucho ha en fidelidad y verdad. 2Porque hiciste de la ciudad

un montón de piedras, de la ciudad fuerte una ruina. Ya la ciudadela de los extranjeros

no es ciudad, y no será jamás reedificada. 3Por eso te glorificará un pueblo

fuerte y te temerá la ciudad de las naciones poderosas. 4Porque fuiste tú un refugio

para el humilde, refugio para el pobre en su angustia, cobijo contra la tempestad,

sombra contra el calor, pues el aliento de los tiranos es como una borrasca de invierno

1. 5Cómo calor sobre tierra seca, apaciguarás el tumulto de los extranjeros2;

como el calor a la sombra de una nube, el cántico de los tiranos se extingue.

Podemos considerar este fragmento como un verdadero salmo o cántico de acción de gracias, en

el que el autor habla en nombre de la comunidad fiel y alaba a Dios por la providencia manifestada

en la humillación de los enemigos del pueblo escogido.

Yahvé ha hecho maravillas, designios de mucho, e.d., la manifestación poderosa de Dios

sobre sus enemigos, que había sido concebida desde antiguo 3. Dios lo ha cumplido en fidelidad

y verdad, e.d., ha sido fiel a sus designios eternos, plasmados en la ruina de una ciudad histórica

que no nombra, y es símbolo de las fuerzas contrarias al pueblo de Dios, quizá Babilonia. Se la

llama cindadela de extranjeros, sin especificar más (v.2). La ciudad de las naciones parece debe

entenderse en sentido colectivo, e.d., las ciudades paganas en general. Los que suponen que este

fragmento es del s.11, creen que aquí la ciudad de las naciones era Roma (en el Ap 17:15 se la

llama “la ciudad de las naciones”), aliada de Judas Macabeo. En ese caso, la cindadela de los

extranjeros sería Samaría, destruida por Juan Hircano. Pero todas éstas son hipótesis muy aventuradas

en contra de la exégesis tradicionalmente recibida. El v.5 y el estilo inmediato anterior

suelen considerarse como una glosa explicativa posterior.

Banquete mesiánico (6-8).

6 Y preparará Yahvé de los ejércitos a todos los pueblos sobre este monte un festín

de suculentos manjares; un festín de vinos generosos, de manjares grasos y tiernos,

de vinos generosos clarificados, 7 y sobre este monte hará desaparecer el velo que

oculta a todos los pueblos, la cortina que cubre a todas las naciones. 8 Y destruirá la

muerte para siempre, y enjugará el Señor las lágrimas de todos los rostros, y alejará

el oprobio de su pueblo, lejos de toda la tierra, porque Yahvé ha hablado.

El profeta presenta inesperadamente un cuadro fascinador y bellísimo, en el que resplandece en

toda su amplitud el universalismo mesiánico. Yahvé es concebido como un gran señor que da

un banquete a todas las naciones en su mansión real, en este monte, Sión, sede de la nueva teo1773

cracia. Los profetas presentaban las realidades espirituales de la era mesiánica con imágenes vivas

materiales para captar la atención de sus oyentes. En realidad, el banquete mesiánico que

Dios dará en la era mesiánica sobrepasará a todas las descripciones proféticas, ya que éstos nunca

pudieron llegar a vislumbrar la realidad del banquete eucarístico en toda su realidad espiritual

y universal. Todas las imágenes materiales que ellos proporcionan quedan en la realidad sublimadas

y elevadas a una categoría superior para ellos insospechada 4. Dios inaugurará con este

banquete mesiánico una era de alegría sin fin, quitando el velo o signo de duelo que cubría el rostro

de los pueblos, representados aquí como apesadumbrados y tristes por la desgracia que sobre

ellos pesa (14:7-12). El velo era. signo de duelo en la antigüedad5. Dios enjugará las lágrimas de

todos los rostros (v.8). Una vez quitado el velo de duelo, Dios limpiará las lágrimas del rostro.

La frase destruirá la muerte para siempre (v.8) es considerada por algunos críticos como glosa.

San Pablo la trae para probar la resurrección de los muertos, aunque un tanto cambiada con respecto

al original, pues lee: ha sido absorbida la muerte en la victoria (1 Cor 15:54) 6· Alejará el

oprobio de su pueblo (v.8): en Dt 28:37 se anuncia a Israel que, sirviendo a dioses extraños, sufrirá

la afrenta y la mofa de parte de todos los pueblos, como consecuencia de haberse salido del

camino trazado por Yahvé. Ahora Dios les promete redimirlos de este oprobio entre los pueblos,

pues todas las gentes reconocerán la superioridad del pueblo escogido.

Humillación de Moab (9-12).

9 Y se dirá en aquel día: He aquí a nuestro Dios, hemos esperado en El que nos salvará.

Ahí está Yahvé, a quien esperábamos; gócemenos y alegrémonos en su salvación.

10 Porque la mano de Yahvé descansará sobre este monte, pero Moab será pisoteado

debajo de El, como se pisotea la paja en el muladar. 11 Υ tenderá sus manos

en su interior, como las tiende el nadador para nadar; pero Yahvé abatirá su soberbia

y los esfuerzos de sus manos. 12 Y la fortaleza elevada de tus murallas ha abatido,

ha hecho caer y derribado hasta el polvo.

Parece que aquí nos encontramos con otra sección, como indica el encabezamiento del v.8: Y se

dirá en aquel día. El hecho de nombrar a Moab expresamente, arguye que no pertenece al fragmento

apocalíptico anterior, ya que en este género literario no suelen darse nombres concretos, a

no ser como símbolos, y en este caso Moab sería símbolo de los enemigos de Dios. No sabemos

la circunstancia histórica que provocó esta indignación en el profeta contra Moab. La salvación

del V.9 son los auxilios prestados por Yahvé en los momentos de prueba para su pueblo, que serán

prenda del socorro que les proporcionará contra Moab. En contraste con esta situación,

Moab, eterno enemigo de Judá, será pisoteado, y por más esfuerzos que haga por salir de su situación

(como el nadador), no lo conseguirá, porque Dios debilitará sus esfuerzos, humillando

con ello su soberbia. El v.12 es idéntico a 26:5; algunos autores lo consideran desplazado aplicado

a Moab.

1 Cf. L. Dennefeld, Les granas prophétes 95. — 1 Literalmente el texto hebreo dice: “la altura del pueblo.” Otros prefieren leer cambiando

la vocalización: “el cielo con la tierra,” lo que sería una asociación cósmica a lo anterior. Así, Gondamin, O.C., 165. — 2 Cf.

Jer 3:9; Núm 35:33; Dt 21:1-9. — 3 Cf. Is 5:11-12. — 4 El texto griego dice “toda ciudad” en vez de “ciudad de confusión.” — 5

El texto griego dice “¡ay de los impíos!” en vez de “¡desgraciado de mí!” del texto hebreo. — 7 Cf. Jer 33:22; 1 Re 22:19; Neh

9:6; Dan 10:13; 20,21; 12:1; Eclo 17:17. — 1 El texto hebreo dice literalmente: “una tempestad en pared,” lo que no da sentido

aceptable. Con un ligero cambio de vocalización en hebreo tenemos “invierno,” como hemos traducido. — 2 El texto griego dice

“presuntuosos” en vez de “extranjeros” del hebreo. — 3 El tono del cántico es muy similar al de los salmos (cf. Sal 63:1; 145:1;

138:2) — 4 Esta imagen del festín para designar la era mesiánica y el cielo es muy corriente en la Biblia (cf. Is 55:2; Sal 23:5;

Mt8:11; 22:2ss; Sal 36:8; 63:5). — 5 Cf. 2 Sam 15:30; 19:41 Jer 14:3. — 6 Confunde la palabra hebrea que traducimos por

“siempre” (lenesaj) con otra parecida aramea que significa “victoria”' (nasaj).

1774

26. Canto Triunfal Plegaria.

Este capítulo es una mezcla de himno triunfal y súplica deprecatoria, a la vez que una acción de

gracias. La nación es presentada saliendo de una época de humillación y opresión. También se ha

pretendido fragmentar este poema, pero parece que hay unidad fundamental con transiciones

muy apropiadas.

Canto triunfal (1-6).

1 En aquel día cantarán este cántico en la tierra de Judá: Tenemos una ciudad fuerte;

por muro y antemuro nos da El la salvación, 2 Abrid las puertas, que entre un

pueblo justo, que se mantiene fiel. 3 Su firme ánimo conservará la paz, porque en ti

pone su confianza. 4 Confiad siempre en Yahvé, pues Yahvé es la roca eterna. 5 El

destruyó a los que habitan en las alturas, derribó la ciudad soberbia. 6 La derribó

hasta la tierra, la arrojó al polvo, y es hollada por pies, por los pies de los pobres y

los pasos de los humildes.

El profeta se traslada a la época venturosa en que tendrán cumplimiento los hechos vaticinados

en 25:6-8. Entonces la ciudad no necesitará de fortificaciones, porque la salvación, es decir, la

protección de Yahvé, será la verdadera muralla y fortaleza de dicha ciudad 1; sus ciudadanos serán

un pueblo justo 2, es decir, no reinará en ella la iniquidad. Ese pueblo se mantendrá fiel y con

animo firme, es decir, no vacilará en seguir la ley de Yahvé, y por eso éste conservara la paz 3

en sus corazones, base de la felicidad mesiánica. En cambio, Yahvé destruyó a los que habitan

en las alturas, derribó la ciudad soberbia, que es la misma de 24:10, cuya identificación no es

fácil (¿Babilonia, Samaría?), pero que parece simbolizar las fuerzas que se oponen al establecimiento

del reino mesiánico. De este modo Dios se ha mostrado como roca segura de salvación

contra toda inundación o invasión. Los pies de los pobres: son los de 25:4, los judíos oprimidos,

que al fin se sobrepondrán a sus opresores.

Ansias de justicia (7-10).

7 La senda de los justos es recta, i derecho el camino que tú abres al justo. 8 Nosotros

ciertamente te esperamos en la senda de tus juicios, ¡oh Yahvé! Tu nombre, tu memoria

es el anhelo del alma. 9 Deséate mi alma por la noche, y mi espíritu te busca

dentro de mí, pues cuando (aparezcan) sobre la tierra tus juicios, aprenderán justicia

los habitantes del orbe. 10 Si al impío se le hace gracia, no aprende la justicia, y

en la tierra de lo recto hace el mal y no ve la majestad de Dios.

El tono de esta sección es muy similar al de los salmos clásicos. Dios allana, facilita la senda de

los justos (v.7) para que no haya obstáculos que los hagan caer. Por eso la nación espera también

la manifestación de la justicia divina en la senda de tus juicios. La justicia de Dios se manifiesta

de un modo inquebrantable y fijo como una senda o programa de acción. Dios camina siempre

por la senda de su justicia, y, por tanto, la nación santa espera ver manifestarse su justicia y verle

caminar por esta vía. El justo no piensa sino en el nombre o manifestación gloriosa de Yahvé (Ex

20:24) y en sus gestas o memoria (v.8). Los justos no tenían otro anhelo sino cantar las glorias y

gestas de Yahvé, y de noche y de día le buscan en su espíritu. Es el centro de sus meditaciones y

reflexiones, suspirando por la manifestación de los juicios de Dios (V.9), dando una lección de

1775

justicia a los habitantes de la tierra.. Ya es hora de que se manifieste la justicia de Dios, pues los

impíos no aprenden cuando se les hace gracia, y continúan obrando inicuamente en la tierra de

lo justo, e.d., Palestina, la tierra de Yahvé, porque en ella vivía una población que estaba vinculada

por un juramento a Yahvé, y porque en ella habían vivido los patriarcas, modelo de “rectitud”

moral.

Oración por la paz de Israel (11-14).

11Alzada está tu mano, ¡oh Yahvé! no la ven; verán, confundidos, tu celo por el pueblo,

y el fuego de tus enemigos los devorará. 12 Depáranos la paz, ¡oh Yahvé! pues

cuanto hacemos eres tú quien para nosotros lo hace. 13 Yahvé, Dios nuestro, otros

señores, que no tú, se enseñorearon de nosotros; sólo por ti celebramos tu nombre, 14

Los muertos no revivirán, no se levantarán las sombras, porque los visitaste y destruíste

y borraste todo recuerdo de ellos.

Los impíos están tan ciegos que no ven la mano de Yahvé alzada, dispuesta a descargar el castigo

sobre ellos. Tantas veces ha manifestado su justicia en la historia, y, sin embargo, ellos no

ven; pero llega el momento en que tendrán que ver la mano de Dios, su celo por el pueblo, e.d.,

el amor celoso que Yahvé siente por su pueblo elegido, y entonces sufrirán el fuego de los enemigos;

es decir, la cólera divina descargará como un fuego sobre los enemigos 4. El profeta suplica

a Dios que les conceda la paz, símbolo de todos los bienes y expresión de su benevolencia

para con ellos. Toda la historia de Israel es la historia de las gestas de Yahvé: cuanto hacemos,

eres tú quien lo hace (ν.13). Pero, a pesar de ser Yahvé el único y verdadero rey de Israel, no

obstante, temporalmente han estado sometidos a otros amos, tiranos usurpadores. Pero ahora que

ya no los dominan, sólo quieren que Yahvé los gobierne personalmente, y sólo a El acatarán

(v.13). Y los antiguos tiranos no se levantarán del sepulcro para dominarlos de nuevo: los muertos

no revivirán, no se levantarán las sombras (v.14.). No se trata en esta afirmación de la negación

de la resurrección de los muertos en general 5.

Ansiedad de los habitantes (15-18).

15 Multiplicaste al pueblo, ¡oh Yahvé! multiplicaste a tu nación, te has glorificado,

ensanchaste todos los confines de la tierra. 16 En la angustia, ¡oh Yahvé! te han visitado,

han derramado plegarias cuando tú los castigabas 6. 17 Como la mujer encinta,

cuando llega el parto, se retuerce y grita en sus dolores, así estábamos nosotros ante

ti, Yahvé. 18 Concebimos, nos retorcimos como si pariésemos viento, no dimos salvación

a la tierra ni nacieron habitantes del orbe.

El profeta confiesa que la multiplicación del pueblo elegido ha redundado en gloria de Yahvé

(v.16). La nación ha aumentado mucho, extendiendo sus fronteras. Dios ha escogido el castigo

como medio más apropiado para que el pueblo escogido se acercase a Dios (16). El pueblo estuvo

como en dolores de parto, sufriendo; pero de nada le valdrían sus sufrimientos si Yahvé no se

encargara de configurar el futuro de su pueblo (concebimos. como si pariésemos viento, v.18). Si

el pueblo ha aumentado, no es tanto por los esfuerzos propios cuanto por la intervención de Yahvé

(no dimos salvación a la tierra ni nacieron habitantes del cosmos). Los esfuerzos del pueblo

han dado por resultado un aborto: no han nacido hombres.

1776

Resurrección de los muertos.

19 Revivirán tus muertos, mis cadáveres se levantarán; despertad y cantad los que

yacéis en el polvo, porque rocío de luces es tu rocío 7, y la tierra parirá sombras.

Este versículo constituye el punto culminante en esta sección apocalíptica de Isaías, ya que aquí

se habla de la resurrección de los muertos de Israel. Tus muertos son los muertos en Israel con la

fe y esperanza en Yahvé. Mis cadáveres (lit. “mi cadáver”), es decir, los del pueblo elegido, suponiendo

que habla Dios. El profeta acababa de mostrar los vanos esfuerzos del pueblo por hacer

revivir la nación (v.18), y en contraste con ello está la acción omnipotente de Dios, que va a multiplicar

los habitantes de su pueblo resucitando a los muertos. El tono es patético y sumamente

conciso; por eso se cambia de persona constantemente: despertad y cantad (V.19), y las palabras

de Yahvé tienen el efecto de un rocío nocturno, pues los muertos resucitarán como reviven las

plantas secadas con el calor al recibir el frescor del rocío nocturno, que es el riego providencial

de la árida Palestina. Y la tierra lanzará fuera a sus muertos (parirá sombras, V.19). La frase rocío

de luces, si está bien traducida, jugaría con el paralelismo de luz y vida frecuente en la literatura

sapiencial8, y entonces sería “un rocío de vida,” vivificador, que cae sobre los muertos para

resucitarlos.

Nos encontramos aquí con la idea de resurrección, si bien limitada a los israelitas. En

Dan 12:2 tenemos un punto de vista similar: “Las muchedumbres de los que duermen en el pueblo

de la tierra se despertarán, unos para eterna vida, otros para eterna vergüenza y confusión.”

Invitación al pueblo a esconderse (20-21).

20 Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos y cierra tus puertas tras de ti, ocúltate

por un poco, mientras pasa la cólera. 21 Porque he aquí que Yahvé va a salir de su

lugar para castigar la iniquidad de los moradores de la tierra, y la tierra descubrirá

su sangre, no encubrirá más sus asesinados.

El profeta ve en el horizonte al juicio de Dios, que se va a manifestar, y en su amor tierno por el

pueblo le invita a recogerse en su casa hasta que pase la cólera, que será de corta duración

(v.20). Dios va a salir de su lugar, e.d., va a descender del cielo (cf. Miq 1:3; Gen 9), para castigar

sobre todo los pecados de homicidio, y la tierra descubre todos los cuerpos asesinados que

tiene en su seno para que se manifieste la justicia del juicio divino y no quede ningún homidicio

sin castigo. Según Gen 4:11, la sangre del inocente clama venganza al cielo (cf. Ez 24:7-8). La

tierra no quiere ser cómplice de estos crímenes, y por eso pone al descubierto los cadáveres de

los asesinados. No hay indicación aquí de resurrección corporal, como en el v.16.

1 Cf. Zac 2:4-5; Sal 125:2. El texto griego más bien toma salvación como complemento directo; es decir, la “salvación” de Jerusalén

está en las fortificaciones. — 2 Cf. Sal 118:19-20; Ap 22:145. — 3 La traducción de este versículo es difícil, por la extremada

concisión del original hebreo. Skinner traduce: “Tú guardas en constante paz una firme disposición, porque es fiel a ti.” En el texto

hebreo se repite dos veces “paz,” pero el griego suprime uno de ellos como ditografía. — 4 El texto original es oscuro. La expresión

“celo del pueblo” puede significar: celo por el pueblo o ardor del pueblo contra los enemigos, etc. — 5 El texto original

dice Refaim, que nosotros traducimos por sombras. Era el nombre que se daba a los gigantes y a los habitantes de ultratumba. Cf.

14:95. — 6 Esta segunda parte del versículo es sumamente oscura. Las traducciones son muy diversas. Hemos aceptado la que nos

parecía mejor con el contexto. — 7 La frase rocío de luces es problemática en cuanto a la segunda palabra. En 2 Re 4:39 se traduce

por hortalizas. Los LXX traducen “rocío de salvación,” lo que indica que leían otra palabra hebrea. — 8 Cf. Sal 36:9; 56:13;

Job 3:20; 33:30; Jn 1:4. En el Talmud se habla de un “rocío” guardado en el séptimo cielo que desciende sobre los huesos de los

muertos, resucitándolos (cf. Skinner, o.c., 210).

1777

27. La Providencia de Yahvé.

Juicio sobre los poderes del mal.

1 Aquel día castigará Yahvé 1 con su espada pesada, grande y poderosa, al leviatán

serpiente huidiza; al leviatán serpiente tortuosa, y matará al monstruo que está en el

mar.

De nuevo el profeta acude a la mitología popular para expresar sus revelaciones e ideas. La imaginación

popular había creado ciertos monstruos marinos. En Job 40,25 se dice que Dios juega

con el “leviatán” como un niño con un juguete. En este pasaje parece se refiere al cocodrilo; sin

embargo, en 3:8 se alude a un monstruo mítico, que sólo pueden manejar los magos y encantadores.

En el fragmento que comentamos parece que el profeta quiere designar a tres potencias políticas

o imperios. Se suele convenir que el monstruo que está en el mar es Egipto, cuyo río Nilo

es a veces llamado “mar.” l El leviatán serpiente huidiza sería Asiría, asentada junto al Tigris, de

curso muy rápido; y el leviatán serpiente tortuosa sería Babilonia, junto al Eufrates, río muy sinuoso

e irregular. Los que suponen que la profecía es de época posterior identifican esos monstruos

con Persia, Siria, los partos, etc. En los kudurrus, o mojones de límite asiro-babilónicos, se

suele representar la divinidad bajo la forma de una serpiente enroscada. Quizá también esto haya

dado lugar a los símiles del profeta.

Cántico a la viña (2-6).

2 En aquel día se dirá: Cantad a la viña deliciosa 2; yo, Yahvé, la guardo, 3 yo la riego

a cada momento para que no falte su follaje 3, yo la guardo día y noche 4 sin enojo.

¡Quién me diera espinas y abrojos en batalla! Marcharía contra ellos y los quemaría

juntamente, 5 a no ser que se pongan bajo mi protección y hagan la paz conmigo,

hagan conmigo la paz. 6 Días vendrán en que Jacob echará raíces, e Israel

echará flores y retoños y llenará la faz del mundo con su fruto.

En el c.5 hemos visto la parábola de la viña aplicada a Israel infructuoso; aquí será lo contrario,

pues Israel dará frutos ubérrimos. Yahvé aquí se siente satisfecho y orgulloso de su viña, Israel, y

dispuesto a defenderla contra los que la quieran perjudicar. El profeta se traslada mentalmente a

la época mesiánica de triunfo del pueblo elegido (en aquel día), e invita a cantar las glorias de la

viña deliciosa, objeto de las complacencias de Yahvé, de tal forma que se constituye en su guardián

permanente, y la cuida con solicitud amorosa, sin enojo; e.d., Yahvé tiene los mejores sentimientos

para ella, porque está contento de su buen estado, al contrario de lo que dijo en 5:5s.

Está tan decidido a guardarla en este buen estado, que está deseando que le vengan enemigos para

probar su solicitud: ¡quién me diera espinas y abrojos en batalla! e.d., para luchar con ellos y

mostrar mi cariño a la viña deliciosa. Naturalmente, todo esto tiene un sentido figurado, pues las

espinas y abrojos simbolizan a los enemigos de Israel, que intentan entrar como ladrones en su

recinto para dañarla en su herencia religiosa. De este modo se comprende el v.$: a no ser que se

pongan bajo mi protección y hagan conmigo la paz. A los impíos y enemigos de Israel no les

queda sino acogerse a Yahvé como a un asilo, reconciliándose con El. Por fin se identifica la viña

con Jacob o Israel, que dará copiosos frutos como consecuencia de la solicitud de Yahvé, que

la limpia en el interior y la defiende contra el exterior; y por ello será tan feraz, que llenará con

1778

sus frutos la faz del mundo. De nuevo encontramos aquí un vislumbre mesiánico, al anunciar el

universalismo de Israel, pues hace partícipes de sus bienes o frutos a los demás pueblos.

Expiación de los pecados de Israel (7-11).

7 ¿Le hirió (Yahvé) como hirió a los que le herían?4 ¿Le mató como mató a los que le

mataban? 8Expulsándole le ha combatido 5, echándole con su soplo impetuoso en día

de viento solano. 9 Por eso, con esto se expió el crimen de Jacob, y éste es todo el fruto

del alejamiento de su pecado: que ponga todas las piedras del altar como piedras

calizas dispersadas, de modo que no se levanten “asneras” y estelas solares. 10 Pues

la ciudad fuerte quedó solitaria, morada desamparada y abandonada como el desierto.

Allí se apacienta el becerro, allí se echa y allí ramonea. 11Cuando sus ramas

están secas, se rompen, vienen las mujeres y les prenden fuego, pues es un pueblo sin

conocimiento; por eso el que lo hizo no tuvo piedad de él, el que lo formó no se compadeció

de él.

El profeta se complace en afirmar que, aunque Yahvé castigó a su pueblo, no usó con él el rigor

que aplicó a otros pueblos que le afligieron (v.7). Dios con Israel tiene otra medida en el castigo,

porque le ha hecho unas promesas, y de ahí que no le castigue hasta el exterminio total, como lo

hace con otros pueblos. Por eso Israel debe tener aún esperanza en Yahvé, que tiene especiales

consideraciones con él. Pero Yahvé pone una condición para otorgarle completamente el perdón,

a saber, que se desentienda de todo vestigio de idolatría, derribando los altares, de modo que no

se levanten “asneras” (troncos sagrados) y estelas solares (v.8) 6. El v.10 presenta una gran dificultad

respecto a la identificación de la ciudad fuerte abandonada. Por lo que se dice en el v.11

(el que la hizo, el que la formó.,.), parece que es Jerusalén castigada por Dios y desolada. Sin

embargo, algunos autores quieren identificarla con la ciudad de 25:2 y 26:5, es decir, con una

gran ciudad capital de un imperio enemigo del pueblo de Dios. La descripción de su ruina es

muy gráfica, pues la ciudad es comparada a un árbol seco del que las mujeres toman las ramas

para encender fuego, y los animales dormitan a su sombra, alimentándose de sus ramas (v.11). Y

toda esta ruina viene como consecuencia de la falta de inteligencia de sus habitantes, que no han

querido ver la mano de Dios en el castigo, orientando sus pasos de nuevo hacia el que la formó

(e.d., su Hacedor).

Retorno del exilio (12-13).

12 Y sucederá aquel día: sacudirá Yahvé espigas desde el río hasta el torrente de

Egipto, y vosotros seréis recogidos uno a uno, hijos de Israel. 13 Y acontecerá aquel

día: se tocará la gran trompeta, y vendrán los perdidos en la tierra de Asur y los

dispersos en la tierra de Egipto, y se prosternarán ante Yahvé en el monte santo de

Jerusalén.

De nuevo una profecía de consuelo sobre el retorno de los exiliados. Es ley en la literatura profética

alternar los oráculos de castigo y las profecías de consuelo y esperanza. Aquí se nos presenta

a los judíos de la diáspora, dispersos en Asiría y Egipto, retornando a su tierra al oír la trompeta

que solemnemente los convoca. Desde el rio: es el Eufrates (cf. 7:20) según la terminología

isaiana. El torrente de Egipto es el wady el-Arish, en los confines de Palestina y Egipto. La frase

desde el río hasta el torrente de Egipto representaba las fronteras ideales de Tierra Santa según

las promesas divinas (Gen 15:18). Dios, antes de inaugurar la era me-siánica, someterá a su

1779

pueblo en toda su amplitud a una prueba para separar el buen grano de la paja (v.12), e irá pacientemente

recogiendo uno a uno a los buenos; pero además llamará a los que están fuera de las

fronteras de su pueblo (v.13) para que se junten en Jerusalén a darle culto 7.

1 Cf. Is 51:9; Hez 29:3; 32:2; Sal 74:13. — 2 El original hebreo dice “viña de vino,” pero el griego lee “de delicias,” lo que se obtiene

por un ligero cambio de consonante final. — 3 El t. hebreo: “para que no se la dañe.” — 4 Otros traducen: “¿Acaso le ha herido

con la herida de quien le hiere, o le ha asesinado como querían asesinarlo?” (Cantera). — 5 El hebreo dice literalmente: “le has

combatido,” en segunda persona; pero el griego traduce “le ha combatido,” lo que se adapta mejor al contexto. — 6 Cf. Is 17:8. —

7 Cf. Is 18:3; Zac 9:14; Mt 24:31; 1 Cor 15:52; 1 Tes 4:16.

28. Ruina de Samaría.

Los capítulos 28-35 suelen considerarse como un grupo especial de profecías caracterizadas por

empezar todas por la palabra conminatoria ¡Ay! Los capítulos 28-33 están constituidos por oráculos

del tiempo de Ezequías, mientras que los capítulos 34-35 son de tipo escatológico.

La autenticidad del c.28 es generalmente admitida, si bien algunos exceptúan los v.5-6,

por razones métricas y de estilo. La parte relativa a Samaría (1-4) se supone que es anterior a la

caída de ésta en el 721 antes de Cristo, si bien no es posible precisar si es del tiempo de la guerra

siro-efraimita (733) o posterior, cuando estaban ya cerca las tropas de Salmanasar V, dispuestas a

atacar a Samaría. Como no se menciona a Damasco, aliada de Samaría contra Jerusalén, se supone

que la profecía es más bien de los tiempos inmediatos a la caída de aquélla.

Amenaza contra Samaría (1-4).

1 Ay de la corona soberbia, de los ebrios de Efraím y de la flor marchita de su esplendoroso

ornato, que (se alza) sobre la cima del fértil valle, de los que se atracan

de vino. 2 He aquí que el Señor dispone de un fuerte y poderoso, como turbonada de

granizo, como huracán devastador, como chaparrón impetuoso de aguas torrenciales,

que derriba a tierra con violencia. 3 Será hollada con los pies en la corona soberbia

de los ebrios de Efraím, 4y la flor marchita de su esplendoroso ornato, que (se

alza) sobre la cima del fértil valle, será como breva tempranera que se adelanta a la

cosecha, que, en viéndola, apenas se la tiene en la mano, se la traga.

El oráculo se abre con un apostrofe contra Samaría: corona soberbia. sobre la cima de un fértil

valle, que es la mejor definición de su posición geográfica, sobre una colina redonda, con sus

calles escalonadas, rodeada por otras colinas, formando como una corona o guirnalda, colocada

sobre la cabeza de los ebrios, entregados a todos los excesos sensuales (cf. Sab 2:7ss: “coronémonos

de rosas.”). La corrupción sensual de los nobles de Efraím (tribu principal del reino del

norte, que aparece como sinónima de éste y de su capital, Samaría) había sido desenmascarada

unos años antes por Amos (6:1ss). Por eso, la frase ebrios de Efraím adquiere todo su realismo

en esta descripción. Samaría es como una corona adornada con flores marchitas de los entregados

a la orgía. Es una flor marchita (v.1) porque está próxima a la ruina y a perder su orgulloso

esplendor. Los palacios de Samaría eran famosos por sus labores de marfil y por su fastuosidad.

La corrupción moral consiguiente al período de prosperidad debido a Jeroboam II llegó a su

colmo pocos años antes de su ruina. Las dinastías se sucedieron con rapidez increíble, porque no

había más ley que la fuerza y la espada. El castigo sobre la ciudad corrompida vendrá enviado

por Dios, que tiene reservado un instrumento punitivo (un fuerte y poderoso, como turbonada de

granizo., v.a), que es el ejército asirio, que ya entonces había tomado Siria y se disponía a em1780

prender sus incursiones por Palestina. Teglatfalasar III había sido el iniciador de las grandes

conquistas en la costa del Mediterráneo. Su sucesor, Salmanasar V (727-722), las continuaría, y

pondría sitio a Samaría (722); pero el conquistador real de ésta sería Sargón II (721-705). Y Samaría

será para los conquistadores asirios •como una breva tempranera (v.4), que se come con

toda ilusión por ser las primicias de los frutos, y aparecer unos dos meses antes de los otros normales

(en junio, mientras que el fruto normal de la higuera madura en agosto en Palestina). Samaría,

pues, sería las primicias de las conquistas de los asirios en Palestina, y por eso su conquista

constituía una verdadera ilusión para los asirios l.

La gloria de los tiempos mesiánicos (5-6).

5 En aquel día Yahvé de los ejércitos será corona de gloria y diadema de hermosura

para las reliquias de su pueblo, 6 espíritu de juicio para el que se sienta en juicio, y

de valentía para los que rechazan la batalla hasta la puerta.

La idea de la corona le trae, por asociación de ideas y por contraste, la verdadera corona de gloria,

que es Yahvé para su pueblo. De nuevo el profeta, después de anunciar un castigo inminente

para su pueblo, se vuelve a los tiempos mesiánicos para sembrar esperanza y confianza en

Dios. Todas las crisis nacionales son limitadas, porque hay una promesa de gloria para el pueblo

elegido. Para que el auditorio no se dejara llevar demasiado por el horizonte negro de castigo que

acababa de presentar, les pone ante los ojos esta nueva perspectiva gloriosa. En toda catástrofe

nacional se salvará un “resto” (las reliquias de su pueblo), que será heredero de las promesas de

rehabilitación y núcleo de resurrección nacional en los tiempos mesiánicos. Y en la época mesiánica

habrá un ambiente de equidad, porque Yahvé infundirá un espíritu de juicio (cf. Is

11:2) en los gobernantes (v.6), de modo que juzguen conforme a justicia y no se dejen llevar del

cohecho o de la acepción de personas. Además, Yahvé infundirá espíritu de valentía a los guerreros

que se vean obligados a rechazar al enemigo hasta la puerta fuera de la ciudad (los que rechazan

la batalla hasta la puerta, v.6) 2.

Corrupción de los sacerdotes y profetas (7-8).

7 Y también ellos se tambalean por el vino y vacilan por los licores. Sacerdotes y

profetas se tambalean por los licores, se ahogan en vino, titubean por los licores, vacilan

por las bebidas fuertes, se tambalean en la visión, tropiezan en los juicios. 8

Porque todas las mesas están llenas de vómitos e inmundicias, no hay lugar para

más.

El profeta había expuesto la situación de orgía entre los jefes de Samaría, pero también en Jerusalén

se respira el mismo ambiente (v.7). Sobre todo, los que tenían más obligación de dar ejemplo

y dirigir al pueblo son los más degenerados. Eran los enemigos de la predicación de los verdaderos

profetas, que preconizaban una política de abandono en Dios y no alianza con potencias

extranjeras. La descripción es sumamente plástica. Por efecto del vino, los profetas no aciertan a

dar el sentido de sus visiones, e.d., no pueden comunicar el oráculo divino, que era privativo de

los profetas, ni los sacerdotes pueden dar rectos juicios (v.8). Según Dt 17:8; 19:17, los sacerdotes

eran los encargados de las cuestiones judiciales.

1781

Diálogo entre Isaías y sus adversarios (9-13).

9 ¿A quién va a enseñar ciencia y a quién hará entender los oráculos? 3 ¿A los recién

destetados, a los arrancados de los pechos? 10 Porque: “Tsaw latsaw,” “tsaw latsaw,”

“qaw laqaw,” “qaw laqaw,” “zer sham,” “zer sham”4 11Pues por balbucientes

de labios y con lengua extranjera hablará a este pueblo. 12Aquel que les dijo: Este es

el reposo, dad reposo al fatigado, y éste es el descanso; pero no quisieron escuchar, 13

y será para ellos palabra de Yahvé: “Tsaw latsaw,” “tsaw latsaw,” “qaw laqaw,”

“qaw laqaw,” “zer sham,” “zer sham,” para que anden y caigan de espaldas y sean

quebrantados, tomados en el lazo y aprisionados.

Los sacerdotes y profetas se sienten heridos en su amor propio ante la acusación de Isaías contra

su depravada conducta, y por eso dicen: ¿A quién va a enseñar ciencia? Este oficio era privativo

de ellos, y por eso consideran a Isaías como un ingenuo intruso en sus oficios. Y los profetas, por

su parte, le dicen: ¿A quién hará entender los oráculos? lo que era privativo de los profetas, públicamente

reconocidos por el Estado como ellos. El profeta Isaías transcribe con ironía materialmente

los balbuceos de esos sacerdotes y profetas en estado de embriaguez y atolondramiento:

tsaw, latsaw. No obstante, las traducciones de estas palabras han sido variadísimas entre los

comentaristas5. Sin embargo, parece que Isaías recoge las palabras burlonas de sus adversarios y

les anuncia un castigo terrible; pues si ellos ahora balbucean irónicamente con palabras entre

dientes e ininteligibles, esto será un anticipo del balbuceo de unos invasores que hablan lenguas

extrañas, los asirios. Dios les hablará, pero por balbucientes de labios y con lengua extranjera,

e.d., traerá un ejército como instrumento de su justicia, que los castigará, profiriendo palabras

para ellos ininteligibles (v.11). Y a continuación enuncia sus principios de política internacional:

En vez de fatigarse yendo de aquí para allá en busca de alianzas extranjeras, lo mejor es que estén

tranquilos confiando en Yahvé (éste es el reposo., v.12), dejando tranquilo al pobre pueblo,

fatigado de tantos tributos para preparativos bélicos. Pero, puesto que no han querido entender

este lenguaje sencillo de reposo del Señor, éste les hablará en un lenguaje que remedará ese lenguaje

burlón que han empleado con el profeta (tsaw, latsaw., ν.13), es decir, les enviará a un

ejército que habla una lengua extraña, que los hará caer de espaldas, y serán tomados prisioneros.

Falsa presunción de los jefes israelitas (14-22).

14 Oíd, pues, burlones, la palabra de Yahvé; dominadores de este pueblo que está en

Jerusalén. 15 Porque dijisteis: Hemos hecho pacto con la muerte, nos hemos concertado

con el “seol”; el azote desencadenado pasará sin llegar a nosotros, porque nos

hemos hecho de la mentira abrigo, de la perfidia refugio. 16 Por eso dice el Señor

Yahvé: He aquí que he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra probada,

piedra angular, de precio, sólidamente asentada; el que en ella se apoye no titubeará.

17 Y del derecho haré regla, y de la justicia haré nivel. Y la granizada echará

abajo el abrigo de la mentira, y las aguas torrenciales inundarán el refugio. 18 Vuestro

pacto con la muerte será roto 7, y vuestra convención con el “seol” no subsistirá;

cuando el azote desencadenado pase, os aplastará; 19 siempre que pase, os tomará y

pasará todas las mañanas, de día y de noche, y su espantoso terror os servirá de lección

8. 20 Porque la cama será corta para estirarse, y la manta demasiado estrecha

para envolverse. 21 Porque se alzará Yahvé como en el monte de Perasim, y rugirá la

1782

cólera como en el valle de Gabaón, para realizar su obra, obra extraordinaria; para

hacer su obra, obra inaudita. 22 Y ahora no os burléis, no sea que se aprieten vuestras

ataduras, pues decretada está la ruina sobre toda la tierra. Yo se lo he oído al

Señor, Yahvé de los ejércitos.

El profeta se encara con sus adversarios, que hacen mofa de su ministerio profético. Se consideran

superiores a él y como dominando la situación. Su loca autosuficiencia les hace creer que se

hallan a salvo de todo peligro, y consideran a Isaías como a profeta de mal agüero. No: creen que

les alcanzará el azote, porque han hecho pacto con la muerte,., con el seol, para que les respete

sus vidas. El seol, como morada de la muerte, era insaciable en su exigencia de vidas humanas;

por eso se le llama el “insaciable”9. Pero los jefes de Jerusalén creen que no les afectará el peligro

de muerte. En todo esto hay un fuerte dejo de ironía 10. Además han acudido a todos los medios

diplomáticos de falsedad para librarse del peligro, sin excluir la traición: Hemos hecho de la

mentira abrigo, de la perfidia refugio (ν. 15). Dios va a poner una piedra angular probada

(v.16) como fundamento de un nuevo edificio, que es la nueva teocracia establecida en Sión; y

esa piedra simboliza el resto de bendición o núcleo de restauración sobre el que se asentará el

reino de Dios en su nueva fase definitiva. Esa piedra llevará una inscripción: El que en ella se

apoye no titubeará. Esa piedra es probada quién acepta a Dios. Ha pasado por la prueba de la

tribulación y aceptada con complacencia por parte de Dios, y será la base del nuevo edificio que

Yahvé va a edificar n. Pero ese edificio estará asentado sobre la equidad y la justicia, ya que Dios

utilizará como regla y plomada en su edificación el derecho y la justicia (v.17). Y ese edificio

permanecerá en medio de las tormentas, mientras que el abrigo de la mentira que se han construido

los adversarios del profeta desaparecerá cuando llegue el turbión. Los que se libren de uno

serán presa de otro. Y de nada les servirán entonces los medios escogidos para librarse del peligro:

la cama será corta para estirarse, y la manta demasiado estrecha para envolverse (v.20),

frase proverbial para indicar la escasez de medios de liberación que tendrán a mano. Tendrán que

aguantar el turbión a la intemperie y como encogidos por la estrechez material en que se verán.

Dios mismo intervendrá en este castigo, como lo hizo en el monte de Perasim y en Gabaón ayudando

a David en la batalla contra los filisteos (2 Sam 5:12-20) 12. Pero ahora Dios hace una obra

extraordinaria e inaudita, e.d., se pondrá al frente de los enemigos de Israel, los asirios invasores,

para caer sobre su pueblo. Y el profeta termina con una reconvención por bien de ellos: que

no sigan pecando, burlándose de él, no sea que se aprieten más sus ataduras (v.22), el yugo asirio.

Mientras más prosigan en su política de buscar auxilio en Egipto, olvidándose de Dios, más

dura será la represión por parte de los futuros vencedores asirios, que el profeta ve venir ya sobre

Palestina. Dios ha decidido ya la invasión asiría, y no resta sino someterse pacíficamente, sin tomar

parte en aventuras políticas.

Parábola agrícola (23-29).

23 Atended y oíd mi voz, prestad atención y oíd mi palabra: 24 ¿Acaso está el labrador

arando todo el día para sembrar, abriendo y rastrillando su tierra? 25 Después

de allanar la superficie, ¿no siembra la neguilla o esparce el comino, o echa el trigo

en líneas o la cebada en su sitio y la avena en sus lindes? 26 Su Dios le instruye y le

enseña cómo ha de hacer. 27 Pues no se trilla la neguilla con el trillo ni se hace pasar

sobre el comino la rueda de la carreta, sino que la neguilla se bate con el palo, y el

comino se bate con la vara. 28 Y el trigo, ¿se muele acaso? No, es pisado sin cesar, se

hace pasar sobre él la rueda de su carro, pero no se muele. 29 También esto proviene

1783

de Yahvé de los ejércitos, cuyo consejo es admirable y cuya sabiduría es grande.

En esta hermosa parábola, tomada de la agricultura, el profeta da una gran lección teológica sobre

la marcha de la Providencia divina sobre su pueblo. Dios no obra ciegamente, sólo con el fin

de castigar y aniquilar a su pueblo, sino que hace las cosas según las circunstancias exigidas por

cada momento. Como el labrador no está siempre cavando o trillando, sino que alterna sus labores

según las necesidades, y como no trata igual el trigo que la avena o la neguilla, así Dios en su

proceder con el pueblo israelita le trata según merezca en cada momento. El labrador sabe lo que

conviene en cada caso, y esta enseñanza la recibió del mismo Dios (v.26). Según los antiguos, la

agricultura había sido enseñada por la misma divinidad. Era un oficio tan importante y complicado,

que no podía tener el hombre otro instructor que Dios (Eclo 7:15ss) 13. Así, Yahvé dirige el

curso de la historia y sabe lo que conviene al pueblo de Israel, y si le castiga no es por capricho,

sino por exigencias de su justicia y sabiduría, para hacerlos volver al buen camino. Como el labrador

no rotura la tierra por capricho, sino con vistas a la cosecha, así Dios castiga para bien de

su pueblo, para prepararlos a la era de justicia y paz mesiánicas, que es la meta del pueblo escogido.

Tal es la gran lección de esta bellísima parábola.

1 La imagen con este sentido es corriente en los Profetas (cf. Os 9:10; Miq 7:1; Nah 3:12; Jer 24:2. — 2 Algunos autores, por razones

métricas, creen que estos dos versículos son adición posterior, pero la psicología profética es muy especial, y no siempre sigue

nuestras categorías lógicas occidentales. — 3 Literalmente en hebreo, “lo que se oye,” e.d., el comunicado divino u oráculo. — 4

Muchos autores prefieren traducir estas palabras de un supuesto balbuciente; así Skin-ner traslada: “porque precepto sobre precepto,

regla sobre regla, un poco aquí, un poco allá” (223). También lo entiende así Dennefeld (o.c., 108). En ese caso, el sentido sería

que los adversarios del profeta, cansados de sus oráculos y preceptos, le contestarían en un tono balbuciente, en conformidad

con su estado de embriaguez: “ya estamos cansados de que nos trates como niños destetados, dándonos preceptos y reglas sin

fin..” — 5 El texto griego traduce: “tribulación sobre tribulación, esperanza sobre esperanza, aún un poco, aún un poco.” La Peshitta:

“excremento sobre excremento, excremento sobre excremento, deyección sobre deyección, un poco aquí, un poco allá.” La

Vulgata: “Manda remanda, manda remanda, expecta, reexpecta, modicum ibi, modicum ibi.” Y San Jerónimo comenta: “Praecipe,

impera. exspecta paulisper. venient quae futura praediximus” (cf. Condamin, o.c., 182). — 7 Literalmente en hebreo, “será cubierto”.

Con un ligero cambio de letras tenemos “será roto,” que se adapta bien al contexto. — 8 Otros traducen: “y el entender el oráculo

infundirá terror.” — 9 Cf. Prov 27:20; 30:15.' — 10 No parece probable la interpretación que supone que ese pacto con “la

muerte y el seol” se refiera a ritos religiosos por los qué se pusieran bajo la protección dé Ósiris é Isi.s, divinidades egipcias de la

muerte. Esto repugna a la más elemental sensibilidad religiosa hebrea. — 11 La tradición ha considerado esa “piedra angular”

como tipo del Mesías, en cuanto que es la culminación del pueblo israelita, el instaurador del nuevo Israel de Dios, que empalmaba

con el resto fiel del A.T. — 12 Cf. 1 Par 14:11ss (Baal Perasim). Se suele identificar Perasim con Ras-en Nadir, entre Jerusalén

y Jaffa, cerca de Aim Karim. Y Gabaón con el actual ed-Gib (véase Vincent, Jerusalem I P.119). — 13 Cf. Virg., Geor.” 1.147.

29. Humillación de Jerusalén.

Incredulidad del Pueblo.

Tres oráculos hay en este capítulo que comienzan por ¡αν! y que primitivamente parece eran

independientes: a) inminente asedio de Jerusalén y su liberación (1-8); b) ceguera espiritual del

pueblo escogido (9-12); c) confusión de los sabios (13-14). No obstante ser tres oráculos distintos,

parecen tener cierta ilación lógica. Se supone que son proferidos antes de la invasión de Senaquerib

(701), cuando había aún demasiado optimismo en el pueblo, lo que se refleja en estos

fragmentos.

Asedio y liberación de Jerusalén (1-8).

1 ¡Ay de Ariel, Ariel, ciudad donde acampó David! Añadid a un año otro año, sigan

las fiestas su giro. 2 Yo oprimiré a Ariel, y habrá llantos y gemidos, y será para mí

como un Ariel. 3 Y acamparé en círculo contra ti, te cercaré de trincheras y alzaré

1784

baluartes contra ti, 4 y, humillada, desde la tierra hablarás, y desde el polvo surgirá

tu palabra. Y sucederá que de la tierra saldrá tu voz como la de un fantasma, y del

polvo tu palabra como un murmullo. 5 Y será la muchedumbre de tus enemigos como

fino polvo; la turba de tus tiranos, como paja que vuela, y vendrá esto de repente,

en un momento. 6 Serás visitada de parte de Yahvé de los ejércitos con truenos,

estruendo y gran ruido, con huracán, tempestad y llama de fuego devorador. 7Y será

como un sueño, como visión nocturna, la muchedumbre de naciones que combaten a

Ariel, que le atacan y embisten su fortaleza y la estrechan de cerca. 8 como el hambriento

sueña que come, y despierta y está vacía su alma; como sueña que bebe el

sediento, y se despierta desfallecido, y su alma sedienta, lo mismo sucederá a la muchedumbre

de todas las naciones que pelean contra el monte de Sión.

El oráculo tiene un aire conminatorio contra Ariel, nombre simbólico de Jerusalén, como exige el

contexto explicativo inmediato: donde acampó David (v.1). Se ha explicado este extraño nombre

de diverso modo. Para unos, Ariel significaría “león de Dios,” y entonces encarecería la categoría

de la ciudad, considerada como “león invencible” 2. Pero este título en un oráculo de conminación,

que tiene en cuenta sobre todo las infidelidades de Jerusalén, no parece adaptarse al contexto.

El Targum da otra opinión, que se suele considerar como más aceptable; a saber, Ariel significaría

“horno del altar” u “hogar de Dios,” aludiendo al altar de los sacrificios. Algunos consideran

Uriel como una pronunciación dialectal y defectuosa de Urusalem, que fue el nombre antiguo

de Jerusalén, y que se conserva en el Urusalimmu de las inscripciones asirías. Pero todos

convienen en que el nombre designa a Jerusalén, donde acampó David, e.d., estableció su residencia

de modo permanente. Añadid un año a otro: parece ser una indicación de la fecha en que

Jerusalén será cercada: esperad aún un año. Vendrá el cerco (v.2), y la carnicería y hoguera serán

tales que tendrá Jerusalén el aspecto de un Ariel o altar de los holocaustos. Suponiendo que Isaías

hablaba en el atrio del templo, podemos figurarle indicando a los fieles el altar humeante de

llamas en que eran quemadas las víctimas como símbolo de la catástrofe inminente. Si Ariel se

traduce por “león de Dios,” entonces la frase tendría un sentido favorable: Jerusalén resistiría

como un león el ataque; pero en el contexto parece que encaja mejor el primer sentido desfavorable,

pues a continuación anuncia el asedio con todo detalle: acamparé en círculo contra ti.

(ν.3). Durante este asedio, Jerusalén perderá el actual jolgorio, y, abatida, hablará sollozante con

palabra entrecortada, como un fantasma (v.4) desde el profundo de la tierra.

La mente del profeta después de este cuadro sombrío se traslada — según el conocido

contraste psicológico de los oráculos proféticos — mentalmente a un horizonte de liberación y de

alivio. Los enemigos serán numerosos (v.5), pero Ariel (Jerusalén) será visitada (v.6) en sentido

favorable, e.d., auxiliada. Yahvé aparecerá en toda su majestad omnipotente para acabar con los

enemigos, según la escena tradicional del Sinaí, con truenos y relámpagos. No es necesario tomar

esto al pie de la letra, pues esta descripción es un clisé estereotipado para presentar a Yahvé

en la literatura bíblica del Antiguo Testamento. Los enemigos se desvanecerán como un sueño

(ν.7), y quedarán defraudados, corno queda el sediento y el hambriento al despertar después de

soñar con manjares suculentos y bebidas refrescantes (v.8).

Ceguera espiritual del pueblo (9-12).

9 Espantaos, asombraos, ofuscaos y cegaos 3; embriagaos, pero no de vino; bamboleaos,

pero no por los licores. 10 Porque derramó Yahvé sobre vosotros un espíritu

de letargo, y cierran vuestros ojos los profetas y velan vuestras cabezas los videntes.

1785

n Y toda revelación es para vosotros como palabras de libro sellado que se da a leer

a quien sabe leer, diciéndole: “Lee, por favor, esto,” y responde: “No puedo, el libro

está sellado.” 12 O se da el libro a quien no sabe leer, diciéndole: “Lee, por favor,” y

responde: “No sé leer.”

El profeta anuncia un castigo a la obstinación y voluntaria ceguera de los jefes del pueblo, que no

querían aceptar las profecías que se les anunciaba (V.9). Van a quedar como ebrios, sin discernimiento;

el Señor les va a enviar un espíritu de letargo (ν.10) ο de sopor espiritual 4 que los deje

insensibles para todo lo espiritual, cerrándoles los ojos y velándoles las cabezas para que no puedan

entender nada, y estén como ciegos y memos. Las palabras profetas y videntes (v.10) son

generalmente consideradas como glosas añadidas por un escriba que no entendía el sentido del

versículo. Caso de que pertenezcan al original, el sentido sería que Dios infunde un sopor a los

jefes espirituales del pueblo, sus cabezas y ojos (profetas y videntes), para que no entiendan sus

visiones, y así permanezca el pueblo obcecado. Las profecías les serán tan incomprensibles como

lo es para uno que sabe leer saber el contenido de un libro que está cerrado y sellado, o para el

analfabeto el sentido de las letras de un libro.

Culto superficial a Yahvé (13-14).

13 Y el Señor dice: Pues este pueblo se me acerca sólo de palabra y me honra sólo

con los labios, mientras que su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es sino

un mandamiento humano aprendido. 14 Por eso he aquí que voy a hacer nuevamente

con este pueblo extraordinarios prodigios, y la sabiduría de sus sabios perecerá, y la

sagacidad de sus prudentes se eclipsará.

Dios no aprueba el culto formalista insincero del pueblo israelita, porque su corazón esta lejos de

El (ν.13). La religión era así considerada como una exigencia social, sobre todo después de la

reforma de Ezequías, por la protección que el Estado deparaba. De ahí que la religión sea considerada

por el profeta como un mandamiento humano aprendido (v. 14), una imposición social

recibida del ambiente o del Estado teocrático de la época. Nuestro Señor compara la situación de

los fariseos a la de los contemporáneos del profeta: “Este pueblo me honra con los labios, pero su

corazón está lejos de mí” (Mt 15:8-9). Esta insinceridad del pueblo israelita obliga a Dios a mandarles

un castigo, pues va a hacer extraordinarios prodigios, una obra extraña (cf. 28:29), a saber,

en vez de ayudar a los israelitas, como ellos esperaban, traerá a los invasores, instrumento de

su cólera. Y de este modo quedará en evidencia la falsa sabiduría de los sabios (v.14), e.d., la política

calculada y humana. Dios hará que sus cálculos diplomáticos, basados en la ayuda de Egipto,

no sirvan de nada ante el invasor asirio, instrumento de su justicia.

Insensatez de los dirigentes de Israel (15-16).

15 ¡Ay de los que buscan lo profundo para encubrir sus designios! ¡Ay de los que se

esconden de Yahvé, queriendo encubrir sus pensamientos y para sus obras buscan

las tinieblas! y dicen: ¿Quién nos ve? ¿Quién nos conoce? 16 ¡Qué perversidad la

vuestra! ¿Es que ha de considerarse como arcilla el alfarero, de suerte que diga la

obra a su hacedor: No me has hecho tú, y la vasija al alfarero: No entiende?

Parece que el profeta alude a los planes de alianza con Egipto, llevados en secreto como medio

de liberación de la invasión asiría. Creen que obran en secreto (v.15) y que no lo sabe Isaías, re1786

presentante de Dios. Le indigna que hagan planes sin contar con Yahvé, que es el único que puede

salvarles. Esto supone un insulto a su omnisciencia y omnipotencia; es como si Dios fuera la

arcilla y ellos los alfareros para dirigir y modelar los acontecimientos humanos. Qué perversidad

querer suplantar los planes de Dios, como si Dios no fuese inteligente para modelar el curso de la

historia de su pueblo; como si la vasija (los jefes políticos de Israel) dijera a su Hacedor (Dios):

No estás capacitado para dirigir estos asuntos. Israel es un pueblo esencialmente teocrático, y

Yahvé es el centro de su historia; por eso sólo a El le pertenece dirigir el curso de la política

israelita. Lo contrario es una transgresión del pacto, una rebelión.

Transformación física y moral en los tiempos. mesiánicos (17-24)

17 ¿Es que en breve tiempo el Líbano no se convertirá en vergel, y el vergel será tenido

por bosque? 18 Y los sordos oirán aquel día las palabras del libro, y los ciegos

verán sin oscuridad y sin tinieblas. 19 Y los humildes volverán a tener alegría en

Yahvé, y los pobres entre los hombres se gozarán en el Santo de Israel. 20 Porque se

acabaron los tiranos, se terminaron los mofadores y fueron aniquilados los que se

iban tras la iniquidad, 21 los que por una palabra culpaban a un hombre ponían

asechanzas al que juzga en la puerta y daban de lado al justo por nada. 22 por eso el

que redimió a Abraham, Yahvé, dice a la casa de Jacob: Ahora no será confundido

Jacob, ya no palidecerá su rostro. 23 Pues cuando vea a sus hijos, la obra de mis manos,

en medio de él, santificarán mi nombre, y pregonarán santo al Santo de Jacob,

y temerán al Dios de Israel. 24 Y los de alma descarriada aprenderán la sabiduría, y

los murmuradores aprenderán la doctrina.

La era mesiánica será realzada con la transformación de la naturaleza física para aumentar la felicidad

de los ciudadanos de la teocracia nueva: El Líbano se convertirá en vergel; e.d., su tradicional

frondosidad se aumentará en un grado insospechado, hasta convertirse en un espléndido

vergel de delicias5, y lo que ahora es vergel será tenido por bosque (v.17), e.d., lo que ahora se

considera como máxima manifestación de la fertilidad de una tierra será entonces considerado

como un simple bosque en comparación con la feracidad edénica de los tiempos mesiánicos6. En

32:15 encontramos descripciones parecidas para ensalzar las maravillas de los tiempos mesiánicos.

Sobre todo los ciegos y sordos (ν. 18) espiritualmente (probable alusión a los v. 11-12) verán

y oirán, por fin, las palabras del libro, que antes parecían selladas y no querían leerlas. Aquí

se refiere a las profecías de Isaías, a las que eran refractarios sus contemporáneos; la realidad espléndida

de los tiempos mesiánicos les hará abrir los ojos espiritualmente para reconocer a

Yahvé como supremo auxilio de su pueblo. Otros autores prefieren entender sordos 3; ciegos en

sentido material, como continuación de la descripción imaginaria ideal de los tiempos proféticos;

todo se transformará, la naturaleza física y los mismos hombres, entre los cuales no habrá defectuosos

corporalmente. En otro oráculo (Is 35:6s) dirá que en los tiempos mesiánicos los cojos

darán saltos como el ciervo; aquí nos encontraríamos, pues, con una idealización hiperbólica de

los tiempos mesiánicos, muy al gusto de los orientales. En ese cuadro deslumbrador ocupan el

primer término los humildes y pobres o mansos (V.19), para quienes todo cambiará. Su suerte

será gozarse en el Santo de Israel, participar de su amistad, gozándose en el triunfo de su Dios

sobre sus enemigos. Ha pasado ya la hora de los tiranos y mofadores (v.20), que hacían escarnio

de la religión y de los piadosos, imponiendo su arbitraria voluntad y atrepellando los derechos de

los justos, procurando ganarse con artilugios y regalos al que juzga en la puerta (v.21), e.d., o

bien el juez oficial o el hombre escogido espontáneamente por las partes litigantes para dirimir

1787

una cuestión.

A Israel le está reservado un futuro de gloria, de acercamiento a Dios. Y prenda de ello

es Yahvé, el mismo que redimió a Abraham, e.d., le sacó de su parentela idolátrica en Mesopotamia

para asignarle una misión gloriosa7; a sus hijos (v.23) es generalmente considerada como

glosa, como aposición a la obra de sus manos, que en 28:21 es el castigo de Yahvé sobre su pueblo.

Santificaran mi nombre, e.d., reconocerán la gloria de Dios, antes olvidada, y en su conducta

observarán un temor reverencial hacia el Dios de Israel, el Santo de Jacob.

30. La Alianza con Egipto.

Los Tiempos Mesiánicos.

El profeta era opuesto a toda política extranjera que pudiera comprometer los intereses del pueblo

de Dios; por eso aquí se opone a la alianza con Egipto, que no les habría de reportar sino desastres,

pues ni con ella podrán hacer frente a la inminente invasión asiría.

Inutilidad de la alianza con Egipto (1-5).

1 ¡Ay de los hijos rebeldes, dice Yahvé, que toman consejo, pero no de mí; que derraman

libaciones, pero no según mi espíritu, añadiendo pecados a pecados!

2Toman el camino para bajar a Egipto sin haber consultado a mi boca, para refugiarse

al amparo del faraón, para abrigarse a la sombra de Egipto. 3Pero el amparo

del faraón será vuestra vergüenza, y el abrigo a la sombra de Egipto será vuestra

confusión, 4 pues cuando estén sus príncipes en Zoán y lleguen sus embajadores a

Janes, 5 todos quedarán burlados por el pueblo, que de nada les servirá, ni podrá

socorrerlos ni ayudarlos, mas será su vergüenza y su ignominia.

El apostrofe empieza con un calificativo que es familiar a Isaías en los primeros capítulos del

libro (1.2.4), rebeldes, aplicado a los israelitas, en cuanto desprecian sus leyes, despreciando la

protección paternal de Yahvé, buscando ayuda en una nación extranjera, Egipto; derraman libaciones8,

e.d., hacen pactos con acompañamiento de libaciones rituales, y no según mi espíritu, a

saber, no conforme a las instrucciones dadas a los profetas, sus representantes en lo tocante a la

política de Dios, que no es otra sino confiar en El. Esta conducta del pueblo suponía añadir pecados

a pecados sobre los ya habituales en Judá. Ya han partido los embajadores a buscar la protección

de Egipto sin consultar la boca de Dios (v.2), e.d., a sus profetas y sus representantes.

Los profetas eran la boca de Yahvé, en cuanto transmitían sus mensajes al pueblo. Pero de nada

servirá esta embajada a Egipto, pues sólo les traerá confusión y vergüenza (ν·3); ya que nada podrá

Egipto contra la invasión asiría. Los faraones de la 25 dinastía egipcia, que eran los que reinaban

en este tiempo, fueron extremadamente desafortunados en sus luchas con Asiría. Isaías

sabía su debilidad, y por eso pone en guardia a su pueblo cuando tratan de buscar amparo. y

abrigo a la sombra de Egipto (v.3); cuando sus príncipes estén en Zona y. sus embajadores en

Janes (v.4), serán defraudados ante la impotencia de un pueblo que de nada les servirá (v.5), y

por eso les será ocasión de vergüenza e ignominia. Zona es Tainas (19:11), al sudeste del Delta,

en su parte extrema. Janes, generalmente identificada con la localidad llamada en egipcio Hines,

y ahora Aúnas, que a su vez en tiempos helenísticos era llamada Heracleópolis Magna, al sur de

Menfis, cerca de El Cairo actual. Ambas ciudades podían considerarse como los extremos del

1788

Bajo Egipto 9. Los embajadores, pues, de Judá recorren todo el Bajo Egipto buscando ayuda, pero

todo en vano, porque el pueblo egipcio no podrá socorrerlos ni ayudarlos 10.

Impotencia de Egipto (6-7).

Suele considerarse este oráculo, que empieza con la frase enigmática Oráculo de las bestias

del Negueb, como distinto del anterior, si bien es paralelo en el contenido, e.d., alusión a una

embajada judía a Egipto. El estilo es enigmático, parecido al de los c.21-22. No son pocos los

autores que consideran el título Oráculo de las bestias del Negueb como adición de algún escriba

posterior, como introducción al fragmento isaiano, que se presentaría como un bloque errático

sin introducción especial.

6 Oráculo de las bestias del Negueb a través de una tierra de angustia y de tribulación,

de donde salen el león y la leona, la víbora y el dragón volador. Llevan a lomo

de asnos sus riquezas, y sobre la giba de los camellos sus tesoros, para un pueblo que

de nada sirve. 7 Porque el socorro de Egipto no es más que vanidad y nada; por eso

le llamo: Rahab que está tranquilo.

El profeta presenta a los embajadores de Judá en marcha hacia Egipto a través del Negueb, parte

sur de Palestina, desde Bersabé hasta la frontera egipcia. Era una región desértica, donde habitaban

bestias salvajes, entre ellas leones, y el dragón volador de la imaginación popular. Asaradón

dice que durante su expedición a Egipto (670) encontró en ese desierto serpientes de dos cabezas,

y Herodoto habla de serpientes aladas vistas por él en Egipto, y que procedían de esta región desértica

de los alrededores de Suez ll. Isaías destaca la importancia que dan los judíos a esta embajada,

que no se arredra ante peligros tan grandes a través del Negueb, y con todo detalle los presenta

llevando sus riquezas (v.6) a lomo de asnos y de camellos para ganar a la corte egipcia. En

todo esto hay un trasfondo de ironía, que refleja el alto costo que supone para Judá el mantener

su política exterior meramente humana, cuando todo se arreglaría simplemente con confiar en

Yahvé y serle obedientes. Los judíos, en cambio, llevan todo esto para un pueblo que de nada

sirve (v.6). Egipto es tan inútil (vanidad y nada, ν.7), que el profeta se atreve a darle el nombre

de Rahab esta tranquilo. Rahab es el nombre de un monstruo marino 12, que en hebreo significa

“arrogante, impetuoso,” y tradicionalmente se aplicaba a Egipto como manifestación políticomilitar,

llena de arrogancia y de desafío frente al otro coloso asirio. Aquí el profeta parece jugar

con el significado de Rahab (“arrogante e impetuoso”) aplicado a Egipto, y la realidad de la debilidad

y somnolencia política de esta nación, en trance de desaparecer ante Asiría 13.

Obstinación del pueblo (8-14).

8 Ve, pues, y escribe en una tableta ante ellos, y consígnalo en un libro, para que sea

en los tiempos venideros perpetuo y eterno testimonio14. 9Porque éste es un pueblo

rebelde, hijos fementidos que no quieren escuchar la ley de Yahvé. 10Que dicen a los

videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis cosas rectas; decidnos cosas

halagüeñas, profetizadnos mentiras, 11apartaos del camino, quitaos del sendero, dejad

de poner a nuestra vista el Santo de Israel. 12 Por eso así dice el Santo de Israel:

Ya que rechazáis esta palabra y confiáis en iniquidades y falsedades y en ellas os

apoyáis, 13por eso será para vosotros esta iniquidad como grieta que va a caerse, joroba

en alto muro, cuyo derrumbamiento llega de repente, en un instante, 14y se

rompe como sin piedad se rompe una vasija de alfarero, hasta no quedar siquiera

1789

un tejón para sacar fuego del hogar o para sacar agua de la cisterna.

Fracasado su intento de querer ganar a sus compatriotas a la cordura, recibe la orden expresa de

poner por escrito, como testimonio eterno, un oráculo relativo al futuro de sus compatriotas, al

menos para que sirva de prueba cíe su profecía para las generaciones futuras (cf. 8:16). El pueblo

no quiere oír las predicaciones desagradables del profeta (v.10), y desea que tome un tono más

contemporizador: Apartaos del camino, e.d., de la conducta hasta ahora seguida por Isaías; pues

no quieren nada con el Santo de Israel. El profeta les recuerda esta denominación solemne que

resume la realidad tremenda de Yahvé, santo, incontaminado, pero vinculado a los intereses históricos

de su pueblo. Puesto que prefieren confiar en iniquidades y falsedades (v.12), en alianzas

políticas llenas de doblez y peligro para la religión de Judá, les anuncia la ruina inminente: el estado

de cosas en Judá es tan ruinoso, que todo está a punto de crujir y caer, como muro resquebrajado

(v.13), y la ruina será tan general, que no se podrá aprovechar nada de la actual situación,

comparada a una vasija rota de la que no queda ni un tejón (v.14.) para los usos más rudimentarios

domésticos.

Verdadera y falsa política (15-17).

15 Porque así dice el Señor, Yahvé, el Santo de Israel: En la conversión y la quietud

está vuestra salvación, y la quietud y la confianza serán vuestra fuerza; 16 pero no

habéis querido, y habéis dicho: No, huiremos en caballos (por eso huiréis), y sobre

ligeros (corceles) cabalgaremos. Por eso correrán veloces vuestros perseguidores.

17(Huirán) mil ante la amenaza de uno solo 15. Huiréis amenazados por cinco, hasta

quedar como un mástil sobre la cumbre de un monte y como una bandera sobre una

colina.

La política de Dios, expresada reiteradamente por el profeta, no es otra que la conversión a Yahvé

sincera y la quietud (v.15) o abstención de toda trama política humana respecto a posibles

alianzas con pueblos extraños 16. Los compatriotas de Isaías se sienten arrogantes, y no quieren

seguir la política del profeta, diciendo con autosuficiencia: Huiremos en caballos (v.16), se sobrentiende

contra el enemigo, y el profeta irónicamente les dice: Efectivamente huiréis, pero perseguidos

por otros caballos más veloces que los que os prestarán los egipcios. Huirán despavoridos

en desbandada: mil ante la amenaza de uno solo (ν.17). La frase recuerda la del cántico de

Moisés: ¿Cómo puede uno solo perseguir a mil, y dos poner en fuga a diez mil? 17. Sólo quedará

un resto en la huida, como un mástil sobre el monte abandonado.

Rehabilitación de Jerusalén (18-26).

Aquí parece cambiar la perspectiva profética. Muchos autores creen que es un oráculo

posterior al mismo Isaías, si bien los argumentos meramente internos no son convincentes. En

realidad, la complejidad psicológica de los profetas puede explicar cambios abruptos en las

ideas.

18 Por eso os está esperando Yahvé para haceros gracia, y se levanta para tener misericordia

de vosotros, porque es Yahvé Dios justo, y bienaventurados cuantos en El

esperan. 19 Porque, pueblo de Sión, habitantes de Jerusalén, ya no llorarás más. Te

hará gracia a la voz de tu clamor; al oírte te responderá. 20 Y el Señor os dará a comer

el pan de la angustia y el agua de congoja. Ya no se ocultarán tus maestros, sino

1790

que con tus ojos los verás, 21 y oirás con tus oídos una palabra detrás de ti diciendo:

Ese es el camino; anda por él cuando vayáis por la derecha o por la izquierda. 22

Tendréis entonces como inmundicia la plata que cubre vuestros ídolos y el oro que

decora vuestras imágenes, y las tiraréis como cosa inmunda, diciendo: ¡Fuera! 23 Entonces

te dará El la lluvia para la simiente que siembras en la tierra, y el pan que la

tierra produzca será suculento y nutritivo. Entonces pacerán tus ganados en pastos

pingües, 24 y los bueyes y los asnos que labran la tierra comerán forraje salado,

aventado y bieldado. 25 Entonces, en todo monte alto y en todo collado elevado,

habrá arroyos y corrientes de aguas al tiempo de la gran matanza, de la caída de las

torres. 26 Y será entonces la luz de la luna como la luz del sol, y la luz del sol siete veces

(mayor), como la luz de siete días, el día en que Yahvé vendará la herida de su

pueblo y sanará la llaga de sus azotes.

El profeta anuncia una época de perdón y de felicidad para su pueblo después del castigo, como

es normal en la literatura profética. La misma miseria a que había sido reducido Sión será razón

para que Yahvé se apiade de su pueblo (v.18). Yahvé es ante todo un Dios justo (lit. “Dios de

juicio”). Aquí se trata del juicio purificador sobre el pueblo elegido para liberarlo de sus opresores;

pero sólo sacarán provecho de él los que confían en Dios (v.18). Dios estaba esperando ansiosamente

el momento de intervenir a favor de Sión después del castigo; y ahora los va a liberar;

pero antes quiere que pasen por un período de penuria extrema, en que tendrán que comer el

pan de la angustia y el agua de la congoja (v.20), expresión bíblica corriente para designar los

tiempos calamitosos en que la comida y bebida están tasadas 18. Después vendrá una época en

que no se ocultarán tus maestros (v.20); e.d., los profetas, encargados de dirigir al pueblo espiritualmente,

podrán hablar públicamente sin necesidad de ocultarse, como hasta ahora; ellos serán

como una voz amonestada que indica el camino recto que deben seguir cuando se desvíen a derecha

o a izquierda (v.21). La expresión detrás de ti parece aludir a la costumbre de los pastores,

que van detrás del rebaño, indicando el camino con sus gritos. Así harán los profetas con su pueblo

para que no se descarríe 19. Por su parte, Israel abandonará sus ídolos, considerándolos como

inmundicia (v.22), y echándolos fuera como cosa indigna. Dios, en cambio, corresponderá a este

gesto colmándoles de bendiciones materiales en el campo (v.23), enviando la lluvia benéfica para

que el pan sea suculento y nutritivo. Los pastos serán tan abundantes, que hasta los bueyes y

asnos que labran la tierra (aún hoy día se ven en Palestina uncidos un buey y un asno) se nutrirán

de los mejores piensos imaginables: forraje salado, aventado y bieldado (lit. “aventado con

pala y horca,” para indicar el sumo cuidado con que ha sido escogido). El símbolo de la fertilidad

edénica de la tierra será la abundancia de agua en las colinas y montañas (v.25), la ilusión máxima

de un pobre fellah palestiniano. Y todo ello tendrá lugar al tiempo de la gran matanza, e.d.,

después del juicio de Dios (27:1-7; 2:12-15) sobre los pueblos e impíos, que para los justos significa

la hora de la liberación y de la salud. Y hasta en el firmamento los astros redoblarán su brillo

en beneficio de los justos (v.26). De nuevo encontramos aquí a la naturaleza asociada a la transformación

moral de los tiempos mesiánicos para hacer más venturosa la condición de los ciudadanos

de la nueva teocracia.

Aparición gloriosa de Yahvé (27-33).

Se supone que este fragmento está destinado a un grupo de discípulos de Isaías (los creyentes),

y parece que es del tiempo de la invasión de Senaquerib. Algunos autores, por razones

de crítica interna, sostienen que el oráculo es de un discípulo de Isaías.

1791

El día de Yahvé sobre las naciones (27-29).

27 He aquí el nombre de Yahvé, que viene de lejos, Arde su cólera y es pesado el

humo que sube; sus labios están llenos de furor, su lengua es como luego devorador.

28Su aliento es como torrente desbordado, que sube hasta el cuello para cribar a las

naciones en la criba de la destrucción y poner bozal de engaño a las mandíbulas de

los pueblos. 29Entonces vosotros cantaréis como en noche en que se santifica una

fiesta, tendréis alegre el corazón, como quien marcha al son de la flauta, para ir al

monte de Yahvé, a la Roca de Israel.

La descripción gira en torno a una teofanía solemne de Yahvé. La expresión nombre de Yahvé

equivale en la literatura bíblica a manifestación gloriosa de Dios. Es sinónimo de “gloria de

Yahvé” (cf. 59:19; Sal 102:16). Se describe una tempestad que viene de lejos 20, como una nube

cargada de humo, y dentro de ella un ser lleno de furor (v.27), resoplando amenazador con su

aliento como torrente desbordado (v.28), como inundación que llega hasta el cuello, amenazando

anegarlo todo. Yahvé hará entonces las veces de una criba para purificar y discriminar a los

pueblos, y será como un domador que pone a las mandíbulas de los pueblos un bozal de engaño

(v.29), e.d., que permite en su providencia se descarríen para después manifestar su justicia 21.

Esta manifestación justiciera será causa de la alegría general de los justos israelitas, como en la

víspera de la fiesta de la Pascua, en que se celebraba también la destrucción de los egipcios por

el ángel exterminador. Y el profeta presenta otra imagen típica de alegría, alusiva a la procesión

de peregrinos que avanzaba al son de la flauta camino del templo (Sal 42:4; 1 Re 1:40), al monte

de Yahvé, a la Roca de Israel, e. d., a la colina de Sión, donde habitualmente residía Yahvé, la

Roca (o fortaleza) de Israel.

Castigo de Asiría (30-33).

30 Y hará oír Yahvé su voz majestuosa, y mostrará el descenso de su brazo, en el ardor

de su ira, en medio de un fuego devorador, en tempestad, en aguacero y en granizo.

31 A la voz de Yahvé temblará Asur y será herido con el palo. 32 Y sucederá que

cada golpe de palo correctivo que Yahvé descargue sobre él, se (dará) al son de tambores

y arpas, y en luchas agitadas les combatirá. 33 Está desde hace mucho tiempo

preparado un “tofet,” está también destinado al rey 22. Honda y ancha es la hoguera,

fuego y leña hay en abundancia, que el soplo de Yahvé va a encender como torrente

de azufre.

Yahvé viene en medio de una tempestad y hace oír su voz majestuosa, o trueno, al mismo tiempo

que muestra el descenso de su brazo, a saber, se dispone a descargar su brazo vengador sobre

Asiría. Es la imagen de un guerrero airado que descarga su brazo sobre el enemigo en medio de

un fuego devorador, e.d., entre relámpagos y rayos. Es la descripción tradicional de las teofanías

de Yahvé por influencia del recuerdo de la famosa del Sinaí. Después viene el aguacero y el

granizo, como en la batalla de Gabaón (Jos 10:11). Ante esta manifestación de majestad tempestuosa

temblará Asiría. Por otra parte, este castigo de Asiría será motivo de alegría para Israel

(cada golpe. se dará al son de tambores, v.32). Yahvé luchará con el asirio (en luchas agitadas)

hasta vencerle. La carnicería será de tales proporciones, que el campo de batalla dará la impresión

de un tofet, que era el famoso lugar en la convergencia del Cedrón y del valle de Hinnom

(Ge-Hinnom: Gehenna, actualmente er-Rabab1)> donde se había dado culto a Moloc o Melec

1792

(cf. 2 Re 23:10).

1 El texto griego lee “como David,” en vez de “en círculo” del texto hebreo. Siguen aquella lectura Gondamin, Cheyne, etc. — 2 Cf.

Skinner, o.c., 231; Ez 43:15; Gen 46:16; Núm 26:17; 2 Sam 23:20. — 3 La primera palabra en hebreo parece que significa “deteneos”;

pero con un ligero cambio de letras se obtiene “asombraos,” que suele ser preferido de muchos autores. — 4 Cf. Gen 2:21;

15:12; 1 Sam 26:12. — 5 Otros traducen, en vez de vergel, “huerto frutal,” y entonces se aludiría no a la frondosidad del Líbano,

sino a su fertilidad. — 6 Algunos prefieren ver aquí una contraposición: el Líbano quedaría reducido a un vergel por gloriarse demasiado,

mientras que el vergel modesto se convertiría en bosque altivo y soberbio: Dios abajaría al orgulloso y elevaría al

humilde. — 7 Según una leyenda tardía judía, Abraham fue liberado por Dios de una muerte violenta Preparada por los idólatras

(cf. Libro de los jubileos c.12, citado por Skinner, o.c., 238). — 8 “Derramar libaciones” era una frase equivalente a “hacer un

pacto,” como en el griego sponde (libación) y sponsai (alianza, esponsales); cf. Skinner, o.c., 239. — 9 Muchos autores creen que

“sus príncipes y sus embajadores” se refiere a los príncipes del faraón. — 10 Suele traerse a colación la frase de Sargón II a propósito

de los egipcios: “Piru, rey de Egipto, príncipe que no puede salvar.” — 11 Herod., III 75; cf. Skínner, o.c., 242. — 12 Cf. Is

51:9; Job 9:13; 26:12. Como símbolo de Egipto, cf. Sal 87:4; 89:10. — 13 Muchas son las traducciones: “Rahab el silencioso”

(Hensler), “Rahab el adormilado” (Condamin). — 14 El texto hebreo dice literalmente: “para los días venideros (o postreros) y

para siempre.” Un ligero cambio de vocalización nos da “para testimonio.” — 15 Algunos creen que el texto está corrompido; pero,

con todo, se ve la idea general y su dependencia de Dt 32:30. — 16 Cf. Is 7:4; 28:16. — 17 Dt 32:30; Lev 26:28; Jos 23:10. —

18 Cf. 1 Re 22:27; 2 Par 18:20. — 19 No pocos autores suponen que aquí la voz que les habla detrás es el mismo Yahvé en persona,

y leen, en vez de “maestros,” en singular: “Maestro.” — 20 En Dt 33:2 se presenta al Señor desde el Sinaí. — 21 El texto está

incompleto, y, por tanto, su sentido es oscuro. — 22 Otros traducen: “Está también destinado a Melec o Moloc,” dios extranjero,

al que se habían sacrificado niños y era objeto de repugnancia para los israelitas (melec significa también rey),

31. La Justicia de Yahvé.

Inutilidad de la ayuda de Egipto (1-3).

1 Ay de los que bajan a Egipto en busca de socorro, y confían en los caballos, y en la multitud

de carros ponen su esperanza, y en la fuerza de los jinetes! Pero no miran al Santo de

Israel y no buscan a Yahvé. 2 Pero también El es diestro en traer males y no retira su palabra.

Y se levantará contra la casa de los malvados, contra el socorro de los que obran la

iniquidad. 3 El egipcio es un hombre, no es un dios, y sus caballos son carne, no son espíritu.

Y en tendiendo Yahvé su mano, caerá el protector y caerá el protegido, ambos juntamente

perecerán.

Egipto era famoso por sus caballos 1 y era la única potencia que podía disponer de carros de

combate frente a Asiría. Las pequeñas naciones de la costa siró-fenicio-palestina confiaban desmesuradamente

en el poder militar egipcio, y ahora el profeta lo declara abiertamente. Los políticos

de Jerusalén se preocupan de todo menos de Yahvé, el Santo de Israel. Pero Dios sabe esperar

su hora, y a su tiempo enviará el castigo (es diestro en traer males, v.1) y mantendrá su palabra

relativa a los castigos futuros, cuya realización se retarda solamente por pura misericordia.

En realidad, el que dirige el curso de la historia es Dios, y, por tanto, de nada servirán poderes

que, como el egipcio, son sólo hombres, ayudados de medios materiales, que son sólo carne

(v.3). Por tanto, cuando Yahvé levante su mano para castigar, caerá el protector (Egipto) y el

protegido (Judá).

Yahvé, único salvador de Judá (4-9).

4 Porque así me ha dicho Yahvé: Como león que ruge o como cachorro de león sobre

su presa, contra el cual se reúne toda la turba de pastores, pero no se acobarda de

sus gritos ni se turba ante el ruido de ellos, así Yahvé de los ejércitos descenderá a la

lucha en el monte de Sión, en su collado. 5Como aves que levantan el vuelo protegerá

Yahvé de los ejércitos a Jerusalén; protegiendo salvará, perdonando dejará escapar.

1793

6Volveos, hijos de Israel, a aquel de quien tan profundamente os habéis separado.

7Porque, en aquel día, cada cual tirará sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que

vosotros os hicisteis con vuestras manos pecadoras. 8Asur caerá a la espada, que no

es espada de hombre, y espada de uno que no es hombre le devorará. Huirá ante la

espada, y sus jóvenes (guerreros) serán cautivados, 9y de terror desaparecerá su roca,

y sus príncipes, espantados, abandonarán la bandera. Así dice Yahvé, que tiene

su fuego en Sión, y su horno en Jerusalén.

Parece que este fragmento tiene un carácter de liberación, en contraposición al anterior, de castigo

por la mala política de los jefes israelitas. De nuevo nos encontramos aquí con la alternancia

de amenazas y promesas, tan usual en la literatura profética. Dios sale a defender a Jerusalén como

un león su presa, sin hacer caso de los que se opongan a ello (los pastores). Es una imagen

gráfica que expresa la decisión de Dios en la defensa de Jerusalén 2. Yahvé, pues, desciende a la

lucha. en Sión (v.4) para defenderla contra sus enemigos. Esta protección de Dios sobre Jerusalén

queda más esclarecida con el otro símil de las aves que levantan el vuelo (ν.6) ο revolotean

sobre sus nidos protegiendo a sus pollitos 3. El profeta invita a los israelitas a corresponder a esta

gracia de la liberación de los enemigos, entregándose de lleno a Yahvé y abandonando sus antiguos

cultos idolátricos (v.6-7). Las manos de ellos eran pecadoras, porque habían contribuido a

multiplicar los ídolos por ellas fabricados. De nuevo la mente del profeta se refiere al hecho de la

liberación de Asiría, que no es obra de política humana, sino de Dios: Asur caerá a la espada,

que no es espada de hombre (v.8). Si sucumbe en la guerra, no es por efecto de los ejércitos contrarios,

sino por la intervención de Dios, que así dirige el curso de la historia. Los asirios huirán

despavoridos, y desaparecerá la roca, e.d., su sostén material, el jefe del ejército o rey, y vendrá

la deserción general. Y todo este pánico es efecto de la intervención de Yahvé, que para los enemigos

de Judá tiene el efecto de un fuego devorador: Yahvé, que tiene su fuego en Sión y su horno

en Jerusalén. Quizá aquí traiga esta imagen por asociación de ideas con el Ariel de 29:1ss, o

sencillamente juegue con la imagen bíblica de la ira divina, manifestada como un horno ardiendo

que devora a sus enemigos (Sal 21:9).

1 Cf. DIODOR., 1:45; HOM., Ilíad. 9,383. — 2 Algunos autores prefieren entender la imagen en sentido contrario: Yahvé, por medio de

Asiría, despedazaría a Sión como el león la presa, sin hacer caso de los pastores (políticos de Judá y egipcios) que a ello se oponían.

Pero en el v.5 se habla de una protección de Yahvé sobre Jerusalén. — 3 Condamin supone que falta algo en el versículo, en el

que se indicaría la huida de los enemigos “como aves que levantan el vuelo.”

32. Reinado Ideal de Justicia.

Oráculo Contra las Mujeres.

Tres partes: 1) la equidad en los tiempos mesiánicos (1-8); 2) oráculo contra las mujeres (9-14);

3) renovación de la naturaleza y de la sociedad (15-20).

Parece que es un fragmento independiente del anterior. Suele ponerse la composición de

estos oráculos a fines del ministerio profético de Isaías, cuando su mente se recreaba y consolaba

con la contemplación del futuro mesiánico ideal.

Reinado de justicia en la sociedad futura (1-5).

1 He aquí que reinará un rey en justicia y gobernarán príncipes en juicio. 2 Cada

1794

uno será como abrigo contra el viento, corno refugio contra la tempestad, como corriente

de agua en tierra sedienta, como sombra de una gran roca en tierra desértica.

3 No se ofuscarán los ojos de los que ven, y estarán atentos los oídos de los que

oyen. 4 Y el corazón de los precipitados entenderá sabiamente, y la lengua de los tartamudos

hablará claro y expedito. 5 No se llamará ya noble al loco, ni magnánimo al

bellaco.

La futura sociedad israelita estará en manos de gentes equitativas y justas, empezando por el rey

y sus príncipes. En tiempo de Isaías, el rey Ezequías fue un rey justo y religioso, pero sus colaboradores

llevaron a la nación a la ruina material y aun religiosa, a pesar de la reforma emprendida

por aquél. En la nueva perspectiva mesiánica, todo cambiará, y las clases directoras estarán poseídas

de un profundo sentimiento de justicia y equidad social. Los príncipes y el rey serán (cada

uno.) como abrigo contra el viento. (v.2), e.d., garantía para el pobre y desvalido y auxilio en los

momentos de necesidad (como corriente de agua en tierra sedienta, v.3), cubriéndolos con su

beneficencia como sombra de roca en tierra desértica, que es más refrescante que la de los mismos

árboles, y que en una tierra desértica es el único refugio para el caminante *. Y también se

transformará el pueblo, de modo que pueda adquirir un sentido de perspicacia espiritual para

captar las cosas religiosas, (v.3). El mismo pueblo adquirirá un fino instinto para distinguir a los

verdaderos nobles de los falsos: No se llamará ya noble al loco, ni magnánimo al bellaco (ν.5).

Conducta del bueno y del malo (6-8).

6 Porque el insensato dice insensateces, y su corazón maquina la maldad: comete

iniquidades, hablando erróneamente de Yahvé; deja vacía el alma del hambriento y

quita al sediento la bebida. 7 Las armas del malvado son perniciosas: traza planes

malignos para perder al desvalido con palabras mentirosas, aunque sea justa la causa

del pobre, 8 mientras que el noble tiene nobles designios, y en sus nobles designios

persevera.

El profeta recrimina la conducta del insensato (v.6), aquí en el sentido de hombre irreligioso e

inmoral, que no se preocupa de sus deberes elementales sociales, como dar de comer al hambriento

y de beber al sediento, sino que más bien trama cómo aprovecharse de la situación débil

del desvalido para obtener propias ganancias, engañándole (v.7) y pisoteando sus derechos. La

conducta del noble moralmente es todo lo contrario, ya que en su mente sólo se preocupa de cosas

dignas y nobles 2.

Oráculo contra las mujeres (9-14).

9 Mujeres descuidadas, levantaos, oíd mi voz; mujeres confiadas, prestad oído a mi

palabra. 10 Dentro de un año habréis de temblar, ¡oh confiadas! porque se habrá

acabado la vendimia, la cosecha no vendrá. ll Temblad, descuidadas; estremeceos,

confiadas; despojaos, desnudaos, ceñios los lomos. 12 Se dan golpes de pecho, (llorando)

por los hermosos campos y las fértiles viñas. 13En la tierra de mi pueblo crecen

los cardos y las espinas, y aun en las casas de placer de la ciudad alegre. 14 Porque

los palacios están desiertos, abandonada la ciudad ruidosa; el Ofel y la torre de

guardia 3 para siempre convertidas en cuevas, lugar de delicia para los asnos salvajes

y de pasto para los ganados.

1795

Ante una manifestación popular de júbilo, quizá con motivo de la fiesta de los Tabernáculos

(pues en el v.10 se habla de la vendimia y la cosecha), tradicionalmente bulliciosa, el profeta

lanza a las mujeres un presagio tremendo que las ha de afectar en extremo. Les echa en cara su

despreocupación (v.1) y les anuncia una devastación próxima (v.2), con lo que cesará la vendimia

y la cosecha, y, por tanto, será ocasión de un duelo general entre ellas. Por ello las invita a

organizarse en duelo (ceñios los lomos, desnudaos.,., v.11). La desolación será tan general, que

no sólo en las fértiles viñas (v.12), sino hasta en las casas de placer de la ciudad alegre crecerán

los cardos y las espinas. Esta imagen es corriente en la literatura profética para indicar el estado

de desolación y abandono en que quedarán los campos fértiles y las mismas ciudades, las cuales

sólo servirán para que retocen los asnos salvajes, u onagros, y pasten los ganados (v.14). Dentro

de la ciudad se destaca la colina llamada Ofel, donde estaban las dependencias del palacio y donde

estaría la torre de guardia.

La nueva sociedad mesiánica (15-20).

15 Hasta que sea derramado sobre nosotros espíritu de lo alto, y el desierto se trueque

en vergel, y el vergel sea tenido por selva, 16 y el derecho more en el desierto, y la

justicia en el vergel. 17 La paz será obra de la justicia; y el fruto de la justicia, el reposo

y la seguridad para siempre. 18 Mi pueblo habitará en mansión de paz, en moradas

seguras, en asilo de reposo, 19 y la selva caerá a los golpes del granizo 4, y la

ciudad será del todo abatida. 20 Venturosos los que sembráis a orillas de todas las

aguas y soltáis el pie del buey y del asno.

De nuevo nos encontramos con la contraposición de dos horizontes distintos: después de la desolación,

la época de ventura y de seguridad. Es el constante balanceo de la mente profética, amenazando

y ofreciendo esperanza para atraer las mentes al verdadero camino. Después de la desolación,

Yahvé enviará un espíritu de lo alto que vivificará toda la naturaleza (v.15). Esta sufrirá

una transformación, asociándose al reinado de justicia y de paz que reinarán en el país. La amenaza,

pues, anterior es temporal, ya que se anuncia una rehabilitación de la sociedad en medio de

una naturaleza transformada: el desierto, o tierra esteparia, se convertirá en vergel, y éste será tan

exuberante que parecerá una selva (v.15). El sentido de justicia dará como fruto una sensación de

paz y de tranquilidad social (v.17). El v.19 parece ser una glosa interpuesta. El texto hebreo dice

literalmente: “y granizará cuando caiga la ciudad.” Aquí, si el texto es correcto, el granizo sería

símbolo del juicio divino 5. Siguiendo la traducción que hemos puesto en el texto, la selva sería

Asiría, y la ciudad quizá Nínive, su capital. De todos modos, parece que el v.13 rompe la conexión

lógica del contexto, y probablemente es una glosa posterior, con un sentido escatológico.

El profeta termina su oráculo salvador con un epifonema que resume la felicidad de los

ciudadanos futuros de la nueva teocracia:

Venturosos los que sembráis a orillas de todas las aguas y soltáis el pie del buey y del

asno (v.20). Entonces Judá será como un paraíso, en el que abundará el agua por doquier, y por

eso todos los sembrados serán de regadío. Y habrá tal seguridad en el campo, que se podrá soltar

al buey y al asno libremente, sin temor a las fieras ni a que los roben. Isaías tiene preferencia

por destacar el lado pacífico de la vida agrícola en los tiempos mesiánicos, en contraposición

al espíritu belicista militar, que debe desaparecer como signo de desconfianza entre los ciudadanos

6. En Oriente se suelen atar los pies de los animales para que no salgan de un área limitada.

En los tiempos mesiánicos será tal la abundancia de todo, que podrán pastar por doquier sin restricción

alguna.

1796

1 Cf. Virgil., Georg. III 145: “sáxea umbra.” — 2 No pocos autores suponen que los v.6-8 son adición posterior, obra de un escriba de

la época sapiencial. Al menos su contenido es muy similar al género sentencioso sapiencial. — 3 Otros traducen, en vez de

“Ofel,” nombre propio, “colina,” donde estaba la ciudad y sus defensas. Así Condamin. La palabra que traducimos por “torre de

guardia” es en hebreo rara; algunos la relacionan con el egipcio bhn-t, “torre,” o bhn, “villa.” — 4 El texto es oscuro. La traducción

adoptada es la de Condamin. Otros traducen: “el bosque se derrumbará” (Dennefeld). — 5 Cf. Is 28:2.17; 30:30. — 6 Cf. Is

9:5.

33. Contraste entre la situación triste de Jerusalén y su futuro

glorioso.

Se anuncia primero la destrucción de un enemigo, al que no se nombra, que ha asolado a Judá, y

después la intervención de Yahvé salvando a su pueblo. El estilo es un poco heterogéneo, alternando

partes líricas con partes didácticas. La crítica independiente mantiene que este fragmento

es posterior a Isaías. Los católicos en general sostienen la autenticidad isaiana, si bien reconocen

que el texto está retocado, y de ahí su oscuridad actual. Y como posible época de composición se

suele poner la inmediata anterior a la invasión de Senaquerib (701), con ocasión de una supuesta

embajada de Ezequías al rey asirio, que estaba en Laquis, ofreciéndole tributo a condición de que

no asediara Jerusalén; condición que Senaquerib no habría de cumplir después. En este ambiente,

pues, Isaías habría proferido esta profecía contra el invasor.

Opresión del invasor.

1 ¡Ay de ti, devastador que no has sido devastado, saqueador que no has sido saqueado!

Cuando acabes de devastar, serás tú devastado; cuando acabes de saquear,

serás tú saqueado.

El profeta se encara con el insolente invasor, que cree puede imponer libremente su voluntad a

los vencidos, saqueando y sembrando la desolación por doquier. En realidad, él aún no ha sentido

dentro de sus fronteras la devastación, pero llegará un momento en que también al tirano invasor

le espera el mismo castigo impuesto por él a los pueblos sometidos, porque es Yahvé quien

dirige la historia, y él es simplemente instrumento de su justicia vengadora; pero, cuando

haya cumplido su misión, será también saqueado (v.1).

Plegaria y confianza en Yahvé (2-6).

2 Ten, ¡oh Yahvé! piedad de nosotros; en ti esperarnos. Sé tú nuestro brazo cada

mañana, nuestra salvación en tiempo de angustia. 3 A la voz del estruendo huyen los

pueblos; cuando te alzas tú, las naciones se dispersan. 4 Se recoge el botín (como)

cuando se recogen las langostas, y se precipitan sobre él como se precipita la langosta.

5 Excelso es Yahvé, porque mora en la altura y llena a Sión de derecho y de justicia.

6 La seguridad de tus tiempos será tesoro de salvación, de sabiduría y de ciencia;

el temor de Yahvé será su tesoro 2.

Yahvé es el brazo o fuerza de los que confían en El. Al manifestarse en el fragor y el estruendo

(v.3) que acompañan a su intervención, huyen los pueblos. Cuando Yahvé se dispone a castigar

(te alzas), se dispersan las naciones, dejando un rico botín (v.4), sobre el que caen como langostas

los escogidos de su pueblo, en favor de los cuales Yahvé ha intervenido. El profeta reconoce

1797

la majestad de Yahvé, que habita en la altura (v.5), en un lugar inaccesible a sus enemigos; pero

al mismo tiempo desde allí infunde a la capital de la teocracia, Sión, un sentimiento de seguridad

y de justicia, que serán las virtudes personales de todos los ciudadanos de la nueva era venturosa.

Y, sobre todo, la gran adquisición (su tesoro, v.6) de los tiempos mesiánicos será un profundo

sentimiento de temor de Yahvé, base de la vida social e individual. Todos estos conceptos tienen

un aire y ritmo de literatura sapiencial. Quizá sean consideraciones piadosas de un escriba posterior

intercaladas en el contexto de Isaías sobre la desolación producida por un invasor.

Pánico general y duelo de la naturaleza (7-9).

7 Ved: los de Ariel lanzan gritos fuera3, los mensajeros de paz lloran amargamente. 8

Los caminos están desiertos, dejaron de pasar los caminantes. Ha roto la alianza, ha

aborrecido las ciudades 4, no hace cuenta de nadie. 9 La tierra está en luto, mustia;

el Líbano, confuso, desfallecido. Sarón es un desierto 5, el Basan y el Carmelo han

perdido su follaje.

Ante una invasión inminente, los habitantes de Jerusalén (los de Ariel, ν.7) prorrumpen en gritos

de consternación. Algunos autores, siguiendo otra traducción, creen que los que así gritan son los

héroes o defensores de la ciudad. A ellos se juntan los mensajeros de la paz, quizá los enviados

ante Senaquerib en Laquis para pedir la paz, que fueron después traicionados por el rey asirio

según una interpretación bastante generalizada del pasaje. En el v.8 se habla de la ruptura de un

tratado, y quizá se aluda a este hecho. La inminencia de la invasión ha hecho que los caminos

estén desiertos y la vida de la nación se paralice. La naturaleza participa de esta desolación general

(la tierra esta en luto., V.9), asociada al estado general de sus habitantes, como es corriente en

la literatura profética. Y los lugares famosos por su frondosa vegetación, como el Líbano, toman

parte en este duelo general (V.9). Está como confuso por su estado marchito 6. Sarón es la llanura

que se extiende a orilla del mar desde Jafa al Carmelo, famosa por sus lirios y belleza natural.

Basan era celebrada por sus bosques tupidos, al este del Jordán (cf. Is 2:13).

Respuesta de Yahvé (10-14).

10 Ahora voy a levantarme, dice Yahvé; ahora surgiré y me alzaré. Concebiréis heno y pariréis

paja, y vuestro soplo será fuego, que os devorará. 12 Los pueblos serán reducidos a

ceniza, como zarzas cortadas y consumidas por el fuego. 13 Vosotros, los que habitáis lejos,

oíd lo que he hecho, y los que estáis cerca conoced mi poder. 14 Los pecadores en Sión se

espantan, el temblor ha sobrecogido a los impíos. ¿Quién de nosotros podrá morar en el

fuego devorador? ¿Quién habitará en los eternos ardores?

Yahvé ha oído la plegaria hecha por el profeta en nombre del pueblo, y está dispuesto a intervenir

enérgicamente. Los enemigos han concebido vanos proyectos, como de heno. El resultado

será tan vano como la paja. Es más, el furor de ellos (vuestro soplo, v.11) se volverá contra ellos

como fuego devorador, porque Yahvé les castigará por haber atropellado a su pueblo. Quedarán

reducidos a cenizas (pueblos: son los enemigos de Israel, asirios y aliados), pasto de las llamas.

Esta obra justiciera será objeto de admiración por parte de todos los que están lejos y los que están

cerca (v. 13). Los pecadores que habitan en la ciudad santa se espantarán al ver la manifestación

de la justicia divina sobre los enemigos de Israel, la cual alcanzará también a los israelitas,

que han sido infieles a Yahvé, y confiesan que no pueden continuar habitando en medio de un

fuego devorador (v.14), e.d., rodeados de la santidad de Dios, que habita en Sión, y que es como

1798

un horno devorador para sus enemigos. De nuevo encontramos aquí la idea de Ariel como hogar

u horno de Yahvé, fuente de irradiación de su santidad, que actúa como un ardor eterno para

quienes le rodean. Los impíos no pueden soportar este ambiente de santidad que los recrimina y

condena.

Respuesta a los pecadores (15-16).

15 El que camina en justicia y habla rectitud, el que rechaza ganancias, frutos de violencias;

el que sacude sus manos para no tomar soborno, el que cierra sus oídos para

no oír (proposiciones) sanguinarias y se tapa sus ojos para no ver el mal, 16 ése

habitará en las alturas y tendrá su refugio en firmes rocas; se le dará pan, y tendrá

el agua asegurada.

Este fragmento tiene muchas analogías con la literatura de los Salmos (cf. Sal 15 y 23:45). En él

se enumeran las condiciones para pertenecer con derecho de ciudadanía a la nueva teocracia inaugurada

con la victoria de Yahvé. Es un programa moral práctico: ser recto en palabras y obras,

sin dejarse llevar de soborno ni dar oído a lo que pueda llevar a homicidios. Quien en su conducta

privada se sujeta a este programa, habitara en las alturas; es decir, Dios le protegerá y le hará

sentirse seguro como quien se refugia en fortalezas y lugares altos rocosos e inaccesibles a los

enemigos. Por otra parte, Dios le bendecirá en sus bienes y no le faltará nada de lo necesario para

la vida, como son el pan y el agua, símbolo de los bienes materiales sustanciales.

Los tiempos mesiánicos (17-21).

17 Tus ojos verán al rey en su belleza, y verán la tierra que se extiende hasta muy lejos.

18 Tu corazón meditará sobre (los días) de terror: ¿Dónde está el que contaba?

¿Dónde el que pesaba? ¿Dónde el que contaba las torres? 19 A esa gente insolente no

verás más, a ese pueblo de lengua oscura que no se entiende, de lengua tartamudeante,

que no se comprende. 20 Mira a Sión, la ciudad de nuestras festividades; verán

tus ojos a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no emigra, cuyas estacas no

serán arrancadas i ni rota cuerda alguna, 21 sino que allí está Yahvé, magnífico para

nosotros, lugar de ríos y Nilos anchurosos, por donde no irán barcas de remos ni pasará

ningún majestuoso navio.

La perspectiva de los nuevos ciudadanos es deslumbradora: ante sus ojos surge radiante la soñada

figura del rey en su belleza (v.17), e.d., el Mesías en toda su manifestación regia, rutilante de

belleza. Algunos autores creen que aquí el rey es simplemente Ezequías después de la victoria

sobre los asirios7. Sin embargo, la perspectiva es mucho más amplia, y parece desbordar en el

contexto la persona y la época de Ezequías, contemporáneo del profeta. En los versos anteriores

parece que éste tiene ante sus ojos la nueva Jerusalén de los tiempos mesiánicos. Es un fenómeno

corriente en la literatura profética la superposición de perspectivas y planos históricos, es decir,

la contemplación del presente con rasgos del futuro mesiánico, y la descripción de los tiempos

mesiánicos con tópicos de la época histórica del profeta. No cabe duda que aquí Isaías pensaba

en Jerusalén liberada de los asirios, que eran la pesadilla de la época; pero al mismo tiempo presenta

a sus oyentes otro horizonte más amplio, centro de todas las esperanzas judías: la nueva

era mesiánica. Con el nuevo rey, el país de Judá adquirirá sus antiguas fronteras, se dilatarán sus

confines (ν.17). Entonces los israelitas, reflexionarán sobre los tiempos calamitosos pasados, sobre

la opresión de su pueblo por parte de los paganos, y a su memoria vendrá el que contaba, el

1799

que pesaba, e.d., los oficiales encargados de recoger los tributos de guerra. Como no existía la

moneda acuñada, se pesaban los metales para su evaluación (Gen 13:16). El que contaba las torres:

frase oscura. Quizá aluda a la inspección de las torres y fortificaciones por parte de los oficiales

asirios para cerciorarse de que estaban desmanteladas y no se realizaban nuevas obras de

defensa 8.

La mente del profeta se complace en presentar a sus oyentes el espectáculo esperanzador

de Jerusalén, lugar de las asambleas religiosas (v.20), como una tienda sólida (que no emigra),

sin estar sujeta a cambios y veleidades de los tiempos, como lo está la tienda móvil del beduino,

que tiene que emigrar según las circunstancias de las estaciones del año. Jerusalén será una morada

de quietud, como tienda fija con estacas que no han de ser arrancadas. Parece aludirse con

esta imagen a que el pueblo no será llevado de nuevo al destierro después de la inauguración de

los tiempos mesiánicos. Y la razón de esta estabilidad de Jerusalén es que Yahvé la rodea, como

rodean el Eufrates y el Nilo a Nínive, a Babilonia o a Tebas, siendo con ello puestas al abrigo de

los ataques de los enemigos (v.21). Yahvé será para Jerusalén como un río caudaloso que la aisla.

Y no habrá necesidad de que circulen grandes navios de guerra para defenderla, como ocurre

en las grandes metrópolis paganas. En la literatura profética es muy corriente la imagen de Dios

como río fertilizador de la Tierra Santa 9.

Yahvé, rey de Jerusalén (22-25).

22 Porque Yahvé es nuestro Juez, Yahvé es nuestro Jefe, Yahvé es nuestro Rey, El

nos salva. 23 Tus cuerdas se aflojaron, ya no sostienen el mástil, ya 110 despliegan la

bandera. 24 Entonces la presa que se repartirá será muy grande; hasta los cojos tomarán

parte en el saqueo. 25Y ningún habitante dirá: Estoy enfermo, el pueblo que

mora en ella obtendrá el perdón de los pecados.

Yahvé es reconocido como centro de la vida nacional y jefe supremo de las conciencias: Juez,

Jefe y Rey. Como liberador de su pueblo, merece estos títulos sin regateo alguno. Israel había

quedado reducido a la condición de un navio desmantelado en el que se habían aflojado las

cuerdas, que ya no sostienen el mástil. (v.23), por efecto de la invasión asiría 10; pero todo va a

cambiar súbitamente, y el invasor asirio será una presa tan fácil que hasta los rengos tomarán

parte en el saqueo (v.23). Por otra parte, los nuevos ciudadanos no estarán sujetos a enfermedades,

porque se les han perdonado todos sus pecados. Es la antigua creencia de que las enfermedades

corporales eran un castigo de Dios por pecados anteriores personales o de los antepasados

11. También aquí el profeta se acomoda a la mentalidad de sus contemporáneos, sin pretender

emitir un juicio formal sobre el problema. Lo que aquí quiere únicamente expresar es la felicidad

plena de que gozarán los nuevos ciudadanos en la nueva teocracia mesiánica. Como en

otros lugares, también aquí las expresiones son hiperbólicas y orientales, y por eso no es necesario

tomarlas a la letra en lo material. La realidad espiritual mesiánica sobrepasará a todos estos

sueños de los profetas, y las maravillas de la gracia sobrenatural harán palidecer todas estas descripciones

del Antiguo Testamento.

1 Así siguiendo a la Peshita, Targ. y Vg., en contra del texto hebreo, que lee “brazo de el ios,” lo que no se adapta al contexto. — 2

Este versículo es extremadamente oscuro en su original. — 3 Ariel es problemático. La palabra hebrea es oscura, quizá corrompida.

Algunos traducen por “héroes” (Cantera) o “leones de Dios” (Cheyne). — 4 No pocos autores cambian la palabra hebrea que

traducimos por “ciudades” en otra parecida que significa “testimonios” (Cantera). — 5 En vez de “desierto,” quizá haya que traducir

“Arabah,” como nombre geográfico, al sur del mar Muerto, que quedó como sinónimo de “estepa.” — 6 Cf. Is 35; Zac 11:2;

Cant 7:4s. — 7 Así Dennefeld (o.c., 126). — 8 Procksch, con un ligero cambio de letras (megadim en vez de migdolim), traduce:

“el que contaba las joyas.” Cf. Dennefeld, o.c., 127. — 9 Cf. Ez 47:5; Jl 4(3),18; Zac 14:8; Sal 46:4; 36:8. — 10 Muchos autores,

1800

como Skinner y Condamin, suponen que este v.23 es una glosa intercalada posteriormente, que interrumpe el contexto. — 11 Cf.

Sal 103:3; Job 9:2; Mt 9:2ss.

34. Juicio Sobre Edom.

Este capítulo forma con el siguiente una unidad literaria. En el c.34 se trata del juicio sobre

Edom, mientras que en el c.35 del retorno de Israel del exilio. La autenticidad isaiana de ambos

fragmentos es negada por muchos autores. La animosidad rabiosa contra los edomitas parece explicarse

mejor después de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor en el 586. Por otra parte,

hay muchas semejanzas literarias con los c.40-66, atribuidos al Deutero-Isaías, y con fragmentos

de Sofonías y Jeremías.

Juicio sobre las naciones (1-4).

1 Acercaos, pueblos, y oíd; prestad atención, naciones; oiga la tierra y cuantos la llenan,

el mundo y cuanto en él se produce. 2 Porque está irritado Yahvé contra todas

las naciones, airado contra todo el ejército de ellas. 3 Los destina al exterminio, los

entrega a la matanza, y sus muertos quedarán abandonados, exhalarán sus cadáveres

un olor fétido, y se derretirán los montes por la sangre de ellos. 4 La milicia de

los cielos se disuelve, se enrollan los cielos como se enrolla un libro, y todo su ejército

caerácomo caen las hojas de la vid, como caen las hojas de la higuera.

El tono de esta sección es netamente apocalíptico y escatológico. Se apostrofa a los pueblos y

naciones en general para asistir al juicio de Dios sobre las naciones todas de la tierra: el mundo y

todo cuanto en él se produce. El estilo es grandilocuente y sobre-cogedor. Dios va a descargar su

furor sobre el ejército de las naciones (v.2), e.d., toda la humanidad, concebida como una pupulación

de seres. Dios los ha destinado al exterminio; literalmente los ha condenado al jerem o

anatema, que en la literatura bíblica equivale a la total destrucción. Cuando se tomaba una ciudad

y sobre ella se declaraba el jerem, todo debía ser destruido, como consagrado a Dios, y nadie podía

aprovecharse del botín1. La carnicería será tan descomunal, que hasta los montes se derretirán

por la sangre de ellos (ν.3); e.d., los montes se convertirán en una masa húmeda al ser penetrados

de la sangre de los muertos. La hipérbole es desorbitada y oriental, para resaltar la magnitud

de la catástrofe. El mismo mundo sideral es asociado a la gran catástrofe: la milicia de los

cielos (v.4), e.d., el ejército de los astros, se descompone y se enrollan los cielos como un libro 2.

Los cielos eran concebidos como una masa compacta extendida y abierta sobre la tierra. Dios

ahora la enrolla como un libro, haciéndolos desaparecer, y las estrellas (su ejército), al no encontrar

sostén, se caerán una a una como las hojas de la vid y de la higuera en el otoño.

La matanza de los edomitas (5-8).

5 Porque mi espada se empapó en los cielos, he aquí que va a descender sobre Edom,

sobre el pueblo que he destinado al exterminio, al juicio. 6 La espada de Yahvé está

llena de sangre, está encebada en grasa, en sangre de corderos y machos cabríos, en

grasa de los ríñones de los carneros, porque hace Yahvé un sacrificio en Bosra y una

gran matanza en la tierra de Edom. 7 Y caerán con ellos los búfalos, y los novillos

con los toros. Su tierra está borracha de sangre, y su polvo engordado con grasa. 8

Porque es para Yahvé un día de venganza, un año de desquite para la causa de Sión.

1801

El profeta presenta a Dios empapando su espada vengadora en los cielos, e.d., templada en la cólera

de Dios, que habita en los cielos, y dispuesta a descargar sobre Edom, el tradicional enemigo

de Israel desde los tiempos de su peregrinación por el desierto 3. La negativa de los edomitas a

dejar paso a los israelitas cuando avanzaban hacia Canaán quedó en la memoria del pueblo escogido.

Después, en la historia de Israel, repetidamente sometió a Edom, pero éste, al fin, se desquitó

de sus humillaciones después de la conquista de Jerusalén por Nabucodonosor en el 586.

Los profetas posteriores al exilio hacen alusión repetidas veces a esta conducta innoble de los

edomitas para con el pueblo judío vencido 4. En el oráculo aterrador de Isaías, Dios va a empezar

la matanza cebando la espada en sangre de corderos y machos cabríos, e.d., los habitantes de

Edom, llamados así despectivamente, porque Yahvé va a realizar un sacrificio cruento en Bosra,

capital de Edom5, hoy día el-Buseireh, al sudeste del mar Muerto, cerca de Petra. Los búfalos son

quizá los representantes de la clase alta de la sociedad edomita. La expresión los novillos con los

toros (ν.7) podría designar a las diferentes clases sociales, las bajas y las altas. La idea es la de un

exterminio general de la población de Edom. Será un día de venganza por parte de Yahvé (v.8),

y, además, un año de desquite para la causa de Sión. Tanto había sufrido Judá de los edomitas,

que era necesaria esta intervención de la justicia divina para vengar los ultrajes recibidos.

Nuestra sensibilidad cristiana se rebela contra estas fuertes imágenes vengativas en manos

de un autor inspirado, pero no debemos perder de vista que son hipérboles orientales que

nunca se han de tomar a la letra, y, por otra parte, que aún estaban los profetas muy lejos del

ideal de la perfección cristiana del Nuevo Testamento. Ellos, con estas imágenes feroces, no

quieren sino hacer resaltar la intervención de la mano justiciera de Dios sobre los enemigos de su

pueblo, porque se oponían a su proceso histórico, que debía desembocar en el mesianismo.

Abandono de Edom (9-15).

9 Y sus torrentes se convertirán en pez, y su polvo en azufre, y será su tierra como

pez que arde día y noche; 10nunca se extinguirá, subirá su humo perpetuamente. Será

asolada de generación en generación, y nadie pasará más por ella. 11 Se adueñarán

de ella el pelícano y el mochuelo, la habitarán la lechuza y el cuervo, y echará

Yahvé sobre ella las cuerdas de la confusión y la plomada de la desolación; 12 y habitarán

en ella los sátiros, y todos sus nobles dejarán de existir6. Allí ya no habrá reino,

y desaparecerán todos sus príncipes. 13 Y en sus palacios crecerán las zarzas, en

sus fortalezas las ortigas y los cardos, y serán morada de chacales y refugio de avestruces.

14Perros y gatos salvajes se reunirán allí, y se juntarán allí los sátiros. También

allí Lilit descansará y hallará su lugar de reposo. 15Allí hará su nido la serpiente

y pondrá, incubará y sacará sus huevos; allí se reunirán también los buitres y se

encontrarán unos con otros.

Impresionante descripción del efecto de la maldición divina, que lo convertirá todo en desolación

y ruinas. Como Sodoma y Gomorra será devastada la tierra de Edom. Las imágenes de pez y azufre

como elementos de desolación eran tradicionales en la literatura bíblica7, y, naturalmente, no

se han de tomar a la letra, sino como símbolo de máxima desolación. Después de la intervención

divina, Edom quedará como una gran hoguera inextinguible (ν. 10). También la frase de que

Edom no ha de ser habitada de generación en generación pertenece al ámbito de la hipérbole a la

que nos tiene habituados el autor sagrado. Al ser abandonada de los habitantes quedarán como

moradores de aquellas regiones los animales y bestias salvajes. La descripción es muy variada y

1802

mucho más completa que en otros pasajes bíblicos paralelos 8. Los sátiros eran los faunos de la

mitología griega, o animales de forma caprina y humana. Dios ha echado sobre Edom la cuerda

de la confusión y la plomada de la desolación (v.11). La imagen parece aludir al arquitecto que

después de examinar un edificio lo considera como ruinoso irreparable y decide demolerlo totalmente

9. Las palabras empleadas en hebreo para indicar este estado son el tohu y bohu del

primer capítulo del Génesis, que designan un estado caótico total. Entre los seres que andarán

vagando por las ruinas de Edom figura Lilit, genio demoníaco femenino asiro-babilónico que,

según la opinión popular, andaba de noche molestando a los vivientes, atacando especialmente a

los niños. Era una especie de fantasma nocturno que no dejaba en paz a los hombres, pero que

tenía preferencia por los lugares desiertos y abandonados; por eso en las ruinas de Edom hallará

su lugar de reposo (v.14) 10.

Confirmación de la profecía (16-17).

16 Buscad en el libro de Yahvé y leed: No faltará ninguno de ellos, porque lo ha

mandado la boca de Yahvé, y su soplo los ha reunido. 17 El mismo ha echado a suertes

entre ellos, y su mano la ha repartido con la cuerda de medir; la poseerán por

siempre y la habitarán de generación en generación.

El profeta invita a sus oyentes a ver la confirmación de sus oráculos en un libro de Yahvé, que

parece ser reconocido oficialmente por todos; quizá sea la primera alusión a una colección canónica

de Escrituras. El hecho de haber sido recogidas sus profecías en ese libro es una garantía

para el profeta de que se cumplirán al pie de la letra. No faltará ninguno de ellos: los animales

antes mencionados que se establecerán en Edom. Yahvé mismo ha echado en suertes la distribución

de la parte que pertenezca a cada animal en esa región (ν.17), los cuales la habitarán por

siempre 11.

1 Cf. Jos 7:1s. — 2 La imagen está basada en la forma de los libros antiguos, que se cerraban como un rollo y se abrían desplegándolos.

— 3 Cf. Núm 20:10. — 4 Cf. Ez 35:1. — 5 Cf. Am 1:12; Jer 49:13.22; Is 63:1; Gen 36:33. — 6 La frase “y habitarán en ella

los sátiros, y todos sus nobles dejarán de existir” no está en el hebreo, pero sí en el griego. — 7 Cf. Gen 19:24. — 8 Cf. Is 14:23;

Jer 50:39; Sof 2:14. — 9 Cf. 2 Re 21:13; Lam 2:8. — 10 Cf. Mt 12:43 ;Tob 8:3. — 11 Algunos autores suponen que estos dos últimos

versículos constituyen un fragmento aparte y que se refieren a la distribución de la Tierra Santa entre los israelitas rescatados.

35. Felicidad de los Tiempos Mesiánicos.

Este capítulo constituye un deslumbrante contraste con el anterior, con el que, sin embargo,

forma unidad literaria. Frente a la desolación de Edom, efecto de la maldición divina por haber

oprimido a Judá, el profeta presenta el cuadro deslumbrador de los tiempos mesiánicos en la tierra

de Israel, transformada en el más bello de los vergeles. La imaginación poética no tiene límites

en esta descripción, y la hipérbole es llevada hasta el extremo. En realidad, todo este cuadro

deslumbrador no es sino un pálido reflejo de la realidad sobrenatural del mundo de la gracia en

los tiempos mesiánicos, y si la naturaleza material no se transformó con el advenimiento del Mesías,

el alma de los ciudadanos de la nueva teocracia mesiánica recibió un germen divino que va

transformando como un fermento la humanidad. De ahí que podemos decir que las descripciones

arrebatadoras de los profetas se quedaron cortas respecto de la grandeza y belleza de los tiempos

mesiánicos.

Desde el punto de vista literario, este fragmento tiene mucho parecido con los c.40-66.

1803

Por ello, no pocos autores suponen que es del mismo autor, posterior a Isaías. No obstante, debe

notarse que aquí no hay alusiones explícitas al exilio babilónico.

Transformación de la naturaleza (1-2).

1 Exultará el desierto y la tierra árida, se regocijará la estepa como un narciso, 2

Florecerá y exultará y dará cantos de triunfo; le será dada la gloria del Líbano, la

magnificencia del Carmelo y del Sarón; ellos verán la gloria de Yahvé y la magnificencia

de nuestro Dios.

Palestina, tierra tradicionalmente árida como el desierto y la estepa (v.1), se revestirá de exuberante

vegetación, tachonada de narcisos y de flores de toda clase (Cant 2:1), pudiendo competir

en feracidad con la gloria del Líbano, la magnificencia del Carmelo y del Sarán (v.2), regiones

famosas por su pujante vegetación de todas clases: el Líbano con sus cedros, el Carmelo con sus

feraces pastos y Sarón con su policromía de flores a lo largo de la costa desde Jafa al Carmelo.

Los futuros ciudadanos (ellos, v.2) serán testigos de esta manifestación gloriosa de Yahvé, nuestro

Dios: el profeta se pone en la perspectiva de los futuros israelitas, ciudadanos de la nueva

teocracia.

Exhortación a los pusilánimes y liberación (3-10).

3 Fortaleced las manos desfallecidas y afianzad las rodillas vacilantes. 4 Decid a los

apocados de corazón: ¡Valor! No temáis, he ahí nuestro Dios. Viene la venganza,

viene la retribución de Dios, viene El mismo, y os salvará, 5Entonces se abrirán los

ojos de los ciegos, se abrirán los oídos de los sordos. 6Entonces saltará el rengocomo

un ciervo, y la lengua de los mudos cantará gozosa. Porque brotarán aguas en el desierto,

y torrentes en la estepa. 7Y la tierra abrasada se convertirá en estanque, y el

suelo árido en fuentes. Lo que fue morada y cubil de chacales, se cubrirá de cañas y

juncos. 8 Y habrá allí una calzada y camino, que se llamará la vía santa; nada impuro

pasará por ella. El mismo guiará al caminante, y los simples no se descarriarán. 9

No habrá allí leones, ni fiera alguna subirá. Por ella marcharán los redimidos 10 y

volverán los rescatados de Yahvé. Vendrán a Sión con gritos de júbilo, y alegría

eterna será sobre sus cabezas. Gozo y alegría alcanzarán, y huirán la tristeza y los

llantos.

Los contemporáneos del profeta estaban apesadumbrados y pesimistas, sumidos en la mayor pusilanimidad

por efecto de tantas calamidades. Esta profecía, pues, no tiene otro fin que fortalecer

a los pusilánimes (v.1) con la esperanza de la pronta manifestación de Yahvé. La venida de Dios

traerá la salvación y la liberación definitiva. Su aparición será el principio de una transformación

de los hombres y de la misma naturaleza. Nada defectuoso formará parte del nuevo estado

de cosas, pues todo el que esté tratado será automáticamente corregido en su defecto: verán los

ciegos, oirán los sordos, hablarán los mudos, saltarán los rengos con la ligereza del ciervo. Todo

esto se cumplió materialmente en las curaciones realizadas por nuestro Señor, el Mesías ansiado

de los profetas. Con todo, la imaginación profética no siempre se atiene a la realidad escueta, sino

que va sembrando esperanzas y, en ansias del futuro, se desborda en imágenes que muchas

veces no tendrán realidad histórica; pero el mensaje sustancial de los oráculos permanece, es decir,

su contenido espiritual.

En esa naturaleza transformada del desierto (tierra abrasada) habrá una vía santa o cal1804

zada sagrada para los peregrinos que retornen a Sión. Se llama santa porque nada pecaminoso o

impuro podrá transitar por ella. Por otra parte, será una avenida sagrada tan clara y sin obstáculos,

que ni los más simples se extraviarán (v.8); y para facilitarles el viaje y hacerles agradable el

itinerario brotarán estanques y fuentes (v.7) a lo largo de ese desierto transformado. Las fieras y

chacales, moradores del desierto, no les harán daño alguno, ni se acercarán a esa vía sacra por

donde han de pasar los redimidos (v.8), o repatriados, camino de Jerusalén. Los rescatados darán

gritos de júbilo y adornarán sus cabezas, como era usual, para manifestar la alegría cuando divisen

la ciudad santa de Sión. Con esta descripción deslumbradora y poética del retorno de los exilados

termina la primera parte del libro de Isaías.

Apéndice histórico (c.36-39).

Estos c.36-39 constituyen un apéndice histórico a la primera parte del libro de Isaías. Se

leen literalmente en 2 Re 18:13-20:10 con ligeras divergencias. Parece que el texto de Isaías depende

del relato del libro de los Reyes. Al menos hay algunos indicios que insinúan esto, como

la mención de la muerte de Senaquerib (681 a.C.), ocurrida probablemente cuando ya no existía

Isaías. Generalmente se admite también que el relato del libro de los Reyes depende de un documento

anterior común a ambosl.

1 El texto hebreo dice literalmente: “Y él por ellos, viajando.” Con una ligera corrección letras, tenemos el sentido arriba expuesto,

que se adapta bien al contexto.

36. La Invasión de Senaquerib Sobre Juda.

Introducción histórica (1-2).

1 Y sucedió que el año catorce del rey Ezequías, Senaquerib, rey de Asiría, subió contra

todas las ciudades fuertes de Judá y se apoderó de ellas. 2 Y envió el rey de Asiría

a Rabsaces, con imponentes fuerzas, de Laquis a Jerusalén, al rey Ezequías. Tomó

aquél posición cerca del acueducto de la piscina Superior, en el camino del campo

del Batanero.

Sabemos que la invasión de Judá por Senaquerib tuvo lugar en el 701 a.C.; por consiguiente, esta

fecha del año catorce del rey Ezequías no se adapta a la otra fecha de la invasión, pues Ezequías

subió al poder hacia el 727 a.C. Algunos creen que hay aquí un error del copista, o que ese año

catorce ha de computarse a partir de la enfermedad de Ezequías de que habla el c.38; habría

habido en este caso una transposición. 'Senaquerib (705-681) sucedió a Sargón II, su padre, y fue

uno de los más grandes reyes asirios; fue asesinado por sus dos hijos. Invadió Judá en el 701

a.C., y según el relato que nos da el mismo en el prisma hexagonal, llamado de Taylor, se apoderó

de 46 ciudades fuertes de Judá y otras más pequeñas, haciendo 200.150 prisioneros varones, lo

que ciertamente es una cifra errónea por lo exagerado. Quizá haya que quitar un cero a la misma

para hacerla verosímil. Puede ser un error del escriba. Según el libro de los Reyes, Ezequías se

sometió al monarca asirio por consejo de Isaías (2 Re 18:1). La expedición contra Jerusalén la

dirigió un alto dignatario militar, Rabsaces, que es nombre de oficio (“jefe de los oficiales” o “jefe

de los coperos,” según las diversas interpretaciones del término). Según 2 Re 26:1, iba acompañado

del tartán, o generalísimo, y el rabsaris (“jefe de eunucos”). El cuartel general del ejército

asirio estaba en Laquis (Tel Hesi o Tell-Duweir, al sur de Palestina. Hoy día hay una localidad

1805

llamada Umm Lakis no lejos de estos lugares). El generalísimo asirio o tartán envió un delegado

a parlamentar con Ezequías de Judá, invitándole a que entregase la ciudad. El lugar del encuentro

fue cerca del acueducto de la piscina Superior, cerca del campo del Batanero, al nordeste de la

ciudad (cf. 7:3), en el valle del Cedrón.

Diálogo del delegado asirio y los enviados de. Ezequías (3-10)

3 Entonces Eliaquim, hijo de Helcías, prefecto de palacio, fue con Sobna, secretario,

y Joás, hijo de Asaf, canciller, a Rabeases. 4 Y les dijo Rabsaces: Decid, pues, a Ezequías:

Así habla el rey grande, el rey de Asiría: 5 ¿De dónde te viene esa tu confianza?

¿Crees que una palabra de los labios sirve de consejo y de fuerza para la guerra?

Ahora bien, ¿en quién pones tu confianza para rebelarte contra mí? 6 He aquí

que confías en el apoyo de esa caña quebrada, en Egipto, que penetra y horada la

mano de todo el que se apoya en él; tal es el faraón, rey de Egipto, para todos cuantos

en él confían. 7 Pero si me decís: Es en Yahvé, nuestro Dios, en quien ponemos

nuestra confianza, ¿no ha sido el mismo Ezequías quien ha hecho desaparecer los altos

lugares y los altares, diciendo a Judá y a Jerusalén: Sólo en este altar adoraréis?

8 Haz, pues, una apuesta con mi señor, rey de Asiría; yo te daré dos mil caballos si tú

eres capaz de aportar otros tantos jinetes sobre ellos. 9 Y ¿cómo vas a hacer volver

la cara a uno solo de los menores servidores de mi señor? Pero tú confías en Egipto

a causa de los carros y jinetes. 10 Y ahora, ¿acaso he subido yo sin intervención de

Yahvé contra esta tierra para devastarla? Yahvé me ha dicho: Sube contra esta tierra

y devástala.

La escena es descrita con todo detalle, sin amaneramiento alguno, reflejando toda la brutalidad

de la diplomacia asiría. De los interlocutores judíos, Eliaquim ya nos es conocido por 22:15-20,

donde Isaías le anuncia su elevación a prefecto de palacio, que entonces ocupaba el otro acompañante,

Sobna, que ahora aparece como secretario de aquél.

La argumentación del delegado asirio es, de un lado, brutal y amenazadora, y de otro, ladina,

pues se presenta como enviado por el mismo Yahvé, Dios nacional de los judíos. Ni siquiera

le da a Ezequías el título de rey (v.4). El rey grande es la conocida expresión asiría sharrúrabü,

aplicada en las inscripciones a los monarcas asirios. Es un indicio más de autenticidad histórica

del relato. Ezequías cree poder resistir, pero hasta ahora no cuenta más que con una palabra

salida de los labios, denominación despectiva, alusiva quizá a promesas egipcias. Para la

guerra hacen falta algo más que “palabras.” Por otra parte, Egipto, en quien confía, es una ayuda

muy frágil y traicionera, pues es como caña quebrada, que se rompe a la menor presión y termina

por horadar la mano del que en ella se apoya (v.6). Egipto, pues, cuando llegue el momento

crítico, los dejará solos si le conviene, y entonces sólo Judá sufrirá las consecuencias. Es más,

Rabsaces argumenta también en el campo religioso: no sólo no tienen ayuda humana segura, pero

ni tampoco divina, pues Yahvé no puede ayudar, según él, a un rey como Ezequías, que hizo

desaparecer los lugares altos (ν.7), que estaban por todo el país como lugares de culto a Yahvé,

obligando a sus súbditos a limitar su culto al templo de Jerusalén. Esto, en la mentalidad del asirio,

iba contra los intereses del Dios nacional, pues coartaba la libertad a sus adoradores. La argumentación

del delegado asirio es lógica en su mentalidad pagana, que veía en la multiplicidad

de santuarios una mayor manifestación de fe religiosa y no comprendía la centralización realizada

por Ezequías. De nuevo vuelve a considerar la escasez de fuerzas con que cuenta Ezequías

para defenderse, y les propone una apuesta humillante para sus interlocutores judíos: les ofrece

1806

dos mil caballos si ellos, por su parte, se comprometen a presentar otros tantos jinetes adiestrados.

Era decirles que no tenían caballería suficiente para oponerse a la asiría (v.8). Pero es más:

Rabsaces quiere pulsar de nuevo la fibra: él se presenta nada menos que como enviado por el

mismo Yahvé, Dios nacional de los judíos. En la mentalidad pagana del invasor, el hecho de que

Yahvé permitiese sus victorias en territorio de Judá es que aprobaba sus planes invasores para

castigar a su pueblo. Ciro se presentará también como enviado por los dioses de Babilonia para

conquistar esta ciudad.

Respuesta de los delegados de Ezequías (11-12).

11 Entonces Eliaquim, Sobna y Joás dijeron a Rabsaces: Habla, por favor, a tus siervos

en arameo, pues lo entendemos; no nos hables en judío a oídos del pueblo que

hay en las murallas. 12 Rabsaces respondió: ¿Acaso a tu señor y a ti me ha mandado

mi señor dirigir estas palabras? ¿No son más bien para la gente sentada en las murallas,

que con vosotros habrán de comerse sus excrementos y beberse sus orines?

Los enviados de Ezequías están preocupados con este modo de argumentar del delegado asirio,

sobre todo en lo referente a su supuesta misión de parte de Dios, por la impresión que pueda

hacer sobre el pueblo sencillo, y ruegan al emisario que no les hable en judío, o lengua vernácula

de los habitantes de Jerusalén (es ésta la primera vez que aparece en la Biblia el vocablo judío,

que se había de generalizar después del exilio), sino en arameo, que era la lengua diplomática y

comercial internacional de la época.

Proclama del delegado asirio (13-20).

13 Avanzó Rabsaces y gritó fuertemente en lengua judía: Oíd las palabras del rey

grande, del rey de Asiría. 14 Así dice el rey: Que no os engañe Ezequías, porque no

os puede salvar, 15 y que no os haga Ezequías confiar en Yahvé, diciendo: Yahvé

nos librará, no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiría. 16 No escuchéis

a Ezequías, porque así habla el rey de Asiría: Haced paces conmigo1 y salid a

mí, y cada cual comerá el fruto de su viña y de su higuera y beberá el agua de su cisterna,

17 hasta que venga yo a llevaros a una tierra como la vuestra, tierra de trigo y

de vino, tierra de pan y de viñas. 18 Que no os embauque Ezequías, diciendo: Yahvé

nos librará. ¿Acaso los dioses de los pueblos libraron cada uno a su tierra de las

manos del rey de Asiría? 19 ¿Dónde están los dioses de Jamat y de Arpad? ¿Dónde

los dioses de Sefarvaim? ¿Dónde los dioses de Samaría? ¿Libraron a Samaría de

mis manos? 20 ¿Cuál de los dioses de todas estas tierras es el que salvó a sus países

de mi mano, para que Yahvé pueda librar de mis manos a Jerusalén?

La respuesta de los delegados de Ezequías no hizo sino confesar su propia debilidad, y fue ocasión

de que el emisario asirio redoblara su invitación, esta vez de modo que lo pudieran oír todos

los soldados que defendían los muros. Los invita a rendirse y a hacer las paces con el invasor

(v.16), insinuándoles lo que más podía afectarles a ellos, que en su mayoría eran población agrícola:

cada cual comerá el fruto de su viña y de su higuera (v.16), e.d., podrá pacíficamente dedicarse

a su vida privada sin que se le moleste. Sentarse bajo su higuera o bajo su vid era el máximo

de felicidad para un israelita, y significaba una edad de felicidad y prosperidad 2. No hay mayor

tentación para un pueblo agrícola en guerra que la nostalgia de su vida doméstica tranquila.

Por eso, la invitación de Rabsaces estaba bien calculada. Por otra parte, les anuncia que han de

1807

ser deportados (ν.17), conforme a la política usual de los conquistadores asirios, para desarraigar

el sentimiento nacional de las poblaciones conquistadas.

Y, por fin, aborda la otra cuestión de la confianza en Yahvé. Para el emisario asirio, Yahvé

es uno de tantos dioses nacionales que tendrán que plegarse ante la potencia del imperio asirio,

como lo han hecho los dioses de otras ciudades ya conquistadas: Jamat, la actual Hamah,

junto al Orontes, en la Alta Siria, sometida por Sargón II en el 720 a.C.; Arpad, al nordeste del

Alepo, en la Siria septentrional, tomada por Teglatfalasar en el 740 a.C.; Sefarvaim: probablemente

la actual Shabarain, entre Damasco y Jamat, conquistada por Salmanasar V en el 727

a.C.3 La frase ¿Dónde los dioses de Samaría? (v.19) falta en el hebreo, pero está en el texto griego,

y parece necesaria aquí en el contexto. El enviado asirio considera a los dioses de Samaría de

la misma talla que los de las ciudades anteriormente citadas. Samaría fue conquistada por Sargón

II en el 721, y era la capital del reino del Norte, que tenía por Dios nacional al mismo Yahvé;

pero, en su mentalidad pagana, el asirio no sabía que era el mismo que el Dios de los habitantes

de Judá. Efectivamente, Yahvé había permitido la destrucción de Samaría y bien podía permitir

la de Jerusalén; pero los moradores de Judá creían que lo sucedido a Samaría era un castigo justo

por haberse separado de sus hermanos del sur. La argumentación de Rabsaces es clara: si los dioses

nacionales de esas naciones no pudieron salvar a sus respectivas capitales, tampoco Yahvé

podrá salvar a Jerusalén. La esperanza, pues, en poderes divinos superiores era vana y tan engañosa

como la que ponían en el ejército egipcio.

Actitud de los enviados de Ezequías (21-22).

21 Y ellos se callaron y no respondieron palabra, porque el rey había dado esta orden:

No les respondáis. 22 Eliqauim, hijo de Helcías, prefecto de palacio; Sobna, secretario,

y Joás, hijo de Asaf, canciller, fueron, rasgadas sus vestiduras, a Ezequías y

le refirieron las palabras de Rabsaces.

Los delegados de Ezequías prefieren callar y no responder ante el pueblo de un modo violento,

como merecía el asirio, pues tenían orden del rey de callar para no romper las negociaciones, que

consideraba necesarias para evitar un choque violento con el fuerte ejército de Senaquerib. Se

contentaron, pues, con rasgar sus vestiduras (v.21), que era signo de protesta ante las blasfemias

que el asirio había proferido contra Yahvé al rebajarle a la categoría de los dioses de los otros

pueblos conquistados.

1 Cf. Dennefeld, O.C., 134; Y Skinner, O.C., 277. — 1 Literalmente el hebreo dice: “haz conmigo una bendición,” aludiendo quizá a

las frases de saludo corrientes entre orientales, en las que se piden mutuamente la “bendición” de Dios. Aquí, pues, significa: “venid

a saludarme” con vistas a una alianza. — 2 Cf. Am 9:14. — 3 Algunos autores la identifican con Sippar, junto a Babilonia; pero

el contexto exige que se identifique con una localidad próxima a las dos mencionadas.

37. Retirada de los Asirios.

Ezequías consulta a Yahvé por medio de Isaías (1-4).

1 Y aconteció que, al oír el rey Ezequías esto, rasgó sus vestiduras, vistióse de saco y

entró en el templo de Yahvé, 2 y envió a Eliaquim, prefecto de palacio; a Sobna, secretario,

y a los más ancianos de los sacerdotes, vestidos de saco, a Isaías, hijo de

Amos, profeta, 3 y le dijeron: Así dice Ezequías: El día de hoy es día de angustia, de

castigo y de oprobio, porque los hijos han llegado al cuello del útero, pero no hay

1808

fuerza para dar a luz. 4 Quizá Yahvé, tu Dios, oiga las palabras de Rabsaces, mandado

por el rey de Asiría, su señor, para insultar al Dios vivo, y castigue por las palabras

que oyó Yahvé, tu Dios. Elévale una súplica por este resto que aún subsiste.

Ezequías reaccionó religiosamente, según su reconocido carácter, y después de ir al templo a suplicar

ayuda a Dios, envió una embajada a Isaías, formada por los dos parlamentarios y los ancianos

entre los sacerdotes, que constituían una escala social especial y eran consultados en los

asuntos de cierta importancia. El rey quiso saber la voluntad de Dios por medio de Isaías, que en

los momentos de crisis es el centro de todas las esperanzas. Los delegados expusieron la situación

extrema de la ciudad e ilustraron su pensamiento con un proverbio popular: Los hijos han

llegado al cuello del útero, pero no hay fuerza para dar a luz; e.d., la situación de la nación es

como la de mujer que está a punto de dar a luz, pero no lo hace por falta de fuerza expulsiva, necesitando

de una ayuda. La nación está en peligro y es necesario afrontar la crisis, pero no hay

fuerza suficiente para tomar una decisión por las propias fuerzas, siendo preciso la intervención

de Dios, que ayude a salir de este paso difícil.

El rey suplica una manifestación justiciera de Dios para salir por sus fueros divinos. Yahvé

ha sido despreciado y blasfemado como si fuera uno de tantos ídolos, cuando en realidad es el

Dios viviente (v.4), en contraposición a los ídolos de los otros pueblos, que no son nada. Y se

dirigió a Isaías como profeta, o ministro de Yahvé (“tu Dios”), pues sólo él podrá captar la benevolencia

divina2 y salvar a este resto que aún subsiste, e.d., la población diezmada de Judá. Aquí

resto no tiene el sentido de porción escogida en lo espiritual, sino de lo que queda aún entre la

población judía después de tantas devastaciones.

Respuesta de Isaías (5-7).

5 Los servidores del rey Ezequías fueron a Isaías, 6 y les dijo Isaías: Así hablaréis a

vuestro señor: Así habla Yahvé: No te asusten las palabras que acabas de oír, con

las cuales los lacayos del rey de Asiría me han ultrajado. 7 He aquí que yo le voy a

infundir un espíritu tal, que, en recibiendo cierta noticia, se volverá a su tierra, y le

haré caer al filo de la espada en su propia tierra.

La respuesta de Isaías es terminante: Senaquerib tendrá que abandonar sus planes de tornar Jerusalén,

porque Dios hará que se apodere de él un pánico general (un espíritu, ν.7) al oír cierta noticia,

que, por lo que se dice en el v.9, es la llegada del faraón Tirhaqa con un fuerte ejército al

sur de Palestina. Quizá también esa noticia se refiera a las nuevas inquietantes que llegaban de

las conmociones internas que pasaban en Nínive, que le obligaron a volver a la capital personalmente,

para morir allí asesinado por dos de sus hijos en el 681 a.C., cuando se hallaba en el templo

de su dios Nisroc (ν.38).

Nueva intimación a la rendición (8-13).

8 Volvióse Rabsaces y halló al rey asediando a Libna, pues supo que se había retirado

de Laquis, 9 Y oyó una noticia acerca de Tirhaqa, rey de Etiopía, en la que decían:

Ha salido a luchar contra ti, y al oírla envió mensajeros a Ezequías, diciendo: 10

Así habréis de hablar a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien

confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiría. 11 He aquí

que tú has oído lo que hicieron los reyes de Asiría a todos los países, exterminándolos,

y ¿ahora vas a salvarte tú? 12 ¿Acaso les salvaron los dioses de las naciones que

1809

exterminaron mis padres, a Gosán y a Jarran, a Resef y a los hijos de Edén, que están

en Telasar? 13 ¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arpad y el rey de la ciudad

de Sefarvaim, de Hena y de Hiwah?

El texto no nos dice nada sobre la respuesta definitiva que diera Ezequías a Rabsaces después de

haber consultado al profeta, pero se colige que fuera negativa. El emisario asirio se volvió a Libna,

pues Senaquerib había abandonado su cuartel general de Laquis para asediar aquella ciudad.

Libna no estaba lejos de Laquis, y era la ciudad fronteriza entre Judá y Filistea 3. Se suele identificar

con el lugar actual llamado Tell es Safi, al sudoeste de Judá. Allí Senaquerib recibió la noticia

de la inminente incursión de Tirhaqa, rey de Etiopía, es decir, rey de Egipto, procedente de la

dinastía nubia-etiópica que se había apoderado del trono de Egipto. En realidad, Tirhaqa no era

rey de Egipto entonces (reinó entre el 688-633), Pero tenía suma influencia durante los dos reinados

anteriores de Shabaca y Shabataca, también de la dinastía nubia. En esa invasión de Palestina,

Tirhaqa podría ser el generalísimo de las tropas egipcias 4 y, de seguro, el primer ministro,

conductor de toda la alta política egipcia.

Ante la inesperada invasión de los egipcios, Senaquerib se apresuró a enviar otra embajada

para convencer a Ezequías y guardarse así la espalda en una batalla contra Egipto. La argumentación

de los mensajeros se ciñó al elemento religioso: Ezequías es iluso si piensa que Yahvé

le ha de liberar, cuando los dioses de otros pueblos no pudieron defender a sus naciones (ν. 11).

La enumeración es más larga que la empleada por Rabsaces (36:19). Además de Arpad y Jamat

(v.13), se cita a Gosán, la Guzana de los documentos asirios; es el lugar de destino de los israelitas

transportados del reino de Samaría (2 Re 17:6; 18:11), a la orilla del Jabur, afluente al norte

del Eufrates (actualmente hay en esa región una localidad llamada Kausán). Jarran o Harán,

donde habitó la familia de Abraham (Gen 11:32-32), al sudeste de Edesa, junto al afluente del

Eufrates llamado Belih. Resef (as. Resapa), la actual Rusafe, entre Palmira y el Eufrates. Hijos de

Edén es la traducción del Bit-Adini de los documentos asirios, y era un pequeño reino arameo, en

el Eufrates superior, al nordeste de Damasco, conquistado por Salmanasar III en 836 a.C. Tejasar,

identificada por unos con Til Assuri de los documentos cuneiformes, y por otros con Til Basen

de los mismos textos asirios. No se han podido identificar Hena e Hiwah.

Plegaria de Exequias (14-20).

14 Ezequías recibió la carta de manos de los mensajeros, y, luego de leerla, subió al

templo de Yahvé, 15 y, desplegándola ante Yahvé, le dirigió esta plegaria: 16 ¡Oh

Yahvé, Dios de Israel, que te sientas entre los querubines! Tú eres el solo Dios de todos

los reinos de la tierra. Tú has hecho los cielos y la tierra. 17 Inclina tus oídos, ¡oh

Yahvé! y oye. Abre, ¡oh Yahvé! tus ojos y mira. Oye todas las palabras que me dirige

Senaquerib para escarnecer al Dios vivo. 18 Es verdad que los reyes de Asiría han

devastado todos los pueblos y sus tierras; 19 que arrojaron al fuego a sus dioses, que

no eran dioses, sino obra de la mano de los hombres, leños y piedra, y los destruyeron.

20 Ahora, Yahvé, Dios nuestro, líbranos de sus manos, y aprendan todos los reinos

de la tierra que tú eres el Dios único.

Ezequías, por toda respuesta, fue al templo a pedir ayuda a Dios, y desplegó la carta recibida (de

pergamino o papiro), para con ella hacer más fuerza a Yahvé a intervenir contra los mofadores

de su poder. Era la presentación de los documentos ante Dios, Juez supremo, para que resolviera

este litigio. Sobre los querubines (v.16): alude, sin duda, a los dos querubes que había puesto Sa1810

lomón sobre el arca (i Re 6:235). Con énfasis presenta el pergamino extendido: Ve., abre tus

ojos (ν.17), para hacerle más fuerza. Si Senaquerib venció a los otros pueblos, es porque los dioses

de éstos no eran realmente tales (v.18), sino obra de la mano del hombre 5. Es una confesión

explícita de la divinidad y señorío de Yahvé sobre todos los pueblos y naciones.

Locas pretensiones del rey de Asiría (21-24).

21 Entonces Isaías, hijo de Amos, mandó a decir a Ezequías: Así dice Yahvé, Dios de

Israel: Por la plegaria que tú me has dirigido a causa de Senaquerib, rey de Asiría,

22 he aquí la sentencia que Yahvé pronuncia contra él Te desprecia, se burla de ti,

virgen, hija de Sión; tras de ti menea la cabeza, hija de Jerusalén. 23 ¿A quién has

ultrajado y escarnecido? ¿Contra quién has alzado la voz y alzado en alto tus ojos?

¡Contra el Santo de Israel! 24 Por medio de tus esclavos le has ultrajado, y has dicho:

Con mis numerosos carros he subido a la cresta de las montañas, a las cumbres del

Líbano, y he cortado los sublimes cedros, sus escogidos cipreses. He llegado a sus

más extremadas cimas, al bosque de su vergel. 25 He alumbrado y bebido aguas extranjeras

y he secado con la planta de mis pies todos los canales de Egipto.

El texto no dice nada respecto de la relación entre la oración de Ezequías y este nuevo oráculo de

Isaías. Quizá éste conociera por. medios humanos o por revelación el contenido de la oración del

rey, y contestó transmitiendo de parte de Yahvé un oráculo satírico contra el rey de Asiría. Métricamente,

el fragmento está escrito en forma de quinah o elegía.

Jerusalén es presentada como una virgen porque no ha sido nunca violada. El v.22 puede

tener dos sentidos: a) el asirio desprecia y se burla de la hija de Sión (Jerusalén); o b) la hija de

Sión se burla, como doncella coquetona, de los asirios al verlos retirarse después que la han cortejado

infructuosamente. Ella los ha rechazado despectivamente y no quiere tener amores con los

invasores6. El profeta echa en cara la arrogancia de Senaquerib, que se ha atrevido a levantarse

sobre el Santo de Israel (v.23), ultrajándole por medio de sus subordinados. La arrogancia del

monarca asirio está descrita con frases muy similares a las que dejaron los reyes asirios en sus

inscripciones: fue subido. a las cumbres del Líbano (v.24). Sabemos, por las inscripciones asirías,

que los monarcas de Nínive mandaban periódicamente expediciones al Líbano para cortar

maderas para sus palacios (cf. 10:135). Por otra parte, nada se ha opuesto como obstáculo invencible

a su paso: si se le cegaban los pozos a su paso al atravesar regiones de poca agua (como se

solía hacer para evitar las invasiones), él se encargaba de abrir otros pozos de aguas: he alumbrado

aguas. (v.25), y, al contrario, si había ríos que se le oponían, con la sola punta de los pies

los apartaba de su curso, aunque fueran los mismos canales de Egipto. En realidad, Senaquerib

nunca entró en Egipto, sino su sucesor Asaradón, que llegó hasta Menfis en el 671 a.C., venciendo

a Tirhaqa; y después Asurbanipal invadió dos veces Egipto, llegando hasta Tebas (668-665).

Pero Isaías hace hablar de este modo a Senaquerib como representante del imperio asirio, que

había de traspasar los canales del Nilo en Egipto.

Humillación de Asiría (26-29).

26 ¿No has oído? Mucho tiempo ha que yo lo he realizado, desde tiempos antiguos lo

he trazado, y ahora lo he hecho venir. Tú habrás de convertir en montones de ruinas

las ciudades fuertes, 27 cuyos habitantes estarán sin fuerza. 7, espantados y confusos.

Serían como la hierba de los campos, verdura tierna; serían como el musgo de los tejados

y como grano marchitos 8. 2” Yo sé cuándo te levantas y cuándo te sientas,

1811

cuándo entras y cuándo sales; tu furor contra mí, 29 por cuanto tu enfurecimiento

contra mí y tu insolencia han llegado a mis oídos; pondré mi aro en tu nariz y mi

freno en tus labios, y haré que te vuelvas por el camino por donde viniste.

El asirio se muestra arrogante, y no sabe que es un mero instrumento de Dios para realizar

sus planes de justicia sobre los pueblos. Todo lo que los invasores asirios han hecho ha entrado

dentro de los planes divinos desde tiempos antiguos (v.26). Por otra parte, si el asirio ha convertido

en montones de ruinas a ciudades fortificadas, fue porque sus habitantes estaban extremadamente

debilitados, sin fuerza (v.27); eran como el musgo de los tejados, que al menor viento

solano se agosta. No debe, por tanto, el asirio envanecerse de haber sometido pueblos débiles.

Pero Yahvé conoce también las andanzas y tramas de los asirios (sé cuándo te levantas y cuándo

te sientas, cuándo entras y cuándo sales, v.28), y porque se ha permitido enfurecerse contra

Yahvé, como una bestia feroz, la va a tratar como tal, e. d., ponerle un anillo en su nariz para sujetarla

y domarla (cf. Ez 19:4; 29:4; 38:4). Además, ésta era la práctica de los reyes asirios con

los príncipes vencidos, a los que conducían con una especie de freno. Asiría, pues, quedará como

embridada y sometida a Yahvé, sin libertad de movimientos, obligada a volver a su punto de partida

(v.29), dejando libres a los países sojuzgados.

Rehabilitación de Judá (30-32).

30 He aquí la señal para ti: este año se comerá el producto de los granos caídos; al

segundo año, lo que brote sin sembrar, y en el tercer año sembraréis y cosecharéis,

plantaréis viñas y comeréis su fruto. 31 Lo que quedare a salvo de la casa de Judá,

echará raíces por debajo y producirá fruto en lo alto. 32 Porque saldrá de Jerusalén

un resto, y sobrevivientes del monte de Sión; el celo de Yahvé de los ejércitos hará

esto.

Este fragmento profético no tiene necesaria conexión con lo que precede, y parece proferido independientemente

de lo anterior. La mente del profeta se proyecta hacia la era venturosa en que

Judá adquirirá su plena rehabilitación. No obstante, dada la desconcertante psicología de los profetas,

bien pudiera ser como un paréntesis después de anunciar que el asirio volverá a su tierra.

Los profetas estaban tan poseídos de la idea mesiánica, que constantemente en los momentos de

crisis recurren a ella como pensamiento consolador y garantía de que todas las crisis serán pasajeras,

ya que Yahvé tiene empeñada una promesa respecto de un futuro venturoso para su pueblo.

El profeta anuncia de momento que el tiempo de penuria durará aún dos años, pero al tercero

todo volverá a su cauce: pasarán dos años en los que no se podrá sembrar (v.30) y tendrán

que alimentarse de lo que espontáneamente produzca la tierra; pero al tercero se podrán cumplir

tranquilamente las faenas agrícolas: sembrar, cosechar, etc. Quizá no hayan de tomarse esos tres

años a la letra, sino como un proverbio popular para indicar un cierto período de angustia y escasez.

Todo esto es una señal (v.30) para Judá, es decir, su realización será prenda de que la promesa

profética también tendrá pleno cumplimiento. Judá es comparado a un árbol que ha quedado

en puro tronco por efecto de las tormentas, pero que terminará por retoñar y echar raíces de

nuevo y frutos (ν.31). De la catástrofe se salvará un resto (v.32), que será núcleo de salvación

para su pueblo en el futuro. Y como garantía de la profecía está el celo de Yahvé de los ejércitos;

e.d., Dios empeña su palabra en ello y está celoso de su cumplimiento.

1812

Derrota del rey de Asiría (33-38).

33 Por eso así dice Yahvé sobre el rey de Asiría: No entrará él a esta ciudad, ni arrojará

allí flecha, ni se adelantará hacia ella con escudo, ni la rodeará de trincheras. 34

Por el camino que vino hacia ella se tornará; no entrará en esta ciudad, dice Yahvé.

35 Y yo protegeré a esta ciudad para salvarla por amor de mí y de mi siervo David.

36Y salió el ángel de Yahvé e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y

cinco mil hombres, y a la mañana, al despertar, he aquí que todos eran cadáveres.

37Y Senaquerib, rey de Asiría, levantó el campo y se tornó, quedándose en Nínive;

38y sucedió que, mientras oraba en el templo de Nesroc, su dios, sus hijos Adramelec

y Sareser le mataron a espada y huyeron a tierra de Ararat. Y le sucedió en el reino

su hijo Asaradón.

El profeta promete la ayuda y auxilio total de Yahvé en gracia a la piedad y súplica de Ezequías

y de Isaías (v.33). Senaquerib no entrará en Jerusalén, teniendo que retornar a su país sin tomar

la codiciada presa. En sus inscripciones se gloría de haber encerrado a Ezequías en Jerusalén como

pájaro en una jaula 9; pero no dice que haya entrado en ella. El amor que Yahvé tenía a David

le forzaba a salir en favor de su descendiente en el trono 10.

Y el analista se apresura a poner el cumplimiento de la profecía de Isaías, relatando la

destrucción del ejército de Senaquerib. El instrumento de Yahvé fue el ángel de Yahvé, que en

una noche mató a ciento ochenta y cinco mil asirios. En 2 Sam 24 se dice que el “ángel de Yahvé”

desencadenó una peste. Por eso, no pocos autores suponen que aquí se trata de una peste declarada

súbitamente en el ejército asirio. Dios pudo haber utilizado causas segundas en este castigo

de los invasores. Según Herodoto, entre los egipcios corría la leyenda de que, cuando Senaquerib

se acercaba a Egipto, en una noche una peste de ratones acabó con los escudos y arcos de

los soldados asirios, imposibilitándoles así el ataque U. Flavio Josefo dice que la retirada de los

asirios se debió a una peste declarada en el campamento asirio I2. De todos modos, las cifras de

muertos son exorbitantes, ya que no es verosímil que Senaquerib hubiera distraído cerca de doscientos

mil hombres contra una operación de flanco, cuando tenía al enemigo egipcio de frente al

sur de Palestina. Podemos suponer que las cifras están alteradas, exageradas por los copistas para

hacer resaltar más la magnitud de la catástrofe. De todos modos tenemos que ver en la liberación

de Jerusalén un hecho providencial y milagroso, aunque quizá sólo “quoad modum,” e. d., en

cuanto que Dios utilizó medios naturales, pero de modo fuera del orden normal. Después de esta

derrota (que no menciona en sus anales), Senaquerib se retiró a la capital del imperio, Nínive

(v.37), quedándose allí, e.d., sin aventurarse a nuevas expediciones militares. Sabemos que el

estado interno de su imperio era muy delicado, y tuvo que dedicarse a consolidarlo, hasta que fue

asesinado por dos de sus hijos. Conocemos a cinco de los hijos de Senaquerib, y ninguno de ellos

coincide con estos dos nombres, Adramelec y Sareser, que pueden ser pronunciaciones dialectales

deformadas de los nombres asirios 13. Tampoco conocemos ninguna divinidad asiría que se

llame Nesroc 14, nombre que parece está corrompido en su trasposición al hebreo. Respecto de la

muerte de Senaquerib, tenemos la confirmación del relato bíblico en la “crónica de Babilonia.”

Según ésta, Senaquerib fue asesinado por uno de sus hijos (lo que no excluye que tuviera a otro

hermano como cómplice) el 20 del mes Tebet, en el invierno del 681, entre los dos colosos de la

entrada del templo. Alejandro Polihistor dice que el motivo del asesinato fue que uno de sus

hijos estaba disgustado porque su padre había asociado a su hijo Asaradón al trono mientras vivía

Senaquerib. Después los asesinos huyeron a Ararat, e.d., Armenia 15.

1813

1 Cf. Is 66:7ss; Os 1:13. — 2 Sobre la intercesión de los hombres justos cf. Gen 18:2355; Ex 32:31; i Saín 12:19; Am 7:2-5; Jer 14:11;

15:1, etc. — 3 Cf. 2 Re 8:22; Jos 10,29. — 4 Algunos autores creen que este episodio se refiere a una expedición posterior de Senaquerib

contra Judá, hacia el 690-681; pero no hay documentos probativos de la misma (cf. RB 1910 912). — 5 Cf. 2:18-20;

17:8; 44:935; Dt 4:28; 28:36; 29:17; Ez 20:32. — 6 El sentido de la frase depende de tomar “hija de Sión” como sujeto o como

vocativo. — 7 Lit. “cortos de manos.” — 8 El texto está al final algo oscuro. Hemos traducido “grano marchito” siguiendo al lugar

paralelo de 2 Re 19:26, lo que hace perfecto sentido. — 9 Cf. Cilindro Taylor, o prisma hexagonal de Senaquerib. — 10 Cf. 1

Re 11:13-34; 15:4- — 11 Herod., II 141. — 12 Flavio Josef., Antiq. Lud. X 1-5. — 13 “Adramelec” quizá sea una deformación del

hijo de Senaquerib, llamado Arad-Ninlil. — 14 El nombre de Nesroc aparece en los códices griegos transcrito de muchas maneras:

“Nasaraj” (B), “Asaraj” , etc., lo que prueba que está corrompido el original. — 15 Asaradón cuenta que persiguió a los rebeldes

hasta más allá del Tauro. Cf. CON-DAMIN, o.c., 225; SKINNER, o.c., 291.

38. Curación Milagrosa del Rey.

Enfermedad de Exequias (1-8)

1 En aquellos días enfermó Ezequías de enfermedad mortal, y el profeta Isaías, hijo

de Amos, fue a verle, y le dijo: Así dice Yahvé: Dispon de tu casa, porque vas a morir,

no curarás. 2 Ezequías volvió su rostro cara a la pared, dirigiendo a Yahvé esta

plegaria: 3 ¡Ay Yahvé! acuérdate, te suplico, de que he andado delante de ti con fidelidad

e íntegro corazón y que he hecho lo que era bueno a tus ojos. Y se puso a sollozar

Ezequías con gran llanto. 4 Y fue palabra de Yahvé a Isaías, diciéndole: 5 Vete y

di a Ezequías: Así habla Yahvé, el Dios de tu padre David: He oído tu oración y he

visto tus lágrimas. He aquí que voy a añadir a tus días quince años más. 6 Y de la

mano del rey de Asiría yo te libraré a ti y a esta ciudad, y yo protegeré a esta ciudad.

7 Y ésta será la señal para ti de parte de Yahvé de que cumplirá Yahvé esta palabra

que he dicho: 8 He aquí que haré retroceder la sombra diez grados, los grados que el

sol ha descendido en el cuadrante de Acaz. Y retrocedió el sol diez grados que había

descendido.

La expresión en aquellos días tiene un sentido general de introducción histórica, sin que quiera

decir que fuera con motivo de la invasión de Senaquerib (701 a.C.), como se narra en el capítulo

anterior. Por el c.39 sabemos que el babilonio Merodacbaladan vino a Jerusalén a felicitar a Ezequías

por haber curado de una grave enfermedad; quizá sea ésta. Por otra parte, la embajada del

babilonio fue mucho antes de la invasión de Senaquerib. Isaías quiere que se prepare a morir,

haciendo testamento (dispon de tu casa, v.1), porque le llega la hora de la muerte. Algunos teólogos

plantean un gran problema respecto de la presciencia divina, pues la opinión de Isaías es

corregida por Dios, añadiendo quince años más. No es necesario apelar a la presciencia divina,

en cuanto se refiere, no a los futuros contingentes en sí mismos, sino al orden de las causas a los

efectos. Lo más sencillo es suponer que Isaías profirió un vaticinio condicionado 2. Su cumplimiento

dependía de la aceptación de la plegaria de Ezequías. Con este relato, el hagiógrafo no

quiere sino hacer resaltar la eficacia de la oración humilde y confiada. Ezequías se consternó

ante el anuncio de la muerte, porque la muerte prematura era considerada entonces como un castigo

de Dios por pecados cometidos, una pérdida de la amistad de Dios. El rey, por otra parte,

tenía la conciencia tranquila. Sin embargo, acató la voluntad de Dios, suplicándole se acordase

de sus buenas obras. Dios oyó su súplica, y al punto comunicó a Isaías la prolongación de la vida

del rey en quince años. En 2 Re 20:4 se dice que el profeta recibió esta comunicación cuando aún

no había salido del patio central.

El v.6 interrumpe la narración y es una repetición de 37:35; por tanto, debe considerarse

como glosa de un escriba posterior.

1814

En 2 Re 20 se dice que se aplicó a Ezequías una cataplasma de higos, y después preguntó

cuál era la señal de que dentro de tres días subiría al templo. Todo esto está narrado en los v.21-

22 de este c.38 del libro de Isaías, y desde luego que están desplazados, siendo su lugar propio

entre el v.6 y el v.7 de este capítulo. Además, según la narración de 2 Re 20, Isaías dejó al rey

elegir que la sombra del reloj avanzara o retrocediera; Ezequías escogió lo último, pues era un

signo más extraordinario, ya que lo normal es que avance. La señal, pues, era el retroceso de la

sombra de diez grados en el reloj o cuadrante de Acaz, llamado así porque habría sido este rey,

padre de Ezequías, quien lo había puesto, y probablemente lo había traído de Damasco (cf. 2 Re

16:10), tomándolo de los babilonios, los cuales, según Herodoto, fueron los inventores del reloj

solar. No sabemos cuál era la forma de ese reloj de Acaz, pero podemos relacionarlo por otro que

conocemos de Fenicia, región próxima a Judá, y que había tenido mucha influencia cultural desde

los tiempos de Salomón en Jerusalén.

Este reloj solar está formado por un cuadrante con diversos radios, que sin duda señalan

los grados u horas del día a medida que la sombra iba avanzando o descendiendo por ellos. El

milagro, pues, consistía en que, en vez de avanzar, con el movimiento del sol retrocediera. Esto

sería una señal de que Ezequías recuperaría la salud.

Cántico de Acción de Gracias de Ezequías (9-20).

Peligro de muerte (9-14).

9 Cántico de Ezequías, rey de Judá, cuando enfermó y curó de su enfermedad: 10 Yo

dije: En la tranquilidad de mis días, voy a caminar hacia las puertas del “seol,” privado

del resto de mis años. Y dije: Ya no veré más a Yahvé en la tierra de los vivientes

ni contemplaré más al hombre entre los moradores del mundo3; 12 mi morada es

arrancada, arrebatada de mí, como tienda de pastores. Como un tejedor ha enrollado

mi vida 4 y la separa de su trama. 13 Día y noche me consumes, grito hasta la mañana,

pues como león quebranta todos mis huesos. 14 Día y noche me consumes 5,

chillo como golondrina, gimo como paloma. Mis ojos se consumen mirando a lo alto.

¡Oh Yahvé! estoy angustiado; sal fiador por mí.

El título (v.9) atribuye a Ezequías este cántico, llamado miktam, palabra misteriosa cuyo significado

desconocemos, y que algunos han querido traducir por cántico didáctico6. Falta en el relato

de 2 Re, y no pocos creen que es de un autor posterior a Ezequías, puesto en labios de éste por

seudonimia (cf. Jon 2:3). La composición es bellísima, y comúnmente se divide en dos partes: a)

angustia ante la próxima muerte (10-15); b) acción de gracias por la curación (16-19), con un

apéndice litúrgico (V.19).

El rey se siente acongojado, porque en el apogeo de sus días tiene que dejarlo todo y

acercarse a la región de los muertos o seol (v.10). Según la concepción popular hebrea, eco de la

babilónica, la morada de los muertos estaba cerrada por varias puertas (siete según los babilonios).

Lo que más le apesadumbra era tener que romper las relaciones de trato litúrgico con Yahvé

(ya no veré a Yahvé, v.11), pues aunque el seol estaba bajo el dominio de Yahvé, señor de todo,

no obstante, no tenía trato íntimo con sus moradores, que estaban en un estado de sombras o

semiconsciencia y aletargados, sin poder alabar y reconocer los beneficios de Dios7. Faltaba mucho

aún para llegar a la noción de retribución de ultratumba tal como aparece en el libro de la

Sabiduría 8. Con la muerte desaparecen las alegrías de la vida, y ya no podrá el hombre conversar

1815

con los hombres (v.11). La vida es concebida como una tienda movediza que es arrancada por

los pastores en busca de nuevos pastos (v.12). Una segunda imagen ilustra el carácter breve y

limitado de la existencia humana: la vida no es sino el hilo que un tejedor va recogiendo poco a

poco, y lo corta de su trama cuando le parece. Dios es quien señala los días de cada uno. Para

Ezequías, en la situación de enfermo condenado a muerte, sus días son una angustia continuada,

pues se consume día y noche (ν. 13) por efecto de la voluntad de Dios, que le tritura y quebranta

como un león, mientras que él se lamenta como una golondrina y gime como una paloma (v.14)

9. Por ello, Ezequías se dirige hacia lo alto, buscando como fiador a Yahvé mismo. Es como un

deudor que necesita uno que salga por él. Está condenado a muerte, y sólo Yahvé puede salvarle

de este tributo mortal (cf. Job 17:3).

Acción de gracias (15-20).

15 ¿Qué voy a decir yo? Ya me ha dicho El, y ha hecho; caminaré lentamente todos

mis años en la amargura de mi alma. 16 Señor, sobre ellos viven, y a todos, entre

ellos, la vida de mi espíritu 10. Tú me curas y me haces vivir. 17 He aquí que en paz se

me ha tornado la amargura 11 y has preservado mi alma del hoyo de la corrupción

12, porque has echado a tu espalda todos mis pecados. 18 Pues no te alaba el “seol,” ni

te celebra la muerte, ni los que descienden a la fosa esperan en tu fidelidad. 19 Los

vivos, los vivos te alaban como yo hoy; el padre da a conocer a los hijos tu fidelidad.

20 Yahvé, (apresúrate) a salvarme, y pulsaremos nuestras arpas todos los días de

nuestra vida en la casa de Yahvé.

No hay unanimidad sobre el sentido del v.15, pues mientras unos lo consideran, como los anteriores,

expresión de las lamentaciones por la enfermedad y peligro de la muerte, otros creen que

se alude aquí al beneficio de la curación ya realizada. En el primer sentido, el enfermo se resignaría

a soportar la suerte que le ha otorgado Yahvé, continuando en el lecho del dolor el resto de

su vida: caminaré. en la amargura de mi alma. En la segunda interpretación, Ezequías celebraría

ya su curación, que Dios ha hecho; pero al mismo tiempo recordará el resto de sus días en la

amargura de su alma, su trágica enfermedad, que estuvo a punto de llevarle al sepulcro.

El v.16 es ininteligible tal como está en el texto hebreo actual, que sin duda está incompleto.

Hemos dado la traducción literal del texto hebreo actual como suena. Únicamente el tercer

estilo hace sentido: me curas y me haces vivir: Dios es la causa de su salvación. Creía Ezequías

que la enfermedad era consecuencia de pecados anteriores ocultos; por eso, antes de curarle tuvo

que perdonarle (v.17), salvándole de la muerte (hoyo de la corrupción) o sepulcro. Y añade un

motivo más por el que Yahvé le ha salvado: porque en la región tenebrosa del seol, morada de

los muertos, éstos no podían tener vida consciente y alabar a Yahvé (v.18). Allí no hay más “esperanza.

en la fidelidad” de Yahvé, puesto que las promesas hechas por Dios eran terrenas, y para

el muerto todo se había acabado. Sólo los vivientes podían experimentar la fidelidad de Dios a

sus promesas en el futuro.

El v.20 es considerado generalmente como una glosa litúrgica para adaptar el cántico al

servicio del templo.

Curación de Ezequías (21-22).

Estos dos versículos están desplazados, y deben colocarse entre los v.6 y 7. Quizá hayan

sido introducidos por un redactor posterior para concordar el c.38 del libro de Isaías y el relato

del libro de los Reyes.

1816

21 Y dijo Isaías: Tomen una torta de higos y friccionen sobre la úlcera, y curará. 22 Y

dijo Ezequías: ¿Cuál es la señal de que subiré al templo de Yahvé?

Sabemos por Plinio que se utilizaban cataplasmas de higos para acelerar la maduración de una

pústula ulcerosa 13. Parece que aún se emplean entre los beduinos. Se suele hacer notar que, por

las imágenes que emplea, Isaías tenía sus conocimientos de medicina 14. Pero el rey no se contentaba

con este remedio natural para creer en la promesa de Isaías de que curaría, y por eso le pide

una señal (v.22), y la señal fue el milagro del retroceso de la sombra del reloj de Acaz (v.8).

1 Lit. en hebreo “grados.” — 2 Cf. SANTO TOMÁS, S. Th. II-II q.i?2 a.3. — 3 El hebreo dice “moradores de la cesación*, e.d., cuya vida

cesa. Pero algunos mss. hebreos leen “mundo”) (una palabra hebrea parecida: tebel, en vez de jeled), que hace paralelismo con

“tierra de los vivientes” del primer estico. — 4 El texto hebreo dice “he arrollado,” en primera persona; pero el griego pone en tercera

persona, como hemos puesto en el texto. — 5 Este estico parece repetición indebida del v.13, por ditografía. — 6 Aparece este

título en algunos salmos, como Sal 16:56.60. — 7 Cf. Sal 87:12. 8 Cf. Sabs.i? — 9 Cf. Jer 8,7; Is 59:11; Ez 7:16; Nah 2:7. — 10 El

estico no hace sentido en el original hebreo. La Vg.: “Domine si sic vivitur, et in talibus vita spiritus mei.” SKINNER: “Por estas

cosas viven los hombres, y completamente dentro está la vida de mi espíritu.” Condamin renuncia a traducirlo, y sencillamente

prescinde del versículo. — 11 Este estico falta en el texto griego. — 12 El texto hebreo lee: “has deseado mi alma.” Pero el griego

pone: “has preservado mi alma,” que se obtiene con un ligero cambio de letras, y hace mejor sentido en el contexto. — 13 Cf.

PUNIÓ, Hist. Nat. XIX 34. — 14 Cf. Is i,4ss; 3:7; 6:10. Nada se puede concretar sobre la naturaleza de la enfermedad de Ezequías.

Sólo sabemos que tenía manifestaciones ulcerosas.

39. Predicción del Cautiverio.

Embajada de Merodacbaladán (1-4).

1 En aquel tiempo envió Merodacbaladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, un

mensaje y un presente a Ezequías, pues había tenido noticias de su enfermedad y su

restablecimiento. 2 Y Ezequías se alegró de ello, y les enseñó su casa del tesorot la

plata, el oro, los perfumes y ungüentos preciosos, su arsenal y todo cuanto había en

sus almacenes. No hubo nada, ni en el palacio ni en sus dependencias, que no les

mostrara Ezequías. 3 Y el profeta Isaías fue a ver a Ezequías y le preguntó: ¿Qué

han dicho esos hombres y de dónde vienen a ti? Respondió Ezequías: Han venido de

lejos a verme, de Babilonia. 4 ¿Y qué es lo que de tu casa han visto? preguntó. Y

Ezequías respondió: Han visto cuanto en mi palacio hay; no ha quedado nada de

cuanto hay en mis almacenes que no les haya enseñado.

Esta narración acerca de una embajada diplomática enviada desde Babilonia está en perfecta

consonancia con el ambiente histórico. Sabemos por las inscripciones de Sargón que Merodacbaladán,

rey de Babilonia, despachaba muchas embajadas hacia el año 713 antes de Cristo para

captarse amigos contra el coloso asirio. Merodacbaladán l era príncipe del pequeño estado al sur

de Babilonia, llamado Bit-Yaquin, cerca del golfo Pérsico, y fue la pesadilla de los monarcas asirios

de la época. En el 722 antes de Cristo tomó Babilonia, aprovechándose de que Sargón se

hallaba en campañas al occidente, sitiando a Samaría. Creó un estado independiente, que duró

hasta el 711 antes de Cristo, en que Sargón, libre de sus preocupaciones militares al occidente, le

aplastó, tomando Babilonia. Más tarde, aprovechándose de las turbulencias ocurridas en Nínive

con motivo de la subida al trono de Senaquerib (705), volvió a ocupar Babilonia, aunque por poco

tiempo. La embajada a Ezequías pudo ser en cualquiera de estos dos períodos, si bien es más

probable el primero. Suponiendo que Ezequías muriese en el 693 (lo que no es seguro), la enfermedad

habría sido quince años antes (cf. 38,5), y la embajada entonces habría tenido lugar hacia

1817

el 707. En ese tiempo, Merodacbaladán no reinaba en Babilonia, pero estaba intrigando desde las

cercanías de esta ciudad, en busca de amigos para rechazar al asirio más al norte.

Sabemos por las cartas de Tel-Amarna que eran frecuentes esos mensajes de congratulación

entre los reyes después de haber salido de una enfermedad (cf. 2 Sam 10:1). Según 2 Par

30:31, los enviados de Babilonia tenían además el propósito de examinar el prodigio del cuadrante

solar. En realidad, seguramente la embajada tenía motivos políticos, es decir, atraerse a

Ezequías en una proyectada liga antiasiria. No obstante, el texto hebreo no dice nada de esto. El

rey de Judá les enseñó ingenuamente todos sus tesoros secretos creyendo en la sinceridad de sus

visitantes. Isaías, como centinela de Dios que se preocupa de los intereses religiosos, sintió preocupación

por la visita de estos emisarios paganos. Siempre se había opuesto a todo pacto diplomático

que supusiera compromisos militares. Por ello se acercó a palacio para saber lo que la

embajada babilónica buscaba, e interrogó a Ezequías sobre lo que han dicho esos hombres (v.3)

y sobre su procedencia. Además se sentía preocupado por la inspección que hubieran realizado

en el palacio, pues les podía servir de información preciosa para sus futuros planes (v.4). La respuesta

del rey no pudo ser más desalentadora. Con toda ingenuidad les había abierto las puertas

de todos los secretos de su palacio y armería real. El profeta, divinamente inspirado, se indignó y

profirió un oráculo tocante al futuro de aquel palacio y sus tesoros.

Predicción de Isaías (5-8).

5 Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye la palabra de Yahvé de los ejércitos: 6 He

aquí que vendrán días en que todo cuanto hay en este palacio y cuanto atesoraron

tus padres hasta el día de hoy será llevado a Babilonia. 7 Y tus hijos, engendrados

por ti, serán llevados y tomados como eunucos para el palacio del rey de Babilonia. 8

Y Ezequías dijo a Isaías: Buena es la palabra de Yahvé que me anuncias, porque,

manifestó él, habrá paz y seguridad en mis días.

El vaticinio tiene un carácter amenazador. Lo que acaba de hacer el rey es una imprudencia,

aparte de un acto de vanidad y ostentación, que de ningún modo podía ser grato a Yahvé. Isaías

está cierto de que al fin llegará un día la deportación de Judá a Babilonia y que todo lo del palacio

de Ezequías será llevado allá. Indudablemente, el profeta alude a la cautividad de Babilonia,

que iba a tener lugar poco más de un siglo más tarde (586 a.C.), cuando Nabucodonosor, descendiente

de la dinastía de Merodacbaladán, ocuparía y destruiría la Ciudad Santa. El rey, ante predicción

tan amenazadora, piensa que es buena, porque no se va a cumplir durante su reinado. El

sólo aspira a que haya paz y seguridad en su reinado (v.8). En el Antiguo Testamento, el hecho

de que Dios retardara el cumplimiento de su justicia para otra generación es considerado como

un acto de la misericordia divina 2. La predicción del ν.7 referente a los propios hijos de Ezequías,

no ha de entenderse necesariamente en el sentido inmediato de hijo, sino de descendiente en

general. De todos modos, sabemos que el hijo de Ezequías Manases fue llevado cautivo a Babilonia

por Asurbanipal (2 Par 33:11). La expresión rey de Babilonia puede tener el sentido amplio

y referirse incluso a Nínive. A pesar de que la capital del imperio asirio era esta ciudad, no obstante,

Babilonia era considerada como el centro metropolitano para los pequeños estados del occidente.

Los descendientes de Ezequías, según la predicción, serán transportados al palacio de

Babilonia en calidad de eunucos (ν.7), en el sentido amplio de servidores del rey. Efectivamente,

el rey Joaquín o Jeconías fue llevado en cautividad, y, después de habérsele arrancado los ojos,

vivió triste en el palacio de Nabucodonosor. Recientemente se han descubierto tabletas cuneiformes

administrativas en las que se habla de la ración asignada al rey de Judá prisionero.

1818

Con esta narración histórica se cierra la primera parte del libro de Isaías. Un horizonte

nuevo se abre a partir del capítulo 40, y una nueva situación histórica rebasa el medio ambiental

de la vida del profeta Isaías.

1 En asirio: Marduk-apla-iddin: “Marduc ha dado un heredero.” Su padre Baladán pudiera provenir de un nombre asirio: Bel-iddin:

“Bel ha dado.” — 2 Cf. 1 Re 21:28; 2 Re 22,18s.

40. La Gloria de Yahvé en la liberación de Israel.

Suele considerarse este capítulo como una recapitulación introductoria a toda la segunda parte

del libro de Isaías. La razón de ello es porque encontramos en este capítulo las principales ideas

desarrolladas en los restantes capítulos. El profeta se dirige en segunda persona plural, sin determinar

más, y el fin del destierro es considerado como la reconciliación de Yahvé con su pueblo,

al que castigó sumergiéndole en la noche oscura de la cautividad. La liberación aparece por eso

como la manifestación de la luz plena y alegre. La vuelta de los exilados es idealizada y confundida

en la perspectiva con los albores de la era mesiánica.

Comúnmente se suele dividir el capítulo en dos partes: a) preludio (in); b) himno sobre la

grandeza de Yahvé (12-31).

Promesa de liberación (1-2).

1 Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; 2 hablad al corazón de Jerusalén

y gritadle que se cumplió su servidumbre, que está pagada su culpa, que ha recibido

de manos de Yahvé el doble por todos sus pecados.

Estas primeras palabras, consolad, consolad (v.1), han hecho que se llame a estos capítulos “libro

de consolación” para Israel, pues la idea de consuelo domina y penetra estas maravillosas

profecías de restauración. La repetición enfática de consolad indica la certeza de la liberación en

la mente del profeta, que intenta levantar los ánimos de los pusilánimes, apesadumbrados por la

sucesión de tantas calamidades. ¿A quién se dirige el profeta? La traducción de los LXX supone

que eran los sacerdotes los destinatarios; pero esto parece una glosa. Algunos comentarios suponen

que el autor habla a los profetas, representantes de los intereses espirituales del pueblo ante

Dios, y los grupos de selectos que vivían en torno a personajes proféticos. Deben hablar a mi

pueblo, e.d., Israel, con el que Dios vuelve a reanudar sus relaciones íntimas y a considerarle

como pueblo suyo.

Se trata de un mensaje de perdón al pueblo. Por ello debe hablar al corazón de Jerusalén

(v.2), e.d., hablarle amorosamente l, confortarle. Jerusalén aquí representa a Israel en general,

como metrópoli santa elegida por Dios 2. La gran nueva comunicada a ella es que ha terminado

su servidumbre, lit. su “servicio militar,” que quedó como sinónimo de trabajo duro. La alusión

es a la época de servidumbre en Egipto, donde el pueblo estuvo condenado a trabajos forzados.

Esta servidumbre quedó como tipo del exilio babilónico, al que se refiere el hagiógrafo. Jerusalén

había pecado y tenía que sufrir una época de expiación, como un condenado a trabajos forzosos.

Con ello ha quedado pagada (lit. “satisfecha”) su culpa (cf. Lev 26:34; cf. 51:1). Jerusalén

ha recibido de Yahvé el doble (castigo) por todos sus pecados (v.2). La idea parece extraña en

labios de un autor que tiene una idea muy alta de la justicia divina. Es una frase que no debe tomarse

al pie de la letra, pues indica, en general, que el castigo sufrido por Israel ha sido de proporciones

aparentemente desorbitadas. Por otra parte, no debemos perder de vista que el hagió1819

grafo pensaba, al afirmar esto, en el Siervo de Yahvé, incluido dentro del pueblo de Israel, verdadera

víctima inocente de propiciación por todos sus compatriotas.

La gloria de Yahvé viniendo por el desierto (3-5).

3 Una voz grita: Abrid camino a Yahvé en el desierto, enderezad en la estepa una

calzada a vuestro Dios. 4 Que se alcen todos los valles y se rebajen todos los montes y

collados; que se allanen las cuestas y se nivelen los declives. 5 Porque va a mostrarse

la gloria de Yahvé, y a una la verá toda carne, porque ha hablado la boca de Yahvé.

La mente del profeta se proyecta sobre el retorno glorioso idealizado de su pueblo, precedido de

la gloria de Yahvé (ν.3). Delante va un heraldo del cortejo glorioso de Yahvé (Una voz grita,

v.3). Es el Precursor, encargado de preparar lo necesario para que la visita resulte grandiosa, en

conformidad con el Rey que se aproxima. Ante todo es necesario preparar una calzada amplia,

digna de El, para que pase el cortejo real sin obstáculo ni tropiezo. Por eso se invita a la naturaleza

a que contribuya a la manifestación gloriosa de Yahvé. Todos los declives montañosos y los

valles deben transformarse para construir una gran avenida llana por la que pase el cortejo de la

gloria de Yahvé. Todos (toda carne, v.5) serán testigos de esta gran epifanía gloriosa del Dios de

Israel, y ese gran camino real será trazado en el desierto, en la estepa. La imagen está construida

sobre el relato del Éxodo en el que Israel aparece atravesando el desierto del Sinaí camino de la

tierra de promisión. Aunque el sentido inmediato aluda al retorno del exilio, no obstante, los Padres

comúnmente han visto aquí una invitación a las almas a prepararse moralmente, con el ejercicio

de las virtudes, para recibir a Dios con el cortejo de sus gracias sobrenaturales. Los evangelistas

aplican el pasaje a San Juan Bautista, como precursor de Jesús el Mesías, al preparar las

conciencias de los judíos para recibirle debidamente, con espíritu de penitencia y de humildad

(cf. Mt 3:2; Lc 3:4-6).

La gloria de Yahvé va a mostrarse a todos. El profeta concibe la manifestación de Dios

al modo de la nube que aparecía durante la peregrinación de los israelitas en el desierto. La gloria

de Dios, e.d., su manifestación gloriosa, con sus hazañas y milagros en favor de su pueblo. A

una la vera toda carne: en el texto griego, en vez de a una se lee “la salvación de Dios” (cf.

52:10), y así lo transcribe Lc 3:6.

Inmutabilidad de la palabra de Dios (6-8).

6 Una voz dice: Grita. Y yo respondo: ¿Qué he de gritar? Toda carne es hierba, y

toda su gloria como flor del campo, 7 Sécase la hierba, marchítase la flor cuando pasa

sobre ellos el soplo de Yahvé. Ciertamente hierba es el pueblo3. 8 Sécase la hierba,

marchítase la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.

El profeta oye un nuevo anuncio (v.6) alusivo a la caducidad de lo humano frente a la inmutabilidad

de la palabra y decisiones de Dios. Los planes de los hombres (toda carne, v.6) son como

hierba o flor del campo, que se agosta al soplo solano que viene del desierto. Toda su lozanía y

apariencia de vigor y consistencia se deshace en unas horas de calor. Así es el hombre frente a

las decisiones de Dios. Una sola palabra de Dios basta para cambiar los destinos de la historia.

El profeta quiere dar esperanza a los oprimidos: todo el poder de los opresores desaparecerá

como el verdor del campo en una ola de calor 4. El soplo de Yahvé es el viento solano (cf. Sal

103:6).

En contraste con los planes humanos, que se deshacen con la misma facilidad que se

1820

marchita la hierba, la palabra de Dios permanece para siempre (v.8), e.d., sus planes de restauración

de Israel y sus promesas prevalecerán sobre los humanos designios.

Vuelta de Yahvé a Sión (9-11).

9 Sube a un alto monte, mensajera de buenas nuevas de Sión; alza con fuerza, tu voz,

mensajera de buenas nuevas de Jerusalén. Álzala, no temas; di a las ciudades de Judá:

He aquí a vuestro Dios. 10He aquí al Señor, Yahvé de los ejércitos, que viene con

fortaleza, y su brazo dominará a favor suyo; he aquí que El viene con su salario y va

delante de El su paga. 11El apacentará su rebaño como pastor, El le reunirá con su

brazo, El llevará en su seno a los corderos y cuidará a las paridas.

El profeta invita a unos supuestos mensajeros de buenas nuevas a que anuncien la proximidad de

la llegada de Yahvé, que retorna a su pueblo después de haberse separado de él por sus pecados.

La palabra hebrea que traducimos por mensajera es un colectivo femenino, y aquí puede referirse

a un grupo ideal de anunciadores o profetas fieles a Yahvé, quizá los mismos a quienes poco

antes se les encargaba que consolaran al pueblo. Son portadores de albricias para Sión-Jerusalén

y las ciudades de Judá, e.d., la familia israelita en general. Y el objeto de su anuncio es el retorno

victorioso de Yahvé, que viene con fortaleza, y su brazo dominara (brazo aquí es sinónimo de

poder dominador), y trae, como los conquistadores, su salario., su paga, e.d., el botín de los

enemigos, llevado, al estilo oriental, delante de él como trofeo. Yahvé ha vencido a los enemigos

de Israel y ahora vuelve con los trofeos de la victoria a su pueblo. Por otra parte, ese salario de

Yahvé es también la salvación y liberación del pueblo escogido una vez vencidos los enemigos.

Y, en contraste con esta actitud de vencedor bélico, Yahvé será para su pueblo redimido un pastor

que la apaciente, prodigando los cuidados máximos a los componentes más débiles y necesitados

de la comunidad israelita.

Grandeza del poder y sabiduría de Dios (12-17).

12 ¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano, y apalpó los cielos, y determinó

en un tercio todo el polvo de la tierra, pesó en la romana las montañas, o en la balanza

los collados? 13 ¿Quién ha determinado el espíritu de Yahvé, quién fue su consejero

y le instruyó? 14¿Con quién deliberó para recibir instrucciones, que le enseñase

el camino de la justicia, le adoctrinara en la ciencia 5 y le diera a conocer el camino

del entendimiento? 15 He aquí que las naciones son como gotas de agua en el caldero

y son reputadas como polvillo en la balanza, y levantan las islas como el polvillo

el viento. 16 El Líbano no basta para combustible, 17 ni sus animales para el holocausto.

Todos los pueblos son delante de El como nada, son reputados por El como

nada y vanidad.

Nadie debe desesperar respecto de las promesas divinas si se tiene en cuenta la omnipotencia de

Dios y superioridad sobre todas las criaturas. El conserva todas las cosas en su peso y medida:

mide los cielos, los recoge en su mano y calcula en un tercio (probablemente de efah, medida de

áridos bastante reducida) 6. Su sabiduría es proporcionada a su poder, y no necesita de consejero

alguno (v.13). Nadie podrá oponerse a sus designios, pues los pueblos y colectividades sociales

(las naciones, v. 15) son como gotas de agua en un recipiente o polvillo en una balanza en comparación

con el poder e inteligencia de Dios. Las mismas islas son insignificantes y las conmueve

como polvillo. Es más, Yahvé es tan inmenso que no habría bastante combustible en el Líba1821

no ni animales suficientes para preparar un holocausto digno de El (v. 16).

Vanidad de los ídolos (18-24).

18 ¿A quién, pues, compararéis a Dios y a qué imagen haréis que se le asemeje? 19 El

ídolo es fundido por el artífice, el orfebre la reviste de oro y le adorna con cadenillas

de plata7. 20 El que es pobre para la ofrenda8, escoge madera incorruptible y busca

un buen artífice para erigir un ídolo que no se tambalea.21 ¿No lo sabéis? ¿No lo

habéis oído? ¿No os lo han revelado desde el principio? ¿No lo habéis entendido

desde la fundación de la tierra?9 22Está El sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos

habitantes son como langostas. El tiene los cielos como un toldo y los despliega como

una tienda de morada. 23 El torna en nada a los príncipes, y en vanidad a los jueces

de la tierra.24 Apenas plantados, apenas sembrados, apenas ha echado su tronco raíces

en la tierra, sopla sobre ellos y se secan, y como pajuela los arrastra el huracán.

El autor pone en contraste con la omnipotencia de Yahvé la inanidad de los ídolos, ridiculizando

su procedencia. Mientras Yahvé es omnipotente y trascendente, los ídolos son obra de sus devotos,

y con toda ironía describe el proceso de su fabricación: la labor del artífice, los elementos de

que se compone, etc. (v. 19-20). Después el hagiógrafo se encara con los hombres en general,

diciendo que esta diferencia entre Yahvé y los ídolos la han podido comprender estudiando la

naturaleza desde el principio (v.21) de la historia de la humanidad. Se admira que la humanidad

no haya aún entendido una cosa tan elemental. A continuación vuelve a hacer la apología de la

trascendencia de Dios en contraposición a la procedencia humana de los ídolos. Dios habita en lo

más alto del circulo de la tierra y tan alejado está, que, vistos desde allí, los hombres son como

langostas (v.22), expresión proverbial para indicar la pequeñez de los hombres (cf. Núm 13:33;

Sal 113:5). La tierra es concebida como un disco plano rodeada del abismo, sobre la que se pone

un toldo arqueado compacto, que son los cielos. Sobre esa bóveda de los cielos habita Yahvé,

inaccesible a todo lo creado. Nada se escapa a la acción destructora de Dios, ni los más altos

príncipes (v.23), los cuales son arrancados como troncos sin raíces. Basta el soplo de Yahvé para

dar al traste con los que parece que están más firmes: apenas ha echado raíces su tronco, e.d., las

dinastías desaparecen apenas se establecen. Las revoluciones son los medios que tiene Dios para

hacer justicia sobre las dinastías reales más pode-

Inmutabilidad de Yahvé (25-31).

25 ¿A quién me asemejaréis, de forma que se me iguale, dice el Santo? 26 Alzada en lo

alto vuestros ojos y mirada: ¿Quién los creó? El que saca numerado su ejército, y

todos los llama por su nombre, y por la gran fuerza y enorme potencia ninguno falta.

27 ¿Por qué dices tú, Jacob; hablas tú, Israel: Mi camino está oculto a Yahvé, y mi

derecho se escapa a mi Dios?28 ¿No sabes tú, no has oído, que Yahvé es Dios eterno,

creador de los confines de la tierra? No se fatiga ni se cansa, insondable es su inteligencia.

29 El da vigor al fatigado y multiplica las fuerzas del débil. 30 Y se cansan los

jóvenes y se fatigan, y los jóvenes llegan a flaquear;31 pero los que confían en Yahvé

renuevan las fuerzas, echan alas como de águila, corren sin cansarse y caminan sin

fatigarse.

Yahvé es rey de la naturaleza (v.22) y rey de reyes (23-24); por tanto, está fuera de toda comparación

(v.25). Los mismos astros, objeto de máxima admiración, son obra de Yahvé. Dios está

1822

fuera de toda comparación, es el Santo (v.25), e.d., el inaccesible, el trascendente, quien, por otra

parte, tiene contadas las estrellas, que hace desfilar designándolas por su nombre (v.26), obedeciendo

ellas como ejército disciplinado, sin que ninguna falte a la cita.

El profeta, después de presentar el carácter trascendente de Yahvé como Señor de toda la

naturaleza, se dirige a su pueblo para infundirle esperanza. Parece que entre sus oyentes se oían

con bastante escepticismo sus promesas de rehabilitación, y se permitían dudar de su veracidad:

¿Por qué dices tú, Jacob; hablas tú, Israel? (v.27). El pueblo israelita se consideraba perdido,

como si Dios no se preocupase de su “suerte” (mi camino está oculto a Yahvé) ni de sus derechos

(v.27). La respuesta del profeta se refiere al carácter eterno y omnipotente de Dios, que

ayuda y fortalece al desfallecido y cansado. Sólo es necesaria una fe ciega en El, pues entonces

el que espera en El será más fuerte y vigoroso que los que están en plena juventud (v.28-30).

Dios comunica un vigor y un optimismo que sirven de alas para volar impetuosamente, como el

águila, en la senda de la vida, sin miedo al desfallecimiento (v.31).

1 Cf. Gen 34:3; Je 19,3; 2 Sam 19,7; Os 2:14. — 2 Cf. Is 49:1435; 51:165; 52,is. — 3 El estico “ciertamente hierba es el pueblo,” por

razones rítmicas, es considerado por muchos autores como glosa. Cf. Comdamin, o.c., 242. — 4 Cf. Is 37:23; Job 8:12; 14:2; Sal

37:2; 103:15; 90:55. Véase Skinner, o.c. ,11 5. — 5 Este estico: “le adoctrinara en la ciencia,” falta en el texto griego. Como, por

otra parte, resulta arrítmico y contra el paralelismo, se cree que es una glosa. — 6 El valor del efah es de unos 39 litros. — 7 Falta

en el texto griego, y métricamente es superfluo; por eso no pocos consideran este estico: “adorna con cadenillas de plata,” como

glosa. — 8 Así lee literalmente el texto hebreo. El sentido sería que los pobres, en vez de revestir la imagen de oro, se contentan

con otra de madera. Pero parece que el texto está incompleto. Duhm hace una reconstrucción y traduce: “El que erige un simulacro,”

que se obtiene con una aliteración de consonantes. — 9 El hebreo dice literalmente: “habéis comprendido los fundamentos

de la tierra.” Un ligero cambio nos da la otra lección que hemos escogido siguiendo a Condamin.

41. Yahvé suscita un Libertador de su pueblo.

Yahvé no sólo es el Señor de la naturaleza, sino también dirige la trama histórica de los pueblos.

Dios invita a los pueblos a entrar en juicio con El para demostrar su divinidad y la inanidad

de los ídolos. Dos escenas: a) litigio entre Yahvé y las naciones (1-5); b) entre Yahvé y los dioses

falsos (21-29). Entre ambas escenas se intercalan unas palabras de consuelo a Israel (8-20), el

cual, como pueblo escogido, no tiene nada que temer de la intervención de Yahvé, su amigo, al

suscitar a un impetuoso conquistador, Ciro, que avanza como un vendaval sobre los pueblos.

Generalmente se supone que alude a los avances de Ciro después de derrotar a Creso en 546 antes

de Cristo y antes de la conquista de Babilonia (538 a. C), que aparece como futura. El estilo

literario de este fragmento es dramático.

Desafío de Yahvé a las naciones (1-4).

1 Enmudeced, islas, ante mí, y renueven los pueblos su fuerza, acérquense y hablen,

entremos en juicio. 2 ¿Quién ha suscitado desde el levante a aquel a quien la justicia

le sale al encuentro a su paso?¿(Quién) entrega ante él las naciones y abate los reyes?

Su espada los reduce a polvo, y sus arcos los dispersa como brizna de paja. 3Los

persigue, pasa en pazpor senda en que sus pies no habían entrado. 4¿Quién lo ha

hecho y realizado? El que desde el principio llamó a las generaciones. Yo, Yahvé,

soy el primero y seré en los últimos tiempos.

El principio del oráculo es una invitación enfática a las islas o naciones occidentales marítimas a

que le escuchen; va a decir algo importante. Pueden venir con toda libertad a litigio con El, para

discutir sobre la aparición súbita del nuevo conquistador, Ciro, como medio de demostración de

1823

que es Yahvé superior a los ídolos, ya que es quien lo ha suscitado (v.2), haciéndole venir de

oriente de victoria en victoria (la justicia le sale al encuentro, v.2). Aquí la palabra justicia es

sinónima de victoria, salvación, éxito l. Ciro avanza incólume en paz (v.3) a través de sendas que

nunca había hollado. Y todo esto no es sino obra de Yahvé (v.4), porque es Dios quien hace que

sucedan las generaciones desde el principio (llama a las generaciones, v.4), siendo El inmutable,

y por eso asistirá a lo último de la historia humana. Yahvé es el Señor de todas las vicisitudes de

la historia, como es testigo y principal protagonista de ella. Muchos autores creen que la expresión

503; el primero, y seré en los últimos tiempos es una alusión a la revelación del nombre de

Yahvé, el que es (Ex 3:13), en contraposición a los ídolos, que no son.2

Reacción temblorosa de las naciones (5-7).

5 Las islas le ven y tiemblan, y se espantan los confines de la tierra. Se acercan y juntos

vienen (al juicio)3. 6 Uno a otro se ayudan, uno a otro se dicen: Animo. 7El escultor

anima al orfebre; el que pule con el martillo, al que golpea el yunque, diciendo:

Bien está esta soldadura. Y la afirma con clavos para que no se mueva.

La invasión de Ciro siembra el pánico entre las naciones costeras (las islas, ν.6). El profeta describe

después minuciosa y gráficamente la ansiedad de esas poblaciones por terminar sus estatuas

dedicadas a los ídolos, que consideraban como protectores de sus fronteras contra el invasor.

Quizá el v.6 sea una alusión a los pactos concluidos entre las naciones contra Ciro, sobre todo las

alianzas de Babilonia y Egipto con Creso de Lidia. En ese caso, el ν.7 sería una interpolación

posterior, transportada de un contexto en el que se hablara de la fabricación de los ídolos, como

en 40:19-20. En este contexto, la idea es irónica: son los escultores y orfebres los que hacen los

dioses y juzgan de la bondad de sus obras de artesanía.

Promesa de Liberación de Israel (8-20).

Podemos considerar estos versículos como un paréntesis en el contexto del conflicto entre Yahvé,

de un lado, y las naciones e ídolos el por otro. Dios discute con ellos sobre su providencia y

vindica los derechos de Israel. Israel es el instrumento de los designios de Dios sobre el mundo.

Por eso, Israel no debe temer la conquista de Ciro, ya que éste no es sino el instrumento del

mismo Dios en la preparación del cumplimiento de sus designios históricos sobre el mismo Israel.

En este sentido, estos versos tienen perfecta ilación lógica con el resto del capítulo 4.

Israel, siervo de Yahvé (8-10).

8 Pero tú, Israel, eres mi siervo. Yo te elegí, Jacob, progenie de Abraham, mi amigo.

9 Yo te traje de los confines de la tierra y te llamé de las regiones lejanas, diciéndote:

Tú eres mi siervo. Yo te elegí y no te he rechazado. 10 No temas, que yo estoy contigo;

no desmayes, que yo soy tu Dios. Yo te fortaleceré y vendré en tu ayuda, y con la

diestra victoriosa te sostendré 5.

Israel no debe temer, como los otros pueblos, ante los avances de Ciro, porque es el siervo de

Yahvé (v.8), Israel es el pueblo predilecto de Yahvé, familiar suyo e instrumento de sus designios

salvadores. Abraham, el gran antepasado, es llamado el amigo de Yahvé 6 como padre de

una generación bendecida: progenie de Abraham. Dios había escogido a Israel desde los confines

1824

de la tierra: probable alusión del éxodo de Egipto, pues en el Sinaí fue constituido formalmente

como pueblo teocrático. Quizá se refiera a la patria de Abraham en Urfa de los caldeos, que para

un palestino estaba en los lejanos confines del orbe. Yahvé, pues, le ha escogido y no le ha

rechazado (V.9), como pudiera suponer el castigo del exilio babilónico. Pero esa elección fue libérrima

por parte de Dios, sin que interviniesen los méritos de Israel7. En consecuencia, no debe

temer y debe esperar la liberación de la cautividad. No desmayes: lit. “no mires de aquí para

allá,” viendo ansioso su puesto peligroso, porque está la diestra victoriosa (lit. “diestra de mi justicia

victoriosa”), que garantiza la liberación de su pueblo.

Victoria de Israel sobre sus enemigos (11-16).

11 Confundidos serán y cubiertos de ignominia todos los que se irritan contra ti. Serán

reducidos a nada, aniquilados, los que contienden contigo. 12Buscarás y no

hallarás a los que te atacan; serán reducidos a nada los que te combaten. 13 Porque

yo, Yahvé, tu Dios, fortaleceré tu diestra, y yo te digo: No temas, yo voy en tu ayuda.

14 No temas, gusanillo de Jacob, coquito de Israel. Yo te ayudo, dice Yahvé, y tu redentor

es el Santo de Israel. 15 He aquí que te pongo como agudo rastrillo, nuevo y

armado de dientes. Trillarás y pulverizarás los montes y desharás en menuda paja

los collados. I 16 Los bieldarás, y el viento los levantará, y el huracán los dispersará.

Y te regocijarás en Yahvé, y en el Santo de Israel te gloriarás.

Todos los enemigos de Israel, babilonios, moabitas, edomitas, etc., serán avergonzados al ser

aniquilados por Yahvé (v.11). Se han atrevido a llevar a Israel a los tribunales, y serán ellos confundidos

al recibir la condena. Y esa destrucción de los enemigos de Israel será total, que no

quedará ni rastro de ellos: buscarás y no hallarás (v.12). Israel es para Yahvé como un gusanillo

tierno, al que hay que cuidar con toda solicitud. Es una expresión de ternura, no de desprecio.

Israel ha sido hollado como un gusanillo, y Dios le va a levantar de nuevo, porque Yahvé es el

Redentor o goel de su pueblo, e.d., su rescatador y libertador. El goel era el encargado de rescatar

o vengar oficialmente a un familiar 8. Dios mismo, pues, ha asumido esta misión respecto de su

pueblo, pisoteado y ultrajado de todos. Israel será para sus enemigos como rastrillo que pulveriza

todo, no sólo la paja, sino hasta los montes (v.15). La frase hiperbólica indica bien el vigor y

fuerza del pueblo escogido, renovado con la ayuda de Dios. Israel triunfará sobre todos sus

enemigos tradicionales. Era usual comparar los enemigos a obstáculos insalvables, como las

montañas 9.

Renovación de la naturaleza empobrecida (17-20).

17 Los pobres, los menesterosos, buscan el agua y no la hallan; su lengua está seca

por la sed, pero yo, Yahvé, los oiré; yo, Dios de Israel, no los abandonaré. 18 Yo haré

brotar manantiales en las alturas peladas, y fuentes en medio de los valles. Tornaré

el desierto en estanque, y la tierra seca en corrientes de aguas. 19 Yo plantaré en el

desierto cedros y acacias, mirtos y olivos. Yo plantaré en la estepa cipreses, olmos y

alerces juntamente. 20 Para que todos vean y comprendan y todos consideren y entiendan

que es la mano de Yahvé la que ha hecho esto, y el Santo de Israel el que lo

ha creado.

Esta sección refleja el estado miserable actual del pueblo israelita, que se debate en la mayor escasez:

no hay agua ni pan para los menesterosos, que aquí son los israelitas piadosos. El profeta

1825

piensa en el retorno de éstos por el desierto (v.8-16), y les promete que se librarán de los ardores

y sequía del desierto en su camino, haciendo brotar manantiales y vegetación por doquier (v. 18-

19). Con ello Yahvé mostrará su omnipotencia, fuente de toda esperanza para sus fieles (v.20).

Desafío a los ídolos (21-24).

21 Presentad vuestro alegato, dice Yahvé; presentad vuestras pruebas, dice el Rey de Jacob:

22 Que se acerquen y anuncien lo que está por venir. Que manifiesten las cosas pasadas, para

que las tengamos en cuenta y conozcamos el fin de ellas, o hacednos oír las cosas venideras.

23 Anunciadnos lo por venir, para que sepamos que sois dioses. Veamos: haced bien o

haced mal, para que nos admiremos y lo veamos de una vez. 24 He aquí que no sois nada, y

vuestra obra nada. Abominable es quien os elige.

Yahvé se encara con los ídolos. En los v.1-4 desafiaba a las naciones a que dijeran quién había

suscitado a Ciro. Aquí el desafío versa sobre el conocimiento de las cosas futuras. La mejor

prueba de la divinidad es la predicción: “si sit divinatio, dii sunt” (Cicerón). Sólo la ciencia infinita

de Dios puede conocer el libre curso de los hechos históricos que dependen de la libre voluntad

humana (v.22-23). Los ídolos no podrán presentar siquiera un caso de predicción que sirva

para examinar su causa.

Aparición de Ciro (25-29).

25 Yo le he suscitado del septentrión, y ya llega, el que invoca mi nombre del lado de

levante, y pisa los príncipes como se pisa el polvo, y como el alfarero pisa la arcilla.

26¿Quién antes lo anunció para que le conociéramos de antemano, para que pudiéramos

decir: Justo? Nadie le anunció, nadie lo ha hecho oír, nadie os oyó una palabra.

27Yo el primero lo anuncié a Sión10 y di a Jerusalén un mensajero de buena

nueva, 28Miro, y no hay nadie; no hay entre ellos ningún consejero,para que yo les

preguntara y me respondieran algo. 29He aquí que todos son nada, y su obra es nada,

y sus ídolos, viento y vacuidad.

Después de invitar a los ídolos a que presenten una muestra de su intervención en la historia,

Yahvé escribe su obra en la historia humana: la aparición de Ciro y sus victorias sobre los príncipes.

¿Qué ídolo puede haber suscitado un acontecimiento histórico de esta magnitud? Viene del

septentrión (ν.26), e.d., de Media, y del levante, e.d., de Persia. Para un palestino o mesopotámico

provenía, pues, del nordeste. Se dice de él que invoca mi nombre, e.d., de Yahvé, en cuanto

era instrumento de su justicia y había de liberar y repatriar a los exilados israelitas, permitiéndoles

y ayudándoles a reconstruir el templo de Jerusalén, dedicado a Yahvé. En realidad, Ciro fue

siempre idólatra, pero sumamente diplomático y condescendiente con las religiones de los pueblos

vencidos. Yahvé ha anunciado con anticipación la venida súbita del conquistador Ciro (alusión

a 40,955), enviando un mensajero, un profeta con buenas nuevas, a Sión (v.27), porque el

advenimiento de Ciro significaba la liberación de los exilados israelitas. En cambio, no hay nadie

entre los adoradores de los ídolos que pueda hacer profecías como los enviados de Yahvé (v.28).

Nadie puede ser consejero en tales circunstancias críticas. La razón de ello es que los ídolos son

nada, y, por tanto, no pueden obrar (v.29).

1 Cf. Dennefeld, o.c., p.153. — 2 Cf. Is 53:10.13; 56:4; 58:12. En el Apocalipsis, Dios es el “alfa y omega” de la historia. Los rabinos

lo expresaban por las letras alef, min, tati, que son la primera, la media y la última del alefato hebraico. — 3 Así traducen los

LXX, si bien la idea de “juzgar” la junta al siguiente estico. — 4 Cf. Skinner, o.c., II 20. — 5 El texto hebreo lee literalmente

1826

“diestra de mi justicia” o victoria, según el sentido antes aludido. — 6 En el Corán, el nombre característico de Abraham es el de

“amigo de Alah”: Jalil Allahi; y aun hoy día Hebrón, donde están los restos del patriarca, es conocido por los musulmanes con el

nombre de Ál-Jalil: “el amigo.” — 7 Cf. Am 9,7. — 8 Cf. Lev. 25:485; Núm 35:195; Rut 3:12. — 9 Cf. Is 21,10; Miq 4:13. — 10

Literalmente en hebreo: “El primero a Jerusalén, he aquí que están.” Parece que se ha perdido alguna palabra en el original. Podría

traducirse: “Yo primeramente (diré) a Sión: He aquí, he aquí ellos” (Skinner).

42. El Siervo de Yahvé. Liberación de Israel.

Los dos capítulos anteriores son como una introducción a lo que sigue, donde se detallarán las

principales ideas antes expuestas. Pero en este capítulo encontramos un oráculo relativo a un

misterioso Siervo de Yahvé, que volverá a aparecer en otros capítulos posteriores. Su misión y

personalidad es excepcional y desconcertante, ya que sale del marco general del pensamiento del

Antiguo Testamento. Su misión es renovar la alianza concluida entre Dios e Israel, haciendo

retornar a los exilados del destierro y estableciendo la verdadera religión entre las naciones

paganas. Y todo esto lo realizará sin ostentación ni fuerza material. Su personalidad es misteriosa,

e indudablemente no puede confundirse con la colectividad de Israel, ya que tiene por misión

primordial restablecer la alianza de éste con Dios. El tema del Siervo de Yahvé personal vuelve a

aparecer en 49:1-9b; 50:4-9; 52:13-53:12. Todos estos fragmentos, actualmente dispersos, debieron

de constituir un libro único con un tema homogéneo, que se va desarrollando progresivamente

en sus diversas facetas.

El capítulo puede dividirse en las siguientes secciones: 1) el Siervo de Yahvé (1-7); 2)

Yahvé es Dios, y los ídolos son nada (8-9); 3) la gloria y redención de Israel (10-13); 4) intervención

de Yahvé (14-17); 5) invitación a Israel a reconocer el castigo merecido por sus pecados

(18-25).

Elección del Siervo de Yahvé (1-4).

1 He aquí a mi Siervo, a quien sostengo yo; mi elegido, en quien se complace mi alma.

He puesto mi espíritu sobre él; él dará el derecho a las naciones. 2 No gritará, no

hablará recio ni hará oír su voz en las plazas. 3No romperá la caña cascada ni apagará

la mecha que se extingue. 4Expondrá fielmente el derecho, sin cansarse ni desmayar,

hasta que establezca el derecho en la tierra; las islas están esperando su ley.

El oráculo empieza de modo abrupto y sin preparación alguna. Habla Dios a los jueces y gentiles,

a los que hace la presentación de su Siervo directamente: He aquí a mi Siervo, a quien yo

sostengo (v.1) 1. Indudablemente, este Siervo de Yahvé es distinto de Israel, porque aparece como

intermediario entre Dios e Israel (v.6-7). Y Dios es su sostén, porque es su elegido, en quien se

complace; palabras que se repetirán sobre el Tabor y en el bautismo de Jesús 2. Es objeto de las

complacencias divinas, en tal forma que participa del mismo espíritu o energía dinámica divina,

necesaria para cumplir una misión extraordinaria. Los profetas estaban poseídos del espíritu de

Dios, en cuanto que realizaban misiones excepcionales movidos por el mismo Dios. Son las

gracias carismáticas que Dios otorga en momentos determinados a algunas almas para la realización

de misiones concretas. En Is 11:2 se dice que sobre el retoño de Jesé descansará el espíritu

del Señor, con su múltiple manifestación de dones y cualidades excepcionales necesarias para

gobernar a su pueblo. La misión confiada al Siervo de Yahvé ahora es llevar el derecho a las naciones,

e.d., el conjunto de normas jurídicas para la regulación de la vida social religiosa de Israel,

y que han de ser participadas por las naciones gentiles. Y todo ello con un nuevo espíritu

profundamente religioso. En una concepción teocrática de la sociedad, la palabra derecho tiene

1827

un sentido eminentemente religioso, porque la religión es el fundamento del derecho público y

privado 3. La misión del Siervo no será política, sino religiosa, y se ordena a las naciones gentiles,

o a la humanidad en general. Israel era un testimonio indirecto ante las naciones del conocimiento

de Dios (43:10; 55:5), en cuanto que era una luz orientadora en medio de las tinieblas

paganas; pero no salía a iluminar a las otras naciones. Por otra parte, el Siervo cumplirá su misión

de un modo muy característico, pues lo hará sólo por los medios de la persuasión, sin prepotencias,

propias de los conquistadores orientales: no gritará. ni dejara oír su voz en las plazas

(v.2). Los falsos profetas hacían manifestaciones estruendosas, buscando el proselitismo para

excitar la atención de los oyentes. El porte del Siervo será modesto y callado; su dulzura y ejemplo

será la mejor predicación (cf. Mt 12:175). Los nabis, o falsos profetas, buscaban las diatribas

y las discusiones en las plazas; pero éste, al contrario, obrará calladamente, con un método persuasivo

espiritual e interior (cf. Le 9:55). Su actividad misionera será tan persuasiva y suave, que

no romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue (ν.3), e.d., no obrará violentamente,

destruyendo los gérmenes de bondad y de espiritualidad que encuentre. Los gentiles son

la caña cascada y la mecha que se extingue, por su debilidad espiritual. La labor del Siervo será

la del médico, que cura y restaña las heridas y flaquezas humanas (cf. Mt 9:13). No condenará,

pues, a los paganos, sino que los reanimará y levantará de nuevo, desarrollando sus rudimentos

de religión y de moral. Y cumplirá su misión sin desmayar (v.4), hasta que su predicación del

derecho se extienda a toda la tierra, pues las islas (e.d., los países lejanos costeros, símbolo del

mundo pagano) están esperando su instrucción, su ley. La labor del Siervo será dura y difícil,

pero él no se fatigará ni desistirá en su cometido.

Misión del Siervo de Yahvé (5-7).

5 Así dice Dios, Yahvé, que creó los cielos y los tendió,el que extendió la tierra y sus

brotes,el que da al pueblo que (está) sobre ella el aliento, y el soplo a los que por ella

andan. 6 Yo, Yahvé, te he llamado en la justicia y te he tomado de la mano. Yo te he

formado y te he puesto por alianza del pueblo y para luz de las gentes, 7 para abrir

los ojos de los ciegos, para sacar de la cárcel a los presos, del calabozo a los que moran

en las tinieblas.

El Siervo es enviado por Dios mismo, Creador de cielos y tierra, con todo lo que en ellos hay.

De ahí se deduce la base para la universalidad de su misión (v.5). El mismo Dios que creó todas

las cosas llamó a su Siervo en justicia (v.6), porque su misión responde a unas promesas

hechas por Dios a los antepasados de Israel, y por eso su aparición es un acto de justicia. Además,

justicia muchas veces, en el Antiguo Testamento, significa salvación; en este caso, la elección

del Siervo obedece sólo al plan de salvación de Dios sobre Israel y las naciones.

Además, el Siervo será mediador de una nueva alianza (v.6) entre Dios e Israel, el pueblo

de Yahvé por antonomasia, en contraposición a las gentes del estico siguiente, que reciben de ese

Siervo una luz religiosa y moral. Así, pues, la misión del Siervo es doble: reconciliar a Israel con

Dios con una nueva alianza e iluminar al mundo pagano. Jesús es saludado por Simeón como

“luz de las gentes” (Lc 2:32), y El mismo se llama “luz del mundo” (Jn 8:12)4. La misión del

Siervo es moral y religiosa, y se dirige a los que están encerrados en oscuras mazmorras; por eso

su labor debe orientarse espiritualmente a abrir los ojos de éstos y sacarlos a pleno día. El que

está en pecado está ciego y como en una prisión. El evangelista ve en las curaciones milagrosas

de Jesús el cumplimiento de estas palabras (Mt 11:2-6), pero es por asociación de ideas con la

misma ceguera espiritual.

1828

La divinidad de Yahvé (8-9).

Algunos autores creen que estos dos versos pertenecen al fragmento inmediato anterior,

en que se habla del Siervo de Yahvé (1-7); pero parece mejor considerarlos como continuación de

41:29, pues es un contexto similar5. Sería, pues, la conclusión de la disputa de Yahvé con los

ídolos del capítulo anterior.

8 Yo soy Yahvé, tal es mi nombre; no doy mi gloria a ningún otro ni a los ídolos mi

alabanza. 9 He aquí que las cosas antiguas han llegado, y anuncio otras nuevas; antes

de que germinen las voy a hacer oír.

De nuevo la argumentación contra los ídolos del capítulo anterior: el nombre de Yahvé está sobre

todos los ídolos, y es el específico de Dios (v.8), y por eso su gloria es incomunicable a los

ídolos, pues es expresión de sus gestas gloriosas, con lo que su nombre (Yahvé) es objeto máximo

de alabanza. No puede compartir con los ídolos estas prerrogativas suyas, porque sólo a El le

pertenecen. Y prueba de ello son el cumplimiento de las cosas antiguas (V.9) anunciadas. Parece

se refiere a la aparición de Ciro (41:25-29). Pero, además, va a anunciar cosas nuevas futuras,

e.d., la liberación de Israel y su repatriación; y esto antes de que tengan lugar ni siquiera en sus

rudimentarios indicios (germinen); con ello se excluirá la mera conjetura humana, haciendo ver

su origen divino. El cumplimiento de las predicciones será la confusión de los ídolos, que nada

han podido vaticinar.

Invitación a la alegría general (10-13).

10 Cantad a Yahvé un cántico nuevo, su alabanza desde los confines de la tierra. Estremézcase

el mar y cuanto en él se contiene, las islas con sus habitantes. 11 Alcen su

voz el desierto y sus ciudades y las aldeas que habita Cedar. Lancen gritos de júbilo

los habitantes de Sela y den gritos de alegría en lo alto de los montes. 12 Que den gloria

a Yahvé, que expresen su alabanza en las islas. 13 Yahvé saldrá como un héroe,

como guerrero se excita en su ardor. Lanzará gritos y alaridos y se portará como un

héroe contra sus enemigos.

Se invita a todo lo creado a expresarse en un cántico de alegría para celebrar la realización de

esas cosas nuevas del versículo anterior. Puesto que es una nueva situación, ello requiere también

nuevos cánticos. Las grandes gestas de Yahvé son la causa de esa alegría general manifestada en

el cántico nuevo, y en ella deben participar todos los confines de la tierra. El tono poético es

salmódico: se invita a los elementos a colaborar a este reconocimiento gozoso de las obras de

Dios, y con ellos todas las naciones paganas (las islas, v.10). En concreto, el profeta invita a los

habitantes de las ciudades del desierto (v.11), e.d., de los oasis que escalonan la ruta caravanera,

a través del desierto, desde Mesopotamia a Palestina, y entre ellos los de Cedar (cf. 21:16), famosa

tribu árabe de TransJordania. También se invita a los habitantes de Sela o Petra, en Edom,

junto al sudeste del mar Muerto. En el v.12 se vuelve a invitar a las islas o ciudades costeras.

Yahvé es presentado como un guerrero invencible que avanza impávido a la lucha (v. 13) contra

los enemigos del pueblo elegido.

Intervención justiciera de Dios (14-17).

14 Mucho tiempo callé, estuve en silencio, me contuve; como mujer en parto gemiré,

1829

suspiraré y jadearé a la vez. 15 Devastaré montes y collados y agostaré todo su verdor;

convertiré en islas las corrientes de las aguas 6 y secaré los lagos. 16 Llevaré a

los ciegos por un camino ignorado, los conduciré por senderos desconocidos. Ante

ellos tornaré en luz las tinieblas, y en llano lo escarpado. Estas cosas haré yo y los

dejaré. 17 Retrocederán cubiertos de ignominia los que confían en los ídolos, los que

dicen a las imágenes fundidas: Vosotros sois nuestros dioses.

Yahvé se muestra impaciente por hacer justicia a su pueblo oprimido. Ya hace mucho tiempo

que estuvo en silencio (v.14), es decir, sin intervenir con hechos contra los enemigos de Israel, su

pueblo. Pero llega la hora de entrar en acción y está inquieto como mujer en parto. Los dolores

de parto son la mejor metáfora para indicar el desasosiego e inquietud de Dios por llevar a cabo

su obra en favor de Israel. Dios, en su cólera devastadora, será como un viento solano, que todo

lo agosta y seca (v.15), sobre los enemigos de Israel, mientras que la naturaleza se transformará

en favor de su pueblo elegido. El desierto, concebido tradicionalmente como lugar de tinieblas,

será iluminado, para que puedan volver los exilados como por una amplia avenida luminosa

(v.16). Yahvé será el guía seguro para los que no conozcan el camino, y hará desaparecer todo

obstáculo: tornaré en llano lo escarpado (c.40:4). Ante esta manifestación de poder y de gloria

de Yahvé, los adoradores de los ídolos se llenarán de confusión y de vergüenza (ν.17).

Invitación α reconocer la obra de Yahvé (18-25).

18 ¡Oíd, sordos; mirad, ciegos, y ved! 19 ¿Quién es ciego sino mi Siervo? ¿Quién sordo

como el mensajero que yo envío? ¿Quién es ciego como mi familiar, y ciego como

el siervo de Yahvé?7 20 Muchas cosas has visto sin poner en ellas atención; abiertos

tenías los oídos, pero no oíste. 21 Habíase complacido Yahvé en su justicia, en hacer

grande y magnífica la ley, 22 y he ahí a este pueblo saqueado y hollado, puesto en

cepos, encerrado en mazmorras; destinado al pillaje, sin que nadie los libre; despojados,

sin que nadie diga: Restituid, 23 ¿Quién de vosotros dará oído a estas cosas,

quién atento las escuchará para lo por venir? 24 ¿Quién entregó Jacob a los saqueadores,

Israel a los despojadores? ¿No fue Yahvé contra quien hemos pecado, cuyos

caminos no quisimos seguir, cuya ley no obedecimos? 25 Y El derramó el fuego de su

ira con los furores de la guerra, que se encendieron en torno a él, pero no comprendió;

le quemaron, mas no hizo caso.

Esta sección es una invitación cariñosa y paternal, por parte de Dios, a que Israel considere atentamente

sus desastres por no haber seguido la ley de Yahvé. Israel se ha manifestado ciego (v.

18) en toda su historia. Esta ceguera le ha impedido ver los caminos de la Providencia divina en

su historia. En realidad ha sido el mismo Yahvé quien le ha castigado entregándole a sus opresores,

y sólo El puede redimirlos de nuevo. Son, pues, sordos 3; ciegos (v.18), y es necesario que

depongan esta actitud para que Dios se apiade de ellos. Israel es llamado cariñosamente mi siervo,

mi mensajero, mi familiar (V.19). Israel puede llamarse mensajero de Yahvé en cuanto que su

religión es un testimonio viviente de Dios (44:26). Israel ha visto muchas cosas (v.20); e.d., toda

su historia está llena de intervenciones de Dios; sin embargo, no ha captado el verdadero sentido

de los hechos, ni las revelaciones hechas por el mismo Dios a sus escogidos le sirvieron de nada.

Israel había sido escogido como instrumento de Dios para hacer conocer su justicia y religión

entre los demás pueblos, como testimonio viviente de los intereses religiosos verdaderos. Este

era un designio glorioso para Israel, pero sus infidelidades para con Yahvé le trajeron la humilla1830

ción ante los demás pueblos. Su destino glorioso se tornó en baldón e ignominia al ser saqueado

y hollado, puesto en cepos (v.22), es decir, llevados en cautividad, condenados a prisión como

esclavos, sin que haya nadie que se preocupe de la suerte de Israel ni proteste contra los atropellos

cometidos contra ellos y sus bienes (sin que nadie diga: Restituid, v.22). Y todo esto fue enviado

por el mismo Yahvé, a pesar de que no se dan cuenta de ello. El único remedio, pues, es

volver a Dios, que es el que únicamente los puede ayudar. El profeta pone, por fin, en boca del

pueblo el reconocimiento de sus extravíos (v.24) 8.

1 El texto de los LXX traduce: “He aquí a mi siervo Jacob., mi elegido Israel”; lo que parece una glosa debida a un autor posterior

que creía que el Siervo de 42:1 era el mismo que el de los c.40-48, donde se habla del pueblo de Israel. — 2 Cf. Mt3:171 17:5. —

3 Se ha hecho notar, a propósito de esta concepción teocrática, que en el Corán la pa-l abra din (juicio) tiene el sentido de obediencia,

religión, estatuto, ceremonial, etc. — 4 La frase “luz de las gentes” falta en los LXX, y algunos, como Lagrange, la consideran

como interpolada. — 5 Cf. Ceuppens, De prophetns Messianicis in A.T. (1935) p.287; Feldmann, Das Buch Isaías s 2

p.2555; Condamin, o.c., p.295 y 310; Lagrange, Le judaisme p.36g. — 6 Con un ligero cambio podemos leer estepas en vez de islas,

lo que hace resaltar más la idea. — 7 Por razones de paralelismo, algunos autores cambian el segundo ciego de este estico en

sordo (Condamin, Dennefeld). — 8 Algunos autores consideran este versículo como glosa posterior. Así Condamin, Duhm.

43. Yahvé, Salvador de Israel.

A pesar de que Yahvé ha sido quien los ha entregado a sus enemigos por sus pecados, no obstante,

no los ha rechazado, y les asegura un futuro lleno de gloria bajo la protección del mismo

Dios.

Yahvé, protector de Israel (1-7).

1 Ahora, pues, así dice Yahvé, que te creó, Jacob; que te formó, Israel: No temas,

porque yo te he rescatado, yo te llamé por tu nombre y tú me perteneces. 2 Porque,

si atraviesas las aguas, yo seré contigo; si por ríos, no te anegarás. Si pasas por el

fuego, no te quemarás; las llamas no te consumirán. 3 Porque yo soy Yahvé, tu Dios,

Santo de Israel, tu Salvador; yo doy a Egipto por rescate tuyo, doy por ti a Etiopía y

Seba. 4 Porque eres a mis ojos de muy gran estima, de gran precio y te amo, y entrego

por ti hombres y pueblos a cambio de tu vida. 5 No temas, porque yo soy contigo;

yo traeré tu descendencia desde oriente y te reuniré desde occidente. 6 Diré al septentrión:

Entrega, y al mediodía: No retengas. Trae a mis hijos desde lejos, y a mis

hijas desde los confines de la tierra, 7 a todos cuantos llevan mi nombre, que yo los

creé, formé e hice para mi gloria.

Yahvé, después de haber permitido que su pueblo fuera entregado al pillaje y llevado en cautividad,

se presenta ahora como su redentor: yo te he rescatado (v.1), y la razón de ese interés de

Dios es que Israel le pertenece, ya que le llamó por su nombre al escogerlo como pueblo suyo en

medio de todos los otros. Los lazos de la antigua teocracia establecida en el Sinaí aún perduran

a pesar de la catástrofe nacional del exilio. Yahvé no los abandonó totalmente a su suerte. Yahvé

es el goel de Israel, su rescatador, e.d., el que por lazos de familia muy estrechos tenía que

salir por los intereses de su protegido1; y el hecho futuro de liberación de su pueblo se presenta

como pasado: yo te he rescatado, para destacar más la voluntad salvífica de Dios sobre Israel.

Dios se encargará de librarle de todos los peligros (aguas., ríos, fuego, llamas, v.2) y de todas las

situaciones críticas, no sólo rescatándole de la cautividad, sino aun después en su vida nacional,

ya que, en la mente del profeta, la liberación del exilio significa la aurora de los tiempos mesiánicos.

Falta la perspectiva del tiempo y los planos históricos se superponen.

1831

Y es tal el amor que Yahvé tiene a Israel, que está dispuesto a entregar a su libertador Ciro

vastos imperios como pago: Egipto, Etiopía y Seba (probablemente una región cercana a Etiopía,

cf. Gen 10:7). Según Jenofonte 2, Ciro tomó Egipto, pero en realidad lo ocupó su hijo Cambises.

La estima que Dios tiene de Israel hace que entregue hombres y pueblos como precio de su

rescate (v.4). El hará que los desterrados (descendencia) vuelvan de oriente (Babilonia) y del occidente

(la diáspora en general). El profeta quiere hacer resaltar que los israelitas dispersos por

toda la faz de la tierra serán reintegrados a su patria por especial intervención divina (v.5): diré al

septentrión: Entrega, y al mediodía: No retengas; e.d., obligará a la devolución de sus hijos e

hijas (v.6), dispersos por doquier, y todo ello porque llevan el nombre de Yahvé, que los creó

para su gloria (ν.7). La razón de ser de Israel es la glorificación de Dios, la manifestación de sus

maravillas y beneficios entre los demás pueblos por medio del pueblo escogido, que, por estar

vinculado de un modo especial a Yahvé, llevaba su nombre.

Desafío a las naciones (8-13).

8 Que salga el pueblo ciego, aunque tiene ojos; los sordos, aunque tienen oídos. 9 Los

pueblos se han reunido a una y se congregaron las naciones. ¿Quién de entre ellos

anuncia esto y nos hace oír cosas antiguas? Que presenten sus pruebas para justificarse,

y, oyéndolas, se diga: Verdad. 10 Vosotros sois mis pruebas, dice Yahvé; mi

siervo, a quien yo elegí para que aprendáis y me creáis y comprendáis que soy yo.

Antes de mí no fue formado dios alguno, y ninguno habrá después de mí. n Yo, yo

soy Yahvé, y fuera de mí no hay salvador. 12 Soy yo el que he anunciado, he salvado

y he hecho oír, y no hay otro entre vosotros; vosotros sois mis testigos, dice Yahvé. 13

Yo soy Dios (desde la eternidad) 3, y también desde ahora lo soy 4. Nadie puede librar

de mis manos; lo que hago, ¿quién lo volverá?

De nuevo el litigio de Yahvé con las naciones, como en 41:1-4.21-28. Aquí se presenta a Israel

como testimonio viviente del cumplimiento de las profecías. Así, pues, invita a que se presente,

ante los pueblos reunidos en juicio, a Israel, pueblo ciego, aunque tiene ojos (v.8); e.d., un pueblo

que, si bien no ha sabido captar el sentido de los hechos según los designios de la divina Providencia,

no obstante, tiene ojos, porque ha sido testigo de los hechos materiales que en su historia

han ocurrido. Por eso está capacitado para dar un testimonio en este juicio entre Yahvé y las

naciones (v.8), que para este acto judicial se han reunido. Dios quiere que Israel confiese públicamente

las predicciones antiguas que se le comunicaron para resolver el litigio judicial en cuestión.

Dios se dirige directamente a sus contrincantes en el juicio: ¿quién de entre ellos (los adoradores

de los ídolos) anuncia. esto? (V.9), es decir, la redención y liberación de Israel de la cautividad

y su repatriación. Nos hace oír cosas antiguas (v.8), los hechos ocurridos que habían sido

profetizados (cf. 11:22), que deben ser las pruebas para probar la veracidad de los ídolos, es decir,

los vaticinios sobre el futuro, señal inequívoca del conocimiento sobrenatural, propio de la

divinidad. Los hechos deben comprobar las profecías. Los gentiles deben presentar sus pruebas

históricas del cumplimiento de las supuestas profecías de sus dioses, para que, una vez razonadas,

puedan todos decir convencidos: es verdad. Al ver que los idólatras no pueden aportar pruebas

de este género, se dirige Yahvé a sus propios testimonios, que son los mismos israelitas. Israel

es el siervo de Yahvé (v.10), y con su historia excepcional, salpicada de intervenciones divinas,

es la mejor prueba de la divinidad de Yahvé, Dios único. Mientras que los ídolos son

obra de sus adoradores: ninguno fue formado antes de Yahvé (cf. 40,19). No se declara con esto

que Yahvé fuera “formado,” sino que los ídolos no son eternos y no pueden pretender la antigüe1832

dad de Yahvé, pues son fabricación de sus adoradores. Por otra parte, ninguno habrá después de

Yahvé (v.10) es la afirmación de la eternidad divina. Yahvé solo es el Salvador (v.11). Ningún

dios puede anunciar el futuro y salvar a su pueblo como Yahvé (v.12), y los israelitas son testigos

de esto por su historia, llena de intervenciones milagrosas de Dios. Pero este carácter de Dios

no sólo lo mantuvo desde la eternidad (v.13), sino que lo mostrará en adelante (desde ahora,

ν.13), liberando a su pueblo oprimido. Con ello se manifestará realmente salvador. Y nadie podrá

torcer un designio de Yahvé si El se propone realizarlo: lo que hago, ¿quién lo volverá?

(ν.13).

Caída de Babilonia (14-21).

14 Así habla Yahvé, vuestro redentor, el Santo de Israel: Por vosotros envié yo a Babilonia,

y rompí los cerrojos de vuestra cárcel 5. y los caldeos sobre las naves de su

jolgorio 6. 15 Yo soy Yahvé, vuestro Santo; el creador de Israel, vuestro rey. 16 Así

habla Yahvé, el que abre caminos en el mar y senderos en la muchedumbre de las

aguas; 17 el que hace salir carros y caballos, a los ejércitos y los fuertes guerreros; se

echan a tierra juntamente, sin que se levanten,extinguidos como mecha que se apaga.

18 No os acordéis de las cosas anteriores ni prestéis atención a las cosas antiguas,

19 pues he aquí que voy hacer una obra nueva, que ya está germinando; ¿no la conocéis?

Ciertamente voy a poner un camino en el desierto, y ríos en la estepa, 20 y me

glorificarán las bestias del campo, los chacales y los avestruces, porque di agua en el

desierto, y torrentes en la estepa, 21 para abrevar a mi pueblo, a mi elegido, al pueblo

que hice para mí, que cantará mis loores.

Yahvé, por amor a Israel, envió un instrumento de su ira sobre Babilonia, a saber: a Ciro el conquistador7,

el ejército persa invasor, que en 13:3 es llamado “el consagrado,” en cuanto que cumplía

una misión de Dios. Por medio de éste, Dios rompió los cerrojos (v.14.) que aprisionaban a

los cautivos (o, según otra traducción no exenta de probabilidad, “los hice huir”), teniendo los

caldeos que marchar en sus naves, que antes utilizaban para sus jolgorios (v.14), como lo hizo

Merodacbaladán al huir de Senaquerib 8. Y todo esto es obra de Yahvé, creador de Israel (v. 15)

como pueblo, y les recuerda las gestas pasadas en el mar Rojo: el que abre camino en el mar

(v.16), hecho que quedó como tipo de la liberación en Israel. Yahvé fue el que hizo salir carros y

caballos (v.17) de los egipcios en persecución de su pueblo para anegarlos en el mar. Es el modo

oriental de explicar las cosas prescindiendo de las causas segundas y atribuyendo directamente a

Dios lo que pudo ser obra de determinadas circunstancias históricas. Todos los fuertes guerreros

del faraón desaparecieron, extinguidos como mecha que se apaga.

Pero todas las gestas pasadas no son nada en comparación con una obra nueva (v.18) que

Yahvé va a realizar. Será una maravilla tal, que pueden olvidar las cosas anteriores y antiguas,

e.d., las maravillas del Éxodo. El retorno de la cautividad será un hecho mucho más trascendental.

La obra nueva (v.16) que Yahvé va a cumplir es la liberación de los cautivos para ser repatriados,

y esa gesta está ya germinando, e.d., ha empezado a cumplirse con los primeros éxitos de

Ciro, a punto de caer sobre los opresores babilónicos. Todas sus conquistas no tienen otro autor

que al mismo Yahvé, que le ha tomado como instrumento de su justicia. El profeta presenta esto

como inminente (¿no la conocéis? V.19) para levantar la fe y esperanza de los exilados. Ellos

no se dan cuenta de que los éxitos del ejército persa culminarán en su liberación próxima. Yahvé

se dispone a realizar la obra nueva preparando un camino en el desierto, transformando en frondosa

vegetación sus estepas con abundantes ríos. En 40:4 se decía que Yahvé prepararía una

1833

avenida libre de obstáculos para que avanzase su pueblo. Aquí se fija más bien en la parte de la

vegetación (cf. 41:19). Total, que hasta la naturaleza se transformará para hacer más agradable la

travesía de Israel por el desierto. Será tal la transformación de éste, que sus moradores habituales,

los chacales y avestruces (v.20), darán gloria a Dios. En realidad, toda esta transformación es

para gloria del mismo Yahvé, ya que Israel, reconocido a sus beneficios, cantará sus loores

(v.21) después de ser abrevado en las aguas cristalinas milagrosamente dadas por Dios, su liberador.

Misericordia de Yahvé para con Israel (22-27).

22 Pero tú, Jacob, no me invocaste, ni te has fatigado por mí, Israel. 23 No me ofreciste

ovejas en holocausto, no me honraste con tus sacrificios; yo no te he abrumado

con ofrendas ni te importuné con el incienso. 24 No me compraste caña aromática

con plata ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino que me atormentaste

con tus pecados y me apenaste con tus iniquidades, 25 Soy yo, soy yo quien por amor

de mí borro tus pecados y no me acuerdo más de tus rebeldías. 26 Hazme recordar,

entremos juntos en juicio, habla tú para justificarte. 27Pecó tu primer padre, y tus

mediadores faltaron contra mí, y tus príncipes profanaron mi santuario 9, y entregué

a Jacob al anatema, y a Israel al oprobio.

Dios, en este fragmento, hace resaltar el carácter gratuito de su intervención en favor de Israel,

pues sus obras no merecían la benevolencia divina. Israel no buscó a Yahvé ni se molestó en serle

grato (v.22). Con la destrucción del templo, Israel no pudo ofrecerle ofrendas cruentas (v.23).

Y Yahvé no le importunó demasiado exigiendo nuevos sacrificios y holocaustos: No te he abrumado

con ofrendas ni te importuné con el incienso (v.23). Como Señor de su pueblo, pudo

haberlas exigido, juntamente con las ofrendas olorosas de caña aromática (v.24), con la que se

preparaba el óleo de la unción (Ex 30:23). A pesar de estas pocas exigencias de parte de Yahvé,

Israel sólo hizo continuar pecando. El profeta piensa sobre todo en las transgresiones de la época

del exilio. Antes, en Jerusalén, los sacrificios eran un cierto contrapeso a los pecados del pueblo;

pero ahora, además de no poder ofrecer sacrificios a Yahvé, le ofenden impunemente. Todo esto

hace resaltar más el carácter gratuito de la liberación del exilio por parte de Dios (v.25). Sólo el

amor de Yahvé para con su pueblo explica el que borre sus pecados. La historia de Israel es tan

negra, que Dios no duda en invitar a Israel a que le recuerde las buenas acciones que tenga (hazme

recordar, v.26) en un litigio entre los dos: habla tú para justificarte. Israel tiene pleno derecho

a presentar sus pruebas. Pero su historia es tan calamitosa, que no podrá presentar nada meritorio.

La frase, pues, tiene un carácter irónico. Bien sabe Yahvé que la historia de Israel es la historia

de sus transgresiones desde el principio de su existencia como nación: pecó tu primer padre

(v.27). Parece que se refiere a Jacob, que varias veces es llamado “padre de Israel” 10, y su nombre

es el sinónimo de pueblo escogido. Por otra parte, en el Génesis se habla de algunos pecados

de Jacob. Y lo mismo pecaron tus mediadores (lit. “intérpretes”); quizá se refiera a los falsos

profetas, que presumían de recibir revelaciones especiales de Yahvé para comunicarlas al pueblo,

condescendiendo con sus egoísmos materialistas Quizá los mediadores sean los jefes políticoreligiosos

de Israel en general: sacerdotes, reyes, ministros, etc.

Si mantenemos la lección de los LXX arriba expuesta, la frase tus príncipes profanaron

el santuario (v.2 8) aludiría al culto pagano introducido por los reyes y clase social alta en el

templo (2 Re 21:3-7). Leyendo con el TM, “profanaré los príncipes santos,” la frase indicaría,

como en Lam 2:2, la humillación de los sacerdotes y clase aristocrática 12.

1834

1 Cf. Job 19:25. — 2 Cf. Jenofonte, Chop. VIII 6:20. Flavio Josefo identifica Seba con Meroe (Ant. 11:249), al norte de Etiopía. Cf.

Skinner, o.c., II 41. Sobre este nombre de Seba véase también Gen 10:7; Sal 72:10. — 3 “Desde la eternidad” falta en el hebreo,

pero está en los LXX. — 4 “Desde ahora” está en el hebreo, pero falta en los LXX, Targ. y Vg. — 5 Este versículo es sumamente

oscuro en el original; de ahí las diversas traducciones: “Los he puesto en fuga a todos” (Condamin, Skinner, Dennefeld). — 6

También oscuro. La traducción que damos es la literal del hebreo. — 7 Este parece ser el sentido, pues el texto parece incompleto,

faltando el complemento del verbo envió; pero el contexto parece indicar que se trata del ejército invasor persa. — 8 Cf. Herod.,

1:194. Véase Skinner, o.c., II 45. — 9 Así traducen los LXX y la versión siríaca. Y se adapta mejor al contexto. Es adoptada, entre

otros, por Condamin. El texto hebreo dice literalmente: “profanaré ios príncipes santos o del santuario.” Así Skinner. — 10 Cf. Is

48:1; 58:14; 63:16; Os 12:3. — 11 Cf. Gen 42:23; Job 33:23; 2 Par 32:31; Jer 23:1155. — 12 Cf. Ez 13:19; Lam 2:2; 1 Par 24:5.

44. Restauración de Israel. Contra la Idolatría.

Este capítulo es una continuación lógica del tema del anterior, es decir, el cumplimiento de la

promesa de la restauración gloriosa de Israel. Aquí desaparece el tono amargo recriminativo contra

Israel.

Efusión del espíritu de Yahvé (1-5).

1 Pero ahora escucha, Jacob, mi siervo; Israel, a quien elegí yo. 2 Así habla Yahvé,

que te ha hecho, y en el seno materno te formó, y te socorre: No temas, siervo mío,

Jacob, y “Yeshurum,” a quien yo elegí, 3 porque yo derramaré aguas sobre el (suelo)

sediento, y arroyos sobre la (tierra) seca, y efundiré mi espíritu sobre tu simiente, y

mi bendición sobre tus retoños, 4 y germinarán como la hierba entre agua, como

álamos junto a las corrientes de aguas. 5 Este dirá: Yo soy de Yahvé; aquél tomará

el nombre de Jacob, y el otro escribirá en su mano: De Yahvé, y será apellidado con

el nombre de Israel.

El futuro de Israel será deslumbrador, pues Dios hará que surja una multiplicación maravillosa

de su posteridad. La providencia de Yahvé se extiende sobre Jacob-Israel desde el seno materno

(v.2), e.d., desde sus primeros años de existencia nacional. Si Dios ha formado a Israel, no le

desamparará y le continuará socorriendo. A Israel se le aplica el calificativo honorífico de Yeshurum

(v.2), que significa “leal,” “honrado,” “fiel,” “recto.” Sólo aparece aquí y en Dt 32:15;

33:5.26. Parece que el profeta juega con las dos palabras hebreas Yshrael (Israel) y Yashirum,

relacionando ambas con la idea de resto l. Habrá una renovación espiritual y moral en los mismos

israelitas, ciudadanos de la nueva teocracia, como efecto de la efusión del espíritu de Dios,

que obrará como un rocío vivificador sobre la simiente o posteridad de Israel.

El resultado bienhechor de este espíritu y bendición es comparado al de las aguas (v.4)

que riegan los árboles plantados junto a sus corrientes. La situación de los israelitas será tan

próspera y privilegiada, que los gentiles se apresurarán a incorporarse al pueblo de Dios (v.5),

queriendo llevar su nombre: Este dirá: Yo soy de Yahvé,.; el otro escribirá en su mano: De Yahvé,

y será apellidado con el nombre de Israel. Antes Israel había sido el oprobio entre los pueblos

(cf. 43:27) al ser castigado y humillado por Dios; ahora, en cambio, será exaltado y glorificado

entre todas las naciones. La expresión escribirá en su mano (v.5) alude a la costumbre antigua

oriental del esclavo, que marca con fuego en su carne el nombre de su señor. También es posible

que aluda a los tatuajes que se hacían como consagrándose a alguna divinidad2. Aquí, pues,

se trata del proselitismo entre los no israelitas. Ya desde los tiempos del Éxodo habían sido admitidos

algunos no hebreos como agregados al pueblo de Dios, los prosélitos. Estos serán apellidados

con el nombre de Israel 3.

1835

No hay más Dios que Yahvé (6-8).

6 Así habla Yahvé, el rey de Israel, su redentor, Yahvé de los ejércitos: Yo soy el

primero y el último y no hay otro Dios fuera de mí. 7 ¿Quién como yo? Que venga y

grite 4, que anuncie y se compare conmigo. ¿Quién desde antiguo hizo oír lo por venir?

5 Que nos anuncien lo que ha de suceder, 8No os atemoricéis, no temáis. ¿No lo

anuncié yo antes ya, y lo predije tomándoos por testigos? ¿Acaso hay Dios fuera de

mí? No hay Roca, yo no la conozco 6.

De nuevo se expresa aquí el desafío a los otros dioses. El conocimiento del futuro es la mejor

señal del carácter divino de los seres adorados por los pueblos. Yahvé, que es el rey de Israel y

su redentor o goel, e.d., abogado oficial de su pueblo (v.6), declara solemnemente su eternidad:

yo soy el primero y el último: existió antes de todas las criaturas, y si éstas desaparecen, El permanecerá

solo. La fórmula quedará estereotipada en la literatura rabínica posterior y será recogida

por el autor del Apocalipsis7. Por otra parte, se declara abiertamente el monoteísmo estricto:

No hay otro Dios fuera de mí (cf. 43:10). Los ídolos de los otros pueblos no tienen existencia.

Esta idea, que es sustancial en la historia religiosa de Israel, aparece muy destacada en la época

profética. El triunfo de los imperios idólatras sobre Israel hacía peligrar la conciencia religiosa de

los israelitas. Los profetas declaran taxativamente que este triunfo no es debido al poder de los

supuestos dioses de los pueblos conquistadores, sino que ha sido preparado y debido al Dios de

Israel, Yahvé, que así quiere castigar las infidelidades de su pueblo. Si Dios anuncia el futuro,

es que es Señor de los acontecimientos históricos, y, por tanto, no deben temer (v.8). Aunque

surjan convulsiones políticas, Israel no debe temer de esos nuevos imperios, porque Yahvé es el

que promueve y controla estos mismos acontecimientos. Por otra parte, Yahvé es la Roca de refugio

(v.8), y sólo El puede dar protección (cf. Dt 32:455). Los israelitas, pues, no deben temer

de las convulsiones que surjan con motivo de las conquistas de Ciro, pues han sido predichas por

el mismo Dios, lo que quiere decir que entran dentro de sus planes.

Inanidad de los ídolos (9-13).

9 Todos los forjadores de ídolos son nada, y sus favoritos no sirven de nada, y son

testigos ellos mismos, no ven nada, no saben nada para vergüenza suya. 10 ¿Quién

forja un dios, quién funde un ídolo para no servir de nada? 11 He aquí que todos sus

devotos serán confundidos; los que los hacen son hombres. Que se junten, que vengan

todos; temblarán cubiertos de vergüenza. 12 Un herrero aguza el cincel, forja en

la fragua su obra, hace la imagen a golpe de martillo y la forja con su robusto brazo;

incluso tiene hambre y está sin fuerzas; no bebe agua, está desfallecido. 13 Quien

trabaja en madera tira la cuerda de medir, lo marca con el lápiz, lo ejecuta con los

cinceles, lo marca con el compás. Hace así como una semejanza de hombre, para

que habite en una casa. de un hombre bello.

Los que fabrican los ídolos son hombres como los demás, y sus favoritos (v.8), e.d., sus ídolos,

son también vaciedad, y sus adoradores son testigos de la inutilidad de sus ídolos, como los israelitas

lo eran de los beneficios y maravillas de Yahvé (43:955); no obstante, en su ceguera y

estupidez, no ven que son sólo un objeto de metal o de madera. Por eso sus devotos, o partidarios

idólatras, serán confundidos (v.11) cuando en la hora crítica vean que no les servirán de nada;

son en realidad factura material de hombres, y ningún hombre puede hacer que una cosa sea dios.

1836

El profeta describe irónicamente el origen material del ídolo (v.12). El artífice lo hace cuidadosamente,

diseñándolo antes con el lápiz, tomando sus medidas con la cuerda, y por fin modelándolo,

logrando una imagen de hombre bello, e.d., una estatua acabada en forma humana, para

que habite en una casa (v.12), e.d., un templo o una casa particular en la que se le dé culto doméstico

como a los dioses penates familiares.

Materialidad de los ídolos (14-17).

14 Córtanse cedros, se toma un roble o una encina, se deja crecer fuerte entre los árboles

del bosque; se planta un pino, que la lluvia hace crecer, 15 y sirven al hombre

para el fuego; toma de ellos para calentarse, enciende para cocer el pan. Además

hace con ellos dioses, ante los cuales se prosterna; hace estatuas, que adora. 16 Ha

quemado el fuego la mitad, sobre sus brasas asa carne, y se sacia comiendo el asado.

Caliéntase luego diciendo: ¡Ea! me caliento, veo la lumbre, 17 Con el resto se hace un

dios, un ídolo, que adora prosternándose ante él, y a quien suplica diciendo: Sálvame,

porque tú eres mi dios.

La ironía del profeta no puede ser más sangrienta, pues presenta al detalle el origen del ídolo,

desde que es cortado en el bosque hasta que es adorado8. Con la madera del mismo árbol, el idólatra

se calienta, así la carne y se levanta una imagen, a la que adora. Con el resto de la madera

que no ha servido para otros usos, forma un ídolo (ν.17).

Esta sátira aparece en el libro de la Sab 13:11-13 9.

Insensatez de los idólatras (18-20).

18 No saben, no entienden, porque están cerrados sus ojos y no ven, están cerrados

sus corazones y no entienden. 19 No reflexionan, no tienen conocimiento ni inteligencia

para decir: He quemado la mitad al fuego, sobre sus brasas he cocido el pan, he

asado la carne y me la he comido; lo que con el resto haga será una abominación;

me prosternaré ante un tronco de madera. 20 Se alimenta de ceniza, un corazón engañado

le extravía, y no salva su alma, diciéndose: ¿No es mentira lo que tengo en

mi diestra?

La idolatría sólo se explica, pues, en gentes que no piensan y tienen los ojos cerrados (v.18). De

otro modo es incomprensible su insensatez para el profeta. Pero el idólatra se apacienta de ceniza

(v.20); e.d., el que tiene sus ilusiones y su corazón pegado a cosas fútiles y vanas como la ceniza,

se extravia en su corazón, estando, por tanto, fuera del buen camino: no salva su alma, e.d.,

su vida, cuando en circunstancias críticas suplique a lo que considera como dios.

Grandeza de Yahvé (21-23).

21 Ten en la memoria estas cosas, Jacob e Israel, porque tú eres mi siervo; yo te he

formado, tú eres mi siervo, Israel; no te olvidaré. 22 Yo he borrado como nube tus

culpas, como niebla tus pecados. Vuelve a mí, que yo te he rescatado. 23 Cantad, cielos,

porque Yahvé lo ha hecho; resonad, profundidades de la tierra; saltad de júbilo

las montañas, cantad todos, árboles de la selva, porque Yahvé ha rescatado a Jacob

y en Israel se glorifica.

1837

El profeta exhorta a Israel a recordar las cosas (v.21) de Yahvé, probable alusión a los v.6-8: sólo

Yahvé es la Roca segura, y ha profetizado los hechos presentes. Israel debe tener en cuenta que

es sierro de Yahvé (v.21), lo que supone muchas obligaciones. Por su parte, Yahvé nunca se olvidará

de Israel, al que ha borrado sus pecados (v.22), como es borrada la nube ante el empuje de

un fuerte viento. Por ello quiere que corresponda a su generosidad retornando a El: vuelve a mí

(v.22). La penitencia es lo único que exige Dios. El profeta, ante el espectáculo glorioso de la

redención de Israel, invita, en apostrofe solemne, a los cielos y a la tierra a que se sumen a la

alegría general de los fieles redimidos (v.23). El rescate de Israel significa la glorificación entre

las naciones, en cuanto que con ello se manifiesta su poder y bondad supremos.

Ciro instrumento de la omnipotencia divina (24-28).

24 Así dice Yahvé, tu redentor, el que en el seno te formó: Yo soy Yahvé, el que lo ha

hecho todo, el que solo despliega los cielos y afirma la tierra. ¿Quién conmigo? 25 El

que deshace las señales de los embusteros y a los adivinos enloquece; el que obliga a

los sabios a retroceder y envuelve en locura su sabiduría, 26 pero mantiene la palabra

de sus siervos y cumple los designios de sus mensajeros; el que dice a Jerusalén:

Serás habitada, y a las ciudades de Judá: Seréis reedificadas; yo levantaré sus ruinas;

27 aquel que dice al abismo: ¡Sécate! y deseca sus corrientes; 28 el que dice a Ciro:

Tú eres mi pastor, y él hará lo que yo quiera; y dice a Jerusalén: ¡Serás reedificada!

y al templo: ¡Serás fundado de nuevo!

Con estos versos comienza una nueva sección, en la que se destaca la importancia de la misión

de Ciro como instrumento de Yahvé en la liberación de Israel. Estos v.24-28 pueden considerarse

como una introducción a la misma.

Yahvé ahora, al dirigirse a Israel, se presenta siempre como su redentor (v.24) y señor de

su historia desde sus mismos orígenes: el que te formó en el seno. Por otra parte, su omnipotencia

se manifiesta en el dominio de la naturaleza: los cielos y la tierra son obra exclusiva suya (cf.

40,22), sin que nadie pueda compartir este honor: ¿Quién conmigo? e.d., ¿quién colaboró conmigo

en la obra de la creación? Por tanto, sólo El es el dueño de las voluntades de los hombres

en la historia, aun de los más tortuosos, como los embusteros (v.25) o adivinos, que pretenden

interpretar determinadas señales que no son sino manifestaciones de la voluntad divina. Toda

su ciencia carece de fundamento, porque en realidad no conocen los designios de Dios en la historia.

El profeta parece aludir aquí a las cavilaciones de los adivinos y astrólogos a propósito de

las conquistas fulminantes de Ciro en el Asia Menor. Sin duda que los magos asalariados de Babilonia,

basados en sus observaciones astrales y en los vuelos de los pájaros, habían anunciado la

derrota definitiva del nuevo enemigo del imperio mesopotámico. Pero Yahvé desbaratará todos

estos cálculos (v.25). Son éstos los sabios, que tendrán que retroceder confundidos ante el fracaso

de sus interesadas predicciones. Su ciencia, pues, será una verdadera estulticia. En cambio,

Yahvé, señor de la historia humana, cumple la. palabra de sus siervos., y mensajeros (v.26), e.d.,

las predicciones de sus profetas sobre la reedificación de Jerusalén: serás habitada (v.26). Para

ello, Yahvé eliminará todos los obstáculos que se opongan a la liberación de Israel: el que dice al

abismo: Sécate (v.27), alusión, sin duda, al paso del mar Rojo, cuando lo secó para que pasaran

sin dificultad los israelitas. La nueva liberación será tan gloriosa como la del Éxodo. Y Dios les

protegerá también en la misma medida con sus intervenciones milagrosas10. En realidad es también

Yahvé el que suscita a Ciro, diciéndole: Tú eres mi pastor (v.28), instrumento de su voluntad.

El título de pastor se aplica frecuentemente en la Biblia al rey y, sobre todo, al futuro Mesías

1838

11. Aquí Ciro es el lugarteniente de Yahvé para gobernar los pueblos, y es el instrumento en la

ejecución de sus designios salvadores sobre Israel. En realidad ordenará la reedificación del templo

de Jerusalén y la repoblación de esta ciudad: dice a Jerusalén: Serás reedificada, y al templo:

Serás fundado.

1 No es necesario aceptar la opinión de Bacher, según la cual aquí el profeta querría sustituir el nombre peyorativo Jacob (suplantador,

engañador) por otro más honroso de recto. — 2 Véase Skinner, o.c., II 53. Cf. Lev 19,82; Ez 9:4; Gal 6:17; Ap 7:3; 13:16.

“Será apellidado.” — 3 La palabra hebrea yequnne, que aparece aquí, ha sido relacionada correctamente con la kunya de los árabes,

e.d., la costumbre de poner un sobrenombre al padre al tener el primer hijo, como título honorífico: Abu abd Rahman: padre

de Abderramán. Cf. SKINNER, o.c., II 52. — 4 “Que venga* está sólo en el texto griego, pero completa bien la idea del texto

hebreo. — 5 Así según una reconstrucción muy verosímil de Duhm, seguida por Condamin, El texto hebreo dice lit. “puesto que

yo he fundado el pueblo antiguo,” e.d., el pueblo hebreo. Así Skinner. — 6 Así según el texto hebreo actual. Algunos prefieren

hacer una reconstrucción: “No hay Roca (refugio) fuera de mí.” — 7 Cf. Is 48:12; Ap 1:8.17; 22:13. — 8 El orden del v. 14 parece

que está trastocado, pues es más lógico empezar por el último estico, en el que se dice que “se planta” un cedro antes de “cortarle.”

— 9 Horacio, en una de sus sátiras, abunda en los mismos términos irónicos, sorprendentemente similares: “Olim truncus

eram ficulnus, inutile lignum, cum faber, incertus, scamnum faceretne priapum, maluit esse deum” (Sat. 1:8-1ss; cf. Skinner, o.c.,

II 57). — 10 Algunos autores creen que el profeta alude aquí a la supuesta estratagema narrada por Herodoto (I 189-191), puesta

en práctica por Ciro para tomar Babilonia, desviando antes el curso del Eufrates, haciendo penetrar los soldados por el lecho del

río desecado. Pero los datos que tenemos en los documentos cuneiformes no avalan esta afirmación. Cf. Skinner, o.c., II 62. — 11

Cf. Jer. 3:15; Ez 24; Miq 5:5; Is 45:4.

45. Ciro, Libertador de Israel.

Conversión de las Gentes.

Ciro, instrumento de Yahvé (1-7).

1 Así dice Yahvé a su ungido, Ciro, a quien tomé de la diestra para derribar ante él

las naciones, y yo desceñiré las cinturas de los reyes, para abrir ante él las puertas y

para que no se cierren las entradas. 2 Yo iré delante de ti y allanaré los ribazos. Yo

romperé las puertas de bronce y arrancaré los cerrojos de hierro. 3 Yo te entregaré

los tesoros escondidos y las riquezas de los escondrijos, para que sepas que yo soy

Yahvé, el Dios de Israel, que te llamó por tu nombre. 4 Por amor de mi siervo Jacob,

por amor de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre, te he dado un nombre

glorioso, aunque tú no me conocías. 5 Soy yo, Yahvé, no es ningún otro; fuera de mí

no hay Dios. Yo te he ceñido, aunque no me conocías, 6para que sepan desde el levante

del sol y desde el poniente que no hay ninguno fuera de mí. 7Yo soy Yahvé, no

hay ningún otro; el que formó la luz y creó las tinieblas, el que da la paz y crea la

desdicha. Yo soy, Yahvé, quien hace todo esto.

En 41:2-4 aparece ya Ciro como elegido de Yahvé avanzando en fulgurantes conquistas. Aquí de

nuevo es presentado como instrumento elegido por Dios para el cumplimiento de sus designios

providenciales. Tenemos un cilindro muy característico de Ciro, en el que este monarca vencedor

se presenta como el elegido del dios babilónico Marduc1. El estilo es parecido. Aquí, en el libro

de Isaías, Ciro aparece como ungido de Yahvé (v.1), título que se aplicaba a los reyes de Israel,

que eran ungidos como representantes de Dios el día de su coronación; si bien se aplicó también

a los patriarcas y al pueblo israelita 2. Ese será, con el tiempo, el título característico del Rey de

los tiempos mesiánicos, el Mesías, título que aparece por primera vez con este sentido en Sal 2.

Ciro, pues, aquí es llamado ungido de Yahvé en cuanto es instrumento de los designios salvíficos

de Dios sobre su pueblo, es decir, el instrumento de la liberación de Israel del yugo babilónico.

No cabe duda que aquí el título dice relación a la misión que ha de cumplir como ser1839

vidor de los intereses del pueblo elegido. Tomé de la diestra, e.d., le protegí y guié en sus victorias

para desceñir las cinturas de los reyes, e.d., desarmarlos, de modo que pudiera abrir las

puertas de las ciudades conquistadas; Yahvé va delante de Ciro (v.2) para quitarle los obstáculos

en su camino, allanando ribazos, convirtiendo su camino en una espléndida avenida triunfal,

hasta llegar a las ciudades cuyas puertas de bronce y cerrojos rompería el mismo Yahvé. Con

ello caerían en su poder los tesoros escondidos (v.3) de las naciones 3. Y la finalidad de esta protección

de Dios es para que Ciro reconozca a Yahvé, Dios de Israel, como principal autor de sus

conquistas, pues El le ha llamado por su nombre (cf. 46:11). En el decreto de Ciro sobre la reedificación

del templo de Jerusalén dirá: Yahvé, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la

tierra (Esd 1:2), lo que es verosímil en labios de Ciro, que también en sus inscripciones se presenta

como llamado por Marduk para tomar Babilonia4. En su política, muy diplomática, buscaba

ante todo ganar la simpatía de cada pueblo sometido, halagando sus creencias religiosas y presentándose

como el enviado del propio dios de cada pueblo. Pero debe quedar claro que, si Yahvé

le ha suscitado y le ha dado la victoria, es por amor de Israel, es decir, con vistas a su liberación

del cautiverio babilónico; por ello le ha dado un nombre glorioso (v.4) como el de ungido,

pastor (44:28; 45:1), aunque no le conocía; es decir, Ciro no sabía que sus conquistas eran debidas

a Yahvé, Dios para él desconocido. Si Dios le protege, es para que todos reconozcan desde el

levante y desde el poniente (v.6) que no hay más Dios que Yahvé, señor de la paz y de la desdicha

(ν.7), en cuanto domina y es arbitro de los destinos de la historia. Los otros ídolos no son

dioses y no pueden prestar auxilio a nadie.

Las bendiciones de los tiempos mesiánicos (v.8).

8 Gotead, cielos, desde arriba, y que las nubes destilen la justicia. Abrase la tierra y

produzca el fruto de la salvación, y germine a la vez la justicia. Yo, Yahvé, lo he

creado.

Puede considerarse este versículo como una explosión lírica sugerida al profeta por la próxima

perspectiva de liberación de la cautividad. Los tiempos mesiánicos eran la obsesión de todo fiel

israelita, porque en ellos habría de instaurarse un reinado de justicia (V.9) o rectitud moral en

las relaciones entre los ciudadanos, y de éstos con el Rey Mesías. Y todo ello se concibe como

un rocío de bendición que viene de lo alto, de los cielos y de las nubes. Sólo Dios puede hacer

que reine la justicia entre los nuevos ciudadanos de la futura teocracia mesiánica: Yo, Yahvé, lo

he creado; esta afirmación solemne de Dios es para garantizar la futura realización de esta época

venturosa de justicia de que habla el profeta; es obra de Dios: lo he creado. Dios garantiza su

realización, que da por hecha. Es el estilo de los perfectos proféticos.

Inutilidad de la oposición a Dios (9-13).

Esta sección parece va dirigida contra un grupo de exilados que no admitían la liberación

por medio de un rey pagano, no israelita, como se promete en Jer 30:21. Y sobre todo esperaban

una intervención milagrosa de Yahvé más espectacular, sin servirse de medios paganos; con ello

resplandecería más la omnipotencia divina.

9 ¡Ay del que contiende con su Hacedor! Es el tiesto de los tiestos de la tierra. ¿Dice

acaso el barro al alfarero: Qué es lo que haces? Y su obra: ¿No tienes manos? 5 10

¡Ay del que al padre dice: ¿Por qué engendraste? y a la mujer: ¿Por qué me pariste?

11 Así dice Yahvé, el Santo de Israel y su hacedor: ¿Me vais a interrogar sobre el

1840

futuro, sobre mis hijos? sobre la obra de mis manos, ¿me vais a dar órdenes? 12 Yo

hice la tierra y creé sobre ella al hombre; mis manos desplegaron los cielos y yo

mando a todos u ejército. 13 Y yo le suscité para justicia y allané todos sus caminos.

El reedificará mi ciudad y libertará a mis desterrados, no por precio ni por dones,

dice Yahvé de los ejércitos.

Aquí se destaca la libérrima actuación de Dios en su providencia. Como señor de todas las cosas

y de la historia, dispone de las cosas según su beneplácito, como el alfarero, que hace a su antojo

las orzas. Nadie tiene derecho a pedir razones a Dios, como tampoco el barro al alfarero (v.8).

Los israelitas, pues, que protestan por haber elegido Yahvé a Ciro como instrumento de su liberación,

no tienen sentido. El que contiende con su Hacedor es el tiesto de los tiestos de la tierra,

e.d., no tiene más categoría ante Dios que el barro o tiesto en manos del alfarero, que lo modela

según su capricho. No es la arcilla en manos del alfarero a quien corresponde negar la habilidad

del alfarero (no tienes manos, V.9). Tampoco el hijo tiene derecho a protestar a su padre por

haberlo engendrado (v.10). Igualmente los israelitas no tienen derecho a pedir a Yahvé cuentas

por el modo de llevar el curso de la historia humana, porque el futuro es la obra de mis manos

(v.11), ya que es el Hacedor o plasmador de la historia de Israel, y ahora va a realizar también

una obra en la historia (v.11), e.d., hará surgir a Ciro como libertador de su pueblo, lo que es un

signo más de la omnímoda omnipotencia divina, pues toma como instrumento de sus designios

sobre el pueblo santo a un gentil. Y como base de su intervención libérrima en la historia está el

hecho de ser el Creador de todo: la tierra, los cielos y el hombre (v.12).· La liberación de Israel

será también obra de Dios, pues Ciro no será sino un instrumento de su providencia en la historia.

Nadie puede permitirse criticar al que es el Hacedor del universo. La aparición de Ciro en la

historia no es sino una manifestación de ese gobierno que Yahvé tiene sobre los pueblos. Dios le

ha suscitado para justicia (ν.13), es decir, para cumplir una misión: la de liberar al pueblo

escogido conforme a las promesas. El, pues, será el encargado de reedificar Jerusalén (mi ciudad)

sin necesidad de ofrecerle de antemano precio ni dones. La liberación de los desterrados es

obra exclusiva de Yahvé, que ha inducido el corazón de Ciro a realizarla. En 43:3 se decía que

Dios le daría, en recompensa por esta obra, grandes regiones y riquezas. Pero en este c.45 Dios

quiere hacer destacar que, como Señor único de Israel y de la historia, no necesita ofrecer rescates

y dones para que sus obras se lleven a cabo. Dios no necesita rebajarse a ofrecer dones para

que sus planes se cumplan. Basta que dé un impulso interno al corazón del hombre para que éstos

se realicen.

Las naciones paganas reconocen al Dios de Israel (14-17).

14 Así habla Yahvé: La labor de Egipto, y la ganancia de Etiopía, y los sobeos, hombres

de elevada estatura, pasarán a ti y serán tuyos, y te seguirán, y te servirán esposados,

y se postrarán ante ti, y suplicantes te dirán: Sólo tú tienes un Dios, no hay

ningún otro; los dioses no existen ya. 15 En verdad que tienes contigo un Dios escondido,

el Dios de Israel, Salvador. 16 Cubiertos de confusión y de ignominia están todos

a una, se van avergonzados los forjadores de ídolos. 17 Israel es salvado por

Yahvé con salvación eterna; no seréis avergonzados ni confundidos por toda la eternidad.

El profeta contempla en la época mesiánica una procesión de pueblos extranjeros africanos desfilando

humillados con su labor y ganancias (v.14), ofreciéndolas como homenaje al pueblo esco1841

gido, que ha tenido como patrimonio al único Dios, Salvador, mientras que los ídolos han desaparecido.

Las victorias de Ciro y la liberación portentosa de Israel han abierto los ojos a Egipto,

Etiopía y Sabá. En Egipto dominaron por algún tiempo las dinastías etíope-nubias, con las que

tenían especiales relaciones los habitantes de Sabá. El profeta los junta como formando un frente

común por occidente contra Judá, y ahora reconciliados con ella. El imperio persa llegó hasta el

corazón de Egipto. Los sobeos, a quienes define como de elevada estatura (v.14), solían constituir

tradicionalmente una clase social de esclavos (cf. 43:3) de los egipcios. El imperio egipcio

en pleno, pues, se postrara ante ti, pidiendo la admisión a participar en el culto del Dios único,

Yahvé, que se ha manifestado para Israel de un modo particular, como Salvador (v.15). Hasta

entonces, para las naciones, Yahvé era como un Dios escondido, pues había permitido que su

pueblo fuese llevado en cautividad 6. Ahora, en cambio, se ha manifestado en toda su omnipotencia,

dejando avergonzados a los ídolos y a sus seguidores (v.16). Las estatuas de los ídolos

para nada han servido, y por eso los forjadores de ídolos están avergonzados. En cambio, Israel

es salvado con salvación eterna, e.d., ha sido liberado, y no volverá a ser humillado de nuevo.

La salvación de Yahvé a todas las gentes (18-25).

18 Porque así habla Yahvé, el que creó los cielos, el Dios que formó la tierra, la hizo y

la afirmó. No la creó para yermo, la formó para que fuese habitada. Soy yo Yahvé, y

ningún otro. 19 No he hablado yo en secreto, en un oscuro rincón de la tierra. No he

dicho yo a la progenie de Jacob: Buscadme en vano. Soy yo Yahvé, que hablo justicia

y proclamo lo recto. 20Reunios, venid, acercaos juntamente los sobrevivientes de

las naciones. No tienen entendimiento los que llevan ídolos de madera y ruegan a un

dios incapaz de salvar, 21 Hablad y exponed, consultaos unos a otros: ¿Quién ha

hecho oír esto desde antiguo y lo anunció desde entonces? ¿No soy yo Yahvé, y no

hay más que yo? No hay Dios justo ni salvador fuera de mí. 22 Volveos a mí y seréis

salvos, confines todos de la tierra. Porque yo soy Dios, y no hay otro. 23Por mí he jurado,

salió la justicia de mi boca, una palabra irrevocable. Porque doblaráse ante mí

toda rodilla y jurará toda lengua, 24 diciendo: Ciertamente en Yahvé tengo justicia y

fuerza, a El vendrán cubiertos de ignominia todos los inflamados contra El. 25En

Yahvé será justificada y glorificada toda la progenie de Israel.

Este fragmento constituye una nueva profecía. La anterior “quedó cerrada solemnemente en el

ν.17. Allí se hablaba de la liberación de Israel; aquí se hace una llamada salvadora a todos los

pueblos en nombre de Yahvé. Enfáticamente se presenta a Yahvé como el creador de cielos y

tierra (v.18). Si creó la tierra, lo hizo con una finalidad muy noble, y no para dejarla convertida

en yermo 7, sino para que fuese habitada. No entra, pues, en sus planes la idea de destrucción de

la vida. Dios tiene un designio salvador sobre la humanidad. Este designio bienhechor de Dios se

demuestra por las revelaciones públicas que ha hecho a Israel. No ha hablado ocultamente con

frases enigmáticas para que no las entendieran (V.19). No habló en un rincón oscuro de la tierra,

es decir, en el desierto, llamado frecuentemente “país de tinieblas.” Yahvé no habló en lugar solitario,

sino públicamente 8; por otra parte, Yahvé no ha dicho a Israel: Buscadme en vano (V.19),

es decir, sin indicar el modo de ser encontrado. Sus revelaciones fueron suficientemente claras

para que pudieran orientarse en la búsqueda de Dios, pues siempre le señaló el camino de la justicia

y de los rectos 9.

Yahvé convoca a las naciones a reunirse y decidir por sí mismas sobre lo que acaba de

decir, e.d., sobre el testimonio de Yahvé acerca de la justicia y de lo recto. Como en capítulos

1842

anteriores, aduce la prueba de su veracidad en la venida de Ciro, que sólo El ha predicho, y no

los ídolos. Esta invitación está dirigida a los sobrevivientes de las naciones (v.20), e.d., a los que

han escapado al juicio de Dios sobre los pueblos antes de la inauguración mesiánica, después de

las victorias de Ciro. Y Dios de nuevo invita a las naciones reunidas a exponer sus puntos de vista

(v.21) sobre el hecho de la aparición de Ciro, que sólo ha sido predicha por Yahvé (¿Quién ha

hecho oír esto desde antiguo? v.21). Este anuncio de antemano es prueba de que sólo Yahvé es

el único Dios (v.21). Si, pues, es el único que conoce el futuro y domina los acontecimientos de

la historia, es el único Salvador (v.21). Por eso invita a todas las naciones a volverse a El (v.22),

como único Ser digno de recibir culto y acatamiento. Dios ha jurado (v.22) con carácter irrevocable

que se doble ante El toda rodilla y jure toda lengua 10. Todos los inflamados contra El

(v.24), e.d., los que furiosamente se oponen a Yahvé, volverán a El confundidos como consecuencia

de ese juramento que Yahvé ha hecho. Todos tendrán que reconocer que la justicia y la

fuerza (v.24) no pueden provenir sino de El, ya que es el único Salvador, que otorga la victoria,

mientras que los ídolos son seres inertes. Aquí justicia equivale a victoria. Todo el que se

adhiera a Yahvé, triunfará; y al contrario, el que no le reconozca será avergonzado. En Yahvé

será justificada, e.d., saldrá vencedora, toda la progenie de Israel (v.25), y ese triunfo será causa

de que Israel sea glorificado ante todos los pueblos.

1 El interesante documento dice así: “Marduk eligió un príncipe justo según el deseo de su corazón, para tomarlo de la mano. A Ciro,

rey de la ciudad de Anzam, cuyo nombre pronunció y llamó para dominar sobre todo el mundo. El país de Quti. sometió a sus

pies. Le hizo tomar el camino de Babilonia, yendo a su lado como amigo” (H. Gressmann, Altorientalische Texte zum A.T. 2.a ed.,

369). — 2 Cf. Sal 105:15; Hab 3:13. — 3 Los autores greco-romanos hablan de las grandes riquezas tomadas por Ciro al entrar en

Babilonia. Cf. ESQUIL., Pers. 53; Plinio El Viejo, Htsf. Nat. 33:3. — 4 Cf. Gressmann, Altorientalische Texte zum A.T. 2.a ed.,

p.3ÓQ. — 5 Así según los LXX. El TM lit.: “y tu obra: no hay manos para él.” — 6 Cf. Is 43:3; 55:8; Dt 29:29; Prov 25:2. — 7 El

texto hebreo emplea la palabra tohu (cf. Gen 1:2), que significa caótico, sin distinción, informe. — 8 Algunos interpretan país de

tinieblas, cono sinónimo de seol, la morada de las sombras de los difuntos. La nigromancia era el arte de consultar a los muertos.

Yahvé, pues, aquí diría que El no habló con artes nigrománticas. — 9 Lit. “buscadme en el caos” o “yermo,” e.d., sin orientación.

Cf. Is 41:1-4.21-29; 43:9-31· — 10 Cf. Gen 22:16; Jer 22:5; Heb 6:13; Rom 14:11; Flp 2:10-11.

46. Caída de los ídolos de Babilonia.

Yahvé, Gloria de Israel.

Babilonia, simbolizada en sus ídolos, sufre un colapso total. Esto señala la hora de la liberación

de los cautivos israelitas. En contraposición a esto, Yahvé despliega toda su omnipotencia con

sus protegidos.

Impotencia de los ídolos y omnipotencia de Yahvé (1-4).

1 Postrado Bel, abatido Nebo, sus simulacros son puestos sobre animales y bestias de

carga; las cosas que llevabais han sido un peso, una carga para el fatigado (animal).

2 Están encorvados, doblegados a la vez; no pudieron salvar la carga, y ellos mismos

van al cautiverio. 3 Oídme, casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, que

habéis sido cargados (sobre mí) desde el vientre, llevados desde el seno. 4 Yo mismo

hasta la vejez y hasta la canicie (os) portaré. Como ya hice, (os) llevaré, (os) portaré

y os preservaré.

El profeta contrapone irónicamente la conducta de los ídolos de Babilonia y la de Yahvé. Aquéllos

no sólo no pueden salvar a sus seguidores, sino que tienen necesidad de ser llevados por los

babilonios en su huida, mientras que Yahvé no es llevado, sino que se encarga de llevar y salvar

1843

a sus adoradores. Yahvé, en realidad, es el portador de su pueblo a través de las vicisitudes de su

historia.

Bel y Nebo (Júpiter y Mercurio babilónicos) eran las divinidades supremas del panteón

babilónico . Los ciudadanos babilónicos quieren salvar sus divinidades en la huida, para seguir

disfrutando de su protección y para que no caigan en poder del invasor, con lo que sus poderes

quedarían muy reducidos. Las cosas que llevabais es alusión a las procesiones babilonias, que

constituían por su pompa el orgullo de los babilonios. Efectivamente, Bel (Marduk) y Nebo eran

llevados procesionalmente en barcas en el día de año nuevo. Ahora la situación ha cambiado, y

son una carga para el fatigado animal en la huida. La descripción es ideal, conforme a las escenas

usuales en tiempos de invasión. En realidad, Ciro, al conquistar Babilonia, se portó muy

condescendiente con las creencias religiosas de sus nuevos súbditos, y, lejos de llevarse los ídolos,

como habían hecho otros conquistadores, procuró aplacarlos con ofrendas y actos de culto.

Esta descripción del profeta prueba que fue escrita antes de la toma de Babilonia por Ciro. Los

profetas conocen muchas veces el hecho sustancial futuro, mientras se les escapan las circunstancias

concretas del mismo; y utilizan en sus descripciones circunstanciales tópicos literarios

recibidos. Aquí el profeta describe la caída de Babilonia con los colores habituales de pánico,

huida de los habitantes con sus dioses. No se compromete, pues, en realidad, la veracidad histórica

del vaticinio si tenemos en cuenta el género literario profético con sus recursos habituales 2.

En contraposición a esta situación vergonzosa de los dioses llevados por sus devotos para

salvarlos, el profeta presenta la actitud de Yahvé llevando personalmente a sus adoradores a través

de las vicisitudes de la historia. Yahvé verdaderamente lleva a su pueblo desde el seno materno.

hasta la vejez (v.3-4), e.d., desde el principio del pueblo israelita como nación hasta el fin.

Los padres se preocupan de sus hijos mientras son niños; pero, cuando son adultos, se desentienden

de ellos; no así Yahvé, que durante toda la vida histórica de su pueblo le ha llevado y le llevará:

como yo hice, (os) llevaré (v.4) 3.

Impotencia de los ídolos (5-7).

5¿A quién queréis compararme, y equipararme, y asemejarme, de forma que fuésemos

iguales? 6Aquéllos sacan oro de la bolsa, pesan la plata en la balanza, pagan al

orfebre y hacen un dios, se postran y le adoran, 7le cargan a hombros, le llevan, le

ponen en un lugar, y allí se está, no se mueve de su sitio. Claman a él, pero no responde,

no les libra de sus tribulaciones.

Es una sección muy similar, por el tono irónico y concepción, a 44:9-20. Se destaca la estulticia

de los idólatras, que se confían a un simulacro fabricado por manos de hombres. Aunque estén

recubiertos de oro y de plata, siempre serán algo inerte. La ironía es sangrienta. El ídolo está tan

muerto, que tiene necesidad de ser transportado, y donde le dejan, allí permanece. Es inútil que

sus devotos le hagan súplicas, pues no las oye. ¡Qué contraste con Yahvé, siempre viviente y activo!

Por eso les dice enfáticamente: ¿A quién queréis compararme.? (ν.6). No admite representaciones

ni simulacros suyos, porque nada puede dar idea de su naturaleza trascendente y santa:

“Es el que es,” Yahvé.

Apelación a la historia y a la profecía para probar. su divinidad (8-11)

8 Acordados de esto y entendedlo4, reflexionada de nuevo, transgresores. 9Recordad

los tiempos pasados desde antiguo, porque yo soy Dios, y no hay más Dios fuera de

mí. 10 Yo anuncio desde el principio lo último, y de antemano lo que no se ha hecho.

1844

Yo digo: Mis designios subsistirán, y cumplo toda mi voluntad. 11Yo llamo del levante

al ave de presa, de lejana tierra al hombre de mi consejo5. Como lo he dicho, así lo

llevaré a cabo; corno lo he planeado, así lo realizaré.

Yahvé apela de nuevo a su conocimiento del futuro para probar su divinidad. Invita a sus enemigos

a recordar sus gestas pasadas. Todo sucedió como lo había anunciado (v.10). La profecía

siempre ha sido considerada como privativa de Dios, en cuanto que supone el dominio sobre la

marcha de la historia. Toda la historia es el despliegue de los designios de Dios, que terminan

por imponerse (v.10). El acontecer histórico para el profeta es algo más que un caos de hechos

que fortuitamente se yuxtaponen. Por encima de ellos está Yahvé, que dirige los hilos de la trama

del cosmos y de la humanidad: cumplo toda mi voluntad (v.10). Es. Yahvé el que ha suscitado a

Ciro, el ave de presa que ha llamado desde el levante (v.11). Se le llama ave de presa por su celeridad

en la conquista y su rapacidad como invasor. En Jer 49:22 y Ez 17:3 se compara también

a Nabucodonosor al águila. Ciro es el instrumento de los designios históricos de Dios 6.

La salid de Sión (12-13).

12 Oídme, hombres de duro corazón 7, que estáis lejos de la justicia. 13 Yo haré que se

os acerque mí justicia; ya no está lejos, y no tardará mi salvación. Yo pondré en

Sión la salud, y mi gloria en Israel.

Dios se dirige a los obstinados o a los pusilánimes (que las dos interpretaciones son posibles) para

que se percaten de que Yahvé puede traerles la justicia o victoria, que aquí es sinónimo de

salvación (v.13). Y ésta tendrá su sede en Sión, centro de la nueva teocracia. Los profetas viven

obsesionados con la idea mesiánica, y de ahí que constantemente recurran a ella como medio de

consuelo y de mutuo estímulo. Parece que los contemporáneos del profeta se sentían descorazonados,

ya que consideraban la salvación como algo que estaba lejos (ν.13). En la mente del profeta,

Dios está dispuesto a intervenir para inaugurar la nueva era de ventura y de justicia.

1 “La palabra Bel (Belu) es la equivalente al ba'al hebreo, y significaba una divinidad particular y un nombre genérico de divinidad.

Como nombre propio se aplicaba a Marduk (Merodac), divinidad tutelar de Babilonia, si bien se habla de otro Bel, que aparece

como su padre. Nebo (Nabu) era el hijo de Marduk, y su culto tenía lugar en Borsippa, cerca de Babilonia. Su nombre Nabu se relaciona

con la raíz Ναίπ hebrea: profeta, lo que hace pensar que era el “locutor” de los dioses (como Mercurio, Act 14:12). Se le

consideraba inventor de la escritura. Como aparece en los nombres de reyes caldeos (Nabopolasar, Nabucodonosor, etc.), se cree

que era el protector de la dinastía” (Skinner, o.c., II 76). — 2 Cf. Condamin, O.C., 2848. — 3 Cf. Ex 19:4; Dt 1:31; 32:11; Os

11:3. — 4 El significado del verbo que traducimos por “entendedlo” es incierto, pero el contexto es claro. — 5 El texto hebreo lee

“su consejo.” Pero el qere lee “mi consejo,” que está mejor en el contexto, y así lo entienden los LXX. — 6 Algunos ven en ave

de presa una alusión al águila real de oro que campeaba en las insignias reales persas; cf. JENOF., Cirop. VII 1:4. . , — 7 Las palabras

hebreas que traducimos por “duros de corazón” pueden tener el s< de “obstinados” y “desanimados” (así LXX).

47. Caída de Babilonia.

Este fragmento es de un subido lirismo irónico. El profeta invita a Babilonia, concebida como

una reina majestuosa sentada en su trono, a que deponga sus atavíos y abandone el trono, para

dedicarse modestamente a las faenas domésticas, propias de una esclava. Ha tratado tiránicamente

a los cautivos de Israel, y ahora es apostrofada con energía. La desgracia y la tragedia se abatirán

sobre la gran metrópoli mesopotámica, señora de naciones. Por el tono, esta sección es muy

similar al canto irónico dedicado al rey de Babilonia, que desciende al seol (Is 14:4-21). La suerte

de Babilonia contrastará con la de Sión, que antes había quedado como viuda sin hijos, y ahora

va a sentir la alegría de la múltiple maternidad (49:1455; 51:1755). Podemos considerar este

1845

fragmento como secuencia lógica del c.46, en que se ironiza la huida vergonzosa de los habitantes

de Babilonia con sus ídolos.

Babilonia convertida en esclava (1-4).

1 Desciende y siéntate en el polvo, virgen hija de Babilonia. No más trono, siéntate en

la tierra, hija de los caldeos. Ya no te llamarán más la delicada y tierna. 2 Toma la

muela y ve a moler la harina; quítate el velo, pon haldas en cinta, descubre tus pantorrillas

y pasa los ríos. 3 Descubierta será tu desnudez y se verán tus vergüenzas. 4

Yo tomaré venganza implacable, dice nuestro redentor; Yahvé de los ejércitos es su

nombre, el Santo de Israel.

El profeta invita a Babilonia a “sentarse en el polvo” (v.1) en señal de duelo por su nueva situación

(3:26). Se la llama virgen, hija de Babilonia, en cuanto que no ha sufrido el yugo extranjero.

Históricamente, sin embargo, Babilonia había estado sometida a Asiría; pero el profeta habla de

la situación actual, en que Babilonia obra a su antojo. La expresión hija de Babilonia equivale en

el lenguaje bíblico a Babilonia simplemente. Es una aposición al nombre. La ciudad es concebida

como un ser viviente lleno aún de juventud (cf. Jer 46:11). Se la llama hija de los caldeos (v.1)

porque reinaba en Babilonia la dinastía caldea 2. Era tierna y delicada, en cuanto que, por constituir

el emporio comercial de oriente y la capital política del imperio, se había hecho sibarítica y

afeminada en extremo. La imagen se adapta bien a la idea de una virgen objeto de todas las atenciones

domésticas, que teme contaminarse al pisar el suelo (Dt 28:56). La condición social va a

cambiar totalmente, y la virgen hija de Babilonia tendrá que someterse a los duros trabajos de la

esclava: toma la muela (v.2) (cf. Ex 11:5; Job 31:10). Por ello debe quitarse todo atuendo que

indique distinción y señorío: quítate el velo. Era el gran velo que las damas de buena posición

llevaban sobre la espalda, cayendo hasta la cintura o hasta los píes (Cant 4:1-3; 6:7). Y al mismo

tiempo se la invita a remangarse; pon haldas en cinta (v.2), pues va a ser deshonrada ante todos

los pueblos, siendo obligada a descubrir su desnudez (v.3). Y todo esto como consecuencia de la

venganza implacable (v.4) de Yahvé, que es el redentor (v.4) de Israel, en cuanto que le libera de

la opresión babilónica, castigando a la nación tirana. Y todo ello porque es el Santo de Israel

(v.4), e.d., está vinculado a los destinos históricos del pueblo elegido. Como santo, no podía tolerar

indefinidamente las injusticias de la nación opresora, y, como vinculado a Israel, debía salir

por sus fueros en virtud de las antiguas promesas mesiánicas.

La arrogancia de Babilonia, causa de su ruina (5-7).

5 Siéntate en silencio, súmete en tinieblas, ¡hija de los caldeos! Ya nunca más te llamarán

soberana de los reinos. 6 Estaba yo airado contra mi pueblo, y dejé profanar

mi heredad y la entregué en tus manos. Tú no tuviste piedad e hiciste pesar tu yugo

sobre los ancianos. 7 Tú decías: Yo seré siempre, por siempre señora, y no reflexionaste,

no pensaste en tu fin.

Apostrofe contra Babilonia, que, en su arrogancia, se consideraba la perpetua señora entre los

pueblos. En su insolencia ha tratado tiránicamente al pueblo de Dios. Ahora que llega su hora, se

la invita a sentarse en silencio., en tinieblas (ν.6), símbolo de la humillación y de la prisión

(42:7).

Yahvé castigó a Israel por sus pecados, y permitió profanar su heredad (v.6), e.d., su

pueblo escogido, entregándolo a los babilonios, que se excedieron en el castigo, sometiendo a un

1846

yugo sobre los ancianos y débiles (Lam 4:16; 5:12). Quizá se les sometió a trabajos forzados. No

obstante, por lo que nos dicen Jeremías (29:1) y Ezequiel, el cautiverio no fue tan duro, ya que se

les permitía a los exilados cierta autonomía y participar en la vida económica y social. Babilonia,

en su presunción, creyó que iba a permanecer siempre, y por eso oprimía a Israel sin reservas, sin

pensar que es Yahvé quien lo entregó en sus manos. En realidad, el mismo Yahvé, que había

hecho justicia sobre Israel, la haría al fin sobre su opresora Babilonia.

Babilonia, privada de sus hijos (8-9).

8 Escucha, pues, esto, voluptuosa, que te sientas tan segura, que dices en tu corazón:

Yo, y nadie más que yo; no enviudaré ni conoceré la orfandad. 9Ambas cosas te vendrán

de repente, en un mismo día: la orfandad y la viudez en toda su plenitud 3 vendrán

sobre ti a pesar de tus numerosos agüeros y de tus poderosos encantamientos.

Babilonia se sentaba segura (v.8) en su trono, entregada a los placeres despreocupada, y, en su

insolencia, decía interiormente: Yo, y nadie mas que yo (v.8), despreciando con arrogancia a los

demás pueblos vasallos. Se siente fuerte y no teme quedarse sola: No enviudaré ni conoceré la

orfandad (v.8). Cree que no se verá privada de sus numerosos hijos, que no han de caer bajo la

espada ni serán llevados en cautividad. No ve la posibilidad de ser invadida por otro conquistador

(cf. Sof 2:15). Pero se acerca el día en que (invasión de Ciro) le sobrevendrán los dos mayores

males para una madre: quedarse viuda y sin hijos. La ciudad quedará sola como una viuda, y

de nada le servirán sus agüeros. y encantamientos (ν·9). Que constituían la ciencia característica

de Babilonia. La astrología era muy cultivada, y, con sus conocimientos, los sabios creían poder

dirigir el curso de la historia. Pero de nada servirán estos cálculos a la hora de la verdad, pues es

Yahvé el que dirige los acontecimientos humanos.

Babilonia y la magia (10-12).

10 Tú estabas fiada en tu maldad, y decías: No me ve nadie. Tu sabiduría y tu ciencia

te engañaron, y decías en tu corazón: Yo y no más que yo. 11 Pero va a caer sobre ti

un mal que no sabrás conjurar, y caerá sobre ti una ruina que no podrás borrar 4;

vendrá de repente sobre ti una devastación, sin que lo sepas. 12 Acude, pues, con tus

encantamientos, con tus muchas hechicerías, con que te fatigas desde la niñez; quizá

puedan servirte, quizá puedan hacerte terrible.

Babilonia confiaba en su astucia y malas artes para continuar su dominio sobre los pueblos, creyendo

que nadie vigilaba sus actos (no me ve nadie, v.10), según el proceder general de los impíos

(cf. Sal 10:11). Pero de nada le valdrá su sabiduría y ciencia (v.10), e.d., sus artes mágicas

esotéricas, como la astrología, de la que se gloriaba ante los pueblos. No podrá conjurar (v.11) el

mal que se cierne sobre ella en forma de amplia devastación. El profeta invita irónicamente a

Babilonia a que despliegue todas sus artes mágicas, que maneja tan diestramente desde la niñez

(v.12). Según Diodoro de Sicilia, los babilonios “intentan evitar el mal y procurar el bien por purificaciones,

sacrificios y encantamientos”5. Estos tenían cierto valor expiatorio ante las divinidades;

por eso aquí se dice que no podrá borrar o expiar (v.1:1) esa ruina que viene de Yahvé.

Tampoco la harán terrible para espantar los malos genios que se ciernen sobre ella.

Impotencia de las artes mágicas (13-15).

13 Estás cansada de tanto consultar. Que se presenten, pues; que te salven los que di1847

viden los cielos, y observan las estrellas, y hacen la cuenta de los meses, de lo que ha

de venir sobre ti. 14 Helos aquí como briznas de paja que ha consumido el fuego; no

podrán salvar sus vidas del poder de las llamas; brasas, pero no para calentarse a

ellas, ni hoguera para sentarse ante ella. 15 Eso serán para ti aquellos por quienes te

afanaste, tus mercaderes desde tu juventud 6. Cada cual vagará por su camino, y no

habrá quien te salve.

Se presenta a Babilonia nerviosa, consultando a los observadores de fuerzas ocultas, y desilusionada

con sus respuestas: cansada de tanto consultar (v.13). Todos los adivinos que consultan el

curso de los cielos no podrán hacer nada para salvarla. Los que dividen los cielos (ν.13), e.d., los

astrólogos, que parcelan el cielo para localizar sus observaciones, serán tan impotentes como los

que hacen la cuenta de los meses o novilunios en los calendarios mensuales, con señalamiento de

días de desastre y de bonanza relacionados con determinados hechos de los hombres: de lo que

ha de venir sobre ti (v.13). En realidad, todos estos magos y adivinos son tan impotentes como

briznas de paja (v.14) ante el fuego huracanado de la invasión y devastación, y si son impotentes

para salvar sus vidas ¿cuánto más para ir en auxilio de otros? En realidad, el fuego de la invasión

será tan devastador, que no servirá para calentarse, sino para abrasarse en sus llamas. Ni los

mercaderes con los que traficó desde su juventud, e.d., desde su remota historia, le servirán de

ayuda en el momento crítico, pues entonces cada cual vagará por su camino (v.15), e.d., huirán

vagabundos hacia su país de origen para librarse del turbión, y la dejarán sola, sin que haya nadie

que la salve.

1 Así según una reconstrucción seguida por Duhm y Skinner. — 2 Los caldeos eran una tribu semita del sudeste de Mesopotamia. —

3 En vez de en toda su plenitud, que es traducción literal del texto hebreo, los LXX y la Pesh. traducen “súbitamente,” por una ligera

confusión de letras. Esta lectura es seguida por la Bib. de Jer. — 4 La palabra hebrea que traducimos por borrar significa

también “expiar.” Aquí en el sentido de alejar un mal con expiaciones. — 5 Cf. Skinner, o.c., II 85. — 6 Así según el texto

hebreo. Con un ligero cambio de letras, otros leen magos en vez de mercaderes. Cf. Condamin, o.c., p.28g.

48. La Liberación de Israel, Obra de Yahve.

Este capítulo es como una recapitulación de la argumentación sobre las predicciones en los capítulos

anteriores. Los hechos han demostrado que todo ha sucedido conforme a las predicciones

de Yahvé. Israel no tiene excusa ante el cumplimiento de las profecías. La conquista de Babilonia

por Ciro será un ejemplo de estas profecías. Suele dividirse el capítulo en cuatro partes: 1) las

profecías de Yahvé en la historia (i-n); 2) anuncio de la conquista de Babilonia por Ciro (12-16);

3) la historia de Israel hubiera sido muy diferente si hubiera sido fiel a Yahvé (17-19); 4) invitación

lírica a los exilados a salir de Babilonia (20-22). Este capítulo clausura otra gran sección del

libro de Isaías.

Las predicciones antiguas (1-6).

1 Oíd esto, casa de Jacob, los que llevan el nombre de Israel, los salidos de las entrañas

de Judá, los que juran por el nombre de Yahvé y celebran el Dios de Israel, pero

sin verdad y sin justicia, 2porque llevan el nombre de la ciudad santa y se apoyan en

el Dios de Israel, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos. 3Lo que ha pasado, ya ha

tiempo lo predije, de mi boca salió. Yo lo hice oír, y de improviso obré, y todo se ha

cumplido. 4Porque sabía que eres duro y es tu cerviz una barra de hierro, que tienes

una frente de bronce. 5Yo te predije esto hace tiempo, antes de que sucediera te lo di

1848

a saber, para que no dijeras: Lo ha hecho mi ídolo; mi estatua, mi simulacro lo

mandó. 6 Ya lo has oído, míralo todo ello, y ahora vosotros, ¿no lo anunciaréis?

Los israelitas llevan un título honorífico, el nombre de Israel (v.1), que es un verdadero timbre

de gloria, ya que les recuerda el gran antepasado elegido y protegido por Yahvé (Gen 32:29), y

han salido de las entrañas de Judá 1, gran antepasado de la tribu señora en Israel desde la implantación

de la monarquía israelita. Sin embargo, tienen una conducta poco sincera y puramente

formulista al jurar en nombre de Yahvé y celebrarlo con los labios; pero esto no corresponde a su

proceder en la práctica: sin verdad y sin justicia (v.1). Además, se glorían de pertenecer a la ciudad

santa y de estar bajo el amparo del Dios de Israel. Pero si esto es un timbre de gloria, es

también una exigencia moral y espiritual mayor. Por tanto, si la conducta de ellos no corresponde

a su categoría superior entre los pueblos, la responsabilidad y el castigo deben ser mayores.

Después de esta introducción enfática y amenazadora, Yahvé vuelve de nuevo a su argumentación

a base de las profecías antiguas cumplidas: lo que ha pasado, ya ha tiempo lo predije

(v.3) 2. Los israelitas son testigos de ello. Y todo esto es por la dureza y obstinación tradicional

de Israel: sabía que eres duro (v.4). Esta expresión ya tenía una antigua tradición en la literatura

bíblica 3. Israel ha sido demasiado insensible a lo espiritual a través de la historia. Es la gran acusación

de los profetas: es tu cerviz una barra de hierro (v.4) 4; es desvergonzada, insolente: tienes

una frente de bronce 5.

Además, estas predicciones de Yahvé tenían un claro fin apologético ante su pueblo: te lo

di a saber para que no dijeras: Lo ha hecho mi ídolo (.6). Israel tenía una propensión innata a la

idolatría, y, a pesar de los portentos que constantemente veía en su historia, debidos a Yahvé, por

instinto los atribuía a sus ídolos favoritos, más condescendientes con sus instintos pasionales y

sus egoísmos. El Yahvé del Sinaí era demasiado adusto y exigente para ellos, y por eso buscaban

los cultos idolátricos, llenos de atractivos sensuales. El profeta, pues, en esta sección recrimina

acremente la conducta del rebelde Israel a través de su historia. Ahora que todo está cumplido

(míralo todo ello, v.6), invita a Israel a dar testimonio de ello, es decir, a reconocer las profecías

cumplidas como prueba de la divinidad de Yahvé: y ahora vosotros lo anunciaréis (v.6).

Nuevas predicciones (6-11).

6 Yo te he hecho oír cosas nuevas desde ahora, cosas ocultas que no conocías. 7Ahora

han sido creadas y no hace tiempo, antes de hoy no las habías oído, para que no dijeras:

Ya lo sabía yo. 8No lo habías oído ni lo conocías, ni desde antiguo se había

abierto tu oído6. Porque sabía que eres pérfido, y tu nombre es rebelde desde el seno

materno. 9Yo por mi nombre difiero mi ira, y por amor de mi gloria me contengo

frente a ti, para no exterminarte. 10 He aquí que te probé al fuego, y no había plata;

te he pasado por la hornaza de la aflicción. 11 Es por mí, por amor de mí lo hago,

porque ¿cómo (mi nombre) sería profanado? 7, y mi gloria a nadie se la doy.

Yahvé anuncia ahora cosas nuevas (v.6), e.d., el mensaje de consolación para su pueblo, que le

permanecía oculto hasta estos tiempos. Dios las tuvo ocultas para que pudieran atribuirlas a los

ídolos. Estas cosas nuevas entran ahora en su fase de realización: ahora han sido creadas (v.7). Y

no se lo comunicó antes para que fuesen más impresionados en el momento de la realización:

para que no dijeras: Ya lo sabía yo (v.7). Israel no tenía noticias de esta súbita promesa de liberación

que se va a cumplir muy pronto. Yahvé sabía que Israel era pérfido. , rebelde desde el se1849

no materno (v.8), y, por tanto, no quería rebelarle de antemano esto, que podía atribuir a los ídolos.

Yahvé mantuvo el secreto de la aparición de Ciro y de la liberación, y no se lo comunicó por

revelaciones hasta ahora. La historia de Israel ha sido tan pecaminosa, que hubiera merecido el

exterminio más amplio; pero Yahvé, por amor de su nombre y de su gloria (V.9), difiere su ira.

La ruina total de Israel hubiera comprometido la fama y gloria de Yahvé, su Dios, ante los gentiles,

que considerarían lo de la desaparición total de Israel como un fracaso debido a la impotencia

de su Dios nacional. Además, quizá en la palabra mi gloria (o mejor, “alabanza”) aluda al

culto, que desaparecería totalmente con el exterminio de Israel como pueblo. Si Dios ha castigado

al pueblo elegido con la cautividad, ha sido para purificarlo: te probé al fuego (v.10) con esperanza

de forjar un pueblo fiel y santo; pero el resultado ha sido negativo: no había plata

(v.10), es decir, el pueblo no supo aprovechar la lección del castigo y, en lugar de demostrar su

fe en Yahvé, ha seguido fuera de camino, como si todo fuera basura sin valor. La hornaza de la

aflicción (v.10) ha sido el crisol empleado por Yahvé para aquilatar la profundidad de los sentimientos

religiosos de Israel. Y Yahvé vuelve de nuevo a la idea de que lo que va hacer (por mi

amor lo hago), e.d., la liberación de Israel tomando como instrumento a Ciro, se debe al celo por

su gloria, para que no fuera profanado, blasfemado (cómo sería profanado) por los gentiles. Y,

por otra parte, lo que va a realizar (las cosas nuevas, v.6) se debe exclusivamente a Él, no a los

ídolos: mi gloria a nadie se la doy (v.11). Sólo Yahvé es capaz de realizar la nueva gesta de la

liberación de Israel.

Ciro, enviado por Yahvé (12-16).

126yeme, Jacob, e Israel, a quien he llamado; soy yo, yo el primero, y aun también el

postrero. 13Mi mano cimentó la tierra, mi diestra desplegó los cielos, y los llamé y

luego aparecieron. 14Reunios todos y oíd: ¿Quién de entre ellos anunció estas cosas?

Aquel a quien ama Yahvé, cumplirá su voluntad contra Babilonia y contra la raza

de los caldeos. 15Yo, yo he hablado, yo le he llamado, yo le guío y hago prosperar sus

caminos. l6Acercaos a mí y oíd esto: Desde el principio no os he hablado en secreto;

cuando las cosas se hacían, allí estaba yo. Y ahora Yahvé me ha enviado con su espíritu.

Yahvé va a manifestar cosas nuevas por amor de su gloria; para ello, como garantía, presenta sus

credenciales de creador de todas las cosas y forjador de la historia de Israel desde su elección. Es

una recapitulación de conceptos ya expresados en capítulos anteriores. Yahvé se encara amorosamente

con Israel, a quien ha llamado (v.12) como pueblo elegido. Yahvé es eterno, señor del

tiempo: el primero y el postrero (v.12). La frase ya apareció en 41:4; 44:6. Al comenzar a existir

las cosas, era ya Señor supremo de todo, y cuando llegue la consumación de ellas seguirá como

arbitro de la historia humana y de la creación toda. Y Yahvé se encara con los israelitas para que

presenten predicciones semejantes a las que ahora les comunica: ¿quién de entre ellos anunció

estas cosas? (v.14). Entre ellos, e.d., los dioses paganos, a los que los israelitas se sentían muchas

veces inclinados.

Y llega el punto culminante del vaticinio: la aparición de Ciro, conquistador de Babilonia

y libertador de Israel. Aquel a quien ama Yahvé es una apelación interesante. Salomón fue llamado

también amado de Yahvé (2 Sam 12:24).8·Ciro, por su misión de liberador del pueblo elegido

y por ser instrumento de Yahvé, es llamado su amigo; por permisión de Yahvé cumplirá su

voluntad contra Babilonia y la raza de los caldeos. Será el instrumento de Yahvé: cumplirá su

voluntad de castigar a los habitantes de la gran metrópoli de los caldeos. Y Yahvé es quien le ha

1850

llamado, haciendo prosperar sus caminos, sus conquistas. Y todo esto lo había predicho Yahvé,

no de un modo enigmático (desde el principio no os he hablado en secreto, v.16), desde el principio

de la historia de Israel, o mejor, desde que las cosas empezaron a cumplirse (cuando las

cosas se hacían). Estaba allí Yahvé (allí estaba yo) dirigiendo el curso de los acontecimientos,

de modo que le pudieran conocer. La frase final: Y ahora Yahvé me ha enviado con su espíritu

(15b), parece ser una declaración del profeta para confirmar su misión 9.

Utilidad de la ley del Señor (17-19).

17 Así habla Yahvé, tu redentor, el Santo de Israel: Yo soy Yahvé, tu Dios, que para

utilidad tuya te enseña y te pone en el camino que has de seguir. 18 ¡Ahí, si hubieses

atendido a mis mandamientos, tu paz sería como un río, y tu justicia como las olas

del mar. 19 Y sería como arena tu simiente, y los frutos de tus entrañas como sus

granos 10, y no sería extirpado ni exterminado tu nombre delante de mí11.

El profeta hace ver a Israel, en un tono desilusionado, que la conducta de Israel ha sido decepcionante

para Yahvé (cf. Sal 81:13-16). Si hubiera sido fiel a su Dios, otro sería el panorama actual

del pueblo elegido. Este tono triste del fragmento, poco en consonancia con el ambiente de

liberación y de alegría que impera en este capítulo, y el hecho de que parece interrumpir el contexto

de 12-16 (cuya continuación normal es 20-21), ha obligado a muchos autores a suponer que

está desplazado de su lugar 12.

Dios ha adoctrinado a Israel para su utilidad (v.17), en cuanto que sus caminos conducen

a la verdadera y única felicidad. Si Israel hubiera sido fiel a su vocación, siguiendo los preceptos

del Señor, su paz sería como un río (v.18), e.d., su estado de tranquilidad y bienestar sería tan

abundante como un río, en contraposición a los torrentes intermitentes de Palestina, que sólo en

determinadas épocas llevan caudal, y éste escaso. La paz en Israel ha sido tan rara como las

aguas en estos wadys circunstanciales. También su justicia sería tan desbordante como las olas

del mar (v.18): habría un reino de equidad sobreabundante, que daría por fruto un completo

bienestar. Por otra parte, la descendencia de Israel se multiplicaría como arena (v.19), y Dios no

lo habría sometido a la prueba del exilio, en la que estuvo a punto de ser extirpado y exterminado

(V.19).

Invitación a los israelitas para que salgan de Babilonia (20-22).

20Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos, con gritos de exultación anunciad,

proclamad esto, publicadlo hasta los confines de la tierra; decid: Rescató Yahvé a su

siervo Jacob. 21 No tendrán sed en el desierto por el cual los guía; hará que broten

para ellos aguas de la roca, abrirá la peña y brotarán las aguas. 22Pero no hay paz

para los malvados, dice Yahvé.

Ha llegado el momento de la liberación, y por eso el profeta invita a los cautivos a que abandonen

la capital de sus opresores, y todo ha sido obra de Yahvé: Rescató Yahvé a su siervo Jacob

(v.20). Y el Señor mismo les acompañará en su viaje por el desierto (v.21), para que no se vean

sometidos a la sed abrasadora. La nueva liberación se describe en los mismos términos que la

tradicional del Éxodo (Ex 17:6; Núm 20:11); de nuevo Yahvé hará brotar aguas de la roca.

La terminación: no hay paz para los malvados (v.22), parece ser una glosa posterior, tomada

de 57:21, donde encuentra su contexto. Es una fórmula estereotipada, que bien pudo servir

al copista para marcar la final de una sección en esta segunda parte del libro de Isaías.

1851

1 El texto hebreo dice literalmente “aguas de Judá” (quizá aludiendo al semen húmedo fecundante); pero una ligerísima corrección

nos da entrañas, que se adapta perfectamente al contexto. — 2 Cf. 42:9; 43:12; 44:8. — 3 Cf. Ez 3:7; Is 6:10; Ex 32:9; Dt 9:6.13,

etc. — 4 Ex 32:9; Dt 9:6. — 5 Cf. Ez 3:7s. — 6 Los LXX leen: “no he abierto tu oído.” — 7 Los LXX intercalan “mi nombre.” —

8 Los LXX omiten Yahvé. — 9 No pocos autores consideran esta frase como glosa posterior. Condamin corrige el texto y traduce:

“y yo le envío con su espíritu.” En ese caso, el que hablaría sería Yahvé a propósito de Ciro, su enviado. — 10 La palabra que traducimos

por granos es de sentido incierto en el hebreo. Los LXX traducen “como polvo de la tierra.” — 11 Con los LXX hemos

preferido la lectura “tu nombre,” en vez de “su nombre” del texto masorético, porque está más en conformidad con el contexto. —

12 Condamin pone los v.20-21 después de 52:10.

49. El Siervo de Yahvé. Gloria de Israel. Consolación de Sión.

Elección del Siervo de Yahvé (1-4).

Este fragmento, que versa sobre un misterioso Siervo de Yahvé, encuentra su relación lógica

en el otro de 42:1-4. Ese Siervo de Yahvé tiene un mensaje que transmitir a las naciones.

1Oídme, islas; atended, pueblos lejanos: Yahvé me llamó desde el seno materno,

desde las entrañas de mi madre me llamó por mi nombre. 2Y puso mi boca como

cortante espada, me ha guardado a la sombra de su mano, hizo de mí aguda saeta y

me guardó en su aljaba. 3El me ha dicho: Tú eres mi siervo, en ti seré glorificado.

4Yo me dije: Por demás he trabajado, en vano y por nada consumí mis fuerzas; pero

mi causa está en manos de Yahvé, mi recompensa en mi Dios.

La introducción es enfática y solemne. Lo que el profeta va a proclamar es tan importante que se

invita a las islas (v.1) a prestar atención a las palabras del Siervo de Yahvé, el cual tiene una misión

universal que desempeñar (v.6). Las islas son los países costeros del Mediterráneo en general

(cf. 41:1). Todos los pueblos van a recibir un mensaje inaudito de parte de un enviado de

Dios, cuya misión se extiende hasta los confines de la tierra (pueblos lejanos, v.1). Y su condición

es tan excepcional, que no ha sido elegido, como Moisés y otros profetas, durante su vida,

sino que desde el seno materno le ha llamado Yahvé para confiarle una misión única. Jeremías

había sido designado para “profeta entre los pueblos” (Jer 1:5); aquí el Sierro de Yahvé ha recibido

una misión más concreta y sublime, ya que por su misión hará que la salvación llegue hasta

los confines de la tierra (19-5). Por su entrega total a esta misión divina merecerá el nombre por

antonomasia de Siervo de Yahvé. Para ello le ha dotado de cualidades excepcionales de predicador.

Tendrá tal penetración su palabra en el auditorio, que será como espada (Heb 4:12; Ap

1:16). Este símil también insinúa el efecto doloroso de su palabra, en cuanto creará una situación

de angustia y de contradicción en los corazones de los oyentes, sobre todo en los que se opongan

a ella. Además, en la imagen del profeta parece contraponerse el modo de conquistar los corazones

por parte del Siervo de Yahvé, por la persuasión, la modestia y la palabra, y el de los conquistadores

orientales, por la espada y la violencia. El Siervo de Yahvé no tendrá otra espada que su

palabra insinuante e incisiva. Y sigue el símil militar: me ha guardado a la sombra de su mano

(v.2), e.d., como el guerrero acaricia la empuñadura de la espada y la protege para que no se la

arrebaten, así Dios protege y acaricia al Siervo de Yahvé, instrumento de su especialísima providencia

en un momento dado de su historia, convirtiéndole en aguda saeta. en su aljaba, dispuesta

a lanzarla para ganar los corazones de las gentes para su causa. A continuación explica, sin

metáforas, lo anterior: me ha dicho: Tú eres mi siervo (ν.3), e.d., el instrumento por el que Yahvé

será glorificado, aludiendo al resultado favorable de la misión de dicho Siervo, la cual, por otra

1852

parte, será ardua y llena de obstáculos. En 44:43 se dice que Yahvé será glorificado en Israel por

la liberación portentosa que Yahvé va a realizar en el pueblo elegido. En cambio, aquí Yahvé es

glorificado por la prodigiosa obra realizada por el misterioso Siervo objeto de sus complacencias.

El v.4 nos transporta ya a otra fase de la actividad del Sierro, pues ya ha cumplido en parte

su misión. Su obra ha sido tan ardua, que por un momento parece desfallecer. El fruto conseguido

en la conversión de Israel ha sido tan escaso que parece que su labor ha sido un fracaso: en

vano consumí mis fuerzas (v.4); pero reacciona inmediatamente ante el pensamiento de que su

causa está en manos de Yahvé. Ha cumplido la voluntad de éste, y, por tanto, al ser juzgado (mi

causa) recibirá la recompensa del mismo Yahvé 2.

La misión del Siervo de Yahvé (5-7).

5 Y ahora dice Yahvé, el que desde el seno materno me formó para siervo suyo, para

devolverle a Jacob, para congregarle a Israel 3, pues soy honrado a los ojos de Yahvé,

y mi Dios es mi fuerza. 6 Dijo: Ligera cosa es para mí que seas tú mi siervo, para

restablecer las tribus de Jacob y reconducir a los salvados de Israel. Yo te he puesto

para luz de las gentes, para llevar mi salvación hasta los confines de la tierra. 7 Así

dice Yahvé, el Redentor de Israel, su Santo, al menospreciado de alma, abominado

de las gentes, al esclavizado por los soberanos: Reyes verán y se levantarán, príncipes

se prosternarán a causa de Yahvé, que es fiel; el Santo de Israel, que te ha elegido.

La primera misión del Siervo de Yahvé es hacer retornar a Jacob-Israel a Yahvé, convirtiéndolo

(cf. Mt 15:24). Dios responde a la reflexión del Siervo (yo dije: Por demás he trabajado v.4) con

una nueva intimación (Y ahora dice Yahvé) : su misión no se limitará a devolver a Jacob, sino

que es de mucho más alcance: yo te he puesto para luz de las gentes (v.6). Para Dios, la restauración

de Israel es cosa ligera (v.6) en comparación con la otra de ser misionero de los gentiles.

Lejos de sentirse decepcionado por la obra realizada en su pueblo, considerándola infructuosa,

debe prepararse para otra obra de mayor envergadura, como es la de llevar la luz a las gentes.

hasta los confines de la tierra (v.6). Dios tiene unos planos salvíficos sobre todos los hombres

(llevar mi salvación hasta los confines de la tierra, v.6). Los salvados de Israel son los que se

han librado de las sucesivas pruebas a que Dios sometió al pueblo elegido, lo que en la literatura

profética aparece bajo la denominación de resto de Israel (cf. 10.20; Ez 6:12).

La misión del Siervo de Yahvé, cuando logre todo su fruto, será objeto de la admiración

de los reyes y príncipes, que se levantarán y se prosternarán (v.7), reconociendo su calidad de

enviado de Dios. Y todo esto será obra de Yahvé, que es fiel., que te ha elegido. Es la recompensa

(v.4) a toda su obra misionera4.

Liberación de los exilados (8-13).

8 Así habla Yahvé: Al tiempo de la gracia te escucharé, el día de la salvación vendré

en tu ayuda y te formaré y te pondré por alianza de mi pueblo, para restablecer al

país, para repartir las heredades devastadas. 9 Para decir a los presos: Salid, y a los

que moran en tinieblas: Venid a la luz. En todos los caminos serán apacentados 5 y

en todas las alturas peladas tendrán sus pastos. 10 No padecerán hambre ni sed, ni

les afligirá el viento solano ni el sol, porque los guiará el que de ellos se ha compadecido,

y los llevará a manantiales de agua. n Yo transformaré todos los montes en ca1853

minos, y se levantarán mis calzadas. 12 He aquí que vienen ellos de lejos, éstos del

septentrión y del mar, aquéllos de la tierra de Sinim. 13Exultad, cielos, y salta de gozo,

tierra; que los montes prorrumpan en júbilo, porque ha consolado Yahvé a su

pueblo, ha tenido compasión de sus afligidos.

Yahvé se muestra complaciente al tiempo de gracia (v.8), el día de la salvación del pueblo elegido

como fruto de la misión del Sierro de Yahvé. Este será la alianza de un pueblo (cf. 42:6),

e.d., el intermedio en las nuevas relaciones entre Dios e Israel, en la nueva teocracia que seguirá

al retorno del exilio, es decir, en la era mesiánica. La misión del Siervo de Yahvé aquí vuelve a

centrarse en torno a Israel: para restablecer al país (v.8) y repartir las heredades devastadas,

hacer una nueva redistribución de Tierra Santa después del exilio, como en otro tiempo al entrar

Israel en Canaán. Para ello, la labor primera es liberar a los presos (v.8), que están en las tinieblas,

e.d., cárceles tenebrosas. Después sigue la descripción ideal del retorno con las imágenes

conocidas de Israel volviendo bajo la protección de Dios. Hasta las alturas peladas (v.8) se cubrirán

de pastos como los caminos para que el rebaño de Israel no sufra hambre (v.10) ni sed,

pues Yahvé los llevará a manantiales de aguas (v.10), los dos grandes peligros para los que atraviesan

los desiertos. Tampoco el siroco, o viento solano, los atormentará. Incluso Dios les facilitará

el camino tortuoso (tornaré todos los montes en caminos, v.11). Dios establecerá rutas nuevas,

mis calzadas (v.11), para que la marcha se facilite en todo lo posible. La descripción es totalmente

ideal. En realidad, el retorno que conocemos por la historia fue bien penoso; pero ya

hemos indicado que los profetas suelen simplemente conocer el hecho futuro sin las circunstancias

concretas. Con su mente oriental idealizan las situaciones para despertar anhelos e ilusiones

en el pueblo.

Y el profeta asiste asombrado al espectáculo del retorno. Vienen de todas partes, no sólo

de Babilonia. La dispersión ha sido muy amplia, y ahora llega el momento de volver al hogar

patrio. Vienen del norte y del oeste (el mar, e.d., Mediterráneo, v.12) y de la tierra de Sinim6.

Son diversas las opiniones sobre la localización de esta región. Para unos sería la lejana China

(Sina: “Sinim”), opinión generalmente abandonada, pues esa región parece fuera del alcance de

los conocimientos geográficos de la época del autor. La opinión más generalizada es la que identifica

Sinim con Syene o Asuán actual, en el alto Egipto (cf. Ez 29:10). Algunos identifican Sinim

con Sin (Pelusium), en la frontera nordeste de Egipto, o con Fenicia (Gen 10:17: “Sin”)7.

Por fin, el profeta prorrumpe en una explosión lírica, semejante a la de 44:23, ante el

horizonte luminoso de la próxima liberación, ya que Yahvé se ha compadecido de sus afligidos

(v.13) israelitas, trayéndoles un mensaje de consolación.

Especial solicitad de Dios sobre Israel (14-19).

14 Sión decía: Yahvé me ha abandonado, y mi Señor se ha olvidado de mí. ¿Puede

acaso una mujer olvidarse de su mamoncillo, no compadecerse del hijo de sus entrañas?

15Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaría. 16 He aquí que te tengo grabada

sobre las palmas de las manos, y tus muros están siempre delante de mí. 17

Vienen aprisa tus reconstructores8, y tus aseladores y destructores se van de ti. 18

Levanta en torno tus ojos y mira, todos se reunieron para venir a ti. Por mi vida, dice

Yahvé, que te revestirás de ellos como de ornamento, y te ceñirás de ellos como

novia, 19 Porque tus ruinas y devastaciones y tu país asolado serán estrechos para los

moradores, y se alejarán los que te devoraban.

1854

El profeta se considera en la situación de Sión, deprimida por el espectáculo de la desolación,

pensando en que Yahvé la había abandonado (v.14), y se considera como una madre sin hijos, y

no-puede creer en las esperanzas gloriosas precedentes que le anuncia, el profeta. A esto contesta

el mismo Yahvé que no puede olvidar a Sión, pues le profesa un amor más fuerte que el

maternal, el amor más sincero y profundo: ¿puede una mujer olvidarse de su mamoncillo?

(v.14); y con acento enfático le dice confidencialmente que la tiene grabada en las palmas de sus

manos (v.16), aludiendo con ello a los tatuajes que los devotos se hacían en señal de consagración

a sus divinidades, por lo que se consideraban como propiedad de éstas (44:5). Yahvé lleva

en las palmas de sus manos grabado en el plano de la ciudad de Sión, de modo que pueda tenerla

siempre presente para no olvidarla; por eso sus muros están siempre delante de Él, como una

invitación constante a la reconstrucción. Y, en efecto, anuncia ya la llegada de la cuadrilla de reconstructores

(v.17), que no son otros que los mismos israelitas, que vienen a sustituir a los aseladores

y destructores, que debían salir definitivamente de la ciudad. Quizá se refiera a los caldeos,

que tenían aún sus destacamentos en la Ciudad Santa.

Y el profeta invita enfáticamente a Sión a que contemple el fascinador espectáculo de los

que vienen en masa: levanta en torno tus ojos. (v.18). Es una descripción similar a la de 60:4.

Dios jura (por mi vida.) que se cumplirán las promesas de repatriación de sus exilados, que constituirán

el ornamento de Sión. Antes ésta se consideraba como una madre sin hijos; ahora debe

exultar, pues se ve, como nueva desposada, rodeada de numerosos hijos (y te ceñirás de ellos

como novia), que constituirán su orgullo y alegría, como lo son para la novia sus aderezos nupciales.

El v. 19 está incompleto. El sentido parece ser la contraposición de la actual situación de

Sión, asolada, llena de ruinas (V.19), y su próxima restauración, pictórica de moradores; resultará

estrecha para alojar a todos los que vienen a sustituir a los que antes la devoraban.

Maravillosa fecundidad de Jerusalén (20-21).

20 Aún dirán a tus oídos los hijos de tu orfandad: El lugar es demasiado estrecho para

mí,hazme sitio para que habite en ella. 21 Y tú dirás en tu corazón: ¿Quién me ha

parido éstos? Yo no tenía hijos y era estéril. A éstos, ¿quién los ha criado? Yo había

quedado sola; ¿de dónde vienen éstos?

El profeta presenta a la madre admirada al ver tantos hijos, ella que se había considerado sola.

Los nuevos hijos, al verse en Jerusalén, se sentirán en un lugar demasiado angosto. Se les llama

hijos de tu orfandad (v.20) porque han nacido lejos, en un tiempo en que Sión se sentía sola, y

sin hijos. La época del destierro fue época de orfandad para Sión. Por eso ella se extraña de encontrar

nuevos hijos que no ha criado: ¿Quién me ha parido éstos? (v.21). Quizá con esta frase

se aluda a la antigua costumbre oriental de que las esclavas pudieran tener hijos del marido de la

verdadera esposa, considerándolos como nacidos de ésta para los derechos de herencia, como

Agar respecto de Sara, y las esclavas de Raquel y Lía (cf. Gen 16:15; 30:1s). En el código de

Hammurabi encontramos la misma costumbre. Los israelitas, pues, nacidos en el exilio, son considerados

por Sión como hijos suyos, aunque se maravilla de su procedencia: ¿de dónde vienen?

(v.21).

Los reyes de las naciones, al servicio de Israel (22.-23)

22 Así habla el Señor, Yahvé: He aquí que tenderé mi mano a las gentes y alzaré mi

bandera a las naciones, y traerán en el seno a tus hijos, y en hombros a tus hijas. 23

1855

Reyes serán tus ayos, y sus princesas tus nodrizas; postrados ante ti, rostro a tierra,

lamerán el polvo de tus pies. Y sabrás que yo soy Yahvé y que los que en mí confían

no serán confundidos.

Yahvé hace un gesto de mando a las naciones (tenderé mi mano a las gentes, v.22) para que dejen

volver a los israelitas, y levanta su bandera (cf. 5:26), señalando el punto de concentración

de los rescatados en Sión. Los gentiles obedecerán dócilmente a la indicación de Yahvé, llevando

a los exilados israelitas en el seno, como las madres llevan cuidadosamente a sus niños pequeños

(cf.Núm 11:12), y se ofrecerán a ser domésticos de los componentes del pueblo elegido (v.23),

dispuestos a lamer el polvo de sus pies (v.23). Sión será como una reina soberana, y sus hijos,

todos príncipes, superiores a los reyes de otros pueblos.

La omnipotencia de Yahvé, causa de la liberación de Israel (24-26).

24 ¿Se le quita al guerrero el botín? ¿Se le escapan al poderoso los cautivos?9

25Porque así habla Yahvé: Si aun al guerrero se le quitaran los cautivos, si el botín

del poderoso le fuera arrebatado10, con tus adversarios lucharé 11y salvaré a tus

hijos. 26Y a tus opresores haré comer su propia carne, y se embriagarán de su sangre

como de mosto, y reconocerá toda carne que yo soy Yahvé, tu salvador y tu redentor,

el Fuerte de Jacob.

La omnipotencia divina es la garantía de que se cumplirán las promesas de la liberación de Israel.

Dios tiene un poder sobrehumano, y lo que parece imposible a los hombres (¿se le quita al

guerrero su botín? v.24) es muy posible tratándose de Dios, que es capaz de vencer todos los

obstáculos. Los israelitas pensaban que sus opresores eran demasiado fuertes para que se les

obligara a dejarlos libres. Cómo es difícil quitar a un guerrero fornido (es el sentido de gibora del

original hebreo), así es muy difícil hacer que los poderosos babilonios suelten su presa (¿se le

escapan al poderoso los cautivos? v.24). Yahvé recoge la objeción con la misma imagen y le da

otro sesgo: Yahvé es en realidad el gran guerrero y poderoso, y no permitirá que le arranquen de

sus manos los enemigos de Israel (v.25). Yahvé sale fiador de la causa de los israelitas: con tus

adversarios lucharé (v.25); Para ello esta dispuesto a desencadenar la guerra civil entre los enemigos

y opresores de Israel: y a tus opresores haré comer su propia carne, v.26); la sangre correrá

a torrentes (se embriagarán de su sangre como de mosto) 12, en tal forma que todos (toda

carne) reconocerán que Yahvé ha realizado la salvación de su pueblo y ha sido su redentor o valedor

de sus derechos (su go'el en hebreo, con el sentido técnico de abogado) como Fuerte de

Jacob, expresión que ya hemos visto en 1:24 (cf. Gen 49:24).

1 El texto hebreo y griego añaden Israel, aunque falta en algunos manuscritos hebreos. En los v.5-6, este Siervo de Yahvé es diferente

de Israel. — 2 Cf. Mt 23:37s; Jn 17:1. — 3 En hebreo se dice “Israel no será reunido.” Es la usual confusión de la vocalización de

lo' (“no”) y id (“para él”). — 4 Algunos consideran el v.? como introducción a la sección siguiente, en la que se habla de Israel. —

5 Con los LXX añadimos iodos. — 6 Los LXX leen, “de la tierra de los persas,” y la Vg. “de térra australi.” — 7 Cf. Skinner, o.c.,

II 104. — 8 Así con LXX, Vg. y Targum. El hebreo tiene otra vocalización y lee “tus hijos.” — 9 Así siguiendo a la Vg. y a la

Peshitta. En hebreo, en vez de poderoso, dice “justo,” lo que no hace sentido. La corrección es generalmente admitida por los autores

modernos, Skinner, Condamin, etc. — 10 Otros traducen: “a un valiente puédesele arrancar los cautivos, y a un poderoso se

le puede escapar la presa” (Cantera, siguiendo a Dennefeld y a Skinner). — 11 Otros, como Duhm, traducen, haciendo un ligero

cambio de letras, “querella, tu causa,” en vez de tus adversarios del texto masorético actual. — 12 Esta imagen es corriente en la

literatura apocalíptica: Ez 38:21; Ag 2:22; Zac 14:13.

1856

50. Consolación de Sión. El Siervo de Yahvé.

Continuación lógica del tema del capítulo anterior: la confirmación de la promesa de la restauración

ofrecida a Sión. Los que sentían dudas sobre la realización de la misma no tienen en cuenta

que el amor de Yahvé para con su pueblo es más fuerte que el de una madre para con sus hijos.

La omnipotencia de Yahvé, prenda de salvación (1.-3)

1 Así dice Yahvé: ¿Dónde está el libelo de repudio de vuestra madre, por el cual la

he repudiado yo? ¿O cuál es aquel de mis acreedores a quien os haya vendido yo?

He aquí que por vuestros crímenes fuisteis vendidos, y por vuestros pecados fue repudiada

vuestra madre. 2 ¿Por qué, cuando yo venía, no hallaba a nadie, y, cuando

llamaba, nadie me respondía? ¿Habráse acortado mi mano para redimir o no tendré

ya fuerza para librar? He aquí que con mi amenaza seco el mar y torno en desierto

los ríos, hasta pudrirse sus peces por falta de agua y morir de sed sus vivientes.

3 Yo revisto los cielos de negrura y los cubro como de saco.

Los israelitas se consideraban como repudiados por Yahvé. Ya desde Oseas era tradicional el

símil del matrimonio para expresar las relaciones amorosas entre Dios e Israel. Pero la tragedia

del exilio ha demostrado que Yahvé los ha abandonado. De ahí el ambiente de decaimiento y de

desconfianza de los exilados en un próximo día de liberación. Pero Yahvé se encara con ellos y

les invita a que le presenten el libelo de repudio (v.1) que les haya podido entregar para justificar

esta situación de separación. Para repudiar una mujer, el marido tenía que escribir un libelo de

repudio, en el que expresaba su decisión, y la esposa quedaba libre para casarse de nuevo con

otro, si bien no podía volver al marido anterior (Dt 24:1 -4). Si no le había expedido el libelo,

podía tomarla de nuevo. Es el caso de Israel: ha sido echada de su hogar patrio, separándose así

de Yahvé, que tenía su templo en Jerusalén. Pero Yahvé, en su misericordia, no le dio el definitivo

libelo de repudio, y, por tanto, Israel podía volver a tener relaciones con Yahvé, reintegrándose

a su primera condición de desposada. Así, pues, Yahvé, al decir a Israel que le presente el libelo

de repudio, la invita a la reconciliación. Y pasa a otro símil jurídico, el de la venta de los

hijos. Un padre insolvente podía vender a un hijo suyo, quedando siempre con la posibilidad de

rescatarlo cuando tuviera medios de fortuna *. Yahvé, como omnipotente, no puede tener acreedores

(v.2); y si vendió a los israelitas, no fue por necesidad, sino como castigo (por vuestros

crímenes fuisteis vendidos, v.2), como Israel había sido repudiada por sus pecados (por vuestros

pecados fue repudiada vuestra madre, v.2). El exilio ha sido un traspaso temporal para castigarlos.

Pero, una vez expiada la culpa, ha llegado la hora de la reconciliación, y Yahvé se sorprende

de que el pueblo israelita no responda a sus llamadas. ¿Por qué, cuando yo venia, no hallaba a

nadie., y nadie me respondía? v.2). Los exilados se muestran escépticos respecto del poder de

Yahvé, como si se hubiera acortado su mano (v.2) y fuera impotente para liberarlos. En realidad,

pudiera hacer ahora algunos portentos que demostraran su omnipotencia: con mi amenaza seco el

mar y torno en desierto los ríos (v.2). Yahvé es quien hace que el horizonte se oscurezca, dando

al cielo un aire de duelo y de penitencia: los cubro de saco (v.3). Yahvé es Señor de todas las

fuerzas de la naturaleza.

El Siervo de Yahvé; su resignación (4-6).

4 El Señor, Yahvé, me ha dado lengua de discípulo 2 para saber sostener con pala1857

bras al cansado 3. Cada mañana despierta mis oídos para que oiga como discípulo; 5

el Señor, Yahvé, me ha abierto los oídos, y yo no me resisto, no me echo atrás. 6 He

dado mis espaldas a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban la

barba. Y no escondí mi rostro ante las injurias y los esputos.

De nuevo se describe otra fase de la misión del misterioso Sierro de Yahvé, que ya hemos encontrado

en 42:1-7 y 49:1-8. En este nuevo fragmento errático se ensalza sobre todo la docilidad y

mansedumbre del Siervo de Yahvé, juntamente con su perseverancia, a pesar de todos los malos

tratos que le acarrea su ardua misión de pregonar la ley de Dios en medio de su pueblo y entre las

gentes. En 52-13-53:14, esta obra culminará en los sufrimientos expiatorios y redentores en beneficio

de otros.

El Siervo se ha entregado de lleno a la obra que le ha encomendado el Señor, y por eso

repite dócilmente lo que se le ha revelado, pues Yahvé le ha dado una lengua de discípulo (v.4),

e.d., dócil, entrenada y experta para transmitir el mensaje que Dios le comunicara a su pueblo. Y

su labor en esta fase se va a concretar sobre todo en sostener con palabras al cansado, e.d., al

descorazonado y fatigado en la senda de la ley de Dios ante las dificultades y contrariedades de

la vida. La misión del Siervo, pues, es confortar al pusilánime, al débil, al que desconfía de las

promesas del Señor, a aquellos que en 42:3 llamaba “caña cascada y mecha humeante,” porque

todavía tienen un rescoldo de fe y de esperanza. La expresión me ha abierto los oídos (ν.6) en la

Biblia equivale a recibir una revelación (cf. 1 Sam 9:15), una comunicación profética. Cada mañana

despierta mis oídos (v.4) es una locución enfática para mostrar que la asistencia de Dios

con sus revelaciones es constante y reiterada, y, por otra parte, insinúa la docilidad del Siervo en

prestarse desde la mañana a continuar su ardua misión de adoctrinamiento: yo no me resisto

(ν.6), e.d., no elude el mandato que se le confía, sabiendo que las dificultades serán muchas y

grandes, como especifica a continuación: he dado mis espaldas a los que me herían (v.5). Sufrirá

toda clase de afrentas. La barba (ν.6) era símbolo de dignidad social, y por eso se consideraba

como la máxima humillación arrancarla. El Siervo no aparta su rostro ante las injurias y esputos

(ν.6), lo que literalmente se cumplió en la escena del pretorio de Pilatos con Jesucristo, de quien

ciertamente se habla en este poema4.

Confianza del Siervo en Yahvé (7-9).

7 Pero el Señor, Yahvé, me socorre, y por eso no fui confundido, por eso hice mi rostro

como de pedernal,sabiendo que no sería confundido. 8 Cerca está mi Justificador;

¿quién contenderá conmigo? Comparezcamos juntos; ¿quién es mi demandante?

5 Que se acerque a mí. 9 He aquí que el Señor, Yahvé, me asiste; ¿quién me condenará?

He aquí que todos ellos se gastarán como un vestido, la polilla los consumirá.

Por grave que sea la situación y grandes las dificultades y contradicciones, el Siervo se mantendrá

en su puesto, porque sabe que tiene al Señor a su lado. Es consciente de su misión divina, y,

por tanto, sabe que al fin ha de triunfar totalmente en su cometido y que nunca será confundido

(ν.7), ya que Dios no defrauda a sus fieles en sus promesas. Esta seguridad de tener al Señor a su

lado le ha dado una fortaleza extrema: hice mi rostro como de pedernal (ν.7); e.d., los malos tratos

e injurias nada podrán hacer en su temple curtido, como el duro pedernal (cf. Ez 3:9). Allí

está cerca su Justificador, e.d., el que le da la razón en todo, y tan seguro se siente, que emplaza

a sus litigantes ante el tribunal de Dios: Comparezcamos juntos (v.8).

1858

Está seguro de que, teniendo a Yahvé a su lado, nadie podrá dar un veredicto en contra:

¿quién me condenará? (V.9). Si Yahvé es su Justificador, que de antemano le da la razón, es inútil

todo juicio ulterior, porque sabe que saldrá triunfante. Los enemigos desaparecerán sin consistencia

alguna, como se gasta un vestido carcomido por la polilla (v.8) 6.

Israel debe confiar en Yahvé (10-11).

10 ¿Quién de vosotros terne a Yahvé, escucha la voz de su Siervo? 7El que ande en

tinieblas, privado de resplandor, que confíe en el nombre de Yahvé y se apoye en su

Dios. 11He aquí que todos vosotros encendéis fuego, encendéis saetas8; caminad a la

luz de vuestro fuego y entre las saetas que habéis encendido. Por mi mano os sucederá

esto, en tormento yaceréis.

El profeta exhorta a la confianza en Dios, transmitida por su Siervo. El v.10 puede entenderse

en sentido interrogativo, como hemos traducido, o en sentido llano, sin interrogación: “quien

tema a Yahvé, escuche la voz de su Siervo” 9. En todo caso, el sentido es el mismo. “Temer a

Dios” en el Antiguo Testamento equivale a cumplir puntualmente su ley con espíritu de piedad y

de entrega a Dios. Se invita a que se imite la confianza del Siervo de Yahvé en Dios: El que

ande en tinieblas, privado de resplandor, es decir, que no tiene esperanza, apesadumbrado por

las contrariedades (cf. 26:4; Hab 2:4).

Después el profeta se dirige a los impíos israelitas que se dedican a encender la discordia

entre sus compatriotas: nosotros encendéis fuego., saetas (v.11), aludiendo con estas últimas

probablemente a las calumnias, fuente de discordia. Yahvé hará que sean víctimas de sus mismas

maquinaciones y discordias: caminad a la luz de vuestro fuego y entre las saetas que habéis encendido

(ν. 11). Recibirán el castigo de Dios (por mi mano os sucederá esto, v.11), y de un modo

duradero: yaceréis en el tormento. Algunos ven aquí una alusión al tormento después de la muerte

en la gehenna, pero esta noción es posterior en la literatura bíblica (Is 66:24).

1 Cf. Ex 21:7; 2 Re 4:1; Neh ζ,ζ. — 2 Otros traducen: “lengua apta para enseñar” (Cantera). — 3 La palabra que traducimos por sostener

es de sentido incierto en hebreo; seguimos la versión de la Vg., que se adapta bien al contexto. — 4 Cf. Núm 12:14; Dt 25:9;

Mt 26:67; 27:30; 26:6-7. — 5 Literalmente, lo que traducimos por demandante, en hebreo es “señor de mi pleito.” — 6 Cf. 51:6;

Sal 102:27; Job 13:28. — 7 Muchos entienden esto sin interrogación. — 8 Otros traducen: “vosotros los que encendéis fuego..”

Así los LXX.

51. Consolación de Sión.

En una serie de pasajes líricos, el profeta consuela a Sión recordándole su dignidad y su próxima

liberación.

Yahvé, fiel a la promesa hecha a Abraham (1-3).

1 Oídme vosotros los que seguís la justicia, los que buscáis a Yahvé. Considerad la

roca de que habéis sido tallados y la cantera de que habéis sido sacados1. 2 Mirad a

Abraham, vuestro padre, y a Sara, que os dio a luz. Porque sólo a él le llamé yo, le

bendije y le multipliqué. 3 Porque Yahvé se apiadará de Sión, se compadecerá de todas

su ruinas, y tornará su desierto en vergel, y su estepa en paraíso de Yahvé, donde

habrá gozo y alegría, alabanza y rumor de cánticos.

1859

El profeta propone a los exilados descorazonados el ejemplo del gran antepasado de Israel para

que reconozcan su categoría entre las naciones. La bendición de Dios hizo que de Abraham, ya

decrépito, surgiera una gran nación; del mismo modo ahora el pueblo escogido, reducido a la miseria

y a la impotencia, puede recobrar su primitiva grandeza y aun superarla con la bendición de

Yahvé. El profeta se dirige a los que aún conservan alguna esperanza de salvación: Oídme los

que seguís la justicia (v.1); como en otros lugares, la palabra justicia aquí puede ser sinónimo de

“victoria,” “salvación.” Los que buscáis a Yahvé, esperando el cumplimiento de sus promesas y

la manifestación de su poder para liberar al pueblo elegido. Deben tener en cuenta su origen milagroso

y excepcional: la cantera de que habéis sido sacados (v.1); la simple bendición de Yahvé

sobre Abraham y Sara ha sido suficiente para crear un nuevo pueblo, en contra de todos los

cálculos humanos; del mismo modo ahora Yahvé se apiadará de Sión (ν.3), es decir, hará surgir

de su estado de postración una nueva generación victoriosa en Tierra Santa, donde la misma naturaleza

se transformará, convirtiéndose en un vergel y paraíso de Yahvé2. De nuevo encontramos

aquí las descripciones desbordadas de la imaginación oriental 3.

Luz y salud de las naciones (4-6).

4 Atended, pueblos, a mi voz 4; prestadme oído, naciones. Que de mí vendrá la doctrina,

y mi derecho para luz de los pueblos. 5Mi justicia se acerca, ya sale mi salvación,

y mi brazo hará justicia a los pueblos. A mí me esperarán las islas y en mi brazo

confiarán. 6 Alzad vuestros ojos al cielo y mirad abajo hacia la tierra. Porque se

disiparán los cielos como humo, y se consumirá como un vestido la tierra, y morirán

como las moscas sus habitantes5, pero mi salvación durará por la eternidad, y mi

justicia no tendrá fin.

La perspectiva se amplía, y ya no sólo el pueblo escogido participará de la salvación de Yahvé,

sino también todos los pueblos y naciones (v.4). Una nueva era va a empezar para todos los

pueblos como consecuencia de la difusión de la doctrina y del derecho de Yahvé. En 42:1, el

Siervo de Yahvé tiene como misión llevar la ley y derecho de Yahvé a todos los pueblos, e.d., sus

preceptos y disposiciones. Ahora la salvación está ya en camino (mi justicia se acerca, v.5), y

como preludio de ella será el juicio sobre los pueblos (mi brazo hará justicia a los pueblos).

Aquí quizá se refiera al castigo que Dios enviará a los pueblos opresores de Israel, Babilonia y

sus colaboradores, Moab, Amón, etc., por medio del conquistador Ciro. De nuevo encontramos

un vislumbre universalista como en 42:4: A mí me esperarán las islas (v.5), e.d., los países costeros

del Mediterráneo, símbolo de los pueblos gentiles, están anhelantes esperando la luz de los

pueblos (v.4). El poder de Yahvé (su brazo) será la base de su confianza.

Y esta salvación no será algo transeúnte, sino permanente, y sobrevivirá a los mismos

cielos y tierra. Todo es caduco en comparación con la obra que va a realizar Yahvé en favor de

su pueblo.

Caducidad de los tiranos y opresores (7-8).

7 Oídme vosotros los que conocéis justicia; tú, pueblo en cuyo corazón está mi ley.

No temáis las afrentas de los hombres, no os asusten sus ultrajes. 8Porque como a

una vestidura los comerá el gusano, como a lana los roerá la polilla. Pero mi justicia

durará por la eternidad, y mi salvación de generación en generación.

El profeta aplica en concreto el pensamiento expuesto anteriormente a los que oprimen y afren1860

tan al pueblo elegido, en cuyo corazón está la ley (ν.7). Yahvé había entregado a Israel sus leyes

y preceptos, que regulaban sus derechos para con su pueblo. Ahora, pues, el profeta presenta a

Israel como vinculado a este código impuesto por Yahvé: los que conocéis la justicia, e. d., estáis

en posesión de la regla de conducta que se debe seguir en las circunstancias concretas de la vida,

en contraposición a los gentiles, que no han recibido esta luz (v.4), Y ahora se dice a los que dentro

de ese pueblo siguen puntualmente ese conjunto de leyes externas, apropiándolas a su vida,

llevando la ley de Yahvé impresa en su corazón (ν.7), que no deben dejarse llevar de la pusilanimidad

ante las dificultades y afrentas que les acarrea el cumplimiento de la ley de Dios, ya que

son pasajeras.

Las antiguas hazañas de Yahvé (9-11).

9 Despierta, despierta, revístete de fortaleza, brazo de Yahvé. Despierta, como los

tiempos anteriores, en las generaciones antiguas. ¿No eres tú quien destrozaste a

Rahab y atravesaste al dragón? 10 ¿No eres tú quien secaste el mar, las aguas del

gran abismo, y tornaste las profundidades del mar en camino para que pasasen los

redimidos? 11 Volverán los rescatados de Yahvé y vendrán a Sión con júbilo, y una

alegría eterna sobre sus cabezas; se apoderará de ellos el gozo y la alegría, huirán

penas y gemidos.

La mención del brazo de Yahvé trae a la memoria del profeta las antiguas gestas del Éxodo, y

por eso invita líricamente a Yahvé para que renueve las antiguas proezas a favor de su pueblo

(v.8). Es una apelación a la omnipotencia divina para que haga gala de su fuerza en beneficio de

Israel. El profeta siente impaciencia por ver la manifestación del brazo de Dios. Suponiendo que

estas estrofas fueron compuestas poco antes de la liberación babilónica por Ciro, adquieren un

realismo sobrecogedor. Las ansias de los exilados estaban puestas en la invasión del nuevo conquistador

como única solución a su triste situación histórica. El profeta recuerda a Yahvé las maravillas

obradas al salir de Egipto los israelitas: Despierta como los tiempos anteriores,. ¿No eres

tú quien destrozaste a Rahab., al dragón? (v.8). Sin necesidad de acudir a concepciones mitológicas,

según las cuales Yahvé lucharía, como principio del orden, contra las fuerzas cósmicas del

caos en el momento de la creación 6, podemos explicar las palabras del profeta como aplicadas a

Egipto, según exigencias del contexto. En la literatura bíblica, muchas veces se llama a Egipto

Rahab 7, dragón o tannim 8. Yahvé, pues, ha desplegado todas sus fuerzas, destrozando a Egipto,

simbolizado en el monstruo marino llamado Rahab y dragón. En aquellas generaciones antiguas

(V.9), en los albores del pueblo elegido como nación, Yahvé obró maravillas, secando el mar

(v.10) y cambiando las profundidades del abismo en camino (v.10) para que pasaran a pie enjuto

los fugitivos israelitas, los redimidos. El recuerdo de estas gestas era el mejor antídoto para los

descorazonados exilados de Babilonia. El v.11 es considerado por muchos autores como glosa

tomada de 35:10. El anuncio de la repetición de las gestas del Éxodo habría sugerido a un redactor

posterior expresar la alegría de los rescatados de Yahvé (v.11) en la nueva teocracia de Sión.

Todo será júbilo y alegría, sin mezcla alguna de tristeza ni de lágrimas.

Omnipotencia de Yahvé (12-16).

12 Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para temer a un hombre mortal, a

un hijo de hombre, que perece como el heno, 13 olvidándote de Yahvé, tu Hacedor,

que desplegó los cielos y fundó la tierra, para estar temiendo continuamente todo el

día ante el furor del opresor cuando se dispone a destruirte? Y ¿dónde está la cólera

1861

del opresor? 14 Bien pronto será liberado el cautivo 9, y no morirá en la fosa, no le

faltará el pan. 15 Yo soy Yahvé, tu Dios, que levanto el mar, haciendo embravecer

sus olas, y cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos. 16 Yo pondré en tu boca mi palabra

y te esconderé a la sombra de mi mano, al desplegar los cielos y fundar la tierra

y al decir a Sión: Tú eres mi pueblo.

De nuevo, después de recordar las gestas de Yahvé en el pasado, el profeta quiere levantar los

ánimos de los pusilánimes exilados haciéndoles ver la omnipotencia de Yahvé, capaz de superar

a los mayores opresores, que no son más que heno (v.12) que perece. El olvidarse de Yahvé en

esta ocasión es una injuria a la omnipotencia del que desplegó los cielos (v.13). El sentir temor al

opresor, un hijo de hombre, que perece como el heno, es un insulto a Dios, creador omnipotente

de todo. La intervención omnipotente de Yahvé hará que pronto sea liberado el cautivo. para que

no muera en la fosa o prisión subterránea, o quizá para que no sea destinado a la fosa o sepulcro,

como muchas veces se la llama en la literatura bíblica 10.

El v.16 no es claro. El sentido más natural parece ser que Dios considera a Israel como un

instrumento en la implantación de la nueva era mesiánica entre los demás pueblos, dándole un

particular conocimiento de sus designios (pondré en tu boca mi palabra, v.16) y protegiéndole

de un modo especial (n.16), y como garantía de ello apela Yahvé a su omnipotencia en la creación,

al desplegar los cielos y fundar la tierra (v.16), y al acto de elección de Israel en la historia:

3; al decir a Sión: Tú eres mi pueblo. El recuerdo de la elección es la mejor garantía de la protección

futura de Israel 11.

Liberación de los exilados (17-20).

17 Despierta, despierta, levántate, Jerusalén, tú que has bebido de la mano de Yahvé

el cáliz de su ira, tú que has bebido hasta las heces el cáliz que aturde. 18 No hubo

nadie que la guiara de todos los hijos que ella parió. Ninguno la sostuvo con su mano

de cuantos hijos crió. 19 Vinieron a tu encuentro dos males, ¿quién se duele de ti?

Ruina y azote, hambre y espada, ¿quién se compadece de ti? 20Tus hijos yacen desfallecidos

en las encrucijadas de los caminos, como antílopes cazados a lazo, ebrios de

la ira de Yahvé, de los furores de tu Dios.

Este poema empieza como el de 40:2. La liberación está a la vista, y el profeta invita a Jerusalén

a salir de su letargo del destierro. El tono es elegiaco y de un patetismo muy vivido. Se presenta

a Jerusalén como una dama que está ebria del cáliz de la ira divina, tirada en tierra, sin fuerzas

para levantarse. El castigo de Yahvé ha tenido el efecto de un narcótico (el cáliz que aturde,

v.17), que ha dejado sin sentidos al que lo bebe. Israel ha apurado hasta las heces el cáliz de la

ira divina (ν.17). La imagen es corriente en la Biblia y se basa en la costumbre oriental de dar el

padre de familias al huésped, como signo de honor, una copa de vino. El exilio ha sido el cáliz

del sufrimiento que Yahvé ha propinado a la infiel Israel. Pero todo ha pasado. Con su castigo, la

ira divina ha quedado aplacada, y por eso el profeta invita a Jerusalén — capital de la antigua y

nueva teocracia — a levantarse de su letargo de años, de su postración: Despierta, levántate, Jerusalén

(v. 17). Nadie se ha ofrecido a guiar al pueblo elegido en estos momentos de aturdimiento.

Ninguno de sus hijos la ayudó a sostenerse en pie en medio de la catástrofe.

Dos clases de males cayeron sobre Jerusalén: para la ciudad, la devastación (ruina y azote),

y para sus habitantes, el hambre y la espada (V.19), y nadie se duele ni compadece de ella, lo

que agrava su situación de tragedia. Sus habitantes, desconcertados y desfallecidos, después de

1862

vagar de un lado a otro huyendo del enemigo, terminan por caer como antílopes cazados a lazo

en las encrucijadas de los caminos. El símil es expresivo y gráfico para describir e! miedo que se

apodera de los habitantes aterrados, y que están borrachos de la ira de Yahvé.

Castigo de Babilonia (21-23).

21 Por eso oye, pues, malaventurada, ebria, pero no de vino. 22 Así habla tu Señor,

Yahvé, tu Dios, que aboga por su pueblo: He aquí que tomaré de tu mano la copa

embriagadora, el cáliz de mi ira, y no lo beberás ya más. 23 Y lo pondré en la mano

de los opresores, que te decían: Encórvate para que pasemos por encima, poniendo

como suelo tu dorso, como camino para los que pasan.

Puesto que ha pasado la hora de la ira divina y de la manifestación de su justicia, de forma que

Israel está ya purificado de sus pecados, Yahvé lo va a rehabilitar. Jerusalén ha apurado el cáliz

hasta las heces: Por eso oye…, ebria, pero no de vino (v.21). El título de ebria no es irónico, sino

de conmiseración para la malaventurada Jerusalén, reducida a este triste estado por sus pecados.

En realidad, Yahvé aboga por su pueblo (v.22), aun castigándolo, pues no busca sino purificarlo

de sus máculas y pecados. Una vez expiada la culpa, Yahvé sale en defensa de su pueblo contra

sus opresores, que se han excedido en su cometido de instrumentos de la justicia divina. Por eso

va a traspasar la copa embriagadora de su ira, de la mano de Israel, a la mano de los opresores

(v.23), que antes la pisoteaban diciendo sarcásticamente: Encórvate para que pasemos encima,

poniendo como suelo tu dorso, según la costumbre oriental entre los vencedores de pasar con su

caballo sobre los vencidos (cf. Jos 10:24; Sal 110:1). Así, pues, la imagen del profeta es sumamente

expresiva y está en contraste con la invitación hecha a Jerusalén en el ν.ιη: Levántate, Jerusalén.;

palabras con las que se inicia el siguiente capítulo.

1 Lit. “la cavidad y fosa de donde fuisteis extraídos.” — 2 Cf. Gen 2:8; 13:10; Ez 28:13, etc. Es interesante ver cómo aquí en el original

hebreo aparecen las dos palabras edén y gan para designar paraíso. — 3 Cf. Jer 30:10; 31:11. — 4 En hebreo literalmente se

lee: “atended a mi pueblo mío,” mi nación. El texto original está oscuro. Algunos traducen: “Súbitamente hago aproximarse mi

justicia, mi salvación” (Cantera). — 5 El texto hebreo lee: “Morirán así sus habitantes.” Nuestra traducción se basa en la, reconstrucción,

que cambia Ken en Kennim (Duhm, Condamin). — 6 Los mitólogos fundan esta teoría en la identificación del Tiamat

babilónico con e) tekom del hebreo (Gen 1:2). — 7 Is 30,7; Sal 87:4. — 8 Is 27:1.13; Ez 29:3; 32:2; Sal 74:13. — 9 Lit. “encorvado”

(por las cadenas). — 10 Cf. Sal 16:10. — 11 Algunos autores creen que se alude a la colaboración de Israel en la creación de

los cielos y tierra nuevos en la época mesiánica. Otros prefieren considerar este versículo como un fragmento errático que pertenecía

primitivamente al libro del Siervo de Yahvé, que sería aquí el instrumento de la nueva creación moral de la humanidad.

52. Próximo retorno de la Cautividad. El Siervo de Yahvé.

Dos oráculos: a) Jerusalén restablecida (1-6); b) retorno triunfal de Yahvé a Sión (7-12). Y, por

fin, la introducción al cántico sobre el Siervo de Yahvé (13-15).

Purificación y glorificación de Jerusalén (1-6).

1 Levántate, levántate, revístete de tu fortaleza, ¡oh Sión! i viste tus bellas vestiduras,

Jerusalén, ciudad santa, que ya no volverá a entrar en ti incircunciso ni inmundo.

2Sacúdete el polvo, levántate, Jerusalén cautiva1; desata las ligaduras de tu cuello,

¡cautiva hija de Sión! 3 Porque así dice Yahvé: De balde fuisteis vendidos y sin precio

seréis rescatados. 4 Pues así habla el Señor, Yahvé: A Egipto bajó mi pueblo en

otro tiempo para habitar allí como peregrino, y Asur lo oprimió sin razón. 5 Y ahora

¿qué hago yo aquí, dice Yahvé, puesto que ha sido tomado gratis mi pueblo? Sus

1863

dominadores aullan, y continuamente, dice Yahvé, es blasfemado mi nombre. 6 Por

eso mi pueblo conocerá mi nombre el día que yo diga: Heme aquí.

Yahvé acaba de anunciar que retirará el cáliz de su cólera de las manos de Jerusalén, y por eso el

profeta, exultante, la invita a revestirse de los atuendos de gran señora, como esposa de Yahvé

(v.1). Jerusalén, en virtud de la copa embriagadora de la ira divina, había quedado vacilante, sin

fuerza y sin esplendor externo que la dignificase. Pero todo esto ha pasado ya, y es hora de que

vuelva a su antigua prestancia, como pueblo elegido de Dios entre todos los otros. Es la ciudad

de las promesas. Las bellas vestiduras están en contraposición con lo que se dice de Babilonia la

opresora, la cual se ve obligada a hacer oficios de esclava. Jerusalén se verá libre del incircunciso

y el inmundo, e.d., los paganos, profanadores de sus atrios sagrados 2. Nadie con intenciones

hostiles formará parte de la gloriosa teocracia mesiánica. Se la invita enfáticamente a dejar todo

lo que la una a la tierra que la tiene cautiva: Sacúdete el polvo (v.2). Va a quedar libre totalmente,

y por eso debe desatar las ligaduras que sujetaban su cuello de prisionera.

Jerusalén no ha sido vendida por precio, sino de balde (v.3); es decir, ha sido transferida

temporalmente, de modo que Yahvé conservaba sus derechos para reclamarla de nuevo; por eso

sin precio será rescatada. En realidad, lo que mueve a Yahvé a rescatar a Israel es el celo de su

nombre. Las calamidades que han caído sobre Israel comprometen el honor de su Dios nacional.

Yahvé finge un coloquio consigo mismo para justificar su liberación de Babilonia: en otro tiempo,

Israel había estado oprimido sin razón (v.4) por Asiría, ya que ésta no tenía derechos sobre

él. Ahora la situación es semejante, y por eso se pregunta: Ahora, ¿qué hago yo, puesto que ha

sido tomado mi pueblo gratis? (v.5). Si antes intervino en favor de su pueblo, con más razón

ahora, en que su opresión alcanza límites desmedidos. Sus dominadores aullan, e.d., se muestran

insolentes con su triunfo y agobian al pueblo israelita cautivo 3. Y, sobre todo, está ya comprometido

el honor del nombre de Yahvé, ya que los opresores le consideran impotente para salvar a

su pueblo: es blasfemado mi nombre (v.5). Pero pronto conocerán quién es Yahvé, cuando se

presente en su pleno poderío protegiendo y asistiendo a Israel, el cual conocerá mi nombre el día

que yo diga: Heme aquí4.

La buena nueva: canto de liberación (7-10).

7¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que

trae la buena nueva, que pregona la salvación, diciendo a Sión: Reina tu Dios!

8Escucha Tus atalayadores alzan la voz, y todos a una cantan jubilosos, porque ven

con sus ojos 5el retorno de Yahvé a Sión. 9Exultad jubilosamente a una, ruinas de

Jerusalén, porque se ha apiadado Yahvé de su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.

10Yahvé ha desnudado su santo brazo a los ojos de todos los pueblos, y verán todos

los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.

El retorno del exilio es inminente, y el profeta describe gozoso al mensajero que avanza por los

montes como precursor de la buena nueva de la liberación del exilio, al mismo tiempo que anuncia

la paz y la inauguración de un nuevo reinado de Yahvé sobre su pueblo: Reina tu Dios (v.7),

fórmula calcada sobre las de la antigua proclamación de un rey en Sión 6. Surge una nueva teocracia,

en la que Dios será realmente el rey de su pueblo, como Señor de sus corazones. Los centinelas

de Jerusalén son los primeros en apercibirse de la llegada del mensajero con las buenas

nuevas: ¡Escucha! Tus atalayadores alzan la voz., porque ven el retorno de Yahvé a Sión (v.8).

De nuevo Yahvé se ha manifestado en su omnipotencia ante los pueblos gentiles al liberar a su

1864

pueblo: Yahvé ha desnudado su santo brazo (v.10) como un guerrero que se arremanga para herir

con más facilidad a sus enemigos.

Invitación a salir de Babilonia (11-12).

11 Retiraos, retiraos, salid de allí, no toquéis nada inmundo. Salid de en medio de

ella, purificaos los que lleváis los utensilios de Yahvé. 12 Pero no salgáis a la desbandada,

no partáis como fugitivos, porque va Yahvé a vuestro frente, y vuestra retaguardia

es el Dios de Israel.

Ha llegado el momento del retorno triunfal a Sión(cf. 40,1 o), y el profeta se sitúa mentalmente

en Jerusalén, invitándoles a emprender la marcha: Salid de allí, e.d., de Babilonia. Como han de

formar parte del cortejo de Yahvé, deben guardar todas las prescripciones de pureza legal que se

exigían para una procesión religiosa (cf. Lev nss): no toquéis nada inmundo (v.11). Purificaos:

alusión a las abluciones rituales (cf. 1 Sam 21:55). Se va a repetir el éxodo por el desierto, y,

como entonces, los sacerdotes (los que lleváis los utensilios de Yahvé, v.11) deben constituir el

centro del cortejo, llevando los objetos del culto. Quizá se aluda a los vasos sagrados llevados

por Nabucodonosor, los cuales debían retornar a Jerusalén, o sencillamente el profeta concibe el

futuro éxodo según el módulo del de Egipto, en el que los sacerdotes y levitas llevaban los utensilios

del tabernáculo. Pero la futura peregrinación por el desierto tendrá una protección de Yahvé

más íntima, y por eso no deben, como entonces, salir a la desbandada (v.12). No será un retorno

en plan de fugitivos, sino de invitados a un viaje triunfal bajo la protección de Yahvé, que

aquí es presentado como ocupando el frente y la retaguardia, abriendo y cerrando la marcha para

evitar toda posible sorpresa. En 40:11 se describía el retorno de los israelitas por el desierto como

un rebaño con su pastor al frente. Los israelitas, al salir de Egipto, tuvieron que salir por sorpresa,

como fugitivos (Ex 12:39; Dt 16:3; Ex 13:21; 14:19); ahora, en cambio, la perspectiva es

mucho más halagüeña, ya que Yahvé conducirá personalmente a su pueblo.

El Siervo de Yahvé, desfigurado (13-15).

13 He aquí que mi Siervo prosperará, será elevado, ensalzado y puesto muy alto. 14

Como de él se pasmaron muchos, tan desfigurado estaba su aspecto, 8 que no parecía

ser de hombre, 15así se admirarán muchos pueblos 9, y los reyes cerrarán ante él

su boca, porque vieron lo que no se les había contado y comprendieron lo que no

habían oído.

De nuevo un fragmento sobre el Siervo de Yahvé, que constituirá como el preludio del cuarto

cántico, donde culmina la misión del misterioso personaje del que se ha hablado en otras ocasiones.

En estos primeros versículos se adelanta el tema general del cántico, es decir, la contraposición

del estado de humillación actual del Siervo y su futura glorificación. Así, pues, se enuncia

simplemente el hecho, sin entrar en detalles.

De un modo enfático se destaca la futura glorificación del Siervo: prosperara, será

elevado. (v.13); la acumulación de verbos para significar lo mismo expresa la certeza de la futura

glorificación, a pesar de una primera etapa de humillación. Asentada esta afirmación sobre el

triunfo definitivo, el profeta destaca el estado de humillación que precederá a su glorificación:

estará tan desfigurado su rostro por las afrentas, que será objeto de admiración por parte

de muchos (v.14), ya que no parecía ser de hombre. Pero al punto da la otra situación, causa

también de admiración y estupor, es decir, la futura glorificación del Siervo, de la que se admi1865

raran muchos pueblos, y ni siquiera los reyes se atreverán a proferir palabra (cerraran ante él su

boca, v.15), pasmados ante el espectáculo de algo jamás oído: vieron lo que no se les había contado

(v.15). Será tal la grandeza moral mostrada por el Siervo y tan grandes los frutos de su

humillación, que muchos pueblos sentirán una profunda admiración por él.

1 El TM dice lit. “siéntate, Jerusalén.” Con un ligero cambio de letras tenemos “Jerusalén cautiva.” — 2 Cf. Is 49:17; Nah 1:15; Zac

9,8; Jl 3:1?· — 3 Algunos autores entienden que estos dominadores son los reyes de Judá, Sedecías y Jeconías, llevados en cautividad,

que habían descarriado a su pueblo. Pero parece que el contexto favorece la interpretación que ve en ellos a los babilonios.

— 4 Otros traducen: “En este día sabrá (mi pueblo) quién es el que dice: He aquí,” aludiendo a las profecías. Así Gondamin. — 5

Lit. en hebreo “ojo a ojo.” — 6 Cf. 2 Sam 15:10; 2 Re 9:13. — 8 El texto original es oscuro; por eso las traducciones son diversas:

“Cuántos se horrorizarán ante él, pues desfiguración sin parecido humano ofrece su aspecto, y su figura no es como la de los hijos

de los hombres” (Cantera). Dennefeld: “Lo mismo que muchos han sentido estupor a propósito de él, de tal modo su rostro no era

de hombre y su aspecto no tenía así de humano.” En el TM se dice “de ti” en vez de él; pero corregimos siguiendo el Targum por

exigencias del contexto. — 9 Así según los LXX. La Vg.: “Iste asperget gentes multas,” dando al verbo nazah el sentido que tiene

en Lev 4:6; Núm 19:18.

53. Poema del siervo de Yahvé.

El Siervo de Yahvé, varón de dolores (1-3).

1¿Quién creerá lo que hemos oído?l ¿A quién fue revelado el brazo de Yahvé? 2Sube

ante él como un retoño, como raíz de tierra árida. No hay en él parecer, no hay

hermosura para que le miremos, ni apariencia para que en él nos complazcamos.

3Despreciado y abandonado de los hombres, varón de dolores y familiarizado con el

sufrimiento, y como uno ante el cual se oculta el rostro, menospreciado sin que le

tengamos en cuenta.

Una vez asentadas en líneas generales las dos fases de la misión del Siervo, su humillación y glorificación,

el profeta desciende a los detalles, preocupado del efecto de sus palabras por la

grandeza de la revelación en ellas expresada. Es tan inaudito lo que va a decir, que se pregunta

a sí mismo: ¿Quién creerá lo que hemos oído? (v.1). Como veremos, la idea central de esta revelación

es la muerte vicaria del Siervo, que triunfa con sus sufrimientos después de desaparecer de

este mundo. En los cánticos anteriores se le presentaba como Profeta o Maestro ideal, predicando

un llamamiento a todos los pueblos para que se conviertan a Dios. Ahora, en cambio, la

perspectiva cambia, pues el Siervo triunfa no por su palabra, sino exclusivamente por sus sufrimientos.

Esto es lo inaudito que el profeta va a presentar, y teme no se le crea. Sólo los iniciados

en los designios de Dios serán capaces de captar el contenido de esta revelación excepcional. El

Siervo va a ser presentado como víctima expiatoria por su pueblo, y esto es lo verdaderamente

nuevo en esta nueva revelación. Ese carácter de los sufrimientos en satisfacción por los demás es

totalmente desconocido en el Antiguo Testamento fuera de estos pasajes; y más sorprendente aún

es que el Siervo será glorificado en virtud de estos sufrimientos por los demás.

Se discute sobre quién es el que habla en este v.1; generalmente se suele decir que es o

bien el profeta o un grupo de iniciados en el misterio del Siervo de Yahvé 2. Nadie conoce, fuera

de éstos o del profeta, este misterio: ¿A quién fue revelado el brazo de Yahvé? e.d., ¿quién conoce

la manifestación de la Providencia divina en este caso histórico? La expresión brazo de Yahvé

alude aquí no tanto a la fuerza de Dios cuanto a su manifestación en el curso de la historia (cf.

51:9; 52:10). El brazo de Yahvé es el que ha hecho surgir al Siervo para cumplir esta misión excepcional

e inaudita.

La aparición del Siervo es tan modesta, que apenas es percibida por nadie. No tiene nada

1866

de llamativo ni atractivo, como una raíz de tierra árida (v.2), que no se hace notar por su profundidad,

como una hierba modesta y gris del desierto, sin los colores vivos de una flor que nace

en un vergel frondoso. Parece aquí aludir a la cuna humilde del Siervo. La vida de Cristo se desarrolló

así, humildemente, en un taller de Nazaret. Es el mejor comentario al texto del profeta.

Sube ante él como un retoño: sus principios discurrieron bajo la protección de Yahvé. Quizá en

la palabra retoño haya una alusión a Is 11:11 y a Am 9:11, donde la casa de David es presentada

como una “cabaña que cayó.” Jeremías utilizó también esta palabra al hablar del Mesías: “germen

iustitiae, germen iustum” (Jer 23:33). La apariencia de ese retoño, de esa raíz de tierra árida,

es tan modesta, que nada tiene que atraiga la curiosidad y las miradas: no hay en él parecer,

ni apariencia para que en él nos complazcamos (v.2).

Y el profeta avanza en la descripción de esa falta de hermosura y de apariencia en el

Siervo. Su aspecto es tan poco atractivo, que es despreciado y abandonado de los hombres (v.3).

Parece la verdadera encarnación de la desventura y del sufrimiento: varón de dolores; e.d., todas

las desventuras y desgracias se han cebado en él, en tal forma que estaba plenamente familiarizado

con el sufrimiento. Su situación es semejante a la del leproso, ante el cual se oculta el rostro,

de repugnancia por un lado y de conmiseración por otro, al considerarlo como castigado de

Dios 3.

Valor expiatorio de los sufrimientos del Siervo de Yahvé (4-6).

4 Pero fue él ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros

dolores, mientras que nosotros le tuvimos por castigado, herido por Dios y abatido. 5

Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados. El castigo

de nuestra paz fue sobre él4, y en sus llagas hemos sido curados, 6 Todos nosotros

andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino, y Yahvé cargó sobre

él la iniquidad de todos nosotros.

En realidad, esa estimación respecto de la apariencia poco atractiva del Siervo era muy superficial,

ya que es preciso saber por qué se hallaba en tal estado. Nadie se preocupaba de él (sin que

le tuviésemos en cuenta, v.4), y sobre todo era una injusticia creer que su situación obedecía a un

castigo de Dios por sus transgresiones. La realidad es muy distinta, y el profeta va a dar un sentido

profundo a los inauditos y misteriosos sufrimientos del Siervo. Si ha sido convertido en un

varón de dolores, es porque él cargo con nuestros pecados (ν.6), sin que se comprendiera su

verdadera situación, ya que era considerado como castigado y herido por Dios. En la mentalidad

del Antiguo Testamento, las enfermedades y contrariedades de la vida eran consideradas comúnmente

como castigo de pecados ocultos o públicos. En el libro de Job se critica duramente

esta opinión, demasiado simplista. En tiempo de nuestro Señor, los apóstoles también participaban

de esta creencia, cuando le preguntaron la razón de la ceguera del ciego de nacimiento 5. La

situación del Siervo es muy distinta, ya que, si sufre, es por nuestras iniquidades (ν.6). Con ello

ha conseguido para nosotros la paz (el castigo de nuestra paz fue sobre él, ν.6), en cuanto que ha

obrado la reconciliación de nosotros con Dios al aplacar su justicia con sus sufrimientos: en sus

llagas hemos sido curados, (v.6). Nos encontramos, pues, aquí con la noción teológica de la satisfacción

vicaria, pues nuestra reconciliación con Dios es presentada como fruto de los sufrimientos

del Siervo, ya que éstos han tenido un verdadero efecto curativo sobre nosotros.

El Siervo de Yahvé, muerto por nuestros pecados. (7-9)

7 Maltratado, mas él se sometió, no abrió la boca, como cordero llevado al matadero,

1867

como oveja muda ante los trasquiladores. 8 Fue arrebatado por un juicio inicuo 6,

sin que nadie defendiera su causa7, pues fue arrancado de la tierra de los vivientes y

herido de muerte por el crimen de su pueblo8. 9 Dispuesta estaba entre los impíos su

sepultura, y fue en la muerte igualado a los malhechores 9, a pesar de no haber cometido

maldad ni haber mentira en su boca.

El Siervo se sometió a la voluntad de Dios sin protestar ni expresar queja alguna: no abrió la boca

(ν.7), mostrándose manso como el cordero llevado al matadero o ante el esquilador sin moverse.

Sin duda que este símil dio origen a la aplicación, en el Nuevo Testamento, de “Cordero

de Dios” a Jesús, sometido a los ludibrios de su pasión sin protestar. Cristo, en realidad, será el

Cordero de la nueva Pascua, ofrecido en sustitución del antiguo, como alianza perpetua en la

nueva economía de la redención.

La interpretación del v.8 depende de la traducción adoptada. La nuestra es clara, y parece

hacer paralelismo con la frase siguiente, e.d., el Siervo fue injustamente condenado a muerte, sin

que nadie se preocupara de defender su causa judicial. La versión de la Vg.: “generationem eius

quis enarrabit,” ha dado lugar a que los teólogos antiguos vieran aquí una alusión a la generación

eterna del Mesías o Verbo. Pero hay que hacer notar que la palabra dor, que en el original

hebreo equivale a generación, no tiene el sentido de procedencia u origen en la Biblia. Por otra

parte, ese sentido aquí parece fuera de contexto. El ligero cambio que hemos propuesto siguiendo

a Lagrange (débaró en vez de dor, la escritura hebraica es sumamente parecida) da un sentido

perfectamente en consonancia con el contexto 10.

Para mayor escarnio, la sepultura del Siervo fue entre los impíos y malhechores (v.8). El

ser privado de la sepultura familiar se consideraba como un gran castigo para el difunto. Los que

siguen la lectura de la Vg.: et divitem pro morte eius (TM: “y con el rico en sus muertos”), ven

aquí el cumplimiento literal del enterramiento de Jesús en el sepulcro del rico José de Arimatea

u. Cristo, al morir entre los malhechores, cumplió literalmente la profecía. No obstante, no debemos

aferramos a detalles en estas frases, ya que con todo esto el profeta no busca sino destacar el

aspecto humillante y deshonroso de la muerte del Siervo de Yahvé. En vida fue despreciado y en

muerte siguió, a los ojos de los hombres, la misma suerte, y sólo después se había de reconocer

su obra prodigiosa y el misterio de su misión.

El Siervo obtiene con su muerte un botín de muchedumbres (10-12).

10 Quiso Yahvé quebrantarle con padecimientos. Ofreciendo su vida en sacrificio

por el pecado, verá descendencia que prolongará sus días, y el deseo de Yahvé prosperará

en sus manos. 11Por la fatiga de su alma verá y se saciará de su conocimiento12.

El Justo, mi Siervo, justificará a muchos y cargará con las iniquidades de ellos.

12Por eso yo le daré por parte suya muchedumbres, y dividirá la presa con los poderosos

por haberse entregado a la muerte y haber sido contado entre los pecadores,

llevando sobre sí los pecados de muchos e intercediendo por los pecadores.

Todos sus sufrimientos no son sino expresión de la voluntad de Dios, pues le había escogido

para expiar los pecados de muchos y en orden a su reconciliación con Dios. Por el hecho de

haber ofrecido su vida en sacrificio por el pecado (v.10), Dios le bendecirá y le otorgará una

descendencia numerosa, que prolongara sus días, la de los justificados o reconciliados con Dios,

y así los designios de Dios se cumplirán (el deseo de Yahvé prosperara en sus mano:, v.10) por

su intervención; el deseo o designio de Yahvé es el plan de nuestra salvación, la justificación

1868

y reconciliación de los hombres con Dios.

El sentido del v.11 es sumamente discutido, pues depende de la traducción que se adopte

13. En el supuesto de que nuestra traducción sea la verdadera, el sentido será que, gracias a las

tribulaciones sufridas, el Siervo vera el fruto de ellas, es decir, las muchedumbres (v.12), que serán

el botín de su pasión, conquistadas para Dios, y se saciará de su conocimiento (v.11), e.d.,

sentirá una profunda satisfacción al conocer el fruto de sus humillaciones y sufrimientos. En el

supuesto de la exégesis católica de que se trata aquí del Mesías Jesús, muerto y glorificado, la

explicación es sencilla, ya que Cristo, al entrar en el cielo victorioso, aparece aureolado, según el

Apocalipsis, del trofeo de su victoria, los redimidos del pecado, los ciudadanos de la nueva Jerusalén,

la Iglesia triunfante. Porque el Justo, mi Siervo, justificará a muchos (v.11), reconciliándolos

con Dios por haber cargado con las iniquidades de ellos. Los sufrimientos del Siervo han

aplacado la ira divina, y su fruto será un ejército innumerable de rescatados: por eso yo le daré

por parte suya muchedumbres 14. Su botín será tan grande que dividirá la presa con los poderosos

(v.12); expresión proverbial para indicar una gran victoria (cf. Prov 16:19). Y todo esto después

de haber sido entregado a la muerte, figurando como malhechor, para expiar por los pecadores.

San Pablo nos dirá que Cristo se hizo “pecado” para expiar por nuestros pecados 15. Es el

mejor comentario a la frase del poema del Siervo de Yahvé. Los Santos Padres han considerado

todo este cántico como un quinto evangelio, ya que encuentra su pleno paralelo y cumplimiento

en los relatos de la pasión de Jesucristo.

Los Cánticos del Siervo De Yahvé.

Para la exégesis cristiana estos cuatro fragmentos 16, que giran en torno a un misterioso personaje

llamado Siervo de Yahvé, constituyen la culminación de la revelación mesiánica en el Antiguo

Testamento. Ninguna otra profecía lleva el sello de lo divino y de lo paradójico como estas

del Siervo de Yahvé. En la literatura profética y salmódica es corriente presentar al Mesías

como dominador material, omnipotente, al modo de los antiguos conquistadores orientales entronizado

y tratando a sus subditos como el alfarero a sus orzas. En las profecías suele haber, al

lado de una concepción moral grandiosa al anunciar un Rey que implanta un reinado de justicia y

de equidad, un ropaje literario nacionalista, que es, sin duda, un tributo a la mentalidad viejotestamentaria

del ambiente histórico. En cambio, en estos cánticos sobre el Siervo de Yahvé nos encontramos

un horizonte totalmente nuevo e inesperado, ya que el futuro Mesías se presenta con

los caracteres de modestia, humildad, mansedumbre, y con un porte que suscita el desprecio en

los que le contemplan, y, sobre todo, triunfa por la muerte después de haber cumplido una misión

de predicación a todas las gentes y a su pueblo en particular. Es más, sus sufrimientos y

muerte misma tienen un carácter expiatorio, de satisfacción vicaria por los demás, concepto

que es una verdadera isla en el Antiguo Testamento. Varias son las cuestiones que se plantean en

torno a estos fragmentos de orden literario, histórico e interpretativo.

1. El Nombre de “Siervo de Yahvé.”

Este nombre tiene un sentido amplio en el Antiguo Testamento, de tal forma que muchas

veces equivale simplemente al de adorador de Yahvé, pero generalmente se aplica a determinadas

personas o colectividades que han estado vinculadas de un modo particular con Yahvé. Así,

se da este nombre a los patriarcas 17, a los profetas 18, a los reyes 19, a la colectividad nacional de

Israel 20 y, sobre todo, al Mesías 21. En nuestros cánticos tiene un sentido específico de instru1869

mento de los designios de Dios en orden a una misión muy concreta, como es la de realizar

la reconciliación de los sers humanos con Dios.

2. Unidad literaria de los cánticos sobre el “Siervo. de Yahvé.”

Desde el punto de vista de la unidad literaria se plantean dos cuestiones: a) Los cánticos, ¿tratan

del mismo sujeto o personaje? b) ¿Es el mismo el autor de los cuatro cánticos?

a) Unidad de sujeto sobre el que versan. — Respecto de los dos primeros cánticos, comúnmente

se afirma la unidad; e.d., en ambos se trata del mismo personaje, pues en ambos: 1)

aparece como elegido de Dios y profeta 22; 2) y su misión es anunciar la ley divina en toda la

tierra, llevando la salvación hasta los extremos del mundo 23.

En cuanto al cántico tercero ya no existe la misma unanimidad entre los comentaristas,

pues se asignan al Siervo ciertas cualidades y facetas que no han aparecido en los dos cánticos

anteriores. Así, aparece aquí el Siervo golpeado, afligido24, sin que se diga nada de su misión

universal. Por otra parte, el Sierro aparece dotado de vigor o fortaleza 25, mientras en los dos

primeros se destacaba su mansedumbre 26. Pero a todo esto podemos decir que no son desemejanzas

tan fuertes como para suponer que se trate de dos personajes distintos. En realidad, el tema

parece que se va desarrollando gradualmente, y, conforme avanza, se van presentando nuevas

facetas en la misión y persona del misterioso Siervo de Yahvé.

Por otra parte, existen claras semejanzas entre este tercer cántico y los dos anteriores. En

los tres es un Siervo anónimo, profeta 27, con la misión de consolar y excitar la confianza en

Dios 28.

Respecto del cuarto cántico encontramos también ciertas diferencias en comparación con

los otros tres anteriores; así, no se dice nada en este cántico de su misión universal de predicar a

todos los pueblos, sino que sólo se habla de su pasión por los pecados de los otros, siendo él inocente.

Además, en los tres primeros cánticos, el Siervo despliega una actividad con fortaleza,

venciendo todas las dificultades, mientras que aquí, en el cuarto, aparece humilde, despreciado,

condenado a muerte. Pero en todo esto no hay contradicción, sino más bien complemento en el

mismo tema que paulatinamente se va desarrollando. Así, en el cuarto cántico culmina su obra, y

ya no es hora de predicar ni de mostrar su fortaleza con la palabra, sino con la sumisión y la

humildad. Ha sido apresado por los enemigos y no le queda sino cumplir los designios de Dios

sobre él, destinado a la muerte violenta en manos de aquéllos. La muerte será el medio definitivo

para triunfar y extender la religión entre los pueblos, pues por ella obtendrá un botín de muchedumbres.

Por otra parte, existen grandes semejanzas respecto del carácter y misión del Siervo en

los cuatro cánticos: es llamado por Dios 29, es justo 30, sufre con paciencia todo, sin resistir a

sus enemigos, porque ve en ello el cumplimiento del designio de Dios, y es glorificado por la

conversión de las gentes 31.

b) Unidad de autor en los cuatro cánticos. — Sin dificultad suelen admitir la mayor parte

de los comentaristas la unidad de autor para los tres primeros cánticos, pero son muchos entre los

independientes los que niegan esto para el cuarto cántico en relación con los demás. Suelen aducir,

sobre todo, argumentos lexicográficos: terminología distinta, con tendencia a la pobreza de

vocablos en el cuarto cántico32. Pero este argumento lingüístico suele ser siempre muy subjetivo,

pues los autores que sostienen la unidad de autor para los cuatro cánticos ven vocablos y expresiones

comunes a todos ellos, que no se encuentran en otras partes del libro de Isaías 33.

1870

Interpretaciones de los cánticos sobre el “Siervo de Yahvé.”

a) Tradición judía. — Respecto de 42:1-4 y de 49:1-6, la versión griega de los LXX los aplica a

Israel como colectividad nacional. En cambio, la traducción de 50:4-9 y de 52:13-53:12 es más

favorable al sentido individual 34. Así, en el c.53:8 traduce “generationem eius quis enarrabit,”

seguida de la Vg. Parece que lo entendía de la generación eterna del Mesías.

El Targum, comentando el 42, dice: “He aquí a mi siervo, el Mesías,” interpretando todo

el fragmento del Mesías. Y en 52:13 dice: “He aquí que mi siervo, Mesías, prosperará.” Y en

53:10: “verán el reino del Mesías.” Pero todo lo que en el texto bíblico se dice de sufrimientos

del Siervo es aplicado al pueblo de Israel 35. El 49:3 lo explica así: “Me ha dicho: Tú eres mi

siervo, Israel; en ti me glorificaré.”

El Talmud explica el c.53 en sentido mesiánico 36. Al Mesías se le llama “leproso” (Gemara,

trat. Sanhedrim c.11).

Entre los rabinos no es rara esta interpretación, que en gran parte fue abandonada después

de Cristo para quitar argumentos a los apologistas cristianos. Así dice Rabbi Rimchi (f

1235): “He aquí a mi Siervo, es el rey Mesías.” Rabbi Abarbanel (f 1508) llama ciegos a los intérpretes

que rechazan el sentido mesiánico. Sin embargo, después de Cristo prevaleció la interpretación

colectiva entre los judíos 37.

b) Tradición cristiana. — Interpretan los evangelistas y apóstoles en general, aplicando

los textos del libro de Isaías a la pasión de Jesucristo 38.

La interpretación de los Santos Padres suele ser unánime en este sentido mesiánico, siguiendo

las huellas de los apóstoles39.

Esta interpretación mesiánica individual fue mantenida hasta hoy día por la exégesis católica,

que ha visto en estos fragmentos un verdadero Evangelio profético, ya que en ninguna profecía

del Antiguo Testamento aparece tan espiritualizada la figura del Mesías. Su carácter

doliente adquiere su plena realización en la pasión de Cristo.

Hay ciertos aspectos netamente mesiánicos en la descripción de la persona y misión del

Siervo de Yahvé: la misión universal de predicación a todas las gentes, trascendiendo las

fronteras de Israel. Por otra parte, viene a reconciliar a los hombres con Dios, sirviendo de intermediario

en una nueva alianza, sellándola con su muerte por los pecados de todos, por lo que

es después de muerto glorificado. Todos estos detalles son inexplicables y misteriosos si prescindimos

de la interpretación mesiánica.

En efecto, el Siervo es liberador de cautivos (42:7; 49:9), que debe restaurar las tribus de

Jacob, llevándolas de nuevo a su patria (49:6). Se le distingue abiertamente del mismo pueblo de

Israel, precisamente porque debe ser la alianza entre ese pueblo y Dios; es, pues, mediador de

dicha alianza. Moisés había sido el mediador de la primera alianza, el Siervo será también el

Mediador de la nueva alianza, y también el liberador de su pueblo de la opresión. Su victoria será

total y resonante, en tal forma que los reyes se admirarán de él, primero de su humillación y después

de su triunfo (52:15). Este homenaje universal de los reyes no se explica sino en función de

un personaje excepcional, un profeta que es la admiración de todos. Será también el gran Doctor

entre las naciones, pues su misión es llevar la luz entre los gentiles (42:1-4), al mismo tiempo

que ayudará a los débiles y vacilantes. Por otra parte, se han hecho notar las coincidencias y

concomitancias de lo que en estos cánticos se dice del Siervo de Yahvé y el contenido de otros

fragmentos mesiánicos de Isaías. He aquí los principales:

-

Is 53:2: “Sube ante el cómo un retorno y como una

raíz en tierra árida.”

Is 11:1:“Υ brotará una vara del tronco de Jesé, y

retoñará de sus raíces un vástago.”

1871

Is 42:1: “He puesto mi espíritu sobre él.” Is

42:3:“Expondrá fielmente el derecho.”

Is 42:6: “Te he puesto para luz de las naciones.”

Is 42:4: “Las islas están esperando su doctrina.”

Is 42:6-7: “Te he puesto por alianza para mi pueblo

y para luz las gentes, para abrir los ojos a los

ciegos, para sacar de la cárcel a los presos, del

fondo de la cárcel a los que moran en tinieblas.”

Is 49:2: “El hizo mi boca como cortante espada.”

Is 11:2: “Sobre el que reposará el espíritu de Yahvé.”

Is 11:3: “No juzgará por vista de ojos ni argüirá

por oídas de oídos.”

Is 11:10: “En aquel día el renuevo de la raíz de

Jesé se alzará como estandarte para los pueblos.”

Is 11:10: “Y le buscarán las gentes,”

Is 9:1: “El pueblo que andaba en tinieblas vio una

luz grande de; sobre los que habitaban en la tierra

de las sombras de la muerte resplandeció una brillante

luz.”

Is 11:4: “Y herirá al tirano con los decretos de su

boca.”

Todas estas analogías y semejanzas nos hacen ver cierta influencia de la primera parte del libro

de Isaías en la mentalidad del autor de la segunda y tercera parte del mismo libro. Al menos, la

esperanza mesiánica parece flotar en ambas partes, centradas en torno al mismo personaje ideal.

El Siervo de Yahvé es un gran profeta: es llamado por Dios desde el seno materno, como

Jeremías40; Dios le comunica sus revelaciones al oído41, y tiene por misión iluminar al pueblo de

Israel y a los gentiles42.

Por otra parte, en el último cántico el Siervo es presentado como víctima propiciatoria, ofreciendo

su propia vida por la salud de los demás. No se dice expresamente que sea sacerdote, pero su

misión es netamente sacerdotal, como mediador e instrumento de expiación, puesto por Dios en

beneficio de todos. Es, en realidad, el Sacerdote-Victima, Cristo, muriendo en la cruz por todos,

sellando con su sangre una nueva alianza.

El profeta, al hablar del Siervo, se expresa en tiempo pasado, utilizando el llamado perfecto

profético con el fin de recalcar la certeza de su cumplimiento. Es, pues, un despropósito

querer fundarse en estos perfectos para argüir que el Siervo de Yahvé es un personaje histórico

contemporáneo o anterior al profeta que escribe. Tampoco el estilo directo con que a veces se

habla del Siervo prueba nada en favor de la tesis dicha, pues en Is 7:14 se presenta a la 'almah en

el mismo modo directo. Este estilo directo es más expresivo y refleja mejor la mentalidad del

profeta, absorto por una idea fija, por una revelación que le fascina totalmente. El profeta presenta

al Siervo como algo excepcional e inaudito. No puede ser sino el personaje ideal del futuro,

el Mesías (53:1). Si el profeta se refiriera a un personaje histórico contemporáneo o anterior a él,

hubiera dado algún detalle de su procedencia, lugar de origen, modo como murió, etc. Todo ello

hace pensar que el profeta pensaba en un personaje del futuro, ya que la vaguedad esquemática

de su descripción no se concibe respecto de un personaje histórico conocido.

Interpretaciones Racionalistas.

A) Sentido Colectivo..

Entre los autores independientes es corriente interpretar estos fragmentos relativos al

Siervo de Yahvé aplicándolos a una colectividad, ya sea: a) el pueblo judío histórico; b) la parte

fiel de este mismo pueblo judío; c) los profetas como institución; d) el Israel ideal como está en

la mente divina.

1. El Siervo de Yahvées el pueblo judío histórico como colectividad 43. — Se fundan los man1872

tenedores de esta opinión en que la expresión Siervo de Yahvé en Is 41:8 designa al pueblo judío

histórico. Por otra parte, en 42:2, según los LXX, y en 49:3, según el TM y los LXX, se identifica

al Siervo con el pueblo israelita.

Debemos decir, efectivamente, que la expresión Siervo de Yahvé algunas veces se aplica

a Israel como colectividad histórica, como también a determinados personajes históricos, como

Abraham, David, etc., como antes hemos explicado. Leyendo detenidamente los fragmentos sobre

el Siervo de Yahvé, vemos que hay tales rasgos individuales que difícilmente se pueden aplicar

a una colectividad, y menos a Israel: a) el siervo Israel histórico aparece en los ce.40-48 de

Isaías como pecador y culpable44, mientras que el Siervo de Yahvé es inocente, sin pecado alguno

45; b) el siervo Israel aparece como rebelde, que no quiere ver la obra de Yahvé, que desprecia45*,

mientras que el Siervo de Yahvé predica dócilmente la Ley a las naciones46; c) el sierro

Israel es cautivo de sus enemigos y está en el destierro 47; en cambio, el Sierro de Yahvé es libertador

de los cautivos, con la misión de reunir a Jacob a Yahvé y juntar el resto de Israel 48; a) el

siervo Israel es amado de Yahvé, de tal forma que Yahvé está dispuesto a entregar a las otras

naciones para conservar la vida de aquél49; en cambio, el Siervo de Yahvé entrega su propia vida

por su pueblo (Israel) y las naciones, por lo que recibirá de Yahvé un botín de muchedumbres50;

e) el siervo Israel es el pueblo israelita, escogido por Yahvé51, mientras que el Siervo de Yahvé

es alianza del pueblo, e.d., mediador entre Dios y el pueblo israelita; luego distinto de éste 52; fue

entregado a la muerte por su pueblo 53; f) el siervo Israel sufre por sus propios pecados54; en

cambio, el Siervo de Yahvé lleva los dolores de su pueblo y es herido por nuestras iniquidades, y,

sin cometer pecado, llevó nuestras iniquidades 55.

Y no vale decir que aquí se trataría del Israel histórico, considerado en comparación con

los otros pueblos más pecadores que él. Efectivamente, Israel es un pueblo excepcional, y por

eso es llamado siervo de Yahvé en muchas ocasiones, ya que está vinculado de un modo especial

a Yahvé. Pero siempre quedan los argumentos de que el Sierro de Yahvé de los cánticos aparece

como distinto de Israel, al que libera y hace volver a Yahvé. Por otra parte, su carácter de pura

inocencia, aplicado al Israel histórico, es inaudito entre los profetas, que constantemente recriminan

la culpabilidad de Israel. Y, sobre todo, la idea de que el Israel histórico sufre en expiación

de los pecados de los gentiles desborda la mentalidad del Antiguo Testamento 56.

2. El “Siervo de Yahvé” es la parte fiel del pueblo israelita, al menos desde el tiempo del

destierro 57. — Según esta opinión, se contraponen el Israel histórico, que sería el siervo Israel

de los ^40-48, culpable, pecador, y la parte fiel de Israel, a la que se llama por su fidelidad Siervo

de Yahvé por antonomasia.

Pero a esto decimos: a) el Siervo de Yahvé debe reunir el resto del pueblo58; pero, según

la teología de los profetas, este resto estaba formado precisamente por el Israel fiel59, o sea los

justos, que permanecieron fieles a Yahvé, salvados de las catástrofes históricas a que se ve sometido

el pueblo israelita periódicamente. Por otra parte, b) tanto la parte infiel como la fiel tienen

que sufrir en las calamidades históricas de su pueblo. ¿Por qué se dice, pues, que la parte infiel

desprecia a la fiel precisamente porque ésta sufre? 60 Por otra parte, la idea de una parte fiel en

Israel que sufre por la otra infiel es desconocida en el Antiguo Testamento, c) Según el c.53, el

Siervo de Yahvé padece y muere al fin. Y según las profecías del Antiguo Testamento, la parte

fiel de Israel no muere, sino que se purifica y se salva sustancialmente en las grandes catástrofes

nacionales. Luego no podemos identificar al Siervo de Yahvé, que muere, con la parte fiel de Israel,

que no debe morir según los profetas.

3. El “Siervo de Yahvé” es la personificación de los profetas o de los maestros de la Ley

61. — También esta opinión no parece poder sostenerse, porque, si bien el Siervo de Yahvé apa1873

rece ejerciendo un ministerio profético, son tantos los rasgos individuales, que es difícil substraerse

a la idea de que realmente se trata de un individuo. Los profetas tenían por misión predicar

la ley de Dios a Israel, mientras que al Siervo de Yahvé se le encomienda darla a conocer hasta

los extremos de la tierra, siendo luz para los gentiles (49:6). Lo mismo los maestros de Israel

tenían por misión adoctrinar al pueblo en los caminos del Señor. No consta que los profetas como

colectividad hayan muerto por los demás. No cabe sino pensar que un profeta, el último de

todos, haya muerto realmente. Y entonces podemos admitir que el Mesías, culminación del

profetismo, murió realmente por todos y llevó la Ley a todos los pueblos al promulgarla y

enviar a sus discípulos.

4. El “Siervo de Yahvé” es el Israel ideal62. — En este cántico se trataría, según esta opinión,

del Israel ideal, e.d., como se halla en la mente divina. Y este designio divino de establecer

un Israel ideal, fiel a sus mandamientos, sería la razón de salvar al Israel histórico.

A esto podemos decir que, en este supuesto, carecen de sentido frases como “me ha llamado

desde el seno materno” (49:1), “en vano me he fatigado y de balde he consumido mis fuerzas”

(49:4), “crece como una raíz delante de El” (53:2), y sobre todo lo que se dice de los sufrimientos

y pasión por los otros. ¿Cómo un Israel ideal, que nunca existió sino en los designios

providenciales de Yahvé, pudo haber sufrido todo esto, y con ello ser el instrumento de la liberación

del Israel histórico?63

B) Interpretaciones Individualistas.

1. Histórica. — Según esta opinión, el Siervo de Yahvé es una persona histórica del Antiguo

Testamento, distinta del Mesías 64, que tuvo gran influencia en la restauración de Israel: Moisés,

Ezequías, Isaías, Job, Ciro, Zorobabel, o mejor un mártir desconocido para nosotros, pero conocido

de los lectores de estos cánticos sobre el Siervo de Yahvé65.

Para sostener esta hipótesis se basan en el empleo de los verbos en pasado en los cánticos

del Siervo de Yahvé, en lo insólito de presentar a un Mesías doliente y salvador de las gentes. Pero

ya hemos dicho que aquí los tiempos en pretérito tienen el valor de pretérito profético, para

hacer resaltar más la certeza de su cumplimiento. Por otra parte, es cierto que el presentar al Mesías

padeciendo es algo no común en la literatura del Antiguo Testamento; pero a esto podemos

decir que ahí está el avance teológico en estos cánticos proféticos; por eso el profeta mismo duda

de que se dé crédito a su comunicado profetice, tan inaudito y excepcional (53:1). Además, en

Zac 11:12 y 13:7 se habla también de un Justo traspasado por su pueblo, que al fin se lamenta de

ello.

No es posible, por otra parte, aplicar a un personaje histórico las cualidades y misión que

se asignan al Siervo: sufrir la muerte en expiación de los pecados de su pueblo y, sobre todo,

su triunfo espiritual después de la muerte. Quizá el personaje del Antiguo Testamento que

más se acerque a la figura del Sierro de Yahvé sea el profeta Jeremías, que en medio de todas las

contradicciones se presentó siempre como el gran amigo e intercesor de Dios en favor de su pueblo

66. Pero ¿cómo explicar que haya sufrido Jeremías sin queja, cuando sabemos que protestaba

a Dios por la misión ingrata que le había encargado? Por otra parte, ¿cómo explicar lo que se dice

de la admiración de los reyes por la persona del Siervo de Yahvé? Lo más que podremos decir

es que Jeremías fue parcialmente un tipo del Siervo de Yahvé doliente.

2. Interpretación autobiográfica. — Los judíos del tiempo de San Jerónimo creían que el

Siervo de Yahvé era el mismo autor de los cánticos, que no habría hecho sino reflejar sus sufrimientos

en su misión profética67. Ya el eunuco de la reina de Candace había planteado este problema

al diácono Felipe: “¿Habla de sí mismo o de otro?”68 Se fundan para ello en el empleo de

1874

la primera persona en el segundo y tercer cántico y en que se presenta el Sierro de Yahvé como

profeta69. Además, el profeta parece proclamar la salvación de todos los pueblos.

Desde luego, el argumento del empleo de la primera persona no tiene fuerza alguna, ya

que en el cuarto cántico, que representa la culminación de la misión del Sierro de Yahvé, aparece

éste muerto por extraños. No podemos, pues, suponer que se identifique con el narrador hagiógrafo.

Por otra parte, es inconcebible en el Antiguo Testamento un profeta que se presenta a sí

mismo como mediador en una nueva alianza entre Dios y su pueblo, entregado a una muerte expiatoria

por su pueblo, declarándose completamente inocente (53:9) y concediendo a su persona

un alcance fuera de toda medida. Precisamente los racionalistas suelen destacar el carácter anónimo

del Deutero-Isaías, y aquí el protagonista se presentaría como principal protagonista de una

misión superior a la de todos los profetas anteriores. Por otra parte, el Deutero-Isaías no cumplió

una misión universal, sino que simplemente anunció el retorno de los exilados de Babilonia.

La tesis de que el Siervo de Yahvé fue un doctor anónimo de la Ley (Duhm) es difícil de

concebir, ya que no se comprende por qué iba a quedar en el anonimato un personaje tan excepcional

que provocara la admiración de los reyes de todos los pueblos. Ése gran Desconocido no

puede ser otro que el mismo Mesías.

3. Interpretación escatológica. — El Siervo de Yahvé, según esta opinión, sería simplemente

una creación ideal de la imaginación de un escritor sagrado o del mismo pueblo en torno a

un personaje extraordinario futuro, al que, sin ser el Mesías, se le aplicaron por la tradición

judía rasgos mesiánicos70. La teología judaica, según esta concepción, fingiría una figura expiatoria

que serviría de puente entre los tiempos calamitosos presentes y la felicidad mesiánica

futura.

En realidad, el pueblo judío vivía de la esperanza mesiánica, y los vaticinios de sus profetas

no tenían otro fin que expresar esta esperanza de un Libertador futuro, que habría de inaugurar

una era de justicia, de paz y de equidad. La nueva aportación de estos cuatro cánticos es sencillamente

ese carácter doliente del futuro Mesías, que iba a ser glorificado precisamente por

medio de sus sufrimientos y su muerte. El Mesías glorioso y triunfante que todos esperaban

habría de venir, pero después de una primera etapa de sufrimiento y de dolor. Por eso el profeta

se pregunta: ¿Quién va a creer nuestro anuncio? La revelación profética se va manifestando

paulatinamente por sucesión de vislumbres mesiánicos, y por eso aquí la noción de un Mesías

doliente desborda todas las revelaciones anteriores. No es posible dar una interpretación satisfactoria,

en plan puramente racionalista, al problema que plantea ese personaje misterioso que el

hagiógrafo llama Siervo de Yahvé si se prescinde de su proyección mesiánica, pues su misión y

rasgos sobrepasan a todas las figuras históricas. Tampoco puede concebirse como un mero producto

de la teología tradicional profética ni como fruto de la imaginación popular, creando un

personaje ideal para proyectarlo como una esperanza en tiempos futuros con características escatológicas.

Es tan insólita esta figura del Siervo de Yahvé, que rompe con todos los moldes mentales

tradicionales proféticos, pues para un israelita que se nutriera sólo de sus esperanzas tradicionales,

un Mesías sufriendo sería totalmente heterodoxo. No cabe sino atenernos a la tesis tradicional

cristiana, que ve en el Siervo de Yahvé al Mesías Jesús, que redimió con la muerte a Israel

y a todos los pueblos, triunfando así con su muerte y recibiendo un botín de muchedumbres. Por

eso, el mejor comentario a todos estos cuatro cánticos sobre el Sierro de Yahvé es la lectura de la

Pasión en los cuatro evangelios.

Damos a continuación, siguiendo al P. Condamin, un cuadro sinóptico de textos que nos

harán ver el paralelismo entre los cuatro cánticos del Siervo de Yahvé y otros textos del Nuevo

Testamento

1875

Is 49:1: “El Señor me llamó, desde el seno materno

se acordó de mi nombre.”

2: “E hizo mi boca como cortante espada.”

3: “Tú eres mi siervo, en ti seré glorificado.”

4: “Por demás he trabajado.”

5: “Mi recompensa está en las manos de Yahvé.”

Ís42:1: “Mi elegido, en quien se complace mi alma.”

“He puesto mi espíritu sobre él.”

“Expondrá fielmente la Ley..”

“Las islas están esperando su doctrina” (v.4).

6: “Te he puesto por alianza para mi pueblo.”

“Te he puesto para luz de las gentes,”

7: “para abrir los ojos de los ciegos, para sacar de

la cárcel a los presos, del fondo del calabozo a los

que moran en tinieblas.”

Is 50:4: “El Señor me ha dado lengua de discípulo.”

6: “He dado mis espaldas a los que me herían, y

mis mejillas a los que me mesaban la barba. Y no

escondí mi rostro ante las injurias y los esputos.”

“He aquí que concebirás y darás a luz un hijo, y le

llamarás Jesús” (Lc 1:31; Mc 1:21).

“Su nombre se llama Verbo de Dios, y de su boca

sale una espada aguda por ambas partes” (Ap 19).

“Yo te he glorificado sobre la tierra” (Jn 17:4).

¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos y no quisiste!

(Mt 23:37).

Y ahora glorifícame, Padre (Jn 17:5). Citado por

Mt 12:18-21 como realización en Jesús de las palabras

del profeta.

“Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis

complacencias” (Mt 3:17; 17:5).

“Vio al Espíritu de Dios que descendía sobre él”

(Mt 3:16).

“Id a predicar a todas las gentes., enseñándoles a

guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28:19).

“Esta es mi sangre del Nuevo Testamento” (Mt

26:28).

“Luz para la revelación de las gentes” (Lc 2:32).

“Los ciegos ven.” (Mt 11:5); “Yo soy la luz del

mundo” (Jn 8:12); “Si el Hijo os librare, seréis

verdaderamente libres” (Jn 8:36); “para iluminar a

los que están sentados en tinieblas y sombra de

muerte” (Lc 1:79).

“Lo que oí de El, lo comunico al mundo” (Jn

8:26).

“Se cumplirá todo lo que está escrito en los Profetas

sobre el Hijo del hombre: Será entregado a los

gentiles, burlado, flagelado y escupido” (Lc 18:31-

33). “(Los soldados), escupiéndole, le herían con

la caña en la cabeza” (Mt 27, 30). “Entonces comenzaron

a escupirle y a darle puñetazos, y otros

le herían en la cara.” (Mt 26:67).

A todos estos textos habría que añadir el cántico cuarto (52:13-53:12), poniéndolo en parangón

con los relatos de la Pasión según los evangelistas.

1 Cantera:”¿Quién ha creído nuestra noticia ?”; Ceuppens: “quis credidit auditui nostro ?”; Skinner: “¿Quién ha creído a nuestro relato?”

La palabra hebrea que hemos traducido por lo que hemos oído puede significar también el mismo mensaje transmitido por el

profeta — 2 Cf. Lagrange, Le Judaisme avant J. C. p.37S; F. Feldmann, o.c., t.2 p. 163-164. — 3 Cf. Job 17:6; 19:19; 30:10. — 4

Otros traducen: “el castigo (precio) de nuestra paz cayó sobre él” (Cantera). Denne-feld: “el castigo que nos da la paz.” Condamin:

“el castigo que nos salva.” Pero en el texto ciertamente se habla de paz, no de salvación. — 5 Jn 9:2. — 6 Son muchas las

versiones de este versículo. La Vg.: “de angustia et de iudicio sublatus est.” Lagrange: “después de la cárcel y del juicio.” Condamin:

“Por razón del juicio.” Cantera : “de opresión y juicio fue tomado.” Bible de Jérusalem: “Por coerción y juicio ha sido preso.”

— 7 Vg.: “generationem eius quis enarrabit.” Así los LXX. Leyendo débaró en vez de doró, tenemos la versión que hemos

dado siguiendo a Lagrange. Cantera: “y a sus contemporáneos, ¿quién tendrá en cuenta?” Condamin: “¿Quién se preocupa de su

causa?” — 8 Así según los LXX. — 9 Vg.: “Et divitem pro morte sua.” Así los LXX. Con un ligero cambio de vocalización ('oshe

ra' en vez de 'ashir), tenemos la traducción dada arriba siguiendo a Lagrange, Den-nefeld, etc. — 10 Cf. Lagrange, Le Judahme

avant /. C. p-373; Feldmann, o.c., t.2 — 11 Esta lección de la Vg., de los LXX, Peshitta y Targum es seguida por Maldonado,

Knabenbauer, Crampón, etc. — 12 Cantera: “Verá (luz) y se saciará.” Condamin: “Libre de los tormentos de su alma, verá.” — 13

Las versiones varían según el sentido que se dé a la partícula min, que puede significar “fuera de,” “libre de,” o en sentido temporal:

“después de,” o causal: “a consecuencia de,” que hemos preferido. Los que le dan sentido temporal leen “después de la fatiga

de su alma,” e.d., después de muerto. Los que le dan el primer sentido traducen “librada su alma de los tormentos” (Condamin).

— 14 Para la palabra muchedumbre en sentido de generalidad, cf. Dan 11:33; 12:3; Me 10:45 ; Rom 5:19. — 15 2 Cor 5:21. — 16

Is 42:1-7; 49:1-7; 50:4-9; 52:13-53-12. — 17 Se aplica a Abraham (Gen 26:24), a Moisés (Núm 12:7), a Josué (Jue 2:8). — 18

Am 3:7; Jer 7:25. — 19 A David: 2 Sam 7:8. — 20 Jer 30:10; 46:27; Ez 28:25; 37:25; Is 41:8; 42:19-22; 43:10; 44:1-2.21; 45:4;

48:20. — 21 Ez 34:23; 37:24; Zac 3:8. — 22 Is 42:1.6; 49:1-2 — 23 Is 49:6. — 24 Is 50:6. — 25 Is 50,9. — 26 Is 50,9. — 27 Is

42:1.6; 49:6; 50:4. — 28 Cf. Is 53:10-12; 42:1.6; 49:1-2. — 29 Is 53; 49:1; 50:7- — 30 Cf. Is 50,6; 53:7. — 31 Is 49,7; 52:15- —

1876

32 Cf. Sellin, Tritojesaya, Deuterojesaya und Gottesknechproblem: “Neue kirchliche Zeitschrift” (1930) p-73-93-145-173- — 33

Para todo este argumento literario y lexicográfico, cf. CEUPPENS, o.c., p.315· — 34 Condamin, O.C., p.325- — 35 Cf. ID., ibid. 326. —

36 Cf. Ceuppens, o.c., 335. — 37 Cf. Condamin, o.c., p.326. — 38 Cf. Is42,i-4yMt 13:18-21; Is52:15 y Rom 15:21; Is53:1 Is 1

12:38; Is 53:4 y Mt 8:17; Is 53:7-8 y Act 8:32-35; Is 53:12 y Le 22:37; Is 42:6 y Lc 2:32; Is42:7yMt 11:5; Is 49,2y Ap 19:13-15;

Is 50:6 y Mt 26:67. — 39 Primer cántico: San Justino, Dial cum Triph. 26:11; 2:135: PG 6:532.760.788; San Ireneo, Adv. haer.

3:11:6: PG 7:884.940.1072; Tertuliano, Adv. lud. 9:12: PL 2:644.673; San Hipólito, De Christo et Antichristo c.44: PG 10,761;

San Juan Crisóstomo, Homil 40 in Mí 12:9.10: PG 57:440 y 441; In Ps 117: PG 438. — Segundo cántico (49:1-7): San Justino,

Diaí. cum Triph. 121: PG 6:757; Tertuliano, Adv. Prax. n: PL 2:190; Adv. Marc. 4:25: PL 2:453; San Juan Crisóstomo, Hom. 30 in

Act. Apost. 13:47: PG 60,221; San Jerónimo, In Is.: PL 24:480.484. — Tercer cántico (50:4-9): San Justino, Dial, cum Triph. 102:

PG 6:713; Apol. 1:38: PG 6:387; San Ireneo, Adv. haer. 4:33; 12:33: PG 7:181.182; Tertuliano, Adv. haer. 4:353-354; Adv. Marc.

4:39: PL 2:490; San Cipriano, Testara. 2:13.23: PG 4:707; San Jerónimo, In Is.: PL 24:495.799; Eusebio De Cesárea, Demonstr.

christ. 2:3:34: — G 22:117.120.480. — Cuarto cántico (52:13-53:12): San Clemente Romano, Ad Gor. c.ió: PG 1:240-241; San

Justino, Día? 13:42: PG 6:501.565; San Ireneo, Adv. haer. 3:19: PG 7:940.1072. — 40 Jer 1:5; Is 49:1. — 41 Is 50:4. — 42 Is

49:5. — 43 Así opinan Giesebrecht, Beitrage zur Jesayakritik p.146; K. Budde, Die sog. Ebed-Jahwe-Lieder und die Bedeutung

des Knechts Jahivés von Jesaya (Giessen 1900) 40-55; K. Marti, Das Buch Jesaya p.355; E. Kónig, Die Ebed-Jahwe-Frage und die

Hermeneutik: Zatw 47 (1929) p.255; cf. Ceuppens, o.c., p.318; Condamin, o.c., 332; Skinner, o.c., II 58. — 44 40,2; 43:24-28;

44:12; 47:8; 48:1:4. — 45 42:1-4; 50:4-6; 53:9. — 45* 42:19-20. — 46 42:4; 49:6. — 47 42:24. — 48 42:7; 49:6. — 49 43:4. —

50 53:10-12. — 51 41:8. — 52 42:6. — 53 40,2; 42:24- — 54 43:27-28; 48:18. — 55 53.4-6:11. — 56 Cf. 43:3-4; 45:14-17;

49:22-23.26; 51:22-23. Véase Condamin, o.c., 334. — 57 Así opinan A. Knobel, Der prophet Jesaya p.362; A. Kuenen, Histor.-

kritische Einleitung in die Bücher des A.T. t.2 p.34; Die prophetische Bücher (1892); E. Reuss, Les Pro-phétes (1876) 280; Kosters,

Theol Tidschrift (1896) p.588-599. Véase Ceuppens, o.c., 321. — 58 49:6. — 59 Cf. R. De Vaux: RB 42 (1933) 526-539. — 60

Cf. 53:2-3. — 61 Así W. Gesenius, Kommentar zu Jesajas (1820) t.3 p.11; Umbreit, Studien und Kritik der Knecht Cotíes (1828)

p. 195-330. — 62 Opinión de E. Ewald, Die Propheten des A.T. (1867) n.68; A. Dillmann, Komentar zum Jesaja 42:1; 49:1; S. R.

DRIVER, Einleitung in das A.T. (1896) 260; J. Skinner, o.c., II 58; J. Halevy, Le Prophéte Isaie: “Revue Sémitique,” 6 (1899); A.

B. Davidson, Oíd Testa -Ment Profecy (1903); O. Eissfeldt, o.c., p. 19-20. — 63 Cf. Lagrange, o.c., p.377. — 64 Así E. Sellin,

Studien zar Entstehungsgeschichte t.1 p.45s. — 65 Así H. Ewald, o.c., t.2 p.407-408, y Schian, Ebed-Jahwe-Lieder p.6i. — 66 Cf.

2 Mac 15:14- — 67 Cf. San Jerónimo: PL 24:496. Entre los rabinos de la Edad Media era común esta opinión: R. Raschi, Ibn Ezra,

David Kimhi, Rosenmüller, y entre los modernos, Mowinckel, H. Gunkel y E. Sellin. Cf. Condamin, o.c., 326. — 68 Cf. Act

8:34. — 69 Is 42:1-2.4; 49:1.5-6; 50:4. — 70 A. Gunkel, H. Gressmann, A, Jeremías, Volz.

 

 

54. Gloria de la Nueva Sión.

De nuevo se continúan los oráculos de consolación comenzados en el c.49, y que han quedado

interrumpidos por los poemas sobre el Sierro de Yahvé! Se describe la gloria de la futura Jerusalén,

que antes ha sido como una mujer estéril y ahora va a tener numerosísima prole. Sus confines

serán estrechos para encerrar a los nuevos ciudadanos. Dios se encargará de la restauración

de Sión, sellando un nuevo pacto y haciéndola olvidar los días tristes pasados, llenos de ignominia.

Ha llegado la hora de la reconciliación definitiva y esperada. Los enemigos se avergonzarán

al ver la futura gloria de Sión rebosante de ciudadanos.

Jerusalén, fecunda en hijos y confiada en Yahvé (1.-5)

1 Regocíjate, estéril, que no has parido; entona un grito de alegría y exulta, tú que

no has estado de parto. Porque los hijos de la abandonada son más numerosos que

los hijos de la casada, dice Yahvé. 2 Ensancha el espacio de tu tienda, extiende las

lonas de tus moradas, no te cohibas, alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas,

3porque te extenderás a derecha e izquierda, y tu descendencia poseerá las naciones

y poblará las ciudades desiertas. 4Nada temas, que no serás confundida; no te avergüences,

que no serás afrentada. Porque te olvidarás de la vergüenza de tu juventud

y no volverás a recordar el oprobio de tu viudez. 5Porque tu marido es tu Hacedor;

Yahvé de los ejércitos es su nombre, y tu Redentor es el Santo de Israel, que es el

Dios del mundo todo.

La situación de Jerusalén va a cambiar radicalmente del estado de duelo al de alegría desbordada;

por ello, el profeta invita a Sión a exultar por la nueva situación de triunfo y de bienestar.

Hasta ahora Sión ha sido como una mujer estéril, ya que durante su cautividad no ha dado hijos

1877

como nación (cf. 49:21). El profeta contrapone la nueva situación de Sión abandonada (v.1) durante

el exilio y la de la misma antes de la cautividad, en que vivía como casada, e.d., bajo la

protección de Yahvé, su marido. En realidad va a venir una época en que Sión, ahora abandonada,

va a tener más hijos que antes del exilio, en que estaba casada. San Pablo aplica estas palabras

a la nueva Jerusalén espiritual, la Iglesia, en contraposición a la carnal y terrestre del Israel

histórico (Gal 4:27).

La situación va a ser tan espléndida, que los muros históricos de Sión serán incapaces para

contener la muchedumbre de hijos que le van a venir; por eso se la invita a ensanchar el espacio

de su tienda (v.2), pues se desbordarán sus más halagüeñas esperanzas: no te cohibas, alarga

tus cuerdas para que estén en tensión las lonas de la tienda, lo que exige el refuerzo de las estacas

de la misma. Jerusalén se ensanchará a derecha y a izquierda (ν.3) para dar cabida a sus innumerables

hijos, extendiendo, por otra parte, su influencia dominadora sobre las naciones.

Ha pasado ya la época de la ignominia y de la opresión, y se abre una nueva era, basada

en una nueva alianza con Yahvé; por eso el profeta invita a Jerusalén a desechar todo temor: nada

temas, que no serás confundida (v.4). Los tiempos de opresión y de oprobio ya han pasado

definitivamente, y en su nueva situación no se acordará ya de la vergüenza de su juventud (v.4),

e.d., de los tiempos en que fue oprimida en Egipto al comenzar a existir como nación y después

en sus tiempos de vida precaria histórica en Ganaán, presa de todas las invasiones egipcias y asiro-

babilónicas; y tampoco se acordará del oprobio de su viudez (v.4), de la época ignominiosa

del destierro, en que se sentía como viuda y abandonada. En Ez 16 se dan detalles de la situación

en que se encontraba Israel cuando fue adoptada por Dios como pueblo, después de haber sido

ultrajada y violada por los otros pueblos. Esta vergüenza de su juventud desaparecerá totalmente.

Y garantía de ello será el que su marido es el Hacedor (ν.6). Es la mejor prenda de su liberación.

Israel como pueblo es fruto de la obra de Yahvé al escogerlo y modelarlo conforme a su beneplácito.

Por otra parte, no sólo es Señor de sus destinos, sino que domina toda la naturaleza y es

el Señor de todos los seres, que se mueven a sus órdenes como un ejército disciplinado: Yahvé de

los ejércitos es su nombre (ν.6). Además, es su Redentor o valedor de sus derechos (cf. 41:14) en

todos los momentos críticos de su historia.

Fidelidad de Yahvé para con Sión (6-10).

6 Como mujer abandonada y desolada de espíritu, te ha llamado Yahvé. Y la esposa

déla juventud, ¿podrá ser repudiada? dice tu Dios. 7Por un breve momento te abandoné,

pero con gran misericordia te recojo. 8En un rapto de cólera oculté de ti un

instante mi rostro, pero con amor eterno me apiadé de ti, dice Yahvé, tu Redentor. 9

Me sucede como en los días de Noé2, cuando juré que las aguas de Noé no inundarían

más la tierra. Así juro yo no enojarme contra ti ni amenazarte. 10 Que se retiren

los montes, que tiemblen los collados, no se apartará de ti mi amor, ni mi alianza de

paz vacilará, dice el que se apiada de ti, Yahvé.

El Dios de Sión contrapone dos situaciones del pueblo elegido. Este ha sido considerado por algún

tiempo como mujer abandonada y desolada (v.6); es decir, sin ser repudiada formalmente,

ha sido postergada por el marido, por no sentir afecto hacia ella, lo que producía en ella una desolación

de espíritu, o pusilanimidad y melancolía. Pero el esposo de nuevo se acuerda de ella, y

la llama cariñosamente: te ha llamado Yahvé (v.6). En realidad, Sión debe estar segura del amor

de su Dios, pues no es una esposa advenediza, sino que ha participado de las primicias del amor

de Yahvé; es la esposa de la juventud (v.6), que nunca puede ser abandonada, ya que evoca en el

1878

esposo sus primeros amores más tiernos y puros.

Israel ha sido elegida por Yahvé en el desierto con preferencia a otros pueblos por sólo su

voluntad gratuita. Por eso Israel no puede ser repudiada (v.6) definitivamente. El abandono del

esposo ha sido momentáneo: por un breve momento (ν.7), el tiempo de la cautividad, que es breve

en comparación con la duración del amor eterno de Yahvé para con Sión. Yahvé dice que ha

sido en un rapto de cólera (v.8), como consecuencia de sus infidelidades, por lo que ha ocultado

su rostro, e.d., se ha alejado de ella. Pero a esta impresión pasajera de mal humor se ha sobrepuesto

el amor eterno (v.8), que ha hecho se apiadara de ella abandonada. El profeta presenta

aquí las alternativas del enojo y amor divinos al modo humano. En la literatura profética se ensalza

mucho este carácter amoroso de Dios para con su pueblo pecador, pues lo que diferencia al

Dios del hombre es su amor. Y la razón de ese amor eterno es porque Yahvé es el Redentor

(v.8), o valedor de los derechos de Israel, su abogado oficial, su go'el, o encargado oficial de protegerle.

Signo de que esta reconciliación con Israel es permanente y definitiva es el juramento

que hace Yahvé (v.8), aludiendo al otro juramento hecho después del diluvio universal 3 de no

anegar más la tierra. La hora del enojo ya ha pasado, y las amenazas lanzadas contra el pueblo

escogido se han cumplido con la cautividad. En adelante se establecerá un pacto de amistad inconmovible,

más firme que los mismos montes y collados, cuya estabilidad era proverbial: que

se retiren los montes (V.9), figura retórica concesiva, equivalente a aunque los montes pierdan su

estabilidad tradicional, el nuevo pacto de Yahvé con Sión permanecerá para siempre4: ni mi

alianza de paz vacilará (v.10). Fruto de ese pacto será un nuevo orden de cosas definitivo y estable,

fundado en Injusticia (v.14).

La nueva Jerusalén, inexpugnable (11-17).

11 ¡Pobrecita, azotada por la tempestad, sin consuelo! He aquí que voy a poner tus

piedras de jaspe 5, y tus cimientos de zafiro. 12Te haré almenas de rubí y puertas de

carbunclo, y toda tu cerca de piedras preciosas. 13Y todos tus hijos serán adoctrinados

por Yahvé, y grande será la paz de tus hijos. 14Serás fundada sobre la justicia,

estarás lejos de opresión, pues no habrás de temer, y del terror, pues no se te acercará.

15Si te atacare alguno, no será de parte mía, y quien te ataque caerá ante ti.

16He aquí que yo he hecho al herrero, que sopla el fuego de las brasas y forja armas

según su oficio; también he hecho yo al destructor para aniquilar. 17Toda arma forjada

contra ti no prosperará, y a toda lengua que contra ti se alce en juicio, condenarás.

Tal es la heredad de los servidores de Yahvé y la justicia que de mí les vendrá,

oráculo de Yahvé.

Yahvé, movido de la triste situación en que se halla Sión, anuncia un futuro glorioso para ella,

describiéndola como una ciudadela cuyas murallas están cimentadas y formadas con toda clase

de piedras preciosas. La imaginación oriental del profeta no pudo encontrar mejores símiles para

ponderar la futura magnificencia de Sión, fundada sobre la justicia (v.14). A través de todas estas

imágenes materiales debemos captar el mensaje profundo de las palabras del profeta. La futura

restauración y alianza con Yahvé se basará en unas relaciones cordiales entre ambas partes

contratantes, como consecuencia del cumplimiento, por parte de Sión, de los postulados de justicia

y de amor para con Yahvé. Las virtudes morales serán la base de la nueva teocracia que surgirá

después de la prueba de la cautividad. Esto es un tópico en la literatura profética. El autor

del Apocalipsis recogerá estas imágenes de pedrería para describir la futura Jerusalén celestial 6.

Hay una continuidad literaria entre ambas descripciones, y una continuidad conceptual en el con1879

tenido religioso de ambas. La “nueva Jerusalén” celeste de San Juan será una sublimación de la

“nueva Jerusalén” del libro de Isaías.

La paz de la futura teocracia se basará en que todos sus hijos serán adoctrinados por

Yahvé (ν.13). Los nuevos ciudadanos de Sión tendrán una profunda conciencia de su vinculación

a Yahvé, que los ha adoctrinado, y de sus deberes ético-religiosos, y de ahí surgirá la paz ansiada,

basada en la rectitud moral o justicia (v. 14), que será el fundamento real de la nueva Sión.

Como consecuencia del cumplimiento de sus deberes por parte de sus hijos, Sión se verá libre de

toda opresión y terror (v.14), e.d., libre de las intervenciones de la mano justiciera de Dios, que

castiga a su pueblo cuando es transgresor de sus mandamientos sagrados.

Si alguno se atreviera a atacarlo, no sería, como antes, de parte de Yahvé: no es de parte

mía (v.15). Los asirios y babilonios, que habían llevado en cautividad a Israel, eran en realidad

instrumentos de la justicia divina para castigar las infidelidades del pueblo elegido; por eso eran

realmente enviados por Yahvé, y precisamente por esto lograban vencer al pueblo de Dios; en

adelante no será así, pues quien ataque a Israel será por su propia iniciativa, y, en consecuencia,

tendrá que enfrentarse con el poder de Yahvé, que protege a su pueblo: quien te ataque caerá

ante ti (v.15).

En realidad, todo está en manos de Yahvé, ya que tanto el herrero que forja las armas (v.

16) como el que las maneja para sembrar la ruina en los ejércitos, el destructor para aniquilar

(v.16), están sometidos a su imperio. Sión, pues, no debe temer, ya que El hará fracasar al industrial

que fabrica las armas y al guerrero que las maneja.

No sólo Sión quedará indemne en el futuro de los ataques materiales de sus enemigos, sino

que ni la afectarán las maquinaciones insidiosas de las acusaciones enemigas. Al fin triunfará

judicialmente contra las acusaciones de sus enemigos (toda lengua que contra ti se alce enjuicio,

v.17). Los servidores de Yahvé, o ciudadanos de la nueva teocracia, participarán así de una heredad

preciosa, ya que ese estado de tranquilidad total será fruto de la justicia o salvación, que

provendrá del mismo Yahvé7. Aunque el profeta piensa aquí sólo en los ciudadanos de la nueva

Sión, sin mencionar a los otros pueblos, sin embargo, estas palabras no deben desconectarse de

las otras promesas universalistas mesiánicas del mismo profeta. Por otra parte, no debemos perder

de vista que nos hallamos aún en las perspectivas del Antiguo Testamento; en realidad, el

cumplimiento de las palabras del profeta se dio en la nueva teocracia del Nuevo Testamento, en

el “Israel de Dios,” la Iglesia, que es la verdadera heredera de las promesas del Antiguo Testamento.

Las frases sobre la desaparición de todo temor y angustia en la nueva Sión son idealizaciones

poéticas para ensalzar la profunda confianza que tendrán los nuevos ciudadanos en

Yahvé, que será su protector.

1 Cf. Is 50:4-11; 52:13-53:12. — 2 Lit. el TM lee “porque las aguas de Noé,” como en el versículo siguiente. Con el Targum y la Vg.

hemos leído como los días; así la Bib. de Jér. — 3 En Gen 8:20-22 no se dice expresamente que Yahvé haya pronunciado un juramento

de no anegar la tierra de nuevo, pero se afirma que no lo hará, afirmación que en el contexto tiene la virtud de un juramento.

— 4 Cf. Jer 31:3555; 33:2055; Sal 46:25; Ez 34:25; 37:26; Mal 2:5. Sobre el “amor eterno” de Yahvé para con su pueblo,

cf., además, Dt 4:37; 7:4; 10:15; Is 43:4; Os 1:6; 2:3.25; Jer 31:20; Ez 16:8.60; Is 02:4; cf. 1 Jn 4:10; Rom 11:9. — 5 El texto

hebreo lee “antimonio.” Los LXX leen “malaquita.” La palabra hebrea es de sentido dudoso. — 6 Cf. Ap c.21.

55. Invitación a volver a Yahvé.

El profeta invita a todos los que se sientan necesitados a dirigirse a Yahvé, que les colmará en

todo. Sólo se exige como condición para incorporarse a la nueva comunidad mesiánica, en la que

se cumplirán las promesas hechas a David, la obediencia y fidelidad a Yahvé.

1880

Llamada a los sedientos y hambrientos (1-5).

1¡Oh vosotros los sedientos, venid a las aguas, aun los que no tenéis dinero! Venid,

comprad y comed; venid, comprad sin dinero, sin pagar, vino y leche. 2¿A qué gastar

vuestro dinero no en pan, y vuestro trabajo no en hartura? Escuchadme y comeréis

lo bueno y os deleitaréis con manjares suculentos. 3Dadme oídos y venid a mí,

escuchadme y vivirá vuestra alma, y haré con vosotros un pacto sempiterno, el de

las firmes misericordias de David. 4De él he hecho un testimonio para las gentes, un

jefe y maestro de los pueblos, 5He aquí que llamarás a pueblos que te son desconocidos,

y pueblos que no te conocen correrán a ti i por Yahvé, tu Dios; por el Santo de

Israel, que te glorifica.

La invitación se dirige a todos los que padecen alguna necesidad. En el fondo, el profeta piensa

en las necesidades y angustias morales de su pueblo, simbolizadas en las necesidades más perentorias

humanas, de comer y beber. Todos están invitados a formar parte de la nueva comunidad

mesiánica, aun los desprovistos de todo bien material (v.1). Por otra parte, el profeta invita, en

nombre de Dios, a que busquen los verdaderos bienes que sacian el alma, y no los materiales:

¿a qué gastar vuestro dinero no en pan? (v.2); e.d., ¿para qué andar tras de cosas baladíes,

que no proporcionan felicidad al hombre, dejando los valores ético-religiosos, que son como el

pan insustituible para comer y que da verdaderamente hartura? (v.2). Si los hambrientos y sedientos

se acercan a Dios con sinceridad y docilidad (dadme oídos, ν.3), entonces surgirá un

nuevo pacto sempiterno (v.3), continuación del de las firmes misericordias de David (ν.3), el de

las promesas hechas a David sobre la permanencia de su dinastía y la protección que sobre su

casa dispensaría a través de todos los tiempos1. David ha quedado como un testimonio para las

gentes (v.4), en cuanto simboliza a su pueblo, objeto de las bendiciones divinas, que aquí se

prometen como eternas, y a la vez es prototipo del futuro Mesías, nacido de su dinastía, que iba a

ser realmente un jefe y maestro de pueblos (v.4). Las perspectivas histórica y futura se confunden,

y el tipo y el antitipo se superponen en planos que se interfieren mutuamente. La idea mesiánica

es una idea tan metida en la perspectiva profética, que instintivamente aflora de modo

inesperado en cualquier versículo. La idea de un pacto eterno con la futura comunidad de Sión

trae a la memoria del profeta el pacto hecho por Dios con David, cuya continuación iba a ser el

ahora anunciado.

Después de proyectarse sobre la figura histórica de David, como tipo del Mesías, el profeta

vuelve a dirigirse al pueblo israelita, que se verá acrecentado por pueblos que te son desconocidos

(v.5). De nuevo los vislumbres mesiánicos universalistas, que aparecen entreverados en

los escritos proféticos 2. El profeta, al hablar del “Santo de Israel” (v.5), quiere recordar a su

pueblo la alta vocación a que ha sido llamado, por la que está muy por encima de los otros pueblos,

pues ésta exige santidad de costumbres y de vida en conformidad con “el Santo,” que es

su Dios protector: “sed santos como yo soy santo” 3, había dicho Dios en el desierto, haciendo

una llamada al pueblo para que se elevara en sus puntos de vista y viviera con la conciencia de

estar en una atmósfera santa, con todas sus exigencias y riesgos, ya que la santidad de Yahvé,

ofendida, exige satisfacción justiciera contra el pueblo ingrato prevaricador.

El tiempo de la reconciliación con Yahvé (6-11).

6 Buscad a Yahvé, mientras pueda ser hallado; llamadlo en tanto que está cerca.

7Deje el impío sus caminos, y el malvado sus pensamientos, y vuélvase a Yahvé, que

1881

tendrá de él misericordia; \ a nuestro Dios, que es rico en perdones. 8Porque no son

mis pensamientos vuestros pensamientos, ni mis caminos son vuestros caminos, dice

Yahvé. 9 Cuanto son los cielos más altos que la tierra, tanto están mis caminos por

encima de los vuestros, y por encima de los vuestros mis pensamientos, 10 Como baja

la lluvia y la nieve de los cielos y 110 vuelven allá sin haber empapado y fecundado

la tierra y haberla hecho germinar, dando la simiente para sembrar y el pan para

comer, 11 así la boca que sale de mi boca no vuelve a mí vacía, sino que hace lo que

yo quiero y cumple su misión.

Ante la glorificación próxima de Israel, se anuncia un período de gracia y de reconciliación.

Puesto que Dios se apresta a inaugurar una era de justicia y salvación para Sión, deben todos

prepararse para acercarse a El, ya que ofrece la gracia y el perdón. Desaprovechar la ocasión es

llegar demasiado tarde. Yahvé está ahora cerca (v.6), y es preciso aprovecharse de su presencia.

Es el tiempo propicio para la salvación; por eso deben obviarse todos los obstáculos que puedan

oponerse a esa efusión del perdón divino: los impíos deben dejar sus caminos (v.7). Dios está

dispuesto a recibirlos con tal de que se vuelvan a El, que es rico en perdones (ν.7). Y la razón de

esta magnanimidad divina radica en que sus pensamientos y caminos (v.8) son de todo punto diferentes

de los cálculos y módulos de los hombres. Dios planea con su inteligencia sobre la historia,

y sus designios misteriosos están fuera de todo cálculo estrecho humano. Por eso, en su misericordia,

se extiende a todos los que de buena voluntad quieran acercarse a El. Los designios de

redención están fuera de toda comprensión humana 4.

Y este designio redentivo sobre todos se expresa por la palabra de Yahvé (v.10), cuya

eficacia es tan manifiesta como la de la lluvia, que empapa la tierra haciéndola fructificar. Siguiendo

la mentalidad popular, supone que la lluvia proviene realmente de los cielos. Precisamente

este origen superior le da pie para la comparación con la palabra que sale de la boca de

Dios. Aunque la eficacia inmediata de la lluvia no es perceptible, sin embargo, a la larga da simiente

para sembrar y pan para comer (v.10); así la palabra divina no vuelve vacía (v.10), sino

fructifica, plasmando sus designios de salvación. La imagen parece ser la de un dependiente que

sale a cumplir una misión y vuelve a su superior a comunicar que se ha cumplido la misión (no

vuelve a mí vacía, v.11). Aquí palabra es el designio de salvación de Dios, que no queda burlado

5.

El retorno glorioso (12-13).

12 Sí, partiréis con regocijo y seréis conducidos en paz. Montes y collados prorrumpirán

en gritos de júbilo ante vosotros, y todos los árboles del campo batirán palmas.

13 En vez de los espinos crecerá el ciprés; en vez de las ortigas, el mirto. Y servirá

esto de renombre a Yahvé, de señal eterna, imperecedera.

El profeta se transporta en espíritu para contemplar el solemne cortejo de los que vuelven de la

cautividad. También aquí, como en otros lugares, aparece el tópico poético de la transformación

de la naturaleza para hacer más grandiosa la comitiva de retorno. Los cautivos serán conducidos

en paz (v.12), libres de todo temor a ser invadidos como las ovejas bajo la solicitud del pastor 6.

Y la naturaleza (montes y collados) se asociará a este retorno triunfal: todos los árboles batirán

palmas, Y este hecho del retorno triunfal del pueblo de la cautividad con transformaciones milagrosas

de la naturaleza servirá de renombre a Yahvé (ν.13); como los milagros del Éxodo y la

protección especial que Yahvé dispensó a su pueblo durante la peregrinación por el desierto, al

1882

salir de Egipto, quedaron en la memoria del pueblo como un monumento perenne de gratitud, así

la nueva liberación de la cautividad servirá de señal eterna, imperecedera (v. 13). Con estas palabras

se cierra este libro de consolación que se abre en el c.4o, y a cuyo principio hace alusión.

Aquellas palabras enternecedoras: “consolad, consolad a mi pueblo,” de 40,1, tienen un digno

colofón en esta descripción del retorno glorioso y triunfal del pueblo de la cautividad. Se ha cerrado

la etapa del duelo para abrirse la de la esperanza y de la gloriñcación.

1 Cf. 2 Sam 7:11-16. — 2 Cf. Is 2:2-4. — 3 Cf. Lev 20:26; 21:8. — 4 Cf. Jer 29:11. — 5 Cf. Is 40,8. — 6 Cf. Is 40,11;52:12.

Capítulos 56-66.

La Nueva Etapa Gloriosa.

La perspectiva se alarga, y parece que el autor se mueve en nuevos horizontes históricos. Ya no

padece la obsesión de la liberación de la cautividad, con el consiguiente castigo de los enemigos

políticos de Sión, los babilonios. El profeta parece que contempla ya al pueblo establecido en la

tierra de Israel, y toda su preocupación es la de purificar los miembros de la nueva teocracia que

se está alumbrando. El profeta no se dirige, pues, a los cautivos de Babilonia, sino a los ciudadanos

de Israel que son infieles a Yahvé. Ya no se menciona la liberación ni el retorno. En los capítulos

40-55 se describían con expresiones líricas hiperbólicas las condiciones placenteras de la

nueva era inaugurada después del retorno del exilio. Aquí, en los capítulos que siguen (56-66),

hay un dejo de amargura al constatar que la nueva comunidad no es totalmente fiel a Yahvé.

Por la historia sabemos las condiciones precarias en que se hallaban los que habían retornado

de la cautividad y el carácter modesto de su retorno. Los jefes, Zorobabel y Nehemías, tuvieron

que luchar mucho por conservar la pureza de costumbres entre los repatriados. De nuevo

reaparecieron los antiguos vicios, y el profeta en estos capítulos habla de la opresión de los pobres

por parte de la clase directora. Al mismo tiempo rebrotaron los cultos paganos con todas sus

bajezas l. Además había cierta dependencia de opresores extranjeros, y Jerusalén era como una

ciudad en ruinas abandonada2. La vida de sus moradores estaba expuesta a las incursiones de los

enemigos, que los despojaban del fruto de su trabajo.

El profeta fustiga los vicios, pero al mismo tiempo, como antídoto de la situación, presenta

el cuadro de la gloria esplendorosa futura de Jerusalén, en la que reinarán la justicia y la rectitud

de sus moradores, siendo la admiración de los gentiles. De nuevo la imaginación desbordada

poética desorbita las condiciones materiales de la nueva teocracia para excitar más las esperanzas

mesiánicas.

Como nota preliminar, podemos decir que no existe un orden cronológico ni lógico en la

distribución de los diversos oráculos de esta tercera parte de Isaías. La generalidad de los comentarista

considera como autor de estos capítulos a un profeta anónimo que habría vivido en los

tiempos de Nehemías, hacia mitad del siglo V.

1 Cf. Is 58:335; 59:13-15; 57:5ss; 65:11; 66:3.17 — 2 Is 62:10.14; 61:4; 62:85.

1883

Capítulo 56.

Invitación a la rectitud (1-2).

1 Así dice Yahvé: Guardad el derecho, practicad la justicia, que pronto va a venir mi

salvación y a revelarse mi justicia. 2 Bienaventurado el varón que esto hiciere, y el

hijo del hombre que a ello se asiere, y que guarde el sábado sin profanarlo y guarde

sus manos de toda obra mala.

Estos dos versículos parecen tener un carácter de introducción, y en ellos se exhorta de modo

general a la práctica del bien, a guardar el derecho (v.1), constituido por el conjunto de normas

jurídicas por las que se debe ajustar la conducta del hombre, y el fruto del cumplimiento de estas

normas es “la justicia.”

En Israel, el derecho era el conjunto de leyes mosaicas que presidían la vida religiosa y

social de la nación teocrática. La justicia que aquí va a revelarse es sinónima de salvación, la

cual se llama justa en cuanto que es la realización de las promesas hechas por Dios. Por eso, en

la literatura profética, frecuentemente justicia es sinónima de salvación, sobre todo cuando se

hallan en paralelismo sinónimo.

La inminencia y realidad de esta salvación hace prorrumpir al profeta en una frase que

tiene el aire de un salmo: Bienaventurado. (v.2). No se pone más condición para el que quiera

participar de esta situación de la era de salvación que el cumplimiento de los valores éticos y la

incorporación a la comunidad de fieles adoradores de Yahvé. Junto a la rectitud y la justicia se

exige el cumplimiento del descanso sabático, considerado en la legislación mosaica como ley

fundamental y característica de la teocracia hebrea1, y que era el signo externo, junto con la circuncisión,

de la fidelidad a la ley tradicional. En la época de Cristo, la observancia del sábado era

de capital importancia en los medios religiosos selectos de Israel. Cristo tuvo que luchar contra la

exagerada observancia del sábado en perjuicio de otros principios éticos 2.

Invitación a los prosélitos y locos (3-7).

3 Que no diga el extranjero allegado a Yahvé: “Ciertamente me va a excluir Yahvé

de su pueblo,” Que no diga el eunuco: “Yo soy un árbol seco.” 4 Porque así dice

Yahvé a los eunucos que guardan mis sábados, y eligen lo que me es grato, y se adhieren

firmemente a mi pacto: 5 Yo les daré en mi casa, dentro de mis muros, poder

y nombre mejor que hijos e hijas. Yo les daré un nombre eterno, que no se borrará,

6 Y a los extranjeros allegados a Yahvé, para servirle y amar su nombre, para ser

sus servidores, a todo el que guarda el sábado sin profanarlo y se adhiere firmemente

a mi pacto, 7yo les llevaré a mi monte santo, y los recrearé en mi casa de oración.

Sus holocaustos y sus sacrificios serán gratos en mi altar, porque mi casa será llamada

casa de oración para todos los pueblos.

Para recalcar la universalidad de esta invitación a formar parte de la nueva comunidad teocrática,

el profeta afirma categóricamente que hasta los que ahora son considerados como ciudadanos

de segundo orden, como el extranjero, prosélito, y el eunuco, despreciado de todos por no

tener descendencia, tendrán acceso al nuevo orden de cosas. Sólo se exigirá fidelidad religiosa y

moral y cumplimiento de la ley tradicional israelita, simbolizada en la obligación de observar el

sábado (v.4).

1884

Aquí se trata del extranjero allegado a Yahvé (v.5), o prosélito, que vivía incorporado de

algún modo al pueblo elegido. Ya en la época del desierto fueron admitidos como ciudadanos de

segundo orden gentes procedentes de tribus sinaíticas que habían tenido relaciones con Israel 2.

A los egipcios y edomitas se les permitía expresamente incorporarse plenamente a la comunidad

israelita en la tercera generación 3; en cambio, a los moabitas y amonitas se los excluía perpetuamente.

La grandiosidad de la futura era gloriosa teocrática presentada a los moradores de Sión

hacía temblar a los prosélitos y ciudadanos de segundo orden, como los eunucos: Me va a excluir

Yahvé de su pueblo, dirían aquéllos, y a su vez éstos, avergonzados de su situación humillante,

dirían descorazonados: 503; un árbol seco (v.3). En Dt 23:1 se excluye expresamente a los eunucos

de la participación de la ciudadanía israelita. El eunuco era un árbol seco, ya que no podía

aspirar a ser padre de familia, y, por tanto, a tener la gloria de que sus hijos asistieran un día a la

espléndida manifestación mesiánica. Pero también para éstos llega el momento de la redención

de su condición social si guardan los sábados y eligen lo que es grato (v.4), adhiriéndose al pacto

de Yahvé4. Dios les dará poder y nombre mejor que hijos e hijas (ν.6), y todo esto dentro del

templo (mi casa, dentro de mis muros, ν.6). Su memoria permanecerá, porque Yahvé se encargará

de recordarle en su templo ante todos y con todos los honores. Muchos autores traducen “les

daré un monumento y un nombre dentro de mi casa” (v.21), aludiendo a un simbólico monumento

dentro del mismo templo al estilo de las masebah o estelas funerarias que erigían los fenicios

para que su recuerdo permaneciera entre los vivos. En todo caso, esto es un lenguaje figurado

para expresar el honor en que han de estar hasta los eunucos en la nueva teocracia si cumplen sus

deberes religiosos y litúrgicos. Yahvé se encargará de darles un nombre eterno (v.5), que les

otorgará más gloria que los hijos e hijas que pudieran tener, compensando de algún modo su

irremediable esterilidad y la afrenta que ello suponía entre los israelitas.

Y a los extranjeros allegados a Yahvé, o prosélitos, se les promete confiarles algo más

que los simples servicios domésticos5; se les promete el acceso, con plena participación, en los

actos de culto: los llevaré a mi monte santo y les recrearé en mi casa de oración, aceptando sus

sacrificios y holocaustos en plan de igualdad con los otros fieles israelitas. Sólo se les pide que

amen su nombre (v.6), es decir, que reconozcan la grandeza de Yahvé y la proclamen en los actos

solemnes del culto.

Por fin, se promete lo mismo a todo el que guarde el sábado (v.6), sin restricción de ningún

género. Yahvé, pues, no hace distinción de clases sociales, ni siquiera de pueblos, ya que

todos están invitados a participar de su manifestación gloriosa en el monte santo (ν.7), Sión, centro

de la nueva teocracia mesiánica. Sólo exige entrega sincera de los corazones y fidelidad a sus

mandamientos, expresión de su pacto (v.6) o alianza con su pueblo, renovada en la era mesiánica.

Es interesante constatar que no se pone como condición para pertenecer a la nueva comunidad

mesiánica el rito de la “circuncisión,” del que estaban excluidos los prosélitos y demás extranjeros

y ciudadanos de segundo orden, como los eunucos. El signo de pertenencia a la nueva

teocracia es el cumplimiento del sábado, que estaba al alcance de todos y era exigido por la antigua

legislación mosaica 6.

El templo es llamado casa de oración (v.7), como lo proclamó Salomón el día de su inauguración

7.

Los malos pastores de Israel (8-12).

8 Oráculo del Señor, Yahvé, que reúne los dispersos de Israel: A los reunidos yo

allegaré otros. 9 Todas las bestias del campo, venid a córner; todas las fieras de la

1885

selva. 10Mis guardianes son ciegos todos8, no entienden nada. Todos son perros mudos,

que no pueden ladrar; soñadores, se acuestan, son amigos de dormir. 11Son perros

voraces, insaciables; son pastores que no entienden, siguen cada uno su camino,

cada cual busca su interés. 12Venid, voy en busca de vino, y nos embriagaremos de

licores, y mañana será como hoy, día grande, muy grande.

El v.8 comprende un oráculo que en realidad puede considerarse como una recapitulación de los

precedentes. Dios quiere que a los reunidos de Israel (v.8) se alleguen otros, los prosélitos y demás

que cumplan sus mandamientos. Los reunidos son los israelitas vueltos de la cautividad, a

los que se juntarán otros para que participen de la nueva era mesiánica.

Pueden considerarse también estas palabras como introducción a lo que sigue: Israel

constituye un rebaño con los reunidos o repatriados del exilio, pero tienen malos pastores, y ahora

va a caracterizarlos con los peores colores. El estado aquí reflejado es muy similar a lo que

nos dicen Malaquías y Nehemías. Parece, pues, el mismo ambiente histórico. En aquel estado de

miseria y abandono de la agricultura que caracterizó los años que siguieron al exilio, las bestias

del campo (V.9) y alimañas infestaban el país. Por otra parte, la situación de los pobres israelitas

es muy precaria a causa del abandono en que los tienen los pastores (v.10); de ahí que el profeta,

inspirado en la situación reinante, invite a las bestias del campo a devastar el país. Quizá bestias

del campo aquí tenga un sentido traslaticio, referido a los enemigos de Israel. La situación es tan

caótica, que irónicamente invita a los enemigos de Israel a entrar a saco, pues la situación les es

favorable, ya que los encargados de defender y guardar a Israel están ciegos, son perros mudos,

que no pueden ladrar; amigos de dormir (v.10). La invitación a las bestias del campo (enemigos

de Israel) a devorar el rebaño no ha de tomarse como un deseo, sino como frase irónica para reflejar

un hecho, el del abandono en que se halla el pueblo, expuesto a todos los peligros 9. La clase

directora de Israel, sacerdotes y funcionarios civiles 10, son indolentes y no se molestan en vigilar

por los que están bajo ellos; no pueden ladrar denunciando los vicios del pueblo y conminando

a los que abusan de la situación. Los profetas eran “centinelas” que tenían por oficio gritar

y dar la voz de alerta u. Son soñadores, dispuestos a todo menos a cumplir su oficio, sumidos

en la más soporífera indolencia. Por otra parte, sólo se preocupan de sus intereses 12, movidos de

su voracidad insaciable. Son obtusos: no entienden (v.11), preocupándose sólo de lo que les

agrada: sigue cada uno su camino. Su vida se consume en la vida epicúrea; por eso el profeta

finge un coloquio entre ellos: Venid, voy en busca de vino. (v.12). En vez de preocuparse de los

problemas de su pueblo, sólo piensan en festines y francachelas 13. Para ellos, toda la vida será

un continuo banquetear: mañana sera como hoy, día grande sobremanera; es la mayor burla que

se puede hacer a un pueblo hambriento y acosado por enemigos.

1 Cf. Ex Ao.Sss; Dt 5:1 As. — 2 Cf. Lev 13:10-17. — 2 Cf. Núm 24:21; Jue 1:26. — 3 Dt 23:8. — 4 En Realidad, La Palabra Yad,

Que Traducimos Por Poder O Mano, Puede Tener El Sentido D” “Monumento” Funerario (Cf. 1 Sam 15:12; 2 Sam 18:18; Cf.

Skinner, O.C., II 165; CON-Damin, O.C., P.302). — 5 Cf. Jos 9:21s; Esd 8:20; Neh 7:60. — 6 Cf. Ez 20:10; 31:15; Lev 16:31. —

7 1 Re 8:29; 41:43. El Señor recuerda este texto al expulsar a los vendedores (cf. Mt 21:13; Mc 11:17; Le 19:46). — 8 El texto

masorético dice textualmente “sus guardianes.” Con una ligera corrección se obtiene una lectura más adaptada al contexto. — 9

Cf. Jer 12:9; Ez 35:5-8. — 10 Cf. Jer 6:17; Ez 3:17; 33:2s. — 11 Cf. Is 58:1; Ez 33:15; 33:6. — 12 El final del v.11 y el v. 12 no

están en los LXX. 13 Cf. Is 5:11; Miq 2; n.

1886

57. Idolatrías de Israel.

Los justos, postergados (1-2).

1 El justo perece, y no hay quien pare mientes; desaparecen los piadosos, y no hay

quien entienda que el justo es arrebatado ante el mal 2 para entrar en la paz. Descansan

en sus lechos los que siguen su camino recto.

Estos dos versículos son una continuación de la historia contra los malos pastores del capítulo

anterior. Como consecuencia del abandono de los jefes, los justos son postergados, y nadie repara

en ellos, que van desapareciendo poco a poco, sin que haya nadie que entienda (v.1), e.d.,

que se dé cuenta de lo que esto significa para la comunidad israelita. En realidad, lo mejor de la

sociedad son estos piadosos o Hassidim, que centraban su vida en torno a la ley de Dios. En la

época posterior al exilio se organizaron en asociaciones, dando origen a los “fariseos” o “separados”

puritanos, que pretendían llevar una vida más en consonancia con las tradiciones de los padres

1. El justo es arrebatado ante el mal (v.1), e.d., el justo se va mientras que el “mal” progresa

y lo invade todo 2. Y el justo desaparece para entrar en la paz (v.2) del sepulcro, donde descansan

en sus lechos mortuorios honrados con la memoria de todos. Aunque aquí no se aluda expresamente

a una vida bonancible de ultratumba, sin embargo, acaso la incluya. En la época postexílica,

la idea de la retribución en el más allá se fue esclareciendo, hasta culminar en la revelación

del libro de la Sabiduría 3. La idea de paz relacionada con el sepulcro aparece en la literatura sapiencial

y extrabíblica fenicia4. Un sepulcro honroso es ya, en la mentalidad del Antiguo Testamento,

un premio para el justo y piadoso que sigue su camino recto (v.2), e.d., que lleva una

conducta irreprochable conforme a la ley de Dios.

Invectivas contra los idólatras (3-5).

3 Acercaos, pues, vosotros, hijos de la bruja, generación de la adúltera y de la prostituta.

4 ¿De quién os burláis, a quien hacéis muecas y sacáis la lengua? ¿No sois vosotros

hijos de pecado, raza de mentira? 5 Encendidos de concupiscencia bajo el terebinto

y bajo todo árbol frondoso, sacrificando niños en el lecho de los torrentes, en

los huecos de las peñas?

La invectiva es de lo más despiadada. ¿A quiénes se dirige? Quizá a los pastores indolentes, aunque

las cosas que se afirman son demasiado fuertes aplicadas a ellos. Muchos creen que más bien

se dirige a los samaritanos, enemigos de Judá, que en su religión estaban contaminados con

prácticas idolátricas. Probablemente se refiere a un sector infiel de la población que seguía prácticas

licenciosas paganas, a imitación de las antiguas prácticas idolátricas de la época preexílica.

Se les llama hijos de la bruja porque se daban a prácticas supersticiosas (cf. 65:355). Y generación

de la adúltera y de la prostituta, por sus prácticas idolátricas; la idolatría es llamada en el

Antiguo Testamento adulterio. Algunos piensan que se refiere al carácter mixtificado de la religión

de los samaritanos, en la que intervenían elementos yahvísticos, cananeos y asirobabilónicos.

Parece que estos impíos despreciaban a los “piadosos” haciendo burla de ellos: ¿a quién

hacéis muecas.? (v.4). En realidad, no tienen derecho a tomar esta actitud, pues son hijos de pecado,

raza de mentira (v.4); sus obras son pecaminosas, y ellos mismos son falsos e infieles

hacia Yahvé.

1887

Y detalla los crímenes idolátricos que han cometido: encendidos de concupiscencia bajo

el terebinto y bajo todo árbol frondoso (v.5); alusión a los cultos licenciosos que se hacían, por

influencia cananea, bajo los “árboles,” particularmente los terebintos, símbolos de la feracidad

de la naturaleza, debido a una divinidad afrodisíaca relacionada con todo lo que fuera procreación.

En esos cultos no faltaban las prostituciones sagradas aun entre personas del mismo sexo 5.

Sacrificando niños en los lechos de los torrentes (ν.6): alusión a los sacrificios humanos, que por

influencia moabita estuvieron bastante extendidos en la época de Acaz y otros reyes. La Biblia

nos habla del “valle de los Bene Hinnom” (“gehenna” de la literatura rabínica posterior, al sudoeste

de Jerusalén, en el actual Wady Ar-rababy), donde se practicaban estas abominaciones a

Moloc 6. Por lo que aquí se dice, también se daban estas prácticas en otros lugares recónditos,

como en los huecos de las peñas (v.5).

Elegía profética contra la idolatría (6-9).

6 Los lisos chinarros del torrente serán tu parte: he ahí tu porción. A ellos hiciste tus

libaciones y elevaste ofrendas. ¿Me voy a consolar con eso ? 7Sobre un monte alto,

bien alto, pusiste tu cama; también subiste allí para sacrificar. 8 Detrás de la puerta

y el umbral pusiste tu distintivo, pues, lejos de mí, te descubriste y subiste a tu lecho,

lo ensanchaste y te prostituíste con aquellos cuyo comercio deseaste, compartiendo

su lecho. Contemplaste la estela7, 9 corriendo a Moloc con ungüentos8, multiplicando

tus unciones, enviando lejos tus embajadores, haciéndolos descender hasta el seol.

La invectiva se convierte en ironía. En efecto, los dioses de estos idólatras son los lisos chinarros

del torrente, con los que forman sus estelas y monumentos. Ahí se termina la porción o heredad

de ellos, mientras que la heredad de Israel fiel es Yahvé, Dios supremo de todo, que habita en los

cielos 9. A esos ídolos formados con piedra del torrente han ofrecido libaciones y ofrendas, y esto

es un insulto contra la majestad celosa de Yahvé: ¿me voy a consolar con eso? o mejor, ¿me

voy a contentar con esto, sin enviar el debido castigo?

Y sigue declarando detalladamente las abominaciones de los idólatras: sobre un monte

pusiste tu cama (ν.7); alusión a los cultos en los lugares altos, que tantas veces aparecen estigmatizados

en la literatura profética10. La idolatría era comparada comúnmente a un acto de prostitución,

en cuanto que era una infidelidad con Yahvé, esposo de Israel; por eso aquí, con todo detalle

realista, se la describe al modo de una casa pública. En éstas no falta el distintivo a la puerta

(v.8), indicando que era una casa de placer para atraer las miradas de los amantes.

Después especifica el profeta, ya en lenguaje no figurado, el sentido de esta prostitución

espiritual: contemplaste la estela, e.d., dirigiste tus miradas de adoración al masebah, o estela

erigida en honor de la divinidad extraña, como ocurría en los santuarios de Canaán y Fenicia.

Los israelitas paganizantes de que aquí se habla se han apresurado a ir tras Moloc 11, dios sanguinario

amonita, enviando sus embajadores, que aquí serían los niños sacrificados, enviados al

seol o región de los muertos. Moloc era una divinidad subterránea, y por eso, sus víctimas habían

de penetrar en las entrañas de la tierra, y todo esto acompañado de unciones.

Amenazas de Yahvé (10-13).

10 Por el largo viaje te fatigaste; no dijiste: Renuncio. Hallaste el vigor de tu mano;

por eso no enfermaste. n ¿De quién temes, que te asustas, para renegar de mí, para

no acordarte de mí ni hacerme caso? ¿No me he callado y he cerrado los ojos, y tú

no me temiste? 12 Pues ahora voy a pregonar tu justicia y tus obras, que de nada te

1888

servirán. 13 Grita, que te salven tus ídolos. A todos los llevará el viento, un soplo los

arrebatará. Pero el que en mí confía heredará la tierra y poseerá mi monte santo.

A pesar de estar fatigados de tanto caminar tras los ídolos (v.10), los israelitas son incapaces de

darse por enterados, abriendo los ojos y diciendo que van a cambiar de conducta: Renuncio

(v.10). Ese largo viaje idolátrico son las diversas formas de culto adoptadas. La frase hallaste el

vigor de tu mano. (v.10) parece irónica: con tus adoraciones a los ídolos has obtenido de ellos

vigor para tu cuerpo, y por ello no enfermaste o decaíste a pesar de tanto trajinar en ese largo

viaje de ídolo en ídolo.

El tono de Yahvé parece cambiar ante tanto extravío alocado. Quizá los fomentadores de

la idolatría lo hacen por miedo a los ídolos: ¿De quién temes.? (v.11). Los ídolos no son nada, y,

por tanto, no deben temerles; por otra parte, no deben interpretar el mutismo de Yahvé como impotencia.

Yahvé ha cerrado los ojos (ν. 11) momentáneamente, y los paganizantes creen que es

porque no puede, y no temen: 3; tú no me temiste. La contraposición irónica está entre el ¿de

quién temes? frente a los ídolos, y el no me temiste, frente a Yahvé, quien, por tanto, ha sido postergado

en el culto. Consideran como más poderosos a los ídolos que el mismo Yahvé. Pero llega

la hora de la cuenta, y Yahvé va a pregonar tu justicia (v. 12), en sentido irónico; e.d., Yahvé va

a hacer públicas las obras de estos paganizantes con su pretendida conducta justa, y esas obras,

descritas en 6-10, serán para ellos un baldón, por haber confiado en lo que no tiene valor; sus

obras serán inútiles a la hora de la prueba.

Cuando llegue la hora del castigo, de nada les servirá gritar (v.13). Yahvé los deja en manos

de los ídolos 12 en quienes confiaron. La ira divina los llevara como el viento. En contraposición

a esta situación, los justos que confían en Yahvé recibirán por herencia la tierra, e.d., la

Tierra Santa o Palestina, donde está enclavado el monte santo de Dios, Sión, centro de la teocracia

israelita. Es la suerte contrapuesta en la literatura sapiencial de los justos y los pecadores: a

aquéllos se les reservará una permanencia tranquila en el país de Yahvé, mientras que éstos serán

llevados como paja empujada por el viento 13.

Poema de consolación (14-21).

14 Y se dirá: Abrid, abrid camino, allanadlo, quitad los tropiezos del camino de mi

pueblo; 15 porque así dice el Altísimo, cuya morada es eterna y cuyo nombre es santo:

Yo habito en un lugar elevado y santo, pero también con el contrito y humillado,

para hacer revivir el espíritu de los humillados y reanimar los corazones contritos.

16Pues yo no quiero estar siempre contendiendo, ni quiero estar siempre enojado, 1

porque sucumbiría ante mí todo espíritu y las almas que yo he creado. 17Por la iniquidad

de su avaricia yo me irrité14, y ocultándome, le castigué sañudo, y, rebelde,

marchó por los caminos de su corazón. 18Sus caminos los he visto yo, pero yo le sanaré,

le conduciré15 y le consolaré a él y a sus afligidos, 19haciendo que sus labios

prorrumpan en acción de gracias16

: Paz, paz al que está lejos y al que está cerca, dice

Yahvé; yo le curaré. 20Pero los impíos son como un mar proceloso, que no puede

aquietarse y cuyas olas remueven cieno y lodo. 21No hay paz, dice Yahvé, para los

impíos.

A pesar de las graves acusaciones lanzadas contra los paganizantes, aquí de pronto aparece en

toda su grandeza la magnanimidad divina, que quiere otorgar el perdón al contrito y humillado.

Ha enviado un castigo, y ahora quiere curar a los que han sido afectados por él y se vuelven

1889

hacia Yahvé. Una voz anónima dará un grito de alerta ante la manifestación misericordiosa de

Dios 17. En 40:3, un enviado encargado de preparar la marcha triunfal de Yahvé invitaba a la naturaleza

a convertirse en una espléndida avenida para que pasara el cortejo triunfal de Yahvé con

sus repatriados de Babilonia. Aquí los tropiezos del camino de mi pueblo (v.14) son los obstáculos

morales que se oponen a esta manifestación salvadora de Yahvé. Es una invitación a la penitencia

y al retorno a Dios. El oráculo va a proclamar una era de gracia, y con todo énfasis destaca

que El que otorga el perdón es el que habita en un lugar elevado y es santo (v.15), Yahvé, que, a

pesar de su trascendencia (santo en el A.T. sustancialmente equivale a “trascendente,” “incontaminado,”

“aparte de todas las cosas”) 18, se abaja al contrito y humillado, porque esta atmósfera

de contrición y de humildad es la que debe respirar el hombre para acercarse a Dios. Sólo

entonces la santidad de Dios puede entrar en relaciones con el pecador. Dios conoce el fondo

frágil de los seres humanos, y por eso está dispuesto a perdonarles; de ahí que no quiere estar

siempre contendiendo, ni enojado (v.16).

Una de las causas del enojo divino ha sido la desmesurada avaricia de los israelitas. Sabemos

que, en la época de Nehemías y Esdras, la avaricia era el pecado más generalizado, pues

hasta se escatimaban a Yahvé las víctimas de calidad para los sacrificios 19. Yahvé, por este estado

de transgresión, ocultó su rostro, retirando su protección sobre su pueblo. Pero el pueblo judío

siguió, rebelde, los caminos de su corazón (ν.17), e.d., sus sendas descarriadas, sin reconocer sus

yerros.

Yahvé mismo fue testigo de sus caminos (v.18) o desvarios. Pero Dios reconoce que Israel,

al obrar así, lo hace, más que por malicia, por enfermedad e inveterados usos; por eso, en

vez de dejarlo abandonado a su suerte, como parece mereciera, lo atraeré, a sí, sanándole. como

enfermo lo sanará (v.18) y como descarriado le conducirá (v.18), consolándole con la perspectiva

de la salvación; por lo que prorrumpirá en un supremo himno de acción de gracias (v.19), con

el tradicional grito de bienvenida y de alegría: Paz, paz (salom, salom, en lengua hebrea, que designa

las palabras de saludo y al mismo tiempo refleja la máxima expresión de alegría), y esta

paz es para el que está lejos (probablemente alusión a los que aún están exilados en Babilonia) y

al que está cerca, instalado en Palestina.

Pero esta paz es sólo para los piadosos y rectos, ya que los impíos son por definición inquietos

como el mar proceloso, que no puede aquietarse (v.20). En 48:22 encontramos la misma

expresión: no hay paz para los malvados, que aquí encuentra su plena contraposición a la suerte

de los piadosos (v.21).

1 En contraposición a los “fariseos” o “separados” estaba el vulgo, o “pueblo de la tierra” ('am haares). — 2 Algunos creen que aquí

se trata de una gracia que hace el Señor al llevarse a los justos antes de que sobrevenga una calamidad inminente; en este caso sería

una amonestación para los que quedaban aún expuestos a la misma. — 3 Cf. Sab3,i7. — 4 Cf. Job 3,i3ss; Ez 32:25. — 5 Cf. Os

4:13; Ez 6:13; Jer 2:20; 3:6; Dt 12:2; 1 Re 14:23. — 6 Cf. 2 Re 16:3; 21:6; 23:10; Jer 7:31; IQ,5; Ez 20,25; Dt 12:31. — 7 Lit. el

hebreo dice “contemplaste la mano.” Pero ya hemos visto que yad (“mano”) puede tener el sentido de “estela” o monumento

conmemorativo. — 8 El texto masorético dice “Melec rey,” pero parece una mala puntuación. “ Cf. Dt 4:10; Jer 10:16; Sal 16:5.

— 10 Cf. Lev 26:30; Jer 19:5. — 1l Los que leen Melec creen que alude a los reyes extranjeros, egipcios o asirios, a los que habían

enviado embajadores con perfumes para aliarse con ellos. — 12 La palabra heb. que traducimos por ídolos es oscura. Los LXX

leen “en tu tribulación.” — 13 Cf. Sal 1:3. — 14 Los LXX leen: “por el crimen un momento le moleste.” — 15 El texto griego lee

“le consolaré” en vez de conduciré. — 16 Lit. en hebreo dice “creando fruto de labios,” que es sinónimo de cánticos de alegría y

acción de gracias (cf. Os 14:3; Heb 13:15)· — 17 Cf. Is 40:3; 62:10. — 18 Cf. Is6:9. — 19 Cf. Mal 1:8:13; 14; 3:8; Neh 5; Ag 1:2-

9; Jer 6:13; Ez 33:31.

58. Invectiva contra el Formalismo Religioso.

También en este fragmento parece reflejarse la situación inmediata postexílica de la comunidad

1890

judía, demasiado preocupada de formalismos rituales, mientras se pasan por alto los principios

morales de justicia y del ayuno legal. No se dice nada del culto del templo.

Inutilidad del mero ayuno externo (1-4).

1 Clama a voz en cuello sin cesar, alza tu voz como trompeta y echa en cara a mi

pueblo sus iniquidades, y a la casa de Jacob sus pecados. 2Día tras día me buscan y

quieren saber mis caminos, como si fueran un pueblo que ama la justicia, sin apartarse

del derecho de su Dios. Me piden leyes justas, y se complacen en acercarse a

Dios. 3¿A qué ayunar, si tú no lo ves? ¿A qué humillar nuestras almas, si no te das

por entendido? Sí, pero en el día de ayuno os vais tras vuestros negocios y oprimís a

todos vuestros servidores. 4Ayunáis para mejor reñir y disputar y para herir inicuamente

con el puño. No ayunéis como lo hacéis ahora, si queréis que en lo alto se

oiga vuestra voz.

Se invita al profeta, en su calidad de centinela, a dar la voz de alerta a su pueblo para que no se

deje llevar por un formalismo religioso meramente externo (v.1). Debe declarar a la casa de Jacob,

o Israel, sus iniquidades (v.1), que a continuación va a enumerar. Quizá la predicación del

profeta es con ocasión de una reunión religiosa en un día de ayuno. La práctica del ayuno se

había generalizado en la época posterior al destierro. La Ley sólo prescribía uno solemne en el

“día de la expiación” l.

El profeta reconoce que el pueblo tiene un celo especial por lo religioso (me buscan y

quieren saber mis caminos, v.2); pero esta religiosidad no cala en lo interior, sino que es puramente

formalista y aun hipócrita. La justicia no es un mero fruto de estas prácticas externas religiosas.

Los caminos de Yahvé no son sólo la Ley externa sobre prácticas meramente culturales.

El pueblo cree que las leyes justas que pide a Yahvé son sólo los modos de cumplir estas

exterioridades. Pero éstas no bastan para tener relaciones verdaderas con Dios. Más tarde dirá en

qué consiste la justicia que Dios quiere, e.d., el cumplimiento de los deberes éticos elementales

para con el prójimo, principalmente para con el desvalido, acercándose con el corazón limpio y

contrito a Dios. Es verdad que los israelitas se complacen en acercarse a Dios (v.2), e.d., sienten

una necesidad de cumplir ciertos ritos religiosos; pero las disposiciones internas son muy otras

de las que requiere la ley de Dios.

El pueblo creía que con estas formalidades externas podía atraerse el favor divino, y así

en el ayuno veía el gran medio de tapar sus torpezas, esperando atraer la protección divina. Pero

la experiencia les enseña que Dios los tiene abandonados a su suerte, y por eso, en un grito de

protesta, se preguntan por el resultado de sus infructuosos ayunos: ¿A qué ayunar, si tú no lo

ves? ¿A qué humillar nuestras almas, si tú no te das por entendido? (v.3). Sienten decepción al

ver que con sus ayunos no consiguen que se acelere el advenimiento de la salud para el pueblo.

Dios no ve ni se da por entendido a sus manifestaciones religiosas externas. Es la gran tragedia

del pueblo. Por eso es necesario hacer ver que es preciso acompañar estas formalidades religiosas

externas de disposiciones morales internas. La realidad es que los mismos días de ayuno los

aprovechaban para sus negocios (ν.3). Quizá la concentración de gentes con motivo de los días

solemnes de ayuno era la ocasión para preparar transacciones de tipo comercial. Además, parece

que hacían trabajar a sus servidores u operarios el día del ayuno. Según Lev 16:29, estaba prohibido

el trabajo el día del ayuno de la expiación. Más tarde esto se había generalizado como costumbre,

aceptada para todos los días de ayuno solemne oficial del pueblo.

Es más, por carecer de las disposiciones interiores de aceptación con modestia de las le1891

yes del Señor, el ayuno, en vez de ayudarlos a reprimir las pasiones y adquirir un espíritu de sacrificio,

de penitencia, hace a las gentes irritables y malhumoradas, y de ahí las disputas y los

altercados: Ayunáis para mejor reñir y disputar (v.4) 2. Como conclusión, el profeta les dice que

el modo de ayunar que tienen no es el más apto para conseguir que Dios los oiga y proteja (v.4).

El ayuno grato a Yahvé (5-9).

5¿Es acaso así el ayuno que yo escogí, el día en que el hombre se mortifica? ¿Encorvar

la cabeza como un junco y acostarse con saco y ceniza? ¿A eso llamáis ayuno y

día agradable a Yahvé? 6¿Sabéis qué ayuno quiero yo? dice el Señor Yahvé: Romper

las ataduras de iniquidad, deshacer los haces opresores dejar libres a los oprimidos

y quebrantar todo yugo; 7partir tu pan con el hambriento, albergar al pobre

sin abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante tu hermano3. 8Entonces brotará

tu luz como la aurora4, y pronto germinará tu curación5 e irá delante de ti tu

justicia, y detrás la gloria de Yahvé. 9Entonces llamarás y Yahvé te oirá; le invocarás,

y El dirá: Heme aquí.

Las manifestaciones meramente externas no son un verdadero ayuno ante el Señor. Es preciso

mortificarse (lit. “doblegar el alma,” v.5), e.d., reprimir las malas inclinaciones y dominarse

para seguir fiel a los mandatos de Yahvé. Las manifestaciones externas en los días de ayuno

entre los orientales eran exageradas: vestirse de saco, echar ceniza sobre la cabeza y andar con la

cabeza encorvada como un junco (v.5). Todo esto no vale sino como signo de compunción interior

y propósito de buscar los caminos del Señor, expresados en el cumplimiento de los deberes

morales para con el prójimo, como dirá a continuación: romper las ataduras de la iniquidad.,

dejar libre al oprimido (v.6). Este es el ayuno que desea el Señor. Con esto no quiere negarse el

valor del ayuno ritual, pero el profeta destaca que sobre él están los deberes morales de caridad y

justicia elemental. Los profetas son los grandes vindicadores de los derechos de los oprimidos:

los huérfanos, las viudas, los desheredados, víctimas de extorsiones judiciales aparentemente justas,

pero criminales en el fondo 6. Los profetas son los representantes de los valores eminentemente

éticos en el Antiguo Testamento. Jesucristo continuará y sublimará su doctrina, condenando

y dando de lado al nomismo o formalismo legal surgido después del destierro, y que

culminó en la secta farisaica, que había hecho de la ley del Señor una mera caricatura 7. ¿Cómo

han de esperar la gracia y benevolencia de Dios los que oprimen al prójimo? En este estado de

ánimo, sus ayunos son más bien provocaciones a la ira divina. Cuando Israel cumpla sus deberes

de justicia y de caridad para con su prójimo, se sentirá radiante como la aurora (v.8) al ver que

ha llegado la felicidad esperada, su salvación. Ante Israel habrá surgido de repente una nueva

luz, la de su liberación espiritual, y se sentirá curado de sus heridas tradicionales, los pecados de

que antes hizo mención: extorsiones, avaricia, etc. Cuando cumpla con sus deberes morales, verá

brillar delante de sí la justicia, e.d., el producto de sus buenas obras, y a su vez será protegido

en su espalda por la gloria de Yahvé (v.8). Delante, pues, de Israel irá su conducta intachable, y

detrás el premio de ella, la manifestación gloriosa del Dios de Israel. Es una imagen parecida a

la de 52:12 si bien con diferente contexto y sentido.

Invitación a la mansedumbre (9b-12).

9bCuando quites de ti el yugo, el gesto amenazador y el hablar altanero8; 10cuando

des de tu pan al hambriento y sacies el alma indigente, brillará tu luz en la oscuridad,

y tus tinieblas serán cual mediodía. 11Yahvé será siempre tu pastor 9, y en el de1892

sierto hartará tu alma y dará vigor a tus huesos,Serás como huerto regado, como

fuente de aguas que no se agotan10; 12y serán edificadas por ti las antiguas ruinas11,

y alzarás los cimientos de generaciones y generaciones, y te llamarán reparador de

brechas y restaurador de sendas para habitar.

Es esencial para entrar en buenas relaciones el mantener espíritu de mansedumbre con los inferiores,

quitando toda impresión de yugo (v.1) u opresión sobre ellos. Por otra parte, es necesario

ayudarle en las necesidades, ya que es un alma indigente (v.10), una persona en extrema necesidad.

Entonces las estrecheces del donante se convertirán en desahogo, y aparecerá su salvación

como una luz en la oscuridad, como horizonte luminoso de esperanza, ya que la beneficencia ha

hecho que se perdonen sus pecados y pueda entrar de nuevo en relaciones amistosas con Yahvé;

entonces su situación de desesperación actual y sus tinieblas serán cual mediodía, ya que va a

cambiar el horizonte tenebroso de enemistad con Dios por el esplendor meridiano de la amistad

divina, con las consiguientes bendiciones sobre su vida.

Entonces Israel (los israelitas fieles) se sentirá seguro bajo la protección de su pastor

(v.11), y, aunque tenga que pasar por tierras desérticas, sentirá la hartura de su alma. El desierto

será un vergel en virtud de la protección de Yahvé. Alude al retorno de Israel de la cautividad

por el desierto inhóspito. La presencia de Dios le convertirá en feraz jardín. Es la imagen tradicional

empleada por los profetas al hablar del retorno de la cautividad. La naturaleza debe asociarse

a la alegría de su pueblo, que vuelve de la cautividad.12 Israel será como huerto regado,

como fuente de aguas (v.11), recuperando el vigor de sus huesos. La tragedia del destierro había

dejado casi exánime a Israel como pueblo. Yahvé inyectará de nuevo vida, de modo que vuelva

a ser de complexión robusta. Su historia volverá a mostrarse en todo su esplendor con la feracidad

del huerto regado. Israel volverá a echar los cimientos de generaciones y generaciones

(v.12), es decir, o bien restaurará los cimientos históricos de las generaciones pasadas, o hará

surgir un edificio nuevo, cuya prolongación se perpetuará por generaciones. Parece mejor la primera

interpretación, ya que en el contexto se le llama a Israel reparador de brechas, aludiendo a

la reedificación de las ruinas de la ciudad después del destierro. La situación de Palestina después

de los años de invasión era caótica en extremo; por eso los israelitas, al retornar, además de

reparar las brechas de sus muros, tenían que reparar las sendas para habitar (v. 12), poner las

vías de comunicación entre las localidades habitables en buen uso para que la vida ciudadana

discurriera normalmente.

La observancia del sábado (13-14).

13 Cuando te abstengas de pisotear el sábado 13 y de ocuparte en tus negocios en mi

día santo, y llames al sábado delicioso, y venerable al (día) santo de Yahvé, y le honres

no haciendo tus viajes, ni arreglando tu negocio ni hablando de él14, 14entonces te

gozarás en Yahvé, y te haré remontar sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer

la herencia de Jacob, tu padre, pues la boca de Yahvé ha hablado.

En este fragmento — que muchos autores consideran independiente del anterior — se urge la

observancia del sábado, como antes la del verdadero ayuno, acompañado de disposiciones morales.

La profanación del día consagrado al Señor era una de las lacras habituales en Israel. Los

más desaprensivos aprovechaban la concentración de gentes del sábado para hacer prosperar sus

negocios materiales, lo que era pisotear el día consagrado a Dios. En realidad, en la legislación

israelita la observancia del sábado tenía un fin íntimo religioso, ya que la abstención de labores

1893

profanas debía dejar el alma libre de preocupaciones para dedicarse a Yahvé, en comunidad festiva

con El. Por eso el profeta quiere que el sábado sea llamado delicioso (v.13), e.d., día en el

que el alma religiosa encuentra su máxima felicidad por poder dedicarse de lleno a su Dios; por

ello es venerable (v.13), digno de todo respeto, pues el día es santo de Yahvé, en cuanto que el

mismo Dios lo ha santificado, descansando en el séptimo día de la creación. Por otra parte, es el

día en que los israelitas debían santificarse dedicándose a Yahvé y absteniéndose de los negocios

materiales. Con ello el israelita encontrará la plena felicidad: te gozaras en Yahvé (v.14), participando

de sus bendiciones y gracias. Dios, por su parte, le premiará haciéndole remontar sobre

las alturas de la tierra (v.14), es decir, le hará salir triunfante de todos los obstáculos, caminar

libremente como dueño de la tierra de promisión. Después de la cautividad, el estado de los repatriados

en Palestina era muy poco satisfactorio e inestable, ya que los enemigos dominaban la

mayor parte del país, que es la herencia de Jacob, a la que Israel fiel tendrá acceso, pudiendo

disfrutar de su posesión. Para dar mayor énfasis, se recuerda que es una revelación expresa de

Yahvé al profeta: pues la boca de Yahvé ha hablado; frase estereotipada en la literatura profética

para indicar una comunicación divina concreta. 15

59. Invectiva Contra Israel Pecador.

La razón de que la salvación de Dios se retrase estriba en los pecados de Israel. Yahvé es omnipotente;

por tanto, si no ha salvado a su pueblo, no es por impotencia, sino que esa salvación está

condicionada a la conducta del mismo pueblo escogido. Yahvé no es infiel ni indiferente a sus

promesas. Son los pecados de Israel los que retardan su intervención salvadora, pues son como

un muro que se interpone entre ambos, en tal forma que las relaciones quedan totalmente interrumpidas.

Pero, al fin, Dios se decide a intervenir, al ver tanta injusticia y maldad, con su mano

justiciera.

La corrupción moral, obstáculo para la salvación de. Yahvé (1-8)

1 He aquí que 110 se ha acortado la mano de Yahvé para salvar ni se ha hecho duro

su oído para oír, 2 sino que vuestras iniquidades han hecho una separación entre vosotros

y vuestro Dios; vuestros pecados hacen que El oculte su rostro para no oíros;

3 porque vuestras manos están manchadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad;

vuestros labios hablan mentira y vuestra lengua susurra impiedad. 4 No hay quien

clame por la justicia, nadie que juzgue con verdad. Confían en vanidades y hablan

falsedades, conciben fatigas y paren desventuras. 5 Incuban huevos de áspides y tejen

telas de araña, y el que come de sus huevos muere; si se los rompe, sale un basilisco.

6 Sus telas no sirven para vestir, ni con sus obras puede uno arroparse; sus

obras son obras de iniquidad, y en sus manos hay obra de violencia. 7 Corren tras el

mal sus pies y se dan prisa a derramar sangre inocente. Sus pensamientos son pensamientos

de iniquidad, y a su paso dejan el estrago y la ruina. 8 No conocen el camino

de la paz, no hay en sus sendas justicia; sus veredas son tortuosas; quien por

ellas va no conoce la paz.

Las iniquidades e injusticias han hecho que la mano del Señor no se manifieste, no porque ésta

sea corta o impotente para salvar (v.1); ni tampoco se ha hecho duro de oído, mostrándose indiferente

a las súplicas de Israel. La culpa reside en la conducta de los israelitas, que se han hecho

1894

indignos de participar de las bendiciones divinas (v.2); por eso oculta su rostro y los abandona.

Y el profeta detalla las razones de este alejamiento de Dios: las manos están manchadas en sangre

(v.3); la avaricia no se ha detenido ante el homicidio y el atropello de los débiles, ni sus Zabios

ante la mentira. Todos los medios, la difamación, la violencia, parecían lícitos para los avaros

israelitas de las altas categorías sociales. La situación es tal, que no hay quien clame por la

justicia (v.4); y los derechos más elementales se conculcan con falsedades y argumentaciones

sofísticas ante los tribunales. Todo es un cavilar moroso contra el prójimo: conciben fatigas y

paren desventuras. No tienen otra obsesión que hacer daño a los débiles, valiéndose de todas las

artimañas. Su conducta es como la de los que incuban huevos de áspides y tejen telas de araña

(v.5). Sus maquinaciones son tan peligrosas como los huevos de áspides, que llevan dentro de su

cáscara un ser maligno y venenoso, y sus artimañas son tan sutiles como las telas de araña, que

hacen caer a los insectos. Los incautos son capturados en sus hilos sin poder sacar ningún provecho,

aunque aparentemente sus planes parezcan excelentes para el bien social; por eso nadie con

sus obras puede vestirse (v.6), pues no sirven más que para perjuicio de la sociedad. Sus actos no

tienden a conservar la paz social ni la justicia (v.8). Todo el que se asocie con ellos no conoce la

paz (v.8).

Ansias de salvación en el pueblo (9-11).

9 Por eso se alejó de nosotros el juicio, por eso no nos alcanza la justicia. Esperamos

luz, y he ahí tinieblas; resplandor, y caminamos en la oscuridad. 10Vamos palpando,

como ciegos, la pared, y andamos a tientas, como quien no tiene ojos. Tropezamos

en pleno día como en el crepúsculo; habitamos en tinieblas, como muertos16.

11Gruñimos todos como osos y gemimos como palomas. Esperamos el juicio, pero

nada; la salvación, pero está lejos de nosotros.

El fragmento es patético y bellísimo, como expresión del estado ansioso de espera en que está el

pueblo por la salvación y la justicia. El pueblo reconoce el estado de desolación espiritual en

que se halla alejado de su Dios y siente sed de juicio y de justicia (v.8). El sentimiento de

equidad ha desaparecido de la sociedad, y suspiran por que Dios haga un juicio discriminatorio

para que reine la justicia, fuente de la paz social. Anhelar ese horizonte luminoso de justicia, a la

que llama luz y resplandor, pero la realidad es un ambiente de tinieblas y de oscuridad moral.

Andan todos a ciegas en medio de la confusión reinante (v.10). Los valores morales están subvertidos,

y no hay dirección en la sociedad. Como consecuencia de no haber directrices justas y

claras impuestas por las clases dominantes, todos andan a tientas, como el que no tiene ojos, tropezando

en pleno día. Por otra parte, los fieles israelitas andan buscando remedio a la situación,

esperando la manifestación de Dios para que aclare la situación. Hambrientos de justicia y de

salvación, dan gritos de desesperación como los animales en busca de comida (gruñimos como

osos, gemimos como palomas, v.11). Todos ansían la intervención salvadora de Yahvé, esperando

el juicio, la salvación (v.11), la liberación de ese estado de confusión social; pero esa manifestación

justiciera de Dios se aleja cada día más. La causa son los muchos pecados que invaden

la sociedad, como dirá a continuación.

Confesión de los pecados del pueblo (12-15).

12 Porque son ante ti numerosas nuestras iniquidades, y nuestros pecados dan testimonio

contra nosotros. Con nosotros están nuestros crímenes, y conocemos nuestras

iniquidades: 13 rebelarse y renegar de Yahvé, alejarse de nuestro Dios, hablar perfi1895

dia e insurrección, concebir y meditar en el corazón palabras de mentira; 14y se ha

alejado el derecho, y se ausentó la justicia, y tropezó la buena fe en las plazas, y no

halla lugar la rectitud17. 15La fidelidad ha sido desterrada, y el que evita el mal es

expoliado.

El cuadro no puede ser más sombrío, ya que los males sociales invaden todos los estratos de la

sociedad. El profeta hace en nombre del pueblo una confesión de los pecados contra Yahvé, los

cuales son el obstáculo para que la anhelada salvación se manifieste. Al principio, la confesión

se dirige directamente a Yahvé: ante ti nuestras iniquidades dan testimonio contra nosotros

(v.12). Los pecados son considerados como testimonio acusador en el juicio ante Dios. El profeta

enumera primero los pecados directamente dirigidos contra Dios. Entre ellos está la rebelión, que

en los profetas muchas veces significa el pecado específico de idolatría, pero también el simple

incumplimiento de los mandatos de Yahvé. En la concepción teocrática israelita, toda inobservancia

de la Ley era una rebelión, y entre ellas está sobre todo la apostasía religiosa (ν.13). Toda

la vida del pueblo está basada en la doblez y en la perfidia e insurrección. Aunque externamente

se proclama la verdad religiosa, la conducta práctica está en oposición a las exigencias religiosas

de Yahvé (concebir y meditar en el corazón palabras de mentira, ν.13). La religión es, pues, meramente

ritualista y aparente. A esta práctica superficial e inconsecuente de los deberes religiosos

para con Dios se junta la falta de escrúpulos morales en las relaciones con el prójimo: se ha alejado

el derecho, la justicia (v.14), las virtudes fundamentales en la vida social. Aquí aparecen

personificadas como entidades que han sido desterradas de las plazas, o lugares de transacciones,

y de los tribunales de justicia. En ambos sitios, la rectitud y buena fe, o fidelidad, no tienen acceso,

pues son considerados como seres extraños. Y los pocos que aún hacen honor a sus sentimientos

de rectitud moral son preferidos y ultrajados: el que evita el mal es expoliado (v.15).

Intervención justiciera de Yahvé (15-19).

15b Violo Yahvé, y no plugo a sus ojos que no existiese justicia. 16Y vio que no había

ningún hombre, y le asombró que no hubiera intercesor. Entonces salvóle su brazo y

vino en su ayuda su justicia. 17Y se revistió de la justicia como de coraza, y puso en

su cabeza el casco de la salvación, y se vistió de vestiduras de venganza, y se cubrió

de celo como de manto. l8Como son las obras, así es su retribución; ira contra sus

enemigos, represalia contra sus adversarios. A las islas dará la paga 15. 19Y temerán

desde el poniente el nombre de Yahvé, y desde el nacimiento del sol su gloria, porque

vendrá como torrente impetuoso, empujado por el soplo de Yahvé.

Algunos creen que este fragmento constituye un nuevo poema en el que se contrapone la suerte

de los malos y los buenos. Pero parece perfectamente lógico considerarlo como continuación de

lo anterior, ya que la intervención justiciera de Dios sería normal consecuencia de tantos crímenes

de tipo moral y social.

Esa falta de justicia es un desafío a la ira divina (v.15b). Es tal la situación, que hasta

Yahvé se asombró de que no hubiera intercesor, o alguno que interviniera en favor de los derechos

de la justicia. Esta situación desoladora hizo que se moviera a intervenir personalmente:

salvóle su brazo (v.16) u omnipotencia. Al no ver auxiliar humano, decidió intervenir personalmente

para arreglar la situación. Su justicia estuvo a su disposición para llenar el vacío dejado

por la falta de justicia humana. A continuación el profeta presenta a Yahvé como un guerrero

armado dispuesto a intervenir en la historia. Su coraza es la justicia, y su casco, la salvación; su

1896

vestidura, la venganza, y su manto, el celo de su justicia. San Pablo aplicará este texto a la armadura

del cristiano. 19

Los pecados del pueblo recibirán su retribución (v.18), que no será otra que ira y represalia.

La frase a las islas dará la paga (v.18), si es que es auténtica, aludiría a un castigo sobre

los pueblos paganos, simbolizados en las costas e islas del Mediterráneo. La consecuencia de la

intervención justiciera de Yahvé es una atmósfera de temor desde el poniente al nacimiento del

sol (V.19). Las expresiones el nombre de Yahvé y su gloria son sinónimas, ya que nombre en el

Antiguo Testamento suele designar la manifestación gloriosa de Yahvé entre los pueblos. El castigo

de Dios sobre los pecadores será ocasión de un temor y reverencia en todo el mundo. La

manifestación justiciera de Yahvé es presentada como un torrente impetuoso desbordado por el

soplo o viento huracanado salido de la boca de Dios.

Yahvé, liberador de Sión (20-21).

20 Mas para Sión vendrá como redentor, y para los convertidos del pecado en Jacob,

dice Yahvé 20. 21 En cuanto a mí, he aquí mi alianza con ellos, dice Yahvé: El espíritu

mío que está sobre ti, y mis palabras, que yo pongo en tu boca, no faltarán de tu boca

ni de la de tu descendencia, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dice Yahvé desde

ahora para siempre.

La intervención justiciera de Yahvé se refería a los culpables de la situación deplorable antes

descrita, pero al mismo tiempo ella servirá para acelerar la liberación ansiada de Sión, que aquí

parece símbolo del núcleo fiel israelita: los convertidos en Jacob. Yahvé es siempre su redentor

(v.20). San Pablo aplica esto a Israel después de la manifestación mesiánica de Cristo. Llegará un

tiempo en que será también redimido21.

El v.21 es considerado, por su carácter no poético, como glosa posterior por muchos críticos.

No obstante, existe ilación lógica con el versículo anterior. Como consecuencia de esa redención

de Sión, vendrá una nueva alianza (v.21) que tendrá como característica un profundo

sentido religioso de sumisión a Yahvé, en contraposición a las infidelidades descritas en los versículos

anteriores. El espíritu de Yahvé y sus palabras, o leyes, estarán siempre presentes en Israel

de generación en generación, como objeto de meditación para ponerlas en práctica. 22 Las

expresiones son similares a las aplicadas al Siervo de Yahvé en 42:1 y 51:16. De ahí que algunos

crean que sea una glosa desplazada de aquel fragmento.

1 Cf. Lev 16:29. Para la práctica más generalizada del ayuno cf. Jue 20:26; 1 Sam 7:6; 1 Re 21:12; Jer 36:9; Jl 1:14; Zac 7:3; 8:19. —

2 Los musulmanes durante el ramadán están en un estado psíquico de irascibilidad y mal humor por estar desnutridos. — 3 Lit. el

texto hebreo dice “no ocultarte de tu propia carne,” expresión hebrea que equivale a “prójimo israelita” (Dt 22:1.3.4; Neh 5:5). —

4 Lit. en hebreo “romperá tu luz como la aurora.” — 5 Lit. “germinará tu carne nueva,” que se forma en una herida cicatrizada.

— 6 Cf. Ez 18,7. — 7 Cf. Mt 5:7; 6:12; 18:35. — 8 Lit. el hebreo dice “extender el dedo” en señal de acusación o de desprecio,

señalando al inculpado. En el Código de Hammurabi encontramos la misma expresión para “acusar” ante el tribunal cf. Leyes,

127 y 132. — 9 Lit. “Yahvé te conducirá continuamente.” — 10 Lit. “como aguas que no mienten,” e.d., no dejan defraudado al

sediento, sino que corren con abundancia. — 11 Así según los LXX. El hebreo es oscuro: “de ti edificarán.” — 12 Cf. Is 40,11;

43:20; 48:21; 55:13- — 13 Lit. en hebreo: “cuando apartes tu pie del sábado*. — 14 Lit. “absteniéndote de encontrar lo que te

gusta, tratando de negocios.” — 15 Cf. Is i,20; 40:5 — 16 Así siguiendo a la Vg. y al Targum, pues el texto hebreo es ininteligible.

— 17 Lit. en hebreo: “y la rectitud no puede entrar.” — 18 Este último estico falta en los LXX, y muchos autores lo suprimen

por entender que recarga el ritmo. — 19 Cf. Ef 6:14ss; 1 Tes 5:8; Sab 5:17ss. — 20 Los LXX leen: “para alejar el pecado de Jacob.”

— 21 Rom 11:26. San Pablo sigue la lección de los LXX, y, además, lee “de Sión” en vez de “para Sión.” — 22 Cf. Dt 6:6s;

Sal 1:2.

1897

60. Gloria de la futura Jerusalén.

Es un bellísimo himno dedicado a la nueva Jerusalén, que aparece en todo su esplendor como

una nueva aurora que ha de iluminar toda la tierra, que se despereza en un ambiente de tinieblas.

Todas las naciones se apresuran a participar de su ciudadanía. Vuelven los que están en la diáspora.

Los gentiles llevarán sus tesoros como signo de sumisión y acatamiento. Los extranjeros

reedificarán los muros de Jerusalén, y hasta los reyes se declararán vasallos suyos. Dios será como

el sol que iluminará a aquella ciudad de justos, eternos ciudadanos de Sión. La descripción es

deslumbrante, con todas las hipérboles de una imaginación oriental desbordada. En realidad se

quedó corta en comparación con el reinado de “gracia” del Nuevo Testamento en las almas.

La alusión a las ruinas y destrucciones y al templo no edificado nos llevan a una época

posterior al exilio.

Jerusalén, luz de las naciones (1-3).

1 Levántate y resplandece, pues ha llegado tu luz, y la gloria de Yahvé alborea sobre

ti, 2 pues he aquí que está cubierta de tinieblas la tierra y de oscuridad los pueblos.

Sobre ti viene la aurora de Yahvé y en ti se manifiesta su gloria. 3 Las gentes andarán

en tu luz, y los reyes a la claridad de tu aurora.

Hermosa invitación introductoria, en la que Jerusalén es presentada como una noble mujer sentada

en tierra en medio de tinieblas ! Aunque en el texto hebreo no se haga mención expresa de

Jerusalén, no obstante, el contexto lo pide 2. Una nueva luz (v.1) va a caer sobre la Ciudad Santa

profanada, que se verá aureolada por la gloria de Yahvé, que surge radiante ante sus ojos como

una aurora de esperanza, que se destaca tanto más cuanto que la tierra está cubierta de tinieblas

(v.2). En realidad, esa luz para el profeta será una iluminación religiosa moral, que será la admiración

de los pueblos, como se dirá más tarde (v.2l). Es la aurora de Yahvé (v.2), su aparición

rutilante, que extenderá su sombra protectora y su gloria, o manifestación esplendorosa de su

poder. Su resplandor será tal, que las gentes o pueblos paganos querrán acercarse para participar

de su luz (v.3), y hasta sus mismos reyes querrán ser testigos de esta aurora. En 2:2-4 se dice

Que los pueblos van a Sión a instruirse en la ley de Yahvé. El profeta destaca el carácter deslumbrador

de la gloria de Yahvé como medio de atracción de los pueblos; y por eso contrapone las

tinieblas de las gentes con la aurora rutilante de luz, efecto de la presencia sensible de Yahvé

en su pueblo.

El retorno de los dispersados de Israel (4-9).

4 Alza en torno tus ojos y mira: Todos se reúnen y vienen a ti, llegan de lejos tus

hijos, y tus hijas son traídas a ancas. 5 Entonces mirarás y resplandecerás, palpitará

y se ensanchará tu corazón, pues vendrán a ti los tesoros del mar, llegarán a ti las

riquezas de los pueblos. 6 Te cubrirán muchedumbres de camellos, de dromedarios

de Madián y de Efa. Todos vienen de Saba, trayendo oro e incienso, pregonando las

glorias de Yahvé. 7 En ti se reunirán los ganados de Cedar; los carneros de Nabayot

estarán a tu servicio. Subirán como (víctimas) gratas sobre mi altar, y yo glorificaré

la casa de mi gloria. 8¿Quiénes son aquellos que vuelan como nube, como palomas a

su palomar? 9Sí, se reúnen las naves para mí 3con los navíos de Tarsis a la cabeza,

para traer de lejos a tus hijos con su oro y su plata, para el nombre de Yahvé, tu

1898

Dios; para el Santo de Israel, que te glorifica.

El profeta exulta de emoción al ver el maravilloso espectáculo de la afluencia de todos los pueblos

hacia Sión, y, sobre todo, del retorno de sus hijos dispersos entre los países enemigos. El

estilo es incisivo y directo: alza en torno tus ojos. La frase es la misma que en 49:18. Las naciones

aparecen como nodrizas llevando en vilo a los hijos e hijas de Sión. Con ellos vienen las riquezas

de los pueblos (v.5), con sus famosos tesoros del mar, la opulencia proverbial de las ciudades

marítimas que se dedicaban al comercio, como los fenicios y cretenses. No obstante, la

afluencia de gentes será de todas las direcciones: no sólo del occidente marítimo, sino también

del misterioso oriente desértico, con sus camellos y dromedarios de Madián y de Efa (v.6), tribus

que habitaban en la estepa de la península sinaítica, al sur de Palestina, hacia el golfo de Akaba 4.

Saba: el actual Yemen, al sudeste de Arabia, famoso por su oro e incienso 5. La frase trayendo

oro e incienso (v.6) es considerada por algunos como glosa tomada de 1 Re 10:2. Parece que recarga

el ritmo.

Entre las aportaciones de estas tribus beduinas no faltan los ganados de Cedar (ν.7), clan

arábigo del este de TransJordania. Junto a esta mención están los carneros de Nabayot. En las

inscripciones cuneiformes se suelen citar juntas ambas tribus. Estos Na-bayot parecen ser los

“nabateos” de la época helenística, que se establecieron en TransJordania, con Petra o Sela como

capital, pero que procedían del desierto arábigo 6. Sus ofrendas servirán para los sacrificios sobre

el altar de Yahvé, con lo que será glorificado su templo: la casa de mi gloria (ν.7).

El profeta dirige ahora su mirada hacia el occidente, hacia las costas marítimas, para contemplar

un espectáculo inenarrable: un tropel de gentes vuelan como nube, como palomas a su

palomar. Son sus hijos, que vuelven a su palomar, la tierra de Yahvé, para reintegrarse a su nueva

ciudadanía. Se acercan escoltados por los navios de Tarsis a la cabeza, las embarcaciones de

mayor tonelaje de la época, que hacían sus travesías hasta el extremo occidente, la lejana Tarsis o

España meridional7. Con ellos vienen el oro y la plata, metales tradicionales, según los antiguos

geógrafos, de la península Ibérica. Y todo para el nombre de Yahvé (V.9), e.d., para su glorificación,

ya que nombre, en este caso, como en otros, es sinónimo de manifestación gloriosa.

Sión, señora de las naciones (10-16).

10 Extranjeros reedificarán tus muros, y sus reyes estarán a tu servicio, pues si en mi

ira te herí, en mi clemencia he tenido piedad de ti. 11 Tus puertas estarán siempre

abiertas, no se cerrarán ni de día ni de noche, para traerte los bienes de las gentes,

con sus jefes por guías al frente, 12 porque las naciones y reinos que no te sirvan a ti

perecerán y las gentes serán totalmente exterminadas. 13Vendrá a ti la gloria del Líbano,

los cipreses, los olmos y los alerces juntamente, para embellecer mi santuario,

y voy a honrar el lugar de mis pies. 14A ti vendrán humillados los hijos de tus tiranos,

y se postrarán a tus pies cuantos te infamaron. Y te llamarán la ciudad de Yahvé,

la Sión del Santo de Israel. 15De abandonada que eras, odiada y sin viandantes, te

haré eterno prodigio, delicia de los siglos. 16 Mamarás la leche de las gentes, los pechos

de los reyes, y sabrás que yo, Yahvé, soy tu Salvador, tu Redentor, el Fuerte de

Jacob.

El pensamiento del profeta va avanzando. No sólo las gentes traerán sus tesoros desde oriente y

occidente, sino que reconstruirán los muros caídos (v.10). Los extranjeros y reyes han sido los

destructores; ellos ofrecerán ahora la mano de obra para la reedificación. Con ello se da plena

1899

satisfacción a su pueblo. Parece, pues, aludir a la época posterior al destierro babilonio. A continuación

se da la razón teológica de ese cambio de situación: tanto en la época de desgracia como

en la del triunfo es Yahvé el que dirige el hilo de su historia. Sus pecados fueron causa de la catástrofe:

en mi ira te herí (v.10). La justicia divina tenía sus exigencias. Pero también la misericordia,

que siempre prevalece en Dios en sus relaciones con su pueblo, tiene sus fueros, y por

eso, en definitiva, le perdonó: en mi clemencia he tenido piedad de ti (v.10).

La situación futura de Jerusalén no puede ser más espléndida: va a ser tal la afluencia de

caravanas del desierto y de barcos del mar cargados de riquezas, que las puertas de la ciudad estarán

siempre abiertas (v.11). Ni siquiera durante la noche se cerrarán. Serán precisas todas las

horas para recibir tantos bienes aportados por las gentes, que llevan a sus jefes por guías al frente.

No serán embajadas enviadas por los reyes, sino que éstos personalmente conducirán las caravanas

para entregar sus tesoros a Jerusalén.

El ν. 12 parece una glosa que interrumpe la ilación de ideas. Esa amenaza contra las naciones

y reinos que no presten vasallaje (v.12) no parece estar en el cuadro esplendoroso del contexto.

La afluencia será total. 8

El profeta se complace en especificar los materiales que las gentes traen a Sión en cuanto

sirven para embellecer el santuario de Yahvé (v.13); y, en primer lugar, la gloria del Líbano, es

decir, sus espléndidas maderas de cedros famosos, que habían servido para la construcción del

templo de Salomón: cipreses., alerces (ν.13). Al santuario o templo se le llama enfáticamente el

lugar de mis pies, porque allí tiene su morada en la tierra, aunque su mansión por excelencia es

el cielo. En la tierra tiene sólo los pies, con lo que se indica la trascendencia de Yahvé. 9

No faltarán a esta cita de homenaje a Sión los descendientes de los antiguos tiranos

(v.14), u opresores. Se sentirán humillados ante la magnificencia de Jerusalén glorificada, y confesarán

que Dios está con ella: te llamarán la ciudad de Yahvé (v.14). La frase y se prosternaran

a tus pies falta en los LXX, y, como recarga el ritmo, muchos autores la consideran como glosa

posterior. 10

Dios ha cambiado la situación de Jerusalén. Antes era abandonada, odiada y sin viandantes

(v.15), ciudad muerta y despreciada. Pero en la nueva era será objeto de admiración como

eterno prodigio (v.15b) obrado por Yahvé, lo que constituirá la delicia de los siglos (v.15c) o

generaciones. Todos hablarán del portento realizado por Yahvé, que ha cambiado una ciudad

abandonada en objeto de admiración y aprecio de todos los pueblos.

Todas las riquezas de las naciones estarán a disposición de Sión: mamaras la leche de las

gentes y los pechos de los reyes (v.16). Aquí leche y pechos designan metafóricamente los tesoros

y el jugo de las riquezas materiales de las naciones que estarán al servicio de Jerusalén u. Por

estos beneficios, Israel reconocerá a Yahvé como su Salvador y Redentor (v.16d), llamado también

el Fuerte de Jacob, en cuanto que el poder de Dios, protector de los descendientes de Jacob,

es el verdadero autor de la nueva situación victoriosa de la nación israelita.

Prosperidad material y moral de la nueva comunidad (17-22).

17 En vez de cobre traeré en ti oro; en vez de hierro, plata; bronce en vez de madera,

y hierro en vez de piedras. Te daré por magistrado la paz, y por soberano la justicia.

18 No se hablará ya más de violencia en tu tierra, de saqueo y de ruina en tu territorio.

Tus muros los llamarás “salud,” y a tus puertas “alabanza.” 19 Ya no será el sol

tu lumbrera de día, ni te alumbrará el resplandor de la luna, sino que Yahvé será tu

eterna lumbrera, y tu Dios será tu esplendor. 20 Tu sol no se pondrá jamás, ni menguará

tu luna, porque será Yahvé tu eterna luz; acabáronse los días de tu luto. 21 Tu

1900

pueblo será un pueblo de justos, poseerá la tierra para siempre, renuevos del plantío

de Yahvé 12, obra de mis manos para resplandecer 22. Del más pequeño saldrá un

millar, y del menor, una nación poderosa. Yo, Yahvé, a su tiempo lo aceleraré.

La transformación de Jerusalén será total: en vez de los pobres materiales con que había sido edificada

en otro tiempo, la ciudad será reconstruida con materiales nobles. Y no sólo será renovada

en el orden material, sino que en el moral habrá un nuevo orden de cosas: la paz y la justicia se

impondrán solas sin necesidad de que vele por ellas el magistrado o el soberano (ν.17c).

Como consecuencia del reconocimiento de los valores morales desaparecerá toda violencia,

saqueo y ruina (v.15a), que eran la secuela del imperio del egoísmo y la opresión en la sociedad

anterior. Los muros y las puertas de tan venturosa ciudad tendrán los nombres simbólicos

de salud o salvación, en cuanto que reflejan la seguridad total en que estaba la ciudad, y alabanza,

aludiendo al reconocimiento de los gentiles que a ella afluyen, testigos de su nuevo esplendor.

La idealización de la situación sigue in crescendo. La gloria de Yahvé será tal, que eclipsará

el resplandor del sol y de la luna, que resultarán innecesarios: Ya no sera el sol tu lumbrera.

ni el resplandor de la luna (V.19). Estas imágenes serán recogidas por los autores apocalípticos.

13 Dios será en realidad el resplandor de Sión y la eterna luz (v.20) que lucirá radiante eternamente,

sin que haya ocaso: tu sol no se pondrá jamás, ni menguara la luna (v.20a), y con ello no

habrá más días de luto (v.20b). La oscuridad es signo de tristeza. En la época mesiánica, la seguridad

y la satisfacción provenientes de la salvación serán tales, que no habrá lugar al llanto.

Por otra parte, los nuevos ciudadanos estarán poseídos del sentimiento de rectitud y justicia:

Tu pueblo será un pueblo de justos (v.21).

Serán como retoños del plantío de Yahvé, plantados por sus mismas manos para brillar y

resplandecer, dando gloria a Dios en la tierra que poseerán para siempre. La nueva era mesiánica

será definitiva, y en ella vivirá un pueblo numeroso: del más pequeño saldrá un millar (v.22).

Parece aludir a la situación precaria de los repatriados después del destierro en Palestina. No deben

estar pesimistas, porque se acerca la hora en que se verán multiplicar por doquier. El cumplimiento

de esta profecía tiene su plena significación en la universalidad de la Iglesia, el Israel

espiritual, que se ha extendido por toda la tierra.

Y el profeta termina expresando la garantía de Yahvé, que ha de cumplir lo prometido:

Yo, Yahvé, a su tiempo lo aceleraré (v.22b). Los planes de la Providencia se cumplen inexorablemente

α su tiempo, pues entonces Dios mismo se encarga de acelerar su cumplimiento.

1 Cf. 49,18; 50,1; 52,is; 54,i-4; Si.iyss; 59,Qs; 58:10. — 2 Los LXX, la Vg. y el Targum consignan expresamente el nombre de Jerusalén,

— 3 Así según una corrección. El texto hebreo dice: “las islas me esperan,” aludiendo a la expectación de los pueblos paganos

costeros del Mediterráneo ante la manifestación mesiá-nica. Esta misma versión dan los LXX. — 4 Cf. Ex 2:18; Núm 22;

25; 31. Ptolomeo y los geógrafos clásicos ponen por esta zona una ciudad llamada Madián. — 5 Los códices Alej. y Sinaít. añaden

“piedras preciosas.” Sobre Saba cf. Gen 10,7; 1 Re 10,2; Sal 72:15. — 6 Cf. 21:16; Gen 25:13. Flavio Josefo sostiene dicha

identificación. Plinio habla de los nabateos y cedreos como habitantes de esta zona. — 7 Cf. comentario a Is 2:16. — 8 Probablemente

el estico está tomado de Zac 14:16-19; cf. SKINNER, o.c., II 0.200. — 9 Cf. Ez43:7; Is66,i; 57:15- — 10 Cf. Skinner, o.c., II

201. — 11 La versión griega, para evitar la crudeza de la metáfora, traduce: “comerás la riqueza de los reyes.” — 12 Lit. el texto

hebreo lee: “retoño de su plantación.” Pero el Targ., Pesh. y Vg. leen el sufijo en primera persona: “de mi plantación.” La traducción

dada arriba, siguiendo a Duhm, Gondamin, etc., se obtiene considerando el sufijo final como inicial del nombre de Yahvé en

abreviatura. — 13 Cf. Ap 21:23; Ez 43:2. En Is 30,26 se dice que, en los tiempos mesiánicos, el sol y la luna se harán siete veces

mayores. Son hipérboles apocalípticas, que nunca pueden tomarse a la letra. Expresan realidades teológicas: Yahvé, nuevo Sol de

justicia, iluminando a la nueva Jerusalén.

1901

61. La proclamación de la buena nueva a Sión.

Este fragmento tiene muchas analogías con los cánticos sobre el Siervo de Yahvé. No obstante,

hay claras diferencias. Aquí es un profeta que, a modo de monólogo o soliloquio, expresa una

profecía de salvación, pero sin presentarse él como realizador o instrumento de ella, como ocurre

en los cánticos del Siervo de Yahvé. Además, aquí no encontramos la misión universalista, y, por

otra parte, se habla de un día de la venganza divina, lo que no parece adaptarse al carácter del

Siervo de Yahvé, modesto, humilde, que sufre y trae personalmente un mensaje de salvación.

El profeta aquí, en cambio, es un mero heraldo de una nueva situación salvadora.

El profeta, heraldo de la salvación (1-3).

1 El espíritu del Señor, Yahvé, está sobre mí, pues Yahvé me ha ungido, me ha enviado

para predicar la buena nueva a los abatidos y sanar a los de quebrantado corazón,

para anunciar la libertad de los cautivos y la liberación a los encarcelados. 2

Para publicar el año de gracia de Yahvé y un día de venganza de nuestro Dios, para

consolar a todos los tristes 3 y dar a los afligidos de Sión, en vez de ceniza, una corona;

el óleo del gozo en vez del luto, alabanza en vez de espíritu abatido. Se les llamará

terebintos de justicia, plantación de Yahvé para (su gloria).

La expresión el espíritu del Señor, Yahvé, está sobre mi (v.1), que aparece en otros oráculos profetices,

1 indica una intervención carismática de Dios en la vida del profeta en orden a una misión

o manifestación nueva a la comunidad. El profeta se siente ungido por el mismo Dios para el

cumplimiento de esta misión. Es una consagración metafórica al servicio de Yahvé. Como los

reyes y sacerdotes recibían una unción real externa para desempeñar sus funciones profesionales,

2 así el enviado de Dios se siente escogido por Dios para una función especial que se le encomienda.

Aquí ungido parece equivaler a enviado, dotado del espíritu de profecía para predicar la

buena nueva a los abatidos (v.1b), la era de salvación a los quebrantados de corazón, o fieles

israelitas oprimidos por la injusticia y abatidos por tantas desgracias sociales. Su misión es

anunciar un glorioso e inaudito jubileo de emancipación: anunciar la libertad de los cautivos

(v.1c). Según las prescripciones mosaicas, en el año del jubileo debían considerarse libertados y

emancipados todos los esclavos. 3 Aquí también el profeta anuncia un año de gracia (v.2a) de

parte de Yahvé, un año de remisión y de reconciliación con su pueblo. Será una amnistía general:

la liberación de los encarcelados (v.1c), aquí en sentido metafórico.

El profeta contrapone el año de gracia y el día de venganza (v.2). El primero será de favor

para sus fieles, y el segundo, de castigo para los pecadores enemigos de Israel, y aun del

mismo Israel.4 Quizá haya en las palabras año y día una contraposición buscada por el autor para

hacer ver que Dios siempre es más largo en perdonar que en castigar: la remisión dura un

año, mientras que la venganza un solo día. Aunque quizá en la expresión día de venganza haya

una influencia de la otra estereotipada, día de Yahvé, de la literatura profética, que simboliza el

juicio vengativo de Dios en la historia de Israel.5

Este año de gracia y este día de venganza servirá para consolar a todos los tristes, es decir,

los fieles abatidos de que hablaba antes, los cuales al ver, por un lado, la manifestación misericordiosa

de Dios en ese año de gracia en favor de sus fieles, y la justicia de Dios en el día de la

venganza, sentirán una íntima satisfacción, ya que Yahvé, al fin, salió por sus derechos conculcados,

y el camino de la virtud queda públicamente vindicado. Una nueva era se abre para los

afligidos de Sión (v.3a), los cuales dejarán la ceniza del duelo para recibir la diadema, signo de

1902

alegría. 6 Juntamente serán ungidos con el óleo del gozo, empleado en las ocasiones solemnes y

festivas. 7

Se sentirán fuertes y optimistas, como encinas con profundas raíces de justicia y rectitud;

de ahí que se les llame terebintos de justicia (v.5). Son en realidad la plantación de Yahvé para

su gloria (v.3c). La comparación de los justos a árboles frondosos era tradicional en la literatura

profética y sapiencial. 8 Aquí se destaca más su vigor, ya que aparecen como plantados por el

mismo Yahvé. 9

Los extranjeros, al servicio de los ciudadanos de Sión (4-9).

4 Ellos reedificarán las ruinas antiguas y levantarán los asolamientos del pasado.

Restaurarán las ciudades asoladas, los escombros de muchas generaciones. 5 Habrá

extranjeros para apacentar tus ganados, y extraños serán tus labradores y viñadores.

6Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Yahvé y nombrados ministros de

nuestro Dios. 7Comeréis lo exquisito de las naciones y os adornaréis de su magnificencia.

Porque tuvieron el doble en cuanto a vergüenza y fue su parte el oprobio y la

confusión, recibirán el doble también sobre la tierra y gozarán de eterna alegría.

8Porque yo, Yahvé, soy amante del derecho y aborrezco el rapaz latrocinio. Por eso

les daré fielmente su recompensa y haré con ellos una alianza eterna. 9Su descendencia

será conocida en los pueblos, y su posteridad en medio de las gentes. Y quien

los viere reconocerá que son la progenie bendita de Yahvé.

Al lado de esta satisfacción de tipo moral que sentirán los justos al ver sus derechos vindicados,

estará la satisfacción material de ver las ruinas y muros de la ciudad reedificados. Y serán precisamente

los extranjeros, súbditos de ellos, los que se ofrecerán para la mano de obra. Aquellos

escombros de generaciones (v.9b) causados por las distintas invasiones asirías y babilónicas serán

restaurados. El futuro de Jerusalén, pues, es esplendoroso. Los gentiles serán los siervos de

los ciudadanos de Sión, ya que tendrán que apacentar los ganados (v.5), y las faenas del campo

les estarán encomendadas. De nuevo nos encontramos ante un desbordamiento de imaginación

oriental. Son tales los daños que hicieron los extranjeros a Israel con motivo de las invasiones

extranjeras, que la compensación consistirá en que aquéllos vengan como siervos de los antes

humillados. El mesianismo se concibe aquí vinculado a un ideal un tanto nacionalista, que se irá

depurando sucesivamente para dar cabida a un pleno universalismo en el que se reconocerán derechos

de ciudadanía también a los no israelitas que se acerquen a Sión, admirando su privilegio

como primogénito de Yahvé. 10 La situación de los ciudadanos israelitas aquí es totalmente privilegiada.

Ante los otros pueblos serán considerados como sacerdotes de Yahvé (v.6), en cuanto

que pertenecen a un pueblo especialmente elegido por Dios para transmitir el mensaje mesiánico

a través de las generaciones. Ya en el Éxodo se decía que Israel sería “un reino sacerdotal y un

pueblo santo,” como algo aparte entre todas las naciones. Los israelitas, frente a los gentiles, gozarán

de unos privilegios análogos a los de los sacerdotes aronitas respecto de los demás ciudadanos

israelitas. Serán como mediadores entre Dios y los pueblos gentiles: ministros de nuestro

Dios (v.6), acompañándoles en la presentación de las ofrendas.12 Los israelitas en esta situación

de privilegio, como pueblo sacerdotal, vivirán del trabajo de los extranjeros, comiendo lo exquisito

de las naciones (ν.7a), sus riquezas. En el capítulo anterior dice que beberán del pecho de los

reyes. Aquí la idea es análoga. Israel fue siempre un país pobre y soñaba con las riquezas de otras

naciones. Ahora Dios les depara todas esas riquezas inesperadas, como compensación por sus

sufrimientos y humillaciones a manos de los extranjeros: porque tuvieron el doble en cuanto a

1903

vergüenza y fue su parte el oprobio y la confusión (ν.7b). Aquí las palabras doble y parte son

equivalentes a herencia. El primogénito tenía derecho al doble de la herencia de los otros hermanos.

Israel ha tenido el doble en la parte que le cupo de dolores, y justo es que ahora tenga también

la primogenitura o doble sobre la tierra como herencia de bendición, que será el goce de

eterna alegría (ν.7c).

La razón de esta justa compensación está en el sentido de equidad que preside los actos

de Dios: Porque yo, Yahvé, soy amante del derecho (v.8a); por tanto, no puede aceptar el rapaz

latrocinio (v.8a) que los pueblos extranjeros ejercieron contra Israel al ser invadida. Eran instrumentos

de la justicia divina, pero sus desmanes no pueden recibir el beneplácito divino. Dios,

siempre justo, les dará una recompensa a los humillados israelitas, haciendo con ellos una nueva

alianza eterna (v.8b). La alianza del Sinaí había sido quebrantada; por eso Dios hará una nueva

con ese núcleo de salvación que formará parte de la nueva ciudadanía mesiánica. 13 Las condiciones

de esa alianza serán tan favorables para Sión, que se convertirá en la admiración de los

gentiles: Su descendencia será conocida en los pueblos (v.9a). Aquí el sentido de conocida equivale

a gloriosa, objeto de admiración, como progenie bendita de Yahvé (v.9b). Antes había dicho

que era una plantación de Yahvé; ahora la reconoce como descendencia, objeto de las bendiciones

de Dios.

Exultación ante la gloriosa perspectiva (10-11).

10 Altamente me gozaré en Yahvé, y mi alma saltará de júbilo en mi Dios, porque me

vistió de vestiduras de salvación y me envolvió en manto de justicia, como esposo

que se ciñe la frente con diadema14, y como esposa que se adorna con sus joyas.

11Porque, como produce la tierra sus gérmenes y como hace brotar el huerto sus semillas,

así el Señor, Yahvé, hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las gentes.

Este fragmento puede entenderse como una explosión lírica del profeta o de Sión personificada,

que exulta jubilosa ante las nuevas perspectivas luminosas que se ofrecen a sus ojos. No hay razones

suficientes para desconectarlo con lo anterior, como si fuese un bloque errático, insertado

aquí posteriormente. 15 Jerusalén ha sido vestida con vestiduras de salvación (v.10b), e.d., Yahvé

le ha otorgado la salvación, que aparece ante los pueblos como un nuevo Atuendo nupcial, según

dirá a continuación. El manto de justicia parece ser una frase paralela, con idéntico sentido, ya

que justicia muchas veces, en los profetas, es sinónimo de salvación. La razón de que Sión se

ciña la frente como esposo. es precisamente la aparición inesperada de esa justicia o salvación

(v.11b), que Yahvé mismo ha hecho brotar en su pueblo como en el huerto las semillas. Ese

horizonte de justicia hará que Sión sea objeto de alabanza ante todas las gentes (v.11b).

1 Cf IS 11:1,42:1; 48:16 — 2 Cf. 1 Sam 9:16; 10:1; 16:13; Ex 29:7; Lev 7:35. — 3 Cf. Lev 25:10; Dt 15:12; Jer 34:8-15.17; Ez 46:17.

— 4 Cf. Is 63:4; 59:16ss. — 5 Cf. Is 63:4. — 6 Cf. 2 Sam 13:19; Ez 27:30. — 7 Cf. Sal 45:8; Lc 27:30. — 8 Cf. Jer 17:8; Sal 1:3;

92:13-14. — 9 Cf. Is 60:21. — 10 Cf. Is 49,8; 58:12; 60,10. — 11 Cf. Ex 19:6; Is 59:21. — 12 Is 56:65. — 13 Cf. Is55:3; 59:21.

— 14 Lit. en hebreo: “como esposo que lleva la diadema al modo del sacerdote.” La traducción dada arriba es conforme a los

LXX, y se obtiene por un ligero cambio de letras. — 15 Así lo consideran, entre otros, Cheyne, Duhm, Skinner.

62. Inminencia de la Salvación.

Este capítulo está estrechamente unido, por su contenido, al anterior, pues en ambos se trata de

1904

la salvación que se avecina sobre Jerusalén, la cual entrará en relaciones especialísimas con

Yahvé como esposa amada, de modo que no se verá de nuevo entregada a los enemigos.

Ansias y aspiraciones del profeta (1-3).

1 Por amor de Sión yo no callaré, y por Jerusalén no pararé hasta que resplandezca

su justicia como luz esplendente, y su salvación como antorcha encendida; 2y verán

las naciones tu justicia, y todos los reyes tu gloria, y se te dará un nombre nuevo que

la boca de Yahvé determinará; 3 serás en la mano de Yahvé corona de gloria, real

diadema en la palma de tu Dios.

En el capítulo anterior se anunciaba como inminente la salvación. El profeta está inquieto y ansioso

por ver el nuevo horizonte ya hecho realidad. Hay un fuego interior que le abrasa, los destinos

de Jerusalén: Por amor de Sión no callaré (v.1). Sabe que hay ciertas promesas sobre su

justicia o salvación (v.1b), la cual ha de manifestarse al fin como antorcha encendida irradiando

sobre los otros pueblos (v.2a). Su situación será tan singular que se le dará un nombre nuevo

(v.2b) que refleje dignidad. Será el mismo Yahvé quien determine este nombre, pues sólo El es

capaz de medir la nueva dignidad de Sión entre las naciones. El profeta no sabe inventar un

nombre que refleje plenamente la transformación de Jerusalén en la nueva era, y por eso lo deja a

la iniciativa divina. En el v.4 se esforzará en buscar nombres aplicables a Jerusalén que reflejen

de algún modo su nueva situación; pero el verdadero nombre nuevo lo determinará la boca de

Yahvé.

Jerusalén será como una corona de gloria en la mano de Yahvé (ν. 3), como objeto de su

predilección, y resplandeciente como una diadema real ante los otros pueblos. 1

Sión, esposa de Yahvé (4-5).

4 No te llamarán más ya la “Desamparada,” ni se llamará más tu tierra “Desolada,”

sino que te llamarán a ti “Mi complacencia en ella,” y a tu tierra “Desposada,” porque

en ti se complacerá Yahvé, y tu tierra tendrá esposo. 5Como mancebo que se

desposa con una doncella, así el que te edificará se desposará contigo. Y como la esposa

hace las delicias del esposo, así harás tú las delicias de tu Dios.

Algunos autores consideran este fragmento como una profecía distinta, sobre todo por razones

métricas. No obstante, la ilación de pensamiento parece perfecta con lo que precede. Jerusalén ha

sido considerada como una “diadema real en la palma de Yahvé”; ahora va a ser considerada

como una esposa, como máxima expresión de amor. El profeta ensaya nombres descriptivos para

dar a entender la nueva situación de Sión, en espera de que Dios mismo revele un día el nombre

que en realidad le corresponde en justicia. Antes Jerusalén fue considerada como Desamparada y

Desolada al ser invadida y destruida; pero ahora, al entrar bajo una protección especial de Dios,

se la llamará Mi complacencia en ella y Desposada (v.4b). Yahvé mismo será su esposo. Esta

imagen del desposorio es común en la literatura profética a partir de Oseas. 2 Israel en el desierto

fue desposada con Yahvé por la alianza mosaica. Por sus infidelidades, Yahvé se separó de ella y

la castigó. Pero Yahvé hará una nueva alianza y volverá a ser su Esposo (v.5). Las nuevas relaciones,

pues, no pueden ser más estrechas.

1905

Invitación a los centinelas de Sión a estar vigilantes (6-9).

6 Sobre tus murallas, ¡oh Jerusalén! he puesto centinelas, que no callarán ni de día

ni de noche. Vosotros, los que hacéis que se acuerde Yahvé, no os calléis, 7y no le

deis treguahasta que restablezca y ponga a Jerusalén por alabanza en la tierra, 8 Juró

Yahvé por su diestra y por su brazo poderoso: No daré más tu trigo para comida

de tus enemigos, ni los extraños beberán tu mosto, por el que te afanaste. 9 Porque

los que hagan la recolección la comerán y alabarán a Yahvé,y los que hagan la vendimia

beberán en los atrios de mi santuario.

El profeta nombra centinelas sobre las murallas de Jerusalén (v.6a) para que recuerden con su

presencia constantemente a Yahvé las promesas de su reedificación de la ciudad. Algunos autores

creen que estos centinelas son una especie de ángeles custodios encargados de los intereses

comunitarios de Jerusalén 3. Lo más fácil es suponer simplemente que es el profeta quien habla,

como ^al principio del capítulo. No deben callar en su ruego de día y de noche, importunando a

Yahvé para que ponga a Jerusalén por alabanza en la tierra (v.7), e.d., objeto de admiración entre

los pueblos. 4

Dios hace un juramento solemne de que Jerusalén no será de nuevo invadida, de forma

que sus cosechas no sean usufructuadas por los extranjeros: los extraños y enemigos (v.8a). Parece

que el profeta piensa en los tiempos que siguieron a la repatriación, cuando Palestina se

hallaba bajo la dominación persa y expuesta al pillaje de los samaritanos. 5 Yahvé jura por su

diestra, por su brazo, símbolo de su omnipotencia, como garantía de su cumplimiento indefectible.

En los tiempos venideros serán los propios israelitas los que participarán del fruto de sus

afanes, con lo que alabarán a Yahvé (v.8), y, sobre todo, beberán en los atrios del santuario,

alusión a los convites sagrados con motivo de los sacrificios, acompañados de cánticos de acción

de gracias por los beneficios.6 Quizá aluda a las fiestas alegres de la vendimia de los tabernáculos,

cuyo jolgorio era proverbial en Israel 7.

Inminencia de la salvación (10-12).

10 Franquead, franquead las puertas, allanad el camino del pueblo, terraplenad, terraplenad

la calzada, alzad bandera sobre los pueblos. 11He aquí que Yahvé proclama

a todos los confines de la tierra: Decid a la hija de Sión: He aquí que llega tu

salvación, viene con su recompensa y le precede su retribución. 12Les llamarán pueblo

santo, los rescatados de Yahvé, y a ti te llamarán la “Deseada,” la “ciudad” no

desamparada.

No pocos autores consideran esta sección como un poema aparte en el que hay reminiscencias de

otros pasajes anteriores. No obstante, los argumentos para aislarle del contexto anterior no tienen

mucho fundamento. Tenemos que contar siempre con la especial psicología del poeta oriental,

que hace recapitulaciones y asociaciones de ideas, algunas veces para nosotros desconcertantes.

Parece que aquí el profeta hace una invitación indeterminada a salir al encuentro de una caravana

de repatriados, e invita a abrir las puertas de la ciudad de par en par: franquead las puertas

(v.10), al mismo tiempo que ordena quitar los obstáculos para que la marcha discurra sin dificultades:

terraplenad la calzada (v. 10). Era lo que se hacía con ocasión de un cortejo real. Pero con

estas palabras quizá el profeta hable en sentido metafórico, es decir, invite a sus conciudadanos a

1906

que echen fuera de sí todos los obstáculos morales que se oponen a la venida o manifestación de

Dios en su pueblo, trayendo la salvación. En ese caso no se trataría de una caravana de repatriados

que llega, sino de un cortejo simbólico ideal que representaría la inauguración solemne de la

época de la salud por Yahvé. De este modo tiene perfecta relación con el contexto anterior, en

que se suspiraba por la hora de la salvación. Ha llegado el momento solemne, y por ello invita a

que se alce una bandera sobre los pueblos (v.10b), como signo de que llega la salvación para

todos, y los pueblos se percaten de ello y acudan hacia la Ciudad Santa. Yahvé va a hacer, por su

parte, una proclamación solemne: Decid a la hija de Sión: He aquí que llega tu salvación

(v.11a). Esta salvación es personificada en una reina que lleva como cortejo la recompensa precedida

de la retribución (ν. 1-1b), es la compensación por tantos sufrimientos.

La nueva situación de Jerusalén será tal que sus habitantes serán reconocidos como pueblo

santo (v.12a). En 61:6 se decía que los israelitas serían como sacerdotes entre los otros

pueblos por su carácter de elegidos e intermedios entre Yahvé y el resto del mundo. Aquí se

destaca su carácter de santidad o trascendencia. Serán algo aparte, como vinculados a la esfera

de Dios, que vive en una atmósfera de santidad. Serán también los rescatados de Yahvé, porque

han sido sacados por El de la gran tribulación, y Sión será la ciudad Deseada, centro de los anhelos

de todos los pueblos, por estar bajo una especial protección de Dios; de ahí su nombre de

ciudad no desamparada, símbolo de su glorioso futuro, en que estará vinculada a Dios como esposa

en virtud de una nueva alianza. 8

63. El día de la venganza de Yahvé.

Plegaria por la liberación.

La primera parte de este capítulo (1-6) es un oráculo independiente en el que se destaca el triunfo

sangriento de Yahvé sobre los enemigos de Israel. La descripción es bellísima y dramática:

Yahvé es pintado como un vencedor que viene de Edom con los vestidos teñidos en sangre después

de la lucha con los enemigos de Israel.

Yahvé, vengador de su pueblo (1-6).

1 ¿Quién es aquel que avanza de Edom, rojos los vestidos, de Bosra9; aquel tan magnífico

en su vestido, avanzando en la plenitud de su fuerza? 10Yo soy el que habla en

justicia, el poderoso para salvar. 2¿Cómo está, pues, rojo tu vestido, y tus ropas como

las del que pisa en el lagar? 3He pisado en el lagar yo solo, y no había conmigo

nadie de las gentes. Los he pisado en mi furor y los he hollado en mi ira, y su jugo ha

salpicado mis vestiduras y he manchado todas mis ropas. 4Porque estaba en mi corazón

el día de la venganza, y llegaba el año de mis redimidos. 5Miré, y no había

quien ayudara; me maravillé de que no hubiera quien (me) apoyase, 6y salvóme mi

brazo, y me sostuvo mi furor, y aplasté a los pueblos en mi ira y los embriagué en mi

furor, derramando en la tierra su jugo.

El profeta, en un transporte de admiración, explica una escena dramática: ve venir de la parte de

Edom a un guerrero con los vestidos teñidos en rojo. ¿Quién será aquel ser misterioso que avanza,

altivo, después de vencer a los enemigos de su pueblo? Parece que el profeta construye el

cuadro a base de la descripción hecha en el c.34 sobre la venganza de Yahvé contra Edom, al sur

1907

de Transjordania. En este capítulo se presenta a Yahvé con caracteres apocalípticos, interviniendo

justicieramente sobre Edom: “la espada de Yahvé chorrea sangre y está cubierta de grasa.,

porque hace Yahvé un sacrificio en Bosra y gran matanza en Edom, la tierra está borracha en

sangre, y su suelo cubierto de grasa. Los torrentes de Edom se convierten en pez, y su polvo en

azufre, y será su tierra como pez que arde de día y de noche; nunca se extinguirá, subirá su humo

perpetuamente. Será asolada por generaciones y generaciones. Se adueñarán de ella el pelícano y

el mochuelo. Echará Yahvé sobre ella las cuerdas de la confusión y el nivel del vacío, y habitarán

en ella los sátiros, y todos sus nobles quedarán exterminados. Allí tendrá su morada el fantasma

nocturno. Allí hará su nido la serpiente. Y las mismas fuerzas cósmicas multiplicarán este

ambiente de desolación. La milicia de los cielos se disuelve, se enrollan los cielos como se enrolla

un libro, y todo su ejército caerá como caen las hojas de la vid, como caen las hojas de la

higuera. Mi espada se embriagará en los cielos, y va a caer sobre Edom, sobre el pueblo que he

destinado al exterminio.” En este contexto estremecedor hay que interpretar el oráculo del c.63, y

así se hacen perfectamente inteligibles las menciones de Edom y de Bosra, siendo ésta la capital

del reino de Edom. 12

La elección de Edom como símbolo de los enemigos de Israel, sobre los que Yahvé va a

hacer un juicio, es perfectamente comprensible teniendo en cuenta que los edomitas eran los

enemigos tradicionales del pueblo hebreo. 13 Yahvé, pues, es presentado en el día del juicio sobre

los pueblos enemigos de Israel como viniendo de Edom, el enemigo por excelencia. Trae los vestidos

teñidos en la sangre de sus enemigos. La frase es fuerte, pero muy conforme a la hipérbole

oriental. El color rojo púrpura de la sangre hace que aparezca al profeta magnifico en su vestido

(v.1b), mostrando pleno vigor en la plenitud de su fuerza de guerrero invencible. Es el héroe tradicional

de la antigüedad.

La intervención de Yahvé se basa en los postulados de “justicia: Yo soy el que habla en

justicia (v.1c). La venganza punitiva sobre los enemigos de Israel es una exigencia de la equidad

y de la rectitud de Dios.

El profeta establece un diálogo con el vencedor. Se siente asombrado del color rojo sangre

de sus vestidos: ¿cómo está, pues, rojo tu vestido, como el del que pisa en el lagar? Yahvé

contesta al punto: Ha llegado el momento de la ira divina sobre los pueblos, y a El solo le pertenece

el castigar: He pisado en el lagar yo solo (v.3a). Ha intervenido personalmente, sin acudir a

otros pueblos como auxiliares: no había conmigo nadie de las gentes (v.3a). En la historia había

utilizado como instrumentos de su ira a diversas naciones y personajes, como los asirios y babilónicos;

pero ahora la intervención de Yahvé es directa. Ha llegado el juicio sobre los pueblos:

los he hollado en mi ira, y su jugo ha salpicado mis vestiduras (v.3bc).

Había llegado el día determinado para la venganza: estaba en mi corazón el día de la

venganza (v.4). La expresión en mi corazón es sinónima de determinación de su voluntad. El día

de la venganza es exigido por el año de mis redimidos, que es el “año de gracia” del 61:2, la era

de la salvación de Israel. Aquí se contrapone el día de venganza al año de mis redimidos. Como

siempre, la misericordia de Dios triunfa sobre la justicia: Dios castiga, según la Ley, hasta la

cuarta generación, pero ejerce su misericordia por miles de generaciones. Los israelitas son los

redimidos de Yahvé, en cuanto que es el valedor y abogado de sus derechos. La palabra hebrea

que traducimos por redimidos tiene ese sentido de protegidos oficialmente por Yahvé, que es el

go'el, o Redentor de ellos. 14

Antes de intervenir, Yahvé busca una ayuda para realizar sus designios, y no la encuentra:

Miré, y no había quien (me) ayudara; me maravillé de que no hubiese quien (me) apoyase

(ν.6). La frase es casi igual a la de 59:16. Yahvé no encuentra auxiliar en su obra de venganza y

1908

se maravilla de ello, porque todos estaban contaminados de pecado; entonces se decide a intervenir

solo, con su omnipotencia: salvóme mi brazo (v.6a). La consecuencia fue el aplastamiento

de sus enemigos: los embriagué en mi furor, haciéndoles beber del cáliz de su ira hasta desbordar,

derramando en la tierra su jugo (v.6c), la sangre vertida a raudales como el jugo del mosto

en el lagar. En todas estas imágenes no debemos ver sino la inflexibilidad de la justicia divina.

Son comparaciones hiperbólicas de autores orientales, que nunca han de tomarse a la letra. Aquí

no se exalta el espíritu de venganza, sino el de justicia.

Acción de gracias por los beneficios de Yahvé (7-10).

7 Cantaré las misericordias de Yahvé, las alabanzas de Yahvé, todo lo que ha hecho

con nosotros, lleno de bondad para la casa de Israel; lo que ha hecho por nosotros

en su misericordia 15 y conforme a la muchedumbre de sus gracias. 8 Dijo: Ciertamente

son mi pueblo, son hijos que no engañarán. Y fue su Salvador 9 en todas sus

angustias. No fue un mensajero, un ángel16; su faz misma los salvó; en su amor y

clemencia, El mismo los rescató, y los soportó y sostuvo todos los días de la antigüedad.

10 Pero ellos se rebelaron y contristaron su santo espíritu, y se les cambió en

enemigo y combatió contra ellos.

Este fragmento de tipo salmódico es una efusión del alma del profeta en acción de gracias por los

beneficios otorgados por Yahvé en los tiempos antiguos (ν.7). Al mismo tiempo reconoce los

pecados de su pueblo e implora el auxilio divino de nuevo sobre su nación.

Yahvé había tenido esperanza de que Israel fuera fiel (son mi pueblo, no engañaran, v.8),

y por eso se ofreció como Salvador de él en todas sus angustias (v.9a), e.d., en todos los momentos

críticos de su historia como pueblo. Tuvo tal providencia de su pueblo, que no lo salvó por

medio de un mensajero o ángel (v.8a), sino que le ayudó personalmente; su faz misma los salvó

(v.9b). La expresión faz de Yahvé equivale en la Biblia a la persona de Yahvé. 17

Pero se rebelaron y contristaron su santo espíritu. Aquí el espíritu de Yahvé obrando en

la historia. Dios es como una energía divina que actúa en la historia de Israel y se manifiesta en

su legislación. Oponerse a ésta es atentar contra su espíritu o intención. Yahvé había comunicado

a los caudillos del Antiguo Testamento su espíritu para realizar sus intenciones providenciales

sobre su pueblo, y algunas veces ese espíritu se manifestaba carismáticamente en determinadas

coyunturas de la historia. Israel no fue dócil a este espíritu de Yahvé, y de ahí que incurriera en

sus iras. Por eso Yahvé se convirtió en enemigo y combatió contra ellos (v.10), castigándoles y

entregándoles a sus enemigos.

El pueblo, arrepentido, suspira por Yahvé (11-14).

11 Entonces su pueblo se acordó de los días antiguos de Moisés 19. ¿Dónde está el que

los sacó del mar, el pastor de su rebaño? ¿Dónde el que puso en medio de él su santo

espíritu? 12 ¿El que hizo marchar a la diestra de Moisés su brazo glorioso; el que delante

de ellos hendió las aguas, haciéndose así un renombre eterno; 13 el que los condujo

por los abismos como a caballo por el desierto, sin que tropezaran? 14 Como a

la bestia que desciende al valle 20, el espíritu de Yahvé los hizo reposar. Así condujiste

tú a tu pueblo para forjarte un renombre glorioso.

En medio de las tribulaciones, el pueblo descarriado se acordó de los antiguos días de Moisés

(v.11a), en que se manifestó la protección de Yahvé de un modo palpable sobre sus antepasados.

1909

Por eso, al sentirse aislados de Yahvé, y aun teniéndole en contra, por permitir que sus enemigos

se apoderaran de su heredad, surgía espontáneamente la pregunta en la boca de todos: ¿Dónde

está el que los sacó del mar? ¿Cómo es que Yahvé, que antes se preocupó tanto de Israel, hasta

hacer milagros, los tiene ahora abandonados? Por otra parte, ¿no es Yahvé el pastor de su rebaño?

Israel pertenece a Yahvé de un modo especial, y El tiene que preocuparse de guiarle en las

horas críticas en que se compromete la existencia del rebaño. Por la historia sabían la especial

providencia que había tenido sobre ellos, infundiendo espíritu de gobierno a sus jefes; pero ahora,

¿dónde está el que puso en medio de él (rebaño) su santo espíritu? (1:1b). Ahora parece que

ese santo espíritu de Yahvé, que en otro tiempo gobernaba las vicisitudes de la historia de Israel,

se halla alejado. El paso del mar Rojo había quedado como prototipo de la especialísima providencia

de Yahvé sobre su pueblo (v.12-13).

Esta idea de seguridad y facilidad parece reflejarse en el v.14, sobre el que han dado diversas

lecturas y corrección. Según la traducción adoptada, siguiendo el texto hebreo, la idea parece

ser que el espíritu de Yahvé condujo al pueblo con la facilidad con que se guía una bestia

doméstica para dejarla reposar en los feraces pastos de un valle o depresión de tierra feraz. Por

todas estas providencias tomadas con su pueblo, Yahvé se ha forjado un renombre glorioso, e.d.,

objeto de admiración en las generaciones.

Súplica a Yahvé para que se manifieste como Padre de su pueblo (15-19).

15 Mira desde los cielos y ve desde tu morada santa y gloriosa. ¿Dónde está tu celo y

tu fortaleza, la emoción de tus entrañas? ¿y tus misericordias hacia mí se han contenido?

16 Porque tú eres nuestro padre, pues Abraham no nos conoce ni Israel nos

reconoce, pero tú eres, ¡oh Yahvé! nuestro Padre, y “Redentor nuestro” es tu nombre

desde la eternidad. 17¿Por qué, ¡oh Yahvé! nos dejas errar fuera de tus caminos

y endureces nuestro corazón contra tu temor? Vuélvete por amor de tus siervos, de

las tribus de tu heredad. 18¿Por qué han ultrajado los impíos tu Santo21, nuestros

enemigos han hollado tu santuario? 19Somos desde mucho ha como aquellos sobre

los que no dominas, sobre los que no es invocado tu nombre.

Después de recordar su providencia en el pasado, el profeta invita a Yahvé a repetir de nuevo sus

prodigios con su pueblo. Le pide que contemple desde el cielo, la morada santa y gloriosa

(v.15a), la situación actual de su pueblo abandonado. ¿Es que se ha acabado el celo y fortaleza

que antes había mostrado en favor de su pueblo ? Y, sobre todo, ¿es que se han acabado sus entrañas

y misericordia? (v.15b). Yahvé siempre fue un Dios misericordioso y compasivo. ¿Es que

ahora se ha cerrado a toda compasión con Israel?

En realidad, Yahvé es el único Padre de Israel (v.16a), que los puede socorrer, pues los

grandes antepasados, Abraham e Israel (Jacob), no tienen actualmente conocimiento de su situación.

No pueden ayudarles en nada. Son sólo un recuerdo (v.16a). Por eso, Yahvé solo puede ser

el Redentor de su pueblo (v.16b), y ése es el nombre que mejor le conviene desde la eternidad.

El profeta pregunta a Yahvé por qué, siendo Padre de su pueblo y su Redentor, los deja

andar errantes fuera de sus caminos (v.17) o leyes, permitiendo que se endurezca su corazón, de

modo que no obren conforme al temor de Yahvé. La expresión endureces nuestro corazón hay

que entenderla en el sentido radical con que hablan los semitas, sin distinguir entre voluntad

permisiva y positiva, pues en sus modos de hablar prescinden de las causas segundas.

Consecuencia de ese abandono de Yahvé de su pueblo ha sido la profanación por los impíos del

Santo de Yahvé (v.18), el templo. Quizá aluda a las profanaciones después de la destrucción de

1910

Jerusalén por Nabucodonosor o a alguna incursión de samaritanos en tiempos de la dominación

persa, probable época de composición del fragmento.

1 Algunos autores, como Skinner, creen ver en esta frase una alusión a la costumbre gentílica de representar a la divinidad local con la

cabeza ceñida por las murallas de la ciudad. El profeta no se atrevería a poner a Jerusalén en la cabeza de Yahvé como irreverente,

y suavizaría la imagen diciendo que la tenía en la mano. Cf. o.c., II 210. — 2 Cf. Os c.1-3. — 3 Según la interpretación judaica,

esos centinelas son ángeles, que constituyen la guardia invisible de la ciudad. En ese caso, el que habla sería el mismo Yahvé, Para

sostener esta opinión se recuerda que en Dan 4:10.20 se da un nombre análogo para significar “ángeles.” En 1 Re 22:19 se

habla del “consejo” de Dios. Se cita a Zac 1:12 y a Ez 29:16; y Zac 3:1. Cf. Skinner, o.c., II 211. — 4 Cf. Isóo.iS; 61:11. — 5 Cf.

Nehs.15; 4:9- — 6 Cf. Dt 12:1735; 14:23. — 7 Skinner ve en la palabra alabaran, en hebreo hillel, una alusión al canto del Hillulim,

que se preceptuaba en Lev 19:24; Jue 9:7. — 8 Cf. Is 6a,5ss. — 9 Esta es la lectura exacta del texto hebreo, que tiene un sentido

claro. Algunos autores han querido conseguir, con un ligero cambio de vocalización, otra lectura muy bella e insinuante:

¿quién es aquel que avanza enrojecido (Edom: adam), con vestidos más rojos que los de un lagarero (Bosra: Basir) ? Esta lectura

hace más fácil la aplicación del cuadro a Jesucristo, teñido en sangre venciendo a los enemigos con su muerte. — 10 En hebreo

lit.: “inclinándose en la plenitud de su fuerza”; lo que no parece adaptarse al carácter altivo del vencedor. Con un ligero cambio

de vocales tenemos la traducción arriba apuntada. — 11 Is 34:4-15- — 12 Para la identificación de Edom y de Bosra véase el comentario

a Is 34.6. — 13 Cf. Abd iss; Is 34:515; Ez 35:1ss; Lam 4:21; Sal 137:1. Los edomitas son los que más se ensañaron con

los israelitas vencidos después de la destrucción de Jerusalén por Na-bucodonosor. Esto aumentó el odio tradicional entre ambos

pueblos, que, según la Biblia, eran parientes de origen, pues Israel procedía de Jacob, y Edom de Esaú, su hermano. Cuando los israelitas

quisieron pasar por Edom camino de Canaán, los edomitas se opusieron tenazmente, y ésta fue la primera causa de la

odiosidad. — 14 Sobre el go'el cf. Job 19:26. — 15 Así según la traducción de los LXX. El texto hebreo dice: “lo que hizo por el

Dios,” que no se adapta bien al contexto. — 16 El texto hebreo dice tribulación en vez de mensajero, que traducimos nosotros con

un ligero cambio de vocalización, siguiendo a muchos críticos. Lo que da un excelente sentido en el contexto. Además, es la lectura

de los LXX. — 17 Cf. Ex 23:2033; 33:143. — 19 Moisés y su pueblo faltan en los LXX. — 20 Diversas son las traducciones de

este texto, que no ha llegado completo a nosotros. La Bible de Jérusalem traduce: “no tropezaron más que un buey que desciende

a la llanura,” uniéndolo con lo anterior. Dennefeld y Skinner traducen como hemos puesto arriba en el texto. — 21 Así según una

reconstrucción muy verosímil, seguida por numerosos exegetas: Con-damin, Marti, Gesenius, etc. El texto hebreo dice literalmente

“por un poco de tiempo, vuestro pueblo santo ha poseído la tierra.” Un cambio de vocalización da la traducción arriba adoptada.

64. Ansias de la manifestación de Yahve.

Yahvé, obrador de prodigios (1-5).

1(19) ¡Oh si rasgaras los cielos y bajaras, de suerte que los montes se estremecieran

ante ti, 2/1 como fuego abrasador que quema la leña seca, como fuego que hace hervir

el agua! Para dar a conocer a tus enemigos tu nombre y hacer temblar a los pueblos

gentiles ante ti 3/2 al hacer tus inesperados prodigios. (Descendiste y ante ti se

tambalearon las montañas) 4/3 de que no se oyó jamás. Ni oyeron oídos, ni ojos vieron

Dios, fuera de ti, que (así) obrara con los que en él confían. 5/4 Tú te adelantas a

los que obran justicia 2 y se acuerdan de tus caminos.

Esa situación de abandono en que está el pueblo hace que el profeta sienta hasta ansias de que se

rasguen los cielos (V.19/1), el único obstáculo físico que parece oponerse a sus relaciones con

Yahvé. Para Yahvé es tan fácil rasgar los cielos como para el fuego quemar la leña seca (v.2/1),

y hacer temblar los montes como al fuego hacer hervir el agua. El profeta quiere dar a conocer a

los enemigos de Yahvé su nombre, su manifestación gloriosa, para que se extendiera su renombre

entre los pueblos gentiles (v.2/1). Y todo ello con inesperados prodigios (v.3/2), como en el

pasado contra los egipcios. Sería el mejor modo de fortalecer a los que en El confían (v. 4;3).

Pues es un hecho que Dios es el primero en proteger a los que son justos: Tú te adelantas a

los que obran justicia (v.5/4), saliéndoles al paso para acoger sus ansias y oraciones.

1911

Confesión de los pecados del pueblo (5b-7 ).

5b/4 He aquí que te irritaste, pues hemos pecado, por nuestra infidelidad y nuestra

defección 3. 6/5 Todos nosotros fuimos impuros, y toda nuestra justicia es como vestido

inmundo, y nos marchitamos como hojas todos nosotros, y nuestras iniquidades

como viento nos arrastran. 7/6 Y nadie invoca tu nombre ni despierta para unirse a

ti. Porque has ocultado tu rostro de nosotros y nos has entregado a nuestras iniquidades.

Yahvé es bueno para los que obran justicia (v.5a/4), pero castiga a los pecadores. Si se irritó con

Israel, es porque ha pecado (v.5b/4). El profeta confiesa ese estado de transgresión general: los

israelitas son impuros (v.6/5), contaminados con muchos pecados 4. Son como un vestido inmundo,

en el sentido levítico, 5 sus justicias o actos de virtud, pues iban acompañadas de miras materiales.

Consecuencia de ello es una languidez espiritual: nos marchitamos como hojas (v.6/5),

siendo arrastrados por sus iniquidades, como llevados de un fuerte viento.

La situación pecaminosa es tal, que han caído en una especie de letargo espiritual y no

hay nadie que se preocupe de invocar su nombre (ν.7/6), ni despierta para unirse a Yahvé. Es

el peor síntoma, la atonía religiosa total. Y esto es consecuencia del abandono de Yahvé: has

ocultado tu rostro de nosotros.

Paternidad de Yahvé sobre Israel (8/7-12/11).

8/7 Mas ahora, ¡oh Yahvé! tú eres nuestro Padre; nosotros somos la arcilla, y tú nuestro

alfarero, todos somos obra de tus manos. 9/8 ¡Oh Yahvé! no te irrites demasiado,

no estés siempre acordándote de la iniquidad. Ve, mira que todos nosotros somos tu

pueblo. 10/9 Tus ciudades santas están hechas un desierto, Sión es una estepa, Jerusalén

un lugar asolado. 11/10 Nuestro santo y magnífico templo, donde te alababan

nuestros padres, ha sido presa del fuego. Todas nuestras cosas queridas están en

ruinas. 12/11 Y ante todo esto, ¿vas a contenerte, ¡oh Yahvé! vas a callarte para humillarnos

del todo?

Después de reconocer los pecados del pueblo, el profeta vuelve a Yahvé, apelando a su misericordia:

Israel es su pueblo, y Yahvé no puede ser indiferente a sus calamidades. Yahvé es el alfarero

de Israel, que es a su vez la arcilla (v.8/7), porque históricamente han sido elegidos y

constituidos gratuitamente en pueblo por Yahvé: obra de sus manos. Israel históricamente no

tuvo otra razón de ser que la elección de Yahvé6. No debe pensar Yahvé tanto en la iniquidad de

Israel cuanto en sus designios misericordiosos, ya que Israel al fin es su pueblo. Los efectos de la

ira divina han sido terribles: las ciudades santas hechas un desierto (V.10/9). Las ciudades de

Israel son santas porque están en la tierra santa, elegida y santificada por la presencia de

Yahvé. Hasta la residencia personal de Yahvé (donde te alababan nuestros padres) es presa del

fuego. El profeta alude a la destrucción del templo por los soldados de Nabucodonosor; con él se

arruinaron todas las cosas queridas.1 La tragedia nacional no pudo ser mayor. Y ante este espectáculo,

¿va a quedar Yahvé indiferente?: ante todo esto, ¿vas a contenerte, oh Yahvé? La elocuencia

del profeta no puede ser más insinuante. Dios no puede abandonar al pueblo por más

tiempo. La medida de los sufrimientos nacionales ha llegado a su colmo, y la intervención de

Yahvé no puede tardar.

1912

65. Amenazas a los pecadores y promesas a los Justos.

Por el contenido, este capítulo puede dividirse en dos partes netas: a) 1-12: contraposición entre

los siervos de Yahvé y los apóstatas; b) separación final de ambas partes. Este capítulo está estrechamente

unido al siguiente por el estilo y el tema.

Obstinación del pueblo? que desprecia las gracias. divinas (1-7)

1 Déjeme consultar por los que no me interrogaban, déjeme hallar por los que no me

buscaban. Yo decía: Heme aquí, heme aquí, a gente que no invocaba mi nombre. 2

Todo el día tendía yo mis manos a un pueblo rebelde, que iba por caminos malos, en

pos de sus pensamientos. 3 Un pueblo que me provocaba a ira descaradamente y sin

cesar, sacrificando en los huertos y quemando incienso sobre ladrillos; 4 que va a

sentarse en los sepulcros y pasa la noche en lugares secretos; que come carne de

puerco, y en cuyas ollas hay manjares inmundos; 5 que dice: Quédate aquí, no te llegues

a mí, que te santificaría. Es como humo en mis narices, fuego encendido todo el

día. 6 He aquí que está escrito delante de mí, y no callaré sin darles su paga y retribuirles

con medida colmada. 7 Vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros

padres, dice Yahvé, que quemaron incienso en los montes y me ultrajaron en los collados.

Yo les mediré en el seno el salario de sus obras pasadas 2.

Parecen las palabras de este capítulo la respuesta de Yahvé a la plegaria del capítulo precedente

3. Dios quiere justificar su conducta, tachada de indiferente para con su pueblo. Yahvé quiere

hacer ver que ha estado siempre a disposición de su pueblo, derramando benevolencia y protección.

Antes de castigarlos ha estado con los brazos abiertos como padre, buscando atraerlos; pero

ellos se dieron a la idolatría.

Yahvé no se había ocultado de los israelitas, sino que estaba a su disposición: Déjeme

consultar por los que no me interrogaban (v.1). La conducta de Israel fue, en cambio, despectiva:

no me buscaban, a pesar de que Yahvé se dejaba hallar; su actitud era una constante invitación

a ayudarles en todo: Heme aquí (v.2); pero ellos no invocaban su nombre, e.d., preferían

consultar a los dioses de otros pueblos, porque eran un pueblo rebelde que iba por caminos malos

(v.2). San Pablo aplica estas palabras al Israel de su tiempo, que no quiso recibir a Cristo 4.

La historia del pueblo elegido siempre fue la misma: en vez de seguir las directrices de su Dios,

se fue en pos de sus pensamientos (v.2), e.d., sus inclinaciones materialistas, satisfechas mejor en

los cultos idolátricos.

A continuación Dios concreta estos caminos malos de Israel: la más crasa idolatría fue su

trayectoria constante, de forma que fue una provocación constante a la ira de Yahvé (ν.3). Υ esto

lo hacía descaradamente (en heb. lit. “ante mi faz”), llegando al colmo de la insolencia de entregarse

a la idolatría en el país de Yahvé, ante su faz. Lugares preferidos de este culto eran los

frondosos huertos5, santuarios al aire libre que simbolizaban con su feracidad el poder de fecundación

de Astarté. La expresión quemar incienso sobre los ladrillos (v.3b) parece irónica y despectiva.

Es una alusión a los altares de ladrillo construidos ante el ídolo, donde quemaban las

víctimas, el incienso, y derramaban el óleo.6 Además, no faltaban prácticas necrománticas: va a

sentarse en los sepulcros (v.4), alusión a los ritos de consultación de los muertos, por los que los

vivientes creían estar en comunicación con los difuntos. Quizá a esto se refiere la frase siguiente:

y pasan la noche en lugares secretos. 7 Jerónimo dice que los devotos se echaban sobre las pieles

1913

de las víctimas para conocer el futuro. Es el rito llamado de la incubación. La traducción griega

parece entenderlo así. 8 Otra abominación era que comían carne de puerco (v.4-b), lo que estaba

prohibido por la ley levítica. 9 Parece que la razón de la prohibición de la carne de cerdo en muchos

pueblos semitas obedecía a que se relacionaba a dicho animal con determinadas fuerzas

demoníacas subterráneas. En algunas religiones semitas, el cerdo ciertamente era consagrado a

las divinidades. 10 En aquellos banquetes sacrificiales había para el fiel judío manjares inmundos

(v.4b). En 66:17 especificará más esta idea el autor.

Los que participan de los cultos idolátricos se consideran como algo aparte, intocables.

Según la mentalidad semítica, el que participaba en el culto como oficiante estaba poseído de una

virtud especial de santidad que le ponía aparte de todo lo común: no te llegues a mí, que te santificaría

(v.5a); es un aviso para que se abstengan de comunicar con él los profanos no iniciados.

La santidad se comunicaba por contacto, como un fluido eléctrico. Los vestidos con que oficiaban

en el templo los sacerdotes debían ser depuestos inmediatamente para no santificar al pueblo,

es decir, hacerle inepto para vivir en contacto con lo profano. En la frase del profeta aquí

parece que hay un dejo de ironía: los que participan de los cultos idolátricos se consideran santos,

cuando en realidad no hay más que un Santo, y sólo al acercarse El se contrae la santidad. En

este supuesto, la conducta de tales israelitas es un constante insulto: es como humo en mis narices,

fuego encendido todo el día (v.8b). Ese proceder le es tan irritante como el humo en las narices,

provocado por el fuego encendido todo el día.

Ante esta provocación, la reacción divina no puede ser otra que el castigo. Todas las acciones

del pueblo están registradas en un libro, como en un diario: He aquí que esta escrito delante

de mí (v.6), y Yahvé las tiene constantemente presentes, clamando por un castigo: no callaré

sin dar (les) la paga y retribuirles. (v.6). La justicia divina exige cierta compensación, y nada

se puede escapar a su alcance. 12

A continuación enumera las iniquidades presentes y las de las generaciones anteriores. La

medida está colmada por tantas transgresiones: quemaron incienso en los montes, collados (ν.7).

Son los sacrificios idolátricos o cismáticos sobre los “altos lugares,” tan recriminados en la Biblia.

13 El castigo no puede hacerse esperar: yo les mediré en el seno (v.1c), es una frase que

equivale a “dar colmadamente,” llenando todos los repliegues de la túnica recogida hacia el seno.

14 El salario de sus obras será el castigo por tantas acciones pecaminosas.

El núcleo de elegidos es preservado (8-10).

8Así dice Yahvé: Como cuando hay jugo en un racimose dice: No lo eches a perder,

que hay en él bendición, así haré yo por amor de mis siervos: no los destruiré del todo,

9sino que sacaré de Jacob una progenie, y de Judá un heredero de mis montes, y

los habitarán mis elegidos y morarán allí mis siervos. 10Y será Sarón prado para los

carneros, y el valle de Acor dehesa para los bueyes del pueblo que me ha buscado.

De ese castigo se salvará un núcleo de salvación, objeto de las bendiciones divinas; los justos se

salvarán. Dios no mira sólo las iniquidades, sino también las buenas acciones. Israel es como

un racimo no del todo seco, en el que hay todavía algo de jugo (v.8a), algunos granos buenos,

que son todavía una bendición de parte de Dios, o don de su providencia, y, por tanto, el vendimiador

no lo desecha totalmente. Así, Yahvé no destruirá totalmente al pueblo por amor a esos

pocos justos que quedan en medio de la apostasía general. En realidad, todavía queda un núcleo

de bendición del que puede salir una progenie (V.9), que se multiplicará hasta hacerse heredera

de los montes o contornos de la Tierra Santa de Yahvé, país esencialmente montañoso. 15 Allí

1914

moraran los fieles a Yahvé, y su pueblo disfrutará de la llanura de Sarón (v.10), tradicionalmente

fértil en pastos para carneros, o ganado menor, en el oeste costero de Palestina, y también serán

dueños del valle de Acor, junto a Jericó, al este, lugar también de buenos pastos para los bueyes.

El autor, al elegir estos dos nombres de Sarón y Acor, quiere simplemente indicar los límites del

país de Yahvé, que será confiado en herencia a esa progenie numerosa, que a su vez proviene de

ese reducido núcleo salvado de la catástrofe. 16

Castigo de los pecadores y apóstatas (11-12).

11 Pero vosotros, los que dejáis a Yahvé y olvidáis mi santo monte, los que aderezáis mesa

para Gad y llenáis la copa para Meni, 12 os destinaré a la espada, y todos sucumbiréis a la

matanza, porque, cuando os llamaba, no me respondisteis, y cuando os hablaba no me escuchasteis;

hacíais lo que es malo a mis ojos y elegíais lo que me desagradaba.

Yahvé contrapone a la situación de la progenie de bendición, que heredarán sus montes, la de los

apóstatas, que se olvidan de su santo monte, o colina de Sión, sobre la que está su templo. No

van a darle culto a su santuario, mientras que se dan a ritos idolátricos, entregándose a festejos

sagrados a la diosa Fortuna: aderezáis la mesa a Gad (v.11). Gad era la diosa siria que los griegos

llamaban τύχη, ο Fortuna de los romanos. Tenía un templo en Gaza, no lejos de Jerusalén.

La frase aderezáis mesa para Gad alude al rito llamado lectisternia en la antigüedad: se colocaban

oblaciones de harina y otros manjares para comida de los dioses. 17 Gad era el dios de la dicha

y la fortuna. Aparece en muchas inscripciones fenicias y palmiranas, y en la Pentápolis filistea.

Meni es menos conocido (su nombre es relacionado con el verbo hebreo manah, contar, destinar).

Se le ha identificado con la diosa Manat, una de las tres divinidades preislámicas. 18 Se le

ha identificado también con Venus, llamada por los árabes Fortuna menor. Se le suele considerar

como la personificación del Destino. 19 Yahvé recrimina estos cultos sacrificiales: llenáis la copa

para Meni (v.11b). Por eso anuncia el castigo: os destinaré a la matanza (v.12a). El profeta juega

con la palabra Meni (dios del “Destino”) y el verbo manah (destinar). Por fin, Yahvé les recuerda

los tiempos en que se ofrecía a ellos para hablar y no le escucharon.

Contraste entre la suerte de los apóstatas y la de los fieles (13-16).

13 Por eso dice el Señor, Yahvé: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis

hambre. Mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed. Mis siervos cantarán,

gozarán, y vosotros seréis confundidos. 14 Mis siervos cantarán, lleno de júbilo el corazón;

pero vosotros gemiréis con el corazón dolorido y aullaréis con el espíritu

quebrantado. 15Dejaréis vuestro nombre como maldición para mis elegidos: “El Señor,

Yahvé, te mate,” y a sus siervos les dará otro nombre. 16Todo el que en la tierra

quiera bendecirse, se bendecirá en el Dios fiel. Todo el que en la tierra jurare, jurará

por el nombre del Dios fiel, pues las angustias pasadas se darán al olvido y estarán

ocultas a mis ojos.

Consecuencia lógica de estas transgresiones será que los apóstatas no participarán de las bendiciones

de los justos: tendréis hambre (v.13). El contraste es destacado como consecuencia de dos

situaciones contrapuestas.

El castigo de estos pecadores servirá de ejemplo a las generaciones futuras, y los fieles se

servirán de él como fórmula de imprecación: El Señor, Yahvé, te mate (v.15). 20 En cambio, los

fieles a Yahvé recibirán otro nombre, en conformidad con la nueva situación. Será un reinado de

1915

bendición bajo la protección divina, de tal forma que el que invoque sobre sí una bendición del

cielo (el que quiera bendecirse, v.16a), lo hará en el Dios fiel a sus promesas. La fidelidad de

Yahvé será una de las cosas que más resplandecerán en la nueva situación, pues todos verán el

cumplimiento de las promesas antiguas. Y ese estado de felicidad total hará que se olviden las

angustias pasadas (v.16b) y no vuelvan a repetirse: estarán ocultas a mis ojos.

Los cielos nuevos y la tierra nueva (17-25).

17 Porque he aquí que voy a crear unos cielos nuevos y una tierra nueva, y ya no se

recordará lo pasado ni vendrá más a la mente. 18Sino que se gozarán en gozo y alegría

eterna de lo que voy a crear yo, porque he aquí que voy a crear para Jerusalén

alegría, y para su pueblo gozo. 19Y será Jerusalén mi alegría, y mi pueblo mi gozo, y

no se oirán más en ella llantos ni clamores. 20No habrá allí niño de pocos días, ni viejo

que no cumpla los suyos, pues el más joven morirá a los cien años, y no llegar a

los cien años será tenido por maldición21. 21Construirán casas y las habitarán, plantarán

viñas y comerán su fruto. 22No edificarán para que habite otro, no plantarán

para que coma otro. Porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo,

y mis elegidos consumirán la obra de sus manos. 23No se afanarán en vano ni

parirán para una muerte prematura22, pues serán la progenie bendita de Yahvé,

ellos y sus descendientes. 24Y sucederá que antes que ellos llamen, responderé yo;

todavía no habrán acabado de hablar, y ya les habré escuchado. 25El lobo y el cordero

pacerán juntos; el león, como el buey, comerá paja, y la serpiente comerá polvo.

No se hará mal ni corrupción en todo mi monte santo, dice Yahvé.

Precisamente porque en el nuevo estado de cosas todo va a estar presidido por la bendición de

Yahvé, tendrá lugar una transformación de la naturaleza: voy a crear unos cielos nuevos y una

tierra nueva (ν.17a). Esta idea de una transformación cósmica es un tópico en la literatura profética,

23 sobre todo en la literatura apocalíptica. Siempre nos hallamos ante hipérboles poéticas

orientales, que reflejan una situación moral. San Pablo dirá que toda la creación está en dolores

de parto esperando la regeneración de los hijos de Dios. La naturaleza está violenta en el estado

de pecado del hombre, porque éste la hace servir en contra de los fines para que aquélla ha sido

creada24. En los tiempos mesiánicos, aun lo material y cósmico se asociará al estado de exultación

de los nuevos ciudadanos de Sión.25 San Juan en el Apocalipsis recogerá esto de los cielos

nuevos y la tierra nueva para aplicarlo al estado de la Iglesia triunfante.

En ese nuevo estado de cosas, ya no se recordará lo pasado (ν.17b), los tiempos de angustia

física y moral. Ha pasado la hora de las miserias. Todo será ambiente de alegría en Jerusalén

(v.18), y el mismo Yahvé se gozará pensando en Jerusalén (V.19), desapareciendo los llantos

y clamores. 26 Para colmo de bienaventuranza, los nuevos ciudadanos gozarán de una longevidad

desacostumbrada, como en los tiempos de los patriarcas: No habrá niño de pocos días (v.20),

e.d., que muera a los pocos días de nacer, ni viejo que no cumpla los suyos. Todos alcanzarán

una edad ideal. La edad de cien años será considerada como edad mínima (v.20b). Y el no llegar

a esta edad será considerado como una maldición, o castigo de Dios.

Por otra parte, todos disfrutarán de sus bienes (v.21) personalmente, y no sus herederos;

pues, dada la longevidad de la vida, todos podrán habitar en las casas por ellos construidas y disfrutar

de sus viñas, por ellos plantadas 27, pues su vida será tan larga como la de los árboles

(v.22b), 28 pudiendo disfrutar de la obra de sus manos. Es el máximo de felicidad para un israelita.

1916

Además, prosperarán en todos sus trabajos: no se afanarán en vano (v.23), y sus hijos no

serán destinados al exterminio por la guerra o la peste: no parirán para una muerte prematura,29

porque constituyen la progenie bendita de Yahvé juntamente con sus descendientes (v.23b). Será

tal la protección que Dios tendrá de ellos, que se adelantará a sus peticiones: antes de que llamen

responderé.; no habrán acabado de hablar, y ya les habré escuchado (v.24).

Y, por fin, la paz total edénica: el lobo y el cordero pacerán juntos (v.25a). El reino animal

participará también de este bienestar general. La lucha por la existencia no tendrá el sentido

sangriento de ahora. Los animales carnívoros, corno el león, perderán sus instintos sanguinarios,

y comerán paja como el pacífico buey. Es una vuelta al estado de paz de los primeros días de la

creación. En Gen 1:29-30 se señala como comida a los hombres y animales en general los productos

del reino vegetal. Dios había creado todas las cosas en paz, y la ley de la vida por la que

unos vivientes viven a costa de otros no le parecía bien al hagiógrafo, y por eso somete a todos

los seres a un plan vegetariano. En la época mesiánica ocurrirá algo parecido, según el profeta.

De nuevo nos encontramos con la hipérbole oriental, en la que hay que ver sólo el lado moral

expresado, es decir, el estado de paz completa, sin que nada la turbe. Varias de las frases de este

versículo están tomadas de Is 11:6-9, de cuyo pasaje parece una condensación. Únicamente se

añade que la serpiente comerá polvo, aludiendo, sin duda, a la maldición de Gen 3:14. En medio

de tanta bendición permanecerá la maldición del Señor sobre este reptil, símbolo del espíritu del

mal, que será inofensivo, pues vivirá del polvo. 30

Como síntesis final, se afirma que no habrá más corrupción o mal en el monte santo de

Yahvé, Sión, la capital de la nueva teocracia.

1 Lit. “y pagaré en su seno.” El seno equivale a la medida abundante. — 2 Otros traducen lit.: “les mediré su merecido y les daré la

paga en su seno” (así Cantera). — 3 Así lo entienden Konig, Gondamin, Feldmann y Dennefeld. — 4 Cf. Rom 10,2os. — 5 Cf.

comentario a Is 66:17; 1:29. — 6 Algunos creen que la palabra ladrillo aludiría a las terrazas de las casas, donde se practicarían

cultos astrales. Cf. 2 Re 23:12; Jer 19:13; Sof 1:5. Eran cultos de importación asiría. — 7 La palabra que traducimos por lugares

secretos es un hapax de sentido incierto. Con-damin quiere relacionar la palabra hebrea nassurim con el asirio massartu, puesto de

observación astral. Así traduce: “pasaba la noche en observación,” aludiendo a las observaciones mágicas astrales. Cf. CONDAMIN,

o.c., p.382. — 8 Cf. Skinner, o.c., II 233. — 9 Cf. Lev n,7s; Dt 14:8. — 10 Cf. Smith, The religión of the semites 3.a ed.

p.218.29055.351.475.621. — 11 Cf. Ez 44:19; Lev 6:21; Ex 29:37; 30,29; Ez 46:20. — 12 Cf. Sal 18:8. — 13 Cf. Os 4:13; Es.

6:13; Ts 57:7. — 14 Cf. Rut 3:15; Jer 32:19. — 15 Cf. Is 14:25; 57:13. — 16 “Del pueblo que me ha buscado,” por razones de

ritmo, es considerado como glosa. Sobre Sarón cf. Is 33:9; Sobre Acor cf. Jos 7:24. — 17 Cf. Herod., I 183; Ep. de Jer. v.27s.; Bel

y el Dragón: Dan 14; Jer 7:18; 19:13; 44:17; 1 Cor 10:21. Un eco de esto parece ser el rito hebreo de los “panes de la proposición”

en el tabernáculo (Ex 25:30), si bien con otro sentido. — 18 Cf. Coran, Sura 53:19. — 19 Cf. Skinner, o.c., II 238. — 20 En Jer

29:21 encontramos una maldición de este tipo: dos individuos que quedan como ejemplo proverbial de la maldición divina. — 21

Otras traducen: “y el pecador de cien años será maldecido.” Así Skinner; pero parece fuera de contexto. La palabra traducida por

pecador puede significar también fracasar. — 22 Lit. el hebreo dice “parirá para la ruina o terror.” — 23 Cf. Is 51:16; 46:22;

11:6-9; 29:17; 30,235; 32:15.35, etc. — 24 Cf. Rom 8:22. 27 Dt 28:30. — 25 Cf. AP2:1; 2 Pe 3:13. — 26 Cf. Ap 17:2. — 28 Cf.

Sal 92:12. — 29 Cf. Jer 15:8; Sal 78:33. — 30 Por razones métricas, algunos autores, como Duhm, rechazan como glosa esta última

frase relativa a la serpiente.

66. Felicidad de los Fieles Israelitas.

Castigo de los impíos.

Sigue la antítesis entre la suerte de los fieles a Yahvé y de los apóstatas. En este sentido, este

capítulo es complemento del anterior. Parece que hay en él diversos fragmentos inconexos, que

han sido incrustados artificialmente, sin mayor unidad. Por eso, no es fácil hacer una división

ligada y lógica de los versículos.

1917

Invectiva de Yahvé contra los transgresores (1-4).

1 Así dice Yahvé: El cielo es mi trono, y la tierra el escabel de mis pies. ¿Qué casa

podrías edificarme? ¿En qué lugar moraría yo? 2Todo eso, mis manos lo hicieron;

todo esto es mío, dice Yahvé. Y a éste es al que yo miro: I al humilde y abatido de

espíritu, al que tiembla ante mi palabra. 3Hay quien sacrifica un buey y mata un

hombre, quien inmola un cordero y desnuca un perro, quien presenta en ofrenda

sangre de puerco, quien quema incienso y se postra ante un ídolo. Así como ellos eligen

sus caminos y en sus abominaciones se complace su alma, 4así yo me complaceré

en sus calamidades, y traeré sobre ellos lo que se temen. Porque llamé, y nadie me

respondió; hablé, y nadie me escuchó. Hicieron lo que era malo a mis ojos y escogieron

lo que a mí desagradaba.

Ante todo, Yahvé quiere destacar su trascendencia: el cielo es mi trono 2; por eso ninguna morada

terrestre es digna de El. La misma tierra no es sino el escabel de sus pies (v.12). Es tal la majestad

y sublimidad de Yahvé, que no hay nada digno de albergarle con decoro en este mundo. El

profeta quiere aquí destacar que los meros ritos culturales del templo no bastan para darle un

homenaje digno. Busca algo más íntimo, ya que lo material es muy poco para su grandeza. No es

que el profeta quiera condenar el culto como manifestación externa de adoración, sino que aquí

desea destacar la dignidad sublime de Yahvé, del que no es digno todo lo material que pueda

ofrecérsele: ¿en qué lugar moraría yo? (v.1b). Las palabras del profeta quizá sean una respuesta

al deseo de los judíos repatriados por edificar el templo, creyéndose con ello cubiertos ante Dios

en sus deberes religiosos. El profeta indica que ese templo material es bien poca cosa para el Señor

del universo. Lo que en realidad le interesa a Yahvé es el arrepentimiento y la humildad

de espíritu: a éste es al que yo miro, al humilde y abatido de espíritu, al que tiembla ante mi palabra

y acata los mandatos de su Ley.

Por otra parte, ese culto oficial en el templo no está en consonancia con la conducta moral

de los que asisten a él: Hay quien sacrifica un buey y mata un hombre. (v.3a). Parece que aquí

se contraponen cuatro actos de culto a cuatro actos idolátricos: a) sacrificio de un buey en el

templo y sacrificios humanos (mata un hombre); b) inmolación de corderos en el templo y sacrificio

de un perro a los ídolos; c) ofrenda en el altar del santuario y derramamiento de sangre de

puerco a los ídolos; d) cremación de incienso en el santuario y postración ante un ídolo (v.3b).

Este parece ser el sentido más obvio de esta extraña argumentación del profeta. La versión de los

LXX y la Vulgata sugiere otra interpretación: “el que inmola un buey es como el que mata un

hombre; el que mata una res, como el que descabeza un perro; el que ofrece una oblación, como

el que ofrece sangre de puerco; el que presenta incienso, como el que bendice al ídolo.” Según

esta lectura, el que cumpliera los actos rituales de inmolar un buey, un cordero, u ofrecer una

oblación o incienso, si lo hace sin las debidas disposiciones interiores de humildad y entrega a

Dios, es como el que mata a un hombre, el que descabeza un perro, el que ofrece sangre de

puerco o bendice al ídolo. Esta interpretación nos resulta un tanto fuerte para la primera frase, en

la que se equipararía el sacrificio de un buey y el homicidio. No obstante, el estilo polemista

hiperbólico oriental podría explicar estos modos de argumentar, que a nosotros se nos antojan

extraños.

De nuevo Yahvé les recrimina sus falsos caminos (v.3c), por ellos escogidos, ya que

tienen propensión a complacerse en abominaciones. Pero también Yahvé tiene derecho a complacerse

en sus calamidades (v.4). La justicia divina tiene sus derechos inexorables, y por ello

1918

hará venir sobre ellos lo que se temen (v.4). Y todo ello por haber sido infieles a sus llamadas e

insinuaciones: llamé, y nadie me respondió (v.4b).

Promesas a los fieles (5-9).

5 Oíd la palabra de Yahvé vosotros los que teméis su palabra: Han dicho vuestros

hermanos, los que os aborrecen y os niegan por causa de mi nombre: “¡Que haga

Yahvé muestra de su gloria, para que veamos vuestro contento!” Pero han de ser

confundidos. 6 Voces, alborotos de la ciudad, voces que salen del templo. Es la voz de

Yahvé, que da a sus enemigos el pago merecido. 7 Antes de ponerse de parto ha parido;

antes de que la sobrevinieran los dolores dio a luz un varón. 8 ¿Quién oyó cosa

semejante? ¿Quién vio nunca tal? ¿Es dado a luz un país en un día? ¿Una nación

nace toda de una vez ? Pues apenas ha sentido los dolores, ya Sión ha parido a sus

hijos. 9 ¿Voy yo a abrir el seno materno para que no haya alumbramiento? dice

Yahvé. ¿Voy yo, el que hace parir, a cerrarlo? dice tu Dios.

El profeta se dirige a los fieles para que se consuelen y no hagan caso de sus hermanos de raza

(v.5b), que hacen escarnio de las promesas divinas y no creen en ellas. No creen en la próxima

manifestación divina, y dicen sarcásticamente: Que haga Yahvé muestra de su gloria para que

veamos vuestro contento! (v.5c). Se burlan de esas ilusiones de los fieles, que hablan de cambios

de cosas en el futuro, en el que encontrarán su contento. Pero serán confundidos cuando vean el

triunfo de los buenos en la manifestación gloriosa de Yahvé.

El profeta dramatiza la situación: Ha llegado el momento esperado del juicio de Dios, y

como consecuencia, la confusión: Voces, alborotos de la ciudad., del templo (v.6). Se presenta a

Yahvé, que llega con un ejército preparado a dar la batalla a los enemigos, que llenan la ciudad

de estruendo y griterío. Yahvé parece salir^ del templo sembrando el alboroto por doquier con su

intervención justiciera: da a sus enemigos el pago merecido (v.6b).

Después compara a Jerusalén a una mujer que da origen a una familia numerosa. Su reconstrucción

como nación es tan rápida, que, antes de ponerse de parto, ya ha parido (v.7a). Su

alumbramiento es tan súbito que, apenas siente los dolores, con toda facilidad da a luz un varón,

la máxima aspiración de una madre israelita. Ese varón es el pueblo de Israel, que se va a organizar

con todo vigor como nación; de ahí su carácter varonil. Parece aludir el profeta al retorno de

los exilados de la diáspora.

El profeta expresa su admiración por el súbito alumbramiento de una nación que alcanza

pronto su vigor colectivo: ¿Es dado a luz un país en un día? (8). Sión, apenas ha sentido los dolores

del alumbramiento, ya está constituida en nación: ha parido a sus hijos (v.8c).

Y ahora Yahvé quiere justificar sus promesas. ¿Cómo va a poner a un pueblo en tensión

constante esperando unas promesas que no se han de cumplir? Esto sería hacer que una mujer

tuviera dolores de parto sin obtener el fruto de sus dolores: ¿Voy yo a abrir el seno materno

(de la nación) para que no haya alumbramiento? (V.9). Dios es omnipotente, y, por tanto, al lanzar

a una nación detrás de una promesa, no es para agotarla en una tensión indefinida, sin alcanzar

su meta. Al poner a Sión en trance de alumbramiento, es porque la hará llegar a buen término.

Dios no hace las cosas a medias. Y en el caso concreto, Yahvé es el que hace parir (v.8b) a

Sión, la pone en trance del alumbramiento, y, por tanto, no va a cerrar su seno en el momento

crítico en que se ha de realizar lo esperado y prometido. La imagen es muy gráfica para expresar

las largas y fatigosas ilusiones de Israel como nación en pos de los tiempos mesiánicos, en los

que había de dar a luz un varón, la nueva comunidad de elegidos en la nueva teocracia.

1919

La consolación de Jerusalén (10-14).

10 Alegraos con Jerusalén y regocijaos con ella todos los que la amáis. Llenaos con

ella de alegría los que con ella hicisteis duelo. 11 Para mamar hasta saciaros del pecho

de sus consolaciones, para mamar en delicia de los pechos de su gloria. 12 Porque

así dice Yahvé: He aquí que voy a derramar sobre ella la paz como río y la gloria

de las naciones como torrente desbordado. Y sus niños de pecho serán llevados a

la cadera y acariciados sobre las rodillas. 13 Como cuando a uno le consuela su madre,

así yo os consolaré a vosotros, y en Jerusalén seréis consolados. 14Y vosotros lo

veréis, y latirá de gozo vuestro corazón, y vuestros huesos reverdecerán como la

hierba. La mano de Yahvé se dará a conocer a sus siervos, y (su) furor a sus enemigos.

La perspectiva del nacimiento de una nueva nación debe constituir la alegría de todos los que

esperaban en las promesas de Yahvé: Alegraos con Jerusalén. los que la amáis (v.10a). Se acerca

la hora del triunfo, y por ello deben participar de su alegría los que en otro tiempo participaron

en su duelo (v.10b). 3 A Jerusalén se la presenta como una madre generosa que ofrece sus pechos

para que se sacien de su alegría sus habitantes: para mamar, del pecho de sus consolaciones., de

su gloria (v.11b). Jerusalén ha sido “consolada,” y deben sus ciudadanos participar de estas consolaciones

proporcionadas por Yahvé, y con ello la gloria, de la que también ellos deben participar.

Jerusalén, que ha sufrido tanto, está ahora como embriagada de consuelo al sentirse vindicada

bajo la protección de Yahvé.

Y se especifican esas consolaciones, y la primera de ellas la paz: voy a derramar la paz

como río. Jerusalén, siempre en tensión con las invasiones de sus enemigos, va a sentir por primera

vez la máxima consolación: la paz total como consecuencia de un nuevo estado de cosas. Y

con ella vendrá la gloria de las naciones (v.12b), sus riquezas y tesoros. Y sobre todo vendrán

los hijos de Sión que se hallan dispersos: sus niños de pecho serán llevados a la cadera. (v.12c).

Es la misma profecía que hemos visto en 60:4. Los gentiles llevarán a los judíos, acariciándolos

como niños de pecho sobre su seno. Yahvé mismo consolara personalmente a los israelitas como

lo hace una madre con su hijo. Jerusalén será motivo de consuelo para sus habitantes: en Jerusalén

seréis consolados (ν.13). Ante este espectáculo, los ciudadanos de Sión sentirán que sus huesos

reverdecerán como la hierba (v.14). Es la consecuencia de la alegría profunda que siente. La

tristeza seca los huesos, según repetidamente se dice en la Biblia4, y, al contrario, el gozo y la

satisfacción los vivifican, como se vivifican las hierbas con la humedad.

Y todo ello como consecuencia de que la mano de Yahvé se dará a conocer a sus siervos

(v.14b); su omnipotencia (la mano de Yahvé) se manifestará plenamente en la inauguración de la

nueva era mesiánica, castigando con furor a sus enemigos. Es la contrapartida. Los justos serán

felices, mientras que los impíos, que se opusieron como enemigos a la manifestación de Dios,

serán duramente castigados.

Castigo de los enemigos de Yahvé (15-17).

15 Porque he aquí que llega Yahvé en fuego, y es su carro un torbellino, para tornar

su ira en incendio, y sus amenazas en llamas de fuego. 16 Porque va Yahvé a juzgar

por el fuego, y por la espada a toda carne, y caerán muchos a los golpes de Yahvé. 17

Los que se santifican y purifican para ir a los jardines tras uno que está en medio,

que comen carne de puerco y manjares abominables y ratas, juntamente perecerán,

1920

dice Yahvé.

Ese castigo no se hará esperar, pues llega Yahvé en fuego, según la imagen tradicional.5 Su oficio

va a ser purificar y discriminar, y por eso el fuego es el símbolo de la purificación. Yahvé viene

en un torbellino (v.15a), según las teofanías antiguas del Éxodo y del Sinaí; siempre rodeado de

majestad, dominando las fuerzas de la naturaleza. Viene a manifestar su enojo con un incendio,

en llamas de fuego. El profeta trabaja siempre con las imágenes tradicionales del Dios airado del

Sinaí.6 La literatura apocalíptica recargará estos colores dramáticos: el juicio de Dios será siempre

por el fuego.7 Nadie se escapará de su castigo: va a juzgar toda carne (v.16). Todos los pecadores

en general están comprendidos entre estos que caerán a los golpes de Yahvé.

Y concreta más el profeta los transgresores que serán objeto de particular castigo divino:

los que se santifican y purifican para ir a los jardines (ν.17a). Es una alusión a los que iban a

cumplir ritos idolátricos en los jardines y lugares frondosos, símbolo de la fecundidad comunicada

por determinadas divinidades afrodisíacas, como Istar y Adonis. La frase tras uno que está en

medio (ν.17) parece aludir a algún rito según el cual los fieles cumplían ciertos actos de purificación

guiados por un mago o mistagogo. En Ez 8:11 se habla de un mago que en medio de 70 ancianos

cumple ritos esotéricos. Además, no tienen escrúpulo en comer viandas prohibidas por la

Ley: carne de puerco, manjares abominables y ratas (ν.17). Sobre la carne de puerco cf. 65:4.

Los manjares abominables deben de ser los reptiles en general, prohibidos por la legislación mosaica.

8 Lo mismo respecto de las ratas, o roedores en general, prohibidas como animales inmundos.

Convocación de todas las naciones (18-24).

18 Yo conozco sus obras y sus pensamientos. Y vendré para reunir a todos los pueblos

y lenguas, que vendrán para ver mi gloria. 19Yo les daré una señal, y mandaré

sobrevivientes de ellos a Tarsis, a las naciones de Put9, de Lud, de Mosoc10, de Ros,

de Tubal y de Yaván, de las islas lejanas, que no han oído nunca mi nombre y no

han visto mi gloria, y pregonarán mi gloria entre las naciones. 20Y de todas las naciones

traerán a vuestros hermanos ofrendas a Yahvé en caballos, en carros, en literas,

en mulos y en dromedarios, a mi monte santo, a Jerusalén, dice Yahvé, como

traen los hijos de Israel la oblación en vasos puros al templo de Yahvé. 21Y también

yo elegiré de entre ellos sacerdotes y levitas, dice Yahvé. 22Porque así como los cielos

nuevos y la tierra nueva que yo voy a crear subsistirán ante mí, dice Yahvé, así subsistirá

vuestra progenie y vuestro nombre, 23y de novilunio en novilunio, de sábado

en sábado, toda carne vendrá a prosternarse ante mí, dice Yahvé, 24y al salir verán

los cadáveres de los que se rebelaron contra mí, cuyo gusano nunca morirá y cuyo

fuego no se apagará, y serán horror a toda carne.

La primera frase del v.18 se refiere a las abominaciones de que hablaba el ν.17. El castigo vendrá

precisamente porque sus obras y pensamientos no son conformes con los mandatos de Yahvé,

que lo sabe todo.

Y a continuación la mente del profeta se dilata en un horizonte universalista. Todos los

pueblos podrán ser testigos de la gran manifestación de Yahvé, que vendrá a reunir todos los

pueblos y lenguas (v.15b) para que sean testigos de su gloria o manifestación gloriosa y magnifícente

del Dios de Israel. Yahvé mismo dará una señal (v.16a) para que se concentren todos los

pueblos. Será un signo prodigioso que llame su atención y los atraiga hacia Sión. Los supervi1921

vientes parecen ser los que se libraron del juicio del que se habla en el v. 16, y que pueden ser los

paganos buenos, “prosélitos,” que se adhirieron a los rescatados de Israel. 11 Vienen de Tarsis, el

extremo occidente, en la desembocadura del Guadalquivir 12; de Put, que aparece en la tabla genealógica

de Gen 10:6 juntamente con Misraím (Egipto). 13 Parecen ser los habitantes del sudeste

de Egipto. Mosoc, al sudeste del mar Negro. 14 Ros, nombre supuesto en relación con el anterior.

Tubal, vecinos de Mosoc, al sudeste del mar Negro. Yaván son los “jonios” o griegos. 15 Todos,

desde las islas lejanas, aun los que no han oído jamás el nombre del Dios de Sión, se harán eco

de la gloria de Yahvé entre las naciones, o pueblos gentiles. Es el reconocimiento de la soberanía

de Yahvé en todo el orbe conocido. Y como homenaje traerán ofrendas en todos los medios

de transporte: caballos, dromedarios, etc. Es un pasaje paralelo a 60:5-7. El punto de convergencia

es el monte santo, la colina de Sión, donde se asienta el templo, morada de Yahvé;

por eso las ofrendas son para los hermanos o moradores de la Ciudad Santa.

En el v.21 hay una promesa extraña. Parece que Yahvé va a escoger, de entre los gentiles,

sacerdotes y levitas (v.21). Esto es algo excepcional. En 61:5-6 se decía que los israelitas serían

sacerdotes, y los otros pueblos serían sus servidores. Por eso muchos autores creen que la frase

entre ellos se refiere a los israelitas de la diáspora, que al entrar en la Tierra Santa ejercerían

funciones sacerdotales, al menos algunos de ellos, a quienes Dios escogiera por su vinculación a

la tribu de Leví. Sin embargo, no pocos autores ven aquí una proclamación enfática de un orden

nuevo: yo elegiré (v.21), lo que indicaría como una medida excepcional fuera de la Ley mosaica

recibida. 16 Esto estaría en consonancia con la situación totalmente nueva creada por los cielos

nuevos y la tierra nueva (v.22a) de que se habla a continuación. Yahvé anuncia una profecía de

permanencia eterna de la nueva progenie en la nueva teocracia, como ya se indicó en 65:17. 17

Este fragmento tiene un aire escatológico. Toda la humanidad participará periódicamente en el

culto del templo de Jerusalén: de novilunio en novilunio., toda carne vendrá a prosternarse ante

mí. La frase toda carne no parece dejar lugar a duda sobre el sentido universalista de la profecía.

Todos los pueblos adorarán a Yahvé, participando en el culto solemne en la ciudad de Sión18.

Las grandes fiestas eran los novilunios, o primeros de mes, y los sábados. Esta estructura cultual

sirve de armazón y símbolo del futuro culto en la nueva Jerusalén.

Y, para terminar, el profeta nos reserva el gran “final” de sus oráculos. En contraposición

al estado de triunfo y alegría en que vivirán los escogidos de la nueva Jerusalén está el cuadro

aselador del castigo de los impíos y apóstatas. Al salir de la ciudad después de dar culto a Yahvé,

se verá la manifestación de Yahvé sobre los impíos: los cadáveres de los que se rebelaron contra

mi (v.24 a) yacerán sumidos entre fuego que no se apagará, y serán pasto de un gusano que nunca

morirá (v.24b). El espectáculo será de horror para toda carne. El fragmento es escatológico.

Al iniciarse la era mesiánica habrá un juicio sobre los impíos, que yacerán eternamente para

escarmiento y para glorificación de los justos y de Yahvé. Es un cuadro también hiperbólico

oriental con colores apocalípticos. Joel nos presentará a todos los pueblos exprimidos como racimos

en el valle de Josafat por el propio Yahvé por haber oprimido a Israel 19. En la profecía

que comentamos del libro de Isaías no se especifica el lugar donde estarán estos cadáveres. Sólo

se dice que, al salir de la ciudad, los fieles se encontrarán con este espectáculo. Parece que es en

el valle de “Gehinnom” o “gehenna,” que en Jeremías 7:32-33 aparece como el lugar en que los

israelitas idólatras serán pasto de las fieras y los pájaros. Ese valle, terrorífico en la tradición israelítica

por haber sido el lugar en que se ofrecieron sacrificios humanos a los ídolos, 20 es el actual

wady er-Rababi, al sudoeste de Jerusalén, y que, al unirse con el Cedrón, es llamado hoy día

wady en-Nar, o valle del fuego, por los árabes. En esa depresión, considerada como lugar de

abominación por los israelitas a causa de los terroríficos recuerdos de culto a los ídolos y a los

1922

muertos, se arrojaban las inmundicias de la ciudad. La teología talmúdica coloca aquí la boca del

infierno. Nuestro Señor aplicará el nombre de gehenna al infierno del más allá, y traerá este texto

de Isaías para hablar de los suplicios eternos de ultratumba. 21 El profeta quiere recalcar el castigo

de los impíos, cuyos cuerpos no se consumirán para que lo vean los elegidos. San Juan Bautista

hablará también de un juicio inaugural de Dios por el “fuego” antes de la manifestación del

Mesías. Por carecer de esperanza de retribución en ultratumba, los profetas confunden los diversos

estratos de la etapa mesiánica, y así colocan el juicio discriminador de justos y pecadores antes

de inaugurarse la etapa mesiánica. En realidad, según la perspectiva evangélica, este juicio

tendrá lugar al fin del mundo.

1 Así según el texto griego y el siríaco. El hebreo dice: “todo esto ha sido.” — 2 Cf. Is 57:15; 60:13. — 3 El texto griego lee: “Alégrate,

Jerusalén.” Pero el paralelismo parece más bien sugerir la lectura del texto hebreo que hemos seguido. — 4 Cf. Sal 31:10; 32:3.

La alegría vivifica: Is 44:3. — 5 Cf. Dt 5:22s; Is 29:6; 3:27. — 6 Cf. Hab3:8; Sal 68:17. — 7 Cf. Ez 38:22; Jl 3:2; Am 7:4” — 8

Cf. Lev 7:21; 11.10s; Ez 8:10. — 9 Así según el texto griego; el hebreo dice Pul, desconocido. — 10 El texto hebreo dice “tiradores

de arcos,” que sería corno un epíteto de Lud, o Lydios. Sabemos que éstos eran famosos como arqueros. Cf. Jer 46:9. Hemos

seguido la lectura del texto griego: Mosoc, bien conocido en la geografía bíblica. Cf. Ez 39:2. Ros es una conjetura según este texto

de Ezequiel. — 11 Cf. Is4:2; 37:32; 45:20. — 12 Cf. Is2,i6; 23:10. — 13 Cf. Gen 10,6.13; Jer 46:9; Ez 27:10; 30:5. — 14 Son

los Mosqui y Tibareni de los clásicos, y los Muski y Tabal de los asirios. Cf. Ez 32:26. — 15 Así Dennefeld, o.c., p.234. — 16 De

este parecer es Skinner, o.c., II 254. — 17 Cf. Jer 31:35; 33:25s. — 18 Cf. Zac 14:16. — 19 Jl3. — 20 Cf. Is 33; 57:9; Jer 7:31s.

— 21 Cf. Mc 9:43-47.

Jeremías.

Introducción.

Vida del Profeta.

Jeremías (en heb. Yirmeyahu: “Yahvé exalta”?) aparece en la introducción histórica a sus

oráculos como “hijo de Releías, del linaje de los sacerdotes que habitaban en Anatot,” 1 la actual

Anata, a unos cuatro kilómetros al nordeste de Jerusalén, camino del desierto, que era también la

patria del sumo sacerdote Abiatar, 2 a cuya familia sacerdotal podía pertenecer el profeta. Cuando

era aún muy joven, en el año 13 del reinado de Josías (627 a.C.), fue llamado al ministerio

profético, 3 que ejerció durante los reinados de este rey y de sus sucesores Joacaz (609), Joaquim

(609-598), Joaquín o Jeconías (598) y Sedecías (598-586); y aún sobrevivió a la catástrofe nacional

del 586 a.C. Su vida fue muy agitada, ya que tuvo que sufrir en los vaivenes de la política

después de la muerte del piadoso rey Josías (609). Durante el reinado de éste, colaboró extraordinariamente

en la reforma religiosa emprendida en 622-621, cuando fue hallado el libro de la

Ley en los cimientos del templo. Su vida, en este sentido, es paralela a la de Isaías, que un siglo

antes había prestado auxilio moral en la reforma religiosa emprendida por el también piadoso rey

Ezequías (727-698).

Bajo el rey Joaquim (609-598), el profeta de Anatot tuvo que sufrir mucho, en primer lugar

de sus propios conciudadanos de Anatot 4; y en Jerusalén, por recriminar la impía conducta

del pueblo, fue encarcelado 5; y por anunciar la ruina de la ciudad, los sacerdotes quisieron atentar

contra su vida, siendo librado de la muerte por algunos príncipes que recordaron la profecía

de Miqueas sobre la destrucción de Jerusalén.6 En el año 604 (año cuarto del reinado de Joaquim)

dictó sus oráculos a su amanuense Baruc, y los leyó al año siguiente públicamente en el

templo. Por orden del rey Joaquim — indignado porque Jeremías le echaba en cara su impiedad

1923

y tiranía — fueron quemados7; pero Jeremías los volvió a dictar a Baruc. 8 Más tarde fue encarcelado,

como traidor, por orden del rey Sedecías (597-587). 9 Fue libertado después de la toma

de Jerusalén por los babilonios (586), quedando por algún tiempo dedicado a la consolación de

los vencidos y a la reconstrucción religiosa y nacional del país en colaboración con el gobernador

Godolías, nombrado por Nabucodonosor. Pero la facción ultranacionalista asesinó al gobernador,

huyendo a Egipto, llevándose por la fuerza al profeta, el cual continuó allí su obra de exhortación

a la penitencia. 10 Según la tradición judaica, Jeremías fue lapidado en Egipto por sus

compatriotas, a los que recriminaba su pésima conducta . Según una tradición menos fundada,

Jeremías fue llevado por Nabucodonosor a Babilonia después de haber conquistado Egipto en el

566 a.C. 12

Índole temperamental del profeta.

En el profeta Isaías hemos indicado como características de su temperamento la virilidad,

serenidad y aplomo ante las situaciones críticas, como consecuencia de ser un hombre reflexivo

y aun cerebral, con pocas concesiones a lo afectivo. Jeremías es, al contrario, un hombre de temperamento

afectivo y aun tímido, el cual, sin embargo, tuvo que afrontar situaciones mucho más

críticas que su antecesor Isaías. A pesar de su natural retraído y solitario, el profeta de Anatot,

con la gracia divina, supo mantenerse firme y enérgico cuando llegaba la hora de la intransigencia.

A pesar de tener un profundo amor hacia su pueblo, Jeremías tuvo que predicar el sometimiento

a Babilonia, apareciendo como traidor a la causa nacional. Esta fue su gran tragedia; fue

tan amarga su misión, que muchas veces, llevado de su natural, protesta ante Dios por haberle

obligado a soportar una carga superior a sus fuerzas y que está en contra de sus sentimientos. 13

Quiso orar por la salud de su pueblo, y Yahvé se lo prohibió 14; quiso callar sus oráculos de exterminio

sobre Jerusalén, pero no podía, porque le ardían como fuego en su interior. 15 Varias

veces, en medio de esta lucha psicológica, se atrevió a quejarse de Yahvé. 16

Su misión era la de “destruir, arrancar, arruinar y asolar, levantar, edificar y plantar”17;

debía ser el contrastador de la conducta de su pueblo, 18 el portavoz de la ira de Yahvé, anunciando

la destrucción, 19 mientras que él, dulce y tranquilo por temperamento, hubiera deseado

anunciar cosas agradables al pueblo oprimido 20. Fue durante su vida un signo de contradicción,

21 objeto de las burlas de sus contemporáneos. Hubiera querido huir al desierto para vivir tranquilo.

22 Dios es su seductor, por haberle obligado a aceptar una misión para la que no se siente con

fuerzas. 23 Pero no puede menos de seguir los impulsos de su Dios: “Tú me sedujiste, ¡oh Yahvé!

y yo me dejé seducir. Tú eras el más fuerte, y fui vencido. Ahora soy todo el día la irrisión, la

burla de todo el mundo. Siempre que les hablo tengo que gritar, tengo que clamar: ¡Ruina, devastación!

Y todo el día la palabra de Yahvé es oprobio y vergüenza para mí. Y aunque me dije: 'No

pensaré más en ello, no volveré a hablar en su nombre', es dentro de mí como fuego abrasador,

que siento dentro de mis huesos, que no puedo contener y no puedo devorar.” 24

Su misión es la de ser un signo constante de contradicción: “Soy objeto de querella y de

contienda para todos. A nadie presté, nadie me prestó, y, sin embargo, todos me maldicen. ¿Soy

yo culpable? ¿En el tiempo del infortunio no te rogaba por el bien de los que me odian?”25 No

caben palabras más elocuentes para describir la tragedia íntima de Jeremías, la paradoja de una

vida entregada a una misión que contrariaba a sus afectos más íntimos. Toda su vida fue un sufrimiento

continuo por la incomprensión, el escepticismo, la ironía sangrienta. A pesar de todo,

sentía que Yahvé, aunque su seductor, era también su refugio y su fortaleza, 26 Por eso, en

medio de las contrariedades prosigue su tarea de profeta, de “centinela” de los intereses espirituales

de su pueblo, anunciando el peligro, pero, al mismo tiempo, la era mesiánica, que será el

1924

gran contraste con las angustias e incomprensiones de sus compatriotas. 27

En ningún profeta aparece tan clara la vocación divina al ministerio profético como en

Jeremías, ya que la labor que se impone en nombre de Dios está en total contradicción con su

temperamento, retraído, afectivo y pacífico. Los Santos Padres presentan al profeta de Anatot

como el tipo doliente de Cristo, que es incomprendido de sus compatriotas y sufre por la ceguera

de su pueblo. Hasta su misma vida de celibato le asemeja al Maestro de Nazaret. Pero, naturalmente,

el tipo difiere mucho del antitipo, porque en Cristo no se dan los desahogos airados de

Jeremías, que llega en algunos momentos a desear el castigo de sus enemigos. 28 Es la diferencia

del hombre puramente hombre y el Hombre-Dios.

Ambiente histórico.

A Jeremías le tocó asistir a la mayor tragedia de su pueblo, la catástrofe del 586, en que

tuvo lugar el colapso nacional de Judá como consecuencia de una equivocada política nacionalista

contra el invasor babilonio. Por ello, los últimos años de la vida del profeta no pudieron ser

más agitados, ya que tuvo que hacer frente a la facción egiptófila, que postulaba una resistencia a

ultranza contra el coloso caldeo. En 625 había muerto Asurbanipal (668-625), el monarca más

grande de Asiría, que había logrado llegar con sus tropas hasta Tebas, en el Alto Egipto. Después

de él, el general caldeo Nabopolasar logró liberar a Babilonia del yugo asirio, inaugurando así su

reinado (625-605). Los viejos sueños de Merodacbaladán contra Senaquerib se van a cumplir

ahora, cuando el imperio asirio, gastado, entra en su ocaso. Los medos, por su parte, caen sobre

el nordeste del imperio asirio a las órdenes de Ciáxares, y, al no poder tomar la ciudad de Asur,

se alian con el rebelde Nabopolasar de Babilonia en el sur. El pacto fue sellado por el matrimonio

del hijo de Nabopolasar, llamado Nabucodonosor, con la hija del medo. Después de infructuosos

ataques aislados contra Asur y Nínive, lograron por fin tomar esta ciudad en 612 a.C. El

rey asirio Asuruballit se trasladó a Jarran con ánimo de organizar la resistencia, pero también esta

ciudad cayó en poder de la coalición medo-babilonia. El faraón egipcio Necao II acudió en

auxilio del rey asirio en 609, pero fue derrotado a las puertas de Jarran por Nabopolasar.

En el reino de Judá sucedían también cambios importantes durante este tiempo. En 640

moría el impío rey Manases, que se había dedicado sistemáticamente a deshacer la reforma religiosa

que había emprendido su padre, el piadoso Ezequías, con la aprobación y auxilio moral de

Isaías. Persiguió a los fieles yahvistas, introduciendo, como su abuelo Acaz, los cultos asirios en

el templo. 29 Su hijo Amón seguía la misma conducta, pero fue asesinado en 640 a.C., subiendo

al trono su hijo de ocho años, Josías (640-609), el cual, educado religiosamente bajo la égida de

los sacerdotes, empezó de nuevo la reforma religiosa. En 621 tuvo lugar un acontecimiento notable:

el hallazgo del “libro de la Ley” en los cimientos del templo, al parecer el Deuteronomio

30. Inmediatamente mandó poner por obra sus preceptos relativos a la centralización del culto

y la supresión de todos los santuarios sincretistas que pululaban en el país. Incluso extendió su

reforma religiosa al antiguo reino de Samaría, que desde el 721 era una provincia asiría. 31

El piadoso rey se consideraba dueño de aquellos territorios, y por eso en el 609 salió al

paso del faraón Necao II, con el que trabó batalla desigual en Megiddo, cerca del monte Carmelo,

y allí murió trágicamente (609 a.C.). 32 Con esta pérdida se comprometió toda su obra de reforma

religiosa y se terminó el ciclo de paz relativa que desde hacía veinte años disfrutaba el reino

de Judá. Su hijo Joacaz fue su sucesor, aclamado por el “pueblo de la tierra,” o clase humilde

del país; pero Necao II le depuso, y entronizó en su lugar a su hermano Eliaquim, al que puso el

nombre de Joaquim (609-598) en señal de dominio. 33 El nuevo rey era de carácter despótico y

no favoreció el desarrollo de la vida religiosa en el país, cometiendo torpezas políticas que le lle1925

varon a la ruina. 34 Es bajo su reinado cuando comenzó el calvario de Jeremías, el cual había sido

muy bien considerado por el piadoso Josías. En 605, Nabucodonosor hizo una incursión por la

tierra siro-fenicia-palestina después de haber derrotado al faraón Necao II en Carquemis, 35 persiguiéndolo

hasta la frontera egipcia. El rey Joaquim le ofreció tributo, y así se liberó de la invasión

caldea. Nabucodonosor se volvió a Babilonia para recoger las riendas del imperio al morir

su padre en 605 a.C.

Poco tiempo después, el rey Joaquim de Judá se atrevió a rebelarse contra el babilonio,36

y al principio Nabucodonosor no tomó en serio esta actitud, enviando sólo unas partidas de soldados

caldeos, árameos, moabitas y amonitas para que hostigaran el país de Judá. 37 Pero, una

vez que se vio desembarazado de sus preocupaciones en Babilonia, Nabucodonosor emprendió

una expedición punitiva contra Jerusalén en 598 a.C. 38 Joaquim murió durante el asedio (no está

claro si de muerte natural o violentamente), 39 y le sucedió su hijo Joaquín o Jeconías, el cual capituló

a los tres meses de subir al trono, siendo llevado en cautividad, con su familia y lo más

selecto de la nación, a Babilonia. 40 Nabucodonosor puso en su lugar en el trono a su tío Matanías

(hermano de Joaquim y de Joacaz), cambiándole el nombre en Sedecías (597-587). Al principio

éste se mantuvo dócil al rey caldeo, mas en 594 entró en relaciones con los pueblos vecinos

para insurreccionarse contra Babilonia; pero, por la intervención de Jeremías,41 la coalición antibabilónica

no tuvo realización formal.

Egipto, por su parte, fomentaba la insurrección de los reyezuelos de Palestina contra el

coloso babilonio. En el 589 subió al trono egipcio Hofra, el cual al punto orientó su política contra

Nabucodonosor. Este decidió jugar la carta definitiva, y así se vino al occidente, estableciendo

su cuartel general en Ribla, junto al Orontes (Alta Siria), seguramente para dirigir las operaciones

contra Tiro, que continuaba resistiendo42. Contra Judá envió a uno de sus generales,

Nabuzardán, el cual se apoderó de las pequeñas ciudades hasta lograr aislar a Jerusalén (589

a.C.). Ante el ataque del faraón Hofra, el ejército caldeo se vio obligado a levantar el sitio de Jerusalén

para atacar al ejército egipcio, al que venció, llegando hasta las fronteras de Egipto. 43

Después el general babilonio se entretuvo en asediar a Laquis y Azeca antes de volver al asedio

de Jerusalén. Esta tardanza hizo nacer el optimismo entre los jerosolimitanos, los cuales llegaron

a apropiarse de nuevo los esclavos que habían manumitido. 44 Pero no tardó en comenzar de

nuevo el asedio, y las condiciones de resistencia se hicieron imposibles. Jeremías predicaba la

capitulación para evitar el desastre completo. Sedecías no supo imponerse a la facción nacionalista

fanática, y en un momento de confusión huyó por una brecha, siendo alcanzado por los soldados

caldeos en la llanura de Jericó, donde fue apresado y llevado a presencia de Nabucodonosor

en Ribla. Más tarde fue llevado al exilio, sin que se sepan más noticias de él. Mientras tanto,

Jerusalén caía en poder de los babilonios en julio del 586 a.C.; la parte cualificada de la población

fue llevada en cautiverio hacia Babilonia, y Judá fue convertida en provincia babilónica. El

vencedor nombró gobernador de dicha provincia arruinada al nativo Godolías, amigo de Jeremías.

El nuevo gobernador procuró rehacer la vida política, económica y social de la nación; pero la

facción ultranacionalista le asesinó, y los judíos, temiendo la represión, huyeron a Egipto, llevándose

con ellos al profeta Jeremías, el cual se oponía a esta huida. Así terminó la vida de Judá

como nación.

En este ambiente de inseguridad y de tragedia personal debemos estudiar los oráculos de

Jeremías. No es fácil establecer una cronología de la mayor parte de sus oráculos, pero conocemos

perfectamente el ambiente histórico en que se desarrolló su trágica vida, y esto nos sirve para

comprender la actividad profética y literaria del profeta de Anatot, que merece el nombre de

mártir.

1926

El libro de Jeremías.

Los escritos profético-históricos que han llegado a nosotros con el nombre de Jeremías

son — como los de Isaías — una colección desordenada de oráculos y de datos históricos, recopilados

sin orden cronológico por un redactor posterior al profeta. Como en el libro de Isaías,

pudiéramos distribuir los oráculos jeremianos lógicamente, según los tres apartados siguientes:

a) profecías contra Judá y Jerusalén; b) profecías contra las naciones paganas; c) profecías relativas

a la restauración de Israel como nación. Pero esta distribución lógica no corresponde a la

cronológica y, sobre todo, no coincide con la distribución de los oráculos en el actual libro de

Jeremías. Para darnos una idea de la distribución anómala de los oráculos, presentamos el cuadro

siguiente según las indicaciones cronológicas del libro actual:

a) Reinado de Josías (640-609):

1:2 (año 13 de Josías: 627 a.C.).

3:6 (en tiempo de Josías: 626-609).

b) Reinado de Joaquim (609-598):

26:1 (principio del reinado de Joaquim: 608).

25:1 (año 4 de Joaquim: 605).

36:1 (año 4 de Joaquim: 605).

45:1 (año 4 de Joaquim: 605).

35:1 (durante el reinado de Joaquim: 609-598).

7:1 (principio de Joaquim: 608).

c) Reinado de Sedecías (598-586):

24:1 (después de la deportación de 598).

29:1 (después de la deportación de 598).

27:1 (al principio del reinado de Sedecías: 598).

28:1 (al principio del reinado de Sedecías: 598).

49:34 (al principio del reinado de Sedecías: 598).

32:1 (año 10 del reinado de Sedecías: 588).

33:1 (al tiempo de la detención de Jeremías: 588).

34:1 (durante el asedio de Jerusalén: 588-587).

37:1-6 (durante el asedio de Jerusalén: 588-587).

39:1-15 (poco después de la toma de Jerusalén: 586).

40:1 (poco después de la toma de Jerusalén: 586).

44:1 (mientras el profeta estaba en Egipto: 5865).

De esta distribución cronológica se deduce que la compilación actual se ha hecho en diversas

épocas y sin criterio uniforme. Sin embargo, en la distribución actual del libro de Jeremías podemos

dividir los oráculos en tres partes:

Parte I: Vaticinios contra Judá (c.2-29).

1. Corrupción general (c.2-6).

2. Contra el fetichismo del templo y el formalismo religioso (c.7-10),

3. Dios no perdonará al pueblo que infringe el pacto (c.11-17).

4. Simbolismo de la vasija rota. Sufrimientos de Jeremías (c. 18-20).

5. Invectivas contra la corte y los jefes políticos y falsos profetas (c. 21 — 23). Simbo1927

lismo de los dos cestos de higos (c.24).

6. Predicción del exilio de setenta años y oráculos contra las naciones (c.25).

Discurso en el templo y peligro para Jeremías (c.26). Muerte del profeta Urías (c.26:20).

Jeremías y los falsos profetas (c.27-28).

7. Carta a los deportados (c.29).

PARTE II: La Era Mesiánica (c.30-33)

1. Retorno de Israel renovado (c.30-31).

2. El nuevo pacto (31:315).

3. Compra simbólica del campo de Anatot (c.32). Israel en la paz mesiánica (c.33).

PARTE III: Vaticinios Durante el Asedio de Jerusalén (c.34-40)

1 Contra la injusticia de tomar de nuevo a los esclavos (c.34).

2. Los recabitas (c.35).

3. El “rollo” quemado por Joaquim (c.36).

4. Encarcelamiento de Jeremías (c.37-38).

5. Toma de Jerusalén (c.39-40).

Parte IV: Vaticinios después de la caída de Jerusalén (c.40-45).

1. Godolías, gobernador (c.40-41).

2. Huida a Egipto (c.42-43).

3. Jeremías predice la suerte de los refugiados y de Egipto (c.43-44).

4. Apéndice: Vaticinio sobre Baruc (c.45).

Parte V: Vaticinio contra las naciones (c.46-51)

Apéndice: Fin de Jerusalén. Liberación de Joaquín (c.52).

Distribución Lógico-Cronológica General de los Oráculos.

I. Introducción: Vocación de Jeremías (1:1-19).

II. Oráculos contra Judá: (c.2:1-45:5).

1. Oráculos en tiempo de Josías (2:1-6:30).

Iniquidad del pueblo e ingratitud (2:1-3:5).

Las dos hermanas Israel y Judá, perversas (3:6-6:30).

2. Oráculos en tiempo de Joaquim (7:1-29:32).

Contra la falsa confianza en el templo (7:1-10,25).

Castigo por el pacto quebrantado (11:1-13:27).

Reprobación de Judá (14:1-20).

La cautividad anunciada (25:1-38).

Jeremías es condenado y salvado (26:1-24).

La muerte de Urías profeta (26:20).

Jeremías y los falsos profetas (27:1-28:17).

Epístola de Jeremías a los exilados (20:1-32).

3 Vaticinios en tiempo de Sedecías (21:1-24:10).

Contra la casa real, la corte y los falsos profetas (21:1-23:4).

Símbolos relativos a la suerte de Judá (24:1-10).

4 Vaticinios de salvación mesiánica (30:1-33:26).

1928

Restablecimiento de Israel (30:1-31:30).

Nueva alianza (31:31-40).

Compra del campo, símbolo de la restauración (32:1-44).

Enmienda del pueblo y restauración (33:1-26).

5. Últimos vaticinios y sufrimientos de Jeremías (34:1-36:32).

Contra Sedecías y el pueblo (34:1-22).

Fidelidad de los recabitas (35:1-19).

Joaquim manda quemar los escritos de Jeremías (36:1-32).

6. Sucesos durante el asedio de Jerusalén (37:1-40:6).

Jeremías encarcelado y salvado (37:1-38:13).

Coloquio de Jeremías con el rey (38:14-28).

Destrucción de Jerusalén (39:1-40:6).

7. Después de la destrucción de Jerusalén (40:7-54:5).

Godolías, gobernador de Judá (40:7-41:18).

Fuga de los judíos a Egipto (42:1-43:7).

Jeremías en Egipto (43:8-44:30).

Consolación de Baruc (45:1-5).

III. Oráculos contra las naciones paganas (46:1-51:64).

1. Contra Egipto (46:1-28).

2. Contra los filisteos (47:1-7).

3. Contra Moab (48:1-47).

4. Contra Amón (49:1-6).

5. Contra Idumea (49:7-22).

6. Contra Damasco (49:23-27).

7. Contra Arabia (49:28-33).

8. Contra Elam (49:34-39).

9. Contra Babilonia (50:1-51:64) 45.

Apéndice histórico: Cautividad de Sedecías, liberación de Jeconías. Destrucción de Jerusalén

(52:1-34).

Autenticidad.

A la vista de esta distribución, podemos decir que el actual libro de Jeremías es una colección

de oráculos y de relatos de diferentes épocas de la vida y actividad del profeta, que han

sido reunidos al azar en el transcurso del tiempo. En realidad, parece que antes de reunirse en

esta colección general existieron antes con unidad independiente en colecciones particulares,

como resultado de aportaciones de redactores diferentes. Se suelen reconocer tres estratos en la

formación de la actual colección de escritos de Jeremías: 1) oráculos en primera persona (c.1-

25); 2) oráculos en tercera persona (c.26-35); 3) biografía del profeta (en tercera persona), dispuesta

según un orden cronológico (c.36-45). La primera sección podría en general considerarse

como redacción personal del profeta46. En ella está la sección de las llamadas confesiones de Jeremías,

porque el profeta refleja sus luchas y problemas personales por cumplir fielmente su ministerio

profetice, impuesto por Yahvé. Ningún profeta nos ha revelado como Jeremías ese carácter

“íntimo” del oficio profético. Con toda sinceridad expresa sus dificultades, ansiedades, pensamientos

y deseos y los de su Dios. 47

1929

La parte biográfica, en que se habla en tercera persona, y algunos oráculos pueden ser

obra de Baruc, su secretario. De todos modos hay que reconocer el carácter fragmentario de cada

una de estas secciones. En el texto actual se dice que el profeta dictó algunos de sus oráculos y

hechos personales a Baruc.48 Algunos de ellos aparecen en primera persona,49 mientras que otros

están redactados en tono narrativo, en tercera persona.50 Los relatos de los c.37-44 parecen ser

obra de Baruc, el cual puede considerarse como el principal compilador-redactor de la actual colección.

Sin embargo, esto no quiere decir que no haya abundantes adiciones posteriores al mismo

Baruc.51 De hecho, muchos textos tienen gran parecido con otros del libro de Ezequiel,52 lo

que indica que las tradiciones oraculares de ambos profetas se interfieren mutuamente, y un redactor

posterior, sin mayor preocupación crítica, los asignó a alguno de ellos para que se conservaran

en la colección canónica.

Texto y versiones.

Es célebre en la historia de la exégesis la gran discrepancia en el libro de Jeremías de los

textos hebreo, masorético y griego de los LXX. La Vg sigue el texto hebraico. 53 En el texto

griego falta la octava parte (unas 2.700 palabras) del TM. Esta tendencia a abreviar se concreta

en la supresión de epítetos de Dios, fórmulas accesorias que no afectan a la sustancia de los oráculos.

Incluso faltan algunos versículos íntegros.54 Además, la disposición de muchos de los oráculos

no es igual en el TM y en el texto griego, pues éste coloca los oráculos contra las naciones

después de 25:13, mientras que en el TM ocupan los c.46-51. Todas estas diferencias pueden explicarse

por la diversidad de criterio del recopilador hebreo y el traductor griego. Así, bien pudo

éste tener un criterio abre viador, y por ello suprime cosas que le parecen redundancias. Muchos

autores,\sin embargo, suponen que hubo en principio dos textos originales hebreos, uno más ceñido

y breve, seguido por el traductor griego y otro más amplificado y redundante, que estaría

extendido en Palestina.55

La Vetus Latina está traducida sobre el texto griego, mientras que la versión de San Jerónimo

(actual texto de la Vulgata) está sobre el texto hebreo masorético.56 La versión siríaca llamada

Peshitta es muy afín al TM, aunque parece que en su redacción actual tiene influencias de

la versión de los LXX e incluso del Targum de Jonatán 57.

Estilo literario.

La personalidad del profeta queda perfectamente retratada en su estilo, el cual, lejos de

tener el vigor de expresión y la ironía de Isaías, se desliza ingenuamente, reflejando las ansias de

paz de un alma atribulada. Se le ha querido comparar con el estilo virgiliano, 58 pero su situación

psicológica es muy distinta de la del gran vate romano, y por eso sus expresiones tienen un contenido

de tragedia, que, si no alcanzan el radicalismo del libro de Job, sin embargo, matizan sus

pensamientos de inquietud y aun de desesperación. Jeremías es un alma nacida para la soledad,

la tranquilidad del hogar, y, sin embargo, es lanzado por Dios a la vida agitada política de Judá

en los momentos más críticos de su historia. Por otra parte, es un temperamento claramente afectivo,

y en esto habría que compararlo con el profeta Oseas, pero no posee la riqueza de imaginación

de éste. Pudiéramos caracterizar el estilo literario de Jeremías como carente de adorno. Con

la mayor sencillez y sin pretensiones expresa sus profundas ideas, generalmente coloreadas con

un aire de tristeza y amargura.

Por otra parte, en sus oráculos es propenso a la repetición de frases, imágenes y pensamientos.

59 En su predicación suele depender mucho de la de los profetas anteriores y aun de la

doctrina deutero-nomística, lo que es perfectamente explicable teniendo en cuenta que en su

1930

tiempo se encontró el libro de la Ley (probablemente el Deuteronomio), el cual le proporcionaba

muchas expresiones e ideas estereotipadas para dar a entender sus propias ideas. Sin embargo, no

se debe negar a Jeremías la elevada inspiración literaria y poética, ya que, aunque a veces su estilo

es difuso y abunda en frases estereotipadas, con frecuencia es muy original en sus simbolismos

e imágenes, algunas de belleza extraordinaria. Así, habla de Dios como fuente de agua viva,

60 y a Israel lo compara a una camella o asno salvaje que anda alocado tras de los ídolos, 61 y

en momentos de especial afección lo compara a una viña amorosamente cuidada por su Dios. 62

Tenía una especial predilección por la vida solitaria campestre, deseando habitar en una

“cabaña de viandantes” en el desierto. 63 También siente nostalgia de la paz doméstica. La vida

de celibato le ha sido impuesta por Dios.64 En las confesiones65 es donde mejor se revela el alma

profunda del profeta. Su lucha interior entre sus afectos más queridos y su misión parece reflejada

en una serie de expresiones sublimes, de una sinceridad desconcertante. En todas sus palabras

hay un tono elegiaco y descorazonador, que sólo parece superado por el realismo y vigor

de expresión del libro de Job. Algunos autores le han proclamado el poeta más grande entre los

profetas de la Biblia.66 Esta afirmación parece basada en el aspecto puramente “psicológico” de

la poesía jeremiana 67; pero, en conjunto, la elevación poética de Jeremías no se acerca a la de

Isaías. Desde el punto de vista estilístico del lenguaje, el hebreo de Jeremías es muy inferior al de

Isaías, pues aunque es clasicista, sin embargo, no es un estilo tan depurado y aticista como el de

su gran antecesor. San Jerónimo dice que el estilo de Jeremías es “sencillo y propio de uno que

no está habituado a la elegancia ciudadana y literaria, como lo estaba Isaías.”68 Los lingüistas

encuentran en las expresiones de Jeremías influencias aramaicas en cuanto al vocabulario y a la

sintaxis. 69

Aparte de la predicación oracular, Jeremías tiene especial preferencia por las acciones

simbólicas para plasmar mejor sus ideas. 70 Este género de predicación era muy adaptado a la

mentalidad poco evolucionada de muchos de sus oyentes. Como oriental, el profeta busca impresionar

con sus acciones. Ezequiel seguirá esta pauta, y con él otros profetas.

Doctrina teológica.

En Jeremías encontramos las nociones teológicas comunes que ya hemos visto en Isaías,

pues habían sido ya propuestas por Amos, Oseas y Miqueas. La gran tradición yahvista se continúa

según las grandes ideas monoteístas en el sentido más estricto. Podemos distinguir en la predicación

de Jeremías los siguientes apartados teológicos.

1. Dios. — Enfáticamente se dice que los ídolos son “vanidades,”71 y, por tanto, implícitamente

se expresa la idea de la sola existencia del Dios de Judá e Israel, que es la “fuente de la vida,” 72

y, como Dios, escruta y penetra los más íntimos pensamientos de los hombres. 73 La trascendencia

divina aparece en la clara afirmación sobre la creación y conservación de todas las cosas por

Yahvé. 74 Como Señor de todo, domina los elementos de la naturaleza y siembra la vida.75 Es

omnisciente, y todo lo ha creado y dispuesto con sabiduría.76 Es el Dios omnipotente,77 pero su

fuerza no es ciega, sino que la atempera a las exigencias de su justicia.78 Como Juez justo, da a

cada uno lo que es suyo. 79 Pero su justicia está contrarrestada con su misericordia. 80

2. Dios y la humanidad, — Supuesto que todo ha sido creado por Dios, se sigue que todas

las naciones deben reconocerle como tal.81 Su influencia no se limita sólo a los destinos del reino

de Judá e Israel, sino que dirige el curso de la historia de las naciones. Incluso se promete a los

gentiles que le reconozcan por Dios el “habitar prósperamente en medio del pueblo” elegido. 82

Pero por sus pecados tendrán que apurar la “copa de su ira,” como lo ha tenido que hacer el propio

Israel. 83 Dios es el que señala los confines de los pueblos, incluso de los paganos. 84 Y no

1931

sólo su justicia descargará sobre ellos, sino que también su misericordia les abraza a todos, y sus

ciudadanos podrán disfrutar de los mismos derechos que los del pueblo elegido.

3. Dios e Israel. — Los vínculos que Dios tiene con la humanidad en general quedan reforzados

cuando se trata de Israel, pues fue escogido por El con designios providenciales y le ha

prodigado toda clase de protección a través de la historia. 85 El profeta compara el cuidado que

Dios tiene de Judá al de un agricultor que cuidadosamente cultiva su viña.86 Como Oseas, compara

las relaciones de Israel con Dios a las de dos esposos, que han hecho una alianza. 87 Las expresiones

en este sentido son sumamente tiernas. 88 Dios e Israel se pertenecen mutuamente. 89

Por eso la apostasía de Israel, yéndose tras de los ídolos, reviste los caracteres de un verdadero

adulterio. 90 Israel debía estar unido a Yahvé como el ceñidor a la cintura del que lo lleva, 91 único

medio de preservarse intacto. La base de tales relaciones está en el pacto del Sinaí, 92 pero Judá

ha roto el “pacto,” 93 y por eso Yahvé enviará el castigo y la ruina. Después del castigo purificador,

Dios hará una “alianza nueva,” escrita en los corazones, de forma que no haya lugar a su

quebrantamiento. 94 Israel volverá después del exilio a ser el hijo “primogénito,” 95 y Yahvé volverá

a ser el pastor único de la grey. 96

Todas estas relaciones se refieren a Dios e Israel como colectividad nacional, pero con la

prueba del exilio la responsabilidad individual adquiere más relieve: “En esos días ya no se dirá

más: Nuestros padres comieron las agraces, y los hijos sufrimos la dentera, sino que cada uno

morirá por su propia iniquidad; quien coma el agraz, ése sufrirá la dentera.” 97 En efecto, el profeta

se plantea problemas puramente personales, sin conexión con la nación israelita como colectividad;

así inquiere la razón de sus propias angustias y tragedias íntimas y se plantea el problema

sobre la ecuación entre méritos y premios, pecados y castigos, siendo así un antecesor del

libro de Job 98. El tono a veces se asemeja al de los Salmos, en los que con toda viveza se plantean

las angustias personales de los justos perseguidos y despreciados.

4. El pecado. — En su primera fase de predicación, el profeta fustiga los pecados de Israel

como nación, y por ello será castigado por Yahvé. El pecado “nacional” era la idolatría, el

sincretismo religioso y el abandono sistemático de Yahvé como único rector de los destinos de

Judá. En esto contrasta con la conducta de los pueblos paganos, que nunca abandonan a sus dioses.

El profeta pone en boca de Yahvé esta queja lacerante: “¿Qué tacha hallaron en mí vuestros

padres para apartarse de mí e irse en pos de la vanidad de los ídolos?” 100 El pueblo ha abandonado

totalmente la Ley y se ha entregado a toda clase de excesos: lujuria, violencia, atropellos

sociales, falsedad, perjurios, 101 y esto no sólo en la clase humilde, sin formación, sino también

en la clase directora 102. El profeta insiste en la malicia del corazón humano como fuente de pecados

103; por eso, en la nueva teocracia mesiánica suspira por un cambio de “corazones,” ya que

no basta la Ley escrita, sino que era necesario grabarla en lo más íntimo de la personalidad

humana 104. El profeta suspira por una unión más íntima del hombre con Dios como “fuente de

vida,”105 como fruto de una reconciliación con El por el arrepentimiento y la penitencia. 106

5. Las observancias religiosas. — Como Isaías y los profetas que le precedieron, Jeremías

detesta el mero formalismo religioso, al que considera como una hipocresía. Enérgicamente

protestaba por la confianza fetichista en el templo de Jerusalén como medio de liberarse de la ira

divina. 107 Ante todo predica Infidelidad a Yahvé” como consecuencia de un conocimiento profundo

de su Ley. Para él, la “verdadera religión” consiste en la práctica de la justicia con el prójimo

108 y la “circuncisión del corazón,”109 lo que implica obediencia a la Ley de Yahvé. 110 Los

valores éticos deben prevalecer sobre los ritos formalistas de culto: “¿A mí qué el incienso

de Sabá y las cañas aromáticas de tierras lejanas? Vuestros holocaustos no me son gratos, vuestros

sacrificios no me deleitan.” 111 Hasta el “arca de la alianza” será sustituida en el nuevo orden

1932

de cosas, donde prevalecerá la religión del “corazón.”112 Esa interioridad de la religión en Jeremías

se refleja en su espíritu profundo de oración. En todos los momentos críticos de su

vida ha acudido a la plegaria como solución a los grandes problemas; así ora por la nación. 113

Dios le prohibe que ore por el pueblo para no verse obligado a emplear su misericordia. 114 Enfáticamente

afirma el profeta la eficacia de la oración confiada. 115 En este aspecto, la personalidad

de Jeremías es paralela a la de muchos salmistas, que, movidos de una religiosidad profunda,

acuden a Dios como único valedor de sus intereses. 116

6. Ideas mesianicas. — A pesar del espiritualismo tan elevado de los oráculos de Jeremías,

apenas se encuentran en sus escritos promesas claras mesianicast como hemos visto, al menos

en lo referente a la persona del Mesías, en Isaías. Naturalmente, el profeta tiene una profunda

esperanza en los destinos mesianicos del pueblo israelita como tal. Así anuncia la restauración de

la nación después del castigo del exilio, la cual será gobernada por jefes que, lejos de esquilmarla,

como antes, la ayudarán a conseguir toda clase de felicidades. 117 Israel y Judá volverán a

unirse para constituir una nación sola, como en el pasado. 118 El templo será nuevamente purificado

de toda contaminación, y la ciudad, reedificada. El nombre del futuro rey — reencarnación

de David (“suscitaré a David, vástago de justicia”) — será el símbolo de la nueva teocracia y llevará

el nombre prometedor de “Dios, nuestra justicia.”119 Todos reconocerán al nuevo rey, vástago

de David, como lugarteniente de Yahvé, 120 porque implantará un reinado de justicia y de

equidad: “Yo suscitaré a David, vástago de justicia, que como verdadero rey reinará prudentemente

y hará derecho y justicia en la tierra. En sus días será salvado Judá, e Israel habitará en

paz.”121 Y toda esta situación de paz vendrá como consecuencia de una “nueva alianza” — grabada

en los corazones — signada entre Yahvé y su pueblo. El pecado desaparecerá y no volverá

a romperse lo pactado, como en días antiguos. 122

Jeremías y el Deuteronomio.

Durante la vida de Jeremías tuvo lugar un acontecimiento trascendental en la vida religiosa

de Judá: el hallazgo del libro de la Ley en los cimientos del templo en 621 a.C. reinando Josías.

123 Generalmente se admite entre los críticos que el libro hallado — cuyo contenido consternó

a los fieles yahvistas de la época por las amenazas que en él se consignan contra los transgresores

de la Ley — es el Deuteronomio, al menos los capítulos 12-26 del mismo. Ahora bien, en

los escritos de Jeremías no encontramos la más mínima alusión a este hecho. Según la Biblia, el

profeta había iniciado su ministerio hacia el año 627 (decimotercer año del reinado de Josías).

¿Qué influencia tuvo el profeta en la reforma religiosa que siguió al hallazgo del libro de la Ley?

Una de las cosas que más se urgieron en esta reforma fue la centralización del culto en el templo

de Jerusalén, como base del retorno a Yahvé. Pero hemos visto que el profeta apenas da

importancia a la religión ritualista externa, a los actos de culto formalísticos, sino a la religión

del corazón. No obstante, no por esto debemos generalizar su actitud de oposición al culto externo.

Como Isaías, ataca a los actos de culto externo cuando van desprovistos de la entrega del corazón

a Dios, con lo que esto supone de reconocimiento de sus derechos, plasmados en la legislación

positiva dada al pueblo elegido. Es verdad que Jeremías urge ante todo la circuncisión del

corazón, 124 la rectitud de intención, 125 la sumisión a la voluntad divina 126 y la práctica de las

virtudes sociales. 127 En esto no hace sino colocarse en la línea doctrinal de los antiguos profetas.

Precisamente en el Deuteronomio se urgen el monoteísmo estricto, el amor a Dios con todo el

corazón y las virtudes sociales como parte fundamental de la vida religiosa. En este sentido, Jeremías

se halla dentro de la línea deu-teronomística. Por otra parte, los críticos han sorprendido

muchas frases en los escritos de Jeremías que parecen depender del Deuteronomio. 128 El fomen1933

tar el culto externo era tarea de los sacerdotes como tales, y de seguro que por su propio interés

no dejarían de inculcar la necesidad de que todos los israelitas fueran a Jerusalén a cumplir sus

votos y sus sacrificios. Jeremías, como los profetas anteriores — Amos, Oseas e Isaías — , ante

todo urgía el cumplimiento de los valores éticos y del espíritu. En esto no hace sino seguir la

pauta de Isaías. También éste tenía que conocer los esfuerzos de reforma religiosa desplegados

por el rey Ezequías — sobre todo la lucha contra los lugares de culto fuera del templo — , y, sin

embargo, Isaías no se preocupa de predicar el cumplimiento de los actos meramente cultuales.

Esta labor incumbía a los sacerdotes, los cuales, por otra parte, apenas se preocupaban de predicar

el cumplimiento de las virtudes sociales y la entrega del corazón a Dios. Jeremías, pues, en

esto no es sino un mero continuador de la antigua tradición profética.

1 Jer 1:1. En 2 Re 22:8 se habla de un sacerdote llamado Helcías, que descubrió el libro de la Ley; pero puede ser otro personaje distinto

del padre del profeta. — 2 1 Re 1:26. — 3 Jer 1:2-19; 25:3- — 4 Jer 11:18-12:6. — 5 Jer 19:1-20,6. — 6 Jer 26:1-19; 7:1-

28. — 7 Jer 11:1-5.9-14; 22:13-19. — 8 Jer 36:1-32. — 9 Jer 27:12-15. — 10 Jer 43:1-44:30. — 11 Cf. A. Condamin, Jérémie,

0.269 XII; J. Gutmann, Jeremía-Apokriphon: “Encyclo-pedia ludaica,” VIII (1931) 1092-1094; Tertuliano: PL 2:137; San Jerónimo,

Adv. Ιου. 2:37: PL 23:335; San Isidoro: PL 83:142. — 12 Cf. Seder Olam Rabba 26. — 13 Jer 15:10-18; 20,7-9.14. — 14 Jer

14:11. 19 Jer 20:8. — 15 Jer 20:7-9. — 16 Jer 15:1. — 17 Jer 1:10. — 18 Jer 6:27. — 20 Jer 28,6. — 21 jer 15:10; 20:8. — 22 jer

20:8. — 23 Jer 20:7. — 24 Jer 20:7-9. — 25 Jer 15:10s. — 26 Jer 16:19. — 27 Jer 36:23; 11:18-21; 18:18-23; 26:8s, — 28 Jer

15:15-16; 20:12. — 29 Cf. 2 Re 21:16. 32 Cf. 2 Par 35:21. — 30 2 Re 22:8s. 33 Cf. 2 Re 23:33; Jer 22:10. — 31 Cf. 2 Re 23:15-

20.. — 34 Cf. 2 Re 23:37; Jer 22:13-17 — 35 Cf. 2 Re 24:7. Véase también Flavio Josefo; Contra Appionem I 19:135-141; y Antiq,

X 11:1:219-221. Véase Bi 8 (1927) p.401. — 36 Cf. 2 Re 24:1 — 37 2 Re 24:2. — 38 2 Re 24:3. — 39 Jer 22:19. — 40 Jer

52:318. — 41 Jer 27:1. — 42 Cf. Ez 29:175. — 43 Cf. Ez 30:20-25. — 44 Jer 34:8s. — 45 Cf. Hopfl-Miller-Metzinger, Introductio

specialis in V. T. (Roma 1946) p.441. — 46 Es la tesis de E. Podechard, Le livre de Jérémie. Structure et formation: RB 37

(1928) 181-197. Nótscher la acepta en general; cf. su obra Das Buch Jeremías (Bonn 1934) 21-23 — 47 Cf. Jer 11:18s; 15:10-21;

17:14-17; 18:18-20; 20,75. — 48 Jer 36:4.27.32; 45:1. — 49 Jer 1:1-6; 11:6.9. — 50 Jer 7:1; 11:1; 19:14; 20:3. — 51 Entre ellas

se suelen citar por los críticos: Jer 10:1-16; 52:1-34; 17:19-27; 50,1-51:58. Cf. A. Condamin, Jérémie et la critique radicale en

Allemagne: RScR 6(1916) 167-184; F. Nótscher, O.C., 21S. — 52 Compárese Jer 3:6-10 y Ez 16 y 23; Jer 7:16; 11:14, Y Ez

14:12-20. — 53 Cf. San Jerónimo, In ler.: PL 28:848. — 54 Por ejemplo: 8:10-12; 10,6-8; 11:75; 17:35; 23:105; 29:16-20. — 55

Así J. Gotsberger, Giesebrecht, E. Tobac, Steuernagel. — 56 Cf. A. Condamin, Les caracteres de la traduction de la Bible par St.

/eróme: RScR 2 (1911) 105-138; A. Penna, S. Gerolamo (Turín 1949) 371-377· — 57 Cf. A. Rahalfs, Beitrdge zu Textkritik der

Peshitta: Zatw 9 (1899) 161-210; P. Churgin, Targum Jonathan to the Prophets (N. Haven 1907). — 58 Cf. A. Penna, o.c., p.17.

— 59 Cf., por ejemplo, 2:28b y 11:133; 4:6 y 6:1b; 5:9 y 9:9; 7:16 y 11:14, etc. Véase una lista más completa en A. W. Streane,

Jeremiah, 34. — 60 Jer2:13 — 61 2:23-24. — 62 2:21. — 63 Jer 9:1. — 64 Jer 16:35. — 65 Jer 11:18-23; 15:10.15-21; 17:14-18;

18:18-23; 20,7-17. — 66 Así P. Volz, Der Pmphet Jeremía (Lipsia 1922) p.xxxvi. — 67 Es la opinión de Λ. Ρεννα, o.c., 18. — 68

San Jerónimo: PL 28:903. — 69 Cf. C. Zimmer, Aramaismi lereminiani (Halle 1880). — 70 Las acciones simbólicas aparecen en

13,is; 18:2s; 18,is; 32:85. — 71 Jer 2:5; 8:19; 18:8. — 72 Jer 2:13. — 73 Jer 23:235. — 74 10:16; 27:5; 31:35-37- — 75 5:24;

10:13; 14:22; 31:35- — 76 32:18; 10:12. — 77 21:1; 32:19; 4:27- — 78 32:19; 3:12; 4:27; 5:18. — 79 31:3-11; 33:11. — 80

16:19. — 81 12,l6. — 82 25:15s. 83 4:6; 19,3; 22:7; 43:10. — 84 12:l6. — 85 Jer 2:6; 11:4; 23:7; 32:20.21. — 86 Jer 2:21; 12:10;

cf. Is 5:1. — 87 Jer 2:2. — 88 Jer 3:4. — 89 Jer 24:7- — 90 Jer 2:11. — 91 Je 13:11. — 92 Je 11:33; 14:21. — 93 Je 22:9. — 94

Je 31:31s. — 95 Je 31:9- — 96 Jer 23:35. — 97 Jer 31:29. — 98 Job 21:7; Sal 37:1s. — 99 Jer 20:13; cf. Sal 40,18; 70:6. — 100

Jer 2:5. — 101 Jer 5:8; 5:1s; 7:9. — 102 Jer 2:8.26; 5:5; 8:10. — 103 Jer 17:9. — 104 Jer31:31s. — 105 Jer 2:13. — 106 Jer

18:23. — 107 Jer 7:4; 3:134; 33:8. — 108 Jer 22:16. — 109 Jer 4:4. — 110 Jer 7:23. — 111 Jer 6:20; 7:21s; 14:12; 7:4; 11:15. —

112 Jer 12:2:11; 29:13. — 113 Jer7:16; 11:14; 24:6; 32:16. — 114 Jer 7:16; 11:14; 11:11. — 115 Jer 27:18; 37:3. — 116 Sobre la

personalidad espiritualista profunda de Jeremías véanse los siguientes artículos del P. M. L. Dumeste, Le message du prophéte Jérémie:

“Vie Spirituelle,” 55 (1938) 38-59; ID., Jérémie et la religión de l'Esprit: ibid., 156-182; ID., La religión personnelle de Jérémie:

ibid., 56 (1938) 40-59. — 117 Jer 23:8; 31:2-6. — 118 Jer 23:6. — 119 Jer 23:6. — 120 Jer 30:9 — 121 Jer 23:3-7· — 122

Jer 31:31,33· — 123 Cf. 2 Re 23:1-3- — 124 Jer 4:4; 17:1. — 125 Jer ii,20; 17:16. — 126 Jer 3:17; 9:2-5; 22:16. — 127 jer 5:1:6;

9:1-5; 22:135. — 128 Jer 2:5; 8:19; 14:22; 16:19, y Dt 32:21; Jer 2:6 y Dt 32:10; Jer 7:24; 9:14, y Dt 29:19; Jer 4:4 Y Dt 10:16;

Jer 5:15 Y Dt 28:49; Jer 7:18; 8:19; 25:7, Y Dt 4:25; 31:29; 32:16; Jer 7:33; 16:4 Y Dt 28:26; Jer 11:3 y Dt 11:265; Jer 11:4 y Dt

4:20; Jer 11:5 y Dt 7:13; Jer 15:4; 24:9 y Dt 28:25; Jer 23:17 y Dt 29:19.

1. Vocación del Profeta.

El propio profeta nos presenta en este primer capítulo el origen de su vocación y misión como

enviado de Yahvé. Consciente de su responsabilidad, se resiste, porque se considera demasiado

débil para tan gran misión; pero Yahvé le conforta y le fuerza a aceptarla prometiendo

su asistencia. Las tres visiones de este capítulo tienen la misma finalidad y son como una

introducción a todo su libro.

1934

Recapitulación histórica (1-3).

1 Palabras de Jeremías, hijo de Helcías, del linaje de los sacerdotes que habitaban en

Aiatot, tierra de Benjamín, 2 a quien llegó la palabra de Yahvé en los días de Josías,

hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado, 3 y después en

tiempo de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta la deportación de Jerusalén en

el mes quinto.

Esta introducción tiene un carácter redaccional y es fruto de adiciones sucesivas. El núcleo primitivo

parece ser: palabras de Jeremías, hijo de Helcías (v.12), al estilo de los demás profetas.

Las sucesivas adiciones tienen por finalidad introducir la misión de Jeremías tal como aparece en

los 25 primeros capítulos de su libro, que constituyen el núcleo primitivo del mismo. El nombre

de Jeremías, que se suele interpretar “Yahvé exalta,” aparece en otros lugares del Antiguo Testamento.

2 Era de la clase sacerdotal, y su linaje estaba vinculado a la aldea de Anatot, la actual

Anata, a cinco kilómetros al nordeste de Jerusalén, hacia el desierto. Era una de las 13 villas

asignadas a los sacerdotes, 3 y a ella había sido desterrado el sumo sacerdote Abiatar por Salomón,

4 del que Jeremías podía ser descendiente. La localidad pertenecía a la tribu de Benjamín,

en los confines con Judá. La expresión palabra de Yahvé (v.2) es sinónima de comunicación divina

en sentido amplio, sin concretar si se trata de comunicación sensible, imaginaria o intelectiva.

5 Tuvo lugar esta su visión inaugural en los días de Josías, rey de Judá (v.2), uno de los grandes

reyes piadosos de Judá. Subió al trono en el 639 a.C., a la edad de ocho años. Sus antepasados

Amón y Manases habían sido reyes impíos y habían difundido la idolatría. En el 627 (duodécimo

de su reinado) hizo la purificación de la idolatría en Jerusalén y Judá. 6 Es precisamente al

año siguiente cuando tiene lugar la inauguración del ministerio de Jeremías: en el año decimotercero

de su reinado (v.2), es decir, en el 626 a.C.

En este momento, el coloso asirio está a punto de entrar en el colapso definitivo. El gran

rey conquistador Asurbanipal muere en el 625, y con él desaparece el poder de su imperio. Sus

sucesores no logran sujetar las ansias de independencia de los países sometidos, sobre todo de las

tribus de los caldeos (o Kaldim), que merodeaban por las montañas al este del golfo Pérsico e

iban a caer en tromba, a las órdenes de Nabopolasar, sobre el agonizante imperio asirio, para

crear el nuevo imperio babilónico, en el que destacaría como máximo soberano su hijo, el implacable

Nabucodonosor, de triste memoria para el pueblo judío. Precisamente la gran equivocación

del rey Josías de Judá será no comprender el cambio político que se estaba realizando en Mesopotamia,

oponiéndose ingenuamente al faraón egipcio Necao. La consecuencia de su oposición

fue morir trágicamente en Megiddo, en el 609, en lucha desigual con el ejército egipcio. Fue la

gran tragedia para el pueblo de Judá, que no acertaba a comprender que Yahvé permitiera la

muerte de un rey tan piadoso de modo tan trágico, dejando a la nación en una orfandad total, expuesta

a los nuevos golpes que vinieran de los victoriosos egipcios y babilonios. Toda la vida del

profeta Jeremías irá marcada con el estigma de la tragedia nacional. Su carácter débil y melancólico

tenía que enfrentarse con situaciones políticas críticas que sobrepasaban sus energías humanas.

Es preciso tener en cuenta esta situación histórica para comprender su vida y su misión. Su

primera etapa profética se desenvolvió en el reinado del piadoso Josías, que veía muy bien la

predicación de Jeremías. En el 621 se había encontrado el libro de la Ley, y el piadoso rey emprendió

una reforma religiosa a fondo, secundado por el profeta de Anatot. La segunda parte de

su vida se desenvolverá bajo Joaquim, hijo de Josías; pero las circunstancias políticas serán peores.

Al morir trágicamente Josías en la batalla de Megiddo, subió al trono su hijo Joacaz, el cual,

1935

después de tres meses de reinado, fue depuesto por Necao, rey de Egipto, quien a su vez entronizó

al otro hijo de Josías, Eliaquim, al que cambió el nombre en Joaquim, que en hebreo tiene un

valor equivalente? Este reinó del 609 al 598. Poco antes de la rendición de Jerusalén en el 598

muere y le sucede su hijo Joaquín, o Jeconías, el cual sólo reina tres meses, siendo deportado a

Babilonia después de habérsele arrancado los ojos. El invasor babilonio pone sobre el trono a su

tío Matanías, al que cambia el nombre en Sedeáas, hermano de Joaquim y de Joacaz, hijos los

tres de Josías. Tales son los reyes bajo los cuales se desarrolla la actividad de Jeremías. Sedecías

es el último rey de Judá, al que le tocará asistir a la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor

en el 586.

Es el fin del reino de Judá y el principio de la deportación definitiva de sus habitantes,

después de haber sido destruido el templo de Jerusalén: es el año undécimo de Sedecías (v.5). La

frase hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto es probablemente una glosa aclaratoria

de la fecha anterior dada para Sedecías. El mes quinto vuelve a aparecer como fecha exacta de la

destrucción de Jerusalén en Jer 52:12, donde se señala el día 10 del mismo mes, en el año decimonono

del reinado de Nabucodonosor.

Vocación del profeta (4-10).

4 Llegóme la palabra de Yahvé, que decía: 5 Antes que te formara en el vientre te

conocí, antes de que tú salieses del seno materno te consagré y te designé para profeta

de pueblos. 6 Y dije: ¡Ah Señor, Yahvé! He aquí que no sé hablar, pues soy un niño.

7 Y me dijo Yahvé: No digas: Soy un niño, pues irás a donde te envíe yo y dirás

lo que yo te mande. 8 No tengas temor ante ellos, que yo estaré contigo para salvarte,

dice Yahvé. 9 Tendió Yahvé su mano, y, tocando mi boca, me dijo: He aquí que pongo

en tu boca mis palabras. 10 Mira que te constituyo hoy sobre naciones y reinos

para arrancar y destruir, para arruinar y asolar, para edificar y plantar.

El profeta no nos da las circunstancias concretas de esta primera llamada de Dios, como lo hace,

por ejemplo, Isaías.8 Las vocaciones de Isaías y Ezequiel están revestidas de un ambiente solemne

y expectante. En todo caso, en este relato de Jeremías queda claro que su vocación profética

es impuesta por Dios y que él no la busca, sino que más bien es en contra de su carácter

temperamental. No dice cómo recibió esa palabra de Yahvé o comunicación divina, pero él es

consciente de que Dios le habla y le ha elegido, antes de que él se diera cuenta, para esa misión

profética (v.5). La elección de Jeremías por Dios es anterior a su existencia. Dios ha tenido una

presciencia amorosa y selectiva: te conocí; es algo más que un conocimiento especulativo, es un

conocimiento selectivo y afectivo en orden a su misión. Y esto antes de que Jeremías hubiera podido

hacer mérito alguno para obligar a Dios a esta elección. Aunque no es científico incrustar en

la mente del hagiógrafo nociones de teología miderna, no cabe duda que en el contexto se destaca

el acto libérrimo y gratuito de Dios, que elige a Jeremías sin depender para nada de los méritos

de éste, y que el verbo conocí tiene un sentido complexivo de elección y amor, como en otros

lugares bíblicos del A.T. 9

La palabra te consagré, que la Vg traduce por “te santifiqué,” no tiene el sentido de conferir

la gracia santificante. Esto está fuera de contexto. En hebreo significa poner aparte, separar

para el servicío de Dios. Santificar es elevar una cosa a una atmósfera superior para que pueda

entrar en relación con el Dios “santo.” Implica la idea de pureza y la de trascendencia. Pero a veces

santificar o consagrar significa destinar para una misión santa, como se dice a continuación:

te designé para profeta de pueblos (v.5b). En Eclo 49:9 se dice expresamente que Jeremías

1936

fue “consagrado desde el seno de su madre para arrancar, destruir y arruinar.” 10 La misión de

Jeremías como “profeta de pueblos” o de naciones gentiles no se ha de entender como si le correspondiera

ser misionero al estilo del Siervo de Yahvé del libro de Isaías, o de San Pablo en el

Ν.Τ. La labor misionera propiamente tal estaba confinada a sus compatriotas; pero, por concomitancia

y en razón de las circunstancias políticas, tenía que anunciar juicios condenatorios sobre

las naciones circunvencinas, como dirá en el v.9: te constituyo sobre naciones. para arruinar,

destruir. De hecho vemos que en su libro hay muchos oráculos sobre las naciones paganas, pero

todos en relación con los destinos de Israel.

La misión que le encarga Yahvé es inmensa, y el profeta se siente sobrecogido: ¡Ah

Señor, Yahvé! No sé hablar. Soy un niño (v.6). Aquí la palabra niño tiene el sentido de inexperto

para hablar . Isaías se ofrece voluntariamente cuando Yahvé insinúa que quiere enviar un profeta.

12 Jeremías es de temperamento tímido, como se ve a través de su libro. Sólo el auxilio sobrenatural

de Dios hace que se entregue a la más ingrata misión: la de aparecer ante el pueblo como

traidor a su patria por mantener los principios del yahvismo y una política estrictamente religiosa.

La respuesta de Yahvé no se hace esperar: iras a donde te envíe. (v.7). La asistencia de

Dios suplirá su debilidad natural de timidez y le convertirá en un muro de bronce, como dirá más

tarde (v.18).

Después Yahvé hace un gesto de consagración del profeta: tendió Yahvé su mano, y, tocando

mi boca, me dijo (v.8a). Le toca la boca. En Is 6:7 encontramos un rito análogo: uno de

los serafines purifica con un carbón encendido, tomado del altar del templo, los labios impuros

del profeta, queriendo indicar que le purificaba de los pecados. Aquí, en Jeremías, el gesto de

Yahvé parece más bien tener un carácter positivo: darle una ciencia infusa para predicar sus oráculos,

dotándole de especial elocuencia que compensara su inexperiencia y corta edad. Había de

ser la “boca de Yahvé” (v.9). En Ezequiel, el profeta tiene que engullir simbólicamente un rollo

en el que están escritos los oráculos y endechas. 13 No quiere decir esto que, en esta comunicación

inaugural, Dios le haya comunicado por ciencia infusa todas las revelaciones que habría de

transmitir durante su vida, ni que Jeremías, durante todos los actos de su vida, obrase como profeta

y en nombre de Dios. Jeremías, como aparece en su libro, tiene que recibir nuevas revelaciones

sucesivas según las circunstancias. 14 Lo que se quiere indicar en este rito de tocar su boca

Yahvé es la aptitud que le da para hablar oficialmente en nombre de El, dotándole de cierta potestad

de magisterio para ejercer su misión. Naturalmente, estas comunicaciones inaugurales

transmitidas a los profetas dejaban una profunda impresión en su ser para toda la vida, y en cierto

modo los transformaba en otros hombres, pues al sentir el contacto directo con el mundo sobrenatural,

se sentían otros hombres, que sólo vivían para los intereses de Dios.

Después del rito por el que es oficialmente constituido Jeremías en profeta, Yahvé le explica

sustancialmente el sentido de su misión: te constituyo hoy sobre naciones y reinos para

arrancar y destruir., para edificar y plantar (v.10). Por estas palabras, Jeremías es constituido

nada menos que en arbitro de las naciones: su palabra, en cuanto tiene el respaldo oficial de

Yahvé (v.9), será como una espada con doble función punitiva: arrancar y destruir naciones y

reinos, es decir, comunicar los oráculos punitivos que Dios pone en su boca. Como éstos son expresión

de la voluntad de Dios, que rige los destinos de los pueblos, de ahí que las palabras del

profeta realmente pueden arrancar y destruir las naciones y pueblos. Su predicción equivale a su

realización, pues su palabra está cargada de eficacia real efectiva. 15 Y esto también cuando se

trate de edificar y plantar, es decir, restaurar y consolidar las naciones y reinos. No obstante, el

profeta recalca los sinónimos de castigo, repitiéndolos intencionadamente: arrancar y destruir,

1937

arruinar y asolar, lo que parece insinuar que su misión es más bien anunciar castigos divinos

que bendiciones: edificar y plantar. Los Santos Padres han visto en esta doble misión del profeta

un prenuncio de la misión de Cristo, que vino a traer la guerra con desgarrones de corazón y,

al mismo tiempo, a ser bálsamo para restañar las heridas morales de la humanidad.

Visiones relativas a su misión (11-16).

11 Y me llegó palabra de Yahvé, que me decía: ¿Qué ves, Jeremías? Yo le contesté:

Veo una vara de almendro. 12 Y me dijo: Bien ves, Jeremías; pues yo velaré sobre

mis palabras para cumplirlas. 13 De nuevo me llegó la palabra de Yahvé, que decía:

¿Qué ves, Jeremías? Yo contesté: Veo una olla hirviendo y de cara al septentrión. 14

Y me dijo Yahvé: Del septentrión se desencadenará el mal16 sobre todos los moradores

de la tierra; 15 pues he aquí que voy a convocar a todos los reinos del septentrión

17, dice Yahvé, para que vengan y extiendan cada uno su trono a la entrada de las

puertas de Jerusalén, y sobre todos sus muros, y sobre todas las ciudades de Judá. 16

Y pronunciaré contra ellos mis sentencias por todas sus maldades, pues me abandonaron

para incensar a dioses extraños y adorar la obra de sus manos.

En estas dos visiones se contiene un mensaje punitivo de parte de Yahvé. En una visión imaginaria,

el profeta ve una vara de almendro (v.11). Para entender esta visión es necesario comprender

el juego de palabras hebreas que emplea el profeta. Al almendro en hebreo se le llama poéticamente

vigilante, porque es el primero que florece al despuntar la primavera, adelantándose a los

otros árboles.18 Pues, jugando con su nombre, Yahvé dice a Jeremías: Tú ves un (almendro) “vigilante,”

pues así velaré yo sobre mis palabras para cumplirlas (v.12). Como el almendro “vela”

en medio de la naturaleza dormida, así Yahvé “vela” por el cumplimiento de sus palabras relativas

al castigo que va a anunciar en la visión siguiente, y como madruga el almendro (“vigilante”)

entre los demás árboles, así Yahvé madrugará para manifestar su justicia, cuando todos están tan

tranquilos en un sopor moral, como los árboles en el letargo invernal.

La segunda visión explica el sentido inicial de la primera: el profeta ve una olla hirviendo

de cara al septentrión (ν.13). Parece que el sentido es que ve una olla hacia el norte en estado de

ebullición: hirviendo; este detalle nos da la clave de la interpretación de lo que sigue. Esa olla

hirviendo es un ejército enemigo formado con los reinos del septentrión, que amenaza (hirviendo)

con caer sobre Judá. Ese ejército es como un turbión que viene del norte, el camino tradicional

de las invasiones asirías y babilonias, pues éstos subían por la ruta caravanera del Eufrates

hasta cerca del actual Alepo, o atravesaban el desierto por Palmira, camino de Damasco, y caían

sobre Palestina. Esta invasión, pues, viene del septentrión para el profeta, que está contemplándola

en Judá. Otros autores prefieren dar la siguiente interpretación: la olla hirviendo es Judá, y

dentro de ella están los habitantes 19; está orientada hacia el septentrión, como se solía hacer para

que recibiera el aire del norte y que se encendiese fácilmente. Del septentrión vendrá el mal, la

invasión. 20

Yahvé mismo va a convocar a todos los reinos del septentrión, incitándoles a que acampen

a las puertas de Jerusalén. Es el anuncio del asedio de la Ciudad Santa llevado a cabo por

las tropas de Nabucodonosor en diversas ocasiones, pero principalmente en el 598 y el 587. Y

todo esto es para castigar a sus habitantes por sus maldades (v.16), sobre todo por el pecado de

idolatría: incensar a dioses extraños. y adorar la obra de sus manos (v.16b). Es el pecado tradicional.

En otros oráculos hará también hincapié en los otros desórdenes morales y sociales.

1938

El profeta, fortalecido en sumisión (17-19).

17 Tú, pues, ciñe tus lomos, yérguete y diles todo cuanto yo te mandare. No tiembles

ante ellos, no sea que yo te haga temblar ante ellos. 18 Y he aquí que te pongo desde

hoy como ciudad fortificada, como férrea columna y muro de bronce, frente a la tierra

toda, para los reyes de Judá y sus príncipes, los sacerdotes y el pueblo del país. 19

Y te combatirán, pero no te podrán, porque yo estaré contigo para salvarte, dice

Yahvé.

Llegan tiempos difíciles y es preciso que desde el principio se percate de su misión, adoptando

una postura decisiva y varonil: ciñe tus lomos, yérguete y diles (v.14). Lejos de intimidarse el

profeta, debe, ante su misión, tomar una postura arrogante y decidida, preparándose a todo, como

el que se dispone a una gran tarea emendóse sus vestidos para estar más expedito. 21 Si el profeta

no corresponde a su vocación, mostrando desconfianza ante Dios, entonces será castigado:

no sea que yo te haga temblar, dejándole en mal lugar ante ellos (v.17b). Yahvé se encarga de

fortalecerle espiritualmente, dándole una resistencia como un muro de bronce, 22 para que pueda

hacer frente a todas las clases sociales: desde los reyes, príncipes y sacerdotes hasta el humilde

pueblo del país, e.d., los que no tenían ninguna posición social oficial destacada; la expresión,

con el tiempo, tomará un carácter despectivo, sobre todo en la época farisaica y rabínica. El profeta,

pues, tendrá que enfrentarse con todas las clases sociales. Efectivamente, la misión de Jeremías

ha sido siempre ir contra la corriente de la opinión pública, sin ceder ante los halagos y los

oportunismos. A pesar de su carácter pusilánime, desarrolló su actividad de un modo admirable,

gracias a la ayuda de Yahvé: yo estaré contigo para salvarte (V.19).

1 Cf. Am 1:1; Jl 1:1. — 2 Cf. 2 Re 23:31; Jer 35:3 — 3 Cf. Jos 21: 18. — 4 Cf. 1 Re 2:26. — 5 Cf. Jer 14:1; 46:1; 49:34; — 6 Cf. 2

Par 0.34. — 7.Este cambio de nombre indicaba que Necao tenía poder sobre él. Eliaquim significa “Eíohim sostiene,” mientras

que Joaquim significa “Yahvé sostiene.” Cambia sólo la parte teó-fora del nombre. — 10 Cf. Ex 13:2; Lev 27:14ss; Is 49:1.5; Gal

1:15. — 11 Cf.Zac2:8;Ex 3:11. — 12 Is 6:1. — 13 Ez 2:8; Dt 18:18. — 14 Cf. Jer42:1-7- — 15 Cf. Jer 5:14; 6:11; Is 6:9-10; 55:10-11;

Ez 43:3. — 16 Así según el hebreo. En el griego: “hierve.” — 17 Así según el griego. Según el hebreo: “todas las familias de reinos,” que recarga

el ritmo. — 18 En hebreo el juego de palabras: soqed: “almendro,” y saqad “vigilar.” Vg: “virgam vigilantem.” Cf. Am 8:2. — 19

Cf. Ez 24:3-14. — 20 La primera interpretación es sostenida por Maldonado, Knabenbauer, Condamin, Dennefeld; la segunda,

por Duhm y Cornill, entre otros. — 21 Cf. 1 Re 18:46; Ef 6:14; 1 Pe 1:13. — 22 “Férrea columna” falta en los LXX.

2. La apostasía de Israel, Causa del estado desgraciado Actual.

En este capítulo encontramos diversos fragmentos profetices, unidos posteriormente por cierta

ilación lógica. Parecen de la primera época de su ministerio. En 2:28 se alude a Asiría como centro

de atracción de los judíos, lo que quiere decir que es de antes de la caída del imperio asirio,

que sufrió el primer colapso con la muerte de Asurbanipal en 625, y definitivamente en 612 con

la caída de Nínive. No es, pues, esta profecía posterior a esta época. Por otra parte, en 2:36 aparece

Egipto como centro de atracción de un sector de opinión judía, y como Egipto fue derrotado

por Nabucodonosor en el 604 y expulsado de Palestina, síguese que este fragmento no puede ser

posterior a esta fecha.

Israel, esposa de Yahvé (1-3).

1 Vínome la palabra de Yahvé, diciéndome: 2 Anda y clama a los oídos de Jerusalén:

Así habla Yahvé: Me acuerdo en favor tuyo del afecto de tu adolescencia, del amor

de tus desposorios, de tu seguirme en el desierto, tierra donde no se siembra, 3 (Era)

1939

Israel lo santo de Yahvé, la primicia de sus frutos. Quien de ella comía, pecaba , y

caía sobre él la desgracia, oráculo de Yahvé.

Encontrarnos aquí por primera vez el símil del matrimonio para reflejar las relaciones amorosas

de Yahvé con Israel. Un siglo antes, Oseas había hecho girar todos sus oráculos en torno a este

símil, que se convirtió después en un tópico en la literatura profética y sapiencial. Jeremías debe

proclamar a los oídos de Jerusalén sus infidelidades, contraponiéndolas a las buenas relaciones

que en otro tiempo tuvo su pueblo con Yahvé. La época del desierto había quedado como la era

ideal de las relaciones de Israel con su Dios. Aislados en la estepa, sin infiltraciones de los cultos

sensuales cananeos, aquella generación del desierto tenía una mentalidad más sencilla, y, formada

en un ambiente de milagrosa providencia divina, tenía una psicología ruda e infantil, pero sabía

corresponder mejor a las exigencias de la religión. Naturalmente, toda esta concepción era

fruto de una idealización del pasado hecha por los representantes del yahvismo, que estaban hastiados

del materialismo reinante en su época. Reiteradamente los profetas acuden al pasado como

época ideal de las relaciones entre Yahvé y su pueblo. 2 Yahvé mismo tiene nostalgia de aquellos

tiempos en que Israel se entregaba virginalmente a su providencia: me acuerdo. del afecto de tu

adolescencia, del amor de tus desposorios (v.2b). Israel entonces se entregaba ilusionada a la

solicitud de su Dios, esperándolo todo en una tierra inhóspita, donde no se siembra (v.2c). Cuando

Israel se instaló en Canaán y se dedicó a trabajar una tierra más feraz, se olvidó de Yahvé,

atribuyendo la feracidad de la región a la bendición de los dioses cananeos, con lo que desertó de

su primera vocación religiosa.

Israel en su primera etapa del desierto era lo santo de Yahvé (ν·3); e.d., 1a propiedad sagrada

de Yahvé, a quien le pertenecía la primicia de los frutos (ν.3). Era la porción que se había

reservado entre todos los pueblos. Según la ley levítica, las primicias de todos los frutos pertenecían

a Yahvé, y el que se atrevía a apropiárselos estaba sujeto al castigo. 3 Es el caso de Israel:

quien se atrevía a tocarle como nación, deseando apropiarse de ella, estaba sujeto al castigo divino:

quien de ella comía pecaba, o debía recibir el pago (v.3b).4

Infidelidad de Israel (4-6).

4 Oíd la palabra de Yahvé, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. 5

Así dice Yahvé: ¿Qué injusticia hallaron en mí vuestros padres para alejarse de mí e

irse en pos de la vanidad de los ídolos, para hacerse vanos? 6 Y no dijeron: ¿Dónde

está Yahvé, el que nos subió de la tierra de Egipto, el que nos condujo a través del

desierto, tierra de estepas y de barrancos, tierra árida y tenebrosa 5, tierra por

donde no transita nadie y donde nadie habita?

Después de consignar la nostalgia de Yahvé por los tiempos del desierto, el profeta se dirige enfáticamente

a la casa de Jacob, o Israel, encarándose con su ingratitud. ¿A qué obedece la actual

apostasía? ¿Es que creen que el Dios actual de ellos no es el de antes? ¿Es que ven en El algo

injusto o desleal? (v.5). El hecho es que le han abandonado para ir en pos de la vanidad de los

ídolos, para hacerse vanos ellos mismos (v.5b). La expresión de vanidad (cosa hueca, sin valor)

aplicada a los ídolos es muy característica de Jeremías 6. Los ídolos no tienen vida, en contraposición

a Yahvé, el Dios viviente por excelencia. Como no son nada, no pueden ayudar a sus fieles,

que terminan haciéndose vanos como ellos, engañándose a sí mismos.

En realidad, este vicio ya es antiguo, pues sus padres abandonaron a Yahvé, sin querer

acordarse de sus beneficios en el desierto, cuando Israel estaba naciendo a la vida como pueblo

1940

organizado. En el fondo de esa conducta está una inmensa ingratitud, pues se olvidaron de los

beneficios que Yahvé había hecho a su pueblo en los momentos más críticos de su existencia

(v.6). El profeta se complace en destacar el carácter estepario e inhóspito del desierto, para resaltar

más la especialísima providencia que Yahvé ha tenido con ellos. Ezequiel dirá que encontró a

Israel como un niño recién nacido abandonado y que tuvo que prestarle los primeros y elementales

cuidados7.

La profanación de la heredad de Yahvé (7-9).

7 Yo os introduje en tierra fértil para que comierais sus frutos y sus bienes, y en

cuanto en ella entrasteis, contaminasteis mi tierra e hicisteis abominable mi heredad.

8Tampoco los sacerdotes preguntaron: ¿Dónde está Yahvé? los depositarios de

la Ley me desconocieron y los pastores se insurreccionaron contra mí. También los

profetas se hicieron profetas de Baal y se fueron tras de los que nada valen. 9Por eso

todavía he de entrar en juicio con vosotros, oráculo de Yahvé, y con los hijos de

vuestros hijos contenderé.

La providencia especial de Yahvé sobre Israel continuó después de la peregrinación en el desierto,

pues fue El quien los introdujo en la tierra fértil (v.7) de Canaán, la cual, en comparación con

las estepas del Sinaí, era un verdadero edén. Pero, lejos de agradecer tal beneficio, la contaminaron

con sus idolatrías, haciendo abominable la heredad de Yahvé, su verdadero propietario. Los

israelitas eran sólo usufructuarios, pero se entregaron a otros dioses, como si fueran los propietarios

del país.

Y en esta apostasía general intervienen en primer término los sacerdotes, que no se preguntaron:

¿Dónde esta Yahvé? (v.8). Abdicaron de su condición privilegiada de depositarios de

la Ley. Con ellos, los dirigentes o pastores del pueblo se alejaron de Yahvé, sin que faltaran entre

esos desertores los profetas, que tenían por misión despertar las inquietudes espirituales del pueblo;

se pasaron al culto de Baal, considerando más lucrativo ejercer su profetismo en dichos cultos

licenciosos. Baal es un nombre genérico que se aplica a cualquier ídolo. Significa “dueño,” y

existían dueños o “baales” en cada localidad. El profeta les arguye desde el punto de vista utilitario,

ya que esos que se entregan a los ídolos sólo buscan prosperar en sus negocios materiales;

pero aun en esto se equivocan, pues nada valen.

Pero esta situación no puede seguir así. Yahvé va a iniciar un proceso judicial: he de entrar

en juicio con vosotros., y con vuestros hijos contenderé (V.9). El pecado es demasiado grave,

y por ello el castigo afectará aun a las generaciones venideras. Es una frase para encarecer la

magnitud del pecado de idolatría. Por otra parte, en la teología del A.T. se destaca mucho el

principio de la solidaridad en el mal y en el bien. 8 Este principio parecerá modificado después

del destierro, como lo expresará el mismo Jeremías.9

Magnitud del crimen de idolatría (10-13).

10 Pasad, pues, hasta las islas de Kittim y ved, mandad a Ce-dar e informaos bien, a

ver si jamás sucedió cosa como ésta. 11 ¿Hubo jamás pueblo alguno que cambiase de

dios, con no ser dioses ésos? Pues mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que nada

vale. 12 Pasmaos, cielos, de esto y horrorizaos, estupefactos, sobremanera, oráculo de

Yahvé. 13 Pues un doble mal ha cometido mi pueblo: dejarme a mí, la fuente de

aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua.

1941

El estilo es ahora más solemne. Se invita a hacer una visita a los pueblos paganos desde el oriente

al occidente, para ver si algún pueblo ha cambiado de divinidad. Kittim es la Kittion de los documentos

antiguos, la actual Larnaca, en Chipre. 10 Cedar es la conocida tribu en la Biblia que

tenía su asiento en el desierto siro-arábigo, al este de Palestina, confinando con la actual Jordania,

vecina de los antiguos nabateos. Muchas veces en la Biblia suele ser sinónima de árabe o de

hombre de la estepa. El profeta invita a sus oyentes a que visiten países paganos para ver si son

tan ingratos como los israelitas, que abandonaron a su Dios nacional: ¿Hubo jamás pueblo que

cambiase de dios? (v.11a). Todo pueblo es reacio a abandonar sus tradiciones religiosas, que

considera como el mejor patrimonio del pasado, su gloria. Israel, en cambio, ha cambiado su

gloria (v.11b). Yahvé, que le había sacado milagrosamente de Egipto, había mostrado su omnipotencia,

y debía constituir un timbre de gloria estar vinculado a tan excepcional protector. Ningún

pueblo podía presentar una historia semejante ni una divinidad tan excelsa. Yahvé era realmente

la gloria de su pueblo con su majestad y esplendor 12. El profeta recalca que los dioses de

otros pueblos no son dioses (v.11a), para evitar el equívoco a que pudiera dar lugar la frase anterior.

13 La conducta de Israel ha sido un mal negocio: ha cambiado su gloria (Yahvé) por lo que

nada vale, es decir, los impotentes ídolos.

Enfáticamente, el profeta toma a los cielos como testigos de esta enorme maldad y equivocación

desde el punto de vista del cálculo lucrativo (v.12). Al abandonar su gloria, se han labrado

la ruina: han dejado a Yahvé, fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas,

incapaces de retener el agua (v.13). El pecado ha sido doble: abandonar a Yahvé, omnipotente,

y buscar otros dioses que no puedan ayudarlos. Yahvé era como una fuente de agua viva, es

decir, un pozo manantial, que siempre se renueva cristalino, dando por eso la impresión que el

agua está viva. En cambio, los ídolos a quienes acuden son míseras cisternas agrietadas para recoger

al agua de lluvia, siempre inferior a la de manantial.14

Israel, castigado y humillado (14-19).

14 ¿Es por ventura Israel un siervo, un siervo nacido en casa? ¿Cómo, pues, ha venido

a ser presa? Cachorros de león rugieron sobre él, dieron su rugido. 15Han hecho

de su tierra un desierto, han quemado y despoblado sus ciudades. 16Hasta los habitantes

de Menfis y de Tafnis te quebrantaron la coronilla. 17¿Todo esto no lo ha

traído sobre ti el haberte apartado de Yahvé, tu Dios? 18 Y ahora ¿qué es lo que

buscas camino de Egipto? ¿Beber las aguas del Sijor? ¿Y qué es lo que buscas camino

de Asiría? ¿Beber las aguas del río? 19 Sírvante de castigo tus perversidades, y de

escarmiento tus apostasías. Reconoce y advierte cuan malo y amargo es apartarte de

Yahvé, tu Dios, y no poseer mi temor, oráculo del Señor, Yahvé de los ejércitos.

Como en los v.2-3, contrasta el profeta la situación del Israel actual, entregado a los ídolos como

siervo (v.14a), y el estado de plena libertad de hijo en que se hallaba al ser elegido por Yahvé en

el desierto. Era lo santo de Yahvé, las primicias entre todos los pueblos, objeto de las complacencias

de Dios, en tal forma que nadie podía tocarle sin incurrir en castigo. Ahora, por su idolatría,

ha sido castigado y convertido en esclavo de todas las naciones paganas. Israel por vocación

no es un siervo, ni siervo nacido en casa, sino un ser libre. La Ley distinguía dos clases de esclavos:

a) los que habían sido privados de su libertad después de haber sido libres, por una acción

de guerra o por una deuda que no pudieron saldar; b) los nacidos en casa (el verna de los

romanos), e.d., los hijos nacidos como tales, hijos de un esclavo. La condición de estos últimos

era más degradante, pues no tenía esperanza de emancipación, mientras que el simple siervo, si

1942

era israelita, debía ser dejado en libertad a los seis años de esclavitud, 16 o antes si era rescatado o

dejado en libertad por su dueño. En la interrogación, pues, del profeta hay un climax o avance de

pensamiento: Israel ni era siervo simplemente ni siervo nacido en casa, sino que en los planes de

Dios era su primogénito. 17

Pero ahora ha perdido su libertad: ¿Cómo ha venido a ser presa? (v.14b); alusión a su

sometimiento político a Asiría y a la política de otras naciones más fuertes. Sus enemigos han

caído sobre Israel como cachorros de león (v.14b). Quizá en la imagen hay una alusión al emblema

de león que empleaban los asirios como señal de su imperialismo. 18 El paso del invasor

ha dejado la devastación y la ruina: han quemado y despoblado las ciudades (v.15). ¿A qué

hecho concreto alude el profeta? En el 701, Senaquerib había invadido Judá, pero éste quedaba

muy lejano en la mente de los contemporáneos de Jeremías. Quizá aluda a la derrota de Josías en

Megido, a manos de Necao II, en el 609. Puede el profeta aludir a incursiones de otros pueblos

invasores, como moabitas y edomitas, que constantemente amenazaban sus fronteras. En todo

caso, el pensamiento del profeta es claro: en otro tiempo, Israel era algo “santo” y las “primicias”

ante Dios, que no permitía que le tocaran; en cambio, ahora todas las naciones abusan de él como

si fuera un siervo, y Yahvé se desentiende de su suerte.

En esa humillación ha tenido parte principal Egipto: Los habitantes de Menfis y Tafnis te

quebrantaron la coronilla (v.16), probable alusión a la derrota de Megido antes mencionada.

Necao II humilló a Judá después de haber muerto Josías, deponiendo a su hijo Joacaz, elegido

por los judíos, y nombrando en lugar de él a su hermano Eliaquim, al que cambió el nombre en

Joaquim, para mostrar insolentemente su poder. 19 Egipto es aquí mencionado con el nombre de

sus dos capitales: Menfis, 20 capital del bajo Egipto, junto a El Cairo actual, y Tafnis, la “Dafne”

de los griegos, actualmente llamada Tell-Defenne, al sudeste de Pelu-sium, fortaleza en el delta

oriental, en la ruta caravanera de Egipto a Asiría. La expresión quebrantaron la coronilla (v.16),

que indica humillación y subyugación, es traducida por algunos: rasuraron la coronilla, signo de

humillación y oprobio, ya que la rasuración era signo de duelo para los judíos y otros pueblos

orientales. 21

El profeta da la razón teológica de esta humillación y esclavitud de Israel: ¿Todo esto no

lo ha traído sobre ti el haberte apartado de Yahvé, tu Dios? (v.17). Los dirigentes de Judá habían

hecho cálculos políticos humanos, y desoyeron los consejos de los profetas, que predicaban

volver a Yahvé como mejor medio de conciliar su protección contra los peligros de invasión. Por

eso se opone Jeremías a toda política humana de acercamiento a Egipto y a Asiría. Fustiga la posición

de los dos partidos: el egiptófilo y el asirófilo, que se dividían la opinión desde hacía un

siglo. Nada tienen que esperar de Egipto ni de Asiría. Lo mejor es neutralidad y confiar en Yahvé,

Señor de todo: ¿Qué es lo que buscas de Egipto? ¿Beber las aguas del Sijor? (v.15a). Sijor

era uno de los canales del Nilo en el extremo norte oriental, 22 y aquí es sinónimo de Egipto. El

profeta no quiere tampoco que se acerquen a Asiría: ¿Qué es lo que buscas camino de Asiría?

¿Beber las aguas del río? El río sin artículo en hebreo designa al Eufrates, el río por excelencia.

Aquí es sinónimo de Asiría. 23

Las infidelidades de Israel (20-25).

20 Porque desde antiguo quebrantaste tu yugo, rompiste tus coyundas y dijiste: No

serviré; pues sobre todo collado alto y bajo todo árbol frondoso te acostaste y prostituíste.

21 Y yo te planté de vid generosa, toda ella de legítimos plantones. ¿Cómo,

pues, te me has convertido en sarmientos degenerados de vid ajena?24. 22Pues aunque

te laves con nitro, por mucha lejía que emplees, permanecerá marcada tu ini1943

quidad ante mí25, oráculo del Señor, Yahvé. 23 ¿Cómo dices: No estoy manchada, no

me he ido en pos de los baales? Repara en tu conducta en el valle, reconoce lo que

hiciste, camella joven, ligera, titubeante en sus caminos. 24 Asna salvaje, habituada

al desierto, en el ardor de su pasión olfatea el viento26; su celo, ¿quién lo reducirá?

27El que la busque no tendrá que fatigarse, la hallará en su mes (de celos). 25Evita

que tus pies estén descalzos28, que tus fauces estén sedientas. Pero tú dices: Es en

vano, no29; pues amo los extranjeros y tras ellos me voy.

Sigue la diatriba con la enumeración de las infidelidades de Israel. En el fondo, toda su historia

ha sido una constante rebelión contra Dios (v.20). La Ley de Yahvé era un yugo para Israel, pero

que había de reportarle muchos beneficios. El culto a los ídolos era de momento más atrayente,

pero iba a traerle la catástrofe. La imagen de Israel como novilla indómita era la más propia para

expresar su permanente espíritu de rebelión contra su Dios 30: no serviré (v.20b). Israel se prostituyó,

entregándose a los ídolos. Israel estaba desposada con Yahvé con una alianza 31; al abandonarle,

yéndose tras de otros dioses, se entregó a una prostitución espiritual: te acostaste.

(v.20c). Y los lugares de esa prostitución son sobre todo collado alto y bajo todo árbol frondoso,

lugares tradicionales de culto a los ídolos: los lugares altos 32 y los jardines llenos de árboles

frondosos 33, lugares de culto cananeo, símbolo de la fecundidad otorgada por divinidades licenciosas,

como Astarté (la Isthar me-sopotámica) y Adonis (el Tammuz asiro-babilónico).

De nuevo el recuerdo del elevado origen de Israel como pueblo: Yo te planté de vid generosa.,

de legítimos plantones (v.21a). Esta comparación es muy similar a la famosa alegoría de la

viña de Isaías 34. Israel es como una viña plantada con los mejores plantones 35. Dada su calidad

selecta, era de esperar que diera buenos frutos, pero se ha degenerado, convirtiéndose en sarmientos

de vid ajena (v.21b). Supuesta su buena naturaleza, hubiera debido dar frutos de santidad

y de justicia; pero ha dado frutos de apostasía, de injusticia y de infidelidad. Esta es la terrible

realidad. Como en la alegoría de Isaías, dio agrazones, indignos de las cepas de calidad de

origen.

Ese proceso de degeneración ha hecho que Israel aparezca manchada ante los ojos de su

Esposo, Yahvé: Aunque te laves con nitro., con lejía., permanecerá marcada tu iniquidad ante

(v.22a). También esta imagen parece estar tomada de Is 1:18.25. Con estas palabras el profeta

quiere destacar la enormidad de los pecados de Israel, acumulados durante su historia. Ha sido

una rebeldía constante, y por eso a los ojos de Dios aparece como un vestido tan manchado, que

es muy difícil dejarlo en su limpieza primitiva. No quiere esto decir que sus pecados sean imperdonables,

sino que quiere destacar el grado de degeneración a que ha llegado Israel, acumulando

infidelidades que le fueron alejando de su Dios.

La obcecación de Israel es tal, que no reconoce su conducta alejada de Yahvé. El pueblo

creía lícito un culto sincretista, es decir, reconocer oficialmente a Yahvé, asistiendo al culto en el

templo; pero, al mismo tiempo, participar en cultos licenciosos de los baales. Por eso dice: No

estoy manchada, no me he ido en pos de los baales (v.23a). El profeta concreta al punto sus acusaciones:

Repara en tu conducta en el valle. (v.23b), probable alusión al culto de Moloc en el

valle que resulta de la confluencia del Cedrón y el Ge-Hinnom o Gehenna, famoso por sus cultos

idolátricos 36. Israel se parece en sus galanteos con los ídolos a la camella joven, ligera, titubeante

en sus caminos (v.23b) cuando está en época de celos y anda inquieta buscando satisfacer su

instinto erótico con el macho. Es el asna salvaje, habituada al desierto; en el ardor de su pasión

olfatea el viento (v.24a). El asno salvaje es considerado en la Biblia como símbolo del que quiere

vivir libre 37. Israel se parece en este aspecto a una asna salvaje, que no quiere “coyundas” y

1944

que al mismo tiempo desea entregarse a los cultos de los ídolos, satisfaciendo sus instintos sensuales.

La comparación está jugando con la idea de “prostitución” religiosa, expresada con crudo

realismo, y al mismo tiempo parece aludir a la causa de frecuentar estos cultos, participar de ritos

orgiásticos licenciosos. En esa época de su celo, ¿quién la reducirá? es decir, ¿quién será capaz

de sujetarla y hacerla volver a su dueño? El profeta insiste más en la locura de Israel siguiendo el

símil de la camella o asna salvaje: el que la busque no tendrá que fatigarse, la hallará en su mes

(de celos); es decir, sus amantes no tendrán que fatigarse en hacerle la corte, pues ella misma se

ofrecerá en la época del celo para satisfacer su sensualidad con el primero que encuentra. La inclinación

de Israel por la idolatría, por sus amantes los ídolos, es tal, que, en vez de buscarla éstos

a ella, ésta los buscará ansiosamente.

El profeta irónicamente dice a Israel que ande menos aprisa, no sea que pierda el calzado

y se haga daño en los pies: Evita que tus pies estén descalzos (v.25a). Anda tan loca tras de sus

amantes, que corre peligro de hacerse daño en los pies. Por otra parte, tanto andar le va a resecar

la garganta: evita que tus fauces estén sedientas. Es demasiado caminar tras de los ídolos. Pero la

respuesta de Israel no se hace esperar: Es en vano, no, pues amo los extranjeros. (v.25b). Confiesa

que es tal la pasión que tiene por los ídolos extranjeros, que no puede contenerse.

Degradación idolátrica de Israel (26-30).

26 Corno queda confundido el ladrón al ser sorprendido, así será confundida la casa

de Israel. Ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, 27 que dicen a

un leño: “Tú eres mi padre,” y a una piedra: “Tú me engendraste.” Pues vuelven

hacia mí la espalda, y no su rostro, pero al tiempo de su desgracia dicen: Álzate y

sálvanos, 28 ¿Dónde están tus dioses que te hiciste? ¡Que se alcen ellos si pueden salvarte

al tiempo de tu desventura! Pues tantos son tus dioses cuantas tus ciudades,

¡oh Judá! y cuantas son las calles de Jerusalén, tantos son los altares a Baal38. 29¿Por

qué pretendéis litigar conmigo? Todos os habéis rebelado contra mí,oráculo de

Yahvé. 30En vano os he castigado; vuestros hijos no aceptaron la corrección, La espada

ha devorado a vuestros profetas como león devastador.

La apostasía de Israel es un mal negocio, pues le va a acarrear la confusión y el deshonor como

ladrón sorprendido “in fraganti” (v.26). La infidelidad ha comenzado por las altas clases, que

tenían especial obligación de velar por los intereses religiosos de su pueblo. Los reyes, príncipes,

sacerdotes y profetas son los principales culpables de la idolatría; Tú eres mi padre (v.27), dicen

a un simple leño. Alusión a los cultos de árboles sagrados. Aún hoy día entre las gentes incultas

beduinas se cree que los árboles tienen especiales geniecillos y poderes. Son restos de la religión

animista. En el culto cananeo se daba mucho realce al árbol como símbolo de la fecundidad; y

aun se daba culto a leños secos llamados asera, relacionándolos con Astarté, la diosa de la fecundidad.

Además, estaba el culto a la piedra o estela llamada massebah. Los templos cananeos

eran al aire libre: bosques naturales o artificiales (troncos dispuestos verticalmente) o piedras en

forma de menhires; por eso aquí se dice que el devoto dice a una piedra: Tú me engendraste

(v.27a). Quizá en estas expresiones del profeta sólo haya una simple alusión al material de que

estaban hechos los ídolos en general. La ironía es sangrante: los hombres reconociendo como

progenitores suyos a los seres inanimados, la vida proporcionada por objetos que no la tienen.

Isaías desarrolla esta idea del modo más sarcástico39. Los israelitas abandonan al Dios-Yahvé,

trascendente, santísimo, que los ha elegido como pueblo, para entregarse a la más crasa idolatría.

No cabe mayor degradación religiosa.

1945

Esta conducta, no obstante, es sólo en épocas de bonanza, pues cuando llega la desgracia

y la adversidad, vuelven a Yahvé, diciendo: Álzate y sálvanos (v.27c). La expresión hebrea usada

para sálvanos es el hoshianna (hosanna), que después quedará estereotipado en el uso litúrgico

como exclamación de júbilo y esperanza. Yahvé responde con ironía a este grito de socorro in

extremis, diciendo que, puesto que tienen tantos ídolos cuantas ciudades. (v.28b), que acudan a

ellos para que les ayuden40.

Pero, además, la hipocresía de estos israelitas idólatras llega a tal término, que se atreven

a pedir cuentas al mismo Yahvé. Se creen inocentes, y se atreven a acusar a Yahvé de demasiado

susceptible y severo. ¿Por qué pretendéis litigar conmigo? (v.29). La historia de Israel ha sido

una constante rebelión contra su Dios. Yahvé les recuerda los castigos que ha enviado a sus

hijos. Los israelitas han tenido que sufrir los rigores de la ira divina con el fin de hacerles entrar

en buen camino, pero ha sido todo en vano: no aceptaron la corrección. Parece que Jeremías

alude a alguna matanza general debida a un levantamiento popular en el que hubieran caído los

falsos profetas del pueblo: La espada ha devorado a nuestros profetas (v.30b). No obstante, no

sabemos que en estos tiempos hubiera habido una matanza de profetas como la había habido en

tiempos de Elias y de Jehú, rey de Israel41, en el reino del Norte. Por eso, algunos autores prefieren

ver aquí una alusión a los verdaderos profetas de Yahvé muertos en alguna rebelión popular.

Sabemos que Manases años antes había llenado Jerusalén de sangre inocente 42, especialmente de

profetas. Pero el contexto parece insinuar la primera interpretación.

Ingratitud de Israel para con Yahvé (31-37).

31 Oíd los de esta generación la palabra de Yahvé43: ¿Por ventura soy yo para Israel un desierto

o una tierra tenebrosa ? ¿Por qué dice mi pueblo: 1 Somos libres 44, no iremos más

en pos de ti? 32 ¿Se olvida por ventura la doncella de sus galas, y de su ceñidor la esposa?

Pues mi pueblo se ha olvidado de mí ya desde días sin cuento. 33 ¡Qué bien amañas tus caminos

para buscar el amor! También a las maldades avezaste tus caminos. 34 Hasta en tus

palmas de la mano se descubre sangre de vidas de pobres inocentes 45, no de sorprendidos

en conatos de robo46. 35Y dices: “Soy inocente, su cólera se ha apartado ya de mí.” Heme

aquí para juzgarte por decir: “No he pecado.” 36¿Cómo te apresuras sobremanera a cambiar

tus caminos? 47 También de Egipto serás avergonzada, como lo fuiste de Asiría.

37También de ahí saldrás con las manos en la cabeza, porque Yahvé ha rechazado aquellos

en quien confías, y no tendrás éxito con ellos.

La conducta de Israel ha sido inexplicable, pues Yahvé no ha sido para ellos precisamente

un desierto o una tierra tenebrosa (v.14). Yahvé no ha sido en la historia tan hosco como para

huir de El como si fuera un lugar inhóspito, lleno de tinieblas. El desierto era símbolo de terror,

que había de evitar el viajero, ya que, aparte de su carácter estepario y sin vida, era lugar de salteadores

y guarida de fieras, amparadas en la oscuridad. En realidad, Yahvé ha sido en la historia

como un lugar atractivo, lleno de vida y vegetación, pues le ha protegido y ayudado siempre. Y,

sobre todo, la religión yahvista era mucho más luminosa y elevada que las idolátricas48. Sin embargo,

Israel dice despectivamente: somos libres, no queremos ir en pos de ti (v.31c). Esta conducta

es inexplicable, como lo sería la de una doncella que olvidara sus galas (v.32a), que son su

adorno y le dan prestancia ante los hombres. Yahvé es, en realidad, el mejor adorno que puede

tener Israel. En Oriente aún hoy día mujeres pobrísimas lucen joyas de mucho valor, que han

recibido por tradición en herencia y de las que no se desprenden aun en la mayor necesidad. Saben

que ello forma parte de su personalidad. Israel, en cambio, se ha olvidado de su adorno y

ceñidor, que es Yahvé. En Isaías encontramos un símil semejante: el buey y el asno saben ir a su

1946

pesebre, mientras que Israel no sabe volver a su Dios, del que todo lo recibe49. Y este proceso de

apostasía es antiguo, de días sin cuento (v.32b).

De nuevo el tono irónico recriminatorio: ¡Qué bien amañas tus caminos para buscar el

amor (v.33a) de los dioses extranjeros! Israel tiene una predisposición especial para apartarse de

su Dios y entregarse a su amor, su obsesión de los cultos idolátricos. Es como una mujer que está

experta en probar amores bastardos. Pero su proclividad es a algo más que a los cultos idolátricos,

pues se ha familiarizado con los mayores crímenes (v.33b). Y especifica estas maldades:

Hasta en tus palmas de la mano se descubre sangre de vidas de pobres inocentes (v.34a). El profeta

parece aludir a los sacrificios cruentos de niños a Moloc. Es una explicación de lo dicho en

v.22-23. Esa sangre está presente a los ojos de Yahvé, que sabe ver en las mismas palmas de la

mano que levantan hipócritamente para orar en las épocas de angustia. Y esta sangre que ve en

las manos de los israelitas no es precisamente de ladrones que han sido cogidos atacando el muro

de una casa: No de sorprendidos en conatos de robo (v.34b). Según esta versión, se aludiría aquí

a la ley mosaica, según la cual, cuando se mataba a un ladrón en el acto de atacar, no había culpa

alguna50. Esta idea de que los israelitas tienen las manos manchadas en sangre se encuentra a

menudo en Jeremías51.

A pesar de estos horrendos crímenes, Israel no admite su culpabilidad (v.35a). Israel

parece aquí presumir de inocencia, precisamente porque se siente próspera. Según la mentalidad

de la época, el mal provenía de algún pecado, como castigo de Dios. De ahí la ecuación de justicia

y prosperidad, desgracia y pecado. Yahvé ahora quiere castigar a Israel por esta presunción

hipócrita, pues no quiere reconocer sus pecados: Heme aquí para juzgarte por decir: “No he pecado”

(v.35b). El castigo le hará recapacitar reconociendo su culpabilidad.

Y de nada le han de valer las alianzas políticas para evitar la manifestación justiciera de

Yahvé: ¿Cómo te apresuras sobremanera a cambiar tus caminos? (v.36a); alusión a su nerviosismo

buscando aliados en Egipto y en Asiría. Parece que había una facción fuerte egiptófila, que

buscaba en Egipto protección contra el peligro babilonio, encarnado en Nabucodonosor. Pero de

nada le servirá esta alianza, pues los egipcios serán derrotados por Nabucodonosor en 604, siendo

definitivamente arrojados de Palestina. Y entonces se volverá a repetir la historia de la alianza

anterior con Asiría, cuando Josías salió a defender a ésta contra Necao II en Megiddo, y la suerte

fue la muerte trágica del piadoso rey Josías: También de Egipto serás avergonzada, como lo fuiste

de Asiría. No hay más que una política realista según el profeta: reconocer los pecados y volver

a Dios, el único salvador de Israel.

Todo lo que sea meterse en alianzas con potencias extranjeras será ir al fracaso, teniendo

que volver con las manos sobre la cabeza (v.37a), gesto de confusión y desesperación52. La suerte

ya está echada, y el profeta lo anuncia en nombre del que dirige los hilos misteriosos de la historia

(v.37b).

1 Otros traducen: “quien de ella comía debía pagan, es decir, recibir el pago de su atrevimiento. — 2 Cf. Os 2:15(17). — 3 Cf. Ex

23:19; Núm 8:8; Lev 22:9. — 4 Cf. Ex i9:5ss; Dt 7:6; 14:2. — 5 En heb. “sombra de muerte.” — 6 Cf. Jer 8:19;

10:1-16; 14:22; 16:19; cf. también 1 Sam 12:21; Is 44>9s; Dt 32:21; 2 Re 17:15. — 7 Cf. Ez 16. — 8 Cf. Ex 34:7. — 9 Cf. Jer

31:29; Ez 0.28; Dt 24:16. — 10 Cf. Flavio Josefo, Ant. I 6:1. Los Kftttm aparecen en Gen 10:4 como descendientes de Yaván o

Grecia. En Dan 11:30 se refiere a las naves romanas. En 1 Mac 1:1; 8,5, se refiere a Macedonia. Cf. Dt 11:30. — 11 Kedar o Cedar

era el segundo hijo de Ismael (Gen 25:13). Cf. Is 42:11; 60,7; 21:17; Ez 27:21; Cant 1:5. Son los Cedraei de Plinio, Htst. Nat.

V 11:12. — 12 Cf. Dt 10,21; 1 Sam 4:21; Sal 106:20. — 13 Cf. Dt 32:21; Is 37:19; 1 Cor 8:4; Jer 16:20. — 14 Cf. Sal 36:10; Jn

4:10ss; 7:38. Dussaud ve en estas palabras una alusión al Bahal fenicio patrono de la lluvia. Cf. Les découvertes de Ras Shamra et

V Anden Testament (París 1937) P-74- — 15 Así según el hebreo. El griego dice: “te conocieron y te ultrajaron.” — 16 Cf. Ex

21:2-4; 34:10. — 17 Cf. Ex 4:22. — 18 Cf. Nah 2:12; Jer 4:7; 5:6; 25:38; 49,iQ; So.i?· — 19 Cf. Jer 22:10-12; 2 Re 23:315. — 20

En egipcio Men-Ofer. — 21 Cf. Is 15:2; 22:12; Is 3:17.24. — 22 Cf. Jos 13:3; 1 Par 13:5; Is 23:3. Los LXX traducen Geón, identificando

al Nilo con el Geón del paraíso. Cf. Flavio Josefo, Aní. I 1:3. — 23 Cf. Is 8:7. — 24 El texto es oscuro en el detalle, pero

claro en la idea general. La Bible de Jérusalem traduce: “planta degenerada, viña bastarda.” Dennefeld: “plantas degeneradas y

bastardas.” — 25 Así según la Bible de Jérusalem. Dennefeld: “la mancha de tu iniquidad permanecerá ante mí.” — 26 Frase os1947

cura. La traducción arriba expuesta es la seguida por la Bible de Jérusalem, Dennefeld, Streane. — 27 La Bible de Jérusalem: “su

ruta, ¿quién la frenará?” Streane: “En su ocasión, ¿quién puede volverla?” — 28 Bible de Jérusalem: “¡Ten cuidado! Tu pie va a

descalzarse.” — 29 Bible de Jérusalem: “No, qué importa.” Dennefeld: “Imposible.” — 30 Cf. Os 10:1-1; Jer 31:18. — 31 Cf. Jer

2:2; Os 4:13s; Am 2:7. — 32 Cf. Dt 23:18; 1 Re 1:14.24; 22:47; 2 Re 23:7. — 33 Cf. Jer 3:6ss; 17:2; Is 1:21; 57:5; Os 4:13.14; Ez

6:13. — 34 Cf. Is s.iss. — 35 En hebreo dice de Soreq, que es una localidad llamada hoy Kh. Surik, junto al actual Beit-Dgebrim.

En Jue 16:4 es la patria de Dalila. Quizá fuera famoso por sus vinos, y de ahí el nombre de esas cepas excepcionales. — 36 Cf. Is

57:9. — 37 Cf. Job 39:5ss. La traducción de los LXX es muy diferente: “alargo sus caminos hacia el agua del desierto, llevada del

viento en el ardor de su alma; ¿existe vía determinada para hacerla volver?” — 38 Este último estico falta en el TM. — 39 Cf. Is

44:11-17. — 40 Aparece de nuevo en Jer 1:13. — 41 Cf. 1 Re 18:40; 2 Re 10:18-27. — 42 Cf. 2 Re 21:6; Lc 11:47; Act 7:52. —

43 El texto es inseguro. — 44 Bibl. de Jérus.: “corremos aquí y allá.” — 45 Así según G., pero el H. dice: “en los bordes de tu

vestido hallóse sangre.” — 46 Frase muy oscura, aunque el sentido general es claro. La Bible de Jérus.: “A éstos no los habías

sorprendido forzando puertas.” — 47 Bible de Jérus.: “¡Cómo frivolamente cambias de camino!” Dennefeld: “¡qué poco te cuesta

cambiar de caminos!” — 48 Cf. Dt 30:11s; Is 45:19. — 49 Cf. Is 1:3. — 50 Cf. Ex 22:2. La versión de los LXX difiere bastante:

“Sobre tus manos se ha encontrado sangre de almas inocentes; no la encontraste en las fosas, sino bajo toda encina.” Con-damin

deduce de esto que aquí se aludiría a sacrificios de niños bajo los árboles en los que había ritos idolátricos. — 51 Cf. Jer 5:26;

22:13.17; Is 1:15; 8:15; Ez 34:23. — 52 Cf. 2 Sam 13:19.

3. Posible reconciliación de Israel con Yahvé.

Este capítulo contiene dos partes: una en verso y otra en prosa. La idea central es el retorno

de Israel a su Dios, e incluye algunos fragmentos mesiánicos.

Invitación a Israel a retornar a Yahvé (1-5).

1 Si un hombre despide a su mujer y ella se aparta de él, si viniere a ser de otro

hombre, ¿volverá aquél a ella de nuevo? ¿No será del todo profanada esta mujer?

2Tú, pues, que con tantos amantes fornicaste, ¿podrás volver a mí? Oráculo de Yahvé.

2 Alza tus ojos hacia los collados y mira dónde no has sido profanada. Junto a los

caminos te asentabas en acecho a ellos, como el árabe en el desierto. Contaminaste la

tierra con tus fornicaciones y perversidades. 3 Y fueron retenidos los aguaceros y no

hubo lluvia de primavera 3. Y tú tenías frente de prostituta, no querías avergonzarte.

4 ¿Por ventura no me invocas desde ahora: “Padre mío, tú eres el esposo de mi

juventud”? 5 ¿Va a durar por siempre su cólera? ¿La mantendrá hasta el fin? Mas,

mientras (esto) dices, sigues cometiendo las maldades que puedes.

De nuevo vuelve el tema de la esposa. Antes ha sido presentado Israel como una esposa que al

principio fue feliz en sus amores con Yahvé, pero ha sido deshonrada por sus muchos amantes4.

Pero Yahvé quiere hacer un último llamamiento para hacerla venir al buen camino, y lo hace

presentándole en crudo sus crímenes e infidelidades. El caso de Israel es como el de la mujer

despedida con justicia por alguna infidelidad y que se va con otro hombre. Según Dt 24:1-4, no

podía volver a su primer marido. El marido, en ese caso, no podrá volver a tomarla: ¿volverá

aquél a ella de nuevo? (v.1). No obstante, en la historia de Israel hay algunos casos en los que

una mujer dada en matrimonio a otro ha sido tomada de nuevo 5. Pero aquí la conducta de la mujer

repudiada es muy desarreglada moralmente, siendo profanada6; lo que parece indicar que ella

andaba en uniones ilegítimas después de haber abandonado al primer marido. Es el caso de Israel,

que se ha prostituido con tantos amantes, lo que hace muy difícil que pueda retornar a su

primer marido: ¿podrás volver a mí? (Yahvé).

Y ahora Yahvé enumera detalladamente sus prostituciones con sus muchos amantes: Alza

tus ojos hacia los collados y mira donde no has sido profanada (v.2). Esos collados son los famosos

“lugares altos,” donde había santuarios locales a los que iban los israelitas. La descripción

que sigue es muy realista y cruda: Israel se ha sentado al acecho de amantes (ídolos) como lo

1948

hacían las meretrices7: junto a los caminos te asentabas., como el árabe en el desierto (v.ab). El

árabe o beduino de la estepa, que vive de la espada, como Esaú, está al acecho por si da con algún

desprevenido caminante para robarle 8. Es el caso de Israel, que no sólo está dispuesta a entregarse

a la prostitución espiritual con los ídolos sus amantes, sino que va en busca de ellos 9.

Las fornicaciones son los actos de idolatría, y las perversidades, la sangre inocente que ha derramado

10 como consecuencia de estos cultos idolátricos.

La primera frase del ν.3 parece interrumpir el sentido del contexto. Y quizá sea mejor

adoptar la lección de los LXX que hemos indicado: “tú has tenido numerosos pastores (amantes),

que han sido para ti piedra de escándalo”; lo que sería una repetición del v.1. No obstante, la lectura

masorética puede mantenerse: Fueron retenidos los aguaceros y no hubo lluvia de primavera

(v.3a), en el sentido de que Yahvé, para hacer volver a Israel a sí, no dudó en enviarle castigos,

privándole de los aguaceros o lluvias primeras del otoño para la sementera, y de los de la

primavera, necesarios antes de la maduración de los cereales n. Pero todo ha sido en vano, porque

Israel seguía obstinada en sus vicios con frente de prostituta, sin querer avergonzarse. Israel

ha llegado a la degradación de la meretriz, que ha perdido todo pudor, y por eso no sale a sus

mejillas el sonrojo por un acto inmoral por ella cometido.

Esa insolencia llega al colmo al querer Israel conciliar el favor de su Dios sin abandonar

sus caminos perversos de idolatría: ¿no me invocas desde ahora: Padre mío, tú eres el esposo

de mi juventud?” (v.4). Esas invocaciones afectuosas están en contradicción con su conducta

práctica. Es un reproche del sincretismo religioso. Los israelitas creían conciliar el culto a Yahvé

y el de los ídolos. En la hora de la desgracia volvían hacia su Dios tradicional. Pero no son compatibles

ambos cultos 12. Pretende Israel conservar a Yahvé, su Esposo, como en los días de su

juventud en el desierto 13, cuando disfrutaba de sus primeros amores. Israel quiere jugar con la

justicia divina, creyendo que Yahvé está dispuesto a reconciliarse con ella según sus conveniencias:

¿Va a durar por siempre su cólera, la mantendrá hasta el fin? (ν.6). Está acostumbrada a

recibir muchas muestras de perdón y de misericordia, y por eso cree que ahora Yahvé se excede

en los castigos.

Comparación entre la conducta de Israel y de Jada. (6-11)

6 Y me dijo el Señor en tiempo del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho Israel? Se

fue por todo monte alto, y bajo todo árbol frondoso para fornicar allí. 7 Yo dije:

Después de haber hecho todas estas cosas, vuelve a mí. Pero no se volvió. Vio esto su

pérfida hermana Judá. 8 Vio que por todo cuanto había adulterado la rebelde Israel

habíala despedido y dado el libelo de repudio, pero no temió la pérfida Judá, su

hermana, sino que fue y fornicó ella también. 9 Y sucedió que, por la ligereza de su

prostitución, contaminó la tierra y adulteró con la piedra y con el leño; 10 y tampoco

con todo esto su pérfida hermana Judá se volvió a mí de corazón, sino mentidamente,

oráculo de Yahvé. 11 Υ me dijo Yahvé: La apóstata Israel se ha justificado al lado

de la pérfida Judá.

En este fragmento encontramos una lección de justicia comparativa a los ojos de Dios. Israel,

con ser tan culpable por sus idolatrías (se fue por todo monte alto, y bajo todo árbol frondoso

para fornicar, v.6), lo es menos en comparación de Judá, ya que ésta no aprovechó la lección

que dio Yahvé a aquélla castigándola severamente. Cuando escribe Jeremías este oráculo habían

pasado ya más de cien años después de la conquista de Samaría por los asirios (en el 721 a.C.) y

había desaparecido totalmente el reino del Norte, Israel. Todo ello fue como consecuencia de

1949

haberla abandonado Yahvé, dándole el libelo de repudio (v.8). La imagen está tomada de Dt

24:1: un marido podía abandonar a su esposa por encontrar algún defecto grave en ella, entregándole

el “libelo de repudio.” Es lo que ha hecho Yahvé con Israel. La ha entregado a sus enemigos,

los asirios, que la llevaron en cautividad.

Judá no aprendió la lección de esto, y también se dio a la idolatría: adulteró con la piedra

y el leño (v.8), es decir, con ídolos de piedra y de madera 14. Multiplicó sus prostituciones idolátricas

(por la ligereza de su fornicación, V.9). Judá era propensa y tenía especial facilidad para la

idolatría 15. Consecuencia de ello fue que contaminó la tierra, es decir, Palestina, que era la

heredad de Yahvé, la cual era profanada al admitir cultos idolátricos en ella. Además, hipócritamente

se considera aún vinculada a Yahvé, pero es mentidamente (v.10). De ahí que Israel jurídicamente

sea menos culpable ante Dios que Judá, que sigue prevaricando, sin escarmentar por

lo sucedido a su hermana 17.

Invitación al retorno (12-13).

12 Anda y grita estas palabras hacia el septentrión y di: Vuélvete, apóstata Israel,

oráculo de Yahvé; no apartaré mi rostro de vosotros, porque soy misericordioso,

oráculo de Yahvé; no es eterna mi cólera. 13 Reconoce, pues, tu maldad, pues contra

Yahvé, tu Dios, has pecado, dispersando tus caminos hacia los extraños, bajo todo

árbol frondoso, y desoyendo mi voz, oráculo de Yahvé.

El retorno a Yahvé, aunque es difícil (v.1-5), es posible (v.5). Israel debe emprender otro camino

y dejar de llevar una conducta ambigua, acudiendo a Yahvé y a los ídolos: dispersando tus caminos

hacia los extraños (v.15), es decir, sus mandos postizos, a los que hace la corte bajo todo

árbol frondoso 18.

Futura unificación de Israel y Judá (14-18).

14 Volved, hijos rebeldes, oráculo de Yahvé, porque yo soy vuestro dueño, y os tomaré

uno de una ciudad y dos de una familia, y os introduciré de nuevo en Sión. 15 Yo

os daré pastores según mi corazón, que os apacentarán sabiamente. 16 Y sucederá

que, cuando os multipliquéis y fructifiquéis sobre la tierra, en aquellos días — oráculo

de Yahvé — no dirán ya: “Ah, el arca de la alianza de Yahvé!” No se acordarán

ya de ella, se les irá de la memoria, ni la echarán de menos ni harán otra. 17 En aquel

tiempo será llamada Jerusalén trono de Yahvé, y se congregarán en torno a ella todas

las gentes en el nombre de Yahvé, a Jerusalén, y no seguirá más la obstinación

de su corazón malo. 18 En aquellos días vendrán juntamente la casa de Judá y la casa

de Israel, juntos vendrán de la tierra del septentrión a la tierra que da en heredad

a vuestros padres.

Parece que el profeta se dirige a los expatriados del reino del Norte, llevados en cautividad por

Teglatfalasar III, Salmanasar V y Sargón II. Para ellos hay todavía esperanza de repatriación.

Los invita a volver, ya que Yahvé es su dueño (v.14) verdadero. Y El se encargará de que algunos

de entre ellos retornen a la nueva patria de Sión (v.14b). Es la doctrina del resto rescatado

por Yahvé de la catástrofe. Isaías decía que “un resto volverá”19. Entre los deportados (quizá

hable en futuro el profeta de los deportados también de Judá) habrá un selecto número que tendrán

la suerte de poder volver a Sión a constituir la nueva teocracia. El número será reducido:

uno de una ciudad, dos de una familia; pero es una puerta a la esperanza. El nuevo orden de co1950

sas será presidido por el sentido de justicia, pues Yahvé dará pastores según su corazón, que los

apacentaran sabiamente (v.15). Son los nuevos gobernantes de la era mesiánica 20. En Is 40,11

se presenta a Yahvé como el futuro pastor de Israel, que enviará al pastor fiel, Mesías 21. Gobernarán

los nuevos pastores sabiamente (lit. “con inteligencia y prudencia”). Después del retorno

de la cautividad, los judíos tuvieron como excelentes pastores a Zorobabel, a Esdras y a Nehemías.

Pero todos éstos serán una preparación del Buen Pastor ideal, el Mesías. Indudablemente que

la mente del profeta se proyecta hacia la era mesiánica, por lo que dice a continuación: Aquel

pequeño grupo salvado se multiplicará hasta constituir una comunidad pujante (v.16a).

En la nueva era mesiánica (la frase en aquellos días suele tener un carácter marcadamente

mesiánico) no será necesaria la presencia del arca como símbolo de la presencia de Yahvé. El

pueblo se hallará bajo una protección especialísima de su Dios, en tal forma que sentirá nostalgia

de los tiempos pasados (v.16b). El arca de la alianza de Yahvé había sido el centro del culto

en la época anterior al destierro. Era símbolo de la presencia de Dios en su pueblo y estaba

guardada en el santo de los santos, primero en el tabernáculo y después en el templo de Jerusalén.

Contenía las tablas de la Ley, estaba cubierta con el propiciatorio, o lámina de oro sobre la

que se asentaba Yahvé como en un trono para comunicarse con Israel 22, y flanqueada por dos

querubines con sus alas extendidas uno frente al otro. En la época de lucha con los filisteos se

llevaba al campo de batalla para obtener la victoria. Sólo el sumo sacerdote podía entrar una vez

al año al santo de los santos, en el día de la expiación, para aspersionar el propiciatorio con la

sangre de la víctima para aplacar la justicia divina. Después de la caída de Jerusalén, el arca no

aparece más en la historia de Israel, y así, en el nuevo templo reconstruido después del exilio bajo

los persas (520-18) faltaba el arca. En lugar de ella había una piedra saliente, sobre la que el

sumo sacerdote cumplía el rito de la expiación 23. Según un documento apócrifo del que se hace

mención en 2 Mac 4, Jeremías escondió el arca en una caverna del monte Nebo. Es una leyenda

que refieren los hebreos de Palestina a los de Egipto 24. Jeremías anuncia que en la nueva era

mesiánica no hará falta el arca como signo externo de la presencia de Yahvé, pues éste se

hará de tal modo sensible a los corazones de los nuevos ciudadanos, que aventajará con mucho a

la realidad de aquélla. Ni siquiera serán colocadas entonces las tablas de la Ley en ella, pues la

Ley de Yahvé será escrita sobre los corazones de los nuevos israelitas 25. Es un anuncio de

que el culto mosaico desaparecerá y será sustituido por otro de concepciones más amplias. Malaquías

dirá que cesarán los sacrificios de Jerusalén para ser sustituidos por otro que se ofrecerá de

“oriente hasta occidente”26.

Jerusalén, al entrar en una nueva fase, la definitiva de su historia, cambiará hasta de nombre

para expresar mejor su realidad. En el antiguo templo, Yahvé estaba simbólicamente sentado

sobre el arca; ahora toda la ciudad podrá ser llamada trono de Yahvé, porque Dios realmente se

hará sentir sensiblemente sobre ella. Es más, esta nueva Jerusalén será el punto de convergencia

de todo los pueblos (ν.17a). Es lo mismo que Isaías y Miqueas habían anunciado al presentar

a todos los pueblos dirigiéndose al monte del Señor, a Sión, para adoctrinarse en su Ley 27. Tenemos,

pues, aquí enseñado claramente el universalismo mesiánico, que va apareciendo periódicamente

en los profetas. El profeta presiente una nueva religión no basada en lo exterior, sino

vinculada al corazón. San Juan, en el Apocalipsis (21:23), dice que la nueva Jerusalén no tendrá

templo, ni habrá sol ni luna, porque el Señor y el Cordero harán sus veces para los bienaventurados.

En la época mesiánica se realizará de nuevo el gran sueño de los israelitas: la unión de las

doce tribus: la casa de Judá y la casa de Israel (v.18). Vendrán de la tierra del septentrión, es

decir, de la región mesopotámica adonde habían sido dispersos en la cautividad. Para el profeta,

1951

que habla en Jerusalén, el camino del cautiverio (vía Damasco-Eufrates por Palmira) estaba hacia

el norte. En el c. i había dicho que la invasión de Judá vendría del norte en el mismo sentido. El

punto de convergencia de los repatriados es Palestina, la tierra que di en heredad a vuestros padres

(v.18). Ezequiel también anunciará la fusión de los dos reinos hermanos antagónicos28.

Reconocimiento de los pecados de parte de Israel (19-25).

19 Y yo me pregunté: ¿Cómo voy a contarte entre los hijos y darte una tierra deliciosa,

la heredad más preciosa entre las naciones? Y me contestaba: Me llamarás “mi

padre” y no te separarás de mí. 20 Sin embargo, como la mujer infiel a su marido, así

has sido tú infiel a mí, casa de Israel, oráculo de Yahvé. 21 Una voz se deja oír sobre

las peladas alturas, llantos y súplicas de los hijos de Israel por haber pervertido su

camino y haberse olvidado de Yahvé, su Dios. 22 Convertios, hijos rebeldes, y sanaré

vuestras rebeldías. Henos aquí, venimos a ti, pues tú eres Yahvé, nuestro Dios. 23

Ciertamente sólo mentira (nos ha venido) de los altos, ruido de los montes. Verdaderamente

en Yahvé, nuestro Dios, está la salvación de Israel. 24 La vergüenza (de los

ídolos) ha devorado el trabajo de nuestros padres desde nuestra juventud: sus rebaños,

sus vacadas, sus hijos y sus hijas. 25 ¡Yacemos en nuestro oprobio y nos cubre

nuestra vergüenza! Porque hemos pecado contra Yahvé, nuestro Dios, nosotros y

nuestros padres desde nuestra juventud y hasta el día de hoy, y hemos desoído la palabra

de Yahvé, nuestro Dios.

El pensamiento del profeta vuelve a la idea de arrepentimiento como condición necesaria para la

rehabilitación de Israel en su amistad con Yahvé. Se presenta a Israel como una mujer a la que se

quiere dar herencia entre sus hijos (v.19a), haciendo una excepción, ya que, según la Ley, las

mujeres no podían heredar 29. Esos hijos pueden ser las naciones paganas, sometidas también a

Yahvé; entonces Israel sería como el primogénito que heredaría lo principal. Como Israel es presentada

como una mujer para que pueda servir de símil para el matrimonio con Yahvé, de ahí la

frase de Jeremías. Quiere dar a Israel Palestina, la tierra deliciosa entre las naciones. Pero ello

exige una condición: el reconocimiento de la paternidad de Yahvé por parte de Israel: me llamaras

“mi padre” y no te separaras de mí (V.19C). Quiere que vuelva a los buenos tiempos del desierto,

en que se entregaba totalmente a Yahvé (v.2-3). Pero la. conducta de Israel ha sido la de

una esposa infiel (v.20).

Como contestación a la invitación amorosa de Yahvé, el pueblo siente un movimiento

profundo de compunción, y en medio del jolgorio de los cultos idolátricos en las alturas se oyen

ahora llantos y gemidos de los hijos de Israel (v.21a), que reconocen su mala conducta. Yahvé,

conmovido, los invita a la penitencia: convertios (v.22), pues por su parte está dispuesto a reintegrarlos

a su favor: sanaré vuestras rebeldías (v.22a), es decir, vuestra tendencia a la idolatría,

con todas sus consecuencias morales.

Por primera vez el pueblo reconoce la vaciedad de los cultos idolátricos (v.23a). Han confiado

en ídolos que no les podían ayudar, y todo su culto era una mentira, una farsa. Aquellas

fiestas eran un puro ruido de los montes (v.23), alusión a las orgías ruidosas que se desarrollaban

en esos lugares de culto: procesiones, danzas licenciosas, prostitución sagrada 30. Quizá los reveses

políticos y militares de la época sirvieron para abrir momentáneamente los ojos de los israelitas.

El culto de los baales no ha servido sino para empobrecer al pueblo, perdiendo las riquezas

acumuladas por los antepasados: la vergüenza (es decir, los ídolos) ha devorado el trabajo de

nuestros padres 31.

1952

Como consecuencia, el pueblo reconoce sus descarriados caminos y está como en luto:

yacemos en nuestro oprobio y nos cubre nuestra vergüenza (ν.26). La expresión está calcada sobre

los ritos habituales de duelo: se recogían en casa, echándose sobre ceniza, y se cubrían de

saco. Aquí el oprobio hace las veces de ceniza, y la vergüenza de saco.

1 Así según el TM. En G. se lee “volverá a él.” — 2 Así según el TM, que parece interrumpir el pensamiento. Los LXX leían: “Y tienes

muchos pastores para tu tropiezo.” Conforme a esta lectura, Duhm ha sugerido un arreglo del TM y lee: “Y de tus numerosos

compañeros (amantes) resultó un lazo para ti.” Así Con-damin. Pero mantienen la lectura del TM Streane, Dennefeld, Bible de Jérus.,

— 3 Cf. Jer 2:2-3. — 4 Jer 3:20. — 5 El G. más bien supone que “ella vuelve a él.” — 6 El H. dice “tierra” en vez de “mujer.”

Es una influencia de Dt 24:4. — 7 Cf. Gen 38:145. — 8 Es la primera vez que aparece la palabra árabe en la Biblia. Y es

aquí en el sentido de hombre de la estepa o arabah. — 9 Cf. Jer 2:23-24. — 10 Cf. Jer 2:22-23.33-34; 3:5-23-24. — 11 Cf. Dt

11:14; 28:12-24. — 12 Cf. Jer 2:23. — 13 Cf. 2:2. — 14 Cf. Jer2:27- — 15 El hebreo se puede traducir “con su rumorosa fornicación,”

y entonces pudiera ser una alusión a las orgías que acompañaban a los cultos idolátricos. La Vg. traduce “facilítate fornicationis,”

que es aceptable. — 17 Sobre la conducta comparativa de Israel y Judá cf. Ez 23:11. — 18 Cf. Jer2:25. — 19 Cf. Is 10,21.

— 20 Cf.Jer 23:4-5;Ez 34:23. — 21 Cf. Ez 34:23; Jer 23:1-8. — 22 Cf. Ex 25:22. — 23 Cf. Goldschmid, Der bab. Talmud III

147. Joma v.2. Citado por G. Vittona-TO, O. P., II Libro de Jeremía p.iia (Torino 1955). — 24 Cf. Knabenbauer, Comm. in Mach.

p.298. — 25 Cf. Jer 31:31- — 26 Cf. Mal 1:11. — 27 Cf. Is 2:2-4; Miq 4:11s. — 28 cf. Ez 37:16-28. — 29 Cf. Núm 27:1-8. — 30

Cf. Is 22:13; 28:7-8; Os 9:1; Jer 3:23; Am 5:21; 1 Sam 10; Am 2:7; Os 4:14. — 31 La palabra vergüenza, en hebreo boshet, era el

nombre despectivo que los yahvistas daban a los baales o ídolos. Así muchas veces sustituyen la palabra baal por vergüenza, como

aquí. Cf. Os 9:10; Jer 11:13; 2 Sam 2:8; 1 Par 8:33.

4. Invitación a la conversión y amenaza de castigo.

Se encarecen los efectos beneficiosos que para Israel tiene una sincera conversión. Después se

anuncia la invasión de un ejército que viene del desierto para caer sobre el pueblo escogido. El

estilo e; patético y descriptivo.

Invitación a la sincera conversión (1-4).

1 Si te conviertes, Israel — oráculo de Yahvé — , volverás a mí. Si quitas de delante

de mí tus abominaciones, no andarás errante. 2 Si juras por la vida de Yahvé con

verdad, con derecho y con justicia, serán en ti bendecidos los pueblos y en ti se gloriarán.

3 Pues así dice Yahvé a los hombres de Judá y de Jerusalén: Roturaos un

erial y no sembréis en cardizales. 4 Circuncidaos para Yahvé y quitad los prepucios

de vuestros corazones, varones de Judá y habitantes de Jerusalén. No sea que salga

como fuego mi ira y se encienda, sin que haya quien lo apague, por la maldad de

vuestras obras.

Se insiste en la necesidad de que el arrepentimiento sea sincero. Si la conversión del pueblo es

sincera, debe dirigirse a Yahvé: volverás a mí (v.1). Pero tienen que renunciar a sus abominaciones,

es decir, los ídolos, con todas las consecuencias inherentes a los cultos cananeos. El premio

de su retorno al buen camino será que no andará vacilante: no andarás errante (v.1b), fuera de la

órbita de la protección divina, errante como otro Caín, sin poder participar en los cultos verdaderos

de Yahvé.

La expresión de jurar por la vida de Yahvé equivale a jurar por el Dios viviente, en contraposición

a los ídolos, que son vanos, muertos, y, por tanto, no pueden prestar auxilio a sus devotos.

En 5:2, el profeta dice que sus contemporáneos, aunque juran por el nombre de Yahvé, lo

hacen falsamente, precisamente porque contemporizan con los cultos paganos.

La frase siguiente: serán en ti bendecidos los pueblos, está tomada directamente de Gen

22:18 ó de 26:4. La idea es que Israel será motivo de bendición para todas las gentes; es decir,

los pueblos se saludarán deseándose los bienes que Yahvé ha otorgado a Israel.

Pero para que estas bendiciones se cumplan sobre Israel y den buenos frutos es preciso

1953

una reforma a fondo: roturaos un erial y no sembréis en cardizales. Antes de sembrar un campo

es preciso roturarlo bien cuando es erial y prepararlo para la siembra. No se debe sembrar en

cardizales, porque se ahogaría la buena semilla. Ya el profeta Oseas, un siglo antes, había escrito

la misma imagen con sentido análogo: “Sembrad en justicia, cosechad en misericordia, roturad

el barbecho del conocimiento para buscar a Yahvé mientras viene él a enseñaros la justicia” 2.

El profeta especifica lo que quiere decir con el símil anterior, tomado de la agricultura:

circuncidaos para Yahvé y quitad los prepucios de vuestros corazones. Para tener derecho a

formar parte jurídicamente de la comunidad israelita era preciso y bastaba haber cumplido el rito

de la circuncisión en los varones. Aquí el profeta exige algo más para entrar en relaciones normales

con Yahvé. Habla a los varones de Judá. (v.4), y les dice que lo que importa ante todo es

la circuncisión interior: circuncidaos para Yahvé (v.4a). El rito externo debía ser símbolo de una

entrega interna total a Yahvé. Para ello era preciso deshacerse de los prepucios o apegos inmorales

de sus corazones. El corazón de los israelitas se hallaba como materializado y recubierto de

una espesa capa de materialismo. Era preciso deshacerse de esto para entrar en relaciones puras,

libres de intereses bastardos, con Yahvé. Se trata de formar parte de una sociedad nueva vinculada

espiritualmente a Yahvé, y para ello era preciso practicar esa circuncisión espiritual, que supone

la renuncia a participar en los cultos idolátricos y a todas las apetencias torpes y sensuales

inherentes a ellos 3. Esta llamada a la religión interior es característica de los profetas y culminará

en la predicación evangélica 4.

Después de esta exhortación paternal, Dios refuerza su invitación, anunciando el castigo

caso de que no cambien de conducta: no sea que salga como fuego mi ira (v.4b).

Inminente invasión (5-8).

5 Anunciad en Judá y proclamad en Jerusalén, clamad y tocad las trompetas por la

tierra, gritad con toda fuerza y decidí ¡Congregaos y vayamos a las ciudades amuralladas!

6 Levantad bandera hacia Sión, salvaos, no os detengáis, porque voy a hacer

venir la desgracia del septentrión, una gran catástrofe. 7 El león ha subido de su espesura,

el devastador de pueblos está en marcha, ha salido de su lugar para devastar

tu tierra y asolar tus ciudades hasta no dejar en ellas morador. 8 Vestios, pues,

de saco, llorad y lamentaos, porque no se ha apartado de nosotros la ira encendida

de Yahvé.

Con estas palabras del v.5 se inicia un nuevo ciclo de profecías, que prosigue hasta el c.6 inclusive.

No se especifica el enemigo invasor. El profeta, en este primer fragmento (v.5-8), refleja la

alarma de los habitantes de Jerusalén y de sus alrededores ante la proximidad del enemigo, los

cuales se congregan como único recurso en las ciudades fortificadas (v.5). El profeta se presenta

como centinela que da la voz de alarma al estilo militar: clamad y tocad las trompetas por la tierra

(v.5a). Esta tierra es la campiña de Judá. Ante la invasión es inútil quedarse a campo raso, y

sólo resta refugiarse en los recintos amurallados. Además, el profeta invita a los habitantes de

Sión a que enarbolen una bandera para indicar la dirección hacia la que deben converger los fugitivos

(levantad bandera hacia Sión, v.6a), ya que la invasión viene del septentrión, e.d., de la

ruta caravanera de Damasco, itinerario tradicional de las invasiones asirías, que será seguida

también por los babilonios. El invasor es presentado como el león que ha subido de la espesura

(ν.7). En la región frondosa de las márgenes del Jordán abundaban los leones y fieras salvajes.

Su espesura era famosa por los sobresaltos a que tenía que someterse el viajero incauto, siempre

expuesto al ataque de dichas fieras. De allí subían hacia las montañas colindantes. El profeta re1954

coge este símil tradicional para presentar el peligro del invasor. Ese león es el devastador de

pueblos (ν.7), sin duda Nabucodonosor, implacable invasor de Palestina, primero como lugarteniente

y generalísimo y después como rey de Babilonia. El profeta anuncia su efecto devastador

sobre Judá (tu tierra, ν.7b). Consecuencia de su implacable incursión militar será un duelo general

entre los habitantes de Jerusalén: vestios de saco, llorad. (v.8a) 5. Pero en realidad deben considerar

la razón verdadera de la desgracia. Nabucodonosor no es sino un instrumento de la justicia

divina, que se muestra airada contra su pueblo (v.8b).

Consternación en las clases dirigentes (9-10).

9 Y sucederá en aquel día — oráculo de Yahvé — que desfallecerá el corazón del rey

y el de los magnates, se consternarán los sacerdotes, se pasmarán los profetas 10 y

exclamarán: ¡Ah Señor, Yahvé! 6 Ciertamente has engañado a este pueblo y a Jerusalén,

diciendo: “Tendréis paz,” y la espada ha llegado hasta el alma.

En el momento de la invasión serán las clases más responsables las que perderán el ánimo. En la

corte no se ha querido seguir las instrucciones de Jeremías, y, en cambio, se han buscado fórmulas

diplomáticas y alianzas militares con Egipto al margen de los intereses de Dios. La consternación

será general en la corte: desfallecerá el corazón del rey y el de los magnates (v.8). Estos

han sido los responsables de la catástrofe al no seguir la política yahvista aconsejada por Jeremías,

siguiendo, en cambio, los supuestos oráculos que halagaban sus puntos de vista proferidos

por los falsos profetas y sacerdotes. Su insolencia llegará hasta el extremo de atribuir sus errores

al mismo Yahvé: ¡Ah Señor, Yahvé! Has engañado a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: Tendréis

paz” (v.10a). La corte tomaba como verídicas las predicciones de paz de los falsos profetas,

y ahora creen que Yahvé los ha engañado.

La invasión arrallador a (11-21).

11 En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén: Un viento cálido sopla de las

dunas del desierto sobre los caminos de la hija de mi pueblo; viento no de limpia ni

de abaleo; 12 un viento impetuoso me llega. Ahora voy también yo a pronunciar castigos

contra ellos. 13 He aquí que sube como denso nublado; sus carros son como el

torbellino; sus caballos, más veloces que las águilas. ¡Ay de nosotros! ¡Estamos perdidos!

14 Limpia de maldades tu corazón, Jerusalén, para que puedas ser salva.

¿Hasta cuándo se albergarán en tu interior tus perversos pensamientos? 15 ¡Se

anuncia una voz desde Dan y se hace oír la desventura desde el monte de Efraím! 16

Recordadlo a las naciones, proclamadlo en Jerusalén: Vienen los asaltantes de lejanas

tierras, lanzan sus gritos contra las ciudades de Judá, 17 la rodean como guardias

rurales por haberse rebelado ella contra mí, oráculo de Yahvé. 18 Esto es lo que

te han traído tu conducta y tus acciones. He aquí que tu maldad es amarga, pues

hiere tu corazón. 19 Ay mis entrañas, ay mis entrañas! ¡Desfallezco! ¡Paredes de mi

corazón! ¡Mi corazón se agita! ¡No puedo callarme! Ya oigo el sonido de la trompeta,

el estrépito de la batalla. 20 Ya se anuncia desastre sobre desastre, pues toda la

tierra ha sido devastada. De repente invadieron mis tiendas, en un instante mis tentorios.

21 ¿Hasta cuándo he de ver banderas y oír el sonar de los clarines?

La descripción de la invasión es dramática y nerviosa para reflejar la ansiedad del momento. El

profeta presiente inminente la invasión que avanza del norte. Es el ejército implacable de Nabu1955

codonosor, que cae como un enjambre sobre la tierra de Judá. Antes se le presentó como un león

que sale de la espesura; ahora se le describe como un viento cálido, el simún o jamsim, que sopla

abrasador desde las dunas del desierto (v.11), que no trae sino abrasamiento y esterilidad. Es un

viento devastador tan fuerte, que no sirve para las faenas de trilla y de selección del trigo (no de

limpia ni de abaleo, ν. 1:1b), pues es demasiado violento y se lleva también el grano con la paja.

Es un huracán surgido repentinamente en el desierto, que siembra por doquier la devastación y la

ruina7. Ahora sopla. sobre los caminos de la hija de mi pueblo, e.d., Jerusalén 8. Por su aspecto

tétrico, el invasor se parece a un denso nublado (v.15), o turbión, que avanza amenazador 9. No

hay salvación posible: ¡Estamos perdidos! es la exclamación unánime del pueblo, sobrecogido

de terror.

Ante este ambiente de consternación general, el profeta, en su oficio de centinela de su

pueblo, le dice que no está todo perdido y que aún hay lugar a la esperanza si el pueblo de Judá

se arrepiente de sus pecados (v.14). Cuando todo es depresión moral y desesperación, los profetas

presentan al pueblo un horizonte de esperanza, y cuando todo es jolgorio y optimismo inconsciente,

anuncian castigos. Es el eterno balanceo ideológico de la teología profética. Tras esta

interrupción alentadora en forma de consejo a su pueblo, prosigue el profeta la descripción de la

invasión. Llegan las primeras noticias de la parte septentrional del país de que el ejército invasor

ha entrado en Palestina: Se anuncia una voz desde Dan y se hace oír la desventura desde el monte

de Efraim (v.15). Dan constituía la ciudad más septentrional de Israel, ya en los confines de

Siria y Líbano, a cinco kilómetros de Banyas, la actual tell-el-Qadi. Era tradicional la frase “desde

Dan hasta Bersabé” para designar la totalidad de Palestina, desde la frontera siró-fenicia hasta

el Negueb, en el sur, con Bersabé (la actual Bersheba) como capital10. El monte de Efraim (v.15)

estaba al norte de Jerusalén, en la ruta que había de seguir el invasor en su marcha hacia la capital.

Al citarle el profeta juntamente con Dan, es para destacar la celeridad del avance arrollador;

apenas llegan las noticias desde la frontera norte en Dan, cuando otro mensajero trae la noticia de

que las tropas invasoras han acampado en el monte de Efraim, a unos kilómetros al norte de Jerusalén.

La descripción es entrecortada y llena de dramatismo. Las naciones o pueblos paganos deben

ser testigos de este castigo que se cierne sobre el pueblo elegido (v.16) para mayor baldón de

éste. La avidez de los asaltantes es comparada a la de los guardias rurales (ν.17), que velan sobre

la mies y los frutos para que no sean robados. Según algunos intérpretes, la expresión guardias

rurales se referiría a los ineptos defensores de la Jerusalén ante los bien armados asaltantes.

En realidad, la conducta y las malas acciones de Judá han sido la causa del estrago, ya que los

invasores no son sino instrumentos de la justicia divina (v.15a).

El profeta asiste en espíritu a la batalla y se conmueve en sus entrañas (V.19). El temperamento

de Jeremías era esencialmente afectivo, y sentía más que nadie la tragedia de su pueblo.

La expresión paredes de mi corazón (V.19) es paralela a entrañas y significa la sede de sus afectos

más'íntimos M. El profeta asiste espiritualmente a las escenas terribles del combate: oigo el

sonido de la trompeta, el estrépito de la batalla, y con ello presiente el desastre que se cierne

sobre toda la tierra devastada (v.20). Piensa en su pueblo y se identifica con él: invadieron mis

tiendas. Con la imaginación se traslada a la época primitiva en que vivía Israel en tiendas en el

desierto. Sus campamentos o tentorios han caído en poder del enemigo. Las murallas de Jerusalén,

lejos de ofrecer defensa alguna, se pliegan fácilmente, como las tiendas, ante el empuje arrollador

de los asediantes. Ante tanta desolación, el profeta pregunta cuánto durará esta invasión

militar: ¿Hasta cuando he de ver banderas y oír los clarines? (v.21). La paz ha desaparecido de

su pueblo, y el estruendo bélico de los guerreros que despliegan las banderas conmueve las entrañas

de Jeremías, que asiste en espíritu al triste espectáculo.

1956

Desolación general (22-31).

22 Porque mi pueblo está loco, me ha desconocido. Son hijos necios y no son inteligentes:

sabios para el mal, ignorantes para el bien. 23 Miré a la tierra, y he aquí que

era vacío y confusión; y a los cielos, y no había luz. 24 Miré los montes, y he aquí que

temblaban, todos los collados se conmovían, 25 Miré, y no se veía un hombre, y las

aves del cielo habían huido todas. 26 Miré, y he aquí que el vergel era un desierto, y

todas sus ciudades eran ruinas ante Yahvé, ante el furor de su cólera. 27 Pues así dice

Yahvé: Toda la tierra será un desierto, pero no consumaré la destrucción. 28 Llorará

la tierra y se entenebrecerán los cielos arriba, porque yo lo anuncié, y no me arrepentiré;

yo lo he resuelto, y no desistiré de ello. 29 Al vocerío de la caballería y de los

saeteros, todas las ciudades emprenden la huida, penetraron en las selvas y escalaron

las rocas; todas las ciudades fueron abandonadas, sin que en ellas quedara un

morador. 30 Y tú la desolada, ¿qué harás? Si te vistes de púrpura, te adornas con joyas

de oro, te rasgas los ojos con los afeites, en vano te acicalarás: tus amantes te

desprecian, buscan tu vida. 31 Ciertamente oigo gritos como de mujer en parto, angustias

como de primeriza. Es la voz de la hija de Sión, que gime y extiende sus manos.

¡Ay de mí! pues desfallece mi alma ante los asesinos.

Después de dar la razón de la catástrofe, el profeta describe con caracteres escatológicos el ambiente

de desolación y de terror que domina la tierra de Judá. Parece un fragmento apocalíptico

similar a la descripción que del día de Yahvé hace el autor de Is c.24-27 12. Quizá sea un fragmento

apocalíptico errático del mismo Jeremías, insertado por un redactor posterior para completar

el cuadro de desolación anunciado por Jeremías en los versículos anteriores.

El profeta constata, en nombre de Yahvé, el estado de estolidez de Israel, que no sabe reconocer

la mano de Dios, que les castiga por sus pecados: mi pueblo está loco (v.22). Los israelitas

son sólo sabios para el mal, e.d., agudos para escoger caminos que los llevan a la perdición; y

al contrario, ignorantes para el bien. Es la gran tragedia de Israel en la historia, ya que, lejos de

reconocerse como pueblo elegido bajo la protección de Yahvé, le ha desconocido (v.22a), yendo

tras dioses extraños.

Después pasa a describir la desolación general con caracteres cósmicos. En la tradición literaria

profética, el “día de Yahvé” era descrito como manifestación de la ira divina 13. Ahora, después

de haberse manifestado la justicia vengadora de Yahvé, todo es desolación y ruinas: la tierra.

era vacío y confusión (v.23). Las palabras empleadas por Jeremías son las mismas que leemos

en Gen 1:2 para describir el caos primitivo de la creación. Para colmo de desolación, no

había luz, que en el relato genesíaco aparece como primer signo distintivo. En Gen 1:2 se dice

que las “tinieblas cubrían la faz del abismo.” Sin duda que Jeremías depende de la descripción

del Génesis. En este ambiente de confusión caótica, las mismas montañas parecen estar fuera de

sí. Los montes, símbolo de estabilidad e inmovilidad en la Biblia por sus supuestos fundamentos,

que llegan hasta lo más profundo de la tierra, temblaban (v.24). Todo aparece trastornado en este

día de la manifestación de la ira de Yahvé 14. Y en esa naturaleza revuelta falta todo signo de vida:

no veía un hombre, y las aves del cielo habían huido (v.25). Todo es vacío caótico y ruinas.

Los hombres han perecido en la mortandad o han sido llevados en cautividad, y las aves, al no

encontrar nada con que alimentarse en aquella tierra, convertida en yermo, se han ausentado a

otras regiones. En efecto, Palestina, que era un vergel, se ha convertido en un desierto (v.26). La

expresión es hiperbólica. Palestina, en comparación con el estado de abandono en que había de

1957

quedar, era un campo feraz 15. La nueva situación desoladora es efecto del furor de Yahvé, que

quema como fuego.

Pero de nuevo hay una esperanza salvadora para un “resto” rescatado: pero no consumaré

la destrucción (v.27). Israel, por ser el pueblo elegido, se salvará en un pequeño núcleo de bendición,

para que sigan en pie las promesas mesiánicas anunciadas a los patriarcas. La justicia divina

respecto del pueblo elegido no es totalmente exterminadora 16. El juicio divino es una preparación

para la manifestación del reino mesiánico, del que ese “resto” salvado constituirá

el primer núcleo de ciudadanos. Pero el castigo será tal, que los cielos y la tierra mismos participarán

del duelo general (v.28). Y para insistir en la seguridad del castigo, pone el profeta en

boca de Yahvé la decisión reiterada de enviarlo (v.28b). Las expresiones paralelas se repiten con

énfasis para indicar la certeza del castigo, pero hay que tener en cuenta que estas profecías conminatorias

son siempre condicionadas, e.d., están subordinadas en los planes de Dios al endurecimiento

o arrepentimiento del pueblo israelita 17.

A continuación se describe con detalles la invasión: la caballería, los saeteros o arqueros

avanzan despiadados (v.29). En los bajorrelieves asirios aparecen los jinetes guerreros armados

con el carcajo lleno de flechas a la espalda, atacando al enemigo. Más tarde la caballería montada

se generalizó como instrumento de guerra. En la época de Jeremías, el uso de ella era muy común

entre los babilonios y escitas. Las poblaciones de los pequeños estados invadidos, como Palestina,

quedaban atemorizadas ante la ligereza y elasticidad que proporcionaba tal arma de combate.

Por eso, el profeta ve a los habitantes de todas las ciudades emprender la huida hacia las

selvas, dirigiéndose a los lugares inaccesibles rocosos (v.29). Con ello las ciudades quedaban

abandonadas a merced del vencedor 18.

Ante este espectáculo de invasión previsto por el profeta, Jerusalén sigue inconsciente

como una prostituta, ofreciendo sus encantos al mejor postor. Está, en realidad, desolada 19,

abandonada de Dios y de sus amantes; por eso es inútil que quiera atraerlos con seducciones artificiales

(.30). Aquí los amantes son las naciones extranjeras, cuyo favor buscaba ingenuamente

Judá, ofreciendo sus dones y mejores servicios, como una cortesana que quiere atraer con sus

vestidos de púrpura, sus joyas de oro y sus afeites de antimonio, con lo que hacía destacar más

los párpados, dando impresión de tener los ojos rasgados (te rasgas los ojos. , v.30b). Esta descripción

parece estar calcada en el relato de Jezabel, la esposa de Acab, que quiso conquistar con

sus artimañas de cortesana el corazón de Jehú, el cual brutalmente, lejos de dejarse ganar, la asesinó,

arrojándola a los perros de la calle 20. Es lo que harán los amantes de Jerusalén: tus amantes

te desprecian, buscan tu vida (v.50c). Es inútil que quiera atraerlos, pues en la primera ocasión le

darán de muerte.

La tragedia se aproxima, y Jerusalén debe prepararse para lo peor. Lejos de alejar el peligro

que sobre ella viene con sus vanos requiebros a las naciones, en plan de meretriz despreciada

de todos, lo que hace es adelantar la hora de la angustia. El profeta la ve ya en situación casi desesperada

de dolor, como la mujer en parto, con angustias de primeriza, invocando auxilio, extendiendo

las manos (v.31). El grito de la hija de Sión (Jerusalén) es desesperado bajo los golpes

del enemigo: desfallece mi alma ante los asesinos (v.31 c). Se ha consumado la tragedia, y Jerusalén

ha sucumbido. El profeta anuncia con estas palabras trágicas la situación de la Ciudad Santa

cuando, asediada por los soldados de Nabucodonosor, caiga definitivamente en el 586 a. C.,

desapareciendo como capital de la nación elegida.

1 El texto hebreo dice lit. “serán en él bendecidos los pueblos y en él se gloriarán,” por mantener materialmente la bendición del Génesis.

Pero la acomodación parece exigir cambiar de persona. — 2 Os 10:12. — 3 Cf. Dt 10:16; Lev 26:41. — 4 Jesús hablará de la adoración

de Dios en espíritu y en verdad (Jn 4:24), prometiendo la plenitud de la vida interior por el Espíritu (Jn 14:155). Gal 6:15: “Tanto la circuncisión

como el prepucio no son nada, pues lo que importa es la criatura nueva.” — 5 Para el símil del “saco” como vestido de luto, cf. Is 3:24;

1958

15:3; Jl 1:13; Miq 1:8. — 6 El texto hebreo lee: “y diré” (Jeremías). Pero esto es increíble en labios del profeta que ha anunciado

la desventura. Por otra parte, los LXX leen: “y se dirá.” El códice Alejandrino lee: “dirán,” que se adapta perfectamente al contexto,

y por ello creemos que es la mejor lección. Así la Bible de Jérusalem y Gondamin. — 7 Cf. Is 27:8; Job 27:21. — 8 Sobre la

expresión “la hija de mi pueblo,” aplicable a la población de Jerusalén, cf. Is 16:1; 22:4; Lam 4:223. — 9 Cf. Is 5:28; Hab i,8. —

10 Cf. Jue 20,i; 1 Sam 3:20. — 11 Cf. Lam i,20; Is 16:11. — 12 Cf. también Jl 2:10; 3:15; Am 8:9. — 13 Cf. Is 13:10; Jl 2:10; Sal

18:9-11. — 14 Cf. Hab 3:10; Jue 5:5; Sal 114:4-6. — 15 Cf. Ex 3:8. — 16 Cf. Is 6:13; 10,21; 11:11-15; Am 9:8; Miq 2:12; Sof

3:13. — 17 Cf. Jon3:4· — 18 Cf. Jue 6:2; 1 Sam 13:6. — 19 Los LXX omiten desolada, que está en el TM. Teod. lee “infeliz.” —

20 Cf. 2 Re 9:30. Sobre el colirio como adorno de los ojos cf. Is 45:11; Ez 23:40; 1 Re 9:30.

5. Corrupción de Jerusalén y Venganza de Yahvé.

De nuevo se describe con caracteres vividos la profunda inmoralidad general de Judá. La corrupción

abarca a todas las categorías sociales, desde las altas clases hasta los últimos estratos de

la sociedad. Por eso Yahvé se verá obligado a enviar un castigo devastador en forma de invasión

extranjera, porque la justicia divina puede transigir con tal estado de cosas ni mostrarse indiferente

ante la conculcación sistemática de los principios religiosos y morales más elementales.

Denuncia de la depravación moral (1-6).

1 Recorred las calles de Jerusalén, ved e informaos; buscad por sus plazas a ver si

halláis un varón, uno solo, que obre justicia, que busque fidelidad, y le perdonaré. 2

Pero cuando dicen: ¡Viva Yahvé! juran en falso. 3 ¿No es la fidelidad, ¡oh Yahvé! lo

que buscan tus ojos? Los has castigado, no se han dolido; los destruíste, pero rehusaron

aceptar la corrección; tienen la cara más dura que una piedra, no quieren

convertirse. 4 Yo me decía: Sólo la gente baja es insensata y desconoce los caminos

de Yahvé, el derecho de su Dios. 5 Voy a dirigirme a los grandes, y les hablaré, porque

éstos conocerán los caminos de Yahvé, el derecho de su Dios, pero todos a una

han quebrado el yugo, han roto las coyundas. 6 Por eso los herirá el león en la selva,

los devastará el lobo del desierto, y el tigre rondará sus ciudades. Cuantos salgan de

ellos serán despedazados, porque se han multiplicado sus crímenes y se aumentaron

sus apoetasías.

La corrupción reinante es tan general, que Yahvé se contentaría con encontrar un solo justo (v.1).

Es una frase hiperbólica para destacar el estado desolador, desde el punto de vista moral y religioso,

en que se encuentra la Ciudad Santa. En el relato de Gen 18:325, Dios exige a Abraham

diez justos para perdonar a Sodoma; aquí su generosidad es aún mayor: tal es el amor que

profesa hacia el pueblo elegido. Pero la religión de sus habitantes es puramente formalista: juran

por Yahvé, diciendo: ¡Viva Yahvé! (v.2), pero no son fieles a sus palabras. Esto es en realidad un

insulto a los ojos del mismo Dios (v.3), ya que El, ante todo, busca la fidelidad, porque no puede

avalar falsos juramentos, por ser la misma Verdad. Quizá el profeta aluda con estas palabras, sobre

todo, a los engaños contractuales de la vida comercial. En todo caso, esa falsedad de sus corazones

es síntoma de una falta de sentido ético-religioso.

Ante esta triste perspectiva, el profeta quiso consolarse, pensando que esta situación de

inmoralidad afectaría sólo a la gente baja del pueblo, que pecaba por ignorancia y desconocía los

caminos de Yahvé (v.4), sus preceptos y su derecho, o conjunto de exigencias de la alianza sellada

en el Sinaí. Pero la decepción no es menor al dirigirse a los grandes (ν.6). Como clase superior

ilustrada, era de esperar conocieran los caminos de Yahvé (v.5b); pero también éstos se han

rebelado contra la Ley del Señor (v.5b). Puesto que han roto el yugo de su amor, Yahvé, para

verse libres en el campo, quedarán expuestos a las incursiones de los animales feroces, que aquí

1959

son los soldados babilonios, que caerán salvajemente sobre los judíos: cuantos salgan de ellas

(las ciudades) serán despedazados (v.6b), y todo ello por la abundancia de sus crímenes y apostasías

(v.6c).

Inmoralidad general entre el pueblo (7-9).

7 ¿Cómo podré perdonarte? Tus hijos se han apartado de mí y juran por aquello

que no es dios. 8 Yo los harté, y se dieron a adulterar y se fueron en tropel a la casa

de la prostituta. Sementales bien gordos y lascivos, relinchan ante la mujer de su

prójimo. 9 ¿No habré de pedirles cuenta de todo esto? Oráculo de Yahvé. De un

pueblo como éste, ¿no habré yo de tomar venganza?

El estilo ahora es directo, pues habla personalmente Yahvé. Se echa en cara la apostasía general

y la idolatría al invocar en sus juramentos a aquello que no es dios (ν.7). A pesar de que Yahvé

les colmó de bienes materiales hasta la saciedad (v.8), se entregaron a las prácticas idolátricas

(v.8). Y como consecuencia de esta desquiciada conducta religiosa vino la bancarrota moral, manifestada

principalmente en la lascivia desenfrenada (v.8b). Las expresiones son fuertes, con realismo

oriental 1, pero reflejan bien la situación de la sociedad corrompida. El V.9 es como un ritornello

amargo que aflora varias veces a los labios del profeta 2. La locución un pueblo como

éste (v.9b) tiene en el fondo un dejo despectivo, en contraposición a la frase cariñosa habitual en

los labios divinos: “mi pueblo” 3. La justicia divina exige reparación, que aquí aparece en

forma de venganza contra su pueblo, pero con intención de escarmiento, no como manifestación

pasional desordenada.

La venganza divina (10-17).

10 Escalad sus bancales y arrasadlos, sin destruirlos totalmente; arrancad sus sarmientos,

pues no son de Yahvé. 11 Porque se ha rebelado contra mí la casa de Israel

y la casa de Judá, oráculo de Yahvé. 12 Renegaron de Yahvé, y dijeron: No es El, ni

vendrá sobre nosotros ningún mal, no veremos guerra ni hambre. 13 Los profetas

son puro flato y no han tenido oráculo de Yahvé. Así les resultaron a ellos. 14 Por eso

así habla Yahvé, Dios de los ejércitos: Porque habéis dicho todo esto, mis palabras

serán en tu boca fuego, y este pueblo, cual montón de leña, que los abrasará. 15 Contra

vosotros voy a traer un pueblo, de lejos un pueblo, ¡oh casa de Israel! — oráculo

de Yahvé — ; un pueblo fuerte, un pueblo de antiguo abolengo, un pueblo cuya

lengua desconoces, del que no comprenderás lo que hable. 16 Su aljaba es como sepulcro

abierto; todos ellos valerosos, 17 y devorará tus cosechas y tu pan, a tus hijos

y a tus hijas. Devorará tus rebaños y tus vacadas, tus viñas y tus higueras; demolerá

tus ciudades muradas, en las que confías.

Yahvé va a someter a su heredad a una poda sistemática. Jerusalén es comparada a una viña con

sus bancales (v.10), que van a ser arrasados por Yahvé, quien invita enfáticamente a los invasores

a cumplir su fallo: arrancad sus sarmientos4; sin embargo, estas expresiones absolutas dejan

una puerta abierta a la esperanza: sin destruirlos totalmente (v.10a). Es la idea del “resto” de Israel,

que se salva a través de todas las vicisitudes históricas5. La razón de esta decisión purificadora

de Yahvé es la rebelión de la casa de Israel 6, ya que su apostasía general es una constante

provocación a la ira vengadora de su Dios ultrajado. Además, al pecado de apostasía han añadido

el de presunción, pues se creen seguros porque Yahvé no se preocupa de ellos: No es El (v.12),

1960

e.d., no se interesa por ellos ni interviene en sus asuntos; es la actitud de un ateísmo práctico: no

vendrá sobre nosotros ningún mal, no veremos ni guerra ni hambre (v.12b). Se creen seguros,

pues todos los anuncios de castigo no son sino fruto del pesimismo del profeta. Sus palabras son

un puro flato (v.15); e.d., sus vaticinios son lucubraciones aéreas, sin fundamento alguno; pero

de ningún modo son expresión de la voluntad divina, que dirige el curso de la historia (ν.13). Parece

que Jeremías refleja en estas palabras las impresiones de la calle, que llegaban reiteradamente

a sus oídos. Pero el decreto divino está dado, y el castigo sobrevendrá necesariamente

(ν.ίβο). Porque hay un Dios de los ejércitos (v.14.) — omnipotente — , la expresión aquí sin duda

es buscada intencionadamente para hacer resaltar el poder devastador y justiciero de Yahvé,

que va a castigar tantas insolencias y altanerías. Ha llegado la hora de la manifestación justiciera

de Yahvé, el cual va a probar que los profetas son algo más que puro flato, ya que son intérpretes

verídicos de los oráculos de Yahvé: mis palabras serán en tu boca fuego, que devorará

implacablemente a aquella generación despectiva y despreocupada: este pueblo (será) cual montón

de leña abrasado por el fuego (ν.ι/φ), pues los pecados de estas gentes son el mejor combustible

para que arda la ira divina, manifestada por la boca del profeta 7.

Y el instrumento devastador de la justicia divina es un pueblo fuerte (v.15a), descrito como

nación antigua y de lengua extraña 8; son los babilonios, creadores de un imperio antiguo,

anterior a los mismos asirios. El profeta insiste en la eficacia bélica de los invasores: su aljaba es

como sepulcro abierto (v.16), porque sus flechas son certeras y sembradoras de muerte 9.

La idolatría, causa de la devastación (18-19).

18 Pero tampoco en aquellos días — oráculo de Yahvé — os consumiré del todo. 19 Y

cuando te pregunten: ¿Por qué ha hecho Yahvé, nuestro Dios, todo esto con nosotros?

les dirás: Como os apartasteis de mí y servísteis a dioses extraños en vuestra

propia tierra, así habréis de estar sometidos a los extranjeros en tierra no vuestra.

De nuevo se declara aquí que la destrucción no será total (v.18), porque Yahvé siempre se reserva

un “resto” en su pueblo para que sea en el futuro el núcleo de restauración nacional. Una de

las cosas que más se aprecian en la Sagrada Escritura es que la justicia en Dios va combinada

con su misericordia. En el caso concreto de Israel, las promesas mesiánicas eran una garantía de

que el pueblo elegido no habría de desaparecer, ya que su historia debía culminar en una etapa

definitiva en la que se daría el pleno reinado de Yahvé. Esa es la razón de que en las circunstancias

críticas para la nación se salve siempre un grupo de fieles yahvistas, que habrían de ser los

verdaderos herederos de las promesas con vistas a la plena manifestación mesiánica.

Después de hacer esta salvedad esperanzadora, el profeta insiste de nuevo sobre la causa

del castigo ineludible, e.d., la idolatría y la apostasía general. La argumentación es irónica: han

servido a dioses extraños en la propia tierra de Palestina — heredad de Yahvé — , y por eso

Yahvé los castiga a que estén sometidos a extranjeros en tierra extraña (V.19). Es el anuncio explícito

del exilio babilónico. Puesto que los israelitas son tan complacientes en introducir dioses

extraños, Yahvé les dará por el gusto en buscar lo extranjero, llevándolos cautivos a tierra extraña.

Rebelión contumaz de Israel (20-25).

20 Predicad esto en la casa de Jacob, pregonadlo en Judá, diciendo: 21Oíd esto, pueblo

necio e insensato, que tiene ojos y no ve, tiene oídos y no oye. 22 ¿No me temeréis

a mí? — oráculo de Yahvé — . ¿No temblaréis ante mí, que de arenas he hecho mu1961

ro para el mar, barrera perpetua que no podrá traspasar; que, aunque se conmueva,

no lo logrará, y, aunque se embravezcan sus olas, no podrá atravesarla? 23Pero

este pueblo tiene un corazón rebelde y contumaz; se apartaron y desertaron 24 y no

se dijeron en su corazón: Temamos a Yahvé, nuestro Dios, que da las lluvias tempranas

y las tardías a su tiempo, semanas fijas para la siega guarda para nosotros. 25

Vuestras maldades han trastornado todo esto, vuestros pecados os han robado el

bienestar.

Yahvé es el Omnipotente, que domina las fuerzas cósmicas como las olas del mar (v.22). El profeta

se dirige a la casa de Jacob, que aquí es Israel como colectividad, abarcando los reinos del

norte y del sur. El pueblo israelita es llamado insensato porque está ciego para no ver la mano

justiciera y vengadora de Yahvé, que envía calamidades y privaciones por sus muchos pecados.

La omnipotencia de Yahvé se muestra precisamente en el hecho de sujetar el mar embravecido

con una cosa tan liviana y despreciable como las arenas, que constituyen una barrera tan sólida,

que el mar nunca podra traspasar. Por eso resulta ridícula la postura rebelde de este pueblo, que

se atreve a desafiar la ira divina; y, por otra parte, es insensato cerrar la puerta de los beneficios

que su protección otorga, pues Yahvé es el que da las lluvias tempranas y las tardías a su tiempo

(v.24a). La cosecha de Palestina depende de ese doble ciclo de lluvias, las tempranas en el otoño,

necesarias para la sementera, y las tardías primaverales, necesarias para favorecer el crecimiento

de las espigas antes de la cosecha del estío. Esta, pues, depende de que ambas lluvias lleguen a

su tiempo 10. Y todo ello obedece a un ciclo impuesto por Dios con vistas a la recolección: semanas

fijas para la siega guarda para nosotros (v.24c). Según la Ley, la siega de las cebadas comenzaba

al día siguiente de la Pascua, y después la del trigo, que terminaba para Pentecostés;

eran siete semanas, que constituían el tiempo de la siega, llamado por ello de las semanas; Pentecostés

era llamada “fiesta de las semanas”11. A esta terminología parece aludir la frase de Jeremías:

semanas fijas para la siega (v.24c). Pero, a pesar de que Dios ha establecido perfectamente

los ciclos de lluvias y los tiempos de la siega, las cosas ahora no vienen así, porque sus

maldades han trastornado todo esto (v.25); Dios, por sus maldades, los ha castigado, negándoles

las lluvias, privándoles del bienestar que los frutos de las cosechas les debían proporcionar.

Los ricos desaprensivos (26-29).

26 Hay en mi pueblo malvados que acechan como cazadores en emboscada y tienden

sus redes para cazar hombres 12. 27 Como se llena de pájaros la jaula, así está llena

su casa de rapiñas. Así se han engrandecido, así se han enriquecido, 28 así engordaron

y se pusieron lustrosos, y traspasaron mis palabras malvadamente; no juzgaron

el derecho del huérfano, y prosperan; no hacen justicia a la causa de los pobres 13.

29¿No habré de pedirles yo cuenta de esto? — oráculo de Yahvé — . De un pueblo

como éste, ¿no habré yo de tomar venganza?

Una de las causas de que Yahvé no les envíe las lluvias necesarias es la injusticia social reinante.

La clase alta atropella a los de la clase humilde; sobre todo en los tribunales, todo son artilugios

para apoderarse de los bienes de los pobres: acechan como cazadores (v.26). Sus casas abundan

en rapiñas como de pájaros la jaula (v.27), y toda su riqueza es fruto de atropellos y exacciones,

ya que traspasan las palabras o mandatos de Yahvé (v.28).

1962

Profetas y sacerdotes (30-31).

30 Una cosa horrenda y abominable ha acontecido en la tierra: 31 los profetas profetizaron

mentira, los enseñan por su propia cuenta14, y mi pueblo gustaba de esto.

¿Qué cosas, pues, habrán de acontecer al fin?

El capítulo se cierra con una denuncia alarmante: las clases dirigentes son las primeras en señalar

malos caminos al pueblo sencillo 15. La vida de Jeremías ha sido una constante lucha contra los

falsos profetas y sacerdotes, que no tenían sino miras humanas interesadas. Halagando las apetencias

populares, hacían crear un falso clima de seguridad; por otro lado, los sacerdotes fomentaban

los cultos sincretistas, hablando a la vez en nombre de Yahvé y de los baales. Todo esto se

oponía a la obra de restauración religiosa a la que se dedicaba Jeremías. Los falsos profetas, que

por vocación debían dirigir al pueblo, despertando los verdaderos sentimientos religiosos, profetizaban

mentira (v.31); los sacerdotes, encargados de enseñar la Ley al pueblo, se asocian a los

falsos profetas, y el pueblo los sigue ciegamente, porque les halagaban en su predicación. Ante

este inaudito estado de cosas, el profeta se pregunta perplejo: ¿Qué cosas habrán de acontecer al

fin? La ira divina tendrá la palabra para poner fin a tal estado de cosas.

1 Cf. Ez 16:26; 23:20. — 2 Cf. Jer 5:29; 9:9 — 3 Es significativa aquí la palabra hebrea goy aplicada a Israel, cuando siempre se aplica

a los pueblos gentiles despectivamente. — 4 Cf. Is 5:2s; 18,5. — 5 Cf. Jer4:27; 5:18. — 6 El texto hebreo añade: “y la casa de

Judá,” que no es necesario, y recarga el ritmo. — 7 Cf. Is 9:7; 55:10-11; Sal I47:15- — 8 Cf. Dt 28:49; Is33:19 — 9 Cf. Sal 5:10.

— 10 Cf. Jer 31:35s; 33:25s. — 11 Cf. Ex 14:22; 23:16; 34:22; Dt 16:9. — 12 El TM es inseguro. — 13 También aquí el TM no

es seguro, pero el sentido general es claro. — 14 Así según la Bit,” de Jér. El TM dice: “gobiernan por sus manos.” Los LXX y la

Vg.: “aplauden con sus manos.” — 15 Cf. Jer 2:8; 23:9-40; 20.26-28.

6. Anuncio de la Invasión.

Injusticias Sociales.

Como Jerusalén, por sus pecados, ya está madura para el castigo divino, el profeta — centinela

de Yahvé — anuncia de modo dramático la hora de la invasión, que es inminente. No sabemos

en qué circunstancia histórica fue redactado este fragmento, pues como toda la vida de Jeremías

está dominada por la obsesión de invasiones extranjeras, la mayor parte de sus oráculos son

adaptables a diferentes circunstancias en que se reflejan estas invasiones.

Asedio de Jerusalén (1-5).

1 ¡Huid, hijos de Benjamín, de en medio de Jerusalén! Tocad las trompetas en Tecua

y alzad bandera sobre Bet-Akerem, porque es del septentrión de donde amenaza el

infortunio y la gran ruina. 2 ¿Es que ha venido a ser semejante a un prado delicioso

la hija de Sión? 3 Acuden a ella pastores con sus rebaños, clavan en derredor suyo

las tiendas, cada uno apacienta su porción2. 4 Moved guerra contra ella. ¡Arriba, la

asaltaremos al mediodía! ¡Ay de nosotros, que ya cae el día, que ya se tienden las

sombras de la noche! 5 ¡Arriba, vamos a asaltarla por la noche, asolemos sus palacios!

El fragmento es bellísimo y patético. El profeta, en espíritu, ve llegar a los invasores, que caen,

ávidos de botín, sobre Jerusalén, y describe sus mutuos coloquios. Ante la perspectiva de la inva1963

sión inminente, el profeta invita nervioso a sus compatriotas, habitantes de Jerusalén, a abandonar

la ciudad. Y en esos momentos de angustia piensa sobre todo en los pertenecientes a su tribu:

los hijos de Benjamín (v.1), aunque aquí la expresión pudiera entenderse como sinónima de habitantes

de Jerusalén, ya que la capital de Judá estaba enclavada en territorio de Benjamín 3. No

obstante, la mayor parte de sus habitantes — como capital de la nación — eran de la tribu de Judá,

cuyos lindes llegaban hasta las mismas murallas de Jerusalén. Por eso es más probable que la

invitación del profeta se dirija a sus compañeros de tribu que habitaban en Jerusalén, y quizá, por

su carácter provinciano, eran menos corrompidos moralmente y, por tanto, menos responsables

de la situación depravada moral y religiosa de la Ciudad Santa. Después de sembrar la alarma

entre sus compatriotas de tribu, el profeta pone en guardia a los pueblos que se hallaban fuera de

Jerusalén: Tocad la trompeta en Tecua, localidad a unos 18 kilómetros al sur de Jerusalén (la actual

Kh. Tequ), patria del profeta Amos. Bet-Akerem es identificada por algunos autores con Ain

Karim, a siete kilómetros al oeste de la Ciudad Santa4. Parece que el profeta, al citar estas dos

localidades, distantes entre sí, invita a los benjaminitas a huir hacia el sur y oeste, pues la invasión

viene del septentrión (v.1c), por la ruta tradicional de las invasiones ya desde la época asiría,

pues los invasores mesopotámicos descendían por Damasco y, bordeando el mar por Fenicia,

caían sobre Palestina. Así habían llegado a este país Teglatfalasar III, Senaquerib y después las

tropas de Nabucodonosor. La expresión alzad bandera significa lugar de cita o de concentración

para los huidos5.

Después sigue la descripción de la invasión: Sión es como un prado delicioso (v.3), que

excita la avidez de los pastores, y por esto van a concentrar en él sus rebaños. La expresión hija

de Sión es sinónima de “ciudad de Sión” o Jerusalén, comparada reiteradamente en los escritos

profetices a una graciosa doncella atrayente y delicada 6. Los pastores con sus rebaños (v.3), que

buscan ansiosamente participar de los pastos deleitosos de Jerusalén, son los jefes y soldados del

ejército babilonio invasor, que clavan en derredor suyo las tiendas, acampando en torno a la ciudad.

Y, en el consejo de guerra tenido antes del ataque, a cada jefe militar se le asigna una parte

de la ciudad para ser atacada: cada uno apacienta su porción. El símil está calcado en la costumbre

de distribuirse los pastos por zonas los rabadanes que tienen sus rebaños juntos.

El profeta deja la metáfora de los pastores para hablar claramente de la preparación bélica:

moved guerra contra ella (v.4). La expresión exacta hebrea es “santificad la guerra sobre (o

contra) ella,” aludiendo a los ritos religiosos que acompañaban a la iniciación de los combates.

Con ellos la guerra tenía un carácter sagrado 7, ya que era la voluntad de Dios que se emprendiera

para manifestar su justicia punitiva sobre los pecadores. En este sentido, los guerreros son

como los “santificados” o “cruzados” de Dios. El profeta, después de proclamar la guerra “santa,”

finge un vivido coloquio entre los mismos asaltantes de Jerusalén: ¡Arriba! ¡La asaltaremos

al mediodía! (v.4). La hora del mediodía es escogida por inesperada para los defensores, pues los

ataques se solían hacer entre dos luces. El profeta, con esta exclamación, quiere resaltar el ardor

combativo de los atacantes, que no tienen paciencia para esperar a que se echen las sombras del

atardecer. Pero la hora del mediodía ha pasado, y los invasores ven con pena que se acerca la

puesta del sol, lo que supone perder un día de ataque: ¡Ay de nosotros, que ya cae el día! (v.4b).

Es como una expresión de rabia por no haber sido tomada todavía la ciudad. Por ello surge un

sentimiento unánime de ataque: ¡Arriba, vamos a asaltarla por la noche! (v.5). No quieren esperar

otra jornada y deciden arriesgarse a un ataque nocturno; consideran la presa al alcance de la

mano, y no es cosa de paralizar la maniobra para comenzar de nuevo al día siguiente. Con este

coloquio entre los asaltantes, fingido por el profeta, se quiere destacar que los invasores son guerreros

avezados al combate, y, por tanto, temibles como milites profesionales.

1964

Las injusticias sociales (6-8).

6 Porque así dice Yahvé de los ejércitos: Cortad sus árboles y haced de ellos empalizadas

contra Jerusalén; es la ciudad castigada 8. Dentro de ella todo es injusticia. 7

Como mana el agua en los pozos 9, así mana en ella la iniquidad; no se oye en ella sino

injusticia y violencia; a mi vista hay siempre dolencias y heridas. 8 Déjate amonestar,

Jerusalén, no sea que mi alma se aparte de ti y te convierta en desierto, en

tierra inhabitada.

Sigue la descripción detallada del ataque a la ciudad asediada. Los asirios talaban sistemáticamente

los países invadidos para utilizar los árboles para el asedio y para sembrar la ruina total en

el país vencido. Es lo que aquí sugiere el texto: cortad los arboles (v.6). Jerusalén es la ciudad

castigada, o “visitada” por la ira de Yahvé, por razón de su injusticia. Su iniquidad es tan inagotable

y, por otra parte, tan connatural como el agua que mana de los pozos (v.7). Consecuencia

de su injusticia y violencia son las dolencias y heridas de los oprimidos, que están clamando ante

la vista de Yahvé por el castigo. A pesar de su malicia, Dios les invita de nuevo a entrar por las

vías de la conversión: déjate amonestar, Jerusalén (v.8). Yahvé no quiere abandonar a su pueblo,

por las consecuencias devastadoras que esto implica: no sea que te convierta en desierto (v.8).

Es la amenaza de la invasión de los caldeos.

La cólera de Yahvé (9-15).

9 Así dice Yahvé de los ejércitos: Haz cuidadoso rebusco, como en las viñas, de los

restos de Israel; vuelve tu mano, como vendimiador, entre los sarmientos, 10 ¿A

quién hablaré? ¿A quién amonestaré que me oiga? He aquí que tienen oídos incircuncisos,

no pueden oír nada, La palabra de Yahvé es para ellos objeto de escarnio,

no gustan de ella. 11 Yo estoy lleno de la cólera de Yahvé, estoy cansado de contenerla

Derrámala sobre los niños de la calle y sobre los jóvenes congregados a un tiempo.

Porque serán tomados marido y mujer, viejos y adultos10. 12Sus casas pasarán a manos

de extraños, los campos y también las mujeres, pues extenderé mi mano sobre

los moradores de la tierra, oráculo de Yahvé. 13 Porque, desde el pequeño al grande,

todos están ávidos de rapiña; desde el profeta al sacerdote, todos cometen fraude. 14

Pretenden curar la desgracia de mi pueblo como cosa leve, diciendo: ¡Paz, paz!

cuando no hay paz. 15 Serán confundidos por haber obrado abominablemente. Y no

se avergüenzan. Por eso caerán entre los que caigan. Al tiempo de la cuenta resbalarán,

oráculo de Yahvé 11.

Yahvé invita al profeta a inquirir cuidadosamente en la sociedad corrompida israelita para ver si

queda aún algo bueno, en gracia de lo cual pueda otorgarla el perdón. El símil es el del vendimiador

que hace un cuidadoso rebusco. entre los sarmientos (v.9a) para ver de encontrar algún

racimo aprovechable. Israel es la viña de Yahvé 12. El profeta debe buscar un “resto” de fieles

yahvistas que justifique la paralización de la cólera divina, pues Dios quiere perdonar a su pueblo

en el supuesto de que haya algo aprovechable en él13. Pero el profeta se siente descorazonado

ante esta invitación de su Dios: ¿A quién hablaré? (v.10). Conoce la realidad de la sociedad, y

por eso duda que pueda encontrar alguno que le oiga. Siente la indiferencia y escepticismo general.

No hacen caso a sus amenazas de castigo de parte de Yahvé, porque tienen oídos incircuncisos

(v.10b), son insensibles a la palabra de Dios 14. En efecto, los contemporáneos de Jeremías se

1965

burlaban de la palabra de Yahvé (v.10c) al no creer en sus amenazas y promesas 15. Esta actitud

de resistencia crea un drama en el alma del profeta, pues no quiere anunciar cosas desagradables

a sus compatriotas, porque ama profundamente a su pueblo y no desea aparecer como traidor a

sus intereses; no obstante, la cólera de Yahvé (v.11a) está a punto de estallar y devorará a todos.

Con sus súplicas procura contenerla, pero ya está cansado de esa actitud ingrata, y por eso, en un

momento de íntimo despecho, pide a Dios que la derrame como fuego devorador sobre aquella

sociedad incrédula, aunque tengan que caer inocentes: Derrámala sobre los niños de la calle.

(v.11b). Es un desahogo oratorio que no ha de tomarse al pie de la letra. El profeta contempla el

espectáculo de una juventud que alegremente se entrega a los juegos en la calle, inconsciente de

la gravedad de la hora de su pueblo 16, y, poseído de la inminencia del castigo que él con sus súplicas

está deteniendo, desahoga su ánimo, dando paso a sus sentimientos íntimos.

La matanza va a ser general, pues afectará no sólo a la juventud, sino a todos: marido y

mujer, viejos y adultos (v.11d). Y los extraños o enemigos invasores se apoderarán de todos sus

bienes, quedando todo el país devastado. Y todo ello es efecto de la intervención de Yahvé, que

extendió su mano punitiva sobre los moradores de la tierra (v.12b). Entre las causas de la catástrofe

está la excesiva avaricia (v.13a), pues en todos los estratos sociales prevalecía el ansia de

lucro desmedido. Sobre todo, los más responsables: el profeta y el sacerdote (v.13b), que estaban

obligados a dar ejemplo y abrir los ojos al pueblo sobre los peligros que se cernían, los hipnotizaban

— por afán de lucro — diciendo que habría paz (v.14) y prosperidad, halagándoles así en

sus intereses materiales. No creen en la desgracia o desventura que se avecina8 sobre el pueblo,

y así crean un falso clima de confianza, prometiendo la paz, cuando en realidad no hay paz

(v.44), sino un estado realmente prebélico. Pero la hora de la verdad llegará inexorablemente, y

entonces serán confundidos (v.15a), y caerán entre los que caigan víctimas del juicio purificador

que Yahvé va a ejercer. Todos los principales responsables de la catástrofe no formarán parte del

“resto” de restauración, sino que resbalarán al tiempo de la cuenta (v.15b), e.d., no podrán permanecer

firmes ante la manifestación judiciaria de Dios.

Obstinación equivocada de Israel (16-21).

16 Así dice Yahvé: Haced alto en los camino y ved, preguntad por las sendas antiguas:

¿Es ésta la senda buena? Pues seguidla y hallaréis reposo para vuestras almas.

Pero dijeron: “No la seguiremos.” 17 Yo os había dado atalayadores: Atención a la

voz de la trompeta! Pero ellos dijeron: ¡No queremos oírla! 18 Por eso oíd, pueblos;

entiende, congregación, 17 lo que les acaecerá. 19 Oye tú, tierra: He aquí que yo traeré

una desventura sobre este pueblo; éste es el fruto de sus malos designios 18, porque

no atendieron a mis palabras y despreciaron mi ley. 20 ¿A mí qué el incienso de

Sabá y las cañas aromáticas de tierras lejanas? Vuestros holocaustos no me son gratos,

vuestros sacrificios no me deleitan. 21 Por eso así dice Yahvé: He aquí que yo

pondré tropiezos a este pueblo, y en ellos tropezarán padres e hijos; vecinos y prójimos

perecerán juntamente.

Dios hace una invitación final a los israelitas para rectificar su conducta descarriada. Son como

viajeros que van fuera de camino y están buscando vacilantes nuevas sendas. En ese caso, lo

primero que deben hacer es detenerse antes de proseguir: Haced alto en los caminos y ved

(v.16a). La frase tiene un sentido moral; si quieren caminar seguros, deben preguntar por las

sendas antiguas, e.d., los preceptos de la ley de Dios, por los que caminaron los antepasados de

Israel. Sobre todo deben pensar en los tiempos dichosos de la alianza en el Sinaí bajo Moisés,

1966

cuando Israel era como la esposa enamorada de Yahvé 19, Los israelitas deben ante todo buscar

la senda buena (v.16), la de la fidelidad a la Ley del Señor. Seguirla supone encontrar reposo

para sus almas, porque es volver a vivir bajo la protección segura de Yahvé, participando de sus

bendiciones.

Pero la respuesta a la invitación paternal es categórica: ¡No la seguiremos! (v.16c). Para

dirigirlos por la senda buena, Yahvé había puesto atalayadores (v.17) que dieran el toque de

alerta con la voz de la trompeta. Son los profetas llamados frecuentemente centinelas en la literatura

profética. Su oficio era advertir al pueblo los peligros que se cernían sobre sus intereses espirituales.

Pero la respuesta del pueblo israelita fue negativa: No queremos oírla (v.17b). Ante

esta obstinada y reiterada negativa, Dios anuncia solemnemente ante los pueblos y la tierra el

castigo que va a enviar. La palabra congregación parece referirse a la reunión de esos pueblos

paganos a los que idealmente se dirige Yahvé. Dios quiere que quede claro que esa desventura

que va a enviar es fruto de sus malos designios (v.16b). La conducta de Israel ha sido contraria a

la Ley de Yahvé, pues no ha tenido otros designios que apartarse de su Dios. Ante esta actitud

espiritual de rebeldía, de nada sirven los ritos externos en el templo: el incienso de Sabá. (v.20).

La región de Sabá, al sudoeste de la península arábiga, era famosa por el incienso y demás especias

aromáticas que se utilizaban en el culto 20. El profeta no condena aquí las manifestaciones de

culto externo como tales, sino en la medida en que no van acompañadas de la entrega del corazón

21. Esta conducta hipócrita de los judíos no hará sino acelerar la venida del castigo de Yahvé

(v.21). La apostasía ha sido general, y por ello la desventura alcanzará a todos.

Terrorífica invasión militar (22-26).

22 Así dice Yahvé: Mira, viene de la tierra del septentrión un pueblo, una gran nación

surge de los confines de la tierra. 23 Empuña el arco y el venablo, es cruel y despiadado;

su estrépito es como el del mar enfurecido, y cabalga sobre caballos; está

aparejado como hombre de guerra contra ti, hija de Sión. 24 Ya oímos su noticia;

desfallecieron nuestros brazos, nos oprime la angustia, dolores como mujer de parto.

25 No salgáis al campo, no andéis por los caminos, porque la espada del enemigo,

el terror, nos rodea. 26 Vístete de saco, hija de mi pueblo; revuélcate en la ceniza.

Llora como se llora por el primogénito, llora amargamente, porque de repente vendrá

sobre nosotros el invasor.

Con lirismo dramático describe el profeta la llegada del invasor, que viene del septentrión (v.22).

El profeta alude a la llegada del ejército de Nabucodonosor, que cae sobre Palestina después de

haber ocupado Siria y Fenicia 22. Avanza armado de arcos y es cruel y despiadado. En efecto, la

crueldad es la característica de los ejércitos de Asiría y de Babilonia. En los textos cuneiformes

vemos que los conquistadores se complacen en detallar cómo empalaban a los vencidos a las

puertas de las ciudades. Los caballos montados por guerreros eran el terror y la admiración de

los pueblos pequeños 23. El profeta nombra aquí la caballería del ejército invasor para aterrar

más a sus oyentes. Los invasores caerán con el aparato de guerra más moderno sobre la desfallecida

hija de Sión (v.23), expresión de ternura y compasión para indicar la capital de Judá, Jerusalén.

A continuación, el profeta, con nerviosismo, anuncia las primeras noticias de la invasión,

que sobrecogen a los habitantes de la Ciudad Santa: Ya oímos su noticia (v.24); a la vista de

aquel ejército, cuyo estrépito es como el mar enfurecido, a los judíos les faltan las fuerzas

(v.24a) 24. El profeta les invita, pues, a mantenerse encerrados en la ciudad: no salgáis al campo

1967

(v.25) para no caer bajo la espada del enemigo, que siembra el terror por doquier.

Ante esta perspectiva de angustia y de tragedia general surge de nuevo la voz misericordiosa

de Yahvé llamando al arrepentimiento: Vístete de saco, hija de mi pueblo (v.26a). Es

preciso que Sión, la hija del pueblo de Yahvé, reconozca sus pecados y dé muestras de penitencia.

La descripción es conforme a las costumbres de la época; el vestirse de saco y echar ceniza

sobre la cabeza eran ritos de penitencia y de duelo corrientes en la antigüedad 25. El símil del

llanto por el primogénito, como máxima expresión de duelo, es corriente en la literatura profética

26.

Jeremías, examinador de su pueblo (27-30).

27 Te he puesto por explorador de mi pueblo, cual fortaleza 27, para conocer y examinar

su conducta. 28 Todos son sumamente rebeldes, andan sembrando calumnias,

son bronce y hierro 28, todos ellos son corrompidos. 29 Se infla el fuelle, por el fuego

es consumido el plomo 29. En vano fundió el orífice, pues las escorias no se desprendieron.

30 Serán llamados plata de desecho, porque Yahvé los ha desechado.

La misión de Jeremías en los planes de Dios es precisamente la de examinar la conducta de Judá

(v.27), aquilatar su sinceridad. El resultado de su labor ha sido negativo, pues todos son rebeldes

(v.28). El profeta ha hecho las veces del orífice (v.29), el cual por el fuego contrasta y aquilata el

valor de los metales. En efecto, los habitantes de Judá han resultado ser viles metales: bronce y

hierro (v.28), por estar corrompidos. Por eso, a pesar de que el fuelle ha encendido el fuego para

consumir el plomo (v.29), Las escorias no se desprendieron (v.26b). El profeta no ha logrado

separar la plata de los metales inferiores 30. En consecuencia, serán rechazados como plata de

desecho (ν.30) ο inservible.

1 Los traductores no concuerdan al reflejar el sentido del versículo. Así la Bib. de Jér.: “¿Sería comparable a un tierno lugar de pastos

la hija de Sión?” — 2 Lit. el TM dice: “apacienta su mano.” — 3 Cf. Jos 15:8; 18:16; i Par 9:2. — 4 Así Abel, Géog. t.2 p.295. —

5 Cf. Is 10,28-32. — 6 Cf. Is 37:22; 52:2; Jer 49:4; Lam 2:13; 4:22; Zac 2:10; 9:9; Jn 12:15. — 7 Cf. 2 Sam 13:9; 1 Sam 7:9; Is

13:3; Jl 3:9; Sof 1:7; Ez 21:2.26; Jer 22:7. — 8 Los LXX traducen: “¡Oh ciudad de la mentira!”; Vg.: “ésta es la ciudad visitada”;

Bib. de Jer.: “Esta es la ciudad de la mentira.” — 9 LXX y Vg.: “Como una cisterna conserva fresca su agua, así ella (la ciudad)

conserva fresca su malicia.” — 10 Lit. el TM: “el viejo con el colmado de días.” — 11 Lit. el TM: “al tiempo de la visita.” — 12

Cf. Jer 2:21; 5:10; Is 0.5. — 13 Cf. la conversación de Dios con Abraharn sobre los justos de Sodoma (Gen 18:235). — 14 Para

esta expresión de “incircuncisos de oídos” véase Lev 26:4; Ez 44:7; 6.12. — 15 Cf. Is 28,7-13. — 16 Cf. Jer 15:17; Is 22:2; 24:8.

— 17 Los LXX: “Escuchad, pueblos, y vosotros, pastores de la grey.” — 18 Los LXX: “fruto de la rebelión.” — 19 Cf. Jer 2:12;

Is 1:2. — 20 Cf. Lev 1:1; 6:15; 24:7; Ex 30,75; 1 Re 10,2s; Is 60,6; Ez 27:2; Plinto, Ht'sí. Nat. 6:32; Virgil. Eneida 1:417; véase la

nota de Van Hoonacker sobre el uso antiquísimo de estas especias (RB 1914 161-187). — 21 Cf. 1 Sam 15:22; Miq 6:6-8; Jer

7:21. — 22 Cf. Jer 1:15; 4:6.16; 5:15; Is 6:26. — 23 Cf. Jer 4:13; Abd 1:8. — 24 Los v.22-24 aparecen repetidos en 50:41-43. —

25 Cf. Jer 4:8; 1 Sam 13:19; Ez 27:30; Miq 1:10. — 26 Cf. Am 8:10; Zac 12:10. — 27 Cual fortaleza falta en los LXX, y parece

glosa que oscurece el sentido. — 28 Así según el TM; algunos autores, sin motivo, quieren eliminar estas palabras como glosa. En

el texto griego se lee rebeldes en vez de sembradores de calumnias. — 29 Así según la lectura del Qeré, los LXX y Vg. El TM parece

ininteligible. — 30 Se funde el plomo en el crisol, y, cuando está derretido, se echa la plata. Bajo la influencia del calor, al

contacto con el aire, el plomo se transforma en litargirio, y la plata se separa de las otras sustancias y se deposita en el fondo del

crisol” (Lesétre, en DBV vol.5 col.469).

7. La simple presencia del templo no es garantía de Seguridad.

Con este capítulo se abre una nueva sección en el libro, que comprende los c.7-10. Las alusiones

a cultos astrales parecen suponer que esta sección sería compuesta en tiempos del rey Joaquim

(609-598), el cual, bajo influencia babilónica, permitía las nuevas tendencias religiosas de

importación mesopotámica. Con todo, aquí encontramos diversos fragmentos de distintos discursos

reunidos artificialmente más tarde, sin unidad lógica ni cronológica estricta.

1968

La vana confianza en el templo (1-7).

1 Palabra de Yahvé que llegó a Jeremías, diciéndole: 2 Ponte a la puerta del templo y

pronuncia estas palabras y di: Oíd la palabra de Yahvé todos los de Judá que entráis

por estas puertas para adorar a Yahvé. 3 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios

de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y yo moraré con vosotros en

este lugar. 4 No pongáis vuestra confianza en palabras engañosas, diciendo: ¡Oh el

templo de Yahvé, el templo de Yahvé! ¡Éste es el templo de Yahvé! 5 Pues si mejoráis

vuestros caminos y acciones, si hacéis justicia entre unos y otros, 6 si no oprimís

al peregrino, al huérfano y a la viuda; si no vertéis en este lugar sangre inocente, si

no os vais tras de dioses extraños para vuestro mal, 7 entonces yo permaneceré con

vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres por los siglos de los siglos.

Yahvé ordena a Jeremías ponerse a la puerta del templo (v.1), seguramente la del atrio exterior,

que daba acceso al atrio interior, probablemente la “oriental,” en la que se congregaba más gente

para asistir a los sacrificios. Esta puerta se hallaba sobre las gradas que daban acceso al atrio interior;

así se concibe que Jeremías, en lo alto junto a la puerta, dominara a las gentes que se

aproximaban por la explanada circunstante: Oíd la palabra de Yahvé todos los de Judá que entráis

por estas puertas para adorar a Yahvé (v.2). El profeta exige atención en nombre del mismo

Dios al que van a adorar. Yahvé consiente morar con su pueblo en el supuesto de que se

cumplan sus preceptos. Los contemporáneos de Jeremías se creían al abrigo de todo peligro por

el hecho de la presencia sensible del templo en Jerusalén, morada de Yahvé. En consecuencia, su

Dios no podía permitir que la Ciudad Santa cayese en manos de sus enemigos, porque guardaba

el santuario de Yahvé. De ahí la jactanciosa exclamación: ¡Oh templo de Yahvé! (v.4), que parecía

resumir la confianza fetichista en el santuario material. Pero éstas eran palabras engañosas,

que daban pie para una falsa seguridad. En realidad, para que Dios more con ellos en Jerusalén

deben practicar las exigencias de la justicia social (v.6). Dios vela por los derechos de los

débiles y desheredados. Entre éstos estaba el peregrino o forastero, el huérfano y la viuda l. Sobre

todo debían abstenerse de violencias sangrientas: si no vertéis sangre inocente. Posible alusión

a los sacrificios cruentos de niños a Moloc o simplemente a los atropellos violentos que se

cometían contra los que predicaban el cumplimiento de los deberes. El profeta, pues, exige un

mínimum de un código moral para que Yahvé permanezca en la tierra que había dado a sus padres.

Contra la insinceridad religiosa (8-11).

8 He aquí que confiabais en palabras engañosas, que de nada sirven. 9 Pues ¿qué?

¡Robar, matar, adulterar, perjurar, quemar incienso a Baal e irse tras dioses ajenos

que no conocíais, 10 y venir luego a mi presencia en esta casa, en que se invoca mi

nombre, diciendo: Ya estamos salvos, 11 para luego hacer todas estas abominaciones!

¿Es acaso a vuestros ojos esta casa, donde se invoca mi nombre, una cueva de

bandidos? Mirad, también yo lo veo, oráculo de Yahvé.

De nuevo el profeta insiste en que es muy peligroso confiar en palabras engañosas (v.8). En realidad

no puede compaginarse ese culto meramente externo en la casa de Yahvé y entregarse a

todas las abominaciones (v.11), como son robar, matar. (v.8). Por tanto, es presuntuosa esa su1969

puesta seguridad, ya estamos salvos, (v.10), basada en un mero ritualismo externo. Esta actitud

es semejante a la de los salteadores, que se esconden en una gruta para ocultar el fruto de su rapiña:

¿Es acaso a vuestros ojos esta casa, donde se invoca mi nombre, una cueva de bandidos?

(v.11). Del mismo modo, los israelitas contemporáneos del profeta creían encubrir sus atropellos

refugiándose en el templo, dando de lado a sus deberes ético-religiosos y cubriéndose externamente

con prácticas de mero ritualismo cultualista 2. Esto es un insulto a la justicia divina, ya que

se busca la inmunidad de sus crímenes con pretextos religiosos3. Por eso Yahvé, en ese caso,

considera a su templo como profanado y, en consecuencia, desvinculado de El, de forma que ya

no se ve obligado a protegerlo. Se han empeñado en convertirlo en cueva de bandidos, y así aparece

a los ojos divinos: También yo lo veo; y obrará en consecuencia.

El templo de Silo y el de Jerusalén (12-15).

12 Id, pues, a mi lugar de Silo, donde al principio establecí mi nombre, y ved lo que

hice con él por las impiedades de mi pueblo Israel. 13 Pues ahora, por haber hecho

estas cosas — oráculo de Yahvé — y porque os amonesté a tiempo repetidas veces y

no me escuchasteis, os llamé y no respondisteis, 14 haré de esta casa en que se invoca

mi nombre, en que confiáis vosotros, y de este lugar que di a vosotros y a vuestros

padres, lo que hice de Silo; 15 y os arrojaré de mi presencia, como arrojé a vuestros

hermanos, a toda la progenie de Éfraím.

Dios quiere probarles por la historia que la confianza ciega en la presencia material del templo es

vana como defensa contra la invasión extranjera. El recuerdo de la liberación milagrosa de Jerusalén

de las tropas de Senaquerib un siglo antes (701) 4 había creado una falsa confianza, como si

Yahvé, el Dios nacional, se viera obligado a salvar la ciudad por estar necesitado de los sacrificios

y actos de culto del templo de Jerusalén. Esta concepción es totalmente gratuita y no está en

consonancia con los hechos de la historia. Por eso Yahvé, para traerlos a razón, les invita en este

oráculo a visitar las ruinas de Silo (v.12), centro en otro tiempo del culto a Yahvé, en la época de

los jueces y de Samuel 5. Silo es una localidad que está a unos 30 kilómetros al norte de Jerusalén,

la actual Seilun, y fue la capital religiosa de Israel, en sentido amplio — en tiempo del régimen

federal de las tribus — , después de la conquista de Canaán por Josué; allí se instaló durante

mucho tiempo el tabernáculo con el arca de la alianza, símbolo de la presencia de Yahvé en su

pueblo. Con la victoria de los filisteos, el arca fue capturada, y la ciudad de Silo destruida, siendo

llevado el tabernáculo a Nobe, junto a Jerusalén 6.

La historia, pues, demostraba que la simple presencia del tabernáculo — símbolo de la

presencia de Yahvé en su pueblo — no bastaba para garantizar la permanencia de la localidad en

que estaba establecido. Dios amenaza ahora hacer otro tanto con Jerusalén, y todo ello por las

transgresiones de sus habitantes a pesar de las amonestaciones divinas transmitidas por los profetas

(v.13-14). Judá, pues, sufrirá la suerte de la progenie de Éfraím (v.16), ya que han incurrido

en los mismos pecados que las tribus del Norte, entre las que destacaba Éfraím, el símbolo del

reino de Israel. En efecto, Samaría, capital del reino del Norte, fue tomada en 721, y sus habitantes

fueron llevados en cautividad; ésta será también la suerte de los habitantes de Jerusalén: os

arrojaré de mi presencia, como arrojé a vuestros hermanos (v.15).

Aberraciones idolátricas de los israelitas (16-20).

16 Y tú no me ruegues por este pueblo ni eleves por ellos clamor y súplica, no me

porfíes, porque no te oiré. 17 Porque ¿no ves lo que ellos hacen en las ciudades de

1970

Judá y en las plazas de Jerusalén? 18 Los hijos recogen la leña, los padres prenden el

fuego, y las mujeres amasan la harina para hacer tortas a la reina del cielo y libar a

los dioses extraños para ofenderme. 19 Pero ¿me ofenden a mí, oráculo de Yahvé?

¿No es más bien a ellos, para su vergüenza? 20 Por tanto, así dice el Señor Yahvé: He

aquí que mi ira y furor se derramarán sobre este lugar, sobre hombres y animales,

sobre arboledas y campos y sobre los frutos de la tierra, y arderán y no se extinguirán.

Una de las misiones principales de los profetas era interceder por su pueblo 7. Pero ahora Yahvé

quiere que Jeremías cese en sus súplicas: no niegues, (v.16), porque la obstinación de Judá ha

llegado a su colmo, y la justicia divina no puede tolerar más lo que hacen en las ciudades y plazas

(ν.17). En Ex 32:10 se dice a Moisés: “Deja que castigue a este pueblo.” El espectáculo de la

idolatría reinante es un desafío a la majestad divina, y, por tanto, merece su castigo. Ahora en

todas las plazas y ciudades se alzan altares a dioses extraños. Todos son cómplices en esta apostasía

general: los hijos recogen la leña. y las mujeres amasan la harina para hacer tortas a la

reina del cielo (v.18). Parece que el profeta alude aquí a cultos astrales, sobre todo al culto de

Astarté, la diosa de la fecundidad y reina del cielo, título que en efecto se aplica en la literatura

cuneiforme a Istar, identificada con el planeta Venus 8. Ya en tiempos de Manases este culto de

tipo asirio había entrado en Jerusalén 9. Con estas aberraciones ofenden a Yahvé, pero sobre todo

se llenan ellos mismos de vergüenza y confusión (V.19), pues la ira de Dios se derramara sobre

hombres y animales (v.20). Como toda la naturaleza fue asociada al culto idolátrico, será también

castigada en su totalidad 10.

Obediencia, no sacrificios (21-28).

21 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos a los

sacrificios y comed la carne. 22 Cuando yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue

de holocaustos y sacrificios de lo que les hablé y ordené, 23 sino que les di este mandato:

Oíd mi voz y seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y seguid los caminos

que yo os mando, y os irá bien. 24 Pero ellos no (me) escucharon, no (me) dieron

oídos, y siguieron sus consejos en la dureza de su mal corazón, y se pusieron detrás,

no delante de mí. 25 Desde el día que vuestros padres salieron de Egipto hasta hoy,

os he enviado a mis siervos, los profetas, día tras día sin cesar, 26 pero no me escucharon,

no me prestaron oído, y endurecieron su cerviz y obraron peor que sus padres.

27 Dirás todo esto, y no escucharán; los llamarás, y no te reprenderán. 28 Diles,

pues: Es una nación que no oye la voz de Yahvé, su Dios; que no acepta corrección;

ha perecido la fidelidad y ha desaparecido de su boca.

El profeta vuelve de nuevo a condenar el culto puramente formulista. Yahvé habla irónicamente:

Añadid vuestros holocaustos a los sacrificios y comed la carne (v.21), e.d., podéis comer todo lo

que sacrificáis, pues a mí no me interesa; esas ofrendas no son consideradas como sagradas por

Dios, si por ello le son indiferentes. En los holocaustos, la víctima se quemaba totalmente a

Yahvé, mientras que en los sacrificios pacíficos sólo se quemaban las partes grasas y entrañas de

la víctima a Yahvé n. Yahvé aquí renuncia a todo lo que le pueda pertenecer de ellas, porque esos

sacrificios no van acompañados de las debidas disposiciones de entrega del corazón, que es lo

que le interesa en los miembros del pueblo elegido. Porque, en realidad, la legislación relativa a

los holocaustos y sacrificios era muy secundaria en comparación con la obediencia a los manda1971

tos de Yahvé: Seguid los caminos que yo os mando (v.23). Esa doctrina está expresada de modo

antitético absoluto, en expresiones radicales que no han de tomarse al pie de la letra 12. Ya Oseas,

un siglo antes, había dicho: “piedad y no sacrificios, conocimiento de Yahvé más que holocaustos”

13. En este segundo hemistiquio se concreta y puntualiza el sentido radical contrapuesto del

primero: “piedad quiero y no sacrificios.” Así, la primera negación tiene un valor relativo, en

cuanto que lo que se quiere urgir es el “conocimiento de Yahvé” frente a lo más secundario, que

son los sacrificios. Del texto, pues, de Jeremías no puede deducirse que la legislación del Levítico

fuera posterior a Moisés y aun al profeta. Sabemos que en la predicación de Amos, Oseas e

Isaías — profetas anteriores en un siglo a Jeremías — aparecen mencionados estos sacrificios del

Levítico 14. Jeremías, pues, habla en sentido enfático e hiperbólico para hacer resaltar más su

idea sobre la inutilidad de los sacrificios como tales, si se prescinde de las disposiciones internas

del corazón a Yahvé. San Pablo emplea el mismo radicalismo de expresión en una cuestión paralela:

“Cristo no me mandó a bautizar, sino a predicar” 15; sin embargo, sabemos que bautizó a

varios. Lo que quiere destacar es que su misión de apóstol es ante todo la predicación. Del

mismo modo podemos decir respecto de la frase de Jeremías (“. no fue de holocaustos y de sacrificios

de lo que os hablé.”), que lo que quiere afirmar es que Yahvé, al hacer la alianza del Sinaí,

no insistió tanto en los ritos de sacrificios cuanto en la necesidad de que cumplieran los israelitas

su voluntad 16.

Duelo y desolación de Judá (29-34).

29 Córtate tu larga cabellera y tírala, y entona por las desoladas alturas una lamentación,

pues ha echado Yahvé de sí y repudiado a la generación que provocó su ira.

30 Pues hicieron los hijos de Judá la maldad ante mis ojos, oráculo de Yahvé. Han

instalado sus abominaciones en la casa en que se invoca mi nombre, profanándola. 31

Y edificaron los altos de Tofet, que está en el valle de Ben-Hinom para quemar allí

sus hijos y sus hijas, cosa que ni yo les mandé ni pasó siquiera por mi pensamiento.

32 Por eso he aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que no se le llamará

más Tofet y valle de Ben-Hinom, sino valle de la mortandad, y se enterrará en Tofet

por falta de lugar, 33 y los cadáveres de este pueblo serán pasto de las aves del cielo y

de las bestias de la tierra, sin que haya quien las espante. 34 Y haré que deje de oírse

en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén el son de los cantos de alegría y

de regocijo, los cantos del esposo y de la esposa, porque no habrá más que desolación

en esta tierra.

El profeta invita a Jerusalén — personificada en una doncella (la hija de mi pueblo) — a hacer

señales de luto, a cortarse la cabellera 17. Sión debe andar en duelo como una virgen, con los cabellos

rasurados, por las desnudas alturas (v.29) sobre las que se ha dado culto a los ídolos 18.

Quizá haya una alusión al rito de duelo que practicó la hija de Jefté antes de ser inmolada por su

padre 19. La razón del duelo o lamentación es porque Yahvé ha repudiado (v.29) a la generación

que provocó su ira, a los contemporáneos del profeta, cuyas transgresiones de la Ley llegaron a

su colmo; y el pecado máximo es la idolatría, pues por doquier se han instalado las abominaciones

(v.30), o ídolos astrales, desde los tiempos del rey Manases 20, que había seguido el ejemplo

de su abuelo Acaz, importador de cultos asirios 21. Su hijo Ezequías había purificado el templo

de estas abominaciones idolátricas 22, pero su hijo Manases volvió a introducirlas. En tiempo de

Jeremías, el rey Josías había purificado de nuevo el templo 23; pero bajo su hijo Joaquim se reanudaron

las infiltraciones idolátricas mesopotámicas. Estos ritos astrales iban acompañados de

1972

ritos infamantes, lo que constituía realmente una profanación de la majestad de Yahvé (ν.30). El

profeta menciona especialmente los cultos idolátricos en los altos de Tofet (ν.31), en la confluencia

del Cedrón y el valle de Ben-Hinom, más tarde llamado Gehenna24, al sur de Jerusalén. Era el

lugar donde se habían ofrecido sacrificios humanos a Moloc; por ello era objeto de aversión para

los judíos 25. Moloc parece ser una divinidad infernal, causante de las pestes y flagelos, a la que

se procuraba aplacar con víctimas inocentes. Es un dios de origen canaeo.

En la Biblia se cuenta con aversión cómo el rey Acaz quemó a su propio hijo, y después

Manases hizo lo mismo 26. Por eso las palabras de Jeremías aquí son muy realistas: para quemar

allí a sus hijos (ν.31), abominación que jamás Yahvé había prescrito. Y, en consecuencia, Dios

va a enviar un castigo terrible, de forma que aquel lugar será llamado valle de la mortandad

(v.32) o de la matanza que va a realizar. Ese lugar se convertirá en sitio de enterramiento general,

porque no habrá suficiente espacio para los cadáveres en los lugares habituales de enterramiento:

y se enterrará en Tofet por falta de lugar (v.33). Sabemos que el rey Sedecías huyó en 586 a.C.

por la puerta meridional de la ciudad — que da a Tofet — al entrar las tropas de Nabucodonosor,

y sin duda que en aquella zona debió de haber gran carnicería entre el pueblo que se agolpaba allí

al escaparse de los babilonios, que atacaban por el norte de la ciudad. La carnicería será tal que

los cadáveres. serán pasto de las aves del cielo (v.33). Quedar sin sepultura era el mayor baldón

y castigo, pues se creía que, mientras el cuerpo no fuera entregado a la tierra, el espíritu del difunto

debía andar vagando como fantasma por el mundo, sin hallar reposo 27. El profeta anuncia

ese terrorífico castigo, que traerá como consecuencia el duelo general, pues no se oirán cantos de

alegría (v.34) en Judá ni en Jerusalén, ni siquiera los tradicionales de las nupcias del esposo ;y

de la esposa, porque todo será desolación en la tierra.

1 Cf. Jer 5:28; Ex 22:21-24; Dt 10,8-18; 24:17; 27:19. — 2 Cf. Ex 21:13. — 3 Jesucristo parece aludir a este texto al echar a los vendedores

del templo; cf. Mt 21:13. Mc 11:17; Lc 19:46. — 4 Cf. Is 37:363. — 5 Cf. Jos 22:12; Jue 16:31; 1 Sam 1:3.9.24; Sal

78,60. — 6 1 Sam 5:1; 21:1. — 7 Cf. Jer7:11-14; 14:11-19s; Ez 13:5; 22:30. — 8 Cf. M. J. Lagrange, Les religions sémitiques

p.120. En los textos cuneiformes se llama a Istar sarrat same, que significa exactamente “reina de los cielos.” La palabra hebrea

que traducimos por “tortas” (Kawenim) es una transcripción dialectal del asirio Kamani o Ka-wani, que son precisamente los

grandes “panes” que se ofrecían a Istar. — 9 Cf. 2 Re 21:35; 2 Par 32:23. — 10 Cf. Jer 4:235; 5:25; Os 4:3; Miq 7:13. — 11 Cf.

Levc.1-3. — 12 Cf. Gen 29:30; Mal 1:2. — 13 Os 6:6. — 14 Cf. Am 5:22; Os 6:6; Is 1:11s. — 15 i Cor 1:17. — 16 Cf. Jer 11:4;

24:7; 30,22; 31:1s; Ez 11:20; 36:28; 37:23; Zac 2:11; 8:8. — 17 Cf. Jer 16:6; 48:37; Is 15:2; Miq 1:16. — 18 Cf. Jer 2:20; 3:2. —

19 Cf. Jue 11:37ss. — 20 Cf. 2 Re 21:5-7. — 21 Cf. 2 Re ló.ios. — 22 Cf. 2 Re 18:4; 21:4. — 23 Cf. 2 Re 23:43. — 24 De Ge-

Hinnom (“valle de Hinnom”). Hinnom debió de ser primero un nombre propio de persona que dio nombre a esa localidad, heredad

suya o de sus hijos (Ben-Hinnom). La expresión aítos de Tofet tiene aquí un sentido amplio, pues originariamente esos lugares de

culto estaban en las “alturas” o colinas, pero después quedó como sinónimo de “altares,” que podían estar en las depresiones o valles,

como en este caso. Sobre la localización de Tofet véase H. Vincent, Jérusalem t.1 (1912) p. 127. — 25 Cf. 2 Re21:8s. — 26

Cf, 2 Re 21:6. — 27 Cf. 2 Re 21:8s.

8. La suerte de los muertos.

Contumacia y falsa confianza en la ley.

Varios son los oráculos que integran este capítulo. Primeramente el autor continúa hablando de

la suerte de las víctimas de la gran matanza, pasando después a destacar la pertinacia de Israel en

su apostasía y rebelión, terminando con una diatriba contra los que confían indebidamente en la

Ley.

Exhumación de los huesos de los jefes de Judá (1.-3)

1 En aquel tiempo — oráculo de Yahvé — sacarán de sus sepulcros los huesos de los

reyes de Judá, los de sus príncipes y sacerdotes, los de los profetas y los de los habi1973

tantes de Jerusalén, 2 y los esparcirán al sol, a la luna y a toda la milicia celestial,

que ellos amaron, y a la que sirvieron, tras de la cual se fueron, y que consultaron y

adoraron; nadie los recogerá ni sepultará; serán como estiércol sobre la superficie

de la tierra. 3Cuantos restos de esta mala generación sobrevivan preferirán la muerte

a la vida en todos los lugares a que los arrojé, oráculo de Yahvé de los ejércitos.

La mortandad de que se habla en el capítulo anterior adquiere mayores caracteres de catástrofe

ahora, pues ni siquiera se pretende dejar tranquilos a los muertos, y por eso se les priva de sepultura,

de forma que no puedan llevar una vida tranquila en la región de los muertos o seol. Además,

en este pasaje concreto de Jeremías,el exponer los restos mortales de los reyes de Juda y sus

príncipes., (v.1) tiene un carácter irónico, ya que los huesos de éstos se exhibirán como ofrendas

al aire libre al sol, a la luna y a toda la milicia celeste (v.2), a los que en otro tiempo dieron culto.

De nada les servirán sus dioses astrales para librarlos de esta situación afrentosa de estar fuera

de sus sepulcros.

Pero los malvados que sobrevivan a la catástrofe no estarán en mejor condición que los

caídos, pues se verán condenados a una existencia miserable y desearán la muerte (v.5), porque

serán arrojados por Yahvé fuera de su patria, en situación de esclavos de los invasores.

Contumaz rebeldía de Israel (4-7).

4 Y les dirás: Así dice Yahvé: ¿Por ventura quien cae no hace por levantarse?

¿Quién se desvía no vuelve? 5 ¿Por qué, pues, la rebeldía de este pueblo, Jerusalén i,

y su aversión? Se ha aferrado a la mentira y rehusa convertirse. 6 Yo estoy atento y

escucho; no hay quien hable rectamente, nadie que se arrepienta de su maldad, diciendo:

¿Qué es lo que he hecho? Todos corren desenfrenadamente su carrera, como

caballo lanzado impetuosamente a la batalla, 7 La cigüeña en el cielo conoce su

estación; la tórtola, la golondrina y la grulla guardan los tiempos de sus migraciones,

pero mi pueblo no conoce el derecho de Yahvé!

La conducta de Israel es necia y sin sentido, más irracional que la de los mismos animales, pues

se obstina, contra todo buen sentido de conservación, en seguir los caminos que le conducen a la

perdición. Todo el que cae procura levantarse, y el que se desvía intenta rectificar su camino

volviendo sobre sus pasos (v.4). Pero Jerusalén, en su estulticia, no reconoce que está descarriada,

y está aferrada a sus desvaríos, a la rebeldía (v.5) y a la mentira. Por eso su situación es desesperada,

ya que no reconoce su situación: rehusa convertirse (v.5b). La situación de la sociedad

israelita es deprimente desde el punto de vista moral. El profeta, como centinela de su pueblo,

está atento a su conducta: yo estoy atento y escucho, (v.6), y ha llegado a una triste consecuencia:

el mal está tan generalizado que no hay quien hable rectamente ni reconozca su mala conducta

con un sincero arrepentimiento de su maldad. Nadie hace un acto de examen de conciencia, diciendo:

¿Qué he hecho? (v.6b). La falta de escrúpulos en materia de moral social hace que todos

corran sin miramientos apresuradamente, como caballo lanzado a la batalla (v.6c), tras su carrera,

negocios y placeres.

Esta conducta inconsciente y ciega de Israel, que no quiere reconocer lo que le conviene,

contrasta con los instintos de las aves, como la cigüeña, la golondrina., que se atienen a lo que

les conviene y guardan los tiempos de sus migraciones (v.7). Israel debía tener un instinto religioso,

formado por la experiencia de su historia, para saber dónde está lo que le conviene, que no

es otra cosa que vivir en torno a Yahvé, que le protege y le ayuda cuando le es fiel. El símil es

1974

paralelo al de Is 1:3: “conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no

tiene conocimiento.” En realidad, la obcecación del pueblo elegido no le permite conocer el derecho

de Yahvé, es decir, sus preceptos y exigencias, que deben regular la vida de Israel para que

éste sea feliz y prospere en todos sus caminos.

Falsa confianza en la Ley (8-13).

8¿Cómo os decís: Somos sabios y la Ley de Yahvé está con nosotros? Ciertamente la convirtieron

en mentira las mentirosas plumas de los escribas. 9Han sido confundidos los sabios,

avergonzados, cogidos. He aquí que desecharon la palabra de Yahvé; ¿qué sabiduría les

queda? 10 Por eso daré sus mujeres a extraños, sus campos a otros propietarios, porque,

desde el pequeño al grande, todos se llenaron de rapiñas; desde el profeta al sacerdote, todos

se dieron al fraude, 11y curaban las llagas de mi pueblo a la ligera, diciendo: “Paz, paz,”

cuando no había paz. 12 Serán confundidos, porque hicieron abominaciones y no se avergonzaron,

río conocen siquiera la vergüenza; por eso caerán con los caídos, al tiempo de la

cuenta tropezarán, dice Yahvé. 13Los aniquilaré — oráculo de Yahvé — ; no quedará racimo

en la viña ni higo en la higuera, y se marchitarán las hojas, y les daré (gentes) que los

trasladen 2.

La presunción hipócrita de los israelitas, que blasonan de la Ley de Yahvé, es un título más que

los hace dignos del castigo. Se creían que, cumpliendo la materialidad de la Ley en lo referente

al culto, se hallaban a salvo del castigo divino 3. La reforma de Josías había contribuido a que el

culto volviera a ser esplendoroso, y esto había creado un clima de falsa confianza. Los escribas,

o peritos de la Ley, habían contribuido a ello, dando sólo importancia a lo puramente externo y

cultual de la Ley: la convirtieron en mentira las plumas de los escribas (v.8b). Los escribas, en

la época anterior al exilio, eran los funcionarios de la corte y secretarios de los tribunales. Aquí

en Jeremías es sinónimo de dirigente del pueblo, responsable de la desorientación general, y, sobre

todo, de esa falsa confianza en el cumplimiento superficial de la Ley de Yahvé. La enseñanza

de la Ley pertenecía sobre todo a los sacerdotes y levitas 4; pero también los copistas de la Ley

fueron tomando parte en el adoctrinamiento del pueblo, terminando por ser los especialistas de la

Ley en la época rabínica inmediatamente anterior a Cristo. Algunos comentaristas quieren ver en

la frase la convirtieron (la Ley) en mentira las plumas de los escribas (v.8b) una alusión a su posición

frente a la reforma de Josías, basada en el “libro de la Ley” hallado por los sacerdotes en

el templo. Aquí, según éstos, les echaría en cara a los escribas que ellos habían falseado la Ley

verdadera de Dios, presentando una nueva como si fuera mosaica. Pero no hay ninguna insinuación

de que Jeremías se opusiera a dicha reforma de Josías. Lo que aquí dice es que falsean el

contenido de la Ley divina al exigir sólo lo accidental, haciendo creer al pueblo que con ello podía

estar tranquilo. La Ley no podía ser como un talismán mágico para evitar la ira divina, sin

obrar conforme a su espíritu, como tampoco la presencia del templo en la Ciudad Santa era

una garantía absoluta contra la destrucción de la misma 5.

Los hechos mostrarán que estas enseñanzas de los sabios o escribas no son verdaderas y

quedarán confundidos, avergonzados y tomados (v.8a). La palabra sabios aquí es irónica. Los

escribas, que se creían sabios, se convencerán que son ignorantes al desechar la palabra de Yahvé,

es decir, los oráculos de Jeremías, denunciando la falsa situación de confianza predicada por

ellos, y la verdadera Ley de Dios que es la sabiduría verdadera de Israel 6. Al falsear la Ley han

perdido dicha sabiduría (v.8). Han preferido sus puntos de vista humanos a las exigencias estrictas

y claras de la Ley, que eran la guía de su pueblo, y por eso han sido confundidos, al ver que a

1975

la hora de la prueba nada ha resultado conforme a sus enseñanzas presuntuosas de sabios.

Esto está clamando por la intervención de la justicia divina, que no puede tolerar más una

situación tan falsa: por eso daré sus mujeres a extraños. (v.10). Es la predicción de la invasión

enemiga y la derrota de los confiados israelitas. Y todo como consecuencia de la inmoralidad

general reinante: desde el pequeño al grande., etc. (v.10b). La frase es casi idéntica a 6:13-15,

donde parece tener su lugar propio. La clase dirigente (profetas falsos y sacerdotes) son los responsables

de este falso clima de seguridad: curaban las llagas de mi pueblo diciendo: “Paz,

paz” (v.11). En sus conveniencias de halagar al pueblo en sus caminos fáciles, les decían que no

había peligro de guerra, confiando en sus alianzas diplomáticas; pero la realidad es muy otra, y el

castigo llegará. Cuando llegue la hora del castigo divino, caerán con los caídos en la mortandad

general del valle de Ben-Hinnom, de que se hablaba en el capítulo anterior.

La ira divina desatada amenaza aniquilar al pueblo israelita, porque no encuentra nada de

bueno en él.7. Israel es presentado en la literatura profética como una viña que no da fruto, en

contra de las esperanzas de Yahvé 8. Es el caso de ahora: no queda racimo en la viña ni higo en

la higuera, y se marchitan las hojas (v.13a); por eso Yahvé los entregará a los enemigos: y los

daré a (gentes) que los trasladen en cautividad. Otros interpretan el versículo en el sentido de

que Yahvé anuncia una destrucción completa de Israel: no quedará racimo en la viña. Pero esto

parece en contradicción con la doctrina del “resto” salvado, que es común a Jeremías y a otros

profetas. Por otra parte, la alusión en la última frase a la deportación indica que no todos perecerán.

La invasión devastadora (14-17).

14 ¿Por qué nos estamos sentados? Reunios, vayamos a las ciudades amuralladas y

perezcamos allí, pues Yahvé, nuestro Dios, nos va a aniquilar, nos ha dado a beber

agua de adormideras por haber pecado contra EL 15 ¡Esperábamos la paz, y no ha

habido bien alguno; el tiempo de curación, y he aquí el pavor! 16 Ya se oye desde

Dan el relinchar de los caballos, Al estruendo de los relinchos de sus corceles, tiembla

la tierra toda. Ya vienen a devorar la tierra y cuanto hay en ella, la ciudad y

cuantos la habitan. 17Pues he aquí que voy a enviar contra vosotros serpientes, víboras,

contra las que no hay conjuro posible, y os morderán, oráculo de Yahvé.

Ahora el pueblo se percata de la inminencia de la invasión devastadora y, por instinto de conservación,

quiere huir a las ciudades amuralladas. Cree que estar en la campiña resulta suicida:

¿por qué nos estamos sentados? (v.14). Esa actitud pasiva de expectación, sin decidirse a la huida,

es comprometedora; por eso se animan mutuamente: reunios, vayamos a las ciudades amuralladas;

aunque tienen la convicción de que no hacen sino retardar la hora de la muerte: perezcamos

allí. Están convencidos de que aun las ciudades amuralladas nada pueden hacer contra los

invasores, pues éstos son instrumentos de la justicia divina: pues Yahvé nos va a aniquilar

(v.14b). El ejército invasor es tan mortal como el agua de adormilares que ahora, por decisión

divina, se ven obligados a beber. Todas las falsas esperanzas anunciadas por los falsos profetas

relativas a la “paz” han resultado fallidas: ¡Esperábamos la paz, y no ha habido bien alguno!

(v.16). Creían que todo se iba a arreglar bien (el tiempo de la curación, v.15), conforme a los

arreglos políticos que predicaban, y el resultado ha sido la catástrofe y el pavor, como consecuencia

de la invasión 9. Llegan los ecos de la incursión del ejército enemigo por el norte: ya se

oye desde Dan el relinchar de los caballos (v.16a). Como consecuencia, tiembla la tierra toda,

es decir, la Palestina invadida.

1976

Los invasores son tan perniciosos como serpientes venenosas (ν.17a), contra las que no

hay remedio. A las serpientes se las puede hacer frente con conjuros mágicos (probable alusión a

Núm 2:6), pero al ejército babilonio no hay medio de salirle al paso en su avance arrollador: contra

los que no hay conjuro posible (ν.17b); por eso irremisiblemente sufrirán sus exacciones: os

morderán.

Profundo pesar del profeta por la suerte de su pueblo (18-23).

18 Mi mal es sin remedio 10, mi corazón desfallece. 19He aquí el grito de angustia de

la hija de mi pueblo desde lejana tierra. ¿No estaba por ventura en Sión Yahvé? ¿No

estaba en ella su rey? ¿Por qué, pues, provocaron mi ira con sus ídolos, con dioses

extraños? 20 Pasó la siega, se concluyó el otoño, y no hemos sido salvados. 21 Estoy

quebrantado por el quebranto de la hija de mi pueblo, estoy cubierto de luto, se ha

apoderado de mí el espanto. 22¿Por ventura no había bálsamo en Galaad ni había

médicos allí? ¿Cómo, pues, no surgió la curación de la hija de mi pueblo? 23 ¡Quién

me diera que mi cabeza se hiciera agua, y mis ojos fuentes de lágrimas, para llorar

día y noche las llagas de la hija de mi pueblo!

En este fragmento se cambian constantemente los interlocutores. No está claro si las frases han

de atribuirse directamente a Dios, al profeta y aun al pueblo. La frase del v.18 puede muy bien

ser una continuación de la confesión hecha por el pueblo anteriormente y continuada aquí. La

situación es desesperada: Mi mal es sin remedio (v.18). Pero puede también entenderse como

introducción a la frase siguiente, proferida por Jeremías en nombre de Yahvé: mi corazón desfallece.

el grito de la hija de mi pueblo (v. 19). El profeta asiste en espíritu a la tragedia de su pueblo,

errabundo en el exilio después de la caída de Jerusalén, dando gritos de angustia desde lejana

tierra (v.19a). La expresión hija de mi pueblo, aplicada a Jerusalén y Judá, tiene un tono afectivo

de ternura. El profeta o el pueblo no pueden hacerse a la idea de esta tragedia, pues todavía

está en Jerusalén su rey Yahvé: ¿No estaba por ventura en Sión Yahvé., su rey? (v.16b). La presencia

de Yahvé en su templo de Sión era como una garantía de la permanencia de su pueblo.

Los deportados parecen estupefactos por lo que les ha pasado: ¿No estaba por ventura en

Sión Yahvé? La respuesta de Yahvé da la explicación de lo sucedido: ¿Por qué provocaron mi

ira con sus ídolos? (V.19C).

Sigue hablando el pueblo o el profeta en su nombre. El tiempo va pasando, sin que llegue

la hora de la salvación: pasó la siega, se concluyó el otoño, y no hemos sido salvados (v.20). La

frase parece tener un aire de proverbio, para indicar las distintas fases de una esperanza fallida.

Los agricultores, cuando la siega de los cereales ha sido deficiente, esperan compensar el contratiempo

con una buena cosecha de frutos en otoño, y viven con esta esperanza. Así, los israelitas

exilados han esperado en varias ocasiones la intervención salvadora de Dios, pero no ha llegado:

no hemos sido salvados. Por ello, la decepción ha sido total.

El profeta siente más que nadie esta situación de angustia de su pueblo, y sabe el futuro

que les espera en el destierro babilónico: estoy quebrantado por el quebranto de la hija de mi

pueblo (v.21).

La herida que sufre Judá (la hija de mi pueblo) es tan profunda, que no bastan los remedios

ordinarios para curarla: ¿No había bálsamo en Galaad ni médicos? (v.22). Galaad era famosa

por sus bálsamos, que se empleaban para todas las epidemias n. La frase bálsamos de Galaad

tiene, pues, aire de proverbio: las mejores medicinas, como las hechas con bálsamos de Galaad,

eran insuficientes para curar a Sión, porque el castigo viene de Yahvé directamente. Por tanto, no

1977

era posible la curación de la hija de mi pueblo. La frase del profeta tiene un sentido irónico: los

remedios que han querido poner a las desgracias de Jerusalén han sido inútiles. Todas las alianzas

políticas con otras naciones no han servido para salvarla de la catástrofe.

Después de poner el dedo en la llaga fustigando la conducta de Israel, el profeta abre su

corazón herido y muestra el profundo pesar que le causa la tragedia que viene sobre su pueblo.

¡Quién me diera que mi cabeza se hiciera agua, y mis ojos fuentes de lagrimas! (v.23). La vida

de Jeremías ha sido un continuo duelo por la suerte de su pueblo. Por eso, muchos Padres han

considerado al profeta de Anatot como el tipo de Jesús llorando por la Ciudad Santa 12.

9. Deslealtad y Apostasía general.

Después cíe anunciar el castigo, el profeta vuelve de nuevo, con su estilo incisivo, a fustigar los

vicios y excesos reinantes en la sociedad de su tiempo: fraude y deslealtad para con el prójimo;

apostasía idolátrica, con abandono de Yahvé.

Denuncia de la corrupción moral reinante en la sociedad (1/2-8/9).

1/2 ¡Ojalá tuviera en el desierto un albergue de caminantes! Y dejaría a mi pueblo y

me iría lejos de ellos, pues todos son adúlteros, gavilla de ladrones. 2/3 Tensan su

lengua como un arco; la mentira y no la fidelidad predominan en la tierra, Pues

caminan de iniquidad en iniquidad, y a mí no me conocen — oráculo de Yahvé — .

3/4 Guárdese cada uno de su prójimo y nadie confíe en su hermano, pues todos los

hermanos engañan siempre, todos los amigos calumnian. 4/5Cada uno se burla de su

prójimo, no habla verdad. Se han avezado sus lenguas a mentir, se han cansado de

obrar mal. 5/6 Fraude sobre fraude, engaño sobre engaño 13, rehusan conocerme,

oráculo de Yahvé. 7/8 Por eso así dice Yahvé de los ejércitos: He aquí que los fundiré

en el crisol y los probaré, ¿pues que otra cosa voy hacer ante la hija de mi pueblo ?

8/9 Sus lenguas son saetas mortíferas, las palabras de su boca son dolo. “Paz,” dicen

a su prójimo, y tienden la insidia en su corazón.

A Jeremías la vida se le hace insoportable en medio de un pueblo desleal y falaz. Todos son engaños

y fraudes en sus relaciones sociales. Quisiera poder aislarse de esta sociedad corrompida y

retirarse a la soledad del desierto: ¡ojala tuviera en el desierto un albergue de caminantes!

(v.1/2). Aunque los albergues de caminantes en las rutas caravaneras del desierto (los khans o

caravanserrallos) no eran apetecibles por su falta de comodidad, y por el barullo y confusión que

en ellos reinaba, sin embargo, Jeremías los considera preferibles a vivir en un ambiente de deslealtad

y mentira: todos son adúlteros, gavilla de ladrones (v.1/2c). Son engañosos y fraudulentos,

que tensan su lengua como un arco (v.2/3), lanzando calumnias como saetas envenenadas 14.

No hay confianza mutua, predominando la mentira. Todo este estado de iniquidad es consecuencia

de la falta de conocimiento de Yahvé y de sus preceptos. No le reconocen como Señor, y por

eso cruje la sociedad en sus bases morales: no me conocen (v.2/3). Es tal el estado de desconfianza

social, que el profeta invita a sus compatriotas a no entregarse ingenuamente a los más

allegados: guárdese cada uno de su prójimo, y nadie confíe en su hermano (v.3/4) 15.

Yahvé no puede soportar esta situación y quiere hacer intervenir su justicia, enviándoles

la tribulación y la angustia para probarlos: los fundiré en el crisol y los probaré (ν.7/8) 16. No

cabe otra solución, en bien de Jerusalén, que castigarla (v.7/8). De nuevo recalca el carácter do1978

loso de sus compatriotas: sus lenguas son saetas mortíferas. “Paz,” dicen a su prójimo, y tienden

la insidia en su corazón (v.8/9). La palabra de saludo paz, que decían al encontrarse (salom, en

hebreo, que se repite aún hoy día en la conversación), es un engaño, ya que los corazones están

distanciados y tramando interiormente insidias para aprovecharse de su prójimo.

La venganza de Yahvé (8/9-10/11).

8/9 ¿No habré de pediros cuentas de todo esto? oráculo de Yahvé. ¿De un pueblo como

éste no he de tomar yo venganza? 9/10 Llorad y gemid sobre los montes, lamentaos

por los pastizales del desierto, porque están desolados, no hay quien pase por

ellos ni se oye el balar de los rebaños. Desde las aves del cielo hasta las bestias, todos

huyeron y se fueron. 10/11 y de Jerusalén haré un montón de ruinas, cubil de chacales;

y de las ciudades de Judá, desolación, donde no habitará nadie.

La justicia divina tiene sus exigencias y no puede tolerar más este estado de cosas: ¿no habré de

pediros cuenta de esto? (v.8-9). El callar equivale a consentir, y es necesaria la venganza de Dios

para escarmiento general, y Dios mismo invita a un duelo general por la desolación del país como

consecuencia de su intervención justiciera: llorad. sobre los montes (V.9-10). Los montes,

que antes estaban cubiertos de arboleda, van a ser desolados. Probablemente se alude aquí también

a los montes como lugar de jolgorio con ocasión de los ritos idolátricos allí practicados 17.

La alegría se va a convertir en luto. También los pastizales del desierto, altamente estimados

como oasis raros, desaparecerán, y se invita a hacer duelo por ellos 18, pues no se va a oír más el

alegre balar de los rebaños (v.9-10b). La desolación es completa, y todo signo de vida desaparecerá:

desde las aves del cielo hasta las bestias huyeron (V.9-10C).

Esta suerte de la campiña estará reservada también a la capital, Jerusalén. En ella, los

chacales harán su morada 19. Este símil es corriente en la literatura profética 20. Nada más triste,

pues, que una ciudad arruinada, en la que sólo se oyen los aullidos de los chacales, únicos moradores

entre los escondrijos formados por las ruinas. Así quedará Jerusalén después de su destrucción

por los soldados de Nabucodonosor 21.

La apostasía general, causa de la ruina (11/12-15/16).

11/12 ¿Quién será el hombre sabio que entienda esto, al cual pueda dirigirse la palabra

de la boca de Yahvé, i y haga saber la causa por que pereció la tierra, que ha sido

asolada como desierto, sin que nadie pase (por ella)? 12/13 Y dijo Yahvé: Porque

han abandonado la ley que les di y no han escuchado mi voz ni procedieron según

ella, 13/14 sino que, según la pertinacia de su corazón, se fueron tras los baales, como

les enseñaron sus padres. 14/15 Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel:

He aquí que daré de comer a este pueblo ajenjo, y le daré a beber agua de adormilares,

15/16 y los dispersaré por entre las gentes que no conocieron ni ellos ni sus padres,

y haré que los persiga la espada hasta consumirlos.

El profeta quiere explicar a su pueblo la razón profunda de la ruina, y busca personas inteligentes

que comprendan la lección teológica del castigo para que la transmitan al pueblo: ¿Quién será el

sabio que entienda esto. y haga saber la causa por que pereció la tierra? (v.10-11). En Dt

11:26-28; 28:1, se dice que, si el pueblo no era fiel a la promesa cumpliendo su Ley, sufriría los

castigos de Dios. Es justamente lo que ha ocurrido, pues se fueron tras los baales (v.12-13) en

una apostasía insultante. Consecuencia inexorable será el castigo y la amargura: Daré de comer

1979

ajenjo. El ajenjo, por su sabor amargo, es símbolo de la amargura y la tribulación 22. El agua de

adormilares era considerada como fuertemente venenosa 23. Aquí ambos símiles se refieren a la

tribulación que espera a los habitantes de Judá por su idolatría. La suerte de ellos será la dispersión

y la muerte por la espada 24. Los que no caigan muertos a manos de los soldados babilónicos

serán llevados en cautividad entre gente que no conocieron ni sus padres (v. 15-16).

La mortandad general (16/17-21/22).

16/17 Así dice Yahvé de los ejércitos: Atended, llamad a las plañideras, que vengan;

enviad por las hábiles y vengan, 17/18 que se apresuren y eleven sobre nosotros lamentaciones,

y descienda de nuestros ojos el llanto, y manen agua nuestros párpados,

18/19 porque de Sión se oyen voces y lamentos. Cómo hemos sido destruidos y

avergonzados sobremanera! Porque nos echan de la tierra, nos arrojan de nuestras

moradas. 19/20 Porque oíd, mujeres, la palabra de Yahvé, y perciban vuestros oídos

la palabra de su boca, para que enseñéis a vuestras hijas a lamentarse y enseñen

unas a otras endechas, 20/21 Pues la muerte ha subido por nuestras ventanas y penetró

en nuestras moradas, acabó con los niños en las calles, con los mancebos en las

plazas. 21/22 Habla así: Oráculo de Yahvé: Los cadáveres de los hombres yacen como

estiércol sobre el campo, como queda tras el segador el manojo, sin haber quien lo

recoja.

La catástrofe es tan inminente, que Yahvé invita a que vengan las plañideras de oficio a solemnizar

el duelo (v. 16-17). El profeta une su suerte a la del pueblo: que eleven sobre nosotros lamentaciones

(v.17-18). Sión ha sido destruida, y sus habitantes tienen que abandonar su tierra y

sus moradas (v. 18-19) hacia regiones extrañas. La catástrofe debe quedar como proverbial, y su

luto debe repetirse de generación en generación: Oíd, mujeres., para que enseñéis a vuestras

hijas a lamentarse (v. 19-20). La mortandad es general, y es inútil querer recogerse en casa para

evitarla, porque la muerte ha subido por nuestras ventanas (v.20-21). Ni los de corta edad están

libres de la fatal suerte: acabó con los niños en las calles (v.20-21b). El espectáculo es desolador,

pues por doquier hay cadáveres., que yacen como estiércol sobre el campo (v.21-22). No

hay quien se preocupe de darles sepultura piadosa; son como el manojo que queda tras el segador,

sin haber quien lo recoja. Ha pasado el ejército invasor, y no quedan sino ruinas humeantes

y vidas tronchadas en flor.

El conocimiento de Yahvé, base de la sabiduría (22/23-23/24).

22/23 Así dice Yahvé: Que no se gloríe el sabio en su sabiduría, que no se gloríe el

fuerte de su fortaleza, que no se gloríe el rico de su riqueza. 23/24 El que se gloríe, gloríese

en esto: en ser inteligente y conocerme a mí, pues yo soy Yahvé, que hago misericordia,

derecho y justicia sobre la tierra, pues en esto es en lo que yo me complazco,

oráculo de Yahvé.

Este fragmento es de estilo sapiencial, y puede ser un bloque errático incorporado aquí por el

mismo profeta o el redactor posterior. Las ideas expresadas en él pueden acomodarse a todas las

situaciones. La catástrofe de Judá ha ocurrido por haber abandonado a Yahvé y sus preceptos y

por creer las clases dirigentes que podían por sí mismos encaminar a su pueblo por nuevos derroteros

políticos. Dios sólo quiere que confíen en El como condición para ofrecerles su protección.

Se han empeñado en querer gobernarse sin El, confiando en sí mismos y sus supuestos aliados, y

1980

ahora deben reconocer que les han fallado los cálculos: que no se gloríe el sabio en su sabiduría,.

ni el fuerte., ni el rico (v.22-23). Dios puede desbaratar los planes de éstos en un momento.

Si el hombre ha de gloriarse en algo, es en ser inteligente y conocer a Yahvé (v.23-24), pues la

verdadera sabiduría está en conocer a Dios en el sentido práctico, conformando la vida a los preceptos

de su Ley 25. Sólo Dios puede hacer misericordia y reconciliar a los descarriados, y sólo

El puede establecer un ambiente de derecho y justicia sobre la tierra (v.23-24b).

Juicio sobre todos los pueblos (24/25-25/26).

24/25 He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo pediré cuenta a todos,

circuncisos e incircuncisos. 25/26 A Egipto, a Judá, a Edom, a los hijos de Ammón,

a Moab, a los que se rapan las sienes y habitan el desierto, pues todos estos

pueblos son incircuncisos; pero todo Israel es incircunciso de corazón.

Este fragmento aislado parece incluido aquí por un redactor posterior, sin que esto quiera decir

que no sea de Jeremías. -Los discursos del profeta tuvieron lugar en múltiples ocasiones. Pero su

ilación lógica en el libro a él atribuido depende muchas veces de la mayor o menor pericia del

copiador posterior. En estos versículos se anuncia el castigo general tanto sobre el pueblo elegido

como sobre las naciones circunvecinas, que han contribuido a que Israel y Judá se separaran del

buen camino con sus infiltraciones idolátricas y políticas. La diplomacia humana jugó gran papel

en el desastre definitivo del pueblo de Dios. Los profetas siempre se opusieron a las alianzas políticas

de Israel y Judá con otros pueblos, enfocando los problemas desde un punto de vista puramente

religioso. Israel era una teocracia bajo la inmediata protección de Yahvé, que lo creó

como colectividad nacional, y por tanto no necesitaba de medios humanos extraños para subsistir.

La Providencia divina era la encargada de velar directamente por los intereses del pueblo elegido.

El castigo alcanzará a todos. La expresión vienen días suele tener un alcance mesiánico

en la literatura profética. Aquí parece se alude al juicio purificador de Yahvé sobre su pueblo y

las demás naciones circunvecinas. Yahvé pedirá cuenta a los circuncisos e incircuncisos 26. La

frase se aplica a Israel y a las otras naciones fuera de la alianza, cuyo signo externo era la circuncisión.

No obstante, la mayor parte, si no todas las naciones aquí mencionadas, practicaban dicho

rito. Los profetas, al hablar de “circuncisos” o “prepucio,” lo entienden en sentido moral de incircuncisión

del corazón27.

Bajo el reino de Joaquim (609-598), la corte de Jerusalén buscaba la alianza de las naciones

vecinas, como Egipto, Moab, Ammón, etc., para hacer frente a la prevista invasión de Nabucodonosor.

Por eso quizá este fragmento sea de esta época, y entonces formaría parte de las profecías

contra las naciones, que estudiaremos más tarde. Los que se rapan las sienes son los árabes.

Esta práctica de rasurarse la cabeza por delante en forma de círculo aparece atestiguada en

Herodoto y Flavio Josefo. Esto estaba prohibido a los israelitas, pues parece tenía un carácter

idolátrico de adoración al sol 28. Todos estos pueblos son despreciados como incircuncisos (v.25-

26), es decir, ajenos a las promesas de Israel; pero los israelitas, a pesar de ser el pueblo elegido

con el signo de la circuncisión, instituido por el mismo Dios, son en realidad ajenos a las promesas

divinas por ser incircuncisos de corazón, es decir, rebeldes y materializados en sus costumbres,

insensibilizados para lo religioso.

1 Jerusalén falta en el texto griego. — 2 Esta última frase falta en los LXX, y es traducida de diverso modo. Con un ligero cambio de

consonante se pudiera traducir: “pero les daré según su producto” o merecido, lo que se adaptaría bien al contexto. — 3 Cf. Jer

1981

6:20. — 4 Cf. Lev 10:11; Dt 33:10; 2 Par 17:7; Jer 2:8; 18:8; Os 4:5. — 5 Cf. Jer 7:4-21. — 6 Cf. Dt 4:6. — 7 El texto no está claro, pues

la palabra que traducimos por aniquilaré puede significar “reuniré*. — 8 Cf. Jer 5:10; 6:9; Is 5:1-7, Miq 7:1. — 9 Cf. Jer 4:10;

5:12; 6:14. — 10 El texto está oscuro. Seguimos en la traducción a los LXX. La Bible de Jérusalem traduce: “el dolor me invade.”

Pirot-Clamer: “sin que haya remedio.” — 11 Cf. Gen 37:25; 43:11; Ez 27:17; Jer 34:11; 51:8. — 12 Cf. Le 19:41. Este v.23 del

TM en los LXX y Vg aparece como el v.i del c.g. — 13 En la traducción hemos seguido a los LXX, con la Bible de Jérusalem. Pirot-

Clamer: “violencia sobre violencia.” El texto hebreo dice: “tu habitación en medio del engaño.” Cantera : “Su morada está en

medio de la perfidia engañadora.” — 14 Cf. Sal 64:4- — 15 Cf. Miq 2:4-5. Es interesante notar que la palabra hebrea correspondiente

a engañar es la raíz que forma parte del nombre de Jacob ('aqab). Probablemente se aluda aquí al engaño” que Jacob hizo a

su hermano Esaú (Gen 27:26; Os 12:4). Los israelitas se gloriaban de ser descendientes de Jacob, pero en realidad sólo le imitan

en lo malo, en el “engaño” de que hizo víctima a su hermano. — 16 Cf. Is 48:10; Ez 22:20; Zac 13:9; Mal 3:2. — 17 Cf. Jer3:23.

— 18 Cf. Am 1:2. — 19 Cf. Job 30,29; Miq 1:8. — 20 Cf. Is. 14:23. — 21 Cf. Neh4:2. — 22 Cf. Jer 23:15; Lam 3:19; Am 5:7;

6:13; Prov 5:4. — 23 Cf. Jer 8:4; Dt 29:18. — 24 Cf. Jer 5:19; Dt 4:27; 28,64; Lev 26:33; Jer 42:17; Am 9:4; Ez 5:2-12. — 25 Cf.

Is 1:1; Jer 4:22; 5:5; 8,7; 9:2. — 26 El texto hebreo dice literalmente “circuncisos en el prepucio.” La frase, aparentemente contradictoria,

parece aludir a la contraposición entre el carácter externo de circuncisos y la actitud de incircuncisos de corazón. — 27

Cf. Jer 4:4. Según Herodoto (II 37), los egipcios practicaban la circuncisión por razones higiénicas. Lo mismo dice de los fenicios,

cananeos, edomitas, moabitas, amonitas y hebreos. Para los israelitas, los “incircuncisos” por antonomasia eran los filisteos de filiación

no semítica. Sólo los asiro-babilónicos no la practicaban. Cf. Lagrange, Études sur les re-ligions sémitiques s.242-246. Según

Flavio Josefo, los idumeos fueron obligados a practicar la circuncisión bajo Juan Hircano (135-105 a.C.). — 28 Cf. Herodoto,

III 8; Flavio Josefo, Contra Apion. 22; cf. Lev 19:27.

10. Inanidad de los Ídolos.

El Exilio.

Este capítulo es bastante heterogéneo por su contenido. Primero se dan unos consejos a los desterrados

para que no se dejen llevar por el culto de los ídolos, que son nada y vanidad, mientras

que sólo Yahvé es grande y poderoso. Después viene un fragmento conminatorio anunciando el

destierro, con una lamentación sobre la futura ruina del pueblo, prevista por el profeta. Finalmente,

se inserta una oración a Yahvé para que modere su rigor para con el pueblo pecador y descargue

su ira sobre las naciones paganas que afligieron a Israel.

Inanidad de los ídolos (1-5).

1 Oíd, casa de Israel, lo que os dice Yahvé. 2 Así dice Yahvé: No os acostumbréis a

los caminos de las gentes, no temáis los signos celestes,pues son los gentiles los que

temen de ellos, 3pues los estatutos de esos pueblos son vanidad; leños cortados en el

bosque, obra de las manos del artífice con la azuela, 4se decoran con plata y oro, y

los sujetan a martillazos con clavos para que no se muevan. 5Son como espantajos de

melonar, y no hablan; I hay que llevarlos, porque no andan; no les tengáis miedo,

pues no pueden haceros mal, ni tampoco bien.

El fragmento tiene un carácter apologético y parece dirigido a los israelitas, que vivían entre gentiles

con peligro de imitar sus cultos idolátricos. En concreto, en Babilonia, las grandes procesiones

y ostentosos ritos externos eran ocasión de admiración y atracción para gentes de una mentalidad

sencilla que se dejaban fascinar por las apariencias. Sobre todo les previene contra los cultos

astrales y supersticiones astrológicas, que estaban muy de moda en Mesopotamia.

El profeta se dirige enfáticamente a la casa de Israel. Su preocupación se extiende a todos

los israelitas, que están en peligro de ser fascinados por los pomposos cultos idolátricos. Les

previene contra los caminos de las gentes, es decir, sus creencias y conducta, totalmente ajena a

la tradición de Israel. Los signos celestes (v.2) eran los meteoros, eclipses y demás fenómenos

extraordinarios siderales, cuya aparición daba ocasión a cabalas sobre el futuro de los pueblos.

En Babilonia la astrología estaba en todo su apogeo, y sus cultivadores eran los árbitros de la sociedad,

pues desde los cortesanos hasta las gentes sencillas acudían a ellos para resolver sus pro1982

blemas particulares. Además, la vida política y militar de la misma nación dependía de ese lenguaje

misterioso del mundo astral, cuyo sentido sólo captaban los magos y astrólogos. Los fenómenos

siderales eran expresión de la voluntad de las divinidades, y por eso era muy importante

conocer esta “escritura del cielo.” Los presagios buenos o malos dependían de determinadas apariciones

o conjunciones de los astros. Si el presagio que daba el astrólogo era malo, entonces el

interesado procuraba aplacar a los dioses con encantos mágicos. De este modo, el pueblo vivía

siempre en tensión, auscultando los signos celestes. En la política, la marcha de la nación dependía

de ellos también, pues si se daban ciertos signos, se podía o no declarar la guerra, iniciar determinadas

obras, etc. 1 El profeta declara a sus compatriotas que nada deben temer de esto, pues

Yahvé está por encima de todo el curso de los astros. Los astros, pues, no tienen ninguna virtud

especial benéfica o maléfica en sí mismos, sino que sólo Yahvé es al que hay que temer y suplicar

2.

Todas esas creencias de los paganos no tienen consistencia: los estatutos de los pueblos

son vanidad (ν.3). Aquí estatutos es sinónimo de doctrina (v.8) y caminos (v.2). Por tanto, no

deben preocupar a los israelitas, que tienen otros estatutos o creencias más sólidos, pues saben

que Yahvé es omnipotente. Y para probar esto les recuerda que las imágenes de los ídolos son

leños cortados del bosque.

En Is 44:12 encontramos una apreciación irónica semejante. Y en Bar 6:7, la “carta de Jeremías”

se expresa en el mismo sentido. Es un género literario apologético que se había generalizado.

El desprecio culmina en la frase son como espantajos de melonar, que no tienen otro fin

que ahuyentar los pájaros. También con fuerte ironía alude a las procesiones solemnes, en que

los ídolos eran transportados a hombros: hay que llevarlos, no andan (v.5). En la legislación mosaica

se prohibía toda representación sensible de Yahvé para evitar que el pueblo se formara un

concepto material y grosero de El.

Grandeza de Yahvé y nulidad de los ídolos (6-16).

6 No hay semejante a ti, oh Yahvé! tú eres grande, y grande y poderoso es tu nombre.

7 ¿Quién no te temerá, Rey de las naciones? Pues a ti se te debe el temor, y no

hay entre todos los sabios y en todos sus reinos nadie como tú. 8Todos a uno son estúpidos

y necios, doctrina de vanidades, (son) un leño3; 9plata laminada venida de

Tarsis, oro de Ofir4, obra de escultor y de orfebre, vestida de púrpura y jacinto;

obra de diestros (artífices) son ellos. 10Pero Yahvé es verdadero Dios, el Dios vivo y

Rey eterno. Si El se aira, tiembla la tierra, y todas las naciones son impotentes ante

su cólera. 11 Así, pues, habéis de decirles: Dioses que no han hecho ni los cielos ni la

tierra, desaparecerán de la tierra y de debajo de los cielos. 12 El con su poder ha

hecho la tierra, con su sabiduría cimentó el orbe y con su inteligencia tendió los cielos.

13A su voz se congregan las aguas en el cielo; El hace subir las nubes desde los

confines de la tierra, convierte los rayos en lluvia y saca los vientos de sus escondrijos.

14Embrutecióse el hombre sin conocimiento; todo orífice se avergüenza de su

ídolo, porque es mentira su estatua fundida i y no hay aliento en ellos, 15son nada,

obra ridícula. En el tiempo de su castigo perecerán. 16 No es ésta la herencia de Jacob,

pues El es el Hacedor de todo, e Israel es su tribu hereditaria; su nombre es

Yahvé de los ejércitos.

Los v.6-7 faltan en el texto griego, y parecen ser una glosa. Son un canto a la grandeza de Yahvé

de estilo salmódico. Se le llama Rey de las naciones (ν.7) en cuanto que domina también sobre

1983

los otros pueblos. El monoteísmo estricto sobresale en las enseñanzas proféticas 5. Los sabios de

las naciones idolátricas, que enseñan el culto a ídolos sin consistencia, no son nada en comparación

con Yahvé y sus leyes. Enseñan doctrina de vanidades, es decir, predican la adoración de

ídolos vanos, que no son más que un leño. Plata de Tarsis: generalmente se identifica con la

Tartessos de los romanos, en España, en la desembocadura del Guadalquivir, cercana a Huel-va6.

Oro de Ofir: localidad en la Arabia meridional o en Etiopía (Punt). Sabemos que los egipcios

explotaban minas de oro en esta zona. Salomón traía oro de estas partes orientales del mar Rojo

7. El v.10 parece ser una respuesta a los que creían en las señales celestes (v.2). No se ha de temer

a supuestas fuerzas misteriosas de los astros, pues sólo Yahvé es el verdadero Dios, el Dios

vivo (v.10), que rige todo el universo, ante quien tiembla la tierra. El ν. 11 en prosa tiene todos

los visos de glosa aramea aclaratoria, pues interrumpe el ritmo. Es considerada como una fórmula

imprecatoria, que sería usada por los exilados para expresar el deseo de que desaparecieran los

ídolos: dioses que no han hecho ni los cielos.,., desaparecerán (ν. 11). En realidad es Yahvé el

que permanecerá, porque El cimentó el orbe (v.12). En la mentalidad hebraica, el mundo estaba

asentado sobre unas columnas que se hundían en el gran abismo 8. También los cielos eran concebidos

como una masa sólida o bóveda que separaba la parte superior, en la que estaba el trono

de Dios y los ángeles, y la parte inferior, donde revoloteaban los pájaros: tendió los cielos (v.12).

Las aguas en el cielo (ν.13) son las que están sobre el firmamento, que Dios deja caer cuando

abre las cataratas del cielo 9. Las nubes, en cambio, están cargadas de aguas inferiores, que caen

en forma de lluvia no torrencial. Yahvé hace subir las nubes desde los confines de la tierra

(v.13) en cuanto que aparecen a lo lejos en el horizonte, formándose y condensándose cerca de la

tierra. La frase convierte los rayos en lluvia debe entenderse de los royos, que en la tormenta

acompañan a la lluvia, o, sencillamente, que hace que los royos o relámpagos, que dominan al

principio una tempestad, desaparezcan, resolviéndose ésta en lluvia. A una voz suya, la tempestad

queda reducida a una “lluvia” bienhechora. El dominio de Yahvé se extiende también a las

fuerzas misteriosas de los vientos: soca los vientos de sus escondrijos (v.15b). Según la mentalidad

popular de la época, en el cielo había depósitos de granizo, de “vientos,” que Yahvé soltaba

a voluntad 10.

Esta omnipotencia y majestad de Yahvé no es reconocida por el hombre, que es sin conocimiento

(v.14), y en su lugar da culto a cosas que son obra de sus manos. El orífice que ha

hecho la estatua se avergüenza de su ídolo (v.14) al ver que esa obra exclusivamente suya es el

ídolo objeto de veneración, y sabe que es mentira su estatua fundida, pues bien sabe que no es

una divinidad, ni siquiera tiene vida: no hay aliento en ellos (v.14b). En contraposición a la inanidad

de los ídolos está Yahvé, la herencia de Jacob, pues por una alianza especial se ha ligado

a Israel para ser suyo corno herencia. Yahvé es la “herencia de Jacob” u, e Israel o Jacob es la

“herencia de Yahvé”12. Por la alianza han quedado obligados mutuamente y se deben entre sí:

Israel es su tribu hereditaria (v.16b). Pues este Yahvé, herencia de Israel, es el Hacedor de todo,

y, como tal, dueño de los mundos y de los destinos de la humanidad, en contraposición a la

impotencia e inanidad de las estatuas idolátricas adoradas por los gentiles, Y para más resaltar el

poder de Yahvé, el profeta le da su nombre temeroso: su nombre es Yahvé de los ejércitos. Es el

señor de los ejércitos estelares de los cielos, del “ejército” de los seres, y también Señor de las

batallas en pro de Israel. Por ello es la mejor garantía para los exilados, acobardados por los cultos

pomposos de los gentiles.

La ruina del pueblo, objeto de dolor para el profeta (17-22).

17 Recoge de la tierra tu hato, moradora de la ciudad asediada, 18 pues así dice Yah1984

vé: He aquí que voy a lanzar a los habitantes del país esta vez para ponerlos en angustia

y que me encuentren. 19 Ay de mí por mi quebranto! ¡Doloroso es mi golpe!

Pero yo digo: Ciertamente es mi dolencia, debo soportarlo. 20Mi tienda está devastada,

y todas mis cuerdas rotas; mis hijos me han abandonado, no existen ya; hay

quien despliegue mi tienda y levante mis lonas. 21 Pues fueron unos insensatos los

pastores, y no buscaron a Yahvé; por eso no prosperaron, y todos sus rebaños han

sido dispersados, 22 He aquí que llega el rumor de una noticia, viene gran alboroto

de la tierra del septentrión para reducir las ciudades de Judá a desolación, a guarida

de chacales.

El profeta invita a los habitantes de Jerusalén a prepararse para ir al destierro babilónico: recoge

tu hato, moradora de la ciudad asediada (ν.17). Jerusalén es personificada en una pobre prisionera,

que debe llevar consigo el ajuar más elemental para sus necesidades primarias. En los bajorrelieves

aparecen las mujeres llevadas en cautividad cargadas con sus enseres domésticos y ánforas

sobre su espalda. Yahvé ha decidido enviar al cautiverio a su pueblo: voy a lanzar a los

habitantes del país (v.18). Pero en sus designios punitivos y justicieros hay intenciones de misericordia.

El castigo de Judá será el único medio de que recapacite en sus torcidos caminos y

vuelva a su Dios: para ponerlos en angustia y que me encuentren (v.15b).

El profeta siente al vivo la tragedia de su pueblo: ¡Ay de mí por mi quebranto! Algunos

autores creen que aquí el que habla es el pueblo mismo que experimenta el castigo. En este caso,

sus deseos de expiación son el mejor medio de conciliar la amistad divina: Es mi dolencia, debo

soportarlo (v.16b). En el caso de que sea Jeremías el que habla, la frase tendría un sentido de

plena aceptación por la parte de su misión de anunciar estragos y castigos a su pueblo, que es su

dolencia, a la que no puede renunciar, porque está impuesta por Yahvé: debo soportarlo. El profeta

se lamenta porque su pueblo ha sido arruinado: mi tienda esta devastada, y todas mis cuerdas,

rotas (v.20); y contempla con tristeza a Jerusalén arrasada, como el beduino que ve que su

tienda ha sido llevada por el viento con las cuerdas rotas 12. Es el caso de la nación judía, arrancada

en sus fundamentos por el turbión de la guerra. Sus habitantes han desaparecido por la espada

o en el cautiverio: no existen ya (v.20b). El exterminio ha sido total, y no hay quien pueda

empezar la restauración de la nación: No hay quien despliegue mi tienda y levante mis lonas

(v.20c). El símil de la tienda resulta muy exacto para reflejar la tragedia de la situación. Para el

beduino, la tienda, sus cuerdas y lonas es todo su tesoro. Pero ahora todo se ha ido abajo y no

hay esperanza de poder volverla a levantar: le faltan sus hijos y parientes de clan.

Después el profeta da la razón de la catástrofe: los dirigentes no han sabido gobernar a la

nación, a la que han llevado a la ruina total (v.21). En lugar de confiar en Yahvé y seguir sus

preceptos, base de una sana vida social, han buscado alianzas extrañas y se alejaron de la Ley de

su Dios: no buscaron a Yahvé. Han obrado sólo según sus puntos de vista meramente humanos

13, halagando las pasiones de la masa. Al no darse cuenta del estado privilegiado de la nación israelita

entre todos los pueblos, por ser objeto de la elección del mismo Yahvé, han sido unos insensatos.

La consecuencia ha sido trágica: todos sus rebaños han sido dispersados (v.21c). La

cautividad de Judá ha sido la culminación de su proceder egoísta y materializado. De nuevo el

profeta asiste en espíritu a la invasión que viene del norte: llega el rumor., gran alboroto del septentrión.

Los soldados de Nabucodonosor avanzan implacables a través de Siria y Fenicia, para

caer como una inundación sobre la tierra de Judá, convirtiéndola en desolación, en guarida de

chacales (v.22) 14.

1985

Humilde sumisión a los designios divinos (23-25).

23 Bien sé, Yahvé, que no está en mano del hombre trazarse su camino, no es dueño

el hombre de caminar ni de dirigir sus pasos. 24 Corrígeme, Yahvé, pero conforme a

juicio, no con ira, no sea que me aniquiles. 25 Derrama tu furor sobre las gentes que

te desconocen y sobre los pueblos que no invocan tu nombre, que han devorado a

Jacob, le han consumido y han devastado su morada.

Este fragmento es de tipo sapiencia, según el módulo de ciertos salmos. Por eso es considerado

como adición posterior. Expresaría el estado de ánimo de la comunidad judía después de la catástrofe,

cuando ya se hallaba en medio de los gentiles. Con todo, puede entenderse en labios de Jeremías,

que ante la catástrofe hace una confesión humilde de la impotencia humana, y pide que el

furor de Yahvé, en vez de cargar sobre su pueblo, se derrame sobre las gentes que no le conocen

y ofenden. Confiesa primero que el curso de la vida del hombre está en manos de Dios y es inútil

que el hombre quiera trazarse un camino fuera de su Dios: no es dueño el hombre de caminar

(v.23). Los profetas, profundamente religiosos, destacan siempre la intervención de Dios en la

vida, y prescinden muchas veces de las causas segundas. Naturalmente, estas frases del profeta

no se han de entender literalmente, como si el hombre careciera de libertad. Son expresiones radicales

para destacar más la omnipotencia divina. El pueblo reconoce su mal proceder e implora

la misericordia divina: corrígeme, Yahvé, pero conforme a juicio (v.24), no mirando a los pecados,

por los que era el pueblo merecedor de la ira divina, sino fijándose en su actitud actual de

arrepentimiento y en las promesas que ha hecho a sus antepasados. Por otra parte, el pueblo (o el

profeta) pide que Yahvé considere también la conducta de las gentes que no le invocan (ν.26), y

que, además, han devorado a Jacob (Israel), sembrando la devastación y la ruina en su morada

15. La catástrofe de Israel no ha servido sino para hacer más audaces y despectivos a los paganos

frente al pueblo elegido. Aquí el autor clama por los derechos de la soberanía divina, que no es

reconocida por los pueblos gentiles, y, además, recuerda a Yahvé que Israel es un pueblo bajo su

protección especial y que ha sido pisoteado por la insolencia de las naciones paganas.

1 Cf. Meissner, Babylon und Assur II p.247ss. — 2 Cf. Dt 4:19; Is 47:12-13. — 3 El texto está oscuro. Pirot-Clamer: “(su doctrina) es

vanidad, madera.” La Bible de Jérusalem: “la instrucción que dan los que son nada (ídolos) no tiene sentido.” — 4 El TM lee

Ufar, que es desconocido; los LXX leen Mofar. El Targum, la Sir., Tood., leen Ofir, lugar famoso en la Biblia por el oro. — 5 Cf.

Is 40,6-8; 9:1-8; Zac 6:1-8; 9:1-8; Ez 5:6-7; 21:235; Is 23:11; Je. 10:10; Am 1:2; 4:12 — 6 Cf. Is 23:1; E¿ 27:12; 1 Mac 8:3. — 7

Cf. Dan 10:5; 1 Re 9:28; 10:11; 2 Crón 8:18; 9:10. — 8 Cf. 1 Par 16:30; Sal 24:2; 48:9; 93:1; 96:10. — 9 Cf. Gen 1:3. — 10 Cf.

Job 38:22. En la Eneida de Virgilio (1:52) encontramos una concepción análoga: Eolo suelta los vientos encadenados en una caverna.

— 11 Cf. Dt32.9. — 12 Cf. Dt 4:19.20; Lam 3:24; Sal 16:5; Núm 18:20. — 12 Cf. Jer 4:20; 49:29; Is 54:2. — 13 Cf. Jer 2:8; 4:9;

5:5-3o; 8:8-n. — 14 Cf. Jer 1:14; 4:6-15; 5:15; 6:23; 8:16; 9:10. — 15 Este versículo es idéntico a Sal 79:6-7. Muchos críticos lo

consideran como glosa. 1 Cf. 2 Re 22:13; Jer 11:7-8.10; 2 Re 22:16-17, y Jer 11:8.10-17.

11. Exhortación a la guarda de la alianza.

Conjuración contra el Profeta.

El contenido de este capítulo en su primera parte parece una alusión a la reforma emprendida

por Josías con motivo del hallazgo del “libro de la Ley” en el 621, comúnmente identificado con

el Deuteronomio. Podemos, pues, datar este fragmento de Jeremías de la época inmediata al

hallazgo de dicho libro. Las alusiones que se hacen después a la idolatría reinante parecen indicar,

por otra parte, que la última redacción es de la época posterior del rey Joaquim (609-598),

1986

bajo el cual volvieron a rebrotar los cultos idolátricos, prohibidos por la reforma del piadoso rey

Josías, muerto trágicamente en la batalla de Megido en 609.

Exhortación a la observancia de la alianza (1-8).

1 Palabra que dirigió Yahvé a Jeremías, diciendo: 2Oíd las palabras de esta alianza y

comunicádselas a los varones de Judá y a los moradores de Jerusalén. 3Decidles: Así

habla Yahvé, Dios de Israel: Maldito el varón que desoiga las palabras de esta alianza,

4 que ordené a vuestros padres al tiempo de sacarlos de la tierra de Egipto, del

horno de hierro, diciendo: Oíd mi voz y obrad según todo lo que os mando, y seréis

mi pueblo, y yo seré vuestro Dios, 5para que yo mantenga el juramento que hice a

vuestros padres de darles una tierra que mana leche y miel, como (es) el día de hoy.

Yo respondí diciendo: Así sea, ¡oh Yahvé! 6 Y me dijo Yahvé: Anuncia todas estas

palabras en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, diciendo: Escuchad

las palabras de esta alianza y cumplidlas, 7 pues con insistencia he amonestado a

vuestros padres desde el día que os hice subir de la tierra de Egipto hasta hoy, y con

toda diligencia les amonesté, diciendo: Escuchad mi voz. 8 Pero ellos no me escucharon,

no me dieron oídos, y se fueron todos en pos de la dureza de su perverso corazón,

e hice venir sobre ellos todas las palabras de esta alianza que les mandé cumplir

y cumplieron.

El profeta tiene que proclamar en todo el territorio de Judá la necesidad de atenerse a las exigencias

de la alianza *. Las palabras de la alianza (v.2) comunicadas por Dios a Jeremías son dirigidas

en general a todo el pueblo, incluido el mismo profeta. Las palabras aquí son los términos

concretos de la alianza, que ha sido oficialmente renovada por el pueblo bajo Josías después del

hallazgo de la Ley 2. Las expresiones son casi idénticas a las del Deuteronomio: maldito el varón

que desoiga las palabras de esta alianza (v.3). Todo el Deuteronomio está redactado a base de

promesas y amenazas 3; desoír las prescripciones en él expuestas era abandonar a Yahvé. Yahvé

hace resaltar el momento histórico en que les puso las prescripciones de la alianza: al tiempo de

sacarlos de la tierra de Egipto (v.4). Israel debe su existencia como nación a la especialísima

providencia de Yahvé, que los ha liberado de la opresión de Egipto, que era un horno de hierro,

e.d., un lugar de gran aflicción, al ser tratados y exprimidos como el hierro en el horno. La metáfora

está tomada del Deuteronomio 4.

Las ordenaciones de Yahvé a su pueblo tienen por fin hacer una alianza entre El e Israel:

oíd mi voz. y seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios (v.4). En la época patriarcal, Dios personalmente

había hecho una alianza con el gran antecesor, padre del pueblo, Abraham5; en el desierto

se renueva la alianza y se concretan más las cláusulas por las que Israel se constituye en

teocracia bajo la inmediata dirección de Yahvé. Israel, por la alianza, se convertía en un pueblo

aparte de todos los otros, con derecho a las bendiciones prometidas por su Dios nacional, Yahvé.

Había sido escogido como “pueblo sacerdotal y nación santa”6. Y todo esto fue un acto gratuito

por parte de Yahvé. Además, la finalidad de esa vinculación de Israel a El tenía por objetivo inmediato

instalar a Israel en una nueva tierra: para que yo mantenga el juramento que hice a

vuestros padres de darles una tierra que mana leche y miel (v.5). La promesa de Yahvé estaba

condicionada a la fidelidad que los israelitas guardaran a las prescripciones de El7. Yahvé ha

mantenido el juramento a pesar de las muchas infidelidades y transgresiones del pueblo. Y

ahora se complace en constatar el hecho de que ha cumplido su palabra de darles la tierra de Ganaán:

como es el día de hoy. Los oyentes de Jeremías eran testigos del cumplimiento de la pala1987

bra de Yahvé. La expresión que mana leche y miel 8 es hiperbólica y tiene un valor -relativo,

pues en comparación de la estepa del desierto sinaítico, la tierra de Palestina es un vergel.

Jeremías acepta al punto la orden de Yahvé de predicar sus palabras: Así sea, ¡oh Yahvé!

También en esta frase hay un eco del Deuteronomio, ya que, según Dt 27:15-26, a cada maldición

el pueblo debía responder: “Amén.” La frase en labios de Jeremías puede referirse a la aceptación

del encargo que le hace Yahvé de predicar sus palabras o simplemente de asentir a la frase

de Yahvé: maldito el varón que desoiga. (v.3-4). La misión de Jeremías debe extenderse a todas

las ciudades de Juda y plazas de Jerusalén (v.6), e.d., a todo el reino de Judá en general. Algunos

han querido suponer que Jeremías formaba parte de las misiones volantes organizadas en

tiempos de Josías para extender la reforma conforme al libro de la Ley hallado en el templo; pero

no sabemos que la actividad de Jeremías se haya extendido más allá de Jerusalén y Anatot antes

de la caída de Jerusalén. La orden de Yahvé tiene, pues, un alcance genérico. Los v.7-8 faltan en

los LXX y son considerados por algunos críticos como glosa posterior. El contenido es similar a

7:24-26 9. Pero no tiene nada de particular que aparezcan repetidas fórmulas afines para expresar

ideas fácilmente adaptables a parecidas situaciones del contexto. La desobediencia de Israel hizo

que Yahvé les enviara todas las palabras de esta alianza (v.8), e.d., las amenazas anunciadas en

el Deuteronomio contra los incumplidores de las cláusulas de la alianza 10. Las calamidades que

históricamente sufrieron los israelitas eran en realidad castigos enviados por Dios por haber incumplido

sus promesas de fidelidad para con lo prescrito en la alianza del Sinaí. En el 701, Jerusalén

sufrió un cruel asedio de parte de los asirios, y en el 721, Samaría fue tomada por éstos, y

su población, deportada. Son dos hechos culminantes en la historía de los israelitas, que hablaban

bien claro del rigor de la justicia divina. Pero todo fue en vano: no cumplieron (v.8). Por eso Jeremías

anuncia como próximos nuevos castigos. La impenitencia del pueblo elegido obligaba a

la justicia divina a intervenir periódicamente para hacerle volver al buen camino.

Apostasía de los habitantes de Judá (9-14).

9 Y me dijo Yahvé: Se han confabulado los varones de Judá y los moradores de Jerusalén.

10 Han vuelto a las iniquidades de sus primeros padres, que rehusaron oír

mis palabras, y se han ido tras dioses ajenos para servirles. La casa de Israel y la de

Judá han roto el pacto que hice con sus padres, u Por eso dice Yahvé: He aquí que

traeré sobre ellos males de que no podrán librarse, y clamarán a mí, y no les oiré; 12

e irán las ciudades de Judá y los habitantes de Jerusalén y clamarán a los dioses a

quienes ellos sacrifican, y no los salvarán en el tiempo de su tribulación. 13 Porque

cuantas son tus ciudades, tantos son tus dioses, Judá, y cuantas son las calles de Jerusalén,

tantos fueron los altares alzados a la “ignominia,” altares para quemar incienso

a Baal. 14 Y tú no me supliques por este pueblo y no eleves por ellos clamor ni

oración, porque no oiré cuando ellos clamen a mí al tiempo de su aflicción.

La reforma de Josías no parece que haya tenido mucho éxito, pues a la primera ocasión el pueblo

se volvió a la idolatría, como sabemos ocurrió bajo sus hijos Joacaz y Joaquim u. Quizá bajo este

rey (609-598) se profirieron estos oráculos. La apostasía es masiva. En la época del impío rey

Manases, las infiltraciones idolátricas llegaron a su colmo, deshaciendo éste toda la obra de reforma

religiosa que antes había propugnado su padre Ezequías. Quizá a ese estado de idolatría

aluda aquí Jeremías. Es el mayor pecado contra Yahvé, ya que supone un abierto desprecio 12 y

una ingratitud suma al no reconocer sus beneficios. La casa de Israel es el reino del Norte,

con Samaría como capital, conquistada por Sargón en el 721. La casa de Judá es el reino del Sur,

1988

con Jerusalén por capital. Josías había tratado de extender la influencia de la reforma religiosa en

ciudades que habían antes pertenecido al reino del Norte 13. Aquí la expresión indica el pueblo

elegido en general, que ha prevaricado en masa tanto en el norte como en el sur: han roto el pacto,

e.d., la alianza del Sinaí, base de la vida religiosa y social de Israel, con Yahvé por Dios. Pero

la magnanimidad de Yahvé tiene un límite, y va a llegar la hora de la justicia (v.1.11). Entonces

acudirán a los ídolos, y de nada les servirán (v.12). La frase tiene un carácter irónico. El tiempo

de la tribulación es la hora de probar la eficacia de los ídolos. Judá sentirá la amarga experiencia

de verse sin ayuda alguna.

La proliferación de altares idolátricos en Jerusalén era exorbitante: cuantas ciudades, tantos

los ídolos (v.15). La ignominia es un nombre despectivo para significar los ídolos14, sinónimo

de Baal, dios cananeo, que variaba según las localidades, llegando a significar el nombre común

de ídolo en la Biblia. La deserción es tan general e insensata, que Yahvé manda a Jeremías que

no ore por el pueblo, que está colmando la copa de la ira divina (v.14).

Inutilidad de los sacrificios sin entrega interior (15-17).

15 ¿Qué tiene que hacer mi amado en mi casa, mientras comete iniquidades? ¿Es que

los sacrificios y las carnes santificadas apartarán de ti tu maldad, de que te alegrabas?

15 16 “Olivo verde y hermoso, de magníficos frutos,” te había puesto Yahvé por

nombre. Con gran estrépito, prendió fuego en él y se quemaron sus ramas. 17 Y

Yahvé de los ejércitos, que te plantó, ha decretado la desgracia contra ti por los crímenes

de la casa de Israel y de la casa de Judá, que han cometido para irritarme,

ofreciendo incienso a Baal.

Esta sección parece un cántico breve que versa sobre la inutilidad de los sacrificios como medio

de evitar la catástrofe nacional. El texto es difícil y oscuro en algunas frases. El pueblo de Judá

es el amado de Yahvé16 (v.15). Aquí la denominación afectuosa tiene un aire irónico. Judá ha

sido objeto de las predilecciones de Yahvé, y ahora se conduce de un modo impropio de su condición,

pues mientras asiste a la casa o templo de Yahvé, comete iniquidades (v.15). Es una contradicción

viviente, pues cree que cumple sus obligaciones para con su Dios con los ritos externos

sacrificiales. Lo que ante todo quiere Yahvé es la entrega de su corazón. Un culto puramente

formalístico y externo no puede aplacar a Yahvé (v.15b). Los pecados del pueblo de Judá no

pueden ser borrados con sacrificios, sino con arrepentimiento y cambio de vida.

En su optimismo, los habitantes de Judá consideraban a su nación como un olivo verde y

hermoso 17, siempre rejuvenecido. El olivo es de hoja perenne; por eso simboliza bien a Israel en

las esperanzas populares. Quizá aquí la frase aluda a un cántico popular patriótico jubiloso que

repetían en los momentos de exaltación nacional. Pero estas esperanzas son inconsistentes, y

Yahvé va a destruir sus ilusiones, precisamente porque los frutos de ese olivo verde no responden

a las esperanzas puestas en él. Por eso Yahvé va a hacerlo desaparecer prendiendo fuego con

gran estrépito (v.16b), probable alusión al estruendo del ejército invasor, que se extiende como

un incendio por Judá, quemando sus ramas, e.d., todo aquel follaje aparente de religiosidad superficial.

El ν.17, en prosa, por su estilo convencional, es considerado generalmente como glosa

explicativa. Yahvé mismo, que plantó el árbol de Israel como nación, al no recibir los frutos esperados,

ha decretado la desgracia sobre él, condenándole a la desaparición, como había hecho

con la “viña” de malos racimos 18.

1989

Conjuración de los de Anatot contra el profeta (18.-23)

18 Yahvé me lo ha dado a conocer y yo lo he entendido. Entonces me hiciste ver sus

acciones. 19 Estaba como manso cordero que sin saberlo era llevado a degollar, pues

habían tramado contra mí una conjura, (diciendo): Destruyamos el árbol con su vigor

y extirpémoslo de la tierra de los vivos, y no se hará más memoria de su nombre.

20 Mas ¡oh Yahvé de los ejércitos, juez justo, que escudriñas los ríñones y el corazón!

que vea yo en ellos tu venganza, pues a ti te he confiado yo mi causa. 21 Por eso, así

dice Yahvé contra los hombres de Anatot, que buscan tu vida, diciendo: No profetices

en nombre de Yahvé si no quieres morir a nuestras manos. 22 Por eso así dice

Yahvé de los ejércitos: He aquí que les voy a pedir cuentas. Los jóvenes morirán al

filo de la espada; sus hijos y sus hijas morirán de hambre. 23 Y no quedará superviviente

entre ellos, porque yo traeré la desdicha sobre los hombres de Anatot en el

año de su castigo.

El profeta nos entera en estos versículos de un complot secreto tramado contra él por sus compatriotas

de Anatot. También en esto Jeremías es tipo de Jesús, repudiado por sus conciudadanos de

Nazaret. Seguramente las predicaciones pesimistas en contra de la opinión corriente del profeta

comprometían a sus compatriotas de Anatot, poblado situado al nordeste de Jerusalén. En el c.26

se habla de otra conjura de los falsos profetas y sacerdotes contra Jeremías. Por una revelación

especial recibida de Dios sabe los designios de sus enemigos (v.15). El profeta estaba totalmente

ajeno a lo que se tramaba, y vivía pacíficamente entre los que tramaban contra su vida. Su actitud

era la de un manso cordero que sin saberlo era llevado a degollar (V.19). Es la misma imagen

aplicada al “Siervo de Yahvé” en Is 53:7, el Mesías doliente. Jeremías refleja los pensamientos

homicidas de sus conciudadanos: Destruyamos el árbol con su vigor (V.19). La frase parece un

proverbio. Aquí parece aludir a Jeremías, que estaba ¿n toda su plenitud vital19. La frase siguiente:

extirpémoslo de la tierra de los vivos, confirma esta interpretación. Jeremías confía su defensa

a Yahvé directamente como protector: a ti he confiado mi causa (v.20b). Quiere asistir a la manifestación

de la justicia divina. Aquí venganza tiene un sentido antropomórfico, pues expresa los

efectos de la justicia divina al modo humano.

1 La expresión palabra que dirigió Yahvé a Jeremías indica que se inicia un nuevo oráculo o serie de oráculos. — 2 Cf. Dt 29:9;

comp. con 2 Re 23:3; 2 Par 34:31. — 3 Cf. Dt 27:26; 4:9.25; 8:11; 11:28; 28:15; 29:25. — 4 Cf. Dt 4:20. — 5 Cf. Gen 15:755 — 6

Cf. Ex 19:6. — 7 Cf. Gen 15:18; 17:8; 50,24; Ex 3:8.17; 13:5.11; 32:13; Núm 11:12; 14:16.23; Dt 1:8; 4:31; 6:10; 18:23. — 8 Cf.

Ex 3:8.17; 13:5; 33:3; Lev 20,24; Núm 13:28; Dt 6:3; 11:19. — 9 Cf. también Jer 17:13; 24:26. — 10 Cf. Dt 11:265; 27:15-26;

28:15-68; 29:20-28; 30:153. — 11 Cf. 2 Re 23:32,-23:37. — 12 Cf. Dt 5:7; 6:14; 7:4; 8:19; 11:16.28; 13:2.6.13; 17:3; 28:14.36.64;

Jer 5:19; 7:6.9.18; 13:10. — !3 Cf. 2 Re 23:15-20. — 14 Cf. Jer 3:4. La frase altares a la ignominia falta en los LXX, y puede ser

adición posterior. — 15 El texto es oscuro en algunas palabras. Nuestra traducción es parecida a la de la Bible de Jérusalem. 16

Los LXX leen “amada,” en femenino. Entonces Judá es considerada como la “esposa” de Yahvé. Pero cf. Dt 33:12; Sal 127:2;

60,7; 108,7; Is 5:1. — 17 Yahvé había comparado a Judá a una “viña”; cf. Jer 2:21. Para “olivo,” cf. Rom n,i7· — 18 Cf. Jer 6:9; Is

5:53. La higuera estéril, Le 13:63. — 19 El texto griego y la Vulgata leen: “Pongamos el leño en el pan,” que no parece dar sentido

satisfactorio.

12. Prosperidad de los Impíos.

Juda es devastada. Los enemigos de Judá.

En tres partes se puede dividir este capítulo: a) diálogo del profeta con Yahvé, en el que se

plantea el problema de la prosperidad de los impíos y su conciliación con la justicia de Dios (1-

1990

6); b) anuncio de la devastación de Judá (7-13); c) anuncio del destierro y restauración de las naciones

vecinas (14-17).

La prosperidad de los impíos y la justicia divina (1.-6)

Las reflexiones de este diálogo del profeta son de tipo sapiencial. El problema de la

prosperidad de los impíos ha sido un tema muy comentado en la literatura posterior, especialmente

en el libro de Job. Las reflexiones del profeta son de tipo general y pueden adaptarse a diferentes

situaciones de su vida; por tanto, no podemos determinar el momento en que fueron redactadas.

1 Justo eres tú, Yahvé, para que yo pueda contender contigo; pero voy a proponerte

algunas demandas: ¿Por qué es próspero el camino de los impíos y son afortunados

todos los perdidos? 2 Tú los plantas y echan raíces, crecen y fructifican. Te tienen a

ti en la boca, pero está muy lejos de ti su corazón ! 3 Y tú, Señor, me conoces; tú me

ves; tú has probado mi corazón en lo referente a ti. Sepáralos como rebaño destinado

a la matanza, conságralos para el día de la mortandad. 4 ¿Hasta cuándo estará la

tierra en duelo, se secarán las hierbas del campo? Por la maldad de los que habitan

en ella, perecieron bestias y aves, pues dijeron: “Dios no verá nuestro fin.” 5 Si corriendo

con los de a pie te has fatigado, ¿cómo competirás con los caballos? Y si en

tierra de paz no te sientes seguro, ¿qué harás en los boscajes del Jordán? 6 Pues incluso

tus hermanos, los de la casa de tu padre, esos mismos te son aún traidores y a

espaldas tuyas gritan,No te fíes de ellos cuando te dicen bellas palabras.

El autor sabe que Yahvé es justo, pero quiere pedir justificación de algunas cosas que no entiende:

Voy a proponerte algunas demandas (v.1). Para los antiguos hebreos, sin luces sobre la vida

de ultratumba, el problema era insoluble. Consideraban los bienes de esta vida como un premio

a la virtud. La ecuación buena obra y premio, acción mala y castigo en este mundo, les parecía

una exigencia de justicia elemental. Por eso se pregunta: ¿Por qué es próspero el camino

de los impíos? (v.1b). Es un hecho que los que no tienen escrúpulos de conciencia triunfan en la

vida, mientras que los timoratos y honrados muy frecuentemente fracasan en sus negocios. En el

caso de Jeremías el problema revestía caracteres muy agudos, ya que a él, inocente, no le cupo en

suerte sino sufrir, mientras que los que no tienen temor de Dios prosperan en la sociedad. Su sentido

de justicia se rebela contra esta desigualdad. Y parece que Dios los favorece: Tú los plantas

y echan raíces (v.2). Los bienes de que gozan provienen de Yahvé, pero ellos se aprovechan de

las diversas vicisitudes de la vida para triunfar. A la sombra, pues, de la bondad y magnanimidad

de Yahvé echan raíces. Yahvé, pues, parece también responsable. ¿No será que se deja engañar

por las manifestaciones externas de culto?: Te tienen en la boca, pero está lejos su corazón

(v.2b). Guardan culto formalístico, pero interiormente hacen caso omiso de los preceptos divinos

2. Es el reproche que Jesús lanzó a sus contemporáneos 3.

La situación de Jeremías es muy otra. Está entregado de lleno a Dios y a la propagación

de sus enseñanzas: Tú, Señor, me conoces y has probado mi corazón (v.3). Tiene el sentido de

justicia tan desarrollado, que pide a Dios aísle a los impíos para que no contaminen la sociedad:

sepáralos como rebaño destinado a la matanza (v.3b). La frase es dura, pero es una expresión

oriental radical para indicar la angustia de su alma. No debemos perder de vista que los orientales

tienen preferencia por las frases exageradas, que resultan a veces para nosotros despiadadas.

No olvidemos, por otra parte, que la caridad cristiana era aún una meta muy alta para los mejores

1991

justos del A.T. Aquí Jeremías se deja llevar de las exigencias de su corazón lacerado, que se rebela

contra la injusticia reinante: conságralos para el día de la mortandad (v.3b). La palabra

consagrar equivale a “separar” del común, destinándolos a un fin especial. Quizá aluda a la práctica

del “anatema.” Declarar “anatema” una cosa equivalía a destinarla a la destrucción4, reservándola

para Dios y separándola de todo uso profano. El día de la mortandad es el día de la manifestación

de la cólera divina, tantas veces anunciado por los profetas 6.

La presencia de los impíos hace que esté la tierra en duelo (v.4a), porque sufre una prolongada

sequía: ¿Hasta cuándo se secarán las hierbas del campo? (v.4a). Los malvados se burlan

del profeta y dicen: no verá nuestro fin. Todas las predicciones de castigo anunciadas por Jeremías

contra ellos son consideradas como alucinaciones, y por eso el profeta no será testigo del

cumplimiento de ellas 7.

La respuesta de Yahvé a los requerimientos del profeta es un tanto irónica: Jeremías parece

ser demasiado débil, pues se da por vencido cuando le esperan mayores contradicciones: Si

corriendo con los de a pie te has fatigado, ¿cómo competirás con los caballos? (v.5a). Si se da

por vencido en los primeros obstáculos y contrariedades, ¿qué hará cuando le vengan mayores?

Hasta ahora su vida ha sido como una competición con peatones, pero llegará un momento en

que tendrá que competir en una carrera con caballos. La frase parece ser proverbial adaptada al

contexto. Hasta ahora sus opositores han sido extraños a su familia, pero tiempo vendrá en que

sus hermanos mismos se le opongan. Esa idea es reforzada por otra imagen: si en tierra de paz

no te sientes seguro, ¿qué harás en los boscajes del Jordán? (v.5b). La tierra de paz era la zona

libre de peligros de incursiones de ñeras en la meseta palestiniana, y es contrapuesta aquí a la

zona baja de la depresión del Jordán con sus boscajes o semiselva, en la que abundaban los animales

peligrosos 8. Jeremías ahora está todavía a seguro, como en tierra de paz, en la altiplanicie

de Judea; pero tiempo llegará en que tendrá que andar tembloroso como el viajero que se aventura

a caminar por las riberas del Jordán. En el v.6 aclara la idea. Sus peores enemigos serán los

más allegados, y entonces se sentirá desfallecer (v.6). Debe, pues, prepararse y aceptar callado

los caminos de la Providencia. Dios permite que los impíos triunfen y que la copa de la injusticia

se llena hasta rebosar de parte de los hombres, sabiendo esperar con magnanimidad. La hora de

su intervención y del castigo de los malvados es cosa a El reservada. Entre tanto, da un consejo

al profeta para el futuro: No te fíes de ellos cuando te dicen bellas palabras (v.6b). Lo demás son

arcanos de su providencia.

Devastación de Jada (7-13).

7 He desamparado mi casa, he abandonado mi heredad, he entregado lo que amaba

mi alma en manos de sus enemigos. 8 Fue mi heredad para mí como león en la selva;

lanzó contra mí sus rugidos; por eso la aborrecí. 9 ¿Ha venido a ser mi heredad abigarrada

ave de rapiña, para que las aves rapaces ronden en torno suyo? Venid, juntaos,

fieras todas del campo, venid a devorarla. 10 Muchos pastores han entrado a

saco en mi viña y pisotearon mi heredad, han convertido mi deleitosa posesión en

desolado desierto. Hicieron de ella una desolación, y está ante mí triste y asolada;

toda la tierra es desolación por no haber quien recapacite en su corazón. 12Por todas

las colinas peladas del desierto irrumpieron los devastadores, pues la espada de

Yahvé devora de un extremo al otro de la tierra, sin dar paz a ser viviente 9. 13 Sembraron

trigo y han recogido cardos, se fatigaron trabajando sin provecho, quedaron

confusos de su cosecha por la cólera encendida de Yahvé.

1992

Este fragmento parece desconectado del anterior. Son oráculos y profecías reunidas al azar por

redactores posteriores. Se habla de una devastación de Judá. Sabemos que en tiempos de Joaquim

(609-598) hubo varias incursiones de pueblos vecinos. Quizá se aluda a estas invasiones

parciales. En los ν.7-11 es Yahvé el que habla. Judá ha sido entregada a sus enemigos por permisión

de Yahvé: he abandonado mi casa., heredad (ν.7). Las expresiones para con Judá son muy

afectuosas: mi casa., heredad., lo que amaba mi alma (ν.7). Con ello quiere indicar el sentimiento

que le produce desamparar a su pueblo por imperativo de su justicia. Λ continuación da la explicación

de su conducta: fue mi heredad para mí como león en la selva (v.8). Es una alusión al

carácter insolente y agresivo que había revestido la apostasía general de su pueblo. Yahvé tuvo

que apartarse como asustado por sus rugidos. Por eso le aborreció. Y la consecuencia ha sido el

castigo de la invasión.

La situación de Judá invadida es como la de una abigarrada ave de rapiña puesta por el

cazador como reclamo para que las otras aves ronden en torno suyo (v.9). En el hebreo está en

forma interrogativa, pero quizá sea mejor entenderlo sin interrogación 10. Las naciones vecinas

de Judá caen sobre Judá como las aves se acercan al ave de reclamo. Y es Yahvé mismo el que

anima al ataque contra Judá: venid, fieras del campo, venid a devorarla (v.8b). Las fieras del

campo son las naciones enemigas de Judá.

A continuación describe la invasión de los enemigos: muchos pastores han entrado a saco

en mi viña (v.10). Los pastores son los jefes de los pueblos invasores. Sus ejércitos son como

rebaños que devastan un campo ajeno. De nuevo se refleja el tono afectuoso de Yahvé, pues llama

a Judá mi viña n, mi heredad, mi deleitosa posesión. A pesar del castigo, siente la predilección

por su pueblo elegido, convertido ahora en desolado desierto (v.10b). Y la causa de esta

desolación es el desconocimiento de los mandatos de Yahvé: por no haber quien recapacite en

su corazón (v.11b). No hay quien piense en la Ley, en los reclamos de los profetas.

Los enemigos circunvecinos de Judá le asaltan por doquier: por todas las colinas del desierto

(v.12); parece aludir a las incursiones de amonitas, moabitas y otras tribus de TransJordania

que invadían el territorio de Judá por la zona desértica oriental frente al mar Muerto 12. Eran

hordas que periódicamente asaltaban la tierra de Yahvé. Pero estos devastadores son instrumentos

de la justicia divina: pues la espada de Yahvé devora (v.12b); e.d., su ira desencadenada es

como una espada devastadora, que siembra la mortandad por doquier, sin dar paz a ningún ser

viviente.

Esta devastación hace que la tierra no dé sus cosechas normales, sino que todo sean cardizales

y yermos: sembraron trigo y han recogido cardos (ν.13). Los israelitas se habían afanado

en sembrar trigo, confiados en la paz, que creían permanente, y a la hora de la cosecha se han

encontrado que sus campos habían sido saqueados y devastados 13. Por eso, sus fatigas han sido

sin provecho, quedando avergonzados de su cosecha, es decir, burlados en sus esperanzas.

La suerte de las naciones circunvecinas (14-17).

14 Así dice Yahvé acerca de mis malos vecinos, que asaltan la heredad que yo di en

herencia a mi pueblo, Israel: He aquí que yo los arrancaré de sus tierras y arrancaré

a la casa de Judá de en medio de ellos, 15 y sucederá que, después de haberlos arrancado,

volveré a tener misericordia de ellos y los haré volver cada uno a su propiedad,

cada uno a su tierra; 16 y cuando hayan aprendido los caminos de mi pueblo y

juren en mi nombre: “¡Viva Yahvé!” como ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por

Baal, serán establecidos en medio de mi pueblo. 17 Pero, si no escucharen, arrancaré

esa nación de raíz, y perecerán, oráculo de Yahvé.

1993

Ahora se anuncia el castigo de estos pueblos devastadores de Judá. Han sido instrumentos de la

justicia divina, pero a su vez van a ser castigados por sus desmanes. Isaías llama a Asiría “vara

de su ira,” en cuanto que castiga al pueblo israelita pecador; pero después lanza profecías conminatorias

contra ella por haberse excedido en su cometido 14. Jeremías en el c.2 dice que, después

de haberse servido Yahvé de Babilonia como instrumento de castigo, se volverá contra ella para

castigarla 15. La expresión mis malos vecinos 16 puede entenderse en boca de Dios, en cuanto que

consideraba a Judá como su viña, su heredad, como aparece en los versos anteriores. Las naciones,

pues, son vecinas de Yahvé, protector de su pueblo, su heredad: asaltan la heredad que yo

di en herencia a mi pueblo (v.14). Esos pueblos sufrirían la misma suerte de la cautividad que

sufrirá Judá: los arrancaré de sus tierras (v.14b). Más tarde hablará en concreto de la suerte de

cada una de las naciones paganas 17. Y el pueblo de Yahvé, pecador, será el primero en sufrir la

terrible suerte del exilio: arrancaré la casa de Judá. Después de la prueba, Yahvé volverá a tener

misericordia de esos pueblos.

La profecía se abre hacia perspectivas mesiánicas universalistas 18. Habrá una reconciliación

general, de tal forma que todos los pueblos puedan asociarse a la felicidad mesiánica del

pueblo escogido. Sólo exige de las naciones la conversión y el reconocimiento de su soberanía:

cuando hayan aprendido mis caminos y juren en mi nombre: “¡Viva Yahvé!” (v.16). Es un

deber, por otra parte, de justicia ese reconocimiento solemne de la soberanía de Yahvé adhiriéndose

a Judá, pues esos pueblos paganos fueron la causa de la defección del pueblo elegido, enseñándole

a jurar por Baal. Además, deben seguir los caminos del pueblo elegido. Supuesto este

cambio, serán incorporados a la nueva teocracia (ν.17b). Podrán con ello participar de las promesas

y bendiciones del pueblo elegido 19. Al contrario, si se obstinan en no reconocer a Yahvé como

Dios supremo, serán desenraizados y perecerán (ν.17).

1 Literalmente “sus ríñones.” — 2 Cf. Jer 7:4.8-10.21ss; 8:8; 11:15. — 3 Cf. Mt 15:8, — 5 Is 29:17. — 4 Cf. Dt 7:26; 13:17; Jos 6:17.

— 6 Cf. Is 29:13. — 7 Los LXX leen: “No ve Dios nuestros caminos.” En ese caso parece aludir al ateísmo práctico de los impíos,

que no se preocupan de si existe Dios o no. — 8 Cf. Jer 49:19. — 9 Literalmente, en hebreo, “toda carne.” — 10 El sentido de

“abigarrado” es oscuro. Los LXX traducen: “¿Se ha convertido mi heredad en caverna de hiena?” — 11 Cf. Jers.io; 6:9; Is 5:5- —

12 Cf. 2 Re 24:2. — 13 Cf. Jue 6:3-4. — 14 Cf. Is 10:5-27. — 15 Cf. Jer 25:71 25:12. — 16 En LXX y Targ. falta mt's, que aparece

en el heb., Vg., Sir. — 17 Cf. Jer c.46-49- — 18 Cf. Jer 48:47; 49:6. — 19 Cf. Jer 16:19; 46:25; Is 18:17; 19:23; Sal 87:4.

13. La faja podrida.

Contra los orgullosos. Mensaje al rey. Exilio.

Este capítulo puede dividirse bien en tres partes: a) la acción simbólica de esconder el ceñidor

en el río, y su explicación (1-11); b) la parábola de las tinajas de vino (12-14); c) invitación a la

conversión y amenaza del exilio (15-27). Las dos primeras partes están en prosa; la última, en

verso. Es difícil señalar el momento de su composición; quizá en la época del rey Joaquim (609-

598), pues se anuncia como inminente la catástrofe.

La acción simbólica de esconder la faja (1-7).

1 Así me habló Yahvé: Ve y cómprate una faja de lino y póntela sobre tus lomos y no

la metas en el agua. 2 γ adquirí la faja, como me mandó Yahvé, y me la puse sobre

los lomos; 3 y me habló Yahvé por segunda vez, diciendo: 4 Toma la faja que adquiriste,

que está sobre tus lomos; levántate y vete al Ferat y escóndela en una hendidu1994

ra de la piedra. 5 Fui, pues, y la escondí junto al Ferat, según me mandó Yahvé. 6 Y

al cabo de muchos días me dijo Yahvé: Levántate y ve al Ferat y recoge de allí la faja

que te mandé esconder allí. 7Fui, pues, al Ferat, y busqué y tomé la faja del lugar en

el que la había escondido, pero he aquí que estaba podrida la faja, no servía para

nada.

Nos hallamos ante la primera acción simbólica de Jeremías. Este género de predicación había de

ser muy propio de él y de otros profetas posteriores, como Ezequiel. Jeremías recibe la orden de

comprarse un ceñidor de lino y esconderlo bajo una piedra en el río Ferat. Después de algún

tiempo, por instigación divina, va a recogerlo y lo encuentra podrido. El ceñidor es de lino, como

los de los sacerdotes. Los profetas solían llevar cinturones de cuero 2; pero, como Jeremías era

sacerdote, debía guardar las costumbres de la clase sacerdotal. Se le previene para que guarde el

ceñidor libre de toda humedad (v.1), y esto en razón del simbolismo que debe representar, como

veremos en la explicación que Yahvé mismo da. Debe llevarlo al río Ferat, que es el nombre

hebreo del Eufrates. Como no es concebible que Yahvé le mandara a mil kilómetros de distancia

a esconder su cinturón, de ahí que los críticos se inclinen más bien por ver en el vocablo Ferat el

actual Wady Fara, a una hora de camino al este de Anatot. Debe poner la faja en una hendidura

de la piedra (v.4), a orilla del río, para que recibiera su humedad y, al mismo tiempo, no fuera

llevada por la corriente. Después de muchos días, cuando ya estaba bien empapada, recibe la orden

de ir a recogerla, y la encuentra podrida e inservible (ν.7).

Explicación de la acción simbólica (8-11).

8 Y me habló Yahvé, diciendo: () Así dice Yahvé: Asi haré yo que se pudra la soberbia

de Judá y el orgullo de Jerusalén. 10 Este pueblo malvado, que rehusa escuchar

mis palabras y en la depravación de su corazón se va tras dioses ajenos para servirlos

y adorarlos, será como esta faja, que no sirve para nada. 11 Pues como se adhiere

la faja a los lomos del hombre, así hice yo que se adhiriese a mí toda la casa de Israel

y toda la casa de Judá, oráculo de Yahvé, para que ellos fuesen mi pueblo, mi renombre,

mi alabanza y mi ornato; pero ellos no me escucharon.

En la explicación cabalgan varios sentidos superpuestos en la misma acción simbólica. Según la

explicación, la faja representa la soberbia de Judá y el orgullo de Jerusalén (V.9). La faja era

considerada como la prenda más vistosa del hombre 3. Aquí faja representa a Judá con toda su

magnificencia, su orgullo, e.d., sus palacios, templo, culto, riquezas, murallas, etc., todo lo que

constituía su orgullo como nación. La faja en estado de podrida (v.10), que para nada sirve, es

Israel en el estado de apostasía y relajación moral. Mientras se mantuvo fiel a Yahvé y se adhirió

a El, como la faja a los lomos del profeta, se conservó en buen estado, precisamente por no estar

contaminada con el agua, que aquí significa la idolatría. Yahvé recuerda a Judá su gran dignidad

de pueblo elegido. Era el objeto de las complacencias de Yahvé, que se sentía orgulloso

de tenerlo adherido como su faja. La casa de Israel es el reino del Norte, y la casa de Judá, el

del Sur. Aquí indica toda la descendencia de Jacob como colectividad nacional. Yahvé la había

escogido para que fuera su pueblo, que le diera renombre o gloria entre los demás, objeto de alabanza

entre los pueblos por ser su especial ornato (v.11). Estas palabras parecen proferidas con

amargura y tristeza. Es una triste constatación de la infidelidad del pueblo elegido con tanto

amor.

1995

Realidad de la acción simbólica.

Ya desde la época de los Padres, los autores se dividen al explicar la realidad histórica de

la acción: a) Para San Jerónimo se trata de una parábola imaginaria, sin realización en el tiempo.

La razón para ello era la dificultad del profeta para trasladarse hasta el Eufrates, a unos 1.ooo

kilómetros de Anatot. Además, en Jer 25:15-17 se dice que Dios le ofrece una copa para que dé

de beber a todas las naciones, lo que ciertamente tuvo sólo realidad visionaria.

Las tinajas rotas (12-14).

12 Y les dirás esta palabra: Así dice Yahvé, Dios de Israel: Las tinajas se llenan de

vino. Y te dirán: ¿Acaso no sabemos muy bien que las tinajas se llenan de vino? 13

Pero tú les dirás: Así dice Yahvé: He aquí que voy a llenar de embriaguez a todos

los habitantes de esta tierra, a los reyes que se sientan en el trono de David, a los sacerdotes,

a los profetas y a todos los moradores de Jerusalén, 14 y los quebraré chocando

unos contra otros, padres contra hijos a la vez, oráculo de Yahvé. No tendré

compasión, ni clemencia, ni misericordia para no destruirlos.

El profeta presenta un nuevo símil para anunciar el castigo. Sustancialmente parece continuar la

ilación lógica del fragmento anterior, tratando de lo mismo con otra comparación. Tomando como

base un hecho trivial de la vida, quiere llamar la atención sobre el castigo que espera a Judá.

El profeta dice una sentencia proverbial: Las tinajas se llenan de vino (v.12). Ante esta afirmación

vulgar, los oyentes responderán displicentes: ¿Acaso no sabemos muy bien que las tinajas

se llenan de vino? (v.12). Era lo que quería el profeta, llamar la atención de los oyentes. Los israelitas

son como tinajas que se están llenando del vino de la ira divina: voy a llenar de embriaguez

a todos los habitantes de esta tierra. (v.15). Se compara la ira divina al vino porque tiene el

efecto de turbar la razón. En el c.25, el profeta, por orden divina, da a beber de la copa de la cólera

de Yahvé a las naciones gentiles para hacerlas perder la razón7. En Is 51:17 se dice: “Despierta,

Jerusalén, tú que has bebido de la mano de Yahvé el cáliz de su ira, tú que has apurado hasta

las heces el cáliz que aturde.” En el símil de Jeremías, todos los habitantes de Jerusalén habían

de participar del aturdimiento causado por la cólera desencadenada de Yahvé. De ese cáliz de

venganza participarán en primer lugar los reyes (v.15). El profeta asiste en espíritu al fin trágico

de la dinastía davídica: Josías murió en la batalla de Megido (609); su hijo Joacaz, depuesto por

Necao II, fue llevado prisionero a los tres meses de subir al trono, en el mismo año de la muerte

de su padre (609). Su hermano Joaquim muere cuando Jerusalén estaba cercada por las tropas de

Nabucodonosor (598); el hijo de éste, Joaquín o Jeconías, fue llevado como cautivo a Babilonia,

donde debía morir. Su sucesor, Sedecías (tío suyo, hermano de Joaquim y Joacaz), asistiría al

triste espectáculo de ver morir por la espada a toda su familia (586). Todo ello fue efecto de esa

misteriosa embriaguez a que les sometió la cólera de Yahvé. También participarán de ella los

sacerdotes, profetas y demás moradores de Jerusalén. La perversión era general, y a todos debía

alcanzar el castigo. Yahvé mismo hará que luchen entre sí: quebraré unos contra otros (v.14).

Sigue el símil de las tinajas llenas de vino, que chocarán entre sí y se romperán. Los israelitas,

pues, son como tinajas que están llenándose de la ira divina para después reventar estrepitosamente.

En la hora de la catástrofe no habrá compasión ni clemencia, pues han abusado de los

llamamientos de Yahvé hechos por los profetas. Dios, pues, se ve obligado a destruirlos. Pero,

como siempre, hay alguna esperanza de salvación.

1996

Llamada a la penitencia (15-17).

15 Escuchad, dadme oídos, no os envanezcáis, que es Yahvé el que ha hablado. 16 Dad

gloria a Yahvé, vuestro Dios, antes que se haga oscuro y antes que tropiecen vuestros

pies por los montes en tinieblas y, en vez de la luz que esperáis, os dé sombras

de muerte y densas tinieblas. 17 Si no escucháis, mi alma llorará en secreto vuestra

soberbia, y mis ojos derramarán abundantes lágrimas, porque ha sido hecho cautivo

el rebaño de Yahvé.

Una conversión sincera podría alejar todavía el espectro de la catástrofe. El pueblo estaba obstinado

y no quería humillarse y reconocer sus malos caminos, denunciados por los profetas: no os

envanezcáis. (v.15). El profeta quiere resaltar que lo que comunica viene directamente de

Dios: Que es Yahvé el que ha hablado. Y los invita a cambiar de conducta: Dad gloria a Yahvé

(v.16), reconociendo sus derechos8. Todavía es tiempo de atraerse la benevolencia divina, y

puede el pueblo caminar abiertamente con la seguridad del que anda de día; pero es preciso reaccionar

antes que llegue la noche de la manifestación de la ira divina: antes que se haga oscuro y

tropiecen vuestros pies (v.16). La luz y las tinieblas en la Escritura son muchas veces símbolo de

prosperidad y de adversidad 9. En los profetas, el día del juicio punitivo sobre Israel y las naciones

es llamado día de tinieblas 10. Por otra parte, pone Jeremías en guardia a sus contemporáneos,

que son demasiado optimistas, esperando un tiempo mejor, de luz (v.16c), cuando, en realidad,

Yahvé les va a enviar sombras de muerte., densas tinieblas, un tiempo de angustia y de

miseria 11

Todo esto lo anuncia el profeta con el corazón lacerado. Nadie ama más que él a su pueblo;

por eso tiembla ante el pensamiento de que desoiga su llamamiento de penitencia, que es la

última oportunidad de salvación. Está seguro de que, si no cambian de conducta, el castigo de

Yahvé vendrá inexorable; por tanto, si no le “escuchan,” no le quedará sino llorar en secreto

(ν.17), e.d., retirado de la vida pública, por la soberbia y obstinación de su pueblo, pues el final

de todo será la esclavitud y el exilio de su pueblo: porque ha sido hecho cautivo el rebaño de

Yahvé (v.17b). Las Lamentaciones, atribuidas a Jeremías, testigo de las llamas humeantes de Jerusalén,

son el mejor comentario a este verso conmovedor.

La humillación del rey y de la reina (18-19).

18 Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos (en el suelo), porque está para caer de

vuestras cabezas la corona de vuestra magnificencia. 19 Las ciudades del sur están

cercadas y no hay quien las abra. Toda Judá es deportada, en deportación completa

12.

Se anuncia claramente la deportación al rey y a la reina (madre). ¿Quién es el rey? Muchos autores

creen que es Joaquín (Jeconías), porque se menciona a la reina madre. Este rey reinó sólo tres

meses en el 598, durante el asedio. Después fue llevado en cautividad, de donde no volvió 13.

Otros, en cambio, creen que el rey es su padre, Joaquim (Eliaquim), quien despreciaba abiertamente

las predicciones de Jeremías.

El profeta les invita a la penitencia, humillándose, pues ya no les queda mucho como reyes

(v.18). Deben hacer penitencia sentándose en el suelo, en el polvo, como era de ley en los

duelos. La corona de magnificencia o magnifica es llamada así por ser la de David y Salomón,

que en la tradición figuraban como máximos exponentes de la magnificencia cortesana y repre1997

sentaban la edad de oro de la historia de Israel. Cuando el profeta profiere esta predicción, la situación

en el país es angustiosa, pues el país está ya invadido por el enemigo: Las ciudades del

sur están cercadas (v.18). La frase tiene carácter enfático. Se nombran las del sur para indicar

que todo el país está invadido, ya que los invasores provienen del norte 14. Esas ciudades están

cercadas por el enemigo, y no hay quien abra (V.19), e.d., no es posible salir de ellas. La frase

toda Judá es deportada es hiperbólica. La deportación del 598 no fue general, aunque incluía las

fuerzas vivas de la nación. En este sentido puede hablarse de deportación completa. Según 2 Re

24:11, los deportados fueron diez mil, cifra muy considerable teniendo en cuenta que la población

de Judá era de algunas decenas de millares.

La invasión de Jada (20-27).

20 Alza tus ojos y mira, Jerusalén 15, a los que vienen del septentrión. ¿Dónde está la

grey que te fue dada, tu espléndido rebaño? 21 ¿Qué dirás cuando te castiguen, pues

tú los avezaste a ti, tus amantes como dominadores? 16 ¿No te sobrecogerán dolores

como de mujer en parto? 22 Y si te preguntas en tu corazón: ¿Por qué me suceden

estas cosas? Por la muchedumbre de tus maldades han levantado tus faldas y maltrataron

tus talones. 23 ¿Mudará por ventura su tez el etíope, o el tigre su rayada

piel? Así, ¿podréis vosotros obrar el bien, tan avezados (como estáis) al mal? 24 Yo

los dispersaré como paja que vuela al viento del desierto. 25 Tal es tu parte, tu porción

asignada de mi parte, oráculo de Yahvé, por haberme olvidado y haber puesto

tu confianza en la mentira. 26 También yo descubriré tus velos en tu parte anterior y

se verán tus vergüenzas: 27 tus adulterios y tus gritos de lujuria, tus execrables fornicaciones.

Sobre los collados del campo he visto tus torpezas. ¡Ay de ti, Jerusalén,

que no te limpias! ¿Hasta cuándo aún?

El profeta invita a Jerusalén a contemplar el espectáculo de la invasión que viene del septentrión

(v.20): son los babilonios, que avanzan de la frontera siro-fenicio-palestina. Jerusalén, con su

corte y sus sacerdotes, era la principal culpable de la catástrofe: ¿dónde ésta la grey que te fue

dada.? (v.20b). Como centro de la teocracia, con sus clases dirigentes, tenía obligación de velar

por los intereses de su pueblo, como un pastor por su espléndido rebaño.

A continuación el profeta reprocha a Jerusalén porque ha ido en busca de amantes (con

sus devaneos diplomáticos), que al fin han de invadirla como dominadores, a los que antes había

abierto las puertas de su intimidad: los avezaste a ti (v.21), introduciendo sus dioses y costumbres.

Ha abandonado a Yahvé para buscar otros amantes, que terminarán por despreciarla y dominarla.

Pero no tardará en probar las consecuencias, ya que le llegan angustias como a mujer en

parto (v.2:1b).

Jerusalén, inconsciente y habituada al pecado, no piensa por qué le sucede todo aquello;

pero el profeta le dice que es por sus maldades por lo que queda reducida a esclava, presa de la

lujuria de los vencedores 17. La palabra talones parece ser un eufemismo para indicar las partes

pudendas18. Judá está tan habituada a sus pecados, que parece muy difícil, casi imposible, que

cambie de conducta: ¿Mudará su tez el etíope, o el tigre su rayada piel? (v.23). Con tanto pecar

se ha creado una segunda naturaleza.

La consecuencia de sus transgresiones es- la cautividad: los dispersaré como paja. (v.24).

Tal es tu parte, tu porción asignada (ν.26).

Yahvé había destinado a Israel a ser un pueblo grande, como la más bella herencia entre

las naciones 19; pero esto estaba condicionado a la fidelidad a sus mandatos. Pero Israel se olvidó

1998

de Yahvé y puso su confianza en la mentira (v.25b), en los ídolos engañosos, que no son sino

vanidad. Por eso Yahvé la avergonzará ante todas las naciones como doncella deshonrada (v.26),

expuesta a la lujuria de sus amantes, que ahora vienen en plan de dominadores. Las vergüenzas

de Judá son sus adulterios., e.d., sus prácticas de idolatría, dejante de ser la fiel esposa de Yahvé

20. Principalmente en los collados o lugares altos había multiplicado sus actos idolátricos, que

son sus torpezas, por tener relaciones adulterinas con los ídolos, dejando a su Esposo, Yahvé 21.

Después el profeta lanza un suspiro amoroso, preocupado por la suerte de Jerusalén: ¡Ay de ti,

Jerusalén, si no te limpias! (v.27c). Es una última llamada a la conversión. Por fin, un grito desesperado

de amor: ¿Hasta cuándo aún.?

1 Cf. Ex 28:40ss; Lev 16:4. — 2 Cf. 2 Re 1:8;Mt3:4. — 3 Cf. Is 3:24; Jer 2:32; Is 49:18. — 4 Cf. S. Jerón., Pro! in Os.: PL 25:8180;

Condamin, Le lime de Jérénñe p.us. — 5 Buzy, Les symboles de l'Ancien Testament ρ. 124. Sobre la identificación del Eufrates y

Fura cf. Abel, Géog. de la Palestine I c.400; 11404. — 6 Cf. Osc.1; Isc.20; Ez c.4-5. — 7 Cf. Is 19:14; 29:20; 51:17; Ap 14:10;

16:19. — 8 Cf. Jos 7:19; Mal 2:2', Tn c,24; Act 12:23. — 9 Cf. 159:1. — 10 Cf. Am 5:18; Is 5:20. — 11 Los LXX y la Vulgata

traducen la palabra hebrea por sombra de muerte. Hoy día se suele traducir más bien simplemente “oscuridad,” siguiendo la vocalización

salmut en vez de salmawet, que es la vocalización del TM. — 12 Otros traducen: “deportada entera” (Bible de Jérusalem).

— 13 En el c.29:2 habla Jeremías de la deportación de “Joaquín y la reina madre,” con el mismo término de ghebirah. Cf.

22:26. — 14 Cf. Jer34:7. — 15 Jerusalén falta en el TM, pero está en los LXX. — 16 Texto oscuro. La Bible de Jérusalem: “¿Qué

dirás cuando te visiten triunfantes los que habías habituado a tus intimidades?” — 17 Cf. Is 47:2-3. — 18 Cf. Ex 4:25; Is 7:20;

36:12; Ez 7:17. — 19 Cf. Jers.19. — 20 Cf. Nah 3:5 — 21 Cf. Jer 2:20; 3:6.

14. La gran sequía. Castigo del pueblo. Oración.

El capítulo está integrado por piezas diferentes, yuxtapuestas por un redactor posterior: a) elegía

por una gran sequía (1-10); b) diálogo de Yahvé y del profeta (11-16); c) lamentación por la

catástrofe (17-18); d) súplica para que cese la sequía (19-22).

Elegía por una gran sequía (1-6).

1 Llegó la palabra de Yahvé a Jeremías a propósito de la sequía: 2 Judá está de duelo y sus

puertas languidecen, se inclinan hacia tierra, y se alza el grito de Jerusalén. 3 Sus magnates

mandaron a los subordinados por agua; fueron éstos a los pozos, no hallaron agua y se volvieron

con sus cántaros vacíos. Están avergonzados, confundidos, con las cabezas cubiertas,

4 pues el suelo está consternado porque no hay lluvia en la tierra. Los labradores están

avergonzados, se cubren sus cabezas. 5Aun las ciervas en el campo paren y abandonan (la

cría) por falta de pastos. 6 Los asnos salvajes se paran sobre las colinas peladas, aspirando

el aire como chacales, con los ojos consumidos, por falta de hierba.

No sabemos cuándo tuvo lugar esta calamidad cantada con elocuencia exquisita por el profeta.

La sequía ha afectado a todo Judá, que esta de duelo (v.2). Una consternación general se apodera

de todo el país. La vida de las ciudades, que se desarrollaba bulliciosa y animada en sus puertas,

está desierta: las puertas languidecen (v.2).

Era el lugar de reunión de las caravanas que salían y entraban, y también el lugar del

mercado y de las contrataciones 2. Ahora no se ven sino personas tristes y lánguidas. Mientras

tanto, surge el llanto por doquier dentro de la ciudad: se alza el grito de Jerusalén. La situación

es tan crítica, que los magnates, que tenían sus propias cisternas en casa, se ven obligados a enviar

a sus subordinados a buscar agua a los pozos públicos por la campiña (v.3). Pero vuelven

con los cántaros vacíos, ante la decepción general de los que ansiosamente les esperaban: están

avergonzados, con las cabezas cubiertas, en señal de duelo y aflicción 3. La situación es trágica,

ya que el suelo esta consternado al no recibir la lluvia bienhechora. Las mismas ciervas, consi1999

deradas en la antigüedad4 como los animales más afectuosos con sus hijos, abandonan (la cría)

(v.5), pues por falta de pastos están ciegas buscando medios de subsistir. El instinto de conservación

es en ellas superior al de reproducción. Los mismos asnos salvajes (onagros o cebras),

que por morar en zonas desérticas están habituados a prescindir del agua a menudo, ahora se paran

sobre las colinas aspirando el aire como chacales (v.6). En su deseo de refrigerar la garganta

reseca, se suben a los lugares más altos para aspirar el viento, por si les trae una corriente de

humedad, que tanto ansían. Los chacales suelen estar con la boca abierta hacia arriba, lanzando

aullidos muy característicos.

Súplica de salvación a Yahvé (7-9).

7 Aunque nuestras maldades clamen contra nosotros, obra, Yahvé, por la gloria de

tu nombre. Porque muchas son nuestras rebeldías. Hemos pecado contra ti. 8¡Oh

esperanza de Israel, oh Yahvé 5, su salvador en el tiempo de la angustia! ¿Por qué

has de ser como peregrino en el país, como viajero que se para para pernoctar?

9¿Por qué has de ser como hombre azorado, como guerrero incapaz de salvar? Pues

tú, Yahvé, (habitas) en medio de nosotros, y tu nombre es invocado sobre nosotros,

No nos desampares.

El profeta reconoce la culpabilidad de su pueblo, pero pide auxilio a Yahvé para que manifieste

su gloria, su nombre, y no quede como impotente ante los pueblos paganos (ν.7). Yahvé es en

realidad la esperanza de Israel (v.8) y, por consiguiente, no debe conducirse como peregrino,

que pasa por el país sin preocuparse de sus problemas. Israel es la heredad de Yahvé y, por consiguiente,

debe preocuparse de las tragedias y problemas de su pueblo. Si no interviene en favor

de Israel en los momentos críticos, los paganos considerarán a Yahvé como hombre azorado6,

poseído del terror, que pierde sus fuerzas ante el peligro y no sabe reaccionar serenamente, castigando

a los enemigos. Por otra parte, los paganos deben ser testigos de las proezas de Yahvé

como guerrero que antiguamente salvó a su pueblo. Mucha era la fama de Yahvé como salvador,

como héroe de su pueblo; pero, si ahora no sale en favor de éste, todos creerán que sus antiguas

proezas no fueron sino invención de la imaginación popular y que en realidad es un guerrero incapaz

de salvar (v.9a). Debe tener en cuenta Yahvé que mora en Israel y que da nombre a todos

los descendientes de Abraham: tu nombre es invocado sobre nosotros (v.9b); son el pueblo de

Yahvé ante los gentiles; como el esposo da nombre a la esposa, así ellos son denominados pueblo

de Yahvé. Por eso, la catástrofe de Judá compromete el honor de su Dios. Yahvé había prometido

proteger a su pueblo como el águila a sus polluelos 7, y ahora es el tiempo de mostrar su protección

omnipotente.

Respuesta de Yahvé (10-12).

10 Esto habla Yahvé de este pueblo: Gustan de andar errantes de un lado para otro,

no se contienen sus pies. Pero Yahvé no se complace en ellos; ahora se acordará de

sus maldades y les pedirá cuenta de sus pecados, 11 Y me dijo Yahvé: No ruegues

por este pueblo para su bien. 12 Aunque ayunaren, no escucharé sus clamores, y

aunque ofrezcan holocaustos y oblaciones, no los aceptaré, sino que los consumiré

con la espada, con el hambre y con la peste.

Yahvé responde a la súplica intercesora del profeta alegando que el pueblo sigue sus caminos

perversos, alejado de su Dios. En vez de volver al camino señalado por su Dios, anda errante de

2000

un lado para otro (v.10). En lo religioso va tras de los ídolos; en lo moral sigue sus conveniencias

y pasiones, y en lo político busca alianzas con pueblos extranjeros, como Babilonia y Egipto.

Están tan inquietos y nerviosos, que no contienen sus pies. Por eso Yahvé no se complace en

ellos, porque no puede aprobar tal conducta extraviada; y les pedirá cuenta de sus pecados. Ha

llegado la hora de su intervención justiciera, y, en consecuencia, no quiere que Jeremías rue-gue

por su pueblo para bien (v.11), como si la sentencia estuviera ya dada. Naturalmente, en estas

frases hay que tener en cuenta que las profecías conminatorias en el A.T. son siempre condicionales,

pues está supeditado su cumplimiento a la conversión o impenitencia de los destinatarios.

Los ritos externos en el templo, con sus sacrificios y ofrendas, y los ayunos, no bastarán para detener

la ira de Dios (v.12), que se va a manifestar con el hambre, la espada y la peste, la terrible

trilogía del exterminio que quedará clásica en la literatura bíblica profética y apocalíptica. Son

los tres flagelos que constituyen como los instrumentos de la justicia divina en todos los tiempos.

Contra los falsos profetas (13-16).

11 Y yo dije: ¡Ah, Señor, Yahvé! He aquí que los profetas les dicen: No veréis la espada

ni tendréis hambre, pues paz auténtica os daré en este lugar. 14 Pero Yahvé me

dijo: Mentidamente los profetas profetizan en mi nombre; yo no los he enviado, no

les he mandado, no les he hablado. Falsas visiones, agüeros, vanidades y engaños de

su corazón es lo que os profetizan. 15 Por eso dice Yahvé contra los profetas que profetizan

en mi nombre, sin haberles yo enviado, diciendo: “No habrá en esta tierra

espada ni hambre.” A la espada y por hambre perecerán esos profetas. 16 Y el pueblo

a quien ellos profetizaron será arrojado a las calles de Jerusalén por el hambre y

la espada, y no habrá quien les dé sepultura, ellos, sus mujeres, sus hijos y sus hijas,

y haré caer sobre ellos su maldad.

Los profetas, por halagar al pueblo, lanzaban falsas promesas de paz: no veréis la espada. (ν.13).

Pero todo esto no es sino creación de su propia imaginación, ya que Yahvé no les habló (v.14).

En Dt 18:15 se dan las normas para distinguir a los verdaderos de los falsos profetas, y entre

ellas la más clara es que el que predique el culto idolátrico, separándose de Yahvé y de su Ley,

no es verdadero profeta. Tal es el caso de los falsos profetas, que no se preocupan de ganar el

corazón de sus oyentes, acudiendo a sortilegios, agüeros; pero todo son engaños de su corazón.

Son unos impostores. Por eso, el castigo será terrible, pues se desencadenará una mortandad sobre

todos ellos y los que les hicieron caso (v. 16).

Súplica del profeta (17-22).

17Y les dirás esta palabra: Derraman mis ojos lágrimas noche y día sin cesar, pues la

virgen hija de mi pueblo ha sido quebrantada con gran quebranto, herida de gravísima

plaga. 18 Si salgo al campo, he aquí muertos por la espada; si entro en la ciudad,

sufrimientos por el hambre, pues hasta los profetas y sacerdotes andan errantes

por un país que no conocen. 19¿Acaso has desechado del todo a Judá? ¿Ha detestado

tu alma a Sión? ¿Por qué nos heriste sin que hubiera curación? Esperábamos

paz, y no hay bonanza, y al tiempo del alivio sólo hay turbación. 20Reconocemos, ¡oh

Yahvé! nuestra maldad y la de nuestros padres, pues hemos pecado contra ti. 21Por

tu nombre no nos rechaces, no dejes profanar el trono de tu gloria. Acuérdate, no

rompas tu alianza con nosotros. 22¿Hay entre los ídolos de las gentes quien pueda

hacer llover? ¿O pueden los cielos dar la lluvia? ¿No eres tú, Yahvé, Dios nuestro?

2001

En ti esperamos, porque has hecho todo esto.

Un nuevo canto elegiaco sobre la ruina de Judá como pueblo. La mortandad es tan grande, que

tanto en la campiña como en la ciudad no hay sino muertos por la espada y sufrimientos por el

hambre (v.18). La expresión virgen hija de mi pueblo es sinónima de “pueblo” de Judá, personificado

en una doncella, objeto de los amores de Yahvé 8. Los sacerdotes y profetas, que antes

habían hecho creer que no habría guerra ni necesidades, se verán obligados a andar errantes por

un país que no conocen (v.15c) en busca de alimentos para cubrir sus necesidades más elementales.

Después de reflejar el estado de trágica ruina de su pueblo, el profeta se identifica con éste,

lanzando una súplica angustiosa a Yahvé para que evite tanta desgracia: ¿Acaso has desechado a

Judá? (v.19a). El profeta recuerda las relaciones íntimas que en otro tiempo hubo entre Yahvé y

su pueblo en virtud de la alianza. Yahvé había prometido estar siempre con su pueblo, pero ahora

apenas hay esperanza de salvación. Quizá haya cambiado Yahvé de sentimientos para con

su pueblo: ¿Ha detestado tu alma a Sión? (v.16a). En otro tiempo los castigó, pero no tanto como

ahora: ¿Por qué nos heriste sin que hubiera curación? (v.16b).

La catástrofe es tal, que no hay esperanza: en vez de paz y alivio, cada vez hay mayor

turbación y angustia. Ciertamente que todo esto ha venido por los pecados de Judá, y el pueblo

lo reconoce (v.20); pero al menos que no los rechace por su nombre. Es preciso que su nombre,

e.d., su fama como omnipotente y protector de sus fieles, permanezca entre las gentes. Además,

Jerusalén es el trono de su gloria (v.21), que sería profanado por las gentes si llegaran a ocupar

la Ciudad Santa. Están, pues, en juego los intereses de Yahvé, y si bien el pueblo como pecador

merece todo esto, sin embargo, el celo de su gloria debe salir en defensa de éste para que no sea

objeto de burla entre las naciones. La derrota de su pueblo sería la derrota del prestigio de Yahvé

entre los pueblos paganos. Y, como una última apelación, le recuerda la antigua alianza: acuérdate,

no rompas tu alianza con nosotros (v.21b). Aunque el pueblo le había sido infiel, sin embargo,

siempre subsistían las cláusulas de la alianza con Israel. Precisamente, por mantener las

promesas de esta alianza, Yahvé había protegido milagrosamente a su pueblo en muchas situaciones

críticas.

Por fin vuelve el profeta al tema de la sequía. Es Yahvé omnipotente y sólo él puede enviar

la lluvia. Los ídolos no pueden hacer que los cielos envíen esto que tanto necesitan en estos

momentos. Todo depende de Yahvé, y los cielos por sí mismos no pueden enviar la esperada lluvia.

Y de nuevo lanza una apelación a las especiales relaciones que Yahvé tiene con su pueblo:

¿no eres nuestro Dios?

1 Así según el TM. Los LXX: “han cesado los trabajos de la tierra,” que hace buen sentido. La Bible de Jérusalem: “el suelo cesa de

producir.” — 2 Cf. Is 3:26. — 3 Cf. 2 Sam 15:30; 19:4; Is 53:3. — 4 Cf. Plin., 8 0.32; Prov 5:19. — 5 Yahvé falta en el TM, pero

está en los LXX. — 6 La palabra hebrea empleada es de significado incierto. Los LXX leen “hombre que duerme.” Schultens, siguiendo

el árabe, traduce “atónito.” — 7 Cf. Dt 32:11. — 8 Cf. Is 23:12: “virgen hija de Sicidn”; 47:1: “virgen hija de Bdtuíom-

'a”; Jer 46:11: “virgen hija de Egipto.”

15. La Mortandad y el hambre. Quejas de Jeremías y respuesta

de Yahve.

Este capítulo contiene fragmentos en prosa y verso. Se habla de la irrevocabilidad de la decisión

divina de castigar a Judá (1-4). Después se anuncia la guerra devastadora de Judá (5-9), siendo el

resto un desahogo del alma atribulada del profeta, que se queja a Yahvé por la triste situación

que le creaba su misión, a lo que responde severamente Yahvé (10-21).

2002

Decisión irrevocable divina de castigar a Judá (1-4).

1 Y Yahvé me dijo: Aunque se me pusieran delante Moisés y Samuel, no se volvería

mi alma a este pueblo. Quítalos de mi presencia, que se vayan.2 Y si te preguntan:

¿Adonde hemos de ir? les responderás: Así dice Yahvé: El que a la muerte, a la

muerte; el que a la espada, a la espada; el que al hambre, al hambre; el que al cautiverio,

al cautiverio. 3Yo les daré por regidores cuatro deudos! oráculo de Yahvé: la

espada para matar, los perros para arrastrarlos, las aves del cielo y las fieras del

campo para devorarlos y consumirlos. 4 Y los haré el terror de todos los reinos de la

tierra a causa de Manases, hijo de Ezequías, rey de Judá, por cuanto hizo en Jerusalén.

A pesar de la angustiosa súplica de perdón del profeta, Yahvé no quiere revocar su decreto de

exterminio sobre su pueblo pecador. Es tal su grado de culpabilidad, que no admitiría como intermediarios

ni a Moisés ni a Samuel, famosos por su poder intercesor ante Yahvé2. En Ez 14:14,

Dios dice que enviaría su castigo aunque estuvieran presentes en el pueblo Noé, Daniel y Job. En

el caso de Jeremías, Yahvé sólo quiere destacar la maldad del pueblo impenitente, y, si le castiga,

no debe extrañarse de que no oiga su súplica, pues ni a personajes de más relieve en la historia de

Israel los hubiera escuchado. Esto indica, de un lado, cierto poder intercesor ante Dios de sus

amigos, si bien la concesión de lo que piden está condicionada por las exigencias de la justicia

divina y su misteriosa providencia sobre los hombres y las cosas. Ahora no quiere escuchar la

súplica que en nombre del pueblo ha hecho el profeta, y pide que se vayan y no continúen orando:

quítalo de mi presencia. (v.1b). Es una expresión fuerte, que no se debe tomar a la letra. Ya

hemos dicho que los orientales buscan las frases radicales, los contrastes violentos, para expresar

enfáticamente una idea determinada, sin hacer caso por el momento de los matices de la misma.

No es que Yahvé no quiera que interceda con súplicas, sino que aquí se quiere resaltar el decreto

de castigo irrevocable, para indicar la magnitud de sus delitos. El estilo es entrecortado y seco,

para dar más vigor al pensamiento. No es necesario suponer que el pueblo estuviera en aquel

momento en el templo orando y que Yahvé mandara a Jeremías que lo hiciera salir de él, sino

que aquí nos encontramos con una idealización dramatizada, creada por el mismo profeta: antes,

identificándose con el pueblo, había suplicado perdón; ahora Yahvé responde que no puede darlo,

y le dice que el pueblo no siga ante su presencia, orando: que se vayan. Sigue la idealización

dramatizada: si el pueblo preguntara: ¿Adonde hemos de ir? (v.2), entonces el profeta debe indicar

a cada uno su destino trágico: el que a la muerte, a la muerte.; la espada., el hambre., el cautiverio

(v.2). Las expresiones son terribles y entrecortadas. En el v.12 del capítulo anterior, Yahvé

había anunciado la espada, el hambre y la peste al pueblo pecador. Ahora llega la hora de su

cumplimiento: el que está destinado a la muerte (por pestilencia), a la muerte; el destinado a la

espada, a la espada, e.d., a muerte violenta. Y todo esto se confirma con lo que dice en el ν.3: la

mortandad será general y de tales proporciones, que los cadáveres quedarán insepultos, pasto de

las aves y de las fieras del campo 3. El castigo infligido a su pueblo será tan grande, que se hará

famoso en todos los lugares: los haré terror de todos los reinos de la tierra (v.4). Todos se sobrecogerán

al oír tales noticias de destrucción y de muerte. El pueblo de Judá será considerado

como una maldición permanente de su Dios, que lo ha abandonado, y nadie querrá vivir a su lado,

pues sentirán terror al convivir con un pueblo maldito de su Dios. Y el principal responsable

de la catástrofe es el impío rey Manases (693-640), que había introducido los cultos idolátricos

asirios, y por ello había quedado como símbolo de la impiedad en la historia de Israel. Mu2003

chos autores consideran la frase a causa de Manases, hijo de Ezequías, rey de Judá (v.4b), una

adición de un glosista postexílico 3a.

La devastación de Jada (5-9).

5 ¿Quién, pues, va a compadecerse de ti, oh Jerusalén? ¿Quién se dolerá de ti?

¿Quién se saldrá del camino para preguntar por ti y saludarte?4 6Tú me dejaste a mí

— oráculo de Yahvé — , me volviste la espalda, y yo voy a extender contra ti mi

mano y aniquilarte; estoy cansado de sentir compasión. 7 Y los aventaré con el bieldo

a las puertas de la tierra; dejaré sin hijos, destruido a mi pueblo, que no se vuelve

de sus caminos. 8 Serán más numerosas sus viudas que las arenas del mar. Lanzaré

contra las madres de los jóvenes un devastador en pleno día. Haré que caiga sobre

ella de repente el terror y el espanto. 9 Ajóse la madre de siete (hijos), ajóse la que

dio a luz a siete; su alma desfalleció; púsose para ella el sol cuando aún era de día,

quedó confusa y avergonzada. Sus restos los entregaré a la espada en presencia de

sus enemigos, oráculo de Yahvé.

Es una nueva lamentación sobre la ruina de Judá. El colmo de la desolación de Jerusalén es que

no encontrará quien tenga compasión de ella, y sobre todo se sentirá sin el apoyo de Yahvé (v.5).

Jerusalén es representada como una persona aislada de las vías de comunicación, sola en su dolor,

que se hace mayor al ver que nadie deja su camino para preguntarle por su estado: ¿quién se

saldrá del camino para. saludarte? (v.5b). Pero esto es consecuencia de sus transgresiones. Es la

ley del talión: puesto que Israel ha abandonado a Yahvé, éste, a su vez, la dejará sola, sin consuelo:

me volviste la espalda (v.6). No tiene derecho a que Yahvé se preocupe de ella, pues ha roto

voluntariamente sus relaciones con El5. Es más, Dios quiere castigarla por su conducta: voy a

extender contra ti mi mano para aniquilarte (v.6b). La expresión extender la mano en la Biblia

equivale a castigar 6. En otro tiempo, Yahvé extendía su mano para castigar a los enemigos de

Israel7; en cambio, ahora lo hará contra su propio pueblo. Tantas veces le ha perdonado sin conseguir

una verdadera penitencia, que ahora se siente cansado de sentir compasión por ella. La

consecuencia del castigo divino será el exilio babilónico: los aventaré con el bieldo (v.7). Yahvé

aquí es como el agricultor, que arroja el grano al aire para purificar la era, siendo la paja llevada

lejos por el viento. El pueblo israelita, pecador, es aquí la paja, sin valor, llevada por el turbión

de la catástrofe. La frase puertas de la tierra equivale a las ciudades del país 8. Las puertas eran

el lugar de concurrencia de la ciudad, y que designan la misma ciudad. La expresión dejaré sin

hijos es hiperbólica, para indicar la magnitud de la catástrofe. Por efecto de la guerra habrá más

viudas. que arenas del mar (v.8); otra hipérbole oriental al estilo de la anterior.

Cuando nadie lo piense y estén todos más despreocupados, Yahvé enviará un devastador

en pleno día (v.8b). La alusión puede ser a la invasión babilónica después del 605, cuando Nabucodonosor

merodeaba con sus tropas por Palestina, o a las razzias de moabitas, amonitas y edomitas,

que periódicamente asaltaban el territorio israelita, sembrando la consternación y la ruina

9. La frase contra la madre de los jóvenes del TM ha de entenderse en sentido colectivo, y mejor

siguiendo la lección siríaca: “las madres y los adolescentes”; es decir, toda la población caería en

manos del devastador, que en pleno día, es decir, cuando menos se esperaba, asaltaría las localidades

de Judá, sembrando el terror y el espanto, que provenía de Yahvé, en cuanto que el devastador

era un instrumento de la justicia divina para castigar a su pueblo pecador. Las madres que

se sentían más felices y orgullosas por tener numerosa prole serán las más desgraciadas, al ver

morir al fruto de sus entrañas: ajóse la que dio a luz a siete (v.9). Perder a todos sus hijos, su glo2004

ria io y felicidad, era una. desgracia que no tenía parangón. De nuevo el profeta habla con frases

hiperbólicas para hacer resaltar la magnitud de la catástrofe. En el caso de esta madre, el haber

tenido muchos hijos es ocasión de mayor desgracia; por ello desfalleció, púsose para ella el sol

cuando aún era de día, es decir, murió antes de tiempo, en edad prematura, cuando aún podía

esperar muchos años de vida; o bien aquí el sol simboliza la felicidad, que le es arrebatada al

perder los hijos, que constituían como la luz radiante del día. Al verse privada de lo que constituía

su motivo de orgullo en la sociedad, quedó confusa y avergonzada, pues la desgracia era

considerada como un castigo de parte de Yahvé.

Y no terminará aquí la catástrofe, pues los restos que se salven de la nación serán condenados

a la espada. Es el anuncio de una invasión posterior que traerá la ruina definitiva de la nación,

la catástrofe del 586, que terminó con la toma de Jerusalén por los babilonios y la desaparición

de Judá como nación.

Lamentos del profeta (10-18).

10¡Ay de mí, madre mía, pues me engendraste, soy objeto de querella y de contienda

para toda la tierra! A nadie presté, nadie me prestó, y, sin embargo, todos me maldicen.

11¿En verdad, Joh Yahvé! soy culpable? 11 En el tiempo del infortunio y de la

angustia, ¿no te rogaba por el bien de los que me odian? 12¿Se puede romper el hierro,

el hierro del norte y el bronce?12 13Tus bienes y tus tesoros yo entregaré al pillaje

y sin precio, por todos tus pecados y sobre todo tu territorio. 14Yo te haré esclavo

de tus enemigos 13 en tierra que no conoces, porque se ha encendido el fuego de mi

cólera y arderá contra vosotros. 15Tú lo sabes, Yahvé: Acuérdate de mí y mira por

mí, y véngame de mis perseguidores. No contengas tu ira14. Mira que por ti soporto

oprobios 16de parte de los que desprecian tus palabras. Consúmelos15. Eran para mí

tus palabras el gozo y la alegría de mi corazón, porque yo llevo tu nombre16, ¡oh

Yahvé, Dios de los ejércitos ! 17 Nunca me senté entre los que se divertían para gozarme

(con ellos). Por tu mano me sentí solitario, pues me habías llenado de tu ira. 18

¿Por qué ha de ser perpetuo mi dolor, y mi herida, desahuciada, rehusa ser curada?

¿Vas a ser tú para mí como (torrente) falaz, cuyas aguas no son seguras?17

En este dramático fragmento, el profeta refleja su lucha interior al tener que llevar adelante con

una misión que le es ingrata, pues debe aparecer como enemigo de su pueblo y traidor a sus

compatriotas. Debió de ser compuesto en la época tormentosa del rey Joaquim (609-598), bajo el

cual tuvo que sufrir mucho de parte de la corte. Jeremías se considera como vencido por la vida y

se lamenta a Yahvé por la misión que le ha obligado a aceptar 18. En algunos momentos le parece

que está abandonado hasta del mismo Dios.

Así, en un momento de desánimo, se pregunta si no sería mejor no haber nacido: ¡Ay de

mí, madre mía, pues me engendraste! (v.10). Es un desahogo similar al del profeta Elias perseguido

por Jezabel y al de Job en el colmo de los infortunios 19. Jeremías se siente atacado por todas

partes por tener que hacer frente a los abusos de todas las clases sociales. Por eso es objeto

de querella y de contienda por doquier. Todos le salen al paso y le maldicen. Sin embargo, él

jamás se ha metido en negocios de interés material con nadie: A nadie presté, nadie me prestó.

El préstamo con interés a los compatriotas estaba prohibido en la Ley 20, pero la costumbre había

creado un ejercicio de préstamo bastante generalizado. El profeta se halla al margen de todo, en

tal forma que nadie puede quejarse de sus intereses personales. Jeremías se siente inocente

(v.11), e incluso su bondad se extendía a los enemigos, por los que rogaba (v.11).

2005

El v.12 es muy enigmático y considerado por algunos como glosa, aunque está en todas

las versiones. La versión de los LXX es totalmente diferente del TM: “¿Se puede conocer el hierro

y el recubrimiento del cobre?” Ninguna de las dos lecciones parece dar un sentido aceptable.

La frase hierro del norte parece aludir al hierro del Cáucaso, que era donde primero fue extraído,

y era considerado como de mejor calidad. Quizá se aluda a la imagen de Jer 1:18: “Te pongo

como columna de hierro, como muro de bronce,” aplicado a Jeremías resistiendo los embates de

los enemigos. Así, pues, hablaría Yahvé: Puesto que te he puesto como “columna de hierro,” no

debes temer nada, pues ¿se puede romper el hierro del norte y el bronce? (v.12). Otra explicación

posible es tomar la frase hierro del norte como sinónima del ejército babilonio. Como no es

posible romper el hierro y el bronce, así no es posible a Judá romper la fuerza militar de Babilonia.

Todas sus riquezas, bienes y tesoros caerán en poder del invasor omnipotente sin compensación

alguna. Y todo ello a causa de los pecados del pueblo israelita (ν.13). Υ después, el cautiverio

en tierra desconocida (v.14). La justicia divina se manifestará como un fuego devorador 21.

De nuevo Jeremías vuelve a su problema personal íntimo, pidiendo protección contra los que

conspiran contra su vida, sus perseguidores (v.15). Al profeta en su tragedia íntima se le hace

larga la espera por el castigo de sus enemigos: no contengas tu ira (v.15b), Y para ello invoca el

celo de Yahvé, pues todo lo soporta por El. Además, vuelve a presentar su inocencia y fidelidad:

las palabras y mandatos de Yahvé constituían su gozo y la alegría de su corazón (v.16). Es un

auténtico profeta de Yahvé; por eso puede decir que lleva su nombre. Toda su vida pertenecía a

su Dios: yo llevo tu nombre (v.16b). Precisamente por estar al servicio de Yahvé estaba condenado

al ostracismo social: por tu mano me sentía solitario (ν.17b). El, que tenía un temperamento

comunicativo, debía aislarse de los que se divertían (ν.17). Siempre tenía que anunciar cosas

fúnebres y conminatorias a sus conciudadanos, proclamando la manifestación de la ira divina:

pues me habías llenado de tu ira (ν.17b) para difundirla en su nombre sobre la sociedad corrompida.

Toda su vida ha sido un sufrimiento continuo, una herida incurable (v.18). Durante su penoso

ministerio profetice se repiten las situaciones de modo terriblemente monótono: desprecios,

incomprensiones, calumnias, irrisiones; ése es su patrimonio en esta vida; es su sino terrible, semejante

a una herida que rehusa ser curada (v.18). Sobre todo, lo que más angustia su alma es

que Yahvé no parece cumplir sus promesas de castigo sobre sus enemigos. ¿Es que le engaña?

En ese caso, la situación de Jeremías es la del viajero que atraviesa la estepa sediento con la ilusión

de encontrar un torrente de agua conocido de antes, y, al llegar al lugar, se encuentra con

que está seco: ¿vas a ser como torrente falaz, cuyas aguas no son seguras? (v.18)22.

Confortamiento del profeta por Dios (19-21).

19 Por eso así dice Yahvé: Si tú vuelves, yo te volveré y permanecerás ante mí. Si tú

sabes distinguir lo precioso de lo vil, seguirás siendo mi boca 23. Ellos se volverán a

ti, no serás tú quien te vuelvas a ellos, 20 y te constituiré para este pueblo como muro

inexpugnable de bronce. Combatirá contra ti, pero no podrán contigo, porque yo estaré

contigo para salvarte y liberarte, oráculo de Yahvé. 21 Y te libraré de la mano

de los malvados y te rescataré de la garra de los violentos.

El profeta en sus quejas parecía querer sustraerse a su ingrata misión. Sin embargo, Yahvé le da

una oportunidad para volver sobre su supuesta resolución, ofreciéndose de nuevo al servicio de

El: si tú vuelves, yo te volveré (v.19a). Pero es preciso que sepa abstenerse de todo punto de vista

personal; es necesario que se entregue plenamente a la misión de profeta, comunicando la palabra

divina (lo precioso), separándolo de las escorias inherentes a sus puntos personales: lo vil

2006

(v.19b); probable alusión a la nostalgia que en el ν. ι mostraba por las lícitas expansiones y alegrías

sociales a él vedadas. Si vuelve de nuevo desinteresadamente a ponerse al servicio de Yahvé,

continuará su nobilísima misión de profeta: seguirás siendo mi boca (v.19b), el intérprete del

mismo Dios24. Además, llegará un momento en que sus enemigos se acercarán al profeta para

que interceda por ellos cuando llegue la catástrofe: volverán a ti, no tú a ellos (V.19C). Por el

mismo Jeremías sabemos que, en un momento de angustia, el rey Sedecías rogó a Jeremías que

orara por la nación, y después de la toma de Jerusalén por los babilonios, los que se salvaron pidieron

a Jeremías que intercediera por ellos ante los babilonios antes de huir a Egipto 25. Dios,

por su parte, le repite lo que le había prometido al ser llamado al oficio profético: le daría fuerzas

para resistir como inexpugnable muro de bronce (v.20). No podrán con él precisamente porque

Yahvé está a su lado para liberarle 26.

1 Otros traducen de un modo más ceñido: “Yo voy a poner sobre ellos cuatro hermosas familias” (Bible de Jérusalem). Mejor quizá:

“enviaré sobre ellos cuatro especies (de flagelos).” — 2 Cf. Ex 17:1ss; 32:11-14; Núm 14:13-24; Dt 9:18-20.25-29; 1 Sam 7:8-9;

12:19-23; Sal 99:6ss. — 3 Cf. Jer 6:2; 9:22; 2 Re 9,35-37- — 3a Sobre Manases cf. 2 Re 31:3233; 23:26; 24:3. — 4 Literalmente

“para preguntarte la paz,” es decir, preguntar si está en paz, que es el saludo habitual hebreo. — 5 Cf. Jer 12:7; 23:33. — 6 Cf. Jer

6:12; Is 9:12; 17:21; 10:4. — 7 Cf. Ex 7:19; 8,5. — 8 Cf. Jer 14:2; 1 Re 22:10. — 9 Cf. 2 Re 24:1; 2 Crón 36:6-7; Dan 1:1-2. —

10 Cf. 1 Sam 2:5; Rut 4:15- — 11 Verso muy oscuro. Bible de Jérusalem: “En verdad, Yahvé, ¿no te he servido lo mejor que pude,

e intercedido por mi enemigo?” Dennefeld: “Verdaderamente te he servido bien.” Literalmente el TM dice: “Dice Yahvé: Si

no te fortalezco para bien.” — 12 También oscuro. Hemos preferido la traducción de Dennefeld y de la Bible de Jé-rusalem. — 13

Literalmente el TM dice: “Traeré a tus enemigos de una tierra que no conoces” (Cantera). Hemos seguido en la traducción la versión

de los LXX, que supone un ligero cambio de consonantes. — 14 Literalmente el TM parece decir: “No me arrebate tu ira por

tu longanimidad” (Cantera). Nosotros hemos seguido a los LXX, suprimiendo una palabra. La Bible de Jérusalem: “Tu cólera es

demasiado lenta, que no me lleve” (la muerte). — 15 También aquí hemos preferido la versión de los LXX. El TM dice: “Fueron

halladas tus palabras y las he comido.” Lo que parece está conforme a Ez 2:8ss. — 16 Literalmente en hebreo: “porque tu nombre

es invocado sobre mí.” — 17 Literalmente el TM dice: “¿Vas a ser tú como algo engañoso, aguas que no son fieles?” La mención

de “aguas” parece suponer que el “engañoso” anterior se refiere al torrente, cuyas aguas faltan la mayor parte del año, y así causan

decepción al caminante. La frase torrente falaz era muy común en la literatura bíblica. — 18 Cf. Jer 11:18-23; 17:14s; 18:18-23;

20,7-18. — 19 Cf. 1 Re 19:4; Job 3:1; Jer 20:14. — 20 Cf. Lev 25:26; Dt 23:19. — 21 Los v. 13-14 son considerados por muchos

autores como adición posterior, tomada de 17:3-4- — 22 Cf. Job 6:15-20. — 23 Literalmente en hebreo: “serás como mi boca.” —

24 Cf. Ex4:16. — 25 Cf. Jer 21,iss; 42:2. — 26 Cf. Jer 11:18; 21:1; 15:10; 20:1; 26:8; 28:15.

16. Jeremías, símbolo de las calamidades de su pueblo.

La vida de Jeremías debe ser como una parábola en acción para instrucción de sus compatriotas.

Así, se le prohibe: a) fundar una familia (1-4); b) tomar parte en los duelos por los difuntos (5-7);

c) participar en las alegrías y festines de sus conciudadanos (8-21). Con su vida debe ser un

anuncio permanente del desastre que espera a su pueblo; con su vida de celibato simbolizará la

desaparición de las familias; con su abstención en los duelos se significará que en la hora de la

catástrofe no habrá tiempo para hacer duelo por los muertos, y con su aislamiento en materia de

alegrías sociales debe mostrar que no es hora de jolgorios y alegrías. No sabemos cuándo compuso

este capítulo, que puede estar formado de fragmentos compuestos en distintas circunstancias

de su vida y juntados posteriormente por un editor. Muchos críticos suponen que fue compuesto

bajo el reinado de Joaquim (609-598).

Mandato de permanecer célibe (1-4).

1 Llegóme la palabra de Yahvé, diciéndome: 2 No has de tomar mujer y no tendrás

hijos ni hijas en este lugar. 3 Porque así dice Yahvé de los hijos y de las hijas nacidas

en esta tierra, de las madres que los parieron y de los padres que los engendraron en

esta tierra: 4 Morirán de epidemias, y nadie los llorará ni sepultará; servirán de estiércol

sobre la haz de la tierra, serán devorados por la espada y por el hambre, y

sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra.

2007

La orden dada a Jeremías de no contraer matrimonio suponía un sacrificio muy grande para el

profeta. El matrimonio con una numerosa prole era signo de bendición divina, mientras que la

esterilidad lo era de maldición . Por otra parte, Jeremías era por temperamento afectuoso y comunicativo,

y por ello inclinado a la vida íntima familiar. Sin embargo, debe abstenerse del matrimonio

para ser como un símbolo ante sus compatriotas de las desventuras que les esperaban.

La vida de Jeremías debía ser una ofrenda total a una misión ingrata: la de comunicar de parte de

Yahvé los castigos que habían de caer sobre la sociedad israelita. El celibato del profeta sería un

anuncio permanente de la suerte que esperaba a los padres, que se verían privados de sus hijos

por efecto de la guerra devastadora (v.3). La mortandad será tal, que no habrá ni quien los entierre,

quedando los cadáveres abandonados como estiércol sobre la haz de la tierra., pasto de las

aves2.

Abstención de participar en duelos (5-7).

5 Así, pues, dice Yahvé: No vayas a casa de duelo, ni vayas a plañir, ni te lamentes por ellos,

pues he retirado de este pueblo mi paz — oráculo de Yahvé — , la benignidad y la misericordia,

6 y morirán grandes y pequeños en esta tierra; no se les sepultará ni se los llorará,

ni nadie se hará incisiones ni se rasurará por ellos; 7 y nadie les partirá el pan del duelo 3

para consolar a uno por el muerto, ni se le dará a nadie la copa para consolarle por la

muerte del padre o de la madre.

Jeremías debe abstenerse también, por orden divina, de participar en los duelos. Es decir, no debe

tomar parte ni en sus alegrías (el matrimonio) ni en sus penas. Debe abstenerse de manifestar

condolencias, ya sea en los festines fúnebres, ya en las otras manifestaciones sociales de duelo.

Con ello debía simbolizar la futura mortandad, en la que no quedarían gentes para hacer los ritos

fúnebres de rigor. Ha llegado la hora de la justicia después de haber abusado del tiempo de la

misericordia. En el v.6 especifica los ritos fúnebres de que debe abstenerse. Entre ellos estaban

los de hacerse incisiones y rasurarse la cabeza. El primer rito estaba prohibido entre los israelitas4.

Los sacerdotes no podían rasurarse la cabeza en signo de luto 5, pero parece que era común

entre el vulgo6. Al principio, estos ritos tenían sentido supersticioso, y después pudieron quedar

como mero rito externo de duelo, sin sentido religioso. Jeremías no dice nada sobre la licitud o

ilicitud de estos ritos, sino que se limita a decir que no habrá ocasión de ellos, dada la cantidad

de muertos en la guerra. No habrá lugar para hacer los honores a los caídos, ni tampoco para

consolar a los vivientes por la pérdida de sus deudos: nadie les partirá el pan del duelo (v.7). Esta

frase parece aludir a los banquetes fúnebres que los familiares daban a los que se unían a su

dolor. Otros creen que alude a la supuesta costumbre de llevar los amigos sus manjares y bebidas

a los deudos próximos del difunto, que guardaban un día de ayuno en señal de luto7. El mismo

sentido tendría la copa de consolación por la muerte del padre y de la madre (7b). La tragedia

será tal, que nadie se preocupará de estos deberes elementales sociales, sino que cada uno sólo se

preocupará de su suerte y vida.

Abstención de festines y alegrías (8-9).

8 No entres tampoco en casa donde haya banquete para sentarte a comer y beber

con ellos, 9 pues así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí que voy a

hacer cesar en este lugar, a vuestros ojos y en vuestros días, el canto del gozo y de la

alegría y el canto del esposo y de la esposa.

2008

Tampoco debe Jeremías participar en los festines alegres de sus conciudadanos, para significar

con su conducta que cesará toda alegría y exultación en el país. Aquí banquete (v.8) no se refiere

a los festines fúnebres a los que antes hacía alusión, sino a los banquetes alegres que se celebraban

con ocasión de solemnidades alegres, como bodas y otros acontecimientos felices. El profeta

debe renunciar a todas las alegrías honestas sociales y dedicarse a una vida solitaria, austera y

triste. Con ello se convertirá en un símbolo viviente de las futuras tristezas nacionales 8, que, por

otra parte, son inminentes: en vuestros días (V.9) desaparecerá toda alegría, y entre ellas la más

característica de todas, las jubilosas fiestas nupciales: el canto del esposo y de la esposa.

La apostasía, causa de la catástrofe de Israel (10-13)

10 Y sucederá que, cuando anuncies a este pueblo todas esas cosas y te digan: ¿Por

qué nos anuncia Yahvé todos esos grandes males? ¿Cuáles son nuestras maldades y

cuáles los pecados que hemos cometido contra Yahvé, nuestro Dios? u les responderás:

Porque vuestros padres me abandonaron — oráculo de Yahvé — para irse tras

de los dioses ajenos, para servirles y adorarlos, dejándome a mí y no guardando mi

ley; 12 pero vosotros habéis obrado peor que vuestros padres, pues he aquí que se va

cada uno tras la dureza de su mal corazón, sin escucharme a mí. 13 Pero os arrojaré

de esta tierra a un país que no conocéis ni conocieron vuestros padres, y allí serviréis

día y noche a dioses extraños, pues no concederé gracia.

Los contemporáneos del profeta creían que cumplían sus obligaciones para con Yahvé con la vida

de culto normal en el templo. Con sus sacrificios y ofrendas creían contentar a su Dios, y no

tenían reparo en participar en cultos sincretísticos de tipo idolátrico. Por eso no comprenden las

profecías conminatorias de Jeremías: ¿Por qué nos anuncia Yahvé todos estos males? ¿Cuales

son nuestras maldades? (v.10). La respuesta de Yahvé no se deja esperar: toda la historia de Israel

es una constante apostasía y degradación moral. La obstinación es una de las características

de los israelitas a través de su historia (v. 11-12), rompiendo el pacto de Yahvé desde los albores

de su historia nacional 9. Esta mala conducta ha sido colmada por la presente generación (v.12),

y por eso los condena Yahvé al cautiverio (ν.13), donde podrían entregarse plenamente al culto

idolátrico, que tanto amaban. La frase es irónica 10. Yahvé está cansado de mostrarse complaciente

con su pueblo, y esto tiene una medida. En adelante no les concederá gracia o compasión .

La restauración después del exilio (14-15).

14 Por eso he aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que no se dirá ya: “Vive

Yahvé, que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto,” 15 sino: “Vive Yahvé,

que sacó a los hijos de Israel de la tierra del aquilón y de todos los países adonde los

había expulsado.” Y los haré volver a su tierra, que había dado a sus padres.

Estos versos parecen glosa que interrumpe el contexto. Con ligeros cambios aparecen en 23:7-8,

donde tienen su lugar debido. Algunos autores, sin embargo, quieren considerarlos como pertenecientes

al contexto en que se hallan, pues aunque interrumpen las amenazas, serían como una

luz de esperanza para los israelitas fieles a Yahvé, recordándoles que las promesas mesiánicas se

cumplirían y que el pueblo elegido recuperaría otra vez su amistad con Dios. La nueva liberación

será tan gloriosa, que se olvidarán las futuras generaciones de la milagrosa liberación de Egipto y

cantarán más bien la nueva liberación de los hijos de Israel de la tierra del aquilón (v.15), es decir,

de Mesopotamia, adonde fueron llevados cautivos, siguiendo la ruta del norte o de Damasco.

2009

Volverán a instalarse en la tierra de sus padres, que les pertenece por concesión especial divina.

Amenazas y castigos (16-18).

16 He aquí que voy a mandar muchos pescadores — oráculo de Yahvé — , que los

pescarán, y después muchos cazadores, que los cazarán por los montes todos, por

todos los collados y por las cavernas de las rocas, 17 porque mis ojos están sobre todos

sus caminos, no se esconden de mi rostro, y sus maldades no están ocultas a mis

ojos. 18 Les pagaré al doble sus iniquidades y pecados 12, por haber profanado mi

tierra con la carroña de sus ídolos 13 y haber llenado de abominaciones mi heredad.

De nuevo se repiten las amenazas comenzadas en los v.9-13, es decir, las alusiones al cautiverio.

Los soldados enemigos serán como pescadores o cazadores (v.16), que andarán ansiosos de tomar

a los israelitas por los montes. y collados. Es inútil que se escondan en las cavernas de las

rocas, pues serán buscados y cazados como alimañas (v.16). Los invasores son instrumentos de

Yahvé, que ve todos los escondrijos y caminos de los israelitas (v.17), su conducta depravada.

Nada se oculta a sus ojos. Será una deportación completa. Y todo esto les vendrá por sus prácticas

idolátricas, con las que han profanado la tierra de Yahvé, que le pertenece como su exclusiva

heredad (v.18). Se compara los ídolos a carroña de cadáveres porque contaminaban el país de

Yahvé, como los cadáveres contaminaban el lugar en que estaban 14 y todo lo que tocaban, o

porque son despectivamente considerados como seres sin vida, totalmente impotentes, como los

cadáveres 15.

La salud por la confianza de Yahvé (19-21).

19 ¡Yahvé, mi fuerza y mi fortaleza, mi refugio en el día de la tribulación! A ti vendrán

los pueblos desde los confines de la tierra y dirán: Sólo mentira fue la herencia

de nuestros padres, vanidad sin provecho alguno. 20 Si es el hombre el que se hace

los dioses, entonces no son dioses. 21 Por eso he aquí que les voy a dar a conocer, esta

vez les voy a mostrar la fuerza de mi brazo 16, y sabrán que mi nombre es Yahvé.

Este fragmento es de estilo salmódico y parece un desahogo del profeta, que expresa sus sentimientos

de esperanza en Yahvé en medio de tantas amenazas. En medio de la catástrofe, Yahvé

será siempre la fuerza y refugio del profeta (V.19). Pero su perspectiva se alarga, y entrevé proféticamente

el universalismo de la nueva teocracia, pues numerosos pueblos entrarán a formar parte

del nuevo reino: a ti vendrán los pueblos desde los confines de la tierra (v.19b). Reconocerán

estos paganos que sus dioses y los de sus antepasados son falsedad: sólo mentira fue la herencia

de nuestros padres (V.19C). El v.20 parece una profesión del profeta, que predica la inanidad de

los ídolos, de origen humano. Muchos autores consideran estos versos como adición posterior,

obra de un piadoso israelita que viviera en el destierro y despreciara las manifestaciones pomposas

idolátricas del país: no son dioses (v.20), clara profesión de fe yahvista. El v.21 parece la

conclusión del anuncio del castigo, interrumpido por los v. 19-20. Al sentir la desgracia, los israelitas

reconocerán la fuerza del brazo de Yahvé y verán en el nombre de Yahvé la síntesis de su

historia como pueblo elegido. Yahvé ha sido su salvador en las grandes vicisitudes históricas, el

que les dio la Ley y el que los protegió. Llegará un momento en que volverán a valorar el nombre

de Yahvé como síntesis de las promesas y esperanzas de Israel.

2010

1 Cf. Dt 7:14. — 2 Cf. 8:2. — 3 Así según los LXX. — 4 Cf. Dt 14:1; Lev 19:28; 21:5. Sobre el rito cf. Lagrange, Eludes sur íes religions

sé-mitiques 2.a ed. p.325. — 5 Cf. Lev 25:5. — 6 Cf. Am 8:10; Miq 1:16. — 7 Cf. 2 Sam 1:12; 3.35; Dt 28:14; Job 42:13;

Os 9:4; Flavio Josefo, De bello judaico 2 c.1. — 8 Cf. Jer 7:34; 15:17. — 9 Cf. Jer 3:17; 7:24; 9:14; 11.8. — 10 Cf. Dt 28:26; Jer

5:19; 15:14. — 11 Cf. Jer 6:19; 11:11-14. — 12 En el TM se añade “primeramente,” que no hace sentido, y falta en los LXX. —

13 Lit. en heb.: “los cadáveres de sus horrores,” e.d., los ídolos en sentido despectivo. Cf. Jer 4:1; 7:30. — 14 Cf. Lev 18:25;

26:30; Núm 10:10. — 15 Cf. Jer 2:8; 11:12. — 16 Lit. “mi mano y mi fuerza.”

17. Idolatría de Judá.

Coloquio del profeta y Yahvé. Observancia Sabática.

Este capítulo es muy heterogéneo, pues en él se mezclan observaciones y sentencias del más

diverso género, y la prosa y la poesía se suceden caprichosamente. Podemos dividirlo en cuatro

secciones: a) empieza con el anuncio del exilio (1-4); b) sentencias de tipo sapiencial con numerosos

proverbios (5-13); c) súplica de estilo salmódico (14-18); d) observancia del sábado (19-

27).

Anuncio de la cautividad (1-4).

1 El pecado de Judá está escrito con estilete de hierro, a punta de diamante se ha

grabado en la tabla de su corazón y en los cuernos de sus altares, 2 cuando se acuerdan

sus hijos, de sus altares, sus “aseras” junto a los árboles verdes y las elevadas

colinas, 3 los montes del llano. Tus riquezas, todos tus tesoros, los daré al pillaje, tus

lugares altos, por los pecados cometidos en todo tu territorio. 4Te obligaré a abandonar

tu heredad *, que te había dado, y te haré servir a tus enemigos en tierra para

ti desconocida, pues habéis encendido el fuego de mi ira, que arderá por siempre.

Este fragmento falta en los LXX, aunque en 15:13-14 se reproduce parte de esta perícopa. A pesar

de todo, podemos considerarla como auténtica tal como aparece en el TM 2. No se puede precisar

la fecha de su composición.

El pecado de Judá por antonomasia, la idolatría, es tan inveterado y habitual, que a los

ojos de Dios aparece como escrito con estilete de hierro, a punta de diamante, en la tabla de su

corazón (v.1). Por eso es difícil de corregir. El corazón de los hebreos era como una superficie

metálica en la que había sido grabada la idolatría; de ahí su propensión innata a irse tras de dioses

extraños, abandonando a Yahvé, su Dios. En los cuernos de sus altares (v.1c): los altares siró-

fenicios, entre los que se incluían los dedicados a Baal y a Astarté en Canaán, eran rematados

por cuatro cuernos en sus ángulos, que simbolizaban el poder de la divinidad. A esto alude el

texto de Jeremías: la presencia de esos cuernos en sus altares era reflejo del culto idolátrico que

practicaban; por eso el pecado de Judá. estaba grabado en los cuernos de los altares. En la Biblia

se habla también de los cuernos de los altares del templo de Jerusalén y del tabernáculo del

desierto, que eran ungidos de la sangre de la víctima 3. Pero aquí parece referirse a los altares

idolátricos. Las aseras (v.2) eran troncos de árboles verticales, plantados junto a los altares idolátricos,

que simbolizaban la frondosidad del bosque y representaban a la divinidad de la fecundidad,

asociada a Baal. Los árboles verdes eran también lugares de culto y simbolizaban la fecundidad

de la naturaleza4. A su sombra se daban todos los desórdenes morales con ocasión de los

cultos paganos. Las colinas elevadas son los famosos “lugares altos” o bamot, en los que abundaban

los cultos idolátricos 5.

Por estas transgresiones idolátricas, Yahvé condenará a su pueblo con todas sus riquezas

2011

al pillaje (v.2b). Y después el cautiverio, teniendo que abandonar la heredad que Yahvé le había

dado, es decir, la tierra de Canaán 6, y todo como consecuencia de la manifestación justiciera de

Yahvé, cuya ira arderá para siempre (v.4c). La expresión es hiperbólica y designa la magnitud

de la ira divina, que se manifiesta en toda su fuerza al castigar a su pueblo.

Confianza exclusiva en Yahvé (5-8).

5 Así dice Yahvé: Maldito el hombre que en el hombre pone su confianza, y de la

carne hace su apoyo 7, y aleja de Yahvé su corazón. 6 Será como desnudo arbusto en

la estepa, que, aunque le venga algún bien, no lo siente, y vive en las arideces del desierto,

en tierra salitrosa e inhabitable. 7 Bienaventurado el varón que confía en

Yahvé y en El pone su confianza. 8 Será como árbol plantado a la vera de las aguas,

que echa sus raíces hacia la corriente y no teme la venida del calor, conserva su follaje

verde, en año de sequía no se inquieta y no deja de dar fruto.

Este fragmento, de carácter sapiencial, incrustado en un contexto inadecuado por algún redactor

posterior, interrumpe la ilación lógica del capítulo y parece no encajar en el estilo de Jeremías,

que se preocupa más de lo concreto que de la exposición de ideas de tipo general. De todos modos,

algunas veces Jeremías expresa incidentalmente principios teóricos sin conexión con determinadas

circunstancias 8.

Aquí la expresión maldito el hombre que en el hombre pone su confianza (v.5) puede ser

una alusión de Jeremías a la obsesión de sus compatriotas en buscar alianzas de pueblos extranjeros,

asirios o egipcios 9. Quizá lanzara su apostrofe al rey Joaquim, que seguía una política demasiado

humana. Carne aquí es equivalente a debilidad e impotencia 10. El que aleja su corazón

de Yahvé es como arbusto en la estepa, que crece raquíticamente. El profeta parece pensar en los

arbustos escuálidos que crecen en la zona esteparia a orillas del mar Muerto, en su parte sur, llenas

de emanaciones salitrosas. Al contrario, el que confia en Yahvé será el árbol que crece exuberante

junto a las corrientes de las aguas, y a medida que se acerca la época estival extiende sus

raíces hacia la corriente (v.8). El justo que confía en Yahvé en los momentos críticos se afinca

en sus creencias y esperanzas religiosas, y así desafía la venida del calor, es decir, las persecuciones

y angustias consecuentes.

Sentencias sapienciales (9-13).

9 Tortuoso es el corazón sobre todo y perverso. ¿Quién puede conocerle? 10 Yo, Yahvé,

que penetro los corazones y pruebo los ríñones, para retribuir a cada uno según

sus caminos, según el fruto de sus obras. Perdiz que empolla huevos que no ha

puesto es el que injustamente allega riquezas; a la mitad de sus días tendrá que dejarlas,

y en sus postrimerías será un necio. 12 Trono de gloria, excelso desde el principio,

es el lugar de nuestro santuario. 13 Yahvé es la esperanza de Israel; todos los

que te abandonan serán confundidos. Los que te dejan en el país se cubrirán de vergüenza

, porque dejaron la fuente de aguas vivas, a Yahvé.

Son estas sentencias de tipo sapiencial, sin conexión entre sí. En los v.8-10 se trata de la admirable

penetración de la sabiduría divina, que penetra los corazones y los ríñones (v.10). Según la

mentalidad hebrea del A.T., los ríñones eran considerados como el asiento de las inclinaciones y

aun de los movimientos intelectivos 12. Yahvé conoce los caminos o conducta de cada uno

(v.10), a pesar de que el corazón del hombre es tortuoso y perverso (V.9).

2012

El contenido del v.11 no tiene ligazón con lo anterior. Es un proverbio sapiencial. Según

la creencia popular, la perdiz robaba los huevos de los otros pájaros para incubarlos, y los polluelos,

una vez crecidos, abandonaban a su supuesta madre; ésta, pues, no sacaba provecho de su

trabajo. Del mismo modo, el que injustamente allega riquezas (v.11a) no podrá disfrutar de ellas,

ya que, castigado por Dios, a la mitad de sus días tendrá que dejarlas (v.1 1b). Por eso, al fin (en

sus postrimerías) aparecerá como un necio, que no ha sabido conducirse en la vida conforme al

temor de Dios 13.

Los v.12-13 son un nuevo fragmento desconectado del anterior. Se celebra la gloria de

Sión como trono de Yahvé. Aunque el profeta había combatido la idea de que la presencia del

templo tenía un poder talismánico para apartar la desventura de su pueblo, sin embargo, seguía

creyendo profundamente que el templo era el centro de la vida religiosa de su pueblo. Allí estaba

su trono de gloria (v.12), y esto desde el principio, es decir, desde que Yahvé escogió la colina

de Sión como centro de la teocracia davídica 14. Yahvé es la razón de ser de toda la vida nacional,

la esperanza de Israel (v.13), pues lo ha protegido a través de su historia y le ha hecho unas

promesas mesiánicas redentoras. De ahí la estulticia de quienes le abandonan, siendo como es la

fuente de aguas vivas (ν.13). En 2:23 se contrapone a Yahvé, fuente de aguas vivas. que siempre

está manando, y los ídolos, que no son sino “cisternas rotas,” que no pueden retener el agua.

Súplica de protección (14-18).

14 Sáname, ¡oh Yahvé! y seré sanado; sálvame, y seré salvo, pues tú eres mi gloria15.

15He aquí que ellos me dicen: “¿Dónde está la palabra de Yahvé? ¡Que se cumpla!”

16 Pero yo no he ido tras ti a incitarte al mal16, ni he deseado el día de la calamidad;

tú lo sabes. Lo que ha salido de mis labios, ante tu presencia está. 17No me hagas

temblar. Tú eres mi refugio en el día de la desventura. 18Sean confundidos mis perseguidores,

no yo. Sean ellos los que tiemblen, no yo. Haz venir sobre ellos el día de

la desgracia, quebrántalos con doble quebranto.

De nuevo aparece la tragedia íntima del profeta. Ha anunciado castigos inmediatos a sus contemporáneos

pecadores, y no llegan; de ahí la burla de todos al ver que no se cumplen sus predicciones.

Quizá la fecha de composición más verosímil de este fragmento sea en los primeros

años del rey Joaquim, hacia el 607, cuando los babilonios estaban aún lejos y se gozaba de relativa

tranquilidad confiando en los aliados egipcios.

La frase sáname. tiene un sentido moral: el profeta desea verse libre de aquel estado angustioso

de conciencia al no ser comprendido de sus compatriotas, que siguen alejados de Yahvé,

que los va a castigar17. En realidad, Yahvé es su gloria (v.14), es decir, el objeto de su único orgullo

personal, pues a El ha dedicado desinteresadamente su vida. Pero, con todo, no puede evitar

pedir que le libre de las burlas de los que dicen: ¿Donde está la palabra de Yahvé? ¡Que se

cumpla! (v.15). La frase tiene un sentido irónico, pues le echan en cara al profeta que sus lúgubres

predicciones no se cumplen 18. Y Jeremías confiesa que él no tiene interés en lanzar profecías

conminatorias, sino que es Yahvé el que le empuja a hablar así a sus conciudadanos. Personalmente

no desea la suerte que anuncia a éstos: Pero yo no he ido tras de ti a incitarte al mal, ni

he deseado el día de la calamidad (v.16a). Jeremías era de sentimientos muy afectuosos y amaba

profundamente a su pueblo; por eso le dolía íntimamente anunciar el día de la calamidad o del

castigo divino 19. Reiteradamente había suplicado que Yahvé contuviera su ira 20. Yahvé era testigo

de que de sus labios no salió nada en contra de su pueblo ni que ha hecho mal alguno.

Supuesto esto, suplica a Yahvé que no le abandone a sus enemigos, ya que es su refugio

2013

en el día de la desventura (ν.17), en el día de la manifestación de la justicia divina, esperando

salvarse de la catástrofe. Por honor de su Dios quiere que sean confundidos sus perseguidores

(v.15a), para que se convenzan de que están engañados. Por eso desea que Yahvé envíe sobre

ellos el día de la desgracia, del castigo divino.

La santificación del sábado (19-27).

19 Así me dijo Yahvé: Ve a ponerte junto a la puerta de los Hijos del pueblo, por la

que entran y salen los reyes de Judá, y ante todas las puertas de Jerusalén, 20 y diles:

Oíd la palabra de Yahvé vosotros, reyes de Judá, y todo Judá, y todos los habitantes

de Jerusalén que entráis por estas puertas. 21 Así dice Yahvé: Guardaos, por vuestra

vida, de llevar cargas en día de sábado y de introducirlas por las puertas de Jerusalén.

22 No saquéis tampoco cargas de vuestras casas en día de sábado ni hagáis labor

alguna, mas santificad el día del sábado, como se lo mandé a vuestros padres. 23

Ellos, sin embargo, no me oyeron, no me dieron oídos, sino que endurecieron su cerviz,

sin obedecerme y sin corregirse. 24 Si en verdad me escucháis vosotros, oráculo

de Yahvé, y dejáis de introducir cargas por las puertas de esta ciudad en día de sábado,

y santificáis el día del sábado, no haciendo en él labor alguna, 25 entrarán por

las puertas de esta ciudad los reyes (y príncipes) que se sientan sobre el trono de David,

montados en sus carros y caballos, ellos, sus príncipes, los hombres de Judá y

los habitantes de Jerusalén, y esta ciudad estará siempre habitada. 26 Y de las ciudades

de Judá y de los contornos de Jerusalén, de la tierra de Benjamín, del llano,

de la montaña y del mediodía, vendrán con holocaustos, víctimas, oblaciones, incienso,

y traerán ofrendas de acción de gracias a la casa de Yahvé. 27 Pero, si no me escucháis

en lo de santificar el sábado y en lo de no llevar cargas e introducirlas por

las puertas de Jerusalén en día de sábado, entonces encenderé yo en sus puertas fuego,

que devorará los palacios de Jerusalén y no se apagará”

Jeremías apoyaba la reforma de Josías, y entre las observancias de la Ley más estrictas estaba la

del descanso sabático. Es el único fragmento de Jeremías en el que se habla de la observancia del

sábado. Por eso, muchos autores sostienen que es posterior al profeta, y creen que fue compuesto

en tiempos de Nehemías 21. Pero, aunque es verdad que los profetas no urgían mucho el cumplimiento

de los preceptos culturales, porque esto era misión de los sacerdotes, no obstante, no olvidemos

que Jeremías era de la clase sacerdotal y que la ley del descanso sabático era la más antigua

prescripción de la Ley mosaica, pues aparece ya en el Decálogo 22. En el estado actual de

los conocimientos orientalistas, la institución hebraica del sábado no tiene paralelo en las instituciones

de otros pueblos antiguos. Cierto que existe el nombre babilónico shabattu para indicar el

día de luna llena; pero en la Biblia jamás el sábado está relacionado con la luna llena. El culto

lunar está expresamente condenado por Jeremías, siguiendo al Deuteronomio 23.

La ley sobre el descanso sabático era la ley fundamental de la alianza 24, y su observancia

era la mejor muestra de fidelidad a Yahvé, como la circuncisión era el signo de pertenencia a

Yahvé. Por eso no tiene nada de particular que Jeremías insistiera en la observancia de una ley

tan fundamental en la Ley descubierta bajo Josías (721), que fue la base de la reforma emprendida

por este rey, eficazmente secundada por el profeta de Anatot.

Dios manda a Jeremías que se aposte junto a la puerta de los Hijos del pueblo (V.IQ). Nos

es desconocida una puerta de Jerusalén con tal nombre. Se ha querido identificarla con una puerta

del palacio real que diera a la explanada del templo, por la que pasarían los reyes de Judá y el

2014

pueblo cuando iban al palacio. En todo caso, parece que era una puerta muy frecuentada por el

pueblo; por eso Jeremías debe colocarse allí para comunicar a las gentes, en nombre de Yahvé,

un mensaje importante sobre la observancia del sábado. El profeta les urge la observancia del

sábado por su vida (del pueblo); e.d., esto les afecta en tal forma, que la profanación del sábado

puede traer como consecuencia un peligro de muerte para ellos. Se ve que había prevalecido la

costumbre de aprovechar el día del sábado para traer cargas (v.21) para aprovechar el día 25. En

la Ley se prohibían los trabajos del campo, el comercio, la recogida de leña, el encender el fuego

para cocer la comida 26. El llevar cargas podía incluirse en los trabajos del campo. Los antepasados

de los contemporáneos de Jeremías no habían cumplido estos preceptos (v.23). Con ello se

muestra la paciencia de Yahvé para con su pueblo. Sin embargo, ahora deben cambiar de conducta

si quieren continuar como pueblo con su monarquía: entrarán por la puerta de esta ciudad

los reyes (v.25). La continuidad de la dinastía davídica, con sus carros y caballos, está vinculada

al cumplimiento de los preceptos de la alianza, cuyo símbolo era la observancia del sábado 27.

Y también de esto dependerá la continuación del culto esplendoroso en la casa de Yahvé

(v.26). De todas las partes del país afluirán a Jerusalén con sus holocaustos (sacrificios cruentos

en los que se quemaba toda la víctima), víctimas (sacrificios cruentos en los que se quemaba sólo

una parte de la víctima), ofrendas de acción de gracias (o de “alabanza” en hebreo, sacrificio de

una víctima, de la que se quemaba parte, y se la acompañaba de la ofrenda de flor de harina) 28; y

vendrán de la tierra de Benjamín, tribu en la que se incluía Jerusalén; del llano, e.d., la parte costera,

ocupada antes por los filisteos 29; de la montaña, la parte montañosa de Judá, y del mediodía

o Negueb, la región colindante con el desierto de la península del Sinaí (v.26).

La infracción del descanso sabático, como signo de infidelidad hacia la alianza, traerá

como consecuencia la ruina de Judá: encenderé fuego en sus puertas, que devorará los palacios

de Jerusalén (v.27). Todo el esplendor de la monarquía davídica, con sus palacios, desaparecerá

en virtud del castigo divino por las infidelidades de Judá 30.

1 Bible de Jérusalem: “deberás despegarte de tu heredad.” — 2 Se encuentra en Teod., Sim., Aquila, Orígenes (Exapla), Targ., Sir. y

Lat. — 3 Cf. Lev 8:15; 16:18 — 4 Cf. Jer 2:20; 3:6. — 5 Cf. Jer 2:20; 19:5. — 6 Cf. Dt'32:22. — 7 Cf. Jer 2:173; ii,20; 5:26. — 8

Cf. Jer 2:17. — 9 Lit. “de su carne hace su brazo,” símbolo de la fuerza. — 10 Cf. Is31,3. — 11 Lit. el TM dice: “quienes se apartan

de ti, en la tierra serán escritos”; lo que es de difícil interpretación. Por eso hemos escogido la versión de los LXX, siguiendo a

Condamin, Ricciotti y a la Bible de Jérusalem. — 12 Cf. Sal 15:7; 25:2; Jer 11:20; 20:12. 13 Cf. el rico “insensato” de Le 12:20.

— 14 Cf. Jer 3:17; 14:21; Ez 20:40; 2 Crón 3:1-3; 2 Sam 24:16. — 15 Lit. el heb.: “mi alabanza.” Hemos adoptado aquí la versión

de los LXX. — 16 El texto es muy oscuro. Los LXX traen una versión que se acerca a la nuestra. La Bible de Jérusalem: “pero yo

no he empujado hacia lo peor.” Dennefeld: “Yo no he insistido. ante ti a causa del mal.” — 17 Cf. Is 19:22; 57:19; Sal 6:3; 30:3,

— 18 Cf. Iss,18s; 28:14; Ez 12:21. — 19 Cf. Jer 4:19; 4:17; 11:7. — 20 Jer 7:16; 11:14; 14·”· — 21 Cf. Neh 13.1555 — 22 Cf. Ex

20:83; 16:25; 29:20. — 23 Cf. Dt 4:19; 17:3; 5:12s. Existe en la época sumeria una distribución del mes en siete días, conforme a

las fases de la luna, y así se consideraban como días de sacrificios el día primero de mes (luna nueva), el séptimo (cuarto creciente),

el decimocuarto (shabattu: “luna llena”), el 21 y el 28 (cuarto último). Pero estos días no eran días de descanso, sino que eran

considerados más bien como días infaustos, en los que había que aplacar a las divinidades con sacrificios expiatorios. North cree

encontrar analogías entre estas prácticas del shapattum babilonio-sumerio y el sábado hebraico, relacionándolo con la luna llena.

Véase su artículo The derivation of Sabbathon: Bi (1955) p.182-201. Cf. También Vittonato, u libro de Geremia p.258 (Torino

1955). — 24 Cf. Ex 20:8; 31:15; 35:2; Lev 23:3; 25:2; Dt 5:12. — 25 Cf. Neh 13:15. — 26 Cf. Ex 34:21; Am 8,5; Is 58:13; Neh

10:31; Núm 15:32; Ex 35:3. — 27 Cf. Jer 22:4. Los israelitas se sentían orgullosos del atuendo externo de “carros y caballos” de

sus reyes. Cf. 2 Sam 15:1; 1 Re 1:5. — 28 Cf. Lev 7:12; 22:29. — 29 En la Biblia se llama sefela o llano la parte intermedia entre

las montañas de Judá y la zona costera. — 30 Para el símil del fuego cf. Jer 7:20; 17:4; Os 8:14; Am 1:14; 5:6. En Ez 20:12;

22:26, la profanación del sábado es considerada como causa de la ruina de Israel.

18. La Orza Rota.

Insidias contra Jeremías. Imprecaciones.

Con este capítulo se abre una nueva sección del libro, que se extiende hasta el c.20 inclusive. El

2015

sentido teológico de los tres capítulos se basa en la parábola en acción de la orza rota. Con ella el

profeta quiere hacer ver que era vana la suposición de que, por ser Israel el pueblo elegido por

Dios, nunca llegaría la ruina de Jerusalén. El capítulo se divide en dos partes: a) en la casa del

alfarero (1-17); b) imprecaciones del profeta (18-23).

Yahvé forjador de pueblos (1-10).

1 Palabra que de Yahvé llegó a Jeremías, diciendo: 2Levántate y baja a la casa del

alfarero, y allí te haré oír mis palabras. 3Bajé, pues, a la casa del alfarero, y he aquí

que éste estaba trabajando a la rueda. 4Cuando se estropeaba entre las manos la vasija

que estaba haciendol, tornaba a hacer otra vasija, según cumpliera hacerlo a los

ojos del alfarero. 5Y me vino la palabra de Yahvé, diciendo: 6¿Acaso no puedo yo

hacer de vosotros, casa de Israel, como hace el alfarero? — oráculo de Yahvé — .

Como está el barro en la mano de alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de

Israel. 7De pronto decido yo arrancar, destruir y hacer perecer a un pueblo y a un

reino; 8pero si este pueblo se convierte de las maldades por las que yo me había pronunciado

contra él, también yo me arrepiento del mal que había determinado hacerle.

9Igualmente resuelvo yo de pronto edificar y plantar a un pueblo o un reino;

10pero, si obra el mal a mis ojos y no escucha mi voz, me arrepiento del bien que

había determinado hacerle.

Jeremías recibe la orden de ir a la casa del alfarero (v.2) y observar lo que éste hace, para después

sacar una lección moral para su pueblo. El alfarero estaba a la rueda o torno (v.5), alusión

al sistema primitivo, aún existente en Palestina, de hacer la vasija utilizando dos ruedas de piedra

o madera unidas por un eje. La inferior es movida por el pie, y en la superior se va modelando la

arcilla a gusto del artífice. Jeremías se fijó en que, cuando se estropeaba entre las manos la vasija

que estaba haciendo (v.4), la deshacía, y con la misma arcilla hacía otra a su gusto. El detalle

tenía su significación en el orden religioso para el profeta, y así se lo declara Dios expresamente:

Israel está en manos de Yahvé como la arcilla en manos del alfarero (v.6).

Lo que quiere destacar en primer término con este símil es la libérrima omnipotencia divina,

en tal forma que puede hacer de Israel y de los pueblos lo que le plazca, como el alfarero

hace la vasija a su gusto. Yahvé es dueño absoluto de los destinos de Israel. La aplicación más

exacta, conforme al símil, es que así como el alfarero hace, con la misma arcilla de la vasija deshecha

por haberse estropeado, otra a su gusto, así Yahvé, sin desechar las malas cualidades de

Israel, sobre todo su obstinación, le utiliza con sus defectos para modelarle conforme a sus designios.

Pero en las parábolas y alegorías es necesario atender sobre todo a la finalidad de la

misma exigida por el contexto, que aquí es destacar la autónoma omnipotencia de Yahvé. Este

carácter omnímodo se extiende a los destinos de todos los pueblos. No obstante, en los planes de

Dios se salva siempre la justicia y la misericordia, y por eso muchas veces sus amenazas son

condicionadas y dependen de la reacción de los pueblos. Aquí se presenta a Dios antropomónicamente,

pues es capaz de arrepentirse de sus planes y designios (v.8). Son modos de hablar

humanos que no han de tomarse al pie de la letra. La suerte, pues, de Israel depende de su conducta.

Contumacia de los judíos (11-12).

11 Di, pues, ahora a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: Así habla

Yahvé: He aquí que estoy trazando males y formando planes contra vosotros. Con2016

viértase, pues, cada uno de sus malos caminos, y mejoradlos y mejorad vuestras

obras. 12 Pero ellos dicen: ¡Es en vano! pues seguiremos nuestros designios, y cada

cual obraremos según la dureza de nuestro perverso corazón.

Después de haber enunciado el principio general, el profeta detalla su aplicación práctica a Israel,

que ha sido infiel a Yahvé; por tanto, la justicia vengadora puede rechazar y aniquilar a dicho

pueblo, pero quiere dar una última posibilidad de salvación, invitando al arrepentimiento: Yahvé

está trazando males contra los israelitas en el supuesto de que no cambien de conducta. Pero el

pueblo sigue aferrado a sus malas costumbres: es en vano (v.12); no creen en las recriminaciones

del profeta de Yahvé. Jeremías pone en boca del pueblo el modo de pensar de éste, reflejado en

su conducta práctica: obraremos según la dureza de nuestro corazón. Es ya la obstinación declarada

y porfiada.

El crimen inaudito de Israel (13-17).

13 Por eso así dice Yahvé: Preguntad a las naciones. ¿Quién oyó cosas semejantes?

Un horrible crimen ha cometido la virgen de Israel. 14¿Por ventura desaparece de la

roca del campo la nieve del Líbano o se agotan las aguas frescas que corren de los

montes? 3 15 Pues mi pueblo se ha olvidado de mí, ha ofrecido incienso a la vanidad.

Van de tropiezo en tropiezo por sus caminos, los senderos antiguos, siguiendo sendas

extraviadas, camino no trillado, 16 para hacer de su tierra una desolación, objeto

de eterna burla. Todos los que pasen por ella se asombrarán y moverán la cabeza. 17

Como viento solano los dispersaré ante los enemigos. La espalda les mostraré, no el

rostro, el día de su infortunio.

El pecado de Israel no tiene paralelo en la historia, pues ha abandonado a su propio Dios, que le

protegió en toda su vida nacional, para irse tras dioses extranjeros: es el horrible crimen. de la

virgen de Israel. La frase tiene un sentido de ternura, reflejada en el epíteto aplicado a Israel: la

virgen, e.d., Israel, que ha sido la virgen desposada de Yahvé en sus primeros tiempos de elección

en el desierto. Su defección la explica el profeta por un símil de la naturaleza inanimada: la

nieve del Líbano permanece unida en las cimas de la roca del campo 4; probable alusión al monte

Hermón, que se eleva en el campo o llanura. En 21:13 se llama a Jerusalén roca de la llanura en

un sentido análogo. La idea de la comparación es que,

520

JEREMÍAS 18

mientras la nieve permanece vinculada a las crestas de las montañas, donde sólo puede subsistir

en las épocas de calor, y las aguas frescas siguen fluyendo de los montes, sin pretender buscar

otros cursos caprichosos, que las harían agotarse en seguida, Israel, en cambio, no permanece

unido a Yahvé, donde sólo puede subsistir y de cuyo manantial sólo puede recibir vida nacional.

Los israelitas han olvidado a Yahvé, tropezando por sus caminos, los senderos antiguos (v.15b),

e.d., apartándose o recalcitrando en los caminos de la tradición yahvista, que debía seguir, los

cuales eran los senderos antiguos, trazados por Dios 5, siguiendo sendas extraviadas, peligrosas

(la idolatría), que no era el camino trillado que se le había señalado desde el principio.

Consecuencia de su error será la desolación y la ruina. Dios los castigará con la destrucción de

sus ciudades y con la deportación en masa, y todos los que pasen por ella se asombrarán y moverán

la cabeza (v.16) en señal de burla y desprecio, pues verán en ello una maldición divina 6.

Yahvé hará que venga un ejército enemigo que agoste, como el viento solano (el jamsim, viento

abrasador del desierto), todo lo que haya de vida, dispersando a la población hacia el exilio

2017

(v.17). Yahvé se desentenderá de su pueblo, dándole la espalda u ocultando su rostro en el momento

de la tragedia, el día del infortunio.

Imprecaciones del profeta (18-23).

18 Ellos dijeron: “Venid, tomemos asechanzas contra Jeremías, pues no ha de desaparecer

la ley del sacerdote, el consejo del sabio y la palabra del profeta. Venid,

vamos a herirle con la lengua, y no demos oídos a ninguna de sus palabras.” 19

Atiéndeme, ¡oh Yahvé! y oye la voz de mis adversarios. 20 ¿Se paga por ventura mal

por bien? \ Pues me cavan una hoya. Acuérdate cómo me presenté ante ti para

hablar en favor suyo, para apartar de ellos tu indignación. 21 Da, pues, sus hijos al

hambre y entrégalos al poder de la espada. Quédense sus mujeres sin hijos y viudas,

y mueran sus maridos de peste, y sus mancebos traspasados por la espada en la guerra.

22 Salgan gritos de sus casas cuando de repente hagas venir sobre ellos el salteador,

pues han cavado una hoya donde capturarme, y tendieron a mis pies lazos ocultos.

23 Pero tú, ¡oh Yahvé! conoces sus maquinaciones de muerte contra mí. No les

perdones por su iniquidad, no borres su pecado de ante tus ojos; caigan ante ti; en el

día de tu ira obra sobre ellos.

Encontramos aquí una situación similar a la descrita en 11:18-20; I5,ioss. Los enemigos de Jeremías

traman asechanzas contra él para quitarle de delante y verse libres de sus acusaciones, que

consideran inoportunas (v.18). La acusación principal contra él es que ha predicho la ruina de la

nación y del templo, lo que no podía concebirse conforme a las promesas divinas de permanencia

del pueblo: no ha de desaparecer la ley del sacerdote, el consejo del sabio y la palabra del profeta

(v.18). La teocracia hebrea se basaba espi-ritualmente en el sacerdote, el profeta y el sabio o

escriba de la Ley. A pesar de las predicciones de Jeremías, estas instituciones fundamentales

permanecerán, y, por tanto, son blasfemas y atentan contra la providencia que Yahvé tiene de su

pueblo las palabras de ruina de la nación que constantemente anuncia Jeremías. Así discurrían

los grupos de oposición al profeta7. La expresión Darnos a herirle con la lengua alude a las maquinaciones

secretas y calumnias que urdían contra el profeta para acusarle y condenarle. Querían

condenarlo ante la opinión pública como sacrilego, pues anunciaba cosas contra los intereses

de la nación elegida por Dios. Es la misma acusación que los contemporáneos de Cristo hicieron

contra El. Una vez más Jeremías aparece como tipo del Cristo doliente.

Al profeta, ante estas insidias y acusaciones, no le queda sino recurrir a Yahvé, que le ha

prometido liberarlo de los violentos 8; por eso a El acude confiado: oye la voz de mis adversarios

(v.ig). Se siente herido por la ingratitud de su pueblo. Todo lo que ha hecho es en bien de sus

compatriotas, y, sin embargo, pagan mal por bien (v.20). En sus predicciones no ha buscado sino

el arrepentimiento del pueblo para librarlo de la ira divina. Pero se lo pagan acusándole de traidor

y sacrilego. Es la eterna tragedia íntima de Jeremías, que durará toda su vida hasta ver consumadas

literalmente sus profecías de ruina y de exterminio.

En un momento de amargura, el profeta deja desahogar su alma con unas imprecaciones

que hieren nuestro sentido cristiano de la caridad. De nuevo nos encontramos aquí con expresiones

orientales hiperbólicas, y de nuevo tenemos que recordar que el nivel espiritual del A.T. era

muy inferior al del Ν. Τ. El perdón total de los enemigos, orando por ellos, y su conversión, es

un fruto espiritual de la muerte de Jesús, perdonando a sus enemigos desde la cruz. San Esteban

es el primero en iniciar la serie de mártires que bendicen a sus verdugos, implorando para ellos el

perdón de sus pecados y ofreciendo su sangre por ellos. En el A.T., sólo el Siervo de Yahvé del

2018

libro de Isaías — culminación máxima de las profecías personales mesiánicas — aparece sufriendo

callado, sin protestar ante sus enemigos. Precisamente esto era lo que no pudieron comprender

los judíos en la profecía, y de ahí que, cuando Jesús aparece cumpliendo materialmente

los detalles del vaticinio, sus compatriotas le condenen, por considerarle en oposición a las concepciones

tradicionales de Israel. El amor a los enemigos es una revelación de la predicación

evangélica, y la fundamental de todas, y es tan elevada que aun los grandes justos del A.T., como

los patriarcas y profetas, no pudieron llegar a ella, a pesar del profundo sentido de justicia

que los dominaba. Es que la caridad cristiana tiene unas cimas muy superiores a la más elevada

justicia humana.

La expresión salgan gritos de sus casas (v.22) alude a los gritos de los niños y demás seres

débiles que están en casa cuando llega el salteador o ejército enemigo invasor. Estas imprecaciones

del profeta son un deseo de castigo para sus enemigos, que han cavado una hoya para

tomarlo. Los conciudadanos de Jeremías le tienden asechanzas, como hacen los cazadores para

cobrar sus piezas, poniendo lazos ocultos y hoyas, para que caigan inadvertidamente en ellas. La

imagen es muy usual en la Biblia 9. Por eso pide a Yahvé que no olvide la iniquidad de ellos: no

borres su pecado de ante tus ojos (v.23). Yahvé lleva en un libro la contabilidad de las buenas y

malas acciones, y Jeremías quiere que continúe el enorme pasivo que carga sobre sus enemigos

10 y que en el día de la ira de Yahvé reciban el pago de sus obras.

1 Así siguiendo a los LXX. El TM añade “como arcilla en las manos del alfarero,” que es parafraseado por algunos: “como (sucede

con) la arcilla en manos del alfarero.” — 3 Lit. el TM: “¿se derretirán las aguas extranjeras frescas?” — 4 La versión de los LXX

da otra versión muy enigmática, al traducir por “pecho” lo que nosotros hemos traducido, con un ligero cambio, por “campo.” —

5 Cf. Jer 6:16, donde los senderos antiguos significan los buenos caminos tradicionales de Israel. — 6 Cf. Dt 29:23; 1 Re 9,8; Is

37:22; Sal 22:8; Mt 27:30. — 7 Muchos autores prefieren entender la frase de los enemigos de Jeremías en el sentido de que, aunque

muera éste, no faltarán sacerdotes, profetas y sabios que los guíen. Así Ric-ciotti, Trochon, siguiendo la interpretación de San

Efrén y de otros Santos Padres. — 8 Cf. 15:20. — 9 Cf. Sal 7:16; Eclo 11:32; Ecl 10:8; Prov 26:27; Eclo 27 20 — 10 Cf. Sal

109:145.

19. El Cántaro roto, símbolo de la destrucción de Jerusalén.

En este capítulo nos encontramos de nuevo con una parábola en acción, del tipo de la del cinturón

escondido en el río. Por orden de Yahvé, el profeta rompe una vasija de barro que acababa de

comprar ante testigos, para expresar la destrucción de Jerusalén, escogida por Dios como lugar

de su residencia en la tierra. Desde el punto de vista literario no hay unidad, y es necesario

admitir, por lo menos, amplificaciones redaccionales.

El cántaro roto (1-13).

1 Así dice Yahvé: Ve y cómprate una orza de barro y lleva contigo algunos de los ancianos

del pueblo y de los sacerdotes, 2 y sal al valle de Ben-Hinnom, delante de la

puerta de la Alfarería, y pronuncia allí las palabras que yo te diré. 3 Dirás, pues:

Oíd la palabra de Yahvé, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Así dice Yahvé de

los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que traeré sobre este lugar males que a cuantos

los oigan les retiñirán los oídos, 4por haberme dejado a mí y haber enajenado este

lugar, ofreciendo incienso en él a dioses ajenos, que no conocían ni ellos, ni sus padres,

ni los reyes de Judá, llenando este lugar de sangre de inocentes, 5y edificando

los altos lugares a Baal, para quemar sus propios hijos como holocausto a Baal, lo

que yo no había mandado ni me había venido a la mente. 6Por eso, he aquí que vendrán

días — oráculo de Yahvé — en que no se llamará ya a este lugar “Tofet” y

2019

“Valle de Ben-Hinnom,” sino “Valle de la mortandad.” 7 En este lugar frustraré yo

los designios de Judá y de Jerusalén, y los haré caer a espada ante el enemigo y a

mano de cuantos buscan sus vidas, y daré sus cadáveres en pasto a las aves del cielo

y a las fieras de la tierra. 8 Y haré de esta ciudad la desolación y la burla, de modo

que cuantos pasen por ella se asombren y silben irónicamente sobre todas sus heridas.

9 Y les haré comer la carne de sus hijos y de sus hijas, y se comerán unos a otros

en las angustias y apreturas con que les estrecharán sus enemigos, que buscan sus

vidas. 10 Y romperás la orza a la vista de los que te acompañan, 11y les dirás: Así dice

Yahvé de los ejércitos: Así romperé yo a este pueblo y a esta ciudad, como se rompe

un cacharro de alfarero, sin que pueda volver a componerse. 12 Así haré yo con este

lugar y con sus habitantes — oráculo de Yahvé — , con virtiendo a esta ciudad en

un “Tofet”. 13 Las casas de Jerusalén y las de los reyes de Judá quedarán inmundas

como el lugar del “Tofet,” todas las casas en cuyos terrados quemaron incienso a toda

la milicia celeste y libaron a dioses extraños.

Yahvé ordena a Jeremías que baje con algunos ancianos y sacerdotes, como testigos de excepción,

al valle de Ben-Hinnom, o depresión al occidente de Jerusalén, el actual Wady Er-Rababy,

y ge-henna de la tradición rabínica contemporánea de Cristo 2. La puerta de la Alfarería, cuyo

nombre parece persistir en el “campo de la Alfarería” (o Hacéldama), consagrado para lugar de

sepultura de peregrinos 3, es generalmente localizado en la zona de confluencia del Cedrón, el

Tiropeón y Er-Rababy4, donde por la abundancia de agua es fácil que hubiera muchas artesanías

de alfarería. El profeta allí se dirige solemnemente a toda la nación (reyes de Judá y habitantes

de Jerusalén, v.5) 5; y parece levantar enfáticamente su mano desde el valle hacia la colina de

Jerusalén y sus alrededores que estaban enfrente: traeré sobre este lugar (v.3). El Tofet era el

símbolo de todas las abominaciones y transgresiones que habían cometido los habitantes de Jerusalén.

La culminación de la insensatez idolátrica está representada en los sacrificios cruentos de

sus hijos en holocausto a Baal (v.5). Habían llenado aquel lugar de sangre de inocentes, quemando

sus hijos a Moloc 6. Con ello habían enajenado este lugar del Tofet, levantando altares a

dioses extranjeros, abandonando a su Dios nacional. Los v.5-6 reproducen casi a la letra el pasaje

de 7:31-32 (véase su comentario en este lugar). Yahvé se encargará de frustrar las vanas esperanzas

que habían puesto, en los ídolos del Tofet. No los librarán en la hora del castigo (v.7). La

mortandad será general. Todos los que pasen por ese lugar silbarán en son de burla al ver que el

pueblo israelita ha sido abandonado de sus dioses (v.8). En el asedio de la ciudad se darán las

escenas más trágicas, comiéndose mutuamente entre sí los padres y los hijos7.

La rotura de la orza representa la rotura que Yahvé hará con Judá como pueblo. La expresión

sin que pueda volver a componerse (v.11) no debe entenderse en sentido absoluto, sino, como

todas las profecías conminatorias, en sentido condicionado, e.d., supuesto que el pueblo no

se arrepienta y vuelva a Dios.

Los v.12-13 parecen obra redaccional, fuera de contexto, que están mejor en el discurso

sobre el Tofet. Este lugar de la mortandad, al estar lleno de cadáveres, se contaminaba. Así, Jerusalén,

al caer en manos de los enemigos, tendrá sus calles y plazas convertidas en un montón de

cadáveres, quedando, por tanto, inmundas (v.13), como lo era el Tofet o lugar de maldición divina.

El contacto con un cadáver hacía impuro al que lo tocaba. Toda Jerusalén será convertida en

un inmenso cementerio, pues en sus casas hubo prácticas idolátricas: todas las casas en cuyos

terrados quemaron incienso a toda la milicia celeste y libaron a dioses extraños (v.13). Desde

Manases había habido una infiltración de cultos idolátricos en su más variada manifestación: en

el templo 8, en las plazas 9, en las terrazas del palacio real10 y de las casas privadas 11. Sobre todo,

2020

el culto astral (la milicia celeste) estaba muy extendido por influencia asiro-babilónica.

Castigo de Yahvé por la contumacia de Judá (14-15).

14 Y se volvió Jeremías del “Tofet,” donde le había enviado Yahvé para que profetizara,

y se detuvo en el atrio del templo, y dijo a todo el pueblo: 15 Así dice Yahvé de

los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que traeré contra esta ciudad y contra todas las

ciudades que de ella dependen todos los males con que les he amenazado, porque

han endurecido su cerviz y por no haber escuchado mis palabras,

Jeremías había bajado al valle de Ben-Hinnom, junto al Tofet, para destacar el carácter idolátrico

y abominable de aquel lugar; pero con él estaban un reducido número de personas, y era preciso

anunciar la ruina a todo el pueblo de Jerusalén, y por eso sube al atrio del templo (v.14). El castigo

es inevitable por la obstinación en el pecado por parte de Tuda, desoyendo los mandatos de

Yahvé 12.

1 En los LXX falta la frase “Y en Tofet mismo sepultarán, por no haber otro sitio para enterrar,” que está en el TM, y cuyo lugar propio

sería el v.6, donde se reproduce 7:32. — 2 Cf. 7:31- — 3 Cf. Mt 27:8-10. — 4 Cf. Vincent, Jérusalem antigüe p.129 nt..1 — 5

Quizá la frase reyes de Judá y habitantes de Jerusalén sea una expresión redaccional tomada de 17:20, pues los LXX traen todo el

17:20. — 6 Cf. 2 Re 21,16; 24:4” — 7 Cf. Dt 28,53; Lev 26:29. Según Baruc 2:3 y Lam 4:18, estos casos de canibalismo se dieron

realmente en el asedio. 2 Re 6:28 refiere lo mismo con ocasión del asedio de Samaría por los sirios. Flavio Josefo lo relata del

asedio de Jerusalén por Tito (Bell iud. IV 3:4). — 8 Cf. 2 Re 13:4.12. — 9 2 Re 13:12. — 10 Cf. 2 Re 13:12. — 11 Cf. Sof 1:5.

Véase también Estrabón, Geog. XVI 3:26, que habla de este culto en los terrados entre los nabateos. Sobre la milicia celeste cf. Jer

8.2. — 12 Cf. Jer 7:26; 17:32.

20. Jeremías, encarcelado, se queja a Yahvé.

Dos partes se distinguen en este capítulo: a) se relatan los hechos que siguieron al discurso del

profeta en el atrio del templo (1-6); b) Jeremías se desahoga ante Dios por la dura misión a él

confiada (7-18). Esta sección segunda está en verso, mientras que la primera está en prosa.

Encarcelamiento del profeta (1-6).

1 Y Pasjur, sacerdote, hijo de Immer, que era inspector jefe de la casa de Yahvé, oyó

a Jeremías vaticinando estas cosas, 2 e hizo azotar a Jeremías, profeta, y ponerle en

el cepo que hay en la puerta superior de Benjamín, junto a la casa de Yahvé. 3 Y

cuando a la mañana siguiente sacó Pasjur a Jeremías del cepo, le dijo éste: No te

llama Yahvé “Pasjur,” sino “Magor-misabib.” 4 Pues así dice Yahvé: He aquí que te

traeré el terror a ti y a todos tus amigos. Y caerán a la espada de sus enemigos a tus

propios ojos, y entregaré a todo Judá en manos del rey de Babilonia, adonde los llevará

cautivos y los hará morir a espada. 5 Y daré todos los bienes de esta ciudad, todas

sus ganancias, todas sus preciosidades y todos los tesoros de los reyes de Judá en

mano de sus enemigos, que los saquearán y se apoderarán de ellos y se los llevarán a

Babilonia. 6 Y tú, Pasjur, con todos cuantos habitan en tu casa, iréis a la cautividad

a Babilonia, y allí moriréis y seréis sepultados tú y todos tus amigos, a quienes profetizaste

mentiras.

En este incidente, lleno de verismo, podemos ver la tragedia íntima de Jeremías, que, incomprendido,

es considerado como traidor a su pueblo y encarcelado. Pasjur era un nombre no raro

2021

en su tiempo1. Era de la clase sacerdotal, hijo de Immer, cuya descendencia constituía la decimosexta

clase de sacerdotes2. Después del exilio aparece una familia sacerdotal numerosa con este

nombre 3. Era inspector jefe del templo4, encargado quizá de los servicios de policía del mismo5.

Este, que aparece como seudoprofeta después, quiere dar una lección punitiva a Jeremías para

que no continúe sus predicciones siniestras, desmoralizando al pueblo, que está ilusionado con

resistir a los babilonios apoyado “por supuestas alianzas egipcias. Le manda poner en el cepo,

instrumento de tortura que por la palabra hebrea empleada parece indicar extorsión dé miembros.

Quizá se sujetara a la víctima inclinada con las manos y pies a un tronco de madera 6. La puerta

superior de Benjamín debía de estar al norte de la ciudad, mirando hacia el territorio de la tribu

de Benjamín. Se la llama puerta superior para distinguirla de otra “puerta de Benjamín” que estaba

más al occidente, hacia el Tiro-peón 7.

Al día siguiente de ser libertado, Jeremías severamente le anuncia un castigo. La profecía

desventurada que le anuncia la basa en un cambio de nombre de Pasjur, que en adelante se llamará

Magor-misabib, que quiere decir “Terror por doquier” o “alrededor.” Quizá haya un juego

de palabras entre los dos nombres, pero no sabemos el significado de Pasjur. Probablemente el

nuevo nombre ha sido escogido imaginariamente por Jeremías para expresar la desventura que

espera al tirano Pasjur, como antes cambió el nombre de Tofet en valle de la Mortandad en función

de las escenas de muerte que en él habían de tener lugar. El nuevo nombre puesto al jefe

inspector del templo indicaría el extremo pavor de que será presa él y sus amigos cuando se vean

en la apretura del asedio y después camino del destierro, donde morirán irremisiblemente (v.6).

Quejas del profeta (7-13).

1 Tú me sedujiste, ¡oh Yahvé! y yo me dejé seducir. Tú eras el más fuerte, y fui vencido.

Ahora soy todo el día la irrisión, la burla de todo el mundo. 8 Pues siempre que

hablo tengo que gritar, tengo que clamar: “¡Ruina y devastación!” Y todo el día la

palabra de Yahvé es oprobio y vergüenza para mí. 9 Y aunque me dije: “No me

acordaré de él, no volveré a hablar en su nombre,” es dentro de mí como fuego

abrasador, encerrado dentro de mis huesos, y me he fatigado por soportarlo, pero

no puedo. 10 Pues he oído calumnias de muchos: “¡Terror por doquier!” “Delatadle,

delatémosle”8. Todos mis amigos9 acechan mi traspié: “¡Quizá se deje seducir! y podamos

con él, ¡y nos vengaremos de él!” 11 Pero Yahvé está conmigo como fuerte

guerrero; por eso mis perseguidores tropezarán y no triunfarán, serán enteramente

confundidos, porque no prosperaron, con perpetua ignominia, que nunca se olvidará.

12 Mas, ¡oh Yahvé de los ejércitos! tú que pruebas al justo y penetras los ríñones

y el corazón, que vea yo tu venganza contra ellos, pues a ti te he encomendado mi

causa. 13 Cantad a Yahvé, alabad a Yahvé, pues libra el alma del pobre de la mano

de los malvados.

La misión de Jeremías es tan dura e ingrata, que su alma ya no puede soportarla por más tiempo,

y por eso de nuevo desahoga su alma, quejándose a Dios por haberle puesto tan pesada carga,

que él no ha buscado. En toda su misión no ha cosechado sino escarnios y afrentas. En su desesperación

acusa el profeta a Yahvé de haberle engañador Tú me sedujiste, y “me dejé seducir

(ν.7). Cuando era joven inexperto, le cargó con una misión que ahora no aceptaría. Se ha aprovechado,

pues, de su inexperiencia 10. La frase es fuerte y radical, al estilo oriental. Lejos de buscar

el matiz, que nosotros expresaríamos diciendo: “Me persuadiste,” se expresa con frases radicales

para resaltar más el contraste de la idea. Lo que quiere el profeta destacar es lo ingrato de su mi2022

sión de intérprete de los designios punitivos de Yahvé sobre su pueblo. Voluntariamente no se

hubiera ofrecido para ello, y sólo por la imposición divina lo aceptó: Tú eras el mas fuerte, y fui

vencido.

Por otra parte, sus vaticinios, al retrasarse su cumplimiento, son considerados por sus

contemporáneos como lucubraciones de su imaginación, y con ello se convierte en objeto de burla

e irrisión (7b). Su misión ha sido siempre ingrata, ya que no le toca anunciar cosas agradables,

sino ruina y devastación para su pueblo (v.8). Con ello tiene que presentarse ante sus conciudadanos

como traidor y enemigo de los intereses de su pueblo: la palabra de Yahvé es oprobio y

vergüenza para mí (v.8b). Es tan dura e ingrata su misión, que en algunos momentos, desfallecido,

quiso substraerse a su cumplimiento (Y aunque me dije: No me acordaré de él, no volveré a

hablar en su nombre., V.9), sin embargo, la imposición divina le ha vencido, pues el callar el

mensaje divino le era un tormento mayor, ya que sentía en sus entrañas como un fuego abrasador,

que penetraba hasta sus huesos y se le hacía insoportable. En otras ocasiones dice que estaba

lleno de la cólera divina. Estos desahogos de Jeremías muestran cómo las profecías verdaderas

no son fruto de reflexiones personales de los profetas, pues hablan contra lo que ellos quisieran

decir si se dejaran llevar de sus sentimientos humanos 12. Sienten que son instrumentos de algo

superior a lo que no pueden substraerse.

A continuación refleja la conducta de sus adversarios, que buscan una ocasión de denunciarle

(v.10). La frase terror por doquier es considerada generalmente como glosa redaccional

posterior, tomada del ν.3. Incluso sus amigos (lit. “los hombres de mi paz,” es decir, con los que

vive en paz) le acechan, esperando un traspié. Le habían abandonado, y, aunque se mostraban

corteses exteriormente, sin embargo, hacían causa común contra el.

Jeremías, por toda respuesta, hace un acto de confianza en Yahvé. Se siente bajo la protección

de su Dios, que le ha enviado, y esto le da fuerza contra todo. En realidad, Yahvé es

un fuerte guerrero que está a su lado, y, por tanto, desbaratará los planes de sus perseguidores,

que serán confundidos al verse fracasados en sus planes de eliminarle. Yahvé es en realidad el

que conoce los secretos de los ríñones y el corazón (v.12), e.d., los íntimos pensamientos urdidos

en la zona misteriosa de la conciencia humana; por eso debe conocer las tramas injustas de sus

enemigos. El profeta, en una confesión muy humana, desea ser testigo del castigo sobre sus perseguidores,

y confía su causa judicial a Dios mismo.

Este v.12 y el 13 tienen un carácter netamente salmódico, y quizá sean obra de un redactor

de la época sapiencial.

Imprecaciones del profeta (14-18).

14 Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me parió no sea bendito. 15

Maldito el hombre que alegre anunció a mi padre: “Te ha nacido un hijo varón,”

llenándole de gozo. 16 Sea ese hombre como las ciudades que Yahvé destruyó sin

compasión, donde por la mañana se oyen gritos, y al mediodía alaridos. 17 ¿Por qué

no me mató en el seno materno, y hubiera sido mi madre mi sepulcro, y yo preñez

eterna de sus entrañas? 18 ¿Por qué salí del seno materno para no ver sino trabajo y

dolor y acabar mis días en la afrenta ?

La belleza incomparable de este fragmento se sobrepone al efecto que en el lector pudiera evocar

el radicalismo de los deseos y afirmaciones del profeta. La reacción del profeta parece desesperante,

y es un crescendo sobre lo anterior, en que culpa a Dios de su tragedia. Se halla sumergido

en un profundo aburrimiento de vivir; quisiera no haber nacido. Las frases son cortantes y abso2023

lutas y reflejan la situación de su alma, angustiada y apesadumbrada por tanta desventura. Su debilidad

humana aparece descrita con honesta desnudez. La falta de luces sobre una vida de ultratumba

explica ese estado de desesperación, incomprensible en nuestra sensibilidad cristiana. La

sobrenaturalización del dolor en su sentido de purificador de las propias faltas y aun redentivo de

las ajenas es una adquisición del Ν. Τ. Α nosotros, ante tales desahogos humanos del profeta, no

nos queda sino “respetar el drama íntimo de un alma grande purificada y fortalecida por el sufrimiento”

17. Se puede admitir la hipérbole en las crudas expresiones del profeta 14. Sus expresiones,

reflejo de un alma dolorida en extremo, no han de tomarse al pie de la letra, sino como eco

de su profunda e íntima tragedia. Sus invectivas son figuras retóricas admitidas en las literaturas

universales.

Como su vida no ha sido sino una cadena ininterrumpida de dolores, se pregunta enfáticamente

si no hubiera sido mejor no haber nacido: Maldito el día en que nací (v.14). Sus imprecaciones

son expresiones de dolor, no de odio: Maldito el hombre que alegre anunció a mi padre:

Te ha nacido un varón” (v.15). La alegría natural que proporciona la aparición de un vastago

masculino no tiene razón de ser en su nacimiento, ya que es el principio de las desdichas.

Entre los orientales, el nacimiento de un varón tiene un sentido de regocijo inmenso, pues es un

motivo de orgullo entre los del propio clan. Es el fruto pleno de la bendición de Dios. En cambio,

el nacimiento de una niña es recibido con frialdad y resignación 15. El mensajero de quien habla

el profeta es creado ficticiamente para hacerle objeto de las invectivas. En su deseo de no haber

nacido, hubiera querido que el mensajero de la nueva alegre de su nacimiento hubiera desaparecido

como las ciudades que Yahvé destruyó (v.16), e.d., Sodoma y Gomorra, cuyo castigo quedó

como ejemplo de exterminio total en la literatura bíblica 16. Todo en ellas es terror y sobresalto:

por la mañana se oyen gritos, y al mediodía alaridos (v.16). De nuevo vuelve a expresar el tedio

de haber nacido (ν.17-15). Las expresiones han de entenderse en su alcance retórico, sin que ellas

impliquen deseo efectivo de lo expresado en ellas 17. Su vida era tan triste, que no merecía haberse

vivido.

1 Cf. Jer 21:1. — 2 Cf. i Crón 24:14- 3 Cf. Esd2:37; Neh7:40. — 4 Cf. Jer 28:25-26; 29:26. 5 Cf. i Crón 263; 2 Crón 27:14: 23:19; 8:14. 6

Cf. Job 13:27. 7 Cf. Jer 37:12; 38,7. — 8 Otros traducen: “anunciadlo.” — 9 Lit. “todo el que me saluda,” — 10 Cf. Jer 1:6. — 11 Cf. Jer

15:17; 4:19-21. — 12 Cf. 2 Pe 1:21. — 13 Vittonato, II libro di Geremia p.252. — 14 In leremiam Prophetam, ad locum. — 15

Cf. Jaussen, Coutumes Palestiniennes I (Naplouse) p.ags. — 16 Cf. Gen 19:21; 25:19; Is 1:9. — 17 Cf. Job 10:18; 1 Mac 2:7;

Eclo 30:17.

21. Embajada de Sedecías a Jeremías.

La justicia social.

Los c.21-24 constituyen como un apéndice a la primera colección de oráculos de Jeremías. En

ellos se refieren intervenciones de Jeremías en diversas circunstancias relacionadas con problemas

nacionales. El c.21 se divide en dos partes: a) respuesta de Jeremías al rey Sedecías (1-10);

b) exhortación a la justicia (11-14).

Embajada del rey Sedecías al profeta (1-2).

1 Palabra de Yahvé que llegó a Jeremías cuando el rey Sedecías le envió a Pasjur,

hijo de Malaquías, y a Sofonías, sacerdote, hijo de Maasías, para que le dijeran:

2Consulta a Yahvé acerca de nosotros, pues Nabucodonosor, el rey de Babilonia, nos

hace la guerra. Quizá haga Yahvé con nosotros según todos sus prodigios, y (aquél)

2024

tenga que retirarse de nosotros.

Las circunstancias históricas en que se desenvuelve este relato son muy diferentes de las de los

capítulos anteriores. Ha muerto el rey Joaquim, que trató siempre hostilmente y con desprecio a

Jeremías. Las tropas de Nabucodonosor habían obligado a rendirse al rey Joaquín (o Jeconías),

hijo del anterior, llevando en cautividad a una gran masa de la población. Durante doce años reina

en Judá — con anuencia del vencedor babilonio — Sedecías (o Matanías), hermano de Joaquim,

hijo de Josías. Los anuncios punitivos de Jeremías se han cumplido en parte con la deportación

del 598, y con ello el profeta gana más crédito entre los que rodean a Sedecías, si bien siguen

su política humana de buscar alianzas extranjeras, en contra de las advertencias del profeta

de Anatot. A éste se le considera como un perpetuo aguafiestas; pero, cuando llegan las circunstancias

críticas, los ojos del rey y de la corte se vuelven hacia él como intérprete de la voluntad

divina. Es un reconocimiento pasajero de su cualidad de enviado de Dios y una ligera compensación

a las incomprensiones que había tenido que hacer frente en años anteriores.

El recuerdo de la liberación milagrosa de Jerusalén, asediada por las tropas de Senaquerib

(701), hacía concebir fundadas esperanzas en una nueva intervención de la omnipotencia divina.

Por eso, el rey envía una embajada para que Jeremías interviniera ante Yahvé por su pueblo. El

enemigo está cerca y amenaza caer como una tromba sobre el país. Es, pues, hacia el 588 cuando

tuvo lugar esta embajada. Entre los comisionados figura un tal Pasjur, distinto del mencionado

en 20:1. Aparece más tarde como oficial de la corte 1. Sofonías vuelve a aparecer más tarde 2.

Los dos comisionados piden al profeta que consulte a Yahvé sobre los asuntos del rey y del pueblo.

No se trata sólo de una consulta sobre el resultado de la guerra, que ya es inevitable, sino

que le insinúan que interceda ante Yahvé por ellos para que use de misericordia 3. Un siglo antes,

el rey Ezequías había enviado una embajada en el mismo sentido al profeta Isaías 4. Sin duda que

Sedecías pensaba en este hecho cuando envió a sus emisarios, y esperaba que el resultado fuera

semejante: la liberación de Jerusalén de sus enemigos. En efecto, la situación era muy crítica,

pues las tropas de Nabucodonosor se acercan hostiles al reino de Judá (v.2). Esta vez su ataque

es más temible, y no tendrá conmiseración con los habitantes de Judá, pues se han rebelado contra

él, sin haber sacado lección del escarmiento del 598. El gran conquistador babilónico, hijo

de Nabopolasar (625-605), después de haber vencido a los asirios, había extendido las fronteras

hasta Egipto, y era de capital importancia el dominio de la costa siró-fenicio-palestina, como

avanzada contra los faraones, replegados a sus fronteras. Ante un tal enemigo, vencidos o alejados

los ejércitos egipcios, no le queda al rey Sedecías, confiado en éstos, sino recurrir a la omnipotencia

de Yahvé para que renueve sus prodigios (v.2), alusión a la liberación de Jerusalén del

ejército de Senaquerib en el 701.

Respuesta de Jeremías (3-10).

3 Y Jeremías les respondió: “Así diréis a Sedecías: 4Esto es lo que dice Yahvé, Dios

de Israel: He aquí que yo haré volver las armas que lleváis en vuestras manos, con

las cuales peleáis contra el rey de Babilonia y los caldeos, que os asedian fuera de las

murallas, y las reuniré en medio de esta ciudad. 5Y yo, yo mismo lucharé contra vosotros

con mano extendida, con poderoso brazo, con ira, cólera e indignación grandes.

6Y heriré a los moradores de esta ciudad, hombres y animales, y morirán de

una gran peste. 7 Y después de esto — oráculo de Yahvé — , a Sedecías, rey de Judá,

y a sus servidores y al pueblo, a cuantos en esta ciudad se salven de la peste, de la

espada y del hambre, los pondré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y

2025

en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan su vida, que los pasarán a

filo de espada sin compasión, sin piedad, sin misericordia. 8Y a ese pueblo le dirás:

Así habla Yahvé: Mirad, os doy a elegir entre el camino de la vida y de la muerte.

9Los que se queden dentro de esta ciudad, morirán por la espada, por el hambre y

por la peste. Los que se salgan y se entreguen a los caldeos que os cercan, vivirán, y

tendrán por botín la vida salva. 10Porque he puesto mi rostro sobre esta ciudad para

mal, no para bien — oráculo de Yahvé — , y la haré caer en manos de Nabucodonosor,

rey de Babilonia, que la dará al fuego.”

La respuesta de Jeremías es totalmente diferente de la dada por Isaías a los enviados del rey Ezequías

5. La maldad del pueblo elegido ha llegado a su colmo, y la paciencia divina a su límite. Ha

llegado la hora en que desaparecerá Jerusalén como desapareció Samaría, capital del reino del

Norte bajo Sargón (721). Yahvé, lejos de ayudarles y salvarlos, en esta ocasión hará volver las

armas que los soldados llevan, luchando fuera de la ciudad contra los invasores, a Jerusalén

(v.4). Es decir, que tendrán que replegarse dentro de los muros. Y no sólo tendrán como enemigos

a los soldados de Nabucodonosor, sino que Yahvé mismo luchará contra ellos con mano extendida,

e.d., amenazadora6, enviándoles la peste (v.6). Naturalmente, aquí no se excluyen las

causas segundas naturales. En la mente profundamente religiosa de los profetas es siempre Yahvé

el que envía directamente los flagelos, y entre ellos los clásicos de peste, hambre y espada 7.

Esto por lo que se refiere a los asediados, aunque los que logren salir no tendrán mejor suerte,

pues todos perecerán. La respuesta, pues, a los emisarios del rey no pudo ser más descorazonadora.

Los de la corte eran los principales responsables de la catástrofe, y debían sufrir el castigo

divino en toda su crudeza.

En cambio, al pueblo sencillo, Jeremías todavía le da una esperanza de salvación: la de

someterse a los invasores caldeos sin hacer resistencia. Les da a elegir el camino de la vida o de

la muerte (v.8). La frase está calcada en Dt 30:15, aunque con diferente sentido, ya que en este

lugar se trata de la entrega a la alianza de Yahvé, para ser feliz, o de seguir los caminos de la idolatría,

con las consecuentes maldiciones de Yahvé. En Jeremías se trata de salvar la vida o

morir. Si se entregan, tendrán la vida por botín (V.9), salvando lo que el hombre más aprecia,

aunque pierda todas las demás cosas 8; en dichas circunstancias críticas, salvar la vida se considerará

como la máxima ganancia o botín. Y después añade el profeta que la catástrofe se debe al

mismo Yahvé, que ha enviado el castigo. La expresión he puesto mi rostro sobre esta ciudad

(v.10), aquí tiene un sentido de amenaza, como si Dios fijara especialmente, su atención sobre

Jerusalén para mal9. En otras ocasiones es, para bien10. Ahora Yahvé tiene un interés especial,

pero para su desventura: la haré caer en manos de Nabucodonosor., que la dará al fuego, predicción

que se verificó a la letra 11.

Invitación a la justicia (11-14).

11 Y a la casa del rey de Judá (d1): Oíd la palabra de Yahvé, 12 casa de David: Así

dice Yahvé: Haced de mañana justicia, librad al expoliado de la mano del opresor,

no sea que brote como fuego mi ira y se encienda, y no haya quien la apague, por la

maldad de vuestras obras. 13 He aquí que a ti me dirijo, morada del valle, roca de la

llanura — oráculo de Yahvé — . A vosotros que decís: ¿Quién descenderá sobre nosotros

y quién penetrará en nuestras guaridas? 14 Yo os daré la paga según el fruto

de vuestras obras — oráculo de Yahvé — , y prenderé fuego a su bosque y devorará

todos sus alrededores.

2026

Los v.11-12 son una invitación a los cortesanos para que administren justicia diariamente sin

desmayar. La expresión de mañana (v.12) indica la presteza con que deben ejercer la justicia,

preocupándose desde la aurora de ella como la cosa más importante y acuciante del día. De lo

contrario no se hará tardar la ira divina, ya que la maldad de sus obras está clamando imperiosamente

por una intervención justiciera.

Los v.13-14 incluyen una profecía contra Jerusalén. La capital de Judá, asentada sobre un

promontorio rocoso, rodeada de valles por todas partes, menos por el norte, se sentía segura ante

cualquier expugnación enemiga: ¿Quién descenderá sobre nosotros? (v.13b). Se la llama moradora

del valle y roca de la llanura porque se levanta como una roca sobre la llanura y está rodeada

de los valles del Cedrón, al este, y el Er-Rababy, al occidente, que se juntan al sur de la

ciudad, siendo por ello inexpugnable por la parte de estas depresiones profundas 12. Sus habitantes,

pues, se creían seguros. Pero será su mismo Dios el que abrirá sus puertas a los enemigos y

prenderá fuego a su bosque (v.14). Jerusalén, con sus casas y palacios cuajados de columnas de

cedro, es presentada como un bosque, en el que fácilmente hacen presa las llamas, quemando

todos sus alrededores.

1 Cf. Jer 38:1. — 2 Cf. 29:253; 37:3. — 3 Cf. 37:3. — 4 Is 37:36, — 5 Cf. Is 37:6ss. — 6 Cf. Ex 6:6; Dt 4:34; 5:15; 26:8; Is 9:11;

16:20. — 7 Cf. Ap 6:3-8; Jer 14:12; 24:10; 27:13; Ez 6:11; — 8 Cf. Job 2:4; Jer 38:2; 45:5- — 9 Cf. Lev 17:10; Am 9:4; Jer

44:11.; 12:16. — 10 Cf. Jer 24:6. — 11 Cf. Jer 39,8. — 12 Cf. Lam 4:12; Jer 5:12. Véase también VINCENT, Jérusalem antigüe

p.122.

22. Profecías sobre los Reyes de Judá.

En este capítulo se reúnen una serie de oráculos dirigidos a la, casa real, en los que se exhorta al

cumplimiento de la Ley y sus observancias. Yahvé mantendrá sus promesas si el pueblo vuelve a

El y es fiel a sus mandatos.

Exhortación a practicar la justicia social (1-5).

1 Así dice Yahvé: Baja a la casa del rey de Judá y pronuncia allí estas palabras:

2Dirás, pues: Oye la palabra de Yahvé, rey de Judá, que te sientas en el trono de David,

tú, tus servidores y tu pueblo, los que entráis por estas puertas. 3Así dice Yahvé:

Haced derecho y justicia, librad al expoliado de la mano del opresor y no vejéis al

extranjero, al huérfano y a la viuda; no hagáis violencia y no derraméis en este lugar

sangre inocente. 4 Si fielmente cumplís estos mandatos, entrarán por las puertas de

esta casa reyes que se sienten en el trono de David, montados en carros y caballos,

ellos, sus servidores y su pueblo. 5 Pero, si no oís estas palabras, por mí mismo lo juro,

oráculo de Yahvé, que este palacio se trocará en ruinas.

Este fragmento es muy similar al de 21:11-12. El contenido es el mismo. El profeta es enviado al

palacio real para transmitir un mensaje admonitorio a la corte, en el sentido de que, si no se practica

la justicia con los oprimidos, vendrá indefectiblemente la ruina para la dinastía davídica. Los

palacios reales estaban en la parte meridional de la gran explanada del templo. Jeremías, pues,

que recibiría la comunicación divina en el templo, tiene que descender para comunicar el oráculo

al rey y sus cortesanos. En el palacio real estaba el aula de justicia, donde tenían su asiento los

tribunales. El contenido del mensaje tiene relación con la administración de justicia. Podemos

2027

suponer, pues, a Jeremías hablando públicamente en uno de los atrios que daban acceso al palacio

real propiamente tal. Quizá se detuvo a la entrada del aula de justicia, presenciando el desfile

de gentes pobres y sencillas que iban a reclamar sus derechos ante los tribunales. No es necesario

suponer que el profeta hablase directamente al rey. La frase oye la palabra de Yahvé, rey de Judá

(v.2), tiene un sentido amplio, de forma que bastaba que se dirigiese solemnemente en el auditorio

general al rey para que los oyentes se lo retransmitieran.

Jeremías pide en su mensaje que se haga derecho y justicia (v.5), es decir, que se juzgue

conforme a las exigencias equitativas de la Ley dada por Yahvé, sin dejarse ganar por dádivas ni

favores. Ante todo deben mirar por los intereses de los socialmente abandonados y débiles, como

el extranjero, el huérfano y la viuda, expresión estereotipada tradicional en la literatura profética,

que declaraba el profundo sentido social de la ley mosaica1. Sobre todo, debe evitarse todo lo que

suponga violencia. El rey había hecho matar al profeta Urías, y quizá la expresión no derraméis

en este lugar sangre inocente aluda a ello y a otras violencias cruentas que eran características

del reinado de Joaquim (609-598). Por otra parte, puede haber en la frase una alusión a los sacrificios

de niños inocentes en el Tofet a dioses extranjeros2.

El v.4 es casi igual a 17:25, y puede ser una adición redaccional posterior 3. Yahvé profiere

un juramento solemne (juro por mí mismo” v.5) de que, si no se cumplen sus preceptos,

condenará los palacios reales a la ruina total. La expresión del juramento de Yahvé es enfática.

Los hombres juran por Dios, pero Yahvé jura por sí mismo como máxima garantía del cumplimiento

de la profecía conminatoria.

La ruina del palacio real (6-9).

6 Pues así dice Yahvé del palacio del rey de Judá: Eres para mí como (el monte) de

Galaad, (como la) cumbre del Líbano. Ciertamente te haré un desierto, ciudad inhabitada.

7 Yo consagraré contra ti devastadores, cada uno con sus armas, y talarán

tus cedros más selectos y los arrojarán al fuego. 8 Y pasarán muchas gentes ante esta

ciudad, y se dirán unos a otros: “¿Por qué ha tratado así Yahvé a esta gran ciudad?”

9 y dirán: “Porque abandonaron la alianza de Yahvé, su Dios, y adoraron

dioses ajenos y les sirvieron.”

El presente oráculo se refiere a la ruina de la dinastía, de la que el palacio real es un símbolo.

Los habitantes de Jerusalén se sentían orgullosos de sus espléndidas construcciones reales, realizadas

por el megalómano Salomón. Pero esto no ha servido sino para crear un clima de orgullo y

de desobediencia en su Dios. Han creído que sus obras les bastaba para permanecer como pueblo

en la historia sin ayuda de Yahvé. Pero ha llegado la hora de la manifestación airada de su Dios

abandonado, y todo aquello que constituía el íntimo orgullo de los israelitas desaparecerá como

un soplo. La frase del profeta puesta en boca de Yahvé es irónica. La grandiosidad y suntuosidad

de las construcciones reales aparecen ante Dios como el monte de Galaad (famoso por sus florestas)

4 y como el Líbano, por las numerosos cedros empleados en los palacios (una de sus salas

se llamaba enfáticamente “casa del bosque del Líbano,” por sus numerosas columnas y artesonados

de cedro del Líbano) 5. Pero esta su grandiosidad aparente, motivo de orgullo nacional, desaparecerá

como un soplo, pues Yahvé lo va a convertir en un desierto (v.6b). Los enemigos actuales

de Judá, lejos de ser rechazados por Yahvé, serán impulsados por El contra Jerusalén, como

instrumentos de su justicia vengadora. La frase yo consagraré contra ti devastadores (v.7)

equivale a “tomaré como instrumentos míos” a los invasores babilónicos, que como tales luchan

en una guerra “santa,” y en este sentido son santificados o consagrados para el combate6.

2028

Los v.8-9 se refieren a la ciudad. La perspectiva de la catástrofe se alarga para hacer resaltar

más la impresión de ruina y desolación. En todo caso, el profeta quiere hacer constar que

toda esta catástrofe no ha tenido otra causa que la apostasía general y la idolatría (v.9).

Anuncio de la cautividad perpetua del rey Joacaz (10-12).

10 No lloréis por el muerto ni hagáis duelo por él. Llorad amargamente por el que se

va, porque no volverá más ni verá la tierra en que nació. 11Porque así dice Yahvé de

Sellum, hijo de Josías, rey de Judá, que sucedió a su padre, Josías, y que salió de este

lugar: No volverá ya más; 12 morirá en el lugar a que ha sido llevado cautivo y no

volverá a ver más esta tierra.

El rey Joacaz, llamado también Sellum 7, había sido elegido rey por el pueblo después de la trágica

muerte de Josías en la batalla de Megiddo (609), donde quiso oponerse al faraón Necao II de

Egipto, que iba en auxilio de los asirios, en trance de sucumbir ante la coalición babilónica (dirigida

por Nabopolasar) y media (acaudillada por Ciaxares). Después de un precario reinado de

tres meses, fue depuesto por Necao II, que volvía victorioso, el cual puso en su lugar a su hermano

Eliaquim, al que cambió el nombre en Joaquim, quien reinó hasta el 598. Joacaz fue llevado

en cautividad por el faraón egipcio. El duelo por el piadoso rey Josías, muerto trágicamente, fue

general, y Jeremías anuncia a su pueblo que aún le espera otra desgracia, otro duelo nacional: No

lloréis por el muerto (Josías)., llorad por el que se va (v.10). En efecto, Joacaz había sido llamado

por Necao II a Ribla, en Siria, y el resultado fue su deposición como rey, siendo llevado cautivo

a Egipto 8.

Recriminación contra el rey Joaquim (13-19).

13 ¡Ay del que edifica su casa sin justicia, sus salones altos sin derecho, haciendo trabajar

a su prójimo de balde, sin darle el salario de su trabajo! 14 El que dice: Voy a

hacerme una casa espaciosa, con amplias salas, de rasgadas ventanas, con artesonados

de cedro, pintados de rojo. 15 ¿Reinas, acaso, para rivalizar en obras de cedro?

¿No comía y bebía tu padre y hacía derecho y justicia, y todo le iba bien? 16 Hacía

justicia al pobre y al desvalido, y todo le iba bien. ¿No es esto conocerme? oráculo de

Yahvé. 17 Pero tú no tienes ojos ni corazón más que para buscar tu interés, para derramar

sangre inocente, para oprimir y hacer violencia. 18 Por eso así dice Yahvé de

Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá: No le lamentarán: ¡Ay hermano! ¡Ay hermana!

No le plañirán: ¡Ay Señor! ¡Ay majestad! 19 Sepultura de asno será la suya,

arrastrado y tirado fuera de las puertas de Jerusalén.

El profeta lanza una invectiva contra el impío rey Joaquim, hermano y sucesor (impuesto por

Necao I1) de Joacaz. Favoreció el sincretismo religioso, dando cabida a cultos idolátricos junto

al legítimo de Yahvé. Jeremías tuvo que luchar constantemente contra su política destructiva y

materialista. En cierta ocasión, el rey mandó quemar las profecías de Jeremías 9. Quizá fue en

esta ocasión cuando pronunció el profeta este oráculo contra él, hacia el 605 a.C. Jeremías le

echa en cara con valentía sus atropellos sociales, pues se dedica a hacer construcciones fastuosas

sin pagar debidamente a sus subditos (ν.13). Su conducta era semejante a la de los omnipotentes

tiranos de Mesopotamia y Egipto, que en su megalomanía gastaban los recursos de la nación en

palacios suntuosos, utilizando la mano gratuita de los esclavos. Los salones superiores son los

compartimientos que sobre la terraza se edificaban para que se respirara mejor el aire fresco de la

2029

costa mediterránea.

Pero esta megalomanía no tiene sentido, pues el verdadero oficio del rey no es precisamente

hacer ostentación de un lujo desbordado: ¿Reinas para rivalizar en obras de cedro?

(v.15). La frase es irónica. La verdadera grandeza de un rey está en la sabia administración de la

justicia (v.16), como hacía su padre, el piadoso Josías, y Dios le bendecía: y todo le iba bien. La

expresión comía y bebía (v.15b) indica los placeres honestos y lícitos de una vida ordenada10. A

Josías nada le faltaba, y su preocupación era más elevada: la de hacer justicia a sus subordinados.

Al cumplir los preceptos de equidad impuestos por la Ley, Josías mostraba conocer las intenciones

de Yahvé, y mostraba prácticamente que el verdadero camino era buscar la protección divina

cumpliendo sus mandamientos: ¿No es esto conocerme? oráculo de Yahvé (v.16) 11.

La conducta de Joaquim es totalmente opuesta a la de su padre, ya que, despreciando los

intereses de Dios y de su pueblo, no busca sino los suyos propios (v.17), sin parar ante la opresión

y el homicidio si le conviene.

El castigo será inmediato y terrible. Morirá sin que nadie se lamente por él (v.18). Por Josías

había habido un sentido duelo general; en cambio, él será enterrado como un asno (v.16), sin

que nadie se acuerde de él ni le haga los oficios fúnebres. Será su cadáver arrojado fuera de las

puertas de Jerusalén para pasto de las aves del cielo y de las bestias del campo12. ¿Cómo se

cumplió esta profecía? Según 2 Re 24:6, el rey Joaquim “se durmió con sus padres,” fórmula que

se suele aplicar a la defunción normal de los reyes de Israel. No se dice nada de su sepultura 13.

No obstante, la fórmula “se durmió con sus padres” es aplicada también a la muerte de Acab, que

murió violentamente en su carro de batalla 14. Por eso no se excluye una muerte violenta de Joaquim,

que murió joven, a los treinta y seis años, en el asedio de Jerusalén del 598 por las tropas

de Nabucodonosor. Quizá su cadáver quedó sin sepultura por algún tiempo, o su sepulcro fue

violado por las tropas babilonias. En todo caso, quizá haya que mantener en la profecía de Jeremías

sólo lo sustancial, es decir, que Joaquim moriría sin gloria, odiado de su pueblo, que no

haría lamentaciones públicas por él. Y entonces la frase una sepultura de asno será la suya

habría que entenderla en sentido amplio. No es improbable que Joaquim haya muerto víctima de

una insurrección popular por haber lanzado a su pueblo a la aventura de enfrentarse con el ejército

de Babilonia, y que su cadáver haya sido arrastrado fuera de las puertas de Jerusalén (V.19),

o que su sepulcro haya sido violado por las tropas asaltantes, como lo hizo Asurbanipal con el

del rey de Elam.

Suerte trágica de los reyes de Jada (20-23).

20 Sube al Líbano y grita, y sobre Basan alza tu voz, y clama desde Abarim, pues todos

tus amantes han sido destruidos. 21 Te hablé en tiempo de tu prosperidad, y tú

dijiste: No escucharé. Este ha sido tu proceder desde tu mocedad: no escuchaste mi

voz. 22 A todos tus pastores, el viento los apacentará, y tus amantes serán llevados

cautivos. Entonces te avergonzarás y sonrojarás por todas tus maldades. 23 Tú, que

te asientas en el Líbano y anidas en los cedros, ¡cómo gemirás cuando te sobrevengan

dolores, torturas como de parto!

En esta sección se predice la suerte trágica de los dirigentes de Judá. El profeta se dirige a Judá,

personificada en una dama que queda sola en su desgracia dando gritos de dolor. No sabemos

cuándo fue compuesta esta perícopa. Hay autores que la ponen en los primeros años de Joaquim,

cuando aún Jerusalén se sentía segura. Otros, en cambio, creen que la composición data de una

fecha posterior a la primera cautividad del 598 15. El profeta invita a Jerusalén a que suba a las

2030

cimas más altas que rodean Palestina, el Líbano al norte, Basan al nordeste y el Abarim al sudeste

16, para dar rienda a su dolor, comunicándolo en todas las direcciones, y para contemplar a sus

aliados o amantes destruidos.

Yahvé había amonestado con tiempo a Judá cuando aún estaba en tiempos de prosperidad

(v.21) y se sentía segura, sin temor a las invasiones de enemigos extranjeros. Pero, orgullosa,

no quiso obedecer: No escucharé. Y esta conducta es inveterada en Israel: desde tu mocedad no

escuchaste mi voz (v.21b). Desde los primeros tiempos de su vida nacional en Canaán, ya Israel

abandonó a su Dios, yendo tras de dioses ajenos.

La catástrofe nacional aventará a todos los dirigentes o pastores del pueblo elegido

(v.22). En la frase hebrea el viento los apacentara hay un juego de palabras. El sentido es que,

así como los pastores dirigen y empujan a sus ganados hacia los pastos, así un viento devastador

(el ejército babilonio, que vendrá del desierto como un huracán o simún) 17 los apacentara, e.d.,

los obligará a emigrar hacia nuevos pastos. Es el anuncio de la cautividad. Y participarán de esta

suerte del exilio sus amantes, o aliados extranjeros.

De nuevo el profeta echa en cara la falsa seguridad que se ha forjado Judá. Se cree segura

como un pájaro inaccesible al cazador en la copa de los árboles más altos, como los cedros:

que te sientas en el Líbano y anidas en los cedros (v.23). Quizá se aluda en esta comparación a la

fastuosidad de los palacios con sus artesonados de cedros del Líbano, símbolo de su falsa seguridad

y prosperidad material. Pero llegará la hora del castigo divino, y entonces gemirá con torturas

de parto 18.

Oráculos contra el rey Joaquín (24-30).

24 Por mi vida — oráculo de Yahvé — que, si fuera Jeconías, hijo de Joaquim, rey de

Judá, el anillo de mi mano derecha, de allí lo arrancaría. 25 Yo te entregaré en manos

de los que buscan tu vida, en manos de aquellos a quienes temes, en manos de

Nabucodonosor, rey de Babilonia; en manos de los caldeos; 28y te arrojaré a ti y a la

madre que te engendró a tierra extraña en que no nacisteis, y allí moriréis. 27 Pero a

esta tierra que con toda su alma querrán volver, no volverán. 28 ¿Es, pues, este

hombre, Jeconías, un utensilio despreciable y quebrado, un vaso que a nadie agrada?

¿Por qué han sido rechazados él y su progenie, y arrojados a tierra a ellos desconocida?

29 ¡Tierra, tierra, tierra! oye la palabra de Yahvé. 30 Así dice Yahvé: Inscribid

a ese hombre: “Sin hijos, varón que no prosperará en sus días,” pues no logrará

de su estirpe un varón que se siente en el trono de David y reine sobre Judá.

Estos oráculos hay que situarlos durante el asedio de Jerusalén, en el 598-97, pues Jeconías sucedió

a su padre Joaquim ya cuando la capital se hallaba sitiada por las tropas de Nabucodonosor.

Jeconías o Joaquín reinó sólo tres meses, siendo llevado en cautividad, donde murió después

de una vida triste. Los contemporáneos creían que el invasor babilónico se contentaría con una

sumisión externa, permitiendo al joven rey, recién entronizado, continuar como soberano en Jerusalén.

El profeta quiere disipar estas vanas ilusiones. La suerte del rey será muy trágica. La expresión

es enérgica: por mi vida oráculo de Yahvé — (v.24), y con su carácter solemne indica

la irrevocabilidad de la sentencia divina de mandar al exilio a Jeconías 19. La decisión de castigar

al joven soberano es tan firme, que, aunque éste fuera la cosa más querida (el anillo de mi mano

derecha, v.24), se desprenderá de él. En la antigüedad, el anillo era el instrumento de autenticar

los documentos, como hoy los autógrafos. De ahí que se le guardase con el máximo cuidado,

como algo inherente a la personalidad; por eso era intransferible. Se aplicaba sobre la arcilla de

2031

las tabletas cuneiformes en los contratos como signo de autenticidad. Yahvé, pues, está tan decidido

a deshacerse de Jeconías, que, aunque fuese su anillo personal, lo abandonaría 20.

En efecto, lo entregará en manos de Nabucodonosor y sus huestes, para ser llevado al

destierro, sin esperanza de retorno, junto con su madre, Nesuta, responsable también de la catástrofe

por no haber aconsejado bien a su hijo 21. Jeremías siente profunda compasión por la suerte

del joven Jeconías, que va a ser arrojado como utensilio despreciable (v.28) e inservible. Las palabras

del profeta tienen un acento elegiaco. Jeconías acaba de estrenarse como rey y va a ser

desechado como vaso de alfarero recién hecho, que no agrada a sus compradores y es arrojado

entre los desperdicios. Jeconías y su progenie serán arrojados, camino del cautiverio, hacia tierra

desconocida. Esto enardece al profeta, el cual enfáticamente lanza un triple apostrofe: ¡Tierra,

tierra, tierra! para dar mayor solemnidad y llamar la atención de sus oyentes sobre el contenido

de su predicción: Inscribid ese nombre: “Sin hijos.” (ν.3ο). Entre los habitantes de Jerusalén

había excesivas ilusiones sobre una próxima derrota de Babilonia, y esperaban que los cautivos

exilados en el 598 volverían pronto a su tierra. Pero el profeta les anuncia que ni Jeconías ni sus

descendientes se sentarán sobre el trono de David. Por eso, en las tablas genealógicas pueden

muy bien inscribir el nombre del rey Jeconías con la añadidura de sin hijos (v.30). Sabemos que

Jeconías tuvo varios hijos en el destierro 22, pero ninguno de ellos logró ser investido con la dignidad

real davídica. El sucesor de Jeconías fue su tío paterno Sedecías o Matanías. Zorobabel,

aunque descendiente de Jeconías, no fue rey, sino simplemente dirigente de los exilados en su

retorno a la patria. Sólo el Mesías, Jesús, descendiente de Jeconías, inaugurará un nuevo reinado

totalmente diferente del tradicional davídico. El horizonte es totalmente nuevo, y, por consiguiente,

la etapa desborda las concepciones tradicionales sobre un rey de la dinastía davídica

sentado en un supuesto reino terrenal de Jerusalén.

1 Cf. Jer 7:5. — 2 Cf. Jer 7:31; 19:5- — 3 Cf. Jer 7:5; 17:24. — 4 Cf. Is 2:13; 23:9; Nah 1:4; Zac 11:2; Jer 8:22; 46:11. — 5 Cf. 1 Re

7:2. — 6 Cf. Jer 6:4; Is 13:3. — 7 Cf. 1 Crón 3 :1s. — 8 Sólo aquí y en i Crón 3:15 se llama Sellum a Joacaz. Quizá al subir al trono

cambió su nombre, como su hermano Joaquim (antes Eliaquim). — 9 Cf. Hab 2:6.9.12.17. — 10 Cf. Ecl 2:24; 3:13. — 11 Cf.

Jer 9:23-24. — 12 Cf. Jer 15:3; 7:33; 36:30. — 13 En la versión de los LXX se dice que fue sepultado con sus padres en la ganozae,

palabra que es una deformación de la palabra hebrea gan-Uzza, “el jardín de Uzza,” en el que estaban enterrados los impíos

reyes Manases y Amón (2 Re 21:18). Quizá sea ésta una adición del traductor griego, que quiere colocar al impío Joaquim juntamente

con sus antecesores los reyes impíos de Judá. — 14 Cf. 1 Re 22:40. — 15 En Jeremías se alude muchas veces a esta personificación

de Jerusalén sentada en luto sobre las alturas: 7:29; 2:7; 7:13-25; 4.30-31· — 16 En Sal 68:16, Basan es sinónimo de

Hermán; Abarim es una cordillera de montañas al este del mar Muerto, de la que formaba parte el monte Nebo, desde el cual Moisés

contempló la tierra de promisión (Núm 33:4; 27:12; cf. Abel, Géographie I p.377-378). — 17 Cf. Jer 2:8; 10,21; 23:1. — 18

Cf. Jer 4:31; 6:24; 13:21. — 19 Cf. 46:18; Dt 32:40. El nombre de Jeconías aparece aquí en Jeremías en su forma abreviada de

Coniyahu, como nombre hipocorístico. En 24:1 se le llama Yeconiyahu; en 27:20; 28:4; 29:2 se le llama Yeconiah. En 2 Re 24:63,

Yoyaquin, y de ahí nuestro Joaquín. Así también en Jer 52:31. — 20 2 Re 24:9 y en 2 Crón 36:9 se dice que Jeconías “hizo el mal

a los ojos de Yahvé.” — 21 Cf. 2 Re 24:8.12; Jer 29:2. — 22 Cf. 1 Grón 3:173.

23. Profecías Mesiánicas.

Contra los falsos Profetas.

En dos partes netas se divide este capítulo: a) resumen de lo anterior, con algunos vaticinios de

consolación mesiánicos (1-8); b) contra los falsos profetas. Se discute la autenticidad de los v.

16-40, entre otras razones porque se supone cierta dispersión entre las gentes.

Cuando estaban a punto de cumplirse los vaticinios siniestros de Jeremías, el profeta presenta

ciertos oráculos de consolación mesiánicos para reforzarles su fe en los destinos mesiánicos

del pueblo, que, a pesar de la tragedia que se avecina, saldrá purificado y preparado para la

inauguración de la nueva era mesiánica. Quizá el momento más adecuado para la composición

2032

de estas profecías de consolación sean los últimos días del reinado de Sedecías, cuando ya estaba

iniciado el terrible asedio de la ciudad, en 587 a.C.

Contra los pastores de Israel (1-2).

1 ¡Ay de los pastores que hacen perecer y destrozan el rebaño de mi pastizal! Oráculo

de Yahvé. 2 Por eso así dice Yahvé, Dios de Israel, de los pastores que apacientan

a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado mi grey, la habéis descarriado y no habéis

cuidado de ella. He aquí que voy a visitaros por la maldad de vuestras obras — oráculo

de Yahvé.

El profeta se encara con la clase dirigente de Israel, que ha sido la principal responsable de la

ruina de su pueblo. Son los falsos pastores (v.1), que han fomentado la apostasía y la idolatría en

el pueblo sencillo, atrayendo sobre él los justos castigos divinos, concretados en la invasión extranjera

y en la deportación en masa hacia tierras extrañas. Son estos versos como un resumen de

lo anterior predicho sobre el rey. Yahvé llama a su pueblo cariñosamente el rebaño de mi pastizal

(v.1). Israel ha sido conducido por el desierto como una tímida grey en medio de peligros sin

cuento, y toda su historia como nación es una continua sucesión de providencias divinas para

salvarlo en las vicisitudes más críticas l. Pero los actuales pastores, encargados de llevar a buenos

pastos a su grey, la han descarriado (v.2). La comparación aparece reiteradamente en Jeremías

y otros profetas posteriores 2. Yahvé no puede tolerar esta situación anormal, y se ve precisado

a intervenir justicieramente visitando a su pueblo.

Promesa de restauración mesiánica (3-8).

3 Yo mismo reuniré los restos de mi rebaño de todas las tierras en que los he dispersado,

y los volveré a sus prados, y fructificarán y se multiplicarán. 4 Y suscitaré sobre

ellos pastores que los apacienten, y ya no habrán de temer más ni angustiarse ni

afligirse — oráculo de Yahvé . 5He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en

que yo suscitaré a David un vástago justo, y reinará como rey prudentemente, y

hará derecho y justicia en la tierra. 6 En sus días será salvado Judá, e Israel habitará

confiadamente, y el nombre con que le llamarán será éste: “Yahvé (es) nuestra justicia.”

3 7Por eso he aquí que vendrán días — oráculo de Yahvé — en que no se dirá

ya: “Vive Yahvé, que subió de la tierra de Egipto a los hijos de Israel,” 8sino más

bien: “Vive Yahvé, que sacó y trajo al linaje de la casa de Israel de la tierra del

aquilón y de todos los países a que los arrojó, y los hizo habitar en su propia tierra.”

4

Después de anunciar la deportación sin retorno de Jeconías y su carencia de descendientes reales,

el profeta se proyecta, para consolar a sus compatriotas, hacia una era futura en la que serán olvidados

los pecados de Judá y de sus pastores, pues el mismo Yahvé personalmente se encargará

de pastorear a su rebaño, que hará volver de todas las tierras en que lo había dispersado (ν.3).

Es el anuncio de retorno del exilio. La catástrofe, pues, nacional es relativa, y un día volverán los

israelitas a recogerse bajo la protección de su Dios, que directamente los gobernará como el pastor

a su rebaño. En realidad, Yahvé será riguroso con las clases dirigentes, causantes de la ruina,

pero benigno con las ovejas descarriadas. Dios, después de traerlos a nuevos pastos, les dará pastores

que los apacienten (v.4). Para entender bien esto hay que tener en cuenta el doble plano

sobre el que se mueve la profecía: primero se refiere a la restauración que sigue al exilio, y en2033

tonces los pastores serán Zorobabel, Josué, Esdras y Nehemías, etc., que colaboraron directamente

en la repatriación y en la restauración de la vida nacional; pero después hay otra perspectiva

más amplia, y es la del mesianismo. Las dos se confunden en superposición de planos en la

mente del profeta, en cuanto que la primera es la inmediata preparación de la segunda. Esos dirigentes

postexílicos son los tipos de otros pastores de la era mesiánica, que podremos identificar

con el mismo Mesías y sus colaboradores, como los apóstoles y sus sucesores.

La expresión no habrán de temer mas ni angustiarse alude claramente a la era venturosa

de paz mesiánica, como la fórmula siguiente: he aquí que vienen días (ν.6)5. Los tiempos mesiánicos

estarán presididos por la figura desbordante del Mesías, vastago justo. La atención del profeta

se centra en un misterioso retoño de la casa de David, que impondrá un reinado de derecho y

de justicia. Todo esto parece depender de la profecía isaiana sobre el “vastago de Jesé”6, sobre el

que descansará el “espíritu de Yahvé”; es el “Príncipe de la paz” de los tiempos mesiánicos,

dotado de las cualidades ideales de un hombre de gobierno: inteligencia, ciencia, sabiduría, fortaleza

y temor de Dios. Por eso aquí se dice que ese vastago justo reinará como rey prudentemente.

La palabra vastago o germen, aplicada al Mesías, aparece en el profeta Zacarías7 medio siglo

después. Aquí, en Jeremías, el vastago es apellidado justo, porque inaugurará un reinado de

equidad y de justicia. Es una idealización de lo que en 2 Sam 8:15 se aplica al gran antepasado

David, modelo de soberanos teocráticos para la mentalidad hebrea. Ese vastago tendrá categoría

real: reinará como rey (ν.6). Esto excluye la aplicación del texto al restaurador Zorobabel, el cual

nunca tuvo la dignidad real.

Así, pues, sobre el primer plano de la reorganización de los repatriados después del exilio,

dirigida por Zorobabel, la mente del profeta se proyecta hacia un horizonte más glorioso y

espectacular, en que se impondrá un reinado de derecho y justicia en la tierra. Será el día de la

“salvación” del pueblo elegido en su totalidad: de Judá, o reino del Sur, y de Israel, o reino del

Norte (v.6). De nuevo formarán un solo reino bajo la figura deslumbrante del Rey ideal, el Mesías.

Este sueño de la unificación de las doce tribus, separadas después de la muerte de Salomón,

tan acariciado por los verdaderos yahvistas, será realizado plenamente en los tiempos mesiánicos.

Será tal la equidad que implantará el nuevo Rey mesiánico, que podrá llamarse Yahvé es

nuestra justicia (v.6). Este nombre es puramente simbólico y no indica la divinidad del Mesías,

sino sólo que el Mesías vinculará su reinado de justicia a Yahvé de un modo tan estrecho, que

podrá ser llamado Dios es nuestra justicia (en heb. Sidquenu), como el misterioso Niño nacido

de una doncella en Is 7:14 podrá llamarse Immanuel (“con nosotros Dios”), en cuanto que Yahvé

estará con él y con su pueblo.

En Jer 33:16 se llama a Jerusalén “Yahvé, nuestra justicia.” Se trata, pues, de nombres

simbólicos, no raros en la Biblia8. Es posible que el nombre Sidquenu (“Yahvé es nuestra justicia”),

aplicado al Mesías, sea sugerido por el nombre de Sedéelas (en heb. Sidquiyahu, que significa

“mi justicia es Yahvé”), y que haya buscado un juego de palabras el profeta para mostrar que

el Mesías cumplirá plenamente lo que materialmente significaba el nombre del rey Sedecías, que

los había defraudado en sus esperanzas liberadoras.

Los v.7-8, repetición de 16:14-15, parecen fuera de contexto. Los LXX los ponen al final

del capítulo. Se adaptarían mejor al contexto colocándolos detrás del v.3. No obstante, aún pueden

entenderse, en cierta ilación lógica, con lo que antecede en el lugar que actualmente tienen.

La salvación obrada por el Mesías, realizada primero en el retorno de la cautividad y después

colmada en los tiempos mesiánicos, harán palidecer las maravillas del éxodo. La liberación de

Egipto no ha sido nada en comparación con la futura y definitiva liberación de Israel (ν.7). En las

fórmulas de juramento se hará sólo mención de esta salvación iniciada con el retorno del pueblo

2034

de la cautividad de la tierra del aquilón, es decir, de Mesopotamia, que será definitiva en la era

mesiánica.

Corrupción moral de las clases dirigentes (9-12).

9 A los profetas: Se me parte mi corazón dentro de mí, se estremecen todos mis huesos,

estoy como un hombre ebrio y cual varón dominado por el vino ante Yahvé y

sus santas palabras, 10pues la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición,

la tierra está en duelo; se han secado los oasis del desierto; corren tras la maldad, y

su fuerza es la injusticia. 11Pues aun los profetas mismos y los sacerdotes son unos

impíos; hasta en mi casa he hallado sus perversidades, oráculo de Yahvé. 12Por eso

sus caminos se les van a tornar resbaladeros en medio de tinieblas. Serán empujados

y caerán, pues voy a hacer venir sobre ellos males el año en que serán visitados, oráculo

de Yahvé.

Las clases dirigentes han caído en una profunda degradación moral, y la copa de la ira divina se

está colmando. El profeta se estremece ante el castigo que les espera (V.9). Temperamento tierno,

siente vivamente la tragedia de sus compatriotas 9. Conmovido por lo que les espera a éstos, se

siente debilitar y vacilar como hombre ebrio. Tal es el temblor al sentirse ante Yahvé y sus santas

palabras, sus oráculos de castigo, sobre los que ha recibido una viva comunicación divina.

La situación religiosa y moral de su pueblo, sobre todo de sus clases directoras, es tan deprimente,

que es necesario una intervención justiciera de Dios: La tierra esta llena de adúlteros,

quizá en sentido propio de relajación moral de la sociedad, aunque pueda aludir al adulterio

espiritual o idolatría10. El castigo de Yahvé se hace sentir en la naturaleza, enviando la sequía y

la miseria: se han secado los oasis del desierto (v.10), y, como consecuencia, la tierra da impresión

de estar en duelo, agostada n. Υ todo como consecuencia de la maldad y la injusticia de los

israelitas. Los primeros en prevaricar son los profetas y los sacerdotes, cediendo a la avaricia 12,

en vez de enseñar la Ley del Señor al pueblo. Incluso han prevaricado en el templo de Yahvé:

hasta en mi casa he hallado sus perversidades (v.11). Sabemos que en el atrio del templo había

estatuas de divinidades paganas 13, y hasta en los anexos del santuario se practicaba la prostitución

sagrada en nombre de Astarté 14.

Todo esto los llevará a una ruina segura. Se han lanzado por unos caminos tortuosos y

oscuros, y necesariamente han de caer: sus caminos se les van a tornar resbaladeros (v.12). En

vez de caminar por los senderos trillados a la luz de los preceptos de Yahvé, han preferido seguir

las anfructuosidades y angosturas de un sendero peligroso 15. Necesariamente caerán empujados

por el mismo Dios, que les pedirá cuentas en el año en que serán visitados por su justicia vengadora.

Diatriba contra los falsos profetas de Jerusalén (13.-15)

13 En los profetas de Samaría vi yo la insensatez: profetizaban en nombre de Baal y

descarriaron a mi pueblo, Israel. 14 Pero en los profetas de Jerusalén he visto algo

horrendo: adulterio y andar tras la mentira, y fortalecen las manos de los perversos

para que nadie se convierta de sus maldades. Todos ellos han venido a serme como

Sodoma, y sus habitantes como Gomorra. 15 Por eso así dice Yahvé de los ejércitos

acerca de los profetas: He aquí que les daré a comer ajenjo y les daré a beber agua

envenenada, porque de los profetas de Jerusalén ha salido la corrupción para todo

el país.

2035

Para Jeremías, los falsos profetas de Jerusalén son peores que los de Samaría la cismática. En su

afán de halagar los sentimientos populares, los profetas procuraban infundir optimismo sobre los

destinos nacionales de Judá. A Jeremías lo presentaban como traidor a los intereses de su nación

16.

En 3:6-11, Jeremías afirma, después de establecer un triste parangón, que Judá es más

culpable que su hermana Israel, por no haber sabido aprovecharse de la lección del reino del

Norte, desaparecido en el 721 con la toma de Samaría y la deportación en masa de la población a

Mesopotamia. Los profetas de Jerusalén eran más culpables que los de Samaría, porque tenían el

inestimable privilegio de habitar junto al templo, símbolo de la presencia de su Dios. El pecado

de los profetas de Samaría era el fomentar el culto de Baal, profetizando en su nombre (ν.13),

dando cabida a cultos cananeos idolátricos y conservando un mínimum de culto yahvista17. Pero

se han quedado cortos en comparación de los profetas de Jerusalén, que están practicando algo

horrendo (v.14): en primer lugar fomentan el adulterio espiritual, permitiendo el culto idolátrico

en el pueblo; además, andan tras la mentira al anunciar al pueblo cosas venturosas, cuando lo

que se avecina es la ruina total. Y con ello no hacen sino fomentar el vicio: fortalecen las manos

de los perversos al dar falsas seguridades y permitirles pecar impunemente contra su Dios. Consecuencia

de ello es que los ciudadanos de Jerusalén no reconocen sus caminos extraviados y no

se convierten de sus maldades 18.

El castigo, pues, es inevitable. A los profetas les queda un porvenir amargo: les daré a

comer ajenjo (v.15). La frase aparece en 9:14, e indica la extrema amargura de espíritu en que se

verán envueltos en la hora del castigo. El ajenjo es símbolo de amargura en la Biblia 19.

Contra los falsos profetas (16-24).

16 Así dice Yahvé de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas: os engañan;

lo que os dicen son visiones de su imaginación20, no procede de la boca de Yahvé.

17 Dicen a los que se burlan de la palabra de Yahvé: “Paz, tendréis paz,” y a todos

los que siguen la obstinación de su corazón les dicen: No vendrá sobre vosotros

ningún mal. 18Mas ¿quién asistió al consejo de Yahvé, vio y oyó su palabra? ¿Quién

ha prestado atención a su palabra y le oyó? 19 He aquí que se desencadena el torbellino

de la ira de Yahvé y una tormenta furiosa descarga sobre la cabeza de los impíos.

20 No retrocederá la ira de Yahvé hasta que ejecute y cumpla los designios de

su corazón. 21 Yo no enviaba a los profetas, y ellos corrían; no les hablaba, y ellos

profetizaban. 22 Si han asistido a mi consejo, que hagan oír mis palabras a mi pueblo

y lo conviertan de su mal camino y de sus perversas obras. 23¿Soy yo por ventura

Dios sólo de cerca? — oráculo de Yahvé —. ¿No lo soy también de lejos? 24 Por mucho

que uno se oculte en escondrijos, ¿no le veré yo? — oráculo de Yahvé — . ¿No

lleno yo los cielos y la tierra? — oráculo de Yahvé.

Jeremías tiene especial interés en mostrar que lo que anuncian los falsos profetas, que halagan las

aspiraciones nacionalistas del pueblo, son unas imposturas: lo que dicen son visiones de su imaginación

(v.16). No han recibido mensajes de la boca de Yahvé como él. En vez de predicar el

cumplimiento de la ley de Dios, anunciando el castigo divino contra sus infractores 21, no hacen

sino lanzar vanas esperanzas, anunciando una paz (ν.17) y una seguridad social que no corresponden

a la realidad 22. Los peligros que se ciernen sobre Judá son muy grandes, y está muy cercana

la catástrofe nacional, y es inútil cerrar los ojos. No cabe sino retornar de veras a Dios para

2036

conjurar su ira desatada. En cambio, esos profetas halagan a los que se burlan de la palabra de

Yahvé, manifestada en sus preceptos y en las comunicaciones que transmite a los verdaderos profetas.

No es cosa fácil conocer los designios divinos: ¿Quien asistió al consejo de Yahvé y oyó

su palabra? (v.18). Jeremías tenía conciencia de su misión y estaba seguro de que transmitía los

íntimos pensamientos de Yahvé, mientras que los profetas adversarios suyos eran impostores,

que comunicaban lo que les sugería su imaginación y sus intereses materiales. Miqueas describe

con detalles una sesión del consejo de Dios con sus espíritus y las decisiones tomadas y comunicadas

al profeta 23. San Pablo se inspirará en las palabras de Jeremías y de Isaías 24 para trazar los

misterios de la obra salvadora de Dios sobre el mundo. Jeremías, en su interrogación: ¿Quien ha

prestado atención a sus palabras? (v.18), sugiere implícitamente que sólo él es intérprete de los

oráculos divinos, pues tiene conciencia de que Yahvé le ha hablado, mientras que sus adversarios,

al no recibir ninguna verdadera comunicación divina, no pueden saber nada, pues no

han asistido al consejo divino.

Los V.10-20 son considerados por muchos autores como intercalación que interrumpe el

contexto, y reaparecen en 30,23-24. Si realmente forman parte del contexto donde están ahora,

pudieran entenderse como un paréntesis explicativo: los falsos profetas no han asistido al consejo

de Yahvé ni han recibido comunicación alguna de El; por tanto, sus afirmaciones sobre una supuesta

paz son lucubraciones de su imaginación; en cambio, Jeremías ha recibido una comunicación

real divina sobre los destinos trágicos de su pueblo (V.19). La justicia punitiva de Dios

será inexorable, cumpliendo los designios de su corazón (v.20).

Después de este paréntesis anunciando la catástrofe del pueblo de Judá, el profeta vuelve

a hablar de la impostura de los supuestos profetas, pues Yahvé no les hablaba (v.21); sin embargo,

profetizaban. La prueba de que no hablan en nombre de Yahvé es que no se preocupan de

hacer que el pueblo se convierta de su mal camino y de sus perversas obras (v.22). Yahvé no

puede comunicar nada en contra de sus preceptos, y menos aprobar la conducta de gentes que

fomentan los malos caminos de su pueblo. Esa conducta desaprensiva para con la ley divina es

una prueba de que no han asistido al consejo de Yahvé, pues obran en contra de sus designios.

Parece que los falsos profetas creen prácticamente que Yahvé es un Dios solitario y lejano

que habita en los cielos y no se preocupa de lo que pasa en este mundo; por consiguiente, no

deben temer sus castigos anunciados por Jeremías. Pero se engañan, pues Yahvé no sólo ve lo

que está cerca, sino lo que está lejano: ¿Soy yo Dios solo de cerca? ¿No lo soy también de lejos?

(v.23) 25.

Contra la impostura de los falsos profetas (25-32).

25 Yo he oído lo que decían los profetas que en mi nombre profetizaban mentiras y

decían: “He tenido un sueño, he tenido un sueño.” 26¿Hasta cuándo ha de haber en

el corazón de los profetas vaticinios falsos, profetizando los engaños de su corazón?

27Pretenden que mi pueblo olvide mi nombre con sus sueños, que unos a otros se van

contando, como se olvidaron sus padres de mi nombre por BaaL 28El profeta que

tiene un sueño, que lo cuente como sueño, y el que tenga mi palabra, que pregone mi

palabra fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? — oráculo de Yahvé —.

29¿No es mi palabra como el fuego — oráculo de Yahvé — y cual martillo que tritura

la roca? 30Por eso heme aquí contra los profetas — oráculo de Yahvé — que se

roban unos a otros mis palabras. 31 He aquí que estoy contra los profetas — oráculo

de Yahvé — que gastan sus lenguas pronunciando: “Oráculo.” 32Contra los profetas

2037

que sueñan mentiras — oráculo de Yahvé — , y, contándolas, descarrían a mi pueblo

con sus mentiras y sus jactancias, siendo así que yo no los he enviado, no les he

dado misión alguna, y no han sido de provecho a este pueblo — oráculo de Yahvé.

Prosigue la diatriba contra los falsos vaticinios de los que a sí mismos se llamaban profetas. Estos

se presentaban como portadores de un mensaje divino recibido en sueños: he tenido un sueño

(ν.26). El sueño, como vehículo de transmisión de una revelación divina, era tradicional en la

historia de Israel desde los tiempos patriarcales 26. Pero aquí Jeremías le da un sentido peyorativo

de pura “fantasía.” Son vaticinios falsos (v.26), fruto de la imaginación o del corazón de los profetas.

La mejor prueba de que no son verdaderas sus supuestas revelaciones es que trabajan contra

los intereses de Dios, al buscar que olviden su nombre, como sus padres, a causa del culto

de Baal (v.27). Buscan sólo sus intereses y no los de la gloria y nombre de Yahvé. Es preciso

que haya un mínimum de sinceridad: el que tenga un sueño, fruto de su imaginación, debe exponerlo

como tal para 110 engañar al pueblo, mientras que el que realmente tenga la palabra de

Yahvé debe exponerla como la recibió, fielmente (v.28). Y la piedra de toque para reconocer el

verdadero del falso profeta es el interés por la conversión del pueblo a Dios. Lo contrario es querer

confundir el grano con la paja: ¿qué tiene que ver la paja con el grano? (v.28b). La palabra

de Yahvé es el verdadero grano, que debe recogerse cuidadosamente, mientras que los sueños

de los falsos profetas son paja que se lleva el viento. Por otra parte, el valor de la palabra divina

se conoce por sus efectos: es como fuego y como martillo que tritura la roca (v.29), pues vence

la obstinación de los corazones más empedernidos. Quizá se aluda aquí al furor de la ira divina,

que purificará como fuego y triturará como martillo a la nación de Judá. En ese caso, la palabra

divina serían las amenazas de castigo de Yahvé transmitidas por Jeremías. Ese prurito de profetizar

se ha convertido en mal endémico, pues se roban unos a otros mis palabras (v.30), es decir,

se apropian sueños que han tenido otros, exponiéndolos como si los hubiesen recibido de Yahvé.

No tienen otra obsesión que pronunciar enfáticamente: Oráculo (v.31). Constantemente comprometen

los mensajes de Yahvé, presentando sus caprichos e imaginaciones enfáticamente, como

si fueran oráculos del mismo Yahvé. Y con eso no hacen sino engañar al pueblo, atentando

contra la verdad divina. Prometen bonanza y paz a éste, conduciéndole al error y a la catástrofe

(v.3a).

Contra el abuso de la expresión “Carga de Yahvé” (33-40).

13 Y cuando te pregunte este pueblo, o un profeta, o un sacerdote, diciendo: ¿Cuál es

la carga (oráculo) de Yahvé? les responderás: Vosotros sois la carga de Yahvé 27, y

yo os arrojaré, oráculo de Yahvé. 34 Y al profeta, al sacerdote, al pueblo que diga:

“Carga de Yahvé,” yo le pediré cuenta a él y a su casa. 35 Así habéis de deciros unos

a otros, compañeros y hermanos: ¿Qué ha respondido Yahvé? ¿Qué ha dicho Yahvé?

36 No se mentará ya la “carga de Yahvé,” porque para cada cual la “carga” será

su propia palabra, pues habéis pervertido la palabra del Dios vivo, Yahvé de los

ejércitos, nuestro Dios. 37 Así dirás al profeta: ¿Qué te ha respondido Yahvé? ¿Qué

ha dicho Yahvé? 3S Y si decís: “Carga de Yahvé,” entonces así dice Yahvé: Porque

habéis dicho esa palabra: “Carga de Yahvé,” habiéndoos yo enviado a decir: No digáis

“carga de Yahvé,” 39 por eso he aquí que yo os levantaré 28 y os arrojaré de mi

presencia a vosotros y a la ciudad que a vosotros y a vuestros padres di, 40 y os entregaré

a eterno oprobio, a eterna vergüenza, que jamás será olvidada.

2038

Jeremías ahora se enfrenta con los que hacen burla de sus predicciones, que él llama “oráculos”

de Yahvé. La palabra oráculo en hebreo es massah, que significa también carga, “peso incómodo”

29. Los oyentes jugaban con el doble sentido de la palabra, y el profeta también les responde

con el mismo juego de palabra, pero en sentido amenazador; sus compatriotas se burlan del profeta

que anuncia un “oráculo” (o carga) de Yahvé, y dicen irónicamente: ¿Dónde está esa carga

o amenaza de Yahvé, que nunca se cumple? (v.33). Entonces Jeremías les contesta irónicamente

también, tomando la palabra massah en el sentido de carga, de peso insoportable, y no de simple

oráculo: vosotros sois la carga de Yahvé (v.33b), es decir, sois onerosos a Dios, y El se deshará

de ellos como de una carga insoportable: os arrojaré, dejándoos abandonados como carga inútil.

En otros textos de la Biblia se dice que Yahvé lleva a Israel como una carga suave, como un padre

lleva a su hijo 30; pero ahora por sus pecados se ha convertido en una carga insoportable 31.

Por eso Jeremías no quiere que se mencione la palabra massah (en el sentido de carga),

porque es un mal presagio para todos los que se burlan de sus palabras, en las diferentes clases

sociales: sacerdotes, profetas y pueblo (v.34), a los que Yahvé pedirá estrecha cuenta por su

conducta despectiva y despreocupada. Por ello exhorta a sus compatriotas a ser respetuosos con

la palabra de Dios, y, puesto que la frase “oráculo de Yahvé” (carga de Yahvé) tiene un sentido

despectivo, les aconseja que no la utilicen, y que, en cambio, al informarse sobre alguna comunicación

divina, digan simplemente: ¿qué te ha respondido Yahvé? (v.35). Además, los falsos profetas

gustaban de presentar sus predicciones con el nombre pomposo de oráculos (carga) de

Yahvé, cuando en realidad no decían sino lo que les sugería su imaginación, siendo para cada

cual la carga su propia palabra (v.36), pervirtiendo o simulando la palabra de Yahvé auténtica,

comunicada a Jeremías.

Si continúan hablando despectivamente de la carga de Yahvé, Dios los levantará efectivamente

como una carga para transportarlos lejos de su faz, a tierras extranjeras. Es una paranomasia

con la que expresa el futuro desgraciado que les espera por su inconsideración con los verdaderos

“oráculos” o cargas de Yahvé, transmitidas por su auténtico profeta Jeremías 32. La cautividad

servirá para Israel de eterno oprobio (v.40), en cuanto que aparecerá ante los otros pueblos

como un país abandonado de su Dios y entregado a sus enemigos.

1 Cf. Sal 95:7; Jer 13:17-20. — 2 Cf. Jer 3:15; 10,21; Ez 34:20; Jn 10:1. — 3 En heb. Sidquenu, nombre simbólico como Irnmanu-El

en Is 7:14. Los LXX: Yosedek ·- “Yahvé-justicia.” — 4 Así según los LXX. — 5 Cf. Is 2:2. — 6 Cf. Is ii,i. — 7 Cf. Zac3:8; 6:12.

— 8 Cf. Jer 33:16; Gen 33:20; Ex 17:15. — 9 Cf. Jer 4:19; 8:18; 14:1? — 10 Esta cláusula falta en los LXX. — 11 Cf. Jer 4:28;

12:4. — 12 Cf. Jer 6:13-14- — 13 Cf. Jer 11:15; 32:34- — 14 Cf. 2 Re 23:7- — 15 Cf. Sal 35:6; Prov 4:19. — 16 Cf. elc.27. —

17 Cf. 1 Re 18:253. — 18 Cf. Ez 22:25. — 19 Cf. Prov 5:4; Lam 3:19; Am 5:7; 6:13. — 20 Lit en heb.: “visiones de su corazón.”

— 21 Cf. Dt I3>4s. — 22 Cf. Jer 4:10; 5:11-13; 6:14. — 23 Cf. 1 Re 19:23. — 24 Cf. Rom 11:34, citando a Is 40,13. — 25 Cf.

Eclo 23:27; Sal 139:12. — 26 Cf. Gen 20:3; Núm 12:6; 1 Sam 28,6. — 27 Así según los LXX, lectura obtenida por una división

diferente de las letras del TM. — 28 El TM dice “olvidaré,” pero las versiones antiguas leen “levantaré,” con un ligero cambio:

nasiti en vez de nashi'ti. — 29 La palabra massah viene de nasah (levantar, llevar). De ahí que signifique el “peso o carga” que se

levanta. Pero también puede significar “oráculo,” en el sentido de levantar (la voz) para comunicar una revelación divina (cf. Is

1:7; 42:2). Por eso massah equivale a “sentencia,” “dicho,” “oráculo,” “comunicacióndivina” (cf. Prov 30:1; 2 Re 9:25; Is 13.1;

14-20. Nah 1:1; Abd 1:1; Zac 9:1; 12:1). Algunos autores, por el hecho de que aparece massah en el sentido de oráculo conminatorio,

creen que alude a “carga·) o imposición punitiva de Yahvé. — 30 Cf. Dt 1:31; Is 46:3; 63:6. — 31 Cf. Jer 15:6; Is 1:19. —

32 Cf. Jer 7:15; 32:31.

24. Visión de los higos simbólicos.

De un modo plástico, el profeta describe las dos clases de judíos: la de los deportados con el rey

Joaquín en el 598 y la que permaneció en Palestina con Sedecías hasta el 586. La suerte de los

primeros será mejor, ya que podrán volver a su patria, mientras que la de los segundos será irremediable,

ya que están condenados al total exterminio. La visión es parecida, en cuanto a la ma2039

teria de la misma, a la de Am 8:1-2. Este carácter visionario no es raro en Jeremías, pues ya en la

inauguración de su ministerio profetice nos explica su futura misión bajo el símil del almendro

florido y de la olla humeante 1.

La fecha de composición de este fragmento visionario hay que colocarla poco después de

la deportación del rey Joaquín (598). El profeta Ezequiel se colocará en la misma línea de la

perspectiva del profeta de Anatot: los de la primera deportación, purificados por la prueba del

destierro, serán el núcleo de donde surgirá la nueva teocracia, mientras que los que permanecen

en Palestina están destinados al naufragio total 2.

Los higos simbólicos (1-3).

1 Mostróme Yahvé dos cestos de higos delante del templo de Yahvé. Fue después de

haber llevado cautivos Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jeconías, hijo de Joaquín,

rey de Judá; a los príncipes de Judá y a los herreros y carpinteros de Jerusalén,

a Babilonia. 2 Uno de los cestos tenía higos muy buenos, como brevas, pero el

otro tenía higos muy malos, tan malos que de malos no podían comerse. 3Me dijo

Yahvé: ¿Qué es lo que ves, Jeremías? Yo le respondí: Higos. Los buenos son muy

buenos; pero los malos, tan malos que de malos no pueden comerse.

La visión es imaginaria, como la del almendro y de la olla humeante. El profeta ve dos cestos de

higos delante del templo (v.1). Este detalle, delante del templo, es una alusión al sentido religioso

de la visión; los higos son buenos o malos aquí en relación a su vinculación a Yahvé. Por otra

parte, la finalidad de la visión es dar un juicio discriminativo por parte de Yahvé, que tiene su

sede judicial en el templo 3. A continuación nos da la ocasión histórica de la visión: después de la

deportación de Jeconías, rey de Judá, por Nabucodonosor. La deportación había tenido efecto

sobre todo en las fuerzas vivas y operantes de la nación: los príncipes de Judá (dignatarios en

general) y los herreros y carpinteros de Jerusalén (v.1), es decir, los artesanos en general, capaces

de crear de nuevo con su industria una nueva resistencia militar.

El profeta ve en las dos cestas higos buenos y malos. Aquéllos son tan apetecibles como

las brevas, que aparecen en junio, las cuales, por ser las primeras frutas, son recibidas con particular

alborozo por la población, hecha a las privaciones de Palestina4. En cambio, al lado de ellos

estaba la otra cesta con higos pésimos, que resultaban repugnantes y desabridos: de malos, no

pueden comerse.

Explicación de la visión (4-10).

4 Y me fue dirigida palabra de Yahvé: 5 Así dice Yahvé, Dios de Israel: Como a esos

higos buenos, así miraré a los cautivos de Judá, que para su bien he arrojado de este

lugar a la tierra de los caldeos. 6 Pondré sobre ellos mis ojos para bien, y los haré

volver a esta tierra, los edificaré y no los destruiré, los plantaré y no los arrancaré,

7y les daré un corazón para que reconozcan que yo soy Yahvé, y ellos serán mi pueblo

y yo seré su Dios, pues se convertirán a mí de todo corazón. 8 Y de los higos malos,

que de malos no pueden comerse, de éstos dice Yahvé: Así haré yo de Sedecías,

rey de Judá, y de sus grandes y del resto de Jerusalén que quedaron en esta tierra, y

de los que habitan en el país de Egipto. 9Los haré objeto de terror y desventura para

todos los reinos de la tierra, el oprobio, el proverbio, la irrisión y la maldición en todos

los lugares adonde los arrojaré, 10 y mandaré contra ellos la espada, el hambre y

la peste, hasta que desaparezcan de la tierra que les di a ellos y a sus padres.

2040

Los exilados en Babilonia son los higos buenos (v.5), objeto de las complacencias divinas. Yahvé

ve en ellos el núcleo de bendición del que ha de salir la resurrección futura del pueblo: los

edificaré y. los plantaré, y les daré un corazón para que reconozcan que yo soy Yahvé, y ellos

serán mi pueblo (v.6-7)5. En los nuevos tiempos habrá un profundo conocimiento de Yahvé, con

sus exigencias religiosas y éticas. De este modo Israel será realmente el pueblo de Dios6, considerado

por El como la pupila de sus ojos; pero todo esto como consecuencia de una fiel conversión.

De nuevo aquí nos encontramos con la doble perspectiva en la mente del profeta. Su pensamiento

se proyecta inmediatamente sobre la escena del retorno de los exilados a su patria para

reconstruir la nación sobre una base religiosa más sincera y sólida; y de hecho sabemos que después

del destierro los repatriados no volvieron a caer en la idolatría y apostasía general; pero el

pleno cumplimiento de la profecía de Jeremías sólo se dará en los tiempos mesiánicos en el “Israel

de Dios,” la Iglesia, fundada por Cristo, en la que sus fieles seguidores centrarán sus

corazones en torno a El.

Los higos malos son los israelitas que se salvaron de la primera deportación del 598 y están

aún con su rey Sedecías en Judá. Como no querían reconocer la mano justiciera de Yahvé

después de la primera deportación, se creían a salvo de todo peligro, siguiendo su perversa conducta.

Por eso el castigo que les espera será devastador: los haré objeto de terror y desventura.,

la irrisión y la maldición en todos los lugares (v.8). Esta suerte alcanzará también a los israelitas

que habitan en Egipto, es decir, los judíos que huyeron a Egipto para escapar a la deportación

organizada por los babilonios, o quizá los que hubieran sido llevados a Egipto con Joacaz (609),

depuesto por Necao II7. Estos se creían allí seguros, pero la mano de Yahvé los alcanzará 8. No

es probable que se refiera a los judíos que, después de la toma de Jerusalén por Nabucodonosor,

mataron a Godolías, gobernador judío colaboracionista, impuesto por los babilonios, y se llevaron

al profeta Jeremías a Egipto por la fuerza para huir de la venganza de los invasores. En este

caso, el fragmento profético tenía que estar datado después del desastre del 586.

El v.9, en parte, es la simple repetición de 15:4 y falta en los LXX. Parece, pues, una adición

redaccional posterior. La humillación a que se verán sometidos Sedecías y los israelitas que

aún siguen en Palestina provocará la irrisión y serán citados como proverbio, como si dijeran:

“Desventurado y maldito como un israelita” 9. Con ello se cumplirán las predicciones conminatorias

anunciadas en la Ley contra los contraventores de la misma 10.

1 Cf. Jerc.1. — 2 Cf. Ez 11:3.13. — 3 Algunos autores creen que se alude aquí a la presentación de ofrendas o primicias de frutos en

el templo. Cf. Lev 16:10; Dt 26:1. — 4 Cf. Is 28:4; Miq 7:1; Os 9:10. — 5 Cf. Ez 11:19; Jer 2:8; 4:22; 5:23; 9:2.5; Ez 36:26. — 6

Cf. Jer 7:23. — 7 Cf. 2 Re 23:34. — 8 Cf. Jer 44:11ss. — 9 Cf. Jer 29:22. — 10 Cf.Dt 28:37; 30:1; Jer 9:15; 14:12. — 11 Cf. Jer

26:2; 25:3-13.

25. Castigo de Judá. El Cáliz de la Ira Divina. Juicio sobre las naciones.

Este capítulo es una recapitulación de oráculos diversos contra los judíos y las naciones. El

momento de esta proclamación sumaria de oráculos es en el 605, cuando Nabucodonosor venció

a los egipcios definitivamente en Carquemis. Este capítulo parece cerrar el libro dictado por Jeremías

a Baruc11. Comprende tres partes: a) oráculos contra Judá (v.1-14.); b) contra las naciones

(15-29); c) desolación de todos los reinos de la tierra (30-38). En la primera y segunda parte, los

LXX ponen oráculos contra las naciones que el TM pone al fin del libro. Indudablemente que

2041

este capítulo ha sufrido muchas manipulaciones redaccionales. Es como una introducción a los

oráculos contra las naciones paganas.

Apoetasía de Jada (1-7).

1 Palabra de Yahvé que acerca del pueblo todo de Judá llegó a Jeremías el año cuarto

de Joaquim, rey de Judá, es decir, al año primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia,

2y que pronunció el profeta Jeremías a todo el pueblo de Judá y a todos los

habitantes de Jerusalén, diciendo: 3 Desde el año trece de Josías, hijo de Ammón,

rey de Judá, hasta el día de hoy, veintitrés años ya, he recibido la palabra de Yahvé,

y os la he predicado pronto y reiteradamente, y no habéis escuchado. 4Os envió

Yahvé todos sus siervos los profetas una y otra vez, y tampoco escuchasteis, no les

disteis oídos 5 cuando decía: Convertios de vuestros malos caminos y de vuestras

malas obras, y habitaréis la tierra que Yahvé os dio a vosotros y a vuestros padres

por eternidad de eternidades. 6 No os vayáis tras de los dioses ajenos para servirles y

adorarlos. No provoquéis mi cólera con las obras de vuestras manos, y no vendrá el

mal sobre vosotros. 7 Pero no me escuchasteis — oráculo de Yahvé — , provocándome

con las obras de vuestras manos para vuestro mal.

Es la primera vez que se da la fecha de la proclamación de un oráculo. Sabemos por el c.36 que

Jeremías reunió los oráculos pronunciados desde su iniciación profética (627-605). El presente

oráculo tuvo lugar el año cuarto de Joaquim, rey de Judá (v.1), es decir, el año 605. La frase el

año primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia, falta en el texto griego, y es considerada generalmente

como glosa. Nabucodonosor sucedió a su padre, Nabopolasar, en el 605, que coincide,

más o menos, con el año cuarto del rey Joaquim, que sucedió a su hermano Joacaz en el 609.

El profeta nos da el año trece de oslas como principio de su misión profética, como en

1:2. En el tiempo en que redacta estos oráculos (605) lleva, pues, ya veintitrés años de ministerio

profético, cifra que se obtiene partiendo del 627 (“año trece de Josías”) hasta el 605, contando

dos veces el año 609, en que subió al trono Joaquim (es el último de Josías y el primero de Joaquim,

y, por tanto, atribuible a ambos reyes, por lo que en el cómputo figura como duplicado).

La frase no habéis escuchado (ν.3) falta en los LXX. El v.4 es una repetición literal de

7:25-26, y parece glosa explicativa, que interrumpe la ilación lógica.

En los v.5-6 se resume la sustancia de la predicación profética de Jeremías: recriminación

por la apostasía e invitación a la conversión para ser digno de las promesas de Yahvé, sobre todo

para volver a gozar de la pacífica posesión de la tierra de Canaán que les había dado.

Anuncio del castigo por la apostasía (8-11).

8 Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos: Porque no habéis escuchado mis palabras,

9 he aquí que convocaré todas las tribus del aquilón — oráculo de Yahvé — , a Nabucodonosor,

rey de Babilonia, mi siervo, y los haré venir contra esta tierra, y contra

sus habitantes, y contra todas las naciones que la rodean, y los destruiré y los

convertiré en desolación, objeto de burla y en ruinas eternas. 10 Haré desaparecer de

ellos los cantos de alegría, las voces de gozo, el canto del esposo y el canto de la esposa,

el ruido de la muela y el resplandor de las antorchas. 11 Y toda esta tierra será

ruina y desolación, y servirán las gentes estas al rey de Babilonia setenta años.

Por esta obstinación en seguir los malos caminos, Yahvé va a hacer uso de su justicia vengadora.

2042

El castigo vendrá del norte, como en 1:15. Yahvé va a tomar como instrumentos de su furor a los

babilonios: convocaré todas las tribus del aquilón (v.8). La frase Nabucodonosor, rey de Babilonia,

falta en los LXX, y parece glosa explicativa. Las tribus son los diversos pueblos que formaban

parte del ejército asirio, nutrido en gran parte de mercenarios de los pueblos vencidos. Si la

expresión del TM mi siervo, aplicada a Nabucodonosor (falta en los LXX), es auténtica, tendría

el sentido de instrumento de la justicia divina, como Ciro, al que se le llama en Isaías “mi ungido.”

1 Ese ataque contra el pueblo elegido prevaricador adquiere el valor de una cruzada, y los

invasores son considerados como “consagrados” para la guerra que trae la purificación de Israel.

Siempre los profetas se mueven en los planes de la teología de la historia, y ven a través de las

tramas históricas el hilo sutil de los planes misteriosos de Dios.

Pero este castigo no será sólo sobre Judá, sino que alcanzará a las naciones que la rodean

(v.8b), que con sus influencias idolátricas y sus intromisiones políticas han inducido al pueblo

escogido a orientarse por los caminos de la apostasía y del materialismo. La expresión los destruiré

(v.10) tiene un sentido hiperbólico. El verbo hebreo utilizado está formado de la palabra

jerem, término técnico en la Biblia para indicar la exterminación total 2. Aquí, sin embargo, ha de

atenuarse a la luz de otras profecías, en las que se dice que se salvará un “resto” como núcleo

futuro de restauración. El castigo para Israel tiene siempre en los profetas un sentido de “purificación,”

no de exterminio. Pero de momento la desolación del país será general, sin que se oigan

los tradicionales cantos nupciales del esposo y de la esposa y el ruido de la muela (v.10), símbolo

de la paz tranquila en un país 3. En tiempos de guerra se añoran estos signos de vida que en

épocas de paz resultan triviales. La mujer a la muela simboliza la paz y la abundancia.

Después de ser asolada la tierra de Judá, sus habitantes y las gentes servirán al rey de

Babilonia setenta años (v.11)4. Si la lección del TM es auténtica, se anunciaría la sumisión de las

naciones vecinas a Judá por un término de setenta años.

Anuncio de la caída y destrucción de Babilonia (12-14).

12 Y al cabo de setenta años, yo pediré cuentas al rey de Babilonia y a la nación

aquella — oráculo de Yahvé — de sus maldades, y a la tierra de los caldeos, y la

convertiré en eterna desolación. 13 Y haré venir sobre aquella tierra todo lo que

anuncié, todo lo que está escrito en este libro, lo que profetizó Jeremías contra todos

los pueblos. 14 Porque también ellos serán sojuzgados por otros pueblos grandes y

por reyes poderosos, y yo les retribuiré según su merecido, según las obras.

La cifra de setenta años corno término del imperio babilónico, y, en consecuencia, de la cautividad

de los israelitas, no ha de entenderse de modo matemático, sino en números redondos, como

equivalente a la vida de un hombre. Es inútil, pues, hacer cálculos buscando el término de partida

(momento de este oráculo, 695) y la fecha tope de la desaparición del imperio babilónico bajo

Ciro (538), que es la fecha de la liberación de los exilados hebreos 5.

El v.13 es considerado como una adición redaccional, pues se alude a los c.50-51. La frase

lo que profetizó Jeremías contra los pueblos, en los LXX constituye el título de los oráculos

contra las naciones (c.50-51 del TM), que intercala en este lugar.

La hora de la ruina del imperio babilónico está decidida en los designios divinos; otros

pueblos grandes (v.14) lo sojuzgarán, alusión a la coalición medo-persa que caerá como una

trompa sobre las llanuras mesopotámicas, extendiendo su imperio hasta Grecia y el Alto Egipto.

2043

El cáliz de la cólera de Yahvé (15-29).

15 Porque así me dijo Yahvé, Dios de Israel: Toma de mi mano esta copa de espumoso

vino 6 y házselo beber a todos los pueblos a los que yo te he enviado. 16 Que beban,

que se tambaleen, que enloquezcan ante la espada que yo arrojaré en medio de ellos.

17Y tomé la copa de la mano de Yahvé y la di a beber a todas las naciones a las que

me envió Yahvé: 18a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá, a sus reyes, a sus

príncipes, para hacer de ellos ruina, desolación, burla y maldición, como es hoy. 19Al

faraón, rey de Egipto; a sus servidores y a sus príncipes y a todo su pueblo; 20a todos

los advenedizos, a todos los reyes de la tierra de Us y a todos los reyes de la tierra de

los filisteos: a Ascalón, a Gaza, a Ecrón y al resto de Asdod; 21a Edom, a Moab y a

los hijos de Amón; 22a todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de Sidón y a los reyes

de las islas que están pasado el mar; 23a Dedán, a Tema, a Buz, a todos los que se

rapan las sienes; 24a todos los reyes de Arabia y a todos los monarcas de occidente

que habitan en el desierto; 25a todos los reyes de Zimrí, a todos los reyes de Elam y a

todos los reyes de Media; 26a todos los reyes del norte, próximos y lejanos, y a todos

los reinos de la tierra que habitan la superficie del suelo; y el rey de Sesac beberá

después de ellos. 27Y les dirás: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Bebed,

embriagaos, vomitad y caed para no levantaros ante la espada que yo echaré entre

vosotros. 28 Y si rehusaren tomar de tu mano la copa y beber de ella, les dirás: Así

dice Yahvé de los ejércitos: Tendréis que beber, 29 porque si yo, al desatar el mal, he

comenzado por la ciudad en que se invoca mi nombre, ¿ibais a quedar vosotros impunes?

No quedaréis, pues que llamaré a la espada contra todos los moradores de la

tierra — oráculo de Yahvé de los ejércitos.

Después de anunciar enfáticamente que también los babilonios recibirán su merecido, de un modo

apocalíptico y arrebatador se describe la hora de la justicia divina sobre todas las naciones

culpables. Dios mismo ofrece al profeta la copa rezumando ira para que se embriaguen de ella

todos los pueblos (v. 15). Después se enumeran muchos de éstos. Sin duda que el texto ha sido

muy retocado por redactores posteriores. De hecho, algunos de los nombres de naciones que después

da el TM faltan en los LXX7. Ya hemos indicado que este c.25 es como una recapitulación

de oráculos de Jeremías para cerrar la primera serie del libro actual y, a la vez, una introducción

a los llamados oráculos conminatorios contra las naciones, expuestos en los 0.50-51. Después de

hablar del castigo sobre Judá, se extiende al de sus naciones paganas circunvecinas, para dilatarse,

en fin, su perspectiva a todos los pueblos. Es el procedimiento que hemos encontrado en el

libro de Isaías 8. La profecía de Jeremías es menos espectacular, pues falta el elemento cósmico.

No obstante, la doctrina teológica es la misma, ya que se trata de reinvidicar la justicia

divina, conculcada por todos los pueblos. Todo se halla sometido al hilo de los misteriosos designios

divinos, y las historias particulares de todas las naciones son sólo una parcela de esa inmensa

perspectiva histórica teológica, según la cual las exigencias de la justicia y la santidad divina

regulan la marcha de los pueblos.

La metáfora de la copa del furor divino es corriente en la literatura bíblica. La cólera divina

es concebida como un líquido embriagador que está llenando paulatinamente la copa hasta

desbordarse sobre las naciones pecadoras. Bajo el efecto del castigo de la ira divina, el hombre

sentirá los mismos efectos que el ebrio bajo el licor espumoso: aturdimiento, temblor y desvarío

total de la mente 9. La metáfora es plástica, y no ha de entenderse a la letra la visión imaginativa.

2044

No es necesario suponer, al estilo de los libros apocalípticos, que Yahvé, como Juez sentado en

un trono, ofrece la copa al profeta para que la entregue a las naciones allí reunidas. Es una simple

metáfora para indicar que debe anunciar el inminente y terrible castigo divino: que beban, que se

tambaleen, que enloquezcan ante la espada (v.16).

La primera nación que tendrá que apurar la copa de la cólera divina es Jerusalén, pueblo

elegido, con sus reyes, príncipes (v.18). Su condición de pueblo escogido entre todos hace que

sus transgresiones adquieran un carácter de ingratitud imperdonable. Por eso, la primera que se

verá envuelta en la ruina, la desolación, será la tierra de Judá, de forma que venga a ser objeto

de burla y de maldición para todas las otras naciones 10.

A continuación viene la amenaza contra Egipto (V.19), principal instigadora de la política

de rebelión contra Babilonia. Egipto siempre había sostenido las ilusiones nacionalistas de muchos

judíos, prometiéndoles una ayuda que nunca habría de ser eficaz 11. La expresión sus advenedizos

(v.50) alude a la población flotante forastera que en todas las épocas se había sumado a

Egipto 12, lugar de concentración de pueblos asiáticos en el alto Delta, por su feracidad. Todos

éstos, pues, sufrirán la suerte del país del faraón y de sus principes. La tierra de Us falta en el

texto griego. Parece que era una región al sudeste de Palestina, cerca de Edom, en los confines de

Arabia 13. Después se enumeran cuatro de las ciudades de la pentápolis filistea: Ascalón, Gaza,

Ecrón y el resto de Asdod, en la franja costera de Palestina. Falta sólo Gat, que había perdido su

importancia por haber sido absorbida por los israelitas 14. La extraña expresión resto de Asdod

parece aludir al estado de la ciudad después de la destrucción realizada por Psamético I, rey de

Egipto (666-610 a.C.) 15. Edom, Moab y Amón constituyen la TransJordania actual, enumeradas

de sur a norte 16. Eran los tradicionales enemigos de Judá, que vejaron sistemáticamente al pueblo

israelita, sobre todo después de la catástrofe del 586 a.C.

Tiro y Sidón eran las dos grandes metrópolis fenicias, verdaderos emporios comerciales

del Próximo Oriente, que habían creado muchas colonias comerciales en todas las costas del

Mediterráneo. Los reyes de las islas son los soberanos de las ciudades de las costas del Mediterráneo,

juntamente con las clásicas islas de Chipre y Greta. Se los cita junto a Tiro y Sidon por

las íntimas relaciones comerciales que tenían con estas dos ciudades, de las que muchas ciudades

mediterráneas eran filiales. La palabra islas tiene el sentido de ciudades costeras 17: son la colonias

fenicias del Mediterráneo y los pueblos que con Sidón y Tiro tenían relaciones comerciales,

dependiendo en cierto modo de los dos grandes emporios fenicios. Después el profeta enumera

diversas localidades del desierto siró-arábigo: Dedán, identificado hoy con el-Ela, a 300 kilómetros

de Medina 18. Tema, la actual Teima, a unos 150 kilómetros al nordeste del oasis de el-Ela

mencionado, en la ruta de Damasco a la Meca.

Buz, tribu aramea-árabe según la Biblia, pero no localizada 19. Los que se rapan la cabeza

(v.23): expresión genérica para designar a los árabes del Norte. El v.24 es una expresión general

para indicar todas estas localidades: todos los reyes de Arabia. Zimrí es desconocido. Falta en el

texto griego 20. Elam y Media, bien conocidos, aparecen ya asociados en la literatura profética

anterior 21. Eran dos reinos contiguos al este de Mesopotamia y habían colaborado con los babilonios

para aplastar el imperio asirio en el 612, fecha de la caída de Nínive. Los reyes del Norte

(v.26) son los reinos de la zona de Elam en general. Asiría no es nombrada porque ya había sido

destruida, y Babilonia será anunciada más tarde de un modo muy particular. Por otra parte, ahora

es el instrumento de la ira vengadora de Yahvé sobre los otros pueblos. La frase y el rey Sesac

beberá después de ellos (v.26) falta en los LXX y tiene todos los visos de ser una adición cabalística

posterior. La palabra Sesac es considerdada como equivalente a Babilonia según las reglas

cabalísticas del sistema de combinación de letras llamado atbash 22. Si la frase es auténtica, se

2045

anunciaría que Babilonia (Sesac) sufriría la suerte de los otros pueblos: beberá después de ellos

del cáliz de la ira divina.

Los v.27-29 encuentran su lugar apropiado detrás del v.26. El v.27 reproduce sustancialmente

el v.16. Quizá el profeta quiere destacar la firmeza indefectible del juicio futuro sobre los

pueblos. Así, la expresión bebed, embriagaos., caed para no levantaros (v.28), tiene el carácter

de anuncio enfático sobre el irremediable juicio punitivo sobre las naciones. El cáliz de la ira divina

se ha colmado, y es preciso que todos los pueblos culpables experimenten los efectos de una

embriaguez entontecedora, como consecuencia del castigo de Yahvé: tendréis que beber (v.28).

No les toca elegir a las naciones, sino sufrir resignados la suerte que se les impone. Es una exigencia

de la justicia divina ultrajada, que, si no ha perdonado a Jerusalén, la ciudad en que se

invoca su nombre (v.29), objeto de sus complacencias, no iba a dejar impunes a las naciones paganas

prevaricadoras.

Jerusalén, como capital de Judá, era la esposa de Yahvé, que le daba su nombre 23. Pero

la santidad divina no podía permanecer indiferente a las transgresiones e ingratitudes de su

pueblo 24, y mucho menos a las de pueblos que no están vinculados de un modo especial a El.

Por eso llamará la espada contra todos los moradores de la tierra (v.29); es el anuncio de la devastación

y la guerra como medio de castigo y de reivindicación de sus derechos.

El juicio de Yahvé sobre todos los pueblos (30-38).

30 Y tú les profetizarás todas estas palabras, diciéndoles: Ruge Yahvé desde lo alto,

desde su santa morada lanza su voz, ruge fuertemente contra su pradería, lanza el

grito de los lagareros contra todos los moradores de la tierra. 31 Llega su estrépito

hasta los confines de la tierra, porque juzgará Yahvé a las gentes, y será este juicio

contra toda carne; los malvados los entregó al filo de la espada, oráculo de Yahvé. 32

Así dice Yahvé de los ejércitos: He aquí que el mal pasará de nación en nación; un

fortísimo huracán se desencadenará desde los extremos de la tierra, 33 y habrá heridos

de Yahvé en ese día del uno al otro cabo de la tierra. No serán llorados, no serán

recogidos ni sepultados; quedarán como estiércol sobre la faz de la tierra. 34 Ululad,

pastores, y clamad, y encenizaos, mayorales de la grey, porque ha llegado el día de

vuestra matanza y caeréis como carneros selectos25. 35No habrá posibilidad de huir

para los pastores, ni salvación para los mayorales de la grey. 36Gritos de espanto de

los pastores, clamores de los mayorales de la grey, porque ha devastado Yahvé sus

pastizales. 37 Han enmudecido las pacíficas praderas ante el furor de la ira de Yahvé.

38 Ha abandonado como león joven su guarida, pues ha sido devastada su tierra

ante la espada destructora, ante el furor de su ira.

Yahvé se manifiesta terroríficamente, rugiendo desde lo alto, desde su mansión elevada en los

cielos26. Es presentado, pues, como un león dispuesto a lanzarse sobre su presa, que es su pradería,

la tierra santa de Yahvé, donde pasta su rebaño ingrato, Israel27. Yahvé se siente alegre al ver

llegar el momento de la manifestación de su justicia, y por eso lanza el jubiloso grito de los lagareros

(v.30c), proverbial como signo de alegría28. La alegría de los vendimiadores y lagareros

simboliza aquí el grito victorioso de Yahvé, que ataca a su pueblo pecador y a todos los moradores

de la tierra (v.30c). La perspectiva se extiende no sólo sobre Judá, sino que abarca a todos

los reinos del universo. Todas las naciones son transgresoras; por eso el juicio de Yahvé sera sobre

toda carne (v.31) 29.

La ira de Dios vengador se alza como fortísimo huracán (v.32). Es la guerra traída por el

2046

invasor babilónico, instrumento de Yahvé para hacer valer los derechos conculcados de su justicia,

desde los extremos de la tierra. El flagelo de la guerra dejará el país sembrado de heridos de

Yahvé (v.33), e.d., víctimas de la ira divina 30.

El profeta invita a los caudillos de los pueblos invadidos a hacer duelo por la devastación

de su país: Ululad, pastores, gritad (v.34). Las expresiones pastores., mayorales de la grey, para

designar a los jefes de los pueblos, son ya habituales en Jeremías 31. Los caudillos de los pueblos

son los principales responsables de la catástrofe, por su influencia oficial y su mal ejemplo al llevar

a sus pueblos respectivos por caminos opuestos a los de las leyes naturales. Se les llama carneros

selectos, como víctimas escogidas de propiciación en el gran holocausto que Yahvé va a

realizar. Por eso les invita a cubrirse de ceniza, como signo externo de duelo. Es una alusión irónica

al cambio de perspectiva en su vida. Hechos a verse vestidos de sedas recamadas, tendrán

que practicar el más humillante de los lutos 32. La consternación es general, y la misma naturaleza

inanimada se asocia al duelo de los mayorales de la grey. Los países tranquilos, en los que la

gente vivía en paz y prosperidad como rebaños en sus praderas ubérrimas, son reducidos a la ruina:

han enmudecido las pacificas praderas (v.37). Ha pasado el furor de la ira divina (v.37), y

todo son ruinas y devastaciones; las antes ubérrimas praderas, alegres con sus numerosos rebaños,

han enmudecido, y todo es desolación. El ejército invasor, enviado por Yahvé, es como un

león que ha abandonado su guarida (v.38) para llevar la devastación a su tierra, e.d., la tierra

santa de Judá. De nuevo la perspectiva se centra particularmente en la heredad de Yahvé, la tierra

de Israel. La justicia divina ha traído al invasor babilonio a su tierra como medio de purificación

de sus habitantes culpables.

1 Cf. Is 44:28. — 2 Cf. Dt 7:2; Jos 6:18; 8:26; 10:1; Jer 18:16; 19,8. — 3 Cf. Jer 7:34; 16:9. — 4 Los LXX leen: “Toda la tierra será

una desolación, y servirán entre las naciones durante setenta años.” — 5 Cf. Is 47:6-7; Jer 0.50-51; Is 14:13; 47:10; Bar 6:42. — 6

Así según el texto de los LXX. El TM lee: “copa de vino de la ira.” — 7 Faltan Us, Arabia, Zimri y no se alude al rey Sesac. — 8

Cf. Is c.13-14 y 24-27. — 9 Cf. Jer 49:12; 51:7; Lam 4:21; Is 51:17.21; Ez 23:31; Abd 2:15.16; Sal 60:5; 75:9; Ap 14:10. — 10

La frase como es hoy (v.18) falta en los LXX y es ciertamente una adición posterior. Cf. Jer 5:11; 19,8; 24:9; 29:18. — 11 Cf. Jer

2:36; Is 31:3- — 12 Cf. la misma expresión en Ex 12:38. — 13 Cf. Job 1:1; Lam 4:21. — 14 Cf. Am 1:7; Sof 2:4; Zac 9:5- — 15

Cf. Herod., II 157. — 16 Cf. Jer 49:7-22; 48:1; 49:1-6. — 17 Cf. Is 20:6; 23:2-5. — 18 Cf. RB (1910) p.521-531 — 19 Cf. Gen

22:21. — 20 Algunos quieren identificar Zimri con los cimerios de Gen 10,2, los gimirri de los textos cuneiformes. — 21 Cf. Is

21:2. — 21 Cf. IS 21,2. — 22 Según este procedimiento cabalístico, las letras primeras del alefato debían coincidir con las ultimas;

de ahí el nombre de atbash; es decir, α y í, primera y última letras, eran seguidas de la segunda, b, y penúltima, shin, y así

sucesivamente. Por este procedimiento tenemos que Sheshac equivale a Babel. — 23 Cf. Jer 2:2.7; 7:10; 14:9; 15:16. — 24 Cf. Ez

9:6; Abd 16; Lc 23:31; 1 Pe 4:18. — 25 Así según los LXX. El TM dice “carneros de matanza.” — 26 Compárese Am 1:2 y Jl

4:16. — 27 Cf. Jer 9:9; 10:24; 23:3. En 6:2, Judá es la “pradería de Yahvé.” — 28 Cf. Is 16:10; Lam 1:15; Is 63:1; Jl 4:13; Jer

48:33. — 29 Cf. Is 3:13-14. — 30 Cf. Is 66:16; Jer 8:2; 9:22; 12:12; 16:4. — 31 Cf. Jer 10:21; 22:22. — 32 Cf. Jer 6:26.

26. Conspiración contra Jeremías.

En este capítulo, de índole histórica, el profeta nos cuenta un trágico lance de su vida. Es el

mismo hecho que hemos encontrado en el c.7, narrado por su secretario Baruc. Son interesantes

las circunstancias de lugar y personales que aquí se dan. Este fragmento, que nos revela el temple

valeroso de Jeremías, que sabía afrontar los mayores peligros cuando se trataba de cumplir su

misión de profeta de Yahvé, y, por otra parte, confirma su tesis reiterada de que la presencia

material del templo de Jerusalén no es garantía de permanencia de la nación.

Anuncio de la destracción del templo (1-6).

1 Al principio del reinado de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, llegó a Jeremías

esta palabra de Yahvé: 2Así dice Yahvé: Ve a ponerte en el atrio de la casa de Yahvé

2047

y habla (a las gentes de) todas las ciudades de Judá, que vienen a prosternarse en la

casa de Yahvé, todas las palabras que yo te he ordenado decirles, sin omitir nada.

3Tal vez te escuchen y se conviertan cada uno de su mal camino, y me arrepienta yo

del mal que por sus malas obras había determinado hacerles. 4 Diles: Así dice Yahvé:

Si no me escucháis, caminando según la ley que os he dado, 5y escuchando las

palabras de mis siervos los profetas, que yo os he enviado desde muy temprano y

repetidamente y que habéis desoído, 6 yo haré de esta casa lo que hice de Silo, y de

esta ciudad haré la maldición de todos los pueblos de la tierra.

El hecho tiene lugar en los primeros años del reinado de Joaquim (609-598). Dios le ordena subir

al atrio del templo, e.d., al atrio exterior, o a la puerta que estaba entre el atrio exterior y el

interior. Debe hablar a las gentes de las ciudades de Judá, reunidas quizá allí con motivo de una

gran solemnidad. El contenido de su discurso debía centrarse en la inutilidad de un culto meramente

formalístico, atacando a la falsa confianza que les proporcionaba la presencia física del

templo de Sión. El fin de todo ello es dar ocasión al ejercicio de la misericordia divina, siempre

dispuesta a perdonar en el supuesto de que se conviertan de su mal camino (ν.3). Es la condición

que exige la santidad divina, ya que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y

viva1. Las amenazas de Dios por los profetas son siempre condicionadas a la conducta que observe

el pueblo. Siempre hay una esperanza de retirarlas, si hay un movimiento de compunción y

de cambio de vida en el pecador. Estas frases de invitación a la penitencia resultan un lugar común

reiterado en la literatura profética 2. Dios condiciona sus castigos a la conducta de los hombres;

por eso, hablando antropo-mórficamente, está dispuesto a arrepentirse del mal. que había

determinado hacerles (ν.3).

Los v.4-5 son una repetición de 7:4-7. Yahvé les ha dado una ley, y su cumplimiento llevará

al perdón, mientras que el apartarse de ella conduce a la ruina total del templo de Jerusalén,

como el de Silo en tiempos de los jueces: yo haré de esta casa lo que hice con Silo (v.6). Silo

había sido la capital provisional de la naciente nación israelita, cuando aún estaba fraccionada en

tribus. La razón de su preeminencia sobre las otras ciudades radicaba en el hecho de que era el

centro religioso, donde se guardaba el arca de la alianza 3. Por las infidelidades de los sacerdotes

se perdió momentáneamente el arca en tiempo de los filisteos, siendo Silo abandonada y postergada

en la época de la monarquía. Es la suerte que espera al templo de Jerusalén si sus habitantes

no cambian de conducta, en tal forma que su suerte será considerada como objeto de maldición

divina por todos los pueblos de la tierra. Se convertirá su suerte en proverbio y servirá de comparación

cuando se quiera expresar una maldición: que te suceda lo que le ha sucedido a Jerusalén.

Reacción de las clases dirigentes contra Jeremías. (7-11)

1 Y los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías decir estas palabras

en la casa de Yahvé. 8 Y cuando acabó Jeremías de hablar todo lo que Yahvé le

ordenara al pueblo, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo le prendieron, diciendo:

¡Vas a morir! 9¿Por qué profetizas en nombre de Yahvé, diciendo: Como Silo

será esta casa, y esta ciudad quedará asolada y sin moradores? Y se reunió en

torno a Jeremías todo el pueblo que había en la casa de Yahvé. 10Y oyendo estas cosas

los magistrados de Judá, subieron del palacio del rey a la casa de Yahvé y se pusieron

a la entrada de la puerta nueva del templo. 11Y los sacerdotes y profetas

hablaron a los magistrados de Judá y a todo el pueblo, diciendo: Reo es de muerte

2048

este hombre por haber profetizado contra esta ciudad lo que vosotros mismos habéis

oído.

La reacción de los oyentes fue hostil, como era de esperar, pues anunciaba desventuras, y sobre

todo se permitía dudar de la permanencia del templo de Yahvé, equiparado al modesto santuario

de Silo. Tenían aún el recuerdo de la milagrosa liberación de Jerusalén cuando la invasión de Senaquerib

en el 701, un siglo antes4, y no iba a ser menos generoso ahora Yahvé en prodigar sus

auxilios extraordinarios a su pueblo. Al invasor babilonio, pues, según la mentalidad de aquellos

inconscientes habitantes de Jerusalén, le esperará la misma suerte que a las huestes del coloso

asirio. Anunciar la ruina del templo era blasfemar de Yahvé, pues se ponía en duda sus promesas

de protección para con su pueblo. En esta reacción llevan la parte dirigente los falsos profetas y

los sacerdotes, a quienes interesaba halagar los sentimientos nacionalistas y patrioteros del pueblo

sencillo; por eso, al oír las predicciones sombrías de Jeremías, le dicen amenazadoramente:

¡Vas a morir! El templo era considerado por ellos como salvaguarda de la nación y prenda de su

permanencia. Hablar contra el templo era hablar contra Yahvé; por eso era, en opinión de ellos,

reo de muerte, como blasfemo 5. La escena se repetirá en el diálogo de los fariseos con Cristo

ante el supuesto anuncio de la destrucción del templo de Herodes 6; Jeremías aparece constantemente,

en varias circunstancias de su vida, como tipo de Jesucristo. Así aquí, como Jesús, es declarado

reo de muerte por los dirigentes del pueblo (v.11). El rumor del tumulto causado por las

predicciones de Jeremías llegó a oídos de los magistrados de Judá, quizá reunidos en el “aula de

justicia”7 del palacio real, al sur de la explanada del templo, donde tenía lugar la predicación de

Jeremías, y al punto subieron al atrio exterior del templo. Al llegar los representantes de la justicia,

las voces se acallaron de momento, y los sacerdotes y profetas, causantes del tumulto, trataron

de justificarse diciendo la causa: Jeremías ha hablado en contra de los intereses de esta ciudad

de Jerusalén al anunciar la futura destrucción de su templo, símbolo de la presencia y protección

de Yahvé, y, por tanto, como blasfemo público, es reo de muerte (v.11). Es la acusación

que se repetirá ante el tribunal romano contra Cristo por las clases dirigentes judías 8. Con mala

idea, los enemigos de Jeremías no dicen que haya hablado contra el templo, que pudiera interpretarse

por los oficiales reales como una defensa de sus intereses personales, sino que, para interesarles

en el terreno político, dicen que ha hablado contra esta ciudad, cuyos intereses debían

ellos salvaguardar. Por otra parte, callaron que la profecía de Jeremías era condicionada, e.d.,

subordinada al cambio de conducta moral de los habitantes de Jerusalén. Hay, pues, positiva

mala voluntad en la formulación de la acusación.

Valiente respuesta de Jeremías (12-15).

12 y dijo Jeremías a los magistrados y a todo el pueblo: Yahvé me ha mandado profetizar

contra esta casa y contra esta ciudad todo lo que habéis oído. 13 Ahora bien,

enmendad vuestros caminos y vuestras obras y escuchad la voz de Yahvé, vuestro

Dios, y se arrepentirá Yahvé del mal que había determinado haceros. 14 En cuanto a

mí, en vuestras manos estoy; haced conmigo lo que os parezca bueno y recto. 15 Pero

sabed bien que, si me matáis, será sangre inocente que echaréis sobre vosotros, sobre

esta ciudad y sobre sus habitantes, porque en verdad he sido enviado a vosotros

por Yahvé para deciros todo esto.

Jeremías sale responsable de las palabras que ha proferido en nombre de Yahvé, y, por tanto,

hace frente a todas sus consecuencias, exponiendo su vida. Se considera como un “enviado” de

2049

Dios, y no quiere oponerse a su voluntad: Yahvé me ha hecho profetizar contra esta casa. Es de

notar la convicción con que expresa esa acción íntima e incoercible de Dios en su alma, empujándole

a transmitir su mensaje. El profeta tiene conciencia de una misión ingrata, y no duda en

afrontar todas las hostilidades para cumplir su misión. Es una prueba de su desinterés personal.

Por otra parte, con sus palabras conminatorias no quiere sino dar una oportunidad de salvación,

invitándoles a la penitencia. No quiere la ruina del pueblo, sino su salvación definitiva (v.15).

Todavía es tiempo de conseguir que Yahvé suspenda su castigo arrepintiéndose del mal que

había determinado hacer.

Después les declara que está dispuesto a afrontar la muerte sin defenderse (en vuestras

manos estoy, v.14), pero al mismo tiempo les previene contra el derramamiento de sangre inocente,

que sería añadir un pecado más a los anteriores. Con ello logró tocar los íntimos sentimientos

de justicia que latían en sus oyentes, y la reacción le fue favorable. Jeremías confía en el

sentido de justicia de los magistrados, y, en efecto, la reacción del pueblo sencillo, antes soliviantado

por las clases dirigentes, se pone a favor de la víctima.

Reacción de los magistrados favorable al profeta. (16-19)

16 Y dijeron los magistrados y todo el pueblo a los sacerdotes y los profetas: No es

reo de muerte este hombre por hablarnos en nombre de Yahvé, nuestro Dios. 17 Y,

alzándose algunos de los ancianos de la tierra, dijeron a todo el pueblo allí congregado:

18 Miqueas de Morasti profetizó en tiempo de Ezequías, rey de Judá, y habló a

todo el pueblo de Judá: Así dice Yahvé de los ejércitos: Sión será arada como campo

de labor, Jerusalén será un montón de ruinas, y el monte del templo será una selva.

19 ¿Le hicieron acaso matar Ezequías, rey de Judá, y todo (el pueblo de) Judá? ¿No

temieron más bien a Yahvé y le aplacaron, y se arrepintió Yahvé del mal que había

pronunciado contra ellos? ¿Vamos a echar nosotros sobre nuestra alma un crimen

tan grande?

Los magistrados y el pueblo, impresionados por la argumentación de Jeremías y por su actitud

serena, reconocen que ha hablado en nombre de Yahvé. Por tanto, no es reo de muerte (v.16),

pues, a pesar de que sus palabras contradicen a las aspiraciones naturales de los habitantes de

Jerusalén, Jeremías es un mensajero de Dios, y, en consecuencia, merece el mayor respeto. Este

veredicto de los magistrados fue confirmado por algunos de los ancianos, representantes de la

tradición, y, por tanto, dignos de toda veneración. Aquí representan en sus respuestas la sensatez

y el sentido de responsabilidad, y citan el caso del profeta Miqueas, el cual un siglo antes, en

tiempos del rey Ezequías, había profetizado la destrucción de la Ciudad Santa: Sión será arada

como campo de labor (v.18). La cita es literal 9. Es el único caso en toda la literatura profética en

que en un escrito profético posterior se cita expresamente a otro anterior. Miqueas de Morasti

había anunciado que el monte del templo seria una selva (v.18), para indicar el abandono en que

se hallaría después de su destrucción. El profeta acumula varios símiles, “campo de labor,”

“montón de ruinas,” “selva,” para destacar enfáticamente el estado lamentable a que vendría a

parar la Ciudad Santa, orgullo de sus contemporáneos. Las frases son hiperbólicas, y no es necesario

entenderlas a la letra. En realidad, la destrucción llevada a cabo por las tropas de Nabucodonosor

no pudo ser más asoladora.

A pesar de este anuncio trágico de Miqueas, sus compatriotas, y en primer lugar el piadoso

rey Ezequías (727-690), no le persiguieron, sino que le hicieron caso, cambiaron su conducta,

con lo que se arrepintió Yahvé del mal que había determinado contra ellos 10. Es, pues, un ejem2050

plo para los contemporáneos de Jeremías. También éstos deben aceptar humildemente y con espíritu

de compunción la predicación de Jeremías, y, sobre todo, no deben cometer el crimen de

derramar su sangre inocente.

Injusta represión del rey Joaquim (20-24).

20 Y hubo también un hombre de los que profetizaban en nombre de Yahvé, Urías,

hijo de Semaya, de Quiriat-Yearim, que profetizó contra esta ciudad y esta tierra lo

mismo que Jeremías. 21 Al oír el rey Joaquim, sus guardias y sus ministros lo que

decía, quiso el rey matarle, y, oyéndolo Urías, temió y huyó a Egipto; 22 pero el rey

Joaquim envió a Egipto emisarios, a Elnatán, hijo de Agbor, y a otros que le acompañaron

a Egipto, 23 y, sacando a Urías de Egipto, le condujeron al rey Joaquim,

que le hizo matar a espada, arrojando su cadáver a la fosa común. 24 En favor de Jeremías

intervenía Ajicam, hijo de Safan, para evitar que fuese entregado en manos

del pueblo para matarle.

El compilador de los oráculos de Jeremías, secretario personal suyo, Baruc, aduce otro ejemplo

para destacar el gran peligro en que se hallaba el profeta de Anatot a causa de su predicación en

contra de los deseos populares. Este Urías profeta nos es desconocido en la Biblia fuera de este

lugar. Era natural de Quiriat- Yearim, identificada hoy con Quiriat Inab o Abu Ghosh, a 12 kilómetros

al noroeste de Jerusalén, en la carretera de Jafa u. El profeta huyó a Egipto por temor a

ser objeto de las iras intempestivas del rey y de sus cortesanos. Egipto era el lugar de refugio de

muchos judíos, como el rebelde Jeroboam en tiempos de Salomón 12. Pero ahora la situación era

diferente, ya que la corte de Jerusalén estaba en muy buenas relaciones diplomáticas y aun militares

con la de los faraones. Por eso, el rey Joaquim no tuvo dificultades en enviar emisarios a

buscar al fugitivo. El faraón egipcio Necao II, que buscaba ante todo tener contento al reyezuelo

de Jerusalén, facilitó la extradición del infortunado profeta. Podemos poner el hecho en los primeros

años del rey Joaquim, entre el 609-605, cuando el faraón egipcio tenía mucha influencia

en Palestina, antes de la invasión de Nabucodonosor, como generalísimo de las tropas babilonias,

en tiempos de Nabopolasar, su padre. El impío Joaquim mandó matar a Urías, privándole, para

mayor escarnio, de una sepultura honrosa y enterrándole en la fosa común de los desheredados.

El hagiógrafo da la razón de por qué Jeremías tuvo mejor suerte que el infortunado Urías.

El profeta de Anatot tenía entre los altos dignatarios uno que le defendía abiertamente, Ajicam,

hijo de Safan (v.24.), que conocemos por otros lugares de la Biblia. Parece que es el mismo que

fue en la comisión enviada a consultar a la profetisa Huida en tiempos del piadoso rey Josías 13,

y, a su vez, era el padre del futuro gobernador Godolías, nombrado por los babilonios después de

la toma de Jerusalén.

27. Invitación a la sumisión a Babilonia.

Los c.27-29 parecen guardar cierta unidad literaria, tanto por la materia de que tratan (la lucha

de Jeremías contra las falsas pretensiones de los falsos profetas) como por ciertas peculiaridades

redaccionales. La misma ortografía de los nombres propios tiene un sello especial. El texto griego

difiere mucho del texto masorético1. Los hechos parecen desarrollarse más tarde, en tiempos

de Sedecías, cuando ya había tenido lugar la primera deportación masiva, en el 598. Había una

2051

esperanza general de ver el retorno de los exilados, y los falsos profetas anunciaban de parte de

Yahvé tan venturoso acontecimiento. Jeremías, sin embargo, tiene que hacer frente a tales vanas

esperanzas. La realidad va a ser muy otra. Dios ha decidido entregar la Tierra Santa al instrumento

de su justicia, Nabucodonosor, y es preciso que se acate esta realidad como mal menor; de lo

contrario, las consecuencias serán más trágicas, ya que desaparecerá la nación como tal. Con el

advenimiento al trono egipcio de Psamético (594) resucitaron las esperanzas nacionalistas entre

los reyezuelos de Canaán, los cuales quisieron formar una liga antibabilónica. Ante esta situación,

Jeremías recomienda prudencia y sentido realista de la situación.

Amonestación a las naciones vecinas (1-11).

1 A principios del reinado de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, llególe a Jeremías

de parte de Yahvé esta palabra, diciendo: 2 Así dice Yahvé: Hazte unas coyundas y

un yugo y póntelas al cuello, 3 y manda a decir 2 al rey de Edom, al rey de Moab, al

rey de los hijos de Amón, al rey de Tiro y al rey de Sidón, por los embajadores que

han venido a tratar con Sedecías, rey de Judá, a Jerusalén 4 que digan a sus señores:

Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Esto habéis de decir a vuestros señores:

5 Yo, con mi gran poder y la fuerza de mi brazo, he hecho la tierra, al hombre y

a los animales que hay sobre la haz de la tierra, y la doy a quien quiero. 6 Ahora he

dado todas estas tierras en poder de mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y

aun las bestias del campo las he puesto a su servicio, 7 y habrán de estarle sometidas

todas las naciones a él, a su hijo y al hijo de su hijo, hasta que venga el tiempo también

para su tierra y la sojuzguen pueblos poderosos y reyes grandes. 8 Al pueblo y

al reino que no quiera someterse a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y no dé su cuello

al yugo del rey de Babilonia, le visitaré yo con espada, hambre y peste — oráculo

de Yahvé — hasta someterlo a su poder. 9 No escuchéis, pues, a vuestros profetas, a

vuestros adivinos, a vuestros soñadores, a vuestros agoreros y a vuestros encantadores,

que os dicen: No os veréis sometidos al rey de Babilonia. 10 Porque es mentira lo

que os profetizan para que seáis alejados de vuestra tierra y yo os disperse y perezcáis,

Al pueblo que dé su cuello al yugo del rey de Babilonia y se le someta, le dejaré

en su tierra — oráculo de Yahvé — y la cultivará y habitará en ella.

El v.1 falta en el texto griego y es idéntico a 26:1. Por otra parte, la mención de Joaquim no puede

ser auténtica, ya que en el contexto se habla del reinado de Sedecías 3. Habría que cambiar,

pues, el nombre de Joaquim en Sedecías. Algunos críticos prefieren sustituir el verso por el 28:1,

o lo suprimen, ya que el v.2 parece una segunda introducción, que, por otra parte, es idéntica a

13:1.

Por orden de Dios ejecuta de nuevo el profeta una acción simbólica4. La finalidad de esta

predicación plástica era impresionar a las mentes de las gentes, poco dadas a la abstracción. El

oriental vive sobre todo de la imaginación y prefiere las composiciones dramáticas a las exposiciones

conceptuales al estilo helénico. Isaías anduvo tres años medio desnudo para atraer la atención

de sus oyentes. Ezequiel utilizará a menudo estos procedimientos, que a nosotros nos resultan

infantiles y hasta ridículos. Jeremías mismo anduvo por las calles de Jerusalén con un yugo al

cuello para simbolizar la futura sujeción de Judá a Babilonia 5.

Aquí Dios manda al profeta que se presente a los embajadores extranjeros con un yugo al

cuello. La acción simbólica de Jeremías debía significar a aquellos representantes de los pequeños

reinos siro-fenicio-palestinos el destino que les esperaba, y que era inútil querer hacer ligas

2052

contra Babilonia, ya que Yahvé había decidido dar el triunfo a Nabucodonosor. En este sentido,

Jeremías hace de profeta también para las naciones paganas6. Como garantía de la veracidad de

lo que anuncia, proclama enfáticamente que habla en nombre de Yahvé, que es el Creador de todo

y que, por tanto, dirige los hilos de la historia de todas las naciones, aun las paganas: Yo con

mi poder y mi brazo he hecho la tierra. (ν.6), y, por tanto, la da a quien quiere: He dado todas

estas tierras en poder de mi siervo Nabucodonosor (v.6). Es el arbitro de los destinos de los pueblos

7. Sobre todo acontecer histórico están los designios inescrutables de la divina Providencia,

que guía los hombres y los reinos según las exigencias de su justicia y santidad. Nabucodonosor

será su siervo en cuanto instrumento de sus justicieros designios. Con ello no se quiere aprobar

todas sus injusticias y atropellos. También para el imperio babilónico llegará su castigo, cuando

sea sojuzgado por pueblos poderosos y reyes grandes (v.7). El profeta invita a la sumisión no

sólo por prudencia elemental humana, sino como acatamiento obediente de la voluntad omnímoda

de Yahvé, preludio de una conversión futura y acatamiento de sus leyes.

Es voluntad del Dios de Israel que se sometan todas las naciones al invasor babilónico

durante un breve lapso de tiempo, es decir, durante la vida de Nabucodonosor, de su hijo y del

hijo de su hijo (v.7). Efectivamente, sabemos que el poderío del imperio caldeo duró, poco más o

menos, la vida de un hombre, siendo suplantado en el 538 por el imperio persa, con Ciro el

Grande al frente. La palabra hijo aquí tiene el sentido amplio de sucesor. La duración otorgada

por el profeta al imperio babilónico coincide, más o menos, con el número redondo de setenta

años que aparece en 29:10.

El rehusar someterse a este destino inevitable no hará sino aumentar las proporciones de

la catástrofe, ya que la rebelión no hará sino traer la destrucción, las matanzas, las deportaciones:

la espada, el hambre y la peste (v.8), los tres terribles flagelos enviados por Yahvé para castigar

la obstinación de los que no le quieren reconocer como Dios.

Esta es la única perspectiva segura: la invasión y el triunfo de Nabucodonosor será inevitable;

por tanto, es inútil guiarse por promesas vanas humanas lanzadas por profetas desaprensivos,

que no transmiten mensajes auténticos de Yahvé, sino lo que les dicta su imaginación y sus

intereses materiales. Son soñadores y agoreros, que no merecen crédito alguno.

Invitación a Sedéelas a someterse a Babilonia (12.-15)

12 Y a Sedecías, rey de Judá, le hablé de todo esto, diciéndole: Dad vuestro cuello al

yugo del rey de Babilonia, someteos a él, a su pueblo, y viviréis. 13 ¿Para qué morir

tú y tu pueblo de espada, hambre y peste, como dijo Yahvé respecto del pueblo que

no se someta al rey de Babilonia? 14 Y no escuchéis a los profetas que os dicen: “No

os veréis sometidos al rey de Babilonia,” pues lo que os profetizan es mentira. 15

Porque no los he enviado yo — oráculo de Yahvé — , aunque ellos mentirosamente

profetizan en mi nombre, y serán causa de que yo os disperse y perezcáis vosotros y

los profetas que os profetizan.

El profeta, después de haber hablado a los embajadores extranjeros, habla directamente al rey

Sedecías, comunicándole el mismo mensaje. Es inútil querer sustraerse al yugo de Babilonia,

pues es cosa decidida de Yahvé. Le habla en plural porque en él ve representada toda la nación

en peligro. De la decisión real depende la suerte de todo el pueblo (v.13). Las vanas promesas de

los falsos profetas no tienen el respaldo de la palabra divina, ya que sólo quieren halagar las aspiraciones

del ambiente popular y de la misma corte: No los he enviado yo (v.15); de ahí que sean

meros impostores aunque profeticen en nombre de Yahvé. La característica de los verdaderos

2053

profetas es promover el retorno de los corazones a Yahvé y su Ley. Toda otra predicación que

aparte del Dios nacional es espúrea.

Anuncio de la depredación del templo a los sacerdotes (16-22).

16 Y a los sacerdotes y a todo este pueblo les hablé, diciendo: Así dice Yahvé: No escuchéis

lo que os profetizan vuestros profetas, diciendo: “He aquí que los vasos de la

casa de Yahvé van a ser devueltos de Babilonia ahora en seguida,” porque os profetizan

mentira. 17 No los escuchéis, someteos al rey de Babilonia y viviréis. ¿Por qué

esta ciudad ha de venir a ser un desierto? 18 Y si en verdad son profetas, si tienen

palabra de Yahvé, que intercedan ante Yahvé de los ejércitos para que los vasos que

todavía quedan en el templo y en el palacio del rey de Judá y en Jerusalén no sean

llevados también a Babilonia. 19 Porque así dice Yahvé de los ejércitos acerca de las

columnas, del mar de bronce, de los basamentos y de los demás utensilios que todavía

quedan en esta ciudad 20 y no han sido llevados por Nabucodonosor a Babilonia

al llevar cautivos de Jerusalén a Babilonia a Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá,

y a todos los notables de Judá y de Jerusalén. 21 Pues así dice Yahvé de los ejércitos,

Dios de Israel, de los utensilios que aún quedan en la casa de Yahvé y en el palacio

del rey de Judá y en Jerusalén: 22 A Babilonia serán llevados, y allí estarán hasta el

día en que los visite — oráculo de Yahvé — y los haré traer y restituir a este lugar.

El profeta sale al paso de una ilusión, efecto de la falsa predicación de los falsos profetas. Se creía

que se acercaba el tiempo del retorno de los cautivos llevados en el 598, y con ellos los vasos

de la casa de Yahvé (v.16), llevados como botín por las tropas babilónicas 8. Pero Jeremías conoce

por revelación divina la suerte que espera al resto de los utensilios del templo salvados en la

primera expoliación. También éstos serán llevados a Babilonia. Era anunciar la total depredación

del templo, la ruina total de la Ciudad Santa (v.20). Las columnas eran las famosas de bronce

fundidas por Salomón, que estaban ante el vestíbulo del templo 9. El mar de bronce era el gran

recipiente que contenía el agua para los sacrificios y las lustraciones 10; los basamentos eran los

diez carritos de bronce que servían para llevar el agua a los diversos servicios del templo. Después

de la toma de Jerusalén del 586, los babilonios deshicieron estos utensilios, llevándose el

material precioso de ellos 11. Es el cumplimiento de la promesa de Jeremías (v.22). La frase allí

estarán hasta que los visite es considerada generalmente como glosa posterior. En Esd 1:7-11 se

habla del retorno de estos utensilios, como aquí se anuncia.

1 Las razones que se suelen aducir para considerar estos tres capítulos como sección aparte redaccionalmente son: a) a Nabucodonosor

se le llama Nabucadnesar, en vez de Nebucadrezar, que aparece en el resto del libro; b) los nombres teóforos aparecen bajo la

forma abreviada de y oh; c) al nombre de Jeremías le precede el sustantivo profeta; d) el texto griego tiene mayores diferencias

con el TM que en el resto del libro. Cf. STREANE, o.c., p.iós. — 2 Lit. “envíalas,” es decir, las coyundas, a los reyes citados, lo que

no es verosímil. — 3 Cf. v.3:12.20.28. Tres manuscritos hebreos y la versión siríaca ponen Sedecías, como pide el contexto. — 4

Cf. c.13 y 19-5Cf. c.28. — 6 Cf. Jer 1:5.10. — 7 Cf. Jer 18,5; Dan 4:17; Sal 115:15-16. — 8 Cf. 2 Re 24:13. — 9 Cf. 1 Re 7:155.

— 10 Cf. 1 Re 7:23. — 11 Cf. 2 Re 25:13.

28. Incidente personal entre Jeremías y el falso profeta Ananias.

Este interesante relato encaja perfectamente en el contexto del capítulo anterior. Jeremías había

aconsejado sujetarse al yugo babilónico, en contra de las esperanzas fáciles y vanas de los falsos

profetas, que andaban halagando al pueblo. Se presentaban como portadores de revelaciones secretas

de Yahvé, conocedores del futuro de su pueblo. Hacía cuatro años que había tenido lugar

2054

la primera gran deportación (598), con el joven rey Jeconías (o Joaquín) al frente. Al predicar

Jeremías la sumisión a Babilonia, se oponía a los sentimientos nacionalistas de sus conciudadanos,

y por eso era considerado como traidor a los intereses de su patria aun sospechoso de connivencia

con el enemigo. Para él, como para los demás verdaderos profetas, ante todo debían prevalecer

los intereses religiosos de la nación, lo que suponía abstenerse de combinaciones políticas

con pueblos extranjeros que habrían de traer consigo influencias idolátricas. Por otra parte,

era necesario emprender un camino de conducta totalmente nuevo, con la entrega plena de los

corazones a Yahvé, y no limitarse a meras formulaciones ritualistas en el templo. Los falsos profetas,

en cambio, hacían creer al pueblo que Yahvé no podía permitir la derrota de su pueblo, ya

que se comprometería su honor como protector del mismo.

Predicción de Anemias (1-4).

1 Y sucedió en aquel mismo año, al comienzo del reinado de Sedecías, rey de Judá,

en el año cuarto, en el quinto mes, que Ananías, hijo de Azur, profeta de Gabaón,

me dijo en la casa de Yahvé delante de los sacerdotes y de todo el pueblo: 2 Así dice

Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: He roto el yugo del rey de Babilonia. 3 Al cabo

de dos años haré volver a este lugar todos los utensilios de la casa de Yahvé que de

este lugar se llevó Nabucodonosor, rey de Babilonia, transportándolos a Babilonia; 4

y a Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y todos los cautivos de Judá llevados a

Babilonia, los haré retornar a este lugar — oráculo de Yahvé — , porque quebraré

el yugo del rey de Babilonia.

El incidente tiene lugar en el año cuarto del rey Sedecías, e.d., en el 594, cuando había pasado la

impresión de la primera gran deportación (598). El contrincante de Jeremías es un falso profeta,

Ananías, de Gabaón, antigua ciudad levítica, la actual El-Gib, a 10 kilómetros al noroeste de Jerusalén

l. Famosa por el “lugar alto” adonde iba Salomón a ofrecer oblaciones. Ananías pretende

presentarse en nombre de Yahvé, ofreciendo la liberación de la opresión babilonia: Pie roto el

yugo del rey de Babilonia (v.2). Sus contemporáneos vivían con la ilusión de que el imperio

opresor babilónico había de derrumbarse ante la presión de Egipto y de otros pueblos coligados.

La frase de Ananías alude a la invitación hecha por Jeremías en el capítulo anterior a someterse

al yugo de Nabucodonosor. Según el v.10, Jeremías llevaba realmente al cuello un yugo para indicar

esta sujeción, y esto exasperó a Ananías. No sólo iba a quebrarse el poderío babilónico, sino

que retornarían los exilados, y con ellos los utensilios de la casa de Yahvé (ν.3). Esta predicción

es contraria a la de Jeremías, que anunciaba un exilio de larga duración, de setenta años en

números redondos 2.

Respuesta de Jeremías (5-9).

5 Y dijo Jeremías, profeta, al profeta Ananías, delante de los sacerdotes y de todo el

pueblo que estaban en la casa de Yahvé: 6 Así sea, hágalo Yahvé; que mantenga

Yahvé tu palabra que has vaticinado, haciendo volver a este lugar de Babilonia los

utensilios de la casa de Yahvé y a todos los cautivos. 7 Pero oye lo que delante de todo

el pueblo voy a decirte: 8 Los profetas que desde antiguo antes de mí y antes de ti

fueron, profetizaron a numerosos países y a grandes reinos la guerra, la desventura

y la peste. 9 El profeta que profetiza paz, por el cumplimiento de su profecía habrá

de ser tenido por profeta, enviado en verdad por Yahvé.

2055

Jeremías responde a las venturosas predicciones de Ananías diciendo que bien desearía que así

sucedieran las cosas: así sea., que mantenga Yahvé tu palabra (ν.6). Pero la realidad es muy otra;

pues, según sus revelaciones personales, el destino de sus compatriotas va a ser muy trágico como

consecuencia de la indefectible invasión babilónica. Como buen patriota, deseaba que los

utensilios de la casa de Yahvé volvieran a su lugar debido. Pero, aparte de que él no participa de

este optimismo, la experiencia de profetas que desde antiguo profetizaron (v.8) confirma sus lúgubres

puntos de vista, pues profetizaron. la guerra 3, y sus predicciones han sido confirmadas

por la historia. En efecto, las profecías anteriores a Jeremías son predominantemente pesimistas,

y en este sentido están en la línea de él mismo, en contra de la posición ingenua de Ananías. Una

de las características de los verdaderos profetas era hacer frente a la opinión optimista popular,

llamándolos a la penitencia; de lo contrario, no tardaría en intervenir la justicia divina. La

misión del profeta verdadero es ante todo despertar la conciencia religiosa del pueblo escogido,

fustigando sus vicios y transgresiones e invitándole a retornar a Yahvé, dejando sus caminos materialistas

y humanos. Por eso, cuando el profeta anuncia paz (en contra de su ordinario modo de

obrar), es necesario esperar el cumplimiento de esa predicción venturosa para ver si es verdadera

(V.9). La presunción, pues, por regla general, está a favor del profeta que anuncia castigos en contra

de las ilusiones del vulgo, ya que es un signo claro de que no se busca la popularidad. La

respuesta de Jeremías es prudente y comedida, buscando en todo el buen sentido en su contrincante.

Ananías rompe el yugo de Jeremías (10-17).

10 Tomó entonces el profeta Ananías el yugo del cuello de Jeremías, profeta, y lo

rompió, 11 diciendo delante de todo el pueblo: Esto dice Yahvé: “Así romperé yo dentro

de dos años el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, de sobre el cuello de

todos los pueblos.” Y el profeta Jeremías se fue su camino. 12 Después que Ananías,

profeta, había roto el yugo de sobre el cuello del profeta Jeremías, tuvo éste palabra

de Yahvé, diciendo: 13 “Ve y dile a Ananías: Así dice Yahvé: Has roto un yugo de

madera. En su lugar yo haré un yugo de hierro, 14pues así dice Yahvé de los ejércitos,

Dios de Israel: Yugo de hierro pondré yo sobre la cerviz de todos estos pueblos,

para que estén sometidos a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y le servirán; aun los

mismos animales del campo se los he dado a él. 15 Y dijo el profeta Jeremías a Ananías,

profeta: Escucha, pues, Ananías: No te ha enviado a ti Yahvé, y tú estás dando

a este pueblo falsas esperanzas; 16 por eso así dice Yahvé: He aquí que voy a quitarte

de sobre la haz de la tierra; este mismo año morirás por haber predicado la rebelión

contra Yahvé. 17 Y murió el profeta Ananías en ese mismo año, en el séptimo mes.

La respuesta sensata, aunque irónica, de Jeremías tuvo el efecto de sobreexcitar a Ananías. Para

salvar su prestigio ante los oyentes, recurrió a un gesto teatral, con el que iba a reafirmar la convicción

en sus predicciones: tomó el yugo de sobre el cuello de Jeremías, haciéndolo pedazos.

Jeremías se había presentado con el yugo como símbolo de su predicción de la esclavitud babilónica.

Ahora su contrincante quiere impresionar al auditorio con otro gesto simbólico, al romper

el yugo llevado por Jeremías: Así romperé yo el yugo de Nabucodonosor (v.11), y da el término

de dos años para el cumplimiento de su profecía. Eran muchos los que esperaban y confiaban en

una derrota del coloso babilonio; por eso esta promesa de Ananías confirmaba sus puntos de vista.

Ante esta actitud histérica de Ananías, el profeta de Anatot opta por callarse, esperando mejor

ocasión; así se fue su camino (v.12). Era la actitud más digna, ya que lo contrario era rebajarse a

2056

alternar con un charlatán de feria. Ha cumplido su misión de predicar al pueblo. Aparentemente

ha triunfado su adversario. Ya llegará el momento en que hablará de modo más convincente de

parte de Yahvé. El no podía extralimitarse en su misión de profeta, y dependía en todo de la

inspiración directa divina. Era justamente esto lo que le distinguía de los falsos profetas, que

predicaban lo que halagaba sus intereses y les sugería su imaginación.

Por orden divina, Jeremías vuelve a enfrentarse a Ananías para comunicarle una revelación

que acaba de recibir. Ha creído triunfar con su gesto teatral de romper el yugo, pero no ha

conseguido nada, pues Yahvé, por su presunción, le va a castigar de muerte. Con su aparatoso

acto de romper el yugo había querido dar a entender que Yahvé iba a romper el yugo babilónico,

pero las cosas iban a ir muy de otro modo. Yahvé reafirma su voluntad de que todos los pueblos

se sometan a Nabucodonosor de modo inexorable: fías roto un yugo de madera. En su lugar, yo

haré un yugo de hierro (v. 13). En vez del yugo de madera que proponía antes Jeremías, invitando

a su pueblo a someterse a los babilonios, con lo que la servidumbre sería menos dura, Yahvé

hará venir una opresión feroz, consecuencia de la rebelión contra Nabucodonosor, y entonces el

yugo será insoportable, de hierro (v.14).

Y como prueba de esta predicción, Jeremías le dirige personalmente a Ananías un vaticinio

lúgubre sobre su propia suerte. Se ha arrogado el oficio de profeta, sin que Yahvé le hubiera

enviado, desconcertando al pueblo con sus falsas esperanzas (v.15), y Dios justamente le va a

enviar la muerte como castigo en un breve plazo, de modo que todos vean en ello un signo de la

certeza de las profecías de Jeremías (v.16). Efectivamente, Ananías murió en ese mismo año, en

el séptimo mes (ν.17). Es la simple constatación del hecho, prueba de la veracidad de las profecías

de Jeremías.

1 Cf. Abel, Géog. 1 Re 3:4-éog. II p.335; Jos 11:19; 18:25; 21:17; Flavio Josefo, Bel iud. II 19:1; — 2 Cf. Jer 29:28; 27:7; 25:11;

29:10. — 3 Asi Según el texto Sriego. El TM lee “guerra, desventura y peste.” Con un ligero cambio de letras tenemos la trilogía

clásica de los flagelos: “guerra, hambre y peste.”

29. Epístola de Jeremías a los Exilados.

También los exilados de la deportación del 598 mantenían vanas esperanzas en el destierro sobre

su próxima repatriación, esperanzas que eran alentadas por falsos profetas y adivinos oportunistas.

Jeremías en una epístola les previene contra este excesivo optimismo, anunciando el castigo

a los causantes de la agitación entre los deportados. Esta comunicación de Jeremías no fue

bien recibida por un sector de los exilados, entre ellos un tal Semeyas, que escribió a su vez al

inspector del templo de Jerusalén quejándose de que no hubieran tomado medidas contra el profeta

de Anatot. Estas cartas indican que había una comunicación fluída entre los desterrados y los

que aún permanecían en Palestina antes de la catástrofe del 586. De tiempo en tiempo iban a Babilonia

comisiones de israelitas a llevar los tributos impuestos por los babilonios.

Jeremías está preocupado por la suerte de los exilados, en los que ve el núcleo de la futura

restauración nacional. Este c.29 tiene muchos puntos de contacto con el c.24 1. Quizá esta

epístola sea del tiempo de la visión del c.24, en la que se habla de higos maduros agradables (los

exilados) y de brevas insoportables (los que aún permanecen en Palestina, a quienes les está reservada

una suerte más dura). Jeremías aprovechó una legación oficial para enviarles una carta

admonitoria. Le preocupaban las noticias que llegaban de la agitación causada por ciertos falsos

profetas, y era preciso hacer ver al pueblo que debía pensar en instalarse para permanecer allí

mucho tiempo, durante el cual debían procurar habituarse al ambiente en lo económico y hacer

2057

prosperar la propia comunidad israelita exilada.

Anuncio de un largo exilio (1-9).

1 Estas son las palabras de la carta que desde Jerusalén envió Jeremías profeta al

resto de los ancianos de la cautividad, a los sacerdotes, a los profetas y a todo el

pueblo que de Jerusalén había llevado Nabucodonosor a Babilonia, 2 después de

haber salido Jeconías, el rey, la reina, los eunucos, los notables de Judá y de Jerusalén,

los herreros y los carpinteros, 3 (llevada) por mano de Elasa, hijo de Safan, y de

Gamarías, hijo de Helcías, a quienes mandó Sedecías, rey de Judá, a Babilonia a

Nabucodonosor, rey de Babilonia. Decía: 4 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de

Israel, a todos los cautivos que yo he desterrado de Jerusalén a Babilonia: 5 Construid

casas y habitadlas, plantad huertos y comed sus frutos. 6 Tomad mujeres y engendrad

hijos e hijas. Dad mujeres a vuestros hijos, y maridos a vuestras hijas, y

tengan hijos e hijas; multiplicaos allí en vez de disminuir. 7 Procurad la prosperidad

de la ciudad adonde os he deportado y rogad por ella a Yahvé, pues su prosperidad

será vuestra prosperidad. 8 Porque así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: No

os dejéis engañar por vuestros profetas que habitan entre vosotros y por vuestros

adivinos. No escuchéis su sueño. 9 Porque mienten cuando os profetizan en mi nombre.

Yo no los he enviado. Oráculo de Yahvé.

La epístola va enviada a los ancianos o cabezas de familia, directores espirituales de su pueblo.

Era una institución patriarcal que había tenido siempre gran influencia al lado de las otras clases

dirigentes, como los sacerdotes, profetas. Sobre todo en Babilonia, privados de las organizaciones

oficiales estatales, volvieron a restablecer el régimen del patriarcado, que había perdido mucho

durante la monarquía. La palabra resto parece indicar que eran pocos los que quedaban 2.

Sabemos que los babilonios concedían cierta autonomía jurídica a los exilados para poder gobernarse

conforme a sus propias leyes 3. Los profetas de que se habla parecen ser los falsos profetas,

corno traducen los LXX. Precisamente porque fomentan vanas ilusiones de retorno, no eran auténticos

profetas, como lo era Ezequiel. Se les asocia maquinalmente a los sacerdotes por procedimiento

mecánico redaccional. Estos tres primeros versos son de Baruc, secretario de Jeremías,

que quiere situar la epístola en su circunstancia histórica.

El verso puede ser adición posterior redaccional, para destacar que la deportación de que

se habla es la del 598 y no la del 586. La reina es la madre de Jeconías, o “reina-madre”4. Los

eunucos son los cortesanos en general. Los herreros y carpinteros o cerrajeros son las fuerzas

industriales vivas de la nación, llevadas por los babilonios para que no pudieran organizar de

nuevo la resistencia5. Los portadores de la epístola son altos dignatarios de la corte, encargados

quizá de una misión oficial de llevar los tributos o de informar a Babilonia de las buenas disposiciones

de Sedecías hacia los babilonios. Algunos nombres son conocidos, y parece que alguno de

los citados era favorable a Jeremías 6. En todo caso, los portadores debían de ser agentes bien

mirados en la corte babilónica por sus ideas moderadas y realistas, y, por tanto, no ajenas al pensamiento

de Jeremías, que predicaba la sumisión para evitar mayores males. Jeremías, al escribir

a sus compatriotas, lo hace en nombre del Dios nacional (v.4). El contenido de la carta es de lo

más realista. Los exilados deben hacer sus cálculos como si fueran a ser ciudadanos perpetuos de

la nueva tierra, echando las bases de una economía doméstica y aun procurando el aumento demográfico

del pueblo (v.5-6). Y añade algo más revolucionario que había de resultar blasfemo

para muchos puritanos: procurad la prosperidad de la ciudad adonde os he deportado y rogad a

2058

Yahvé por ella (c.7). Estas palabras tenían que resultar inauditas para aquellos cerrados israelitas,

que no podían comprender que Yahvé pudiera ayudar a sus enemigos, y, por tanto, que era absurdo

orar por ellos a su Dios 7. Para Yahvé, según ellos, no podía haber otros intereses que los

de Israel y su ciudad santa. En cambio, para Jeremías, el invasor babilonio es un instrumento de

Yahvé para corregir a su pueblo, y, por tanto, los israelitas debían aprovecharse de las buenas

cualidades de sus dominadores y convivir pacíficamente con ellos. En estas palabras de Jeremías

vemos una cierta insinuación de simpatía, que, sin ser una declaración expresa de amor a los

enemigos, lo que es propio del Ν. Τ. 8, supone un horizonte universalista que se va abriendo paso

en la literatura profética y sapiencial. En el mismo Jeremías encontramos la profecía sobre la participación

de las naciones paganas, en los tiempos mesiánicos, de las bendiciones divinas 9. La

dispersión de los israelitas en la cautividad sirvió, en los planes divinos, para difundir el conocimiento

del Dios universal de las promesas.

El profeta sale al encuentro de las predicciones optimistas de los falsos profetas y adivinos

(v.8), que predicaban una resistencia pasiva, basada en la esperanza de un próximo retorno.

En realidad mienten, porque no hablan en nombre de Yahvé. Son usurpadores del oficio profético.

La penitencia, condición de retorno (10-14).

10 Pues así dice Yahvé: Cuando se cumplan los setenta años de Babilonia, os visitaré

y mantendré para con vosotros mi palabra venturosa de volveros a este lugar. 11

Pues yo conozco mis designios para con vosotros — oráculo de Yahvé — , designios

de paz y no de desventura, de daros un porvenir y una esperanza. 12Me llamaréis y

vendréis a suplicarme, y yo os escucharé; me buscaréis y me hallaréis. 13Me buscaréis

y me hallaréis si me buscareis de todo corazón. 14Y me dejaré hallar de vosotros

— oráculo de Yahvé — ; yo haré volver a vuestros desterrados, y os reuniré de entre

todos los pueblos y de todos los lugares a que os arrojé — oráculo de Yahvé — y os

haré volver a este lugar de que os eché.

No obstante, la condición de exilados rio durará siempre, sino que llegará un momento en que

podrán volver a su patria, pero esto después de una larga generación: cuando se cumplan los setenta

años de Babilonia (v.10). Lo indicado por esa cifra redonda de setenta es lo que, más o

menos, duró el imperio babilónico: desde el 605 (batalla de Carquemis, en la que Nabucodonosor

venció definitivamente a los egipcios) al 538, en que Ciro entró en Babilonia.

La repatriación se cumplirá, pues los designios de Yahvé para con su pueblo son designios

de paz y no de desventura (v.11). Si los ha castigado, ha sido para salvar los derechos inalienables

de su justicia y santidad; pero de nuevo quiere darles un porvenir y una esperanza, es

decir, resucitarlos como pueblo, como colectividad nacional. Y por eso, aunque estén en tierra

extranjera, lejos del santuario de Yahvé, donde reside oficialmente, los escuchará: me llamaréis.

y yo os escucharé (v.12). Pero es necesario que le busquen de corazón. Yahvé entonces no estará

lejos de ellos: me dejaré hallar de vosotros (v.14). Y el resultado de ello será que volverán los

desterrados (v.14).

Suerte trágica de los moradores de Jerasalén (15.-19)

15 Como vosotros decís: Yahvé nos ha suscitado profetas en Babilonia, 16 pues así dice

Yahvé del rey que se sienta en el trono de David y de todo el pueblo que mora en

esta ciudad, vuestros hermanos, que no salieron con vosotros al destierro. 17 Así dice

2059

Yahvé de los ejércitos: He aquí que yo mandaré contra ellos la espada, el hambre y

la peste; los tornaré en higos que de malos no pueden comerse, 18 y los perseguiré

con la espada, el hambre y la peste, y los haré objeto de terror para todos los reinos

de la tierra, maldición, espanto, ludibrio y oprobio entre todos los pueblos a los que

los arrojaré, 19 por no haber escuchado mis palabras — oráculo de Yahvé — , que

muy pronto y reiteradamente les anuncié por mis siervos los profetas, a quienes yo

envié y no los escucharon — oráculo de Yahvé.

Jeremías sale al paso de una falsa ilusión: los exilados creen, ilusionados, que su retorno está

próximo, pues tienen profetas suscitados por Yahvé que les aseguran una próxima liberación

(v.15).

En realidad son unos impostores, ya que el futuro va a ser muy diferente del anunciado

por ellos. La primera deportación no ha sido sino el preludio de otra catástrofe más general. Por

eso la suerte de los que quedaron en Jerusalén será peor que la de los actualmente exilados, pues

Yahvé desencadenará sobre ellos la espada, el hambre y la peste (ν.17) 10.

Contra los falsos profetas (20-23).

20 Vosotros, pues, todos los cautivos que yo he llevado de Jerusalén a Babilonia, oíd

la palabra de Yahvé: 21 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel, a Acab, hijo

de Qolayah, y a Sedecías, hijo de Masayah, que mentirosamente os profetizan en mi

nombre: He aquí que yo les entregaré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia,

que los ajusticiará a vuestros ojos, 22y quedará de ellos, entre los cautivos de

Judá que están en Babilonia, la maldición: “¡Haga contigo Yahvé como con Sedecías

y Acab, a quienes asó al fuego el rey de Babilonia!” 23Por haber hecho iniquidades

en Israel, haber adulterado con las mujeres de sus prójimos y haber hablado mentirosamente

en mi nombre, sin que yo les mandara. Yo lo sé y lo atestiguo. Oráculo de

Yahvé.

Jeremías se dirige a los exilados para que no imiten la conducta obstinada de sus compatriotas

que aún quedan en Jerusalén y así permanezca la venturosa promesa de Yahvé de hacer que retornen

algún día a la patria. Los exilados se sentían orgullosos de los profetas que creían había

suscitado Yahvé entre ellos, y los engañaban con vanas promesas del próximo retorno (v.15).

Pero les va a revelar Jeremías quiénes son esos profetas que los engañan, a los que Yahvé les tiene

reservado un deshonroso fin en pago a sus crímenes inauditos en Israel. Precisamente por

haber sembrado la sedición entre los exilados, dos de ellos, Acab y Sedéelas, serán ajusticiados

por la policía de Nabucodonosor, y morirán con muerte afrentosa y terrible por el fuego, como

era usual en Babilonia 11.

Profecía contra el falso profeta Semeyas (24-32).

24 Y a Semeyas el Nejlamita dile: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: 25

Por cuanto tú has mandado en tu nombre cartas a todo el pueblo de Jerusalén, y a

Sofonías, hijo de Masayah, sacerdote, y a todos los sacerdotes, diciéndoles: 26 Yahvé

te ha hecho sacerdote en lugar del sacerdote Yoyadah, para que, como prefecto, vigiles

en el templo de Yahvé a todo demente que quiera hacer el profeta y lo hagas

encadenar y poner en el cepo. 27 Ahora, pues, ¿por qué no has reprendido a Jeremí2060

as el de Anatot, que anda profetizando entre vosotros? 28 Pues hasta nos ha enviado

un mensaje a nosotros a Babilonia, diciendo: “Eso será largo. Construid casas y

habitadlas, plantad huertos y comed sus frutos.” 29 Y el sacerdote Sofonías leyó a

Jeremías profeta esta carta, 30 y Yahvé habló a Jeremías, dicién-dole: 31 Manda a

decir a todos los cautivos: Esto dice Yahvé sobre Semeyas el Nejlamita: Por haberos

profetizado Semeyas sin que yo le haya enviado, y haberos hecho concebir falsas esperanzas,

32 por eso dice Yahvé: He aquí que yo castigaré a Semeyas el Nejlamita y a

su descendencia. No tendrá descendencia que habite en medio de este pueblo y vea el

bien que yo haré a mi pueblo — oráculo de Yahvé — , por haber predicado la rebeldía

contra Yahvé.

La epístola de Jeremías había sido mal recibida de los falsos profetas que pululaban entre los exilados

de Babilonia. Uno de ellos, Semeyas, se atrevió a enviar una protesta oficial al prefecto del

templo por permitir esa libertad de escribir a Jeremías. Sus afirmaciones categóricas sobre un

destierro prolongado desmoralizaban a los cautivos (v.24-25). El destinatario de la carta, Sofonías,

amigo personal de Jeremías 12, mostró a éste la carta para que se diera cuenta del ambiente

que tenía entre muchos de los exilados. Parece que el oficio de prefecto de policía del templo,

como Sofonías, era vigilar el orden en las aglomeraciones en los atrios. Por eso Semeyas le echa

en cara a Sofonías, prefecto del orden en el templo, que haya permitido a Jeremías hablar en público

en los atrios, sembrando la desmoralización en el pueblo. Debía, pues, encarcelarlo y ponerlo

en el cepo (v.26), pues para él Jeremías era un simple demente que se las echaba de profeta.

Al oír el contenido de la carta de Semeyas, Jeremías, por orden de Yahvé, envía una segunda

carta a los desterrados poniéndoles en guardia contra las actividades del falso profeta Semeyas,

que iba a ser castigado inexorablemente por oponerse a los planes divinos sobre su pueblo

(v.32). Ninguno de sus descendientes asistirá al retorno de los exilados.

1 Cf. 24:5-7 y 29:10-14. — 2 La palabra “resto” falta en los LXX. — 3 Cf. Dan 13:5. — 4 Cf. Jer 13:18; 22:26. — 5 Cf. Jer 24:1. — 6

Cf. Jer 26:24; 36:10.25; 2 Re 22:8; 40,6. — 7 Sobre el precepto de orar por las autoridades paganas cf. Rom 1:11; 2 Tim 2:1. — 8

Cf. Mt 5:44- — 9 Cf. Jer 3:17. — 10 Los v. 16-20 faltan en el texto griego, y son considerados por muchos como adiciones posteriores

redaccionales a base de otros textos de Jeremías, especialmente de 24:8-10. Sin embargo, sostienen su autenticidad Condamin

y Driver. — 11 Cf. Código de Hammurabi art.25.110.157; Dan 3:6; 1955 — 12 Aparece en 21:1 y 37:3 como enviado respetuoso

de Sedecías a Jeremías. Murió en el 586. Cf. Jer 52:24; 2 Re 25:18. El falso profeta Semeyas de Babilonia le dice que está

en vez de Yoyadah sacerdote. No sabemos de ningún Yoyadah en esta época que haya sido prefecto antes de Sofonías. En los

primeros años del rey Joaquim lo era Pasjur (20:1). Quizá Semeyas aluda al famoso Yoyadah que se levantó contra la impía reina

Atalía en el 836 a.C., como modelo de celo religioso a imitar.

30. La Salvación de Israel. Juda castigada por sus pecados.

Los c.30-33 forman cierta unidad y versan sobre la restauración de Israel. Constituyen el libro

de consolación jeremiano, en contraposición al libro de amenazas escrito por orden de Yahvé en

el 605. Cumplido ya el castigo con la catástrofe del 586, el profeta recibe la orden de escribir sobre

el futuro glorioso del pueblo resucitado. Jeremías había sido escogido para “destruir, arrancar

y asolar,” pero también para “edificar, levantar y plantar” 1. Esta segunda parte es la que cumple

en estos vaticinios de consolación para sostener la moral de los deportados, obsesionados por la

magnitud de la tragedia.

Este libro de consolación (c.30-33) comprende dos partes: a) c.30-31: discursos proferidos

oralmente antes, pero recogidos ahora por escrito para uso de los exilados; b) 32-33: sección

2061

cronológicamente anterior a la anterior. Contiene un acto simbólico y su explicación.

Los C.30-31 constituyen una unidad literaria y lógica. Desde el punto de vista poético son

la obra cumbre de Jeremías. El pensamiento se desarrolla armónicamente en un continuo crescendo;

las ideas se expresan en círculos concéntricos, pero avanzando siempre. La idea central es

el retorno de Israel del exilio para constituir una nueva teocracia ideal contrapuesta a la situación

mísera actual 2. Esta profecía parece fue redactada por escrito poco después de la gran catástrofe

del 586, quizá en Egipto, adonde fue llevado por sus compatriotas rebeldes.

Juicio sobre las naciones opresoras de Israel (1-11).

1 Llegó a Jeremías palabra de Yahvé, diciendo: 2 Así dice Yahvé, Dios de Israel: Escribe

en un libro todo cuanto yo te he dicho, 3 porque he aquí que vienen días —

oráculo de Yahvé — en que haré volver los desterrados de mi pueblo, Israel y Judá,

y los haré tornar a la tierra que di a sus padres, y la poseerán. 4 Estas son las palabras

que ha pronunciado Yahvé sobre Israel y Judá. 5 Pues así dice Yahvé: Oímos

gritos de terror, de espanto, no de paz. 6 Preguntad y ved: ¿Es que paren los varones?

¿Por qué, pues, veo a todos los varones con las manos en los lomos como en

parto, demudados y amarillos todos sus rostros? 7¡Ay! ¡Es el día grande! No hay nada

igual a él. Tiempo de angustia para Jacob, pero de él le vendrá la salvación. 8 Y

sucederá que en ese día — oráculo de Yahvé de los ejércitos — quebraré el yugo de

sobre su cuello y romperé sus coyundas, 9 y no serán más siervos de extranjeros, sino

que servirán a Yahvé, su Dios, y a David, su rey, que yo los suscitaré. 10 Y tú,

siervo mío Jacob, no temas, oráculo de Yahvé; no tiembles, Israel, porque voy a liberarte

de la tierra lejana, y a tu descendencia de la tierra de cautividad. Jacob tornará

y vivirá tranquilo y seguro, sin que nadie le perturbe. 11 Porque yo estoy contigo

— oráculo de Yahvé — para salvarte; yo llevaré a la ruina a todos los pueblos entre

los que te dispersé, pero a ti no te arruinaré, sino que te castigaré con moderación,

no te dejaré impune.

Los tres primeros versos son la introducción a todo el libro de consolación, en contraposición a

36:1-3, donde se ordena al profeta escribir las profecías conminatorias contra Israel y Judá. Le

manda consignarlas por escrito para que sirvan de signo profetice a las generaciones futuras y

como confortamiento y esperanza para los exilados. Las profecías de los c.30-31 resumen todos

los vaticinios mesiánicos de su ministerio profético. La idea fundamental del libro de consolación

es el retorno del exilio como preámbulo a la inauguración de la teocracia mesiánica.

Israel y Judá volverán a formar una unidad nacional, olvidando las antiguas diferencias (v.3);

por eso aparecen aquí como participantes de la futura salud mesiánica.

El profeta asiste a un parto doloroso acompañado de gritos de terror, pero que se dirige,

como todo parto, a un alumbramiento feliz. Parece aludir a las convulsiones habidas en Mesopotamia

ante la invasión medo-persa, que traería la salvación para Israel exilado y la ruina para sus

opresores los babilonios, que están con las manos en los lomos como en parto, demudados y

amarillos sus rostros (v.6).

Ante las conmociones de guerras palidecen los caracteres más varoniles 3, pues ha llegado

el día grande (ν.7), el castigo de los enemigos de Israel, pero al mismo tiempo la liberación

de éste4. No obstante, Israel, antes de ver cumplidos sus deseos, se verá en la estrechez y en la

angustia: tiempo de angustia para Jacob (ν.7b). Tendrán que pasar por dolores de alumbramiento

antes de participar de las alegrías de la liberación como pueblo 5. Pero después vendrá la sal2062

vación (ν.7), resumen de todos los anhelos del pueblo en el exilio. En ese día grande se romperá

el yugo e Israel servirá sólo a su Dios y a David, es decir, volverá a tener su culto en Jerusalén y

sus reyes propios, descendientes del padre de la dinastía, David, símbolo de la grandeza nacional

y religiosa. Yahvé se encargará de resucitar un rey ideal que recuerde al añorado David. El

profeta se proyecta directamente en la figura deslumbradora del Mesías, procedente de la

casa de David y personaje culminante de su dinastía gloriosa6. Será el germen de justicia de

que habla en 23:435.

Por eso el horizonte que se abre ante los israelitas exilados está lleno de confianza y de

paz: tú, siervo mío Jacob, no temas (v. 10). Es de notar la expresión siervo mío, que en Jeremías

sólo aparece en este lugar, y que es común en Isaías 7. Los israelitas en el exilio podían considerarse

como definitivamente abandonados de su Dios nacional, porque temporalmente apartó su

faz de ellos. Pero ha pasado la hora de la justicia y llega la de la misericordia para su pueblo y

el castigo para sus opresores: llevaré a la ruina a todos los pueblos (v.112). Todas las naciones

fueron culpables del mal trato dado a Israel en su dispersión, y todas serán castigadas. En cambio,

el castigo impuesto a Israel por sus pecados será menor en virtud de las promesas divinas:

pero a ti no te arruinaré, sino que te castigaré con juicio (v.11c), es decir, moderadamente, sin

exterminarle, pero sin perdonarle totalmente: no te dejaré impune. Dios no puede desentenderse

de las exigencias de su justicia y santidad, y, por tanto, no puede aprobar la impunidad de crímenes

de su pueblo.

Herida y curación de Judá (12-17).

12 Así, pues, dice Yahvé: Es incurable tu herida, tu llaga sin remedio. 13No hay para

tu úlcera remedio 8, no tienes curación 14Todos tus amadores te han olvidado, no

preguntan por ti, pues yo te herí como hiere un enemigo, con cruel castigo, por tus

grandes maldades, por la magnitud de tus pecados. 15 ¿A qué gritas por tu herida?

Es incurable tu mal. Por tus grandes maldades, por la magnitud de tus pecados, te

he tratado así. 16Pero todos los que te devoraron serán devorados, tus enemigos irán

todos al destierro. Tus saqueadores serán saqueados, y tus expoliadores serán expoliados.

17 Ciertamente te restituiré a la salud, pues voy a sanar tus heridas — oráculo

de Yahvé — , porque te llamaron la “desterrada,” Sión 9, de quien nadie se cuida.

Sión es presentada como una dama llena de heridas, abandonada de sus antiguos amantes y a la

que nadie puede curar. Yahvé, el causante de sus heridas y de su afrentosa situación, es quien la

cura amorosamente, y castiga justicieramente a sus adversarios. Por esto parece que la profecía

es escrita después de cumplida la catástrofe del 586. Judá ha sido despreciada como nación; su

capital, destruida, y, por tanto, parece que su situación es desesperada y sin remedio: es incurable

tu herida (v.12). Con el exilio parece que la historia del pueblo elegido como nación ha terminado

10. Ha sido abandonada Judá de sus amantes (v.14), los pueblos que habían prometido

ayudarla. Es representada como una meretriz que ha perdido su belleza y que no tiene ya atractivos11

al perder su categoría como nación. Había buscado alianzas con pueblos extranjeros, pero

de nada le han servido en la hora de la prueba. En vez de confiar en Yahvé, su Esposo, se

había confiado adulterinamente a libres amantes.

Pero la prueba entraba dentro de los planes divinos. Los enemigos que la arruinaron

fueron instrumentos de la justicia y providencia divinas: yo te herí como hiere un enemigo.

(ν.14b), y todo ello como castigo de sus pecados. Yahvé se ha portado aparentemente como un

enemigo atacando a Judá, que se había separado de El para ir tras otros amantes. Yahvé es celoso

2063

de sus derechos.

Judá, como dama abandonada de sus amantes y malherida, da gritos de socorro, esperando

que alguno se acuerde de ella: ¿a qué gritas por tu herida? (v.13). Ha recibido lo que ha merecido

por la magnitud de sus pecados. Debe reconocer en el castigo la mano providencial que la

hiere misericordiosamente, y no debe entregarse a la desesperación, y menos buscar remedio

humano a un castigo divino.

Pero ahí está Yahvé para poner remedio a su situación aparentemente desesperada. Sus

enemigos que la devoraron serán devorados (ν. 16). Se han excedido en su condición de instrumentos

de su justicia y recibirán su merecido: sus saqueadores serán saqueados (v.16b). Es la

ley inflexible del tallón en la historia de los pueblos. Los babilonios fueron despojados y vencidos

por los persas, y éstos por los griegos. En toda la historia ha habido una conspiración de imperios

contra el pueblo de Dios, pero en sus invasiones y atropellos no han hecho sino preparar

los caminos del mesianismo espiritualista, dando por el suelo con los sueños imperialistas terrenos

mesiánicos del pueblo escogido.

Yahvé tiene decidido restablecer a Israel como pueblo: Te restituiré a la salud (ν.17) 12.

Las naciones circunvecinas se habían burlado de Israel al verle abandonado de su Dios, y por eso

la llamaron irónicamente la desterrada de quien nadie se cuida. En realidad, este abandono ha

sido sólo temporal y para bien del pueblo elegido; por eso Yahvé empeña su palabra de restablecer

el honor conculcado de su pueblo.

La restauración de Israel (18-22).

18 Así dice Yahvé: He aquí que voy a restablecer los tabernáculos de Jacob, y me

compadeceré de sus tiendas, y se reedificará la ciudad sobre su teso de ruinas, y el

palacio se asentará en su debido lugar. 19 Y saldrán de ellos cantos de alabanza y voces

de los que se alegran, y los multiplicaré, y no serán disminuidos; los engrandeceré,

y no serán empequeñecidos. 20Y serán sus hijos como en el pasado, y su congregación

estará firme ante mí, y castigaré a todos sus opresores. 21 Y su jefe saldrá de

ella misma, de en medio de ella saldrá su soberano, y yo le haré acercarse y se allegará

a mí, pues ¿quién, si no, intentaría acercarse a mí? Oráculo de Yahvé. 22Y vosotros

seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.

Sobre las ruinas del pasado, Yahvé va a restablecer los tabernáculos de Jacob (v.18). La bella

frase recuerda la vida peregrinante de Israel en el desierto, cuando habitaba en tiendas bajo la

protección inmediata de Yahvé, sin recursos humanos de ningún género, pero totalmente confiados

a su Libertador. De nuevo se insinúa otra liberación no menos gloriosa, pues sobre el teso de

ruinas de la ciudad abandonada surgirán de nuevo los palacios y moradas de los repatriados. Con

ello renacerá la vida ciudadana con cantos de alabanza (V.19). Antes había gritos de angustia y

espanto u, ahora gritos de acción de gracias por la resurrección del pueblo, que se multiplicará

como efecto de la bendición divina: los engrandeceré y no serán empequeñecidos.

Se creará una nueva teocracia bajo un nuevo jefe (que) saldrá de ella (v.21), de la nación

14. Será el soberano que gobernará a su propio pueblo, en contraposición a los gobernadores babilonios,

que los sometían a todas las humillaciones y exacciones. De nuevo el profeta parece

proyectarse en la figura del gran Libertador de su pueblo, el Mesías, si bien en primer plano

pudiera pensar en Zorobabel conduciendo a los primeros repatriados y restableciendo la vida nacional

de modo precario, pero como preludio de la futura y definitiva restauración. Ese nuevo

soberano gozará de una particular benevolencia de Yahvé, pues le permitirá acercarse a El sin

2064

temor: le haré acercarse y se allegará a mí (v.21). De Moisés se dice que hablaba a Yahvé cara a

cara como un amigo 15. El nuevo Rey vivirá también en relación íntima con su Dios, para que

establezca un reinado de justicia conforme al espíritu de Yahvé. Y todo esto por iniciativa especial

de Dios, ya que acercarse a El sin ser llamado sería comprometer su vida: ¿quién, si no, intentaría

acercarse a mí?

(v.21b) 16.

El v.22 falta en los LXX, y quizá sea una glosa, pues sorprende la introducción, brusca de

la segunda persona en el texto. Es una frase general que recapitula bien el contexto: Israel será el

pueblo de Yahvé, que a su vez será su Dios. La idea aparece también en 31:1. La nación va a entrar

en una nueva fase teocrática, en la que Yahvé será el centro de toda actividad cívica 17.

La tempestad de Yahvé (23-24).

23 He aquí que el huracán de la ira divina se desencadena y una tempestad se desata

y descargará sobre la cabeza de los malvados. 24 No volverá atrás la cólera de Yahvé

hasta ejecutar y cumplir los designios de su corazón. Vosotros los conoceréis al fin

de los tiempos.

De nuevo encontramos la idea de un juicio purificador de Yahvé sobre los malvados antes de la

inauguración de los tiempos mesiánicos. La ira de Yahvé se desencadenará como un gran huracán,

que todo lo lleva por delante. San Juan Bautista habla de un juicio purificador llevado a cabo

por el Mesías antes de la inauguración mesiánica18. Cristo dirá en sus discusiones con los

elementos hostiles judíos que ese “juicio” se realiza individualmente en cada uno, según la actitud

que tome ante la venida del Mesías, que es El mismo 19. Los profetas, en su idealización de

los tiempos mesiánicos, piensan en una intervención divina purificadera, descrita con colores

apocalíticos 20. Los escritores orientales no quieren los colores intermedios, sino los brochazos

fuertes, para recalcar sus ideas. Sustancialmente, sus profecías sobre un reinado de justicia deal

se cumplen en el reino mesiánico inaugurado por Cristo; y bien en su primera etapa terrestre tendrá

miembros no santos, pero en su etapa definitiva ultraterrena será realmente el reinado de los

justos. La frase al fin de los tiempos (v.24) tiene perspectivas muy diversas: una mesiánica inmediata

y otra más lejana, como en Daniel 21, en la consumación de las cosas. En la mente del profeta

se superponen los planos históricos y metahistóricos.

1 Cf. Jer 1:10. — 2 Cf. 30:5-9.12-17, etc. — 3 Cf. Is 13:8; Nah 2:10; Jl 2:6. — 4 Cf. Jl 2:11; Sof 1:14. — 5 Cf. Is 20:20; 27:1-I2SS. —

6 Inmediatamente puede aludir a Zorobabel, que dirigió la repatriación, pero es una primera perspectiva que se completa en la

edad mesiánica. — 7 Cf. Is 41:8-13; 43:1. — 8 El TM añade “quien juzgue tu causa” antes de tu “úlcera,” pero recarga el ritmo e

interrumpe la imagen; por eso parece glosa. — 9 En vez de Sión, los LXX leen “nuestro botín.” — 10 Cf. Jer 10:19; 14.17. — 11

Cf. Jer 4:30; 22:20; Is 23:16. — 12 Literalmente el texto h ebreo dice: “haré subir una nueva carne para ti”; e.d., sobre la herida

hará surgir una nueva epidermis, signo de rebosante salud. — 13 Cf. Jer 18:22. — 14 Literalmente la palabra hebrea significa

“glorioso, ilustre,” y de ahí caudillo. — 15 Ex 31:11; Núm 12:8. — 16 Cf. Lev 10:1-2. — 17 Cf. Jer 24:7; 31:1; 33- — 18 Mt

3:12. — 19 Jn 3:18. — 20 Cf. Jl c.3. — 21 Cf. Dan 12.

31. Restauración de las tribus. Retorno de la diáspora.

Podemos dividir el capítulo en cuatro secciones lógicas: a) profecía sobre la restauración de Israel,

principalmente de las tribus del reino del Norte (Samaría), unidas de nuevo a Judá (v.2-6);

b) retorno gozoso de los judíos de la Diáspora (7-14); c) profecía sobre la restauración del reino

del Norte (15-22); d) pequeños oráculos sobre el futuro (23-40). Esta última parte está en prosa,

2065

mientras que las anteriores están en verso.

Restauración de las tribus (1-6).

1 En aquel tiempo — oráculo de Yahvé — seré el Dios de todas las tribus de Israel, y

ellos serán mi pueblo. 2 Así dice Yahvé: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado

de la espada; se fue a su reposo Israel. 3Desde lejos se le hizo ver Yahvé. Con

amor eterno te amé, por eso te he mantenido favor. 4De nuevo te edificaré y serás

edificada, virgen de Israel. 5 Todavía volverás a adornarte con tus tímpanos y saldrás

en alegres danzas. Todavía plantarás viñas en las alturas de Samaría, y los que

las planten las gozarán. 6Porque vienen días en que los atalayas clamarán en el monte

de Efraím: ¡Levantaos y subamos a Sión, a Yahvé, nuestro Dios!

En la época de la restauración final, Yahvé será el centro de todas las tribus o familias de Israel,

es decir, de los dos reinos, separados después de Salomón. Todas constituirán el pueblo de Dios

como en los tiempos del éxodo.

La época del desierto quedó como la era ideal en el pasado de las relaciones íntimas entre

Yahvé y su pueblo. Los profetas añoraban la simplicidad de aquellos tiempos cuando los israelitas

aún no se habían contaminado con las idolatrías y vicios de los pueblos sedentarios de Canaán

2. Por eso el profeta, al describir la nueva liberación del exilio babilónico, piensa en una

nueva vida en el desierto, en que las relaciones de Yahvé con su pueblo, en vías de repatriación,

lleguen a la máxima intimidad. La palabra, pues, desierto aquí es término de comparación, para

despertar las ilusiones del pueblo, que vivía aún de los recuerdos de las maravillas del éxodo. El

pueblo escapado de la espada (v.2), e.d., los supervivientes de las calamidades de la guerra y del

desierto, halló gracia en el desierto, al encontrarse de nuevo bajo la protección de su Dios, que

los acompaña paternalmente a través del desierto siró-arábigo en su retorno a la patria. El profeta

piensa en las caravanas de repatriados que con Zorobabel y demás guías de Israel fueron retornando

a Palestina después del decreto libertador de Ciro en 538 a.C. La palabra desierto puede

significar lo equivalente a triste, luctuoso, lugar de prueba, y entonces el profeta contrapondría la

situación de vida de pruebas en el desierto y la intervención milagrosa divina que los salva de la

situación triste del exilio; es decir, su gracia, su protección misericordiosa. Precisamente en estos

años de prueba, como los pasados en el desierto del Sinaí, fueron los años en que se fraguará la

nueva alianza entre Israel y su Dios protector. Como consecuencia de esta protección, Israel se

reintegró a su tierra: se fue a su reposo Israel (v.2b), a la heredad santa, donde podrá disfrutar de

los bienes otorgados por Dios.

Y la iniciativa para entrar en nuevas relaciones de amistad partió del mismo Yahvé. El

pueblo se hallaba alejado de su Dios por sus pecados y confinado en las lejanías del destierro,

abandonado a su suerte, sin posibilidad propia de rehabilitarse; pero Yahvé tuvo compasión de él

y desde lejos se le hizo ver (v.3), ofreciendo sus gracias y protección para sacarle de aquel mísero

estado. Y a continuación se explica la razón de esta actitud de Dios: Con amor eterno te amé;

por eso te he mantenido favor (v.3b). A pesar de las infidelidades de Israel, Yahvé, exclusivamente

por amor, decidió volver a tener relaciones amistosas con su pueblo. Sus predilecciones

por Israel son eternas, e.d., muy antiguas, desde su elección en Abraham y desde su liberación de

Egipto 3. Por eso promete restaurarla en su vida nacional: de nuevo te edificaré, y seras plantada

(v.4). Israel es concebida como una viña o plantación que cuidadosamente es plantada por Yahvé

para que dé frutos. La expresión virgen de Israel tiene un particular acento idílico de ternura. Israel

es considerado como una doncella virgen que merece de nuevo los amores de su verdadero

2066

Esposo 4, y se le promete el volver a participar de las alegrías de la vida, como las jóvenes de su

edad: volverás a adornarte con tus tímpanos y saldrás en alegres danzas (v.5). Bajo estas imágenes,

llenas de ingenuidad, se insinúa la nueva vida de Israel como pueblo entregado a su vida

pacífica alegre, gozando de sus propios bienes, después de haber pasado la época de la opresión

y de la devastación. De nuevo surgirán las nobles alegrías de la vida y el Jolgorio de la juventud

en las plazas festejando los anales familiares y nacionales del pueblo.

Los israelitas podrán de nuevo dedicarse a sus trabajos de campo con la esperanza de participar

de sus frutos: plantarás viñas en las alturas de Samaría (v.5). Este verso parece indicar

que la profecía se centra sobre todo en la restauración del reino del Norte, con Samaría por capital.

Samaría era famosa por sus vinos 5. La expresión y los que las plantan las gozarán indica la

paz del país 6. Ya no serán los exactores extranjeros los que disfrutarán de los frutos que no son

suyos, sino que los usufructuarán los propios israelitas establecidos en su país.

Y con la paz vendrá la restauración plena del culto en Jerusalén. De nuevo las doce tribus

se considerarán ligadas a Sión como centro religioso, y por eso en aquellos días los atalayas

clamarán en el monte de Efraím: Levantaos y subamos a Sión, a Yahvé, nuestro Dios (v.6b).

Esos atalayas o centinelas parecen ser los que estaban en las cimas de las colinas vigilando la

salida de la nueva luna para anunciar a todo el país el momento de las fiestas pertinentes al nuevo

mes o “neomenias.” Quizá se aluda también a la paz total que reinará en el país. En adelante los

atalayas, que antes estaban encargados de anunciar invasiones militares, anunciarán sólo acontecimientos

religiosos: las asambleas santas en Sión, donde mora Yahvé, el Dios de todos. La expresión

monte de Efraím es clásica para designar el reino del Norte, de Samaría, centro de un

culto cismático a Yahvé desde los tiempos de Jeroboam, en el siglo χ antes de Cristo.

Retorno glorioso de la Diáspora (7-14).

7 Pues así dice Yahvé: Exultad por Jacob con alegría, gritad loores a la primera de

las naciones, publicad, alabad y exclamad: Yahvé ha salvado a su pueblo 7, a los restos

de Israel. 8 He aquí que los voy a hacer venir de la tierra del aquilón, y los reuniré

de los extremos de la tierra, entre ellos al ciego y al rengo, a la embarazada y a la

recién parida juntamente, Qué gran comunidad la que vuelve! 9 Salieron entre llantos

8, y los guiaré con consolaciones; yo los guiaré a las corrientes de las aguas, por

caminos llanos para que no tropiecen, pues yo soy el Padre de Israel, y Efraím es mi

primogénito. 10 Oíd, naciones, la palabra de Yahvé, dadla a conocer a las lejanas islas,

y decid: El que dispersó a Israel lo congrega y lo protege como el pastor a su rebaño.

11Pues Yahvé ha redimido a Jacob, le rescató de mano más fuerte que él.

12Vienen dando gritos de júbilo por las alturas de Sión, afluyendo para gozar de los

bienes de Yahvé: el trigo, el vino, el aceite, los corderos y los terneros; y será su alma

como jardín regado, y no volverán a languidecer. 13Entonces la virgen danzará alegre

en el corro, jóvenes y viejos, todos juntos; trocaré en júbilo su tristeza, los consolaré

y convertiré su pena en alegría. 14 Saciaré a los sacerdotes de la grosura de las

víctimas, y se hartará mi pueblo de mis bienes, oráculo de Yahvé.

Yahvé invita a celebrar el retorno glorioso de Israel, la primera de las naciones (ν.7), en cuanto

que ha sido escogida por El como heredad particular para que participara de sus beneficios materiales

y espirituales 9. Por eso es su pueblo, y ésa es la razón de que le haya salvado, a pesar de

estar reducido a un resto, después de tantas calamidades y guerras 10.

A continuación describe el retorno de la Diáspora de la tierra del alquilón y de los extre2067

mos de la tierra (v.8). El retorno será completo, alcanzando aun a los tarados físicos e impedidos

(v.8b). Ningún obstáculo se opondrá a la manifestación de la omnipotencia liberadora de Yahvé,

que los guiará y asistirá paternalmente durante la travesía de retorno. La caravana de los repatriados

es inmensa. El profeta se complace en contemplar la muchedumbre que retorna: ¡qué

gran comunidad la que vuelve! Y contrapone dos situaciones históricas: Salieron entre llanto

(v.8c) en otro tiempo camino del destierro, y ahora vuelven con consolaciones bajo la guía paternal

de Yahvé, que dirige la repatriación, facilitando el paso de la caravana por caminos llanos

para que no tropiecen (v.8c), llevándolos a las corrientes de las aguas11. El paso por el desierto

lleva consigo el peligro de perecer de sed. Pero esto no ocurrirá en el retorno de los exilados por

el desierto, ya que Yahvé, que los guía personalmente, se encargará de llevarlos por senderos que

lleven a los oasis y pozos que jalonan las rutas de la estepa para los que las conocen. Porque

Yahvé es el Padre de Israel, que siente un afecto profundo hacia el pueblo que ha elegido y criado

como hijo suyo 14.

Efraím era la tribu principal del reino del Norte, y aquí es sinónimo del mismo, que es el

primogénito de Dios, según expresión conocida aplicada a Israel en general15. El profeta contrapone

aquí al reino del Norte (Efraim), en exilio, a las otras naciones, y en este sentido es el primogénito,

en cuanto que es parte del Israel total histórico, objeto de las promesas divinas. No se

le quiere anteponer al reino de Judá, del que hablará a continuación. El profeta concibe a ambos

reinos como parte integrante del Israel auténtico tradicional, con sus doce tribus, descendientes

de Jacob.

El profeta, obsesionado con la idea del retorno glorioso de su pueblo, invita enfáticamente

a todas las naciones, a las lejanas islas, o pueblos costeros del Mediterráneo, a reconocer el

gran hecho de la salvación del pueblo israelita, disperso en todas las regiones. Yahvé lo dispersó

primero para castigarlo y purificarlo en la prueba, siendo los pueblos invasores que lo dispersaron

meros instrumentos de la justicia divina 16. Pero ahora ha llegado el momento de la liberación,

y por eso Yahvé lo protege como el pastor a su rebaño (v.10b). Es inútil, pues, que se

opongan a sus divinos designios obstruyendo el retorno de los expatriados, pues Yahvé ha redimido

a Jacob (v.11), rescatándolo de mano más fuerte que él. A pesar de la insignificancia del

pueblo israelita, ha logrado substraerse del poder omnímodo mesopotámico gracias a la intervención

directa divina.

Después de describir la travesía gloriosa por el desierto y su éxodo triunfal de entre las

naciones, el profeta, lleno de júbilo, contempla la reanudación del culto solemne en Sión, adonde

afluyen con gritos de júbilo (v.12) de todas las tribus. Como premio a su nueva religiosidad,

Yahvé proveerá de toda clase de bienes materiales: el trigo, el vino, el aceite, los corderos, los

terneros., siendo su alma como un jardín regado (v.12); es decir, los israelitas serán abastecidos

de toda clase de ubérrimos frutos, como al jardín que no le falta la abundante irrigación del agua.

Han pasado los tiempos del hambre y de la devastación de la campiña por el enemigo invasor, y

de nuevo empezarán a surgir los tradicionales productos palestinianos de trigo, vino y aceite. Con

ello la alegría reinará por doquier: la virgen danzará alegre en el corro (v.15). El luto ha sido

sustituido por el sano júbilo popular, fruto de la seguridad nacional bajo la protección de Dios.

Con la abundancia de bienes vendrá la afluencia de sacrificios en el templo, de forma que

los sacerdotes se verán cumplidos: saciaré a los sacerdotes de la grosura de las victimas (v.14).

Muchos autores han querido suprimir este verso como espúreo, porque parten del prejuicio de

que Jeremías es sistemáticamente opuesto a todo lo que sea manifestación de culto externo en el

templo. Pero el verso está en todos los códices y versiones. Por otra parte, no se opone a un culto

externo, siempre que esté basado en una convicción interior profunda, con la entrega de los

2068

corazones a Yahvé. En la nueva teocracia, los sacerdotes participarán de los beneficios debidos

a su clase. De nuevo tenemos que repetir que bajo estas imágenes de bienes materiales hay que

ver la idea sustancial mesiánica de felicidad y paz. Los profetas, hombres de su tiempo, hablando

para sus contemporáneos, conciben el mesianismo con colores terrenos. Sin embargo, lo sustancial

de su mensaje — la justicia y paz de las conciencias — se cumple en la era mesiánica inaugurada

por el Mesías, que, por otra parte, tiene su plena manifestación en la etapa celeste.

Restauración del reino del Norte (15-22).

15 Así dice Yahvé: Una voz se oye en Rama, un lamento, amargo llanto. Es Raquel

que llora a sus hijos y rehusa consolarse por sus hijos, pues ya no existen. 16 Así dice

Yahvé: Cese tu voz de gemir, tus ojos de llorar, porque hay compensación a tus penas.

17 Hay aún esperanza para tu porvenir, oráculo de Yahvé 17. Volverán tus hijos

a su territorio. 18 Oigo a Efraím lamentarse: “Tú me has castigado y yo recibí la reprensión

como novillo indómito. Conviérteme y yo me convertiré, pues tú eres Yahvé,

mi Dios.” 19 Porque después de mi defección me he arrepentido; luego que entré

en mí, heríme el muslo. Estoy confuso y avergonzado, pues llevo sobre mí el oprobio

de mi mocedad. 20¿No es Efraím mi hijo predilecto, mi niño mimado? 18 Pue cuantas

veces trato de amenazarle 19, me acuerdo de él; por eso se conmueven mis entrañas

por él, y tengo que tener piedad de él, oráculo de Yahvé. 21Ponte hitos, alza jalones,

pon toda atención en la calzada, el camino que antes recorriste. Vuelve, virgen de

Israel, retorna a estas tus ciudades. 22¿Hasta cuándo has de andar titubeando, hija

descarriada? Pues hará Dios una cosa nueva en la tierra: la hembra rodeará al varón.

De un modo conmovedor, el profeta describe el retorno de las dos tribus del norte (reino de Samaría).

Muchos autores creen que es de la primera época de su actividad profética, por su parecido

conceptual y estilístico con 3:12ss. A medida que la catástrofe de Judá se acercaba, Jeremías

fue centrando su atención en torno a ésta; pero en los primeros tiempos felices de Josías sentía

obsesión por la suerte trágica de los hermanos deportados del reino del Norte en el 721, un siglo

antes. También para ellos hay esperanza de salvación.

En su sensibilidad extrema le parece oír los llantos de Raquel, la esposa predilecta de Jacob,

al ver camino del destierro a sus descendientes (v.15). Raquel era la madre de José, padre a

su vez de Efraím y de Benjamín, representantes, por su importancia histórica, del reino cismático

del Norte. Precisamente en una de estas tribus se hallaba localizada, según la tradición, la tumba

de Raquel20. Rama es la actual er-Ram, a 10 kilómetros al norte de Jerusalén, junto a la calzada

que conducía a Samaría. El profeta refleja poéticamente el duelo de la madre Raquel por la suerte

de sus hijos, que avanzan hacia el norte en tristes caravanas camino del destierro.

El profeta se atreve a consolarla en nombre de Dios, porque la situación va a cambiar súbitamente:

cese tu voz de gemir., porque hay compensación para tus penas (v.16). Sus dolores de

alumbramiento de hijos no han sido vanos, pues no desaparecen totalmente, ya que llegará la

hora del retorno a la patria; por eso hay esperanza para su porvenir (ν.17).

Esta esperanza está basada en el arrepentimiento de Israel en el exilio: oigo a Efraím lamentarse:

Tú me has castigado.” (v.18). Se reconoce rebelde como novillo indómito, que al fin

es vencido por la astucia de su dueño y se deja llevar de la cuerda: conviérteme y yo me convertiré

(v.15c). En su plena juventud, lleno de vitalidad, era indómito, y se dejó llevar por vías extrañas

a las de Yahvé. Pero la prueba del exilio le ha hecho comprender su falsa situación, y pide

2069

humildemente que le haga volver a El: conviérteme y yo me convertiré.

Reconoce humildemente su causa y se da golpes de compunción: luego que entré en mi,

herime el muslo (V.19). Es el gesto que expresa consternación, dolor21. Está avergonzado por el

oprobio de su mocedad (v.19b). Es la alusión a sus desviaciones en los tiempos en que como

pueblo se sentía joven y se permitía el lujo de abandonar inconscientemente a su Dios 22.

Por otra parte, Yahvé siente una debilidad inexplicable por Israel: ¿No es Efraím mi predilecto,

mi niño mimado? (v.20). Muchas veces ha querido castigarlo según merecía, pero instintivamente

se acuerda de esta predilección y se arrepiente del castigo que iba a enviarle (v.20b), y

siente que sus entrañas se conmueven. La frase es bellísima y antropomórfica. El profeta finge

un soliloquio divino para explicar esa lucha que en El siente entre los derechos de su justicia y el

amor que tiene por Israel: ¿cómo explicar el que, a pesar de ser Efraím infiel, le ame tanto? 23. Es

la historia del amor divino en sus relaciones con los pecadores de todos los tiempos. Por fin, el

profeta describe la última fase de este proceso de retorno. Ha llegado la hora de emprender el

camino de la patria, y es necesario conocer bien las sendas. Israel es representado como una dama,

la virgen de Israel (v.21c), que anda vacilante al tomar el camino de retorno. Llega la hora

de volver a encontrarse con el Esposo, Yahvé, y, por tanto, no es el momento de perder el tiempo

en indecisiones. Israel parece que se ha acostumbrado a la vida huérfana del exilio, y al sentirse

libre tiene los miembros como entumecidos y anda remisa en emprender el regreso. El profeta le

exhorta enfáticamente a ello. Es el grito de las ansias reprimidas de Jeremías, que desea ver a

su pueblo establecido en su patria. Por eso les pide que preparen cuidadosamente el itinerario,

colocando jalones para no extraviarse: ponte hitos, alza jalones, pon tu atención en la calzada, el

camino que antes recorriste (v.21b). Israel debe hacer memoria del camino que en otro tiempo

siguió hacia el destierro, para no perderse en el desierto. Es una exhortación poética para destacar

la inminencia y seguridad del retorno. Yahvé tiene tan decidida su repatriación, que ya pueden

los exilados ir pensando en preparar el itinerario de las caravanas de retorno.

Debe, pues, salir de la somnolencia producida por los años de exilio y estar lista para el

camino: ¿hasta cuándo has de andar titubeando? (v.22). Israel no debe temer, pues va a gozar

de una protección especial, ya que hará Dios una cosa nueva en la tierra: la hembra rodeará al

varón (v.22). El sentido de este verso ha sido muy discutido, y los autores no convienen en señalar

en qué consiste esa cosa nueva. San Jerónimo veía en ello la concepción misteriosa virginal

del Mesías24. Pero nada en el contexto insinúa esta interpretación 24.

La versión de los LXX difiere totalmente del TM, que es seguido por la Vulgata. Dice el

texto griego: “El Señor suscitará la salvación para una nueva plantación; los hombres rodearán

en salud,” que realmente no hace sentido, lo que indica que el texto original hebreo era para los

traductores un misterio. La Vetus Latina trae un texto similar a los LXX 25.

En la tradición judía no se le daba sentido mesiánico 26. Las sentencias de los autores

modernos son muy diversas 27. Generalmente, los autores católicos suelen entender la frase misteriosa

en el sentido de que la hembra es Israel, esposa de Yahvé, que es el varón. La cosa realmente

nueva que Dios va a “crear” o hacer aparecer es que Israel en la nueva etapa rodeará al

varón (Yahvé), es decir, buscará afanosamente adherirse a Yahvé como su Dios, y esto es algo

admirable dada su propensión innata a la idolatría y a apartarse de las prescripciones de Yahvé.

Este sentido está conforme con la profecía de Jeremías de que en la nueva alianza la Ley estará

escrita en los corazones 28. Por otra parte, el símil del desposorio entre Dios e Israel es un lugar

común en la literatura profética 29. Además, parece que éste es el sentido que da la versión siríaca:

“la mujer amará diligentemente al varón,” interpretación seguida por San Efrén 30.

Recientemente se ha propuesto una luminosa solución que también parece encajar en el

2070

contexto: el profeta invita a los exilados a no vacilar y a que preparen el camino, y para que no

sientan aprensiones sobre los peligros del itinerario por el desierto, les anuncia un portento inaudito:

la hembra rodeará al varón. En las caravanas, normalmente, las hembras, con sus niños,

como seres indefensos, van en el centro de la comitiva, mientras que los varones, como más

fuertes, van en los flancos, con las armas en la mano, dispuestos a defender a los componentes de

la caravana contra cualquier repentina incursión o razzia de los belicosos beduinos. Esta disposición

es la normal; pero, en la caravana de retorno de los exilados, Dios los protegerá directamente,

en tal forma que las mujeres pueden libremente ir en los flancos “rodeando al varón,” que iría

descuidado en el centro, pues no habrá peligros inesperados. Así, pues, aquí se exaltaría la suprema

seguridad de que disfrutarán los repatriados en su camino de retorno 31.

Reconstrucción de Judá (23-26).

23 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Todavía se dirán estas palabras en

la tierra de Judá y sus ciudadades cuando yo haga volver a sus cautivos: “Bendígate

Yahvé, sede de justicia, monte de santidad. 24 Pues habitarán en ella Judá y todas

sus ciudades juntamente, los agricultores y los pastores de rebaños. 25 Porque yo saciaré

a toda alma desfallecida y hartaré a toda alma languideciente. 26 Por esto, al

despertar y ver, me fue dulce mi sueño.

Yahvé promete al reino de Judá la reconstrucción que había prometido al reino del Norte. En sus

designios forman un solo pueblo. Será una reconstrucción material y, sobre todo, moral y religiosa.

La profecía puede ser compuesta después de la ruina de Jerusalén en el 586, para consolar

a los israelitas, decepcionados en sus ilusiones. No todo estaba perdido, porque Yahvé velaba

sobre los destinos de su pueblo. El profeta se transporta mentalmente al momento en que los exilados,

ya de retorno a su patria, saludan jubilosos a la Ciudad Santa: Bendígate Yahvé, morada

de justicia, monte de santidad (v.23). Judá será un país de justicia, porque definitivamente reinará

en él la equidad 32, y el centro será el monte de santidad, es decir, Sión, morada de Yahvé,

que vive en una atmósfera de santidad y lo santifica todo con su contacto 33.

A su sombra florecerá de nuevo la vida nacional en su plena manifestación. Resurgirá la

vida industrial, agrícola y ganadera, de modo que todos se sientan contentos en la nueva sociedad:

saciaré a toda alma desfallecida y hartaré a toda alma lánguida (v.25). La abundancia será

la característica de los nuevos tiempos. También aquí el profeta idealiza mucho el cuadro, pues

sabemos que los años que siguieron a la repatriación fueron bien penosos y estrechos; pero el

sentirse libres en su patria endulzaba sus trabajos. Por otra parte, como siempre, en la mente del

profeta se superpone el horizonte mesiánico, que ve vinculado inicialmente a esta primera etapa

de repatriación. En la época del Mesías, la felicidad será plena.

La frase del v.26 es enigmática y diversamente traducida 34. Muchos autores 35 la explican

en el sentido de que el profeta, maravillado de la grandiosa perspectiva liberadora de su pueblo,

se sentía como al despertar de un dulce sueño: por eso, al despertar y ver, fue dulce mi sueño.

Otros autores creen que la frase es una observación del lector, añadida posteriormente, el

cual, al leer tan espléndidas perspectivas para su pueblo, pensaría que todo eso era demasiado

bello para que fuera realidad, y así lo catalogaría entre los “dulces sueños.”36

Resurrección de Israel y Judo (27-28).

27 He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo sembraré la casa de Israel

y la casa de Judá de simiente de hombres y de simiente de animales, 28 y sucede2071

rá que lo mismo que velé sobre ellos para arrancar y destruir, para arruinar y devastar,

así velaré sobre ellos para edificar y plantar, oráculo de Yahvé.

Es la promesa de la repoblación de los países asolados de Israel y Judá. Después de la guerra han

quedado despoblados, y es preciso que Dios favorezca de nuevo la multiplicación de sus habitantes

y de sus ganados. Yahvé ahora va a actuar como el sembrador que lanza a voleo el grano que

debe germinar: yo sembraré. de hombres y animales (v.27). Es de notar que el vaticinio se refiere

a los dos reinos separados, el de Israel y el de Judá, que en los futuros planes de Dios están destinados

a constituir un solo reino mesiánico. Ha pasado el tiempo del castigo y llega la hora de vivir

ambos en paz dentro de la abundancia. Israel y Judá son comparados a un campo feraz, bien

dispuesto para la siembra que Yahvé mismo va a realizar. Antes Dios había enviado el castigo, la

devastación y la ruina para salvaguardar los derechos de su justicia y de su santidad: velé sobre

ellos para arrancar y destruir. (v.28). Ha sido la primera parte de su labor; pero llega la hora de

la segunda: velaré sobre ellos para edificar y plantar (v.28). Las expresiones están calcadas sobre

la misión encomendada a Jeremías de anunciar la destrucción y la ruina, de un lado, y después

la resurrección y “edificación” del nuevo pueblo 37. Es el instrumento de la justicia y misericordia

divinas, que “vela” por los intereses de su justicia y de los de su pueblo. Le castiga primero

para purificarle y después para premiarle. Si lo “destruye” primero, es para “plantarlo” y

“edificarlo” después según un nuevo módulo más espiritual.

La retribución personal (29-30).

29 En esos días no se dirá más: “Los padres comieron agraces y los hijos sufrieron la

dentera,” 30 sino que cada uno morirá por su propia iniquidad. Quien coma el agraz,

ése sufrirá la dentera.

En ese nuevo orden de cosas, en el pueblo de Dios reinará una justicia más personal. Hasta ahora

predominaba el principio de la responsabilidad colectiva, basada en la interdependencia social de

las tribus. La ley de la sangre, esencial en la vida tribal del desierto, traía como consecuencia una

interdependencia de intereses que a veces resulta injusta. Los contemporáneos de Jeremías se

consideraban injustamente castigados al sufrir ellos totalmente las consecuencias de la catástrofe

debida en gran parte a los pecados de los antepasados: los padres comieron los agraces y los

hijos sufrieron la dentera (v.29). Este proverbio, que parecía correr entre los exilados 38, expresaba

bien su estado de ánimo. Jeremías se hace eco de ello, y anuncia para un futuro próximo una

justicia más proporcional basada en la responsabilidad individual. Según las leyes de la solidaridad

tribal, los hijos debían pagar por los pecados de los padres. En realidad, los contemporáneos

de Jeremías y de Ezequiel no habían sido peores que sus antepasados. Sobre todo, la época del

impío rey Manases se había caracterizado por la apostasía general. Y por eso los contemporáneos

de Jeremías, que no tenían luces sobre la retribución en la vida de ultratumba, no encontraban

justo el sufrir por pecados que ellos no habían cometido. Jeremías concede en parte esto, y les

promete una nueva era en la que la responsabilidad será individual. Tampoco Jeremías tenía

especiales luces sobre la retribución en el más allá, y por eso sus promesas se basan en la esperanza

de una justicia perfecta en la era mesiánica. No habrá entonces pecado nacional, porque

Yahvé hará que la ley reine en los corazones, y, así, la masa total del pueblo vivirá centrada en

torno al pensamiento de su Dios. Si alguno peca, él solo será castigado, sin infringir daño a la

nación. Por eso ya no tendrá vigencia el viejo proverbio: los padres comieron los agraces y los

hijos sufren la dentera. El nuevo reino mesiánico será, en su marcha, independiente de la con2072

ducta de los individuos. Jeremías piensa aquí en la nación, cuya suerte como tal será independiente

de la conducta de algunos transgresores. Ezequiel se fija más en la responsabilidad de los

individuos como tales: los hijos no serán responsables de las acciones de los padres 39. La promesa

de Jeremías se cumple en el “Israel de Dios.,” la Iglesia, inmaculada en sí, aunque sus componentes

sean pecadores en gran parte. Cada uno responderá ante Dios de sus acciones. La época

plena del mesianismo total no se da en este estadio terrestre en el sentido de que no habrá pecadores.

El reino de Dios obra como un fermento que fructifica en toda la masa, pero sólo en el

estadio definitivo celeste se da la plena teocracia de los justos en torno al Cordero inmolado.

Es la etapa definitiva, cantada en el Apocalipsis. Los profetas no sabían distinguir las diferentes

etapas, y veían vinculadas al Israel histórico realizaciones ideales que sólo se darían en el

“Israel de Dios,” que tiene su plena eclosión y su razón de ser en la definitiva etapa celeste.

La nueva alianza (31-34).

31 He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo haré alianza con la casa

de Israel y la casa de Judá, 32 no como la alianza que hice con sus padres cuando,

tornándolos de la mano, los saqué de la tierra de Egipto, pues ellos quebrantaron mi

alianza y yo los rechacé 40 — oráculo de Yahvé — . 33 Porque ésta será la alianza que

yo haré con la casa de Israel después de aquellos días, oráculo de Yahvé: Yo pondré

mi ley en su interior y la escribiré en su corazón, y seré su Dios, y ellos serán mi

pueblo. 34 No tendrán que enseñarse unos a otros ni los hermanos entre sí, diciendo:

“Conoced a Yahvé,” sino que todos me conocerán, desde los pequeños a los grandes,

oráculo de Yahvé, porque les perdonaré sus maldades y no me acordaré más de sus

pecados.

Este fragmento es uno de los más bellos de toda la literatura profética por el espiritualismo que

resuman sus palabras. La alianza antigua, basada en penas y castigos, será sustituida por otra

nueva alianza que tiene su asiento en los corazones. Parece un anticipo del mensaje evangélico.

El pacto del Sinaí había caducado por la infidelidad de una de las partes contratantes, y se había

mostrado ineficaz para dirigir la vida religiosa del pueblo elegido. Las imposiciones externas no

habían logrado despertar la entrega íntima y profunda de los corazones. El materialismo de

la letra había ahogado el espíritu contenido en la misma. El ritualismo había suplantado al contenido

ético-religioso del pacto sinaítico, y era preciso iniciar una nueva etapa con nuevas bases

para regular las relaciones de Israel con su Dios. Faltaba el principio interior de la gracia, que

transforma los corazones41. Puesto que la antigua alianza había fracasado, no se debía reconstruir

la nueva teocracia con las mismas bases ya caducas. Por eso, Jeremías, en nombre de

Dios, anuncia una nueva alianza 42, escrita sobre los corazones, en sustitución de la antigua, escrita

en piedra. En vez de meras imposiciones externas, con promesas y amenazas materiales, la

base de la nuev alianza será el “conocimiento” amoroso e íntimo de Yahvé y de sus derechos.

La nueva alianza será con el Israel total: la casa de Israel y la casa de Judá (v.31). Las

doce tribus son objeto del amor de Dios, y de ellas saldrá el núcleo sustancial de la era mesiánica,

del “Israel de Dios” del Ν. Τ. La expresión vienen días alude a una perspectiva ilimitada iniciada

con el retorno de la cautividad y plenamente manifestada en la era mesiánica. En el horizonte

profetice se superponen constantemente ambas perspectivas históricas, en cuanto que la

primera es una preparación de la segunda; pero los confines de ambas quedan indeterminados.

Pero la nueva alianza se diferenciará bien de la del Sinaí, cuando Yahvé sacó a Israel de la tierra

de Egipto (v.32), ya que ésta fue quebrantada por una de las partes signatarias, los israelitas. En

2073

cambio, la nueva alianza durará para siempre, porque Yahvé imprimirá en los corazones un conocimiento

de El mismo que los atraerá y guiará en todas sus acciones conforme a los intereses

de Yahvé: yo pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón, y seré su Dios, y ellos mi

pueblo (v.33). Ambas alianzas tenían por fin vincular a Israel a su Dios, pero en la nueva etapa

las leyes no serán meras proposiciones externas e invitaciones a cumplirlas, con el anuncio de las

correspondientes sanciones o premios, como en el Sinaí43, sino que Yahvé actuará en los corazones

de los ciudadanos de la nueva teocracia para que irresistiblemente las cumplan. Es una expresión

hiperbólica para recalcar el sentido interior de la nueva legislación divina. La antigua

Ley mosaica había sido escrita en tablas de piedra44; la nueva, en los corazones. La expresión es

bellísima e irreemplazable para designar el carácter espiritual del nuevo pacto 45. Entonces Yahvé

será realmente el Dios de su pueblo (v.33).

La acción íntima de Yahvé en los corazones será tan profunda e incoercible, que no habrá

necesidad de doctores que enseñen la ley del Señor: Ño tendrán que enseñarse unos a otros

(v.34), porque Yahvé mismo, dominando los corazones, será el Doctor de cada uno. En Is 54:13

se dice lo mismo: “Todos tus hijos serán instruidos por el Señor.” La máxima docilidad presidirá

los móviles de los nuevos israelitas. Naturalmente, estas palabras de Jeremías no se oponen a la

existencia de doctores en la nueva ley, como han querido entender los anabaptistas. Aquí se quiere

resaltar el carácter íntimo e insinuante de la ley del Señor, que no dependerá en su eficacia

tanto de la audición externa, comunicada por un maestro humano, cuanto de la acción íntima de

Yahvé, que mueve los corazones. Todos lo conocerán, desde los pequeños a los grandes (v.34).

Conocer a Dios aquí no es tener un conocimiento especulativo sobre Dios y sus atributos, sino

que la frase en el A.T. implica un conocimiento afectivo, que supone la entrega de la vida a sus

preceptos 46. Pequeños y grandes aquí son probablemente la clase dirigente de la nación y los

simples ciudadanos, sobre todo los pobres e ignorantes.

Dios, en reconocimiento a esta entrega íntima de los corazones, les perdonará sus

maldades. La nueva era se abre con una amnistía general, de modo que las relaciones con Dios

serán totalmente cordiales. De nuevo Jeremías insinúa la nueva obra de remisión de los pecados,

que se cumplirá en el Ν. Τ. con la infusión desbordante de la gracia.

Permanencia de Israel (35-37).

35 Así dice Yahvé: Yo he puesto al sol para que luzca de día, las leyes a la luna y a las

estrellas para que luzcan de noche; el que conturba el mar y hace bramar sus olas

tiene por nombre Yahvé de los ejércitos. 36 Si dejaran de regir estas leyes ante mí —

oráculo de Yahvé — , también cesará la descendencia de Israel de ser ante mí una

nación por siempre, 37 Así dice Yahvé: Si pueden medirse arriba los cielos y descubrirse

por abajo los fundamentos de la tierra, entonces repudiaré yo a toda la descendencia

de Israel por lo que han hecho, oráculo de Yahvé.

Este pequeño oráculo, que tiene mucha semejanza con el Deutero-Isaías 47, puede ser bien una

intercalación posterior del redactor, aunque de inspiración jeremiana. Y puede concebirse como

culminación de los v.31-34, en el sentido de que en la nueva alianza no sólo los individuos como

tales vivirán permanentemente vinculados a Yahvé, sino que la misma sociedad teocrática subsistirá

eternamente como consecuencia de esa entrega de los corazones de aquéllos a Dios, sellada

en el nuevo pacto.

El profeta, con estilo solemne y enfático, destaca la inmutabilidad de las leyes de los astros

como modelo de la inmutabilidad de Israel. El que garantiza la permanencia de Israel es el

2074

que ha puesto al sol para que luzca de día, y leyes a la luna. para que luzca de noche (v.35), y el

que dirige la marcha de los elementos, sujetando a leyes al mismo mar, símbolo tradicional de

fuerza, indómita 48.

La frase solemne de Yahvé tiene el carácter de juramento: Si dejaran de regir estas leyes

ante mí (Creador de ellas)., cesara la descendencia de Israel de ser ante mí una nación por

siempre (ν.36). No se puede expresar de modo más vigoroso la seguridad de la permanencia de

Israel como nación. La misma idea se recalca en el símil del v.26: como no pueden medirse los

cielos ni descubrirse los fundamentos de la tierra (v.26), así tampoco podrá Yahvé “repudiar” a

su pueblo.

Reconstrucción y grandeza futura de Jerusalén (38.-40)

38 He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que será edificada para Yahvé

la ciudad desde la torre de Jananeel hasta la puerta del Ángulo, 39 y saldrá derecho

el cordel de medir hasta la colina de Gareb, y dando vuelta después hacia Goa, 40

todo el valle de los cadáveres y de la ceniza y todos los campos hasta el torrente de

Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos, hacia oriente, serán consagrados

a Yahvé, y no serán ya jamás destruidos y devastados.

En esta descripción ideal se traza el perímetro de la nueva ciudad de Jerusalén, dentro del cual

habrá lugares que antes tradicionalmente habían sido considerados como impuros por haber sido

profanados con la presencia de cadáveres y con los sacrificios de niños a Moloc. Todo el área

será puro y consagrado a Yahvé. El profeta no cita el recinto sagrado del templo, que ya supone

consagrado a Dios, sino lo que tradicionalmente era considerado como profano. Es una descripción

ideal de la capital de la teocracia mesiánica. Ezequiel se moverá en el mismo plan ideal al

describir la nueva Tierra Santa49. En la perspectiva mesiánica de Jeremías no se menciona la reconstrucción

del templo porque toda la ciudad será morada de Yahvé. El autor del Apocalipsis

trazará también el perímetro ideal de la Jerusalén celestial50. Las perspectivas son proféticas, con

una carga fuerte poética para impresionar en los lectores; por eso las descripciones no han de tomarse

literalmente 51. El profeta, ante las ruinas de la ciudad, sueña con otra ciudad reconstruida

más perfecta, aun topográficamente, que la anterior, sobre todo girando en torno a su Dios, del

que irradia toda su grandeza y esplendor.

La torre de Jananeel estaba en el ángulo noroeste de la explanada del templo, donde hoy

está enclavada la Torre Antonia 52. La puerta del Ángulo corresponde a la actual “puerta de Jafa.”

53 La colina de Gareb es desconocida como localidad, pero se supone que el profeta se refiere

a la colina llamada de Sión, donde está el Cenáculo. De ahí partía hacia el sudeste, hacia Goa,

lugar también desconocido, pero que se supone que estaba en la confluencia del Cedrón, del Tiropeón

y del er-Rababy 54. La intención del profeta parece englobar dentro de la Ciudad Santa

los lugares que eran tradicionalmente impuros, como la depresión, punto de convergencia de los

tres wadys antes citados, donde se arrojaban los cadáveres y donde había sido erigido el impuro

Tofet, o abominación idolátrica, con su secuela de sacrificios de niños inocentes: y todo el valle

de los cadáveres, hasta el torrente Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos (v.40).

La puerta de los Caballos estaba en el ángulo sudeste de la actual explanada de la mezquita de

Ornar (Haram esh-Sherif), donde se juntaba la muralla del templo con la de la ciudad 55. De este

modo queda completamente cerrado el perímetro de la ciudad, que, partiendo del noroeste de la

explanada del templo, había dado vuelta hacia el occidente por la actual puerta de Jafa, descendiendo

al punto de unión del Cedrón y el er-Rababy, para volverse hacia el este hasta empalmar

2075

con la explanada del templo de nuevo. Con este trazado, el profeta quería indicar que en la nueva

ciudad no habría zonas impuras, sino que todo sería “consagrado” a Yahvé como suyo. Es una

idealización geográfica que no ha de ser entendida a la letra. Siempre los profetas juegan con

símbolos en función de ideas. La nueva ciudad será santa totalmente, sin zonas impuras. En el

nuevo orden de cosas, hasta la topografía de la ciudad será diferente, al verse libre de lugares

tradicionalmente infamantes.

1 Así según los LXX. El TM lee en primera persona: “se me hizo ver.” — 2 Cf. Jer 2:2. En Os 11:16 se dice a propósito de Israel infiel

esposa: “te conduciré al desierto y hablaré a tu corazón,” como lugar propicio para las intimidades de esposos. — 3 La palabra

Olam, que traducimos por eterno, tiene el sentido genérico de antiguo, no precisamente eterno en el sentido de no tener principio.

— 4 Cf. Jer 14:17. — 5 Cf. Is 28:1; Am 4:1. — 6 Cf. Is 37:30. — 7 Así según los LXX. El TM lee “tu pueblo.” — 8 Seguimos la

versión griega. El TM lee “vinieron entre llantos.” — 9 Cf. Dt 7:6; 2 Sam 7:23. — 10 Cf. Jer4:27- — 11 Cf. Is 41:12; 43,iQss;

48:21; 49:10 — 14 Cf.Jer 3:19; Ex 4:22. — 15 Cf. Ex 4:22. — 16 La expresión islas lejanas es característica del Deutero-Isaías

(cf. Is 41:1; 42:10; 49:1); sin embargo, la simple semejanza de situaciones históricas pudo sugerir la frase, sin indicar con ello dependencia

estricta literaria del fragmento deutero-isaiano. — 17 Oráculo de Yahvé falta en los LXX, — 18 Lit. en hebreo “niño de

delicias.” — 19 Lit. “cada ve/ que hablo de él o contra él.” — 20 Cf. Gen 35:16; 1 Sam 10,2. San Mateo en su Evangelio ve, por

asociación de ideas, una analogía entre el llanto de Raquel, que ve partir a sus hijos al destierro, y el de las mujeres de Belén llorando

por sus hijos sacrificados, y así lo acomoda a la nueva situación (2:18). Por esta acomodación surgió la tradición de la tumba

de Raquel junto a Belén. — 21 Cf. Ez 21:17; Homero, Ilíada XV 397-8; Jenofonte, Ctrop. VII 3:6. Descenso de hhtar a los infiernos

(DuoRME, Choix de textes relig. p.337). — 22 Cf. Jer 3:22-24. — 23 Como antes apuntábamos, el texto se puede traducir:

“cada vez que hablo de él,” y en ese caso simplemente se insinuaría que, al tratar de Israel, siente conmoverse sus entrañas. — 24

San Jerónimo, In ler.: PL 24:880-881. Le siguen Tomás y San Buenaventura. ¿4* Las palabras hebreas que traducimos por hembra

y por varón parecen aludir claramente a la forma sexual de cada uno, sin que se insinúe la idea de “virginidad.” — 25 Dice así:

“Creavit Dominus salutem novam, in salute circuibit homo.” Así muchos Padres latinos. — 26 El Targum: “Yahvé crea algo nuevo

sobre la tierra, y el pueblo y casa de Israel se adherirán a la Ley.” Cf. Condamin, Le lime de Jer. (1920) p.227-228. — 27 Cf.

Condamin, O.C., p.227~228. — 28Cf.Jer 33:31. — 29 Cf. Os c.2; Is 54:6-8; Jer 2:2; 20-25; 3:8; 9:2; Ez c.ió. — 30 Cf. E. Tobac, Paulisper

explana verba ler&miae XXXI 21.22: “Vie Diocesaine” (Mali-nes 1910) 66:69; Lesprophétes d'Israel 2 (1921) 275-276.

Siguen esta opinión Condamin, o.c., 227; Ceuppens, De prophetiis Messianicis (Romae 1935) 428-433; Dennefeld, o.c., 337· Véase

también Condamin, Le texte de Jérémie 31:22.est-il messianique?: RB 6 (1897) 396-404· Para otra explicación cf. Verbum Dei

II 517. — 31 Cf. E. Nácar, Sobre la interpretación de “Femina circumdabit inrum” (Jer 31:22): EstBib I (1942) 405-436. — 32

Cf. Jer 23:5-6. — 33 Cf. Is 6:15s. — 34 Lit. en hebreo: “por eso me desperté y miré, y mi sueño fue dulce.” — 35 Mald., A Láp.,

Calm., Knab., etc. — 36 Duhm, Peake, Cornill, Nótscher. — 37 Cf. Jer 1:10; 24:6. — 38 Cf. Ez 18:2. Sobre el principio de solidaridad

cf. 2 Sam 21:1-9; 1 Sam 22:16-19; Jer 32:18; Ex 20:5; 34:7; Núm 14:18; Amy.17; Jer 11:22; 20,6; 29:32; Núm 16:32; Dt

24:16; 2 Re 14:6. Sobre el tema en general véase el libro de F. Spadafora, Collettivismo e individualismo nel Vechio Testamento

(Rovigo 1953) 121-167. — 39 Cf. Ez 18:2. — 40 Así según los LXX, con un ligero cambio. El TM: “los he dominado.” — 41 Cf.

Rom 7:75; 8:3. — 42 Esta frase nueva alianza aparece por primera vez aquí en el Antiguo Testamento, y será el nombre técnico

de la era evangélica. Nuevo Testamento, designación que da Cristo a la nueva alianza, sellada con su sangre (cf. Le 22:20; i Cor

11:25; Heb 8:8-13; 10:15-42; 2 Cor 3:6). — 43 Cf. Dt4:8; 11:32; 1 Re 9:6. — 44 Cf. Ex 31:18; Dt 4:13; 9:11; 10:4. — 45 Cf. Jer

24:7; 30,22; 32:38. — 46 Cf. Jer 9:23; 22:16; Os 4:1; 5:4; 6:6. — 47 Cf. Is 40,26; 51:6.15. — 48 Cf. Job 38:8. — 49 Cf. Ez 0.40-48. — 50

Ap 3:12; 11:8; 21:2-22:5. — 51 Cf. Ez c.40-48. Véase P. Vincent, Jérusalent Ville sainte (Jerusalén 1934). — 52 Cf. RB (1932)

p.83; cf. Neh 3:1; 12:39; Zac 14:10. — 53 Véase Vincent, o.c., p.XIIs; cf. Zac 14:10; 2 Re 14:13; 2 Crón 26:9. — 54 Cf. ID., ib.,

p.XIVs. — 55 Cf. Neh 3:28; 2 Re 11:16; 2 Crón 23:15; Neh 2:125; 3:1

32. La compra del campo por Jeremías.

Esta sección biográfica del profeta refleja la época inmediata anterior a la caída de Jerusalén en

el 586. El capítulo comprende: a) introducción histórica (1-5); b) compra del campo de Anatot

(6-16); c) oración del profeta (17-26); d) respuesta de Yahvé (27-44). La redacción actual ha sido

retocada y ampliada después de Jeremías, pero sustancialmente la perícopa es netamente jeremiana.

Jeremías, encarcelado (1-5).

1 Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yahvé el año décimo de Sedéelas,

rey de Judá, que fue el año dieciocho de Nabucodonosor. 2Entonces el ejército del

rey de Babilonia cercaba a Jerusalén, y el profeta Jeremías estaba encerrado en el

atrio de la guardia del palacio del rey de Judá, 3 pues Sedecías, el rey de Judá, le

2076

había encarcelado, diciéndole: ¿Por qué profetizas asegurando que Yahvé dice que

entregará la ciudad en manos del rey de Babilonia, que la tomará, 4 y Sedéelas, rey

de Judá, no escapará a las manos de los caldeos, sino que será entregado en manos

del rey de Babilonia y hablará con él boca a boca, y sus ojos verán sus ojos, 5 y llevará

a Sedéelas a Babilonia, y allí estará hasta que le visite — oráculo de Yahvé — , y

aunque hagáis la guerra a los caldeos, no tendréis éxito ?

La datación histórica es perfecta. El año décimo de Sededas corresponde al 588, pues Sedecías

subió al trono en el 598, sucediendo a su sobrino Jeconías, llevado en cautividad. El asedio de

Jerusalén comenzó en el año noveno de Sedecías α. es decir, en el 589-588, y fue levantado temporalmente

para hacer frente al ejército egipcio, que venía en auxilio de Jerusalén. Quizá en este

lapso de tiempo tuvo lugar el hecho que se cuenta aquí, ya que Jeremías recibe a uno de sus parientes

de Anatot, lo que en un riguroso asedio no hubiera sido posible. El año dieciocho de Nabucodonosor

coincide con lo que se dice en 25:1 2. En esas circunstancias de cerco de la Ciudad

Santa, Jeremías estaba encerrado en el atrio de la guardia del palacio del rey (v.2). Parece que

era la parte del atrio real reservada para cárcel de personas que no se querían enviar a la prisión

común 3. Era una libertad vigilada, como la “custodia libera” de los romanos 4, y así eso se concibe

el episodio en cuestión, ya que se le permitía hacer contratos y recibir visitas de parientes.

Se le custodiaba porque se le consideraba peligroso como derrotista al anunciar el triunfo de los

babilonios asediantes (v.3-4). En el c.37 se especifican más estas acusaciones5. La frase hasta

que la visite (v.5), que en el contexto parece tener un sentido favorable de liberación, no está en

los LXX, y es quizá una glosa posterior. No sabemos que Sedecías haya sido liberado del cautiverio,

sino que más bien en 52:11 se dice que murió en la cautividad. Quizá algún redactor posterior

confundió a Sedecías con Jeconías6. En todo caso, Jeremías había anunciado reiteradamente

el desastre de Judá, en el que perecería también la casa real.

La compra simbólica del campo de Anatot (6-15).

6 Y afirmó Jeremías: Se me ha dirigido la palabra de Yahvé, diciendo: 7 He aquí que

Janameel, hijo de Sellum, tu tío, vendrá a decirte: Cómprame el campo que tengo en

Anatot, pues a ti te corresponde adquirirlo por razón de rescate. 8 Vino, pues, a mí

Janameel, el hijo de mi tío, según lo que me había dicho Yahvé, al atrio de la guardia,

y me dijo: Cómprame el campo de Anatot, en tierra de Benjamín, pues te corresponde

su posesión por razón de rescate. Entendí, pues, que era palabra de Yahvé,

9 y compré el campo a Janameel, mi primo de Anatot, pagándole diecisiete siclos

de plata. 10 Hice el contrato por escrito, lo sellé, tomé testigos y pesé la plata en la

balanza, 11 y recibí el contrato de venta sellado y el acta de las estipulaciones abierta,

12 y se lo entregaré todo a Baruc, hijo de Nerías, hijo de Masías, en presencia de Janameel,

mi primo, y de los testigos que habían firmado el contrato y de todos los judíos

que se hallaban en el atrio de la guardia. 13 Y delante de todos di a Baruc esta

orden: 14Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Toma esos documentos, ese

contrato de venta, el sellado y el abierto, y mételos en un recipiente de barro cocido

para que puedan conservarse largo tiempo. 15Porque así dice Yahvé de los ejércitos,

Dios de Israel: Todavía se comprarán en esta tierra campos y viñas.

El relato tiene un valor simbólico, como las acciones del ceñidor escondido en el río y la vasija

de barro rota en la casa del alfarero. Aunque parece que el contenido de la narración tiene un ca2077

rácter personal — un negocio particular con un pariente suyo — , sin embargo, Dios le advierte

de antemano que el contrato que va a realizar tiene un alcance profético.

Jeremías era de familia sacerdotal. Según la Ley, los pertenecientes a la tribu de Leví no

podían tener terrenos propios 7, sino que debían vivir de los sacrificios y ofrendas que se hacían

en el templo. Sin embargo, hay otras leyes según las cuales se les permitía tener algo de campo

en torno a las ciudades que les eran concedidas para que pudieran mantener sus ganados 8. En

todo caso, en la práctica parece que la ley primitiva se cumplía con cierta laxitud, y de hecho tenían

bienes propios, regulados conforme al derecho consuetudinario 9. El caso que se plantea

aquí tiene otro paralelo en el libro de Rut10. Para que los bienes, en lo posible, no salieran del

ámbito de la familia que los había heredado tradicionalmente, estaba estipulado que, cuando alguno

quería vender un campo, debía ofrecerlo, antes que a nadie, a su pariente más próximo n. El

que lo adquiría era llamado rescatador, o goel en hebreo. Por eso, el primo dice a Jeremías: te

corresponde su posesión por razón de rescate (v.8). Como Yahvé le había anunciado de antemano

que su primo le había de visitar con este fin, vio en ello la voluntad expresa de Dios: entendí

que era palabra de Yahvé (v.8), a pesar de que no se dice que Dios le hubiera ordenado expresamente

hacer la transacción.

El precio de diecisiete sidos de plata (v.8) es realmente exiguo (unas 50 pesetas oro). No

sabemos el valor adquisitivo del dinero entonces; tampoco sabemos la extención del campo; pero,

puesto que la compra se realizaba entre parientes, quedaba siempre el derecho del vendedor

de rescatar el campo por la misma cantidad 12. Las mismas condiciones de inseguridad social por

la guerra (Anatot estaba en la zona de guerra, pues está a unos kilómetros al nordeste de Jerusalén)

harían que el valor de los inmuebles fuera mínimo. En todo caso, para el fin simbólico que

tenía la compra en la mente del profeta, no interesa la cantidad, que no es inverosímil históricamente

por lo antes dicho. Jeremías tiene interés en que el contrato se haga según todas las formalidades

públicas, sellándolo ante testigos como signo de autenticidad. Además quería dar la

máxima publicidad para poder después declarar públicamente su sentido profético para la posteridad.

Era corriente hacer un duplicado del contrato 13.

Probablemente Jeremías lo escribió sobre papiro, al modo egipcio, no en tabletas de arcilla,

al modo babilónico. Según la costumbre egipcia, se escribía el texto dos veces en el mismo

papiro, una por dentro, y se enrollaba, sellándolo para que no pudiera ser abierto, y otra a continuación,

pero de modo que al enrollarse el papiro quedara para afuera el texto, siendo posible

leerlo sin dificultad 14. Ambas partes de papiro estaban unidas y no podían separarse. En el caso

de Jeremías, una copia quedaba sellada y otra abierta, sin especificar si ambas estaban unidas.

Después lo dio a Baruc, que aparece aquí por primera vez como fidelísimo secretario que le

habría de acompañar en su exilio involuntario a Egipto 15. El profeta había sellado el contrato

delante de todos los judíos que se hallaban en el atrio de guardia (v.12), probablemente el público

que acudía junto a Jeremías con la esperanza de oír sus oráculos. El profeta da a Baruc el documento

para que lo guarde en un recipiente de barro cocido (v.14), como era usual en Egipto y

Babilonia 16. Los últimos descubrimientos de Ain Fesja y de Qumrán, en el desierto de Judá,

confirman este uso en Palestina 17.

El deseo de conservar los documentos era con vistas al futuro: para que puedan conservarse

largo tiempo (v.14). No le interesaba el presente, pues sabía que la catástrofe era inevitable,

sino con vistas a un futuro más lejano, pero cierto. El quiere dar con ello una lección de esperanza

a sus compatriotas desmoralizados: Todavía se comprarán en esta tierra campos y viñas

(v.15). Las predicciones sombrías de Jeremías podían sembrar la desesperación en el auditorio,

creyendo que, con la destrucción de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor, el pueblo israeli2078

ta estaba definitivamente borrado de la faz de la tierra. Por eso quiere que piensen en un futuro

de restauración, de paz y de prosperidad en que volverán a hacerse transacciones.

Oración del profeta (16-25).

16 Después de haber entregado el contrato de venta a Baruc, hijo de Nerías, dirigí a Yahvé

esta oración: 17 ¡Ah Señor, Yahvé ! Tú has hecho los cielos y la tierra con tu gran poder y tu

brazo extendido. ¡Nada es difícil a ti! 18 Tú eres el que haces gracia a millares y quien retribuye

la culpa de los padres sobre el seno de los hijos después de ellos, el Dios grande, el

fuerte, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos, 19 grande en el consejo, poderoso en la obra,

cuyos ojos están abiertos para ver los caminos de los hijos de los hombres y dar a cada uno

según su camino y según el fruto de sus obras; 20 el que hizo maravillas y portentos en la

tierra de Egipto hasta el día de hoy en Israel y en los (otros) hombres, y te has hecho un

nombre, como lo es en el día de hoy, 21 y sacaste a Israel, tu pueblo, de la tierra de Egipto,

en medio de maravillas y portentos, con mano fuerte y brazo tendido y en medio de gran

pavor, 22 y les diste esta tierra que prometiste dar a sus padres, tierra que mana leche y

miel, 23 y, entrados en ella, la poseyeron, pero ellos escucharon tu voz ni anduvieron en tu

ley, y no hicieron lo que mandaste hacer, y has llamado contra ellos esta desventura. 24 He

aquí que ya tocan a la ciudad los terraplenes para tomarla, y la ciudad será presa de los

caldeos, que la combaten con la espada, el hambre y la peste, y como tú anunciaste, así ha

sucedido, bien lo ves tú. 25 Y ahora, cuando la ciudad va a caer en manos de los caldeos, me

dices, ¡oh Yahvé!: “Compra el campo y toma testigos.”

Esta oración, que en parte es un mosaico de frases hechas salmódicas, sin duda que ha sido muy

retocada, y sólo sustancialmente podrá atribuirse a Jeremías. Se destaca la providencia de Yahvé

sobre su pueblo con las clásicas alusiones a la milagrosa salida de Egipto. Parecen ser de Jeremías

los v.24-25, al menos se adaptan bien al contexto. Jeremías no comprende por qué se le manda

comprar un terreno, cuando ya tocan a la ciudad los terraplenes para tomarla (v.24). Es una

dramatización de sus deseos para que Yahvé mismo explique el alcance simbólico del extemporáneo

contrato.

Respuesta de Yahvé: la destrucción de Jerasalén (26-35).

26 Y fue palabra de Yahvé a Jeremías, diciendo: 27 Mira, yo soy Yahvé, Dios de toda

carne. ¿Hay algo difícil para mí? 28 Por eso así dice Yahvé: He aquí que entregaré

esta ciudad en manos de los caldeos y en manos de Nabucodoiiosor, rey de Babilonia,

que la tomará, 29 y vendrán los caldeos, que atacan esta ciudad, y la pegarán

fuego y la quemarán; quemarán las casas en cuyos terrados quemaban incienso a

Baal y ofrecían libaciones a los dioses extraños para irritarme, 30 pues lo mismo los

hijos de Israel que los hijos de Judá no hacen más que el mal a mis ojos desde su juventud,

pues los hijos de Israel no hacen más que irritarme con las obras de sus manos,

oráculo de Yahvé. 31 Objeto de ira y de furor ha sido siempre para mí esta ciudad

desde el día en que fue edificada hasta hoy para que la haga desaparecer delante

de mí, 32 por el mal que los hijos de Israel y los hijos de Judá han hecho para irritarme,

ellos, sus reyes y sus príncipes, sus sacerdotes, sus profetas, las gentes de Judá

y los habitantes de Jerusalén. 33 Me han vuelto la espalda en vez de darme la cara;

yo los he amonestado desde muy temprano y sin cesar, pero ellos no han querido

oír ni recibir la corrección. 34 Han puesto sus abominaciones hasta en la casa en que

2079

se invoca mi nombre, profanándola. 35 Han edificado los lugares altos de Baal que se

hallan en el valle de Ben-Hinnom, para pasar (por el fuego) a sus hijos y a sus hijas

en honor de Moloc, cosa que yo nunca les maridé ni nunca me propuse. ¡Cometer

abominaciones semejantes y hacerse Judá reo de tal crimen!

Esta respuesta de Yahvé, tal como está en el texto, resulta redundante y construida a base de lugares

comunes de la literatura profética, particularmente del mismo Jeremías: Dios entrega a Jerusalén

a la ruina por sus pecados, particularmente el de la idolatría (v.29). Se enumeran los terrados

de las casas en los que se quemaba incienso a Baal (v.29), los lugares altos (v.35), las

abominaciones en el valle de Ben-Hinnom (v.35), donde se sacrificaban los niños a Moloc, etc. 18

El castigo, pues, de Yahvé es inexorable; los ejércitos de Nabucodonosor entrarán e incendiarán

la ciudad.

Nueva alianza con los repatriados (36-44).

36 Por eso dice ahora Yahvé, Dios de Israel, de esta ciudad de la que vosotros decís:

Ha sido entregada en manos del rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por

la peste. 37 He aquí que los reuniré de todos los países en que los dispersé en mi cólera,

en mi indignación y en mi furor, y los haré volver a este lugar para que en él

habiten seguros. 38 Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. 39 Yo les daré un solo corazón,

un solo camino, para que siempre me teman y siempre les vaya bien, a ellos y

a sus hijos después de ellos. 40 Y haré con ellos una alianza eterna de no dejar de

hacerles bien, y pondré mi temor en su corazón para que no se aparten de mí, 41 y

me gozaré en ellos al hacerles bien, y los plantaré firmemente en esta tierra con todo

mi corazón y toda mi alma. 42 Porque así dice Yahvé: Como he traído sobre este

pueblo todos estos grandes males, así traeré sobre ellos todo este bien que digo de

ellos, 43 y habrá todavía poseedores de esta tierra, que vosotros decís desierta, por

rio quedar en ella hombre ni bestia y haber sido entregada en manos de los caldeos.

44 Se comprarán campos, dando por ellos el precio en plata; se harán contratos escritos,

se sellarán y se aducirán testigos en tierra de Benjamín, en las ciudades de

Judá, en las de la montaña, y en las del llano, y en las del mediodía, porque yo haré

volver a sus desterrados, oráculo de Yahvé.

Como siempre, la contrapartida del anuncio del castigo sobre Israel es el vaticinio de la futura

resurrección del mismo como colectividad nacional. Dios ha empeñado su palabra desde antiguo

en favor de este pueblo privilegiado, y se siente vinculado de un modo especial a él. Yahvé los

ha dispersado en su furor y los reunirá en su misericordia 19, para ser su pueblo y El su Dios 20.

Para ello, Yahvé mismo les inducirá por los caminos de su ley, dándoles un corazón nuevo y un

solo camino, de modo que vivan en su santo temor. Sus disposiciones internas cambiarán totalmente

21. Y en el orden material se reconstruirá la vida nacional en la tierra santa: habrá poseedores

en esta tierra (v.43). La alianza que hará con Israel Yahvé será eterna, ya que no habrá de

nuevo ruptura, pues los israelitas obedecerán siempre con docilidad al Señor 22. La expresión es

enfática e hiperbólica, basada en la idealización de los tiempos mesiánicos, cuya preparación se

iniciará con la repatriación de los exilados de la Diáspora: los plantaré firmemente en esta tierra

(v.41). Estas palabras responden a las ansiedades del profeta, ya que la tierra después de la catástrofe

no quedará perennemente desierta (v.43), sino que de nuevo habrá poseedores en ella, de

modo que se reanudarán los contratos comerciales (v.44). El vaticinio tiene por fin, pues, suscitar

2080

esperanzas en el auditorio del profeta, que pudiera creer irremediable la catástrofe de su pueblo:

Yo haré volver a los desterrados (v.44).

1 Cf. Jer 30:1. — 2 Según el cómputo de 52:29, sería el año diecisiete de Nabucodonosor. — 3 Cf. Neh 3:25. — 4 Cf. Act 28,ios. — 5

Cf. Jer 21:7; 34:2-3; 37:8; 38:18.22-23. — 6 Cf. Jer 52:31-34- — 7 Cf. Núm 18:20-23; Dt 18,iss. — 8 Cf. Núm 35:2-8. — 9 Cf.

Lev 25:32-34. — 10 Cf. Rut 4:3-10. — 11 Cf. otras compras de terreno, Gen 23:16; 2 Sam 24:24. — 12 Cf. Lev 25:263. — 13

Según la costumbre babilónica, se escribía el contrato en una tableta de arcilla, se la sellaba con el sello de las dos parte contratantes,

y después se la recubría de otra capa de arcilla, en la que se reproducía de nuevo el texto con los sellos para que se conociese

el contenido sin romperlo. En caso de disputa se descubría la primera tableta (Meissner, Bab. und Ass. II p.342 fig.48). — 14 Véase

Gressmann, AH. Or. Text. und B. fig.92 y explicación en ρ.61. — 15 Cf. Jer 36:4-5; 41:1is. — 16 Meissner, o.c., 44-45; Ermann

Rankee, Aegypten p.127. — 17 Cf. RB (1949) p.204.234-586; (1953) p.82.245- Cf. “Verbum Dei,” II 8673. — 18 Cf. Jer

19:13; 3:6-10; 22:21; 25:6; 11:17; 2:27; 7:13; 7:30-31. — 19 Cf. Jer 23:3; 29:14; 31:8; Dt 30:3. — 20 Cf. Jer 24:7; 30,22; 31:1-

33; Ez 36:28; Zac 8:8. — 21 Cf. Ez 11:19; 36:26. — 22 Cf. Jer 31:31; Ez 37:26; Is 55:3; Ez 16:60.

33. Promesas de Restauración.

El contenido de este capítulo parece ser una continuación del oráculo anterior, ya que gira en

torno a la restauración maravillosa de Jerusalén desolada. La revelación tuvo lugar en el atrio de

la guardia, como la anterior. El capítulo se divide en dos partes netas: a) restauración de Judá (1-

13); b) porvenir de la dinastía davídica y del sacerdocio levítico (14-26). Esta segunda parte falta

en el texto griego, y es muy similar a 31:34-40. Parece, pues, una aplicación a Jerusalén, por un

redactor posterior, de lo que en 23:6 se había vaticinado de Israel en general.

Reconstrucción material y moral de la ciudad (1-9).

1 Fue dirigida la palabra de Yahvé a Jeremías por segunda vez mientras estaba preso

en el atrio de la guardia, diciéndole: 2 Así dice Yahvé, el que ha hecho la tierra y

la ha formado y afirmado; Yahvé es su nombre. 3 Llámame y yo te responderé, y te

comunicaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces, 4 pues así dice Yahvé, Dios de

Israel, de las casas de esta ciudad y de los palacios de los reyes de Judá, destruidos

para servir de baluartes para resistir a los caldeos, 5 llenándose con los cadáveres de

los hombres que yo herí en mi furor y en mi indignación, ocultando mi rostro a esta

ciudad por todas sus maldades. 6 He aquí que yo les restituiré la salud, los sanaré y

les descubriré abundancia de paz y de verdad; 7 yo haré volver a los cautivos de Judá

y a los de Israel y los reconstruiré como al principio, y los limpiaré de todas las

iniquidades que contra mí cometieron, 8 y les perdonaré todas las culpas y todas sus

rebeliones contra mí, 9 y será para mi renombre, alegría, alabanza y magnificencia

entre todos los pueblos de la tierra, que oirán todo el bien que yo les haré y temblarán

y se turbarán de tanto bien y de tanta paz como yo les daré.

Parece que este vaticinio tuvo lugar, como el anterior, cuando el asedio de Jerusalén era intenso y

se preveía el fatal desenlace. La redacción debe de ser de Baruc, secretario del profeta; por eso

en el v.1 habla cíe éste en tercera persona: Jeremías estaba preso en el atrio de la guardia. La

frase por segunda vez supone la revelación de 32:16ss. El ambiente histórico es el mismo. El

oráculo ahora recibido se asienta en la veracidad de Yahvé, que ha hecho la tierra, la ha formado

y afirmado (v.2). Es la fórmula tradicional para recalcar enfáticamente la certeza de lo que se

anuncia *. Lo mismo se ha de decir de la expresión Yahvé es su nombre 2. El te-tragrammaton

del Dios libertador del Sinaí era la garantía de su poder para cumplir nuevas maravillas. También

ahora quiere comunicar cosas grandes y ocultas (v.3), e.d., el vaticinio que sigue en torno a la

2081

restauración de Judá. Yahvé mismo está ansioso de comunicarlas para confortarle a él y a sus

oyentes; por eso le invita a que le pregunte sobre las mismas 3. Dios quiere contraponer la situación

trágica y desesperada actual y el futuro esplendoroso que espera a la ciudad derruida. Ahora

las casas y los palacios están destruidos, y con sus ruinas sirven de baluartes para rechazar a los

caldeos, y todo esto por especial permisión divina: llenándose de cadáveres de hombres que yo

herí en mi indignación (v.5). Los invasores caldeos no son sino instrumentos de su justicia vengadora

y purificadera, Yahvé se ha desentendido temporalmente de Jerusalén, ocultando su rostro

por sus maldades (v.5)4. Pero estas ruinas no son definitivas, ya que después llegará la hora

de la reconstrucción (v.6). El castigo hará que se purifiquen y hagan penitencia, con lo que Yahvé

les perdonará todas sus transgresiones (v.8), quedando limpios para constituir una nueva teocracia,

que será causa de renombre, alabanza (para Yahvé) entre todos los pueblos de la tierra

(V.9). Como el castigo infligido a Judá había sido objeto de burla y consternación entre los paganos5,

así su restauración la hará objeto de bendición y admiración de los mismos6.

Restauración de la vida ciudadana y pastoril (10-13).

10 Así dice Yahvé: Todavía en estos lugares de que vosotros decís: Son un desierto

sin hombres y sin bestias; en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, sin

habitantes, sin bestias, 11 se oirán voces de júbilo y voces de alegría, los cantos del

esposo y los cantos de la esposa, voces que cantarán: “Alabad a Yahvé de los ejércitos,

porque es bueno, porque es eterna su misericordia,” y de los que llevan al templo

sus oblaciones, porque yo haré volver a los desterrados de esta tierra como estaban

antes, oráculo de Yahvé. 12 Así dice Yahvé de los ejércitos: Todavía habrá en estos

lugares desiertos, sin hombres ni bestias, y en todas sus ciudades, majadas, donde

los pastores apriscarán a sus rebaños; 13 en las ciudades de la montaña, en las del

llano y en las del mediodía, en la tierra de Benjamín y en torno a Jerusalén, y en las

ciudades de Jerusalén, todavía pasará el ganado bajo la mano del que lo cuenta,

oráculo de Yahvé.

Continúa el pensamiento de restauración de la sección anterior, concretando particularidades de

la restauración. Con la venida de los desterrados renacerá la vida y alegría en los lugares que

ahora son desiertos, sin hombres ni bestias. (v.10). Se reanudará el culto sincero en el templo

(v.11) y se oirán los alegres cantos nupciales (v.11). El grito de alabanza del v.11 es una fórmula

litúrgica corriente en los Salmos 7.

Además surgirá de nuevo la vida pastoril (v. 12-13), abundando por doquier el ganado,

que pasará bajo la mano del que lo cuenta; alusión a la costumbre del pastor, que diariamente

cuenta sus ovejas para ver si falta alguna 8.

Reino eterno y perpetuo sacerdocio (14-26).

14 He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo cumpliré la buena palabra

que yo he pronunciado sobre la casa de Israel y sobre la casa de Judá. 15 En

esos días y en ese tiempo, yo suscitaré a David un renuevo de justicia que hará derecho

y justicia sobre la tierra. 16 En esos días será salvado Judá, y Jerusalén habitará

confiadamente, y se llamará “Yahvé, justicia nuestra.” 17 Porque así dice Yahvé: No

faltará a David un varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel. 18 Y a los

sacerdotes levitas no les faltará tampoco varón a mi servicio que ofrezca holocausto

y queme la ofrenda y sacrifique todos los días. 19 Y recibió Jeremías palabra de

2082

Yahvé, diciendo: 20 Así dice Yahvé: Si rompéis mi pacto con el día y mi pacto con la

noche, para que no sea día y noche a su debido tiempo, 21 entonces se romperá mi

pacto con David, mi siervo, para que no tenga hijo que reine sobre su trono, y mi

pacto con los levitas sacerdotes, mis ministros. 22 Como no pueden contarse las milicias

celestes ni las arenas del mar, así multiplicaré yo la descendencia de David, mi

siervo, y a los levitas, mis ministros. 23 Y recibió Jeremías palabra de Yahvé, diciendo:

24 ¿No ves lo que dicen estas gentes?: “Las dos familias que eligió Yahvé, las dos

las ha repudiado,” y desprecian a mi pueblo por no ser ya a sus ojos una nación. 25

Así dice Yahvé: Si no he hecho yo pacto con el día y con la noche, ni he dado leyes a

los cielos y a la tierra, 26 entonces repudiaré yo a la descendencia de Jacob y de David,

mi siervo, prohibiendo tomar de su progenie jefes para la raza de Abraham, de

Isaac, de Jacob, pues yo haré volver a mis cautivos, tendré piedad de ellos.

Esta sección tiene el aire de una compilación de textos en torno a dos ideas fundamentales: la

reconstrucción y permanencia de la dinastía davídica y del sacerdocio levítico. Parece que un

redactor posterior al exilio recogió de la tradición hebrea, y sobre todo del mismo Jeremías,

fragmentos en los que se hablaba de la resurrección de las dos instituciones fundamentales de la

teocracia israelita. Después del destierro, los israelitas no tuvieron rey hasta la época asmonea, y

el mismo sacerdocio levítico no parecía tener el ascendiente e importancia que había tenido antes

del destierro. Los fieles yahvistas estaban inquietos y ansiosos porque no llegaba la hora de la

plena restauración de las instituciones fundamentales de su pueblo. El redactor recoge fragmentos

proféticos diversos para probar que la promesa de Yahvé sobre la perennidad de la dinastía

davídica y sobre la permanencia del sacerdocio levítico estaba en pie y que había de

cumplirse algún día. Por eso, esta profecía parece insertada en el llamado “libro de consolación”

de Jeremías 9.

En efecto, Yahvé hará surgir de la dinastía davídica un retoño que obrará en todo conforme

a su justicia, haciendo prosperar a su reino, de forma que podrá llevar bien el nombre simbólico

de Yahvé, nuestra justicia (v.16), porque en todas las manifestaciones de la vida social de

la nueva teocracia prevalecerá el sentido de equidad, basada en los derechos de Yahvé. La buena

palabra (v.14) o venturosa promesa es la misma de 29:10, relativa a la restauración mesiánica, y

se refiere a toda la descendencia de Jacob: la casa de Israel y la casa de Judá (v.14), como en

23:6. Pero después la profecía se orienta de modo particular a la suerte de Judá y Jerusalén, trasladando

la promesa de 23:6 al reino del sur, como primer plano. La expresión en esos días suscitaré.

(v.15) es típica para designar los tiempos mesiánicos, anhelados de todos, y por eso son los

días por excelencia, sin más determinación. La expresión es, pues, solemne y enfática en boca de

los profetas, que quieren llamar la atención sobre la gran realidad de los tiempos objeto de todas

las esperanzas.

El renuevo de justicia es paralelo al renuevo justo de 23:5, del que parece ser una simple

variante. El sentido es el mismo. La mente del profeta se proyecta directamente sobre un personaje

ideal de la dinastía davídica, al que llama renuevo, dependiendo literariamente quizá de Is

11:1, donde se habla del “renuevo de la casa de Jesé,” la casa de David. Se le llama de justicia

porque implantará un reinado de equidad: hará derecho y justicia en la tierra (v.15). De ahí que

se le podrá dar el nombre simbólico de Yahvé, nuestra justicia (v.16). Como en Is 7:14, Emmanuel

es el nombre del Mesías, en cuanto que simboliza la protección de Yahvé sobre su pueblo,

aquí es llamado Sidquenu (“Yahvé es nuestra justicia”), en cuanto que inaugurará un reinado de

plena justicia 10.

2083

A continuación se anuncia la permanencia de la dinastía davídica como garantía de que

aparecerá un día el renuevo de justicia . Y asociada a esta profecía está la relativa a la permanencia

de la casta sacerdotal12. La dinastía davídica cesó de reinar sobre Judá en el 586, cuendo fue

tomada Jerusalén por los caldeos. Su último rey, Sedecías, fue llevado en cautividad a Babilonia.

Después del exilio, el jefe de los primeros repatriados fue Zorobabel, de la familia davídica; pero

no tuvo nunca el título de rey, sino que era como un gobernador dependiente de la satrapía persa.

El sacerdocio levítico, en cambio, tuvo gran auge después de la cautividad, precisamente porque

no había rey que les hiciera contrapeso. Bajo los Macabeos y Asmoneos (s.II a.C.) se unieron los

dos poderes. La dinastía davídica, como institución de gobierno temporal, de hecho desapareció

de la historia hebrea, y el sacerdocio levítico se extinguió con la destrucción de Jerusalén por Tito

en el año 70 d. G. ¿Cómo se cumplió, pues, la profecía de la permanencia de la dinastía davídica

y del sacerdocio levítico ? De nuevo aquí tenemos que hablar del empalme del Israel histórico

con el “Israel de Dios.” La grandeza de la dinastía davídica se salvó, y se sublimó en la persona

de su máximo representante, el Mesías-Jesucristo. Descendiente de la casa de David 13, inauguró

un nuevo reino, del que la historia de Israel había sido una preparación. Cristo es realmente

rey, pero en un plano muy superior, no soñado por el mismo Jeremías. Su reino es realmente

de justicia, y por eso con todo derecho puede llamarse Jesús-Mesías: Yahvé es nuestra justicia

(Sidquenu), como también Emmanuel (“Dios con nosotros”), nombres todos descriptivos y

aproximativos de su excelsa misión. Como siempre, los profetas intuyen horizontes altísimos para

su tiempo, pero muy inferiores a la realidad del Ν. T. Nunca los profetas pudieron comprender

la grandeza espiritual de la futura Iglesia fundada por Cristo, aun en su primer estadio de militante.

La cuestión de la continuidad del sacerdocio levítico habrá que resolverla también en un

plan análogo. El sacerdocio del A.T. fue sustituido y sublimado por el instituido por Cristo. Pero

lo mismo que los sacrificios cruentos del A.T. en el templo de Jerusalén eran tipo y preparación

del gran sacrificio eucarístico de la cruz, así también el sacerdocio del A.T. fue la preparación

del sacerdocio del Ν. Τ. Malaquías habla de otro sacrificio universal que sustituirá al de Jerusalén

14. Aquí el profeta también parece tener intuición sobrenatural sobre una etapa más grandiosa

del sacerdocio, de la que el levítico es una sombra y preparación. Esta perennidad de la realeza

davídica y del sacerdocio levítico es proclamada enfáticamente a continuación. Como existe una

ley o pacto constante que dirige el curso del día y de la noche y los movimientos de las milicias

celestes o estrellas, así existe un pacto de parte de Yahvé que asegura la permanencia de la dinastía

davídica y del sacerdocio levítico (v.21 -22). Así sale al paso del escepticismo de sus contemporáneos

respecto del destino de su pueblo. La catástrofe les había hecho pensar que Yahvé se

había arrepentido de la elección de Israel y de Judá y que los había desechado definitivamente:

Las dos familias que eligió Yahvé las ha repudiado (v.24). En la mente de todos estaba el recuerdo

de la catástrofe de Samaría, rendida a las tropas asirías de Sargón II en el 721 a.C., y la

deportación en masa de sus habitantes, los cuales, después de más de un siglo, no tenían esperanza

de retornar a su hogar patrio. Esta misma suerte espera a Jerusalén y Judá, a las que desprecian

por no ser ya nación (v.24). Creen los contemporáneos de Jeremías que el pueblo judío,

como colectividad nacional política, ha desaparecido para siempre. Pero Yahvé niega que los

haya repudiado definitivamente, y lo afirma con carácter de juramento. Tan seguro está de ello

como que ha hecho pacto con el día y la noche (v.25). Y cita a los grandes antepasados: Abraham,

Isaac y Jacob, para recordarles las promesas grandiosas a ellos hechas 15. Yahvé se ha empeñado

por ellas a mantener la estirpe de Jacob; por eso, después de la catástrofe purificadera,

hará volver a los cautivos (v.26), teniendo piedad de ellos. Es una nueva promesa de consola2084

ción.

1 Cf. Jer 41:20; 45:11; 46:11; Is 45:21; 46:10. — 2 Cf. Jer 31:35. Es corriente la expresión en el Deutero-Isaías: Is 42:8; 47:4; 48:2;

51:15. — 3 Cf. Job 38:3; 40,2; 42:4. El estilo de estos dos versos parece deutero-isaiano. — 4 Cf. Is 54:8; 57:17, 64:7; Ez

39:23.24.29. — 5 Cf. Jer 24:9; 25:9; 29:18. — 6 Cf. Is 45:14; 60,6.11. — 7 Cf. Sal 106:1; 118:1; 136:133. — 8 Lev 27:32; Ez

20:37; Jn 10:11. Virgilio, Eglog. 3: alter et haedos.” “isque die numerant ambo, pecus, — 9 Niegan la autenticidad jeremiana del

fragmento, entre otros, Notscher, Das Busch Jeremías (Bonn 1934) p.248; Vittonato, 11 íibro di Geremia (Torino 1955) p.418. La

sostienen Gondamin, Le livre de Jérémie XXX 251; Dennefeld: DTG 10 (1929) 1452, Ceup-Pens, De prophetiis Messianicis 428.

— 10 Nótscher, Gelin y otros entienden justicia en el sentido de “legítimo” jurídicamente, como en Zac 9:9; lit. Sidquenu se aplica

a Jerusalén, pero es una clara trasposición de 23:6. — 11 Cf. 1 Re 2:4; 8:25; 9:5; 2 Sam 7:12; 2 Grón 6:16; 7:18. — 12 La expresión

sacerdotes levíticos no se encuentra en Jeremías más que aquí. Muchos autores creen que esta preocupación por la suerte

de la casta sacerdotal es ajena a la mente de Jeremías. Pero era sacerdote, y es normal que pensara en el destino de los de su clase.

— 13 Cf. Mt 1:6. — 14 Mal 1:11. — 15 Cf. Gen 15; Ex 3:15; Lev 26:42; Sal 89:208; 2 Sam 7:12.16.

34. El Destino del Rey Sedecías. Deslealtad de los Amos.

Este capítulo es como un apéndice a la segunda parte del libro de Jeremías (c.26-35). Contiene

dos episodios que tuvieron lugar durante el asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor,

con poca diferencia de tiempo. Se puede dividir el capítulo en tres partes: a) anuncio de Jeremías

a Sedecías sobre la destrucción de Jerusalén (1-7); b) emancipación de los esclavos (8-11); c)

denuncia de Yahvé contra la esclavitud (12-22). En la narración hay retoques redaccionales posteriores,

pero no hay motivos objetivos para dudar de la autenticidad jeremiana sustancial, si bien

el relato se deba probablemente a su secretario, Baruc.

Jeremías anuncia al rey Sedecías la trágica suerte. de Jerusalén (1-7)

1 Palabra de Yahvé que recibió Jeremías mientras Nabucodonosor, rey de Babilonia,

con todo su ejército y todos los reinos de la tierra sometidos a su dominación y

todos sus pueblos, atacaba a Jerusalén y a todas sus ciudades. 2 Así dice Yahvé, Dios

de Israel: Ve a Sedecías, rey de Judá, y dile: Así dice Yahvé: He aquí que voy a entregar

esta ciudad en manos del rey de Babilonia, que le pegará fuego, 3

y tú no escaparás

de sus manos, sino que serás hecho prisionero y le serás entregado, y verás

con tus ojos al rey de Babilonia, y te hablará boca a boca, y serás llevado a Babilonia.

4 Oye, pues, ¡oh Sedecías, rey de Judá! lo que dice Yahvé: Esto es lo que te dice

a ti: No morirás a la espada, 5 morirás en paz, y como se quemaron perfumes (en los

funerales de) tus padres, los reyes que te han precedido, así se quemarán también en

los tuyos, y se te harán lamentaciones: ¡Ay señor! pues yo soy quien lo digo, oráculo

de Yahvé. 6 El profeta dijo todo esto a Sedecías, rey de Judá, en Jerusalén, 7 mientras

el ejército del rey de Babilonia estaba atacando a Jerusalén y a las otras ciudades

de Judá que no se habían rendido, a Lakis y Azeqah, pues sólo ellas habían quedado

entre las ciudades amuralladas de Judá.

Jeremías tuvo varias entrevistas con el rey Sedecías durante el asedio de Jerusalén 1. Al empezar

la guerra, el rey había enviado una embajada al profeta, con la esperanza de que interviniera favorablemente

ante Yahvé para que fuera propicio en la guerra contra el invasor babilónico; pero

la respuesta fue categórica: la guerra terminaría en desastre para la nación y la familia real, y lo

mejor era rendirse, pues así las condiciones de los vencedores serían más benignas. Pero el consejo

del profeta no fue seguido, y el país se dispuso a la resistencia. Los babilonios invadieron el

país, tomando los puntos estratégicos con miras a hacer el asedio de Jerusalén más efectivo. En

estas circunstancias, Jeremías, por instigación divina, decide ir al rey para invitarle de nuevo a

2085

rendirse, pues de lo contrario le espera un fin desastroso a él y al país.

El redactor destaca que entre las tropas invasor as, además de las babilónicas, había otras

mercenarias de todos los reinos sometidos a su dominación (v.1). En realidad, la campaña de

Nabucodonosor no iba dirigida sólo contra Judá, sino contra toda la coalición siró-feniciopalestina,

que, auxiliada por Egipto, trataba de oponerse a la dominación mesopotámica en esta

zona estratégica. La posesión de toda Palestina suponía tener el paso franco para atacar a Egipto.

Nabucodonosor había establecido su cuartel general en Ribla, sobre el Orontes (Alta Siria) 2. Las

operaciones contra Judá fueron dirigidas, como comandante general, por Nabuzardán. La expresión

tocios los reinos y todos los pueblos es hiperbólica para indicar el vasto imperio babilónico.

La profecía hecha a Sedecías de que sería prisionero de Nabucodonosor (v.5) se cumplió

literalmente, pues el infortunado rey de Judá huyó de la ciudad sitiada y fue capturado en Jericó

y llevado ante el rey de Babilonia en Ribla, donde le fueron sacados los ojos, y después de haber

visto matar a sus hijos, fue llevado encadenado a Babilonia 3. El v.4 hay que entenderlo en el

sentido de que, si el rey Sedecías escucha la palabra de Yahvé y la sigue (deponiendo la resistencia

inútil), no morirá por la espada, sino en paz, recibiendo los honores fúnebres como sus

antepasados (ν.6). La condicional si, aunque no está expresa, se puede sobrentender bien en el

texto. De lo contrario, habría que suponer que Sedecías recibió honores fúnebres en Babilonia al

morir, lo que no es concebible permitiera un rey tan despótico como Nabucodonosor, que lo

había tratado cruelísimamente. En 38:17 dice Jeremías de nuevo a Sedecías que, si se rinde, salvará

su vida.

El redactor no dice nada sobre la reacción del rey a las palabras del profeta, y se limita a

consignar la circunstancia histórica en que la entrevista tuvo lugar: el ejército babilónico estaba

preparando el cerco de Jerusalén y sometiendo las ciudades amuralladas de Judá, quedando sólo

entonces sin tomar Lakis y Azeqah (ν.7). La primera se suele identificar con Tell ed-Duweir, a

ocho kilómetros al sudoeste de Beit Gebrin 4, y la segunda parece ser el actual Tell Zacaria, al

norte de Beit Gebrin 5. En las cartas contemporáneas de Jeremías llamadas ostracas de Lakis,

encontradas en Tell ed-Duweir, aparece mencionada también Azeqah. En una de ellas, el jefe de

un destacamento, aislado por las tropas invasoras babilónicas, escribe al comandante superior de

Lakis que ve aún las señales (de fuego) que le hace, pero que no ve las de Azeqah. Parecen reflejar

la misma situación de que nos habla este c.34 de Jeremías 6.

Quebrantamiento de la ley de la servidumbre (8-11).

8Palabra de Yahvé que recibió Jeremías después de haber hecho el rey Sedecías un

convenio con todo el pueblo de Jerusalén 9de que se publicara la manumisión, dejando

cada uno libres a sus esclavos y esclavas hebreos, hombres y mujeres, a fin de

que no fuera retenido como esclavo ningún judío o judía por un hermano suyo. 10

Todos los magnates y todo el pueblo, que habían aceptado este convenio, consintieron

en libertar cada uno a sus esclavos y esclavas y no retenerlos en la esclavitud;

consintieron y los libertaron; 11pero se arrepintieron luego, y reclamaron los esclavos

y esclavas que habían liberado y los obligaron de nuevo a ser esclavos y esclavas.

Según la Ley7, los esclavos hebreos debían ser manumitidos en el año séptimo de su servidumbre,

porque Yahvé había liberadoa Israel de Egipto 8. Era una ley muy sabia para evitar la esclavitud

perpetua. Sólo podían ser perpetuamente esclavos los que así lo desearan. Pero esta ley debió

de cumplirse mal. La Biblia sólo nos cita este caso de cumplimiento en tiempos de Sedecías.

El móvil debía de ser religioso y político. De un lado querían aplacar a Dios para que los ayudara

2086

en la resistencia, y de otro querían disponer de las manos de los esclavos para la defensa, y aun

entre los amos habría interés en deshacerse de los esclavos para no cargar con su manutención en

época tan difícil como en el asedio. El convenio hecho por Sedecías con todo el pueblo de Jerusalén

(v.6) fue solemnizado con el rito del becerro sacrificado. Los que aceptaban el pacto pasaban

por entre las partes de la víctima descuartizada, colocadas paralelamente según un rito que se

remonta a la época patriarcal 9. El significado de este extraño rito parece ser el de conminar a las

partes contratantes a cumplirlo so pena de sufrir la suerte del becerro sacrificado por efecto de la

maldición divina. Los amos de Jerusalén, por todas estas razones, aceptaron la manumisión (v.7)

proclamada por el rey, y en un arranque de generosidad dejaron libres a sus esclavos y esclavas

(v.10). No se especifica si fueron sólo los que llevaban ya seis años de servidumbre y, según la

Ley, debían quedar libres, o si fueron todos los esclavos, como algo realmente excepcional. Parece

que el contexto favorece esta última interpretación. Pero en cuanto pasó el peligro y vieron

que el asedio se interrumpía al tener Senaquerib que retirar las tropas para salir al frente del ejército

egipcio, que avanzaba por el sur hacia Jerusalén en ayuda de Sedecías, se arrepintieron y

reclamaron los esclavos y esclavas que habían liberado (v.11), infringiendo así el convenio solemne

que habían hecho. Creían que con el acto anterior habían logrado alejar la ira divina y ganado

su protección y que podían en adelante volver a las antiguas costumbres. Esto fue una deslealtad,

que Jeremías, como representante de Yahvé, no podía pasar por alto, y así, en nombre de

El, protesta, anunciando el castigo terrible incluido en el rito del convenio.

Enérgica protesta de Yahvé (12-22).

12 Recibió, pues, Jeremías palabra de Yahvé, diciendo: 13 Así dice Yahvé, Dios de Israel:

Yo hice con vuestros padres un pacto al tiempo que los saqué de Egipto, de la

casa de la esclavitud, diciéndoles: 14 al fin del año séptimo, cada uno dará libertad al

hermano hebreo que se le haya vendido; te servirá durante seis años, pero luego le

liberarás; pero vuestros padres no me obedecieron, no me dieron oídos. 15 Vosotros

hoy os habéis convertido y habéis hecho bien a mis ojos, proclamando la sumisión de

vuestros hermanos, y habéis hecho ese pacto en mi presencia, en la casa en que se

invoca mi nombre; 16 luego os habéis vuelto atrás, habéis profanado mi nombre,

habéis vuelto a retraer cada uno a sus siervos y siervas que habíais liberado, reduciéndolos

de nuevo a la servidumbre y haciéndolos vuestros esclavos y esclavas. 17

Por eso, así dice Yahvé: Vosotros no me habéis escuchado, proclamando cada uno la

manumisión de su hermano y de su prójimo; he aquí que yo os proclamo la manumisión

— oráculo de Yahvé — para la espada, para la peste y para el hambre, y

haré de vosotros objeto de terror para todos los reinos de la tierra, 18 y haré de los

que han quebrantado mi pacto y no han guardado las palabras de la alianza que ante

mí sellaron como el becerro que partieron en dos mitades, entre cuyos trozos pasaron.

19 Los grandes de Judá, los grandes de Jerusalén, los eunucos, los sacerdotes

y todo el pueblo de esta tierra pasarán por entre las partes del becerro, 20 y los entregaré

en manos de sus enemigos, en las manos de los que buscan sus vidas, y sus

cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; 21 y a Sedecías,

rey de Judá, y a sus príncipes, los entregaré en manos de sus enemigos, en manos

de los que de muerte los persiguen, en manos del rey de Babilonia, que de vosotros

se ha retirado. 22 He aquí que les daré orden — oráculo de Yahvé — y los haré volver

a esta ciudad, y la combatirán y la tomarán y la incendiarán, y haré de las ciudades

de Judá un desierto, y no habrá quien las habite.

2087

Esta requisitoria de Jeremías tuvo lugar en los primeros días de la interrupción del asedio, cuando

Sedecías mandó una nueva embajada al profeta 10 antes de que fuera encarcelado 11.

Yahvé les recuerda la alianza del Sinaí, en cuyas cláusulas estaba la manumisión de los

siervos en el año séptimo12; pero ya los antepasados faltaron sistemáticamente a esta ley (¥.13-

14). En contraposición a la conducta de los antepasados israelitas, Yahvé les presenta, en tono de

alabanza, el gesto que han tenido los contemporáneos de Jeremías de cumplir la ley de la manumisión

de los siervos, acto que firmaron solemnemente en un pacto en su presencia, en la casa

donde se invoca su nombre (v.15). Dios les reconoce el mérito de este acto de generosidad y de

justicia social, pero les recrimina al mismo tiempo la inconstancia en el cumplimiento de lo

pactado (v.16), ya que reclamaron de nuevo a sus antiguos siervos, y con ello han profanado su

nombre (v.16). Por eso, el castigo de Dios será inexorable: Yo os proclamo la manumisión para

la espada, la peste y el hambre (v.17). Como ellos no han querido liberar a sus esclavos, Yahvé

los libera, es decir, los deja sin protección ante la tríada siniestra: la espada, la peste y el hambre.

Van a ser libre presa de la guerra con sus trágicas secuelas 13.

Al pasar entre las dos mitades del becerro (v.18), implícitamente se comprometían a las

consecuencias de la alianza. El quebrantarlas era exponerse a la suerte de aquel becerro descuartizado.

Todas las clases dirigentes de Judá (los grandes de Jerusalén., los eunucos, ν.16) sufrirán

la misma suerte del becerro inmolado. La palabra eunuco tiene el sentido de cortesano en general14.

Yahvé hará gran mortandad entre ellos, dejando sus cadáveres expuestos a las aves del cielo

y a las bestias de la tierra (v.20), lo que constituía el máximo baldón para un semita 15. Y esta

suerte afectará al propio rey Sedecías, principal responsable de la deslealtad de los amos para con

sus esclavos, ya que les permitió tomarlos de nuevo (v.21).

1 Cf. Jer 21:1s; 34:1-7; 37:3s; 37:17s; 38:145. — 2 Cf. Jer 39:5. — 3 cf. 2 Re 25:6-7. — 4 Cf. Abel, Géogr. de Palestine II, ad verbum. — 5

Cf. Id., ib., ad verbum. — 6 Cf. Bi (1939) p.191; RB (1939) p.205. 7 Cf. Ex 2:2. — 8 Cf. Dt I5.12S. — 9 Cf. Gen 15:198. Este rito, cumplido

ya por Abraham, era corriente en el antiguo Oriente. Por los documentos de Nuzu sabemos que en la Alta Mesopotamia se descuartizaba un asno,

y así se decía para indicar un pacto: “cortaron el asno de la alianza.” En un contrato entre el rey asirio Assurnirari y Mattiilu de Bit-Agusi, después

de sacrificar un macho cabrío, dice el rey asirio: “Esta cabeza (del macho cabrío) no es la cabeza del macho cabrío, sino la de Mattiilu. Si falta a su

juramento, como se corta esta cabeza del macho cabrío, se cortará la de Mattiilu” (Alt. Orient. Text. p.33o). Entre los griegos y romanos había un rito

similar. Cf. Ilíada III 298; TIT. Liv., I 24. De este uso surgió la expresión hebrea Karat berit (“cortó la alianza”) para decir que se hizo un pacto. Es

una expresión similar y paralela a la griega όρκια τεμνεΐν. Cf. Vittonato, o.c., 425. — 10 Cf. 37:3-5. — 11 Cf.37:11. 12 Cf. Ex 13:3-14; 20,2;

Dt 5:6. — 13 Cf. Jer 21:9; 29:17; 24:9; 29:18 — 14 Cf. Jer 29:2. — 15 La frase “en manos de los que buscan su vida” falta en los

LXX. Parece adición erudita. Sobre la suerte de sus cadáveres cf. Jer 7:33; 16:4. El redactor trabaja con fórmulas estereotipadas

que no son necesariamente del original.

 

 

35. Fidelidad de los Recabitas y Desobediencia de los Judíos.

Este capítulo está fuera de contexto, desde el punto de vista cronológico, respecto de los capítulos

anteriores, pues éstos reflejaban hechos de la época del rey Sedecías (598-586), mientras que

el presente capítulo nos relata un hecho del tiempo del rey Joaquina (609-598). Pero también

existía en este tiempo el peligro de la invasión babilónica, ya que los ejércitos de Nabucodonosor

campeaban libremente por los territorios de Judá, en su afán de asegurarse la victoria definitiva

sobre Egipto. Jeremías vivía entonces obsesionado con la ilusión de que sus conciudadanos rectificaran

su conducta religiosa y moral para verse libres de la catástrofe que se avecinaba.

Ahora les presenta un modelo de fidelidad a Yahvé en la tribu de los recabitas, gentes de

vida sencilla semibeduina, que estaban libres de la contaminación de la vida muelle de las ciudades

sedentarias. Al invadir Nabucodonosor la campiña de Judá, se han visto obligados a encerrarse

en la Ciudad Santa al albergue de sus muros. Por 1 Crón 2:55 sabemos que los recabitas

2088

eran un clan relacionado con los cíñeos, emparentados con los madianitas 1. No eran, pues,

hebreos propiamente, sino que se habían asimilado a éstos, abrazando su religión y estableciéndose

en la Palestina meridional 2; pero sabemos que parte de ellos andaban también por la parte

septentrional de Canaán 3. Vivían en tiendas en torno a las ciudades. Eran, pues, semibeduinos, al

estilo de las tribus de ganado que merodean hoy por el desierto de Judá. Conocemos a su antepasado

Yonadab 4. Aparecen como aliados de Jehú (842-815) en la lucha contra Acab y el culto de

Baal. Su tradición yahvista estaba bien probada. Guardaban ciertas prescripciones en cuanto a su

género de vida: no construían casas, ni tenían posesiones, ni sembraban campos, ni plantaban

viñas, ni bebían vino 5. Es el género de vida practicado por los nabateos 6. Es la vida actual de los

árabes del desierto. Lo esencial en su vida es la movilidad y la libertad. La sencillez de vida y el

aislamiento del ambiente corrompido sedentario hizo que se conservaran los recabitas en un estado

de fidelidad a Yahvé desconocido para los habitantes de Jerusalén. Esta es la razón por la

que los profetas consideran la vida sencilla de Israel en el desierto como la etapa religiosa ideal

en su historia 7.

Fidelidad de los recabitas a sus tradiciones (1-11).

1 Palabra que Jeremías recibió de Yahvé en tiempo de Joaquim, hijo de Josías, rey

de Judá: 2 Anda y vete a casa de los recabitas. Habíales y tráelos a la casa de Yahvé,

a una de las cámaras, y dales a beber vino. 3Yo tomé a Jazanías, hijo de Jeremías,

hijo de Jabasinías; a sus hermanos y a todos sus hijos y a toda la familia de los recabitas,

4 y los introduje en el templo, en la cámara de los hijos de Janán, hijo de Jegdelías,

hombre de Dios, que está junto a la cámara de los príncipes, debajo de la de

Mahasías, hijo de Sallum, el guardia del vestíbulo. 5Y puse ente los recabitas jarras

y copas llenas de vino, diciéndoles: “Bebed vino.” 6Pero ellos me contestaron: No

bebemos vino, pues Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, nos mandó: No bebáis

vino jamás, ni vosotros ni vuestros hijos, 7ni construyáis casas, ni hagáis siembras, ni

plantéis ni poseáis viñas, sino que habitaréis en tiendas todo el tiempo de vuestra vida,

para que viváis muchos días sobre la tierra en la que sois peregrinos. 8 Nosotros

hemos obedecido a la voz de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, en cuanto nos

mandó no beber vino en los días de nuestra vida, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni

nuestros hijos, ni nuestras hijas, 9y no edificar casas, y no tenemos viñas ni campos

de sembradura, 10sino que habitamos en tiendas, como lo mandó Jonadab, nuestro

padre. 11Pero cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió a nuestra tierra, nos

dijimos: Vamos a refugiarnos en Jerusalén para escapar al ejército de los caldeos y

al ejército de Aram, y venimos a habitar en Jerusalén.

El relato está en primera persona y forma parte de las narraciones autobiográficas del profeta redactadas

por Baruc, como los c.24 y 27, que sirven para enmarcar y completar las dos primeras

secciones de oráculos 1. Por el contrario, este capítulo pertenece a los oráculos conminatorios

característicos de la predicación de Jeremías durante el reinado de Joaquim. El profeta, por orden

de Yahvé, invita a la casa (o clan) de los recabitas a ir a una de las cámaras del templo (v.2),

e.d., uno de los departamentos disponibles para los sacerdotes, que estaban entre el atrio exterior

y el interior 2.

El jefe de los recabitas parece ser un tal Jazanías, hijo de Jeremías (v.3), para nosotros

desconocido 3. El nombre de Jeremías era común entonces, pues aparece en una de las ostracas

de Lakis. Jeremías los introduce en la cámara de los hijos de Janán, hombre de Dios (v.4); la

2089

indicación debía de ser clara para los contemporáneos del redactor, pero nosotros no conocemos

a ese personaje Janán; pero, al aplicársele el denominativo de hombre de Dios, bien podemos

presumir que se trataba de un fiel profeta yahvista 4 que estaba en buenas relaciones con Jeremías,

el profeta de Yahvé por excelencia de la época. En ese caso, la expresión hijos de Janán bien

pudiera aludir a los discípulos del profeta, que tenían sus reuniones para sus instrucciones disciplinares

en una de las cámaras del templo, a las que tenía fácil acceso Jeremías por su amistad

con el hombre de Dios, Janán. La cámara de los príncipes, o dignatarios en general, debía de ser

el lugar de consejo de los magnates de Jerusalén 5. Debajo de la de Mahasías (v.4): sabemos que

los departamentos que rodeaban el templo estaban distribuidos en tres pisos 6. Guardia de la

puerta, el tercer cargo en la dirección del templo 7.

Jeremías les invita a beber vino, según indicación divina, para probar su virtud, y ellos lo

rechazan abiertamente, como contrario a las prescripciones recibidas de Jonadab, hijo de Recab,

nuestro padre (v.6). El sentido de padre aquí es el de progenitor y organizador de la vida del clan

de los recabitas. Les prohibió todo lo que pudiera recordar la vida sedentaria de agricultores: no

construyáis casas. ni plantéis viñas (ν.7). El ideal para ellos era vivir errantes en tiendas, como

medio de conseguir la bendición divina (ν.7) 8. Para ellos, la vida nómada era el mejor medio de

mantenerse fieles a Dios y así merecer sus bendiciones. Debían de estar constantemente cambiando

de lugar y pasando por las diferentes tierras de Canaán como peregrinos o huéspedes. Si

ahora viven en Jerusalén, es excepcionalmen-te, obligados por las incursiones del ejército babilónico

(v.11), o de las bandas de Aram o Siria, Moab y Ammón, que efectivamente desolaron

Palestina hacia el año 602 a.C., aprovechándose de la invasión de Nabucodonosor 9.

Deslealtad de los judíos a Yahvé (12-19).

12 Y dirigió Yahvé la palabra a Jeremías, diciendo: 13 Así dice Yahvé de los ejércitos,

Dios de Israel: Ve y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿No

aprenderéis a obedecer mis palabras? Oráculo de Yahvé. 14 Las palabras de Jonadab,

hijo de Recab, son obedecidas: mandó a sus hijos no beber vino, y no lo han

bebido hasta hoy, cumpliendo el mandato de su padre, y yo os he hablado tantas y

tantas veces, y no me habéis obedecido. 15 Os he enviado una y otra vez a mis siervos

los profetas para deciros: Convertios de vuestros malos caminos, enmendad vuestras

obras y no os vayáis tras de los dioses ajenos para darles culto, y habitaréis la

tierra que os he dado a vosotros y a vuestros padres; pero no me habéis dado oídos,

no me habéis obedecido. 16 Los recabitas han obedecido a lo que les mandó su padre,

pero este pueblo no me ha obedecido a mí. i? Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos,

Dios de Israel: Yo haré venir sobre Judá y sobre todos los habitantes de Jerusalén

todos los males con que los he amenazado, pues les he hablado, y no me han oído; los

he llamado, y no me han respondido. J8 Pero al clan de los recabitas les dijo Jeremías:

Por haber obedecido al mandato de Jonadab, vuestro padre, cumpliendo cuanto

os mandó, 19 por eso así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: No dejará de

haber siempre ante mi presencia un varón de la estirpe de Jonadab, hijo de Recab,

que me sirva.

El profeta había convocado a los recabitas a la cámara del templo por orden de Yahvé, sin saber

el sentido de ello, y, cuando se hallaba reunido con los fieles descendientes de Recab, recibe una

comunicación divina explicando lo acaecido. Todo ha sido ejecutado para dar una reprensión al

pueblo judío, infiel a los mandatos divinos. El profeta contrasta la conducta de los recabitas con

2090

la de sus compatriotas. Aquéllos obedecen ciegamente a un precepto humano dado sólo en una

ocasión, mientras que los israelitas desobedecen a un precepto divino que reiteradamente les ha

sido propuesto (ν. 14-15). Por eso, el castigo es inevitable (ν.17); pero, a pesar de la catástrofe

que se avecina, los hijos de Recab se salvarán y estarán siempre ante la presencia de Yahvé

(V.19), e.d., gozarán de su protección 10. No sabemos más de la suerte de este clan ejemplar después

del exilio, pero en la historia santa quedó como modelo de fidelidad a Yahvé.

1 Cf. Jue 1:16. — 2 Cf. Jue 1:16. — 3 cf. Jue 4:11-17; 5:24615 — 4 cf. 2 Re 10:15-23. — 5 Cf. Jer 35:7. — 6 Cf. Diodoro De Sicilia,

19:94. — 7 Cf. Os 2:16-17. — 1 Las dos series de oráculos están incluidas en los c.1-25 y c.20-35. — 2 Cf. 1 Re 6:5; 1 Crón

26:12; 2 Crón 31:11; Ez 40,12; 43:1; Neh 10:38; 13:4; Jer 26:10. — 3 Cf. Jer 40,8; 1 Re 25:23. — 4 A los profetas se les solía

llamar hombres de Dios: cf. 1 Re 12:22; 13:1. — 5 Cf. Jer 26:10. — 6 Cf. 1 Re 6:5. — 7 Cf. Jer 52:24. Mahasías puede ser el

mismo que aparece en 21:15; 29:25; 37:3· — 8 Cf. Ex 20:12; Dt 5:16; 4:40. — 9 Cf. 2 Re 24.2. — 10 La frase se aplica al siervo

que está pronto a servir a su señor (1 Re 1:2; 10:8) y a los sacerdotes (Dt 10:8).

36. Lectura publica de las Profecías de Jeremías.

Con este capítulo comienza la tercera sección del libro de Jeremías (c.30-45), que se caracteriza

por el tono biográfico. El c.36 es como una introducción a toda la sección. Es interesantísimo

desde el punto de vista biográfico, ya que nos refleja el modo como Jeremías ponía por escrito

sus oráculos, tomando como amanuense al fiel discípulo Baruc, y, por otra parte, describe las

vicisitudes a que estaban sometidos los escritos profeticos en esta época en que la clase dirigente

de Judá estaba contra él. El estilo de estos relatos es sencillo y lleno de frescor, reflejando las circunstancias

del momento.

Lectura pública de los oráculos de Jeremías en el templo (1-10).

1 El año quinto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías palabra de

Yahvé, diciéndole: 2 Toma un volumen y escribe en él todo cuanto yo te he dicho contra

Jerusalén, y contra Judá, y contra todas las naciones desde el día en que te

hablé en tiempo de Josías hasta hoy, 3 a ver si, oyendo la casa de Judá todos los males

que yo pienso traer sobre ella, se convierte cada uno de sus malos caminos, y yo

les perdonaré sus iniquidades y pecados. 4 Llamó, pues, Jeremías a Baruc, hijo de

Nerías, y escribió éste en un volumen, dictándole Jeremías, todas las palabras que

Yahvé le había dicho. 5 Y le dijo Jeremías a Baruc: Yo estoy impedido de poder ir a

la casa de Yahvé; 6 vete, pues, tú y en el libro que a mi dictado has escrito lee las palabras

de Yahvé, oyendo el pueblo en el templo en un día de ayuno y oyendo todos

los que vienen de todo Judá y de sus ciudades, 7 a ver si acaso sus oraciones llegan a

la presencia de Yahvé y se convierte cada uno de sus malos caminos, porque grande

es el furor y la indignación con que amenaza Yahvé a este pueblo. 8 Hizo, pues, Baruc,

hijo de Nerías, lo que había mandado Jeremías, profeta, y leyó en el libro las

palabras de Yahvé en la casa de Yahvé. 9 Sucedió, pues, el año quinto de Joaquim,

hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que se promulgó un ayuno a todo el

pueblo de Jerusalén y a todos cuantos venían a Jerusalén de las ciudades de Judá, 10

y leyó Baruc el libro de los sermones de Jeremías en el templo, en la cámara de Gamarías,

hijo de Safan, escriba, en el vestíbulo superior, a la entrada de la Puerta

Nueva del templo, oyendo todo el pueblo.

La lectura de los oráculos de Jeremías por Baruc es datada en el año quinto de Joaquim, rey de

2091

Judá, es decir, en el 605, pues Joaquim sucedió a su hermano Joacaz (que reinó tres meses) en el

año 609. En 605, Nabucodonosor era virtualmente dueño de Palestina, pues había descendido en

sus incursiones hasta la frontera egipcia, expulsando definitivamente al faraón Necao de la costa

siró-palestina. Las invitaciones del profeta a someterse a la potencia babilónica eran algo elemental

desde el punto de vista de la prudencia. Yahvé quiere que Jeremías recoja por escrito los

oráculos proferidos durante veintitrés años desde los tiempos de Josías, para hacer un último

llamamiento a la cordura y a la penitencia (v.3), ya que los destinos de Judá estaban, en definitiva,

en manos de Yahvé y no en las combinaciones políticas proegipcias que privaban en la corte

de Jerusalén.

Jeremías pide el concurso a su fiel discípulo, escriba de profesión (v.26), Baruc, que nos

es ya conocido l. Fue tan fiel al profeta, que le siguió en el exilio a Egipto 2. Debe escribirlo en

un volumen o meghillah, es decir, un rollo de cuero o de papiro que se enrollaba (de ahí la palabra

volumen, de volvo) en un pequeño eje de madera. Para leerlo se desenrollaba de derecha a

izquierda, y la parte descubierta se dejaba caer o se enrollaba en otro pequeño eje de madera. Baruc

escribió todas las palabras de Jeremías al dictado. Parece ser un resumen de los oráculos del

profeta, ya que no es posible que sea todo el libro actual, pues Baruc lo leyó varias veces en el

mismo día. La finalidad de consignarlos por escrito era primeramente para darlos a conocer al

pueblo de Judá en una última llamada al arrepentimiento, para que se convirtiera cada uno de sus

malos caminos (v.3). Pero, además, Dios quería que permanecieran escritos para la posteridad,

pues, una vez que han sido quemados por el rey, le manda escribirlos de nuevo, sin ordenar que

los leyera públicamente.

Jeremías, probablemente, tenía notas personales sobre sus oráculos anteriores, pero quiere

que un escriba de profesión las consigne, sin duda porque así eran más legibles. Jeremías era

sacerdote, y es de suponer que sabía escribir. Además, cuando compró el famoso campo de Anatot

no se dice que utilizara secretario 3. El profeta envía a Baruc a leer sus profecías al templo,

pues no puede personalmente (v.5), probablemente por razones de prudencia, pues sabía la hostilidad

de que era objeto por parte de las clases dirigentes. No estaba en prisión, pues en el V.IQ se

dice que los dignatarios le invitan a esconderse. Por otra parte, el secretario Baruc, de familia de

buena posición, era un buen sustituto de Jeremías. La ocasión de la lectura fue la concentración

del pueblo en un día de ayuno (v.6). Debe de ser un día de ayuno excepcional, como los que se

tenían en momentos de calamidades públicas4. En el Levítico se prescribían actos de “humillación

del alma” como expiación ante Dios 5. Entre ellos estaba el ayuno. Zacarías, en el siglo VI a

C., habla de ayunos públicos en el quinto, séptimo y décimo mes 6. Jeremías espera que, con la

lectura de sus oráculos conminatorios, el pueblo se convierta a Yahvé (ν.7).

En efecto, en el año quinto de Joaquim, en el mes noveno (v.8), se promulgó un ayuno a

todo el pueblo de Jerusalén. Teniendo en cuenta que el año religioso comenzaba en el mes de

Nisán (marzo-abril), tenemos que el mes noveno es el de noviembre-diciembre. Por otra parte,

por el v.22 sabemos que el rey estaba en el departamento de invierno de su palacio, calentándose

al fuego, cuando leyó y quemó el volumen de los oráculos de Jeremías. Así, pues, hacia diciembre

del 604 tuvo lugar la lectura de los oráculos de Jeremías en el templo.

Baruc da detalles exactos del lugar en que leyó los oráculos de su maestro: en la cámara

de Gamarías (v.10), sin duda uno de los amigos de Jeremías 7. El vestíbulo superior parece ser el

atrio interno, al que podían entrar sólo los varones israelitas. La Puerta Nueva debe de ser la que

daba acceso del atrio exterior al interior 8.

2092

Lectura de las profecías ante los magnates (11-19).

11 Y habiendo oído Miqueas, hijo de Gamarías, hijo de Safan, las palabras de Yahvé

del libro, 12 bajó al palacio del rey, a la cámara del escriba, donde se hallaban todos

los grandes: Elisama, escriba; Dalaías, hijo de Semeía, y Elnatán, hijo de Ajabor, y

Gamarías, hijo de Safan, y Sedecías, hijo cíe Ananías, y todos los dignatarios, 13 y les

comunicó Miqueas todo lo que había oído leer a Baruc del volumen ante el pueblo.

14Mandaron, pues, todos los magnates a Judí, hijo de Natanías, hijo de Selemías,

hijo de Cusí, para decir a Baruc: Ven y trae el volumen que has leído al pueblo.

Tomó, pues, Baruc el volumen y vino con él a ellos, 15que le dijeron: Siéntate y léenos

eso a nosotros, y se lo leyó Baruc. 16Cuando oyeron, pues, todo aquello, mostráronse

unos a otros atónitos, y dijeron a Baruc: Tenemos que comunicar esto al rey,

17y le dijeron: Indícanos cómo has escrito tú esto. 18Baruc les dijo: El me dictaba todas

estas palabras de su propia boca, y yo lo escribía con tinta en el libro. 19 Y dijeron

los magnates a Baruc: Ve y escóndete, y que se esconda también Jeremías, sin

que sepa nadie dónde estáis.

Parece que la lectura de los oráculos ante el pueblo sembró la consternación en unos y la ironía

en otros. Miqueas, que no parece ser hostil al profeta, impresionado, cree verse obligado a comunicar

lo ocurrido a los dirigentes (v.12). La cámara del escriba, o secretario real, debía de ser

una cancillería del Estado en la que se reunían los magnates de Judá 9. Parece que éstos no eran

hostiles del todo al profeta de Anatot. Entre ellos habría muchos del tiempo de Josías, que habían

amparado a Jeremías, su fiel colaborador en la reforma religiosa 10. Enterados de lo que les dijo

Miqueas, quisieron cerciorarse personalmente del contenido del volumen leído por Baruc al pueblo

(v.14). Reciben con deferencia a Baruc, invitándole a sentarse y a leerles los oráculos (v.15).

Les impresionó la lectura de tantas profecías conminatorias contra la ciudad, el templo y la casa

real, y, sobre todo, les aterró la impresión derrotista que pudieran haber causado la lectura de éstos

ante el pueblo, cuya moral había que preparar para la resistencia ante el eventual asedio de

los babilonios. Decidieron comunicar el asunto al rey, pero antes querían saber ciertamente quién

era el autor de estos oráculos: indícanos cómo has escrito esto (ν.17). Baruc dice que sólo ha sido

un simple copista, ya que escribió al dictado de Jeremías (v.18). Con ello quiere decir que

considera las profecías como expresión de la voluntad de Yahvé, pues conceptuaba a su maestro

Jeremías como su mensajero. Los magnates, conocedores del carácter tiránico y susceptible del

rey, invitan a Baruc a que se esconda con su maestro Jeremías (V.19).

Lectura de los oráculos ante el rey (20-26).

20 Ellos se fueron al rey, al atrio, dejando el volumen en la cámara de Elisama, escriba,

y dijeron al rey lo que pasaba. 21 Mandó el rey a Judí que llevara el volumen,

y éste lo tomó de la cámara de Elisama y lo leyó en presencia del rey y en presencia

de todos los dignatarios que estaban junto a él. 22 Estaba el rey en las habitaciones

de invierno; era el noveno mes, y tenía delante de sí un brasero encendido, 23 y, según

iba leyendo Judí tres o cuatro columnas, lo iba rasgando (el rey) con el cuchillo

del escriba, y lo arrojaba al fuego del brasero, hasta que lo quemó todo. 24 No temieron

ni rasgaron sus vestiduras ni el rey ni sus cortesanos que oyeron todas aquellas

palabras. 25 Sin embargo, Elnatán, Dalaías y Gamarías rogaron al rey que no quemara

el volumen; pero éste no les oyó, 26 y mandó el rey a Jeremiel, hijo de Amelec,

2093

y a Sarayas, hijo de Ezriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que apresaran a Baruc, escriba,

y a Jeremías, profeta; pero Yahvé los ocultó.

Los magnates se quedaron con el volumen de los oráculos, porque suponían que el rey lo había

de reclamar, y si se lo devolvían a Baruc, les echaría en cara el no haberse quedado con él. De

todos modos, tenían esperanzas de que el rey se contentase con un resumen del mismo, y así, de

primeras no le llevan el volumen, quizá para que no conociera la crudeza de algunos oráculos,

realmente derrotistas para los intereses políticos según sus cálculos humanos (v.20). Pero el rey

no se contentó con una relación vaga oral, sino que exigió llevaran el volumen para leerlo personalmente

(v.21). De este modo se cumplió el deseo de Jeremías de que sus oráculos fueran conocidos

de todos los estratos sociales, llegando a oídos del mismo rey. Se hace notar que esto tuvo

lugar en una de las cámaras reales de invierno n, en las que el rey se estaba calentando junto al

brasero 12. Según el secretario lo iba leyendo, dejando libre, colgando, el rollo de papiro, el rey se

apoderaba de él y con el cuchillo del escriba (utilizado para afilar las plumas y hacer correcciones)

iba desgajando las hojas y echándolas al fuego (v.23) 13.

El hagiógrafo destaca el nulo resultado de la lectura de tan temibles profecías. El rey,

oportunista y escéptico, no se dejó conmover por aquello que consideraba como impertinencias

de Jeremías. Un siglo antes, el piadoso rey Ezequías, al percatarse del peligro de la invasión asiría,

“rasgó las vestiduras” e hizo duelo vestido de “saco”, echándose ceniza sobre la cabeza, según

era ley en los duelos 14. Lo mismo hizo el padre de Joaquim, Josías, al oír las palabras de la

Ley, encontrada en el templo 15. Hasta el impío Acab había reaccionado así ante las conminaciones

del profeta Elias 16. La conducta, pues, de Joaquim no puede ser más insultante para Dios;

pues, además de quemar displicentemente los oráculos, dio órdenes de buscar a Jeremías y a su

secretario para apresarlos (v.26).

Orden de redactar de nuevo los oráculos (27-32).

27 Después que el rey quemó el volumen de los sermones de Jeremías que había escrito

Baruc al dictado de aquél, recibió Jeremías palabra de Yahvé, que le dijo: 28

Toma un nuevo volumen y escribe en él todos los sermones anteriores que había en

el primero, que quemó Joaquim, rey de Judá, 29 y a Joaquim, rey de Judá, le dirás:

Así dice Yahvé: Tú has quemado aquel volumen, diciendo: ¿Por qué has escrito esto

anunciando que vendrá el rey de Babilonia y devastará esta tierra, no dejando en

ella hombre ni jumento? 30 Pues así dice Yahvé contra Joaquim, rey de Judá: No

tendrá descendiente que le suceda en el trono de David, y su cadáver será arrojado

al calor del día y al frío de la noche, 31 y le pediré cuenta a él y a su descendencia y a

sus siervos de sus iniquidades, y traeré sobre ellos, y sobre los habitantes de Jerusalén,

y sobre los hombres de Judá, todos los males que les he anunciado y ellos no han

querido oír. 32 Tomó, pues, Jeremías otro volumen y se lo dio a Baruc, hijo de Nerías,

escriba, el cual escribió de boca de Jeremías todos los sermones que quemó Joaquim,

rey de Judá, y se añadieron todavía otros muchos como aquéllos.

En los planes divinos, las profecías divinas iban también dirigidas a la posteridad, y por eso, por

orden divina, Jeremías tiene que redactar de nuevo sus oráculos. El gesto despectivo del rey no

ha servido sino para confirmar su condenación en los planes de la justicia de Yahvé. El rey Joaquim

había querido considerar como alucinaciones lo escrito en el volumen de Jeremías, pero los

hechos demostrarán lo contrario. Quedará sin heredero, cesando la realeza con él (v.30). En rea2094

lidad, tuvo un hijo, Joaquín o Jeconías, que le sucedió durante tres meses en el trono; pero su reinado

fue ficticio, pues tuvo lugar durante el asedio, y su misión fue sólo entregar el poder a los

babilonios en 598, siendo él llevado en cautividad. Le sucedió su tío, hermano de Joaquim, Sedecías;

por consiguiente, no era descendencia de Joaquim, cumpliéndose así materialmente la

profecía de Jeremías. Su cadáver quedó insepulto al calor del día y al frío de la noche (ν.30) 17.

Υ todos los que colaboraron en su pésima política serán igualmente presa de la justicia divina

(v.32) 18.

1 Es mencionado en 32:12. Era nieto de Mahasías, antiguo gobernador de la ciudad (2 Crón 34:8) y hermano de Semeyas, intendente

de Sedéelas (Jer 51:59)· — 2 Cf. Jer 43:6-7 — 3 Cf. Jer 32:10. Véase GONDAMIN, o.c., p.264. — 4 Cf. Jue 20,26; 1 Sam 7:6; 2

Sam 1:12; Jdt 4:8. — 5 Cf. Lev 16:29; 23:37; Núm 29,7. — 6 Cf. Zac 7:3-5; 7:5; 8:19. — 7 Cf. 2 Re 22:3. — 8 Cf. 26:10. — 9

Cf. RB (1939) p-397. — 10 Algunos de los nombres aquí citados aparecen en otros lugares. Sobre la posible identificación de Elisama,

cf. Jer 41:1 y 2 Re 25:25; Elnatán: cf. 2 Re 22:12.14. — 11 Cf. Am 3:15- — 12 Mes noveno falta en los LXX. — 13 Cf.

Condamin, o.c., p.262. En hebreo, la palabra que traducimos por columnas propiamente significa puertas, por la semejanza del

trazado de una puerta en la distribución de las columnas del papiro. — 14 Cf. Is37:1ss. — 15 Cf. 2 Re 22:1. Sobre el rito de “rasgarse

las vestiduras” como signo externo de protesta, de luto y de penitencia, cf. Jos 7:6; Jue 11:351 1 Sam 4:12; 2 Sam 1:11;

13:31; 2 Ke 5 7; 6:30. — 16 Cf. 1 Re 21:27. — 17 Cf. Jer 22:19. — 18 Cf. Jer 19:15; 35:17.

37. Consulta de Sedecías y respuesta de Jeremías.

Los c.37-39 reflejan la vida trágica de Jeremías en el último período del asedio de Jerusalén por

los caldeos, bajo el rey Sedecías. Por inspiración divina seguía predicando la sumisión a los babilonios,

ya que Yahvé había decidido entregar Jerusalén a Nabucodonosor. Toda resistencia resultaba

sin sentido, ya que no haría sino aumentar las proporciones de la catástrofe. Naturalmente,

fue reiteradamente considerado como traidor a los intereses de su patria. El rey Sedecías, débil

de carácter, dudaba entre seguir los consejos del profeta, que consideraba de inspiración divina, y

los oportunismos políticos sugeridos por sus cortesanos. Creía encontrar en la ayuda de Egipto la

salvación del peligro babilónico.

Durante el asedio, los ultranacionalistas habían constituido escuadrones autónomos, y,

por su parte, administraban justicia con los derechos que se arrogaban en una supuesta guerra

santa por su pueblo. Consideraban como el mayor enemigo para sus sueños patrioteros al profeta

de Anatot, y constantemente atentaban contra su vida. Sus profecías conminatorias eran consideradas

como oráculos de mal agüero, fruto de un pesimismo exagerado del profeta. Por eso, cuando

en un momento los caldeos abandonaron el asedio para hacer frente a las tropas egipcias que

subían por la costa palestina, creyeron verse libres del peligro babilonio, y cantaron victoria,

considerando definitivamente equivocado y fracasado a Jeremías. Este continuó diciendo que

volverían los ejércitos de Nabucodonosor y que al fin tomarían la Ciudad Santa. Sus enemigos le

encarcelaron. Por fin es liberado gracias a la intervención de un etíope. Es interesante constatar

que el profeta, en todos estos dificilísimos trances, no se siente abatido como en otras ocasiones

de su vida en tiempo de Joaquim 1. Estaba ya habituado a la lucha y responde fidelísimamente al

llamamiento profetice.

Consulta de Sedecías al profeta (1-5).

1 Reinó Sedecías, hijo de Josías, en lugar de Jeconías, hijo de Joaquim. Fue Nabucodonosor,

rey de Babilonia, quien le hizo rey de la tierra de Judá. 2 Y no obedecieron

él, sus siervos y el pueblo de la tierra a las palabras que había hablado Yahvé por

medio de Jeremías, profeta, 3 y envió el rey Sedecías a Jucal, hijo de Selemías, y a

Sofoías, hijo de Mahasías, sacerdote, a Jeremías, profeta, diciéndole: Ruega por no2095

sotros a Yahvé, nuestro Dios. 4 Y Jeremías andaba libremente entre el pueblo, pues

todavía no le habían encarcelado. 5 Salió entonces de Egipto el ejército del faraón, y,

al saber la nueva, los caldeos que asediaban a Jerusalén se retiraron de allí.

Después del asedio de Jerusalén por los babilonios en el 598, Nabucodonosor puso en el trono de

Jerusalén a Sedecías, tío de Jeconías, que fue llevado en cautividad. Para halagar a los pueblos

vencidos, solían los conquistadores babilonios poner a un nativo, a ser posible de la familia real,

en el trono vacante de algún rey rebelde. Así lo había hecho también Necao II en el 609 al destituir

a Joacaz, hijo de Josías, y entronizar a su hermano Joaquim, de más confianza para el faraón

2. Nabucodonosor, al poner en el trono de Judá al hermano de Joaquim, le cambió su nombre de

Matanías en Sedecías en señal de dominio 3. Antes tuvo que hacer juramento de fidelidad a Babilonia.

Esto le ponía en una difícil situación ante la opinión popular, que era reacia al yugo de Nabucodonosor.

Aunque fundamentalmente no era hostil a Jeremías como lo había sido su hermano

Joaquim, sin embargo, por congraciarse con la opinión cortesana y popular, no se atrevía a seguir

los consejos prudenciales del profeta de Anatot, que predicaba la sumisión a Babilonia como mal

menor 4. La expresión pueblo de la tierra (Am ha 'ares) designaba al pueblo llano, en contraposición

a los de clase social elevada. Aquí tanto el pueblo como los cortesanos y el rey son culpables

al desoír los consejos de Jeremías (v.2). No obstante, el rey sentía gran veneración por el

profeta, y por eso le envió una segunda embajada para que intercediera ante Yahvé por los intereses

muy comprometidos de su pueblo (v.3).

La retirada del ejército babilónico había hecho surgir la euforia general entre los nacionalistas

a ultranza. Creían que había llegado la liberación definitiva, y suponían irónicamente que

las predicciones de Jeremías habían resultado fallidas 5. Sin embargo, el rey no compartía esta

euforia, pues estaba preocupado por la seriedad de las amenazas de Jeremías, al que consideraba

como hombre de Yahvé. De ahí la razón de la embajada 6. El faraón Ofra 7, sucesor de Psamético

II, había atacado repentinamente hacia el 588 al ejército babilonio, que estaba en Palestina en un

último esfuerzo por reponerse del desastre sufrido por Necao II en Carquemis (605) 8. El choque

fue violento, y la consecuencia fue que el faraón retornó a Egipto. Libres del peligro egipcio, los

babilonios volverán a reanudar el asedio de Jerusalén.

Respuesta de Yahvé (6-10).

6 Y recibió Jeremías, profeta, palabra de Yahvé, diciéndole: 7 Así dice Yahvé, Dios

de Israel: Decid al rey de Judá que os ha mandado a preguntarme: He aquí que el

ejército del faraón que ha venido en socorro vuestro se tendrá que volver a su tierra

de Egipto, 8 y volverán los caldeos a combatir esta ciudad, y la tomarán e incendiarán.

9 Así dice Yahvé: No os engañéis a vosotros mismos, diciéndoos: “Se irán los

caldeos de nosotros,” porque no se irán. 10 Pero, aunque destrozarais a todo el ejército

caldeo que lucha contra vosotros y no quedasen de él más que algunos heridos,

éstos saldrían de sus tiendas y pegarían fuego a esta ciudad.

La respuesta de Jeremías a la consulta del rey Sedecías no pudo ser más desconsoladora: el ejército

babilonio volverá con nuevos ímpetus a asediar la ciudad y la incendiará (v.8). Son vanas,

pues, las ilusiones fáciles de este momento, ya que, aun en el supuesto imposible de que los judíos

vencieran al colosal ejército de Nabucodonosor, detrás estaba la mano de Yahvé, que con

unos cuantos que quedasen. heridos entre los babilonios habría de pegar fuego a Jerusalén

(v.10). La suerte de la ciudad está echada. Los babilonios son los instrumentos de la justicia di2096

vina, que inexorablemente se cumplirá.

Encarcelamiento de Jeremías (11-16).

11 Cuando se había retirado de Jerusalén el ejército caldeo por la venida del ejército

del faraón, 12 salía Jeremías de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín a hacer una

partición en medio del pueblo; 13 pero, al llegar a la puerta de Benjamín, el jefe de la

guardia, llamado Jerías, hijo de Selamías, hijo de Ananías, apresó a Jeremías, diciendo:

¡Tú vas a pasarte a los caldeos! 14 Jeremías respondió: Mentira, no voy a pasarme

a los caldeos. Pero no escuchó Jerías a Jeremías, y, arrestándole, le condujo a

los jefes, 15 que, airados contra Jeremías, le hicieron azotar y encerrar en la cárcel

que había en la casa de Jonatán, escriba, de la cual habían hecho prisión. 16 Y entró

Jeremías y fue metido en una cisterna abovedada, y estuvo allí mucho tiempo.

Otro precioso relato autobiográfico, lleno de verismo por sus circunstancias. Jeremías quiso

aprovechar aquel intervalo del asedio para ir a su pueblo de nacimiento, Anatot, a arreglar sus

negocios personales familiares. Ausentados los soldados de Nabucodonosor, era posible salir al

campo y encaminarse a su lugar de nacimiento, a unos cinco kilómetros al nordeste de Jerusalén.

La expresión tierra de Benjamín (v.12) indica el territorio en que estaba enclavado Anatot. La

tribu de Benjamín lindaba con la Ciudad Santa. Su intención era hacer una partición en medio

del pueblo, es decir, arreglar un asunto familiar de herencia o de compra. Quizá su viaje está relacionado

con el campo comprado a su primo Ananeel 9. La puerta de Benjamín debía de estar

cerca de la actual “puerta de Damasco,” que daba acceso directamente al territorio de la tribu de

Benjamín. Existía una puerta de Benjamín en la parte septentrional del recinto del templo 10, pero

aquí debe de aludir a una puerta de los muros exteriores de la ciudad. Algunos la identifican

con la “puerta de las Ovejas” 11, pero es más probable que corresponda a “la puerta de los Peces”

12, al oeste de la torre Ananeel, en la dirección de la actual “puerta de Damasco.” Allí fue apresado

Jeremías cuando salía para Anatot, acusado de querer pasarse a los caldeos. Era el pretexto

para encarcelarle. Tantas veces había predicado la rendición a los babilonios 13, que bien podía

sospecharse de él que era un espía de los asediantes. Jeremías protesta enérgicamente contra esta

acusación de traición (v.14). De nada le sirvió su protesta, pues fue llevado a los jefes, mal dispuestos

contra el profeta (v.15), los cuales, después de azotarle, le encerraron en una cisterna

abovedada, o cavidad subterránea, utilizada, cuando estaba seca, para prisión 14.

Jeremías suplica al rey que le deje libre (17-21).

17 Mandó a buscarle el rey Sedéelas, y le preguntó en secreto en el palacio: ¿Hay palabra

de Yahvé? 18 Sí, la hay, contestó Jeremías: Serás entregado en manos del rey

de Babilonia. Y dijo Jeremías al rey Sedecías: ¿Qué pecado he cometido yo contra tí,

contra tus cortesanos y contra tu pueblo, para que me hayáis metido en la cárcel? 19

Dónde están ahora vuestros profetas, que os profetizaban diciendo: No vendrá el rey

de Babilonia contra vosotros y contra esta tierra? 20 Óyeme, pues; ¡oh rey, mi señor!

te lo ruego; acoge mi súplica y no me vuelvas a la prisión de la casa de Jonatán, escriba,

porque moriré allí. 21 Mandó, pues, el rey Sedecías que fuese llevado al vestíbulo

de la guardia y se le diese cada día una torta de pan de la calle de los Horneros,

mientras no faltase del todo el pan en la ciudad. Así quedó Jeremías en el vestíbulo

de la guardia.

2097

Mientras tanto, las circunstancias habían cambiado. Después de haber sido vencidos los egipcios,

las tropas de Nabucodonosor iban a volver de nuevo a poner sitio a Jerusalén. Las ilusiones de

liberación fomentadas por los falsos profetas se desvanecían, y el rey empezó a pensar de nuevo

en las predicciones sombrías de Jeremías, que tenía todos los visos de profeta auténtico de Yahvé.

Quiso entrevistarse con él en secreto para no contrariar a los cortesanos enemigos de Jeremías

y de su política religiosa. El rey ha llegado a la conclusión de que sólo Yahvé puede salvar la

ciudad, y tiene esperanzas que modifique las predicciones derrotistas comunicadas antes por el

profeta; por eso le pregunta ansioso: ¿Hay palabra de Yahvé? (v.17). Sabía que Jeremías recibía

muchas comunicaciones divinas relativas a la suerte del pueblo judío. ¿Qué designios tenía actualmente

Yahvé sobre Jerusalén y sobre la suerte del rey? Jeremías, a pesar de hallarse extenuado

por los tratos recibidos, dice con energía a su rey, sin abdicar de su condición de mensajero de

Dios: Sí, la hay.; serás entregado en manos del rey de Babilonia (v.16). El profeta, pues, fiel a

su misión, seguía anunciando la misma suerte trágica para la familia real. La injusticia ha colmado

el cáliz de la ira divina, y llega la hora de la cuenta, en la que se confirmarán los trágicos vaticinios

de Jeremías.

Después proclama su inocencia ante el rey y protesta enérgicamente contra el trato injusto

que se le da. No pide piedad, sino justicia: ¿Qué pecado he cometido yo contra ti. para que me

hayas metido en la cárcel ? (ν. 18). El rey, en definitiva, era el responsable de que él estuviera en

la prisión, pues consentía la injusta conducta de sus funcionarios. Y a continuación Jeremías pregunta

con ironía por los falsos profetas (V.19). Ellos, deseando halagar al rey y a sus cortesanos,

han anunciado la liberación, engañándolos miserablemente, pues ya tienen de nuevo a los babilonios

cercándolos, y, en cambio, esos falsos profetas están libres o huyeron avergonzados.

Mientras que Jeremías, que anunció lo que le comunicaba Dios, y cuyas predicciones se están

cumpliendo, está encarcelado. Proclamada su inocencia, hace una súplica de liberación al rey

(v.20). El rey no se atrevió a libertarlo del todo, pero por sentimientos de humanitarismo le mitigó

la pena, ya que la prisión en el fondo de la cisterna era condenarle a muerte lenta e inhumana.

Así, pues, Jeremías quedó, en calidad de libertad vigilada, en el vestíbulo de la guardia del palacio,

y el rey le señaló una mínima ración de subsistencia 15.

1 Cf. Jer 20:7s. — 2 Cf. 2 Re 23:34- — 3 Cf. 2 Crón 36:10; Ez 17:13-20; Jer 22:11. — 4 Cf. 2 Crón 36:13-16. — 5 Cf. Jer 37:19. — 6

Algunos de los personajes de la embajada son conocidos por otros textos (cf. Jer 21:1; 36:26). — 7 Desde la batalla de Carquemis

(605), los faraones no habían invadido militarmente Palestina, pero seguían intrigando, fomentando la rebelión de los pequeños

estados de la costa siro-fenicio-palestina contra el invasor babilónico (cf. 2 Re 24:7). Necao (610-593) siguió esta política, y después

de él Psamético II (593-588). — 8 Ofra es el Apries de los griegos y el Ouhibre de los egipcios (588-566). — 9 Cf. Jer 32:6-

15. — 10 Cf. Jer 2:2. — 11 Cf. Neh 3:1; 12:39. — 12 2 Crón 33:14; Sof 1:10. — 13 Cf. Jer 21:8; 38:2. — 14 Cf. Jer 36:6; Lam

3:53; Zac 9:11. — 15 Es interesante el dato de que la torta de pan estaba hecha en la calle de los Horneros panaderos. Esto nos

indica que la artesanía se distribuía por calles, como aún se ve en Oriente y era corriente en Europa en la Edad Media (cf. Jer

19:2:) “puerta de los Alfareros”; — 16 Re 20:34; Neh 3:32. Sobre la carestía en Jerusalén en el tiempo del asedio, cf. Jer 52:6;

Lam 2:19; 4:9.20; 5:10. En estas circunstancias, la ración señalada a Jeremías no era mezquina.

38. Jeremías es encarcelado de Nuevo.

Aquí se habla de nuevo de un encarcelamiento del profeta, que es arrojado por sus enemigos a

una lúgubre celda. Por intercesión del etíope Abdemelec es sacado y llevado a presencia del rey.

Este le interroga de nuevo sobre la suerte de Jerusalén. Jeremías le invita otra vez a someterse a

Babilonia como condición para salvar su vida. Es el último coloquio con el rey. Los acontecimientos

se desarrollan con tanta celeridad, que la catástrofe se precipita por momentos. Los vaticinios

de Jeremías se cumplen inexorablemente, y su misión de profeta va a entrar en su última

2098

fase, la posterior a la destrucción de Jerusalén. Los incidentes aquí relatados pertenecen a los últimos

meses del asedio (588-586).

Jeremías, arrojado a la cisterna (1-6).

1 Oyeron Safatías, hijo de Matan; Guedelías, hijo de Pasjur; Jucal, hijo de Selemías,

y Pasjur, hijo de Melquías, que Jeremías decía delante de todo el pueblo: 2 Así dice

Yahvé: Todos cuantos se queden en esta ciudad morirán de espada, de hambre y de

peste; el que huya a los caldeos vivirá y tendrá la vida por botín. 3 Así dice Yahvé:

Con toda certeza, esta ciudad caerá en manos del ejército del rey de Babilonia, que

la tomará. 4 Y dijeron los magnates al rey: Hay que matar a ese hombre, porque con

eso hace flaquear las manos de los guerreros que quedan en la ciudad, y las de todo

el pueblo, diciéndoles cosas tales. Este hombre no busca la paz de este pueblo, sino

su mal. 5 Díjoles el rey Sedecías: En vuestras manos está, pues no puede el rey nada

contra vosotros. 6 Prendieron, pues, a Jeremías y le metieron en la cisterna de Melquías,

hijo del rey, que está en el vestíbulo de la cárcel, bajándole con cuerdas a la

cisterna, en la que no había agua, aunque sí lodo, y quedó Jeremías metido en el lodo.

Jeremías continuaba aconsejando la rendición al pueblo. Los nacionalistas no pudieron soportar

esto, que consideraban contrario a los intereses de su pueblo. Algunos de los que ahora atentan

contra la vida del profeta nos son conocidos 1. Parece que el profeta, en su relativa prisión en el

vestíbulo de la guardia, continuaba predicando la sumisión al invasor babilónico, invitando a

pasar a las filas del enemigo como único medio de salvación, pues los que quedaran en la ciudad

morirían por la espada, el hambre y la peste (v.2). Ya que no había logrado convencer al rey de

la inutilidad de la resistencia, al menos que el pueblo sencillo se pusiera a salvo, pues resultaba

criminal la pretensión de resistencia en tales circunstancias: el que huya a los caldeos tendrá la

vida por botín, e.d., en estas circunstancias críticas sólo el hecho de salvarse supone un riquísimo

botín. Pero este lenguaje era considerado como traidor por los nacionalistas (v.4) 2. Indudablemente,

desde el punto de vista meramente humano, la predicación derrotista del profeta sembraba

la desmoralización de los defensores de la ciudad. No habría otra solución que quitar del medio

a esa voz traidora e inoportuna. Para ellos, Jeremías no era patriota: no busca la paz de este

pueblo, sino el mal (v.4). El rey accedió, pues, débil como era, no se atrevió a hacer frente a los

airados nacionalistas: En vuestras manos está (v.5). Y confiesa que, en esos momentos de superexcitación

nacionalista, él, como soberano, nada puede: Nada puede el rey contra vosotros. En

esta frase se refleja su espíritu vacilante y pusilánime 3. Es la solución de Pilatos ante las exigencias

de los sanedritas 4.

Los jefes nacionalistas, con anuencia del rey, arrojaron al profeta a una cisterna. No se

atrevieron a derramar su sangre, y prefirieron una muerte incruenta. El hecho de derramar sangre

les impresionaba más 5.

La expresión hijo del rey (v.6) tiene el sentido amplio de “pariente” del rey, príncipe 6,

pues no conocemos ningún hijo de Sedecías con ese nombre. La cisterna estaba cerca del vestíbulo

de la guardia, en los departamentos del mismo palacio. El hagiógrafo da el detalle de que,

aunque no tenía agua, estaba llena de barro, para dar una idea de lo penoso que resultaría para el

profeta estar allí. Estaba, pues, condenado a muerte lenta.

2099

Jeremías es sacado de la cisterna (7-13).

1 Oyó Abdemelec, etíope, eunuco de la casa real, que habían metido a Jeremías en la

cisterna. El rey estaba entonces en la puerta de Benjamín. “ Salió Abdemelec del palacio,

y fue a decir al rey: 9 Rey, mi señor, han hecho mal esos hombres tratando así

a Jeremías, profeta, metiéndole en la cisterna para que muera allí de hambre, pues

no hay ya pan en la ciudad. 10 Mandó el rey a Abdemelec el etíope, diciéndole: Toma

contigo tres hombres y saca de la cisterna a Jeremías antes de que muera.

11Tomando, pues, consigo Abdemelec a los hombres, se dirigió al ropero del palacio,

y tomó de allí unos cuantos vestidos usados y ropas viejas, que con cuerdas se hizo

llegar a Jeremías en la cisterna. 12 Y dijo Abdemelec el etíope a Jeremías: Ponte estos

trapos y ropas viejas debajo de los sobacos, sobre las cuerdas. Hízolo así Jeremías,

13 y sacaron con las cuerdas a Jeremías de la cisterna, y quedó Jeremías en el vestíbulo

de la cárcel.

El cronista se complace en relatar que la iniciativa de liberación del profeta partió de un extranjero,

un etiope o nubio7, que era eunuco, palabra que puede significar un hombre mutilado, encargado

del harén real, o simplemente un funcionario real 8. Un extranjero, pues, sale valedor de los

derechos de un profeta de Yahvé. En esto hay un tono de ironía en el hagiógrafo. Los compatriotas

de Jeremías le quieren matar, mientras que los extranjeros le reconocen como enviado de

Dios. Sobre la puerta de Benjamín véase lo antes dicho a propósito de 37:13. El rey se hallaba

allí circunstancialmente, quizá inspeccionando las obras de defensa.

El eunuco sabe que el rey es débil de carácter y que, si bien no ha sabido imponerse a los

inicuos designios de sus cortesanos respecto a Jeremías, tiene buenos sentimientos, y por eso le

aborda de improviso, seguro de su éxito, recriminando la conducta de sus cortesanos (v.8). El

etíope convence al rey, y éste le da tres hombres 9 que le ayuden en la liberación del profeta.

Después el cronista da encantadores detalles sobre la liberación de Jeremías. El buen etíope se

había preocupado de que el profeta no se lastimara al ser levantado con la soga, y de antemano le

echa ropas que le sirvieran de amortiguador debajo de ésta (v.12). Esta acción del eunuco fue

premiada por el profeta con un vaticinio en el que le anuncia que se salvará de la catástrofe 10.

Ultimo coloquio de Jeremías con el rey Sedéelas (14-28).

14 El rey Sedéelas mandó buscar a Jeremías y le hizo llevar junto a la tercera entrada

del templo, y allí le dijo: Voy a preguntarte una cosa. No me ocultes nada. 15 Dijo

Jeremías a Sedecías: Si te la digo, me harás matar; y si te doy un consejo, no lo seguirás.

16 Hizo, pues, en secreto Sedecías a Jeremías este juramento: Vive Yahvé,

que no ha dado la vida a nosotros, que no te daré la muerte y que no te entregaré a

esos que buscan tu vida. 17 Dijo entonces Jeremías a Sedecías: Así dice Yahvé de los

ejércitos: Si sales y vas a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, salvarás tu vida,

y esta ciudad no será dada a las llamas, te salvarás tú y tu familia; 18 pero, si no sales

a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, caerá esta ciudad en manos de los caldeos,

que la incendiarán, y tú no te escaparás de sus manos. 19 Y dijo el rey Sedecías

a Jeremías: Temo que me entreguen a los judíos que se han pasado a los caldeos, y

aquéllos me escarnezcan. 20Contestóle Jeremías: No te entregarán. Oye lo que te digo

de parte de Yahvé, y te saldrá bien y vivirás. 21Y si no quieres salir, mira lo que

me ha mostrado Yahvé: 22Todas las mujeres que han quedado en el palacio serán

2100

llevadas a los jefes del rey de Babilonia, y he aquí que dirán: “¡Te han engañado y te

han vencido tus amigos, han hundido en el lodo tus pies, te volvieron la espalda!” 23

Y todas las mujeres y tus hijos serán llevados a los caldeos, y tú no escaparás a sus

manos, sino que serás entregado al rey de Babilonia, y esta ciudad será incendiada.

24 Dijo, pues, el rey Sedecías a Jeremías: Que nadie sepa nada de esto, y no morirás.

25 Si saben los magnates que he hablado contigo y vienen a decirte: Cuéntanos lo que

has dicho al rey, no nos ocultes nada; si no, te mataremos, y dinos lo que el rey te ha

dicho, 26les responderás: He suplicado al rey que no me haga volver a la casa de Jonatán,

pues moriría allí. 27 Vinieron, en efecto, los magnates a Jeremías y le preguntaron;

y él les dijo lo que el rey había mandado decir, y le dejaron, pues nada se

había sabido. 28 Quedó Jeremías en el vestíbulo de la guardia hasta el día en que fue

tomada Jerusalén.

Las condiciones del asedio van empeorando, pues aumentan las deserciones, faltan los alimentos,

y la situación se hace desesperada. El rey, impresionado, quiere de nuevo consultar a Jeremías

para que le dé una palabra de esperanza. En realidad piensa como el profeta, pero tiene miedo a

sus cortesanos, que quieren mantener una resistencia a ultranza, y por otra parte teme a los judíos

perseguidos por su política que se pasaron al enemigo. Su situación es realmente comprometida.

Así, hizo llamar (a Jeremías) junto a la tercera entrada del templo (v.14). Debe de referirse a la

puerta que en la parte sur de la explanada del templo estaba reservada al rey para subir de su palacio

al santuario11. Allí, pues, en uno de los departamentos secretos, debió de tener el coloquio

último con el profeta de Anatot. Esperaba aún una comunicación divina favorable a sus cálculos

políticos, pues no podía creer que Yahvé abandonara la Ciudad Santa a sus enemigos. Pero Jeremías

desconfía de la debilidad del rey. Ya le ha dicho tantas veces sus predicciones, que han

quedado sin efecto, que no merece la pena comunicárselas de nuevo: Si te doy un consejo, no lo

seguirás. Por otra parte, si le va a anunciar cosas desagradables, teme que el rey,, en un momento

de ataque nervioso, le entregue a sus enemigos y le maten: Sí te la digo, ¿no me vas a matar?

(v.15).

El rey hace un juramento solemne, apelando al Dios de los vivientes, de que no atentará

contra la vida de Jeremías (v.16). Jeremías entonces comunica de parte de Dios el oráculo final

sobre la suerte de Jerusalén y del rey, que resume los anteriores pronunciados en las otras entrevistas

con el rey 12. Los caldeos tomarán Jerusalén, y no queda sino rendirse a ellos. Como antes

había anunciado, la salvación para los particulares está en que se pasen a los caldeos; igualmente,

si el rey pasa a los jefes del rey de Babilonia, se salvará (v.17).

Pero el rey alberga otros temores. No basta conseguir de los babilonios que le perdonen la

vida, sino que tiene enemigos de su nación entre éstos. Todos los que eran contrarios a una política

de resistencia y de guerra se habían pasado al lado caldeo, entre ellos el que había de ser gobernador

de Judá, Godolías 13. Estos consideraban al rey responsable de la catástrofe al aventurarse

a una resistencia inútil, planteada por grupos de nacionalistas irresponsables (V.19). El rey,

pues, estaba más preocupado de sus intereses personales que de los de la nación. Jeremías le asegura

que no le pasará nada, pues Yahvé le protegerá (v.20). El rey estaba preocupado de que le

escarnecieran sus antiguos subditos pasados a los caldeos. Más vergonzoso será el escarnio que

harán de él las mujeres de palacio, tomadas por los jefes caldeos, las cuales satíricamente le

echarán en cara que las ha llevado a la ruina por dejarse guiar de sus cortesanos y amigos, que en

el momento crítico le han abandonado: Te han engañado. y vencido tus amigos., te volvieron la

espalda (v.22). Sus antiguas esposas y concubinas le despreciarán, incluso para hacer méritos

2101

ante los nuevos amos.

Si continúa la resistencia, será la ruina total de su familia, y él tendrá que comparecer

personalmente ante Nabucodonosor (v.23). Sedecías oye todo esto, y no se atreve a tomar una

solución firme, y, al contrario, sólo se preocupa de su posición ante los cortesanos. Teme que

éstos se enteren de lo hablado en la entrevista y que desconfíen del rey, tomando una resolución

extrema, destronándolo.

Por eso dice a Jeremías que no informe a nadie sobre lo hablado (v.24). Y le sugiere que

diga que han hablado del asunto de su libertad (v.26). Sin duda que entre ambos se trató también

de esto. Jeremías no tenía obligación de decir lo que había constituido objeto principal de la entrevista.

Por razones de prudencia lo calla, y da como razón algo que se habría tratado en ella, si

bien de modo más incidental. El profeta, pues, aquí no miente. Dada su actual entereza, habría

dicho todo si lo hubiera creído necesario. Pero los magnates no merecían que les dijera toda la

verdad. No hay inmoralidad en ello. Cuando Samuel fue a ungir a David en Belén, por orden de

Dios dice a los que le preguntaban por el fin de su viaje que iba a sacrificar a Yahvé, callando el

motivo principal del mismo 14. Jeremías volvió a su prisión tolerable del vestíbulo de la guardia,

y allí estuvo hasta que entraron los babilonios (v.28).

1 Cf. Jer 21:1; 37:3· — 2 La frase hace flaquear las manos de los combatientes aparece en la carta sexta de Lakis (cf. Jer 37:15). — 3

En el texto griego, en vez de nosotros, se dice ellos. En ese caso sería una observación del hagiógrafo. — 4 Cf. Mt 27:24. — 5 Es

la razón por la que Rubén aconsejó a sus hermanos echar a José en una cisterna en vez de matarle (cf. Gen 37:21-22). — 6 Cf. Jer

36:26. La Vulgata traduce “hijo de Amelec,” tomando como nombre propio el nombre común de rey (Melek). — 7 Cf. Is 18:2;

45:14; Jer 46:9. — 8 Cf. Jer 34:19; 29:2. — 9 Todos los manuscritos hebreos (menos uno) y las versiones dicen treinta en vez de

tres; pero la mayor parte de los autores creen que es una confusión en la palabra hebrea sheloshim (treinta) en vez de sheloshah

(tres). — 10 Cf.Jer 39:15. — 11 Cf. 2 Re 16:18. — 12 Cf. Jer 21:4-10; 34:2-5; : — 13 Cf. Jer 40:5s. — 14 Cf. 1 Sam 16:5.

39. Toma de Jerusalen. Liberación de Jeremías.

Son clásicas las anomalías redaccionales de este capítulo: a) los v-4-13 faltan en los LXX; b)

los v. 1-2 y 4-13 parecen un resumen del c.52; c) el v.14 empalma perfectamente con el v.3,

mientras que resulta violento después del v.13 del texto actual; d) la liberación del profeta, iniciada

en 38:28, se continúa en 39,3 y se concluye en 39:11-14. Por otra parte, los v.1-2 y 4-10,

relativos a la historia del asedio y suerte del rey, reproducen sustancialmente los textos de Jer

52:4-16 y 2 Re 25:1-12. Todo esto hace pensar en posteriores retoques redaccionales, en los que

se mezclan textos diversos. Se pueden considerar como adiciones redaccionales posteriores los

v.1-2 y 4-10.

En el capítulo se narran la toma de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor, la huida y

captura de Sedecías y la liberación de Jeremías, terminando con una profecía salvadora relativa

al etíope Abdemelec, antiguo libertador del profeta.

Toma de Jerusalén por los caldeos (1-3).

1 Y sucedió que fue tomada Jerusalén. El año noveno de Sedecías, rey de Judá, en el décimo

mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército a Jerusalén y la sitió, 2 y el

año undécimo de Sedecías, el cuarto mes, se abrió la brecha, 3 y penetraron en la ciudad los

jefes del rey de Babilonia y ocuparon la puerta del medio: Nergalsareser, Samgar-Nebo,

Sarsakim, “rabsaris”; Nergalsareser, “rabmag,” y todos los otros jefes del rey de Babilonia.

El hagiógrafo da la datación exacta de un hecho tan trascendental como la caída de Jerusalén, la

2102

Ciudad Santa. El décimo mes del año noveno de Sedecías (v.1) corresponde a diciembre 589-

enero 588.

Es la fecha exacta (en 52:4 se dice que comenzó en el día diez de dicho décimo mes) del

principio del asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor. Este dirigía las operaciones

generales desde el cuartel general, instalado en Ribla, sobre el Orontes (Alta Siria). El general

jefe de las operaciones dirigidas contra Jerusalén fue Nabuzardán 1. El asedio duró año y medio,

ya que los caldeos entraron (se abrió la brecha, v.2) en el cuarto mes del año undécimo de Sedecías,

es decir, en junio-julio del 587 a.C. El cronista da con detalles los nombres del estado mayor

del ejército invasor, que se instaló en la puerta del medio (v.3), que nos es desconocida. Se

supone que sea una denominación genérica para designar una puerta en el centro de la ciudad. Se

la ha querido identificar con la puerta de Efraím, junto al actual santo sepulcro, en el primer muro

que unía la colina occidental con la colina del templo 2.

De los cuatro nombres propios de los babilonios dados en el texto, el tercero y cuarto van

acompañados de su título oficial. El primero y el cuarto son nombres idénticos. En la transcripción

arriba puesta hemos seguido el texto hebreo, pues el griego y el latino son bastante diferentes.

Conocemos una lista de dignatarios de la corte de Nabucodonosor, conservada en un prisma,

actualmente en Constantinopla 3, en la que aparecen los nombres de Nabuzardán y Nergalsareser,

que encontramos también en este texto de Jeremías. A este último se le llama “el hombre de

Sin-Magir,” que debe de ser lo que el hebreo transcribe como Samgar. Sarsakim debe de ser una

ditografía de rabsaris o sar-saris, que significa “jefe de los eunucos.” Nebo debe de ser Nabusezbán

(v.13), que ha perdido sezban por semejanza con el nombre siguiente. Nergalsareser4 parece

ser el que después será sucesor de Nabucodonosor, al que en las listas de reyes se le llama

Neriglisar, que reinó desde el 560 al 556 a.C. El título de rabmag corresponde al nombre babilónico

rab-mugi, que se ha traducido por “alto funcionario”5 en la corte civil. Así, pues, en esta

maraña de nombres dados por la Biblia quedan sólo como nombres propios reconocibles en las

inscripciones cuneiformes Nergalsareser y Nabusezbán.

Huida y prendimiento de Sedecías (4-10).

4 Al verlos Sedecías, rey de Judá, y todos sus hombres de guerra, huyeron, saliendo

de noche de la ciudad por el camino del jardín real, por la puerta de entre los dos

muros, y se dirigieron hacia el Araba. 5 El ejército de los caldeos los persiguió, y alcanzó

a Sedecías en las estepas de Jericó, llevándole preso a Nabucodonosor, rey de

Babilonia, que estaba en Ribla, en la tierra de Jamat. El rey de Babilonia pronunció

contra él su sentencia. 6 Hizo matar en Ribla a los hijos de Sedecías, a la vista de éste;

dio muerte a los nobles de Judá, 7 e hizo sacar los ojos a Sedecías y le cargó de

cadenas para llevarlo a Babilonia. 8 Los caldeos prendieron fuego al palacio real y a

las otras casas y arrasaron las murallas de Jerusalén. 9 El resto de los habitantes que

había quedado en la ciudad, los huidos que se habían pasado a los caldeos y todo el

resto del pueblo, los deportó a Babilonia Nabuzardán, jefe de la guardia. 10 A los

pobres del pueblo, que no tenían nada, los dejó Nabuzardán, jefe de la guardia, en la

tierra de Judá, y les dio viñas y campos de labor.

Los caldeos atacaron la ciudad sobre todo por el norte, que era el lado más vulnerable y por donde

entraron todos los invasores en la Ciudad Santa desde Nabucodonosor a los cruzados. El rey y

su estado mayor, viendo la situación insostenible, huyeron por el sur hacia el desierto, por donde

el ejército de asediantes estaba más desguarnecido. Atravesó el jardín real 6, fuera ya de los mu2103

ros, en la confluencia del Cedrón con el valle de Hinnom (más tarde “Gehenna”), actual er-

Rababy. La puerta de entre los dos muros (v.4) estaba en el sudoeste del Ofel, que se abría en el

bastión que obstruía con doble muro el valle del Tiropeón 7. Los fugitivos tomaron el camino del

desierto o Araba, con el ánimo probablemente de refugiarse en Amón, reino que formaba parte

de la liga antibabilónica 8. Araba, que significa “estepa,” es la depresión formada por el lecho del

Jordán, pero sobre todo la parte que va del mar Muerto al mar Rojo 9.

Sedecías y sus compañeros lograron llegar a las estepas de Jerico, a punto de pasar el

Jordán hacia TransJordania (v.5). Sedecías logró reunir en torno a Jericó muchos oficiales y soldados

fugitivos 10, pero no pudo organizar la resistencia. Fue capturado por las tropas caldeas y

llevado a Ribla, la actual Rible o Rabie, en la región de Jamat o “Hama” en la actualidad, en la

Alta Siria, a 34 kilómetros al sur de Homs. Era un centro de comunicaciones muy apto para dirigir

las operaciones contra Fenicia y Palestina, y allí estableció Nabucodonosor su cuartel general,

como lo había hecho antes Necao II en 609 11. La sentencia del rey babilonio fue despiadada. Sedecías

era un rey vasallo que había quebrantado el juramento de fidelidad. Había sido puesto en

el trono por el mismo Nabucodonosor en 598, cuando fue depuesto su sobrino Jeconías. Fueron

asesinados sus hijos de tierna edad (ya que el rey entonces no tenía más que treinta y dos años)

delante de él (v.6). Quería desenraizar toda su descendencia, acabando así con todo posible brote

de insurrección posterior. Y en un refinamiento de crueldad, a Sedecías no le quitó la vida, sino

que le sacó los ojos (ν.7) para que llevara una vida triste y despreciada en Babilonia, recordando

su triste destino. Era costumbre entre los reyes orientales sacar los ojos a los soberanos vencidos

y después llevarlos a formar un cortejo con los otros reyes vencidos en torno al rey vencedor mesopotámico.

Algo parecido a la costumbre de los generales romanos de llevar en triunfo por las

calles de Roma a los reyes bárbaros vencidos. Asurbanipal se gloría de haber cegado a sus enemigos

12, y en un bajorrelieve asirio se ve a Sargón (721-705) cegando con su lanza al rey vencido

postrado a sus pies. Ezequiel había profetizado que Sedecías no vería al rey de Babilonia, y

Jeremías reiteradamente dice que le hablaría boca a boca 13.

El general en jefe de las operaciones en Palestina, Nabuzardán 14, deportó a las fuerzas

vivas de la población judía. Los palacios y templo de Jerusalén fueron pasto de las llamas. Sólo

se dejó en Judá a los pobres del pueblo, que no tenían nada (v.10), permitiéndoseles cultivar viñas

y campos de labor, con cuyos productos habrían de pagar un fuerte tributo al implacable

vencedor babilónico.

Liberación de Jeremías (11-18).

11 Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dado orden a Nabuzardán, jefe de su

guardia, respecto de Jeremías, diciéndole: 12 Préndele y mira por él y no le hagas

mal alguno, sino que haz con él según te diga. 13 Y Nabuzardán, jefe de la guardia, y

Nabusezbán, “rabsaris”; Negalsareser, “rabmag,” y todos los otros jefes del rey de

Babilonia, 14 mandaron sacar a Jeremías del vestíbulo de la guardia y se lo encomendaron

a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, para que le llevase a su casa, y

quedó habitando en medio del pueblo. 15 Jeremías había recibido palabra de Yahvé,

mientras estaba preso en el vestíbulo de la guardia, diciéndole: 16 Ve y di a Abdemelec

el etíope: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo cumpliré mis palabras

sobre esta ciudad, para su mal, no para su bien; esto sucederá a tus propios

ojos en ese día. 17 Entonces yo te libraré — oráculo de Yahvé — y no serás entregado

en manos de los hombres a quienes temes. 18 Yo te salvaré y no caerás a la espada,

y será salva tu vida, porque confiaste en mí. Oráculo de Yahvé.

2104

Nabucodonosor conocía, sin duda por relatos de los desertores hebreos, la actitud de Jeremías

durante el asedio, predicando la rendición. Por eso sentía cierta estima por el profeta, aunque no

entendiese los motivos religiosos por los que el profeta pedía la sumisión al rey caldeo, instrumento

de la justicia divina. Por eso se mostró generoso con él, encargando a su comandante jefe

de operaciones, Nabuzardán, que lo tratase con deferencia (v.12). Conforme a estas órdenes, los

jefes babilónicos libertaron a Jeremías, que aún se hallaba preso en el vestíbulo de la guardia

(v.14), y se lo encomendaron a Godolías (v.16), que iba a ser el gobernador judío puesto por los

babilonios después del desastre. Era hijo de Ajicam, protector de Jeremías 15. Por eso es de suponer

que Godolías y el profeta fueran amigos, pues compartían la política de sumisión a Babilonia

antes de arrostrar la aventura de una resistencia sin esperanza. Jeremías, pues, quedó habitando

en medio del pueblo, es decir, con libertad de acción, participando de las penalidades de los supervivientes.

La expresión para que le llevase a su casa parece indicar la reintegración a sus derechos

cívicos 16.

La profecía relativa a Abdemelec (v. 15-18) quizá fue hecha antes de caer la ciudad en

manos de los caldeos, cuando Jeremías fue liberado de la cisterna por su humanitaria intervención

17. El redactor la pone aquí en el momento de su cumplimiento. Jeremías le promete, en

nombre de Dios, que nada le ha de suceder en premio a su buena acción. El eunuco etíope ha dado

una lección de religiosidad a todos los judíos, y Yahvé se lo premia con la salvación de su vida

en medio de tanta ruina. Jerusalén será destruida en cumplimiento a las palabras de Yahvé

(v.16), pero él no perecerá en la catástrofe (ν.17). El buen etíope había creído en Jeremías como

hombre de Dios; con ello expresó un acto de fe en el mismo Dios: confiaste en mi (v.18).

1 Cf. 39:13; 52:128. — 2 Cf. 2 Re 14:13- — 3 Publicada por E. UNGER, Babylon p.28a (1925). — 4 En el prisma cuneiforme: “Nergal-sar-usur”:

“Nergal protege al rey.” — 5 Cf. Bezold, Babylonisch-assyrisches Glossar p.252. — 6 Cf. Jer 52:7; 2 Re 25:4. — 7 Cf. De Vaux, Le livre

des Rois p.225; Is 22:11. — 8 Cf. Jer 40,14; 41:10. — 9 Cf. Jos 12,is; 11:2; 2 Sam 4:7. Véase ABEL, Géographie de la Palestine I

p-423- — 10 Cf. Jer 52:8; 2 Re 25:5. — 11 Cf. 2 Re 23:33- — 12 Anales de Asurbanipal I 117; III 113. — 13 Cf. Ez 12:13; Jer

32:4.5; 34:3; 37:17; Flavio Josefo, Ant. Jud. X 8:2. — 14 En babilónico: “Nabuzer-iddinam”: “Nabu ha dado descendencia.” En el

v.11 se le llama en la Biblia Rab-tabajim, lit. “jefe de carniceros.” En el prisma babilónico antes citado se le pone por título rabnujtimmu:

“jefe de horneros,” que quedó como título cortesano de gran dignidad. Como el “jefe de coperos” (Gen 40:9) en la corte

del faraón. — 15 Cf. Jer 26:24. — 16 En casa falta en los LXX. — 17 Cf. Jer 38:13.

40. Liberación de Jeremías.

Godolías, gobernador del País.

En los c.40-44 encontramos una serie de episodios relativos a la vida de Jeremías después de la

caída de Jerusalén.

El c.40 resulta embarazoso en lo tocante a la liberación de Jeremías, supuesto lo que acabamos

de ver en el c.39:14, donde con detalle se narra que los jefes caldeos personalmente libertaron

al profeta al entrar en Jerusalén, cuando aquél estaba aún preso en el vestíbulo de la guardia.

Aquí, en cambio, se dice que Jeremías estaba en Rama, al norte de Jerusalén, encadenado

con los otros conciudadanos en un campo provisional de concentración. Para resolver esta contradicción,

muchos autores consideran los v.1-2 del C.40 como adiciones posteriores redaccionales

1. Otros, en cambio, consideran como espúrea la narración de 39:142. Y, finalmente, no faltan

quienes intentan concordar ambas narraciones del modo siguiente: al llegar Nabuzardán a Jerusalén,

un mes después de tomada la ciudad, Godolías se había trasladado para vivir en Misfa. En su

ausencia, los jefes subalternos caldeos prendieron a Jeremías en una redada general con los otros

2105

habitantes de Jerusalén. Llegados éstos al campo de concentración de Rama, se enteró Godolías

de ello, e intervino en su favor ante los jefes babilónicos, que le libertaron definitivamente 2*.

Pero bien pudiera ser que el redactor posterior recogiera dos tradiciones diferentes sobre el prendimiento

de Jeremías, y en ese caso nos encontraríamos con uno de tantos duplicados de la Biblia.

Liberación de Jeremías (1-6).

1 Palabra de Yahvé que recibió Jeremías después que Nabuzardán, jefe de la guardia,

le dejó ir de Rama, donde le halló cargado de cadenas en medio de los cautivos

de Jerusalén y de Judá que iban deportados a Babilonia. 2 El jefe de la guardia real

dijo a Jeremías: Yahvé, tu Dios, había amenazado con males este lugar, 3 y los ha

traído sobre él, como lo anunció, porque habéis pecado contra Yahvé y no habéis escuchado

su voz; por eso os ha sucedido esto. 4Y ahora he aquí que te quito hoy las

cadenas de tus manos; si quieres venir conmigo a Babilonia, ven, que yo miraré por

ti; pero, si te desagrada venir conmigo a Babilonia, déjalo; tienes la tierra toda a tu

disposición. Ve a donde mejor te parezca. 5 Y como aún no se decidiera a volver,

vuélvete (le dijo) a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, a quien ha hecho el rey

de Babilonia gobernador de las ciudades de Judá, y habita con él en medio del pueblo,

o vete a donde tú mejor quieras. Diole también el jefe de la guardia provisiones,

le hizo regalos y le despidió. 6 Vino, pues, Jeremías a Godolías, hijo de Ajicam, que

residía en Misfa, y habitó con él en medio del pueblo que había quedado en la tierra.

Nabuzardán, al volver de Ribla, adonde había ido a recibir órdenes de Nabucodonosor después

de la conquista de Jerusalén, se dirige al campo de concentración de prisioneros de Rama, la actual

er-Ram, a ocho kilómetros al norte de Jerusalén, en la carretera general de la capital a Naplusa

3, y allí encuentra a Jeremías, sobre el que tenía particular interés. Si el relato de 39:14 responde

a la verdad de los hechos, podemos suponer que Nabuzardán, después de libertar a Jeremías

del vestíbulo de la guardia, se marchó a Ribla, y, durante su ausencia, algunos jefes subalternos,

que no sabían las predilecciones e intenciones del comandante jefe sobre Jeremías, le

harían prisionero como medida de seguridad, y en condición de tal le llevaron a Rama.

La frase palabra de Yahvé que recibió Jeremías. (v.1) parece que debiera ser seguida de

un oráculo del profeta, según costumbre. Por ello, algunos autores creen que se ha perdido el

texto de ese nuevo oráculo4. Otros, en cambio, prefieren ver en la frase estereotipada un título

general que serviría de introducción al contenido de la sección de los c.40-44, donde se habla de

las vicisitudes del profeta después de la ruina de Jerusalén. En ese caso, palabra de Yahvé. equivaldría

a “actividad profética de Jeremías por inspiración divina.”5 Pero aquí parece que se inaugura

una sección biográfica, con la excepción del discurso del c.44, que tiene su propia introducción

oracular.

Jeremías estaba cargado de cadenas, según la costumbre de los babilonios y asirios respecto

de los prisioneros varones6. A las mujeres se les permitía llevar consigo algunos hatillos

con ropas y enseres domésticos.

Parece un tanto extraño el discurso de tipo profético judaico puesto en boca del caldeo

Nabuzardán. Por ello, no pocos autores creen que se trata de una inserción redaccional extraña al

original. No obstante, no debemos perder de vista la mentalidad de los conquistadores orientales

politeístas, que reconocían el carácter divino de los dioses de otros pueblos. El legado de Senaquerib

en tiempo de Isaías habla en términos análogos: “¿Acaso sin contar con Yahvé he invadi2106

do yo esta tierra para devastarla? Yahvé me ha dicho: Invade la tierra y devástala”7. Ciro se expresa

en términos parecidos 8. Se consideran, pues, como cumplidores de la voluntad del dios del

pueblo vencido, que quería castigar a su pueblo. Con ello lograban captar la benevolencia de los

vencidos, ya que se les respetaba lo que les era más caro, la religión. Así, pues, Nabuzardán conocía

la predicación profética de Jeremías, centrada en torno a la reiterada idea de que Jerusalén

sería entregada a los babilonios por haber pecado contra Yahvé. Ahora, pues, hablando con Jeremías,

le expresa su punto de vista, coincidente con sus doctrinas. Es un modo de querer ganarle,

presentándose como instrumento de la justicia del mismo Yahvé. Así le dice para halagarle:

Yahvé, tu Dios, había amenazado con males este lugar., porque habéis pecado (v.2-3). Sin duda

que en estas palabras hay un trasfondo de sagacidad diplomática. Le interesaba mucho al comandante

babilonio tener a su lado a Jeremías, y así acepta sus puntos de vista religiosos en lo concerniente

a la marcha de la Providencia divina sobre su pueblo.

Después le deja escoger, para su futuro, entre ir a Babilonia, donde será tratado con deferencia

particular, o quedar en Judá con Godolías, hombre ponderado y amigo personal del profeta

9. Nabucodonosor le había establecido como gobernador en Judá, descartando todo sujeto de

la línea dinástica davídica, que se había mostrado reiteradamente insurgente. Godolías, por su

prudencia y moderación, era una garantía de sensatez, y, por otra parte, estaba capacitado para

organizar esta parte de Palestina, de tanta importancia para el imperio babilónico por colindar

con el imperio egipcio. Era conveniente que allí no existiese un estado caótico, sino organizado,

y por eso el rey caldeo quiere crear un nuevo estado vasallo, resucitado de las ruinas anteriores

(v.5). Jeremías prefiere quedarse con los pobres del pueblo en Judá, para compartir sus penalidades

y ayudarles a levantar las esperanzas de resurrección nacional. Ezequiel, en el

exilio babilónico, estaba cumpliendo esta misión con los desterrados a orillas del Eufrates. Era

preciso que en Palestina quedara un hombre de Dios que fuera como el director espiritual de su

pueblo, que vegetaba en la mayor miseria y postración. Por eso, Jeremías habitó en medio del

pueblo (v.6) en Misfa, donde Godolías había fijado su residencia oficial10. Jerusalén estaba en

ruinas, y era preferible esta localidad provinciana en los confines del reino de Judá.

Reunión de los jefes judíos dispersos con Godolías. (7-16)

7 Guando todos los jefes de tropas que se habían dispersado por la campiña supieron,

ellos y sus hombres, que el rey de Babilonia había hecho gobernador de la tierra

a Godolías, hijo de Ajicam, encomendándole los hombres, las mujeres y niños y

los pobres de la tierra que no habían sido deportados a Babilonia, 8 vinieron a Godolías,

en Misfa, Ismael, hijo de Natanías; Yojanán y Jonatán, hijos de Carcaj; Serayas,

hijo de Tanjumet; los hijos de Efay, de Netofa, y Jezonías, hijo del Mahakatí,

ellos y sus hombres, 9 y los conjuró Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, a ellos y

a sus compañeros: “No temáis servir a los caldeos; habitad en la tierra, servid al rey

de Babilonia, y os reportará bien. 10 Yo me quedo en Misfa para representar al país

ante los caldeos que vengan a nosotros, pero vosotros haced la vendimia, recoged las

mieses y el aceite y guardadlos en vuestros recipientes, y quedaos en las ciudades

que habitáis,” 11 También todos los judíos que estaban en Moab, entre los hijos de

Amón, en Idumea y en todas las otras regiones, al oír que el rey de Babilonia había

dejado un resto de Judá y que les había dado por gobernador a Godolías, hijo de

Ajicam, hijo de Safan, 12 volvieron de todas las regiones en que se habían dispersado,

y vinieron a la tierra de Judá, a Godolías, en Misfa, y recogieron vino y mieses

en gran abundancia. 13 Pero vinieron a Godolías, en Misfa, Yojanán, hijo de Careaj,

2107

y todos los jefes del ejército que se habían dispersado por la campiña, 14 y le dijeron:

“¿Sabes que Baalís, rey de los hijos de Arrimón, ha mandado a Ismael, hijo de Natanías,

para darte muerte?” No lo creyó Godolías, hijo de Ajicam. 15 y Yojanán, hijo

de Careaj, llevó aparte a Godolías y le dijo: “Yo iré y mataré a Ismael, hijo de Natanías,

sin que nadie lo sepa; no te mate él a ti y se dispersen todos los judíos que se

han reunido en torno tuyo y perezcan los restos de Judá.” 16 Y le contestó Godolías,

hijo de Ajicam: “No hagas eso, pues lo que dices de Ismael es falso.”

Después de conquistada Jerusalén por los caldeos, quedaron pequeños grupos de guerrilleros

dispersos por la campiña desértica, tropas que habían quedado fuera de los muros de la ciudad y

otras de las que habían huido con Sedecías 11. Al saber que se había organizado de nuevo el Estado

judío bajo las órdenes de Godolías, impuesto como gobernador por los babilonios (ν.7), decidieron

unírsele para trabajar en la reconstrucción de la nación. Naturalmente, como militares

que habían luchado con Sedecías, temían por su suerte. El historiador da algunos nombres de

ellos, conocidos por otros textos bíblicos 12. Godolías les invita a deponer el miedo, pues él tiene

amplios poderes de amnistía, y sabía que los caldeos tenían interés — una vez vencida la resistencia

fundamental — en reorganizar el nuevo Estado vasallo, y, por consiguiente, no se habían

de meter con ellos (v.8). Les invita a permanecer en Judá (v.8). Parece que los jefes dispersos

estaban dispuestos a marcharse lejos, hacia Egipto, lejos de la dominación babilónica. Godolías,

por su parte, se considera como el responsable de la situación y representante de los intereses del

pueblo de Judá ante los babilonios (v.10).

Eran horas en que se exigía mucha cordura y paciencia para no soliviantar a los vencedores.

Por eso les invita a reintegrarse a su vida normal cívica, trabajando los campos, ya que no

podían aspirar a continuar en organizaciones militares: haced la vendimia. y quedaos en las ciudades

(v.10). Con la deportación, la ciudad y parte de la campiña había quedado casi despoblada,

y era preciso trabajar para que se llenasen las necesidades materiales de la nación. A estos jefes

militares vencidos se juntaron en Misfa muchos prófugos judíos, al ver que la nación se volvía a

organizar después de la marcha de las tropas de ocupación babilónica. Por otra parte, se daba la

circunstancia de que aquel año había vino y mieses en gran abundancia (v.12). Después de las

estrecheces del asedio, esto resultaba una bendición. Los caldeos, pues, no habían devastado el

campo, destrozando sus cosechas y sus frutos.

Pero en estos días de incertidumbre no faltaron profundas inquietudes políticas para el

nuevo gobernador Godolías. Tenía muchos enemigos entre los fanáticos nacionalistas que aún

andaban en bandadas por el desierto, los cuales no aceptaban esta colaboración con los vencedores

caldeos. Entre estos nacionalistas acérrimos estaba Ismael, de sangre real, que no podía soportar

que Godolías, sin ser príncipe, fuera el jefe del nuevo Estado judío; de ahí la sospecha de

un complot suyo en combinación con el rey de Amón, Baalís, el cual quizá soñara con hacer una

liga antibabilónica, y por ello no le agradaba que en Judá estuviera gobernando un hombre sumiso

a los caldeos (v.14.). No obstante, Godolías, de espíritu equilibrado y magnánimo, no quiso

dar oídos a esto, y menos permitió que se asesinara por ello a Ismael (v. 15-16).

1 Así Nótscher. — 2 Opinión de Volz. — 2* Así Peake. — 3 Cf. Jer 31:15. — 4 Así opina Nótscher. — 5 Es la opinión de Condamin y

Ricciotti. — 6 Véase Gressmann, Alt. Orient. Text. una Bild. fig.128.133.141. — 7 Cf. Is 36:10. — 8 Esd 1:2. — 9 Cf. 2 Re 22:8;

Jer 21:3; 26:24; 29:3; 36:10. — 10 Misfa suele identificarse generalmente con Tell en-Nasbe, a 13 kilómetros al norte de Jerusalén.

Fue fortificada por el rey Asa (i Re 15:22). En las excavaciones del 1932 se encontró un sello con el nombre de “Ya'azaniyahu

siervo del rey,” que se ha querido identificar con el Jezonías, jefe militar del v.8. Cf. ABEL, Géog. II p.398. Algunos autores,

con menos probabilidad, han querido identificar Misfa con la altura de Nebu Samwil, al sur de Gabaón. — 11 Cf. Jer 52:8. — 12

El nombre de Jonatán falta en algunos manuscritos hebreos y en el texto griego. Debe de ser una ditografía del nombre anterior

Yojanan. Netofa se ha querido identificar con Khirbet Bedd Faluh, a unos cinco kilómetros al sur de Belén, camino de Tecoa. Je2108

zonías, cf. 2 Re 25:23. Mahacatí o macateo, e.d., de Mahaca, junto al Hermón (2 Sam 10,6; 1 Crón 19:6-7)· Quizá sea un nombre

gentilicio “del clan maacateo,” descendiente de Caleb (1 Crón 2:48; 4:19), que habitaba al sur de Judá.

41. Asesinato de Godolias y de tros ciudadanos

Judíos.

Se continúa la historia del nuevo gobernador, muerto trágicamente por los fanáticos nacionalistas.

Las sospechas del complot que Godolías había rechazado magnánimamente se confirmaron,

pues Ismael traidoramente mató a Godolías y a los suyos. También asesinó a fieles israelitas de

Siquem y de Silo que se dirigían con ofrendas al templo de Yahvé. Después emprendieron la fuga

hacia Amón. Los pocos que pudieron salvarse de la jurisdicción de Ismael se marcharon a

Egipto, temiendo las represalias de los caldeos.

Asesinato de Godolías (1-3).

1 Y sucedió que el séptimo mes vino Ismael, hijo de Natanías, hijo de Elisama, de

sangre real, de los magnates de la corte, con otros diez a Godolías, hijo de Ajicam,

en Misfa, y comieron juntos en Misfa. 2 Y se levantó Ismael, hijo de Natanías, y con

él los diez que le acompañaban, y mataron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan,

al que había puesto de gobernador de la tierra el rey de Babilonia, 3 y mataron también

a todos los judíos que le acompañaban en Misfa, y a los caldeos que se encontraban

allí.

Tres meses después de la caída de Jerusalén tuvo lugar el asesinato del gobernador Godolías, impuesto

por los babilonios. El séptimo mes corresponde a septiembre-octubre. La ciudad había

sido tomada en el mes cuarto, es decir, junio-julio del 586, y destruida en el mes quinto, julioagosto

1. Cuando Godolías fue asesinado, ya se había recogido el vino y el aceite. Así, pues, podemos

suponer que fue muerto a principios de octubre del 586. Ismael había hecho acto solemne

de sumisión; Godolías le invitó a un banquete teniendo en cuenta su categoría de príncipe. Pero

allí murió a traición a manos de los esbirros del criminal nacionalista. El acto tenía el carácter de

una rebelión abierta contra los babilonios, que habían impuesto a Godolías como gobernador.

Con su muerte desapareció la esperanza de una segura, aunque lenta, reconstrucción del país. El

asesinato del bueno de Godolías dejó una profunda huella en la historia de Israel, en tal forma

que en tiempos de Zacarías (s. ν a.C.) se celebraba un día de ayuno solemne en el aniversario de

su muerte, como en el de la toma de Jerusalén 2. Con él murieron sus fieles funcionarios y algunos

caldeos.

Exterminio de los peregrinos de Siquem y de Silo (4-10).

4 Al segundo día de haber muerto Godolías, sin que nadie lo supiera todavía, 5 vinieron

unos hombres de Siquem, de Silo y de Samaría, ochenta en número, rasurada la

barba, rasgadas las vestiduras e incisas las carnes, que traían en sus manos oblaciones

e incienso para ofrecerlos en el templo de Yahvé. 6 Salióles al encuentro Ismael,

hijo de Natanías, de Misfa. Iban llorando, y, al llegar a ellos, les dijo: Venid a ver a

Godolías, hijo de Ajicam. 7 Cuando estuvieron en medio de la ciudad, los mató Ismael

con los que le acompañaban, arrojándolos a la cisterna. 8 Hubo entre ellos diez

2109

que dijeron a Ismael: No nos mates, que tenemos en el campo gran cantidad de trigo

y de cebada, de aceite y de miel. Dejólos y no los mató con los demás. 9 La cisterna

en que arrojó Ismael todos los cadáveres de los hombres a quienes mató es una gran

cisterna que hizo construir el rey Asa cuando se defendía de Baasa, rey de Israel.

Esta es la que llenó de cadáveres Ismael, hijo de Natanías. 10 Llevó cautivo Ismael a

todo el resto del pueblo que se hallaba en Misfa, a las hijas del rey y a todo el pueblo

que en Misfa había quedado, al cual había dado Nabuzardán, jefe de la guardia real,

por gobernador a Godolías, hijo de Ajicam. Ismael, hijo de Natanías, se los llevó

cautivos hacia la tierra de los hijos de Amón.

Este trágico episodio revela el alma criminal del asesino de Godolías. No sólo no se contentó con

matar al que consideraba rival y colaboracionista de los caldeos, sino que se ensañó con un grupo

de inocentes peregrinos que llevaban sus ofrendas a Jerusalén para implorar misericordia a Yahvé

sobre las ruinas del templo (v.4-5). Ismael, el príncipe davídico asesino, no quería que se reanudase

la vida normal de la nación colaborando con los babilonios. Quería sembrar el caos y el

descontento para que no se aceptase pacíficamente como situación de hecho la ocupación babilónica,

y por eso extermina a gentes sin culpabilidad alguna, representantes del pueblo fiel y sano.

¡A tanto puede llevar la histeria del supernacionalismo y de la intriga política!

Los peregrinos son de Siquem, Silo y Samaría, las ciudades más importantes del antiguo

reino del Norte, desaparecido en tiempos de Sargón II (721). En tiempos de Josías (640-609) se

había incorporado prácticamente a Judá el teritorio del reino del Norte, que había quedado sin

sus fuerzas vivas después de la deportación asiría. Con ello, su profunda reforma religiosa había

penetrado en la región de Samaría, y se reanudaron las peregrinaciones al templo de Jerusalén.

Como la matanza de estos peregrinos tuvo lugar en el mes séptimo (septiembre-octubre), podemos

suponer que iban a Jerusalén a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. Sobre todo, querían

mostrar su duelo público por la destrucción de la Ciudad Santa. Por eso se dice de ellos que iban

con la barba rasurada, rasgadas las vestiduras e incisas las carnes (v.5), signos habituales de

duelo y de penitencia 3. Traían en sus manos oblaciones e incienso para ofrecerlos en el templo

de Yahvé (v.5). Puesto que el altar de los holocaustos había sido destruido, no había posibilidad

de celebrar sacrificios cruentos; por eso traían oblaciones (de harina, aceite) e incienso, sin duda

para derramarlas sobre las ruinas del templo. El templo de Yahvé había sido destruido, pero allí

estaban sus ruinas humeantes, señalando el lugar donde se debía adorar al Dios nacional de los

israelitas. Aquellas ruinas, pues, eran sagradas, y estaban aún santificadas por la presencia, en

otro tiempo, de Yahvé.

Los peregrinos pasan por la ruta que sube de Samaría a Jerusalén junto a la colina donde

estaba Misfa (actual tell en-Nasbe). Ismael los ve de lejos y los invita a subir a la ciudad para que

se presenten al nuevo gobernador Godolías (v.6). Después los asesinó en la ciudad, arrojando sus

cuerpos a una cisterna, famosa por haber sido construida por el rey de Judá Asa (914-874) cuando

fortificó Misfa contra la incursión del rey de Israel Baasa 3*. Un grupo de peregrinos se salvó

diciendo que tenían escondidas grandes cantidades de trigo y cebada. (v.8). Esto parece suponer

que notaron que Ismael y los suyos estaban ávidos de provisiones, y por eso le recuerdan que, si

les perdona la vida, le entregarán grandes cantidades de víveres que tienen escondidos en cisternas

y grutas secretas para que no se apoderaran de ellos las tropas caldeas 4. Ismael, viendo que

no podía continuar en Misfa, huyó llevando en rehenes a las hijas del rey, o mujeres de la familia

real en sentido amplio, que no habían sido deportadas por los babilonios. Sin duda que quería

poder utilizarlas para intercambios políticos en sus futuras alianzas con el rey de Amón u otros

2110

reyes 5.

Huida de Ismael a TransJordania (11-18).

11 Yojanáii, hijo de Qareaj, y los jefes de tropas que con él estaban, supieron todo el

mal que había hecho Ismael, hijo de Natanías, 12y, tomando todos sus hombres, salieron

en persecución de Ismael, hijo de Natanías, y le alcanzaron cerca del gran estanque

de Gabaón. 13Todo el pueblo que estaba con Ismael se alegró al ver a Yojanán,

hijo de Qareaj, y los jefes de tropas que le acompañaban, 14y todo el pueblo que

Ismael llevaba a Misfa dio la vuelta y se fue con Yojanán, hijo de Qareaj. 15Ismael,

hijo de Natanías, con otros ocho, huyó delante de Yojanán, y se refugió entre los

hijos de Amón. l6 Tomaron, pues, Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los jefes de tropas

que le acompañaban, a todo el resto del pueblo que Ismael, hijo de Natanías,

había llevado de Misfa después de haber matado a Godolías, hijo de Ajicam; hombres

y mujeres, niños y eunucos que había traído de Gabaón, 17 y se volvieron, deteniéndose

en los apriscos de Kimham, cerca de Belén, para desde allí dirigirse a Egipto,

18 huyendo de los caldeos, a quienes temían por haber matado Ismael, hijo de Natanías,

a Godolías, hijo de Ajicam, puesto por el rey de Babilonia como gobernador

del país.

Los jefes de tropas (v.11), que estaban por el campo, según indicación del mismo Godolías, al

saber el asesinato de éste a manos de Ismael, como se temían, decidieron vengarle, y por eso le

persiguieron sin tregua. Las consecuencias del asesinato tenían que ser muy graves, pues eran de

temer las represalias de los caldeos al ver que habían matado a su gobernador. No quedaba más

que llevarles la cabeza, del asesino para que vieran que sólo éste era el responsable del acto. Si

no conseguían dar muerte a Ismael, no les quedaba sino huir a Egipto, como único medio de salvarse

de las terribles iras de los babilonios. Ismael, en lugar de marchar directamente hacia la

depresión del Jordán, camino de TransJordania, hizo un rodeo hacia el oeste, pues fue alcanzado

junto al gran estanque de Gabaón (v.12), que parece ser el mismo en que combatieron las huestes

de Joab contra Abner6. Gabaón es el actual el-Gib, a 10 kilómetros al noroeste de Jerusalén7,

donde se ve aún un antiguo depósito de agua, resto, sin duda, del gran estanque de que se habla

en el texto.

Los que acompañaban a Ismael forzados, al ver a Yojanán, se fueron con él, dejando solo

a Ismael, que logró escapar a Transjordania entre los hijos de Amón (v.16), reino al norte de

Moab.

Al no poder dar alcance al asesino, los perseguidores no tenían opción a volver a Misfa,

ya que no podrían demostrar a los caldeos que no habían tomado parte en el asesinato del gobernador

Godolías. Por eso decidieron encaminarse hacia Egipto, lugar tradicional de refugio para

los asiáticos, que ahora los recibiría como antiguos aliados contra Nabucodonosor. Se detuvieron

en los apriscos de Kimham, cerca de Belén8. No sabemos a punto fijo el lugar de este nombre,

pero bien puede ser cualquiera de los refugios para animales y hombres que se ven en las grutas

que rodean a Belén. Allí, pues, hicieron alto para organizar la marcha. Estaban ya cerca de las

fronteras egipcias y podían esperar llegar a territorio amigo antes de que les alcanzaran los caldeos.

1 Cf. Jer 52:6; 12-13. — 2 Cf. Zac7:51 8:19 — 3 Las incisiones estaban prohibidas por la Ley: Lev 19:27; Dt 14:1; Jer 7:29; 16:6;

48:37- — 3* Cf. Abel, Géog. II 398. — 4 Cf. Jue6:2-11. — 5 En los LXX falta y todo el resto del pueblo que estaba en Misfa.

6 Cf. 2 Sam 2:135. — 7 Sobre su identificación véase Abel, Géog. p.335; RB (1922) P-364; (i934).P-3605· — 8 La palabra hebrea

que traducimos por apriscos (gherut) es de sentido incierto.

2111

42. Consulta a Jeremías sobre la huída a Egipto.

De nuevo aparece Jeremías en estas circunstancias críticas después de la ruina de Jerusalén. No

parece que estuviera en Misfa cuando el asesinato de Godolías, pues, siendo su mentor espiritual,

difícilmente se habría salvado de la muerte, y, por otra parte, no es fácil que la Biblia se hubiera

callado el nombre del profeta, cuando da los de los otros jefes judíos. Podemos suponer, pues,

que Jeremías se enteró de lo ocurrido en Misfa estando él en Jerusalén u otra localidad en. su misión

de consolar a los desmoralizados habitantes de Judá. Sin duda que había puesto muchas esperanzas

en la sensatez del nuevo gobernador Godolías, impuesto por los babilonios, viendo en

él la clave de un futuro renacer nacional sobre bases más prudentes y religiosas.

Por eso podemos suponer su consternación al enterarse de la muerte de Godolías. Inmediatamente

trató de reunirse a los fugitivos, a los que alcanzaría en los alrededores de Belén, y

allí comienza, con sus oráculos y consejos, a ser de nuevo el centro de la narración.

Consulta a Jeremías sobre la huida a Egipto (1-6).

1 Todos los jefes de las tropas, Yojanán, hijo de Qareaj; Jezonías, hijo de Osaías 1, y

todo el pueblo, chicos y grandes, se acercaron a Jeremías 2 y le dijeron: Acepta nuestro

ruego y pide por nosotros a Yahvé, tu Dios; por todos estos restos, pues de muchos

hemos quedado pocos, como tú ves. 3 Que Yahvé, tu Dios, nos dé a conocer el

camino que debemos seguir y lo que hemos de hacer. 4 El profeta Jeremías les dijo:

Os oigo, y pediré por vosotros a Yahvé, vuestro Dios, según vuestros deseos. Todo

cuanto me responda Yahvé os lo comunicaré, sin ocultaros nada. 5Y ellos dijeron a

Jeremías: Sea Yahvé contra nosotros testigo verdadero y fiel si no hiciéramos en todo

según la palabra que Yahvé, tu Dios, te mande para nosotros. 6Bueno o malo, seguiremos

el mandato de Yahvé, a quien te enviaremos para que nos suceda bien,

obedeciendo a la voz de Yahvé, nuestro Dios.

La presencia del gran profeta levantó los ánimos. Sabían que era el confidente de Yahvé, y por

eso al punto quieren que les dé un consejo de parte de Dios en orden a su futura conducta. Estaban

decididos a ir a Egipto, pero querían una confirmación divina de sus planes. Jeremías acepta

interceder por ellos, pues contempla la situación triste en que se hallan sin culpa alguna por su

parte, pues han sido víctimas de una política descabellada. Los demandantes son de toda clase

social (grandes y chicos, v.1). Sin duda que los de bajo estrato social no querían ir a Egipto, y

sólo los jefes les empujaban a ello. Muchos, pues, desearían una negativa sobre el particular, y

así buscaban la autoridad de Jeremías para salir con sus legítimos deseos. Los jefes temían la represalia

caldea, y estaban decididos a huir a Egipto. Los fugitivos dicen con humildad: Pide por

nosotros a Yahvé, tu Dios (v.2). Después de la catástrofe creían que Yahvé los había abandonado

definitivamente, y por eso no se atreven a considerarle como su Dios, sino que dicen al profeta:

tu Dios. Jeremías accede a pedir por ellos: Pediré por vosotros a Yahvé, vuestro Dios (v.4). La

expresión vuestro Dios tiene un acento de confortamiento, como réplica a la insinuación de que

ya no era Dios protector de “ellos.” Todo ha sucedido conforme a los caminos de la Providencia

divina; pero, por haberlos sumido en la desgracia, no por eso los ha abandonado.

Los consultores se obligaron con juramento a seguir el consejo del profeta (v.5). Las circunstancias

eran tales, que lo más prudente era huir, y están seguros que Yahvé confirmará este

2112

punto de vista. Con todo, la promesa es arrogante: Bueno o malo (c.d., gústenos o no), seguiremos

el mandato de Yahvé (v.6). En su deseo de que Jeremías consultara a Yahvé, han sido demasiado

arrogantes en sus promesas.

Respuesta de Jeremías (7-22).

7 Pasados diez días, recibió Jeremías palabra de Yahvé; 8 y llamó a Yojanán, hijo de

Qareaj, y a todos los jefes de tropas que con él estaban, y a todo el pueblo, chicos y

grandes, 9 y les dijo: Así dice Yahvé, Dios de Israel, a quien me habéis mandado para

presentarle vuestros ruegos: 10“Si os quedáis tranquilos en esta tierra, yo os edificaré

y no os destruiré, os plantaré y no os arrancaré, pues me pesa ya del mal que os

he hecho, 11No os dé miedo el rey de Babilonia, a quien teméis; no temáis de él —

oráculo de Yahvé — , pues yo estoy con vosotros para salvaros y libraros de sus manos.

12 Os otorgaré misericordia y se apiadará de vosotros y os dejará en vuestra tierra.

13 Pero si decís: No queremos seguir en esta tierra, y no escucháis la voz de

Yahvé, vuestro Dios, 14 diciendo: Nos iremos a la tierra de Egipto, donde no veremos

ya la guerra ni oiremos el sonido de la trompeta y no habrá falta de pan, allí habitaremos,

15 entonces, resto de Judá, escuchad la palabra de Yahvé: Así dice Yahvé de

los ejércitos: Si volvéis vuestros ojos a Egipto para iros allá y habitar en él, 16 la espada

que teméis os alcanzará sobre la tierra de Egipto; el hambre que receláis os

sobrevendrá en Egipto y os hará morir allí. 17Y todos cuantos vuelvan el rostro

hacia Egipto para ir a habitar allí, morirán de espada, de hambre y de peste; ni uno

solo escapará ni se librará del mal que yo haré venir sobre ellos, 18 porque así dice

Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Lo mismo que ha estallado mi cólera y mi furor

contra los habitantes de Jerusalén, así estallará mi furor contra vosotros si os

vais a Egipto, y seréis objeto de execración, de horror, de maldición y de oprobio, y

no veréis más esta tierra. 19 He aquí la palabra de Yahvé para vosotros, resto de Judá:

No vayáis a Egipto. Sabed que yo os lo advierto hoy solemnemente. 20 Ciertamente

os engañáis a vosotros mismos. Me habéis mandado a Yahvé, nuestro Dios,

diciendo: Intercede por nosotros cerca de Yahvé, nuestro Dios. Todo lo que diga

Yahvé, nuestro Dios, comunícanoslo, y nosotros lo haremos. 21 Yo os lo hago saber

hoy, y vosotros no escucháis la voz de Yahvé, nuestro Dios, lo que me ha encargado

deciros. 22 Sabed, pues, que certísimamente moriréis de espada, de hambre y de peste

en el lugar adonde queréis iros a habitar.

A pesar de la ansiedad de los consultores, la respuesta tardó diez días en llegar. Durante este

tiempo, los jefes procuraban con sus propagandas ganar los ánimos del pueblo en favor de un

éxodo hacia Egipto. Baruc trató de hacer frente a esta tesis, pero su labor fue contraproducente,

ya que, por su amistad con Jeremías, creyeron que había sido aquél el instigador de la propuesta

del profeta de que permanecieran en el país sin ir a Egipto. Jeremías tardó en dar respuesta sencillamente

porque no había recibido comunicación divina. Aunque en su punto de vista personal

no era partidario de que sus compatriotas se marcharan a Egipto, sin embargo, su escrupulosidad

religiosa le impide presentar como oráculo divino lo que es fruto de su reflexión, y por eso espera

la comunicación divina, que no llega hasta diez días después. Veía el estado de excitación del

pueblo y la labor de propaganda de los jefes en favor de la marcha hacia Egipto, y, sin embargo,

calla. Es un testimonio de la sinceridad profética, y prueba que en ellos la “iluminación” profética

no era habitual, sino carismática transeúnte 2.

2113

La respuesta de Yahvé es taxativa: la salvación del pueblo está en permanecer en la tierra

patria, mientras que el exilio egipcio no les traerá más que desventuras (v. 10-13). Hasta ahora

Yahvé ha cumplido la labor punitiva purificadera, la labor de destruir y desenraizar 3; pero ahora

llega la segunda parte: yo os edificaré (v.10). Gomo los exilados de Babilonia van a entrar en una

etapa nueva de reconstrucción bajo la protección divina, así los que quedaron en Palestina van a

inaugurar también una fase de rehabilitación nacional y social. Pero es preciso que el pueblo se

decida a seguir los consejos de Yahvé. Si permanece en la tierra patria, será protegido especialmente

por Dios, mientras que, si le desobedecen, Dios continuará castigándoles en Egipto, sin

esperanza de futuro. El profeta pone en boca de Yahvé una reflexión antropomórfica: Me pesa ya

del mal que os he hecho (v.10). No es que Yahvé esté arrepentido de haber castigado merecidamente

a su pueblo, sino que, cumplido ya el castigo y satisfecha su justicia, cambia ya de conducta

para con él, ofreciéndole el camino de la misericordia y del perdón. Esta idea la refleja

bien la traducción de la Vulgata: “iam placatus sum super malo.”

Y el profeta, en nombre de Dios, les dice que no deben temer. los caldeos. Yahvé es el

que los ha traído a Judá, y Yahvé hará que tío los maltraten (v. 11-12). Dios puede “cambiar el

corazón del rey4, induciéndolo a la misericordia y al perdón, como quedaba demostrado en el

hecho de que hubiera nombrado un gobernador judío sobre ellos después de la toma de Jerusalén.

Por otra parte, los fugitivos son unos ilusos si creen que, huyendo a Egipto, se van librar de las

consecuencias de la guerra (v.14). Pero no saben que, si ha pasado el tiempo de la devastación en

Judá, comenzará pronto en Egipto, pues también allí llegará la guerra con su trágica ecuela de la

espada y el hambre (v.16)5. El desobedecer a Yahvé lleva siempre como consecuencia la desventura

y la desgracia. Los oyentes parecen no estar dispuestos a acatar el consejo del profeta, y por

eso éste les echa en cara su falta de fidelidad al juramento que habían hecho de seguir lo que

Dios les comunicara (v.20). Esto constituye un pecado gravísimo de desprecio a Yahvé y no

quedará sin castigo. Y, por ello, con el corazón lacerado, les anuncia el triste destino que les espera

en Egipto: moriréis de espada, de hambre, de peste (v.22). Jeremías había puesto sus esperanzas

en aquel “resto” de Judá como núcleo de restauración nacional, pero con su rebeldía se

hacía indigno de las promesas mesiánicas de rehabilitación nacional.

1 En los LXX se lee “Azarías, hijo de Mahasías,” como en 40:2. — 2 Cf. S. Th. II-II 171:5; San Agustín, Super Gen. ad litt. 1.2 c.17.

n.37 = PL 34:278. — 3 Cf. Jer 1:10. — 4 Cf. Prov 21:1. — 5 Cf. Jer 7:20; 24:9; 25:18; 28:18.

43. Los Jefes fugitivos se llevan a Jeremías.

Las palabras del profeta son desoídas, ya que las consideran inspiradas por Baruc, y los jefes

judíos se llevan a la fuerza al pueblo hacia Egipto, y entre ellos al propio profeta con su secretario

Baruc. Es una nueva prueba terrible para el profeta de Anatot, que había querido quedar en su

patria consolando a los pobres judíos, desmoralizados por la derrota (1-7).

Una vez en la tierra de los faraones, continúa su misión de profeta anunciando males. Por

una acción simbólica, vaticina la invasión de Egipto por Nabucodonosor, que destruirá los palacios

y templos del país (8-13).

Jeremías es llevado a Egipto contra su voluntad (1-7)

1 Sucedió, pues, que, cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo las palabras

de Yahvé, su Dios, todo cuanto Yahvé, su Dios, le había encargado decirles, 2 Azarí2114

as, hijo de Mahasías; Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los hombres soberbios, dijeron

a Jeremías: Es mentira lo que dices, no te ha enviado Yahvé, nuestro Dios, para

decirnos: No vayáis a habitar en Egipto. 3 Es Baruc, hijo de Nerías, que te incita contra

nosotros para entregarnos a los caldeos, para que nos den muerte o nos deporten

a Babilonia. 4 De este modo, Yojanán, hijo de Qareaj; todos los jefes y todo el

pueblo, desoyeron la orden de Yahvé de quedarse en la tierra de Judá. 5 Y Yojanán,

hijo de Qareaj, y todos los jefes de tropas tomaron a los restos de Judá que habían

vuelto de las regiones todas en que se habían dispersado para habitar en la tierra de

Judá, 6 los hombres, las mujeres, los niños, las hijas del rey y todos cuantos Nabuzar-

dán, jefe de la guardia real, había dejado con Godolías, hijo de Ajicam, hijo de

Safan, y a Jeremías profeta, y a Baruc, hijo de Nerías, 7 y entraron en Egipto, desoyendo

la voz de Yahvé, y llegaron a Tafnes.

Los interlocutores de Jeremías no vieron en su respuesta sino el eco de una opinión particular de

su secretario Baruc, sin reconocer carácter divino a su oráculo. Era dudar de la veracidad del profeta.

Baruc, principal colaborador de Jeremías en su predicación en favor de una rendición a los

babilonios, había sido tratado con deferencia particular por los conquistadores. Por eso, personalmente

nada tenía que temer de ellos. En cambio, los jefes judíos habían luchado contra ellos,

y de seguro — humanamente hablando — que habían de caer represalias mortales sobre ellos.

No quieren exponerse a tales peligros, y saben que no se hallarán tan seguros como Baruc, que

los invita a permanecer en el país (v.3). Le atribuyen, pues, a Baruc intenciones siniestras contra

ellos: te incita contra nosotros para entregarnos a los caldeos. (v.3). Contra la voluntad del profeta,

le obligaron a él y a su secretario a acompañarlos en la fuga. No sabemos las razones que

pudieran tener los jefes para llevarse a Jeremías. Ni sabemos tampoco el grado de resistencia que

éste les opuso. Quizá ante la inevitable partida para Egipto del pueblo, al que tanto amaba, quiso

acompañarles para ser el guía espiritual en una nación pagana, con el ánimo de evitar cayesen en

las prácticas idolátricas. Quizá los jefes tenían particular interés en que les acompañara el profeta,

que gozaba de gran prestigio en el pueblo. Su presencia ayudaría a mantener el espíritu nacional

religioso de los fugitivos. En los planes de Dios, Jeremías debía continuar su oficio de “centinela”

siempre avizor de los peligros espirituales de su pueblo, y en su función de “arrancar y

desenraizar pueblos,” como preámbulo para después “edificar y plantar.” 1

Anuncio de la Invasión de Egipto por Nabucodonosor (8-13).

8 Y recibió Jeremías palabra de Yahvé en Tafnes, diciéndole: 9 Toma con tu mano

unas piedras grandes y mételas en un mortero en el empedrado, junto a la entrada

de la casa del faraón en Tafnes, en presencia de los judíos. 10 Y diles: Así dice Yahvé

de los ejércitos, Dios de Israel: Yo mandaré a buscar a Nabucodonosor, rey de Babilonia,

mi siervo, que asentará su trono sobre estas piedras que acabo de colocar y

extenderá sobre ellas su tapiz. 11Vendrá y batirá la tierra de Egipto: los que a la

muerte, a la muerte; los que al cautiverio, al cautiverio; los que a la espada, a la espada.

12Y pegará fuego a los templos de los dioses de Egipto, y los abrasará, y los

conducirá cautivos, y despiojará la tierra de Egipto como despioja el pastor su zamarra,

y saldrá de allí en paz. 13 Y romperá los obeliscos del templo del Sol en Egipto,

y quemará los templos de los dioses de Egipto.

Jeremías reanuda sus acciones simbólicas para expresar gráficamente 2 la futura humillación de

2115

Egipto, que con sus instigaciones fue la causa del desastre de Judá. La parábola en acción tiene

lugar en Tafnes, ciudad fortificada en la frontera oriental de Egipto, la actual tell Defenne. Era el

lugar de concentración de muchos judíos fugitivos. Algunos habían sido ya deportados en tiempo

de Joacaz (608 a.C.), cuando el faraón Necao II llevó a Joacaz, hijo de Josías, a Egipto, poniendo

en el trono en su lugar a Joaquim.

Jeremías les había dicho a los fugitivos en las cercanías de Belén que no fueran a Egipto,

donde encontrarían la ruina y la espada. Ahora su primer oráculo sirve para confirmar aquellas

palabras. Yahvé, Señor de los reinos y de la historia, ha decidido la invasión de Egipto por el implacable

Nabucodonosor. Con ello quiere decir que los judíos no encontrarán en el país del Nilo

la seguridad y abundancia anheladas. La acción simbólica del profeta quiere indicar que en aquel

lugar donde está poniendo piedras., en el empedrado a la entrada de la casa del faraón, asentará

Nabucodonosor su trono (v.10). Es el anuncio de la invasión del coloso caldeo. Las piedras

grandes colocadas allí a la vista de todos por Jeremías deben servir de “memorial” de su profecía.

La casa del faraón no es necesario tomarla en el sentido de palacio personal del faraón, sino

uno de los edificios oficiales en los que estaban instalados los representantes del faraón en aquella

zona fronteriza. No sabemos que Tafnes haya sido nunca residencia personal del faraón egipcio.

Se trata, pues, de la residencia-fortaleza de la guarnición fronteriza egipcia, en donde moraba

el gobernador, representante del faraón. Quizá habría sido residencia accidental del faraón en sus

visitas de inspección a las fronteras y de paso en sus campañas militares en Palestina.

Yahvé hará que su siervo Nabucodonosor, instrumento de su justicia, plante sus reales en

tierra de Egipto (v.10). Con él llegará la destrucción y la ruina: los que a la muerte, a la muerte.

(v.11). Abrasará los templos, llevando cautivos a sus ídolos 3. Nabucodonosor limpiará a Egipto

de sus dioses e ídolos como despioja el pastor su zamarra (v.11). El símil es expresivo y refleja

la minuciosidad con que Nabucodonosor destruirá todo, sin dejar nada en pie4. A su paso caerán

los obeliscos del templo del Sol, o Heliópolis, la ciudad egipcia de On (nombre que da el texto

griego), centro del culto solar, a poca distancia de El Cairo actual5. Uno de sus obeliscos está aún

en su lugar, mientras que otro fue llevado a Roma por Augusto.

Tenemos, pues, que aquí se anuncia una expedición de Nabucodonosor contra Egipto,

como lo profetizó también Ezequiel allá por el 572 6. Durante mucho tiempo se dudaba de la realización

de estas profecías. Flavio Josefo dice que Nabucodonosor conquistó Egipto en el año 23

de su reinado, es decir, en el 583-582 a.C. Pero quizá esto dependa de la profecía de Jeremías 7.

Herodoto no conoce tal expedición a Egipto, pero el historiador griego tiene muchas lagunas. En

un fragmento de una inscripción babilónica traducido en el 1878 8 se dice que Nabucodonosor

dirigió una expedición contra Egipto en el año 37 de su reinado (568-567) contra el faraón Amasis

(569-526), que durante algún tiempo compartió el trono como corregente con su antecesor

Ofra (588-569). No sabemos detalles de esa expedición a Egipto llevada por Nabucodonosor,

pero podemos suponer que fue victoriosa, pues de lo contrario no la hubiese consignado en la

inscripción. Con esto tenemos lo suficiente para probar el cumplimiento de la profecía de Jeremías.

Sin duda que sembró la ruina y la devastación por doquier, como era su costumbre, y más

al tratarse del gran imperio enemigo. Como Tafnes estaba en la frontera oriental de Egipto, con

toda seguridad que en su expedición militar Nabucodonosor instaló su trono. y tapiz (v.10) en el

palacio-residencia del representante del faraón, cumpliéndose así literalmente la profecía.

1 Cf. Jer 1:10. — 2 Cf. Jer 13:1-11. — 3 Cf.Jer 48:7; 49:3 — 4 El sentido de la palabra hebrea que traducimos, como la Bib. de Jér.,

por despiojar, es oscuro. Algunos quieren traducir girar, y así la imagen sería que Nabucodonosor cambiaría la faz de Egipto con

la misma facilidad con que el pastor da vuelta a su zamarra. — 5 La palabra hebrea Beth Shemesh, que traducimos literalmente

“casa del sol,” es la traducción del egipcio Pi-Ra, “casa de Ra” o del dios solar, adorado en On o Heliópolis. — 6 Cf. Ez 29:193;

30:1 s. — 7 FL. Josefo, Ant. Jud. X 9,7. — 8 Langdon, Die neubabylon., Komgsinschriften (1912) p.206s.

2116

44. Jeremías denuncia la idolatría de sus compatriotas en Egipto.

Este vaticinio tuvo lugar con ocasión de una fiesta popular de los judíos fugitivos de Egipto en

honor de la “reina del cielo.” No hay datación cronológica ni geográfica alguna, lo que es raro en

el estilo de Baruc. El estilo narrativo es convencional y parece que refleja manipulaciones posteriores

redaccionales. Es el último discurso contra la idolatría de sus compatriotas. Les echa en

cara el culto a la “reina del cielo,” o Istar, tan querida del elemento femenino israelita. En su obcecación

idolátrica llegaron a creer que todas las desgracias pasadas les sobrevinieron por no

haber dado suficientemente culto a esta divinidad. Esto exacerbó los ánimos de Jeremías, que les

anuncia definitivamente la destrucción y ruina total. La lección del desastre de la nación no había

servido para nada. Entre los judíos exilados en Egipto se había fomentado un sincretismo religioso.

Desde los tiempos de Psamético I (663-609) había ya numerosos judíos en el país del Nilo.

Sin duda que con Joacaz, el rey depuesto por Necao II en 609, bajaron también muchos nobles

judíos, que se instalaron en Tafnes y otras localidades egipcias.

La colonia militar de Elefantina, del tiempo de los persas, sin duda que tuvo su origen

mucho antes en estos núcleos de fugitivos judíos. Estos emigrados habían resucitado por atavismo

los antiguos cultos cananeos, que les eran tan queridos. Entre los judíos de la colonia de Elefantina,

en el Alto Egipto, aparecen adorados juntamente con Yahvé, Dios nacional, los dioses

Anat, Betel y Asim. El culto zoomorfo egipcio no parecía ejercer mucha atracción sobre ellos,

familiarizados con la idea trascendente de Yahvé; pero los antiguos cultos cananeos resucitaban

en ellos nostalgias muy queridas. En su simple modo de discurrir creían que, si habían sufrido el

desastre de perder la nacionalidad política, se debía a haber abandonado esos cultos en virtud de

la reforma del rey Josías (640-609). Yahvé había sido impotente para hacer frente a los enemigos

de Judá. Por eso ahora en Tafnes resucitan el culto de Istar, la “reina del cielo.”

Jeremías, al final ya de su carrera profética, después de tantas tragedias, tiene que constatar

que el castigo divino ha sido en balde para aquellos compatriotas huidos a Egipto, y vuelve

con amargura a su antiguo tema de fustigar la idolatría, anunciando la definitiva ruina del resto

de Judá en Egipto. Toda su vida ha sido una tragedia de incomprensión. Sigue ahora considerado

como enemigo de los intereses del pueblo, pero él no duda en lanzar la profecía conminatoria

definitiva: sus compatriotas, con su idolatría, están llamando de nuevo al desencadenamiento de

la ira divina. El resto de la nación se salvará en la esclavitud del exilio babilónico. Son los judíos

llevados a Mesopotamia los que heredarán la bendición divina y los que iniciarán la restauración

de la nación. La vida fácil de Egipto no ha servido sino para insensibilizar religiosamente a los

judíos.

El discurso del profeta tiene un carácter edificante, menos vivo y enérgico que otros oráculos

suyos, lo que parece indicar que la primitiva profecía de Jeremías ha sido amplificada un

poco convencionalmente por un redactor posterior.

La destrucción de Judá, consecuencia de sus pecados (1-6).

1 Palabra que fue dirigida a Jeremías respecto de todos los judíos que habitaban en

tierra de Egipto, en Migdol, Tafnes, Menfis y en la región de Pairos. 2 Así dice Yahvé

de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todos los males que yo he

traído sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá, desiertas hoy, sin que nadie

las habite, 3 por las iniquidades que cometieron, provocando mi ira y yéndose a

2117

ofrecer incienso a los dioses ajenos, que no conocían ni ellos ni sus padres. 4 Yo os

mandé repetidamente a mis siervos los profetas, diciéndos: No hagáis esas abominaciones

que detesto. 5 Y no obedecieron ni dieron oídos, convirtiéndose de sus maldades

y dejando de ofrecer incienso a los dioses ajenos. 6 Y estalló mi cólera y se encendió

mi furor sobre las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, convertidas

en desierto y devastación, como hoy están·

El discurso conminatorio del profeta está hecho a base de frases estereotipadas de discursos anteriores

que hemos visto ya. De ahí el carácter convencional de la composición. En la amenaza al

pueblo no se dice ninguna idea nueva que no se haya expresado antes. La expresión α tocios los

judíos. de Egipto (v.1) indica el carácter general del discurso. Quizá con motivo de una reunión

solemne de culto, el profeta fue testigo de cultos idolátricos, y por eso les recuerda sus antiguos

pecados, causa de la ruina de su pueblo. Dios hará lo mismo con ellos si no cambian de conducta.

Son dignos sucesores de sus padres idólatras. Las localidades que menciona son perfectamente

identificables: Migdol (palabra hebrea que significa “torre”) designa la fortaleza fronteriza al

este del Delta, la actual tell el-Heir, a 15 kilómetros al sur de Pelusium 1. Tafnes: cf. 2:16. Menfis:

en egipcio Nof, capital del Bajo Egipto, junto a El Cairo actual 2. Pairos: en egipcio Patoris

(“país del mediodía”), designa el Alto Egipto, es decir, la región de Tebas 3.

Yahvé, pues, los castigará, como a sus antepasados, por sus idolatrías 4. En otro tiempo

les envió profetas para que se convirtieran, y ahora hacen caso omiso de Jeremías como antes de

aquéllos.

Suerte trágica de los judíos de Egipto (7-14).

7 Ahora, pues, así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué cometéis contra

vosotros mismos ese gran mal de hacer que perezcan hombres y mujeres, niños

, de en medio de Judá, sin que quede resto alguno de vosotros, 8 provocándome con

las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a los dioses ajenos en la tierra de

Egipto, que habéis venido a habitar, y desaparezcáis y seáis maldición y oprobio de

todas las gentes de la tierra? 9 ¿Habéis, por ventura, olvidado las iniquidades de

vuestros padres, de los reyes de Judá, de vuestros magnates, las vuestras y las de

vuestras mujeres, las cometidas en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén? 10

No se han arrepentido todavía hoy. No han tenido temor ni han seguido mis preceptos,

los que os di a vosotros y a vuestros padres. 11 Por tanto, así dice Yahvé de los

ejércitos, Dios de Israel: Yo volveré a vosotros mi rostro para mal y exterminaré a

todo Judá, 12 y tomaré a los restos de Judá que volvieron su rostro a Egipto para venir

a habitar en él, y perecerán todos en tierra de Egipto, caerán por la espada, morirán

de hambre desde el más pequeño hasta el más grande, morirán de espada y de

hambre, y serán execración, asombro, maldición y oprobio. 13 Yo ajustaré cuentas a

los que habitan en tierra de Egipto, como las ajusté a los de Jerusalén, por la espada,

por el hambre y por la peste. 14 No habrá fugitivos ni supervivientes de los restos

de Judá venidos a habitar en Egipto que vuelvan a la tierra de Judá, objeto de las

ansias de su alma, a la que querrían volver para habitar, si no es algún fugitivo.

Las frases de este discurso conminatorio tienen, como decíamos antes, un carácter antológico,

pues parecen tomadas de vaticinios y de discursos anteriormente proferidos por Jeremías y representan

un resumen de su actividad oracular. La conducta idolátrica de los judíos es un pecado

2118

colectivo que atraerá la ira divina sobre todos, incluso los inocentes (ν.7). Las obras de vuestras

manos (v.8) son los actos idolátricos, sacrificios, ofrendas, etc., a los ídolos. Con ello, en vez de

encontrar la salvación en Egipto, como buscaban, encontrarán la ruina, siendo objeto de maldición

y oprobio para todos los pueblos (v.8). Su castigo será proverbial entre todas las gentes. A

pesar de todo lo que ha pasado, siguen impenitentes en sus caminos antiguos (v.9-10). Por ello,

Yahvé sembrará el exterminio en Judá. La expresión exterminaré a todo Judá (v.11) se aplica a

los que viven en Egipto, no a los exilados de Babilonia, y aun así tiene un carácter radical e

hiperbólico, que no ha de tomarse al pie de la letra. Lo mismo ha de entenderse el v.12. Por eso

se dice en el v.14 que podrá salvarse algún fugitivo que retornará a Judá. El resto morirá por el

hambre, la espada y la peste en Egipto.

Respuesta del pueblo al vaticinio de Jeremías (15.-19)

15 Entonces todos los hombres, sabedores de que sus mujeres ofrecían incienso a los

dioses ajenos, y todas las mujeres, reunidos en gran asamblea, y todos los del pueblo

que habitaban en Egipto, en la región de Pairos, respondieron a Jeremías: 16 No te

escucharemos en lo que nos dices en nombre de Yahvé, 17 sino que persistiremos en

hacer todo cuanto nos venga en boca, quemando incienso a la reina del cielo y ofreciendo

libaciones, como antes hemos hecho e hicieron nuestros padres, nuestros reyes

y nuestros magnates en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, viéndonos

entonces hartos de pan y felices, sin experimentar la desdicha, 18 mientras

que, desde que dejamos de quemar incienso a la reina del cielo y ofrecerle libaciones,

carecemos de todo y nos consume la espada y el hambre. 19 Y si nosotros quemamos

incienso a la reina del cielo y le ofrecemos libaciones, ¿es acaso sin nuestros

maridos como hacemos las tortas para ofrecerlas a su imagen y hacerle las libaciones?

La reacción de los oyentes no pudo ser más tumultuosa e insolente. No sólo no reconocen pecado

en haber cumplido actos idolátricos, sino que están dispuestos a continuarlos, pues en ellos ven

la fuente de la felicidad. Precisamente, según ellos, el haber cesado de dar culto a los ídolos, y

sobre todo a la reina del cielo, Istar, fue la causa de la ruina. La reforma religiosa de Josías, acabando

con los “lugares altos” de culto sincretista idolátrico, fue para los oyentes de Jeremías la

causa del desastre de su pueblo; pues, mientras que adoraban a los ídolos, todo les iba bien, viéndonos

entonces hartos de pan (v.17), y, en cambio, el culto adusto a Yahvé no les trajo sino la

ruina de la nación. No es que rechacen totalmente al Dios nacional, pero creen que es necesario

también tener contentos a los antiguos dioses de Canaán, como condición para tener bendiciones

materiales.

El culto de Istar, la reina del cielo, aparece entre los hebreos ya en tiempos de Acaz,

hacia el 734 5. Fue particularmente favorecido por el impío rey Manases, hijo de Ezequías. La

influencia asiría se dejó mucho sentir en los siglos VIII y VII a. G. en Judá, como en los demás

países de la costa siro-fenicio-palestina. Josías (740-609) comenzó la reforma religiosa profunda

en el 622, y después de pocos años de tranquilidad comenzaron los males para su pueblo: muerte

violenta de Josías (609), deposición de Joacaz, deportación del 598 a Babilonia y, por fin, la destrucción

de la Ciudad Santa en 586. Yahvé, pues, los había abandonado. Cuando las prácticas

idolátricas estaban en su vigor, la nación prosperaba. Este era el simple modo de discurrir de

aquellos refugiados de Egipto. Para ellos la predicación del profeta Jeremías no había servido

para nada, ya que Dios descargó su mano sin piedad. No comprendían que todo esto había suce2119

dido por sus pecados, fustigados por el profeta. Y en esta respuesta altanera al profeta son las

mujeres las que llevan la voz cantante: ¿es acaso sin nuestros maridos que hacemos las tortas

para ofrecerlas a su imagen? Se justifican diciendo que lo hacen con el consentimiento de sus

maridos y no ven ninguna irregularidad moral en ello. Los maridos podían anular los votos de

sus mujeres 6, pero ahora colaboran con ellas en esos cultos idolátricos.

Nuevo anuncio de la ruina de los judíos de Egipto. (20-30)

20 Y dijo Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres, a todos los que así

le habían respondido: 21 ¡Qué! El incienso que en las ciudades de Judá y en las plazas

de Jerusalén quemasteis vosotros, vuestros magnates y todo el pueblo, vuestros

padres y vuestros reyes, ¿no lo ha recordado Yahvé y no lo ha tenido presente? 22 No

podía ya soportar Yahvé la malicia de vuestras perversidades y vuestras abominaciones,

y por eso vuestra tierra ha sido convertida en un desierto inhabitado, hecha

horror y maldición como está hoy. 23 Por haber quemado incienso a los ídolos, pecando

contra Yahvé, sin oír su voz ni seguir su ley, sus preceptos y sus amonestaciones,

por eso han venido sobre vosotros todos esos males que hoy padecéis. 24 Dijo,

pues, Jeremías a todo el pueblo y a todas las mujeres: Oíd la palabra de Yahvé todos

los de Judá que habitáis en la tierra de Egipto: 25 Así dice Yahvé de los ejércitos,

Dios de Israel. Vosotros y vuestras mujeres lo decís con vuestra boca y lo haréis con

vuestras manos; decís: Cumpliremos los votos que hemos hecho de quemar incienso

a la reina del cielo y ofrecerle libaciones. Ciertamente los cumpliréis, ciertamente los

pondréis por obra. 26 Oíd, pues, la palabra de Yahvé los de Judá que habitáis en

Egipto: Yo juro por mi gran nombre — oráculo de Yahvé — que no será ya más

pronunciado mi nombre por boca de ningún hombre de Judá, diciendo: ¡Viva el Señor,

Yahvé, en toda la tierra de Egipto! 27 Yo velaré sobre ellos para mal, no para

bien, y todos los varones de Judá que habitan en tierra de Egipto serán consumidos

por la espada y por el hambre hasta que perezcan del todo, 28 y los que escapen a la

espada volverán de la tierra de Egipto a la tierra dé Judá, muy pocos en número, y

los restos de Judá que han entrado en tierra de Egipto sabrán qué palabra es la que

se cumpie, si la mía o la suya. 29 Y he aquí la señal — oráculo de Yahvé — de que yo

os pediré cuentas en este lugar y de que se realizará mi palabra contra vosotros para

vuestro mal. 30 Así dice Yahvé: Yo entregaré al faraón Hofra, rey de Egipto, en manos

de sus enemigos, en manos de los que buscan su vida, como entregué a Sedecías,

rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, que buscaba

su vida.

Jeremías les recuerda por todo argumento el castigo que ha enviado contra Judá por los cultos

idolátricos de sus antepasados (v.21). Esta es la suerte que les espera también en Egipto. Sus idolatrías

les traerán la ruina total. Se obstinan en sus desvarios (v.25), y Yahvé, por su parte, cumplirá

lo que exige su justicia y su santidad: la exterminación general será la suerte de los fugitivos

de Egipto. Yahvé hace un juramento solemne por su honor o gran nombre (v.26), de que no

quedará nadie en Egipto que le invoque en tono de juramento: No será ya más pronunciado mi

nombre por boca de ningún hombre de Judá (v.26). La expresión es también absoluta e hiperbólica,

pero es suavizada en el v.28, donde se dice que algunos, muy pocos en número, se escaparán

huyendo a la tierra de Judá. Y los desafía a que asistan al cumplimiento de su palabra: 3; los

restos de Judá. sabrán qué palabra es la que se cumple: la mía o la suya (v.28). El había anun2120

ciado la amenaza 7, mientras que los judíos esperaban bienes del culto a la “reina del cielo” 8. Y

da una señal de su cumplimiento: el faraón Hofra será entregado en manos de sus enemigos

(v.30).

La muerte del faraón Hofra 9 es narrada por Herodoto 10 y Diodoro de Sicilia n. Amasis,

su sucesor, sostuvo una lucha por el trono, cogiendo prisionero a Hofra, que fue estrangulado por

los soldados de aquél. Así se cumplió literalmente la profecía de Jeremías de que sería entregado

a sus enemigos (v.30). No dice que sería entregado en manos de Nabucodonosor, como lo dijo de

Sedecías. Hofra reinó del 588 al 569. Nabucodonosor lanzó su expedición a Egipto en 569-568,

cuando ya estaba en el trono Amasis.

1 En egipcio se llama mkrt. Algunos la identifican con tell el-Semut. — 2 Falta en el texto griego. — 3 La frase “de Migdol a Sienes o

Assuan, designaba todo Egipto (Ez 29:10). — 4 Cf. Jer 11:17; 19:4; 7:25-26; 35:15; 42:18. — 5 Cf. 2 Re 16:10s; 23:12. — 6 Cf.

Núm 30:6s. — 7 Cf. Jer 44:26-27. — 8 Cf. Jer 44:17-18. — 9 En egipcio, Uahebra, y en griego, Apries. — 10 Cf. Herodoto, II

161.169. — 11 Cf. Diod. De Sicilia, I 68.

45. Palabras de consolación a Baruc.

Baruc nos pone un apéndice a los incidentes biográficos que acaba de consignar sobre Jeremías

(c.36-44). El secretario de Jeremías se sentía desalentado por tanta adversidad e incomprensión,

y Jeremías le transmite de parte de Yahvé un oráculo de consolación. La datación del cuarto año

de Joaquim (e.d., 605 a.C.) es considerada como adición posterior por muchos autores. Pero los

argumentos aducidos no prueban la imposibilidad de que este apéndice haya sido escrito cuando

el texto lo indica. El lugar propio hubiera sido a continuación de lo narrado en el c.36, pero bien

pudo trasponerlo al final de la sección biográfica de Jeremías, por él redactada para que no se

perdiese el fragmento oracular de su maestro, el cual, por otra parte, no debía interrumpir el contexto

general de los incidentes del profeta.

1 Palabra que dijo Jeremías, profeta, a Baruc, hijo de Nerías, cuando escribía estas

cosas al dictado de Jeremías, el cuarto año de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá. 2

Así dice Yahvé, Dios de Israel, a ti Baruc: 3 Tú dices: ¡Ay mísero de mí, que Yahvé

no hace más que añadir dolor a mi dolor! ¡Me canso de gemir, y no hallo reposo! 4

Así dice Yahvé: Dile esto: He aquí que lo que yo había edificado lo destruyo, lo que

había plantado lo arranco, y esto en todo el país. 5 Y tú pides para ti grandes cosas.

No las pidas, pues mientras yo hago venir males sobre toda carne, te dejo a ti salva

la vida dondequiera que vas.

Baruc sufría una fuerte depresión moral, como la había sufrido su maestro Jeremías 1. Necesitaba

ser confortado por Dios, como lo había sido éste. Al redactar las profecías e incidentes de su

maestro, se sentía deprimido ante tanta incomprensión, ya que tenía que participar de los desprecios

de que era objeto Jeremías. Por otra parte, la obcecación general llevaba inevitablemente a

la catástrofe. Sólo tenía que consignar por escrito ruinas, amenazas, que llenaban el triste horizonte

futuro de su pueblo. Las profecías se sucedían cada vez más sombrías, y él temía personalmente

por su suerte; de ahí su queja: ¡Ay mísero de mí, que Yahvé no hace más que añadir

dolor a mi dolor! (v.3). Su sentimiento patriótico le laceraba ante los tristes destinos de su nación,

y su destino personal le angustiaba. Por todo se sentía en una amargura profunda, en una

crisis psicológica: ¡Me canso de gemir, y no hallo reposo! (v.3).

Pero Yahvé en su mensaje le invita a la reflexión. Está en contra de los intereses persona2121

les. También Yahvé tiene llagado el corazón, ya que tiene que destruir, por imperativos de su

justicia y santidad, lo que con tanto amor ha formado: He aquí que lo que yo había edificado

lo destruyo, lo que había plantado lo arranco (v.4). Muy contra sus sentimientos de amor, se ha

visto obligado a castigar con la ruina general a su pueblo Israel, que con tanto amor había edificado

y plantado al formarlo como pueblo, sacándolo de Egipto. Todos sus desvelos han resultado

inútiles. Pero su justicia es inexorable, y tiene que intervenir. Si, pues, Yahvé mismo tiene

que sacrificar los íntimos sentimientos de su amor en aras de la justicia 2, ¿por qué se va a exceptuar

el propio Baruc?: Y tú pides para ti grandes cosas. (ν.6). Esto es pedir demasiado, ya que

tiene que compartir un mínimum de penalidades. No debe poner en primer plano sus sentimientos

personales y sus intereses particulares, sino pensar en las exigencias de la justicia y santidad

divina. Debe contentarse ahora con salvar su vida, y por eso todavía es un privilegiado, ya que

Dios le anuncia que no perecerá en la ruina general: Te dejo a ti salva la vida dondequiera que

vas (ν.6) 3. Efectivamente, su vida fue milagrosamente salvada en muchas circunstancias críticas:

cuando tuvo que esconderse de los esbirros del rey Joaquim después de la lectura del “volumen”

de las profecías de Jeremías4, cuando se salvó del asedio y del complot urdido contra Godolías,

etc.

1 Cf. Jer 4:19; 8:18; 15:10; 18:18; 20,7. — 2 Cf. Jer 1:10; 18:9; 24:6; 42:10; 12:7; 31:20. — 3 Lit. el heb. dice “la vida será para ti

como botín” (cf. 21:9; 38:2; 39:18), que refleja mejor la penuria de los tiempos en que el salvar simplemente la vida se consideraba

como el mejor botín. — 4 Cf· Jer 36:10.15.26.

46. Oráculo contra Egipto.

Ha terminado la sección biográfica del libro de Jeremías y se abre la última sección de oráculos

contra las naciones paganas. Ha cumplido la labor de amonestar a su pueblo, pero continúa ahora

su misión oracular, anunciando los tristes destinos de las naciones, culpables también de grandes

pecados contra Dios y su pueblo. En su visión inaugural se le dijo que estaba destinado a “arrancar

y desenraizar” pueblos 1, es decir, anunciar el castigo y la destrucción de muchos pueblos.

Por eso, su misión no se limitaba al pueblo de Israel 2. En el c.25 presenta Jeremías la copa de la

cólera divina que ha de ser apurada por todas las naciones. Porque, si bien es verdad que Yahvé

es el Dios propio de Israel, es también el Dios de todos los pueblos, cuyos destinos rige 3. Y las

naciones paganas son consideradas no sólo en sus relaciones con el pueblo elegido, Israel, en

cuanto que son ocasión de que éste caiga en la idolatría o en cuanto que son instrumentos de la

justicia divina para castigar los pecados de su pueblo, sino que también son considerados como

miembros de la humanidad con sus transgresiones y desvarios contra la moral natural. Dios les

pide cuenta del cumplimiento de estas leyes naturales, base de la sociabilidad de los pueblos4.

Yahvé, pues, castiga los desmanes de los pueblos en sus diversas manifestaciones, y para ello

toma a algún pueblo como instrumento de su justicia; pero este mismo es castigado si se enorgullece

o se desmanda en sus atribuciones de instrumento justiciero de Dios.

El profeta pasa revista aquí a diez pueblos sobre los que se va a manifestar la ira divina:

egipcios, filisteos, moabitas, amonitas, edomitas, árameos, árabes y elamitas. Contra todos ellos

se alzará la espada de Nabucodonosor, que circunstancialmente es el instrumento de su justicia

vengadora: Yo entregaré a estos pueblos en manos de Nabucodonosor 5.

Los críticos más radicales reconocen en esta serie de oráculos un núcleo oracular sustancial

jeremiano. En todo caso, se reconoce una estrecha dependencia de algunos de estos oráculos

contra las naciones de otros fragmentos profetices anteriores6. Es necesario admitir retoques y

2122

ampliaciones en algunos oráculos por mano de autores piadosos que concretaban y ampliaban el

núcleo primitivo jeremiano para consolar a los exilados, esperando el castigo de las naciones paganas.

Se suele suponer como fecha de la composición de estos oráculos en su núcleo primitivo

la del 605 a.C. 7

El texto griego coloca estos oráculos a continuación de 25:13. El orden de los mismos en

el TM es diferente del de los LXX.

El c.46 incluye dos oráculos sobre Egipto, precedidos de una nota histórica y seguido de

palabras de consolación: a) 3-12, escrito con ocasión de la derrota de Necao II en Carquemis por

Nabucodonosor; b) 13-26: la expedición del rey de Babilonia contra Egipto.

La derrota de los egipcios (1-12).

1 Palabra de Yahvé a Jeremías contra las gentes. 2 Acerca de Egipto: Contra el ejército

del faraón Necao, rey de Egipto, que estaba en Carquemis, junto al río Eufrates,

al que derrotó Nabucodonosor, rey de Babilonia, el cuarto año de Joaquim, hijo de

Josías, rey de Judá. 3 Preparad escudo y broquel, avanzad hacia el combate, aparejad

los caballos. 4 A montar, caballeros; formad, el casco en la cabeza; bruñid las

lanzas, ceñid la loriga. 5 ¿Qué veo? Están consternados, vuelven la espalda. Batidos

los más valientes, han huido por completo, sin volverse. Terror por doquier, oráculo

de Yahvé. 6 No escapará el más veloz, no escapará el más aguerrido. Al norte, a orillas

del Eufrates, resbalaron y cayeron. 7 ¿Quién es ese que sube como el Nilo 8, cuyas

aguas rugen como torrentes? 8 Es Egipto, que sube como el Nilo, cuyas aguas

rugen como torrentes, que dice: Subiré e inundaré la tierra, devastaré las ciudades

con sus moradores. 9 ¡Adelante la caballería, avancen furiosos los carros, salgan los

héroes! ¡Etíopes y libios, el escudo al brazo; lidios, los que tensan el arco! 10 Ese día

es el día del Señor, Yahvé de los ejércitos, día de venganza contra sus enemigos. La

espada devorará, se hartará, se embriagará de su sangre. Día de sacrificio al Señor,

Yahvé de los ejércitos, en tierras del norte, junto al río Eufrates, 11¡Sube a Galaad

en busca de bálsamo, virgen hija de Egipto ! En vano multiplicarás los remedios, no

hay cura para ti. 12 Oyeron las gentes tu ignominia, y tus alaridos llenaron la tierra.

Tropezó el héroe con el héroe, y ambos juntamente cayeron.

¡Bellísima descripción del choque de los ejércitos egipcio y babilonio en Carquemis, a orillas del

Eufrates! El estilo es entrecortado e incisivo. Las escenas se suceden en oleadas: la preparación

del combate, el choque violento, la derrota de Egipto, sus inútiles remedios y su ignominia entre

los pueblos.

El v.1 es un título general a toda la sección de oráculos contra las gentes o pueblos paganos

de los c.46-52. Falta en el texto griego y resulta superfluo. Es, pues, probablemente una adición

erudita de algún escriba.

El c.46 se refiere todo a Egipto, la gran culpable de la catástrofe de Judá, ya que constantemente

le instigó a levantarse contra el coloso babilónico. La primera profecía (1-12) se refiere

a la derrota de Necao II en el 605 en Carquemis, la actual Djerablus, en la orilla derecha del Eufrates,

al oeste de Jarran, en la Alta Siria. Muchos autores creen que este fragmento épico es más

un canto de victoria que una profecía propiamente tal. Sería el desbordamiento lírico del profeta

al conocer la derrota de Necao en Carquemis. Pero todos los oráculos de los ^46-51 se presentan

como “profecías,” y no tenemos ningún motivo especial para negar este carácter al del c.46.

2123

Necao es el famoso Necao II 9, sucesor de Psamético I, muerto en el 610, quien depuso en

el 609 a Joacaz, hijo de Josías, después de haber muerto éste en la batalla de Megiddo luchando

contra él.

La batalla de Carquemis aparece testificada en dos textos bíblicos 10 y en Flavio Josefo n.

Según estos datos, se suponía por los autores en general que tuvo lugar esta batalla en el 605 a.C.

Muchos autores modernos, en cambio 12, creen que la famosa batalla tuvo lugar en el 609, cuando

Necao II, después de vencer a Josías en Megiddo, marchó hacia el norte al encuentro de Nabucodo-

nosor. De hecho no encontramos ninguna mención de esta batalla de Carquemis en documentos

extrabíblicos de la época. No obstante, por la crónica de Gadd 13 sabemos que Necao II

subió al encuentro de las tropas de Nabucodonosor, llegando hasta Jarran después de pasar el Eufrates,

sitiando esta ciudad, teniendo que hacer frente a los refuerzos babilónicos. Nada se dice

del éxito de los babilonios, pues la crónica está mutilada en esta sección, pero se supone. Los babilonios

continuaron sus operaciones contra Armenia antes de caer definitivamente sobre los

egipcios, ya en retirada hacia el sur.

El cuarto año de Joaquim, rey de Judá (v.2), es el 605, fecha que puede mantenerse, como

vemos, para la supuesta batalla de Carquemis.

El oráculo de Jeremías está expuesto en forma dramática, que se va desarrollando en escenas,

con estrofas paralelas (3-6; 7-12). En la primera se refleja la preparación de la batalla,

haciendo oír las órdenes de ataque y de avance de los jefes: preparad escudo y broquel., aparejad

los caballos., a montar, formad., ceñid la loriga (v.3-4). El estilo es nervioso e incisivo, como

corresponde a las exigencias militares del momento: las órdenes de los jefes militares se entrecruzan

despóticas. El profeta presenta a las tropas egipcias remisas para el ataque, que necesitan

ser espoleadas reiteradamente para entrar en fuego. Primero se da orden a la infantería: preparad

escudo. Después se ordena uncir los caballos a los carros de guerra: aparejad los caballos.

El ejército egipcio y el asirio estaban bien pertrechados de carros de combate 14. Los caballeros

no son jinetes, sino gentes que iban en los carros tirados por los caballos. Iban sobre todo armados

de arco, sin excluir totalmente la lanza. Todo lo contrario de la infantería.

El profeta describe la segunda escena: el choque de los ejércitos; en el momento crítico,

las tropas egipcias no responden a las órdenes: ¿qué es lo que veo? (v.5). El profeta no cree a sus

propios ojos: tanta preparación bélica no ha servido para nada. Los soldados, en un primer momento,

están consternados, no esperaban tanta resistencia en el enemigo, y empiezan a ceder las

líneas atacantes: vuelven la espalda (v.5), para emprender la huida, vergonzosamente batidos los

más valientes. La frase es irónica. Y la consecuencia es el pánico general: Terror por doquier. La

huida es inútil, porque no escapará el más veloz (v.6). Y el profeta resume enfáticamente a sus

oyentes: a orillas del Eufrates resbalaron y cayeron (v.6). De nada ha servido todo el orgullo

militar egipcio. Han sido capaces de derrotar al minúsculo ejército de Josías en Megiddo (609),

pero han sucumbido ante otro ejército superior. Yahvé ha castigado al vencedor del reino de Judá.

En la segunda estrofa entran en escena los actores principales del drama: de un lado,

Egipto, personificado en el faraón, incitando las tropas al asalto, y del otro, Yahvé, que los espera

para destruirlos. El ejército egipcio es comparado al Nilo, que inunda todo el país, sembrando

la desolación y la ruina (v.8)15. El ejército egipcio avanza con arrogancia, creyendo que todo está

a su disposición y que nada va a resistir su embate. Y de repente se oye la voz del jefe o faraón:

¡Adelante la caballería! ¡Etíopes, libios.! (v.8). En el ejército egipcio había muchos mercenarios

nubios o etíopes y libios, que eran excelentes soldados, el terror de los asiáticos 16. Los líalos no

son los de Lidia del Asia Menor, sino de una región africana llamada Lud 17. Desde el siglo vi

2124

formaban parte en el ejército del faraón tropas griegas como mercenarias, además de las tradicionales

africanas.

Pero esa arrogancia se estrellará contra la omnipotencia divina. Es el día del Señor, Yahvé

de los ejércitos (v.10), es decir, de su manifestación vengadora. Detrás del ejército de Nabucodonosor

está la mano omnipotente de Yahvé, que dirige el curso de la historia, y ahora ha escogido

al rey caldeo para castigar a Egipto por sus truculencias políticas al incitar a los pequeños

estados palestinos a una resistencia suicida 18. Sobre el ejército egipcio se cebará la espada, y se

embriagara en sangre (v.10) 19. El estrago será total, y no habrá remedio para la derrota. El profeta

invita irónicamente a la virgen hija de Egipto, es decir, a Egipto 20, a buscar remedios excepcionales

en los bálsamos de Galaad (v.11), famosos por sus virtudes curativas 21. Pero la derrota

de Egipto en Garquemis no tiene remedio: No hay cura para ti. En efecto, después de esta batalla,

Egipto perdió su hegemonía sobre el Medio Oriente, quedando expuesto a las invasiones posteriores

de Nabucodonosor y de los persas. Con su derrota quedó humillado ante todos los pueblos:

oyeron las gentes tu ignominia (v.12). De nada sirvieron sus héroes, pues juntamente resbalaron

y cayeron.

Conquista de Egipto por Nabucodonosor (13-26).

13 Palabra que dijo Yahvé a Jeremías, profeta, sobre la venida de Nabucodonosor,

rey de Babilonia, para batir al país de Egipto: 14 Anunciadlo en Egipto, pregonadlo

en Migdol, proclamadlo en Menfis y en Tafnes, decid: ¡Arriba! ¡Preparaos ! porque

la espada va a devorar en tu alrededor. 15 ¿Cómo ha huido Apis, tu toro? 22 No ha

aguantado, porque Yahvé lo derribó. 16 Muchos han tropezado y aun han caído; dícense

unos a otros: ¡Arriba! volvámonos a nuestros pueblos, a la tierra en que nacimos,

ante la espada destructora. 17 Llamad al faraón, rey de Egipto, “Ruido a destiempo”

23. Vivo yo, dice el rey; 18 Yahvé de los ejércitos es su nombre. Como el Tabor

entre los montes y el Carmelo junto al mar vendrá. 19 Lía el hato del cautiverio,

moradora hija de Egipto, pues Menfis se convertirá en un desierto, devastada, sin

habitantes. 20 Es Egipto una herniosa novilla; del norte ha venido el tábano a picarla,

21 Sus mercenarios en medio de ella eran como novillos cebados, pero también

ellos volvieron la espalda, huyeron todos y no resistieron cuando les llegó el día de

su infortunio, el día de su cuenta. 22 Su voz es como (silbido de) serpiente que anda,

pues vienen con gran poderío, llegan a ella con hachas, como leñadores de la selva. 23

Talan su bosque, oráculo de Yahvé, porque es impenetrable, pues son más numerosos

que la langosta; nadie puede contarlos. 24 Ha sido confundida la hija de Egipto,

entregada en manos del pueblo del norte. 25 Dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel:

Yo voy a castigar a Amón de Tebas y al faraón y a los que en él confían. 26 Y

los entregaré en manos de los que buscan su vida, en manos de Nabucodonosor, rey

de Babel, y en manos de sus subditos, y después de esto (Egipto) volverá a ser habitado

como antes, palabra de Yahvé.

Este oráculo de Jeremías sobre la incursión de Nabucodonosor en Egipto es paralelo al vaticinio

de 43:8-13, y parece que ha sido compuesto estando el profeta ya en Egipto, poco antes de la expedición

del coloso babilónico a la tierra de los faraones en 569-568 a.C. Sin embargo, muchos

autores creen que es de la época del anterior, es decir, poco después de la batalla de Carquemis

(605). Por el hecho de que Nabucodonosor no penetrara en Egipto inmediatamente después de la

victoria sobre Necao II, surgió en los egipcios un respiro de esperanza. Pero el profeta dice cla2125

ramente que la invasión de Egipto llegará con todas sus trágicas consecuencias, porque así lo ha

decidido Yahvé.

También en este vaticinio hay un desenvolvimiento dramático de escenas, si bien no tan

marcado y bello como en el anterior. Pero el lenguaje es también vigoroso e incisivo: primero un

anuncio solemne y enfático de lo que va a pasar: anunciadlo en Egipto, pregonadlo en Migdol

(v.14) 24. Es un grito de alerta, ha llegado la hora de la guerra: la espada va a devorar en tu alrededor

(v.14). De nada sirven en ese momento las divinidades protectoras: ¿Cómo ha huido Apis,

tu toro? (v.16). El toro Apis, dedicado al dios Ptah, protector de Menfis, capital del Bajo Egipto,

es aquí símbolo de la divinidad protectora de Egipto 25. Ha quedado derribado ante la omnipotencia

de Yahvé (v.16).

El profeta invita a los mercenarios a llamar al faraón Ruido a destiempo (ν.17), porque

sus planes ambiciosos no han sido sino ruido extemporáneo; “mucho ruido y pocas nueces.” Tal

es el juicio irónico del profeta.

Yahvé jura por su nombre, como señor de los ejércitos 26, que el invasor vendrá del norte

indefectiblemente, y se asemejará, en su magnitud imponente, al Tabor, que se levanta solo en la

llanura de Esdrelón, o al Carmelo, sobre la superficie del mar (v.18). Nadie puede medirse con

él. Tal es la fuerza del ejército de Nabucodonosor; el ejército egipcio será ante él como la desnuda

llanura o superficie del mar.

Por eso, la derrota total de Egipto no se dejará esperar. Sus habitantes (moradora hija de

Egipto, V.19) deben hacer los preparativos para el destierro: lía el hato del cautiverio. El profeta

presenta a Egipto como una doncella o viuda que ha quedado sin amparo, dispuesta a ir a donde

la lleven. La capital Menfis será convertida en desierto al paso del invasor.

Con una nueva imagen, el profeta describe a Egipto, acostumbrado a ser tratado bien: es

una hermosa novilla (v.20), que en su abundancia estaba libre pastando por doquier. Egipto era

famoso por su prosperidad. Cuando a los países vecinos les llegaba la carestía por las sequías

intermitentes, Egipto proseguía su vida normal con los grandes recursos procurados por la feracidad

de las riberas del Nilo. Pero de nada le servirá su proverbial autosuficiencia 27, pues aunque

ahora Egipto está gruesa como una novilla hermosa y cebada, por ello resulta más apetitosa para

el tábano babilónico, que viene sobre ella: del norte ha venido el tábano a picarla (ν.28)28. Υ los

mercenarios del ejército, bien tratados, como novillos cebados 29, abandonarán Egipto, asustados

por la fuerza del ejército invasor (v.21).

Los babilonios avanzan cautelosamente como serpiente que anda (v.22). El símil cambia

de repente: los babilonios son comparados a leñadores que entran en la selva de Egipto para abatir

sistemáticamente sus árboles, pues ante la imposibilidad de abrirse camino por la maraña de

los árboles, los talan, porque la selva es impenetrable (v.23). Quizá la frase son innumerables,

más numerosos que la langosta (v.23), se refiera a los babilonios, que avanzan como un ejército

de leñadores innumerables, arrasando todo lo que encuentran en la “selva” de Egipto: templos y

palacios. Egipto es como una dama presumida, que ha sido deshonrada y humillada hasta el extremo

por el invasor caldeo (v.25).

Los v.25-26, en prosa, parecen ser un comentario amplificado de lo expresado en el verso

anterior. El texto griego tiene sólo el v.25, Y en forma abreviada, como es costumbre. Parece,

pues, una amplificación de un redactor posterior. Tebas es el nombre griego dado a la ciudad de

No-Amón (hoy Luxor-Karnak), capital del Alto Egipto 30. Con la dinastía XVIII (1550-1350),

que inaugura el nuevo imperio, se convirtió en la capital de todo Egipto, siendo Amón dios titular

también de todo el valle del Nilo. Fue unido al de Ra, llamándose Amón-Ra, creador del mundo y

de los hombres. El faraón era una representación humana del dios nacional. Por eso, la expresión

2126

voy a castigar a Amón y al faraón (v.25) equivale a castigar a Egipto. De nada le servirá su supuesta

fuerza ante el instrumento de Yahvé, Nabucodonosor 31, el gran enemigo del norte.

Pero también hay una esperanza de rehabilitación para el país de los faraones a pesar de

su culpabilidad: Después de esto volverá a ser habitado (v.26). Esta promesa de restauración nacional

para Egipto aparece ya en Isaías 32, quien anuncia, además, su incorporación a la paz mesiánica

con todas sus prerrogativas de nación adherida a la teocracia judía. Ezequiel habla también

de un resurgimiento del país de los faraones después de cuarenta años 33. Jeremías aquí no

dice nada de su reincorporación al horizonte mesiánico, como Isaías, sino que más bien se insinúa

una resurrección como nación rehabilitada socialmente: volverá a ser habitado. La desolación

causada por el ejército invasor será sólo pasajera.

Liberación y repatriación de Israel (27-28).

27 Pero tú, siervo mío, Jacob, no temas; no desmayes, Israel. He aquí que yo te salvaré

de tierra lejana, y libraré a tu descendencia del país del destierro, y volverá Jacob

y descansará seguro y sin temor. 28 No temas, no, siervo mío, Jacob, palabra de

Yahvé, que yo estoy contigo y destruiré a todas las naciones en que te he dispersado,

pero a ti no te exterminaré, sino que te castigaré conforme a juicio y no te dejaré impune.

Estos dos versos reproducen sustancialmente 30:10-11, y aquí están fuera de contexto. El texto

griego, sin embargo, los pone aquí. Muchos autores los consideran auténticos, aunque insertados

posteriormente 34. Sería un bloque errático relativo a la consolación de Israel, añadido por el redactor,

pero que puede ser eco de la predicación de Jeremías.

La expresión siervo mío, Jacob, es deuteroisaiana 35. Yahvé castigará hasta el exterminio

a las naciones paganas, pero se apiadará de su pueblo: te castigaré conforme ajuicio (v.28), es

decir, moderadamente. No quedará impune, porque el juicio exige el castigo, pero siempre hay

un margen para la piedad y misericordia en virtud de las promesas mesiánicas.

1 Cf. Jer 1:10. — 2 Cf. Am 1:3-2:3; Is 0.13-23; Ez c.25-32. — 3 Cf. Jer 25:29; Is 23:11; Ez 5:6-7. 4 Cf. Ez 5:6-7. — 5 Cf. Jer 27:6. — 6

Así los relativos a Moab (Jer 48:29-39, de Is 0.15-16; Jer 48:45-47, de Núm 21:28-30). — 7 Cf. Jer 36:2. — 8 La palabra heb. ye-

'or viene del egipcio joor (jtr: “río”), y designaba el río por excelencia: e 1 Nilo. — 9 Necao en egipcio es Nekau, heb. Neko.

10 Cf. Jer46:2; 2 Par 35:20. — 11 FL. Josefo, Ani. Jud. X6:1,y XII, cita a Beroso. — 12 Así Alfrink: Bi 8 (1927) 397; Florit: Bi 15

(1934) 273; Nótscher, Das Buch Jeremías p.302; Rudolph, Jeremías p.231; Pohl, Historia populi israelitici (1933) P-iSS- Sostienen,

en cambio, la fecha de 605 Cappart-Contenau, Histoire de l'Orient (1936) ρ·387 1 Gelin, Jérémie (1951) p.197; De Vaux, Les

limes des Rois (1949) p.223; Albright: JBL 51 (1932) p.82s; Nelis: RB 61 (1954) 3873. Véase Vittonato, II Libro di Geremia (Torino)

5I5-5I7. — 13 Texto de la crónica de Gadd en Alí. Orient. Text. de Gressmann, p.365, y en An-cient Near Eastern Text. de

Pritchard (1950) p.303s. — 14 Véase Gressmann, Alt. Orient. Text. und Bild. 1055 n.62.90. — 15 Jer 47:2; 51:42; Is 8,7-8. — 16

Cf. Nah 3:9; Gen 10,6; 1 Par 1:8; Ez 27:10; 30:5; 38,5. — 17 Cf. Gen 10:13; Ez 30:5; 1 Par 1:11. — 18 Cf. IS2,12; 13:6. — 19 Cf.

Jer 25:34; Is 34:6; Sof 1:7; Ez 39,i7s. — 20 Cf. Jer 14:17; Is 23:12. — 21 Cf. Jer 8:22. — 22 Así según los LXX. El TM dice: “¿Por qué ha sido abatido tu

toro?” — 23 Lit. en heb. “Tumulto que ha dejado pasar su plazo.” — 24 Migdol y Tafnes estaban en la línea fronteriza oriental, rayando con

Palestina, y Menfis era la capital del Bajo Egipto, junto a El Cairo actual. Cf. Jer 2:16; 44:1. — 25 El toro Apis era negro con

manchas blancas y con un triángulo blanco en la frente. En el Serapeum de Sakkara se ha encontrado un hipogeo con varios toros

Apis. — 26 Cf. Jer 48:15; 15:57; Zac 14:16.17. — 27 Cf. Gen 41:2. — 28 Cf. Isy.iS. — 29 Cf. Herodoto, II 152.154.163. — 30

En heb. es Amón de No, que es la transcripción del egipcio Neut-Amon (“la ciudad de Amón”), llamada por los griegos Tebas o

Dióspolis. — 31 Cf. Jer 21:9; 34:21; 44:30. — 32 Cf. Is 19:21-25. — 33 Cf. £239:11-14. — 34 Así Condamin y Ricciotti. — 35

Cf. Is42:1.

47. Oráculo contra los Filisteos.

Los filisteos no son de raza semítica, sino indoeuropea. Se instalaron en la costa de Canaán (denominada

después por los griegos Palestina) en el siglo XII a.C., después de haber sido rechaza2127

dos por Ramsés III cuando pretendían establecerse en la desembocadura del delta del Nilo. Formaban

parte de los llamados “pueblos del mar” que aparecen en las inscripciones egipcias. Procedían

del Asia Menor, y nunca pudieron asimilarse la mentalidad semítica; sobre todo, jamás

aceptaron la circuncisión. Desde el punto de vista material estaban más adelantados que los cananeos

y hebreos, que también hacia el siglo XII a.C. llegaron a Canaán, ocupando la parte montañosa,

mientras que aquéllos se quedaron en la costa con una organización especial, gobernados

por un seren o príncipe, que correspondía al tyrannos de los griegos. Sus ciudades principales

constituían la famosa Pentarquía o Pentápolis filistea: Gaza,

Ascalón, Ecrón, Gat y Asdod. Fueron los introductores del hierro en Canaán y desde el

principio estuvieron en colisión con los hebreos, que se establecían en regiones a ellos contiguas.

Generalmente la victoria solía estar del lado de los filisteos, por estar mejor preparados l; pero en

tiempos de David fueron sometidos definitivamente, dejando de ser un peligro serio para Israel.

Los israelitas los llamaban despectivamente los “incircuncisos.” En el siglo VII a. C., los filisteos

fueron vasallos de Egipto 2. Antes, en el siglo VIII, formaron liga contra Asiría, pero fueron sometidos

por Senaquerib, quien en su estela nos describe al detalle la expugnación de sus ciudades

3.

El profeta parece que alude en su profecía a la invasión de la región filistea por Nabucodonosor

en el 605 a.C., pues el enemigo viene del “norte.”

Invasión de Filistea desde el septentrión (1-6).

l Palabra que dirigió Yahvé a Jeremías sobre los filisteos antes que el faraón tornara

Gaza. 2 Así dice Yahvé: He aquí que las aguas suben del norte, son como torrente

desbordado, inundan la tierra en toda su amplitud, la ciudad y sus moradores. Lanzan

gritos los hombres, y se lamentan todos los habitantes de la tierra 3 al estrépito

de los cascos de sus caballos, al estruendo de los carros, al retumbar de sus ruedas.

Los padres no cuidan de sus hijos, se les debilitan los brazos. 4 Es que llega el día, el

día de la ruina de los filisteos, de arrancar a Tiro y a Sidón cuantos auxiliares le

quedan. Es Yahvé, que va a destruir a los filisteos, a los restos de la isla de Caftor; 5

Gaza ha sido rasurada, Ascalón ha enmudecido; resto de los Anaqim4, ¿hasta cuándo

te harás incisiones? 6 ¡Ay espada de Yahvé! ¿Hasta cuándo no tendrás reposo?

¡Vuelve a tu vaina, descansa y reposa! 7¿Cómo va a cesar, si es Yahvé quien la manda?

Contra Ascalón y la costa del mar ha sido dirigida.

El primer verso resulta embarazoso, por la indicación de la toma de Gaza por el faraón. Si el

enemigo invasor viene del norte (v.2), ¿cómo va a ser el ejército egipcio el invasor? Algunos suponen

que aquí se aludiría a una expugnación de Gaza por el faraón allá por el año 605, al bajar

derrotado de Garquemis. Herodoto5 dice que después de la batalla de Magdalos (Megiddo?) tomó

Kadytis, que se ha querido identificar con Gaza; pero quizá sea mejor identificarla con Cades,

sobre el Orontes, en la Alta Siria. Pero en Jeremías el enemigo del norte suele ser siempre el

babilónico. Por eso, otros autores creen que la observación cronológica antes que el faraón tomara

Gaza es una adición posterior redaccional.

El profeta describe al invasor del norte como un torrente desbordado, que lo anega todo a

su paso. Es un símil corriente en la literatura profética6. Como consecuencia de ello viene la

consternación general de la población filistea 7, la cual será de tales proporciones, que los padres,

preocupados de huir en busca de un refugio, no cuidan de sus hijos (v.3). Se sienten desfallecer

al sentir el fragor y el estruendo del ejército que avanza 8.

2128

Es el día de la intervención justiciera de Yahvé (v.4), que dirige los destinos de los

pueblos, castigando a los que han abusado de su fuerza conculcando los derechos de los demás.

Los filisteos, por sus intereses comerciales marítimos, tenían íntimas relaciones con los dos emporios

comerciales del mar, Tiro y Sidón. Al aniquilar Yahvé la Filistea, quitaba a las dos ciudades

fenicias su apoyo o auxiliar. Los restos de la isla de Caftor (v.4b) son los filisteos provenientes

de Creta 9 o del mar Egeo en general10.

Y cita a las dos principales ciudades filisteas, Gaza y Ascalón (v.5), que hacen un mudo

duelo por la devastación de su país: Gaza ha sido rasurada. 11. Como los filisteos estaban establecidos

sobre el territorio de los antiguos pobladores gigantes llamados Anaqim 12, el profeta se

encara con ellos, y les pide cuentas irónicamente de su duelo desmesurado: resto de los Anaqim,

¿hasta cuándo te harás incisiones? (v.5b). El hacerse incisiones era también uno de los ritos de

duelo y penitencia 13.

Y el profeta entabla un diálogo imaginario entre él y los filisteos devastados. Estos, en un

momento de sinceridad y de desánimo, piden a Dios cuenta de su poder devastador, y no comprenden

su actitud: ¡Ay espada de Yahvé! ¿hasta cuándo no tendrás reposo? (v.6). Ya es hora de

que descanse en su mortífera devastación: ¡Vuelve a tu vaina, descansa! Y el profeta responde

implacablemente: ¿cómo va a cesar, si es Yahvé quien la manda? (ν.7). La espada devastadora

es una mera ejecutora de las órdenes de Yahvé, que ha decidido castigar la tierra de los filisteos.

Es el día de la manifestación vengadora de Yahvé, y no hay lugar a tregua. La justicia divina no

puede renunciar a sus exigencias. Filistea ha pecado y tiene que ser inexorablemente castigada.

1 Cf. 1 Sam 13:19-22. — 2 Cf. Herodoto, II 157. — 3 Prisma Taylor col.2-3. — 4 Así según los LXX. El heb. dice “resto de los raíles”

('imqám). — 5 Cf. Herod., II 159. — 6 Cf. Jer46:7; Is 8,7. — 7 Cf. Jer 25:34- — 8 Cf. Jer 4:13-29; 8:16; Is 5:28; Ez 26:10. —

9 Así según la opinión general. Cf. Abel, Géog. de la Pal. I p.261; Macalister, The Philistines (1914) p.4-28. Parecen ser los Keftiu

de las inscripciones egipcias. Cf. Am 9,7; Dt 2:23; Sof 2:5; Ez 25:16. — 10 Así Lagrange, Livre des Juges p.264. — 11 Cf. Jer

16:6; 41:5. — 12 Cf. Núm 13:22; 28:33; Jos 11:21. — 13 Cf. Jer 16:6.

48. Oráculo Contra Moab.

Este largo capítulo, por su contenido, parece una compilación, sin que se pueda señalar un orden

estricto lógico en el desarrollo de las ideas. Por otra parte, su carácter de pieza-mosaico le

hace oscuro, sin que sea fácil determinar las circunstancias históricas que hayan dado lugar a su

composición. Moab comprendía la parte oriental del mar Muerto entre el Arnón, al norte, y el W.

Hesa, al sur. Su población era de origen arameo, como los hebreos, amonitas y edomitas. La Biblia

considera a los moabitas como descendientes de Lot, sobrino de Abraham l. El dios nacional

era Gamos; de ahí que los moabitas fueran llamados “hijos de Gamos.” Durante algún tiempo,

Moab fue tributario de Israel, pero se independizó en tiempos de Mesa (c.550 a.C.), según consta

por la famosa “estela” encontrada en Dibán en 1868, actualmente en el Louvre. Las relaciones

entre israelitas y moabitas fueron siempre hostiles ya desde los tiempos del éxodo 2. En 602, los

moabitas hicieron incursiones en el territorio de Judá aprovechándose de las dificultades políticas

planteadas por la invasión de las tropas de Nabucodonosor. Después del exilio, Moab fue absorbida

por una población árabe.

Esta profecía de Jeremías no alude para nada a la hostilidad tradicional de Moab contra

Judá, pues en ella sólo se recrimina el orgullo y rebelión contra los designios de Yahvé (v.42).

Por eso muchos autores creen que ha sido compuesta antes del año 602, ya que no se comprende

que no aludiera el profeta a las incursiones de Moab contra el reino de Judá. Los v.29-38 están

tomados de Isaías. El pensamiento fundamental del oráculo es que Moab será destruido por un

2129

enemigo que viene del norte, el ejército de Nabucodonosor, aunque no lo nombre expresamente.

Desde el punto de vista literario encontramos fragmentos en prosa y en verso. En muchos

de ellos no es fácil determinar su carácter poético, debido a que los procedimientos externos de

expresión poética hebraicos nos son en parte aún desconocidos y nos movemos muchas veces en

el terreno de la pura hipótesis.

Consternación de Moab por la devastación (1-10).

1 Sobre Moab. Así habla Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: ¡Ay de Nebo! Está

devastada. Confundida y conquistada está Quiriatayim, confundida y derruida la

ciudadela 3. 2 ¡No existe ya la gloria de Moab! ¡En Hesebón se trama su mal! “¡Ea!

¡Borrémosla de entre los pueblos!” ¡También tú, Madmen, sucumbirás! ¡Tras ti caminará

la espada! 3 Gritos se oyen de Joronáyim, devastación, ruina inmensa. 4

Moab está quebrantada, los alaridos se oyen hasta Segor4. 5Por la subida de Lujit se

sube con llanto, por la bajada de Joronáyim se oyen gritos de angustia. 6Huid, salvaos,

sed como el onagro en el desierto 5. 7Por haber puesto tu confianza en tus

obras y tus tesoros, también tú serás tomada. Saldrá Gamos para el destierro, y con

él sus sacerdotes y sus magnates. 8 Entrará el devastador en todas las ciudades, ninguna

se salvará, El valle será arrasado; el llano, devastado. ¡Yahvé lo ha dicho! 9Dad

alas a Moab para que emprenda el vuelo 6. Sus ciudades se convertirán en desierto,

sin que haya quien las habite. 10¡Maldito el que ejecute negligentemente la obra de

Yahvé, y maldito quien retraiga la espada de la sangre!

El estilo es incisivo y nervioso. El profeta ve ya en marcha al devastador implacable, instrumento

de la cólera divina. A los ojos del profeta aparecen las ciudades y la campiña bajo el efecto de la

devastación más cruel. Para reflejar el nerviosismo de la situación, tan pronto aparece hablando

Yahvé como el profeta y los habitantes de Moab. El enemigo ha llegado inesperadamente a Nebo

(v.1), localidad junto al monte del mismo nombre, desde el cual Moisés contempló la tierra de

promisión, identificada con Jhbet el-Mja-yet 7. Qiriatayim es el actual Jirbet el-Qureytat, a 21

kilómetros al sudoeste de Mádaba 8. Hesebón es el actual Hesbán, a 12 kilómetros al norte de

Mádaba 9, a 30 kilómetros al este del Jordán. El profeta supone que el enemigo ya ha llegado a

Hesebón y que allí tiene un consejo de guerra para ulteriores planes de invasión: En Hesebón se

trama su mal: ¡Borrémosla de entre los pueblos! (v.2). Los invasores han decidido la destrucción

total de Moab 10. Madmen, quizá las actuales ruinas de Dimne, a cuatro kilómetros al noroeste de

Rabba , aunque muchos autores creen que es una variante del nombre Dimón o Dibón, la ciudad

principal del Moab septentrional. La devastación ha llegado al corazón del reino: tras ti caminará

la espada.

La devastación ha llegado ya al sur: Gritos se oyen en Jorondyim (v.5), en la costa sudeste

del mar Muerto 12. En aquella zona estaba también Segor o Soar, una de las ciudades de la

Pentápolis bíblica, la única salvada del cataclismo narrado por Gen 19:20. Pero más tarde, como

consecuencia de un terremoto, fue anegada por las aguas13. La consternación ha llegado, pues,

hasta los confines meridionales de Moab. Lujit (ν.6) parece ser la actual Djebel el-Witat, correspondiente

al Lejitu de la inscripción nabatea de Mádaba14.

La situación es tan desesperada que se invita a la precipitada huida: salvaos, sed como el

onagro en el desierto (v.6). El asno salvaje, u onagro, era famoso por sus ansias de libertad y por

su facilidad en huir de los cazadores. La imagen, pues, es muy apropiada para representar a los

moabitas, sueltos por las estepas de Moab, aturdidos ante las noticias del ataque enemigo 15. La

2130

razón del castigo enviado por Yahvé radica en su orgullo y su autosuficiencia, pues se creían seguros

en sus obras 3; tesoros (v.7). Tenía una posición estratégica buena para la defensa. Pero de

nada le servirán sus muchas fortalezas, pues hasta su dios nacional, Gamos, saldrá para el destierro,

y con él las fuerzas vivas de la nación, los sacerdotes y los magnates. La frase tiene un

sentido irónico. Los moabitas, confiados en el poder de su dios y en sus recursos, se creían a salvo

de todo peligro; pero Gamos, como los dioses de otras naciones, será llevado como trofeo de

victoria por los vencedores en trágico cortejo con sus adoradores. La devastación será completa

(v.8). Tanto su valle o depresión del Jordán, al norte del mar Muerto, como su llano, o altiplanicie,

serán arrasados 16, y todo como consecuencia de un decreto del Dios de Judá: Yahvé lo ha

dicho (v.8b). El Dios de los judíos ejercía un poder omnímodo aun sobre los otros pueblos, y en

este sentido dirige la historia de todos los reinos del universo 17. De nuevo el profeta hace una

invitación a la rápida huida: dad alas a Moab para que emprenda el vuelo (V.9). La suerte está

echada y no hay otra solución que la desbandada general.

El v.10, por su forma prosaica, parece una glosa posterior 18. La guerra contra Moab es

considerada como una guerra santa, y, por tanto, el ejército invasor es un instrumento de la ira

divina. No cumplir sus designios es oponerse al mismo Dios; por eso el hagió-grafo dice con todo

vigor: ¡Maldito el que ejecute negligentemente la obra de Yahvé y maldito el que retraiga la

espada de la sangre! (v.10). Es Yahvé el que le ha escogido y le ha dado las armas, y no puede

retraerse 19. En Jue 5:23 se dice que sea maldito quien no participe en la guerra santa de liberación

contra los enemigos de Israel. Es necesario tener en cuenta la concepción teocrática y la

propensión a las frases radicales de los orientales para comprender estas expresiones, que a nuestra

sensibilidad cristiana nos resultan demasiado feroces. No debemos olvidar que el hagiógrafo

pertenece a un estadio de la revelación aún muy rudimentario, en el que la caridad de Cristo

todavía estaba muy lejos de ser el centro de la misma verdad religiosa.

Contraste entre el pacífico pasado de Moab y su trágico futuro (11-16).

11 Tranquilo estuvo Moab desde su adolescencia, reposado sobre sus heces; no había

sido trasegado de tinaja en tinaja, llevado al destierro. Por eso conservó su gusto y

no se disipó su aroma. 12 Por eso ahora vienen días, dice Yahvé, en que yo le mandaré

trasegadores que le trasegarán, que vaciarán sus tinajas y las romperán. 13 Y se

avergonzará Moab de Gamos como la casa de Israel se avergonzó de Betel, su confianza.

14 ¿Cómo decíais: Somos valientes, hombres fuertes para la lucha? 15 El devastador

de Moab sube contra tus ciudades, la flor de su juventud baja para la matanza.

Oráculo del Rey, Yahvé de los ejércitos es su nombre. 16 Ya se acerca la ruina

de Moab, y su mal corre velozmente.

El profeta contrapone dos situaciones de Moab: hasta ahora las altiplanicies moabíticas se creían

resguardadas en su aislada posición geográfica y en sus fortalezas; por eso Moab estuvo tranquilo

desde su adolescencia (v.11). La tragedia de Judá e Israel fue estar en una gran encrucijada de

caminos, lugar de choque entre los colosos imperiales que durante siglos se disputaron la hegemonía

del Próximo Oriente. Moab, en cambio, se hallaba lejos de las ambiciones territoriales de

los grandes imperios, aunque había tenido que someterse a Teglatfalasar III y a Senaquerib en el

siglo VIII. Pero la dominación asiría fue mucho más débil que en la zona de la costa siro-feniciapalestina.

Esto hizo que pudiera gozar de una paz y prosperidad desconocidas para los pueblos de

la costa. El profeta refleja este estado de opulencia con imágenes apropiadas a la principal riqueza

del país, sus excelentes viñedos 20. Como el vino dejado en reposo sin trasegar conservaba to2131

da su fuerza, así Moab estuvo reposado sobre sus heces (v.11). Moab no había sido agitado ni

llevado al exilio. Por eso pudo desarrollarse prósperamente hasta ser envidiada por las otras naciones:

conservó su gusto y no disipó su aroma (v.11b). Pero su feliz pasado ha terminado, ya

que Yahvé la va a agitar como a Israel, enviándole trasegadores. que vaciarán sus tinajas y las

romperán (v.12). Los devastadores acabarán con la próspera nación. Y entonces comprenderá el

error de haber confiado en su dios nacional, el impotente Gamos, el cual, al dejarlos marchar derrotados

al exilio, los cubrirá de vergüenza, como se avergonzó Israel de Betel (ν.13), en el que

había puesto su confianza. El culto cismático del reino del norte, Israel, en Betel, fue una de las

causas de la ruina del mismo y de su deportación 21. La experiencia se repetirá en Moab. Sólo

quien confía en Yahvé puede subsistir. Por eso la seguridad y autosuficiencia de los moabitas

ha sido la causa del castigo: ¿Cómo decíais: Somos valientes.? (v.14). Yahvé les dará el merecido

a su insolencia, enviándoles el devastador. que sube contra sus ciudades, en la altiplanicie,

mientras que la flor de su juventud baja para la matanza 22.

La frase Oráculo del Rey. falta en el texto griego, y es quizá una glosa. Con todo, designa

la certeza del cumplimiento de la profecía, ya que proviene del Rey, que tiene por nombre Yahvé

de los ejércitos, es decir, señor de las batallas y de toda la creación. Nadie puede resistirse a su

palabra decisiva.

El profeta presenta como inminente la ruina de Moab. En su visión profética, los años corren

velozmente. Flavio Josefo nos dice que Moab fue sometida por Nabucodonosor cinco años

después de la toma de Jerusalén (587). Desde luego no es difícil que las tropas babilonias hicieran

incursiones por aquella zona una vez sometida totalmente Judá. Sus viñedos y su tráfico comercial

eran un buen cebo para los conquistadores caldeos.

Elegía sobre las ruinas de Moab (17-27).

17 Lloradle todos sus vecinos; todos los que por la fama le conocéis, decid: ¿Cómo ha

sido roto el cetro poderoso, el báculo glorioso? 18 Desciende de tu magnificencia y

siéntate en el cieno, moradora hija de Dibón, que ya sube contra ti el devastador de

Moab, que arrasará tus fortalezas. 19 ¡Sal al camino y atalaya, habitante de Aroer!

pregunta a los huidos, a los que se han salvado; diles: “¿Qué pasó?” 20Avergonzado

está Moab, ha sido derrotado. Clamad, gritad. Anunciadlo en el Arnón: ¡Moab está

devastado! 21Ha venido el juicio sobre el país de la meseta, sobre Jolón, sobre Yahasa,

y sobre Mefaat, 22y sobre Dibón, sobre Nebo, sobre Bet-Diblataim, 23sobre Quiriat-

Yearim, sobre Bat-Gamul, sobre Bet-Mehón, 24 sobre Queriot y sobre Bosra, y

sobre todas las ciudades de la tierra de Moab, cercanas y lejanas. 25 El cuerno de

Moab ha sido abatido, roto ha sido su brazo, oráculo de Yahvé. 26 Emborrachadle,

pues se alzó contra Yahvé. Y Moab se revolcará en su vómito, convirtiéndose en objeto

de burla. 27¿No te burlabas de Israel? ¿Ha sido acaso sorprendido entre ladrones

para que al hablar de él muevas la cabeza ?

La tragedia de Moab es tan grande, que el profeta invita a las naciones circunvecinas a que hagan

duelo sobre él 23. Ha caído toda su fortaleza (ν.17). Se creía invencible, pero ya ha sido roto el

cetro, su independencia y señorío han desaparecido. Moab debe abandonar su magnificencia y

sentarse en el cieno (v.18); la contraposición es irónica y sangrante. De reina, la moradora hija

de Dibón (sinónima de Moab) se ha convertido en esclava 24, porque ha llegado la hora de la

cuenta bajo la implacable invasión del devastador. El profeta invita a los habitantes del sur, de

Aroer 25, a que contemplen el triste espectáculo de las caravanas de huidos que bajan de la parte

2132

septentrional: sal al camino y atalaya (V.19). La invasión ha venido del norte, y las primeras

nuevas del desastre las dan los fugitivos que en trágica desbandada corren hacia el sur buscando

refugio. Ellos dirán lo que pasó. La devastación ha sido total 26. Todo el poderío de Moab ha sido

abatido.

Y todo ha ocurrido como efecto del castigo divino, que les ha hecho beber la copa de su

ira. Por eso el profeta dramatiza la situación presentando a Moab como un ebrio de la cólera divina:

emborrachadle., se revolcara en su vómito (v.26). Su castigo le ha venido por su insolencia

contra Yahvé al creerse seguro en sus riquezas y aislamiento: pues se alzó contra Yahvé. Siempre

los profetas ven en los aconteceres históricos una dimensión teológica, expresión de los designios

divinos. Moab, revolcándose en su vómito como un ebrio, por efecto de la ira divina, será

objeto de burla de todos, como lo es el que embriagado se halla tendido en el suelo sin sentido 27.

En otras ocasiones, al ver castigado a Israel, se burlaba de él, considerándole como un malhechor

herido por la mano de su Dios: ¿No te burlabas de Israel? ¿Ha sido acaso sorprendido entre ladrones

para que al hablar de él muevas la cabeza? (v.27). El escándalo fingido de Moab ante las

supuestas maldades de Israel resultaba hipócrita, ya que era más culpable que éste en muchas

cosas. En todo caso, ya le ha tocado la hora de probar el cáliz de la cólera de Yahvé.

Duelo general en las tierras de Moab (28-39).

28 Abandonad las ciudades y habitad en las rocas, habitantes de Moab, y sed como la

paloma que anida al borde de los precipicios28. 29Hemos oído de la soberbia de

Moab, jactanciosa sobremanera de su orgullo, su altanería, su arrogancia, de la altivez

de su corazón. 30Yo conozco su jactancia — oráculo de Yahvé — , sus vanas

bravatas, sus fútiles obras. 31Por eso me lamento por Moab, y clamo por Moab todo,

y gimo por las gentes de Quir-Jeres; 32 más que por Yaser, lloro por ti, viña de Sibma.

Tus sarmientos atravesaron el mar y se extendían hasta Yaser29. Sobre tu cosecha

y tu vendimia ha caído el devastador. 33Huyeron el regocijo y la alegría de los

vergeles y campiña de Moab. Yo he vaciado el vino de tus tinajas; no pisará ya más

el lagarero. La canción ya no es canción30. 34 Los alaridos de Hesebón llegan hasta

Elalé, hasta Yahsa lanzan su voz, desde Soar hasta Joronáyim, hasta Eglat-Selisiya,

pues también las aguas de Nimrim se convierten en desolación. 35Yo haré desaparecer

de Moab — oráculo deYahvé — al que sube al lugar alto31 a ofrecer incienso a

sus dioses. 36 Por eso mi corazón suspira como una flauta por Moab, por las gentes

de Quir-Jeres, por la pérdida de cuantos bienes habían adquirido. 37 Toda cabeza ha

sido rapada, toda barba rasurada; sobre todas las manos hay incisiones, y sobre los

lomos sacos. 38Sobre todos los terrados de Moab y en sus plazas no hay más que

llantos, porque he roto a Moab como se rompe un cacharro enojoso, oráculo de

Yahvé. 39¡Cómo ha sido quebrantado! ¡Lamentaos! ¡Cómo volvió Moab las espaldas

vergonzosamente! Se convertirá en objeto de burla y de espanto para cuantos le rodean.

La situación es tan desesperada para los habitantes de Moab, que el profeta les invita a esconderse

en lugares inaccesibles, como la paloma. al borde de los precipicios (v.28).

Los V.29-39 están tomados de Is 16:6-12 y adaptados libremente por un redactor posterior al

mismo Jeremías. En todo caso es de destacar la ruina de Moab como castigo divino por su orgullo

y altivez. Las acusaciones contra ella se ponen en boca de los habitantes de Judá: Hemos oído

de la soberbia de Moab. (v.29), que se consideraba autosuficiente y segura en su riqueza material

2133

y en su aislamiento geográfico. Después Yahvé mismo toma la palabra (v.30), y confirma esta

altanería tradicional de los moabitas, y por ello se ve precisado a castigarlos. Y el profeta, en

nombre de Yahvé, se lamenta por la tragedia de Moab (v.31). En Is 16:7 son los mismos moabitas

los que se lamentan por la ruina de su nación. El redactor posterior ha tenido un criterio de

adaptación muy libre. Cambia constantemente de interlocutor para expresar las ideas. De todos

modos es interesante ver cómo aquí el profeta revela profundos sentimientos de compasión

ante la catástrofe de los enemigos tradicionales del pueblo judío, los moabitas. Por un lado celebra

la manifestación de la justicia divina, y por otro se siente asociado al duelo de una población

arruinada. Su grandeza de alma le hacía pesar las tragedias íntimas de sus enemigos políticos.

Aquí el profeta se lamenta sinceramente por la ruina material del pueblo moabita, simbolizado en

las gentes de Quir-Jeres (v.31), la capital de Moab, la actual fortaleza de Kerak al sudoeste de

Moab, en un promontorio sobre el mar Muerto 32. El profeta llora por la ruina material de la viña

de Sibma, símbolo de la riqueza característica de la campiña moabita, sus viñedos. Su pérdida

supone mucho más que la destrucción de la ciudad de Yaser 33. Era el centro del cultivo del viñedo,

famoso aun en las regiones apartadas: tus sarmientos atravesaron el mar hasta Yaser (v.32b).

Las cepas de Sibma, buscadas por su calidad, habían sido plantadas desde más allá del mar

Muerto hasta Yaser por el oriente. Pero ha caído el devastador., huyeron el regocijo y la alegría.

de la campiña de Moab (v.33). Los alegres cánticos tradicionales de los que pisaban en los lagares

desaparecieron, porque han sido arruinados los viñedos, y todo como castigo divino: yo he

vaciado el vino de tus tinajas.

El v.34 es una repetición de Is 15:4-6 34; por lo que parece ser inserción de un redactor

posterior. El v.35 repite libremente Is 16:12. Se trata de la destrucción de los lugares de culto en

Moab como consecuencia de la devastación general que llevará consigo la despoblación del país.

El v.36 está integrado por reminiscencias de Is 16:11 e Is 15:7· El profeta siente en su

persona el duelo general, se siente conmovido: mi corazón suspira como una flauta. (el instrumento

típico de las honras fúnebres 35), por las gentes de Quir-Jeres, sinónimo del país moabítico.

El duelo es general en el país: Toda cabeza ha sido rapada, toda barba rasurada. (v-37). El

rasurarse la cabeza y la barba, hacerse incisiones y vestirse de sacos eran las tradicionales señales

de duelo36. Insensiblemente deja de hablar el profeta, asociado a la tragedia de la población moabítica,

y de nuevo toma la palabra Yahvé para recalcar que la catástrofe la ha enviado El, ya que

los invasores no son sino instrumentos de su justicia: He roto a Moab como se rompe un cacharro

enojoso (v.38).

Ruina y restauración de Moab (40-47).

40 Pues así habla Yahvé: He aquí que viene volando como el águila y extiende sobre

Moab sus alas. 41 Las ciudades han sido tornadas, asaltadas sus fortalezas, y entonces

el corazón de los guerreros de Moab será aquel día como el corazón de mujer en

parto. 42 Y dejará Moab de ser una nación por haberse alzado contra Yahvé. 43 Terror,

hoya y red contra ti, moradora de Moab, oráculo de Yahvé. 44 El que escape al

terror, caerá en la hoya; el que se libre de la hoya, será cogido en la red. Yo haré venir

todo esto contra Moab el año de su castigo, oráculo de Yahvé. 45 Se detienen a la

sombra de Jesebón, extenuados por la fuga; pues fuego sale de Jesebón, y llamas de

en medio de Sijón, y devora las sienes de Moab, la coronilla de los tumultuosos. 46

¡Ay de ti, Moab! Perdido estás, pueblo de Gamos. Tus hijos han sido tomados cautivos,

y tus hijas en cautiverio. 47 Pero al fin de los días yo haré volver a los cautivos

de Moab, oráculo de Yahvé. Hasta aquí el juicio de Moab.

2134

En los V.40-44 se resume la profecía sobre la devastación de Moab 3?

Se presenta al invasor como un águila que extiende sus alas sobre Moab (v.40). Tal es la celeridad

del impetuoso avance. No especifica al invasor, que suele identificarse con Nabucodonosor38.

A su paso han caído las fortalezas, y entonces el pavor invadió a sus defensores corno mujer

en parto (v.41). La catástrofe ha venido enviada por el mismo Yahvé, contra quien se había

alzado orgullosámente Moab. Ha sido un delito contra su omnímoda majestad, que no puede

quedar impune. Por eso humilla a Moab para que reconozca su debilidad y dependencia de Yahvé,

que dirige la historia de las naciones.

Todo se ha conjurado contra la orgullosa Moab. Los enemigos han puesto todos los medios

para tomarla en sus manos: terror, hoya, red (v.43). La imagen está tomada de la caza. Los

cazadores asustan la presa para que, precipitada, caiga en la hoya y la red preparadas de antemano.

Quien se salve de una caerá en otra (v.44b). Es el mismo Yahvé quien ha dispuesto todo

esto, ya que los invasores son meros instrumentos suyos (v.44c).

Los v.45-40 faltan en el texto griego, y reproducen Núm 21:28-29 y 24:17. En ellos se

canta la victoria del rey amorreo Seón sobre Moab al tomarles la ciudad de Jesebón. De esta ciudad

conquistada por Seón salía la espada como un fuego devorador sobre todo el país. La otra

frase, devora las sienes de Moab y la coronilla de los tumultuosos (v.45c), está tomada de la profecía

de Balaam, en la que se predice la humillación de Moab por los israelitas. Podemos suponer,

pues, que un redactor posterior al mismo Jeremías adaptó estos versos al contexto de la profecía

contra Moab. Así, la escena es la siguiente: llegada la invasión, los pobres fugitivos de la

campiña moabítica se refugian en la fortaleza de Jesebón (v.45). Pero de nada les ha servido esto,

pues el enemigo ha tomado en seguida Jesebón, de la que salen, como fuego devastador, a

conquistar todo el país39. A los moabitas se les llama despectivamente tumultuosos (v.45c), lit.

“hijos del estrépito,” por su carácter altanero, con complejo de autosuficiencia 40. La frase sienes

y coronilla de Moab puede significar los puntos más culminantes de la nación.

La catástrofe nacional ha sido completa, ya que la población en masa ha sido llevada en

cautividad (v.46). La expresión pueblo de Caraos es irónica y despectiva, ya que el dios nacional

no ha podido salvar a su pueblo. Pero, en cambio, será Yahvé el que rehabilitará a Moab de nuevo

como nación (v.47). Jeremías en 602 predijo que los pueblos vecinos de Judá, después de ser

castigados convenientemente, serían restablecidos en sus tierras41. Y en uno de sus oráculos los

admite a formar parte del futuro reino mesiánico de Israel 42. La expresión al fin de los días es

clásica para designar la inauguración de los tiempos mesiánicos. En la mente de los profetas,

todos los aconteceres históricos de los pueblos tienen un sentido en la mente divina, y así Dios

unas veces los castiga y otras veces les permite llegar a un estado de prosperidad; pero todos están

subordinados a la futura manifestación mesiánica en el pueblo elegido.

1 Cf. Gen 19,30-38. — 2 Núm c.21. — 3 El texto griego lee, en vez de cindadela, Amaz y Agaz, como si fueran dos localidades. — 4

El TM: “sus pequeños” en vez de “Segor.” — 5 Así según los LXX. El TM “como Aroer.” — 6 Los LXX leen “dad a Moab una

tumba o cenotafio,” como signo de su desaparición. La versión que hemos elegido, siguiendo a muchos autores, es problemática,

pero hace perfecto sentido. — 7 Cf. Abel, Géog. de la Palestine II p.397. — 8 Cf. ID., o.c., p.419. — 9 Eran famosas sus piscinas.

Cf. Cant 7:4; Jos 21:39; Núm 21:25. En el hebreo hay un juego de palabras como en el siguiente nombre Madmen. — 10 Cf. Is

15:9; 10:31; Jos 15:31. — 11 Cf. Abel, o.c., II sub verbo. — 12 Cf. Is 15:15. Aparece en la estela de Mesa, y es citado por FL. Josefo,

Ant. Jud. XIV 1:4. — 13 Cf. Gen 19:203. Véase Fl. Josefo, Bel. Jud. IV 8:3, y San Jerónimo Quaest. in Gen. 14:3; cf. Abel,

Géog. de la Pal. II p.466. — 14 Cf. Abel, o.c., II p.3?o. — 15 Los que no siguen la lectura griega, sino la hebrea, con algún cambio,

creen ver una alusión a un arbusto propio del desierto. En ese caso se compararía a la población salvada de la catástrofe con

ese arbusto en medio de la desolación de la estepa. — 16 Cf. Dt 3:10; 4:43; Jos 13:9. — 17 Cf. Am 1. — 18 Así opina, entre

otros, Gondamin. — 19 Cf. Jer 50,25. — 20 Cf. Jer 32s; Is 16:8.10. — 21 Cf. 1 Re 12:29. — 22 Cf. Is 34:7. — 23 Cf. Is 14:4. —

24 Cf. Is 47, 15s. — 25 Aroer se hallaba en la orilla septentrional del Arnón. Cf. Abel, o.c., II p.250. 26 La enumeración de las localidades

es prolija, y la mayor parte de ellas puede identificarse. Muchos autores traducen la palabra hebrea que hemos vertido

por meseta por un lugar geográfico llamado Mishor, según suena el vocablo original hebreo. Cf. ABEL, o.c., I P.429-30. Jolón nos

2135

es desconocido. Abel supone que estaba junto a Mádaba. Yahasa: según el Onomasticom de Eusebio, estaba entre Mádaba y Dibón.

Mefaat parece ser el actual Ne-faa, al NE. de Hesbán. Bet-Diblataim serían las ruinas de Releilat, al NE. de Libb, entre Mádaba

y Dibón. Cf. Abel, o.c., II p.242-26g. Qw'rtaíazm, el actual el-Qareiyat, a 21 kilómetros al SE. de Mádaba. Bet-Gamul, el actual

el-Gameil, entre el Arnón y Umm er-Rasas. Bet-Maón, Main, al SO. de Mádaba. Queriot: quizá el actual Salive. Bosra: según

Abel, es Umm el-Amad, al N. de Mádaba. — 27 Cf. Jer c.25. — 28 Algunos autores toman la palabra heb. Pipahat, que hemos

traducido por precipicios, por una localidad geográfica. — 29 El TM dice “Mar de Yaser.” Pero la palabra mar falta en algunos

manuscritos y en el lugar paralelo de Is 16:8. Por otra parte, en Yaser no había ningún “mar.” — 30 Lit. Hedad, hedad no es

hedad. Hedad parece ser el grito alegre del lagarero. Otros traducen: “ni se oye el hedad” (Cant.). Bib. de Jérus.: “no resuena el

grito de alegría.” — 31 Otros traducen: “sacrificios sobre los lugares altos” (Cant.). — 32 Cf. Abel, o.c., II p.i4& — 33 Cf. Is

16:8-9. — 34 Sobre la identificación de Hesebón véase com. al v.2. Elale es el-Al, al NE. de Hesebón: Hesbán. Sobre Yahsa véase

com. al v.21. Sobre Soar véase com. al ν.3· Υ sobre Joronáyim véase también com. al v.3. Las aguas de Nimrim aparecen en Is

15:6. Seguramente es wadl Nimrim, al norte de Moab. Cf. Núm 32:32-36; Jos 13:29. — 35 Cf. Mt 9:23. — 36 Cf. Is 15:2-3; Jer

7:29; 16:6; 41:5; 47:5; 49,3- — 37 Parte de los v.40-41 aparece en el oráculo contra Edom (49:22). Los v.43-44 están calcados en

Is 24:17-18. — 38 La figura del “águila” aplicada al invasor aparece en Is 46:11; Ez 17,3; cf. Dt 28:49. — 39 Sijón, o Sehón, es

sinónimo aquí de Jesebón, ya que el rey Sehón había tomado esta ciudad. — 40 Quizá la frase coronilla y sienes tenga el sentido

de denominación étnica, aplicada a los árabes y beduinos. Cf. Herodoto, III 8, donde se dice que los árabes se cortaban los cabellos

en forma circular. En Flavio Josefo se llama a los árabes los “rasurados en círculo” (Contra Apión 22). — 41 Cf. 2 Re 24:2.

— 42 Jer 12:15-16.

49. Oráculos contra Amon, Edom, Damasco, Arabia y Elam.

En este capítulo, de carácter sumario, se insertan las profecías contra los pueblos vecinos de los

israelitas: Amón, Edom, Damasco, Arabia y aun contra el lejano Elam.

Contra Amón (1-6).

1 Sobre los hijos de Amón. Así habla Yahvé: ¿Por ventura no tiene hijos Israel? ¿No

tiene heredero? ¿Por qué, pues, Milcom ha heredado a Gad, y su pueblo ocupa sus

ciudades? 2 Por eso he aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo haré

oír contra Rabat, de los hijos de Anión, el grito de guerra: quedará convertido en

montón de ruinas, y sus hijas serán quemadas. Y heredará Israel a sus herederos —

oráculo de Yahvé. 3 ¡Grita Jesebón Ha sido devastada Hai. Gritad, hijas de Rabat;

ceñios cilicios y llorad, porque Milcom será llevado cautivo juntamente con sus sacerdotes

y magnates. 4¿Por qué te glorías de los valles, de tu valle fértil, oh hija rebelde?

Confiada en tus tesoros (decías): ¿Quién vendrá contra mí? 5He aquí que yo

traeré sobre ti el terror, oráculo del Señor, Yahvé de los ejércitos, y os dispersaréis

cada uno de su lado, y no habrá quien reúna a los huidos. 6Y después de esto yo haré

volver la cautividad de los hijos de Amón, oráculo de Yahvé.

Según la Biblia, los amonitas proceden de Lot; por tanto, eran afines étnicamente con los

hebreos. En la Biblia se les suele llamar siempre los hijos de Amón (v.1), frase estereotipada que

encontramos a menudo 1. Los amonitas, juntamente con los edomitas y moabitas, pertenecían a

la rama aramea de la que surgió también el clan hebreo. Se ha querido relacionar a los amonitas

con el dios Amm, adorado en Arabia meridional; pero no hay ninguna divinidad amonita con este

nombre. El dios de los amonitas era Milcom 2, que es una derivación de la raíz Melek (“rey”),

divinidad muy corriente entre los cananeos, conocida en la Biblia hebrea con el nombre de Molec,

y en los LXX y Vulgata con el de Moloc 3. El reino de Amón se extendía desde el Arnón, al

sur, hasta el Yabbok, al norte, y desde el desierto siró-arábigo hasta el Jordán4. El rey amorreo

Sehón ocupó la zona fronteriza con el Jordán, y al entrar los israelitas se instalaron las tribus de

Gad y de Rubén en el noroeste del reino de Arnón. Existió siempre lucha entre ambos pueblos,

ya que Amón siempre consideró como intrusos a los israelitas y trató de expulsarlos5. Fueron

sometidos por David6. Después de la deportación del reino del norte de Israel organizada por Te2136

glatfalasar III (734-732) y por Sargón más tarde (721)7, los amonitas se hicieron dueños del territorio

ocupado por las tribus de Gad y de Rubén. Y a esto alude ahora Jeremías. En 602 aparecen

los amonitas haciendo incursiones en el territorio de Judá 8. El profeta les echa en cara el que se

aprovechen de las circunstancias adversas de Judá para atacarla; el territorio ocupado por ellos

pertenece de derecho a los israelitas, como herederos de sus padres: ¿No tiene hijos Israel., no

tiene heredero? (v.1). La ocupación por los amonitas sólo se justificaría en el caso de que Israel

se hubiera extinguido totalmente. Pero la nación, aunque diezmada, subsiste, y por eso sus derechos

permanecen. No tiene, pues, Amón derecho a desposeerlos de su herencia: ¿Por qué Milcom

9 ha heredado a Gad? Aquí Milcom (dios de Amón) es sinónimo de la nación, que ha querido

suplantar a la tribu de Gad, israelita, que se había establecido en la parte septentrional de

Amón desde hacía siete siglos 10. Esto es una flagrante violación del derecho, y por eso Dios va a

enviar un castigo sobre la nación usurpadora: Yo haré oír contra Rabat. el grito de guerra (v.2).

Rabat = Amón era la capital del país, hoy llamada Ammán, capital de Jordania. En los tiempos

helenísticos fue llamada Filadelfia. Dios enviará, pues, la guerra contra la nación amonita, simbolizada

en su capital, Rabat, y sus hijas, o ciudades menores, las cuales serán quemadas (v.2).

Y los israelitas volverán a poseer el territorio que en derecho secular les pertenecía: heredera

Israel a sus herederos. El profeta invita al duelo a los amonitas por la destrucción de su nación:

gritad, hijas de Rabat. (ν.3), ο ciudades que estaban bajo la jurisdicción de la capital, Rabat.

La mención de Jesebón y de Hai es extraña, ya que la primera estaba en Moab, y la segunda

al oeste del Jordán, en territorio israelita. Quizá el profeta pone esas dos ciudades casi fronterizas

con el reino amonita para indicar la presencia del invasor babilonio en Amón, amenazando por lo

mismo a Moab y a la región occidental del Jordán. O mejor, quizá nos hallamos ante una corrupción

del texto n. En todo caso, el profeta quiere destacar la tragedia de la invasión: ceñios cilicios.,

porque Milcom será llevado cautivo (v.3). Milcom aquí, como divinidad nacional, simboliza

a la misma nación. En la frase hay un tanto de ironía: la divinidad de Amón, en la que confiaban

sus adoradores, será llevada cautiva12. Con él irán sus sacerdotes y las fuerzas vivas de la

nación.

La primera acusación contra Amón era el atropello que habían cometido al usurpar el territorio

que secularmente había pertenecido a los israelitas. Ahora el profeta lanza otra acusación

similar a la expuesta contra Moab: el orgullo. La parte septentrional de Amón era famosa por sus

pastos y valles feraces, en los que se criaban los mejores ganados. Esto creó en los amonitas un

complejo de superioridad sobre las pobres regiones de Cisjordania: ¿Por qué te glorias de los

valles, de tu fértil valle, oh hija rebelde? (v.4). Fiada en sus riquezas y tesoros naturales, se creía

a resguardo de toda contingencia. Su misma posición geográfica favorecía su aislamiento: ¿quién

vendrá contra mi? La frase es insolente contra Yahvé, señor de los destinos de los pueblos. Por

ello, ahora va a mostrar su poder sobre la altiva Amón: Traeré sobre ti el terror. y os dispersaréis.

(v.5). Los enemigos invadirán el territorio de tal forma, que los amonitas, despavoridos, no

sabrán adonde huir: os dispersaréis cada uno de su lado. La desbandada será tan general y desordenada,

que no habrá caudillos ni guías que se comprometan a congregar a su pueblo (ν.6).

Sólo Yahvé, que los ha dispersado y castigado, será capaz de reunirlos de nuevo: Yo haré

volver la cautividad de los hijos de Amón (v.6). Los exilados amonitas, humillados por el castigo

divino (después de esto) se reintegrarán a su patria dirigidos por Yahvé. Según Flavio Josefo 13,

Nabucodonosor ocupó y saqueó Amón cinco años después de la toma de Jerusalén (587). Esa

reintegración a la patria de los amonitas está conforme a lo anunciado en la profecía contra los

moabitas del capítulo anterior. Ya hemos visto que en la perspectiva profética de Jeremías 14 se

admite como posible la incorporación de los pueblos vecinos a Israel en la era mesiánica. Aquí

2137

no se dice esto, pero parece que se insinúa en esa providencia especial de Yahvé sobre los paganos

amonitas.

Oráculo contra Edom (7-22).

7 Así dice Yahvé de los ejércitos: ¿No hay sabiduría en Teman? ¿Ha desaparecido el

consejo de los inteligentes? ¿Se ha desvanecido su sabiduría? 8 Huid, volved las espaldas,

buscad refugios profundos, habitantes de Dedán, porque voy a traer la ruina

de Esaú, el tiempo de su castigo. 9Cuando vengan sobre ti los viñadores, no dejarán

rebusco. Cuando de noche te asalten los ladrones, saquearán a su gusto. 10 Soy yo

quien despoja a Esaú, yo descubriré sus escondites, no podrá ocultarse. Su descendencia

será destruida; sus hermanos y sus vecinos dejarán de ser. ¡Deja a tus huérfanos,

que yo los criaré; que cuenten conmigo tus viudas! 12 Porque así dice Yahvé:

He aquí que los que no hubieran debido beber el cáliz, han tenido que beberlo, y

¿vas a quedar tú impune? No quedarás, no, lo beberás.13 Porque he jurado por mí

mismo, oráculo de Yahvé, que desolación, objeto de oprobio y de maldición será

Bosra, y sus ciudades ruinas por siempre. 14 he recibido de Yahvé una noticia, ha sido

enviado un heraldo por los pueblos: Reunios y marchad contra él, alzaos para la

guerra. 15Porque he aquí que te he hecho pequeño entre los pueblos, desprecio de los

hombres. 16Te ha engañado la altanería de tu corazón, tú que habitas en los huecos

de las rocas y escalas las crestas de los montes. Aunque pongas tan alto como el

águila tu nido, de allí te haré bajar — oráculo de Yahvé — . 17Edom vendrá a ser

objeto de horror; el viandante se quedará estupefacto, y contemplará sus ruinas silbando

burlonameiite. 18 Destruido como Sodoma y Gomorra, con sus ciudades vecinas,

dice Yahvé. No habrá quien la habite, ni hijo de hombre que en ella more.19 He

aquí que como un león subirá desde los boscajes del Jordán a los pastos siempre

verdes. En un momento los arrojaré de ellos y estableceré sobre ella a quien me

plazca; pues ¿quién como yo? ¿Quién me pedirá cuentas? ¿Quién es pastor que me

hará frente? 20 Oíd, pues, los designios de Yahvé contra Edom, los planes que traza

contra Teman: En verdad que serán conducidos por lo más ruin del rebaño, y a su

vista se espantarán los pastizales. 21Temblará la tierra al fragor de su ruina, y se oirán

sus alaridos en el mar Rojo. 22He aquí que como águila subirá y volará, y extenderá

sus alas sobre Bosra, y el corazón de los guerreros de Edom será entonces como

el corazón de mujer en parto.

El anuncio de la invasión sobre Edom empieza con una interrogación irónica. Los habitantes de

Moab estaban orgullosos de sus viñedos; los de Amón, de sus feraces valles, y los de Edom, de

su tradición sapiencial. Era el lugar de la sabiduría 15. Sin embargo, como los viñedos y los valles

feraces no habían servido para nada a la hora de la prueba de Moab y de Amón, así la supuesta

sabiduría excepcional de nada servirá a los edomitas cuando les llegue la hora del castigo. Teman

era la patria de los sabios de Edom, la Atenas de los orientales, y aquí simboliza a toda la

nación, como los viñedos de Yaser simbolizaban a Moab 16. A pesar de su sabiduría, los edomitas

no han sabido conocer los designios de Yahvé sobre su pueblo, procurando evitar el desastre.

No les queda sino la desbandada vergonzosa cuando llegue el invasor enviado por Yahvé:

Huid., habitantes de Dedán (v.8).Dedán era. una ciudad de Arabia 17 en estrechas relaciones con

los edomitas. Eran frecuentes las caravanas comerciales de dedanitas. Por eso aquí se invita a los

habitantes de Dedán a huir con celeridad, pues se acerca el devastador (v.8), enviado por Yahvé

2138

para traer la ruina a Esaú, es decir, de Edom, ya que Esaú, hermano de Jacob, era el epónimo de

los edomitas 18. La devastación será completa. Los invasores caerán sobre Edom como viñadores,

que no dejan rebusco, o como ladrones, que asaltan de noche y saquean a su gusto (V.9) 19.

Por otra parte, como es Yahvé quien los ha traído, les enseñará los escondites, de modo que puedan

llevárselo todo. Los pueblos que antes eran considerados como hermanos o vecinos, llegada

la hora de la prueba, se desentenderán de sus compromisos de sangre o de alianza (v.10b). Y por

eso, su descendencia será destruida. Nada podrá evitar la ruina total. La frase es muy radical,

pero no es necesario tomarla al pie de la letra. En el v.11 se alude a los huérfanos que quedan

desamparados y son protegidos por el mismo Yahvé. La catástrofe afectará sobre todo a los varones,

y sólo Yahvé se preocupará de sus viudas y huérfanos.

El v.12 reproduce en forma abreviada 25:28-29. La idea parece ser que, si otros que tenían

más títulos para verse a resguardo de la ira de Yahvé (como Israel, por ser su pueblo escogido)

han tenido que beber el cáliz de la cólera divina, ¿cuánto más Edom, que no merece consideración

especial alguna? Yahvé jura solemnemente destruirlo 20. Es una expresión antropomórfica

y enfática para indicar la certeza del castigo. Su capital, Bosra 21, será convertida en desolación y

objeto de oprobio y maldición (ν.13), frase estereotipada que expresa la trágica suerte de una nación

antes gloriosa.

Los v.14-i6 están casi al pie de la letra en Abd 1-4. El profeta se presenta como un centinela

puesto en los confines de Edom 22 y asiste en espíritu a la invasión: Yahvé ha enviado un

heraldo por los pueblos, convocando a los invasores: Reunios y marchad contra él. (v.14) para

declararle la guerra y exterminarle23. Con esta escenificación, el profeta quiere destacar que es

Yahvé el que envía al invasor sobre Edom. Yahvé ha decidido humillarle convirtiéndole en un

pueblo pequeño entre los pueblos. (v.15), sin que se le tenga consideración alguna. Y todo le ha

venido por la altanería de su corazón. Se consideraba seguro en los huecos de las rocas., en las

crestas de los montes (v.16), favorecido por las anfractuosidades de su territorio, desde donde se

lanzaba impunemente a las razzias sobre los pueblos vecinos. Se creía libre como el águila, que

pone alto su nido, pero Yahvé se encargará de hacerla bajar24. Su destrucción será tal, que los

que pasen por sus ruinas quedarán estupefactos., silbando burlonamente (v.12) 25. La comparación

con Sodoma 'y Gomorra para indicar el castigo aselador divino era clásica en la literatura

profética26. Las dos ciudades malditas estaban colindando con los territorios de Edom, y por eso

su recuerdo debía ser una lección permanente para los edomitas. Los edomitas fueron suplantados

en su territorio por las tribus árabes nabateas.

Los v. 19-21 aparecen ligeramente cambiados en 50:44-46. El devastador es representado

como un león que sube de los boscajes del Jordán a los pastos siempre verdes (V.19). La exuberante

vegetación era lugar donde se ocultaban las fieras 27 que inesperadamente irrumpían en la

llanura de la depresión del Jordán, donde pastaban confiados rebaños. La feracidad de la zona del

Jordán era un verdadero oasis para los que habitaban en los parajes semiesteparios de la montaña

y meseta palestinense y moabita. En realidad, Yahvé mismo será el que trae al devastador, y nadie

puede impedirlo: los arrojaré y estableceré a quien me plazca. ¿Quién me pedirá cuentas?

¿Quién es el pastor que me hará frente? Nadie puede oponerse a sus designios. Sigue el símil

anterior. Si él envía al león devastador, ¿quién es el pastor que puede proteger al rebaño? Ningún

rey de Edom puede defender su grey en contra de los planes de Yahvé, que ha decidido el exterminio.

Y a continuación se concretan sus planes contra Teman o Edom. La carnicería que hará el

león invasor será tan grande, que no se contentará con matar lo mejor del rebaño, sino también lo

más ruin (v.20) del mismo. Así según la traducción griega. Si se sigue el hebreo, entonces parece

2139

que se refleja el estupor de los pastizales al ver que sus propios rebaños son conducidos por lo

mas ruin del rebaño, del ejército invasor. La versión griega parece dar mejor sentido al contexto

28. Los alaridos de los habitantes de Edom serán oídos en el mar Rojo o golfo de Aqaba, al sur.

El ejército invasor, como un águila volará y subirá y extenderá sus alas sobre Bosra (v.22). La

celeridad del avance cubrirá en seguida todas las metas propuestas, tomando la capital, Bosra.

Los edomitas desaparecieron en el siglo V, suplantados por los nabateos. Es probable que destacamentos

babilónicos hayan hecho incursiones por aquella zona después de la destrucción de Jerusalén

(586) para asegurar la vía comercial con Arabia, que pasaba por Edom.

Oráculo contra Damasco (23-27).

23 Sobre Damasco. Jamat y Arpad están cubiertas de vergüenza, les ha llegado una

mala nueva, se conturbaron y se agitan como el mar 29, y no hallan descanso. 2* Damasco,

acobardado, se dispone a la fuga, es presa del terror, siente angustias y terrores

como de parturienta. 25 ¡Ha sido abandonada la ciudad gloriosa, la ciudad de

la alegría! 26 Por eso caerá en sus plazas su juventud, y todos sus hombres de guerra

perecerán en aquel día, oráculo de Yahvé de los ejércitos. 27 Yo pegaré fuego a los

muros de Damasco y consumirá los palacios de Ben-Hadad.

Este oráculo contra la nación siria puede muy bien concebirse en la época de la invasión de Nabucodonosor

de la zona siró-fenicio-palestina después de la batalla de Garquemis (605), en que,

derrotado el faraón Necao II, quedó libre el acceso de las tropas babilonias hasta las fronteras

egipcias. Ya un siglo antes Siria había sido ocupada por los ejércitos asir los de Teglatfalasar III,

el cual tomó Damasco en 732 a.C. El profeta anuncia aquí una nueva invasión sobre la opulenta

Siria, representada por sus tres ciudades principales: Jamat o Hamat, la actual Hama, sobre el

Orontes, en la Alta Siria, a 180 kilómetros al norte de Damasco. Arpad es la actual tell-Erfad, a

39 kilómetros al noroeste de Alepo, también en la Alta Siria 30. Damasco es la tradicional capital

siria, emporio comercial en la encrucijada de las rutas caravaneras con Mesopo-tamia, Arabia y

el Asia Menor. El profeta presenta la invasión viniendo del norte, ruta tradicional de los invasores

mesopotámicos. Las primeras ciudades sobrecogidas por el espanto son las del norte: Jamat y

Arpad (v.23). Al llegar la noticia a Damasco, queda acobardada y se dispone a la fuga (v.24) sin

ofrecer resistencia. La ciudad que antes se caracterizaba por el bullicio de mercaderes y de gentes

despreocupadas (la ciudad de la alegría), ahora aparece abandonada y solitaria, sin juventud,

que ha sido pasada a cuchillo en las plazas por los invasores.

El v.27 reproduce literalmente Am 1:4.14 y debe de ser una trasposición hecha por un redactor

posterior. No obstante, 110 debemos perder de vista que los profetas a veces utilizaban

tradiciones orales y escritas de los profetas anteriores para reforzar su autoridad ante el auditorio

31. La idea aquí expresada refleja el estilo de Amos: Yahvé mismo será el que cause la ruina de

Damasco, consumiendo por el fuego los palacios de Ben-Hadad (v.27), que era el nombre común

en los reyes de la dinastía siria.

Oráculo contra los pueblos árabes (28-33).

28 Contra Cedar y los reinos de Jasor, que batió Nabucodo-sor, rey de Babilonia. Así

dice Yahve Levantaos, subid contra Cedar y devastad a los hijos de Oriente.

29Apodérense de sus tiendas y de sus ganados, de sus pabellones y de todos sus utensilios,

apropíense de sus camellos, gritando: “¡Terror por doquier!” 30Huid, escapad

a toda prisa, buscad profundos refugios, habitantes de Jasor, oráculo de Yahve.

2140

Porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha trazado contra vosotros sus designios y

está maquinando contra vosotros un plan. 31 Alzaos, marchad contra una gente

tranquila, que mora confiada — oráculo de Yahve — , que no tiene puertas ni cerrojosy

habita aislada. 32 Serán vuestro botín sus camellos, y vuestra presa la multitud

de sus ganados. Yo dispersaré a todos los vientos a esas sienes rapadas, y de todos

los confines haré venir la ruina — oráculo de Yahve — . 33 y se convertirá Jasor

en guarida de chacales, por siempre desierta. No morará en ella nadie ni la habitará

hijo de hombre.

Esta profecía va dirigida contra los hijos de Oriente, designación que en la Biblia se aplica a las

poblaciones beduinas o semibeduinas del desierto arábigo más allá de TransJordania (Amón,

Moab, Edorn) 32. En 25:23 se mencionaban las localidades de Dedán, Tema y Buz. Ahora la zona

desértica es simbolizada en Cedar, tribu conocida del desierto siró-arábigo al este de Palestina33.

En Cant 1:5 se mencionan las “tiendas de Cedar” como conocidas de los lectores de Palestina.

Sin duda que, para la población sedentaria de Israel, esa expresión recordaba la vida trashumante

de los beduinos del desierto. Jasor, que aparece como localidad, nos es desconocida, pero debía

de ser un lugar próximo a Cedar 34. No sabemos por fuentes extrabíblicas que Nabucodonosor

venciera y sometiera estas tribus, como se dice en el texto (v.28). Según Flavio Josefo, siguiendo

a Beroso (escritor babilónico del s.IV a.C.), Nabucodonosor ocupó Egipto, Siria, Fenicia y Arabia

35. Por otra parte, sabemos que la tribu de Cedar pagaba tributo normal a Asaradón (681-668)

y a Asurbanipal (668-625). No tiene, pues, nada de particular que Nabucodonosor, un siglo más

tarde, al considerarse heredero del imperio asirió, reclamase los tradicionales derechos de sumisión,

y para ello que hubiera enviado uña expedición militar, lo que sería el cumplimiento de la

profecía de Jeremías.

El profeta pone en boca de Dios Apalabras dé ánimo á los invasores para que cumplan

sus designios' como instrumentos.de su justicia: Levantaos. contra Cedar. (v.28b); Ha” llegado

la hora de su castigo, y por eso Yahvé los incita al ataque y a la devastación (v.29), para que se

apoderen de lo que constituye la riqueza del beduino: tiendas, ganados, camellos. Estas tribus

árabes estaban acostumbradas a las razzias, y, en concreto, la de Cedar gozaba fama de tener

buenos arqueros 36; pero nada podrán hacer contra el ejército organizado de Nabucodonosor, que

sembrará el terror por doquier (v.28b). No les quedará a las poblaciones del desierto sino huir,

buscando profundos refugios en las anfractuosidades de la estepa. Pero la espada de Nabucodonosor

— instrumento de Yahve — los perseguirá con saña por doquier.

De nuevo los invasores son animados por Yahve para que sean implacables en la persecución,

que, por otra parte, no ofrece riesgos, ya que los árabes son gente tranquila en cuanto

que no tienen defensas amuralladas con vistas a la guerra. Están en los oasis al descampado, confiando

en su aislamiento: no tiene puertas ni cerrojos y habita aislada (v.31)37. El botín será

grande — camellos., ganados (v.32) — , la riqueza característica del morador de la estepa arábiga.

Yahve irá delante abriéndoles paso y forzando la dispersión de esas sienes rapadas; expresión

despectiva aplicada a los árabes 38 por su costumbre de rasurarse gran parte de la cabeza. La

desolación será total, ya que el lugar donde antes estaba Jasor se convertirá en guarida de chacales

(v.33). Entre sus ruinas sólo morarán las fieras salvajes.

Oráculo contra Elam (34-39).

34 Palabra de Yahve a Jeremías, profeta, acerca de Elam, que le fue dirigida al comienzo

del reinado de Sedecías, rey de Judá. 35 Así dice Yahve de los ejércitos: He

2141

aquí que yo romperé el arco de Elam, el fundamento de su fuerza. 36 Yo desencadenaré

contra Elam los cuatro vientos, de los cuatro confines del cielo. A todos estos

vientos los dispersaré, y no habrá nación adonde no lleguen los fugitivos de Elam.

37Yo haré temblar a Elam ante sus enemigos, ante los que buscan su vida. Yo haré

venir sobre ellos el mal, el furor de mi cólera — oráculo de Yahve — . Yo mandaré

en su persecución la espada, hasta destruirlos. 38Yo pondré mi trono sobre Elam y

haré perecer al rey y a sus grandes, oráculo de Yahve. 39 Pero al fin de los días haré

volver a los cautivos de Elam, oráculo de Yahve.

Elam era el, reino, que se extendía al este de Mesopotamia, con Susa por capital. Su cultura era

milenaria, como se desprende de las excavaciones arqueológicas. Aparece mencionado en la Biblia

en los tiempos patriarcales como un gran imperio, que está al frente dé una coalición·de estados

orientales 39. Fue dominado por los asirios, destruyendo Asurbanipal la capital, Susa, en

640 a.C. Más tarde fue conquistada por los persas (520 a.C.); pero, como en territorio elamita se

han encontrado muchas inscripciones de Nabucodonosor, podemos deducir que el coloso babilonio

había extendido su imperio en la región elamita. Quizá la profecía de Jeremías se refiera a

una invasión babilónica de este género. Isaías cita a los elamitas como soldados mercenarios en

el ejército asirio40. Seguramente Jeremías había visto estos mercenarios elamitas en el ejército

babilonio que puso asedio a Jerusalén en 598 a.C.41, y de ahí la profecía contra su nación. En realidad,

Elam no había tenido ninguna relación con el reino de Judá. Pero el profeta, que quiere

destacar el dominio que Yahvé tiene sobre los destinos de todos los pueblos, bien pudo vaticinar

el futuro de una nación lejana, de la que ciertamente había oído hablar.

La profecía tuvo lugar al comienzo del reinado de Sedecías (v.34) el cual subió al trono

entre fines del 598 y principios del 597 a.C En esta profecía no se menciona el enemigo que destruye

a Elam es el mismo Yahvé quien lo hace directamente: romperé el arco de Elam (v.35).

Los arqueros elamitas eran famosos por su habilidad 42; por eso eran el fundamento de la fuerza

del imperio elamita. Elam nada podrá hacer por defenderse, ya que Yahvé enviará enemigos de

los cuatro confines del cielo (v.36). La población elamita será dispersada 43 a todos los vientos. Y

Yahvé enviará en su persecución la espada. Con ello quiere el profeta indicar que el desastre de

la nación será muy grande. Las expresiones son hiperbólicas, para encarecer las proporciones de

la catástrofe. Yahvé mismo se instalará como rey sobre el trono de Elam (v.38), juzgando con

plena majestad a los culpables. Pero, como siempre, en toda profecía conminatoria hay un rayo

de esperanza y de rehabilitación: Pero al fin de los días haré volver a los cautivos de Elam

(v.39). Los profetas, en sus concepciones grandiosas sobre la teocracia mesiánica, dejaban un

lugar para los pueblos extranjeros como asociados a la manifestación gloriosa de Dios en su

pueblo 44. Aquí no se dice esto, pero esa repatriación parece expresar una manifestación particular

de los designios misericordiosos que Yahvé tiene sobre el castigado Elam.

1 Cf. Gen 19:18. — 2 Se ha querido explicar el nombre de Milcom descomponiéndolo en Melek-Amm (“el dios es rey”). — 3 A pesar

de la similitud nominal, Melcom y Melek y Moloc son divinidades diferentes. Véase LAGRANGE, Eludes sur les Religions sémitiques

p.ioo. En Tiro encontramos una ciudad llamada Melkart (“rey de la ciudad”). — 4 Cf. Jos 13:25; Jue 11:12. — 5 Cf. Jue

10:8; 1 Sam 11:1. — 6 Cf. 2 Sam 12:26-31. — 7 Cf. 2 Re 14:29; 17:6. — 8 Cf. 2 Re 24:2. — 9 En el TM se lee Malcam, que significa

“rey de ellos.” Pero hemos preferido la lectura de Milcom, como está en los LXX, ya que Milcom era la divinidad principal

amonita. — 10 La otra tribu de Rubén había sido absorbida por la población moabita. — 11 Son muchas las correcciones propuestas.

Así, en vez de Jesebón , Duhm propone Armón. En vez de Hai, se propone “Hair” (“la ciudad”), etc. — 12 Es lo mismo que

se dice en la profecía contra Moab. Cf. Jer 48:7. — 13 Cf. FL. Josefo, Ant. Jud. X 9,7. — 14 Cf. Jer 12:16. — 15 En el libro de Job

se ensalza esta “sabiduría” de los edomitas. De Teman era el sabio Elifaz que discutió con Job el problema de la retribución individual

(cf. Job 2:11), el cual apela a la sabiduría de sus antepasados (Job 15:18). En Bar 3:22-24 se alude a la “sabiduría” de los

habitantes de Teman, y en Abd 8 se habla de la sabiduría de los habitantes de Edom. — 16 Teman, que no debe confundirse con

“Tema,” ciudad de Arabia (Jer 25:23), es localizada por el Onomasticom de Eusebio a 12 millas de Petra. Hoy se la suele identificar

con Shobak. Véase Abel, o.c., II, 77iaiman. — 17 Cf. RB (1910) p.329; Jer 25:23. — 18 El mismo nombre Edom, que signifi2142

ca “rojizo,” y parece expresar el color arcilloso rojizo de la tierra edomita, recuerda el epíteto de “pelirrojo” aplicado a Esaú. —

19 Cf. Abd 5. — 20 Cf. Jer 22:5; 44:26. — 21 Bosra es la actual Buseira, al S. de Tafile, 35 kilómetros al SE. del mar Muerto.

jBosra es considerada por Is 34:6 como la ciudad más importante de Edom. En tiempos de los na-bateos, la capital fue Petra (Sela).

— 22 Cf. Is21:6. — 23 Cf. Jer 6:4; 22:7; Is 5:26; 13:2. — 24 Aquí parece aludir a las “rocas” de Petra o Sela, famosa ciudad

excavada toda en roca viva en el wady Musa, entre el mar Muerto y el golfo de Aqaba. — 25 Cf. 19,8; 18:16; 25:11; 50,13- — 26

Cf. Is 13:19; Am 4:11; Os 11:8; Jer 50:40. — 27 Cf. Jer 4:7; 12:5. — 28 Cf. Jer 48:40-41. — 29 Es una traducción algo libre, pues

lit. el TM dice: “en el mar está el espanto.” Pero creemos que es la mejor solución la adoptada en la versión. — 30 Jamat y Arpad

suelen aparecer citadas siempre juntas en la Biblia. Cf. Is 10,9; 36:19; 37:13; 2 Re 18:34- — 31 Cf. Jer 11:16; 21:14; 43:1232 Cf.

Jue 6:3.33; 7:12; 8:10; 1 Re 5:10; Job 1:3; Is 11:14; Ez 25:4·ΐο. — 33 Cf. Is 42:11. En los documentos babilónicos son llamados

Qidri. Cf. Abel, o.c., I 296. — 34 Muchos autores quieren tomar la palabra Jasor en el sentido de “aldea” o lugarejo de población

sedentaria, como el hadar árabe actual. — 35 FL. Jos., C. Ap. I; 19. — 36 Cf. Is 21:13.15. — 37 Algunos autores ponen estas palabras en

boca del generalísimo de las tropas babilónicas. Pero el verso siguiente parece indicar que es Yahve quien habla. — 38 Cf. Jer 9:25; 25:23. — 39 Cf. Gen

I4.ISS. — 40 Cf. Is 22:6. — 41 Cf. 2 Re 24:10. — 42 Cf. Is 22:6; Tit. Liv., 37:27. — 43 Cf. Esdr 5:12. — 44 Cf. Jer 12:16.

50. Oráculo Contra Babilonia.

En estilo dramático y entrecortado, el profeta anuncia el castigo de la opresora Babilonia. Todos

los pueblos son invitados a caer sobre ella en la medida que fueron oprimidos por su omnipotente

fuerza. Los críticos creen que esta profecía contra Babilonia tiene un marcado carácter compilatorio.

Se repiten los temas, lo que hace pensar en una serie de oráculos contra Babilonia ensamblados

por un redactor posterior a Jeremías.

Anuncio de la caída de Babilonia (1-3).

1 Palabras que dirigió Yahvé a Jeremías, profeta, acerca de Babilonia y de la tierra

de los caldeos: 2Anunciadlo a las gentes, pregonadlo, alzad bandera, publicadlo, no

lo calléis, decid: “Babilonia ha sido tornada, avergonzado Bel, vencido está Marduk,

confundidos sus ídolos, abatidos sus dioses, 3 Pues del septentrión avanza contra ella

un pueblo que hará de su tierra soledad, en que no habitará nadie; hombres y ganados

huyeron, desaparecieron.

Babilonia era la gran opresora de todos los pueblos del Antiguo Oriente, digna sucesora de la

insoportable Asiría. Por eso la caída de Babilonia suscita una alegría incontenible en todos los

corazones oprimidos. Nabucodonosor había sido elegido como instrumento de la justicia de

Yahvé, pero se había excedido en su cometido, y, sobre todo, se había considerado como omnipotente,

sin consideración para con el Dios de Israel, que le había dado la victoria. Por eso la justicia

divina exigía también el castigo del insolente babilonio. Ningún pueblo se substrae al poder

de Yahvé. Todos han tenido que beber la copa de la cólera divina, y la gran opresora Babilonia

no iba a quedar exceptuada.

El profeta anuncia, alborozado, la caída de la común opresora: alzad bandera. Todos los

pueblos oprimidos deben alegrarse ante tan magna nueva. Es la hora de la liberación. Y, sobre

todo, para los monoteístas israelitas era la hora de la derrota de los supuestos dioses babilonios.

Los caldeos creían que, por el hecho de haber sometido a otros pueblos, sus dioses eran superiores,

y se habían atrevido a ponerlos por encima del Dios de Israel, Señor de los mundos y de los

reinos de la tierra. Pero ahora, con la derrota de Babilonia, ha quedado avergonzado Bel, vencido

Marduk (v.2). Bel aquí es sinónimo de Marduk. El nombre de Bel, o “señor,” lo habían aplicado

primero los semitas al dios sumerio Emlil, adorado en Nippur. Cuando Babilonia llegó a ser la

capital de Mesopotamia, su dios principal, Marduk, fue llamado Bel, o señor por excelencia. El

nombre de Bel equivale al Baal de los cananeos, con el mismo sentido sustancial. Con la caída

de Babilonia, sus ídolos han demostrado su total impotencia para salvar a su pueblo de la ruina;

2143

por eso han sido confundidos y abatidos 1.

Yahvé hará que venga un pueblo procedente del septentrión que convertirá su tierra en

soledad. Para los israelitas, los invasores siempre habían llegado del norte (asirios y babilonios)

2; por eso el nombre de septentrión tenía, para ellos algo de recuerdo fatídico. Pero también para

Babilonia el septentrión significará el camino de la desolación y de la ruina, pues de las montañas

septentrionales de Mesopotamia surgirán los nuevos invasores, los medo-persas, bajo la dirección

del gran caudillo Ciro. La invasión del conquistador persa no fue en realidad a sangre y

fuego, como solían ser las de los asirios y babilonios. Ciro mostró un gran talento diplomático

con los pueblos vencidos, ahorrándose todas las posibles humillaciones y desgracias. Pero el profeta,

al describir la invasión medo-persa, lo hace según los módulos tradicionales en las conquistas

de los antiguos vencedores: desolación y muerte por doquier. Es una indicación más en favor

de la autenticidad jeremiana del fragmento, ya que, si estuviera compuesto por un autor posterior

a la toma de Babilonia por Ciro (538), habría evitado descripciones que no estuvieran en consonancia

con los hechos reales. Ya hemos indicado en otras ocasiones cómo los profetas conocen la

sustancia del hecho futuro revelado por Dios, pero generalmente no las circunstancias concretas

de su cumplimiento. De ahí que en sus descripciones generalicen e idealicen las situaciones futuras

conforme a concepciones tradicionales adaptables a la expectación del ambiente. No obstante,

podemos decir que, según Herodoto, Babilonia fue desmantelada bajo Darío I y destruida bajo

Jerjes, terminando por ser abandonada y reducida a un gran desierto.

Arrepentimiento de los israelitas (4-7).

4 Entonces, en aquellos días, vendrán los hijos de Israel, y con ellos los hijos de Judá.

Seguirán su camino llorando y buscarán a Yahvé, su Dios. 5Preguntarán por el camino

de Sión, vuelto hacia ella su rostro: “¡Venid y liguémonos con Yahvé con pacto

eterno, que no se olvide jamás!” 6Rebaño descarriado ha venido a ser mi pueblo. Sus

pastores le extraviaron y le hicieron vagar por los montes. Anduvieron de monte en

collado, se olvidaron del aprisco. 7 Cuantos los hallaron los devoraban, y se decían

sus enemigos: “No hay delito en ello, porque han pecado contra Yahvé, sede de la

justicia y esperanza de sus padres, Yahvé.”

La caída de Babilonia significará para los exilados israelitas la liberación. De nuevo las doce tribus,

los hijos de Israel., los hijos de Judá (v.4), se unirán para constituir la nueva y única nación

de Yahvé. El fragmento está inspirado en oráculos anteriores 3. Los repatriados seguirán su camino

llorando con lágrimas de arrepentimiento por el pasado pecador de su pueblo, causa de la

tragedia de la nación, y llenos de indecible alegría ante la perspectiva de la liberación y restauración

nacional. Todas sus ilusiones se dirigirán a buscar a Yahvé, su Dios. Amos había anunciado

que los que quedaran de la catástrofe andarían por los montes hambrientos de la “palabra de

Yahvé.”4 Después de tantos desvarios reconocerán que su Dios debe ser el único centro de sus

corazones. Los repatriados preguntarán por el camino de Sión (ν.6). Los años del exilio les habían

hecho sentir la nostalgia de Sión, la morada tradicional del Dios de sus antepasados. Por eso,

cuando llega la hora del retorno, no tienen otra obsesión que volver a Jerusalén, centro de sus

aspiraciones espirituales y nacionales. Desengañados con el pan amargo del destierro, se proponen

emprender vida nueva, haciendo un nuevo pacto con Yahvé: Liguémonos con Yahvé con

pacto eterno, que no se olvide jamás (ν.6). El pacto del Sinaí había sido quebrantado por sus padres,

y era hora de echar las bases de una nueva teocracia. En estas palabras animosas de los repatriados

se echa de ver la ilusión de los tiempos mesiánicos, señuelo de sus corazones. Varios

2144

profetas anteriores habían hablado de un nuevo pacto entre el Israel rescatado y Yahvé 5. Según

Jer 31:33, la nueva Ley sería escrita en los “corazones,” de modo que su obligatoriedad provendrá

no de la coacción externa, sino del anhelo íntimo del nuevo ciudadano de Israel.

Esta actitud de conversión en el pueblo le hace recordar al profeta la tragedia de su pueblo,

que ha sido como un rebaño descarriado. por sus falsos pastores (reyes, sacerdotes y falsos

profetas)6, los cuales, en vez de urgir el cumplimiento de la Ley y de las obligaciones éticoreligiosas

para con su Dios, le hicieron vagar por los montes. (v.6), adorando a los ídolos en los

lugares altos7 y olvidándose de su aprisco (v.6c), es decir, del templo de Jerusalén, síntesis de la

verdad religiosa de Israel. Consecuencia de estos extravíos fue que el pueblo elegido se halló indefenso

ante los ataques de sus enemigos, que impunemente le atacaron. Y el profeta pone en

boca de ellos consideraciones teológicas que justifican el mal trato que dieron al pueblo israelita:

no hay delito., han pecado contra Yahvé, sede de justicia y esperanza de sus padres (v.7). Ellos

se consideraban así como instrumentos de la justicia divina de Yahvé, abandonado de sus fieles,

cuando en realidad era la esperanza de sus padres, es decir, Yahvé les había hecho promesa de

felicidad y prosperidad a condición de que le fueran fieles a la alianza sinaítica 8.

Inminencia de la destrucción de Babilonia (8-16).

8 Huid de en medio de Babilonia, de la tierra de los caldeos salid. Sed como machos

cabríos a la cabeza del ganado, 9 porque he aquí que voy a suscitar y lanzar contra

Babel un conglomerado de grandes naciones procedentes del norte, que se aprestarán

contra ella, y desde allí será conquistada. Sus saetas, como de guerreros adiestrados,

no volverán de vacío. 10 Y será dada Caldea al pillaje, y se hartarán todos sus

despojadores, oráculo de Yahvé. 11Aunque os alegréis y os regocijéis,' despojadores

de mi heredad; aunque saltéis como novilla sobre la hierba y relinchéis como sementales,

12grande será la confusión de vuestra madre, la vergüenza de la que os engendró.

Será la última de las naciones, desierto, aridez y estepa. 13La ira de Yahvé la dejará

deshabitada, la convertirá en soledad; cuantos pasen por Babel se espantarán,

y silbarán por todas las magullaciones. 14 Aprestaos contra Babel en sus contornos

cuantos tendéis el arco. Combatidla, no escatiméis las saetas, porque pecó contra

Yahvé. 15 Lanzad gritos contra ella alrededor; entrega su mano, caen sus pilares,

han sido arrasados sus muros. Es la venganza de Yahvé. Véngaos de ella, haced con

ella como ella hizo. 16 Exterminad de Babel al sembrador, al que empuña la hoz en

tiempo de siega: Ante la espada devastadora, cada uno se volverá a su pueblo, cada

uno huirá a su tierra.

El profeta urge, en nombre de Yahvé, la salida a todos los que están deportados en Babilonia,

porque se acercan los días de la invasión y destrucción de la gran metrópoli. Los israelitas, aleccionados

por su Dios, deben dar el ejemplo y dejar inmediatamente la ciudad maldita, saliendo a

la cabeza de los deportados de todas las naciones como los machos cabríos a la cabeza del ganado

(v.8). El símil es expresivo y refleja bien la urgencia de partir. Los israelitas deben salir los

primeros, porque han sido avisados antes que todos de la catástrofe que se aproxima. El ejército

invasor está ya a la vista. Yahvé mismo escoge a los que han de castigar a la insolente Babilonia:

voy a suscitar contra Babel un conglomerado de grandes naciones (V.9), el ejército combinado

de Media y de Persia, acaudillado por Ciro, instrumento de la justicia divina, que cae de las montañas

del norte (la cordillera que separa Persia de Mesopotamia) como una inundación, que todo

lo anega y destruye. Sus arqueros son tan certeros que sus saetas no volverán de vacío, sin dar en

2145

el blanco (V.9C). Los conquistadores harán presa de Caldea, emporio de riquezas, apropiándose

hasta la saciedad de un inmenso botín (v.10).

Sin embargo, los caldeos siguen, inconscientes del peligro, entregados a los placeres, disfrutando

del despojo de los pueblos vencidos y, sobre todo, de la heredad de Yahvé, Israel

(v.11). La opulencia los ha embrutecido y no piensan sino en gozar de sus riquezas como las

mismas bestias: aunque saltéis como novilla sobre la hierba y relinchéis como sementales (v.11).

Pero la suerte trágica sobre los babilonios está echada, y su nación será humillada y avergonzada:

grande será la confusión de vuestra madre. (v.12). Toda su riqueza y opulencia se trocará en desierto,

aridez, estepa 9, y todos los pueblos harán befa de ella al contemplar sus ruinas (v.13) 10.

Después de anunciar la suerte trágica de los babilonios, Yahvé mismo exhorta a los invasores a

cumplir bien su cometido de instrumentos punitivos de su justicia: Aprestaos contra Babel.*,

cuantos tendéis el arco., no escatiméis las saetas (v.14): los futuros conquistadores de Babilonia

deben ser celosos en el cumplimiento de su misión y no deben ahorrar esfuerzo en ello, porque

Babilonia pecó contra Yahvé. Ha sido insolente en su orgullosa posición entre las naciones, sin

pensar que en sus victorias no hacía sino cumplir los designios de Dios. Por eso ahora llega la

venganza de Yahvé (v.15b).

Los ejércitos invasores son a los ojos de Dios como “cruzados” o cumplidores de un designio

punitivo divino sobre la arrogante metrópoli mesopotámica. Los conquistadores deben ser

implacables en la destrucción, matando todas las fuentes de riquezas nacionales, entre ellas la

agricultura: Exterminad de Babel al sembrador, al que empuña la hoz. (v.16). La desolación del

campo es la ruina de la capital. Las frases son radicales y duras para expresar la magnitud de la

catástrofe babilónica. Las gentes extranjeras huirán despavoridas ante la espada devastadora .

La señal del ataque es la ocasión de la desbandada general de todo el abigarrado de poblaciones

que vivían en el emporio de Babilonia hacia sus respectivos países nativos: cada uno se volverá

a su pueblo.

Después de entrar Ciro en Babilonia se dieron las máximas facilidades para que todas las

colonias de extranjeros que estaban exilados por la fuerza se reintegraran a sus tierras respectivas,

entre ellas la de los judíos, dispersos por Mesopotamia después de la expatriación forzosa

impuesta por Teglatfalasar III y Salmanasar V al ocupar el reino de Samaría, y más tarde por

Nabucodoaosor al destruir la ciudad de Jerusalén.

Reintegración de Israel a su tierra (17-20).

17 Israel es una oveja dispersa; leones la dispersaron. Primero la devoró el rey de

Asiría; luego Nabucodonosor, rey de Babilonia, le quebró los huesos. 18 Por eso así

dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que castigaré al rey de Babel y a

su tierra, como castigué al rey de Asiría. 19 Y haré volver a Israel a sus pastizales, y

se apacentará en el Carmelo y en Basan, se saciará en el monte de Efraím y de Galaad.

20 Entonces, en aquellos días — oráculo de Yahvé — ”e buscará la iniquidad

de Israel, y no se hallará; los pecados de Judá, y no se encontrarán, porque yo seré

propicio a los que queden.

La atención del profeta se dirige hacia su pueblo Israel, que ha sido tratado como una oveja dispersa

(ν.17), indefensa ante los leones que la dispersaron. Primero los insoportables monarcas

asirios Teglatfalasar III, Salmanasar V y Sargón, destruyeron el reino del norte, ocupando a Samaría,

su capital; y después Nabucodonosor 12 le quebró los huesos a Judá, deshaciendo su vida

nacional. La toma de Jerusalén por los caldeos en 586 señala el fin de la vida de Israel como co2146

lectividad nacional. Pero Yahvé no puede dejar impunes a los expoliadores de su pueblo. El imperio

asirio había desaparecido (en el 612 cayó Nínive), y a Babilonia le está reservada la misma

suerte (v.18). Dios los había escogido como instrumento de la justicia purificadora para hacer

volver al buen camino a su pueblo. Pasada la hora del castigo, vendrá la de la rehabilitación. Sobre

Israel existen unas promesas de salvación, y Yahvé las cumplirá. Nunca en sus designios ha

querido destruir totalmente a su pueblo; por eso ahora renueva la promesa de la restauración de

Israel como pueblo: Haré volver a Israel a sus pastizales. (V.19). El pueblo elegido había corrido

disperso fuera de la órbita de la protección divina en justo castigo por sus pecados, pero llega la

hora de que la oveja descarriada vuelva a sus pastizales (v.18), a encontrarse en la tierra que

desde antiguo les había dado Yahvé en heredad, desalojando a los cananeos. Bajo la égida protectora

de Yahvé, Israel volverá a conocer días venturosos de prosperidad en los ricos pastizales

del Carmelo y de Basan, territorios famosos por sus ricos pastos 13, y en las ricas regiones de

Efraím (parte central de Palestina) y de Galaad, en TransJordania 14. La mención de todos estos

lugares insinúa que Israel volverá a formar una nueva nación con todas sus tribus, desapareciendo

la tradicional separación habida después de la muerte de Salomón. Y, sobre todo, ese nuevo

Israel será muy distinto del histórico anterior al exilio. La prueba tremenda de la abandonado de

su Dios, sintiera nostalgias de El.cautividad ha servido para que Israel, Por eso, en la nueva

teocracia (en aquellos días. de la plena rehabilitación de Israel en los tiempos mesiánicos) se verá

libre de las tradicionales lacras, en tal forma que se buscara la iniquidad en Israel y no se

hallará (v.20). Es la realización plena de la nueva alianza con las leyes escritas en el corazón 15.

La nueva comunidad israelita vivirá del conocimiento y del amor de su Dios. Por ello, Yahvé se

manifestará en toda su magnanimidad: seré propicio a los que queden, es decir, el resto salvado

de Israel16, núcleo de restauración en los tiempos mesiánicos. Para entrar en la nueva fase teocrática

es preciso una amplia amnistía de los pecados del pueblo israelita 17. De nuevo nos encontramos

ante entusiastas idealizaciones proféticas: la nueva comunidad será sin mancilla, viviendo

íntegramente de la Ley de Dios. Históricamente, la realización de esto se da inicialmente en la

Iglesia (Israel espiritual) y plenamente en la etapa definitiva mesiánica celeste, hacia la que converge

este primer estadio histórico de la Iglesia militante.

Exhortación a los enemigos de Babilonia para. marchar contra ella (21-28)

21 Sube contra la tierra de Meratáyini y contra los habitantes de Pecod. ¡Mata a espada

y extermínalos, oráculo de Yahvé, y haz cuanto yo te he mandado! 22 Estruendo

de guerra en la tierra, inmensa ruina. 23 ¿Cómo ha sido roto en pedazos el martillo

de toda la tierra? ¿Cómo ha venido a ser Babel horror entre las gentes? 24 Soy yo

quien te ha tendido la red, y has quedado presa, ¡oh Babel! sin que te dieses cuenta.

Estás tomada, has sido apresada, porque provocaste a Yahvé. 25 Yahvé abrió sus arsenales,

ha sacado las armas de su cólera, porque tenía un quehacer el Señor, Yahvé

de los ejércitos, en la tierra de los caldeos. 26Venid desde los últimos confines contra

ella, abrid sus graneros, (haced de ella montones como de gavillas y destruid, que no

quede nada. 27 Matad todos sus toros, que vayan al matadero. ¡Ay de ellos! les llegó

su día, el tiempo de su castigo.2” Rumor de tumulto de los fugitivos, de los que escapan

de la tierra de Babel, anunciando en Sión la venganza de Yahvé, nuestro Dios;

la venganza de su templo.

De nuevo una urgente invitación a los invasores para que cumplan los designios punitivos de

Yahvé 18. El profeta escoge dos nombres para designar Babilonia en consonancia con su pasado

2147

y su castigo: Meratayim se suele identificar con Nar Narratu (“río amargo”), la región pantanosa

entre el delta formado por el Tigris y el Eufrates. Transcrito en hebreo, Meratayim significa “doble

rebelión,” alusión a la insolencia de Babilonia contra Yahvé. El profeta ha escogido este

nombre aplicado a Babilonia para establecer una paranomasia en consonancia con el pecado específico

de Babilonia. Pecod es el Pukudu de los textos babilónicos, y designa una tribu aramea

establecida en el extremo oriental de Babilonia. En hebreo, su nombre juega con la palabra paqad,

que significa “visitar” con designios punitivos. Así, pues, se aludiría en este juego de palabras

al “castigo” que le espera a Babilonia. Ha llegado la hora del exterminio contra la impía

ciudad, y los conquistadores deben cumplir fielmente su cometido: haz cuanto te he mandado

(v.21). El cumplimiento de la orden ya está en marcha: Estruendo de guerra en la tierra. (v.22);

es el eco de los gritos de los vencedores, que siembran por doquier una inmensa ruina (v.22). De

nuevo tenemos que hacer recalcar que estas descripciones proféticas son ideales, conforme al

clisé tradicional de las invasiones, que solían llevar consigo la destrucción y la ruina por doquier.

En realidad sabemos que las tropas de Ciro no sembraron la desolación al entrar en Babilonia,

pero el hecho de la derrota total de la ciudad permanece a través de estas descripciones hiperbólicas

y radicales.

También la tremenda frase puesta en boca de Yahvé, mata a espada y extermínalos

(v.21), hay que entenderla en el contexto del profeta; es la justicia divina la que se va a manifestar

en toda su magnitud; los conquistadores son meros ejecutores de dicha justicia de Yahvé, y

conforme a las leyes de guerra de la época se predica el exterminio o jérem (anatema), es decir,

la aniquilación de todo como consagración al Dios de los ejércitos, de forma que nada quede para

el vencedor. Nuestra sensibilidad cristiana se horroriza ante estas tremendas leyes de exterminio,

pero una vez más debemos recordar que la moral del A.T. es muy inferior a la del Ν. Τ., y

que, por otra parte, los profetas, poseídos de la idea de la justicia vengadora de Yahvé, recargan

los colores en sus descripciones para impresionar más en el auditorio, cómo lo hacen al encarecer

la misericordia divina. Siempre nos encontramos con el radicalismo de expresión de los escritores

orientales, que no tienen tintas medias, sino que lo que nosotros vemos como gris, ellos lo

presentan como negro o blanco. Hablan para gentes de imaginación ardiente, que sistemáticamente

recortan la mitad de la mitad del contenido ideológico expresado, y, por tanto, en este supuesto,

es necesario recargar el cuadro en función de una idea que ciertamente ha de quedar en la

práctica muy diluida.

El cumplimiento de la orden de destrucción le sugiere al profeta un canto elegiaco teñido

de ironía sobre el vencido: ¿cómo ha sido roto en pedazos el martillo de toda la tierra? (v.23)19.

Yahvé se había servido de Babilonia como de un martillo para abatir a otros pueblos pecadores,

entre ellos Israel 20; pero ahora ese martillo, que parecía de hierro, ha sido roto en pedazos en

manos de la justicia vengadora divina, que actúa también como un martillo sobre su anterior instrumento

punitivo de los pueblos. Es la visión teológica de la historia en los profetas: Yahvé dirige

el curso de la historia de todas las naciones y pide cuenta de sus acciones y desvarios. Babilonia

se ha convertido en horror entre las gentes, pues todos los pueblos la considerarán como

una ciudad maldita de Dios, que la destinó a la ruina 21. Babilonia, orgullosa en su opulencia, se

creía a resguardo de todo peligro, y por eso no se daba cuenta que en su vida había gérmenes de

destrucción y de muerte; de ahí que vivía totalmente despreocupada, sin darse cuenta que Yahvé

le ha tendido la red (v.24), quedando presa como un animal cogido con lazos. Según Herodoto,

cuando las tropas de Ciro habían tomado una parte de Babilonia, los de la otra parte, despreocupados,

no se habían dado cuenta de ello 22. El profeta ve en todo esto los designios secretos de

Yahvé, que, como un soberano equipado para la guerra, llegado el momento, abrió sus arsena2148

les., sacando las armas de su cólera (ν.26). Los instrumentos de Yahvé en esta gran cruzada contra

el tirano babilónico son las naciones que, federadas bajo Ciro, caen sobre Babilonia 23, pues

Yahvé tenia un quehacer en la tierra de los caldeos (v.25): manifestar su justicia vengadora sobre

un pueblo insolente y opresor. Por eso, enfáticamente invita a sus instrumentos de justicia a

hacer presa en las riquezas inmensas de la nación vencida, enriquecida contra toda justicia: Venid

desde los confines de la tierra., abrid sus graneros, haced de ella montones de gavillas y destruid

(v.26). Nada debe quedar para la antigua nación opresora. Es la ley del jérem, o de la consagración

al exterminio, del Dt 13:10s. Y entre las víctimas de esta hecatombe no deben faltar los

toros, probable alusión a los guerreros babilonios vencidos. Todos están destinados al matadero.

Es su día, el tiempo de su castigo (v.2y). Cumplida la sentencia de exterminio, el profeta refleja

nerviosamente la nueva de la catástrofe traída por los fugitivos, y entre ellos los israelitas, que

anuncian en Sión la venganza de Yahvé (v.28) 24. Es el triunfo de la justicia divina sobre la nación

opresora, y por eso el momento de la alegría para los rescatados de la esclavitud.

Nueva Invitación a atacar a Babilonia (29-40).

29 Convocad contra Babel a los arqueros, a cuantos entesan el arco; cercadla, que no

escape nadie; retribuidla según sus obras, haced con ella como ella hizo, pues se irguió

contra Yahvé, contra el Santo de Israel. 30 Por eso caerán sus jóvenes en sus

plazas, y todos sus hombres de guerra perecerán aquel día. 31 Heme aquí contra ti,

insolente, oráculo del Señor, Dios de los ejércitos. Ha llegado tu día, el día de tu castigo.

32 Vacila la insolente, caerá, y nadie podrá levantarla. Yo pegaré fuego a sus

ciudades, que consumirá todos sus alrededores. 33 Así dice Yahvé de los ejércitos:

Los hijos de Israel viven en la opresión, y con ellos los hijos de Judá. Cuantos los

hicieron esclavos, los retienen, y rehusan soltarlos. 34 Pero su redentor es fuerte; su

nombre es Yahvé de los ejércitos. El sabrá defender su causa, para dar reposo a la

tierra y confusión a los habitantes de Babilonia. 35 ¡Espada contra los caldeos —

oráculo de Yahvé — y contra los moradores de Babel, contra sus grandes y contra

sus sabios! 36¡Espada contra sus mentirosos adivinos, que serán tenidos por necios!

¡Espada contra sus hombres de guerra, que se llenarán de pavor! 37¡Espada contra

sus caballos, y contra sus carros, y contra todas sus tropas auxiliares25, que están en

medio de ella, que se harán como mujeres! ¡Espada contra sus tesoros, que serán

saqueados! 38 ¡Espada contra sus aguas, que se secarán! Porque es tierra de ídolos y

se glorían por sus espantajos. 39Por eso se convertirá en cubil de fieras y chacales, en

morada de avestruces. Y no será más habitada, ni poblada por siglos. 40Como destruyó

Yahvé a Sodoma, a Gomorra y a las ciudades vecinas, no habitará hombre en

ella, ni morará en ella hijo de hombre.

Babilonia es condenada por su arrogancia y opresión sobre otros pueblos. Yahvé convoca a los

arqueros persas, dirigidos por Ciro, para que pongan cerco a la ciudad opresora e insolente. Babilonia

no ha querido limitarse a ser instrumento de la justicia de Yahvé, y se ha atrevido a profanar

el santuario de Yahvé, destruyendo totalmente al pueblo elegido: se irguió contra Yahvé

(v.29). Por eso está decretada su destrucción, con la hecatombe de sus jóvenes y de sus guerreros

(v.30) 26. Babilonia ha atentado contra el Santo de Israel, expresión rara en Jeremías y característica

de Isaías. Yahvé, al ser santo, es inaccesible, trascendente a todo lo profano y pecaminoso y,

por tanto, intransigente con toda transgresión e iniquidad. Por eso debe castigar la insolencia de

Babilonia, que ha mancillado el templo santo de Jerusalén y ha querido exterminar al pueblo san2149

to de Israel, sellado con la elección divina. Yahvé, como Santo, debe vengar los atropellos cometidos

contra su soberanía y contra la santidad de su pueblo.

Por eso sale al paso de la arrogancia de Babilonia: Heme aquí, insolente.; ha llegado tu

día (v.31). Sobre todas las iniquidades de Babilonia hay una que permanece continuamente ante

los ojos de Yahvé; es la opresión de su pueblo. Esto está exigiendo venganza, ya que Babilonia

se obstina en mantenerlos en la opresión. como esclavos (v.33). En Mesopotamia están aún cautivos

los hijos de Israel (el reino del norte, cuyos habitantes fueron deportados por los asirios en

el siglo VIII), y los hijos de Judá, o reino del sur, deportados por las tropas de Nabucodonosor.

Pero el pueblo escogido tiene un precioso valedor o Redentor (v.34), que es fuerte, y garantía de

su poder es su nombre único de Yahvé de los ejércitos. Israel era la heredad de Yahvé; por tanto,

a Yahvé le correspondía defender los derechos de su pueblo como go'el o defensor familiar 27.

Sobre todo, en la opresión de Israel estaba comprometido el honor y la majestad de su Dios. Nadie

tenía verdadero poder sobre el pueblo israelita sino Yahvé, que lo había rescatado de Egipto

y lo había formado como colectividad nacional. Yahvé, pues, celoso de sus derechos (el Santo de

Israel), debe salir por los fueros de su pupilo y defender su causa para dar reposo a la tierra

(v.34). La venganza sobre Babilonia debía traer como consecuencia la vindicación de los derechos

del pueblo israelita, oprimido, y la liberación de los otros pueblos esclavizados. Con la desaparición

de la nación opresora, las demás naciones de la tierra encontrarían reposo, pues no tendrán

que temer el yugo opresor28. La derrota de Babilonia traerá el alivio a los demás pueblos,

mientras que será ocasión de confusión para los habitantes de Babilonia (v.34b), orgullosos de

su poderío sobre los demás pueblos.

Los v.35-38 constituyen el llamado “canto de la espada.” Con estilo dramático y entrecortado,

el profeta anuncia la guerra contra la nación babilónica en todas sus manifestaciones

sociales. Nadie ni nada podrá salvarse de la espada de Yahvé enviada para castigarla. En

primer lugar caerán los más responsables: grandes y sabios (v.35), la clase alta de la sociedad,

que se manifestaba más insolente con los pueblos vencidos. Entre ellos están los adivinos o astrólogos,

tan numerosos en Babilonia. Toda la vida de los hombres y de la nación dependía, según

ellos, del curso de los astros; pero de nada les valdrán sus cálculos, pues a la hora del castigo

serán tenidos por necios (v.36). Incluso los famosos guerreros desfallecerán como mujeres, llenos

de miedo. Y todo el aparato guerrero de caballos y carros, orgullo de la nación y espanto de

los pueblos vencidos, no servirá para nada cuando llegue la hora de la espada de Yahvé.

Las mismas tropas mercenarias (v.37) temblarán como mujeres. De nada les servirá su

veteranía en la profesión de las armas, porque vendrá otro ejército más aguerrido, manejado, como

espada, por el mismo Yahvé. Y la guerra, en su plena manifestación, dará un golpe de gracia

a toda la riqueza agraria babilónica, basada en las canalizaciones del Tigris y del Eufrates: espada

contra sus aguas (v.38). Todas las obras de regadío desaparecerán bajo el golpe de la guerra,

de la “espada” enviada por Yahvé 29. Con ello vendrá la sequía y la miseria de la nación. De

hecho no sabemos que los persas, al entrar, se hayan ensañado contra las maravillosas obras de

ingeniería de canalización de los mesopotámicos. Pero el profeta idealiza la situación conforme a

los tradicionales cuadros de invasión, que trae como consecuencia la destrucción de las naciones

vencidas con todas sus riquezas y recursos naturales.

Yahvé castiga a Babilonia por su arrogancia, pero también por su exagerada idolatría:

porque es tierra de ídolos (v.38b). Para los israelitas, los simulacros de sus dioses son meros espantajos,

y no comprenden que se gloríen de ellos. Por eso, Yahvé ha decretado su destrucción.

Los v.39-40 imitan Is 13:19-22, y el v.40 es idéntico a Jer 49:18. Todo esto nos hace pensar en el

carácter redaccional artificial de varios pasajes de este capítulo, que tiene el aire de una compila2150

ción de pequeños poemas reunidos por un redactor posterior. Babilonia, según las imágenes tradicionales

de los profetas, quedará convertida en ruinas, morada de los chacales y avestruces,

siendo deshabitada por los siglos. La profecía se cumplió materialmente, ya que hoy día la antigua

ciudad no es sino un montón informe de ruinas, con un puro valor arqueológico para los eruditos.

Su destino ha sido, en este sentido, similar al de Sodoma y Gomorra (v.40), las dos ciudades

tradicionalmente malditas en la historia bíblica: no morará en ellas hijo de hombre. La frase

tiene un valor profético altísimo teniendo en cuenta que, cuando fue proferido el oráculo, Babilonia,

con su millón de habitantes, era el emporio comercial del mundo conocido.

La invasión, inminente (41-46).

41 Ya viene del norte un pueblo, una nación grande; muchos reyes se alzan de los

confines de la tierra. 42 Empuñan el arco y el venablo, son crueles y sin piedad. Su

estrépito es como el mugido del mar; montan caballos, vienen con todos los pertrechos

de guerra contra ti, hija de Babel. 43 El rey de Babel ha recibido la noticia, se le

han caído los brazos, es presa de la angustia y de dolores, como de mujer en parto. 44

Vedlos, se lanzan como leones que suben de los boscajes del Jordán a los pastos

siempre verdes. En un momento los hago partir y establezco allí a quien me place.

¿Pues quién como yo? ¿Quién me pedirá cuentas? ¿Quién es el pastor que podrá

oponérseme? 45Oíd, pues, los designios de Yahvé contra Babel, sus planes contra

Caldea. Irán conducidos por lo más ruin del rebaño, y a su vista los pastizales se

asombrarán. 46 Al rumor de la conquista de Babel temblará la tierra; sus ecos repercutirán

en las naciones.

Los v-41-43 son una reproducción de 6:22-24, aplicados al caso de Babilonia (véase el comentario

a dicho lugar). Todo esto prueba el carácter antológico de esta sección. Igualmente, los v.44-

46 son una reproducción del oráculo contra Edom (49:19-21), sustituyendo el nombre de esta

nación por el de Babilonia. Véase el comentario en dicho pasaje relativo a Edom, ya que el sentido

es el mismo, y sus símiles idénticos.

1 Cf. lo dicho para otros pueblos: Egipto, 46:25; Moab, 48,7; Amón, 49:4. — 2 Cf. Jer 1:14. — 3 Cf. 50,20; 3:18. — 4 Am8,18. — 5

Cf. Os 2:18; Is 14:1. — 6 Cf. Jer 2:8; 23:1. — 7 Cf. Jer 2:20; 3:6.23. — 8 Cf. Jer 14:8; 17:13- — 9 Cf. Jera.ó; 51:43 — 10 Cf. Jer

49:17; 19,8. — 11 Algunos creen que esta última frase es adición posterior. Cf. Jer 25:38; 46:16. — 12 En el texto griego falta el

nombre de Nabucodonosor. — 13 Cf. Is 33:9; Miq 7:14. — 14 Cf. Am4:1; Nah 1:4; Núm 32:1; Is 35:2. — 15 Cf. Jer 31:31-34- —

16 Cf. Jer 31:7s; 44:14- — 17 Cf. Jer 31:34; Is 40:2; 59:1s. — 18 Muchos autores consideran esta sección de los v.21-28 como un

poema aparte. — 19 Cf. el canto irónico de Is 14:3. — 20 Cf. Jer 51:20s. — 21 Cf. lo mismo aplicado a Israel, Jer 25:18; 20.18 —

22 Cf. Herod., I 191. — 23 Cf. Is 13:5. — 24 La frase venganza de su templo falta en los LXX, y está tomada de 51:11. — 25 Lit.

la palabra hebrea usada aquí significa “mezcla,” aludiendo al conglomerado de tropas mercenarias de diversos pueblos. — 26 Cf.

Is 1:4; 5:19; 10:5; Jer 51:5. — 27 El go'el era el miembro de la familia que tenía que vengar los ultrajes cometidos contra alguno

de la misma. Además tenía derecho y deber de rescatar una propiedad que había pasado a manos extrañas. Cf. Lev 25:25; Prov

23:11; Job 19:25; Is 43:14; 446 14· 41:14; 48:17; 54:5- — 28 Cf. Is 14:7- — 29 Algunos autores han querido cambiar jóreb (espada)

en jórcb (sequía) para adaptar mejor la imagen al contexto, pues no comprenden que la espada se envíe contra las aguas. Pero,

tomando la espada como sinónimo de guerra en general, no hay dificultad, teniendo e η cuenta el carácter eminentemente poético

del fragmento.

51. Oráculo contra Babilonia.

Sigue la serie de profecías contra Babilonia. El estilo es muy similar al del capítulo anterior: exhortación

al ataque contra la nación opresora. Yahvé la castiga por su insolencia y, sobre todo,

por haber oprimido desmesuradamente al pueblo de Yahvé, Israel. La descripción de la toma de

2151

la ciudad es impresionante y dramática, siempre según el cuadro tradicional de las invasiones, sin

que se requiera que sus detalles se hayan cumplido literalmente, por esa falta de perspectiva histórica

que es común a los profetas, los cuales conocen sustancialmente el hecho futuro; pero,

respecto a sus circunstancias, muchas veces se expresan conforme a su mentalidad e imaginación.

Exhortación a los conquistadores para combatir a Babilonia (1-10).

1 Así dice Yahvé: He aquí que voy a suscitar contra Babel y contra los habitantes de

Leb-Qamay un espíritu exterminador, 2 y mandaré contra Babel bieldadores que la

bielden, que harán evacuar su tierra, y vendrán de todas partes contra ella el día de

su desventura. 3 No deje, pues, el arquero su arco de la mano ni se desciña la malla.

No perdonéis a su juventud, exterminad todo su ejército. 4 Que caigan muertos en la

tierra de Caldea, traspasados en sus plazas. 5No son ya Israel ni Judá viudas de su

Dios, Yahvé de los ejércitos. Porque su tierra está llena de crímenes ante el Santo de

Israel. 6Huid de Babel; salve cada uno su vida, no perezcáis por su iniquidad. Es el

tiempo de la venganza de Yahvé, va a darle según su merecido. 7Era Babel como copa

de oro en manos de Yahvé, sirvió para embriagar a toda la tierra. Las naciones

bebieron de su vino; por eso enloquecieron. 8 De repente Babel ha caído y se ha roto;

gemid por ella. Id en busca del bálsamo para su herida, a ver si sana. 9 Hemos querido

curar a Babilonia, pero no se ha curado; dejémosla, vamonos cada uno a nuestra

tierra, porque sube su maldad hasta los cielos y se eleva hasta las nubes. 10 Yahvé

ha hecho justicia a nuestra causa; venid, anunciemos en Sión ) la obra de Yahvé,

nuestro Dios.

Yahvé interviene con sus ejércitos vengadores para castigar a Babilonia la pecadora. Leb-Qamay

es una cifra cabalística según el procedimiento de atbash, y equivale a Caldea, según lee el texto

griego 2.

Yahvé va a enviar un espíritu exterminador 3 contra Babilonia; es el genio conquistador

de Ciro, que va a acabar con la arrogancia del imperio mesopotámico. Sus tropas actuarán como

bieldadores, que harán dispersar a los habitantes de la gran metrópoli (v.2) 4. Yahvé mismo exhorta

a los atacantes a estar prestos para la lucha: no deje el arquero su arco de la mano ni desciña

su malla (v.3). No deben, pues, darse por contentos con la primera victoria, sino que deben

continuar el ataque hasta exterminar al enemigo (v.4). La hecatombe será general5. Y el pensamiento

del profeta se vuelve, en medio de la lucha, a Israel, objeto de las predilecciones de Yahvé.

La cautividad pudo dar a entender que Israel y Judá habían sido abandonados totalmente por

su Dios, como viudas que se han quedado sin marido; pero no es así: No son ya Israel ni Judá

viudas de su Dios (v.5). Yahvé había escogido al pueblo elegido como esposa de su juventud, y

seguía amándolo; por eso nunca podrá abandonarlo totalmente 6. La frase su tierra está llena de

crímenes ante el Santo de Israel (v.5b) hay que entenderla, por exigencias del contexto, como

aplicada a Babilonia7. Está, pues, fuera de lugar y hay que ponerla antes del v.5a.

Después de afirmar que Yahvé no ha abandonado a Israel y a Judá en el momento de la

ruina de Babilonia, invita a todos los exilados, principalmente a los israelitas, a salir de la ciudad

para que salven su vida (v.6). La iniquidad de la nación caldea ha sido colmada, y ha llegado la

hora de las reivindicaciones divinas. Babel ha sido un instrumento de la justicia divina, haciendo

las veces de una copa de oro que ha de pasar de labio en labio de las otras naciones a las que

había que castigar. Esa copa de oro en manos de Yahvé (ν.7) está rebosante de la cólera divina

2152

sobre los pueblos. En 25:135, Yahvé la hace beber a todas las naciones para que se embriaguen

de la ira divina: Babilonia, invadiendo y arrasando las naciones, es entonces el instrumento de su

justicia. Pero ha llegado la hora a ella, que fue copa de oro en manos de Yahvé para embriagar a

los otros pueblos. Se ha extralimitado en su oficio de castigar a las otras naciones, y por eso no

puede quedar impune en su iniquidad: Sirvió para embriagar a toda la tierra. (v.7), pero de repente

Babel ha caído y ha sido rota (v.8). Babilonia ha caído de su estado de magnificencia (copa

de oro) a un estado total de postración.

El profeta invita irónicamente a que se le ponga un remedio a la situación ruinosa, al

mismo tiempo que entona un canto fúnebre: gemid por ella, id en busca de balsamo para su

herida (v.8b) 8. Los que asisten a la catástrofe 110 pueden creer en la ruina definitiva de la gran

nación, y buscan un remedio desesperado, respondiendo a la invitación del profeta; pero han

constatado que no hay solución: Hemos querido curar a Babilonia, pero no se ha curado (V.9).

Todos los que estaban interesados en la prosperidad de la gran metrópoli (mercenarios, comerciantes,

aliados, etc.) buscan dar una prolongación de vida a la situación, pero, en vista de que

nada pueden hacer, deciden marcharse cada uno a su país para salvar su vida: dejémosla, vamonos

cada uno a nuestra tierra (v.9b). Y en la ruina reconocen un castigo divino: sube su maldad

hasta los cielos. La frase es hiperbólica, muy en consonancia con las arrogancias de estilo en los

protocolos reales babilonios, según consta por las inscripciones halladas. En Is 14:13 se pone en

boca del rey de Babilonia esta frase pretenciosa: subiré hasta el cielo; frase análoga a la de los

constructores de la famosa torre de Babel: hagamos una torre que llegue hasta el cielo 9.

En esta ruina de la nación opresora reconocen los israelitas la mano justiciera de su Dios:

Yahvé ha hecho justicia a nuestra causa (v.10). Israel había sido culpable ante su Dios, pero Babilonia

se había excedido en el castigo, oprimiéndolo excesivamente, destruyendo su santuario y

pretendiendo prolongar indebidamente el tiempo de la cautividad. Pero, al castigar Yahvé a Babilonia,

ha hecho justicia a la causa de su pueblo. Por eso de las gargantas de los libertados sale

un canto de alabanza a su Dios: Anunciemos en Sión la obra de Yahvé (v.10b), que los ha salvado,

manifestando así la fidelidad a sus promesas 10.

La ruina inminente de Babilonia (11-26).

11 ¡Afilad las saetas, llenad las aljabas! Yahvé ha excitado el espíritu de los reyes de

Media. Tiene contra Babel un proyecto: destruirla. Es la venganza de Yahvé, la

venganza de su templo. 12Alzad las banderas sobre los muros de Babel, esforzad la

guardia, preparad emboscadas. Porque Yahvé hará, como lo pensó, todo cuanto ha

dicho contra los habitantes de Babel. 13Tú que moras junto a aguas abundantes, rica

de tesoros, ha llegado tu fin, el término de tu destino11. 14Por sí mismo lo juró Yahvé

de los ejércitos: te inundaré de hombres como de langostas, y lanzarán contra ti gritos

de triunfo. 15El con su poder ha hecho la tierra, con su sabiduría cimentó el orbe

y con su inteligencia tendió los cielos. 16 A su voz se congregan las aguas en el cielo.

El hace subir las nubes desde los confines de la tierra, hace brillar el rayo entre la

lluvia y saca los vientos de sus escondrijos. 17Embrutecióse el hombre sin conocimiento,

los orífices se cubrieron de ignominia por sus ídolos, pues no funden sino

vanidades, que no tienen vida. 18Son cosa vana, ridicula; el día de la cuenta perecerán.

19 No es ésta la herencia de Jacob, que El es el Hacedor de todo, e Israel es la

tribu de su heredad; su nombre es Yahvé de los ejércitos. 20 Tú me fuiste martillo y

maza de guerra; contigo aplasté pueblos, contigo quebranté reinos, 21contigo derribé

caballo y caballero, contigo aplasté al carro y al conductor, 22contigo aplasté hom2153

bres y mujeres, contigo aplasté viejos y niños, contigo aplasté mozos y doncellas,

23contigo aplasté al pastor y a su rebaño, contigo aplasté al labrador y a su yunta,

contigo aplasté gobernantes y jueces. 24 Pero yo devolveré a Babel y a todos los habitantes

de Caldea todo el mal que a vuestros ojos hicieron ellos a Sión, oráculo de

Yahvé. 25Heme aquí contra ti, ¡monte de destrucción — oráculo de Yahvé — que

destruyó la tierra! Yo extenderé mi mano sobre ti y te haré rodar desde lo alto de las

rocas, y haré de ti mi horno encendido. 26 No se sacará más de ti una piedra angular,

ni una piedra de cimiento,Serás perpetua ruina, oráculo de Yahvé.

El profeta supone al ejército persa invasor ya a las puertas de la ciudad maldita, y da militarmente

órdenes entrecortadas para el avance: afilad las saetas., alzad las banderas, reforzad la guardia.

(v.11). Es Yahvé quien dirige el ataque, encomendado a los reyes de Media, es decir, al conglomerado

de tropas mandadas por Ciro, que era rey de Persia y de Media después de haber vencido

a Astiages, rey de esta última. Los planes destructores de Yahvé se cumplirán inexorablemente:

hará como lo pensó (v.12). Es la venganza de su templo, es decir, la hora de pedir cuentas

por la profanación del templo de Jerusalén. De nada le vale a Babilonia su opulencia y su posición

estratégica, situada a los dos lados del Eufrates, rodeada de numerosos canales: junto a

aguas abundantes (v.13) 12, y, por otra parte, rica de tesoros, amontonados con su próspero comercio

y sus depredaciones sobre los otros pueblos vencidos.

Pero, a pesar de todas sus riquezas, ha llegado su fin (ν.13), porque así lo ha decretado

Yahvé, dueño de los destinos de los pueblos. El decreto de destrucción de la ciudad es inexorable,

ya que por sí mismo lo juró Yahvé (v.14) 13. El ejército invasor será incalculable: te inundaré

de hombres como de langostas.

Los v.15-19 son idénticos a 10:12-16 (véase allí su comentario). Parecen romper con la ilación

lógica del contexto, y, por tanto, podemos considerar el fragmento como adición posterior de un

redactor, que ha creído cantar el poder de Yahvé como justificante de su dominio sobre Babilonia.

Los v.20-23 constituyen el llamado “himno del martillo,” como 50:355 constituían el

“himno de la espada.” Parece que está aplicado a Babilonia, que ha sido instrumento de Yahvé

en el castigo sobre los otros pueblos: tú fuiste mi martillo y maza de guerra (v.20). En el v.7 se

compara a Babilonia a una copa de oro en manos de Yahvé, llena de la cólera divina para embriagar

a las naciones. Ahora se la compara a un martillo en manos de Yahvé sembrando la destrucción

por los pueblos. Babilonia ha abusado de su poder sobre los pueblos, sembrando la guerra

por doquier contra todas las clases sociales: guerreros, mujeres, pastores, labradores, gobernantes,

etc. (v.21-23). Y entre los oprimidos está sobre todo el pueblo israelita. Pero ahora ha

llegado la hora para el martillo. Babilonia va a sentir el peso de la ira divina (v.24) 14. Se la compara

a una montaña de destrucción (v.25), o destructora, por la masa imponente de su poder

aplastante frente a todas las naciones. Está como en la cima de la montaña de su poder, pero

Yahvé extenderá su mano y la hará rodar desde lo alto de las rocas (v.25). En este segundo símil

se la presenta como un castillo roquero que es destruido y echado a rodar con sus materiales dispersos

por la montaña abajo. Los profetas superponen a menudo imágenes rompiendo la ilación

lógica estricta. Se convertirá en horno encendido, en cuanto que sus piedras serán calcinadas

como en un horno 15, en tal forma que no se podrán utilizar para la edificación, ni como piedra

angular ni como piedra de cimiento (v.26) para reconstruir de nuevo Babilonia. Será una perpetua

ruina, la desolación total.

2154

Caldea, entregada a sangre y fuego (27-40).

27 Alzad bandera en la tierra, tocad las trompetas en las naciones, santificad (para la

guerra) contra ella las gentes, convocad contra ella los reinos de Ararat, de Minni y

Askenaz. Instituid contra ella oficiales 16, lanzad contra ella los caballos 1 como langostas

hirsutas. 28Santificad (para la guerra) contra ella a las naciones, a los reyes de

Media, a sus jefes, a todos sus sátrapas y a toda la tierra de su jusrisdicción. 29La

tierra tiembla y se estremece, porque va a cumplirse el designio de Yahvé contra

Babel, para hacer de la tierra de Babel un desierto inhabitable. 30Los guerreros de

Babel han cesado de combatir, permanecen en las fortalezas. Han perdido su valor,

se han vuelto mujeres. 31 Corren los correos uno al encuentro del otro, y unos mensajeros

al encuentro de otros mensajeros, para anunciar al rey de Babel que su ciudad

ha sido tomada del uno al otro extremo. 32Los vados, ocupados; las defensas,

ardiendo, y los hombres de guerra, abatidos. 33Porque así dice Yahvé de los ejércitos,

Dios de Israel: La hija de Babel es como una era al tiempo de ser apisonada;

bien pronto le llegará a ella el tiempo de la recolección. 34 El rey de Babilonia, Nabucodonosor,

me devoró, me consumió, me dejó como vasija vacía, me tragó como

dragón, y llenó su vientre de mis bocados más suculentos17. 35Sean sobre Babel mi

violencia (sufrida) y mis carnes, dice la moradora de Sión, y mi sangre sobre los

habitantes de Caldea, dice Jerusalén. 36Por eso dice Yahvé: He aquí que yo tomaré

por mi cuenta tu causa; yo te vengaré, yo secaré su mar y cegaré sus manantiales, 37

y se convertirá Babel en un montón de ruinas, en guarida de chacales, objeto de

horror y de sarcasmo, sin habitantes. 38Todos a una rugen como leones, gruñen como

cachorros de leona. 39 En su fiebre, yo les prepararé la bebida, los embriagaré

para que se adormilen18 y duerman el sueño eterno, del que no despertarán, oráculo

de Yahvé. 40Yo los llevaré al degüello como corderos, como carneros y chivos.

Yahvé invita a levantar una bandera para congregar a las naciones al ataque (v.27) 19. La guerra

tiene en este caso un sentido sagrado, el de salir en defensa de la justicia de Yahvé; por eso los

combatientes conquistadores son considerados corno “consagrados” para la guerra: santificad

(para la guerra) contra ella las gentes (v.27b) 20. Es la hora de la rehabilitación de la justicia

divina. Las naciones o gentes llamadas a la cruzada de Yahvé son el conglomerado de pueblos

del norte que formaban parte del imperio medo, y entre ellos Ararat o Armenia, Minni y Askenaz,

también regiones de esta parte de Armenia 21. Con su caballería deben presentarse como

langostas hirsutas, es decir, con aspecto aterrador. La caballería de guerra es de importación indoeuropea

(medopersa), y era el terror de los pueblos del Oriente Medio. Al frente de ella viene

el rey de Media (v.28), designación genérica de los pueblos medo-persas, bajo la dirección de

Ciro el Conquistador.

Ante ese espectáculo terrorífico de la caballería persa, los guerreros babilonios se repliegan

y no quieren dar batalla en campo abierto, encerrándose en las fortalezas (v.30). De todas

partes llegan los correos con las infaustas noticias: la ciudad ha sido tomada del uno al otro extremo

(ν.31). La descripción de los mensajeros al rey es patética: los vados, ocupados; las defensas,

ardiendo, y los hombres de guerra, abatidos (v.32). La situación, pues, es totalmente desesperada

22. Babilonia es como una era al tiempo de apisonarla; bien pronto llegará el tiempo de

la recolección v.33), e.d., está preparada cuidadosamente para el castigo, que es la recolección

merecida. Cuando la era está ya limpia, apisonada y preparada, es que la recolección se acerca.

2155

Así, Babilonia, ya cercada por las tropas persas, está dispuesta para ser tomada, recibiendo así su

merecido, la recolección de tanta iniquidad obrada impunemente hasta entonces.

El profeta, ante el castigo de Babilonia, piensa de nuevo en la tragedia de su pueblo a

manos de la opresora Babilonia: Nabucodonosor me devoró, me trituró. (v.34). La Ciudad Santa

fue expoliada, saqueada y vaciada de todo su valor: me dejó como vasija vacía. Todo fue a engrosar

los tesoros de la implacable nación invasora: llenó su vientre de mis bocados mas suculentos.

La vida de la nación desapareció, y las fuerzas vivas del país fueron llevadas en cautividad.

Por eso, los habitantes cíe Jerusalén dicen amargados y con deseos de revancha: sean sobre Babel

mi violencia, mis carnes, mi sangre. (v.35). Han sufrido tanto, que no pueden menos de desear

el castigo de la nación opresora. Yahvé recoge estos desahogos de su pueblo y garantiza con

su palabra que pedirá cuenta al opresor de sus violencias (ν.36): secaré su mar.; alusión a la destrucción

de la canalización del Eufrates y de sus afluentes artificiales, fuente de la riqueza de

Mesopotamia. Con ello todo será un montón de ruinas (v.37)23.

Pero los moradores de Babilonia no conocen la proximidad de la tragedia y se entregan a

gozar de sus riquezas y expoliaciones: rugen como leones. (ν.38). Su inconsciencia será trágica,

ya que, calentados por el vino en los festines, no les hará ver la gravedad de la situación: en su

fiebre, yo les prepararé la bebida, los embriagaré para que se adormilen (v.39). El mejor comentario

de esto es lo que nos narra el libro de Daniel sobre la cena de Baltasar. El mismo Herodoto

se hace eco de una tradición según la cual, cuando los persas entraron en Babilonia, los

magnates de ésta estaban entregados al desenfreno en continuos convites 24. Yahvé los va a hacer

dormir el sueño eterno, del que no despertaran (v.39), pues la muerte está próxima, porque así lo

ha decidido Yahvé: Yo los llevaré al degüello como corderos. (v.40). La frase es impresionante,

pero es la que mejor refleja la suerte trágica de la gran metrópoli mesopotámica 25.

Elegía sobre Babilonia (41-45).

41¿Cómo ha sido tomada “Sheshak”? ¿Cómo ha sido conquistada la gloria de toda la

tierra? ¿Cómo ha venido a ser Babel objeto de horror entre las naciones? 42Ha subido

el mar contra Babel, la ha sumergido bajo el cúmulo de sus olas. 43 Sus ciudades

se han convertido en desolación: tierra árida y desierta, que nadie habitará ni por la

que pasará hijo de hombre. 44 Yo me ensañaré contra Bel en Babilonia, yo le haré

vomitar por la boca cuanto engulló; ya no concurrirán más a él las gentes; caerán

también las murallas de Babel. 45 Sal de ella, pueblo mío; salve cada cual su vida ante

el furor de la cólera de Yahvé.

El canto elegiaco comienza con el característico ¿Cómo ha sido. ? El profeta asiste en espíritu a

la realización de la ruina de Babilonia, llamada con el nombre cabalístico de Sheshak (v.41) según

el procedimiento del atbash, que hemos visto en 25:26. Babilonia era considerada como la

gloria de toda la tierra (v.41) por su magnificencia y riquezas, lo que constituía la admiración de

todos los pueblos 26. Pero de pronto se ha convertido, por la derrota, en objeto de horror entre las

naciones (v.41b). El ejército enemigo ha caído sobre Babilonia como el mar, sumergiéndola bajo

el cúmulo de sus olas (v.42). No quedará más que desolación y ruinas (v.43) 27. Y todo ha sido

efecto de la ira divina, que se ha ensañado con Bel, la principal divinidad babilónica: Bel-

Marduk. Aquí el dios simboliza la ciudad, ya que, en la mentalidad antigua, el dios seguía la

suerte de su nación. La desolación será total, y ya no concurrirán más a él las gentes (v.44). Babilonia

era el centro de convergencia de millares de comerciantes que iban con sus mercancías a

la gran metrópoli. Todo esto desaparecerá, y las mismas murallas de Babel, orgullo de los babi2156

lonios, caerán. De nuevo ante la inminencia de la catástrofe, el profeta piensa en la salvación de

Israel exilado: sal de ella, pueblo mió; salve cada uno su vida (v.45). La expresión pueblo mió

tiene un aire de ternura muy característico del espíritu afectuoso del profeta de Anatot. Para él, su

vida ha estado siempre vinculada a la tragedia de su pueblo, y ahora piensa en su liberación ante

el furor de la cólera de Yahvé (v.45); Israel ha sufrido ya demasiado y no debe exponerse a nuevos

peligros.

La destrucción total de Babilonia (46-58).

46 No se turbe vuestro corazón ni temáis por el rumor que se ha oído en la tierra,

pues un año correrá un rumor, y el otro otro; habrá violencia en la tierra, un tirano

contra otro tirano. 47 Por eso vienen días en que yo me ensañaré contra los ídolos de

Babel, y toda su tierra se cubrirá de vergüenza, y todos sus muertos yacerán sobre

ella. 48 Cielos y tierra y cuanto hay en ella se alegrarán por Babilonia, pues del norte

vendrán contra ella los devastadores, oráculo de Yahvé. 49 Por los muertos de Israel

caerá Babel, como por Babel cayeron los muertos de toda la tierra. 50 Los que

hayáis escapado de la espada, partid, no os detengáis. Desde lejos acordaos de Yahvé,

y que vuelva Jerusalén a vuestra memoria. 51 Estamos llenos de vergüenza,

hemos sido ultrajados; ¡nuestro rostro se cubre de confusión, pues entraron extranjeros

en el santuario de la casa de Yahvé. 52 Por eso vienen días — oráculo de Yahvé

— en que yo visitaré a sus ídolos, y por toda ¿u tierra se oirá el gemir de los heridos.

53 Aunque se alzase Babel hasta el cielo e hiciera inaccesibles por los altos sus baluartes,

vendrán contra ella devastadores de mi parte, oráculo de Yahvé. 54 Oynse

los alaridos de Babel, ruina grande en la tierra de los caldeos. 55 Porque devasta

Yahvé a Babel y pone fin a su gran jactancia, y braman sus olas como aguas desbordadas,

retumban con estruendo, 56 porque ha venido contra Babel el devastador.

Son apresados sus guerreros, rotos sus arcos, porque es Yahvé Dios de retribuciones

y les da según su merecido. 57 Y emborracharé a sus grandes, a sus sabios, a sus jefes,

a sus magistrados, a sus guerreros, y dormirán un sueño eterno, del que no despertarán,

oráculo del Rey, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos. 58 Así dice Yahvé

de los ejércitos: La ancha muralla de Babel será enteramente arrasada; sus altas

puertas, quemadas, Trabajaron en vano los pueblos, y las naciones para el fuego se

han cansado.

El v.46 está en prosa y tiene el aire de nota redaccional posterior. El autor parece querer salir al

paso de rumores de disturbios que pudieran intranquilizar a la comunidad israelita exilada. Muchos

autores creen ver en este verso una alusión a los disturbios que precedieron a la caída de

Babilonia. Entre los años 550-540, Ciro fue apoderándose poco a poco de las provincias medopersas,

y se extendía hacia el imperio babilónico. Este, gastado, había entrado en una época de

clara descomposición: el rey Nabónides había sido confinado al oasis de Tema, en el desierto

siró-arábigo, gobernando el reino su inepto hijo Baltasar. La región de Gutium se había emancipado

de los babilonios. Por todas partes había brotes de rebeldía. Quizá en este ambiente de inseguridad

hay que entender las palabras confortadoras que invitan a la confianza en Yahvé, defensor

de los intereses de su pueblo (v.46).

La hora del castigo de Yahvé se acerca: caerán los ídolos y vendrá la matanza general

(v.47). Todos los pueblos, cielos y tierra (expresión hiperbólica) se alegraran por la caída de

Babilonia 28. El vengador viene del norte: es el ejército medo-persa (v.48). La sangre de los

2157

muertos de Israel está clamando venganza contra Babilonia, y lo mismo reclaman los muertos de

toda la tierra (v.49). La suerte de la nación opresora es inexorable. Sufrirá la suerte de las naciones

antes expoliadas y oprimidas. Como en secciones anteriores, el profeta, a la hora de la catástrofe,

piensa en sus conciudadanos y los invita a salir para que no caigan con los babilonios: Partid,

no os detengáis (v.50). Por otra parte, el profeta quiere evitar que los israelitas, que se habían

creado una vida próspera en Babilonia, se queden allí. Les exhorta por ello a acordarse desde lejos

(Babilonia) de Yahvé, pensando siempre en Jerusalén, su única y verdadera patria (v.50).

Los israelitas responden a la invitación del profeta con la mejor disposición. La tragedia de la

madre patria la llevan muy en el corazón, y sienten un íntimo bochorno por lo acaecido a su país:

Estamos llenos de vergüenza., pues entraron extranjeros en el santuario de Yahvé (v.51). La profanación

del templo de Jerusalén es la mayor humillación para los deportados de Babilonia 29.

Precisamente por este ultraje al pueblo santo y a su santuario va a intervenir la justicia divina: yo

visitaré a sus ídolos (v.52). De nada servirán los baluartes inaccesibles (v.53) para salvar a Babilonia,

pues está la mano omnipotente de Yahvé, que hace venir a devastadores para cumplir sus

designios punitivos.

El efecto de la intervención divina no se deja esperar: óyense alaridos en Babel. (v.54).

Es el griterío de los vencidos y heridos. El estado caótico de la ciudad es como el mar alborotado,

cuyas olas braman como aguas desbordadas (v.55). Ha llegado la hora del castigo, porque

Yahvé es Dios de retribuciones (v.5ó). Por encima de todo brillan sus atributos de justicia y de

santidad. Sobre todo serán castigadas las clases directoras, responsables de las injustas opresiones

de Babilonia: Emborracharé a sus grandes. (v.57). La muerte será su pago: dormirán un

sueño eterno. Y como garantía del cumplimiento de esto está Dios, que tiene por nombre Yahvé

de los ejércitos (v.57). Su omnipotencia, como Señor de los cielos y de la naturaleza y como Señor

de las batallas, vencerá todos los obstáculos, y de nada servirán a Babilonia sus orgullosas

defensas amuralladas: la ancha muralla de Babel sera arrasada (v.58). Las murallas de Babilonia,

con sus puertas de bronce y sus altas torres, eran la maravilla de la antigüedad 30. Las excavaciones

recientes han probado que las cifras de las dimensiones de las mismas no son tan exageradas

como parecían. Babilonia estaba rodeada por una muralla doble de 18 kilómetros de largo

en tiempos de Nabucodonosor. Tenía dos muros: uno externo, de ocho metros de ancho, y otro

interno, de la misma anchura. Entre ambos, un espacio de 26 metros de ancho, y por fuera un foso

de agua. Además, innumerables torres, entre las que destacaba la llamada de Istar, de 12 metros

de altura 31. La obra era colosal, y parecía que la ciudad era inexpugnable; pero, llegada la

hora de Dios, de nada sirvió el trabajo invertido en construirla. Durante generaciones, millones

de esclavos habían trabajado en la erección de esta obra gigantesca: trabajaron en vano los pueblos

(v.58c). Pero han trabajado para el fuego. Todo será pasto de las llamas. Como hemos dicho

varias veces, no fue necesaria una lucha excepcional para que los soldados de Ciro entraran en la

gran metrópoli, pues las disensiones internas habían facilitado la entrada. Por otra parte, Ciro no

destruyó la ciudad. Más tarde, Darío daría cumplimiento a la profecía; hoy día sólo quedan inmensas

masas informes de paredes de ladrillo, que nos dan una idea de la grandiosidad de las

fortificaciones de la época del esplendor del imperio babilónico.

Profecía, acompañada de una acción simbólica,. contra Babilonia (59-64)

59 Misión que encomendó Jeremías, profeta, a Saraya, hijo de Nerías, hijo de Masías,

al ir éste a Babilonia con el rey Sedecías el cuarto año de su reinado. Saraya era

entonces gran intendente. 60 Escribió Jeremías en un volumen todo el mal que había

de venir contra Babilonia, cuanto había escrito sobre Babilonia. 61 Y dijo Jeremías a

2158

Saraya: Cuando llegues a Babilonia, lee en voz alta todo esto, 62 y dirás: Yahvé, tú

has hablado de destruir este lugar, sin que haya ni hombre ni ganado que lo habite,

hecho perpetua soledad. 63 Cuando hayas acabado de leerlo, le atarás una piedra y

lo arrojarás en medio del Eufrates, 64 diciendo: Así se hundirá Babilonia, sin alzarse

ya más del estrago y de la destrucción que yo traeré sobre ella. Hasta aquí las palabras

de Jeremías.

Esta sección está fuera de contexto, y su lugar natural sería después de los c.27-28. Según el

v.59, esta profecía fue redactada en el año cuarto del reinado de Sedecías, es decir, en 594 a.C.

Por lo que aquí se refiere, el rey Sedecías se fue personalmente a Babilonia a rendir pleitesía a

Nabucodonosor para evitar que éste desconfiara de Judá. En realidad, el rey judío estaba tramando

una alianza contra Babilonia, basándose en Egipto. Le acompañaba Saraya, que debía de ser

pariente de Baruc, el secretario de Jeremías. Esto facilitó la transmisión del mensaje del profeta a

los deportados del 598. Por orden suya, Saraya debía anunciar después la ruina de Babilonia,

echando al río el mensaje en una acción simbólica, para indicar la ruina de la metrópoli mesopotámica.

Es interesante notar que Jeremías en aquellos años en que predicaba la sumisión al coloso

babilónico, porque Yahvé había decidido entregar la tierra de Judá a Nabucodonosor, enviase

al mismo tiempo una profecía sobre la futura destrucción de Babilonia. Era consecuente en ello,

ya que sabía que, si bien Babilonia era el instrumento de la justicia divina para castigar a Judá

por sus pecados, sería ella a su vez castigada por Yahvé a causa de sus iniquidades y de su

desobediencia. Siempre los profetas se mueven en el campo de la teología de la historia, persuadidos

de que Yahvé dirige los hilos de los hechos humanos y que al fin impondrá sus designios.

No se da el contenido de la profecía de Jeremías al detalle, sino la idea general, que es

confirmada por el acto simbólico de lanzar la profecía al agua. Su sentido es que del mismo modo

que se hunde el escrito en el río, se hundirá Babilonia para no levantarse jamás (v.64). Se trata,

pues, de una acción simbólica del estilo de las que hemos visto en 13:19. El colofón hasta

aquí las palabras de Jeremías falta en los LXX, y parece una nota redaccional posterior.

1 Así según la versión siríaca, seguida por Condamin y Dennefeld; está conforme con la segunda parte del verso. El TM actual no

hace sentido: “contra el que tiende el arco, tienda el arquero su arco.” — 2 El procedimiento atbash consiste en sustituir la primera

letra del alefato (A) por la última (T); la segunda (B), por la penúltima (Sh); de ahí el nombre de aíbash. En 25:26 se emplea en

el nombre Shes/iak por Babel. Así, Leb-Qamay está por Kashdim (Caldea), y significa lit. “corazón de mis adversarios.” Es así un

nombre simbólico apropiado para designar a la gran rebelde y enemiga Babilonia. — 3 Los LXX y la Vulgata leen “viento destructor,”

que puede adaptarse bien al sentido del contexto. — 4 Cf. Jer 15:7; 49,32-36; Mt 3:12. — 5 Cf. Jer 49:26; 50:30. — 6 Cf.

Jer 2:2; 31:22.31; Os 1:7; Is 49:14; 50,1; 54:6. — 7 Así Condamin, Nótscher, Gelin. — 8 Cf. Jer 46:11. El profeta exhorta irónicamente

a que se busque bálsamo para curar a Egipto. Cf. Is 23:1; 21:9; Ap 14:8; 18:2. — 9 Cf. Gen 11:4. — 10 Cf. Is 62:11-12;

Jer 50,28. — 11 La frase es elíptica. Bible de Jérusalem: “el término de tus rapiñas.” — 12 Cf. Herodoto, 1:178.185; Jenofonte,

Ciropedia VII 5:8. — 13 Cf. Jer 22:5; Am 6:8. — 14 El verso está en prosa, y quizá sea glosa. — 15 Cf. Is 33:12. — 16 En hebreo

es Tifsar, relacionado con el asirio tupsharu (escriba); pero parece que aquí designa un oficial militar. Cf. Nah 3:17. — 17 Lit. en

hebreo: “de mis delicias.” Un ligero cambio de vocalización da la traducción arriba consignada. — 18 Lit. el TM dice “para que se

alegren,” que no parece adaptarse a lo trágico del contexto. La versión arriba expuesta sigue a los LXX, que supone una palabra

hebrea muy similar. — 19 Cf. Iss,25; 13:2. — 20 Cf. Jer 6:4; 22:7; Is 13:3. — 21 Ararat es el Urartu de las inscripciones cuneiformes.

Minni es el Mannai de las inscripciones asirías, al SE del lago Urmía. Askenaz (Gen 10:3) es probablemente el Ashguzai

asirio. — 22 Cf. Herodoto, I 186. Según éste, los persas desviaron al río para entrar. — 23 Cf. Jer 9:1 1; 10,22; 18:16; 49,33;

50,13; 50.39 — 24 Cf. Herodoto, I 191. Véase Dan 5:13. — 25 Cf. Jer 48:15; 50,27; Is 34:6s; Ez 39:18. — 26 Cf. Jer 49:25;

Herodoto, I 178. — 27 Cf. Jer 2:6; 48:9; 49:18.33; 50:12. — 28 Cf. Is 14:8; 30,29; 44:23. — 29 Algunos autores quieren entender

el verso en sentido de negativa: los exilados no querían pensar en Jerusalén por el recuerdo triste de su humillación. — 30 Cf.

Herodoto, I 172-182; Diodoro, II c.y-10; Estrabón, XVI i. — 31 Cf. Herodoto, l.c.; Contenau, Manuel d'archéologie oriéntale III

I353s; H. Gress-Mann, Alt. Or. Bild. u. Alt. T. fig.373.

52. Apéndice histórico: la destrucción de Jerusalén.

Esta sección postuma del libro de Jeremías es similar a 2 Re 24:18-25:30. Ha sido insertada

2159

aquí por un redactor posterior para probar con los hechos el cumplimiento de las profecías sobre

la destrucción de Jerusalén y de su templo y del destierro de los judíos. En el capítulo anterior

hemos encontrado ya el colofón: “Hasta aquí las palabras de Jeremías.” No obstante, hay indicios

de que este capítulo depende de una fuente independiente de 2 Re 24:18-25. Al menos puede caber

la posibilidad de que ambos autores hayan bebido de una fuente común; de ahí algunas omisiones

y variantes, en el supuesto de que se copiaban libremente adaptando a las exigencias de

cada uno.

Toma de Jerusalén y captura del rey Sedecías (1-11).

1 A la edad de veintiún años comenzó a reinar Sedecías, y reinó once años en Jerusalén.

Su madre fue Jamital, hija de Jeremías, de Libna. 2 Hizo mal a los ojos de Yahvé,

como lo había hecho Joaquim, 3 encendiendo la cólera de Yahvé contra Jerusalén

y contra Judá, hasta hacer que los arrojase de su presencia. Sedecías se rebeló

contra el rey de Babilonia. 4 Y sucedió que el año nono de su reinado, el décimo mes,

el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército contra

Jerusalén, la cercó, levantó fortificaciones contra ella en derredor, 5 y estuvo sitiada

la ciudad hasta el año undécimo del rey Sedecías. 6 El mes cuarto, el nueve del mes,

se apoderó el hambre de la ciudad, y no había en ella nada que comer. 7 Abrieron

brecha en los muros, y todos los hombres de guerra huyeron, saliendo de la ciudad

de noche, por el camino de la puerta entre ambos muros, que está junto a los jardines

reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad. Tomaron el camino que conduce

al Araba. 8 El ejército caldeo persiguió al rey, dándole alcance en los llanos de Jericó,

y todas sus tropas le abandonaron y se dispersaron. 9 Apresaron al rey y le llevaron

ante el rey de Babilonia, en Ribla, en la tierra de Jamat, donde le juzgó. 10 El

rey de Babel hizo degollar a los hijos de Sedecías a la vista de éste, e igualmente a los

grandes de Judá, en Ribla. 11A Sedecías le hizo sacar los ojos y le cargó de cadenas

de bronce para conducirle a Babilonia, donde le tuvo encarcelado hasta el día de su

muerte.

En los v.1-3 se da el conocido esquema histórico del libro de los Reyes, haciendo el juicio teológico

del reinado de Sedecías, que resultó digno sucesor de su hermano Joaquim, ya que favoreció

el sincretismo religioso e hizo el mal a los ojos de Yahvé. La frase es la estereotipada del libro de

los Reyes para condenar a los soberanos que no acomodaron su conducta pública a las exigencias

del yahvismo tradicional ! A causa de sus iniquidades se encendió la cólera de Yahvé contra Jerusalén

y Juda (v.2). Los profetas consideran los hechos a la luz de la teología de la historia de

Israel; así, para ellos los castigos son la justa retribución de los abusos de la nación como colectividad.

Los v.2-4 se encuentran en 39:1-10, y son idénticos a 2 Re 25:1-7. Sólo se da como dato

nuevo la alusión a la carestía de vida en Jerusalén. Según estos datos, el ataque de las tropas de

Nabucodonosor a Jerusalén tuvo lugar entre diciembre del 589 a enero del 588 2. El sitio duró

hasta el año 586. La caída de Jerusalén fue en este año, en el mes cuarto, es decir, junio-julio 3.

La huida fue por el lado sur de la ciudad, junto a los jardines reales (ν.7). Los babilonios atacaban

por el norte, la parte más vulnerable, y los fugitivos buscaron el camino del desierto o Araba,

como lugar más propicio para pasar inadvertidos. En los llanos de Jericó fue cogido el rey,

abandonado de sus soldados, cumpliéndose así la profecía de Jeremías 4. El rey fue llevado a Ribla,

en la Alta Siria (ν.6), donde Nabucodonosor tenía su cuartel general. El castigo infligido a

2160

los hijos del rey, asesinados a la vista del padre, está en consonancia con las bárbaras costumbres

antiguas orientales.

Destracción total de Jerusalén (12-23).

12 El quinto mes, el día diez del mes, el año decimonono de Nabucodonosor, rey de

Babilonia, vino Nabuzardán, jefe de la guardia real, ministro del rey de Babilonia, a

Jerusalén, 13 y puso fuego al templo, y al palacio del rey, y a todas las casas de Jerusalén,

quemando principalmente todas las casas grandes, 14 y el ejército de los caldeos

que estaba con el jefe de la guardia arrasó toda la muralla que rodeaba a Jerusalén.

15 El resto del pueblo que había quedado en la ciudad, los prófugos que se

habían pasado al rey de Babilonia y el resto de los artesanos los llevó Nabuzardán,

jefe de la guardia,16 dejando sólo los pobres de la tierra, viñadores y labradores. 17

Rompieron también las columnas de bronce que había en el templo de Yahvé, las

basas y el mar de bronce del templo, y se llevaron todo el bronce a Babilonia. 18 Se

apoderaron los caldeos de las palas, los cuchillos, las copas, las cucharas y todos los

utensilios del culto. 19 Igualmente tomó el jefe de la guardia los pilones, los braseros,

las copas, las calderas, los candelabros, las cucharas y los platos; todo cuanto era de

oro, por oro; lo de plata, por plata; 20 las dos columnas, el mar de bronce y los doce

toros de bronce y las basas que había hecho el rey Salomón para el templo, de un

peso incalculable. 21 Las columnas eran de dieciocho codos de altura; rodeábalas un

cordón de doce codos y tenían cuatro dedos de grueso, pues eran huecas por dentro.

22 Tenía cada columna su capitel de bronce, de cinco codos de alto; todo en torno de

los capiteles había un entretejido con granadas, todo de bronce. Lo mismo la otra

columna. 23 Eran noventa y seis las granadas, pendientes, ciento entre todas, sobre el

entretejido en derredor.

El quinto mes del año 19 de Nabucodonosor es julio-agosto del 586, es decir, un mes después de

la toma de Jerusalén por las tropas babilonias. Aún hoy día los hebreos celebran como día de luto

este fatídico 10 del mes quinto (julio-agosto) del 586 5, en que la Ciudad Santa fue total y sistemáticamente

desmantelada. Después de haber tomado la ciudad, el lugarteniente de Nabucodonosor,

Nabuzardán, se fue a Ribla con el rey Sedecías y los magnates judíos para presentarlos al

rey caldeo y, al mismo tiempo, recibir órdenes concretas sobre la conducta a seguir con los vencidos

y con la ciudad de Jerusalén. El rey babilónico decidió destruir totalmente la ciudad que

tantas preocupaciones le había costado. En el año 598 la había perdonado, pero ahora lo mejor

parecía desmantelarla y dejarla inerme para que no tuvieran sus habitantes la veleidad de sublevarse

de nuevo contra él.

Lo que más dolió a los vencidos fue que puso fuego al templo (v.15). Esto significaba el

fin de la nación para ellos. No comprendían que la casa de Yahvé fuera a parar un día a manos

de sus enemigos. En tiempos de Senaquerib, Dios había salvado la ciudad por amor a su santa

morada. Esto había hecho crear la ilusión de que Jerusalén era inexpugnable6; pero Jeremías

anunció reiteradamente que estas ilusiones eran vanas y que Yahvé entregaría su ciudad y su

templo a los babilonios 7. Era el cumplimiento de sus lúgubres profecías. Con el templo fueron

destruidos los palacios del rey y de los magnates. Las murallas fueron dejadas en estado inservible

(v.14) 8, de modo que no pudieran organizar nuevas resistencias. Después se organizó la deportación

sistemática de las fuerzas vivas de la nación (v. 15-16) 9, quedando sólo los pobres de

la tierra, viñadores y labradores.

2161

El autor constata con tristeza la situación en que fue dejada la ciudad. El templo había sido

ya expoliado en 598, pero ahora fue totalmente desmantelado: las columnas de bronce (v.17)

eran las dos que estaban a la entrada del templo, de nueve metros de altura y seis de circunferencia.

Las basas eran diez soportes de bronce de los recipientes para llevar el agua. El llamado mar

de bronce, por sus grandes dimensiones, era el gran depósito de agua junto al, altar de los holocaustos

para lavar las víctimas 10. Estaba asentado sobre doce toros de bronce (v.20).

Deportación de la clase directora de Jada (24-34).

24 Y se llevó el jefe de la guardia a Saraya, sumo sacerdote, y a Sofonías, el segundo,

y a los tres prefectos del vestíbulo. 25 De la ciudad llevó a un eunuco intendente de

las gentes de guerra, a siete de los consejeros íntimos del rey, que estaban en la ciudad;

el secretario del jefe del ejército, encargado de la recluta, y sesenta más del

pueblo, que se hallaban en la ciudad. 26 Y los llevó Nabuzardán, jefe de la guardia,

ante el rey de Babilonia, en Ribla. 27 Y el rey de Babilonia los hizo matar en Ribla,

en tierra de Jamat, y Judá fue deportado de su tierra. 28 Estos son los que deportó

Nabucodonosor: El año séptimo de su reinado, tres mil veintitrés judíos; 29 el año

dieciocho, ochocientas treinta y dos almas; 30 el año veintitrés de Nabucodonosor

deportó Nabuzardán, jefe de la guardia, setecientas cuarenta y cinco almas; entre

todos, pues, cuatro mil seiscientas almas. 31 y sucedió que en el año treinta y siete de

la deportación de Joaquim, rey de Judá, en el duodécimo mes, el día veinticinco de

él, Evil-Merodac, rey de Babilonia, el año del comienzo de su reinado, hizo gracia a

Joaquín, rey de Judá, y le sacó de la prisión. 32 Le habló benévolamente y puso su silla

sobre las de los otros reyes que estaban con él en Babilonia. 33 Dejó sus vestidos

de preso, y comió ya siempre a la mesa del rey por todos los días de su vida. 34 Todo

cuanto necesitaba para su mantenimiento se lo dio día por día hasta el de su muerte.

Después del fin de la resistencia de los judíos, fueron entregándose a los babilonios algunos personajes

influyentes que habían logrado substraerse al primer contacto con los vencedores. Sin

duda que quedaron resistiendo algunos bastiones después de la caída de la capital. Entre ellos

estaba Saraya, sumo sacerdote en tiempos del rey Josías y antecesor de Esdras 12. A Sofonías le

conocemos ya por otros textos y sabemos que estaba en muy buenas relaciones con Jeremías 13.

Los v.28-30 faltan en el griego y en 2 Re 25:1. Parece que está basado en un documento de procedencia

babilónica. Al menos el cómputo de los años de Nabucodonosor se hace al modo caldeo,

que no tenía en cuenta el tiempo entre la subida al trono y el año nuevo siguiente. Las cifras

de deportados son muy moderadas, por lo que llevan viso de veracidad. Recuerda tres deportaciones

de Nabucodonosor (598, 587, 582). La última es recordada por Josefo. Es interesante lo

relativo a la liberación del rey Joaquín o Jeconías, que había sido llevado cautivo en 598. Durante

la vida de Nabucodonosor estuvo encadenado. Hoy día conocemos, por documentos cuneiformes

extrabíblicos, el trato que se le daba en la corte de Nabucodonosor. En un texto babilónico

publicado en 1939 por Weidner 14 se concreta la ración mensual de aceite asignada al rey prisionero

Joaquín y a los suyos. En 562 murió Nabucodonosor y le sucedió su hijo Evel-Marduk, o

Evil-Merodac según la Biblia (v.31), el cual inauguró su reinado con una amplia amnistía de los

prisioneros de su padre. Joaquín fue tratado con especial consideración (v.32). Gozó de cierta

libertad vigilada, pero tuvo que continuar en Babilonia. Evil-Merodac fue asesinado por Neriglisar,

que reinó desde el 560 al 555. Aunque nada se dice, podemos suponer que continuaría la política

comprensiva de su antecesor con los prisioneros.

2162

1 Libna suele ser identificada con tell es-Safi, cerca de Beit-Gebrin. — 2 El rey Sedéelas comenzó su reinado en 598. — 3 Sobre la carestía

cf. Jer 37:21; Lam 2:20; 4:9. Así se cumplieron las profecías cíe Jeremías: 11:22; 14:12; 15:2; 16:4; 18:21; 21:7.8; 24:10;

27:8; 29:17. — 4 Cf. Jer 38:22. — 5 Cf. Zac 7:5; 8:19. Según 2 Re 25:8, fue el día “octavo.” — 6 Cf. Jer 7:4s. — 7 Cf. Jer 7:14;

26:6. — 8 Cf. Neh — 9 Cf. Jer 39:9-10; 2 Re 25:11-12. — 10 Cf. 2 Re 25:13-17; 1 Re 7:15-22; 7:27-39- Para valorar las que un

“codo” equivalía, más o menos, a medio metro. medida? téngase en cuenta — 11 Sobre todo esto cf. 2 Re 25:18-21; i Par 6:14; 2

Re 22:4. — 12 Cf. Esdr7:1. — 13 Cf. Jer 21:1't 29:25.29; 37:3. — 14 E. F. Weidner, Jojachin, Ko nig von Judá, in babylonischen

Keilschriftexten: “Mélanges Syriens R. Dussaud,” vol.2 (París 1940) 923-5; A. Βεα, Konig Jojachin im Keilschriftexten: Bi 23

(1942) 78-82.

Lamentaciones.

Introducción.

1. Título y lugar en el canon.

En la versión de la Vulgata, al libro de Jeremías siguen estas Lamentaciones con el título

de Threni, id est, Lamentationes lere-miae prophetae. Threni es la transcripción latina del θρήνοι

de los LXX, en el sentido de canto fúnebre o lamentación por la ruina de Jerusalén. En el Talmud

se llama a estas composiciones fúnebres Qinot, palabra que no aparece en los manuscritos

hebreos. En la Biblia hebrea se designa a estas composiciones poéticas fúnebres con el nombre

de tekah que literalmente significa ¿Cómo? que es la primera palabra que abre la serie de las Lamentaciones,

y que caracteriza el género elegiaco.

En el TM, las Lamentaciones están incluidas entre los Hagiógrafos o Megillót (lit. “rollos”),

mientras que en las versiones de los LXX, Vg y Siríaca van a continuación de los escritos

pro/éticos de Jeremías. Flavio Josefo las consideraba también como formando parte de los escritos

de Jeremías 1. En las sinagogas se solían leer en el aniversario de la toma de Jerusalén por los

babilonios (en el 9 de Ab: jul.-ag.), formando parte del duelo general que con ayunos se practicaba

desde tiempos muy remotos por los judíos 2. Así, por razones de tipo litúrgico, las Lamentaciones

fueron separadas del libro de Jeremías para unirlas a los Hagiógrafos, como Rut, Cantar

de los Cantares, Eclesiastés y Ester, los cuales se leían, respectivamente, los días de Pentecostés,

Pascua, Tabernáculos y Purim.

2. Contenido.

Este precioso libro poético-elegíaco consta de cinco cánticos, en los que se hace duelo

por la destrucción del reino de Judá y, sobre todo, de la ciudad de Jerusalén por el ejército de

Nabucodonosor en 586 a.C. 3 Sin pretender dar una exposición narrativa de hechos que da por

conocidos, el autor de estos admirables cantos elegiacos desahoga su dolor a la vista de las ruinas

humeantes de lo que era más querido a su alma de israelita fiel a la tradición. En sus efusiones

íntimas alude a detalles que reflejan la situación triste del país y de la Ciudad Santa. Y, sobre todo,

da un sentido teológico profundo a la catástrofe al decir que todo lo acontecido es en castigo

de las transgresiones de Judá y de sus infidelidades para con Yahvé. Pero confía en la misericordia

divina, y espera confiadamente que, después que pase la hora de la justicia, llegue

la hora de la restauración; por eso en sus descripciones entremezcla constantemente súplicas

ardientes por su pueblo, arruinado y disperso. De ahí que, más que un nexo lógico, existe un

nexo psicológico en el desarrollo de las ideas, que suelen sucederse por asociación de escenas e

imágenes que han impresionado particularmente al profeta. Son meditaciones dolorosas en las

que predomina el sentimiento y el desahogo espontáneo, de forma que, mezcladas con súplicas

2163

por su pueblo, van imprecaciones para los enemigos que han causado tanta ruina y se alegran de

la catástrofe.

Pudiéramos sintetizar el contenido ideológico de los cinco cánticos del modo siguiente:

1. Profundo dolor por la desolación total de la ciudad destruida (1:1 -22).

2. El verdadero autor de la catástrofe es Dios, porque en definitiva todo ha sido efecto

de la intervención punitiva y vengadora de su justicia (2:1-22).

3. Con carácter más personal describe las tribulaciones y angustias de los justos (3:1-

66).

4. El poeta detalla la triste suerte de las diversas categorías sociales, cargando la responsabilidad

de la catástrofe a los dirigentes políticos del pueblo (4:1-22).

5. Con todo patetismo se describen las consecuencias de la toma de la ciudad, y, finalmente,

se implora de la misericordia divina que acelere su restauración (5:1-22).

3. Forma poética.

Estas composiciones poéticas han sido redactadas según el metro llamado qinah o elegiaco,

que se caracteriza por el empleo de versos con dos cadencias, que los que el segundo es más

breve que el primero. Este metro aparece ya en composiciones muy antiguas de la Biblia, como

en el canto de Débora y en la elegía de David sobre Saúl y Jonatán 5. Otra característica literaria

de las Lamentaciones es que los cuatro primeros cánticos están compuestos según el orden alfabético.

Así, cada uno de éstos tiene veintidós secciones, según el número del alefato hebreo. Los

tres primeros están dispuestos en estrofas de tres versos, mientras que el cuarto en estrofas de

dos.

En los cánticos primero, segundo y cuarto, la palabra inicial de cada estrofa comienza en

su respectiva letra del alefato, mientras que en el cántico tercero la letra del alefato varía en cada

verso de la estrofa. No obstante, respecto del carácter acróstico o alfabético de la composición

tenemos que notar la anomalía de que en los cánticos segundo, tercero y cuarto, la letra phe precede

al 'ain, lo que hasta ahora parece inexplicable. El quinto cántico no es acróstico, sino que

únicamente consta de veintidós versos, conforme ai número de letras del alefato, pero sin orden

alfabético en las iniciales de versos o estrofas 6.

Seguramente que este sistema artificial alfabético obedece a razones sisociales para facilitar

la transmisión del texto en la memoria de los lectores u oyentes. No es un signo de decadencia

literaria, como algunos autores modernos han querido insinuar, sino un procedimiento poético

que sirve para revelar la ingeniosidad del autor, como otros procedimientos metrológicos de la

poesía occidental, ahora despreciados porque coartan la libertad de expresión del poeta y porque

parecen demasiado férreos y artificiales.

Característica literaria de estas admirables Lamentaciones es el estilo confidencial. Dios

es interpelado e invocado, usando el pronombre de segunda persona, estableciéndose un íntimo

coloquio entre el afligido, o comunidad dolorida, y Dios, que constituye el único objeto de confianza

y esperanza. Por eso se prefiere el uso frecuente del pronombre en primera persona, para

acentuar el carácter trágico del dolor y de la miseria, y de ahí, para mover a Dios a la misericordia.

Esto contribuye a dar colorido, vivacidad y dramatismo al cántico. Otras características son

la representación con imágenes atrevidas, que indican horror y peligro, de los enemigos, de la

miseria. No faltan pensamientos de venganza y de consuelo.”7 No debe, pues, buscarse un desarrollo

sistemático de ideas, ya que lo sentimental prevalece en ellas sobre lo ideológico.

2164

4. Autenticidad.

La tradición judía atribuye comúnmente las Lamentaciones al profeta Jeremías 8. En la

versión de los LXX leemos el siguiente prólogo: “Y sucedió después que Israel fue hecho cautivo,

y Jerusalén devastada, que Jeremías se sentó a llorar y a lamentar con esta lamentación sobre

Jerusalén, y dijo.” En la Vg leemos un prólogo semejante 9. Por otra parte, sabemos que las Lamentaciones

se ponían en el canon a continuación de los escritos de Jeremías 10. La tradición

cristiana es unánime en este sentido, y sólo en el siglo XVIII se empezó a poner en duda la tesis

jeremiana.

Los sostenedores de la autenticidad jeremiana de las Lamentaciones insisten en ciertas

semejanzas de estilo entre éstas y los escritos de Jeremías. Así las expresiones “virgen hija de

Sión oprimida” H, “las lágrimas en las mejillas” 12, “cadena al cuello”13, quejas contra los pecados

de los sacerdotes y profetas 14, matanza de los propios hijos 15, pecados del pueblo 16, vana

confianza en los aliados 17, tendencia a aludir al Deuteronomio 18. A esto se añade que parece

necesario un testigo ocular de los hechos para describirlos con la viveza con que están las Lamentaciones,

y nadie mejor que Jeremías para que, llevado de su profundo afecto a su pueblo,

cantase la elegía sobre su ruina.

. En primer lugar se urge el hecho de por qué en la Biblia hebraica figuran entre los

Hagiografos (o Ketubim), y 110 se insertaron en el libro de Jeremías, como formando una parte o

apéndice del mismo. Por otra parte, extraña que no aparezca el nombre de Jeremías en el título

de las Lamentaciones, lo que sería normal caso de que se reconociera su paternidad en los primeros

tiempos que siguieron a su composición. Además, hay ciertas dificultades para atribuir a un

mismo autor los cinco cánticos de las Lamentaciones. Así, en el primero, el orden de las letras

que inician las estrofas es perfecto, mientras que en los cánticos segundo, tercero y cuarto, la phe

viene antes del ‘ain.

En 2:9 se dice de los profetas de Jerusalén que “no han hallado visión de parte del Señor,”

lo que no es aplicable al propio Jeremías, que fue favorecido con tantas visiones y comunicaciones

divinas. Y en 4:17 se dice de la esperada ayuda egipcia: “se consumían nuestros ojos

esperando vanamente el socorro, iban esperanzadas nuestras miradas hacia un pueblo que 110

pudo librarnos.” Y sabemos que Jeremías fue siempre contrario a pedir ayuda a los egipcios 21.

En 4:20 se alude al rey Sedecías: “el que era nuestro aliento, el ungido de Yahvé, fue cogido en

la trampa, aquel de quien decíamos: A su sombra viviremos entre las naciones.” Y sabemos que

Jeremías despreciaba a Sedecías por su ineptitud 22. Finalmente, los lexicólogos insisten en que

la fraseología de Lam y Jer tiene más puntos de divergencia que de convergencia 23; y no faltan

quienes ven coincidencias de lenguaje entre Lam y Ezequiel y otros escritos bíblicos 24. Por todas

estas razones, hoy día muchos autores se inclinan por la tesis de que las Lamentaciones sólo en

parte pueden atribuirse a Jeremías. Al menos los cánticos 1 y 5 parecen de época posterior al profeta

25.

5. Doctrina religiosa.

A través del lirismo de expresión y el sentimentalismo, característicos de estos bellísimos

fragmentos poéticos, encontramos las grandes líneas teológicas proféticas. En los acontecimientos

trágicos, el poeta sorprende los designios divinos sobre Judá pecador. Yahvé es el verdadero

autor de la catástrofe, en cuanto que ha desencadenado su ira, largo tiempo contenida,

sobre un pueblo que le ha sido infiel 26. La ruina de Jerusalén no es casual ni mera consecuencia

de una mala política humana, sino que es la culminación de un proceso de alejamiento de la

2165

Ley divina. Yahvé es el que ha uiado a los enemigos de Judá para que sean instrumentos de su

justicia, y ha descargado sobre una generación el castigo merecido por los pecados que se fueron

acumulando a través de los siglos 27.

A pesar de la crisis terrible que esto representa para la nación judaica, el poeta tiene

grandes esperanzas de restauración, y por ello ora confiadamente a su Dios 2S. Sabe que, si

Yahvé es justo, es también misericordioso, y que, como llegó la hora del castigo, llegará la

hora de la rehabilitación para Israel y del castigo para sus enemigos 29. El dolor es un medio

de purificar a los individuos y a los pueblos 30; es la solución que encontramos en el libro de

Job. Por ello, en estos admirables desahogos lírico-dramáticos hay un altísimo nivel espiritual,

reflejo de un alma que vive de la fe y de la esperanza en Dios.

1 Cf. Flavio Josefo, Contra Apion. I 40. — 2 Cf. Jer 52:12-16. — 3 Según Flavio Josefo, el Targum y el mismo San Jerónimo, estas

Lamentaciones fueron compuestas por Jeremías con motivo de la muerte del rey Josías en 609. Cf. Flavio Josefo, Ant. 10:5,i; Targum,

com. a 4:20; San Jerónimo, Comm. in Zach. 12:11: PL 25:1515. — 4 Cf. Jue 5:2s. — 5 Cf. 2 Sam 1:195. — 6 En la Biblia

conocemos otras composiciones alfabéticas. Así Sal 9; 10; 25; 34; 371 III; 112; 119; 145; Prov. 31:10-31; Nah 1:2-8. En el Sal

10,7-8 se da la inversión del phe y 'ain. — 7A. Ρεννα, Geremia 375. — 8 Flavio Josefo, Antiq. X 5:1; Targum, Baba bathra 153.

— 9 “Et factum est, postquam in captivitatem redactus est Israel, et lerusalem deserta est, sedit Teremias flens, et plnnxit lamentationc

hac in lerusalem, et amaro animo suspirans, et eiulans, dixit.” — 10 Cf. Orígenes, en Euseb., H. E. VI 25; San Epifanfo, Adv.

haer. 8,6: PG 41:213; San Hilario, Pro/, in P.s. n.15: PL c.241; San Jerónimo, Pro/. G ale alus: PL 28,551. — 11 Lam 1:15; 2:13,

y Jer 8:21s; 14:17. — 12 Lam 1:16; 2:11.18; 3:485, y Jer 9:1.18 (Vg.); 13:17; 14:17. — 13 Lam 1:14, y Jer 27:2. — 14 Lam 2:14;

4:135, y Jer 2:8; 5:31. — 15 Lam 2:20; 4:10, y Jer 19:9. — 16 Lam 1:5.8, y Jer 14:7; 16:10s. — 17 Lam 1:2.19, y Jer 2:18. — 18

Lam 1:3, y Dt 28,65; Lam 1:5, y Dt 28:44. — 19 Entre ellos, Budcle, Lóhr, Driver, Konig, Sellin, Streane, Pfeiffer. — 20 Así

Goetsberger, Dennefeld, Notschcr y Clamen — 21 Cf. Jer 37:5-10. — 22 Cf. Jer 24:8-10. — 23 Cf. M. Lóiir, Der Sprachgebrauch des

Buches der Klagelieder: Zatw 14 (1894) 31-50. — 24 Cf. Lam 1:1, e Is 47:85; 54:4; Lam 3:20, e Is 53:6; Lam 2:4, y Ez 24:16; Lam

4:11, y Ez 5:13; Lam 3:6, y Sal 143:3; Lam 3:24, y Sal 119:57. — 25 Cf. A. Penna, o.c., p.377.

1. Primera Lamentación: Jerusalen, Desolada.

Podíamos resumir el contenido ideológico de las Lamentaciones en tres facetas: desolación de

la Ciudad Santa, reconocimiento de la justicia divina y oración implorando misericordia al Señor.

Estas ideas se repiten machaconamente, pero las expresiones son bellísimas y variadas. Por

todo esto, las Lamentaciones pueden considerarse como una de las mejores composiciones de la

Biblia desde el punto de vista lírico-afectivo. El metro poético suele ser el característico de las

“elegías” o qinah, a base de tres dísticos cada letra del alefato. El carácter especial de las Lamentaciones

excluye un desarrollo estrictamente lógico de ideas; por eso las consideraciones se repiten

entrecortadas, como expresión de un alma lacerada que por encima de las leyes lógicas de la

inteligencia tiene las del corazón.

Se suele dividir esta primera lamentación en dos partes: a) 1-11, en que habla el poeta

(excepto en el v.8 y 11); b) 12-22: habla Sión (excepto el v.17).

1 Alef. — ¡Cómo se sienta en soledad la ciudad populosa, es como viuda la grande

entre las naciones; la señora de provincias ha sido hecha tributaria!

El profeta contrapone dos situaciones de la Ciudad Santa, que es presentada como una dama o

princesa que ha quedado viuda. En una medalla acuñada por Tito después de la toma de Jerusalén

en el año 70 d.C. aparece una mujer llorando debajo de una palmera con esta inscripción:

“ludaea capta.” Es el mejor comentario de estos primeros versos de las Lamentaciones. El autor

110 puede comprender el cambio de situación de la que era señora de provincias, y se ha convertido

en viuda y tributaria. La primera palabra, ¡Cómo.! es característica del verso elegiaco llamado

qinah l. Sión se sienta en soledad como madre que ha quedado sin hijos, como doncella

2166

que ha quedado sin amantes y como viuda que ha quedado sin marido, expuesta a la penuria sin

sombra protectora2. La ciudad populosa y la señora de provincias son dos frases que han de entenderse

en el horizonte relativo del hagiógrafo. Sión era la capital más poblada de Judá, y también,

como capital, señora de provincias, no sólo de las tribus de Judá y de Simeón, que constituían

el reino del sur, sino que en tiempos de Jeremías era aún señora de amplias zonas de Trans-

Jordania, como Edom y Moab. Pero ahora ha sido hecha tributaria, formando sólo parte de un

distrito del inmenso imperio babilónico.

2 Beth. — Llora copiosamente en la noche y corre el llanto por sus mejillas; no tiene

quien le consuele entre todos sus amantes; le fallaron todos sus amigos y se volvieron

enemigos.

En las horas nocturnas siente más su soledad e infortunio, porque nada le distrae de su dolor. El

día con su luz trae siempre impresiones optimistas y alegres, pero en la noche, el ambiente de

vacío, de soledad, pesa como una fría losa sobre el alma del desgraciado; por eso, en esas horas

de intimidad y de sinceridad corre el llanto por sus mejillas. Sólo el desahogo de las lágrimas

puede compensar algo la tremenda tragedia interior de la dama desolada. Por otra parte, en la

hora trágica del infortunio, en la hora de la verdad, le fallaron todos sus amigos. Sión había confiado

en Egipto y en la alianza de otros pueblos 3; pero, cuando la ciudad ha sido convertida en

un montón de ruinas, no tiene quién la consuele. Es el patrimonio de todo el que ha sido visitado

por el infortunio: los que antes creía sus amigos, se le volvieron enemigos.

3 Guímel. — Emigró Judá a causa de la aflicción y de la gran servidumbre; está sentada

entre las gentes sin hallar reposo; todos sus perseguidores le dieron alcance y la

estrecharon.

Asolada la ciudad, los habitantes que quedaron sin ser llevados al destierro emigraron voluntariamente

a causa de la aflicción y de la gran servidumbre. El yugo babilónico era demasiado pesado

5. Pero Judá tampoco encontró reposo en el exilio, sentada entre las gentes. Sus enemigos

siguieron persiguiéndola “en desfiladeros estrechos,” según dice el texto hebreo.

4 Dálet. — Los caminos de Sión están en luto por 110 haber quien venga a las solemnidades.

Todas sus puertas están desoladas, sus sacerdotes gimiendo, sus vírgenes

escuálidas, y ella llena de amargura.

El estado de la ciudad no puede ser más triste: los caminos que conducían a Sión, antes rebosantes

de peregrinos, ahora están en luto, desiertos: no hay quien venga a las solemnidades. Por la

mente del profeta pasa el gozoso recuerdo de los millares de peregrinos que avanzaban hacia la

Ciudad Santa con cantos alegres de acción de gracias por las cosechas. Ya no hay solemnidades

o fiestas litúrgicas tradicionales, hitos durante el año de la vida religiosa: las tradicionales fiestas

de Pascua, de Pentecostés y de Tabernáculos, en las que se presentaban las primicias de los cereales

y de los frutos impetrando protección para el próximo año agrícola. Ya no salen a recibir a

los peregrinos los sacerdotes, que ahora están gimiendo. Las mismas vírgenes, que en alegres

danzas amenizaban la presencia de los peregrinos en estas fiestas, están ahora escuálidas o encorvadas

por el dolor 6. Y las puertas de la ciudad, en otro tiempo lugar de concentración de la

vida social de la ciudad, están desoladas. Ya no están allí los ancianos para juzgar, ni los mercaderes

para recibir las caravanas con las mercancías, ni los niños alegrando con sus juegos la vida

de la ciudad 7. Todo es atmósfera de tristeza y amargura.

2167

5 He. — Prevalecieron sus enemigos y prosperaron los que la aborrecían, pues la

afligió Yahvé por la muchedumbre de sus rebeldías; sus niños fueron a la cautividad

delante del enemigo.

En la lucha han vencido los enemigos de Judá. Pero, en realidad, todos los sufrimientos de Judá

vienen enviados por el mismo Dios: pues la afligió Yahvé por la muchedumbre de sus rebeldías.

La conducta pecadora de Judá es la causa de su desventura. Y ni siquiera sus pequeñuelos se ven

libres de la deportación.

6 Wau. — Ha desaparecido de la hija de Sión toda su gloria; sus príncipes han venido

a ser como ciervos que no hallan pastos, y huyeron sin fuerzas ante el perseguidor.

En la catástrofe ha perdido la hija de Sión, es decir, Jerusalén, toda su gloria, a saber, lo que

constituía su orgullo: sus príncipes y su rey, como puntualiza a continuación 8. Sus príncipes,

debilitados por el hambre y la miseria, andan vagando como ciervos que no hallan pastos 9. Y

huyeron agotados ante el perseguidor. En efecto, el rey Sedecías, con sus magnates, se dio a la

fuga, siendo vergonzosamente capturado 10.

7 Zain. — Acordóse Jerusalén, en los días de su aflicción y de su vivir errante, de todos

los bienes que de antiguo tuvo. Cuando cayó su pueblo en manos del enemigo,

sin que nadie le ayudase, miráronla sus enemigos y se burlaron de su perdición.

En los días de la prueba comprendió Jerusalén los bienes que de antiguo tuvo. Pero ahora nada le

queda de su antigua gloria y riqueza, y sus enemigos se alegran, burlones, ante su ruina.

8 Jet. — Muchos son los pecados de Jerusalén; por eso fue objeto de aversión; cuantos

antes la honraron la desprecian viendo su desnudez, y ella misma suspira y vuelve

su rostro.

Jerusalén es presentada ahora como una cortesana que por sus pecados es convertida en objeto de

aversión 11, despreciada de los que antes le hacían el amor, porque vieron su desnudez 12. Jerusalén,

humillada por su Dios, ha descubierto sus pecados, presentándose como una mujer pública

que ha mostrado impudentemente sus atractivos sexuales 13. Y Jerusalén misma se avergüenza de

su estado menstrual y vuelve el rostro.

9 Tet. — Su inmundicia manchaba sus vestiduras, y no se cuidaba de su fin, y cayó

de modo sorprendente, sin que nadie la consolara. Mira, ¡oh Yahvé! mi aflicción,

mira la arrogancia del enemigo.

Sigue la misma imagen. Jerusalén se halla como mujer pública en período menstrual, su inmundicia

se nota en sus vestiduras 14. Aquí inmundicia tiene un sentido religioso. Sus pecados la

hacen inmunda a los ojos de los demás pueblos, y son tantos, que no puede disimularlos. Y está

tan ciega en sus extravíos, que no se cuida de su fin, es decir, del castigo que le espera 15. De repente,

ante tanta perversidad, se escapa un grito de auxilio de Jerusalén: Mira mi aflicción. Ella

es ciertamente pecadora ante los ojos de Yahvé, pero sus enemigos no lo son menos y se muestran

insolentes con arrogancia insoportable 16.

2168

10 Yod. — Echó mano el enemigo de todos sus tesoros, vio penetrar en su santuario a

las gentes, a quienes prohibiste penetraran en tu congregación.

El pensamiento del profeta se vuelve a la depredación del templo de Jerusalén. Esto era el mayor

crimen que debía Dios castigar, pues, aparte de la expoliación, penetraron en el santuario gentes

a quienes estaba prohibido entrar en el sagrado recinto 17. En el templo construido por Herodes

se puso una placa de bronce, que ahora está en el museo de Estambul, en la que se conminaba

con la pena de muerte a todo gentil que osara pasar del atrio de los gentiles al de los israelitas 18.

El allanamiento, pues, de la morada de Yahvé por los gentiles era para el profeta la mayor enormidad

que pudiera cometerse.

11 Kaf. — Todo su pueblo va suspirando en busca de pan; han dado cuanto tenían de

precioso para mantener la vida. Mira, oh Yahvé! y contempla cuan abatida estoy.

La ruina política de la ciudad ha traído la catástrofe económica. Es tal la carestía de alimentos,

que los habitantes tienen que dar sus objetos más preciados para subvenir a las necesidades más

elementales. Ante los ojos del profeta está el espectro del pueblo macilento en busca de pan.

12 Lamed. — ¡Oh vosotros cuantos pasáis por el camino! mirad y ved si hay dolor

comparable a mi dolor, al dolor con que yo soy atormentada. Afligióme Yahvé el día

de su ardiente cólera.

Sión pide comprensión para la tragedia de su pueblo, de su capital destruida, y por eso interpela a

los viandantes que indiferentes contemplan las ruinas de la ciudad, sin preocuparse de su situación,

siguiendo su marcha conforme a las exigencias comerciales. Cerca de la Ciudad Santa pasaba

el camino hacia Egipto para unirse a la vía maris, o ruta caravanera comercial entre el país

del Nilo y Mesopotamia 19. Podemos, pues, considerar la exclamación angustiada del profeta,

puesta en boca de Jerusalén, como una llamada a la piedad de estos comerciantes despreocupados

de su malhadada suerte. No hay dolor comparable al de la Ciudad Santa, arrasada y deshabitada.

Sus ruinas son un recuerdo perenne del paso asolador de la ardiente cólera de Yahvé. La

frase es un humilde reconocimiento de los pecados de Jerusalén, presa ahora de las exigencias de

la justicia airada de Dios.

13 Mem. — Mandó desde lo alto un fuego que consume mis huesos 20, tendió a mis

pies una red, y me hizo caer hacia atrás y me arrojó en la desolación, consumida todo

el día.

La mano pesada de la justicia divina se hace sentir como un fuego que consume los huesos de

Jerusalén. La metáfora puede aludir simplemente a un castigo enviado por Dios desde lo alto, el

cielo donde Yahvé habita, o quizá aluda concretamente a una epidemia que siguió normalmente

a la ruina política y económica de la nación, la cual se hace sentir de modo especial con manifestaciones

de intensas fiebres. En este caso, la frase fuego que consume los huesos adquiere más

realismo 21. Pero parece más lógico tomar fuego como instrumento de castigo en general 22. La

imagen siguiente tiene también un sentido general: Jerusalén ha caído en la red que le ha tendido

Yahvé. La Ciudad Santa era como una avecilla descarriada que andaba volando libremente separada

de su Dios, pero Yahvé, en su amor, le ha tendido una red y ha caído en ella. Esa red que

hará recapitular a Jerusalén sobre sus caminos es la desgracia y la ruina 23. Yahvé ha actuado

como hábil cazador, buscando atraerla por la vía de la expiación: me arrojó en la desolación. Por

2169

todo ello se siente como consumida y agotada.

14 Nun. — El yugo de mis iniquidades pesa sobre mí 24 entretejidas por su mano. Su

yugo es sobre mi cuello y ha quebrantado mis fuerzas. Me entregó Yahvé en sus

manos, no puedo levantarme.

Jerusalén reconoce, humillada, sus transgresiones, que pesan sobre ella como yugo insoportable.

Los crímenes de la Ciudad Santa son como las partes diversas del yugo con sus cuerdas, que han

sido entretejidas por el mismo Yahvé, obligado a enviarle un castigo purificador por exigencia

de su justicia. Ante el castigo enviado por Dios, Jerusalén está impotente, presa de la justicia

divina, y no puede levantarse. Es la imagen de la bestia con el yugo al cuello, sin poder levantar

la cabeza.

15 Sámec. — Rechazó a todos mis guerreros en medio de mí, convocó contra mí una

asamblea para quebrantar a mis mancebos. Como en lagar ha pisado Yahvé a la

virgen hija de Judá.

Yahvé mismo ha convocado a los enemigos de Judá a una asamblea o concentración para que se

abalancen contra sus guerreros, que iban a ser sacrificados 25. Los escritores bíblicos prescinden

en sus descripciones de las causas segundas, y lo atribuyen todo directamente a Dios. En toda la

tragedia de Judá ha estado la mano justiciera de Yahvé como causa total. El hagiógrafo tiene una

visión teológica de la historia, y lo considera todo a través de las leyes de la justicia divina

ultrajada: Como en lagar ha pisado Yahvé a la virgen hija de Judá. La metáfora es atrevida y

muy expresiva; ninguna mejor para indicar el rigor de la inexorable justicia divina. La hija de

Judá es Jerusalén, concebida como una virgen hermosa y atractiva que ha sido mancillada y despreciada.

Algunos autores creen que aquí se alude a un “banquete” sacrificial: Yahvé ha convocado

a los enemigos de Judá a una asamblea litúrgica en la que no falta el banquete de ritual ni el

vino. Este vino aquí es la sangre de la virgen de Judá, exprimida como en un lagar 26. La metáfora

es posible, pero quizá el contexto no exija tanto.

16 Ayin. — Por eso lloro, y manan lágrimas mis ojos, y se alejó de mí todo consuelo

que aliviase mi alma; mis hijos están desolados al triunfar el enemigo.

De nuevo la tragedia se apodera de la desconsolada Judá. Ese triunfo de sus enemigos la ha sumido

en la mayor amargura. No le queda sino derramar lagrimas; se siente sola: sus amigos la

han abandonado, y Yahvé no le sirve sino para mostrarle sus transgresiones, haciendo pesar sobre

ella su mano vengadora.

17 Pe. — Tiende Sión sus manos, pero nadie la consuela. Dio Yahvé contra Jacob órdenes

a los enemigos que la rodeaban, y Jerusalén fue para ellos objeto de abominación.

Ahora habla el profeta para contar la tragedia íntima de Sión: su soledad en la hora de la prueba

es total. Jerusalén tiende sus manos en busca de auxilio 27, pero en vano. Todo lo que pasa está

“decretado” por Yahvé, que para castigar a su pueblo convoca a sus enemigos circunvecinos, de

forma que sean testigos de la humillación de Judá. Para ellos, la Ciudad Santa se ha convertido

en cosa inmunda 2S, objeto de abominación y desprecio, pues en su catástrofe parece llevar la

maldición de su Dios.

2170

18 Sade. — Justo es Yahvé, pues yo fui rebelde a sus mandatos. Oíd, pueblos todos, y

contemplad mi dolor: mis doncellas y mis mancebos han ido al cautiverio.

La confesión de los pecados por parte de Jerusalén es sincera, y en ella se reconoce la justicia del

castigo enviado por Yahvé. Pero, como antes se había dirigido a los viandantes para que contemplaran

sus ruinas y su tragedia, ahora se dirige a los pueblos todos para que piensen en la mayor

tragedia de una madre: mis doncellas y mancebos han ido al cautiverio. Lejos de imprecar a las

naciones que sarcásticamente contemplan su ruina, les pide compasión, apelando a los elementales

sentimientos de piedad y de conmiseración.

19 Qof. — Llamé a voces a mis amigos, pero me engañaron.Mis sacerdotes y mis ancianos

perecieron en la ciudad,buscando comida con qué sostener sus vidas.

De nuevo el corazón lacerado de Jerusalén piensa en la traición de los que creía sus amigos, pero

que le fallaron en la hora de la prueba. Todo esto le infunde profunda amargura. Por otra parte,

no puede olvidar a sus sacerdotes y ancianos, antes la clase directora de la sociedad y ahora

muertos de hambre y de necesidad. Los conceptos se repiten, pero tienen siempre un acento afectivo

que impresiona al lector.

20 Res. — Mira, ¡oh Yahvé! mi angustia. Mis entrañas rugen, mi corazón se revuelve

dentro de mí por haber sido muy rebelde. Fuera hizo estragos la espada, dentro la

mortandad.

En medio de tanta desolación y angustia no le queda a Jerusalén sino implorar a Yahvé el fin de

tantos dolores. Las entrañas y el corazón — centro de las emociones — la desazonan sobremanera

al contemplar en su vida tanta prevaricación y rebeldía. Sólo la misericordia divina puede

llevar tranquilidad a su alma. Por otra parte, la tragedia ha sido inmensa y suficiente para calmar

la justicia divina; todos sus hijos han desaparecido: los que estaban fuera de los muros, por la

espada, y los que estaban asediados, por la epidemia y mortandad.

21 Sin. — Oyen mis gemidos, y nadie me consuela; todos mis enemigos han sabido mi

desgracia, y se alegran de lo que has hecho. ¡Haz venir el anunciado día, y que sean

como yo!

Jerusalén se vuelve a Yahvé implorando su justicia también para los que se alegran de su miseria

y de su ruina y tienen una especial satisfacción en constatar que Yahvé, el Dios de que se gloriaba

Judá como su protector, la ha castigado de esta manera. Esto hace despertar en la ciudad

destruida un sentimiento de revancha y de venganza: Haz venir el anunciado día y sean como

yo. Según las esperanzas populares, Dios se manifestaría un día (el día de Yahvé) sobre los

enemigos de Israel, castigándolos por su conducta para con él. Contra esta esperanza se había

levantado el profeta Amos, anunciando que el día de Yahvé sería de tinieblas, no de luz; es decir,

de castigo y no de victoria para Israel, si ésta no cambiaba su mala conducta 29. Jerusalén, ahora

humillada, clama a la omnipotencia divina para que descargue también su ira sobre los pueblos

vecinos que hacen befa de ella.

22 Tau. — ¡Que se ponga a tus ojos toda su maldad, y trátalos como me has tratado

por mis rebeldías, porque son muchos mis suspiros y está muy dolorido mi corazón!

Desarrolla los sentimientos del verso anterior: también sus enemigos deben tener una debida re2171

tribución 30. Aun reconociendo sus propios pecados, cree que ya es bastante lo que ha sufrido

hasta ahora para aplacar las exigencias de la justicia divina. Es hora ya de que Yahvé la descargue

sobre sus enemigos, tan culpables como ella 31.

1 Cf. Lam 2 y 4. — 2 Cf. Is 47:8. — 3 Cf. Jer 4:30; 30:14; 2 Re 24:2; Sal I37:6s; Ez 26:3; 29:6s; Jer 28:5. — 5 Cf. Jer 40,11; c.42-43.

— 6 Cf. Ex 15:20; Jue 21:21; Sal 68:25; Jer 31:13- — 7 Cf. Prov 31:23; Jer 26:10; 1 Re 22:10; 2 Re 7:1; 2 Crón 32:6; Job 29,7.

— 8 Cf. Lam 2:1. — 9 Cf. Jer 32:7ss. — 10 Cf. Jer 39:48. — 11 Lit. el hebreo dice “menstruo,” considerado como de suma impureza

legal (cf. Lev 15:19). — 12 Eufemismo por “sus vergüenzas.” — 13 Cf. Is 47:3; Jer 13:26; Ez 16:37; Os 2:5; Nah 3:5- — 14

Cf. Jer 2:34; 13:22. — 15 Cf. Dt 32:29; Is 47:7- — 16 Cf. Jer 48:26.42. — 17 Cf. Jer 52:175; Ez 44:7. — 18 Cf. Act 21:28-29. —

19 El TM dice “No vosotros,” que es ininteligible. Hemos seguido a los LXX, conforme al contexto. — 20 La Bible de Jérusalem:

“ha enviado fuego que ha hecho descender sobre mis huesos*. Streane: “envió fuego a mis huesos y los dominó.” — 21 Jeremías

habla de un fuego que consume sus entrañas; es el fuego clei celo abrasador por la causa de Yahvé. Cf. Jer 20,9. — 22 Cf.

Sal 18:17; 102:20. — 23 Sobre esta imagen, cf. Os 5:1; 7:12; Ez 12:13; 17:20; 10,8; Sal 9:16; 31:5. — 24 El verso es traducido de

muy diversos modos: Cantera: “Ha vigilado sobre mis peca- — dos, en su mano se han entretejido, gravitan sobre mi cuello.”

Streane: “El yugo de mis transgresiones es atado por su mano. Están entretejidos sobre mi cerviz.” — 25 Cf. Os 1:7; Is 13:3; Jer

46:10; Ez 39:17. — 26 Así Streane, o.c., 335; cf. Jer 46:10; Is 34:6; Ez 39:175; Sof 1:7. — 27 Cf. Jer 2:36; 4-31; Is 1:15- — 28 En

hebreo, lit. “menstruo.” — 29 Cf. Am 5:18; Sof 1:14. — 30 Cf. Jer 50,11-13. — 31 Cf. Dt 32:41s; Sal 58,7-12; 137:7-9; Jer

18:21-23.

2. Segunda Lamentación: Jerusalen, destruida.

1 Alef. — Cómo oscureció en su ira el Señor a la hija de Sión! Precipitó del cielo a la

tierra la magnificencia de Israel y no se acordó del escabel de sus pies el día de su

ira.

Jerusalén se ha visto de pronto oscurecida como por una nube, la nube de la ira divina. En un

momento ha sido precipitada la magnificencia de Israel, es decir, su esplendor entre los otros

pueblos. Y de nada le sirvió para evitar la catástrofe la presencia del templo de Jerusalén, morada

de Yahvé, escabel de sus pies, porque vino el día de su ira, es decir, de la reivindicación de los

derechos de la justicia divina ultrajada. Por encima de las predilecciones que pueda tener Yahvé

para con su pueblo están las exigencias de justicia y santidad inherentes a su mismo ser.

2 Bet. — Destruyó el Señor sin piedad todos los pastizales de Jacob1

derribó en su

furor las fortalezas de la hija de Judá, echólas por tierra, y humilló 2 a su rey y a sus

príncipes 3.

En el turbión de la guerra enviada por Yahvé desaparecieron los puntos vitales de la vida nacional:

primero, los pastizales de Jacob o Israel, fuente de su obra, y después las fortalezas de Judá,

o fortificaciones que se escalonaban a través del país como primera defensa de Jerusalén, la hija

de Judá. Y, por fin, la suerte fatídica llegó al rey y a sus príncipes. El representante de la teocracia

israelita fue profanado, por permisión divina, al ser maltratado por sus enemigos. El profeta

piensa en la trágica suerte del desgraciado rey Sedecías, al que le fueron arrancados los ojos en

Ribla (Alta Siria), por mandato de Nabucodonosor, después de haber asistido a la muerte de sus

hijos.

3 GuímeL — Abatió en el furor de su ira toda la potencia de Israel, retiró su diestra

frente al enemigo, y encendió en Jacob ardorosas llamas, que de todos lados le devoran.

Israel, con su presunta potencia humana, sucumbió ante el embate del furor de la ira de Yahvé.

La única garantía de seguridad del pueblo elegido era la protección de Dios, pero El retiro su

diestra frente al enemigo. El escudo de Israel era Yahvé, pero, en vez de protegerle, le entregó al

2172

enemigo, y la guerra se encendió con ardorosas llamas, que todo lo consumieron.

4 Dálet. — Tendió su arco cual enemigo, afirmó hostilmente su diestra, destruyó

cuanto era agradable a la vista, derramó como fuego su ira sobre la tienda de la hija

de Sión.

Es más, no sólo Yahvé negó su protección a Israel, sino que la atacó positivamente como arquero

que tiende su arco como enemigo4 y “afirma su diestra,” destruyendo cuanto es agradable a su

vista, alusión probable a la destrucción total de los palacios y templos que constituían el legítimo

orgullo de los judíos. O quizá con esta frase se refiera el autor a la juventud florida de Judá caída

en el combate. La ira divina prendió como fuego devastador en la tienda de la hija de Sión, e.d.,

en la ciudad de Jerusalén, concebida como tienda de campaña atacada por una razzia enemiga.

5 He. — Ha obrado el Señor como enemigo, ha devorado a Israel; destruyó todos sus

palacios, derribó sus fortalezas, y llenó a la hija de Judá de llantos y de gemidos.

De nuevo se insiste en el carácter hostil de Yahvé para con su pueblo. Antes había sido su protector,

pero ahora es su encarnizado adversario, y, en calidad de tal, ha devorado a Israel. Como

hemos notado antes, el autor prescinde de las causas segundas, y lo atribuye todo directamente a

Dios. Está tan convencido de que la causa de la ruina de Judá son sus pecados, que no considera

más causa destructora que el mismo Dios ofendido. El fue, pues, el que en definitiva llenó a la

hija de Judá de llantos y gemidos.

6 Wau. — Derribó su tienda como cabana de viña 5, destruyó su santuario. Yahvé ha

hecho cesar en Sión las festividades y los sábados, y, en el ardor de su cólera, rechazó

al rey y al sacerdote.

Yahvé ha entrado en Jerusalén, su tienda, desmantelándola como el ladrón que derriba la cerca

de un jardín. Si la traducción dada es exacta, el sentido pudiera ser que Yahvé ha tratado a su

tienda, o templo de Jerusalén, como si fuera una vulgar cabana de viña. Con la destrucción del

santuario ha desaparecido la vida litúrgica, las festividades y los sábados, días de regocijo general

en el pueblo. Por otra parte, con la guerra ha desaparecido la autoridad civil y religiosa de la

nación. No ha quedado nada en pie ante el ardor de la cólera de Yahvé.

7 Zain. — Repudió el Señor su altar, menospreció su santuario y entregó a manos

del enemigo los muros de sus palacios. Resonaron los gritos en la casa de Yahvé como

en día de fiesta.

En toda esta tragedia predomina el desamparo de Yahvé para con su pueblo. En otro tiempo

había estado unido a él como a una esposa amada 5, pero repudió su altar, lo más sagrado de Judá.

El templo de Jerusalén ha sido profanado, y entre sus ruinas se oyen gritos de la soldadesca

enemiga en vez de los cantos alegres de los días de fiesta. Las antiguas solemnidades litúrgicas

han sido sustituidas por las blasfemias de los vencedores, embriagados por el señuelo del botín

seguro.

8 Jet. — Resolvió Yahvé destruir los muros de la hija de Sión, echó cuerdas, y no retiró

su mano destructora, sumergiendo en el luto antemurales y muros, que a la vez

se han debilitado.

2173

El profeta presenta a Dios trazando funestos designios y tomando medidas para destruir las fortalezas

de la hija de Sión, Jerusalén. Con el cuidado del mampostero, que traza líneas para construir

un muro, está ahora Yahvé midiendo las murallas para destruirlas totalmente, de forma que

nada quede en pie por imprevisión 6. Como efecto de su intervención destructora, nada ha quedado

en pie, ni los muros ni los antemurales, o bastiones de refuerzo exterior. En la mente del

autor, nada han hecho los soldados de Nabucodonosor por sí solos, sino que han sido unos meros

instrumentos de los planes vengadores de Yahvé. Es de notar en todo esto el alto concepto que

tenía el profeta de la intervención de Dios en la vida de los hombres y de los pueblos.

9 Tet. — Sus puertas han sido echadas a tierra; destruyó, quebrantó sus cerrojos; su

rey y sus príncipes están entre las gentes, no hay ley, y tampoco sus profetas reciben

de Yahvé visión.

Con la destrucción total de la ciudad desapareció la vida oficial civil y religiosa: el rey y sus

príncipes están entre las gentes cautivos. En consecuencia, no hay administración de justicia ni

control oficial de la ley, y en la tragedia de desamparo por parte de Yahvé parece que hasta los

profetas no reciben de Yahvé visión. Dios, que antes tan a menudo se comunicaba a sus fieles

servidores los profetas, ahora se ha alejado de ellos, sin comunicarles oráculos de confortamiento

y de salvación. El profeta piensa en la tragedia de su soledad ante las ruinas de la Ciudad Santa,

sin sentir la presencia particular de Yahvé, que otras veces había compartido7.

10 Yod. — Los ancianos de la hija de Sión se sientan en tierra mudos, cubierta de

polvo la cabeza, vestidos de saco, y las vírgenes de Jerusalén inclinan a tierra sus

cabezas.

El duelo por la ruina de la ciudad se manifiesta en todos los estamentos sociales más sensibles y

venerables: los ancianos, encargados de dirigir a las nuevas generaciones con sus consejos, están

mudos de estupor y de dolor, y las vírgenes, esperanza de las nuevas generaciones, también están

muy lejos de su natural expresión de alegría y optimismo: inclinan a tierra sus cabezas, apesadumbradas

de tanto dolor, y como ancianas prematuras sin esperanza. Sólo les queda hacer penitencia

y duelo por la tragedia de su pueblo.

11 Kaf. — Mis ojos están consumidos por las lágrimas, mis entrañas hierven, derrámase

en tierra mi hígado ante el desastre de la hija de mi pueblo, al ver desfallecer a

los niños, aun los de pecho, en las calles de la ciudad.

El profeta se siente asociado íntimamente al desastre social de Jerusalén (la hija de mi pueblo).

Se conmueve en todo su ser, y sus ojos se arrasan en lágrimas al contemplar a los niños famélicos

por las calles 8.

12 Lamed. — Dicen a sus madres: ¿Dónde hay pan y vino? al caer desfallecidos en

las plazas de la ciudad, dando el alma en el regazo de sus madres.

La escena es gráfica y espeluznante: los niños reclaman sustento, simbolizados en el pan y el vino

en aquellas regiones de viñas y de trigales. Todo esto, el profeta, con alto sentido poético de

la situación, lo dramatiza con colores muy subidos para dar idea de su estado de ánimo.

13 Mem. — ¿A quién te compararé y asemejaré, hija de Jerusalén? ¿A quién te igua2174

laría yo para consolarte, virgen hija de Sión? Tu quebranto es grande como el mar.

¿Quién podrá curarte?

Con este verso comienza la segunda parte de la lamentación, que se abre con este bello apostrofe

para dar idea de la magnitud del desastre de Jerusalén. El profeta quiere consolar a la hija de Jerusalén

y a la virgen hija de Sión, buscando otra ciudad en la que se haya dado una tragedia parecida.

Pero no hay nada comparable a la situación de ruina de la Ciudad Santa, porque su quebranto

es como el mar y no tiene remedio 9. No hay mayor dolor que sentirse solo en la desgracia,

sin que nadie pueda comprender la situación del desgraciado. Jerusalén se halla sola, sin palabra

alentadora que le ayude a llevar su desgracia. El profeta se siente impotente para dar unas

palabras de consolación, porque no encuentra nada parecido,

14 Nun. — Tus profetas te anunciaron visiones vanas y mentirosas, no pusieron al

desnudo tus iniquidades para hacer cambiar tu suerte, sino que te anunciaron oráculos

vanos y falaces.

La raíz de la catástrofe está en los desvarios de Judá por seguir a los falsos profetas, que le anunciaron

oráculos falsos en consonancia con sus inclinaciones materialistas, en contra de las exigencias

de la Ley divina: no pusieron al desnudo tus iniquidades. Israel se desvió de los preceptos

de su Dios y se labró su desdicha a través de los siglos. Los profetas falsos, en vez de recriminarle

su conducta, la halagaron con oráculos vanos y falaces, apoyando su política de alianza

con el extranjero y permitiéndole mantener un culto sincretista, incompatible con la tradición

yahvista verdadera 10. Si hubieran hablado claro a Judá, hubiera cambiado su suerte, gozando

de la protección de Yahvé, como había prometido tantas veces.

15 Sámec. — Cuantos pasan por el camino baten palmas por mí, silban y menean,

burlones, su cabeza contra la hija de Jerusalén: ¿Es ésta la ciudad que decían del

todo hermosa, la delicia de toda la tierra?

El profeta cambia bruscamente de tema: después de haber insistido en las causas de la catástrofe,

refleja el desprecio sarcástico de las gentes que pasan al contemplar las humeantes ruinas. Tanto

habían oído ponderar la belleza de Jerusalén, que no pueden comprender que todo aquello haya

ido a parar a un montón informe de ruinas.

16 Pe. — Todos tus enemigos abren su boca contra ti, silban y dentellean, diciendo:

¡La hemos devorado! Es el día que esperábannos, lo hemos alcanzado, lo hemos visto.

Ante las ruinas de la Ciudad Santa entonan, burlones, un canto de triunfo. Tantas veces habían

deseado que llegara esta hora. Es la manifestación vindicativa de gentes que se sentían humilladas

por la situación privilegiada de Jerusalén 11.

11 Ayin. — Ha realizado Yahvé en ti lo que había decretado, ha cumplido la palabra

que de antiguo dio: ha destruido sin piedad, te ha hecho el gozo de tus enemigos, ha

robustecido a los que te aborrecían.

El profeta constata en todo esto el cumplimiento de antiguos designios de Dios, ya que muchas

veces les había amenazado con la ruina total12. Pero Israel no se preocupó de las advertencias

antiguas, y se ha convertido por su culpa en objetivo y burla de sus enemigos; pero todo ha es2175

tado previsto y anunciado por Dios.

18 Sade. — Clama al Señor desde tu corazón 13, ¡virgen hija de Sión! derrama lágrimas

a torrentes día y noche, no te des reposo, no descansen la niñas de tus ojos.

Invitación a Jerusalén a deshacerse en llanto por su destrucción total. Su llanto ha de ser el primer

movimiento hacia la compunción del corazón y a la penitencia. Jerusalén es comparada a

una virgen desolada, que no encuentra reposo hasta que desahogua sus angustias más íntimas.

19 Qof. — Levántate y gime de noche, al comienzo de las vigilias; derrama como

agua tu corazón en la presencia del Señor, alza a El las palmas por las vidas de tus

pequeñuelos.

El llanto de Jerusalén debe ser continuo en los tres períodos o vigilias en que los israelitas dividían

la noche l4, y debe tener siempre presente su tragedia para mover a Yahvé a la misericordia

para con ella. Ese llanto no debe ser un mero desahogo desesperado, sino una especie de oración

en presencia del Señor, como signo de contrición, pues están en juego las vidas de sus pequeñuelos.

Antes el profeta había reflejado la situación famélica de los niños, ahora invita a Jerusalén a

orar con remordimiento a Yahvé para que aligere esta situación tan trágica para los pequcñuelos.

20 Res. — Mira, ¡oh Yahvé! y considera a quién has tratado así. ¿Habrán de comer

las madres su fruto, a los niños que amamantan? ¿Habrán de ser muertos en el santuario

del Señor sacerdotes y profetas?

Jerusalén, desolada, responde a la invitación anterior implorando perdón a Yahvé: la tragedia ha

sido demasiado grande, y, por otra parte, Jerusalén es la ciudad de Yahvé, su morada en la tierra:

considera a quién has tratado así.

El castigo ha sido demasiado duro, pues se ha llegado a los mayores extremos de indigencia:

¿Habrán de comer las madres a los hijos? La frase es dramática y pretende mover el corazón

de Dios. Se han agotado todos los medios, y no queda a las madres sino comerse a sus

propios hijos. Por otra parte, la matanza de las personas consagradas a Dios, como los sacerdotes

y profetas, debe mover a piedad al Dios airado.

21 Sin. — Niños y viejos yacen por tierra en las calles. Mis doncellas y mis mancebos

cayeron al filo de la espada. Has matado en el día de tu ira, has degollado sin piedad.

Jerusalén se presenta ahora acusando a Dios de haberse excedido en su ira vengadora. El profeta

dramatiza el diálogo para dar una idea de la tragedia íntima de la Ciudad Santa. En la guerra han

caído gentes inocentes, como los ancianos y niños. Todo esto parece mostrar que el castigo ya ha

rebasado la medida y que es hora de compasión y de misericordia por parte de Yahvé.

22 Tau. — Convocaste como a solemnidad al terror en torno a mí, y no hubo en el

día de la cólera de Yahvé evadido ni fugitivo. Aquellos que yo crié y mantuve, los

acabó el enemigo.

Sigue Jerusalén quejándose por su desgraciada suerte: la matanza ha sido tan general, que parece

como si Dios hubiera convocado a los sembradores de terror a una solemnidad o concentración.

Los enemigos han sido tantos, que no ha habido evadido ni fugitivo. La mano de Yahvé ha pesa2176

do demasiado sobre los hijos de Sión, a los que con tanto cuidado había criado. La ley del exterminio

ha caído sobre ellos; por eso ya es hora de que Yahvé levante su mano vengadora.

1 Otros traducen, en vez de pastizales, moradas o “casas solariegas.” — 2 Lit. en hebreo dice “profanó,” en vez de humilló. — 3 Así

siguiendo a los LXX. El TM dice a “su reino.” En ese caso se referiría a la “profanación” del territorio israelita, consagrado a

Yahvé, pero invadido por los extranjeros. — 4 Cf. Jer 12:7; 30:14. — 5 En los LXX se dice viña simplemente. En el TM, jardín.

Algunos autores han querido sustituir la palabra hebrea de origen sumerio gan por ganab, y entonces significaría ladrón, lo que se

adaptaría magníficamente al contexto: “Yahvé desmanteló su tienda como un ladrón.” — 6 Cf. Jer 31:39; Job 38,5; Zac 1:16; Is

34,n; 2 Re 21:137 Se ha querido sacar de esta frase la consecuencia de que las Lamentaciones no son de Jeremías. Pero puede tener

un alcance hiperbólico, como otras de Jeremías. — 8 Cf. Jer 1:20; Prov 7:23; Job 16:13; Sal 62:9. — 9 Cf. Job 38:16; Sal

104:25. — 10 Cf. Jer 5:31; 6:13-15; 14:14; 23:115s; 27:9; Ez 13:28. — 11 Cf. Sal 48:3; Ez 16:14; 25:6; Jer 18:16; 19,8; 49:17;

Job 27:23; Sal 22:14; 35:16; Job 16:9. — 12 Cf. Lev 26:14-38; Dt 28:15-68. — 13 Lit. en hebreo dice: “clama su corazón al Señor,

muro de la hija de Sión,” lo que no hace sentido. — 14 Más tarde, en tiempos de los romanos, se dividía en cuatro (Mt

14*25).

3. Tercera Lamentación: Jerusalen, Asolada.

Se suele dividir esta lamentación en tres partes: a) 1-24: de carácter personal, habla el profeta en

primera persona; b) 25-39: de carácter gnómico o sentencioso, habla en tercera persona o impersonal;

c) 40-47: de carácter colectivo. Característica de esta lamentación es que el sistema acróstico

se acentúa, repitiéndose tres veces en cada verso la misma letra. Muchos autores han creído

ver en este capítulo varias piezas independientes ensambladas por un redactor posterior, pero

otros creen que se puede mantener la unidad sustancial. Los conceptos se repiten menos, pero las

exigencias del alfabetismo, o disposición acróstica, repetida tres veces en cada verso, liga mucho

la agilidad del pensamiento del poeta. No se menciona a Jerusalén ni tampoco el templo, sino

que es un puro desahogo personal. De ahí que, para muchos críticos, este fragmento es una oración

elegiaca individual de datación posterior, unida a las otras lamentaciones tradicionales por

exigencias litúrgicas. En los v.1-24, el orante describe sus sufrimientos al estilo de muchos salmos,

y no se vinculan esos sufrimientos personales a la catástrofe nacional. Es como un soliloquio

con muchas semejanzas a fragmentos del libro de Job. Como la forma monologada no es

ajena al estilo de Jeremías, muchos autores creen que es realmente del profeta de Anatot, y así lo

ha mantenido la tradición judeo — cristiana.

1 Alef. — Yo soy el varón que ha visto la miseria bajo el látigo de su furor. 2 Alef. —

Llevóme y me metió en tinieblas sin luz alguna. 3 Alef. — Todo el día vuelve y revuelve

su mano contra mí.

El profeta Jeremías se nos presenta a veces como un “varón de dolores,” sin tener acceso alguno

al banquete alegre de la vida ! Bien, pues, puede ser el autor de la tercera lamentación, en la que

se nos presenta bajo el peso del infortunio y de la miseria. La descripción tiene mucho de paralelo

con ciertos pasajes del libro de Job 2. En ambos se trata de la íntima tragedia de un ser inocente

visitado por el látigo del furor de Yahvé. Las frases del desventurado varón de Hus son arrebatadoras

y lacerantes:

“Feliz era yo, y El me arruinó, me cogió por el cuello y me estrelló. Púsome por

blanco de sus saetas, me cercaron sus arqueros, me traspasan los ríñones sin piedad.

Me hace herida sobre herida y me acomete como fuerte guerrero.”3 “Ha cerrado

mis caminos y no tengo salida, ha llenado de tinieblas mis senderos.” 4

Esta lamentación, en vez de tener un carácter dramático, es un soliloquio con aire de explosión

2177

lírico-elegiaca: Dios es el que directamente envía el castigo, y trata al profeta como simple objeto

de su ira5. El paciente se halla en una atmósfera de tinieblas por efecto del furor del Omnipotente.

4 Bet. — Ha consumido mi carne y mi piel, ha quebrantado mis huesos. 5 Bet. — Ha

levantado contra mí un muro, me ha cercado de veneno y de dolor. 6 Bet. — Me

hace habitar en tinieblas, como los ya de mucho tiempo muertos.

El profeta detalla su miseria y, con ciertas imágenes convencionales, similares a las que encontramos

en Job y los Salmos, expresa su máxima postración física y moral6. Apesadumbrado bajo

el peso del dolor, se siente ya habitando en el seol, o morada tenebrosa de los muertos7. Yahvé

parece perseguirle y acosarle con veneno y dolor, como si estuviera juramentado contra él y no

tuviera compasión del paciente, cuya carne y piel están agotadas y sin vigor. Las metáforas son

vigorosas y expresivas, según el característico realismo oriental. A nuestra sensibilidad resultan

duras y casi blasfemas; pero no debemos olvidar la tendencia a las frases radicales y paradójicas

en los escritores orientales.

7 Guímel. — Me cercó por todos los lados, sin dejarme salida; me puso pesadas cadenas.

8 Guímel. — Y aunque clamo y voceo, no se hace accesible a mi oración. 9

Guímel. — Cerró mis caminos con sillares de piedra, torció todos mis senderos.

El profeta pasa ahora a otra metáfora: su situación es la de un encarcelado cargado de pesadas

cadenas 8, sin que pueda disfrutar de la tan ansiada libertad. En su angustia ha buscado ayuda en

Yahvé, pero se ha cerrado a admitir toda súplica. Es el tema de muchos salmos y del libro de Job

9. Todos los caminos le están cerrados, pues Dios se ha encargado de hacerle impracticables con

sillares de piedra todos los senderos.

10 Dálet. — Fue para mí como oso en acecho, como león en escondrijo. 11 Dálet. —

Me ha complicado mis caminos y me despedazó, me ha asolado por completo. 12 Dálet.

— Tendió su arco y me puso por blanco de sus saetas.

En la Biblia es corriente la metáfora del león en acecho para asaltar al desprevenido; la metáfora

del oso con el mismo sentido está exigida por el alfabetismo, que requería una letra que comenzara

por Dálet (dob: oso). Dios está al acecho del profeta, el cual, nervioso por miedo a caer en

una emboscada, ha descarriado el camino. Durante los últimos años, Jerusalén ha querido seguir

una política fuera de los planes de Yahvé, y por eso ha tanteado diversos caminos tortuosos, por

miedo a caer en manos de Yahvé. Si el profeta simboliza aquí a la comunidad israelita, el sentido

alegórico es claro. Al fin tuvo que rendirse a la realidad del castigo, ya que Yahvé tendió su arco

y le puso por blanco de sus saetas 10. La mano vengadora de Dios cayó inexorablemente sobre la

Ciudad Santa.

13 He. — Clavó en mis lomos las flechas de su aljaba. 14 He. — Soy el escarnio de los

pueblos todos 11, su cantinela de todo el día. 15 He. — Me hartó de amarguras, me

embriagó de ajenjo.

Sigue la metáfora anterior: el paciente — símbolo de la ciudad castigada por Yahvé — ha sido el

blanco certero de su ira. Con ello se ha convertido en escarnio de los pueblos, como ciudad maldita

de su Dios 12. Todo el que ha sido castigado por Dios — en la mentalidad primitiva antigua

2178

— era culpable de secretos crímenes ante El13, y, por tanto, digno de ser despreciado de todos.

La prueba enviada por Yahvé le ha embriagado de ajenjo, símbolo literario de la amargura 14.

Todos los menosprecios fueron para el paciente como hierbas amargas.

16 Wau. — Rompióme los dientes con un casquijo, cubrióme de ceniza. 17 Wau. —

Fue privada mi alma de paz, ya no gozo de bien alguno. 18 Wau. — Y me he dicho:

se acabó mi porvenir, y mi esperanza de parte de Yahvé.

Dios le ha tratado con dureza. La metáfora es muy gráfica: le rompió los dientes con un casquijo,

dejándole revolcarse en la ceniza en desahogo de dolor. Como consecuencia ha desaparecido la

paz y la ilusión en el paciente, el cual parece que ha perdido toda esperanza: se acabó mi porvenir,

pues le falta Yahvé, que es quien pudiera ayudarle.

19 Zain. — El recuerdo de mi miseria y abandono es ajenjo y veneno. 20 Zain. —

Cuando me acuerdo, se abate mi alma dentro de mí. 21 Zain. — Quiero traer a la

memoria lo que pueda darme esperanza.

No obstante, la impresión de desesperación que aparece en el verso anterior, aquí parece atenuarse

con un rayo de esperanza. Pensando en su tragedia íntima, todo es ajenjo y veneno para el paciente;

pero, con todo, levanta la mente hacia algo que pueda darle esperanza. Es el constante

contraste de esperanza y desesperación que encontramos en el libro de Job y aun en Jeremías 15.

Por encima de todas las tribulaciones, la fe en un Dios benigno le hacía sentir una íntima esperanza

de salvación. Las expresiones, debidas a la imaginación ardiente poética, son muchas

veces atrevidas e hiperbólicas; por eso no han de tomarse al pie de la letra.

22 Jet. — No se ha agotado la misericordia de Yahvé, no ha llegado al límite su compasión.

23 Jet. — Se renuevan todas las mañanas. Grande es tu fidelidad. 24 Jet. —

Mi porción es Yahvé, dice mi alma; por eso quiero esperar en El.

En medio de tanta desolación, el profeta siente una secreta e íntima confianza en Yahvé, porque

sabe que su misericordia es infinita, y grande su fidelidad a, las promesas. Por otra parte, Yahvé

es la porción o heredad del paciente. Estas frases tienen un aire claramente salmódico 16. Las expresiones

son recargadas, para destacar lo profundo de la aflicción del profeta, sea que hable en

nombre propio o de la comunidad desolada.

25 Tet. — Bueno es Yahvé para los que en El esperan, para el alma que le busca. 26

Tet. — Bueno es esperar callando el socorro de Yahvé. 27 Tet. — Bueno es al hombre

soportar el yugo desde su mocedad.

Estos tres versos tienen un carácter gnómico o proverbial, muy en consonancia con la literatura

sapiencial. Se exalta la sumisión humilde a la voluntad divina. En el libro de Job se da la solución

al problema del dolor del justo apelando a los misteriosos caminos de la Providencia. Por

ellos ha de buscarse el abandono total a sus designios secretos, esperando callado el socorro de

Yahvé (v.26). Por otra parte, es conveniente que el hombre se acostumbre al yugo de la Ley o del

sufrimiento desde sus tiempos mozos.

28 Yod. — Sentarse en soledad y en silencio, porque es Yahvé quien lo dispone. 29

Yod. — Poner su boca en el polvo y no perder toda esperanza. 30 Yod. — Dar la mejilla

al que le hiere, hartarse de oprobios.

2179

Como consecuencia de este confiar en los secretos caminos de Dios, lo mejor es mantener un

espíritu de resignación ante la adversidad, humillándose con la boca en el polvo, manteniendo

siempre^ la luz de la esperanza, y, por otra parte, conservar un completo espíritu de mansedumbre

para con los demás, sin reacciones violentas ante la injuria. Este ideal parece ya del Ν. Τ. y

refleja el profundo sentido religioso del justo en el A.T. En plena vigencia de la ley del talión, no

faltan espíritus con especial sensibilidad religiosa que se acercan al ideal evangélico movidos por

un secreto instinto divino.

51 Kaf. — Porque el Señor no desecha para siempre. 32 Kaf. — Sino que, después de

afligir, se compadece según su gran misericordia. 33 Kaf. — Porque no aflige por

gusto, ni de grado acongoja a los hijos de los hombres.

Estos tres versos tienen un marcado carácter didáctico sapiencial al estilo del libro del Eclesiástico.

En ellos se enseña la doctrina tradicional combatida en el libro de Job: el hombre sufre por

sus pecados. Dios en sus acciones no se mueve arbitrariamente, sino que acomoda sus premios y

castigos a la conducta humana 17.

34 Lamed. — Aplastar con los pies a los cautivos todos de la tierra. 35 Lamed. — Violar

la justicia de un hombre a los ojos del Altísimo. 36 Lamed. — Hacer entuerto a

uno en su pleito, ¿no ha de verlo el Señor?

El hagiógrafo enumera varias violaciones del derecho natural que Dios no puede dejar impunes:

la opresión de los pobres cautivos, la violación de la justicia social 18 y la irregularidad en los

juicios con testimonios falsos. Todo esto clama justicia a Dios. Por eso no es de extrañar que de

cuando en cuando castigue severamente, pues no en vano se acumulan los pecados ante El.

37 Mem. — ¿Quién podrá decir una cosa sin que la disponga el Señor? 8 Mem. —

¿No proceden de la boca del Altísimo los males y los bienes? 39 Mem. — ¿Por qué,

pues, ha de lamentarse el viviente, el hombre, de su pecado?

Existe una providencia divina sobre todo lo de este mundo, y nada pasa sin que lo haya dispuesto

Dios 19. El hombre, por su parte, debe pensar en que los males que le sobrevienen es en castigo

de sus pecados. En realidad, todo viene de Yahvé: bienes y males. El autor no especifica entre

voluntad permisiva o positiva eficiente.

40 Nun. — Escudriñemos nuestros caminos y examinémoslos, y convirtámonos a

Yahvé. 41 Nun. — Alcemos nuestro corazón y nuestras manos a Dios, que está en los

cielos. 42 Nun. — Hemos pecado, hemos sido rebeldes, y no nos perdonaste.

Ahora la lamentación tiene un carácter colectivo. El poeta ha pasado del campo individual al de

la nación pecadora 20. Ante los secretos y justos caminos de la Providencia, no cabe sino hacer

un claro examen de conciencia sobre las transgresiones pasadas para iniciar un retorno a Dios.

Lo primero que se exige es una confesión de los pecados y el reconocimiento de que los desastres

sobrevenidos a la nación fueron por estas transgresiones: no nos perdonaste.

43 Sámec. — Desencadenaste tu ira y nos perseguiste, mataste sin piedad. 44 Sámec.

— Te has cubierto de una nube para que no llegue a ti la plegaria. 45 Sámec. — Y

nos hiciste oprobio y escarnio en medio de los pueblos.

2180

Como consecuencia de los pecados de Israel, Yahvé ha desencadenado su ira, que se ha manifestado

sin piedad. Por otra parte, en su justicia vengadora no ha querido escuchar las plegarias de

su pueblo, ocultando su faz como tras de una nube. Por ello vino la ruina total, y el pueblo antes

predilecto de Dios ha sido convertido en oprobio y escarnio en medio de todos los pueblos 21.

46 Ayin. — Abren contra nosotros su boca todos cuantos nos odian. 47 Ayin. — Nuestra

parte es el terror y la fosa, el exterminio y la ruina. 48 Ayin. — Corren de mis

ojos ríos de agua por la ruina de la hija de mi pueblo.

Sigue la descripción de la tragedia de Judá: todos los enemigos les desprecian y amenazan,

abriendo la boca como leones hambrientos dispuestos a saltar sobre la presa. Por todas partes no

hay más que terror y fosa, es decir, peligro de muerte. La metáfora de la fosa, corriente en la Biblia

22, está tomada de la caza: a las bestias del campo se les cavan fosas para que caigan en ellas.

Así el pueblo israelita se halla amenazado por doquier de muerte. Por eso, el profeta se deshace

en lágrimas por la ruina de su pueblo.

49 Pe. — Mis ojos derraman lágrimas sin descanso y sin cesar, 50 Pe. — hasta que

Yahvé mire y vea desde lo alto de los cielos. 51 Pe. — Mis ojos contristan mi alma

por todas las hijas de mi ciudad.

El profeta, ante tanto dolor, se constituye en un estado permanente de duelo en espera de que

Yahvé, al fin, admita sus súplicas. La ruina de la Ciudad Santa le ha afectado en extremo y no

puede pensar en otra cosa.

52 Sade. — Me dieron caza como a un ave los que sin causa me aborrecen. 53 Sade.

— Han hundido mi vida en una fosa, arrojando piedras sobre mí. 54 Sade. — Subieron

las aguas por encima de mi cabeza, y me dije: “Muerto soy.”

Sigue la metáfora de la caza para expresar el estado de persecución del profeta. Ahora parece

hablar en sentido personal, pero el profeta puede ser un símbolo o tipo de la colectividad judía

destruida. Algunos autores creen ver en la frase Han hundido mi vida en una fosa, arrojando

piedras sobre mí, una alusión a su reclusión en una cisterna 23. Pero parece explicarse mejor en

sentido metafórico. La situación del profeta angustiado es como la del que ha sido encerrado en

una fosa, apedreado de sus enemigos. Lo mismo parece significar el v.54: Subieron las aguas

por encima de mi cabeza., muerto soy. Parece una continuación de la metáfora anterior: al ser

entregado a una fosa o cisterna, ha sentido las aguas sobre él, y entonces se ha creído perdido. Es

frecuente en la Biblia la metáfora de las aguas inundantes para indicar una gran angustia 24.

55 Qof. — Invoqué tu nombre, ¡oh Yahvé! desde lo hondo de la fosa, 56 Qof. — y oíste

mi voz: “No cierres tus oídos a mis suspiros.” 57 Qof. — Cuando te invoqué, te

acercaste y dijiste: “No temas.”

Al fin la plegaria del profeta, en el colmo de la tribulación, es oída por Dios, recibiendo palabras

de confortamiento: No temas. En medio de la casi total desesperación siempre hay un horizonte

de esperanza en Yahvé, y, finalmente, Dios termina por oír a los que humildemente le buscan.

58 Res. — Tú, Señor, defendiste la causa de mi alma, has rescatado mi vida. 59 Res.

— Tú ves, Yahvé, mi opresión; ¡hazme justicia! 60 Res. — Tú ves todos sus rencores,

2181

todas sus maquinaciones contra mí.

Una vez pasado el peligro, el hagiógrafo reconoce la protección de Yahvé sobre su persona, que

había estado en peligro de muerte: has rescatado mi alma (v.58). Y pide venganza para sus perseguidores

25. Las expresiones son similares a las de muchos salmos 26, pero se encuentran también

en el libro de Jeremías 27. En medio de su tribulación sale un íntimo grito de su alma: hazme

justicia.

61 Sin. — Tú, ¡oh Yahvé! has oído sus ultrajes, todas sus tramas contra mí, 62 Sin. —

las palabras de mis enemigos y los proyectos que para mí trazan todo el día. 63 Sin.

— Tú ves cuándo se sientan, cuándo se levantan y cómo soy objeto de su satírica

cantinela.

Ante Yahvé están todas las maquinaciones contra el profeta. Muchas frases tienen un aire salmódico

y parecen inspirarse en la literatura sapiencial posterior. En todo caso, el vigor de expresión

ha bajado de tono y las reflexiones tienen un carácter más discursivo y menos afectivo. Yahvé

conoce la conducta de sus enemigos: cuando se sientan y cuando se levantan, y cómo el desventurado

es objeto de la befa constante de ellos.

64 Tau. — Tú les darás, ¡oh Yahvé! su merecido según las obras de sus manos. 65

Tau. — Tú les darás la ceguera de corazón, tu maldición contra ellos. 66 Tau. — Tú

los perseguirás en tu ira y los exterminarás de debajo de los cielos, ¡oh Yahvé!

El profeta, doliente, reclama y espera la intervención de la justicia divina. Yahvé no puede pasar

impune los ultrajes de sus enemigos, y el hagiógrafo está seguro de que un día la venganza divina

impondrá sus fueros, dejando las cosas en su debido punto.

1 Cf. Jer 15:10; 17; 20,7. — 2 Cf. Job 16:12; 19,8.12; 30,23. — 3 Cf. Job 16:12. — 4 Job 19,8. — 5 Cf. Sal 2:9. — 6 Cf. Job 19:19;

30:16-18. — 7 Cf. Sal 143:3; Job 10,21-22. El seol hebreo es similar al hades de los griegos y al arallu. babilónico: región de tinieblas

y de tristeza, cuyos moradores llevan una vida lánguida, pero sin dolores. Cf. E. F. Sutcliffe, S.I., The Oíd Testament and

the future Ufe p.36; Salman-ticensis (1954) 1:343-304- — 8 Cf. Jer 20:2. — 9 Cf. Job 19:7; 30,20; Sal 22:3; 88:15. — 10 Cf. Lam

4:12.13; 2:4; Job 6:4; 16:125; Sal 38:3; Job 41:20. — 11 Así según algunos manuscritos; el TM dice “de mi pueblo.” — 12 Cf. Jer

20,7; Job 12:4. — 13 Cf. Job 4:7; 9:4s. — 14 Cf. Job 9:18; Jer 9:15. — 15 Cf. Job 7:21; 10,2.20; 16:20; Jer 15:15; 18:20; 20:11.

— 16 Cf. Sal 16:5; 73:26; 119:57- — 17 Cf. Dt 4:29-31; Jer 18:11; Ez 33:11; Sal 130,6.7; Miq 7:7; Prov 22:6; Eclo 51:26; Job

2:13; Is 3:26; Job 42:6; Is 50,6; Sal 103:9. — 18 Cf. Jer 7:55; 22:133; 34; 115; 51:28-30. — 19 Cf. Sal 33:9; Is 41:23; 45:7; Sof

1:12. — 20 Cf. Sal 25:1; 86:3; 143:8;·Jl 2:12-13. — 21 Cf. Sal 97:28; Is 59:1.2. — 22 Cf. Jer 48:43; Is 24:17. — 23 Cf. Jer 38:6-

13. — 24 Cf. Sal 42:8; 69:2; 88:12. — 25 Cf. Jer 11:19-20; 15:15; Sal 109:65. — 26 Cf. Sal 3:2; 18:40; 28:4; 59:2; 138:2; 139:2.

— 27 Cf. Jer 3:17; 7:24; 9:13

4. Cuarta Lamentación: Jerusalen, Asediada.

De nuevo aparece el canto elegiaco dedicado expresamente a la ciudad profanada por el enemigo

invasor. El acento vuelve a ser el de las primeras lamentaciones. Desaparece el carácter salmódico

y sapiencial para imponerse el elegíaco-afectivo, hablando, más que la reflexión, el corazón

punzante del profeta, testigo de la ruina de su patria. Vuelve el sistema acróstico sencillo,

desapareciendo el triple amanerado del capítulo anterior. Este fragmento es muy similar al de la

segunda lamentación (en el orden alfabético de letras, también aquí la Pe se pone antes del

Ayin). Ambas elegías parecen completarse: en la segunda se destaca el desastre material de la

ciudad, aquí la situación mísera de sus habitantes asediados. El motivo de la catástrofe es el

mismo: los pecados de la clase dirigente, particularmente de los falsos profetas, que sedujeron al

2182

pueblo por caminos extraviados 1. Se suele dividir en tres partes: a) v.1-10: situación triste de los

asediados; b) 13-20: causa de la catástrofe; c) 21-22: invocación contra Edom. Los v. 11-12 son

como un intermedio.

1 Alef. — ¡Cómo se ennegreció el oro, cómo el oro fino ha degenerado! Están las piedras

sagradas esparcidas por los rincones de todas las calles.

El poeta contrapone dos situaciones: la esplendente vida de Judá, con su templo antes de la catástrofe,

y la mísera situación después de la derrota. Jerusalén, ciudad santa, era como oro fino que

se ha ennegrecido y desnaturalizado. Las cosas más sagradas están profanadas, dispersas como

pedruscos inútiles por los rincones de las calles. Estas piedras sagradas lo mismo pueden ser las

piedras del templo demolido que los ciudadanos dispersos y abandonados; se han convertido en

escoria2. En Zac 9:15 se llama a los israelitas “piedras de diadema.” El pueblo israelita, en cuanto

consagrado a Yahvé, era como una piedra preciosa de inestimable valor en comparación de los

otros pueblos 3.

2 Bet. — Los hijos de Sión, preciados y estimados como oro puro, ¡cómo son tenidos

por vasijas de barro, obras de las manos del alfarero!

Aquí parece concretarse el sentido de piedras sagradas del verso anterior. Los hijos de Sión han

sido tratados como vasijas inmundas y profanas, obra de alfarero. Los vencedores no han sabido

calibrar el valor del pueblo vencido, escogido por Yahvé para desempeñar una misión excepcional

entre los pueblos.

3 Guímel. — Aun los chacales dan la teta y amamantan a sus crías. Pero la hija de

mi pueblo se ha hecho tan cruel como los avestruces del desierto.

Es tanta la miseria de los habitantes de la ciudad, que las madres niegan a sus pequeñuelos darles

el pecho, mostrando así más crueldad que las fieras del campo, los chacales 4; como los mismos

avestruces, que, según la opinión popular, se despreocupan de sus hijos. En Job 39:15-16 se dice

de ellos que dejan sus huevos en la arena sin preocuparse más de la suerte que les puede sobrevenir

al poder ser pisados por los viandantes. La situación de tragedia de la ciudad asediada ha

privado a las madres de los sentimientos maternales y humanitarios más elementales.

4 Dálet. — La lengua de los niños de teta se ha pegado de sed al paladar. Los pequeñuelos

piden pan, y no hay quien se lo parta.

La escasez es tal, que no hay para dar el alimento indispensable a los pequeñuelos. Los niños de

pecho mueren de inanición por no haber quien les dé la leche. Como hemos hecho notar, el poeta

dramatiza la situación para resaltar las preocupaciones angustiosas de los habitantes de Jerusalén,

los cuales, en su obsesión de salvar su vida, se olvidan hasta de sus instintos más enraizados en la

naturaleza, como el cuidado de las madres por sus hijitos.

5 He. — Los que se nutrían de manjares delicados perecen por las calles. Los que se

criaron vistiendo púrpura se abrazan a los estercoleros.

El cuadro de miseria se recarga incesantemente. Nadie ha podido librarse de la general penuria:

los que en la vida social tenían un lugar privilegiado, se han visto obligados a vagabundear por

las calles mendigando algo para su sustento, y tienen que andar por los lugares donde se echaban

2183

los residuos de las ciudades en busca de algún alimento. El contraste es radical y expresivo de la

situación de miseria de los ciudadanos de Jerusalén.

6 Wau. — Mayor ha sido la culpa de la hija de mi pueblo que la de la misma Sodoma,

que fue destruida en un instante, sin que nadie pusiera en ella la mano.

Por la magnitud del castigo de Jerusalén se puede colegir la calidad de su culpa. Sodoma, en este

sentido, fue menos culpable, ya que desapareció en un instante, mientras que Jerusalén fue agonizando

lentamente a manos de hombres enemigos; por otra parte, aquélla murió a manos de

Dios (sin que nadie pusiera en ella la mano), lo que es menos humillante. Los enemigos de Judá,

despreciados por el pueblo elegido, han sido los ejecutores de la ira divina. Hubiera sido preferible

(supuesta la mentalidad arrogante de los israelitas frente a los otros pueblos) que el propio

Dios hubiera aniquilado directamente a su pueblo. Las ideas son radicales, con fuerte carga poética,

y no han de ser interpretadas al pie de la letra.

7 Zain. — Eran sus nazareos más resplandecientes que la nieve, más blancos que la

leche, más rubicundos sus huesos que el coral, y un zafiro era su cuerpo.

La juventud de Israel era de una belleza desbordante, y entre ellos destacaban los nazareos 5. El

poeta se recrea en la descripción de aquella juventud florida, que por su apostura era la encarnación

de la belleza. Todo en ellos era gallardía y optimismo: un zafiro era su cuerpo. En su figura

externa se adivinaba la esperanza de la nación futura.

8 Jet. — Y están más negros que la negrura; no hay quien los conozca por las calles.

Está su piel pegada a los huesos, seca como un leño.

Es la antítesis de la descripción radiante anterior. La ruina de Jerusalén ha cambiado hasta el

mismo aire de la juventud, que está desconocida. Ha desaparecido el color sonrosado, rebosante

de salud, y ha sido sustituido por el cetrino-amarillento, característico del que ha sufrido los envites

del hambre y de la angustia.

9 Tet. — Los muertos a espada fueron más dichosos que los caídos de hambre, que

se consumen famélicos, faltos de los frutos de la tierra.

La muerte lenta por hambre es más trágica y deshonrosa que la del que muere en el campo de

batalla luchando con el enemigo.

10 Yod. — Manos de tiernas mujeres cocieron a sus hijos, sirviéronles de alimento 6

en el quebranto de la hija de mi pueblo.

La culminación de la miseria del asedio está representada por escenas de canibalismo, atestiguadas

en otros pasajes de la Biblia 7 y repetidas en el asedio de Jerusalén por Tito 8. Tan grande ha

sido el quebranto de la hija de mi pueblo, es decir, la ruina de Jerusalén, capital de la nación del

profeta.

11 Kaf. — Apuró Yahvé su saña, derramó su abrasada ira y encendió un fuego en

Sión que ha consumido sus cimientos.

Toda la catástrofe de Judá ha sido un castigo enviado por la ira vengadora de Yahvé, que se ha

2184

ensañado con el pueblo escogido por sus infidelidades. Consecuencia de ello es que hasta los cimientos

de la nación han desaparecido. El exilio babilónico representa el fin de Judá como nación.

12 Lamed. — Nunca creyeron los reyes de la tierra, ni cuantos habitan en el mundo,

que entraría el enemigo y adversario por las puertas de Jerusalén.

Con frase hiperbólica, el poeta destaca la segura convicción de inviolabilidad de Jerusalén, como

ciudad sagrada, en la que estaba la morada de Yahvé, el escabel de sus pies en la tierra. Esta

convicción, participada por sus habitantes 9, era también compartida por los reyes de la tierra. La

frase tiene un tono de arrogancia muy judío. La especial protección que Yahvé había dispensado

a su pueblo habría hecho creer a sus reinos enemigos que era inexpugnable 10. El recuerdo del

levantamiento inesperado del asedio del ejército de Senaquerib dio origen a esta creencia 11.

13 Mem. — Por los pecados de sus profetas, por las iniquidades de sus sacerdotes,

que derramaban en ella sangre de justos.

Pero aquello que parecía increíble (la toma de Jerusalén) se ha hecho posible en virtud de la intervención

punitiva de Yahvé por los pecados de los profetas y sacerdotes, que derramaron la

sangre de los justos. Aquí el profeta parece aludir a ejecuciones de enemigos de la política mundana

seguida por las clases directoras durante el asedio 12.

14 Nun. — Erraban como ciegos por las calles manchados de sangre; no podían tocarse

sus vestiduras.

El profeta aquí parece hacerse eco de determinadas escenas sangrientas durante el asedio de Jerusalén.

La ley de la espada y de la opresión de los ciudadanos inocentes estaba a la orden del

día. Después andaban errantes, despreciados de todos, pues nadie quería contaminarse con sus

vestiduras, teñidas en sangre inocente.

15 Sámec. — ¡Apartaos! ¡Un inmundo! les gritaban. ¡Apartaos, apartaos! ¡No toquéis!

Cuando huyeron y anduvieron errantes, decíase entre las naciones: ¡No pueden

quedarse!

Ante la presencia de estos culpables, errantes como ciegos por las calles, las gentes darán un grito

de alerta como ante un leproso: ¡Apartaos! ¡Un inmundo! 13 Una profunda execración por parte

del pueblo les acompaña por doquier como culpables de tantos crímenes y como cubiertos de

la maldición divina. Naturalmente, todas éstas son escenas creadas, con fuerte dramatismo, por la

imaginación del poeta para resaltar la culpabilidad de los sacerdotes y profetas falsos, que no

cumplieron debidamente con su misión. Después de la catástrofe eran despreciados por su pueblo

y aun por las naciones cuya amistad habían antes fomentado. Parece el profeta aludir con estas

frases al desprecio general con que fueron recibidos en los pueblos circunvecinos los jefes judíos,

que huyeron, después de la toma de Jerusalén por Nabucodonosor, a Egipto y otras naciones

antiguas aliadas de Judá.

16 Ayin. — Yahvé mismo los dispersó y no volverá a ellos su mirada. No hubo respeto

para el sacerdote, ni piedad para el anciano.

En realidad, ha sido el mismo Yahvé quien los dispersó entre las naciones para ser prófugos en2185

tre pueblos extraños. Los ha echado de la tierra de Yahvé, y allá lejos no sentirán la mirada protectora

de su Dios. Al aparecer como malditos de Yahvé, el pueblo no tuvo respeto ni consideración

para los que constituían la jerarquía normal de la nación: los sacerdotes y los ancianos.

Como prófugos, huyendo de la faz de su Dios, llevan un estigma por doquier que los hace abominables

a todos. La maldición y persecución de Yahvé los seguirá aun en tierras extranjeras.

17 Pe. — Se consumían aun nuestros ojos esperando nuestra ayuda. Iban esperanzadas

nuestras miradas hacia un pueblo que no pudo librarnos.

El profeta se traslada mentalmente a las horas trágicas del asedio de Jerusalén, cuando había

grandes esperanzas en la ayuda de potencias amigas que pudieran liberarlos del acoso de las tropas

de Nabucodonosor. Sin duda que alude a las esperanzas puestas en las tropas del faraón

egipcio Hofra, que les había prometido rápida ayuda militar 14. Jeremías siempre se opuso a estos

cálculos humanos. Para él, la única política viable era la de Dios, único que podía salvarlos.

18 Sade. — Espiaban nuestros pasos para impedirnos pasar por nuestras calles.

Nuestro fin se acercaba, se cumplían nuestros días y ciertamente llegó nuestro fin.

Se recuerdan escenas trágicas del asedio: por las calles no se podía transitar, porque los asediantes

babilónicos espiaban los pasos de los ciudadanos de Jerusalén cercados, teniéndolos al alcance

de sus flechas. El fin trágico se acercaba por momentos. La prometida ayuda egipcia no llegaba.

19 Qof. — Eran nuestros enemigos más veloces que las águilas del cielo, y nos perseguían

por los montes y nos ponían celadas en el desierto.

Ahora pasa el poeta a describir las escenas de los fugitivos que habían logrado escapar del cerco

de Jerusalén: por los montes eran cazados como alimañas 15, sin esperanza de salvación, ya que

los enemigos eran velocísimos y maestros en poner emboscadas por los montes. y el desierto 15 *.

20 Res. — El que era el aliento de nuestra boca, el ungido de fue capturado en su

trampa, Yahvé, aquel de quien decíamos: A su sombra viviremos entre las naciones.

Esta despiadada persecución culminó en la captura del rey Se-decías, que era como el aliento de

sus subditos. Es una frase expresiva para indicar la dependencia que de él tenían los judíos. Frases

análogas aparecen aplicadas en las cartas de Tell-Amarna en Egipto 16. El poeta se siente

conmovido ante la suerte desesperada del que colmaba sus ilusiones nacionales, el ungido de

Yahvé, llamado así porque al ser consagrado rey se le ungía solemnemente en nombre de Yahvé

17. En la concepción teocrática de los israelitas, el rey era el representante vivo de Yahvé en la

tierra, que debía empalmar un día con el Mesías o Ungido por excelencia. De ahí la profunda

veneración por él. Con la desaparición del ungido de Yahvé, el rey Sedecías, se deshicieron las

antiguas esperanzas de permanecer con dignidad como nación entre los pueblos: de quien decíamos:

A su sombra viviremos entre las naciones. El rey, pues, es comparado a un árbol frondoso,

bajo el cual pueden buscar sombra y protección sus subditos.

21 Sin. — ¡Alégrate y tripudia, hija de Edom, que habitas la tierra de Us! 18 También

a ti te llegará el cáliz, y te emborracharás y quedarás desnuda,

El canto cambia de destinatario y de acento. Ha cesado el tono elegiaco y empieza la sátira.

2186

Edom era el pueblo que más se había regocijado con la destrucción de Jerusalén 19. Irónicamente

el poeta la invita a desahogar sus últimas alegrías, porque se le acerca la hora de beber el cáliz de

la amargura, como Judá. Yahvé da a beber a todos los pueblos la copa de su ira vengadora 20, y

ahora la va a poner ante los labios voluptuosos de Edom para que se embriague y quede desnuda,

siendo por ello objeto de desprecio de las demás naciones 21.

22 Tau. — Hija de Sión, tu iniquidad está expiada; ya no volverá (Yahvé) a arrojarte

al cautiverio. Hija de Edom, El castigará tu iniquidad y pondrá al desnudo tus pecados.

Llega la hora de la rehabilitación de Sión, que con sus sufrimientos ha conseguido que ante Dios

queden expiados sus pecádos 22. No volverán las pruebas del exilio. Al contrario, llega la hora de

la justicia divina para Edom, que se ha alegrado por la ruina de Judá. Yahvé no puede dejar impune

su iniquidad, y, castigándolo, pondrá al desnudo sus pecados, ya que el castigo es la medida

de las transgresiones.

1 Cf. Lam 2:14; 4:13. — 2 Cf. Jer 6:30; Ez 22:18. — 3 Cf. Dt7:6; 14:2; Jer 2:3. — 4 Cf. Is 13:22; 34:13; 35:7; Jer 9:10; Miq 1:8; Job

30:29. — 5 Cf. Núm 6:2-21. Muchos autores traducen, en vez de nazareas, príncipes. — 6 Así según el TM. Algunos corrigen la

palabra hebrea que traducimos por alimento por otra parecida que significa sepulcro. Pero los LXX siguen el texto masorético

hebreo. — 7 Cf. 2 Re 6:28-29: en el sitio de Samaría. — 8 Cf. Flavio Josefo, Bell. lud. VI 20is. — 9 Cf. Jer 7:4. — 10 Cf. 2 Re

19:34.35- — 11 Cf. 2 Re 19:345. — 12 Cf. Jer 28:9. — 13 Cf. Lev 13:45. — 14 Cf. Jer 37:5; Is33:6. — 15 Cf. Jer52:8s. — 15*

Cf. Jer 39:4- — 16 Séneca llama al emperador “espíritu vital” (De clementia I, 4). — 17 Cf. 1 Sam 2:10; 2 Grón 6:42; Abd 3:13.

— 18 Us estaba localizado entre Arabia e Idumea. Falta en el texto griego. — 19 Cf. Jer 49:7-22. — 20 Cf. Jer 25:15ss. — 21 Cf.

Lam 1:8; Gen 9:21; Nah 3:5; Jer 13:22. — 22 Cf. Is 40:1.

5. Quinta Lamentación: Oración del Profeta.

Esta lamentación tiene unas características muy diferentes de las anteriores, ya que le falta el

tono elegiaco, propio de aquéllas, y el metro alfabético; es más bien una plegaria con una descripción

de la situación: el pueblo está sometido a una dominación extranjera, y el templo, desolado.

El desastre de la nación es efecto de un castigo divino por las transgresiones que se acumularon

a través de las generaciones. Se describen los sufrimientos del pueblo para mover a compasión

a Yahvé. No hay indicios de rencor contra los enemigos. En este sentido, la plegaria tiene

un elevado sentido espiritual. Algunos autores quieren ver en esta oración un reflejo de los

tiempos calamitosos de la época de la persecución de Antíoco IV Epifanes en los tiempos de los

Macabeos (s.11), pero en realidad no hay ninguna prueba definitiva que permita rebajar tanto la

época de composición. Por otra parte, los tiempos ruinosos que siguieron a la destrucción por

Nabucodonosor pueden bien dar pie a esta bellísima composición poética. La Vulgata la atribuye

a Jeremías, pero su título, Oración de Jeremías, falta en el texto hebreo y griego. Sólo aparece en

algunos códices griegos, siríacos y árabes. Parece, pues, una adición redaccional posterior. En la

liturgia romana esta Oración de Jeremías constituye una de las piezas más emotivas de Semana

Santa.

Invocación suplicante a Yahvé (1-3).

1 Acuérdate, joh Yahvé! de lo que nos ha sobrevenido; mira y contempla nuestro

oprobio. 2 Nuestra heredad ha pasado a manos extrañas, nuestras casas a poder de

desconocidos. 3 Somos como huérfanos, sin padre, y nuestras madres son como viudas.

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Yahvé está enojado por los pecados de su pueblo, pero los sufrimientos pasados son tantos, que

bien pueden calmar su ira justamente derramada. Debe tener, pues, presente la tristísima situación

de su pueblo, convertido en objeto de oprobio y baldón para todos. La nación ha desaparecido

como unidad política, y la tierra de Yahvé, la heredad recibida de los antepasados, ha pasado

a manos extrañas. Los enemigos andan libres por el país. Los judíos se sienten extraños en su

propia tierra, pues sus casas han pasado a poder de desconocidos. Se sienten huérfanos al ser

privados de la protección divina, y las madres, separadas de sus maridos, deportados, son como

viudas.

Situación económica precaria (4-10).

4 Bebemos de nuestra agua a precio de dinero y tenemos que comprar nuestra leña. 5

Somos perseguidos, llevamos yugo sobre la cerviz, estamos agotados, no hay para

nosotros descanso. 6 Tendimos la mano a Egipto y a Asiría para saciarnos de pan. 7

Pecaron nuestros padres, y ya no existen; mas nosotros cargamos con sus iniquidades*

8 Esclavos señorean sobre nosotros, sin que haya quien nos libre de sus manos.

9 Con riesgo de nuestra vida vamos en busca de nuestro pan, afrontando la espada

del desierto. 10 Nuestra piel abrasa como un horno por la fiebre del hambre.

Despojados de sus propiedades, los israelitas se ven obligados a pagar con dinero agua que en

realidad les pertenece por derecho (v.4). La opresión del invasor es insoportable. La situación

puede ser muy bien la inmediata a la destrucción de Jerusalén, cuando el pueblo que no había

sido deportado se esforzaba por organizar su vida económica y social bajo la dirección del gobernador

impuesto por los babilonios, Godolías 1. El profeta empieza a continuación a exponer

teológicamente las causas de la gran catástrofe: Israel, en vez de buscar el auxilio divino, ha requerido

la ayuda extranjera, unas veces en Egipto y otras en Asiría, los dos colosos que pugnaron

siempre por dominar en el Próximo Oriente (v.6). Esto era desconfiar de Yahvé y exponerse a

influencias religiosas extranjeras; por eso los profetas siempre se opusieron a estas relaciones

políticas. El profeta reconoce este gran error de sus antepasados, pero, por otra parte, protesta

por tener su generación que hacerse cargo con todas las culpas de sus padres. Jeremías había

prometido que en adelante no se diría más “nuestros padres comieron las agraces y nosotros sufrimos

la dentera” 2. Tanto él como Ezequiel se presentan ¡como los campeones del individualismo

y de la responsabilidad personal 3.

Yahvé, pues, debe considerar que también la generación de la -desgracia tiene.derecho a

algún alivio, ya que no fue peor que la anterior. Sin embargo, han llegado a una situación jamás

soñada por sus antepasados. Los israelitas, que por su elección eran el pueblo de Dios, y, por

tanto, señores de los otros pueblos, ahora se ven dominados por los que legítimamente debían

ser sus esclavos (v.8); y no hay esperanza de salir de esta situación. La vida es un constante riesgo,

ya que tienen que aventurarse en busca de pan, afrontando la espada del desierto, probable

alusión a las razzias de los beduinos que merodeaban por los contornos del desierto de Judá y

caían sobre los que, desprevenidos, caminaban por rutas extraviadas, buscando ayuda en pequeños

oasis olvidados. Como consecuencia del hambre prolongada, han venido las enfermedades y

la fiebre, a causa de la cual su piel abrasa como un horno.

Atropellos de los vencedores (11-14).

11 Violaron a las mujeres en Sión, a las vírgenes en las ciudades de Judá. 12 Colgaron

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de las manos a los príncipes y no respetaron la cara de los ancianos. 13 Los mancebos

han sido puestos a la muela, y los niños se tambalean bajo la carga de leña. 14 Ya no

van los ancianos a la puerta, ya no cantan los jóvenes.

Bellísima descripción de la opresión de los habitantes de Judá bajo el yugo enemigo. Ningún estrato

social se ha visto libre del peso del invasor. Las mujeres son presa de la voluptuosidad de la

soldadesca 4; es la secuela de todas las invasiones. Los príncipes han sido ahorcados, y los ancianos,

tratados sin consideración. Los mancebos han sido puestos, como asnos, a mover la pesada

muela, y sobre los niños se imponen cargas desproporcionadas. Además, ya no funcionan

los tribunales o consejos de ancianos en la puerta, lugar tradicional de reunión de la ciudad 5.

Duelo general en la población vencida (15-18).

15 Huyó de nuestros corazones la alegría, nuestras danzas se han tornado en luto. 16

Cayó de nuestra cabeza la corona. ¡Ay de nosotros, que hemos pecado! 17 Por eso se

angustia nuestro corazón, se nublan nuestros ojos, 18 porque el monte de Sión está

asolado y por él se pasean las raposas.

Todo lo que constituía motivo de alegría ha desaparecido de la vida de la nación. Las tradicionales

danzas de la juventud han dado paso al duelo general, y la humillación total es la consecuencia

de la catástrofe: cayó de nuestra cabeza la corona. El pueblo israelita era el pueblo rey entre

las naciones, pero ha perdido sus prerrogativas regias, castigado por su mismo Dios, y todo porque

hemos pecado. La confesión es sincera y humilde. Y, sobre todo, la gran tragedia para todos

es la asolación del monte de Sión, orgullo de la raza. Todo es un montón de ruinas, guarida de

raposas. El templo, morada de Yahvé, se ha convertido en acervo informe de escombros.

Súplica angustiosa a Yahvé (19-22).

19 Mas tú, ¡oh Yahvé! reinas por siempre, y tu trono permanece por generaciones y

generaciones. 20 ¿Por qué nos has de olvidar para siempre, nos has de abandonar

por largo tiempo ? 21 Conviértenos a ti, ¡oh Yahvé! y nos convertiremos. Danos todavía

días como los antiguos. 22 ¿Por qué nos has rechazado enteramente, te has irritado

contra nosotros hasta el extremo?

La plegaria se abre con una doxología para captar la benevolencia divina. Dios es eterno e inmutable,

en contraposición a los destinos de los pueblos. Por eso, la confianza del profeta es suma.

Sabe que puede cambiar la trágica situación actual. Los pecados han sido muchos, y el castigo

merecido; pero Israel es su pueblo elegido. ¿Cómo, pues, los va a olvidar para siempre? Por

eso, en un supremo arranque, suplica a Yahvé que los restablezca como pueblo para después vivir

vinculados a El: Conviértenos a ti, y nos convertiremos (v.21). Suplica la restauración nacional

como en los tiempos gloriosos de la monarquía davídica: danos todavía días como los antiguos.

La nueva teocracia debe distinguirse por una mayor fidelidad a Yahvé 6. Se trata,

pues, en esta súplica del retorno de la nación como colectividad nacional a su estado primitivo,

sin que esto excluya un retorno de los individuos como tales a Dios, centro de los corazones.

Los teólogos se han basado, entre otros, en este texto para estructurar la teoría de las gracias prevenientes;

no obstante, el contexto parece favorecer una súplica de rehabilitación de la nación

judía, postrada como condición para después establecer una sociedad más vinculada a Yahvé.

Así lo parece insinuar la segunda parte del v.21: danos todavía días como los antiguos; es decir,

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restaura nuestra nación en su plenitud política, como en tiempos anteriores, para favorecer la

conversión de los corazones a Yahvé.

Y termina el profeta con una consideración que debe mover el corazón de Dios: Porque

nos has rechazado enteramente, te has irritado contra nosotros hasta el extremo (v.22). La

prueba ha sido demasiado dura, y ya es hora que llegue la misericordia divina. Algunos autores

prefieren entender la frase en sentido interrogativo: “¿Nos vas a rechazar enteramente? ¿Te

irritarás contra nosotros hasta el extremo?” Lo que acentuaría el sentido de súplica del fragmento.

1 Cf. Jer-4:4s. — 2 Cf.Jer31:2:9. — 3 Cf. Ez 18:1. — 4 Cf. Lam 3:51. — 5 Cf. Am 5:10; 22:15; Zac 8:16; Prov 31:23. — 6 Cf. Is

1:21.26; Jer 2:2.